AGLI Recortes de Prensa   Jueves 18  Septiembre  2014

Pánico en los consejos: el miedo se apodera de la banca española
S. McCoy El Confidencial  18 Septiembre 2014

No levanta cabeza la banca española. Tras penar durante años por los excesos cometidos en los años de vino y rosas, después de superar un carrusel de regulaciones que nació como una carrera de 100 metros y ha terminado en maratón, cuando el BCE vuelve a abrir el grifo del crédito dando continuidad a pasadas inyecciones masivas de liquidez, en el momento en el que, salvo que se produzca a nivel europeo una arbitraria elección de cabezas de turco, no cabe esperar sorpresas relevantes en los nuevos stress tests comunitarios, una vez que tienen ya una aproximación del escenario de su cuenta de resultados nacional en margen y provisiones para los próximos años, ahora que la alta bancarización española reconducía la ira popular hacia una normalización de las relaciones de los ciudadanos con sus bancos, va España, toda España comenzando por el PP, y se hace populista para desgracia de nuestras entidades.

Y, lo peor de todo, da la impresión de que el grito que acompañará la algarada será ‘banquero el último’. No es de extrañar que la preocupación se apodere de los consejos de administración de las principales instituciones financieras del país. Cautela que es víspera del miedo; antesala de un pánico veremos si justificado.

Es así. Se trata de un proceso en el que participa no sólo una izquierda cuya fragmentación lleva a sus actores a abrazar posturas cada vez más radicales, sino también un PP que, con su renuncia a la Reforma de la Ley del Aborto o la negativa a participar de manera proactiva en el consorcio internacional para frenar la amenaza del Estado Islámico, busca cautivar a esa parte del electorado socialista moderado a la que espanta el nuevo posicionamiento de su partido.

Un error estratégico de calado ya que, si algo han demostrado los treinta y pico años de democracia constitucional en la piel de toro, es que los conservadores solo tocan el pelo de la Moncloa por deméritos de sus rivales, no por sus propias virtudes, con la única excepción de la segunda legislatura de Aznar, un espejismo de confianza que el propio inspector de hacienda se empeñó en desvanecer a lo largo de su mandato. Fue aquella, de hecho, una oportunidad perdida para cimentar los débiles pilares sobre los que se articuló nuestra transición; una ocasión tan tirada por el retrete como la que está desaprovechando Rajoy, incapaz de comprender el mandato de regeneración que incorporaba su mayoría absoluta.

Es precisamente en su dejación de funciones como hombre de Estado, en la falta de un mensaje que ilusione y reúna a la ciudadanía alrededor de una idea común de país, en el ir por detrás de los acontecimientos y poner por delante lo urgente a lo importante sin propósito de enmienda lo que ha incendiado a unas masas que buscan alternativas y que han encontrado oportuna canalización de sus reivindicaciones en las promesas utópicas de un colectivo como Podemos.

En la tentación por parte de los gobernantes populares de aplacar dicha ira a través de la búsqueda del oportuno blanco alternativo, es donde encaja la posibilidad de una legislación lesiva para el sector bancario que vendría de manera natural si la apuesta bolivariana que encarnan Pablo Iglesias y sus chicos, y a la que se quiere adherir la izquierda más recalcitrante, llegara al poder. Parece inevitable en ese entorno de necesidad electoral un endurecimiento de la fiscalidad de la banca, tanto a través de nuevas figuras impositivas, como el Impuesto sobre los Depósitos, como mediante el cambio retroactivo de normas tales como el aprovechamiento en ejercicios sucesivos de los créditos tributarios diferidos. Ahí está su temor.

No va a ser inmediato pero llegará. Ahora no es el momento, toda vez que conviene al Gobierno mantener las aguas tranquilas en tanto en cuanto nuestros principales bancos se hallan bajo el escrutinio del Banco Central y de las autoridades europeas. Sin embargo, se trata de una calma aparente. Los anuncios por parte de las propias entidades financieras de una rápida recuperación de los beneficios domésticos en los próximos años, más por reversión de provisiones que por aportaciones de margen, abonan aún más tal posibilidad. Puede que el PP se resista salvo que sea estrictamente necesario. Pero no ocurrirá igual con sus rivales políticos si le desplazan del puesto. La preocupación es alta entre los máximos ejecutivos de la industria.

En contra de lo que se ha publicado, no se debe a la fragmentación del arco legislativo y su incidencia sobre la gobernabilidad de España, sino a la certeza de que vienen curvas por la autopista de los impuestos que les afectan y de que su empeño denodado por recuperar credibilidad, evitar sustos venideros reforzando capital y liquidez y empezar de manera definitiva un nuevo modelo de relación con los clientes pueden encontrarse con el peligroso obstáculo de la ley. Con un pero adicional que seguro tienen en mente: la experiencia prueba que, una vez iniciado ese camino, la expropiación y la confiscación son escenarios más que factibles.

Hacen bien en ponerse la venda antes de la herida.
Spain is not Venezuela. Not yet, I dare to say.

Referéndums
La idolatría del voto
Jesús Laínz Libertad Digital 18 Septiembre 2014

En noviembre de 1918, recién concluida la Gran Guerra, escribió Pío Baroja sobre la eterna disputa francoalemana:

Se ve en esto cómo esas soluciones de la democracia –el sufragio, el referéndum–, que parecen tan evidentes, no son en la práctica nada. Si se hiciera la consulta al pueblo en Alsacia y Lorena, y si resultase, como resultaría, que parte de la población estaba por Francia y parte por Alemania, ¿quién de estas naciones tendría el mejor derecho? ¿La que tuviese la mitad de los votos más uno? La cosa sería tan absurda y necia que produciría risa.

Hoy al impío don Pío lo encerrarían, pues el nuevo credo declara que la mitad de los votos más uno es el modo más sabio de tomar decisiones. Pero ¿todo ha de votarse? ¿También la legalización de la lapidación de las adúlteras, de la pederastia o de la violación? ¿De dónde se deduce que todo se resuelve votando y que, además, siempre se resuelve bien? ¿Acaso no hay mil ejemplos históricos de decisiones equivocadas, incluso desastrosas, tomadas por la mayoría? Para evitar fulminaciones jupiterinas, que cada uno ponga el ejemplo que prefiera.

Gracias a la frivolidad de Cameron, los escoceses están a punto de tirarse por la ventana de la independencia. Y, según explican las encuestas, por motivos tan evanescentes como el rechazo al partido gobernante en Londres, el enfado por la crisis económica, la mayor locuacidad de tal político en tal debate, la curiosidad por la novedad y otras puerilidades pasajeras que pueden acabar rompiendo, en el irresponsable sufragio de un día, el asentado sufragio de los siglos.

Como a los escoceses se les ocurra restaurar el Muro de Adriano, España no tardará en disolverse. Pues sobrará todo argumento histórico, jurídico o lógico para explicar la diferencia esencial entre los casos escocés y catalán. Lo único que valdrá, tanto dentro como sobre todo fuera de España, será:

Queremos votar. ¿Qué hay de malo en votar? ¿No es éste un régimen democrático? ¿Por qué no nos dejan votar? ¿Por qué los escoceses pueden votar y los catalanes no?

Y un mes más tarde, el País Vasco. Y después…

Hace trece siglos España estuvo a punto de desaparecer bajo las cimitarras. Y hace dos, a bayonetazos. Lo que no lograron moros y franceses, lo lograremos hoy los españoles a golpe de votos. ¡Cuánto progreso!

Cameron, el idiota. En Cataluña y en Escocia
Javier Caraballo El Confidencial 18 Septiembre 2014

David Cameron es idiota. Aquí, por lo menos, casi todo el mundo lo dice. Ni al que asó la manteca se le ocurre lo que al primer ministro británico. ¿Mira que convocar un referéndum que puede perder? Eso, sin pensar en las consecuencias históricas de su decisión: pasar a la eternidad como el tipo bajo cuyo mandato en Downing Street se rompió la unidad del Reino Unido. Tres siglos de unidad se pueden ir al garete por el dichoso referéndum. Por eso, por lo menos en España, las cosas están mucho más claras que en el Reino Unido. Y casi todos opinan lo mismo. Un pusilánime. Un irresponsable. Un chulo. De todo le han dicho. En resumen, un idiota.

Al propio Cameron se lo preguntaron hace unos días, directamente. ¿Se da cuenta de que puede pasar a la historia como el primer ministro que ha acabado con trescientos años de historia del Reino Unido? La entrevistadora hablaba y parecía intuirse un tono subliminal, casi de incredulidad. 'Pero, alma de cántaro, cómo se te ocurre convocar un referéndum en Escocia'.

Cameron, sin embargo, no se alteró lo más mínimo, y en el mismo tono de flema británica que se le aprecia en otros discursos, lo explicó: “En las últimas elecciones –vino a decir– ganó en Escocia un partido que llevaba en su programa electoral la convocatoria de un referéndum. Lo que debe hacer un demócrata en esas circunstancias es atender lo que exige la mayoría, con independencia de que esté o no de acuerdo. Y eso es lo que hice”. ¿De verdad que es un idiota, como se piensa aquí? No, no, desde luego que no. Veamos.

En las últimas elecciones en Escocia, celebradas en 2011, el Partido Nacionalista de Escocia (SPN), que comenzó la campaña electoral por detrás de los laboristas, obtuvo una inesperada mayoría absoluta en el Parlamento, frente a la debacle de las otras fuerzas políticas. David Cameron, nada más conocer los resultados, felicitó a los nacionalistas y se comprometió a “hacer campaña por mantener la unidad del Reino Unido con cada fibra de mi cuerpo”. Un año después, en octubre de 2012, Cameron firmó un acuerdo con el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, para celebrar el referéndum de hoy jueves.

En ese mismo acuerdo, se incluía que la pregunta sería una sola y nítida: “¿Debe ser Escocia un nuevo país independiente?”. Otra de las cosas que se le reprochan a Cameron, es que, durante la negociación de ese acuerdo, hubiera rechazado una pregunta más alambicada, que incluyera tanto la opción de ser independiente como la de conseguir una “autonomía reforzada”. Pero Cameron dijo que no.

Una firmeza que se corresponde, tantos meses después, con algo que ha dicho en una de sus intervenciones en la campaña electoral del referéndum. Una advertencia: “No hay vuelta atrás, no hay repetición. Esta es una decisión para siempre. Si Escocia vota ‘sí’, el Reino Unido se dividirá y marcharemos por caminos separados para siempre. Cuando se vote el jueves, la gente no estará votando sólo por sí misma, sino por sus hijos y sus nietos y las generaciones venideras”.

O sí o no, cualquier otra opción de mayor autonomía, planteada así, sin concretar, a lo único que habría dado pie es a una nueva espiral de reclamaciones y negociaciones. Y no, claro, porque se trata de acabar con un problema.

En el referéndum de hoy, David Cameron puede perder y algunos querrán inscribirlo en la historia como el idiota que permitió la ruptura del Reino Unido. Pero lo que nunca considerarán es que es verdad que en una democracia no se puede actuar de otra manera y que, en cualquier caso, si Escocia se independiza no será por culpa de quien ha hecho la pregunta, sino de quien la ha contestado en las urnas.

Objetivamente, la independencia de Escocia es una pésima noticia para todos, empezando por Escocia y, como en un efecto centrífugo, para todos los demás países europeos a partir del Reino Unido. Pero, nos guste o no, esa es la democracia y, más allá todavía, esa es la voluntad incontenible de los pueblos; desde el Imperio Romano hasta aquí se pueden rastrear los porqués de los pueblos y las civilizaciones que se extinguen por la estricta decadencia de sus ciudadanos. Los nacionalismos de hoy suponen un contrasentido suicida en el mundo globalizado que vivimos. Si no lo entienden los escoceses, poco se puede hacer.

