AGLI Recortes de Prensa    Domingo 19  Octubre  2014

El mito de la "convivencia"
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  19 Octubre 2014

Uno de los mitos más queridos de la transición española y del régimen político actual es el de la "convivencia".

Pocos recuerdan hoy el antecedente de este mito en la propaganda del Partido Comunista en torno a la "reconciliación". La imposición de este mito -contrafactico y absurdo- es uno de los éxitos más grandes de la historia de la estrategia política en nuestro país, dejando al margen la consideración ética que puedan merecer este tipo de operaciones.

La idea difundida era que, tras la Guerra Civil, el país pertenecía exclusivamente a los vencedores. Por consecuencia, España seguía dividida y la "reconciliación" no se había producido.

Naturalmente, los españoles de 1975 tenían en su abrumadora mayoría superada la Guerra Civil pero una ínfima minoría militante vivía su rencor guerracivilista como verdadero motor de su camino hacia el éxito electoral.

Con el definitivo asentamiento de la transición, en lo político se impuso una línea moderada pero en lo ideológico -en la filosofía, las ciencias políticas y en el análisis histórico- la hegemonía de la línea radical ha permanecido incontestada desde entonces.

Por eso la transición equivalía a la "reconciliación" y la "convivencia" es hija directa de ésta última. Actualmente, cada 6 de diciembre, día de la Constitución, en todo medio que se precie se repite el mantra acerca del periodo de mejor "convivencia" y mayor "prosperidad" que registra la historia.

Pero al igual que la anhelada "reconciliación" no existía más que en el rencor de los derrotados de la guerra civil, la "convivencia" se desmorona a poco que se examine la realidad del presente.

La división partidista de la sociedad española es ahora tan profunda que muchos temas apenas puede discutirse en términos racionales, sino tan solo de partido. Un buen ejemplo es el lamentable espectáculo político, ideológico y mediático que ha contaminado incluso la toma de decisiones en un asunto como el de la infección por el virus ébola.

En otro orden de cosas, regiones enteras del país, con amplias capas de la población en estado de alienación propagandística a causa de los nacionalistas periféricos, quieren escindirse del resto y provocar la secesión en uno de los protagonistas históricos más relevantes de la historia de Occidente: la nación española.

Los partidos son incapaces de alcanzar acuerdos y una sensación de podredumbre generalizada lo invade todo a causa de los incesantes casos de corrupción, demostrando así la nula empatía con el todo nacional y, por consiguiente, la escisión letal que existe entre la clase política y el resto del pueblo.

Así, esa clase política dice gobernar "para el pueblo" pero buena parte de los españoles da alas a partidos heterodoxos en contra de esa misma clase política, cada vez más desprestigiada.

Una desesperanza así mismo generalizada conduce a cada a uno a mirarse a su propio ombligo y a desear salvarse incluso a costa del de al lado. Por todo ello resulta algo absurdo hablar de "convivencia". Ya no se vive con el conjunto del pueblo por la sencilla razón de que cada vez todos tenemos menos en común con el resto.

Incluso los nacionalistas periféricos están más pendientes de luchar "contra España" que por unos territorios de los que ellos mismos no saben nada ni entienden tampoco nada más allá que los tópicos de la propaganda. Así que más que convivir existe una mera aposición de egoísmos que, de por sí, constituye una estructura frágil en extremo.

Lo malo es que mientras la crisis continua expoliando a las clases medias y depauperando a los trabajadores, las soluciones que se ofrecen se radicalizan cada vez más y amenazan con actualizar -ahora sí- el tópico guerracivilista de las "dos Españas": dos Españas incapaces de entenderse en nada y conjuradas a matarse por odio en cualquier momento en que las circunstancias lo permitan.

No puede hablarse, por tanto, de "convivencia" si no es por el interés abyecto de una clase política que busca a toda costa legitimarse en logros míticos fundacionales como la "transición" realizada "de la ley a la ley", la II República como paradigma de democracia, la "resistencia antifranquista", "mayo del 68", el "maquis", etc.

El último paso consistía en transformar toda esta mitología en ley, algo realizado en parte por la ley de Memoria Histórica, promulgada por el gobierno socialista de Zapatero y defendida hoy por el Partido Popular.

Por último, puede que las tesis aquí defendidas se discutan hasta la saciedad con argumentos ideológicos -casi con toda seguridad basados en la propaganda- pero esos argumentos perderán credibilidad a medida que el progresivo enrarecimiento del clima político, el individualismo creciente y la pugna partidista acaben con el espejismo de "convivencia" que la clase político-mediática nos ha estado vendiendo durante más de cuatro décadas.

Nos preguntamos qué dirán entonces.

¿Podemos derrotar a Podemos?
Luis del Pino Libertad Digital 19 Octubre 2014

Este fin de semana se está celebrando en Madrid la asamblea de Podemos, en la que el partido de Pablo Iglesias trata de definir la estrategia y los planteamientos políticos con los que intentará optar a formar gobierno en las elecciones de 2015.

En esta era de las nuevas tecnologías, casi todo es accesible ya en tiempo real, y la asamblea de Podemos, un partido que se precia de utilizar con éxito Internet y las redes sociales, no podía ser una excepción. Quien quiso, pudo seguir en directo por televisión, a través de Internet, los debates de la asamblea, y yo mismo estuve viendo parte de las intervenciones.

Convendría que los partidos alternativos (UPyD, Ciudadanos, Vox) tomaran nota de cómo se está desarrollando esa reunión de los afiliados de Podemos, porque puede extraerse alguna lección muy interesante.

Lo primero que hay que decir es que la asistencia a la asamblea está siendo un éxito: 8.000 inscritos para asistir presencialmente y varias decenas de miles más de personas siguiendo la asamblea en directo por Internet, son cifras que indican que no estamos ante un fenómeno marginal, ni pasajero. Podemos cuenta ya con una estructura a nivel nacional que le permitirá encarar las próximas elecciones generales con mucha mayor efectividad que las europeas. Y ya es hora de que algunos comiencen a preguntarse por qué.

