AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 29  Octubre  2014

Volver a creer
Santiago Abascal El Confidencial  29 Octubre 2014

Nadie pone en duda los motivos para la desesperación, excepto quizá algunos privilegiados oligarcas, que son precisamente los que –con su frivolidad– más la fomentan. Nadie, aunque sólo fuese para no caer en el ridículo, debería maquillar el sufrimiento de millones de españoles, la frustración de nuestros jóvenes, las penurias de los ancianos y el abandono que padecen las familias, como si fueran estructuras que hay que sacrificar para la supervivencia del sistema. Por supuesto que hay razones para la desesperación y hasta para la ira. La crisis múltiple no para de golpear los bolsillos, las mentes y los corazones, encaminando a la miseria a toda una gran masa social mientras el poder –indivisible e implacable con los derechos de las personas, pero arrendado a caciques y territorios– sigue dando muestras de ineficacia y corrupción generalizada.

No hace falta ser un adivino titulado para advertir el agotamiento de las viejas fórmulas. Toda una generación de dirigentes políticos, sindicales, financieros y patronales han preferido robar y medrar antes que atender al bien común. En el mejor de los casos su corrupción se ha limitado a contemporizar con los ladrones y los ineptos, presos de un fatalismo acomplejado y pusilánime. Entre estos, todavía hay quien pretende convencernos de que con sus balbuceos incoherentes va a sacarnos de la ruina, mientras afirman que del desastre o del penúltimo latrocinio se han enterado por la prensa.
Nadie, aunque sólo fuese para no caer en el ridículo, debería maquillar el sufrimiento de millones de españoles, la frustración de nuestros jóvenes, las penurias de los ancianos y el abandono que padecen las familias

La misma cantinela que usaban desde los primeros síntomas aparecidos en los años del pelotazo. Desde entonces –para muchos ciudadanos, desde siempre– los viejos partidos y los sindicatos se sientan en la misma mesa –a veces en el mismo banquillo– y olvidan sus diferencias mientras tratan de seguir expoliando un campo exhausto. No han tenido medida en su ambición, y ahora se presentan ante la opinión pública con golpes de pecho y penitencias, con la misma credibilidad administrativa que la jefatura de la gendarmería en la película de Casablanca.

El partido del Gobierno está en descomposición. Ha traicionado todos y cada uno de sus principios, ha incumplido todas y cada una de sus promesas electorales. Ha escalado al Gobierno entre auténticas mafias de poder, sólo equiparables a las de su aparente rival, en esa corrupción transversal disfrazada de consenso y de centrismo. Juntos han descargado sobre los españoles de a pie todo el peso de la crisis, renunciando a reducir el tamaño del Estado que hace tanto tiempo parasitan; juntos también, han hecho posible que crecieran los órdagos separatistas, contemporizando con los sediciosos como si estuviesen autorizados a comerciar con nuestra soberanía.

Pero, por si tanta calamidad no fuera suficiente, en un último y envenenado legado han hecho posible la reaparición de populismos socialistas, fantasmas del pasado que disfrazan de vanguardias 2.0 sus recetas decimonónicas y totalitarias. Ante esta realidad sobrecogedora, el Partido Popular pretende imponernos una elección funesta, un futuro maldito: ladrones o comunistas. Van a agitar el miedo al frentepopulismo como único banderín de enganche electoral, y es cosa tan evidente que hay hasta quien sospecha que tanto espacio mediático a Pablo Iglesias no está mal mirado en el edificio de Génova, ese que se reforma con la caja B.
Ante esta realidad sobrecogedora, el Partido Popular pretende imponernos una elección funesta, un futuro maldito: ladrones o comunistas. Van a agitar el miedo al frentepopulismo como único banderín de enganche electoral

Nadie puede poner en duda, en fin, que hay motivos para desesperarse. Pero en las pruebas duras es donde se aprecia el temple y la naturaleza de los pueblos, y a veces sólo hace falta un gesto valiente, una palabra sincera, para transformar la desesperación y la ira en ilusiones de futuro. Desde Vox vamos a trabajar sin descanso para que exista una alternativa real, sensata, implacable con la corrupción y fiel a los principios que hacen posible la convivencia. Una alternativa que propone una reforma profunda del sistema, que evite un colapso político y social, deteniendo el derrumbe que alienta el chavismo herricotabernero de Podemos, a quienes no les importa que el edificio se vaya a desplomar sobre los más débiles.

