AGLI Recortes de Prensa   Viernes 12 Septiembre  2014

Únicamente les interesa ganar las elecciones
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es 12 Septiembre 2014

El Gobierno ha prometido bajar los impuestos en 2015, año de elecciones, tanto municipales y autonómicas como generales.

Si gana las próximas elecciones el PP, el ejecutivo de Rajoy tendrá vía libre en 2016 para seguir recortando prestaciones y servicios a los ciudadanos. Y para volver a subir los impuestos.

Este es el juego de las promesas electorales. Y por mediación del mismo, la partitocracia ha engañado a los españoles desde 1982.

El significado de democracia para el PP-PSOE se limita al derecho que tienen los ciudadanos a votar cada cuatro años. Y los españoles se han percatado, después de más de tres décadas de embustes y corruptelas, que a estos dos partidos, de momento, mayoritarios, lo único que les importa es ganar las elecciones y ejercer dictatorialmente el poder,

El PP ha subido los impuestos en esta legislatura por encima del nivel impositivo recomendado por IU en su último programa electoral. No obstante y según la teoría del Gobierno, en 2015 se podrán bajar los impuestos en España, puesto que el crecimiento de nuestra economía lo permitirá.

¿Funcionará el reclamo electoral basado en el esperado crecimiento económico de España? La recuperación económica de nuestro país se está convirtiendo en una “leyenda rajoyesca”. Tanto es así que las arruinadas familias, pymes y autónomos españoles, que no están dentro del círculo de influencia de los dos partidos políticos más relevantes, tienen complicado impulsar el consumo. De hecho, los ahorros, vitales para la subsistencia durante estos últimos años de expolio fiscal y precariedad laboral, se han evaporado. Y la renta disponible no despega.

La realidad es que la ansiada recuperación de la economía española no está garantizada, al contrario de lo que repite una y otra vez Rajoy, con los “parches”, disfrazados de reformas estructurales, realizados por el Gobierno.

En este sentido, Dragui ha avisado a los países de la zona euro en relación a las últimas medidas adoptadas por el BCE, y les ha hecho saber que las mismas no serán eficaces si no vienen acompañadas del desarrollo de reformas internas de tipo estructural.

Pero en el caso de España, ninguna reforma estructural será suficiente mientras no se regenere nuestro corrupto sistema político. Esta es la clave para que la economía española se recupere. Porque la solución a los problemas económicos de España es de índole político.

Mientras la economía productiva esté al servicio de los dos principales partidos políticos y de los dos sindicatos de clase, no habrá recuperación económica.

Mientras la subvencionada casta político-sindical (prescindible en su mayor parte) parasite y, por tanto, viva cómodamente a costa de convertir a las familias, las pymes y los autónomos en los esclavos fiscales del SXXI, no habrá recuperación económica.

Mientras que para ganar un contrato con la Administración sea necesario pagar una “mordida” al político de turno, no habrá recuperación económica.

Mientras que tener la condición de “cliente económico-político” del partido en el poder, o llamarse UGT-CC.OO., sea el único requisito exigido para recibir una subvención pública, no habrá recuperación económica.

Mientras siga habiendo cientos de miles de empleados públicos sin oposición (enchufados por el PP-PSOE), no habrá recuperación económica.

Mientras que para un joven español sea más rentable afiliarse a Nuevas Generaciones-PP o a Juventudes Socialistas-PSOE (al objeto de vivir de la política toda la vida), que prepararse académica y profesionalmente, no habrá recuperación económica.

Mientras la Justicia siga secuestrada por el PP-PSOE, no habrá recuperación económica. Etc.
Para regenerar nuestro sistema, es necesario en primer lugar reconocer el fracaso del Régimen del 78 y del modelo de Estado autonómico derivado del mismo. Aunque, todo ello, implicaría la renuncia a determinados privilegios que ningún político heredero de la Transición aceptaría.

El acuerdo regenerador que prepara el PP-PSOE es puro maquillaje.
La oligarquía político-sindical (y su socio, la élite financiera), causante de la crisis económica española, vía corrupción, malversación y politización de la Administración y de la Justicia, pretenden que los damnificados de la misma, es decir, los ciudadanos, sigan pagando la fiesta.

¿Esta es la realidad que quiere ocultar el Gobierno anunciando una recuperación económica todavía imperceptible para los españoles?

Esto ha llegado ya demasiado lejos.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 12 Septiembre 2014

Artur Mas sigue empeñado en avisar que va a delinquir y el Gobierno sigue empeñado en recordarle una y otra vez que debe cumplir la Ley. Una situación en la que el uno cree que el otro no llegará a cabo su amenaza y todo irá por los cauces normales. Pero creo que los dos se equivocan. Ni Artur Mas va a quedar impune por la comisión de los delitos que dice que va a cometer, ni el Gobierno de España se va a librar de pasar de las palabras a los hechos, si no quiere ser acusado de dejación de responsabilidades y cesión al chantaje de los secesionistas catalanes.

Hay quienes como IU o el mismo PSOE muestran una inexplicable ansiedad ante este desafío y exigen al Gobierno de España que “dialogue” con la Generalidad. Y la primera cuestión es ¿sobre qué? Porque si de lo que se trata es que el Gobierno de España ceda y apruebe en el Congreso la celebración del referéndum sobre la independencia de Cataluña, estaría cometiendo un delito al hurtar al resto de los españoles opinar sobre nada menos que la unidad de España, cediendo además la soberanía nacional a solo un determinado grupo de ciudadanos que nunca pueden arrogarse la representación de todos los españoles.

El referéndum no se puede celebrar y eso no es objeto de diálogo, sino de obediencia y lealtad institucional. Y lo malo es que el Gobierno de la Generalidad no cesa de anunciar que lo celebrará con independencia de lo que se le diga desde las más altas Instituciones del estado, Judicial y Ejecutiva, ya que se sienten arropados por la legitimidad que ellos mismos se otorgan por su dominio del Parlamento de la C.A. de Cataluña, donde imponen su mayoría y por el supuesto apoyo social que escenifican en manifestaciones multitudinarias como la de ayer que en absoluto representan a nadie salvo a los allí presentes, excluyendo a los menores de edad.

Porque la deslealtad proviene de que estos secesionistas se creen que la democracia es solo aquella que conviene a sus intereses. Una Ley del embudo de supuestos derechos exclusivos. De hecho llevan décadas de manipulación, expolio y concienciación de la ciudadanía avivando el odio hacia España y tratando de aislar a todo aquello que represente al que acusan de Estado opresor y a aquellos que eligen libremente expresarse en la lengua común de los españoles o no se sienten identificados con los delirios nacionalistas. Saben que su única justificación es la de avanzar hacia la secesión y así de paso asegurarse la impunidad por todos los desmanes que han cometido amparados bajo la bandera, ahora estelada.

Hay que reconocer que para desgracia de todos los españoles y gracias a la connivencia interesada de los diferentes Gobiernos de España del PSOE y del PP hasta el actual, el nacionalismo secesionista catalán ha tenido completa libertad durante estos más de 30 años para conseguir las mayores competencias autonómicas de ninguna región europea, así como para lograr llevar a la sociedad de Cataluña a esta fractura y enfrentamiento con el resto de los españoles. Un escenario que sigue adquiriendo las características de un conflicto no solo social y político, sino también típico prebélico. Porque no hay que engañarse de que llegado a ciertos extremos de desobediencia institucional, la única forma de anularla es mediante el uso de la fuerza, en principio policial y en último caso, militar.

EL gravísimo error fue el que este Gobierno no tomase medidas urgentes de reversión sobre el primer desafío realizado por Artur Mas en la sede del Gobierno de la Generalidad donde anunció públicamente la celebración de la consulta y su objetivo. De hecho durante este tiempo ha ido subvencionando con el dinero de todos los españoles a diferentes grupos pro independencia como la ANC y el mismo Parlamento de la C.A. para poner los medios “legales” propios necesarios para dar cobertura a sus actuaciones.

Los secesionistas solo entienden la fuerza de su actual mayoría parlamentaria y la de millones de españoles que reniegan de serlo para definirse solo como catalanes y reclamar la independencia. Su democracia es la que ellos mismos se otorgan y desprecian la que por derecho nos corresponde al resto de españoles. Y esto solo puede acabar de una sola manera. Lamentablemente es cierto que todos perderemos en esta lucha fratricida que ellos han forzado, pero que sean conscientes que nadie nos va a robar lo que es de todos.

Mi consejo a Mariano Rajoy es que cite a Artur Mas a la Moncloa y le plantee un ultimátum sin paliativos, exigiéndole su abandono inmediato o la intervención de la Autonomía,

Entre Daoíz y el Tambor del Bruch
Emilio Campmany Libertad Digital 12 Septiembre 2014

¿Cuántas mentiras caben en un discurso de Mas? El último está lleno de ellas. Es por ejemplo una tomadura de pelo que presente su desafío como el clamor de un pueblo que quiere votar democráticamente y no le dejan. Hay en esa exigencia más embustes que palabras son necesarias para perpetrarlos.

