AGLI Recortes de Prensa   Sábado 25  Octubre  2014

ODIOSAS COMPARACIONES
AEAT: Agencia Estúpida Tributaria
Valentín Carrera www.elsemanaldigital.com   25 Octubre 2014

Esta crisis ha enviado a toda la generación de "emprendedores" cincuentones al cubo de la basura. España necesitará treinta años para reconstruir los glóbulos rojos destruidos.

Detesto el insulto, instalado con derecho de pernada en el argumentario político, de modo que cuando adjunto un calificativo al nombre para designar Blesa Chorizo, Díaz Ferrán Ladrón o Pujol Estafador, me limito a una descripción objetiva. Igualmente, mencionar a la AEAT como Agencia Estúpida Tributaria es, lisa y llanamente, un sano ejercicio de llamar a las cosas por su nombre.

La Agencia Tributaria es estúpida, necia, falta de inteligencia, terca, imprudente y falta de razón. Mientras los ciudadanos nos llevamos las manos a la cabeza con los carros y carretas que se tragan los inspectores de Montoro, comulgantes con las ruedas de molino de Matas, Bankia, Pujol, Bárcenas y otros mil millonarios forrados con dinero público, a mi amigo Juan la AEAT acaba de remitirle una sanción de 150€ por un trámite tan inverosímil como vacío de contenido y necio.

Hace cuatro años la crisis se llevó por delante la minipyme de Juan: las ventas se derrumbaron, el crédito se cerró y la SL de Juan quebró, como otras treinta mil empresas, y ahí sigue, en ese limbo judicial que destruye el tejido industrial de los autónomos, enviando a toda la generación de "emprendedores" cincuentones al cubo de la basura. Una historia vulgar, pero desoladora porque este país necesitará treinta años para reconstruir los glóbulos rojos destruidos.

La empresa cerró en marzo de 2010 tras haber cumplido sus obligaciones tributarias (¡como para no hacerlo, controladitos como nos tienen, te crujen, todo el peso de la burrocracia sobre el más débil!). Su última felación (iba a escribir "mamada", pero El Semanal Digital es un periódico serio, de modo que empleo el término técnico, felatio, del latín, dícese de la acción de chupar o mamar, que es lo que practica con el ciudadano la susodicha Agencia) fue la presentación del IVA del 1Tr. 2010 y con fecha 31 de marzo, la solicitud de baja. Desde entonces la empresa no existe, aunque teóricamente sigue en su eterno concurso judicial.

Pues bien, cuatro años después de causar baja, la Agencia Estúpida Tributaria, incapaz de encontrar el IRPF de Urdangarín o las cuentas secretas del depredador de Pescanova, Fernández Sousa, ha conseguido localizar a Juan para notificarle una sanción de 150 euros "por infracción del artº. 198 de la Ley General Tributaria, por negligencia (¡literal!), al no haber presentado el modelo 390 o resumen anual del año 2010".

El sentido común dice que en enero de 2011 no había nada que resumir de una empresa desaparecida, que llevaba un año muerta; pero la Agencia Estúpida Tributaria gasta su tiempo y nuestro dinero en siete folios para comunicar a un ciudadano arruinado la nada, el vacío, el vértigo de una burocracia como el ciprés de Silos, devanada a sí misma en loco empeño.

Mientras la amnistía fiscal a los poderosos extiende su mancha ominosa, los funcionarios –supongo que cumplen órdenes– miran para otro lado, hacen como que trabajan y enredan enviando a las víctimas de la crisis miles de folios con sanciones necias, escritas con la risa de conejo de quien está al mando de esta Agencia Estúpida Tributaria.

España 2014 ¿como Venezuela 1998?
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es  25 Octubre 2014

¿Sustituirá el candidato que finalmente elijan los afiliados de Podemos a Rajoy, del mismo modo que Hugo Chávez relevó a Caldera?

La llegada de Hugo Chávez el 2 de febrero de 1999 a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela se produjo como consecuencia de la interconexión de una serie de circunstancias relacionadas con la corrupción política, la fragmentación social y el deterioro de la economía. Porque las mismas, provocaron el desgaste del sistema imperante y la pauperización de la población venezolana.

El “salvador” Chávez llegó al poder representando a los sectores marginados de la sociedad venezolana, reprimida y empobrecida en su mayor parte por culpa de un entorno marcado por la desigualdad y la injusticia social.

El proyecto político-económico del Comandante Chávez, basado en la revolución bolivariana y definido como “El Socialismo del SXXI”, fue retomado, a la muerte del citado dictador, por su pupilo Nicolás Maduro en abril de 2013. Maduro pudo acceder a la presidencia de Venezuela de una manera anticonstitucional, según la opinión de determinados sectores sociales y judiciales de este país.
Pero en Venezuela, el remedio ha resultado peor que la enfermedad.

Debido a que, actualmente y después de 15 años de “chavismo” y “madurismo”, Venezuela es la viva imagen de la corrupción institucionalizada, la pobreza, la represión estatal y armada (vía asesinatos políticos), la injusta redistribución de la riqueza, la politización de la Administración... Y es una de las economías más intervenidas y, por tanto, con menos libertad del mundo.

España, salvando las enormes distancias existentes entre estos dos países, se encuentra en la actualidad en una situación político-social e, incluso, económica similar a la que vivió esta república sudamericana en los últimos años del mandato de Rafael Caldera.

Y nuestro país, en relación a próximas elecciones generales de 2015 y al igual que le ocurrió a Venezuela en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998, también cuenta con un partido de perfil revolucionario, radical y ultra izquierdista denominado Podemos.

Demasiados paralelismos.
¿Sustituirá el candidato que finalmente elijan los afiliados de Podemos a Rajoy, del mismo modo que Hugo Chávez relevó a Caldera?

Recordemos que en una etapa anterior, “el gorila rojo” (ídolo de los militantes de Podemos) estuvo encarcelado por cometer el frustrado golpe de Estado de 1992 contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

¿Qué sucederá en España, tanto en cuanto nuestro país tiene, además de un sistema carcomido por la corrupción, amenazas secesionistas, macroeconómicas, políticas, sociales, etc., peligrosísimas?

