AGLI Recortes de Prensa   Sábado 6 Septiembre  2014

La increíble y triste historia de un alcalde del PP
Luis del Pino Libertad Digital 6 Septiembre 2014

Esta semana hemos conocido los datos de paro y afiliación a la Seguridad Social del mes de agosto. Los datos no han sido buenos, y tendrán unas consecuencias políticas inmediatas y de largo alcance. Para entender por qué, retrocedamos al principio de la legislatura.

Rajoy llegó a la Moncloa con una cómoda mayoría absoluta, otorgada por un pueblo español cansado del PSOE y dispuesto a votar a Rajoy aunque fuera con la nariz tapada, con tal de jubilar a un Zapatero al que se le percibía como enormemente sectario y responsable directo de la crisis.

Rajoy disponía de la mayoría necesaria para deshacer los destrozos que Zapatero había hecho. Pero pronto quedó claro que don Mariano no tenía la más mínima intención de acabar con el zapaterismo. Vamos camino de completar el tercer año de legislatura y el PP no ha derogado ni una sola de las leyes ideológicas que Zapatero promulgó, ni ha enmendado ninguna de las líneas políticas que Zapatero dejó trazadas: ahí siguen, incólumes, la ley del aborto, la de la memoria histórica, la alianza de civilizaciones, la hoja de ruta de negociación con ETA, la intensificación de la disgregación autonómica o el encubrimiento de los casos 11-M y Faisán, por poner algunos ejemplos. Tan descarada es la prolongación de las políticas zapaterinas, que resulta imposible sustraerse a la sospecha de que Rajoy pactó, para que le dejaran llegar a la Moncloa, no alterar nada del proyecto de ingeniería social que Zapatero puso en marcha.

Ante sus electores, el PP recurrió al argumento de que tenía que centrarse en la Economía. Pero tampoco en el terreno económico ha hecho nada el gobierno Rajoy, más allá de rescatar las cajas de ahorros quebradas por los políticos y aumentar extraordinariamente la deuda para mantener a toda costa el ruinoso estado autonómico. No se acometió ninguna reforma estructural que adelgazara realmente las administraciones y, en su lugar, se hizo caer toda la factura de la crisis sobre las familias, los autónomos y las pequeñas empresas, confiando en que la recuperación económica de los países de nuestro entorno tiraría de nosotros hacia arriba.

Y durante unos meses (a partir del último trimestre del año pasado), pareció que a lo mejor podía producirse el milagro, porque comenzó a registrarse, después de seis años de crisis, una tímida subida de afiliaciones a la Seguridad Social. Sin embargo, era solo un espejismo: hace tres meses, esa tímida subida comenzó a ralentizarse y los datos de agosto han vuelto a mostrar, por primera vez en once meses, una caída de cotizantes. Volvemos a decrecer, porque la situación internacional se ha complicado y porque se ha enfriado la actividad económica de los países de nuestro entorno, con lo que éstos ya no tiran de nosotros.

Veamos ahora las consecuencias políticas del dato.
Dado el contexto internacional, ya es virtualmente imposible que se cree el suficiente empleo de aquí a mayo del año que viene. Harían falta 2.130 nuevos cotizantes CADA DIA en los próximos nueve meses para recuperar, antes de las elecciones municipales, el nivel de empleo que dejó Zapatero. Lo que quiere decir que el PP acudirá a las elecciones con menos afiliados a la Seguridad Social de los que había al empezar la legislatura. Es decir: el PP acudirá a las elecciones sin poder exhibir un triunfo en la única baza que tenía, la económica.

Rajoy lo aposto todo a la economía... y ha perdido. Así pues, ni ideología, ni economía: el PP concurrirá a los comicios con una mano delante y otra detrás.

Con lo cual, ya pueden ustedes imaginar las consecuencias: ni con reforma electoral, ni sin reforma electoral, van a poder los populares mantener las alcaldías y las comunidades autónomas que ahora gobiernan. Haciendo excepción de algún alcalde carismático, que se salvará de la quema por su especial buen hacer, el PP va a perder todo su poder territorial: los alcaldes y presidentes autonómicos recibirán en sus traseros la patada que los electores del PP desean darle a Rajoy.

¿Y qué pasará cuando eso suceda? Pues depende de si las alternativas moderadas existentes son capaces de ponerse las pilas de aquí al próximo mes de mayo. Si Vox, Ciudadanos y UPyD saben recoger e ilusionar a los electores que huyen en masa del PP y del PSOE, iremos a una situación abierta, pero manejable. Pero si esas alternativas moderadas no consiguen superar las zancadillas que se les pongan desde el poder, o no logran ilusionar a la gente, entonces será Podemos quien coseche todo el voto del descontento, y probablemente cope el poder autonómico y municipal.

Sea como sea, el hecho es que el PSOE está ya muerto y al PP le quedan solo nueve meses para implosionar, una vez perdido todo su poder territorial. Y todos haríamos bien en irnos preparando para el nuevo escenario que va a abrirse en España.

El problema educativo no se soluciona con más dinero
Editorial El Mundo 6 Septiembre 2014

PEDRO SÁNCHEZ propuso ayer un pacto educativo con el fin de conseguir recursos para que en ocho años España destine el 7% del PIB a la Educación. Se trata de una medida populista porque, como el propio secretario general del PSOE debería saber, más dinero para el sistema educativo no implica necesariamente una mejora de la calidad de la enseñanza. Según datos del Ministerio de Educación, el gasto educativo de las administraciones públicas aumentó un 76% entre 2001 y 2011 y en ese periodo se duplicaron las becas y se incrementó un 43% el gasto total medio por alumno. Pero ni por esas hemos logrado salir de los últimos puestos en los rankings de calidad internacionales, como lo certifica cada edición de PISA.

Es cierto que España necesita un pacto educativo entre las fuerzas políticas, pero ese acuerdo tendría que estar orientado a conseguir de una vez planes de enseñanza estables y que no cambien con cada Gobierno; a fomentar el mérito y el esfuerzo de los alumnos; a asegurar la formación del profesorado y reforzar su autoridad; a homogeneizar los contenidos o a conseguir que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a estudiar en español en todo el territorio.
TVE
Así funcionan las burocracias estatales
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 6 Septiembre 2014

En el caso de la suspensión de mi colaboración semanal con TVE hay que saber diferenciar la anécdota de la categoría. Lo anecdótico, lo irrelevante, lo intrascendente es que una colaboración que pretendía ser semanal se haya cancelado: los colaboradores, en todas partes, van y vienen, comienzan y terminan, alcanzan notoriedad y la pierden. Nunca me creí acreedor de un derecho a participar en la cadena estatal y, por tanto, la suspensión de esa participación tiene, en sí misma, la importancia que merece: prácticamente ninguna.

Más relevante es no perder de vista la categoría, el verdadero fondo de esta cuestión: que las burocracias estatales —esas mismas que dicen constituirse desinteresadamente en nombre del interés general: "la televisión de todos"— son explotadas en privativo beneficio de aquellas oligarquías que consiguen controlarlas. Todos deberíamos ser conscientes de que cada vez que pagamos impuestos, cada vez que nos castigan con el 21% de IVA o cada vez que nos retienen la correspondiente mordida del IRPF, no lo hacemos por nuestro propio bienestar, ni siquiera por el bienestar de aquellos sectores de la sociedad más desfavorecidos que desde luego merecen algún tipo de ayuda; no: lo hacemos esencialmente para alimentar a las burocracias estatales que han logrado patrimonializar los Presupuestos Generales del Estado.

Ésa, la auténtica casta gobernante que todavía nadie se ha atrevido a denunciar y a proponer desmontar en España, constituye el verdadero destino último de nuestros pluridiezmos. Toda la propagandística narrativa construida alrededor del Estado para hacernos creer que ese mismo Estado responde a colectivos, solidarios e incuestionables intereses generales es sólo una cortina de humo para hacernos olvidar que el emperador está desnudo, es decir, que la redistribución estatal de la renta es, en última instancia, una redistribución desde grupos desorganizados (contribuyentes) a grupos organizados (lobbies).

Y justamente por eso las ideas liberales resultan amenazantes para todos aquellos que han erigido su modus viviendi en torno a la extracción de rentas del contribuyente (ya sean los sindicatos o los políticos gobernantes). Justamente por eso, un liberal —y sólo un liberal— no puede tener cabida en un organismo estatal: la casta interna que controla ese organismo estatal no puede tolerar que se cuestione su misma existencia por cuanto no puede arriesgarse a perder sus privilegios. La persistencia del organismo público, pues, ha de ser aceptada como incuestionable dogma de fe entre los ciudadanos y, por tanto, las opiniones que socaven tal dogma de fe simplemente son inadmisibles y merecen ser vetadas.

De ahí que lo grave del asunto no sea, en absoluto, que yo haya dejado de colaborar en TVE. Lo grave ya venía siendo que las opiniones liberales no tuvieran cabida alguna en TVE y lo grave ha sido que, cuando por algún error de coordinación interna un liberal consiguió meter la cabeza en el ente estatal, las élites extractivas internas han tardado menos de una semana en cortársela. Ese es el muy privado servicio público que, tanto en TVE como en tantísimas otras burocracias estatales, se está haciendo con el dinero que periódicamente nos arrebatan por la fuerza. Y esa es la lección que deberíamos aprender de este asunto.

Desconfíen siempre del Gobierno
A la UGT le ha caído un 'Rallo'
Rubén Manso www.vozpopuli.com 6 Septiembre 2014

Impresiona el comunicado de UGT exigiendo que no se le permita el acceso a RTVE a don Juan Ramón Rallo dado que es un liberal conspicuo, entre los liberales por supuesto, que pide la privatización de las emisoras de radio y televisión públicas.

El sentido de lo público
Algunos de los argumentos son tan absurdos (que un liberal no debe recibir emolumento alguno de un ente público) como los de aquellos que critican que los partidarios del comunismo adquieran bienes en el mercado: ¿dónde los van a adquirir si no? Es más, probablemente a base de experimentar la diferencia entre los bienes y servicios provistos por el Estado y por el mercado, es posible que muchos de ellos terminen abandonando la fe que profesan, porque no otra cosa que fe es el comunismo. Otros argumentos, como el de que no puede mantenerse el cierre o privatización de las emisoras públicas desde las mismas, sólo demuestra que la UGT no comprende el sentido de lo público o sus peligros.

Una emisora pública en una sociedad libre debe permitir que se escuchen todas las voces que no atenten contra la misma libertad de dicha sociedad. Lo que no atenta contra la libertad puede no estar claro en algunos casos, especialmente si no lo están los valores de dicha sociedad, pero eso…es otra historia. En una sociedad no libre, una radio o televisión pública es un aparato de propaganda del gobierno de turno, que intentará que su turno sea lo más largo posible acudiendo lo más mínimo a la violencia física, que siempre es desagradable. En cualquier caso, no parece que en Occidente no se pueda discutir si la titularidad de los provisores de bienes y servicios debe o no ser pública, en qué circunstancias, para que bienes y servicios, etc…

Las ventajas de lo privado
Lo relevante, sin embargo, es que la UGT ha descubierto en sus carnes las ventajas de la titularidad privada de los medios de comunicación: si RTVE fuera de UGT (¡hagan una oferta!) estaría en su pleno de derecho de no permitir al señor Rallo el acceso a sus instalaciones para difundir ideas tan extrañas como que UGT puede, si lo desea, ser propietaria de una emisora de radio y televisión. Es más, UGT, dueña de su emisora, podría dar cabida a otros líderes de opinión que exigieran que todo el sector fuera nacionalizado (previo pago del correspondiente justiprecio a los legítimos propietarios). Es posible que piensen que si todas las emisoras fueran privadas nadie defendería la idea de que pudieran ser públicas todas o algunas. Nada más lejos de la realidad. No hay más que ver lo medios privados españoles para constatar como, por las motivaciones que sean, muchos de ellos defienden posiciones nada liberales y sí muy intervencionistas. De hecho, yo temo mucho la concentración del sector, porque eso puede facilitar que prefieran propagar la idea de que debe ser un servicio público de provisión privada financiado con cargo a los presupuestos generales en lugar de competir por la audiencia.

