AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Agostoo  2014

No les puede salir gratis
EDITORIAL Libertad Digital 17 Agosto 2014

Si algo caracteriza a la democracia española de forma continuada desde el año 78 es la voluntad de integrar tanto al nacionalismo catalán como al vasco. La propia Constitución es el mejor ejemplo de ello: la creación del Estado autonómico, la división entre regiones y nacionalidades históricas… Buena parte de la almendra central del texto constitucional es un esfuerzo por dar gusto a quienes abominan de España.

También las décadas posteriores a la aprobación de la Carta Magna son un largo camino de concesiones al nacionalismo: económicas, intelectuales, de todo tipo.

La entrega ha sido total en el caso de una izquierda que ha decidido que cualquier nacionalismo es aliado, haya lo que haya detrás: desde el racismo infecto de Sabino Arana al clasismo excluyente de Convèrgencia, todo le parece bueno si va contra esa idea demencial de España que maneja.

Lo peor no ha sido ese esfuerzo de la democracia, que podría tener su sentido; ni el sistema autonómico lleno de deficiencias que se ha generado. Lo peor es que ha sido completamente baldío. De hecho, esa voluntad de integración ha resultado contraproducente: cuantas más cesiones se han hecho a los nacionalistas, más furioso ha sido su ánimo independentista y, sobre todo, más radical ha sido su odio a España. Cuanto más se ha intentado configurar la casa común para que ellos se sintiesen cómodos, más se han esforzado por destruirla.

El nacionalismo ha sido el gran responsable de los peores problemas que ha sufrido España en estas décadas: el terrorismo de ETA, la falta de libertades tanto en el País Vasco como en Cataluña y, tal y como se está descubriendo ahora, la terrible corrupción que ha asolado lo que en lugar de una comunidad autónoma parece haber sido el patio particular de la familia Pujol Ferrusola.

La confesión de Pujol y lo que ésta ha supuesto de despertar para Cataluña y el resto de España tienen un valor simbólico que no se puede desaprovechar y que, de hecho, debería marcar un cambio de tendencia: ha llegado el momento de decir basta y de que el nacionalismo, ahora especialmente el catalán, se enfrente al resultado de su deslealtad.

El nacionalismo ha sido terriblemente desleal, liberticida, despilfarrador y, para colmo, ladrón. Ha llegado el momento de que pague por todo ello. Tanto las ideas más retrógradas de Europa como las personas que las defienden deben ocupar el lugar que les corresponde: en algunos casos la cárcel y en todos el de la deslegitimación que merece una ideología construida sobre la mentira y radicalmente opuesta a la libertad.

Las cuitas de Montoro y el gráfico que a Campa espanta
Nacho Cardero El Confidencial 17 Agosto 2014

Uno de los entretenimientos más sugerentes que resultan de la lectura de los últimos trabajos de Juan Pablo Fusi consiste en tratar de adivinar en qué momento, página o acotación va a poner a José Luis Rodríguez Zapatero como chupa de dómine. “Supuso la ruptura de los consensos básicos vigentes, tácita o explícitamente, desde la transición” (1), “fue el principal responsable de la crisis” (2). Fusi, historiador independiente, nada sospechoso de ser un submarino de la FAES, coloca al expresidente en el lugar que el devenir de los acontecimientos le ha reservado: el del peor presidente de la democracia.

Lapidar a Zapatero se ha convertido en el reality preferido de la opinión pública. Por delante incluso de Master Chef. Le zurran hasta sus otrora caballeros de la mesa cuadrada, Solbes, Sebastián et alii, como si ellos no tuvieran nada que ver con la gestión que se hizo de la economía española aquellos años, como si las decisiones las tomara el bedel de La Moncloa. “El día de su anuncio en el Congreso [aprobación del cheque-bebé] ostensiblemente no aplaudí la intervención del presidente del Gobierno”, se excusaba Solbes (3).

Por si no bastara, a estos felones viene a sumarse José Manuel Campa, quien fuera secretario de Estado de Economía (2009-2011) y ahora directivo a las órdenes de Emilio Botín. Lo de Campa no es tanto por acción como omisión. Doctorado por la Universidad de Harvard, profesor del IESE y responsable de las relaciones con inversores y analistas del Santander, pronunció una conferencia el pasado mes de mayo, Retos para la recuperación económica en el euro, en la que enunciaba los males de España y exponía una serie de soluciones en las que, muy poco o nada socialistas, seguía la línea marcada por la ortodoxia imperante. ¿La conclusión a extraer? La deuda pública española es poco menos que impagable.

Lo llamativo del caso no reside en la mencionada exégesis (nada novedosa) sino que sea Campa, cómplice necesario de que hoy estemos con el agua el cuello y de aquel Plan E en el que se dilapidaron más de 15.000 millones de euros en obras fantasma y pavimentar calles que no lo necesitaban, el que lo afirme. El gráfico de la deuda que mostró en su exposición, que debería sonrojarle si no fuera porque la memoria en este país es frágil como el alabastro, pone negro sobre blanco las miserias de un modelo económico.

La curva asciende en vertical. Directa al abismo. El Banco de España lo vino a corroborar la semana pasada. Nos encontramos por encima del billón de euros de deuda pública. El Gobierno central y las comunidades siguen endeudándose para, como señalaba Juan Carlos Barba en este mismo diario, impulsar la demanda “y que así el electorado viva la ficción de una recuperación”. Hemos alcanzado las trece cifras. La deuda de las administraciones públicas alcanza los 1.007.319 millones de euros en junio, lo que ya supone el 98,2% del PIB.

Lo infamante de los gráficos de Campa reside en el hecho de comprobar cómo las familias españolas, a pesar de los ERE, de los recortes salariales, del dogal impositivo que el gobierno ha puesto a los contribuyentes, se han ido progresivamente desapalancando; igual que las compañías españolas, que han vendido activos hasta prácticamente tocar hueso. El sector privado ha cumplido. Y lo ha hecho con fe espartana, obedeciendo órdenes de Bruselas. El sector público, en cambio, rien de rien. Las Administraciones se han pasado la austeridad por donde todos sabemos. Especialmente, las autonomías.
Viñeta de 'The Economist': así trata el Estado a sus ciudadanos.Viñeta de 'The Economist': así trata el Estado a sus ciudadanos.

La deuda bruta de las comunidades ha crecido un 16,3% en los últimos 12 meses y un 9,17% en lo que llevamos de 2014, lo que significa que, a pesar de contar con la bombona de oxígeno del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), sus gastos siguen sin poder financiarse con ingresos pese a los recortes que teóricamente se han acometido. La bola crecerá y crecerá, y seguirá así hasta que las comunidades autónomas no dejen de ser un nido de canonjías y se elimine de una vez por todas el ‘gasto político’, auténtica lacra del país. Nos referimos a las duplicidades entre administraciones, cargos de libre designación, asesores, etcétera, ese morlaco que ni el anterior gobierno ni el actual se han atrevido a encarar con determinación.

La experiencia nos dice que la deuda pública de un país jamás se paga, sino que se refinancia, esto es, un roll over tras otro siempre y cuando se presuma capacidad de pago. El problema es caer en la autocomplacencia -como le ocurre al Ejecutivo de Rajoy-, porque del optimismo del presente vendrán las lamentaciones del futuro. Para no hacerlo es imprescindible continuar con las reformas, “reducir el tamaño del estado por debajo del 30% del PIB, de donde nunca debió moverse. Es imprescindible, para ello, reducir impuestos, devolverle al individuo su capacidad de elección”, aporta el profesor y colaborador de este medio Juan Manuel López-Zafra.

