AGLI Recortes de Prensa   Viernes 8  Agostoo  2014

Reducir la Administración pública
Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com 8 Agosto 2014

Periodista y economista

Francia se ha puesto a ahorrar porque la crisis también la ha pillado. Y, siendo como es un país centralista, cree que aún se pueden apretar las tuercas a las administraciones periféricas: reduce de 22 a 14 las regiones, suprime los consejos generales de 101 departamentos y concentra los municipios en colectividades de 20.000 habitantes.

¡La que se habría armado aquí de haberse intentado una cosa semejante!

Lo cierto es que nuestros vecinos del norte no son los únicos en reducir instituciones y cargos. Grecia y Portugal, que llevan cuatro años apretándose el cinturón con todo tipo de recortes, han hecho lo propio con los ayuntamientos, suprimiendo las dos terceras partes de ellos. Que se sepa, ha sido la reforma menos traumática de todas las que han debido afrontar.

Aquí, como digo, seguimos teniendo una tupida maraña de diputaciones, cabildos, mancomunidades, comarcas, ayuntamientos, comunidades,… sin que a nadie se le ocurra simplificar, reducir o fusionar tantas y tan contradictorias piezas administrativas: ¿dónde colocarían, de hacerse así, los partidos políticos a tanto militante, pariente, paniaguado o compañero de colegio que no tiene donde caerse muerto?

Ése es, una vez más, el problema de nuestra Administración: que bajo la cobertura ideológica o la coartada de una autonomía de que deben gozar los entes públicos se produce la continua y creciente proliferación de costosos organismos, prescindibles la mayoría de ellos.

Alemania, el país que viene siendo ejemplo para el resto de la Unión Europea desde hace bastantes años, navega justo en sentido contrario al nuestro. Por una parte, ha reducido competencias de las regiones en la república federal. Por otra, cuando incorporó a la paupérrima república democrática del este, no la dotó de una autonomía de la que ya gozaba como país distinto que era, sino que la integró en un plano igualitario que la ayudase a superar el descalabro económico en el que la había sumido el comunismo.

Entre las ventajas de moderar las administraciones periféricas, no incluyo aquí la de dificultar la corrupción de los políticos locales. El caso de Cataluña resulta todo un paradigma. Pero, como decía Kipling, ésa es ya otra historia.

Las nuevas mayorías.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Agosto 2014

El PP anda lanzando propuestas tan disparatadas como las de redefinir la mayoría como igualar o superar el 40% de los votos válidos en vez del actual mayor del 50%. Es decir, de una forma harto curiosa pretende acordar con el PSOE el reparto de la tarta municipal con la vieja pretensión de que gobierne la lista más votada impidiendo la tradicional componenda de las alianzas para alcanzar la deseada mayoría simple. Es evidente que el PP es consciente de su debilidad ante el empuje de formaciones como PODEMOS y en menor medida de Ciudadanos o UPyD que se convertirán en partidos claves para conseguir alcaldías y concejalías. Y eso es simplemente querer desvirtuar el concepto de democracia, ya de por sí bastante perjudicado por el tema de las listas cerradas donde alcaldes y concejales van en un paquete único.

Otra cosa es que en unas elecciones generales para evitar la fragmentación del voto y la ingobernabilidad, se acuerde realizar una segunda ronda de votación en la que quedasen excluidas aquellas opciones que no hubieran alcanzado al menos el 10% de los votos. Un sistema que lleva realizándose en Francia con óptimos resultados, mientras que en otros países como Italia, al igual que en España, el sistema permite la fragmentación y una distribución del Parlamento en las que las alianzas son realmente imposibles y los Gobiernos fracasan por falta de apoyos.

Tanto el PP como el PSOE son conscientes tras los resultados de las elecciones al Parlamento de la UE, que el sistema bipartidista está seriamente cuestionado, principalmente debido al inmovilismo de esos dos partidos y ser ambos auténticos clones donde la ideología es inexistente y ha dejado paso a una lucha descarnada por el poder sin importar los medios usados. Un ejemplo de los modos empleados es el de la proliferación de las mociones de censura usando tránsfugas de uno u otro signo. Un sistema que sigue en vigor a pesar de los supuestos acuerdos de “juego limpio”. Todo vale para recuperar el “bastón de mando” y las concejalías que dan poder como la de urbanismo.

Más les valdría el hacer un acto de reflexión democrática y tratar de acercar realmente las administraciones públicas a los ciudadanos ofreciéndoles mejores servicios y asumiendo las responsabilidades por su mala gestión. Un Ayuntamiento nunca puede permitir el que servicios esenciales de su comunidad sean usados como moneda de cambio en conflictos laborales de las empresas concesionarias. El servicio debe ser reanudado sin ningún tipo de excusas y las empresas responsables sancionadas económicamente y vetadas para posteriores concursos públicos de prestación de servicios. Hay que evitar el lamentable espectáculo de ver calles y aceras cubiertas por basuras con el consiguiente riesgo sanitario, o los andenes repletos de pasajeros tomados como rehenes por los empleados del transporte público.

Las mayorías son las que son y no las que algunos quisieran que fueran por la triste perspectiva de sus resultados futuros. La democracia consiste en aceptar esa regla y no estar cuestionándola cada vez que el resultado nos es adverso. Solo los que no son demócratas optan por realizar una brutal oposición intentando ganar en la calle con algaradas, huelgas salvajes, intimidación, lo que no han sido capaces de lograr en el ejercicio de la liberta de los ciudadanos con su voto. Lo que falta realmente es verdadera conciencia democrática y sentido de servicio público, transformado en servirse de lo público, en las políticas de “rodillo” de las mayorías y en la falta de cintura política para alcanzar acuerdos de Estado o de gobierno que favorezcan los intereses delos ciudadanos.

