AGLI Recortes de Prensa   Martes 29 Julio  2014

Los Pujol, una herencia y mil y una comisiones
EDITORIAL El Mundo 29 Julio 2014

«FALTAN MÁS explicaciones del dinero, no es una herencia». Así de rotunda se mostró ayer María Victoria Álvarez, ex novia de Jordi Pujol Ferrusola, en una entrevista en Antena 3. Álvarez dio veracidad a los informes de la Udef sobre las cuentas en el extranjero de la familia, que ha cifrado en unos 100 millones de euros, y recordó los viajes a Andorra con su ex novio en los que transportaban bolsas de dinero en efectivo. Por esta cuestión ha declarado ante el juez.

La versión de Álvarez coincide con las investigaciones judiciales sobre cómo las oscuras relaciones empresariales -comisiones y facturas infladas incluidas- de los Pujol labraron la fortuna de la familia durante «23 o 30 años de obra pública». Los lectores de este periódico han tenido información puntual de las andanzas financieras de los Pujol, como los ingresos en un banco de Andorra de 3,4 millones en un sólo mes. Hoy informamos de una operación más, que en esta ocasión afecta a Oleguer, el menor de los hermanos: el posible blanqueamiento de dinero a través de la sociedad en la que participa y que gestionó compraventas de inmuebles con el Santander y con Prisa ajenas al posible blanqueo. El dinero de los Pujol pudo empezar con una herencia, pero ha crecido con comisiones al amparo del poder.

HACIA DÓNDE VA EL PP
Una casta a la carta, o cómo la derecha busca la derrota y el suicidio
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 29 Julio 2014

Frente al resto del PSOE, al separatismo y al auge de Podemos, la resistencia no pueden dirigirla "advenedizos y cobardes, oportunistas y políticamente correctos". Porque perderá.

Alguna vez tendremos que dar por acabada la Transición. Llevamos 39 años "transitando", y con un nuevo Rey deberíamos haber llegado a alguna parte. Por el camino se nos han quedado tres generaciones enteras de políticos, la de los protagonistas –Suárez-, la de sus sucesores –Aznar- y la de los que en 2015 se habrán eclipsado –Rubalcaba, y quizá no sólo él-. No se trata de que hayan muerto, sino de que por necesidad tiene lugar una nueva "transición" generacional. Y hay que ver con qué rumbo. Entre ambiciosos y "trepas", otros vienen detrás pisando fuerte.

"Generación Rajoy": ¿carga o cargo?
Los dirigentes veteranos se inquietan al echar una ojeada a sus juventudes: abundan los jóvenes a los que no sobran las convicciones, pero para los que la vida pública es un buen acomodo. Los trepas han existido siempre y supongo que siempre existirán. Lo importante es que no den el tono de la organización a la que pertenecen y a la que en el futuro representarán. Y que no sean los únicos y no ahoguen a los idealistas y desinteresados que siempre existirán. Porque los cargos comportan cargas.

La derecha española –por comodidad, llamémosla así- necesita representantes, a todos los niveles, representantes capaces de convertir sus principios –permanentes, quiera o no Arriola- en acción eficaz a corto y largo plazo, aquí y ahora, desde la realidad de nuestro siglo. Tampoco sirve importar ideas prefabricadas, como ya se vio con Francis Fukuyama que se equivocó al proclamar el "fin de la historia", y también después con Samuel Huntington hablando del "choque de civilizaciones". Hay que pensar. El "trepa" y el perezoso se limitarán a tácticas al estilo de Pedro Arriola. Pero no hay que despegarse de la base militante, que muy a menudo encarna las esencias y los principios.

Lo hemos visto con los impuestos. Con el problema territorial. Con la agonía del PP navarro, al borde de su enésimo abismo. Y ahora con la Ley que, estrictamente, debemos llamar del Aborto Renovado. Ya en 2006 sólo un diputado "popular", Eugenio Nasarre, rechazó el conjunto de la Ley de Reproducción Humana Asistida de Zapatero. Sólo una voz llamó en público "advenedizos y cobardes, oportunistas y políticamente correctos" a quienes, desde la derecha, no votaron contra aquella Ley. Cristina López Schlichting tenía razón, aunque a muchos molestase. Sigue siendo verdad.

¿Qué lección se da a los jóvenes que entran en política? Que todo vale; y sobre todo que los principios deben subordinarse a la táctica, y que ésta ha de supeditarse a lo que el enemigo defina cada vez como "carca" o "inaceptable". Un pretendido pragmatismo de pretendido origen anglosajón, dirían los de la NDE que tanto gustó en su tiempo a Jorge Verstrynge y al mismo Mariano Rajoy; una simple renuncia a todo a cambio del beneficio, dirían otros. ¿Está contenta la base de afiliados y votantes del PP con este tipo de pasos? No. ¿Realmente es necesario hacer estas concesiones? No. ¿Se prepara así un futuro político brillante? No. Unas juventudes que entrasen en política abandonando principios esenciales y negando la lealtad a las personas que los llevaron allí serían un problema.

Qué principios para no ser de la casta
No es una cuestión de rigidez ideológica, ni mucho menos de puritanismo confesional. España necesita una Derecha plural. Se trata de dar soluciones concretas desde principios sencillos, no de rarezas exóticas. Hasta Alain de Benoist ha dicho varias veces que actualmente los partidos políticos constituyen un ámbito particularmente poco propicio para el desarrollo y la actuación de ideas. Pero una juventud que quiera heredar el legado de la Derecha –y sin él no hay PP ni Vox ni UPN que valgan, véase si no la situación agónica según en qué región- no puede evitar la lealtad a la comunidad nacional española, el respeto por la fe histórica de nuestro pueblo y la defensa de los intereses inviolables de la persona.

Comentando el libro de Tomislav Sunic sobre la que hace décadas se llamó Nueva Derecha Europea (pero ahora es confuso llamar así por la misma pluralidad de derechas, que aceptan o rechazan serlo), De Benoist ha explicado que la oposición activa y no meramente mercantil al marxismo y sus derivados no tiene por qué pasar necesariamente por "el fundamentalismo religioso, el atlantismo occidental, la defensa del capitalismo y el apoyo a la ideología de mercado", ni por "una mezcla de nacionalismo y xenofobia", ni por la "ideología de la igualdad", ni por el universalismo, ni por el progresismo, ni por la simple democracia formal. El hecho que no todos ven, pero que todos padecemos, es que "el mundo que ha prevalecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha terminado…. estamos asistiendo al fin de un gran ciclo histórico de la modernidad. Hemos entrado en la era de la postmodernidad". Una era de cambios que hay que saber afrontar. Si no queremos que casta y PP se identifiquen (una vez muerto el PSOE), no puede dejarse que frente a las ideologías de la izquierda haya sólo la rutina, la propaganda del miedo, los negocios, los dedazos y la imposición como modelo del Homo oeconomicus. No basta la pretendida eficacia cortoplacista: si no hay reflexión, y reflexión con enjundia, lejos de papeletas y de pavores, no hay nada que hacer, sea cual sea la sigla PP o no, que se proponga a la España que está cansada.

¿Es Podemos el modelo? En muchas cosas puede que sí. Antes de un Stalin hace falta un Lenin, antes de un Lenin un Marx, antes de un Marx un Hegel, y en medio todo un Antonio Gramsci que lo entienda todo, lo sistematice y le dé forma. La izquierda lo hace. Si la derecha española se niega a hacerlo, será aplastada o, peor aún, vivirá sólo su carcasa institucional vacía de contenido… dispuesta, contra su propia raíz, a ser antiecologista, aumentadora de impuestos, enemiga de las identidades regionales y locales, progresista, anti imperial, materialista, cortoplacista, economicista. Sería a la vez un error, una derrota y dar la razón al simbólico profe trostkista, Pablo Iglesias, que los mismos medios del Gobierno han querido elevar y manipular.

Cuando el diálogo pretende sustituir a la acción
Vicente Baquero www.gaceta.es 29 Julio 2014

Todo dialogo y concesión tiene unos límites bien definidos, si se quiere mantener el orden institucional entre pueblos y personas.

La posibilidad de resolver los conflictos mediante el intercambio de ideas y hacer concesiones a cambio de obtener una solución negociada es una práctica tan antigua como la humanidad. Ahora bien también es una verdad conocida, aunque incomoda, que todo dialogo y concesión tiene unos límites bien definidos, si se quiere mantener el orden institucional entre pueblos y personas.

Las conversaciones por cómodas que resulten no evitan en última instancia el tener que tomar decisiones que implican acción, y esta por lo general suele ser lesiva para alguna de las partes. Cuando se materializa un conflicto entre dos grupos, hay un momento en que si no se logra un acuerdo, hay que pasar a la acción y como dice el refrán “que venza el mejor…”No es un problema de justo o injusto, sino de supervivencia. Este principio es válido para el contencioso catalán o el palestino, obviamente con distinta intensidad y consecuencias. Nos hemos acostumbrado a que todo se puede hablar, en una sociedad acomodaticia que huye y con gran sentido común de los conflictos frontales, con la paz y la ausencia de violencia como valores supremos (Mientras impera una violencia virtual sublimada a través de la increíble barbarie que muestran los medios de comunicación desde las series, películas o video juegos) pero nos hemos olvidado que los conflictos frontales y excluyentes son una realidad cotidiana y muy real en muchas partes del mundo. El enfrentamiento entre el nacionalismo catalán y la idea de España que se ha formado a lo largo de los años y es real, en la medida que aquellos que defienden esa postura, lo hacen en base a unas convicciones emocionales que no son para ellos discutibles, en la misma medida que una fe no se discute ¡Es obvio que un territorio carece de derechos son las personas las que deben tenerlos! En España se han cruzado pueblos y culturas diversas durante siglos, todos ellos respetables, al igual que en Europa, el nacionalismo es una ficción romántica.

Pretender una separación en estos momentos puede llevarnos a un conflicto de tales consecuencias que económica y políticamente mande al traste al país y a Europa de paso si el ejemplo cunde, es una aberración irracional que va contra el curso de la historia. Pero ES REAL y por evitar el reconocerlo y tomar las medidas necesarias para atajarlo de raíz se puede acabar en una situación de desastre sin precedentes en la historia reciente. Nos cuesta imaginarlo, por eso no se pasa a la acción, porque vivimos cómodamente instalados en una sociedad sobreprotegida aparentemente estable, pero a la larga las equivocaciones se pagan, la paz no es un bien gratuito hay que ganársela. Cada día que pasa sin que el gobierno español tome medidas tajantes y demuestre su autoridad, peor lo tendremos.

Comprendo que es difícil y violento intervenir económicamente al gobierno de la Generalidad, privarles de sus competencias en educación, intervenir los medios de comunicación, encarcelar a los responsables del expolio económico, replantearse la descentralización política e imponer el orden institucional a través de tribunales “ad hoc” (no se puede permitir que no se respeten normas constitucionales). ¡Dictadura! Se me dirá… Pues sí: cuando es necesaria para salvar un bien mayor es una institución tan válida como cualquiera. ¿Qué habrá que ejercer violencia? Sin duda ¿Qué habrá victimas? También. Pero se trata de impedir que la descomposición y anarquía que siga a semejante disparate genere las suficientes victimas que nos traigan una dictadura pero de las de verdad…

Lo malo es que creo que la debilidad del estado y de Europa se materializará en un acuerdo económico vestido de triunfo, que favorezca a los intereses nacionalistas, saltándose a la torera el equilibrio económico institucional para evitar el conflicto y al final lo de Churchill: “…tendremos la vergüenza y el conflicto…”

'Pujol nos roba', ese será tu epitafio
Javier Caraballo El Confidencial 29 Julio 2014

Es esta justicia natural, la justicia de los días, la más implacable y cruel de todas. Sentencias inapelables, que no admiten recursos ni esperan revocaciones porque se graban en el aire y aparecen por los rincones en cada soplo de viento. Es esta justicia del tiempo la única que podría haberle estampado a un tipo tan arrogante como Jordi Pujol su lema reconvertido, el 'España nos roba' que ahora suena con su nombre, 'Pujol nos roba'. Nos roba como todo aquel que defrauda a Hacienda, que ha sido el delito admitido por él mismo. La 'balanza fiscal' de Pujol, ay... Esa balanza fiscal es la única que escondía un fraude, una mentira, la cínica realidad de una familia bien de la burguesía catalana con una fortuna amasada desde el franquismo y sostenida en democracia.

Sostenida en democracia, sí, y ahí esta la clave principal de esta podredumbre que ahora se comienza a destapar. Sostenida y consentida desde la quiebra de Banca Catalana, de la que Pujol salió ileso tras una de las campañas de presión políticas más sucias de la democracia. Comenzó todo con un off the record que trascendió a la prensa: a mediados de los 80, un alto cargo de la administración socialista, delegado del Gobierno en Andalucía, de nombre Tomás Azorín, se atrevió a decir que el escándalo de Banca Catalana acabaría con Pujol en la cárcel. "Vamos a meter en la cárcel a Jordi Pujol", dijo el delegado del Gobierno de Felipe González y la boutade le sirvió a Pujol para organizar una campaña extraordinaria de catalanismo que invirtió los términos de la polémica. Ya no eran las irregularidades de Banca catalana lo importante, sino el acoso, el desprecio a Cataluña.
Ya se pueden imaginar, por tanto, el ambiente de la época, la presión chantajista de Pujol y las cesiones permanentes para acallarlo. Y ya se puede comprobar, fundamentalmente, en qué ha acabado todo, la deriva independentista y la estrategia del agravio convertida ya en precepto incuestionable del catalanismo

El propio Josep Tarradellas, el histórico president de la clandestinidad y de la Cataluña preautonomica, confesó en aquellos años que le había pedido a Jordi Pujol que presentara su dimisión por el escándalo de Banca Catalana, "pero prefirió plantar cara y no me hizo caso". Tarradellas, que ahora pasaría ante los suyos como un despreciable traidor, no ocultaba ya entonces sus diferencias políticas con Pujol porque no entendía que el catalanismo tuviera que significar el odio a España, en una estrategia política de agravios permanentes. Y le parecía que lo de Banca Catalana no era sino una pieza más de esa política. "Toda la acción de Gobierno [de Pujol] está impregnada por una filosofía: Nosotros somos formidables y Madrid siempre se equivoca", dijo. Hasta Tarradellas tenía claro lo que estaba ocurriendo pero la única verdad es que la estrategia victimista de Pujol le produjo los beneficios esperados.

La querella de la fiscalía acabó archivándose y los cientos de millones de pesetas que, según las denuncias, se habrían repartido un grupo de directivos, entre ellos Pujol, se perdieron de vista en la enorme polvareda política que se levantó. Hubo un caso posterior en esa misma década, a finales de los 80, en la que un empresario destapó una trama de financiación ilegal del partido de Pujol, Convergencia Democrática de Cataluña, con pagos que alcanzaban los 3.000 millones de pesetas. Y como la anterior, también se acabó archivando.

Lo escandaloso de este caso es que, años después, el juez catalán que llevaba la instrucción, Ramón Gomis, acabó admitiendo que decidió darle carpetazo y no investigar más "por prudencia". Ya se pueden imaginar, por tanto, el ambiente de la época, la presión chantajista de Pujol y las cesiones permanentes para acallarlo. Y ya se puede comprobar, fundamentalmente, en qué ha acabado todo, la deriva independentista y la estrategia del agravio convertida ya en precepto incuestionable del catalanismo.
El proceso judicial de los Pujol sentencia políticamente a CiU, la hunde un poco más, y puede acabar sumándole a Esquerra Republicana los apoyos que le faltan para hacerse hegemónica

Tanto es así que la equivocación ahora sería pensar que la confesión de Pujol va a suponer algún quebranto del proceso soberanista, que lo entorpece o que lo bloquea. Para nada. El proceso judicial de los Pujol sentencia políticamente a CiU, la hunde un poco más, y puede acabar sumándole a Esquerra Republicana los apoyos que le faltan para hacerse hegemónica. Ya han salido, de hecho, los adalides del independentismo alabando la confesión de Pujol y sentenciando que la nueva Cataluña, la Cataluña independiente, tiene que limpiarse de las suciedades del pasado. Y Esquerra Republicana ha pasado, directamente, a la ofensiva contra Pujol, al que ya no le llaman Honorable sino "indigno", y acabarán retirándole todos los honores de expresident de la Generalitat.