En primer lugar, no hay tal clamor. Hay mucha gente movilizada, amparada y pagada por el poder con el objetivo de alcanzar la independencia o, en su defecto, cobrar al más alto precio posible por la renuncia a ella. A la vez, se silencia, margina y castiga a quienes osan manifestarse en cualquier sentido en contra. Díganme si no qué periódico españolista puede aspirar a recibir una subvención siquiera parecida a la que cobran los independentistas. En segundo lugar, jurídicamente, el pueblo catalán no existe. Y mientras no exista en términos jurídicos, nada puede hacerse o reclamarse en su nombre que tenga eficacia jurídica, mucho menos algo de efectos tan amplios como los que puede implicar un referéndum por la independencia. En tercero, no se trata de votar democráticamente nada. Una votación sólo es democrática si se reproduce cada tantos años. Un Gobierno es democrático si hay la posibilidad de arrebatarle el poder democráticamente. En cambio, no lo es si no puede ser derribado por las urnas, por muy democráticamente elegido que haya sido. Por último, tampoco es verdad que al supuesto pueblo catalán no se le deje votar, porque de hecho vota muchísimo en muy variadas elecciones. Entre otras, participa en las elecciones al Congreso y el Senado de ese país al que se supone que no quiere pertenecer mucho más activamente que en las elecciones al Parlamento de ese otro distinto que se supone que quiere ser.

Los referéndums de independencia no son un normal acto de democracia. Constituyen la sanción de algo previamente decidido por los políticos o se emplean para dirimir las diferencias que esos mismos políticos tienen sobre el asunto. Cuando, por las razones que sea, no hay cauce para celebrarlos, lo que hacen los gobernantes partidarios de aquélla es proclamarla y atenerse a las consecuencias. Aunque para eso hace falte eso de lo que no anda sobrado Mas.

Tampoco ha estado mal la contestación de Rajoy, que ha encontrado la razón de ser, el argumento fundamental para que un catalán quiera seguir siendo español en que un andaluz puede vivir con el corazón de un catalán. Y con el de un danés o un chino, y eso no es razón para aspirar a depender de Copenhague o Beijing. Así que aquí estamos entre un Rajoy sin redaños para acabar con el proceso de independencia de Cataluña y un Mas sin agallas para proclamarla. Vamos, que ni uno es Daoíz ni el otro el Tambor del Bruch.

El escondite de CiU
Nacho Martín www.cronicaglobal.com 12 Septiembre 2014

Mi amigo E. B., un joven e inteligente abogado catalán, hijo de un empresario por fuerza no tan joven pero no menos inteligente y catalán, me decía el otro día que lo único bueno del kafkiano proceso que se vive en Cataluña desde hace al menos dos años es que por fin los nacionalistas se han quitado la careta y ahora ya nadie se atreverá a sostener sin ruborizarse que se puede ser nacionalista sin ser independentista. Su padre, al igual que otros muchos catalanes empresarios o no, nunca fue nacionalista pero me consta que durante años votó a la CiU de Pujol porque creía que era el partido que mejor defendía los intereses catalanes en Madrid, pero también porque se había creído aquello de que para Pujol y compañía España era "una realidad entrañable", en palabras del muy honorable impostor.

El objetivo de cualquier nacionalista es, por definición, la correspondencia entre la comunidad cultural y la unidad política, entre "nación" y Estado, por lo que todos sus pasos en la arena política irán necesariamente en esa dirección, por más que trate de disimularlo porque le interese desde el punto de vista electoral. Y eso, disimular, es precisamente lo que hasta ahora siempre había hecho CiU: ir dando pasos hacia la independencia pero sin que se note, como el niño que jugando al escondite inglés adelanta un par de pasos su posición cuando nadie le ve. "Un, dos, tres, pica paret! Un, dos, tres, ja!", dice el guardián antes de darse la vuelta y obligar al que vea moverse a volver atrás de nuevo. Es verdad que el "guardián" también tiene su parte de culpa, pues a menudo le interesó mirar hacia otro, hacer la vista gorda para preservar su privilegiada posición, permitiendo así el tramposo avance nacionalista. Pero, como dice mi amigo E. B., la única virtud del proceso es que por fin los nacionalistas se han quitado la careta y, en este momento, corren desaforadamente hacia la pared de la independencia.

Con todo, los nacionalistas de CiU han intentado estirar al máximo esa incongruencia entre sus palabras y sus verdaderas intenciones, que tan buenos resultados electorales les había dado hasta ahora. Pero llegados a este punto, y viendo cómo los independentistas declarados de toda la vida empiezan a disfrutar de la cosecha sin apenas despeinarse, se han visto obligados a vincular de una vez sus palabras con sus procesos mentales. No está siendo fácil, pero sienten que la independencia no puede esperar y ya no saben qué decir para evitar que se les hielen las migas entre la boca y la mano.

Ahora bien, la coherencia no se improvisa, y Artur Mas lo ha vuelto a demostrar al pedir a Rajoy que no haga nada para impedir la consulta, porque "sólo es consultiva". ¿Pero no habíamos quedado en que los catalanes teníamos derecho a "decidir"? Pues bien, ahora resulta que, una vez constatada la inconsistencia del leitmotiv del proceso, los nacionalistas dicen que era broma, que no se preocupe Rajoy porque no se trataba de decidir sino de consultar. No resulta fácil asimilar en sentido literal el lenguaje de tan imprevisible lógica. Por no hablar de la paradoja de que de resultas de ese fraude argumental de CiU, que curiosamente coincide en el tiempo con el fraude fiscal de su fundador, Cataluña lleva treinta y cuatro años dando pasos hacia la independencia sin lo que en medicina se denomina "consentimiento informado”, también conocido como “consentimiento libre y esclarecido”, de los ciudadanos de Cataluña.

Dicen que lo único que quieren es “construir un país nuevo”, y ponen cara de no haber roto un plato en su vida. Quizá por eso se afanan en desmantelar previamente el que ya tenemos, con su lógica destructiva que sin duda les ha granjeado la fidelidad de sus afines, pero que en ningún caso sirve para gobernar una sociedad compleja como la catalana. En lugar de aprovechar las enormes posibilidades del autogobierno derivado de la Constitución de 1978 para prestigiar las instituciones de nuestra democracia representativa y pluralista, los nacionalistas -aplicando la teoría de que cuanto peor, mejor- se han dedicado sin solución de continuidad a menoscabarla de forma acaso irreparable.

El caso de CiU, un partido nacionalista y por tanto decidido en última instancia a romper la unidad de España que sin embargo se convierte en partido bisagra decisivo para la gobernabilidad del Estado, es único en el mundo occidental, al menos si se compara con los casos que los propios nacionalistas suelen poner como ejemplo, el de Escocia y el de Quebec. Tanto el SNP (Partido Nacional Escocés) como el PQ (Partido Quebequés), los principales partidos nacionalistas de Escocia y Quebec, han defendido desde sus inicios la independencia de sus respectivos territorios. El SNP, el partido del actual ministro principal escocés, Alex Salmond, abrazó el independentismo poco después de su fundación en 1934, tras una primera etapa autonomista, es decir, hace más de ¡setenta años! que es independentista. Por su parte, el PQ lo es desde su fundación en 1968. Ninguno de ellos ha tenido nunca la más mínima intención de determinar la política general de sus respectivos Estados, aunque no es menos cierto que, de haberla tenido, los sistemas electorales de esos Estados -ambos mayoritarios- difícilmente lo hubieran permitido.

En todo caso, al menos los nacionalistas escoceses y quebequeses van de frente y no ocultan sus verdaderas intenciones refiriéndose al Reino Unido o a Canadá como "una realidad entrañable", no edulcoran de manera tan flagrante su lenguaje ni siquiera en aquellos momentos de la historia en los que les ha podido interesar camuflarse ante la evidencia de que una mayoría abrumadora de los escoceses o de los quebequeses rechazaban la independencia. Vaya, todo lo contrario de lo que ha hecho CiU.

Arrojo y resistencia de los robles
Miquel Escudero www.cronicaglobal.com 12 Septiembre 2014

Dada la condición humana, el confiar ciegamente en las etiquetas que se aplican a las personas es propio de bobos. Los estereotipos, clichés, tópicos y prejuicios son automatismos que están hechos para ser revisados y sometidos a una incansable crítica, desde la experiencia y la veracidad. Las frases hechas y los lugares comunes descarrían a los irreflexivos y repelen a quienes no hablan por hablar. No nos cansemos, por tanto, de tener respeto por la realidad, siempre encubierta, e ir de buena fe. Heme aquí que, tras varios meses de espera para comenzarlo, me he leído de cabo a rabo, y con mucho interés y admiración, la voluminosa Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña, 1979/2006 (Ed. Crónica Global). Si este título pudo resultar chocante años atrás, e impublicable con toda seguridad, su sentido e importancia crece día a día. Antonio Robles, su autor, ha dedicado estas páginas a los ciudadanos anónimos que han luchado por su propia dignidad y por la libertad de todos en Cataluña.