La única variable que no se puede contemplar, porque es incluso más autodestructiva, es, precisamente, la que llevamos decenios ensayando en España, la de conllevar los problemas. Ya sabemos que hay problemas que no se van a resolver, pero esa desazón tenemos que reservarla para los grandes traumas de la humanidad, la miseria, la injusticia, la marginación. Los problemas territoriales no se pueden mantener permanentemente, y menos aún con la envenenada estrategia de esos nacionalismos ricos, avariciosos, insolidarios, que sólo viven del agravio artificial y constante que los retroalimentan. Con el efecto añadido de que sólo genera odios internos e injusticias y trágalas para quien no protesta.

Conllevar un problema territorial acaba siendo corrosivo para todos los que conviven. Porque nunca tiene final. De ahí el acierto, la valentía de Cameron: “No hay vuelta atrás”. Hasta el independentista Salmond ha acabado asumiendo que no pedirá a la vuelta de unos años otro referéndum en el caso de fracasar ahora.

Se sostiene, con toda razón, que Escocia y Cataluña nada tienen que ver históricamente. Evidentemente es así, y por todo el mundo es conocido, menos por quien se empeña en desconocerlo –en cuyo caso es inútil la insistencia–, que mientras que Escocia cuenta con una historia propia en el pasado, que decidió romper hace 300 años para unirse a sus vecinos y formar el Reino Unido (precisamente para salvar una crisis económica), en Cataluña nunca ha existido nada parecido.

Ni hubo un reino de Cataluña ni jamás los catalanes gozaron de tanto autogobierno como el de estos últimos años, muy superior al que tiene Escocia. Pero esas diferencias históricas dejan de tener relevancia en un momento como el actual en el que en Cataluña, a la vuelta de unos meses, se puede dar exactamente la misma tesitura que en Escocia: un bloque nacionalista que gana las elecciones por mayoría absoluta con la promesa, en el programa electoral, de convocar un referéndum de independencia. Llegados a ese punto, ya no habrá diferencias entre Escocia y Cataluña por mucho que se nos atragante la barbaridad.

¿Entonces, qué? ¿Suspender la autonomía? ¿Mandar al ejército? ¿Encarcelar a toda la clase política? Todo tipo de desvaríos se pueden oír en España pero es bastante probable que nadie, en su sano juicio, defienda que con decisiones similares se acabaría con el problema.

Queramos o no queramos, nos guste o no nos guste, va a llegar el día en el que Cataluña sea Escocia. Y la única salida entonces será la de David Cameron en el Reino Unido. Un referéndum convocado por el Estado español, con garantías democráticas –es decir, con una ley de referéndum que exija para la independencia una mayoría cualificada, por encima del 50 por ciento del censo en cada provincia– y sin marcha atrás. Pero como aquí nos abonamos con frecuencia a la bronca, seguiremos pensando que no nos va a pasar, que David Cameron es idiota.

MIRADA DESDE LA CITY
La independencia escocesa y el 'cuento de la lechera'
Javier Santacruz www.gaceta.es 18 Septiembre 2014

Tras las últimas encuestas, los inversores son conscientes de los problemas monetarios que tendría una Escocia independiente.

El referéndum de soberanía que hoy tendrá lugar en Escocia, pone un punto y aparte en un proceso que comenzó hace décadas y que se ha caracterizado por un conflicto tanto político como económico de primera magnitud en un país como la Gran Bretaña, unido por una institución fundada en 1694: el Banco de Inglaterra.

Los resultados que conoceremos mañana con exactitud serán con toda probabilidad muy ajustados, tal como hemos podido observar en los resultados arrojados por las distintas encuestas publicadas en diarios como The Sunday Times, The Telegraph o The Sun. Hasta hace varias semanas, se daba por hecha la victoria del “No”. Sin embargo, la encuesta realizada por YouGov y publicada por The Sunday Times hace dos semanas, disparó todas las señales de alarma y puso en guardia a los inversores y banqueros centrales.

Sin duda, el triunfo del independentismo ha sido un riesgo minusvalorado durante meses y que ahora sí se está poniendo en precio, concretamente en la depreciación de la libra esterlina contra el euro y contra el dólar americano. En este sentido, los inversores son conscientes de los problemas monetarios que tendría una Escocia independiente con un sistema financiero que pesaría el 1.100% del PIB y el dilema que en este momento tiene el Banco de Inglaterra.

Según algunos miembros de la Vieja Dama de Threadneedle Street (así es como se ha conocido históricamente al Banco de Inglaterra), Escocia tendrá que crear una moneda propia puesto que no contarían con la libra esterlina. Sin embargo, los inversores y los ciudadanos de a pie descuentan que la libra se mantendrá y que poco tiempo después de la declaración de independencia (si ésta se produce) los ciudadanos británicos tendrán que acudir al rescate de la banca escocesa afectada por una corrida bancaria.

Dejando a un lado los riesgos existentes, fijemos nuestra atención en el mismo proceso de independencia y en los mensajes de los distintos líderes pro-independencia. Los ideólogos de los procesos separatistas suelen prometer prosperidad, riqueza y porvenir a los ciudadanos de la región si ésta se independiza, acusando al resto del país de expolio de su riqueza. Concretamente, este discurso se estructura en una especie de “cuento de la lechera”, siendo en esta ocasión el petróleo y el gas el “cántaro” que terminaba rompiéndose en la fábula del celebérrimo Calila e Dimna.

De acuerdo a las cifras publicadas por el gobierno escocés, la producción de petróleo se dispararía un 14% tras la independencia y hasta 2018 gracias a una mejor gestión de las licitaciones a las compañías extractoras y un marco regulatorio más estable. A pesar de ello, esta predicción choca con la evidencia empírica que disponemos ya que desde 2011, la producción de petróleo ha caído significativamente y, con ello, los ingresos por impuestos derivados de estas actividades. Ante esta evidencia, el gobierno escocés justifica que es una caída “transitoria” debido a que las compañías han estado más enfocadas en la inversión que en la producción.

La estimación de producción hecha por el gobierno escocés está claramente sesgada al alza a la luz tanto de los datos de producción pasada como de otras plantas petroleras situadas en el Mar del Norte. Al igual que en Noruega, el petróleo en esta zona del mundo se va agotando y deja paso a otros flujos de producción provenientes de Asia, África o el momento en que Estados Unidos abra las fronteras a la exportación de crudo.

Un indicador de esta realidad es la caída en picado de la producción en los pozos que pertenecen a aguas territoriales británicas. Desde 1999, según los datos recogidos por Bloomberg, la producción de petróleo ha caído un 74%. Sin duda, este dato hace que el “cántaro” vuelva a romperse como en la fábula y devuelve a Escocia a la realidad: el empobrecimiento con la creación de barreras comerciales y su reducido tamaño que impide la expansión de sus mercados.

Por la parte británica, la Oficina de Control del Presupuesto –órgano muy parecido a la Autoridad de Responsabilidad Fiscal de España– estima una caída de la producción anual de crudo del 5% hasta 2019. Esta estimación está cercana a la realizada por otras instituciones como la Agencia Internacional de la Energía, la cual sigue preocupada por la caída del peso del Mar del Norte en el juego internacional de oferta de petróleo.

En suma, el proceso de independencia de Escocia se basa en unas promesas de futuro alejadas de la realidad y que juegan, además, con un elemento extraordinariamente volátil como es el mercado de las materias primas. Ahí puede verse la situación de las naciones petroleras como Venezuela, Ecuador, Nigeria o Arabia Saudí.

Reino Unido
Escocia es mentira
José García Domínguez Libertad Digital 18 Septiembre 2014

Sin duda, el rasgo más notable de la identidad nacional escocesa es que tal cosa no ha existido jamás. Léase, si no, La invención de la tradición, el delicioso libro de aquel viejo comunista sabio que fue Eric Hobsbawn. Un asunto, el de la existencia real o no de la singularidad diferencial escocesa, que, en el fondo, tampoco tiene mayor importancia. A fin de cuentas, toda nación no es más que un relato compartido por un número suficiente de gente. Lo importante es que el relato resulte creído por la mayoría. Que sea o deje de ser auténtico, eso es lo de menos. Aunque, en el caso escocés, el cuento nacionalista resulta tan clamorosamente falso que ni siquiera esa faldita plisada con que se adornan los autóctonos procede del acervo local. Sucede que los antiguos habitantes de Escocia nunca vistieron faldas a cuadros, ni tampoco tocaron gaita alguna en sus festejos y desfiles rituales.

De hecho, la pretendidamente ancestral gaita escocesa fue una novedad bastante moderna que se implantó en la zona mucho después de la unión política con Inglaterra. Y es que el genuino instrumento nacional de Escocia nunca fue la gaita, sino el arpa. Algo que no deja de obedecer a la lógica si se repara en un pequeño detalle nada baladí, a saber, que los montañas de Escocia estaban pobladas por irlandeses desde tiempos inmemoriales. Irlandeses eran sus habitantes e irlandesa, en consecuencia, era su cultura. Los highlanders de Escocia no eran más que un apéndice de Irlanda. Apenas eso. La fantasía de que formaban un pueblo diferenciado con su propia cultura secular es un invento retrospectivo acuñado en el siglo XIX por un par de célebres falsificadores, James y John Macpherson.

Tanto la historia como la literatura nacionales de Escocia resultarían creación exclusiva de aquella pareja de trileros intelectuales. Una gran bola muñida por la prodigiosa imaginación de dos farsantes, a eso se reduce la pretendida literatura indígena celta de Escocia. Pero así se escribe la Historia. O que se lo pregunten a los que se creen ese otro cuento, el del 11 de septiembre de 1714. ¿A qué extrañarse, pues, de que la famosa faldita de los patriotas de Edimburgo fuese ideada y confeccionada por un inglés decimonónico, el empresario cuáquero de Lancahire Thomas Rawlinson? Al igual, por cierto, que los legendarios distintivos de los clanes escoceses, invención del también inglés sir Walter Scott. La nación escocesa es mentira, sí. Pero ¿a quién importa la verdad?

Reino Unido
La 'matrioska' británica
Jorge Vilches Libertad Digital 18 Septiembre 2014

Gran Bretaña ha sido como una matrioska, una de esas muñecas rusas que contienen otras menores; es decir, una identidad que tenía naciones en su interior. Desde la unión de 1707 entre Inglaterra y Escocia, y de 1800 con Irlanda, lo que ha mantenido juntas a esas naciones ha sido el concepto de britanidad. La disolución de esa identidad británica a partir de 1945 ha ido rompiendo la matrioska.

La unión entre Escocia e Inglaterra, que empezó a aventurarse en 1603, no se llevó a la práctica hasta 1707, y no fue por amor entre sus pueblos. El reino de Escocia estaba arruinado tras el fracaso de su aventura colonial en Panamá y necesitaba ayuda económica. Inglaterra, un país floreciente, temía a la católica Francia de Luis XIV, la gran potencia europea, que ambicionaba controlar las islas británicas sentando a un rey católico en Westminster. El problema inglés era que Guillermo III no tenía descendencia, así que en 1701 su Parlamento aprobó un acta por la que heredaría la Corona su pariente protestante más próximo, esto es, un miembro de la Casa Hannover. El Acta de Unión de 1707 resolvió el problema económico escocés y el sucesorio inglés: aseguró los subsidios y proclamó reina de gran Bretaña a la reina Ana de Escocia –sin descendencia–, a quien sucedería un Hannover.

La mayoría de los escoceses no quiso la unión. El inglés Daniel Defoe, enviado a Escocia para hacer propaganda unionista, informó a su Gobierno de que odiaban a los ingleses tanto que eran capaces de unirse a Francia. A las protestas en las calles le siguieron los alborotos, y tuvo que proclamarse en Escocia la ley marcial. La sensación de falsa unidad era grande porque fueron conocidos los sobornos ingleses a los parlamentarios escoceses para votar a favor del Acta de Unión. El Parlamento escocés desapareció y las ayudas económicas tardaron en llegar. Ese descontento se tradujo en los levantamientos jacobitas de 1719 y 1745 para restablecer en el trono escocés a un católico Estuardo; levantamientos que fueron severamente reprimidos.

