AGLI Recortes de Prensa   Viernes 29  Agostoo  2014

Cuando lo hago yo es bueno. Si no, es malo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 29 Agosto 2014

Pedir a los integrantes de la casta política algo de coherencia es tarea imposible. Ellos siempre tienen razón incluso cuando se les demuestra de forma inequívoca que mienten. Pues eso está pasando con Mariano Rajoy y su visión de la gestión de la crisis que lleva ejerciendo desde que arribó a la Moncloa. Los argumentos que antes usaba en la oposición como dardos envenenados contra Zapatero y el PSOE, se vuelven sólidas justificaciones de la labor bien hecha y de la oportunidad y eficacia de las medidas adoptadas. Los conceptos se transforman y lo que era malo durante la etapa de oposición, se vuelve milagrosamente bueno cuando se gobierna. Debe ser que la erótica del poder lleva a esa sensación orgásmica de auto complacencia que parece crear adicción en quienes llegan al PODER con mayúsculas.

Resulta sorprendente ver con qué optimismo se analizan cifras negativas como meras anécdotas fuera de la normalidad. Se niega la evidencia con tal soltura que asusta pensar hasta dónde pueden estar dispuestos a llegar en su afán de que unos malos resultados no te invaliden una fórmula magistral. Y a eso estamos llegando. Resulta que llevamos dos meses consecutivos con una inflación negativa. Eso normalmente se considera una etapa de deflación y un signo evidente de la recesión económica. Y si a eso le sumamos el pésimo comportamiento de la balanza exterior, tenemos un panorama en que el progreso se fía al aumento del gasto interior.

Pues ese es el problema. Resulta que en un país con más de cinco millones y medio de parados, un incremento brutal de impuestos directos e indirectos y una disminución real de salarios y pensiones, se confía en que sea la demanda nacional la que tire del carro de la recuperación. El famoso “plan B”. Y claro, si el sector privado no puede materialmente hacerlo ya que toda la financiación va a parar a atender las demandas del Estado y Autonomías, lo que queda es el incremento del gasto público, eso sí, a costa de aumentar la deuda nacional hasta límites records como ya está pasando. Y encima hay quien pide que la UE nos ayude a fondo perdido con nuevos "Planes E" como si fuera su responsabilidad la de invertir y no la nuestra la de no gastar.

Y este plan B se apuntala con la esperanza de que los países motores de la UE Alemania sobre todo y Francia, salgan de ese atasco de crecimiento que recuerda a los que sufrieron los ejércitos que intentaron conquistar “la madre Rusia” y se toparon con estepas de frío y lodo. Resulta que esa recuperación puede verse gravemente perjudicada por algo tan simple como la tensa situación prebélica en las propias puertas de la UE con el conflicto de Ucrania y Rusia. O por el siempre variable e imprevisible mercado del petróleo con el conflicto de Iraq, o quizás por el desarrollo de los retos secesionistas que afectan a países del peso de Gran Bretaña o España. Un escenario de aguas turbulentas alejado de las idílicas aguas tranquilas de un lago tan necesarias para transmitir la paz y la relajación precisas en cualquier proceso de recuperación física y anímica.

Mariano Rajoy ha caído en hacer todo aquello que criticaba de su oponente en el Gobierno de entonces. Vuelven los brotes verdes. Vuelven los conceptos discutidos y discutibles. Vuelve la ingeniería contable. Vuelven los incumplimientos de programa. Vuelven los tics totalitarios. Vuelve la soberbia y la falta de reconocimiento de los errores. Vuelven los infames pactos con la ETA y la rendición. Vuelve la manipulación más descarada de las Instituciones del Estado con la politización de sus miembros. Es decir ha vuelto todo aquello que los españoles querían evitar y cambiar de forma drástica y que hizo posible que Mariano Rajoy alcanzase el poder y con ello perpetrar la mayor traición que un político ha realizado a sus electores y votantes.

Y ahora nos quiere convencer de que todo lo que hace es lo bueno y lo que los demás proponen, lo malo.

