AGLI Recortes de Prensa  Miércoles 24 Septiembre  2014

Mariano y la catástrofe
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 24 Septiembre 2014

Qué gran novela va a salir del ocaso de Rajoy, porque las grandes traiciones suelen alumbrar finales magníficos, donde el lector no deja de disfrutar viendo como los demonios internos acaban devorando al judas de cada historia. Mariano acabará retirado en algún pazo de la Galicia profunda, con un acceso escarpado, quizá con un arroyo alrededor de los muros y un pequeño puente que se levante por las noches. Y comprobando en persona, cada atardecer, el cierre de puertas y ventanas, temeroso hasta de su sombra alta y desgarbada, cuando ya ni los puros le sirvan para nublarse la conciencia.

Por supuesto que Arriola y los sorayos, tan motivados, han llevado el peso de esta conducción forzosa del partido hacia el socialismo. De hecho serán ellos los que disfruten de nuevo PP, y no tardarán en mirar al presidente como miraba Suárez a Torcuato Fernández Miranda, contando los segundos para decir quítate tú, anciano, que ya me pongo yo, que soy joven y lista y salgo en las revistas. El sorayismo -con Alonso a la cabeza- ya estádiseñando una campaña electoral dirigida a los huestes sociatas de Felipe y Guerra, al progresismo caviar que ha pastoreado Janli Cebrián hasta ponerlo a los pies de la vicepresidente, en pago de la deuda que ella le ha recolocado. En la Moraleja van a arrasar. Hasta es probable que Soraya Sáenz de Santamaría esté ensayando su discurso de investidura, porque ha sido lo suficientemente astuta como para no retratarse en la polémica sobre la ley de Gallardón, obligando que sea el propio Mariano el que tenga que anunciar que su gobierno traiciona de nuevo a sus electores, a sus militantes y a su partido. Que los ha traicionado a todos. Al gobierno de Rajoy sólo le queda erigir una estatua a ZP, como piedra angular del nuevo Partido Popular.

Pobre Mariano, destinado al pazo perdido y a la ignominia, porque la derecha española va a señalarle como el hombre que rompiósu partido entregándoselo a los progres, liquidando el último resto de la herencia de Aznar, y consiguiendo que en el PP se pueda afiliar Bibiana Aído, que estará pensado que ya podían haberla dejado de ministra, que Ana Mato ha hecho lo mismo que ella pero con una desagradable cara de vinagre, como si en todo momento se acordara del Jaguar que la Gürtel le compró a su marido. Quizá allí, con Correa y Bárcenas, empezó todo. Cuando los militantes del Partido Popular supieron que su presidente le mandaba mensajitos de apoyo al tesorero apandador, debieron sospechar que esa connivencia con la corrupción no era un hecho aislado. En aquellos papeles donde se llevaban la cuenta de las corbatas de Rajoy, se retrataba al hombre destinado a romper el Partido Popular, a dar continuidad a la paz falsa de Zapatero y a llevarnos a todos al borde de otra ruptura aún mayor. Sólo parecía cobardón e indolente, pero el registrador de Santa Pola ha resultado ser una catástrofe.

La gota que colma el vaso
Almudena Negro www.gaceta.es 24 Septiembre 2014

No son pocos quienes creen que el enésimo cumplimiento electoral del Partido Popular, quien llevó ante el Tribunal Constitucional la misma ley que ahora no deroga, podría ser la gota que colmara el vaso de la paciencia

Llegó, abrió la crisis y la cerró. Mariano Rajoy. El sustituto de Alberto Ruiz-Gallardón, Secretario de Estado de Justicia cuando los atentados del 11 de marzo, es un competente tecnócrata, a decir de quienes le conocen. Es el suyo un nombramiento apropiado para un gobierno en donde la política, sencillamente, ni está ni se la espera. Un gobierno socialdemócrata y gris que sustituye los principios por el recuento de votos la noche electoral, los derechos por los números y la moral por encuestas de opinión. Cocinadas, encima. Un gobierno del consenso político, tan incompatible como es éste con la libertad. Y, por ende, con la democracia, que exige división de poderes y representación. Ni lo uno, ni lo otro.

De ahí que la postura que el PP lleva defendiendo décadas en defensa del derecho a vivir, como anoche le recordaban los votantes del PP que cercaban Génova 13 [cosas veredes], pueda volatilizarse si el gurú demoscópico, con intereses en la causa, que no por algo su señora vota vez sí y vez no a favor de la cultura de la muerte (¡Manolooooooo!), así lo recomienda. Claro que, los tiempos cambian y puede que algunos no hayan cambiado con ellos. Si no, que se lo digan a los nativos digitales, que pasan del PP y del PSOE. Volviendo a la cuestión, no son pocos quienes creen que el enésimo cumplimiento electoral del Partido Popular, quien llevó ante el Tribunal Constitucional la misma ley que ahora no deroga, podría ser la gota que colmara el vaso de la paciencia de la derecha sociológica. Una gota que podría causar todo un maremoto, como, en la acera de enfrente, le ha sucedido con Podemos al otro gran partido del consenso. Depende de que aparezca una alternativa con principios firmes y moderna.

Por cierto, no seré yo quien llore por la marcha del que ha dejado Madrid arruinada, de ese pésimo gestor tan querido por la oligarquía mediática, responsable de liquidar lo poquito que quedaba de independencia judicial, que ayer, entre la desautorización de Rajoy y la que con respecto a las tasas podría avecinarse desde el Tribunal Constitucional, es lo que tienen las rabietas, anunciaba no sólo su dimisión como ministro, sino también como diputado y dirigente de un PP en horas bajas. Volverá. Ya lo verán.

Y mientras eso sucede, ayer, hoy y mañana, a otras 302 criaturas se les negará el derecho a nacer. Se lo niega el consenso.

Principios o encuestas
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 24 Septiembre 2014

La caída de Gallardón estaba cantada desde que el anteproyecto de ley del aborto fue redactado de acuerdo con las aspiraciones de las asociaciones pro vida y la doctrina de la Iglesia al respecto. Hace tiempo que la sociedad española ha abandonado mayoritariamente estas posiciones de fuerte compromiso con una determinada visión del ser humano y su dignidad intrínseca desde el instante de su concepción para entregarse al relativismo que conduce al camino aparentemente fácil. El asunto a dilucidar presenta dos espinosas dificultades, una de conflicto de derechos y otra de respuesta al sufrimiento real de muchas mujeres. Cuando una futura madre alberga una vida en gestación no cabe duda de que se ve afectada en aspectos fundamentales de su existencia y de que esa circunstancia la dota de derechos que deben ser tenidos en cuenta. La criatura que se forma en su seno merece por su parte una fuerte protección atendiendo a su indefensión y a su naturaleza inequívocamente humana. También es cierto, y no puede ser ignorado, que frecuentemente la decisión de abortar no es fruto de un frívolo hedonismo, sino que obedece a causas muy serias de orden económico, familiar, social o laboral. Por eso el problema es tan difícil y la opción que se tome para afrontarlo ha de estar basada en convicciones profundas en uno u otro sentido. La cuestión que ha debido resolver el Gobierno es si un tema de este calado ha de ser objeto de legislación basada en un concreto orden moral o, al igual que sucede en otros campos de la política, puede tratarse de manera más pragmática.

Cualquiera que conozca un poco a la actual cúpula del Partido Popular podía adivinar el desenlace del vía crucis al que se ha visto sometido el ministro de Justicia. El alarmante descenso del apoyo de su electorado más a la derecha condujo a la elaboración del anteproyecto destinado a corregir el enfoque netamente izquierdista de Zapatero y la comprobación de que las pérdidas podían ser incluso mayores por la banda del centro han causado el brusco giro en dirección opuesta. El asombro indignado de la Conferencia Episcopal, las acusaciones de traición de Gador Joya y el dolorido reproche de Benigno Blanco suenan en este contexto tan conmovedores como ingenuos. Los dos grandes partidos del sistema prescinden de la ideología o, lo que es lo mismo, de un sistema de creencias que les oriente a la hora de redactar sus programas o de impulsar su acción legislativa. Sus etiquetas en este terreno son puramente ornamentales y carecen de arraigo alguno en las mentes y conciencias de sus dirigentes. Los socialistas bajan los impuestos sí eso les conviene y los populares los suben si así mantienen el Estado gigantesco e ineficiente del que ambos se alimentan. Los socialistas combaten a ETA o negocian con ella dependiendo de la coyuntura y lo mismo hace su principal adversario. En ninguna de las dos organizaciones hay un sistema articulado de ideas y de valores; la política consiste tanto en Génova como en Ferraz en un complejo ejercicio de sociología aplicada cuyo objetivo es llenar las urnas de papeletas favorables. El viraje del Gobierno de Rajoy en el anteproyecto de ley del aborto lo demuestra claramente. Los españoles han de ser conscientes de que sus gobernantes, puestos a elegir entre principios y encuestas, se inclinan invariablemente ante las encuestas. Es un dato molesto, inquietante incluso, pero que no engaña a nadie. De hecho, cada día se esfuerzan menos en disimularlo.

