AGLI Recortes de Prensa   Viernes 15  Agostoo  2014

Reducir el peso de la deuda para consolidar la recuperación
EDITORIAL El Mundo 15 Agosto 2014

SI BIEN los datos anunciados ayer por Eurostat reflejan un crecimiento del PIB español por encima de la media europea (un 0,6% frente a un 0,2%), los ofrecidos por el Banco de España ponen de manifiesto que el déficit público sigue siendo el talón de Aquiles de nuestra economía. Con una deuda que alcanza el 98,4% del PIB y supera ya el billón de euros, España puede tener dificultades para recoger los frutos de la incipiente recuperación propiciada por las reformas impulsadas por el Gobierno. Rebajar estas cifras, que no paran de crecer desde el inicio de la crisis, debería ser, pues, la prioridad del equipo económico de Mariano Rajoy en lo que queda de legislatura.

A la vez que constataba el estancamiento económico de la zona euro en el segundo trimestre del año -debido a los datos negativos de Alemania, Italia y Francia- y advertía sobre la «naturaleza frágil de la recuperación», la Comisión Europea resaltaba ayer que el crecimiento se está «consolidando en España y Portugal, tras las reformas enérgicas que han perseguido en los años recientes». La Comisión reconocía de esta forma la acertada política económica del Ejecutivo de Mariano Rajoy, que se apresuró a afirmar desde Vilanova de Arousa (Pontevedra), que «las reformas en España tienen que seguir, como en el resto de países» de la Unión Europea. «No podemos pararnos», sentenció.

Esta comprensible euforia contrasta, sin embargo, con las alarmantes cifras de la deuda generada por el déficit de las administraciones públicas, un problema que el Gobierno no termina de afrontar con éxito. Al inicio de la crisis en 2007, la deuda se situaba en el 36,3% del PIB y cuando el PP accedió al Gobierno a finales de 2011 había ascendido hasta el 70,5%. Desde entonces, no ha dejado de aumentar y las previsiones más optimistas del Ejecutivo -corregidas al alza por Bruselas- la sitúan en el 99,5% a finales de año y en el 101,7% al término de 2015. Unas cifras que de confirmarse podrían poner en riesgo la recuperación económica que se ha conseguido con tanto esfuerzo.

El Gobierno, a través de Luis de Guindos, achacó hace unos meses el incremento de la deuda a los déficits acumulados, al coste del rescate bancario y al incremento de las partidas destinadas al pago a proveedores y al Fondo de Liquidez Autonómico, pero lo cierto es que tras casi tres años de gestión no se ha conseguido frenar esta tendencia ascendente. Al Gobierno le queda aún por afrontar la reforma más importante de todas, porque garantizada la financiación del Estado a unos tipos mucho menores que hace algunos años, debe reducir la partida de gastos rebajando el peso de las diferentes administraciones central, autonómica y municipal. Sin ese ajuste, que ya se ha llevado a cabo en el sector privado y debería afectar a toda la estructura del Estado, al Gobierno le será muy difícil promover una reducción aún mayor de la carga impositiva para devolver a los particulares el dinero necesario tanto para consumir como para invertir, generando un crecimiento sostenido para crear empleo estable y de calidad.

Las campanas mudas de Mariano Rajoy
Pablo Sebastián www.republica.com 15 Agosto 2014

Rajoy ha echado desde Galicia las campanas al vuelo de la más que dudosa recuperación económica española, porque el PIB de este país creció un 0,6 % en el primer semestre del año, cuando en la UE el crecimiento se ha estancado en el cero lo que prueba que las políticas del ajuste fiscal y de austeridad han resultado ser un rotundo fracaso que pone en jaque a la UE a pesar del muy alto y doloroso precio social, que incluye pérdidas irremediables para millones de familias europeas, y de españolas ahí incluidas.

Las campanas de Rajoy no son de bronce sino de papel y por lo tanto no suenan como el pretende hablando bien de sí mismo y de sus políticas, porque entre la inmensa mayoría de los españoles no se nota la recuperación de la que se habla, mientras se oculta que la deuda pública supero el billón de euros, que las exportaciones no mantienen el ritmo y que el empleo mejoró estacionalmente por el crecimiento del turismo, pero en pequeñas dosis que a fin de cuentas dejan a España en el vagón de cola del tren del paro de la UE, con cerca del 25% de desempleo.

Los males de Alemania, Francia e Italia no solo no nos consuelan sino que crean a nuestro alrededor un ambiente de pesimismo y de riesgo de recaída en la crisis de la UE y esta vez afectando a las economías más fuertes del continente. Y aunque es cierto que se ha limpiado gasto en España y que algo mejoró la economía en nuestro país estamos muy lejos de la salida de este negro túnel. Y, además, inmersos en una crisis institucional que por otra parte daña la unidad nacional y está adornada con el desdoro de la clase política y un inmenso pantano de corrupción, asunto al que ahora se le ha añadido el descontrol de la inmigración ilegal.

Entonces, ¿a cuento de qué viene tanto ruido y tanta campana al vuelo? Lo que tiene que hacer Rajoy es un profunda crisis de su Gobierno que no funciona ni está a la altura de las circunstancias y él mismo asumir la iniciativa política, empezando por Cataluña, saliendo de su inmovilismo proverbial que ya le ha costado al PP un serio aviso y disgusto electoral en los comicios europeos del 25 de mayo, sin que las últimas encuestas, como la del CIS, den al partido del Gobierno una esperanza firme de recuperación, como tampoco se la dan al PSOE, porque ambos dos siguen instalados en la parte más baja de las cotas del bipartidismo desde el inicio de la transición.

Estamos, pues, preocupados con la Unión Europea y con España. Y aunque entendemos que Rajoy está en su derecho de poner el acento en la mejora del PIB para justificar sus políticas de ajuste también sabemos que no es oro, ni mucho menos, eso que reluce entre las muchas tinieblas que perduran en el territorio español.

Y no creemos que en el Gobierno nadie piense que no se quiere reconocer lo positivo del esfuerzo realizado, como no creemos que el Gobierno esté satisfecho, ni mucho menos, con la situación general de España y menos aún cuando tenemos abiertos frentes muy variados y complicados que se deben de abordar con firmeza y decisión. Y no con la técnica de esperar a ver qué pasa o a ver si mejora la situación general, sobre todo ahora que ya sabemos que también pintan bastos en el seno de la UE. De manera que mucha prudencia y menos campanas, no vaya a ser que en vez de repicar acaben doblando si, en Europa y en España, aparece un riesgo de estancamiento –la deflación está al acecho- y de marcha atrás.

El club de la Deuda
Primo González www.republica.com 15 Agosto 2014

España está a punto de entrar en el club de Deuda Pública del 100% del PIB, es decir, economías en las que el sector público se ha endeudado frente a terceros (tanto nacionales como extranjeros) con un importe equivalente a la cuantía del PIB, es decir, a lo que el país produce cada año valorando a precios de mercado el importe de los bienes y servicios producidos. Ya hay en la Eurozona algunos países con este marchamo, el más destacado de los cuales es indudablemente Grecia, con el 180% del PIB a pesar de las diversas condonaciones, aunque el caso más insigne es el de Italia, debido al tamaño de su economía, que ha superado ya el 135% del PIB, lo que le otorga a este país la mayor dimensión en la Eurozona, ya que su deuda pública acaba de superar los 2 billones de euros.

En España acabamos de rebasar la cota del billón de euros, de forma que a finales del mes de junio nuestra deuda (la pública, la privada es otra cosa) con los mercados estaba ya en el 98,4%, al borde por lo tanto de equipararse con el valor del PIB nacional. Hay que recordar que cuando este Gobierno se hizo cargo del poder, en noviembre del año 2011 (va para tres años), la Deuda Pública estaba en los 737.400 millones de euros, equivalentes a un 70% del PIB. O sea, en casi tres años, las deudas del Estado frente a terceros se han incrementado en 270.000 millones de euros. A finales del año 2007, antes del inicio de la crisis, España tenía una deuda del 36% del PIB, de forma que ese nivel relativo de endeudamiento público se ha multiplicado casi por tres. En estos años, España ha pasado de ser un socio ejemplar de la UE a uno de los peor gestionados.