Esperemos que no suceda ningún acontecimiento que pueda reproducir etapas nefastas de la historia de España. Pero en el supuesto caso que en nuestro país la corrupción política siga campando a sus anchas y sin recibir castigo alguno, cualquier escenario es posible.

Los atentados del 11-M-2004 se planificaron para impedir que el PP ganara las elecciones. Y sobre todo, al objeto de construir e instaurar en España un sistema político-económico y un modelo social acorde a los intereses de determinados “grupos de interés”.

¿Podría organizarse alguna acción parecida al 11-M, en esta ocasión, para impedir que Podemos, o un nuevo Frente Popular, pudiera gobernar o modelar un futuro gobierno en España? En la actualidad y en España, las “élites extractivas” no permitirán que el mantenimiento de sus espurios intereses pueda verse amenazado.

La recuperación económica, en la que se basa el falso discurso del Gobierno, no es factible mientras se mantenga nuestro sistema económico-político clientelar y parasitario actual.

Las turbulencias económicas procedentes de la eurozona y el ínfimo crecimiento global afectan directa y negativamente a nuestra economía. Pero el origen (y también la solución) del particular problema económico de España es interno y radica en nuestro sistema político corrupto.

Puesto que la élite financiera, al objeto de seguir enriqueciéndose, y su socio, la casta político-sindical, para mantener sus inmerecidos e inmorales privilegios, tienen intervenida y, por ende, atorada nuestra economía. A través de la peligrosa conexión entre la política y la economía, que ha sumido a nuestra Administración en un pozo de corrupción, deuda y déficit.

A los españoles que se encuentran en la cara oscura del sistema solo les espera el desempleo y la miseria. ¿Estamos igual que Venezuela en 1998?

Eurozona: parasitismo, servidumbre, autonomía o descomposición
Juan Ramón Rallo  www.vozpopuli.com  25 Octubre 2014

Con Hans-Werner Sinn llegó merecidamente la polémica: el director del centro de estudios Ifo ha colocado el dedo en la llaga al denunciar la perversa configuración hacia la que está avanzando Europa, a saber, hacia una mutualización centralizadora de la deuda combinada con una absoluta autonomía a la hora de emitir descentralizadamente esa deuda. Un canto irresistible a la irresponsabilidad más grotesca: los manirrotos Ejecutivos europeos se endeudan y los contribuyentes alemanes (y austriacos, y fineses, y holandeses) pagan con los platos rotos.

Ese es el razonable diagnóstico que, como decimos, efectúa el conocido economista alemán toda vez que Manuel Valls en Francia y Matteo Renzi en Italia acaban de anunciar que incumplirán deliberadamente sus compromisos de déficit para 2014. Normal, por tanto, que Sinn crea que ha llegado el momento de dar marcha atrás en la mutualización de la deuda europea para que cada país apechugue en solitario con ella sin trasladarle su coste a los alemanes: algo que básicamente implica cerrar el fondo de rescate intergubernamental MEDE, suspender la ventanilla de la OMT del Banco Central Europeo —con la que hace más de dos años salvó de la quiebra a España—, e incluso liquidar en oro los saldos deudores del sistema Target2 (préstenle la atención debida a este último punto: que Sinn reclame liquidar en oro los saldos deudores interbancarios de la Eurozona significa, en el fondo, que no confía en la supervivencia a medio-largo plazo del euro).

Todas ellas críticas pertinentes que ponen de manifiesto, sí, una cierta indefinición fundamental dentro la Eurozona que será preciso resolver en el futuro próximo: a saber, si retiramos los esquemas actuales de mutualización de la deuda pública a cambio de ceder soberanía fiscal o si, en cambio, mantenemos la autonomía fiscal a cambio de retirar los esquemas actuales de mutualización de la deuda. A la postre, si bien dentro de la Eurozona existen cuatro posibles opciones resultantes de combinar la posibilidad de mutualizar o no la deuda con la de centralizar la política fiscal o no hacerlo, en la práctica sólo las dos antedichas posiciones podrían llegar a ser medianamente estables. Examinémoslas brevemente.

La situación actual dentro de la Eurozona se corresponde con un parasitismo fiscal del Sur contra el Norte: los Gobiernos sureños han adquirido la potestad de emitir deuda pública nacional que, en última instancia, está siendo avalada por los países del Norte. Si el Sur no paga, el Norte lo hará: esto es, mientras que los beneficios del gasto financiado con la emisión de deuda son disfrutados íntegramente por el Sur, sus riesgos son soportados en última instancia por el Norte.

Evidentemente, Alemania, Austria, Finlandia u Holanda sólo han aceptado esta situación de parasitismo de forma temporal y con una única esperanza: que los gobiernos del Sur sean lo suficientemente disciplinados como para, durante estos años de gracia, reestructurar sus economías y comenzar a amortizar su montaña de deuda acumulada durante los años de burbuja. Dicho de otro modo, el Norte le ha regalado tiempo y financiación al Sur para que éste se sanee.

Pero, por desgracia, lo que estos últimos años están demostrando —tal como nos barruntábamos algunos— es que la combinación de autonomía fiscal y mutualización de la deuda no funciona, ya que los Estados rescatados del Sur adquieren los muy perversos incentivos de seguir emitiendo deuda a costa de los Estados rescatadores del Norte. Lejos de comportarse responsablemente, han hecho lo que todo ser humano —y por supuesto todo político— haría al verse sometido a pésimos incentivos: comportarse irresponsablemente. Por eso, la situación terminará volviéndose insostenible tal como augura Sinn. La cuestión es hacia dónde nos dirigiremos.

Servidumbre
La servidumbre del Sur ante el Norte es la opción preferida por muchos ciudadanos españoles, quienes ingenuamente siguen viendo a las burocracias europeas como entes benevolentes que se preocuparían por el bienestar general. Por eso, no dudan en ceder autonomía presupuestaria a una superburocracia a cambio de que esa superburocracia avale nuestra deuda y nos permita seguir financiándonos asequiblemente. ¿Qué puede salir mal? Avancemos hacia la integración europea y, de paso, que los europeos nos concedan crédito barato para seguir endeudándonos sine die.