En 'El País'
Juan Goytisolo y 'El sueño de una Gran Andorra'
"Los nacionalismos manipulan los sentimientos en detrimento de la razón"
 www.lavozlibre.com 24 Septiembre 2014

Madrid.- El escritor Juan Goytisolo publica este miércoles un artículo en el diario 'El País' titulado 'El sueño de una Gran Andorra' que por su interés reproducimos íntegramente.

Para quienes gritan escandalizados "Madrid nos roba" habrá sido una dolorosa sorpresa el descubrir a los saqueadores en su propia casa. La prodigiosa saga de la familia Pujol -del expresident, su inefable esposa y toda la prole- ha expuesto a la luz la cruda verdad de la apropiación a mansalva del dinero público por unos próceres que, tras la pantalla de sus supuestos valores éticos y esencias patrias, conciben sus funciones como un coto o botín de su exclusiva propiedad. Las comisiones cobradas a la red clientelar y el amiguismo institucional en nada se distinguen de las restantes autonomías, y el ciudadano catalán verifica atónito que los millones blanqueados y enviados a paraísos fiscales operan de igual modo que en el resto de la península. Aunque Mas, consejero de Obras Públicas por cierto del expresident, finja estupor y confusión y afirme que se tomarán las medidas oportunas para remediar la situación, su credibilidad está por los suelos.

La apuesta independentista de Convergència no se ajusta siquiera a la derrotada de Escocia. El programa de esta contenía un capítulo social contrapuesto al del conservadurismo inglés y los recortes sociales que arrojaron a la calle a docenas de millares de obreros de Glasgow. En el caso español, los programas de Mas y Rajoy son idénticos. Resulta comprensible que, si Cataluña fuera Dinamarca o Suecia y España lo que es, tuvieran deseos de independizarse y entrar en la pequeña lista de países que justamente reivindican su transparencia y honradez, pero, desvanecida la gran fiesta de las emociones identitarias, el panorama que se divisa en Cataluña no tiene nada de reconfortante. El salto al vacío del secesionismo -la probabilidad de quedar fuera de la Unión Europea y del euro- pone en entredicho el sueño de los políticos nacionalistas del entorno del president: convertir a Cataluña en una Gran Andorra en donde circularían libremente capitales y bienes, los magnates del casino global invertirían sus millonarias cuentas y los recién estrenados ciudadanos, investidos de su flamante identidad, serían felices y comerían perdices.

Digámoslo bien claro: los nacionalismos exclusivos manipulan los sentimientos en detrimento de la razón y se encierran en el falso dilema entre lo bueno nuestro y lo malo ajeno. Aleccionado por mi ya larga experiencia de las identidades colectivas y mi subsiguiente desconfianza en ellas, mi antinacionalismo, ya sea vasco, catalán o español, me lleva a suscribir por entero el párrafo de uno de los manifiestos llegados últimamente a mis manos: “Queremos luchar por una Cataluña y una España diferentes, que hagan suyas las convicciones y la tradición progresista y de izquierdas de millones de demócratas, librepensadores, republicanos, catalanistas, socialistas, comunistas o anarquistas”. Creo que dos de los intelectuales peninsulares que más admiro -Pi y Margall, efímero presidente de la Primera República, y Manuel Azaña, nuestro último jefe de Estado libremente elegido- podrían estampar su firma en él.

Dimisión
Adiós Gallardón
Raúl Vilas Libertad Digital 24 Septiembre 2014

Gallardón ha conseguido el más difícil todavía. Dejar de ser el peor alcalde de la historia de Madrid para convertirse en el peor ministro de Justicia de la historia de España. Su dimisión es y será, en todo caso, una buena noticia. Tardía, eso sí. Tenía que haberse producido en el momento en que engañó miserablemente a los ciudadanos al prometer que iba a terminar con el vergonzoso reparto partidista de los órganos judiciales para, después, politizar aún más la Justicia. Es éste, y no el aborto, el principal problema político que tiene España y, en gran medida, el origen de la terrorífica situación que atraviesa la Nación. Con Cataluña, paraíso de la corrupción, al borde de la secesión y todo el sistema corrompido hasta el tuétano a punto de saltar por los aires, con los Iglesias y Monederos acechando.

Durante décadas ­–es verdad que ha dimitido, pero también lo es que llevaba más tiempo en política que el mismísimo Rajoy, que ya es decir–­ hemos escuchado la cantinela que cansinamente repetían sus amigos de Prisa de que Gallardón era un "hombre de consenso". Pues bien, de su paso por el Ministerio de Justicia el único consenso que se puede reseñar es que por primera vez en la historia ha puesto de acuerdo a todos los estamentos judiciales: jueces, fiscales, secretarios judiciales... Todos en contra de su gestión. En el Ayuntamiento también logró acuerdos. El de los acreedores de la inmensa deuda que ha dejado. Lo cierto es que el único consenso real de Gallardón ha sido con el Prisoe. Primero, en el 96, contra Aznar y después, con Cobo y sin Cobo, contra Esperanza Aguirre en el PP y la Comunidad de Madrid.

Conociendo la trayectoria del personaje, que algunos pretendan ahora loar la dimisión de Gallardón como un acto de lealtad al partido y los votantes es una broma de mal gusto. En la cuestión del aborto Gallardón ha actuado, como siempre lo ha hecho, pensando exclusivamente en sí mismo. Vio en él una plataforma de promoción política, lo cual en un asunto de conciencia es un disparate. Quería congraciarse con los sectores más conservadores del partido y por eso escogió la regulación más restrictiva posible, eliminando el supuesto de malformación del feto. La prueba es que no esperó a que el Tribunal Constitucional se pronunciase sobre el recurso planteado por el propio PP a la Ley Aído. Él quería que la ley del aborto fuese la ley Gallardón, y al final ni una cosa ni la otra. La doctrina del Constitucional no permite una ley exclusivamente de plazos, ya que debe existir un conflicto entre los dos bienes jurídicos a proteger, el nasciturus y la madre. Esto es una ley de supuestos. Se trataba de volver a una versión mejorada de la ley del 86 –por ejemplo, limitando con un plazo el coladero del peligro psíquico, que permitía atrocidades como que se practicasen abortos con embarazos de siete u ocho meses–, que había logrado un consenso social muy difícil en un asunto tan complejo hasta que Zapatero decidió romperlo en su obsesión guerracivilista.
ADVERTISEMENT

Lo que se esperaba del PP, que en su programa no concreta los detalles de la reforma, era una ley homologable a la del resto de democracias occidentales, cada una matizada por su legislación particular, que eliminase la carga ideológica de la ley actual, que define el aborto como un "derecho" y barbaridades como que las niñas menores de 18 puedan abortar sin consentimiento paterno. Pero esto no era bastante para el ego de Gallardón. Al igual que hace la izquierda, quiso que el Estado se metiese en la moral de los ciudadanos, y la conciencia no se legisla. Aunque algunos quieran arrimar el ascua a su sardina, el PP nunca se comprometió a prohibir el aborto o a elaborar una ley de aborto cero, como exigen los grupos provida, muy respetables pero también muy minoritarios, incluso entre los votantes del PP.

En definitiva, el hombre del consenso ha conseguido romper el consenso que existía dentro del PP, enconar aún más el debate y, lo que es peor, que la ley socialista siga vigente con todos sus disparates sin que el Tribunal Constitucional se haya pronunciado. Gallardón es el principal, pero no es el único culpable. Rajoy y Soraya deberán explicar por qué el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto cuando no estaban de acuerdo. Del primero ya sabemos que sólo lee el Marca, pero la actuación de la vicepresidenta tiene difícil explicación. Y es que con la salida de Gallardón seguiremos padeciendo un Gobierno pésimo, pero un poco menos. Empeorar su gestión en Justicia es imposible.

Dimite Gallardón
Se va el malo, se queda el malvado
Carmelo Jordá Libertad Digital 24 Septiembre 2014

Este último gesto de dignidad de Gallardón –tan extraño en este Gobierno de nulidades abrazafarolas y, sobre todo, abrazacarteras– no debe esconder que este martes 23 de septiembre se marcha uno de los políticos más nefastos de la historia de nuestra ya no tan joven democracia.

Supongo que habrá habido otros peores, pero apuesto a que casi ninguno ha acumulado cargos de la importancia de los que ha disfrutado Gallardón en las últimas décadas: presidente de la Comunidad de Madrid, alcalde de la capital de España y ministro de Justicia. Ahí es nada el currículum.

En todos y cada uno de esos cargos Gallardón ha demostrado todo aquello que es reprobable en un político: falta de principios y de escrúpulos, una ambición desmedida y, sobre todo, una incapacidad congénita para gestionar aquello que los ciudadanos –o ahora el presidente– le encomendaban. Todo lo que ha tocado el hoy dimisionario ha quedado a su paso como un erial en el que hubiese pastado el caballo de Atila.

Su última aventura política ha sido el broche de oro para esa carrera de despropósitos: cuando ya parecía que era imposible superar el desastre de sumir a Madrid en la mayor deuda municipal de España –con una proporción de siete a uno respecto al segundo clasificado–, le nombraron ministro y en menos de tres años ha logrado politizar la Justicia más de lo mucho que estaba, cabrear a todos los sectores profesionales, no aprobar ni una ley decente… y hacer el más absoluto de los ridículos con el proyecto que más atención y más interés iba a despertar en la sociedad.