El nivel alcanzado es muy superior al que el país puede razonablemente hacer frente, ya que absorbe una parte muy elevada de los recursos. Exige, por lo tanto, un esfuerzo adicional muy considerable, del que el Gobierno no está siendo consciente o trata de ocultarlo a los ciudadanos, ya que el mensaje dominante en lo económico sigue siendo el de la economía al alza y, últimamente, el de economía mejor gestionada de la Eurozona gracias a las reformas adoptadas. No se dice que el largo camino de salida de la crisis apenas ha sido recorrido en una parte como mucho igual a la que aún resta por cubrir.

Sólo en gasto financiero, y a pesar de la rebaja de los tipos de interés en estos dos últimos años, el coste de la Deuda Pública española es de unos 36.700 millones de euros este año, quizás algo menos debido a la caída de los tipos de interés más allá de lo que esperaban los autores del Presupuesto de este año. Lo cierto es que el coste de la Deuda Pública española equivale a casi un 4% del PIB cada año. El coste medio de la deuda se ha recortado afortunadamente y es ahora del 3,60%, cuando en el año 2008 llegó a situarse en el 4,32%. Gracias a la buena disposición de los mercados de Deuda Pública, y en particular en lo que afecta a la deuda española, la carga financiera anual se ha reducido de forma sensible, hasta los niveles ya mencionados de casi un 4% del PIB anual.

De todo lo anterior se puede deducir que la pesada carga de la Deuda Pública ha hundido las expectativas de rápida recuperación económica del país. A diferencia de lo que sucedía en otras fases de crisis económica, el Estado no tiene ahora mismo capacidad para ejercer una estrategia contracíclica con el mismo vigor que en el pasado. La inversión pública, que era uno de los pilares de esa reacción frente a las crisis, está hundida. España invierte (el sector público) en la actualidad apenas un 10% de lo que se gasta en intereses de la deuda. Sin esa pesada carga del pago de la deuda, el país habría salido con enorme rapidez de la crisis, relanzando un programa de inversiones digno de tal nombre, algo que en la actualidad (y quizás durante unos años más) no va a poder llevar a la práctica.

Torpeza y tensión institucional.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Agosto 2014

La tensión institucional que se está alcanzando solo es consecuencia de la política discriminatoria y torpeza de un Ejecutivo que aplica la fuerza con el teóricamente débil y se acobarda con el teóricamente fuerte. El caso es que hoy Paulino Rivero Presidente del Gobierno de la C.A. de canarias ha advertido a Mariano Rajoy de “una ruptura institucional” si se trata a canarias de modo diferente a Baleares en los temas medio ambientales de las prospecciones de petróleo. Es sabido que en el caso de Baleares donde gobierna el PP, se ha cedido a la presión ecologista y tras una sentencia que se prevé favorable se van a suspender las prospecciones previstas, mientras que en el caso de Canarias esta misma semana el Ministro de Industria, canario para más inri, ha dado luz verde al inicio de las prospecciones en las plataformas 1 a 9 frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote.

Por otro lado, como ya traté ayer, Artur Mas mantiene vivo el desafío de celebrar el referéndum ilegal persistiendo en la deslealtad institucional con todo su Gobierno y el Parlamento de Cataluña sin que Mariano Rajoy, la Fiscalía General actúen de modo enérgico para terminar de una vez con este ataque a la Unidad de España. Al contrario, sus actos de búsqueda de componendas y pactos contradicen sus pomposas palabras en defensa del orden institucional y de la Constitución convirtiéndose en cómplices necesarios para que esa traición se llegue a consumir.

Pero siendo realistas pocas son las opciones del Gobierno de Canarias de sacar algo positivo de esa teórica ruptura. Su economía está lastrada por la mayor tasa de paro de las CCAA de España y es tremendamente dependiente del turismo, de l mercado nacional y de la UE y de las subvenciones de los transportes. Su cercanía a Marruecos y las constantes reclamaciones territoriales de ese Estado, le hacen presa fácil ante una posible independencia si intentan emular las aspiraciones secesionistas de los independentistas catalanes de CiU, ERC y resto del arco parlamentario de la C.A. de Cataluña.

Pero con independencia de lo anterior, la responsabilidad última es del Gobierno de España que como ya he dicho se muestra torpe en la comunicación y en el tratamiento de asuntos tan sensibles para una parte esencial del territorio español insular secularmente olvidado y menospreciado. Ya se sabe que la distancia enfría los sentimientos. Un Gobierno debe ante todo defender el interés general pero no a base de imposiciones sino del diálogo y de acuerdos donde se dé cabida y se responda a las inquietudes asegurando la respuesta ante los posibles perjuicios que se deriven de hipotéticos sucesos.

Las amenazas son fútiles porque al Estado de Derecho le avala su legitimidad de representar a todos los españoles, mientras que las CCAA son instrumentos administrativos de acercamiento del Estado a los ciudadanos para atender a sus necesidades y hacerse eco de sus reclamaciones. La legitimidad de las CCAA les viene delegada por el paquete de transferencias de funciones administrativas y legislativas, pero siempre en un rango inferior jerárquico y que no debe entrar en conflicto con la legislación a nivel nacional. La realidad es que los principales incumplimientos vienen de las interpretaciones tendenciosas que los separatistas hacen de su competencia para legislar violando derechos y libertades de los ciudadanos.

El victimismo de Chaves como forma de presión
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto 2014

A la vista del mutismo que está manteniendo ante el escandaloso asunto de los ERE fraudulentos, parecería que Pedro Sánchez está desperdiciando una oportunidad de oro para cortar ataduras con el pasado y dejar clara su voluntad regeneracionista al frente del nuevo PSOE. Con todo, más criticables resultan las declaraciones de otros destacados dirigentes socialistas -entre ellos el presunto implicado Manuel Chaves- en las que han vuelto a arremeter contra la juez Alaya, a quien acusan de estar al frente de un "proceso político" contra el PSOE andaluz.

Aunque sea evidente su dificultad para hacerlo, es lógico que Chaves trate de defender su inocencia, tal y como él y Griñán hicieron el pasado miércoles en Canal Sur; ahora bien, las declaraciones del expresidente andaluz de este jueves en la cadena SER contra Alaya van mucho más allá y vuelven a constituir un inadmisible cúmulo de calumnias contra una juez impecable que ha demostrado su probidad profesional y su independencia frente a todo tipo de presiones políticas.

Por mucho que Chaves haya expresado un hipócrita "respeto" a la Justicia y hacia la propia juez, decir que Alaya es poco menos que punta de lanza de un "proceso político" contra los socialistas y que “muchas de sus decisiones casualmente han coincidido con acontecimientos políticos del PSOE” andaluz es tanto como insinuar o proclamar abiertamente que ha prevaricado.

La realidad, sin embargo, es que la única confabulación política de la que cabe hablar es la que hizo posible la institucionalizada malversación de fondos públicos que constituye el caso de los ERE. Tal y como señala la juez en su escrito enviado al Supremo, el caso de los ERE constituye una autentica trama institucionalizada para cuya puesta en marcha la Junta hizo caso omiso de las reiteradas quejas y reconvenciones de la Intervención General y abusó de una figura presupuestaria excepcional, las transferencias de financiación, con el fin de repartir dinero a discreción.

Pretender, como asegura Chaves, que el asunto se reduce a que "uno o unos pocos colaboradores" suyos defraudaron algún dinero público no se sostiene, si tenemos en cuenta que la malversación fue de tal envergadura que produjo un agujero presupuestario de 100 millones entre 2004 y 2005 y un déficit sistemático en los presupuestos autonómicos que impidió a Andalucía cumplir su objetivo de estabilidad.