El espacio radioeléctrico
El problema de los medios que utilizan el espacio radioeléctrico, como se dice ahora, es que con su regulación hemos acabado con la libertad de imprenta, por la que se luchó en otros tiempos. ¿Qué sentido tiene, si no es el de controlar lo que se emite, que el Estado se reserve la concesión de licencias? ¿No deberíamos reclamar la libertad de emisión, la nueva libertad de imprenta, sin más ordenación que la de un registro de frecuencias? ¿Es el espacio radio eléctrico, el aire que es propietario de la Tierra según dijo alguien, propiedad del Estado acaso?

Que la respuesta a estas preguntas se pueda discutir públicamente, que no quiere decir necesariamente en lo público, me parece muy interesante. UGT podría ¿por qué no? ofrecernos su argumentación, si no fuera porque parece que le ha caído un 'Rallo'.

La cadena (humana) como metáfora (rememorando la “Vía catalana”)
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital 6 Septiembre 2014

Quien escribe estas líneas forma parte de esa cada vez más rara especie de los que no creemos en ningún tipo de esencialismo, ni patrio ni de ningún otro, y por ello nos vemos arrojados a la centrifugadora en que se ha convertido la política catalana y de unos políticos creyentes -o no- y practicantes de esa esencialidad escapista de una realidad política tan compleja como incomprensible para mentalidades asustadizas y de corto recorrido, por ello practican la reducción antropológica del debate político, sitúan la argumentación en meros choques dialécticos aparentemente antagónicos sin ningún contenido más allá de –precisamente- esas esencias autoevidentes, quizás no perciban (o no les importe) el daño que hacen con ello a la democracia pero seguro que sí son conscientes de que esta forma de entender la política es una trituradora de los derechos individuales y de la necesaria diversidad de opiniones y disensiones (necesaria porque precisamente esas figuras son los agentes ocultos tras las bambalinas de la política que empujan al sistema democrático hacia perfectibilidad -siempre que se considere a la democracia como un fin en sí mismo y no como un mero instrumento, claro-), en fin, soy de esa rara especie de humanos a los que no nos gustan las cadenas, ni humanas ni de ningún tipo, soy de los que creo en una política (y unos políticos) cuya razón máxima de ser y actuar sea la de acrecentar los espacios de democracia, de debate, de transparencia, de participación, y lo creo sinceramente porque ello significaría que viviríamos en una sociedad inclusiva que no teme la diversidad, que no teme la diferencia y, por supuesto, que no confunde la inclusión con la asimilación obligatoria a través de la adscripción automática a una identidad, etnia, grupo o tribu.

Precisamente en Cataluña vivimos en una sociedad preñada de costumbres esquizofrénicas, costumbres que beben de la política, que parten del poder nacionalista, que han calado profundamente en el imaginario colectivo, en la cosmovisión de la gente corriente, precisamente en esas personas que son las bases sobre las que se mantienen las sociedades modernas, han logrado inocular un imaginario con el que atraer a la Causa a las mentes menos propensas (o más temerosas) a la diversidad, han inventado una alteridad inexistente, han construido un chivo expiatorio de todos los males y contradicciones catalanas llamado “España”, han desdibujado a ese “otro” que sólo mora en los dogmas más excluyentes de los nacionalistas más rancios (los que aun creen en la tribu como forma política y en el chamán como líder espiritual de la tribu, precisamente los que controlan el poder institucional desde hace más de treinta años).

Lo paradójico -lo esquizofrénico- de esta situación es que han creado un relato racionalmente plausible pero que parte de premisas falsas o claramente irracionales, la paranoia la encontramos en las metáforas con las que frecuentemente se presenta el nacionalismo oficialista y, precisamente, la actualidad es como revivir un pervertido mito de los argonautas, tenemos un Gran Timonel (que en cualquier otro lugar no llegaría a grumete) que guía una nave y a su abnegada tripulación, pero -y aquí esta lo enfermizo de la metáfora-, en este caso cuando nuestro Ulises de bolsillo se ata con cadenas (cómo símbolo de entrega a la Causa y a los marineros) y nos tapa los oídos para no acabar atrapados por los cantos de sirena, en verdad no hace otra cosa que interpretar la mayor y más duradera performance política que ha conocido la historia reciente de nuestro país, es la mayor y más fructífera operación sostenida en el tiempo de manipulación y engaño a la población.

Si nos detenemos en el relato homérico podemos ver que lo que subyace a la imagen metafórica es el engaño con el que nos manipulan día sí y día también, vemos por un lado a un Ulises atado (o sacrificado) ante unas temibles sirenas, y sin embargo, lo que los pobres marineros no saben (sordos y aterrorizados como están) es que en realidad Ulises y las Sirenas pertenecen al mismo bando, que quien canta son los propios esbirros del Gran Timonel con el objetivo de que nos dejemos tapar los oídos, que seamos dóciles al poder establecido, que temamos a lo que está más allá de la performance, las Sirenas son los medios de comunicación afines al Sistema, la intelectualidad orgánica, los periodistas afines los que interpretan, magnifican y deforman la realidad, los que no hacen más que repetir al estilo goebbeliano palabras como “¡robo!”, “¡expolio!”, “¡imposición!”, “¡desaparición!”, “¡afrenta!”, “¡genocidio! (cultural)”, “¡supervivencia!”, “¡injusticia!”, “¡libertad!”, “Nosotros” y “ellos”, un compendio de conceptos que podrían reducirse a “miedo”, miedo que nos empuja a suplicar las cadenas, a que nos tapen los oídos, a estar atentos únicamente a la voz del Gran Timonel y su dogma redentor (¡Cataluña solo sobrevivirá siendo independiente! -¿pero no habíamos quedado que la Cataluña mítica del nacionalismo tenía más de mil años?-), a renunciar sumisamente a la propia identidad, cultura y lengua, a entender la pluralidad y la diversidad como algo tangencial o accesorio, a renunciar casi sin percatarnos a nuestra propia libertad.

Financiación del terrorismo
Secuestro terrorista: el ejercicio de la barbarie
Mikel Buesa Libertad Digital 6 Septiembre 2014

Hace más de un año, con ocasión del ataque terrorista a la planta argelina de gas de In Amenas, escribí acerca del secuestro como una de las formas de actuación de las organizaciones terroristas cuya finalidad es, bien la toma de rehenes como método de presión política, bien la obtención de recursos financieros para el sostenimiento de su lucha armada. Ambos aspectos se han puesto una vez más de relieve en las últimas semanas a raíz de la ejecución de los periodistas James W. Foley y Steven Sotloff por el Estado Islámico (EI). Los dos asesinados fueron secuestrados en Siria, uno en noviembre de 2012 y el otro en agosto de 2013, con la finalidad de obtener un rescate sobre ellos y contribuir así a la financiación de una organización terrorista que, en aquellos momentos, aún no había adquirido la dimensión que en la actualidad exhibe. De hecho, sabemos que hace una decena de meses el EI exigió por Jim Foley cien millones de euros; una demanda ésta que chocó contra la negativa del gobierno de los Estados Unidos a pagar rescates o a hacer concesiones a terroristas. De ahí que, en una ostentación de poder, el EI haya decapitado con publicidad a estas dos víctimas, envolviendo su barbarie en un discurso político destinado a presionar a Obama para que suspenda los bombardeos sobre Irak en apoyo de las fuerzas kurdas, a la vez que transfiere al presidente norteamericano la culpabilidad del asesinato.

No repetiré ahora los argumentos que entonces expuse para rechazar cualquier posibilidad de arreglo político en los secuestros terroristas –pues ello legitima a la organización secuestradora concediéndole un status de beligerante– o de acuerdo mercantil para su solución –pues ello fortalece a los terroristas y les alienta a realizar secuestros ulteriores–. Lo que importa ahora es destacar que la doctrina que tanto los Estados Unidos como el Reino Unido siguen en estos casos es la más conveniente desde el punto de vista de la política antiterrorista, aun cuando haya ocasiones, como la que ahora nos ocupa, en las que todo parece un fracaso. Pues fracaso es, sin duda, la pérdida de vidas humanas, la muerte de civiles no implicados en el conflicto; aunque inmediatamente haya que añadir que de él emerge un importante desincentivo para que el secuestro forme parte del menú de posibles acciones de las organizaciones terroristas. Esto lo pusieron ya de relieve hace unos años los profesores Sandler y Brandt al estudiar el conjunto de los secuestros terroristas entre 1968 y 2005, pues, medidos en términos de secuestros futuros, los resultados de cada caso resuelto con el pago de rescates son casi seis veces más potentes que los que corresponden a la muerte de los rehenes. Tiene por ello razón el que fuera subsecretario del Tesoro norteamericano, David Cohen, cuando afirma:

El pago de rescates conduce a futuros secuestros, y futuros secuestros llevan a pagos adicionales de rescates.

La situación planteada en Irak por el Estado Islámico al asesinar a Foley y Sotloff –y al amenazar con nuevas ejecuciones– debería conducir a la mayor parte de los países occidentales a revisar radicalmente su doctrina en materia de secuestros. Esos países, como se ha destacado en un amplio artículo de Rukmini Callimachi que publicó a final de julio The New York Times, han resuelto los casos que les han afectado negociando y pagando rescates millonarios. Callimachi reseña en su trabajo un total de veintinueve secuestros por los que varias organizaciones vinculadas con Al Qaeda han obtenido 126,5 millones de dólares entre 2008 y 2013. Los países para los que esta periodista ha comprobado y documentado los pagos son Francia, Suiza, España, Austria, Qatar y Oman; y la lista se completa probablemente, aunque falta confirmación para ello, con Alemania, Italia y Canadá. No sorprende por tal motivo que el relator del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Wolfgang Stefan Heinz, en su informe sobre las cuestiones relacionadas con la toma de rehenes por terroristas, señalara en 2012 que algunos de esos países habían afirmado que «no podían suscribir ninguna declaración, conclusión o recomendación en favor de la tipificación como delito del pago de rescates».

Conviene añadir que para esos países tales pagos son, además, un ejercicio de hipocresía, pues en ningún caso las operaciones financieras correspondientes han sido expresamente declaradas. Más aún, Callimachi muestra que el dinero se enmascara muchas veces como ayuda al desarrollo, lo que obliga a implicar a los gobiernos de los países atacados por las organizaciones terroristas en la intermediación de los rescates. Esos gobiernos locales resultan así deslegitimados también, a los ojos de su propia población, en lo relativo a sus actuaciones antiterroristas. Sólo Argelia se ha negado a tal perversión, resistiendo a las presiones diplomáticas occidentales.

El relator Heinz indica, por otra parte, que el pago de rescates "puede constituir una financiación del terrorismo prohibida en el Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo" y aduce en apoyo de su interpretación la resolución 1373 (2001) del Consejo de Seguridad que es de obligado cumplimiento para todos los Estados firmantes de la Carta de las Naciones Unidas. En consecuencia, tanto España como los otros países occidentales a los que he aludido deberían encontrar su inspiración en la legalidad internacional para cesar en su política de pago de rescates. Cuando consideramos que, como señalan los expertos y las agencias antiterroristas, las organizaciones islámicas que combaten en Siria, Irak, Mali y los otros países atravesados por el Sahel constituyen el mayor riesgo potencial para las naciones europeas, pues el regreso de los combatientes reclutados en ellas puede derivar en ataques dentro del ámbito geográfico local, ese cambio se muestra como una exigencia política prioritaria. Y cuando vemos en los videos publicados por el Estado Islámico hasta qué nivel de barbarie están dispuestos a llegar los yihadistas, entonces dejar de pagar a sus organizaciones constituye también una exigencia moral ineludible.