No obstante, ya que sacamos la cuestión del ridículo, ni siquiera Gallardón se merecía la humillación a la que lo ha sometido un Rajoy que ha demostrado, si a alguien le quedaban dudas, un grado de maldad no ya maquiavélica, sino más bien mefistofélica: siempre pensé que la única razón del presidente para incluir a Gallardón en su gabinete era acabar con su carrera política, pero un poco más y acaba con su persona.

Una labor de machaque personal que ha forzado a dimitir al que nunca dimitió, al que nunca se iba a ir y al que ya se había tragado sapos, culebras y hasta cocodrilos. Y encima lo hace, oh manejador magistral de los tiempos, en lo más candente de un reto independentista que el propio Gobierno dice que se debe afrontar desde la Justicia.

En definitiva, Rajoy no sólo ha machacado sin piedad a Gallardón: ha lanzado un aviso a navegantes ministeriales: le dan igual el programa, las promesas o los votantes; aquel que tenga la ocurrencia de empeñarse en cumplir un compromiso electoral se puede ver machacado, humillado y, sobre todo, acabado.

Así se las gastan por Moncloa.

El verdadero resultado del referéndum escocés
Víctor Francisco Bermúdez www.cronicaglobal.com 24 Septiembre 2014

Han pasado sólo algunos días desde que se supo el resultado del referéndum escocés y las noticias que llegan desde Escocia y el resto del Reino Unido no son para nada positivas. Primero fueron los violentos enfrentamientos entre unionistas y separatistas en Glasgow del sábado. Después supimos este domingo que Alex Salmond, el recién dimitido líder independentista escocés, asegura ahora que Escocia podría declarar la secesión sin necesidad de otro referéndum. Bastaría dice, que hubiera una mayoría independentista en el parlamento escocés para que éste a las bravas, votase la separación. Esta declaración todavía impacta más si tenemos en cuenta que unos días antes del referéndum aseguró que si ganaba el 'No', no habría otro referéndum en una generación. Ahora ya, ni referéndum, ni generación, ni nada. Lo cual invita a pensar que la tensión social corre el riesgo de no bajar cual sufflé, sino de mantenerse o empeorar.

La tensión social corre el riesgo de no bajar cual sufflé, sino de mantenerse o empeorar

Como declaraba el periodista Kevin McKenna en The Guardian el pasado domingo en un artículo sobre su “inconsolable” hija, una independentista escocesa frustrada por la victoria del 'No': “En el curso de esta campaña una nueva generación de nacionalistas escoceses ha sido concebida y ha visto la luz”.

Pero de hecho, ya durante la campaña del referéndum se fueron calentando las conciencias y acrecentando la división social. Como informó The Guardian el día antes del referéndum, la tensión provocada por el referéndum ha dividido incluso hogares y familias. Otro episodio de tensión se vivió con la visita de Ed Miliband, líder del Labour Party, a un centro comercial en Edimburgo. Miliband tuvo que llegar a refugiarse en una tienda mientras pro y anti separación se las tenían a gritos fuera.

Pero han habido muchos más incidentes, en este link puede leerse como seguidores del 'No' fueron amenazados, les tiraron piedras y tuvieron miedo a partir de cierto momento de defender públicamente su posición. También les recomiendo este artículo, donde entre otras cosas se dice que muchos empresarios se sientieron intimidados y fueron boicoteados tras mostrar públicamente su preferencia a favor del 'No'. O este otro donde se puede apreciar como el referéndum no ha hecho más que exacerbar una tensión que algunos ingleses residentes en Escocia ya consideran racismo anti-inglés.

El referéndum no ha hecho más que exacerbar una tensión que algunos ingleses residentes en Escocia ya consideran racismo anti-inglés

La afirmación que Artur Mas hizo sobre el referéndum de Escocia de que: “Votar une, no separa”, como si él defendiera la consulta para luchar contra el separatismo por cierto, es falsa. La división social en Escocia es hoy mayor que antes de que se plantease el referéndum. Las palabras de Artur Mas son un caso extremo de vacuidad y propaganda, pero resulta desalentador ver la superficialidad con la que tanta gente ha celebrado el referéndum escocés como un “ejemplo democrático”, "gane quién gane quien gana es Escocia" o un “ejemplo de lo que debería ocurrir en Cataluña”. Una prueba más de que vivimos en una posmodernidad cultural donde los referentes humanistas y los análisis serios han quedado relegados por las etiquetas, el márqueting y el puro egoísmo.

El verdadero resultado del referéndum escocés, el que de verdad importa no es la victoria del 'No'. Tampoco lo es, que el referéndum haya supuesto en si ninguna solución democrática a nada. Porque de hecho ha supuesto lo contrario, ha creado un problema donde apenas lo había. El resultado desde el punto de vista humano, es que hoy la sociedad escocesa es una sociedad más radicalizada y fracturada. En ella, las identidades plurales y ricas de una parte de los ciudadanos, se han vuelto más simples y sectarias porque los escoceses han sido llevados a escoger entre sus identidades y afectos.

Este referéndum sólo ha sido una farsa y no un objetivo democrático en si mismo. Una farsa para Salmond, como muestra con su desprecio a realizar otro referéndum si cree que puede lograr la separación por otros medios. Salmond lo ha utilizado como un mero paso más en su estrategia nacionalista. Pero también una farsa para Cameron que lo convocó con frivolidad, convencido por las encuestas, que mostraban un apoyo mayoritario a la unión, de que lo ganaría sobrado y se colgaría así varias medallas políticas de golpe: la de democráta, la de valiente y la de ganador. Una farsa pues concebida por intereses concretos. Y punto. Ni “fiesta de la democracia”, ni “por el bien de Escocia”, ni demás márqueting barato.

A la postre Cameron, ha acabado teniendo que prometer a la desesperada, una serie de transferencias que plantean enormes interrogantes para la gobernabilidad del Reino Unido y que pueden fácilmente convertirse en fuente de mayores tensiones identitarias y políticas en todo el país.

Al final, tanto Salmond como Cameron han despertado a la bestia. La bestia de la fractura social y la división identitaria. Ese es el resultado del referéndum escocés, el que de verdad tenemos que tener en cuenta. Espero de todo corazón y razón que la bestia vuelva a la cueva. No sólo en Escocia, también en Cataluña.

¿Ha llegado el Ocaso de Rajoy?
Sus últimos graves errores
Miguel Massanet www.elsemanaldigital.com 24 Septiembre 2014

Mucho nos tememos que el PP se está jugando toda la credibilidad que pudo acumular en años anteriores, en sólo lo que le queda de la legislatura de don Mariano Rajoy. Y no es que las bases del partido hayan cambiado de opinión respecto a los valores que se debían defender o en relación a los principios éticos y morales que debían presidir todas y cada una de las decisiones de la Dirección del partido, ni que nuestra herencia cristiana se haya desplomado de repente y haya dejado de ser uno de los puntales básicos del partido de don Manuel Fraga Iribarne; nada de todo esto, los fieles votantes del PP siguen siendo los mismos, opinando exactamente igual que cuando votaron a su partido en las elecciones del 20N y le dieron al señor Rajoy una amplia mayoría absoluta, en ambas cámaras. Los que han cambiado han sido los dirigentes.

Rajoy recibió del pueblo español todas las facilidades para que pudiera llevar a cabo, sin obstáculos y con plena libertad, la complicada labor de regenerar a España; no sólo en lo económico, financiero y social, que por supuesto era una de las prioridades; sino también y muy especialmente en la tarea de sacar al país del marasmo ideológico en el que las doctrinas socialistas le tenían sumido; su anticlericalismo y su aversión por la Iglesia católica; su adoctrinamiento comunistoide y su desprecio por la familia; su relativismo ideológico y su énfasis por convertir las escuelas públicas y las universidades españolas, más que en lugares donde impartir el saber y la cultura, en verdaderos centros de captación de adictos para llevar a cabo su política de destrucción del modelo de Estado que juntos nos dimos mediante la Constitución de 1.978 y, sin duda alguna, la perversión misma del sistema democrático, incompatible de siempre con el modelo totalitario que ellos practican.

Sin embargo, después de tres años de gobierno, ni el señor Rajoy ni su equipo de gobierno han sido capaces de llevar a cabo la tarea, difícil tarea, que les fue encomendada por sus votantes. Su periplo por el poder, si se ha caracterizado por algo, ha sido por un exceso de precauciones, por un comportamiento timorato ante sus adversarios políticos, por una falta de valentía y decisión que ha pretendido ocultar detrás de una apariencia de prudencia, de templanza y serenidad pero que, a la postre, no ha sido más que una sucesión de pequeñas concesiones, intentos de conseguir acuerdos con el resto de grupos políticos que, como era de esperar y más tratándose de la izquierda, se han guardado mucho de darle el árnica que pedía para evitar que pudiera exhibir algún éxito en su mandato. Si en lo económico, en parte obligado por Europa, ha conseguido estabilizar el país, tampoco en el aspecto de atajar el paro e inyectar impulso a la economía, se puede decir que haya conseguido todos sus objetivos.