Por otro lado, Chaves asegura que ha recibido ningún dinero "ni en blanco ni en negro". Aunque fuera cierto y ni un solo céntimo de los cientos de millones de euros desviados hubiera ido a parar a su bolsillo, esto en modo alguno le libraría de su responsabilidad, dado que era el quien gobernaba cuando se tejió esa monumental red clientelar, a la que no fueron ajenos los sindicatos.

Algunos podrían pensar que su decisión de elevar la causa al Supremo, por la privilegiada condición de aforados de Chaves y otros siete altos cargos incriminados, iba a poner fin a la sucia campaña socialista contra Alaya. Está visto, sin embargo, que esta persistente arremetida contra la juez no deja de ser una forma de presión contra los magistrados del Supremo. Alaya la ha resistido. Confiemos en que hagan lo mismo los magistrados del Alto Tribunal.

Entre el cinismo y la milagrería
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 15 Agosto 2014

La política española nos ha ido acostumbrando a aceptar unos criterios de normalidad claramente excepcionales en otras sociedades de nuestro entorno. No es normal, por ejemplo, que un partido pueda hacer trizas su programa sin que ninguno de sus supuestos líderes sea capaz de hacer ni siquiera una insinuación de disenso. No es normal que muchos medios de comunicación estén tan indestructiblemente alineados con prejuicios e intereses como para ser completamente incapaces de reconocer hechos elementales cuando desmienten sus proclamas ideológicas. Tampoco parece normal, por poner un último ejemplo, que muchos ciudadanos sigan creyendo que las administraciones llevan a cabo con sus impuestos una especie de milagro de los panes y los peces, que sean capaces de dar cien cuando apenas han recibido cincuenta, es decir que muchos españoles, y no únicamente los directamente interesados, sigan creyendo que las administraciones publicas no solo saben ser baratas y eficientes, sino que son capaces de obrar efectos sobrenaturales.

Como es lógico, no faltan los que consideran que tal estado de crédula conformidad constituye una prueba de madurez cívica, un magnífico ejemplo de cómo nos hemos adaptado a las reglas más realistas, y sucias, de la política democrática. Lo que ocurre con esta clase de reflexiones acomodaticias es que no son capaces de dar ejemplos similares de "normalidad democrática" ni en Francia, ni en Inglaterra, ni siquiera en Italia. El caso Pujol, por ejemplo, revela un altísimo nivel de cinismo social porque nadie hubiera sido capaz de realizar tamañas rapiñas sin que lo supieran directamente unos miles de personas que, a su vez, habrán presumido con otras muchas de estar al cabo de la calle, pero nadie sabía nada. Es indudable que funcionar con estas reglas supone siempre un alto número de ventajas apara algunos, y eso puede ser así porque, aunque sean muchos los perjudicados, la propaganda se encarga de emboscar estos males de forma tal que las víctimas acaban siempre por creer que los verdaderos paganos son otros menos advertidos que ellos mismos. Para confirmarlo bastaría con reparar que casi la mitad de los españoles creen todavía que el llamado estado de las autonomías ha sido un factor de progreso para todos.

Una consecuencia previsible de esta adaptación a tanto realismo abyecto es que los españoles se muestran bastante propicios a creer en los milagros, o en esa especie de sucedáneo de los milagros que son las explicaciones tontas, como, por ejemplo, las del relevo generacional, esa monserga piadosa que nos endilgo Don Juan Carlos antes de salir por piernas, vaya usted a saber por qué razones. Uno de los milagros de mayor aceptación en los últimos tiempos ha sido el del supuesto fin del bipartidismo. En el altar de ese nuevo culto destaca con fuerza propia el papel que se ha reservado a Podemos, un ejemplo paradigmático de política tan imaginativa como inverosímil, pero muchos españoles han decidido bañarse en las aguas de ese Jordán para purificarse del hastío y la decepción de las pequeñas miserias de los grandes partidos, del PSOE muy en particular.

Aunque siempre se corre un riesgo grande al pretender anticipar el futuro, no parece muy aventurado suponer que buena parte del voto a "Podemos" ha sido más fruto del cabreo que de la reflexión, porque no hay muchas razones para sospechar que más de un millón de españoles hayan descubierto de manera repentina las bondades de lo que alguno de los nuevos actores de esa propuesta gusta denominar como "leninismo dulce". Se verá lo que hay, y no muy tarde, porque estamos en épocas de elecciones aceleradas, pero es interesante preguntarse si la irrupción de "Podemos" va a contribuir a la supuestamente deseable derrota del bipartidismo o va a ser una excelente excusa para su consolidación. Ante los mensajes de "Podemos" se puede reaccionar de muchas maneras, puesto que explotan defectos sobradamente evidentes en la gestión de la crisis y en las relaciones entre gobernantes y gobernaos, pero hay algunas preguntas que no podrán evitar los ciudadanos que superen el estado de cabreo y traten de pensar en términos algo más equilibrados. Cabe preguntarse, por ejemplo, si los lideres bolivarianos creen en lo que dicen, lo que resultaría un poco inquietante, o simplemente lo van a seguir diciendo porque les resulta rentable, como se ha visto, hipótesis que tampoco resulta muy tranquilizadora. No cabe descartar, tampoco, que sea precisamente esa nomenclatura medio poética medio revolucionaria lo que acabe llevándoles a la mayoría de la que se encuentran bastante seguros, pero es muy difícil ceder a esa hipótesis sin pensar en los efectos indirectos que podría tener una expectativa tan halagüeña para esta izquierda de moda.

Una pista simple para tratar de adivinar ese futuro bastante inmediato lo proporciona la evidencia de los grandes apoyos mediáticos de que ha podido gozar "Podemos" en contraposición al veto casi perfecto que se ha aplicado a otras alternativas como UPyD, Ciudadanos o Vox. Es claro que cada una de esas fuerzas habrá podido cometer sus propios errores, pero no menos claro es que el PP puede buscar el cuerpo a cuerpo con esa especie tan fértil de neocomunistas y que tratará de hacerlo no precisamente para perjudicarse. Existe, en efecto, un cierto riesgo de que esa estrategia le salga muy mal a los de Rajoy, pero no conviene olvidar que son ellos los que han escogido el campo de batalla y las reglas del juego, a la espera, también un poco milagrera, de que a Rajoy le funcione a la perfección su apuesta en la última mano.

Estamos ante un cuadro que requeriría de un poderoso impulso clarificador, pero predomina, de momento, el culto a la ambigüedad, la admisión a trámite de propuestas de escaso fuste y poco recorrido. Tal vez este culto a la ambigüedad y a los extremos resulte un camino adecuado para que se acabe imponiendo un cierto buen sentido, pero es inevitable abrigar una cierta inquietud cuando caminamos hacia ciertos abismos, en la deuda, la unidad nacional, o en la credibilidad mínima de la Justicia, y resulta que, a la hora de juzgar a Pujol, el juez encargado está de baja, seguramente por motivos muy nobles. En este escenario bastante surrealista bien pudiere empezar a tomarse en serio una propuesta como la de inventar una nueva moneda bolivariana, o la de instaurar un salario universal para ir paliando la crisis por donde más duele. No es imposible, créanme. En la comunidad de Madrid, por ejemplo, tenemos tantas facultades de Medicina como en California: ¿será por dinero?

España prerrevolucionaria
Almudena Negro www.vozpopuli.com 15 Agosto 2014

Afirmaba Ludwig von Mises en su obra “Socialismo” que “Marx y Engels jamás trataron de refutar a sus adversarios con argumentos: los denigraron, insultaron, vilipendiaron, calumniaron, y sus sucesores no han hecho sino escarnecerlos. Su polémica ataca a la persona del contrincante y nunca a sus demostraciones”. Y en eso seguimos. Lo estamos viendo estos días en las redes sociales, especialmente en Twitter, en donde toda una jauría de agresivos personajes, entre resentidos, sanguinarios y tontos con ínfulas, y en demasiadas ocasiones escondidos detrás de cobardes pseudónimos, se ha lanzado contra el periodista Hermann Tertsch, acusado de decir lo obvio pero que hay que silenciar: el colectivismo comunista, que junto al colectivismo nacional socialista fue el gran totalitarismo del pasado siglo XX, mata. Siempre. Indefectiblemente. Antes y ahora.