Licenciado en Filosofía y en Periodismo, Antonio Robles ha estado detrás de casi todas las asociaciones de fuerzas conscientes de lo que se estaba gestando en nuestra comunidad, dispuestas a denunciar la eliminación del bilingüismo y la planificada exclusión de vínculos afectivos con el conjunto español. En este nuevo libro suyo cuenta con profusión los sucesivos esfuerzos que desembocarían en la inopinada aparición de C’s en la política catalana; el seguidismo táctico del PP y, muy especialmente, del PSC (dirigido por “chicos bien de la pequeña burguesía catalanista que simulaban interés por el destino de la clase obrera”) empujaron a este nacimiento. El proyecto social de la inicial plataforma ciudadana era, y sigue siendo, claro: resquebrajar la trampa que ha permitido la hegemonía emotiva del nacionalismo en Cataluña; donde nada es lo que parece, gracias a una extraña unanimidad de los medios de comunicación y a la errática estrella de la supuesta izquierda. Complicidades, cinismo y manipulación a granel han llevado a garantizar la etiqueta de anticatalán a quienes discrepen de un discurso nacional fijo y, poca broma, a su exclusión de la Cataluña oficial, a todos los efectos. Hay una técnica en arrinconar a los adversarios con especial eficacia. Consiste en hacerles decir lo que no dicen ni sienten; se adhiere a sus palabras un tono extremista o desgarrado que despierta automático rechazo en el espectador o lector, que ya ‘sabe’ lo que dicen esos ‘nostálgicos centralistas’. Todo suena a sabido… y a falso. Se bloquea la conexión que permite captar lo razonable que puedan ofrecer ‘esos’. Este mecanismo de cerrar el paso a la comprensión de lo real entontece de veras, y a todos los efectos; o bien con nuestro consentimiento o bien por estar en la inopia. Es una lástima.

En tales condiciones, es muy duro perseverar con equilibrio y temple en una labor rebelde. Del abogado Gómez Rovira, “con un desconocimiento total de la realidad catalana cuando llegó de Asturias en 1979”, deplora que emprendiese una serie de recursos “en el peor momento, y de la forma menos inteligente”. Para el secesionismo fue el mejor icono que le podían ofrecer esos españolistas para tildarlos de ultraderechistas y situarlos en el nacionalismo español. Se precisaba desplegar inteligencia y el carácter propio de un ubuntu, y tener “la pasión de la fe por unas ideas y un tiempo de esperanza”. Robles, lúcido conocedor de los tiempos humanos, nunca se arredra; es pragmático, paciente y confía en la razón ilustrada, es integrador y rehúye el protagonismo. Está dispuesto a “rectificar cuando los hechos contradicen las ideas preconcebidas” y a distinguir entre convicciones y dogmas. De este modo, dejada ya la política de partidos, vive de su trabajo de profesor de Filosofía y, como demuestran sus escritos y esta obra que ha superado innumerables pruebas de acoso, continúa su tenaz misión de activista. Su proyecto político, en la línea del liberalismo igualitario, está de nuevo en sintonía con C’s, partido del que fuera diputado y primer secretario general.

El establishment mostró enorme vileza con aquellos ‘odiosos’ desafiantes, citaré un solo ejemplo: el de la enfermera donostiarra Asunción García, apaleada de modo bestial hace veinte años; se acalló el suceso y se dijo que era un montaje para desacreditar a los patriotas catalanes. Un gravísimo atropello y una vergüenza social para nosotros. Manifiesto aquí mi gratitud y homenaje a estos pacíficos robles arrojados. Como todos, tienen aspectos discutibles, pero son duros, aguerridos y dignos. ¡Salud!

Guerra contra el terrorismo
Obama y el Estado Islámico: la estrategia del no
Rafael L. Bardají Libertad Digital 12 Septiembre 2014

Tras confesar hace unos días que no tenía una estrategia para luchar contra el ISIS (una de las siglas en inglés del Estado Islámico) y sus avances en Irak y Siria, el presidente americano presentó anoche, finalmente, su plan para "degradar y finalmente destruir al grupo terrorista conocido como ISIS". Desgraciadamente, su propuesta se basa en tres noes y difícilmente podrá alcanzar sus objetivos.

El primero es que América no puede enfrentarse al ISIS sola. De hecho, en estos meses hemos asistido a toda una retahíla, ya convertida en letanía, de argumentos esgrimidos por la Casa Blanca para convencernos a todos de que, por ejemplo, sin la cooperación activa de Irán, todo intento de frenar al Estado Islámico sería fútil. Igualmente, en los últimos días ha habido un reguero de rumores sobre la idoneidad de colaborar con Bashar al Asad para castigar al ISIS en Siria.

Obama ha buscado el apoyo de sus aliados europeos porque ha coincidido con ellos en Gales durante la cumbre de la OTAN, pero el ojo siempre lo ha tenido puesto en el régimen de Damasco y en Teherán. La estrategia presentada ayer ni se molesta en buscar una solución al dilema de cómo bombardear Siria sin reforzar a Asad, cómo reforzar a Bagdad sin promover la presencia y los intereses de Irán en Iraq y cómo potenciar los grupos e instituciones necesarios para encontrar una salida simplemente desde el aire.

El segundo no es la negativa de Obama a considerar el poder militar como un instrumento válido para solucionar el problema que significa el ISIS. Toda su estrategia se basa en la distinción entre banda terrorista e insurgencia. Obama dijo ayer que el ISIS es un grupo terrorista porque no quiere reconocer sus errores del pasado. El Estado Islámico es un grupo terrorista y también un Estado, con su administración, su ejército irregular, su población y su territorio. El ISIS no es Al Qaeda y sus militantes, que viven escondidos y planean en la oscuridad y no se sabe dónde, cómo y cuándo van a volar sus próximos objetivos. El ISIS no avanza sólo a base de coches bomba y terroristas suicidas: sus fuerzas ocupan el territorio, las ciudades, y hacen limpias de enemigos allí donde se instalan.

Plantearse luchar contra un movimiento revolucionario e insurgente como si nos enfrentáramos a unas células terroristas no augura nada bueno. El orden del ISIS no se eliminará solamente con drones y unidades de operaciones especiales. Acabar con el Estado Islámico no es como eliminar a Osama ben Laden.

Tercer no: Obama no quiere reconocer que el ISIS es un movimiento islámico. De hecho, no deja de ser verdaderamente sorprendente que el presidente de los Estados Unidos se arrogue la autoridad teológica que le permita definir quién pertenece al islam y quién no. Una cosa es afirmar, como hizo en su día George W. Bush, que no todos en el islam son terroristas y otra muy distinta creer que el terrorismo islámico no es islámico. ¿Cómo explicar entonces los discursos de sus líderes, las referencias al Corán, sus rezos y prácticas, la aplicación de la sharia y sus referencias al califato? El ISIS no es un grupo nihilista, como el presidente y su secretario de Estado han repetido incansablemente. Muy al contrario, es un movimiento de creyentes.

Obama se salta por voluntad propia la primera ley de la estrategia: conoce a tu adversario. Y lo caracteriza erróneamente. No le queda otro remedio, porque es la única forma que tiene para evitar hablar de guerra ideológica, de aceptar que muchas de las ideas avanzadas por el equipo de Bush (y Blair y Aznar) eran correctas, y de argüir que con comandos y aviones se puede eliminar estar amenaza.

El presidente Obama ha dado un gran paso: antes no tenía una estrategia y ahora tiene una. Lástima que esté mal fundamentada, confunda al enemigo y vaya a ser dotada con medios inadecuados. Ahora bien, es una estrategia, aunque sea la equivocada. Hay otros, como el Gobierno español, que ni se lo plantean.

© elmed.io

Guerra contra el terrorismo
El miedo del PP al fantasma de Irak
Cristina Losada Libertad Digital 12 Septiembre 2014

Hasta hace unos años, en España, el 11-S remitía, como en cualquier otro lugar del mundo, a los atentados de Nueva York. Desde hace unos años, el 11-S remite en España a Barcelona. Absorbidos por el asunto catalán en tal fecha, como en otras, tal vez se olvida que el proceso abierto por los ataques islamistas contra Estados Unidos, en 2001, continúa. Continúa hasta el punto de que el presidente Obama, que quiso cerrarlo retirándose del tablero de conflictos, eligió la víspera del aniversario para anunciar una pequeña retirada de su retirada. Él no quería, pero los acontecimientos obligan. Estados Unidos intervendrá en Siria y en Irak para acabar con la milicia terrorista del Estado Islámico (EI), aunque no hará nada en la línea de Bush hijo: el envío de tropas de combate está descartado.

¿Y qué nos importa esto? Esa es la cuestión. No nos importa nada, cuando debiera importarnos. España no figura entre los nueve países de la OTAN que apoyarán la intervención de Obama. Mientras no haya consenso internacional, mientras no haya consenso nacional, no estaremos. Eso dijo el ministro de Exteriores. Es como decir no a secas, pero en diplomático. A la coalición se han apuntado, en cambio, Alemania y Francia, que declinaron o rechazaron, con alguna teatralidad, asociarse a la invasión de Irak en 2003.