¿Existen en España cinco millones de comunistas, o cinco millones de bolivarianos? La respuesta es que no. Nunca han existido y tampoco ahora existen. Pero entonces, ¿cómo es posible que las encuestas sitúen a Podemos ya en el entorno de los cinco millones de votos? Pues la respuesta es, obviamente, porque a Podemos no le votan solo los bolivarianos o los comunistas. El grueso de quienes manifiestan que van a votar a Podemos son personas que nunca aplaudirían una dictadura como la soviética ni un régimen militar como el venezolano.

Ante esta contradicción, muchos críticos de Podemos reaccionan de una manera bastante ingenua, declarando con toda rotundidad que el ascenso de Podemos demuestra que los electores son inmaduros, ignorantes, manipulables o directamente idiotas. Pero esa actitud equivale a la del avestruz que entierra la cabeza en la arena, para no ver el peligro que se le aproxima.

La democracia no consiste en tener razón, sino en ser capaz de convencer a los demás de que la tienes. Aunque tus ideas sean las mejores del mundo (y esta es una lección que deberíamos aprender muchos liberales), si no eres capaz de demostrar a la gente por qué tus ideas son buenas PARA ELLOS EN CONCRETO, jamás te comerás un colín, electoralmente hablando. Y el que no seas capaz de convencer a los demás, no indica que los demás sean idiotas; a lo mejor el idiota eres tú: si tienes las mejores ideas del mundo y no eres capaz de convencer a los demás, será que no te sabes explicar muy bien, ¿no? O a lo mejor lo que pasa es que tus ideas no son tan buenas como te imaginas y por eso nadie te las compra. Aprende a escuchar a los demás y trata de analizar por qué no convences.

Si Podemos tiene cinco millones de votos no es porque la gente sea estúpida, sino porque quienes dirigen Podemos ofrecen a la gente algo que la gente está dispuesta a comprar: ilusión, esperanza de cambio, promesa de justicia. Bastaba ver ayer la asamblea en el Palacio de Vistalegre para darse cuenta de que los militantes de Podemos se sienten parte de algo en marcha, se sienten integrantes de un proyecto, sienten que pueden cambiar la situación. Probablemente a la mayoría de los asistentes no les gustan muchas cosas de Podemos, ni de Pablo Iglesias, pero eso da igual. Porque por muchos defectos que le vean a Pablo Iglesias, lo que hay enfrente (ese difuso concepto de la Casta) les gusta mucho menos. Quieren acabar con un estado de cosas que perciben injusto y Podemos les ofrece el instrumento.

Mientras no entendamos eso, mientras no comprendamos que hay razones perfectamente sensatas y poderosas que impulsan a gente de lo más normal a votar a Podemos, no podremos conjurar la amenaza que Podemos supone.

Por supuesto que Pablo Iglesias o Monedero representan una ideología caduca y peligrosa para las libertades, pero no vamos a conseguir nada limitándonos, como hasta ahora, a caricaturizar a Podemos: mucha gente lleva meses con la cantinela de si Pablo Iglesias es amigo de los batasunos, de si Pablo Iglesias es consejero de los chavistas o de si Pablo Iglesias es comunista. ¿Qué se ha conseguido con ese tipo de ofensiva? Pues que Podemos pase del millón de votos que consiguió en las europeas, a unos cinco millones de votos, según las últimas encuestas. Así que esas críticas no parece que estén sirviendo de mucho, ¿verdad?

Caricaturizar al adversario es una forma de menospreciarlo, y no hay receta más segura para la derrota que minusvalorar a tu oponente. En vez de atacar a Podemos con cosas que demuestran no tener ninguna efectividad, tendríamos que pararnos a pensar en las razones que impulsan a gente de muy variadas ideologías a votar a Podemos.

Como decía antes, si la gente compra la ilusión, la esperanza de cambio y la promesa de justicia que Pablo Iglesias les ofrece es... porque eso es exactamente lo que la gente quiere comprar. Son esas tres cosas las que el mercado electoral está demandando. Por tanto, si quieres derrotar a Podemos, tendrás que ofrecerle a la gente precisamente eso. La gente sabe perfectamente lo que quiere y no te va a comprar ninguna otra mercancía.

Ya no valen las campañas de puro marketing, como las de Pedro Sánchez; ni las apelaciones al miedo, como pretende hacer el PP. Ni tampoco valen ya los viejos esquemas heredados de la Transición. Estamos en otra época, y la gente necesita respuestas. Respuestas reales. Las redes sociales han desplazado a los medios tradicionales de comunicación y tampoco sirve ya de nada el intentar esconder los problemas.

Podemos no es imbatible. De hecho, los votantes de Podemos son perfectamente recuperables. Pero, para recuperarlos, habrá que ofrecerles un diagnóstico tan certero y tan descarnado como el de Pablo Iglesias, junto con soluciones menos demagógicas que las que Pablo Iglesias ofrece.

¿Podemos derrotar a Podemos? Por supuesto que sí. La pregunta es si sabemos. Y si estamos dispuestos a escuchar con humildad a la gente y a soltar el lastre necesario.

Pablo Iglesias quiere "asaltar el cielo", no merecerlo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Octubre 2014

Pablo Iglesias ha dicho este fin de semana, en su apoteosis como comandante en jefe de Podemos, algo que prueba su peligro como líder comunista: "el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto". Porque esa frase, que liquida la política comunista de consenso en que permitió la implantación de la democracia en España y de la que sólo se excluyó la ETA, tiene además el magnetismo del marxismo-leninismo como religión de la revolución, cuya genial novedad reside en la importación "científica" que Marx hizo de la religión judía, convirtiendo al Proletariado en Mesías redentor.

También Bakunin y su "comunismo libertario", enemigos en la I Internacional de Marx y su “socialismo científico”, apelaban a una suerte de milenarismo justiciero, harto evidente, como mostró Gerald Brennan, en el anarquismo español. Pero los bakuninistas apelaban a la venganza eterna y justísima de los desposeídos de cualquier tiempo, reeditaban las terribles “jacqueries” medievales, mientras que Marx y Engels aparecían como científicos que abolirían para siempre la explotación del hombre por el hombre, o lo que Marx, que vivía pícaramente de Engels, llamaba así. Pero la clave era el Juicio Final y la absolución eterna de los proletarios. El verso mejor de "La Internacional" lo dice así: “es el fin de la opresión”.

