AGLI Recortes de Prensa   Viernes 1 Agostoo  2014

Rebaja de impuestos
Puro placebo fiscal
Manuel Llamas Libertad Digital 1 Agosto 2014

El Gobierno lleva semanas anunciando a bombo y platillo una rebaja de impuestos que, en realidad, no es tal, y cuyo único fin, lejos de aligerar la pesada carga tributaria que soportan los contribuyentes, no es otro que el de frenar la ingente sangría de votos perdidos en los últimos dos años de cara a las próximas elecciones municipales, autonómicas y, en última instancia, generales.

La mal llamada "reforma fiscal" que acaba de aprobar el Consejo de Ministros blinda, de una u otra forma, el insostenible y confiscatorio esfuerzo tributario que impone Hacienda al conjunto de familias, trabajadores y empresas españolas. No en vano, el propio Ejecutivo de Mariano Rajoy reconoce abiertamente que su principal objetivo es mantener la presión fiscal por encima del 38% del PIB.

Es decir, su verdadera intención no es, en ningún caso, recaudar menos dinero, sino lo mismo o incluso más que en la actualidad para sostener en pie el mastodóntico sector público. Para ello, si bien es cierto que se reducen ligeramente los tipos del IRPF y Sociedades, Hacienda confía en que la recuperación económica se traduzca en un progresivo incremento de los ingresos fiscales como consecuencia del repunte de la actividad empresarial y del consumo.

En este sentido, lo primero que cabe destacar es la arriesgada estrategia del Gobierno, puesto que la recaudación es, por definición, un indicador incierto, dependiente de múltiples variables que escapan al control directo del Estado, a diferencia de lo que sucede con el gasto público. De este modo, si las previsiones oficiales de crecimiento y recaudación fallan, la reforma fiscal se podría traducir en un mayor déficit público o, como mínimo, el incumplimiento, una vez más, del objetivo de déficit marcado por Bruselas. De ahí, precisamente, que la fórmula más eficaz, a la par que beneficiosa, para eliminar dicho agujero consista en recortar los gastos.

Pero es que, además, la anunciada rebaja de impuestos deja mucho que desear. Hacienda habla de un ahorro potencial de hasta 9.000 millones de euros para los contribuyentes, pero éste se producirá de forma escalonada, entre 2015 y 2016, de modo que su total ejecución dependerá, en gran medida, del resultado que arrojen las urnas en las próximas generales. Y lo más grave es que esos 9.000 millones sólo servirán para compensar parcialmente las históricas subidas de impuestos aprobadas por Cristóbal Montoro, y la inmensa mayoría de comunidades autónomas y municipios bajo el actual mandato del PP.

Hacienda reducirá los tramos del IRPF de siete a cinco y rebajará levemente los tipos marginales de este tributo para revertir la histórica subida que aprobaron los populares nada más llegar al poder a finales de 2011. Sin embargo, este tímido alivio no compensará, ni de lejos, las subidas previas acometidas durante la crisis. Además, mantiene incólume la elevada fiscalidad sobre el trabajo (cotizaciones sociales), una de las grandes rémoras para la creación de empleo, elimina buena parte de las deducciones fiscales a las empresas, anulando así la limitada reducción de tipos en el Impuesto de Sociedades, y deja intacto el IVA, subiendo incluso el tipo aplicable en ciertos productos sanitarios en base a lo que estipula la Comisión Europea. Si se analiza en perspectiva, el nuevo plan de Montoro no tiene nada de reforma y, más que rebaja, consiste en un mero placebo fiscal para tratar de contentar a la opinión pública.

Basta señalar dos datos para percatarse del engaño. Los españoles trabajaron de media hasta el pasado 3 de julio, exclusivamente, para pagar impuestos, lo cual supone un récord histórico. Dicho de otro modo, los trabajadores dedicaron un total de 184 días al cumplimiento de sus obligaciones tributarias, con lo que el Estado se embolsa algo más de la mitad de la renta global que generan los españoles a lo largo del año, según el think tank Civismo. En concreto, un trabajador con un sueldo medio de 24.400 euros brutos destinaría 102 días a pagar las cotizaciones a la Seguridad Social, 41 días a pagar el IRPF, 25 el IVA, 11 a impuestos especiales y 5 a otros impuestos.

La cuestión es que, tras la rebaja aprobada este viernes, el Día de la Liberación Fiscal apenas se adelantaría en 9 días, hasta el 24 de junio, trabajando un total de 175 días al año para el Estado. En 2009, cuando el anterior Gobierno socialista comenzó a subir de forma sustancial los impuestos, la citada fecha caía el 9 de mayo, 129 días de trabajo para pagar impuestos, 55 menos que en la actualidad y hasta 46 menos una vez aplicada la particular reforma de Montoro. El esfuerzo fiscal en España se ha disparado entre un máximo del 43% y un mínimo del 36% durante la crisis, protagonizando así una de las cargas tributarias más onerosas de la UE y la OCDE.

Por otro lado, y a pesar de la fuerte caída que ha registrado la recaudación como consecuencia del pinchazo de la burbuja crediticia, el contribuyente ha sido expoliado sin contemplación alguna por la clase gobernante tanto a nivel nacional, como autonómico y local. En concreto, los ingresos del conjunto del sector público han bajado algo más de un 10% durante la crisis, desde los 433.000 millones de euros recaudados en 2007 (41,1% del PIB) a los 386.000 millones de 2013 (37,8%), pero cabe recordar que han desaparecido más de 3 millones de puestos de trabajo y decenas de miles de empresas.

El gran problema que presenta la estrategia fiscal del PP, al igual que la del PSOE, es su profundo error de diagnóstico: pensar que el desplome recaudatorio es coyuntural y no estructural. Así, en lugar de reducir el excesivo gasto público y el sobredimensionado tamaño que alcanzó el Estado al calor de la insostenible burbuja inmobiliaria, ambos partidos apostaron por sangrar a la población, cual sanguijuelas, con tal de minimizar el coste electoral de los impopulares recortes y, de este modo, mantener su privilegiado estatus.

Como consecuencia, las brutales subidas de impuestos sufridas hasta el momento no sólo dificultan el crecimiento y la creación de empleo, sino que tampoco garantizan unos servicios públicos eficaces y de calidad, sin que ello, además, haya eximido al Gobierno de experimentar un fuerte deterioro electoral. En definitiva, un fracaso absoluto que, por desgracia, no se solventará con los ridículos placebos fiscales de Montoro.

Una democracia demediada
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 1 Agosto 2014

Si la historia que se empieza a desvelar sobre los métodos de pillaje y corrupción que han permitido el enriquecimiento escandalosamente anómalo de Jordi Pujol y de su familia resultase ser sustancialmente cierta, y hay una base sólida para suponer que lo es, tendremos que reconocer que, como afirmaba recientemente Elisa de la Nuez en estas mismas páginas, nuestra democracia carece de controles efectivos para evitar los delitos de los poderosos, que los ciudadanos comunes están sometidos a unas exacciones y controles de los que algunos se libran con toda facilidad. El caso de Pujol no sólo es la mejor ilustración que pueda imaginarse de la conocida frase de Samuel Johnson según la cual el patriotismo es el último refugio de los canallas, sino que, en el caso del patricio catalán, cabe sospechar que su catalanismo haya sido el cimiento de una estrategia de enriquecimiento tan ilícito como fuera de cualquier control.

¿Cómo pueden pasar estas cosas? La corrupción no es un fenómeno que pueda sorprender a nadie, se da en todas partes, y en todos los ámbitos en que alguien pueda disfrazarse con un manto de respetabilidad que le ponga al abrigo de cualquier sospecha. Lo que llama la atención en España no es el alto número de escándalos de corrupción, sino lo tardíamente que se descubren, lo perezosamente que se combaten, y lo livianas que resultan las penas que se imponen a esa clase de delincuentes. Es decir, que tenemos un sistema institucional que no solo permite la corrupción, sino que protege de mil maneras la supuesta inocencia de los corruptos. Casi cuarenta años de rapiña y una fortuna capaz de proteger a hijos y nietos bien pueden valer unas jornadas de vilipendio, tanto más cuando siempre cabe una doble esperanza, la de que nada vaya a quedar definitivamente al descubierto y, finalmente, la de que el Gobierno se ocupe, en una tarde de calor y sopor, de otorgar un indulto que suavice las penas.

Esta tolerancia social e institucional con los que nos roban mucho de poco en poco, sin que se note, está muy relacionada con la moral social imperante, con esa nueva religión del dinero que ha sustituido en los corazones de muchos españoles el antiguo respeto a la ley y a la decencia. No lo confesarán, pero abundan los convencidos de que ellos, en caso de poder, habrían hecho lo mismo. El dinero, decía Quevedo, puede hacer de piedras pan, sin ser el Dios verdadero, y con ese poder casi limitado se ha convertido en la única razón de muchas vidas. Los políticos, a su vez, tratan de convencer a los ciudadanos que el único fin que legitima sus acciones es el logro de una mejora económica, de manera que si todo se hace por dinero acaba siendo explicable que el que pueda lo amase sin límites ni excusas.

Se trata de un mal que no puede combatirse fácilmente con leyes. No es la ausencia de leyes lo que explica la fortuna de Pujol o la de otros colegas más mesetarios. Decía Horacio que Leges sine moribus vanae, que las leyes son impotentes sin la costumbre que las ampare. Lo que ha permitido que Pujol, y otros que ojalá acaben cayendo, haya podido robar impunemente durante décadas ha sido el halo de virtud con que le han rodeado millones de ingenuos. Tanto el nacionalismo como la cerrazón ideológica permiten que muchos ciudadanos miren hacia otro lado ante cualquier atisbo de sospecha que afee a unos de los suyos. Nacionalismo e ideología, de derechas o de izquierdas, que tanto da, se han convertido en anteojeras que impiden a los ciudadanos comunes juzgar con objetividad sobre los asuntos públicos de su interés. El masoquismo implícito en estas cegueras llega al extremo de que algunos prefieran que, puestos a robar, le roben los de su cuerda. En esta extraordinaria tolerancia hacia quienes saquean los caudales públicos, existe, por supuesto, un factor decisivo, la creencia en que el dinero público es un maná, la ignorancia de que no hay un solo euro que manejen los políticos que no haya salido a vaya a salir de nuestros saqueados bolsillos.

Se trata de una idea equivocada de democracia, o mejor, de una idea de democracia que no es liberal. El nacionalismo puede ser tan democrático como se quiera, Hitler tuvo en poblaciones extremadamente cultas más del 95% de los votos, pero lo que no puede ser nunca es liberal, porque su esencia consiste en no ceder ninguna clase de control a instancias distintas a las que gobiernan en nombre de un nosotros, de una supuesta identidad colectiva que es tan engañosa como la moral pujoliana. No falla en España la democracia, como poder del pueblo, lo que falla es la división de poderes, la inexistencia de sistemas de control que eviten que el poder de quienes nos representan se convierta en un fin en sí mismo. No fallan tanto las leyes como las costumbres, nos hace falta la ética pública que haga imposible que con instituciones correctamente diseñadas, se pueda engañar impunemente a los ciudadanos. No fallan tanto las instituciones o las leyes como los partidos y por eso los partidos políticos, sin excepción notoria, se han apresurado a controlar todas las instituciones, para hacer que nadie pueda controlarles a ellos.

Nuestra democracia se debilita y amenaza con desplomarse por falta de controles efectivos de lo que hacen los líderes y los grandes partidos, porque sus afiliados admiten sin vergüenza que su más digna misión se reduce al aplauso del líder y lo hacen porque esperan que les llegue a ellos parte del botín, porque nadie del PP le pregunta a Rajoy por sus SMS a Bárcenas, ni nadie del PSOE le pide a Bono que le cuente la fórmula para llegar a poseer un patrimonio tan lucido como el que tiene, o porque los herederos políticos de Pujol se apresurarán a emprender una campaña para salvar al viejo líder de la quema supuestamente españolista que está sufriendo.

Los vicios de la democracia española no son independientes de las carencias de nuestra moral colectiva. Cabe la esperanza de que aprendamos, porque, más tarde que pronto, la realidad se venga de quienes se afanan en ocultarla. Es esta lenta lección de la historia la que puede darnos alguna esperanza, pero se frustrará una vez más si los palmeros consiguen ocultar con sus falsos entusiasmos los átomos de sabiduría que se pueden extraer de una historia tan ejemplar y suculenta como la del ex honorable Pujol, que ni es única ni será la última. No basta, sin embargo, con que se den lecciones, hace falta aprenderlas.

Ortega y Azaña
Nicolás Redondo www.eleconomista.es  1 Agosto 2014

Si en nuestra historia parlamentaria del siglo XX han sobresalido dos discursos, estos fueron los pronunciados por Ortega y Gasset y Azaña con motivo del debate parlamentario sobre la autonomía catalana.

