AGLI Recortes de Prensa    Miércoles 8  Octubre  2014

Demoledor escrito del fiscal sobre la financiación de UGT
EDITORIAL El Mundo 8 Octubre 2014

EL ESCRITO presentado el lunes por la Fiscalía Anticorrupción ante el juzgado de Sevilla que investiga el caso de las presuntas facturas falsas de UGT-Andalucía señala a Manuel Pastrana y a Francisco Fernández Sevilla como los máximos responsables de «la financiación irregular del sindicato a través de la defraudación generalizada en las subvenciones recibidas relativas a fondos de formación». La demoledora relación de las prácticas corruptas que ha elaborado la Fiscalía, muchas de las cuáles fueron denunciadas y publicadas por este periódico, no deja demasiadas alternativas al juez instructor, Juan Jesús García Vélez, que tendrá que citar como imputados a los dos ex secretarios generales de UGT-A, tal y como pide el fiscal.

El escándalo es de tal envergadura que no se explica el silencio de Cándido Méndez en un asunto que afecta de plano a la honradez y la credibilidad de la organización. La Justicia tendrá que dilucidar si, en efecto, el sindicato se quedaba con el dinero destinado a la formación de los trabajadores. Pero no se pueden obviar las responsabilidades políticas de los máximos dirigentes nacionales, que no pueden alegar ignorancia sobre unas prácticas institucionalizadas a través de las cuales se desviaba demasiado dinero como para pasar inadvertido.

1980: el año que ETA segó 93 vidas
Miguel Ayanz. La Razon 8 Octubre 2014

Parece el título de un disco retro, pero la historia que cuenta está lejos de ser glamurosa ni de haber terminado, por más que haga cuatro años desde que la banda terrorista no mata. Iñaki Arteta, cineasta bilbaíno comprometido con las víctimas de ETA –ha estrenado antes otros siete largometrajes sobre el tema– presenta esta semana en la Seminci «1980», un viaje al auténtico año de plomo de los «años de plomo». En este conmovedor, documentado y contundente documental hay voz para ex terroristas convencidos de su error como Teo Uriarte, para periodistas como Florencio Domínguez, Isabel Durán y Cayetano González, para catedráticos que vieron la verdadera cara de las ideas que apoyaban, como Aurelio Arteta, para políticos como Marcelino Oreja, que fue aquel año ministro de Interior, o Antonio Merino, que lideraba AP en el País Vasco. Y por supuesto, para hijos, nietos, esposas y amigos de víctimas, al menos una veintena, que cuentan cómo abatieron a su marido, cómo se llevaron a su padre de casa ante sus ojos, cómo algún paisano en mitad de una plaza gritó «¡éste esta vivo!» para que lo remataran, cómo la muerte irrumpía en un restaurante o en un bar cualquier momento de un año que salió a un muerto cada cuatro días, y en que hubo en total 200 atentados y 93 víctimas mortales. También hay voz para testimonios como el del entonces consejero de Cultura del Gobierno Vasco, Ramón Labayen. Su forma de argumentar es en parte la de esa sociedad que callaba y miraba a otro lado.

El nacionalismo, en la esencia
Ésa es una de las ideas de fondo del filme de Arteta, quien atendió a LA RAZÓN: «Hay un clima, y más entonces. Una sociedad como la vasca, que está perpleja ante lo que está ocurriendo, o cómplice, incluso con los propios asesinos, y otra sociedad, la española, preocupada por la tensión de aquellos años, y también muy alejada de las víctimas. Una parte era comprensiva con el sustrato ideológico de ETA, que venía del franquismo. Esa actitud ha llegado hasta nuestros días», explica el director. «No se ha hecho aún un acto de contricción. Aquello no lo hicimos bien».

Después de tantos documentales, cuenta Arteta, «poco me puede sorprender. He entrevistado a cientos de víctimas en estos años. Sólo para las películas, más de 200. Lo que me llama la atención es la manera de matar que tenía ETA entonces: entraban a un bar, sin más, y abrían fuego». Tenían una red social de apoyos, de colaboradores, y recibían chivatazos sobre dónde cenarían los «txakurra» («perro», o sea, los guardias civiles y policías). Militares y políticos de centro-derecha fueron objetivos prioritarios no sólo aquel 1980, sino incluso durante los años posteriores: «Guardia Civil, militante del PP... Era lo mismo: ha habido gente a la que tenía cierta lógica que se matara. Esta fisura moral que se ha practicado durante tanto tiempo deja huella: la excesiva protección del derecho de los presos frente al olvido a que se ha sometido a las víctimas». Entonces, prosigue, «había una cultura cargada, más que de odio, de crueldad hacia la Policía y todo lo que viniera de lo español. Estaba en el ambiente». No había «asesinatos», había «atentados». En las esquelas de la prensa local se leía «fallecido» en vez de «asesinado». En los funerales, cuentan en el filme familiares de víctimas, los conocidos no se acercaban a darles el pésame. A los muertos se los enterraba rápido. «Las víctimas se encontraban que estaban en el lado de los enemigos, donde no tenían que estar». Se llegaba a asumir, como una verdad, la sensación de culpa. «Algo habrá hecho».

Lejos de hablar sólo –que no sería poco– de las víctimas, «1980» ofrece lecturas histórico-sociales interesantes. Como el papel de Francia en aquellos años –«tenían su santuario nada más cruzar la frontera. Si hubiesen acabado con eso mucho antes, las cosas habrían sido muy diferentes», recuerda Arteta– o el papelón de la Iglesia vasca: «Lamentablemente, y más para los creyentes, no ha tenido un comportamiento digno ni cristiano con las víctimas. La mayoría se ha situado con el terrorismo. Lo que ocurría era ‘‘por una buena causa’’. Creo que todavía, aunque la gente hable menos de esto, hay personas que siguen pensando lo mismo». El testimonio en el filme del ex obispo de San Sebastián, José María Setién, es en este sentido clarificador.

En el filme surgen también reflexiones acerca de la esencia misma del nacionalismo. Arteta habla claro: «Allá cada uno con su conciencia. El nacionalismo ha sido algo necesario para la violencia terrorista. Si no hubiera habido ese sustrato de independentismo, de generar mensajes de opresión, la violencia no hubiera aparecido en nuestro país. Como todo lo que tiene que ver con nacionalistas, se reduce a tres premisas y además son falsas. Es una cuestión de conciencia. O crees o no crees».

Un relato peligroso
Se han estrenado, desde la Transición, medio centenar de películas sobre ETA. Para Arteta resulta curioso que «el compendio de lo que se ha hecho en torno a este tema, hasta ayer mismo, hasta mañana, porque hay otras en camino, da una medida de lo que importa a los autores. Realmente, las víctimas han interesado muy poco». A él, en cambio, siempre le han preocupado: «Son un caudal de historias y la parte más sensible, la que más ha sufrido todo esto. Cada historia de una víctima es una película en sí misma». Sin embargo, lo normal en el cine español no ha sido acercarse a estos dramas. Y esboza una advertencia: «Todo eso forma parte de un relato que se va construyendo. El cine es una parte de eso. Pasa el tiempo y sólo se elaboran narraciones que tienen que ver con la acción terrorista... Lo que se está construyendo es un relato un poco peligroso. Si en algún momento estamos en una lucha cultural contra el terrorismo es ahora, porque los que la han ejercido están en las televisiones, en las tertulias, en la política... Querían tener el poder para cambiar la historia». Hacer un filme como «1980», cree, tiene un «sentido historico y de contrapeso frente a todo lo que pueda defender o dejar en una posición ambigua frente a los que han hecho tanto daño». Y llama a no olvidar: «España es lo que es ahora por todo lo que ha sufrido por el terrorismo». Porque, pese a la tregua, otras cosas no han cambiado: «Los pueblos en que hemos rodado están llenos de pancartas: en Oñate, en Mondragón... La exhibición proetarra sigue». Y recuerda: «El objetivo para ellos es el mismo: ganar».

CORRUPCIÓN
Ante el fraude de la ética política
El autor estima necesaria una modificación del funcionamiento de los partidos políticos y los sindicatos
Piensa que los principios deontológicos son el fundamento imprescindible del sistema democrático
MANUEL NÚNEZ ENCABO El Mundo  8 Octubre 2014

ANTE EL foco actual de la corrupción en Caja Madrid, más allá del morbo y del comportamiento escandaloso de los implicados, hay que resaltar la responsabilidad de las organizaciones sindicales y en mayor medida de los representantes de los partidos políticos como causa primera de un sistema de nombramientos que en sí mismo facilita la corrupción. Es un modelo antidemocrático que se repite constantemente. Este caso no será el último ya que está emergiendo el nuevo escándalo del nombramiento del presidente de RTVE, intentando ocultar y mantener al mismo tiempo la situación ilegal de cuatro miembros del Consejo de Administración con mandatos caducados desde casi dos años.

A la espera del desarrollo y finalización de este nuevo test político democrático de RTVE y limitando mi análisis al caso de Caja Madrid, en esta ocasión, respecto a la responsabilidad jurídica-judicial, se reproduce la ineficacia del proceso judicial, ya puesto en marcha desde hace cerca de dos años por la Audiencia Nacional, referente al rescate de Bankia que afectaba ya a los directivos de Caja Madrid sin ningún resultado todavía.

Ahora se acumularán nuevos indicios y circunstancias, en un proceso abierto sin fecha de finalización, con una tardanza jurídica que en el ritmo de la sociedad de la información traslada la sensación de impunidad jurídica a los ciudadanos y a la opinión pública. Ante esta situación los representantes de los partidos políticos esperan que la tormenta escampe, intentando capear el temporal con expresiones de indignación cara a la galería como «algo que remueve el estomago, asco moral...». Utilizando también una vez más la manipulación de la ética reduciéndola a meras operaciones de imagen de estética. Como muestra de esta operación cosmética ya se ha anunciado por PP y PSOE la puesta en marcha de las denominadas Comisiones de Garantías de carácter pretendidamente ético. Son órganos internos sin independencia ni imparcialidad ya que quienes decidirán las responsabilidades son al mismo tiempo representantes políticos del mismo partido al que ya pertenecen los posibles infractores, siendo jueces y partes.

Una vez desprestigiado ya el marco jurídico-judicial del Estado de Derecho lo más grave de estas operaciones de estética es que sirven para el desprestigio de la alternativa de la responsabilidad ética que es la más adecuada para complementar la ineficacia jurídica-judicial, por la rapidez de sus actuaciones y la autoridad moral y social de sus resoluciones siempre que esté garantizada por la existencia de las tres características que configuran todo autocontrol ético auténtico de acuerdo con el Consejo de Europa: código deontológico elaborado y aprobado con total participación democrática del ámbito político; comisión inde- pendiente integrada mayoritariamente por personas no pertenecientes a los partidos políticos que actuando con imparcialidad garanticen su cumplimiento; y resoluciones públicas para conocimiento de los ciudadanos con efectos inmediatos sobre los afectados. La asociación de ex diputados y ex senadores de las Cortes Generales de gran representatividad por su carácter apartidista ha hecho un llamamiento ético en el mismo sentido.

La salvaguarda de los valores éticos es el fundamento imprescindible del sistema democrático para evitar la corrupción política. En este camino para la regeneración democrática los partidos políticos y también los sindicatos deberían llevar a la práctica urgentemente la garantía del comportamiento ético, con las características señaladas como la mejor inversión para la credibilidad social, porque la ética es el medio mejor para asegurar también la mayor rentabilidad política.

Manuel Núñez Encabo es Catedrático Europeo Add Personam de Ciudadanía Europea y catedrático de la Facultad de CCII de la U. Complutense.