Según datos de Eurostat, los ingresos públicos de España en el año 2007 suponían el 41,1% del PIB; en 2012, habían caído casi cinco puntos hasta situarse en el 36,4%. Por el lado de los gastos, han pasado del 39,2% al 43,4%, o lo que es lo mismo, han aumentado en más de cuatro puntos. Una tendencia que mortifica a Montoro y ejemplifica los males de este país.
Bombardeo de Caracas.Bombardeo de Caracas.

De no hacerlo, de no haber una política de contención de deuda, llegará un día en que, sin esperarlo, nos encontraremos en un escenario de falta de liquidez que generará insolvencia (como estuvo a punto de ocurrir en el verano de 2012), y entonces tendremos un problema abismal y nuestros acreedores terminarán asaltando las torres KIO como los barcos de guerra ingleses bombardeaban la bahía de Caracas para reclamar sus deudas, hecho que, como recordaba nuestro colaborador Ignacio de la Torre, fue portada de los diarios españoles.

Entre las soluciones que plantea Campa para aminorar nuestro alto grado de apalancamiento y afianzar nuestra endeble recuperación se encuentran: uno, crecimiento basado en el consumo; dos, corrección al alza de la inflación; tres, venta de activos; cuatro, integración financiera; cinco, desaparición o crecimiento de las pymes españolas; y seis, aplicación de quitas públicas y privadas. Soluciones del que fuera secretario de Estado con Zapatero. Ver para creer. Entendemos que, a estas alturas, en el Banco Santander le habrán explicado que no es lo mismo predicar que dar trigo. Mientras tanto, la deuda pública en las trece cifras.

(1) Página 265 de Historia mínima de España (Turner Publicaciones)
(2) Página 257 Breve historia del mundo contemporáneo (Gutemberg)
(3) Página 347 de Recuerdos (Editorial Deusto)

El Majzen
Luis del Pino Libertad Digital 17 Agosto 2014

¿Quién manda en Marruecos? La tentación inicial sería responder que el gobierno electo. Al fin y al cabo, Marruecos es teóricamente una democracia.

O bien, si conoce mínimamente la situación, alguien podría responder (con algo más de precisión) que quien manda es el Rey, que sigue poseyendo en la práctica un amplio poder, a pesar incluso de la reforma constitucional de 2011.

Sin embargo, si preguntamos a un marroquí medianamente versado en los asuntos políticos, nos dirá que quien manda en Marruecos es, en realidad, el Majzen.

¿Qué es el Majzen?
La palabra árabe "majzen" significa, literalmente, almacén. De hecho, de ella proviene nuestra palabra española "almacén". Y en Marruecos, el término Majzen se utiliza para designar a la oligarquía compuesta por el Rey, sus familiares, los altos mandos del ejército, los altos miembros de las fuerzas de seguridad, los altos funcionarios, los grandes terratenientes, los grandes empresarios y los líderes tribales. En suma, el grupo de personas que verdaderamente constituye el poder fáctico en nuestro país vecino.

Cuando un marroquí dice que quien manda es el Majzen, lo que está afirmando es que, en realidad, las instituciones democráticas son solo un decorado, manejado a su antojo por quienes de verdad detentan el poder. No es el gobierno legalmente constituido quien toma las decisiones, sino que ese gobierno es solo un instrumento en manos de quienes controlan la Economía, el Ejército, los Servicios de Información y la Judicatura.

Obviamente, al Majzen no puede pertenecer cualquiera: es el Majzen quien decide a quién admite en el club. Se trata en buena medida de una cuestión hereditaria: nacer en una buena familia te puede resolver la vida, Pero no es un grupo completamente cerrado, sino que va cooptando a aquellos nuevos miembros que sea interesante y seguro incorporar a la estructura de poder.

Por supuesto, tampoco se trata de una organización formal, ni monolítica. En el Majzen hay facciones, alianzas y traiciones. Hay gente que se encumbra y hay gente que, de repente, puede caer en desgracia. Pero a todos los miembros del Majzen les une, en cualquier circunstancia, un interés común: el mantenimiento de las estructuras sociales que garantizan a los miembros del Majzen sus privilegios y permiten la propia pervivencia del Majzen.

En resumen: el Majzen es lo que por estos lares llamaríamos "la Casta marroquí", pero se trata de una casta aún más cerrada y feudal que la nuestra.

En todos los países, por muy democráticos que sean, tienden a formarse oligarquías. El mero roce cotidiano entre personas que ocupan puestos de decisión tiende a formar vínculos y a hacer surgir intereses comunes entre ellas. Lo que diferencia a una verdadera democracia (por ejemplo, Estados Unidos) de un simulacro de democracia (como por ejemplo, Marruecos) son tres cosas: en primer lugar, que el poder de la oligarquía está limitado por la Ley, minimizándose así la arbitrariedad del gobernante; en segundo lugar, que la oligarquía está relativamente fragmentada, gracias a la separación de poderes, para evitar que todo el poder se concentre en un único grupo dirigente; y en tercer lugar, que esa oligarquía es relativamente abierta y son los electores (y no la propia oligarquía) quienes eligen a los oligarcas.

¿En qué posición está España, dentro de ese abanico de países democráticos? Pues, por desgracia, bastante más cerca de Marruecos que de los Estados Unidos. La carencia de respeto por la Ley en nuestros gobernantes, la ausencia de una verdadera separación de poderes y la cooptación de candidatos electorales por las cúpulas de los partidos (combinada con las barreras de entrada a nuevas formaciones políticas) ha hecho que en nuestro país se haya terminado consolidando una auténtica Casta muy parecida al Majzen marroquí.

Y el problema es que, cuanto más se aproxima una oligarquía al modelo del Majzen, más se resiente el estado democrático y más aumenta la desigualdad social. Para un auténtico Majzen, la democracia no es el fundamento de su poder, sino un simple mal necesario, con el que dotarse de legitimidad ante la opinión pública nacional e internacional. Con lo cual, cualquier cosa que permita moldear (o incluso falsificar) la voluntad del pueblo es aceptable. Y la democracia termina convirtiéndose en un mero simulacro. Y si un Majzen quiere el poder es, obviamente, para mantener sus privilegios, lo que quiere decir que un verdadero Majzen termina consagrando una estructura social formada por dos capas bien diferenciadas: una minoría extraordinariamente rica y una mayoría que se mueve en el límite de la subsistencia.

Si miran ustedes a su alrededor, observarán que España era, hace veinte años, bastante más libre y democrática de lo que lo es hoy en día. Nuestra oligarquía ha ido transformándose poco a poco en un Majzen, limitando cada vez más, por el camino, nuestras libertades.

Las pasadas elecciones del 25-M han marcado, afortunadamente, un punto de inflexión. Las posibilidades de manipulación de la opinión pública por parte de nuestra Casta dirigente se han visto muy mermadas, gracias a los pésimos resultados cosechados por los dos principales partidos del régimen. Con lo que, de repente, se ha abierto la posibilidad de frustrar la consolidación final del Majzen español.

Será cuestión de aprovechar la oportunidad para recuperar las libertades perdidas y restablecer los usos democráticos, ¿no?
- Seguir leyendo: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/el-majzen-13126/

Trescientos millones diarios
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 17 Agosto 2014

La deuda pública en España ha alcanzado ya la cifra amenazadora de un billón de euros. Pero lo peor no es su desmesurado volumen, sino que va a seguir creciendo hasta representar el 100% del PIB en 2016. El Gobierno se ufana de la bajada de nuestra prima de riesgo, lo que abarata los empréstitos, y del crecimiento, que se sitúa por encima del francés, del alemán y del italiano.