La intervención contra el EI se hará mediante ataques aéreos estadounidenses. El papel de los aliados tendrá más bien carácter simbólico, de apoyo moral. Entonces, ¿por qué no está España? Pues justo por lo simbólico. Aquí Irak resucita fantasmas que el Gobierno no quiere que asomen. Aún menos con elecciones en lontananza. Su cautela y su espantada hay que vincularlas al coste político que tuvo para el PP la foto aquella de las Azores. Una foto, por cierto, de la que el anfitrión, el entonces primer ministro portugués Durao Barroso, tuvo la habilidad de escaquearse. Y una foto, la de Aznar, que la izquierda transformó en cartel de criminal buscado tras la masacre de Atocha.

Con su respaldo a Bush entonces, Aznar no sólo nadó contra la corriente del noalaguerra que arrastró a la opinión pública en aquel momento. También fue a contracorriente de una tendencia nuestra al aislacionismo que cuenta con varios siglos de historia. Ese rasgo se manifiesta hoy en la voluntad de aislarse de los conflictos, como si se pudiera. Por supuesto, cuanto implique el uso de la fuerza es tabú. Y a tal extremo que únicamente un 16 por ciento de españoles estamos dispuestos a cooperar voluntariamente en la defensa de nuestro país. Igual lo nuestro son las guerras civiles.

El miedo del Gobierno a los fantasmas de Irak tiene lamentables consecuencias. Una no menor es que alimenta la quimera de que es posible mantenerse al margen de todos los conflictos. Que en nada nos afectarán el caos y la guerra en Oriente Próximo o en Ucrania. El problema es que sí repercutirán, estemos o no en tal o cual coalición. Y el problema es que nadie en el Gobierno, y mucho menos en la oposición, está por contarlo.

Alianza de civilizaciones
María Jamardo. Minuto Digital 12 Septiembre 2014

Que me perdone el señor Zapatero, pero lo de la Alianza de Civilizaciones (como el resto de brillantes ideas que todos recordaremos indisolublemente unidas a su mandato) es una tontería de tal calado que dudo mucho que él mismo creyese una sola palabra del discurso que acompañaba semejante disparate.

Me pregunto si desde su retiro, obligado más que voluntario sospecho, seguirá creyendo en la propuesta al ver la serie de noticias que a diario recortan la distancia de Occidente al respecto de lo que sucede en el Oriente más Próximo: Siria, Irak, Gaza, …

Desde la total ignorancia sobre temas bélicos de una magnitud que se me escapa por insoportable e inconcebible en el siglo XXI, pero en base a las nociones nítidas y claras que de la carrera de Derecho conservo sobre Derecho Internacional, debo manifestar con total amplitud que o nos hemos vuelto todos unos locos insensibles o es que el derecho ha fracasado en su propósito en el ámbito que nos ocupa; porque, si la finalidad del Derecho como disciplina es la idea última de la Justicia, yo de justo no encuentro ni un rastro y miren que trato de esforzarme.

Vaya por delante que en base a una perspectiva objetiva y desde el máximo respeto a la libertad individual y a las convicciones religiosas, de la confesión que sean, admiro la determinación de los hombres y mujeres que defienden y ponen en práctica un estilo de vida adecuado a la fe que profesan. Cualquier fuente de valores es digna de admiración y las religiones del mundo a lo largo de la historia han procurado no sólo un consuelo a la temporalidad del hombre como especie, sino una base moral y ética sólida que en lo que a mí respecta las ennoblece al defender ideas que se encuentran más próximas a la persecución del bien y la perfección que a lo que últimamente se dibuja en el horizonte conocido, la barbarie de asesinatos que amparados bajo el dogma del islam, parecen quedar impunes a todas luces por parte del “ofendido” que en este caso, no deja de ser el imperialismo de todo lo que difiera de ello y queda sistemáticamente tachado de hereje.

Hace ya días que asistimos impertérritos y pluscuamperfectos a imágenes que desde luego no dejan a nadie indiferente, por muy lejos que nos parezcan producirse. Decapitaciones, mutilaciones, amenazas, penurias de civiles y el drama de ser diferente en un lugar en el que todo lo distinto tiene muy pocas oportunidades de expresarse con naturalidad y de sobrevivir, por supuesto.

Hecho de menos la determinación de quienes tienen la potestad conferida por los ciudadanos para velar por un entorno estable y pacífico de convivencia a todos los niveles. Lamento profundamente la inactividad de los responsables internacionales y presidentes de las naciones ofendidas, que somos todas. Me extraña profundamente que la ONU todavía no haya aplicado su Deber de Injerencia (Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas) especialmente previsto para casos flagrantes de Terrorismo Internacional como el que nos ocupa.

No tiene la menor relevancia si el Estado Islámico se erige como tal tratando de legitimar bajo un término edulcorado la realidad de una organización terrorista (ISIS) que amenaza la estabilidad de la comunidad internacional, que viola sistemática y generalizadamente los DDHH y que desafía y viola gravísimamente el Derecho Internacional Humanitario. Lo único eficaz en este caso, que no entiende de diplomacia, ni de mensajes remotos, ni de bombardeos indiscriminados, es una intervención coactiva, contundente y definitiva. En una palabra: ejemplarizante. Al margen de alianzas absurdas y civilizaciones varias, lo único deseable es lo civilizado, exactamente lo único que no demuestran quienes amenazan bajo el paraguas de la religión a sus congéneres y por extensión al resto del mundo.

Espero de verdad que alguien tenga la valentía de reaccionar e intervenir, con los medios necesarios, sin que le tiemble el pulso ni le condicionen ningún tipo de intereses diferentes de los únicos que deberían importar, sean como sean y de donde sean, las personas.

ECONOMIA El nivel más alto de la serie histórica
La deuda pública marca otro récord con 1,012 billones, el 98,9% del PIB
FRANCISCO NÚÑEZ Madrid El Mundo 12 Septiembre 2014

La deuda del conjunto de las administraciones públicas marcó un nuevo récord en el segundo trimestre del año, al alcanzar los 1,012 billones de euros. La cantidad equivale al 98,9% del PIB, el nivel más alto de la serie histórica.

De acuerdo con los datos publicados por el Banco de España, la deuda de la administración central se incrementó el 7,84% (hasta 885.232 millones, equivalentes al 86,4% del PIB), la de las comunidades autónomas aumentó el 15,7% (hasta 228.234 millones, equivalentes al 22,3% del PIB) y la de los ayuntamientos bajó el 5,7 % (hasta 41.994 millones, equivalentes al 4,1% del PIB).

Los datos publicados esta mañana desvelan un importante incremento que obedece al cambio metodológico aplicado por el Banco de España. El nuevo Sistema Europeo de Cuentas (SEC) entró en vigor el 1 de septiembre y afectará también al cálculo del PIB (cuyos datos facilitará el INE el día 25).

En los datos que hoy facilita el Banco de España, con la revisión hacía atrás de todas las cifras hasta 1995, a la deuda pública de las administraciones se incorpora también la de algunas empresas públicas (autonómicas y municipales, por ejemplo, las de suelo o las de los conjuntos feriales) que hasta ahora computaba aparte ya que técnicamente se consideraban sociedades de mercado.

La nueva metodología modifica los criterios para este tipo de empresas y son más estrictos. Por tanto, a partir de ahora, la deuda de estas empresas aparecerá en la cuenta general de la administración correspondiente.

En todo caso, se trata de una dato provisional. Los nuevos criterios SEC provocarán también un aumento del PIB, al tener en cuenta las actividades de la prostitución y las drogas blandas. Esto quiere decir que, a partir del 25, el ratio definitivo del PIB sobre la deuda será inferior al que hoy se facilita ya que se recalculará sobre un valor superior del PIB al actual y se alejará del objetivo del año que figura en los Presupuestos. Ese ratio de deuda sobre el PIB podría descender entre 25 entre 2,7 y 4,5 puntos como consecuencia de ese repunte del PIB nominal.
La deuda por Comunidades Autónomas

La deuda subió en el segundo trimestre en once comunidades autónomas y Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid y Andalucía siguen concentrando la mayor parte del endeudamiento de los gobiernos autonómicos, con el 64,9% del total. Así, la deuda de Cataluña alcanzó los 61.863 millones de euros, seguida de la Comunidad Valenciana, con 34.782 millones de euros; Andalucía, con 26.548 millones, y Madrid, con 25.018 millones.

A continuación figuran Castilla-La Mancha (12.341 millones), Galicia (9.911 millones), País Vasco (9.524 millones), Castilla y León (9.393 millones), Islas Baleares (7.586 millones), Murcia (6.367 millones) y Aragón (6.131 millones).

Cierran la tabla Canarias (5.462 millones), Asturias (3.402 millones), Navarra (3.366 millones), Extremadura (2.904 millones), Cantabria (2.356 millones) y La Rioja (1.306 millones).
Madrid, el ayuntamiento más endeudado

En porcentaje del PIB, la Comunidad Valenciana, cuya deuda supone el 35,7% del PIB, Castilla-La Mancha (34,2%), Cataluña (32,1%) y Baleares (29,1%) son las comunidades donde su endeudamiento es más alto en relación a su riqueza. Por el contrario, Canarias (13,5%), Madrid (13,6%) y País Vasco (15,2%) son las regiones donde su deuda pesa menos sobre el PIB.