En los siglos XIX (a partir de las revoluciones de 1848) y XX, los católicos solían tender al anarquismo, los protestantes al marxismo y los judíos, tan cosmopolitas y decisivos en el marxismo occidental, al mesianismo profesional. Pero la clave del éxito de los que, como Marx, se proclamaban "materialistas históricos" y “socialistas científicos”, de los revolucionarios como Lenin, Trotski, Mao, el Che, Pol Pot o Abimael Guzmán, el profesor de Cuzco que fundó Sendero Luminoso, era precisamente “asaltar los cielos”, acabar con la Historia, guillotinar el tiempo, la contingencia vil en que se produce la opresión. El comunismo aseguraba el fin de los tiempos para el Mal, la salvación de los pobres, la muerte de toda muerte, la eternidad del Bien, es decir, el Cielo en la Tierra. Su fuerza reside en ser una religión y una ciencia de la venganza social.

Por eso la Teología de la Revolución de los 70 presenta a Cristo como "Señor de la Historia", al campesinado como el Crucificado y al Partido Comunista como el Cristo Resucitado y Triunfante. Por eso jefes sandinistas como el torturador ministro del Interior Tomás Borge, el pedófilo Daniel Ortega o su corrupto hermano eran presentados por los jesuitas españoles como teólogos; y los curas-ministros Cardenal y Escoto como poetas de la revolución, algo así como místicos del paredón. Los curas del Frente Farabundo Martí salvadoreño decían misa con kalashnikov.

Y aunque la experiencia nicaragüense desembocó en un consenso para la corrupción entre los Chamorro rojos y blancos, veinte años después el Subcomandante Marcos, con el apoyo del rojerío periodístico internacional, reeditó la fantasía guevarista del Buen Salvaje mediático. Podemos es, en apariencia, el partido de los "indignados", entre los “indios urbanos” de Guattari” tras el 68 y los antiglobalización de Seattle que devolvieron al siglo XXI el comunismo de barricada del XIX. Pero lo utópico se ha hecho “científico”. Nada menos improvisado que Podemos: Monedero o Iglesias son típicos profesores marxistas como Abimael Guzmán que cursaron las tácticas de la guerrilla moderna, la mediática, en Venezuela, con cubanos y argentinos. Y que en una clase política española poblada de aparatchiki tardosoviéticos del PP o el PSOE, destacan como Lenin y Trotski o Rosa Luxemburgo y Tania, la Guerrillera Heroica, hoy Sánchez, en Sextemos o Cuatremos. Si el hoy olvidado Subcomandante Marcos hubiera tenido las cadenas de televisión que sirven a Podemos no se habría dejado olvidar tan fácilmente.
La importancia de la teoría

Aunque suele señalarse, y los propios líderes de Podemos se recrean en ello, que Iglesias es un producto televisivo (estuvo meses estudiando telegenia, gracias a una beca bolivariana, con profesores del Pirulí, pequeño esfuerzo que, hasta donde sé, no ha hecho ningún ministro) su fuerza es la de conocer el riquísimo repertorio teórico comunista desde el "Manifiesto" de Marx y Engels en 1848. Ya han usado mil veces su primera frase: “Un fantasma recorre Europa…” adaptándolo a la España actual. Pero cuando Monedero dice tras el fulgurante Iglesias, como Trotski al pie de la tribuna de Lenin (de la que luego lo borró Stalin) “los banqueros deben temernos” no sólo hace referencia, como Marx y Engels, al pánico al comunismo como venganza contra la propiedad sino al terror que deben suscitar los cien millones de muertos que ha producido el comunismo en el mundo desde que llegó al Poder, en la Rusia de 1917. Pero viendo a los papanatas de Sextemos y Cuatremos servir de peana a los trucos de los publicistas de Podemos uno tiene la impresión de que los únicos que saben qué es la Cheka, la de Derzhinski y Carrillo, Orlov y Beria, Mao y Pol Pot, Fidel y “Barbarroja”, son Monedero e Iglesias, que la actualizarían en Madrid.

Los dirigentes de Podemos son los primeros de un partido comunista español importante que se saben los clásicos marxistas-leninistas. Los jefes históricos del PCE (también del PSOE) han sido redomados ignorantes, machacas del aparato comunista pero teóricamente famélicos. Ni Díaz, ni Ibárruri, ni Carrillo tenían noticia de los "Grundisse", aperitivo de “El Capital”, ni habían leído los “Cuadernos fiosóficos” de Lenin, apuntes de hegelianismo que tanto admiraban a Althusser y los maoístas franceses de los 70. Antes de Podemos, los únicos comunistas españoles con lecturas revolucionarias fueron los del POUM–Nin, Maurín, Gorkín-, liquidados por el PCE-PSUC de Stalin en los años 30 y los de Bandera Roja al final de los 70, escisión maoísta “chic” en la línea de Althusser, Poulantzas y Marta Harnecker en el PSUC-PSC, que luego se hizo liberal o volvió a los cargos del PSUC-PCE.

Nin perteneció, como el asombroso "revolucionario profesional" Gorkín y el líder de todos ellos Joaquín Maurín, al leninismo de la primera hora, vivió en Moscú, entre el Hotel Lux, apeadero de la Komintern, los pisos del Kremlin y la Lubianka, donde aplicaban en la nuca la celeste justicia revolucionaria a trotskistas, bujarinistas y demás istas. Cuando en el 37 los esbirros de Stalin, incluídos los del PCE, despellejaron vivo a Nin en Alcalá y encarcelaron a los poumistas de Barcelona no acabaron sólo con los troskistas que no eran, sino que quemaron nuestra Biblioteca Roja. Como Pol Pot en Camboya o Mao en la Revolución Cultural, mataron a los que sabían leer o leían los clásicos: Marx, Lenin, Trotski y, claro, Gramsci.