Sus tácticas brutales han dejado al menos 1.700 muertos y un millón de personas desplazadas
Las 7 preguntas claves para entender qué es el Estado Islámico y de dónde surgió
Etableció un califato, que es una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia
BBC Mundo, Periodista Digital 6 Septiembre 2014

Las recientes ejecuciones de los periodistas estadounidenses James Foley y Steve Sotloff por parte de un miembro de Estado Islámico (EI) ubicaron a este grupo yihadista en el centro del discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Pero, además, sus tácticas brutales que han dejado al menos 1.700 muertos y un millón de personas desplazadas y que incluyen asesinatos en masa, secuestros de minorías religiosas y decapitaciones difundidas en las redes sociales, EI ha producido una ola de temor y odio en todo el mundo.

Eso sin contar la posibilidad de una intervención militar más contundente de Washington para frenar su abrumador avance en el este de Siria, y el norte y el oeste de Irak.

Pero, ¿qué es realmente Estado Islámico? ¿Quién lo financia? ¿Cuántos miembros tiene?
En BBC Mundo respondemos a éstas y otras preguntas.

1. ¿Qué es y qué quiere Estado Islámico?
El grupo estableció un califato, que es una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia, que controla un territorio entre los Estados de Siria e Irak y que pretende recibir el apoyo total del mundo musulmán.

Aunque sólo tiene presencia en estos dos países, EI prometió "romper las fronteras" del Líbano y Jordania con el fin de "liberar a Palestina".
Ha pedido el apoyo de los musulmanes de todo el mundo y demanda que todos juren lealtad a su líder (califa), Abu Bakr al-Baghdadi.

2. ¿Cuáles son sus orígenes?
Las tácticas utilizadas por Estado Islámico son consideradas "muy extremas" por los líderes de al Qaeda.
Para buscar las raíces de Estado Islámico hay que remontarse a 2002, cuando el fallecido Abu Musab al-Zarqawi, un jordano creó el grupo radical Tawhid wa al-Jihad.

Un año después de la invasión liderada por EE.UU. en Irak, Zarqawi juuró lealtad a Osama bin Laden y fundó al Qaeda en Irak, que se convirtió en la mayor fuerza insurgente durante los años de la ocupación estadounidense.

Sin embargo, después de la muerte de Zarqawi en 2006, al Qaeda creó una organización alterna llamada el Estado Islámico de Irak (ISI, por sus siglas en inglés).
ISI fue debilitada por las tropas de EE.UU. y por la creación de consejos Sahwa (Despertar), liderados por tribus sunitas que rechazaron la brutalidad de ISI.

Entonces en 2010, Abu Bakr al-Baghdadi se convirtió en el nuevo líder, reconstruyó la organización y realizó múltiples ataques en el país. En 2013 se unió a la rebelión contra el presidente sirio, Bashar al Asad, junto al frente al Nusra.

En abril de ese año, Abu Bakr anunció la fusión de las milicias en Irak y Siria y las bautizó como Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés).
Los líderes del frente al Nusra, con el que habían combatido contra al Asad, rechazaron la decisión. Pero los combatientes leales a Abu Bakr lo siguieron en su empeño yihadista.

En diciembre de 2013, ISIS se enfocó en Irak y aprovechó la profunda división política entre el gobierno de orientación chiíta y la minoría sunita.
Ayudados por los líderes tribales, lograron controlar la ciudad de Faluya.

Pero el verdadero golpe lo dieron en junio de este año, cuando tomaron el control de Mosul, la segunda ciudad del país y continuaron su avance hacia la capital, Bagdad.
A mediados de julio habían consolidado su control sobre docenas de ciudades y localidades. En ese punto, ISIS declaró la creación del califato y cambió su nombre al de Estado Islámico.

3. ¿Cuánto tanto territorio controla EI?
Algunas estimaciones calculan que Estado Islámico y sus aliados controlan al menos 40.000 kilómetros cuadrados en Irak y Siria, casi el territorio de Bélgica.

Otros afirman que son cerca de 90.000 kilómetros cuadrados, el mismo espacio en el que reposa el Estado de Jordania.
Ese territorio incluye las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa en Siria. Además de campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.

Al menos ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total de EI, que ha implementado una estricta interpretación de la sharia, forzando a las mujeres a llevar velo, obligando a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e imponiendo castigos que incluyen ejecuciones.4.

4.-¿Cuántos combatientes pertenecen a EI?
Funcionarios de EE.UU. creen que Estado Islámico tiene alrededor de 15.000 milicianos activos.
Sin embargo, el experto iraquí en seguridad Hisham al-Hisham dijo a principios de agosto que podrían ser entre 30.000 y 50.000 los combatiendes de EI, de los cuales el 30% están por convicción, mientras que el resto han ingresado por coerción de los líderes del grupo.

Un considerable número de combatientes no son ni iraquíes ni sirios.
La consultora Soufan, especializada en investigación y seguridad en Medio Oriente, estimó que al menos 12.000 extranjeros integran las filas del ejército de EI, incluyendo unos 2.500 provenientes de los países de Occidente que han viajado a Siria e Irak en los últimos tres años.

5. ¿Qué tipo de armamento tiene?
Los combatientes de Estado Islámico tienen acceso y son capaces de usar una gran cantidad de armamento, incluida artillería pesada, ametralladoras, lanzadores de cohetes y baterías antiaéreas.

En medio de su incursión militar capturaron tanques de guerra y vehículos blindados de los ejércitos sirio e iraquí.

Además han logrado tener un constante abastecimiento de munición que les permite tener armado a su ejército. Su poder de ataque en los recientes enfrentamientos con la Peshmerga (el ejército kurdo) en el norte de Irak sorprendió a muchos.

6. ¿Cómo se financia?
Estado Islámico reportó tener unos US$2.000 millones en efectivo, convirtiéndose en el grupo insurgente más rico del mundo.

Al principio su apoyo llegaba de algunas personas naturales de los países árabes del Golfo Pérsico, como Qatar y Arabia Saudita.

Últimamente ha logrado convertirse en una organización sostenible financieramente, con autonomía, ganando millones de dólares por la venta de petróleo y gas de los campos que controla, de los impuestos que recauda en su territorio y algunas actividades ilícitas como extorsión, contrabando y secuestro.

Su ofensiva en Irak también fue bastante lucrativa, ya que obtuvo acceso al efectivo que se encontraba en los bancos de las principales ciudades que ha logrado controlar.

7. ¿Por qué sus tácticas son tan brutales?
Los miembros de Estado Islámico son yihadistas que tienen una interpretación extremista de la rama sunita del islam y creen que ellos son los únicos creyentes reales.

Su visión del resto del mundo está basada en el hecho de son no creyentes que quieren destruir su religión, justificando de esa forma sus ataques contra otros musulmanes y no musulmanes.

Las decapitaciones, crucifixiones y asesinatos en masa han sido utilizados para atemorizar a sus enemigos. En medio de este panorama de horror, los miembros de EI justifican sus actos citando los versos del Corán que dicen algo como "golpear la cabeza" de los no creyentes.

De hecho, el líder de al Qaeda Ayman al-Zawahiri, quien rechazó las acciones de EI en febrero, le advirtió al califa que esas brutalidades le harían perder el "corazón y la cabeza de los musulmanes".

Las alarmantes cifras del 'infierno fiscal' español
Diego Sánchez de la Cruz. Libertad Digital 25 Agosto 2014

Se habla ya de las "50 Sombras de Brey" para referirse al medio centenar de medidas con las que el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha revisado al alza la factura tributaria.
Esta semana hemos conocido que las Comunidades Autónomas han aprobado 84 subidas de impuestos entre 2012 y 2013, pero semejante aumento no fue suficiente para evitar un desplome de la recaudación derivada de los tributos regionales.

Semejante tsunami fiscal no cogerá por sorpresa a quienes siguen desde hace años este tipo de informaciones. De hecho, si ampliamos el campo de estudio para considerar también el año 2011, llegamos a una cifra aún más escalofriante, ya que las autonomías han subido más de 120 veces los impuestos desde entonces hasta 2014.

La creatividad de los legisladores regionales para generar nuevos ingresos fiscales es arrolladora. No en vano, en 2013 conocimos que las Comunidades Autónomas han creado 42 nuevos tributos a lo largo de la crisis, lanzando nuevos gravámenes que se aplican a todo tipo de actividades económicas. En total, la CEOE calcula que hay 100 gravámenes propios ligados a las Haciendas autonómicas, si bien la recaudación que generan no llega al 2% de los ingresos tributarios regionales.

Sin embargo, el Gobierno central no se ha comportado de forma muy distinta. En círculos empresariales se habla ya de las "50 Sombras de Brey" para referirse al medio centenar de medidas con las que, directa e indirectamente, el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha revisado al alza la factura tributaria que pagan las sociedades españolas. A esto se unen las múltiples subidas de impuestos aprobadas bajo Gobierno de Rodríguez Zapatero: IRPF, Impuesto de Sociedades, IVA, Impuestos Especiales…

A nivel local, el escenario tampoco es mucho más favorable para los contribuyentes. El caso más sangrante es el Impuesto de Bienes Inmuebles, un tributo cuya recaudación no ha caído en ninguno de los años de la crisis.

De hecho, el esfuerzo de los contribuyentes para el pago de este gravamen no ha parado de crecer: si en 2008 suponía 8.352 millones, los últimos datos disponibles (2012) elevan esta cifra hasta casi 12.000 millones. Hablamos de un aumento del 53% en apenas un lustro.

Hay regiones en las que las alzas del IBI han sido especialmente drásticas. Los municipios andaluces están a la cabeza, ya que ingresan por este concepto una cantidad equivalente al 1,49% del PIB regional, o lo que es lo mismo 2.100 millones de euros. El segundo lugar lo ocupa la Comunidad Valenciana, con un podio completado por Murcia, donde las subidas del IBI en los Ayuntamientos suponen, de media, un crecimiento del 66%.
Presión fiscal y esfuerzo fiscal

Cuando se analiza la recaudación total de las Administraciones Españolas en comparación con el PIB, vemos que la presión fiscal española se coloca por debajo de la media europea. Esto no significa necesariamente que España sea un país de impuestos bajos, ya que el resto del Viejo Continente se caracteriza precisamente por extraer un alto nivel de rentas del bolsillo de los ciudadanos.

No obstante, la variable clave para analizar la incidencia de los impuestos en el bolsillo de los españoles no es la presión fiscal (recaudación sobre PIB), sino el esfuerzo fiscal (pago efectivo de impuestos sobre la renta de las personas físicas o los beneficios empresariales). Es aquí donde comprobamos que España se coloca a la cabeza de Europa, superando la media continental en un 20%.

¿Cómo se explica entonces que la recaudación total, medida por la presión fiscal, suponga un porcentaje más bajo sobre el PIB? La razón estriba en la estrechez de la base de contribuyentes. Con un paro superior al 25% y miles de empresas quebradas, el esfuerzo fiscal crece enormemente porque quienes cargan con el grueso de la recaudación son cada vez menos personas, mientras que el gasto público que se quiere financiar vía impuestos o deuda no se ha reducido durante la crisis, sino que ha aumentado.

Por tanto, el particular infierno fiscal de España se caracteriza porque un número cada vez más pequeño de contribuyentes (empresas y trabajadores) soporta un nivel de imposición cada vez más alto.

Libros
Henry Kamen: «No hay ningún expolio, Cataluña es la región más rica y eso también es “culpa” de España»
jorge s. casillas. madrid ABC 6 Septiembre 2014

Presenta su último libro «España y Cataluña. Historia de una pasión», donde desmitifica los sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 1714

Henry Kamen (Birmania, 1936) se hartó ayer de firmar ejemplares de «España y Cataluña. Historia de una pasión». En este último libro, el historiador trata de documentar los sucesos del 11 de septiembre de 1714, que históricamente han sido bandera del independentismo catalán. Tanto se ha sumergido en sus apuntes, que se equivocó al fechar una de sus dedicatorias: «Para César. Un abrazo, Henry Kamen. 11 de septiembre de 2014».