Por último, entre las corporaciones locales, Madrid es el ayuntamiento más endeudado en el segundo trimestre, con unos 'números rojos' de 6.923 millones de euros, un 2,2% menos que en el trimestre anterior. Barcelona, por su parte, tiene una deuda de 1.011 millones de euros, en este caso inferior en un 6,9% a los tres meses previos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Con estos quiere Rajoy 'negociar'
EDITORIAL Libertad Digital 12 Septiembre 2014

Los actos de la Diada han demostrado que el nacionalismo sigue dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias su proyecto secesionista. La manifiesta ilegalidad de un referéndum para el que la Generalidad no tiene competencias o la imposibilidad de adquirir un nuevo estatus como país independiente reconocido por las instituciones internacionales son dos argumentos suficientes para que en cualquier sociedad sana el proyecto secesionista tuviera una dimensión puramente testimonial. Sin embargo, en la Cataluña aherrojada por el nacionalismo durante más de tres décadas, con una política identitaria impuesta con total impunidad y apuntalada por unos medios de comunicación rendidos al poder político, el ideal secesionista ha adquirido una magnitud que hace ya prácticamente imposible una vuelta a tiempo a la racionalidad.

Los dos partidos nacionalistas mayoritarios, CiU y ERC, han puesto nuevamente de manifiesto su compromiso con el plan secesionista, sin que las diferencias entre los planteamientos de uno y otro supongan nada más que un rasgo testimonial para identificarse con sus respectivas militancias. Artur Mas se reafirmó en su deseo de seguir adelante con el proyectado referéndum, mientras que en ERC llegan a extremos directamente golpistas, con la intención expresa de vulnerar la legalidad española e internacional proclamando la independencia unilateralmente, tras un remedo de consulta popular.

La masiva asistencia a la manifestación de la Diada ha sido un éxito para los partidos independentistas, pues el Día de la Comunidad Autónoma de Cataluña es ya únicamente una celebración para los partidarios del separatismo. Ni siquiera el escándalo sin precedentes del latrocinio de Jordi Pujol, precisamente el padre del separatismo, ha sido suficiente para desactivar una locura colectiva que los dirigentes políticos explotan en beneficio propio, a imagen y semejanza de lo que hizo durante tanto tiempo el patriarca. La riqueza espectacular acumulada por el clan Pujol durante 23 años de corrupción intensiva en los más altos escalones de la Administración no ha tenido una influencia apreciable en los ardores separatistas, puestos de relieve en las calles de Barcelona.

La buena noticia es que en Cataluña y en Madrid han adquirido carta de naturaleza sendas iniciativas para enfrentarse a las imposiciones del separatismo, denunciar sus mentiras y tratar de impedir sus tropelías. Tanto Sociedad Civil Catalana en Tarragona como la plataforma Libres e Iguales en la capital de España dieron la réplica a la algarada secesionista, con dos actos públicos en defensa de la nación española y la legalidad democrática. Es la respuesta de la sociedad civil a un problema crucial para la supervivencia de nuestro país que ha desbordado por completo al Gobierno, a pesar de que Rajoy y sus ministros afirmen tener controlada la situación. Al parecer, el presidente tiene guardada un arma poderosa con la que el problema separatista quedará convenientemente solventado antes de que la fuerza de los hechos lleve a la población de Cataluña a un enfrentamiento civil.

Mientras tanto, el Gobierno sigue dispuesto a negociar con los que, ya sin el menor embozo, han puesto de manifiesto su decisión de destruir España; una colaboración contranatura que convierte todavía en más valioso el ejemplo de las organizaciones civiles que han salido a la palestra a hacer lo que el Ejecutivo no se atreve siquiera a plantear.

Desafío secesionista
¿Hasta donde llegará la irresponsabilidad de Rajoy?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 12 Septiembre 2014

Hace hoy dos años que Mariano Rajoy calificaba de simple "algarabía" una multitudinaria manifestación que, bajo el lema "Cataluña, un nuevo Estado de Europa", celebró la Diada de forma abiertamente secesionista. Aunque Artur Mas no quiso participar en ella, sí le dio un claro respaldo y dejó clara su determinación de valerse de ella de cara a la reunión que, pocos días después, tendría con Rajoy para abordar el inasumible, inconstitucional y mal llamado pacto fiscal. "Si no hay acuerdo", afirmó Mas ese mismo día, "el camino de Cataluña hacia la libertad está abierto".

Ni que decir tiene que si algo urgente tenía Rajoy que tratar con el presidente catalán en aquella reunión era la forma en la que este pensaba reducir su descomunal gasto autonómico para cumplir los objetivos de déficit público vinculados a la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Pero Rajoy no se atrevió a ser él quien planteara las exigencias, limitándose a denegar las que le planteaba el gobernante nacionalista.

En mi opinión, cualquier gobernante responsable, sensato y leal a su deber de hacer cumplir la ley, debería haber dejado claro al dirigente nacionalista, ya en esa misma reunión, su determinación de hacer uso de esas facultades de intervención administrativa como se le ocurriera ponerse al frente del movimiento secesionista, en lo que era y sigue siendo un abierto desafío a nuestra nación y a nuestro Estado de Derecho. Por lo menos, Rajoy debía haber condicionado, ya entonces y claramente, cualquier ayuda financiera extraordinaria a la Administración regional catalana a la desactivación de lo que era mucho más que una simple algarabía.

En lugar de ello, Mas salió con la convicción de que no le iba a faltar ni impunidad ni financiación extraordinaria de cara a proseguir su carísimo e ilegal "proceso de construcción nacional", que va –por cierto– mucho más allá de la ilegal celebración de una consulta soberanista. Desde entonces, Rajoy no ha hecho otra cosa que reforzar esa convicción de Mas, tanto a través una privilegiada ayuda financiera a la Generalidad, como negándose a disuadir al gobernante autonómico en rebeldía advirtiéndole de las sanciones penales y políticas que operan en cualquier Estado de Derecho.

La vista gorda ante el déficit catalán, la tolerancia a la desobediencia de la Generalidad a las sentencias del Tribunal Supremo en materia lingüística y una financiación extraordinaria a cargo de los Fondos de Liquidez Autonómica han tenido el mismo efecto en los nacionalistas que el que tuvo la posterior oferta del Gobierno del PP de ofrecer un "singular" y "nuevo" modelo de financiación a la Generalidad, muy similar al mal llamado "pacto fiscal" que Rajoy había denegado cuando aun creía –o quería creer– que todo era una pasajera algarabía. No menos contraproducente ha sido la temeraria falta de atrevimiento de Rajoy a la hora de hacer pedagogía y rebatir en la arena pública los delirios identitarios del nacionalismo como su falaz argumentario del Espanya ens roba.

No se. Tal vez la negativa del Tribunal Constitucional de dar valor jurídico a los resultados de la ilegal consulta soberanista –sólo faltaba eso– lleva a Mas a no convocarla. Pero, desde luego, hemos llegado a un punto que, aunque Mas decidiera obedecer, por una vez, lo que digan nuestros Altos Tribunales, el secesionismo catalán no dejará de sacar tajada de un desafío a la nación española que debería haber sido sofocado judicial, económica y, sobretodo, políticamente, desde un primer momento.

Cataluña
Tras la euforia vendrá la depresión
José García Domínguez Libertad Digital 12 Septiembre 2014

Exactamente igual que a su primo escocés, al secesionismo catalán le ocurre lo mismo que a cierto personaje literario de Tom Wolfe, uno que asoma en La izquierda exquisita. Aquel tipo trágico –de tan cómico– que siempre se apuntaba a la última moda en el instante preciso en que todo el mundo decidía abandonarla para siempre. El que pensó que nada había más in que los pantalones de campana justo en el momento en que se implantaron los tejanos ajustados; el que decidió recortarse las patillas la misma mañana que a John Lennon le dio por dejarse melena y barba; el que decidió hacerse hippie el día que apareció en escena el primer yuppie, y así todo. Como él, el catalanismo político ha entrado en el siglo XXI con el paso de la oca cambiado. Y es que, por mucho que hagan la V o el pino, la soberanía con la que fantasean ya no existe en parte alguna, empezando por la propia España. Como las máquinas de escribir, los discos de vinilo y las películas en blanco y negro, la soberanía nacional constituye a estas horas poco más que un herrumbroso recuerdo del siglo pasado. Apenas eso.

Por lo demás, y también al modo de su pariente escocés, la súbita eclosión escénica del independentismo, la virulencia de su crecimiento exponencial a partir de la mera marginalidad, no resulta en absoluto ajena, sino todo lo contrario, a la mutación europea de la Gran Recesión. Como en el 98, cuando la pérdida definitiva del imperio colonial, el derrumbe apocalíptico de la economía española es la variable oculta que explica lo estadísticamente inexplicable. Aunque, a diferencia de cuanto ocurre en el Reino (aún) Unido, la revuelta de los catalanes es un motín de los ricos, el sueño de una quimera más próxima a la Padania de la Liga Norte que a algo remotamente parecido a un movimiento de emancipación social.