Sin embargo, no deberíamos olvidar que la centralización fiscal europea implicaría que los Presupuestos Generales del Estado para España se redactaran en Bruselas o, más exactamente, en Berlín. ¿Aceptarían impenitentemente los españoles que Alemania, Austria y Finlandia pudiesen decretar por su cuenta un recorte del 15% en las pensiones españolas? ¿O una rebaja del 20% en el gasto en educación? ¿O que el IVA se disparara al 25%? No parece que a muchos los recortes por delegación les sentaran mejor que los recortes aplicados por políticos patrios: y seamos conscientes de que, mientras perdurara nuestro déficit, los recortes aplicados por Bruselas no dejarían de sucederse (lo que hoy son recomendaciones o presiones sería ley).

En la práctica, por tanto, es muy dudoso que la inmensa mayoría de españoles aceptara ceder el presupuesto a cambio de una financiación barata (y, mucho menos, cesión del presupuesto sin mutualización de la deuda, posición que implicaría una dominación sin contrapartidas del Norte sobre el Sur). Y además tampoco nos conviene: lejos de avanzar hacia superestructuras estatales que diluyan todavía más la autonomía individual, deberíamos avanzar hacia estructuras mucho más descentralizadas donde primaran los lazos voluntarios y el consentimiento. La Unión Europea es la antítesis de esa descentralización voluntarista y, por tanto, la servidumbre ante los Estados norteños no debería ser una opción.

Autonomía
La principal alternativa a la servidumbre es la autonomía fiscal: los presupuestos se siguen elaborando descentralizadamente en cada Estado europeo pero no hay mutualización de deuda (ni mediante el banco central ni mediante fondos estatales). Es la situación en la que nos encontrábamos hasta 2010 y a la que ahora Sinn quiere regresar. Se trata de la posición más sensata pero a su vez enormemente molesta para todos aquellos que viven del presupuesto: dado que cada palo aguanta su vela, aquellos Estados relativamente menos solventes ven cómo los tipos de interés de su deuda se disparan, de modo que sus gobernantes rápidamente se enfrentan a la disyuntiva de cuadrar sus cuentas o de quebrar.

Así, la autonomía fiscal es la única posición que incentiva la responsabilidad y disciplina a largo plazo de los gobernantes: la famosa corresponsabilidad que se reclama para las comunidades autónomas españolas que también habría que reclamar para los Estados europeos individualmente considerados. Pero responsabilidad implica aceptar e interiorizar los costes de la irresponsabilidad: a saber, la posibilidad de quebrar y de vernos privados del crédito para financiar nuestros déficits. Es ese horizonte de hecatombe económica el que en todo caso podría atar en corto a nuestros manirrotos gobernantes.

La cuestión, claro está, es si el euro será capaz de sobrevivir a un conjunto de quiebras en cadena dentro del sur europeo. Sinn asume que sí, trazando el paralelismo con las quiebras estatales acaecidas dentro de EEUU que no han supuesto mayores perjuicios. Mas existen dos diferencias básicas entre la Eurozona y EEUU: la primera es que la deuda agregada de los Estados en EEUU ni siquiera alcanza el 20% del PIB, mientras que en la Eurozona supera el 92%; la segunda, que la quiebra de algunos grandes Estados europeos —como España, Italia o Francia— sí abocaría a la bancarrota a la mayor parte de la banca europea, generando un cataclismo financiero de primer orden (que los Estados europeos tratarían de paliar imprimiendo divisa y generando inflación, para lo cual necesitarían no sólo autonomía fiscal sino también autonomía monetaria).

En suma, si bien la autonomía fiscal de los gobiernos constituye la mejor opción dentro de un saludable marco de unidad monetaria (tal como operó el patrón oro durante el siglo XIX), esta autonomía sólo funciona adecuadamente con Estados medianamente honestos y preocupados por el largo plazo y por cumplir con sus compromisos: en caso contrario, son plenamente capaces de exteriorizar los costes de sus despropósitos sobre el conjunto de la ciudadanía y de sus acreedores internacionales. Por desgracia, este tipo de gobernantes no se corresponde con ninguno que quepa encontrar en el Ejecutivo o en la oposición y por eso la autonomía fiscal, siendo la mejor opción, no está exenta de poder degenerar en un inquietante colapso financiero.

Todos eran sus hijos, Presidente
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  25 Octubre 2014

No es la primera vez que utilizo, a modo de metáfora, el título de la obra de teatro más cimera de Arthur Miller: Todos eran mis hijos. Lo hice el 31 de diciembre de 2011 (La tragedia del PSOE: “Todos eran mis hijos”) porque Zapatero dejó una prole que no pudo aceptar su herencia a beneficio de inventario y sucumbió a los errores de su líder. En la obra de Miller, Joe Keller, el protagonista, es un hombre aparentemente tranquilo y, sin embargo, carcomido por un profundo sentimiento de culpa: fue responsable de instalar una pieza defectuosa en un avión de transporte de tropas durante la II Guerra Mundial a consecuencia de lo cual la aeronave se siniestró con veintiuna víctimas, entre ellas, su propio hijo.

Mariano Rajoy es nuestro particular Joe Keller. No quiere enfrentarse a la dura realidad de que todos los que ahora, como fichas de dominó, caen en manos de la justicia o del descrédito, son sus hijos políticos o, al menos, sus ahijados. Si ustedes tienen la paciencia de ir a la portada de El País del 3 de noviembre de 2009 podrán leer la apertura del diario a cuatro columnas con este titular: “El triunfo de Rajoy en el pulso con Aguirre coloca a Rato en Caja Madrid”. Pues bien, Rodrigo Rato ha pasado a ser “la persona a la que usted se refiere” en palabras del presidente del Gobierno. Rajoy retira el nombre y los apellidos de sus hijos y ahijados políticos. Los hace anónimos.

Lo hizo también con Luis Bárcenas al que nombró tesorero del PP; es muy probable que de inmediato lo haga con Ángel Acebes al que nombró su secretario general -imputado en el caso Correa- y que cuando le pregunten por Ana Mato -conectada, quiera o no, con el mismo episodio de corrupción- la diluya en el anonimato. Todos ellos pudieron ser -ya veremos qué dice la justicia- piezas defectuosa como las que instaló en el avión de transporte Joe Keller. Y así, el PP ha quedado siniestrado porque a estos grandes protagonistas de pifias o quebrantos -y nunca mejor dicho- se une una tropa de gente guapa del partido -los Recarte, los Iranzo et alii- que, a cuenta de las tarjetas fantasma, ha quedado fuera de la circulación por caída en picado de su reputación. Sólo faltaba que apareciese –vinculado a Oleguer Pujol- el yerno de Zaplana.

