AGLI Recortes de Prensa   Sábado 20 Septiembre  2014

La reforma del sector público, una broma de mal gusto
EDITORIAL Libertad Digital 20 Septiembre 2014

El Gobierno acaba de presentar el informe anual de la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA), el proyecto estrella que encabeza la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, con el objetivo de mejorar la eficiencia y, sobre todo, prescindir del enorme gasto superfluo en el que incurre el conjunto del sector público, en un momento de especial dificultad a nivel económico y fiscal. No en vano, cabe recordar que España sigue registrando un déficit público próximo al 7% del PIB, entre los más altos de la zona euro, y una deuda que ya supera el billón de euros y roza el 100% del PIB. Así pues, el espíritu del proyecto no sólo es loable sino imprescindible para que España salga de la crisis.

Sin embargo, por desgracia, la CORA no es más que papel mojado y, por tanto, un nuevo e inaceptable engaño del Ejecutivo del PP a la ciudadanía. De hecho, dada la paupérrima situación que siguen presentando las cuentas públicas y las brutales subidas de impuestos que han sufrido las familias y empresas españolas para tratar de mantener en pie la elefantiásica estructura estatal, las mentiras oficiales sobre la pretendida austeridad que blande el Gobierno han dejado de ser una broma de mal gusto para convertirse en poco menos que un insulto.

Solo así cabe calificar las absurdas cifras que pregona la CORA. Según Sáenz de Santamaría, gracias a este plan, las distintas Administraciones Públicas han logrado ahorrar 10.417 millones de euros desde 2012 hasta el pasado junio, y mantiene que el recorte acumulado ascenderá a un total de 37.620 millones de euros a cierre de 2015. Pero, en realidad, estos números son puro humo, una mera ilusión para publicitar a bombo y platillo una reforma muy exigua, cuando no inexistente, que en ningún caso servirá para solventar los graves problemas de funcionamiento y el brutal despilfarro que sigue padeciendo el sector público español.

El engaño consiste, básicamente, en tratar de vender como reducción de gasto algo que no es tal. Así, por ejemplo, el Gobierno incluye en esta partida los 766 millones de euros que, en teoría, se han ahorrado los españoles en trámites y procedimientos administrativos -por no coger un taxi, por ejemplo-, o la reducción de costes que, en teoría, supondrá la aplicación de la nueva Ley de Régimen Local, entre otras partidas cuya estimación es más que dudosa. Así pues, la CORA es más bien un cajón de sastre en el que cabe y vale todo, pero cuya credibilidad y eficacia a la hora de reformar el sector público son nulas.

Prueba de ello es que Sáenz de Santamaría citó este viernes el plan del Estado para eliminar las embajadas autonómicas -de adscripción voluntaria- como modelo de éxito, pese a que País Vasco y Cataluña, que son las regiones que mantienen más oficinas en el exterior, no se han sumado a esta medida, con lo que la pretendida reducción de entes inútiles en este campo ha sido mínima. En realidad, el análisis detallado del informe arroja un resultado muy diferente al que anuncia el PP. El recorte estimado de gasto que, de verdad, incluye la CORA es de apenas 6.500 millones entre 2012 y 2015. Y eso, siempre y cuando todas las Administraciones implicadas cumplan sus compromisos y el Gobierno no eleve el gasto público.

Y el problema aquí es que, lejos de reducir el insostenible tamaño estatal, el Ejecutivo popular ya ha empezado a aumentar de nuevo el gasto de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales, confiando en que la recuperación económica se encargará de incrementar la recaudación fiscal para, de este modo, cumplir los laxos objetivos de déficit marcados por Bruselas en 2014 y 2015. Los datos demuestran, por tanto, que el PP nunca tuvo la intención de reformar en profundidad el enorme aparato estatal, y aún menos el autonómico o local, que tantos problemas generan a la economía española. Es cierto que en 2012 redujeron algo el gasto público para intentar esquivar la quiebra del país, pero, en cuanto el PIB ha repuntado mínimamente, les ha faltado tiempo para subir el gasto, repitiendo así los graves y costosos errores del pasado.

Reflexiones sobre el nacionalismo
Francisco Rodríguez  www.diariosigloxxi.com 20 Septiembre 2014

En mundo cada vez más globalizado, buscar razones para la disgregación de cualquier país me parece el retorno a un tribalismo trasnochado, auspiciado por políticos desquiciados que creen que siendo independientes vivirían mejor, sobre todo ellos.

El resultado del referéndum escocés puede haber evitado un grave problema para el Reino Unido y para la Comunidad Europea, pero será difícil que los partidarios del sí y del no, olviden el incidente y echen pelillos a la mar. Lo más probable es que se continúe invocando el resultado de la consulta en la lucha política y envenenando la convivencia, especialmente entre los activistas de cada postura.

Me resulta una barbaridad que la decisión de un territorio de separarse del país del que formaba parte pueda resolverse con el resultado de la mitad más uno. Ya que se había pactado el referéndum, el gobierno del Reino Unido debía, quizás, haber exigido una mayoría cualificada, el 75% por ejemplo y establecido una cláusula de salvaguarda de no poder repetir el referéndum en los siguientes 25 años.

La mitad más uno puede servir para las cuestiones ordinarias pero, cuando se trata de cosas importantes, nuestra Constitución establece la necesidad de mayorías cualificadas. Los proyectos de reforma constitucional deben aprobarse por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras; cuando se trate de una revisión total o que afecte a cuestiones tan fundamentales como la unidad de España, es necesario que sea aprobado por los dos tercios de cada Cámara. No creo que haya nada más importante que la decisión de romper una nación.

Como estamos amenazados en España por un proceso de secesión, parecido aunque diferente, sería oportuno hacer una profunda reflexión sobre el derecho a decidir que representa una subversión total de la democracia, pues si este derecho puede ser aplicable a todos, cualquier ciudad, comarca o pueblo podría exigir su independencia bien del estado, de la comunidad autónoma o de la provincia. No estaría de más recordar el desastre del movimiento cantonal de la I República española.

También habría que reflexionar acerca del proceso que ha llevado a la amenaza de la secesión catalana. Creo que se cometió en la transición el profundo error de pensar que el Título VIII de la Constitución iba a satisfacer las apetencias de los trasnochados separatismos, por el contrario estimuló su voracidad y esparció sus semillas por todas las regiones.

La bolsa de competencias que el Estado podía delegar en las Comunidades Autónomas ha servido a los sucesivos gobiernos para obtener el apoyo de los partidos nacionalistas, en pactos vergonzosos. Prácticamente todo está transferido a las CC. AA. y el escuálido gobierno central solo sirve de percha de los palos, que le propinan tales comunidades cuando son incapaces de gestionar, con honradez, su ámbito competencial.

Las transferencias en materia educativa a las comunidades infectadas del virus separatista, han servido para imponer a todos sus habitantes un idioma y una historia obligatoria, para inculcar a las generaciones jóvenes su credo nacionalista, sin que los sucesivos gobiernos de España hayan reaccionado, quizás más preocupados de pactos y componendas para mantenerse en el poder, que de defender la unidad de España.

A quien quiera ilustrarse sobre el problema de los nacionalismos en Europa y en España, les recomiendo el libro Desde Santurce a Bizancio de Jesús Lainz que lleva por subtitulo El poder nacionalizador de las palabras.

Lecciones escocesas para incrédulos
Javier Caraballo El Confidencial 20 Septiembre 2014

El despertar del referéndum, tras una noche de recuento de votos, ha sido como aquella canción de Serrat, Fiesta, por la sensación de vuelta a la normalidad. "Y con la resaca a cuestas/vuelve el pobre a su pobreza,/ vuelve el rico a su riqueza/ y el señor cura a sus misas./ Se acabó, el sol nos dice que llegó el final,/ por una noche se olvidó/ que cada uno es cada cual." Quiere decirse que lo esencial del referéndum de Escocia es que, cualquiera que hubiera sido el resultado, lo que estaba garantizado es que, al día siguiente, se habría acabado el debate más corrosivo de todos, la tensión más peligrosa de todas, la disputa más arriesgada, aquella que remite al terruño.

Hoy en Escocia se acabó la fiesta nacionalista, y ya no se hablará sobre la independencia o no, sobre la pertenencia o no al Reino Unido, porque ese debate se ha zanjado ya por muchos años, tantos como pueda alcanzar la vista de esta generación, acaso de este siglo. Hoy en Escocia se acabó la fiesta independentista y se trata de volver a los problemas cotidianos, aquellos que dividen a la gente por sus problemas reales, no por su pertenencia a los independentistas o a los unionistas. Se acabó, el sol nos dice que llegó el final.

Ahora, hoy, cuando los periódicos como El Confidencial (qué primorosa cobertura del referéndum escocés, demostración palpable del nuevo periodismo) abren sus portadas con grandes titulares que anuncian que "Gana Europa, pierden los nacionalistas", es inevitable pensar en los miedos anteriores, los prejuicios anteriores, las certezas anteriores. ¿Dónde queda ahora la irresponsabilidad de convocar un referéndum, si el resultado, con once puntos de diferencia entre el No a la ruptura con respecto al Sí independentista, demuestra la madurez de una sociedad y acabará reforzando la unidad del Reino Unido? ¿Dónde queda ahora el temor de la ruptura de Europa, la balcanización, la atomización de la Unión Europea, la destrucción misma?

Gana Europa, ese ha sido el resultado. Y Camerón, ese que pintaban como un idiota, se ha consolidado con todo en contra, como un dirigente que sabe arriesgar y sabe ganar, y ha señalado el camino para acabar con los problemas territoriales reales que existen en Europa. “Lo correcto -dijo Camerón- era tomar las grandes decisiones y no escurrir el bulto”. Y a partir de ahora, a construir un Reino Unido que, sin chantajes nacionalistas, sin deudas ni dudas, avance en la descentralización autonómica, sin perder el referente de la unidad asentada durante tres siglos.

Ocurre, además, que si al final la victoria del No a la independencia ha sido más abultada de lo que pronosticaban los sondeos ha sido, precisamente, porque la convocatoria misma del referéndum tiene un efecto inmediato, que desinfla el globo de los independentistas. El agravio continuo de los nacionalismos, que tan experimentado tenemos en España, comienza a desaparecer cuando se coloca al personal delante de la pregunta directa. Sí o no, y lo que se decida será definitivo. Las urnas actúan en ese caso de espejo en el que se puede reflejar una sociedad.
(Reuters)(Reuters)

¿De verdad que vamos a vivir mejor siendo independientes o será peor? ¿Y qué pasara con la moneda? ¿Y qué ocurrirá cuando nos salgamos de la OTAN y de la Unión Europea, como han asegurado sus dirigentes? Los debates intermedios, esos de los que se retroalimenta el nacionalismo, los que se detienen en las emociones, se acaban y el único debate entonces es el que, mientras tanto, se ha intentado evitar; las grandes preguntas que se soslayan con el señuelo del referéndum sobre la viabilidad de una Escocia independiente, aislada de la Unión Europea en medio de un mundo globalizado. A medida que los escoceses, durante estos días, han comenzado a plantearse dudas sobre el día después de la independencia, en el gráfico de las intenciones de voto ha ido creciendo la columna del No hasta llegar a la diferencia abultada que cierra el debate.

Pero no sólo se ha cerrado por una generación el debate independentista. Con el referéndum se ha fortalecido la idea misma de Europa y el malditismo, tan fundado a veces, de que este continente acabará naufragando por la incapacidad de alcanzar los acuerdos elementales. El referéndum de Escocia no abroga los demás conflictos planteados en el continente, pero nadie discutirá que ha acabado reforzando las esperanzas de una verdadera Europa unida, de la misma forma que una victoria del Sí a la independencia hubiera hundido hoy los mercados y exaltado a todos los demás nacionalismos europeos. Ahí está Artur Mas, que tenía todo preparado para surfear hoy sobre la espuma de la ola escocesa. Y se ha quedado en la orilla, a la espera de otro día para convocar su referéndum ilegal y unilateral.

Referéndum y página nueva. Que es, precisamente, la teoría tantas veces sostenida aquí, la necesidad de pinchar el globo de los agravios nacionalistas en España de la única forma que se puede hacer. Con un referéndum convocado por el Estado, jamás por una comunidad autónoma, y bajo las condiciones democráticas que garanticen que la mayoría que decida será reforzada, de la misma forma que se exigen mayorías de dos tercios para cambiar leyes fundamentales. Mayorías superiores al 50% del censo, no del número de votantes que acudan a las urnas, en cada una de las provincias de la comunidad en cuestión. Esa era la Ley de Referéndum que teníamos en España en la Transición como red de seguridad para que no se desmadrase el Estado Autonómico. Se derogó y habrá que volver a ella. Y sentir algún día eso que pueden sentir muchos hoy en Escocia y en el resto del Reino Unido. Se acabó la fiesta, se acabó. Que España es más que Cataluña, y existe una mayoría ignorada, una España silenciada, hastiada de conllevar insolidaridad y egoísmo. Se acabó la fiesta, se acabó. Ahora, a los problemas de la gente. Poder decirlo...

Escocia
Un 'neverendum' de patriotas y traidores
Cristina Losada Libertad Digital 20 Septiembre 2014

Se ha escrito, con alguna exageración, que antes de que se diera luz verde al referéndum de independencia en Escocia había menos escoceses partidarios de marcharse del Reino Unido que ingleses partidarios de que se fueran. Ya digo que era una hipérbole; una basada en las imprecisas tomas de temperatura que son los sondeos. Lo que ahora puede decirse sin exagerar un ápice, con la precisión inapelable de las urnas, es que está a favor de separarse un 44,7 por ciento de los residentes en Escocia. Los escoceses residentes en otros lugares del Reino Unido no tenían vela en este entierro.

Acabo de escuchar a un dirigente del SNP felicitándose por el buen resultado, a pesar de la derrota. Dijo aproximadamente que era mucho mejor de lo que podían esperar en 2011. Aun concediendo que el perdedor siempre presenta el vaso medio lleno, algo de razón tiene. El independentismo escocés, que hace años era marginal, ha estado a punto de conseguir la fractura del Reino Unido. Su ascenso a lo largo de la campaña abre la cuestión, nada baladí, de si la dinámica del proceso referendario benefició más al separatismo que a los partidarios de la unidad.

Se ha achacado el auge final del independentismo a la mala campaña que hicieron sus oponentes. La crítica dice que los del sí fueron positivos, que se centraron en lo estupenda y maravillosa que iba a ser una Escocia libre del Reino Unido y de los odiados tories, mientras que los del no fueron negativos y agoreros, limitándose a advertir de las funestas consecuencias de separarse. Bueno, claro, si alguien se va a tirar por un precipicio, el que le avisa de que se romperá la crisma está siendo negativo. Pero ¿no tiene razón? Sea como fuere, resulta que la ruptura de una convivencia secular acaba dependiendo de la destreza comunicativa que unos y otros son capaces de exhibir durante unos cuantos meses.