Vox está decidido a ocupar todo un espacio electoral que ahora carece de representación, para que la derecha política vuelva a estar presente en las instituciones. Así lo exigen millones de españoles ahora sin voz que saben del fracaso y la estafa de las autonomías, los que entienden que no hay futuro sin orden y sin familias, los que creen en la libertad y en la propiedad privada, los que se oponen a una depredadora fiscalidad, al relativismo totalitario o a que se les hurte su soberanía.

Sabemos que ha sido la sumisión a las políticas de la izquierda las que nos ha traído a esta situación crítica, y que sería un suicidio profundizar en ellas, tanto en su versión oligarca –la del PP y PSOE– como en la nueva marca del populismo socialista. Vox aparece para corregir la siniestra deriva del sistema, sabemos que hay que volver a creer, en nosotros mismos y en España, que resignarse ante las noticias de hoy es rendir un mañana que pertenece a nuestros hijos. Y que no tenemos la opción de fallarles.

*Santiago Abascal es presidente de VOX

Partido Popular
¿Desde dónde disparan?
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Octubre 2014

Se cree que es valiente quien no tiene miedo. No es así. El que carece de miedo no es un valiente, es un temerario. También es creencia común que el cobarde demuestra serlo cuando el miedo lo atenaza. Tampoco es verdad. Eso le ocurre a los valientes que no son capaces de superar el miedo cuando hay buenos motivos para tenerlo. Si no hay riesgo y por tanto tampoco miedo, es el cobarde quien se finge más valiente que nadie. Si por el contrario hay peligro, el corajudo trata de superar su miedo y se enfrenta a él. En cambio, el cobarde, lejos de verse paralizado, tiene presencia de ánimo de sobra para huir, refugiarse e incluso emplear como parapeto al compañero o al amigo que tiene al lado.

Eso es lo que parece que está pasando en el PP. Quien lo dirige es un cobarde que se siente cercado. Lo está por el tamaño de los problemas, a los que no quiere hacer frente. Da igual que sea el chantaje de la ETA o el desafío de los independentistas catalanes. Teme que las consecuencias de cualquier decisión que tome se lo lleven por delante y en consecuencia prefiere no decidir nada, no porque esté paralizado por el miedo, sino porque está convencido de que así serán otros quienes paguen el pato. En lo del aborto se ve muy bien que, habiendo sido él quien impulsó la reforma y luego acobardado la retiró, acaba siendo Gallardón quien carga con el muerto por parecer haber sido él quien patrocinó el anteproyecto de ley, obligando luego al Gobierno a retirarlo.

Pero lo que más preocupa a Rajoy es el asedio de sus propios compañeros, dirigentes, militantes o meros electores. Todos miran hoy alrededor en busca de alguien que, tras desembarazarse de quien les ha conducido hasta donde están, pueda sacarles del charco de aguas negras en el que chapotean. De forma que, aterrado ante la posibilidad de verse obligado a dimitir, este incapaz, que no sabe arreglar problemas, pero que sí ha aprendido a matar políticamente, se ha armado con una ametralladora giratoria Gatling de seis cañones y está disparando en todas direcciones a todo aquel que pudiera estar pensando en rebelarse. Nadie está a salvo, a excepción quizá de Soraya. Se trata de que, plagado el campo de cadáveres, no haya al final otros entre los que elegir que no sean Pablo Iglesias y él.

O está sucediendo eso o es que Torres Dulce ha decidido, a la vista de tanta podredumbre, renunciar a todo futuro dorado con forma de poltrona en el Tribunal Constitucional o donde sea y rendir un servicio a su país limpiando sus moquetas a golpe de perros policías, detenciones masivas y registros simultáneos. Ojalá fuera esto último, pero me temo que es más probable lo anterior.

Regeneración democrática
¿Hay algún político honrado en España?
Percival Manglano Libertad Digital 29 Octubre 2014

Nos guste o no a todos aquellos con responsabilidades políticas, esta es la pregunta que hoy se está haciendo la gran mayoría de españoles. La acumulación esta última semana de casos de corrupción que afectan a altos responsables de los mayores partidos políticos ha creado un efecto bola de nieve de hartazgo y de desengaño ciudadano. Da igual que los acusados sean de un partido político o de otro; incluso da igual el montante de lo distraído. Lo relevante es que todos los días hay un caso nuevo que deslegitima a "los políticos". Quien piense que una futura mejora económica hará olvidar las heridas producidas por estos casos en la conciencia de los españoles se equivoca; las heridas son profundas y cicatrizarán con mucha lentitud.

