AGLI Recortes de Prensa    Jueves 16  Octubre  2014

¡Arde, Babilonia, arde!
Alberto Ramos Minuto Digital 16 Octubre 2014

Todo está contaminado por un aire venenoso y pestilencial​, la atmósfera está impregnada por los olores sulfurosos de una ponzoña irrespirable. España está enferma hasta el corazón, podrida hasta la médula. Las familias están descompuestas, los hombres idiotizados, las mujeres emputecidas, los jóvenes fumados, los chicos idiotizados con aparatejos con lucecitas hipnotizantes. Las persianas están bajadas, los muros llenos de pintadas, nuestras calles son repugnantes, la mugre nos llega a las pantorillas, hasta la misma gente da asco, tanto en sentido propio como figurado. El personal se pisotea, se empuja, se roba los unos a los otros, a veces se mata por cualquier motivo. Estamos en un basural que hiede a muerte.

Tenemos que abrir los ojos, cualquier sombra en una esquina te puede dar un navajazo por un cigarrillo negado o una mala mirada. Los “nuevos muchachos” de esa humanidad vomitada por los restantes tres puntos cardinales de un planeta en perdición se intercambian tiros en nuestros parques y avenidas como antaño los adolescente que fuimos decíamos “¡mierda!”. Y, mientras tanto, la televisión nos habla de la convivencia, la cultura de la paz y el diálogo antes que la represión y un buen par de bofetadas a tiempo. Estamos desquiciados: te multan por un cigarrillo donde no debes y a cien metros de ahí, a la puerta de un colegio, se vende heroína ante los ojos de la Policía, que mira para otro lado. Te encuentras un bien día ante el juez por haber escrito “moro” o “marica” sin deshacerte en elogios hacia estas intocables categorías, y el juzgado de al lado “condena” a clases de derechos humanos a los imanes que aconsejan cómo golpear a las mujeres, o recomiendan cursillos de integración para criminales profesionales con sangre hasta las cejas. Pronto a los terroristas les impondrán escribir mil veces: “No pondré bombas en los supermercados”. Y todavía habrá gente que considerará que eso es demasiado severo.

Vivimos en la mentira, todo es falso: las cifras oficiales, las estadísticas, los sondeos, hasta las elecciones, es muy posible. De todas manera lo que no está trucado hacia el final del proceso lo está hacia la fuente, por la manipulación mediática. Los hijos de los ricos se las toman y se van a Florida o a California, mientras sus padres les dicen a los parados que la cosa no va tan mal, que la solución está a la vuelta de la esquina, que tengan algo más de paciencia, que es cuestión de apretarse un poco más el cinturón, que ya se ven brotes verdes. Los políticos se gastan por adelantado el dinero que no existe, y que esperan recaudar en nuevos impuestos, en políticas de dementes y el poco efectivo que hay se lo meten en los bolsillos.

En las oficinas del paro hacen cola gente con dos carreras y mientras tanto los sindicatos no piensan más que en reclutar inmigrantes indocumentados para engordar sus filas y seguir viviendo su existencia de parásitos. Por todas partes vemos sombras que no parecen ir a ninguna parte, salidos de no se sabe donde, mendigos, caras hostiles, rostros salidos de las enciclopedias de pueblos y tribus, policías que inspiran más temor que confianza, pues compensan su ineficiencia contra los criminales haciéndole la vida dura al hombre de la calle, orcos de toda condición con sus caras de locos, espantapájaros de un metro y medio salidos de los pantanos moldavos o de los altiplanos lunares que quieren a toda costa lavar tu parabrisas contra tu voluntad o venderte algún bocadillo pringoso escondido en una papelera, hembras culonas de las antípodas que van cacareando entre ellas como si estuvieran en cualquier manglar, moras empujando carretilladas desbordantes de su última camada, seres oscuros con miradas de presidiarios escapados que te miran como si te fueran a saltar al cuello, barbudos del siglo XII que parecen salidos del Afganistán de los cuentos de Kipling…

En casa te espera la televisión que grita, las presentadoras teñidas, retorciéndose sobre sus asientos como si tuvieran hormigas en el culo, compitiendo a ver quien es la más boba y la más puta, los maricones salidos, exhibiendo impúdicamente lo más vulgar de su condición, payasos que no saben hacer la ‘o’ con un canuto con salarios de ingenieros aeronáuticos o cirujanos del corazón, contándonos el País de las Maravillas, educándonos en “valores”, invocando la solidaridad y la dieta mediterránea y condenando las palabras soeces y las grasas saturadas… Mientras tanto, el hombre de a pie gastándose la vida en trabajos mal renumerados para tener una caja de zapatos por hogar y un montón de chapas con un motor para salir escapando a la menor ocasión de ese infierno cotidiano. Colas de personas con la mirada perdida, corriendo por los pasillos de los supermercados acaparando comida insípida como si fuera el maná: productos diet, bio, 0,​0​, ligth, agua del grifo en envases de plástico, embutidos que no son aptos ni para el gato, tomates con genes de ratones, yogures que curan el cáncer… y en la caja del supermercado: el kilo solidario, con la foto del negrito con la cara llena de mocos y de moscas, para poder irse con la conciencia tranquila a atiborrarse de basura frente al televisor.

Esta noche en “prime time” Eva encuentra por fin a Caín gracias a “Tengo una carta para tí”. Eva le declara su amor incestuoso a Caín. Caín confiesa el asesinato de Abel y muestra la filmación en su móvil. Reconoce haber matado a Abel porque tenía una relación homosexual con él y no pudo soportar que éste le engañara con su oveja favorita…

Fuera, unos locos están levantado una nueva Torre de Babel con la sangre de los pueblos como mortero. La casa ya no tiene puertas ni ventanas. S​us inquilinos creen que la calefacción está a tope. No se dan cuentan que el techo está ardiendo…

¡Arde Babilonia, arde!

Aviso de los mercados ante el deterioro de la economía en la UE
EDITORIAL El Mundo 16 Octubre 2014

EL FANTASMA de una nueva recesión en la UE se hizo ayer patente en los mercados financieros. Las bolsas del continente sufrieron las caídas más severas de los últimos meses, mientras que Wall Street se vio lastrada por los temores a un parón en la economía estadounidense. El descenso de las ventas al por menor en EEUU y el miedo al parón económico en la Eurozona provocaron una huida de dinero en los mercados mundiales. El Ibex 35 registró su segunda peor sesión desde enero y llegó a perder todas las ganancias del año. Además, el miedo a la repercusión del ébola en la economía tras la aparición de un nuevo caso en Texas se hizo presente. Y para colmo, Grecia volvió al primer plano, después de que la agencia de calificación Fitch alertara de la incapacidad del Estado para garantizar futuras ayudas a sus bancos de dudosa solvencia.