Los signos de recuperación de la creación de empleo, aunque modestos, le permiten también echar las campanas al vuelo y proclamar lo acertado de sus políticas. Sin embargo, el tremendo volumen y la evolución del endeudamiento del Tesoro son el indicador que demuestra que la economía española dista de estar saneada. Cada día que pasa, nuestro país debe trescientos millones de euros más, lo que equivale a decir que cada año nuestras Administraciones gastan del orden de cien mil millones de euros más de lo que ingresan, y esta trayectoria suicida se mantendrá durante los próximos años.

Todo lo que nuestro país produce en un ejercicio presupuestario lo debemos, lo que constituye una carga onerosa que gravita sobre nosotros y nos impide encontrar la senda de la verdadera prosperidad. En los años previos a la crisis, los países del Sur de Europa gastaron en exceso aprovechando los bajos tipos de interés y la financiación que fluía a chorros desde los Estados Miembros centrales. Algunos Gobiernos, como el griego, entraron prácticamente en el campo de lo delictivo falseando las cuentas que presentaban en Bruselas. Ahora intentan desesperadamente reducir sus déficits e introducir reformas estructurales que les hagan competitivos. Por supuesto, una de las medidas aplicadas ha sido la brutal subida de impuestos, factor que ahoga el dinamismo económico y dificulta el ahorro y la inversión.

Nadie quiere reconocer, y el Gobierno español tampoco, que mientras no se aligere el Estado, se simplifique la Administración y se reduzca significativamente la nómina pública, continuaremos entrampados y sin posibilidad de prosperar. Los cíen mil millones que España gasta cada año de más han de ser eliminados modificando a fondo la estructura territorial del Estado, suprimiendo miles de organismos inútiles, cortando subvenciones, atajando de una vez la corrupción y adelgazando sin vacilar las infladas plantillas en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas.

Cuando uno observa que todavía hay gente que plantea exigencias en los planos de la financiación autonómica o en el de la protección social que implicarían incrementar aún más el gasto público, entra la duda no ya de si nuestros políticos entienden el funcionamiento de la Hacienda común, sino de si conocen las reglas elementales de la aritmética.

¿Hay alguien de guardia?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Agosto 2014

Según el inquilino de CiU en el hotel Palace de Madrid, Duran y Lleida, no abordar el debate soberanista perjudicará la economía española, a lo que yo añado que de llevarse a cabo la secesión, sí que perjudicaría gravemente la economía española, amén de la catalana. Lo curioso es que a lo que este sujeto llama debate, otros como el de ERC un tal Lluis Salvadó, lo considera algo superfluo ya que ellos se mueven por la legalidad del pueblo y que el proceso no lo marcará el Tribunal Constitucional. O sea el debate es “esto es lo que hay”. Para estos tipos la Constitución no les aplica y lo que prevalece es imponer una supuesta voluntad de un inexistente “pueblo catalán” carente de legalidad alguna, ni propia ni delegada por la soberanía nacional que reside en el pueblo español.

La verdad es que hace tiempo que estoy harto de estos payasos, de sus bravuconadas de barra de bar y de la permisividad inaceptable que se les concede desde el Gobierno de España. No me cansaré de repetir que existe una dejación de responsabilidades en la actitud dialogante y mercantilista del Gobierno de Mariano Rajoy, dispuesto a mantener la estrategia de las compensaciones económicas y de la no injerencia sobre los desmanes que se vienen perpetrando contra los derechos de los españoles en la C.A. de Cataluña desde su Parlamento y el Gobierno de la Generalidad.

Queda menos de un mes para el comienzo de las jornadas de lucha promovidas por los secesionistas, con la movilización multitudinaria de ciudadanos en la Diada, la posterior aprobación de la Ley de Consultas y la enésima insumisión a la Constitución proclamando la exclusiva voluntad del pueblo catalán como base de toda la legitimidad que necesitan para realizar su referéndum separatista. Será entonces cuando certifiquemos la voluntad real de Mariano Rajoy, del PP y del parlamento español de llevar a cabo las medidas tendentes a que no se consume esta traición y sedición.

Desgraciadamente, los antecedentes solo parecen indicar que la apuesta de Martiano Rajoy es que Artur Mas nunca va a atreverse a llevar a término sus amenazas, haciendo caso a los rumores que apuntan a declaraciones en privado en ese sentido, totalmente opuestas a las realizadas en público y en cualquier acto de enaltecimiento del separatismo catalán. Son incapaces de ver que esta estrategia es tan simple como la de “poli bueno, poli malo” y que hace tiempo que este proceso ya no está en manos de CiU, sino de sus socios de gobierno ERC, CUP, los movimientos civiles como la ANC y demás parafernalia folclórica de esta gansada.

Sería bueno que los medios de comunicación y los partidos políticos que aspiran a gobernar España, muestren de una forma más clara sus posiciones ante el desafío secesionista, dejando a un lado los intereses económicos que les hacen rehenes de los poderes del Estado y de los Gobiernos autonómicos como el de Artur Mas. Por una vez deberían anteponer la ética informativa sobre la conveniencia y la hipocresía. La misma que demuestran diversos sectores como el de los empresarios que siempre quieren nadar y salvar la ropa, demostrando que el capital no tiene otra ideología que la del beneficio y apuntarse a caballo ganador. Unos empresarios que lo mismo apoyan una dictadura, que se declaran firmes defensores de una democracia en la que no creen.

Aún estoy por oír la respuesta de algún responsable del Gobierno, no ya del mismo Rajoy al que es misión imposible sacarles de su retiro gallego, sino de alguno de los teóricos integrantes del equipo de guardia ¿o es que no ha quedado nadie con esa misión? Mejor ni pregunto.

Democracia y demagogia
Francisco Rodríguezwww.diariosigloxxi.com 17 Agosto 2014

Nuestra democracia me parece más bien demagogia. Los políticos se aplican a cantar sus propias excelencias, tapar sus errores y corrupciones, convencernos de que las soluciones que ofrecen son las únicas válidas para recuperar el estado de bienestar y pedirnos su voto para ejercer el poder, que resulta para ellos magníficamente retribuido.

No hay que esperar que nos digan la verdad de nada, pues si existiera una verdad indubitable se lanzarían de inmediato a destruirla, en la medida que se opusiera a sus intereses. La esencia de la política no es la mentira sino la opinión, que busca ser compartida por el mayor número de personas que, normalmente, carecen de la formación crítica suficiente para un análisis desapasionado y objetivo de los verdaderos intereses que están defendiendo.

Si aparecen en la plaza pública demasiadas opiniones, todas coincidentes en la ansiosa búsqueda del poder, pueden provocar que su ejercicio, el gobierno, resulte difícil, ya que si ninguna opinión consigue la mayoría de los votantes hay que buscar pactos y componendas en los que funcionará el toma y daca, en un equilibrio que puede resultar inestable, salvo que se decidan nuestros políticos a buscar sistemas electorales más seguros y veamos cómo funcionan. Ya que tenemos una amplia variedad de ámbitos electorales, se podría ensayar la modificación en alguno de ellos, aunque de inmediato, cada partido decidiría su apoyo o rechazo, exclusivamente según sus propias y puntuales expectativas.

