AGLI Recortes de Prensa   Domingo 7  Septiembre  2014

Bismarck no sabía lo de las CCAA
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com  7 Septiembre 2014

Circula por Twitter profusamente una declaración de Otto von Bismarck: "La nación más fuerte del mundo es, sin duda, España. Siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo".

Paralelamente, me encuentro en agosto de 2014 volviendo del Sur, esta lápida en La Perdiz (La Carolina), a la sazón el mejor paté de perdiz que he tomado nunca, que dice que un tal Dalmau de Creixell, caudillo catalán, luchaba contra los moros ¡en Jaén!

Me temo que, tanto Bismarck como el ilustre catalán luchando por la reconquista de España en Las Navas de Tolosa, no sabían todavía lo de las Comunidades Autónomas, esa magnífica invención de los padres de la constitución de 1978 que nos han llevado al caos.

No, ciertamente, no sabían lo de las Comunidades Autónomas. Pero, en cambio, sí que lo intuyó ya en 1933 Ortega y Gasset, padre en parte del derrocamiento de la Monarquía de Alfonso XIII y de su glorioso y efímero partido ‘Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República’. Les dejo un artículo sobre su intervención en la Cortes Constituyentes hablando de nacionalidades y autonomías. Como no le hicieron ni puñetero caso, dimitió y se disolvieron como partido y como todo. Unos al exilio, otros a la cárcel, otros al paredón, otros a la reconversión.

Nadie que no tenga un cargo público remunerado puede defender que las CCAA han supuesto un beneficio para España. Han supuesto un estado de corrupción, descentralizada eso sí, de niveles caóticos que es insostenible. Un nivel de despilfarro absurdo a cargo de los contribuyentes (16 millones en estos momentos sobre 46) que no tiene parangón ni con los faraones de Egipto. Pabellones, auditorios, palacios de congresos, polideportivos, museos, aeropuertos, parques temáticos, radiales, aves, polígonos industriales en los sitios más insospechados... ¡por favor! Y el robo directo, patrimonios injustificables, dinerales en paraísos fiscales, propiedades por doquier de políticos y allegados. Y quebraron el 50% del sistema financiero del país en sus manos: las Cajas de Ahorros. ¿Se puede pedir más?

Y las CCAA son todas. Unas más, otras menos. Pero casi por el volumen de su economía particular, no por otra cosa. En Cataluña, muy grande, robaban todos como locos. Y en Valencia, y en Baleares, por no hablar de nuestra gran Sicilia: Andalucía. Miles de millones. Miles. ¿De quién? De la UE, de ustedes, de mí, de todos.

Nos han robado. Y, casi peor, nos han destruido como nación, dado que ya nadie puede creer en nadie. Sálvese quien pueda, parece la consigna. Huyan los que puedan. Muy alentador. Como gran contribución al ataque ruso a Ucrania, mandaremos unos cascos y, tal vez yogures caducados. Lógico, no tenemos dinero ni pa pipas, como para participar en misiones internacionales. Suficiente tenemos con luchar con nosotros mismos, como históricamente hemos hecho.

Mientras, nos financiamos a un ritmo envidiable y a unos intereses cercanos a cero. Doña Letizia lo ha entendido: lleva vaqueros rotos y el monarca, chanclas. La deuda del billón (por ahora) la pagará Rita. Cándido Méndez continúa siendo el jefe del sindicato, entre jamoncito, curso de formación y ERES y le reciben en Moncloa cada dos por tres. Arturo Fernández es el Presidente de CEIM...y los semi-independentistas Roca i Junyent y Duran i Lleida defienden a la ex-infanta de España y al Congreso de los Diputados por el mundo. Baltar, en Galicia, se debe estar metiendo unos percebes y qué decir de Fabra. Bárcenas, perdonen la expresión, debe estar hasta los huevos de ver a tanta gente por la calle.

No es esto, no es esto. Si Bismarck y el Caudillo de Creixell levantaran la cabeza...

El Estado como problema
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  7 Septiembre 2014

Las espectaculares medidas tomadas por el Banco Central Europeo para estimular la economía facilitando el crédito han sido muy bien recibidas por los mercados y por los Gobiernos de la Unión, sobre todo por aquellos que arrastran los pies en el campo de las reformas estructurales.

Por supuesto, Mario Draghi ha acompañado su salva de artillería con las rituales peticiones de seguir avanzando por la senda de la competitividad y del equilibrio de las cuentas públicas, pero también ha insinuado que ha llegado el momento, ahora que lo peor de la crisis ha quedado atrás, de impulsar políticas de estímulo al crecimiento, lo que significa necesariamente una cierta relajación en los calendarios de ajuste del déficit.

Los instrumentos para combatir la recesión son diversos, unos de corto plazo o de choque, otros de implementación y obtención de resultados más dilatados en el tiempo. Ahora bien, una estrategia correcta de salida del agujero negro en el que Europa ha estado atrapada tras el estallido de las burbujas en 2008 implica acertar en el orden de ejecución de los remedios y en detectar el verdadero origen del problema.

La política monetaria es, sin duda, una de las herramientas disponibles, y Draghi se ha decidido a emplearla masivamente, pero su sola acción es a la larga contraproducente porque empuja la bola hacia adelante agrandando las dificultades futuras. De hecho, el planteamiento es muy sencillo: hay que crear el entorno fiscal, laboral, regulatorio, educativo y cultural apropiado para que las empresas, los autónomos y los profesionales liberales generen riqueza y empleo a la vez que obtienen beneficios que a su vez acumulen excedentes que alimenten la espiral de inversión, innovación, crecimiento y puestos de trabajo.

Bienvenida sea la alegría transitoria que nos ha regalado el presidente del BCE, pero la raíz de nuestros males sigue ahí

Este propósito comporta necesariamente un desplazamiento de los recursos disponibles del sector público a las iniciativas individuales y sociales en un clima que les sea propicio. El elefante en la habitación, o el dinosaurio o el hipopótamo, o el animal grande y pesado que se elija, es una excesiva concentración de la riqueza producida por la sociedad en manos del Estado. Mientras el sector público siga representando porcentajes del PIB en torno al 50% o incluso superiores continuaremos jadeando sin acabar de recobrar el ritmo normal de respiración.

España, Francia e Italia son tres casos típicos de esta situación. Estructuras administrativas y políticas gigantescas e ineficientes impiden que la economía despegue porque una parte demasiado voluminosa del valor que la gente aporta con su actividad se sepulta en nómina pública, organismos inútiles y, todo hay que decirlo, corrupción. Concretando, en España el número de empleados públicos debería reducirse como mínimo en un 40%, el número de organismos públicos de todo tipo en un 80% y el peso del presupuesto del Estado en el PIB habría de mantenerse por debajo del 35%.

Ese debería ser el programa de cualquier Gobierno serio, pero semejante enfoque colisiona frontalmente con los intereses de la partitocracia que se alimenta de las arcas del Tesoro, de sus clientes subvencionados y del paradigma socialdemócrata en virtud del cual lo público es bueno por definición y lo privado intrínsecamente sospechoso.

Por tanto, bienvenida sea la alegría transitoria que nos ha regalado el presidente del BCE, pero la raíz de nuestros males sigue ahí, enquistada en la mentalidad y los hábitos colectivos. El Estado es la enfermedad europea y la libertad el mejor tratamiento.

Falta un partido de derechas
Pedro de Hoyos Periodista Digital  7 Septiembre 2014

Que surjan partidos extremos, que propongan la autodisolución de España, por ejemplo, es lógico en una situación de caos y de inseguridad como la que vivimos, época en la que todo vale, cualquier valor es discutible (hasta el de nación o patria) y hasta Belén Esteban vende libros. Estamos desorientados y cualquier cosa nos sirve como buena.

Y dado que España es un país de izquierdas, es lógico que ese partido sea de izquierdas, incluso de extrema izquierda. Podemos es una engañifa que nos va a poner un sueldo a todos por el mero hecho de ser españoles. No. Bueno, por el mero hecho de vivir en España, que vamos a abrir las fronteras a todo hijo de vecino que quiera venir con su miseria y podredumbre a instalarse entre nosotros, disfrutando gratis et amore de nuestra Seguridad social, nuestra enseñanza y nuestras libertades, somos así de generosos, oiga. Hay veces que la democracia pierde su sentido.

Siempre he pensado, sin embargo, que la culpa de todo la tienen los partidos que llamamos tradicionales o mayoritarios. Hartos nos tienen con sus corrupciones (¿Hay alguno que se libre?), con sus incumplimientos de promesas (¿Hay alguno que se libre) o con sus inconsecuencias y sus peleas internas. No hay ninguno que se libre. De la actual situación tienen la culpa el PSOE que negó empecinadamente la crisis y que se ha aliado tradicionalmente con nacionalistas disgregadores (Las últimas palabras de Felipe González sobre Pujol son clarificadoras) y el PP que, además de venderse también a los intereses nacionalistas cuando le convino, tradicionalmente se ha negado a representar el papel conservador que le corresponde y lleno de complejos ha preferido desatender a sus votantes y representar un papel plano e insustancial, no vaya a ser, oh, Dios mío, que le diga que es de derechas.