Los protagonistas se lo merecen, ya forman parte del grupo de los personajes más notables de nuestra historia; el motivo, el problema catalán impone su actualidad continuamente, a pesar de los esfuerzos que se han realizado durante los últimos cincuenta años, y las dos piezas oratorias, tan desiguales entre sí como suficientes para dibujar los perfiles públicos y algunos íntimos de los dos contendientes, son todavía hoy fuente de información, de formación política y la expresión más cabal de la forma de hacer política de los españoles durante el periodo previo al drama civil más grande de nuestra historia moderna.

El filósofo anuncia un discurso general y cumple con su compromiso haciendo una intervención política sin límites ni fronteras conceptuales; el político se sujeta al motivo de la discusión, se extiende por el pasado y se proyecta hacía el futuro y en todas las direcciones. Encontramos en el filósofo errores provocados por su concepción histórica, que todos los grandes historiadores de su tiempo contabilizaron con cortesía y sin compasión, pero también aciertos, que todavía hoy se pueden considerar válidos; prevalece en el segundo un utilitarismo partidario en la interpretación de la historia, y la euforia de los primeros "momentos históricos" mezclada con su desdén personal hacia todos y todo, le hace ver por ejemplo en La Revolución Francesa una aportación parcial y fracasada a la Historia que los republicanos españoles iban a superar sin duda. El profesor muestra su escepticismo pesimista, lo que le lleva a proponer una conllevancia mutua, mientras que el expresidente del Ateneo defiende la solución estatutaria realizando aportaciones de carácter jurídico y político de enorme importancia para el mismo debate y aún para el día de hoy, en el que volvemos a enfrentarnos al "problema catalán", a pesar de las soluciones generosas y tolerantes, para ambas partes, que todos hemos dibujado desde la Constitución del 78 hasta la aprobación del último Estatuto de Autonomía. Sin duda dos extraordinarios discursos con sus luces y sus sombras.

La historia parece agradarse con paradojas que en ocasiones no descubrimos y en otras son bien reconocibles. Creo que los padres de la Constitución del 78, reos de un optimismo incorregible, se aprestaron a realizar el camino propuesto por el presidente de la II República: solucionar el problema de las denominadas modernamente comunidades históricas. Pero pasados los años, el resultado ha sido el del filosofo: la reglamentación temporal de la conllevancia, porque la resignada propuesta de conllevarnos mutuamente tiene inevitablemente una naturaleza temporal, no entendida como una contraposición a lo eterno, sino como un término parejo a efímero, como lo demuestra la aprobación de dos Estatutos en treinta años.

Los Estatutos han sido para los nacionalistas una especie de lecho de Procusto, adaptable a los gustos, intereses y sentimientos de una clase dirigente que se caracteriza por no estar satisfecha con nada de lo obtenido, por comportarse como si estuviéramos obligados a manifestarles eterno agradecimiento por su vecindad y por una cobardía revestida de responsabilidad.

En estos dos grandes discursos pronunciados en las Cortes Republicanas se establecieron, por encima del debate concreto, algunas consideraciones de importancia para los dirigentes actuales. La más sustanciosa de Azaña y viene a enfriar los ánimos federalistas de algunos. Establece Azaña una división en la Constitución entre los límites taxativos, enumerativos que van relacionando las facultades de poder que pueden o no ser objeto de transferencia y los denominados por él como limites conceptuales.

Según el presidente de la República: "No; es que no cabe dentro del concepto de la Constitución respecto de lo que es el Estado español de la República, que es un Estado unitario y no un Estado federal y no habiendo Estado federal, no puede hablarse del Poder...."
Revisión de nuestra historia

Efectivamente, el Estado federal y el autonómico pueden tener la misma descentralización. Es más, el nuestro da más capacidades de gobierno, de poder a las Comunidades Autónomas que la inmensa mayoría de las organizaciones federales, pero sus orígenes son radicalmente distintos, incompatibles. Lo ve Azaña, lo comprueba Ortega y no hay estudiante de derecho, por deficiente que sea su formación, que no vea las diferencias.

En nuestro caso, esos cambios que se están proponiendo hacia el federalismo, tan literarios y vaporosos, supondrían no sólo una revisión revolucionaria de nuestra historia, a la altura de lo que proponen algunos catalanes indocumentados, sino un verdadero proceso constituyente en el que los Estados federados después de separarse se volvieran a poner de acuerdo.

Pero mientras las Cortes sean la primera y fundamental representación de la ciudadanía, sin acto previo de asentimiento de las partes, podemos denominar al proceso como queramos, pero siempre será autonómico. Por lo tanto, la solución, si queremos buscarla dentro de la Constitución del 78, será siempre autonómica, porque se basa en un Estado unitario. Ahora bien, en la propia Constitución pueden encontrarse soluciones que nos lleven hasta dejar de "conllevarnos", siempre que sean los ciudadanos españoles los que decidan dentro de la ley.

De los hallazgos en el discurso de Ortega hablaremos ya en septiembre, de manera que si algún lector está interesado tendrá tiempo este verano de entretenerse y aprender con dos maravillosos discursos que, sin embargo, debemos leer, como todas nuestras lecturas, desde nuestros puntos de vista y con nuestro propio criterio.

Nicolás Redondo. Presidente de la Fundación para la libertad.

Cataluña, región de España
Sonia Sierrra cronicaglobal.com 1 Agosto 201

A mediados de diciembre se perpetró en el programa '8 al dia' una de las entrevistas más bochornosas de la historia del periodismo. El supuesto entrevistado era Albert Rivera aunque, las más de las veces, el político acababa preguntando "¿cuál es la pregunta?" porque Rahola, Nadal y Antich se dedicaron más que nada a lanzar una serie de improperios tales como "bárbaro", "imposibilita la convivencia", "estrambótico", "antidemocrático", "ultraderechista" que Rivera encajó con elegancia y exquisita educación.

Todas las personalidades relevantes de la Unión Europea que han sido interrogadas con respecto a lo que suele llamarse "el conflicto catalán" han respondido, de forma invariable, que se trata de un asunto interno español

Como no podía ser de otra manera, fue la inefable Pilar Rahola quien destacó por méritos propios, especialmente cuando leyó un falso dictamen -que ella confunde con una sentencia- de La Haya. Solo por eso, Rahola no podría ni acercarse a un micro en ninguna democracia de nuestro entorno, pero aquí la tenemos cada día sentando cátedra desde diferentes plataformas del hipersubvencionado Grupo Godó. Otro de los momentos más delirantes de la simpar no-entrevista es cuando la pseudodoctora le espetó al presidente de C’s: "es que usted nos considera una región de España" como si fuera el mayor de los despropósitos. Bien, veamos que considera la comunidad internacional al respecto.

Para empezar, todas aquellas personalidades relevantes de la Unión Europea que han sido interrogadas con respecto a lo que suele llamarse "el conflicto catalán", desde Barroso a Angela Merkel, siempre han respondido, de forma invariable, que se trata de un asunto interno español. Así, por más que por estos lares estemos acostumbrados a oír hablar de "Cataluña y España" como realidades separadas, no parece que esa sea la percepción que tienen en el exterior.

Más contundente resultó François Hollande, presidente de la República Francesa, cuando para mostrar su apoyo al Gobierno español frente al proyecto secesionista realizó una llamada a "reafirmar la fuerza de nuestros valores" frente a "las identidades regionales que mañana quieren ser identidades nacionales". ¿Qué haría Rahola si tuviera que entrevistarlo? ¿Le diría que su discurso recuerda a los de los dos Primo de Rivera como hizo con el joven político catalán? Aunque bueno, con los franceses siempre se puede soltar eso de que son unos jacobinos y unos centralistas, que queda la mar de socorrido. Si hasta su Ministro del Interior, Bernard Cazeneuve ha puesto a Cataluña como ejemplo de lo que no quiere para Francia: una región identitaria. Con los franceses no se puede hacer nada, está claro.

Pero es que, allende de los mares, en Estados Unidos, todo un referente del federalismo, parece que también consideran a Cataluña una región de España como se puede leer claramente en sendas noticias aparecidas en The Washinington Post y Fox News Por su parte, The New York Times habla de gobierno regional. Y no son los únicos de la prensa anglosajona que hablan de Cataluña como región porque también lo hace el Financial Times. Tampoco han sido diferentes las cosas en Alemania. Allí el tema ha aparecido, por los menos, en tres diarios nacionales -Süddeutsche, FAZ y Welt- y en todos ellos hablan del ex presidente de una región de España. Pues anda que no han creado escuela ni nada los Primo de Rivera, y aquí sin hacerles ni caso más allá de esa abanderada del periodismo de investigación que es Pilar Rahola.

En esta misma línea, Sami Naïr afirma en una entrevista en Nació Digital que "lo que es seguro es que fuera de España, el problema no existe. Fuera de España, Cataluña es una región de España". El entrevistador, Bernat Ferrer, siguiendo esa lógica de la legitimidad por encima de la legalidad que tanto abunda por aquí pero que tan poco eco ha conseguido más allá de nuestras fronteras, le insiste en que si cuatro millones de ciudadanos europeos deciden algo, bien tiene que tener legitimidad a lo que Naïr replica con la verdadera dimensión de la tragedia: "Hay 796.000 ciudadanos europeos. ¿Qué significan cuatro millones?" Y es que, ante las cifras, no hay naciones milenarias ni lenguas propias que valgan.

Sigue la interesante entrevista en la que el intelectual francés profundiza en la idea de que Cataluña forma parte de España y que, por lo tanto, se trata de una cuestión española que se debe solucionar dentro de este país y afirma que los europeos no se meterán nunca en esta cuestión. ¿Pero no era que la Unión Europea forzaría a España a aceptar esa consulta que nos presentan como la quintaesencia de la democracia? Pues parece que no, porque cuando el esforzado entrevistador le señala que el 80% del Parlamento reclama una consulta sobre la independencia, Naïr sentencia que "a nosotros no nos interesa la mayoría de Cataluña, nos interesa la mayoría de España. […] Cataluña no es un país diferente de España". Ya, en un último intento de salvar los papeles, Ferrer deja caer lo de la declaración unilateral de independencia a la que Sami Naïr no parece darle ni la más mínima credibilidad con expresiones como "Todo esto es una enorme manipulación. ¡Enorme! ¡Saben que jurídicamente no pueden hacerlo! ¡No pueden declarar la independencia! […] Están engañando a la gente. ¡Solo los burros que no entienden nada de política pueden creerse estas cosas!¡Es un cuento de hadas para los que no entienden nada de política!"

Buenos días, realidad.

El esperpento catalanista
José Miguel Villarroya cronicaglobal.com 1 Agosto 2014

Decía Karl Marx que la historia se repite siempre dos veces, la primera como tragedia (como algo heroico y trascendental) y la segunda como farsa (es decir como un chiste malo de la historia). En Cataluña, donde tenemos la mala costumbre de repetir la historia cien veces, nos encontramos ya en la fase de la farsa de la farsa; y es que comparar los hechos actuales con los de 1931 no puede llevar más que a la hilaridad, por decirlo finamente.

Porque comparar a Jordi Pujol y Artur Mas con Francesc Macià y Lluis Companys suena a chiste contado a las cuatro de la madrugada en una noche perjudicada de la vida, y más si encima para contar los avatares de hoy no tenemos a un Valle Inclán que nos amenizara el tema con sus esperpentos, sino a un escritor subvencionado del Omnium Cultural y a Pilar Rahola. Total, más farsa.

No soy tan genial como Valle Inclán, pero mejor que un subvencionado del Omnium y que Pilar Rahola, sí

Nos podríamos reír mucho con la historia del "procès" si este no fuese acompañado de una podredumbre política salpicada de corruptelas varias, y que tiene su guinda en el Molt Honorable Pujol y su evasión fiscal durante 34 años, al que acompañan su mujer y sus hijos sumidos en causas judiciales por evasión fiscal y prebendas públicas; no nos olvidamos del caso Palau y la sede de CDC embargada, y un largo etc. para no aburrir. Todo esto lo tapaban con la bandera, ataques a Cataluña lo llamaban, el problema es que la bandera se ha quedado pequeña para tapar tanta porquería como la que está saliendo.

Y a esto que responde el "trio de las Azores independentista", Oriol Jonqueras apoya en todo a CiU. Todo sea por la independencia, incluidos los cierres de camas en los hospitales. Claro, ¿a que patriota se le ocurre ponerse enfermo en agosto y tocar las narices al “procès”?. ¿Y Muriel Casals y Carmen Forcadell?, el silencio, ya se sabe que la subvención es importante y no se muerde la mano que da de comer. Además, están preparando la V, que visto lo visto supongo que será la V de vergüenza, que es lo que clama el pueblo catalán ante tamaña corrupción, recortes en sanidad, educación y servicios sociales, paro y desahucios. Pero de esto último no se enteran.

En fin por hoy es suficiente, seguiremos escribiendo del esperpento catalanista, no soy tan genial como Valle Inclán, pero mejor que un subvencionado del Omnium y que Pilar Rahola, sí.