Lo que Rajoy no dice a Mas
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 8 Octubre 2014

Ante el reto secesionista catalán, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha limitado a insistir en el estricto cumplimiento de la legalidad. Una obviedad que ningún dirigente necesita manifestar: se da por supuesto en cualquier Estado de derecho. Algo así como si pregonase solemnemente la prohibición de cometer delitos. Lo que Rajoy no explica a Artur Mas es el origen de esas leyes que el presidente autonómico amenaza con saltarse a la torera. Evita proclamar en público que el marco institucional ciertamente nefasto, caótico y disfuncional fue impulsado y determinado hace más de tres décadas por Convergencia: por aquéllos que ahora denuncian sus defectos para exigir la independencia.
"Mira, Artur, nos impusisteis un sistema autonómico disparatado y, pasado un tiempo, impugnáis vuestra propia propuesta. Para este viaje no hacían falta alforjas". No, no esperen que Rajoy traslade estos pensamientos a su discurso. Que reproche al nacionalismo catalán haber condicionado en su beneficio la legalidad española para arrojarla como un kleenex cuando ya no sirve a sus propósitos. Difícilmente admitirá Mariano que los pactos de la Transición fueron un auténtico despropósito, un enjuague infumable, eso sí, muy rentable para los que se repartieron la tarta. Un rosario de componendas a costa del ciudadano donde Caja Madrid, y sus tarjetas opacas, no fue más que un particular microcosmos, una pequeña muestra del generalizado apaño entre partidos, sindicatos, patronal y Casa Real, que caracterizó toda una época.

Sostenía el gran economista norteamericano Mancur Olson que las democracias poseen un notable talón de Aquiles, una potente deriva que las arrastra hacia la degeneración. Una tendencia a que el Estado sea tomado lenta y paulatinamente por minoritarios grupos de presión. Pero la tesis de Olson no se ajusta del todo al caso español. Los grupos de intereses no procedieron de forma pausada o gradual: capturaron completamente el sistema político con inusitada celeridad, prácticamente desde el minuto cero. Y se apropiaron indecorosamente del pastel con grave perjuicio para el ciudadano. Hoy no eres nadie si no perteneces a alguno de esos grupos.

El enjuague de la Transición
El mal llamado consenso de la Transición fracasó a la hora de fijar unas reglas del juego coherentes, diseñar los adecuados mecanismos de control o garantizar un funcionamiento neutral de las instituciones. Los partidos nacionales disponían de talento sobrado para confeccionar por sí mismos una soberana chapuza, pero el nacionalismo catalán aportó su crucial granito de arena: el carácter completamente abierto, extremadamente ambiguo del sistema autonómico. Tan indefinido que no se trataba de una organización territorial propiamente dicha sino de un proceso, un camino que podía llevar a casi cualquier lugar, siempre que se fueran alcanzando los oportunos cambalaches.

Un Título Octavo de chicle y plastilina permitía límites insospechados, siempre en beneficio de los partidos y sus caciques. La generalización a cuantas comunidades autónomas pudieran constituirse, el famoso “café para todos”, fue impulsada por los políticos nacionales al tomar conciencia de que la descentralización incontrolada multiplicaría exponencialmente los cargos a repartir entre sus miembros, extendería las garras partidistas hasta el último rincón del territorio para ordeñar la vaca con mayor eficacia.

Los nacionalistas catalanes no cambiaron de criterio: siempre fueron partidarios de la independencia. Quizá hubiera sido más limpio y honrado manifestarlo desde el principio pero la sinceridad es un bien muy escaso en política, especialmente si impide participar en la intensa rapiña que ya apuntaba. El sistema autonómico no sería un fin sino un medio para conseguir sus metas, una vía que proporcionaría ingentes medios materiales para ir convenciendo a unos ciudadanos que, en su mayoría, no compartían tales fines. "El Estatuto está agotado", fue el eufemismo para indicar que el flexible marco legal había llegado al tope de estiramiento, que ya no permitía arañar más poder, más competencias. Era el momento de buscar otras vías por las que alcanzar sus mal disimuladas metas.

La estrategia a largo plazo marca la diferencia
Algunos protagonistas insinúan que el éxito del nacionalismo catalán se basó en su habilidad para engañar a los demás partidos, para hacerles creer que aceptarían por siempre el marco institucional vigente. Pero este extremo resulta poco convincente. El mal llamado consenso constitucional estuvo atestado de pícaros pero escaseaban los ingenuos; mucho granuja simpático, pocos tontos. Nadie resultó engañado. Los políticos de Convergencia no eran más avispados ni más tramposos que el resto. Tampoco menos corruptos. Pero mantenían una sustancial diferencia: los nacionalistas poseían una estrategia de largo plazo frente al planteamiento miope y cortoplacista de sus colegas. Esta ventaja sería crucial con el paso del tiempo.

El mal llamado consenso constitucional estuvo atestado de pícaros pero escaseaban los ingenuos. Nadie resultó engañado
A Adolfo Suárez y compañía les preocupaba poco el texto definitivo de la Constitución, mucho menos sus consecuencias a largo plazo. Lo importante era la foto final con todos los representantes sonriendo, esa estampa que permitía vender como reconciliación nacional lo que era reparto de un jugoso botín. Sabían que la bomba nacionalista estallaría algún día, especialmente si se cebaba concienzudamente pero ¿quién teme a una explosión que se demora décadas? Poco importa el futuro lejano cuando el presente ofrece una vida lujosa y regalada a costa del contribuyente. El apaño constitucional compraba tiempo aunque agravara el problema. "Ya lo resolverá quién venga detrás". El invento mantendría al nacionalismo catalán en el redil durante un tiempo, aun engordando en el pesebre del presupuesto hasta alcanzar un tamaño descomunal.

El reto soberanista no es una baladronada ni una treta para conseguir mejor financiación, que también. Es un envite serio, con un horizonte temporal que va mucho más allá del 9 de noviembre. Un órdago que, pese a su aparente inferioridad, tiene opciones de resultar exitoso pues se enfrenta, de nuevo, a unos dirigentes extremadamente cortoplacistas. A esos miopes que han gobernado España durante las últimas décadas con la vista en el más grosero día a día, sin comprender el significado de la palabra futuro. Artur Mas los conoce muy bien.

UPyD: ¿regeneración o irrelevancia?
El autor cree que el proyecto fundacional del partido ha entrado en una crisis que puede acabar banalizándolo
Considera urgente un Congreso Extraordinario para evitar que la formación caiga en la marginalidad política
ENRIQUE CALVET El Mundo 8 Octubre 2014

PARTAMOS DEL principio de que muchos creemos que UPyD se justifica por su Manifiesto Fundacional, y que eso lo hace único en el panorama de los partidos españoles. Entendemos que ningún otro recoge, como el citado Manifiesto, la ruta y los objetivos para una España democrática moderna, más libre, próspera, solidaria y basada en ciudadanos, que no en territorios, libres e iguales. Y trabajamos para construir esa España de los futuros 30 años desde este grave momento histórico. UPyD es, para muchos, un instrumento único, radical e indispensable. Pero UPyD ha entrado en crisis. Y creemos que hay que reaccionar urgentemente. La crisis viene de hace un tiempo, pero se ha mostrado nítidamente tras las elecciones europeas. Dichas elecciones, y cito a politólogos avezados, han producido un tsunami, con un antes y un después. Y UPyD, a nuestro juicio, no puede ser avestruz ni aferrarse a la inercia. El riesgo es enorme.

Para el partido, el desastre consiste en caminar hacia la irrelevancia. Un análisis serio y honesto de las mentadas elecciones enseña que UPyD retrocedió y, sobre todo, muestra un tremendo fracaso: UPyD no ha sido capaz de generar ilusión, ni ser referente, ni tener credibilidad para ninguno de los tres millones de votantes de su nicho que prefirieron la abstención. UPyD se ha banalizado o esclerotizado políticamente, y eso, sencillamente, no puede ser. Algunos llevábamos tiempo analizando la deriva, siempre desde el análisis político y huyendo de personalismos morbosos. De ahí nace nuestra convicción de proponer a compañeros y simpatizantes un Congreso Extraordinario Urgente (CEX-U). Básicamente, encontramos tres razones para ello.

En primer lugar, debemos reconocer que tras siete años, UPyD no ha logrado la construcción de un partido potente, motivado, presente en toda España, eficaz en la calle (somos demasiado pocos) y atractivo. Baste saber que los que lo han abandonado, suponemos que desencantados, son casi el doble de los que quedamos. Eso hace necesario cambiar métodos, pericias organizativas, política meritocrática, objetivos, etc., para recobrar impulso. Tal y como funciona, es difícil creer que UPyD tenga opciones de ser un partido de gobierno.

En segundo lugar, creemos poder fundamentar con rigor errores importantes de estrategia política que han sembrado confusión o desapego de las ideas torales que defendemos. No se trata de exponer aquí detalles íntimos, pero podemos citar dos conceptos como son el desacierto absoluto del análisis oficial de las últimas elecciones y el desaprovechamiento y posible error de enfoque de nuestra presencia y actividad en muy diversas instituciones, desde las cuales se debería, prioritariamente, trabajar al servicio de nuestro Manifiesto Fundacional. También ha salido, en los últimos tiempos y en los medios, el tema de la política de alianzas, preñado de morbo. No tiene nada que ver con nuestra iniciativa por un CEX-U, aunque es una acción estratégica más que merece ser estudiada, con mucha profesionalidad y poco personalismo, dentro de nuestros fallos estratégicos. Nuestra iniciativa es de otro calado, no enfoca estrategias coyunturales, sino la regeneración de UPyD.

Finalmente, y probablemente lo más grave, hay evidencias de que los mensajes claros, radicales y esenciales se han diluido, a veces hundidos en la banalización, a veces víctimas de contradicciones flagrantes y torpes, a veces por actitudes nefastas. Eso es correr hacia la irrelevancia. Ante esta situación y análisis político, ajeno a toda salsa rosa personalista, opinamos que, demostrando calidad de gran partido, capaz de adelantarse a los tiempos, UPyD necesita retomar todos esos temas. Eso se hace, democráticamente, en un Congreso Extraordinario ¿Por qué urgente? Sabemos del coste y de los aspectos de inoportunidad, pero nuestro análisis nos lleva a pensar que hay que regenerar UPyD urgentemente para encarar de manera fresca, ilusionada, reforzada y potente las próximas elecciones, ya que estimamos que seguir la inercia nos lleva a una debacle por irrelevancia. Y hacer un CEX después de la debacle, ya no sirve para renacer.

Por eso, como upyderos convencidos y en el ejercicio de nuestra vocación de políticos de política mayor, hemos lanzado la iniciativa para un Congreso Extraordinario Urgente. Primero, estamos elaborando ya entre los más posibles un documento/diagnóstico riguroso y justificativo de la necesidad del CEX-U. Segundo, queremos argumentar con cuantos compañeros y amigos sientan nuestra inquietud para dar la mayor solidez y universalidad a la iniciativa. Tercero, canalizaremos los resultados de nuestra iniciativa a nuestras instituciones.

Y, como nos hacemos la ilusión de que lo que le pasa a UPyD le atañe e interesa a toda la ciudadanía española, lo hacemos a pecho descubierto y con la máxima participación posible. Todo menos la inercia hacia la irrelevancia de un proyecto único e indispensable.

Enrique Calvet pertenece al Comité Económico y Social de la Unión Europea, fue miembro de la Oficina de Buenas Prácticas de UPyD y fue el número cinco de la lista de este partido en las últimas Elecciones Europeas.

Populismo
Votar a Podemos es votar contra Europa y la democracia
Carlos Alberto Montaner Libertad Digital 8 Octubre 2014

Un viaje sorpresivo a Madrid me llevó a una reunión de escritores y artistas amigos donde tuve una extraña sensación de déjà vu, de haber pasado antes por algo similar.

Hablaban de la fatiga y el rechazo que les producían todos los partidos políticos con los que alguna vez estuvieron ilusionados. Todos estaban profundamente molestos con el nivel de corrupción denunciado en el país, y ya se sabe que la corrupción duele mucho más en tiempos de crisis.

No eran muchos. Tal vez una docena. Casi todos pensaban castigar a los viejos partidos votando por una nueva formación antisistema llamada Podemos, dirigida por un joven profesor marxista de nombre Pablo Iglesias.

Todo me recordó a Caracas, en 1998, unos meses antes de la elección en que salió electo Hugo Chávez. Ése era el déjà vu.

Los venezolanos también estaban fatigados con los partidos políticos tradicionales. Querían votar por alguien fuera del sistema. Acabaron haciéndolo por Hugo Chávez y precipitaron al país en una espiral de violencia, más corrupción y una infinitamente mayor ineficiencia.

Pablo Iglesias es el equivalente español de Hugo Chávez. Más aún: se conocen las relaciones entre el chavismo y el grupo Podemos, parcialmente financiado por los venezolanos. Se sabe que una parte sustancial de la estrategia política y de las teorías constitucionales del Socialismo del Siglo XXI procede de grupos radicales vinculados a la Universidad de Valencia muy presentes en Podemos.

