AGLI Recortes de Prensa   Jueves 23  Octubre  2014

Un vistazo a Eurolandia
Manuel Muela  www.vozpopuli.com  23 Octubre 2014

Dice Durao Barroso, presidente saliente de la Comisión Europea, que no habrá recesión en la zona euro; y tiene razón, porque, de facto, estamos instalados en ella desde que la economía real recibió el sartenazo de la crisis financiera tiempo ha. No es un problema de estadísticas y de décimas de PIB arriba o abajo, el asunto es de mayor enjundia y consiste en contemplar cómo se ha ido deteriorando la economía de los diferentes países y cómo la deuda pública ha ido creciendo para suplir la falta de recursos provenientes de la producción de bienes y servicios.

En realidad, se están recogiendo los frutos amargos de un modelo instaurado a principios de los años 90, incapaz de enfrentarse, con posibilidades de éxito, a la conjunción de dos factores perversos para el desarrollo económico y la estabilidad social: la preeminencia casi absoluta del mercado financiero y la desertización industrial. Si además de eso los Estados y sus gobiernos se empeñan en recurrir a la deuda para rehuir la ordenación de sus modelos productivos y la administración rigurosa de sus recursos, llegamos ineluctablemente a la situación en que estamos, llámese parálisis, estancamiento, recesión o como se quiera expresar. Y, desgraciadamente, no se sale de ello con las políticas conocidas.

El mito de las locomotoras europeas
Para no llamarse engaño acerca de la capacidad de arrastre de las locomotoras europeas, Alemania, Francia y la propia Italia, conviene recordar que en los tiempos gloriosos de la expansión crediticia su crecimiento no superaba el 2%, como por otra parte es lógico en economías desarrolladas y estructuralmente consolidadas, que no era el caso de otros países como el nuestro, que crecían casi dos puntos más que los anteriores, aunque lamentablemente lo hicieron de forma especulativa y desordenada. Por eso, en el mejor de los escenarios, esas locomotoras volverían a la velocidad de crucero tradicional, absolutamente insuficiente para sacar del pozo de la penuria a los que ni cambian sus modelos productivos ni ordenan su estructura y gestión públicas. La frontera entre países estables, los de la vieja mitteleuropa, y naciones en ebullición de la periferia del sur va alumbrando una zona euro agrietada que camina a trompicones sin saber qué será de ella en el medio plazo.

Las convulsiones monetarias de la primavera de 2012 parecieron zanjadas con las palabras de Draghi, gobernador del BCE, en pro del euro. Dicho compromiso verbal fue la excusa que necesitaba el mercado financiero, los mercados en la jerga de moda, para cesar en sus ataques a la moneda única, vista la escasez de alternativas en otras regiones económicas del mundo, iniciándose una tregua financiera después de atesorar suculentos beneficios con el trading de la deuda pública de los Estados de la eurozona. Tregua que no ha sido aprovechada para ordenar las deudas y, sobre todo, para diseñar políticas diferentes que acabaran con la marea destructiva que, como elefante en cacharrería, ha venido destruyendo todo aquello que había convertido a la Europa comunitaria en ejemplo de estabilidad y buen gobierno.

Se ha perdido el tiempo y se ha seguido insistiendo en los errores, creando, de propina, una crisis geopolítica en el Este, la ruptura violenta de Ucrania, que se cierne como una amenaza a la estabilidad del continente. De momento, parece que nos va a suponer cargar con la factura del gas ucraniano que hay que pagar a Rusia, antes de que ésta decida cortar las llaves del suministro. Es un botón de muestra al que hay que añadir la irritación de las opiniones públicas, manifestada en las elecciones europeas del pasado mes de mayo. Esto parece que no se ha tomado en serio, si bien el Banco Central Europeo va lanzando mensajes de inquietud, porque sus abundantes suministros de liquidez no fructifican adecuadamente en la economía real. Esas inyecciones de liquidez, al contrario que las realizadas por la FED americana, sólo han servido para incubar una burbuja de activos financieros, fundamentalmente bursátiles, de la que nos viene ilustrando con rigor Juan Laborda, por lo que no voy a repetir sus argumentos.

Los mercados financieros huelen sangre
Con un cuadro así, no es extraño que los tiburones financieros, siempre al acecho, huelan sangre y se apresten a romper la tregua. Los tropiezos de las Bolsas de días pasados son la constatación de ello, porque lamentablemente la imagen de eurolandia continúa siendo frágil y contradictoria. Tiene la apariencia de una región económica transformada en estatua de sal que, ante el menor aguacero, se puede diluir en medio de disturbios políticos y sociales. Y antes de que eso ocurra los gestores financieros intentarán rebañar lo que puedan, sin caer en la cuenta de que el agotamiento del filón continental amenaza sus negocios futuros. Pero la codicia y la condición humana son las que son.

Por más que se intenta buscar explicaciones racionales a lo que sucede, no hay manera de conseguirlas: seguimos oyendo la retahíla de lugares comunes, normalmente de carácter financiero o de exaltación de los recortes sociales, bajo el eufemismo de las reformas estructurales, con la ausencia llamativa de planes de inversión y de protección de lo que va quedando de los sectores productivos europeos. Lo único claro es la perseverancia en el empobrecimiento y el aumento de la desigualdad que resulta fácil predecir adónde nos conducirán, porque no hace falta recurrir a los augures para afirmar que los que dirigen eurolandia trabajan con ahínco para arruinarla, a pesar de sus protestas constantes de fe en ella. Lo malo es que no serán ellos los que paguen, seremos nosotros, los ciudadanos contribuyentes.

Populismo
La irresistible ascensión de la caspa
José Bastida Libertad Digital  23 Octubre 2014

En los años 90 del pasado siglo el historiador Fukuyama, en un alarde de ingenuidad y buenas intenciones, previó el fin de la historia al socaire de la caída del Muro de Berlín y del triunfo de la sociedad liberal y democrática porque se demostró que ésta es el único modelo que hace posible la prosperidad material y espiritual de la humanidad. Parecía que los totalitarismos de izquierdas, en sus distintas infamias, se habían depositado en el basurero de la historia, pero en España surge de nuevo (realmente nunca se fue de las mediocres aulas públicas) la atronadora ideología comunista, en una irresistible ascensión mediática de la caspa ideológica marxista que sólo se entiende por la ignorancia supina de profesionales y editores sobre la maldad intrínseca del comunismo y sus variantes colectivistas tan en boga en Latinoamérica.

Ver esa estética cutre-lux y esa ética de visionarios psicóticos a estas alturas de la historia es realmente preocupante porque su capacidad de convicción se aprovecha de la debilidad y desesperación social provocada por el actual sistema político-sindical, corrupto y estraperlista. Jamás nadie pensó que el imberbe asamblearismo estudiantil, arropado por los profesores progres, pudiese llegar a tocar poder. Esto sólo puede pasar en una sociedad como la española que, abatida por 37 años de un constitucionalismo partitocrático derivado en latrocinio sistemático, se entrega a los vocingleros que siempre aparecen en épocas de desolación. Una situación muy similar a la Europa de entreguerras, donde la confrontación bélica se vendía por parte de los líderes populistas como el remedio de todos los males de la patria.

Ahora, los neocomunistas caribeño-complutenses ofrecen aún más Estado (modo soviético) y menos libertad (el sicópata de Lenin se preguntaba con un cinismo estremecedor para qué servía la libertad) agitando sus patéticas banderas rojas contra "la casta". Sin embargo, la casta también son ellos: funcionarios de este régimen estatista y estatalista al que pretenden fortalecer mucho más con un control total de los medios de producción y un programa económico delirante que conduce a la más absoluta ruina social. Levitan cuando hablan de "crear comunas" y menosprecian el dinero gracias a su condición de casta funcionarial educativa (la que realmente gobierna y domina España). Pertenecen al estamento vitalicio de la casta extractiva, que con casi tres millones de personas más su entorno representa un poder casi omnímodo. Pero ningún gobierno ha tenido la valentía de desfuncionarizar la educación para evitar la monstruosa deuda pública, la incompetencia y el adoctrinamiento académicos y un Estado dentro del Estado.

Y ahora esa casposa ideología irrumpe para reforzar los peores vicios políticos de una España sin rumbo, donde nadie hace lo que debe, y sin la esperanza de que aparezca algún líder churchilliano o thatcheriano en el horizonte.