Como en política no hay verdades absolutas, salvo creer a pies juntillas que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, las opiniones que se nos ofrecen, a la búsqueda de nuestro voto, son bastante parecidas: el estado de bienestar y sus estrategias: ¿gastar más o recaudar más? ¿Más prestaciones? ¿Menos impuestos? Aunque estemos comprobando cada día que el bienestar no resulta sostenible. Hay quien ofrece un sueldo a todos los españoles, aunque no deje claro cómo lo va a hacer. Para distinguirse unos de otros, algunos añaden trazos gruesos como el anticlericalismo, el aborto o la ideología de género, aunque estamos viendo que muchas de esas posturas, sedicentemente “progres” son aceptadas de forma expresa o tácita por los contrarios, para mayor confusión.

Pero si las soluciones políticas, como arte de lo posible, no cuajan y si cuajan no se mantienen durante mucho tiempo, los hechos que, en principio, debían ser aceptados por todos, también están sometidos a constantes revisiones y manipulaciones ya se trate de la guerra entre Borbones y Austracistas terminada en 1714, la guerra civil, la transición del régimen de Franco a la promulgación de la Constitución de 1978 y hasta la reconquista y el descubrimiento de América. Cada vez sabemos menos de nosotros mismos, ni de nuestro pasado ni de nuestro futuro. ¿Saldremos de esta crisis y cuándo?

¿Cómo se resolverá el problema del envejecimiento de la población? Christine Legarde, la del FMI dice: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global, hay que hacer algo ya”. Recomienda disminuir las pensiones y aumentar la edad de jubilación. ¿Qué les parece? Si esto se dice desde la democrática y avanzada Europa, me temo lo peor.

Claro que ahí tenemos los luminosos ejemplos de Cuba o Venezuela para alimentar nuestra esperanza. (Es broma, una triste broma)

España / Caso ERE
Un fraude diseñado al milímetro y en tres fases
F. Martí / F. Velasco. Sevilla/Madrid. La razon 17 Agosto 2014

Así se fraguó la mayor trama de corrupción de España
Alaya repasa en su escrito al Supremo cómo la Junta «subvertió el ordenamiento jurídico» para hacer prevalecer sus intereses políticos
Considera que la Junta ideó un sistema para disponer de manera «ilícita de fondos públicos», que mantuvo entre los años 2000 y 2011

El fraude de los ERE se origina porque la Junta de Andalucía ha sido incapaz de acomodar una decisión política al ordenamiento jurídico. Ésa es la teoría que sustenta la instrucción de la jueza Mercedes Alaya y que deberán ahora avalar o no otras instancias judiciales, entre ellas el Tribunal Supremo, ya que hay implicados nueve aforados, entre los que se encuentran los dos ex presidentes autonómicos Manuel Chaves y José Antonio Griñán. El Gobierno andaluz decidió en 1999 conceder ayudas sociolaborales a los trabajadores afectados por Expedientes de Regulación de Empleo. El desempleo y la fragilidad del tejido productivo siempre ha sido uno de los principales problemas de la región. Para minimizar el impacto y como una de sus políticas «estrella», la Junta decidió sufragar los costes de las grandes reestructuraciones empresariales, garantizándose así la «paz social» y apagar los conflictos que podrían erosionar al Ejecutivo autonómico y al PSOE. La fórmula, pactada con sindicatos y empresarios, era simple: la Junta pagaba a los trabajadores despedidos una renta mensual a través de una póliza financiada con fondos públicos hasta la edad de jubilación y la empresa, en teoría, seguía funcionando con un plan de viabilidad. Todos los actores ganaban. Esta idea política se ejecutó provocando, a juicio de Alaya, «una auténtica subversión del ordenamiento jurídico» que la Junta ha mantenido durante más de una década con pequeños cambios legales insuficientes. En la exposición razonada remitida al Tribunal Supremo para justificar la implicación de los nueve aforados, la magistrada repasa el origen del caso.

LOS PRECEDENTES
En 1999, la Consejería de Empleo recurría a subvenciones excepcionales para pagar prejubilaciones. Jurídicamente era la fórmula apropiada, pero en la práctica había un problema: al ser ayudas recurrentes y heterogéneas, los órganos de control interno comenzaron a poner reparos, lo que ralentizaba el proceso y por tanto, la consecución de los objetivos políticos. Esa «controversia» entre los órganos de gestión y los de fiscalización dio lugar a la creación de un nuevo sistema para la concesión de las ayudas.

EL PROCEDIMIENTO
El ex consejero de Empleo Antonio Fernández denominó como «procedimiento específico» la nueva fórmula de trabajo encontrada para seguir impulsando las políticas de ayudas sociolaborales de la Junta. Así lo refleja Alaya en su escrito. Con la intención de agilizar el funcionamiento, la Junta traspasó fondos públicos a una empresa pública. El Instituto de Fomento de Andalucía –luego Agencia IDEA– recibía transferencias de financiación por parte de la Administración. Esta figura presupuestaria es legal siempre que se utilice para equilibrar la cuenta de resultados de los entes públicos. Sin embargo, ese dinero no se utilizaba para ese fin sino para pagar los ERE y las subvenciones a empresas que ordenaba la Consejería de Empleo. El interventor se limitaba a verificar el expediente de la transferencia de financiación, pero no el uso de la misma, toda vez que no ejercía sus funciones de fiscalización en la empresa pública, que actuaba como «caja pagadora». Un agujero legal que posibilitó el fraude. En este tiempo se distinguen dos etapas. Durante 2000 y 2001, el dinero llegaba a la empresa pública a través de modificaciones presupuestarias, siempre como transferencias de financiación. El segundo periodo es el comprendido entre 2002 y 2009, en el que ya figura en el Presupuesto de la Junta de Andalucía que aprueba el Parlamento una partida presupuestaria que se nutre de las citadas transferencias y que por tanto se utilizó de manera «inadecuada», a juicio Alaya.

Entre 2000 y 2001, el juzgado ha contabilizado siete modificaciones presupuestarias por 93 millones de euros, aprobadas por el Gobierno que presidía Chaves a propuesta de la ex consejera de Economía y Hacienda Magdalena Álvarez. Éste es uno de los motivos que sustentan la imputación de Chaves y la de la ex ministra de Fomento, así como la de los sucesivos responsables andaluces de Economía y Hacienda –José Antonio Griñán y la diputada andaluza Carmen Martínez Aguayo–, que también recurrieron a estas modificaciones del Presupuesto, que supusieron una «disposición ilícita de fondos públicos».

Transcurrida esta primera etapa y ante las deficiencias del sistema, la Consejería de Empleo ideó un «referente legal» para normalizar la situación. Un convenio entre la mencionada Consejería y su empresa pública mediante el cual esta última se encargaba de «materializar» las ayudas . Se firmó en julio de 2001, pero su desarrollo siguió obviando normas básicas como la propia Ley de Hacienda Pública de la Junta. En la práctica, Empleo concedía subvenciones discrecionales sin publicidad y libre concurrencia y su ente instrumental abonaba el dinero que previamente le llegaba vía transferencias de financiación. Esta forma de actuar se prolongó hasta 2010, pese a que el convenio que supuestamente avalaba las actuaciones expiró el 31 de diciembre de 2013.