Es obvio que influyeron muchos factores, y no pocos ajenos al asunto mismo de la independencia. Un proceso de este tipo es como una campaña electoral, con la diferencia de que si te equivocas no puedes enmendar la cosa a los cuatro años. Pero hay un factor del que se ha hablado poco, aunque se refirió a él Gordon Brown en el discurso que dio la víspera de autos. Fue cuando dijo que no era menos patriota escocés el que votara no, sino todo lo contrario. El nacionalismo escocés, como todos, se apropia de la bandera, de la identidad, de la cultura: convierte a todo el que no esté con él en un traidor a esa bandera, a esa identidad, a esa cultura, a esa lengua.

La presión ambiental sobre el no independentista es mucho menor en Escocia que en Cataluña, pero aun así: la calle fue suya. Escocia se transformó en un cartel gigante a favor del sí, mientras la mayoría de los partidarios del no se cuidaban de no exponer sus preferencias en público. Un escenario así no sólo lleva a muchos a esconder su preferencia: tiene un efecto arrastre.

Así las cosas, irán y vendrán sondeos, ¡otra vez!, en tiempos venideros, pero ese 44,7 por ciento queda. No sólo queda como la piedra sobre la cual el nacionalismo levantará de nuevo su "vacío culto al sí", en expresión del escritor escocés Ewan Morrison. Queda también como muro separador. Frente a lo que dice nuestro Mas, de que "votar no divide, votar une" (y lo dice quien quiere votar la separación y votar por separado), un proceso y un resultado así consolidan la existencia de dos comunidades políticas con proyectos radicalmente incompatibles.

¿Que estaban ahí antes y que el referéndum era la mejor forma de resolver el conflicto? Asumiendo, que es mucho asumir, que se ha resuelto, la cuestión es hasta cuándo. No sabemos si la polarización, acrecentada por el proceso referendario, irá a menos. Pero sabemos que el nacionalismo hará por alimentarla. Tratará de que este 18-S sea sólo el principio de un neverendum.

¿Convergencia en la desunión?
José Javaloyes www.republica.com 20 Septiembre 2014

La gráfica que ayer en Escocia trazaban las encuestas a pie de urna era la de un lento ascenso del No, como queriendo con ello expresar, añadidamente, que todo el proceso escocés hasta la misma fecha de la votación sobre la independencia venía partido por gala en dos por el salto generacional. El peso probabilístico del Sí fue por delante desde el inicio de la campaña, puesto que ésta llegaba motorizada principalmente por las generaciones más jóvenes. Las otras han reaccionado con la lentitud que le es propia: ganando peso, ya con las urnas abiertas, a medida que avanzaba el día. De tal manera, en las últimas horas había crecido la muestra de que parecían ser más quienes prefieren que Gran Bretaña siga siendo el Reino Unido.

El seguimiento y lectura del pulso de la misma jornada en España, la víspera de la votación en el Parlamento de Cataluña de la Ley de Consultas, no era susceptible de traducción gráfica, pero la atención convergía temáticamente sobre un horizonte de desunión, bien que con diferente desarrollo, puesto que se trata de dos distintos estadios de sólo un parecido problema para la respectiva unidad nacional. En el caso español lo que en estos momentos cursa es la expectativa de plazo para la respuesta a la presión nacionalista sobre el marco legal dentro del que debe encajarse el cuadro de la pretensión secesionista en Cataluña.

Pero desde una óptica europea para este tipo de cuestiones referentes a la unidad nacional, el contrapunto no es sólo a dos, Reino Unido y España, sino a tres: Reino Unido, España y Ucrania, donde el concurso de factores distintos -esencialmente la presión rusa- ha forzado al Gobierno de Kiev a la concesión temporal de Autonomías a territorios del Sudeste envueltos en una guerra civil, alentada y municionada por la Federación Rusa, como alternativa a las exigencias de Vladimir Putin de intervenir en un rediseño de la Constitución ucraniana para que los rusófonos del país dispongan de un estatus políticamente diferenciado. Algo así como el establecimiento de una “zona gris” entre los ucranianos de derecho común y la frontera rusa, en la que Moscú incluye ya la anexionada península de Crimea.

Advertidas por demás las enormes y sustantivas diferencias de fondo existentes entre estos tres asuntos concernientes a tres Estados Europeos, y muy especialmente en términos de libertades, las que separan, por no equiparables, los casos de Escocia y de Cataluña, no es necesario destacar la relevancia del Consejo de Ministros extraordinario que se celebraría este sábado o el próximo lunes para el caso de que hoy el Parlamento catalán se sacara desde la manga de esa incompetente Ley de Consultas, algo para lo que carece de facultades estatutarias por ser ello incompatible con la Constitución. Ésta, la Ley Fundamental, es algo más que la barricada que cierra el paso al desvarío.

La unidad de España está blindada por consenso y expresa voluntad de la inmensa mayoría de los españoles. La Constitución de 1978, con la que se cerraron las heridas de la Guerra Civil, es una obra de ingeniería histórica, en la que el anclaje unitario del sistema autonómico resulta de la articulación espacial de las regiones sobre un centro de gravedad nacional, regulador del equilibrio entre lo centrífugo y lo centrípeto. El paralelismo entre lo votado ayer en Escocia y lo que se pretende votar en Cataluña se traduce a sólo una convergencia en la desunión, pero a nada más. Si los escoceses tuvieran lo que tienen los catalanes es muy probable que no habrían ido a lo de ayer.

Después de la batalla
xavier pericay ABC Cataluña 20 Septiembre 2014

Ganó el «no». La primera obligación de todo demócrata, pues, es felicitarse por el desenlace. Pero, una vez satisfecha la expansión, hay que preguntarse enseguida de qué ha servido el referéndum. De qué ha servido a los escoceses, de qué ha servido al conjunto de los británicos y de qué ha servido, en fin, a los europeos, entre los que nos contamos, hasta nueva orden, los españoles. A los escoceses y a los británicos les habrá servido de más bien poco. Una batalla civil como la que ha tenido lugar en aquella tierra no deja sino fracturas. Económicas, sociales, afectivas. Un jarrón roto. Recomponerlo pieza a pieza va a costar lo suyo, e, incluso con el más perfecto de los sellados, las grietas serán siempre visibles.

Pero lo vivido en Escocia y en todo el Reino Unido tal vez sirva a Europa, a la idea de Europa. Aunque sólo sea para comprobar hasta qué punto ciertos anhelos sentimentales, en apariencia inocuos, llevan incorporados una amenaza para la convivencia. La cantautora Annie Lennox, partidaria del «sí», llegó a declarar que con el referéndum existía «una oportunidad para algo innovador y visionario». O sea, una oportunidad para algo que no estaba siquiera en el campo de la realidad, en el terreno de los hechos, en el dominio de la razón. Una quimera, en una palabra. ¡Y cuántos en Escocia se habrán movido, al cabo, por ensoñaciones parecidas!

La idea de Europa es todo menos una quimera. Nada hay más apegado a la historia y a sus ingratas enseñanzas que el proceso de construcción europea del que los españoles, felizmente, somos arte y parte. Nada hay más realista, más antiquimérico. La división de Europa marcó la primera mitad de nuestro siglo XX. Y la marcó a sangre y fuego. Desde entonces todo ha sido recomponer el jarrón, favoreciendo el entendimiento, la integración, la unión. Las grietas no han desaparecido del todo, es cierto. Pero con el paso del tiempo van confundiéndose ya con la propia rugosidad de la superficie. Sólo hubiera faltado que algo visionario lo echara ahora a perder. Sólo hubiera faltado y sólo faltaría, claro.

Tras el referéndum de Escocia
La descomposición de Europa
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 20 Septiembre 2014

En estos primeros días de septiembre, mi peregrinación anual a Escocia me mostró un paisaje desconocido. La presencia de los blancos Yes sobre fondo azul era abrumadora, o todo lo abrumador que puede ser allí un mensaje político. Los escoceses no tienen mucha tradición de echarse a la calle a reivindicar nada en grandes números. Cosa del clima, quizá. A una semana de su referéndum por la independencia, algunos partidarios del sí miraban con cierta envidia las manifestaciones de la Diada. Pero lo cierto es que, a juzgar por los mensajes a favor de una u otra opción que se podían ver en ciudades, pueblos y carreteras, el resultado del referéndum debería haber sido algo así como un 90% de síes frente a un 10% de noes. E igual me quedo corto.

Y, sin embargo, lo que ha ganado ha sido el no. La mayoría silenciosa. La que no se manifiesta. Por mucho menos, eso sí, de lo que se preveía hace dos años, cuando Cameron decidió la celebración del referéndum, momento en el que la diferencia estaba en los alrededores de un tercio de independentistas frente a dos de unionistas. La idea del político inglés era cerrar este asunto para un buen número de años y no dar más competencias al Gobierno autónomo de Edimburgo. Pero no contó con lo rápido que se puede mover la opinión, y más en tiempos de crisis. Al final su decisión probablemente suponga su muerte política y una renovación a fondo de las instituciones del Reino Unido, cediendo aún más competencias a las regiones y negando a los escoceses poder de decisión sobre lo que afecta exclusivamente a Inglaterra.

Es cierto que el Reino Unido es legalmente un caso peculiar, sin Constitución escrita y con una región como la escocesa que era una nación independiente que decidió unirse a aquél hace tres siglos y que, como sujeto político autónomo que tomó aquella decisión, es a quien corresponde decidir si la mantiene o la cambia. Poco que ver con Cataluña, que jamás ha gozado de la condición de reino ni ha hecho más que formar parte de otras entidades nacionales, otrora Aragón, después España.

Sin embargo, esas sutilezas legales e históricas, por más ciertas que sean, no importarán a los nacionalistas catalanes ni de otras regiones europeas con reivindicaciones similares. Vivimos el proceso de descomposición del régimen socialdemócrata instaurado en Europa tras la posguerra. Un régimen que ha prometido lo imposible durante décadas y que ve cómo sus ciudadanos, habiéndose creído la milonga de que el Estado les daría todo, optan por soluciones radicales, ya sean nacionalistas o extremistas, que consideran que podrán cumplir aquello que los partidos tradicionales nos dijeron que nos darían y no han podido darnos.

Así, es curioso ver cómo el principal argumento de catalanes y escoceses es básicamente el mismo. Si tan sólo pudiéramos gestionar nuestros recursos, sin compartirlos con el resto del país, podríamos disponer de un Estado del Bienestar mucho más amplio. En Escocia ese argumento ha girado en torno a los impuestos sobre el petróleo del Mar del Norte, en Cataluña sobre el aún más burdo "Madrid nos roba". En ambos casos, al sentimiento nacionalista le han unido la reivindicación de un Estado capaz de darnos todo lo que queremos. Movimientos como el Frente Nacional o Podemos no son sino otras recetas para el mismo plato en las que se excluye el ingrediente secesionista.

La Europa de los ciudadanos está fracasando porque no se ha conformado con el concepto de ciudadanía liberal y ha querido incluir en él un montón de reivindicaciones económicas, a las que ha llamado derechos, que, naturalmente, la realidad le ha impedido atender. Sin embargo, los Estados pequeños o con Gobiernos radicales tampoco podrán hacerlo. Está por ver qué quedará de Europa cuando despierte de su pesadilla socialdemócrata, si lo hace. En Escocia lo único que ha ganado es una de las dos vías propuestas para alcanzar ese Estado del Bienestar que nos lo dé todo. Cuando fracase, volverán a exigir la independencia.

La torpeza de David Cameron
Francisco Marhuenda. La Razon 20 Septiembre 2014

La derrota del independentismo escocés lo es también de los separatistas catalanes, encabezados por los líderes de CiU, Artur Mas, y de ERC, Oriol Junqueras, que esperaban un resultado favorable para impulsar su objetivo de romper España. La torpeza del «premier» británico, David Cameron, ha estado a punto de provocar una crisis de graves consecuencias y, sobre todo, ha provocado una fractura muy importante en la sociedad escocesa. El ejemplo británico será esgrimido, como están haciendo los nacionalistas catalanes, para pedir consultas en otros puntos de la Unión Europea donde algunos territorios buscan la ruptura de sus estados. Es cierto que la victoria unionista permite ganar tiempo, pero no hay que olvidar que los independentistas escoceses utilizarán ese 44,7 por ciento como una sólida base para continuar con su campaña. Es algo que caracteriza a los nacionalistas. Las reformas que quiere impulsar Cameron, consecuencia de los compromisos que ha adquirido durante la campaña, servirán para dotar de más recursos y competencias que serán utilizados por el nacionalismo escocés en su camino para lograr la independencia. Es lo que ha sucedido en España con la autonomía en Cataluña y el País Vasco, que ha sido el medio para fortalecer las posiciones identitarias y favorecer a las asociaciones y grupos independentistas, impulsados y controlados por CiU y ERC.

No hay autonomía que sea suficiente para calmar al nacionalismo, que siempre tiene como horizonte último conseguir la independencia. Cuando escucho las propuestas federalistas o confederales, que buscan otorgar una singularidad a Cataluña y al País Vasco frente al resto de España, creo que no se dan cuenta de que lo único que se conseguiría es dar un decisivo impulso a un proceso que busca alcanzar la secesión. Es poner en una posición de igualdad a esas comunidades con España con un funcionamiento bilateral que sería enormemente insolidario con el conjunto de la nación. Un aspecto positivo del proceso escocés es la dimisión de Alex Salmond, que ha sido coherente con el fracaso cosechado en las urnas. Nada que ver con la actitud de Artur Mas cuando sufrió una espectacular derrota en las urnas, aunque consiguió mantenerse en el Gobierno con la ayuda de ERC, y al que las encuestas auguran que camina con paso firme a un nuevo fracaso en el que CiU dejaría de ser la primera formación política catalana en las autonómicas.

La campaña en Escocia ha demostrado que es muy fácil agitar a la población con la épica de la independencia, la historia utilizada como propaganda y el victimismo para esconder la ineficacia en la gestión de gobierno. Es lo mismo que desde hace varios años vivimos en Cataluña. La gestión del tripartito y ahora del Gobierno de Mas ha sido desastrosa, pero queda escondida con esa apelación permanente antiespañola. Al igual que en Escocia se habla de cabeza y corazón a la hora de analizar el voto y las tendencias electorales. Los escoceses han apoyado mayoritariamente la unión, pero ayer se escuchaba que ha sido el voto del miedo a la ruptura o de la cabeza ante los riesgos económicos que comportaba la secesión. La realidad es que Escocia lleva tres siglos unida a Inglaterra formando el Reino Unido. En numerosas guerras, los soldados escoceses han anegado con su sangre los campos de batalla en defensa de la libertad y la democracia. Han gobernado Reino Unido, que ha tenido numerosos primeros ministros y ministros escoceses, y la Administración pública se ha nutrido de políticos y altos funcionarios de ese territorio. Escocia nunca ha sido ajena o ha estado marginada de la Unión. Otra cuestión distinta es que siempre existen oligarquías que prefieren, por intereses personales y sentimentales, como sucede en Cataluña, romper un Estado para manejar a su antojo esa nueva nación resultante. Nada le hubiera gustado más a Pujol que ser el presidente de una Cataluña independiente donde nunca se hubiera conocido el escándalo de corrupción de su familia, porque habría controlado la Policía, la Justicia y la Hacienda. El Parlamento de Cataluña aprobó ayer la ley de consultas que pretende dar un marco legal a la consulta independentista que convocará Mas para el 9 de noviembre. Es sorprendente que los socialistas catalanes hayan apoyado fervorosamente esta disparatada iniciativa con la excusa de que quieren un referéndum legal. No entiendo que Miquel Iceta apoye una consulta que busca la ruptura de España y que sabe que nunca será autorizada. Es una muestra de la debilidad del PSC.