Del Holomodor ucraniano pasando por los Jémeres Rojos, al régimen criminal de Corea del Norte o la matanza de Paracuellos, hasta la Venezuela de Nicolás Maduro en donde hoy se tortura y asesina a los estudiantes disidentes. Una Venezuela tan del gusto de quienes hoy en día tratan de vender a los españoles un paraíso terrenal colectivista, solución, arguyen “al bipartidismo”. Y no se crean que España es diferente a Venezuela. La naturaleza humana es la misma en todas partes. Los errores que llevan al desastre también. El paraíso terrenal que prometen los totalitarios, construido a costa de la liquidación de unas clases medias cuya existencia es el mayor garante de la denominada paz social, acabaría, como siempre han acabado todos los intentos totalitarios de creación de un hombre nuevo: derramando sangre inocente, con hambre del pueblo mientras una nueva clase dirigente, mucho más cruel que la anterior, sustituye a la finiquitada. Lo hemos visto ya en demasiadas ocasiones.

Más, en estos momentos de grave crisis que atraviesa España, crisis que no es fundamentalmente económica por más que el economicista gobierno tecnócrata de Mariano Rajoy se empeñe, sino política, de sistema, aparecen en una Europa que asiste desconcertada a la implosión de la socialdemocracia, del Estado del Bienestar, un totalitarismo enmascarado por la propaganda como brillantemente señalara la autora de origen ruso Ayn Rand, y quién sabe si no también al fin del Estado-nación tal y cómo lo conocíamos, los populismos de corte colectivista. En este sentido, nos encontramos en un momento prerrevolucionario, como acierta a señalar el filósofo alemán Peter Sloterdijk. Apuntaba Ortega y Gasset que la auténtica revolución, que no tiene por qué ser violenta, está hecha previamente en las cabezas. Y es en ese punto en el cual se encuentra España. En una situación prerrevolucionaria las instituciones comienzan a percibirse como anticuadas, decadentes, caducas, inútiles, o dañinas. Está sucediendo. Consulten el CIS. Ya nadie cree en casi nada en España. Mientras, el consenso socialdemócrata emanado de la carta otorgada de 1978 sigue a lo suyo, acaso porque no pueda hacer otra cosa, incrementando exponencialmente con cada decisión adoptada con el único fin de sostener un sistema inviable, el número de escépticos.

Ideas antiguas, totalitarias, como el socialismo bolivariano tan del gusto de la gente de Podemos, que en realidad no ofrece solución alguna sino más de lo mismo, se van así abriendo paso por diferentes motivos: por cansancio de lo caduco, por la atracción de la novedad (que no es tal, pero la propaganda juega bien su papel), por la institucionalización de la corrupción, por la inutilidad de las instituciones, por el ansia de seguridad, por interés, por resentimiento etc. Tales ideas llegan a alojarse incluso en las mentes de los beneficiarios del sistema establecido que, azorados por carecer de respuestas adecuadas, se atrincheran, o, desconcertados, comienzan a cometer torpezas. Es el momento perfecto para los Marine Le Pen o los Pablo Iglesias, que son las dos caras de una misma moneda antigua.

Y es que, en principio, las ideas revolucionarias que apuntan a trastrocar el sistema de poder establecido, surgen de modo inconsciente, y así es cómo se instalan en la mente. La opinión general está en ellas, pero lo existente y su mitificación no dejan ver su correspondencia con el conjunto de los hechos, que son la verdad de la situación, pues la verdad y la realidad son lo mismo, se pongan como se pongan los utópicos.

La tarea de hacer “caer en la cuenta” a la mayoría, desmitificando las ideas y las instituciones vigentes, suele ser la función social de los intelectuales. Pero el problema actual, máxime en nuestro país, en donde la seducción y la compra de voluntades es la tónica habitual, y si no lo creen ponga la tele o lean un periódico, consiste en que el consenso establecido, la socialdemocracia, tiene bajo su control a una mayoría de intelectuales, oficiando muchas veces como tales gentes del mundo de la propaganda y de la subcultura, mientras que los pocos discrepantes sin uniforme, sometidos o silenciados, quedan reducidos a la impotencia. Es lo que pretende la jauría que estos días acosa a Hermann Tertsch por decir una obviedad. La obviedad que no debe de ser pronunciada, aún cuando todos la conozcamos.

Pujol y los otros intocables: los nacionalistas
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 15 Agosto 2014

En busca de desahogo, una pobre mujer acudió contrita un día al departamento de asistencia social de una institución pública donde trabajaba una amiga mía muy querida. El motivo de aquella aflicción residía en que a la señora acababan de comunicarle su grupo sanguíneo (0-), lo que a ella le parecía, a la sazón, una hecatombe: «0, o sea nada», clamaba la afectada; «negativo, o sea, menos que nada», repetía inconsolable.

Pues bien, el crédito que me merece el pretendido sindicato Manos Limpias es la del grupo sanguíneo de la señora de mi historia: cero negativo. ¿Resulta, pese a ello, creíble su denuncia de que Aznar y González conocían las golferías de Pujol y su familia? Creo que la acusación es, cuando menos, verosímil, aunque la formule Manos Limpias, porque encaja a la perfección con el trato político que nuestros dos grandes partidos de ámbito estatal han venido dando al nacionalismo, antes llamado moderado, vasco y catalán.

Tal trato podría resumirse en una frase: obsequiosidad de los estatales en todos los frentes a cambio de patadas en las muelas por parte de los nacionalistas. Sí, señor: desde el inicio mismo de la transición, UCD y PSOE, primero, y PSOE y PP luego, actuaron convencidos, por conveniencias de partido en algunas ocasiones, pero no solo por eso, de que el PNV y CiU, y por ende, quienes dirigían ambas fuerzas, tenían un plus de legitimidad, de desconocido origen, que exigía darles un trato privilegiado para conseguir así su apoyo al proyecto de España que se plasmó en nuestra ley fundamental.

Los estatutos vasco y catalán, hechos a imagen y semejanza de las pretensiones (y obsesiones) del PNV y Convergencia fueron el principal resultado de esa curiosa política de los partidos mayoritarios, pero desde luego no el único. El velo que cubrió el formidable fraude de Banca Catalana, las facilidades para que Pujol gobernase en Cataluña y el PNV en el País Vasco o la permanente disposición a transferirles dinero y competencias obtuvieron como respuesta una actitud perdonavidas, cuando no un desprecio manifiesto hacia quienes se mostraban dispuestos a todo con tal de solucionar el llamado problema vasco y catalán, que no ha sido nunca otro que el de la inclusión de sus nacionalismos. Por eso, no sería de extrañar que en el paquete de concesiones se incluyese también la vista gorda hacia los trapicheos de quienes acabaron por gozar de patente de corso para hacer un sayo de su capa.

Mal negocio, visto en perspectiva. Y es que después de recibir y recibir, los líderes de CiU y PNV acabaron por hacer lo que algunos se temían: responder a la generosidad del Estado democrático con la deslealtad de quienes aspiran a trocearlo. Hoy sabemos que algunos, además de desleales, eran unos verdaderos sinvergüenzas. Sí, hemos hecho, sin duda, un mal negocio.

Gaza
Por qué no está cayendo Hamás
Jonathan S. Tobin Libertad Digital 15 Agosto 2014

Como señalé hace poco, buena parte del debate acerca de quién gana o pierde en el prolongado conflicto de Gaza se centra en la cuestión de si los palestinos gazatíes están dispuestos a sacudirse de encima el dominio despótico y destructivo de Hamás. Cabría esperar que llegarán a la única conclusión lógica a la disparatada decisión de los terroristas islamistas de iniciar una guerra que no ha hecho sino aumentar su sufrimiento. Pero, como muchas otras cosas que caracterizan a Oriente Medio, aquí no rige necesariamente la lógica.

