AGLI Recortes de Prensa  Domingo 28  Septiembre  2014

La "singularidad catalana" se llama Jordi Pujol
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 28 Septiembre 2014

El que desde hace unos meses actúa como líder del PSOE y el que dentro de unos días actuará como Ministro de Justicia han coincidido esta semana en la necesidad imperiosa de reformar la Constitución Española para "reconocer la singularidad catalana". Ni el flamante Sánchez ni el nebuloso Catalá han explicado en qué consistiría esa reforma, tal vez porque las constituciones son para defender singularidades individuales, no tribales o regionales; tal vez porque la nación española, formada por los cuarenta y siete millones de singulares individuos que en ella viven, es el único y singular sujeto de soberanía que define la legalidad del Estado.

El largo y brumoso artículo de Sánchez, tan intelectualmente débil que necesitó al día siguiente el apoyo de un editorial de El País, casi tan malo como el artículo, no nos aclaró en qué consiste esa "singularidad" catalana cuyo reconocimiento nos obliga a cambiar la Constitución, seguramente porque para Sánchez es algo previo y mucho más importante que el régimen constitucional de 1978. Tampoco explicó Sánchez por qué la catalana es más importante que la singularidad murciana, madrileña, vasca o navarra, aunque barrunto que a estas dos singularidades últimas el PSOE de Sánchez, como el de González, está dispuesto a concederles los mismos privilegios constitucionicidas. Más grave es el caso de Catalá, que pide reconocer la singularidad catalana porque, en unas clases que fue a dar a ESADE, conoció nada menos que al sentimiento catalán, amén de ricas peculiaridades culturales que convierten la Constitución en una antigualla deplorable y, como mínimo, reformable.

Temo que Sánchez y Catalá sean dos catetos con título universitario, la forma más grave de ignorancia humana y que, sin saberlo, ilustren la fábula célebre:

"Admiróse un portugués
al ver que, en su tierna infancia,
todos los niños de Francia
supieran hablar francés(…)".

Y lo temo porque es habitual que cuando llega un tipo a Barcelona y ve que los que mandan hablan normalmente catalán, queda admiradísimo y, tras la iluminación, hace suyos los tópicos de la propaganda nacionalista, que se resumen en uno: somos diferentes, todos tienen que reconocer lo diferentes que somos, no se puede discutir que somos diferentísimos y que a nadie se le ocurra tratarnos como si no lo fuéramos. ¡Ojito con nosotros, que nos diferenciamos más! Y el cateto universitario de Madrit se asusta.

Naturalmente, cuando alguien reivindica su singularidad es porque quiere exhibir o proclamar su superioridad. Nadie presume de ser distinto y peor que el resto. De ahí que todas las exhibiciones de lo muy diferentes que son los catalanes con respecto al resto de los españoles hayan ido siempre acompañadas de exigencias de antiguos o de nuevos privilegios. Igual que cuando dicen "queremos votar" quieren decir "queremos romper España", cuando piden que se reconozca su singularidad quieren que para ellos no rija la misma ley que para el resto de España. Ellos harán con la legalidad española lo que en cada momento les convenga: aprovecharla o incumplirla. Y chitón: para eso tienen derecho sagrado a la "singularidad".

Pero ya es cierta esa singularidad catalana. Este viernes, pocas horas antes de que Artur Mas rubricara oficialmente el comienzo del golpe contra el Estado Español del que forma parte, el Parlamento de Cataluña demostró que su "singularidad" no sólo existe como "sentimiento" o reivindicación sino que se encarna en una persona con nombre y apellidos, en un caudillo que por más de tres décadas ha convertido Cataluña en una dictadura que se dice democracia, en una legalidad instalada en la ilegalidad, a una política indiferenciable del delito y en una delincuencia inseparable de la política.

La gran mayoría de ese Parlamento catalán –con la excepción del PP pero con la única oposición implacable, creíble y legítima de Ciudadanos- se ha arrodillado ante Jordi Pujol Soley, un evasor fiscal que ha confesado que roba desde hace más de treinta años, un delincuente sin parangón en la clase política europea, un hombre cuyo paso por la Generalidad ha sido un paseo por el Código Penal, el Civil y el Mercantil, un personaje, en fin, que se daba lecciones de ética mientras su familia hacía una fortuna de miles de millones de euros con una industria de una sola patente: la patente de corso para cobrar una mordida, coima, trinque o comisión a todo el que quería hacer un negocio, legal o ilegal, en Cataluña.

Jordi Pujol es la auténtica singularidad de Cataluña. Porque sólo a un ser singularísimo, a un caudillo indiscutido se le deja no sólo mentir a todo un Parlamento sino abroncar a los pocos que le critican... y salir a hombros. Pero esa singularidad ha sido reconocida siempre en Madrid, desde donde La Piovra Laiettana extendía sus tentáculos y colocaba sus ventosas: en las Cortes, en el Consejo del Poder Judicial, en la Zarzuela, en la Moncloa, en el IBEX 35, en el Imperio de PRISA, en la Iglesia, en los medios de comunicación… en fin, en cuantos poderes legales o fácticos pudieran hacerle sombra. Unos días antes de su obscena exhibición en el Parlamento de Cataluña, uno de sus hijos, pillado en monumental trinque, salió tranquilamente del juzgado madrileño, sin medidas cautelares, hacia su Ferrari, su mansión y su próxima comisión. Pero ese escandaloso trato de favor a los Pujol es tradición del Gobierno de España, de los jueces de España, de la misma Constitución Española, cuya vulneración se permite desde que Pujol llegó al Poder en 1980. ¿Para qué, pues, quieren cambiarla el flamante Sánchez y el nebuloso Catalá? ¿Les parece todavía poco reconocimiento a tan rica, riquísima singularidad? ¿Es que Cataluña no se ha envilecido lo suficiente? ¿Es que España no se ha humillado lo bastante?

España al borde del precipicio por la inacción de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 28 Septiembre 2014

Con la firma del decreto de convocatoria del referéndum del 9 de noviembre, Artur Mas se ha puesto formalmente fuera de la ley. Ya lo estaba desde que manifestó su voluntad de convocar una consulta ilegal con destino a destruir el orden constitucional mediante la separación de una parte de España, pero ayer lo ratificó en público con la representación melodramática de la firma del documento, en presencia de los miembros de su gobierno regional y los dirigentes de las fuerzas separatistas catalanas. La indisoluble unidad de la nación española y la soberanía nacional del pueblo español, las bases que sustentan nuestro edificio constitucional y garantizan la permanencia del Estado, fueron ayer vulneradas de forma flagrante por la primera autoridad de ese mismo Estado en una comunidad autónoma sin que hasta el momento haya habido una respuesta política acorde a la gravedad de la acción perpetrada.