La razón no es sólo que la gente sienta que les están robando (cosa que es verdad); es que los que les están robando son los mismos –"los políticos", sin distinciones– que les llevan pidiendo sacrificios desde hace años por el bien de todos. A cuenta de estos sacrificios se han subido impuestos, se han reducido prestaciones sociales y se ha despedido a gente. Muchos tienen la sensación de que, dicho de manera gráfica, se han roto los huevos, pero la tortilla se la han zampado "los políticos".

Siguiendo el aforismo "Si me engañas una vez la culpa es tuya, pero si me engañas dos es mía", los españoles están adoptando una actitud de desengaño y de cinismo hacia "los políticos". Es fiel reflejo del cinismo que atribuyen a quienes les piden su confianza para luego traicionarla. Da igual lo que digan o lo que prometan; son "políticos" y como tales no merecen ser escuchados. Es sintomático, en este sentido, que el programa Un Tiempo Nuevo de Telecinco pinchase en su estreno el sábado pasado teniendo como invitado principal al ministro de Hacienda.

Ante esta disyuntiva, caben dos grandes posibilidades. La primera sería poner la política española en manos de individuos que dicen no ser políticos, que dicen estar por encima de la dicotomía izquierda-derecha. Su capacidad para canalizar la rabia y la frustración de los españoles es óptima. Son inmunes al "y tú más" de la vieja práctica política. Prometen con elocuencia una revolución que cambie la política de arriba abajo. Pero, como decía Orwell, no se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. Y es que el detalle de las propuestas de estas personas siempre acaba desembocando en más Estado, más control y más intervención pública. Es decir, más poder para los políticos. Porque es una evidencia que, cuanto mayor sea un Estado, más poder tendrán los políticos que lo dirijan.

Por eso, la segunda alternativa va en la dirección opuesta. Se trataría de reducir el poder del Estado y de los políticos. Vaya por delante una cifra: en España hay actualmente unas 100.000 leyes vigentes, de las que dos terceras partes son autonómicas. Si algún avezado jurista se pusiese como meta leerlas todas tardaría 274 años en hacerlo leyéndose una al día. Tal avalancha legislativa es un foco de corrupción. Cumplir la ley se convierte en tal quimera para el empresario o ciudadano de a pie que la solución más eficaz puede acabar siendo el sobre bajo la mesa. En mi libro Pisando charcos entro en algunos detalles sobre cómo regenerar la vida política española. Pero ahora añadiría una propuesta muy concreta. Los programas electorales de los partidos que quieran recuperar la confianza de los españoles deberían especificar las leyes y ordenanzas que derogarían si llegasen al poder. No se trataría de prometer nuevas leyes, ni nuevas instalaciones, ni nuevas prestaciones. Se trataría de eliminar leyes y ordenanzas vigentes. De esta manera no sólo se simplificaría la vida de los españoles. Se limitaría, también, el poder de los políticos y, de esta manera, se reduciría su capacidad para corromperse.

La cuestión no es sólo que haya políticos honrados; la cuestión es que se minimice el poder que ejercen los políticos para limitar, así, sus opciones para corromperse. La mejor forma de no caer en la tentación es que la tentación no exista.

www.pmanglano.com

¿Hay políticos honrados?
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 29 Octubre 2014

La acumulación de casos de corrupción ha estallado a ojos de la opinión pública como bomba de racimo. Explosiones multicolores abarcan todas las gamas del espectro político, iluminando el firmamento en una noche poco estrellada. ¿Es la constatación de que todos los políticos están podridos hasta la médula? ¿La prueba de que se apunte donde se apunte siempre se abate un molesto roedor o se pesca un pez bien gordo? ¿O es un síntoma de que el sistema funciona, de que es capaz de corregir el error de haber nombrado a personas indignas, tal como declaró Mariano Rajoy? ¿Una señal de es posible eliminar las malas hierbas, dejando limpio y aseado el jardín de la política? ¿La demostración de que, tal como afirman vehementemente algunos tertulianos de radio, hay muchos políticos decentes?

En realidad, el intento de separar los culpables de los honrados, el grano de la paja, responde a una concepción errónea de nuestro sistema político. Un camino que lleva a confundir las causas de este colosal latrocinio. Cada dirigente no se corrompe de forma individual, no toma tal decisión aislado de su entorno, consultando en solitario a su conciencia. Ni actúa en un imaginario universo neutral donde coexisten en armonía buenos y malos, justos e infames, como en el cole hay niños obedientes y traviesos.