Cataluña
Democracia liberal y soberanismo español
ángel hernández guardia ABC Cataluña 29 Agosto 2014

Tiene razón el periodista Ignacio Camacho cuando el martes pasado, en estas mismas páginas, afirmaba que el «de Cataluña es un problema de España y de todos los españoles» y que «el mayor éxito del (separatismo) haya sido el de instalar la idea de que el problema de Cataluña es solo de los catalanes» (ABC pág. 11 día 19 de Agosto).

Nosotros afirmamos que este éxito ha sido posible por un problema previo y fundamental de la democracia española que es la falta de convicción de sus partidos en que su legitimidad está basada en el concepto de democracia liberal y en la soberanía que dicha democracia reconoce al pueblo español, representado por sus partidos.

Reconocer que su legitimidad viene derivada del pueblo español en el ejercicio de su soberanía cada vez que vota, habría eliminado los complejos de los partidos y de los ciudadanos a los que representan, de ser identificados como «españolistas» cuando esta condición debe ser un requisito exigible a quienes participen de la vida política.

El hecho de que numerosos partidos de los que se presentan a las elecciones generales en España, de derechas y de izquierdas, no hayan aceptado desde el primer momento el modelo de democracia instaurado por la constitución, es la causa de la evidente actual desvertebración de España como nación y de su Estado como modelo, lo cual es un problema esencial para la Constitución y para la democracia española.

Esta deficiencia democrática española es la que propicia que el «problema separatista» se convierta en un problema esencial para la democracia nacional y por tanto, para todos los españoles. Dice Ignacio Camacho en el mencionado artículo, que «las soluciones, sean cuales sean, las tiene que aportar España, cuya opinión pública es determinante en este asunto», opinión que compartimos los que desde la sociedad civil catalana intentamos escapar del debate «de proximidad» en el que muchos pretenden asfixiarnos con el «derecho a decidir propio».

Asimismo son erróneos los planteamientos de «nosaltres sols», que desde Cataluña propugnan PSC (desde su constitución) y su nuevo secretario general Miguel Iceta (antiguo «capitán españolista») así como otros movimientos políticos y sociales.

En consecuencia, la asociación que presido se adhirió inmediatamente al primer manifiesto de ámbito español de la sociedad civil española, que promociona la Plataforma Libres e Iguales y que entienden como un reto para la democracia y la ciudadanía española, el problema del separatismo y de quienes lo apoyan, como un problema planteado a la democracia en España. Participaremos y asistiremos a los actos que están organizando Libres e Iguales, el próximo día 11 de Septiembre, en cualquier lugar de España.

¿Tendrá arreglo este país llamado España?
La oposición que, cobra sus sueldos, ¿no se entera o calla pensando que hoy por ti mañana por mí?
Francisco Rodríguezwww.diariosigloxxi.com 29 Agosto 2014

Las corrupciones que se están ventilando ahora en los tribunales se refieren a hechos que ocurrieron hace varios años, algunos demasiados años, pero no se trata de una época acabada que ahora se juzga, sino de un sistema político que no se ha regenerado por lo que dentro de algunos años comenzarán a instruirse otros procesos por otros hechos también reprobables que se siguen produciendo.

Es muy probable que los casos que llegan a los tribunales, que posiblemente serán los más abultados y escandalosos, sean una pequeña parte de los que se hayan producido en el ámbito de todos los partidos y todas las administraciones. No solo se trata de financiación ilegal sino de un uso delictivo de los fondos públicos, que venían obligados a administrar con honestidad y economía.

No llego a entender que si en todos los ámbitos de decisión unos forman gobierno y otros oposición, esta se limite a criticar y votar en contra, pero no se entere de que el dinero de los contribuyentes está siendo despilfarrado o malversado, enriqueciendo a los amigos y parientes de los políticos que pueden hacerlo. Que se construyan aeropuertos, autovías, líneas de alta velocidad o metropolitanos insostenibles es culpa de quienes aprobaron estos proyectos y culpa también de una oposición que no hizo lo suficiente para evitar el despilfarro o al menos dejara constancia de su advertencia.

No llego a entender que se puedan adjudicar obras, subvenciones, cursos de formación y un largo etcétera a amiguetes y paniaguados sin el más mínimo control. La oposición que, cobra sus sueldos, ¿no se entera o calla pensando que hoy por ti mañana por mí?