PRESUPUESTO FALSO
La inclusión entre 2002 y 2009 de una partida presupuestaria específica en la Ley de Presupuestos para estas ayudas tuvo otras consecuencias. Para justificar las transferencias de financiación que recibía el IFA –y que sólo podían utilizarse legalmente para enjugar las pérdidas de la empresa pública–, este ente «falseó» sus cuentas incrementando de manera «ficticia» sus gastos. En realidad, sostiene Alaya, «el pago de las subvenciones –que le ordenaba Empleo– no le suponía gasto alguno». Este es otro de los motivos que la jueza reprocha a los aforados y que ha motivado la imputación de los altos cargos de la Junta imputados y que no gozan de fuero.

CAMBIO EN 2010
En el Presupuesto de 2010, y tras varios avisos internos y externos, la figura presupuestaria de las transferencias de financiación desapareció y el crédito se consignó de manera «adecuada» para conceder subvenciones. En la práctica «todo siguió como antes»: sin bases reguladoras de las ayudas, sino a través de órdenes de Empleo a la empresa pública para que abonara los compromisos que la Consejería iba adquiriendo.

NUEVAS NORMAS
Con el escándalo en los medios de comunicación, la Consejería de Empleo dictó dos órdenes –2011 y 2012–en las que incluían bases reguladoras de las ayudas y su convocatoria, pero obvió «la legislación estatal para este tipo de ayudas». El escrito recoge algunos pagos a ayudas comprometidas anteriormente y que motivan la imputación del ex consejero de Empleo y aforado Manuel Recio.

PACTO PSOE-IU
El 18 de octubre de 2012, con IU en la Junta y Susana Díaz como «número dos» de Griñán –su renuncia al cargo se produjo en 2013–, ambos partidos aprobaron una norma para seguir otorgando ayudas. Alaya duda de que una comunidad autónoma tenga competencias y critica que se le ha dado una salida a las subvenciones ya comprometidas irregularmente.

Cambios cosméticos
Los reparos
- Los problemas surgen en el año 2000, cuando los funcionarios que fiscalizaban las ayudas ponen reparos a la concesión de las subvenciones excepcionales.

La «solución»
- Se introduce una empresa pública en el proceso para «huir» del control administrativo que retrasaba las ayudas de los ERE.

El Presupuesto
- Se recurre a transferencias de financiación para el pago de subvenciones, lo que obliga a «falsear» el Presupuesto, ya que esa figura sólo sirve para enjugar pérdidas.

Discrecionalidad
- Con el sistema funcionando, comienzan a pagarse las comisiones y se introducen a los primeros «intrusos». Un «negocio» sostenido con fondos públicos.

Avisos ignorados
- Las advertencias sobre la ilegalidad se ignoran y sólo se operan cambios menores que Alaya considera ilegales.

El testimonio de los cristianos iraquíes
El drama que llega de Irak: "No nos dejan salir y solo nos dan una opción, islam o muerte”

Un sacerdote relata las historias de los cristianos que llegan a su parroquia huyendo del Estado Islámico y llenos de miedo ante lo que han vivido.
Javier Lozano Libertad Digital 17 Agosto 2014

Lo que está ocurriendo en Irak tiene visos de convertirse en un drama histórico que acabe con dos comunidades con unas raíces en esta tierra que se remontan a más de 2.000 años. Bajo el régimen del terror, los islamistas del Estado Islámico están poco a poco consiguiendo su objetivo de 'limpiar' a su paso todo rastro de todo aquello que suene a cristiano o a yazidí. Estas dos minorías religiosas están siendo literalmente masacradas y sólo ante unas matanzas y una barbarie pocas veces vista la comunidad internacional se ha lanzado a intentar frenar lo que se está convirtiendo en un genocidio.

Este sábado, los yihadistas mataban a sangre fría a más de 700 yazidíes al negarse a convertirse al islam. Además, los terroristas se llevaron a las mujeres y a los niños de estas comunidades. Este tipo de masacres se están convirtiendo en algo normal. Un día les toca a los cristianos y otro día a ellos.

Este estado de terror y las abominables modos de acosar y asesinar del Estado Islámico ha provocado la huida de cientos de miles de iraquíes, que intentan llegar a las zonas seguras del Kurdistán o a Bagdad, en muchos casos como una mera escala para salir del país que les vio nacer. Este éxodo ha provocado además una gran crisis humanitaria. Los que no mueren o son sometidos a manos de los islamistas deben sufrir las temperaturas de más de 50 grados, la falta de agua y de comida. Y por ende la muerte.

Ante esta situación, muchos sacerdotes siguen permaneciendo en Irak a pesar de la persecución. Uno de ellos, el argentino Luis Montes, relata desde Bagdad el drama que están viviendo todos aquellos refugiados a los que está albergando. Este sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado quiere contar las historias concretas de todos aquellos iraquíes que están sufriendo la barbarie islamista para que todo lo que están sufriendo "no se pierda en las estadísticas".

"El número de víctimas en Irak es escalofriante. El daño que se está produciendo a estas vidas, a este país y en definitiva al mundo entero es irreparable. Es una tragedia que no tiene nombre", afirma el padre Montes, testigo de todo lo que está ocurriendo.

Por ello, ha recogido el testimonio de los propios iraquíes para que el mundo conozca lo que allí ocurre y no abandone a su suerte a estas minorías. La presión internacional es clave para que los países occidentales se impliquen en el conflicto.
"¿Qué hemos hecho para merecer esto?"

Saadia, una refugiada iraquí que consiguió llegar a Bagdad afirma que "nuestra zona se vio afectada, vi morir a tres personas. No podemos soportarlo más, estamos en el punto de mira. No queremos morir, queremos vivir. No queremos que nos quiten nuestra tierra porque tenemos derechos".

Otro cristiano, Joe Hanna, cuenta desesperado que "muchos de mi familia todavía están atrapados allí, ¿por qué? ¿Por qué? Todos mis parientes están allí esperando, ¿qué hemos hecho para merecer esto? Los amenazaron con que tenían que ceder o convertirse al islam".

Otra refugiada llamada Fanni relata otro de los dramas de lo que está ocurriendo, el de los huidos que se esconden en las montañas para no ser atrapados por el Estado Islámico. "Decenas de familias con niños y bebés están en las montañas con niños muy pequeños. Nos dijeron que estarían cuatro días. No tenían nada que comer, sólo comían el trigo del campo. Hay que salvarlos. Aquí nosotros estamos bien, no necesitamos nada. Por Dios, ¡hay que traerlos de vuelta!", clama esta mujer.

Pero además el padre Montes cuenta la historia de una de las familias que ha llegado huyendo del Estado Islámico, "par así poner rostro a la tragedia" y ver un ejemplo de la magnitud de la tragedia que están viviendo miles de familias.

"Hoy vinieron a verme dos mujeres para pedirme el certificado de bautismo de varios miembros de sus familias -relata el sacerdote que permanece en Bagdad-. Es un certificado que necesitan para pedir la visa para dejar el país".

Estas mujeres viven cerca de Bagdad pero tienen parte de su familia en Qaraqosh, la mayor ciudad cristiana de Irak y tomada por los islamistas. Sabiendo que llegaba el Estado Islámico parte de la familia abandonó la ciudad pero tres de ellos no pudieron. Una de las personas era muy anciana y está enferma por lo que se quedó con ella uno de sus hijos y la mujer de éste.
"Esperan a que cedan o mueran de sed"

"Los terroristas los visitan diariamente para presionarlos para que se conviertan al islam. Hablan con el hijo de esta señora y viendo su negativa una y otra vez le dijeron que le daban unos días, pero que si no se convertía se llevarán a su mujer para dársela a uno de los combatientes y lo matarán a él y a su madre", relata el testimonio contado por la familia de estos tres cristianos.