Si a todo ello le añadimos la corrupción que nos enmierda a todos hasta las orejas, la crisis bancaria asistida por el Estado y el incumplimiento de los programas electorales tenemos la clara situación del momento de crisis en que nos encontramos. Es España una nación extraña y desequilibrada, ajena a la situación social de los países con los que se debería equiparar. Sólo un 25% de los ciudadanos defendería España, el concepto de nación está permanentemente puesto en discusión (¿Por qué los nacionalismos catalán y vasco no existen apenas en Francia? ¿Nos es para hacérnoslo mirar?) y no existe ese partido de derechas que existe en Francia, por ejemplo. Noooooo, aquí todos somos moderados, centrados, equilibradísimos, somos un país en el que gritar Viva España o exhibir la bandera es un acto sólo propio de fachas o degenerados. ¿Sucede algo así en Francia, Portugal o Estados Unidos? ¡Válgame la Macarena!

Vox podría haber sido ese partido pero perecerá víctima de los conflictos internos (¡Cómo no!) y del desinterés de los españoles (ah, no, yo de derechas no, vade retro, Satanás). Ciudadanos y UPyD podrían representar también ese papel de renovación y regeneración que tanto necesita nuestra democracia, pero además de sus propios problemas internos tampoco parecen gozar de la simpatía general de los votantes. No, no, aquí todos somos muy de izquierdas y muy progresistas, faltaría más.

Eso sí, en cuantito Podemos se haga con el poder nos van a poner piso a todos y un sueldo sin necesidad de trabajar.

Las cobardías
Fermín Bocos www.estrelladigital.com  7 Septiembre 2014

A moro muerto, gran lanzada. El temeroso o el cobarde espera a ver la caída del caballo antes de dar el paso. El paso que, dado a tiempo, habría puesto muchas cosas en su sitio evitando situaciones dañinas para el interés del país. Ahora que se están aireando las andanzas delictivas de Jordi Pujol (él mismo declaró que llevaba 34 años sin acordarse del Fisco) y hasta los más irreductibles de CiU han sentido la vergüenza que suponía mantener la impostura del mito del "molt honorable", es cuando hemos sabido que utilizaba a los "Mossos de Esquadra" para llevar las bolsas de la compra y sacar a pasear por la noche a sus perros. ¿Por qué el sindicalista que lo cuenta ahora, no lo denuncio antes?

El pasado martes, Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, reveló en el Congreso que la Agencia Tributaria llevaba 14 años investigando las cuentas de los Pujol, ¿por qué la Inspección no actuó en consecuencia? La respuesta hay que buscarla en el papel de CiU como partido bisagra. Favor parlamentario a cambio de favores de naturaleza variable. Hace cuatro años se publicó que Artur Mas Barnet, el padre de Artur Mas, tenía en un banco de Liechtenstein una cuenta opaca al Fisco de la que era beneficiario su hijo. Su DNI figuraba entre la documentación remitida a las autoridades judiciales españolas.

¿Por qué cuando la investigación estaba cosechando pruebas el trabajo de la Fiscalía entró en vía muerta? Zapatero que empezó su galáctico camino diciendo que haría suyo lo que decidiera el "Parlament" de Cataluña en relación con el "Estatut" se acollonó al descubrir que había abierto la puerta a la barra libre extra constitucional y trató, cuando ya era tarde, de frenar la cosa. Necesitaba a Mas para aminorar daños y Mas necesitaba que el asunto de Liechtenstein desapareciera de los juzgados.

A la postre, como sabemos, aquella cobardía -no seguir con la investigación- no sirvió para parar la bola de nieve separatista. Las cobardías remiten a intereses políticos o a los negocios. Algunos de los medios de mayor influencia en Cataluña todavía no han encontrado el momento para condenar en sus editoriales el proceder delictivo Jordi Pujol ¿Por qué? ¿Tendrá que ver con las expectativas de adjudicación de nuevas concesiones por parte del gobierno de la "Generalitat? En Cataluña, como en el resto de España, los barones de la comunicación marcan los términos del debate social y a algunos de ellos le acaban de conceder un buen puñado de licencias de radio. De estas y de otras cobardías de las que iremos teniendo noticia, procede el mal político de fondo del que adolece España. Corrupción, es la palabra.

España no es una guarida de cobardes. Hay que acabar con los que la desprestigian
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com  7 Septiembre 2014

Hay motivos para estar seriamente preocupados, señores, y no sólo por la crisis económica que parece que ya se está empezando a mejorar o, al menos, queremos creer que sí; sino por la pérdida de cualidades heredadas de nuestros mayores que parece que, para muchos, han dejado de tener sentido. Lo que está sucediendo en estos momentos en esta España cambiada, desconocida e invadida por las turbas de descreídos, amorales, pasotas, mal educados y verdaderas rémoras de la sociedad, es que, ante la impasibilidad, tolerancia, cobardía y laxitud de quienes ostentan el gobierno de la nación, estamos viendo como valores fundamentales, principios intocables, virtudes raciales y cualidades propias de nuestra raza hispana; están siendo desterrados de esta nueva sociedad en la que, a muchos que ya peinamos canas desde hace muchos años, nos cuesta reconocer a aquella España en la que la valentía de sus hombres era proverbial, los heroísmos y sacrificios por la patria surgían de forma espontánea de los propios ciudadanos y, ante cualquier enemigo que pretendiera amenazar a nuestras familias, costumbres, religión o signos patrios, todos los españoles se levantaba a una, para enseñarle al invasor el camino de vuelta a su lugar de origen.

El panorama que la sociedad española está exponiendo ante el mundo es, sin duda, de una ciudadanía acomodaticia completamente despreocupada por todo lo que no sea su propia comodidad, su bienestar y la satisfacción de su egoísmo. A esto que a los progres les ha dado por definir como filosofía relativista o, expresado de otra manera, “haz lo que te de la gana mientras te lo permitan”. Como inmediata consecuencia, la preocupación por los demás, el bien común, la defensa de los valores heredados o el mantenimiento de la ética y los derechos del resto de la sociedad en general, se han convertido en algo secundario, accesorio, no prioritario y, por supuesto, supeditado a aquellos desahogos, harturas, excesos y vicios que nos pide la propia naturaleza de cada uno que, incluso cuando se defienden derechos ajenos, se hace con la intención de sacar provecho de ello o, incluso, de obtener el gratificante reconocimiento de los demás que alimente nuestro propio ego.

Una sociedad en la que hay sectores que, alimentados por odios, actitudes revanchistas, erróneas informaciones y absurdos prejuicios, pretende romper sus vínculos con el resto de la nación, inconsciente de que, en un mundo de economía globalizada todas estas aventuras acaban por tener finales trágicos, ha entrado en confrontación con el resto de españoles. Otros, aquellos que deberían ser la nueva savia de la nación, la esperanza de regeneración del país, promotores de la unidad familiar y del impulso patriótico propio de la juventud generosa, desprendida y valerosa; acaban de decepcionarnos cuando nos hemos enterado por un estudio realizado para el Ministerio de Defensa por el Centro de Investigaciones Sociológicas a cerca del “patriotismo” de los españoles de noticias tan deprimentes como el que entre el 2005 y el 2013 en número de españoles que están orgullosos de ser españoles se ha reducido en un 8’7% quedando en un 76%; no obstante, y para mayor INRI, resulta que si se solicitaran ciudadanos para acudir a la llamada para defender la nación, entre un 40 y un 55% no acudirían y, en algunas autonomías hasta el 60% se negarían a ello. ¡Vivir para ver!

Los argumentos que se esgrimieron cuando se suprimió el servicio militar en este país, para crear un ejército de mercenarios destinado a sustituir a las tropas de reemplazo, han quedado ampliamente superados. Por ejemplo: el aserto de que el servicio militar interrumpía los estudios de los jóvenes o que esto de entrar en el Ejército era una pérdida de tiempo o que el servicio militar generaba vagos etc. ha quedado ampliamente superado por la realidad y los efectos contrarios y contraproducentes de esta supresión, ha quedado demostrado que son infinitamente superiores a los que se argumentaron para su supresión. Desde su erradicación siguen siendo un 30% los que abandona sus estudios antes de terminarlos, otros ni tan siquiera tiene interés en formarse y prefieren buscarse el modus vivendis por otros caminos, no siempre legales; la drogadicción que, en ocasiones, se inicia en los propios colegios de enseñanza, se va agravando a medida que crecen, sin que haya alguien con autoridad ( en los colegios no existe y, en ocasiones, son los mismos profesores los que intentan adoctrinarlos políticamente) que lo someta a disciplina; la formación de los jóvenes, reducida a la mermada autoridad de los padres y, en ocasiones, guiados por compañías poco recomendables, han convertido a muchos de ellos en indomables, ariscos, violentos y en muchas ocasiones agresivos, incluso con sus familiares.