En su debe se le ha de anotar una tendencia muy marcada a apartar de su lado a todos aquellos que han diferido de sus opiniones, le podían hacer sombra o consideraba que su presencia destacada en los puestos clave del Gobierno o de su partido, le podía resultar molesta o, posiblemente, le restarían protagonismo. Basta nombrar a Mayor Oreja, María San Gil, Vidal Cuadras, Álvarez Cascos, Angel Acebes, Esperanza Aguirre y hoy, finalmente, Ruiz Gallardón; al que se le ha hecho la jugada mas sucia que se le puede hacer a un ministro en activo: se le ha desautorizado públicamente devolviendo la modificación de la Ley del Aborto, una ley que ya estaba a punto de ser publicada, simplemente porque en estos momentos al señor Rajoy ya le han entrado las prisas para intentar conseguir los votos que perdió, inútilmente, en la elecciones europeas; precisamente por haber conseguido el desapego de los votantes del PP, que no están de acuerdo con sus políticas respecto al aborto, a los colectivos gay, a los independentistas (especialmente a los catalanes) y, en especial, a su temor a meterle el tijeretazo que está precisando la Administración de la Justicia, una de las grande preocupaciones de la ciudadanía española, que no puede entender que todos los órganos e instituciones del Poder Judicial, funcionen con retraso, sin medios, con jueces que no son de oposición y, en especial, que la mayoría de todos ellos estén politizados, algo que debería estar erradicado de raíz, de modo que ninguno pudiera ejercer su profesión ante la más mínima sospecha de que, sus sentencia o resoluciones, pudieran estar contaminadas por la política.

Hoy ha sido el señor Gallardón el sacrificado y, de paso, los millones de españoles que esperábamos una ley que acabara con las matanzas de inocentes que impunemente se consienten en este país. En el pasado fueron una serie de valores reconocidos del PP que por no opinar como don Mariano se perdieron en el anonimato, anteayer fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre. Todos le resultaban molestos al señor Rajoy y a sus acólitos del Gobierno pero… y ¿ahora qué? Pues si nadie lo remedia parece que Madrid está a punto de pasarse al adversario. El gran bastión del PP y buque insignia de la formación pudiera pasarse en bloque a las manos de los Socialistas o, puede que, a las de Podemos o de una coalición de izquierdas en las próximas elecciones. Lo curioso del tema es que la persona que parece con más posibilidades de hacerse de nuevo con la comunidad madrileña es precisamente doña Esperanza Aguirre.

¿Qué sucede con esta señora que no deja indiferente a nadie? Pues que se ha convertido en el enemigo a batir de toda la oposición. Nadie es capaz de entender que una simple discusión con unos policías por una multa, algo que cada día ocurre en las calles de todas las ciudades de España, por ser quien es, por tratarse de una política de derechas y por ser la más cualificada y querida por los madrileños, se ha convertido en un tema de acoso y derribo a la señora Aguirre que, por si le faltaba algo para convertirse en el enemigo público número uno de las izquierdas, ¡Es rica y de familia noble! Demasiado para toda esta chusma que sólo vive de las ansias de venganza, de la envidia y del deseo de desprestigiar a todo aquel que es alguien por sus propios méritos.

¡Alto ahí!, pero ¿sólo sus adversarios del resto de partidos quieren eliminarla de la batalla por Madrid? No señores, no les quepa la menor duda de que, si se habla de Sáez de Santamaría o de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, para ocupar la alcaldía madrileña es porque al señor Rajoy la posibilidad de un retorno de Esperanza Aguirre a la política y más si es como alcaldesa de Madrid, es algo que le produce retortijones. No creemos que al señor Presidente le queden demasiados cartuchos en la recámara. Los que se ha gastado en salvas sin resultado alguno, sus renuncios, sus incumplimientos de promesas electorales y ahora, como remate, la retirada de la Ley del Aborto; una ley que millones de españoles estábamos esperando ya hace tiempo; mucho nos tememos que, así como a levantado las agrias protestas de los obispos y de los antiabortistas, acaben por decidir a aquellos que no le votamos en las europeas por su comportamiento en el caso catalán ( todavía queda por ver como acabará este tema); decidamos buscarnos otro partido en el que depositar nuestro voto o, si tanto nos apuran, no votaremos por ninguno.

Los leales seguidores del PP (el de antes, por supuesto) no se sienten representados en este momento por unos directivos que parecen no tener nada en común con sus electores. Habrá que escoger a otros y queda poco tiempo para ello. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, contemplamos este desbarajuste en que se ha convertido la política española.

Justicia
Rafael Catalá: el ministro que avistó el "sentimiento catalán"
Pablo Planas Libertad Digital 24 Septiembre 2014

No es en absoluto descartable que los políticos del frente separatista catalán sufran alguna clase de trastorno mental, más agudo que ligero, transitorio o permanente, que les haga estar convencidos de que lo que no puede ser sí puede ser y además no es imposible. Sólo queda mes y medio para el 9 de noviembre, fecha elegida para el referéndum, y dichos dirigentes insisten en que ese día se celebrará una consulta en Cataluña, de tal manera que si no se lleva a cabo van a quedar peor que el cuñado chistoso en un funeral.

En la contraparte están convencidos de todo lo contrario, de que no habrá referéndum. Lo malo de la versión del Gobierno es que es tan incompleta como la del Govern: se sabe lo que quieren, pero no cómo lo van a conseguir ni qué medios van a utilizar, más allá de las candorosas alusiones a la sensatez de Artur Mas.

Entre medias, la dimisión forzosa de Alberto Ruiz Gallardón y el nombramiento de Rafael Catalá Polo como ministro de Justicia sugieren unas perspectivas distintas en la contemplación del campo de batalla. No es que Gallardón tuviera un papel muy destacado en la cuestión del proceso separatista. Más bien ninguno, puesto que ese cometido se lo encargó Rajoy al ministro de Exteriores, García Margallo, en un alarde estratégico mediante el cual convertía el desafío secesionista en un segundo Gibraltar. Sin embargo, al nuevo ministro de Justicia le va a tocar dar la cara, y mucho. Puede que se libre de tener que presentar ante el Constitucional el recurso contra la ley de consultas, habida cuenta de que la cartera de Justicia dependerá de Soraya Sáenz de Santamaría hasta el regreso a España del Rey y de Rajoy, en Estados Unidos y la China, respectivamente. Pero de lo que no se va a librar es de lo que venga después.

Para los políticos nacionalistas, lo de Catalá es lo de menos y les da lo mismo. A estas alturas puede que ya ni recuerden que existe un Ministerio de Justicia y un Gobierno de España. Desprecian incluso las últimas declaraciones que se conocen del flamante casi ministro, quien en la revista de los Administradores Civiles del Estado, cuerpo al que se honra pertenecer, afirmó el pasado junio lo siguiente:

Por mi trabajo, por mis viajes o mis colaboraciones con Esade he tenido contacto con el sentimiento catalán, de percepción de una identidad singular propia, con un gran dinamismo cultural y un avanzado grado de autogobierno.

Dicho lo cual añadió que era partidario de realizar "ajustes en la Constitución para reconocer la singularidad catalana".

Un ministro viajado, que afirma haber tenido contacto con el "sentimiento catalán". Muy científico, muy jurídico y muy preciso, como el avistamiento de un ovni en el Tibidabo o un Bigfoot en un bosque de la Cerdaña. El sentimiento catalán...

Catalá, según su ficha oficial, comenzó en la política con Rajoy en 1996 y disfruta de un currículo que no cabe en un papiro. Empezó nada menos que de director general de la función pública, en el Ministerio de Administraciones Públicas, que a la sazón dirigía su descubridor y patrocinador, Mariano Rajoy, a quien se parece bastante, por cierto. Menos conocida es su trayectoria en la empresa privada, ámbito en el que fue secretario general desde 2005 y hasta 2011 de Codere, una multinacional española dedicada a las tragaperras, los casinos, los hipódromos y las apuestas en general que atraviesa en la actualidad por serias dificultades. Un tipo con suerte que espera al motorista mientras la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suspende la cotización de su exempresa. Y es que nada mejor, deben de pensar en Moncloa, que tomarse lo de Cataluña como si fuera un juego. De azar, naturalmente.

En una entrevista en junio
Rafael Catalá Polo abogó por reformar la Constitución para encajar "la singularidad catalana"
En una entrevista en una revista profesional el pasado mes de junio el nuevo ministro de Justicia pidió "ajustes en la Constitución".
Agencias Libertad Digital  24 Septiembre 2014

Hace sólo unos meses, el elegido para sustituir a Gallardón al frente de Justicia, Rafael Catalá Polo, se manifestó a favor de hacer "ajustes en la Constitución" para encajar Cataluña y "reconocer su singularidad".

Catalá Polo concedió una entrevista el pasado mes de junio a la revista de la Asociación del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, en la que explicó: "Por mi trabajo, por mis viajes o mis colaboraciones con ESADE he tenido contacto con el sentimiento catalán, de percepción de una identidad singular propia, con un gran dinamismo cultural y un avanzado grado de autogobierno".

Según contestaba Catalá Polo en esa extensa entrevista, la Constitución Española "nos ha servido muy bien durante 30 años dándonos el periodo de mayor prosperidad de nuestra historia reciente, pero no es inamovible; puede ser reformada para mejorar el encaje de Cataluña, eso sí, buscando el mayor consenso posible", decía. En cuanto al desafío separatista de Mas y los suyos en Cataluña lo tacha de "insolidario" por "pretender imponer a muchos la voluntad de unos pocos".