El entorno político teje una tupida malla donde casi nadie actúa por su cuenta y riesgo sino en connivencia con muchísimos otros. O cubierto por acciones ajenas. Señalar con el dedo a los corruptos, y exonerar a los justos, conduce al absurdo, a estirar con fuerza de una cereza que arrastrará a todas las demás. La corrupción no se encuentra tanto en las personas como en el sistema, en esas perversas e informales reglas. Y en la nefasta organización institucional. En un entramado donde, con muy diferentes grados de implicación, existen pocos inocentes. No es que el sistema sea corrupto; es que la corrupción es el sistema.

Un moderno sistema de corrupción organizada
El régimen de 1978 surgió de un pacto tácito entre los partidos y la Corona para repartirse el poder y, de paso, financiarse vendiendo favores desde las estancias del Estado. Las diferencias políticas e ideológicas no serían obstáculo mientras la vaca diese leche suficiente para todos. Los suculentos ingresos se repartirían alícuotamente entre formaciones, así nadie caería en la tentación de descubrir el pastel. Para favorecer el opíparo banquete, los partidos fundadores irían desactivando los controles, desmontando los contrapesos, domesticando la prensa libre. Pavimentando un atajo que condujese aceleradamente a un sistema clientelar, de intercambio de favores.

Aunque la corrupción siempre fue endémica en España, el nuevo régimen introducirá nuevos métodos, una moderna organización para aprovechar con eficacia las enormes oportunidades que se abrían en el horizonte. Quedará atrás esa tradicional corruptela de carácter individual y artesanal, donde el mismo dirigente prevaricaba, cobraba y se beneficiaba del cohecho. Un procedimiento arriesgado, demasiado fácil de descubrir pues dejaba muy expuesto el vínculo entre favor otorgado y dinero recaudado.

Los nuevos tiempos requerían una eficiente división del trabajo, modernas técnicas de corrupción que se implantarán con el puntual asesoramiento de partidos hermanos de Francia e Italia. El nuevo método consistirá en separar adecuadamente en el espacio, e incluso en el tiempo, la prevaricación del cohecho. Para ello, la concesión de favor y el cobro de la comisión se llevarían a cabo por personas distintas, sin conexión aparente entre ellas. Y el dinero llegaría a través de complejas vías a las arcas del partido. Había nacido la corrupción organizada, una era de ubicuas y complejas tramas que cubrirán todos los rincones de la geografía. Si nadie se iba de la lengua, resultaría casi imposible descubrir incluso la mera existencia del delito. Sólo saldrán a la luz ciertos casos como fruto de la causalidad, de conflictos personales. O de despiadadas luchas entre facciones, como las que presenciamos ahora.

Distintos grados de implicación
El novedoso sistema empujó a la corrupción a muchos militantes de los partidos fundadores que, probablemente, nunca se habrían involucrado en un episodio de corrupción individual. Dado que no se benefician personalmente y sólo tienen acceso a uno de los múltiples resortes del complejo proceso, carecen de visión de conjunto. A duras penas perciben que se trata de un colosal latrocinio. Como mucho de una limitada corruptela. Aun tratándose de acciones intolerables, seguramente se justifican pensando que los fines son justos, que están apoyando al partido que defiende sus ideas. O se nubla su conciencia, su capacidad de discernimiento, al percatarse de que la retorcida práctica es omnipresente: no puede ser tan perverso un juego en el que participa todo el mundo, del Rey al concejal.

Con el tiempo estos "bienintencionados" afiliados sufrirán una gran decepción al comprobar que esa historia indulgente tampoco era cierta del todo. Que la financiación del partido no es el único objetivo del esfuerzo corruptor. Ni siquiera el principal. Buena parte del formidable caudal fluía puntualmente a bolsillos privados, a determinadas cuentas en Suiza. Ya no eran sólo intermediarios, cobradores y tesoreros quienes detraían un pellizco. Los altos dirigentes, apelando a la caridad bien entendida, consideraron de justicia dedicar parte sustancial a ellos mismos. Una compensación por el esfuerzo y los desvelos que garantizaría una holgada existencia al abandonar la política. Otros, todavía más pícaros, organizaron tramas de enriquecimiento al margen del partido, aprovechando un entorno especialmente propicio: no hay mejor lugar para esconder un árbol que dentro de un tupido bosque.