Puede que un Servicio Militar de dos años fuere excesivo y muy costoso, pero un periodo de seis meses de servicio obligatorio, aparte de preparar a los ciudadanos para un posible conflicto bélico, tendría el saludable y muy efectivo efecto de desasnar, someter, despabilar, disciplinar y enseñar, a una juventud mal orientada, que el mundo no es un lugar en el que divertirse siempre y hacer lo que a uno le pase por las narices, sino que es preciso someterse a unas reglas, seguir unas orientaciones y trabajar para el resto de la sociedad. Y para todo ello, los que hemos hecho el Servicio Militar (tengo el orgullo de haber servido en Ceuta- Marruecos), sabemos que no hay sitio mejor para aprender a valerse por uno mismo, compartir con buena camaradería los avatares de la instrucción, fortalecerse físicamente y aprender a que, con rancho, también se puede engordar. Y conste que lo cumplí como simple soldado raso, sin privilegio alguno.

Estoy convencido que el amor a la patria subiría, que la drogadicción se controlaría, que al Estado le costaría menos que el sostener las casas de desintoxicación que actualmente son necesarias, que los padres lo agradecerían y que los conocimientos que, hoy en día, se imparten en el Ejército, seguramente sería muy útil para muchos que actualmente no tienen oficio ni beneficio. Y todo ello dejando aparte que, con toda seguridad, muchos chicos que ahora están en el paro se reengancharían y seguirían su carrera militar, al menos como mecánicos, conductores etc. Evidentemente que, a las izquierdas, esta posibilidad de volver al servicio Militar obligatorio, aunque que fuera con una limitación de tiempo de seis meses, sería algo a lo que se opondrían de frente porque, para ellos, lo que les interesa es lograr un lumen de gente sin trabajo, en la miseria o enganchados en partidos políticos extremos, en los que aprender a sembrar el caos en las calles, en destrozar mobiliario urbano y atacar con piedras y otros instrumentos contundentes a las fuerzas del orden.

Claro que es más fácil gobernar sin crearse problemas, sin enfrentarse a los opositores, buscando acuerdos a los que nunca se llega o cediendo, una y otra vez, para no tener que sufrir las huelgas, manifestaciones, algaradas o escarches. Pero, señores, con una mayoría absoluta como la que han dispuesto los del PP, con las posibilidades de haber transformado España en una nación mejor, potenciando la Justicia, arrancando la lacra de la corrupción, venga de donde venga, y librando al país de toda la escoria que sigue empeñada en acabar con él, mediante una política firme, sin concesiones y dedicada a potenciar la Constitución sin flaquezas ni favores a la galería, actuando contra las minorías gritonas que se manifiestan en las calles pero que todos sabemos que no representan más que a una pequeña parte de la ciudadanía que, en su mayoría, lo que quiere es vivir en paz en una nación donde exista el orden, la ética, el respeto por las libertades y las posibilidades de ganarse la vida honradamente. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, queremos denunciar la decadencia de nuestra nación.

HOJA DE RUTA DEL DIRECTOR
Recetas para frenar la irresistible ascensión de Podemos
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO El Mundo  7 Septiembre 2014

La encuesta publicada por EL MUNDO el pasado domingo puso de manifiesto un hecho relevante: Podemos tiene todas las papeletas para convertirse en la tercera fuerza política española, desbancando con claridad a IU y acercándose peligrosamente al PSOE.

Desde el hundimiento de la UCD no se había producido un terremoto político de tal intensidad en el esquema de partidos en España. El liderazgo del PSOE en la izquierda, indiscutido desde las primeras elecciones tras la muerte de Franco, ahora está en cuestión. Y lo más increíble de todo es que el seísmo lo ha provocado una organización que aún no funciona como un partido y que nació ¡en diciembre de 2013!

Uno de los principales errores que han cometido los partidos clásicos -la casta, en la terminología de Podemos- ha sido subestimar la potencia del movimiento, ridiculizando a sus líderes. Frikies, el Coletas y su banda, y cosas por el estilo se han dicho de Podemos y de su líder, Pablo Iglesias, con un tono de superioridad que no ha hecho más que engrandecer su influencia entre la juventud.

En lugar de analizar a qué se debe que más de un 21% de los españoles (según Sigma Dos) votaría hoy por una marca desconocida hace tan sólo un año y de preguntarse el porqué, la mayoría de los políticos, de izquierda y de derecha, se ha limitado a mirarles por encima del hombro.

Recibo en mi despacho a Juan Carlos Monedero, portavoz de Podemos, la figura más representativa del movimiento junto a Iglesias. Monedero es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, se doctoró en Heidelberg, pasó seis años en la Venezuela de Chávez y ha militado durante años en IU.

Le pregunto cómo se explica él la imparable ascensión de Podemos: «La primera razón está en la arrogancia de los partidos y los medios de comunicación. Nosotros estamos cerca de los jóvenes, sabemos lo que piensan... La cuestión es que tus hijos -me dice- me escuchan a mí y no a los dirigentes de los viejos partidos».

Un poco arrogantes, hay que reconocerlo, sí que hemos sido. Ninguno nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo. Pensamos que el 15-M, movilización ciudadana de la que Podemos es consecuencia política, se había disuelto como un azucarillo en un vaso de agua. No supimos apreciar que en la Puerta del Sol había nacido algo nuevo que no tenía nada que ver con lo que habíamos vivido en los últimos 35 años.

Como dice el propio Monedero en su libro Curso urgente de política para gente decente: «Las revoluciones sólo son posibles cuando han operado previamente cambios en las mentalidades».

El caldo de cultivo para Podemos estaba en ese cambio de mentalidad de los jóvenes -fundamentalmente universitarios- insatisfechos con un sistema de partidos que no garantizaba «ningún cambio esencial» con su alternancia en el poder.

El otro elemento sustancial para entender el auge de Podemos es la larga y profunda crisis económica. Una crisis que ha condenado a cientos de miles de jóvenes al paro y al subempleo y que, incluso, les ha expulsado del país.

Una crisis repartida de forma muy desigual. Con directivos que se embolsan indemnizaciones millonarias mientras sus empresas se hunden y recortan salarios. Con figuras relevantes del mundo empresarial y de la banca que son un ejemplo de codicia y delincuencia de guante blanco.

El tercer factor que ha hecho fuerte a Podemos, quizás el más importante, ha sido la corrupción. En un mismo momento, tenemos sobre la mesa el caso Gürtel, los ERE y el escándalo de la familia Pujol. Parece que no hay quien se salve.

La reacción de los partidos ante casos tan flagrantes de corrupción ha sido pusilánime, cuando no cómplice. «Unos se han cubierto a otros», esa es la sensación que tienen muchos ciudadanos.

Por eso, ha sido fácil para Podemos bautizar como casta a los líderes de los partidos, a los jueces, e incluso, a los medios de comunicación (alguno de los cuales han preferido mirar para otro lado).
Dice Monedero en el libro ya citado: «Hay que agitar el discurso como quien lanza un panal de avispas dentro de un confesionario».

¿Y sus propuestas? «Bueno, eso ahora es lo de menos». Le insisto a Monedero; resumo alguna de sus ideas: «Habría que hacer una quita de la deuda... Tal vez expropiar algunas empresas energéticas y bancos. Ir hacia un modelo como el de los países nórdicos, pero sabiendo que el capitalismo financiero ya no da más de sí».

Tampoco los bolcheviques tenían muy claro lo que querían hacer (de hecho dieron bandazos como la revisión de la NEP a los pocos años de tomar el poder), pero eso no importó. Hicieron la revolución porque capitalizaron el descontento prometiendo un paraíso que luego fue un infierno.

Claro que hay que desmontar sus propuestas. Claro que no se sostienen y que llevarían a España a la ruina. Pero con eso no se frenará a Podemos.
La única forma de evitar que se conviertan en un partido determinante es eliminar las causas que les han hecho fuertes.

Porque ellos no han logrado millones de votos por lo que proponen, sino por lo que critican.
Si no se produce, en serio, una profunda regeneración de la vida política, Podemos será cada vez más fuerte.

Si los partidos tradicionales no expulsan a los corruptos y los llevan ante los tribunales, Podemos será cada vez más fuerte.
Si las diferencias salariales continúan aumentando, si no hay un reparto justo de los sacrificios, si unos se lo llevan mientras a otros se les recorta, Podemos será cada vez más fuerte.

