AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 27 Agostoo  2014

La corrupción, otra vez
Luis de Velasco www.republica.com 27 Agosto 2014

Pues hay que volver una y otra vez sobre este tema aún a riesgo de que la ciudadanía caiga en lo que podemos llamar “la fatiga de la corrupción” como hay la de la solidaridad. Efecto social conocido de que llega el hartazgo cuando un tema sale a la luz repetidamente y con ese hartazgo, la indiferencia o el “todos son iguales, no hay nada que hacer” (un cambio cualitativo se está dando en sectores de la población catalana cuando atribuyen las “tribulaciones” de Pujol a una conjura anticatalana de “Madrit”).

El juez Miguel Ángel Torres, sin duda un buen conocedor del tema -instructor del caso Malaya-, afirma en una reciente entrevista en El País que “España no es un país corrupto” en el sentido de que los funcionarios ” no son para nada corruptos”. Está claro que aquí no hay que abrirse paso en las administraciones a golpe de coimas como en muchos otros países. “Lo que sí creo que hay es una corrupción política institucional, de arriba hasta abajo”, afirma y acierta el juez. Un partido como UPyD (con perdón) ha insistido muchas veces en ese concepto en los últimos años y su portavoz se lo recordó al presidente Rajoy en el último Debate sobre la Nación. Rajoy negó esto rotundamente y tampoco respondió a ninguna de las preguntas de la portavoz de ese partido sobre el caso Bárcenas, hoy sepultado en la vía política por maniobras del PP aunque moviéndose en la judicial. La vía política, es decir que sea el propio partido el que proceda contra “uno de los nuestros” cuando haya indicios racionales de culpa, es absolutamente indispensable. Como lo es articular un sistema de detección y evitación de prácticas corruptas, prácticas que no consisten no solo en quedarse dinero sino en otras como nepotismo, puertas giratorias, favores a cobrar, tráfico de influencias etc. Hay necesidad no sólo de sanción rápida y ejemplar (algo poco alcanzable en la vía judicial) sino además de prevención. Una y otra exigen lo que hoy falta, salvo alguna excepción: voluntad política.

Otro aspecto olvidado es que normalmente la corrupción, al menos la más importante cuantitativamente como es la adjudicación de contratos, exige dos actores: corruptor y corrompido. Es decir, una empresa que ofrece dinero y una persona que lo pide y lo recibe generalmente para un partido (por supuesto aquí no entran todos los partidos políticos) con la alta probabilidad que una parte se quede en el camino para ese gestor por el riesgo que corre. Ejemplos destacados, no los únicos, caso Bárcenas-Gurtel y sus ramificaciones en toda España y los numerosos casos CiU desde Casinos hasta Pujol y “famiglia” pasando por PP Alicante con la red Castedo, Ortiz y compañía. Por no recordar a la antes Sa Princesa, Maria Antonia Munar, y su corte hoy, afortunadamente, en prisión. Como Matas. Bien por eso.

Y sin embargo, resulta muy difícil, casi imposible a veces, conocer a través de los medios los nombres de algunas de esas empresas que son indispensables para que el sistema funcione. Quien corrompe es tan culpable como el corrupto.

Finalmente e igualmente importante, lo que haga el ciudadano. No puede ser que políticos corruptos vuelvan a ser elegidos (incluso a veces aclamados).El ciudadano debe conocer y discriminar. La democracia no son sólo derechos sino también deberes y ese es uno de esos y no el menor.

La vuelta al cole sin Wert.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Agosto 2014

¿Cuál es la pena por insumisión a una sentencia del Tribunal Constitucional o del tribunal Supremo? Pues hasta ahora ninguna. Aún está por ver que cargos responsables de Gobiernos autonómicos hayan sido no solo condenados sino previamente imputados y apartados de sus cargos por ese delito. Ejemplos los tenemos en la mayoría de autonomías y en diferentes cargos políticos. Basta recordar la llamada “guerra de banderas” por las que la bandera de España ha sido escondida o incluso no izada en balcones de ayuntamientos, sin que las FFyCCSE se hayan personado para corregir semejante afrenta a los símbolos. Igualmente ha pasado con los incumplimientos de sentencias en cuanto al derecho a ser educado en español, al que algunos intentan menospreciar llamándole castellano.

Son más que evidentes las reincidentes insumisiones que el Gobierno de la Generalidad de la C.A. de Cataluña viene protagonizando desde hace años, en una clara guerra abierta en la que intentan hacer prevalecer su “legalidad” sobre la del Estado. Una actitud consentida desde el Gobierno de España en una clara actitud de cobardía y de impotencia para imponer las sentencias de los Altos Tribunales de España, corroborada por la impunidad que parce proteger a los delincuentes transgresores que ejercen cargos de responsabilidad. No solo no esconden su insumisión, sino que se atreven a cuestionar la legitimidad del Parlamento de España para legislar y la de los Altos Tribunales.

La última insumisión proviene del Gobierno Vasco, de la Junta de Andalucía y de nuevo del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, ambas con respecto a la llamada Ley Wert que no es otra cosa que un intento de racionalizar el gasto y de mejorar los resultados de una educación que sigue a la cola de Europa y del mundo desarrollado. Una educación defendida como coto privado por los nacionalistas en su estrategia de formación política separatista y excluyente, así como por los socialistas como autodenominados garantes del progresismo ideológico que solo es otra burda manipulación sectaria con asignaturas del tipo de “Educación para la Ciudadanía” manipuladas hasta la náusea en sus textos y enseñanzas.

Y ahí tenemos a esas autonomías aduciendo imposibilidad de su implantación y retrasos o legislando a la contra a toda velocidad para no tener que cumplir con la sentencia del Tribunal Supremo y cono la Junta de Andalucía interponiendo recurso de inconstitucionalidad al aducir que se han invadido “sus competencias”. Y aquí vamos al tema de que lo que estos prebostes de los “mini estados” consideran como competencias exclusivas sin aceptar que muy por encima está la responsabilidad del Parlamento y del Gobierno de España de liderar una política común de materias, contenidos y baremos de evaluación para mejorar los lamentables resultados de la educación española en su conjunto.