El asunto es muy grave porque ser antisistema en España y votar por Podemos es votar en contra de la Unión Europea, contra el euro, el mercado y la democracia.

La Unión Europea se sostiene en los criterios de Copenhague, adoptados en los años 90:
Un criterio político: los países deben conformarse de acuerdo a los principios de la democracia liberal.
Un criterio económico: los países miembros deben ser economías de mercado basadas en la libre competencia y la existencia de propiedad privada.
Un criterio institucional: deben estar dispuestos a cumplir con las normas europeas y sufragar los gastos que les corresponda.

Podemos se opone a esos tres criterios. Votar por ese partido es votar contra la idea de una Europa libre, democrática y unida.

Como ocurrió en la Venezuela de Chávez, será comprar soga para el pescuezo propio. Una absoluta locura que llevará a los españoles a la catástrofe.
elblogdemontaner.com

Llegar al fondo del estercolero
Melchor Miralles www.republica.com 8 Octubre 2014

Este fin de semana ha habido almuerzos y cenas a mansalva de los que un día fueron gente guapa y hoy son la vergüenza nacional. En muchas fincas se han encerrado prebostes del trinque y la mangancia. Se están destruyendo pruebas. Se planifican defensas. Se diseñan estrategias para eludir responsabilidades. Algunos dicen que van a poder probar que Hacienda lo sabía y lo autorizó (no lo creo, pero si fuera así Montoro Y Rajoy se tendrían que ir de España). Se culpa al del bigote de haberse esfumado en sus viajes alrededor del universo dando doctrina. Hay acojono. Saben que el asunto no hay quien lo pare. Les consta que queda mucho por saber. Y tienen miedo a terminar a la sombra. Aunque los abogados de postín les dicen que estén tranquilos, que es tanta y tan grave la merde, y afecta a tantos en las máximas alturas, que al final el régimen encontrará una salida. Aunque ya les han hecho saber que algunas cabezas tienen que rodar. Pero el Ibex 35 y sus aledaños están que nos les llegan las elegantes camisas a sus cuellos blancos enfangados de marrón.

Lo de las tarjetas negras de Caja Madrid es el acabose. El icono del desastre que ha sido. La definición perfecta, iconográfica, de la severa crisis institucional que ha puesto al régimen contra las cuerdas. Una caja en la que mandan políticos y amigos de los políticos, empresarios y sindicalistas emite tarjetas corporativas en secreto cuyos gastos se ocultan a Hacienda. Entre 15 y 20 millones de euros que se evaporan Y cuando se sepan las cantidades al detalle y en qué se lo gastaron va a ser de traca. Y de todo esto nos enteramos porque los actuales ejecutivos de Bankia, con Goirigolzarri a la cabeza, informan de ello al FROB y porque UPy D puso una querella. Si no se habrían ido de rositas.

Y quedan por conocerse todos los correos electrónicos de Blesa, que son la bomba, y terminaran saliendo. Por eso se cargaron al juez Elpidio Silva, al margen de que cometiera errores. Y quedan por depurarse las responsabilidades políticas y morales no ya de los responsables directos, sino de quienes les colocaron allí donde podan incurrir en estos comportamientosresponsables directos, sino de quienes les colocaron all cometiera errores. Y quedan poir deían incurrir en estos comportamientos. Porque estos siguen todos en sus puestos como si no fuera con ellos la cosa. Y sí que va. Porque ellos, junto a la CNMV, el Banco de España y el resto de las instituciones públicas, tenían la obligación de controlar la cosa. Y no lo hicieron.

El daño moral, ético y económico ya está hecho. Ahora es ineludible que paguen todos los culpables en el ámbito jurídico y en el político. Lo judicial va lento. Lo político debe ir rápido. Y concierne a PP, PSOE, IU, CCOO, UGT y patronal, por ahora. No basta con pedir perdón, como ha hecho Pedro Sánchez. Hay que llegar al fondo del estercolero. Si no las consecuencias pueden ser peores de lo que imaginamos.

Y mientras tanto, en Podemos se frotan las manos. Cada día que pasa el régimen se sigue descomponiendo y ellos crecen y crecen en todas las encuestas y sondeos. Pese a que Arriola, el de los frikis, le diga a su cliente que va a ganar por mayoría absoluta, el miedo a Podemos le quita el sueño a todos. Desde la Zarzuela hasta La Moncloa, pasando por Ferraz, Génova y compañía están con el miedo en los huesos. Por su mala cabeza. Y por tanta golfería que se ha tolerado hasta la náusea.

El nacionalismo y la ‘tabula rasa’
Xavier Pericay www.cronicaglobal.com 8 Octubre 2014

Hará cosa de un año, le leí a un nacionalista conspicuo, de esos que martillean sin descanso a los que no piensan como él, una curiosa teoría. Decía el hombre que ya estaba bien de denunciar el modelo de inmersión lingüística y, en general, la escuela catalana por su adoctrinamiento. Que sí, que de acuerdo, que la escuela catalana tal vez adoctrinara a niños y a no tan niños inculcándoles una determinada visión del mundo, unas ideas y unas creencias, pero que algo parecido y sin duda más grave había hecho en su momento la escuela franquista, sin que tal práctica dejara en los sufridos escolares de antaño otra secuela que una muy sana aversión a toda clase de totalitarismos. En una palabra, que incluso en el supuesto de que el adoctrinamiento de ahora fuera en verdad tan opresivo como el de entonces nada había que temer, dado que la rebelión ciudadana, cuando menos en el orden del pensamiento, estaba garantizada.

Pero este no ha sido el caso, como bien sabe el conspicuo nacionalista. Quizá por eso traza el paralelismo entre un tiempo y otro y se queda tan pancho. Y no ha sido el caso porque no es lo mismo adoctrinar en un régimen dictatorial, sin libertades, donde en apariencia todo es impuesto, que hacerlo en uno democrático, donde las formas coercitivas son mucho más sutiles y difíciles de detectar y, en consecuencia, mucho menos sujetas al rechazo frontal, a la crítica y hasta a la parodia. Pero el pasado viernes, escuchando el discurso de agradecimiento de Inger Enkvist por el Premio a la Tolerancia que acababa de serle concedido, comprendí que, aparte de esa diferencia, hay otra más honda y no privativa, por cierto, de la enseñanza catalana. Se refirió Enkvist en su parlamento al impacto de la posmodernidad en el pensamiento contemporáneo y, en concreto, a la penetración que ha tenido en el mundo de la educación y en los medios de comunicación —dos de los pilares en que se sustenta cualquier régimen de libertades— la creencia de que la verdad no existe, de que cada uno posee su propia verdad, de que la realidad, en definitiva, es inaprensible, por lo que todo intento de entenderla y de traspasar ese conocimiento a las generaciones futuras estará condenado al fracaso.

No sé si reparan en el efecto que una operación de este tipo puede tener sobre las conciencias, tan maleables, de un escolar, un bachiller o incluso de un universitario. Se trata, en el fondo, de una suerte de lavado integral, de conversión en tabula rasa, cuya principal víctima es el conocimiento. Si nada es verdad, si todo puede ser mentira, ¿qué sentido tiene transmitir el saber? ¿Para qué la historia, la filosofía, el arte, la cultura, la ciencia, si todas esas disciplinas están sujetas, al cabo, a una constante impugnación de sus contenidos? No es de extrañar, en semejante contexto, el éxito alcanzado por el constructivismo entre los maestros o la porfía con que los profesionales de la información aluden a las versiones de los hechos para no tener que enfrentarse con la verdadera naturaleza de esos mismos hechos. Esa dejación de responsabilidad por parte de docentes y periodistas, esa desertización del pensamiento del niño, del adolescente y, en buena medida, del adulto, esa penetración incontrolada del relativismo, constituyen un terreno abonado para los prejuicios, las ficciones, la intolerancia y el esencialismo. O sea, para todo aquello que suele acarrear el nacionalismo en cualquiera de sus formas.

Lo curioso es que esa obra de derribo de la educación de raíz liberal —la que se asentó en el primer tercio del siglo XX y, mal que bien, siguió en pie durante el franquismo— fue cosa de la izquierda española, encabezada por el entonces mayoritario PSOE, allá por los ochenta y noventa del mismo siglo. Quiero decir que el nacionalismo de CIU y PNV, hegemónico en Cataluña y el País Vasco y de perfil marcadamente conservador, se limitó a verlas venir. Y a aprovecharse de lo que vino, claro está.
Me temo que nunca ponderaremos lo suficiente la responsabilidad de la izquierda española en el auge de los nacionalismos tristemente históricos.

Desobediencias (y II): Cataluña no es ninguna unidad de destino en lo universal
Jordi Carrillo www.cronicaglobal.com 8 Octubre 2014

Continuamos, y concluimos, la serie iniciada aquí donde distinguíamos entre la desobediencia de Martin Luther King, la de quien acepta el castigo por denunciar la injusticia, y la desobediencia de Martin Junqueras King, la de quien quiere imponer su ley, vamos, la del golpe de Estado. De hecho, y aquí nos inclinamos ante el preciso diagnóstico del profesor Rubio Llorente, si se contraviene la ley desde el aparato estatal, no se trata ni siquiera de desobediencia: es una mera y miserable actuación ilegal.

Cuando nos referimos al concepto de unidad de destino no estamos refiriéndonos paso al catecismo falangista, sino al pensamiento de Ortega y Gasset: "Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelante, de grandes utilidades ". Pues bien: si algo no se podrá jamás predicar de un hipotético Estado catalán (propio e independiente, se entiende, no la carnestoltada que IC-V propugna) es exactamente eso: la existencia de una comunidad de propósito. Y esta afirmación no resulta de la división entre los catalanes españoles, con o sin complejos, y los catalanes soberanistas, como lo llaman, sino de las diferencias entre los propios soberanistas.

Pues efectivamente, si algo ha caracterizado el "proceso" escocés ha sido la unanimidad entre los independentistas: Alex salmodia y el SNP hablaban por todos. No había ninguna otra voz a considerar. En cambio, en Cataluña, el frente pro-referéndum se compone de seis partidos. Nos equivocaríamos si atribuyéramos esta pluralidad a la idiosincrasia catalana, de la que uno de los rasgos más definitorios es, tal como el escritor Miquel de Palol hacía decir a uno de sus personajes, que "Cataluña debe ser el único lugar del mundo donde es más importante no dejar pasar los otros que pasar tú mismo ". Un rasgo que tanto nos ayuda a entender la proliferación de Mesías, y su inmediata defenestración, en ambientes independentistas. Pero no. Estas divergencias van mucho más allá de los personalismos: Falta unidad de propósito. De hecho, aún aceptando el riesgo de error cuando se trata de escudriñar el pensamiento de un personaje como el Presidente Rajoy, pensamos que el núcleo de su estrategia "dontancredista" se encuentra la constatación de esta falta.

Unas diferencias que giran básicamente en torno a dos aspectos. El primero es el objetivo final del proceso. Así es: Empezando por los federalistas "con contenido" de IC-V, pasando por los confederalistas de UDC (visceralmente antiindependentistas) y los partidarios de las "estructuras de Estado" de CDC, llegamos a los independentistas de ERC y las CUP. Todos ellos presentes en el Parlamento de Cataluña, por lo tanto con toda la legitimidad democrática, es decir, bajo el paraguas de la legalidad, española por supuesto, para proponer a las Cortes españolas un nuevo pacto constitucional, lo que sea: Romper España, confederalitzar- la, federalizar-o singularizar Cataluña. El pacto que sea. Pudiendo hacerlo, el Parlamento de Cataluña no se ha dignado a hacer ninguna propuesta. Y todos sabemos por qué: Porque los soberanistas no son una unidad de destino.

La segunda discrepancia, y aquí es donde queríamos ir a parar con este artículo, se refiere a los medios, y más en concreto, a la desobediencia / insurgencia, aunque el que sigue bien se podría aplicar también a otro medio, la democracia extraparlamentaria / referendaria, si es que tal cosa existe. El consejero Espadaler lo formuló de manera sucinta: "¿Cuáles serían los límites de esta desobediencia: qué leyes podemos desobedecer y cuáles no? Qué del Parlamento y cuáles del Estado?" Nos malicio que detrás de esta pregunta retórica subyace un hecho inapelable: En Cataluña la revolución nacional será la antesala de la revolución social. O en otras palabras: Quién aprueba la insurgencia como método para la revolución nacional de mañana, la está validando para la revolución social de pasado mañana.