No son honestos los que se enriquecen personalmente ni los que contribuyen a la corrupción accionando un resorte, ese pequeño mecanismo que les fue encomendado, aunque crean que sólo ayudan a las finanzas del partido. Ni otros muchos que, sin tomar parte en alguno de estos actos, están al corriente de las infamias que se perpetran a su alrededor... y callan. Quizá pueda existir un último grupo, el formado por quienes desconocen todo cuanto se cuece en el partido. Aceptemos pulpo como animal de compañía: estos ciegos y sordos serían los honrados. E inocentes... en todos los sentidos.

Corrupción
Los liberales no somos menos corruptos; el liberalismo, sí
Carmelo Jordá Libertad Digital 29 Octubre 2014

Ser o decirte liberal no te hace inmune contra la corrupción, como ser centrista o socialdemócrata tampoco te otorga el carnet de corrupto ni, menos aún, el de alma pura e incorruptible.

La corrupción no depende de la ideología de cada individuo, como mucho puede estar relacionada con otro tipo de convicciones, con la ética o la moral, con lo que cada uno quiera pensar de sí mismo al apagar la luz por la noche, con lo que tus padres te hayan enseñado sobre el paso por este valle de lágrimas…

Hay, en suma, corruptos con una ideología, corruptos con otra y, sobre todo, corruptos sin ninguna: casi tantos tipos y modos como seres humanos, porque si algo es la corrupción es, ay, una flaqueza humana.

Sí, hay que perseguirla, es una vergüenza y a la cárcel con ellos, pero aquel que pueda estar seguro al cien por cien de que apartaría con delicado desdén la maleta llena de billetes y, sobre todo, aquel que en su día a día nunca haya sisado un IVA a Hacienda o jamás se haya callado cuando por error le han devuelto más de lo debido al pagar algo, ese y sólo ese probo ciudadano que tire la primera piedra.

Sin embargo, sí hay una certeza que los liberales podemos esgrimir con ventaja en relación con la corrupción: cuanto menor sea la intervención del Estado, menores serán las posibilidades de corromperse; cuantas menos cosas dependan de la voluntad o el capricho de un alcalde o un concejal de urbanismo, menos interés habrá en influir en esa voluntad con un maletín o una cuenta en Suiza.

Lo que favorece la corrupción, en suma, es un sistema que deja en manos de seres humanos -capaces a veces de ser grandes, sí, pero casi siempre débiles y míseros- decisiones arbitrarias de las que dependen mucho dinero y muchos negocios; un sistema que reparte miles de millones en subvenciones o contratos en procesos controlados por hombres y mujeres que son como usted y yo: buenos, malos, regulares, necesitados…

Los liberales no somos mejores o peores que otros, pero la única forma que tiene usted, ciudadano, de que le roben menos dinero es mantener ese dinero en su bolsillo en lugar de ponerlo en manos de un político, que puede que sea un santo pero, probablemente, sólo será un humano más, ay, tan débil.

TERTULIA POLÍTICA EN ROJO Y NEGRO, RADIO 4G
Carlos Cuesta: "El recorte de la burocracia estúpida no se ha hecho con intensidad"
"Se habla de 'austericidio', y sin embargo, las partidas de gasto han aumentado"
Periodista Digital 29 Octubre 2014

Carlos Cuesta, director de 'La Marimorena' (13TV), estuvo este 29 de octubre de 2014 en los micrófonos de 'Rojo y Negro' en Radio4G con Ketty Garat, Luis Balcarce y Alejandra Alloza en la tertulia política, para hacer el repaso económico del contexto en el que se están produciendo las detenciones en cascada de miembros de los principales partidos políticos.

Tengo mala sensación. La operación de más de cincuenta detenidos es posible que se extienda a otras comunidades, especialmente a la zona del Mediterráneo que es especialmente sensible al ladrillo.

En opinión del periodista, estamos observando el resultado de normas para albergar y mantener la corrupción. ¿Por qué en los últimos años todo tenía que pasar por manos de alcaldes y políticos? Carlos Cuesta lo define en una fórmula muy sencilla: 'Yo financio, yo construyo, tú te lucras', y al final los ciudadanos pagábamos el precio de la burbuja.