Si no escuchamos a los jóvenes, si no les damos voz, si despreciamos sus opiniones, Podemos será cada vez más fuerte.
Hace unos días, Pedro Sánchez, el valeroso líder del PSOE, me decía: «Para ganar al PP, tenemos que ganar a Podemos». Estoy totalmente de acuerdo.

Pero, para hacerlo, Sánchez debe hacer una revisión a fondo de los usos y costumbres de su partido. Debe ponerse a la cabeza de la regeneración, trabajar con una agenda ilusionante que atraiga a los que creen que la política es la solución y no el problema.

Lo que ha matado a IU no han sido sus propuestas, muchas de las cuales ha asumido sin complejos Podemos, sino el aparato. Cayo Lara no se ha dado cuenta de que las viejas prácticas del PCE ya no sirven.

Por eso, cuando le pregunto a Monedero por IU, su respuesta es: «¿Su futuro? Desaparecer o convertirse en un pequeño partido insignificante».
Si el PP no toma nota, pronto se encontrará con que sus votantes o son jubilados o están al borde de serlo.
casimiro.g.abadillo@elmundo.es

Cataluña
El oasis salta por los aires
Sabino Méndez. La Razon  7 Septiembre 2014

Después de ocho años fuera de aquí, me he encontrado en la circunstancia de volver a vivir en Cataluña justo cuando mi llegada coincidía con la controversia del referéndum independentista. Si lo que deseaba era tranquilidad, está visto que el don de la oportunidad no rige mi vida. Una semana después de aterrizar en mi nuevo domicilio, Jordi Pujol aparece en televisión huyendo de las cámaras, después de escribir una carta autoinculpándose de haber defraudado al fisco durante prácticamente casi toda su tarea de gobierno. Obviamente, cualquier comparación con el proceso de Escocia queda automáticamente dinamitada porque, que se sepa, el prócer escocés que lo promueve, Alex Salmond, no tiene a sus espaldas un escándalo de tal magnitud; uno de los fraudes más importantes que haya protagonizado un político europeo encargado de una labor gubernamental en los últimos tiempos.

Lo que se derrumba, como una estructura que estaba ya largamente tocada y apolillada, es el prestigio del nacionalismo como una manera diferente de hacer las cosas. Si hubiera que definir en dos palabras la temperatura en este momento de la sociedad catalana media (esa que no es ni rica ni pobre, ni radical ni extremista) los dos sustantivos serían incertidumbre y desconcierto.

Es cierto que, durante mi adolescencia, el nacionalismo catalanismo fue percibido por gran parte de la población de la región como una fuerza de progreso. Bastaba que se opusiera a la dictadura para tener un afidavit de progreso y de mayor modernidad. Se decía que el desarrollismo de la última etapa del franquismo había destrozado la costa catalana, que sus estructuras poco democráticas eran un refugio para la pereza y la inoperancia. Catalanes autóctonos e inmigrantes colaboraron todos en buscar una salida al totalitarismo. Al llegar el catalanismo al poder por vías democráticas, pronto se comprobó que el destrozo costero seguía al mismo ritmo, con operaciones de obras públicas muy poco claras, y se empezaron a levantar las primeras voces que avisaban del riesgo de totalitarismo que subyace en cualquier nacionalismo. Pero a los catalanes nos ha costado entender que lo qué te hace demócrata no es cómo llegas al gobierno, sino lo que haces cuando estás en él. Las voces que criticaban el nacionalismo fueron creciendo con los años y ahora son ya un clamor soterrado, incluso entre los propios independentistas. Quién más, quién menos, secesionistas incluidos, reconocen ahora que el oasis de las últimas cuatro décadas consiste en realidad en una mafia de ley del silencio. Todo el mundo conoce algún caso de corrupción más cerca o más lejos y se empieza a temer que, en un panorama tan tóxico como ése, cualquier referéndum o proceso secesionista nacerá ya desprestigiado de cara al extranjero.

A las dos semanas de mi llegada, soy convocado a un debate en el corazón del agro independentista y, a pesar de que voy a ser la única persona contraria el referéndum invitada (entre cinco ponentes, hasta el moderador es nacionalista), decido ir porque recuerdo que el gran T. E. Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia) decía en su libro Rebelión en el desierto que sólo los hombres mezquinos tienen la destructiva tendencia de negar la honestidad de las posturas de sus contrarios.

La asistencia me sirve para constatar que se ha abierto una gran vía de agua en la línea del flotación del relato nacionalista. A saber: para el nacionalismo era muy importante crear y mantener la dicotomía nosotros-vosotros, catalanes-españoles, independentistas-unionistas. Era capital para el pensamiento nacionalista mantener prietas las filas en torno a ese relato porque le permitía justificar hasta las conductas más delirantes. Pero ya han aparecido las grietas y esa falsa dicotomía ha saltado por los aires. Ahora hay catalanes que se sienten españoles, nacionalistas que roban a sus paisanos, independentistas que afirman querer la secesión pero no sentirse nacionalistas, etc. El desconcierto es general, el abanico de posibilidades es amplio y el mito del choque de trenes pierde fuerza porque ya no hay dos trenes sino una multitud de ellos. Bien pensado, mis coetáneos podían haberse dado cuenta antes de esa circunstancia sólo con mirar la composición del Parlamento regional en los últimos diez años. No había dos fuerzas sino, como mínimo, siete. Y si es cierto que en las próximas elecciones desembarcan, como dicen, los de Pablo Iglesias, ya serán ocho. De darse algún choque de trenes, será el de Artur Mas contra la realidad, pero los catalanes ya no estamos a estas alturas para collonades como las de Macià y Companys que, como casi siempre en estas tierras, correspondían a fracasos estrictamente personales.

La independencia está, pues, ahora, desnuda frente al espejo y debe sopesar exactamente cuál es su propia imagen y proyecto. Con los mimbres que por aquí se ven, no me gustaría estar en su lugar.

Cualquier iniciativa armada sobre el EI va a exigir un intenso trabajo diplomático previo
Estado Islámico: ¿quién le pone el cascabel al gato?
José Javier Esparza www.gaceta.es  7 Septiembre 2014

El grupo terrorista yihadista ha convertido Irak en una orgía de sangre y esclavitud. La ONU, la OTAN, la Santa Sede, los gobiernos… todos llaman a “hacer algo”. Sin embargo, nadie parece saber qué es lo que hay que hacer. Ni cómo. Ni cuándo.

Todo el mundo (o casi) está de acuerdo en que hay que acabar con el estado islámico, ese grupo terrorista yihadista que se ha adueñado del noroeste de Irak convirtiéndolo en una verdadera orgía de sangre y esclavitud. La ONU, la OTAN, la Santa Sede, nuestros gobiernos… todos llaman a “hacer algo”. Sin embargo, nadie parece saber qué es exactamente lo que hay que hacer. Ni cómo. Ni cuándo.

Este viernes la OTAN ha decidido emprender una acción militar contra el Estado Islámico. Pero quien ha tomado esta determinación no ha sido propiamente la OTAN, sino un grupo de diez países miembros (más Australia) liderado por los Estados Unidos, y no en el marco institucional de la Alianza Atlántica, sino más bien en paralelo a ella. “Coalición base”, ha llamado a este grupo el secretario de Estado norteamericano John Kerry. Por otro lado, lo que la Coalición Base ha propuesto es, sí, una acción militar, pero no ejecutiva ni inmediata: el grupo ha asumido el compromiso de diseñar una estrategia de acción militar contra el Estado Islámico para trasladársela al Consejo de Seguridad de la ONU a finales de este mes de septiembre, cuando toca reunión ordinaria. Será la ONU quien decida.

La ONU, por su parte, también ha condenado sin ambages a los yihadistas, pero, al igual que la OTAN, se ha tentado mucho la ropa antes de lanzarse a una declaración de guerra. Incluso la Santa Sede, que por boca del papa había evocado el inapelable principio de la “guerra justa”, ha moderado últimamente sus posiciones a través del secretario de Estado, el cardenal Parolin, que en estos días subrayaba la necesidad de alcanzar una solución pacífica. Extraña tanta prudencia. Y sin embargo, hay buenas razones.
Menear un avispero

Primero y ante todo: las experiencias de Afganistán y, sobre todo, Irak han demostrado los innumerables inconvenientes de una intervención militar sobre el terreno por parte de contingentes extranjeros. Los ejércitos de Estados Unidos y de Europa pueden ganar guerras, pero después hay que convertir la victoria bélica en victoria política, y aquí es donde las iniciativas de los últimos años han fracasado de manera patente. En Afganistán ha sido imposible levantar un orden político estable y en Irak se nada en pleno caos. Los resentimientos que la derrota deja en la población civil terminan traduciéndose tarde o temprano en insurgencia y terrorismo. Nadie duda de que una coalición internacional podría barrer del mapa –por complicada que sea la orografía del lugar- a una milicia irregular, pero el verdadero problema empieza después: ¿Quién se queda sobre el terreno? ¿Qué se pone en el lugar del poder derribado? ¿Quién protege a la población? ¿Quién vigila para que entre los vencidos no surja una resistencia violenta? Esto no puede hacerlo un extranjero sin crear nuevos problemas. Por hablar de la fragilidad de la opinión pública occidental.