Y eso lo sabe todo el mundo. Lo sabe el Sr. Espadaler. Lo sabe el Sr. Mas, al que el asalto de doce sedes de CDC, partido del cual es secretario general, durante el principio de levantamiento de Can Vies le habrá recordado, si por casualidad lo había olvidado, como se encontró la fábrica del su padre después de una ocupación de huelguistas. Lo sabe la Sra. Colau, quien no hace ni una semana respondió a preguntas de Eduardo Inda "No soy ni independentista ni nacionalista ... Me Plante votar sí porque vemos una oportunidad de ruptura con el régimen". Y naturalmente lo sabe este político español que si fuera calvo en lugar de llevar cola sería la reencarnación de Lenin, y que se llama Pablo Iglesias, cuyo partido también ha llamado a la desobediencia. Vaya, no nos sorprendería que el Sr. Iglesias soñara una Cataluña independiente por la vía insurreccional acaecida un foco revolucionario por toda la Europa del sur, tal como Lenin deseaba la derrota rusa en la guerra contra Japón.

Todo ello no sería nada nuevo en Cataluña. También ahora, si se llegara a la independencia por la vía insurreccional, nos iríamos hacia un intento de revolución social y un conflicto civil de mayor o menor intensidad entre soberanistas, que es lo que sucede siempre que la autoridad española, del signo que sea, se evapora en Cataluña. Can Vies será un juego de niños al lado de lo que vendrá. Los dos episodios Historia de Cataluña en que tal circunstancia se ha dado, por un lado el levantamiento de Els Segadors, un periodo sobre el que cuesta tanto encontrar buenos estudios en los estantes de las librerías y sobre el que ni siquiera D ª. Gabancho ha escrito, y, por otro, Julio 1936, han venido seguidos de un intento más o menos exitoso de revolución social y de conflicto civil. Es decir, ausente España, las profundas divisiones catalanas se manifestarán sin contención, y de qué manera! El momento presente tampoco será una excepción. La única razón por la que hoy en día la autoridad española en Cataluña podría desaparecer sería un agravamiento de la crisis del euro, en absoluto resuelta, que dejara el país económicamente de rodillas. Ahora bien, tal contexto habría llevado previamente las tensiones sociales en Cataluña a cotas altísimas, caldo de cultivo para que la ocupación de calles, bancos y fábricas no cese, sino intensifique, lograda la independencia.

La excepción en la Historia de Cataluña es la unidad. Cataluña no es una unidad de destino, como tampoco lo es la Cataluña soberanista. No es casualidad que el Maquiavelo de Alcampell ha evitado como si fuera la peste hacerse una foto junto a los Sres. Herrera y Fernández. Los Sres. de CDC no se dan cuenta que algo chirría en la foto del frente pro-referéndum? Saben cuál será su suerte el día que la protección que España les garantiza desaparezca? No se dan cuenta que son los segundos de la lista?

¡Pero qué olfativo tenés coño!

Oriente Medio
Golpear al Estado Islámico... menos donde importa
Michael Rubin Libertad Digital 8 Octubre 2014

El pasado día 3 el Pentágono anunció otra serie de ataques aéreos contra el Estado Islámico (EI) en Siria y en Irak. En Siria, un ataque al sur de Al Hasaka destruyó una guarnición del EI, mientras que otro al sur de Deir Ezzor destrozó dos de sus tanques. Dos bombardeos al norte de Raqa afectaron a dos refinerías modulares de petróleo y a un campo de entrenamiento del EI; en otro ataque al nordeste de Alepo se vio afectado un edificio ocupado por el EI. Un ataque contra una de sus piezas al oeste de Raqa no tuvo éxito.

Lo curioso es lo que no está siendo atacado. En las últimas dos semanas el Estado Islámico ha estado atacando la ciudad de Kobane (Ain al Arab), defendida por los kurdos. Ha sido tan brutal allí como lo fue en Sinyar, y recientemente incluso decapitó a un grupo de kurdos cautivos, mujeres incluidas. Puede que quienes gobiernen Kobane sean kurdos, pero la Administración kurda ha dado cobijo y protección a decenas de miles de árabes suníes y de cristianos. Conforme avanza el EI, más de 100.000 refugiados han huido a Turquía. En el Pentágono, un informador estratégico denominó, sin tacto alguno, a las matanzas y a las huidas masivas de población "una retirada estratégica".

Pese al fragor de la batalla en torno a Kobane, Estados Unidos y sus aliados del Golfo no han hecho nada por atacar a las fuerzas del EI que están sitiando a los kurdos. Es como si Franklin Delano Roosevelt declarara que Estados Unidos entraría en guerra contra Japón y acto seguido procediera a bombardear Argentina. Dado que el presidente Obama ha insistido en aprobar cada uno de los ataques en Siria, la única conclusión lógica es que no quiere proteger Kobane, puede que por deferencia hacia Turquía, que sospecha de cualquier entidad kurda.

Esto es fruto de la cortedad de miras: puede que los kurdos sirios no sean perfectos, pero son bastante laicos, moderados y tolerantes. Y, pese a sus vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), antaño insurgente en Turquía, esos días quedaron atrás: los turcos y el PKK llevan celebrando conversaciones de paz y respetando un alto el fuego desde hace más de 18 meses.

Cuando el Estado Islámico avanzaba sobre Erbil, la capital kurda iraquí, Obama se precipitó a emplear la fuerza aérea a fin de detener el avance terrorista. Que no vaya a a hacerlo en un caso análogo en Siria muestra la absoluta falta de coherencia estratégica de las acciones estadounidenses. Para que la acción militar sea efectiva debe tener lugar donde está la lucha, no a decenas de kilómetros de ella.
© elmed.io - Commentary

Las atrocidades islamistas y el final de la indignación
La opinión pública y los islamistas se está acostumbrando a tales actos de brutalidad
Michael Rubin  www.diariosigloxxi.com 8 Octubre 2014

Cuando terroristas islamistas irrumpieron en una escuela de Beslán, al sur de Rusia, hace algo más de una década, los rusos y Occidente no fueron los únicos horrorizados, también muchos osetios y chechenos y, más en general, islamistas que en otras situaciones son partidarios de la militancia y la violencia. El acto de cebarse con los menores fue demasiado difícil de soportar para muchos, y les llevó a cuestionarse qué significa exactamente llevar a la práctica la retórica que antes suscribían. Tras la masacre de Beslán, el radicalismo no desapareció, pero las posibilidades de recaudar dinero y reclutar efectivos de chechenos y osetios sí lo hicieron y, durante un momento por lo menos, hombres y mujeres de toda confesión se plantaban frente al radicalismo islamista.

Hubo brotes de un momento parecido cuando los terroristas del grupo radical nigeriano Boko Haram secuestraron a cientos de colegialas, que en su mayor parte siguen desaparecidas. Hasta al-Qaeda criticó las acciones del Boko Haram por ser destructivas para la causa general que suscriben al-Qaeda y los demás islamistas radicales.

Por desgracia, parece que la opinión pública — y los islamistas — se está acostumbrando a tales actos de brutalidad, y ya no está dispuesta a condenarlos a una escala tan amplia. Los casos en cuestión son el secuestro y esclavitud de las menores yezidíes y la ejecución sistemática de periodistas y personal humanitario en manos de miembros del Estado Islámico de Irak y Siria. Claro que a estas alturas, han atravesado el camino usual de condenas de gobiernos y colectivos como el Consejo de Relaciones Islámico-Norteamericanas o la Sociedad Islámica de Norteamérica, que han recibido fondos saudíes y qataríes y a menudo se asocian con movimientos islamistas más radicales, como Hamás o la Hermandad Musulmana.

Pero a la hora de hacer cuentas, muchos islamistas y los grupos y países que los financian no cumplen lo que dicen. Los países árabes — los mismos países cuyos ciudadanos donan a menudo al ISIS y a entidades de caridad del ramo — se han mostrado reacios a ayudar. La excusa turca — que teme por los rehenes de Mosul — se desmonta fácilmente teniendo en cuenta que Turquía no ha dudado a la hora de emprender la guerra contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) hasta cuando el grupo ha hecho rehenes turcos. Que el Presidente Recep Tayyip Erdoğán se niegue a tachar de terroristas al ISIS simplemente consolida la noción.

Todo pasa por restar importancia a las acciones del ISIS por "anti-islámicas”, como ha hecho del Consejo de Relaciones o, a esos efectos, como han hecho el Presidente Obama o el Primer Ministro Cameron. Pero la verdad es que para millones de musulmanes, son islámicas del todo. Negar el componente religioso del verdugo yihadista “John Yihad” o de las acciones del Estado Islámico de Irak y Siria es negar que hay una exégesis en el seno del pensamiento islámico que no solamente tolera tales acciones, sino que las bendice. Es negar que haya una batalla de interpretaciones que por fuerza hay que ganar. Tampoco es lógico suscribir una definición políticamente correcta y saneada de yihad en el siglo XXI cuando el Estado Islámico se remonta a interpretaciones de hace más de 1.000 años, cuando yihad era a menudo guerra santa ofensiva según teólogos islámicos.

El hecho de que la indignación visceral que recibió a los asesinos de Beslán se vea ahora reemplazada por condenas pro-forma del terror islamista, insignificantes en última instancia, por parte de países de mayoría musulmana u organizaciones de activismo islámico sugiere que lejos de levantarse con indignación airada contra las acciones del grupo islamista más reciente, el mundo islámico en general se ha inmunizado frente a tales acciones perpetradas en su nombre, y que es reacio a replicar y condenar al ostracismo a sus partidarios y practicantes de igual forma.

De hecho, los miles de terroristas extranjeros que hoy acuden en masa a Siria e Irak no se radicalizaron durante los dos últimos meses, como tampoco suscribieron las interpretaciones más radicales del islam simplemente por repulsa al ex Primer Ministro iraquí Nouri al-Maliki. Más bien recibieron instrucción en los cientos de mezquitas repartidas por Europa, el norte de África, el sur de Asia y Turquía. Se les enseñó el Corán y su significado, según los miles de imanes y profesores financiados por Arabia Saudí, Qatar Turquía y similares. Estas mezquitas eran inmunes a la crítica gracias a los llamados colectivos de derechos humanos y los grupos islámicos de activistas, que maridan cualquier crítica a la ideología islamista radical con acusaciones de islamofobia. Ojalá las mismas organizaciones empezaran mejor a dar nombres y denunciar públicamente a los extremistas que predican en mezquitas de Europa, América y oriente Próximo.

Las circulares no lo pararán, tampoco los apretones diplomáticos o las ruedas de prensa. El problema es más profundo, y se reduce en última instancia a la tolerancia al extremismo de tantas mezquitas de Europa, América y Oriente Medio en la que confían los reclutadores del Estado Islámico

Imposición lingüística
UPyD y C's denuncian en Bruselas la discriminación lingüistica en Cataluña
Organizan conjuntamente una conferencia en el Parlamento Europeo para denunciar la marginación del castellano en la escuela catalana
Europa Press www.lavozlibre.com 8 Octubre 2014

Bruselas.- Los eurodiputados de UPyD y Ciudadanos han organizado conjuntamente este martes una conferencia en el Parlamento Europeo para denunciar la "discriminación lingüística en Cataluña" y, en particular, lo que consideran una marginación del castellano en la enseñanza por el modelo de inmersión lingüística.

"No existe discriminación de la lengua catalana en la vida pública y sí discriminación de los ciudadanos catalanes que desean ejercer su deseo de expresión en castellano, muy especialmente en el ámbito de la educación", ha dicho el eurodiputado de UPyD, Fernando Maura, durante la presentación de la conferencia.

Su compañera, Maite Pagazaurtundua, ha explicado que el objetivo de la conferencia es cuestionar "si existe el tabú de que la inmersión es el único sistema posible y si se plantea de forma pedagógica o es un instrumento para otras cuestiones". "Lo hacemos aquí, en el Parlamento Europeo, porque somos europeos y porque es preciso también que las grandes cuestiones que afectan a los derechos fundamentales se vean también en este lugar", ha defendido.

El eurodiputado de C's Javier Nart ha señalado que "en Cataluña tenemos como lengua propia el catalán y el castellano, que es parte de nuestra cultura y de nuestra esencia". "Yo estoy a favor de una lengua en castellano y en catalán, única, integrada", ha reclamado Nart, que ha criticado a los dirigentes nacionalistas catalanes por defender la inmersión pero llevar a sus hijos a escuelas privadas que no la practican.