Es sabido que el silencio de Rajoy -del que sale sólo de vez en cuando para refugiarse en lugares comunes- es como el de Joe Keller. Es un silencio simulado pero cargado de culpa. Y cuando hace de algunos de los que fueron sus hijos o ahijados políticos seres anónimos trata, por una parte, de conjurar los peligros que su mención encierra para él mismo y su futuro y, por otro, los cosifica, como si fueren realidades inertes sin capacidad ni de hacer ni de decir. Pero Rajoy se confunde. Primero, porque, como escribió, Confucio, “el caballero se culpa a sí mismo, mientras que el hombre ordinario culpa a los demás” -y Rajoy es un hombre ordinario- y, segundo, porque en un arrebato de sinceridad, alguno de esos que él circunvala en sus raras comparecencias o a los que directamente ignora, podría situarse en modo locuaz y cantar la gallina.

Rajoy tendría una disculpa, un pase, una coartada, si la clase dirigente del PP que se está hundiendo -o que se ha hundido- se hubiera sustituido por otra con energía y empuje. Pero el caso es que Rajoy no sólo no ha salido a dar la cara por tantos y tantos compañeros ahora abandonados y profundamente rencorosos por la omisión de socorro de Génova y Moncloa, sino que tampoco ha sido capaz de sustituirlos por una nueva hornada de dirigentes y referentes populares. El presidente no tiene banquillo –el PP es un erial- y por eso la vicepresidenta se llena de balón y hasta se permite aplicar a la comunidad de Madrid el 155 sanitario de la Constitución. Sin consentir que González –aunque lo quisiera- cese al saco terrero de Javier Rodríguez, consejero de Sanidad, y sin conceder la venia a Ana Mato para que se vaya a su casa hasta que no termine de cumplir con su misión de trinchera política.

La decepción que provoca Mariano Rajoy no se deriva de la duda sobre si cobró o no sobresueldos; si sabía o no de las maquinaciones de unos o de otros; si las consintió o dejó de consentirlas. La decepción que provoca el Presidente se deriva de su falta de presencia de ánimo, de su ausencia de cuajo, de su falta de gallardía. Debiera aplicarse a entender por qué Gandhi pronunció aquella frase célebre según la cual “los cobardes mueren muchas veces antes de morir”. Rajoy, con cada episodio de escapismo, muere un poco. Y son tantas las muertes gatunas, que antes pronto que tarde, le llegará la defunción. La definitiva.

El sainete catalán frente al sainete español
José Miguel Villaroya cronicaglobal.com  25 Octubre 2014

Si Carlos Arniches, maestro del sainete, levantara la cabeza se sentiría orgulloso y triste a la vez por ver como este país llamado España, se ha convertido en un escenario teatral donde la mediocridad, la corrupción, el clientelismo y la estulticia han devenido en personajes de un sainete más trágico que cómico que asola a nuestra piel de toro.

Cataluña es quien se lleva la palma de esta magna obra, aquí hemos pasado de la gran consulta del 9-N a la patochada de la misma fecha, si es que al final se celebra, y por el camino yo me entretengo, que decía la canción, porque aquí cada cual va contando sus garbanzos de cara a unas posibles o probables elecciones.

Todo sería un sainete cómico, si al lado de este chiste, no hubiera cada día más gente en los comedores sociales, no aumentara la desigualdad y la miseria, no se cerraran plantas de hospitales

Artur Mas desaparecido en combate amaga pero no golpea con las elecciones, esperando a que alguien le salve de la debacle propia y de su partido; los otros miembros de la pata, léase ERC, ICV y la CUP, sufren un ataque de cuernos y de despecho y anuncian no se sabe qué ni hacia dónde llevando la penosidad y el patetismo por bandera; y todos al albur de lo que manden dos señoras que no ha elegido nadie, pero que parece que mandan mucho. Triste por no decir otra cosa.

Ante este desaguisado uno esperaría que el Gobierno actuase de alguna forma, pero amigo el sainete en Madrid tampoco tiene desperdicio, lo de las tarjetas negras de Cajamadrid amenaza con llevarse por delante hasta al del carrito de los helados si pasa por allí, no se salva ni el tato, y si a eso le añadimos la chapuza en la gestión del ébola poco o nada podemos esperar, salvo una muerte lenta y posiblemente dolorosa de todo lo que conocemos hasta ahora.

Todo sería un sainete cómico, si al lado de este chiste, no hubiera cada día más gente en los comedores sociales, no aumentara la desigualdad y la miseria, no se cerraran plantas de hospitales, de escuelas, y los jóvenes no tuvieran que marcharse de España.
Lo dicho, sainete catalán frente a sainete español, los dos iguales de patéticos, y con el mismo resultado, siempre pierde el mismo: el pueblo llano.

"Los Muros de Cataluña" y la falta de libertad
Blas Piñar Pinedo www.latribunadelpaisvasco.com  25 Octubre 2014

“Los Muros de Cataluña” es un libro publicado a mediados del año pasado, fundamental para entender el separatismo que se ha asentado en Cataluña con las imprescindibles concesiones de los gobiernos centrales del PP o del PSOE. Al fin y al cabo, los pactos de la Transición son inconcebibles sin los separatistas.

El nacionalismo es al patriotismo lo que la pornografía al amor: una perversión. El patriotismo es sano, nace del amor a la nación y a su Historia -a los padres- mientras que el nacionalismo es un sentimiento superficial, que nace a la vez del complejo y del odio, que busca fuera los culpables de los propios errores y que cae en la estupidez de creerse superiores habiendo estado siempre oprimidos... Es una falacia basada en la lengua que no habla la mayoría y en el mito de que España les roba cuando toda su historia es un chantaje para recibir más y más dinero y tapar su propia corrupción...