Esfera de los libros edita esta obra

Siendo ayer día 4, el autor se adelantó una semana a la celebración de la Diada. Una conmemoración basada según él en una interpretación distorsionada de la historia. En conversación con los medios de comunicación, el escritor británico se mostró contundente: «Después del 1714 se ofrecen otras razones para justificar el separatismo, pero no hay ningún expolio. Cataluña es una de las regiones más ricas de todas y eso también fue “culpa” de España».

Autor de varios libros sobre la España imperial, Kamen pone en un duda ahora la versión oficial que se ha venido dando de los presuntos agravios cometidos sobre Cataluña. «Se ha producido una falsificación de la historia como Franco hizo con la historia de España, los reyes Católicos y aquello de “una, grande y libre”».

«Con la independencia ganaría ERC, otros ya se han hecho ricos antes»
En los días previos a la Diada, es costumbre conmemorar la Batalla de Talamanca (1714), un encontronazo entre partidarios de los Borbones y austracistas considerado como una gran victoria en el imaginario colectivo catalán cuando en realidad no fue tal. ¿Qué necesidad hay de inflar los acontecimientos? «Cada país tiene el derecho de exagerar sus propios éxitos y si quieren hacerlo... (ríe). La tarea del historiador es presentar documentación para explicar que aquello no fue así, que no fue posible».

Aunque no tiene claro que la consulta se vaya a celebrar, Kamen insiste en que «el separatismo es un movimiento minoritario entre los catalanes. La mayoría ha sido nacionalista pero sin ser separatista». En contra de los paralelismos que se han buscado entre el caso de Escocia y el de Cataluña, el historiador asegura que no son comparables y que «tienen reglas de juego diferentes».
Motivación política

«Se repitió mucho hace un par de años aquello del expolio. Algo que se repitió sin dar justificación histórica ni económica», insiste Kamen, muy en la línea de lo anunciado por instituciones económicas estatales y europeas. «Dicen que estaremos mejor fuera de España –el reside en Cataluña y está casado con una catalana–. Y yo, que no soy experto, he citado en el libro autores que me dicen que no es así porque casi el 70 por ciento del comercio exterior catalán lo tiene con España». «Los únicos que ganarían serían los miembros de ERC (Esquerra Republicana de Cataluña) porque son gente pobre y humilde. Los demás ya se han hecho ricos, y no voy a dar nombres», añadió.

«Se ha falsificado la historia como hizo Franco con aquello de “una, grande y libre”»
Acostumbrado desde décadas a las diferencias entre España y Cataluña, cree sin embargo que el futuro pasa por mantener el mismo modelo de convivencia, «una relación como la de un hombre y una mujer. De yo te quiero, yo te odio». Con la historia de la mano, asegura que ambas partes han vivido «peores momentos con Primo de Rivera o durante la República». «Hubo mucha tensión, gritos y mal humor, creo que ahora están en uno de sus mejores momentos», asegura.

En el trato directo, Henry Kamen se extiende en sus respuestas y las mide con prudencia, no quiere que el idioma le juegue una mala pasada. Después de cosechar algún detractor en la orilla sur del Ebro con sus escritos sobre el Imperio español, Kamen está «seguro» de que a los separatistas, «por un motivo u otro, no les gustará el libro». «No es un pecado mortal separarse pero, ¿Qué ganas haciéndolo? ¿Qué ganas? Mi opinión es que no ganan absolutamente nada, y por ese motivo he hecho este libro».

Emigración fiscal: las empresas huyen
El Confidencial 6 Septiembre 201

“You gave me nothing at all, now let me give it to you. You taught me how to be cruel, now let me try it on you” Jim Steinman.

Cada vez que leo esas estimaciones de cuento de la lechera sobre ingresos fiscales futuros si subimos los impuestos a los ‘ricos’ o a las grandes empresas, me sorprende la ingenuidad de pensar que se va a quedar aquí alguien a esperar el expolio. Nunca he visto una sola estimación de esas que refleje una posible pérdida de actividad económica. Todas parten de la base de que nada cambiaría. Y me consterna lo poco que miramos al exterior. Porque a los aristócratas del gasto público siempre les parece que usted gana mucho y que ellos gastan poco. Y que “aquí no va a pasar”.

Pues bien, desde hace años, el fenómeno de emigración fiscal, los inversion deals de Estados Unidos, es algo que deberíamos analizar, y con preocupación, en esta Unión Europea que ya sufre el goteo de empresas fuera de su territorio –lo que yo llamo el “Depardieu silencioso”-. Por favor, ténganlo en cuenta porque corre el peligro de acelerarse.

¿Qué es un 'inversion deal'?

Imagine que tiene usted una empresa y le cobran unos impuestos muy altos. Adquiere o se fusiona con otra en un país más amigable fiscalmente y traslada la sede corporativa a dicha nación. Así, el nuevo grupo, además de todas las razones estratégicas para unirse, se beneficia de un mejor trato fiscal. Lo acaba de hacer Burger King.

No es fácil de conseguir. La empresa fusionada debe tener menos del 80% de su accionariado dentro de los Estados Unidos, y al menos un 25% de la actividad del nuevo grupo debe generarse en la nueva sede social.

¿Se hacen sólo por no pagar impuestos?

Este es un gran error mediático. El problema, en gran parte de los casos, no son sólo los impuestos que se pagan, sino la burocracia y trabas para generar actividad económica. Gran parte de las empresas que han dejado Estados Unidos por Canadá o Irlanda también lo hacen porque las condiciones para su actividad son más atractivas.

Dada la complejidad de hacer el cambio de domicilio social, estas transacciones suelen tener una lógica estratégica muy clara. Las fusiones ‘criticadas’ por el gobierno de Estados Unidos desde 2004 han creado más de 6 millones de puestos de trabajo en todo el mundo y a nivel global generan mayores ingresos fiscales en los países donde operan, según UBS (“A New Wave of Tax Inversions”).

Por lo tanto, una gran parte de la queja de la administración Obama no es justificable desde el punto de vista social, sólo desde la perspectiva recaudatoria de su país. Según el Congreso, entre 2015 y 2024 se podrían perder unos 19.500 millones de dólares de ingresos fiscales. No hablan de cuánto se podría ganar bajando cinco puntos el impuesto de sociedades. Una cantidad equivalente si asumimos los mismos márgenes y beneficios generados en 2014 y un 1,6% anual de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB).

Esa preocupación “por ingresos perdidos” no existiría si bajasen los impuestos. Pero eso no se les ‘ocurre’. ¿Es una carrera a cero? Pues claro que no, ya que las empresas funcionan con muchos baremos de riesgo y oportunidad. Si la fiscalidad es competitiva, no se van por pequeñas diferencias. Hay muchos factores relevantes.

¿Se pueden evitar legislando?

En Estados Unidos el impuesto sobre sociedades es uno de los más altos de la OCDE. En vez de reducirlo, se implementaron leyes para evitar las fusiones emigratorias, una en 1983 y otra, muy dura, en 2004. El congreso impuso su “Acta de Creación de Empleo Americano” de 2004 (American Jobs Creation Act). Por supuesto, en poco tiempo se dispararon los inversion deals. Entre 2007 y 2014 se han llevado a cabo más ‘emigraciones’ de empresas saliendo de Estados Unidos que en todo el periodo 1981-2003, según el Congressional Research Service.

La represión legislativa y las llamadas al patriotismo, incluso proclamas inflamatorias de “boicot” a las empresas, no han funcionado. Sin embargo, en vez de facilitar una transición a un entorno fiscal y legislativo más competitivo, y sólo una mejora de 5 puntos habría bastado, la solución que propone la Administración Obama es legislar de nuevo. Y no va a funcionar.

¿Por qué debemos temerlo en Europa?

Cuando contamos con el dinero de los demás para mantener el gasto hipertrofiado, al menos deberíamos cuidar a nuestra gallina ponedora. Y el riesgo en Europa de una oleada de emigraciones es alto.

Primero, nos engañan con mensajes recaudatorios hablando de “la baja tributación de las grandes empresas”. Es falso que las grandes empresas tributen un 6%. Más del 89% tributa por encima del 27% tras excluir las minoraciones por doble imposición, según los datos del Informe Anual de Recaudación 2013 de la Agencia Tributaria.

Además, en el Eurostoxx 50 la enorme mayoría de las grandes empresas se han comportado como “seguridades sociales encubiertas”. Superan en un 17-20% en media a sus comparables norteamericanas en número de empleados. De hecho, si se analiza con respecto a ingresos, en algunos sectores, como telecomunicaciones, infraestructura o energía, las empresas europeas cuentan con una media de hasta un 30% más de empleados que sus competidoras estadounidenses o británicas. Las empresas del S&P 500 (Estados Unidos) se encuentran en una situación de caja y deuda mucho más sólida que sus comparables europeas

Adicionalmente, y si consideramos todas las cargas –verdes, regionales, locales, tarifas sociales, etc- las mayores empresas europeas pagan en impuestos hasta un 40% de su beneficio operativo nacional. Por darles un ejemplo, la segunda mayor empresa industrial española paga en nuestro país el equivalente al 51% de su Ebitda generado en el territorio nacional.

Esa combinación explosiva de menor productividad y fiscalidad creciente no ha generado aún un gran número de ‘emigraciones’ como en Estados Unidos por tres razones:

  • En Europa, las grandes empresas mantienen una nada desdeñable simbiosis con los estados. Y esa es, en parte, la razón por la que tienen más empleados y tienen objetivos menos exigentes de rentabilidad y retorno al accionista.
  • Muchas grandes empresas europeas suelen tener ‘activos cautivos’. Es decir, es difícil trasladarse a otro país cuando se tienen enormes activos regulados o concesiones.
  • Una cuestión ‘cultural’. Gestores que llevan muchos años, incluso décadas, desarrollando una carrera entre una y otra empresa local. Por ello tienen un incentivo personal ‘nacional’. No tienen nada más que ver las rarísimas ocasiones en las que los consejeros delegados y directivos de las empresas son extranjeros.

Pues bien, si contando todas esas ‘barreras’ el goteo de externalización de actividades es inexorable, piensen lo que puede ocurrir si se imponen las propuestas de aumentos de impuestos del cuento de la lechera. Veremos, igual que ocurrió en Estados Unidos en 2004, un éxodo empresarial sin precedentes. Obama contaba con una fidelidad al recaudador nacional eterna, y además creciente. Se equivocó. Europa, que parte de una situación fiscal –incluyendo todos los tributos- mucho más onerosa, no puede hacer lo mismo.

No podemos poner puertas al campo. Pensar que vamos a evitar la internacionalización y optimización fiscal con represión es un enorme error. Los ingresos fiscales crecen con la actividad económica, no por decisión de un comité.

Los impuestos, queridos amigos, son el pago de un servicio, no el rescate de un secuestro. Algún día lo recordaremos.

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Cataluña
Cría parásitos…
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 6 Septiembre 2014

Jordi Pujol debe de haber corregido en su refranero aquello de "Cría cuervos y te sacarán los ojos" para sustituir a los traicioneros pajarracos por parásitos. Son los parásitos que él crió, estimuló y engordó con suculentas subvenciones para que lo secundaran en su paciente labor encaminada a balcanizar España los que hoy se ensañan con su postrada figura. Según informa La Vanguardia (29/8), nada menos que la Federación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña y Barcelona (¿alguien conoce a algún vecino asociado a esa franquicia del secesionismo, hoy levantisca?)

llama a la sociedad civil a querellarse contra Pujol, para que se investigue el origen de la fortuna que confesó haber ocultado al fisco durante 34 años. El movimiento vecinal considera que debe investigarse si la fortuna evadida por Pujol proviene de una herencia no declarada, como afirma el ex presidente catalán, o "de actividades delictivas, como el cobro de comisiones por concesión de obra pública o el desvío de fondos". Para las asociaciones vecinales, en un momento en el que Catalunya se encuentra en una "encrucijada de la historia" porque quiere decidir su futuro, es necesario "hacer limpieza" y “soltar el lastre de la corrupción”. (…) Las entidades vecinales quieren que esa demanda de transparencia se convierta en un “clamor popular”, por lo que han emprendido una ronda de contactos con sindicatos, fuerzas sociales y movimientos democráticos catalanes para crear un amplio frente que “confiera la fuerza y la legitimidad necesarias” para presentar la querella contra Jordi Pujol.