Ultimamente hemos oído hablar mucho de la probabilidad de que la debilitada situación militar de Hamás, consecuencia de la exitosa acción militar de Israel, signifique que el grupo está perdiendo el control de Gaza. Dado que Hamás no ha alcanzado ninguno de los principales objetivos que se fijó para el conflicto, entre ellos la liberación de presos terroristas y el fin del bloqueo internacional de la Franja, sería lógico suponer que los palestinos estuvieran pensado seriamente en sustituir al movimiento que les ha gobernado desde que se hizo con el poder merced a un golpe en 2007.

Pero pese a todo lo que se ha hablado del inminente fin de Hamasistán, en realidad no hay señal alguna de que su control del poder se esté debilitando. Los motivos para ello tienen que ver con la peculiar dinámica de la política palestina y con una regla histórica básica. Como señala el Times of Israel en un artículo de hace tres días, el apoyo a los objetivos de Hamás y el temor a discrepar suponen para el grupo terrorista una considerable póliza de seguro.

Pese a que a nadie de Gaza tendrían que gustarle los resultados de la lucha, es posible que, en realidad, la valoración política de Hamás haya aumentado debido a la retorcida cultura palestina. A lo largo del último siglo, los palestinos siempre han prestado el grueso de su apoyo a aquella facción que resultara ser más violenta. Esa dinámica mantuvo a Yaser Arafat en la cúspide de la pirámide palestina, y ha inspirado la actual competencia entre Hamás y Fatah durante la última generación. Como la identidad nacional palestina siempre ha estado inextricablemente ligada a su guerra contra el sionismo, hacer las paces siempre ha sido veneno desde el punto de vista político. En vez de concentrarse en el desarrollo o en proporcionar servicios a sus partidarios, Hamás y Fatah se han concentrado en demostrar su beligerancia; hasta los moderados, como el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, son conscientes de que acceder a reconocer la legitimidad del Estado judío es simplemente imposible. Por eso, no importa lo que haga Hamás: parece que los gazatíes siempre culparán de sus sufrimientos a Israel.

En cuanto a las posibles discrepancias, debe señalarse que la única manifestación contra Hamás celebrada en Gaza recibió una severa respuesta: los implicados fueron ejecutados. Y aquí es donde entra en juego una regla de oro: a lo largo de la historia, las tiranías sólo han caído cuando están dispuestas a liberalizar, no cuando aún lo están a derramar la sangre de su pueblo. La Revolución Francesa tuvo lugar durante el reinado del menos tiránico de los Borbones, no del del más sanguinario. La Unión Soviética cayó tras la glasnost y la perestroika, no durante la era de las sangrientas purgas estalinistas que se cobraron la vida de millones de personas.

Hamás está aislada, derrotada militarmente y en la bancarrota. Pero mientras esté dispuesta a emplear sus armas para suprimir posibles disensiones, intimidar a la prensa o asegurarse de que Fatah no está en situación de recuperar Gaza, las probabilidades de que pierda el poder son entre una y ninguna.

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Jonathan S. Tobin, editor jefe online de la revista Commentary.

Pérez-Reverte sobre el avance islámico: “No les quepa duda. Seremos decapitados, tarde o temprano”
Jesus Asiain. islamwatch.eu www.minutodigital.com 15 Agosto 2014

Pérez-Reverte, que ha conocido como corresponsal buena parte de estos países, no tiene una opinión nada favorable sobre ellos y, sobre todo, sobre lo que en occidente se ha dado en llamar “primavera árabe”, un término que él no tiene tan claro: “Primavera árabe, seguimos diciendo aquí. Cuando lo que viene es el invierno más negro”.

>Pero el análisis del creador de Alatriste es todavía más pesimista: compara el fenómeno actual con la caída del Sha en los 70, que él vivió en primera persona, y recuerda a “todos aquellos idiotas (en Irán, pero también en España) aplaudiendo a Jomeini” que decían que llegaba la libertad, “una libertad cuya administración se confía a curas. Musulmanes o cristianos, da igual. Curas. Calculen la libertad”.

Sin embargo, las palabras más duras las guarda Pérez – Reverte para nuestra propia sociedad, a la que critica incluso con algunas metáforas casi literarias: “Es contradictorio e imposible (y peligroso) disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros”.

Las comparaciones no son precisamente muy positivas: “Supongo que la realidad es simple: van a ganar, porque son fuertes, y jóvenes, y tienen hambre, y desesperación, y fe. Y coraje para luchar”. Mientras que ” nosotros somos viejos, inseguros, demagogos, incultos y cobardes. El niño tiene razón con su pancarta: merecemos ser decapitados”, dice en referencia a un niño que en una manifestación en Sydney pedía con su pancarta: “Decapitad a quienes insulten al profeta”.

“En algo tiene razón el niño”, sigue Pérez – Reverte, “merecemos ser decapitados. Por cantamañanas. Por primaveras”, asegura para insistir poco después: “No les quepa duda. Seremos decapitados, tarde o temprano. Y eso no será más que un acto de justicia de la Historia”.


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Populismo
Podemos y Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 15 Agosto 2014

Prueben a imitar su mirada, a simular su pose, esa cara condescendiente de media sonrisa que te perdona la vida. El perdonavidas de Podemos es un zorro con piel de cordero. Nos mira por encima del hombro, aparenta tranquilidad ante el adversario pero debajo de sus gestos se adivina lo contrario de lo que pretende aparentar. Se muestra tolerante en los debates, más aún, hace del respeto a la palabra un santuario democrático, pero detrás de esa pose se intuye un ser radical, visionario, dogmático, intransigente con la ideología de quienes no piensan como él; su aparente imperturbabilidad se nota forzada, fruto del estudio, del cálculo, puro teatro. Da lecciones de tolerancia con el más intolerante de los modos: tachando de casta todo lo que no comparte, como Pujol las dio de ética. Detrás de su pose sosegada se intuye un inquisidor con recetas tan sencillas que dan vértigo en boca de un profesor universitario, y miedo por su irresponsabilidad. Un chico bien a pesar de su cuna, funcionario, alejado del curro real del pequeño empresario que lucha para sobrevivir a base de horas y todas las limitaciones. Vivir del sueldo de funcionario es fácil, y más pensar desde él. Cualquiera que tenga esa condición lo sabe.

Ya lo dejó dicho Marx: no es la conciencia lo que determina el ser de las cosas, sino el ser de las cosas lo que determina la conciencia. Es decir, son las condiciones de vida y no las ideas lo que determina nuestra condición social, nuestros sufrimientos, nuestras limitaciones, y lo que nos hace pensar lo que pensamos. Si él estuviera en la piel de los creadores de riqueza se daría cuenta de que sin producción no hay trabajo. Mal puedes crear empleo subvencionando la miseria con el dinero de los que lo crean. Nada se puede repartir si no se tiene algo previamente. Ahora resulta que los comunistas de seda abrazan el consumismo capitalista para activar la deuda a través de subsidios seudokeynesianos, sin utilizar las matemáticas ni responsabilizarse de la deuda. A la realidad, que le den. Ellos teorizan y reparten lo que no tienen.

Tengo amigos, demasiados amigos que han apostado por Podemos. E incluso me han tratado de implicar. Mal asunto. Vivo en Cataluña y esta tierra de ilusionistas me ha curado de casi todo. O cegado. Según se mire. También de la deriva de Podemos. Resulta que se encaman con lo peor del pujolismo. Tanto es así que aún estoy esperando que el profeta de la cruzada contra las castas suelte la lengua contra el defraudador comisionista Pujol.

Desde el principio me mosqueó. Su primer contacto en Cataluña fue con la monja Forcades. Comunistas y curas, las dos mayores castas de la historia de la humanidad unidas por el derecho a decidir. Ahí está la monja y Arcadi Oliveres con su Procés Constituient, Izquierda Capitalista y Revolta Global intentando controlar Podem en Cataluña y arrinconar a la izquierda de Podemos no nacionalista que lucha por los derechos laborales y por unos servicios públicos universales y de calidad. De Revolta Global es el portavoz de Podem en Barcelona, Marc Bertomeu. Un estudiante de Políticas de la UB, de 23 años, con "un ego enorme y mayor ineptitud", me apuntan, al servicio del derecho a decidir. Acaba de declarar en Ara que Podem defiende el derecho a decidir sí o sí y se apunta a la propuesta de las CUP de promover "un movimiento de resistencia civil" y de "desobediencia" para "imponer" el referéndum secesionista si España lo impide. Unas declaraciones jamás avaladas por "ninguna asamblea ni círculo de Podemos en Cataluña", como me aseguran fuentes bien informadas, que me desvelan también una lucha interna sin cuartel entre los entristas del derecho a decidir y la izquierda no nacionalista más preocupada por las cuestiones sociales.