Era preciso crear desde el Gobierno una identidad. Nació así la britanidad. El impulsor fue el ministro William Pitt el Viejo, que gobernó desde 1756 a 1761. Los instrumentos de esa nueva identidad fueron la noción de Imperio y la externalización del enemigo –Francia, of course–. El mejor medio: la guerra. A esto se sumó, como ha indicado la historiadora Linda Colley en Britons: Forging the Nation, 1707-1837, el protestantismo como seña de identidad, al igual que Francia o España tuvieron el catolicismo. Esto supuso la discriminación de los católicos en la vida británica; especialmente, escoceses e irlandeses.

La britanidad se desarrolló en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), donde Gran Bretaña derrotó a Francia, España y otros países, y consiguió un Imperio. El proyecto imperial supuso la creación de una simbología, una mentalidad e instituciones compartidas; esto es, un proyecto común. Los combates en la Guerra de Independencia de las colonias inglesas de Norteamérica sirvieron para fortalecer la britanidad, incluso en la derrota. La culminación se produjo en las guerras napoleónicas, en las que vencieron al "mayor genio militar de todos los tiempos" sin perder su independencia un solo segundo.

Lo británico eran la Corona, el Imperio y el Ejército, y venía reforzado por un desarrollo económico sin precedentes que colocó al país como primera potencia mundial, con un gran impulso cultural. La reina Victoria fue el símbolo de esa britanidad: marco una era, una época marcada por lo británico, por sus intereses e ideas. Se sentían el país más adelantado, no solo por su economía y ejército invencibles, sino por su liberalidad. En 1832 el Parlamento aprobó la Reform Act, que abría el horizonte a la universalidad del sufragio. Y un año después abolían la esclavitud.

Londres se convirtió en el lugar de acogida de todo tipo de exiliados políticos, desde Karl Marx hasta el carlista Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, que se casó allí con una protestante y se convirtió al liberalismo. La britanidad era una ciudadanía, un sentimiento de pertenencia a un país tolerante y predominante en el mundo, no solo en el campo militar, también en el cultural. Era el país admirado por todos. Mientras el continente europeo se debatía en revoluciones, golpes de Estado, cambios de dinastía y repúblicas, lo británico seguía su avance.

El concepto de britanidad comenzó a diluirse en el momento en que Gran Bretaña dejó de ser un Imperio, tras 1945. La descolonización, el ascenso de otras potencias, como Estados Unidos, la Unión Soviética y China, y la extensión de la ciudadanía democrática a casi toda Europa dejaron lo británico limitado a una matrioska cultural, en muchos casos identificada solo con Londres y lo inglés. Nació así el Partido Nacional Escocés, con una historia mitificada, un folclore sobredimensionado, una resurrección lingüística como seña identitaria y el típico victimismo, que supo canalizar el descontento ante el deterioro lógico del régimen y la crisis económica.

Un mal cálculo inglés ha permitido el referéndum escocés. El mal está hecho: la división de la sociedad escocesa en dos partes difícilmente reconciliables. Al menos un 40% de los escoceses, salga lo que salga en el referéndum del 18 de septiembre, se sentirán frustrados sin remedio. La matrioska británica nunca será la misma.

Secesiones
¿La fractura de un Estado debe decidirse a cara o cruz?
Cristina Losada Libertad Digital 18 Septiembre 2014

El referéndum en Escocia ha producido, entre otras anécdotas, la del raro acuerdo entre el historiador Neill Ferguson, de origen escocés, y el economista americano Paul Krugman. Ambos advierten, por decirlo en corto, que la separación sería muy mal negocio para los escoceses. Pero sería un auténtico desperdicio que del asunto de Escocia sólo quedaran las anécdotas y el ruido y la furia de la campaña, además de lo que vendrá una vez se conozca el resultado. Porque entre todos los interrogantes que suscita un proceso así hay uno que merece más reflexión de la que se le está dedicando. Es la cuestión sobre la idoneidad de que sea por el solo procedimiento de un referéndum cómo se decida la ruptura de un Estado. Más aún si basta una mayoría simple.

Sobre el papel, un resultado a favor de la independencia en un referéndum como el escocés o como el que regula la Ley de Claridad canadiense no comporta la secesión de manera automática. No es de autodeterminación, cierto. Pero vayamos del papel al terreno. ¿Alguien piensa que una vez emitidos los votos se puede hacer otra cosa que cumplir su mandato? Todo es posible, sí, pero entonces se han hecho las cosas al revés. No se pide primero a la gente que vote para después mandarla a freír. O para negociar acto seguido un estatus intermedio, si hay alguno. Un referendo de estas características nunca será meramente consultivo. No es una encuesta. No pulsa la voluntad: la fija.

En la mayoría de las democracias, con la notable excepción suiza, el referéndum suele emplearse para someter al electorado decisiones de relevancia aprobadas por los parlamentos. En buena práctica, tales decisiones son el fruto de un compromiso que vincula a una amplia mayoría. La votación culmina un proceso de aproximación entre posiciones diferentes. Esto no ocurre en el caso de los referéndums independentistas. No abren un espacio a la negociación: lo cierran. La ruptura o la continuidad de un Estado se juegan a cara o cruz. De salir el sí ya no eres británico, de salir el no lo sigues siendo ¡de momento!

De momento. Otra de las diabluras que entraña este tipo de referéndum es que las consecuencias para unos y otros son asimétricas. Aunque fracasen ahora, los independentistas podrán volver a la carga y, en seis, en diez, en quince años, generar la presión suficiente para que la votación se repita. Pero si triunfan, los perdedores, los contrarios a la secesión, se convierten enseguida en ciudadanos de otro Estado: en esas condiciones, la posibilidad de que reúnan la fuerza necesaria para intentar revertir la situación es remota. Sin contar con que una vez levantadas las fronteras y las ampollas, los antiguos conciudadanos estén poco predispuestos a acoger a los que se fueron.

El exministro canadiense Stéphane Dion decía en una reciente entrevista en El País que un referéndum de este tipo divide profundamente. Y añadía: "Es existencial. No tomas una decisión para los próximos cuatro años y si te equivocas puedes cambiar de opinión". Para hacerse una idea de las circunstancias de la decisión, léase un artículo que publicaron en El Mundo Joan Font y Braulio Gómez, autores del libro ¿Cómo votamos en los referéndums?

Una de las conclusiones más claras de los estudios allí reunidos es que "la disputa que se da en los mismos va siempre mucho más allá de la pregunta que se haya planteado explícitamente a los ciudadanos". Aunque el referéndum no se convoca para castigar o premiar a un Gobierno, es inevitable que ese elemento esté ahí: como sucedió en Quebec y sucede en Escocia, donde el rechazo al gobierno británico conservador, a los tories en general y al establishment londinense en particular, ha llenado el caudal del independentismo.

Los defensores de que una parte de la población de un Estado decida en referéndum si se rompe o se mantiene siempre apelan al principio democrático de la voluntad de la mayoría. Una mayoría que no es tal, puesto que en su mapa sólo los escoceses o sólo los catalanes deciden. La democracia entraña aquel principio, como otros muchos, pero ante todo es una manera de vivir en sociedad: de que puedan vivir juntos aquellos que son distintos. El independentismo dice que no, que no se puede vivir juntos y que, para empezar, no se puede votar juntos. Esta es, en fin, la cuestión.

Populismo
Podemos: lo llaman democracia y no lo es (y 3)
David Jiménez Torres Libertad Digital 18 Septiembre 2014

Frente al discurso de Podemos que identifica la democracia con el ejercicio del poder por parte de una mayoría frente a una minoría, me parece más útil reivindicar la democracia como garantía de pluralidad. Dicho de otro modo, lo más valioso de la democracia es la garantía de una coexistencia entre distintas opciones ideológicas en un mismo espacio. Y por muchos defectos que tenga el bipartidismo, al menos garantiza eso. Que no es poco. Porque si partimos de una concepción del mundo en la que nadie (ni siquiera Pablo Iglesias) se pueda postular como conocedor de la Verdad Universal y Absoluta, bien porque esta no exista o bien porque los seres humanos seamos incapaces de alcanzarla, entonces aceptamos que lo mejor de la democracia es permitir que distintos grupos opten al poder, y que a veces ganen algunos y hagan lo suyo y a veces ganen otros y hagan lo que a ellos mejor les parezca, y que todo se produzca dentro de un cierto consenso y un cierto respeto al Otro político.

Valdría recordar, en este sentido, que el discurso que tanta fuerza está cobrando en los últimos tiempos y del que tanto se nutre Podemos, de que la crisis económica la provocó la desregulación financiera y que el capitalismo moderno no hace sino incrementar las desigualdades entre clases, etc., no hace sino proponer una serie de hipótesis (y encima, en caliente), que pueden resultar equivocadas. Vale que uno puede pecar de escéptico, pero también existió en su momento un consenso académico y popular según el cual el Sol giraba alrededor de la Tierra, y ya ven. Así que a lo mejor la situación actual no llama a las convicciones blindadas y a la glorificación de un tipo de mayoría ciudadana que parece estar proponiendo Podemos, sino a una consideración de la pluralidad de perspectivas como mejor herramienta para salir de esta crisis.

Es verdad que la traducción del principio de pluralidad en la política española ha sido frustrante en los últimos años. Es verdad que lo podemos llamar pasteleo, mediocridad, casta; que puede frustrarnos y a veces hasta indignarnos. Pero también lo podríamos llamar coexistencia, respeto, tolerancia. Incluso paz. Que se puedan y se deban cuestionar las reglas del juego no significa que debamos ir hacia un sistema en el cual cada grupo político propone sus propias reglas del juego, y en el que estas están diseñadas para excluir a los otros. Y esto es precisamente lo que parece hacer Podemos cuando intenta apropiarse de la palabra democracia.

Para concluir: democracia es que alguien vote a Podemos, y que alguien a quien Podemos no convenza vote al PP, o al PSOE, o a UPyD, o a Izquierda Republicana, o a Falange, o a quien le salga delas narices. Democracia, dicho de otra forma, sería tanto que Podemos ganase las elecciones como que las perdiera. Lo que no es democracia es negarles carta de naturaleza democrática a tus enemigos políticos. Eso es cinismo, oportunismo y populismo; y es un indicador muy alarmante de lo que haría este partido en caso de llegar al poder.

Busquemos otras soluciones.

¿Por qué callan quienes lo hacen?
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com 18 Septiembre 2014

Ignasi Guardans, en un artículo publicado en La Vanguardia, muestra su desprecio por quienes callan sabiendo o compartiendo que todo es una enorme ficción teatral llena de emociones futboleras y vacía de sustancia y racionalidad. Por quienes creyeron que ese mesías en realidad hablaba en público de una cosa para conseguir otra. Por quienes en privado siguen diciendo que la independencia es una barbaridad.

Y avanza una explicación para ese silencio: el miedo a la pérdida de su empleo.

Están convencidos de que por no significarse no hay coste alguno, ni en Cataluña, ya que el poder seguirá en manos de nacionalistas, ni en el resto de España

Efectivamente, la pérdida del empleo, o del ascenso, o del puesto de dirección, es una causa. La pérdida de un contrato, de una subvención es una causa parecida que tambien hay que tener en cuenta. Pero no solo existe miedo económico. Existe miedo a la coacción, de momento psicológica. Existe miedo a ser insultado en la calle, en las redes sociales o por columnistas, tertulianos y conductores de programas en medios públicos y privados. Existe el miedo inconsciente a no formar parte de la tribu, como describe a la perfección la pelicula alemana 'La ola', que recomiendo fervientemente a quien no la haya visto.