Una de las ponentes en la jornada, la profesora de español de la Universidad Autónoma de Barcelona Sonia Sierra, ha denunciado que "en Cataluña es muy complicado hablar de este tema porque hay una opinión generalizada de que la inmersión es no sólo el mejor modelo sino el único posible". "En el momento en que alguien cuestiona la inmersión, la salva de insultos es bastante difícil de soportar", ha dicho Sierra, que ha pedido tener en cuenta los derechos de los alumnos y de los padres que quieren una educación en castellano.

La conferencia organizada por UPyD y Ciudadanos cuenta con el apoyo del grupo liberal en la Eurocámara, del que también forman parte el eurodiputado de Convergència, Ramon Tremosa, y la representante del PNV, Izaskun Bilbao. Nart ha dicho que con Tremosa tiene "la misma comunicación que pueda tener con un marciano, escasa". "Con Izaskun Bilbao, que es una persona razonable, abierta e inteligente, tengo la mejor de las relaciones", ha apuntado.

UPyD y Ciudadanos denuncian juntos en Bruselas la discriminación de los castellanohablantes en Cataluña
La exclusión del español como lengua vehicular en las escuelas públicas de Cataluña llega al Parlamento Europeo. Los partidos liderados por Rosa Díez y Albert Rivera organizan una conferencia conjunta con el apoyo del grupo de los liberales.
Redacción www.cronicaglobal.com 8 Octubre 2014

Los eurodiputados de UPyD y de C's han organizado de forma conjunta este martes una conferencia en el Parlamento Europeo para denunciar la discriminación lingüística que sufren los castellanohablantes en Cataluña, y de forma especial, la marginación de la lengua española en las escuelas públicas catalanas por la aplicación del sistema de inmersión lingüística obligatoria exclusivamente en catalán.

El eurodiputado de UPyD Fernando Maura ha explicado que "no existe discriminación de la lengua catalana en la vida pública", pero "sí discriminación de los ciudadanos catalanes que desean ejercer su deseo de expresión en castellano, muy especialmente en el ámbito de la educación".

Una discriminación que afecta a "los derechos fundamentales" de las personas
Su compañera de partido Maite Pagazaurtundua ha criticado "el tabú de que la inmersión es el único sistema posible", dudando que se trae de una "forma pedagógica" y apuntando que más bien "es un instrumento para otras cuestiones".

Pagazaurtundua ha explicado que el Parlamento Europeo es el lugar para trasladar estas cuestiones "porque somos europeos y porque es preciso también que las grandes cuestiones que afectan a los derechos fundamentales se vean en este lugar".

Nart carga contra la hipocresía de los dirigentes nacionalistas
El eurodiputado de C's Javier Nart ha indicado que "en Cataluña tenemos como lengua propia el catalán y el castellano, que es parte de nuestra cultura y de nuestra esencia".

"Yo estoy a favor de una escuela en castellano y en catalán, única, integrada", ha reclamado, y ha cargado contra la hipocresía de buena parte de los dirigentes de los partidos nacionalistas al defender la inmersión obligatoria en las escuelas públicas pero, en cambio, llevar a sus hijos a escuelas privadas que no la aplican.

Sierra denuncia los "insultos" contra los que critican la inmersión obligatoria
Una de las ponentes de la conferencia ha sido la doctora en filología española y colaboradora de CRÓNICA GLOBAL Sonia Sierra. Sierra ha denunciado que "en Cataluña es muy complicado hablar de este tema porque hay una opinión generalizada de que la inmersión es no sólo el mejor modelo sino el único posible". Y ha destacado que la inmersión "trata al castellano como lengua extranjera, o a veces peor".

"En el momento en que alguien cuestiona la inmersión, la salva de insultos es bastante difícil de soportar", ha alertado Sierra, que ha reclamado tener en cuenta los derechos de los alumnos y de los padres que quieren una educación también en castellano.

El "marciano" Tremosa
La conferencia ha contado con el apoyo del Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE) en la Cámara Europea. Se da la circunstancia de que los eurodiputados de CDC y PNV (Ramon Tremosa e Izaskun Bilbao, respectivamente) también forman parte de ese grupo.

En ese sentido, Nart ha aprovechado la ocasión para referirse a ellos. Respecto a Tremosa, conocido por sus frecuentes polémicas, el eurodiputado de C's ha señalado que tiene con él "la misma comunicación que pueda tener con un marciano, escasa". "Con Izaskun Bilbao, que es una persona razonable, abierta e inteligente, tengo la mejor de las relaciones", ha añadido.

Imposición lingüística
Bauzá asegura que el trilingüismo en Baleares 'no tiene marcha atrás'
Reitera su “no” a la inmersión lingüística en catalán
Europa Press www.lavozlibre.com 8 Octubre 2014

Palma de Mallorca.- El presidente del Gobierno balear, José Ramón Bauzá, ha reiterado este martes su "no a la inmersión lingüística en catalán" y ha asegurado que el trilingüismo "no tiene marcha atrás" en la comunidad.

Durante el pleno del Parlamento autonómico, el líder del Ejecutivo balear ha dicho "no a la inmersión y sí al trilingüismo y a la Constitución" y ha pedido a la portavoz del PSIB en la Cámara, Francina Armengol, que "diga si su prioridad es el catalán o cumplir con la Constitución" puesto que en el PP, ha dicho, "está todo claro".

Bauzá también ha criticado la "política de postureo falso" del PSIB por señalar que ahora está a favor del trilingüismo cuando lo quitaron "porque quitaba horas lectivas al catalán", ha indicado.

El 'popular' ha señalado que si los socialistas estuvieran a favor del trilingüismo "no actuarían con una posición tan agresiva" contra la impartición de "dos horas más de inglés a la semana" y ha reiterado a Armengol que revele qué modelo quiere "y no solo en función de la hora y de lo que le interese".

El presidente también ha señalado que la mayoría de los centros educativos tienen proyectos educativos basados en el trilingüismo y que "la mayoría se adapta a la normativa vigente y trilingüismo es bueno para los niños y su futuro". En este sentido, ha indicado que seis de cada diez puestos de trabajo exigen el conocimiento de inglés porque a mayor cualificación del puesto "más necesario es" tener este idioma.

ARMENGOL LE ACUSA DE "BURLAR" SENTENCIAS
Por su parte, Armengol, que ha acusado a Bauzá de ser "capaz de utilizar lo más sagrado, la educación, para abrir un conflicto nunca visto", ha espetado al presidente que "ya está bien de mentira y manipulación".

"Heredó un sistema educativo con paz social y experiencias plurilingües que funcionaban, atendiendo a la autonomía de los centros", ha dicho a Bauzá, a quien también le ha criticado que "burle" sentencias judiciales e impusiera el Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL).

Según la socialista, "lo que haría una persona sensible y responsable es pedir perdón por el dolor infringido" a alumnos, padres, docentes y directores expedientados.

Tremendo, por qué Podemos terminará gobernando España
El Confidencial 8 Octubre 2014

Me hace llegar mi amigo Pedro el siguiente documento de la Fundación BBVA: "Valores políticos y la crisis económica", de abril de 2013. Un informe que, cito literalmente, "permite examinar los valores, percepciones y actitudes de los españoles desde una perspectiva comparada –con otros nueve estados de la UE– en un periodo particularmente crítico (final de 2012)". Se trata de un trabajo estadístico, fruto de más de 15.000 entrevistas a lo largo y ancho de la geografía continental.

Sus conclusiones son demoledoras y no cabe descartar que, entre otras fuentes, fuera en esta publicación donde los ideólogos de formaciones de nuevo cuño, como Podemos, encontraran parte del argumentario necesario para elaborar la utópica propuesta que tan sorprendente éxito electoral cosechó en los comicios europeos del pasado 26 de mayo. Para que luego despotriquen sus integrantes de los banqueros.

Ya en serio, el recorrido por el estudio es muy revelador. De principio a fin. 

Las primeras cuestiones muestran a una población, la española, con un bajo nivel de asociacionismo, al que mueven mucho más que al resto de los europeos los resortes económicos y políticos, y con una cierta propensión a declararse en huelga o manifestarse antes que apoyar causas online. Los más activos en la acción pública son los estudiantes, de izquierda e informados (entendiendo como tales aquellos que leen diariamente la prensa). El target quedaba claramente delimitado. Solo quedaba activarlo.

A partir de ahí, los autores interrogan sobre la calidad de nuestro sistema de representación. Las respuestas prueban cómo existía un amplio caldo de cultivo para lo que habría de salir de las urnas un par de meses después. De los objeto de análisis, España era el país donde sus ciudadanos creen que la democracia funciona peor; se situaba en el podium de los que piensan que la clase poltica vela más por sus propios intereses que por los de la sociedad; y, por si fuera poco, otorgaba como colectivo la menor valoración a los representantes públicos y las formaciones que los amparan. Vista esta realidad, convenía acuñar un concepto que denostara sintéticamente la incompetencia y el abuso. Nace la casta.

Pinche para ampliar el gráfico.Pinche para ampliar el gráfico.

Sobre tan pesimista base, el documento aterrizaba a continuación en la parte mollar, la del modelo económico, que justifica esta entrada de Valor Añadido. Nueva ronda de conclusiones alentadoras para los nuevos mesías y preocupantes para la iniciativa privada y el libre mercado, a saber:

  1. Los españoles, no sólo defienden "un papel muy activo del Estado en el control de la economía", sino que tres cuartas partes de los encuestados afirman que "el Estado debe tener la responsabilidad principal a la hora de asegurar que todos los ciudadanos puedan gozar de un nivel de vida digno", frente al 25% que apela a la responsabilidad individual o no sabe/no contesta. Dignidad, divina arma de demagogia. Por cierto, curioso que este resultado se dé justo cuando había sido el abandono de la acción pública por falta de fondos el que obligó a la ciudadanía a ponerse en marcha para sacar las castañas del fuego. No importa. En la encuesta paneuropea destacamos por pensar que la crisis se solucionaría 'manteniendo o aumentando el gasto para estimular el crecimiento'. Eso sí, cuando se pide concreción al entrevistado, lo que reivindica no es inversión, ni siquiera un mísero Plan E, sino prestaciones y subidios. Keynesianismo tergiversado que no tarda en convertirse en promesa programática de los oportunistas.
Pinche para ampliar el gráfico.Pinche para ampliar el gráfico.

 

  1. En porcentajes que, los más de los casos, son un 50% superiores a la media europea, los encuestados patrios no sólo defienden un amplio estado del bienestar –sanidad, pensiones, paro y hasta vivienda–, sino que abogan por controlar los beneficios de bancos y empresas, mantener los precios bajo supervisión pública o vigilar los salarios, amén de financiar esta fiesta, como no podía ser de otra manera, con mayores impuestos. ¿Alguien se extraña ahora de la propuesta intervencionista de Podemos? A la luz de los hechos, no. Es maná en el desierto de la inconsciencia. ¡Ay el día que los dioses castiguen a los hombres con sus deseos! Según el paper, España estaría a la cola de Europa en consideración de la economía de mercado como sistema más conveniente para regir los destinos económicos de su territorio. Vivan los derechos y… ¿las obligaciones? Pasapalabra.
  2. De los 10 estados objeto del trabajo de campo, sólo en España, de hecho, hay una mayoría de esos españolitos que ven la tele, les guarde Dios, que propugne que "los ingresos deberían ser más equilibrados, aunque ello pueda significar que las personas que se esfuerzan más y las que se esfuerzan menos ganen cantidades similares". Olé tus narices. Ya me dirán cuando lo van implantado. Para que luego se pregunten de dónde viene la idea de la renta básica de subsistencia de los chicos de Pablo Iglesias. Eso sí, ante el surrealismo de esta propuesta, ¿cree alguien en su sano juicio que se quedaría algo de talento o tesón en nuestro país?, ¿que permanecería una miajica de emprendimiento e innovación en nuestras fronteras? Da igual, la fuga de la inteligencia permite domeñar mejor al rebaño. Por cierto, no hace falta recordar los efectos de este principio aplicado a la educación. Igualar por abajo es siempre receta para el desastre.
Pinche para ampliar el gráfico.Pinche para ampliar el gráfico.