Alemania hizo saltar las alarmas esta semana con la drástica revisión a la baja de sus previsiones de crecimiento, que ayer se tradujo en una caída de la rentabilidad del bono alemán a mínimos históricos. El FMI ya había advertido del enfriamiento de las mayores economías europeas. El riesgo de ese posible estancamiento generalizado de la zona euro lo avivan, sobre todo, las renqueantes Francia e Italia. Los últimos gobiernos galos no han conseguido enderezar el rumbo: su economía no es capaz de recuperar la competitividad y el Ejecutivo de Manuel Valls encuentra dificultades para aplicar su programa reformista. En una situación parecida se encuentra Italia, aunque se conoció que no entró en recesión en el primer semestre del año por el cambio de metodología para calcular el PIB, lo que sirvió ayer para aliviar la inseguridad permanente que el país transmite a los inversores.

España cuenta con una posición mucho más favorable que las grandes economías del euro, pero todavía no puede cantar victoria. Ayer, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal advertía de que el déficit de las comunidades autónomas se va a desbordar este año, al pasar del 1% del PIB previsto al 1,5%. El informe insiste en la imposibilidad de reducir la deuda hasta los niveles proyectados, pues para ello debería confirmarse un escenario macroeconómico más favorable, que no se da. El principal motor de la recuperación, el comercio exterior, está dando síntomas de agotamiento. Las exportaciones han sufrido en agosto su peor caída en cinco años: un 5,1% interanual. Para observar un comportamiento similar de la balanza comercial hay que remontarse hasta 2009, en lo peor de la crisis. La desaceleración de Alemania -principal socio comercial de España- y el estancamiento francés e italiano son las primeras causas de este frenazo de nuestro comercio exterior. Es cierto que en los últimos meses la recuperación española no está fiada sólo a las exportaciones, sino que ha cobrado igual importancia la inversión y el consumo de los hogares, pero el parón del sector exterior va a restar impulso al crecimiento económico.

El toque de atención de ayer en las bolsas debe llevar a los gobiernos de la UE a exigirse mucho más en las reformas que todavía hacen falta y, a la vez, a aplicar programas de estímulo de las economías. Como decía el martes el ministro de Economía, Luis de Guindos, el crecimiento español depende en gran medida de la marcha de sus principales socios y no podemos perder el terreno ganado en los últimos años.

Tu dinero se lo llevan los partidos políticos
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es 16 Octubre 2014

¿Por qué cada vez hay más multimillonarios y, a la vez, más pobres en España? La respuesta la tiene nuestro sistema. Multitud de nuevos ricos españoles han labrado su fortuna de forma corrupta y, por supuesto, al amparo de los partidos.

Los PGE-2015 han retratado fielmente al sistema político-económico parasitario y clientelar instaurado en España por la partitocracia.

Puesto que los partidos políticos recibirán, vía subvenciones públicas financiadas por los impuestos de los españoles, 156 millones de euros en 2015.

Esta cantidad supone un incremento del 84% en relación a la destinada al mismo concepto en los anteriores presupuestos (PGE-2014), que corresponden, evidentemente, al presente ejercicio.

Consecuentemente, los PGE-2015 han multiplicado la partida destinada a sufragar los suntuosos, improductivos e insultantes gastos de los partidos políticos. Recordemos a tal efecto que, durante los dos últimos años, los partidos políticos han experimentado un aumento respecto a su financiación pública de, aproximadamente, un 112,6%.

Cualquier exceso tiene sus consecuencias, en este caso, negativas para los ciudadanos. Por tanto, la contrapartida, respecto al inmoral agigantamiento de las subvenciones públicas de los partidos políticos, reflejado en los PGE-2015, es la siguiente:

Las prestaciones económicas dirigidas a los pensionistas han subido un ínfimo 0,25%. Las personas con dependencia apenas notarán el inapreciable aumento de su presupuesto en torno al 0,04%. Las partidas destinadas a proteger situaciones de maternidad, paternidad o riesgo durante el embarazo o lactancia se reducirán un 3,7%. Etc.

Estos presupuestos, indudablemente, son el espejo en el que se mira el corrupto sistema partitocrático implantado en España por el PP-PSOE. Por un lado, enriquecen a la casta política a través de estas indignantes macro subvenciones a los partidos. Por el otro, empobrecen a las familias, las pymes y los autónomos debido a que estos colectivos serán los “esclavos fiscales” que costearán este festival político. ¿Podría tildarse de corruptos a los PGE-2015?

En virtud de lo anterior, la creciente e imparable desigualdad, que está polarizando socialmente a España, se incrementará más aún por mediación de los PGE-2015.

¿Por qué cada vez hay más multimillonarios y, a la vez, más pobres en España? La respuesta la tiene nuestro sistema. Multitud de nuevos ricos españoles han labrado su fortuna de forma corrupta y, por supuesto, al amparo del PP-PSOE-CiU-CC.OO.-UGT...

¿Fundar una empresa y convertirse en un emprendedor? ¿Buscar trabajo precario en el sector privado para trabajar varias horas al día y a cambio de un salario que no llega a cubrir la mera subsistencia?

“Paniaguado antes que arruinado”. En este sentido, muchos españoles prefieren cobijarse bajo el subvencionado paraguas de un partido político.

¿Han paseado ustedes por alguna de las calles más comerciales o, incluso, menos comerciales, de las ciudades en la que residen?

En el caso que lo hayan hecho, y si se han parado a observar los distintos locales comerciales distribuidos a lo largo de estas calles, habrán comprobado que muchos de ellos permanecen vacíos durante algunas semanas o meses. Pero solo de modo intermitente. Porque los mismos alternan periodos de actividad empresarial con otros sin actividad. Esta situación se produce debido a que muchísimos emprendedores están creando, de forma constante, negocios, micropymes, pymes, etc., y se instalan en estos locales. Aunque después de no mucho tiempo, la mayor parte de ellos se arruinan por culpa de Hacienda, la Seguridad Social, la burocracia, el entorno de corrupción política..., y dejan el local, que pasa a estar vacío nuevamente. Hasta que llega otro nuevo emprendedor y vuelve a activar este círculo vicioso.

La recuperación económica reside en los partidos políticos pero no en la economía real. En España, existe una economía muy potente, y esta no es otra que la de los partidos políticos. Las empresas y los ciudadanos que se adaptan al sistema, “haciendo negocios” de manera clientelar con los partidos, prospera. Por el contrario, solo una mínima parte de los “inadaptados” sale adelante, reinventando continuamente el modelo de negocio, adaptando dinámicas, sistemas y procesos, innovando, investigando, creando valor para contrarrestar las trabas puestas por la Administración, saltándose la corrupción política (mordidas)...

El problema principal de España es la actual casta política, que ha convertido a España en un coto privado donde solo tiene derecho a cazar la partitocracia. La casta está fomentando la desigualdad en España. Para comprobar tal afirmación únicamente hay que ojear los PGE-2015.

Del referendum al esperpento
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 16 Octubre 2014

Mas en caída libre hacía el ridículo más total. Culmina su fundido al negro en una bufonada cuya orquestación no acaban de entender ni los suyos. Una votación a cachos, sin censo, ni control, ni validez. ¡Durante 15 dias! Una farsa degradada donde, sin garantía democrática alguna, con mesas compuestas y presididas por fervorosos voluntarios separatistas y un recuento que dejará a cualquier pucherazo bananero en mantillas, convierte todo el engolamiento y la presunta solemnidad de la firma y los decretos en una autentica opera bufa. Algo, no se sabe el qué, ni el como, ni bajo que tramoya o chirigota en lo que nadie, y en ese nadie contemplo a cualquiera que tenga, más allá de posiciones políticas al respecto, un mínimo de sentido de la propia dignidad y de la de su voto, debe prestarse. Porque como bien dijo quien por el contrario lo está haciendo y llevando al esperpento, lo que no puede hacerse es el ridículo y culminarlo todo en una astracanada monumental, que por muchos entusiastas que acudan a ella, no dejara de serlo.

Porque desde luego y si se consuma no me cabe duda que la legión más fanatizada, los efervescentes separatistas irán en procesión a participar en la representación. Es más, podrán, como los moros de Queipo dando vueltas por Sevilla, votar por todas las urnas y en todos los lugares y así llegar incluso a poder proclamar mayorías absolutas. Y hasta unanimidades en un recuento que ya tiene garantizado una cercanía al cien por cien de los votos. Pero también estoy convencido que habrá muchos, muchísimos, uno sigue creyendo en que no son pocos los catalanes pueden estar equivocados pero conservan su raciocinio y el sentido de si mismo, que se nieguen a participar en semejante en semejante pantomina. Que además supone un desprestigio terrible, que destruye ya totalmente el crédito, si algo le quedaba a Mas y a la Generalitat, y los convierte en el hazmereir de Europa y del Mundo y que como dijo el catedrático que dimitió de la presunta "Junta Electoral" iguala a Cataluña en garantías democráticas con Guinea Ecuatorial.

La deriva de Artur Mas, su hoja de ruta, hacia la destrucción de su partido y de su personal inmolación abducido por su convicción de ser el Profeta conducirá a su pueblo a la tierra prometida, donde la leche y la miel manan de las piedras, ha entrado, aunque no lo perciba en su delirio en una vía de descenso no solo hacia el abismo, que también y que nos puede costar cara, dramáticamente cara, a todos , sino hacía el esperpento. Porque, aunque no lo comprenda todavía del todo, ese tren, que equivocado de vía, iba lanzado hacia el choque frontal, ha descarrilado. Y quienes iban dentro están saltando como pueden de sus vagones. Al final en la maquina volcada, con las ruedas girando frenéticas, sin rail debajo, el maquinista Arturo seguirá gritando solo ¡Mas madera, más madera, que es la guerra” . Pero la desbandada y el que cada cual busque salir como pueda y sacar su tajada y llevarse lo que pueda de convoy y de las tropas, ERC aspira a quedarse con todas, ha empezado y va a traernos días dignos de Groucho. Pero tampoco olvidemos, que aunque todo sea risible, y lo es, el drama sigue estando presente y quizás los nuevos generales secesionistas den el paso en cualquier momento a la tragedia. Es ridículo si, pero el incendio es muy grave y muy serio.

Editorialista
ARCADI ESPADA El Mundo 16 Octubre 2014

UN LUGAR común de la vieja ironía periodística. La frase con que el editorialista se animaba al tiempo de empezar a escribir su pieza: «¡Se van a enterar en el Kremlin!». Como el editorialista escribía para El Eco de Albacete, la frase era un dardo cruel sobre el provincianismo y las pretensiones. He pensado en el editorialista que el lunes, y en el Times de Nueva York, se acomodó en su silla, se mesó los cabellos y declaró: «Se van a enterar en Moncloa». He pensado en él con ternura, incluso, porque siempre he creído que algo de esa candidez es necesaria para escribir en los periódicos. Y también con algo de la satisfacción que da ver confirmados los juicios de valor propios: una vez más se demuestra que el Times es un gran diario de provincias.

El editorial se refería, naturalmente, a la cuestión catalana y exhibía la tesis taxista de que hay que votar, como en Escocia, y arreglao. Y si no se puede votar pues que se le suba el sueldo a Cataluña, que para eso ingresa 19 y recibe 9. La indigencia argumental en apoyo del pacto tercerista era manifiesta. Pero lo puramente increíble estaba en este párrafo: «Algo tan complejo y emocional como la identidad nacional no puede reducirse a una cuestión estrictamente jurídica; requiere soluciones políticas. La larga lucha contra los separatistas vascos terminó sólo cuando ambas partes acordaron negociar».

El Times comunicaba a sus lectores que el Gobierno y ETA habían negociado y que la larga guerra (¡the long war!) había terminado gracias a esa negociación. No solo era un error escandaloso, sino que servía maligna y eficazmente a la tesis editorial. Cualquiera se preguntaba: «¿Cómo es posible que se haya negociado el fin de una guerra con los vascos y a los pacíficos y cariñosos catalanes se les niegue la negociación?». Cada día laborable se especula con el daño que causa a la democracia la desinformación vertida por foros y redes sociales, y nadie me oirá subestimarla. ¿Pero cómo puede calcularse el daño que causa que el único diario realmente global (¡y tan local!) del mundo paticipe en un delicado debate político con semejante ignorancia?