El Gobierno de España, representado por su vicepresidenta en ausencia del titular de La Moncloa, volvió ayer a hacer gala de su ausencia de estrategia para hacer frente al desafío más grave de nuestra historia democrática. Sáenz de Santamaría, como viene haciendo Rajoy, se limitó a anunciar la interposición de los correspondientes recursos administrativos y a confiar en que Artur Mas no desafiará un mandato del Tribunal Constitucional, dando por hecho que sus miembros suspenderán el decreto de la Generalidad y declararán su ilegalidad. Las dos premisas que la vicepresidenta da por descontadas son en realidad un albur que puede tener resultados bien distintos a los esperados. En primer lugar no sería la primera vez que el alto tribunal sorprende a todos con pronunciamientos manifiestamente contrarios a la Carta Magna y al interés general. Por otra parte, la Generalidad de Cataluña ha incumplido tantas veces las sentencias y autos de los tribunales con total impunidad que resulta ingenuo creer que en este caso sí va a obedecer el mandato que ponga fin a la operación secesionista, y eso en caso de que éste se produzca.

En todo caso, la parálisis política del Gobierno en un asunto tan grave ha hecho que, técnicamente, la convocatoria de una consulta para votar la secesión de un territorio de España sea en estos momentos perfectamente válida, al menos sobre el papel. Y lo va a seguir siendo hasta que el TC se pronuncie eventualmente en contra, lo que va a provocar el lógico sentimiento de frustración entre los partidarios de la independencia de Cataluña que ya veremos en qué se traduce. Todo por la decisión de Rajoy de no actuar a tiempo con los mecanismos que le brinda la Constitución para detener esta espiral secesionista, a estas alturas ya fuera de control.

Hasta hace bien poco el mensaje del Gobierno era que Artur Mas no convocaría el referéndum independentista. Sin embargo Mas ha cumplido su palabra y sigue dando los pasos previstos en el plan que las fuerzas nacionalistas acordaron tras la diada de hace dos años. En este periodo de tiempo el Gobierno se ha limitado a contemporizar con este asunto y, por supuesto, a seguir financiando al Gobierno regional de Cataluña a costa del capital del país que los nacionalistas quieren destruir. A tenor de la respuesta del Gobierno de España al acto de sedición protagonizado por Artur Mas no parece que nada vaya a cambiar, más allá de poner en marcha los recursos administrativos contra el decreto de la Generalidad y esperar a ver qué dicen los tribunales.

Tan lamentable sigue siendo la respuesta del Gobierno a la abierta rebelión de los dirigentes nacionalistas catalanes que la principal reacción al desafío de ayer fue protagonizada por Alicia Sánchez Camacho, una política profesional del PPC sin representatividad nacional y, por tanto, inhabilitada para actuar en nombre del Gobierno de España. Con este nivel autoexigencia del Gobierno para cumplir y hacer cumplir la Constitución con todas sus consecuencias, no debe extrañar que los pintorescos dirigentes nacionalistas, a cual más indigente en términos políticos e intelectuales, hayan sido capaces de poner contra las cuerdas a la nación más antigua de Europa para vergüenza de todos los que hemos de soportar semejante espectáculo.

El desafío de Mas, los medios y la alteración de la realidad
Luis del Pino Libertad Digital 28 Septiembre 2014

La Gran Gripe de 1918 fue una de las epidemias más devastadoras de la Historia de la Humanidad. En solo dos años, se calcula que infectó a la tercera parte de los habitantes del planeta y mató a entre 50 y 100 millones de personas. A diferencia de otras cepas de gripe (que se ceban principalmente en las personas más débiles, como niños y ancianos), aquella mutación del virus se demostró especialmente letal con los adultos jóvenes y sanos. Los estudios realizados recientemente con muestras encontradas en cadáveres congelados en Alaska, han permitido averiguar que ese virus mataba provocando una sobrerreacción inmunológica masiva en el cuerpo humano, lo que explica que los más afectados fueran, curiosamente, aquellos que tenían el sistema inmunológico en mejor estado.

Entre los personajes famosos que perecieron a causa de la epidemia están: el sociólogo alemán Max Weber; los escritores franceses Apollinaire y Rostand; el pintor austriaco Gustav Klimt; los hermanos Jacinta y Francisco Marto (dos de los pastorcillos a los que se les apareció la Virgen en Fátima); el líder del Partido Bolchevique durante la Revolución de Octubre, Yakov Sverdlov, o el primer ministro de la Unión Sudáfricana, Louis Botha.

Lo más curioso de aquella epidemia es su nombre, ya que en todo el mundo se la conoce como la Gripe Española, lo que resulta bastante sorprendente. En primer lugar, aquella gripe no se originó en España: existe un cierto debate en la comunidad científica sobre si la epidemia se inició en China en 1917, en el estado norteamericano de Kansas en el invierno de 1918 o en los cuarteles militares franceses de Brest en la primavera de ese año, pero lo que está claro es que no se originó en nuestro país. Tampoco fue España el país más afectado: aquí murieron unas 150.000 personas, mientras que en Francia fallecieron 400.000, en Estados Unidos 750.000, en la India 10 millones y en China 30 millones.

Entonces, ¿por qué se la llama Gripe Española? Pues, curiosamente, la razón tiene que ver con la censura de prensa. En el momento de desatarse con toda su virulencia aquella epidemia, en la primavera de 1918, Europa y Estados Unidos estaban inmersos en la Primera Guerra Mundial, y los medios de comunicación estaban sometidos a censura para mantener la moral de la opinión pública. De modo que en Alemania, en Inglaterra, en Estados Unidos o en Francia, la prensa ocultaba cuidadosamente las terribles noticias sobre el alcance de aquella epidemia que estaba diezmando a los soldados y a la población civil. Sin embargo, España era un país neutral, y la censura no actuaba para ocultar las noticias de esa gripe tan letal.

De ese modo, y aunque la gente moría a miles en Paris o Berlín, lo que la opinión pública de los principales países occidentales veía era que en España se había desatado una horrorosa epidemia, mientras que en otros países no parecía ser tan grave. Y por esa razón, aquella plaga comenzó a ser conocida como la Gripe Española.