Crisis política
La agonizante izquierda europea
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 20 Septiembre 2014

La postración de la izquierda europea es tal que las victorias electorales pueden ser peores que las derrotas. Esta semana lo hemos visto en Suecia y en Francia.

El domingo 14 se celebraron elecciones parlamentarias en Suecia. Después de ocho años de Gobiernos de centroderecha, el Partido Socialdemócrata regresará al poder en una coalición de izquierdas, pero sus listas sólo han obtenido un 31% de los votos, lo que es su segundo peor resultado histórico. Además, el nuevo Gobierno de izquierdas tendrá que enfrentarse al único partido que puede presentarse como ganador de las elecciones: los Demócratas Suecos, contrario a la inmigración, que ha subido del 5% de las anteriores elecciones al 13%.

En Francia, el Partido Socialista se ha partido con motivo de la moción de confianza del nuevo Gobierno del primer ministro, Manuel Valls: 31 diputados socialistas de la Asamblea se abstuvieron en la votación del martes 16, y con 269 votos a favor Valls superó la mayoría absoluta de 257 diputados por poco. En abril, su anterior Gobierno recibió 306 diputados.

En junio, ante el Consejo Nacional del PS francés, Valls declaró que la izquierda podría desaparecer:

La izquierda puede morir, la izquierda puede desaparecer. Y Francia puede deshilacharse, víctima de una sucesión de crisis, crisis económica, crisis de identidad, crisis cultural, agravando el sentimiento de abandono que sufren muchos de nuestros compatriotas (…). El PS se encuentra en su peor momento desde su refundación, en el Congreso de Epinay, en 1971. Y la izquierda en su conjunto se encuentra en su peor momento de toda la historia de la V República.

El Partido Liberal alemán, fundado en 1948 y otro de los pilares del sistema de partidos de la posguerra, está sufriendo el destino que Valls teme para los socialistas franceses. No sólo perdió su presencia en el Bundestag por primera vez, sino que en las últimas elecciones celebradas este mes en tres estados también perdió su representación en favor de los euroescépticos de Alternativa para Alemania.

En este país, el SPD, el mayor partido socialdemócrata de Europa, obtuvo en las elecciones de 2013 algo más de 11,2 millones de votos, lejos del desastre de 2009, cuando cayó por debajo de los 10 millones, pero se ha tenido que aliar con Ángela Merkel y aplicar su política económica, con algunas concesiones como suspender el alargamiento de la edad de jubilación a los 67 años y bajarla a los 63.
Cuando todo el mundo es de izquierdas

¿Qué es lo que le está ocurriendo a la socialdemocracia, cuando su triunfo en el campo de las ideas y las costumbres es incontestable y la llamada derecha ha aceptado gran parte de sus políticas de cambio social (impuestos confiscatorios para la clase media, feminismo, discriminación positiva para minorías, eutanasia y aborto como derechos, el Estado como árbitro de la vida privada...)? ¿A qué se debe esta paradoja? El colombiano Nicolás Gómez-Dávila escribió con ironía:

No entiendo cómo se puede ser izquierdista en el mundo moderno, donde todo el mundo es más o menos de izquierda.

El primer secretario del PSF, Jean-Christophe Cambadélis, hizo el siguiente diagnóstico de los problemas de la izquierda en una reciente entrevista.

Las izquierdas europeas hemos perdido el debate cultural. La igualdad era antes el punto central del debate. Cómo ampliarla, cómo reforzarla... Pero ahora ha pasado a un primer término el concepto de identidad: la identidad de mi pueblo, de mi región, de mi país... frente a Europa, la mundialización, la nación. Cataluña o el País Vasco son ejemplos en España. La gran dificultad de todos los partidos progresistas europeos es volver a centrarnos en el tema de la igualdad. Y eso, cuando las circunstancias hacen imposible la redistribución.

Otro factor que lastra a las izquierdas es su pretendida superioridad moral. Las izquierdas son buenas porque se preocupan de los desfavorecidos, los inmigrantes, los delincuentes... Esa condición de caballero sin espada se vuelve contra ellas cuando incumplen sus promesas de reformar el capitalismo o de acabar con el desempleo. A los europeos se les ha inculcado que la derecha es mala, mentirosa y amiga de los ricos, por lo que sus políticas no resultan inesperadas, pero también que la izquierda es mejor y diferente; por eso, cuando ésta gobierna de manera opuesta a su programa la desmoralización y la ira diezman su electorado.

Incumplidas las promesas y rotas las identidades (de clase, nacionales, republicanas...), los votantes de izquierdas se están marchando a la extrema derecha, a los nacionalistas y a partidos de extrema izquierda y hasta cercanos al terrorismo. Del primer caso el ejemplo más patente es el Frente Nacional francés, que crece más en los barrios obreros que en los de clase alta. Del segundo, la evolución de las clases obreras escocesas: un 30% del electorado del Partido Laborista se ha adherido al separatismo movido por el resentimiento y la falta de subsidios y pensiones. Sus argumentos son del estilo de: "No queremos que nos gobiernen los conservadores de Londres" y "Escocia es un país socialista". Y del tercero, España, donde la izquierda navarra y la catalana se están pasando por legiones a Bildu y a ERC por razones como el desastre de la gestión socialista, el hechizo del paraíso terrenal prometido por los nacionalistas y el odio a la derecha, reducida a todo aquel que lleva corbata.

Los aristócratas combatían a los revolucionarios (y antes a los reyes) para conservar sus castillos y sus tierras; los izquierdistas combaten el mercado (o lo que ellos consideran tal) para conservar sus pensiones de jubilación. Europa convertida en un corral de ovejas.
Joaquín Leguina, un facha para Beatriz Talegón

En un largo proceso cuyo comienzo se puede fechar en 1968 y cuya aceleración se produce después de la caída del Muro, la izquierda ha abjurado de las nociones de deber, sacrificio y responsabilidad y las ha sustituido por la voluntad, la indignación y la queja; y como los nacionalistas de todo pelaje ha pasado de la realidad al sentimiento. Los actuales jóvenes izquierdistas consideran a sus mayores unos carcas, como le espetó Beatriz Talegón a Joaquín Leguina, y para ellos cualquier promesa de contenido progresista o solidario (abrir las fronteras abiertas, impedir el dolor de un animal, repudiar la deuda pública) vale más que la experiencia o un hecho.

Paradójicamente, los planes de educación implantados por la izquierda en España están cavando la tumba tanto del PSOE como de su brazo mediático, El País. Los jóvenes socialistas (y muchos adultos confusos) prefieren como medio para expresar y formar sus opiniones los tuits y las tertulias televisivas a los editoriales de El País, cuya lectura es indescifrable para los treintañeros.

El ex primer ministro socialdemócrata Göran Persson se empeñó en reducir el déficit de Suecia (que en 1996 rondaba el 10%) porque comprendía que los endeudados, sean personas o Estados, dependen de sus acreedores, y así lo explicó:

Un país que debe no es soberano ni tiene democracia que valga, porque no es dueño de sí mismo. Soy socialdemócrata: sé que sin tener superávit no hay Estado de Bienestar posible. (…) Keynes no dijo nunca que las deudas no hay que devolverlas. No se puede ser keynesiano sólo para gastar sin devolver lo gastado.

El cincuentón socialista que hablase así en un acto de las Juventudes Socialistas sería abucheado.

Al excanciller Helmut Schmidt, una de las figuras de las que la socialdemocracia podría sentirse orgullosa, el semanario Die Zeit le censuró unas declaraciones en las que dudaba del dogma del calentamiento global.

Frente al pensamiento heterodoxo de los ya retirados Persson y Schmidt, basado en sus experiencias y conocimiento de la vida, podríamos recoger una antología de pensamientos ridículos de altos dirigentes socialistas de hace unos pocos años, como "La tierra no pertenece a nadie. Sólo al viento" (Zapatero) y "El problema es que el PIB es masculino" (Pajín).

¿Cuál ha sido esta semana la última propuesta de Pedro Sánchez, el nuevo secretario general del PSOE, frente a la crisis, el desafío separatista catalán o el califato islámico? Llamar al programa Sálvame para prometer que él no irá a ninguna corrida de toros.

Guerra contra el terrorismo
ISIS: allí y aquí
Óscar Elía Libertad Digital 20 Septiembre 2014

Hace diez años los medios de comunicación informaban de vez en cuando de que algunos occidentales habían aparecido, de manera casI exótica, en las filas de los terroristas iraquíes o afganos. Hace cinco ya nadie dudaba de que de Europa salían decenas de islamistas . Hoy se habla de los dos mil europeos enrolados en las filas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), dedicados a combatir, a ejecutar y a morir haciendo la yihad. Son españoles, británicos, alemanes, franceses, italianos... Y son cada vez más, y de ámbitos sociales cada vez más amplios.

En los últimos años las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia han desarticulado no pocas redes de financiación y captación de miembros. No es suficiente, y salta a la vista que eso no está impidiendo el flujo constante de terroristas a Oriente Medio. De hecho, las autoridades tampoco son capaces de evitar que cada vez se hagan más manifestaciones de apoyo a la barbarie yihadista en las calles europeas, a la vista de todos. Determinadas barriadas europeas se están convirtiendo en espacios fuera de la ley en las que no se sabe quién trafica con droga, quién con seres humanos ni quién recauda y recluta asesinos para la yihad.

Europa se está convirtiendo en uno de los más fructíferos viveros de yihadistas: en los últimos diez años el reclutamiento se ha multiplicado. Se trata de una progresión no solo cuantitativa sino cualitativa: en poco tiempo, la lista de yihadistas europeos ha pasado de estar formada por inmigrantes de primera generación en situación de marginalidad a incluir inmigrantes naturalizados de tercera, incluso a europeos conversos de tradición familiar ajena por completo al mundo musulmán.

Evidentemente, esto trae consigo un problema grave de seguridad, no ya en Mosul sino en París, Bruselas o Madrid: nadie duda de que, al igual que ha ocurrido a raíz de otros conflictos recientes, los terroristas regresarán a nuestras ciudades con experiencia en el uso de armas y de explosivos, con contactos terroristas y con la seguridad jurídica que les proporciona el hecho de ser ciudadanos europeos, con todas las garantías constitucionales y derechos. Esto es un sueño para el terrorista y una pesadilla para las fuerzas de seguridad.

Trae consigo en segundo lugar también un problema político. Lejos de ser una simple locura cruel, el yihadismo tiene un sentido político bien definido: es evidente en Irak, Siria o Nigeria, donde el ISIS lucha por la destrucción de órdenes políticos, por la toma de un territorio y por la disuasión de toda presencia occidental. Pero también tiene un sentido político aquí: pese a que los españoles parecen no querer pensar en ello, lo cierto es que la familia yihadista, desde Indonesia a Marruecos, considera España tierra de nostalgia y de conquista: quienes matan cristianos o yazidíes en el Kurdistán lo hacen también con Al Ándalus en la mente, tanto como con Roma y Jerusalén. Su objetivo puede ser Bagdad, pero también Madrid..

Y existe, en tercer lugar, un problema cultural. Con el desarrollo de la modernidad, los europeos han desarrollado una capacidad patológica para el autoodio y la frustración consigo mismos. Este rechazo, acelerado en la actualidad, ha tenido como uno de sus efectos la promoción de todas aquellas culturas que impliquen la negación de la occidental: las políticas de relativismo cultural y de multiculturalismo son su expresión más corrosiva. El efecto del respeto a todas las creencias y culturas ha sido la aparición en las ciudades europeas de barriadas enteras que empiezan a escapar a la ley y al Estado de Derecho para caer bajo la jurisdicción de la sharía. Ha sido también su efecto la proliferación de mezquitas y centros islámicos sin control, que nadie se atreve a cerrar y perseguir; y lo son los imanes y cabecillas ideológicos que predican el odio de comunidad en comunidad por todo el continente, ante la tolerancia islámica y la pasividad institucional.

Ante esta expansión del yihadismo cultural en territorio europeo, que sustenta moral y materialmente al yihadismo en Oriente Medio, los europeos están hasta la fecha paralizados, presos de complejos culturales y miedo a desatar las iras yihadistas. Se limitan a reducir la cuestión a términos policiales o de inteligencia, herramientas que por definición sólo son válidas para el final del proceso, cuando la red o el terrorista están prestos a actuar. Pero respecto al resto, la impunidad con la que el yihadismo allí se gesta ya aquí, los europeos siguen mirando hacia otro lado.

Es en este contexto en el que adquiere su sentido el manifiesto de la plataforma Stop ISIS, con el que diversos intelectuales, profesores y periodistas advierten de que el resultado de lo que ocurra en Irak se trasladará aquí; y de que al mismo tiempo el conflicto de allí se juega aquí. Esto, el islamismo parece tenerlo claro. Bastante más que los españoles y el resto de europeos.

Oriente Medio
La ‘vanguardia suní’ y cómo convertir los cisnes negros en grises
Mario Noya Libertad Digital 20 Septiembre 2014

¿Qué países componen la vanguardia que protagoniza este informe muy recomendable del London Center for Policy Research? Los tres más importantes del submundo suní –el más importante del mundo islámico–: Egipto, el más populoso; Turquía, el más poderoso en términos militares, y Arabia Saudí, el más rico. Tan distintos entre sí, los une la argamasa formidable del miedo al advenimiento del Irán Atómico, que revolucionaría por completo el tablero geoestratégico del Gran Oriente Medio. No sólo.

Obama tiene un plan: un equilibrio Sunna-Shia que permita a Estados Unidos dejar de hegemonizar la zona. Ese plan pasa indefectiblemente por que Irán, persa, chií, cobre fuerza e influencia y por que la pierdan sus enemigos cordiales del mundo árabe y suní, egipcios y saudíes por máximos ejemplos. Comprensiblemente, ese plan no gusta nada en El Cairo y Riad, donde se sienten traicionados por un socio del que ahora desconfían profundamente y al que quizá contraprogramen con un plan propio que descanse en la nuclearización de la zona vía Pakistán, suní, quizá el país más peligroso del orbe, según se advierte en estas páginas: tiene la Bomba, un conflicto potencialmente catastrófico por Cachemira con la igualmente atomizada India y unos servicios de inteligencia militar con unas muy turbias relaciones con Al Qaeda y el Talibán. La vida es lo que pasa mientras se tienen otros planes, Mr. Obama, puede que le adviertan desde esas capitales en las que no se le admira y con aprobación reparan en Rusia (El Cairo) y China (Riad).