Así que en esas CCAA de El País Vasco, Andalucía y Cataluña, la insumisión es total y plantea un serio problema de lealtad institucional y de clara política de enfrentamiento con la del Estado. Una actitud de desafío que ha llegado al punto de inflexión de la convocatoria de un referéndum ilegal sobre la secesión de Cataluña del resto de España declarándose con Nación independiente. Y vuelvo a preguntar a quien corresponda, que creo que es el Gobierno de España, que ¿Cuál es la pena por insumisión? ¿Está dispuesto el Gobierno de España a hacer cumplir las leyes y las sentencias de los tribunales de España en todo el territorio nacional?

Mientras la respuesta sea el silencio y la pasividad demostrada hasta hoy, no es de extrañar que los insumisos se sientan cada día con más fuerza para seguir sus planes e imponer su gestión haciendo caso omiso de la Ley y con la seguridad de que nadie va a exigirle responsabilidades ni ponerles a disposición de los Tribunales a los que abiertamente desprecian.

El final del socialismo: una gran paradoja política amenaza con borrarlo del mapa
Esteban Hernández El Confidencial 27 Agosto 2014

La crisis del socialismo francés, que va por su cuarto gabinete ministerial en dos años, tiene algo de déjà vu. No por la dimisión en pleno del Gobierno, que es algo inusual, sino porque esa sucesión de promesas electorales, llegada al poder, olvido del programa y reacción de los seguidores decepcionados nos es cada vez más familiar.

A otros socialistas europeos les había pasado antes (Blair inició una tercera vía que le llevó directamente a los brazos de George Bush Jr., Zapatero negó la crisis hasta que puso en marcha una tupida red de medidas que garantizaron a los inversores que la deuda iba a ser devuelta), pero el caso de Hollande es especialmente llamativo porque había alcanzado el Elíseo precisamente por significarse como el líder que iba a combatir la fiebre austericida de Merkel y Alemania y el que iba a indicar a Europa cuál era el nuevo camino económico. Sin embargo, tras las recientes recomendaciones de Draghi y el Banco Central Europeo y las previsiones de déficit del Estado francés para 2014, Hollande se ha visto obligado a dar marcha atrás por completo, reforzando las tesis del más neoliberal de los suyos, Manuel Valls, y despidiendo a los ministros díscolos que se atrevieron a criticarle en público.

Pero la crisis francesa es doblemente significativa porque refleja de manera precisa la encrucijada en la que está situada la política contemporánea. En una carta dirigida al presidente francés en la que exponía su intención de no ser candidata para el próximo gobierno, la ya exministra de Cultura Aurélie Filippetti ponía de manifiesto su insatisfacción en dos terrenos. El primero se refería a su gestión, ya que se había visto obligada a hacer frente a una rebaja “sin precedentes” en el presupuesto de su ministerio durante dos ejercicios consecutivos, mientras que el segundo iba referido a un hartazgo político, ese que lleva a que “el realismo sea siempre sinónimo de renuncia”. En otras palabras, Filippetti no había podido contar con el presupuesto que necesitaba y al mismo tiempo había tenido que tomar medidas que iban en dirección contraria a sus ideales. Por eso, y como forma de ser responsable con sus votantes, “quienes nos han hecho lo que somos”, había decidido marcharse sin mirar atrás.

La paradoja de la política contemporánea
Lo que habría que preguntarse, sin embargo, es si ambos problemas no son el mismo. Porque el compromiso con los electores y el llevar a cabo lo prometido tiene mucho que ver con disponer de los recursos para hacerlo, algo de lo que casi nadie puede presumir hoy en Europa. Eso es lo que le ha ocurrido al Gobierno de Hollande y a su ministra de Cultura, que llegó pensando que iba a cumplir una función elevada y se encontró con que debía gestionar la escasez, y esa es también la gran paradoja de la política contemporánea: para llegar al poder, los políticos deben convencer a los votantes de que van a hacer lo que después no harán porque no tendrán dinero para ello.
Hollande, en Sein. Hollande, en Sein.

A estos efectos, no importa demasiado el signo político: si eres un político de derechas, puedes prometer que aumentarás la seguridad y bajarás los impuestos, pero cuando llegues al poder tendrás que subirlos y recortar las partidas presupuestarias destinadas a policía y ejército, como bien hemos visto en España. O puedes afirmar, si eres de izquierdas, que defenderás con uñas y dientes la sanidad y la educación públicas, pero luego llegarás al Gobierno y sacarás las tijeras de podar mientras pones cara de póquer. Con estas reglas de juego económicas, poco parece que puedan hacer nuestros políticos, salvo cumplir las órdenes de los mercados y sentarse a esperar que pasen los malos tiempos.

Sin embargo, esta situación está afectando de forma muy distinta a los diferentes partidos. Los más perjudicados son los de centroizquierda con opciones de gobernar, que están sufriendo las contradicciones de un modo mucho más intenso. Si perteneces a un partido conservador, puedes hacer ver las políticas de austeridad como una medida responsable y no perder demasiados votos; si eres de Podemos, puedes argumentar que lo primero que harás cuando llegues al Gobierno es auditar la deuda, e incluso impagar parte de ella, y ganar adeptos. Si eres del PSOE, no puedes hacer ni una cosa ni otra.

El populismo: la nueva vía
Los socialistas terminan moviéndose, pues, en una fina línea en la que tratan de compatibilizar las políticas que combaten la desigualdad con medidas económicas que la acentúan, lo que les lleva a decepcionar a su electorado con mucha frecuencia. Filippetti subraya en su carta una verdad evidente, como es que, tras desilusiones varias, muchos de sus votantes han terminado por descreer de la política “o, peor, se han echado en los brazos del Frente Nacional”.