Pero lo que yo quiero señalar es que existe otra razón que invita al silencio a muchos que no comulgan con el "proceso". Aunque la operación descarrile, nadie piensa que su no posicionamiento le va a causar molestia alguna. Están convencidos, seguramente con razón, de que pase lo que pase seguirán mandando los mismos. Que por no significarse no hay coste alguno, ni en Cataluña, ya que el poder seguirá en manos de nacionalistas -tengan las siglas que tengan-, ni en el resto de España. En cambio, manifestarse contra la independencia tiene costes evidentes e inmediatos y ningún premio en el futuro.

Guardans apela a la responsabilidad de los silentes, a su incomodidad futura, para que rompan su silencio. Pero los humanos, salvo contadas excepciones, sabemos convivir con nuestras frustraciones y cobardías. Anteponemos la comodidad material a cualquier otra consideración. Encontramos facilmente coartadas para autojustificarnos.

Solo al borde del abismo, como ha ocurrido en Escocia, algunas grandes corporaciones hablarán. Pero solo un cambio de mayorías en Cataluña, es decir, el cambio de percepción sobre el vencedor de la contienda política, puede cambiar las cosas. Y para ello habría que darle la vuelta a la ideologia dominante, instaurada en nuestra sociedad por la intensa actividad de agitación y propaganda de unos y el silencio e inacción de los otros. Pero como eso no parece probable a corto plazo, si un milagro político no lo remienda, los callados denunciados por Guardans lo seguirán siendo.

Ya hemos chocado con el iceberg
Manuel Muela www.vozpopuli.com 18 Septiembre 2014

Hace años que el trasatlántico en el que viajan la política y la economía españolas se internó en el mar sin fondo y sin orillas de la crisis española. El viaje ha sido todo menos placentero; es lo que cabía esperar después de la llegada de las vacas flacas y el descubrimiento de los abusos y dejaciones de los añorados días de vino y rosas, que hicieron creer a la gran mayoría que España sí había entrado en el club, bastante restringido por cierto, de los países libres y bien gobernados. Con todo, el barco no había llegado a la deriva y tanto sus tripulantes como los viajeros pensaban, o mejor dicho deseaban, que el rumbo inicial hacia lo desconocido se cambiaría por un poco de certidumbre, aunque ésta no supusiera la garantía de un final feliz. No se pedía tanto, pero en mayo pasado se avistó un iceberg y el capitán del buque saltó a un bote y se marchó. Corrió formalmente el escalafón para intentar cubrir el vacío, y a esperar.

No hay choque trenes, ha sido un iceberg
Desde entonces, nada se ha sabido del capitán, pero su huida dejó a la tripulación confundida y a los pasajeros sorprendidos e intrigados. No obstante, la calma marina del verano ha disimulado que la nave estaba al pairo y al final ha terminado chocando con el iceberg, cuya parte visible es la cuestión catalana y el resto está compuesto por los agravios y corrupciones acumulados por un régimen político que se acerca a su final. Hasta sus protagonistas lo van asumiendo y, ante la falta de iniciativas, actúan como si no pasara nada, pareciéndose cada vez más a la famosa orquesta del Titanic o a los dirigentes de otras circunstancias históricas españolas en los meses previos a su defenestración. Los acontecimientos, aunque se produzcan a cámara lenta, como dice Javier Benegas, van llegando de forma inexorable y descubren la inanidad de los discursos oficiales que tropiezan una y otra vez con la realidad dramática que se ha creado a lo largo de años.

El lector ya conoce mi opinión sobre lo que se ha fraguado en Cataluña y las hipótesis de su desenlace, que doy por reproducidos. En éstos días, después de una nueva Diada, la riada independentista parece indudable, como también lo parece la falta de arrestos del Gobierno español para superar el trance de forma civilizada. Nuestro Gobierno creo que tiene conciencia de que él, como los anteriores que han gobernado en España, tiene grandes responsabilidades en lo que está sucediendo en aquella región y, por tanto, se ha inhibido de su papel ejecutivo y ha decidido refugiarse tras el burladero de la legalidad o de la constitucionalidad, traspasando la patata caliente al Tribunal Constitucional e ignorando que estamos ante un problema político y social de primer orden, que desborda los llamados cauces reglamentarios.

El juego de los tribunales para sustituir a la política
Salvando las distancias, el embrollo actual me recuerda al que se produjo en tiempos de Adolfo Suárez cuando pretendió endosarle la decisión de legalizar el Partido Comunista al Tribunal Supremo. Entonces, el Supremo le dijo que nones y le devolvió el asunto. Sin embargo, el Tribunal Constitucional es otra cosa, es un órgano político y probablemente se avendrá a echarle su capote al Gobierno, algo parecido a lo que hizo el Tribunal de Garantías Constitucionales de la Segunda República cuando anuló la Ley de Contratos de Cultivo, el asunto de los rabasaires, aprobada por el Parlamento catalán en marzo del 34, convirtiendo tal anulación en una de las chispas de la insurrección de la Generalidad en octubre de ese año.

Tampoco la Generalidad y su presidente lo tienen fácil, sobre todo porque su partido, CiU, se va a convertir en uno de los cascotes ilustres de la riada del descontento catalán. Se supone que, negada la posibilidad del referéndum, irán a elecciones y desconocemos qué mapa político se alumbrará en Cataluña, dando por descontado el hundimiento de CiU y del PSC que han sido los dos emblemas de la Transición allí. Lo que surja será diferente, no sé si mejor o peor, y tendrá como primer objetivo dar satisfacción al descontento social que en Cataluña es tan relevante como en el resto de España. Con ello quiero decir que nuestro gobierno saldrá de Málaga para ir a Malagón y no tendrá tribunales constitucionales que le cubran. El hilo de la cometa puede que quede agotado, una vez celebradas las previsibles elecciones catalanas.

Como los males nunca vienen solos, se habla de una tercera recesión en la eurozona, Guindos dixit, que ahondará el ambiente de desconcierto que se vive en el continente y que para el Gobierno español, que carece de cartas y de propuestas de cambio, supone un contratiempo añadido sobre todos los demás, que no son pocos, como sabemos. Mientras tanto, va a seguir entrando agua en las bodegas de éste Titanic español sin que asomen las bombas para su achique. Las únicas que conozco en la democracia parlamentaria son las de convocar elecciones y que la nación decida sobre lo que propongan los que aspiran a obtener su confianza.

En fin, de esto y de otras cosas se hablará en una mesa redonda organizada por el Ateneo de Madrid el próximo martes día 23 a la que quedan ustedes invitados.

Nacionalistas de importación y Autonomías de transición
José Javaloyes www.republica.com 18 Septiembre 2014

La iniciativa “masiana” (de Artur Mas), de ofrecer en Marruecos y para las escuelas catalanas clases de árabe, con el obvio propósito de engrosar su propia clientela electoral, se ha cruzado en los noticiarios con la nueva de que el Parlamento de Kiev ha dado su visto bueno a la iniciativa de política de conceder para los territorios ucranianos del Sureste regímenes especiales de Autonomías: partiendo así por la mitad el problema generado por los rusófonos de la zona, utilizados por Vladimir Putin, en tanto que protagonistas de una guerra civil, como recurso de acceso a un segundo tipo injerencia, de entrada, en el cuerpo de Ucrania. Del que ya ha ocupado, por vía de anexión la península de Crimea.

Es como si un comercio internacional de opciones y servicios de derecho público se expandiera a la velocidad del rayo, dada la creatividad y la imaginación de ciertos políticos de última hora; pues no se paran en barras cuando de prevalecer en sus empeños se trata, por descabellados que parezcan a quienes no sean de su parroquia. Actúan imparables, tanto da si para bajarse al moro a fin de que éste le eche una mano en las urnas; o en otro caso, para calmar los apetitos neoimperiales de este presidente ruso, ahora empeñado en reconstruir – bien que en régimen de derechas – el Leviatán que fue ese gran tinglado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Poroshenko, el presidente de Ucrania, parece adentrarse por rumbos de transición hacia la convivencia geopolítica con la Federación Rusa, a través de un régimen mixto de instalación ucraniana en la órbita de la Unión Europea y de basculación a Occidente, consentida de Moscú, desde el espacio soberano de Kiev.

Lo que sobre el papel puede parecer factible por soberanamente llevadero, cabe también que en la práctica resulte – toda esa porción suroriental de Ucrania – enrolladla y deglutida en la rusofonía. Engullida por la voracidad de este nuevo profeta del mesianismo eslavo: salido, no se olvide, del reservorio imperial del KGB. Es decir, cabe la hipótesis de que en la crisis de Ucrania se venga a pasar, al contrario de lo ocurrido luego de la transición política española – en la que regiones diversamente históricas fueron constitucionalmente formateadas como Autonomías, y en ciertas de ellas como en parte de Cataluña se quieren resolver como naciones -; en Ucrania, digo, resulte que la propuesta transición autonómica del Sureste acabe desembocando, visto lo ocurrido en Crimea, poco menos que a la fuerza. En una añadida y ahora consentida anexión a Rusia.

En fin, las de Poroshenko en Ucrania son Autonomías de transición, no puede saberse aun a qué. Mientras que en España, con la Constitución de 1978, las Autonomías formaron parte de la Transición a la democracia. Pero ahora que la Transición se acabó y se abre el ciclo de la Consolidación del concertado sistema de libertades, sí se sabe qué debe esperarse del cumplimiento de la Ley Fundamental y qué ha hacerse necesariamente para que ésta, la legalidad constituida, prevalezca como garantía de las libertades y respeto a la democracia de todos. Frente a las disgregadoras ocurrencias de unos cuantos que buscan traer masa crítica para sus urnas desde el otro lado del Estrecho. Mas sueña con otro Tarik para su propio desembarco en la orilla de la independencia.

Europa y las aldeas de Asterix
Ignacio del Río www.republica.com 18 Septiembre 2014

Rajoy ha manifestado en la sesión parlamentaria de control que las posiciones independentistas son un “torpedo contra la UE”. El Presidente del Gobierno podría incluso haber declarado más contundentemente que el independentismo es una ideología regresiva con Europa, con su acervo y su historia.

En Escocia y en Cataluña los independentistas no han comprendido lo que ha significado el proceso de integración europea, lo que aporta y debe aportar en un futuro próximo .Lo que pretenden es retornar a la tribu nación frente al Estado nación. Volver al feudalismo donde florecieron los fueros frente al Estado nación liberal que amparó los derechos del ciudadano frente a los abusos del poder.

Los avances de las encuestas en Escocia parecen que dan una ligerea mayoría al no. Algunos mantendrán que hay una gran mayoría de independentistas. Pero lo que hay que reafirmar es que los procesos secesionistas no son procedimientos unilaterales que el Derecho no acepta ni en la regulación de los divorcios.

La simple contemplación de la realidad permite comprobar que los que es Cataluña sería impensable sin el esfuerzo colectivo de España. Como Escocia tampoco se puede comprender sin su integración en el Reino Unido desde hace más de dos siglos.

El independentismo europeo ha tenido una causa principal en la recuperación de las libertades y la democracia en los países integrados en la extinguida URSS. En Cataluña y en Escocia no hay ninguna razón concurrente en los independentistas que tenga su apoyo en la mejora en las libertades y en los derechos de los ciudadanos que habitan estos territorios.

En el caso de Cataluña, el independentismo pretende imponer su ideología cerrada y opresiva. El modelo educativo y la lengua se impondrá y el respeto a los derechos de quienes quieran seguir recibiendo la educación en castellano o en otra lengua se verá restringido o simplemente desaparecerá. Los precedentes así lo presagian.