Rajoy protege a la familia Pujol
Pablo Sebastián  www.republica.com  23 Octubre 2014

Acuciado por los muchos problemas de corrupción que afectan al PP, y por la imputación en cadena de notorios exdirigentes del Partido Popular, Rato, Acebes, Molina, etc, el presidente Rajoy mantiene tensas las bridas de sus fiscales para que no se lancen al galope contra nadie de la política, sus adversarios incluidos, intentando desactivar o reducir el impacto social de los casos propios y ajenos. Así pasa con los ERE y cursos de formación de Andalucía, con el caso Noos de Urdangarin y la Infanta Cristina y ahora también con Jordi Pujol, su esposa e hijos. E incluso a pesar del desafío catalán, o precisamente por ello, como si fuera cierto el rumor de que la cabeza de Pujol y la de su familia estarían puestas sobre una mesa secreta de negociación de Rajoy con Mas.

Resulta asombroso que el fiscal del caso de Pujol Ferrusola aún no le haya pedido cárcel para evitar la manipulación de fondos opacos, como ahora se acaba de descubrir, ni que el propio juez Ruz se haya involucrado en la toma de medidas cautelares frente a los indicios de delitos penales que adornan la figura del primogénito de los Pujol. ¿Qué ha pasado o que está pasando con Pujol?

De momento, la noticia de la detención por la policía y posterior imputación por el juez de Oleguer Pujol, el hijo pequeño del ex presidente catalán y presunto cerebro financiero de la familia, ha sido un respiro. Su detención se produjo durante un registro oficial de sus casas y oficinas y constituye un gesto -una vez finalizado el registro, quedó libre con cargos- pero su iniciativa corresponde al juez Pedraz de la Audiencia que ha visto pelar las barbas de su homólogo Ruz tras descubrise la burla al juez del mayor de los hijos de Pujol, Jordi Pujol Ferrusola, mientras la fiscalía tocaba el violón y a pesar de la imputación por el juez de once empresarios acusados de corrupción.

Porque La noticia de la transferencia bancaria hecha por Pujol Ferrusola de 2,4 millones de euros de Andorra a México, tan sólo seis días después de haber sido imputado en la Audiencia Nacional y tras haber negado la existencia de ese dinero, ha dejado en ridículo al juez Ruz y en sospechosa evidencia al fiscal del caso y al fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, que está a las órdenes del Gobierno. Y en este asunto a las órdenes directas del exministro Gallardón que fue tan duro a la hora de mandar a Bárcenas a la cárcel sin fianza previa, como quería mandar de cabeza a la cárcel a Fabra sin agotar el trámite de su recurso de indulto.

¿Por qué los Pujol gozan de los favores de la fiscalía cuando todo el mundo sabe que el expresidente del gobierno catalán es el inductor del desafío al Estado y la legalidad? Desde luego no se entiende semejante impunidad, cuando la alarma social y la tensión catalana invaden a diario la vida pública española y cuando la corrupción está ocupando el centro de la atención nacional. La respuesta a esta sorprendente y generosa actuación del fiscal solo puede ser política y apunta a la idea de que existe una negociación secreta entre Rajoy y Mas en la que está de por medio la cabeza de Pujol y del resto de su familia a cambio del freno del proceso secesionista catalán.

A no ser que en Moncloa tema que Pujol cumpla la amenaza que lanzó ante el parlamento catalán cuando dijo que podrían caer otras ramas podridas del mismo árbol. Un miedo al ‘cante’ del jefe del clan, quien podría ampliar su confesión inicial implicando a dirigentes políticos y a algunas instituciones en los tiempos del rey Juan Carlos. Como miedo hay en el PP a que, tras las confesiones de Bárcenas, algunos de sus dirigentes ahora imputados, camino de juicio y sin escapatoria, decida tirar de la manta de Génova 13, llevarse al banquillo o al desastre a más de uno de sus dirigentes y gobernantes del PP.

Da la impresión de que entre el PP, PSOE y CiU se ha impuesto un pacto de silencio y de unos mutuos apoyos en esto de la corrupción, al estilo del dicho español de ‘entre bomberos no nos pisamos la manguera’. Pero el desafío independentista rompió el pretendido pacto y ahí empezó el calvario de Pujol. El que ahora habrían querido suavizar tras la decisión de Mas de suspender la consulta secesionista del 9N para sustituirla por un simulacro que, de momento, el Gobierno de Rajoy no recurre como sí eso formará también del pacto secreto.

Sin embargo las últimas noticias sobre Pujol Ferrusola deben cambiar, al menos dentro de la Audiencia Nacional, la actitud del juez y la fiscalía. Y si Torres Dulce no mueve esta vez un dedo en señal de firmeza entonces el escándalo de los Pujol pasará a ser imputado al PP y caerá, como una pesada losa, sobre el parqué del despacho presidencial de Rajoy que ya soporta mucho peso de sus propios cadáveres políticos, imputados y acusados, por lo que la tarima monclovita, si esto sigue así, se podría hundir bajo los pies de Rajoy. Y no sólo por el impacto judicial de todos estos casos, en los que el PP y PSOE recurren a eufemismo del ‘esta sub iudice’ para no actuar, sino porque el ruido mediático y social que estos escándalos generan pueden acabar hundiendo al propio Rajoy. Sobre todo una vez que la caza de los corruptos está planteada como una guerra ciudadana sin cuartel en contra del poder establecido, motivo por el cual la natural lentitud de la Justicia será implacablemente compensada por una creciente y enfurecida denuncia social.

Preocupación en Europa: la corrupción, la lacra de España
José Oneto  www.republica.com  23 Octubre 2014

La corrupción es la principal lacra de España. Esta es desgraciadamente, la conclusión que saca la gran prensa europea, asombrada ante los últimos casos que afectan al ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Rodrigo Rato; al ministro del Interior, cuando el atentado islamista del 11- M, y ex secretario general del partido en el poder, Ángel Acebes; al tesorero del partido en el poder Luis Bárcenas, actualmente en prisión; al gerente de ese partido, Alvaro Lapuerta; a un presidente de una Comunidad Autónoma y ex ministro, Jaume Matas, en prisión; al expresidente de los empresarios Gerardo Diaz Ferrán encarcelado en una cárcel cercana a Madrid, y al padre de la Patria catalana Jordi Pujol i Solei, a su esposa y a su extensa familia, investigada por delito fiscal, tráfico de influencias y corrupción.

Y eso que no le ha dado tiempo de recoger, el gran suceso de este jueves: la detención del más pequeño del clan de los Pujol, Oleguer, al que fuentes policiales consideran como el administrador de la fortuna familiar, calculada en más de 2.000 millones de euros. Durante toda la jornada se han realizado siete registros en Madrid, Barcelona, Valencia y Melilla, se ha requerido la entrega de documentación en otras tres sedes sociales, se ha requisado diferente documentación y archivos informáticos y se han utilizado perros policiales a la búsqueda de un supuesto zulo con dinero oculto.

Una investigación que lleva a cabo el magistrado Santiago Pedraz, que pretende aclarar el origen del dinero con el que se adquirieron, por ejemplo 1.152 oficinas del Banco Santander por parte de la sociedad Samos Servicios y Gestiones; la adquisición de edificios de Bankia por parte de las sociedades Step Negocios y Ursus Alfa; la compra de un hotel en Canarias y operaciones realizadas entre la sociedad inversora Longshore y Prisa División Inmobiliaria. También se encuentran entre las transacciones investigadas las realizadas entre Nueva Melilla Asociados y Tres Forcas Capital, así como la compra de inmuebles en Palma de Mallorca y la adquisición del edificio del Consejo General de la Abogacía por Step Negocios en 2012.

Sin conocer todavía la detención del más joven del clan de los Pujol, la prensa europea, en un variopinto batiburrillo en el que mezcla todo, llega a la conclusión de que, en efecto, la corrupción es, para desgracia de la Marca España, el principal problema con el que se enfrenta el país. Segu´n la u´ltima encuesta del CIS, la corrupcio´n sigue siendo para los españoles el segundo mayor problema del país, despue´s de la elevada cuota de desempleo. El reputado Instituto Elcano, se encarga de recordar el diario conservador alemán Die Welt, que en Espan~a el nepotismo y las corruptelas controlan la economi´a y la poli´tica au´n ma´s que en Grecia e Italia. Esto provoca anualmente un peligroso dan~o para el pai´s. Los ca´lculos ma´s prudentes lo cifran en el 1 por ciento del PIB, lo que corresponde a 10.500 millones de euros.