El default no sale gratis
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 1 Agosto 2014

Dicen que la confianza es algo que cuesta mucho ganar y muy poco perder. Una lección básica de civilidad que parecen no haber interiorizado quienes insistentemente reclaman desde España una auditoría de la deuda para proceder al repudio de la deuda odios”. Un caro camelo, ése, que aísla al país del endeudamiento exterior y que, por tanto, lo margina dentro de la división internacional del trabajo. A la postre, cuando un país impaga su deuda ha de pasar a vivir con lo puesto: tanto el conjunto del sistema económico como el propio Gobierno.

Así, por un lado, el crédito internacional al conjunto de la economía desaparece, de modo que el valor de sus importaciones ha de pasar a coincidir con el de sus exportaciones (el valor de lo que compra fuera ha de coincidir con el valor de lo que vende fuera): aquellos años de malas exportaciones son también años de reducciones forzadas en sus importaciones, por esenciales que éstas puedan resultar (alimentos, medicamentos, papel higiénico, combustible…). La carestía de divisa exterior, de hecho, suele empujar al Gobierno a imponer un severo control cambiario por el cual no se permite a todo ciudadano que demanda del exterior tanto como desea o necesita. Es el Gobierno quien reparte la divisa y las licencias de importación entre su casta de amiguetes, condenando a los díscolos a la extinción económica.

Por otro, el Gobierno tampoco puede colocar sus emisiones de deuda en el exterior, de modo que sólo tiene tres remedios: o colocarlas entre los ahorradores internos a tipos de interés crecientes, o colocárselas al sistema financiero interno a costa de generar inflación, o cuadrar el presupuesto subiendo los impuestos y bajando los gastos. Evidentemente, la opción preferida por todo gobierno populista y manirroto suele ser la inflacionaria, lo cual no sólo supone un atraco encubierto a su población, sino que deteriora la credibilidad internacional de su divisa y, por ende, dificulta más si cabe el acceso a la financiación exterior.

Al final, a los gobiernos manirrotos y bandidos les quedan pocas opciones después de imponer penurias a su población y cargarse su sistema monetario. Todos terminan prometiendo que no lo volverán a hacer renegociando un cierto repago de las obligaciones originalmente impagadas. El default no sale gratis. Tres ejemplos históricos bastarán brevemente para comprenderlo.

Rusia: el default más duradero de la historia
La llegada al poder de los bolcheviques en 1917 conllevó el repudio de toda la deuda contraída por el anterior régimen zarista. Hasta ese momento, el mayor default de la historia. La consecuencia más obvia e inmediata fue que la URSS dejó de poder endeudarse con el exterior. La economía planificada soviética, sedienta de importaciones con las que compensar las carestías de su aparato productivo interno, no podía hacer otra cosa que ajustar sus compras exteriores a las divisas que era capaz de captar vendiendo al exterior: de ahí que si el Politburó decía caprichosamente aumentar las importaciones, tenían simultáneamente que incrementar de manera forzosa sus exportaciones a partir de la producción interna disponible para el consumo de sus ciudadanos.

Las consecuencias de la combinación de esta arbitrariedad planificadora con la limitación del crédito exterior fueron verdaderamente dramáticas. Según los archivos soviéticos, en medio del Holodomor, la hambruna ucraniana que mató a cuatro millones de personas a comienzos de la década de los 30, Stalin apostó por incrementar las exportaciones de alimentos para continuar con su política de importación de maquinaria extranjera: "La importación de cereales ahora mismo, cuando los extranjeros están hablando sobre su escasez dentro de la URSS, sólo deterioraría nuestra imagen política. Aconsejo paralizar la importación de cereales. Al contrario: la cebada y la avena se deben exportar, porque necesitamos urgentemente divisas". La falta de crédito exterior impidió la importación de maquinaria y, al mismo tiempo, de los tan vitales alimentos.

El imperialismo soviético y la ulterior la creación del Comecon consiguieron proporcionar a la URSS un cierto espacio vital y crediticio, dándole un respiro que, en todo caso, sólo fue transitorio. Con el desmembramiento de la Unión Soviética, Rusia buscó regresar a los mercados financieros internacionales y en 1996 no le quedó otro remedio que repagar, aun simbólicamente, 400 millones de dólares por los bonos zaristas impagados 81 años antes. El default no sale gratis.

Argentina: década y media impagando
En diciembre de 2001, el Parlamento argentino declaró la suspensión de pagos sobre sus más de cien mil millones de deuda externa. El país dejó de tener acceso al crédito internacional, generándose una crónica carestía de dólares que no sólo exponía a sus ciudadanos a las veleidades inflacionistas de su Gobierno (la inflación oficialmente reconocida entre 2002 y 2013 es del 167%) sino que, vía depreciación, encarecía su acceso al comercio internacional. Tal fue la carestía que en 2011 el Ejecutivo tuvo que imponer un cepo cambiario, merced al cual repartía arbitrariamente la divisa entre los distintos grupos de presión y limitaba la importación de numerosos productos (entre ellos los libros, dando nuevamente la razón a Hayek cuando denunciaba que la restricción de las libertades económicas es la antesala de la restricción de las libertades civiles).

La situación, evidentemente, dista de ser idílica, de ahí que los distintos ejecutivos argentinos hayan tratado en reiteradas ocasiones de entenderse con los acreedores extranjeros para restablecer parcialmente los pagos y, poco a poco, recuperar el acceso al crédito internacional. Así las cosas, en 2005 se suscribió un primer canje de deuda por importe de 82.000 millones de dólares que llevaba aparejado una quita del 65%. Un lustro después, en 2010, se alcanzó un segundo canje de deuda por importe de 12.000 millones y una quita del 66%. De los 102.000 millones, Argentina se comprometió a devolver 33.000: no para recuperar ipso facto su crédito internacional, sino para ir reconstruyéndolo poco a poco.

Sucede que parte de los acreedores que no entraron en ninguno de sendos canjes optaron por acudir a la justicia americana para reclamar el repago íntegro de sus obligaciones y el juez Thomas Griesa les dio la razón, abocando al Ejecutivo argentino a un “default selectivo” en 2014 que sólo contribuirá a minar aún más su ya marchita credibilidad. Quien creyera que los coletazos financieros y judiciales de un default se evaporan rápidamente sólo necesita estar atento a los acontecimientos actuales de Argentina: casi quince años después, el país sigue empantanado en el impago de 2001. El default no sale gratis.

Ecuador: en manos de China
Mas si hay un país que suele ponerse como ejemplo de impago exitoso de la deuda odiosa, éste es Ecuador. Al poco de llegar al poder, Rafael Correa anunció su intención de repudiar parte de la deuda externa de Ecuador por considerarla “ilegítima”. En concreto, en 2008 Correa anunció que dejaría de afrontar el pago de 3.200 millones de dólares de deuda externa para, un año después, ofertar una recompra voluntaria de esos bonos con un 65% de descuento. En apariencia, se trataba de una valiente decisión que reafirmaba la soberanía del país frente a los codiciosos mercados financieros internacionales.

Pero claro, Ecuador, y muy en particular su Gobierno, seguía necesitando de crédito, por lo que, después de ese impago parcial y con los mercados crediticios cerrados, se vendió al único y mejor postor internacional que desde 2009 se mostró dispuesto a pujar por sus pasivos: el Gobierno chino. Desde 2009, China ha adquirido 11.000 millones de dólares en deuda ecuatoriana (comparen esa cifra con los 3.200 millones que bravuconamente impagó Correa), lo que ha situado al país en una situación de subordinación financiera del gigante asiático; subordinación financiera que le ha permitido a China asegurarse en condiciones anticompetitivas el 90% de las exportaciones anuales de petróleo de Ecuador. En otras palabras: China ha opado al sector petrolero ecuatoriano y Ecuador ha aceptado porque necesitaba la financiación que ésta podía proporcionarle en un contexto de cerrazón post-impago de los mercados de capitales. El default no sale gratis.

Conclusión
Ciertamente, la chiquillada de enfurruñarse y no cumplir con la palabra dada parece la solución más sencilla para un problema de deuda como el de España. Si adeudamos elevadas sumas de capital y tenemos dificultades en devolverlas, nada más sencillo que no pagarlas. Pero la irresponsabilidad manifiesta no sale gratis: el país se ve excluido de los mercados internacionales y o bien sufre un notable desplome en su calidad de vida (como la URSS) o bien se subordina, con garantías redobladas, al mejor postor (como Ecuador con China o Grecia con la Troika).

La solución a nuestros problemas de deuda no pasa por impagar una parte de la misma para poder seguir emitiendo nuevas obligaciones con las que cubrir nuestro gigantesco déficit. Al contrario, la solución consiste en equilibrar el presupuesto minorando nuestros gastos y en ir amortizando nuestra deuda. Pagar, no impagar. Desapalancarse, no endeudarse sin fin.

Podemos, VOX y la ley de hierro
Almudena Negro www.vozpopuli.com 1 Agosto 2014

Formulaba en el año 1911 Robert Michels en su magnífico libro “Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna”, la universal ley de hierro de la oligarquía, cuyo nombre se inspira en la ley de bronce que formulara el padre de la socialdemocracia legalista, Ferdinand Lasalle (“El Estado es Dios”). Ley de hierro que explica las broncas que en los últimos tiempos han venido ocurriendo en el seno de las formaciones políticas de nueva aparición – desde UPyD hasta Podemos, pasando por VOX o Ciudadanos-, entregadas a la penúltima cortina de humo de un sistema en donde la representación está ausente y la división de poderes se desdibuja cada día más. Cortina de humo conocida como “democraciainternadelospartidos” (pronúnciese del tirón y con voz engolada), que suele acabar indefectiblemente, dado que en la práctica deviene en la exigencia de una suerte de asamblearismo interno y, como consecuencia de ello, en bronca interna y salidas del partido por parte de quienes o bien no han logrado alcanzar lo esperado, no han impuesto sus tesis o bien terminan siempre sus frases –casi se les oye pensarlo- con eso de “y yo lo hubiera hecho mejor”.

Les cuento todo esto porque asistimos este verano a dos formas diferentes de constitución de partidos políticos. Partidos, por cierto, que siempre son necesarios cuando de democracia de masas se trata, como ya explicara en su día Montesquieu. Tenemos, por un lado, a VOX, que anda desangrándose, veremos si no irremediablemente, por mor de las batallas intestinas, acaso la batalla entre la nueva y la vieja política. Pero, en todo caso, por desconocer sus biempensantes fundadores la ley de hierro. No sucede lo mismo con Podemos. Sus líderes, muchos de ellos salidos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, conocen perfectamente cómo opera ésta. De ahí que, pese al teatrillo de los círculos o los datos de “afiliación” a una web –Podemos es el primer partido digital español-, vayan a conformarse, al modo y manera en que ya lo están PP y PSOE, como un partido presidencialista, en donde el elegido para regir la formación designará a su equipo.

Ortega y Gasset advertía ya en 1949, en alusión a la religión sustitutiva del democratismo que la democracia, convertida en un fin, “se ha vuelto ramera”. Pues bien, para que un partido sea democrático en su funcionamiento interno, para que cumpla con el dogma de la democraciainternadelospartidos, basta con que cumpla con la legislación vigente. Y ya. La forma de elección interna de los cargos es algo que sólo afecta a sus militantes y nada tiene que ver, como pretenden los proxenetas de la democracia, con la libertad colectiva. En este sentido, resulta sin duda interesante la propuesta del nuevo Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, de someter a votación de todos los españoles el candidato a la presidencia del gobierno de España, que no del partido.

Atendiendo a la naturaleza humana, cuya esencia niega la socialdemocracia emergida a partir de 1848, todo poder tiende siempre a ser oligárquico, toda democracia tiende a la oligarquía, como formulara también brillantemente Alexis de Tocqueville en “La Democracia en América”.

De ahí que la clave, por más que los partidos se empeñen, no se encuentre en los procesos de elección internos de las formaciones, sino que consiste en evitar que los partidos devengan oligárquicos en su relación con la sociedad.

Que es justo en lo que estamos, porque si algo caracteriza al régimen político salido de la Constitución de 1978, en puridad carta otorgada, es el ser un régimen oligárquico. Las listas cerradas y bloqueadas, el sistema proporcional, son la perfecta barrera para evitar que el ciudadano pueda elegir a su alcalde, a su concejal, a su diputado, a su presidente de gobierno, conditio sine qua non para poder hablar, en puridad, de libertad política, de democracia. Además de la división de poderes, que también debe de haberla entre ejecutivo y legislativo, algo que no siempre se percibe, es fundamental que, de una vez, dejen que elijamos directamente a nuestros representantes.

La infantilización de la sociedad y la aniquilación del mérito y la capacidad, típicos de la socialdemocracia, también tienen algo que ver en este festival de la confusión. ¿Hablamos de ello la semana que viene?