Este episodio ilustra un principio fundamental de la comunicación y la propaganda: en lo que a la opinión pública respecta, la realidad no existe verdaderamente, sino que lo que existe es la imagen que los medios transmiten. Si los medios ocultan que hay personas muriendo a millares de hambre o de una epidemia, entonces esas personas no han muerto, en lo que a la gente del común concierne.

No es verdad que los medios de comunicación se dediquen a informar. Lo que los periódicos, la radio y la televisión hacen es "definir" lo que es real y lo que no. De ahí el interés de cualquier gobernante en controlar los medios por cualquier mecanismo a su alcance, especialmente en situaciones de crisis.

En España vivimos hoy una situación de clara emergencia, inmersos como estamos en una profunda crisis económica, institucional y de legitimidad. No es extraño, por tanto, que quienes nos gobiernan hagan todo lo posible por controlar los medios, como forma de contener la opinión pública dentro de cauces que no sean peligrosos.

Ese control de los medios no siempre es directo. Es verdad que a principios de este año se produjo la destitución en cascada de los directores de tres de los principales periódicos de este país. Y es verdad también que la intervención de los principales partidos en la conformación de muchas tertulias televisivas y radiofónicas es obscenamente descarada. Pero, en general, el control se suele realizar de una manera más sutil.

Como demuestra Noam Chomsky en su libro La fabricación del acuerdo, la autocensura es casi siempre mucho más efectiva que la censura directa, porque el autocensurado suele prohibirse cosas que el propio censor jamás se atrevería a prohibir.

Y hay una multitud de maneras de inducir en los medios esa autocensura que el gobernante busca: cancelación de campañas de publicidad institucional, ninguneos a la hora de conceder entrevistas o dar informaciones, negación arbitraria de licencias de emisión, discriminación en la concesión de subvenciones, presiones sutiles a grandes anunciantes... son muchas las maneras en que los gobernantes pueden hacer daño a un medio, y en España se usan todas. Y los medios y los periodistas lo saben, por lo que en muchos casos optan por ejercer la autocensura y se avienen a definir la realidad de acuerdo con los intereses de la casta gobernante. Y lo más gracioso es que, en muchas ocasiones, el autocensurado llega a convencerse a sí mismo de que está diciendo lo que libremente quiere decir, en un intento inconsciente de preservar la propia dignidad.

En los próximos meses viviremos una agudización de los ataques a la vigente Constitución, pero el verdadero peligro no proviene de los propios separatistas, porque nuestro estado de derecho cuenta con medios suficientes para garantizar que los delirios de Artur Mas sean convenientemente neutralizados. El verdadero peligro está en que la casta que nos gobierna pretenda usar como coartada ese órdago secesionista, para colarnos de rondón a los españoles una reforma constitucional en sentido confederal, que blinde su poder.

Y es en ese contexto en el que los medios de comunicación cobrarán una importancia fundamental de cara a la opinión pública, a la hora de presentar como inevitable una reforma que, en realidad, no lo es. Por supuesto que hace falta una reforma constitucional, pero para eliminar el fallido estado de las autonomías, no para blindar los poderes autonómicos. Pero aquí a lo que va a jugarse es a tratar de convencer a los españoles de que suicidarse como Nación tendría grandes ventajas para ellos.

Los medios de comunicación son imprescindibles a la hora de establecer esa realidad ficticia que nuestros gobernantes necesitan desesperadamente. Y de la misma manera que a España se le atribuyó injustamente en 1918 el origen de la gripe más mortífera de de la Historia, debido a la censura de los medios, también ahora puede ser España la perdedora en esa batalla de opinión pública que va a librarse.

Y es precisamente por eso que los escasos medios libres que aún resisten, y también las redes sociales, tendrán que poner toda la carne en el asador a la hora de poner de manifiesto la superchería. Y a la hora de reivindicar que la única garantía de libertad, igualdad y democracia es, precisamente, la Nación española.

Gallina el último
Carlos Sánchez EC 28 Septiembre 2014

Probablemente, la metáfora más conspicua que se ha realizado sobre el pulso entre Cataluña y España (al menos de sus responsables políticos) la ha hecho en este periódico el profesor Francisco J. Laporta.

Laporta hacía mención recientemente a una conocida escena de Rebelde sin causa (1955), la mítica película de Nicholas Ray, en la que Jim Stark (James Dean) acepta el reto de Buzz Gunderson (Corey Allen) de correr una carrera rumbo a un precipicio. El juego consistía en que el primero que saltara del vehículo en marcha sería considerado entre los amigos un cobarde. O un ‘gallina’, como se prefiera.

Como todo el mundo sabe, el juego de adolescentes acabó en tragedia. A Buzz se le enganchó una manga de su cazadora en el tirador que abría la puerta del vehículo y fatalmente se precipitó hacia el acantilado. Ganó la carrera Jim Stark, pero en realidad su triunfo fue el mayor de los fracasos. La muerte de su amigo le marcaría para siempre y nada volvió a ser igual.

Esta metáfora refleja mejor que ninguna otra imagen lo que sucede en la política española, donde un macabro juego suicida -a estas alturas del enfrentamiento es irrelevante discutir sobre quién empezó la partida- puede conducir al desastre si alguien no lo remedia. Por supuesto que no ahora. Ni probablemente en esta generación.

España, en contra de lo que de forma un tanto frívola suele decirse, nada tiene que ver con los Balcanes ni sus fronteras son fruto de recientes pactos de familia. El grado de internacionalización de su economía, la existencia de importantes mercados compartidos y los 24.500 euros de renta per cápita (en paridad de poder de compra) son, además, el principal antídoto contra las locuras políticas arengadas por un puñado de iluminados. Pero es algo más que evidente que hay un antes y un después tras la solemne firma del decreto de convocatoria del referéndum para el próximo 9 de noviembre.

Lo que ha cambiado es, ni más ni menos, la constatación de que la vía jurídica -la batería de recursos e impugnaciones que presentará el Gobierno en los próximos días- no es suficiente para resolver un problema político y sólo político, que únicamente los partidos -como representantes de la soberanía nacional- pueden resolver. Entre otras cosas, porque para eso fueron elegidos. Para resolver los problemas de la gente. La ley llega hasta donde puede llegar. Lo siguiente es la política.