"He gobernado mi país casi un cuarto de siglo y en una época decisiva. Algunas cosas debo haberlas hecho mal, pero otras han sido un acierto, porque durante mi gobierno, Cataluña ha hecho un perceptible salto adelante. En todo caso he sido un presidente importante. Hasta los adversarios lo reconocen. Quizá sí que deberé ser enterrado en un panteón de prohombres". Ese era el epílogo que esperaba Pujol para su biografía. Lo escribió así en sus memorias: el panteón de los prohombres, dice. Pues nada, en ese panteón ya tiene su lápida escrita: 'Pujol nos roba'.

Pujol: la verdad dentro de la mentira
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 29 Julio 2014

Muchos catalanes de buena voluntad, como otros tantos españoles igualmente crédulos, entre los que me cuento, ya suponíamos que la familia de Jordi Pujol se prevalía de la condición institucional de su padre. En Cataluña era un murmullo constante, pero la idiosincrasia de la burguesía media catalana –y esta es confesión de parte de un miembro de la nomenclatura barcelonesa con el que ayer hablé largamente– es menestral y se conforma con pedir a San Pancracio salud y trabajo, pero siente aversión por el conflicto y deja pasar. La otra burguesía, la plutócrata, ha callado porque debía estar en la pomada si como ahora se grita en Cataluña, Pujol era un comisionista a través de sus hijos que, aunque conducidos por la madre más que por el padre, no daban puntada sin que el progenitor los amparase directa o indirectamente.

De modo tal que la ficción era en Cataluña la verdad dentro de la enorme mentira socio-política que Pujol ha ido cincelando durante casi cuarenta años, según célebre frase de Stephen King, un brillante novelista norteamericano que tiene, entre otras virtudes literarias, las de esculpir expresiones con vocación lapidaria. Fue una ficción –la de Pujol– en la que muchos picamos. Especialmente, muchos miles de vascos que, horrorizados por los crímenes de ETA y perplejos ante la amoralidad del nacionalismo fundado por Sabino Arana ante la sangría terrorista, veíamos en el catalanismo, en su proyección sobre la gobernación de España, en la síntesis de lo propio con lo que ajeno, todo un ejemplo a seguir.

Sencillamente, muchos creímos que Pujol era un hombre de Estado y sólo a partir de 2010, cuando ya con ochenta años pegó el cambiazo y se hizo independentista, comenzamos a pensar que su relato biográfico era el de un taimado oportunista o el de un frívolo. Personalmente, y después de hablar con él en profundidad, lo atribuí más a su senectud que a su insinceridad. Tampoco llegamos a sospechar que su impostura –esa ficción que conformó la verdad de la mentira en Cataluña– encubría a un evasor de impuestos y consentidor de corruptos; a un vulgar político logrero.
Muchos creímos que Pujol era un hombre de Estado y sólo a partir de 2010, cuando ya con ochenta años pegó el cambiazo y se hizo independentista, comenzamos a pensar que su relato biográfico era el de un taimado oportunista o el de un frívolo

Tampoco llegamos a suponer que la omertá en el Principado –nunca así denominada, obviamente– respondía en el fondo al mismo sistema clientelar que se denunciaba desde allí como lacra andaluza o extremeña (es decir: española). Ni, para los que tenemos algunas convicciones de orden confesional, se nos ocurrió pensar que un político de misa y discurso moral (léanse sus agónicas creencias en su libro “Un hombre ante el desfiladero”), podía resultar un embaucador del calibre que ha demostrado el expresidente de la Generalitat.

Algunos tenemos más motivos que otros para mostrar perplejidad. Pero, los que han vivido en esa ficción que era la verdad dentro de la mentira del pujolismo, ¿tienen derecho a rasgarse las vestiduras? En absoluto. Veamos el caso de Artur Mas: ¿cree el Molt Honorable que él, consejero en gobiernos de Pujol, conseller en cap de su último ejecutivo y su delfín, compañero de fatigas de su hereu, Oriol Pujol, puede desprenderse de la salpicadura de treinta y cuatro años de engaño e impostura de su jefe de filas? Si lo cree, se confunde.

Como se confundirían quienes pensasen que haber depositado sin mengua ni control, sin límites ni condiciones, los valores de la patria catalana en la persona y la gestión de Jordi Pujol no habrá de pasar al denominado proceso independentista una factura posiblemente impagable.

Cuando la ficción deja de serlo (la verdad en la mentira) de un hombre (Pujol), crea una ilusión (la independencia) en la que muchos creen y en la que otros se parapetan, se produce el llamado efecto-derrumbe. Porque, se empeñen o no miles de catalanes, insistan los analistas en el carácter autónomo del movimiento secesionista, Pujol ha desvencijado el estatus quo de Cataluña, a tal punto que, antes que otro objetivo, el perentorio e imprescindible, es reconstruir éticamente la vida pública catalana. Porque el partido que fundara Pujol –afectado por graves acusaciones de corrupción hasta el punto de tener embargada su sede– que ahora guía al Principado hacia la independencia, carece de consistencia, peso específico, y, sobre todo, de credibilidad.

Se empeñen o no miles de catalanes, insistan los analistas en el carácter autónomo del movimiento secesionista, Pujol ha desvencijado el estatus quo de Cataluña, a tal punto que, antes que otro objetivo, el perentorio e imprescindible, es reconstruir éticamente la vida pública catalana

Refúndese o vuélvase la organización como un calcetín, pero mientras lo hacen sus dirigentes no contaminados –y muchos de los actuales lo están– que no pronuncien lección alguna de ética cívica, de buenas prácticas democráticas o de descalificación de conductas ajenas, o de enmiendas a la totalidad a un sistema político del que abjuran y del que su referente patriótico se ha beneficiado hasta la náusea.

La ficción de muchos dirigentes catalanes –la que encerraba la verdad de la mentira– ha sido un insulto a Cataluña, desde luego. Pero no sólo. También lo ha sido al resto de España a la que, por activa, pasiva y perifrástica, se ha venido aleccionando con una superioridad que era, primero, cultural, luego, cívica y, en tercer lugar, precozmente europeísta. Pues bien: a tenor de lo que estamos sabiendo y –sobre todo: estén atentos– de lo que vamos a saber, se impone una dura cura de humildad.

Todos los portavoces del desprecio (abundantes en el pujolismo), seguramente no son peores que otros, pero sí, al menos iguales, y en lo que a Pujol y su entorno respecta, particularmente hipócritas, sepulcros blanqueados, según la parábola evangélica que Jordi Pujol habrá escuchado tantas veces con recogimiento en la misa sabatina de las 19.30 a la que asistía, mientras los rendimientos de sus cuentas en paraísos fiscales quedaban exentos como pecador después de confesión y penitencia.

Pero erró Pujol: la política no es ni Iglesia, ni religión, ni sus castigos son expiaciones penitenciales. Su sentencia es el ostracismo y, en su caso, la romana e implacable damnatio memoriae (la condena al olvido), que ha de ser el noble pueblo de Cataluña –tan por encima de quienes le han dirigido y aún dirigen– quien la dicte con la justicia histórica con la que las sociedades maduras ponen a cada cual en su lugar. Pujol no era Cataluña, pero llegó a parecerlo y, sobre todo, los catalanes y muchísimos españoles creyeron en esa fraudulenta unión hipostática. Burda mentira.

La reestructuración de la deuda pública silenciosa
JESÚS SÁNCHEZ-QUIÑONES El Confidencial 29 Julio 2014

Hay noticias que, sorprendentemente, pasan casi desapercibidas pese a la transcendencia y a las conclusiones que se pueden extraer de las mismas. La semana pasada se anunciaba el aplazamiento de las devoluciones del principal y la rebaja de intereses de las deudas de las Comunidades Autónomas con el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA).

El FLA se creó hace ahora dos años, ante la imposibilidad de algunas CC.AA. para refinanciar por sí mismas los vencimientos de sus deudas. El Estado les otorgó una financiación extraordinaria para hacer frente a:

Vencimientos de valores emitidos (entre ellos, los llamados "bonos patrióticos")
Los vencimientos de préstamos concedidos por instituciones europeas de las que España sea miembro
Aquellas operaciones que no puedan ser refinanciadas o novadas por las propias Comunidades Autónomas

Las necesidades de financiación del déficit público
Si no se hubiera facilitado dicha financiación extraordinaria, se habría producido el impago de bonos emitidos por CC.AA. La línea de crédito puesta a disposición de las Comunidades evitó tal situación, con el compromiso de devolver las cantidades prestadas por el FLA a un determinado tipo de interés (5,25%) y en un plazo de diez años con dos de carencia.

La noticia pone de manifiesto la incapacidad de parte de las Administraciones Públicas de hacer frente a sus compromisos
Apenas dos años después, ante la dificultad de algunas de las CC.AA. de hacer frente -de nuevo- a sus compromisos, se anuncia una prórroga en la fecha de devolución de las cantidades debidas y una rebaja en los tipos de interés acordados. Ahora que los tipos de los bonos del Estado a 10 años se colocan incluso por debajo del 3%, el 5,25% puede parecer elevado, pero es un tipo inferior al exigido al Tesoro español en el momento de conceder la financiación a las CC.AA. a través del FLA.

La deuda de las CC.AA. es deuda pública. El hecho de que el "acreedor" de parte de esa deuda sea también público y no privado, no cambia la naturaleza de la operación planteada: "Una reestructuración de parte de la deuda pública", en esta ocasión debida por las Comunidades Autónomas al FLA.

Pese a la sensación de "buena noticia" con la que han recogido los medios este anuncio, la puesta de manifiesto de la incapacidad de parte de las Administraciones Públicas de hacer frente a sus compromisos no parece algo a celebrar. Es un paso más en la "estatalización" de las deudas de las CC.AA., de momento sin aparentes consecuencias en la prima de riesgo exigida a las emisiones del Tesoro Público.

Cataluña
¡Sorpresa! Pujol tenía una fortuna oculta
Cristina Losada Libertad Digital 29 Julio 2014

Hay, eso dicen, una gran conmoción en Cataluña tras saberse, de puño y letra del propio Jordi Pujol, que el patriarca del nacionalismo ha ocultado una fortuna en paraísos fiscales durante más de treinta años. Esto es, desde que accedió por vez primera al cargo de molt honorable señor presidente de la Generalidad. La tremenda agitación que ha causado la confesión de Pujol, que no es ni mucho menos una confesión completa, no podrá deberse, sin embargo, a la sorpresa. No es posible creer que haya en las instancias dirigentes del partido del gran evasor, como en otros de la familia nacionalista, alguien que no tuviera ni la menor idea ni la menor sospecha.

A la vista de ciertas reacciones, el asunto es aún más notable, porque se diría que nadie, pero nadie, nadie, barruntaba que en Cataluña hubiera políticos con cuentas secretas en Suiza o en Andorra, ni tampoco que se diera allí un alto grado de corrupción, como en cambio sucedía en el resto de España. Sí, aquí y allá, lo del Palau y cosillas así, de golferas que siempre hay en cualquier parte, pero que la corrupción política estuviera instalada, y que lo estuviera en lo más alto, eso de ninguna manera: cualquier fragmento de información al respecto era, ya se sabe, una fabricación de Madrid, pura insidia y calumnia de anticatalanes.

Desde luego que si en Convergència hay alguna conmoción, en público la expresan de manera muy comedida. El portavoz del gobierno autonómico, Francesc Homs, por ejemplo, se manifestaba con esta contundencia: "Las cosas no pueden funcionar de esta manera". Funcionar, las cosas. Igual podía estar hablando del servicio de trenes de Cercanías. En cuanto a su jefe, Artur Mas, fue tan implacable que sacó un paraguas para evitar las salpicaduras: "Es un tema personal suyo [de Pujol]: nada que ver con CDC ni con el gobierno".

Un tema, nada que ver. Nada que ver con el partido del que Pujol fue fundador y es presidente de honor, ni con su largo historial de gobierno. Cuando el tema salió en la prensa, era una maniobra política contra el proceso; ahora que ya no queda otra que aceptar que era cierto, no es más que un asunto personal. Una fórmula ésta que también place a los socios de Mas, los de Esquerra, que han asegurado, por si acaso, que no hay que confundir a Pujol con Cataluña, pese a que el mentado siempre lo diera a entender, como cuando transformó la investigación judicial sobre Banca Catalana en un ataque a Cataluña. A ERC, o sea, le preocupa que el tema afecte al proceso.

En fin, después de décadas de general encubrimiento de la corrupción en Cataluña, ha confesado Pujol y todo el mundo finge sorpresa. Nadie lo podía imaginar. Estamos atónitos.

Rajoy en la burbuja
Javier Benegas www.vozpopuli.com 29 Julio 2014

“Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. El domingo 14 de julio de 2013 la revelación de una cadena de mensajes, cuyo colofón eran estas ocho palabras, puso fin al sueño de una España plenamente democrática que, aun con infinitas deficiencias, parecía tener un pase en tanto en cuanto proporcionaba un Estado de bienestar medianamente decente. Y garantizaba, o al menos eso se creía, un horizonte de futuro, aunque para el común éste resultara cada día más difuso.

Esa conversación, cuyas palabras en forma de bits volaron de un terminal telefónico a otro, yendo desde actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, hasta José Luis Bárcenas Gutiérrez y viceversa, cercenaron con la precisión del láser de un cirujano los débiles vínculos que aún podían existir entre la ‘clase política’ y la gente de la calle. Fue la guinda que coronó la tarta del desencanto. De pronto, 38 años después del inicio de la Transición, dejaban de existir la derecha y la izquierda, los conservadores y los progresistas, y también los liberales. Quedaba pues solo una tropa de oportunistas y estafadores de cuello blanco que vivían a cuerpo de rey gracias a las influencias y prebendas que la política les proporcionaba.

Para muchos ya fue duro descubrir que nuestra Transición tenía trampa. Y que las sagas de políticos, banqueros y oligopolistas, junto con los numerosos grupos mascota que vivían emboscados en el presupuesto, condicionaban nuestras vidas, hasta el punto de que, hiciéramos lo que hiciésemos, la idea de prosperidad había degenerado en la zanahoria delante del borrico. Pero que el presidente del Gobierno, pillado en connivencia o, si se prefiere, ‘carteándose’ con un presunto delincuente, eludiera presentar su dimisión –hecho sin precedente en cualquier democracia digna de tal nombre– fue definitivo.

El pacto con el diablo
Cierto que aquí democracia formal hay poca o muy poca. Pero aun así, los españoles hemos podido elegir. Y elegimos paz y corrupción en vez de jugarnos el tipo en busca de una virtud esquiva.

Así fue, entretanto la implacable realidad nos iba colocando a los españoles en el lugar que nos correspondía, seguíamos dando por bueno que España –entendida no ya como nación y aún menos como sociedad, sino como Estado; es decir, como máquina de detraer rentas y redistribuirlas– lo aguantaría todo, porque el dinero público llovía del cielo. Creencia infantil que los gobernantes aprovecharon para firmar pagarés sin fondos y llevárselo crudo.

Fieles a esta filosofía, hemos tragado carretadas de ignominias, dado por buenas promesas que de antemano sabíamos mentiras, regalado el voto a organizaciones corruptas y tachado de locos, aun reconociendo en privado su cordura, a los pocos insensatos que se empeñaban en abrirnos los ojos. Así hasta que, por fin, atrapados en el remolino de la crisis, aquellas ocho palabras, “Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré”, fueron la coz que estábamos pidiendo a gritos.

Desde entonces, presas de una indignación tardía, hemos asistido al afloramiento de una corrupción irrestricta, cuya inequívoca naturaleza estructural se ha intentado disimular poniendo a cada estallido de pus un nombre distinto. Pero la trama Gürtel, los ERE de Andalucía, los llamados papeles de Bárcenas, la estafa de los cursos de formación, el caso Nóos, el caso Millet o Palau y, ahora, el escándalo del padre de la patria catalana: Jordi Pujol, entre otros muchos, no son sucesos distintos e inconexos sino pinceladas de un mismo lienzo tenebrista. Desastres encadenados a un modelo político que carece de los mecanismos de control y contrapeso más elementales, que por no tener no tiene ni separación de poderes. En definitiva, un modelo que ha permitido a los partidos políticos convertirse en fábricas de corrupción en serie.