Barraycoa: "La crisis del bipartidismo y las tensiones separatistas han precipitado la abdicación de Don Juan Carlos"
Javier Barraycoa publica nuevo libro. En 'Doble abdicación. Juan Carlos I: ¿El hacedor de la III República?', el profesor repasa las claves de la reciente historia de España a través de la figura de Don Juan Carlos de Borbón, su abdicación y el futuro de la Corona. Avanza algunas de ellas en una entrevista para CRÓNICA GLOBAL.
Redacción cronicaglobal.com 1 Agosto 2014

Javier Barraycoa publica Doble abdicación. Juan Carlos I: ¿El hacedor de la III República? (Stella Maris, 2014). En este ensayo, el profesor repasa las claves de la reciente historia de España a través de la figura de Don Juan Carlos de Borbón, su abdicación y el futuro de la Corona. La obra es ágil y provocadora ya que expresa abiertamente lo que durante muchos años sólo se comentaba en privado. En una entrevista para CRÓNICA GLOBAL avanza algunas de estas claves.

¿Una abdicación preparada o precipitada?
Evidentemente precipitada e incluso obligada. Don Juan Carlos no tenía ningunas ganas de abdicar pero las circunstancias mandaban. Varios hechos significativos nos lo muestran. El anuncio se produjo cuando ni Don Felipe ni parte de la familia real estaban en España. Meses antes el monarca había comunicado su decisión de no dimitir y, para colmo, ni siquiera asistió a la ceremonia de coronación ante el parlamento. Inimaginable para toda la prensa europea. Pero aquí el evento ha pasado a toda velocidad, no se ha dejado siquiera madurar a la opinión pública...

¿Por qué?
Por el miedo a que se replanteara la república y las calles se llenaran de banderas. Los partidos radicales de izquierda apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Europa y Estados Unidos tienen terror a que la inestabilidad política se instale en Europa. Nos estamos jugando la hegemonía de occidente, de ahí que la abdicación (contra voluntad) es un intento de reforzar un sistema constitucional para evitar que se produzca un efecto dominó, especialmente en un avance de las izquierdas radicales y de los movimientos separatistas.

Entonces, ¿alguien "obligó" a Don Juan Carlos a abdicar?
El Confidencial avisaba de que un día antes la reunión anual del Club Bilderberg había solicitado a Doña Sofía que transmitiera la necesidad de esa abdicación. En Europa hay poderes fácticos muy potentes y mucho en juego, los gobernantes y jefes de Estado cada vez cuentan menos.

Si es cierto lo que dice, ¿qué precipitó la decisión?
En primer lugar, en los últimos meses, por primera vez tras el 23-F la Monarquía suspendía en las encuestas populares. Entonces saltaron las alarmas. La cacería de elefantes, el asunto Corina, nunca antes hubiera salido en prensa. Ahora un pacto de silencio con la prensa parecía estar quebrándose. Además, las elecciones europeas y la irrupción inesperada de Podemos, avisaron a los expertos de la muerte del bipartidismo. A ello se unía la "jubilación" de Rubalcaba y, por tanto, del pacto de la Corona con el viejo PSOE. Ante la inestabilidad política que se nos viene encima y las tensiones separatistas, el Estado necesita una Jefatura del Estado reformada.

¿Qué pacto?
Durante la transición la izquierda "agradeció" los servicios prestados comprometiéndose a no poner en duda la Monarquía, a pesar de que tanto como el PSOE como el PCE en sus programas pedían la república. Don Juan Carlos siempre se sintió mejor con las izquierdas que con las derechas. Quería separarse como fuera de su relación con el franquismo que le había permitido el acceso al trono. Todo el mundo, políticos, periodistas, poderes económicos realizaron un gigantesca performance para hacer ver que la legitimidad de Juan Carlos venía de su popularidad (tras el 23-F) y que no era la continuación legal del franquismo (por la Ley de Sucesión de 1947).

¿Y eso era importante?
Mucho. Este disimulo colectivo nos ha llevado a las contradicciones que vivimos.

Explíquese
Si la legitimidad de Juan Carlos no viene de Franco, y tampoco de su padre, con el que rompió, entonces de dónde viene. Si es del régimen anterior al franquismo vendría de la República, y si es posterior se debería a una popularidad ya perdida. Un caso significativo es la "restauración" monárquica de la Generalidad. No se fundó una nueva Generalidad, sino que explícitamente se dijo que se restauraba la vieja Generalidad, esto es, la republicana. No es de extrañar que ahora muchos reivindiquen lo mismo que Macià o Companys. En definitiva, estamos en una extraña situación de "República coronada". La función de "unidad" que tenía la Monarquía parece incapaz de cumplirla actualmente. Esto lo tendrá que aplicar Don Felipe, con una institución manchada por la corrupción, y una consorte que no consigue ganarse las simpatías de la sociedad.

¿Se puede pronosticar el futuro de la Monarquía y de España?
No del todo, pero sí es lícito lanzar hipótesis, que es lo que realizo en el libro. Don Felipe va a vivir una situación de muchas presiones: gobiernos muy inestables, la emergencia ante el problema separatista de la petición de una "tercera vía" que implique una reforma constitucional. Ahí veremos realmente su consistencia política. La reforma de la Constitución implica abrir un melón que nadie sabe cómo acabará. Una monarquía constitucional federal, puede ser el precedente legal de una República federal.

¿Y cuál es el problema?
Revisemos la historia. Las dos repúblicas españolas se hundieron por la deslealtad de aquellos republicanos que decían defender la unidad de España y utilizaron la excusa federal para desintegrarla. No creo que ahora los nacionalistas sean leales para con una reforma institucional. Apoyarán todo lo que pueda servir de instrumento para sus fines, pero no serán leales a sus promesas. Nunca lo han sido.

¿Y qué podemos concluir?
El libro pretende dar claves para que cada lector entrevea el futuro. Pero doy una pista: paradójicamente, Don Felipe se casó con una republicana.

complejo sistema de túneles y galerías
La ciudad subterránea de Hamás: la verdadera resistencia está bajo tierra
Pilar Cebrián. Gaza. El Confidencial 1 Agosto 2014

El pasado 17 de julio, varios días después del comienzo de la operación militar sobre Gaza, milicianos de las brigadas de Al Qassam se introducían en uno de sus túneles subterráneos. El pasadizo conectaba el este de la Franja con la zona sur de Israel. De madrugada, trece de ellos salían en un área cercana al Kibutz Sufa, una pequeña población de 150 israelíes. Arrastrándose por el suelo, sorprendieron a las tropas hebreas, que pronto abrieron fuego contra el grupo de combatientes. Al menos uno de ellos cayó en el ataque, pero la mayoría logró volver a rastras hasta la entrada del pasadizo y retornar apresuradamente a la Franja.

El enfrentamiento cogió totalmente por sorpresa a las tropas del Ejército y fue el detonante que desencadenó la incursión terrestre sobre Gaza. Tras bombardear duramente las cercanías del túnel, procedieron a desalojar todos los pueblos de la frontera. El pánico se extendió entre la sociedad israelí al hallar otro de esos túneles a 200 metros de un jardín de infancia. “Hemos instruido a las Fuerzas Armadas para comenzar esta noche nuestra operación terrestre y terminar con los túneles del terror”, afirmaba el comunicado oficial del ejército. Pero el elevado número y sofisticación de los 32 túneles descubiertos hasta el momento inquieta al ejército hebreo que llega a declarar que, “no sabemos si será posible destruir el 100% de los túneles”, según admitió el portavoz Roni Kaplan a El Confidencial.

El misterio de los túneles
Entre la población de Gaza, la existencia de una red infinita bajo tierra es un secreto a voces. “Existe una Gaza debajo de Gaza”, cuenta Khaled, un conductor de taxi palestino. Él apunta que no sólo se han construido túneles en las cercanías a la frontera con Israel, sino que existe todo entramado de calles subterráneas en la Franja. “Pero nosotros, la población civil, no sabemos nada”, asegura. “No hay comunicación entre la gente corriente y los miembros de la resistencia”.

“Yo he ido por un túnel desde una calle del centro de Gaza Ciudad hasta el norte”, cuenta Bilal, un joven palestino. “Ahí abajo hay dormitorios, habitaciones, aire acondicionado y almacenes con cualquier cosa que necesites”, dice. “Normalmente tienen una profundidad de 20 metros, son auténticos búnkeres”, explica. Según su testimonio, cada uno de estos túneles requiere al menos dos años de trabajo. Normalmente se realizan sin la ayuda de excavadoras y cuestan una media de tres millones de dólares cada uno. La mayoría, tienen entradas bien cubiertas, dentro de casas o de edificios.
Uno de los túneles que conectaba Gaza con Israel. (EFE)Uno de los túneles que conectaba Gaza con Israel. (EFE)

“Durante algunas noches la policía de Hamás coloca checkpoints en varias calles”, cuenta Hasna, una joven de Gaza. “Todos sabemos que los controles son para proteger la construcción de túneles, para que nadie lo vea y para controlar que no haya ningún informador de Israel en la calle que vigile las excavaciones”. En Gaza, hay quien asegura que a algunas familias se les ha llegado a hundir el baño, o incluso una habitación entera. El protocolo a seguir está claro: se hacen un par de llamadas, alguien viene a repararlo y después se marcha sin mediar palabra.

Resistencia bajo tierra
Durante la última década, la resistencia en Gaza ha ganado experiencia en sus movimientos bajo tierra. Al principio, la construcción de túneles se centró en el contrabando de armamento desde Egipto pero, tras la imposición del bloqueo, el número de pasadizos se disparó para introducir productos de todo tipo, incluso alimentos y materiales de construcción. En 2006 los palestinos habrían empezado a excavar uno de esos túneles para asaltar un puesto fronterizo israelí. Fue así, de hecho, como llevaron a cabo su primera operación con éxito y secuestraron al soldado Guilad Schalit, a quien se consiguió "canjear" por 1.000 prisioneros palestinos.

Desde entonces, existen tres tipos de túneles en Gaza:
- Los construidos en la frontera con Egipto para el contrabando.
- Los túneles de ataque, que rodean la frontera con Israel y cuya misión es infiltrarse para realizar secuestros o realizar asaltos a las tropas israelíes.
- La extensa red de túneles bajo las poblaciones, destinada a refugiar a los principales líderes de Hamás, las brigadas de Al Qassam, la Yihad Islámica u otras brigadas de combatientes.

Las milicias copiaron este método del grupo chií Hezbollah, que hizo uso de ellos en su lucha contra la ocupación israelí en el sur del Líbano. Su estructura permitía a los combatientes lanzar fuego de mortero contra los soldados y retroceder a través de los pasadizos subterráneos. “Tenemos miles de luchadores de la resistencia trabajando bajo tierra”, dijo Ismail Haniyeh, uno de los líderes de Hamás, a principios de año, “nadie puede imaginar de lo que es capaz la resistencia para atacar a los ocupantes”. Este método subterráneo permite a los palestinos operar con libertad, fabricar armamento y preparar su estrategia, ya que el exterior es continuamente controlado por drones y por espías israelíes.

Quienes han visitado los búnkeres de refugio asegura que existe una verdadera ciudad bajo tierra, zonas de dormitorios, cocinas y auténticas casas donde se cree que podrían estar ahora escondidos los líderes de Hamás. Algunos analistas apuntan a que es precisamente en uno de estos refugios donde podría estar oculto Ismail Haniyeh, el hombre más buscado por los israelíes. La red subterránea de Gaza demuestra un importante progreso en las técnicas de los milicianos, subrayan los expertos. Se habla de una avance más, que sumar a la entrada de ingenieros iraníes (quienes habrían enseñado a fabricar misiles de mejor calidad, como el cohete M75, de íntegra fabricación en Gaza). O la llegada de militantes de Hezbollah, responsables del entrenamiento de milicianos e instructores de nuevas y efectivas técnicas de guerrilla.

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El problema de España se llama 3%
Irene Lozano El Confidencial 1 Agosto 2014

El presidente fundador de CiU, Jordi Pujol (i), y el presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)El presidente fundador de CiU, Jordi Pujol (i), y el presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)


Todo está contenido en aquel diálogo explícito, casi pornográfico, entre el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y el entonces líder de la oposición, Artur Mas. Debatían en el Parlamento autonómico de Cataluña acerca de unas obras: no importa cuáles, pero resulta capital no perder de vista la grúa. En España la grúa señala el problema político del momento.

Hace ya casi diez años de aquel momento cumbre del parlamentarismo mafioso. Maragall desvela lo que la elite del poder –económico, político y mediático- conoce de sobra: la institucionalización de la mordida. Cuando Maragall le espeta a Mas: “El problema de CiU se llama 3%”, no se está refiriendo a la comisión de una obra, a una recalificación ni a una concesión irregular. Se refiere a la corrupción minuciosa y sistémica instaurada por el clan Pujol, ésa que ahora confiesa el ancianito.

Lo peor viene después. Maragall recupera el seny, la cordura del establishment, porque se da cuenta de que arremeter contra la estructura corrupta del nacionalismo catalán es atentar contra sí mismo. Si uno está en política, se llama a sí mismo socialista y no denuncia políticamente una corrupción medular como ésa, sólo puede deberse a un motivo: la certeza de que “fer país” es mejor negocio... Mas lo explica con su sintaxis de extorsionador: en los próximos meses, entre PSC y CiU, asegura, “hemos de hacer cosas muy importantes al servicio de este país” (huelga aclarar que “este país” es Cataluña).