Sobre este asunto, como Catalá no asume el cargo hasta la próxima semana, cuando el rey Felipe VI y el presidente Rajoy vuelvan de sus viajes a Nueva York y China, no tendrá que activar él mismo el bloqueo a la consulta ilegal en Cataluña.

En concreto, su respuesta a la pregunta de "¿hacia dónde va Cataluña?", Catalá respondió:

Bueno, mi apellido, aunque puede ser de origen catalán, proviene familiarmente de Valencia. No obstante, por mi trabajo, por mis viajes o mis colaboraciones con ESADE he tenido contacto con el sentimiento catalán, de percepción de una identidad singular propia, con gran dinamismo cultural y un avanzado grado de autogobierno. Cosa distinta es lo que está sucediendo en la política catalana, de fortalecimiento del independentismo, con posicionamientos individualistas, insolidarios y parciales, que, otorgándose unilateralmente una legitimidad y soberanía que no les corresponden, pretende imponer a muchos la voluntad de pocos, en una deriva que, obviamente, está abocada al fracaso. Yo soy partidario de realizar ajustes de la Constitución para reconocer la singularidad catalana. Nuestra Constitución nos ha servido muy bien durante 30 años dándonos el periodo de mayor prosperidad de nuestra historia reciente, pero no es inamovible; puede ser reformada para mejorar el encaje de Cataluña, eso sí, buscando el mayor consenso posible.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El gran embaucador

F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 24 Septiembre 2014

ES DIFÍCIL encontrar un farsante fuera del teatro con tanto éxito como Gallardón. El peor alcalde de la historia de Madrid -9.000 millones de euros de deuda, la mitad de toda la deuda municipal de España; con Álvarez del Manzano era la mitad de la deuda de Barcelona- ha sido también el peor ministro de Justicia de la Democracia. Cuando se estrenó como tal en las Cortes dijo, como Rajoy, que cumpliría la promesa electoral del PP de acabar con la politización de la Justicia, sin duda el peor de los problemas del sistema constitucional español. Para que no hubiera dudas, aclaró que «se había terminado el escándalo de que los políticos siguieran nombrando a los jueces que los podían juzgar». Yo, que he padecido el despotismo de Gallardón en los tribunales por el delito de opinión de oponerme a su vil proyecto de enterrar el 11-M, defendí aquí mismo, en estos comentarios, el proyecto gallardonita, porque suponía el fin de la corrupción partidista de las instituciones. Pero Gallardón no es decente, políticamente hablando, ni por error. Al año, en nombre del consenso, pactó con el PSOE una ley para el CGPJ aún más politizada y corrompida que la anterior. La clave de la regeneración democrática la había dinamitado el mismo que la proclamó.

La gestión del Ministerio ha sido una calamidad, pero encontró en otra claudicación de Rajoy, su promesa de cambiar el pacto ZP-ETA, una astuta y siniestra salida política. Para compensar la suelta de Bolinaga y los 50 etarras de la Ley Parot, que, según anunció públicamente Gallardón, sólo afectaba al caso Inés del Río Prada, el Gobierno se sacó una Ley del Aborto que iba mucho más allá de la promesa genérica de cambiar la ley de plazos de ZP y volver a la de supuestos de Felipe... y Aznar. La clave de la distorsión, que no estaba en el programa electoral del PP, era penalizar el aborto por malformación del feto, algo con lo que no estaba de acuerdo el 80 % de los españoles, incluidos los votantes del PP. Gallardón ha hecho grandes discursos contra la eutanasia -como si fuera lo mismo- pero por la misma razón que hizo la ley, un cálculo electoral equivocado, Rajoy se la ha cargado. Y Gallardón no ha tenido más remedio que irse... un ratito. ¿Por respeto a los electores? Nunca se lo ha tenido. ¿Que deja la política? Cuando deje de respirar.

El adiós de un político sobrevalorado y pésimo ministro
EDITORIAL Libertad Digital 24 Septiembre 2014

Alberto Ruiz Gallardón puso ayer fin a su carrera política después del sonoro fracaso de su gestión en la reforma de la ley del aborto. El hombre del consenso, el político que caía bien a la izquierda, el único capaz de concitar el apoyo de las demás fuerzas políticas a las propuestas del PP, salió este martes del Ministerio de Justicia por la puerta de atrás, despreciado por los adversarios y abandonado por sus compañeros de Gobierno y de partido.

La reforma de la polémica ley del aborto de Zapatero ha sido el detonante de su dimisión, pero ese es sólo el último fracaso de Gallardón en Justicia y, desde luego, no el más grave.

La promesa de regeneración de la Justicia para devolverle su necesaria independencia fue uno de los compromisos nucleares del programa con el que el Partido Popular concurrió a las pasadas elecciones generales. Rajoy situó al frente de la cartera que debía llevar adelante esa importantísima tarea a Gallardón, toda una garantía, al parecer, de que la reforma del Poder Judicial llegaría a buen puerto, y a la mayor brevedad. El resultado fue no ya el incumplimiento de esa promesa, algo que ya hubiera sido denunciable de por sí, sino que, después de los mangoneos jurídicos del ministro y sus cambalaches con la oposición, la Justicia quedó irremediablemente contaminada y con un nivel de politización peor aún que en los tiempos del felipismo. Si Alfonso Guerra decretó la defunción de Montesquieu, justo es reconocerle a Gallardón el mérito de haber enterrado sus restos en la sima más profunda de la democracia, donde yacen en la actualidad.

Uno de los efectos más dolorosos de esta corrupción judicial institucionalizada lo tuvimos con la malhadada revisión de la Doctrina Parot por parte del Tribunal de Estrasburgo en octubre del año pasado. Gallardón y su de Interior, Jorge Fernández Díaz, no tardaron en salir a tranquilizar a los españoles afirmando que el dictamen sólo afectaría a la etarra Inés del Río, en cuyo nombre se había iniciado la causa en la corte europea. Lo cierto es que pocos días después los tribunales y las instituciones penitenciarias comenzaron un rosario de excarcelaciones (más de medio centenar) que supusieron un mazazo para las víctimas de los terroristas y una ofensa a todos los españoles, sin que el ministerio de Gallardón se distinguiera precisamente en sus afanes por tratar de evitar semejante indecencia jurídica.
El fracaso sin paliativos en su gestión de la reforma de la ley del aborto ha sido tan sólo el último naufragio político de Gallardón. Rajoy dio por bueno el anteproyecto elaborado por su ministro de Justicia haciendo gala de esa holganza con la que trata todos los asuntos que no tengan que ver con la economía. Sin embargo, el aislamiento parlamentario de la propuesta, la polémica levantada en la sociedad y la división provocada dentro del propio Partido Popular han sido argumentos suficientes para que el presidente propinara a Gallardón una expresa desautorización pública como se recuerdan pocas en España.

El peor ministro de Justicia de la democracia hizo méritos suficientes para ser destituido en cuanto mostró su insolvencia con la reforma del Poder Judicial. Al final se marcha por haber puesto su ambición personal por encima de los intereses generales y, sobre todo, del oportunismo de partido, algo esto último que Rajoy no es capaz de perdonar.

Partido Popular
Pégame, Soraya
Francisco José Contreras Libertad Digital 24 Septiembre 2014

Me llamo Francisco J. Contreras y tengo que hacer una confesión: soy de derechas. Me avergüenza admitirlo, pero más vale poner las cartas sobre la mesa, por si alguien tiene una solución para mí. Por ejemplo, me acuso de considerar intolerable barbarie que un feto de 14 semanas –que tiene uñas, ojos, sensibilidad al dolor, y se chupa el dedo en las ecografías– sea destrozado legalmente en el seno materno. Además, esa barbarie me importa mucho: me importa más que la prima de riesgo, más que la independencia de Cataluña, más que el miedo al Coletas… ¡incluso más que la poltrona bruselense de Cañete y las encuestas de Arriola! Fíjense si lo mío es grave.

Pero no es ese el único síntoma. También debo confesar –¡oh deshonra!– que creo en el libre mercado, considero que la hipertrofia estatal es la causa principal de nuestras dificultades económicas, y que sólo podremos salir de la crisis con reducción del sector público, bajada de impuestos y desregulación. Creo que el modelo socialdemócrata está agotado; que el Estado no debería gastar cada año un 15% más de lo que ingresa, enjugando el déficit a base de endeudamiento y dejando a las generaciones futuras una losa aplastante. También creo que un país con una fertilidad de 1,3 hijos por mujer está condenado a la inviabilidad por envejecimiento de la población. Me parece –¡soy así de ignorante!– que en la sociedad española de 2035, con casi tantos jubilados como activos, las pensiones y el gasto sanitario (que aumenta al incrementarse el porcentaje de ancianos) serán insostenibles, y que es suicida no adoptar desde ya enérgicas medidas pro natalidad. Incluso pienso, ¡agárrense!, que se han hecho excesivas concesiones a los nacionalistas catalanes y vascos desde hace 35 años, y que la solución al desafío separatista sólo podrá venir de la firmeza de los que creemos en España, y no de nuevos diálogos, federalismos o terceras vías. Creo que no debería seguir financiándose incondicionalmente con el FLA a una Generalitat en abierta rebeldía. Y sí, hasta creo –¡a veces me da miedo de mí mismo!– que los etarras deberían estar en la cárcel y no en las instituciones.