Pero lo grave no es lo que pueda lograr el separatismo, generando falta de libertad, envenenando a los niños con el odio a la verdadera y única patria, esquilmando a los ciudadanos para financiar no las necesidades sociales más urgentes sino los intereses de la casta nacionalista, con todos sus chollos, estafas y corrupciones. Eso no es lo realmente grave, siendo repugnante. Lo grave es que sea el Estado, los poderes de la nación, el Gobierno, esto es, los responsables de impedir las agresiones continuas y la vulneración no ya de las leyes sino de la misma Constitución, quienes lo permiten. No puedo dejar de pensar en esos ciudadanos españoles de Cataluña que sufren las consecuencias de la implantación de una tiranía clientelar en la que el nacionalismo es más que la excusa para un negocio: destrozar España es para ellos mucho más importante que el bien de su propia región...

Es importante resaltar que la casta mediática, hoy más dependiente que nunca del poder del Estado, es tan responsable como los políticos de los graves problemas de la nación. En el caso catalán, vendieron a Pujol como hombre de Estado, el mismo que quebró un banco en los primeros ochenta a base de llenarse los bolsillos y financiar el independentismo y para cuyo rescate España ya puso 300.000 millones de pesetas; aún hoy dicen que el sentimiento de unidad nacional caracterizó los Juegos de Barcelona 92, cuando allí se mostró a las claras la pretensión independentista de internacionalizar el problema y que desde entonces se agrava en cada evento deportivo con los más inquietantes berridos a los símbolos de España y, cuando conviene, callan sobre la terrible situación en los colegios catalanes, donde es imposible recibir la educación en la lengua oficial del Estado y donde se educa a los niños para que nunca olviden que los buenos catalanes son los independentistas... Y ahora, como perfectos totalitarios, marcan como amigos ciertos comercios, quedando sin marcar, pero muy bien identificados, los enemigos. Qué mala pinta tiene esto...

¿Para qué seguir? Lean “Los Muros de Cataluña”, de un periodista nacido en Barcelona, Javier Montilla y les quedará clara la situación totalitaria que hoy viven los catalanes, generada por el separatismo y permitida por el Estado. Entenderán perfectamente lo que siempre ha sido el nacionalismo: una mentira, un montaje de odio generado por las élites corruptas para seguir sometiendo y esquilmando al pueblo. Lo grave es que hoy, el Estado, siendo tan corrupto como esas élites regionales, no sólo permite el dislate, sino que es cómplice, colaborador y beneficiario -según sus oscuras pretensiones- pues ya es evidente que el enemigo de España más importante es el sistema político que padecemos.

El poder contra la democracia
Teresa González Cortés  www.vozpopuli.com  25 Octubre 2014

La política que normalmente se hace, salvo gratificantes excepciones, no se dirige siempre a remediar las injusticias sociales o a detener la coacción legal que deriva del estatismo de las minorías. La política de los dirigentes o “pequeña política”, como la citaba Nietzsche, suele carecer de generosidad, esplendidez, altruismo. Y moralidad.

El liberalismo lleva, por poner una fecha cercana, más de 120 años renunciando a una de sus líneas maestras de identidad, la protección de la libertad individual. La razón de su traición obedece al pragmatismo de gobernar con la ayuda de la tecnología castrense. Y es que, con el estallido de las guerras coloniales, con la explotación belga del Estado libre del Congo (1885), con el control de los territorios españoles de ultramar por parte de los EE. UU. (1898)..., el liberalismo hace aguas por todos los lados, se vuelve “imperialista” y desaparece de su santo y seña el pacifismo, como bien lo ha examinado el filósofo anarquista Murray Newton Rothbard en su ensayo Por una nueva libertad: el manifiesto libertario (1973).

Las contradicciones ideológicas no disminuirán con la llegada del siglo XX. Y a raíz de los intereses desatados a partir del conflicto nacionalista de la Iª Guerra Mundial ocurrirá que dentro de los movimientos libertarios y socialmarxistas anidarán los sentimientos de culto al Estado. Y con la preeminencia y robustecimiento de esta institución sobre cualquier otra las tentaciones de un Estado fuerte conducirán a dictaduras genocidas, y no solo bajo el régimen del socialismo nazi. Con lo cual, la libertad individual volvió de nuevo a ser traicionada.

Dirigentes versus gentes
El nacionalismo, lejos de decaer, vive horas de apogeo, pese a su infinito pasado, y presente, guerracivilista. La prueba está en que el nacionalismo no desaparece absorbido por el fenómeno de la desterritorialización, pues la deslocalización de empresas no acompaña al descenso de los movimientos nacionalistas, y la globalización no ha aminorado los sentimientos nacionalistas de la clase gobernante.

Aunque ambas naciones hayan recientemente retirado de forma masiva sus tropas, EE. UU. procedió a invadir, primero, Afganistán, luego, Irak, igual que Francia irrumpió en Mali. Por otra parte, China vive embarcada en la labor geo-estratégica de alcanzar el control de las aguas meridionales del Mar de China, a pesar de los litigios que eso implica con sus vecinos Vietnam, Filipinas, Taiwan, Malasia y Brunei. Rusia o la Federación Rusa, que es el país más extenso del mundo, se ha impuesto reforzar el paneslavismo y reconquistar viejos dominios, por más que eso suponga colaborar, fuera de sus fronteras, en la guerra de guerrillas.

Arabia Saudita que financia el nacionalismo religioso subvenciona a los terroristas de ISIS, aspirantes al “Estado Islámico”, cuyo objetivo fundamentalista, no importan los asesinatos de civiles que acometen en Siria o en Irak, reside en construir la gran nación árabe.

Y, mientras se producen derramamientos de sangre, en otros lugares persisten en lenguaje militar las luchas nacionalistas causadas, en África, por la amenaza yihadista (Libia, Mali, Níger, República Centroafricana…) y por los intentos de adueñarse de territorios ricos en minerales y recursos petrolíferos. Es el caso de Libia, Nigeria y Sudán del Sur.

Por tanto, no presenciamos el agotamiento o final de las ideologías (D. Bell). Tampoco el choque de civilizaciones (S. P. Huntington). Simplemente, en este juego de intereses, ilegítimo, estamos ante el empeño de las élites de subordinar el bien de la mayoría a los intereses de unas minorías o, lo que es igual, ante una antipolítica o erótica del poder que ni se deja domesticar por la razón democrática ni quiere ver limitados esos abusos suyos de gobernanza, centrífugos y expansionistas, que atentan contra la paz, el bienestar y la vida de las personas.