¿Cómo encajar en este dibujo a Turquía, que es suní como Arabia Saudí y Egipto pero, como Irán, no es árabe? Quizá adjudicándole el papel de bisagra. No lo vería con malos ojos Erdogan el Otomano, que sueña con devolver a su país el poderío que exhibió durante los siglos en que fue conocido como la Sublime Puerta y que sabe que de ninguna de las maneras podrá hacerlo si Teherán consigue atesorar armas nucleares. He aquí una causa, la principal en términos estratégicos, de que Ankara se alinee con El Cairo y Riad en la vanguardia suní. Otra, la principal en términos tácticos, es que en la crucial guerra siria comparte bando con los saudíes contra el alauita Asad, el gran activo de los iraníes en el mundo árabe y suní.

Todo esto es muy enrevesado, ciertamente. Bienvenidos al Gran Oriente Medio.

***
La vanguardia suní tiene poderío militar, económico y civilizacional, si se me permite el palabro (Turquía dispone de uno de los Ejércitos más poderosos del mundo, la Universidad Al Azhar de El Cairo es el gran centro islámico del saber, Arabia Saudí alberga las sacrosantas Meca y Medina, los saudíes financian innumerables mezquitas y madrazas en todos los rincones del planeta…); pero en la retaguardia presenta críticas debilidades que pueden no solo frustrar su proyecto de frenar a Irán sino hacer que sus integrantes colapsen. En ellas se detienen Jed Babbin, David P. Goldman y Herbert L. London, los autores de este informe que les vengo comentando. De hecho, se atreven a formular predicciones a 3-5 años vista de acontecimientos que pueden provocar que la vanguardia suní se venga abajo, con consecuencias formidables para la zona. No sólo.

Sobre Turquía se cernirían estas amenazas, según los documentados augurios de Herbert London:

– Un golpe militar que desaloje a Erdogan del poder y suma el país en una situación similar a la que se vive en Egipto desde los derrocamientos de Mubarak y Morsi. He aquí la razón de las purgas que está ejecutando el sultán islamista en el establishment castrense desde hace años. (La relación de Erdogan con los militares es harto complicada: no se fía de ellos y hace todo lo posible para socavar su posición –fundamental en la república fundada por su padre Atatürk–, pero a la vez los necesita para mantener el orden doméstico –sobre todo en el Kurdistán– y proyectar poder fuera de las fronteras nacionales).

– La extensión a su territorio de la guerra siria, que de hecho ya está causando estragos (Turquía acoge a más de un millón de refugiados). Erdogan, en tiempos aliado –y amigo personal– de Asad, se ha jugado el todo por el todo por los rebeldes, al punto de que incluso se le acusa de contribuir al fortalecimiento del psicopático Estado Islámico (EI) del califa Abu Bakr al Bagdadi. Esta apuesta le puede salir muy cara, especialmente desde la traición de su socio supremo, Estados Unidos, el año pasado, cuando Obama pactó con Putin, magno protector de Asad, la destrucción del arsenal químico de Damasco a cambio de la permanencia en el poder del tirano baazista, que ahora incluso ve cómo su archienemigo americano pone la carne en el asador para laminar al EI, que ha conseguido hacerse con el dominio de importantes porciones de su país.

– El desplome económico. La economía local ha pasado de protagonizar un publicitado milagro a estar sumida en el marasmo. La deuda es una bomba que le puede estallar en la cara a Erdogan, que en buena medida debe su popularidad, precisamente, a su gestión económica, que se está revelando burbujística. Para respirar en el terreno financiero Ankara depende del pulmón que le procura Riad, donde no se acaban de fiar de Erdogan por su declarada simpatía por los Hermanos Musulmanes y su réplica palestina (Hamás). Pero es que además la economía turca es energéticamente dependiente de Rusia (petróleo) e Irán (gas), países con los que Ankara no está precisamente alineada –Turquía es miembro de la OTAN– y antagonistas de Arabia Saudí, que es la que le financia sus tratos con ellos…

– Un levantamiento en el Kurdistán. Es el asunto interno turco por antonomasia. En estos momentos estas aguas están tranquilas, al punto de que el líder del PKK, Abdulá Öcalan, preso desde 1999, ha anunciado que el conflicto está a punto de llegar a su fin. Pero quizá se compliquen las cosas si Bagdad azuza a los kurdos turcos y paga así a Ankara su reciente alianza con los kurdos iraquíes, que disfrutan de una suerte de semiindependencia desde el derrocamiento de Sadam Husein y que cuentan con amplio respaldo internacional por su implicación en la lucha contra el Estado Islámico. El Kurdistán turco es un polvorín que, de estallar, puede provocar graves trastornos en Siria, Irak e Irán, como cabe colegir con solo echar un vistazo a este mapa.

En cuanto a Egipto, el futuro inmediato se presenta color boca de lobo, advierte David Goldman. Es "una república bananera sin bananas", uno de los países “menos preparados” para la Modernidad, el "enfermo de África del Norte" permanentemente agitado por una multifacética convulsión social. Antaño célebre granero envidiado, hoy importa la mitad de los alimentos que precisa para alimentar a sus 85 millones de habitantes… y aun así lo consigue a muy duras penas: en 2013 estuvo a punto de padecer una colosal hambruna y la carestía siempre está ahí, como el dinosaurio del cuentito de Monterroso. Su economía no es que vaya mal: es que está condenada a lo calamitoso, con miríadas de jóvenes infracualificados sin posibilidad de prosperar, una inflación indomeñable y un sector turístico en coma desde 2011. No hay alternativa a la ayuda masiva procedente del Golfo, sentencia Goldberg, que se muestra muy crítico con la manera en que Estados Unidos ha afrontado la primavera egipcia y que considera que lo mejor –o menos malo– que puede hacer Obama es contribuir a la consolidación del régimen del mariscal Sisi, para así cerrar la brecha que se ha abierto entre Washington y El Cairo a raíz del derrocamiento de Mubarak y, sobre todo, del de Morsi, pues los militares egipcios se sintieron traicionados por el amigo americano y desde entonces lo miran con todas las suspicacias. Es más, apunta Goldberg: Sisi estaría esperando a que Obama abandone la Presidencia y que el próximo inquilino de la Casa Blanca le sea más propicio; entre tanto, emprende visitas de capital importancia a Moscú, y quizá incluso vuelva a situar a Egipto en la órbita rusa, lo que le asemejaría aún más a su admirado Gamal Abdel Naser, campeón del antiamericanismo panarabista.

El derrumbe de Egipto podría derivar en un éxodo norafricano a Europa de vastas proporciones, en la incandescencia de la frontera oriental de la ya ingobernable Libia, en el fortalecimiento de las organizaciones terroristas que operan en Gaza y el Sinaí (Hamás, Yihad Islámica Palestina, filiales de Al Qaeda…), en la desestabilización de Jordania y los países del Golfo con vastos contingentes de trabajadores egipcios e incluso en el cierre del Canal de Suez, uno de los grandes nodos del comercio internacional. En verdad no parece el escenario más adecuado para un futuro promisorio.

Last but not least, Arabia Saudí: rentier state que vive del petróleo (80% del presupuesto nacional, 90% de las exportaciones) y donde casi nadie trabaja (el 80% de los 8 millones de trabajadores –para una población total de 27 millones– es extranjero, y los escasos nacionales activos se desempeñan en el sector público); feudo de los Saud (la Familia Real tiene 24.000 miembros) y bastión del wahabismo, parece descansar sobre una Falla de San Andrés socioeconómica que, de quebrarse, podría ocasionar un terremoto cataclísmico.

El Reino, más que un Estado, es un cacique que no cobra impuestos a los saudíes pero, a cambio de eso y de subsidiarles la vida, tampoco les reconoce derecho democrático alguno. Los saudíes, en efecto, no son ciudadanos sino súbditos. El contrato social que rige allí es la antítesis del rousseauniano, viene a decirnos Jed Babbin, autor de esta parte del informe. Para representarlo más vale imaginar no un código legislativo sino una ubre de vaca: mientras mane leche no habrá mayores problemas; como no mane o mane escasa, con toda seguridad muchos terneros se tornarán furiosos morlacos.

Especialmente sensible es esta cuestión en la zona oridental del país, donde se concentran los pozos petroleros… y la minoría chií, humillada y ofendida con constancia por los guardianes suníes de la ortodoxia. Sí, en el Reino unos súbditos son más súbditos que otros: los chiíes son súbditos de segunda que no tienen más que mirar al otro lado del Golfo para encontrar apoyo en sus correligionarios de la República Islámica del muy temido Irán en trance de ser atómico.

He aquí la mayor amenaza que se le presenta a la Casa Saud: un levantamiento chií con apoyo iraní. Puesto a concebir escenarios infernales, Babbin considera la posibilidad de que el Oriente del Reino se convierta en algo parecido al Triángulo Suní iraquí, un foco de desestabilización formidable que acabe por desencuadernar el país. ¿Se imaginan a la Guardia Revolucionaria iraní implicada de hoz y coz en una guerra civil saudí? ¿Y, ya puestos, al Estado Islámico librando una guerra de exterminio antichií en el mero corazón del mundo islámico? Para entonces, ¿tendría la República Islámica armamento nuclear? Háganse una idea de las consecuencias para el Reino. No sólo.

Babbin augura una sucesión harto conflictiva del nonagenario Abdalá. Tensiones internas, injerencias externas, todo el Gran Oriente Medio en tensión extrema y esta Falla de San Andrés pasando por Riad, Medina y La Meca. Háganse una idea.

***
¿Qué pretenden Babbin, Goldman y London escribiendo este informe? No asustar sino prevenir, que es lo que –denuncian– no hace la política exterior norteamericana, lo que la convierte en reactiva y, por tanto, incapaz de maniobrar con eficacia ante cisnes negros como la caída del Muro de Berlín o, mucho más importante para lo que nos preocupa, el 11-S. Como el ya mentado dinosaurio de Monterroso, los cisnes negros siempre van a estar ahí, alterando dramáticamente el devenir de la Historia. Se trata de prepararse mejor para sus irrupciones, ampliando el campo de lo concebible y analizando concienzudamente datos y hechos que podrían desencadenar lo inesperado. De convertirlos, según su terminología, en atisbados cisnes grises.

Jed Babbin, David P. Goldman y Herbert L. London: The Sunni Vanguard. The London Center for Policy Research, 2004.

© elmed.io

De cara a las elecciones
El Gobierno ordena que se paralicen los despidos en empresas públicas
A nueve meses de las elecciones locales, el Ejecutivo ya piensa en recuperar votos.
Libre Mercado 20 Septiembre 2014

Primero fue la recuperación de dos de los tres 'moscosos' -días libres por asuntos propios de los empleados públicos- que fueron suprimidos por el Gobierno y después el anuncio de que recuperarán la paga extra suprimida en 2012. ¿Casualidad, o cercanía a las elecciones? Parece que a nueve meses de las elecciones locales, el Gobierno ha comenzado a dar muestras de que necesita un empujón para remontar los últimos sondeos electorales.

El paro sigue siendo la principal preocupación de los ciudadanos. Por este motivo, algunas fuentes aseguran que el Gobierno ha dado orden a las empreasas públicas bajo su control para que contraten personal o dejen de despedir, según informa Bolsamanía.com.

Además, pese a la mejora económica, la deuda pública no deja de crecer. Aunque el discurso del Gobierno es el de "racionalizar el gasto público" y "reducir el número de funcionarios", lo cierto es que las Administraciones Públicas son los principales empleadores del país.

En total, tienen más de 2,5 millones de trabajadores. De hecho, a pesar de la crisis, el número de empleados públicos no ha dejado de crecer. Un ejemplo: los entes locales contrataron a 14.000 empleados públicos el pasado año.

Los planes de racionalización y de recorte del volumen del estado que predica el Gobierno no se corresponden con una sstancial reducción en el número de trabajadores. De hecho, trece comunidades autónomas han aumentado su gasto en personal para poder pagar al volumen cada vez mayor de trabajadores públicos.

Y, ahora, algunas empresas vinculadas al Estado o participadas a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industrial (Sepi) han comenzado a poner el freno al despido de personal laboral por petición expresa del Gobierno.
Correos, Aena, Renfe...

Las grandes compañías vinculadas al Estado, como Correos, Aena, Enusa, Renfe o aquellas donde el sector público tiene algún tipo de participación, están entre las empresas señaladas por el Ejecutivo con la orden de no despedir.

Desde la primera, aseguran que "Correos no está en una etapa expansiva del empleo, sino de reorganización". La compañía, que a 31 de diciembre de 2013 tenía 53.264 empleados, ha decidido no despedir a nadie porque "las únicas bajas que existen son por jubilaciones. La edad media de la plantilla supera los 50 años", recalcan desde la compañía, que no facilita datos de la plantilla actual.

Además, también cuentan con la figura del trabajador fijo-discontinuo, que son aquellos contratados en épocas de mayor demanda o para cubrir las vacaciones de los fijos. Otras fuentes aseguran que la compañía está aprovechando la situación actual para reemplazar a personal de mayor experiencia y salario por jóvenes con contratos más precarios y que podrían no computar como plantilla al tener contratos en prácticas.

http://www.libertaddigital.com/espana/2014-09-19/nace-la-plataforma-stop-isis-para-proteger-a-las-minorias-y-exigir-una-intervencion-militar-1276528730/

REFERÉNDUM EN ESCOCIA Las consecuencias de la derrota del 'sí'
David Cameron, en su laberinto
LOURDES GÓMEZ Especial para EL MUNDO Edimburgo 20 Septiembre 2014

El Reino Unido se mantiene intacto, pero David Cameron ha pagado un precio alto para salvar la unión. El primer ministro británico se ha metido en un laberinto de reforma del modelo de Estado, empujado por las concesiones garantizadas en la semana anterior al referéndum de la independencia de Escocia, según alertan los académicos del programa El Futuro de Escocia y del Reino Unido, del Consejo de Investigación Social y Económica (ESRC).

"La derrota del 'sí' ha desatado una reacción en cadena que parece encaminada a redefinir la estructura territorial de Reino Unido. Nos vemos ahora en la extraordinaria situación de que una consulta limitada a Escocia va a provocar un importante cambio constitucional en todo el país", resalta Charlie Jeffery , catedrático en Políticas de la Universidad de Edimburgo y director del programa del ESRC.