La cantidad de errores, cuando no de mala fe directamente subvencionada, que la prensa internacional de mayor prestigio está vertiendo sobre el asunto catalán, adquiere ya un volumen considerable. Sin duda, y en primera instancia de responsabilidad, se trata de un problema periodístico. Pero el Gobierno debería recordar que cualquier problema significativo de los periódicos es inmediatamente un problema político. O sea que espero que Moncloa se acabe enterando.

Se trata de España
IGNACIO CAMACHO. ABC 16 Octubre 2014

Cualquier fórmula que consagre la «singularidad» catalana afectará a la igualdad esencial de los ciudadanos españoles

BLOQUEADO por la ley el referéndum de autodeterminación, muchos espíritus biempensantes abogan por una solución negociada al «problema de Cataluña», que en realidad es el de los nacionalistas catalanes. Cataluña propiamente dicha tiene como comunidad más o menos los mismos problemas que la crisis ha causado en el resto de los territorios españoles, pero el nacionalismo los subsume inventando un conflicto mayor, único, que es la cuestión de la soberanía. Y exige una solución a medida para un problema artificial. Es decir, imaginario y caprichoso. Porque no se trata de un problema sino de una obsesión.

La salida convencional a ese conflicto inventado pasa al parecer por encontrar una fórmula jurídica o política que consagre la «singularidad» catalana. Es decir, la desigualdad de los catalanes respecto a los demás españoles. Una discriminación a su favor que anule la vocación igualitaria del marco legal vigente. Lo que nadie parece contemplar salvo el Gobierno, y no siempre es que las cosas se queden como estaban antes de que los soberanistas creasen a gritos un problema inexistente. Hay que avanzar, se dice, hallar una salida de ingeniería constitucional frente al «inmovilismo». Y esa salida ha de ser por fuerza la concesión a Cataluña de un statu quo particular que le dé prevalencia sobre el resto.

Como andaluz me alcanzó por poco la edad para votar en el referéndum de febrero de 1980. Aquella consulta derecho legal a decidir redefinió el modelo territorial de España y evitó una nación de dos velocidades que hubiese quebrado la igualdad esencial de los ciudadanos. El famoso «café para todos», hoy tan denostado, no fue un error sino un acierto que permitió establecer un proyecto común cohesionado; el error llegó después, también en Cataluña, con el abuso, la elefantiasis administrativa, el despilfarro autonómico. Lo que los andaluces votamos aquel día fue la voluntad de construir un país equilibrado en el que nadie tuviese privilegios por vivir o nacer en una región determinada. Y eso es lo que sigue en juego: la nación de ciudadanos en vez de la nación de territorios o la ficticia nación de naciones.

El ruido nacionalista y su constante presión no pueden distorsionar esa crucial realidad objetiva. Cataluña ya es distinta: su diferencialidad está reconocida en la Constitución y recogida en un Estatuto casi confederal. La entrega de nuevas franquicias políticas otra cosa es negociar inversiones y un trato financiero justo equivaldría a rozar la médula solidaria del sistema y arrebatarle o menguar derechos a los demás españoles. Es dudoso por ende que atempere a un Artur Mas en plena fuga hacia adelante ni que aplaque la crecida sentimental del independentismo. El debate soberanista no es una cuestión catalana, sino española. Es sobre España lo que toca decidir: sobre su cohesión social y su integridad democrática.

No sé quién manda en Cataluña
Manuel Muela www.vozpopuli.com 16 Octubre 2014

No lo digo yo, lo acaba de declarar el presidente del Consejo de Ministros el día de la Fiesta Nacional. Es la confesión de adónde nos ha conducido la falta de responsabilidad de quienes tienen en sus manos el gobierno de la nación y de las restantes instituciones del Estado, porque el señor Rajoy no habla de países lejanos o exóticos, sino de una de las regiones más importantes de España que, en su opinión, está sumida en el desgobierno y que, por tanto, parece a merced del primero que intente ocupar su declarado vacío de poder. Con tales afirmaciones se culminó una semana verdaderamente dramática para los españoles y sus intereses individuales y colectivos. La pregunta que se ha hecho mucha gente, ¿quién manda aquí?, ha tenido respuesta al más alto nivel, ya que lo expresado sobre Cataluña se puede aplicar, con todos los matices que se quiera, al conjunto de España. A partir de ahí, los esfuerzos de las organizaciones políticas y de eso que se llama la sociedad civil deberían centrarse en preparar el aterrizaje suave de la alternativa a lo existente, sin perder más tiempo en las interioridades prosaicas del establishment.

El Gobierno central prefiere a Mas como mal menor
Lo hemos dicho muchas veces, en Cataluña, desde hace dos años, se ha iniciado un camino, sin aparente retorno, hacia la independencia, dirigido, con algunas asistencias externas, por los catalanistas burgueses de CiU que conviene recordar han sido los soportes de la Constitución del 78 allí. Por tanto, no hablamos de unos marcianos que han aterrizado en la política catalana en el otoño de 2012, sino de unos integrantes del régimen que, por diferentes razones, han llegado a la conclusión de que ese papel ya no les interesa. A sus colegas de Madrid, fundamentalmente populares y socialistas, los quieren abandonar en medio de la crisis española que ellos pretenden eludir con el expediente de la independencia. De repente, la modorra acomodaticia de la ciudad alegre y confiada del poder se ha visto alterada por semejante decisión y cuando se han buscado los instrumentos para impedirla, se ha constatado con asombro que no existían. Con mayorías silenciosas o sin ellas, el hecho cierto es que el Estado español en Cataluña es un ilustre desaparecido: ni institucional ni políticamente tiene relevancia allí.

A pesar del pleito, se permite que una de las partes, los colegas de Barcelona, CiU, sigan ostentando el poder al servicio de sus objetivos, confiando en que terminen entrando en razón

Ante tal situación fáctica, que no se puede cambiar en un santiamén, se han desempolvado los preceptos constitucionales y los reglamentos, tan largamente ignorados o incumplidos, para frenar el asunto. Pero, a pesar del pleito, se permite que una de las partes, los colegas de Barcelona, CiU, sigan ostentando el poder al servicio de sus objetivos, confiando en que terminen entrando en razón y “pelillos a la mar” para recuperar la entente tradicional. Lo que pasa es que es tarde para eso, primero, porque los nacionalistas burgueses de CiU van adelgazando electoralmente a marchas forzadas y segundo, porque la crisis económica y social, que está en el epicentro de lo que ocurre en Cataluña, no remite con la prontitud deseada. Las hojas del calendario van cayendo y el tiempo devora las expectativas de mejora, que son poco fundadas o voluntaristas.