Esa nueva opción es importante, porque por primera vez en Europa aparece una posibilidad de gobierno que no es la del bipartidismo, y que deja a los socialistas encerrados entre los recortes de los conservadores y la pujanza de los nuevos movimientos. El populismo se ha convertido en una tercera vía real que amenaza con llevarse por delante a los partidos que más han desencantado a sus electores, y esos suelen ser, como se ha demostrado en Grecia, en Reino Unido, en Portugal o en España, los de la izquierda moderada.

El caso francés viene a subrayar esa situación porque cierra la puerta a la última esperanza socialista de convertirse en un actor relevante. Arnaud Montebourg, el exministro de Economía, defendía un proteccionismo nacional y patriótico y priorizaba la creación de empleo sobre el déficit, abogando por aparcar las políticas de austeridad. Ese nuevo espacio era significativo, porque permitía a los progresistas resguardarse en un lugar desde el que era posible defenderse con posibilidades tanto de los recortes conservadores como del atrevimiento populista.
Manuel Valls, tras anunciar la dimisión del gobierno francés. (EFE)Manuel Valls, tras anunciar la dimisión del gobierno francés. (EFE)

Sin embargo, la UE y los mercados ya han dicho no a la vía francesa y Hollande, que ha entendido el mensaje, se ha cargado a los enemigos de Valls y ha emprendido el camino que Draghi le ha sugerido. Sabe que con eso se lleva por delante al socialismo francés, abocado a una crisis similar o mayor que la de España, y arrastra también consigo la que parece la última oportunidad de relevancia del socialismo europeo.

"Nuestros escaños empezaron a caer como bolos"
Hay una escena fascinante en el largamente alabado libro de Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Ignatieff, catedrático de Harvard, había aceptado regresar a su país de origen, Canadá, después de 30 años de residencia en EEUU con el objetivo de encabezar el Partido Liberal, el correspondiente a nuestros socialistas. Ignatieff, que se había mostrado favorable a la invasión de Irak y cuyo perfil parecía demasiado elitista para el votante progresista, aterrizó cual paracaidista en un país que no conocía bien. Era fácil pronosticar el fracaso, que fue considerable. Su partido pasó a ser la tercera fuerza política con apenas 34 escaños.

Sin embargo, Ignatieff no fue capaz de intuir el desastre. Después de una campaña en la que se mostraba exultante en los mítines, donde los suyos le hacían llegar su calor, seguía confiando en un buen resultado. La noche de las elecciones cayó el velo, y vio cómo “circunscripción tras circunscripción, el voto liberal se desgarró por ambos lados: los aumentos en el voto al NPD (Nuevo Partido Demócrata, que estaba a la izquierda del suyo) aumentaron el apoyo a los conservadores, mientras que el aumento de voto a estos últimos drenaba nuestros apoyos. Nuestros escaños empezaron a caer como bolos”.

Hasta entonces, Ignatieff no se había dado cuenta de la pendiente por la que se deslizaba su partido. La campaña no sirvió para darle pistas del desastre, porque los liberales no se escuchaban más que a sí mismos. “Ahora pienso en esas enormes multitudes, esas grandes noches, y veo que estábamos hablando con nosotros mismos. Nuestro partido se convirtió en una cámara de resonancia: todo lo que escuchábamos era el sonido de nuestra propia voz”.

No se me ocurre mejor imagen para reflejar el presente del socialismo en Europa, con partidos que cuentan aún con una base social amplia y con apoyos numerosos, pero que están metidos en una trampa de la que no son conscientes porque el fragor de sus vítores les impide escuchar lo que pasa ahí fuera. Hasta ahora, uno tras otro, los partidos socialistas europeos van perdiendo pie. Veremos si resisten los nuevos tiempos.

Tibieza en la destrucción del sistema pujolista
La reacción política contra el sistema que ha expuesto el caso Jordi Pujol y CDC ha sido débil, imprecisa, tibia. Por lo tanto, el asunto es monumental, multiforme y grave para toda la sociedad. El Parlamento autonómico debería poder desmontar el falaz relato de Pujol. Será así. Respecto a Pujol, insólitamente, todavía hay acomplejados.
Alfons Quintàcronicaglobal.com 27 Agosto 2014

Hay una situación nueva pero no se quiere exponer ni comentar, porque hacerlo obligaría a reformas urgentes. La novedad ha sido "descubrir" que en Cataluña impera un sistema corrupto. El eje constituyente y estructurante fue el pujolismo. La cosa va mucho más allá de la familia Pujol, mientras que las cantidades estarían en la gama alta de lo señalado. No se paga tanto dinero por operaciones puntuales y que no afecten a la generalidad de la gestión pública. O sea que hay un haz. La consulta parece un tema pequeño ante algo tan grave.

En cuanto a la aproximación jurídica, la mejor que conozco es la que se puede formular, por analogía, a partir de un reciente e importante auto judicial del magistrado competente en el tema Innova. Por eso creo que estamos ante un sistema, creado deliberadamente, como fue el italiano de Tangentopoli, descubierto por el procedimiento penal de Mani Pulite. Comenzó por vía judicial y, al contrario que aquí, después enganchó a una buena parte de la clase política. En otro caso, hubiera quedado en nada. Aquí, de momento, muchos políticos se hacen los locos.

El tema Pujol dentro de un marco general
Desde el primer momento he intentado exponer que el tema personal y familiar de Pujol estaría subsumido en este gran marco catalán que tiene todas las apariencias de una inmensa corrupción. Las cantidades en juego cantan.

Nos encontramos, de entrada, con un mundo multipolar, con rincones y agujeros de todo tipo. ¿Quién podría detallar los negocios que pudo llevar a cabo Jordi Pujol Ferrusola con el ex trotskista (y después del PSC) Dídac Fàbregas, llamado "El Pájaro Loco"? Puesto que tuvieron despacho conjunto. ¿Cómo se intermediaron las compras de cuarteles o comisarías de los Mossos? ¿Y todas las sedes de organismos de la Generalidad, muchas ahora revendidas?