Pero si a los sobornos y al fraude fiscal se suman los problemas de imagen que causa la corrupcio´n, el dan~o alcanza una suma de 40.000 millones de euros, dice un estudio de la Universidad de Las Palmas. Los expertos temen que la pe´rdida de imagen provoque aplazamientos de las inversiones, que el pai´s necesita urgentemente para alcanzar la ansiada recuperación econo´mica. En efecto, la lacra se extiende hasta las ma´s altas instituciones del pai´s. Segu´n informaciones del Consejo General del Poder Judicial, la justicia se ocupa actualmente de 1.600 casos de corrupcio´n, la mitad de ellos en Valencia y Andaluci´a. Esta´n implicados poli´ticos de todas las tendencias, pero tambie´n sindicatos y empresarios. La gran mayori´a de los sospechosos se encuentran en libertad.

El panorama que fuera del país se presenta de la situación española es desolador, especialmente desde el escándalo de las “tarjetas opacas” de Caja Madrid, y el descubrimiento de cómo ha sido el comportamiento del ex director del FMI Rodrigo Rato a quien llaman “el padrino de España”, tan poderoso que según el mismo medio, Rato Figaredo ha llegado a ordenar “la desviacio´n de un ri´o, no para secar la cie´naga de la corrupcio´n en Espan~a, sino para llevar una can~ada hasta su finca en el pueblecito de Caraban~a, al sur de Madrid, para que su molino volviera a repiquetear de lo lindo”.

Pero lo más grave no es la desviación del río, aunque sirva para darle color a la información, sino el perfil que se presenta, del político español, y del grado de delicuescencia de una parte de la clase dirigente nacional.

Singularidad versus superioridad
Santiago Trancón Pérez cronicaglobal.com  23 Octubre 2014

La habilidad del independentismo marrullero para colocar las palabras adecuadas en el momento oportuno es sorprendente, pero mucho más lo es que la mayoría se deje enredar y no se entere de qué va la farsa. Ahora le toca el turno a la singularidad. Palabra mágica: hay que reformar la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña y ya tenemos resuelto el problema catalán.

Los periodistas, cada día más alelados o abducidos, lo oyen y no se les ocurre preguntar lo más elemental: Oiga, explíqueme qué entiende usted por “singularidad”. Sería la forma más sencilla de empezar a desenmascarar esta nueva trampa lingüística.

¿Y qué quiere decir ser diferente o distinto en boca de un nacionalista? Ser superior. Traduzcamos singularidad por superioridad

El interpelado seguramente repetiría, como harían los independentistas, aquello de la “lengua propia”, “una tradición y cultura propia”, “una historia propia”, unas “instituciones propias”, un “modo de ser propio”, etc. Incluso hablaría de “nación” y “derechos históricos”. Aquí propia sustituye a singular y singular a diferente. ¿Y qué quiere decir ser diferente o distinto en boca de un nacionalista? Ser superior. Traduzcamos singularidad por superioridad. Reconocer la singularidad de Cataluña no es otra cosa que reconocer la superioridad de los catalanes. Todo lo demás sobra. Yo soy leonés (lo mismo vale para un gallego, un extremeño, un andaluz...), y podría ponerme a defender lo mismo: lengua propia (el leonés, el bable, el berciano), tradición y cultura propia (los pendones, las pallozas, danzas y fiestas únicas, la lucha leonesa, la cecina, el botillo, el santo grial, una nómina ingente de escritores...), instituciones propias (concejos, la cuna del parlamentarismo...), un modo de ser (osados, originales, cazurros, socarrones...). Fuimos un reino durante siglos (nunca lo fue Cataluña), etc. Puestos a fabricar una identidad, una historia y una lista de agravios, tendríamos argumentos sobrados para sentirnos una nación oprimida y reivindicar nuestra singularidad. Pero no va por aquí la cosa, la de reconocer la singularidad de todos.

Llegamos así al meollo del catalanismo, que tiene que ver, sobre todo, con la necesidad de satisfacer un sentimiento agraviado de superioridad. Quienes promueven el independentismo se sienten superiores y lo que necesitan ahora es, no sólo sentirlo, sino serlo.Ya han pasado del reconocimiento, aquello de que nos quieran y respeten. Ahora quieren resolver el problema de una vez por todas: acabar con cualquier dependencia, cualquier vínculo, cualquier humillación, los agravios históricos, la opresión, la dominación, la explotación, el robo..., porque nosotros somos distintos, o sea, superiores.

Insisto en que el independentismo catalán no sería posible sin un fuerte sentido de superioridad que cada día se revela más como lo que es: racismo encubierto. Si repasamos el origen del nacionalismo y el discurso nacionalista catalán (como el vasco) encontraremos este sentimiento de superioridad como el elemento clave que sostiene todo el edificio. Revísense los discursos de los próceres catalanistas, incluido Pujol o Heribert Barrera.

Pero el sentimiento de superioridad no es algo simple, sino complejo, porque se asienta sobre la construcción imaginaria de una identidad propia, diferente y superior a la del otro. Para ser superior tiene que haber otro inferior. Ser catalán es ser distinto y superior a ser español. Necesitan el espejo español para reconocerse catalanes. Y aquí viene el problema, porque la realidad, el espejo, no les devuelve ninguna imagen distinta o muy diferente de la del español. Si se colocan al lado ante el espejo resulta que no hay modo de diferenciarlos: necesitan ponerse la barretina y enfundarse la senyera para distinguirse, pero, sobre todo, colocarle al de al lado el yugo y las flechas y estirarle el brazo en alto como un palo; ni siquiera el cubrirlo con una bandera española serviría, porque se parece bastante a la senyera (más si se le coloca la bandera aragonesa). Díganme en qué se diferencia el sanchopancesco Junqueras de un labrador manchego o mañico...
No hay ninguna identidad española, ni catalana, ni leonesa, ni aragonesa, ni manchega; aquí está el problema. Todas las diferencias hoy son individuales, no colectivas. Hoy la sociedad es esencialmente heterogénea porque en ellas apenas existe endogamia, único elemento de creación de una etnia, una tribu o un pueblo diferenciado. Ni Cataluña ni España son hoy ningún pueblo, ni étnica ni culturalmente, esencialmente diferenciados entre sí. ç

Las sociedades modernas no se constituyen sobre ninguna identidad nacional, sino sobre dos conceptos básicos: el individuo y el ciudadano. Como individuos somos todos libres, únicos, singulares e intransferibles; como ciudadanos, todos somos iguales (ante el Estado y la ley, iguales en derechos y deberes). El Estado democrático no puede fundamentarse en nada más: individuos y ciudadanos. Como ciudadano me puedo asociar con quien quiera para defender mis intereses o alcanzar fines comunes (también para defender el bien común), pero no hay nada si desaparece el ciudadano y el individuo. El Estado se legitima por la voluntad libremente expresada de sus ciudadanos; no se fundamenta en ninguna identidad, derecho histórico o singularidad.

Cuando entramos en el debate de la singularidad catalana nos vemos arrastrados inevitablemente a la metafísica de las identidades y la exaltación de las diferencias, o sea, al encubrimiento de los sentimientos de superioridad. Insisto en que se trata de algo que tiene que ver más con la psicología que con la política, la economía o la historia. Por supuesto que sin la búsqueda de más poder de una minoría corrupta y ambiciosa (la tradicional burguesía catalana), no habríamos llegado al enfrentamiento actual; pero no basta con esto. Sin ese sentimiento de superioridad de fondo, alimentado por mitos, una historia inventada, unos rituales colectivos, una propaganda eficaz y el anhelo de un futuro idealizado, el independentismo no habría llegado al grado de provocación, engreimiento y desprecio de la legalidad a la que ha llegado.

Pero el diagnóstico quedaría incompleto si no añadiéramos otro elemento decisivo: el sentimiento de inferioridad que (también) encierra este complejo de superioridad. Los catalanes independentistas, precisamente por sentirse superiores a la chusma española, no comprenden cómo no han logrado ser independientes hasta ahora. Siendo como se ven, superiores, no pueden aceptar la humillación de depender de Castilla o Madrid (necesitan simplificar y caricaturizar la complejidad cultural y social de España). De esta supuesta dependencia (también paranoicamente amplificada) nace un inevitable rencor o resentimiento que necesitan superar porque lo viven intensamente como humillación o desprecio. Hablo de complejo de inferioridad precisamente por eso: porque exagera el poder de dominación y la dependencia del otro, incluso se lo inventa. El victimismo es la expresión más clara de esta mezcla de sentimientos aparentemente opuestos: el de superioridad y el de inferioridad. El inventarse un agravio tiene la gran ventaja de que justifica tu rencor, tu odio y todo lo que hagas para defenderte de esa ofensa.

Siempre he tenido la convicción de que detrás del catalanismo independentista se esconde una patología colectiva, una vivencia paranoica de la relación con el otro (el más semejante y cercano), que ha dado lugar a un discurso instalado de forma secular en el engaño, la mentira, la impostura, el engreimiento y el desprecio hacia lo que consideran, de modo muchas veces inconsciente, “superior”: la lengua y la cultura española, la historia de España con sus logros indiscutibles (el descubrimiento de América, la expansión colonial y del idioma, su literatura universal, el poder político y militar, su capacidad para organizar y sostener un estado moderno y democrático...). ¿A qué viene ese empeño de apropiarse de todas las figuras relevantes de la historia española para hacerlas catalanas, desde Colón a Cervantes, pasando por Santa Teresa o Américo Vespucio? ¿Sería posible este estúpido propósito si no se sintiera, al mismo tiempo, una admiración por esas figuras y su obra? Detrás de este exacerbado catalanismo hay también un españolismo que debe reprimirse de forma tan grotesca como la que lleva a cabo la llamada Nova Història. Pura teoría freudiana.

El catalanismo independentista no se asienta sobre un concepto propio y positivo de sí mismo, basado en sus logros, valores y proyectos, sino en un sentimiento de revancha, negación y destrucción de lo español, nacido de un atávico complejo de superioridad, pero también, paradójicamente, de su atracción hacia lo español. No de otro modo se puede entender el empeño en difundir una imagen totalmente distorsionada, esperpéntica y falsa de lo que es hoy España, machaconamente identificada con el fascismo, la ignorancia, el atraso y el militarismo cuartelario y antidemocrático. Para romper con cualquier sentimiento de simpatía es necesario hacer repulsivo el objeto de la atracción. Simple teoría freudiana, de nuevo.

Creo que es necesario acudir a este tipo de interpretaciones psicoanalíticas y patológicas para entender ese algo que siempre se nos escapa en el debate sobre la singularidad catalana, a la que, mientras no se aborde desde esta perspectiva, es tan difícil dar un cauce y alcanzar una explicación política. Si no se fundamentara en este magma patológico e inconsciente, mezcla de superioridad, soberbia, rencor y desafío, no sería posible la deriva independentista actual, vista por cualquiera que no esté contaminado del mismo virus como verdadero disparate, irracionalidad, delirios de poder y pérdida del sentido de la realidad.

Lo peor de todo este chapapote emocional es que gran número de personas se han dejado absorber por la fuerza de su corriente hasta el punto de perder su individualidad (su libertad individual, de pensamiento y de sentimiento) sacrificada en el altar de la nación, de Cataluña, el proceso o el baile de la sardana. Al dejar de ser individuos libres e independientes, han dejado de ser al mismo tiempo ciudadanos: ya no saben cuáles son sus derechos ni sus deberes democráticos, se dejan guiar por los guardianes de la singularidad, los que definen su identidad y los convierten en pueblo. Los que les otorgan generosamente una identidad superior, nada menos que la identidad catalana. Todos los totalitarismos se han asentado sobre el sentimiento de una identidad colectiva superior, con la que se identifican los individuos mientras renuncian a su única singularidad: la que nace de su propio ser individual.

La opinión pública es soberana
MIKEL ARTETA. EL CORREO 23 Octubre 2014

· La sociedad civil debería canalizar institucionalmente su fuerza a través del Estado de Derecho.

Discutimos hoy tanto sobre el concepto de soberanía porque, en plena crisis de legitimidad, nuestra democracia peligra. Y mientras unos pocos luchan para apuntalarla, contra los vientos de la crisis política y las tempestades mercantiles y financieras, los más se dejan arrastrar por la (anti) política que nos inunda, con un toma y daca que recorre del nacionalismo a la demagogia.

Haranburu Altuna (06/10) nos previene contra el modelo soberano que sostiene el nacionalismo, idéntico al que blande la demagogia podemil. Asentados en las consignas de Schmitt, niegan la deliberación desde un escepticismo moral infundado. Si no cabe distinguir lo justo de lo injusto, no habrá interés general ni tendrá sentido la persuasión. Lo político aparece como relación de fuerzas y, al final, como el nudo poder ejecutivo; ese que, pudiendo dictar el estado de excepción, sólo se rige por su autoafirmación, tanto hacia afuera (como mostraba el modelo westfaliano de derecho internacional, donde los Estados someten sus relaciones a la ley del más fuerte, dirimiendo los conflictos con la guerra) como dentro de sus fronteras: aunque el soberano se identifica con el pueblo concreto y reunido, al ser ésta una imagen imposible, se acaba dejando su representación al líder popularmente aclamado. Este reduccionismo esconde sin disimulo una sinécdoque donde la porción del pueblo que aclama al líder invisibiliza al conjunto de ciudadanos.

Quien no está con la mayoría (con el poder de los medios hoy basta una minoría ruidosa) no será tratado como el adversario político que mañana podría formar una nueva mayoría; será tachado de enemigo y excluido del pueblo imaginado. Sabe mucho de eso quien afirmó que el PPC o Ciudadanos eran «partidos españoles en Cataluña», que eran el «enemigo».

Por eso deberían revisar su escepticismo quienes, alegando que el derecho no puede ser neutral, fían la convivencia a una batalla campal. El suyo es un escepticismo cínico que se frena allí donde acaban ‘los nuestros’: ellos sí tienen un programa definido y no admitirán la disidencia interna ni la tolerancia, que es precisamente el principio que, desde un escepticismo radical, vela por la libertad personal ante la imposibilidad práctica de definir la justicia de forma inmutable. Por eso las elecciones son cada cuatro años, por eso protegemos los derechos de las minorías sobre la voluntad de la mayoría, por eso quien no está de acuerdo con nosotros deberá ser un adversario tratado con respeto y nunca un enemigo al que no se le da ni agua.

Frente a esto, hay quien nos advierte juiciosamente que «la soberanía popular es una ficción necesaria para garantizar que tanto los ciudadanos como los gobiernos están sujetos a las normas, porque en el Estado constitucional la única soberana es la propia Constitución» (Josu de Miguel, 02/10). Para fundar esto podríamos añadir que, pese al punto de escepticismo que le es propio a nuestra sociedad laica, nadie, en ninguna cultura, puede dejar de referirse a lo justo. Sólo por eso ya pugnamos, cada vez que discutimos, por tratar de hacer entender al interlocutor por qué decimos que algo es justo. Adquirimos, como hablantes, compromisos de fundamentación que canalizan las discusiones hasta alcanzar acuerdos o disensos razonables, y que van plasmando la conciencia moral de una sociedad.

De ahí que la Constitución pueda consagrar fácilmente el pluralismo político (tolerancia, laicismo), la libertad individual (derechos civiles), la igualdad (formal, material y política) y la justicia que, asentada en todo lo demás, sostendrá el principio de imparcialidad que debe regir todo el procedimiento democrático y legislativo. Si no en todo, sí nos podemos poner de acuerdo en las reglas básicas que metabolicen los conflictos sin cerrar nunca la opción de que éstos se reabran más adelante… por si la parte disidente pudiera, con sus mejores razones, generar una mayoría social que conduzca a reformar las leyes. Incluida la norma suprema.

Sin embargo, sucede que si la soberanía se encarna en la Constitución no sabremos cómo dirimir qué es justo. Una cosa es asumir que hay que acatar el derecho vigente y otra desentenderse de cómo podríamos tenerlo por j usto. Frente al reduccionismo jurídico la validez constitucional dependerá de que, al correr el tiempo, podamos ir reinterpretándola o modificándola en función de las nuevas realidades a las que debamos hacer frente. Sólo la participación democrática, desde una sociedad civil que deje por un momento de lado sus asuntos privados para batirse en foro público por el interés general, podrá hacer surgir la legitimidad a partir de la mera legalidad.