En cuanto pudieron conseguir un coche intentaron huir los tres, pero los islamistas los interceptaron a la salida de la ciudad y les obligaron a volver. Y es que los cristianos que no lograron huir antes de la toma de la ciudad ahora no pueden salir. "Solo les dan una opción: o islam o muerte", afirma el padre Montes.

El panorama que les queda allí no es nada esperanzador. La familia contó al sacerdote que sus familiares ahora "no pueden salir de la casa porque si sale la mujer sola se la llevan; si sale el hombre solo entran a la casa y se llevan a su mujer. Y si salen los dos juntos toman la casa y dejan a la madre en la calle o la matan".

Por ello, los terroristas están simplemente a la espera. Apenas tienen electricidad y la poca comida que les queda se les está acabando. Y al no poder salir no pueden comprar nada. "Los han cercado en su propia casa esperando a que cedan o mueran de hambre y sed", afirma el sacerdote.

Los familiares que consiguieron llegar a Bagdad alertan además de que las familias cristianas que no consiguieron salir de Qaraqosh son más numerosas de lo que se ha dicho. Serían unas 150. De este modo, el sacerdote afirma que con estos testimonios espera que la comunidad internacional intervenga. "Esta es solo una historia real de las miles que se viven en Irak en estos momentos. Es una historia que tenemos que recordar cuando escuchemos los números que se manejan".

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¿Estamos en la segunda transición o ante otra cosa?
E. Milá www.minutodigital.com 17 Agosto 2014

El que esto escribe conoció en su juventud un cambio de régimen. Tal cambio estaba en el ambiente desde 1971 con Franco vivo y con Carrero Blanco como vicepresidente del gobierno. Los medios de comunicación insistían en que todo estaba “atado y bien atado”, aunque evitaban decir hacia dónde. En los últimos años del franquismo, el régimen había iniciado una descomposición interior que se negaba pertinazmente desde los medios. Bastó que faltara una persona, el anciano moribundo de El Pardo, para que el régimen se desmoronara en pocos meses. Los que vivimos aquellos últimos años del franquismo y la transición reconocemos hoy muchos elementos que nos sitúan ante un nuevo fin de ciclo. Al parecer es difícil que en España un régimen dure más de cuarenta años.

incertidumbre2Fuera de la mitología creada por franquistas que sugiere que en 1975 todo en España iba bien y que el régimen podía haberse mantenido sin alteraciones por tiempo indefinido de no haber sido “por la puñalada por la espalda” que le asestaron los “evolucionistas”, y fuera de la mitología creada por la “oposición democrática” de la época, según la cual, la presión popular hizo tambalear al régimen y forzar la transición, la realidad fue muy diferente y sería cuestión de que un congreso de historiadores restableciera la verdad de lo que ocurrió.

El franquismo entre 1970 y 1975 seguía teniendo cierto consenso social (España es un país de inercias y de población mayoritariamente apática) y los “poderes fácticos” (magistratura, fuerzas armadas, fuerzas de seguridad del Estado, alto funcionariado) no estaban dispuestos a mover nada del entramado de las Leyes Fundamentales que constituía nuestro ordenamiento constitucional en la época. En ese tiempo existía una “oposición democrática” con peso en las zonas industriales, entre los intelectuales y especialmente en la universidad… pero distaba mucho de disponer de “fuerza social” suficiente como para forzar una transición.

La otra versión de la transición
Hoy, a medida que van apareciendo trabajos históricos rigurosos, se percibe que la versión oficial de una transición modélica pilotada mediante consenso entre los “sectores evolucionistas del régimen” y la “oposición democrática”, ante la mirada beatífica del rey y la decisión de Suárez, no es más que una piadosa versión que tiene muy poco que ver con lo que ocurrió verdaderamente. Más parece que la transición que nos llevó a una democracia formal fue una decisión que tomaron otros actores: el incipiente capitalismo español que había surgido al calor del desarrollismo económico de los años sesenta (la década en la que verdaderamente España abandonó el subdesarrollo y recuperó los 150 años de terreno perdido), multinacionales extranjeras deseosas de ampliar su penetración en una España que todavía planteaba límites a las inversiones extranjeras, los inversores internacionales que veían en España un prometedor terreno a la vista de que algunos aspectos de su estructura económica estaban todavía atrasados, nuevos grupos mediáticos, algunos de ellos vinculados a los intereses del capitalismo internacional, el Pentágono deseoso de ampliar la “profundidad” de la OTAN, la Internacional Socialista (que en aquello años tenía una fuerza componente “socialista Fabiana” y desde el Congreso del SPD en Bad Godesberg reconocía la posibilidad de coexistir con un “capitalismo con rostro humano”) y, por supuesto, individualidades políticas españolas, procedentes del mundo del dinero, conscientes de que solamente podrían grandes negocios a la sombra del poder si cambiaban los gestores del régimen. Este “pool” de intereses fue quien “diseñó” la transición, correspondiendo su aplicación práctica a los rostros que han quedado plasmados para la “historieta” como sus mentores: los Suárez, los Juan Carlos, los Carrillo, los Felipe González, los Fraga, meros ejecutores tácticos de un plan estratégico cuya paternidad no les correspondía.

Sabemos lo que siguió: partidocracia, Estado de las Autonomías, corrupción generalizada, formación de la “casta”, ingreso en la UE, pérdida de peso económico de España, papel periférico en la UE, globalización, hundimiento de la educación, de la moral pública, terrorismo, GAL, proceso de paz, nacionalismos periféricos, centrifugación nacional, crisis económicas cada vez más duras, pérdidas de derechos sociales, problemas de la monarquía… un panorama, en definitiva, de crisis del régimen nacido en 1978.

El sistema político franquista, concebido inicialmente como un régimen de partido único (FET y JONS, lo que se llamó “Movimiento–organización”) y luego, a partir de 1967 con la Ley Orgánica del Estado transformado en “comunión de todos los españoles con los ideales del 18 de julio” (lo que se llamó “Movimiento–comunión”), estaba sostenido sobre unos pilares políticos básicos: el corporativismo monárquico procedente de Renovación Española, el carlismo tradicionalista, Falange Española que aportaba la parte social y los llamados “propagandistas católicos”, cada uno de los cuales tuvo presencia en determinadas esferas del régimen. Lejos de ser un régimen lineal, unitario y estable, fue variando con el paso del tiempo: “falangista imperial” entre 1939 y 1942, “nacional–católico” entre 1943 y 1956, “tecnocrático–desarrollista” entre 1957 y 1970. Franco jugó, según la coyuntura política nacional e internacional con las distintas piezas que apoyaban al régimen y constituyó en base a ellas gobiernos en los que estaba más o menos representada cada parte. A partir de 1971 se inició la transición…

Esta afirmación puede sorprender a los que mantiene la “versión oficial” de que no fue sino hasta el 20–N de 1975 cuando la desaparición de un anciano entubado desde había dos meses, hubiera abierto todas las compuertas que impedían la irrupción de la democracia formal. De hecho, Carrero Blanco era perfectamente consciente de que el régimen tenía que evolucionar y lo que aspiraba era a una evolución controlada (democracia a la alemana, con partidos hasta el socialista, pero sin el PCE) algo que el jefe de sus servicios de inteligencia, el Coronel San Martín, dejó claro en sus memorias escritas en los años 80. Carrero tenía un “Plan B”: si la Comunidad Europea (hoy UE) no aceptaba tal transición, se trataba simplemente de buscar nuevos mercados… en el Este de Europa. De ahí que bajo su mandato, Carrero estimulara el comercio hacia el Este Europeo y la URSS recogiendo la hostilidad de Blas Piñar manifestada en un curioso discurso en las Cortes Españolas (hoy Congreso de los Diputados…). El conflicto del Sáhara demostró que la alianza con los EEUU no era tan sólida como se creía e incluso habían llegado sospechas de que desde ese país se intentaba desestabilizar al régimen español, justo en el momento en el que se estaban renegociando los acuerdos de cooperación militar.