Lo que ha cambiado es, ni más ni menos, la constatación de que la vía jurídica -la batería de recursos e impugnaciones que presentará el Gobierno en los próximos días- no es suficiente para resolver un problema político

Una vieja estrategia de la derecha
La utilización del recurso como una forma de hacer política -hasta convertir el Tribunal Constitucional en una tercera cámara legislativa- forma parte de una vieja estrategia de la derecha española desde los tiempos de Fraga y José María Ruiz Gallardón, conscientes ambos de que España siempre ha sido un país de leguleyos desde los tiempos de la Restauración, cuando la vida política se cocinaba en los despachos de abogados situados en los aledaños de palacio. Algo que puede explicar la escasa presencia de ingenieros, economistas o profesores en los consejos de ministros en favor de abogados o funcionarios públicos.

A la luz de esta verdad histórica, la vieja Alianza Popular llegó a una conclusión. El aparato judicial siempre ha estado dominado por sectores conservadores. Por eso había que recurrirlo todo. O casi todo. De alguna manera, una visión napoleónica de la cosa pública que consiste -frente al pensamiento anglosajón mucho más pragmático, como se ha demostrado en Escocia- en meter la vida política y social de un país en el articulado de los distintos códigos legales que conforman el sistema normativo. En palabras de algunos constitucionalistas, la sustitución del parlamento por una especie de Gobierno de los jueces que necesariamente es ajeno al sistema democrático.

No es casualidad, por ello, que una de las primeras medidas que tomó el primer gobierno de Felipe González (año 1985) fue, precisamente, cambiar el sistema de elección de los miembros del Poder Judicial. Es decir, se trataba de sustituir unos jueces -los conservadores- por otros más permeables al nuevo poder político (incluso abriendo la mano para formar parte de la judicatura al margen de los procedimiento ordinarios de selección de funcionarios).

Ni que decir tiene que por entonces emergió un formidable campo de batalla en el que unos y otros -gobierne quien gobierne- luchan a brazo partido en cada centímetro del terreno para colocar a uno de los suyos. Algo que explica que tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal Constitucional discutan a menudo materias que en realidad deberían debatirse en el Congreso de los Diputados, y que entran de lleno en la esfera de la cosa pública.

Estamos ante un evidente choque de legitimidades -la emanada del parlamento de Cataluña y la derivada del orden constitucional-, que sólo puede resolver la política. Lo cual no es contradictorio con el hecho de que Rajoy tenga la obligación de impugnar todos y cada uno de los actos administrativos que rodean un infausto referéndum

Sin tapujos
Esta judicialización de la vida política -materializada en la innumerable conflictividad entre el Estado y las comunidades autónomas o en la presentación de multitud de recursos de inconstitucionalidad- no es nueva. Los propios tribunales, como el TC, conscientes del despropósito, lo han denunciado hasta la saciedad. Incluso, han reprochado sin tapujos a los partidos por ese absurdo comportamiento que convierte el espacio judicial en un campo de batalla político. Sin lugar a dudas, por las altas dosis de deslealtad institucional que caracteriza a la vida política española, donde la cultura de la negociación política entre partidos ha sido desterrada. Y que tiene como consecuencia un evidente desgaste (y hasta descrédito) de las instituciones judiciales ante los ojos de muchos ciudadanos.

Es obvio que el decreto de Artur Mas es una aberración jurídica porque ninguna consulta -aunque no sea vinculante- puede prejuzgar -ni por supuesto determinar políticamente- una decisión soberana que en todo caso siempre le correspondería sancionar al conjunto del territorio nacional.

Pero precisamente por eso, porque es una decisión política que le corresponde al pueblo español, ningún Gobierno puede ampararse en decisiones del Tribunal Constitucional para apagar un fuego que hunde sus razones en la política y en un evidente problema de encaje constitucional.

Estamos, por lo tanto, ante un evidente choque de legitimidades -la emanada del parlamento de Cataluña y la derivada del mantenimiento del orden constitucional-, que sólo puede resolver la política. Lo cual no puede ser contradictorio con el hecho de que Rajoy, con buen criterio, tenga la obligación de impugnar todos y cada uno de los actos administrativos que rodean un infausto referéndum que se quiere camuflar bajo la inocuidad de una consulta que evidentemente tiene consecuencias políticas. Y que de ninguna manera se pueden resolver por la vía de las impugnaciones judiciales.

Lío no, delito.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 28 Septiembre 2014

Mariano Rajoy ya tiene el lío montado. Y no, Artur Mas no se ha metido “en un lío” sino que ha cometido un delito al firmar la convocatoria de un referéndum ilegal despreciando la soberanía del pueblo español y otorgándosela al supuesto pueblo catalán. Ya tiene Mariano Rajoy y su Gobierno desde hace una hora la publicación en el Diario de la Generalidad la Ley de Consultas también ilegal por englobar cualquier tipo de consulta incluyendo la que afecta a la soberanía nacional del pueblo español en su conjunto. El delincuente Artur Mas ha escenificado con toda la oficialidad que se podía dar desde su Gobierno el desafío secesionista amparado en un supuesto “derecho a decidir” que no le reconoce la Constitución de España. Lo que no entiendo es por qué hemos llegado a este punto sin que el Gobierno de España lo haya impedido de forma más enérgica y con lo dispuesto en la Constitución.

Como español me siento profundamente avergonzado por el comportamiento pusilánime y diría que cobarde demostrado con los secesionistas. Ya solo faltaba que ETA se sume a esta bacanal de desatinos al reclamar al PNV y fuerzas nacionalistas vascas seguir el ejemplo de Cataluña para que el pueblo vasco se pronuncie sobre la independencia. De hecho, con la postura absurda e inconsciente del PSOE liderado por Pedro Sánchez pidiendo ceder al chantaje secesionista con una nueva Constitución que contemple una federación de regiones y nacionalidades, se intenta convertir a España en una confederación de mini estados donde se consolidará y certificará la desigualdad entre españoles.

Mariano Rajoy ha preferido estar ausente de España en unos momentos de dramatismo político. Y no es que me extrañe, pues es algo habitual que se ausente cuando las cosas pintan mal. Son famosas sus espantadas ante los medios de comunicación y sus apariciones en vídeo conferencias evitando el cara a cara. Una actitud impropia de quien ostenta la máxima representación del Gobierno de España, o de lo que queda de ella. Exijo la toma inmediata de medidas tendentes a abortar esta bufonada que se ha protagonizado en el Palacio de la Generalidad por parte de un representante del pueblo español como es la figura del Presidente del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Por una España unida y libre, exijamos que se cumpla la Constitución procediendo a la suspensión de la autonomía de Cataluña, de su Gobierno y de su Parlamento actuando penalmente contra los promotores de esta sedición.