De ahí que, a modo de síntesis entre los primeros y los segundos (mucho más próxima a los segundos), convendrá procedimentalizar la soberanía popular: que ya no descanse exclusivamente en la Constitución y mucho menos pretenda identificarse con la voluntad del pueblo.

Como aclara Ruiz Soroa (28/09), «las decisiones políticas sólo pueden formarse adecuadamente en un proceso multipolar y dialéctico entre el polo ciudadano y el polo dirigente. Los deseos brutos, pasionales y poco reflexionados de los ciudadanos deben encontrar su eco posterior en las propuestas políticas de sus representantes, todo ello en un proceso circular de va y viene, reposado y mediado (por eso tan vago que se llama ‘opinión pública’), así como por una serie de instituciones y niveles públicos puestos ahí para reflexionar y procesar proyectos».

Yerran tanto quienes sacralizan la Constitución como quienes buscan físicamente a un ‘Pueblo’ que sólo cabe pensar metafísicamente. La soberanía no reside en manifestaciones y griteríos sino en el lento metabolismo de la opinión pública, canalizada institucionalmente por el Estado de Derecho. Eso siempre que el clientelismo no haya ahogado ya a la sociedad civil; en ese caso, vayan ustedes a saber dónde buscarla.

Cataluña
La Liga Norte, pero con brigadas callejeras
Pablo Planas Libertad Digital  23 Octubre 2014

Los amigos Mas y Junqueras están dispuestos a reventarlo todo siempre y cuando la operación les garantice la perpetuación en el poder o su conquista. Son tan patriotas como poco desprendidos para lo suyo, por lo que no han dudado ni un segundo en exigir sacrificio, compromiso, firmeza, generosidad y blablabá a todos, sean propios, de los otros, empresarios en apuros, trabajadores en paro o familias en la cuerda floja. Sin embargo, ellos se muestran renuentes y remolones a hacer cualquier cosa que les suponga el más mínimo riesgo personal y han establecido un fructífero diálogo consistente en que Junqueras no acepta ser el segundo de Mas en una lista conjunta y Mas no acepta adelantar las elecciones a menos que Junqueras se avenga a servir de sapo en la fábula de la rana y el escorpión.

Toda la nación dispuesta a lanzarse a la carga, a la espera sólo de una señal del cornetín y el general Mas y el coronel Junqueras discutiendo en público y por este orden el reparto del botín, quién hará de sátrapa y quién de tirano y si se ataca hoy o se deja para mañana, a ver qué dicen las encuestas. El espectáculo es de escasa complejidad y consiste en que Mas y Junqueras se juegan la poltrona, cosa que les preocupa más que la economía, la salud pública, el futuro de los catalanes y la mismísima independencia. Y mientras parlamentan sobre si la perdiz es referendaria o participativa pasan los días, caen las hojas, crece la bola y se agranda la fractura social.

La ANC tiene barra libre para que sus militantes vayan por los comercios señalando a los afectos con carteles amarillos o directamente por las casas tomando nota de las inclinaciones de sus habitantes. La indigesta mezcla de uniformidad amarilla y propagandismo sectario es un homenaje al Berlín de los años treinta y a La Habana de los comisarios políticos de escalera. Al igual que sus jefes políticos, han perdido los reparos, los modales y el sentido del ridículo, que en este caso es lo de menos.

Cataluña es una auténtica excepción en la Europa occidental. Manda un frente separatista que es lo más parecido que hay a la racista, fascista e independentista Liga Norte. La diferencia está en que la Liga Norte no dispone de brigadas callejeras uniformadas

Oriente Medio
Israel y la lucha contra el Estado Islámico
Elías Cohen Libertad Digital  23 Octubre 2014

La irrupción del Estado Islámico (EI) ha conmocionado al planeta entero. Su salvajismo y sus crueles prácticas allá por donde pasa vienen a representar un concepto de maldad con altas dosis de pureza. Además, sus éxitos militares y sus golpes mediáticos –decapitaciones de periodistas y ciudadanos occidentales, conversiones masivas, etc.– han propiciado que simpatizantes de todo el mundo acudan a Irak y Siria para unirse al califa Bagdadi y su ejército de bárbaros.

El Estado Islámico es una amenaza de tal magnitud que ha hecho extraños compañeros de cama. El acuerdo para frenar al EI es casi unánime. Así, más de 40 países, entre ellos Arabia Saudí, Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, junto a Francia, Dinamarca, Inglaterra o Bélgica, todos ellos capitaneados por EEUU (sin contar con las tropas iraníes y los efectivos de Hezbolá), han formado una coalición internacional para derrotarlo. Además, hay un país que también está ayudando a detener el avance del Estado Islámico y no forma parte de la coalición: Israel.

La Administración Obama no quiere que Israel entre directamente en la ofensiva contra el EI, por razones evidentes (idénticas a las que tenía Bush padre para que el Estado judío quedara fuera de la coalición internacional que atacó Irak en 1991); aun así, Israel, además de la gran ayuda que presta para consumar la derrota y repliegue del EI, también trabaja por la estabilidad de Oriente Medio.

Ciertamente, Jerusalén está prestando una ayuda harto valiosa a la coalición para que ésta pueda atacar las posiciones del EI en Irak y Siria, así como en la búsqueda y localización de los aspirantes occidentales a yihadista que planean unirse al EI o atentar en sus países de origen. Un diplomático occidental ha relatado, según informó Reuters el pasado 8 de septiembre, que los satélites espía israelíes captan ángulos y frecuencias que a día de hoy escapan a los norteamericanos y que han permitido al ejército de EEUU completar su información y obtener una mejor evaluación de daños en los ataques a las posiciones yihadistas en Irak y Siria. El mismo diplomático, que prefirió permanecer en el anonimato, destacó también las habilidades israelíes en el análisis de datos de pasajeros y redes sociales en árabe.

Los líderes israelíes no han ocultado la aportación de su país a la lucha contra el EI. Yair Lapid, ministro de Finanzas y estrella política de las últimas elecciones, ha afirmado que Israel es "parte de la iniciativa regional contra el EI". En cuanto al premier Netanyahu, quiso dotar de un poco de misterio la implicación israelí:

Estamos desempeñando nuestro papel (...) algunas cosas se conocen, otras son menos conocidas.
El jefe del Gobierno israelí fue un poco más claro en su discurso ante la Asamblea General de la ONU del 29 de septiembre:

Israel está listo para ayudar a combatir al Estado Islámico.
La intervención directa de Israel también está sobre la mesa. Según fuentes diplomáticas citadas en el Canal 2 israelí, Jerusalén se ha comprometido a actuar en consecuencia si el EI ataca Jordania. Israel ya está alerta en los Altos del Golán, en cuyo lado sirio hay militantes del Frente Al Nusra, franquicia de Al Qaeda (que lucha contra el EI también); si los hombres de Bagdadi llegan a la frontera jordana, la implicación israelí en el conflicto sería más que evidente.

No es el único caso en que Israel está sirviendo de contrapeso a la inestabilidad en Oriente Medio. En la guerra civil siria, Israel ha impedido que Hezbolá y otros grupos radicales se hagan con armamento químico perteneciente a Bashar al Asad. Hace unos años, concretamente el 6 de septiembre de 2007, la Fuerza Aérea de Israel llevó a cabo la Operación Orchard para destruir el reactor nuclear que el régimen sirio había erigido en la región de Deir ez Zor, evitando así que Asad se hiciera con la bomba atómica o la pasara a sus aliados de Hezbolá y la Guardia Revolucionaria iraní. En 2010, el virus informático Stuxnet retrasó el programa nuclear de Irán. Según reportajes publicados por The New York Times, The Economist, The Washington Post y The Guardian, fue una operación coordinada de la inteligencia israelí –en concreto la unidad 8200– y la CIA. Los ciberataques al programa nuclear de Irán se han sucedido con nuevos malwares: el gemelo oculto de Stuxnet, el Duqu y el Flame.

Debido a su inteligencia de primer nivel y a su experiencia en la lucha contra grupos que predican y practican el yihadismo (a este respecto, Michael Peck detalla en The National Interest cinco armas israelíes que el EI debería temer), Israel es un aliado ideal en la ofensiva internacional para frenar el avance del Estado Islámico.