El hecho de que los miembros del PSOE y de la UGT (muy escasos por lo demás) no fueran obstaculizados por la policía política, indica que, efectivamente, Carrero estaba trabajando para un híbrido entre democracia orgánica y parlamentarismo convencional que debía “abrirse” hasta los socialistas y socialdemócratas, pero no hasta los comunistas y la extrema–izquierda. Así mismo, el hecho de que diera luz verde para la reorganización política de la derecha y del centro, mediante el “asociacionismo” y que, incluso promoviera con cargo a los patrimonios generales del Estado, ayudas económicas para quienes querían organizarse como embriones de partidos políticos (Reforma Social Española de Cantarero sería el “ala socialdemócrata”, pero también existían engendros locales como el “Partido Proverista” especie de populismo exótico y, por supuesto, núcleos democristianos, liberales, amén de monárquicos, falangistas, carlistas). La idea que Carrero vendía era una “transición controlada” y por etapas. Pero el “pool” al que hemos aludido quería cambios más drásticos y veloces.

No hay que olvidar tampoco que la crisis económica mundial de 1973, después de la tercera guerra árabe–israelí a la que siguió el embargo mundial de petróleo decretada por los países de la OPEP, supuso para la economía española un primer descarrilamiento de la felicidad desarrollista de los sesenta. Una vez muerto Franco, el régimen tardó apenas tres años en adoptar su nuevo rostro en medio de oleadas de huelgas, doscientos asesinatos políticos, convulsiones sin fin y momentos dramáticos en los que la inflación se disparó (parece hoy imposible) hasta el 30%. Y es que la transición fue todo, menos modélica.

Un régimen envejecido prematuramente
Pasaron treinta y cuatro años y el régimen, ya desde mediados de los años 80 parecía prematuramente envejecido: el Estado de las El cambio en las empresasAutonomías auguraba excesos económicos faraónicos, descontrol, creación de castas regionales inamovibles; año y medio después de la llegada de los socialistas al poder se evidenciaba que la corrupción iba a ser su leit–motiv; el terrorismo golpeaba más duramente que nunca a pesar de que el eslogan oficialista de la transición indicaba que “contra terrorismo, democracia”; la ocupación y el saqueo por parte de los partidos políticos de todos los centros de poder, incluidas las cajas de ahorro, etc. Al régimen se le podía aplicar la letra de aquella canción de Bob Dylan dedicada a Pete Seeger sobre “un viejo y raro mundo que agoniza | y que apenas sí acaba de nacer”.

La “pasada por la izquierda” estaba resultando catastrófica: se había negociado mal el Tratado de Adhesión a la UE, estábamos en la OTAN como resultado de un fraude escandaloso, se sabía que en Cataluña y en Andalucía gobernaban bandas de salteadores de caminos… pero “ayudaban al a gobernabilidad del Estado”. Pronto el socialismo felipista se convirtió en un lastre del que, a lo largo de 13 largos años, parecía imposible liberarnos; no terminaba de morir y su agonía fue extremadamente larga. Pero quedaba la esperanza de que el centro–derecha, antes o después, lo solucionara todo.

En 1996, mientras el “pueblo del PP” coreaba el “Pujol enano, habla castellano” desde la calle Génova, en el balcón, un exultante Aznar había empezado ya a negociar el apoyo de CiU a su primer gobierno aun en minoría. No lo sabíamos entonces, pero Aznar a la vista de la situación del país y de la necesidad de un tirón económico tras la “reconversión industrial” socialista forzada y financiada por la UE, había ideado un modelo económico suicida cuyos éxitos futuros serían garantía de hambre para pasado mañana.

En efecto, lo peor del aznarismo ya no era su contemporización con quien todos sabíamos era un simple delincuente económico, Pujol, ni siquiera el haber recibido una riada de votos no tanto por identidad y conformidad con su programa, sino por simple rechazo a la agonía socialista, lo peor era, precisamente, su modelo económico. El electorado de derechas no suele mirar a la economía, cuyos mecanismos no termina de comprender, prefiere ver qué soluciones se aportan a problemas como el orden público, la lucha antiterrorista, el aborto, la lucha contra la delincuencia… y poco más. En este sentido, la gestión de Aznar fue mediocre, incluso en su cénit, durante su segunda legislatura, cuando ya disponía de mayoría absoluta; el desenlace del Caso Perejil –contrariamente a lo que se dijo a la opinión pública– fue una vergonzosa retirada del peñón. En efecto, la negociación llevada a través de Ana Palacio y de Collin Powell reafirmaba la soberanía española sobre Perejil… soberanía que no se podía demostrar mediante el establecimiento de una guarnición o de una simple bandera…

Lo esencial del gobierno Aznar fue el modelo económico y el bajar la cerviz ante la globalización, sin pronunciar ni una sola palabra en contra, ni una mera objeción, ni siquiera una súplica: porque España no tenía lugar bajo el sol de la globalización. Aznar quiso especializar al país en construcción inmobiliaria (sin pensar en lo insostenible del modelo durante mucho tiempo) y para que saliera rentable era preciso importar mano de obra. A partir de 1976–77 fue llegando inmigración masiva y progresivamente descontrolada con todo lo que ello implicaba, además de una bajada salarial global. Es cierto que la llegada de 600.000 inmigrantes anuales entre 1996 y 2006 contribuía también a que el PIB subiera unos puntos, pero era evidente que se habían convertido en una aspiradora de recursos sociales.

Por otra parte, el pueblo español no comprendió que sus salarios eran bajos o incluso bajísimos: Aznar desdibujó esta sensación poniendo al alcance de todos un crédito abierto de par en par. Bastaba con llamar a un teléfono para recibir inmediatamente un crédito de 6.000 euros pagaderos en cuotas de 100 euros al mes y sin avales ni garantías de ningún tipo. Trabajadores con salarios bajos podían ir de vacaciones al Caribe y pagar cómodos plazos durante el resto del año. No importa quién podía obtener una hipoteca por el 120% del valor de viviendas sobretasadas que no valían ni la cuarta parte de esa cantidad, pagadero, además en 30 años. El país enloqueció y siguió enloquecido más allá de que las extrañas bombas del 11–M desplazaran a Aznar al basurero de la historia. La inercia siguió con Zapatero en su primera legislatura, quien, además, concentró su esfuerzo en sus delirantes planes de “ingeniería social”, extraídos de los pánfilos boletines de la UNESCO.

El resultado fue que la nueva pasada por la izquierda dejó al país al borde del abismo: la crisis económica mundial, que en España empezó revistiendo las formas de estallido de la burbuja inmobiliaria, pasó a ser crisis de deuda. Pronto se vio que ZP no estaba en condiciones de resolver el problema sin hundirnos un poco más en problemas generados por su debilidad (entre otros, su “apertura” a un “nuevo estatuto” en Cataluña que conduce directamente a la crisis actual). Y volvió el centro–derecha…

De la “reforma necesaria” a la “reforma imposible”
Cuando escribimos estas líneas, el régimen ha cumplido su treinta y seis aniversario, intenta remozar su aspecto, pero solamente ha sido capaz de cambiar el rostro de un monarca al que todavía no hemos visto con corona y que no deja de ser una simbiosis de presidente de la república con cualquier personaje del colorín. Nada más. Ahora ya es tarde para acometer reformas que rectifiquen los aspectos más problemáticos del régimen nacido en 1978.