La larga etapa de la burbuja inmobiliaria ¿no ha propiciado en muchos casos el chanchullo entre los que tenían en sus manos los planes urbanísticos y los empresarios del ladrillo? En los pactos de gobierno municipales todos buscaban colocar a uno de los suyos en urbanismo ¿recuerdan? La oposición aquí era gobierno allí y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

La turbia relación entre los que tienen en sus manos la diversas administraciones y los capitalistas, empresarios y financieros, ha producido que se pueda hablar de que nuestro sistema es un capitalismo clientelar en el que no es la libre competencia y la capacidad emprendedora la que puede llevar al éxito, sino los vínculos que consigan establecer con los líderes políticos y burocráticos.

En muchos casos no se trata de favorecer a determinados empresarios para que triunfen sino de crear para los amigos o parientes empresas y organizaciones públicas, una especie de administración paralela con el mínimo control posible. En estos casos, como unos y otros hacen lo mismo, pues todos callan y el gasto público sigue imparable. ¿Cuántas de estas empresas públicas se han eliminado? Pues no sé si habrá alguna, aunque lo más probable es que los que disfrutaban de ella habrán sido acoplados en otra o convertidos en funcionarios.

Creer que el poder judicial pueda regenerar este sistema es algo poco probable, como tampoco es probable que dejen de estar aforados diez mil políticos que no parecen dispuestos a renunciar a este privilegio Por algo será.

Acabo de leer que se ha producido un incendio en un juzgado que ¡oh casualidad! es el de la juez Alaya.

Gaza
Un empate no es una derrota de Hamás
Jonathan S. Tobin Libertad Digital 29 Agosto 2014

Si se considera de forma objetiva, las salvas de celebración y las rituales declaraciones de victoria que ayer emanaban de Hamás tras aceptar un alto el fuego con Israel no son más que tonterías. La decisión del movimiento islamista de iniciar una nueva ronda de ataques en Gaza ha resultado ser un desastre tanto desde el punto de vista militar como del de los sufrientes palestinos que han pagado con sangre y con la destrucción de sus hogares el precio de este capricho. Pero sus fanfarronadas no son completamente absurdas.

Pese a que es posible que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no hay tenido muchas opciones reales aparte de aceptar el fin formal de las hostilidades, al emerger de 50 días de batalla con su control sobre Gaza intacto, Hamás se ha asegurado de que prosigan su desgobierno de la Franja y su permanente bloqueo de cualquier esperanza de paz.

La decisión de Netanyahu de aceptar el alto el fuego se debatirá enormemente en Israel, pero hasta los más indignados de sus críticos tendrán que admitir que las concesiones a Hamás han sido mínimas. Los términos –bajo los que se concede un ligero aumento en la entrada a Gaza de ayuda humanitaria y materiales, y una expansión de tres a seis millas de la zona en la que se permite faenar a los pescadores gazatíes– son, más o menos, un refrito del acuerdo de 2012 que puso fin a una anterior ronda de enfrentamientos. El bloqueo de Gaza no ha sido levantado. Israel tampoco ha prometido permitirles a los palestinos que construyan un puerto o un aeropuerto. Esas peticiones serán discutidas en negociaciones que, supuestamente, tendrán lugar el mes que viene en El Cairo, y junto a ellas se planteará por parte israelí la exigencia de que se desmilitarice Gaza. Eso supone que ninguno de los bandos va a obtener lo que quiere, lo que convierte a la guerra, pese a todos los logros militares israelíes y al catastrófico impacto sobre la población de Gaza, en buena medida en un empate.

No es algo de lo que pueda alardear Hamás. Inició las hostilidades cuando sus miembros secuestraron y asesinaron a tres adolescentes israelíes, y luego ha estado lanzando 4.000 misiles sobre Israel en los últimos 50 días, sin que ahora pueda decir que ha logrado mucho con el gasto de buena parte de su cuidadosamente reunido arsenal. Si bien una gran parte de la población israelí ha tenido que pasarse mucho de las últimas semanas yendo y viniendo de los refugios, el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro ha neutralizado de manera efectiva la amenaza de los cohetes. Hamás también ha perdido la compleja red fronteriza de túneles en la que había invertido mucho del dinero que llega a la Franja procedente de donantes extranjeros. En vez de poder usar los túneles para llevar a cabo una atrocidad masiva en territorio de Israel, éstos acabaron siendo destruidos cuando las fuerzas israelíes invadieron la Franja.