Si los ejércitos extranjeros no pueden intervenir como protagonistas en la región, sino que su papel debe ceñirse a dar cobertura a ejércitos locales, ¿a quién elegir como socio sobre el terreno? En el caso del Estado Islámico, los socios naturales para la intervención serían Irak y Siria –los territorios implicados-, pero ambos quedan descartados de entrada por su propia situación. El Irak de la posguerra es poco menos que un estado fallido, escindido entre el suroeste chií, el norte kurdo y el confuso oeste suní donde el yihadismo tiene su feudo. En cuanto a Siria, el país está hundido en una guerra civil estimulada por Occidente y alimentada por las monarquías petroleras del Golfo, guerra donde el arma contra el régimen de Bachar al-Asad son precisamente las milicias islamistas de las que ha nacido el Estado Islámico. O sea que Irak y Siria son el problema más que la solución. ¿Y entonces?
Saudíes e iraníes

Arabia Saudí ha sido la primera potencia regional en poner sus bazas encima de la mesa: quiere ser ella la que lidere la acción contra el Estado Islámico. Arabia, recordemos, ha sido uno de los principales apoyos de las milicias de oposición a Asad en Siria. Por consiguiente, no carece de responsabilidad en el nacimiento de Estado Islámico. Pero si ahora anuncia su interés en participar en esta operación no es por complejo de culpa, sino porque una intervención decisiva en el escenario iraquí convertiría a los saudíes en la potencia indudablemente hegemónica en la región. Para el resto del mundo, la propuesta es muy apetecible: Arabia Saudí es el solar originario del Islam, goza de una evidente autoridad en su entorno cultural, es la cabeza del islam suní (aspecto nada desdeñable en un momento en que suníes y chiíes andan a la gresca), y al mismo tiempo ha sido un aliado relativamente fiable de los anglosajones desde hace más de medio siglo. El gobierno saudí estaba últimamente muy molesto porque las circunstancias habían llevado a los Estados Unidos a acercarse a Irán (y viceversa). Una intervención multinacional contra el Estado Islámico, con protagonismo árabe, devolvería sin duda a los saudíes un papel primordial en Oriente Medio.

Ahora bien, Irán también tiene sus bazas que jugar. De hecho, este mismo viernes anunciaba su intención de cooperar con la operación contra el Estado Islámico. Irán tiene una larga y tortuosa frontera con Irak, luego el asunto le concierne directamente. Irán es una república islámica, lo cual le confiere cierta autoridad en el mundo musulmán, pero es un Estado sólido que se parece muy poco al demencial califato yihadista, en el que Teherán sólo ve un peligro. Irán es chií, como todo el suroeste de Irak, y sus relaciones con el gobierno iraquí post-Sadam son muy estrechas (incluso ahora, cuando ya no está el chií al-Maliki al frente de Bagdad), mientras que el Estado Islámico es suní. Irán se halla en plena negociación con los Estados Unidos para dotarse de energía nuclear y necesita oportunidades para demostrar que puede ser un socio fiable. Sobre todo: si Irán consiguiera jugar un papel relevante en este conflicto, se revestiría de una enorme legitimidad ante un orden internacional que hasta ahora ha considerado al país de los ayatolás poco menos que como un apestado. De manera que Teherán no quiere dejar pasar este lance sin postularse como parte de la solución.

Tal y como va configurándose el escenario, y a la espera de lo que decida el Consejo de Seguridad de la ONU a finales de este mes, parece bastante viable la formación de una coalición internacional con la bendición americana (la bendición y los aviones) y, sobre el terreno, una fuerza militar íntegramente musulmana que ocupe el territorio, aniquile a los yihadistas del Estado Islámico, devuelva el control del noroeste del país al gobierno de Bagdad e incluso garantice el orden durante los años siguientes bajo supervisión de Naciones Unidas. Ese sería seguramente el guión deseable para Washington, que ya no puede permitirse avisperos como el de Irak y Afganistán. Nadie ignora, sin embargo, que el plan tiene sus inconvenientes. Para empezar, Irán y Arabia Saudí se profesan un odio nunca desmentido, de modo que es inconcebible una cooperación arma en mano. Además, tanto árabes como iraníes ofrecen garantías limitadas: los primeros llevan años financiando –bien que no institucionalmente- a todos los movimientos yihadistas del mundo suní, y los segundos no han renunciado nunca a su proyecto de extender el islamismo por todo el mundo. ¿Quién se arriesgaría a entregarles el control de Irak, que sigue teniendo la tercera reserva petrolífera del mundo?

Este último punto, el del petróleo, merece unas palabras, porque precisamente la venta del petróleo robado está siendo la principal fuente de ingresos de las milicias yihadistas, incluido Estado Islámico. El pasado mes de junio –entre el 15 y el 19- se celebraba en Moscú el congreso anual de las compañías petroleras. Allí se supo que el petróleo robado en Siria por la milicia suní de Al Nusra lo está comercializando Exxon-Mobil, empresa de Rockefeller que opera en Qatar. ¿Y el crudo del que se ha apoderado Estado Islámico? Éste lo vende la compañía Aramco (Arabian American Oil Co.). El capital de Aramco es íntegramente saudí desde 1988, pero sus lazos con el sector petrolero americano no son un secreto para nadie. Lo cual, por cierto, explica por qué el problema del Estado Islámico se le ha ido al mundo de las manos.

En este contexto, cualquier iniciativa armada sobre el Estado Islámico va a exigir un intenso trabajo diplomático previo. Aunque casi todo el mundo esté de acuerdo en la necesidad de poner fin a esa orgía de sangre en nombre de Alá, nadie está seguro de poder calcular las consecuencias. El Estado Islámico, por supuesto, lo sabe. Y seguirá explotado esta circunstancia para apretar aún más su lazo de muerte sobre su demencial califato.

Proclamación del califato de Irak y Levante
España, a tiro de la yihad
Eduardo García Serrano www.gaceta.es 5 Septiembre 2014

La reivindicación islamista sobre Al Andalus no es una bravuconada, es un objetivo prioritario e irrenunciable de la yihad, la guerra santa del islam. En Gaceta.es explicamos sus orígenes y sus "razones" históricas

Las atrocidades que las hordas de Abu Bakr al Bagdadi, autoproclamado califa de Irak y Levante, están prepetrando en lo que han dado en llamar califato islámico, están provocando el espanto en Occidente pero también el magnetismo atávico de algunos ciudadanos europeos que hacen apostasía de su civilización y se pasan al yihadismo con la característica furia del converso y, lo que es más importante para los islamistas, con información, con mucha información. Sin duda, el paradigma de estos conversos es el de la ciudadana británica de pura cepa, Sally Jones, ex cantante de rock que ahora se hace llamar Sakinah Hussain y que ha mostrado a cámara su incontenible deseo de "decapitar con un cuchillo sin afilar a cuantos infieles pueda". Al igual que Osama Ben Laden, el califa Abu Bark al Bagdadi y sus visires yihadistas finalizan todos sus vídeocomunicados mencionando a España como la tierra prometida en Occidente del islam universal. La promesa de reconquistarla no es una bravuconada. Es un compromiso político, militar y religioso de la guerra santa musulmana: la yihad.

¿ Por qué España es un objetivo prioritario para el yihadismo islamico, cuya principales armas son el dinero y el terror frente al anonadamiento europeo ? Trataremos de explicarlo en Gaceta.es. La insidiosa Reconquista, como despectivamente la calificó esa luminaria intelectual de Occidente que es Juan Luis Cebrián, es el origen y el detonante.

España es un objetivo largamente acariciado, un ideal permanentemente desvelado y una venganza cinco siglos aplazada para la práctica totalidad de los súbditos, especialmente para los más fanatidados, de esa nación espiritual que realmente es el Islam. España, Al Andalus, vive en sus oraciones y en su imaginario colectivo como el jardín del que fueron expulsados, tras siete siglos de dominación, 39 años después de que cayera en sus manos Constantinopla, la segunda Roma, "la ciudad protegida por los dioses" que la Europa cristiana fue incapaz de socorrer. El 29 de mayo de 1453 el sultán Mehmed II entró a sangre y fuego en Constantinopla provocando la caída del Imperio Romano Oriental. Los ejércitos del sultán se apoderaron también de Serbia y Morea, de Albania, de la mayor parte de Bosnia y de Trebisonda, último vestigio del Imperio Bizantino. Las tropas de Mehmed II llegaron aún más allá, hasta las factorías genovesas del Mar Negro y hasta Crimea, donde el Kan de los tártaros acabó arrodillado en suplicante vasallaje ante Mehmed II el Sultán de los dos Continentes.