Thomas Molnar en La contrarrevolución (Unión Editorial, Madrid, 1976) nos cuenta que existen dos tipos de “reformas”: lo que llama la “reforma necesaria” es la que un régimen puede hacer cuando aún cuenta con apoyos sólidos y ha comprueba que es preciso rectificar algunos de sus aspectos que no terminan de funcionar. Pone como ejemplo a la monarquía de Luis XIV. Pero en esos momentos, el gobierno es fuerte, el régimen está sólidamente asentado, la red clientelar firmemente establecida, así que… ¿para qué reformar nada? Las cosas quedan igual. Pero luego viene el tiempo en que los desfases van ganando en intensidad y alcanzan su límite extremo, justo en el momento en el que el régimen está debilitado. El tiempo de Luis XVI. Pero entonces la “reforma necesaria” ya no puede hacerse, se ha convertido en “reforma imposible”: rectificar cualquier aspecto del sistema implica demostrar su debilidad y exponerse a generar desequilibrios todavía mayores. A ese tiempo sucede, inevitablemente, el de las guillotinas.

No es necesario ponerse dramático, pero si darse un baño de realismo. El franquismo murió por inadaptación del régimen a las exigencias de grupos de presión internos y externos. La transición fue, en realidad, la transmisión de las riendas del poder a una clase política más adaptada y dócil ante estos grupos de presión. Así, un régimen fue sustituido por otro. Hoy, en cambio, la situación es mucho más dramática.

Desde hace décadas la “reforma necesaria” no se ha llevado a cabo (debería de haberse llevado justo cuando se percibió que la corrupción tentacular se extendía por todos los estratos del régimen y el Estado de las Autonomía era una proliferación vermicular y cancerígena contra el Estado del Bienestar que desviaba hacia la casta política recursos ilimitados). Ahora ya es tarde. Nada puede reformarse sin que todo el castillo de naipes construido a lo largo de 36 años se desplome. Cualquier pequeña amenaza (las manifestaciones del 15–M, la irrupción de Podemos, la insignificancia de Urdangarín, el caso Pujol, el separatismo catalán) pueden dar al traste con todo el régimen. Ni siquiera lo que ha constituido su “núcleo duro” en estas últimas décadas, la “banda de los cuatro”, está en condiciones de pactar una reforma, consciente de que cualquier cosa que toque puede implicar el derrumbe de todo el conjunto.

Por lo mismo, el régimen ya no puede alardear de nada: ¿sigue siendo esto una monarquía o es más bien una “república hereditaria”? ¿España es una “nación”, una “nación de naciones”, una “federación”? ¿Existe en algún lugar justicia social? ¿La nacionalidad española supone algo más que la obligación de pagar impuestos en España? ¿Tenemos futuro más allá de “brotes verdad” que como la zanahoria puesta ante el hocico del burro éste nunca llega a alcanzar? Preguntas retóricas unas y preguntas sin respuesta otras.

La reforma del actual sistema es imposible porque vio la luz cuando la evolución del capitalismo internacional era muy diferente y cuando existía una correlación de fuerzas políticas radicalmente distinta a la actual. Los grupos mediáticos que apoyaron el advenimiento del régimen de 1978 están hoy deshechos o simplemente han desaparecidos; el capitalismo internacional tienen una configuración completamente diferente a la de hace 40 años. Los intereses de los EEUU son los mismos, pero su debilidad es muy superior a la que tenía en la última fase de la guerra fría. La globalización se muestra cada día como un sistema más insostenible y la distribución de fuerzas políticas en España no tiene ni punto de comparación con la que existía en 1970-75, con fuerte polarización en los extremos. Los consensos del período 1976-78 son inviables e imposibles de revalidad, porque las fuerzas políticas que han sobrevivido de aquella época, aun cuando ocupan lugares de poder, arecen de peso y de prestigio social.

Esperando el desplome interior del régimen
Vivimos tiempos de cambio de régimen, como los que se vivían en 1970. Pocos lo reconocen todavía, pero lo más probable es que en apenas cinco años quede poco de las siglas que han construido la triste cotidianeidad de los últimos treinta años, como quedó muy poco del antiguo régimen después de la Ley de Reforma Política de enero de 1977: hasta el día anterior, los “procuradores en cortes” eran “alguien”, cualquier cosa que decían era reproducido por los medios, estaban en el ojo del huracán; el día después de votar la disolución de las cortes franquistas, bruscamente, sus teléfonos dejaron de sonar, los periodistas cesaron su asistencia a las ruedas de prensa que convocaban y, simplemente, desaparecieron (o bien intentaron reacomodarse en UCD o en AP, lográndolo sólo una mínima parte).

Prepararos para que los Pedro Sánchez, las Sorayas Sáenz de Santamaría, los Artur Mas y las Susanas Díaz, desaparezcan de la noche a la mañana. Tan solo se requieren unas nuevas elecciones y la disipación de las noticias, más o menos, artificialmente generadas sobre la bondad del actual momento económico.

La última encuesta del CIS indica que el PSOE se encuentra en su peor momento histórico y que la distancia entre Podemos y los socialistas va disminuyendo. El PP perdía también dos puntos de apoyo en relación a la encuesta anterior. Y en Cataluña CiU ya ha sido reemplazado oficialmente por ERC como partido mayoritario. La esperanza del PSOE es que en los próximos meses el nuevo secretario general brille con luz radiante… algo improbable a tenor de lo hecho y dicho en su primer mes de gestión. CiU, casi, ya ni existía antes del escándalo Pujol, ahora y antes de que estalle el “escándalo Mas” y antes de la parada y marcha atrás del referéndum del 9–N, difícilmente sobrevivirá como coalición. En el País Vasco, la izquierda abertzale si no ha aventajado ya en intención de voto al PNV, poco le falta. En estas circunstancias, la encuesta publicada ayer por El País según la cual el PSOE estaba “a sólo seis décimas” del PP no deja de ser un mal chiste o un ejercicio de voluntarismo que poco o nada va a contribuir a realzar la figura de un Pedro Sánchez del que ahora solamente, incluso sus propios partidarios, empiezan a percibir su banalidad política.

Con CiU fuera de juego, el PSOE en crisis estructural, el PNV a punto del “surpaso” y el PP haciéndose a la idea de que perderá algunas comunidades autónomas y ayuntamientos en las elecciones de mayo de 2015, con Podemos como estrella emergente, ERC y la izquierda abertzale amenazando, lo menos que puede decirse es que la salud del régimen político español sea buena. ¿Alguién cree que todas estas fuerzas pueden consensuar algo? ¿Alguién cree que la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+PN+CiU) están en condiciones de impulsar alguna reforma que no acabe con ellos? ¿se entiende ahora mejor nuestro pesimismo en relación al futuro del régimen y porqué nos aproximamos, no a una “segunda transición” sino a un proceso de inestabilidad permanente? Porque lo grave no es que un régimen esté agonizando, lo realmente grave es que no existe, por el momento, ningún proyecto alternativo sólido para constituir el reemplazo.


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