Se ha expuesto que se cobraba en función de actos administrativos favorables a los que pagaban, fueran obras, compras y adjudicaciones, concesiones, o lo que fuese. El sistema habría funcionado, en favor del pujolismo, incluso bajo el tripartito. Sería por aquello de "volveremos", como había dicho, en otro sentido, MacArthur en Filipinas.

Estamos ante un sistema
Ahora no basta con que CDC no vuelva nunca más. Tampoco lo tiene que poder hacer aquel sistema. Esa es la piedra de toque. Pero de momento no creo que haya cambiado nada. ¿Ha habido algún ayuntamiento o alguna unidad administrativa que haya dicho algo? Si había una manera de obrar y no se cambia, significa que perdura. ¿O no? A la vez, nadie puede pensar que el sistema operativo puesto de relieve por el caso del Palau de la Música Catalana fuera una seta solitaria.

Es tanto lo que se ha expuesto, esencialmente desde fuera de Cataluña, que hay que ir a fondo en lo que se sabe. Pero también con voluntad de ampliar el marco originario. Esto es lo que hacen los magistrados y fiscales competentes en el tema Innova. Hay 48 imputados y una decena de piezas separadas. Es decir, hay que ir más adentro y ampliar los bordes.

Estremece que la mayoría de fuerzas políticas y de medios de comunicación no partan de este criterio. Por lo tanto, podemos encontrarnos en una situación de ahora o nunca. No hay que olvidar la prescripción, una figura jurídica necesaria y lógica, pero criticable. En el caso Innova impedirá que se puedan averiguar actuaciones habidas en los tiempos en el que el jefe del follón sanitario reusense, y no únicamente, era Josep Abelló. Personalmente, lo lamento. Creo haber descrito bastante bien a aquel ex alcalde socialista. Fue quien llevó al pluriimputado Josep Prat a Reus. Por supuesto, Prat nunca fue un electrón libre, sino simplemente un atrevido.

Reacción política tímida
A la vez, hay que evitar el estéril eslogan de "todos podridos", que tanto ayudó a un intento de golpe fascista en Francia, en 1934. Sencillamente, hay que decir, una y mil veces, que estamos ante un nuevo paradigma: el de la salida a la luz de lo que unos pocos estuvimos denunciando, que muchos sabían y que también muchos prefirieron callar, por cobardía, por complicidad, o por interés. Es esta omertà (el silencio colectivo que creó en Sicilia Cosa Nostra) lo que hay que liquidar.

Si se consiguiera, todo cambiaría. Pero no lo tengo claro porque la reacción de la clase política ha sido tímida y la de los medios de comunicación catalanes aún peor. En cuanto a lo que aquí está disfrazado de intelectualidad o de mundo académico causa esencialmente asco. En Francia y en Italia hay docenas de especialistas en corrupción, a los que reconozco su maestría. En España está Alejandro Nieto, que no entiendo -o entiendo demasiado- por qué no sale en ninguna televisión. En Cataluña, existe el vacío total, o bien chapuceros que hacen más daño que bien. Otros empiezan diciendo que nos roba "Madrit" y terminan haciendo el memo.

Responsabilidad de los intelectuales
Sufrimos un falso poder intelectual que no aspira a ser un referente moral sino a prever quién ocupará el poder político, afilando la lengua, para tenerla bien a punto. El número de anticatalanistas notorios -sobre todo de extrema izquierda- convertidos al independentismo ha sido inmenso. ¿A qué se convertirán ahora? A lo que sea: la mano sigue preparada.

Todo esto es así a pesar de que, si buscáramos agravantes al escándalo que vivimos, encontraríamos a montones. Van desde la inicial, única y poco comprensible declaración de Jordi Pujol, a su resistencia a comparecer en el Parlamento autonómico. Lo acompaña su maniobra dilatoria acusando a un banco andorrano (es aquello de matar al mensajero que trae noticias que desagradan) y mil intentos de la corte periodística de CDC o de Pujol para hacer creer que aquí no ha pasado nada. O que se trata de un mera "distracción", lo que tiene narices.

¿Nostalgia del pujolismo?
A pesar de los hechos, una parte de la sociedad catalana parece tener miedo de quedarse sin el pujolismo. Hay que admitir, con vergüenza, que este fue una demagogia aparentemente unificadora de la actual Cataluña autonómica. A la vez, algunos partidos parecen tener miedo de usar el antipujolismo y la anticorrupción como un nuevo aglutinante. Ya veremos qué pasa en el Parlamento autonómico, tras el vergonzoso espectáculo de la pésima comisión denominada de investigación sobre sanidad, me temo que Pujol se pueda comer a los parlamentarios. Sólo faltaría eso.

Dejar un sustrato de Robin Hood, o de ladrón bueno, en relación a Pujol, sería una vergüenza colectiva más. Habrá que hilar fino. En otro caso, serían víctimas de un grotesco y peligroso "síndrome de Estocolmo", que se puede dar por parte de algunas víctimas respecto a su verdugo.

Cataluña no puede ser Pujol
Se debería coger este toro por los cuernos, diciendo día sí y otro también que tenemos el sistema que he expuesto. Es obligado debido a que, en todo momento, Pujol hace querer hacer creer aquello tan demente de "Pujol es Cataluña y Cataluña es Pujol". Se le tiene que dar la vuelta y decir que "el antipujolismo y la anticorrupción serán Cataluña", o "Cataluña será antipujolista y anticorrupción".

Queda muy lírico porque aquí siempre se evita decir verdades elementales -no lirismos- que cuesten llevar a cabo. Ay, requerirían otra forma de hacer política, otros partidos y, de entrada, una nueva ley electoral y un nuevos medios públicos de comunicación, así como un marco general español de autogobierno institucional.