MI consejo a PSOE y PP es que intenten convencer a los ciudadanos de su voluntad de cambio con propuestas que estén dispuestos a cumplir. Ya sé que eso es una tarea demasiado difícil por no decir imposible, pero de eso solo ellos tienen la culpa y no debe sorprenderles que los ciudadanos hayan dejado de confiar y opten por otras alternativas.

La "ingeniería fiscal", refugio de unos pocos
CARLOS LAMOCA PÉREZ El Mundo 8 Agosto 201

Si hay un ordenamiento jurídico sometido a los vaivenes de la política y más que de la política, a los vaivenes del más puro y duro electoralismo, ese es sin duda el ordenamiento jurídico tributario. Todo prócer que se precie quiere dejar su caritativa huella en el IRPF; el asalto de la demagogia al IVA es continuo; el Impuesto sobre Sociedades se ha convertido en una especie de tributo multiservicios donde cada maestrillo tiene su librillo, su traje a medida; la Ley General Tributaria ha tornado su destino de faro interpretativo general para convertirse en refugio de un barullo de procedimientos y formas donde poco, casi nada, es lo que parece. La desidia, el oportunismo político, el lobby, han hecho de nuestro sistema tributario un ordenamiento boscoso, complejo en grado sumo, desordenado por descoordinado y, por todo ello, altamente injusto. Eso es, en suma: injusto.

Nuestro sistema tributario requiere, desde hace tiempo, una reforma profunda, una vuelta a los primeros tiempos para, partiendo de los principios constitucionales, construir un edificio estable, transparente, claro e inteligible; poniendo como premisa principal de toda esa reforma necesaria que precisamente sea esa claridad la meta principal a lograr. Normas sencillas de aprehender por el común de los ciudadanos, normas basadas en un principio fundamental en materia fiscal cual es el de que la simplicidad y la sencillez normativa equivalen a justicia tributaria. No se trata pues de poner un parche. De seguir haciendo trajes a medida. Se trata de abrir en canal la pieza y acometer una reforma profunda por su transcendencia y por el cambio que debe significar. Y hoy, asomados al abismo de una crisis que no cesa, es el momento. No tendremos otro igual para darle en la crisma a la oscuridad tributaria.

Una reforma que no olvide en ningún momento que la generación de ingresos tributarios guarda una relación directa con la capacidad de reacción que los órganos de la AEAT tienen ante comportamientos ciudadanos tendentes a la elusión impositiva. Cierto es que se han hecho plausibles esfuerzos de educación cívico-tributaria, cierto es que se ha tratado por todos los medios amigables a disposición de los correspondientes gobiernos el llegar a motivar comportamientos ético-tributarios en los ciudadanos. Pero con escaso éxito.

La mayoría de los mensajes, de los consejos, de los incentivos generalistas, se hunden en el abismo cuando el otro platillo de la balanza, el gasto público, el «cómo se gasta aquello que tanto nos cuesta ganar», es motivo de escándalo social. Podemos poner en práctica medidas didácticas de última generación para convencer, revoluciones éticas impactantes, milagros los jueves....Será inútil.

Todo se nos vendrá abajo mientras no atajemos el mal en su raíz: corrupción política, despilfarro, endeudamiento sin control, cuentas del Gran Capitán... Así no convenceremos nunca. Así se deja sin argumentos éticos a las administraciones tributarias. Y de ahí a la insumisión fiscal como «derecho humano» nos quedan 20 centímetros.

El marketing ha construido una administración tributaria resplandeciente en el que los programas de ayuda, las campañas permanentes de devoluciones y, en fin, el buenismo impostado y el apostolado fiscal, han sustituido a las necesarias reformas normativas que, de forma fácil y rápida, hubieran podido evitar tanto coste innecesario y tanta presencia superflua en los medios, de una administración que ha olvidado que, lo mejor que puede hacer por sus ciudadanos cumplidores, es no marearlos diariamente. Basar una estrategia en el corto plazo, en el éxito clamoroso, en el titular, no es luchar contra el fraude, ni siquiera prevenirlo. Es simplemente, marketing. O sea, nada.

No desperdiciemos una vez más esta oportunidad de regeneración tributaria. No es tan difícil superar el reto. Con el único mimbre de unas normas tributarias sencillas y comprensibles para el común, podremos empezar a conseguir que todos seamos iguales ante la ley. De lo contrario la «ingeniería fiscal» seguirá siendo el refugio seguro de unos pocos. Sí, precisamente de esos en los que usted está pensando.

Carlos Lamoca Pérez es inspector de Hacienda del Estado

Cataluña
Braveheart en las Ramblas
Jesús Laínz Libertad Digital 8 Agosto 2014

Hace unos días concluyeron los vigésimos Juegos de la Commonwealth. El hecho de que se hayan celebrado en Glasgow ha sido uno de los motivos por los que el dirigente separatista Alex Salmond ha insistido en que el referéndum de secesión se celebre poco después, el 18 de septiembre, para así aprovechar la exaltación patriótica habitual en los acontecimientos deportivos. Aparte de la clara victoria inglesa en el medallero, es necesario destacar que el desarrollo de las competiciones se ha caracterizado por la elegancia apolítica del público y que en la ceremonia inaugural el equipo de Inglaterra fue recibido calurosamente y la reina Isabel II tratada con todo respeto. ¡Cuánto les queda por aprender a algunos países sin civilizar!