El detonante del cambio explotó con una encuesta favorable a los independistas, que publicó la agencia de consultas en Internet YouGov 10 días antes de la consulta soberanista. Fue la única que dio la delantera al 'sí' en toda la campaña electoral, pero desató una cascada de pánico y un sentimiento de urgencia en el bando unionista. Cameron aceptó entonces un ajustado calendario de traspaso de competencias al parlamento de Edimburgo, que proponía su antecesor en Downing Street, el laborista Gordon Brown.

La promesa de revisión autonómica en Escocia, sobre cuyo contenido y alcance difieren los tres grandes partidos de Westminster, se apuntala en un marco legislativo de urgencia, según reafirmó ayer Cameron.
Ampollas entre los conservadores

Las garantías del gobierno de coalición y la oposición laborista para ceder más poderes a Edimburgo contribuyeron a restar apoyos a la causa independista, pero han levantado ampollas en activistas y diputados conservadores con escaño en regiones inglesas. "Las inquietudes en Inglaterra y Gales, que se sienten desfavorecidas por las concesiones al Parlamento de Edimburgo, han extendido la cadena de compromisos constitucionales a todo el Reino", observa el catedrático.

Ayer por la mañana, en la primera intervención tras la victoria del 'no' a la ruptura del reino Unido, el líder 'tory' prometió ampliar las competencias de la Asamblea de Cardiff y corregir la llamada cuestión de west lothian, que permite a parlamentarios con escaño en regiones autonómicas opinar y votar leyes de materias transferidas que solo competen a Inglaterra. Cameron ha encomendado al anterior ministro de Exteriores, William Hague, la coordinación de estas propuestas de descentralización del poder en un proceso que ha de seguir el mismo curso temporal que el proyecto de reforzar la autonomía escocesa.

Pero los académicos del ESRC consideran imposible y desaconsejable cumplir el calendario prometido. "Es perverso y no creíble", denuncia Jeffery. "No se puede ni se debe cumplir", advierte su colega Michael Keating, catedrático en Política Escoces en la Universidad de Aberdeen.

El referendo independentista ha lanzado a Cameron en una carrera de obstáculos. El primer ministro se ha comprometido a tramitar los textos legislativos antes de la campaña electoral de las generales de mayo de 2015, pero aún falta llegar a un acuerdo sobre su contenido.

Y, con la meta tan cercana, apenas hay tiempo para la reflexión y la depuración de ideas, según denuncia Keating. "Estas cuestiones deben someterse a un intenso debate público, como el que ha generado la consulta independentista. Pero se ha optado por la vieja costumbre de arreglar los asuntos entre los líderes de Westminster, en vez de embarcarse en la nueva forma de conducir la política que se extendió entre todas las comunidades y grupos sociales durante el referendo", protesta el catedrático.

Inmersión, Ley de Banderas...
Los desacatos de la Generalidad: leyes y sentencias incumplidas
El Parlamento catalán aprueba la Ley de Consultas para tratar de dar amparo al referéndum. No es la primera vez que hace caso omiso a la legalidad.
Libertad Digital  20 Septiembre 2014

No es la primera vez que el Gobierno catalán incumple la legalidad y las sentencias. El caso más flagrante es sin duda el sistema de inmersión lingüística en las escuelas. Más de treinta años lleva la Generalidad incumpliendo la Constitución y los fallos de los tribunales, que afirman sin lugar a dudas que este sistema supone una vulneración de la Carta Magna. Lejos de deponer su actitud los sucesivos gobiernos han ido anunciando sin rubor que no acatarán las resoluciones judiciales y que la ley catalana de Educación no iba a ser modificada ni en una coma.

Hasta tal punto que el Ejecutivo de Artur Mas ya ha anunciado que no piensa acatar la Lomce tal y como está redactada. No es tampoco la primera norma que la Generalidad catalana desacata: la Ley de Banderas es también un claro ejemplo de ello. Ésta obliga a utilizar la enseña nacional en los actos oficiales de la Generalidad, en los despachos del presidente autonómico y sus consejeros y en todos los edificios públicos.

Y si nos vamos al ámbito económico son varias las normas aprobadas recientemente por el Gobierno central sobre las que el Ejecutivo autonómico no sólo ha hecho oídos sordos sino que ya ha anunciado abiertamente que no las va a cumplir. Tal es el caso de la Ley de Unidad de Mercado o la reforma de la administración.
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Sobre la primera, el consejero de Empresa, Felip Puig, ya dijo que la Generalidad dificultará y "evitará hasta el último momento" su aplicación. De momento, ya se ha personado ante el TC contra varios de sus artículos para tratar de dilatar al máximo el tiempo de no aplicación. En cuanto a la segunda, el Gobierno de Mas fue aún más tajante: "jamás" aplicará la reforma de la administración. No eliminará sus embajadas en el exterior, ni la figura del Defensor del Pueblo catalán, ni su Tribunal de Cuentas, tampoco su agencia de meteorología o su propio CIS.

Pues bien, este viernes el Parlamento de Cataluña ha aprobado la Ley catalana de Consultas. Otra ilegalidad evidente por lo que supone y un nuevo pulso al Gobierno de Mariano Rajoy, que ya ha avisado que la recurrirá por ser contraria a la legalidad. Para ello empleará los argumentos ya esgrimidos en la doctrina del Tribunal Constitucional, esto es: ninguna comunidad autónoma tiene competencias para convocar referendos.

Santiago Abascal
‘Podemos es un proyecto totalitario’
Rosalina Moreno www.gaceta.es 20 Septiembre 2014

Afirma que la formación de Pablo Iglesias “está ofreciendo todas las recetas equivocadas que han fracasado en Cuba, Venezuela y la Unión Soviética”.

Vox celebra este sábado su Asamblea General para elegir próximo presidente del partido y los órganos ejecutivos a través de la votación de sus más de 3.800 afiliados.

Santiago Abascal afirma que “VOX va a experimentar un gran cambio” a partir de esta cita, que tendrá lugar a partir de las 10.00 en el Teatro La Latina de Madrid.

-Hoy se decide el futuro de su formación. ¿Qué ofrece usted frente al otro candidato, Ludovico López Cade?
-Nosotros no ofrecemos nada frente al otro candidato, lo que ofrecemos es un proyecto de futuro a todos los militantes de VOX con un equipo cohesionado, muy preparado en distintas materias y sobre todo con un fortalecimiento de los mensajes de VOX, de su presentación ante la sociedad española y una clarificación de sus mensajes políticos

-¿Qué mensaje le trasladaría a los afiliados?
-El mismo que le trasladamos a los ciudadanos: El de que VOX tiene futuro y vino para quedarse. No era una operación europea al servicio de una persona, sino que VOX es una nueva alternativa política que devuelve la esperanza a millones de ciudadanos españoles.

-¿Su formación surgió como escisión del PP al entender que éste había "traicionado" a sus votantes? ¿Qué análisis hace a día de hoy de la trayectoria de ese partido en política antiterrorista, económica y en cuanto a la protección de la vida?
-No es verdad que VOX surgiera del Partido Popular. En VOX hay personas que proceden del PP, otras que venían de otros lugares, incluso mucha gente que jamás había militando en ningún partido político. Pero el análisis que hacemos de la acción del Gobierno del Partido Popular es el del incumplimiento total de su programa político en todas las materias: en materia social, de familia, económica, antiterrorista y en relación con los nacionalistas.

-¿Cómo analiza el nuevo liderado del PSOE?
-El Partido Socialista solamente ha hecho un cambio estético. Bastante tiene con contener la fuerza de Podemos, que está desbordando a la izquierda. No me importa tanto el cambio de líder socialista como el relevo del PSOE. Sería deseable para España que el Partido Socialista desapareciera después del gravísimo daño que ha hecho a la sociedad española en treinta años, y sería aún más deseable que fuera sustituido por una izquierda decente y patriota como UPyD, y no por Podemos.

-¿Qué opina del partido de Pablo Iglesias?
-Ha sabido tocar la fibra sensible de la desesperación y de la indignación de una parte muy importante de la sociedad española. Desesperación comprensible e indignación justa y razonable, pero Podemos está ofreciendo todas las recetas equivocadas que ya se han ensayado y han fracasado en Cuba, Venezuela y la Unión Soviética. Podemos es un proyecto totalitario que debemos combatir.

-¿Y qué balance hace de Vox?
-VOX mantiene intacta la esperanza de representar a millones de españoles. Los inicios siempre son duros, pero estamos convencidos de que muy pronto el partido se repondrá del revés electoral que supuso no obtener representación parlamentaria y volverá a estar presente en todos los debates políticos de la sociedad española.

-La nueva temporada política ha sido un tanto convulsa tras las declaraciones de Cristina Seguí sobre José Luis González Quirós o su mensaje a Alejo Vidal-Quadras de dónde estaba la puerta de salida tras haber manifestado éste su deseo de una coalición con C’s y UPyD… ¿Cuál es la situación actual de su formación?
-Los últimos meses han sido convulsos en VOX. Una situación que suele darse en los partidos nuevos. Ha ocurrido en otras formaciones, como Ciudadanos y UPyD, y muy pronto nadie se acordara de estos “dimes y diretes”. VOX será reconocido por aquello para lo que nació: la defensa valiente de ideas y principios que comparten millones de españoles.

-¿Qué objetivos tienen ahora de cara a los próximos meses?
-VOX va a experimentar un gran cambio a partir del día 20. El partido estará dirigido, si los afiliados quieren, por un equipo cohesionado, intergeneracional, de gente muy preparada y multidisciplinar. Son un equipo con vocación de servicio y patriotismo. Nuestro objetivo primordial es entrar con muchísima fuerza en el Congreso de los Diputados en 2015 y ser una fuerza política decisiva en España. Cuando gobernemos, intentaremos poner a España en el ‘top ten’ de los países europeos en producto interior bruto en diez años.

Seis detenidos
Violentos disturbios en Glasgow entre unionistas y separatistas la noche después del 'no' escocés
La celebración del referéndum independentista no sólo no ha calmado los ánimos en Escocia sino que parece haberlos exacerbado.
Libertad Digital  20 Septiembre 2014

En contra de lo que aduce la teoría separatista, tras la celebración del referéndum independentista en Escocia podría estar generándose un ambiente de mayor enfrentamiento y violencia, al menos si nos atenemos a lo ocurrido en la pasad noche en Glasgow –la mayor ciudad en la que triunfó el sí- en la que unionistas e independentistas se enfrentaron violentamente la pasada noche.

Según informa el periódico británico The Guardian, se han producido seis detenidos y los enfrentamientos nacieron cuando un grupo de manifestantes unionistas -que identifican con grupos de skin heads partidos de un pub unionista cercano- se enfrentaron a independentistas que se concentraban en la plaza George, en el centro de la ciudad, y que ha venido siendo lugar para manifestaciones a favor de la independencia escocesa.

Según su relato, los unionistas irrumpieron lanzando insultos, algunos de contenido racista, y cantando la canción tradicional patriótica Rule Britannia, mientras que los independentistas entonaban otra melodía tracional: Flower of Scotland.

El Daily Telegraph, por su parte, no habla de skin heads, sino de grupos de gente que se esparcieron por las calles aledañas a la plaza George para luego entrar en esta, momento en el que se desarrollaron los disturbios, que requirieron la intervención de policías incluso a caballo.

Los partidarios del "sí" reunidos en la céntrica plaza de Glasgow cantaban "Flower of Scotland", el himno oficioso escocés, mientras que los unionistas entonaban "Rule Britannia", una antigua canción patriótica británica.

En declaraciones que recoge la agencia Efe, la líder de los laboristas escoceses, Johann Lamont, afirmó que el orden se estableció "tan pronto como fue posible", mientras que la dirigente conservadora Ruth Davidson afirmó que no quiere "ver escenas como esas en las calles" de Escocia. El liberaldemócrata Menzies Campbell, por su parte, consideró "extremadamente desalentadores" los desórdenes.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La soberania nacional no está transferida.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 20 Septiembre 2014

La posición hipócrita de los nacionalistas catalanes es recurrir a un supuesto derecho a decidir exclusivo de aquellos a los que dice representar. Y dando por indiscutible ese derecho, arrogarse la facultad de disponer los cauces democráticos para conocer la opinión de ese colectivo para poder actuar en consecuencia. Es decir reniegan de que su representatividad viene dada por la Constitución de la nación que a efectos prácticos acercó las Instituciones a sus ciudadanos estableciendo el sistema autonómico. Una delegación parcial de las atribuciones del Estado en determinadas materias, lo que se llaman competencias. Su renuncia consciente les lleva a dar preferencia a los territorios sobre el conjunto de la nación, cuando la soberanía reside de modo exclusivo en el pueblo español en su conjunto, es decir en todos y cada uno de los más de 45 millones de ciudadanos.

Pero para estos delincuentes sediciosos su único plan es obtener un mínimo de apariencia de legitimidad para proclamar la independencia de la que siempre han considerado su única nación y su pueblo. De nuevo reniegan de todos aquellos que no comparten su opinión y en el supuesto de que ilegalmente procedieran a realizar su referéndum y saliera vencedora la opción de independencia, aquellos que votaran en contra se verían forzados a formar parte de esa Arcadia prometida, aunque la opción ganadora en su territorio fuera la de seguir perteneciendo a España.

Porque la consulta nunca ha pretendido conocer la voluntad de los catalanes, sino justificar una acción de secesión sostenida en un referéndum ilegal y excluyente donde el voto de los catalanes no residentes en Cataluña no es posible, mientras se permitiría el voto de extranjeros inmigrantes con un mínimo de arraigamiento. Lo que se conoce por “pucherazo electoral”. Pero no hay por qué preocuparse, Mariano Rajoy y el Gobierno de España tienen todo previsto para impedir la celebración del referéndum por la vía jurídica mediante recursos al Tribunal Constitucional. Eso debe tranquilizarnos.

Esta tarde se va a producir el primer acto de desacato al estar prevista la aprobación en el Parlamento de Cataluña la Ley de Consultas, base de la legitimidad que buscan para poder convocar referéndums a nivel autonómico. Su aprobación viene avalada por los partidos secesionistas del nacionalismo catalán apoyados por un Partido Socialista, versión catalana comandada por Miguel Iceta que conscientemente obvian la ilegitimidad que tiene ese Parlamento para legislar sobre asuntos que afectan a la soberanía nacional, que es de exclusiva responsabilidad del Parlamento Español, es decir del Congreso y del Senado. Y la gravedad de su delito es que no puede aducir ignorancia ya que el Parlamento se pronunció sobre este particular.

Es evidente que Artur Mas deberá esperar a que oficialmente esté aprobada y publicada en el Diari Oficial de la Generalitat para proceder a la convocatoria del referéndum sobre la independencia. Los plazos dependerán de la mayor o menor celeridad que se den en esta publicación y si la táctica es posponer la convocatoria al límite legal previo a la fecha elegida del 9 de noviembre. Así que la hipotética hoja de ruta prevista por el Gobierno de Mariano Rajoy de tener todo dispuesto para la reunión del martes del Tribunal Constitucional puede que no sea posible si Artur Mas decide posponer su decisión.