En efecto, el Estatut alborea. El nuevo hito de la patria y la libertad, la tierra de promisión del nacionalismo catalán se comienza a edificar sobre un inmenso sepulcro, donde la corrupción queda enterrada. El suegro extorsionador, el hijo chantajista, el cuñado minucioso que toma el apunte contable cuando cobra el clan, la esposa despectiva con los mismos charnegos a los que están robando… Todo resulta repugnante, pero queda sepultado bajo “el servicio a este país”. Cualquiera de nosotros pensaría que no hay mejor servicio a un país que limpiarlo de corrupción, conflictos de intereses, despilfarro, fraude, prevaricación…

Maragall y Artur Mas –o sea, el Gobierno y la oposición, reparen en este detalle- opinan justo lo contrario. Pactan esos cimientos putrefactos y el oasis vuelve a la calma. Mas comprende que el proyecto nacional permite ocultar el pornografiado saqueo del ciudadano catalán, ése cuya menestralidad y singularidad nunca se deja de elogiar. Funcionó, y él lo guardó en su memoria. Cuando años después llegó la crisis, y debía aplicar brutales recortes sin acabar con la corrupción ni mejorar la gestión, sólo tenía que aplicarlo de nuevo. Todavía algunos se preguntan por qué culpa de todo a España. El ancianito ha dado algunas claves.

Aquel trance le sirvió para convertir el problema de CiU en el problema de Cataluña. Años después, frente al pelotón de la Diada, decidiría convertir el problema de Cataluña en el problema de España. Nos lo tiene listo para noviembre. Sin embargo, el hecho diferencial queda reducido a escombros: Suiza es la gran patria de todos y los ladrones roban en cualquier lengua.

La cuestión es si vamos a seguir tratando a estos pájaros como gente respetable.

Cataluña: no hay más salida que elecciones anticipadas
Pablo Sebastián www.republica.com 1 Agosto 201

Es inútil, el gran escándalo de la corrupción de Jordi Pujol y su familia es un tsunami que se lleva todo -las instituciones catalanas incluidas- y a todos los nacionalistas de CiU por delante. Y no existe escapatoria posible, ni cortafuegos, ni tampoco hay tiempo para intentar hacer olvidar lo ocurrido, entre otras cosas porque lo ocurrido no hizo nada más que comenzar y anuncia un serial político, mediático y judicial de dimensiones incalculables y de muy larga duración. De ahí que Artur Mas no tiene más salida que la de asumir su responsabilidad política presentando por ello su dimisión y convocando unas elecciones autonómicas catalanas anticipadas al próximo otoño, en las que, sin duda, Convergencia pagaría un precio muy alto, tras separarse definitivamente de Unió.

Se lo ha dicho a Mas sin rodeos Duran i Lleida al afirmar que el escándalo tiene muy serias consecuencias políticas y afecta de lleno a la pretendida consulta catalana, como afectará al próximo aniversario de la Diada. La única solución democrática a todo ello son las elecciones y todo lo demás es un intento fallido de prolongar una agonía que conduce, irremediablemente, a una muerte política de lo más granado del nacionalismo burgués catalán.

Y esto de las elecciones anticipadas es lo que deberían de exigir todos los partidos de la oposición catalana, y especialmente la izquierda que, a base de intentar que nada cambie en la hoja de ruta del proceso independentista, se están enfangando todos en la corrupción de los Pujol, que lo es también de la Generalitat y de CiU por los cuatro costados.

Lo más dramático o patético de este escándalo es que ha sido Jordi Pujol, el padre de la nueva patria catalana, el que ha dinamitado todo con la pública confesión de sus delitos en un intento desesperado de salvar a su familia por encima de todo lo demás. Y esta vez nadie podrá decir que la culpa es de España, o del Gobierno de Madrid. La culpa es de la banda de los ladrones de la Generalitat que lideraba Pujol a lo largo de mucho más de 30 años, robando ingentes cifras de dinero público cuyo alcance está aún por dilucidar. Porque en su confesión Jordi Pujol ha vuelto a engañar a todo el mundo con el cuento chino de una herencia paternal -que su hermana dice desconocer- y que, en principio, han cifrado en cuatro millones de euros pero que, a la vista de los distintos frentes judiciales que hoy están abiertos, podría conducirnos a una auténtica cueva de Ali Baba.

Cabe imaginar que en los próximos días o semanas Artur Mas tendrá que reaccionar, si es que consigue salir del aturdimiento y la confusión en la que se encuentra inmenso, lo que no es nada fácil. Sin embargo y, aunque en caliente no lo considere, el escándalo de Pujol puede convertirse para Mas en la coartada perfecta para romper el proceso soberanista, retirarse de la escena de la política y hacerse la víctima -eso se le da muy bien- de una crisis que le llegó desde la presidencia de honor de su propio partido, y ni más ni menos que de la mano del fundador.

España es un circo
Marcello www.republica.com 1 Agosto 201

No hay manera de marcharse de vacaciones porque en este país de nuestras entretelas el centro productor de informaciones asombrosas reside en la barriga de un volcán, que lanza al cielo sus vómitos ante el asombro de los ciudadanos que no dejan de mirar al cielo ante el desfile de luz, sonido y fuego que produce, en estas semanas, nuestra vieja nación. Por ejemplo, ahora que estábamos tan divertidos con el lío de los Pujol salta la liebre de una demanda contra el Rey Juan Carlos sobre su presunta paternidad, antes incluso de ser Rey, de un tal Alberto Solá que reclama sus derechos y el reconocimiento de su presunto padre, lo que lo convertiría en el hermano mayor del Rey Felipe VI. El bonito número de los elefantes acaba de empezar.

El caso llevaba años dando vueltas por los juzgados españoles pero siempre fue bloqueado por causa de la inviabilidad del monarca. Sin embargo, ahora llega al Tribunal Supremo que es el encargado de juzgar -por su nuevo aforamiento- las demandas que aparezcan en contra de don Juan Carlos, y ya veremos lo que esto de da sí y hasta donde llega la larga mano del fiscal general Torres Dulce ‘de membrillo’, que ya se estiró en demasía para socorrer a la Infanta Cristina y que ahora se puede volver a estirar en defensa de su ilustre papá.

O sea, tenemos en la pista central del circo español a la ‘troupe’ de los Pujol saltando de uno a otro trapecio sin red y a punto de estrellarse todos ellos en el suelo, mientras los payasos del mayor espectáculo del mundo se mondan de risa viendo al exhonorable haciendo el triple salto mortal.

En una pista lateral hacen cabriolas los otros saltimbanquis políticos de la corrupción. Por allí iba Jaume Matas camino del trullo donde ya pernocta, por Soto del Real sigue Bárcenas pidiendo al juez Ruz que le deje sacar dinero para pagar al fisco, ¡angelito! Ahora resulta que Bárcenas es un santo que quiere cumplir con Hacienda. Lo que quiere este don Luis, que nunca llegara a ser un don Juan, es que Ruz le abra la caja suiza para sacar la pasta y volverla a esconder en otro paraíso fiscal. Y de Castellón viene Fabra dispuesto a entrar en prisión. Y ya han inhabilitado al cacique Baltar, etcétera, etcétera.

Hasta en la tercera pista del circo nacional, la del deporte español, también hay lío judicial. Y por lo que se ve casi todo viene del ‘oasis catalán’ del que nos hablaba Jordi Puyol cuando se creía el gran intocable de la Generalitat. A Messi lo quiere sentar en el banquillo un juez catalán, y a los familiares y representantes de Neymar los investigan en otra corte en la compañía de Rosell, el expresidente del Barça, mientras el nuevo fichaje azulgrana, Suárez, el vampiro del Mundial de Brasil, lo ha citado a declarar el tribunal del fútbol internacional.

Qué le vamos a hacer, España es así y va a toda velocidad. Un día abdica el Rey, otro se nos va Rubalcaba, otro aparece Podemos, otro se hunde el bipartidismo PP-PSOE, otro cae derrotada la gran Selección del fútbol español en Salvador de Bahia y, al final, llegan los Pujol a la pista central del circo de España y ponen el público en pie ante el fabuloso espectáculo que han comenzado a desarrollar. Y esto es sólo el principio, porque el número fuerte de los Pujol todavía está por llegar. Pasen y vean, pues, el gran espectáculo del circo español, es inagotable y sólo acaba empezar.

Un Pujol hundido y enfermo no comparecerá en el Parlament
José Oneto www.republica.com 1 Agosto 201

Todos los grupos políticos catalanes, salvo Convergencia i Unió, han aprobado la comparecencia de Jordi Pujol en la Comisión de Asuntos Institucionales del Parlamento catalán, para que explique el escándalo del dinero negro, que durante 34 años ha tenido oculto en paraísos fiscales. La comparecencia sería, en principio, a partir el próximo 2 de septiembre, en vísperas de la Diada del 11 de septiembre, una Diada especial porque se conmemora el 300 aniversario de la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas durante la Guerra de Sucesión Española, tras catorce meses de sitio. Esta victoria conllevó la abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta, en 1716. Y especial, también la Diada de este año, porque dos meses después está convocado el referéndum de independencia.

Quien piense que Pujol comparecerá, en esas fechas, en el Parlamento catalán, para explicar el escándalo suyo y el de su familia, se equivoca. Ya ha empezado a correr la especie de que está enfermo, sicológicamente hundido por la evolución de los acontecimientos, prácticamente huido y sin aparecer en público, desde hace muchos días, lo que explicaría que por motivos médicos, se alegue que no está en condiciones de afrontar esa comparecencia. Por otra parte, sus abogados ya le han aconsejado que solamente declare ante los Juzgados o ante la Agencia Tributaria.

Esa decisión del Parlamento catalán cierra, por el momento, dos semanas en las que los casos de corrupción, de inhabilitación de políticos, e incluso, de ingresos en prisión, han dominado la política nacional y han tapado los buenos datos económicos de la recuperación, con la mejora del empleo, el aumento del crecimiento, la mejora de la demanda interna y las excelentes cifras del turismo, que este año volverá a establecer un nuevo récord.

En las últimas cuarenta y ocho horas dos políticos han sido inhabilitados por casos de corrupción o por prevaricación. El expresidente del PP y de la Diputación de Orense, José Luis Baltar, acaba de ser condenado 9 años de inhabilitación para cualquier trabajo o cargo público, por un delito de prevaricación continuada tras enchufar a 104 personas en el organismo que presidió hasta 2012. Por su parte, el ex Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y actual senador de Coalición Canaria, Miguel Zerolo, ha sido condenado por el Tribunal Supremo a ocho años de inhabilitación por un delito de prevaricación administrativa por adjudicación irregular de unas obras en 2003 en un edificio municipal.

Pero es que además, otro dirigente histórico del Partido Popular Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón y del partido, y amigo personal de José María Aznar, ha visto como el Tribunal Supremo le condenaba a cuatro años de prisión por cuatro delitos fiscales, por lo que próximamente ingresará en prisión. Y, en prisión ingresaba esta semana, el exministro de Aznar y expresidente de Baleares Jaume Matas, para cumplir una sentencia de nueve meses por un delito de tráfico de influencias, una pena mínima comparada con los numerosos procesos que le esperan, entre ellos el de Palma Arena y el del caso Nóos, en el que están imputados entre otros Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina.

Todos estos episodios contribuyen a socavar más y más el prestigio de los partidos políticos aunque no deja de ser positivo que, al final, los Tribunales pongan en su sitio a quienes tanto daño están haciendo a las Instituciones del país. Pero nada de esto es comparable con la bomba de racimo con la que se ha inmolado el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, al reconocer que ha tenido durante 34 años dinero negro en paraísos fiscales, fruto de una herencia de su padre que nunca declaró, y que ahora es investigada por fundadas sospechas de que oculta el dinero de comisiones durante su etapa en la que durante 23 años fue Presidente de la Generalitat, durante los que contó con la inestimable colaboración de su conseller en cap, y ex responsable de Hacienda y Obras Públicas, Artur Mas, actual presidente de la Generalitat.

El escándalo Pujol no sólo es devastador para Cataluña, para lo catalanes que creyeron en él como el héroe que iba a conducir a todos a la independencia, y para Convergencia i Unió a la que ha herido de muerte, es devastador también para España, en tanto Pujol ha sido uno de los artífices de la transición española, el político que en momentos de inestabilidad ha contribuido, previa compensación, a la gobernabilidad de un país que estaba ensayando vivir en democracia. Que, desde un órgano del estado como es la Generalitat, se haya montado el “gran engaño” es motivo suficiente como para no sólo llegar hasta el final, caiga quien caiga, sino también, para aclarar qué es lo que se sabía, quiénes lo sabían, y por qué lo han ocultado.