Junto a ello, el sentido de solidaridad, los flujos económicos, personales y culturales que se entrecruzan en la realidad de los territorios de España desde hace cinco siglos, se suprimirán. Por que, lo que realmente subyace, es una profunda insolidaridad y una reducción de derechos y libertades.

El impulso de apropiación de los territorios por sus habitantes se reproduce con distintas intensidades en regiones, ciudades, barrios y distritos. Es el efecto de la Aldea de Asterix caracterizado por una patología que se manifiesta en un espacio cerrado, en la negación de la convivencia y de la discrepancia y en una pócima milagrosa que se da a sus habitantes y que se supone genera el efecto de la felicidad.

Rene Goscinny y Alex Uderzo crearon unos personajes que nos han deleitado con sus aventuras frente al opresor romano. Pero en el sustrato ideológico no cabe duda que lo que se plantea es el ámbito tribal frente a la globalización romana que trasladaba su cultura, su derecho y sus costumbres, más revolucionadas y refinadas que los festejos de los galos asando jabalí. En definitiva, palurdos, neandertales que destripan terrones bajo el principio de la defensa de sus costumbres y tradiciones, frente a la evolución y la cultura que ampara al ciudadano y sus libertades.

Por ello, el Presidente Rajoy ha dicho que los independentistas son un torpedo contra Europa que es un espacio abierto de convivencia, de diversidad y de libertad que se está construyendo desde el final de la II Guerra Mundial con el objetivo principal de rechazar los totalitarismos.

Mientras, el sur de Europa recibe emigrantes desesperados que quieren incorporarse a un mundo que asegure su subsistencia básico, algunos, los independentistas, quieren irse de sus comunidades porque no quieren compartir. Además con un previa apropiación de lo que es el resultado de esfuerzos colectivos realizados por personas de diversa procedencia que han construido con su esfuerzo lo que hoy constituyen Escocia y Cataluña.

Gobierno
Mardallón y Gargallo, chapuzas a destajo
Pablo Planas Libertad Digital 18 Septiembre 2014

Los ministros de Exteriores y de Justicia del Reino de España son perfectamente intercambiables. Daría igual que fuera García Margallo y Ruiz Gallardón, que Ruiz Margallo y García Gallardón, como daría igual que Mallardón fuera el titular de Justicia y Gargallo el de Exteriores. No se notaría nada, puesto que ambos han mostrado las mismas dotes para hablar cuando no toca, no cabe y no deben. Y además, de lo que no saben.

Que el responsable de las relaciones internacionales de España fuera durante meses el único portavoz autorizado por Mariano Rajoy sobre Cataluña es una de las razones por las que Artur Mas ha llegado a un punto de no retorno sin el más leve contratiempo. Que el de Justicia tenga entre manos el recurso del Gobierno respecto a la consulta separatista sería lo adecuado si no fuera porque es Gallardón, cuya capacidad jurídica quedó perfectamente desacreditada con motivo de la abdicación del rey Juan Carlos.

Con el ministro de Exteriores en funciones de titular de Interior y Gargallón al aparato judicial, no está del todo perdida la causa austracista. Será muy complicado que el Tribunal Constitucional rechace la pretensión gubernativa de suspender el referéndum catalán, pero siempre que el recurso sea legible, llegue a tiempo, en la forma correspondiente y sin manchas de aceite. Tratándose de quien se trata, deberán concurrir no pocas circunstancias felices para que la operación recurso Mas pueda ser completada con éxito.

Ahora que el impasible se ha dado cuenta de que nos atacan, y con torpedos nada menos, se espera su próximo movimiento. Sigiloso como es, seguro que ya se ha producido y nos enteraremos cuando haya causado el efecto deseado. Como aquella vez que impidió la intervención de España sólo con la mirada. Tras la escaramuza de Montoro y el detalle del Estado con Jordi Pujol Ferrusola, alias el Dinamizador de Negocios y el Encantador de Jueces, ya sólo falta que Mas haga caso a Sánchez y se deje ayudar por el PSC para agotar la legislatura con la bendición tácita del PP. Lo único que tiene que hacer el presidente de la Generalidad es dejarlo con Carme Forcadell, apagar las antorchas y romper filas.

El 'síndrome de Irak' rige nuestra política de Defensa
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2014

Aunque los socialistas españoles no tengan, precisamente, mucha legitimidad para criticar la escasa implicación de España en la lucha contra el terrorismo islámico, no es menos cierto que el compromiso de nuestro país con la coalición internacional que se está gestando para combatir de manera directa al Estado Islámico (EI) está siendo hasta la fecha, ciertamente, muy escaso.

Que España no acudiera a las dos reuniones más importantes que se celebraron al efecto en la reciente cumbre de la OTAN en Cardiff es una vergüenza que no se borraba, sino que se agravaba, con el posterior anuncio de que la contribución española a la causa se limitaría a la entrega de unos miles de viejos fusiles Cetme a los kurdos iraquíes.

Aunque el ministro de Defensa, Pedro Morenés, haya anunciado este miércoles que España enviará 130 militares y una batería antiaérea Patriot a Turquía, dicha contribución obedece más a los programas de apoyo defensivo a los países que forman la OTAN que a un compromiso de implicación directa en el territorio donde impera a sangre y fuego el EI: Irak y Siria.

Es cierto que la escasa implicación de España puede encontrar acomodo en la falta de determinación que están mostrando los países llamados a liderar esta coalición internacional. Lamentable prueba de ello es que Obama parezca querer limitarse a combatir al terrorismo desde el aire, aun cuando lo más preocupante de este movimiento islamista, tal y como apunta Rafael L.Bardají, es que controla y administra un territorio y una población como si de un Estado, efectivamente, se tratara.

Difícilmente se podrá combatir y desalojar del poder a estos yihadistas si se renuncia a enviar tropas de infantería a liberar el territorio, cercano a los 80.000 kilómetros cuadrados, por ellos dominado.

Naturalmente, sería absurdo pretender que España asumiese el liderazgo de esta coalición internacional contra el terrorismo islámico, pero el Gobierno debería atreverse a mostrar clara y abiertamente su posición sobre cuál debe ser la forma de combatir la amenaza y cuál sería su grado de compromiso en dicho combate.

Sin embargo, por mucho que el ministro Morenés asegure que nuestra sociedad se defiende "tanto cerca como lejos" de nuestras fronteras, parece que el Gobierno se queda "a la espera de a ver qué le dicen", en una actitud que más recuerda a la etapa de Zapatero que a la de pasados Gobiernos del PP.

Aragón / CORRUPCIÓN
La Policía vincula a la cúpula del PSOE aragonés con un saqueo de 100 millones de euros
R. P. / ZARAGOZA ABC 18 Septiembre 2014

Un correo electrónico demuestra que se amañaron contratos por instrucción directa del Gobierno de Marcelino Iglesias

La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía vincula ya directamente a la cúpula del PSOE aragonés, instalada en el Gobierno autónomo durante 12 años, con el saqueo de la mayor empresa pública de esta Comunidad, la Plataforma Logística de Zaragoza (Plaza). Las causas abiertas en los juzgados apuntan a que se tejieron operaciones que supusieron el saqueo de unos 100 millones de euros de fondos públicos.

El cerco se estrecha cada vez más sobre el equipo del, hasta hace unos días, portavoz del PSOE en el Senado, Marcelino Iglesias. Líder de los socialistas aragoneses durante más de una década, presidió el Gobierno regional desde mediados de 1999 hasta julio de 2011. Fue también durante unos años secretario de Organización del PSOE liderado por Rodríguez Zapatero.

Desde que el accedió al Ejecutivo autónomo, el PSOE se empleó a fondo en multiplicar el entramado de empresas públicas y aceleró la puesta en marcha de la mayor de todas ellas –también la más ruinosa–. Plaza fue la «joya de la corona» de esta estrategia, que se ha saldado con una ruina galopante que, hoy por hoy, compromete directamente el presupuesto de la Comunidad.

Y Plaza fue también un oscuro pozo de irregularidades que se dirimen en los juzgados desde que, hace un par de años, la UDEF empezara a desentrañar el ovillo de relaciones empresariales que se trabaron allí, absorbiendo cientos de millones de euros de fondos públicos y acumulando sospechosos desfases en obras de urbanización por más de 150 millones de euros. Parte se realizaron, según los informes policiales, con facturas falsas, certificaciones de obra manipuladas e incluso trabajos no realizados. En total, casi 100 millones de euros en pagos a los que los investigadores no encuentran justificación alguna.

Nuevo paso de la investigación
Hasta ahora, las investigaciones sobre políticos y directivos nombrados por el PSOE se centraban en dos personas clave: el que fue nombrado gerente de Plaza, Ricardo García Becerril; y un hombre del estrecho círculo de confianza de Marcelino Iglesias, el socialista Carlos Esco, que fue viceconsejero de Obras Públicas y responsable en esa misma sociedad pública. Esco es el marido de Eva Almunia, quien también fue consejera en el Gobierno de Iglesias, fichada luego por Zapatero como secretaria de Estado de Educación y, luego, la elegida para relevar a Marcelino Iglesias como candidata a la presidencia del Gobierno de Aragón en las elecciones de mayo de 2011. Eva Almunia ocupa escaño en las Cortes regionales.

Ahora, la UDEF ha dado un paso más al vincular directamente los tejemanejes con el Gobierno aragonés. El amaño del contrato de urbanización y los sobrecostes no respondían a decisiones personales y aisladas de personas con influencia instaladas en Plaza, sino que procedían desde los despachos del Gobierno aragonés. Más exactamente, desde la Consejería de Obras Públicas, por entonces dirigida por otro de los hombres de confianza de Iglesias, el socialista turolense Javier Velasco, quien luego fue su consejero de Presidencia y que actualmente ocupa una de las vicepresidencias de las Cortes de Aragón.

Unos correos electrónicos extraídos del ordenador del gerente de Plaza muestran cadenas de mensajes que se cruzaron entre ordenadores de la Consejería y de la empresa pública. En ellos se habla abiertamente de instrucciones recibidas desde el Gobierno aragonés para beneficiar a la unión temporal de empresas (UTE) que formaron Necso y la empresa aragonesa MNL. Se ordenó manipular las puntuaciones de los concursos para que la adjudicación recayera en esa UTE y se habla también de los sobrecostes.

La cuestión apunta directamente ya al Gobierno aragonés y compromete al propio Marcelino Iglesias, quien, sin embargo, ni siquiera fue llamado a comparecer la pasada primavera en la comisión parlamentaria de investigación que se abrió en las Cortes regionales para abordar este asunto –dirimido a la par en varios juzgados de la capital zaragozana–.

Ningún partido vio necesario que Iglesias fuera llamado a declarar en esa comisión. Ni siquiera el PP de Luisa Fernanda Rudi, que ocupa el Gobierno aragonés desde julio de 2011 en coalición con el PAR, partido éste que durante los doce años previos fue socio de gobierno del PSOE.

POLÍTICA Corrupción
Marcelino Iglesias amañó en Aragón el contrato de una obra y la infló en 150 millones
Un correo electrónico revela que dio 'instrucciones' para adjudicar la obra a Acciona
El precio inicial fue de 46 millones, pero el Ejecutivo aceptó pagar 158 más
El desfalco que afecta a Plaza incluye sobrecostes de 300 millones
JOAQUÍN MANSO Madrid El Mundo 18 Septiembre 2014

El Gobierno de Aragón que presidía el socialista Marcelino Iglesias dio instrucciones para amañar el concurso de las obras de urbanización de la plataforma logística Plaza a favor de Necso Entrecanales, la constructora de Acciona, según correos electrónicos que la Udef ha entregado al juez de Zaragoza que investiga el caso. Ese trabajo tuvo un sobrecoste de 158 millones, 94 de ellos sin justificar, pero que aquel Ejecutivo aceptó.