¿Por qué quieren separarse de España?
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 28 Septiembre 2014

Es indudable y lo proclaman a voces que muchos lo quieren. El sentimiento está ahí, ha surgido de manera casi repentina, en un rapidísimo proceso de conversión a veces instantáneo. Es evidente ahora como era evidente su marginalidad hace tan solo unos años. Pero ¿Por qué quieren separarse de España?

La respuesta de los secesionistas es muy simple y se ancla en dos pilares básicos: Porque España nos oprime y nos roba y con la independencia vamos a ser más ricos y a vivir mejor. Así de simple y de mentira. Porque ambas cosas son una absoluta y total mentira, una alucinación convertida en sentimiento colectivo y que no soportan el mínimo contraste con la razón.

La primera parte donde se asienta el principio de odio y desprecio al otro, al español, y la supuesta creencia, el complejo de superioridad, el somos mejores, más listos, más buenos, más honrados y más ricos y los otros son malos, peores, falsos, opresores, viles, ladrones, cutres y desgraciados y nos han explotado, oprimido, ofendido y robado, principio esencial de todo nacionalismo con su carga xenófoba implícita, se supone basada en elementos históricos, geográficos, culturales y lingüísticos.

Lo cierto en la historia es que jamás fue así. Cataluña formó parte de la Corona de Aragón, pactó su unidad en España en el siglo XV y en la guerra de Sucesión una parte peleó n el bando perdedor, el carlista, contra el borbónico. No hay más. Lo que si hay es la constatación de que nunca como ahora sus singularidades, sus hechos diferenciales y su nivel de autogobierno han sido tan respetados, alentados y enaltecidos. Nunca. Si ha existido un momento de toda la historia de Cataluña donde mas autogobierno ha tenido, donde más se ha enaltecido su historia, su lengua ha sido a partir de la actual Constitución y de su Estatuto e Autonomía. Nunca como ahora, nunca mayor libertad y autogobierno. Tanto que no hay quien en toda Europa lo tenga. Y si la opresión no aparece por ningún a lado, lo del robo y el expolio resulta que tiene ahora muy otra presunción y hasta confesión. Solo es necesario mirar hacía el clan del “Padre Fundador”. Pero hay más y en lo mayor. Si ha existido una zona privilegiada en su desarrollo y desde el siglo XIX ha sido ella.

Resulta, pues y como poco, sorprendente que la ira por la supuesta opresión se produzca cuando mayor autonomía y libertad existen. Sucedió en la II republica, cuando Macía se lanzó a la secesión, camino que ahora tienta de nuevo, sublevándose contra la legalidad republicana que le había concedido un estatuto y justo cuando más débil estaba, en plena guerra contra Franco.

La situación tiene una similitud con el presente. Justo cuando mas respeto y libertad han obtenido es cuando clama lo contrario y cuando resulta que emerge que no se trataba de ello para “encajarse” en España sino para utilizarlo en una espiral que les lleve al objetivo: la independencia.

Es, sin duda, una cuestión política, cocinada políticamente, desde las elites políticas, diseñada y emplatada para el adoctrinamiento de la población. Y para lograrlo dos instrumentos: la educación desde el parvulario en la ideología nacionalista y los medios de comunicación entregados, con generoso riego, a la causa hasta convertirse, con los públicos en cabecera, en instrumentos no de información sino de pura, dura y sesgada agitación y propaganda.

En este devenir es preciso poner en valor el apoyo de la izquierda, genuflexa ante los postulados nacionalistas y que ha llevado a sus votantes a esa otra orilla. El caso de los Maragall es axiomático, más nacionalistas que los que llevaban la marca y que con la complicidad del iluso y endeble Zapatero abrieron la definitiva espita y el de Montilla, ejemplo preclaro de “tonto útil” con su pacto con ERC.

En este sentido resulta muy significativo que en ese “agravio identitario” enarbolen las pancartas en primera fila gentes cuyas raíces están en muchos otros lugares de España y que abrazan con enorme fervorina los postulados mas extremos del nacionalismo. En ello tiene un debe inmenso esa izquierda que traicionó sus principio y sus esencias y los entrego, amarrados ideológicamente, al nacionalismo.

Todo ello ha llevado donde estamos y pretendiendonos hacer olvidar de donde venimos. De una Constitución votada por todos, y por ellos con entusiasmo, que ahora pretenden hacer añicos y violar en letra, fondo y espíritu, y que atendió como nunca a su singularidad.

La segunda piedra troncal de la consigna nacionalista es a futuro. Seremos más ricos y viviremos mejor. Que alguna izquierda “compre” tal insolidaridad, como si fueran los territorios quienes tributan y no las personas, “los ricos, es de aurora boreal. Pero es que además es tan mentira como la de la opresión. Una mentira que conocen muy bien quienes les engañan prometiéndoles paraísos de leche y miel, como esta Mas, primero Moisés de la tierra prometida y ahora delirando en rey David y presumiendo de “valiente, audaz, corajudo, astuto e inteligente” y ya atribuyéndose la victoria ante el estúpido Goliat. Más tiene “padre político, según el mismo confiesa, el corrupto Pujol, pero parece no tener abuela.

Lo cierto es lo contrario. Sin España, los catalanes serán más pobres, estarán más aislados, se irán de Europa, nadie los echa, se van ellos al irse de España y con muy dudoso, largo y complicadísimo camino de vuelta y su situación será poco menos y quizás más de quiebra que de bonanza. El solo barrunto de la posibilidad ya está demostrándoselo con deslocalización de empresas, con caída a pico de la inversión extranjera y teniendo que recurrir al Estado Español, el único que les presta, para poder ir aguantando deudas.

La verdad y la razón van juntas. La víscera y la mentira un millón de veces repetida están conduciendo a muchos catalanes a una creencia que suponen realidad y donde el espejismo del oasis no esconde más que arena y sed

¿Has olvidado la causa de las víctimas del terrorismo?
Blas Piñar Pinedo www.latribunadelpaisvasco.com 28 Septiembre 2014

Las víctimas del terrorismo solo pueden ser la referencia moral de una sociedad sana, de una nación con vocación de seguir siéndolo, de unos ciudadanos que saben que ellos también podrían haber tenido que sufrir demasiado por la patria... La causa de las víctimas es la de todos nosotros, porque es la de España como paraguas que protege la libertad.

Las víctimas se han tenido que organizar en asociaciones o fundaciones para defender la memoria, la dignidad y la justicia, para protegerse y cuidarse de sus traumas, para intentar mantener principios inmutables ante políticos frívolos, para perseguir a los asesinos hasta lograr su procesamiento judicial. Las víctimas necesitan tu apoyo, tu comprensión y tu ayuda económica.