¿El PSC puede pactar con CDC?
En el corto plazo, no hay demasiadas alternativas al estremecimiento que causará la no (sic) consulta del 9 de noviembre. CDC dirá que ha hecho todo lo que ha podido y ERC replicará que no ha sido así. Podemos entrar en un 'baile de bastones' (con elecciones o no) o bien CDC puede entenderse, a nivel parlamentario, con el PSC, acompañado del abstencionismo discreto pero real del PP. Habría un "sottogoverno". Ahora bien, CDC ha ido tan lejos que esto parece muy peliagudo. Sin embargo, la aritmética parlamentaria no da para más.

En ninguna de las dos alternativas genéricas se pondrían sobre la mesa las reformas a las que estaríamos obligados por el afloramiento del monumental escándalo de la corrupción catalana sistemática. Estoy seguro de que esto fuera de aquí nadie lo puede entender.

Actuaciones inmediatas y urgentes
La gravedad y la concreción del problema serían los que deberían llevar a actuaciones inmediatas y adecuadas. Lo deseo pero no lo espero. Habría que actuar y hacerlo bien, dado que el mayor riesgo es no actuar. Es lo que me temo. Se abrirá más la puerta a extremismos ridículos y peligrosos, incapaces de resolver nada y de hacernos hacer aún más ridículo.

En cuanto a la visión que pueda haber desde el Estado, una fuente muy bien situada me dice que Rajoy irá tirando. En cambio, me precisa que el nuevo Rey está dispuesto a ser severo contra la corrupción. Si es así, suerte.

A ver si hay nuevas normas sobre la financiación de los partidos y la introducción, con toda la fuerza jurídica que sea necesario, de la figura del arrepentido. Sin los "pentiti", las mafias italianas continuarían teniendo el peso que tuvieron y ya no tienen. Aquí lo que tenemos delante es tan complicado que sin una explicación desde dentro hay muy poco que hacer. Dejar escapar a uno, o dos, o media docena, para coger a un centenar y acabar con el sistema, es un buen negocio.

Banca Catalana
Justamente, ha vuelto a la actualidad el tema de Banca Catalana. Fui yo quien lo sacó a la luz y no con un solo artículo sino con un montón. No tengo nada que rectificar. Lo escogí como tema al conocerlo por mis propios medios, como años después pasó con el caso Innova y con tantos otros. Nunca fui impulsado a hacerlo por nadie del diario donde entonces trabajaba, El País. Ni nunca tuve ningún contacto con el Banco de España. Todo el mundo financiero catalán sabía que aquel banco de Pujol se iba a pique y era por razones internas, que he explicado mil veces. Decirlo una y otra vez es agotador.

Aquel caso sigue teniendo interés por varias razones. Pero ahora estamos ante hechos mucho más graves. Por tanto, no hay que evitarlo ni lanzar humo. El caso Banca Catalana está jurídicamente cerrado y el otro, el actual, sólo está comenzando la investigación de la puntita de un iceberg mucho más grande, diverso y aún más entrelazado con la política y con la administración real de Cataluña.

Error respecto a Banca Catalana
Si en el caso Banca Catalana se hubiera ido hasta el fondo, ahora no estaríamos ante un problema aún más grave. Todos debemos reflexionar. En particular el PSC. Pujol engañó a muchos. No debería poder repetirlo, ni en broma. Pero ya veremos.

Es obvio que un gran rasgo común a ambos casos es la persona y la personalidad de Jordi Pujol. Tanto en aquel banco, como después en la Generalidad, Pujol ha sido cualquier cosa menos alguien capaz de "distraerse", como ha dicho su escriba Manuel Cuyàs. Desde hace muchos años dio una preeminencia al dinero, y su uso digamos laxo, en relación al poder. A la vez, despreció el derecho -tema en el que podría aportar anécdotas directas- y la buena administración, la que sigue organigramas pensados, sólidos, atentos a la juridicidad y expuestos en público, abiertamente.

Un caso europeo de makhzen
Por poner un ejemplo, seguro que Pujol no ha admirado nunca, ni nunca admirará, a los secretarios, interventores o tesoreros de ayuntamiento. Él quiere el terreno libre y el ejercicio arbitrario del poder. Como he escrito tantas veces, es un premoderno, como mínimo. En alguna ocasión le he comparado con el concepto magrebí, especialmente marroquí, del makhzen, es decir "almacén" o, cuando viajaba, un gran cofre donde el sultán guardaba el oro.

El concepto y la práctica liga con lo que, bajo los regímenes absolutistas, recibió el nombre de "regalías" o "jura regalías" y en francés "le droit régalien", expresión que aún se usa en referencia a las competencias exclusivas. Es un poder inherente al jefe supremo, en base al concepto de soberanía personal. Pujol no se esconde de tener ese sentimiento. Si él es Cataluña, ¿por qué Cataluña no debe ser de él, como el makhzen es del sultán?

Los métodos de Pujol
Tampoco se ocultaba en Banca Catalana, aunque no era un ente público. No dudo ni un momento de la responsabilidad personal de Pujol respecto al sistema real de gobierno de la Generalidad. Era tan primordial que este sistema ha perdurado después de él.

Fue en Banca Catalana donde Pujol impuso métodos que después aún potenció a la Generalidad. Mal gestor y pésimo gobernante, pero siempre con voluntad de poder omnímodo, resultaba consecuente (por no decir inevitable) que se rodease de incompetentes. Esto le llevó, en Banca Catalana, a discrepar con Josep Maria Bricall, hoy catedrático emérito, desde hace muchos años contrario a Pujol, después de haber sido consejero de la Generalidad con Tarradellas.

Preferir sargentos a generales
Según me dijo el propio Bricall, autorizándome a reproducirlo, Pujol le criticó el hecho de que Bricall cogiera colaboradores de mucha calidad. "No tienes que rodearte de generales -le dijo Pujol- sino de sargentos". Es lo que Pujol ha hecho, para poder mandar arbitrariamente. Esto no era ninguna "distracción", sino un hecho lógico, coherente. Así está hoy CDC.