La UTE que formaron Necso y su socio local, MLN, terminó facturando por ese contrato, correspondiente a la segunda fase de la urbanización, 204 millones más IVA, un precio cinco veces superior a los 46 millones por los que había sido adjudicado. Los informes periciales que constan en el procedimiento estiman que casi dos terceras partes de ese fabuloso sobrecoste -94 millones- es injustificado y se debe a una catarata de irregularidades: desde mediciones infladas para poder incrementar los precios a certificaciones de obras no ejecutadas y justificadas con facturas falsas cuyo importe se destinaba, en parte, a regalos y pagos en especie.

Plaza es el proyecto estratégico más importante de la comunidad de Aragón y aloja más de 200 empresas que dan empleo directo a unos 12.000 trabajadores. Inditex tiene allí un enorme centro desde el que distribuye su ropa para todo el mundo. La sociedad pública que gestiona la plataforma está participada en un 52% por el Gobierno autonómico y en otro 12% por el Ayuntamiento de Zaragoza. Precisamente, el Ejecutivo que preside Luisa Fernanda Rudi denunció el escándalo.

Desde que en 2000 se pusiera en marcha el proyecto, se adjudicaron obras por valor de 177 millones que han acabado costando en total 471. Casi 300 millones de exceso de los que más de la mitad -152- son producto de desmanes como los relatados, que constituyen un gravísimo caso de corrupción que se dirime en cinco procedimientos judiciales distintos con al menos 25 imputados hasta el momento.

Los correos entregados al juez
Los correos electrónicos, obtenidos del ordenador del ex gerente de Plaza y hasta ahora principal imputado, Ricardo García Becerril, fueron obtenidos por la Udef siguiendo las instrucciones del juez y del fiscal Anticorrupción José Grinda. Su contenido representa un enorme salto cualitativo respecto al alcance político del escándalo.

«Miguel Ángel, siguiendo instrucciones de la conserjería [sic], debemos reajustar la puntuación de Necso para alcanzar un total de 59 puntos», escribió en mayo de 2003 García Becerril al director técnico de Plaza, Miguel Ángel Pérez, precisando a continuación en qué consistió ese mandato desde el Ejecutivo de Marcelino Iglesias para favorecer a la constructora de los Entrecanales: «La indicación es subir a 10 puntos en coordinación y a 5 puntos en personal». Pérez pregunta entonces si da igual subir la puntuación en otros conceptos, «como Memoria», a lo que el gerente le responde afirmativamente.

La Policía razona que, sin esa argucia, es muy probable que Acciona hubiese perdido el contrato: «Sin la elevación de la puntuación en los criterios discrecionales, solicitada por el gerente a instancias de la Consejería, y ejecutada por el director técnico, la UTE Necso-MLN seguramente no habría pasado el corte a la segunda vuelta».

El informe relaciona esa «decisión directa» con otro correo electrónico en el que García Becerril habla del contrato de una fase anterior de la urbanización: «Estimado Javier: adjunto te envío las tablas de puntuación actualizadas en función de la última oferta de Necso y ACS recibida hoy en Plaza». La Udef subraya el término actualizadas como sugerente de que en esa adjudicación pudo producirse «igualmente alguna irregularidad en el sistema de puntuación».

La dirección receptora del mensaje es cordenacion@aragob.es. Según un directorio del Gobierno autonómico de aquel año, corresponde a la secretaria del entonces consejero de Obras Públicas, Javier Velasco. Se trata de un dirigente de la máxima confianza de Marcelino Iglesias, que de hecho llegó a ser después su consejero de Presidencia y en la actualidad es vicepresidente segundo de las Cortes de Aragón.

El viceconsejero de Obras Públicas en aquellos años, y al mismo tiempo consejero delegado de Plaza, era Carlos Esco, una de las personalidades más influyentes en esa comunidad autónoma. Casado con la última candidata socialista, Eva Almunia, y apadrinado por su amigo Marcelino Iglesias, que situó bajo su control las principales empresas públicas de la región, se enfrenta ahora a 15 años de cárcel en uno de los procedimientos adyacentes al escándalo, por malversar presuntamente 14 millones de euros correspondientes al sobrecoste injustificado de unas naves construidas en la plataforma por el conocido empresario Agapito Iglesias.

La Policía relaciona en su informe asimismo una serie de archivos de los que colige que, inmediatamente después de recibir los contratos, la UTE de Acciona ya tenía predeterminados unos sobrecostes cercanos al 150% e incluso previsto el precio de otras obras «aun cuando alguna de éstas ni siquiera se había comenzado a tratar por el Consejo de Administración de Plaza».

Dos gráficos prueban que la receta económica de Podemos es una ruina
Argentina y Venezuela fueron países muy ricos el pasado siglo, antes de triunfar el modelo socialista que propugna el partido de Pablo Iglesias.
Libertad Digital 18 Septiembre 2014

El partido de Pablo Iglesias promete acabar con la crisis económica con el particular recetario estatista que viene aplicando desde hace tiempo, en mayor o menor grado, el peronismo argentino y el chavismo venezolano. Su modelo es la llamada "democracia socialista del siglo XXI" o, tal y como afirmó Juan Carlos Monedero -mano derecha de Iglesias- desde Argentina, implantar un "leninismo amable", al menos en esta primera fase inicial.

En concreto, Podemos propone "democratizar" la economía española, lo cual, en la práctica, significa disparar el peso del Estado con más gasto público, más impuestos y la nacionalización completa de los sectores considerados "estratégicos", como es el caso de la banca o la energía, al tiempo que se aboga por implantar una renta básica, reducir la edad de jubilación, expropiar viviendas o impagar la deuda pública, previa "auditoría" de la misma.

En última instancia, Podemos apuesta por salir del euro para que España se integre en "una nueva moneda" junto a otros países del sur de Europa", tal y como señaló el propio Monedero. Iglesias también defiende esta salida, y aporta más detalles al respecto

¿Qué es, entonces, lo que debería hacer una fuerza política democrática que ganar las elecciones en un país del sur de Europa? Yo no tengo dudas. Debería tomar el control de la política monetaria saliendo del euro e inmediatamente devaluar [...]

En resumen, mucho más Estado y menos mercado. Pero, ¿qué efectos tendría la aplicación de este recetario? Basta observar lo que ha pasado en Argentina y Venezuela, dos de los principales referentes políticos y económicos de Podemos, para demostrar que este estatismo radical también acaba conduciendo a la ruina económica, además de incrementar la corrupción política o restringir la libertad de expresión.

Argentina y Venezuela cabalgan hoy hacia el caos económico y social, inmersos en la hiperinflación, el desabastecimiento, la crisis y la quiebra del estado. Sin embargo, la historia de ambos países viene de muy atrás. Argentina era un país muy rico a principios del pasado siglo. Hasta la Primera Guerra Mundial, su renta per cápita era similar a la de EEUU, llegando incluso a acumular el 50% del PIB de toda América Latina en 1913.

En concreto, desde 1870 hasta 1914, su renta se disparó un 125%, pasando de 1.468 a 3.302 dólares anuales (medidos a precios constantes de 1990), muy por encima del crecimiento medio que registraron el resto de grandes potencias. De hecho, en 1896, su riqueza era equiparable a la de EEUU, y al comienzo de la I Guerra Mundial muy similar a la de Europa y superior a la de Alemania y Francia. Por entonces, la renta de los argentinos era un 40% superior a la de españoles e italianos.

Durante los años 20, Argentina se mantuvo como uno de los 10 países más ricos del planeta, con una riqueza comparable e incluso superior a la mayoría de países europeos, similar a Francia o Alemania, y mayor que Italia o Japón; el salario promedio seguía superando al que percibían los europeos. De hecho, durante los años 30, EEUU, Canadá, Australia y Argentina se mantenían entre los países más ricos del mundo.

Al término de la II Guerra Mundial, y pese a atravesar un período político convulso en los años previos, caracterizado por la sucesión de dictaduras militares y un creciente intervencionismo y proteccionismo económico, la riqueza de Argentina (4.665 dólares en 1946) se mantenía muy por encima de la media europea (+21%) y de Alemania (2.217), Francia (3.855), España (2.179) o Italia (2.162 dólares anuales), entre otros países a uno y otro lado del Atlántico.

Pero entre 1914 y 1946 destaca, sobre todo, el crecimiento experimentado por EEUU, cuya renta media pasó de 4.800 a 9.200 dólares (+90%), y, especialmente, por Venezuela, ya que su riqueza se multiplicó por seis (de 1.000 a casi 6.000 dólares per cápita). La economía venezolana siguió avanzando con paso firme durante los años posteriores, hasta tal punto que en 1957 su PIB por habitante (10.058 dólares) rozaba el de EEUU (10.920), gracias a su potente industria petrolera.

Es decir, hasta mediados del pasado siglo, Argentina y Venezuela eran grandes potencias económicas, con rentas muy superiores al resto de América Latina -muy por encima de Chile-, más ricas que la mayoría de países europeos y codeándose de tú a tú con EEUU.

PIB per cápita desde 1870 | www.perpe.es

Sin embargo, a partir de ahí comienza su particular decadencia, tal y como muestra el anterior gráfico -vía Perpe-. El militar Juan Domingo Perón logra la Presidencia de Argentina en 1946, instaurando el denominado justicialismo ("justicia social") junto a su mujer Eva Perón, un modelo de profundo intervencionismo económico que se mantiene casi intacto desde entonces bajo el dominio político del peronismo.

Algo similar sucede en Venezuela, solo que más tarde, a finales de los años 70, tras la nacionalización de la industria petrolera (nace PDVSA), la utilización gubernamental de los petrodólares para disparar el gasto y la deuda pública, así como el comienzo de una incesante ronda de devaluaciones monetarias que provocarán elevadas tasas de inflación. La situación económica se agrava posteriormente, con la llegada al poder de Hugo Chávez a finales de los 90, y la progresiva estatalización del sector productivo.

El resultado se observa en cifras. La renta per cápita de Argentina pasa de 4.665 dólares en 1946 a 10.256 en 2010, lo cual supone un crecimiento medio inferior al 2% anual. Pero lo relevante es que, durante ese mismo período, el mayor capitalismo de Europa -pese al nacimiento y desarrollo del Estado del Bienestar- multiplica por seis la riqueza media del Viejo Continente -de 3.600 a casi 21.000 dólares por cabeza-.

  • Francia pasa de 3.855 en 1946 a 21.477 dólares en 2010 (+457%), aumentando más del 7% anual.
  • Alemania: de 2.217 a 20.661 dólares (+832%), creciendo casi un 13% anual de media.
  • España: de 2.179 a 16.797 dólares (671%), a un ritmo del 10,5% anual.
  • Italia: de 2.168 a 18.520 dólares (754%), casi un 12% anual.

Al mismo tiempo, EEUU se asienta ya como primera potencial mundial, tras triplicar su renta, desde los 9.200 dólares en 1946 hasta rondar los 30.500 en 2010 -tomando siembre como base el valor del dólar en 1990-. Así pues, en los últimos 60 años, Argentina ha pasado de ser una potencia rica a una economía de nivel medio-bajo, con una renta un 50% inferior a la europea y hasta un 66% por debajo de la de EEUU.

Y lo mismo sucede en Venezuela, que pasa de codearse con EEUU en 1957 a convertirse en un país casi en vías de desarrollo en la actualidad. Desde entonces, su riqueza real no solo no ha subido, sino que ha retrocedido un 2%. Es decir, los venezolanos son hoy más pobres que a mediados de los años 50. Su PIB per cápita apenas rondaba los 9.900 dólares en 2010, un tercio de la renta estadounidense y menos de la mitad que en Europa.

Por el contrario, destaca la evolución registrada por Chile desde los años 80. Entonces, su renta media era de apenas 5.680 dólares, un 30% menos que Argentina y casi un 50% menos que Venezuela. En 2010, sin embargo, tras poner en marcha políticas favorables al libre mercado, el PIB per cápita de los chilenos roza los 14.000 dólares al año, el más alto de América Latina, superando en cerca de un 40% a argentinos y venezolanos, y aproximándose a muchos países europeos.