Esta tarde cada grupo en el Parlamento de Cataluña va a quedar retratado y si todo va según lo previsto, Pedro Sánchez deberá dar muchas explicaciones y aclarar si el Partido Socialista tiene una sola voz, la suya, o existen diferentes ayatolás que marcan el camino en sus federaciones. Miguel Iceta debe ser cesado y el PSC apartado de la federación socialista que se supone pretende representar a todos los españoles en su diversidad. Si no lo hace, deberá explicar entonces a quienes representa. Un partido nacional no puede jugar a defender una cosa y la contraria dependiendo de dónde lance su mensaje.

Sr. Rajoy, deje de estar a la defensiva y compórtese como un Presidente del Gobierno de España obligando a cumplir la Ley en todo el territorio nacional.

Mas tiene razón: "Separa no poder votar". Todos queremos votar

Adolfo Lefort www.elsemanaldigital.com 20 Septiembre 2014

Escocia ha resuelto su continuidad en el Reino Unido, Estado al que se sumó en 1.707 cuando firmó el Acta de Unión. Sin embargo, mantuvo un sistema legal propio y diferenciado. Las leyes británicas no impedían una votación de estas características y las negociaciones previas sobre nuevas disposiciones que aumenten su autonomía han dado este resultado refrendado por el voto ciudadano.

La Constitución española no contempla esta acción para ninguna de las comunidades autónomas, en consecuencia toda actuación unilateral de cualquiera de estas es ilegal. El señor Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, en sus primeras manifestaciones sobre el referéndum escocés, ha destacado que "lo que separa es no poder votar".

Muchos estamos de acuerdo con ese planteamiento. El voto es fundamental en la democracia, pero el cumplimiento de las leyes también lo es. España no es el Reino Unido, sus normas legales no son las británicas y aquí, en el "Estado español", la Constitución da voz a todos los ciudadanos españoles para decidir sobre estos asuntos. Parece lógico que para resolver este problema y cualquier otro que contemple la Constitución deberían ponerse en marcha los mecanismos oportunos para variar su contenido.

Este planteamiento pasa por una negociación multipartidista y un nuevo referéndum estatal que apruebe o no las nuevas condiciones que se planteen. De lo contrario, con la actual normativa legal, el gobierno de Cataluña y los partidos que le apoyan en este campo, deberán pedir un referéndum en todo el Estado para dirimir la posible independencia de esta comunidad autónoma.

En fin, llevamos años de debate equivocado. No se ha replanteado el Estatuto de Cataluña, después de que el Tribunal Constitucional rechazara algunos puntos del actual que sí fue votado por los ciudadanos de esta comunidad autónoma. No se ha avanzado en la financiación autonómica, que perjudica a Cataluña, pero también a Madrid, Valencia o Baleares, por poner ejemplos de que no sólo Cataluña sufre esta situación.

Y también es cierto que, mientras se discute el derecho a votar unilateral, todos los ciudadanos españoles hemos aportado cerca de 42 mil millones de euros para cubrir la morosidad de las Administraciones Públicas y otros 60 mil millones para financiar los déficits de las comunidades autónomas. Mientras se discute el "derecho a decidir", cerca de 700 mil familias no tienen ingresos mensuales y millones de personas no tienen empleo.

Sobre Cataluña todos tenemos derecho a votar
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 20 Septiembre 2014

El no escocés no resuelve nada en Cataluña. Pero algo enfría. Digan ahora lo que quieran, un triunfo del Si hubiera supuesto un auténtico chute emocional para nuestros separatistas patrios y no solo los catalanes, que en ello estaban, sino para todos los que en comandita estenografiada en el Congreso, no solo CiU y el PNV poniendo cara de moderados y los de ERC, BNG, con Bildu asomando en la foto y hasta la navarra Uxue Barcos, se apuntaron al carrusel . Pero salio el No y salio por mucho, por casi 11 puntos y aunque ahora ya están diciendo que eso también está muy bien y es un ejemplo, todos sabemos que verdes las han segado y que hay humos en rebaja.

Pero no cejara ni la hogera y hasta puede que aumente la humareda. Ahora la cosa va a estar en seguir con la monserga y con el juego de trileros que cada vez es más palpable que Artur Más se trae con España, su gobierno y sus ciudadanos. La consigna será que les dejen votar a ellos como a los escoceses. Que es igual. Y no. No es igual.

Porque Escocia fue un reino, sin discusión, un Estado independiente que hace 300 años decidió unirse con Inglaterra, y con Gales en el Reino Unido. El referéndum de ahora, pactado hace dos años, con la pregunta dictada, por cierto que muy torpemente, por el gobierno central de Cameron, entra dentro de su legalidad y su Constitución. Aquí nada hay de eso. Ni hubo reino, la corona de Aragón de la que formaba parte el condado de Barcelona, se fusionó con la castellana para alcanzar la unificación de España en regimen de proclama igual, Tanto monta, monta tanto, a finales de siglo XV, o sea, quinientos años ya. En la guerra de Sucesión, en el siglo XVIII, entre los partidarios del heredero Borbón y los del archiduque austriaco Carlos, buena parte de Cataluña viró de una posición inicial a favor del primero a colocarse al lado del segundo. Unos y otros combatieron por España, por poner en España un rey u otro, y en la guerra perdió, tras alternativas cambiantes, Carlos y gano Felipe, el V, el antecesor con ese nombre de nuestro actual rey.

La identidad catalana es innegable, está su lengua, su cultura y su historia con sus señas bien claras y apreciables. Y también ha habido intentos con el de ahora de secesión. El más notorio cuando en la II República y en plena lucha contra el franquismo a los separatistas les pareció muy trapaceramente que era precisamente el momento y la oportunidad de proclamar su independencia. Contra la que tuvo que luchar la republica a la que traicionó y cuyas fuerzas aquel episodio mermó en sus posibilidades de victoria contra Franco.

La llegada de la democracia en el año 1977-78 supuso para el territorio no solo la libertad común a todos los españoles, sino su Estatut y el respeto, reconocimiento y expansión de su autogobierno, lengua y capacidad de decisión hasta unos limites que son los más amplios de toda la Unión Europea y no tiene parangón ni siquiera en Estados Federales. Aun se ampliaron con la reforma última del Estatuto propiciado por el presunto socialista Maragall que en realidad era el agente esencial del nacionalismo, mimado por el insensato ZP, que legitimó sus axiomas y trasvasó a buena parte de un electorado que no tenía ni esas raices ni esos principios ideológicos. Pero se fue tan lejos que era prácticamente una ruptura con el estado, una clara violación de la Constitución que todos habíamos votado en 1978 y los catalanes con más entusiasmo que nadie.

Ahora lo que pretenden simple y llanamente es la separación por su cuenta, por imposición al resto de españoles y por las bravas, con un referéndum impuesto al conjunto de la Nación, con las preguntas a su mejor conveniencia y con una clave esencial, que se oculta tras su famoso derecho a decidir. No pretenden votar sino lo que pretenden es no dejarnos votar a los demás. Expropiarnos nuestro derecho a decidir en algo que ante decidimos entre todos y ahora ello quieres guisarse solos.

Pero además, y ahí entran ya estos últimos episodios de trileros políticos, buscando la trampa, la más rastrera añagaza, como es la de aprobar esa ley de consultas, donde el PSC vuelve a pifiar y a ponerse de perfil, que todos saben que es tan solo y tiene la única misión de dar cobertura a un referéndum que todos saben que es ilegal y contra la constitución y que ya van sabiendo que encima no se va a celebrar. Aprobarla además buscando un tiempo para hacer ruido y que no pueda tener inmediata respuesta legal. O sea ayer por la tarde, tras el Consejo de Ministros y Mas demorar su firma hasta que rajoy se halle en su importante viaje a China donde tanta economía se juega. Porque conoce bien que el simple recurso al Constitucional, por parte del Gobierno, paraliza de inmediato la llamada a las urnas del día 9 de noviembre. Lo saben como saben que tanto el continente como el contenido va manifiestamente contra la ley, la democracia española y su constitución y como tal va a declararse. Porque sobre el fondo y por muy notable y pocas veces alcanzada unanimidad se ha declarado ya el Alto Tribunal ya saben como sabemos, todos lo que es inevitable que va a suceder.

Lo que después sucederá es lo que tiene interrogantes. Lo más probables es que Mas convoque elecciones- lo de sacar las urnas a la calle y desobedecer, conculcar y violar la ley no veo que quede en más que amenazas- que se escenifiquen como plebiscitarias, que las gane ERC y que proclame luego una independencia de manera unilateral por un parlamento que no tiene facultad alguna para ello. Pero eso ya es insurrección. Y ese es un escenario de cataclismo total. Y excepto los que lo desean como solución traumática y final, somos muchos, también en Cataluña que no deseamos tal, y han de ponerse a pensar, dialogar, razonar y buscar. Un dialogo que ahora no puede ser posible, porque simplemente lo que se pretende es ciscarse en la ley y hacer trizas el pacto constitucional.

Diferencias con Escocia
La Cataluña ilegal
Javier Somalo Libertad Digital 20 Septiembre 2014

Según parece, lo único ilegal en Cataluña está por venir. Y el Gobierno lo tiene todo listo para poner al Constitucional frente a la Generalidad ante una eventual violación de la Ley. Es más, este viernes a mediodía, la vicepresidenta del Gobierno advertía del hecho de que ni siquiera se había producido todavía la violación en sí misma y aprovechaba para hacer "un llamamiento".

Es costumbre en España que las cosas sucedan mientras los políticos juran que no lo van a permitir. Han comprobado que al día siguiente vuelve a salir el sol, no enmudecen los pájaros y el agua cae de la ducha como siempre. El país sigue en pie. No consentiré que me bajéis los pantalones, dijo con firmeza el hombre desnudo.

No se pagará precio político por el fin de ETA, se repitió en uno y otro gobierno. Y no se hizo otra cosa y no se acabó con la banda, que no mata porque ya puede gobernar. El PSOE de Zapatero ya venía pergeñándolo desde la oposición y desde el mismo momento en que rubricó aquel Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que en su preámbulo prohibía a los firmantes hasta pactar con el PNV. Ha llovido mucho y se han anegado muchas calles desde entonces. Pero desde el momento en que se rechazó el Plan Ibarretxe en sede parlamentaria –con grandes discursos, hoy vacíos– el Gobierno de España comenzó a rendirse ante los separatismos vasco y catalán. El Estatuto de Cataluña y la llegada al poder de una banda terrorista apenas ya camuflada bajo siglas han sucedido ante nuestras narices. Pero al día siguiente salía el sol y cantaban los pájaros y funcionaba la ducha. España no se va a romper y los pantalones siguen en su sitio. No hay precios políticos. Las líneas rojas no se sobrepasan.

Esta semana la actualidad vino marcada por dos hechos: el referéndum escocés y la ley de consultas del Parlamento catalán. Y había que unirlos en análisis para obtener conclusiones según el interés de cada quien. Escocia y Cataluña; Cataluña y Escocia. Son distintas sí, y Cataluña tiene un autogobierno imposible de imaginar por los escoceses. Ya, pero, ¿en Escocia se viola la Ley común? ¿Se actúa por la vía irreversible de los hechos consumados? ¿Se practica la desobediencia y se llama pública y explícitamente a hacerlo en lo sucesivo? ¿Se pisotean las decisiones de los altos tribunales? Pues esa es la diferencia de verdad, que en Cataluña el supergobierno hiperautónomo con el que soñarían los escoceses sí lo hace. Desde hace mucho tiempo. Esa diferencia no la han querido esgrimir.

Lo ilegal en Cataluña no está por venir. Cada día crece el inventario de lo violado y lo consentido en todos los ámbitos, no sólo en el de la lengua. Sentencias del Supremo, del Tribunal Superior de Justicia y resoluciones del supuesto guardián de la Constitución han sido sistemáticamente ignoradas por el gobierno de la Generalidad. Se han creado instrumentos oficiales para la desobediencia dotados de presupuestos y cargos ejecutivos con nombre y apellidos. Jueces en ejercicio asumen la labor de redactar su Constitución. Exhiben los planes de su futuro Ejército, de su Agencia Tributaria, de su Ley. Se han construido su estado paralelo. No es que incumplan la Ley, es que tienen la suya y lo demás es injerencia.

Todo esto sucede, aunque mañana amanezca, porque nadie ha querido sacar la tarjeta roja ni siquiera por acumulación de amarillas, que tampoco se han mostrado. Mariano Rajoy no es el problema. Tampoco Mas. Visto lo visto, nadie se atreve a ejercer el lado duro de la democracia, necesario para nos lleguen sus beneficios. Se prohibirá el referéndum y quizá no se celebre el día 9 de noviembre pero ya asoman las formas de eso que el diario El País llama "el encaje de Cataluña en España" –o al revés– y que llegará sin que algunos se den cuenta o cuando nos pongan a discutir sobre el referéndum ilegal en Euskal Herria.

Al comparar lo sucedido en Escocia con sus anhelos ha dicho Artur Mas: "¿Qué nos falta a nosotros?". Pues cumplir la Ley. Y que se lo exijan, claro.

Consultar para no decidir(se)
Manuel Cruz El Confidencial 20 Septiembre 2014

A pesar de haber entrado de manera inequívoca en período de descuento, Artur Mas sigue hablando como si tuviera por delante todo el tiempo del mundo. Últimamente le ha dado por reiterar el argumento de que todo cuanto está haciendo viene motivado porque quiere saber lo que piensan los catalanes y que, debido a dicha razón, una vez fallida la iniciativa de la consulta, es altamente probable que convoque elecciones anticipadas. Alguien podría pensar, un tanto ingenuamente, que esa ansia suya por saber constituye un propósito de todo punto loable, frente al que no debería haber grandes objeciones que plantear.

El problema consiste, entre otras cosas, en que no es la primera vez que el actual president de la Generalitat catalana proporciona idéntica respuesta para justificar un adelanto electoral (y hay que decir que su promedio de adelantos, si se confirma el próximo, empieza a resultar a estas alturas francamente inquietante). Todavía anteayer, para justificar la razón por la que había anticipado la convocatoria de elecciones el 25 de de noviembre de 2012, volvía a plantearle a Josep Cuní el argumento que lleva casi dos años repitiendo. Lo hizo -le explicaba al periodista catalán- porque quería cuantificar con precisión el respaldo electoral con que contaba la masiva manifestación de la Diada de ese año. A pesar de haber obtenido dicho dato, el único asunto del que se ha hablado durante la legislatura que anda por sus últimos estertores ha sido la consulta y, una vez que ha quedado claro que ésta no tendrá lugar, se trata ahora de organizar la manera de que Mas obtenga por fin la información que lleva tanto tiempo persiguiendo.