Ahora, toda la vigilancia y la responsabilidad que escatimamos durante décadas, emergen en nosotros con urgencia. Pero aunque el diagnóstico está claro, no así los están las soluciones. De ahí que el populismo progrese por más que sus recetas, de aplicarse, sean garantía de un nuevo desastre. Pero no hay que preocuparse en demasía, porque, en realidad, en aquellos que se travisten de revolucionarios no hay una idea de subversión radical de la Historia. Solo impostura. Si acaso, a pie de calle, hay muchas ganas de ajustar cuentas; es decir, de partir la cara a alguien. Pero ni rastro del pathos milenarístico que acompaña a las revoluciones.

Sin embargo, más allá de los espasmos incontrolados que los escándalos de corrupción provocan en las personas corrientes, España hace tiempo que se mueve. Y lo está haciendo desde abajo. Incluso la economía mejora, aún a pesar de este gobierno y su compulsión confiscatoria. Síntoma de que la sociedad española nunca bajó los brazos. Muchos ya se están percatando de que los españoles han tomado la iniciativa. No así Mariano, que, encerrado en su burbuja, sigue sin querer comprender que las mejores reformas económicas, las más efectivas, son las reformas democráticas. Y lo demás son cuentos chinos. Sea como fuere, el tiempo pondrá a cada cual en su sitio, de eso no hay duda.

El error del presidente Wilson
JOSEBA ARREGI. EL CORREO.  29 Julio 2014

Es errónea la creencia de que la pureza etnocultural o lingüística es la única base legítima de la estatalidad.

Después de la tremenda experiencia de la Primera Guerra Mundial, cuyo comienzo hace exactamente un siglo recordamos a lo largo de este año, se incluyeron en los tratados de paz de Versailles del año 1919 los principios establecidos por el presidente estadounidense Wilson, entre los cuales estaba el principio de las nacionalidades. La tremenda experiencia planteó a los políticos de los países victoriosos la necesidad de tomar medidas para impedir una nueva guerra parecida.

Esta voluntad de establecer medidas capaces de impedir desde la raíz que una nueva gran guerra pudiera surgir nacía del optimismo del presidente Wilson, que le hacía creer que una de las razones principales de la tragedia bélica se hallaba en que el imperio austrohúngaro era una cárcel para las nacionalidades que se encontraban dentro de ella, y que por ello la solución a largo plazo para consolidar la paz pasaba por facilitar el acceso de esas nacionalidades encarceladas en el imperio austrohúngaro a la estatalidad propia, según el principio de que a cada nación le corresponde un Estado.

El optimismo y la voluntad de impedir por todos los medios una nueva guerra son comprensibles en la situación de 1919. Lo que ya no es tan comprensible es el error del presidente Wilson de creer que en el interior del imperio austrohúngaro existían naciones o nacionalidades perfectamente definidas con territorios homogéneos en los que se asentaban. Ésta era una condición necesaria para que su principio de las nacionalidades pudiera funcionar. Esta creencia era radicalmente errónea, se basaba en un desconocimiento profundo de la realidad del imperio austrohúngaro, de las características de las sociedades asentadas en el centro y el este de Europa, y se basaba, lo que aún es peor, en el mito de que la pureza etnocultural o etnolingüística es la única base legítima de la estatalidad.

Estudios demográficos señalan que tres ciudades centroeuropeas, Viena-Praga-Budapest, eran en 1918 ciudades multiculturales, multilingües, multiétnicas. Las tres además de una forma paralela: con un tercio de la población de habla alemana, un tercio de habla magyar y un tercio de habla eslava. En esos mismos estudios se indica que a partir de 1918 las tres ciudades se ‘limpian’, y pasan a ser homogéneas, Viena como ciudad alemana, Praga como ciudad eslava (checa) y Budapest como ciudad magyar. Para alcanzar esta homogeneidad, que era un desmentido radical a la historia de las tres ciudades, fue necesario proceder a la limpieza étnica.

En Bohemia y Moravia había regiones en las que la mayoría de la población era de lengua alemana. En el reino de Hungría –que incluía Eslovaquia, Croacia y partes de Rumania– había regiones en las que la mayoría hablaba eslovaco, o rumano o serbocroata. Silesia pertenecía en parte a Polonia y después de 1919 la mayoría de los habitantes de la Baja Silesia votaron en referéndum continuar unidos a Austria. Pero fueron adjudicados, en contra de su voluntad a Checoeslovaquia. La Bukowina –repartido hoy en día entre Polonia, Rumanía y Ucrania– también votó en referéndum a favor de su independencia. Fueron repartidos entre los ganadores de la Primera Guerra Mundial.

El historiador Tony Judt expresa con gran claridad lo que sucedió a causa de la aplicación del principio de las nacionalidades de Wilson: los habitantes fueron dejados allí donde tradicionalmente habitaban, mientras que las fronteras fueron movidas de aquí para allá, agrandando estados nacionales existentes, como Rumanía, creando nuevos y multinacionales estados como Checoslovaquia, consolidando y ampliando Polonia, reduciendo a su mínima expresión Austria, aunque también Hungría.

Con este movimiento de fronteras Hungría se encontró con que millones de húngaros se hallaban en estados nacionales distintos a Hungría, Checoslovaquia se vio nacer como Estado nacional, pero profundamente multinacional, Polonia se hallaba con minorías nacionales importantes, y los alemanes de Austria se percibían a sí mismos como nacionales sin patria, puesto que, ya sin imperio, consideraban que su patria era Alemania. Por esta razón, añade Judt, tras la Segunda Guerra Mundial se tuvo que hacer la operación inversa: mover a las gentes de un sitio para otro, dejando las fronteras donde habían sido erigidas en 1919, con la excepción de Polonia. No hace falta decir que este movimiento de gentes tras la Segunda Guerra Mundial supuso millones de muertos.

Como ya se ha indicado, lo peor del error del presidente Wilson era creer, por un lado, que en el imperio austrohúngaro existían espacios territoriales homogéneos lingüística, cultural y nacionalmente, y creer también, por otro lado, que esa homogeneidad era la única condición requerida para constituir estados nacionales. Ni había los supuestos espacios homogéneos, ni puede algún tipo de homogeneidad –religiosa, lingüística, étnica, cultural, de sentimiento– ser la condición exclusiva, ni siquiera la principal, para una unión política. La condición fundamental para la unión política es la de que todos los habitantes de un territorio sean iguales ante la ley, y que lo que les une sea el principio de ciudadanía, gozar de los derechos y libertades ciudadanas sin que para ello sea precisa ninguna confesión, ni de religión, ni de lengua, ni de identidad, ni de cultura, ni de sentimiento.

No es probablemente ninguna casualidad que en todos, o casi todos, los nuevos estados nacionales surgidos en sustitución de la ‘abominable’ cárcel de naciones que era el imperio austrohúngaro se abriera paso con fuerza el fascismo y se hiciera con el poder. Ni es casualidad que Hitler se aprovechara del principio de Wilson para reclamar la vuelta a casa de los sudetes alemanes en territorio checo. Pero es claro que el fracaso del principio de las nacionalidades de Wilson también tuvo que ver con el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Dicen que el hombre es el único animal que cae dos veces en la misma piedra…

Los jueces protegen la veda del "Faisán"
José Antonio Yturriaga www.vozpopuli.com 29 Julio 2014

El pasado 15 de Julio el Tribunal Supremo (TS) confirmó la sentencia de la Audiencia Nacional (AN) de 16 de octubre de 2013, por la que condenó en el “caso Faisán” al Comisario Enrique Pamies y al Inspector José María Ballesteros por el delito de revelación de secretos, pero los exoneró del de colaboración con banda terrorista. Los magistrados Alberto Jorge y Miguel Colmenero emitieron votos particulares. Los condenados y las acusaciones particulares recurrieron la decisión, que ha sido ratificada por el TS por motivos formales, ya que los absueltos por una sentencia no pueden ser condenados sin su previa audiencia, lo que no permite el proceso de casación.

Improcedencia de la sentencia de la Audiencia Nacional
Según los hechos considerados probados por la AN, Ballesteros entregó al miembro de ETA Joseba Elosua, propietario del bar “Faisán”, un teléfono móvil por el que Pamies le informó sobre la acción policial en la que iba a ser detenido, por lo que la detención no se pudo realizar en la fecha prevista. El Ministerio del Interior regido por Alfredo Pérez Rubalcaba obstaculizó la investigación y, con la connivencia de los jueces Baltasar Garzón y Javier Gómez Bermúdez, consiguió que sólo estos dos mandos de la policía fueran encausados, con lo que se interrumpió la cadena de mando que iba del director general de Policía, Víctor García Hidalgo –que fue desimputado-, al ministro. Como ha señalado Jorge, que unos funcionarios policiales decidieran lo que procedía hacer desde una perspectiva política se sale de los esquemas propios de un Estado de Derecho. Pese a su negativa inicial y su tentativa de archivar el proceso, el Fiscal de la AN fue obligado a acusar a los imputados del delito de colaboración por orden del Fiscal General, Eduardo Torres-Dulce.

El Tribunal exoneró a los acusados de dicho delito por estimar que “si la acción realizada por los acusados tiende a favorecer el proceso dirigido a hacer cesar la actividad de una organización armada, no podemos considerar que lesione o ponga en peligro el bien jurídico protegido”, que era la “paz social”. Al no pretender favorecer a ETA, sino al contrario acabar con ella, no podía aplicárseles el artículo 576 del Código Penal, que sanciona a quien “lleve a cabo, recabe o facilite cualquier acto de colaboración con las actividades o las finalidades de una organización o grupo terrorista”. La AN actuó incoherentemente al absolver a los acusados de colaboración con banda armada y condenarlos por revelación de secretos, ya que, si el altruismo de los autores los exoneraba de la condena por el primer delito, con mayor motivo deberían haber sido exonerados por el segundo, de menor importancia.

El Tribunal ignoró a sabiendas la prístina jurisprudencia del TS al respecto. Según la sentencia 540/2010, “en derecho penal, los móviles que guían la conducta de las personas imputadas en procesos penales son irrelevantes”. Carece de relevancia que el imputado realice la acción con intención de hacer un favor, por afinidad personal o “por cualquier causa”. Bastan “la conciencia de que el acto o la conducta de que se trate sirva o favorezca a la organización terrorista y la voluntad de llevarlos a cabo, sin necesidad de ningún otro requisito”. La sentencia 659/2012 estima que, para condenar a alguien por un delito, resultan indiferentes sus “móviles, finalidades o motivaciones”. Ni siquiera la presencia de “móviles no egoístas” o de “unas mal entendidas finalidades supuestamente altruistas” permite escapar al ámbito del artículo 576. “El dolo exige exclusivamente conocer y querer una acción que suponga una colaboración con organización terrorista”.

Comisión de un delito de colaboración con banda terrorista
Para Jorge, proporcionar a terroristas información gracias a la cual pudieron eludir la acción policial ha de ser considerado como un acto de colaboración con ETA, pues tal conducta permitió a los miembros de la célula extorsionista ocultarse e impedir ser detenidos, así como disponer de buena parte de la extorsión. La información proporcionada “conllevaba de facto un claro apoyo material y logístico a la organización terrorista”. La sentencia otorgó a la pretendida ausencia de un elemento subjetivo la capacidad de hacer desaparecer la antijuridicidad de la conducta, con lo que entremezclaba y confundía los planos correspondientes a los elementos objetivo y subjetivo. No se precisa otro elemento sujetivo que los propios de toda conducta dolosa: conocimiento y voluntad. La AN no sólo ha contradicho el texto de la norma penal, sino que ha menoscabado el bien jurídico tutelado por el precepto.

Los acusados eran conscientes de sus conductas, que anidaban “un dolo de consecuencias necesarias al generar unos efectos ineluctables e insoslayables, una vez que se ejecutó la acción”. Deberían, por tanto, haber sido condenados por colaboración con banda terrorista, cabiendo apreciar, a lo sumo, “una circunstancia eximente putativa de cumplimiento del deber”. El TS ha reconocido la gravedad de la actuación de los acusados, “dado que la vía subrepticia elegida suponía una clara quiebra de los principios de actuación policial y judicial”.Una vez sentada esta conducta de ayuda, resultaba indiferente cuál fuera el móvil que impulsaba a los agentes a realizarla. Pero, tras llegar a esta conclusión, el Tribunal se topó con un “obstáculo insalvable” a causa de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, compartida por el Tribunal Constitucional y el propio TS.

La condena “ex novo” no esta prevista en la sustanciación procesal del recurso de casación. “No es admisible la evaluación de la intención del acusado sobre la base de una inferencia a partir de los hechos probados por el Tribunal de instancia cuando no se escuchó al acusado, que no tuvo oportunidad, ausente en casación, para argumentar ante el Tribunal por qué negaba ser consciente de la ilegalidad de su conducta, es decir, de su intención delictiva”. La AN había basado su convicción en la no intencionalidad de los acusados,”luego de proceder a una ponderación de pruebas de carácter personal”.Por tanto, “el Tribunal de apelación, al cambiar su conclusión sin la práctica de la correspondiente prueba en vista pública –que le hubiera permitido tomar conocimiento directo de dichos testimonios- originó la vulneración aducida referente a las garantías del proceso justo”. No procedía, pues, la condena en casación de unos acusados que habían resultado absueltos en juicio de instancia, cuando dicha condena hubiera requerido examinar y modificar la convicción y los hechos, y exigido su comparecencia para ser oídos, lo que no cabía en sede casacional.

Impunidad de los responsables del delito de colaboración
Mas, en opinión de Jorge, “los hechos permanecen incólumes, por lo que no cabe afirmar que, en caso de calificarlos de otra forma, se esté vulnerando la doctrina jurisprudencial sobre las sentencias absolutorias”, que no impide entrar a examinar la calificación jurídica de los hechos y subsumirlos en los preceptos correspondientes. Por otra parte, los acusados fueron oídos en primera instancia y consiguieron ser absueltos por el Tribunal. La increíble decisión de la AN dejaba escaso margen de maniobra al TS, que no ha tenido valor para abordar el fondo del asunto y ha preferido escudarse en argumentos procesales. Según Santiago González,”a veces la judicatura española desafía las leyes de la lógica” y, para Jorge, el argumento exculpatorio de la AN “no resiste a un análisis mínimamente riguroso”. En mi opinión, su sentencia bordea el límite de la prevaricación, al permitir la impunidad de los autores e inductores de una de las conductas más vergonzosas en la historia de la investigación policial y judicial en España. Se ha echado tierra encima de este lamentable episodio –la Fiscalía ni siquiera apeló la exoneración del delito de colaboración-, a satisfacción del Gobierno anterior e incluso del actual, que –a través del PP- ha ejercitado una anodina acusación particular. Unos probos policías han servido de chivos expiatorios y recibido una moderada condena que ha evitado su ingreso en prisión, por lo que han mantenido un silencio encubridor de sus superiores -la X, la Y y la Z de la ecuación-, principales responsables de estos graves delitos.

Artur Mas: la consumada hipocresía de un muerto viviente
"El país vale más que todos nosotros. El país pasa por delante de todo lo demás". Mas se envolvió en la patria y en la bandera pero nada dijo sobre la fortuna que los Pujol han escamoteado al Fisco.
José Alejandro Vara www.vozpopuli.com 29 Julio 2014

En el momento de dar a conocer que Jordi Pujol, el 'molt honorable' y gran defraudador, renunciaba a sus cargos en Convergència y en CiU, a sus emolumentos, atribuciones y hasta a los honores, Artur Mas recurrió al viejo truco de los nacionalistas: envolverse en la bandera para salvar la gran mentira que ha gobernado Cataluña estos últimos treinta años. El país sigue adelante, la hoja de ruta está definida, tiene muchos apoyos y muchos respaldos, comentó. Ni un reproche a la actitud de Pujol, ni un comentario sobre los dineros ocultos al fisco, ni una promesa de colaborar con la justicia. Convergència en estado puro.