Como ese violador belga que teme salir en libertad y pide que le apliquen la eutanasia, quiero advertir desde aquí a Rajoy y a Soraya de que en la sociedad española todavía andamos sueltos unos cientos de miles con estas opiniones extremistas y antisociales. Algo debería hacerse de una vez con nosotros. Somos una rémora para la modernización de España. Sí, el PP ha desarrollado una paciente labor didáctica, usando la decepción como baño de realidad y terapia de choque: prometió bajada de impuestos, pie en pared frente a los nacionalismos y defensa de la vida, y ha ido haciendo exactamente lo contrario. El tratamiento, que puede parecer cruel, rebosa en realidad sabiduría pedagógica: también los niños soberbios necesitan ser hábilmente humillados por sus educadores, por su propio bien. La frustración de todas y cada una de nuestras expectativas nos ayuda a asumir de una vez por todas nuestra insignificancia; debemos entender que no somos nada, no tenemos derecho a nada, y que suficiente honor es que el PP acepte nuestros asquerosos votos. ¡Qué soberbia, pretender que se haga lo que se nos prometió, en lugar de someternos al meditado designio de Rajoy, que es registrador de la propiedad y escruta las vísceras de las ocas demoscópicas de Arriola! "Cuando eras joven, te vestías solo y andabas donde tú querías; cuando seas viejo, otro te vestirá y te llevará adonde no quieras" (Jn. 21, 18). Los de derechas somos metafísicamente viejos, nacimos ya viejos. Rajoy y Soraya, paternales, intentan curarnos de nuestras obsesiones ultramontanas. ¡Qué paciencia tienen con nosotros!

Pero todavía no es suficiente. Quedamos algunos tercos que no conseguimos creer aún que triturar fetos sea admisible y que las promesas electorales pueden ser impunemente incumplidas. Ni siquiera bastó la medicina adicional del fracaso de Vox, que hizo patente que los ultras somos apenas unos miles, incapaces de alcanzar un solo eurodiputado. Nada, seguimos en la tozudez oscurantista. También al protagonista de 1984 le costó lo suyo llegar a entender que dos y dos eran cinco si lo decía el Gran Hermano.

Así que, ya digo, hagan algo con nosotros. Los campos de reeducación estilo Mao podrían ser una solución. Tendríamos sesiones diarias de "cinco minutos de odio", donde la imagen amenazante de Pablo Iglesias sería proyectada en pantalla gigante, mientras prorrumpimos en gritos de horror: "¡Cualquier cosa antes que eso!, ¡Mariano sálvanos!". Celia Villalobos y Bibiana Aído interpretarían al alimón el famoso rap "El feto no es un ser humano". Borja Sémper y Pedro Zerolo nos explicarían la excelencia del matrimonio gay. Y si todo eso no basta, habría que permitir que los reaccionarios pusiéramos fin a nuestra lamentable existencia mediante la eutanasia voluntaria. Aplicada por Bolinaga, un virtuoso del oficio.

Minorías lingüísticas y anomia jurídica
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com  24 Septiembre 2014

Existe una anomia jurídica en el País Vasco.
Voy a justificar esta afirmación:

Los hechos diferenciales reconocidos en la Constitución se refieren a la lengua, a la cultura y al derecho propio.

Si la Constitución ha tenido en cuenta los hechos diferenciales de las Comunidades Autónomas, el Estatuto vasco reconoce también la realidad cultural del País Vasco, pero se olvida de su implantación geográfica, lo que deja en una nebulosa el artículo 6.2, pues menosprecia las circunstancias históricas que existen en regiones no euskaldunes como las que existen de forma casi generalizada en Álava y en zonas de Vizcaya como las Encartaciones, entre otras, que no son euskaldunes. Por ello, el Estatuto, al no desarrollar las circunstancias lingüísticas de amplias zonas de la Comunidad Autónoma, no respeta el espíritu y la letra de la Constitución. La pretensión de cambiar la toponimia en Álava y “obligar” a que se implante el vascuence en las regiones no euskaldunes, carece de apoyo constitucional. Por tanto, está sin resolver el derecho fundamental de la Constitución que se refiere al debido respeto a las realidades socioculturales, flagrantemente violadas con carácter general y particular.

La Constitución tiene valor jurídico pleno y preeminente, atribuyéndose el control de la constitucionalidad de las leyes al Tribunal Constitucional, cosa que hubiera hecho de no estar politizado y no ser designado por un órgano parlamentario, cuando en buena lid debería pertenecer a la carrera profesional de los jueces, no al nombramiento interesado y de parte por los partidos políticos, a través de sus representantes institucionales.

Estos presupuestos nos llevan a abordar la cuestión de las supuestas minorías, que no lo son puesto que la mayor parte de los vascos son monohablantes castellanos, a la luz del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ratificado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 2.200 A XXI de 16 de diciembre de 1966), cuyo artículo 27 reza: “En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas, no se negará a las personas que pertenezcan a dichas minorías el derecho que les corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión y a emplear su propio idioma”. Es evidente que en Cataluña y País Vasco, por no hablar de Valencia y Galicia, se conculca ese derecho al implantar con carácter generalizado la inmersión lingüística e impedir u obstaculizar el aprendizaje en la lengua materna del alumno.

En la Convención Europea de Salvaguardia de los Derechos del Hombre y de las Libertades fundamentales firmada en Roma el 4 de noviembre de 1950, se insiste en la misma idea desde otra perspectiva; leemos en el artículo 14: “El goce de los derechos y libertades reconocidos en la presente convención ha de ser asegurado sin distinción alguna, tales como las fundadas en el sexo, la raza, el color, la lengua, la religión, las opiniones políticas u otras cualesquiera, el origen nacional o social, la pertenencia a una minoría nacional, la fortuna, el nacimiento o cualquier otra situación”

Aquí nos introducimos en un asunto que no ha resuelto el nacionalismo vasco: el problema de las minorías, es decir, los territorios en los que nunca, ni los antepasados de los actuales habitantes han hablado el vascuence. No todos están de acuerdo en el uso que hay que dar al término minorías que tienen tradiciones o características étnicas, culturales o lingüísticas diferentes del resto de la población.

Hay zonas, por ejemplo en Álava, que, en sentido estricto y riguroso no son vascas ni étnica, ni lingüísticamente, luego existe una diferenciación.

¿Qué es lo que se debe entender por minoría y por minoría lingüística?
¿Todo grupo lingüístico (por ejemplo, Valles Alaveses, Rioja Alavesa, zonas del Nervión) diferente de la mayoría oficial de la sociedad constituye una minoría? No existen aún disposiciones claras al respecto de cómo tutelar las minorías lingüísticas, máxime cuando su idioma está reconocido como idioma nacional.

Según el criterio objetivo, el hecho de pertenecer a una minoría debería estar determinado por la presencia de algunos rasgos o características que se pudieran evaluar sin necesidad de remitirse a una declaración de persona interesada. Uno de los rasgos más importantes es, sin duda, el idioma que utiliza normalmente la persona de que se trata.

Los partidos nacionalistas, con la inestimable ayuda de un Partido Socialista que siempre ha tenido una cierta simpatía en el País Vasco con la extinta ETA-Político Militar y sus derivadas de Euskadiko Ezkerra y otras hierbas, han implantado el bilingüismo total, cuando no el monolingüismo en euskera. Sin embargo, en muchas naciones, por ejemplo Italia y Suiza, se da el sistema de separación lingüística. Este sistema tiende a establecer un régimen de separación lingüística, en cuanto presupone que los pertenecientes a un grupo (por ejemplo Valles Alaveses) no tienen obligación de conocer la lengua del otro. En el Trentino-Alto Adigio, Valle de Aosta, Friuli-Venecia Giulia existe de hecho el derecho a tener la enseñanza en la lengua materna.

El Gobierno de Dinamarca ha establecido que la lengua alemana, oficialmente reconocida como minoría por una declaración gubernamental que es, además, de interés internacional, constituye un grupo enraizado en la historia y caracterizado por sus lazos de solidaridad con el puebla alemán y que, por razones de tradición, los ciudadanos daneses de origen alemán se sienten apegados a la nación alemana y desean por lo general que sus hijos se eduquen en un marco alemán.

En Suiza, en cada una de las cuatro regiones lingüísticas del país (alemana, francesa, italiana y romanche) la enseñanza depende fundamentalmente de los cantones, y la intervención del Gobierno federal se limita a proporcionar asistencia financiera.

Como colofón, vale la pena volver a traer la famosa frase de Sánchez Albornoz: “Si sagrado es el derecho al uso y enseñanza de las lenguas regionales, lo es para las mayorías o minorías de habla castellana en una región determinada.

Se me puede objetar que a qué viene esto de poner en cuestión el sistema de política lingüística que ha producido todo un régimen, tras 35 años. La respuesta es obvia: porque no quiero un régimen quiero un sistema democrático, y esto no lo es. Nunca es tarde si la dicha es buena, y además yo soy coherente. Llevo desde el año 1984 dando la matraca sobre esta vidriosa cuestión, predicando en el desierto y siendo traicionado por muchos, que, por intereses burdos de tipo electoral, se han plegado a los nacionalistas, para tener mayorías en las Cortes Generales, y, por otras cosas que es mejor no mencionar .