Dejando al margen que el presidente del gobierno de la Generalitat dispone de sobrados instrumentos demoscópicos para pulsar la opinión de la ciudadanía catalana respecto a muy variados asuntos, llama la atención que, si la satisfacción de su curiosidad ha venido constituyendo el genuino propósito de sus iniciativas electorales, cuando ha tenido la oportunidad de formular lo que considera las genuinas preguntas pendientes de responder (las que se tenían que haber planteado en la consulta del 9 de noviembre y que, según parece, fueron redactadas por el propio Artur Mas personalmente en la soledad de su despacho presidencial) haya optado por un diseño de las mismas abstruso e ininteligible (cantinflesco, según los más crueles) en el que los hipotéticos votantes tendrían que solicitar asesoramiento técnico para conocer la ubicación exacta de su preferencia política.

Habría que empezar a abordar seriamente la cuestión de si en realidad el problema más grave al que se enfrenta Cataluña en este momento no es tanto que su principal autoridad consiga por fin conocer la opinión de los ciudadanos como, por el contrario, que estos se enteren de una vez por todas de lo que piensa el presidente de su gobierno. Porque, si empezamos por sus políticas al frente de la Generalitat, el brusco cambio de alianzas entre las dos legislaturas no puede ser más llamativo. Dicho de manera telegráfica: empezó presentándose, del brazo del PP, como business friendly para, en su segunda legislatura, asumir sin pestañear (ni proporcionar explicación alguna) el entero programa de ERC. Todo ello sin olvidar que en su recientísima (del pasado martes) respuesta parlamentaria a Oriol Junqueras le insinuó la posibilidad de abandonarle como socio para optar por otros apoyos, en clara referencia al PSC.

La cosa no mejora si, dejando de lado la política de alianzas (que, argumentarían los más benévolos, siempre pueden responder a elementos tácticos de fuerza mayor: ya se sabe que la política hace extraños y volubles compañeros de cama), nos detenemos, aunque sea muy brevemente, en los momentos en los que Artur Mas ha manifestado sus opiniones respecto a los asuntos que ahora monopolizan la agenda política catalana. Porque en este otro capítulo no puede decirse que sea la claridad de ideas la que brille con luz propia. Hasta el punto de que, si alguien buscara alguna constante que se mantuviera a este respecto la única que, paradójicamente, encontraría sería la indefinición, cuando no la ambigüedad.

Para certificarlo no hará falta remontarse demasiado atrás en el tiempo, por ejemplo a 2002, cuando declaraba que el concepto de independencia lo veía "anticuado y un poco oxidado". Bastará con recordar lo más próximo. Y si en la pasada campaña electoral rehuyó en todo momento utilizar la palabra “independencia”, evitando con denuedo definir si el “Estado propio” al que manifestaba aspirar era como el de Massachusetts o como el de Dinamarca, más tarde, ya obtenida la victoria, no fue más resolutivo. Así, cuando hizo públicas la pregunta y la fecha para la consulta, al ser preguntado por sus propias preferencias respondió acogiéndose a escolásticas distinciones sobre lo que votaría como persona y como presidente de la Generalitat. Y así sucesivamente. En realidad, la relación de vaivenes y cambios de opinión (casi siempre precedidos del anuncio “yo siempre he dicho lo mismo”) podría prolongarse hasta el presente momento sin la menor dificultad. Y aunque a partir de su retórica parlamentaria, más o menos inflamada, de estos últimos días se pueda pensar que el tiempo del funambulismo ha llegado definitivamente a su fin, si se analizan con detenimiento las palabras exactas utilizadas por Mas se constatará su empeño de no cerrar del todo la puerta de las ambigüedades.

Que dicho empeño es vano por completo está fuera de toda duda: ha sido precisamente la incapacidad de Mas para definir los propios objetivos lo que le ha llevado al callejón sin salida en que ahora se encuentra. Pero también en esta ocasión, como en tantas otras ha ocurrido en el pasado, convendría que los detalles de los árboles, por llamativos que fueran, no nos distrajeran de la perspectiva de conjunto del bosque. Debería constituir motivo de severa preocupación para todos que responsables políticos y formaciones que le ocultan a la ciudadanía su posición en tan trascendentales asuntos sean los que en este momento, envueltos en la bandera de la democracia, llevan las riendas del procés en Cataluña. Entiéndaseme bien: no es su sinceridad democrática lo que más me preocupa. Lo que me preocupa de veras es su más que dudoso sentido de la responsabilidad histórica y su sobradamente contrastada incompetencia política.

Los referendos para la partición de un país los carga el Diablo
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 20 Septiembre 2014

Seguramente si el señor Cameron, primer ministro inglés, se hubiera imaginado que podría estar a un tris de que Escocia se escindiera de Gran Bretaña y fuera capaz de provocar una crisis de magnitudes europeas insospechada; se hubiera sentado a meditar profundamente, hubiera consultado a los oráculos y, después, hubiera rechazado de plano la idea de permitir al señor Alex Salmond, ministro principal de Escocia, que convocar un referéndum para decidir si la más septentrional de la naciones británicas, se constituía en un estado independiente o continuaba ligada al resto de naciones del UK. Ya se sabe que sólo hace trescientos años que Escocia se unió al resto del país, que en tiempos pasados fue una nación independiente y que se intercambiaron monarcas que reinaron en toda la nación como Jacobo I de Inglaterra y Carlos I.

Como suele ocurrir en estos casos, el sentimiento nacionalista que puede existir en Escocia, como se da en tantas naciones en las que conviven culturas distintas y lenguas propias de cada una de ellas, suele ser fácilmente manipulable por aquellos que, en un momento determinado, piensan que pueden lograr un provecho personal, político o económico; manipulando con habilidad los sentimientos, legítimos, como no, de los ciudadanos. Estos “salvadores de la patria”, como fueron Sabino Arana en el pueblo Vasco o Maciá y Companys en Catalunya; no se pueden considerar más que antecesores o contemporáneos al nazismo, en el sentido de que se auto otorgaban cualidades, incluso físicas y genéticas, que los situaban en una raza superior, por encima del resto de los españoles, a los que miraban con superioridad y, en consecuencia, dispuestos a independizarse del supuesto yugo que para ellos suponía pertenecer al Estado español.

Sin duda, la sensatez que ha mostrado el pueblo escocés, anteponiendo la razón a lo que, en muchos casos, es posible que les pidiera el corazón; ha sido determinante para sacar del apuro a los Toris ingleses y, de paso, para tranquilizar a una Europa pendiente de un resultado que, si hubiera sido favorable a la ruptura, hubiera creado un nuevo caos en la CE. Ello no obsta para que podamos tachar al señor Cámeron de imprudente, poco informado, de poca visión de futuro e incapaz de valorar una situación que le podía haber estallado entre las manos. Y un inciso más: los escoceses han dado un ejemplo de civismo, de saber convivir, de mantener en todo momento el orden y la paz, de saber aceptar, los que han perdido, un resultado adverso con la calma, la deportividad y el sentido democrático propios de un pueblo maduro, sensato y que sabe que ha de seguir conviviendo con vecinos que quizá, tengan unas ideas distintas a las suyas que, por supuesto hay que respetar.

Otra cosa es el ridículo mayúsculo que, diversos políticos y turistas catalanes y vascos, han hecho manifestándose por las calles de Edimburgo bailando sardanas disfrazados y con la “estelada” esperando, seguramente, que el resultado fuera una gran triunfo del “si” que les permitiera establecer un parangón entre el separatismo catalán y vasco y el tema Escocés. No fue así y lo único que se han podido traer de Escocia ha sido un palo sobre sus aspiraciones. Sin duda que, si Europa, antes del referéndum escocés ya era contraria a admitir en su seno a Escocia en el caso del triunfo del sí, con mayor razón y debido a la menor entidad e importancia de la autonomía catalana, ahora, escaldada como el gato del refrán, seguramente se mostrará doblemente contrariada y mucho menos dispuesta a aceptar un nuevo desafío que afecte a la integridad de la UE y que pudiera suponer un obstáculo para su futuro de supranacional.

Que el señor Mas haya aceptado el revés con cara de póker, no quiere decir que no signifique, para los partidos independentistas y sus aspiraciones a un referéndum sobre el tema catalán, un serio contratiempo y un aviso: primero, en cuanto al comportamiento de los votantes escoceses, evidentemente menos agresivos, ruidosos y desafiantes que los excesivamente alterados partidos secesionistas de la Generalitat; dando muestras de un talante civilizado, tolerante y festivo, sin caer en la tentación de dar un espectáculo de carácter revolucionario y una expresión de falta de respeto para con sus socios los británicos; y, en segundo lugar, la mayor capacidad de análisis de la situación de los ciudadanos escoceses, sin duda más serenos y capaces de razonar, cuando han sabido sopesar la realidad ( a diferencia de lo que piensan muchos catalanes) dándose cuenta de que no tendrían cabida en la Europa comunitaria; no podrían acudir al BCE en busca de créditos y sufrirían la consideración de tercer país fuera del Reino Unido, con su moneda devaluada y expuestos a que, la grave situación que su escisión de Gran Bretaña iba a crear para todos los Europeos, la arrastrase a una situación insostenible, a pesar de sus pozos de petróleo situados el Mar del Norte.

Qué duda cabe que el affaire de la familia Pujol, la convicción de que el TC va a terminar por declarar inconstitucional la ley de Consultas que van a aprobar y la evidencia de que, una parte de ellos, los de ERC, siguiendo sus estela histórica, van a infringir la legalidad si el Estado no se presta a pasar por las Horcas Caudinas, cediendo a sus pretensiones de celebrar la consulta sobre “el derecho a decidir”; están poniendo a los partidos separatistas en una posición muy delicada. El hecho es que, con motivo de la gran manifestación celebrada en la Diada del 11 Septiembre del 2.012, el señor Mas creyó que había llegado el momento de presionar al Gobierno y convocó elecciones anticipadas para el 25 de noviembre del mismo año. Se equivocó y en lugar de mejorar perdió 12 escaños y quien salió beneficiada de aquellos comicios fue la ERC del señor Junquera. Molesto, don Artur quiso recuperar protagonismo lanzando el órdago al Estado español, amenazando con una consulta soberanista que sirviera de trampolín para una hipotética independencia de Catalunya. La cadena humana del 2.013 le volvió a infundir esperanzas y, basándose en ello, se reafirmó en su amenaza que, si en un principio se centraba en pedir un pacto fiscal especial para Catalunya; ya no se conformaba con ello, buscando la independencia.

Ahora se va a enfrentar a una convocatoria de una consulta que va a ser declarada inconstitucional lo que, según él dice, va a provocar unas elecciones anticipadas que, seguramente, pueden representar el entierro de CIU. Sin embargo, el tercero en discordia, la ERC del señor Junquera, ya se ha anticipado diciendo que a ellos lo que diga el TC les trae sin cuidado y van a seguir con su proyecto de referendo para el 9N. Aquí, sin duda, es donde se puede producir el verdadero peligro. En Escocia se ha demostrado que no siempre los que ocupan las calles representan el sentir de la mayoría y puede que, en Catalunya, vista la situación actual, también haya muchas personas nacionalistas que empiecen a pensar que Mas ha mordido en hueso y que al fin y al cabo no sean tantos los beneficios sentimentales que pudiera aportar la independencia, si el precio a pagar es tan elevado. La firmeza del gobierno del señor Rajoy, la contundencia de la Fiscalía y el comportamiento de las fuerzas del orden, serán las claves de que mantenga el país dentro de la legalidad. Esperamos que actúen con decisión.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, es como vemos con inquietud el desarrollo de los acontecimientos en Catalunya.

La insoportable obcecación de los nacionalismos
ALEXANDRE MUNS.  ABC 20 Septiembre 2014

PROFESOR DE LA EAE BUSINESS SCHOOL

QUEBEC, Escocia, el País Vasco, Cataluña y otras regiones llevan años desperdiciando recursos, energía e impuestos de la ciudadanía en campañas mediáticas dogmáticas que intentan dividir a pueblos cuya integración fortalece su capacidad de generar riqueza y empleo. Escocia ha votado rotundamente en contra de la independencia. Las excusas de los perdedores, aunque predecibles, son lamentables. La participación alcanzó el 85%, el «sí» perdió por diez puntos, votaron los jóvenes de 16 y 17 años (más favorables a la independencia), el carismático líder del SNP Alex Salmond derrotó en los debates televisivos a Alistair Darling, la campaña del «sí» mostró fisuras sustanciales y en el Reino Unido gobierna un Partido Conservador detestado por la mayoría de los escoceses. La excusa más surrealista es que el voto del «no» es un voto de castigo a la clase política y rechazo al statuquo. Los nacionalistas del SNP son los que han prometido durante la campaña que la independencia arreglaría todos los problemas económicos, crearía empleo y han buscado el voto de los afectados por la crisis.

Pero, al igual que en Quebec, los perdedores ya plantean la necesidad de un futuro referéndum porque lograron un 45% del voto. ¿Cuántas veces tienen que celebrar referendos los perdedores? En Quebec los independentistas han perdido dos. Al igual que el Reino Unido, en España las competencias de la comunidades autónomas históricas son muy amplias. Gestionan más recursos que el Gobierno central, debido a la transferencia de las competencias sobre sanidad, educación, servicios sociales y otros ámbitos destacados de la gobernabilidad de un país.

Los nacionalismos han intentado aprovechar la crisis económica y su efecto sobre las vidas de los ciudadanos para prometer que con la independencia volverán los tiempos felices. Una constante del debate sobre el futuro de Cataluña es la obcecación de los independentistas con apelar solo a los sentimientos (de victimismo, agravios históricos) y silenciar a los técnicos que explican las realidades económicas y legales.

El guión del independentismo catalán es absurdo, pero se seguirá repitiendo hasta que la clase política y la ciudadanía exija un debate basado en hechos y datos, no en sentimientos y pasiones. El señor Junqueras, que asegura que la independencia de Cataluña garantiza la devolución de la deuda española, debería aprender algo de economía. La deuda pública de Cataluña supera los 40.000 millones de euros, superando a todas las comunidades autónomas. Es una de las consecuencias de la contratación masiva de funcionarios durante los tripartitos catalanes en los que participó ERC. El Gobierno central pagó las facturas que el tripartido adeudaba a los proveedores; los salarios de los funcionarios de la Generalitat los paga Madrid mediante el FLA; Cataluña no es la comunidad autónoma más rica de España (la superan en renta percápita Madrid, el País Vasco, Navarra y Baleares) y el 40% de las exportaciones catalanas van al resto de España.

España no tiene ninguna culpa de que empresas y particulares en Cataluña hayan acumulado deudas privadas sustanciales. Incluso la queja sobre las inversiones en infraestructuras y el déficit de la balanza fiscal es absurda. ¿Acaso Cataluña no se beneficia de las vías ferroviarias, aeropuertos, puertos y autopistas fuera de Cataluña a través de las cuales circulan las exportaciones catalanas al resto de España? ¿No beneficia a Cataluña que los españoles reciban recursos para mejorar su nivel de educación y sanidad?