Pero cualquier presunción de victoria por parte israelí es igual de vana que las de Hamás.

Incluso una leve disminución del bloqueo implicará, inevitablemente, que Hamás sea capaz dereponer parte de su arsenal de cohetes y de otras armas, o incluso de todo él. Tampoco hay nadie en la comunidad internacional, y mucho menos en Israel, que tenga la menor confianza en que cualquier salvaguarda vaya a evitar que los materiales de construcción que se permita entrar en la Franja para reconstruir casas, escuelas y otras infraestructuras civiles no vayan a acabar siendo empleados para reparar las infraestructuras militares de Hamás, incluidos búnkers para centros de mando, instalaciones de almacenamiento de cohetes y los dichosos túneles.

Todo ello supone que, la próxima vez que Hamás decida que es buen momento para volver a combatir, Israel volverá a estar donde estaba hace dos meses. Incluso si las Fuerzas de Defensa de Israel mejoran su capacidad para detectar túneles y el movimiento islamista palestino no descubre una forma de vencer al sistema Cúpula de Hierro, no es para nada una perspectiva que anime a un pueblo israelí exhausto tras todo un verano de conflicto. Un empate no es una victoria para ninguno de los bandos, pero cualquier resultado que deje en pie a Hamás, listo para volver a iniciar la lucha cuando decida, no puede decirse que sea una derrota para los terroristas.

En un próximo artículo hablaré de las implicaciones de este resultado para Netanyahu y para el futuro del conflicto.

© elmed.io - Commentary
Jonathan S. Tobin, editor jefe online de la revista Commentary.

La mordaza bolivariana de Podemos
EDITORIAL Libertad Digital 29 Agosto 2014

Una buena prueba de que los ultras de Podemos no vienen a regenerar el sistema democrático sino a tratar de dinamitarlo es su propuesta de regulación de los ya muy regulados medios de comunicación. Con la excusa de garantizar la libertad de expresión y el derecho a la información, proponen un sofocante y discrecional intervencionismo que tiene por referente las muy liberticidas leyes audiovisuales de Venezuela, Argentina y Ecuador.

Teniendo presente lo que la formación de Pablo Iglesias entiende por democratización, lo extraño es que no propongan abiertamente el modelo que rige en la denominada República Popular Democrática de Corea o el que regía en la extinta República Democrática de Alemania. En cualquier caso, el concepto de democratización que maneja Podemos es tan falaz que su camuflada voluntad de control y mordaza queda suficientemente de manifiesto en su propuesta de emular a los referidos países hispanoamericanos, que obtienen pésimas calificaciones en materia de libertad de prensa de instituciones como Reporteros sin Fronteras.

Bien está que Podemos critique la suerte de oligopolio que, desgraciadamente, padece el audiovisual español, debido al reparto político de licencias y a que el Gobierno decide en última instancia la compraventa o fusión de medios. Sin embargo, su alternativa no es liberalizar para que la ciudadanía decida, sino en reforzar mucho más el poder y la influencia del Estado, al que confieren el poder de determinar contenidos.

No es nueva la incoherencia colectivista de criticar monopolios, oligopolios y demás concentraciones de propiedad para proponer como solución la gran concentración liberticida, esto es, la nacionalización de los medios. La formación de Pablo Iglesias no se atreve –al menos por ahora– a proponer algo tan extremo y asegura no pretender que todos los medios estén bajo control del Gobierno. Pero lo cierto es que postula una "autoridad ciudadana" que garantice "la verdadera pluralidad e independencia de los medios" sin aclarar qué "autoridad ciudadana" sería esa, supuestamente "distinta" e "independiente" del Gobierno.

Es el respeto a la propiedad privada en un mercado abierto, sin barreras institucionales de entrada y de salida, lo que permite la dispersión y pluralidad de medios. Pero en Podemos no quieren eso. En Podemos quieren someter a la población a un régimen mediático de propaganda infecta y criminalización del adversario como el que padecen los venezolanos tiranizados por ese engendro patético que es el chavismo.