Falange de incondicionales
Curioso frente amplio de parásitos que se disfrazan de Savonarolas con el fin de desviar la atención hacia el patriarca caído mientras ellos continúan actuando como colaboradores necesarios en el desguace de España y Cataluña. No hay noticias de que estas entidades vecinales se hayan preocupado por la suerte de los hijos de los vecinos despojados del derecho a estudiar en la lengua oficial de España en las escuelas públicas. Ni de las multas impuestas a los vecinos por rotular solamente en esa lengua. Ni de las tribulaciones de los vecinos acosados por okupas y vándalos antisistema. En cambio, se enrolaron disciplinadamente en el Pacte Nacional Pel Dret a Decidir, sin consultar antes la opinión de los vecinos de carne y hueso, muy distintos de sus socios virtuales. Por no discrepar, tampoco manifestaron curiosidad por averiguar en qué había terminado el escándalo de Banca Catalana ni el del tres por ciento de mordida. Los parásitos no necesitaban recurrir a fondos depositados en bancos andorranos y suizos porque tenían y tienen su fuente de aprovisionamiento en la Tesorería de la Generalitat desde que el hoy impugnado Jordi Pujol, y no otro, les marcó la ruta hacia la secesión.

Los parásitos no son los únicos que intentan taparse las vergüenzas con pantomimas de justicieros. Una vez violada la ley mafiosa de la omertà se multiplican los chivatos. Ahí está el caduco Josep Lluís Carod-Rovira jactándose de que él denunció el cobro de comisiones en la concesión de obras públicas antes de que Pasqual Maragall lo hiciera el 25 de febrero del 2005, añadiendo que, según le confesó un dirigente de CiU, la mordida no era del tres sino del cinco por ciento. Pero lo que aportaría un mínimo de credibilidad a los afanes regeneradores de las asociaciones vecinales, purgándolas de sus adherencias parasitarias, sería que completen su querella contra Jordi Pujol extendiéndola a quien fue su consejero de Política Territorial y Obras Públicas (1995-1997) y consejero de Economía y Finanzas (1997-2001). Aunque así privaran al Pacte Nacional pel Dret a Decidir de su cabeza visible: Artur Mas, el autoproclamado hijo político de Jordi Pujol. Vaya, que quizá tampoco les desagradaría dejar el movimiento secesionista en manos del titiritero Oriol Junqueras y su falange de incondicionales. Al fin y al cabo este clan ya es el que manda.

Un fantasma de mal fario
No sólo los parásitos del añejo pujolismo hacen juegos malabares para renegar de su patriarca caído sin apartarse del dogma que este les inculcó. Quien fue, hay que repetirlo, su hijo político y su consejero de Política Territorial y Obras Públicas, y de Economía y Finanzas, en los tiempos del tres o el cinco por ciento, no sólo transitó por esos cargos sin darse por enterado de lo que se cocinaba a su alrededor, sino que ahora pretende convencernos de que "hace diez años que Pujol no tomaba una decisión importante ni en CiU ni en la política catalana" (LV, 31/8).

El desdén de estos caciques por la inteligencia de los ciudadanos no conoce límites. Hasta el punto de que ofende la sensibilidad de otros subvencionados por la generosidad del poder que ya no se resignan a exhibirse comulgando con las ruedas de molino que les arrojan sus devaluados patrones. Los conchabados también tienen su cuota de pudor. Cuando Artur Mas anunció que convocará la consulta del 9-N desobedeciendo el veto judicial y gubernamental, la directora adjunta de La Vanguardia, María Dolores García, reaccionó como si súbitamente le hubieran quitado la mordaza pactada (31/8):

El principal riesgo que ya acecha es la tenacidad con la que determinados actores políticos catalanes deslegitiman instituciones y procedimientos. Se oyen cada vez más voces que llaman a la insumisión y eso no puede traer nada bueno. El desacuerdo con una ley en una democracia nunca debe llevar a su incumplimiento. Y menos por parte de un gobierno. Si se resquebraja ese principio, se desmorona el edificio.

Soflama que remachó en el editorial de ese mismo día con la evocación de un fantasma de mal fario:

Ese patrimonio se debe preservar porque será fértil. Sería un colosal error estropearlo con una parodia insurreccional que nos devolviese, en clave tragicómica o pintoresca, ecos de aquel desgraciado Sis d'Octubre de 1934.

Casualmente, o no, junto a este editorial aparece una columna en la que Antoni Puigverd recuerda las bravatas con que el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, apabulló a un intermediario que le aconsejaba prudencia antes de "aquel desgraciado Sis d'Octubre de 1934". Resume Puigverd:

El final de la historia es sabido. Companys proclama la República catalana el 6 de octubre. El general Batet se presenta en la plaza de Sant Jaume. Algunos disparos, pocos. Companys se rinde, la Generalitat es suspendida, el president encarcelado. En una citadísima crónica de los hechos, Gaziel pone el énfasis en la respuesta civil a las arengas radiofónicas del Gobierno catalán: calles vacías. Los catalanes se inhiben.

Los desaguisados de Companys
Puesto que la fragmentación de la sociedad catalana producto de la ofensiva radical abre una grieta no sólo entre constitucionalistas y secesionistas, sino también dentro del bando nacionalista, esta vez entre moderados y extremistas, vale la pena reconocer que una de las diferencias entre los primeros y los segundos reside en la valoración que hacen los unos y los otros de los repetidos desaguisados de Companys. El historiador y consejero de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, Santi Vila, que opera como moderado, escribió, en memoria del polifacético Josep Puig i Cadafalch, presidente de la Mancomunitat de Cataluña entre 1917 y 1923 (LV, 17/2):

Se puede afirmar que la trayectoria de Puig i Cadafalch es una de las más brillantes y sólidas del catalanismo, incomparablemente superior a la de personajes muy menores como Francesc Macià o Lluís Companys, que, paradójicamente, han tenido mayor reconocimiento institucional y social.

Obviamente, este desprecio por Macià y Companys provocó la reacción airada de los talibanes, a quienes irritó aun más el hecho de que Vila pidiera respetar la decisión que adopte el Tribunal Constitucional sobre la consulta del 9-N. Espantado, como la directora adjunta de La Vanguardia por los exabruptos de ese émulo de Companys que es el president Mas, el consejero Vila puso un toque de cordura (LV, 29/8):

En declaraciones a TV3, Vila avisó que, a pesar de que el Tribunal "no pasa por su mejor momento, si nos lo llevamos por delante, ¿qué queda?". En esta línea avisó que cuestionar al árbitro genera vértigo en sectores de la sociedad "que quieren recuperar la actividad económica" y "defender nuestra nación sin poner en riesgo lo que es un marco de garantías que nos protege a todos".

Avanzadilla de filibusteros
Celebro que el Gobierno de España se mantenga a la expectativa, sin tomar medidas traumáticas ni engendrar falsos mártires, mientras el conglomerado secesionista se pudre por dentro dada la naturaleza anómala y contradictoria de sus componentes. El ex honorable chapotea en lucrativos estercoleros; el titiritero Oriol Junqueras exuda por todos los poros su vocación totalitaria; su muñeco, Artur Mas, está atrapado por una telaraña de sospechas y desaires; los parásitos se amotinan; los moderados se asustan; y las masas -¡ah, las masas!- descubren atónitas que la Ítaca prometida ya estaba colonizada por una avanzadilla de filibusteros. La commedia è finita.

Un amigo, lúcido defensor del constitucionalismo, me advierte de que si el proceso se cierra en falso se repetirá dentro de diez años. Le contesto que nadie puede prever dónde estará el mundo dentro de diez meses, pero le recuerdo que la hoy innombrable aixó es una dona pronosticó -con la misma audacia con que manejaba los negocios familiares- que, para desgracia de todos, al cabo de poco tiempo habrá en Cataluña más mezquitas que iglesias románicas. La garantía de que no se cumplirá el inquietante vaticinio reside precisamente en la sólida cohesión del reino de España. Ni Ítaca ni Al Ándalus.

Jordi Pujol, Cristóbal Montoro y el capitán Wiesler ('La vida de los otros')

José Antonio Zarzalejos El Confidencial 6 Septiembre 2014

Cuando el pasado 2 de agosto escribí aquí el artículo titulado “¿Qué coño es la UDEF?” El Estado, señor Pujol”, me cayeron en las redes sociales y en los foros chuzos de punta. Me limité a constatar con cierta anticipación la obviedad con la que Cristóbal Montoro se explayó el lunes en la diputación permanente del Congreso de los Diputados sobre el caso Pujol. Según el titular de Hacienda, la Agencia Tributaria seguía los pasos del expresidente de la Generalitat catalana desde 2000 -hace catorce años- y sólo cuando se sintió (y alguien se lo hizo ver) “acorralado”, el fundador de CDC confesó, a su extraña manera, la responsabilidad de haber incurrido en evasión de impuestos. Pujol ya tenía contestación: la UDEF era el Estado.

Me pregunto lo que tantos: si el llamado proceso soberanista no hubiese estado en curso, Pujol ¿se habría sentido acorralado?, ¿hubiera confesado?, ¿habría levantado la liebre el Estado a través de la Agencia Tributaria, la UDEF o el CNI y/o cuantas otras instancias se encargan de que determinadas reglas de compromiso se cumplan y sean reprimidos los comportamientos que las infrinjan?

Si el llamado proceso soberanista no hubiese estado en curso, ¿se habría sentido Pujol acorralado?, ¿hubiera confesado?, ¿habría levantado el Estado la liebre a través de la Agencia Tributaria, la UDEF o el CNI?

La respuesta es, seguramente, negativa: es verosímil que, entendida la corrupción en la política española según la teoría de la banalidad del mal de Hannah Arendt, nada de lo que está ocurriendo con Pujol hubiese ocurrido, como, por otra parte, en ningún caso un Estado hubiese mostrado la lenidad del español en la represión ab initio de clamorosos casos de corrupción que se han producido por la omisión más elemental en el manejo de los controles para evitarla.

Sean estos los de Urdangarín, Bárcenas, Correa, Matas, ERE o los fondos de formación apropiados, o tantos otros en los que -a puñados o a manta de Dios- ha habido y hay políticos que se lucran al mismo tiempo que dicen prestar un servicio público indeclinablemente ético a la sociedad española. La rutina corruptora ha llegado a tal grado de cotidianidad que, efectivamente, el mal del latrocinio del dinero público se considera puramente banal, un mecanismo consuetudinario y moralmente venial.

Cuando escuchaba a Cristóbal Montoro -compañero de partido de algunos emblemáticos corruptos y muñidor de una inmoral amnistía fiscal- se me vino a la cabeza la imagen gris y apesadumbrada del capitán de la Stasi de la RDA Gerd Wiesler que en la película La vida de los otros controlaba con escrupulosas escuchas el discurrir diario de una pareja de disidentes. Wiesler simplemente oía, apuntaba y reportaba. Y lo hacía sirviendo al Estado, en este caso un aparato totalitario y criminal como el de la extinta Alemania comunista.
Los aparatos de control de un Estado democrático pueden y deben escuchar. Y lo hacen para evitar o reprimir el delito. La mera sospecha de que, en vez de eso, se esté jugando una partida de póquer con las cartas marcadas inquieta al más imperturbable

En los Estados democráticos, de derecho, sus aparatos de control, debidamente vigilados por la autoridad judicial, también pueden y deben escuchar. Y lo hacen. Pero con un solo fin: evitar el delito y, en su caso, reprimirlo dejando que lo hagan los tribunales con todas las garantías. La mera sospecha de que no se actúe de esta manera, sino de que se esté jugando una partida de póquer con las cartas marcadas inquieta hasta al más imperturbable y confiado de los ciudadanos.

España tiene un Estado democrático averiado. Alguien ha escrito que su mirada es propia de un ojo bizco, desconcertante. Algo de razón dio a estas tesis el propio ministro cuando mezcló (¿o lo hizo queriendo, a ciencia y conciencia?) los posibles delitos de Pujol con su trayectoria independentista, entreverando argumentos fiscales con políticos hasta componer una intervención más propia de mitin que de sede parlamentaria. Si tan de lejos venía la corrupción ¿Por qué tanta demora -casi tres lustros- en denunciarla?

Escribió Enric Juliana en La Vanguardia que Montoro exhibió la cabeza de Pujol en una pica y Carlos Sánchez argumentó con brillantez en este periódico cómo el ministro regó el independentismo con un discurso que no siguió el consejo del clásico: “para decir la verdad, poca elocuencia basta”. El ministro se indigestó de elocuencia o de locuacidad denunciadora, que son distintas, y caminó por senderos que la prudencia le tendría que haber vetado. No es la primera vez que lo hace, pero sí es la más grave de sus no infrecuentes incompetencias parlamentarias. En esta ocasión, puede que su intervención forme parte de una estrategia más amplia, que se irá desplegando en las próximas semanas y alcance a los “herederos” (sic) de Pujol, según versión del propio Montoro.
Montoro, al exhibir la cabeza de Pujol en una pica, abonó la sensación de que existen capitanes como Gerd Wiesler en 'La vida de los otros'. Comportamientos así son, en el lenguaje de Podemos, propios de una casta con sus propios códigos

Pujol asume dos responsabilidades de distinta naturaleza. La de carácter administrativo y/o penal por evasión fiscal, esté o no prescrita, y la de carácter político, que es la de su deslealtad al Estado que de forma ordinaria representó en Catalunya al frente de su Generalitat durante casi un cuarto de siglo, y a su propia tierra, a cuyos ciudadanos ha defraudado e irritado con su hipocresía.

Efectivamente, ambas responsabilidades se conectan y no podrían separarse aunque se quisiera hacerlo, pero ese discurso no le corresponde al ministro de Hacienda, sino a los representantes de otras instancias, entre ellas, al propio Parlamento de Cataluña que, por la arrogancia del propio Pujol, va a montar una -como casi todas- inútil comisión de investigación de perfiles imprecisos por el momento. Y, al tiempo, vendrá el dictamen judicial.

Erró Montoro por exceso, mostrando una euforia fuera de lugar que sorprendió a la oposición, como declarándose ajeno a lo que ocurre en su entorno partidista -nada inmaculado, por cierto- y abonando la sensación de que existen capitanes como Gerd Wiesler en La vida de los otros. Ya dijo Felipe González que el “Estado se defiende también en las alcantarillas”. Algunos lo olvidaron cuando lo ningunearon y otros exhiben sus métodos más sombríos con una cierta obscenidad. Luego que no se quejen cuando los de Podemos hablan de la casta. Porque, comportamientos así, son de una casta con sus propios códigos, entre los que se encuentran los de la locuacidad o el silencio, según convenga.

Crisis del régimen constitucional
De Jordi Pujol a Goyo Ordóñez
Javier Somalo Libertad Digital 6 Septiembre 2014

Jordi Pujol, como tan acertadamente representó Boadella, disfrutaba viendo a sus hijos corretear con maletines rebosantes de billetes –calderilla para el patriarca– que caían por el escenario. La presumible exageración teatral se quedó corta. No eran maletines sino bolsones de basura.

Sin embargo, en Operación Ubú (1981) y su versión ampliada y revisada Ubú President (1995), la realidad no ha terminado superando a la ficción porque lo de Boadella y Els Joglars no era ficción sino biopic teatral. Fue la omertá nacional la que bajó el telón y así nos han tenido, a oscuras, durante décadas.

Tocamos ahora al intocable, al que concedía las hipotecas de poder a izquierda y derecha, al que nunca antes se podía rozar. Estaba consagrado por un pacto constitucional que necesitaba apagar el rescoldo de la dictadura echando pavesas vivas hacia delante, al camino por recorrer. UCD, PSOE y PP construyeron junto a los nacionalistas catalanes y vascos la 13 Rue del Percebe, ligados primero por el apaciguamiento de la inconclusa Transición, después por el ansia de poder y siempre por la corrupción, la verdadera omertá.

Ahora, cuando acciones, omisiones y comisiones conducen al destino lógico quieren detener la inercia sin que lo parezca. Pero no con la ley, no con la Constitución aquella del consenso, sino eligiendo a un corrupto de entre todos, aquél que pueda enfriar la fiebre separatista y, en operación de Estado, abriendo sus cuentas suizas, viejas conocidas en los maravillosos años de la gobernabilidad. Es decir, no se persigue al defraudador por serlo –mermaría la clase política casi hasta su extinción– sino como estrategia con tal de no poner pie en pared a un referéndum ilegal.

Si se acabó –y de qué manera– con la LOAPA se puede hacer lo mismo con la Constitución, de la que emanaba escrupulosamente. Con padres como Herrero de Miñón y Roca era de esperar que el Título VIII se redactara como farol pero aquella ley pudo suponer de verdad la conclusión del modelo autonómico de una nación europea. Casi cuarenta años después es la reforma de la Constitución lo que se ofrece a los separatistas. Pedro Sánchez ya lo ha hecho desde el PSOE. Rajoy lo hará pero nunca lo confesará antes de unas elecciones. Y la reforma que demandan es la del farol, la del Título VIII.

Hasta aquí, la España del "caso Pujol", que es el "caso España", la del todo por ciento. Pero el más dramático anuncio de hasta dónde hemos llegado bien puede comprimirse en dos imágenes vistas a fuego de flash sobre una gran pantalla negra. Dos imágenes que –maldita sea la miopía española– no proceden de Cataluña. Son la de Gregorio Ordóñez desalojado a tiros de su escaño y la del terrorista que ayudó a liquidarlo ocupando otro escaño. No se pudo evitar lo primero y no se quiere impedir lo segundo. Consuelo Ordóñez lo ha denunciado en una carta al hermano muerto, el único que la escuchará. Fatal resumen de lo acontecido entre las épocas de Jordi y Goyo. Trágica estampa de esta España en eterna transición.

La entelequia identitaria
Cuando no es baratija o espectáculo embaucador, la cultura fomenta el cultivo exigente una autonomía de criterio
Albert Chillón El Pais  6 Septiembre 2014

Jo no sóc dels meus. Sobretot no em sent que sóc dels meus quan els meus volen que jo siga com ells voldrien i no com ells saben que sóc”, confesó con pausada y nítida voz Raimon, alma de la Nova Cançó, cuando el pasado junio recibió el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, otorgado en el Palau de la Música por Òmnium Cultural. Empezó así un meditado discurso que leyó con la cordial sobriedad que acostumbra, la mirada alternando la platea y el atril, justo antes de remachar: “Aquesta pugna entre el meu jo i el seu col.lectiu em fa pensar, de vegades, que jo no sóc dels meus”. Entre los presentes, a los que contemplaba cuando alzaba los ojos del texto, una lustrosa representación del establecimiento catalán. Y entre los incontables ausentes, que al poco recibirían su mensaje pantallas mediante, una sociedad que se ha habituado a embuchar la propaganda nacionalista que señorea buena parte de los medios de persuasión a ambas orillas del Ebro.

Lo más indecente que podría hacerse con tan medidas palabras es hurtar sus matices con tal de satisfacer fines bastardos. Y lo mejor, sea cual fuere el sentido que cada quien les otorgue, es escuchar la invitación a la pregunta, al discernimiento y ante todo a la duda que sugieren, en esta época intoxicada por dogmas y maniqueísmos travestidos de decisión soberana. Emblema, desde hace medio siglo, de la lucha por la democracia y la justicia social, la libertad y el pluralismo, el ciudadano Ramon Pelegero viene cultivando un minucioso, elocuente silencio respecto al procés, apenas rasgado en muy contadas ocasiones hasta la deliberada y lúcida declaración del Palau, solo al alcance de un empalabrador responsable. Así que nadie tiene el derecho de atribuirle lo que no dice, ni de alistarlo en falanges ajenas.

Cuando no es baratija, mojiganga o espectáculo embaucador, como hoy en día suele, la auténtica cultura fomenta el desvelamiento y la discrepancia, la indagación y el cuestionamiento: el cultivo exigente, en suma, de una autonomía de criterio que requiere el valor de pensar y actuar sin patria ni patrón, y el de osar inquirir y saber, como el ilustrado Kant quería. De forma tácita, la exquisita confesión de Raimon presupone esta convicción, como corresponde a una figura de tamaña valía cívica y artística. Y, al tiempo, llama explícitamente la atención sobre varios equívocos que envenenan la convivencia plural, en Cataluña y en el resto de España.

El equívoco esencial consiste en dar por descontada la tan cacareada identidad, como si esta fuera un dato irrefutable y dado de antemano, y no una construcción psíquica y simbólica hecha de imaginarios libre u ovinamente asumidos. Como los grandes artistas y pensadores que a buen seguro conoce, Raimon sabe o sospecha que en realidad no existen las identidades inmutables y homogéneas, y sí las identificaciones móviles, heterogéneas y desiderativas.

Y, al tiempo, llama explícitamente la atención sobre varios equívocos que envenenan la convivencia plural, en Cataluña y en el resto de España.

Borges barruntaba que su otro yo ambulaba por Buenos Aires. Pessoa y Machado se desdoblaron en un puñado de apócrifos y heterónimos. El laberinto de la identidad conturbó a Kafka, Bergman, Hitchcock o Pirandello. Y José María Valverde reconocía: “Yo solo me conozco de oídas”. La plana mayor de los humanistas y creadores han desvelado, en fin, cuán diversa, poliédrica y ambigua es la personalidad de los sujetos. Convicción que sociólogos, antropólogos e historiadores, con mayor razón todavía, han hecho extensiva a la apabullante complejidad de los colectivos.

Y, ello no obstante, la propaganda nacionalista —sea españolista o catalanista: tanto monta— que hoy nubla las mentes insiste en despachar tan crucial cuestión con sonrojante aunque interesado simplismo, consciente de su eficacia a la hora de cautivar sentires y querencias. Se adscriban a un bando u otro, quienes la promueven y quienes la engullen reemplazan la crítica por la emoción, actúan en compulsivo rebaño y suprimen cualquier asomo de autocrítica y de duda con tal de sentirse parte de un nosotros unánime, indudable y unísono, enaltecido adversario —cuando no enemigo— de un ellos cuya denigración nutre el narcisismo propio. Y la enrarecida atmósfera resultante apenas deja lugar para los muchos ciudadanos que profesan identificaciones múltiples, a falta de una presunta identidad que no poseen ni anhelan tampoco.

Fúndese en la idealización romántica de la tierra, la lengua y la sangre, en la del impoluto pasado o en la del radiante futuro, todo nacionalismo es en última instancia étnico, ya que debe sacralizar un demos imaginario para erigir sobre él —a modo de premisa mayor de un silogismo oculto— el edificio de una exclusiva soberanía. Y entretanto, claro es, los poderes invisibles orquestan su apoteosis: si la duda y la razón no lo remedian, los embaucadores nacionalismos apartarán la atención y la acción públicas de la bancarrota social, política y moral que padecemos. Es así, propulsados por triseculares efemérides y fantasmales expolios fiscales, como consuman el auténtico expolio en curso.

Albert Chillón es profesor de la UAB y escritor.

Atruena la nación en marcha
Aquí no estamos ante un problema de democracia sino ante una lucha descarnada por una nueva distribución del poder
Francisco Morente Valero El Pais  6 Septiembre 2014

Que estos tiempos, más que líquidos, son tiempos pueriles lo prueba la facilidad con la que prosperan afirmaciones que no superarían el nivel exigido a un chaval de primero de primaria. Sin ir más lejos, la idea de que lo que estamos dilucidando estos meses en Cataluña es una simple cuestión de democracia: queremos votar y no nos dejan. Democracia, sin embargo, es algo más que votar; y desde luego importa qué, quién y cómo se vota.

Voy a ahorrarme los ejemplos que prueban que no siempre que se vota se está en una situación democrática o aquellos en los que fue precisamente el voto lo que sirvió para acabar con la democracia. Son suficientemente conocidos, algunos los tenemos dolorosamente próximos, y lejos de mí pretender establecer cualquier paralelismo entre los mismos y la situación política actual en Cataluña.

Aquí no estamos ante un problema de democracia sino ante una lucha descarnada por una nueva redistribución del poder. Y esa lucha se ha planteado en el terreno de la cuestión nacional porque es ahí donde una facción consideraba que tenía todas las de ganar, al tiempo que le permitía colocar en un segundo plano las políticas de desmantelamiento de lo público que venía impulsando desde 2010 y que estaban generando una considerable contestación social. Como por ensalmo, las grandes movilizaciones contra los recortes de 2010-2012 prácticamente desaparecieron a partir del momento en que el proceso pasó a ocuparlo todo. Contrástese la movilización por cuestiones sociales en Cataluña con la que viene dándose, por ejemplo, en Madrid (capaz de paralizar un potente proceso de privatización de la sanidad pública) y se entenderá lo que quiero decir.

Que el neoliberalismo de Convergència y el nacionalpopulismo de Esquerra hayan jugado a eso tiene toda la lógica del mundo. Que se haya sumado (críticamente) cierta izquierda es algo que escapa a la comprensión de quienes entendemos que las dinámicas de clase son las que realmente están en la base de los conflictos sociales, sin que ello implique ignorar, por supuesto, la importancia de los factores ideológicos y culturales o la de las identidades de todo tipo. Una parte de la izquierda catalana ha asumido acríticamente el lenguaje del nacionalismo (derecho a decidir), que es ajeno a su tradición. Ese es el primer escalón de la derrota política.

El segundo escalón se sube cuando esa izquierda pone sus siglas —y, por tanto, la legitimidad democrática ganada en décadas de lucha— al servicio de una movilización cuyos objetivos no mencionan nada que apunte a la igualdad social, que es, junto con la libertad, la base de cualquier proyecto que se reivindique de la izquierda. El tercer escalón, el de la derrota definitiva, se alcanza cuando es precisamente el apoyo de la izquierda el que permite el éxito de un proceso liderado por la derecha; éxito que transforma ese liderazgo en hegemonía.

Desde la izquierda (teóricamente no nacionalista) comprometida con el proceso se ponen sobre la mesa dos argumentos para justificar su posición: que estamos ante una movilización de abajo arriba, y que esta es la ocasión para desencandenar un proceso constituyente no solo en Cataluña sino también en España.

La primera afirmación vuelve a comprar un eslogan de los nacionalistas. Que la movilización independentista tiene causas de fondo y amplio apoyo popular es innegable; que sea espontánea y sean las bases las que impulsan a las elites políticas no aguanta el más mínimo análisis. Quítesele a las movilizaciones de los dos últimos 11 de septiembre el apoyo logístico de partidos e instituciones y la abrumadora propaganda política de los medios públicos (y gran parte de los privados subvencionados) y ya veríamos de lo que estamos hablando.

El otro argumento resulta más triste. El proceso de independencia que oculta la cortina del derecho a decidir, más que inaugurar procesos constituyentes, rompe la solidaridad entre las clases populares de Cataluña y el resto de España, y divide profundamente a las clases populares catalanas (hágase un pequeño ejercicio de geografía recreativa y véase dónde cuelgan y dónde no esteladas en cantidades significativas).

Quizás se abran procesos constituyentes, pero con las bases de la izquierda divididas, con la derecha (española y catalana) en posición dominante, y sin la capacidad de volver a articular las coaliciones sociales que en el último siglo han hecho posible los triunfos de la izquierda aquí y en el conjunto de España.

La Internacional es el himno que históricamente ha acompañado la lucha de una parte significativa de la clase trabajadora. Muchos de los actuales dirigentes de la izquierda comprometida con el proceso la han cantado e incluso la siguen cantando en actos públicos. No con el entusiasmo con el que corean Els segadors, pero —quiero creer— todavía sintiéndola como propia. Lástima que donde antes atronaba la razón, sea ahora la nación en marcha la que nos anuncie el fin de la opresión. Me da que no es lo mismo.

Francisco Morente es profesor de Historia Contemporánea en la UAB.

Consuelo Ordóñez, en declaraciones a Gaceta.es
La presencia de Casanova en el Parlamento Vasco es 'indecente'
Eurico Campano www.gaceta.es 6 Septiembre 2014

La presidenta de Covite denuncia que se haya entregado un acta de diputado autonómico a un exmiembro de EKIN, que a pesar de haber cumplido su pena de prisión, nunca ha condenado los crímenes de ETA

Por su interés, reproducimos la 'carta al director' publicada ayer por el diario ABC de Consuelo Ordóñez, presidenta de 'Covite' y hermana de Gregorio Ordóñez, histórico dirigente de los populares vascos asesinato por la banda asesina ETA en 1993. En ella, se lamenta del acceso al Parlamanto Vasco de Iker Casanova, un antiguo miembro de EKIN, uno de los brazos políticos de la ETA de la época, que cumplió su condena -sumario 18/98- pero que, al igual que la práctica totalidad de los integrantes del mundo etarra o el que tenía que ver con él, jamás condenó los crímenes de la banda.

En declaraciones a Gaceta.es, Ordóñez cree que la presencia de Casanova en la Cámara de Vitoria puede ser legal pero no legítima: 'es indecente', repite una indignada Consuelo Ordóñez que denuncia que la ley, tampoco en ésto, se cumple. 'Están ahí sin condenar el terrorismo', afirma Ordóñez, pero la culpa la tienen, en opinión de la presidenta de Covite, quienes desde los órganos del Estado permiten ese incumplimiento. Algo que para la hermana del histórico dirigente popular, asesinado a traición y por la espalda en un bar de San Sebastián mientras comía con la que era entonces su más directa colaboradora, María San Gil, es una clara 'prevaricacion'. Ordóñez denuncia también las sucesivas 'puestas en limpio' de marcas etarras como Sortu o Bildu. Y es que, para Consuelo Ordóñez, la acción de la Justicia 'nunca llega a los responsables intelectuales de los atentados, que son tan ETA como los autores materiales'. 'Son incluso más responsables que los otros, que los que aprietan el gatillo o ponen la bomba'. Ordóñez denuncia que el 98 por ciento de los sumarios que se consideran 'resueltos', los son sin la condena de éstos 'cerebros' terroristas.

Ésta es la carta:
"Querido hermano, hoy tengo malas noticias. Uno de los que contribuyeron a matarte, a ti y a otros cientos, ocupa desde el martes el escaño que te arrebataron a balazos en aquel restaurante donde comiste por última vez. No le conozco y tampoco le había visto antes. Se llama Iker Casanova, es de Baracaldo y tiene 41 años, 15 menos que los que tú hubieras cumplido el próximo mes de julio.

Ayer, cuando leí que un condenado por terrorismo volvía al Parlamento Vasco, no pude evitar acordarme de ti. Tampoco de tus compañeros socialistas en la Cámara de Vitoria Enrique Casas y Fernando Buesa. Al primero lo mataron a tiros en su propia casa; al segundo lo asesinaron con 25 kilos de explosivos y bolas de metralla que también se llevaron por delante la vida de su escolta Jorge, un chaval de 26 años.

He pensado en vosotros e inmediatamente en las palabras que esa gran mujer Pilar Ruiz, madre de mi querido amigo Joseba Pagaza, le dijo a Patxi López cuando éste se encontraba reunido encabezando una delegación del PSE con Batasuna, en el hotel Amara Plaza de San Sebastián: “Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son”. Desde entonces ha llovido mucho. Joseba, como tú, fue asesinado a tiros y la Batasuna de entonces –el brazo político de ETA–ha vuelto al Parlamento Vasco para decirnos todos los días que lamentan que ETA os matase, pero que vuestras muertes fueron parte de una estrategia legítima, noble y hasta honorable.

Tú, Enrique, Fernando, Jorge, Joseba… Vuestros asesinatos se han convertido en los méritos que un parlamentario vasco debe alcanzar para ser designado miembro de la Cámara de Vitoria, una Cámara de la que os borraron a golpe de las mismas balas que hoy aúpan a un condenado por terrorismo a ostentar la representación pública de los mismos ciudadanos a los que ETA sometió durante 50 años.

Como sabes, hubo un tiempo en que nos prometieron Justicia, e impulsaron una ley de partidos que promueve actuaciones contra organizaciones políticas que busquen utilizar las instituciones para honrar a quienes os mataron. Todo eso, Goyo, ha quedado ya en papel mojado. Ni aquélla ley, ni las sentencias se aplican. Sé que te dolerá, pero quien ha aparecido entregando el acta de parlamentario vasco a Iker Casanova ha sido un compañero tuyo de partido. Sé que para él no habrá sido plato de buen gusto; tampoco para mi, ni para Ana, ni para tu madre, ha sido agradable ver tomar posesión de su cargo a un etarra que justifica que estuvo bien mataros para cambiar la historia, para ocupar vuestros sillones, y así, tan fácilmente, quitaros de en medio de esa la que fue vuestra casa: el Parlamento Vasco"

Historia
El favor del PNV a Franco: Santoña
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 6 Septiembre 2014

El Partido Nacionalista Vasco ha convertido en arte el dicho popular de estar al plato y a las tajadas, aunque a veces el chanchullo le sale mal.

Por ejemplo, en el año 1936 el PNV se negó (incluso a petición del Vaticano) a formar una alianza electoral con las derechas españolas para las elecciones de febrero, pese a lo cual se benefició de la retirada de los candidatos derechistas en la segunda vuelta en Guipúzcoa y obtuvo así cuatro diputados frente a dos del Frente Popular. A continuación, participó con la izquierda en la comisión de actas que despojó a las derechas de varios escaños. Más tarde, representantes del PNV, sobre todo en Guipúzcoa, participaron en reuniones conspirativas con los militares, los carlistas y los falangistas. Unos días después del alzamiento las organizaciones territoriales del PNV en Álava y Navarra se adhirieron a los sublevados, mientras que las de Vizcaya y Guipúzcoa reafirmaron su lealtad al Gobierno. Los jóvenes del PNV se negaron a combatir a las columnas provenientes de Navarra, pero impidieron que los anarquistas quemaran San Sebastián…

El objetivo del PNV era conseguir la aprobación del estatuto de autonomía, que se estaba negociando en las Cortes. Francisco Basterrechea espetó a Indalecio Prieto en Madrid el 10 de septiembre de 1936:

Si usted quiere que Euzkadi resista las embestidas fascistas, haga la posible por que se nos otorgue el Estatuto y únicamente así le aseguramos que se resistirá.

En octubre, las diezmadas Cortes republicanas aprobaron el estatuto y una asamblea de parte de los concejales y alcaldes de los municipios vascos eligió a José Antonio Aguirre (PNV) como presidente del Gobierno vasco.

La ofensiva de los nacionales se detuvo a principios de octubre después de haber conquistado Guipúzcoa, salvo Éibar, y Ondárroa, en Vizcaya. El PNV, partido burgués y clerical, ya no se sentía a gusto con los aliados que había escogido: anarquistas y comunistas. Bilbao fue la única plaza de la España roja donde la Bolsa permaneció abierta, pero en Vizcaya también se asesinaron a sacerdotes y se realizaron matanzas de presos indefensos.

Negociaciones secretas con los fascistas
En los meses siguientes, mientras el PNV montaba su Estadito, negociaba a través del Vaticano y del Gobierno italiano para llegar a un acuerdo que les permitiese conservar lo que habían arrancado al Frente Popular. Incluso Aguirre montó un servicio exterior que sirvió para emboscar a los hijos de los jerarcas del PNV.