Estamos sólo en los prolegómenos del “gran engaño” y en los primeros efectos colaterales de la bomba de racimo con la que se inmoló el pasado 25 de julio Jordi Pujol, para salvar a la familia… Esto sólo acaba de empezar.

Jordi Pujol
El gran embaucador
Antonio Robles Libertad Digital 1 Agosto 2014

Pujol ha sido un vulgar delincuente. Nada nuevo en política y menos en regímenes tutelados. La democracia siempre renueva personas y actitudes. Se superará. No así la Cataluña nacionalista hecha a su imagen y semejanza. Cuando la sociedad es estructuralmente corrupta, la metástasis delata la salud de la sociedad entera. La misma que Pujol ha confesado. Una pesadilla para los herederos.

El mundo nacionalista ha detectado la contaminación y se ha apresurado a ponerse a salvo: Pujol no es Cataluña. Tratan de preservar la hegemonía moral del proceso a la independencia. O sea, su modo de vida. Por eso consideran la corrupción cuestión privada: "Esto es un tema estrictamente personal, privado y familiar". ¡Tú también, Artur, hijo mío!

Me temo que no cuela. La corrupción de Pujol es el indicio incontestable de una sociedad enferma de narcisismo y nepotismo incapaz de reconocer su propia cobardía moral. Decía en el primer párrafo que un gobernante corrupto o varios forman parte de los efectos colaterales de la libertad en democracia, pero, en este caso, Pujol no es solo un político corrupto, es ante todo la culminación de una doctrina social fruto de una obsesión integrista de naturaleza religiosa y nacionalista. La Cataluña oficial de hoy está hecha a imagen y semejanza suya, no se entendería sin él, la ha construido desde cero, con todos sus tics, su cinismo y victimismo, sus manías, sus frustraciones, obsesiones, también con sus carceleros y delatores, una colosal ingeniería social donde todo estaba al servicio de la nación inventada, que empezaba en la evangelización de la escuela, se adornaba con una prensa al servicio del negocio nacional y terminaba en la exclusión social de todo aquel que disentía. ¿Acaso iniciaron alguna investigación sobre las sospechas de corrupción de sus hijos? Nunca, la prensa siempre estaba presta a salvarle para salvar a Cataluña. La nación lo justificaba todo, también los negocios opacos, las coimas, los favores mutuos y el silencio de todos. Chantaje moral, acoso, cinismo y victimismo, la manipulación de la historia, la complicidad y los lugares comunes forman parte de ese ser nacional. En el nombre de la nación. Ese es el espíritu del pujolismo, sin el que hoy la hegemonía moral del proceso a la independencia no sería posible.

Cuatro pasajes de su vida bastan para rastrearlo: cuando sólo era un niño –lo cuenta él en Construir Cataluña-, su tío Narcís Pujol le llevó al monte Tagamanent, y desde las ruinas que le rodeaban se juró simbólicamente "reconstruir" Cataluña. Es un recuerdo que –según él– le ha perseguido toda la vida (Jordi Pujol. Historia de una Obsesión, S. Baigues y J. Reixach, pág. 21). Esta tendencia a creerse ungido por el alma de la nación se aprecia nítida cuando es nombrado por primera vez presidente, en 1980. Al llegar al palacio de la Generalidad preguntó a su mano derecha, Lluís Prenafeta, el mismo que fuera procesado y condenado años después por corrupción (El Virrei, J. Antich, pág. 44):

-Escolta, Lluís, tu saps què és la Generalitat?
-Més o menys –contesta un sorprès Prenafeta.
-No, tu no en saps res (…) la Generalitat som tu i jo.

Esa prepotencia narcisista le llevó a la desmesura de recorrer toda Cataluña en los años cincuenta con un seiscientos pintando tapias con la falsa tautología: Pujol-Catalunya. Años después, acosado por la quiebra de Banca Catalana, desde el balcón de la Generalidad se mostró como el sepulcro blanqueado que ha sido siempre: "El Govern central ha fet una jugada indigna: D'ara endavant d’ética i moral, en parlarem nosaltres, no els" (El Virrei, pág. 193). Se envolvió en la bandera y desde entonces toda oposición a su política la convirtió en un ataque a Cataluña, la misma Cataluña que hoy está enfrascada en el derecho a decidir. ¿A quién quieren engañar?

Jordi Pujol
El comisionista
José María Albert de Paco Libertad Digital 1 Agosto 2014

Arropado por su esposa, Marta Ferrusola, incansable embajadora de su marido, y por sus hijos, todos formando bloque, no lamenta ni por un instante haber dedicado su vida a la política. A pesar del cansancio, del que parece no resentirse en absoluto; de los disgustos, de las satisfacciones, que también las hay, y del difícil momento que toca, como siempre, vivir, ni se le pasa por la cabeza la tentación de volver a la sombra, al incógnito, a la ciudadanía de a pie. Declara, convencido, que está metido en este fregado porque le gusta y le interesa, y por lo tanto no tiene ningún motivo de queja. Quizá su vida familiar sería más reposada, su trabajo y su ocio con menos sobresaltos. Pero Jordi Pujol ni quiere ni puede plegar. No se debe engañar ni defraudar a la gente que cree en alguien, y esto lo tiene clarísimo.

La Vanguardia, 25 de abril de 1984. Perfil de Jordi Pujol, a cargo de Maria Elena Alie.

***
Una de las razones por las que Jordi Pujol logró enredar a tantísimos españoles (no, los catalanes no hemos sido los únicos damnificados; antes bien, la fascinación que el ex muy honorable despertó en Madrit hasta el pasado 24 de julio ha de cargarse, justamente, en la cuenta de la ansonería); uno de los motivos, decía, por los que cuajó el simulacro tuvo bastante que ver con la especie de que Pujol no acostumbraba hablar de dinero. Ni de dinero ni de comida, precisamente los dos grandes asuntos en los que Josep Pla nunca dejó de inmiscuirse, lo que explica, aunque sólo en parte y, si se quiere, de soslayo freudiano, el odio púnico que el Milhomes, como solía apodarle Tarradellas, profesó al escritor ampurdanés.

Tal apreciación, no obstante, no es sino el enésimo de los malentendidos que rodean al personaje, pues la verdad es que el único tema de conversación en su infinito soliloquio con España fue el dinero, el "qué hay de lo mío", el "peix el cove", el "yo te doy los votos que te brindarán la mayoría para no importa qué, pero tú a cambio qué me das, eh, qué me das". En ese trueque inopinado cabe (¡y sobra hueco!) todo el sentido de Estado del fundador de CiU, que es, por cierto, el único sentido de Estado del que puede ufanarse el nacionalismo catalán. Teóricamente, ese cash converter había de repercutir en Cataluña, pero dado que Pujol era Cataluña repercutía también en sus bolsillos. Hasta ahí, en efecto, llegó la perversa identificación entre el país y el hombre, quien, en su delirante querencia por la venta de porteros automáticos, se imbuyó de la convicción de que sus servicios a Cataluña bien merecían una comisión, un pellizquito. Esta conjetura es, tanto como su religiosidad, el único obstáculo para que Pujol no considere el suicidio, como cabría temer de un individuo que ha consagrado los trabajos y los días a labrarse una parcela en el olimpo de la posteridad, que ha ido excretando memorias con el ánimo indisimulado de marcar el terreno a los historiadores.

Ciertamente, el periodismo catalán, con su proverbial elegancia, jamás le importunó respecto a las habladurías sobre su supuesta fortuna. Y cuando Pujol se dignó zambullirse en ellas fue para limitarse a decir que de la economía doméstica se ocupaba su esposa, y que a él el billetamen no era cosa que le interesara lo más mínimo. Él mismo cultivó el mito de su austeridad cuando, por ejemplo, en el día de Sant Jordi, eludía pagar, con el aire despreocupado de un monarca cualquiera, los libros que se llevaba de los puestecillos. Tanta era su aversión a llevar suelto que del pago de las compras solían encargarse los guardaespaldas, quienes, como es fama, no siempre se atrevían a presentar la hoja de gastos, no fuera a ser que, por un exceso de meticulosidad, se quedaran sin currito como las constructoras se quedaban sin concesión. Y es que lo de Pujol, admitámoslo, nunca fue el menudeo.

***
-¿Diría que es una persona austera?
-Hombre, austera... ¿Yo?

-Sí.
-En un cierto sentido, sí, ¿no?

-Austeridad, ¿sólo desde un punto de vista económico?
-No, un poco en general. Pero el tema económico influye, aunque también influye, por ejemplo, el hecho de divertirse mucho o poco.

-¿Se ha divertido mucho, usted?
-A mi manera, sí, pero mucha gente debe de creer que es una forma muy aburrida de divertirse.

-¿Por qué?
-No soy eso que se dice "la alegría de la huerta". No soy de la farra. Si por eso entendemos austeridad, sí que la he tenido.

El Convidat, TV3, 17 de septiembre de 2012.

Desmond Tutu, la Constitución y el espejismo nacionalista
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital. 1 Agosto 2014

El relato impuesto por el nacionalismo se ha caracterizado por una lógica de conflicto, por una impresentable inversión de los valores morales y por la creación de un oneroso escenario con el que ocultar un esencialismo que categoriza al ciudadano en función de un catálogo de comportamientos socioculturales, esta increíble paradoja ha sido y está siendo posible gracias a la utilización de recursos públicos en pos de una ideología disfrazada de obviedad, de sentido común, de “normalidad”.

Lamentablemente hay una multitud de ciudadanos que han asumido como propios todo este tipo de maniobras políticas como si de máximas morales se tratasen, todos estos parámetros culturales politizados como si cultura y política fuesen indefectiblemente una sola cosa, esa peligrosa y poco democrática obsesión de territorializar hábitos, costumbres y variedades lingüísticas… ciudadanos que están siendo (cada vez menos) sutilmente discriminados sin que reparen en ello o que, simplemente, asuman un rol secundario en la sociedad ideada por el secesionismo.

Esta cada vez más densa red tejida por el independentismo alrededor de la sociedad catalana hace que creamos que nuestra realidad es el espejismo nacionalista, que la virtualidad de los argumentos sea una Verdad atemporal, una red que ahoga la pluralidad política, uniformiza mentes, seres y estares, que está consiguiendo ocultar una diversidad tan intrínseca a Cataluña como saludable para los sistemas democráticos.

Pero la cuestión es, a mi entender, ¿cómo es posible que una sociedad tan diversa y plural como la catalana no se revuelva ante el intento de homogeneización cultural e ideológica?, ¿cómo es posible que esa mayoría social identitariamente múltiple no reaccione ante la negación de su propia realidad?, ¿cómo es posible tanto silencio ante una política que cercena derechos básicos y obliga a la renuncia de lo propio como ineludible paso para ejercer lo que llaman democracia?

La respuesta la encontramos en episodios como el Premio Internacional Cataluña 2014 entregado por la Generalitat a Desmond Tutu, arzobispo emérito de Ciudad del Cabo y premio Nobel de la Paz, como no, este reconocimiento al sudafricano no es algo inocente, no busca apoyar el proceso de reconciliación de ese país, no, con ese espíritu y práxis totalizadora, los próceres del nacionalismo siempre politizan en clave interna y utilizan como propaganda cualquier evento o personaje nacional o internacional, de hecho lo remarcable de alguien que ha combatido el apartheid han sido unas declaraciones en las que asume esa visión simplista que reconoce una diversidad española pero que la niega para los catalanes, que parte de una visión organicista de la política, que confunde derecho y territorio.

Esa concepción mostrada y convenientemente difundida hasta la saciedad por los medios de comunicación públicos y subvencionados catalanes, presupone que existe una Cataluña cuasi unívocamente independentista y que inevitablemente –la inevitabilidad como algo plausible, convertida en (buenas) costumbres es lo que acrecienta el silencio de los que no comulgan con el relato nacionalista- debe desembocar en la ruptura con el resto de España, el premio Nobel Desmond Tutu ha repetido todo el mantra secesionista y, como no podía ser de otra forma, Artur Mas se ha apuntado a la moda reivindicativa adjetivando el independentismo como una “causa justa”.

De hecho las palabras del que tendría que ser el Presidente de todos los catalanes son un compendio de la inversión de valores morales que hablaba más arriba, de esa presión política y social que sufrimos todos los catalanes que o bien estamos en contra del “proceso” o de aquellos que no se sienten vinculados con el mismo, Artur Mas ha dicho: “Si eres neutral en una causa injusta, has elegido la posición del opresor…”, es decir emerge con fuerza esa lógica del conflicto, existe un opresor ante el cual no se puede ser neutral, parece que en Cataluña ya ni siquiera se puede practicar la duda razonable, se moraliza lo que no es más que una opción política, se politiza una moral que debería ser (auténticamente) democrática…

Quizás alguien debería explicar a Desmond Tutu que en Cataluña existe un apartheid cultural, una política que fomenta una diglosia institucional y social promovida desde la Generalitat, que en España no solo se reconoce la diversidad cultural y lingüística de todos los españoles sino que se protege jurídicamente, hasta el punto que en Cataluña llevamos más de treinta años con un sistema de inmersión lingüística obligatoria que pisotea los derechos de cientos de miles de padres y, quizás por un complejo de inferioridad política y moral, ningún partido que haya llegado al poder se ha atrevido a cuestionar.

Pero para lograr inocular en el subconsciente colectivo la “normalidad” de esa lógica no solo es necesario crear una alteridad en forma de chivo expiatorio llamado “España o los españoles”, hace falta denostar y deslegitimar todas las instituciones de nuestra democracia, convertirlas en una herramienta de la “opresión” en vez de garantía de la libertad, invertir la realidad haciendo pasar por oprimidos a los opresores, como víctimas a los verdugos.

El principal objetivo a batir ha sido y es nuestra Carta Magna, y esto es así porque la letra y el espíritu de la misma contradicen ese argumentario victimista agonístico que afirma que en España no se reconocen los derechos lingüísticos ni se protegen las distintas opciones culturales presentes en nuestro país, lo que sorprende es la escasa defensa y la casi nula pedagogía que han hecho los distintos gobienos de nuestra Constitución, máxime cuando ya en el preámbulo se dice: “Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.”.

Lo más preocupante de la situación creada por el secesionismo es que desde partidos políticos nacionales se propongan cambios constitucionales para tratar de saciar a un nacionalismo que concibe la libertad y la estabilidad jurídica como un obstáculo a su objetivo final, lo cierto es que creo que la Constitución puede cambiarse, que el cambio es una cualidad intrínseca a la perfectibilidad democrática, pero lo que no hemos de permitir que el cambio parta de presiones espurias, desde premisas falsas o torticeras, de argumentos interesados.

No debemos caer en un historicismo decimonónico que relaciona axiomáticamente cambio con progreso, porque a la historia nos demuestra que, muchas veces, cambio solo significa retroceso, y en este caso, aquí y ahora, en Cataluña, no debemos tolerar que para diferir unos pocos años el desenlace secesionista, se mercadee con los derechos de cientos de miles de ciudadanos catalanes que únicamente queremos vivir siendo reconocidos como ciudadanos de primera, hablemos la lengua que hablemos, sintamos nuestra existencia como la sintamos, defendamos la opción política que defendamos.

Populismo y fascismo
Las raíces ideológicas de Podemos
Mauricio Rojas Libertad Digital 1 Agosto 2014

Friedrich Hayek inicia Camino de servidumbre con la siguiente cita de Lord Acton: "Pocos descubrimientos son tan irritantes como aquellos que revelan el origen de las ideas". Y así es, no menos en el caso de las diversas variantes actuales del populismo, ya sean latinoamericanas o españolas.

El populismo contemporáneo gusta de vestirse con ropajes socialistas y hasta se proclama "socialismo del siglo XXI". Desde su perspectiva, esta sería una forma de adquirir cierta respetabilidad intelectual y revolucionaria. Pues bien, como casi todas las cosas que predican los líderes populistas, también es una falsedad. Su verdadera historia ideológica es bastante distinta y tiene mucho más que ver con el fascismo que con el socialismo (diferente, aunque no por ello mejor). Es del mundo simbólico del discurso fascista (pueblo contra elites vendidas y enemigos foráneos), su culto a la fuerza de la voluntad (encarnada en la voluntad titánica del líder) y su talento mediático (la política como espectáculo), de donde se nutre el populismo en sus diversas variantes. Por ello es que el populismo de hoy, más que el socialismo, es el fascismo del siglo XXI.

Esto lo captó muy bien Carlos Fuentes, que ya en 2006 escribió lo siguiente sobre Hugo Chávez:

Montado sobre la quinta producción mundial del petróleo, Hugo Chávez se pasea como gobernante de izquierda cuando en verdad es un Mussolini tropical, dispuesto a prodigar con benevolencia la riqueza petrolera, pero sacrificando las fuentes de producción de empleo.

La conexión entre Mussolini y su versión tropical está históricamente mediada por Juan D. Perón, arquetipo insuperado del populismo latinoamericano. Como se sabe, su punto de partida fue el tiempo que Perón pasó en Italia, país al que llegó en junio de 1939 y donde permaneció por veinte meses. Conoció allí la experiencia fascista en un momento de gran exaltación, y la figura del Duce lo impactó profundamente. No pudo dejar de advertir, tal como lo señala Joan Benavent en su libro Perón. Luz y sombras, que

la popularidad de Mussolini se basaba en su difundido origen plebeyo y en un olfato político que lo orientaba a tutelar a las clases bajas (…) Tampoco caben dudas acerca de su encandilamiento con el fenómeno de masas y (…) el vínculo irracional de éstas con el jefe supremo, en medio de escenarios cargados de rituales, ceremonias, cánticos, el entusiasmo desbordante de los partidarios y la oratoria encendida como mensaje final del mesías de la nación.

De esa manera, Perón encontró su futuro: una imagen, un estilo y un método que pondría en acción tras el golpe de Estado de 1943, que llevó al poder a los oficiales argentinos con simpatías nazi-fascistas. Su éxito fue arrollador: accedió a la Presidencia, por medio de una elección democrática, en 1946. Una vez instalado en la Casa Rosada dio inicio a un proceso de conculcación de las libertades y destrucción de la democracia que conformará el modelo de acción que luego imitarán todos los caudillos del socialismo del siglo XXI.

Dicha vía democrática a la destrucción de la democracia no fue, sin embargo, un invento de Perón. Ese fue exactamente el camino seguido por Hitler después del fracaso de su intento golpista de 1923.

Esta es la matriz peronista-fascista tan fácilmente reconocible en el chavismo, y por ello no es nada sorprendente que Hugo Chávez, en un discurso de 2008, declarara con orgullo: "Yo soy peronista de verdad"; subrayando luego su identificación con la persona del gran populista argentino.

Tal accionar político ha irrumpido en España con Podemos, por más que las formas exteriores nos puedan confundir. Sus líderes conocen al dedillo el libreto chavista-fascista. Lo han vivido en primera persona; por ejemplo su ideólogo, Juan Carlos Monedero, que se ha definido a sí mismo como "el bufón de Chávez". En su rol de consejero-bufón, pudo estudiar de cerca al caudillo, conocer a fondo sus métodos manipulativos, su escenificación y su dominio magistral de la televisión, que para los populistas actuales es lo que la radio fue para Hitler o Perón.

Del "Mussolini tropical" los líderes de Podemos aprendieron cómo se crea la ilusión que lleva al culto del líder entre aquellos que, confusos, desilusionados y anhelantes, esperan a un redentor, a alguien que les diga…: "Podemos". Podemos si queremos, si me quieren, si confían en mi voluntad...

De Chávez también aprendieron que el camino democrático es el mejor para terminar la democracia que tanto desprecian y que no se cansan de denunciar como formal o falsa (en oposición a la "real", "popular" o "participativa", que ellos representarían), manejada por “la oligarquía financiera” y por una casta “a sueldo de grandes empresas”, como Pablo Iglesias dijese en su discurso como candidato a presidir el Parlamento Europeo. La conclusión no podía ser sino esta:

Señorías, la democracia en Europa ha sido víctima de una deriva autoritaria. En la periferia europea la situación es trágica: nuestros países se han convertido casi en protectorados, en nuevas colonias.

Así han hablado siempre los grandes destructores de la democracia realmente existente, caricaturizándola y desvalorizándola para luego poder arrasarla en nombre de la liberación de un pueblo supuestamente sometido al dominio foráneo, al que se habría vendido su "casta dirigente". Por ello piden el poder y no trepidan en prometer cualquier cosa para alcanzarlo, tal como hace Podemos en su programa: trabajar menos y ganar más, o no trabajar y vivir de los demás gracias a la renta básica universal e incondicional; jubilación a los 60 años con mejores pensiones; impago de hipotecas o alquileres sin temor al desahucio; gratuidad y derechos sin fin, etc.

Todo esto no es más que una engañifa evidente, pero poco importa, lo que importa es la proyección de deseos en la figura del líder. Lo que se vende es un show, un reality político, una ilusión: esa es la esencia del fascismo-populismo. Y para eso nunca ha faltado público, especialmente en tiempos difíciles.

El problema, claro está, es que nada es gratis. Tampoco lo es el populismo con maquillaje socialista y alma fascista. Cuesta, y mucho, como bien saben todos los pueblos que se han dejado seducir por caudillos mediáticos.

Mauricio Rojas (Santiago de Chile, 1950), exmiembro del Parlamento sueco y profesor adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia).

Manuel Cruz: 'Hay un déficit democrático en Cataluña'
Roberto Augusto www.lavozlibre.com 1 Agosto 2014

Filósofo y escritor

Esta semana, entrevisto al autor del libro 'Una comunidad ensimismada: Diez años de escritos sobre Cataluña' (Catarata, 2014), que confiesa que en Cataluña "hay un déficit democrático".

Pregunta-. Jordi Pujol ha confesado que tenía dinero sin declarar en un paraíso fiscal. ¿Cómo afecta esto al proceso independentista que estamos viviendo?

Respuesta-. Lo debilita extraordinariamente sin ningún género de dudas. En Cataluña muchas veces no se hace el esfuerzo de entender el punto de vista del resto de ciudadanos españoles. La confesión de Jordi Pujol constituye una pérdida de capital político simbólico enorme. Tengamos presente que su figura era muy respetada y valorada, incluso por aquellos que no compartían sus puntos de vista. Debilita no solo el proceso, sino la imagen misma de Cataluña. Desde los sectores nacionalistas se habla irónicamente de la 'marca España'. Pues bien, hay mucha gente que debería estar preocupada hoy por la imagen de la 'marca Cataluña'. El problema de identificarse con Cataluña es que en el momento en el que uno queda cuestionado eso salpica a la imagen del propio país.

P-. ¿Pascual Maragall ha sido la gran decepción del socialismo catalán y uno de los principales responsables de la furia independentista que hoy vive Cataluña con su iniciativa de redacción de un nuevo Estatuto?
La imagen que le correspondería a Maragall, más que la imagen del que pone en marcha un proceso, sería la del aprendiz de brujo. La de alguien que desencadena fuerzas que luego no se encuentra en condiciones de controlar. Me sentí muy cerca del proyecto de Maragall en sus principios, antes de que él se presentara como candidato a la presidencia de la Generalitat. Llegué a ser socio de una plataforma que se llamaba Catalunya Segle XXI. En ese momento, aquello de lo que hacía apología Maragall era de que Cataluña tenía que estar en el puente de mando de España, de que se tenía que hacer pedagogía del proyecto catalán. Si algo le reprocho es que no hiciera nada de eso. El proyecto de Estatuto no tenía nada que ver con ponerse en el puente de mando de España, sino que se basaba en establecer unas relaciones de bilateralidad. Y no se hizo en absoluto pedagogía, exceptuando algún artículo de Maragall donde hablaba de los vínculos sentimentales entre Cataluña y España. El proceso del Estatuto fue lo más antipedagógico posible, con la colaboración eficacísima del PP y su desafortunada iniciativa de recogida de firmas contra el Estatut.

P-. En su libro menciona que hay miedo a expresarse en contra del nacionalismo por culpa de la presión social. ¿No le parece esto un síntoma de pésima calidad democrática?
R-. Sí creo que hay un déficit democrático en Cataluña, expresión que uso en algún momento de mi libro. Una de las formulaciones que se repiten últimamente en los sectores soberanistas, hablando del diálogo entre Mas y Rajoy, es que se tiene que hacerse sin líneas rojas, sin temas tabú. Pues hay que decir que en Cataluña hay temas tabú desde hace muchos años. Determinados ámbitos constituyen un auténtico territorio minado y uno sabe que si pone el pie sobre una de esas minas le puede estallar. Uno de esos temas son los medios de comunicación públicos catalanes, otro sería el modelo de inmersión lingüística, y habría más. Solo recordaré un ejemplo que uso en el libro: cuando alguien tan poco sospechoso de españolismo como Ernest Maragall planteó que se impartiera en las escuelas una hora más de castellano amplios sectores del nacionalismo pusieron el grito en el cielo con el argumento de que eso afectaba a la convivencia misma en Cataluña. Hay temas que no se pueden plantear porque la presión social lo impide. Eso en democracia no puede ser. Si hay cuestiones importantes que no se pueden plantear eso solo cabe calificarlo, efectivamente, de déficit democrático.