Además de los Juegos, en este año también se ha celebrado el séptimo centenario de la batalla de Bannockburn, en la que los escoceses de Robert the Bruce preservaron su independencia venciendo al ejército del afeminado rey inglés Eduardo II, como saben todos los que vieron las aventuras de William Wallace que Mel Gibson llevó a la gran pantalla hace algunos años.

Así como hace años los ejemplos empleados por los separatistas catalanes para construir su argumentación fueron los de Quebec, Lituania o Kosovo, en los últimos tiempos se centran en reclamar para Cataluña un proceso similar al escocés, como si ambos casos fuesen equivalentes.

Escocia, además de no formar parte de una Britannia romana de la que quedó separada por el muro de Adriano, fue un reino independiente hasta 1707; independiente y hostil a Inglaterra, reino que intentó conquistarla militarmente en varias ocasiones. En 1603 Jacobo VI de Escocia heredó el trono inglés, con lo que las dos coronas se posaron en la misma cabeza. Pero los dos estados no se fundieron en uno hasta que en 1706 los dos parlamentos acordaron, mediante el Treaty of Union, crear el Reino Unido de la Gran Bretaña. El año siguiente ambos parlamentos ratificaron el tratado en sendas Acts of Union.

Cataluña, por el contrario, formó parte de la Hispania romana (con capital precisamente en Tarragona) y de la visigoda (con capital precisamente en Barcelona antes del traslado a Toledo). Nunca existió un reino de Cataluña, nunca ningún hostil reino de España intentó conquistarla militarmente y nunca ningún parlamento de un reino catalán ni ningún parlamento de un reino español acordaron ningún tratado para unirse de mutuo acuerdo. Al contrario, los catalanes participaron, como los demás cristianos, en la reconquista y en la unificación de España mediante el matrimonio de los reyes de Castilla y Aragón. Nunca existió un reino catalán que tomase la decisión de unirse al español y que ahora pudiese revocarla. Y, por mucho que mientan los separatistas, Cataluña no fue conquistada por España en 1714, sino que en dicho año fueron vencidos, en su último reducto de Barcelona, los últimos partidarios del archiduque Carlos al trono de España.

Por lo tanto, ni histórica ni jurídicamente tienen el caso escocés y el catalán el menor parecido. La legislación británica no puede ni tiene por qué trasladarse a un caso totalmente distinto. Lo que establezca la Constitución no escrita británica y lo que hayan acordado el parlamento y el gobierno británicos a la vista de las Acts of Union aprobadas en su día es materia del parlamento y del gobierno británicos y será desarrollado según la legislación británica, pero en modo alguno tiene por qué ser exportable a ningún otro lugar del mundo. Desde luego no a España, el artículo 1.2 de cuya Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, sin posible fragmentación territorial alguna.

Además, la querencia de los separatistas catalanes por el modelo escocés es arbitraria. Ya que tanto les gusta fabular con la Edad Media, ¿por qué no alegan como modelo el de los siete reinos en que durante varios siglos estuvo dividida Inglaterra? ¿Quizá porque si a los habitantes de los actuales territorios de Northumbria, Mercia, East Anglia, Essex, Kent, Sussex y Wessex se les ocurriese proclamarse soberanos sesenta millones de británicos se morirían de risa? ¿Por qué no cruzar el canal y escoger como modelo el francés? ¿Son imaginables las carcajadas en la République Une et Indivisible si a los regidores de los departamentos de Alto Rhin, Córcega del Sur o Pirineos Orientales se les ocurriese semejante idea? ¿O por qué no apelar al ejemplo de un estado federal, ese modelo tan valorado últimamente por algunos, y apuntarse al mismo derecho de secesión del que gozan los estados de Baden-Württemberg, Baviera o Schleswig-Holstein? O, mejor aún, al de Virginia, Georgia y Tennessee. Seguro que Artur Mas podrá contar con el apoyo de los descendientes de Lincoln.

El ejemplo escocés también sirve para otras reivindicaciones, no por ajenas a lo jurídico, de menor peso propagandístico. Pues el hecho de que Escocia, Irlanda del Norte, Gales e Inglaterra jueguen los campeonatos internacionales de fútbol en selecciones separadas es utilizado por nuestros separatistas como argumento para reclamar las suyas con el deseo no de fomentar el deporte sino de ponerlas a su servicio como embajadas volantes y pruebas ante el mundo de la existencia de sus pretendidas naciones. Pero el motivo por el que existen esas cuatro selecciones no es nada relacionado con el derecho de autodeterminación, sino con el hecho de que el fútbol fue inventado por británicos. La asociación futbolística inglesa se fundó en 1863, la escocesa en 1873, la galesa en 1876 y la irlandesa en 1880. El primer encuentro entre los equipos escocés e inglés se celebró en 1872. Cuando se creó la FIFA, en 1904, los cuatro equipos llevaban jugando entre ellos más de tres décadas, y dada tan consolidada tradición se les concedió el privilegio extraordinario de seguir existiendo, lo que no sucede en ningún otro país del mundo. Además, en el Reino Unido no sólo están separadas las selecciones, también las ligas que las justifican. De modo que, para emular correctamente el ansiado modelo británico, una selección futbolística catalana debe ir acompañada necesariamente de la correspondiente liga catalana. Nada de seguir jugando contra el Real Madrid en una liga española. Además, en el Reino Unido no se enfrentan futbolísticamente las partes con el todo. Es decir, no hay partidos entre Escocia y el Reino Unido por la razón de que no existe selección del Reino Unido. Pero en España sí existe selección nacional española, por lo que, para que pudiese enfrentarse Cataluña contra alguien, habría que empezar disolviendo la federación, la liga y la selección española de fútbol y constituyendo las federaciones, ligas y selecciones de las actuales comunidades autónomas que estén por la labor, lo que no parece probable.