Algunos casos contra sangrientos terroristas se han abandonado por falta de fondos. Algunas asociaciones ya no pueden mantener su actividad, ni pagar sus sedes, ni retribuir a sus abogados, ni ayudar a las víctimas olvidadas.... Tengo que preguntaros, avergonzándome una vez mas de nuestra sociedad, si habéis olvidado la causa de las víctimas del terrorismo. Es fácil aplaudir, pero pocos estamos dispuestos a comprometernos. Es fácil quejarse, pero pocos estamos dispuestos a trabajar para construir una España mejor. Es fácil cobrar un dineral como asesor o consejero y borrar tu conciencia; es fácil, pero la pregunta no dejará de importunarte: ¿has olvidado la causa de las víctimas?

Es ya muy tarde, pero quizá puedas arreglar la situación, y que no parezca que utilizabas la causa de las víctimas del terrorismo para ganar elecciones, como hizo Rajoy. Puedes seguir luchando porque el Partido Popular ha seguido las hojas de ruta y hoy también silencia faisanes y excarcela asesinos y anula subvenciones a las asociaciones que siguen defendiéndonos. Hay que mantener la rebelión cívica que exige memoria, dignidad y justicia. Aun puedes colaborar. Aun podemos decir que no, que nunca olvidaremos la causa de las víctimas del terrorismo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Artur Mas firma el golpe

Manuel Romero La Voz Libre 28 Septiembre 2014

Periodista y director de La Voz Libre
Lo que Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña, ha consumado en la mañana de este sábado 27 de septiembre de 2014 es un golpe de Estado contra la legalidad, amparada por la Constitución democrática de 1978. Votada por todo el pueblo español, q nos conforma como un Estado democrático y de derecho, garante de nuestras libertades y norma máxima de nuestras obligaciones.

El decreto de convocatoria de referéndum de autodeterminación de Artur Mas no respeta nuestra unidad soberana, de la que mana nuestra voluntad para decidir nuestro futuro, y ataca nuestro derecho democrático del voto universal. Lo que a todos afecta, todos votamos.

Hace más de dos años, el 20 de agosto de 2012, cuando Artur Mas decidió poner en marcha la maquinaria oficial para la secesión, titulé a toda página de La Voz Libre: ‘¿Quién parará los pies a Artur Mas en su marcha independentista?’. Ha llegado el momento de que el gobierno de España y el conjunto de la nación den respuesta a esta pregunta. No sólo debe merecer una réplica de tipo legal, sino una catarsis sobre la situación que aquí nos ha traído: hay que revisar las estructuras generadas de un Estado que lejos de provocar unión en el esfuerzo ha generado la secesión.

En estos dos años en los que Artur Mas no ha cesado un sólo día en tomar decisiones hacia la secesión, el gobierno de la Nación no ha hecho otra cosa más que esperar y esperar hasta ver consumado el delito.

Pues ya lo tenemos sobre la mesa del salón de la Virgen de Montserrat del palacio de la Generalitat, firmado con pluma flamante y envuelto en pompa y boato para escarnio de los 41 millones de españoles que conformamos la soberanía nacional.

Es un golpe de Estado. Es un atentado a nuestras leyes y a nuestra convivencia, meta final de la política nacionalista, de segregación lingüística, discriminación y ahondamiento en las diferencias, abonadas con abundante dinero público, que ha dejado a la propia Generalitat en la ruina y con los bolsillos llenos de los padres de la patria, como el propio Jordi Pujol, antecesor de Artur Mas, de quien fue su Consejero de Hacienda entre 1997 y 2001.

Ha comenzado la cuenta atrás de un largo camino para recuperar el sentido común, la ley y la convivencia que todos los españoles mayoritariamente votamos en una Constitución que está vigente y que no se puede derogar por la vía de la prevaricación.

Es una rebelión delictiva, no es un lío ni un error
Pablo Sebastián www.republica.com 28 Septiembre 2014

La política de comunicación del Gobierno de Mariano Rajoy no funciona, como ellos mismos lo reconocen y como lo estamos viendo en estos momentos decisivos del desafío catalán. Y afecta incluso al presidente del Ejecutivo y a su vicepresidenta porque no es acertado ni pertinente, ni tampoco lo que esperan oír los españoles, que Mariano Rajoy califique de ‘un lío’ la convocatoria por Artur Mas de un referéndum ilegal para la independencia de Cataluña y que lo haga desde la presidencia de la Generalitat que representa al Estado en esa Comunidad autónoma. Como no es acertado que Soraya Sáenz de Santamaría valore semejante decisión como un ‘error’, por más que añada que la consulta no se va a celebrar y el que Gobierno adoptará las medidas legales y políticas necesarias para impedirlo. ¡Faltaría más!

Lo que ayer ha consumado Artur Mas, con esa ridícula solemnidad que le quiere dar a semejante disparate, es el inicio de una conducta delictiva que incluye los posibles delitos de prevaricación y desobediencia a los tribunales y a la ley, porque él sabe -y lo han dicho mil veces- y es consciente que lo que pretende y convoca es ilegal e inconstitucional, que será recurrido este por el Gobierno de España y automáticamente suspendido por el Tribunal Constitucional.

Luego lo que acaba de hacer Más no sólo es ‘meterse en un lío’ como ha declarado con simpleza Rajoy, desde la muralla china donde concluyó su visita oficial a ese país, y ni siquiera un ‘error’, porque Más no se equivoca sino que avanza conscientemente hacia la ilegalidad. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo que acaba de hacer el presidente catalán es dar un paso definitivo para delinquir. O simplemente para pavonearse ante sus seguidores y acto seguido humillarse y plegarse a la legalidad lo que le costará su carrera política y tendrá que explicar los catalanes a los que ha mentido y metido en una dinámica infernal de la que no saldrá nada bueno para nadie, y no digamos sí semejante disparate avanza por la senda de la violación de la legalidad e incluso la violencia.

Y hora es que el Gobierno de este presidente Rajoy -que ya calificó el comienzo del desafío independentista como una simple ‘algarabía’- empiece a hablar con firmeza y precisión y a actuar sin más contemplaciones frente a un proceso que ya ha desbordado en demasiadas ocasiones el marco legal desde las instituciones del Estado en Cataluña, que Mas ha puesto al servicio de sus planes independentistas a sabiendas de que ello era ilegal e incluía los delitos de malversación de fondos públicos y prevaricación, cuestiones sobre las que se ha hecho la vista gorda desde los poderes del Estado y el Gobierno de la nación. Como condescendientes ha sido la Fiscalía y el ministerio de Justicia sobre los escándalos de corrupción del nacionalismo catalán -con algún indulto incluido- y no digamos ante las estafas masivas de la familia Pujol.