En los 39 años que median entre la caída de Constantinopla (1453) y la conquista de Granada (1492) el Islam mantuvo cerrada y en su poder la tenaza mediterránea de levante a poniente, desde el Bósforo hasta el Atlántico, pero los Reyes Católicos rompieron el cerrojo occidental expulsando de España al último representante de la dinastía nazarí justo en el momento en que Mehmed II señoreaba todas las posesiones de Venecia en el Mar Egeo, y cuando se aprestaba a asaltar Italia "para que sus caballos abrevaran en el Tíber". La culminación de la Reconquista, además de la expulsión de los musulmanes de Al Andalus, representa el fin de la hegemonía islámica, es la empresa geopolítica y militar más importante de Europa que abrió los caminos de la expansión universal del Occidente Cristiano. Ellos no lo han olvidado. Nosotros, sí. Ellos lo recuerdan a diario en sus oraciones y en sus vídeocomunicados, como Osama Ben Laden y el califa de Irak y Levante que acaba de decir que España es un objetivo prioritario de la yihad porque "Al Andalus es la tierra de nuestros abuelos y vamos a abrirla, si Dios quiere, con el poder de Alá".


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Las cobardías
Fermín Bocos www.estrelladigital.com  7 Septiembre 2014

A moro muerto, gran lanzada. El temeroso o el cobarde espera a ver la caída del caballo antes de dar el paso. El paso que, dado a tiempo, habría puesto muchas cosas en su sitio evitando situaciones dañinas para el interés del país. Ahora que se están aireando las andanzas delictivas de Jordi Pujol (él mismo declaró que llevaba 34 años sin acordarse del Fisco) y hasta los más irreductibles de CiU han sentido la vergüenza que suponía mantener la impostura del mito del "molt honorable", es cuando hemos sabido que utilizaba a los "Mossos de Esquadra" para llevar las bolsas de la compra y sacar a pasear por la noche a sus perros. ¿Por qué el sindicalista que lo cuenta ahora, no lo denuncio antes?

El pasado martes, Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, reveló en el Congreso que la Agencia Tributaria llevaba 14 años investigando las cuentas de los Pujol, ¿por qué la Inspección no actuó en consecuencia? La respuesta hay que buscarla en el papel de CiU como partido bisagra. Favor parlamentario a cambio de favores de naturaleza variable. Hace cuatro años se publicó que Artur Mas Barnet, el padre de Artur Mas, tenía en un banco de Liechtenstein una cuenta opaca al Fisco de la que era beneficiario su hijo. Su DNI figuraba entre la documentación remitida a las autoridades judiciales españolas.

¿Por qué cuando la investigación estaba cosechando pruebas el trabajo de la Fiscalía entró en vía muerta? Zapatero que empezó su galáctico camino diciendo que haría suyo lo que decidiera el "Parlament" de Cataluña en relación con el "Estatut" se acollonó al descubrir que había abierto la puerta a la barra libre extra constitucional y trató, cuando ya era tarde, de frenar la cosa. Necesitaba a Mas para aminorar daños y Mas necesitaba que el asunto de Liechtenstein desapareciera de los juzgados.

A la postre, como sabemos, aquella cobardía -no seguir con la investigación- no sirvió para parar la bola de nieve separatista. Las cobardías remiten a intereses políticos o a los negocios. Algunos de los medios de mayor influencia en Cataluña todavía no han encontrado el momento para condenar en sus editoriales el proceder delictivo Jordi Pujol ¿Por qué? ¿Tendrá que ver con las expectativas de adjudicación de nuevas concesiones por parte del gobierno de la "Generalitat? En Cataluña, como en el resto de España, los barones de la comunicación marcan los términos del debate social y a algunos de ellos le acaban de conceder un buen puñado de licencias de radio. De estas y de otras cobardías de las que iremos teniendo noticia, procede el mal político de fondo del que adolece España. Corrupción, es la palabra.

Un pacto que permitió a Pujol robar durante más de 30 años
Jesús Cacho www.vozpopuli.com  7 Septiembre 2014

España ens roba. Nosotros no robamos. Este es el edificio de cartón piedra que se ha venido abajo con estrépito. Resulta que quien robaba a los españoles era el pretendido fundador de una dinastía familiar diseñada para reinar sobre la “República Independiente del 3%”, dinastía de la cual el señor Mas era y es apenas un testaferro, un hombre de paja llamado a calentar el sillón al hereu de don Jordi, otro Pujol de segundo Ferrusola.

Resulta que Jordi Pujol y su altiva esposa, Marta Ferrusola, se declararon "pensionistas" y "españoles" para abrir sus cuentas en paraísos fiscales, como reflejan los documentos remitidos a la Audiencia Nacional por el Banco Madrid y la Banca Privada d'Andorra. Los padres de la patria catalana (“Cuidado con Marta, que esa es la peor, la más nacionalista”, decía Terradellas a poco de regresar a España) no tienen empacho de declararse unos españolazos cuando de hacer dinero se trata. Una cosa es la ideología y otra la buchaca. Lo contaba aquí el viernes Javier Ruiz. Las declaraciones de la renta de una pareja a la que se supone dueña de una fortuna de cientos de millones de euros, les salieron a devolver durante varios ejercicios. Así, la Ferrusola se embolsó 2.100 euros por la correspondiente al ejercicio 2013, mientras que tres de sus hijos –Pere, Marta y Mireia Pujol Ferrusola- se llevaron del erario público un total de 10.558,96 euros como consecuencia de declaraciones de IRPF igualmente negativas.

Es un ejemplo más de la manipulación mostrenca que de los sentimientos de muchos catalanes ha hecho en los últimos 40 años esa elite de derechas que, después de haber robado a manos llenas durante décadas, decidió romper con España para poder disponer de Estadito propio en el que campar por sus respetos sin el riesgo de ser perseguidos por una Justicia y una Hacienda más o menos independientes. Realmente si el drama del secesionismo catalán no fuera un juego peligroso en tanto en cuanto pone en peligro la paz y prosperidad de millones de familias, habría que tomarlo en clave de chanza, como una especie de ópera bufa en la que cualquier tipo de situación abracadabrante puede tener cobijo. Justo una semana antes de la Diada del 11 de septiembre, el Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC), el soviet que controla todo lo que se escribe o emite en Cataluña, adjudicó 22 nuevas licencias de radio. La principal beneficiaria fue Radiocat XXI, sociedad perteneciente al Grupo Godó, editor de La Vanguardia, mientras que un tal Sistema Català de Radiodifusió obtuvo seis licencias. Se trata de una empresa controlada por Miguel Calzada, un charnego reconvertido al nacionalismo que ahora se hace llamar Miquel Calçada, un antiguo payaso de la tele conocido como Mikimoto a quien su amigo Artur Mas ha nombrado “comisario de los actos del Tricentenario de 1714” que organiza la Generalidad.

Calçada, uno de los exponentes más mediáticos del proyecto secesionista, ha estado vinculado a TV3 durante toda su vida y ha construido de la nada, ya me entienden, una importante red de emisoras de radio entregada de hoz y coz a la defensa del separatismo, red que sobrevive gracias a las generosas subvenciones que recibe de la Generalidad. Es la esencia del proyecto nacionalista: a los amigos, el culo; a los enemigos, por el culo, y a los indiferentes la legislación vigente. Otro de los agraciados con dos nuevas licencias ha sido el dueño de Radio Tele Taxi, el locutor y empresario Justo Molinero, otro catalán de pura cepa como su nombre y apellido indican, y uno de los personajes mediáticos que con mayor contundencia se ha posicionado en los últimos años en favor del referéndum y de la independencia de Cataluña.

Pertrechado de un generoso presupuesto, el comisario Calzada o Calçada se encarga de poner a punto los actos conmemorativos de 1714, aquella guerra que fue de sucesión y que el nacionalismo cerril quiere convertir en secesión, -total, por una letra de nada-, de la mano de otro showman, otro payaso famoso en su día, de nombre Toni Soler, a quien el Ayuntamiento de Barcelona ha nombrado también responsable de la programación municipal para conmemorar la caída de la ciudad en manos de las tropas de Felipe V. El gran éxito de Soler ha sido un programa de sátira política denominado Polònia (ya saben, los madrileños chelis que no entienden el catalán suelen tildar a los catalanes de “polacos” cuando están en el bar con la gamba en la mano). Que dos estómagos agradecidos al servicio de su amo, dos humoristas como los citados se encarguen de los actos conmemorativos del 300 aniversario del 11 de septiembre de 1714 resulta una espléndida metáfora de la esencia de esa ideología reaccionaria basada en la manipulación de la Historia a la que se apuntan los incautos del barrio y que la terrible autoconfesión de papá Pujol, el padre de la patria catalana que durante 30 años robó y estafó a Hacienda sin rubor, ha hecho saltar por los aires.