Otra anécdota remata lo anterior. Ramon Trias Fargas estaba charlando con otros dirigentes de CDC tras un mitin. Uno de ellos le dijo, críticamente, refiriéndose al personalismo autoritario de Pujol: "Si Pujol pudiera, todo lo haría él solo, con dos o tres secretarias". Ramón el rectificó, con su ironía tan británica: "Os equivocáis, Pujol no necesita secretarias: sólo necesita criadas".

Ahora bien, Pujol es un gran experto en la construcción de relatos. Es su método. Lo hizo con éxito en el caso Banca Catalana. También es (o era) bueno en maniobras superestructurales. No hay que olvidar que en el tema Banca Catalana los magistrados más simpatizantes con el PSOE votaron contra su procesamiento. Ahora tiene más difícil crear un relato utilitario para él, mientras que ya no debería poder esperar, en principio, ninguna simpatía por parte de fuerzas constitucionalistas. Los hechos lo dirán.

Francia: un nuevo gobierno para un cambio de rumbo
EDITORIAL Libertad Digital  27 Agosto 2014

Era evidente que Manuel Valls, nombrado primer ministro de Francia hace escasos cinco meses, lo iba a tener muy difícil a la hora de cambiar sensiblemente el rumbo que ha llevado al Hexágono a acumular 40 años de déficit público, tener una deuda cercana al 100% del PIB y un nivel de gasto público que el año pasado superaba el 57% de lo que producía.

Por muy respaldada que esté por el presidente Hollande, la intención del nuevo primer ministro de exigir rigor en el gasto, reducir el déficit y el endeudamiento y estimular sanamente la economía mediante profundas reformas estructurales y una apreciable reducción de la presión fiscal, no sólo choca contra el estatismo al que tan adictos son todos los partidos en Francia, sino muy especialmente contra los planteamientos más socialistas de algunos de sus hasta ahora compañeros de Gobierno.

La critica de estos últimos –especialmente la del hasta ahora ministro de Economía, Arnaud Montebourg– al cambio de rumbo desembocaba este lunes en una crisis de gobierno que Valls ha zanjado nombrando ministros partidarios del mismo en sustitución de los que piensan que una crisis de deuda se afronta abusando aún más de la deuda.

Aunque la lista del nuevo Gabinete presentada a Hollande sólo incluya cambios en las carteras dejadas vacantes por los tres ministros díscolos - Arnaud Montebourg (Economía), Benoît Hamon (Educación) y Aurélie Filipetti (Cultura)-, un nombramiento como el de Emmanuel Macron, ubicado en la llamada "ala liberal" del socialismo francés, como responsable de Economía da mucha mayor coherencia a la acción del gobierno.

Pese a estos cambios, nada garantiza el éxito de Valls: la resistencia al cambio de los beneficiarios del statu quo es muy poderosa, y la opinión pública no acoge con agrado ajustes y recortes cuyos beneficios sólo se hacen visibles a medio y largo plazo. En cualquier caso, el estancamiento y la falta de productividad de la economía y un desempleo que ya rebasa el 10% son razones más que suficientes para apostar por el cambio y no añorar "el retorno de lo que causó el trastorno", que diría Ortega.

Finalmente, cabe mencionar la reacción de los socialistas españoles ante estos cambios en Francia. Mucho se ha criticado –y con razón– el sectarismo de Pedro Sánchez por negarse a criticar la política de recortes de París, cuando no deja de zaherir a Merkel y Rajoy por lo mismo. Claro que esa incoherencia no es tan extraña si se recuerda el apoyo que el propio Sánchez otorgó en 2010 a Zapatero cuando éste recortó, tarde y mal, el gasto público por temor a la suspensión de pagos. Así las cosas, parece que la regeneración del socialismo español consiste en avanzar con paso decidido por la senda de la irresponsabilidad.

Y pierde competitividad
¿Austeridad? Francia acumula 40 años de déficit público
Francia registró su último superávit fiscal en 1974, encabeza el gasto público en la UE y su economía pierde competitividad desde los años 90.
  El Confidencial 27 Agosto 2014

El áspero debate sobre la necesidad de aplicar recetas de austeridad en Francia es del todo artificial, a la vista del déficit público estructural que presentan las finanzas galas desde hace décadas.

El país vecino acaba de zanjar su penúltima crisis política tras la formación del nuevo Gobierno este martes con el primer ministro francés, Manuel Valls, a la cabeza. Apenas lleva cinco meses al frente del Ejecutivo y ya se ha visto obligado a cambiar de ministros tras las crecientes críticas que han surgido entre las propias filas socialistas por su política económica.

Valls fue nombrado por el presidente de la República, François Hollande, para reconducir la crisis que sufre el país después de la contraproducente deriva que impuso el líder del socialismo galo al inicio de su mandato, con fuertes subidas de impuestos, incremento del gasto público y nulas reformas.

Valls, sin embargo, se está caracterizando por lo contrario, al menos sobre el papel. El primer ministro insiste en la necesidad de aprobar reformas estructurales para mejorar la competitividad de la economía francesa, e incluso aboga por aplicar recortes de gasto con el fin de reducir el déficit y la deuda. Un mensaje que, como mínimo, contrasta con el renovado keynesianismo que pregona el PSOE de Pedro Sánchez en España.

Pero esta senda no era compartida por todos los miembros de su Gobierno, de ahí que haya tenido que diseñar un nuevo equipo. A mediados de agosto, Valls descartó cambiar su política pese al estancamiento económico registrado en el segundo trimestre y afirmó que necesitaba tiempo para obtener resultados, rechazando así las duras críticas lanzadas desde sindicatos, partidos de izquierda e incluso algunos socialistas.

El jefe del Gobierno tachaba, entonces, de "irresponsables" a quienes ponían en duda su política de rebajas de impuestos empresariales para ganar competitividad, con una reducción próxima a 41.000 millones de euros. Y en cuanto a la austeridad pública, "nosotros vamos a recortar 50.000 millones [de euros]. Me gustaría ver cómo otros recortarían otros 50.000 millones", afirmaba.