Las encuestas ya se sabe como hay que tomarlas. Como lo que son. Tienden a confundir deseo con realidad. Sin embargo, en las elecciones europeas hubo una propuesta que aglutinaba las ideas antes subrayadas y encontró un respaldo significativo entre el electorado. Los sondeos le atribuyen una importancia cada vez mayor en la esfera política patria. Y se pueden quedar cortos. Si las proporciones de las que habla el informe fueran ciertas, no cabría descartar cambios inesperados y significativos en el statu quo público actual. Podemos sería, de acuerdo con el estudio de la Fundación BBVA, la propuesta perfecta de gobierno para una mayoría de españoles a los que el conformismo y la desesperación parecen haber cegado la razón. ¿O lo hicieron antes los actuales mandamases del país con su reprobable espíritu de supervivencia?

Sea como fuere ante el placebo que producen mentiras reconfortantes, ¿a quién le interesa la desagradable realidad?


******************* Sección "bilingüe" ***********************

UNA ANOMALÍA HISTÓRICA
¿Es España aún una nación?
Rafael Núñez Huesca www.elsemanaldigital.com 8 Octubre 2014

Así las cosas, quienes buscan destruir la condición de España como Nación política tienen que partir, necesariamente, del hecho de España como Nación política.

La actual identidad de España, forjada en negativo desde los complejos históricos y letalmente identificada por muchos con el régimen de Franco, parece ya tan solo un conglomerado de partes autónomas. Muchas de estas partes son ya reconocidas, de hecho y de derecho, como naciones. Un proceso deconstructivo que conduce a esta vieja Hispania hacia su fragmentación, y por tanto a su inexistencia como nación política.

Según la perspectiva negrolegendaria de la que bebe una parte importante de la izquierda y los nacionalistas fragmentarios, España no debería existir al ser su esencia tiránica desde los Reyes Católicos y poco menos que incompatible con la democracia. "España es un anomalía histórica" decía el Conseller de Cultura Ferrán Mascarell en la víspera de la Diada de 2013. Una anomalía pendiente de resolver. En ello están.

Y es que, se supone, una vez disuelta la negra identidad de España en la plenitud democrática, debería igualmente disolver su unidad dejando paso a las verdaderas naciones ("Catalunya", "Euskal Herria", "Galiza") que el "Estado español" ha mantenido secularmente oprimidas y tiranizadas. Así, ninguna de las llamadas comunidades históricas habrían sido cómplices, sino víctimas, de la tiranía que España representa. España por tanto, caso de existir, debería perecer como nación dejando paso a la "libre determinación de los pueblos" por ella oprimidos. En ello están.

La realidad es que, a día de hoy, España es una Nación política (cosa distinta es pueda o quiera seguir siéndolo). Así se reconoce a sí misma a través de todas y cada una de las Constituciones que se ha dado, y así la reconocen las demás naciones del mundo en cada una de las instituciones internacionales en las que España es un actor político, y sobre todo cultural, muy destacado.

Así las cosas, quienes buscan destruir la condición de España como Nación política tienen que partir, necesariamente, del hecho de España como Nación política. España, existe como realidad política nacional y como realidad histórica común, pero también como realidad socio-cultural que, si bien compleja, permanece aún bastante definida. Aún.

Callejón sin salida
El enfoque actual de la cuestión catalana no da más de sí. Se abre paso el consenso sobre una reforma de la Constitución y el primer paso sería elaborar un Libro Blanco por un ‘comité de sabios’ aceptado por todos
Fernando Rey. El Pais.  8 Octubre 2014

El enfoque actual de la cuestión catalana no da más de sí. Los independentistas exhiben músculo en la calle, pero, jurídicamente, no pueden avanzar ni un milímetro más. El Gobierno central dispone de la fuerza de las normas, pero tiene seriamente enfrente a millones de personas. La tercera vía que proponen los socialistas, la federal, es tan evocadora como inconcreta; además, ahora la arista más cortante del problema no es tanto cómo profundizar en el autogobierno autonómico o mejorar la financiación, cuanto encontrar una fórmula magistral que permita singularizar aún más a Cataluña sin enfadar a las demás comunidades. Es decir, la cuestión en este momento no es cómo incrementar el federalismo, sino, más bien, cómo introducir nuevos elementos confederalizantes. Por otro lado, Mas está cada vez más solo: presionado desde dentro por sus socios más radicales, que dicen no respetar el derecho “español”, y limitado desde fuera por la inmóvil postura del Gobierno central. Mas se enfrenta de golpe a las consecuencias de las numerosas decisiones irresponsables que ha ido adoptando, muchas de ellas solo explicables por un mezquino cálculo electoral o desde una lectura errónea de los acontecimientos. Es como un camarero con una bandeja enorme a punto de tropezar estrepitosamente.

Estamos en un callejón sin salida. Y es que el debate planteado radicalmente entre la independencia de Cataluña o no, camuflado subrepticia (y hábilmente) bajo la forma de un supuesto derecho a decidir, no permite diálogo ni negociación alguna. Un desafío planteado en sus términos esenciales con tanta agresividad y tosquedad, por más que, formalmente, se apele justo a lo contrario, a la tolerancia y a la democracia, no permite avanzar. Respecto de Cataluña se han venido haciendo muchas cosas mal en Madrid y Barcelona, pero una de las peores es la de hacer creer a mucha gente de buena fe en Cataluña que había disponible un camino jurídico relativamente sencillo y en gran medida unilateral para lograr la independencia.

El decreto de convocatoria de la consulta de independencia de Cataluña ha sido impugnado ante el Tribunal Constitucional (TC), por la vía del artículo 161.2 CE, que conlleva la suspensión automática de la consulta, de modo que es imposible que se celebre la consulta en noviembre. Y, después de varios años, cuando el TC, examinando si la Generalitat se ha extralimitado de sus competencias constitucionales, tanto en el decreto como en la propia ley que le habilita, falle, lo hará seguramente aplicando su doctrina de la STC 103/2008 (en relación con el plan Ibarretxe) y declarando la evidente inconstitucionalidad del decreto y de la ley. No es nuevo este intento de hacer pasar como “consulta” lo que, en realidad, es un “referéndum”, cuya convocatoria corresponde a las instituciones estatales y sobre el que, en una cuestión como esta, deberían ser llamados todos los españoles porque nos afecta a todos, no sólo a una parte. Ya lo intentaron los nacionalistas vascos y fracasaron estrepitosamente. Y todo esto es lógico: ningún sistema constitucional del mundo permite en su seno la secesión más o menos controlada de parte de su territorio. Los ejemplos quebequés y escocés, que no son del todo comparables al caso catalán, son la excepción, no la regla, y, además, ambos han concluido con el fracaso de las posiciones independentistas.

Cataluña no vive un periodo de consulta, sino un proceso electoral,  de momento, disfrazado

Por cierto, los nacionalistas han tenido éxito en la batalla de las ideas también en el momento de seleccionar los precedentes de la cuestión catalana porque han logrado situar en el plano de la opinión pública los modelos quebequés y escocés como los únicos a tener en cuenta y la quintaesencia de lo democrático, pero lo cierto es que muchos otros Estados, tan democráticos como Reino Unido o Canadá, se están enfrentando a las tensiones territoriales internas de un modo semejante al español. Por no hablar de Francia, Bélgica, Estados Unidos (Texas), o Alemania (Baviera). Ahí está, por ejemplo, Italia, donde su Tribunal Constitucional ya en una sentencia de 1989 trazó la distinción entre consulta y referéndum del modo que lo ha hecho el nuestro, y que se enfrenta a una ley de la Asamblea Regional del Véneto, de 12 de junio de este mismo año, que plantea una consulta de independencia. En mi opinión, el ejemplo italiano es el más parecido al catalán: se trata de las regiones más ricas del país que, tomando como fundamento algunas diferencias étnicas (de un modo más que discutible), en realidad han tenido como motor (al menos inicial) de sus reivindicaciones la idea de que la riqueza que se genera allí no debe ir a las respectivas regiones del Sur (donde, supuestamente, se despilfarra). La justificación independentista de que Madrid (o Roma) “nos roba” no deja de ser realmente curiosa viniendo de las regiones más ricas del país.

En realidad, ahora no estamos en un proceso de consulta en Cataluña, sino en un proceso electoral, de momento, disfrazado. Cabe prever un gran éxito en las urnas de los partidos nacionalistas. Pero la imposibilidad de ir más allá en el “proceso” si no se mueve ficha desde Madrid será la misma. Si gana ERC, es previsible mayor tensión, pero las cosas no pueden cambiar unilateralmente.

El Gobierno central se ha instalado cómodamente en la fuerza que le dan las normas. Pero tenemos a millones de personas frustradas. Es imposible meter la pasta de dientes en el tubo una vez que ya está fuera. Además, es probable que el Gobierno que salga de las urnas ya no disponga de mayoría absoluta. Los nacionalistas catalanes pueden recuperar peso en las instituciones centrales. En cualquier caso, el “problema catalán” es, en realidad, el “problema español” porque hay otros territorios donde el sentimiento independentista está esperando para hacer suyos los resultados de lo que suceda en Cataluña: País Vasco, Navarra, Baleares, Galicia, Canarias… No se puede abordar el caso catalán sin comprender este contexto. Hace falta una solución global.

Los dirigentes de CiU deben abandonar su estrategia épica y pactar con partidos estatales
A esta fecha, se plantean varias opciones. Una es dejarse llevar por la inercia de los acontecimientos políticos (elecciones próximas) y jurídicos (fallos judiciales) ya planteados, sin variar ni un ápice el enfrentamiento entre la independencia y el inmovilismo, esperando el veredicto de las urnas y el reparto de una nueva mano. Probablemente, esto será lo que suceda. Pero es preferible intentar superar este enfoque, claramente inservible, por un nuevo planteamiento. Hay que dialogar. Yo hablo de momento constituyente, así que o se hace con voluntad seria de consenso, abandonando el cinismo de los actores actuales, o es mejor no iniciarlo. Somos muchos lo que estamos hartos de tantas mentiras. Se va abriendo paso un consenso sobre la necesidad de reformar en profundidad nuestra Constitución.

Pues bien, me parece que un primer paso en ese sentido sería la elaboración de un Libro Blanco por parte de un comité de sabios, juristas, expertos en financiación autonómica y economistas, respetados, aceptados por todos y que, en su momento, pudiera ser tomado en consideración por las nuevas Cámaras llamadas a reformar la Constitución. Una especie de Informe García de Enterría de nuevo cuño. Es crucial llevar el debate a términos racionales de datos y argumentos lo más objetivos posibles, examinando las fortalezas y debilidades de nuestro sistema autonómico y planteando posibilidades de cambio sensatas y compartibles por todos y, por supuesto, huyendo de la estrategia de los eslóganes y mentiras dirigidos a excitar los sentimientos. Si, a cambio de la apertura de este nuevo tiempo de diálogo, los dirigentes de CiU abandonaran el tono épico de su estrategia (que es más bien tragicómico) y pactaran con partidos estatales, quizá formando un nuevo gobierno en Cataluña (evidentemente sin el señor Mas), podrían, además de conseguir finalizar la legislatura y no entregar el Gobierno a los radicales, enconando aún más las posturas, ayudar a serenar los ánimos y a encontrar una salida a este callejón que parece no tenerla.

Fernando Rey es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid.

¿Una confederación?
¿Saben los señores de Unió qué es una confederación? Probablemente sí, pero quizá lo sepan de forma confusa
Francesc de Carreras. El Pais  8 Octubre 2014

Unió Democràtica de Catalunya (UDC), el partido que lidera Duran Lleida y es socio de Convergència en CiU, ha querido instalarse en una ambigua posición intermedia respecto de la disputata quaestio, en eso que suele llamarse, de forma rimbombante e inexacta, “el futuro de Cataluña”. Para ello, su máximo órgano de dirección, reunido este fin de semana, ha declarado que su opción no es la independencia sino la confederación.

Antes de esta declaración, la confusión en Cataluña ya era grande: Unió le ha añadido su granito de arena. Porque, ¿qué es una confederación? ¿Lo saben los señores de Unió? Quizás. Pero, también es muy probable que lo sepan de forma confusa. Veamos.

Una confederación no es propiamente una de las posibles formas de Estado sino una forma de organización internacional compuesta por diversos Estados. Se trata de un modelo que poco tiene que ver con un Estado federal, Este sí es un verdadero Estado, con distintos centros de poder, pero un Estado, no centralista, pero sí unitario. Los rasgos básicos de una confederación podríamos resumirlos en cuatro apartados.