Aunque el inventor de la gran farsa que ha embaucado durante tres décadas a los catalanes ha resultado ser un tramposo y un falsario, su gran obra, la Cataluña 'triomfant' sigue adelante porque el escándalo de Andorra, y los que vayan apareciendo, son 'un asunto privado y personal' como insistió ayer Artur Mas aferrándose a la gran hipocresía que lleva esgrimiendo desde este fin de semana. Mas ha confesado que se enteró por la prensa, que no tiene ni idea de cuánto dinero ha ocultado al fisco el expresident, ni quiere saberlo, desconocía totalmente lo que estaba pasando en la familia y todo ha sido una para él y sus alrededores una gran sorpresa. Si los catalanes 'compran' el discurso de Artur Mas es que están aún más ciegos de lo que parece.

La gran coartada
El país, el país, el país. La gran coartada, la gran excusa. Artur Mas se ha mostrado como un consumado equilibrista que está a punto de romperse el cuello. Puso a la patria por delante y, al mismo tiempo, pretendió ensalzar los méritos, la dedicación, la entrega y el ejemplo de quien ha sido su "padre político", como reseñó en la rueda de prensa en la que no esquivó ninguna pregunta, ni en catalán ni en castellano. Tras apuñalar al padre, tras despojarle de sueldos, cargos, secretarias, títulos, coches y demás, apuntó muy compungido: "Siento pena, compasión y un dolor muy grande". Evitó, naturalmente, incurrir en crítica o rechazo alguno a la actuación de quien pasaba por ser el padre del nuevo catalanismo, el inventor de la Cataluña soberanista que ha derivado en los últimos años en el proyecto de una aventura independentista, a base de reescribir una historia que nunca existió.

El inventor de la gran farsa que ha embaucado a los catalanes ha resultado ser un tramposo y un falsario
Mas está políticamente muerto y él lo sabe. Está intendando poner distancia entre la gran trampa del pujolismo, de la que él es hijo directo y predilecto, y su actual proyecto, con la excusa intragable de que todo es un asunto 'personal'. Un engaño más, ya que, acto seguido, reconoció que el episodio de los Pujol afecta tanto a CiU, como a Convergència y al propio Gobierno de la Generalitat. Por eso ha procedido a arrancarle los galones y los honores en la plaza pública pero, en su fariseísmo inconmensurable, sin evitar colmar a la figura de su predecesor de grandes elogios y enormes reconocimientos. Una maniobra indigerible, una poción de adormidera para evitarle al pueblo catalán el 'shock' de toparse, de la noche a la mañana, con que el gran conductor de su nación no es más que futuro reo de la Justicia

No habrá comisión de investigación en el Parlamento catalán porque ERC no quiere que finalmente emerja toda la podredumbre política y moral de quien ha sido el 'pal de paller', la viga que ha sostenido el gran pajar del nacionalismo catalanista. El futuro está lleno de incógnitas. Rajoy recibe en unas horas a un 'president' debilitado, tocado y casi hundido que se presentará en la Moncloa con un 'proceso' alentado por un personaje que ha engañado al pueblo que decía defender y representar y que siente el aliento de la Justicia en el cogote. La Agencia Tributaria y la Fiscalía Anticorrupción han decidido finalmente dar un paso al frente y desentrañar todas las trampas y los presuntos delitos de una familia que ha protagonizado la historia de Cataluña durante demasiados años.

El futuro está lleno de incógnitas. Rajoy recibe en unas horas a un 'president' debilitado
¿Refundación de Convergència?, le preguntaron a Mas. No es preciso, argumentó el president, con ese cinismo que le caracteriza. Pujol ya hace diez años que no tomaba decisiones en el partido. O sea, el 'padre padrone' de toda la historia resulta que ya no pintaba nada. ¿Se lo creerán los catalanes? Como apuntaba sagazmente un veterano de Unió ayer mismo, 'dirán que es un ladrón, pero es nuestro ladrón'.

Finanzas en catalán
La fortuna de los Pujol: del estraperlo de divisas a la Banca Catalana
El relato de la fortuna del clan de los Pujol incluye el estraperlo en Tánger, la gestión en Grand Cayman y la dirección de Banca Catalana.
Libertad Digital  29 Julio 2014

Muchos se referían a él como un conocido "bolsista barcelonés". Florenci Pujol i Brugat amasó una fortuna con el estraperlo de divisas y entró en el mundo de las finanzas, al comprar en Olot Banca Dorca. Fue en 1959 cuando hizo esta adquisición y colocó a su hijo Jordi Pujol i Soley como gerente, puesto en el que duró poco, apenas un año, ya que en 1960 fue encarcelado por haber tirado unas octavillas en el Palau de la Música catalana.

Aunque el joven Pujol trató de mantener su influencia en las finanzas catalanes desde la cárcel, su padre Florenci decidió asumir su alejamiento de la dirección de la entidad que ya se había convertido en Banca Catalana.

Tal y como recuerda Xavier Horcajo en su obra La Pasta Nostra, "en sus orígenes Banca Catalana agrupó a relevantes industriales y empresarios de tradición catalanista y republicana". Así, por la entidad pasaron personajes como Jaume Carner (nieto del ministro de hacienda de la República y hombre de ERC) o Josep Andreu Abelló, compañero de Indalecio Prieto en el exilio mexicano.

Cuando su hijo decidió dedicarse a la política, Florenci mantuvo el control de la entidad en las sombras y Raimon Carrasco -hijo del fundador de Unió, Manuel Carrasco i Formiguera-, le sucedió en la presidencia de la entidad. Fue entonces cuando dio cabida en el seno de la Banca Catalana a alguno de los sectores que estuvieron involucrados en sus actividades cambiarias en Tánger: en el Consejo de la entidad entraron Joan Casablancas (de la industria textil); Ramón Miquel; Antoni Rosell; el mecenas de Omnium Cultural; Joan Baptiste Cendrós; Joan Millet, Chasyr; Ferran Aleu (de Puig); Oleguer Soldevilla (también de la industria textil); Andreu Ribera Rovira (sector de la platería) o Víctor Sagi (publicidad).

Y así llegamos a 1976, cuando Pujol Soley decidió abandonar la dirección ejecutiva del banco (a la que regresó tras su salida de prisión). Fueron años de fuerte expansión para Banca Catalana. Tal y como recuerda Horcajo en su libro, el propio gobernador del Banco de España de entonces, José Ramón Álvarez Rendueles, explicó que "Catalana pagó cantidades astronómicas por bancos, sólo por crecer".

De este modo, el accionariado de Banca Catalana se dividía del siguiente modo en 1982:
Moisés David Tennenbaum, primer accionista con 400 millones de pesetas en títulos. En la obra de Manuel Ortínez, Una vida entre burgesos Tennenbaum aparece como fundador de Banca Catalana y socio de Florenci.

Grupo Pujol (padre, hijos, esposa y nuera), que tenían 326,7 millones en acciones.
Francesc Cabana (cuñado de Pujol) era el tercer accionista con 110,3 millones.

Luego, después del 82, el grupo Pujol vendió su participación a Tennenbaum. En aquel momento, Banca Catalana tenía 3.000 empleados, 300.000 millones de pesetas en depósitos y un grupo industrial de 80 empresas, pero la crisis golpeó a la entidad, repleta de socios industriales y de capital que sufrieron duramente aquellos años. Como dice Horcajo, "Catalana se zampó bancos como el de Gerona, Alicante, Aragón, Crédito e Inversiones, Mercantil de Manresa, o Banco de Expansión comercial".

Además, el banco se empleó para ayudar a financiar a "compañeros de viaje nacionalistas con independencia de la viabilidad de los proyectos", cuenta La Pasta Nostra. Pero los impulsores de esta entidad se mostraban orgullosos de estar "al servicio de la economía Catalana", como rezaba su eslogan. Entre esos servicios, destacaba el de la gestión en paraísos fiscales como las islas Cayman. Precisamente, el encargado de esos servicios especiales era el norteamericano afincado en Andorra Philip M. Bolich, imputado en el caso Pretoria. Su propuesta de pacto fue contar cómo presentó a Pujol a la bruja Adelina de las montañas andorranas que, pasándole un huevo por la espalda, le predecía su futuro. Así lo cuenta Horcajo en su libro, donde dice que la contrapartida que pidió Bolich, a cambio de la información, fue la liberación de su millonaria cuenta en el Principado.

¿Y si Pujol hubiese…?
Enrique Arias Vega www.latribunadelpaisvasco.com 29 Julio 2014

¿Y si Jordi Pujol hubiese sido condenado en 1990 por la quiebra de Banca Catalana? Pues seguramente la familia Pujol Ferrusola no habría parasitado todos estos años sobre la sociedad catalana, chupándole la sangre y diciendo que “Espanya ens roba”.

Pero, claro, el tribunal de entonces ni se atrevió a juzgar al que era presidente de la Generalitat, pese a la impecable querella presentada por los fiscales de Cataluña José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo, hoy eurodiputado de Podemos.

Es que los personajes públicos, durante más de treinta años, han gozado de una evidente impunidad judicial de hecho, al margen de las presuntas responsabilidades individuales en que pudieran haber incurrido.

Por eso, ¿qué habría pasado si Alfonso Escámez y otros banqueros y empresarios de la época hubiesen sido condenados por la financiación irregular del PSOE con Filesa? Pues seguramente que nos habría evitado el expolio posterior del caso Gürtel, los ERES andaluces y otras tropelías político-financieras de estas últimas décadas.

¿Y qué me dicen de Emilio Botín y la comercialización de las primas únicas a comienzos de los 90? Pues que el escarmiento habría evitado desde estafas posteriores, como Afinsa o Gowex, hasta la masiva tragedia colectiva de las participaciones preferentes.

¿Qué hubiese pasado, también, de no haber dejado prescribir la compra-venta de acciones de Tabacalera por un sobrino de César Alierta, cuando este último presidía la compañía? Pues posiblemente se habría legislado con más rigor todo lo relativo a la transparencia empresarial, el inside traiding y la regulación bursátil. Otro tanto cabría decir de Emilio Ybarra y los fondos del BBVA en New Jersey. ¡Cómo habría cambiado, gracias a una condena, la actitud legal hacia los paraísos fiscales!

¿Para qué seguir con lo que podría haber ocurrido y no ocurrió? La comparación entre lo que sucedía en España y Estados Unidos en aquella época me permitió escribir entonces que “si en nuestro país se aplicase la legislación norteamericana casi todos los banqueros españoles estarían en la cárcel”.

Afortunadamente, aunque a muchos no se lo parezca, las cosas han cambiado y los corruptos comienzan a amontonarse en nuestras prisiones: Hay políticos de primera, como Jaume Matas, Carlos Fabra, María Antònia Munar, consejeros autonómicos, diputados, alcaldes,… Pero también dirigentes empresariales como Díaz Ferrán, deportivos, como José María del Nido, o personajes del papel cuché como Ortega Cano.

Y esto, por suerte y por justicia, no ha hecho más que empezar.

Lo de Jordi Pujol
Me fastidian mucho los que quieren darme lecciones
Pedro de Hoyos www.diariosigloxxi.com 29 Julio 2014

Acumulo ya suficientes años como para sospechar cuando me engañan. No, no siempre acierto, claro, pero cuando alguien insiste durante más de treinta años en reírse de mí termina por "cantar" mucho y eso ayuda también. Es el caso de Jordi Pujol.

Me fastidian mucho los que quieren darme lecciones. De democracia. O de honestidad. O de lo que sea. Es fácil pensar que cuando más levantan la voz, cuanto más cacarean, cuanto más pregonan sus propias virtudes, más tienen que callar. Incluso hay refranes que hablan de esto. Es el caso de Jordi Pujol.

Siempre me llamaba la atención la ligereza con la que descalificaba a sus rivales, bastaban cuatro palabras suyas, un tono despectivo en ellas y una mirada perdonando la vida del periodista que había preguntado, o del rival que le había discutido algo, y ya estaba condenado al fuego eterno. Pujol dixit, palabra del dios.

Y el dios se nos ha revelado de barro y con las manos manchadas de mierda. No, no lo ha revelado él en un arranque de honestidad, no lo ha dicho en cumplimiento de sus obligaciones democráticas, ésas de las que tan contundentemente ha hablado tantas veces, en las que tanto se ha apoyado para hacernos ver que estaba por encima del bien y del mal, que de él sólo pureza era esperable...

No, lo ha dicho después de resistir más de treinta años sin decir la verdad, tomándonos el escaso cabello, mintiendo cual ratero barriobajero, embadurnándose de deshonestidad cada vez que hablaba, demostrando cuán fácil es engañar a millones de incautos votantes.... (No, no se alegren ustedes, a todos nos han engañado, desde la corrupción del PP, a la de UGT Andalucía, o ese otro partido anticapitalista, izquierdista y antibanqueros que deja pasar años y años sin afrontar sus deudas, sin preguntarse por qué nadie se las reclama, sin olvidarnos de Filesa, Malesa y TimeExport), lo ha dicho después de insultarnos docenas de veces porque al no ser nacionalistas catalanes no éramos tan perfectos como él, no éramos tan demócratas de toda la vida como él, porque él era demócrata de toda la VISA. Me molesta mucho cuando me dan lecciones, a algunos se les nota demasiado la ficción de su excelsa superioridad y si encima lo hacen durante cuarenta años... Pues eso, que tanto va el cántaro a la fuente... Es el caso de Jordi Pujol.

No, no quiero terminar sin preguntarme si va a ir a la cárcel, si va a devolver lo robado, timado o estafado. No quiero terminar sin preguntar si alguien nos va a explicar por qué tan pocos políticos enmierdados acaban en la trena... ¿Respuestas? Ya, pues eso, es el caso de Jordi Pujol...

Felipe VI de España, ¿primer Presidente de la IIIª República?
Fernando José Vaquero Oroquieta www.latribunadelpaisvasco.com 29 Julio 2014

Vivimos tiempos convulsos; nadie lo duda. Con miedo al futuro e incertidumbre existencial, social, económica, demográfica... ¿Qué va a pasar? ¿Estamos “intervenidos” realmente? ¿Cuándo se recuperará la economía española? ¿Podremos jubilarnos? ¿Qué pasará el 9 de noviembre? ¿Sobrevivirá España?

Ante tamañas turbulencias, ¿por qué titular la columna, en esta ocasión, de una forma que más bien parece una inoportuna boutade? Felipe VI de España, primer Presidente de la IIIª República: algo absurdo… ¿o no tanto? Pero, absurdo o no, ¿tiene este interrogante algo que ver con los problemas cotidianos y con nuestro futuro?

Semejante escenario -al menos el de una futura III República-, altamente improbable de momento, pero que no puede descartarse por completo, es apuntado, casi de pasada, por Javier Barraicoa al término de su último libro (Doble abdicación, Editorial Stella Maris, Barcelona, 2014, 256 páginas) como el lógico –y casi inevitable- corolario de la monarquía instaurada por Juan Carlos I. Y decimos bien: “instaurada”, que no “restaurada”. No en vano, afirma, se trataría de una nueva monarquía cuya raíz fue, por encima de cualquier otro factor, la designación directa por Franco; y su base programática, los llamados “Ideales del 18 de julio”. No aconteció, por tanto, una verdadera continuidad con la monarquía de su abuelo Alfonso XIII; pues, en puridad de conceptos, para darse tal debiera haber sido su padre Juan quien la hubiera restaurado en su persona, conforme las normas tradicionales de la monarquía española.

En su texto, Barraicoa realiza un sano ejercicio de cuestionamiento de buena parte de los tópicos “políticamente correctos” sobre los que asienta el actual régimen político español. Mencionemos, a modo de ejemplo, uno de ellos: “La Constitución que los españoles nos hemos dado”. Pero, ¿realmente fue así? Así, Barraicoa atribuye este texto, no ya al conjunto del pueblo español, privado por esa misma constitución del mandato imperativo a la acción de los políticos electos; tampoco a la pequeña comisión que supuestamente la elaboró (los llamados ”padres de la Constitución”). Sin caer en fáciles conspiracionismos, la atribuye, desde la narración de numerosas circunstancias históricas, a las exigencias de los “poderes reales” del momento: la socialdemocracia, las grandes finanzas internacionales, y los intereses estratégicos de Estados Unidos; cuya conjunción impulsaría una nueva clase política (que ejemplifica en la formación de unos miles de cuadros socialistas, hasta entonces inexistentes, financiada por la Fundación Friedrich Ebert).