Pero los datos, hechos y argumentos racionales se seguirán estrellando contra el discurso del victimismo y la falsa ilusión. La culpa de la crisis la tiene Madrid, y aunque el soberanismo catalán sufriera el descalabro de noviembre de 2012 continua la huida hacia adelante. George Orwell, que luchó en Cataluña defendiendo la República, definió el nacionalismo como la ambición de poder atenuada por la autodecepción. Mientras haya crisis, desánimo, frustración y otros sentimientos negativos, el nacionalismo venderá paisajes económicos dorados que no explica cómo financiaría. ¿Realmente los independentistas creen que pueden renunciar a su parte de la deuda pública española, quedarse con todas las infraestructuras, perder la financiación del FLA y la línea de crédito europea para sus instituciones financieras y no tener que aumentar los impuestos a niveles vertiginosos para pagar las pensiones, salarios y todas las estructuras de un nuevo Estado?

Si hay crisis, hay que buscar chivo expiatorio fuera. Si se recupera la economía a raíz del sacrificio de los españoles y la gestión del Gobierno central, el Gobierno catalán se adjudicará el mérito de la mejora. Pase lo que pase, los independentismos siempre buscarán tergiversar los hechos para dar ilusión. Los países no se gobiernan para ilusionar a sus ciudadanos con cuentos de hadas, sino para generar prosperidad y crecimiento mediante políticas racionales.

Este referéndum es anticatalán
El 9-N discrimina derechos a dos tipos de votantes catalanes; viola sus datos; rebaja a los que residen en el resto de España
Xavier Vidal-Folch. El Pais  20 Septiembre 2014

Aunque la ley de consultas aprobada ayer fuese estatutaria y constitucional, entraña un atajo torticero para sortear ¡la propia legislación catalana vigente! Ya existe una ley de consultas referendarias en vigor, la 4/2010. Fue recurrida al Tribunal Constitucional (TC); suspendida cinco meses al admitirla este a trámite (art. 161 de la Constitución); y transcurrida esa cuarentena, el TC no la invalidó. Está vigente. Ocurre que, con mejor rigor jurídico, remite al fin la convocatoria del voto (art. 13) al Gobierno (arts. 92 y 149 de la Constitución). Es lo que dribla el Parlament: su propia legislación (de apenas cuatro años), lo que tiñe a nuestra venerable institución de caprichoso desapego a la coherencia.

Esto es un escándalo democrático sin precedentes, ni en Canadá ni en Escocia ni en Montenegro.

La nueva ley persigue, tanto al menos como regular consultas populares, edificar un marco legal ad-hoc, que ampare la convocatoria del 9-N, diseñada mucho antes; dotar de aparente respaldo normativo a un formato concreto, el de las capciosas preguntas concatenadas formuladas el 12 de diciembre pasado.

Esa tara, descarnada en el debate político, deja también trazas en la evolución del propio texto. La proposición inicial (6 de mayo de 2013) contemplaba que la consulta versaría sobre “una o más preguntas” y sobre “propuestas alternativas” (art. 8). Pero su versión final añadía: “se pueden formular consultas sobre diferentes propuestas sucesivas” (art. 11.3). Y es que entre primavera de 2013 y verano de 2014 se interpuso el invernal 12 de diciembre, cuando se pactó el infausto formato encadenado.

La secuencia funciona así: primero los hechos consumados; luego su revestimiento legal, incluso forzado. Ese modo de legislar plantea incógnitas sobre su calidad y sobre la obligatoria vocación generalista exigible a toda ley, el principio “erga omnes” que reclama su utilidad para todos los casos, para todos los derechos y deberes, y frente a todos los ciudadanos.

La ley podría ser constitucional, si bien hay dudas razonables. Pero la operación de encajar en ella —según pretende el presidente de la Generalitat— la convocatoria formateada en diciembre (esa, y no cualquier otra más sensata) resulta frontalmente antiestatutaria, y por tanto está aquejada de un sesgo anticatalán. Esa consulta carece de amparo en la ley, como se infiere de los sólidos votos particulares al dictamen 19/2014 del Consejo de Garantías Estatutarias, de 19 de agosto.

El formato encadenado, definido por Esquerra y el propio CEO, nos encadena: viola el principio de igualdad consagrado en el Estatut

El formato encadenado, definido por Esquerra y el propio CEO, nos encadena. Viola el principio de igualdad consagrado en el Estatut: los ciudadanos catalanes “tienen el derecho a participar en condiciones de igualdad en los asuntos públicos de Cataluña” (art. 29). ¿Por qué? Porque segmenta al electorado en dos categorías distintas con derechos desiguales. Los votantes que respondieran no a la primera pregunta (voluntad de Estado propio) no podrían, a diferencia de los demás, votar la cuestión sucesiva (si ese Estado debería o no ser independiente).

Esto es un escándalo democrático sin precedentes, ni en Canadá ni en Escocia ni en Montenegro. Ni en el reciente caso de doble pregunta, Puerto Rico en 2012, como nos recuerda Pere Jover: la primera versaba sobre si continuar o no con la “condición política territorial actual”; la segunda incluía tres opciones alternativas, independencia, libre asociación o plena integración en los EEUU. Quienes respondían a la primera pregunta podían, todos, contestar también a la segunda. Viva Puerto Rico.

El decreto de convocatoria será también inconstitucional pues desborda “el ámbito competencial de la Generalitat”, que es el espacio de voto en el que la propia nueva ley autoriza las consultas (art. 1.1). “El futuro de Cataluña dispone de otras vías para ser tratado, pero no mediante una simple consulta”, sostiene Eliseo Aja. Otra cosa sería una consulta “sobre una futura reforma de la Constitución”, alega Marc Carrillo. Aborda “una cuestión que afecta (...) al fundamento mismo del orden constitucional”, indica el TC: lo que desborda una consulta-no-referendaria y exigiría otra de distinto tipo: un verdadero referéndum legal, pactado y convocado por nuestro Westminster.

Pero ahí afloran las severas incógnitas sobre la propia ley: Uno, configura las consultas como falsos (“simulados”, “encubiertos”) referendos, con menores garantías que estos. Dos, el voto a los 16 años contrasta con la mayoría de edad a los 18 y conculca la seguridad jurídica. Tres, el president invade competencias del Parlament en una materia (la convocatoria), reservada a este. Cuatro: votarían los catalanes del exterior pero en peor condición los catalanes del resto de España. Cinco, y lo peor: la falta de garantías en derechos básicos, pues para modificar los datos del registro de consultas no se necesitaría el acuerdo del votante. Lo que viola el art. 6 de la ley orgánica 15/1999 de Protección de Datos: “El tratamiento de datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado”.

Vámonos a Puerto Rico.

Hay que frenar la estupidez
Gregorio Morán. La Vanguardia  20 Septiembre 2014

SABATINAS INTEMPESTIVAS

El único derecho a decidir lo tienen los adolescentes y en el ámbito de su casa y su familia

Estamos metidos en una espiral de estupidez; como un concurso a ver quién la dice o la hace más grande. Yo creo que desde los tiempos del cólera no había escuchado, y mucho menos leído, la cantidad de estupideces con las que nos desayunamos todos los días. Y cuando estamos en este tipo de competiciones a mí me recuerdan una de las actividades, entonces denominadas “populares”, porque nadie aún tenía la desfachatez de llamar “tradiciones culturales” como ahora sucede con el pobre toro de la Vega, o los embolados mediterráneos o los trabucaires disfrazados, ejemplos inseparables al parecer de centenarias costumbres. De inveterada raigambre castiza tal que tirar una cabra desde el campanario de la Iglesia, correr a pedradas a liberales y judíos, o quemar brujas. Actos aprobados con benevolencia por los mantenedores de la tradición, enemigos de lo foráneo y modernista.

No, nada de esas sofisticaciones. Yo me estoy refiriendo a una competición que no podía faltar en los festejos de barrios y pueblos. La carrera de sacos. A las generaciones formadas en la electrónica probablemente no les dirá nada. Consistía en una carrera de muchachos con las piernas embutidas en sacos de esparto, y en reírse mucho contemplando cómo se caían torpemente en el afán de alcanzar la meta. Esa mezcla de simplicidad mental y gratuita crueldad siempre me llamó la atención, incluso de niño. ¿Por qué no hacían la carrera de sacos el alcalde y el conjunto de concejales, al menos para que provocaran con las risas populares una compensación al dinero que sisaban durante el año? Cuando el papel crítico de los diarios ha desaparecido, el resentimiento social adquiere caracteres insólitos. La estupidez se vuelve ridícula.

Yo asistí a una escena en un restaurante de Manresa en la que una señora exigió al camarero “una carta” en castellano, y como no la tenían -ni falta que les hacía tal gasto para la parroquia, puesto que ante cualquier excepción como aquella estaba la amabilidad y predisposición del camarero-. Pues no, la dama encocorada, que jamás había estado ni en Manresa ni en lugar alguno de Catalunya -yo lo he escrito con ñ, pero ustedes lo van a leer por obligación con ny sea en catalán o castellano- la tal señora, digo, apeló a sus derechos constitucionales -Constitución, que por cierto no había votado por desprecio a la democracia en general- para proveerse de una imposible “carta” en castellano, o del libro de reclamaciones. Como se trataba de un familiar la cosa acabó diciéndole que se dejara de pendejadas, que atendiera al camarero o a cualquier de nosotros, y que si no hiciera ayuno. Esta estupidez, que tiene muy poco que ver con la política y mucho con la psiquiatría, aunque a los tontos locos les guste mucho decir lo contrario, significó una ruptura familiar de consecuencias irreparables.

Algo similar en su simplicidad me ocurrió con el artículo de la pasada semana en el que me refería a Raoul Villain, asesino del líder socialista francés Jean Jaurès. Un amigo, viajado y curtido, me preguntaba dónde carajo decía yo que habían ajusticiado al asesino de Jaurès. “En Ibiza”, respondí. “No es ese el lugar que aparece en tu artículo”, me replicó. Como hasta ahora no solía releer los artículos después de publicados -un narcisismo que ronda el sadomasoquismo- encontré algo que yo no había escrito: “Eivissa”. El detalle roza el surrealismo no sólo por la obviedad de que en toda España y medio mundo Ibiza es Ibiza, inconfundible, sino que además se trataba de una ejecución ocurrida en septiembre de 1936, cuando los talibanes de las lenguas aún no habían nacido y toda España iniciaba una guerra atroz. ¿Acaso uno no tiene el obvio derecho de que no le toquen el artículo por gracia de que un supuesto corrector crea en los Países Catalanes, lo que a mí y a los lectores nos importa tanto como si cree en la Virgen del Perpetuo Socorro, patrona de los Redentoristas?

La hermandad entre estupidez y frivolidad es una de esas componentes que marcan el momento que vivimos. Sí hubo épocas en que lo más importante del mundo periodístico hispano se concentraba en la búsqueda de metáforas que evitaran llamar a las cosas por su nombre -recuerden que el oasis catalán, hoy tan escarnecido, no afectaba tanto a la sociedad catalana como a su prensa, encantada de haberse conocido y formando una piña, o eso creían, en torno a los mismos intereses y benevolencias-. Nada que ver con el agresivo estilo de los medios de comunicación capitalinos. La verdad es que el pan salió hecho unas hostias, pero aún es el día que nadie se da por aludido.

Los rescoldos de aquella hoguera de las vanidades alimentada por la Generalitat se mantienen hasta hoy. Bastó un artículo en abril de Javier Pérez Andújar, catalán de Poblenou, notable escritor e imposible enemigo de nadie, por desgana de enfadarse, bastó digo una crítica suya al alucinante contubernio de los sindicatos más corruptos de España, en cerrada competencia con los andaluces y los asturianos, cuyos líderes aprobaron la unión ¡estratégica! con Òmnium Cultural, el núcleo vivo y fortalecido del racismo y el reaccionarismo en Catalunya. Bastó esa singularidad para que salieran los Inquisidores Tertulianos a denunciarle por “antiguo”. Conviene recordar, porque nadie suele hacerlo, que fue necesario que el Círculo de Bellas Artes de Madrid concediera su medalla a Raimon, para que unos días más tarde le otorgaran los del Òmnium el premio de las Letras. Habían tenido 40 años para hacerlo, pero era rojo no converso, valenciano, e internacionalista, y no hay nadie más vengativo que los conversos de “casa bona”.

Pérez Andújar ahora ha repetido fortuna con una pieza literaria de altura sobre la última kermesse heroica del 11 de septiembre -“El parque temático del soberanismo” (El País, 12 de septiembre)-, procuro no imaginarme los insultos de los sacapechos patrióticos del bocadillo, tan parecidos ay a los autobuses de otros tiempos pagados con fondos públicos con destino a la plaza de Oriente, y de paso aprovechar para una visita al Madrid castizo. Porque la estupidez nos ha hecho perder el sentido de la medida. Veteranos columnistas añadiendo al final de sus textos una coletilla: irían a la manifestación. Como si fuera menester exhibir el patriotismo. Algo que no recordaba desde los tiempos del cólera.

Cuesta trabajo creer que entre tanta pluma de pavo y tanta lengua tertuliana sólo dos testigos hayan osado describir esa fantasmagoría de las “pubillas de blanco organdí” con “urnitas” simbólicas y fondos de banderas que evocaban fastos simbólicos de regímenes para olvidar o papas para avergonzarse. ¿O se trataba de tener presente el Congreso Eucarístico Internacional de 1952 en Barcelona? Sea como fuere, sólo dos cronistas, entre una faramalla de cofrades acojonados, tuvieron el valor de poner en sordina la variante más peligrosa de la estupidez: el contagio de masas, que tanto quebrantó a Elias Canetti. El impresionante relato de Pérez Andújar y la brillante crónica de Guillem Martínez, también en El País, sobre lo que él califica de “exhibición norcoreana” (cito de memoria), son vacunas contra la intemperancia y otorgan una cierta esperanza de que aún hay gente capaz de decir lo que los demás se niegan a ver o a contar.

El único derecho a decidir lo tienen los adolescentes y en el ámbito de su casa y su familia. Sólo ellos pueden decidir qué carajo van a hacer de sus vidas. Los demás tenemos el derecho a la protesta, a la revuelta, a la abstención, al silencio, a que no te humillen. La política no es un partido de fútbol como el amigo Manolo Vázquez Montalbán creyó atisbar en momentos muy poco felices para la verdad. Yo me quedo con aquellas dos cosas por las que según Max Aub merecía la pena luchar: la justicia y el buen castellano. Bastaría recordar cuál fue su trayectoria para entender lo difícil, por temerario, de tamañas ambiciones. ¡Si al menos hubiera fundado un banco…!
 


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