A ver si va a resultar que donde está el lío no en en Barcelona sino en Madrid por tanto usar los paños calientes y dejar pasar la colección de maniobras y mentiras de Más sobre las que se ha construido esta enorme falsedad. Y ahí incluidos los insultos a España, diciendo que les ‘roba’ -cuando los que han robado son los Pujol y CiU- y a quienes defienden la verdad y defiende la legalidad.

Cuidado con las simplezas y las palabras vanas porque los españoles no están para bromas y hace tiempo que esperan el despertar de Rajoy y su Gobierno -y también del PSOE que se ha manchado las manos con la actitud del PSC-, para poner coto a todo esto que no sólo afecta a la unidad de España, sino a la imagen de nuestro país en el mundo e incluso a la recuperación de la economía y el empleo que son, o deberían ser, nuestro principales objetivos políticos.

Y mucha atención también a los poderes económicos, financieros y empresariales, de Cataluña que han jugado de manera cómplice y temeraria en apoyo de este proceso con el discurso falaz de que había que dialogar o negociar, bajo amenaza de secesión, cuando lo que todos estos poderes y grandes intereses económicos de Cataluña, que viven y dependen del conjunto de España que es donde tienen su mercado y del ámbito de la Unión Europea lo que debieron de hacer es denunciar sin rodeos el desafío de Más. Y hora es que todos ellos se impliquen para acabar con este proceso ilegal, inconstitucional y falaz al que muchos de ellos han jugado y apostado mientras engrosando sus arcas con el dinero de todos los españoles y de especial manera con el de los españoles que no viven en Cataluña, lo que es el colmo de la desfachatez de estos prebostes que escondidos están y que ahora deberán salir de sus doradas madrigueras para dar la cara, como lo hicieron en Escocia sus homólogos ante el riesgo de secesión.

Lo único positivo de todo esto es que hemos llegado al punto de ruptura y que a partir de ahora estamos en la hora de la verdad. En Madrid y en Barcelona, y vamos a ver si las decisiones que se esperan se toman con la firmeza y diligencia que requiere el caso y se presentan con unos modos y un lenguaje que estén a la altura de las graves circunstancias en las que España está.

Una lengua que no llega a tanto
xavier pericay ABC Cataluña 28 Septiembre 2014

Leo en Crónica Global la información de Alejandro Tercero sobre ese libro de Lengua i Literatura de 3º de ESO de la Editorial Casals en el que se instruye a los catorceañeros catalanes acerca de las maldades del bilingüismo. Y, en concreto, del llamado «bilingüismo social», que no es, como cabría suponer, el existente en el seno de una sociedad cualquiera donde se hablan dos lenguas, sino el que se da en una sociedad donde «conviven la lengua propia y otra forastera».

Y es que toda sociedad de esas características posee, según el manual, una lengua propia y otra que no llega a tanto. ¿Verbigracia? Cataluña, claro. Pero hay más, porque esa lengua que no llega a tanto no ha caído del cielo. Atiendan a lo que dice el libro en cuanto a su origen, como seguro que atienden esos chavales a los el libro que va destinado: en Cataluña «a la lengua propia, se ha añadido otra (por migraciones, imposición militar…)».

No es de extrañar que algunos padres se hayan sentido ofendidos e indignados. La palabra «migración» remite a pobreza, y hoy en día casi casi a patera. En cuanto a la «imposición militar», qué les voy a contar. Pero a mí, la verdad, lo que más me ofendería del texto si fuera el padre de alguno de esos jóvenes —y lo que más me ofende, sobra indicarlo, como simple ciudadano— no es ni lo uno ni lo otro. Son los puntos suspensivos. O sea, la sospecha de que esa lengua que no llega a tanto puede haber advenido por causas mucho más ignominiosas incluso que las citadas, por causas que el lector, esto es, el catorceañero al que va destinado el libro, ya conoce, lo que le permitirá sin duda rellenar sin grandes dificultades —y, si no, ahí está el maestro para echarle una mano— los puntos suspensivos. Así se ha construido la Cataluña actual. Diseminando el odio hacia el otro, hacia el que no es propio porque tampoco lo es su lengua, hacia el que no llega a tanto porque tampoco su lengua le alcanza. Y se ha construido, sobre todo, a base de puntos suspensivos. En el país del «tu ja m’entens», cualquier sobreentendido es una certeza, cualquier suposición un hecho.

Teatro, puro teatro
Matías Alonso www.lavozlibre.com 28 Septiembre 2014

Secretario general y portavoz de Ciudadanos
Jordi Pujol i Soley, el ex molt honorable presidente del gobierno de la Generalitat, ha comparecido ante la comisión de Asuntos Institucionales del Parlamento de Cataluña. Lo ha hecho en una fecha pactada con el actual presidente. El mismo que levita por encima de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, y se siente investido poco menos que “por la gracia de Dios” y proclama a los cuatro vientos que es el CXXIX presidente de la Generalitat y se siente legitimado por los siete largos siglos de existencia de lo que fue la Diputación del General, nacida para poner a buen recaudo real diezmos y tributos destinados a engrosar las arcas de la Corona de Aragón.

El pacto entre mentor y discípulo buscaba principalmente no interferir en los fastos del Tricentenario y en la jornada de exaltación del separatismo en la que se ha convertido la Diada del 11 de septiembre. Pujol largó una misiva a la presidenta De Gispert anunciándole que debía comparecer a partir del 22 de septiembre, para incidir lo menos posible en los hechos que él mismo calificaba de “alto voltaje político” que concretaba en la propia Diada, en el Debate de Política General y en la aprobación de la llamada Ley de Consultas, que sirve para convocar referéndums.

Puesto a retrasar su comparecencia, dado que no es obligada, Pujol ha tenido a bien retrasarla hasta el viernes 26, víspera de la fecha elegida por su pupilo para firmar el Decreto de convocatoria de lo que él ha bautizado como consulta pero que es, átense los machos, todo un referéndum de autodeterminación, que aunque se quiera vender como meramente consultivo tendría consecuencias políticas inmediatas. El trile separatista refina el argumento, en boca del propio Mas, que anuncia que “la consulta no es jurídicamente vinculante”, para añadir a renglón seguido que “puede tener una consecuencia política, pero al día siguiente no hay una consecuencia jurídica inmediata”. Es decir, si consigue celebrar su referéndum “no vinculante” y, en ese supuesto, ganase el doble sí que quizás él mismo entienda, se sentirá inmediatamente “vinculado” para iniciar la negociación a cara de perro con el opresor estado español, que como cualquier catalán de pro sabe sobradamente es el causante de todos los males. Incluso del olvido de Pujol de regularizar su fortuna, esa que gestionaban diligentemente unos amigos de Florenci Pujol, entre los que seguramente estaba Artur Mas Barnet, padre del líder de CDC.