P-. Habla usted de una “homogeneidad que impide la crítica”. Sin embargo, esa supuesta homogeneidad es falsa, ya que la sociedad catalana es compleja y plural. ¿No le parece que el nacionalismo, cuyos seguidores hablan siempre del respeto a la diferencia, en realidad rechazan esa pluralidad dentro de Cataluña?
R-. El planteamiento que se suele hacer desde el soberanismo es que hay algo homogéneo, que es el pueblo catalán. Ese es su supuesto implícito. A partir de aquí, el razonamiento es: el pueblo catalán tiene sus características específicas, pero es una realidad homogénea, y son esas características las que tienen que ser respetadas en el ámbito mayor del Estado. Lo que yo digo es que lo primero que hay que empezar a cuestionarse es esa idea de “pueblo catalán”, que es un concepto poco republicano. Existe la sociedad catalana, la ciudadanía catalana, los ciudadanos catalanes y hay que acoger en su seno (y no solo en sus relaciones “con otros pueblos de España”) la pluralidad. Lo que no puede ser es que solo haya pluralidad si se acepta un determinado planteamiento, de matriz fundamentalmente nacionalista, y que fuera de ese planteamiento solo existan las tinieblas exteriores o, lo que viene a ser lo mismo, no se pertenezca al pueblo catalán. Esas son las condiciones previas que dan lugar al déficit democrático.

P-.- El tema de la lengua se menciona en varios de sus artículos. En uno de ellos señala el escaso dominio del castellano de algunos de sus alumnos de la Universidad de Barcelona. ¿Está usted a favor o en contra del sistema de inmersión en catalán que se practica en la enseñanza no universitaria?
R-. Lo que se llamaba la discriminación positiva tiene siempre un objetivo, que es corregir una situación de origen desequilibrada. Por tanto, las discriminaciones positivas, sean las que sean, están fechadas. En el momento en que esa falta de equilibrio inicial se ha corregido deja de tener sentido la discriminación. En el caso de la pregunta que me planteas, si hacía falta un apoyo a la lengua catalana porque partía de una inferioridad, de una injusticia histórica, ese refuerzo me parece de todo punto aceptable. La cuestión es si hoy en día sigue siendo necesario esto. Hay que cuestionarse el límite temporal de la inmersión y extraer las lecciones de la aplicación de este sistema. No podemos dar por sentado que debe haber inmersión lingüística en cualquier caso. Que sea o no un modelo de éxito, como desde el oficialismo se suele repetir, es algo que hay que acreditar.

Hay gente de trayectoria impecablemente catalanista que ha dicho, por ejemplo, que el mapa lingüístico de la sociedad catalana no es homogéneo, y que debemos adecuar el ejercicio de la inmersión a esta diversidad. En zonas de la Cataluña profunda donde el catalán es predominante allí no hay ningún desequilibrio que corregir. El argumento de que el castellano es socialmente muy fuerte y de que los niños ya lo aprenden en la calle es insostenible. Aplicando esa lógica, en Madrid no necesitarían estudiar castellano o en Inglaterra inglés porque ya lo aprenden en la calle. En la calle no se proporciona el conocimiento en profundidad de la lengua. Si a los niños se les enseña poco castellano, el castellano que manejarán será deficiente. Es obvio. No se puede mantener el mismo discurso que hace cuarenta años con todo lo que han cambiado las circunstancias. Eso no puede ser.

P-. ¿El nacionalismo es el peronismo a la catalana? Es decir, ¿fuera del nacionalismo no hay nada, solo el españolismo rancio y casposo, como dicen algunos?
R-. Ese es un mensaje que como una fina lluvia insistente ha estado proyectándose sobre la sociedad catalana. Cada día uno puede abrir el periódico y encontrarse frases del tipo: quienes no están a favor del proceso están a favor de la España una, grande y libre (es decir, la España franquista). Ese es un mensaje que se sigue repitiendo de tal manera que personas que nos definimos de izquierdas, como federalistas, críticos con el soberanismo, a menudo el reproche que recibimos viene a ser: usted en el fondo es de derechas, un españolista. No tiene nada de casual el reproche: uno de los supuestos fundamentales del discurso nacionalista es que todo el mundo es nacionalista, de uno u otro tipo. De tal manera que el que dice que no es nacionalista lo es, solo que no lo sabe. Esto pretende mostrar que todos somos lo mismo y que no hay ningún lugar superior: tú eres tan pecador como yo, viene a ser el convencimiento de fondo que se pretende difundir. Pero hay opciones distintas al nacionalismo español y al nacionalismo catalán.

P-. Es usted el presidente de Federalistes d’Esquerres. ¿Cree que la opción federal conseguiría acabar con el problema del nacionalismo periférico?
R-. A estas alturas del partido esperar que pueda terminar con el nacionalismo me parece excesivamente optimista. Puede encauzar, sosegar un poco los ánimos, dar satisfacción durante un tiempo a amplios sectores de la sociedad catalana, eso sí. En Quebec la Ley de Claridad (que permitía al Gobierno federal negociar la secesión de una provincia), seguida de toda una serie de iniciativas para intentar reconstruir las relaciones entre los ciudadanos del Quebec y el resto de ciudadanos canadienses, sirvió para rebajar la tensión durante décadas. Aunque en Quebec sigue habiendo entre un 20-30% de independentistas, cifra que repunta en épocas de tensión con el Gobierno federal. Es decir, hay que resignarse a convivir con ello. El caso es que el conflicto, de haberlo, no contamine la convivencia, como está ocurriendo ahora entre nosotros.

P-. Afirma en uno de sus artículos que para ser nacionalista “no hace falta haberse leído un solo libro”, ya que esta ideología apela a un sentimiento. ¿No cree que todo nacionalismo, con las etiquetas que le pongamos, es un error?
R-. La frase no es mía, sino de un prestigioso científico social catalán de izquierdas. La cuestión es: ¿es un error el nacionalismo por el hecho de que apele al sentimiento? No necesariamente. El problema no es el sentimiento, sino lo que oculta el sentimiento. Hay sentimientos absolutamente razonables. El problema es que el sentimiento en el discurso nacionalista cumple una función de oscurecer la racionalidad del debate. El nacionalismo, a partir de determinadas consignas, agita los sentimientos. Si los elementos de su discurso fueran razonables alguien podría decir que esos sentimientos son justos. El problema es que muchas veces no se corresponden con la realidad. Por ejemplo: acabamos de saber que hay una forma de calcular el déficit fiscal de Cataluña con el resto del Estado que no da el resultado que durante muchísimo tiempo se nos había dicho. Con los viejos números el sentimiento de agravio a lo mejor está relativamente justificado. Pero si los números no son correctos, ¿qué pasa con ese sentimiento? Si los datos no son veraces se agita un sentimiento a partir de algo que no es correcto. Se nos está engañando. Muchas veces el sentimiento sirve para no explicar o no argumentar las cosas.

P-. Hace unos meses tuvo que sufrir en sus carnes las burlas de Empar Moliner después de denunciar en TV3 su falta de pluralidad. ¿Es este un ejemplo de una sociedad democráticamente enferma donde se criminaliza la discrepancia?
R-. A ese episodio le doy una importancia relativa. No quisiera que los árboles nos impidieran ver el bosque y que las gracietas de la señora Moliner nos distrajeran de lo fundamental. No me quejé de no ir a TV3, como ella decía, sino de su falta de pluralidad. Fijémonos en otra cosa: en el momento en que se me estaba entrevistando (no al día siguiente en la intervención de Empar Moliner, que también pudo utilizar en su provecho un montaje del día anterior) las imágenes que se estaban poniendo de fondo entraban abiertamente en contradicción con lo que yo decía. Eso, desde el punto de vista de la deontología profesional, es absolutamente inadmisible. Tú no puedes invitar a alguien a que defiende la tesis A y, mientras él está hablando, ponerle una manifestación de centenares de miles de personas que defienden la tesis B.

Esa es una forma de decir que lo que dice este señor es una auténtica locura, que está solo, que no se entera de la realidad. Eso es mucho más sutil y premeditado. Además, no fui yo el que planteé en ese programa la cuestión de los medios de comunicación, quien centró mi entrevista en ese tema fue la presentadora. Incluso en un momento dado yo dije que eso no era lo más importante que debíamos hablar. Esto está a la orden del día en la televisión catalana y forma parte, sin duda, del déficit democrático que antes he señalado.

P-. ¿Por qué los partidos políticos de izquierdas catalanes se han sumado a ese unanimismo nacionalista?
R-. Hay un hecho que hoy cobra gran actualidad, que es el episodio de Banca Catalana. Eso es presentado en Cataluña como una operación del españolismo de izquierdas para derribar a Pujol y para atacar a Cataluña. Se produjo una reacción masiva enorme que atemorizó extraordinariamente a los sectores de izquierda. Desde aquella fecha en las campañas electorales el reproche que se le dirige sistemáticamente a cualquier partido no nacionalista es: tú eres un sucursalista, tú eres un españolista, etc. Todos los partidos se sienten obligados a demostrar que son tan catalanes como los demás. Eso hace que acaben perdiendo la iniciativa política. Ahora pasa exactamente lo mismo. Sectores de izquierdas no están de acuerdo con la deriva soberanista, pero tienen miedo de quedarse en minoría. Es obvio que de ese proceso los partidos progresistas no están obteniendo ningún rédito pero parecen bloqueados por el miedo al reproche nacionalista.

P-. ¿Cómo valora la postura que ha tenido el PSC en el tema de la consulta?
R-. Creo que ha tenido una actitud muy dubitativa. Pere Navarro cuando accedió a la secretaría general lanzó un mensaje claro: dijo que estaban a favor de una consulta legal y acordada y que en esa consulta votarían que no. Pero poco después, sin duda como resultado de los conflictos internos, el PSC pareció vacilar. Llegó a decir algo tan sorprendente como que se abstendrían en cualquier iniciativa que tuviera que ver con el proceso soberanista, porque no querían poner palos en las ruedas. Eso era, sin duda, francamente confuso. Más adelante por fin Pere Navarro dijo no iban a aceptar propuestas que no hubieran sido efectivamente acordadas. Tal vez la rectificación -o el regreso al mensaje originario, como se prefiera decirlo- llegó un poco tarde y contribuyó a esa imagen dubitativa. El matiz que ha añadido Iceta me parece interesante, en el sentido de que es clarificador, ya que al plantear la discusión sobre otra pregunta, deja en evidencia el equívoco al que ha estado jugando el bloque soberanista, hablando a conveniencia de mera consulta o de derecho a decidir.

P-. Usted afirma que todo el proceso independentista que estamos viviendo le permite a Artur Mas rehuir cualquier tipo de crítica a su gestión. No obstante, las encuestas vaticinan un desplome electoral de los convergentes. ¿Cuál será el futuro de CiU: volver a la senda de la moderación o seguirán en ese camino separatista que tanto daño les ha hecho?
R-. Lo lógico sería que Mas hiciera aquel tipo de cosas que le permitieran recuperar todo ese electorado que se les está yendo. Por ejemplo, Rubalcaba se va por la pérdida de votos en las elecciones europeas, y no se le ocurre decir que se queda porque “Podemos” ha sacado un buen resultado. En CiU en cambio pierden votos, pero dicen: Esquerra ha subido, por tanto, estamos contentos. Un sector de Convergencia parece que ha pasado de pensar en términos de partido a pensar en el proceso en su conjunto. Aunque ellos hayan perdidos votos éstos se los ha llevado Esquerra y, debido a esto, no les importa perder. Es sorprendente. Pero eso está condenando a muchos alcaldes y concejales a una derrota segura y no creo que se contenten porque Esquerra suba. En todo caso, no veo que se esté tomando ninguna medida para corregir esa sangría de votos y Mas no parece dispuesto a pegar un volantazo y cambiar su deriva.

P-. Recientemente se ha creado en Cataluña Societat Civil Catalana para hacer frente a ese homogeneismo nacionalista que usted denuncia. ¿Cómo valora este intento de dar voz a los catalanes no nacionalistas?
R-. Veo bien la existencia de SCC, así como la de otros colectivos que existen hace tiempo. Todo lo que contribuya a que sectores que hasta ahora se sentían silenciados por no estar de acuerdo con la deriva independentista hagan pública su sensibilidad es bueno para la higiene democrática. Lo que es malísimo es identificar a la derecha con el españolismo, y al españolismo con el fascismo. Es justa la irritación de los soberanistas cuando desde la caverna se habla de ellos como si fueran nazis. Pero en Cataluña se ha utilizado con una enorme ligereza el término “facha”. No se puede decir que alguien, por ser de derechas, es un facha como entre nosotros se hace a diario. Aquí se habla del franquismo como si fuera una realidad viva. Me parecen mal muchas leyes del PP, pero son leyes de gente conservadora que las está llevando a un parlamento en el que tienen una mayoría absoluta. Todo lo que sea dar voz a la ciudanía me parece positivo. SCC no entra en contradicción con ninguna opción política concreta siempre que cumpla unos mínimos requisitos democráticos. Ellos están en contra del independentismo: a partir de ahí en las propuestas que se hagan quienes no están por la secesión ellos ya no entran.

P-. ¿Cataluña es una comunidad ensimismada? Explíquenos el título de su libro.
R-. Quien mejor representa el ensimismamiento al que me refiero es el propio presidente Mas cuando dice: el mundo nos mira. Los medios de comunicación catalanes parecen empeñados en trasmitir la imagen de que nada hay más importante que el proceso y, por supuesto, que el mundo por entero está pendiente de él. La racionalidad y la autocrítica desaparecen en un planteamiento así


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