En Madrid habrían de superar las cuatro ocurrencias progres sobre Cataluña y ser más serios en economía. Trabajar para sacar de la miseria a la gente es honestidad, especular y vivir de su miseria es una canallada. Y muy irresponsable. Cuando se promete justicia y bienes se ha de contar con el oro para dotarlos de realidad, de lo contrario se juega con las necesidades de la gente y se hunde una nación. Que me perdonen esa mayoría de gentes desesperadas y buena fe que han visto en Podemos una esperanza. Han de vigilar el proceso democrático interno, todas las sorpresas serán desagradables. Que la decepción no les venza. Mi respeto por ellas.

PD: Como rejón contra el mangoneo político actual, puede; como alternativa de gobierno, mejor que no.

Cataluña
Aquí están, éstos son. Así se las gasta (o cobra) la prensa secesionista
José María Albert de Paco Libertad Digital 15 Agosto 2014

Ahora imaginen todo un ecosistema comunicativo regido por ese modelo y sabrán de qué hablamos cuando hablamos de 'nación' y quiénes son los que la aguantan.

El criterio del presidente francés, Françoise Hollande, respecto al independentismo difiere según el pueblo que enarbole la consigna. Así, mientras que a los catalanes les niega el pan y la sal, a los kurdos les proporciona armamento. ¡Qué incoherencia! Grosso modo, ésta es la idea que hoy expone en su editorial Vicent Partal, el director de Vilaweb, decano de la prensa digital subvencionada. Como cualquier lector juicioso habrá advertido, Partal sitúa en el mismo plano a los catalanes y a un colectivo al que el llamado IS pretende exterminar. A principios de los noventa, cuando se consumó el desmoronamiento del bloque comunista, Jordi Pujol declaró que Cataluña era como Lituania, pero España no era como la URSS. A diferencia del ex president, nuestro analista incurre en la indelicadeza de omitir que el Estado Español y el Estado Islámico no son, parafraseando a aquel González, la misma mierda. Lo cierto, no obstante, es que nunca sabremos si lo ha hecho porque considera que el Estado Islámico es moralmente superior al Estado Español. Incluso es probable que, por prurito de sutileza, haya estimado conveniente que sea el lector quien llegue a la conclusión de que, en-el-fondo, España está descabezando a los catalanes. Es fama que en la guerra cualquier agujero es trinchera.

Al cabo, nada habría de extrañarnos de un individuo que escribió que "el PSC bascula hacia el fascismo", que el novelista Eduardo Mendoza no merecía el Premi Nacional de Cultura por escribir en castellano o que, a propósito de la agresión nazi a un ciudadano mongol en el metro de Barcelona, subrayó el hecho "importante en términos políticos" de que uno de los agresores se había fotografiado con Albert Rivera, lo que venía a demostrar que en Cataluña "es muy difícil ser españolista sin caer en la órbita del nazismo". No, al hedor se acostumbra uno. Lo que sobrecoge es que esa pulsión xenófoba, ese racismo de baja intensidad, ese talibanismo de barretina, tengamos que sufragarlo todos los españoles.

No en vano, pese a que estos y otros artículos pudieran dar a entender lo contrario, no estamos ante una web marginal, que actualizan cuatro degenerados en un entresuelo graciense. Vilaweb, que echó a andar en 1996, es una de las cabeceras de referencia en lengua catalana. Y su principal vía de ingresos, repito, son las subvenciones de la Generalitat. En 2013 recibió 99.344,32 euros; en 2012, 71.000 euros; en 2011, 83.696 euros; en 2010, 213.211,24 euros... En 2009, el Departamento de Presidencia de la Generalitat encargó al diario el "mantenimiento de un directorio de recursos disponibles en internet", lo que le reportó 145.000 euros. Menos, en cualquier caso, que lo que obtuvo en 2008 (374.920 euros) o en 2007 (276.198 euros).

Hechas las cuentas, en tan sólo siete años, y coincidiendo con la más brutal de las crisis que ha sufrido Occidente desde el crack del 29, Partal le ha levantado al Estado más de 1.200.000 euros. Obviamente, no estamos hablando de una ayuda a la prensa en tiempos de zozobra. Entre otras razones, porque un tipo que cobra en vena 145.000 del mismísimo Departamento de Presidencia está incapacitado para tan siquiera insinuar que se dedica al periodismo. Ahora imaginen todo un ecosistema comunicativo regido por ese modelo y sabrán de qué hablamos cuando hablamos de nación y quiénes son los que la aguantan.

Un "Estado propio" para la casta catalana
Juan Arza El Confidencial 15 Agosto 2014

En un artículo que escribí hace unos meses, llamaba la atención sobre la sorprendente falta de perspectiva en el análisis del fenómeno independentista. Tomando una cierta distancia, afirmaba, pueden identificarse fácilmente las similitudes de lo que ocurre en Cataluña con otros populismos europeos: la defensa de soluciones simplistas a problemas complejos, la búsqueda de enemigos externos, el desprecio de las reglas, etc. El independentismo catalán, con todas sus particularidades, queda perfectamente encuadrado en los movimientos que han crecido al calor de la crisis económica.

Igualmente sorprendente resulta la ausencia de un análisis 'materialista' del fenómeno, es decir, de los intereses económicos, de clase o de grupo social que se hallan en el trasfondo de la reivindicación de un “Estado propio”. Dicho análisis correspondería lógicamente a la izquierda catalana. Pero ésta, subordinada desde hace años al nacionalismo y completamente desarmada ideológicamente, ha asumido el relato idealista y romántico que sitúa al “pueblo” como impulsor y conductor del proceso independentista, y ha sido incapaz de ofrecer una interpretación realista y objetiva.

Pues bien, ¿cuáles son los intereses económicos y grupales que se esconden tras la retórica independentista? Vamos a intentar enumerar y describir someramente algunos.

Debemos destacar en primer lugar los de una clase política formada por miles de parlamentarios, alcaldes, regidores, consejeros y asesores de los múltiples niveles político-administrativos. Esa clase política ha crecido indiscriminadamente durante años, y presenta los mismos rasgos de incompetencia y corrupción que en el resto de España. Pero en Cataluña la casta dispone de un recurso permanente para eludir su responsabilidad: la “cuestión nacional”. Para la casta catalana, el procés era una perfecta cortina de humo y la forma de canalizar el descontento social de forma que no amenazara su poder y privilegios. Así lo interpretó CiU, pero de su juego el principal beneficiario ha acabado siendo la opción genuinamente radical: ERC. Poco tiempo después de protagonizar una experiencia de gobierno nefasta, ese partido está a punto de hacerse con la mayoría de alcaldías e incluso con la Generalitat.

El 'procés' es básicamente la respuesta de una clase política amenazada por la crisis económica e institucional, apoyada por otros grupos de interés con intereses comunes o concomitantes

La clase empresarial contempla con inquietud la posibilidad de que ERC se haga con el poder. Pero es necesario recordar la responsabilidad que por acción u omisión tiene en lo que está ocurriendo. Una parte significativa del empresariado mantiene una estrecha relación con el poder político nacionalista, y siguiendo la vieja práctica de presionar al Estado para obtener privilegios, no dudó en apoyar una nueva y más agresiva estrategia. Esa clase empresarial confiaba (¿confía todavía?) en que la sangre no llegara al río y en que el órdago al Estado se resolvería en forma de un pacto que le permitiría incrementar su poder y su autonomía.