© elmed.io

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PP, rectificación, regeneración o disolución

La dirección del PP, con el señor Mariano Rajoy al frente, parece andar perdida en un mar de problemas
Miguel Massanetwww.diariosigloxxi.com  23 Octubre 2014

Cada día nos acercamos más a la fecha de las elecciones legislativas. Ya ni menciono a las autonómicas, donde la suerte está echada y es posible que se empiece a materializar el negro horizonte que, de seguir así las cosas, se nos presenta para las legislativas. Y cada día que pasa también es el de una nueva sorpresa respecto a noticias que van apareciendo en los medios de comunicación, que siguiendo el goteo incesante de casos de corrupción, ponen en entredicho la fama de muchos de los miembros del PP que ocuparon importantes cargos de responsabilidad y participaron en el gobierno, gozando del respeto y la confianza de todos los votantes de la antigua Alianza Popular.

No es que en el PSOE puedan tirar cohetes al respecto y, además de los casos que han conseguido que quedaran perdidos en las nieblas del pasado, como ha sido el tema del famoso “chivatazo” a los miembros de ETA, en el que se salpicaba al mismo Rubalcaba; tenemos que añadir los de los ERE de Andalucía y la implicación de importantes personalidades del PSA, tales como el señor Chaves y el señor Griñan, que siguen sub júdice gracias al tesón y heroicidad de la juez Alaya, que no se ha dejado doblegar por nadie en su cruzada contra la corrupción en Andalucía; a los que últimamente se ha añadido la imputación a otro de sus miembros más conocidos, el expresidente de la caja Castilla la Mancha, señor Juan Pedro Hernández Moltó, por falsear supuestamente las cuentas de la entidad.

Lo cierto es que la dirección del PP, con el señor Mariano Rajoy al frente, parece andar perdida en un mar de problemas, cada vez más difíciles de solventar que, no sólo hacen referencia a aquellos temas propios de la gobernación de la nación, de la necesidad urgente de reactivar la economía, de reflotar las empresas y de conseguir con urgencia acabar o, al menos, mejorar la abultada cifra de desempleados que oprimen, como una pesada losa, a una parte muy importante de la ciudadanía española; sino que se ven incapaces de conseguir recobrar la confianza de todos aquellos que les votaron y que, no obstante, se han distanciado de ellos gracias a los vaivenes de su política y a la falta de cumplimiento, cuando ya han transcurrido dos tercios de la legislatura, de las promesas que les hicieron a sus electores, cuando se ofrecieron a acabar con el desastre generado por los gobiernos del señor Rodríguez Zapatero.

Si no han sabido manejar, con prontitud y de forma tajante, lo que ha sido uno de los casos de pérdida de confianza más impactantes, a causa del desgraciado episodio del Gürtel, en el que se destapó los manejos del señor Bárcenas y sus chapuzas cuando fue tesorero del partido; permitiendo que el tema degenerase y acabara por afectar a una gran parte de los antiguos dirigentes; tampoco han tenido éxito en detener, en sus primeros escarceos, el peligroso movimiento separatista desarrollado en el País Vasco y, ahora, con una especial virulencia, en Catalunya, El señor Rajoy ha abusado de su flema, de su inmovilismo, de su, digámoslo así, galleguismo y lentitud de reacción que, seguramente, pensando que el nacionalismo, por si solo, se iría apaciguando dejando que el tiempo pasara, ha llevado una política de concesiones, de intentos de comprar unidad ofreciendo dinero, ventajas fiscales y favores en el tema de la lengua española que, al fin, no han tenido otro resultado que Catalunya, hoy en día, se haya convertido en un país difícil de gobernar, con un separatismo creciente, con la idea de que España los tiene sojuzgados y que, fuera de ella, serían un país mucho más libre y poderoso.

Rajoy proclamó a los cuatro vientos que en Catalunya no habría votación alguna. Rajoy se comprometió a acabar con la insurrección catalana y, su Gobierno, no ha parado de hablar sobre la imposibilidad de que los catalanes acudieran a las urnas para contestar a las dos famosas preguntas sobre “si Catalunya era una nación y sobre si los catalanes querían la independencia”.

Ahora, el señor Rajoy, parece que se conforma con la manifestación de Mas de que no se celebraría el referéndum oficial convocado, para el 9N; pero se olvida de que, a las pocas horas, el líder catalán rectificó, manteniendo la consulta que, sin embargo, no va a tener carácter oficial pero se celebrará el mismo 9N con las urnas, las papeletas, los centros de votación y las mesas igual que si se tratara de una consulta oficial, sólo que sin listas electorales (bastará con la exhibición del DNI) y, por supuesto, no habrá delegados de los distintos partidos ni interventores. ¡La chapuza está servida y el pucherazo anunciado!

Si los catalanes pueden votar, aunque se trate de un simulacro sin las garantías previstas en la Ley, sin duda alguna el señor Mas habrá cumplido su promesa y el Gobierno de la nación, a los ojos de los catalanes, habrá perdido la partida. Los que no sean capaces de ver el alcance de la trampa del señor Mas es que son incapaces de gobernar la nación y, por tanto, deberían de abandonar sus puestos directivos y dejárselos a personas más capacitadas y perspicaces. No se trata de tener miedo de importunar al TC, ni de que se espere hasta que ya no tenga remedio y se haya celebrado la seudo consulta; porque la obligación del Ejecutivo es impedir que esta segunda consulta se pueda celebrar con los medios necesarios que, la Constitución, pone a su alcance.

Queda poco más de un año para las elecciones legislativas y el panorama electoral no puede ser más peligroso, con partidos populistas y ácratas calando fuerte en una ciudadanía, desencantada de los políticos, de los partidos tradicionales, de la corrupción generalizada que se va descubriendo y de que, el desempleo, continúe siendo la lacra de nuestra sociedad, mientras la confianza en el Gobierno sigue decreciendo día a día. Sin duda alguna, el descrédito que ha ido acumulando este Gobierno (a pesar de que ha conseguido algunos logros económicos) entre sus simpatizantes ha ido en aumento a medida casos, como el del señor Montoro, que anunció grandes ahorros por disminución de impuestos, se contradice a sí mismo, incrementando las cargas sobre las ventas de viviendas adquiridas antes del 95, al no tener en cuenta el aumento del coste de vida entre la fecha de adquisición y la de la venta, como un elemento a valorar para calcular la plusvalía a la hora de pagar el impuesto de trasmisiones.

Creemos que la revolución en el PP ha de tener lugar dentro del propio partido ya que, los intentos de crear nuevas formaciones de derechas, parece que no son viables a la vista de lo sucedido con VOX. El señor Rajoy debiera de darse cuenta de que sus posibilidades de obtener un buen resultado, en las próximas legislativas, está lejos de la realidad y, en consecuencia, debiera plantearse, con suficiente tiempo, el relevo como candidato, cediendo a otra persona más joven, con agallas y preparado para ser capaz de hacer frente, sin complejos ni miedos, a la dura oposición que van a ejercer desde las izquierdas; cuando no se puede descartar que, confiadas en una hipotética victoria decidan aunar fuerzas para presentar una coalición, si no para acudir a las elecciones, si, muy probablemente, para gobernar es necesario de que aúnen fuerzas. Para entendernos, un nuevo ejemplo de Tripartito catalán, sólo que a nivel de todo el Estado. Y, previsiblemente, con la certeza de que tendrían el mismo mal resultado económico que aquellos cuando dejaron a Catalunya endeudada con más 50.000 millones de euros.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos compungidos un previsible mal resultado electoral del PP de Rajoy. Mal vamos.

9-N: los exitosos preparativos de un fraude de ley

EDITORIAL Libertad Digital  23 Octubre 2014

Vaya por delante, y valga el símil cinematográfico, que un delito es un delito, lo perpetre el sofisticado y concienzudo equipo de Ocean's Eleven o la cutre y chapucera banda de Torrente. Con todo, hay que reconocer que, desde que Artur Mas reiterara hace escasamente una semana que el Gobierno de Cataluña "mantiene el objetivo de organizar la consulta el 9-N", no se puede negar que la Generalidad esté escatimando esfuerzos y recursos a los preparativos del ilegal desafío separatista: más de 6.400 mesas electorales repartidas en más de 1.200 locales cedidos por los ayuntamientos o pertenecientes a colegios de la red pública; algo más de 30.000 voluntarios para atender los puntos de votación y realizar el recuento, de los que 6.000 serán funcionarios; 938 de los 947 municipios catalanes a disposición de los potenciales votantes y una campaña mediática a cargo de TV3 y Catalunya Ràdio que estimula la participación ciudadana…

El tiempo dirá si finalmente se perpetra lo que constituye un monumental fraude de ley, ya se llame referéndum, consulta o proceso participativo. Sea como fuere, lo que debería estar claro para todo el mundo es que la inexistencia de un censo previo –se elaborará conforme se vote–, la inexistencia de una jornada de reflexión y el hecho de que se pueda votar durante quince días no quitan gravedad ni hace menos ilegal –más bien lo contrario– una votación tan engañosa como contraria a derecho.

Cosa distinta, aunque resulte aun más lamentable, es que el Gobierno de Rajoy, para justificar su pasividad a la hora de intervenir la Administración regional catalana o sentar en el banquillo a sus gobernantes, prefiera no ver la desobediencia, la prevaricación, la usurpación de atribuciones, la malversación de fondos públicos o el fraude de ley que se está perpetrando en Cataluña, y no sólo en relación a la votación del 9-N, con la que ni empieza ni acaba la rebelión institucionalizada.

Cosa distinta, y no menos lamentable, es que para justificar esa falta de reacción del Gobierno del PP haya medios de comunicación que prefieran ridiculizar y quitar gravedad al desafío separatista, o lo den directamente por disipado, tal y como hace una semana hacía buena parte de la prensa madrileña con titulares tales como "La ley doblega a Artur Mas", "La Ley vence a Mas" o "Más se rinde".

Lo cierto es que a día de hoy Mas sigue empeñado en llevar adelante su ilegal desafío secesionista, introduciendo escasos maquillajes, tal y como tenía previsto y planificado desde hace años el Consejo Asesor para la Transición Nacional, organismo de cuya existencia tampoco en Madrid quieren darse por enterados.

La nueva ETA que no mata

Javier Caraballo El Confidencial  23 Octubre 2014

Cuesta trabajo escribirlo y pronunciarlo. Es necesario detenerse porque se dice, se escribe, y queda siempre un remordimiento extraño, una sensación de incomodidad, como si lo que se acaba de decir, de pronunciar, no fuera exacto, no fuera real. Tres años lleva España sin atentados, después de un comunicado de la banda terrorista ETA en el que anunciaba “un alto el fuego permanente, general y verificable” y un “compromiso claro, firme y definitivo” para abandonar el terrorismo.

Desde aquel día, tres años libres de esa lacra sangrienta que ha asesinado a 829 personas, que ha destrozado la vida de miles, que ha angustiado a millones. Entre las preocupaciones de los españoles, cuando se les pregunta en las encuestas, ETA y el terrorismo ya ni siquiera aparecen en los últimos lugares; no existen ni como inquietud. Tres años sin víctimas de ETA, tras una renuncia expresa de la banda terrorista; tres años después de décadas de sufrimientos, de ansias por que llegara este momento, y todavía no puedo ni siquiera escribirlo o decirlo: “El terrorismo de ETA ya no existe en España”.

El porqué de este remordimiento, de esta imposibilidad de expresar lo que estamos viendo, la frustración de no poder decir abiertamente lo que se ha ansiado durante casi medio siglo, tiene mucho que ver, obviamente, con la incredulidad lógica que despierta cada afirmación de esa banda de asesinos, que es lo que nunca dejará de ser. ¿Quién se va a creer nada de esos tipos si siguen sin entregar las armas, que seguirán ocultas en zulos y pisos francos? Imposible creerse nada de ETA, claro.

Pero no es esa la única razón que explica la impotencia del final; también se explica por la bilis que inyectan algunos sectores, interesados inexplicablemente en convertir la derrota de la banda terrorista en una victoria final en las instituciones vascas. ¿Quién se va a creer nada si a cada instante bombardean todo lo relacionado con ETA con conspiraciones inventadas y pactos ocultos con los asesinos?

De esos dos vectores, que fuerzan la extraña relación de una sociedad con un acontecimiento histórico tan relevante como una banda de terroristas que deja de matar después de 43 años, el más complejo de analizar siempre es el último, porque nada es más creíble en España que una conspiración, aunque sea inventada. Por ejemplo, también en estos días se cumple un año de aquella sentencia del Tribunal de Estrasburgo que anuló la aplicación de la ‘doctrina Parot’ en España.

Habrá quien recuerde aún titulares y debates crispados que anunciaban apocalípticos la excarcelación masiva de presos de ETA. La sensación aquellos días, con la que se agitaba miserablemente el dolor de las víctimas, es que, por culpa de la debilidad del Gobierno español y la frivolidad de un grupo de jueces europeos, oscuros pactos secretos de proetarras y pusilánimes, las puertas de las cárceles se iban a abrir de par en par para que salieran todos los presos etarras. No ha ocurrido, claro que no, pero todavía ahora seguirán alarmando con las mismas conspiraciones.

Ahora, como hace un año, habrá que repetir una vez más que la anulación de la doctrina Parot era tan inevitable como dolorosa. Que la culpa de las excarcelaciones de esos presos, que, en su mayoría, ya habían cumplido el tope legal de 30 años de prisión, la tiene la política penitenciaria española. Un Código Penal del franquismo, de 1973, que concedía beneficios penitenciarios a los presos etarras, que se mantiene vigente en España hasta 1995 y que no es hasta treinta años después, en 2003, cuando se eleva a 40 años el cumplimiento efectivo de la pena para los presos de terrorismo y se suprime la posibilidad de reducir condena con trabajos. Si hubo presos de ETA que, durante tantos años, se acogieron a los beneficios penitenciarios no es, obviamente, responsabilidad del Tribunal de Estrasburgo, que se limitó a recalcar el principio fundamental de que las leyes no se pueden aplicar con carácter retroactivo.

Igual ocurre con la dispersión de los presos de ETA, una de las armas más eficaces de lucha contra la banda terrorista durante los años sangrientos. Mencionar siquiera que el Gobierno español deberá ir acercando presos etarras a las cárceles del País Vasco, la sola mención de esa posibilidad, ya levanta ampollas. Quien lo propone se convierte, a ojos de algunos, en un sospechoso inmediato de equidistancia con la banda terrorista. De nuevo se agitan angustias, se remueven sentimientos, dolor. Sin embargo, es una evidencia que acabará imponiéndose.

La política de dispersión de los presos, que tanto ha servido para luchar contra ETA, va dejando de tener sentido a medida que pasan los años sin atentados terroristas. Los presos etarras, también los presos etarras, tienen derechos; entre ellos, el derecho emanado de la propia Constitución y de la Ley Orgánica General Penitenciaria de cumplimiento de la pena en cárceles próximas a sus núcleos familiares.

Digan lo que digan, acercar presos etarras a las cárceles del País Vasco no supone una victoria de ETA; todo lo contrario: si ocurre, es una muestra de su derrota. Como tampoco supone una victoria de ETA que fuerzas políticas radicales, como Bildu, hayan llegado a las instituciones. Esa es harina de otro costal: que un tipo, o cientos, se declaren independentistas vascos no los convierte en terroristas. ¿Descerebrados y hasta vomitivos? A mí me lo parecen, desde luego. Pero no son terroristas.

Tres años después, tantos días después de aquel comunicado sin atentados en España, la banda terrorista ETA sigue provocando el mismo desprecio, las mismas ansias de justicia con todos los que han participado de esa masacre. Y desconfianza; la nueva ETA que no mata sigue provocando la misma desconfianza. Una decena de veces ha declarado treguas la banda terrorista (incluyendo aquel pacto miserable de ETA con la Esquerra Republicana de Carod Rovira, en 2004, para dejar de matar sólo en Cataluña) y siempre han sido decisiones estratégicas para reorganizarse.

No parece que en esta ocasión la situación sea la misma, pero el final definitivo de ETA sólo puede llegar con su disolución y la entrega de todas las armas. Por eso esta rareza, esta impotencia, de no poder escribir ni decir aquello que llevamos tanto esperando; aún ahora, después de tres años en los que, hay momentos, en los que quisiéramos pensar que ETA sólo fue una amarga pesadilla. Por las víctimas, por tanto dolor, nunca será así.