Lo que desde las entrañas del establishment se considera el mal menor, es decir, que CiU siga gobernando en Cataluña es coherente con la máxima de ganar tiempo que utilizan abundantemente nuestros gobernantes cuando no saben qué hacer. Piensan que es mejor dejar a Mas y a los suyos al cargo que intervenir la Generalidad o precipitar la llegada al Parlamento catalán de otras mayorías distintas tanto social como políticamente. Y no me refiero a que gane ERC, sino a la irrupción de fuerzas más radicales, centradas en los desgarros sociales de la crisis, que no llevarán en el frontispicio de sus programas el tema de la independencia, convirtiendo al Parlamento de Cataluña en el anticipo de lo que sean las próximas Cortes Generales. Es posible que la temida ERC, que es un partido socialdemócrata catalanista y europeísta, aparezca como la fuerza más templada del futuro Parlamento catalán, aunque sin mayoría decisiva. Por ello, se puede especular con otra hipótesis que pasaría por aguardar a la demolición de CiU en las elecciones catalanas y plantear entonces la intervención del Poder Central en Barcelona.

Sin Cataluña el cambio será más doloroso
La declaración del jefe del Ejecutivo se presta a toda clase de elucubraciones, pero hay una realidad que no se puede soslayar, que es la de constatar que el melón de la crisis constitucional abierto hace dos años en Cataluña irá alimentando escenarios de inestabilidad y de desasosiego, muy difíciles de manejar por los que vienen acreditando una gestión deficiente tanto en Madrid como en Barcelona. El festival anunciado por Mas para el 9 de noviembre, acusando al Estado, no al gobierno del PP, de ser el adversario de las libertades catalanas, indica que siguen erre que erre. Ante eso, la apelación a la legalidad resulta un magro consuelo para una nación, la española, que está sufriendo en sus carnes las consecuencias de políticas dañinas en el orden social y el oprobio de las conductas de determinados responsables públicos, demasiados.

Lo que hace diferente a Cataluña es que allí la irritación social se ha pretendido conducir por el camino de la independencia

Lo que hace diferente a Cataluña es que allí la irritación social se ha pretendido conducir por el camino de la independencia por parte del nacionalismo burgués de CiU que ya se encuentra desbordado y en las últimas. Todos debemos lamentarnos de ello, porque si las energías dedicadas a ese objetivo se volcaran en pro del cambio del estado de cosas de España, éste estaría más cercano y, probablemente, sería menos doloroso de lo que va a ser sin contar con el concurso de los catalanes. Cuando salgamos del desgobierno, algunos en Madrid y en Barcelona deberán responder del inmenso daño causado por el mal uso del poder público, pero esa es otra historia.

A pesar del desánimo y de la irritación, y a fuer de voluntaristas, debemos dar la bienvenida a los ecos constructivos que procedan de los segmentos de población interesados en el cambio social y político que, a estas alturas, parece condición sine qua non para lograr la democracia y garantizar la estabilidad económica de España. Eso es lo que debe preocupar y no seguir prestando oídos a quienes tienen todavía el poder, pero que ya no son opción de futuro y esperanza de nada.

No quiero terminar sin felicitar a Vozpópuli por su tercer aniversario con el deseo de que cumpla muchos más. Por mi parte, agradezco la hospitalidad de sus páginas que me ha permitido analizar con absoluta libertad los aconteceres españoles semana tras semana, intentando aplicar la razón y la experiencia para enaltecer los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad.


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¿Independencia? No, gracias
Toni Bolaño www.cronicaglobal.com 16 Octubre 2014

Artur Mas pasará a la historia. De hecho, ha pasado. Ha sido el primer gobernante en el mundo que ha convocado una consulta en rueda de prensa. Se desconoce su marco legal salvo ese genérico “competencias de la Generalitat”. El presidente catalán está ahora enfrentado al mundo. La consulta –la de verdad- ha fracasado porque Madrid la ha prohibido. La unidad se rompe porque los partidos –léase ERC- no están a la altura –de los deseos presidenciales-. Y si fracasa la consulta –la de mentira- la culpa será de los ciudadanos por no acudir a las urnas.

Por cierto, en la consulta habrá urnas, papeletas y locales. Lo que no habrá, ni se espera que haya, son garantías democráticas. Con su DNI y su coche puede visitar diferentes colegios electorales durante el día e ir depositando sucesivos votos. Nadie se lo impedirá. Es más, nadie podrá controlarlo. Tampoco se puede controlar el censo. ¿Cuántas personas están llamadas a votar? Ni se sabe, ni se sabrá. Sin censo será complicado saber el porcentaje de ciudadanos que acudió a las urnas.

Sin embargo, que el árbol no les impida ver el bosque. Todo este espectáculo –a la altura de los esperpentos de Valle Inclán- es el inicio de la campaña electoral de los nacionalistas. Las divergencias entre ERC y CDC no son más que el pulso previo al gran acuerdo electoral para las plebiscitarias. Ese es el momento. El 9-N siempre ha sido una pantomima. La consulta era un riesgo que no estaban dispuestos a asumir aunque lo agitaban como bandera. El recurso del gobierno estaba previsto. La parafernalia posterior también. El enfrentamiento alimentaba su discurso para justificar el siguiente paso, unas elecciones en las que la norma electoral les favorece.

Hoy muchos ciudadanos ya saben que el derecho a decidir era un puñetero engaño. Los que de buena fe han dado su apoyo a la supuesta democracia se han caído del guindo. Nunca existió el derecho a decidir, siempre era el derecho a la autodeterminación. Los que han sido cómplices deben sentir vergüenza ajena. Iniciativa per Cataluña, UGT, CCOO y en algunos sectores del PSC no han caído del guindo, se han dado de bruces con la realidad víctimas de su irresponsabilidad y su bisoñez.

Mas, y el soberanismo, no han reculado. Y menos están derrotados. Siguen su hoja de ruta, forzando la situación. Si alguno piensa que los soberanistas han perdido una batalla se equivoca. Siguen avanzando hacia su Declaración Unilateral de Independencia que piensan formalizar con una mayoría absoluta en el próximo Parlament. A los partidos no nacionalistas les llega la hora de demostrar que han superado sus horas bajas. Socialistas, Populares y Ciudadanos deben dar ahora el do de pecho porque el tiempo apremia. También los federalistas de Iniciativa per Cataluña, que después de ser muleta del soberanismo han decidido abandonar un barco que no es el suyo. Y otros grupos como Podemos, con enfrentamientos internos deben abandonar el postureo. Deben dejar de ponerse de perfil. Las próximas elecciones serán plebiscitarias porque todos los partidos las van a enfocar así. El nacionalismo ha ganado en la estrategia pero en nuestra mano está poner las cosas en su sitio. Empecemos ya. ¿Independencia? No gracias.