Finalmente, la elección de los equipos futbolísticos es, una vez más, interesada. ¿Por qué no escogen como modelo al equipo olímpico británico, único para ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses? Y por lo que se refiere a las representación política exterior, para hablar de cosas serias, ¿nunca han caído nuestros separatistas en la cuenta de que no hay embajadas de Inglaterra, Escocia y Gales, sino sólo del Reino Unido de la Gran Bretaña?

Pero nuestros separatistas, inasequibles al razonamiento, seguirán agitando el odio de los catalanes convenciéndoles de que la España del siglo XXI pisotea sus derechos del mismo modo que Edward Longshanks pisoteó los del infortunado William Wallace.

Jesús Laínz, autor de España contra Cataluña (Encuentro).

Cataluña
Federalismo y nacionalismo
Enrique Ujaldón Libertad Digital 8 Agosto 2014

Una cultura política liberal como la que defendemos es por principio federalista, pues la dispersión del poder, junto con su división y el constitucionalismo, constituye un elemento más de la estrategia de contención y legitimación del Estado. El federalismo refleja y contribuye a forjar una cultura política que busca compatibilizar la libertad y la singularidad con la igualdad y la unión, la autonomía con la armonía y el acuerdo. Por todo ello, el federalismo es incompatible con el nacionalismo, cuyo principio político pasa por referir la propia identidad a elementos irracionales (o sea, no universalizables, como mitos, razas, costumbres, etnias y sentimientos) y, en esta medida, a la diferenciación y la confrontación. Se comprende entonces que para el nacionalismo a cada nación le deba corresponder un Estado y viceversa. Lo relevante y grave es que, al tratarse de una forma mítica y agónica de edificar la propia identidad, el nacionalismo precisa del recurso a estrategias muy coactivas y poco neutrales para constituir e inmunizar la homogeneidad interna, pues el objetivo es eliminar la diversidad en aras de una presunta identidad natural. Ello explica que sea fácil sentirse extranjero y traidor bajo gobiernos nacionalistas si uno disiente de sus principios.

En España, por circunstancias históricas conocidas, pero quizá no lo suficientemente explicitadas y difundidas, los partidos y gobiernos nacionalistas se han nutrido sobremanera de dicho principio y estrategias. El nacionalismo catalán ha hecho un uso eficacísimo de políticas que compatibilizan victimismo, exhibición de la singularidad, demandas insaciables, inmersiones homogeneizadoras, exclusión, etc. Todo ello reflejado en y procurado por una élite política que ha buscado identificarse con el pueblo catalán, creando para ello generosas redes clientelares e inmunizándose de la crítica al presentarla como traición. El caso del expresidente Pujol es paradigmático. El resultado ha sido una terrible fractura social y el desprestigio de las instituciones democráticas.

Afortunadamente, España no es una nación tal y como la entienden los nacionalistas. No es una realidad política y cultural homogénea, aunque a algunos les habría gustado que lo fuese. Sin embargo, ni la historia ni el presente ofrecen dato alguno que avalen un nacionalismo español. La Constitución de 1978 ha sido puesta en cuestión por los amantes de las identidades homogéneas y por los enemigos de la libertad individual. Es odiada por aquellos para los que las naciones prevalecen sobre los individuos que las conforman. Y lo es a pesar de que nuestra Constitución garantiza la viabilidad y el fortalecimiento de las nacionalidades que conviven en el Estado. El marco jurídico concreto para lograrlo fue el de las autonomías, un sistema de facto federal. Con él los españoles respondieron con generosidad y originalidad a un enorme reto en dificilísimas circunstancias. El que los nacionalistas rechacen la Constitución es justamente una prueba de que el federalismo no es una solución para el problema del nacionalismo, pues pertenecen a dos géneros políticos diferentes.

Hoy muchos catalanes cuestionan el marco constitucional. Es un dato ante el que, en cierto modo, poco importan sus causas (años de clientelismo, intereses partidistas, manipulación educativa, etc.). Pero, dando por sentado que la Constitución es perfectible y que tal vez haya llegado la hora de revisarla, ello no puede hacerse ni bajo chantajes nacionalistas ni excluyendo del procedimiento a una parte de la sociedad (los no censados en Cataluña), como pretende el nacionalismo. Toda reforma debe respetar las leyes, pues parece evidente que no estamos en una situación que justifique una revolución constituyente. Los cambios constitucionales que se quieran duraderos y que no sean la expresión de la victoria de unos sobre otros, requieren de un amplio consenso que no parece cercano.

Nuestra posición es que cuál deba ser el marco jurídico adecuado a la realidad española es un asunto que debe debatirse sin miedos y respetando las leyes. Las autonomías han garantizado y promovido el desarrollo de las diferentes nacionalidades, sirviendo a la par de factor de legitimidad del propio Estado. Si ha llegado, o no, el momento de revisar dicho marco no es algo que admita una respuesta objetiva y neutral. Lo que defendemos es que en dicha respuesta deben ser oídas las opiniones de todos los españoles, ciudadanos libres e iguales.

Alfonso Galindo y Enrique Ujaldon, firmantes del manifiesto Libres e Iguales y coautores del libro La cultura política liberal (Tecnos, 2014).

Mi federación
Nota del Editor 8 Agosto 2014

Yo cumplo todos los requisitos para formar mi federación individual, el poder no podrá estar mas disperso, aunque dividido entre mano izquierda y mano derecha y así con todos los órganos.