Relato de ETA sin concesiones para que ni el olvido ni la indiferencia sean el precio de la paz

 El Mundo  23 Octubre 2014

LA SERIE de reportajes de Ángeles Escrivá sobre los etarras en el País Vasco -cuya última entrega publicamos hoy- ilustra con crudo realismo las distintas formas en que los pistoleros más sanguinarios de la banda, aquellos que han pasado dos y tres décadas en prisión por sus crímenes, viven el proceso de paz tres años después del cese de la violencia. Algunos, como el carnicero de Mondragón, reivindican sus atentados y no se arrepienten del dolor causado. Están quienes aceptan la tutela de Sortu y Bildu y ven en el final de la lucha armada un cambio de estrategia para lograr los mismos objetivos que ETA: la independencia de Euskal Herria. Y finalmente hay frustrados que, como Inés del Río, ven que han tirado su vida a la basura. Son testimonios relevantes para entender a ETA sin concesiones y para que la integración social de los presos no tenga como contrapartida el olvido o la indiferencia. En todo caso, el Gobierno debe responder con firmeza cuando se produzca enaltecimiento del terrorismo e impedir que la izquierda abertzale imponga su relato.

El Parlamento autonómico trata el español como un idioma extranjero en la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna
Durante el acto oficial organizado en colaboración con la Plataforma per la Llengua, la Cámara autonómica sitúa al castellano -que según datos de la Generalidad es la lengua materna del 55% de los catalanes- como uno más de los 270 idiomas extranjeros que se hablan en Cataluña, junto al wólof, el urdú, el quechua, el inglés, el amazig o el árabe. Las intervenciones se centran en señalar que el catalán es la única "lengua común" de Cataluña e imprescindible para ser "ciudadano", y en defender la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán.
Alejandro Tercero cronicaglobal.com  23 Octubre 2014

El desprecio hacia los catalanes castellanohablantes parece no tener límite para las instituciones autonómicas. Así se desprende del sorprendente acto que el Parlamento autonómico de Cataluña ha organizado este lunes con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna, que se celebra cada 21 de febrero a instancias de la Unesco desde el año 2000.

Y es que, a pesar de que, según datos de la propia Generalidad, el 55% de los ciudadanos catalanes tiene el castellano como lengua materna, a lo largo de la hora que ha durado el acto oficial el castellano únicamente ha sido citado o utilizado una vez. Exactamente durante 31 segundos de la intervención de un inmigrante mexicano.

Una intervención que, además, se ha centrado en reprochar que, a diferencia de lo que ocurre en México, "el Estado español, pese a ser un Estado plurinominal y plurilingüístico parece que no ha tenido nunca un interés real en otras lenguas salvo el español", e incluso ha estado "interesado muchas veces en contra de estas" otras lenguas.

El catalán, la única "lengua común"
En todo caso, la celebración de este lunes deja de ser menos sorprendente si se tiene en cuenta que el acto ha corrido a cargo de la Plataforma per la Llengua, una entidad que, con la excusa de promover el catalán, trabaja para que el castellano deje de ser oficial en Cataluña.

Carles Solà, periodista y miembro de la ejecutiva de Plataforma per la Llengua, ha defendido que el catalán debe ser la única "lengua común" en Cataluña porque es "nuestra lengua nacional", y ha advertido de que "pese a los avances que ha habido en su normalización y uso, todavía está muy lejos de ser una lengua normal". Solà -como el resto de sus compañeros- no ha hecho la más mínima mención al castellano, y solo ha indicado que en Cataluña "viven hablantes de más de 270 lenguas".

El director de Plataforma per la Llengua, Daniel Mundet, ha asegurado que "en Cataluña respetamos la diversidad cultural y lingüística", pero ha advertido que solo el catalán "actúa como factor de cohesión" y "para integrar a todo el mundo". Y ha pedido más implicación de la sociedad en esta dirección.

Otro miembro de la ejecutiva de la entidad, Mar Forcada, ha recordado que "el uso de la lengua propia", en referencia al catalán, "es un derecho que recoge la ley", pero ha instado a unir "política y sociedad civil" para conseguir que "en este país [por Catauña] se pueda vivir de forma normal en catalán".

En defensa de la inmersión obligatoria exclusivamente en catalán
En el acto han hablado miembros de entidades de inmigrantes que colaboran con Plataforma per la Llengua. El representante de una asociación de lengua amazig ha señalado que "hablando en catalán se abre una puerta que nos convierte en uno más de la casa", mientras que "este hecho no pasa en ningún sitio ni de España, ni de Europa, solo pasa en Cataluña".

Un senegalés ha señalado que "el catalán es la lengua propia de los catalanes y de los recién llegados". "Somos catalanes y el catalán es nuestra lengua", ha añadido. El representante de una entidad marroquí ha indicado que su entidad "trabaja por el acercamiento y la convivencia utilizando siempre el catalán como lengua vehicular hacia la plena ciudadanía".

También ha intervenido un gallegoparlante, que ha indicado que "cuando se ataca a la piedra angular del aprendizaje de un idioma, en este caso, un patrimonio pedagógico como es el modelo de inmersión del sistema educativo catalán, nos colocamos, desde la Asemblea Cultural Galega de Barcelona, y nos colocaremos, al lado de la mayoría de este pueblo que trabaja y lucha para mantener el catalán en el lugar que le corresponde en las aulas de este país" porque "defendemos una escuela en catalán". "Pedimos a las administraciones que no den ni un paso atrás en la defensa del catalán", ha añadido, y ha finalizado dando las "gracias por hacer del catalán nuestra lengua".

El castellano, una lengua extranjera más
Durante el acto se ha emitido un vídeo de cinco minutos confeccionado para la ocasión por Plataforma per la Llengua. En él, varios niños inmigrantes comparten sus "reflexiones en torno al catalán" en base al manifiesto 'El catalán, lengua común', que promueve la entidad.

Estas reflexiones incluyen planteamientos como que "la llegada de gente de todo el mundo ha hecho que en esta tierra se hablen hoy más de 250 lenguas; aquí vivimos en wólof, en urdú, en quechua, en inglés, en gallego, en castellano, en amazig y en árabe; ofrecemos nuestras lenguas y culturas de origen para enriquecer este país".

O que "las administraciones e instituciones públicas, a consecuencia de esta nueva realidad sociolingüística, han de apostar por un modelo educativo multilingüe en el que el catalán continúe como la lengua vehicular de la enseñanza y en el que se promueva el conocimiento de estas nuevas lenguas que ahora también son catalanas".

El catalán, imprescindible para ser "ciudadano" de Cataluña
En el vídeo también se indica que "en este contexto de diversidad lingüística, el catalán es la lengua que nos une a todos, por eso queremos que sea la lengua común" y que "queremos transmitir la importancia que tiene hablar la lengua propia del lugar donde se vive".

Que "utilizando la lengua [catalana] conseguimos ser reconocidos como propios del lugar y alcanzamos, aunque sea simbólicamente, el rango de ciudadanos; adoptar la lengua propia es un paso necesario para disfrutar de una ciudadanía en igualdad de condiciones; la adopción del catalán ha de ir acompañado también de medidas que faciliten la adquisición de los derechos sociales y políticos".

O que "desde algunos sectores se quiere utilizar la lengua como arma de enfrentamiento político", cuando "es una herramienta de aproximación y no un instrumento de confrontación". "La lengua no se merece este trato", concluye.

De Gispert: "La lengua es el primer signo de identidad de un pueblo"
La presidenta del Parlamento autonómico, Núria de Gispert (CiU), ha ejercido de maestra de ceremonias. En su intervención ha subrayado que la lengua catalana "es la que hace de cohesión" en Cataluña, especialmente en estos momentos "un poco difíciles" aunque "tenemos una capacidad de resistencia importante".

Finalmente, ha insistido en que "lo importante es hablar en catalán" y ha indicado que "la política de inmersión lingüística ha sido muy positiva", porque "la lengua es el primer signo de identidad de un pueblo".

Entre los asistentes se encontraban diputados autonómicos de CiU, PSC e ICV-EUiA. Curiosamente, se trata de los mismos tres partidos que rechazaron enviar ningún representante a un debate organizado el viernes pasado por la Asociación por la Tolerancia con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna.

 


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