AGLI Recortes de Prensa  Jueves 2  Octubre  2014

Los responsables del “lío” y la soberanía popular
Manuel Muela www.vozpopuli.com 2 Octubre 2014

No cabe seguir engañándose, la vieja cuestión catalana, remozada y engordada con el estímulo y colaboración de los poderes públicos tanto del Estado como de la Generalidad, está sobre la mesa de operaciones de la democracia española desde el pasado sábado, cuando el Señor Más convocó formalmente la consulta del próximo 9 de noviembre. Son los hechos, que traen causa de otros muchos anteriores, a los que ahora se les intenta responder con un rosario de pleitos ante el Tribunal Constitucional, inaugurando así una etapa tortuosa de la política nacional, que añadirá más dudas sobre la capacidad de gestión y de resolución de los problemas por parte de los que tienen la responsabilidad de gobernar España y Cataluña.

Esto termina redundando en perjuicio de los españoles a los que no se les consulta y, en cambio, se les ensalza como soberanos

Porque el lío, como lo ha definido el jefe del Ejecutivo, es morrocotudo y sus consecuencias serán malas en todo caso, lo que da razones sobradas para preguntarse quiénes asumirán las responsabilidades del desbordamiento al que estamos asistiendo. De momento, nadie las pide ni en Madrid ni en Barcelona, pero a ninguno se le oculta que terminarán siendo exigidas si, como es de temer, esto termina redundando en perjuicio de los españoles a los que no se les consulta y, en cambio, se les ensalza como soberanos. Precisamente, la apelación a la soberanía popular es la condición sine qua non para tratar con seriedad la crisis constitucional.

Los árboles de los discursos encubren el fracaso de la autonomía
Los árboles de los discursos independentistas y de la retórica constitucional parecen impedir ver el bosque de la realidad política construida durante décadas, porque lo de Cataluña es el fruto más amargo y destacado de la siembra del “café para todos” que puso en marcha la máquina de la insolidaridad y de la desafección al Estado a lo largo y ancho de todo el territorio español. Pocos dejarán de reconocer, salvo sus beneficiarios, el fracaso del Estado de las Autonomías cuando tanta falta nos hacía disponer de la fortaleza del poder público, para buscar salidas a ésta crisis española, que ha traído la pobreza y la desigualdad a nuestro país.

Los españoles fuimos embarcados en un proyecto constitucional, que pudo ser bienintencionado pero que ha devenido en la pura y dura disgregación de España. Hace tiempo que se sabía, y no se rectificó, y ahora, que está tronando, se continúa con circunloquios reglamentarios para no entrar en lo que importa que, desde mi punto de vista, es revisar lo existente para alumbrar un modelo constitucional distinto, unitario y democrático, para salir de la espiral de despropósitos que estamos viviendo. Para eso es para lo que tendrían que ser consultados los españoles, no para mantener los rescoldos de lo que pudo ser y no fue, aunque, lamentablemente, no se vislumbran consultas ni para lo uno ni para lo otro.

De los dos partidos dominantes, PP y PSOE, el primero se muestra renuente a hablar de reformas o revisiones constitucionales y el segundo sí habla de las mismas, pero con la idea de continuar, con otra semántica, el modelo actual

Las providencias del Tribunal Constitucional han cubierto momentáneamente la falta de iniciativas del Gobierno central en relación con el proceso independentista catalán. Por parte de ese organismo se ha prestado aceleradamente el auxilio que le demandaba el presidente del Ejecutivo, y ahora corresponderá a éste y a las autoridades catalanas gestionar las consecuencias de ello, porque el problema político y social no desaparece por ensalmo. La gestión de unos y de otros deberá concluir pidiendo la opinión de los electores ante la evidencia de una crisis del Estado, que no se puede encubrir indefinidamente y que está perturbando, desde la política, la salida del agujero económico y financiero en el que se encuentra España.Son las reglas de la democracia parlamentaria que, por otra parte, no tienen nada de excepcionales, si de verdad se cree en la soberanía popular y en la voluntad expresada libremente por los ciudadanos. Lo que pasa es que para consultar hay que tomarse la molestia de plantear propuestas adecuadas a la envergadura del problema y ahí es dónde empiezan a derrapar nuestros próceres.

La soberanía popular es la última ratio en democracia
De los dos partidos dominantes, PP y PSOE, el primero se muestra renuente a hablar de reformas o revisiones constitucionales y el segundo sí habla de las mismas, pero con la idea de continuar, con otra semántica, el modelo actual. Así andamos y, por tanto, poco cabe esperar de ambos partidos, que viven preocupados por la desconfianza creciente de los españoles hacia ellos. No es extraño, pues, que la gente se desentienda y otee el horizonte a la búsqueda de otras opciones que prometan preocuparse de lo concreto, fundamentalmente del paro y de la desigualdad, aunque la unidad del país tiene mucho que ver con la solución acertada de esos problemas.

Es difícil que los responsables del desaguisado, entre los que ocupan un lugar destacado los nacionalistas, ayuden a salir de la crisis del Estado, porque la envergadura de la misma desborda los límites de la gestión ordinaria del gobierno y de las propias Cortes. Lógicamente, el primero, sumido en el descrédito y el desapego ciudadano, y las segundas, poco representativas de la última voluntad expresada por los españoles en mayo, tratarán de mantener formalmente la legalidad, pero no están en condiciones de abordar la resolución del problema. Y es en ese punto donde brilla con luz propia la soberanía popular a la que habrá que apelar, no de forma retórica, sino pidiendo el voto para decidir sobre un nuevo orden constitucional para España y que los electores decidan también el papel que quieran otorgar en ese orden a los partidos políticos responsables de ésta crisis.

Del lío, ¿al drama?
Melchor Miralles. www.republica.com 2 Octubre 2014

Uno más. Ahora es Gallardón el que se va. En un gesto coherente, en la enésima despedida para quizá volver. Y Rajoy, que de nuevo acredita que no parece dispuesto a hacer política de fuste, y opta por un técnico, aseado, de perfil bajo que dicen ahora, en vez de abordar una reforma del Ejecutivo para hacer frente a los problemas severos que tiene España. Rajoy en estado puro. Inmune a las voces sensatas que claman por la regeneración de nuestra política. Pero claro, en su entorno, como casi siempre en los entornos de Presidencia, le bailan el agua. Porque le temen. De forma distinta a como temían a González o Aznar. Pero le temen. Porque saben que a su estilo, es implacable. Se carga a quien se tenga que cargar sin mover un músculo de la cara. Lo de Gallardón es todo un síntoma.

Y el lío de Cataluña. Manda narices. Un lío, dijo el presidente., el mismo presidente de la algarabía. Y no, en Cataluña no hay lío, lo que hay es un Gobierno autonómico que ha dado un paso ilegal. Y como hasta la fecha han percibido mansedumbre, Mas y la famiglia, de la mano de ERC, se han liado la senyera a la cabeza y pretenden saltarse a la torera la legalidad. Y Rajoy, que tiene muchos líos, sigue su camino sin inmutarse.

Dios quiera que le salga bien. Pero no es fácil. Ha llegado el momento de la verdad. Va de suyo lo legal, los recursos, el Constitucional y la cosa. Pero no es solo eso, ha llegado la hora de la política, porque los secesionistas, los de verdad y los de pacotilla que por interés espurio le han dado aire a la cometa, no se van a parar en barras. Y desde el Gobierno y la oposición hay que actuar con firmeza, coraje, valentía, audacia, sentido común y sentido de Estado.

Y la pregunta es si tenemos en el Gobierno de España quienes sean capaces de afrontar los retos, el catalán el primero, pero no el único, para salir de este agujero, de esta inmundicia económica y moral. Y hay dudas. Muchas. Y razonables.

Por eso lo de Gallardón es un síntoma. Porque entre los que se van que podían jugar un papel relevante en la partida, y los que se quedan, que están a lo suyo, que rara vez es lo nuestro, lo de todos, y los que llegan, que no ilusionan, se dibuja un panorama que no invita al optimismo. Y el populismo creciendo. Y la confianza del personal en la clase política por los suelos. Un síntoma de la gravedad de la situación. Y lo peor es que puede empeorar. Y eso tampoco sería un lío. Sería un drama.

El interesante caso del falso mesías catalanista (R)
Pedro de Hoyos Periodista Digital 2 Octubre 2014

Todos los semidioses tienen los pies de barro. Nunca he entendido la vanidad de los políticos que se creen honrados porque el alcalde de turno les abra una calle con su nombre, por ejemplo. Hace falta ser engreídos y tontos. Engreídos como para creerse merecedores de ese honor cuando simplemente han cumplido con su deber de cara al pueblo, tontos como para no saber que otro alcalde vendrá que cambiará el nombre de la calle por el de otro político de su propio partido. Miren a Franco o a José Antonio, con lo que mandaban, pobricos.

A Pujol le está pasando lo mismo, alguno de aquellos a los que engañó durante más de treinta años le ha echado al suelo de una patada, quizá llevado por la rabia, quizá desengañado por la infamia que se escondía detrás de esos discursos pletóricos de llamamientos a la bondad humana, a la ética y a la honradez políticas. Es lo que tienen los ídolos, que tarde o temprano terminan por los suelos... En este caso, por la furia del mismo populacho que los encumbró.

Yo en cambio propongo levantar una gran estatua de Pujol en medio de las ramblas de Barcelona. Una estatua que tenga la base bien ancha, fuerte y resistente, una estatua erigida a Jordi Pujol para recordar que el menos malo de los sistemas políticos tiene los pies de barro, para recordar que el pueblo no debe tener memoria de madera, para recordar cómo los políticos juegan con la voluntad popular, una estatua que sea permanente fuente de escándalo para la ingenuidad de los votantes, que sobre todo recuerde lo que pasa cuando los políticos tienen el control de los medios de comunicación, cuando los controlan o subvencionan. En definitiva, una estatua que nos recuerde que nos han timado, engañado y manipulado, que somos tontos del todo.

Bueno, no todos, sólo los que creyeron en el falso mesías y le votaron y mantuvieron en el trono durante muchos años.
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PD En cualquier caso sería bueno destinar esta hipotética estatua a lugar de reflexión de todos los políticos. Sería buena idea que en vez de jurar ante las cortes, el rey o el pueblo lo políticos juraran ante ella y viendo la cabeza cubierta de excrementos de paloma se tomaran una semana para reflexionar ante ella antes de asumir el cargo

Separatistas acelerados
Manuel Molares do Val Periodista Digital 2 Octubre 2014

El gran mantra de los apaciguadores ante la insumisión de las autoridades catalanas a la Constitución que impide convoquen un referéndum separatista es que gran parte de la población de esa Comunidad desea votar, y que no hacerle concesiones creará más independentistas.

Hace una década los catalanes que querían separarse de España rondaban el diez por ciento, hace dos años no eran ni el treinta por ciento, y ahora, al parecer, superan ya el cincuenta, lo que hace pensar en una aceleración de sentimientos poco o nada meditada, producto de una campaña de propaganda tóxica.

Las generaciones sí pueden cambiar de pensamiento en temas fundamentales de la organización de un Estado, y la ruptura de una nación democrática sólo debería tolerarse después de que dos generaciones diferentes, a unos 25-30 años de distancia, eligieran la opción separatista.

Destruir un Estado multicentenario y con una democracia estable no puede obedecer a una elección ceñida a las emociones temporales, que sí sirven para cambiar gobiernos cada cuatro años.

Las pasiones por la inmediatez en los cambios trascendentales traen revoluciones, dictaduras y guerras, y el ejemplo más perecido de lo que se vive ahora en Cataluña está en el ascenso igualmente rápido del nazismo en Alemania, propulsado por las emociones exacerbadas con una diabólica maquinaria de propaganda.

En dos años, entre 1933 y 1935, gran parte del pueblo alemán, inflamado por la propaganda de Hitler y Goebbels, se entregó al patriotismo loco contra las humillaciones impuestas por los aliados tras la I Guerra Mundial, igual que se inflama a los catalanes presentándolos como víctimas de las humillaciones del resto de los españoles ¡desde 1714!

En estados súbitos y gravísimamente febriles se introduce al enfermo en agua helada para evitar su muerte, no en bonitas palabras.

Desafío separatista
Artur Mas o todo es legal, pero échate a temblar
Cristina Losada Libertad Digital 2 Octubre 2014

Es encantadora la insistencia del gobierno catalán en la pulcritud legal de la convocatoria del 9-N. Nosotros, vienen a decir, hemos presentado todos los papeles en plazo y regla, hemos puesto todos los sellos que hay que poner, y mira tú por dónde, va el TC y nos da con la suspensión en la nariz. Y se hacen cruces como si la decisión del Constitucional fuera una sorprendente y clamorosa arbitrariedad, únicamente explicable por su condición sumisa al gobierno del Partido Popular, que habría puesto firmes a los doce magistrados, inclusive a doña Encarnación Roca, que está allí a propuesta del partido de Artur Mas. Porque la señora Roca estuvo de acuerdo en la suspensión cautelar. Como no podía ser de otra manera. Obliga a ello la ley; eso que los convergentes confunden con la plastilina.

Como nadie puede obligar a decir la verdad a los portavoces de la Generalidad y a los miembros de la profesión periodística, hay entre ellos quienes están diciendo que el TC ha suspendido la consulta sin haber leído siquiera la norma y el decreto. La bonita consigna dice aproximadamente así: "El TC decidió en 59 minutos sobre un texto de casi cien folios, cuando tardó cuatro años en decidir si el Estatuto era constitucional". Que el TC tardara cuatro años en dictaminar sobre el Estatuto fue un disparate, aunque uno que aprovechó muy bien el nacionalismo para abonar el terreno de la confrontación actual. Pero esta suspensión cautelar era casi mero trámite: no debía pronunciarse sobre la cuestión de fondo. Sólo tenía que comprobar que el recurso del Gobierno, que solicitaba la suspensión, cumplía los requisitos formales. Eso es el Estado de derecho. Y el gobierno catalán lo sabe. Otra cosa es que pretenda embrollar a los catalanes mediante el vulgar expediente de confundir el tocino con la velocidad.

De tomar en serio el dale que dale de los portavoces de la Generalidad catalana con lo legal de su empeño tendríamos que aceptar que la Constitución española admite la autodeterminación, cosa que la haría única en el mundo de las democracias, salvo que metamos a Etiopía en ese universo. O a la extinta Unión Soviética, donde por cierto no se admitía en realidad nada de nada y mucho menos la disidencia. Como esto de que no hay derecho de autodeterminación que pueda invocarse lo sabe al dedillo el gobierno catalán, ha estado haciendo el juego de palabras del "derecho a decidir" y de la "consulta no referendaria", como si por llamar a las cosas por otro nombre dejaran de ser lo que son.

En nuevo alarde de malabarismo verbal para ignorantes voluntarios y forzosos, el recurso de la Generalidad contra la suspensión del TC dice que las consultas populares son procedimientos normales, ¡y muy recomendados!, en todas las democracias occidentales, que también son ganas de agraviar a las que no están en Occidente. Cita, en concreto, a Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Irlanda, Reino Unido y Suiza para decir que allí se han realizado "más de 99 consultas o referéndums sobre cuestiones de alcance institucional o constitucional". Vale, pero ¿alguna de esas consultas, con la excepción de la de Escocia, ha versado sobre la ruptura del país? Ya lo sabemos: ninguna de esas democracias, salvo el Reino Unido, ha permitido que una de sus regiones, Länder, cantones o estados federados, votara la secesión por su cuenta. Y en Canadá, que sí admite y regula ese tipo de referendos, aunque no la autodeterminación, tampoco han vuelto a proponer ninguno los nacionalistas quebequeses desde que se aprobó, hace catorce años, la Ley de Claridad.

¿A quién quieren engañar? Huelga decirlo de puro obvio. Pero es curioso el contraste. Mientras con voz meliflua subrayan que todo es pulcramente legal, con la voz grave amenazan con consecuencias si no se salen con la suya. Huy, lo que puede pasar. ¡Que soltamos a la Forcadell y a las masas! ¡Madrit échate a temblar!

Tres estampas de la secesión (Libres e Iguales en Valladolid)
Santiago González santiagonzalez.wordpress.com 2 Octubre 2014

Primera estampa
Hace trece días se celebraba en Escocia un referéndum que planteaba su separación del reino Unido. Al día siguiente supimos que el principal impulsor del proceso, el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, anunciaba su dimisión. El sábado pasado, el representante ordinario del Estado en la Comunidad Autónoma de Cataluña convocaba otro para el 9 de noviembre, con análogo propósito para la Comunidad Autónoma que él preside: separarla de España.

Yo creo que el dimisionario Salmond ha sido víctima de su ignorancia. Le habría bastado oír la valoración que secesionistas catalanes y vascos, para comprender la magnitud de su triunfo y haber soslayado el amargo trance de la dimisión.

La dimisión es el seppuku de los políticos con sentido del honor. Pero Salmond podría habérselo ahorrado si hubiera tomado como modelo a Artur Mas, que al día siguiente comentó así el referéndum escocés:

“Lo que hemos visto en Escocia es el camino, el buen camino, el único camino para resolver los problemas políticos (…) votar no divide, sino que une. (…) ¿Es menos Catalunya que Escocia para ser tratada de manera tan negativamente diferente?”.

Cataluña, no lo sé, pero es evidente que Mas es menos que Salmond. El fracaso legal de su proyecto sólo le ha llevado a renunciar formalmente a la campaña institucional y confiar el proceso a la agitación callejera. Siempre el capitán Araña…. “Menos es Más”, había titulado el arquitecto Mies van der Rohe su manifiesto minimalista en los años 30. Estaba muy lejos de suponer que muchos años después iba a servir como epítome de la más absoluta incompetencia y de la más acabada irresponsabilidad. “La secesión une”, resumía el discurso de Mas Víctor de la Serna en su columna, “la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza”. George Orwell. 1984.

Escocia es el camino… No hay quién dé más. Si gana la independencia escocesa nos señala el camino para la independencia de Cataluña. Y si pierde, con más motivo.

Nuestros nacionalistas son así. No es extraño que celebren como fiestas sus derrotas, incluso si fueran subjetivas: la Diada, en el caso de los catalanes, festeja la toma de Barcelona por el Ejército de Felipe V.

Los vascos han sido unos maestros en ello y también eligieron para votar el Estatuto el aniversario de la primera Ley Confirmatoria de los Fueros, que fue, en realidad, la primera norma abolitoria: el 25 de octubre de 1839.

Según cuenta El péndulo patriótico, historia oficial del PNV, el 2 de abril de 1939, al día siguiente del parte de la victoria, («Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, etc…») la Ejecutiva del PNV se reunió en Meudon, cerca de París, para dejar clara su falta de compromiso con el Gobierno de la República y el Frente Popular. También para manifestar falta de prejuicios respecto a la triunfal dictadura franquista: «El Partido Nacionalista, respecto al régimen y los Partidos (sic) de Franco, fundamentalmente proclama también su libertad de acción».

Es decir, que al día siguiente de haber sido derrotados se dirigen a sus vencedores para preguntarles: Y ahora que nos habéis ganado, ¿qué nos vais a dar? Franco, que era de natural rencoroso, debió de haberles respondido: «Tontines, no preguntéis qué, sino por dónde».

Pero hoy los españoles son más como Cameron. Lo llaman Tercera Vía: Si os gano prometo daros casi todo lo que me pidáis.
A nadie se le oculta que esta manera de hacer frente a los desafíos secesionistas es una vía eficaz para estimularlos. Es evidente que las promesas que mancomunadamente hicieron Cameron, Clegg y Miliband, van a tener un doble efecto negativo: crear agravios comparativos con Escocia en Inglaterra y Gales, por una parte. Por la otra, ensalivar a los separatistas escoceses para intentarlo de nuevo en el futuro.

Voy a leerles un texto muy elocuente a este respecto:
“Un referéndum de soberanía siempre es una victoria. Si se gana, porque te abre las puertas a la plenitud del derecho y hace a tu pueblo libre. Si no, con que obtengas un resultado digno y no humillante, también es la primera piedra del edificio de la victoria, pone al país y su causa en la agenda internacional y todos sabrán que, tarde o temprano, el referéndum se volverá a hacer y se ganará.

Después de un referéndum ya nada es como antes, porque todo el mundo mira al país en cuestión de una manera distinta que antes de la consulta, como un país inmerso en un proceso progresivo de afirmación, que ya ha iniciado un camino sin regreso. Un país que se pronuncia democráticamente sobre la posibilidad de convertirse en una nación soberana y en Estado independiente ya se sitúa automáticamente, en la conciencia de todos, en la lista de espera de la libertad. Y pasará más tiempo o no tanto, pero todos saben que, al final, este día llegará“.

Este párrafo pertenece a un libro titulado ‘La hora de Cataluña’, publicado por José Luis Carod Rovira en 2008. En sus páginas ya vaticinaba entonces un referéndum para la independencia en 2014.

Segunda estampa
La plataforma Libres e Iguales constituida hace dos meses y medio por unos cuantos ciudadanos españoles que no estamos dispuestos a dejarnos amputar una parte de nuestra ciudadanía, reside en un par de ideas muy sencillas, a saber: que la ley es el fundamento de la democracia y que la soberanía nacional es un concepto que afecta a la nación en su conjunto y no se puede compartimentar. Son dos ideas que caen por la ley de la gravedad. Aunque si no daría lo mismo, como decía el legendario sargento de la mili a sus reclutas, porque caerían por su propio peso.

También decía nuestro manifiesto fundacional que España vive en estos momentos una situación preocupante. El gobernante de una de sus Comunidades Autónomas, que es, por definición de la Constitución Española, el representante ordinario del Estado en ella, ha decidido ignorar esos dos principios y ha convocado un referéndum sin tener atribuciones legales para ello. ¿Y para qué? Para que los ciudadanos residentes en su comunidad rompan unilateralmente los lazos de convivencia que les unen a la nación española.

Aquel día, antes de la lectura del manifiesto hubo un ‘briefing’ con periodistas. Uno de ellos, corresponsal de un medio catalán, insistía en la pregunta de por qué presentábamos esa iniciativa en Madrid. Consideraba que, en todo caso, algo así habría que hacerlo en Cataluña y por gente de Cataluña.

Ese era precisamente el ‘quid’ de la cuestión que aquel muchacho no podía entender. Se trataba de que los firmantes, ciudadanos españoles, reivindicábamos un derecho de propiedad sobre nuestra soberanía que el secesionismo catalán quería privatizarse.

Privatizarse lo público es una actitud muy perseverante en los nacionalismos. El pasado 25 de julio, una noticia alteró todas las redacciones: Jordi Pujol confesó que había venido defraudando a Hacienda durante los últimos 34 años.

A mí me pareció un hermoso lance de justicia poética. El 25 de julio es la festividad de Santiago Apóstol, también llamado el Mayor, patrón de España y para más abundar, mi santo. Lo primero que hice fue llamar a Albert Boadella, uno de los primeros firmantes del manifiesto Libres e Iguales. Él fue el primero que supo verlo y diagnosticarlo. Recordé el estreno de ‘Ubu, president’, gran adaptación de Alfred Jarry a la Cataluña de Pujol, y me vino a la cabeza la frase inicial de la obra de Jarry: “la acción que va a comenzar se desarrolla en Polonia, es decir, en ninguna parte”. Todos los informativos de TV-3 deberían empezar así.

En Polonia, qué venturosa coincidencia. Me venían a la cabeza aquellos niños traviesos, vestidos con guardapolvos, arrastrando de una parte a otra del escenario del Teatro Arriaga, maletas llena de billetes. Me pareció muy divertido, pero en rigor creí que se trataba de la licencia de un cómico.

Y resultó que no, que era puro neorrealismo. Neorrealismo español, como el que reflejaban algunas películas de Ladislao Vajda, porque llegados a este punto quisiera hacer una afirmación sustancial: nada hay tan español como un nacionalista periférico. Mario Onaindía contaba que no era casual que de todos los personajes que desfilan por El Quijote fuera el vizcaíno el único que se tomaba en serio la locura imperial del protagonista. Todos le seguían la corriente para burlarse de él: lo manteaban, lo apedreaban y apaleaban, lo subían a un caballo de madera explosivo, era objeto de burlas por un ventero pícaro y un par de putas que le armaron caballero. Todos, menos el vizcaíno Sancho de Azpeitia, dispuesto a matar a todo el mundo empezando por su ama, si se ponía en juicio su hidalguía y su nobleza originaria. Ustedes me entienden.

En el ‘yo confieso’ de Pujol, en el trasfondo de su escrito, tan descabellado, se adivina el carácter de Marta Ferrusola, això es una dona! como dijo su propio marido al verla tirarse en paracaídas: “Mira Jordi, vale más que des la cara tú. Pasas un sofocón, pero no meten en la cárcel a ningún octogenario. Pensa en els nens”.

Es una historia muy española, berlanguiana en sentido estricto. Contaba Ángel Fernández Santos que a mediados de los años sesenta estaba trabajando con Luis Gª Berlanga en un guión que no pudo ser por la censura. Los protagonistas eran un matrimonio de Segovia, que tenía una librería religiosa en el centro de la ciudad. La llegada del Concilio Vaticano II y el cambio que introdujo en la liturgia sorprendió a la pareja con una partida de misales en latín recién comprada.

Contaba que, atascados en ese punto, llamaron a Azcona para preguntarle por dónde seguir, a lo que el gran guionista del cine español, les dijo sin titubeos: “Muy sencillo. La mujer propone a su marido que se suba al acueducto y se queme a lo bonzo en señal de protesta. Los dos cruzan la plaza del Azoguejo. Ella delante, con una tea encendida. Detrás él, con dos latas de gasolina y gesto quejumbroso: “Que no puede ser, María, (vale decir Marta) que ya verás como volvemos a hacer el ridículo”.

No hay en la España democrática una confusión más clamorosa entre lo público y lo privado que la que ha afectado a Jordi Pujol, el padre de la Cataluña moderna. Un delito fiscal continuado durante 34 años, incluidos en ellos los 23 en los que fue presidente de la Generalidad de Cataluña. No hace falta ir más allá.

Y en éstas el designado por el gran evasor como sucesor, Artur Mas i Gavarró, (conseller de Hacienda y de Obras Públicas de Pujol, no digo más) y dice que la privatización del dinero público por un gobernante no es un asunto público, sino privado y familiar. Eran Asuntos de la familia y no era nada personal, sólo negocios. Como saben, Artur Mas también tuvo una herencia paterna de la que con toda seguridad volveremos a oír hablar.

Decía que el nacionalismo tiene un vicio de origen, que es el de confundir lo público y lo privado, error de concepto que está en el origen de toda corrupción. Y si es verdad que la corrupción es un vicio transversal, en el caso de los nacionalismos viene acompañado de un error gramatical que es la sinécdoque, ese vicio de tomar la parte por el todo. Cada vez que un separatista dice ‘Cataluña’ o ‘los catalanes’ es (lo mismo que cuando un nacionalista vasco dice Euskadi o Euskal Herria o los vascos), está refiriéndose a un colectivo nacionalista, como si los nacionalistas no fueran una minoría en Cataluña y en el País Vasco.

Sin embargo, cuando no se habla de territorios, sino de sujetos políticos, la cosa cambia. Incluso esa expresión que parece dar por sentada una relación de pertenencia (Cataluña y el resto) define de manera implícita a Cataluña como un todo político homogéneo y por supuesto nacionalista, como si dentro de ese colectivo tan desaliñadamente descrito que forman los ciudadanos catalanes no hubiera una población refractaria al nacionalismo y a su vicio, ya descrito, de compartimentar la soberanía.

Tercera estampa
Creo que el presidente del Gobierno ha enfocado adecuadamente la cuestión en este tramo final del desafío separatista. Antes de ayer seguí su comparecencia atentamente. Creo que estuvo correcto, que usó las palabras adecuadas y los conceptos precisos al decirnos que un Consejo de Ministros presidido por él había enviado l TC la ley de consultas y la consulta del 9-N .

Por que habrá tardado tanto en decir eso? Diré que yo me sentí decepcionado por el, cuando un día permitió que un político menor, muy menor, entrara en su despacho con ademanes de chulo de taberna y se permitiera amenazarle, y no nos lo contara hasta un mes después. Un presidente tendría que haber llamado al personal de seguridad para que acompañaran a aquel tipo al coche que lo había llevado hasta allí y se garantizaran que salía del complejo de la Moncloa.

Creo que la pasividad del presidente durante tanto tiempo tiene un problema. Estaría dispuesto a aceptar que Rajoy no carece de estrategia y es un hombre que sabe manejar sus tiempos. Pero eso no lo es todo. El reto ante el que han puesto Artur Mas y el nacionalismo catalán a la democracia española es vejatorio para los ciudadanos, y también para los partidarios de ese recetario inconcreto que ha venido a llamarse ‘la tercera vía’. Cuando las cosas han llegado hasta el extremo que han llegado, la solución no puede pasar por que el autor del desafío salga tan campante del mismo y con un premio de consolación que poder mostrar a sus seguidores como un triunfo parcial a la espera de continuar el proceso.

Lo que ha hecho Mas es lo que en el juego del mus se conoce como lanzar un órdago. Como sabrán, el mus es un juego vasco y ‘órdago’ quiere decir literalmente: “Ahí está. Va todo”. El adversario puede aceptarlo o achantarse y permitir que el retador se lleve su ventaja, una piedra porque no. Pero es un lance definitivo en el momento de lanzarlo. No cabe plantear un órdago como hizo Artur Mas en diciembre de 2013, al comparecer junto a sus frikis para anunciar que la consulta se iba a celebrar el 9 de noviembre y cuáles iban a ser las preguntas. Mejor dicho, sí cabe, pero ya no puede decir: “y ahora vamos a negociar.”

Planteado el órdago, la respuesta está en manos del Estado y el Estado, por seguir con la parábola del mus, es mano y tiene la treinta y una. Está obligado a aceptarlo salvo que tenga voluntad de negarse a sí mismo en la gran definición que hizo Max Weber hace ya 95 años en la Universidad de Munich: “El Estado es aquella organización humana que reivindica para sí con éxito el monopolio jurídico de la violencia física legítima”.

A mí me gustó mucho la expresión del que fue secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, copiando a Felipe González: “El que echa un pulso al Estado, pierde”. Esto debería ser así, frente a la tonta imagen del “choque de trenes” patrocinada por los partidarios de la Tercera Vía. Lástima que lo dijera refiriéndose únicamente a la huelga de los controladores aéreos, no a la sedición del representante ordinario del Estado en una Comunidad Autónoma. Una cosa es que un obstáculo menor en la vía pueda hacer descarrilar todo un tren. Pero, ¿dos trenes?¿un tren Artur Mas?

Un problema no menor que plantea para el futuro el proceso puesto en marcha por Mas es que él y sus separatistas catalanes han derogado, no ya los códigos de la decencia, que también, como ya estamos comprobando, el sentido del ridículo. Esto tiene su importancia. Antes, los dirigentes políticos trataban de no dejarse desmentir por su hemeroteca y de no decir tonterías. Se trataba de transmitir una imagen de coherencia y de evitar al mismo tiempo lo que el cocinero Arguiñano expresaba con chocarrería y gracia. Y su particular sintaxis: “Es que eso, lo dices en voz alta en una playa desierta y se descojonan tuyo los mojojones”.

A partir de ahora no habrá ninguna estupidez proscrita en el discurso público, ningún sofisma, ninguna licencia con la historia o con los hechos. Más ha decretado el fin del sentido común y la gente no acude en masa a la plaza de Sant Jaume a imitar a los mejillones de Arguiñano.

“No nos dejan votar”, se duelen. No es que quienes suscribimos el manifiesto de Libres e Iguales estemos en contra de que los catalanes voten, como lo hacen en las elecciones municipales, autonómicas, legislativas y europeas. Lo que no queremos es que voten ellos solos lo que afecta a todos los españoles. Por ejemplo, por decirlo simplemente, la alteración de las fronteras de España. Si se va a votar eso, exigimos que se haga por el procedimiento que la Ley prevé para modificar la Constitución, mediante la mayoría cualificada de 3/5 en el Congreso de los Diputados, su refrendo por idéntica mayoría en el Senado y el sometimiento a referéndum entre todos los ciudadanos españoles.

También creo que las leyes están para cumplirse y me van a permitir que llegados a este punto señale un artículo de la Constitución que al parecer es claramente superfluo. Se trata del 155. Cada vez que alguien lo ha citado se ha producido una respuesta airada del nacionalismo: “quieren meter los tanques en Barcelona”. El artículo 155, no prescribe taxativamente la suspensión de la autonomía.

Parece, sin embargo, que la interpretación separatista ha ido calando también entre los españoles y apenas nadie se atreve a considerar la posibilidad real de que este artículo se aplique en España, permita lo que permita. Esto es algo derivado del hecho de que los nacionalistas son hegemónicos intelectual y políticamente en la España de hoy. Hasta en el lenguaje o empezando por el lenguaje.

Por ejemplo: ¿Qué se entiende hoy por reaccionario y progresista en España? Pues lo que entienden los nacionalistas, un colectivo que se sustenta en las ideas más reaccionarias del panorama político español. Partidarios del antiguo régimen, es decir, de la monarquía preconstitucional y preparlamentaria y de establecer el tan añorado Pacto con la Corona. Esto era algo que reclamaba el senador Anasagasti. Hoy, paradojas de la historia, la concreción del pacto de los vascos con la Corona se llama Iñaki Urdangarin, hijo de una de las mejores familias del partido en Alava.

Un ciudadano que mantenga una actitud enérgica frente al terrorismo (opine, por ejemplo, que los terroristas presos deben cumplir sus condenas) y que se manifieste partidario de la unidad de España será un consumado reaccionario o, por mejor decir, ‘un facha’. No sólo para los nacionalistas. También para el común de los españoles y muy principalmente para la izquierda y desde hace mucho tiempo.

Y ya que tanto y con tanta gratuidad se ha apelado a la política comparada con el Reino Unido: Escocia ahora, antes Irlanda del Norte, convendría recordar que Tony Blair sí suspendió la autonomía del Ulster en cuatro ocasiones: la última de ellas duró cuatro años, seis meses y 24 días. Y no pasó nada. Y si resulta que esa sería una medida inaplicable a las circunstancias españolas, he aquí una reforma deseable de la Constitución: la eliminación de artículos que puedan sugerir medidas inaplicables.

Una pregunta que hacen todos los nacionalistas: ¿por qué no a la consulta, si tan seguros estáis de ser mayoría? ¿Qué de malo hay en ello? ¿Preguntar es ofender? se trata de que sí, de que la misma pregunta ofende por comprender una idea viciosa, a saber: que la soberanía de una parte de España es una cuestión que afecta exclusivamente a quienes viven en ella y no al conjunto de los españoles, tal como se define con claridad meridiana en la Constitución española.

Los voluntarios de la tercera vía preconizan una ley de la Claridad, como la que elaboró para el caso de Quebec el entonces ministro de Relaciones Intergubernamentales de Canadá, Stéphane Dion. Contaré una anécdota personal al respecto. Creo que la primera conferencia que pronunció en España fue en Bilbao, patrocinada por la Fundación para la Libertad que preside Nicolás Redondo y de la cual soy patrono. A mí me correspondió el honor de presentarle en aquella ocasión, el 25 de noviembre de 2003.

Por la mañana, estuvo visitando a los responsables políticos en sus sedes. Sólo mostraron interés por recibirle el PP, partido que en aquellas fechas gobernaba España y el PSOE. No los partidos nacionalistas. Durante el almuerzo, al que asistió el embajador canadiense en Madrid, se le hizo la pregunta: “¿Por qué la ley de la Claridad?” Nunca olvidaré su respuesta: Porque Canadá no tiene una Constitución como la española, que deja esa cuestión perfectamente resuelta en sus artículos 1 y 2.

Adiós al mal menor

Francisco José Contreras http://www.hazteoir.org  2 Octubre 2014

Catedrático de Filosofía del Derecho, Universidad de Sevilla

Que un hombre pegue a una mujer (o una mujer a un hombre, posibilidad no contemplada por la Ley de Violencia de Género) es sin duda lamentable. Pero en ocasiones la agresión puede resultar paradójicamente liberadora: una mujer que venía soportando vejaciones verbales y psicológicas –sin atreverse a romper, porque son ya tantos años de convivencia, y ¿a dónde va a ir una si no?- se resolverá a dejar por fin una relación fracasada cuando le pongan la mano encima. ¡Hasta aquí hemos llegado!

La relación de la derecha sociológica con el PP no se puede decir que fuera apasionada. El PP no ha estado nunca enamorado de nosotros: por ejemplo, jamás se ha definido como de derechas, inventando todo tipo de eufemismos patéticos para evitar la etiqueta maldita (“centro reformista”, etc.). Como los malos maridos, el PP ignora a su electorado natural –al que sabe con la pata quebrada y en casa- para dedicarse a coquetear con el de centro-izquierda, al parecer mucho más sexy. El PP es un partido de tecnócratas, convencido en el fondo de la supuesta superioridad intelectual y moral de la izquierda, e incapaz por tanto de librar ninguna batalla cultural con ella. El PP rehúye siempre el debate de ideas, prefiriendo vender “eficacia”: gestión, “resultados”, lluvia fina… Pero la derecha sociológica, ayuna de alternativas y temerosa de la izquierda, prolongaba la cohabitación electoral con un amante tan poco satisfactorio. Ya se sabe, el mal menor.

Cabe agradecer, pues, a Rajoy que nos haya abofeteado tan sonoramente en el asunto del aborto. Lo ha hecho con ensañamiento: la promesa electoral, el proyecto de ley que ponía la miel en los labios, las dilaciones, las explicaciones miserables al anunciar el carpetazo… Las descarnadas motivaciones demoscópicas de fondo: “sólo perderemos algunos miles de votos por la derecha, y ganaremos muchos más por el centro”. Rajoy conjetura que dentro de unos meses le perdonaremos la bofetada, porque entonces pesará más el miedo a Podemos, a la secesión catalana, a perder los brotes verdes de la vacilante recuperación económica… Como el marido que sabe que la esposa golpeada terminará volviendo al hogar, porque en la calle hace mucho frío, Rajoy nos está diciendo implícitamente: “sé que no tenéis media bofetada y que dentro de un año volveréis a comerme en la mano”.

Y, así como las mujeres maltratadas hacen terapia de grupo para reafirmarse en su resolución de no volver con sus agresores, así nosotros deberíamos profundizar en las razones para no volver a votar jamás al PP. No se trata sólo de que hayamos sido pisoteados, de que se nos haya engañado como a chinos. Se trata de entender que, definitivamente, el PP no es más que una maquinaria electoral de persecución y conservación del poder como un fin en sí mismo: sin ideas, sin principios, sin horizonte de largo plazo. El PP carece de una concepión de la persona y del mundo, de una visión ideológica que contraponer a la de la izquierda (que sí tiene una). El PP considera en realidad que sólo la izquierda y los nacionalismos tienen legitimidad moral para cambiar la sociedad. Por eso, cuando alcanza el poder, se limita a cuadrar las cuentas, taponar las peores vías de agua y convalidar todos los experimentos sociales que la izquierda o los nacionalismos hayan tenido a bien realizar: aborto, matrimonio gay, divorcio exprés, ideología de género, inculcación de una nueva conciencia nacional en Cataluña y País Vasco, exclusión del castellano como lengua de la educación…

Hay que romper con la lógica mezquina del mal menor. Mientras sigamos presos de ella no podrá surgir un bien mayor. Rajoy ni siquiera ha sido capaz de arreglar las cuentas: nuestra deuda pública está a punto de alcanzar el 100% del PIB (algo que pesará sobre nuestros hijos) y el déficit público sigue clavado por encima del 6% del PIB; la tasa de paro actual (24.5%) es más alta que cuando el PP llegó al poder (22.8%). Este gobierno no ha liberalizado la economía (¿dónde quedó la prometida ley de emprendedores?), reducido el peso de las administraciones ni acabado con las subvenciones millonarias a los sindicatos. Ha subido brutalmente los impuestos. No ha garantizado la independencia del poder judicial. Ignora por completo el probema demográfico. Su gestión apenas difiere de la que aplicó Zapatero después de mayo de 2010.

La oportuna aparición de Podemos pone las cosas muy fáciles al PP para agitar el espantajo de un posible Frente Popular: ¡votadme o caeréis en las garras de la extrema izquierda! Pero las cuentas no son esas. Incluso si se produce una poderosa irrupción parlamentaria de Podemos, no es evidente en absoluto que vayan a pactar con PSOE y/o IU. Si Podemos se empatana en un gobierno de coalición, perderá su aura mágica de alternativa integral al sistema. Y si el PSOE se deja abrazar por Podemos, se tratará del abrazo del oso (y eso lo sabe Sánchez). No es cierto que cada voto de menos al PP esté propiciando un frente de izquierdas. En realidad, parece mucho más probable el escenario de una “gran coalición” PP-PSOE. De hecho, algunos indican que la retirada de la reforma del aborto sería un primer paso de cara al futuro acuerdo PP-PSOE (como siempre, el que cede es el PP, continuando así su interminable “carrera hacia el centro”: un centro que se desplaza eternamente hacia la izquierda, como la liebre perseguida por los galgos).

E incluso si se produjera un gobierno PSOE-Podemos-IU… no sería lo de 1936. No, no se quemarán iglesias ni se abrirán chekas. Eso es imposible en un país desarrollado de la UE en el siglo XXI. Pedro Sánchez no es Largo Caballero, Pablo Iglesias no es Durruti. Un gobierno de izquierdas nos costaría unos cientos de miles de parados, pero no una guerra civil. En realidad, sería como una tercera legislatura de Zapatero. Al cabo de unos meses se comprobaría que Podemos no tiene ninguna varita mágica y que el chavismo no trae sino más pobreza. La derecha lo tendría fácil para un rápido retorno al poder.

De nosotros –de nuestra firme resolución de no volver a votar a un PP que nos maltrata y carece de principios- depende que, para entonces, exista una derecha digna de tal nombre. Una derecha que –junto a otras banderas abandonadas por el PP, como la domesticación de los nacionalismos o la liberalización de la economía- asuma con entusiasmo y credibilidad la defensa de la familia y de la vida del no nacido.
 

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Cinco mentiras habituales del conflicto catalán
Javier Caraballo El Confidencial 2 Octubre 2014

“Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente” (Mafalda)

¿Cuánto tiempo hace ya? Sí, cuánto tiempo hace desde que estamos dándole vueltas al mismo molino de la independencia catalana, el desafecto, los agravios, el derecho a decidir... A ver, esa dialéctica que conocemos es tan antigua como la misma democracia española, desde la Constitución, pero no es eso. Es esta intensidad de ahora en la que, sin darnos cuenta, llevamos instalados ya cuatro años (acaso desde que José Montilla hundió a su partido, el PSC, y convocó elecciones en noviembre de 2010) con argumentos que se repiten en cada nuevo capítulo.

Y eso es lo peor, que todo el debate se ha reducido a la reiteración de frases hechas que, en la mayoría de los casos, o no dicen nada o son falsas en sí mismas. Con lo cual, es imposible avanzar porque siempre estamos en lo mismo. Habrá más, pero estas son algunas. Cinco expresiones del círculo vicioso en el que estamos y del que no conseguimos salir.

-- Primera: “El conflicto se origina por la sentencia contraria del Constitucional sobre el Estatut”
Es una de las más afirmaciones más repetidas. Resulta, según esa tesis, que el repunte independentista lo provoca la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sencillamente, no es cierto. Por diversas razones, sin entrar siquiera en la incongruencia de que una sentencia de constitucionalidad pueda considerarse una provocación; es la peligrosa conclusión de que la legitimidad se impone a la legalidad. Sin entrar en eso, lo primero que se olvida es que Esquerra, la fuerza más pujante del independentismo, no apoyaba el Estatut desde antes de que el Constitucional lo recortara.

Pero es que, además, si se contemplan estos 39 años de democracia, se comprobará que el independentismo ha sido una pendiente desde las primeras tensiones de la Constitución hasta el amago de ruptura de ahora. Seis veces ha aprobado el Parlament declaraciones que exigían “el derecho del pueblo catalán a la autodeterminación”, la primera de ellas en 1989. Lo que ha ocurrido desde 1975 es que, de forma periódica, los amagos de desafecto se han acallado con cesiones de competencias, de impuestos, de inversiones… Cuando se ha colmado esa vía, ha estallado la reclamación mayor. La independencia. Sencillamente, al nacionalismo ya no le quedaba otro discurso. Mucho menos en plena crisis económica y frente a la quiebra financiera de la Generalidad.

-- Segunda: “Existe una mayoría silenciosa…”
También es de las frases más repetidas en este debate, la fantasmal existencia de una mayoría del pueblo catalán que no participa en las grandes manifestaciones, que no compone puzles multitudinarios en las Diadas, pero que en realidad está en contra de la independencia de Cataluña. En fin, tampoco es cierto. El conflicto catalán, en su expresión actual, comenzó con las primeras elecciones en las que Artur Mas fue elegido presidente, el 28 de noviembre de 2010.

Desde entonces, ha sido siempre lo mismo; una escalada en la que no sólo no ha aparecido jamás la mayoría silenciosa en las convocatorias electorales que se han convocado con posterioridad, entre ellas otras elecciones catalanas anticipadas el 25 de noviembre de 2012, sino que lo que ha crecido de forma exponencial ha sido el independentismo. Ni mayoría silenciosa ni siquiera ‘élite silenciosa’. La realidad es que son contadas las excepciones de los intelectuales, empresarios, actores o cantantes que se hayan implicado contra el independentismo. Si la esperanza de algunos era la ‘mayoría silenciosa’, que se olviden.

-- Tercera: “La reforma federal de la Constitución es la salida”
Esta frase forma parte del argumentario esencial del Partido Socialista, compartido por otros sectores. Sencillamente no hay entrevista con un líder socialista en la que, en algún momento, ofrezca esta fórmula mágica: el Estado federal. Y nadie podría negar que el modelo federal puede ser una solución para problemas territoriales, sólo que en nuestro caso se debe contar con la ‘pequeña’ salvedad de que los nacionalistas catalanes jamás han pedido un Estado federal. Es más, eso es, precisamente, lo que más irrita en la Cataluña nacionalista del actual Estado de las autonomías, el aire federalizante que tiene el ‘café para todos’.

El nacionalismo catalán, igual que el vasco, exige en todo caso un modelo confederal, pero esa es la unión de diversos Estados, con lo que sería tanto como asumir la independencia de Cataluña y, a continuación, pactar con el nuevo Estado una confederación. Si el PSOE sigue sosteniendo que la salida al conflicto catalán es un cambio en el modelo de Estado, que proponga un estado confederal; verá qué pronto alcanza un acuerdo con los independentistas.

-- Cuarta: “La solución pasa por el reconocimiento de la singularidad de Catalunya en la Constitución”
En otras palabras, el “encaje”, el dichoso “encaje”. Este es, por ejemplo, uno de los planteamientos que se oirán seguro en cualquier discurso de la clase empresarial catalana, que siempre quiere nadar y guardar la ropa y, sobre todo, situarse en una posición equidistante que la salve de cualquier situación comprometida. Dicen: “Hay que exigir a los responsables políticos que encuentren una salida dialogada que satisfaga el encaje de Cataluña en España”.

Evidentemente, cuando se habla de “reconocimiento de la singularidad” o de “satisfacer el encaje” se están empleando eufemismos. No es que estén preocupados por la implantación del idioma catalán ni por cualquier otra empatía social; se refieren sólo a un sistema de financiación especial para Cataluña y a un ‘pacto tácito’ para que el Gobierno de España jamás interfiera en las leyes que se aprueben en el Parlamento de Cataluña, sean o no constitucionales. Ese es el ‘encaje’, la ‘singularidad; en definitiva, lo que otros llaman ‘tercera vía’. El caso es que nadie se atreve a llamarlo por su nombre.

-- Quinta: “El derecho a decidir es antinatura. No está en ninguna Constitución”
En la reiteración permanente de lo aprobado hace 40 años tampoco se encuentra una salida. Si de lo que se trata es de evitar que siga creciendo la bola de nieve; si se trata de pinchar el globo independentista, hará falta algo más que el inmovilismo

Esta frase, en concreto, es de Rodríguez Zapatero, pero también se repite casi a diario, por parte de quienes son contrarios a la consulta, cualquier consulta, al pueblo catalán. El hecho de que la diga Zapatero, y que se destaque aquí, es sólo por el desvarío que supone que la pronuncie la misma persona que proponía aquello de la “nación de naciones” porque consideraba que “las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras”. Memorable. Pero, volviendo a la frase, ¿de verdad es antinatura? Desde luego, antinatura no es la expresión, porque las leyes no emanan de la naturaleza, no se corresponden con el orden natural de las cosas. Como creación humana, es susceptible de cambiarse y disponer lo contrario de lo que un día se aprobó. Y en el derecho comparado, existen tantas peculiaridades que una afirmación tan rotunda tampoco se sostiene.

Donde sí es tajante la cuestión es en lo referido exclusivamente a la Constitución española, que “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Por tanto, en esa literalidad, no hay debate, es verdad. Pero tampoco es una verdad absoluta ni un principio inamovible. Y, desde luego, en la reiteración permanente de lo aprobado hace 40 años tampoco se encuentra una salida. Si de lo que se trata es de evitar que siga creciendo la bola de nieve; si se trata de pinchar el globo independentista, hará falta algo más que el inmovilismo. Entre otras cosas, porque como ha dejado dicho el Constitucional en alguna ocasión, la propia lectura e interpretación de la Constitución debe hacerse “a la luz de los problemas contemporáneos y de las exigencias de la sociedad actual a que debe dar respuesta a riesgo, en caso contrario, de convertirse en letra muerta”.

Amenaza golpista
EDITORIAL Libertad Digital 2 Octubre 2014

Por mucho que el presidente del Gobierno Mariano Rajoy "ni contemple ni quiera contemplar" en Cataluña "un escenario distinto al cumplimiento" de nuestro ordenamiento jurídico", lo cierto es que los nacionalistas continúan a día de hoy haciendo caso omiso a la ley y a los pronunciamientos de nuestros más altos tribunales, incluida la reciente providencia del Tribunal Constitucional en la que se ordenaba la suspensión de la "ley de consultas" y la convocatoria de la consulta secesionista del 9-N.

Una buena y muy reciente prueba de ello es que, a pesar de que dicha suspensión incluya "todas las actuaciones de preparación, realizadas o procedentes, para la convocatoria de dicha consulta, así como de cualquier actuación vinculada a la referida consulta", los nacionalistas, en clamorosa desobediencia, han aprobado en el parlamento regional la comisión de control del referéndum, en una votación en la que se han ausentado los representantes del PP, PSC y Ciutadans.

Aunque al margen de los preparativos de la consulta, las ilegales estructuras de Estado creadas por la Generalidad, como es el Consejo Asesor para la Transición Nacional, también siguen llevando a cabo sus actividades con absoluta normalidad, ignoramos si, llegado el día 9 de noviembre, los separatistas seguirán haciendo caso omiso a la suspensión del referéndum o preferirán explorar las vergonzosas ofertas de "reforma constitucional" y de "singular financiación" como las que les siguen llegando desde el PP y su Gobierno. De hecho, como ha apuntado este miércoles nuestro lamentable ministro de Exteriores, Garcia Margallo, "el sistema de financiación de Cataluña –en referencia a su administración regional- se puede cambiar sin cambiar la Constitución".

A día de hoy, sin embargo, hay que constatar que el desafío secesionista se mantiene en su integridad, y que los falsos ropajes de legalidad, con la que sus promotores lo quieren encubrir, no lo hacen sino más abyecto. Prueba de ello es la escasamente velada amenaza de "violencia" a la que la Generalidad ha hecho referencia en sus alegaciones contra la suspensión dictaminada por el Constitucional. Así, el gobierno catalán asegura que la no celebración de la consulta sería nada menos que "privar a los ciudadanos de su derecho a participar en la toma de decisiones políticas", y que eso alimenta el "extremismo político e incluso la violencia".

Aquí, sin embargo, quien está alimentando hasta el último día el extremismo político y la violencia son los promotores de un referéndum radicalmente contrario a la soberanía nacional y al ordenamiento jurídico que libremente nos hemos dado todos los españoles.

Habrá que esperar también al día 9 de noviembre para ver hasta donde llegan las amenazas de violencia de quienes de forma tan abierta arremeten contra nuestro sistema democrático. Lo que ya parece tristemente evidente es que no será la falta de impunidad o la falta de financiación o el temor a una reforma de la Constitución en sentido opuesto a sus pretensiones, lo que lleve a los nacionalistas a abandonar su ilegal y carísimo desafio a nuestra nación y a nuestro Estado de Derecho.

Desafío separatista
La Generalidad alude por primera vez a la fuerza
Pablo Planas Libertad Digital 2 Octubre 2014

El nacionalismo es ahora mismo una banda partida en dos. Por una parte están los que quieren llegar hasta las últimas consecuencias. Por la otra, los primeros afectados por las consecuencias. En la última reunión del gobierno catalán no llovieron ceniceros porque ya no se fuma, pero la controversia fue mayúscula, la tensión, en aumento y las voces se oían desde la calle del Obispo, porque las paredes del Palacio son de cartón piedra. Los socios de Convergència, los de Unió, se han dado cuenta de la jugada un poco tarde, pero al fin han caído en que la vicepresidenta Joana Ortega y el consejero de los mossos Ramon Espadaler son de su cuerda y los primeros de la lista a la hora de asumir responsabilidades si vienen mal dadas. Es decir, Mas se pavonea como un mariscal de la Coronela planeando la reconquista del baluarte del Borne mientras que a los democristianos les toca montar la consulta y desmontar el referéndum, lo que conlleva riesgos como la inhabilitación o incluso la cárcel. Ortega y Espadaler se sienten carne de cañón y dudan si la mochila que les han puesto lleva en realidad un paracaídas o el libro blanco de la transición nacional hacia otra dimensión.

En la Generalidad y sus aledaños, que empiezan a parecer una mezcla de El Alcázar y El Álamo, para cada inconveniente legal tienen una solución jurídica de categoría superior, etiqueta negra. No cabe preguntarse qué es lo que no comprenden de la palabra "suspensión" porque lo entienden todo, de ahí que hayan dejado la suspensión en suspenso hasta que el Tribunal Constitucional dictamine sobre dos recursos que les ha remitido el equipo jurídico autonómico. Como en el puente de mando del proceso todo es una balsa, el consejero de presidencia, que es Francesc Homs, le quitó la dirección de los servicios jurídicos al de Justicia, Germà Gordó, cuya esposa es vocal del CGPJ por recomendación del PSOE. Vamos, que Homs no se fiaba y dijo trae paquí a los 'abogaos'.

Nada más conocer la admisión a trámite por parte del TC de los dos recursos del Gobierno, Homs cabalgó hacia el flanco jurídico mientras voceaba a Mas que tranquilo, que dijera que no se rectifica, que el proceso continúa y que el 9 de noviembre se vota. Y se ha marcado Homs un recurso doble con dos argumentos de peso: que no es un referéndumn sino una consulta porque en la ley pone "ley de consultas" y no de referéndums. Y añade sobre eso que el resultado no es vinculante. Da igual que la mismo decreto que defiende apunte que su propósito es "tan sólo (sic) conocer la opinión de las personas llamadas a participar (..) con la finalidad de que la Generalidad pueda ejercer con pleno conocimiento de causa la iniciativa legal, política e institucional que le corresponde." Y es en este punto donde cree Homs que radica la sutileza. El referéndun no es una consulta porque no es vinculante, sino una guía para proclamar la independencia vía "iniciativa legal, política e institucional". ¿Dónde esta la bolita? ¿La bolita donde está? No, no es una violación, sino un acto sexual no vinculante.

El segundo argumento es de peso y de calibre magnum, munición especial. De repetición, pues sale en los dos recursos: Si se cierran los cauces legales para institucionalizar la expresión de la opinión pública, tal como demandan tantos ciudadanos en Cataluña, es difícil prever las consecuencias. En este punto, permítasenos recordar la Resolución 1353 (2003) de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa "El porvenir de la democracia: reforzar las instituciones democráticas", a la que ya aludimos anteriormente en este escrito, y en la que la Asamblea considera que cuando se plantean importantes retos para la gobernabilidad, los parlamentos no los resuelven y la población tiene la sensación de ser privado de su derecho a participar en la toma decisiones políticas, estas diferencias tienden a alimentar el desprecio público por la democracia parlamentaria, el extremismo político e incluso la violencia".

¿Violencia? ¿Pero no era todo tan cívico y pacífico, festivo y familiar? ¿Violencia? ¿Contra quién? ¿Contra qué? ¿No se refererirá a las personas que convocadas por la Generalidad se manifestaban el martes en algunas plazas catalanas? ¿Los chicos de la ANC o de las CUP? ¿Violencia? Es la primera alusión a la fuerza bruta y directa en todo el proceso. Nada más comprobar cómo ha acatado Mas la suspensión de su ley y su referéndum ya habrán determinado en Moncloa que eso de la violencia es pura retórica, nada importante.

Una izquierda abducida por el nacionalismo
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 2 Octubre 2014

La izquierda española lleva abducida por el nacionalismo desde, y quizás por su culpa, el franquismo y con la democracia no ha hecho sino ahondar en esa genuflexión ante la ideología más reaccionaria de Europa a la que ha dado patina y carnet de progresista. Un contrasentido ideológico, pero una realidad evidente, y ahora más que nunca en nuestro país, y que ha acabado por normalizar lo que es una aberración en términos de principios y pensamiento.

Fue el franquismo triunfante, pues la posición de los nacionalistas durante la II República no solo dejó mucho que desear sino que llegó a ser de verdadera traición , la proclamación de la independencia y sublevación en Cataluña o los intentos vascos de pactar con el Dictador, quien unió en la causa común con la dictaduras a izquierdas y nacionalistas. Algo condensado en la pancarta y el grito más repetido y hoy olvidado interesadamente: “¡Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía!”

Conseguida la democracia, reestablecida la soberanía del pueblo español como fuente de todo poder y consagrado ello en la Constitución del 78, votada con entusiasmo y convencimiento por una inmensa mayoría de la población, se fue ahondando en un proceso donde la izquierda fue doblando la rodilla de sus postulados ante el nacionalismo cada vez más ávido hasta llegar a convertirse en su báculo, después de su cómplice, el caso de los Maragall catalanes es paradigmático- o , por utilizar un término marxista en “tontos útiles” donde son ejemplos preclaros José Montilla y José Luis Rodríguez Zapatero quienes aceptaron rendir la soberanía nacional al troceo y expolio por el separatismo.

Pero si esa fue la deriva del PSOE la del viejo PCE e IU fue aun peor y más veloz y entreguista. Directamente pasaron a suponer que hay en España pueblos yugulados y oprimidos, colonias, pues, y a partir de ahí el disparate lleva a pactos y connivencias verdaderamente alucinantes y comprensiones “emocionales” de actividades y actitudes como las de los actuales jerarcas de Bildu que no pueden resultar desde el punto de vista de los derechos humanos, encabezados por el de la vida y el de la libertad, vomitivas. En parecidos parámetros, y aún peores, se mueve en este sentido el magma de Podemos cuyos arrimones a los tentáculos políticos de lo más aterrador del Pais Vasco parecen entenderse como normales por parte de quienes parecen haber olvidado los años de sangre, secuestro y asesinato que causaron cerca de 900 muertos. Equiparando de un plumazo y por simpatía ideológica, victimas y verdugos.

Así hemos pasado a suponer que hay un nacionalismo de izquierdas y otro algo más de derechas, pero ambos progresistas en esencia y cuyos axiomas son asumidos como parte del cuerpo de doctrina de la izquierda, algo que se proclama en estos días, aunque se percibe algún intento por parte del PSOE de salir de ese marasmo.

Lo primero que se clama es por el derecho a decidir. Un derecho expropiador, contrario a la soberanía del pueblo español y en la antípoda de un pensamiento igualitario y de izquierdas. Si cada cual coge ese presunto derecho, como pretenden desde ciertos alcaldes socialistas catalanes, pasando por Uxue Barcos, BNG, IU, los podemitas y hasta Bildu, y por todas las tierras de España y cada cual puede decidir en lo suyo sin contar con los demás . Euskadi, Galicia,, Andalucia, Canarias y hasta 17 y porque no mi Alcarria, ¿en que puede “decidir” España y los españoles? ¿Qué derecho a decidir nos queda, que decidimos los españoles, que supone ser ciudadano español? ¿a que se reduce del pueblo?.

Pero hay una segunda deriva, tan procaz como la anterior y está en el supuesto agravio y el motivo por el que se pretende la independencia y que resulta ser la expresión máxima de la insolidaridad y lo más alejado a la idea de justicia, reparto e igualdad de la izquierda. Porque lo que dice un supuesto hombre de “izquierdas” como Junqueras &Cia es, simplemente, que quiere separarme porque soy más rico, no quiero que haya distribución con los mas pobres y como independiente viviré mejor y en la opulencia. ¿Dónde existe aquí algo que tenga que ver con los principios de izquierdas?

Pues en ello seguimos. Pedro Sánchez intenta, y se le reconoce, escapar de ese cepo, pero no acaba de atreverse y tras enunciarlo luego se queda en la equidistancia que hace que todo su discurso se convierta en humo y ceniza. De inmediato culpa por igual a quienes pretenden expropiar los derechos ciudadanos de los españoles de quienes los amparan, a quienes pretenden descuajar la viga maestra de nuestra democracia y nuestra convivencia con quienes la defienden aunque se equivoquen en tiempos y formas. Y así se equipara en responsabilidad a Mas y los separatistas que quieren violar la constitución con quien la defiende, que es el Gobierno y que son ellos mismo, pero un poco de perfil y al bies. Y ¿ por qué? Pues porque en España hemos convertido en progre al nacionalismo, porque nuestra izquierda está abducida por el nacionalismo. Y no se quiten del teléfono con lo que está pasando en canarias que viene a ser lo parte de esto mismo.

Adoctrinamiento
Juan Chicharro www.republica.com 2 Octubre 2014

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Lo que está sucediendo hoy en Cataluña es real. Por desgracia un elevado número de catalanes asumen como deseable la segregación de Cataluña de España y constituir una nueva nación. Las incontables muestras que en forma de manifestaciones vemos casi todos los días son una realidad que no se puede obviar. Sin embargo leo y observo reacciones que minimizan este hecho y tan solo aspiran a solucionarlo mediante la aplicación estricta de la Ley. En un Estado de derecho las normas están para cumplirse, y así deberá ser, pero nadie piense que esta actitud dará solución a un problema nacional.

Que en Cataluña ha existido siempre un sentimiento nacionalista segregador es algo que no se puede negar, si bien, en mi opinión, circunscrito históricamente, hasta hoy, a una minoría de la población. Una minoría dominante que ha sabido en los últimos tiempos ciertamente manipular y adoctrinar hasta límites insospechados al conjunto de la población. Y he aquí el problema. Lo han hecho muy bien.

Hoy, nos encontramos con la realidad de que determinadas élites sociales han conseguido que la identidad nacional española atraviese una de sus peores crisis históricas. Y por cierto, no olvidemos que parte de esas élites, en concreto algún sector de la burguesía, es la misma que fervorosamente recibía y agasajaba con entusiasmo, no hace mucho, al mismísimo General Franco, lo que pone de manifiesto que en el fondo lo único que le interesa es la defensa de sus intereses particulares y nada más. Es la historia de siempre en la que las masas populares son manejadas al arbitrio de los que detentan los instrumentos del poder, en especial los de la opinión y la educación.

Lo que ha sucedido en Cataluña – todo cuanto digo es extrapolable también al País Vasco – es simplemente que su población ha estado sometida a un intenso adoctrinamiento en el que las ideas nacionalistas se han incrustado en su núcleo hasta extremos preocupantes.

Cataluña ha sido objeto de una especie de guerra psicológica de carácter doctrinal y sectaria que ha movilizado emociones a través de las ideas influyendo en los comportamientos individuales y colectivos.

Vaya por delante que si el adoctrinamiento en las sociedades democráticas no va acompañado de agresividad, exclusión, intransigencia ni confrontación social es algo absolutamente legítimo. El ser humano necesita doctrina para alimentar su conciencia y guiar su conducta a lo largo de la vida.

Ahora bien, aquí no ha sucedido esto. El problema del adoctrinamiento al que nos enfrentamos es que determinadas políticas nacionalistas al amparo de la omisión de muchos responsables – todo hay que decirlo – han impartido su doctrina recurriendo a procesos que rayan en la imposición, la manipulación y el engaño no dejando libertad de opción a los catalanes que están siendo objeto de cambio de ideas, creencias o valores.

El ensañamiento con la nación española ha alcanzado límites inconcebibles a través del uso continuado de la mentira y la tergiversación de la historia. Y, lo que es peor, ante la inacción de aquellos que ofuscados con solucionar sus problemas de partido no han sido capaces de evitarlo, mientras que otros se avienen a todo tipo de componendas. En ambos casos la terminología militar denomina a esta situación de forma nítida: rendición.

A mi todo este proceso me recuerda en gran medida lo que la historia nos enseña del nacional socialismo en la Alemania de los años treinta. Sin duda Leni Riefenstahl sería feliz de haber podido filmar las dos últimas “Diadas”.

En la Alemania nazi el Estado totalitario se constituyó en el depositario máximo de los mecanismos de adoctrinamiento a través de la educación, en los procesos de socialización primaria. Todo el Estado se volcó en adoctrinar a su población para que aceptaran el estatus político de su nación aislando a aquellos disidentes opuestos al curso de los acontecimientos.

Lo que vemos en las expresiones de todos aquellos que han vivido reverencialmente las “Diadas” es algo “déjà vu”.

El adoctrinamiento de la población catalana ha conseguido efectos sobre ésta que rayan en la abducción. Basta con observar como recientemente hasta renombrados deportistas que siempre han defendido los colores españoles con entusiasmo se decantan por las posiciones separatistas. Esta es la realidad y negarlo sería necio.

¿Recuerdan a los Gasol, Piqué, …etc., cantando aquello de ” yo soy español”…? ¿Y a Xavi gritando Viva España?

¿Es que son unos cínicos o tienen miedo?
En absoluto. Son el producto típico del adoctrinamiento. Están abducidos.

Sin embargo a partir de este reconocimiento de ninguna manera cabe la posibilidad de caer en la tentación de rendirse a esta evidencia, por su inconsistencia histórica e ilegal. Es hora de mantener la vigencia de valores superiores como son de una parte los del imperio de la Ley y de otra – a ver si se entera alguien – que Cataluña es España desde hace 500 años y que no se puede romper por los anhelos interesados de unos pocos Iluminados que han sabido manipular, adoctrinar y abducir a una población susceptible a todo ello con tanta facilidad.

Y, ¿ahora qué?
Ante todo cumplir la Ley con todas sus consecuencias, pero a partir de aquí se deberán establecer cuantas acciones sean necesarias para que la verdad y el sentido común recuperen su sentido en la sociedad catalana.

Hay que denunciar las tentaciones de todos aquellos que suplantan las conciencias de los catalanes con ideas que convergen con sus programas políticos a fin de manejarlos como simples objetos de su política.

Una detallada lectura de lo que el lingüista Noam Chomsky – profesor emérito en el Instituto Tecnológico de Massachusetts – desarrolla a propósito de las “Estrategias de Manipulación Mediática ” puede dar luz a aquellos que aún no han sabido comprender qué es lo que ha pasado en Cataluña.

Aconsejo su lectura, si bien le será más fácil el leer, o releer, lo que desde esta misma columna, con mucha más modestia, escribí – En el blog “Proa al Viento” – hace ya un año en dos artículos titulados ” De libro ” y “de libro II”.

Jamás un partido político hizo tanto daño a esta tierra
El blog de Alexis Marí www.vozpopuli.com  2 Octubre 2014

Es el Partido Popular de la Comunitat Valenciana. No me voy a andar con rodeos. Y eso que mantengo relaciones cordiales con miembros de la formación. Pero la situación es inaguantable. Nos hacemos eco de escándalos y despilfarros desde hace demasiados años. Exportamos titulares a los medios de comunicación nacionales que harían vomitar a una cabra.

Siento vergüenza al viajar con mis afines por otras partes de España y cuando digo que soy de Valencia enseguida me preguntan por la situación política. Ya me ha pasado dos veces y jamás hubiera pensado que tendría que taparme la nariz para hablar de algunos dirigentes políticos de la Comunitat.

El capítulo 237 del despilfarro y la chulería del PP nos deja en Feria Valencia. Un agujero de 1.027 millones de euros que tendremos que pagar todos los contribuyentes. Los responsables ni están, ni se les espera, ni pretendo que devuelvan el dinero porque ahora ninguna institución pública valenciana tiene capacidad para afrontar esa bola de despilfarro, sinrazón, buena vida y opacidad. Pero debería la justicia y el ciudadano exigir responsabilidades. En los tribunales y en las urnas. El tamaño del cráter económico es propio de un meteorito. Dos cifras. El presupuesto de la Generalitat para este año es de unos 17.000 millones de euros. El de sanidad son casi 5.400 millones. Es decir, el Abismo de Helm de Feria Valencia representa casi el seis por ciento de todo lo que tiene previsto gastar el Consell en 2014. Es una barbaridad. La feria de las vanidades lo llamaría yo. Mordor lo llamarían otros.

Jamás pastar en un presupuesto, sea público o privado -como dice la señora Barberá- fue tan cómodo y rentable. Le preguntaría a la alcaldesa ¿Quién es el/la responsable de haber decidido que la ampliación del recinto ferial se hiciera sobre los pabellones ya existentes y con un terreno lleno de desniveles, con el consecuente sobrecoste? El negocio tenía que quedarse en suelo municipal y nunca enfrente, en los solares de los militares, la opción más barata, la más sensata y la más cómoda porque no impedía el normal desarrollo de las ferias.

Insisto. La retaíla de casos es tan larga y grave que jamás un partido político había hecho tanto daño a esta tierra. Estoy seguro de que hay personas muy válida y honradas en las filas del PP de la Comunitat Valenciana. Tengo muchas caras en la memoria y podría bien señalar esos valores con el dedo sin miedo a equivocarme. Respeto sus creencias y sus posicionamientos, tan legítimos como otros, siempre que sean democráticos y no atenten contra las libertades y la ley. Pero esta ‘tierra de saqueo’, como titula un libro, ha destrozado la idea de una buena y sana democracia en esta Comunitat, ha dilapidado las libertades de los ciudadanos y ha hecho de la ley un guiñapo, una “muñeca de barranco”. Sí, aquellas muñecas que todos hemos visto de pequeños, abandonadas en un descampado, sin ropa, desnudas, con las extremidades amputadas, sin pelo y sin ojos. Así ha quedado mi tierra. Sin orden y buena gestión todo se viene abajo. Sin reconocimiento de los errores no hay corrección posible. Y algunos políticos se han reído de nosotros delante de nuestras narices. Como coordinador territorial de un partido que aspira a tener representación en las Cortes Valencianas estamos dispuestos a trabajar para que esto no vuelva a ocurrir.

Lo que viene por el otro lado no es muy bueno que digamos. Habrá que pensar en la congruencia, oportunidad, proporcionalidad, sacrifico, buena gestión como los hermanos de viaje perfectos. Los próximos meses serán excitantes, apasionantes, llenos de expectación, pero eso sí, agárrense que vienen curvas.
Jamás un partido político hizo tanto daño a esta tierra

Es el Partido Popular de la Comunitat Valenciana. No me voy a andar con rodeos. Y eso que mantengo relaciones cordiales con miembros de la formación. Pero la situación es inaguantable. Nos hacemos eco de escándalos y despilfarros desde hace demasiados años. Exportamos titulares a los medios de comunicación nacionales que harían vomitar a una cabra.

Siento vergüenza al viajar con mis afines por otras partes de España y cuando digo que soy de Valencia enseguida me preguntan por la situación política. Ya me ha pasado dos veces y jamás hubiera pensado que tendría que taparme la nariz para hablar de algunos dirigentes políticos de la Comunitat.

El capítulo 237 del despilfarro y la chulería del PP nos deja en Feria Valencia. Un agujero de 1.027 millones de euros que tendremos que pagar todos los contribuyentes. Los responsables ni están, ni se les espera, ni pretendo que devuelvan el dinero porque ahora ninguna institución pública valenciana tiene capacidad para afrontar esa bola de despilfarro, sinrazón, buena vida y opacidad. Pero debería la justicia y el ciudadano exigir responsabilidades. En los tribunales y en las urnas. El tamaño del cráter económico es propio de un meteorito. Dos cifras. El presupuesto de la Generalitat para este año es de unos 17.000 millones de euros. El de sanidad son casi 5.400 millones. Es decir, el Abismo de Helm de Feria Valencia representa casi el seis por ciento de todo lo que tiene previsto gastar el Consell en 2014. Es una barbaridad. La feria de las vanidades lo llamaría yo. Mordor lo llamarían otros.

Jamás pastar en un presupuesto, sea público o privado -como dice la señora Barberá- fue tan cómodo y rentable. Le preguntaría a la alcaldesa ¿Quién es el/la responsable de haber decidido que la ampliación del recinto ferial se hiciera sobre los pabellones ya existentes y con un terreno lleno de desniveles, con el consecuente sobrecoste? El negocio tenía que quedarse en suelo municipal y nunca enfrente, en los solares de los militares, la opción más barata, la más sensata y la más cómoda porque no impedía el normal desarrollo de las ferias.

Insisto. La retaíla de casos es tan larga y grave que jamás un partido político había hecho tanto daño a esta tierra. Estoy seguro de que hay personas muy válida y honradas en las filas del PP de la Comunitat Valenciana. Tengo muchas caras en la memoria y podría bien señalar esos valores con el dedo sin miedo a equivocarme. Respeto sus creencias y sus posicionamientos, tan legítimos como otros, siempre que sean democráticos y no atenten contra las libertades y la ley. Pero esta ‘tierra de saqueo’, como titula un libro, ha destrozado la idea de una buena y sana democracia en esta Comunitat, ha dilapidado las libertades de los ciudadanos y ha hecho de la ley un guiñapo, una “muñeca de barranco”. Sí, aquellas muñecas que todos hemos visto de pequeños, abandonadas en un descampado, sin ropa, desnudas, con las extremidades amputadas, sin pelo y sin ojos. Así ha quedado mi tierra. Sin orden y buena gestión todo se viene abajo. Sin reconocimiento de los errores no hay corrección posible. Y algunos políticos se han reído de nosotros delante de nuestras narices. Como coordinador territorial de un partido que aspira a tener representación en las Cortes Valencianas estamos dispuestos a trabajar para que esto no vuelva a ocurrir.

Lo que viene por el otro lado no es muy bueno que digamos. Habrá que pensar en la congruencia, oportunidad, proporcionalidad, sacrifico, buena gestión como los hermanos de viaje perfectos. Los próximos meses serán excitantes, apasionantes, llenos de expectación, pero eso sí, agárrense que vienen curvas.

Resistiendo a bombazo limpio
fernando gonzález macías La Opinion 2 Octubre 2014

Pronto hará un año que Resistencia Galega atentó contra la Casa Consistorial de Beade, un pequeño municipio de la comarca del Ribeiro, gobernado por un alcalde, el popular Senén Pousa, que aún hoy no oculta su admiración por Franco. El delegado del Gobierno en Galicia está convencido de que la explosión de Baralla responde a la misma autoría. Por el modus operandi, por el objetivo elegido y las características del artefacto empleado, a los expertos policiales les caben pocas dudas sobre quién puede estar detrás de una acción terrorista con la que se trataba de causar estragos en la sede del ayuntamiento y de ese modo, tal vez, mandar un recado a su primer edil, también del PP, Manuel González Capón, que en el fragor de un debate sobre el independentismo violento, justificó actos represivos del franquismo, con la desafortunada argumentación de que quienes por entonces fueron condenados a muerte sería porque lo merecían.

En breve se sentarán en el banquillo varios presuntos activistas de Resistencia Galega detenidos en las últimas operaciones contra el último grupo terrorista que según el Ministerio del Interior permanece aún activo en España. Puede que la fecha elegida para el atentado de Baralla también tenga algo que ver con esa circunstancia. Con ello la banda consigue un notable eco mediático, al tiempo que pone en evidencia a quienes la creían desarticulada. Nada de eso. Está viva y en condiciones de seguir dándonos sustos, aunque apenas queden operativos unos cuantos elementos aislados, al parecer, sin apenas conexión entre ellos.

He ahí una de las peculiaridades de Resistencia Galega. Le resulta más fácil sobrevivir al acoso policial porque nunca fue un grupo perfectamente organizado, estructurado y jeraquizado, por más que en su considerada como acta fundacional se atribuye una inspiración militar al menos en cuanto a estrategia y objetivos. A decir de quienes conocen más a fondo el movimiento, se trata más bien de una marca genérica que da cobijo a independentistas gallegos partidarios de la lucha armada de diversa procedencia. Entre ellos se dice que incluso hay algunos antiguos simpatizantes o colaboradores del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe (EGPGC), nacido precisamente en las entrañas de la Galicia profunda.

Entre las fuerzas policiales les llaman los de la olla, porque lo habitual es que para perpetrar sus acciones recurran a artefactos caseros. Normalmente emplean ollas a presión o cacerolas en las que introducen pólvora u otros explosivos fáciles de obtener o fabricar. Y calculan la carga, sin pasarse. Lo suyo es provocar daños materiales, pero sin poner en riesgo la vida o la integridad física de nadie. Por eso, entre otras razones, no eligen villas ni grandes ciudades, ni lugares concurridos, y procuran que las explosiones se produzcan en mitad de la madrugada.

Los servicios de información policiales creen que matar o herir no estuvo, ni está, en el ADN ni en el plan de actuación de Resistencia Galega, que sin embargo es consciente de que cualquier día de estos una desafortunada casualidad -o un golpe de mala suerte- puede originar una víctima mortal. Sería un efecto colateral indeseado, hasta puede que lo lamentaran públicamente. Y es que en realidad no quieren sembrar terror, porque se les volvería en contra. Lo que desean es generalizar la sensación de que en Galicia hay gente dispuesta a dinamitar los cimientos de un sistema político que oprime (ellos dirían "asoballa") al pueblo gallego. Son unos pocos iluminados, que apenas cuentan con acólitos o redes de apoyo, ni con una mínima simpatía ciudadana. Pero están ahí, resistiendo. Esa es su advertencia? a bombazo limpio.

EL GOBIERNO PACTA CON EL PAÍS VASCO SOBRE LA LOMCE
El 'truco' del PNV para esquivar la 'ley Wert'
R.M.R. www.gaceta.es  2 Octubre 2014

Aunque en la teoría el País Vasco garantiza la enseñanza en castellano, la realidad es que el euskera está presente en las aulas como lengua vehicular.

El euskera quedará protegido con la Ley Wert después de que el Gobierno central haya cedido ante el País Vasco en un acuerdo por el que considera que la proporción de castellano y euskera en las aulas es "razonable". La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), que busca entre otras cuestiones la reafirmación del castellano como lengua vehicular en todo el territorio español, no tendrá efecto en la cuestión del aprendizaje de las lenguas en el País Vasco, pero tampoco serán aplicables los instrumentos de intervención del Estado contenidos en la Lomce si no se asegura el buen uso de la lengua cooficial.

Después de seis meses de negociaciones bilaterales entre el Ministerio de Educación y el País Vasco, el Ejecutivo liderado por Íñigo Urkullu ha logrado salvar el escollo que suponía la Lomce para su sistema educativo, que en la teoría garantiza dicha "proporción razonable" de euskera y castellano en los centros aunque la práctica apunte a todo lo contrario.

El 'truco' se esconde en los tres modelos -a elegir- que configuran el sistema educativo vasco. El modelo A, el minoritario, permite a los alumnos recibir las clases en castellano y contar con una asignatura en euskera. El modelo mixto es el B, el bilingüe, que garantiza el mismo número de horas de castellano y euskera en las clases. Por último, el modelo D es el que incide en que el euskera es la lengua vehicular, lo que conlleva que todas las clases se realizan en la lengua cooficial y relega el castellano a una sola asignatura.

Sobre el papel, el Gobierno autonómico garantiza la enseñanza en la lengua oficial y cooficial por igual. Sin embargo, los datos muestran que el modelo D, el del euskera como lengua vehicular, no sólo es el más común sino el mayoritario con creces en todo el País Vasco, en especial en la provincia de Vizcaya. Según la última estadística de Eustat relativa a las enseñanzas no universitarias en el periodo 2013/2014, sólo 57.029 alumnos en total eligieron el modelo A frente a los 231.277 que se decantaron por el D, mientras que el modelo mixto recibió un total de 70.906 estudiantes vascos. Los números se aplican desde Primaria hasta Bachillerato y el modelo D e siempre el más elegido excepto en los niveles de FP de grado medio y superior.
PNV: Una educación plurilingüe con el euskera como centro

La implantación de un modelo trilingüe -de castellano, euskera e inglés- que jubile al actual sistema, concebido desde el año 2010 y hasta ahora en fase experimental, ha sufrido un frenazo en 2014 tras perder un tercio de sus centros escolares y no parece que, por ahora, vaya a continuar expandiéndose. Orientado a garantizar la igualdad entre las lenguas, supondría dedicar el 20% del horario semanal a asignaturas impartidas en castellano, el 20% en inglés y el 20% en euskera, y arrancó bajo el gobierno de Patxi López en el periodo 2010/2011 en 40 colegios públicos y privados/concertados. Mientras que el número de centros se multiplicó hasta los 117 en el curso siguiente y se mantuvo en el año 2012/2013, en el año académico 2013/2014 -el primero del actual Gobierno del PNV- cayó un 34%, así como su financiación, 1,7 millones de euros en los primeros dos años y 1,15 millones en el curso pasado.

La consejera de Educación, Cristina Uriarte, ya argumentó que el modelo trilingüe tenía "fallos" porque el euskera es "débil socialmente" y prefería optar por "una educación plurilingüe con el euskera como eje central”. Ahora, con la protección que ha otorgado el Gobierno central al aún vigente sistema de modelos, Uriarte se ha mostrado satisfecha con el resultado porque "salvaguarda" su capacidad para determinar el aprendizaje del euskera, aunque, sin embargo, cree que no es suficiente. De esta forma, ha recalcado que el Gobierno vasco sigue estando en contra de la Lomce y que no retirará el recurso en el Tribunal Constitucional para acabar con una reforma educativa que, a pesar de las críticas, les ha garantizado continuidad en su sistema.

Navarra retira 22 libros de texto por incluir esta región en Euskal Herria
El Ejecutivo foral dice que la izquierda abertzale «utiliza los centros educativos para hacer manipulación política y adoctrinamiento»
Marta Fdez. Vallejo. El Correo 2 Octubre 2014

El Departamento de Educación del Gobierno de Navarra ha ordenado que se retiren 22 libros de texto por incluir mapas y referencias geográficas que sitúan a esta comunidad dentro de Euskal Herria y por utilizar la ikurriña «sin contexto que lo justifique». El consejero navarro, José Iribas, denunció ayer que «la izquierda abertzale está utilizando los centros educativos para hacer manipulación política y adoctrinamiento», algo que, aseguró, «no vamos a permitir». El Gobierno foral también anunció «medidas» para evitar la campaña de insumisión a la ley de reforma educativa, Lomce, que «algunos sindicatos» llevan a cabo en las escuelas navarras.

Los libros corresponden a seis editoriales y se refieren a la materia de 'Lengua vasca y literatura' de Primaria -alumnos de 6 a 12 años-. Se ha detectado, señaló el Ejecutivo foral, que no se «ajustan a la realidad institucional» de la comunidad, «ni al currículo educativo». «Se sitúa a Navarra en el contexto de un territorio que no le corresponde», detalla, por lo que supone «un tratamiento irrespetuoso de la realidad» de la comunidad foral.

Los responsables educativos han advertido de que esos manuales no serán financiados con fondos públicos, ya que en Navarra los textos escolares son gratuitos, y han pedido a los centros docentes que los sustituyan por otros con el aviso de que no podrán, de lo contrario, beneficiarse de las subvenciones. También han indicado a las editoriales que si quieren volver a ser utilizados corrijan esos contenidos.

Campaña de insumisión
Para el consejero de Educación navarro es «preocupante» que un solo libro que se estudie en las aulas «pueda llevar conocimientos falsos», por lo que insistió en que no van a consentir actuaciones de este tipo. Las autoridades navarras han puesto en marcha inspecciones en los centros educativos para «constatar si esos materiales siguen siendo empleados en las aulas».

No es la primera vez que el Gobierno navarro descarta manuales escolares por contener mapas físicos y políticos de Euskal Herria que incluyen a Navarra y referencias históricas y geográficas «que no se ajustan a la realidad». El año pasado también se retiraron libros de texto de las asignaturas de 'Conocimiento del Medio' de Primaria y 'Geografía e Historia' de Secundaria en una treintena de escuelas.

El malestar de las autoridades educativas navarras también respondía a la campaña de insumisión que se ha iniciado en la comunidad escolar, como en el País Vasco. El consejero navarro afirmó ayer que tampoco van a permitir iniciativas «totalmente rechazables», como que «desde la izquierda abertzale y sus sindicatos» se divulgue en los centros educativos una guía -denominada 'Gure gida'- que «tiene como objeto hacer frente a la Lomce y construir en Euskal Herria un sistema educativo propio».

Iribas defendió un currículo propio, «pero el de Navarra y su realidad institucional como comunidad diferenciada, con sus fueros y derechos, en el marco de la nación española y de la Unión Europea». Rechazó cualquier iniciativa «que pretenda vulnerar la ley» y tenga como objeto «propagar y divulgar la vía de la no aplicación de las normas».


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