Un terremoto. Porque las bases ideológicas de ese catalanismo de derechas –que la izquierda catalana ha hecho suyo sin rubor- devenido en secesión se asentaban sobre los pilares de un planteamiento xenófobo y clasista según el cual nosotros, los de la barretina, estamos hechos de otra pasta, procedemos de otra veta, nacemos con más quilates, salimos de fábrica con virtudes de las que ustedes, andaluces, gallegos, murcianos y gente de la Castellanía en general, carecen. Ustedes son indolentes, infiables, deshonestos. Ustedes viven a nuestra costa. España ens roba. Nosotros no robamos. Este es el edificio de cartón piedra que se ha venido abajo con estrépito. Resulta que quien robaba a los españoles era el pretendido fundador de una dinastía familiar diseñada para reinar sobre la “República Independiente del 3%”, dinastía de la cual el señor Mas era y es apenas un testaferro, un hombre de paja llamado a calentar el sillón al hereu de don Jordi, otro Pujol de segundo Ferrusola.

El caso Pujol y la responsabilidad de los Gobiernos de Madrid
Lo que nadie ha dicho es que el “caso Pujol” -en realidad, el “caso Convergencia”-, no solo ha destruido el trampantojo ideológico levantado por esa burguesía de derechas que, uniendo traición a desvergüenza, ha pretendido romper la baraja después de haberse enriquecido, sino que ha puesto en evidencia el fracaso del Estado en Cataluña, la conducta dolosa de los Gobiernos de una dizque democracia española que han renunciado a defender los derechos y libertades individuales de aquellos ciudadanos que, sintiéndose catalanes, se sienten también españoles y se niegan a embarcarse en la aventura secesionista. Un caso sin precedentes en cualquier moderno Estado europeo de dejación de responsabilidades. Porque nada de lo ocurrido en Cataluña podría entenderse sin la desidia del Estado, sin la voluntad expresa de los Gobiernos centrales de levantar el campo de Cataluña, tierra quemada abandonada a los designios de una burguesía dispuesta a enriquecerse sin cortapisas que, cuando se ve cercada por el escándalo, pretende romper la baraja aprovechando el estado de postración de una España carcomida por la crisis. Lo hemos dicho muchas veces: el de Cataluña es un problema de corrupción de sus elites y de deterioro de algunas libertades individuales básicas. Un problema, como el del resto de España, de calidad democrática.

Cada vez gana más peso la sospecha de que el latrocinio de la familia Pujol, en particular, y el comportamiento mafioso de una CiU convertida durante décadas en una eficaz gestoría de negocios privados, en general, forma parte de un pacto no escrito suscrito entre los distintos Gobiernos centrales y el nacionalismo catalán, por el cual el Estado cerraba los ojos ante las travesuras de los convergentes, a cambio de que cada cuatro años, o cuando fuera menester, CiU apoyara en Madrid los Gobiernos de PSOE o PP si quedaban en minoría en el Parlamento. En otras palabras, que el Estado permitió robar a Pujol durante 30 años a condición de que el partido de Pujol operara como bisagra capaz de asegurar la gobernabilidad del país. Exactamente lo mismo ocurrió con el rey Juan Carlos I. Afana el Rey, afanemos todos. El establishment lo sabía, y naturalmente los servicios de inteligencia a las órdenes de Moncloa. Se explica así la alucinante aparición en escena de un Felipe González que, caído del guindo, pone en duda la corrupción de Pujol. ¿La venda antes de la herida? Pocas dudas hay de que los presidentes que del Gobierno han sido deberían dar a los españoles alguna explicación sobre lo ocurrido en/con Cataluña a partir de 1978.

Lo que no estaba en el guion era la decisión del pujolismo de romper la baraja en un momento dado y abrazar la independencia. En ese momento, la maquinaria del Estado se pone en marcha. Ningún gran Estado europeo moderno puede permitir impunemente la partición de su territorio simplemente por dar gusto al capricho de un nacionalismo ladrón. No hay, por eso, ninguna posibilidad de que el independentismo catalán se salga con la suya. Cuenta el Estado con armas más que suficientes para hacer abortar el intento. Todo consiste en que el Gobierno de la nación quiera hacer uso, siquiera parcial, de los muchos recursos –legales, materiales y humanos- de que dispone. “Lo del independentismo en Cataluña no es normal, no tiene sentido. Las separaciones ocurren en época de guerras, de epidemias, de sufrimiento, no en momentos de paz… Pero la democracia a veces es muy estúpida y permite que ocurran cosas estúpidas”, aseguraba ayer en estas páginas el hispanista británico Henry Kamen. Más que estupidez, lo de los Gobiernos de la democracia ha sido dejación dolosa para con unos ciudadanos manipulados hasta la náusea por un nacionalismo de payasos, con la pertinaz ayuda de unos medios de comunicación subvencionados.

Societat Civil Catalana por la reconciliación
Parece que el Estado se lo ha tomado en serio. El ministro Montoro dio esta semana en el Congreso una prueba de ello al describir con la contundencia debida –que ha provocado el desgarre de vestiduras de los acomplejados y cobardes de siempre- el que quizá sea el mayor escándalo registrado en la democracia española, y hemos conocido unos cuantos. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de Mariano Rajoy? De momento, y en vísperas del 11 de septiembre, lo que no hace el Estado en Cataluña la está haciendo gente tan sacrificada como la que integra Sociedad Civil Catalana (SCC). Un día antes, la asociación que preside José Ramón Bosch llevará a cabo un acto de reconciliación ante la tumba de Rafael Casanova en la iglesia de Sant Baldiri de Sant Boi de Llobregat. Un acto presidido por un claro propósito de concordia en el que los hombres de SCC estarán acompañados por representantes de los bandos en lucha: Luis María Gonzaga de Casanova-Cárdenas y Barón, descendiente directo de Casanova, que acudirá junto a su mujer, Monika de Habsburgo-Lorena, hija de Otto Habsburg-Lothringen, hijo a su vez del último emperador de Austria y descendiente del archiduque Carlos durante la guerra de sucesión; Carles de Veciana i Batlle, descendiente de Pere Antoni Veciana, que tomó parte en la guerra en el bando borbónico y fue el primer jefe de los Mossos d’Esquadra en 1719 (pues sí, resulta que los Mossos son la policía creada por Felipe V para perseguir a los austriacistas), y finalmente Manuel de Bofarull, uno de los descendientes del que fuera titular del nicho donde se encuentran los restos de Casanova. El mismo día 11, SCC llevará a cabo otro acto, esta vez en Tarragona, bajo el lema “Recuperem el seny. Recuperem la senyera”.

El “caso Pujol” ha dejado tocado pero no hundido al movimiento independentista, porque sus efectos para la causa de la razón solo serán perceptibles en el medio y largo plazo. Todo dependerá, desde luego, de que los españoles amantes de una Cataluña dinámica y próspera, dentro de España moderna, igualmente próspera y democrática, se movilicen para desenmascarar la gran mentira del independentismo, empezando por el propio Gobierno de la nación. “El separatisme es una malaltia tan vuitcentista com el nacionalisme i el centralisme. És una malura de la qual no cal gairebé preocupar-se; es va extingint tota sola, com un microbi que ha perdut la virulencia (...) No, res de separatisme. Hem viscut massa centúries junts, hem participat en massa empreses comunes –en massa desastres comuns també- perquè juguem a tornar a barrejar cartes. Hi ha massa trets comuns (...) Catalanitzar Catalunya no vol dir, per tant, restar alguna cosa d’Espanya. Vol dir fer l’Espanya gran, i fer-la digna d'incorporar-se, sense murmuris, reticències o reserves, a una gran Europa”. El párrafo pertenece a Josep Ferrater i Mora, autor de un monumental “Diccionario de Filosofía”. Que así sea.

Cataluña
«Deje el pacto con los enemigos»
Pilar Ferrer. La Razon  7 Septiembre 2014

Una sensación de pánico ante la deriva independentista de Artur Mas y una mirada atenta hacia la plataforma impulsada por Josep Antoni Duran Lleida. Éste es el sentimiento que anida en la sociedad catalana conforme avanzan las fechas hacia la consulta del nueve de noviembre. En los últimos días, numerosos empresarios, en especial pequeños, medianos y autónomos, han hecho llegar un claro mensaje al presidente de La Generalitat sobre la ruptura con Esquerra Republicana, la gran beneficiada por el soberanismo de Convergencia. «Es un error mantener acuerdos con quienes te destruyen políticamente», afirman en estos sectores. Según las mismas fuentes, en los últimos días se han celebrado reuniones muy discretas en los despachos del Palau y, en una de ellas, la frase a Mas fue contundente: «President, deje ya el pacto con los enemigos».