Las catas demoscópicas de la propia Generalitat así lo corroboran. ¿O cómo interpretar, si no, que únicamente el 22,7% de quienes se autodefinen de clase baja se revelen entusiastas de la secesión? O que solo un muy pírrico 33% de los parados catalanes crea que la estelada es el ungüento amarillo que habrá de resolver su desazón vital. O que en el segmento de las personas sin estudios no pase del 25% la adhesión a la causa de Mas y Junqueras. O que, en fin, en el grupo de los castellanoparlantes locales la ruptura con el resto de España cuente con el rechazo expreso de nada menos que un 86% del total. La independencia, a lo que se ve, no es un lujo a su alcance. Si el PIB pone algo de su parte, tras la V vendrá la L, una caída en picado de la euforia identitaria para estabilizarse en una línea plana. Al tiempo.

Diada hacia ninguna parte
Pablo Sebastián www.republica.com 12 Septiembre 2014

La Diada de la V de Barcelona ha tenido una respuesta masiva a favor de la consulta independentista del 9 de noviembre, pero esa V no será la de la victoria secesionista porque la consulta no se va a celebrar. Como lo saben los inductores del proceso empezando por Artur Mas que han organizado esta manifestación a pesar de que no conduce hacia ninguna parte salvo hacia el enfrentamiento político y una profunda fractura social si los gobernantes de este Comunidad Autónoma insisten en el desafío y en violar la ley y la Constitución, como lo ha pedido Oriol Junqueras desde ERC. Lo que acarrearía graves consecuencias económicas para Cataluña, como se empieza a vislumbrar en Escocia ante el riesgo de que los escoceses -que celebran el día 18 una consulta legal- decidan abandonar el Reino Unido, lo que está por ver y desmienten las últimas encuestas.

Convocar a los ciudadanos en la calle con discursos patrióticos y victimistas -como aquel de ‘España nos roba’ que ahora dejó en evidencia al padre de la patria catalana, Jordi Puyol- puede ser, como se ha demostrado, fácil e incluso un éxito. Pero otra cosa bien distinta es hacer que esos ciudadanos que salieron a festejar la consulta imposible regresen a sus casas con las manos vacías y se encuentren con la cruda realidad que les han ocultado con un sin fin de mentiras los dirigentes nacionalistas catalanes.

Empezando por el derecho a decidir y el ‘queremos votar’ que no es legítimo en las democracias y afecta a los intereses generales y constitucionales de la nación española. Porque esta pretendida secesión no es cuestión que incumba solo a Cataluña sino a todos los españoles que son los depositarios de la soberanía nacional. De manera que el reiterado ‘queremos votar’ es una falacia, dado que el único mensaje que sobre la consulta se podría trasmitir es: ‘todos los españoles deben votar sobre el futuro catalán’.

Las otras mentiras son la histórica de 1714 en esa guerra por la independencia que solo se desarrolló en Barcelona, no en toda Cataluña, y no que era para romper con España sino para salir de la Corona del Borbón Felipe V, y seguir en España con Carlos III. También es falso el victimismo económico porque la relación económica, fiscal, comercial, de servicios y activos de Cataluña con el resto de España es muy favorable para Cataluña. Como es rotundamente falso que Cataluña puede independizarse de España y seguir en la Unión Europea, manteniendo además los actuales niveles de prosperidad, el euro y el comercio.

Y todas estas mentiras las han jaleado de manera irresponsable los dirigentes políticos nacionalistas, apoyados por un sector amplio de la burguesía económica y financiera catalana. Y a todos ellos ahora les va a tocar, en pleno festival de los escándalos de Puyol y de la corrupción de CiU, explicar a los catalanes el por qué no se celebra el referéndum y que es lo que puede pasar una vez que el Tribunal Constitucional suspensa la consulta, como ocurrirá.

Al final, los catalanes votarán pero en elecciones autonómicas adelantadas en los primeros meses de 2015 y ya veremos si con Artur Mas en la cabeza del cartel de CiU y dispuesto a perder las elecciones frente a ERC si finalmente decide acatar la ley y no sacar las urnas a la calle el 9 de noviembre rompiendo así con la legalidad. Ayer volvió a manipular la realidad y a pedir a Rajoy que escuche a los catalanes de la Diada manipulada, cuando en realidad tendrá que ser él quien los escuche cuando tenga que acatar públicamente la ley.

VERDADES INCÓMODAS
Ocho falsos mitos del independentismo que no leerá en prensa catalana
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 12 Septiembre 2014

El Gobierno y su partido deben responder a la mentira con verdad, a la ruptura con firmeza y a la agresión con dureza. Tiene que quedar claro que cualquier intento secesivo será anulado.

En estos días de tanto fervor constitucional por un lado y tanto neopatriotismo neocatalán por otro, habría al menos 155 razones para argumentar ante unos y otros que el enfrentamiento es demencial o cuando menos está pésimamente planteado. Pero cuando se enfrentan intereses ocultos que quieren seguir siéndolo, y lo hacen manipulando propaganda, mentiras, sentimientos y buenas voluntades de masas cuidadosamente deformadas durante mucho tiempo para llegar a este punto, se da la tentación de la impotencia. La Diada catalanista es sólo una ocasión más de comprobar la debilidad de la verdad y la cercanía de abismos impensables.

Sin embargo, ya que los medios del régimen ignoran desde su origen la manifestación en Tarragona de Sociedad Civil Catalana, como ignoran que la resistencia de 1714 fue "por la libertad de toda España" y toda explicación positiva, y ya que España entera se ha empapado de falsos argumentos de unos y de otros, quizá más que dar razones para la verdad lo que necesitemos sean respuestas breves para las sinrazones de las mentiras. A modo de venablos para quien quiera defender España contra las dos opciones que fingen enfrentarse.

1. No es una cuestión de interés económico catalán. España no roba a los catalanes, ni a Cataluña como tal; ante todo, porque Cataluña es España y cambiarse la cartera de bolsillo no sería un robo. Pero no hay tal robo porque sólo gracias a toda España la burguesía catalana y por defecto la región ha llegado a su actual riqueza relativa; y porque el saldo de intercambios y fiscal, si consideramos la riqueza por habitante, es favorable a las cuatro provincias, como lo ha sido desde el franquismo. Ser España no ha empobrecido a los catalanes, dejar de serlo sólo beneficiaría a una pequeña parte de la casta política, social y económica.

2. Mucho menos es una cuestión de "no conveniencia". Es irritante escuchar a autoridades, notables e intelectuales que tienen el deber de defender a España hablar en tono comprensivo a CiU y a ERC diciéndoles que "no conviene a la economía catalana" la independencia. Nunca se ha usado de peor manera un argumento más absurdo. El independentismo no existe para crear riqueza, ni la gente de la calle se hace independentista por un cálculo económico. El apoyo social al independentismo es sentimental, es educativo, es propagandístico, es decir que depende de muchas cosas que no son la economía. Cifrar la lucha contra el independentismo en una pacata explicación económica es o una estupidez, o una pura colaboración con el enemigo, o quizá las dos cosas. En todo caso, implica no saber de qué estamos hablando.

3. No es una cuestión de más o menos democracia. Para un catalanista, Cataluña existe independientemente de la voluntad popular, que será sólo en el mejor de los casos un reflejo social de una realidad. Ellos mismos relativizan su referéndum: si se celebrase y venciesen, sería un argumento; si perdiesen, no van a renunciar ni a su plan ni a su visión de las cosas. No son sinceramente demócratas, o no lo son de modo absoluto. Por de pronto, imponen el sujeto de la decisión democrática (una Cataluña que jamás ha sido sujeto soberano), mientras que lo que se está decidiendo es el futuro de toda la nación española.

4. Tampoco España es por ser democracia. Y tampoco el conjunto de los españoles puede decidir en esta materia. España no existe o deja de existir porque lo digan los españoles de hoy, ni una mayoría de ellos. Es un mal argumento referir la decisión a la voluntad popular española de 2014, porque lo que se está decidiendo es la vida de una comunidad popular proyectada en los siglos de la que los españoles de hoy somos sólo depositarios temporales. No valen plebiscitos ni para decidir sí ni para decidir no.

5. Cataluña no es Escocia. España no es Gran Bretaña. Hasta 1707, y con muchas guerras y algunos reyes compartidos, Escocia e Inglaterra fueron reinos distintos con instituciones diferentes. Su Unión que creó el Reino Unido fue la adición de dos sujetos previamente soberanos, con una constitución dispersa o no escrita, en la que la secesión cabía y cabe. Por eso ni el referéndum británico de septiembre tiene nada en común con el proyecto catalanista de noviembre… ni la posición previa de Cataluña nada en absoluto con la del primer reino de los Estuardos.

6. En 1714 no terminó ninguna soberanía. El 11 de septiembre la Generalitat celebra con dinero público español eso que llaman la Diada. ¿Y qué es? 300 años de la caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas en la Guerra de Sucesión, una guerra civil española e internacional europea en la que dos candidaturas optaban a heredar al rey Carlos II, con catalanes en los dos bandos y queriendo ambos poseer la monarquía hispana, y no dividirla.