Caso aparte merece Cuba, cuya renta se mantiene casi intacta desde la implantación de la dictadura comunista de los Castro. En la actualidad, apenas supera los 3.000 dólares al año, según los datos históricos recopilados por The Maddison Project, situándose como uno de los países más pobres del continente americano y del mundo.

El milagro capitalista del sudeste asiático

Pero el declive de los referentes socialistas latinoamericanos es todavía más llamativo si se compara con el espectacular enriquecimiento que han experimentado algunos países del sudeste asiático, aplicando justo la receta económica contraria a la de Podemos.

Basta echar un vistazo al siguiente gráfico para percatarse de la divergencia existente entre ambos modelos. En 1950, la riqueza de Argentina y Venezuela era superior a la de Chile, pero aún mayor si se comparaba con Corea del Sur, Hong Kong, Singapur o Taiwán.

Sin embargo, mientras el sudeste asiático abrazaron el capitalismo de forma progresiva en las pasadas décadas, el socialismo acabó triunfando en Argentina y Venezuela al tiempo que el comunismo se impuso por la fuerza en Cuba y Corea del Norte. Los resultados hablan por sí solos:

  • La renta de Corea del Sur se ha multiplicado por 25, pasando de 854 en 1950 a 21.701 dólares al año en 2010, y duplica la de argentinos y venezolanos.
  • Taiwán ha evolucionado de forma muy similar: de 916 a 23.292 dólares.
  • Hong Kong ha pasado de 2.218 a 30.725 dólares.
  • Y Singapur se ha disparado de 2.219 a 29.038 dólares.
  • Corea del Norte es la gran excepción de la zona, ya que su renta ha pasado de 854 a 1.122 dólares desde la imposición del comunismo. Sus vecinos del sur, gracias al capitalismo que tanto aborrece Podemos, son 20 veces más ricos que los comunistas del norte.

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APUNTES DE ECONOMÍA POLÍTICA
¿De derechas y votante de Podemos?
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es 18 Septiembre 2014

Quizás no sea una postura lógica pero si comprensible. La cleptocracia instaurada por el PP-PSOE ha convertido a las familias de clase media-media alta en el nuevo proletariado español.

Determinados perfiles curriculares, demandados, sobre todo, por las multinacionales líderes, exigen cada vez mayor nivel de especialización y cualificación.

La extrema competitividad empresarial y las nuevas necesidades que genera la sociedad (que deben satisfacer las empresas), entre otros factores, están provocando que los requisitos necesarios para acceder al excluyente mercado de trabajo actual se encuentren en constante evolución. Máxime, si el objetivo está enfocado en posicionarse en una compañía ganadora.

En España, desgraciadamente, existe una salida muchísimo más sencilla. Puesto que tenemos un mercado de trabajo alternativo, tremendamente activo, que nunca evoluciona y al que se puede acceder sin ningún tipo de formación ni experiencia laboral previa.

Se trata del corrupto mercado laboral creado por la partitocracia y conformado únicamente por “empresas” subvencionadas con los impuestos de los españoles. Entre las más relevantes, podemos destacar al PP, PSOE, IU, CiU, EZQUERRA REPUBLICANA, BILDU, AMAIUR, CC.OO, UGT...

Los más ineptos y peor formados empleados de nuestro país, con honrosas excepciones, están “trabajando” en este parasitario y clientelar mercado laboral.

Además, las retribuciones en este opaco mercado de trabajo son elevadísimas, especialmente si las comparamos con la media salarial en el expoliado y maltrecho sector privado.

La figura del asesor indocumentado (amigo, familiar o cliente del político, generalmente, perteneciente al bipartidismo), que no asesora pero que goza de un insultante salario es la estrella de este singular mercado.

Sin duda, un mercado altamente improductivo, que solo se sostiene esclavizando a las familias, a las pymes y a los autónomos. Este es el retrato del mercado laboral de la casta político-sindical que, con tanto interés, sigue protegiendo al corrupto Régimen del 78.

¿Y el estereotipado perfil correspondiente al votante español, tradicional y mayoritariamente alineado al centro-derecha o a la izquierda moderada, también está inmerso en un proceso evolutivo o de transformación?

¿Es lógico que un español comprometido ideológicamente con la derecha pudiera votar, en las próximas elecciones, a Podemos, una formación de ultra izquierda y próxima al régimen venezolano?

Existen en el mercado determinadas encuestas y estudios cuyos resultados han definido específicamente los diferentes perfiles socio-económico-ideológicos de los españoles que votan a Podemos.

Y entre ellos, sobresale el relativo a aquellos españoles, que traicionados por el partido al que han votado siempre, es decir el PP, y expoliados por nuestra corrupta casta político-sindical, se encuentran al borde del precipicio laboral-empresarial, económico y social. Este es el voto de la desesperación, que no solo se concentra en este perfil concreto.

Quizás no sea una postura lógica pero si comprensible. La cleptocracia instaurada por el PP-PSOE ha convertido a las familias de clase media-media alta, a las pymes y a los autónomos en el nuevo proletariado español. Y a la casta político-sindical en los “nuevos ricos”.

Pero Podemos quiere sustituir a esta malvada casta por una nueva casta comunista. La solución está en la sociedad civil, que parece despertar de su letargo.

nacionalismo catalán
La 'dictadura blanca' que denunciaba Tarradellas
Eduardo García Serrano www.gaceta.es 18 Septiembre 2014

Una herramienta orweliana que no mata, no fusila, pero condena a la muerte civil a todo el que no es nacionalista.

La denuncia de Josep Tarradellas sobre el régimen que Jordi Pujol y CiU estaban instaurando en Cataluña sobrevoló ayer el Parlamento autonómico gracias a Alicia Sánchez Camacho que, en su discurso, echó mano del concepto acuñado por Tarradellas para advetir a los catalanes y al resto de los españoles de lo que Pujol y su CiU estaban construyendo: una "dictadura blanca". La advertencia de Tarradellas fue hecha en el apogeo de un caso gigantesco de corrupción, cuando el Fiscal General del Estado presentó una querella contra 25 ex directivos de Banca Catalana, entre ellos el propio Jordi Pujol, presidente de la Generalitat. Fue entonces, 1985, cuando Tarradellas pronunció las palabras que recordaba Alicia Sánchez Camacho. "La gente se olvida de que en Cataluña gobierna la derecha, de que hay una dictadura blanca muy peligrosa que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte. Una dictadura blanca en la que hay que pedir permiso para ser catalán de primera".

Tres décadas después de aquella profética advertencia de Tarradellas y en medio, por cierto, de otro gigantesco caso de corrupción cuyos protagonistas son los mismos de antaño, la familia Pujol/CiU, la "dictadura blanca" en Cataluña no es un embrión como en 1985, es una realidad mineralizada en la sociedad civil catalana. La "dictadura blanca" no calza botas altas ni alpargatas proletarias, no fusila, no mata, pero sí condena a la muerte civil por exclusión a todo aquel que, sencillamente, no sea permeable a esa religión de Estado que en Cataluña es el nacionalismo. Con prebendas y subvenciones, con la colonización ideológica del sistema educativo y de los medios de comunicación públicos y privados, la sociedad civil catalana se ha ido sometiendo año tras año, de grado o por la fuerza, a esa "dictadura blanca" que ha hecho un negocio formidable desde el poder con la colaboración, silente o proclamada, de los gobiernos de España. El gran hermano orwelliano de Cataluña no es hoy un dictador uniformado, con entorchados o con mono, es ésa "dictadura blanca" del nacionalismo que gravita y flota en la sociedad civil catalana y que económicamente ha enriquecido a todos sus agentes, comisarios y fieles, pero políticamente ha ahogado la libertad. Liberta, ¿ para qué ?. En Cataluña basta con ser nacionalista. A la "dictadura blanca", como a la roja o a la negra, le sobra la libertad porque necesita la sumisión, de grado o por la fuerza.

¿La casa del pueblo? ¿Parlamento o Parlamiento?
Juan Pérez www.cronicaglobal.com 18 Septiembre 2014

Alicia Sánchez entró ayer en el País de las maravillas del secesionismo catalán y retó al Nada Honorable Mas, rey de la compasión con el virrey, ladrón autodenunciado, a ver si era tan valiente –todo el mundo tradujo simultáneamente el reto con otras palabras más soeces– como para salir al atril y decir lo que el NH Mas – imposible confundirlo con gerente de la cadena hotelera, porque allí escogen muy bien al personal y conocen el breve y lamentable historial profesional del presidente – viene diciendo con la boquita pequeña, que “se votará el día 9” diga lo que diga el Tribunal Constitucional. Era una trampa, está claro, porque si dice eso en sede parlamentaria daría argumentos a la Fiscalía como para actuar de oficio, pero es un ejemplo – hubo más – de eso que se llama “el juego político” y que tanto nos aburre y nos cansa a quienes no formamos parte de él más que cuando nos convocan a las urnas o, en el mejor de los casos, cuando se milita en algún partido y se cumple con la obligación que los militantes – mi felicitación sincera a todos los de todos los partidos sin excepción, porque eso debería ser la norma, no la excepción – asumen libremente.

Mi reto retrospectivo al lector sería: ¿A que no has tenido la valentía de haber seguido íntegra la interminable sesión de intervenciones de la oposición, desde el que no se opone, ERC, hasta los que quieren incendiarlo (o sandaliarlo) todo – y no es metáfora – de la CUP? Pues este observador de la vida cotidiana, y no sé si me he equivocado al creer que la pantomima de ayer forma parte de la “vida cotidiana”, ha tenido la santa paciencia, el aguerrido humor, la fortaleza auditiva y el equilibrio mental suficiente para dar cima a esa heroicidad por la que reclamo, si no un comentario en que se me loe, sí alguna señal de que se me lea.

Supuestamente el Parlamento autonómio es la casa del pueblo, la sede de la representación popular. Pero, como el propio NH Mas dijo en alguna respuesta, nadie sabe a quiénes representa cada cual de los allí presentes, de ahí que él busque la consulta y otros busquen las elecciones anticipadas, que será, esto último, el final más que previsible del tinglado que han montado “fuera” de la casa del pueblo para hacerse con ella, como un asalto al famoso Palacio de Invierno o a la lejana Bastilla. La diferencia histórica con aquellas situaciones es que asaltaban los desposeídos y, en nuestro caso, son los poseedores quienes quieren aumentar sus posesiones y, como ahora se dice, blindarlas, que es corrección política para gobierno autoritario de ordeno y mando, aunque lo desordene todo.

Del pobrísimo espectáculo de ayer – porque lo que ve un espectador es siempre un espectáculo, guste o no a sus protagonistas… – saqué una conclusión vieja. Hace años me decía que si hicieran una encuesta en toda Catalunya sobre el Parlament, su actividad y sus parlamentarios, el grado de conocimiento e interés por esa “pieza básica” del sistema se acercaría al 1% del total de los, entonces 6 millones de catalanes. Hoy es posible que ronde el 0’5%... Si no fuera así, no se habría organizado un Movimiento Nacional desde la calle para lograr lo que se habría de lograr desde el Parlamento autonómico, pero si además se da la circunstancia de que algunos inquilinos del Parlamento son los inductores de la creación de esas protestas de estética parafascista, resulta que ni siquiera los moradores de la “casa del pueblo” creen que nada útil pueda allí ser hecho. Si ello es así, si el Parlament es una necesidad enojosa del sistema, pero no se tiene la convicción de que sea ni necesario ni útil, la farsa que allí se representó ayer alcanza niveles de surrealismo que bien podríamos aspirar a algún tipo de reconocimiento internacional tipo Guiness… claro.