Al mismo tiempo, en estos círculos va calando con mucha aceptación el discurso de centro político de Duran, que ya esbozó en la Escuela de Verano de Unió y en el que trabaja muy activamente: «Un movimiento con alma social». Así lo definen en el entorno del líder democristiano. Es decir, la apuesta por un nuevo centro político desde sensibilidades diversas, integración de personas de cultura cristiana con distinta militancia política, empresarios, profesionales y organizaciones sociales de todo tipo. Dentro de una Cataluña fuerte, capaz de acuerdos responsables, socialmente cohesionada y alejada de la independencia. «Una palabra mágica que no arregla todo», opinan en el entorno del líder de Unió.

El ideario de esta plataforma impulsada por Duran quiere prestar mucha atención a la vertiente social: «Hay sectores que lo están pasando realmente mal, clases medias que no llegan a fin de mes, otros en la pobreza, y a ellos hemos de dirigirnos», aseguran en el equipo del dirigente democristiano. Sin olvidar la crisis política y partidaria. «Hay un afán autodestructivo, la ciudadanía no cree en nosotros, no somos eficaces a los ojos de la gente para resolver los problemas», advierten ante la falta de liderazgos fuertes y el descrédito de la actual clase política. El acento religioso, social y parroquial, tradicional de los partidos democristianos, vertebra este nuevo movimiento de Durán. «Necesitamos recuperar el centro político, estar a la altura y reforzar el espacio que siempre ocupó CIU en la transición», añaden.

En círculos socioeconómicos catalanes no ocultan su gran preocupación por la política de Artur Mas y la nueva cúpula convergente, en manos de ERC, «un partido que recoge los frutos de la crisis sin hacer nada, sin estar en el gobierno», opinan representantes de estos sectores. En ellos subyace una gran alarma por un posible gobierno de Esquerra, incluso con otras fuerzas radicales como la CUP, el Guayem de Ada Colau y la irrupción de Podemos, de Pablo Iglesias. Opinan que Cataluña quedaría deslocalizada, con una bajada del PIB y una presión fiscal asfixiante. «Sería el caos y el final de la economía productiva», advierten dirigentes de las pymes, y así se lo han transmitido al propio Artur Mas. Pero la reacción del presidente de la Generalitat sigue siendo inamovible, obstinado en la convocatoria de la consulta y rehén de los partidos separatistas. Al menos, hasta el nueve de noviembre, dónde otros escenarios pueden abrirse, una vez pasada la «fecha maldita», en frase de uno de ellos.

Con esta situación, y a pesar de su reiterada negativa en público, todas las fuentes consultadas coinciden en que el referéndum no se celebrará, ante la inmediata impugnación del Gobierno de Rajoy y la decisión del Tribunal Constitucional. Por ello, a Mas no le quedaría otro remedio que cambiar de socios y recoger el guante que le ha lanzado el PSC, o convocar unas elecciones plebiscitarias en un plazo de dos o tres meses. Lo que el primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, define con ironía: «Una elecciones no anticipadas, sino precipitadas». Dirigentes del PSC, del PP y sectores económicos tienen claro el análisis: «Artur Mas se ha inmolado con socios equivocados».

El escenario se complica por el efecto del escándalo Pujol, que ha convulsionado a la sociedad catalana y al propio partido que él fundó, Convergencia Democrática. En este sentido, todos valoran muy positivamente la actitud de Durán, el único socio coaligado que no ha hecho sangre del ex presidente. «Ha mantenido un escrupuloso respeto a la figura del Pujol político», matizan destacados empresarios, muy poco dados a los ataques y exabruptos dialécticos. Frente a otros como Xavier Trías, Josep Rull o Josep Lluis Corominas, que se han lanzado a degüello contra la familia Pujol, a quien todo deben, Durán ha sido intachable. Algo que, por cierto, no hizo el clan Pujol cuando el Caso Pallerols salpicó a las filas de Unió. Aquí, memoria hay para todos y por eso valoran la «pátina de respeto» de Durán en estos delicados momentos.

Por otro lado, la próxima comparecencia de Jordi Pujol ante el Parlamento de Cataluña y su lacónica frase –«tengo mucho que decir»–, ha desatado los nervios en el seno de Convergencia. Para nadie es un secreto que Artur Mas y los actuales dirigentes de CDC son hijos políticos de Pujol. «Ahora resulta que nadie sabía nada, y si lo sabían, bien que se callaban», dice alguien muy cercano a la familia De ahí la airada reacción, ya avanzada por este periódico, de Marta Ferrusola y sus hijos: «Son unos traidores y lo pagarán». En el entorno familiar hay ahora mucha tensión por el acoso a su domicilio, a cuyas puertas se ven asediados a diario por una nube de periodistas y ciudadanos que les increpan. «Los ánimos están que arden», aseguran. Mientras el ex presidente y algunos de sus hijos aguantan el tipo, Marta Ferrusola ha estallado y no dudó en mandar a la mismísima mierda a los informadores.

Así las cosas, todos los círculos políticos y económicos coinciden en que el escenario hasta el nueve de noviembre es espinoso. «Nos aguardan días criminales», afirman rotundos. Observan a Artur Mas decidió a tensar la cuerda al máximo, y por ello ven con expectación el nuevo movimiento de centro impulsado por Durán. En la sociedad civil catalana, siempre dada a cuidar las formas, rezuma gran rechazo la actual crispación. El pesimismo cundió todavía más durante la reciente reunión que el presidente de La Generalitat mantuvo con numerosos financieros y empresarios, en la Cámara de Comercio de Barcelona. Allí, Artur Mas insistió en sus planes soberanistas y en su pacto con ERC. Al término del acto, algunos recordaban el refrán de que con amigos así, no se necesitan enemigos. A lo que uno de ellos añadió: «Con un Mas inmolado, bienvenido sea un Duran centrado».

El proceso de nacionalización
Francisco Marhuenda. La Razon  7 Septiembre 2014

Durante muchos años, la sociedad catalana ha sufrido una campaña inteligente y eficaz destinada a estigmatizar a todo aquello que no fuera nacionalista. La Generalitat tenía y tiene un poder enorme y unos presupuestos multimillonarios. Los sucesivos traspasos de competencias sirvieron para que el poder fuera aumentando progresivamente mientras se debilitaba la presencia del Gobierno. Esto se completó, además, con el peso de CiU en el Congreso para garantizar la estabilidad con el PSOE o el PP cuando no contaban con la mayoría absoluta. Durante décadas se creó un «régimen» en el que CiU se convirtió en el centro de la vida pública mientras el resto de formaciones actuaban acomplejadas a la hora de defender sus posiciones ante el temor de ser estigmatizadas. No era un poder sólo político, sino que se extendía al mundo empresarial, social, cultural...

Pujol repitió el mismo esquema que siguió en Banca Catalana y lo único importante era «hacer país», pero un país nacionalista. El grupo bancario acabó quebrado, aunque mucha gente, tanto en la izquierda como en la derecha, se benefició de su generosidad siempre que fueran catalanistas. El lendakari Aguirre dijo que el PNV era el País Vasco en marcha y lo mismo hubiera podido decir Pujol de la formación que lideró con mano de hierro. A Pujol le gustaban los inmigrantes integrados en el nacionalismo. Era una reafirmación de la superioridad catalana y el avance en la construcción de la nación.

Le desagradaban los catalanes que no éramos nacionalistas. El escándalo de corrupción que está protagonizando tiene una enorme importancia porque afecta a muchísima gente. El problema para la oligarquía catalana, la misma que provocó la crisis de 1640 y la traición de la Guerra de Sucesión (1701-1714) con el Pacto de Génova (1705) contra su rey legítimo, Felipe V, es que resultaría muy peligroso que Pujol cantara porque no sé si tiene buena voz, pero sabe mucho. Por sus despachos en Banca Catalana, CDC y la Generalitat ha pasado todo el mundo y ha hecho muchos favores. Pujol tiene una memoria prodigiosa y una notable inteligencia, nadie lo puede negar, por lo que políticos, intelectuales, empresarios, abogados, etc... pueden encontrarse que se sepa que no fue solo sino en compañía de muchos. Todos sabíamos que su gran pasión era Cataluña y siempre defendí que era un independentista que no iba más allá por el posibilismo, pero que era como Moisés, que quería llevar a su «pueblo» a la tierra elegida. Nunca se ha sentido español, aunque reconozca el papel de España y su civilización en la historia de la humanidad. Los medios de comunicación públicos y algunos privados han sido instrumentos muy útiles para buscar una mayoría social independentista. Algunos creían que exagerábamos mientras se adoctrinaba en las escuelas y universidades manipulando la Historia y las relaciones con el resto de España. Ahora se comprueba que era verdad, aunque al final se impondrá el seny.
 


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