En primer lugar, su fundamento jurídico es un tratado, no una constitución. Es decir, una confederación es el producto de un pacto entre estados previamente independientes, estados que son sujetos soberanos que contratan entre sí y que, pese al pacto, formalizado como tratado internacional, no renuncian a esta soberanía, la siguen conservando tras la firma del tratado mediante el cual se asocian para determinados fines concretos. Y como no renuncian a su soberanía, así como les ha servido para establecer el pacto, también les sirve para romperlo y salir de la confederación.

En segundo lugar, este tratado crea las instituciones políticas propias de la confederación, de las que cabe destacar dos peculiaridades. Primera, su órgano superior es una asamblea compuesta por representantes de los Estados miembros, designados por los gobiernos, subordinados y responsables ante los mismos; debido a esta relación jerárquica, los representantes de los gobiernos en la asamblea confederal actúan, para entendernos, a la manera de unos embajadores. Segunda, las leyes de la confederación obligan directamente a los Estados y, solo de forma indirecta, a los ciudadanos, en tanto que no es la confederación sino los Estados quienes están obligados a hacerlas cumplir. En un modelo de este tipo, la relación jurídica se establece, por tanto, entre confederación y Estados, no entre confederación y ciudadanos: la confederación no está facultada para dar órdenes directas a los ciudadanos.

En tercer lugar, las competencias de la confederación las han otorgado los Estados mediante el tratado fundacional de forma expresa, aunque estos Estados no ceden la titularidad de la competencia —por ejemplo, en materias como relaciones internacionales, defensa o comercio exterior— sino solo su ejercicio. Los Estados, por tanto, siguen reteniendo en último término las competencias temporalmente otorgadas en el tratado en virtud de que tampoco han renunciado a la soberanía: en cualquier momento pueden denunciar el tratado, retirarse de la confederación y, a la vez, recuperar las competencias anteriormente cedidas para volver a ejercerlas.

En cuarto lugar, la hacienda de la confederación se nutre de las aportaciones directas de las respectivas haciendas de los Estados miembros y, por tanto, la confederación no recauda directamente los impuestos de los ciudadanos de cada uno de los Estados, son estos quienes ejercen esta función.

La confederación, por tanto, no tiene naturaleza de Estado sino que es una organización de naturaleza internacional que vincula Estados soberanos e independientes. Una característica típica de las confederaciones es que suelen ser organizaciones poco estables que, o bien conducen hacia una federación —como sucedió en los Estados Unidos y en Suiza en el siglo XIX—, o bien tienden con facilidad a desintegrarse o a ejercer un débil poder respecto a los Estados que forman parte.

¿Este es el modelo al que aspira Unió? ¿Mediante una confederación pretende conseguir la equidistancia entre independentistas y autonomistas? En el fondo no es nada serio, solo un recurso para salir del paso, repetir lo que está en el programa fundacional del partido. Además, al proponer una confederación no se está decidiendo cómo debe constituirse Cataluña sino cómo debe constituirse España, se está pues decidiendo por los demás. Es lo mismo que hicieron Macià el 14 de abril de 1931 y Companys el 6 de octubre de 1934: proclamar desde el balcón de la Generalitat la República Catalana dentro de un Federación (sic) de Pueblos Ibéricos. Ochenta años después, en un Estado que pertenece a la Unión Europea, suena a puro ridículo. ¿Una confederación dentro de la UE?

Duran es un político muy conocido en el mundo, especialmente dentro de las filas de la internacional democristiana, ¿qué le dirán sus colegas de otros países cuando les confiese que su posición en el pleito catalán es que España se convierta en una confederación? Me temo que la carcajada será monumental, ni siquiera le creerán, pensarán que está de broma. Pero no es un chiste: en Cataluña la realidad empieza a superar a la ficción.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional

Los alumnos catalanes de Infantil saben menos castellano *
ESTHER ARMORA / BARCELONA ABC  8 Octubre 2014

Las propias estadísticas de la Generalitat desmontan el argumento que sustenta la inmersión

Frente a las presunciones y a los debates políticos e ideológicos están las inapelables estadísticas. La propia realidad educativa tira por tierra los argumentos que durante años ha utilizado la Generalitat para afianzar al catalán como lengua hegemónica en la enseñanza. Los datos de la preinscripción del curso 2012-2013, a los que ha tenido acceso ABC, evidencian que cuando los niños llegan a la escolarización obligatoria (de P3-hasta la ESO) la lengua que conocen y en la que se expresan y se sienten cómodos es mayoritariamente el catalán y no el castellano como argumenta la consejería de Enseñanza.

Según la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, cuando los niños aterrizan en el sistema educativo conocen de sobras el castellano, «ya que es la lengua mayoritaria de uso social», lo que, a su juicio, sitúa a la lengua autonómica en desventaja y debe reforzarse en el ámbito educativo. Pues bien, los datos de la preinscripción del curso 2012-2013 no sustentan tal afirmación.

Las estadísticas que maneja el departamento de la consejera Rigau, consultadas por este diario, revelan que un total de 24.492 alumnos, un 15,83% de todos los que rellenaron la preinscripción en el citado curso, afirmaron entender el catalán, frente a sólo 11.183, un 7,23%, que alegaron que la lengua en la que se sentían cómodos era el castellano, menos de la mitad con respecto a los primeros. Las citadas estadísticas revelan, asimismo, que de los 154.694 alumnos que formalizaron la preinscripción, otros 112.246 (un 72,56%) dominaba las dos lenguas oficiales en Cataluña y 6.773 (un 4,38%), que corresponde a alumnos inmigrantes, no entendía ninguna.

En una reciente entrevista, posterior a todas las sentencias judiciales que le obligan a devolver al castellano su papel de lengua vehicular en la escuela catalana, Rigau insistía en la necesidad de mantener la hegemonía del catalán en las aulas. «La última encuesta de usos lingüísticos indica que el catalán ha perdido fuerza por el impacto de la inmigración y la asimetría con el castellano y a favor de esta lengua es mayor que hace 10 años. La escuela es por tanto el lugar para cultivarla, y la necesitamos más que nunca. Es absurdo empujar diciendo que el castellano está arrinconado. El TC nos ampara», declaraba la consejera. En base a ese discurso ha mantenido blindada por ley -la Ley Educativa Catalana (LEC) de 2009- la inmersión durante años. Eso se traduce a pie de aula que la totalidad de las clases se imparten en lengua catalana excepto la de Lengua y Literatura Castellana, que se imparte en castellano, y la de Lengua Extranjera.
Selectividad "bajo sospecha"

Otro de los argumentos repetido reiteradamente por el gobierno catalán es que cuando finalizan la etapa de escolarización obligatoria, los alumnos catalanes dominan perfectamente el castellano. Para secundar esta idea se escudan en las calificaciones que obtienen los alumnos en Lengua y Literatura Castellana cuando se enfrentan a la Selectividad, resultados que llevan años "bajo sospecha".

Convocatoria tras convocatoria hay una diferencia sostenida de nivel entre las pruebas de castellano y las de catalán que, lejos de resultar casual, se repite invariablemente cada año por el empeño, no confesado, de la Generalitat de bajar el listón en la prueba de castellano con el fin de demostrar que los estudiantes catalanes están al mismo o incluso a un nivel superior que los del resto de España en cuanto al dominio de esta lengua y que, por lo tanto, no existe «conflicto lingüístico».

El soberanismo catalán como ejercicio de masoquismo
ernesto milá Minuto Digital 8 Octubre 2014

El 6 de octubre de 2014 se cumple el 80 aniversario de los “hechos de 1934”. En aquella ocasión, Luis Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña, se subía al balcón del Palacio de la Generalitat y proclamaba la unilateral y efímera “República Catalana” que batió todos los récords de brevedad: apenas duró desde las 7:30 hasta la 1:00 de la madrugada del día siguiente, esto es, 18 horas y 30 minutos. Los paralelismos entre aquella situación y la actual son sorprendentes, pero mucho más sorprendente es que ambos episodios coronen una particular visión masoquista de la historia de Cataluña. ¿Es comprensible que el nacionalismo se recree en la derrota, se nutra de la derrota y quiera reeditar las derrotas históricas? Así parece, en efecto.

La Generalitat de Cataluña en su insensata interpretación de la historia ha mencionado la revuelta del “Conde Paulus” contra la monarquía visigoda de Wamba como una de las primeras muestras históricas del “factor diferencial catalán”. Y esto a pesar de que dicha revuelta incluyera a la Septimania y a la Tarraconense, la primera transpirenaica y la segunda abarcando un espacio mucho mayor que la actual Cataluña.

La figura histórica de Paulus es cuestionable. Enviado para sofocar una rebelión, traicionó a su rey en beneficio de sus resentimientos personales. Pidió ayuda a todos los enemigos de los godos y nadie respondió. Lo esencial del conflicto se produjo, no en la Tarraconense, ni en el espacio de la actual Cataluña, sino en la Septimania francesa. Paulus se rindió en Nimes. En el curso del juicio, Wamba le preguntó por el motivo de la rebelión y si le había agraviado u ofendido. Paulus y sus lugartenientes callaron. Ante el silencio de los acusados, el rey visigodo les enseñó el juramento de fidelidad que habían firmado meses atrás como prueba de su falsedad y traición. Así lo escriben las crónicas escritas a finales del siglo VII y así hay que creer que ocurrieron los hechos. Falta decir que Paulus fue llevado a Toledo, rapado al cero y se le colocó una corona hecha con espinas de pescado… Murió sin gloria en la cárcel de Toledo.

Sorprende que los maquilladores de la historia que han poblado las Consellerias de Educación y de Cultura de la Generalitat aludan a la revuelta del Conde Paulus como uno de los hitos históricos de Catalunya. Hay en el episodio histórico mucho de bochorno (Barcelona abrió las puertas a Wamba y entregó a los partidarios del Conde rebelde y lo mismo ocurrió en Gerona), nulo heroísmo y una ambición sin mesura que lo precipitaron a la derrota. Hace falta irresponsabilidad para considerar el episodio como uno de los hitos de la “catalanidad”, especialmente porque no tenía nada que ver con Cataluña. Es, en cualquier caso, se trata de una primera muestra de masoquismo histórico a la que seguirán otras muchas hasta llegar al actual soberanismo.

El episodio deja también claro que los territorios situado al norte de los Pirineos en la llamada Septimania, el Mediodía francés, fue un territorio con múltiples contactos con el noreste de la Península Ibérica. De hecho, tras cristalizar los núcleos pirenaicos de la Reconquista (la Covadonga catalana) y formarse los condados que participaron y dieron origen al Reino de Aragón (eso que el soberanismo actual llama en el colmo de la irrealidad “federación catalano-aragonesa”), siguieron mirando hacia el norte de los Pirineos y el Reino de Aragón mantuvo como área de expansión el Mediodía francés. Vale la pena recordar que, hasta bien entrada la Reconquista esos núcleos, como los asturianos, siguieron teniendo clara la idea de que su resistencia inicial y las sucesivas ofensivas que siguieron estaban impulsadas no por el deseo de ser “naciones independientes”, sino para reconstruir la unidad del reino visigodo y superar lo que los romances medievales llamaron “la pérdida de España”.

Fue gracias a Luis el Piadoso (Ludovico Pío, hijo de Carlomagno) que Barcelona se liberó de la ocupación islámica. No se conoce mucho del episodio. Se cree saber que a poco de ser ocupada la ciudad por los musulmanes, la mayoría de habitantes se convirtió al islam para evitar pagar impuestos. Varias leyendas cuentan que al aproximarse las tropas francas de Luís el Piadoso, los barceloneses de la época recuperaron la fe, se sublevaron y cortaron la cabeza al rey moro (la tradición cuenta que esa cabeza, convertida en “carassa” de cartón piedra, fue colgada de la puerta Norte de la Catedral de Barcelona y allí estuvo hasta 1967, escupiendo caramelos a los niños por la boca el Día de los Reyes Magos -lo sé porque es uno de mis recuerdos infantiles-. Ese año, la visita del embajador turco a la catedral aconsejó retirar la “carassa” con turbante al almacén de la sacristía en donde sigue todavía). El episodio no es muy recordado por los historiadores nacionalistas, no sabemos si por que tiene poco de heroico o porque en aquel momento, el norte de la actual Cataluña, de Aragón y Navarra, eran feudatarios de los francos y conocidos como “Marca Hispánica”, nombre que, en sí mismo, deja poco margen al maquillaje histórico. La influencia aragonesa sobre los territorios franceses duró unos siglos.

Y entonces llegó Muret. Era 1213 y fue una consecuencia de las guerras contra el catarismo. Derrota espantosa en la que pereció Pedro II, rey de Aragón, conde de Barcelona y Señor de Montpellier, por este orden. Pedro II sintetizaba en sí mismo y en su origen a las “Españas”, pues no en vano era hijo de Alfonso II el Casto de Aragón y de Doña Sancha de Castilla. En Muret estuvo flanqueado por los condes de Foix, Toulouse y Cominges, occitanos todos. Hubo muchas causas de la derrota, pero una de ellas, la principal según su hijo Jaime I (que apenas tenía 5 años en ese momento y que fue entregado a los templarios para su educación), fue también muy “española”: la noche antes de la batalla, simplemente, se fue de putas, uso y abusó del moyate. Entre el folgar y el beber, a la mañana siguiente no se tenía en pie. En la misa previa hubo que agarrarlo para que pudiera arrodillarse y levantarse. En plena batalla los caballeros francos lo identificaron, lo aislaron, lo derribaron y lo remataron. La tropa aragonesa se desbandó. Fue el fin de las aspiraciones de la Corona de Aragón al Norte de los Pirineos, a partir de ese momento se orientaría en su expansión Mediterránea.

La derrota de Muret es tratada como algo propio por la historiografía catalana, empezando por Rovira Virgili. El episodio (que demuestra solamente que Pedro II estaba obligado a actuar en defensa de sus feudatarios del norte cuando estos fueron amenazados por Simón de Monfort y los francos con la excusa del catarismo) es considerado, incomprensiblemente, por ellos como un nuevo hito histórico y una muestra de la tan cacareada “especificidad catalana”.

Los ejemplos podrían multiplicarse. El 11 de septiembre de 1714, otra derrota, pero no del “soberanismo catalán” sino de la Casa de Habsburgo y de una forma de entender la estructura del Reino de las Españas, también sufre su retorcimiento. El “gran hito” del soberanismo es también una derrota, pero sobre todo un gran fraude que la Generalitat viene conmemorando despojándola de su verdadero significado histórico y atribuyéndole otro que ninguno de los defensores de Barcelona en 1714, ni de los exiliados austriacistas, le atribuyeron en la época. Para los amantes de las curiosidades históricas les diremos que los escombros del barrio de la Ribera (la zona de la muralla de Barcelona que más resistencia opuso a los borbónicos) fueron arrojadas al mar en cantidad tal que sobre ellas se construyó el barrio de la Barceloneta (le mismo que el Ayuntamiento de Barcelona ha abandonado al turismo de litrona, borrachera y descontrol en lo que constituye otra derrota de la convivencia en la Ciudad Condal).

El siglo XIX fue el gran siglo español de Cataluña. Fueron catalanes los que combatieron contra los revolucionarios jacobinos franceses en la “Guerra Gran” para salvaguardar España de la penetración de las ideas revolucionarias. Fueron los menestrales de Barcelona los que se sublevaron contra Napoleón, a pesar de que éste les ofreciera que Cataluña se integrara en Francia con presuntas ventajas lingüísticas. Fueron los resistentes del Bruch, los defensores de Gerona, fue una barcelonesa, Agustina Zaragoza i Doménech, la que pasó a la historia como “Agustina de Aragón”. Fueron catalanes quienes defendieron la pertenencia de Cuba a la Corona de España y, antes que ellos, los catalanes presentes en Maracaibo que impidieron que esta ciudad se integrara en la Primera República de Venezuela, recibiendo por ello la ciudad el título de “Muy Leal”. Fueron los capitales retornados a Cataluña tras la independencia de Macaibo los que hicieron florecer la industria catalana. Incluso fue Buenaventura Carlos Aribau, el autor de la Oda a Cataluña, un autor que se expresaba habitualmente en castellano y cuya carrera profesional transcurrió siempre, siempre… en Madrid. Pocos siglos, en definitiva, hubo tan “españoles” en Cataluña como el XIX.

Fue también un siglo de derrotas: la burguesía catalana, hacia mediados del XIX, empieza a creerse fuerte porque experimenta una acumulación de capital como apenas se veía en España. Unos incidentes en la puerta de la muralla generados por unos excursionistas que pretendían entrar vino en la ciudad sin pagar tasas, generó la bullanga de 1842 que seguía a otros muchos episodios del mismo tipo, todos dramáticos para la población barcelonesa y para los edificios religiosos de la ciudad (en el XIX, Barcelona vio destruido lo esencial de sus edificios góticos). En esta ocasión, se demostró la debilidad de la burguesía catalana que pronto vio como los grupos más extremistas la superaban y le arrebataban el control de la situación, concluyendo el episodio con el lanzamiento de 1.014 bombas sobre la ciudad desde la fortaleza de Montjuich y con la desbandaba de la burguesía barcelonesa, no por miedo al ejército español sino a los extremistas a los que había dado alas en la primera parte de la revuelta.

Luego irrumpió el nacionalismo y todo este inmenso rosario de derrotas, fue cubierto por poetas, artistas, lingüistas, arquitectos, folkloristas y músicos, que crearon una “tradición catalana” en el último tercio del siglo XIX que no era sino una reconstrucción romántica, y a menudo gratuita, forzada y retorcida (e incluso basada en destrucción de documentos históricos: véase los desmanes de Próspero Bofarull al frente del Archivo de la Corona de Aragón) de lo que fue la “Cataluña histórica”.

Así hasta llegar a 1909 cuando la burguesía catalana estaba dispuesta a dar un paso al frente y escindirse del Estado Español, y seguramente lo habría intentado, de no ser porque la clase obrera demostró la fragilidad de la construcción nacionalista y el carácter de instrumento ideológico del nacionalismo catalán al servicio de los “señores locales del dinero”. Fue al denostado ejército español al que la burguesía catalana tuvo que recurrir para salvar su patrimonio de las iras de la clase obrera durante la “Semana Trágica”. A partir de ese momento, la alta burguesía entendería en los años siguientes que la independencia de Cataluña era imposible mientras existiera un movimiento obrero a la ofensiva y necesitase al ejército español para salvar sus dineros y patrimonios. Patrimonio primero. Patria después. Tal era el lema de la burguesía catalana desde el conde de Güell hasta el gang de los Pujol.

El disparate siguiente llegó hace hoy justamente 80 años. Fue la proclamación del “Estat Catalá” por parte de Luís Companys. Al acabar su discurso en el balcón de la Generalitat dijo textualmente: «Ara ja no direu que no sóc prou catalanista» (‘Ahora ya no podréis decir que no soy suficientemente catalanista’)… reconociendo que había sido arrastrado por los radicales. Y es que en nacionalismo catalán se parece al islam en que le resulta imposible mantener durante mucho tiempo una posición moderada: siempre, antes o después, terminan prevaleciendo, casi de manera natural, los partidarios de las posiciones más extremistas, los fundamentalistas, como si la moderación fuera apenas un momento de equilibrio inestable que más pronto que tarde se rompería. Seguramente por esto el soberanismo actual se entiende tan bien con el “islam catalán”: en efecto, ambos siempre tienden a deslizarse inevitablemente por sus pendientes más extremistas.

Hoy también, Artur Mas, como ayer Companys, no es dueño del soberanismo: se ve arrastrado por él. Mas apenas es otra cosa que el mascarón de proa de un proceso insensato e inviable, que, una vez más vuelve a asustar a la burguesía catalana y a lo que queda de industria regional, mientras la población, habituada a TV3 y a los medios de comunicación subsidiados por la Generalitat sigue creyendo que la independencia está al alcance de la mano y que basta tener el 51% de votos sobre el 49% en una consulta popular realizada en un momento puntual para acceder a la independencia… La santa candidez del “pueblo soberanista” (con Karmele Marchante al frente, haciendo encuestas para la ANC) es digna del ingenuo maquillaje histórico de la historia de Cataluña que tantos han denunciado.

Hace falta empezar a ver a Artur Mas como la primera víctima del soberanismo que él mismo ha suscitado y que en pocos meses le ha rebasado y apisonado. Hace falta ver a Artur Mas como la “última derrota de Cataluña”, la culminación histórica de una concepción nacionalista de la historia que solamente es capaz de concebir derrotas… porque las victorias ha sido demasiado evidente que se han realizado bajo el signo de “lo español” y resultan, por tanto, inaceptables e inasumibles para el nacionalismo.

Hay mucho masoquismo en el nacionalismo catalán. Ese querer ir hasta el final, aun sabiendo que ni siquiera celebrándose el referéndum, lo más probable es que bastara con que La Caixa o Planeta amenazaran con trasladar su sede social de Zaragoza, Valencia o Madrid, para que se desplomara electoralmente, o incluso en las actuales circunstancias, difícilmente llegase al 40% de síes a la independencia. Ese seguir obstinándose en que Cataluña seguiría en la UE, y ofreciendo la “doble nacionalidad” a los catalanes que quisieran seguir siendo españoles o afirmando seriamente que en una Cataluña independiente el Barça seguiría en la Liga Española de Fútbol… o bien, en represalia, se incorporaría a la francesa… todo eso, son el resultado de un maquillaje histórico que ha hecho del fracaso la constante en la historia de Cataluña y que en su torpe ingenuidad, considera como “propio” algo cuyo sentido real no tiene que ver nada con sus aspiraciones, sus ínfulas y sus fantasías romántico ingenuo-felizotas.

Suerte tiene Artur Mas de no acabar como el Conde Paulus, abochornado cuando se le pregunta porque vulneró el juramento realizado coronado por las espinas de una pescadilla. Artur Mas, ni siquiera puede hacer como los barceloneses del siglo VIII, convertirse al islam a la llegada de los moros y recristianizarse de nuevo setenta años después con Ludovico Pío a las puertas de la ciudad. Su problema es que ya no sabe cómo decir a las organizaciones soberanistas que él mismo ha subvencionado, a los que ha suscitado esperanzas, a los que ha lanzado a la calle, que la independencia es inviable y que ni siquiera garantizaría la supervivencia de Cataluña. Sabe, además, que el día en que comunique a ERC y a la ANC, al Ómnium e incluso a CDC que la broma se ha terminado y que hay que reconvertirse… sabe que ese día, simplemente se lo comen. Y si no se lo comen ellos, se lo comerá el “Islam catalá” omnipresente y cada vez más reforzado por la natalidad y por la debilidad evidente del soberanismo que le tiende la mano.

Suerte tendrá Artur Mas de no ver un cañón de 75 mm ante la puerta del Palau de la Generalitat como hace ahora 80 años. Suerte, incluso de que nadie, ni él mismo, ni ERC, ni la Forcadell, tengan gran interés en proclamar el “Estado Catalán” de manera insurreccional, porque no dudaría ni las 17 horas que duró el de 1934.

La sensación que da ahora Artur Mas es la de un masoquista al que unos y otros le están azotando y que ha olvidado la palabra clave para detener el juego o que no se atreve a decirla porque sabe que le sacudirán más fuerte. Hoy Mas no es maltratado por Rajoy… sino por los que le acompañan en la aventura. Mas es hoy el siervo, el esclavo sumiso, el perro humillado, arrodillado, con correa al cuello y bragas de cuero, a los pies de las CUP, de la ANC, de los radicales de la JNC y de CDC, del Ómnium y, por supuesto, del master de la velada, Oriol Junqueras. Hacen con él, simplemente, lo que quieren. La reunión del viernes pasado en el que la cúspide soberanista se reunión, así lo indica a las claras. El margen de actuación de Artur Mas es hoy tan pequeño como el del masoquista encerrado en la jaula que él mismo ha construido.

Auguramos que en las navidades de 2014, el caganer (la gran aportación nacionalista al pesebrismo mundial) más solicitado en Cataluña será el que reproduzca la imagen de Artur Mas. En todo masoquismo siempre termina existiendo una componente anal. Freud estudió el fenómeno hasta la saciedad. Es el lógico remate a la exaltación de una historia maquillada construida derrota a derrota, hasta la derrota final que le espera.
Recortes de Prensa   Página Inicial