Sólo una manipulación catalanista post mortem de la historia y de las aulas ha convertido aquello en un imposible intento de secesión. Mentira sobre mentira, aunque Henry Kamen lo llame más prudentemente en España y Cataluña "desinformación" sobre el pasado, "mal estudiado por los historiadores y sistemáticamente distorsionado por ideólogos, políticos y periodistas". De hecho, los catalanes creían antes y creen hoy esencialmente en su mayoría lo mismo "la creencia en la unidad de España, pero también en la esencia y el carácter particular del pueblo catalán". Pero si a una mentira secular y sentimental no se responde o se responde a gusto de Pedro Arriola pasan estas cosas.

7. Cataluña no es una ley. Cataluña no es España por derecho de conquista en 1714, porque no hubo tal conquista. No lo es al morir Juan II y convertirse Fernando el Católico en rey de Aragón, básicamente porque ya lo era, y ambos reyes eran de la catalanísima dinastía de los… Trastámara. No lo es en el Compromiso de Caspe de 1412, porque todos los miembros de la Corona de Aragón aceptaron un rey, como ya lo habían tenido antes. Sencillamente, en ningún momento Cataluña es un reino, ni un espacio soberano con ningún nombre; y ha participado en todas las empresas hispanas desde que Roma, los visigodos, la Reconquista y la expansión exterior dieron a la vieja Hispania una personalidad a la vez unida y variada. Todo eso no lo da ni lo quita una ley, sea el Estatuto o cualquier invento por venir.

8. España no es una Constitución. Del mismo modo, España no es un invento de 1978. España no existe porque unos cuantos políticos luego corruptos se pongan de acuerdo en sus conveniencias; porque España ya era. Por eso es un error, quizá bienintencionado pero error, referir la defensa de la Unidad a la defensa de esta Constitución. España es antes de ella, y Cataluña como parte constitutiva, y la experiencia de siglos nos hace pensar que más durará España que su actual forma legal, salvo que alguien quiere divinizarla en su propio provecho.

Artur Mas, como todo el nacionalismo, miente en lo que dice y se equivoca en lo que hace. En su caso, además, en provecho económico de CiU. Todas sus razones pueden ser como vemos desmontadas. Y si las palabras no bastan (cosa que no sabemos, porque los medios oficiales y oficiosos no lo han intentado aún), el Estado dispone de los medios legales y materiales, pese a los recortes, para imponer la unidad a cualquier precio. Si quedase clara su voluntad no haría falta hacerlo. Aún no es así, y eso hace temer un año complicado.

Mariano Rajoy quizá hable en beneficio de su partido y sus intereses cuando dice a los suyos que "elijamos el campo de juego, que para el PP es el relato económico", convirtiendo sus éxitos materiales en su única voz. El interés de la nación española no es ese. El Gobierno y su partido deben responder a la mentira con verdad, a la ruptura con firmeza y a la agresión con dureza. Sólo si queda claro que cualquier intento secesivo será anulado Rajoy cumplirá con su deber. Creo, además, que el PP dejaría así de perder votos, pero parece que Arriola prefiere en eso nutrir a Podemos. No dudo de su inteligente progreizquierdismo, pero en Cataluña tiene entre manos una responsabilidad histórica de esas que luego queman.

Del 11-S al 9-N: de momento, empate
Ernesto Milá Minuto Digital 12 Septiembre 2014

Si Rajoy pensaba que el independentismo catalán podía conjurarse recordando que la cúpula del nacionalismo histórico era una pandilla de salteadores de caminos (que lo es), es evidente que se ha equivocado. Hubo masas independentistas en la “diada” y, en contrapartida, la manifestación de Societat Civil Catalana en Tarragona fue mínima. Ahora veremos porqué hubo masas en la “V”. Pero lo importante es que Estado e independentismo catalán, en estos momentos, están empatados. Y lo peor es que ahora todo depende de lo que ocurra en ocho días en Escocia. Vamos a intentar resumir el estado de la cuestión a 12 de septiembre.

1. Hubieron masas en la calle
De momento, la estrategia de Rajoy para conjurar al independentismo catalán se ha demostrado un fiasco. Ayer estuvieron presentes masas en la confluencia entre la Gran Vía y la Diagonal (entro tiempo, Avenida de José Antonio y Avenida del Generalísimo Franco, respectivamente…). Es evidente que 1.800.000 personas, la cifra manejada por la Generalitat es visiblemente exagerada (no hay en una Cataluña con 7.000.000 de personas, posibilidad material de reunir un 33% de la misma en Barcelona), pero incluso dando por buenas las cifras aportadas por el Gobierno Civil, se trata de la manifestación más masiva que ha tenido lugar en la historia de Cataluña.

2. Eran masas independentistas
A pesar de que los organizadores de la consulta reivindicaron el “derecho al voto” como tema de la manifestación, lo cierto es que en este momento “partidarios del referéndum” e “independentistas” suponen dos conjuntos que se superponen. En efecto, si bien no todos los que proponen la consulta son independentistas, la inmensa mayoría sí lo son. De hecho, si la Generalitat ha dado la cifra de 1.800.000 asistentes es porque, a fin de cuentas, esa es la cifra de votos que recibiría como mínimo el “Si a la independencia” en caso de celebrarse el referéndum del 9-N.

3. El “efecto Pujol” no basta
El escándalo del gang Pujol, lanzado “providencialmente” por el gobierno 50 días antes de la manifestación, ha hecho caer la infamia sobre CiU… pero no ha tenido el más mínimo impacto sobre el objetivo último del gobierno: desmovilizar el independentismo. Es más, ha sido contraproducente en la medida en la que el nacionalismo sociológico se ha ido radicalizando y abandonando los campamentos de CiU (partido político virtualmente deshecho) para desplazarse al sector independentista. De hecho, esta manifestación fue más masiva que en los dos años anteriores.

4. Empate político y concesiones
En la actualidad, estamos ante un empate en la competición insensata entre el independentismo catalán y el Estado Español. Éste ha conseguido hacer caer la vergüenza (nacional e internacional) sobre los gestores de la Generalitat en los últimos 34 años, pero, en contrapartida, la Generalitat ha demostrado que hay importantes masas populares apoyando el proceso independentista. Estamos ante un 1 a 1, peligroso resultado cuando se aproxima la fecha del 9-N y que deja pensar en que en un intento de salvar a CiU (en realidad, a lo que podría quedar de “nacionalismo moderado”), Rajoy negociará importantes concesiones y traspasos a la Generalitat (en la misma línea que el gobierno del Reino Unido ha propuesto para conjurar al independentismo escocés).

5. Debilidad del “unionismo”
En Tarragona no estuvieron presentes más de 8.000 personas (según las cifras de la Delegación del Gobierno), ni menos de 3.000 (según las cifras de la Generalitat). Unas cifras en cualquier caso, pobres, sino pobrísimas, menos que las que acudieron a la concentración “unionista” de la Plaza de Cataluña. Societat Civil Catalana no puede alardear de disponer detrás de un “músculo” parecido remotamente a lo que ha logrado movilizar el independentismo. Esto indica que los sectores sociales dispuestos a movilizarse contra el independentismo, tienen todavía mucho que andar. Han empezado tarde y les va a costar recuperar el terreno perdido, por mucho de que, históricamente, sus posiciones sean las justas y las del independentismo meras falacias.

6. El drama del PSC escenificado
El PSC dio libertad para acudir a estas dos concentraciones (la “V” de Barcelona y la unionista de Tarragona). A pesar de que la noticia es que Carmen Chacón estuviera presente en Cataluña y que en la “V” apenas asistieron dirigentes conocidos del PSC, lo cierto es que este partido se ha eclipsado en la calle antes de desplomarse en las próximas elecciones municipales de mayo. En ningún caso, la “tercera vía” socialista, ha demostrado disponer del más mínimo apoyo en la calle y se ha producido lo que denunciábamos desde hacía meses: que el desplome del socialismo español se ha iniciado en Cataluña.

7. El balcón del gang Pujol como símbolo de CiU
El 11-S las persianas del domicilio del gang Pujol en la Avenida del General Mitre han permanecido bajadas durante todo el día… con una bandera catalana horizontal situada a lo largo, símbolo de la insostenible posición de CiU. Como si el Estado Mayor del ejército que ha conducido la estrategia nacionalista en las últimas décadas pusiera las armas a la funerala y estuviera de luto. Lo más significativo de la nueva situación en Cataluña es que las dos fuerzas “constitucionales” hasta ahora mayoritarias (PSC y CiU) están en caída libre en este momento, mientras que ERC y Podemos se encuentran en fase de ascenso.