¿Y en la Unión Europea?
Sin haber indagado o tan siquiera intentado dar una solución a la paradoja “de Edmund Burke” que resumo así: “la libertad, cuando los hombres actúan en grupo, es poder”1, ocurre que sobre las espaldas de la UE golpea un nacionalismo rancio y caduco que aspira a transformar la realidad apelando a las profecías centenarias de una Historia a la carta. No extraña que los gurús del nacionalismo, instalados en las contraprestaciones de su ideología, omitan el deber político de domeñar los despotismos de grupos de los privilegiados. Parece que tenía razón el viejo anarco-pacifista catalán, y secretario de la CNT, Juan Peiró Belis (1887-1942) cuando decía a sus amigos, respecto del nacionalismo, que “cambiar de amos no es lo mismo que emanciparse de ellos”.

A esta situación se añaden, azuzados por los efectos de la gran recesión de 2008 y, sobre todo, por el descubrimiento de corrupciones bancarias y políticas, los grupos de extremaderecha y extremaizquierda que, al ondear banderas “antisistema”, anuncian en el seno de los parlamentos democráticos imponer medidas tan estatistas como radicales. Ya sabemos que esos grupos (de Ucrania a Austria, de Grecia a España) son esencialmente dogmáticos porque muchos de sus líderes proclaman, así lo ha hecho el dirigente de “Podemos” al parafrasear al filósofo y militante comunista alemán Karl Marx,2 que “el cielo no se toma por consenso. Se toma por asalto”. Pero, claro, frente a ingenuos y cándidos que creen aún en insurrecciones, es recomendable mantener dosis de cautela, habida cuenta de que “en una misma generación los mismos líderes se transforman de revolucionarios en déspotas”, cosa que padeció en carnes propias el escritor Milovan Djilas.3

La desesperación no es, en conclusión, partidaria de buenos consejos. Y el neoestatismo que acecha, de izquierdas y derechas, de extremaizquierda o de extremaderecha, tampoco resulta ser muy amigo de los principios democráticos que salvaguardan los derechos individuales. Así que en estas nos encontramos: con que la búsqueda de soluciones a los problemas reales y concretos de los individuos vuelve a quedar fuera de las promesas de quienes tienen el poder. O ansían tenerlo.

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1 Burke, E. (1789-1790), Reflexiones sobre la Revolución en Francia, Madrid, Alianza Editorial, 2003, 1ª parte, p. 35.
2 Marx, K. (12-IV-1871), Carta a Ludwig Kuglemann.
3 Djilas, M. (1956), La sociedad imperfecta, Barcelona, Ariel, 1970, p. 177.

Álvarez de Toledo llama a la "reagrupación de los demócratas" frente al nacionalismo
La diputada del PP reivindica la Constitución. "No queremos perder nuestra condición de ciudadanos que ganamos el 1978. Es una historia conmovedora de hombres y mujeres libres que quisieron tomarse en serio la democracia. Una democracia que en España ha costado años", reivindica durante la presentación en Madrid del libro de Antonio Robles '1979/2006. Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña'.
Laura Fàbregas cronicaglobal.com  25 Octubre 2014

Este viernes se ha presentado en la Casa de León de Madrid el libro '1979/2006. Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña', del ex diputado autonómico de Ciudadanos y colaborador de CRÓNICA GLOBAL Antonio Robles.

El acto ha sido presentado por la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo, el ex presidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina (PSOE), el escritor y también colaborador de CRÓNICA GLOBAL Santiago Trancón, y el responsable de Cultura de la Casa de León en Madrid, José María Hidalgo.

Llamamiento a la "movilización" frente al nacionalismo
En su intervención, Álvarez de Toledo ha instado al conjunto de la sociedad española y a los partidos políticos a "pasar a la movilización" para hacer frente al nacionalismo.

En clara referencia al título del libro, que trata sobre la oposición al nacionalismo en Cataluña durante las primeras dos décadas y media de democracia, la diputada popular ha afirmado que "hay que pasar de la resistencia al nacionalismo a una ofensiva democrática, activa, lucida y obstinada por intentar que esa batalla se gane".

Reivindicar la Constitución
Álvarez de Toledo no se ha mostrado partidaria de realizar ninguna reforma constitucional. Ha defendido la Carta Magna como "el gran monumento de aceptación de los distintos" y, en todo caso, ha matizado que solamente defendería una eventual reforma para ir "hacia adelante, hacia más igualdad y no hacia el encaje de las tribus".

"No queremos perder nuestra condición de ciudadanos que ganamos el 1978. Es una historia conmovedora de hombres y mujeres libres que quisieron tomarse en serio la democracia. Una democracia que en España ha costado años", ha remachado.

Por último, ha instado a la sociedad española y a las instituciones del Estado a movilizarse en defensa de la libertad y la democracia. Ha considerado que la situación en Cataluña "es un problema español", "de todos", y que el nacionalismo ejerce una forma de violencia: "La violencia de violentar la ley y los principios democráticos. Someter a los individuos a la discriminación. Esto es también una forma de violencia aunque no sea con las armas".

Leguina: "Los sucesivos Gobiernos se han equivocado"
El ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquin Leguina, se ha mostrado muy crítico con la condescendencia de los sucesivos Gobiernos respecto al nacionalismo catalán.

El ex dirigente del PSOE ha acusado a los intelectuales, sindicatos y partidos políticos de pasarse a las tesis secesionistas dejando -por parte de las formaciones políticas- de representar a sus votantes. "La sociedad catalana no está bien representada", ha afirmado.

También ha lanzado duras palabras contra el modelo de inmersión lingüístico. Ha considerado que es "una agresión" a que los niños no se puedan educar en su lengua materna. Y ha recordado que una de las luchas contra el franquismo reivindicaba que "el catalán, el gallego o el vasco no fueran proscritos.; y ahora nos vienen con una política lingüística que es la misma de Franco pero del revés".

Trancón acusa al independentismo de "manipular el lenguaje"
Por su parte, Trancón ha desarrollado una de las tesis principales del libro sobre la "perversión del lenguaje" en Cataluña por parte de los nacionalistas. Según el escritor, "las palabras tienen una gran capacidad de seducción" y "el independentismo catalán ha sido extraordinariamente hábil en manipular el lenguaje".

Trancón ha concluido señalando que "ha sido un proceso tan eficaz que la labor de recomponer el lenguaje es quizás la primera y más importante que tenemos entre manos".

Savater alerta de "la planta carnívora indomesticable" que es el nacionalismo
El filósofo y escritor vasco Fernando Savater no ha podido asistir por problemas de agenda pero ha querido mostrar su apoyo mediante una carta que ha sido leída en el acto.

"La planta carnívora que hoy resulta ya indomesticable fue en su día una simple mala hierba que la constancia ciudadana ilustrada y progresista podría haber afrontado e incluso erradicado", ha señalado como metáfora del nacionalismo.

Robles: "En el libro trato de explicar una historia oculta y ocultada"
El autor del libro ha querido explicar la situación que ciudadanos como él viven diariamente en Cataluña. Robles ha manifestado que "los ciudadanos también somos responsables" de lo que ocurre, y no sólo el Gobierno y la izquierda, a la que ha acusado de "preferir defender su clase social" y "priorizar Cataluña" a "los pobres".

Robles ha alertado de que hay dos generaciones de catalanes que "de golpe y porrazo se han pasado emocionalmente al independentismo" y ha denunciado que el llamado "derecho a decidir" es "la demagogia más descarada" porque "si tanto quieren que decidamos, por qué no nos preguntan en qué lengua educar a nuestros hijos".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

CINCO CAUSAS ABIERTAS
Una "famiglia" molt imputable
Benjamín López www.elsemanaldigital.com   25 Octubre 2014

El hombre que soñaba despierto con ser enterrado en un panteón, como un prohombre, ve ahora a tres de sus hijos imputados y su apellido pisoteado. Una trama de película de la mafia siciliana

"No me digas que eres inocente, porque eso insulta mi inteligencia, y eso no me divierte". No, aunque pueda parecerlo no es una advertencia del juez Ruz a Pujol Jr; es una frase de Michael Corleone (Al Pacino) en la película El padrino que le viene al pelo a la trama de Don Vito, digo a Don Jordi, y su clan.

El capo de los Pujol y de toda Cataluña, como un padrino cualquiera, preguntaba desafiante hace poco "¿qué coño es eso de la UDEF?"; pues bien, por fin ha tenido ocasión de enterarse directamente por su hijo Oleguer.

Al benjamín de la famiglia le han hecho una visita y un registro en profundidad los agentes de Elliot Ness con perros adiestrados en olfatear billetes escondidos. De película. "Los hijos han salido bien. Todos son nacionalistas y trabajadores", decía Jordi Pujol en la primera parte de sus memorias.

La frase leída hoy día se las trae; denota por un lado ese sentimiento de pertenencia a un clan, que recuerda a aquella expresión de Don Vito en ´El padrino: "No puedes ser un hombre si no vives con tu familia". Por otra parte, nos da una clara idea de qué es lo que Pujol entiende por "salir bien", que debe ser algo así como "aprender a hacer dinero con pocos escrúpulos".

Porque de los siete vástagos, tres están imputados en diferentes causas, por chorizos, como papá: Oriol, acusado de tráfico de influencias y cohecho por la trama de las ITV; Jordi Jr, coleccionista de coches de lujo, sobre el que pesan los cargos de blanqueo, fraude fiscal y falsedad documental, gracias a la delación de una ex novia. Y, por último, Oleguer, imputado por los delitos de blanqueo de capitales y contra la Hacienda pública.

Casos separados que, sin el abrigo, tienen pinta de formar parte de una única trama, la trama de los Pujol donde unos conseguían la pasta y otros la gestionaban, lavaban y exportaban a paraísos fiscales. Sonny, Michael y Fredo, si lo prefieren, tienen el aliento de la Justicia en el cogote por obedecer a Don Vito, aquel que tan sabiamente instruía a sus hijos en el mundo de la delincuencia organizada: "Un abogado con su portafolios puede robar más que cien hombres con pistolas". Una gran verdad, presuntamente llevada a la práctica con exceso de celo por el clan.

Seguramente Jordi Pujol no acabe nunca entre rejas; es demasiado mayor y ya sabemos a la velocidad a la que trabaja nuestra justicia. Es probable que siga siendo rico hasta el fin de sus días. Pero, para este hombre que lo ha sido todo en Cataluña, para el intocable, debe de ser durísimo ver a sus hijos en el banquillo, ver su apellido pisoteado y escupido.

Para el padre de la patria, ex molt honorable, que aspiraba a "ser enterrado en un panteón, como prohombre" de Cataluña -tal y como escribió en sus memorias- tiene que ser terrorífico verse despojado de todos sus honores y contemplar sus estatuas derribadas, cual dictador caído.

La ´famiglia´ más temida y respetada de Cataluña pagará un alto precio por sus delitos, ya sea penal, social o ambos. Una famiglia que de molt honorable ha pasado a molt imputable; su apellido será barrido por el viento porque ya se sabe que "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".

Los desalmados
1980. 200 atentados. Y, para mi vergüenza, como casi todo el mundo, salvo las víctimas, yo prestaba una atención distraída a todo aquel horror.
Antonio Muñoz Molina. El Pais  25 Octubre 2014

En las fiestas del pueblo, en el verano de 1980, iba a celebrarse una carrera ciclista. El tiempo tiene el color de las fotos y las películas familiares en super-8 de entonces, un color saturado y erróneo, rojos excesivos, azules eléctricos, amarillos que viran al marrón. Por la mañana el párroco se acercó al cuartelillo de la Guardia Civil para preguntar cuál iba a ser el itinerario de la carrera y a qué hora empezaría. Me acuerdo bien de la luz de aquel agosto porque yo estaba de soldado en San Sebastián y porque un domingo de mediados de mes asistí a una boda en el corazón de Gipuzkoa.

En la línea de salida, mientras los ciclistas aficionados acaban de tomar posiciones, los tres guardias civiles encargados de dirigir el tráfico charlan con los organizadores. La conversación es tan entretenida, el ambiente tan festivo, que el comienzo de la carrera se retrasa, sin que eso parezca preocupar a nadie. En el barullo, alguno de los que charlan con los guardias mira de vez en cuando su reloj y vuelve la vista hacia un recodo de la carretera. En él aparece uno de los coches malos y angulosos de entonces, un Simca 1000, de esos que son tan útiles ahora para ambientar películas de época. El coche frena y de él salen tres hombres jóvenes.

Cuando las cosas muy inusuales suceden muy rápido se crea una niebla confusa en las mentes de quienes se ven envueltos en ellas. En la claridad de la mañana, en la bulla de la fiesta, entre las ropas de colores muy ceñidas de los ciclistas, en ese paraje familiar del pueblo en el que todos se conocen, que esos tres hombres jóvenes lleven metralletas es un hecho más irreal que alarmante. Hay quien no las ve y no cae en la cuenta de lo que son hasta que no empieza a oírse la granizada seca de los disparos. La gente solo ha visto armas de fuego en las películas y no puede identificar su sonido cuando las oye de verdad. Por otro lado, como son las fiestas, es fácil confundir los disparos con petardos. Los disparos de las armas de fuego en la realidad son mucho más secos y breves que en las películas.

Misteriosamente se ha abierto un espacio vacío en torno a los tres guardias civiles y a su coche patrulla. Los que hablaban con ellos mostrando tanta animación ahora se han apartado. Los guardias civiles son muy jóvenes y muy poco experimentados. Por ser novatos los han mandado a este primer destino. Probablemente cuando caen en la cuenta de lo que va a sucederles ya es demasiado tarde. Y en cualquier caso están peor entrenados y mucho peor armados que los héroes que van a ejecutarlos. Desde la iglesia el sacerdote oye con aprobación los disparos. Puede que murmure una oración en euskera por los ejecutores, que se sienta orgulloso de su pequeña contribución a la causa: la información que le dieron los propios guardias civiles él la transmitió de inmediato a quien correspondía.

Los tres jóvenes solo aflojan los gatillos de las metralletas cuando los guardias yacen inmóviles en un gran charco de sangre. En ese año 1980 yo había aprendido a manejar una metralleta: a diferencia de un fusil, no pesa nada y apenas hace rozar el gatillo, y no hay que hacer puntería, porque es un arma diseñada para disparar de cerca, para matar sin dificultad ni peligro a personas inermes. Los muertos a tiros se quedan siempre en esas posturas grotescas que luego revelan sin miramiento ni piedad las fotos de los periódicos: bocas abiertas, miembros descoyuntados. Los tres gudaris vuelven sin prisa hacia el Simca 1000 cuando uno de los vecinos que hasta hace un rato solo preveían la diversión de la carrera les avisa: un guardia está vivo aún, se ha movido. Alguien lo remata rápido mientras los otros suben al coche que ya ha arrancado.

El tiempo pasa para algunas personas, y para otras no. Treinta y tantos años después, en ese mismo paraje, en el que no hay ningún recordatorio del crimen, las viudas de dos de los jóvenes guardias asesinados cuentan como si hubiera sucedido ayer lo que vivieron entonces. Los acompaña la cámara inquisitiva y respetuosa de Iñaki Arteta, que lleva ya muchos años dedicado a una tarea triste, pero muy necesaria, en la que viene teniendo poca ayuda y menos compañía: la de recoger y preservar la memoria de todas las víctimas del terrorismo vasco, sus caras, sus nombres, sus biografías, los testimonios de los familiares que sufrieron el crimen como una amputación irreparable que nunca llega a cicatrizar; y también, más sombríamente, a explorar las complicidades, las justificaciones, las variedades de vileza que se confabularon para arropar a los asesinos y agravar la atmósfera de miedo y silencio que es el requisito fundamental de toda dominación totalitaria o mafiosa.

1980 es la crónica del año más sanguinario del terrorismo. Doscientos atentados. Un muerto cada tres días. Yo me acuerdo. Yo estaba allí. Yo abría el periódico y veía en él esos titulares y esas fotos en blanco y negro que Iñaki Arteta ha filmado en las hemerotecas. Y, para mi vergüenza, como casi todo el mundo, salvo las víctimas, yo prestaba una atención distraída a todo aquel horror. Lo dice Aurelio Arteta en el documental con un remordimiento lleno de nobleza: “Yo también era un desalmado. No tenía alma para fijarme en lo que sucedía”. A los guardias civiles y a los policías asesinados les decían una misa rápida y luego embalaban sus ataúdes en furgonetas por las puertas traseras de los cuarteles. Al hijo de un asesinado no volvió a sentársele cerca ni a hablarle ningún otro niño en la escuela. Eran las víctimas y también eran los culpables. La austera eficacia testimonial de 1980 es inseparable de su categoría estética, su poderío de gran cine documental. La serenidad tristísima de los familiares de los asesinados es tan sobrecogedora como el examen de conciencia del profesor Aurelio Arteta, que se pregunta por qué tardó en darse plena cuenta del horror, o el de Teo Uriarte, que estuvo en ETA en su primera juventud y no elude la parte de responsabilidad que le toca.

Pero nada ni nadie da más miedo en el documental que otro fantasma lívido del pasado, monseñor Setién, aquel obispo de San Sebastián que nunca tuvo un solo gesto de piedad hacia ninguno de los asesinados. Monseñor Setién enuncia fríos silogismos sobre lo que él llama “derechos colectivos” moviendo unas manos pálidas que parecen tan heladas como la expresión de su cara. Ronda las palabras antes de decirlas como si manejara vísceras dudosas con un bisturí. Una vida entera de hipocresía vaticana y frialdad de corazón ha adiestrado sus músculos faciales en esa perfecta impasibilidad que parece exclusiva de los grandes inquisidores y de esos salvadores y líderes que por amor a una comunidad ideal —un pueblo, una patria, una clase, una raza, la Humanidad— están dispuestos a aprobar e incluso a bendecir tantas ejecuciones como sea necesario. Al fin y al cabo, como dice un patriota citado en el documental, los pueblos se hacen con sangre y con tiempo.

1980, de Iñaki Arteta, se estrenará en salas comerciales en noviembre.
 


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