Los alcaldes estaban encantados de sacar poco a poco el suelo para que el precio subiera. Pero claro, el riesgo iba creciendo y los ciudadanos pagábamos un precio inadmisible para que vivieran de ellos los Ayuntamientos.

Más allá del perdón casi ridículo al que se someten los políticos desde que el Rey abriera la veda de disculpas, parece que la solución pasa por hacer acuerdos cerrados donde la gestión del pacto pasa por los mismos que robaron, reflexiona Cuesta.

La solución pasa por devolver el poder a los ciudadanos, no por dar más poder a los políticos. En España caen las cajas porque estaban llenas de políticos, bancos privados no ha caído ninguno. Estos han podido hacer chanchullos o colocar preferentes, pero hasta cierto punto porque tenían la presión de accionistas. Pero en las cajas no se respondía ante nada ni nadie. Solo se pretendía ganar dinero para ellos.

La demagogia y falta de información clara hace que los ciudadanos no perciban que las medidas anticorrupción son solo palabras y fachada para continuar manteniendo en el sistema a los enchufados

Los políticos escenifican un supuesto acuerdo, pero en ninguna de las propuestas en los planes anticorrupción se plantea un recorte de poder a los políticos. Todos ellos pueden seguir manoseando los que están robando. Esto demuestra que no hemos aprendido nada.

¿Qué está pasando con los recortes económicos?
El periodista ofrecía datos muy reveladores sobre el "austericidio" del Gobierno de Rajoy: el desglose de los presupuestos demuestran que en el gasto de administración desde 2006 tenemos un 10% más de gasto en la administración del Estado.

En las partidas de gasto de la administración se ve un 10% más de gasto. Donde se ve el descenso de la partida es en las inversiones reales, es decir, en las obras públicas. Es cierto pero sobra más gasto de personal o gasto corriente, lo que se conoce como burocracia que las obras públicas. Que un señor mueva papeles en un edificio no genera dinero. Tenemos menos población que el año 2006, se habla de 'austericidio', y sin embargo, las partidas de gasto han aumentado. Tienen que terminar con los manoseos de la administración, que se deje de perseguir a los ciudadanos por las licencias. Esa es la labor de recorte que falta.

Carlos Cuesta explicó que no se ha hecho desde la administración una adecuada labor de recorte de burocracia "estúpida".
Se ha gastado de más con respecto a los ingresos 11.000 millones de euros. La deuda en economía significa que el ciudadano gasta el dinero que van a tener que pagar sus hijos. Cuando Pablo Iglesias como apóstol de la solidaridad habla de obras públicas como medida para salir de la crisis, se plantea un cargo a deuda que hace que la deuda no deje de disminuir. No se está amortizando deuda y de esta forma no vamos a poder quitarnos esa deuda pública nunca.

El periodista dijo que esta no es la forma en la que se construye un país. En este momento tenemos una partida enquistada que se gasta en pagar los intereses de la deuda española.

Francisco Caja
‘La codicia ha creado un monstruo político’
Rosalina Moreno www.gaceta.es 29 Octubre 2014

El presidente de Convivencia Cívica Catalana afirma que “se ha entregado el poder y los derechos de los ciudadanos a los nacionalistas”.

Francisco Caja ha echado en falta "durante los últimos 30 años que a los nacionalistas se les haya hecho respetar la Constitución”. “Han entregado la nación a los intereses y delirios de un grupo que se ha hecho hegemónico en Cataluña y que ha utilizado el poder para expoliar a los españoles, para robar y acumular una inmensa fortuna”, subraya Caja, presidente de la plataforma Convivencia Cívica Catalana y profesor universitario.

-¿Qué opina del proceso soberanista catalán?
-Hay un desafío al orden constitucional en toda la regla y por parte del Gobierno de la nación no parece que haya muchos movimientos y que esté respondiendo adecuadamente.

-¿Por qué?
-Lo único que hace es llevar algunas decisiones de Gobierno ante el Tribunal Constitucional. Eso está bien, pero hay una serie de mecanismos previstos en la Constitución española…

-¿Qué echa en falta?
-He echado en falta durante los últimos 30 años que se haya hecho respetar a los nacionalistas la Constitución. Esa actitud por parte de los grandes partidos nacionales de pacto, de cesión, de algo que no podían ceder, que son los derechos de los ciudadanos. Estamos exportando, por ejemplo, un régimen lingüístico escolar.