En tercer lugar debemos señalar los intereses de los periodistas, opinantes y gestores de los medios de comunicación. La casta mediática catalana está formada por miles de personas que trabajan en medios públicos o privados, autonómicos, provinciales o locales, pero igualmente dependientes del dinero de la Administración. TV3, La Vanguardia, El Periódico… Todos están posponiendo inevitables y dramáticos ajustes de plantilla gracias al procés. Los envidiables salarios de muchos directivos, y los empleos de muchos periodistas dependen del dinero público. No es de extrañar que la casta mediática y la casta política catalana mantengan un sólido pacto, que explica entre otras cosas por qué nunca se investigan y destapan casos de corrupción en los medios catalanes.

Íntimamente vinculado a los medios de comunicación se halla un amplísimo grupo de es, músicos, actores, humoristas, etc. que forman la cultureta catalana. Su adhesión al procés es directamente proporcional a su grado de dependencia del dinero público. Algunos de ellos, los más espabilados, se han convertido incluso en empresarios y productores que se enriquecen vendiendo productos de dudosa calidad a nuestros medios públicos. Otro grupo con gran proyección en los medios de comunicación pero menos numeroso lo forman algunos académicos, encargados de darle verosimilitud y deseabilidad a la idea de la independencia. Su premio lo constituyen las altamente remuneradas conferencias y apariciones en medios, los nombramientos para puestos destacados en la Universidad y la Administración, y los encargos de todo tipo: comisiones, libros, informes…

Tampoco podemos olvidarnos del rico mundo asociativo. Òmnium Cultural y la ANC son sólo la punta de lanza de un complejo entramado de organizaciones que emplea a un auténtico ejército de personas cuyo idealismo y radicalismo es aparentemente más auténtico, pero cuya fuente de ingresos es el procés y cuya profesión no es otra que “independentista”.

En definitiva, el procés es básicamente la respuesta de una clase política amenazada por la crisis económica e institucional, apoyada por otros grupos de interés con intereses comunes o concomitantes. En ello radica la principal diferencia del independentismo catalán en relación a otros populismos europeos: en que ha sido promovido por el establishment, por una alianza de poderosos grupos sociales cuyos intereses y estatus está amenazado por la crisis. El “Estado propio” es una fantasía, un estado ideal en el que la “casta” catalana se imagina campando a sus anchas. Una casta que nos engaña y se autoengaña afirmando querer “cambiarlo todo” para que, en realidad, nada cambie.

Y el pueblo, ¿qué papel juega? El pueblo no es sólo esa parte de la sociedad hipermovilizada, que acude a toque de corneta a cualquier manifestación. El pueblo no es sólo esa parte de la sociedad que cuelga una bandera independentista en cada ventana de la casa, y que viste a los niños con una camiseta patriótica fabricada en Marruecos o patrocinada por una teocracia petrolífera. El pueblo no es sólo esa parte de la sociedad que prefiere las mentiras reconfortantes a las verdades incómodas. Ya va siendo hora de decirle a esa parte de la sociedad que no es el pueblo, y que no permita que la casta le siga tomando el pelo.

*Juan Arza, responsable de Comunicación de Sociedad Cívil Catalana.

Cataluña
Carta a un amigo independentista
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 15 Agosto 2014

Convencido de que eres un representante típico de la franja urbana e ilustrada de la clase media catalana -inteligente, culto, trabajador, honesto, libre de prejuicios y, ¿por qué no?, amante de la buena vida y por lo tanto hostil al igualitarismo demagógico-, te hice llegar mi artículo "Los pecados del patriarca caído" (Libertad Digital, 30/7). Albergaba la esperanza de que impactara en tu sensibilidad de veterano catalanista convertido al independentismo y sentara las bases para un diálogo fundado sobre la racionalidad que, lo sé, ha guiado tu vida. Insisto, la racionalidad ha guiado tu vida: eres un catalán de vieja estirpe y, sin embargo, has dado pruebas de estar abierto a la sociedad plural, tanto en el ámbito familiar como en las veladas entre amigos que compartimos, y no das importancia a la pureza de los apellidos a la manera de los racistas vascos.

Tu respuesta fue abrumadoramente afectuosa y también escueta. Te limitaste a citar un verso célebre del poeta (español) Ramón de Campoamor: "En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira". Sinceramente, esperaba una argumentación más rica, que seguramente estás en condiciones de esgrimir, pero a mí, polemista incorregible, esta respuesta me basta para insistir en la apelación a tu racionalidad.

Efectivamente, el color del cristal es un factor a tener en cuenta cuando juzgamos el aspecto de un objeto. Pero no es el único ni el más importante. Excepto en el caso de los espejos cóncavos y convexos de los parques de diversiones, el cristal no cambia la forma del objeto. Vayamos a lo concreto. La independencia de Cataluña implica la erección de una frontera con España y la Unión Europea. Tú, lector fiel de La Vanguardia, lo sabes, aunque algunos colaboradores sectarios intenten confundir a los paletos, una categoría de la que tú y los convergentes veteranos estáis a años luz de distancia. El sabelotodo Joan Rigol, cofrade de Josep Antoni Duran Lleida y coordinador del Pacte Nacional pel Dret a Decidir, puede alucinar (LV, 19/7):

El día que llegue una soberanía de Catalunya irán todos detrás de Catalunya para que se integre.

Pero tú no te tragas esa píldora. Mejor dicho, no comulgas con esa rueda de molino, porque las dimensiones del embuste superan con creces las de una píldora. En cambio, sí debe de haberte impresionado mucho más que mi modesto artículo lo que escribió en tu diario de cabecera el ecuánime Rafael Jorba con un título elocuente, "Las cartas boca arriba" (LV, 19/7):

La terminología usada por el soberanismo -la "internacionalización del conflicto"- nos retrotrae al lenguaje de la izquierda abertzale de los años ochenta y olvida que España es Europa y, por tanto, la política europea ha dejado de ser política exterior (a la nítida toma de posición de la canciller Merkel me remito). No es extraño que el propio Juncker, en la ronda de conversaciones previa a su elección, recordase al eurodiputado Josep Maria Terricabras que "uno no se convierte en miembro de la UE mandando una carta", en alusión a la misiva que el president Mas envió en enero a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho y al presidente saliente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso. (…) Entre tanto, la lectura de la tanda de informes del Consell Assessor per a la Transició Nacional produce vergüenza ajena: da la sensación de que está intentando trocear la piel del oso -del toro, en este caso- antes de matarlo: no sólo el proceso secesionista no se ha negociado con el Gobierno de España, sino que ya se está diciendo a la UE cómo se organizará el Estado que saldrá del choque de trenes.

Volvamos al comienzo de esta carta: el objeto mirado a través del cristal es la unidad indivisible de España, con la salvedad de que si una de sus partes componentes se separa, esa parte quedará automáticamente excluida por iniciativa propia (no expulsada) de la Unión Europea. Y aquí es donde sí influye sobre la toma de decisiones el color del cristal con que se mira. Tú siempre has mirado a través del cristal que lo teñía todo con los colores del liberalismo, el pragmatismo y el posibilismo, lo que explica que nos entendiéramos tan bien a pesar de nuestras diferencias. Tu idiosincrasia y, ¿por qué negarlo?, tus muy legítimos intereses, te hacían sintonizar con el pactismo del peix al cove. Aborrecías los radicalismos hasta el punto de que incluías en esa categoría a los socialistas tibios. Veías a ERC como la gestora de la anarquía y la enemiga de los derechos constitucionales, entre ellos el de propiedad, hoy sujeto a los caprichos de vándalos y okupas. Sabías que los postcomunistas, los socialistas, tanto tibios como calientes, y los capitostes de ERC, miraban la realidad a través de un cristal muy diferente del tuyo.

Para ti, el hecho de que Cataluña, parte integrante de España, esté dentro de la Unión Europea, por la que tanto te gusta viajar sin pasaporte, es una conquista intocable.