El 31 de marzo de 1937 el general Emilio Mola rompió las líneas y comenzó un lento avance hacia Bilbao. Al mismo tiempo que Aguirre clamaba por la radio que los vascos resistirían a los invasores, unos delegados de su partido negociaban con el cónsul italiano en San Sebastián, Francesco Cavalletti. Los italianos, cuyo Gobierno había reconocido al de Burgos, presionaban a Franco para que aceptase la rendición condicional del PNV y de sus soldados. El 25 de abril, el caudillo hizo una propuesta formal a los italianos, pero el bombardeo de Guernica dos días después frenó las negociaciones.

A la vez, el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Eugenio Pacelli, quería que el cardenal Gomá interviniese ante Franco para que éste ofreciese nuevas condiciones al PNV que condujesen al cambio de bando del Gobierno vasco y la entrega de Bilbao.

Nada se consiguió y el 19 de junio los nacionales entraron sin lucha en la capital de Vizcaya, hicieron unos 10.000 prisioneros y se apoderaron de la industria intacta de la provincia, que el PNV se había negado a inutilizar. Las fábricas vascas produjeron más bombas, balas, fusiles y tanques para los franquistas que para los republicanos.

El ridículo de Aguirre ante Azaña
El siguiente objetivo del mando nacional era Santander. Aguirre se había refugiado en la ciudad y los restos del ejército del PNV, la Gudarozte, le habían seguido.

Una vez expulsados del suelo de la aberri (la patria), los nacionalistas perdieron las escasas ganas de hacerse matar por la República, la revolución y el antifascismo, por lo que se renovaron las negociaciones con los italianos (entre los principales negociadores estaban Juan Ajuriaguerra y el canónigo Alberto Onaindía, al que el PNV le prohibió durante años dar su versión de lo que vio y supo). Las deserciones y rendiciones de milicianos vascos (muchos de ellos eran católicos y derechistas que se habían alistado entre los gudaris para evitar caer en los batallones socialistas, comunistas o anarquistas) se producían por cientos.

Aguirre se reunió con Manuel Azaña en Valencia el 19 de julio y le reiteró que los vascos (o sea, los nacionalistas), "no tienen más que una palabra", le pidió "una especie de jurisdicción particular" sobre los vascos fuera de su región y propuso trasladar a los batallones del PNV a Cataluña por mar y a través de Francia y, una vez reagrupados, lanzarlos en el frente de Huesca contra Navarra. Azaña se burla de su visitante en sus memorias.

Los fines de los participantes en las conversaciones eran los siguientes: el duce Mussolini quería un gran éxito italiano para hacer olvidar la derrota de sus tropas en Guadalajara (marzo de 1937); el Vaticano quería que acabase el escándalo de un partido clerical y confesional aliado de los seguidores de Stalin; y el PNV quería salir del fuego. Sin embargo, el Gobierno republicano sospechaba los movimientos del PNV y Franco dejaba que los demás hablasen entre ellos y se reservaba la última decisión.

El 23 de julio, el jerarca del PNV Julio Jáuregui se entrevistó en Hendaya con el comandante Julián Troncoso, al que conocía, y que le incitó a que se diesen prisa en aplicar sus planes, porque iban a "barrer".

El 25 de julio concluyó la batalla de Brunete, que había lanzado el Ejército Popular de la República para aliviar la presión sobre Madrid y el Frente Norte, pero que fue un fracaso.

Deserción frente al enemigo
Para encubrir la rendición y que no se les pudiese acusar de traición, los nacionalistas reclamaron a los italianos que se produjese un ataque y llevaron su vileza hasta el grado de indicar los sectores donde era mejor realizarlo: desde Reinosa y el Puerto del Escudo en dirección al norte para cortar la provincia en dos. Entonces las tropas abertzales quedarían copadas y su entrega parecería justificada.

El 14 de agosto los nacionales reanudaron la ofensiva en Santander. El proyecto de los italianos y los peneuvistas era que los batallones de éstos abandonasen sus puestos (para ello se habían negado a mezclarse con las demás unidades) y se concentrasen en el puerto de Santoña y alrededores para embarcar en barcos que les llevarían a países neutrales.

La noche del 22 al 23 de agosto, los oficiales de la Gudarozte transmitieron a sus subordinados la consigna de desobedecer la orden del general Mariano Gamir de retirarse a Asturias.

Los abertzales reunidos en Santoña y Laredo no pudieron huir porque se lo impidieron los nacionales y no aparecieron los barcos esperados. Además, otros batallones de obediencia izquierdista a los que llegó el rumor del acuerdo y la vía de huida también desertaron. El número de prisioneros de los que se apoderaron los alzados rondó lo 30.000.

Las consecuencias para el Frente Popular de esta traición fueron inmensas: se hundió el frente, los rebeldes entraron en Santander el 26 de agosto sin lucha y se perdieron miles de hombres y toneladas de material. El 21 de octubre, con la toma de Gijón y Avilés desapareció el Frente Norte antes de que llegase el invierno.

A pesar de semejante traición, el PNV siempre ha conseguido que la izquierda se haya olvidado de lo que hizo en Santoña. Algo asombroso en estos tiempos de memoria histórica. ¿Pedirá perdón este partido por su traición y el favor que le hizo a Franco?

Hacer patria o hacer historia. Algunos apuntes sobre la literatura histórica de la “izquierda abertzale”
Gaizka Fernández Soldevilla  latribunadelpaisvasco.com 6 Septiembre 2014

Iker Casanova Alonso sustituye a Laura Mintegi en el Parlamento Vasco. Los medios de comunicación destacan que Casanova ha pasado una buena temporada en la cárcel tras ser condenado por pertenencia a banda armada dentro del sumario 18/98. Hay que recordar otra faceta del nuevo parlamentario autonómico: Casanova es coautor de “Argala” y autor de “ETA 1958-2008: Medio siglo de historia”, obras publicadas por el brazo editorial de la autodenominada “izquierda abertzale”: Txalaparta. Quizá sea buen momento para recuperar algunas reflexiones sobre ese entramado propagandista y su particular forma de hacer patria, que no hacer historia.

[Img #4835]La calidad de las obras sobre la historia del pasado reciente del País Vasco es muy heterogénea. Aunque su número no es tan elevado como nos gustaría, contamos con trabajos notables, escritos con método, rigor y profesionalidad. Pero la escasez de obras historiográficas propiamente dichas se ve agravada porque en el ámbito vasco les ha surgido una seria competidora: la literatura histórica. José Luis de la Granja lo explica mejor que yo: «una cosa es la historiografía militante y partidista, sea laudatoria o denigratoria del nacionalismo, y otra muy distinta es la historiografía sustentada en una investigación objetiva de las fuentes y una metodología científica a cargo de historiadores profesionales, en su mayoría profesores universitarios. En puridad, el nombre de historiografía se debería reservar en exclusiva para esta última, mientras que a aquélla la denominamos literatura histórica».

El uso partidista de la historia, su instrumentalización y manipulación, no es monopolio de ninguna ideología concreta. En el caso vasco encontramos ejemplos tanto de literatura histórica antinacionalista, que ha tenido un claro resurgir en los últimos años, sobre todo de mano de periodistas, como ultranacionalista, que es en la que me centro aquí. Ha sido certeramente descrita por Santiago de Pablo como «historiografía nacional-revolucionaria, muy parcial y preñada de lugares comunes, en las que ETA aparece siempre como un movimiento salvador de una Euskadi oprimida no solo por la dictadura, sino también por España y por el capitalismo». En ese sentido, cada libro es un nuevo capítulo que añadir a la saga narrativa del «conflicto vasco». A pesar de su escasísima calidad y de su evidente propósito publicitario, lo cierto es que la literatura ultranacionalista cuenta con bastante difusión social gracias a la compleja y eficiente industria cultural que ha construido la «izquierda abertzale»: asociaciones «por la memoria histórica» (Euskal Memoria, Ahaztuak 1936-1977, etc.), editoriales (Txalaparta), medios de comunicación (Gara, etc.), una red de librerías, etc. Y, por supuesto, un público lector entregado y dispuesto a leer (y asumir) cualquier cosa que confirme sus creencias y prejuicios, que legitime su apuesta por una opción determinada: el nacionalismo vasco radical. Da igual que la obra carezca de fuentes, esté claramente sesgada o no resista un mínimo análisis crítico. No estamos en el universo de la razón, sino en el de los sentimientos y emociones.

Dentro de la larga lista de escritores de literatura histórica ultranacionalista hay que distinguir dos categorías. En primer lugar hay una mayoría de propagandistas, entre los que cabe citar a Iñaki Egaña Sevilla, José Antonio Egido, Iker Casanova, Luis Núñez, Eduardo Renobales o Txema Urrutia. Se distinguen no solo por desconocer la metodología básica del historiador, sino también por despreciar abiertamente a la historia como disciplina y más cuando tiene alguna relación con la universidad. Por descontado, eso no obsta para que se aprovechen de sus avances, plagiando (literalmente) a los historiadores profesionales, a los que, sin embargo, raramente citan (en realidad, casi nunca citan a nadie ajeno a su minúsculo e intelectualmente autárquico círculo). Lo suyo es apuntalar (o inventar o incluso reinventar) los mitos abertzales. La verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con la ciencia, sino con la fe… en Euskal Herria, una patria que es inmemorial y que lleva siglos sojuzgada por el «Estado español». Y, si los documentos dicen lo contrario, qué les zurzan a los documentos. Quien dude de las máximas patrióticas sencillamente se coloca en el bando de los opresores, o sea, es un «fascista». Evidentemente con los propagandistas, que nunca escuchan ni tienen dudas, no cabe ningún debate historiográfico.

Pero no es justo clasificar a todos los productores de literatura histórica ultranacionalista como simples apologetas. Hay una minoría de historiadores y/o cronistas que dominan los rudimentos del oficio. Me refiero, entre otros, a Francisco Letamendia (Ortzi), Emilio Majuelo y José María Lorenzo Espinosa. Gracias a su aparente corrección formal y metodológica, sus obras han de inscribirse en una categoría superior a la de los propagandistas. Desde luego, tienen más calidad. Resultan útiles y son de obligada lectura para quien pretende tratar en serio la historia de ETA y el nacionalismo vasco radical. Mas hay que tener cuidado y comprobar detenidamente algunas de sus afirmaciones antes de darlas por válidas, ya que los cronistas escriben con la misma parcialidad que los panfletos de sus primos: el impulso que en el fondo les guía es hacer patria, no hacer historia. No hay que olvidarlo nunca.

PS: Al César lo que es del César. Por un lado, Letamendia se avino a concederme una (eso sí) breve entrevista para realizar mi tesis doctoral. Sus obras, aunque hay que tomarlas con precaución, me han sido provechosas en mis investigaciones, sobre todo para hacerme una idea general al principio, cuando estaba un tanto perdido. Por otro lado, Lorenzo Espinosa, que fue mi profesor en la Universidad de Deusto, ha escrito algunos libros rigurosos, además de literatura histórica, y sería injusto meter a todas sus publicaciones en el mismo saco. Guardo buen recuerdo suyo como persona. Quizá algún día podamos tomarnos unas cañas y tener un debate historiográfico de verdad. Ojalá.

BIBLIOGRAFÍA
GRANJA, José Luis de la (1992): «El nacionalismo vasco: de la literatura histórica a la historiografía», Historia Contemporánea, nº 7, pp. 209-236.
MOLINA, Fernando (2010): «La eterna “cuestión vasca”. ¡Y vuelta la burra al trigo!», Claves de Razón Práctica, nº 199, pp. 64-71.
MONTERO, Manuel (2011): La forja de una nación. Estudios sobre el nacionalismo y el País Vasco durante la II República, la Transición y la democracia. Granada: Universidad de Granada.
PABLO, Santiago de (2005): «Silencio roto (solo en parte). El franquismo y la transición en la historiografía vasco-navarra», Vasconia, nº 34, pp. 383-406.
RIVERA, Antonio (2004): «Cuando la mala historia es peor que la desmemoria (acerca de los mitos de la Historia contemporánea vasca)», El valor de la palabra, nº 4, pp. 41-72.


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