-¿Los distintos gobiernos no han hecho respetar la Constitución?
-No la han hecho respetar durante años, sino todo lo contrario. Se ha entregado el poder y los derechos de los ciudadanos a los nacionalistas, que han campado a sus anchas y en una escalada progresiva. Han entregado la nación a los intereses y delirios de un grupo que se ha hecho hegemónico en Cataluña y que ha utilizado el poder para expoliar a los españoles, para robar y acumular una inmensa fortuna.

-Explíquese.
-Me refiero al Pujolismo. No sólo a la familia Pujol. Aquí están los socialistas y los de Esquerra… todos están salpicados por los mismos escándalos. No ha habido ningún tipo de control. De todas maneras, han ido cediendo progresivamente, tanto unos como otros, dejando la ley de política lingüística, el famoso pacto de Majestic… Diferentes pactos que ha habido con los nacionalistas, de tal forma que han montado una gigantesca trama clientelar que no tiene nada que ver con la democracia. Tienen controlada la prensa. En Cataluña no tenemos ningún medio que sea independiente. O son públicos o están subvencionados por el poder.Y estotodos lo sabían perfectamente. Nosotros venimos denunciándolo desde hace mucho tiempo, pero obtenemos sentencias judiciales que luego no se ejecutan.

-¿Cuáles no han sido ejecutadas?
-Todas y cada una de ellas. Como es el Tribunal Superior de Justicia quien las ejecuta tienen control sobre los tribunales. Otro de los grandes problemas que tiene la democracia en Cataluña es que no hay separación de poderes. Estos escándalos que ahora están saliendo a la luz se han producido desde hace siglos. Por ejemplo, el ‘caso Pallerols’. ¿Quién fue condenado? 15 años ha durado la instrucción y cuando ha llegado por fin a juicio ha habido un apaño entre Fiscalía y han quedado impunes. ¿Cuánto tiempo lleva esta trama que ahora ha salido a la luz del 3 por ciento? En 1986 Felipe González concedió patente de corso a Jordi Pujol exonerándolo, él personalmente, del delito de una quiebra fraudulenta y de un montón de delitos. A partir de ahí, con la modificación en 1985 de una ley que designaba a los miembros del CGPJ tenía patente de corso y se ha dedicado a robar sistemáticamente.

-¿El caso Pujol era un secreto a voces?
-Lo sabía todo el mundo. En 1996 se publicó un libro en la editorial Akal en donde se cuenta la vida y milagros de la familia Pujol y cómo roban sistemáticamente a los españoles. Se vendieron 20.000 ejemplares, por lo que 20.000 ciudadanos conocían las andanzas de Pujol, del delito sistemático de él y su familia. En Cataluña, la codicia de unos y otros han engendrado un monstruo político, que es un sistema corrupto hasta la médula, pero no sólo económicamente. Aquí no hay democracia. Esto es lo que ha venido pasando en Cataluña hasta que se han encontrado con lo que han engendrado ellos. De esos polvos vienen estos lodos. Patente de corso a un grupo hegemónico, el Pujolismo, del que se han lucrado el resto de partidos políticos. Han exportado al resto de España los procedimientos y ahí estamos.

-¿A qué se enfrentan quienes no comulgan con el nacionalismo?
-Cualquiera que se atreve, como nosotros, a manifestar una opinión que no es la obligatoria, automáticamente se le declara la muerte civil. Rajoy no tiene problemas, pero los ciudadanos en Cataluña que no comulgamos con el nacionalismo sí que los tenemos.

-¿Qué cree que pasará después del 9-N?, ¿irá a más el problema?
-Es imprevisible, pero por supuesto que irá a más. Están huyendo hacia adelante. ¿Por qué un partido conservador se tira al monte y tiene la misma estrategia que ERC? Evidentemente, no es porque se hayan vuelto independentistas porque un ángel les haya iluminado, sino que es la única manera para quedar impunes. Es la impunidad lo que están persiguiendo con la independencia. Llega un momento en que ya no tienen nada que perder porque, además, les sale gratis toda esta broma. Encima, les darán un premio de la reforma constitucional a unos individuos que han desafiado el orden constitucional hasta lo indecible. Lo previsible es que haya un pacto entre el PP y el PSOE para tapar sus propias vergüenzas, que hagan un apaño de reforma constitucional y le den lo que no se puede dar al gobierno catalán. Si no consiguen la independencia, les concederán más ventajas políticas. Más privilegios.