La libertad de expresión precisa de la propiedad privada, su puntal y baluarte. No es casual que los admiradores de las tiranías bolivarianas y peronistas no quieran oír hablar de ninguna de las dos.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Regeneración democrática
Cataluña: restaurar sistema
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 29 Agosto 2014

Nunca he ocultado mi aversión a la informática ni mi amor imperecedero por Olympia, mi vieja máquina de escribir manual acorazada contra la intromisión de virus, troyanos, cookies y otras basuras que circulan por el espacio cibernético. Sin embargo, aquí estoy atado por necesidad al ordenador, cuyos secretos esotéricos me desvela, con paciencia franciscana, Paco, mi ángel de la guarda, el técnico que se resignó a sacarme de la ignorancia y a enmendar mis torpezas. Una de sus enseñanzas, la que más útil me resulta, precisamente porque mis torpezas son muchas, es que, cuando todo parece haber llegado al punto del desastre sin retorno, debo hacer doble clic en el icono Restaurar sistema.
Convivencia malherida

No será fácil restaurar sistema en Cataluña, porque para volver a poner en su lugar las piezas del rompecabezas político, desbaratadas por un falso mesías y su séquito de aduladores impenitentes, no basta con hacer un doble clic. Es mucho lo que se ha destruido a lo largo de más de treinta años, tanto en el plano institucional como en el social, el económico, el educativo y el cultural, dejando la convivencia malherida dentro de España y de Cataluña. Como escribe José Antonio Zarzalejos (El Confidencial, 12/4):

La cuestión catalana, así, es un problema español, pero es, también, un problemón de los catalanes en el entendimiento de la propia Cataluña. Pueden preguntarse cuándo se jodió la relación con el resto de España, pero muy pronto podrían tener que preguntarse cuándo se jodió la cohesión de la propia sociedad catalana.

Los entrevistados por Arturo San Agustín en Cuándo se jodió lo nuestro. Cataluña-España: crónica de un portazo (Península, 2014) sitúan el origen del desencuentro en circunstancias muy diversas a lo largo de los siglos, pero los independentistas sobrevenidos acostumbran a demostrar su inocencia cargando la culpa sobre la sentencia del Tribunal Constitucional contra el estatuto del 2006. Un estatuto de opereta, pues sólo había recibido el voto favorable de un 36 por ciento del censo electoral.

Irreconocible y tentador
La complejidad de la restauración del sistema en el plano político queda a la vista cuando se piensa que ello implicaría borrar el equivalente de los virus, troyanos y cookies que dejó el tránsito de Jordi Pujol y de sus sucesores del Tripartito y de CiU por el palacio de la Generalitat y volver a la etapa de la Transición, cuando Josep Tarradellas todavía empuñaba el timón con mano de estadista. La restauración del sistema que disfrutábamos entonces sería radical y nos colocaría frente a un panorama irreconocible. Irreconocible y tentador. Imaginémoslo:

Los fondos públicos se destinarían prioritariamente a mejorar y reforzar la sanidad, la educación y la asistencia social, a diferencia de lo que sucede ahora, cuando se derrochan en la creación de los costosos aparatos burocráticos encaminados a construir un Estado paralelo, en campañas sectarias de propaganda y adoctrinamiento y en el reparto de subvenciones corruptoras, elementos todos estos que caracterizan a los regímenes totalitarios.

Las nuevas generaciones recibirían una preparación adecuada para desempeñarse en todo el territorio de España, de América Latina y del resto del mundo, pues las lenguas vehiculares de la enseñanza serían el castellano, la lengua local y el inglés. También se situarían en el mundo real porque aprenderían historia y geografía sin deformaciones endogámicas.

Las leyes que castigan la difusión de propaganda racista y xenófoba se aplicarían igualmente a la difusión de materiales que estimulen el odio, el rencor, la venganza y el revanchismo entre conciudadanos mediante la explotación de mitos, supersticiones y falacias históricas. Los solares donde se descubrieran escombros atribuidos a enfrentamientos fratricidas se destinarían a la construcción de bibliotecas públicas.

La solidaridad con las comunidades hermanas dentro de España estaría garantizada, lo mismo que la permanencia en la Unión Europea y en las organizaciones internacionales en las que Cataluña ingresó como parte inseparable de España.

