AGLI Recortes de Prensa   Martes 22 Julio  2014

El guirigay autonómico.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Julio 2014

El Parlamento de la Comunidad de Castilla la Mancha ha aprobado con el exclusivo apoyo del PP la reforma de su Ley Electoral autonómica disminuyendo le número de Diputados de 49 a 33 con el fin de someterse a un ejercicio de austeridad. La oposición no ha tardado en calificarla, no sin cierta razón, de “pucherazo” con el objetivo de atentar contra la pluralidad de representación. La verdad es que todo comienza con la aprobación dela modificación del Estatuto de Autonomía donde se marca la representatividad entre los 25 y 35 parlamentarios.

Este asunto evidentemente pretende acabar con la atomización del Parlamento autonómico favoreciendo a los grandes partidos políticos como PSOE y PP a la hora de obtener escaños en el reparto de los votos. Cada escaño tiene diferente “precio” en votos dependiendo de la circunscripción y de su población. Con ello siempre se cumple la tan criticada “proporcionalidad” que acaba con la utopía de la democracia ya que los votos individuales no valen todos lo mismo, existiendo votos de oro, plata, bronce y de hojalata.

España es un país de tipo claramente federalista en el que cada autonomía ya nació en la Constitución con unas taras o prebendas incompatibles con un sistema democrático y que tras más de tres décadas ha demostrado ser una fuente de división e insolidaridad entre las diferentes regiones de España. De hecho cada autonomía ha dispuesto su Estatuto con una clara pretensión de destacar sobre el resto, o igualarse a aquellas que se sabían superiores por sus Fueros, por su Concierto económico, o por su “reconocimiento como comunidad histórica”, como si solo esas regiones tuvieran el pedigrí y la exclusividad en una España que desde hace 500 años era una sola Nación, sin más historias.

El hecho es que cada Parlamento autonómico tiene una dotación diferente que es la reconocida en sus Estatutos y que nada tiene que ver con la población a la que representa. El caso más elocuente lo tenemos en las dos Ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, con 25 concejales cada una.

Por arriba destacan:
Cataluña con 135 y 7.539.000 habitantes
Madrid con 129 y 6.414.000 habitantes
Andalucía con 109 y 8.440.000 habitantes
Comunidad Valenciana con 99 y 5.120.000 habitantes
Castilla y León con 84 y 2.520.000 habitantes
País Vasco con 75 y 2.191.000 habitantes
Galicia con 75 y 2.766.000 habitantes

Por la parte inferior destacan :
La Rioja con 33 y 323.000 habitantes
Castilla la Mancha con 33 y 2.101.000 habitantes
Cantabria con 39 y 594.000 habitantes

Como vemos no existe ninguna homogeneidad ni proporcionalidad y sí un claro sobredimensionamiento general que nos lleva a un sistema sin igual en la UE del que se derivan otras aberraciones de las Administraciones públicas desproporcionadas y desiguales en cuanto a la dotación de servicios públicos para hacer efectivo el derecho de los españoles a recibir lo mismo de esa Administración Pública con independencia de su lugar de nacimiento y residencia.

Lo lógico sería que existiese una única Ley electoral que impusiese cordura y sensatez a donde solo hay caos y despilfarro, ya que la superdotación de parlamentarios conlleva otra serie de prebendas y gastos, entre otros el tan injusto asunto del aforamiento, los generosos planes de pensiones, las indemnizaciones por los servicios prestados, las flotas de coches oficiales, etcétera, un lujo que España no se puede permitir ni los ciudadanos debemos admitir a costa de nuestro esfuerzo. Tenemos que acabar de una vez con esta aberración histórica y optar por un sistema más racional y menos oneroso. Ventanilla única, igualdad de criterios y derechos sin fronteras administrativas ni bloqueos de servicios a los ciudadanos.

IMPUESTOS, EL PROBLEMA
Los impuestos suben, pero sólo a la clase media que votó a Rajoy
Paacual Tamburri www.elsemanaldigital.com 22 Julio 2014

Los impuestos han crecido estos años. Pero no para los especuladores ni para los grandes capitalistas españoles y extranjeros. La fiscalidad parece diseñada para ellos. Y para Podemos.

Hay un debate entrañable, localista, pequeñín, sobre los problemas fiscales de Navarra con el Tribunal Constitucional. Aludo al tamaño porque mientras se consumen ríos provinciales de tinta y de saliva sobre la producción de energía y de coches, los conciertos, los convenios, las pechas, los diezmos y las ayuditas extra sólo a ciertos tipos de actividades, en un volumen en definitiva modesto como corresponde a la entidad de la provincia, crece el silencio sobre los impuestos realmente serios del régimen general que han subido. La diferencia entre diferencia y privilegio existe (aunque hay que conocerla), pero hay poca diferencia entre el igualitarismo fiscal socialista (sea bolchevique o progre) y algunas de las ocurrencias a las que pone cara Cristóbal Montoro pero que nacen del equipo actual de Mariano Rajoy. Que no sólo ha subido impuestos, sino que lo ha hecho de algunas de las maneras más injustas y masoquistas posibles.

No es cuestión de enfadarse ni de sorprenderse. Vivimos en un país donde llaman federalismo y progresismo a ciertos privilegios económicos. A partir de ahí, nada es sorpresa. Ni siquiera que con los votos de la derecha se suban los impuestos, ni que se suban los más destructivos para los que antes llamaban cuerpos intermedios. Pero sí es cuestión de pedir sinceridad.

1. En esta reforma fiscal, el nuevo IRPF de Cristóbal Montoro será un impuesto confiscatorio sobre las llamadas plusvalías. Se considerará un ingreso la diferencia de valor entre el inmueble (la casa) cuando se adquirió (se compró o se heredó) y cuando se venda. Así lo quisieron los socialistas; lo que hace Montoro es dejar de suavizar la idea quitando todo coeficiente corrector. Objetivos del Gobierno: agitar el mercado inmobiliario (hacer poco atractivo ahorrar) y recaudar más. Su previsible logro: empobrecer a la clase media, de hecho proletarizarla. Es decir, se busca al parecer un país con una élite económica y financiera y el resto de familias e individuos sin empleo fijo y sin patrimonio. ¿Se podrá acusar al PP de 2014 de franquista? No por cierto, hasta Pablo Iglesias sabe que el franquismo hizo exactamente lo contrario.

2. El renacido y mantenido y multiplicado impuesto (antes extraordinario) al patrimonio implica básicamente lo mismo. En el IRPF se cobra a la gente por ganar dinero, por ejemplo trabajando. En el impuesto al patrimonio se le cobra por ahorrar parte de lo que gana, sea guardando el dinero, se invirtiéndolo en bienes muebles, sea –el mayor de los pecados al parecer- adquiriendo un patrimonio inmueble, por ejemplo una casa. Cosa que no pagarán por ejemplo las sociedades especulativas que se dediquen a comprar casas y a alquilarlas a quienes no puedan comprar una.

3. ¿Está castigada la propiedad privada? Más aún de lo que parece hasta ahora. El impuesto de Sucesiones y Donaciones supone que esos ahorros familiares que han tributado como ingreso, que han pagado IVA al ser adquiridos, que han vuelto a tributar como patrimonio (doblemente, por el impuesto al patrimonio y por el IBI municipal), finalmente son cargados con una imposición cuando en la familia hay una herencia una donación. Así que será más caro ingresar, será más caro ahorrar y será más caro dejar algo a quien nos suceda.

No es fácil saber qué quiere el Gobierno con esto, pero sí lo es ver qué va a conseguir. Ya en los primeros años de ESD decíamos que "un piso o una casa es la meta de muchas familias que lo necesitan, y también un lugar donde invertir el ahorro". Quizá suene izquierdista (si lo de Montoro es ¿derechista?), pero hablábamos de "dos lógicas enfrentadas: los españoles de a pie desean una vivienda para sí mismos y para sus hijos. Una vivienda digna y de calidad, pero a un precio accesible. Las grandes empresas especuladoras quieren beneficios… haciendo, eso sí, inaccesible la compra de una vivienda para la gente normal". "La vivienda, como bien básico, imprescindible, debe salir de la lógica del mercado. O al menos del mercado especulativo".

Por este camino, favoreciendo a las sociedades y a las fortunas verdaderamente grandes y sin Patria y a los proletarios y futuros tales, se aplasta lo que queda de clase media. Es una opción; pero no es una opción que el votante natural del PP vaya a aplaudir con amor. Incluso para recaudar más y favorecer más sería lógico suprimir Patrimonio, suprimir sucesiones por completo y limitar el IRPF a lo razonable: ¿lo va a hacer Yolanda Barcina para demostrar la autonomía navarra y la lealtad de UPN a los suyos? Con todo esto, no hay que dar mucha importancia a los tambaleantes tributos de una autonomía que usa su dinero para subvencionar a Volkswagen, a Osasuna y a las empresas de algunos viejos conocidos. Y resulta difícil no dar la razón a Pablo Iglesias.

Cataluña
Choque de trenes
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Julio 2014

¿Cuántas veces han oído recurrir a la metáfora del choque de trenes para defender que, a fin de evitarlo, hay que hacer concesiones a los independentistas catalanes? Sin embargo, se trata de un modo de falsear la realidad, porque no hay ningún tren, y menos un tren llamado España que circule en dirección contraria por la vía por el que va el de Cataluña. Al contrario. El resto de los españoles aceptamos que el tren España circulara por la costosa y sinuosa vía del Estado de las Autonomías para que los trenes del País Vasco y Cataluña fueran por la que los nacionalistas querían. Esa solución ha sido especialmente perjudicial para el resto. No podemos vivir en Cataluña sin renunciar a que nuestros hijos se eduquen en castellano. No podemos aspirar a muchos trabajos en Cataluña porque no hablamos catalán. Y lo peor es que nos hemos visto obligados a aceptar para nuestras regiones una administración autonómica a veces tan corrupta como la catalana para mantener la ficción de que todos somos iguales ante la ley. Y ahora los que impusieron en su beneficio la clase de vía por la que tenía que circular el tren España, los nacionalistas catalanes, son los que amenazan con hacerlo descarrilar.

No sé muy bien qué pretenden, pero, sea lo que sea, carece de sentido desviar aún más el tren en el que todos viajamos para evitar la colisión con la que nos amenazan. Porque si, sinceramente, no soportan ser españoles, ningún desvío que tomemos les hará abandonar el deseo de chocar. Allí por donde circule nuestro tren, buscarán ir contra él. Lo más que lograríamos sería que aflojaran la marcha hasta digerir los privilegios que les hubiéramos concedido. Luego volverían a alegrar la caldera echando a ella el negro carbón de su odio. Y si no fueran más que chantajistas de tres al cuarto que sólo quieren privilegios, tampoco hay concesión capaz de apartarlos de la vía. Cuando comprobaran que la amenaza es eficaz, más pronto que tarde volverán a proferirla y a buscarnos por donde circuláramos para que volviéramos a sentir el peligro del descarrilamiento y extraer de nosotros más concesiones. Si hemos de chocar, choquemos, y veremos quién sale más perjudicado. Aunque descarriláramos, los que siguiéramos queriendo ser españoles podríamos poner nuevamente el tren en marcha, quizá no con tantos vagones y con una locomotora más lenta, pero al menos en la vía por donde acordemos todos pensando en el interés general, y no donde digan unos pocos pensando sólo en su beneficio.

Lo que pasa es que aquí no hay choque de trenes. Hay unos señores que quieren privilegios y hay otros que, no sé por qué, están dispuestos a dárselos. Cuando el PP reunió cuatro millones de firmas contra el estatuto de Cataluña nadie movió un dedo por evitar el choque contra el tren en el que viajaban esos cuatro millones. ¿Por qué habría que hacerlo ahora que los que van en el de enfrente son menos y más cobardes?

Inocencia Constitucional
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 22 Julio 2014

Yo creía que el problema era el paro pero resulta que es la Constitución. Uno en su inocencia suponía que lo que había que resolver era una situación catastrófica que nos había llevado a la ruina económica, al borde de la quiebra como nación y a poder llegar a quedarnos sin pensiones, sin sanidad, sin educación, sin prestaciones de desempleo, en el desamparo, vamos. Porque eso es lo que pasa cuando un país quiebra y es embargado por sus acreedores. Pero veo que no, que eso carece de importancia. Es más, el haber comenzado a salir, aunque andemos todavía a rastras, de tales trochas y de ese penoso horizonte de mayores calamidades resulta que es una cosa muy mala: un austericido. Como si el haber tenido que apretarse cinturones fuera un puro capricho y producto del sadismo social de quienes nos gobiernan. Que torpes y errados muchas veces, pero que esto lo cogieron en “liquidación por derribo” es una verdad incontestable.
Pues que lo sepan. Ni el paro, ni la crisis, ni nada de eso tiene ya importancia. Lo que hay que hacer es reformar la Constitución, que no se si es eso o lo que quieren es abolirla porque no les gusta a los separatistas y a sus aliados de la ultraizquierda caudillista. Pero vamos, hay que meterse con la Constitución, que es un clamor a voces por calles, tajos, playas y bares. No está la gente en otra cosa que en reformar la Constitución. No hay nada que levante más pasiones que la instauración del Estado Federal, aunque no sepamos bien de que se trata. Basta con darse una vuelta y poner el pie en la acera para escuchar el unánime clamor en pro de ambas cosas.

Dicen algunos, lo dice hasta Pedro Sanchez Castejón, que hay que hacerlo porque el no la ha votado. Pues vaya. La cambiamos y al día siguiente otra vez, porque de un día a otro ya habrá uno, que justo al siguiente cumplió los años de votar y que no lo ha hecho y por tanto a él no le vale. Asi que a Constitución diaria. Una “razón”, esta, que nos da el mejor indicativo de la altura politica de nuestros líderes. Por esa razón la Constitución de EE.UU., que desde luego ningún norteamericano vivo ha votado debería ser arrojada al Missisipi y como ella casi todas las del mundo. Y no me salgan conque la han enmendado 27 veces, que es verdad, pero en 200 años y la última en que se hizo una reforma de calado, la enmienda 26 (la 27 fue una ratificación del texto original) , precisamente la del voto a los 18 años, fue en 1.971. la nuestra es, quizás no lo sepan, del año 1.978. La diferencia es que mientras que los norteamericanos, aunque no la hayan votado, la respetan, aquí la mayoría de quienes quieren quemarla ni siquiera la han leido. Su juicio, sin matices, sobre aquel inmenso avance en libertades, derechos y democracia, es que es “facha”. Y listo.

Y sin embargo, y dejando al margen tales dislates, es cierto y cada vez más pertinente la necesidad de empezar a trabajar para una adecuación de nuestra Ley de Leyes. O sea, reformarla. Pero no así en abstracto, ni poniendo el carro delante de los bueyes como pretende hacerse. Primero, digo yo y dice el mínimo sentido común, habrá que acotar que queremos reformar, para que queremos cambiarlo y que es lo que vamos aponer en vez de lo que antes ponía. O sea, ¿cuales son las enmiendas y cuales sus objetivos?. Eso es lo primero que necesita respuesta. Y luego habrá que ponerse de acuerdo. Porque no se hace una cosa así por la bravas ni a la fuerza. Porque si en algo es imprescindible ponerse minimamente de acuerdo es en aquello que va a ordenar la vida de todos. No puede por tanto imponerse la voluntad de unos sobre otros, ni siquiera por escuálidas mayorías pero aun menos con imposición de las minorías.

Ponerse a esa tarea, crear incluso a través suyo un poderoso impulso de regeneración y esperanza, podría ser algo positivo y vital para la sociedad española. Como lo fue en el 78. Pero no es ese clima de futuro y generosidad el que se percibe. Ni estos dirigentes parecen capacitados para crearlo. Los unos porque lo plantean como revancha y con ribetes que de democracia pueden tener lo que tenia la República Democrática Alemana de democratica y los otros como una especie de fuga hacia no se sabe donde de su propia debacle. Pero desde el Gobierno no es mejor el panorama porque la impresión es de enroque y de incapacidad política para liderar ellos esa tarea. Rajoy tiene virtudes y aguante, pero para impulsar y dirigir un esfuerzo colectivo de tal calibre ni está ni quiere estarlo. Así que opta por mineralizarse.

Atajos intransitables
Matías Alonso www.lavozlibre.com 22 Julio 2014

Secretario general y portavoz de Ciudadanos

En 2003 se produjo la conjunción astral que hizo posible la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, cuyo sainete sigue vigente pese a la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010. Un Estatuto de Autonomía, el de 2006, que pese al ajuste constitucional –por otra parte necesario– está en vigor, permite unas cotas de autogobierno envidiables en cualquier sistema democrático de corte federal que se precie, y tiene todavía mucho margen de desarrollo.

La supresión del recurso previo de inconstitucionalidad, promovida por los socialistas a mediados de los ochenta, permitió el dislate de que un tribunal superior, garante de los valores constitucionales, enmendara la plana a dos parlamentos democráticos y, lo que es más grave, al refrendo en las urnas de una parte de los ciudadanos catalanes. Refrendo no multitudinario, ya que la reforma estatutaria recibió el apoyo directo de poco más de un tercio del censo electoral. Pero refrendo que, en cualquier caso, se consideraba legítimo. Si el recurso previo hubiera estado vigente todo hubiese sido diferente.

En cualquier caso, lo que hizo el Tribunal Constitucional no fue más que corregir en parte algunas de las graves disfunciones que, respecto al marco constitucional español, contenía la norma estatutaria catalana. Los mismos responsables del desaguisado, los autores del intento de reforma constitucional por la puerta trasera de una reforma estatutaria autonómica, iniciaron de inmediato una cruzada propagandística que, lejos de reconocer su responsabilidad, les permitía cargar las culpas sobre un sujeto distante que nada tenía que ver con la pésima tarea legislativa impulsada por el tripartito de Maragall y por el relativismo de Rodríguez Zapatero.

Los separatistas catalanes, incluyendo en esa categoría a todo el espectro de izquierdas supuestamente internacionalistas, sacan continuamente a colación la “tropelía” cometida por el TC “contra el Estatuto de Cataluña”, para justificar su posición favorable a levantar fronteras internas con nuevos atajos. Hasta hace poco parecía que el PSC había recobrado parte del sentido común –del seny– que había perdido durante los mandatos de Maragall y Montilla. Pero este fin de semana ha quedado claro: todo era un espejismo.

El nuevo liderazgo del PSC proclama que Cataluña es una nación, por lo que se merece un trato diferencial y diferenciado. Vamos, federalismo sui géneris. Es decir, confederalismo de conveniencia. Tanto el nuevo primer secretario, como el recién nombrado presidente, nos han mostrado su credo nacionalista, defendiendo un concepto de nación caduco y trasnochado, frontalmente reñido con las ideas progresistas que se les suponen. Porque defender una nación de base cultural, lingüística, étnica, económica, o religiosa es más propio del siglo XIX que de la segunda década del XXI.

En España solo hay una nación, un modelo de nación que valga la pena defender: la nación de ciudadanos libres e iguales que propugna nuestra Constitución. La nación que emerge de un pueblo que se constituye en soberano, que decide otorgarse unos derechos e imponerse unas obligaciones sobre los valores superiores de la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, con plena garantía del pluralismo político.

Todo lo demás, en el Estado social y democrático de Derecho que es la España en que vivimos, no son más que atajos intransitables.

Podemos no es la solución...pero la Casta tampoco
Luis del Pino Libertad Digital 22 Julio 2014

Podemos NO es la solución a nuestros problemas, pero los problemas que denuncia Podemos SON reales. Y sangrantes

Y los responsables de haberlos creado, tampoco pueden ser solución a esos problemas. La actual casta no va a acabar con el saqueo ni la ruina

Si la única alternativa a Podemos que le ofreces a la gente es "seguir con los mismos ladrones de siempre", entonces ganará Podemos

Por eso es urgente trabajar para que otras alternativas sensatas (UPyD, Cs, Vox) sustituyan a la actual casta (PP, PSOE, CIU…) cuanto antes

Y por eso esas otras alternativas deben acentuar su mensaje anticasta, aportando soluciones contundentes y sensatas a problemas que SON reales

A quien vende esperanza, y Podemos la vende, no lo puedes vencer apelando al simple miedo, sino dando también esperanza.
- Seguir leyendo: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/podemos-no-es-la-solucionpero-la-casta-tampoco-13095/

Deuda pública y privada
Podemos no puede
José García Domínguez Libertad Digital 22 Julio 2014

No lo ha dicho un friqui de las tertulias de La Sexta, sino Carmen Reinhart, la más célebre catedrática de Finanzas de Harvard: la deuda externa privada española no se va a pagar porque no se puede pagar. Y Reinhart es la persona que más sabe de eso. Habrá, pues, una quita o una quiebra en cadena. En un caso u otro, nunca se devolverá a los acreedores lo firmado en los contratos. Y nunca significa nunca. Así de simple. No andan tan desencaminados como parece, pues, los de Podemos con su propósito de repudiar la deuda. Al cabo, su único error fue haber escrito pública donde tendrían que haber puesto privada. Entonces, ¿por qué no hacerles caso en lo demás? ¿Por qué no tomar en serio su alternativa económica? A fin de cuentas, cuanto proponen para salir de la crisis no solo se antoja sencillísimo, sino también cargado de un muy hondo sentido social.

Otra política económica es posible, aseguran con juvenil ardor. ¿Y por qué no va a ser posible? Claro que sí. Adelante. Orillemos todos nuestros viejos prejuicios pequeñoburgueses. Expandamos exponencialmente el gasto público ya, a partir de hoy mismo. Multipliquémoslo por cuatro de una tacada. Sin miedo. De tal guisa, allí donde únicamente disponíamos de un escuálido euro para invertir en sanidad o educación pasaremos a administrar cuatro. Será el fin jubiloso de la malhadada austeridad. Al tiempo, y sin mayor demora, el Gobierno, gracias al impulso de Podemos, habrá de diseñar los grandes ejes de un vasto programa de inversión estatal en infraestructuras llamado a generar empleo de inmediato. Un ambicioso programa de estímulo que deberá complementarse con una muy perentoria subida de los salarios de los funcionarios y contratados de las distintas administraciones.

Medidas ambas llamadas a ejercer de catalizador de un fuerte estímulo a la demanda agregada. Todo un impulso inducido al consumo privado y la inversión que, merced al consabido efecto multiplicador, pondrá en marcha un círculo virtuoso de crecimiento autosostenido de la economía española. ¿Que de dónde va a salir el dinero? Menuda minucia pueril. ¿Acaso alguien piensa que no nos sobrarían prestamistas privados internacionales dispuestos a financiarnos –y a tipos de interés irrisorios, huelga decir– si Iglesias y Monedero lograsen de Rajoy ese paso gallardo? ¿Será posible que aún haya algún loco descreído sobre el particular? Luego, en fin, ya apenas restaría solventar el incordio menor que supone la deuda pública ilegítima. Reniéguese de ella y punto. ¿O quién nos lo puede impedir? Sí, hombre, sí. Claro que podemos. Es facilísimo.

Cuestión de sastrería
IGNACIO CAMACHO ABC 22 Julio 201422

El bloqueo del sistema provoca un furor refundacional que concede a la reforma constitucional propiedades taumatúrgicas

PARA estar en la pomada hay que tener hoy día un proyecto de reforma de la Constitución. Es lo más trendy, el nuevo mantra de la política española después de la renovación generacional; una cosa lleva a la otra porque el furor constituyente es consecuencia de una moda adanista que ha dado en impugnar la Transición como una etapa superada, caduca, carrozona. Hay almuerzos en Madrid donde los borradores constitucionales se distribuyen antes que la carta de vinos. Cada uno tiene sus preferencias y sus modelos: que si el federal o el confederal, que si el Título Octavo o el Segundo, que si la Disposición Adicional o la Transitoria. Y en las asambleas de Podemos se discute el referéndum revocatorio como panacea del nuevo régimen post-bipartidista. Sin un patrón reformista y un boceto de ley electoral eres un mindundi, un don nadie, un paria.

La clase dirigente ha entrado en éxtasis constitucionalista. El bloqueo del sistema ha provocado un arrebato refundacional que concede a la modificación de la Carta Magna propiedades taumatúrgicas. Hasta el Gobierno, de naturaleza inmovilista, ha ordenado a su tropa de juristas que se ponga a estudiar por si llegara el caso de tener que hacer surf sobre esa ola. La Abogacía y el Consejo de Estado andan moviendo papeles con procedimientos, formatos, fórmulas. La metáfora en boga es la del traje gastado al que habría que pasar por la casa de arreglos, un negocio que ha proliferado en la tiesa España de la crisis. Ampliarle la sisa, modernizarle las solapas, revisarle las costuras y el largo de las mangas para cubrir el crecimiento de los brazos soberanistas. Aunque los radicales de Pablo Iglesias (el nuevo) prefieren sustituirlo por un chándal bolivariano comprado en Alcampo.

Sólo Rajoy, hombre conservador que gusta de la ropa clásica, permanece por ahora al margen de este debate de sastrería jurídica; lleva años con el mismo nudo de corbata. El presidente calla y espera. Decir que Rajoy espera es como decir que los barcos flotan y los coches ruedan: va de soi. La duda reside en si espera que la cuestión se decante o que decaiga sola. Muy partidario no parece. Pero si decide entrar en el asunto sería mejor que lo hiciese en esta legislatura, mientras el PP y el PSOE puedan sumar un acuerdo transversal del 80 por ciento de las Cámaras. El calendario favorece esa opción; queda un año y pico para estudiar una reforma, redactarla y aprobarla: luego habría que disolver las Cortes y convocar referéndum, más o menos al final del mandato. Sería la Constitución de Felipe VI, una especie de regalo de bienvenida al nuevo monarca. Pero quedan algunos detalles pendientes. El principal, el de saber qué hay que reformar y para qué. Definir los objetivos y planificar las consecuencias. Una persona puede cambiar de traje por estilo pero una nación no se puede someter al designio siempre efímero de las modas.

La tercera vía no existe
EDURNE URIARTE ABC 22.Julio 2014

El nacionalismo es el mismo que hace unas décadas. El resto de españoles que quiere la unidad nacional, no

ARRECIAN las presiones al Gobierno para que arregle el problema catalán con soluciones que no son tales. Llámense la Tercera Vía o la «solución federal» del PSOE, dos eufemismos para referirse a una cesión parcial a las demandas del nacionalismo catalán. Dos mentiras convenientes para un PSOE atrapado por el PSC o para un empresariado catalán necesitado de seguir haciendo negocios con los nacionalistas. Y con cierta acogida entre otros muchos que prefieren la farsa al reconocimiento de que este problema no tiene solución a corto y medio plazo.

Sobre la llamada solución federal, he escrito varias veces algo que da cierta vergüenza ajena tener que repetir. Que nuestro Estado autonómico es federal y que los distintos estados federales del mundo ofrecen múltiples variaciones en su diseño porque no existe un único modelo federal. En ese contexto de analfabetismo político se hace posible que los socialistas proclamen la alternativa federal, que insistan al mismo tiempo en la igualdad entre los españoles y que rematen, a continuación, que la tal alternativa consiste en dar determinadas competencias plenas y una financiación especial a los catalanes, es decir, privilegios. Más o menos lo mismo que los de la Tercera Vía.

Ocurre que hay al menos cuatro razones por las que estos dos eufemismos no constituyen soluciones para el desafío independentista. La primera, la relativa a las competencias exclusivas. ¿Pretende el socialismo legalizar la discriminación del castellano en la enseñanza y normalizar una situación excepcional de apartamiento de una de las dos lenguas que no se produce en ningún otro lugar del mundo? Lo que satisfaría parcialmente a los nacionalistas indignaría a los catalanes que se sienten españoles y, por supuesto, a la gran mayoría de españoles. Sobre la igualdad, tan manoseada por el socialismo, sobran los comentarios relativos a las consecuencias de esa exclusividad de competencias que pretenden ofrecer al nacionalismo.

La segunda razón contra las virtudes de la Tercera Vía, la de las consecuencias de una financiación especial para Cataluña. Sobre el papel, es la opción más viable. Si no tenemos en cuenta algunos efectos, como la reacción de las comunidades más ricas, especialmente Madrid. Si Cataluña recibe un acuerdo especial de financiación, por supuesto la van a exigir de inmediato las demás comunidades, comenzando por Madrid. Y ese movimiento será imparable, tanto como para destrozar la solidaridad entre comunidades. A estas alturas, es completamente inviable una financiación que no dé a Madrid, y a otros, lo que ofrezca a Cataluña.

Tercer obstáculo para la Tercera Vía: el independentismo. Y es que no aprendemos de la experiencia, al parecer. Y la experiencia dice desde el inicio de la Transición que el nacionalismo radical no se sacia nunca. Y que toda cesión a las demandas nacionalistas alimenta la siguiente demanda. Que varias décadas de cesiones nos han llevado al momento actual, al de la radicalización del propio nacionalismo moderado. ¿Por qué iba calmarse el independentismo con unas concesiones parciales que no incluyan el derecho a la independencia?

Y cuarto y más importante obstáculo a medio y largo plazo: la creciente indignación del resto de españoles. El nacionalismo es el mismo que hace unas décadas. El resto de españoles que quiere la unidad nacional, no. Están hastiados y enfadados. Y no van a aceptar la enésima cesión.

Cataluña y la reforma constitucional
LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN. ABC 22 Julio 2014

· Tenemos por delante muchos años difíciles en Cataluña, y no podemos pasarlos solo con paciencia, firmeza y aplicación de la Constitución y la ley. Hace falta también un proyecto que, para empezar, pueda ilusionar y dar argumentos a los catalanes contrarios a la independencia.

La reunión que Mariano Rajoy y Artur Mas van a tener en los próximos días da la impresión de ser a la vez necesaria y poco útil. Esa apariencia de escasa utilidad es el reflejo de una situación catalana que parece haberse convertido en un proceso sin sujeto, sobre el que nadie puede influir ni en un sentido ni en otro. Sin embargo, por alguna de sus declaraciones se diría que Mas todavía espera algo de la «respuesta del Estado» al desafío independentista, todavía cree que si el Estado y Cataluña hablaran de igual a igual la actual crisis tendría solución. Ocurre que ese planteamiento tiene algo de petición de principio, porque solo dos estados independientes hablan de igual a igual, de modo que esta vía no es muy prometedora.

En realidad, esa frase –la «respuesta del Estado»– forma parte de un modelo que funcionó mientras al mus autonómico español se jugaba con envites y el órdago independentista quedaba como un último recurso que rara vez se mencionaba y nunca se utilizaba. Los envites se aplacaban con transferencias de competencias, utilizando, lícitamente, las estructuras constitucionales previstas al efecto, y aprovechando, ya de forma más discutible, la coyuntura de un partido gobernante que carecía de mayoría en el Congreso de los Diputados y necesitaba apoyos parlamentarios. De este modo, un líder nacionalista podía volver de Madrid enarbolando triunfalmente el trofeo competencial que la «respuesta del Estado» le había concedido. Curiosamente, a nadie parecían interesarle mucho los resultados que luego daba el ejercicio de las competencias transferidas.

Con todos sus defectos, este modelo ha contribuido durante muchos años al desarrollo del Estado de las autonomías. Pero una vez que se ha echado el órdago a la grande y el desafío independentista está sobre la mesa, el problema ya no puede arreglarse con transferencias de competencias. ¿Cómo abordarlo, entonces? Quizá haya que empezar por afirmar lo obvio, a saber, que un problema constitucional debe tener una solución de igual naturaleza, y que esas soluciones suelen consistir en una reforma constitucional.

Cuando se habla de reforma constitucional, hay dos cuestiones previas que deben despejarse. Para despachar la primera hay que superar la famosa prevención ignaciana contra hacer mudanza en tiempo de desolación. Quizá en este punto nos ayude más una frase del secretario del santo, Juan de Polanco, quien, hablando de las Constituciones de la Compañía, decía: «Yo no osaría tentar se mude la constitución, sabiendo en estas cosas esenciales con qué lumbre divina procede San Ignacio». Con nuestra querida Constitución de 1978 se trata igualmente de preservar sus cosas esenciales, que los constituyentes establecieron, si no con lumbre divina, sí poderosamente iluminados por aquella feliz coyuntura histórica y política que llamamos Transición. Pero se pueden hacer reformas en el edificio constitucional respetando sus paredes maestras.

Es más, ha llegado el momento de acometer esas reformas, y algún dato comparado puede ayudarnos a formar opinión al respecto. Desde su promulgación en 1978, la Constitución ha tenido dos reformas, las dos puntuales y las dos impuestas por nuestra pertenencia a la Unión Europea: la del artículo 13.2, relativa al sufragio pasivo de los extranjeros en las elecciones municipales, que tuvo lugar en 1992; y la más reciente (2011) del artículo 135.2, en materia de deuda pública. Pues bien, durante esos treinta y cinco años la Constitución francesa ha sufrido diecinueve reformas, y la Constitución italiana, doce. En ambos casos, varias de esas reformas han tenido auténtica trascendencia.

Parece claro que ya nos toca entrar por ese camino, y que las reformas más importantes han de recaer sobre el sistema autonómico, que empezó a desarreglarse hace más de diez años, cuando el entonces secretario general del PSOE, tras firmar en 2003 el llamado Pacto del Tinell, decidió romper el consenso de los dos grandes partidos en la materia. Ahora el PSOE tiene un nuevo secretario general y es hora de recomponer ese consenso, del que salieron, además de la Constitución de 1978, los importantes Acuerdos Autonómicos de 1981, que cerraron el mapa autonómico, y los de 1995, relativos a la ampliación de competencias de las comunidades autónomas del artículo 143 de la propia Constitución. El primer paso simbólico para esa recomposición sería que, un día antes de recibir a Mas, el presidente Rajoy y Pedro Sánchez tuvieran una reunión con el tema autonómico en el orden del día, para dejar claro que los dos grandes partidos han recuperado la iniciativa y la unidad en un punto tan capital para nuestra convivencia.

La segunda cuestión previa es casi puramente terminológica y se aclara diciendo que introducir el adjetivo «federal» en el debate de que se trata no ayuda gran cosa. España es hoy un Estado federal en todo menos en el nombre. No hay un paradigma federal establecido al que España tenga que aspirar. Cualquier análisis comparado de los federalismos en Europa y en Norteamérica detecta importantes disparidades entre unos y otros sistemas, y el modelo español encuentra con naturalidad su lugar en ese arco de similitudes y diferencias. Por todo ello, hablar de «federalismo» en España solo puede contribuir a enturbiar el agua, con lo que será mejor quedarnos con la terminología propia del Estado de las autonomías, ya muy arraigada entre nosotros y perfectamente satisfactoria.

¿Cómo plantear la reforma del Estado de las autonomías? Resultaría, desde luego, primordial dar claridad y fijeza al sistema de distribución de competencias entre el Estado y las comunidades autónomas. De este modo, el énfasis dejaría de estar en la obtención de más competencias y pasaría a ponerse en ejercerlas de la forma más beneficiosa para los ciudadanos. La medida del éxito político sería la buena gestión, no la longitud de la galería de «transferencias-trofeo», y las comunidades autónomas rivalizarían entre sí para concebir y desarrollar las mejores prácticas para la prestación de los servicios públicos. Esa es la esencia del llamado «federalismo competitivo», que en Estados Unidos hace que los estados se enorgullezcan de actuar como laboratorios donde se prueban políticas públicas experimentales que, si resultan exitosas, luego se copian en los demás.

ACataluña le correspondería el liderazgo natural de un proceso de reforma constitucional inspirado en estos criterios, porque tiene políticos, altos funcionarios y académicos con experiencia y talento difíciles de superar en materia autonómica. Por otra parte, en ese proceso habría tiempo para debatir sobre la revisión constitucional que haría falta para dar encaje a los preceptos del vigente Estatuto de Autonomía de Cataluña que en su día fueron anulados por el Tribunal Constitucional, y también sobre cómo puede mejorarse el actual sistema de financiación de las comunidades autónomas.

Se dirá, con razón, que a día de hoy un planteamiento de estas características resulta inaceptable para el presidente Mas. Pero tenemos por delante muchos años difíciles en Cataluña, y no podemos pasarlos solo con paciencia, firmeza y aplicación de la Constitución y la ley. Hace falta también un proyecto que, para empezar, pueda ilusionar y dar argumentos a los catalanes contrarios a la independencia. Después habrá que intentar que Convergencia Democrática de Cataluña se dé cuenta de que volver a ser cabeza de león, que es lo que siempre ha sido en Cataluña y en España, es mucho mejor que convertirse en cola de ratón. Pero esta es cuestión tan crucial que habrá que dedicarle otra Tercera.

Exportaciones: ¿Del boom al bluff?
Luis de Velasco www.republica.com 22 Julio 2014

Las últimas cifras oficiales conocidas de la balanza comercial referidas a mayo no resultan alentadoras. Como ha escrito Ángel Laborda, el mejor analista de coyuntura económica de este país, “hace meses que las exportaciones de bienes han dejado de ser el motor de la recuperación española. Tanto en valor como en volumen, alcanzaron un máximo en el segundo trimestre del pasado año y desde entonces han mantenido una tendencia a la baja”. O sea, que la cosa viene de atrás, no es de un par de meses. Laborda añade un matiz de esperanza: “Afortunadamente, un análisis más preciso nos muestra que la caída parece haber tocado fondo”(El País, suplemento Negocios 20 de julio 2014). Los próximos meses podrían despejar esta muy importante incógnita.

El estrangulamiento por el sector exterior, medido por la balanza por cuenta corriente, ha sido una constante en la historia económica del país, al menos desde que hay datos fiables. Estrangulamiento causado exclusivamente en la balanza comercial por la debilidad exportadora y por una alta elasticidad-renta en la importación. El remedio tradicional, la devaluación de la peseta. Desde 1959 (Plan de Estabilización) hasta las tres en 1992-93, ya en el Sistema Monetario Europeo. La historia interminable.

El reemplazo de la devaluación “externa” ha sido la devaluación “interna”, vía reducción de los costes internos fundamentalmente los salariales. Cuando éramos o, más bien, nos creíamos “ricos para siempre” y se incubaba, vía corrupción, despilfarro y bravatas sobre adelantamientos la burbuja del ladrillo, el déficit corriente llegaba al récord mundial del 10 por ciento del PIB. Eso quería decir que importábamos ahorro de manera excesiva y que eso tenía un límite que llegó como es bien sabido (y sufrido por la mayoría de la población hasta hoy).

La devaluación vía reducción continuada de los salarios reales tiene también un límite doble. En el espacio, porque siempre habrá países más baratos y, en ese aspecto, más competitivos. En el tiempo, porque el límite lo marcan, de un lado la caída de la demanda interna y de otro, la conflictividad social. Lo estamos viendo. A esas dificultades para que el esquema continúe se unen otras como son el sobrevaluado tipo de cambio del Euro y el prácticamente ya nulo diferencial de inflación respecto del resto de la UE. A añadir esa alta elasticidad de la importación que hace que cuando la demanda interna mejora, aunque sea mínimamente, la importación también crece. No olvidemos además el alto componente importador de sectores muy importantes de nuestra exportación.

Lo más importante es que la exportación española sigue siendo débil a pesar de los avances en los últimos años. En síntesis, estructura sectorial con escaso peso de valor tecnológico y de sectores de demanda exterior creciente; concentración excesiva en la UE; limitado número de empresas exportadoras consolidadas y no ocasionales; limitada vocación empresarial para exportar e invertir fuera; baja exportación por habitante. Todo esto es sino el reflejo, como ocurre en todas partes, de una economía estructuralmente débil en muchos de sus segmentos. Los milagros exportadores sobre bases poco firmes, salvo quizá invocando a Santa Teresa, son más bien escasos.

Radio España Independiente
Marcello www.republica.com 22 Julio 2014

Como esto siga así algunos nos vamos a tener que ir al exilio, y otros al maquis, porque este país no tiene arreglo y la capacidad de asombro de los ciudadanos está llegando a su límite. O sea que habrá que desempolvar los discos de Paco Ibáñez y reabrir en Andorra -la patria chica de la saga financiera de Jordi Pujol- o en cualquier otro lugar, Radio España Independiente, para contar lo que de verdad pasa en este país, porque la verdad cruda y dura de lo que pasa en España no se puede contar.

Ni en la prensa de papel que está arruinada y todos al servicio del imperante y único poder -ayer Cebrián se cargó a Abril Martorell para entregar su cabeza al mejicano Alcántara al que por fin le sacaron los 100 kilos, que prometió Navalón- y dejando a los Polanco (‘los huerfanitos’), reducidos en el accionariado a su mínima expresión. Ni en la prensa ni en las radios de tertulianos fanáticos al servicio de los dos partidos del Régimen moribundo, como tampoco se cuenta nada en los programas de televisión, por más que algunos -en La Sexta y Cuatro- jueguen a periodistas de lo superficial pero sin llegar al fondo oculto de la cuestión.

Circula en internet un montaje de ‘El Jueves’ con un falso Hola -Bola-veraniego con Esperanza Aguirre y Pablo Iglesias convertidos en la pareja del verano, porque el de la coleta ya está entrando en el juego de la promiscuidad, y el día menos pensado lo vemos dando vueltas en la puerta giratoria de los poderes variados y comiendo canapés en el Palacio Real. Sobre todo si continúa haciendo mas chistes y cucamonas con lo peorcito de ¡la casta! y sin marcar las oportunas distancias que debiera, porque le pierden la fama, el estrellato y la notoriedad. Y que se cuide el coleta de las sirenas cantoras que le susurran al oído canciones de amor.

Crisis de Gaza
¿De qué se puede dialogar con Hamás?
Carmelo Jordá Libertad Digital 22 Julio 2014

Anda la progresía biempensante del mundo pidiendo insistentemente que acaben las operaciones militares de Israel en Gaza y que se inicie un proceso de diálogo entre las partes. La propuesta es, como tantas otras cosas que nos llegan desde la izquierda, tan aparentemente lógica e intachable como inútil o, más probablemente, incluso perniciosa.

Lo primero que habría que preguntarse es qué se puede dialogar con Hamás, a qué acuerdo puedes llegar con una organización que es terrorista, que se basa en el peor fanatismo religioso y en cuyos estatutos clama por tu destrucción absoluta. Para que nos hagamos una idea de lo que estamos hablando, ni siquiera los desgraciados asesinos de ETA plantean la completa desaparición de España y echarnos a todos los españoles al mar, como sí hace Hamás con los israelíes.

Negociar con aquel que quiere exterminarte debe de ser harto complicado, llegar a un punto de acuerdo se me antoja difícil: no hay un término medio entre la vida y la muerte, entre la existencia de Israel y su desaparición, entre que más de seis millones de judíos vivan en Oriente Medio o, simplemente, llenen los cementerios.
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Esto que estamos viviendo es un ejemplo más de la estúpida fe absoluta en el diálogo que ha desarrollado Occidente desde finales del s. XX, como si todo se pudiese arreglar con diálogo y, peor aún, como si todo fuese negociable. Lo cierto es que sobre aspectos como la libertad o los derechos humanos no me interesa lo más mínimo llegar a un compromiso con Hamás, y no creo que fuese buena idea hacerlo.

Ese del diálogo es el típico consejo que es muy fácil dar a terceros, especialmente a un Estado judío al que todo el mundo cree saber lo que le conviene… desde la comodidad de una Europa en la que no caen misiles. Es también una de esas ideas que sabemos corre a costa de otros: nosotros quedamos muy progres y pacíficos aquí y que los israelíes se las vean con el monstruo; pero, eso sí, a través del diálogo, que si no luego salen muertos por la tele y me amargan la cena.

Pero no, Israel no debe negociar con Hamás nada que no sea un alto al fuego que ponga fin a la actual guerra; Israel, que es una democracia y un Estado de ciudadanos libres, no tiene nada que dialogar con los terroristas teócratas de Hamás.

La guerra es algo terrible, y esta también lo está siendo, pero cuando hay quien está dispuesto a hacértela a toda costa la alternativa no es entre guerra y paz, sino entre luchar o sucumbir. Israel, afortunadamente, lo tiene claro.

Cuando Europa critica a Israel cava su propia tumba
Gracias al potente lobby judío en los EE.UU, han contado con el apoyo de esta nación
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 22 Julio 2014

“¡Cuántas veces se pasa uno al enemigo por huir de los amigos!”
J.Benavente.

Es posible que, en este país, todavía estemos en la más pura inopia en cuanto al papel que viene representando Israel en todo Oriente medio. Es evidente que, la propaganda a favor de los palestinos llevada a cabo por las izquierdas del señor Rodríguez Zapatero tuviera su éxito y las ayudas que, como consecuencia de aquella absurda y disparatada posición del Ejecutivo, en lugar de beneficiar a los israelíes, fueran destinadas a los terroristas del señor Arafat o, más tarde, a aquellos que consentían que, en su territorios una banda fuertemente armada de terroristas camparan libremente, saboteando cualquier acuerdo de paz que se intentara entre ambos pueblos. Resulta imposible, si no es que lo atribuimos al emperramiento de nuestras izquierdas nacionales de apoyar a los palestinos a cualquier precio, aunque se haya demostrado, por activa y por pasiva, que son ellos los que no quieren aceptar que el estado de Israel ocupe los territorios que las potencias aliadas les asignaron, al concluir la II Guerra Mundial, como compensación al genocidio (Holocausto) que cometieron con ellos los alemanes. Los países árabes no aceptaron la vuelta de los israelíes europeos a su antigua nación y, desde el primer momento, quisieron echarlos de sus territorios; lo que obligó tanto a Ben Gurión como a Golda Meyer, apenas sin ejército, a tener que enfrentarse a sus vecinos los países árabes, con Egipto incluido.

Desde su constitución, en 1.948, el nuevo estado de Israel ha tenido que mantenerse alerta, en pie de guerra y dedicando una gran parte de su PIB a mantener un potente Ejército, bien entrenado, eficaz y moderno, capaz de mantener apartados de sus fronteras a aquellos países árabes que ya han intentado, en varias ocasiones, hacer desaparecer al estado judío del mapa. No lo han conseguido gracias a la tenacidad, la valentía, la disciplina y la unidad de un pueblo de amplias raíces religiosas que, acostumbrado a las penalidades, siempre ha sabido salir airoso de sus enfrentamientos bélicos. Gracias al potente lobby judío en los EE.UU, han contado con el apoyo de esta nación, que les ha vendido armas y les ha apoyado en todas las ocasiones en las que se han visto en peligro de perecer. Pero, como siempre han sido partidarios de la máxima “Ayúdate que Dios te ayudará” han querido crear su propia industria de armas y han conseguido ser uno de los países de la región que primero han logrado tener un potente arsenal militar y atómico, gracias al cual han mantenido alejados a sus enemigos.

Europa, sin embargo, ha preferido conservar la amistad de los países árabes, aun que es consciente que el peligro mayor al que tendrá que enfrentarse es el que le va a venir del sur y de oriente. Pero los árabes son los que tienen petróleo e Israel no, por consiguiente, como les ocurre en el tema de Ucrania a los alemanes, prefieren ser cautos y mantener el statu quo, para evitar que el apoyo a Israel o un castigo excesivo al señor Putín les privase, a los primeros, del petróleo árabe y, a los segundos, del gas natural que reciben de Rusia. En realidad, Europa carece de autoridad moral para criticar a Israel porque se defienda de aquellos que, por todos los medios, ninguno pacífico, intentan hacerles volver al éxodo que en tantas ocasiones han tenido que soportar.

Porque, señores, ¿qué han hecho los países europeos para intentar parar los lanzamientos de misiles sobre Israel? O ¿qué ayudas les han enviado para defenderse de sus enemigos? En realidad les ha resultado muy cómodo pedir al pueblo judío que tengan paciencia, que se aguanten, que no reaccionen en contra de sus adversarios y, todo ello, sin que hayan movido un dedo para que, el terrorismo de Hamas, concluyera. Incluso, hace apenas unos meses, se había llegado a un principio de acuerdo para celebrar unas conversaciones de paz con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, señor Mahmud Abas; unos contactos que iban por buen camino hasta que los terroristas de Hamas, contrarios a cualquier tipo de negociación de paz, impidieron que continuaran bombardeando de nuevo, con misiles, a Israel.

Ahora, cuando los israelíes pretenden defenderse de los que no les dejan vivir en paz; ahora que, desde el Ejército sionista, en un acto insólito en una guerra, se avisa con antelación de las incursiones aéreas que se van a llevar a cabo o de los bombardeos que se proyectan para que los civiles se puedan ausentar del peligro; son los mismos terroristas de Hamas los que impiden que los civiles abandonen sus casas y los utilizan para hacer de escudos humanos para evitar que las bombas destruyan sus depósitos de armas o destruyan los túneles de los que se valen los terroristas para acercarse, impunemente, a Israel y lanzarles cohetes a la población judía.

Esta moralina falsa; este intento de los gobernantes europeos, de querer justificarse ante la opinión pública; esta actitud de jueces implacables contra los ataques sionistas, porque producen víctimas civiles; no parece que se dirijan contra la banda Hamás por exponer, a dichos civiles, a los resultados de las bombas, impidiendo que los niños y ciudadanos se vayan de las casas que saben que van a ser bombardeadas. Nadie se deje engañar por este teatro callejero de los miembros de Hamas, llevando en sus manos a criaturas muertas, después de que hayan sido ellos mismos los que los han expuesto al matadero.

Contrariamente al severo juicio al que, los europeos, quieren someter las acciones del Ejército sionista, vean ustedes el comportamiento cobarde, contemporizador, inseguro y tolerante de esta misma UE, cuando se trata de defender a los ucranianos que luchan contra los rebeldes rusos o cuando se trata de enviarles armas modernas o cuando se debería advertir seriamente a Rusia de que no están dispuestos a pasar por el apoyo descarado que está proporcionando a los rebeldes, en contra de las tropas ucranianas que pretenden restablecer la unidad del país. Palabras, amenazas, más palabras y, en total, nada más que unas ínfimas sanciones (simplemente para cubrir el expediente) ante los ciudadanos admirados de que se consienta la humillación, únicamente por motivos comerciales y económicos.

El propio señor Obama se está cubriendo de gloria dejando que, Israel, se vea precisado a defenderse solo, sin que su gobierno haya hecho otra cosa que recomendar que se produzca una tregua, algo que, curiosamente, no han querido aceptar los que se llevan la peor parte en esta contienda, los terroristas de Hamas. ¿Son todos estos gobernantes, impulsados solo por intereses económicos, los que pretenden decir a Israel cómo se debe defender de sus atacantes? ¡Vergüenza debiera darles! No se debe olvidar que, desde la mal llamada Primavera árabe, aquella que tanto jalearon desde la CE; todo el norte de África, la frontera con Europa, está dominada por países de gobiernos islámicos, países que están a las puertas de una verdadera revolución del fanatismo religioso que algunos pretenden resucitar con la formación de un Estado islámico que agrupe a todos los actuales gobiernos de la zona. Sus objetivos, ni más ni menos que los que a España le han venido anunciando desde la frontera con África, la segunda invasión árabe de toda Europa, empezando por nuestro país. Israel es el último baluarte no islamista del que nos podemos fiar y ¡a pesar de ello, no hacemos más que ir en su contra, incluso cuando no hacen más que defenderse! O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos admirados como, Europa, apoya a sus enemigos y critica a sus amigos. ¡Demencial!

Cataluña
José Luis Garci: 'El nacionalismo es un mundo pequeño y estrecho'
El director de cine defiende que "cada uno puede pensar lo que quiera, pero sin salirse de la legalidad"
 www.lavozlibre.com 22 Julio 2014

Madrid.- El director de cine José Luis Garci, uno de los firmantes del manifiesto 'Libres e Iguales' en contra de la secesión de Cataluña y de la negociación con Artur Mas, define el nacionalismo como "un mundo pequeño y estrecho".

"Creo que nunca ha sido bueno. Esto es opinable. Es curioso. Creo que el nacionalismo es un mundo pequeño y estrecho. Cada uno puede pensar lo que quiera, pero sin salirse de la legalidad. Pero hay algo que llama la atención. Parece que se puede ser nacionalista vasco o catalán, pero no español", señala en una entrevista en 'ABC'.

Preguntado por cómo acabará esta película, la del desafío separatista de Artur Mas, dice que "habría que ir al oráculo de Delfos para averiguarlo". "De todos modos, no hace falta haber estudiado en Harvard para saber que, de aquí a seis meses, la situación va a ser a ser movida e incómoda. No sé qué pasa en España. Aquí nunca nos aburrimos. Lo esperable sería que todo siguiera el cauce de la legalidad, pero en este país las previsiones no funcionan. ¿Quién nos iba a decir que nos iban a meter cinco en el primer partido del Mundial?", se pregunta Garcia.

Lo que no le ha causado sorpresa es al punto al que hemos llegado: "Se veía venir en sus discursos y en sus acciones. Esto va cada vez a más. Tiene una tendencia creciente. Veremos qué pasa en la Diada de septiembre. Es una previa importante antes del otoño", sostiene.

Por ultimo, Garci explica los motivos que le han llevado a firmar el manifiesto'Libres e Iguales': "Lo he visto breve y, sobre todo, muy claro y sencillo. No pude ir al acto que se organizó porque estuve fuera, pero hubiera sido un honor haber participado".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Duran seguirá en el Palace
EDITORIAL Libertad Digital 22 Julio 2014

Después de que a comienzos de junio amagara con abandonar su cargo en CiU -recibido con una humillante indiferencia por parte de sus socios de coalición-, Josep Antoni Duran i Lleida hizo ayer efectiva su renuncia a la Secretaría General de la formación secesionista, al parecer de manera irrevocable. El anuncio ha sido considerado por la clase política madrileña como la confirmación del talante de Estado de este nacionalista catalán de Huesca. Los principales medios de comunicación nacionales han incidido en el presunto valor simbólico de la decisión de Duran para detener la locura separatista en la que Artur Mas ha embarcado al pueblo catalán. Huelga decir que las cosas son mucho más sencillas y el interés del protagonista definitivamente más prosaico de lo que sus halagadores pretenden hacer ver.

La renuncia de Duran carece de efectos prácticos, dada la perfecta inutilidad del cargo que ostentaba. La coalición nacionalista es una confluencia de intereses (sobre todo pecuniarios) que la Convergencia de los Pujol y Mas y la Unión de Duran han administrado en beneficio propio, al socaire de sus éxitos electorales y el ingente presupuesto público que ha pasado por sus manos. La Secretaría General de la coalición era a todos los efectos una instancia simbólica para representar un reparto de poder cuya verdadera esencia es tenebrosa.

Si Duran i Lleida hubiera querido mostrar un verdadero desacuerdo con la Convergencia secesionista habría anunciado el fin de la coalición con la que ambas formaciones han venido concurriendo a todos los comicios desde 1978. No lo hará porque UDC es tan insignificante en términos electorales que de ninguna manera le permitiría seguir en el Parlamento español disfrutando de tal o cual bicoca, lo único que el señero huésped del Palace está interesado en preservar.

Duran i Lleida nunca ha reprochado a sus socios la amenaza de celebración de una consulta independentista, que va en contra de la unidad de la nación a costa de la cual vive cual diletante decimonónico desde hace más de tres décadas. Él mismo afirmó ayer que nunca ha sentido "ninguna incomodidad con el derecho a decidir y la consulta".

Las razones de su marcha hay que buscarlas, una vez más, en la gastada estrategia nacionalista de tener en Madrid un delegado plenipotenciario, con el que la clase política nacional y los medios de la capital sigan viviendo la ficción de que hay un nacionalismo razonable y moderado, el que representa Duran, y otro imprudente y radical al que conviene aplacar con continuas gabelas.

Duran montó ayer su particular circo dimisionario, pero seguirá siendo diputado en el Congreso y presidente nada menos que de la Comisión de Exteriores de la España que le trae por el camino de la amargura. Dos privilegios, junto con su vida muelle en el Hotel Palace, a los que desde luego no piensa renunciar.

Cultura y política
Las lenguas de nuestras regiones son una riqueza, pero no legitiman la fragmentación política. Nuestra ciudadanía se basa en la legalidad del Estado y no en “el pueblo”, “la calle” y demás embelecos populistas
Fernando Savater. El Pais 22 Julio 2014

Antes del discurso de toma de posesión del nuevo Rey, algunos bienintencionados le recomendaron que aprovechara esa ocasión inaugural para utilizar lo más posible el catalán y supongo que ya puestos también el euskera, el gallego… Incluso mencionaban el precedente de los discursos de la Corona en Bélgica, que es precisamente la comunidad nacional más enfrentada de Europa y por tanto el mejor argumento a favor de una lengua común de cuya carencia política evidencia los efectos.

El discurso real fue sobrio y formal, pues difícilmente podía esperarse otra cosa; decepcionó a los separatistas para alivio del resto de los ciudadanos, y fue pronunciado en castellano aunque utilizó de paso las demás lenguas españolas en menciones literarias de poetas que escribieron en ellas. Una ocasión desaprovechada, se apresuraron a decir los que esperaban más énfasis en la escuela de idiomas. A mi juicio, en cambio, una excelente lección. Porque en ese aspecto el discurso no solo fue regio por el rango de quien lo pronunciaba, sino también realista. Las diversas lenguas de nuestras regiones son una indudable y reconocida riqueza cultural, bien ejemplificada por los creadores que las han utilizado y por quienes hoy aportan en ellas perspectivas diversas, críticas y exaltaciones imprescindibles para comprender nuestra comunidad. Pero no son una legitimación de la fragmentación política, como pretenden los nacionalistas, y en tal sentido reivindicar la lengua común es defender lo que nos une como país y Estado de derecho, sin desmentir en modo alguno el pluralismo social y literario de que disfrutamos.

Es esta incomprensión radical entre la variedad cultural y la unidad política me parece que se cifran buena parte de los interesados equívocos alentados por nuestros separatistas, que confían en que la gente ignore que la primera no justifica la demolición de la segunda. Los modernos Estados de derecho siempre acogen dentro de su homogeneidad legal posibilidades culturales distintas que constituyen precisamente una parte esencial de la libertad de sus ciudadanos. Pero lo que funda la democracia es el demos, no el etnos; es decir, que en España hay catalanes, vascos, andaluces, gallegos, etcétera... culturales, pero políticamente solo hay ciudadanos españoles. Y eso a pesar del arcaísmo de los “derechos históricos” (que son las brujas de Zugarramurdi del orden constitucional) y que el nuevo Rey en su proclamación juró respetar “los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas”, fórmula ominosa (¿qué pasa si entran en conflicto?).

La actitud de los nacionalistas catalanes no es violenta, pero tampoco estrictamente pacífica

Entre nosotros, se respetan y hasta a veces se sacralizan exageradamente las diferencias culturales (y religiosas, eróticas, etcétera), pero su fundamento es la común ciudadanía compartida, que las permite todas y también el derecho a diferir de la diferencia dentro de cada grupo diferenciado: nadie tiene obligación de ser extremeño, catalán o madrileño como los demás. A fin de cuentas, la verdadera singularidad que el Estado debe defender no es regional o de ninguna capilla, sino la personal: “Uno de los fundamentos del Estado de derecho es que el cuerpo político está formado exclusivamente por individuos. Su apuesta es que se puede y se debe trascender la visión troceada y tribal de la sociedad; que se puede y se debe unificar por una ley común que repose sobre principios universales ese mosaico que de otro modo tiende necesariamente a un régimen mafioso” (Catherine Kintzler, Penser la laicité, ed. Minerve). La aceptación de la Constitución democrática permite a cada ciudadano parecerse culturalmente a quienes prefiera o diferir audazmente de todos los que le rodean…

Decir que el desafío secesionista de los nacionalistas catalanes amenaza hoy la unidad de España es una forma quizá algo anticuada de referirse a que pretende conculcar la integridad incondicionada de nuestra ciudadanía compartida. Es eso, a mi entender, lo que fundamentalmente pretende denunciar el manifiesto Libres e iguales que hemos firmado gente de diferentes tendencias políticas. De inmediato ha sido denostado como muestra de nacionalismo español por quienes al parecer tienen dificultades para entender un texto bastante sencillo, o se ha recurrido para descalificarlo al sobado “choque de trenes”, ese cliché para simular que se piensa o para disimular lo que se piensa. Por cierto que el símil con el desastre ferroviario sirve para cualquier enfrentamiento político, por ejemplo la II Guerra Mundial. Pero como en aquella ocasión un tren llevaba a Treblinka y otro a la Unión Europea, todos nos alegramos de que se hiciera descarrilar al primero aunque fuese alto el coste. Afortunadamente, el caso que nos ocupa no es ni con mucho tan dramático. La actitud de los nacionalistas catalanes no es violenta, aunque en realidad tampoco es estrictamente pacífica, porque no se puede llamar así a un órdago por parte de representantes autonómicos que pone al Estado en la tesitura de aceptar su deslegitimación humillante o emplear su fuerza coercitiva de modo legítimo pero nada deseable.

Desde luego, nuestro manifiesto no se opone a que Rajoy y Artur Mas discutan cuanto puedan y les corresponda, para eso pagamos el sueldo a los políticos. Pero lo único que subrayamos, frente a los arbitristas reiterativos del “¡que se besen, que se besen!”, es que ninguno de ellos puede manipular a su antojo lo que no les pertenece porque es de todos, con tal de que se amaine el lío a cualquier precio. Personas cuyo criterio valoro opinan que una reforma federal de la Constitución puede ser conveniente. Pues si mejora la administración territorial del país y de paso calma el ramalazo étnico de los nacionalistas sin dañar al demos, lo que está por ver, adelante con ella siempre que cuente con el acuerdo suficiente. Lo que desde luego no puede cambiarse es la condición de los ciudadanos por la de nativos o autóctonos (“autotontos” les llamaba Valle Inclán), ni fragmentarla accediendo a que algunos proclamen “la república independiente de mi casa”, como decía aquel anuncio.

Mas y Rajoy pueden discutir cuanto puedan, sin manipular lo que no les pertenece

En el debate de los tres candidatos a dirigir el PSOE, tan hueco en lo que se decía como significativo en lo que se callaba, me llamó la atención especialmente una propuesta de Eduardo Madina: los socialistas “tienen que estar con los que no tienen nada que perder”. Dejemos a un lado que parece dar por supuesto que entonces los que tienen algo que perder —empleos, industrias, propiedades, seguros sociales, etcétera…, o sea la mayoría de los españoles— deben irse sin más a buscar el amparo de los partidos de derechas. Lo importante es que pasa por alto lo que todos tenemos que perder: nuestra ciudadanía, algo que se basa en la legalidad del Estado y no en “el pueblo”, “la calle” y todos esos embelecos populistas que se han puesto de moda. Esa legalidad no puede ser derogada por votos y urnas de una democracia repentina sin cláusulas, porque la precede.

Como dijo Tony Judt, “si uno se para a pensar en la historia de las naciones que maximizaron las virtudes de lo que nosotros asociamos con la democracia, se da cuenta de que primero vino la constitucionalidad, el Estado de derecho y la separación de poderes. La democracia casi siempre llegó lo último” (Pensar el siglo XX, ed. Taurus). En la ciudadanía se basan los derechos (el primero, elegir opciones de izquierdas, de derechas o las que fueren) y las prestaciones sociales, que dependen de ella y no de la productividad, la rentabilidad o la gobernabilidad que solo atiende al orden público. Si se fracciona o se reduce a mera pertenencia local, desaparece la auténtica posibilidad de combatir los abusos y crear mejores estructuras, para dejar libre el campo al mero afán de revancha, cuya espontaneidad irreflexiva tan provechosa resulta a los ambiciosos y a los fanáticos. Este es el mensaje que hay que hacer llegar a todos nuestros conciudadanos en la importante etapa política que vamos a afrontar los próximos meses.

Fernando Savater es escritor.

No encontrarás trabajo
Sonia Sierra www.cronicaglobal.com 22 Julio 2014

Un amigo me contaba que cuando él era pequeño, allá por los 80, el catalán le resultaba una lengua muy antipática porque los profesores repetían constantemente que tenían que aprenderla porque si no, no encontrarían trabajo. A él, que acabó hablando francés, inglés, italiano y alemán, le resultaba insoportable aprender una lengua bajo lo que le sonaba como una amenaza. Desde luego, sus antiguos profesores no ganarían nunca el premio a pedagogos del año pues si algo tengo claro tras haber dedicado parte de mi trayectoria académica y profesional a la enseñanza del español como lengua extranjera es que la mejor manera de aprender un idioma es por amor: amor a un país, a una cultura o, sobre todo, a una persona porque nadie estudia con más entusiasmo que aquel que quiere conocer la lengua de la persona de la que se ha enamorado.

En todo caso, el argumento que daban estos profesores no es baladí y sirve para ilustrar perfectamente la situación de Cataluña en la que el catalán es la lengua del poder y de las clases altas por lo que el uso de esta lengua es necesario en tanto que ascensor social. Esto lo estudia muy bien Thomas Jeffrey Miley, profesor de Sociología en Cambridge, en su imprescindible libro Nacionalismo y política lingüística: el caso de Cataluña (2006), fruto de su tesis doctoral. En él se explica, por ejemplo, que aunque el 38% de personas tienen el catalán como primera lengua, el 80% de la élite de la administración pública es catalanohablante, cifra que asciende hasta el 89% en el caso de los parlamentarios catalanes. Con semejantes cifras no es de extrañar el apoyo mayoritario a la inmersión lingüística entre nuestros políticos.

El catalán es la lengua de las élites políticas y económicas aunque, curiosamente, en Cataluña se habla poco de ello

Miley recoge también las conclusiones del estudio La transformació de la societat metropolitana que afirman que si bien en el 52% de los hogares que pertenecen a categorías socioprofesionales altas todos su miembros se declaran catalanohablantes, la cifra se reduce al 18% en los hogares que pertenecen a categorías socioprofesionales bajas. Cabe recordar que en el área metropolitana vive casi el 65% de la población catalana por lo que estas cifras resultan especialmente significativas.

Con estos datos y muchos otros que aparecen en el citado libro, podemos constatar que el catalán es la lengua de las élites políticas y económicas aunque, curiosamente, en Cataluña se habla poco de ello, entre otras cosas porque según el discurso creado y difundido desde el poder, el pueblo de Cataluña -ese "un sol poble"- lucha unido en un férreo bloque por la defensa de la lengua catalana y la construcción nacional. Desde luego, nada más lejos de la realidad como demuestra el hecho de que tras años de inmersión lingüística obligatoria, solo el 13% de los castellanohablantes cambien al catalán como lengua de uso, pero ellos a lo suyo, que para eso son los que mandan y tienen los medios de comunicación y los mecanismos de propaganda a su servicio.

Volviendo a mi amigo y a la amenaza de "no encontrarás trabajo", uno de los efectos más perversos de la "normalización lingüística" -¿en serio alguien ve normal que pretendan imponerte un idioma?- es que, en numerosas ocasiones, lo que acaba es provocando un rechazo a la lengua que se pretende defender pues esto se hace a costa de, subliminalmente, mostrar que la lengua materna de la mayoría de los catalanes no es la adecuada para desenvolverse en Cataluña. Además de no ser suficiente para lograr un empleo, como no es lengua vehicular en la escuela y tiene menos presencia en las aulas que el inglés, se transmite la idea de que tampoco es una lengua válida para la cultura. Esto parece confirmarse con la ausencia de autores que escriben español del nuevo portal web 'Lletres Catalanes'. A nadie con un mínimo de criterio literario se le ocurriría prescindir de autores catalanes como Ana María Matute, Vázquez Montalbán o Juan Marsé, pero parece que "Catalonia is different" y luego pasa lo que pasa cuando te invitan a la Feria del Libro de Fráncfort, decides no contar con los grandes nombres y los organizadores acaban bastante enfadados porque esos eran, precisamente, los que ellos quería allí y no un "equipo de segunda" como se escribió en el prestigioso Frankfurter Allgemeine.

No faltará quien saque a relucir que el catalán debe gozar de mayor protección como desagravio al trato recibido durante el franquismo. Por supuesto, lo que pasó durante la dictadura con respecto a las lenguas y a las libertades fue terrible, pero de ninguna manera sirve para legitimar políticas injustas casi cuarenta años después de la muerte Franco. Y es que, como bien dice Fernando Savater, las lenguas tienen dos grandes enemigos: los que las prohíben y los que las imponen. Que no se nos olvide.

El proceso separatista
La Generalidad obliga a recibir clases en español a sus futuros diplomáticos
Primera hornada de plenipotenciarios del Estado catalán, veinte funcionarios que han completado un cursillo de trescientas horas.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 22 Julio 2014

El proyecto separatista de Artur Mas y Oriol Junqueras es tan ambicioso que además de proyectar un ejército propio ya dispone de la primera promoción de "diplomáticos" catalanes. Tras un cursillo acelerado a cargo del "Diplocat", un organismo dependiente de la Generalidad y que se pretende el "Foreing Office" de la república catalana, la administración autonómica se jacta de haber licenciado a los veinte primeros plenipotenciarios del futuro estado propio, embajadores actuales al margen. Y ya ha empezado el curso de la segunda promoción, que según la información contenida en la dirección digital del "Diplocat" comenzó en febrero y acabará antes de final de año. De ahí saldrán otros veinte emisarios del servicio exterior catalán.

Si la "carrera" diplomática en Cataluña no se puede catalogar de larga, menos aún se puede decir que la Generalidad sea muy estricta a la hora de seleccionar a los candidatos a engrosar las filas de este selecto grupo. Es condición indispensable ser funcionario de la Generalidad o de la Diputación de Barcelona, saber algo de inglés e incluso de español, puesto que "el módulo herramientas de psicología aplicada se imparte en castellano". También se advierte que el español podrá ser utilizado en otras asignaturas: "Los módulos de Estrategias de Comunicación, Práctica Diplomática y 'Carrefour' Diplomático se imparten en catalán, español, inglés o francés en función del profesor de cada sesión".

También es indispensable disponer de un título universatario y más aún "disponer de la autorización del superior jerárquico para seguir el programa de formación". Una vez satisfechos los requisitos, el coste para los alumnos es gratuito, el título de la Universitat Pompeu Fabra y el rango de diplomático. Según el "Diplocat", "el Master tiene por objetivo ofrecer un programa formativo sobre diplomacia y relaciones internacionales dirigido a los profesionales de las administraciones públicas de Cataluña. El plan de estudios está especialmente concebido para formar profesionales capaces de representar y defender los intereses del país con competencia, eficacia y flexibilidad. En este sentido, se ha diseñado una formación amplia, multidisciplinar e innovadora, que permita entender los problemas del mundo de hoy y conocer las tendencias políticas y económicas mundiales. El objetivo es reforzar las capacidades para negociar y relacionarse con fluidez y con el mismo nivel discursivo con empresarios, políticos, diplomáticos, periodistas y otros actores de las relaciones internacionales".

Así y tras el permiso del jefe, nueve meses de formación profesional a razón de un par o tres de clases a la semana, algo de español (vetado en el resto de ámbitos educativos públicos) y un inglés tirando a fluido, un funcionario de la Generalidad tiene la oportunidad de "representar los intereses del país (...) con una formación amplia, multidisciplinar e innovadora".

El cursillo "está dirigido por el profesor Carles Boix, doctor en Ciencias Políticas y master en Administración Pública por la Universidad de Harvard y catedrático de Ciencia Política y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, y está organizado conjuntamente con la Secretaría de Asuntos Exteriores y de la Unión Europea, el EAPC, el IBEI y la UPF", concluye la presentación.


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