Valls demostraba, de este modo, que mantiene su apuesta por la senda que, desde el inicio de la crisis, viene marcando tanto Berlín como, en menor medida, Bruselas. Y ello, pese a su fuerte caída en los índices de popularidad, ya que casi el 80% de los franceses dice no confiar en su recetario.

Dicha estrategia le ha costado también fuertes pugnas internas. La más llamativa, sin duda, con su ya exministro de Economía, Arnaud Montebourg, quien, durante más de dos años, llevaba reclamando un cambio de política a Bruselas y al Banco Central Europeo (BCE) contra la manida austeridad, consistente en elevar aún más el gasto público y en una nueva ronda de estímulos monetarios (reducción de tipos de interés, compra masiva de deuda pública y privada por parte del BCE...).

Sus últimas críticas a Valls, lanzadas el pasado fin de semana, han terminado por provocar, finalmente, su salida del Gobierno tras la crisis política abierta el lunes. Montebourg se ha convertido ahora en cabecilla de los diputados díscolos situados en el ala más a la izquierda del Partido Socialista, muy críticos con el golpe de timón de Hollande para recuperar competitividad con una rebaja de cotizaciones a las empresas y recortes en servicios sociales.

¿Dónde está la austeridad?

Sin embargo, el debate sobre la austeridad es muy engañoso, ya que Francia, al igual que la mayoría de los países de la zona euro con la excepción de los bálticos, no ha mostrado aún atisbo alguno de contención o reducción presupuestaria. Más bien todo lo contrario.

Basta observar su historial para percatarse de que la pretendida austeridad brilla por su ausencia en las finanzas de su Administración. No en vano, Francia acumula 40 años de déficit público. Es decir, no registra superávit desde 1974, de modo que lleva cuatro décadas gastando más de lo que ingresa mediante la recaudación de impuestos.

Fuente: www.perpe.es

Asimismo, su deuda pública ha aumentado en casi 30 puntos del PIB desde el estallido de la crisis, pasando del 64,2% en 2007 al 93,5% del PIB en 2013. Y su nivel de gasto superó el 57% del PIB el pasado año, lo que supone 4,5 puntos más que en 2007 o, lo que es lo mismo, un aumento del 9% durante la crisis.

El gasto público en Francia no sólo no ha bajado, sino que ha crecido desde el estallido de la crisis y, hoy por hoy, se sitúa a la cabeza de la UE y de la zona euro, tan sólo superado por Eslovenia (59,4% del PIB, tras sufrir una grave crisis financiera), Grecia (58,5%), Finlandia (58,5%) y Dinamarca (57,2%), y superando en más de 7 puntos del PIB el gasto medio en el conjunto de Europa. Así pues, la pretendida austeridad, simplemente, brilla pos su ausencia.

Un problema de competitividad

Por otro lado, más allá de los desequilibrios estructurales que presentan sus cuentas públicas, el grave problema de fondo que padece Francia tiene que ver con su decreciente competitividad.

Un punto débil que se refleja, por un lado, en el constante deterioro de su balance exterior desde hace al menos 15 años, pasando de registrar un superávit comercial del 2,5% del PIB en 1998 a un déficit del 2,5% en 2012, y, por otro, en el débil margen de beneficios empresariales que sufre su economía.

De hecho, el valor añadido de su industria manufacturera no ha dejado de menguar desde los años 90, hasta registrar uno de los niveles más bajos de la OCDE, debido a la elevada fiscalidad, los crecientes costes laborales y la menor flexibilidad económica.

Este deterioro explica, en gran medida, el reducido crecimiento que ha registrado el PIB real (descontando inflación) de Francia a lo largo de las dos últimas décadas, según advierten los propios expertos de la OCDE.

En este sentido, un reciente informe elaborado por el banco de inversión galo Natixis advierte de que los costes laborales en Francia deberían bajar un 15% para recuperar su competitividad industrial, lo que supondría un recorte próximo a 120.000 millones de euros, mediante la reducción de impuestos (cotizaciones sociales) y la caída de salarios.

En caso contrario, la economía gala seguirá registrando déficit por cuenta corriente y se mantendrá estancada, con un crecimiento potencial de apenas un 1% anual, alerta la entidad. La divergencia entre costes laborales y valor añadido de la industria (productividad) no ha dejado de aumentar desde finales de los 90.

 


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Insumisión a la 'Ley española'
Fernando Lázaro El Mundo 27 Agosto 2014

El efecto Pujol ha rebajado -y de qué manera- la presión social en favor de la ruptura con España. Por ello, los soberanistas tratan de potenciar nuevas plataformas, para recuperar la iniciativa y mantener la tensión ciudadana.

Y estas plataformas defienden el choque institucional, el conflicto en las calles, el 'no' a las decisiones legales.

Entre esas iniciativas se encuentra Xarxa Referèndum 9N, una iniciativa promovida por una treintena de organizaciones y entidades que tienen un punto fundamental en su nacimiento: "La consulta del 9-N es innegociable y no se tolerará ninguna alternativa ni dilación".

Esta plataforma se presentó a finales de julio y rechaza cualquier alternativa al referéndum, como pueden ser unas elecciones plebiscitarias (como dejó abierta la puerta el propio Artur Mas pese a la negativa clara con que la recibió su socio de ERC Oriol Junqueras).

El manifiesto de constitución de esta nueva plataforma fue leído por la presidenta de la Red de Entidades Cívicas y Culturales de los "Países Catalanes", Blanca Serra Puig, la portavoz de la Internacional Comission os European Citizens, Anna Arqué, y el representante del Colectivo Astilleros, Lluís Vila.

Las entidades que arropan esta nueva iniciativa se comprometen a "trabajar para evitar que puedan prosperar propuestas de claudicación o de dilación que pretenda obstaculizar la creación de las condiciones adecuadas para la convocatoria del referéndum".

Defienden la legitimidad de la "mayoría social catalana por encima de legalidades negacionista" y defiende también la normal obediencia de las instituciones y representantes políticos catalanes "a la voluntad de esa mayoría". Apuestan por la desobediencia a los marcos legales establecidos.