Defendamos la ciudadanía. Defendamos los no nacionalistas nuestra forma de ser y hablar, organizándonos para defender nuestros derechos fundamentales. Nunca es tarde. Por justicia y verdad nos corresponde este derecho.

www.educacionynacionalismo.com

Nadie se independiza de sus clientes
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 24 Septiembre 2014

Lingüista

Cataluña ha sido, y es, la fábrica de España. Lo es por muy diversas razones, entre las que destacan la unidad de mercado producto del Decreto de Nueva Planta (Felipe V, 1714) y el consiguiente derecho a traficar con las Colonias americanas. Cataluña ha sido, y es, la 'botiga' -la tienda- de España. El 'botiguer', junto con el viajante de comercio, han sido los personajes catalanes típicos que nos caracterizaban -no sé si justamente- ante el resto de España. Ambos, sin duda, han influido en el estereotipo que se ha ido creando acerca del catalán. A Cataluña venía toda España a comprar, y nosotros íbamos a toda España a vender. Los catalanes han recorrido las Españas con mayor empeño que el resto de españoles. En todas nuestras ciudades opulentas, en nuestro modernismo, en nuestros teatros y en nuestros cabarés, hay esfuerzo, sudor y dinero venido de toda España. Y viceversa.

Durante los últimos tres siglos la política catalana se ha basado en la defensa del arancel: proteger el mercado de España y Ultramar en exclusiva (los cubanos se quejaban de tener que comprar productos catalanes caros, cuando los tenían en Norteamérica a mitad de precio). Madrid propugnaba el librecambismo, o sea poco Estado, fronteras mínimas. Barcelona propugnaba el proteccionismo, o sea aranceles, mucho Estado y altas fronteras: incluso un ancho de vía diferente (hay que revisar el tópico del "miedo a la invasión militar": en ese caso, Portugal tendría vías de un ancho europeo). La riqueza de Cataluña se ha forjado en ese amplio cauce de relación con España. Fruto de ese cauce amplio y esa relación intensa es la concentración de capital y de población proveniente de toda España. Hoy Cataluña es la tierra más mestiza de España: aquí confluyen todas las sangres y todos los acentos. En Olot el indiano Malagrida fundó un barrio (siglo XIX) en homenaje a todas las regiones españolas. Un propietario del Penedès construyó una réplica de la Giralda. El estilo neomudéjar arrasaba en las mansiones burguesas. En Montjuïc está el Pueblo Español, una réplica de los "mejores" monumentos de España. Eso pasaba cuando la palabra "español" no se usaba como insulto. ¿Qué nos ha pasado? ¿Alguien entiende esto?

Objetivamente, Cataluña debería defender España como el mercado que nos ha hecho ricos. Nadie se independiza de sus clientes. Está claro que el soberanismo no tiene justificación objetiva. Si a un 'botiguer' le dices que le van levantar una barrera entre su tienda y su parroquia, no cuesta imaginarse que se pondrá como una moto. Pues eso es lo que pretende el soberanismo: separarnos de nuestra clientela. Una locura.

Pero el soberanismo sí tiene, a mi entender, una justificación subjetiva, o sea psiquiátrica. Me explico: si uno de los componentes esenciales del español es "hablar mal de España" (según el poeta catalán Joaquín Bartrina), el soberanismo no es más que una forma de españolismo acendrado, aunque algo paranoico. El exiliado republicano Balbontín se hizo de Herri Batasuna "porque esos eran los últimos españoles de verdad". Nuestros nacionalismos responden a esos veneros ocultos en que se mezcla cierto racismo con un turbio autoodio, la exaltación de "sentirse" diferente y la proyección hacia "el otro" de lo malo de uno mismo, como un ritual de expiación. Nuestro repudio a España es a la vez un oculto homenaje. Los catalanes somos los españoles a los que quizá nos duele serlo. Sí, una continuación de aquel "me duele España" de los del noventayocho. Algo que, entre la gente seria, ya huele a naftalina.

Conclusión: lo de la independencia va de farol. Es un órdago para ver si cae algo. Un órdago ruidoso, con uves y banderas, para acallar el ruido de tripas de las víctimas de esta dura crisis.

Blindar lengua y cultura
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 24 Septiembre 2014

La vía federal para España que propone Pedro Sánchez, que es también la tercera vía de Duran y Lleida, líder de Unió Democrática, la U de CiU, pretende concederle a Cataluña las ventajas fiscales actuales del País Vasco y Navarra, y “blindar su lengua y cultura”.

Quien se blinda lo hace para protegerse con planchas metálicas o con otros materiales que resistan “los efectos de las balas, el fuego, etc.”, dice la Academia.

En el caso catalán los nacionalistas quieren blindar su lengua y cultura, quizás las más protegidas del mundo, porque dicen que sufren un ataque del enemigo, que obviamente es el resto de los españoles.

En Cataluña y en las comunidades con lengua autóctona esos idiomas están más que blindados, situación que contagia e incita a todos los provincialistas-cantonalistas españoles a querer imponer su fabla local como primer idioma, y obligatorio.

En las Comunidades con lengua propia ya nadie que no la domine puede acceder al más humilde trabajo público y muchos privados, mientras que los hablantes de esos idiomas autonómicos pueden disputarle el trabajo a los nativos sólo castellanohablantes del resto de la España.

Quizás para aprovecharse de la situación están apareciendo tantos protectores de fablas locales: dan muchos puestos de enseñanza, trabajo a sus filólogos dialectales y cierran la puerta a competencias ajenas.

Muchos gallegos, catalanes y vascos se sostiene fuera de su tierra natal gracias al castellano, mientras los ese idioma común no tienen cabida en Galicia, Cataluña, Euskadi, y quizás tampoco en la futura bablehablante Asturias o en tierra del “jandalú”.

Los blindajes de lengua, cultura y las ventajas fiscales crean la endogamia tribal para enchufar a familia y allegados, como hizo el clan Pujol, y hasta Xosé Luis Méndez Ferín, el patriótico y revolucionario presidente de la Real Academia Gallega obligado a dimitir por nepotismo.

Los próximos cuadros del retablo catalán…
E. Milá Minuto Digital 24 Septiembre 2014

El resultado del referéndum escocés ha conmovido al nacionalismo catalán que ha visto como su posición se ha precarizado. El partido querido por la Generalitat de Cataluña contra el Estado Español registra en estos momentos un 1 a 2 como resultado provisional. La Ley de Consultas aprobada por el Parlament de Cataluña supondría un nuevo tanto para la Generalitat, pero el Tribunal Constitucional se encargará de anularlo. Por lo tanto, el marcador registra un “gol” a favor de la Generalitat (la manifestación del 11–S) y dos a favor del Estado (la salida a la superficie del Caso Pujol y la derrota de los independentistas escoceses). ¿Cuál es la situación del conflicto a 22 de septiembre?

Era evidente que si el referéndum escocés daba un sí a la independencia, en torno a 150 regiones europeas intentarían seguir el camino y encontrar jurisprudencia que avalara esa misma petición. Cataluña era la primera en la lista de espera, pero tras Cataluña vendrían Bretaña, Auvernia, Padania, Normandía, Gales, Baviera, y así sucesivamente. Si ya hoy la Unión Europea tiene dificultades en coordinar a 28 Estados, mucho más absurdo supone el que alguien esté interesado en fragmentar aún más al viejo continente en nombre de “identidades” que ignoran cuál es su lugar (el más bajo y limitado de todos los niveles de identidad) y pretenden absolutizar sus componentes antropológicas situándolas por encima de la conciencia nacional y de la conciencia europea.

Lo sirve en Sudán del Sur, ¿sirve en Cataluña?
Muchos en Europa han respirado al conocer los resultados inapelables del referéndum escocés. No es la primera vez que, situados ante el abismo, incluso países como Canadá compuestos por identidades muy diferentes y que hasta hace 150 años se encontraban en estado de guerra, rechazan la independencia al tener la posibilidad de expresarse en las urnas. Es más, insistir desde hace casi 40 años en este tipo de consultas es lo que ha hundido literalmente al Partido Nacionalista de Quebec en las últimas elecciones.

En Escocia los resultados han sido relativamente apretados: el SI ha cosechado 1.617.989 votos y el NO un total de 2.001.925, es decir, un 44,7% frente a un 55,3%. Lo primero que subyace es que las fuerzas están bastante igualadas y, desde luego, con el apoyo de la mitad del electorado es imposible pensar en la creación de una nación nueva. Es precisamente en este resultado en donde se percibe el absurdo del referéndum para resolver una cuestión de este tipo: dista mucho de haber unanimidad y el nacionalismo solamente ha debido su ascenso a la crisis económica. Así, por tanto, el resultado del referéndum ha estado lastrado por la crisis, de no existir, los votos cosechados por el SI hubieran sido mucho menores. Lo que demuestra que el electorado está más pendiente de su bolsillo que de la creación de un nuevo Estado. Si apoya a los independentistas no es por “conciencia histórica”, sino por identificar al “gobierno central” con los errores a la hora de afrontar la crisis.