Luego, en el PCE mandan funcionarios sanguinarios, que borran la memoria de los grandes disidentes del Partido, como Valentín González, nunca reivindicados por supervivientes como Claudín y Semprún. Pero tras la invasión de Praga y la transformación del PCE del interior, que Carrillo ni olió, se produce la democratización teórica del PCE, teórica porque partiendo de Gramsci se adapta a la sociedad europea, y democrática porque en el PCE se había juntado mucha gente que quería la libertad. Luego, el socialismo, vale. Pero primero, la libertad. Y el Pacto por la Libertad del PCE, vieja propuesta de finales de los 60 se concreta en el consenso del PCE y el franquismo, de Carrillo con el Rey y Suárez. La transición a la democracia en España se basa en ese consenso . Por eso es tan importante que, tras casi cuatro décadas, el comunismo español abomine del consenso y vuelva al asalto como medio de conquistar el cielo o, como escribe Monedero en "El País", “traer la felicidad” a los españoles.

Porque hay dos formas de entender el concepto dieciochesco de "felicidad": a la americana -“the pursuit of hapiness”- como sagrado derecho individual a buscarla; o a la francesa, el modelo jacobino que los comunistas siguen copiando hasta nuestros días: la felicidad es lo el partido decida. Y chitón. Monedero sería un faux monnayeur.
Iglesias quiere conquistar el cielo para ser Dios

La fórmula "asaltar los cielos" (título de la película sobre el asesinato de Trotski; también de las memorias de la secretaria de La Pasionaria, Irene Lewy, casada con el periodista César Falcón, el autor de “Pueblo sin Dios” (“Asalto a los cielos”, Ed. Temas de Hoy. 1996); usadísima por Mao como alternativa a la brumosa teología confuciana- saca su extraordinaria fuerza de la religión, hunde sus raíces, como el mesianismo marxista, en el debate eterno del hombre sobre el más allá, en la idea de abolir Dios como lo que está más allá del hombre. La tentación luciferina de "ser como Dioses" que plantea el comunismo es si el Hombre se proclama Dios, no de sí mismo (que sería un nietzscheanismo adolescente, llevadero) sino de los demás hombres, porque conoce la Historia, sus leyes y el camino a seguir.

Cuando Pablo Iglesias dice que el cielo no se toma por consenso sino por asalto lo que nos anuncia es que el comunismo en España renuncia a la democracia y aspira, mediante la violencia, a instalarse en el cielo, a ser Dios. Iglesias y Monedero quieren ser nuestros dioses, como Stalin en la URSS, Mao en China, Fidel en Cuba o en Venezuela Chávez, el inmortal, según Podemos.

En la tradición española, católica, el cielo se merece, se gana con nuestras buenas obras. E Iglesias -¡qué apellido, qué destino!- nos lo quiere expropiar. Como todos los líderes comunistas, él aspira a ser Dios para mandar sin límites, sin más leyes que su voluntad, sin el menor respeto a la libertad de los demás humanos, que a los pies de los dioses de la Cheka somos nada, apenas un charquito de sangre. Y para impedir que Iglesias tome el Cielo sin merecerlo, por asalto, habrá que luchar mucho en esta Tierra.

Sigue el teatro
Miguel Cámara www.gaceta.es 19 Octubre 2014

El aparente giro mostrado por Artur Mas para la consulta del 9 de noviembre forma parte del teatro montado en pro de una independencia que no desea.

El aparente giro mostrado por Artur Mas para la consulta del 9 de noviembre forma parte del teatro montado en pro de una independencia que no desea. Incluso, la dolida reacción del más radical, como Junqueras, es parte del espectáculo. Conseguirán así más dinero que si fueran independientes, ya que Rajoy les seguirá pagando cada vez más, creyendo que así mantiene controlado a Mas. La situación, incluso, va empeorando, ya que los nacionalistas aumentan el adoctrinamiento, sobre todo en la juventud catalana; en los centros escolares han incrementado ya la campaña contra el Estado español: “nos acusan de ir contra la Constitución, que atentamos contra el derecho de todos los españoles, que malversamos los fondos públicos, que prevaricamos, que somos un pueblo hostil, que estamos dividiendo a los catalanes, que nos alejamos de Europa, nos quieren llevar a los Tribunales, etc. etc. etc.”.

Recordemos un reciente documental en televisión donde niños catalanes de 8 a 10 años daban su opinión sobre la situación en Cataluña: “los impuestos que pagamos aquí se los llevan a Madrid, y claro, esto no puede continuar así”, decía uno de los chicos adoctrinados; las opiniones del resto eran igualmente patéticas. De esta forma la minoría radical seguirá creciendo en las generaciones futuras, aunque los líderes del momento seguirán fomentando una representación teatral que les permita continuar asidos al cordón umbilical del Estado que les aporta unos ingresos que no merecen, y que nunca obtendrían desde la independencia, que, además, no desea la mayoría del pueblo.

No aprenderemos nunca la lección que nos ha dado Canadá e Inglaterra, autorizando los referendums de Quebec y Escocia, que perdieron, como vaticinaron las encuestas, igual que en Cataluña. Si algún día aprendiéramos la lección, se autorizaría el referendum en Cataluña, y se pondría fin al problema para siempre. Que Cataluña robe al resto de España, y les hagan creer a una minoría que es España quien roba, es todo un arte político. A ver quien para eso.

España
Los mitos de Escocia y Cataluña: la obsesión por inventarse un pasado
césar cervera / Madrid ABC 19 Octubre 2014

Los nacionalistas han usurpado tradiciones y distorsionado el relato histórico para adaptarlo a sus reclamaciones actuales. La gaita, un instrumento antiguamente asociado como signo de barbarie, es ahora el símbolo más típico de Escocia

La obra «La invención de la tradición» de Eric Hobsbawn y Terence Ranger generó gran controversia política a finales del siglo XX por tratar de diseccionar el nacionalismo escocés. El proceso expuesto por estos autores ingleses guarda similitud con lo ocurrido en Cataluña, e incluso en el País Vasco, donde una serie de escritores, pocas veces historiadores, crearon en los siglos XVIII y XIX un pasado romántico para situarse como víctimas de la opresión castellana.

No en vano, la historia inventada de Escocia es la misma que en la actualidad usan los líderes nacionalistas para reivindicar mayor autonomía. El epicentro del relato está en el pasado celta de Escocia y su distinta relación con el Imperio Romano. Según argumenta el libro «La invención de la tradición», el origen del proceso inventivo coincidió, como en Cataluña, con el auge en Europa del Romanticismo, que vanagloriaba la figura del noble salvaje que, al igual que los piratas, los guerreros celtas o los sitiados de Barcelona en 1714, lucha por defender sus ideas y su patria hasta la muerte. Un relato eminentemente literario que el nacionalismo ha usado con fines políticos.

«Cuando los escoceses se juntan para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente a través de un "kilt", tejido en un tartán con los colores de su clan, y de una gaita. Este instrumento, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno. Su uso se desarrolló mucho después de la Unión con Inglaterra como símbolo de protesta», explica Hugh Trevor-Roper en el citado libro sobre la importancia que cobró el pasado celta de Escocia. Así, lo que era un instrumento rudimentario asociada como signo de barbarie por la mayoría de los escoceses y reservado a los «highlanders» (nobles escoceses de tradición celta) ha terminado por convertirse en el símbolo nacional por excelencia.

Pero el uso del «kilt», cuya forma actual también es de reciente creación, y de la gaita son la punta del iceberg en un proceso que ha colocado a los «highlanders», para nada representativos ni protagonistas de la historia de Escocia, como los supuestos padres de la nación escocesa. De hecho, los «highlanders» del norte de Escocia estaban considerados por la mayoría de la población como un apéndice de las tradiciones celtas de los irlandeses y su literatura era una copia de la Irlanda gaélica. Sin embargo, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX apareció una corriente pseudo histórica, repleta de personajes entre el folclore y el fraude, que se apropió de la cultura irlandesa y reescribió la historia de Escocia otorgando a los «highlanders» un papel clave. De la noche a la mañana, el incipiente nacionalismo proclamó que la Escocia celta era la «nación madre» e Irlanda su dependencia cultural.
Para sostener el relato: el mito de 1714

El caso del nacionalismo catalán tiene muchas similitudes con Escocia, pero fue desarrollado de forma más tardía. Muchos años después de la Guerra de Sucesión, el periodista Salvador Sanpere i Miquel escribió a finales del siglo XIX, coincidiendo con el desastre del 98, el libro «Fin de la nación catalana» que sentó las bases para crear el mito moderno sobre el asedio de Barcelona de 1714. No en vano, Salvador Sanpere i Miquel bebía en su texto de la literatura romántica que los exiliados de 1714 habían dejado escrita y presentaba a Cataluña como una nación agredida en la Guerra de Sucesión.

En palabras del hispanista Henry Kamen dentro de su libro «España y Cataluña: historia de una pasión», «sin ningún criterio, los catalanes se presentaron como defensores unívocos de la libertad contra las fuerzas militares foráneas». Eso a pesar de que una parte sustancial de la población en Cataluña, cerca de la mitad, apoyaba a Felipe V y que, además, los rebeldes fueran firmes partidarios de la unidad de España, que ellos entendían que representaba el reconocimiento de otro rey –el que hubiera sido Carlos III– y de unas comunidades autónomas que preservaran sus constituciones históricas.

A día de hoy, ese mito creado por un grupo de pseudo historiadores a finales del siglo XIX ha sido llevado a los términos que el nacionalismo moderno necesita para justificar su desafío soberanista. Esquerra Republicana distorsiona el pasado de Cataluña, afirma Kamen, como si el objetivo de 1714 hubiera sido la formación de una república; y CiU, por su parte, defiende que se trataba de un proyecto de república separatista. Un proceso que se basa en la romántica de que los habitantes de Cataluña eran los defensores de unas libertades que Castilla supuestamente aplastó en esa fecha.

"El juego de política calculada a tres bandas del presidente catalán general incertidumbre"
The Economist: "La parodia de referéndum deja a Artur Mas en la cuerda floja"
El semanario británico sacude un golpe duro a los independentistas de Cataluña
Periodista Digital 19 Octubre 2014

La revista «The Economist» sostiene que el presidente catalán, Artur Mas, está «en la cuerda floja» después de que el Tribunal Constitucional anulara su consulta para el 9 de noviembre, ya que el «simulacro de referéndum» que piensa ahora convocar para esa fecha sólo le servirá para ganar tiempo.

En un artículo titulado «Mas observation» («La contemplación de Mas»), el semanario británico afirma que, tras la decisión del Constitucional, está generando «incertidumbre» el «juego de política calculada a tres bandas» que están desarrollando Mas, Mariano Rajoy y ERC.

La publicación inglesa destaca que Mas puede perder el apoyo del partido de Oriol Junqueras para aprobar los presupuestos de 2015, por lo que «está en la cuerda floja».

A juicio de «The Economist», la «parodia de referéndum» que el presidente catalán quiere hacer ahora el 9-N sólo «compra tiempo» de los colectivos civiles que apoyan la deriva soberanista.

Sin embargo, esta revista afirma que una lista conjunta de los nacionalistas en unas elecciones plebiscitarias «podría dividir CiU», ya que mientras CDC es «mayormente separatista», Unió (UDC), el partido de Josep Antoni Duran i Lleida, es en su mayoría no independentista.

Además, se destaca que si Mas decidiera retrasar las elecciones para evitar mayores complicaciones, se quedaría encabezando «un Gobierno de paja». A esto se sumaría que unas elecciones catalanas no darían la mayoría ningún partido, por lo que «la fragmentación del panorama político sólo incrementa la incertidumbre».

Sin embargo, el artículo concluye que esto «podría forzar a los políticos de diferentes tendencias a negociar, algo que ha estado notoriamente ausente desde hace tiempo del debate catalán».

EL ARTÍCULO EN INGLÉS
Catalonia's future
Mas observation
A referendum is off, but a vote is still on. Result: confusion

CATALONIA'S referendum on independence, planned for November 9th, will not now happen. Or might it, after all? On October 14th the Catalan president, Artur Mas, admitted that, with the referendum officially suspended by Spain's constitutional court, it would have to be scrapped. But, he added, some other sort of public consultation will still happen on that day-and it will involve ballot boxes.

Mr Mas refused to provide details. He claimed that he did not want to give the Spanish prime minister, Mariano Rajoy, too many clues about his plans.

Given the legal obstacles, even Mr Mas may not be sure how to proceed. Catalonia's more radical and leftist separatists were angered by his decision to obey the court while calling for a watered-down, pseudo-referendum.

They want an early election in this rich and populous region of north-east Spain. Mr Mas is trying to deflect the separatists' claims of cowardice by ramping up the war of words. "The Spanish state is the adversary," he declared.

A three-way game of brinkmanship between Mr Rajoy, Mr Mas and the separatist Catalan Republican Left (ERC) party that props up his government in Catalonia is creating uncertainty. Mr Rajoy has used the constitutional court to block the referendum, though it may take another five months to rule definitively that it is illegal.

He offers little else beyond a readiness to talk. ERC proposes civil disobedience, an illegal referendum and, eventually, a unilateral declaration of independence. If it cannot have these, it wants an election that it is likely to win.

If one is not called, it threatens to withdraw support from the government led by Mr Mas's Convergence and Union (CiU), making it impossible to pass a budget for 2015.

Mr Mas is on a tightrope. His mock referendum buys time and is a clever bid to win temporary backing from the well-organised civil activists who are the motor behind separatism.

After November 9th, he says, there should be a single-issue plebiscitary election, in which separatists stand together to allow Catalan voters formally to express their views on independence.

But such an election would split CiU, which unites Mr Mas's mostly separatist Catalan Democratic Convergence (CDC) party with the largely non-separatist Democratic Union of Catalonia (UDC). The UDC has already suggested that it may form a new centrist coalition.

Mr Mas wants ERC to join him in a single list, in effect forming another coalition. If ERC instead insists on standing separately, an election might be a long time coming, because Mr Mas's CDC would be hammered.

It will lose the votes of moderates, who fear a damaging stand-off with Madrid, and of convinced separatists, who are shifting to ERC. But without holding an election, Mr Mas will be left leading a lame-duck government.

Whoever wins in Catalonia will not gain an absolute majority. Nor, thanks to an upsurge of support for smaller parties, will the victor in Spain's general election, due late next year.

Fragmentation of the political landscape only increases the uncertainty. But it could also force politicians of different stripes to negotiate-something that has been noticeably missing from the Catalan debate so far.
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Ricardo Chamorro www.elsemanaldigital.com 19 Octubre 2014
El 9 N Catalán y los derechos fundamentales
El Estado está obligado a actuar ya

La situación en Cataluña es grave. Las prácticas totalitarias que se están llevando a cabo afectan al núcleo de la democracia representativa, a las libertades y al imperio de la ley.

La intromisión con encuestas puerta a puerta, la intimidación hacia la colaboración con el proyecto separatista, la desproporcionada intromisión en la vida familiar y personal hacia los ciudadanos en Cataluña, vienen a recordar situaciones como las reproducidas en la famosa película alemana "La vida de los otros" que muestra el control que la Stasi, la policía secreta de la Republica Democrática Alemana, ejercía en el Berlín comunista sobre los intelectuales no afectos al régimen.

Tanto la encuesta puerta a puerta ""ARA ÉS L´HORA" que ha impulsado la Generalitat a través de las asociaciones Omnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana, como la consulta alternativa sobre la independencia del 9 de Noviembre que ha anunciado Artur Mas, atacan de forma directa derechos fundamentales que protege la legislación nacional e internacional.

Los artículos 7 y 8 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea reconocen el respeto de la vida privada y la protección de los datos de carácter personal como derechos fundamentales estrechamente relacionados, pero independientes. La Carta está integrada en el Tratado de Lisboa y es jurídicamente vinculante para las instituciones y órganos de la Unión, así como para los Estados miembros cuando aplican el Derecho de la Unión.

El artículo 8 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (CEDH), de 4 de noviembre de 1950, consagra el derecho al respeto de la vida privada y familiar: «toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de su correspondencia».

El riesgo es evidente, no solo por la recopilación de datos y la intromisión en la esfera de privacidad de los ciudadanos catalanes encuestando sobre aspectos claramente ideológicos, sino que las encuestas, tanto "ARA ÉS L´HORA" como la consulta del 9 N, han sido impulsadas por la propia Generalitat, una entidad administrativa que forma parte de la Administración Territorial del Estado, a pesar de que aparentemente sean asociaciones privadas (Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural) financiadas por la Generalitat las que lo lleven al efecto.

La Generalitat maneja los millones de datos de los ciudadanos catalanes que podrían ser tratados de manera arbitraria hacia un interés claramente político-ideológico, fomentando la creación de listas de perfiles a favor de un proyecto de ruptura con el Estado de Derecho que proclama nuestra Constitución y listas negras de personas no adheridas al movimiento independentista.

Las medidas cautelares de tutela por parte del Estado para garantizar derechos ciudadanos fundamentales de nuestra constitución son obligados, mas aun cuando instituciones que representan al Estado, como la Generalitat, están dispuestas a incumplir las normas.

De hecho la actitud de la Generalitat hacia derechos fundamentales ciudadanos, que aparecen clarísimos en el título I de nuestra Constitución, creando un censo ilegal, fomentando encuestas ideológicas y continuando con la puesta en marcha de una consulta para la independencia este 9 de Noviembre se enmarcan, claramente, en el supuesto que obligaría a la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española para la protección del interés general.

Estamos hablando que el uso fraudulento de los datos ciudadanos en el contexto de un proceso de ruptura con el Estado, afecta al núcleo fundamental del imperio de la Ley que ha de regir en un Estado Democrático y de Derecho como es España, integrado a la vez en la Unión Europea.

Estás practicas bananeras no se pueden permitir, el Estado está obligado a actuar ya y aplicar todos los mecanismos en defensa de las libertades.

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¿Tenemos patria los españoles?
PEDRO J. RAMÍREZ El Mundo 19 Octubre 2014

Aunque el acto de la Fundación Napoleón estuvo cargado de buenas vibraciones y ya me tiemblan las piernas ante lo que significará hacer una presentación nada menos que en Les Invalides el 12 de noviembre, el mejor golpe de la fortuna con motivo del lanzamiento de Le Coup d'État en Francia fue el que me llevó el pasado lunes al Kiosque Citoyen de Rennes, permitiéndome rendir homenaje en su ciudad natal a uno de los principales héroes de mi libro, el diputado Jean-Denis Lanjuinais.

Los lectores españoles de esa obra sobre la Revolución -La Esfera acaba de lanzar una sexta edición en tapa blanda con el título original de El Primer Naufragio- recordarán sin duda a Lanjuinais, tal y como lo representa un cuadro de la época, aferrado al atril de la tribuna de la Convención, tratando de conservar el uso de la palabra, mientras su colega el carnicero Legendre le pone una pistola contra el pecho. «¡Baja o te liquido!», masculló el jacobino. «Haz decretar que soy un buey y podrás liquidarme», replicó el respetable diputado bretón.

En medio de los rugidos de los extremistas que acaparaban la galería pública -«¡Católico, católico!», le gritaban como insulto- Lanjuinais apeló a la razón suprema de todo representante popular: los ciudadanos de Rennes, o sea sus representados, reunidos en asambleas, acababan de declararle «digno de la patria». Así lo subrayó el órgano más próximo a los mal llamados girondinos, no por casualidad bautizado Le Patriote Français. Para esos diputados moderados, amalgamados como «traidores al pueblo» por sus enemigos, se planteaba el dilema de la guillotina o la huida. Pero esta segunda opción entrañaba una renuncia insoportable: «¿Si huyera, acaso me llevaría mi patria bajo la suela de mis zapatos?», alegó el gran orador Vergniaud.

Definido por Michelet como «el hombre al que no le asustaba nada», Lanjuinais sobrevivió al Terror, escondido en su propia casa de Rennes mientras su esposa pedía el divorcio diciendo ignorar su paradero. Esa estratagema le permitió continuar una larga carrera política e intelectual y publicar entre otras obras su interesante opúsculo de 1821 Vues politiques sur la changemens a faire a la Constitution d'Espagne, que sirve de eslabón a mi razonamiento de hoy.

Si ya en la Encyclopedie se reprochaba al «lexicógrafo vulgar» que convirtiera en patria «el simple lugar de nacimiento», advirtiendo que «no hay patria bajo el yugo del despotismo», es, como acaba de verse, en la Francia revolucionaria, donde el concepto queda soldado a la legalidad constitucional. «Españoles: ya tenéis patria», proclama Argüelles al presentar la Constitución de Cádiz. Al dictamen clásico «ubi bene, ibi patria», «la patria está donde se está bien», se añade un requisito sustancial -la libertad política- que implica que sólo se puede estar bien si se es libre. Por eso la monografía 25 Españoles para la Libertad que publicará en breve La Aventura de la Historia para contribuir a celebrar el 25 aniversario de este periódico comienza con Jovellanos, constituyente in articulo mortis, y concluye con el Adolfo Suárez que le dijo a Aznar en mi casa en 2002 que si el soberanismo extravagante de Maragall prendía en Cataluña, volvería a la política para defender el consenso del 78.

Es cierto que el concepto de «patria» ha sido bastardeado desde por los carlistas, que lo emparedaban entre sus dos divinidades, hasta por el FRAP, que integraba lo «patriótico» en su cuarta sigla como descargo de conciencia de los asesinatos que impulsaba con las tres primeras. Pero ni siquiera su propia fagocitación por todos los totalitarismos del siglo pasado, incluido por supuesto el franquista, ha desmoralizado nunca lo suficiente a los demócratas como para entregar este estandarte.

Basta repasar el legado de nuestros mejores escritores, pensadores y políticos liberales, republicanos o socialistas, tanto cuando encontraban acomodo en su país como cuando encarnaban la «España peregrina», para comprobar cómo una y otra vez la nación ha sido ensalzada frente al nacionalismo y la patria frente al patrioterismo, según la ecuación de Juan Francisco Fuentes «a más democracia, más nación». Por algo le escribe Calatrava a un amigo en una de sus pocas expansiones íntimas que han llegado a la posteridad: «¡Viva la Constitución, Juan mío, y viva siempre la patria que ha triunfado de sus opresores...». Por algo dice Clarín que Alcalá Galiano «creía encarnada en la causa de la libertad, la idea de la patria». Por algo acuña Ortega el concepto de «patriotismo crítico».

Enterradas las décadas atroces de las camisas pardas, negras y azules, las banderas rojas, los puños cerrados y los brazos en alto fue Habermas, al reivindicar el «patriotismo constitucional» coincidiendo con el apogeo de nuestra transición democrática, quien en cierto modo certificó, en feliz expresión de Ismael Saz, que «el patriotismo volvía a cambiar de bando».

¿Pero seguimos ganando esta batalla aquí y ahora? Algo querrá decir, y no es desde luego un buen síntoma, que los dos redactores de la ponencia bautizada precisamente Patriotismo constitucional en el congreso del PP de 2002, en pleno auge del «España va bien», dejaran la política -decepcionado el catalán Piqué, asqueada la vasca San Gil- ante la incapacidad de sus dirigentes de dotar de contenido inteligente y eficaz su «nosotros no somos nacionalistas». Tampoco ha sido distinta la experiencia de Bono o Paco Vázquez en un PSOE tan dedicado como el PP al cultivo intensivo de las subvenciones fraudulentas y las tarjetas black bajo el huerto climatizado de las taifas autonómicas.

En vísperas de este nuevo invierno de nuestro descontento -y van...- parece imposible sustraerse al pesimismo congénito que tantas veces ha helado en España el corazón de los patriotas antipatrioteros. Y me refiero a esos que echaríamos de casa a un hijo -o al menos le pondríamos muy mala cara- si viniera de marcar el paso formando parte de un dibujo geométrico simulando una bandera. ¿Qué hacer, querida Carmen Iglesias, cuando casi siempre o, seamos precisos, cuando tantas veces, cuando con tan insoportable frecuencia, resulta que lo peor -lo que no podíamos imaginar ni de este, ni de aquel, ni del otro, ni mucho menos del de más allá que creíamos tan íntegro- es lacerantemente cierto?

Anticipándose una generación a la literatura del Desastre, Santiago Ezquerra midió en 1869 los niveles de atraso, ignorancia, pobreza e indignidad nacional de la España que había derrocado a Isabel II sin saber qué hacer con el Estado. Su conclusión, más ingenua que apocalíptica, era la del pordiosero que ha perdido los harapos: «Forzoso es exclamar con el corazón contristado, con el llanto en los ojos, con el rubor en las mejillas, ¡los españoles no tenemos patria!». Hoy no partimos de tan atrás pero sí podemos plantear el mismo test.

¿Tenemos patria los españoles cuando asistimos impotentes a la multiplicación de las modalidades de saqueo en la cima -estas tarjetas opacas no son sino una variante de los sobresueldos de Génova, las prejubilaciones mentirosas, los regalos de la Gürtel o tantos otros convolutos-, mientras abajo apenas se reduce el paro, siguen cayendo los sueldos y nos crujen bajo la mayor presión fiscal de la historia?

¿Tenemos patria los españoles cuando vemos consternados cómo la falta de rigor político, la frivolidad y la incompetencia en la gestión nos han colocado al borde de una catástrofe sanitaria sin precedentes y la ministra que nunca vio que había un Jaguar en su nevera o que los viajes, coches y hoteles le salían milagrosamente gratis, sigue en su puesto a modo de pulso que el presidente echa a la sociedad no vaya a ser que cunda la moda de depurar responsabilidades políticas?

¿Tenemos patria los españoles cuando contemplamos atónitos cómo los peores asesinos que durante décadas levantaron la tapa de los sesos, evisceraron y mutilaron a hombres, mujeres y niños como forma de chantaje colectivo, campan hoy a sus anchas, afrentando a las víctimas y humillando a los vivos, sin que el Gobierno haya hecho nada por evitar su excarcelación ni tenga el propósito de hacer nada por revertir el escarnio?

¿Tenemos patria los españoles cuando observamos alarmados cómo el presidente de la Generalitat se declara «adversario» del Estado al que representa en Cataluña, anunciando que se burlará del Tribunal Constitucional con un remedo de consulta a base de las mismas preguntas del referéndum suspendido, y el Gobierno cantinflea con la sutileza legalista de que las urnas no podrán estar en la calle, en lugar de responder al desafío político con el requerimiento político previsto en el artículo 155 de la Constitución como primera medida antes de pasar a mayores?

¿Tenemos patria los españoles cuando escuchamos estupefactos cómo ese portavoz de las CUP al que siempre percibimos ya zapato en ristre se jacta de lo sucedido en Arenys de Munt como antecedente del 9-N: «El fiscal también recurrió, la consulta también se prohibió, desobedecimos, la consulta se celebró y no pasó nada»?

¿Tenemos patria los españoles cuando despertamos sobresaltados un domingo y descubrimos que el mismísimo presidente del Gobierno se presta a colaborar en el último proyecto oportunista de los que tanto han hecho por destruir la nación en la que creen sus votantes, escribiendo un artículo en una lengua distinta a la común de todos los ciudadanos el único de los 365 días del año -y no digamos en las actuales circunstancias- en el que la sana normalidad adquiere una intencionalidad rayana en la ignominia?

Sí, los españoles seguimos teniendo patria pues como le contesta el Pelayo de Quintana al entreguista Veremundo, «la lleva todo buen español dentro en su pecho». Sí, los españoles seguimos teniendo patria pues sólo el «hombre mudo, sin lengua y sin recuerdos» deja, según Unamuno, de tenerla. Sí, los españoles seguiremos teniendo patria mientras formemos parte de ese «ser moral vivo» que, al decir de Azaña, «se llama España».

Pero los españoles dejaremos de tener patria si permitimos que prosiga su público descuartizamiento por los cuatro caballos excéntricos sobre los que cabalgan los separatistas, los nihilistas de la casta depredadora, los emolientes tecnócratas acobardados y los profetas de las ideas falsas. Es tiempo de aferrarse pues, como el digno Lanjuinais, al atril de los valores constitucionales precisamente para proponer, como él mismo nos aconsejó, una enérgica reforma que consolide la democracia fortaleciendo a la ciudadanía. Es tiempo de advertir desde la calle a la política: si queréis «liquidarnos» como titulares de derechos, si queréis despojarnos de lo que nos pertenece, primero tendréis que «decretar» que somos «bueyes». O gallinas cluecas. O pollinos. Y a partir de ahí, a ver qué pasa.

Los vascos se hacen con la lengua
El blog de Santiago González El Mundo 19 Octubre 2014

Mi querido Nompossumus ha capturado esta pieza en la estación de metro de Bidezabal (Algorta). Se trata del una valla que anuncia un 'euskaltegi', una academia para el aprendizaje del euskera. Debería llevar un escueto: "sin palabras" por todo acompañamiento, pero algunos comentarios son inevitables.

Hé aquí, servido por algún talento publicitario alternativo, una pièce de résistance: la lengua moldea/modela al hombre nuevo, el euskaldun. "te voy a hacer un vasco a lengüetazos", dirá el marido a la mujer trozando los límites de la metonimia. El doctor Frankenstein es en Euskadi una cadena de montaje, con operarios en buzo que dan los últimos retoques a un prototipo prácticamente listo para ocupar su plaza en la Diputación o en ETB.

"Cada vez nos salen mejor", dicen con legítimo orgullo los fabricantes. Sólo un par de reparos. Los del buzo deberían vestir bata blanca. Las cadenas de montaje (vascos euskadunes: nada tenéis que perder salvo las cadenas) deben aparentar laboratorios y eso casa mal con el buzo. Por otra, el operario que maneja el martillo en lo alto de la escalera debiera contenerse, porque está a punto de averiar la máquina pensante al nuevo vasco. Salvo que se trate de eso precisamente, no sé.


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