Y la legitimación otorgada por mi sobre mí, no puede ser mayor ni menor.

Armas y silencio
RAÚL RIVERO El Mundo 8 Agosto 2014

NO IMPORTA el follaje de los atajos que han tomado, ni lo enrevesada que pueda ser la serventía. Hay paciencia, creatividad y oficio para trabajos sucios en todos los dominios. Lo mismo zurcen una constitución que compran tres generales y le facilitan a un empresario amigo la venta de un periódico importante. El grupo de la izquierda radical de América Latina que está en el poder trabaja sin sosiego por alcanzar la vieja ilusión que va como infarto en su ideología: gobernar sin oposición y sin prensa.

Lo dicen, lo proclaman en sus momentos de emoción proletaria cuando viajan y tocan el paraíso de sus sueños, Cuba, una isla donde sus compañeros de ideas, sus padres, llevan más de medio siglo al mando con la oposición en las cárceles, en el exilio o recibiendo palizas semanales y los medios de comunicación convertidos en panfletos edulcorados y risueños.

Les enorgullece soñar con una dictadura arruinada para sus países porque los caudillos contaminados por el totalitarismo no buscan el progreso y la libertad. Quieren, como otros muchos dirigentes políticos de aquella región, la permanencia en los palacios con sus partidos únicos y su voluntad como programa de gobierno. La cualidad que más admiran de Fidel y de Raúl Castro es que han envejecido sin moverse de sus tronos, a la fuerza, en un país pobre y cautivo.

En la lista de esos ejemplares que sienten un fervor especial por el régimen castrista están, desde luego, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa. Pero el más entusiasta fanático copiador del socialismo caribeño es Nicolás Maduro, el hombre que heredó de Hugo Chávez una Venezuela dividida y en bancarrota con perfil de provincia cubana en la lejanía del sur.

Esta semana, el presidente venezolano anunció la compra de 300 equipos antimotines modernos y eficaces para reforzar la Guardia Nacional. Entre febrero y mayo, los militares y la policía política reprimieron con violencia unas manifestaciones populares que se saldaron con 43 muertos y decenas de heridos y presos. Otra noticia destacada de la actualidad de Venezuela es la expulsión de 26 columnistas del diario El Universal. El periódico cambió de dueño recientemente y anunció una reestructuración que dejó fuera a los periodistas críticos con el gobierno y el chavismo oficial.

Represión pura y censura con fullería. Maduro es el mejor.

Estado Islámico
El momento de gloria del califa Ibrahim
Daniel Pipes Libertad Digital 8 Agosto 2014

Tras una ausencia de 90 años, la vuelta a la vida de la ancestral institución del Califato fue proclamada el primer día del Ramadán del año 1435 de la Hégira, equivalente al 29 de junio de 2014. Esta sorprendente resurrección culmina simbólicamente la oleada islamista que comenzó hace cuarenta años. Una analogía occidental podría ser que se declarara la restauración del imperio de los Habsburgo, que remontaba su legitimidad a la antigua Roma.

¿De dónde procede esta audaz iniciativa? ¿Puede perdurar el Califato? ¿Qué impacto tendrá?

Comencemos por un rápido repaso del Califato (del árabe jilafa, "sucesión"): según la historia canónica musulmana, éste comenzó en el año 632 de la era cristiana, a la muerte del profeta musulmán Mahoma, y se desarrolló de forma espontánea, atendiendo a la necesidad de un líder temporal por parte de la naciente comunidad islámica. El califa se convirtió en el heredero no profético de Mahoma. Tras los cuatro primeros califas el cargo se volvió dinástico.

Desde el inicio, los fieles se mostraron en desacuerdo acerca de si el califa debía ser el musulmán más pío y capacitado, o el pariente más próximo de Mahoma; la división resultante dio origen a las ramas suní y chií del islam, respectivamente, causando el profundo cisma que aún perdura.

Un único Califato gobernó todos los territorios islámicos hasta el año 750, cuando dos procesos se combinaron para reducir su poder. En primer lugar, las provincias más remotas comenzaron a segregarse; algunas de ellas –como España– crearon, incluso, califatos rivales. En segundo lugar, la propia institución cayó en la decadencia y se adueñaron de ella soldados esclavos y conquistadores tribales, con lo que la línea original de califas gobernó realmente sólo hasta el año 940, aproximadamente. Posteriormente, otras dinastías adoptaron el título para reforzar su poder político.

La institución sobrevivió en una versión debilitada durante un milenio hasta que, en un dramático acto de repudio, el fundador de la Turquía moderna, Kemal Atatürk, acabó con sus últimos vestigios en 1924. Pese a varios intentos posteriores de resucitarla, la institución siguió muerta, símbolo de la desorganización los países de mayoría musulmana, y un objetivo anhelado por los islamistas.

Y así siguieron las cosas durante noventa años, hasta que el grupo conocido como Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), hizo pública una declaración en cinco idiomas [versión en inglés: This is the Promise of Allah ("Ésta es la promesa de Alá")] en la que se proclamaba la fundación de un nuevo Califato bajo el califa Ibrahim. El califa Ibrahim (alias Dr. Ibrahim Awad Ibrahim), de unos cuarenta años y originario de Samarra (Irak), combatió en Afganistán y, posteriormente, en Irak. Ahora afirma ser el líder de "los musulmanes de todas partes" y exige que le juren fidelidad. Todos los demás Gobiernos islámicos han perdido legitimidad, asegura. Además, los musulmanes deben expulsar "la democracia, el laicismo, el nacionalismo y todo el resto de basura e ideas occidentales".