Las fuerzas de seguridad de todo el país estarían coordinadas para defender el Estado de Derecho y la sociedad abierta y para responder a los ataques de mafias, grupos terroristas y sectas fundamentalistas hostiles a nuestra civilización. Esta coordinación se complementaría con la que ya existe dentro de la OTAN.

Ambiciones 'non sanctas'
Esta restauración del sistema será difícil pero no imposible. La debacle inminente del movimiento nacional secesionista, súbitamente privado de su prócer máximo y condenado a depender de líderes tan soberbios como mediocres, contaminados por ideologías retrógradas y autoritarias en unos casos, y demagógicas y nihilistas en otros, dejará, entre sus seguidores, una mezcla de desencanto, indignación y, en el ala extrema, una peligrosa radicalización. Sobre todo cuando estos seguidores tomen conciencia de que son las ambiciones non sanctas de una camarilla de desaprensivos las que los han metido en un callejón sin salida.

La correcta restauración del sistema dependerá en buena parte de la sensatez con que los dirigentes de los partidos políticos democráticos y constitucionalistas respondan al desafío. La magnitud del desbarajuste invita a imaginar que algunas cabezas pensantes de CDC, UDC y PSC reaccionarán por instinto de supervivencia. Pero el mayor peso de la responsabilidad descansa sobre las espaldas de los dirigentes de PP y C's. Y de UPyD, si este partido deja de guiarse por personalismos verticalistas que empañan su imagen hasta hace poco tiempo simpática.

El observador preocupado también estudia con atención el desarrollo de los movimientos sociales. En primer término Sociedad Civil Catalana, que evidentemente aglutina a sectores representativos de dicha sociedad. Quizá sea esta matriz identitaria la que hace que quien sigue los acontecimientos desde la barrera no entienda algunos de sus pasos. Por ejemplo, la importancia que da al aranés como tercera lengua de Cataluña, o la convocatoria a un acto el 11 de septiembre en Tarragona, "capital histórica de la España romana". Acto al que asistirá Carme Chacón, quien, cuando era ministra de Defensa, reivindicó la inmersión lingüística como "modelo de cohesión social", desobedeciendo el auto del Tribunal Supremo de Justicia de Cataluña (La Vanguardia.com, 24/8/2011). Pero ni siquiera estas diferencias deben convertirse en obstáculos para emprender de común acuerdo la restauración del sistema.
Llenar el vacío

Son igualmente importantes los dos manifiestos que, con la firma de personalidades como Mario Vargas Llosa en un caso y José Antonio Zarzalejos en el otro, salieron en defensa de la unidad de España, con la consigna "Libres e iguales" en el primero y "España federal, en una Europa federal" en el segundo. Una vez más, quien sigue los acontecimientos desde la barrera puede sentirse más identificado con uno que con otro –en mi caso con "Libres e iguales"–, pero lo que invita a dejar de lado discrepancias y dudas es que ambos están comprometidos con la unidad de España. Tiene razón Francesc de Carreras cuando escribe (El País, 21/7):

El tono y el estilo son distintos, las materias que tratan también, pero no son contrapuestos sino complementarios, nada impide firmarlos a la vez, yo mismo acabo de hacerlo.

O, como reconoce el insobornable Antonio Robles, el manifiesto federalista, "a pesar de las rebajas de julio, sigue rechazando un Estado propio para Cataluña".

El PP, C's, los todavía reticentes de UPyD, las cabezas pensantes que puedan existir en CDC, UDC y PSC, los seguidores de Sociedad Civil Catalana y los firmantes de los dos manifiestos son los operadores destinados a restaurar el sistema cuando la implosión del cambalache secesionista deje huérfanos a quienes tragaron el anzuelo de la Ítaca irredenta. Si no lo hacen ellos, armados con dosis terapéuticas de pragmatismo y posibilismo para evitar desencuentros bizantinos, una bandada de aves carroñeras se zampará los restos de nuestra sociedad desguazada. "Podemos", se jactan algunos de los buitres; "Guanyem", alucinan otros; "Alá es grande", salmodian los de más allá. Cada cual posado en su parcela del terreno minado.

Lo dicho: restaurar el sistema para volver a la normalidad que nos legó la Transición y de la que nunca deberíamos habernos apartado.


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