El recurrente frente abertzale
LUIS HARANBURU ALTUNA. EL CORREO. 16 Octubre 2014

Desde el año 1977, en el que se celebraron las conversaciones del frontón Chiberta en Bidart, el frente abertzale formado por el PNV y la izquierda abertzale es una recurrente tentación del nacionalismo vasco. En aquella ocasión se trataba de hacer un frente común para oponerse a la consolidación de la Transición política que terminó alumbrando la Constitución y la realidad democrática de España. El PNV terminó por rechazar los cantos de sirena de ETA y obtuvo como contrapartida el liderazgo institucional y político que alcanza hasta nuestros días. Los jeltzales tuvieron, entonces, la intuición política y el acierto histórico que les ha reportado réditos políticos de indudable valor. ETA se apartó del curso de la historia y comenzó su loca carrera hacia ninguna parte, sembrando el terror y la desolación entre los vascos. Aquel cruel y estúpido empecinamiento condujo a la izquierda abertzale al extrarradio institucional y a la marginación política, que solo concluyó cuando, hace tres años, ETA asumió su error histórico y la izquierda abertzale se plegó a la legalidad institucional, que había sido el blanco de sus ataques.

El año 1998, siendo Ibarretxe lehendakari, otra vez se intentó la articulación de un frente abertzale auspiciado por el Pacto de Lizarra, que despertó la fiebre soberanista que solo acabaría tras la firme oposicón del Tribunal Constitucional y la pérdida del Gobierno vasco por parte del PNV. Con ocasión del Pacto de Lizarra, los vascos vislumbramos la cara peor del nacionalismo que sumó sus fuerzas, previa calificación del constitucionalismo vasco como enemigo del pueblo. Fueron días de exclusión y lamentable crispación, en los que la ciudadanía vasca se polarizó y dividió con grave quebranto de la convivencia democrática. De aquella frustrante experiencia, el PNV salió escaldado tras perder el Gobierno de Gasteiz y todo daba a entender que la lección había calado muy hondo en los nacionalistas jeltzales, pero, por lo visto, la tentación frentista conserva el atractivo del sueño prohibido.

El nacionalismo vasco, tanto el jeltzale como el radical, jamás ha realizado la autocrítica de aquel frustrado pacto de Estella que tan solo obtuvo la prolongación de la agonía de ETA, que habría de durar, aún, otros trece años. Los partidos políticos son renuentes a la revisión de su pasado y tratan de arrojar un velo mediante su puja por el futuro. Los votos obtenidos suelen servir de panacea para olvidar lo que no es grato. Ocurre, sin embargo, que la incapacidad de juzgar nuestro pasado nos condena a repetir los errores. El pasado nos interpela en la forma de obsesión recurrente, aquello que nos negamos a afrontar. Es, por lo visto, lo que sucede al nacionalismo vasco cuando vuelve a acariciar la idea de un acuerdo entre nacionalistas moderados y radicales.

Ha sido Hasier Arraiz, presidente de Sortu, quien ha puesto nombre y cara al nuevo intento frentista del nacionalismo. Tras la reciente entrevista con Urkullu y en su intervención parlamentaria ha invitado al PNV ha sumarse al bando soberanista para desde su mayoría parlamentaria rebasar el cauce constitucional y avanzar hacia la independencia del País Vasco. Para hacer más atractiva su oferta ha ofrecido la estabilidad gubernamental, la aprobación de los próximos Presupuestos y la ‘revisión’ del suelo ético en la comisión parlamentaría correspondiente. Los radicales nada pierden con su oferta, sino que ganan, y mucho, con la contrapartida de respetar las candidaturas más votadas en las próximas elecciones de la primavera, conservarían sus actuales enclaves de poder y obtendrían, además, el liderazgo en el discurso soberanista. Urkullu ha afirmado estar dispuesto a hablar y el PNV ha resuelto remover los obstáculos para un posible entendimiento. Son malas noticias para el País Vasco y lo son peores para la siempre complicada convivencia entre los distintos vascos que pensamos de manera diversa.

Frente a la propuesta de la izquierda abertzale se alza una obviedad que el PNV no debería olvidar. Ocurre que el presunto candidato a constituir el frente nacionalista todavía no ha solventado el pasivo histórico que acumula sobre sus hombros, en clave violenta y antidemocrática. El recuerdo de un nacionalismo radical vicario de ETA aún persiste en la memoria colectiva de los vascos. Puede que el nacionalismo vasco haya dado por finiquitada la etapa del terrorismo y del crimen político, pero la sociedad vasca mantiene incólume su memoria.

La escisión y ulterior formación de un Estado independiente requiere del acuerdo de la población escindida, pero requiere también del consenso internacional para su reconocimiento. ¿Es que el PNV piensa que la sociedad vasca daría su anuencia a un poder nacionalista hegemónico y dominante? Los vascos tenemos el escarmiento de cómo las gasta el nacionalismo radical y mucho me temo que la mayoría prefiere vivir bajo el paraguas de una Constitución que garantiza las libertades personales y los derechos humanos. Por otra parte, ¿piensa el nacionalismo que una soberanía obtenida de la mano de cuarenta años de terror puede obtener el respaldo internacional?

Todavía perduran las heridas abiertas por el terrorismo, con la excusa de un ideal nacionalista que algunos del PNV dicen compartir, pero el sueño recurrente de un frente nacionalista no debiera mancillar la limpia y democrática ejecutoria del PNV, ni tampoco debiera olvidar el suelo humanista que ha soportado su trayectoria. El mejor futuro del País Vasco es el compartido entre vascos que pensamos distinto y amamos de forma diferente a nuestro país. El frente solo es bueno para jugar al frontón.

Cataluña, el misterio del modelo federal y discriminación lingüística
Asociación por la Tolerancia www.latribunadelpaisvasco.com 16 Octubre 2014

Debemos pedir disculpas porque el alud de noticias y opiniones sobre el ‘prusés’ amenaza la supervivencia de este ‘resumen’ y retrasa cada vez más su aparición. Por otro lado, los acontecimientos se suceden con rapidez y las noticias envejecen a un ritmo mayor que el retrato de Dorian Grey.

Al iniciarse la semana, Mas parecía empujado por su socios, e incluso por su principal asesor, hacia el abismo. El clima de opinión en Cataluña tras la suspensión del TC no era favorable y en TV3 parecían producirse conatos de rebelión (tímidos). Los ayuntamientos no daban un claro paso al frente para agilizar la consulta y los votantes extranjeros aún menos. El ‘prusés’ se veía en un callejón sin salida por una consulta que nació muerta; se olfateaba el ‘final de la escapada’. Lo que parecía ir bien (el ‘bloque’ soberanista) amenazaba con disgregarse al tener que empezar a definirse con claridad, porque la situación es de tal naturaleza que dos columnistas han ido a rememorar de forma independiente una vieja canción infantil: vamos a contar mentiras. La cosa, sin embargo, podría terminar mal o muy mal.

Prueba de ello es que, ante la probabilidad creciente de fracaso, aumentas las coerciones violentas. El linchamiento a ‘twits’ de Joaquim Brugué por abandonar la comisión de control del 9-N por falta de garantías, un número creciente de agresiones y escraches incluso con los manifestantes que acudían al 12-O, no pueden minimizarse y enlazan con un historial largo de acoso moral.

En esta entrevista al líder de la CUP puede verse todo lo que el secesionismo encierra. Y en este debate, en el que –por fin– TVE ha terciado en favor de la pluralidad, puede oírse la voz de quienes no comulgan con ruedas de molino.

Abundan las columnas: echando en cara a la ciudadanía su responsabilidad por omisión, denunciando la política de excepcionalidad permanente del nacionalismo y el victimismo, diagnosticando la ‘enfermedad catalana’, la inmoralidad del catalanismo más allá de ‘la pela’, preguntándose cómo personas inteligentes pueden caer en esas trampas, advirtiendo que el adoctrinamiento es más peligroso hoy que en tiempos de Franco y vaticinando la continuación del declive de Barcelona o haciendo un canto a la Constitución.

Han aparecido dos manifiestos: uno de representantes de la izquierda catalana rechazando la independencia, como es el caso de la conocida Lidia Falcón, el otro de un grupo de intelectuales que apuestan por la España federal, entre ellos el no menos conocido (e inevitable) juez Garzón.

Si por lo menos eso sirviera para que el PSOE definiera su modelo federal… Al tiempo que se cierran los plazos, proliferan las apuestas ‘terceristas’. Francesc de Carreras da una lección sobre el significado de ‘confederación’ para que Unió no siga mareando la perdiz, pero otros prefieren recurrir a las esencias esotéricas de la nación; Valentí Puig propone cambios en el nacionalismo hacia una fórmula constitucional, hay quien habla de ‘interdependencia’ en lugar de independencia, El País inició una edición digital en catalán para contribuir al diálogo, dijo, e incluso el presidente Rajoy escribió sobre ‘puentes’ (con apostilla). Pero el diálogo es imposible con quien no quiere hablar, sino imponer y sólo se puede plantear en condiciones de igualdad de las partes. Por ello, Libres e Iguales afirma limpiamente que su propósito es la derrota del nacionalismo, no el pacto.

Esta semana se conmemoró el octogésimo aniversario de la proclamación de la República catalana por Companys lo que comportó literatura. El profesor Álvarez Junco también echó la vista (no tan) atrás para dilucidar los flecos pendientes de la Transición. Por último, Societat Civil Catalana y otras entidades, con el apoyo de C’s, PPC y UPyD, convocaron concentración festiva para el 12-O con un relativo éxito. Alguien tuvo la noble idea de saludar a los pioneros que en años anteriores convocaron con menos medios. También resaltaremos dos reflexiones apropiadas a la celebración de la Hispanidad.

C’s y UPyD denunciaron la discriminación lingüística en Cataluña en una sesión sin precedentes ante la Eurocámara. El Liberal de Bilbao (blog) culminó su serie contra la inmersión y es que hasta las autoridades catalanas admiten que los alumnos catalanes de infantil presentan deficiencias en lengua española. La LOMCE, que tenía la pretensión de atajar el problema, hace aguas en la CAV y en Cataluña sigue siendo objeto de polémica y necesitada de parches.

El PNV parece abrirse a pactos con los abertzales y, de momento, suman fuerzas para respaldar la consulta catalana. Lokarri se disuelve, como hizo su hermana Elkarri, su labor se da por concluida aunque aún haya dirigentes que declaran que ETA debe seguir existiendo y ayuntamientos que financian a los familiares de presos etarras. El Festival de Valladolid estrena el documental 1980 de Iñaki Arteta, donde se pone en evidencia el ‘pueblo’ que alimentó a ETA.

Y aún hay más, mucho Mas.

HISTORIA
La lección de Escocia
El autor sostiene que si se celebrase un referéndum legal, los catalanes se alarmarían tanto que ganaría el 'no'
Establece una serie de diferencias hitóricas, sociales y económicas entre Cataluña y la nación escocesa
Gabriel Tortella El Mundo 16 Octubre 2014

El 18 de septiembre pasó y, tras los días de emoción que precedieron a la celebración del referéndum escocés, el tema parece ya casi olvidado. Sin embargo, en el Reino Unido las consecuencias del referéndum van a traer cola y las lecciones que todo ello contiene para España son importantes y dignas de consideración.

Los separatistas, en especial los catalanes, habían tratado de sacar partido del episodio escocés, pero ante la clara derrota han perdido interés: el triunfo de la cordura en Escocia, dirán ellos, no debe servir de ejemplo en Cataluña. Han repetido con desgana que Escocia debe ser ejemplo por cuanto se les ha dejado votar en referéndum, y poco más. Del resultado, mejor no hablar.

Y, sin embargo, hay mucho que hablar sobre el tema. En primer lugar, hay que subrayar las diferencias de naturaleza histórica y legal entre Cataluña y Escocia en lo relativo a un referéndum. Hace años Edurne Uriarte las expuso muy claramente en un artículo en Abc. Escocia fue un reino independiente durante unos siete siglos, y se unió a Inglaterra y Gales formando el Reino Unido en 1707. Aunque el Tratado de la Unión decía que ésta sería para siempre, como fue producto de un consenso, en buena lógica, si este consenso se rompiera por medio de un referéndum (algo impensable en el siglo XVIII), el Tratado habría de considerarse anulado. Naturalmente, el referéndum de 2014 habría de celebrarse con acuerdo de ambas partes, como así ocurrió. Esto, por lo que respecta a la Historia. En cuanto a la Constitución inglesa, es una especie de entelequia, porque no está escrita, y, por tanto, no hay en ella prohibición alguna de celebrar referéndums de ningún tipo.