El retraso tiene justificación propia. El Decreto, tal vez consecuencia última del cerco judicial y policial al clan Pujol, sirve este sábado 27 de septiembre para apagar el eco de la comparecencia del viernes 26 en la que Jordi Pujol i Soley podría haberse hecho merecedor del Premi Nacional de Teatre de Catalunya o, quien sabe, al Premio Tony al mejor actor principal, si el Diplocat se lo trabaja adecuadamente. Un Decreto que puede tener su origen en intentar romper el cerco a la corrupción sirve para tapar el eco de la corrupción manifiesta del patriarca. En fin, de traca i mocador!

Porque Jordi Pujol, en su comparecencia, dio una clase magistral de interpretación digna de la mejor escuela de la Commedia dell’arte. Empezó sereno, contando pausadamente l’Auca de l’avi Florenci, el amasador de fortunas puestas a buen recaudo por si había que salir por piernas. Volvió a su moralina genética para recordar a los meros diputados que él había consagrado su vida a fer país, sin preocuparse del vil metal, sabiéndose como se sabía sobradamente rico. Y terminó haciéndose el ofendido ante la vana pretensión de los inquisidores más preocupados por conocer la verdad que por que les contaran la milonga que se les había contado, por muy predecible que esto fuera.

Resultado: Jordi Pujol i Soley, el evasor, el defraudador, no es más que una víctima inmolada por su sacrificio personal en el renacimiento definitivo de la patria catalana, la que enardece a sus prosélitos convergentes y, últimamente, incluso a su discípulo predilecto, al elegido para calentar la silla –la poltrona– que su hijo Oriol nunca ocupará.

En este juego de teatro, quien hace pocos días nos anunciaba que actuaría “con determinación, firmeza, habilidad y astucia”, ha dado un paso más hacia la nada con la firma del Decreto de convocatoria del Referéndum de autodeterminación que pretende celebrar el próximo 9 de noviembre. El astuto signatario quiere levantar un muro impenetrable, una frontera interior entre catalanes, en el XXV aniversario de la caída del muro de la vergüenza, del muro de Berlín.

Teatro, puro teatro. Aunque si de teatro se trata, antes que a Mas o a Pujol prefiero a Ubú President, por más que la realidad supere a la ficción, como reconoce el propio Albert Boadella.

España
Así se inventó Jordi Pujol una historia alternativa y «victimista» de Cataluña
César Cervera / Madrid ABC 28 Septiembre 2014

La Generalitat ha demostrado alergia a los licenciados en historia en su proyecto de «nacionalizar al pueblo catalán». «Yo soy historiador», llegó a afirmar Pujol repetidas veces

«A pesar de la tendencia de los historiadores nacionalistas catalanes de retorcer la naturaleza "catalana-aragonesa" de la Corona de Aragón, nunca ha existido nada, en la historia medieval, y mucho menos en los tiempos modernos que pudiera considerarse ni de lejos un embrión del Estado catalán, excepto en las imaginaciones más románticas y soñadoras», explica en uno de sus trabajos el historiador Enric Ucelay-Da Cal. Una tradición historiográfica que Jordi Pujol retornó en los años ochenta del siglo pasado para componer un relato alternativo y «victimista» de Cataluña.

Como recuerda Henry Kamen en su último libro «España y Cataluña: historia de una pasión», la Generalitat se ha basado en la idea de que la historiografía de España está controlada y dictada desde Madrid para recurrir a periodistas y otras figuras no académicas que desarrollen un relato alternativo. Toda la historia moderna de Cataluña está sujeta a las normas impuestas desde la Generalitat, sin que exista un precedente igual en ninguna otra región de España, lo cual queda manifestado en que los hombres responsables de dirigir los aspectos históricos del «Tricentenari de 1714» fueran periodistas afines al gobierno de Mas y no historiadores.

«Pujol se estaba apropiando de la herencia de Cataluña»
Así, una directiva interna de CiU despachada por Jordi Pujol en los años noventa reclamaba: «Cataluña debe seguir siendo un pueblo. Para conseguirlo el primer y principal objetivo es nacionalizar al pueblo catalán (es decir, reforzar la identidad, la conciencia y los sentimientos nacionales del pueblo catalán y hacerlos operativos)». Algo que en su momento desató las críticas de miembros socialistas que denunciaron que «Pujol se estaba apropiando de la herencia de Cataluña en beneficio de su propio partido».

No en vano, incluso entre los pocos historiadores que han colaborado con la Generalalitat en estos años han surgido voces discrepantes con las exigencias de Pujol. Este es el caso de Josep Benet que afirmó en una ocasión: «Yo no estoy de acuerdo con el proyecto nacionalista porque creo que no es así como deberían hacerse las cosas en el campo historiográfico. Fue una decisión gubernativa».

A falta de historiadores formados, Jordi Pujol bromeó en varias ocasiones diciendo: «Yo soy historiador». Y de hecho, la política de la Generalitat en temas históricos ha estado completamente influenciada por decisiones personales de Pujol como la creación del «Museo de l'Historia de Cataluña» tras una visita del líder catalán a Jerusalén, donde quedó profundamente impresionado por «el Museo de la Diáspora». Y cuando se abrió el museo, con un coste de 35 millones de dólares, la coordinación corrió a cargo de un miembro de CiU y no de un historiador.
Los desterrados de la Cataluña de Pujol

Frente a esta alergia a los historiadores que ha servido a Pujol para modular la historia de Cataluña, el hispanista Kamen lanza dos advertencias en el prólogo de su libro: «Consecuentemente, personalidades que deberían gozar de un lugar de privilegio en la historiografía catalana, como Narcís Feliu de la Penya o Jaume Vicens Vives, han sido olvidados (como sinónimo de silenciados) o relegados a un lugar marginal en el mejor de los casos. El primero “porque se sentía tan catalán como español” mientras que el segundo “fue criticado por alguno de sus colegas y calificado como un instrumento de los españoles”».


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