¿Cómo resumir la esencia del régimen juancarlista? Recurramos de nuevo a Barraicoa, quien se remite a Jesús Cacho: «La columna vertebral del libro [se refiere a su obra El negocio de la libertad] es que la democracia española ha sido ocupada por un núcleo de poder surgido después de la muerte de Franco, donde están Juan Carlos I, como garante constitucional; Felipe González, en el poder político, y Jesús Polanco, en el poder mediático, el control de la ideología y la factoría de las ideas; y entre González y Polanco, el control de la judicatura”» (pág. 113). Además, «En última instancia el responsable [Juan Carlos I, evidentemente] era el “irresponsable”, fuera por dejación, fuera por connivencia. El proceso sufrido en España era ya irreversible. Aún así Don Juan Carlos seguía gozando del favor de muchos católicos y autoridades eclesiales, y cómo no, de políticos de derechas e izquierdas. España se situaba en una zona esquizoide donde al final todo podía quedar relativizado: un rey católico de simpatías izquierdistas, jaleado por las izquierdas y promulgador de leyes anticatólicas. Todo era demasiado contradictorio como para acabar bien» (pág. 108).

Volvamos al presente. ¿No es, acaso, la partitocracia, el sanctasanctórum de “ese núcleo de poder”, y uno de los mayores problemas de la vida española hoy? Un largo párrafo de Barraicoa lo ratifica magníficamente: «Ya lo dijo Alfonso Guerra, que Montesquieu había muerto. La democracia es una monarquía con muchos rostros, pero no deja de ser una constante fuerza oligárquica estructurada en torno a partidos que han fagocitado la vida pública. La política de subvenciones neutraliza la actividad social. Los partidos son extensiones del Estado y la administración, pues sobreviven gracias a la generosa financiación pública; los mecanismos reales de contención de financiación ilegal. Don Juan Carlos se hizo voluntariamente partícipe de este sistema. Las bonitas palabras del texto constitucional que le rinden a la figura del monarca quedan en agua de borrajas al contrastarlas con la realidad. Como dice Aristóteles e en su Política, al tirano le gusta que la sociedad esté corrompida (en el sentido de que no sea virtuosa), pues así no le acusarán de ser corrupto. La comunión en la corrupción es el gran mal entre los gobernantes y la sociedad» (pág. 125). Unas claves que, ciertamente señalan las raíces morales de nuestras crisis y las implicaciones sociales de un sistema asentado en la corrupción.

Pero nuestros políticos no son estúpidos, por lo que, ante lo inevitable, habrían planificado una alternativa. No en vano, «El resultado de las elecciones europeas dio al traste con este proyecto reformista que incluía la gran coalición, el relanzamiento de la figura del rey y, como guinda del pastel, el inicio de la reforma constitucional y el nuevo pacto con los nacionalismos disgregadores» (pág. 227). Así, emergió sorpresivamente Podemos, ERC desbordó a CiU (y más que lo hará con el asunto Pujol), y los dos grandes partidos sumaron mínimos históricos. De este modo, la abdicación de Juan Carlos I alumbraba un escenario complejo: la aparición de nuevas formaciones políticas rupturistas con el actual estado de cosas, el proceso soberanista catalán en ciernes, la crisis de valores compartidos (más preciso sería señalar su inexistencia), el relevo político generacional, la catástrofe económica.

¿Alguien dibuja alguna salida a este embrollo? Lo único que se apunta es hacia una hipotética España federal. Sin embargo, ¿acaso las autonomías no definían un marco análogo? De hecho, la Historia nos alecciona en el sentido de que jamás una nación ha dado un paso atrás, vía federación: al contrario, diversas naciones, y los ejemplos son numerosos, se han federado en busca de la unidad. Iniciar el camino contrario, inevitablemente, llevaría a la escisión de la nación–antes o después- en varias partes. Es más, ¿no se corre el riesgo de que un deslizamiento federalista desembocara inevitablemente en una IIIª República? Y no le falta lógica, no en vano, si algo ha representado la monarquía es la idea de unidad, además de la de ejemplaridad. Y si ya no cumple su función, o desaparecen los valores y el pueblo al que servir, carece de razón su existencia.

En el caso de Felipe VI se habría producido, de nuevo, otra instauración monárquica, opina Barraicoa, en ruptura con la de su padre Juan Carlos I, que se asentaría sobre una legitimidad distinta: la realidad coyuntural, inestable y volátil, de la opinión pública; un criterio para nada monárquico. Afirma Barraicoa: «Lo malo de una monarquía constitucional es la contradictio in terminis a que se ve sometida. Si en una democracia todos somos iguales, por qué tiene que haber un rey; y si hay un rey, por qué no gobierna; y si no gobierna ¿por qué es un rey y no un simple ciudadano? Las contradicciones y ficciones políticas se pueden mantener durante siglos pero, tarde o temprano, se manifiestan y se impone la lógica. Por ello, no nos parece descabellado afirmar que el destino natural de las monarquías constitucionales es acabar, aunque tarden siglos, en repúblicas» (pág. 19). Y sella estas reflexiones con otra tan contundente como irónica: «Si una monarquía se apoya solamente en el “amor del pueblo” (léase actualmente la opinión pública), vamos listos, y más en esta época donde los amores duran bien poco» (pág. 232).

Aunque sin mucha esperanza en ello, apelaremos al buen sentido de nuestro monarca y que no se asiente en esa actitud, tan dinástica, como muy española por otra parte, que Barraicoa concreta humorísticamente al mencionar uno de los varios sentidos del siguiente término: «”Borbonear”: no hacer nada y dejar que todo se soluciones solo» (pág. 27).

Un ejercicio de memoria, el de Doble abdicación, que agradará y divertirá a quienes vivieron en su juventud estas décadas prodigiosas, cuestionando de paso muchos tópicos dados por inamovibles; y que puede iluminar a quienes, por razones de edad, no las conocieron en directo. Una buena lectura para estas vacaciones; pues descansar no tiene por qué ser olvidar y dejar de pensar.

Gaza
Para salvar a los palestinos hay que erradicar a Hamás
Carlos Alberto Montaner Libertad Digital 29 Julio 2014

El Ejército israelí no debería abandonar Gaza sin antes descabezar a la cúpula de Hamás y a sus cuadros intermedios (en el sentido figurado del término, claro), hasta el punto en que la organización terrorista no pueda revitalizarse.

Destruir los misiles y los túneles es una labor conveniente, pero provisional. Antes de un año los misiles habrán sido reemplazados por otros más letales y precisos, existirán nuevos túneles y la violencia resurgirá, probablemente más virulenta.

El problema es Hamás. Es el problema de los israelíes y de los gazatíes. Sus fanáticos suicidas, a lo largo de los años, han cometido 72 atentados y matado a 1.410 judíos, incluidos 96 niños. Pero también han asesinado o ejecutado a centenares de palestinos vinculados a Al Fatah, la organización que gobierna la Autoridad Palestina en Cisjordania.

Al Fatah también tiene las manos manchadas de sangre, pero es Hamás la que ha segregado una extraña filosofía de la muerte. En el artículo 8 de su carta fundacional, divulgada el 18 de agosto de 1988, lo dice claramente: Alá es su meta; el apóstol, su modelo; el Corán, su constitución; la yihad, su camino, y la muerte sobre el camino de Dios, la más eminente de sus expectativas.

Matar y morir son motivos de goce en esta extraña cofradía del horror. Enviaron miles de cohetes contra Israel para provocar la reacción del Estado judío. Querían que el poderoso ejército vecino les causara bajas. Por eso utilizaban escudos humanos, escondían los misiles y las armas en las escuelas y hospitales y amenazaban a los civiles cuando huían de la zona de combate.

Israel hace bien en defender a su pueblo –incluido ese 18% de árabe-israelíes–, pero, aunque no sea ése el propósito, la lucha contra Hamás beneficiará mucho más a los palestinos, rehenes de esta delirante banda de fanáticos religiosos. ¿Qué puede desearle, realmente, cualquier gazatí sensato a una organización que lleva tanto dolor a sus hogares?

No es la primera vez que liquidar a un enemigo con esas características acaba por favorecer a la sociedad de la que éste proviene.

Un ejemplo extraordinario es Japón. En mayo de 1945 los alemanes se habían rendido, pero los japoneses seguían tercamente en pie de guerra. En Washington ya gobernaba Harry S. Truman y le pidieron al profesor William Shockley una prospección matemática sobre el costo en vidas humanas de una hipotética invasión de Japón, semejante a la que desalojó del poder al nazismo.

Shockley, quien ganara el Premio Nobel en 1956 por la invención del transistor, regresó con una predicción sombría: los norteamericanos, a juzgar por la historia, tendrían que matar entre 5 y 10 millones de japoneses, mientras los estadounidenses sufrirían de 1,4 a 4 millones de bajas, las vidas de 800.000 soldados incluidas.

Truman se tomó en serio los cálculos de Shockley. En julio de 1945 Estados Unidos probó muy satisfactoriamente la primera bomba atómica. Washington se apresuró a advertir a los japoneses de que debían rendirse o serían víctimas de un arma terrible. No le hicieron caso. El 6 de agosto los norteamericanos lanzaron el primer artefacto sobre Hiroshima. Murieron, súbitamente, unas 150.000 personas y la ciudad fue pulverizada. El 9 de agosto le tocó a Nagasaki. Fueron carbonizados unos 80.000 japoneses. El día 15 Japón se rindió.

Fue algo terrible, pero la barbarie atómica, de la que el mundo quedó justamente espantado, al costo de 230.000 muertos, ahorró a los japoneses 10 millones de cadáveres, mientras los norteamericanos salvaron 800.000 vidas. Unos años más tarde, con sus virtudes sociales y la ayuda estadounidense, los japoneses estaban a la cabeza del mundo y las ciudades destrozadas habían renacido espléndidamente de las cenizas.

Espero que nadie piense que defiendo el uso de bombas atómicas para acabar con Hamás. Deploro las guerras y creo que las armas nucleares deberían prohibirse, pero sostengo que es muy importante salvar vidas árabes e israelíes.

No tengo idea de cuántos árabes o israelíes conservarán la vida si Hamás deja de existir, pero supongo que serán muchas decenas de millares. Por otra parte, será mucho más fácil crear un Estado palestino junto a Israel. Parece que Al Fatah está dispuesto a intentarlo, pero Hamás se le interpone. Si quieren la paz en el Medio Oriente, no queda más remedio que liquidar a Hamás. Ése es el camino de la esperanza.

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La tentación despótica del nacionalismo

Andrés Aberasturi www.diariosigloxxi.com 29 Julio 2014

MADRID, 28 (OTR/PRESS) Joaquín Sabina -que pese a la opinión de algunos rancios poetas de antología- escribe como a muchos nos gustaría escribir, tuvo la decencia moral de rectificar dos simples versos de su canción "Pongamos que hablo de Madrid". En la primera versión reclamaba: "cuando la muerta venga a visitarme, que me lleven al Sur donde nací"; pues bien, pasados algunos años cambió los últimos versos: "cuando la muerte venga a visitarme, no me despiertes, déjame dormir; aquí he vivido, aquí quiero quedarme; pongamos que hablo de Madrid". Y esto, que no parece tener demasiada trascendencia, viene a cuento de lo que una conciencia recta y libre puede cambiar frente al absurdo empecinamiento de soberanismos trasnochados.

En el piso de arriba de todos los nacionalismos vive tal tentación de un absolutismo desaforado y más que demostrado a lo largo de la Historia. Existe -se ha dicho muchas veces- la necesidad de crear un enemigo común para dar fuerza al sentimiento nacional y, lo que aún es peor, existe también la necesidad, quiero imaginar que incluso inconsciente, de negar la realidad de un pensamiento plural y convertirlo en un sentimiento unívoco y general que no sólo yo represento sino del que soy la esencia, la encarnación, el pensamiento hecho hombre o partido. Y así surgía la enorme falacia de que disentir de Pujol era ser enemigo del Cataluña o separarte de los postulados del PNV daba como resultado ser un enemigo de lo vasco.

Y claro, no. Si en España -como en otras naciones de Europa- hay eso que tanto le gusta a Pablo Iglesias, una "casta", esa es justamente el nacionalismo porque su prioridad, casi su obsesión, es siempre excluyente aunque intereses económicos le obligue luego a tender puentes pero sólo desde sus propias necesidades.

El caso Pujol resulta especialmente clarificador y por ello tristemente dramático. Esa buscada y seguramente lograda identificación del expresidente de Cataluña con Cataluña toda y no con su partido, esa representación de todo lo catalán que se depositaba en la persona y su obra (Convergencia) resultaba igual de absurda aunque por supuesto menos trágica, que los comunicados de ETA hablando en nombre de todos los vascos de una mítica la tierra (Euskal Herría) convirtiendo así en cómplices forzados de sus atrocidades a gentes que nada querían saber de atentados y muertes. Ya sé que no es lo mismo, pero ni EA ni el PNV representan otra cosa que su propio electorado y en determinadas circunstancias. Y si ni Convergencia es Cataluña ni el PNV es Euskadi, mucho menos lo son sus líderes temporales que después de levitar como en la inolvidable obra del "maldito" Boadella "Ubú president", confiesan lo que tanto han negado y pasan de la gloria al fango sucio de la corrupción insaciable.

Desde muchos sitios se habla de Madrid como el eje de todos los males y todos los centralismos. Pero Madrid no tiene dueño sino políticos que pasan y gentes que vienen y van y cuyo pasado se remonta a anteayer y su futuro a largo plazo es mañana. No voy a defender a esta comunidad sino sólo a contraponerla a la de tantos eternamente ofendidos. No voy a justificarla porque Madrid pasa mucho de casi todo eso. Y menos mal que es así.

Caso Pujol
La 'omertà' mediática en Cataluña
Pablo Planas Libertad Digital 29 Julio 2014

Algunos de los más insignes, cualificados y prestigiosos periodistas de Cataluña se rasgan las vestiduras y se hacen cruces ante la confesión del molt honorable por antonomasia. Desde su indiscutible superioridad moral, tratan de desenmascarar al verdadero Jordi Pujol y aconsejan extremar la presunción de inocencia y la depuración de responsabilidades. Así le agradecen que les cubriera de oro con las tertulias de TV3, las columnas en la prensa local y toda la mandanguera del sistema mediático catalán, que es, en esencia, una de las máquinas de manipulación y embrutecimiento menos sofisticadas pero más eficaces de la historia, sólo comparable a Cubavisión y a los dibujos animados del Telón de Acero.

Maragall no se acuerda de nada y nadie se acuerda de Maragall, pero fue él y sólo él quien se atrevió a denunciar el porcentaje del pizzo, que es como llaman en la Cosa Nostra a las comisiones. Aquello del tres por ciento. El periodismo que se dice catalán no le dio la más mínima importancia. En aquel tiempo, y en realidad durante los últimos treinta años, la inmensa mayoría de los patrones, editores, directores, columnistas, analistas y guionistas en Cataluña se han dedicado a concederse premios y a denunciar en nombre de la democracia los ataques de la Brunete mediática o caverna a la patria de Wilfredo el Velloso, Jacint Verdaguer y Jordi Pujol.

Desde la atalaya de la ética y en nombre de los valores de la objetividad, el rigor y la responsabilidad social, editorializan en bloque, criminalizan, persiguen y difaman a los disidentes, montan docudramas sobre las bondades de la independencia y se dedican a inocular en las masas la idea de una España de quinquis y manolas, moscas, ajo y vagos. Todos ondas y todos en la onda de tapar, mirar para otro lado, hacerse los locos o pasar de todo ante el saqueo de Cataluña a cargo de los Pujol y familias afines, con bolsas de billetes de quinientos euros en dirección a Andorra. El hecho diferencial es que Julián Muñoz, el de Marbella, usaba bolsas de basura, lo cual es de cajón tratándose de dinero sucio, y Jordi Pujol Ferrusola, el hereu-hereu, conducía un Lamborghini amarillo y se hacía acompañar por un cañón de chavala.

Conmocionados aún por la salida del armario de Pujol, los fans de Pilar Rahola, los mandarines del Col.legi de Periodistes, los principales asesores del Consell de l'Audiovisual de Catalunya y los de las coñetas polacas se muestran desolados pero duros con Jordi Pujol, que ya no es ni "president", ni "expresident", ni "molt honorable" ni puñetas. Más o menos goza del mismo prestigio social que Javier de la Rosa e Iñaki Urdangarín. A Pujol, eso sí, siempre le quedará La Vanguardia, que ya el domingo advertía a sus lectores (después de meses de tapar el caso Oriol Pujol, el caso Jordi Pujol Ferrusola y el caso de la Bernarda) que Pujol ha pagado ya dos millones de euros a Hacienda para regularizar lo suyo.

Dos detalles pueden ejemplificar el contexto berlinés (el comunista o el nazi, el que ustedes prefieran) de Barcelona y sus alrededores. El silencio de TV3 y la información sesgada, censurada y cien veces revisada de los medios subvencionados remiten a una sociedad privada del derecho a la información, señal inequívoca de totalitarismo. Y el último informe del Consell Assesor per a la Transició Nacional, presentado este lunes, 48 horas después del escándalo Pujol. Aborda el coste económico de la independencia. Cuatro mil millones de euros. Tal vez convenga por higiene democrática que Rajoy cancele la entrevista con Mas y mande a la Generalidad a un equipo de interventores, inspectores de Hacienda y abogados del Estado.

El caso Pujol o las leyes son para los demás
Elisa de la Nuez www.vozpopuli.com 29 Julio 2014

Más allá de la investigación que espero que se lleve a cabo sobre el origen real de la ya famosa “herencia opaca” del patriarca de los Pujol –por cierto, la excusa de la herencia presenta interesantes similitudes con la de los premios en la lotería de Carlos Fabra, condenado cual Al Capone local por delito fiscal - me interesa aquí reflexionar sobre el fenómeno del Estado de Derecho “dual”. Se trata de un Estado de Derecho donde las leyes solo se cumplen por quienes no tienen más remedio, pero no por aquellos que tienen en su mano saltárselas sin sufrir las consecuencias. Resumiendo y simplificando, podríamos decir que en España hay dos tipos de personas: las obligadas a cumplir la ley (la ciudadanía de a pie) y las que se la pueden saltar impunemente (las personas con poder, tanto político como financiero o económico). Mientras que las personas pertenecientes a la primera categoría tienen que sujetarse a las leyes no solo por convicción sino porque si no lo hacen pueden sufrir las consecuencias (en forma de sanciones de todo tipo incluidas las penales) las segundas, por lo que se ve, ni tienen la convicción de que las leyes hay que cumplirlas ni sufren ningún tipo de consecuencias si no lo hacen.

Se ve que para personas como el ex presidente de la Generalitat las leyes son para los demás, para el pueblo llano. Al parecer la gente que tiene una gran misión en la vida, ya sea construir una nación, asegurar el bienestar de la familia o levantar un imperio económico o financiero se considera exenta de cumplir con la legalidad vigente. A lo mejor es que ni repara en su existencia. Lo lamentable es que todavía queda quien está dispuesto a comulgar con esas ruedas de molino, ya sea por interés o por fanatismo.

Resulta interesante comprobar que en España hay personas como la Infanta Cristina o como el clan de los Pujol que se creen por encima de la ley y viven con esa convicción tan felices, cual dioses en medio de los simples mortales. Son personas que no tienen que preocuparse no ya por llegar a fin de mes, sino por saber lo que firman o qué impuestos hay que pagar, aunque sean mayores de edad y con plena capacidad jurídica y de obrar. Hasta que les pillan, claro, y entonces su sorpresa y su disgusto son mayúsculos. Pero ¿cómo? ¿Es que me tengo que ocupar yo también de estas nimiedades? ¿Quién se ha creído que es ese periodista, ese Juez, ese Inspector de Hacienda? ¡Usted no sabe con quién está hablando! Por eso la primera reacción es siempre la de envolverse en el manto protector, ya sea el de la Corona, la bandera, el partido o la empresa y matar al mensajero. Ya saben, se trata de una denuncia política, quieren cargarse la institución, el proceso, la marca España, la recuperación, la familia… Lo que pasa es que como la realidad es tozuda al final hay que acabar dando alguna explicación por surrealista que sea. La ventaja es que en España siempre habrá acólitos dispuestos a creerle a uno acerca de la imposibilidad para una persona muy ocupada de regularizar en 30 años herencias opacas. O aunque no te crean qué más da si al final tu tribu va a cerrar filas y hará todo lo posible para evitarte contratiempos. Cuestiones personales y pelillos a la mar.

Lo más curioso es que muchas de estas personas que podríamos denominar “de primera categoría” (aunque solo en términos jurídicos, porque parece claro que desde el punto de vista ético no tienen ninguna) ostentan o han ostentado importantes responsabilidades de Gobierno. Eso quiere decir que, además de tener que cumplir las leyes como todo hijo de vecino, por mucho que les moleste, tienen la responsabilidad de velar por su cumplimiento como recuerda nuestra maltrecha Constitución, en concreto en su art.9. Por esa razón, la deslealtad de un político o un gestor público con el Estado de Derecho es mucho más relevante que la de un simple particular. No es solo una cuestión de ejemplaridad pública, es también una cuestión política y jurídica de enorme gravedad.

Por eso cuando alguien toma posesión de un cargo público lo que promete o jura es cumplir y hacer cumplir la Constitución. De hecho, nuestra normas recuerdan que en el acto de toma de posesión de cargos o funciones públicas en la Administración quien haya de dar posesión formulará al designado la siguiente pregunta: «(Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo... con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado?». La respuesta lógicamente tiene que ser afirmativa. No se trata sólo de una fórmula más o menos retórica de cara a la galería, o de una especie de trámite, sino de la expresión del compromiso que asume quien se dispone a ocupar un cargo al servicio de los intereses generales en el marco de un Estado democrático de Derecho. Por eso el incumplimiento debe acarrear consecuencias políticas pero también jurídicas.

El caso Pujol es una muestra más –no sabemos cuántas más nos quedan por ver- del estado terminal de nuestro Estado de Derecho, porque un Estado de Derecho “dual”, es decir, un Estado de Derecho que solo es capaz de imponerse a los débiles y no es capaz de controlar a poderosos sencillamente no es digno de tal nombre. Además está amenazado de ruina porque es más que probable que la convicción de que las leyes han de cumplirse voluntariamente disminuya peligrosamente también entre la ciudadanía al percibir que hay personas que están por encima de la ley. Porque si hay algo que no es tolerable en una democracia son los privilegios. Ya está ocurriendo algo así con las leyes fiscales, pero después pueden venir todas las demás. Si dejamos de creer en nuestras leyes tarde o temprano dejaremos de cumplirlas porque sencillamente no es posible poner un policía, un juez o un inspector de hacienda detrás de cada ciudadano.

En definitiva, que una persona con mucho poder haya estando violando la ley durante muchos años sabiéndose impune denota sencillamente la existencia de una enfermedad política y moral de primera magnitud en Cataluña y en España que puede acabar con nuestra democracia. Un poder descontrolado es siempre un poder no democrático. Un Estado de Derecho implica la existencia de poderes y poderosos limitados por normas y en esa limitación se encuentra su verdadera grandeza. Sinceramente, creo que el que no lo entienda así no puede considerarse un gobernante verdaderamente democrático por muchas elecciones que gane.

Cae el ídolo de pies de barro del nacionalismo
El catalanismo, el surgido después de la Guerra Civil, ha tenido un gran promotor
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 29 Julio 2014

« ¡Ay de los que añaden casas a casas
y juntan campos con campos,
hasta no dejar sitio
y vivir ellos solos en medio del país!» (Is 5,8). Miqueas

En 1925, un sujeto, Victor Lusting planeó vender la Torre Eiffel a una serie de magnates de la industria metalúrgica, a los que reunió y convenció para que pujaran por hacerse con tan conocido monumento del que, sin duda, quien lograse adjudicárselo, sacaría importantes beneficios. El “favorecido” en la puja fue un tal André Poisson que pagó por ella una cuantiosa cantidad de dinero de la que se benefició el pícaro Lustíng, que huyó con una maleta llena de dinero hacia Viena en la que vivió durante unos años como un verdadero marqués.

El catalanismo, el surgido después de la Guerra Civil, sin duda, ha tenido un gran promotor, un personaje que se puede considerar como el verdadero impulsor del catalanismo, después del impasse que supuso el periodo de 40 años en el que el general Franco los tuvo a raya, durante el cual cualquier actividad de tipo subversivo tuvo que mantenerse en secreto; lo que significó que, para la mayoría de los catalanes, su espíritu independentista, si es que lo tenían, había quedado relegado en lo más profundo de sus sentimientos, lo que no les impidió continuar con sus negocios, disfrutando de la vida y hablando en su lengua vernácula sin que, salvo en los primeros años posteriores a la guerra, nadie se metiera con ellos si lo hacían. Con la llegada de la democracia las pocas trabas que pudieran quedar para hablar, escribir, enseñar, publicar libros, rotular calles y escribir nombres comerciales en catalán desaparecieron. Sin embargo, hubo algunos, los más extremistas, los inconformistas con el régimen democrático, a los que no les bastó volver a los tiempos de libertad, recobrar sus costumbres e instituciones y conseguir una situación privilegiada por la que recobraron el gobierno de la autonomía recibiendo, a través de un más que generoso Estatuto de Autonomía, no sólo sus antiguos privilegios sino que consiguieron que el Gobierno central les otorgase una serie de concesiones que, prácticamente les otorgaba el estatus de un autogobierno.

Aún así, señores, los nacionalistas no quedaron satisfechos y, encabezados por el señor Jordi Pujol y Soley, un médico catalán, políglota que pronto se dio a conocer por sus tendencias revolucionarias secesionistas y que, en 1.960, fue detenido en lo que fue conocido como “los sucesos del Palau de la Música” (quizá ahora este nombre nos recuerde unos recientes fraudes relacionados con esta institución y con sus administradores; que han afectado directamente a CDC). En 1.974 fundo Convergencia Democrática de Catalunya. Luego fue consejero del gobierno provisional de Catalunya y diputado por Barcelona en el Congreso de Diputados. Una meteórica carrera política que culminó cuando fue elegido Presidente de la Generalitat en 1.980, puesto que conservó hasta el año 2003. Durante su mandato convivió con Suárez, Felipe González, Aznar y, quizá lo que fue su trago más amargo, con el señor Tarradellas a su regreso del exilio. Tampoco ha estado libre de roces y tensiones su relación con UD del señor Durán y Lleida.

Pero el señor Pujol no se limitó a actuar en el ámbito político, si bien dejó aparcada su carrera de medicina para entrar en otro negocio más lucrativo, como su puesto de Vicepresidente ejecutivo de la Banca Catalana. Su primero problema surgió cuando unos pocos meses antes de la quiebra de dicha entidad parece que sacó una importante cantidad de dinero de ella, lo que dio lugar a que fuera imputado y hubiera sido procesado (8 jueces pidieron su procesamiento) si una mayoría de jueces no hubiera tomado la decisión de no hacerlo, pese a que las acusaciones de los fiscales dejaban evidenciada la responsabilidad que, en el crak de la entidad, tuvo el mismo señor Pujol. Sin embargo, apenas se libró de los cargos que pesaban sobre él quiso convertir el intento de procesamiento en un ataque deliberado a su persona por parte de sus enemigos del resto de España, apelando al victimismo que ha venido esgrimiendo durante los años que estuvo en activo. En un mitin de su partido les echó la culpa a sus enemigos políticos, especialmente al gobierno central, de haberle querido eliminar por sus actividades separatistas. Hoy, a la vista de lo que hemos conocido, a nadie le cabe la menor duda de que los fiscales tenían la razón y que, posiblemente, debieron pesar sobre los jueces que lo exoneraron muchas presiones por parte de estamentos afectos al nacionalismo catalán.

El papel que ha representado la familia Pujol-Ferrusola en el catalanismo y, últimamente en el independentismo catalán, de nadie es desconocido así como los negocios discutibles en los que han estado involucrados muchos de sus siete hijos; hasta el punto de que, alguno de ellos, está encausado por delitos atribuidos al ejercicio de su cargo público en el Parlament Catalá. No obstante, parecía de don Jordi, el gran patriarca, el gran pachá de la familia, el promotor y figura principal del separatismo y la persona a la que la gran mayoría de los catalanes reverenciaba, permanecía ajeno a los negocios más o menos legales de sus hijos. No ha sido así

Todo, sin embargo, no ha sido más que un gran engaño, una hipocresía que alcanza cotas de un estratagema o tomadura de pelo colectiva, que no puede considerarse más que una traición a su pueblo, si se tiene en cuenta que, el dinero que debía haber mantenido en Catalunya para ayudarla en su proceso independentista, se lo llevó al extranjero; con la doble finalidad, según se desprende de lo conocido recientemente, de evitar pagar al fisco la cantidad correspondiente de impuestos y tener una cantidad lo suficientemente importante en los paraísos fiscales, por si las cosas se ponían mal en Catalunya poder escapar, él y su familia ( como hicieron los grandes magnates de la República cuando Franco ganó la guerra), a otros países donde estuvieran a salvo y pudieran continuar viviendo sin pasar estrechez alguna.

Y uno se pregunta, ante tamaño fiasco, ¿cómo van a explicar en CDC, a sus afiliados y simpatizantes, que quien ha sido su ídolo haya resultado, ni más ni menos, que un simple embaucador? Un personaje que se ha valido de quienes confiaron en sus palabras, para enriquecerse, defraudar al fisco y acabar demostrando que, toda la parafernalia que se movía a su alrededor, no era más que una pantalla para ocultar sus grandes negocios. Y que nadie se crea que su confesión haya sido espontánea y fruto de un arrepentimiento tardío, nada de esto porque, informaciones procedentes de inspectores de Hacienda indican que, desde la Agencia Tributaria, ya se estaba a punto de destapar todo el tinglado y lo que ha hecho el señor Pujol no ha sido más que anticiparse a lo que ya era inminente: las actuaciones de la inspección para destapar todo este melón de irregularidades y deudas con Hacienda.

Es evidente el desconcierto que ha causado en CDC este episodio y, también resultan dramáticos los esfuerzos que, desde la formación, se están haciendo para evitar que acabe siendo el principio del fin de un partido que, el señor Mas y su nacionalismo ya habían puesto en el disparadero, al que nada más le faltaba esta bomba informativa, para acabar de desacreditarlo ante sus propios electores. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, valoramos la última estupidez del “muy honorable” señor Pujol, que no ha resultado tan listo como parecía.

Otra falacia que cae: Cataluña independiente, un Estado mejor

Francesc Moreno cronicaglobal.com 29 Julio 2014

Hace unos días oí decir a un secesionista, muy a la defensiva tras las declaraciones de Merkel, que no estaremos en la UE, pasaremos dificultades económicas, puede haber un corralito, pero una Cataluña independiente nos permitiría crear un estado mejor que el actual, sin corrupción, con más libertad, más división de poderes, más transparencia.

Desde luego los hechos objetivos, como trataré de explicar, tampoco avalan el argumento de que el nuevo estado seria un estado mejor. Ni más prosperidad, ni más democracia. Al contrario, más pobreza, más tensiones sociales, más opacidad, más caciquismo, más concentración de poder.

La red clientelar tejida desde la administración catalana es muy potente. Muchos temen perderla o que se debilite. Sueñan con ampliarla. Estos son los más entusiastas secesionistas. Son los apóstoles del pensamiento único, de la ley del silencio, del acoso político.

El caso Pujol es expresivo de mi punto de vista. En una Cataluña independiente, Jordi Pujol Soley y toda su familia hubieran sido intocables, como lo han sido hasta ayer, a pesar de las evidencias que venían de "Madrid" y de que muchos conocían de primera mano la proliferación en Cataluña de comisiones y otras alteraciones de la libre competencia especialmente durante la década de los noventa.

No voy a hacer leña del árbol caído. Siempre me ha parecido repugnante. Especialmente cuando quienes la hacen son los que sabían y/o se beneficiaban de mirar a otro lado, de callar sonoramente, cuando no participaban del botín. Soy mucho más comprensivo con las debilidades personales que con las mentiras colectivas, aunque en el caso Pujol lo realmente relevante es la doble moral, propia de predicadores y embaucadores de baja estofa.

El silencio de los medios de comunicación catalanes, tocados de muerte tras el tristemente famoso editorial conjunto consecuencia de la sopa boba de las subvenciones y la propaganda institucional, era expresivo no de la existencia de un pretendido oasis sino de la vigencia de la omertà. Mientras a nivel estatal los casos Juan Guerra, Roldán, Eres, Urdangarín, Barcenas, Gürtel o cualquier otro siempre fueron investigados por algún gran medio de comunicación -aunque sólo fuera para hacerse la competencia entre ellos- en Catalunya el silencio ante casos parecidos ha sido total o, como mucho, los medios se han limitado a la mera publicación de las resoluciones judiciales, pero sin ninguna actividad de investigación propia ni ninguna voluntad de ir más allá. Cualquier información que no gustaba al poder ha sido obviada o negada sistemáticamente.

La red clientelar tejida desde la administración catalana es muy potente. Muchos temen perderla o que se debilite. Sueñan con ampliarla. Estos son los más entusiastas secesionistas. Son los apóstoles del pensamiento único, de la ley del silencio, del acoso político.

No es muy arriesgado vaticinar que una hipotética Cataluña independiente nacería con dificultades económicas y políticas relevantes. Ante esta situación, la caza de brujas contra el disidente que ya existe ahora, aunque sea de forma incipiente, se reforzaría. El enemigo exterior y el interior, los quintacolumnistas que ya señalan en TV3, serían la coartada perfecta para el autoritarismo, como ocurre en tantos países que tratan de endosar a los demás sus propias incapacidades.

Objetivamente un país pequeño, con pocos agentes económicos relevantes, sin instituciones fuertes e independientes, tendría muchos números para ser un estado débil más sometido a la presión de mafias y multinacionales de lo que ya lo están otros más fuertes.

En definitiva, pensar que con la independencia los catalanes ganaríamos en buen gobierno es tan o más difícil de sostener que decir que seríamos más prósperos. El discurso del paraíso independentista se derrumba día a día. Los informes del CATN que pretenden dar consistencia al nuevo estado se han convertido en el hazmerreír de cualquiera con un mínimo de sensatez y rivalizan con los de la ANC como documentos puramente propagandísticos destinados a dar algo de moral a seguidores poco exigentes a los que se les ha mentido prometiéndoles una independencia inmediata que no se producirá.

Afortunadamente para la mayoría de los catalanes, incluidos los que se declaran independentistas.

¿Quién roba a quién?

Isidro Carpio cronicaglobal.com 29 Julio 2014

Algunos no nos sorprende las ultimas noticias aparecidas sobre la familia Pujol, y menos las que hacen referencia al "Patriarca" pues hace ya tiempo que escribimos sobre ello, algunos por aquel entonces nos aconsejaron que tuviera mucho cuidado con quien nos metíamos ya que podíamos ser llevados ante los tribunales. También amenazaron a otros, entre ellos a la prensa. Nunca pusieron querella alguna.

Hoy todavía no hemos comparecido ante ningún tribunal, y esperemos que siga así por mucho tiempo. Lo que sí es seguro es que no compareceremos por haber escrito sobre la sospechosa riqueza de la familia Pujol y de sus cuentas en determinados Paraísos Fiscales.

Por otro lado, no se crea nadie que a mi me gusta escribir sobre este tema una vez que ha salido a la luz, y creo sinceramente que con que comparezca la familia Pujol ante los tribunales, yo personalmente me doy por satisfecho. Claro si ello fuera, como se han apresurado a decir otros "que esta era una cuestión de tipo personal". Si así fuera estaríamos hablando de un evasor como tantos otros a los que no persigue el gobierno, o que a la postre este les tiende una mano con la famosa ley de amnistía a la evasión de capitales o como la quiera llamar el Sr. Montoro, que me da igual. Al final, por cuatro perras estos evasores se integran en la sociedad como inmaculados y el gobierno les da la gracias por ser buenos patriotas al blanquear su dinero, cuyo origen siempre es incierto o de dudoso proceder.

Una vez confesada una parte, para intentar "evadir" responsabilidades, ante un posible delito de evasión de dinero continuado a lo largo de 25 años, y un posible delito de blanqueo de dinero, supongo yo, que le tendrá que ser retirado ese título tan majestuoso de Molt Honorable

Pero el caso es que no hablamos de un vulgar delincuente, hablamos del mesías del nacionalismo catalán, el que últimamente se ha pasado a liderar el secesionismo de Cataluña, el que durante más de treinta años nos ha estado dando lecciones y su ciencia divina lo ha situado en los altares del nacionalismo catalán. Con su infalibilidad en materia de política catalana, se granjeo la admiración de Presidentes del Gobiernos y se hizo indispensable para la gobernabilidad de España.

Es el personaje que quebró Banca Catalana, es el que se envolvió en la "Señera" para decirnos a todos, al ser imputado en aquel entonces, que España agraviaba a Cataluña, es el que consiguió movilizar a media Cataluña a su favor, pues él era Cataluña. Es el personaje que mejor ha interpretado una de las máximas del nacionalismo, buscar un enemigo en el exterior y echarle todas las culpas, las creadas y las imaginadas.

Esta estrategia y la presión consiguieron que los mandatarios de aquel entonces con Felipe González a la cabeza y seguido por otros como Carlos Solchaga, prefirieran la "tercera vía", pactar y dejar de perseguir al que había causado un agujero en la hacienda pública de España de veinte mil millones de las antiguas pesetas. En otras etapas como las del presidente Aznar, muchos casos nunca llegaron a los tribunales o sencillamente no se admitían a trámite.

Nunca sabremos si el dinero de la institución financiera Banca Catalana forma parte de la herencia no declarada, o tal vez si, ¿o es que nos tenemos que creer el ardid de la confesión del Sr. Pujol?. Tengamos en cuenta que su padre fue el fudador de la Banca Catalana que debería servir algún día para ser el Banco de Cataluña, ¿Quien nos dice que la quiebra no fue premeditada, a continuación descapitalizada y el dinero puesto a buen recaudo en la banca suiza? Son simples preguntas que alguien debería responder.

En nuestros análisis tendremos que tener en cuenta, aunque yo no he sido nunca partidario de las teorías criminalísticas que afirman que el delincuente tiene unos rasgos propios y que va en su ADN el ser o no delincuente, pero es que la familia Pujol está a punto de romper mis creencias en este campo- por eso tendremos que tener en cuenta a nuestro pesar, que estas actitudes al parecer son genéticas, pues la saga Pujol seguirá dando que hablar no por la confesión del padre de nacionalismo moderno, si no por la prole del Sr. Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña, que al parecer han aprendido bien los procedimientos para un enriquecimiento rápido.

Supongo yo, después de todos los casos de corrupción que afecta fundamentalmente al nacionalismo hoy secesionista, y no los voy a recordar porque están en la mente de todos, que cabria preguntarse, si no se disgusta la parroquia ¿Quien roba a quién? ¿España a los catalanes, como quieren hacernos creer estos secesionistas de nuevo cuño, Mas y Pujol, o son más bien estos últimos los que roban a los Catalanes y españoles? Me pregunto yo, ¿cuántas escuelas se podrían haber construido con este dinero? ¿Cuántas camas hospitalarias estarían abiertas en este momento? ¿Cuántas guarderías tendrían su subvención para que siguieran abiertas? ¿Cuantas becas comedor se podrían dar con ese dinero? Y así un montón de preguntas. Pero déjenme que haga una afirmación: entre lo que se llevan, lo que evaden y lo que se gastan, malversan, en proselitismo político nacionalista, tendríamos mucho de todo.

Supongo yo, que a ustedes y a mí, ahora que esta tan de moda enviar textos de adoctrinamiento nacionalista a los colegios o publicar los requisitos que ha de tener un buen catalán, nos gustaría saber cuáles son los diez mandamientos del buen nacionalista. O tal vez se reduzcan a uno como diría Mahoma: haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo haga. Si es así lo entenderíamos.

Una vez confesada una parte, para intentar "evadir" responsabilidades, ante un posible delito de evasión de dinero continuado a lo largo de 25 años, y un posible delito de blanqueo de dinero, supongo yo, que le tendrá que ser retirado ese título tan majestuoso de Molt Honorable, pues demostrado está que, mientras se suponía que lo era gobernando Cataluña durante más de 23 años, la realidad era otra bien diferente. Como mínimo, y ya no entramos en concesiones y otras minucias, se ocultaba al fisco una gran cantidad de dinero. Si esta premisa es verdadera, la clase política tendría que hacer lo pertinente para la retirada de dicho título así como todas aquellas medallas y condecoraciones que le han sido impuestas por ser el Presidente de la Generalitat de Cataluña, ya que mientras le eran impuestas estaba engañando a todos los catalanes y a Cataluña.

Es de lamentar que un Presidente de la Generalitat de Cataluña corra la misma suerte que un mafioso como Al Capone.

"Todo por el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado"
Jordi Pujol, el molt deshonorable y la impunidad
Francisco Muro de Iscar.www.diariosigloxxi.com 29 Julio 2014

Lo malo no es que haya en España más aforados por metro cuadrado que en ningún otro lugar del mundo ni que tantos reclamen inmunidad para hacer lo que quieran sin ser responsables de nada.

Lo grave es la impunidad que transmite el comportamiento de muchos de los que tenían que ser irreprochables.

El último caso es, sin duda, el de Jordi Pujol, el molt deshonorable, el de su familia y el de otros políticos catalanes que sabían y callaban, que han venido exigiendo a los demás actitudes éticas y denunciando actos delictivos también de los demás, mientras escondían los suyos.

No es sólo el comportamiento de personas como Pujol, situado siempre por encima del bien, como un verdadero ser superior -mucho más que Florentino, como dijo Butragueño, mucho más que Zapatero-dios, como dijo Blanco, o mucho más estratosférico que el mismo Zapatero, como dijo la miembra Bibiana Aído-, sino el de otros muchos que de la política pasaron a la empresa o a las Cajas de Ahorros, dejaron lo que gestionaban como un erial y siguen paseándose como si hubieran sido víctimas y no responsables-culpables.

La pérdida de la confianza en los políticos está basada en la impunidad con la que actúan, en la falta de diálogo con los que representan, en el abuso del poder y de los mecanismos que tienen en sus manos -el dinero de los contribuyentes y el BOE, especialmente-, en la falta de mecanismos de control eficientes -una ineficiencia casi siempre intencionada y "legalizada"- pero sobre todo en que no tienen que rendir cuentas salvo que algún medio de comunicación no domesticado se empeñe en investigar lo que quien debe no investigará ni perseguirá nunca.

Decía Ortega ("La rebelión de las masas") que el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización es "la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado. A esto lleva el intervencionismo del Estado: el pueblo se convierte en carne y pasta que alimentan el mero artefacto y máquina que es el Estado. El esqueleto se come la carne en torno a él. El andamio se hace propietario e inquilino de la casa".

Muchos de los que están en el poder, y que seguramente llegan a él con las mejores intenciones, acaban compartiendo lo que Mussolini decía: "Todo por el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado", pero sólo cuando el que manda es el dueño único del Estado.

Ejemplos como el Jordi Pujol, 34 años al menos engañando a todo el mundo y una vocación insobornable de que eso no tenga consecuencias, dan cancha a los populismos que acabarán convertidos en "casta" y aprovechándose de la impunidad del poder.

Ya verán ustedes cómo los que también han abusado del poder tampoco piden perdón ni rectifican sino que utilizan el error de Pujol para aniquilarle a él y a los suyos.

Decía Sófocles, y ya ha llovido desde entonces, que "un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo".

Pujol no terminará como Macià o Companys, sino como Estivill
José Oneto www.republica.com 29 Julio 2014

El Congreso extraordinario del PSOE celebrado este fin de semana en Madrid, la elección de Pedro Sánchez como secretario general del partido, la designación de la nueva dirección socialista, la primera entrevista en la tarde de este lunes del presidente del Gobierno Mariano Rajoy con el nuevo líder de la oposición, todo parece haber perdido interés informativo tras la inmolación del expresidente de la Generalitat Catalana Jordi Pujol, reconociendo que ha tenido dinero negro, sin declarar, en paraísos fiscales y que ha venido engañando a Hacienda durante más de treinta y cuatro años. Todo ha quedado de pronto sepultado por las consecuencias políticas derivadas del escándalo del expresidente.

La confesión pública de Pujol, cuando tenía información de que tanto la policía como la Agencia Tributaria, estaba a punto de descubrir toda una trama de la que forma parte su esposa, Marta Ferrusola, sus siete hijos, y toda una estructura de colaboradores, todavía no ha sido asimilada por la sociedad catalana que siempre ha considerado a Pujol como uno de los padres de la Patria catalana y que asiste, ahora, consternada, al hundimiento de todo un mito, un mito comparado, incluso con los Presidentes históricos de la Generalitat. Al final, desgraciadamente para él, no pasará a la historia como Francesc Macià, ni como Lluís Companys, sino como toda una serie de turbios personajes que han marcado la reciente y más negra historia de Cataluña, como el Juez Pascual Estivill, el empresario Javier de la Rosa o su propio abogado, Juan Piqué Vidal, todos amigos o miembros de su círculo más próximo.

Son muchas las fuentes que aseguran que la herencia que supuestamente el padre de Pujol dejó a la esposa del expresidente y a sus hijos, y que ha sido reconocida ahora, es sólo la punta del iceberg de un escándalo de proporciones gigantescas. Un escándalo de cientos de millones de euros, producto de las comisiones de los 23 años en los que Pujol fue presidente de la Generalitat, desde 1980 hasta 2003. Es algo que investiga la Audiencia Nacional y la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal), con la colaboración de una ex novia de Jordi Pujol Ferrusola, el mayor de los hijos del expresidente y el que parece estará guapamente al frente, actualmente, de los negocios familiares.

Desde hace más de medio siglo los Pujol han tenido problemas con la Justicia por problemas relacionados con el dinero escondido. No deja de ser sorprendente que ya en lleno franquismo, cuando las autoridades eran tan laxas con las grandes fortunas, el padre de Jordi Pujol, Florenci Pujol i Brugat, ya aparecía en una lista que el año 1959 publicaba el Boletín Oficial del Estado de 872 evasores de impuestos, lo que indicaría que lo de engañar formaría parte de una herencia genética que se habría transmitido de generación en generación en una familia tan ligada a Cataluña.

Mientras Artur Mas, consejero de Hacienda con Pujol, consejero en CAP, en algún momento, y sucesor designado a dedo por Pujol, intenta convencer a los catalanes de que estamos ante un tema puramente personal, y aumentan las presiones de los partidos políticos para que renuncie a todos sus privilegios de expresidente (coche, oficina, sueldos, títulos y privilegios), e incluso que se exilie fuera de Cataluña, en Alemania, en un intento de salvar el proyecto independentista del próximo 9 de Noviembre, todo hace pensar que la entrevista de este miércoles entre Mas y Rajoy en la Moncloa, está destinada al fracaso, a menos que por parte de Mas haya un cambio de actitud y no se refugie exclusivamente, en esa actitud de que es España la que les roba a los catalanes, cuando, en realidad, el robo tiene otro origen muy distinto, y ese origen ha producido consternación en Cataluña al conocerse.

Para intentar salvar el proyecto independentista se espera que en las próximas horas Convergencia Democrática de Cataluña ( CDC ) anuncie una decisión sobre el futuro de Pujol que ahora, con su confesión inicia un largo calvario judicial, del que ha querido salvar a su mujer y sus hijos, y del que pensaba que se salvaría simplemente por el rango que ocupa y por una edad, 84 años, que en último caso le impediría entrar en prisión.

analisis
Pujol: ¿por qué se recuerda hoy lo que todos sabíamos?
Ernesto Milá Minuto Digital 29 Julio 2014

Existen muchas formas para torpedear el proceso independentista abordado por Artur Mas. Uno de ellos es matar al “padre”: Jordi Pujol. La legitimidad de CiU deriva de los casi veinticinco años de gobierno de Jordi Pujol en Cataluña. Fueron esos años en los que, más que en ningún otro período de la historia, se forzó la situación para generar tensiones entre Cataluña y el resto de España. Dado que cualquier nacionalismo no tiene sentido sino concluye en la independencia a la que toda nación tiene derecho, nos encontramos ahora en la última fase de la farsa. Y justo en ese momento, nos informan de que todo el proceso previo ha sido pilotado por un corrupto rematado. Vale la pena meditar sobre lo que implica.

Quienes seguimos la vida y milagros de la familia Pujol desde las profundidades de la transición no nos hemos visto sorprendidos por las nuevas informaciones según las cuales, el patriarca habría mantenido oculto durante más de treinta años el patrimonio heredado sin cotizar a Hacienda… Si se ha conocido el dato era porque Pujol estaba informado de una investigación sobre esos fondos y se ha adelantado pidiendo perdón mediante una carta exculpatoria. Así pues, a fin de cuentas, se trata de un “hombre honesto” que no ha hecho nada más que arrepentirse de sus errores y pedir perdón a su pueblo, como el pecador que en el último instante antes de su muerte se arrepiente de una vida de vicio, maldad y perversión, a efectos de ganar el perdón divino…

Pero la noticia de que quien ha ostentado el título de “muy honorable” durante veintitantos años de ejercicio del poder prácticamente absoluto en Cataluña, era solamente uno más en el abultado paquete de corruptos carpetovetónicos, distinguido más por la cantidad de lo defraudado que por la calidad del personaje, no nos ha sorprendido a muchos.

Cómo Pujol logró taponar durante 35 años cualquier información “no autorizada”
Ya a principios de los años ochenta, Pujol estuvo a punto de ser juzgado por el Caso Banco Catalana que, en la práctica consistió en la descapitalización completa de una entidad para “fer país”, esto es, “para hacer patria”, entendiendo por tal la concesión de subsidios ilimitados especialmente a Ómnium Cultural y a su propio partido. Cabe decir que, aún hoy, el Ómnium sigue siendo la entidad más ultra subvencionada del Estado Español. Solamente entre 2005 y 2012, la punta de lanza del soberanismo catalán recibió 14.000.000 de euros. Y, con posterioridad, la asignación ha subido, ya en pleno proceso independentista y ante una economía acosada por los recortes y la deuda de la Generalitat. Pujol no fue procesado por apenas un voto de diferencia entre los miembros del Tribunal Superior de Cataluña. Y ese voto fue por ausencia de uno de los magistrados…

En esa misma época, los años 80, existía una amplia literatura sobre los hijos de Pujol y sus constantes idas y venidas de los juzgados civiles. Denuncias por impagos, demandas de sus antiguos socios, y un largo etcétera de problemas en torno a negocios frustrados. Parece increíble que ahora sorprenda conocer la vida y milagros económicos de toda esta saga e incluso los medios de comunicación más “constitucionalistas” parezcan horrorizados al conocer una “verdad” que estaba desde hace treinta años al alcance de quien quería enterarse. Hay, sin embargo, explicaciones que sería bueno no olvidar.

Desde el mismo momento en el que se instaló Pujol en la Generalitat de Cataluña, la prensa catalana fue controlada férreamente (como la educación, como la sanidad, como los subsidios y subvenciones, como la política lingüística, como la concesión de oferta pública) mediante el doble sistema de subvenciones y propaganda oficial y, cuando esto fallaba, venía el palo y tentetieso. Luis del Olmo, por ejemplo, leonés, castellanoparlante afincado en Cataluña y el exótico director de Radio Tele-Taxi, Justo Molinero lo entendieron perfectamente: si querían tener un lugar bajo el sol de la comunicación en Cataluña, debína simplemente plegarse a las exigencias de Pujol. Mientras del Olmo estuvo al frente de su programa Protagonistas no permitió ni siquiera que algún oyente pusiera en duda la “honorabilidad” de Pujol, ejerciendo su poder de cortar en seco y en directo cualquier llamada que fuera en esa dirección; a cambio obtuvo licencias para emitir y crear su propia emisora. En cuanto a Justo Molinero, andaluz afincado en Cataluña, recibió las mismas prebendas a cambio de negar por activa y por pasiva que existiera un fuerte descontento por la política lingüística de la Generalitat. Mantener “tranquila” a la comunidad andaluza en Cataluña le sirvió, simplemente, para medrar en los años ochenta y noventa. Por el contrario, quienes sostenían posiciones contrarias al nacionalismo no veían sus licencias de emisión renovadas, no eran considerados “prensa catalana” y, por tanto, estaban al margen del jugoso régimen de subsidios y subvenciones de la Generalitat. Así se “hizo país”…

Páginas (bochornosas) en la historia del nacionalismo
En realidad, esto no era una novedad. Desde que en el siglo XIX irrumpió el nacionalismo, la cultura catalana ha sido una “cultura subvencionada”. Quienes buscan elogios que prodigar al Eusebio Güell i Bacigalupi, gran mecenas de la “cultura catalana”, no dudan en utilizar las palabras “prócer” y “patricio”. Gracias a él y a sus subsidios, floreció toda una corte de artistas, poetas, literatos, músicos, pintores, arquitectos, que iniciaron lo que todavía se sigue llamando “construcción nacional de Cataluña”.

Vale la pena recordar cómo debía de ser necesariamente esa “cultura catalana”, cuando recordamos la intervención del propio Güell en la ceremonia de apertura de los Juegos Florales de 1901 (que, por supuesto, financiaba con cargo a su patrimonio) en donde explicó con una seriedad pasmosa, que el catalán era anterior al latín y que no procedía de ésta lengua-madre sino del retio-romanche una lengua que todavía se habla en los Alpes Réticos… A fin de cuentas, podía permitirse elaborar esta peregrina teoría, dado que en Cataluña se dice que “qui paga, mana” (el que paga, manda). En la sala, la crema de la intelectualidad catalana de la época, incluidas sus grandes firmas, aplaudió a rabiar. A partir de esto, puede entenderse lo que supone culturalmente la “construcción nacional de Cataluña”. Pujol no hizo nada más que caminar por un camino ya trillado.

Fue así, como durante casi cuarenta años ha conseguido mantenerse casi en secreto una verdad de la que sólo de tanto en tanto emergía algún chispazo: Banca Catalana, el escándalo de las subvenciones a la formación de parados en los años 90, el Caso Palau… o la ya semi-velada alusión de Pascual Maragall a poco de empezar a presidir el Tripartito, cuando dijo aquella memorable frase de “el problema de ustedes –refiriéndose a CiU- es el 3%”, que suscitó una histérica reacción del entonces “jefe de la oposición”, Artur Mas, anunciando el apocalipsis en caso de que no se retirara la frase… Maragall –con el cerebro ya en fase de desorganización- había hablado, por primera vez públicamente de que cualquier contrato firmado con la Generalitat supone el desembolso del 3% de su importe total por parte de la empresa beneficiada a efectos de subvención.

Lo sabía todo el mundo. Cataluña era una de las zonas más corruptas de todo el Estado (en dura lucha y a corta distancia con Andalucía en donde el PSOE y la UGT se han especializado al alimón en otro tipo de corruptelas; y es que en la España de las Autonomías hay “factores diferenciales” incluso en las formas y nodos de corromperse). La cuestión no es sorprenderse por las informaciones sobre los negocios de la saga Pujol, sino preguntarse por qué han aparecido justo en este momento y no en otro. Las respuestas son tan obvias que parece ocioso emplear mucho tiempo en responderlas.

Pujol, ha sido uno de los miembros más conspicuos de la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) partidos que crearon una “democracia” a su hechura, para su uso y disfrute exclusivo. Durante casi cuarenta años el bipartidismo imperfecto ha garantizado que, o bien gobernaba por mayoría absoluta uno de los dos grandes partidos nacionales o compensaba su mayoría relativa con el apoyo de los nacionalistas. Centro-derecha y centro-izquierda se han aprovechado del apoyo de Pujol y le han cubierto sus vergüenzas durante décadas… hasta que la proximidad de la fecha-mito del 9 de Noviembre para celebrar el referendo soberanista, ha aconsejado, como uno de los métodos empleados para “hacer entrar en razón a Artur Mas”, el sacar las vergüenzas de los linajes nacionalistas. Eso es todo. Si la imprudencia de Mas no le hubiera llevado a dejarse empujar por los independentistas de ERC, nada hubiera pasado, todos hubieran respetado la “omertá” mafiosa y ni un medio catalán, ni uno nacional, hubieran publicado nada. Pujol seguiría siendo “molt honorable”.

La “banda de los cuatro”: de duelo en duelo
Estos son los hechos y las explicaciones. Vale la pena extraer algunas conclusiones. La primera de todas es que Cataluña es la vanguardia de España en muchas cosas. Ciertamente ha quedado lejos la época en la que el nacionalismo regionalista gustaba presentar a Cataluña como la “parte seria” del Estado, llamado necesariamente a dirigirlo si el Estado Español quería sobrevivir. Lejos han quedado también los tiempos en los que Cataluña era la parte más industrializada de España (en 15 años Cataluña ha perdido el 50% de su capacidad industrial y el proceso independentista no ayudará a remontar). Ahora Cataluña es simplemente la avanzada de lo que va a ocurrir en menos de un año en el resto del Estado.

En efecto, lo que estamos asistiendo no es a la creación de una “nación catalana independiente”, que supondría el inicio de un nuevo ciclo histórico, sino el fin de un período: el del régimen nacido en 1978 y que ha supuesto para Cataluña un ciclo completo de gobierno nacionalista. En estos tiempos de “fin de ciclo”, las viejas fórmulas se hunden, nacen otras, las clases políticas que durante décadas han hecho fortuna bajo el paraguas protector de la Generalitat, ahora están cambiando. En breve no quedará nada de ellas. Ese proceso está mucho más avanzado en Cataluña que en el resto de España.

Mientras el centro-derecha estatal, el PP, todavía mantiene cierta iniciativa (si bien la pérdida de intención de voto demostrada en las pasadas elecciones europeas está a ahí como síntoma), el PSOE se encuentra completamente desarbolado, peor dirigido que con el equipo de Zapatero hace 14 años y demostrando que su crisis es estructural. El eje de la izquierda ya no está en manos del PSOE sino de Podemos y a Pedro Sánchez no le queda otra cosa más que copiar el estilo, la fraseología y las propuestas de Pablo Iglesias y prepararse para lo peor. De la “banda de los cuatro” ya solamente quedan tres…

Pero de estos tres, uno está definitivamente tocado y hundido, CiU. En primer lugar porque ya se empieza seriamente a dudar de que la coalición pueda mantenerse mucho más tiempo. Las diferencias en su interior entre CDC y UDC son grandes y también dentro de cada partido existen distintas fracciones enfrentadas. Y todo esto dentro de un ambiente de pesimismo dentro de la coalición a la vista de que la intención de voto mostrada por las encuestas juega ampliamente en su contra. El anuncio público y ante todo el país de que, no solamente los hijos, sino especialmente el patriarca de los Pujol, lejos de ser “molt honorable” era un simple corrupto, apuntilla a esta opción cuyo destino está íntimamente unido a ese apellido. De la “banda de los cuatro”, ya solamente quedan dos…

Intuimos que el PNV correrá el riesgo de quedar por detrás del nacionalismo radical abertzale en las próximas elecciones, lo que supondrá un terremoto en la política local y amenazará ruina a otro de los integrantes de la “banda de los cuatro”. ¿Y el PP? ¿Se mantendrá en la cresta de la ola durante otra legislatura? ¿Seguirá siendo el partido más votado? Imposible decirlo en estos momentos. Todo dependerá de cómo gestione Rajoy la crisis generada por el nacionalismo y como se desarrollen los próximos meses: más allá de las declaraciones triunfalistas de los ministros del gobierno, no parece claro que la economía se esté recuperando, al menos en las proporciones que indica el gobierno, o al menos esta percepción no es la misma que tiene la opinión pública. Todo dependerá de los resultados que obtenga el PP en las próximas elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015. Parece claro que perderá el control de la Generalitat Valenciana y veremos lo que ocurre en Madrid. No parece que vaya a ganar el control de muchos municipios, sino que más bien experimentará una pérdida del número de concejalías a su disposición en cientos de municipios. Será entonces cuando se evidencie la gravedad de la crisis en el centro-derecha y cuando se empiecen a percibir las forma que revestirá. Apenas queda un año.

En cualquier caso, el hundimiento del sistema de partidos derivado de la transición, es algo que ya se ha producido en Cataluña, en donde la derecha estatalista del PP se ha convertido en residual, mientras el PSC se encuentra en fase de gropuscularización que acelerará la debilidad endémica de su nuevo secretario general; con CiU dividida interiormente y cuyo prestigio está a la altura de los Pujol… ERC, Podemos, C’s, parecen ser los valores ascendentes de la política catalana y las siglas de sustitución. Y esperemos que Plataforma per Catalunya consiga despegar de una vez y figurar como una fuerza política representante de los intereses de un sector de la sociedad catalana.

El “Caso Pujol”, en última instancia, no es un “drama regional catalán” a lo Ángel Guimerá, es más bien un síntoma del “fin de ciclo” en el que ha entrado la política española. Porque de la misma forma que el caciquismo fue el rasgo característico del período de la Restauración (rasgo que en su época incluso algunos negaban), el propio de la “democracia del 78” no es otro que la corrupción. Y en esto también puede decirse que “Cataluña es España”…

Margarita Robles: “Ocho jueces pedimos sin éxito el procesamiento de Pujol por el caso Banca Catalana”
MAURA DE LA PEÑA www.vozpopuli.com 29 Julio 2014

La instrucción del sumario del caso Banca Catalana –intervenida por el Banco de España en noviembre de 1982- se dio por concluida en mayo de 1986, con cerca de 65.000 folios de documentación. Un mes después, los fiscales Mena y Villarejo pidieron el procesamiento de los 18 exconsejeros del banco, entre ellos Pujol, por presuntos delitos de apropiación indebida.

Margarita Robles, magistrada de la Sala Tercera del Tribunal Supremo y hasta el pasado diciembre vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), ha remitido un correo a la asociación progresista Jueces para la Democracia, a la que pertenece, para reivindicar la opción de los ocho magistrados que, afrontando todo tipo de críticas, se opusieron en su día al archivo de la causa por el caso Banca catalana, pidiendo la imputación del que fue su vicepresidente ejecutivo, Jordi Pujol, y emitiendo voto particular en tal sentido. El texto del correo dice así:

“La declaración hecha estos días por Jordi Pujol sobre unos hechos que, con independencia de la relevancia penal que en su caso pudieran tener, evidencian claramente una conducta insolidaria hacia la ciudadanía y un engaño sin paliativos hacia la misma, me traen a la memoria el procedimiento seguido en su día ante la Audiencia Territorial de Barcelona, de la que yo era entonces parte integrante como Magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona.

Parece que en este caso se ha hecho realidad aquello de que el tiempo pone las cosas en su sitio y por eso creo que es imprescindible reivindicar ahora el gran trabajo hecho por los fiscales Carlos Jiménez Villarejo y Jose María Mena, que fueron ferozmente criticados por la detalladísima querella que presentaron respecto a las actuaciones desarrolladas en Banca Catalana.

Y es también el momento de hacer autocrítica y reconocer los errores que pueden cometer en ocasiones los tribunales de Justicia. Solo ocho magistrados/as de los componentes del Pleno formulamos entonces Voto particular, entendiendo que procedía el procesamiento de Jordi Pujol por hechos que treinta años después se han manifestado en los términos en que lo ha hecho. También por ello fuimos objeto de grandes críticas por lo que algunos consideraron ataques a Catalunya.

Parece que en este caso se ha hecho realidad aquello de que el tiempo pone las cosas en su sitio
Esperemos que los años transcurridos y los errores que hay que lamentar no impidan las respuestas políticas, sociales y judiciales que en aquel entonces no supimos o pudimos abordar, y que a lo mejor hubieran impedido conductas que tuvieron lugar y que todos rechazamos. Margarita Robles”.

La instrucción del sumario del caso Banca Catalana –intervenida por el Banco de España en noviembre de 1982- se dio por concluida en mayo de 1986, con cerca de 65.000 folios de documentación. Un mes después, los fiscales Mena y Villarejo pidieron el procesamiento de los 18 exconsejeros del banco, entre ellos Pujol, por presuntos delitos de apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas.

Sin embargo, en noviembre de 1986, el pleno de la Audiencia de Barcelona rechazó el procesamiento al estimar que no había indicios racionales de criminalidad en la actuación del que ya desde mayo de 1980 era presidente de la Generalitat de Cataluña: 33 magistrados votaron en contra de procesar a Pujol, mientras 8 se pronunciaron a favor. La instrucción del caso continuó para el resto de acusados, pero en marzo de 1990 la misma Audiencia decretó el sobreseimiento definitivo, no obstante considerar que “se pudo llevar a cabo una gestión imprudente e incluso desastrosa”.
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