El caso de Cataluña es muy distinto. Cataluña nunca fue un reino independiente, por más que inventen algunos historiadores, y su primer apelativo, mucho antes de llamarse Cataluña, fue el de Marca Hispánica. En 1137 se unió al reino de Aragón por matrimonio, y en 1479, también por matrimonio, Aragón se unió a Castilla. No hay, por lo tanto, nada equivalente al Tratado de la Unión británico. Asturias, León, Galicia, Murcia, Navarra, Aragón, incluso Badajoz, tendrían título histórico más claro a la independencia que Cataluña, porque fueron reinos soberanos (obsérvese que Andalucía tampoco tendría título histórico, a pesar de lo de la «realidad nacional» en su estatuto). Por otra parte, la Constitución Española proclama la indivisibilidad de España (art. 2) y atribuye al Estado español (Corona, Gobierno, y Cortes) la competencia en materia de referéndums (arts. 62, 92, y 149,1, nº 32). El Estado español puede delegar algunas competencias en las comunidades autónomas, pero es evidente que en un tema de esta importancia no bastaría con una decisión del Gobierno, sino que debería recabarse la aprobación de las Cortes y el asentimiento de la Corona. Por lo tanto, toda esta traída y llevada (por los separatistas) cuestión del «derecho a decidir» es una falacia inconstitucional y por ende, antidemocrática, como demostraba en estas páginas Enrique Gimbernat el pasado 6 de octubre. La Generalitat del Sr. Artur Mas no ha dado ningún paso para recabar el acuerdo del Estado español; por el contrario, ha violentado las más elementales normas de urbanidad democrática en todo lo referente a su quimérica «consulta».

Ni Escocia ni Cataluña han recibido apoyo internacional a sus veleidades separatistas; la Unión Europea ha mostrado su oposición rotunda y advertido, por activa y por pasiva, que la separación de una región de un Estado miembro implica su inmediata separación de la Unión. Con todo, aquí se da otra diferencia entre el caso escocés y el catalán, porque Escocia es más proclive a la Unión Europea que Inglaterra y una de las razones de los separatistas escoceses era que no querían pertenecer a Gran Bretaña cuando ésta abandonara la Unión, algo muy posible a plazo medio.

En el plano económico, la independencia de Escocia hubiera sido absurda, pero menos que la de Cataluña. En primer lugar, todos esos tópicos de la laboriosidad de los catalanes tienen mayor fundamento aplicados a los escoceses. Si excluimos el caso reciente del petróleo, Escocia no ha sido favorecida económicamente por la naturaleza. El clima es inclemente, el suelo en su mayoría rocoso; sólo el sur es apto para la agricultura y el norte está muy escasamente poblado. El transporte es complicado, no sólo por tener multitud de islas, sino por lo anfractuoso del terreno. Sin embargo, los escoceses tomaron parte muy activa en la Revolución Industrial, distinguiéndose en las industrias metalúrgica, naval, química, y destilera (el whisky escocés es un importante producto de exportación), así como en banca, comercio y transporte. La compañía española Rio Tinto, por ejemplo, fue creada por el financiero escocés Hugh Matheson. Escocia se benefició de formar parte del Imperio Británico, pero su industria no tuvo protección arancelaria, a diferencia de lo que ocurrió con Cataluña, cuya industria textil se benefició durante casi tres siglos de la protección arancelaria y del acceso al mercado español a raíz de la unificación económica llevada a cabo por Felipe V. Ambas comunidades crecieron tras integrarse con su vecino. También se benefició Cataluña de pertenecer al Imperio Español; la pérdida de Cuba en 1898 fue uno de los argumentos del nacionalismo catalán. A diferencia de Escocia, la industria catalana exportó poco hasta bien entrado el siglo XX, y cuando lo ha hecho ha sido gracias a su entrada en la Unión Europea con el resto de España. Su salida del país y, por consecuencia, de la UE, sería un golpe económico terrible para Cataluña: su comercio exterior se hundiría, y lo mismo ocurriría con su moneda y sus finanzas privadas y públicas.

En el comercio de productos y servicios Escocia también depende en gran medida del Reino Unido, pero su riqueza petrolífera le hubiera ayudado a compensar el trauma económico de la independencia. Cataluña, aunque rica i plena, no posee un activo comparable al petróleo escocés. En el plano financiero, las similitudes son notables: Escocia y Cataluña, aunque más ricas que el Reino Unido y España respectivamente, dependen de estos Estados para sustentar sus déficits presupuestarios, si bien la deuda de Cataluña es relativamente mayor. Esta dependencia se ha agravado en ambos casos por los descalabros bancarios provocados por la crisis, que ha estimulado el separatismo.

Otra importante diferencia es la del idioma: en Escocia el idioma céltico es residual; en Cataluña el catalán, aunque minoritario, se habla comúnmente. En realidad, el idioma es el verdadero argumento de los separatistas, que han hecho enormes esfuerzos por promover el monolingüismo y por borrar los rasgos culturales del y lo español (corridas de toros, banderas, carteles, etc.)

Si contradice la lógica más elemental, ¿cómo se explica la fiebre separatista en ambas comunidades? Se trata de un arrebato irracional fomentado desde el poder autonómico. Una semana antes del referéndum, The Economist publicaba un artículo titulado «Cómo enloqueció una nación», que describía cómo se había apoderado de Escocia «la euforia separatista [por medio de una] lógica truncada [basada] en una confluencia de argumentos nacionalistas e izquierdistas, superficialmente dinámica, aunque en realidad incoherente». El paralelo con Cataluña es, por desgracia, total. Aquí sí que no hay fet diferencial.

Sin embargo, en Escocia, al final prevaleció la cordura. Tras dos semanas de infarto, en que las encuestas repentinamente dieron por vencedor al sí, los escoceses se alarmaron tanto como el Gobierno inglés, y, ante el temor a que triunfara la independencia, salieron a votar en masa y el no ganó por un holgado margen. Esta es la gran lección de Escocia: cuanto mayor la «euforia separatista» y la «lógica truncada», más se siente llamada a las urnas la mayoría sensata. Es muy posible que si en Cataluña se celebrara un referéndum legal y con garantías ocurriese lo mismo. Esto debiera hacer reflexionar a los enragés de la V y la cadena.

Gabriel Tortella es economista e historiador.
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