"Asumimos el compromiso solidario de asociar esfuerzos de coordinarlos con todas las personas, colectivos, movimientos y entidades que se propongan este mismo objetivo de defensa del libre ejercicio del derecho de autodeterminación, tanto en Cataluña como en el conjunto de los Países Catalanes, y de dar apoyo a aquellas medidas de desobediencia pacífica y de insumisión a la legalidad española que, obedeciendo y expresando el mandato popular, se consideren oportunas", apunta el manifiesto de esta nueva plataforma.

Y, utilizando un lenguaje similar al de la izquierda abertzale, hace un llamamiento a "internacionalizar" sus reivindicaciones. "Hace falta que el referéndum tenga trascendencia internacional. Para que tenga apoyo externo, el referéndum debe ser conocido internacionalmente y debe contar con el respeto y la complicidad del mayor número posible de fuerzas sociales, políticas e institucionales de ámbito internacional".

Esta plataforma anunció que durante la segunda semana de septiembre harían una "segunda presentación" con todas las entidades y organizaciones que está previsto que se adhieran a su iniciativa. Además, tienen previsto anunciar "las acciones" que pretenden llevar a cabo en el caso, como será lo previsto, que "España ilegalice el referéndum o el Ejecutivo catalán decida no cumplir la voluntad popular".

Entre los portavoces de Xarxa Referéndum se encuentra María Blanca Serra. Es hermana del que fuera dirigente de la organización terrorista Terra Lliure Josep de Casalasanz Serra. En 1980 fue detenida por pertenencia a banda armada y por colaborar con ETA. En octubre de 2012 fue escogida como novena de la lista de CUPpor Barcelona en las elecciones al Parlamento de Cataluña. Formó parte del secretariado de Asamblea Nacional Catalana hasta 2013.

Ingeniería del lenguaje II: El caso vasco
Rafael Núñer Huesca. www.elsemanaldigital.com 27 Agosto 2014

País Vasco es un término importado, un galicismo -Pays Basque-, y Euzkadi el invento de un racista iluminado, Sabino Arana. Ambos carecen de consistencia histórica. La tierra de Pío Baroja, de Miguel de Unamuno, de Blas de Lezo o de Juan Sebastián Elcano –hoy Elkano- siempre se llamó Vasconia, Vascongadas o Euskal Herria, en vascuence.

El lenguaje, o por mejor decir, el uso que de él se hace, nunca es inocente. El nacionalismo es extraordinariamente hábil a la hora abundar en según qué términos y relegar al olvido los que no convienen al proyecto; incluso es capaz de, como hemos visto, crear nuevas acepciones a modo de herramientas identitarias.

Un ejemplo recurrente es referirse a España como "el Estado", reduciendo la nación a algo administrativo, casi burocrático y despojándola de cualquier componente afectivo o cultural, eliminando deliberadamente cualquier vínculo sentimental.

Álex Grijelmo trata magistralmente el asunto del contenido emocional del lenguaje en un libro que recomiendo, La seducción de las palabras (Ed. Taurus), y en el que advierte que éstas "son los embriones de las ideas. Según qué palabras utilicemos así formaremos nuestro pensamiento (…) existen innumerables ejemplos de cómo se manipulan hoy en día los vocablos para alterar la percepción que tenemos de la realidad, cómo se emplean para engatusar o repeler a los demás. Algunas de estas trampas estaban presentes, por ejemplo, en el lenguaje de los nazis, y todavía sobreviven en algunos discursos que escuchamos ahora".

Tomemos como ejemplo aquel discurso de 2011 en el que tres etarras tocados con chapelas, en una escena entre sórdida y cómica, nos perdonaban la vida con terminología del tipo "(…) queremos dar una solución justa y democrática al secular conflicto político vasco". No caben más argucias semánticas en la misma frase, difícil mayor perversión del lenguaje.

En el mismo comunicado, más tretas: "Resolver las claves de la territorialidad y la autodeterminación", esta vez en forma de eufemismos. "Territorialidad" es, para los pistoleros, la anexión de Navarra, y "autodeterminación" significa sencillamente escisión, separación, quiebra, ruptura. Seguimos con el diccionario en la mano: "Declaramos un alto el fuego permanente, de carácter general, (…) y que ponga fin a la confrontación armada".

El uso de terminología castrense buscaba irradiar una atmósfera de solemnidad que con seguridad avergonzó a los militares. Un "alto el fuego" lo declara un ejército, no un rebaño de psicópatas que siembra un país de huérfanos y viudas para satisfacer sus pulsiones independentistas. De modo que anunciar que el "alto el fuego" será "permanente" y de "carácter general" es lo mismo que no decir nada.

Cosa distinta sería si éste fuera definitivo, irreversible y sin condiciones, aunque en tal caso no sería un "alto el fuego" sino una capitulación. He ahí el matiz. En cuanto a la expresión "confrontación armada", más de lo mismo, pretende crear la sensación de que existen dos ejércitos en liza, en pie de igualdad, pegándose tiros a las puertas de Stalingrado.

Así las cosas, utilizar el manoseado término "paz" siempre fue una cesión lingüística al terrorismo, pues nunca hubo guerra, hubo una banda criminal que perseguía, secuestraba, coaccionaba y asesinaba a todos los que consideraba "enemigos del pueblo vasco" -otra treta-, de modo que lo que había que exigir era libertad y justicia, no paz.

Existe otra expresión -que no por reiterada es del todo acertada- que viene a referirse a las víctimas como "personas que han dado su vida porque vivamos en democracia". No es falsa ni es errónea, pero sí maniquea. Los muertos lo fueron por la democracia… y por España, por su permanencia y continuidad como nación. Porque nos han hecho llegar a un punto en el que parece que lo que hay entre Gibraltar y los Pirineos es un concepto vago, una cosa más o menos abstracta que se llama "democracia" o "Estado de derecho". Y no, es España.
Recortes de Prensa   Página Inicial