Acostumbrado como estoy a no dejarme impresionar por lo que veo día tras día, y menos aún por lo que oigo, he de confesar que el cúmulo de intervenciones demagógicas que oí el martes, sobre todo en los turnos de réplica del NH Mas, sobrepasa el nivel de tolerancia de cualquier persona con una cierta sensibilidad para el razonamiento lógico. Parecía el baile de los despropósitos y el festival de las mentiras interesadas, si es que hay alguna que no lo sea, porque hasta la literatura busca con ella lectores e incluso ingresos; del mismo modo que el NH Mas fue ayer el vivo retrato –algo más quijarudo y menos orondo – de Isabel II – hija por cierto del “déspota ominoso” que tiene calle tan principal en Barcelona, la calle Ferran, cerca del Palau de la Particularitat… – cuando, según la pareja que escogía en los bailes palaciegos, había o no cambio de gobierno. Ayer se nos puso de damisela con tropel de admiradores y pretendientes y se hizo la estrecha…Y mentía a todos, y más aún a los que no la pretendían.

Mi propuesta cae por su propio peso: Parlamiento, en vez de Parlamento se tendría que llamar esa institución donde tanto se denigra la auténtica política, aquella que busca el entendimiento y el compromiso, no la que azuza el enfrentamiento y el odio. En lo que a mi parecer fue un momento estelar del debate y que supongo que habrá pasado desapercibido para el tropel de politólogos que nos tertuliean impíamente, el NH Mas – y esa intervención lo descalifica “per sempre més” – confesó paladinamente - ¡y fue uno de esos breves momentos en que la verdad se abre camino entre las zarzas de la demagogia! – que él sólo sabe desgobernar para quienes piensan como él, porque, al parecer, ni puede ni quiere ser el presidente de todos los catalanes, sino sólo de los que le votan y de los que se manifiestan aprovechando que él pone a su disposición la infraestructura material que lo permite. Y se atrevió a decir el mientecato (sic) que no hay otra manera de gobernar: que unos son los elegidos y los otros a las calderas de Pero Botero, poco menos. El NH Mas se presentaba totalmente impregnado de la teoría raholesca de los buenos y los malos catalanes defendida por su consejera áulica y biógrafa babósica a los cuatro vientos de los cuatro medios de la voz de su amo.

Ayer se supone que se debería haber hablado de la realidad esta cotidiana a la que yo me asomo día sí y día también, pero como se empeñaron en que todo girara sobre Catjauja, ese estado suspendido como el Laputa de Swift, a veces no sabía si eran, las que me llegaban (y me llagaban), voces de estantiguas o de conciudadanos. Tendré que leer hoy los periódicos para salir de dudas…

Sobre los orígenes sionistas de la inmersión
Antonio-Francisco Ordóñez www.cronicaglobal.com 18 Septiembre 2014

“De forma generalizada la pedagogía recomienda la enseñanza en la lengua materna, tanto por razones mentales como afectivas. La inmersión lingüística es siempre algo excepcional y limitado, salvo en ciertos contextos de conquista política. La inmersión se reduce a la de minorías en países extraños o a la de minorías sociales que, con fuerte seguridad cultural y lingüística, invierten en una lengua de "prestigio"; pero nunca es masiva ni obligatoria ni dirigida a las clases populares, que, por lo general, no pueden ofrecer a sus hijos un refuerzo compensador del trauma mental y afectivo. En Cataluña, sin embargo, en contra de la ley de normalización lingüística, a miles de niños de extracción popular se les da el cambiazo lingüístico. Esta situación la sufre una mitad de la población infantil, pues la otra ve respetados sus derechos lingüísticos. Sin embargo, esa otra mitad no "goza" de la inmersión en castellano. No hay razones que justifiquen tal discriminación”.

ISIDRO CABELLO HERNANDORENA Licenciado en Filología Hispánica, Clásica e Inglesa. Terrassa” (Carta de un lector de La Vanguardia de 3 de enero de 1993)

Quería empezar con una de las numerosas llamadas a la sensatez y al sentido común que muchos ciudadanos anónimos realizaron durante décadas, en forma de carta a los periódicos, en la esperanza de que el desatino y la imposición tenderían a tener un fin próximo como consecuencia de su denuncia pública. No lo consiguieron; no lo conseguimos.

Ha llovido mucho y se ha tapado más en el que llegó a denominarse “oasis catalán”. Incluso hoy, la nebulosa pende sobre una cuestión que ha sido y continúa siendo pieza fundamental en la construcción nacionalista catalana.

Seguí con entusiasmo pedagógico las intervenciones públicas, en diversos foros, de Mercè Vilarrubias, autora de uno de los escasos ensayos sobre la cuestión cuyo origen no se remontaba a la subvencionada propaganda nacionalista: 'Sumar y no restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña' (editorial Montesinos, 2012); donde revisa las razones por las que, desde el poder hegemónico, se nos vende el modelo de inmersión lingüística como el más beneficioso contra toda evidencia empírica y técnica. La autora nos indica que los referidos mitos son pantallas con tres funciones básicas: - lograr hacer el modelo de inmersión aceptable para los ciudadanos; - alejar cualquier duda sobre la adecuación de este proyecto a las necesidades de los alumnos; y - mantener el proyecto libre de críticas.

Recuerdo que un día la interpelé sobre el posible origen sionista de esta herramienta discriminatoria al servicio de una causa política. Respondió, sinceramente, desconocerla. El motivo del presente artículo es darle las fuentes, casi accidentales, que me llevan a esa conclusión.

Lector habitual, entre otros diarios impresos, de esa denostada y decadente publicación diaria que es La Vanguardia, llamó mi atención 'La Contra' aparecida en la misma el 23 de mayo de 2007 en la que se entrevistaba a un coronel del ejército israelí y editor catalán, Miquel Salarich, el cual a la pregunta sobre si sabía hebrero, contestaba (sic): “Lo aprendí después en los ulpan, una especie de kibutz, en los que hacíamos inmersión lingüística en hebreo; además de trabajar. Era duro, pero eficaz: hasta que sueñas en hebreo no te sueltan. Fue el modelo que copió la Generalitat después para su inmersión lingüística escolar en catalán”.

Un “ulpan” es un instituto o escuela para el estudio intensivo del idioma hebreo –básicamente, léase “inmersión”-. Su función es la de enseñar a los inmigrantes adultos el referido idioma. La mayoría también incluye enseñanza de historia, cultura y geografía israelí. El principal objetivo es ayudar a los nuevos ciudadanos a integrarse lo más rápido y fácilmente posible a la vida social, cultural y económica del país. Reconociendo su aproximación innovadora a la enseñanza del idioma desde una perspectiva cultural, este sistema ha sido adoptado por diversos países en un intento de revivir sus propios lenguajes, ya sea aquellos que se están perdiendo o incluso lenguas muertas (fuente: Wikipedia)

Probablemente era el objetivo de los dirigentes nacionalista de Convergència Democràtica de Catalunya, con el controvertido y ahora defraudador confeso, Jordi Pujol omnipresente a la cabeza, en la época en la que se impuso ese modelo: “hasta que no sueñen en catalán no les soltaremos”…

No en vano, los ”kibutz” – comunas agrícolas israelíes inspiradas en su propia ideología sionista socialista – entre los políticos nacionalistas fue un modelo a seguir. Cuando era adolescente, Pilar Rahola estuvo en el kibutz Ein Gedi durante dos semanas. Allí encontró una sociedad que buscaba la igualdad y que salía de la locura del holocausto. Muchos de sus integrantes habían estado en campos de concentración. “Estabas cara a cara con la historia de Europa”, recuerda Rahola. Otro militante nacionalista, Miquel Sellarès, fundador de Convergencia Democràtica de Catalunya, también tiene gratos recuerdos de su estancia, 40 años atrás, en un kibutz. “Era un momento muy diferente del actual. Recuerdo que cantábamos hasta la madrugada con todas las metralletas alineadas”. Los valores del kibutz también eran del agrado de Jordi Pujol. “Envié a dos de mis hijos cuando eran adolescentes a trabajar allí. Yo formaba parte de los entusiastas de todo aquello”, explicaba hace unos años el ex mandatario catalán.

Refresco la memoria y recuerdo que el “sionismo” es un movimiento político internacional que propugnó desde sus inicios el restablecimiento de una patria para el pueblo judío en la Tierra de Israel («Eretz Israel»). Dicho movimiento fue el promotor y responsable en gran medida de la fundación del moderno Estado de Israel. Está ligado a la eclosión de los nacionalismos en siglo XIX europeo, que tuvieron como bandera común la idea “un pueblo, un Estado” y ha tenido diversos movimientos de oposición que, incluso, lo han tachado de racista. Los sionistas prefieren hablar hebreo, una lengua semítica que se desarrolló bajo condiciones de libertad en la antigua Judá y que dejó de hablarse alrededor del siglo I a.C., modernizándolo y adaptándolo a la vida diaria; llegando a rechazar hablar yiddish, una lengua derivada del alto alemán medio que consideran afectada por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna en la diáspora y se ponen nuevos nombres hebreos (fuente: Wikipedia)

“La enseñanza reviste en Israel una importancia singular. Porque aparte de ser la base normal de desarrollo del país –como la enseñanza lo es siempre, en cualquier otra nación-, la política de la educación persigue en Israel otras dos finalidades concretas de vital importancia. Por una parte, la educación es el vehículo más adecuado para fortalecer el sentimiento de conciencia nacional, para suscitar en el ánimo de todos los israelíes el convencimiento de pertenencia a un estado, a un país, a una patria. Por la otra parte, la instrucción de las generaciones jóvenes es, sin duda, el medio de compenetración más eficaz entre los dos grandes grupos humanos que constituyen la población del país: los habitantes autóctonos –los nacidos en el nuevo Estado de Israel- y los inmigrantes, los judíos que procedentes de las más distintas partes del mundo, llegaron a partir de 1948 para aposentarse en Israel. (…) La educación del pueblo –y solamente la educación del pueblo- puede generar en Israel una población homogénea” (artículo de Luis Bettonica en La Vanguardia española de 14 de septiembre de 1971) []

¿No se imaginan a Jordi Pujol, en 1971 –contaría entonces con 41 años-, leyendo el anterior artículo, desde el confortable sillón de su despacho , en un contexto impuesto por la dictadura franquista de no oficialidad para su lengua materna catalana -lo que, posiblemente, le llevaría a experimentar en el mejor de los casos un cierto rencor-, divagando, desde su nacionalismo ideológico, sobre cómo haría posible su “construcción nacional” (precisamente había abandonado hace unos pocos años la cárcel como consecuencia de los sucesos del Palau contra la dictadura e inmediatamente había comenzado una nueva línea de actividad política con el eslogan «Construyendo el país», con la que pretendía aumentar el nivel de conciencia nacional de los catalanes y crear instituciones tanto culturales como financieras suficientes para el desarrollo de Cataluña) (fuente Wikipedia).

Seguramente creería ver la luz al conocer de la existencia del modelo de inmersión hebreo –que, por otra parte, hasta cierto punto era voluntario-; reflexionaría sobre el contenido de artículos como el anterior y su posible adaptación a su programa de “ingeniería social” para el futuro, cuyos máximos destinatarios serían los trabajadores inmigrantes y las clases populares de origen castellanoparlante de la conurbación de Barcelona… y llegaría, a modo de conclusión, a la “solución final” de su inevitable imposición, de forma obligatoria, contraviniendo una de las recomendaciones pedagógicas internacionales para la adopción del referido sistema: su voluntariedad. ¿De verdad no se lo imaginan, como me sucede a mí, conociendo como conocemos hoy al personaje y observando en perspectiva las décadas en la que ostentó la representación de la Generalitat de Catalunya, máxima institución del autogobierno catalán?

Basta observar la historia


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