Revivir el Califato universal supone, según anuncia The Promise of Allah, que "el largo sueño en la oscuridad del abandono" ha terminado. "El sol de la yihad se ha alzado. Brillan las buenas nuevas del bien. El triunfo se vislumbra en el horizonte". Los infieles están aterrados, con razón, pues con "Oriente y Occidente" sometiéndose, los musulmanes “dominarán el mundo”.

Unas frases muy grandilocuentes, está claro, pero también son unas que no tienen posibilidad alguna de triunfar. El EIIL ha gozado del apoyo de países como Turquía o Qatar… pero para combatir en Siria, no para establecer una hegemonía global. Potencias cercanas –los kurdos, Irán, Arabia Saudí, Israel y podría ser que incluso Turquía– consideran que el Estado Islámico es un completo enemigo, al igual que casi todos los movimientos islamistas rivales, incluida Al Qaeda (las únicas excepciones son: Boko Haram, algunos gazatíes aislados, y una nueva organización paquistaní). El Califato ya afronta dificultades para gobernar los territorios, del tamaño de Gran Bretaña, que ha conquistado; dificultades que aumentarán cuando sus poblaciones sometidas experimenten la absoluta miseria del dominio islamista. (Su supuesta toma de la presa de Mosul el pasado 3 de agosto augura crímenes atroces, incluidos la negativa a suministrar agua y electricidad, o incluso provocar inundaciones catastróficas).

Predigo que el Estado Islámico, enfrentado a la hostilidad de sus vecinos y de las poblaciones sometidas, no durará mucho.

No obstante, dejará un legado. No importa cuán desastroso sea el destino del califa Ibrahim y su siniestra cohorte: han logrado resucitar una institución fundamental del islam, haciendo que el califato vuelva a ser una vibrante realidad. Los islamistas de todo el mundo atesorarán este momento de gloria salvaje y se inspirarán en él.

Para los no musulmanes, este acontecimiento tiene implicaciones complejas y de doble signo. En la parte negativa, los islamistas violentos se verán más animados a lograr sus terribles objetivos, dejando tras de sí un rastro de matanzas. Del lado positivo, el fanatismo brutal del Califato tendrá el saludable efecto de despertar a muchos de quienes aún duermen, ajenos a los horrores de la agenda islamista.

© elmed.io - Daniel Pipes
Daniel Pipes, director del Middle East Forum.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Pujol… ¿y los demás?

Pedro de Hoyos Periodista Digital 8 Agosto 2014

No me vengan llevándose las manos a la cabeza que lo de Pujol no puede ser novedad atosigante para nadie. Durante años se habían ya publicado diversas insinuaciones, siempre convenientemente minimizadas por la prensa subvencionada y acalladas por sus conmilitones. Todos, todos los que diariamente desmenuzamos la prensa, habíamos leído ya suficientes informaciones como para que todo esto no nos resulte novedoso.

Evidentemente en determinados círculos era una verdad de dominio público manejada por muchos como evidencia a ocultar mientras fuese posible. En aquellos que tenían contacto cotidiano con él y con su familia esto debe haber sido una verdad patente hace mucho tiempo; los dirigentes de su partido que despachaban todos los días con él habían de conocer, al menos de tener indicios repetidos e insistentes, fuertes y contundentes, como para temerse lo peor. Sin embargo han callado… hasta que han abierto la boca para deshacerse de él. ¿No hay nada que reprocharles judicialmente a todos ellos? ¿Nada hay que achacarles al menos políticamente?

El sistema que permite esto es ilegítimo, facilita la destrucción de la sociedad o al menos facilita el ascenso político de los que lo conseguirán. Allá cada uno con sus responsabilidades… porque la misma pregunta debe hacerse a aquellos cargos de la Generalitat con los que trataba a diario, sus consejeros más próximos, su conseller en cap, los responsables de las áreas más próximas a él… Evidentemente callaban sus certidumbres, sus sospechas o sus dudas, a elegir.

Pero y ahora que ya ha saltado la asombrosa acusación, ahora ya reconocido por él el delito… ¿Por qué nadie, salvo un sindicato del que apenas se conocen militantes, ha presentado denuncia? ¿Miedo reverencial? ¿Miedo incluso después de políticamente muerto? ¿Por qué tantas organizaciones partidarias callan? ¿Por qué nadie se presenta a defender en público al ciudadano catalán? ¿Por qué la Generalitat no acude a defender su honor mancillado? ¿Y CiU?

¿Y la prensa, por qué nadie desmonta el sistema de subvenciones de la Generalitat? ¿Visto que es pernicioso, que es antidemocrático, que sirve para ocultar las fechorías de los dirigentes, por qué nadie se rebela? ¿Todos cobran? Más aún, ¿por qué es legal si no es legítimo? ¿No será que la situación se repite por doquier?

No es Jordi Pujol, también son los que tapan, disimulan, consienten, callan y otorgan

Blindar la desigualdad

Marita Rodríguez cronicaglobal.com Agosto 2014

Hace unos días pasé por el que ha sido mi instituto en Sant Cugat durante 29 años y pude comprobar que han dejado para todo el verano una senyera de grandes dimensiones en la fachada en la que se puede leer: "Som i serem escola catalana. No a la Llei Wert". Es la consigna de todo el curso. Recoge el espíritu de la ominosa manifestación en Barcelona del 14 de junio pasado.