El cristal a través del cual ERC, CUP, ICV, Guanyem Barcelona, Podemos, ANC, Òmnium, la monja rebelde y el resto de la corte de los milagros insurgente escudriñan la realidad, la pintan de colores muy distintos, opuestos, a tus favoritos. Tu querida CiU, garantía de equilibrio y estabilidad para tus valores e intereses, ya no lleva la batuta, sobre todo después de la bochornosa caída de su ideólogo y ex honorable líder. El psicodrama tribal, como lo calificó Francesc-Marc Álvaro (LV, 5/6), ha sustituido al tira y afloja de la política civilizada.

Estos ultras que conducen el proceso se ponen eufóricos cuando comprueban que Cataluña va a quedar fuera de la Unión Europea. Abominan de la canciller Merkel, de Juncker, de Durao Barroso. Les importa un pimiento la entronización en Cataluña del terrorismo internacional, de las mafias, del yihadismo. Para ellos lo importante es desembarazarse del Centro Nacional de Inteligencia, de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas españolas. O sea los organismos que hasta ahora os han garantizado una vida tranquila y próspera a ti y a muchos de los que se encolumnan alegre y desaprensivamente en manifestaciones pacíficas pero con inquietantes reminiscencias peronistas. Para más inri, estos maniqueístas también ponen en la picota a la Guardia Urbana y los Mossos d´Esquadra, porque odian a todos los que garantizan la vigencia de la ley y el orden, aunque sean catalanes.

No te engañes. El ala belicosa ambiciona la independencia para convertir Cataluña en un feudo de clanes radicales y antisistema, en una franquicia del chavismo. Lamentablemente, los líderes de CiU les allanaron el camino porque creían que así la Hacienda y la Justicia propias dejarían impunes sus chanchullos. Hoy, los energúmenos de la rauxa extorsionan a CiU para que se obstine en violar la ley convocando el referéndum amañado del 9-N.

Mira la realidad con tu vieja lente y descubrirás que estás en muy mala compañía. Te has convertido en compañero de viaje de quienes miran el futuro con la lente del caos. Estoy seguro de que no soportarías que te gobiernen, en una republiqueta aislada de Europa, los pescadores de río revuelto que, vistos desde tu altura intelectual y moral, sólo son dignos de tu desprecio y del desprecio de todos los que, como tú, ejercieron cada cuatro años el verdadero derecho a decidir… a decidir con su voto la consolidación de la democracia parlamentaria y constitucional. Aunque no nos creyerais cuando os advertíamos de que los líderes del partido que votabais, hoy defenestrados o en vías de defenestración, escondían segundas intenciones detrás de su aparente moderación. Uno de vuestros intelectuales, el incómodo Antoni Puigverd, que cultiva la libertad de pensamiento sin ceñirse a los esquemas dogmáticos de sus colegas salvapatrias, ha compuesto el epitafio de esta tentativa de reciclar el devaluado proyecto totalitario para crear un Movimiento Nacional hegemónico (LV, 1/8): "El pal de paller se pudrió".

En síntesis, el color con que ve el mundo este conglomerado de fuerzas enemigas del sistema parlamentario y capitalista y de la Unión Europea es antagónico del color con que lo ve un ciudadano como tú, culto, liberal y tolerante, que disfruta de nuestra sociedad abierta gobernada con criterio racional. Ellos quieren destruirla. Tú seguramente quieres conservarla. Como yo. Si esto nos convierte a ambos en conservadores, tanto mejor. Nuestra amistad será más sólida.

Querido amigo, dilecto entre los dilectos, como tú dices, nuestro afecto sigue intacto. Recibe un fraternal abrazo de

Insumisión
miquel porta perales ABC Cataluña 15 Agosto 2014

Si algunos políticos incumplen la ley -incluso la que dictan los Altos Tribunales del Estado-, ¿por qué no pueden hacer lo propio otros colectivos?

En Cataluña, la insumisión está a la orden del día. Si algunos políticos incumplen la ley -incluso la que dictan los Altos Tribunales del Estado-, ¿por qué no pueden hacer lo propio otros colectivos? Quizá hayan pensado eso los comerciantes barceloneses descontentos con el raquítico horario de apertura –de diez de la mañana a seis de la tarde- de los festivos del mes de agosto. ¿Cómo es posible que les obliguen a cerrar a las seis de la tarde cuando –precisamente a esa hora- la gente empieza a salir a la calle en verano?

La respuesta del comercio: muchos negocios han decidido prolongar a su aire –unilateralmente- el horario hasta las nueve o las diez de la noche. Y el Ayuntamiento les amenaza con una multa. ¿Qué ocurre aquí? El Ayuntamiento –en manos de CiU- no se atreve a aprobar la libertad de horarios comerciales, porque la medida irritaría a unos pequeños botiguers que –al parecer- forman parte del electorado –hoy en declive- convergente. CiU teme –miren si la cosa está mal- que incluso los pequeños botiguers la abandonen.

El detalle: el Ayuntamiento justifica la tacañería horaria aduciendo –sociología recreativa- que la libertad total de apertura iría contra el “modelo catalán de comercio”.

Lo curioso del caso: dicho modelo no existe. El secreto del caso: el Ayuntamiento usa y abusa del “modelo catalán de comercio”, porque no quiere aplicar la legislación española. ¿Por qué? Pues, porque es española. Y cuando al Ayuntamiento se le habla de la unidad de mercado que beneficia a los emprendedores, CiU saca del armario el fantasma –vuelve el victimismo- de una recentralización que quiere laminar la autonomía de Cataluña. Vale decir que la unidad de mercado es una imposición de la Directiva de Servicios de la Unión Europea.

De esta cuestión quedan claras dos cosas. Primera: el Ayuntamiento de CiU pone trabas al consumo festivo de los ciudadanos. Segunda: el Ayuntamiento de CiU –suma y sigue- es el auténtico insumiso de este asunto al no acatar la legislación europea.



En idiomas, la juventud gallega empuja a la Xunta

La Opinion 15 Agosto 2014

El próximo curso académico 85.000 alumnos se beneficiarán del plan de lenguas extranjeras impulsado por la Xunta de Galicia. Se impondrá el programa de doble titulación en Bachillerato, baccalerèat francés, y el diploma bilingüe inglés-español, cuyas clases se triplicaron en los últimos cuatro años. Ítem más, en el nuevo periodo escolar, habrá 35 centros educativos trilingües y los conservatorios profesionales de Música, estarán facultados para crear sus propias secciones bilingües. Frente a la proliferación académica de idiomas foráneos, los Estudios de Gallego, Lengua y Literatura Gallega, Gallego y Portugués, Estudios Lingüísticos y Literarios, de carácter universitario, pese a las ayudas recibidas, no logran cubrir las plazas oficiales que, en teoría, debieran suprimirse.

La reacción de la Xunta de Galicia, con su plan de lenguas extranjeras, no ha sido caprichosa: se debe a la realidad de que nuestra juventud va delante de la política y valora que, para sus aventuras académicas en el exterior, o para tener acceso a material didáctico de la última hornada, se hace imprescindible el conocimiento de idiomas, además del propio cuyo carácter universal es nuestro mayor capital.

Los "puristas defensores do noso idioma" de la Mesa, y los propios gobernantes, habrán comprobado que la "normalización" coercitiva ha sido una fracaso. La Xunta debe aplicarse a fomentar la convivencia del bilinguïsmo y cumplir las pautas de la UE, que prohíbe la discriminación por razón de la lengua. No es de recibo asociar educación y cultura con la lengua minoritaria. La política se desvirtúa cuando la legalidad ampara el abuso, y se hace uso litúrgico del vernáculo. (Véanse las páginas de las webs de la Xunta y en algunas organizaciones el afán de exaltar ficciones nacionales inventadas). Los hechos exigen que el lenguaje de todos continúe dándonos puntos de orientación ética.

Otrosidigo
Castelao en una de sus excursiones al Finisterre bretón cuenta que oyó cantar un cuco y cantaba como los de su tierriña. Y ladró un perro y lo hizo como todos los perros. Entonces caviló y señaló: "Los pobres animales aún no pueden hablar otra cosa que una lengua universal".


 


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