8. Ahora todo depende del Reino Unido
A la vista del empate entre “unionismo” e “independentismo”, la que, a plazo inmediato, podría suponer el que una de las partes tomara la delantera, serán los resultados del referéndum que tendrá lugar el día 18 en Escocia. Allí, obviamente, se han planteado las cosas de forma diferentes, a través de un consenso entre el gobierno de Londres y el nacionalismo escocés. Es evidente que si allí vence el SI, la posición del independentismo catalán se verá reforzada y, a pesar de que aún queda tiempo para el final del encuentro, habrá que contar en su haber con un nuevo tanto, un 2 a 1 desequilibrador. Se demostrará que una nueva nación está en curso de nacer en las islas británicas… en el territorio de la UE. Y si allí puede ser ¿por qué no aquí? A la inversa: si vence el unionismo, la posición del independentismo catalán se resentirá negativamente.

9. Fracaso de la estrategia de Rajoy
Si, hasta ahora, la estrategia de mostrar las vergüenzas y la corrupción del nacionalismo no ha logrado aminorar la carga del independentismo, y si la segunda táctica empleada (favorecer la aparición de organizaciones unionistas en la sociedad civil) está únicamente en su fase inicial y dista mucho para que logren arrastrar masas dignas de tal nombre, Rajoy tiene solamente dos posibilidades para mantener la unidad del Estado: una es poco, la otra decepcionante y pesará como una losa sobre el PP. Nos referimos al recordatorio de la apelación a la “legalidad vigente” (que tiene el mismo impacto que cuando los franquistas recordaban en 1978 que la marcha hacia la democracia era ilegal según las Leyes Fundamentales, remedo de constitución del régimen franquista) y a las concesiones político-económicas para desmovilizar temporalmente al nacionalismo. Rajoy no dispone de otra vía.

10. Inestable y grisáceo “unionismo”
El “frente unionista” formado por PP, una parte del PSC, Ciutadans y UPD, tiene poco arraigo en Cataluña y, para colmo, mantiene los prejuicios propios de las fuerzas que dieron vida a la constitución de 1978: marginar, por ejemplo, a PxC cuando manifiesta su voluntad de asistir a la convocatoria de Tarragona, como prolongación del “sin enemigos a mi derecha” que impusiera Manuel Fraga en 1978. Pero el PP y el PSC en Cataluña se han convertido en residuos de otros tiempo, exponentes del “ancien régime” fracasado. Y en lo que se refiere a Ciutadans y a UPD, su ascenso como “partido protesta” se ha visto bloqueado por la irrupción de Podemos. Además, el carácter de “centro izquierda” de ambas formaciones, el retraso en llegar a un pacto por culpa del personalismo de Rosa Díez y el estancamiento al que hemos aludido, no los configuran, ni siquiera en Cataluña (tierra originaria de Ciutadans), como alternativas sólidas.

11. Fracaso del Estado, éxito del gramscismo cultural
Detrás de la movilización independentista lo que subyace es el fracaso del Estado y de su concepción de “Estado de las Autonomías”, el fracaso del nacionalismo moderado que no es sino una etapa intermedia y previa del independentismo y, finalmente, el éxito del gramscismo cultural de la Generalitat. Lo realmente sorprendente es que las bases históricas del independentismo catalán son todas, sin excepción, una mera falacia (empezando por el significado histórico de la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 que no suponía otra cosa sino el hundimiento de las pretensiones austriacistas a la Corona de España, y terminando por el “Colón catalán” y la “Gioconda pintada al pie de Montserrat”…), pero esa falacia ha terminado siendo asumida por un amplio sector de la opinión pública catalana. Lo cual no la legitimiza, ni la convierte en realidad… Eso solamente ha sido posible por 35 años de paciente y tenaz mentalización de la opinión pública realizada desde los medios de comunicación catalanes subvencionados y por un sistema educativo que el Estado entregó al nacionalismo.

12. Mas entre la espada y la pared
La disyuntiva que se plantea a Artur Mas es insoportable: o respeta la legalidad del Estado y se opone a las masas que ayer estuvieron en la calle, o bien se deja arrastrar por esas mismas masas y termina ante los tribunales y/o desencadenando una situación de enfrentamiento abierto. En cualquiera de los dos casos, la posición de Artur Mas tiene mala salida (a ello se unirán nuevas noticias sobre la corrupción de la Generalitat que, sin duda, le salpicarán directamente) y hoy puede considerarse como un político amortizado, que irá a parar al basurero de la historia junto a otros ilustres mediocridades (empezando por Zapatero y terminando por Maragall, desde Aznar hasta Felipe González).

13. La vida sigue igual, la globalización también.
El éxito de la manifestación independentista no implica el que se haya implantado ya una frontera en el Ebro, sino simplemente, un empate político momentáneo. Los gobiernos del Estado lo han hecho muy mal en los últimos años y no es raro que haya oposición a “Madrid” en Cataluña (pues no en vano el gobierno español se encuentra en Madrid). En buena medida, las masas que estaban en la calle en Cataluña pidiendo la independencia son masas que protestan contra la crisis y que, educadas durante 30 años en el nacionalismo, creen que solos les puede ir mejor que acompañados por el resto de regiones de España. Esas mismas masas volverían a ser “unionistas” en una Cataluña independiente que no satisficiera las expectativas de progreso económico que les motiva hoy. Es inevitable que encuadremos estos acontecimientos dentro de la perspectiva mundial de la globalización: ésta precisa barrer a los Estados Nacionales que disponen de recursos jurídicos, institucionales, legislativos y coercitivos que supongan barreras a la globalización. Estados pequeños, inviables, débiles y cuyas clases políticas hayan demostrado altos niveles de corrupción, son mucho más manejables para los mentores de la globalización, que los actuales Estados-Nación. Y esto –la globalización y el mundialismo- no cambiarán, ni con Cataluña unida al Estado, ni con una Cataluña independiente.

14. Perspectivas sombrías de uno y otro lado
La única salida de que dispone Mas que le evite el riesgo de aventuras independentistas fuera de la ley y de ser arrasado por el independentismo al que él dio alas en los primeros meses de su gobierno, consiste en convocar elecciones anticipadas después de que el gobierno recurra la ley de consultas catalanas en los próximos días. Sabe que las va a perder (nadie puede ganar unas elecciones con la cúpula histórica de CDC a punto de sentarse ante los tribunales) y que va a arrastrar a CiU a la catástrofe y se resistirá a no agotar la legislatura: pero la envergadura de la manifestación de ayer y, especialmente, si en los próximos días, Rajoy se mantiene firme, no le dejan otra salida para evitar una estallido nacionalista en el más puro estilo Companys… Y una respuesta, al más puro estilo 11 de abril de 1934: a cañonazos ante la puerta del Palau de la Generalitat. Si Rajoy se siente acomplejado por la manifestación del 11-S y tiene la tentación de hacer más concesiones para evitar el enfrentamiento, tampoco parece que vaya a resolver gran cosa e incluso demostraría su lado más débil a la derecha de su propio partido. En los próximos meses, además, la posición de Rajoy se va a ir debilitando a medida que demuestre la falsedad sobre los “brotes verdes” económicos. La posición de Rajoy no es mucho más cómoda que la de Mas. La partida sigue abierta.

La libertad tiene un precio
Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com 12 Septiembre 2014

Periodista y economista

Esa ha sido la frase grandilocuente de Artur Mas a los empresarios catalanes.

Pero, ¿de qué libertad habla? Y ¿a qué precio?: ¿al de una mordida del 6 o del 7 por ciento en las futuras contratas públicas de una Cataluña independiente?

Eso es lo paradójico de las frases ampulosas y rimbombantes: que lo mismo sirven para justificar una cosa que la contraria. Se podría afirmar análogamente que la libertad de todos los españoles tiene el precio de su igualdad, sin excepción, bajo la misma Constitución democrática, equitativa y solidaria.

Pero, ¿qué precio han debido pagar Mas, Junqueras y compañía por las ventajas diferenciales de que hoy goza Cataluña? Ellos, en concreto, no han padecido la tortura, la prisión ni el exilio. Si la frase del President se refiere, en cambio, a las penurias que le pueden sobrevenir a una Cataluña independiente, me callo, pues en gran medida ésas dependerán de él.

Lo siento, pero la Historia, ni siquiera la reciente, no está hecha de enormes sacrificios por parte de los nacionalistas, a diferencia en cambio de la izquierda militante, como los comunistas, que ellos sí que pagaron con sufrimientos desproporcionados su oposición al régimen de Franco.

Aún en vida del dictador, recuerdo haber podido escribir en 'Oriflama' y dado clase en varios centros privados -Institució Cultural del CIC, Escola de Fotografia Richter-Elisava y otros- en que la docencia se impartía habitualmente en catalán. Se trataba de la excepción, claro, al igual que el que mi amiga Charo Ansorregui diese clase de euskera a chicos de familias, vascas o no, de Barcelona.

Aquellos aún eran unos tiempos difíciles en que, cuando en 1972 Radio Nacional de España le encargó al gran profesional Toni Serra que realizase un programa en catalán, el mayor problema de entonces sólo fue encontrar locutores que lo hablasen con un mínimo de calidad. Pero, ¿cuál es, en cambio, hoy día el problema de una Cataluña completamente normalizada?, ¿de qué libertad carece?, ¿qué sacrificios comporta esa presunta ausencia?

Oyendo a sus agoreros se trata de un gravísimo tema irresuelto que sólo puede solucionarse con una traumática ruptura.

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