Otro aspecto inaceptable para ellos es que haya algunas pruebas comunes de nivel en toda España. Aquí lo que procede es la 'cohesió social', ligada al desacato de la ley y al uso coercitivo de la lengua catalana

Resulta que lo que les molesta de dicha ley a los separatistas –entre los docentes son legión– no es su falta de principios en cuanto a que no garantiza la igualdad de derechos de todos los escolares y de sus progenitores, sino que los privilegios que concede a los nacionalistas sean, a su juicio, insuficientes.

Es evidente que en Cataluña la posibilidad de que los alumnos que lo deseen puedan recibir parte de sus clases en español, como optimistamente pretende la ley, es bastante baja. La Generalidad ya se encarga de obstaculizar el ejercicio de ese derecho. Primero porque no ofrece en la preinscripción la posibilidad de elección de lengua. Segundo, porque se niega a hacer pública la lista de colegios públicos o privados donde el español es también lengua vehicular –sabemos que la oferta es inexistente en la red pública y muy escasa en la privada–. Tercero, porque en el supuesto de que algunos padres hayan dado con una de estas "excepciones", que suelen ser colegios de élite muy caros, tienen que adelantar las altas mensualidades antes de que el Ministerio les abone la cantidad a cargo de los presupuestos de la Generalidad.

Otro aspecto inaceptable para ellos es que haya algunas pruebas comunes de nivel en toda España. Esa mínima medida de cohesión en el sistema educativo no 'mola'. Aquí lo que procede es la cohesió social, ligada al desacato de la ley y al uso coercitivo de la lengua catalana.

Analicemos de qué va el cuento. Parece razonable contrastar las consignas nacionalistas al uso, que se ofrecen a modo de razones o argumentos, con datos sociológicos objetivos. Doy por fiables los del Idescat (Instituto de estadística de Cataluña) más recientes sobre población y lengua (2013).

• Lengua familiar o inicial
o Catalán: 31,0 %
o Castellano: 55,1 %
o Ambas: 2,4 %

• Lengua de identificación
o Catalán: 36,4 %
o Castellano: 47,5 %
o Ambas: 7,0 %

• Lengua habitual
o Catalán: 36,3 %
o Castellano: 50,7 %
o Ambas: 6,8 %

A la vista de estos números, carece de sentido sostener que "la" lengua de Cataluña es el catalán, y es una quimera pretender convertirla en seña de identidad suprema de esta comunidad. No estaría mal hacer de vez en cuando un poco de ejercicio de aproximación a la realidad y empezar a aceptar, aquí y en el resto de España, que el principal hecho diferencial en Cataluña es que tenemos dos lenguas propias, además de oficiales.

No estaría mal hacer de vez en cuando un poco de ejercicio de aproximación a la realidad y empezar a aceptar que el principal hecho diferencial en Cataluña es que tenemos dos lenguas propias, además de oficiales

Si comparamos los porcentajes de lengua inicial con los de lengua de identificación, observamos que hay un trasvase, nada desdeñable, de hablantes de castellano hacia el catalán y hacia ambas lenguas. En un ambiente de libertad, esto sería bastante difícil de entender. De todas formas, los que nos seguimos identificando con el español o castellano –sin renunciar al conocimiento y uso ocasional o frecuente de la otra lengua– somos un 11% más que los que se identifican con el catalán. Esto quiere decir que no aceptamos, por lo menos de buen grado, abandonar nuestra lengua y relegarla a un ámbito absolutamente privado, que es lo que persigue con denuedo el establishment nacionalista.

De eso va la impostura de reclamar el blindaje del sistema lingüístico que desde hace varias décadas rige en los colegios e institutos públicos de Cataluña (sistema que sólo contempla el catalán como lengua vehicular en la enseñanza y de relación entre individuos) y escoger como lema "Per un país de tots, l’escola en català", incluyendo el recreo, los comedores y las excursiones. Sería más honesto y mucho más breve reclamar la prohibición del español –más allá de su estudio como lengua extranjera– y la retirada de su estatus como lengua oficial.

Dicen que la ley –LOMCE— amenaza la "inmersión lingüística", un "logro sagrado" alrededor del cual giran en gran medida las reivindicaciones nacionalistas. Conviene, por tanto, dedicarle especial atención al concepto.

¿Qué es? Sencillamente, educar en una lengua distinta a la materna, desoyendo las recomendaciones de la UNESCO y de los pedagogos de prestigio (no supeditados a directrices políticas). Aunque en todos los programas de inmersión se dice perseguir el bilingüismo, todos los expertos coinciden en afirmar que para que tengan éxito, deben efectuarse de modo voluntario, iniciarse cuando la lengua materna del niño está suficientemente asentada (sin prescindir totalmente de ella) y en un contexto de respeto y prestigio hacia la misma.

O sea, que el intocable sistema de inmersión a la catalana consiste en educar a unos en su lengua y a otros no, sin observar ni una sola de las cautelas mencionadas para los inmersionados. Detrás de semejante trato selectivo, no hay buenas intenciones. Si así fuera, practicarían la inmersión total con los niños catalanohablantes, educándolos en castellano. Tiene todo el aspecto de una discriminación que, como toda discriminación, resulta lesiva para todos; para los unos porque les hace notar que tienen la lengua equivocada; a los otros porque les hace sentir superiores. Teniendo en cuenta que este trato diferenciado se prolonga a todas las actividades extraescolares, sin dejar resquicio para que la lengua del grupo discriminado encuentre acomodo, una tiende a pensar que todo esto responde a un proyecto perfectamente diseñado de ingeniería social, con el que se pretende no que los castellanohablantes nos enriquezcamos aprendiendo la otra lengua del entorno, sino que aborrezcamos la nuestra.