No es, desde luego, ningún desdoro para los independentismos europeos pensar que Sudán del Sur y Eritrea han sido las últimas naciones en acceder a la independencia a través de un referéndum, pero sí dice mucho sobre lo tercermundista del sistema. Un referéndum no resuelve gran cosa, especialmente cuando, como ocurre en Cataluña, detrás del “derecho a decidir” lo que se esconden es intenciones muy diferentes: independentismo de un lado, miedo a las medidas judiciales que el Estado pueda adoptar a partir del imparable proceso al gang Pujol y engañar pura y simplemente al electorado mediante una pregunta ambigua como la propuesta por Artur Mas.

Referéndums en tiempo de crisis
Solamente algunos ingenuos habitualmente miembros del PSC, entienden el referéndum propuesto por la Generalitat como un “derecho a decidir”. Se trata, en realidad, de un maquillaje adoptado por los independentistas para hacer más digerible su “proceso”. Tal maquillaje es más grotesco si atendemos a las preguntas propuestas por Mas: “¿Quiere que Cataluña se convierta en Estado?” SI o NO, seguida de “En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”… hubiera bastado con una sola: “¿Quiere que Cataluña se independice del Estado Español?” sin necesidad de introducir ese elemento de confusión que implica el recurrir a una tautología, porque todo “Estado”, por el hecho de serlo (o debería serlo), es soberano y, en tanto que tal, independiente. Lo que ocurre es que, inicialmente esa segunda pregunta había revestido otra forma: “¿Quiere una Cataluña independiente miembro de la Unión Europea?” que, tras las declaraciones de la propia UE, dejó pronto de tener sentido y que, desde el primer momento tuvo su punto grotesco.

En Cataluña, como en Escocia, la crisis económica es lo que ha precipitado a los nacionalistas por la vía del referéndum: “ahora o nunca”, pensaron. Si se tratara solamente de ejercer el “derecho a decidir” parece claro que en Cataluña la derrota independentista sería todavía más abultada que en Escocia. A fin de cuentas el Partido Nacionalista Escocés no se ha visto salpicado de escándalos como CiU y, por lo demás, la “mayoría silenciosa” en Cataluña es mucho más silenciosa que en Escocia.

Hace solamente tres años, el independentismo apenas alcanzada a un 19% del electorado. Si ha progresado ha sido por aportar una explicación simple a un problema complejo (“Madrid” tiene la culpa de los problemas de “Cataluña” y “solos saldríamos antes de la crisis”…), y sobre todo ha progresado porque apenas ha habido propaganda ni argumentos en contra. Los medios de comunicación catalanes, obviamente subvencionados por la Generalitat llevan haciendo campaña en favor del referéndum soberanista desde hace tres años, e incluso los dependientes directamente de la Generalitat de Cataluña constituyen un “ball de la patacada mediática” que no tiene nada que envidiar a la propaganda estalinista. Así pues, hay que pensar que sin campaña publicitaria contraria al referéndum, si las encuestas están igualadas, en caso de llevarse a cabo el referéndum los resultados del NO serían bastante más abultados.

Las próximas bazas hasta el 9-N
De hecho es probable que el escenario previsto por Mas fuera éste: contentar al electorado nacionalista con un referéndum, para quedar con un 40% de votos a favor del SI y un 60% a favor del NO y, a partir de ahí, arrancar algunas ventajas especialmente económicas (el concierto económico). Lo que está claro es que Mas (y por extensión el nacionalismo y el independentismo) no pueden prolongar mucho la situación: empieza a haber hastío en la calle por este soberanismo omnipresente y que, a fin de cuentas, tampoco gestiona bien la res publica, y para colmo aparece enfangado en casos de corrupción… esta situación de tensión no podrá prolongarse eternamente. Alguien, incluso entre las filas nacionalistas, pedirá eficacia en la gestión y depuración de corruptos.

Pero, como decían los latinos, tempus fugit… y sea lo que fuere lo que tenía en mente Artur Mas hace tres años, es evidente que hoy ha variado completamente. La partida va, como hemos dicho, 2 a 1 a favor del Estado. En esta semana y en la siguiente, el tanto que finge creer haber marcado la Generalitat (la Ley de Consultas) será anulado por el recurso ante el Tribunal Constitucional. Y en las próximas semanas vamos a asistir a un desfile de altos cargos de la Generalitat pasar a declarar por la Audiencia Nacional, de la misma forma que hay cola de empresarios extorsionados para ajustar cuentas con la institución que les obligó a pagar por trabajar en Cataluña.

Es muy posible que, especialmente en las últimas semanas, Artur Mas (“yo soy póker”…) no abandone su cara de monolito impasible, simplemente para evitar la prisión para él y para muchos de los suyos. De momento, los dos hermanos de Felip Puig, sin duda el conseller más prepotente, soberanista y desagradable, ya tiene a dos hermanos imputados, paso previo a imputarle a él mismo. Los propios consuegros de Pujol también han aparecido como implicados en otro pelotazo urbanístico. Y, como se sabe, la justicia –especialmente la española– es lenta, pero llega siempre al final del camino.

El camino hacia la mazmorra fría…
La trayectoria de la Generalitat de Cataluña en estos treinta y pico últimos años es un camino que conduce directamente a la prisión para los que desde la Plaza de Sant Jaume han saqueado el país y extorsionado a los empresarios. En estos momentos, especialmente Jordi Pujol tiene perfecta conciencia de lo que se le viene encima y de que solamente en una “Catalunya independent” puede evitar el celebrar su sesenta aniversario de matrimonio con su cómplice, fuera de prisión.

Si en otro tiempo estas situaciones se han evitado era porque CiU, era evidente, se mantendría durante mucho en el poder dispuesto a apuntalar al PP o al PSOE. Hoy CiU puede romperse en cualquier momento, ERC ya va por delante de la coalición nacionalista, y el PSC está en fase gropuscularización. La nueva correlación de fuerzas que nacerá en Cataluña después de las próximas elecciones autonómicas no tendrá nada que ver con la anterior y no será, desde luego, la más favorable para evitar que los Pujol y sus cómplices se sienten en el banquillo de los acusados.

A lo largo del mes de octubre vamos a ver como el soberanismo de CiU se modera extraordinariamente, como incluso ERC da marcha atrás e intenta jugar la carta del “seny” (la sensatez), junto a la de la firmeza (la “rauxa”) que, finalmente, quedará reducida a la ANC y a la pobre “senyoreta Forcadell” que quedará como la mala de la película (y mejor que nadie le realice una auditoría, so pena de preguntarse a dónde han ido a parar todos los fondos entregados por Mas y por los 50.000 ingenuos cotizantes que parecen haber olvidado aquella conocida frase del jurista Johnson según la cual el “patriotismo es la última trinchera de los bribones”).

9-N inviable, elecciones anticipadas, única solución
Sea cual sea el escenario, todo induce a pensar que Mas tirará la toalla y cambiará su rostro de póker por el rictus de la decepción, el miedo y el fracaso. Porque éste ha sido casi en exclusiva un fracaso de Mas y de CiU: no se pueden emprender aventuras cuando uno no tiene la intención de llegar hasta el final. De momento, Mas calcula que su simulacro de firmeza evitará el hundimiento electoral de CiU (se equivoca; cualquier cosa que no sea la independencia será considerada como un fracaso por ese mismo electorado). Y que, en cualquier caso, in extremis, puede negociar, no ya concierto económico a cambio de cesar la presión soberanista (como antes del verano), sino simplemente no llegar al final de las investigaciones por corrupción a cambio de desactivar la bomba independentista.

Es natural que Mas haya esperado a ver lo que ocurría en Escocia. El resultado, le deja muy pocas opciones. Las elecciones anticipadas seguramente son la salida menos gravosa desde el punto de vista personal… a condición de asegurarse que la Audiencia Nacional no irá más allá de unas cuántas declaraciones ante el juzgado y cesará en su pretensión de que desfilen por los Juzgados de Plaza de Castilla, la cohorte de consellers, además de toda la familia Pujol, consuegros incluidos.

La explicación que Pujol dará ante el Parlament de Cataluña será la escenificación del drama de un bucanero que apelará al patriotismo, a su inocencia, a su buen nombre y al de su familia, a la dignidad de su cargo de “President”, para negar todas las acusaciones. El hecho de que Artur Mas ya negase públicamente que el big–boss del gang no es un corrupto, indica a las claras por donde va a apuntar la defensa de Pujol. Parece difícil que a estas alturas, Pujol puede reeditar el “me atacan para atacar a Cataluña” y ser creídas por las masas e incluso que haya periodistas que se atrevan a reproducir sin sonrojarse este mensaje propio de una época que ya ha concluido.

En cuanto a Rajoy, el ejercicio de Don Tancredo le ha ido bien no por méritos propios, sino por el azar de las circunstancias internacionales. De haberse producido la victoria del SI en Escocia, el 2 a 1 a favor de la Generalitat pudiera ser un resultado definitivo, previa a la secesión o al envío de los tanques. Si esta es toda la resistencia que puede oponer el Estado a un proceso separatista es que el Estado Español es muy débil y apenas tiene capacidad de reacción. Y de toda esta crisis, esta es, sin duda, la enseñanza más preocupante.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial