AGLI Recortes de Prensa    Viernes 10  Octubre  2014

Reforma constitucional
La que nos están preparando
Emilio Campmany Libertad Digital 10 Octubre 2014

La reforma constitucional está siendo destilada en un alambique clandestino para luego embotellarla y venderla como jarabe curalotodo. En principio, parece que los únicos que quieren la reforma, sin decir en qué va a consistir, son la gente de la izquierda no nacionalista. La derecha en el Gobierno parece sólo inclinada a hablar de ello, pero siempre que sea después de que se le diga qué se quiere hacer. Y los nacionalistas afirman con vehemencia que ya nada que no sea la completa y total independencia les satisfará. Todo es una impostura. Los únicos relativamente sinceros son los independentistas más extremos. El resto lleva tiempo hablando del contenido que tendrá esa reforma, que se presentará como la que salvará a España de la ruptura. Pero ¿cómo será?

Naturalmente, no se piensa tocar nada que exija la disolución de las Cámaras y el posterior referéndum, sino que la colarán de forma que baste el voto favorable de tres quintos del Senado y el Congreso. Para lo cual se empleará seguramente una disposición adicional que no derogará expresamente más artículos que los que puedan reformarse sin esos requisitos o se limitará a derogar tácitamente los que se opongan a ella. Se dirá que Cataluña es una nación, se hablará de la singularidad del pueblo catalán y se le atribuirán nuevas competencias. Tanto éstas como las que ya tiene podrá ejercerlas de manera exclusiva, de forma que no exista ya la obligación de acomodarse a ninguna legislación estatal, especialmente en educación y en materia lingüística. Se reconocerá un Poder Judicial distinto del que haya en el resto de España, de forma y manera que un Tribunal Supremo catalán será allí la última instancia. Se arbitrará un sistema para que Cataluña participe en las decisiones relativas a las relaciones internacionales en todo lo que no sean estrictamente cuestiones de Defensa. Y por supuesto tendrán una agencia tributaria propia con el compromiso de participar en los gastos comunes del modo que establezca una ley pactada entre ambos Gobiernos y aprobada por ambos Parlamentos, el español y catalán.

Naturalmente, esto implicará la derogación implícita de al menos el art. 1.2, ése que dice lo de que la soberanía reside en el pueblo español, que exigiría teóricamente la disolución de las Cortes y el referéndum. Pero siempre habrá catedráticos de Derecho Constitucional de la insigne escuela de Javier Pérez-Royo que expliquen que, puesto que el artículo que demanda esa disolución y el referéndum podría ser reformado sin esos requisitos, nada impide en la práctica reformar lo que haga falta sin ellos. Así, España sería la confederación en la que quería convertirnos el Estatuto de Cataluña. En ella, los catalanes serán sólo catalanes en Cataluña y catalanes y españoles en el resto del Estado. Los demás tendríamos que conformarnos con ser humildes extranjeros de segunda en Cataluña y avergonzados españoles a este lado del Ebro. Y encima nos pedirán que les aplaudamos con las orejas por haber salvado la unidad de la patria.

La falsa panacea del default
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 10 Octubre 2014

En otros artículos ya hemos tenido la ocasión de explicar la imposibilidad de acotar el concepto de “deuda odiosa” así como el alto coste que acarrea el impago para la viabilidad económica de un país. Sin embargo, todas estas consideraciones suelen verse opacadas por los beneficios que suelen atribuirse al default.

Y es que, según se nos ha dicho, los recortes del gasto y las brutales subidas de impuestos que hemos venido experimentando en los últimos años han tenido la única finalidad de hacer frente a los intereses de la deuda: presuntamente, pues, si pudiéramos librarnos de esos dichosos intereses, volveríamos a disfrutar de las mieles del sobregasto estatal con impuestos mucho más reducidos. La solución se antoja sencilla por muchos perversos efectos secundarios que pueda acarrear: muerto el perro (impagada la deuda) se acabó la rabia (los intereses asfixiantes).

Acaso convenga no dejarse engañar por este omnipresente discurso populista y tratar de dilucidar si semejantes aspiraciones tienen algún fundamento.

El peso de los intereses de la deuda
A finales de 2013, los intereses de la deuda pública española ascendían a 34.200 millones de euros (tipo de interés medio del 3,5%), lo que equivale al 3,3% del PIB y al 7,3% de todo el gasto público. En el año 2007, con superávit presupuestario, los intereses totalizaban 16.900 millones de euros (tipo de interés medio del 4,4%), siendo equivalentes al 1,6% del PIB y 4% de todo el gasto público. Dado que el déficit público de 2013 ascendió al 6,33% del PIB, la totalidad del déficit público actual no puede explicarse por la necesidad de pagar los intereses de la deuda: aun cuando los intereses se redujeran a cero (lo que técnicamente se conoce como “saldo presupuestario primario”), nuestro déficit público superaría el 3% del PIB, esto es, el límite fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

La primera lección, por tanto, es sencilla: aunque no pagáramos ni un solo euro en intereses, no sólo no podríamos revertir los recortes del gasto y las brutales subidas de impuestos, sino que deberíamos ahondarlas para eliminar nuestro déficit primario. Así pues, atribuir los recortes a la necesidad de pagar los intereses de la deuda es falaz: aún sin intereses, deberíamos haber acometido al menos la misma magnitud de ajuste presupuestario (aunque no necesariamente del mismo modo: mi apuesta siempre ha sido recortar mucho más el gasto público y no subir los impuestos).

El ahorro de una auditoría de la deuda
Descrito el contexto presupuestario, podemos proceder a pronosticar qué alivio presupuestario acarrearía una auditoría de la deuda y el consiguiente default de los pasivos odiosos. A la postre, auditar la deuda no significa repudiar la totalidad de la deuda sino, según se nos ha dicho, sólo aquella que tiene un origen ilícito: por tanto, el ahorro de gastos financieros derivado de un default no se corresponde con la totalidad de los intereses, sino sólo con una porción. ¿Qué porción?

Tal como ya he indicado, no resulta posible acotar qué deuda pública es odiosa y cuál no lo es: el concepto es una mera coartada doctrinal para legitimar la arbitrariedad de los gobiernos a la hora de no cumplir con sus compromisos asumidos. Pero dejemos de lado esta dificultad y asumamos que sí podemos cuantificar objetivamente qué parte de la deuda pública española es odiosa.

En general, se nos ha dicho que los pasivos públicos odiosos se corresponden con buena parte de la deuda emitida durante la crisis. Entre 2008 y 2013, se han emitido unos 600.000 millones de euros en deuda pública: si la mitad de la misma fuera declarada odiosa, dejaríamos de pagar intereses sobre 300.000 millones de euros; si el 75% fuera declarado odioso, nos ahorraríamos los intereses sobre 450.000 millones. Conviene remarcar que los porcentajes que estamos manejando son extraordinariamente elevados y convertirían la reestructuración de deuda de nuestro país en la mayor de la historia: es decir, no estamos racaneando con su cuantía, sino más bien asumiendo porcentajes irrealmente elevados.

Pues bien, si España impagara 300.000 millones de euros, su deuda pública total quedaría reducida al 70% del PIB frente al 100% actual; si impagara 450.000 millones, al 55% del PIB. Dado que abonamos casi 35.000 millones de euros en intereses, el primer impago nos permitiría reducir su cuantía en 10.000 millones de euros y el segundo en 15.000 millones. Por consiguiente, si el Gobierno español optara por sacudir la economía mundial con el mayor impago de la historia —lo que muy probablemente acarrearía la descomposición de la zona euro y la expulsión de España de los mercados de capitales—, lograríamos un ahorro de entre el 1% y el 1,5% del PIB. Recordemos: el déficit a finales de 2013, tras todos los molestos ajustes aprobados, todavía ascendía al 6,5% del PIB. ¿Hacen falta tantas alforjas para este viaje?

Un déficit infinanciable
Pero la historia no termina aquí. Que el mega-impago de deuda sólo consiga rebajar el déficit público hasta el 4,5%-5% del PIB significa que el gobierno español seguiría teniendo un desequilibrio anual entre ingresos y gastos de alrededor de 50.000 millones de euros. Para gastar cada año 50.000 millones más de lo que ingresamos, la alternativa más común es justamente la de emitir deuda: ¿pero cómo vamos a lograr emitir deuda después de haber impagado la deuda? El default nos excluiría de los mercados de capitales, lo que significaría que no podríamos captar voluntariamente ahorro ajeno para gastar más de lo que ingresamos.

¿Cuáles serían entonces las alternativas? Muchos más ajustes de los aprobados hasta la fecha. O bien el Gobierno equilibra el presupuesto ante la imposibilidad de financiar su déficit (es decir, se recortan mucho más los gastos y se incrementan los impuestos) o bien sufragamos el déficit imprimiendo moneda a mansalva. Dado que con el impago de la deuda habríamos finiquitado la zona euro, la impresión de moneda significaría estampillar gigantescas cantidades de neopesetas (si siguiéramos en el euro, la mayor parte de nuestros socios comunitarios se opondrían a que el BCE monetizara nuestros déficits, así que la vía de imprimir euros no la tendríamos disponible en cualquier caso). Siendo la neopeseta una moneda débil (una moneda que ningún ahorrador nacional o extranjero demandaría en grandes cantidades), el incremento desproporcionado de su oferta generaría una elevada inflación interna que sufrirían en sus propias carnes los españoles: el Estado gastaría más a costa de que los españoles gastaran menos (es decir, los españoles sufrirían recortes reales en su poder adquisitivo).

En definitiva, el default de la indefinible deuda odiosa no sólo proporcionaría un escasísimo alivio presupuestario que no permitiría en absoluto revertir los recortes aprobados hasta la fecha, sino que nos abocaría a decretar muchísimos más recortes ante la imposibilidad de seguir financiando el déficit. Como tantas otras recetas populistas, el default es un caramelo envenenado.

Rodiezmos y primicias
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 10 Octubre 2014

HAY FRASES en los libros de texto o en la enciclopedia de la vida que se nos graban en la infancia y germinan, gracias a la música de la lengua, cualquier día en cualquier página. Umbral convirtió en libro Los helechos arborescentes. De los telediarios rescató Carmen Martín Gaite Nubosidad variable. A mí me fascinaban de niño los diezmos y primicias de los monasterios y la Tara y Carga que exhibían los camiones que se llevaban los pinos de mi pueblo mundo adelante. El diezmo me quedó claro: dar al Rey o la Iglesia la décima parte de lo que daba la tierra, que era la carga del camión. Pero las primicias y la tara no acababa de entenderlas, porque en las montañas de Teruel la primicia del invierno es el verano y no veía yo tara alguna en aquellos camiones de la madera, que me parecían un prodigio de la técnica.

En los años de Zapatero, crepúsculo esperpéntico del socialismo español, me fascinaba la ceremonia de Rodiezmo, con el presidente del Gobierno descamisadito, Alfonso Guerra con pañuelo rojo al bies y, entre ambos, un señor con aspecto de levantarse la mesa tras trasegar abundosa fabada, repetir arroz con leche, degustar orujos varios y, suponía yo, compartir tabaco de liar y hojita de librito con El Abuelo Vítor de Víctor Manuel. Yo me imaginaba a aquel señor gordito que más que alzar el puño lo sostenía, un tal Fernández Villa, cantando al naipe del atardecer la Maruxiña que aprendíamos de rojitos tiernos: «Santa Bárbara bendita, / patrona de los mineros...».

Uno se hace mayor, léase liberal, cuando descubre que el pañuelo rojo es de Hermès, que la mina es una subvención, que el carbón cuesta más que lo que vale y que la plusvalía marxista funcionaba en Hunosa al revés: los camareros que echan once horas diarias pagan los supersueldos de los mineros prejubilados, sin maruxiñas ni nada. Todo, por sostener los rodiezmos del PSOE y las primicias de UGT, porque los mineros fundaron el sindicalismo, tan heroico en su génesis como corrupto en su apocalipsis, que fue ayer.

Porque ayer supimos que el gordito de la foto, entre Zetapé y el enmano de Mienmano, blanqueó, a medias con Hacienda, un millón y medio de euros en metálico. Y entendimos el significado de rodiezmos y primicias. Qué pena ver cómo destiñe el rojo. Y tener que pagar el tinte.

Dos cuestiones de Estado
RICARDO MARTÍN FLUXÁ El Mundo 10 Octubre 2014

CASI SIEMPRE que se habla de competitividad se alude a este término en relación con el mundo de la empresa y su capacidad para adaptarse a los nuevos requerimientos del mercado. Y se suele decir que depende principalmente de su propia voluntad de cambio y de sus posibilidades de adaptación a las nuevas condiciones del mercado. Visto desde este punto de vista, hay quienes han corregido este planteamiento exclusivista de la competitividad, confinado al ámbito empresarial, para extenderlo a otras realidades. Quienes así piensan, hablan de este concepto como un atributo individual, que conecta con el territorio de la actitud y la voluntad del ser humano para seguir mejorando de forma continua a lo largo de su vida laboral, y por extensión se refieren también a la competitividad como una característica de los propios países. En este sentido, podríamos hablar de países competitivos y países que no lo son, dado que estaríamos realizando una suma de las condiciones para competir que presentan tanto las empresas como los individuos que las forman.

Sin duda, es esta visión holística del concepto de competitividad la que más se aproximaría a la realidad de nuestras sociedades, si bien en el enunciado de este planteamiento nos faltaría por apuntar la responsabilidad que tienen los propios gobiernos a la hora de fomentarla. Efectivamente, una empresa tiene la obligación de ser cada día más productiva para que sus competidores no la desplacen del mercado. Y eso supone innovar en procesos, abordar nuevos mercados, mejorar la eficiencia de sus modelos, etc. De la misma manera que la primera responsabilidad de formarse y reciclarse, en aras de favorecer su empleabilidad, recaerá siempre en el individuo. Sin embargo, no es menos cierto que las estructuras jurídicas, o eso que algunos llaman entorno, y que incluiría toda la órbita de normas que gravita sobre las empresas y los individuos, puede convertirse en factores obstaculizadores o favorecedores de la competitividad. Nos referimos a normas que aluden a la fiscalidad, al empleo, al medio ambiente, a la libertad y unidad de mercado, a la facilidad para hacer negocios... Y, sin duda alguna, a la Educación. No en vano son las personas las que constituyen las empresas y las que, además de conocimientos específicos, necesitan absorber los cambios tecnológicos para poder aplicarlos después en forma de innovación en la estructura productiva.

Si nos ceñimos a los datos con los que periódicamente nos ilustran diversos informes de reconocidas instituciones internacionales, España tiene un problema estructural de competitividad (otra cosa son las mejoras puntuales derivadas de la devaluación interna acometida por las empresas para mejorar sus ventas al exterior y con ello revitalizar su actividad en estos años de severa crisis). Sin ir más lejos, el último Índice de Competitividad publicado por el Foro Económico Mundial, que mide cómo utiliza un país sus recursos y capacidad para proveer a sus habitantes de un alto nivel de prosperidad, indica que hemos empeorado en puntuación con respecto a 2013 (4,57 puntos en 2014 frente a 4,60 puntos de un año antes), y nos situamos en el puesto número 35 en una lista de 148 países, con escasos cambios, por cierto, a lo largo de los últimos ocho años.

Si tuviésemos que analizar cuáles son las causas de este estado de postración competitiva que presenta España, sin duda tenemos que referirnos a esos factores relacionados con el entorno de los que hablábamos antes, a los que aluden día tras día las autoridades económicas mundiales cuando exhortan a nuestro Gobierno a no cejar en la senda de reformas ya iniciada para soltar el lastre que impide a nuestro sistema productivo tomar altura. Entre ellas, con toda seguridad, destacaría la Educación, un ámbito en el que, para desgracia de nuestra sociedad, las fuerzas políticas no han sido capaces de ponerse de acuerdo en 37 años de democracia, dando lugar a siete leyes educativas que, apenas nacidas, soportan la amenaza de ser derogadas tan pronto como el correspondiente partido de la oposición tome el poder. Esa misma condena pesa sobre la reciente LOMCE, cuyos efectos se harán patentes desde este mismo curso que acabamos de iniciar.

Que la Educación tiene un peso fundamental sobre la Competitividad, y que esta relación causa-efecto es de sobra conocida por los expertos, se pone de manifiesto en los pasos que ha ido dando la Unión Europea en los últimos años para hacer converger las titulaciones universitarias dentro de un Espacio Europeo de Educación Superior. Quizás, uno de los puntos clave de esta reforma, haya sido el intento de adaptar el contenido de los planes de estudio de las titulaciones que se imparten en las universidades españolas, haciendo posible que los futuros profesionales respondieran, en términos de habilidades y competencias, a las necesidades reales de las empresas. No obstante, se trataría de una meta aún inalcanzada, en la medida en que ambos mundos carecen aún de pasarelas o puentes por los que transiten, en un viaje de ida y vuelta, las propuestas y demandas de una y otra parte, como periódicamente vienen denunciando los agentes económicos.

Para corroborar este hecho, baste con fijarnos en un detalle muy elocuente: el elevadísimo volumen de literatura científica generada por las universidades españolas y publicado en las revistas de su género, hasta el punto de haber alcanzado en pocos años el número 10 del ranking mundial, y en cambio, un escaso número de patentes registrado, que nos coloca en el puesto número 15 de la lista global, en una posición más que distante de los países de nuestro entorno, como Alemania. Si este país solicita alrededor de 18.000 patentes al año, España apenas si sobrepasa las 1.600, según datos del reciente Estudio de Patentes 2014, que elabora Online Business School. Probablemente, un sistema de enseñanza superior que solo basa la promoción de sus docentes en el aspecto de la producción y la publicación científica, más que en la materialización de sus hallazgos en innovación, pueda llegar a ser una de las causas de este desajuste que, de ninguna manera, se debería corresponder con un país que representa la quinta economía europea y que, en algún momento de su reciente historia, aspiró a formar parte de las diez mayores del mundo.

Como la experiencia se ha encargado de confirmar, la conexión entre conocimiento y tejido productivo constituye un factor clave para la generación de riqueza y debe estar en la base de cualquier proyecto que se proponga cambiar nuestro modelo de crecimiento. A título de ejemplo, en un país como Estados Unidos, a la vanguardia de la innovación mundial, ha sido su decidida apuesta por la investigación y el desarrollo lo que explica más de la mitad de su crecimiento económico en los últimos setenta años. Y la pieza clave de este engranaje han sido las universidades, bien como promotoras de empresas de base tecnológica, bien como impulsoras de marcos de colaboración entre investigadores y profesionales de otros sectores, o como polos de atracción de empresas en clusters de innovación; empresas, por cierto, que financian líneas de investigación que luego redundan en innovación y mejoras competitivas en sus estructuras.

SEGURAMENTE, como señalan algunos, el problema para solucionar este déficit de innovación en nuestro sistema sea consecuencia de falta de dinero y presupuestos, y probablemente no les falte razón, pero también es cierto que a veces no se trata solo de dinero, sino de la corrección del modelo. Un modelo, por cierto, que es capaz de generar el mayor número de universitarios de toda Europa (otra cosa es analizar si la enorme oferta de titulaciones de las universidades españolas se corresponde con una demanda real desde el punto de vista del mercado) y, al mismo tiempo presenta el menor índice de titulados en Educación Secundaria no Obligatoria (Bachillerato y FP de Grado Medio). Según el informe Panorama de la Educación 2013, de la OCDE, tan solo un 22% de los españoles tienen alguna de estas titulaciones frente a un 48% de media que sí la poseen entre los países de nuestro entorno (UE-21) y un 44% de la OCDE. Y más preocupante, si cabe, es el hecho de que alrededor del 46% de los españoles en edad de trabajar posean por única titulación la ESO o ni siquiera. Esta última cifra baja al 25% en la OCDE y a un 24% en la UE-21.

Nos encontramos, por tanto, ante un sistema educativo que en sus niveles superiores no sólo no favorece el trasvase de innovación hacia el sistema productivo, sino que además ha crecido en los últimos años en términos de oferta, sin que en muchos casos esa oferta se corresponda con las demandas reales de las empresas. Y en lo que se refiere a los niveles medios, tampoco ha sido capaz de reducir el fracaso y el abandono, poniendo en cuestión el papel de igualación social y generación de oportunidades que debería corresponder a nuestro modelo educativo. Se trata por tanto de un desafío a la sociedad española y, en particular, a nuestros gobernantes. Todos ellos deben comprender que estamos ante una cuestión que trasciende el ámbito ideológico y de partido para situarse en la auténtica base fundamental que determina el camino hacia el progreso.

Ricardo Martín Fluxá es Presidente de la Fundación Ankaria y del Consejo Social de la Universidad Rey Juan Carlos

Cataluña
Mas presume de dialogante: los suyos linchan
Cristina Losada Libertad Digital 10 Octubre 2014

Se ha sostenido que la poesía no se puede traducir y conozco a gente que suscribiría que se prohibiera hacerlo. Yo, que no soy tan purista, en cambio suscribiría que se obligara a traducir a otros idiomas nuestro particular bullshit. Tras leer la entrevista a Artur Mas recogida en una crónica del corresponsal del New York Times en España, no me cabe duda de que la traducción tiene a veces efectos reveladores. El cartón se ve mejor desde la distancia.

El presidente de la Generalidad se presentaba en la entrevista como un político dialogante, de mano tendida, que albergaba la esperanza de "convencer a Rajoy" y de que el Gobierno español "siguiera el ejemplo de Escocia". No se le puede pedir más a Mas; intentó persuadir, que es cosa muy civilizada. ¿Y qué se encontró? Pues encontró que, en lugar de una atmósfera de diálogo, Rajoy creó un clima de “hostilidad institucional, que no es normal en una democracia española que ya debería ser madura”. Qué lamentable la inmadurez de esa democracia española, de la que Mas evidentemente no se siente parte, que es una democracia que estima que debe regirse por la ley y no violentarla, como él pretende.

Se confesaba Mas como un político que ha "evolucionado como la mayoría de la sociedad catalana", o sea, no como un político que ha instigado a la sociedad catalana a sumarse a la aventura independentista alegando falsos agravios y haciendo promesas engañosas. Y decía: "Ya no creo en el Estado español de los siglos XIX y XX, porque es un Estado en el que hemos intentado hacer todo lo posible para encajar bien, y no lo conseguimos". Qué desolación, dos siglos esforzándose por encajar bien en España y la muy cabrita, nada, que no les ha dejado. Por cierto, ¿no eran tres siglos?

Todo esto parecerá un déjà vu, nada nuevo bajo el sol, nada que Mas no haya dicho, pero cuando habla para el exterior se aprecia como nunca el afán de nacionalistas como él por colocar a España en una liga de tercera regional, en un estadio previo e inferior al de otras democracias y, por supuesto, al de Cataluña. Porque el correlato de la inferioridad española consiste en situarse ellos (cuando hablan de Cataluña hablan de ellos) en el otro hemisferio; el de los verdaderamente civilizados y maduros, como si hubieran estado en un territorio felizmente aislado, ¡por siglos!, de la atrasada, primitiva y tosca España. Ante el interlocutor extranjero, en fin, les sale con más desparpajo el sentimiento de superioridad que late en el fondo de su doctrina, de su política y de su independencia.

Eso es el discurso para guiris, con exigencias de madurez a la democracia española por parte de quien presume de valores dialogantes y civilizados. Bien. El mismo día, pero habría ejemplos cualquier día, incluso en los platós de TV3, se publicaba que el catedrático Joaquim Brugué se despedía de las redes sociales y de los medios tras un linchamiento particularmente intenso en Twitter a cargo de los independentistas. El pecado de Brugué fue haber renunciado a formar parte de una suerte de junta electoral del 9-N, porque no quería avalar una consulta que "no ofrece garantías democráticas".

No es un hecho aislado, no es algo excepcional el linchamiento tuitero y mediático de Brugué. Viene sucediendo de manera constante. La cafrada, cierto, la hay en todas partes, pero es dispersa; un día la toma con uno y al otro, con otro. En Cataluña la toma, por norma, con el que osa disentir en público del nacionalismo y ahora de la independencia. Es una plaga consentida, es el modo en que se intimida a una sociedad, es la manera sucia de generar una espiral de silencio. Linchar al disidente es un rasgo estructural de esa particular civilización nacionalista. De tan madura, podrida.

Cataluña
España, en 'prime time'
José María Albert de Paco Libertad Digital 10 Octubre 2014

Suelo cruzar el umbral de la medianoche al arrullo de El Larguero. No, no es que me desvelen la concentración de la Selección Española en Eslovaquia, el Ironman de Hawái o las predicciones del tal Manolete; precisamente por eso, porque ese mundo me trae sin cuidado, sumirme en él me ayuda a conciliar el sueño. El lunes, no obstante, durante la primera de las pausas publicitarias, una de las cuñas me hizo dar un respingo. Fueron poco más de 20 segundos:

El Día de la Hispanidad, súmate a la concentración festiva y familiar de Sociedad Civil Catalana por la España de todos. No importa cuál sea tu ideología o tu lugar de origen; el 12 de octubre a las 12 de la mañana, en la Plaza de Cataluña de Barcelona, es el momento de hacerte escuchar. Si no eres de Barcelona, reserva plaza en nuestros autobuses gratuitos en scc.cat. Comprometidos por Cataluña.

Tengo para mí que no fui el único antinacionalista que, ante dicho anuncio, notó el cosquilleo del vértigo. No en vano, esa muesca en el prime time nos libraba del estigma de la disidencia (tan romántico como limosnero) para convertirnos, siquiera por un lapso, en establishment. La inserción de un audio en el programa de José Ramón de la Morena ronda los 7.000 euros, en lo que constituye la tarifa de mayor cuantía en la Cadena Ser. Ignoro los pormenores de la contratación (si ha habido descuento, por ejemplo, o si la pastilla se emite únicamente en Cataluña), mas teniendo en cuenta que la convocatoria de SCC se ha radiado no un día, sino al menos dos, el desembolso debe de haber sido cuantioso. En el afán de averiguar el presupuesto de la campaña me puse en contacto con Daniel Tercero, del Departamento de Comunicación de SCC, pero no obtuve más respuesta que un vertiginoso wpp: "Lo pregunto pero vamos desbordados, no creo que lo tenga antes del domingo"; lo cual, si bien se mira, no deja de ser halagüeño, acostumbrado como estaba a la transparencia de la carestía.

Ignoro, así, la cifra exacta del gasto, pero me congratulo de que haya dinero que gastar. Ello significa que, o bien Sociedad Civil Catalana ha recibido un sinnúmero de aportaciones de sus socios y colaboradores, o bien Presidencia se está haciendo cargo de las facturas, lo que equivaldría a decir que el Gobierno empieza a considerar la posibilidad de personarse en la contienda. Cualquiera de estas dos hipótesis sería una gran noticia, aunque a mi modo de ver lo ideal sería que Estado y ciudadanía fueran a pachas. ¡Será por terceras vías!

Lo que piensan las élites sobre Podemos
Esteban Hernández El Confidencial 10 Octubre 2014

En La Sexta debieron dar saltos de alegría cuando vieron las cifras de audiencia cosechadas con la entrevista del pasado sábado a Pablo Iglesias. Fue una larga conversación, con momentos tensos, con reflexiones interesantes, en la que supimos que Juan Carlos Monedero será candidato a la alcaldía de Madrid, y en la que quedó retratada la estrategia que seguirá Podemos en los próximos meses.

Pero ese 16,2% de share, seis puntos más que la semana anterior, también debió hacer felices a los dirigentes de Podemos, que ven cómo su presencia social continúa aumentando cada vez que tienen espacio para exponer sus ideas con tranquilidad, y cada vez que Iglesias se pone enfrente de la cámara.

Las claves de Podemos
Sin embargo, este crecimiento de Podemos sigue sin inquietar del todo a las élites españolas, que observan el fenómeno con inquietud, pero desde una cierta distancia. Lo ven como peligroso, pero sin fuelle para llegar a buen puerto. La posición sobre Podemos de las élites, que quedó perfectamente sintetizada por Antonio Garrigues Walker, y que es la que alimenta también la perspectiva de los partidos institucionales, se basa en dos tesis:

1. Podemos es fruto de la crisis y del descontento, y son un fenómeno, no un partido. Vivimos en un mundo complejo que está pasando por dificultades serias, por lo que una dosis de malestar resulta inevitable. Las medidas a tomar en ese contexto, que son muy complicadas, llevan a un deterioro de las condiciones económicas de vida de buena parte de la población, y eso será así hasta que nos recuperemos. En ese intervalo es donde se ha situado Podemos, al igual que lo han hecho los populismos europeos.
Cuando Podemos tenga que gobernar sabrá lo que es la política de verdad

La diferencia española con el resto del continente, y con formaciones como la de Le Pen, son desde esta mirada, muy importantes. Podemos no es un partido, o al menos no lo es todavía, y tiene todavía que ponerse en pie. Una estructura débil es un gran problema, y Podemos está aún sin articular. En segundo lugar, en ese proceso de construcción, es evidente que surgirán conflictos internos, lo cual minará más aún a la formación emergente. Y si además de eso tienen que gobernar alguna población porque consiguen los votos suficientes, entonces sabrán lo que es la política, porque tendrán que ponerse al frente y lidiar con los problemas reales, corrupción incluida.

2. Podemos está subiendo en las encuestas gracias al descrédito de unos partidos que son mal vistos por la ciudadanía por su mal funcionamiento y por su escasa predisposición al diálogo. En este sentido, las palabras de Garrigues son perfectamente descriptivas de cómo en determinados entornos la ausencia de acuerdos en materias importantes, como la laboral, la educación o la sanidad, es percibida como la razón última de su escasa aceptación entre la gente. Si los partidos acordasen lo sustancial, la gente común les apreciaría más.
Podemos sabe que tiene a tiro al PSOE, y tiene la mirada puesta en la distancia que le separa del PP

Por eso las élites han celebrado la llegada de Pedro Sánchez al PSOE, en tanto paso eficaz en esa dirección. Tampoco Madina iba a revolucionar el partido, pero sí pretendía hacer cosas diferentes, mientras que Sánchez ofrecía estabilidad interna, al supeditarse al liderazgo de Susana Díaz, y externa, al estar más dispuesto a llegar a acuerdos con el PP y tener mayores canales de diálogo institucionales.

Pablo Iglesias piensa de otro modo
Por decirlo de otra manera, desde su perspectiva, Podemos es un fenómeno coyuntural, que quedará limitado a tercera fuerza política en el mejor de los casos, y que irá perdiendo fuelle a medida que llegue la recuperación económica y que los partidos institucionales sean capaces de ofrecer más diálogo, que consigan ser más transparentes y que comuniquen mejor lo que hacen, de modo que la relación con el ciudadano sea más fluida.

Pablo Iglesias piensa de otro modo. Lo entenderemos mejor si analizamos el asunto como si fuera una carrera en la que el tercer clasificado, que se ve con fuerzas, está echando el aliento en el cogote del segundo y mira a los lados analizando cuál puede ser el mejor momento para rebasarle y dejarle tirado. Podemos sabe que tiene a tiro al PSOE, y tiene la mirada puesta en la distancia que le separa del PP. Como Iglesias afirmó en La Sexta, la estrategia a seguir es la propia del ajedrez, que no calcula el próximo movimiento sino que está pensando en cómo comerse a la reina del rival, y el objetivo que tiene en el punto de mira a corto plazo es el PSOE. Pero Iglesias tiene la carrera entera en mente, y sus metas no son ser el tercer partido ni el segundo.
Un 'think tank' cercano al PSOE dice que nuestro programa es razonable, incluso más que el que ellos están promoviendo

La entrevista en La Sexta forma parte de esa estrategia. En ella, hubo numerosas referencias al PSOE (entre otras: “Nos ven superando en las encuestas a los socialistas”; “un think tank cercano al PSOE dice que nuestro programa es razonable, incluso más que el que ellos están promoviendo”; “somos el segundo partido en intención de voto”; “quieren hablar con Renzi, quien acaba de hacer una reforma laboral que empobrece a los trabajadores”; “el cambio político no pasa por los partidos tradicionales”; o “la gente está harta de lo viejo”) y sobre todo dibujó con pinceladas firmes un discurso electoral que, en las palabras utilizadas por Pablo Iglesias, “es plenamente asumible por los votantes socialistas”. Este sabe que tiene a tiro al PSOE, ha clavado sus fauces sobre la presa y no la va a soltar. Y uno tiene la sensación de que como el PSOE no desarrolle otra estrategia, más pronto que tarde se verá superado por Podemos, y eso será una catástrofe para la perdurabilidad del partido del viejo Pablo Iglesias.

¿Todo volverá a su cauce?
Las élites, mientras tanto, miran el asunto con interés pero sin preocupación. Siguen pensando que es algo controlable, que si los partidos institucionales (los viejos partidos) colaboran, llegan a acuerdos y cierran filas frente a los partidos emergentes, incluso no diferenciándose en sus propuestas, todo volverá en un tiempo razonable a su cauce. Puede ser, pero lo cierto es que Podemos están sacando partido precisamente de esa actitud. La política como conflicto, entendida en el sentido descrito por Íñigo Errejón, parece hoy mucho más efectiva.

La independencia, a hurtadillas
Nacho Martín Blanco www.cronicaglobal.com 10 Octubre 2014

Dos años después de las últimas elecciones catalanas, convocadas por Artur Mas tras la multitudinaria manifestación del 11 de setiembre de 2012 y su posterior reunión con Rajoy para exigirle un pacto fiscal para Cataluña similar al de las comunidades forales, estamos exactamente donde los partidos soberanistas esperaban que estuviéramos a estas alturas. No donde quisieran, o sea en puertas de la independencia, sino sencillamente donde suponían que íbamos a estar hoy de resultas de su deliberada ruptura por entregas de la legalidad vigente, esto es, en un estado de inquietud y descontento político y social generalizado que es caldo de cultivo para la convocatoria de unas nuevas elecciones autonómicas de signo plebiscitario a las que CiU -o por lo menos CDC- concurriría, esta vez sí, con un programa inequívocamente independentista, quizá de la mano de ERC y la CUP. Es evidente que, antes de empezar a hablar claro, necesitaban enredarlo todo para apuntalar a hurtadillas su objetivo.

El comportamiento electoral, no digamos ya el demoscópico, varía sobremanera en función de si se trata de una consulta no vinculante o de un referéndum decisorio

Sin embargo, saben que el actual estado de cosas no les basta para rematar la faena, porque, a pesar del agitado clima político forjado en Cataluña al calor del consabido proceso, ninguna encuesta -ni siquiera las más favorables- les otorga una mayoría suficiente para alcanzar su objetivo último, que en puridad no puede ser otro que la independencia. El último barómetro del CEO (Centro de Estudios de Opinión, de la Generalitat) apuntaba que el 47,1% de los encuestados respondería con un doble “sí” a la pregunta encadenada planteada para la convocatoria del próximo 9 de noviembre, por ahora suspendida por el Tribunal Constitucional. Y eso cuando, según la Generalitat, se trata de una mera “consulta consultiva (sic) sin efectos vinculantes”, poco más o menos que una encuesta informativa, con una doble pregunta inescrutable -tachada de posible “intento de manipulación” por Stéphane Dion, padre intelectual de la Ley de Claridad canadiense-, que difícilmente podrá celebrarse porque “Madrid no nos deja votar”, etc.

Pues bien, está demostrado que el comportamiento electoral, no digamos ya el demoscópico, varía sobremanera en función de si se trata de una consulta no vinculante o de un referéndum decisorio, por lo que no resulta descabellado deducir que ese 47,1%, en cualquier caso insuficiente a todas luces para proclamar la independencia, supone el culmen de las aspiraciones soberanistas, tras dos años de orquestada ceremonia de la confusión. De ahí que hayan decidido desoír la suspensión de la consulta dictada por el Tribunal Constitucional. Suspiran por un acto final apoteósico, con la Guardia Civil retirando urnas el 9 de noviembre. La voluntad del pueblo aplastada por la Benemérita, ¡qué mejor metáfora para justificar el proceso! Pero no caerá esa breva, entre otras cosas porque de entrada los responsables del mantenimiento del orden público en Cataluña son los Mossos d’Esquadra y, claro, entonces la metáfora pierde toda su fuerza.

Las principales divisas del proceso soberanista catalán han sido desde un principio el unilateralismo y la falta de claridad. El unilateralismo queda claro desde el momento en que se afirma la soberanía del pueblo catalán en detrimento de la soberanía de todos los españoles, incluidos por supuesto los catalanes, que consagra la Constitución. Las dos preguntas decididas unilateralmente por los partidos soberanistas no dejan lugar a dudas: los catalanes no sólo podemos decidir libremente separarnos del resto de España (segunda pregunta) sino que incluso podemos decidir a nuestro albedrío que España se convierta en un Estado federal o hasta confederal (primera pregunta). Dos preguntas, a cual más unilateral.

¿Los ciudadanos del resto de España no tienen derecho a decidir, ni siquiera a opinar, sobre la segregación de parte del territorio de su país?

La falta de claridad del proceso alcanza el paroxismo con la campaña institucional “Tú decides” que llama a la participación en una consulta que en teoría es sólo para opinar. ¿En qué quedamos? ¿Decidimos u opinamos? Conscientes de su incapacidad para alcanzar una mayoría social cualificada y duradera en torno a la independencia de Cataluña, los partidos nacionalistas han revestido su objetivo duro (la secesión) de un lenguaje blando (derecho a decidir, transición nacional, “consulta no referendaria”, etc.) orientado a penetrar de rondón en capas de la sociedad tradicionalmente poco proclives a la causa independentista.

En momentos de agitación como los que vivimos en Cataluña las palabras suelen ser las primeras víctimas, y prueba de ello es la utilización que hacen los partidos soberanistas del concepto de autodeterminación, cuya aplicación a los pueblos promulgada por el presidente Wilson en sus célebres Catorce Puntos (1918) sólo es plausible en contextos coloniales o de ocupación extranjera. Los nacionalistas retuercen hasta reducir al absurdo un concepto, el del derecho a la autodeterminación, que en el fondo sólo es aplicable a la unidad humana básica, el individuo, que puede legítimamente reclamar para sí mismo libertad de acción y conducta con la única salvedad de respetar los derechos de sus iguales y estar dispuesto a limitar su derecho a la libertad en virtud del igual derecho de su semejante.

“La gente tiene derecho a decidir”, dicen desde ICV-EUiA. Pero ¿qué gente? ¿Toda o sólo la catalana? “El pueblo tiene derecho a decidir”, claman los de la CUP, que defienden la existencia de los Países Catalanes. Pero ¿qué pueblo? ¿Sólo el de la comunidad autónoma de Cataluña o el del conjunto de los territorios de lengua catalana? Y finalmente: “El pueblo catalán tiene derecho a decidir libremente su futuro”, sostienen sin ambages ERC y, ahora, CiU. ¿Y qué hay del conjunto del pueblo español? ¿Los ciudadanos del resto de España no tienen derecho a decidir, ni siquiera a opinar, sobre la segregación de parte del territorio de su país? Parece que no, cuando el solo hecho de plantearlo se paga con el sambenito de enemigo de Cataluña y de la democracia.

Fernando Savater: «A unos les engañan con preferentes y a otros con soluciones bolivarianas»
INÉS MARTÍN RODRIGO. MADRID ABC 10 Octubre 2014

El filósofo refleja en un nuevo libro de artículos su opinión sobre el desafío secesionista, los populismos, ETA o el paisaje imperante en Europa

Fernando Savater (San Sebastián, 1947) está indignado. El filósofo lleva años viendo cómo el Estado desiste de sus funciones, dejando crecer nacionalismos y populismos que imponen una visión fraccionada de la ciudadanía. Y ha dicho basta. De ahí la publicación de «¡No te prives! Defensa de la ciudadanía» (Ariel), un libro de artículos en el que Savater pasa revista a las cuestiones que más preocupan a la sociedad española. Sin ánimo de ofender, pero con el carácter combativo que requiere toda obra que aspira a ser pedagógica.

—El título es todo un alegato.
—Me parece sorprendente que la gente sea tan mansa, que esté dispuesta a que le quiten partes de su ciudadanía. Si salimos a la calle a protestar cuando hay recortes en sociedad o educación, con más razón cuando en una parte de nuestro país alguien dice que a recortar nuestra ciudadanía. Eso supone una mutilación de derechos muy seria. El ciudadano es el que, con la aceptación de la ley común que marca la Constitución, tiene derecho a ser diferente a todos los demás. La gracia de la ciudadanía es que tú puedes ser diferente a todos o parecerte a quien quieras.

—Dedica el libro a los «que no van a dejar que les condicionen o reduzcan su ciudadanía». ¿Cómo se logra eso?
«La mala educación la pagan los países mucho más cara todavía»
—Para eso hay políticos y elecciones y, sobre todo, para eso podemos apoyar a los partidos que no hablan de recortar la ciudadanía, sino de reforzarla. Los ciudadanos son políticos siempre y lo que hace falta es defender aquello en que creemos junto con las personas que piensan como nosotros. Y yo creo que en España hay personas que no están dispuestas a que les recorten la ciudadanía, ni el 9 de noviembre ni ningún otro día del año. A esos dedico el libro.

—El problema es cuando ciertos temas se usan como cortinas de humo.
—Hombre, claro. El nacionalismo como cortina de humo para tapar la mala gestión, como pasa en Cataluña. Cataluña ha sido una de las partes de España peor gestionadas y más corruptas, como está viéndose, y el nacionalismo es una forma de crear una pantalla frente a esos problemas y desviar la atención de los ciudadanos catalanes para otro lado.

—¿El independentismo es asunto sólo de catalanes y vascos?
«El populismo es la democracia de los ignorantes»
—Uno no es ciudadano de un lugar donde tiene puestos los pies, sino de una ley. Los ciudadanos somos ciudadanos de la Constitución, no de la tierra, siervos de la gleba. Cualquier intento de crear una secesión es un ataque a la ciudadanía del resto de los compatriotas.

—El derecho a decidir es de todos.
—Eso es evidente. El derecho a decidir es absolutamente imprescindible, eso es la democracia. Lo que nadie tiene es derecho a decidir quién va a decidir y quién no, que es lo que quieren los nacionalistas. Ellos reivindican el derecho a decidir que otros no decidan.

—¿Qué opina de quienes dicen que «la democracia está por encima de la ley»?
—Son imbéciles, es gente que no sabe lo que es la democracia ni lo que es la ley. Decir eso es como si yo dijera que el funcionamiento del hígado está por encima de la salud. Pues mira, no. ¿Cómo va a haber una democracia por encima de la ley si la democracia es el establecimiento de una ley para todos? La democracia es la ley.

—¿Se terminará celebrando el referéndum el 9 de noviembre?
«Si Cataluña quiere amparar la ilegalidad, el Gobierno tendrá que actuar»
—Las leyes están ahí, el Tribunal Constitucional ya ha hablado. Si las autoridades de Cataluña quieren amparar la ilegalidad, el Gobierno tendrá que actuar; para eso le pagamos, para que mantenga las leyes. Lo que nos tiene que salvar es la aplicación de la ley. Aplicar la ley a quien quiere violarla suele ser muy pedagógico. Y si no, el resto del país. A mí, que se manifiesten los nacionalistas en Cataluña no me parece ni bien ni mal, lo que me extraña es que no se manifiesten en el resto del país.

—¿Qué piensa de los populismos?
—El populismo es la democracia de los ignorantes. A veces sirve para sublevar contra problemas reales, pero no para solucionarlos. Busca revancha, pero no reforma.

—¿Y qué me dice de Podemos?
—Es un fenómeno justificado por la indignación de mucha gente. Son un instrumento de revanchismo social más que de reforma a fondo. Además, son personas que llevan ya tiempo en la política y no les hemos oído condenar el terrorismo o a ETA. Qué raro es cuando proponen como solución lo que está sucediendo en algunos países de América Latina. Hombre, en nuestro país hay corrupción, pero comparado con lo que hay en Venezuela no es nada. Es jugar con la necesidad de transformación social, que es muy real. Hay gente a la que le engañan con las preferentes y otra a la que le engañan con soluciones bolivarianas, pero el engaño sigue ahí.

—Dedica una parte importante del libro al paisaje actual en el País Vasco.
«Todos queremos saber de dónde sale el dinero de Bárcenas, pero ¿de dónde sale el del terrorismo?»
—La lucha cívica junto a la función de las fuerzas de orden público han imposibilitado el crecimiento de la violencia en el sentido terrorista que ha funcionado durante años. La violencia ha ido consiguiendo ventajas en la sociedad vasca que se siguen manteniendo y se reivindica como un premio a los violentos que han dejado de serlo. Quedan casos por esclarecer. ¿Quién pagó a ETA? Queremos saber de dónde sale el dinero de Bárcenas pero, ¿de dónde sale el del terrorismo? Si el discurso de la ciudadanía de todo el Estado, maltratado durante los años de violencia, no va a tener ninguna oportunidad con motivo del final de la violencia, mal negocio.

—Incluye una adenda sobre las Elecciones Europeas. Le dejaron preocupado.
—Porque confirmaron los problemas que estamos viendo. Europa es una alianza de derechos, que son los que definen la ciudadanía, de forma que quien se salga de su Estado de Derecho debe perder su ciudadanía y no recuperarla con ningún subterfugio. Las Elecciones han revelado una Europa muy próxima a nacionalismos, populismos… Los males de nuestro país están proyectados a lo largo de Europa. Todo lo que va contra un Estado de Derecho es eurofobia.

—En eso es fundamental la educación.
—La educación no puede ser simplemente una preparación laboral; es muy importante la formación de ciudadanos. La buena educación es cara, pero la mala educación la pagan los países mucho más cara todavía.

Palestina
Aunque nos apoyéis, os odiamos
Jaled Abu Toameh Libertad Digital 10 Octubre 2014

Dos incidentes acaecidos en campus universitarios de la Margen Occidental durante los últimos días nos sirven como recordatorio de que algunos palestinos no tienen problema en atacar o amenazar incluso a quienes los apoyan y tratan de ayudarlos.

No es la primera vez que los palestinos se muestran desagradecidos con quienes se esfuerzan por acercarse a ellos. Naturalmente, no tiene ningún sentido atacar a quienes luchan por ayudarte, a ti y a tu gente, pero ¿quién ha dicho que los palestinos –o cualquiera– actúen siempre conforme a sus intereses y de forma racional?

Durante las últimas dos décadas, los palestinos, como la mayoría de los árabes, se han visto sometidos a una campaña de incitación a gran escala contra Israel y Estados Unidos. Se trata de una campaña librada en los medios (sobre todo en cadenas de televisión árabes y musulmanas), en internet, en mezquitas y a través del discurso de líderes y políticos. Como consecuencia de la continua incitación, algunos árabes y palestinos ya no son capaces de distinguir entre quienes los apoyan y quienes están en su contra.

Si te dicen que todos los israelíes son malos, uno no distingue entre israelíes de izquierdas y de derechas. Se te enseña, desde bien pronto, que los judíos son "ocupantes" que "robaron" la tierra palestina a sus legítimos dueños. También te enseñan que todos los judíos (civiles inocentes incluidos) son objetivos legítimos porque o sirven en el Ejército o se identifican con el movimiento sionista.

Debido al adoctrinamiento, cada vez más gente de países árabes y musulmanes consideran que todos los israelíes son "colonos". Portavoces de diversos grupos palestinos, incluidos Hamás y Fatah, se refieren a menudo a ciudades israelíes (dentro del territorio de Israel) como "asentamientos". Durante el último enfrentamiento entre Hamás e Israel, medios palestinos informaban regularmente de que se habían lanzado cohetes contra los “asentamientos” de Ashkelón, Ashdod o Ramat Gan.

Ocupémonos ahora de los incidentes en campus universitarios, que nos proporcionan más pruebas de la creciente radicalización entre los palestinos.

En Nablús, la mayor ciudad palestina, los universitarios organizaron disturbios en protesta por una visita de funcionarios consulares estadounidenses a su campus. Según fuentes palestinas, éstos acudían de visita a la Universidad An Nayah como parte de sus continuados intentos de apoyar las actividades educativas y culturales en las universidades. Decenas de estudiantes que repetían eslóganes antiestadounidenses rodearon uno de los vehículos norteamericanos y trataron de impedirle la entrada en el recinto. Según varios testigos, el personal de seguridad de la universidad hizo un uso excesivo de la fuerza para dispersar a los manifestantes. Uno de los estudiantes, Mohamed Abu Awad, ingresó posteriormente en un hospital con un brazo roto.

El choque ha indignado a muchos estudiantes y a defensores de los derechos humanos. "La administración de la universidad no tiene derecho a dispersar una manifestación civilizada y democrática ni a golpear a sus participantes", ha afirmado Mohamed Dweikat, un activista político de Nablús.

Hazem Abu Hilal, un activista pro derechos humanos, sostiene que el problema no era la carga contra la manifestación, sino que la universidad la hubiera prohibido: "Se supone que las universidades deben servir como plataforma para la libertad de expresión".

Pero este incidente no tiene tanto que ver con la libertad de expresión como con el extremismo y el odio a Estados Unidos. Los manifestantes no querían representantes estadounidenses en su campus porque, según ellos, "Estados Unidos apoya a Israel". También protestaban por lo que ellos denominaban "apoyo estadounidense a Israel" durante la operación.

A estos estudiantes les han dicho que Estados Unidos es un enemigo porque apoya a Israel económica y militarmente. No importa que los representantes estadounidenses fueran a Nablús a ayudar a los palestinos; los atacaron porque representan a un país que, a ojos de muchos árabes y musulmanes, es un enemigo debido a su apoyo al derecho de Israel a existir.

El segundo caso también refleja intolerancia y, hasta cierto grado, hostilidad hacia los israelíes que llevan tiempo apoyando a los palestinos. El incidente, que ha sorprendido incluso a algunos palestinos, afecta a una periodista israelí del diario Haaretz que fue expulsada de una conferencia en la Universidad Bir Zeit, cerca de Ramala. El hecho de que la periodista, Amira Haas, lleve décadas escribiendo a favor de los palestinos no impresionó a sus amigos palestinos, que exigieron que abandonara el campus inmediatamente.

La periodista no fue expulsada por sus escritos, extremadamente favorables a los palestinos, sino por ser israelí y judía. La proscripción no afecta a los israelíes árabes. Haas fue expulsada porque su presencia en el campus infringía las regulaciones del movimiento antinormalización de la Margen Occidental, que prohíbe cualquier forma de contacto entre palestinos e israelíes, incluso aunque se trate de un partido de fútbol entre niños.

A comienzos de este año otro periodista israelí, Avi Issacharoff, estuvo a punto de ser linchado por palestinos mientras cubría un enfrentamiento entre gente que lanzaba piedras y soldados israelíes cerca de Ramala. Él tampoco fue atacado por sus escritos, sino por ser un judío israelí.

Ambos incidentes demuestran, una vez más, que la paz es imposible a menos que los palestinos dejen de incitar a los suyos contra Israel y los judíos. Irónicamente, la Autoridad Palestina, que tiene contactos diarios con Israel, apoya públicamente las campañas de boicot antiisraelí.

Si quienes los defienden ya no se sienten seguros cuando visitan universidades y localidades palestinas, los palestinos deben darse cuenta de que la incitación les está haciendo perder hasta sus mayores amigos y aliados.

© elmed.io - Gatestone Institute
Jaled Abu Toameh, periodista árabe-israelí.

España / entrevista
«¡Cuidado! El nacionalismo catalán puede acabar en bombas»
janot guil / barcelona ABC 10 Octubre 2014

El exterrorista arrepentido del IRA Shane O'Doherty alerta contra la deriva secesionista en España

Shane O’Doherty, nacido en 1955 en una familia católica norirlandesa de Derry, se enroló en el IRA cuando tenía 15 años. Con 20, sembró el terror en Londres con cartas-bomba contra jueces, políticos y hasta en el número 10 de Downing Street. Se convirtió en el jefe de explosivos de la banda terrorista. Ingresó en la cárcel y allí, redescubrió la fe católica y se convirtió en un apóstol de la no violencia. Tras cumplir 14 años y medio en presidio se dedicó a explicar su «conversión» en un libro («No más bombas») y alrededor del mundo. Ayer dio una conferencia a jóvenes en el Congreso de la Fundación Lo Que de Verdad Importa, en Barcelona. Y luego tuvo un aparte con ABC.

-¿Qué piensa del proyecto independentista en Cataluña?
-No hay problema en dar a la gente de un territorio más autogobierno; si lo quieren, dáselo. Pero es un asunto que compete a toda la nación si esto implica que las fronteras del territorio van a cambiar. No creo que los catalanes tengan el derecho de decidir solos si una parte del territorio nacional español puede ser extirpado.

-¿Estaba de acuerdo con que la celebración del referéndum de independencia en Escocia?
-Fue muy extraño, para los británicos, los galeses, el resto de británicos, que querían votar. ¿Por qué una minoría de británicos debe decidir si la Gran Bretaña debe dejar de ser un Reino Unido? Y eso que Escocia fue un país diferente, un estado independiente, durante muchos años...

-Su esposa es escocesa, ¿votó?
-No pudo, porque vivimos en Dublín y los escoceses que viven fuera de Escocia, y ese es otro tema, no podían votar. (Tampoco los catalanes que viven en el resto de España podrán hacerlo en la consulta del 9-N).

-¿Aceptaría que hubiera un referéndum sobre la unificación las dos Irlandas en un solo país?
-Hemos aprendido, el IRA y el Sinn Féin ha aprendido, que en ciertos territorios, a raíz de siglos de inmigración de gente de otras partes del Reino Unido, eso ya no podría funcionar más. Tenemos 1,5 millones de irlandeses que se consideran británicos. Además, ¿sabe qué? Desde Irlanda del Norte miramos las manifestaciones en Cataluña a favor de la independencia y, de alguna manera. nos reímos. Pensamos: mira, nosotros hemos tenido esta porquería durante 30 años, perseguimos un sueño, y, mientras, ¿qué pasó con nuestras escuelas? ¿nuestros hospitales? ¿nuestros empleos? Se ignoró. Mientras perseguíamos nuestro sueño de independencia, el resto del mundo decía “mira, trasladamos los puestos de trabajo, nuestras inversiones, a otro país”.

-¿Qué opina del conflicto en el País Vasco con ETA?
-En un artículo que escribí desafié a escritores, artistas, periodistas, profesores, sacerdotes y políticos vascos, la inteligencia vasca, a que dejaran de esconderse. ¿Quieren que el País Vasco sea representados por unos cuantos pistoleros sin cerebro?

-Eso pasó un poco con Irlanda...
-Sí, y decidimos que no lo queríamos. Porque ¿sabe qué?, una vez se ha encendido la llama del nacionalismo en su territorio, Cataluña, ¡cuidado! Es peligroso. Porque a la vuelta de la esquina hay un joven extremista, en su dormitorio, con un ordenador, mirando en Internet cómo hacer bombas. Y él no esperará a los discursos democráticos o de los políticos. Son jóvenes llenos de testosterona y sin cerebro que se convierten en devotos...

-¿Cómo le ocurrió a usted?
-Sí. Y estos jóvenes pueden ser muy devotos... Sobre todo, si el gobierno local empieza a proclamar que no estamos siendo tratados justamente por el gobierno central... y que podemos saltarnos la ley un poco... Una vez se da esta señal, vigile al doblar esquina a la primera bomba, la primera bala. Y si cree que esto no puede pasar aquí, le diré que sí. No son distintos a los vascos o irlandeses que cogieron las armas.

El presidente de Sociedad Civil Catalana denuncia acoso y amenazas a su hija
Josep Ramon Bosch lamenta que "un grupo de descabezados la insultaron con gritos de fascista y nazi por ser mi hija, e intentaron acorralarla en una fiesta popular". Lamenta que Cataluña "es una sociedad no violenta físicamente, pero sí verbalmente".
Redacción www.cronicaglobal.com 10 Octubre 2014

El presidente de la entidad contraria a la secesión Sociedad Civil Catalana, Josep Ramon Bosch, ha reiterado este jueves su denuncia de que, el pasado fin de semana, su hija fue víctima de una agresión verbal -y casi física-, cuando unos individuos la "acorralaron y amenazaron" durante la celebración de una fiesta popular.

Bosch ha recordado el incidente, que ya denunció hace dos días, en declaraciones tras reunirse con la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, con motivo de la concentración organizada por SCC para este domingo, día de la Hispanidad, en Barcelona, y dentro de la ronda de contactos que mantiene la entidad con los diferentes partidos políticos para invitarlos al acto.

El presidente de la entidad ha querido restar importancia a la agresión, recordando que "Cataluña no es una sociedad violenta". Pero ha alertado ante este tipo de conductas, que llevan a "la ruptura".

Cataluña, "violenta verbalmente"
Hace dos días, entrevistado por el diario La Razón, Bosch sostuvo que Cataluña "es una sociedad no violenta físicamente, pero sí verbalmente", que "intimida si no se pertenece a la tribu", en alusión al independentismo.

Sobre la agresión a su hija, Bosch narró que "un grupo de descabezados la insultaron con gritos de fascista y nazi por ser mi hija, e intentaron acorralarla en una fiesta popular".

Sobre el acto festivo de este domingo, ha pedido a todos los partidos que lo secunden que no porten "simbología partidista", recalcando que la celebración "es una fiesta de todos".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Nacionalismo
Acoso moral en Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 10 Octubre 2014

Martes, 7 de octubre, 14:50 horas. Ramblas de Pueblo Nuevo, Barcelona. Caminaba con los auriculares puestos, absorto en la conversación que mantenía por teléfono. Alguien se cruza en mi camino y me pide amablemente algo. Me quito un auricular: "Bon dia, parla vostè català?". La persona y el tono de la pregunta parecían buscar mi complicidad.

-Sí, si que parlo català, què desitja?

El hombre que se me había acercado con apariencia de necesitar ayuda vestía bien y rondaba los cuarenta. Nada presagiaba que pasara penuria alguna.
-Miri vostè, és que sóc de Bellpuig i he perdut la cartera i els diners. Seria tan amable de deixar-me diners per agafar el tren de tornada a Bellpuig?

Mi cerebro procesó en décimas de segundo la impostura. Era lo último que me hubiera esperado después de pregunta tan fuera de lugar para tal petición, y reaccioné contrariado:
-Vostè creu que és de rebut que per demanar ajuda necessiti a una persona que parli català? ¿Es que los que hablan castellano los elimina de entrada como insolidarios?

Para entonces, el personaje se había separado unos pasos ante mi reacción airada y buscó en el castellano la complicidad que no había encontrado con el catalán.

-No, no, si no necesito que me hable en castellano. Me sorprende que hablar catalán se haya convertido en un salvoconducto para embaucar a la gente por la calle. No por usted o el catalán, sino por su significado.

Para entonces, el buscón ya se dirigía a otro incauto con el mismo cuento.
El gancho del catalán me había parecido tan significativo de la hegemonía moral del nacionalismo que por unos instantes me olvidé de la persona que estaba al otro lado de los auriculares, tan sorprendida como yo: "Si no lo hubiera escuchado en directo, no me lo creo, ¡qué sutileza!".

Puede que la anécdota sea intrascendente ante la insurrección institucional que nos prepara cada día el nacionalismo; sin embargo, la ocurrencia revela la atmósfera de acoso moral que el secesionismo ha logrado instalar en la sociedad catalana. ¿A qué sociedad hemos llegado para que un buscón haya llegado a considerar que si recurre al catalán como gancho para generar complicidades étnicas su negocio de pedigüeño será más rentable? ¿Por qué ese señor, que a lo peor está necesitado de verdad, le da mayor importancia a la lengua que hable su interlocutor que a su propia necesidad? ¿Su penuria llama menos la atención del prójimo que la lengua en que se dirige a él?

Lejos de ser una anécdota, es la categoría. Para llegar ahí se han insinuado a lo largo de estos últimos 34 años infinidad de veladas amenazas a quienes no estaban con el proceso, se han soportado múltiples chantajes, se ha satanizado a cuantos abiertamente se han atrevido a denunciarlos y se ha expulsado de la vida social a todos los que, además, podían ser peligrosos por su prestigio intelectual. El acoso moral del catalanismo ha sido constante y ha conseguido que sus víctimas se vayan o callen. O, como en este caso, sepan por dónde sopla el viento, para aprovecharlo. En sentido inverso, los mozos de escuadra ya han hecho varias huelgas con la amenaza de hablar en castellano si no se atendían sus peticiones. Y no ayer, en los años noventa ya hicieron la primera.

Dos ejemplos de esta misma semana nos dan indicios de por qué se dan comportamientos tan extraños. Uno, el linchamiento a través de las redes sociales de Joaquín Brugué a partir de su dimisión de la comisión de control de la consulta soberanista por considerar que no ofrecía "condiciones democráticas". Como si se tratara de la etarra arrepentida Yoyes, los inquisidores del proceso no le han perdonado tener criterio y decencia democrática. Él, lejos de amilanarse, añadió ayer en El País: "Las cosas se están haciendo tan mal que si viniera un observador internacional y lo viera, creería que Cataluña es Guinea". Este prestigioso catedrático especialista en procesos electorales a nivel internacional y profesor de la UAB fue propuesto por ICV. Hoy se ha despedido de las redes sociales, harto de que le digan “traidor”, “topo del Estado” y demás lindezas. Aviso para navegantes. El pan de cada día en Cataluña.

Otro escenario, idéntico proceso. Ayer, Mònica Terribas entrevistaba a Rosa Díez desde Catalunya Ràdio. La entrevista es un modelo de acoso al disidente. La mayor propagandista del régimen no tuvo piedad de la portavoz de UPyD. Un ejemplo nítido de acoso moral cuando le espeta a Rosa Díez: "¿Quiere rectificar o matizar esas palabras?". Venía a cuento de la comparación que la portavoz de UPyD habría hecho entre lo que está pasando en Cataluña y el nazismo. El tono, la autosuficiencia de Mònica Terribas eran la de la típica comisaria política que cínicamente invita al disidente al arrepentimiento antes de pasar a mayores. Escuchen la entrevista, cada pregunta está diseñada para derribar al discrepante. Lo más parecido al proceder de la Inquisición con los herejes. Esta señora nunca se atreverá a acosar a Artur Mas o a Oriol Junqueras de tal manera. Es uno de sus perros de presa. Aunque en esta ocasión salió escaldada.

Cataluña
La clave esotérica del secesionismo
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 10 Octubre 2014

Allá por el año 1949, cuando tenía 18 años, visité en Buenos Aires al diputado radical Emir Mercader, brillante orador y combativo opositor al totalitarismo peronista, para pedirle que me despejara algunas dudas acerca del programa de su partido, en el que yo empezaba a militar. Me acompañaba mi mejor amigo, precoz intelectual comunista, que estaba empeñado en captarme para su redil. Indiferente a mis dudas, el oráculo sentenció solemnemente: "La Unión Cívica Radical encarna la esencia telúrica de la patria". Faltó poco para que la comparación entre la nebulosa metafísica de la esencia telúrica que idealizaba el diputado y la tentadora contundencia del materialismo dialéctico que esgrimía mi amigo me hiciera cambiar de bando. Afortunadamente encontré argumentos más racionales para seguir afiliado al radicalismo hasta que… Pero esa es otra historia, que relato en "La forja de un liberal".
Espacios herméticos

¿A qué viene esta evocación autobiográfica? El episodio, que ya había relegado a un oscuro rincón de la memoria, afloró imprevista y repentinamente cuando leí el consejo que vertió José Antonio Zarzalejos en su artículo "Catalunya y el fracaso" (LV, 5/10):

Hablemos, pues, de la ley; pero indaguemos también en las abisales profundidades de la psique colectiva catalana. De lo contrario, no habrá solución.

¡Las abisales profundidades de la psique colectiva catalana! A menudo he elogiado muchos de los argumentos cargados de racionalidad con que Zarzalejos ha denunciado lo que en este mismo artículo define como "la incansable maquinación nacionalista –'ahora paciencia, luego independencia'–", y este es el motivo por el que me dejó atónito que se enrollara con una entelequia no menos absurda que la esencia telúrica de la patria con que un político admirado quiso encandilarme en mis años juveniles. Si en verdad la solución consistiera en explorar esos espacios herméticos de matriz jungiana, no serían ni los políticos, ni los jueces ni los sociólogos quienes deberían encargarse de desentrañar el misterio, sino Iker Jiménez y su equipo de expertos en fenómenos paranormales. Pero no, el diagnóstico más realista lo dictó un secesionista veterano que sabe muy bien con qué bueyes ara: lo que presenciamos en Cataluña es un "psicodrama tribal" (Francesc-Marc Álvaro, LV, 5/6).

Vale la pena subrayar, además, que la inasible esencia telúrica de la patria que postulaba el diputado argentino en 1949 está emparentada con las abisales profundidades de la psique colectiva catalana que reivindica Zarzalejos en la actualidad. Josep-Lluis Marfany lo demuestra, sin proponérselo, en su desmitificador ensayo La cultura del catalanisme (Empúries, 1995), donde reproduce y analiza textos reveladores de comienzos del siglo XX. Marfany comenta uno, firmado por Bonaventura Riera:

La patria catalana es "este trozo de tierra que la Naturaleza ha colocado bajo un mismo cielo y a orillas de un mismo mar, que hace hablar a sus hijos una misma lengua, que los hace vivir con las mismas costumbres y los hace trabajar con el mismo afán". Hay catalanes, pues, porque hay una tierra catalana, no al revés. (…) Si los catalanes, entonces, son una nación, es porque viven en una tierra determinada que los ha hecho como son y diferentes de todas las otras naciones. La cuestión de cómo se opera esta acción de la tierra se resuelve en términos vagos e irracionales. Lo más habitual consiste en postular, simplemente, la nación como una emanación directa o por intermedio de un espíritu o alma nacional que en realidad no se puede distinguir de la misma nación, como en la conocida fórmula maragalliana: "El alma de un pueblo es el alma universal que brota a través de un suelo".

Usurpación de voluntades
La hipótesis que sustenta ahora Zarzalejos –y que los secesionistas comparten– consiste en que los habitantes de Cataluña protagonizan, por el solo hecho de serlo, un fenómeno que los despersonaliza y los convierte en una especie de ameba gigantesca, en una masa homogénea interconectada en las profundidades abisales de la psique colectiva, por lo que su sociedad ya no la componen individuos dotados de la condición de ciudadanos. Esta hipótesis encierra un agravio imperdonable y, además, injusto. Sin embargo, la política secesionista descansa precisamente sobre la base de esta concepción totalitaria de la sociedad masificada y subordinada al pensamiento único. Para los secesionistas no existen siete millones y medio de catalanes. Curtidos en la usurpación de voluntades, tienen el descaro de afirmar que hablan en nombre de "los catalanes" o de "el pueblo catalán" cuando lo cierto es que movilizan, con todos los recursos del poder, a seiscientos u ochocientos mil adictos en las manifestaciones y los pseudoreferéndums amañados y al 36 por ciento del censo electoral cuando hay comicios.

La realidad, afortunadamente, no da tregua. La singularidad que hoy reclaman, con distintos argumentos, los secesionistas, los federalistas y los eurófobos es la versión actualizada y mal maquillada de la xenofobia y el racismo más añejos. La psique colectiva, engendro del irracionalismo jungiano que el nazismo explotó ferozmente, no existe. Ni la catalana ni ninguna otra. Lo que sí existe en Cataluña, como en todas las sociedades abiertas, es un conglomerado de individualidades ciudadanas, con ideas, intereses, valores, virtudes y vicios distintos y contradictorios. Y sus míticas profundidades abisales están tan fracturadas como su epidermis visible, donde las grietas se hacen cada día más notorias. Ni siquiera los apóstoles de la secesión logran conservar la imagen de monolitismo que cultivan como fachada. Sus ambiciones, sus rivalidades, sus mezquindades, sus intrigas afloran a la hora de la verdad.
Los intríngulis del proceso

Isabel Garcia Pagan, que por su posición en el somatén mediático conoce bien los intríngulis del proceso, no pudo ocultar que cuando el contubernio de partidos secesionistas se reunió en el Palau de la Generalitat para acordar una estrategia post 9-N ese cacharro de "porcelana fina" (Artur Mas dixit) se resquebrajó visiblemente (LV, 5/10):

La procesión va por dentro y a velocidad desconocida. (…) La dificultad de encajar los discursos de unos y otros dejó claro para muchos que la tan celebrada unidad "pende de un hilo" y el horizonte de llegar juntos al 9-N se considera una quimera para algunos de los participantes en el encuentro.

Al fin y al cabo, no será necesario que Iker Jiménez y su equipo de expertos en fenómenos paranormales investigue las abisales profundidades de la psique colectiva catalana que tanto preocupan a Zarzalejos. Bastará con hacer un balance objetivo de los intereses en pugna para llegar a una conclusión tan esclarecedora como la que enuncia Valentí Puig en "Desencuentros en el frente soberanista" (El País, 22/9):

Del business friendly al colectivismo, del valor de la propiedad a su desprestigio, de distintas concepciones de la libertad y de la vida económica, incluso con categorías muy diversas de populismo, el frente secesionista puede tener los días contados.

Todo parece indicar que, cuando la burbuja secesionista corra igual suerte que la inmobiliaria, la buena gente que se embarcó en la nave rumbo a Ítaca descubrirá que el capitán y sus lugartenientes han abandonado a los pasajeros para disputarse los restos más lucrativos del naufragio. Y no es precisamente a las abisales profundidades de la psique catalana adonde los responsables del desbarajuste irán a buscar esos restos, sino a territorios más accesibles y prosaicos. El clan Pujol fue pionero.

SOY FACHA
http://elrincondemonsieurhulot.wordpress.com   10 Octubre 2014

Hola a tod@s. Como hacía tiempo que mi catalán cuerpo me lo estaba pidiendo, ayer al fin decidí escribir un artículo determinado. Cuando lo iba a publicar en mi blog personal (cuyos contenidos no tienen nada que ver con el artículo en cuestión), pensé que sería mejor crear un nuevo blog para publicar en él artículos de opinión, diferenciando así unos contenidos de otros.

Así pues, inicio mi andadura en este blog con una declaración personal que no me gusta nada, que considero peyorativa e insultante y que, sin embargo, parece ser que me identifica a la perfección, según el parecer que percibo en el ambiente. Y es que fíjate tú que resulta que soy facha. Y yo sin saberlo. Yo que, ingenuo de mí, pensaba todo lo contrario: pensaba que era liberal, tolerante y, sobre todo, respetuoso con los demás. Pero al parecer estaba equivocado, y así me lo han hecho ver. Pues eso, que soy facha, y lo soy por muchos y diversos motivos. Soy facha porque no soy partidario del llamado “derecho a decidir”, que lo considero más un eufemismo que otra cosa, pues no existía como tal en el largo listado de “derechos” que yo estudié en la carrera. Soy facha porque me siento catalán y español en igual proporción; porque entiendo que a ningún pueblo, ni al español ni a ningún otro, se le puede recortar una parte de su territorio sin que su opinión se tenga en cuenta. Soy facha porque entiendo que una consulta o referéndum sobre la independencia de Cataluña debería ser votada por el conjunto de los españoles, y no sólo por los catalanes. Y también porque me da la impresión que la artimaña de que sólo éstos voten, y además, a partir de los 16 años de edad, encuentra su razón de ser en una previa política de adoctrinamiento cultural infligido en las escuelas catalanas gracias a las competencias en materia de educación cedidas por el gobierno español. Y porque el hecho de no querer dejar votar a los catalanes no residentes en Cataluña me huele mal, como si temieran que los no residentes pudieran no tener el coco lo suficientemente comido por los medios de comunicación públicos catalanes como para asegurarse su voto favorable a la independencia.

Soy facha porque opino que es una falacia decir que no dejar votar es contrario a la democracia; porque no creo que deba decidirse en referéndum, por ejemplo, si se instaura o no la pena de muerte en España, a pesar de que exista un importante movimiento favorable al respecto (el 36,5% de los jóvenes españoles entre 15 y 29 años se declara a favor de la pena de muerte, según el Informe Juventud en España 2008); o que se instaure sólo para los delitos de terrorismo (el 51% de los españoles, a favor; ojo: no el 5 ó el 10… ¡el 51%!). Para estas cuestiones, a mi entender, ya están (afortunadamente) la Constitución y los partidos políticos, como representantes de los ciudadanos, en la proporción que determinan en cada caso las urnas. No me vale el “votar es democracia y no dejar votar es opresión y contrario a la democracia”. Decir esto atenta a mi humilde inteligencia. Demagogia y populismo fácil y barato. Perfecto para la masa borreguil.

Soy facha porque también me repulsa la frase utilizada de forma partidista “la voluntad de un pueblo no se puede parar”. ¿Y la voluntad de un municipio? ¿Qué pasaría si el 90% de los habitantes de un municipio manifestaran su “voluntad” –como unidad con identidad unívoca – de no pagar impuestos, no reconocer las instituciones públicas o de independizarse de su comarca, región, CC.AA. o estado? ¿Se podría parar esta “voluntad” aplastantemente mayoritaria? ¿Se les permitiría decidir unilateralmente conforme a su voluntad?

Soy facha (ah, y por supuesto, menos catalán que otros o “catalán de segunda”) porque considero que la CCMA (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals), con TV3 y Catalunya-Radio a la cabeza, son a la independencia lo mismo que Tomás Roncero al Real Madrid, o el Grupo Intereconomía a los ataques al partido socialista. Porque parecen medios yihadistas, que no conceden espacio alguno a la oposición (más que el mínimo estrictamente necesario para poder defenderse de una crítica como la mía). Porque pienso que es una vergüenza y pienso que su postura ante una política igual por parte de cualquier medio, que apoyara descaradamente a un partido o gobierno cualquiera – en especial al PP – sería la de la crítica incondicional e incluso la mofa y el escarnio. Fijémonos en las opiniones que les merecen los diarios “ABC”, “El Mundo” o la cadena “Telemadrid”. Soy facha (y claro, menos catalán), pues, porque pienso que lo que hace la CCMA es propio de un régimen totalitario, rollo Venezuela, Bolivia o Cuba. No veo diferencia, como tampoco la veo con otros medios españoles. Soy facha, así, porque me quejo de no ver al “ABC” dar caña de la buena en el “caso Bárcenas”, ni tampoco a TV3 criticar y fiscalizar a “los suyos”.

Soy facha porque, a mi entender, la política de confrontación Cataluña-España, desarrollada en los últimos años de forma machacona e incuestionable por la Generalitat y, en mayor medida, por los medios catalanes, ha impulsado más el enfrentamiento y el odio que no la confraternidad y la convivencia entre unos y otros.

Soy facha porque no me creo al Sr. Pujol, ni al Sr. Mas, igual que no me creo a la mayoría de los políticos, sean del partido que sean; porque los equiparo y me da igual criticar a los de un lado y a los de otro. Porque no me creo que la actitud del Sr. Mas y de Convergència hubiera sido la misma que la que han tenido en el caso Pujol si el sujeto hubiera sido el Sr. Rajoy, el Sr. Matas o el Sr. Fabra. Y viceversa. Soy facha porque estoy harto de la manipulación infligida a la masa del pueblo catalán, para conducirla a las urnas con la papeleta en la mano cual rebaño de borregos, previa implantación durante años, claro está, de la demagógica doctrina del “Cataluña y todo lo catalán, sí; España y todo lo español, no”. Ojo, y digo manipulación de la masa (manipulación que se produce en todas las votaciones y por parte de todos los partidos), porque no meto en el paquete a los independentistas que te saben argumentar su postura – respetable como la que más – sus creencias y su ideología con algo más que el borreguil “España nos roba”. Que de éstos los hay, y muchos; pero fuera de la masa, a la que respeto mucho menos en este sentido. Y por eso, y por muchas cosas más que harían este artículo interminable, resulta que soy un facha. Y poco catalán. Y yo sin saberlo. Es más, creyendo todo lo contrario. Pero claro, si me lo dicen los abanderados de la democracia, el respeto y la pacífica convivencia, los partidarios de un diálogo en el que el punto de partida (referéndum) ya lo presentan como innegociable, será que deben tener razón. Al menos, si ellos lo dicen, así lo pensará también la masa.

ATACAn dOS LOCALES DE PARTIDOS NO SOBERANISTAS
La cercanía del 9N desata una ola de tensión y violencia de independentistas en Cataluña
Antonio Fernández. Barcelona. El Confidencial 10 Octubre 2014

Miedo, amenazas y violencia en aumento, en todas sus vertientes. Esta es la radiografía de los últimos días en Cataluña. Se señala a los “traidores”, se les acosa si es preciso o se les ‘lincha’ y se atacan las sedes de los “unionistas”. Un sector del independentismo radical no está dispuesto a aceptar las reglas del juego democrático y arremete contra todo lo que huela remotamente a español (ecspañol, dicen los radicales, teniendo en cuenta que ecs es la onomatopeya de una expresión de asco).

En algunas esferas, nadie quiere salirse de lo que en la comunidad se entiende por políticamente correcto. En otras, se hace de punta de lanza del patriotismo más exacerbado. Por un lado, los partidos proconsulta intentan dar una imagen de normalidad (ayer por la tarde volvieron a reunirse para ratificar la hoja de ruta hacia el referéndum). Por otra, pequeños grupos radicales prefieren pescar en aguas revueltas y se apuntan a un bombardeo.

Sólo en esta semana, dos locales de partidos políticos fueron asaltadas por ‘incontrolados’ independentistas: una de Ciutadans en Lérida y otra del PSC en Barcelona. En esta, cinco encapuchados (apoyados por una cincuentena de manifestantes radicales) amenazaron a un miembro de las juventudes socialistas para entrar en el local del PSC y realizar pintadas con los lemas “Votaremos” y “PPSOE traidores”.

La situación se volvió más bronca tras descubrir el PP que un escrache ante la vivienda de Alicia Sánchez-Camacho convocado para ayer por la tarde estaba manejado desde el propio Parlamento. El escrache llevaba por lema #EscarniCamacho (Escarnio Camacho) y fue convocado desde la web desobeim.cat. El mensaje no podía más claro: “Señalemos a quienes pretenden cortarnos las alas con leyes y tribunales fascistas. Que el miedo cambie de bando”. Pues bien. Esta web fue creada por el grupo parlamentario de la CUP y en su registro no sólo consta la dirección oficial de la cámara legislativa catalana, sino su teléfono como el número de contacto con el administrador.

Es este mismo grupo el que presidirá la comisión de investigación del caso Pujol: los soberanistas desoyeron la candidatura de Ciutadans y apoyaron que fuese la CUP quien la presidiese. Santi Rodríguez, portavoz adjunto del PP en el Parlament, señala a este respecto que “es un acto de intolerancia y de falta de respeto democrático señalar así a los que piensan diferente. Decir que el miedo cambie de bando es una amenaza y es de una gravedad extrema que detrás de ella esté un grupo parlamentario”. Y pide al presidente de la Generalitat, Artur Mas, que se abstenga de “tomar cualquier clase de acuerdo con este grupo parlamentario”.

‘Linchamiento’ de un ‘traidor’
Desde fuentes independentistas, se hace hincapié en que el proceso que se lleva a cabo en Cataluña es “radicalmente democrático y plenamente pacifista”. Una fuente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la entidad organizadora de las grandes movilizaciones de los últimos años, señala que “han salido a la calle millones de independentistas y no ha habido ni un solo incidente digno de mención. En el extranjero se asombran de que una movilización tan numerosa se salde siempre sin incidentes. Pero es que este es un movimiento esencialmente pacífico, muy cívico y democrático”.

Eso no quita que haya algunos sectores duros que insisten en dividir a los catalanes en buenos y malos dependiendo de su afinidad independentista. Y ahí entra en escena el peligro de ser tachado de traidor o botifler. Porque “traidor” se ha convertido en la palabra de moda dentro de algunos círculos catalanistas y el que dé la espalda al proceso está señalado.
Joaquim Brugué.Joaquim Brugué.

Como Joaquim Brugué, nombrado la pasada semana miembro de la Comisión de Control del 9N, es decir, de la Junta electoral. El fin de semana, tras la escenificación de Artur Mas en el Palau de la Generalitat recibiendo de los alcaldes catalanes las mociones municipales a favor del referéndum, Brugué dimitió como miembro de dicha comisión.

¿El motivo? Todo es una pura escenificación, un paripé, una añagaza, porque todos saben que no se va a poder celebrar oficialmente la consulta. Además, el hecho de que los primeros munícipes pidan descaradamente el voto para la independencia rompe el principio de neutralidad de cualquier Administración, que debe mantenerse imparcial en un proceso democrático y estimular sólo el voto, no una opción. Esta circunstancia, para el catedrático de la UAB, demuestra que el proceso carece de neutralidad política y que, por tanto, el referéndum no ofrece garantías democráticas.

La avalancha de insultos y los ataques contra el traidor Brugué fueron tan brutales que tuvo que cancelar su cuenta de Twitter. “Ahora sé lo que es un linchamiento tuitero”, se dolió. Y lo dice un jurista experto, firme partidario del derecho a decidir y alineado con posturas soberanistas. Un profesional al que, además de traidor, le acusan ahora de ser un “topo del Estado”. Vivir para ver.

Ataques a PP y Ciutadans
Comienza la campaña de hostigamiento del 12-O en Cataluña
Las CUP convocan un escarnio contra la dirigente del PP Sánchez Camacho y extremistas atacan a plena luz del día la sede de Ciudadanos en Lérida.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 10 Octubre 2014

Como ya es tradicional desde que empezara el proceso, las secuelas de los grandes despliegues de civismo del "Onze de Setembre" incluyen una campaña de hostigamiento contra desafectos a la causa nacionalista que se recrudece conforme se aproxima el 12 de Octubre, Fiesta de la Hispanidad. A falta de cuatro días para la fecha, las juventudes de los partidos separatistas se muestran especialmente agitadas. Han convocado para el jueves un escarnio frente al domicilio de la dirigente del PP catalán Alicia Sánchez Camacho y han atacado a plena luz del día la sede de Ciudadanos en Lérida, donde han dejado su rastro en forma de carteles en la fachada con consignas independentistas tras un lanzamiento de botes de pintura.

Respecto al escarnio, un portavoz del PP, Santi Rodríguez, ha denunciado que los propietarios del dominio digital de los convocantes, "desobeïm.cat" es propiedad de los diputados de la CUP y está domiciliado en la sede del "Parlament". Así, ha pedido que la mesa del parlamento catalán que rompa los acuerdos con el referente batasuno en Cataluña y no se le permita presidir la comisión de investigación del caso Pujol.

En este ambiente de matonismo parlamentario, las CUP pretenden celebrar un acto contra el 12-O en la plaza de Cataluña, lugar de la convocatoria de Sociedad Civil Catalana (SCC) para celebrar una concentración en favor de la unidad de España el próximo día 12 a las doce del mediodía. El ambiente de intimidación y hostigamiento contra todo lo español ha llevado a los organizadores a emitir una nota en la que afirman: "Aconsejamos evitar cualquier simbología de partido o de grupo tal como pancartas, camisetas, globos, pegatinas u otros elementos".

La consejería de Interior ha rechazado la petición de los diputados antisistema, que han aprovechado para mostrar su malestar con Unió, de la que depende tal consejería, a pocas horas de la próxima cumbre separatista.

Al grito de "fascista"
Acorralan, amenazan e insultan a la hija del presidente de Sociedad Civil Catalana
Josep Ramon Bosch afirma que "Cataluña no es una sociedad violenta, pero hay situaciones a evitar".
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 10 Octubre 2014

El presidente de la entidad Sociedad Civil Catalana (SCC), contraria al proceso separatista, ha restado importancia a la agresión, que explicó así: "Acorralaron a mi hija, la amenazaron y la llamaron fascista". Bosch mostró su inquietud, pero también intentó restar trascendencia al "incidente". "Cataluña no es una sociedad violenta -dijo-, pero hay situaciones que hay que evitar porque de lo contrario vamos hacia la ruptura".

Bosch hizo estas afirmaciones tras reunirse con la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, dentro de la ronda de contactos que mantiene con los partidos para invitarlos a la concentración del próximo domingo a las 12 en la plaza de Cataluña. El presidente de SCC pide a los partidos que sus militantes acudan al acto, en el que sólo hablarán miembros de esta plataforma, sin portar "simbología partidista" porque "será la fiesta de la España de todos". También avanzó que se han contratado cien autocares en los que se desplazarán a Barcelona personas de todas las provincias catalanas.

A la misma hora, otras entidades como Convivencia Cívica Catalana, el movimiento cívico De España y catalanes y Somatemps, han convocado a los ciudadanos a una manifestación en el paseo de Gracia bajo el lema "España, la nación de todos".


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