Un derecho fundamental no se consensua; se respeta. Si tenemos dos lenguas oficiales, no se puede imponer una sobre la otra. Las dos se tienen que ofrecer por igual

Después de tres décadas de control lingüístico e ideológico, han llegado a la desvergüenza de identificar el bilingüismo en las aulas con un ataque al catalán. Por ello, las escuelas implicadas por los autos del TSJC, que obliga a introducir un 25% de castellano como lengua vehicular en los grupos en los que algún padre se "ha atrevido" a solicitar enseñanza bilingüe para su hijo, se han sentido legitimadas para orquestar un auténtico acoso a las familias demandantes. A esa orquesta se han sumado directores, profesores, AMPAs, Escoles Cristianes de Catalunya, Moviments Pedagògics y hasta ayuntamientos. Los tachan de romper la convivencia y de obligar a todos los compañeros de su hijo a recibir una asignatura en castellano, además de la específica de esta lengua. Una vez más, un intento de desprestigio del castellano, cuyo uso normal en el aula se presenta como un castigo. Con esa actitud, ponen de manifiesto su desprecio a la ley y a la otra lengua propia de Cataluña, ofendiendo a más de la mitad de la población que nos sentimos identificados con el español. Esto, por lo visto, es cohesión social.

Afirman que hay un consenso prácticamente unánime entre todos los progenitores para que sus hijos se eduquen exclusivamente en catalán. Para que haya consenso, tiene que haber planteamiento previo y debate abierto sobre las distintas propuestas, y aquí se han escatimado ambos requisitos. De cualquier manera, un derecho fundamental no se consensua; se respeta. Si tenemos dos lenguas oficiales, no se puede imponer una sobre la otra. Las dos se tienen que ofrecer por igual. Las posibilidades son pocas: bilingüe equilibrada, escuela solo en catalán, y escuela solo en castellano; no hay más.

Sin embargo, el próximo curso seguiremos siendo desiguales en derechos y obligaciones, gracias también a un gobierno central que se considera constitucionalista...

Verdades y mentiras
ANA VELASCO VIDAL-ABARCA El Mundo 8 Agosto 2014

Hace unos días fue juzgado en la Audiencia Nacional un sanguinario etarra que cometió sus crímenes en los años 80. Hubo dos juicios contra él, uno por el asesinato de tres guardias civiles en Salvatierra (Álava) y otro por la muerte del jefe de la Policía Municipal de Vitoria. Asistí al segundo y pude contemplar como este individuo -altivo y desafiante- tras declararse orgulloso militante de ETA, se negó a declarar y rechazó la legitimidad del Tribunal.

A continuación fueron llamados los numerosos testigos inculpatorios en la causa y uno a uno, los que fueron cómplices y colaboradores necesarios en el asesinato que se juzgaba, negaron sus testimonios previos ante el juez. Todos ellos, perfectamente orquestados, respondían del mismo modo, alegando olvido y torturas. Todos mintieron descaradamente, todos se esforzaron en proteger a su compañero «militante», todos actuaban absolutamente sincronizados, bajo la batuta de ETA.

Este juicio ha pasado desapercibido. Tal vez porque lo que en él ha ocurrido no se adecúa al actual canon promovido como políticamente correcto. Es muy desconcertante leer que el Ministerio del Interior afirma que ETA y sus presos no se comunican mientras se asiste a un juicio en el que se puede observar palpablemente cómo la banda establece la forma de actuar de sus miembros y colaboradores cuando son llamados por la Justicia para testificar. No es verdad que ETA y sus presos no se comunican. Claro que lo hacen. ¿Quién si no paga a los abogados? ¿Por qué si no en los juicios los testigos actúan siempre del mismo modo?

ETA sigue controlando férreamente a sus presos, ésa es la verdad, pero no tendría por qué importarnos ya que los terroristas que están en la cárcel no son un peligro para la sociedad y además están purgando todo el daño que han causado.

No entiendo la inmensa preocupación por los presos y su arrepentimiento, no entiendo ese interés por que salgan cuanto antes de prisión, no entiendo ese gran esfuerzo en una dirección determinada que distorsiona la realidad de la enorme crueldad consustancial de los que forman parte de ETA. No entiendo por qué se oculta lo que no interesa. No entiendo que cobre fuerza el planteamiento de las víctimas vengativas por reclamar justicia.

¿Por qué nos tiene que parecer normal que el cumplimiento de las penas salga a precio de saldo? A veces, la ingeniería social funciona y de tanto repetirlas las mentiras se convierten en verdades. Pero cuando con los terroristas se pretende elevar la anécdota a categoría sólo se está contribuyendo a construir una gran falacia.

Y mientras nosotros nos dedicamos a perdonar y a olvidar con magnanimidad, los más radicales, sectarios y fanáticos batasunos vuelven a tomar el control de sus partidos tapadera y se lanzan a la conquista del poder empezando por un condenado por pertenencia a banda armada, nuevo portavoz de EH Bildu en el Parlamento Vasco. ¿Sería mucho pedir que la ley inhabilitase de por vida para ejercer cargos públicos a los condenados por terrorismo?

Hace unos días, un asesino de ETA fue juzgado y nada en aquel juicio fue como nos lo están contando. Pero, nos guste o no, la verdad, tarde o temprano aflora y nos pone ante la evidencia de nuestros errores y de sus consecuencias.

Ana Velasco Vidal-Abarca es hija de Jesús Velasco, asesinado por ETA en 1980, y de la fundadora de la AVT Ana María Vidal-Abarca.


Recortes de Prensa   Página Inicial