-¿Hay visos de que se ponga en pie el país?
-Esa política ha conducido al desastre y no hay visos de que se cambie de política y que se ponga en pie el país. No en el caso de Rajoy y del actual PSOE. En una democracia, los ciudadanos deberíamos saber de antemano lo que va a hacer nuestro Gobierno, pero nuestro presidente no ha salido que diciendo “estén tranquilos los ciudadanos catalanes y los del resto del país porque en el caso de que se haga esto, nosotros haremos lo otro, aplicaremos el artículo 155 o el 116, que el estado de alarma, excepción y sitio también está previsto en la Constitución”.

-Zapatero lo declaró en la huelga de controladores…
-Sí, y los militarizó. Ese tipo de mecanismos son perfectamente legales para impedir el chantaje sistemático que llevan 30 años practicando los nacionalistas. La consecuencia es que nos roben y que nos supriman los derechos más básicos, como que nuestros hijos puedan recibir una educación bilingüe. Le trae sin cuidado a Rajoy. Lo ha demostrado cuando ha tenido oportunidad con la LOMCE. Con esto ha incumplido otra promesa electoral, y así suma y sigue. En estas circunstancias, si no se respetan los más elementales derechos, si no se cumplen las leyes y no se ejecutan las sentencias no estamos en un Estado de Derecho y eso es lo que han conseguido entre unos y otros. Los que sufrimos la falta de derechos y el expolio al que nos someten los partidos políticos somos los ciudadanos de a pie.

Amando de Miguel
'España, al borde del estallido social'
Eduardo García Serrano www.gaceta.es  29 Octubre 2014

Para el catedrático de sociología, la convergencia de dos elementos explosivos como son la pobreza y la corrupción generalizadas pone a España al borde de un estallido social.

"Los datos del VII Informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social presentado por Cáritas, conducen sociológicamente a España a la situación de Alemania en la década de los años 30 del siglo pasado", así lo manifiesta en Gaceta.es el prestigioso sociólogo y catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Amando de Miguel.

El informe sobre Exclusión Social en España es, sencillamente, demoledor: sólo tres de cada diez españoles viven sin carencias, cinco millones de españoles están en situación de exclusión severa, las personas que viven en permanente vulnerabilidad llegan casi a los 12 millones, el número de niños que sufren la pobreza ha aumentado en 800.000, lo que arroja un saldo de tres millones de niños que en España viven por debajo del umbral de la pobreza, el paro real alcanza a la cuarta parte de la población activa española y la corrupción política y financiera se incrementa escandalosamente a medida que la pobreza se generaliza peligrosamente... Para Amando de Miguel "la convergencia de todos estos factores es el preludio de un estallido social característico en los países del primer mundo en situaciones de pauperización rápida y generalizada, porque las sociedades prósperas del mundo desarrollado no metabolizan la pobreza con la misma paciencia y resignación, por así decirlo, que las sociedades del tercer y cuarto mundos en las que la pobreza es una constante histórica que socialmente se hereda generación tras generación".

Amando de Miguel advierte en Gaceta.es "del peligro de proletarización de las clases acomodadas, entendiendo como tales a las clases medias, que hoy ya no pueden hacer frente ni siquiera a los gastos corrientes que les genera su status social. Es lo que en sociología llamamos privación relativa. Cuando esta privación relativa se generaliza el estallido social es inminente. Hoy España camina hacia la situación que se vivió en Alemania en los años 30 del siglo XX.Y al igual que en la Alemania de entonces hubo un partido que aprovechó el descontento y el desencanto social ( el Partido Nacional Socialista) para llegar al Poder, en España hoy existe también esa equivalencia sociopolítica que es Podemos; formación política que está recogiendo el cabreo social provocado por dos circunstancias explosivas: la pobreza y la corrupción".

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******************* Sección "bilingüe" ***********************
El hundimiento del régimen de 1978

Almudena Negro www.vozpopuli.com 29 Octubre 2014

Es sólo cuestión de tiempo. El régimen de 1978, en realidad un Estado de Partidos implantado en España gracias a la carta otorgada negociada a espaldas de los ciudadanos por las oligarquías, con inclusión en ellas de los nacionalismos y la extrema izquierda –lo que explica la obsesión mostrada por Rodríguez Zapatero durante sus mandatos por incluir a la banda terrorista ETA en el consenso; obsesión que pervive de la mano del Partido Popular, el otro gran partido del consenso-, es ya cadáver. Lo era hace mucho, pero la abdicación real, al fin y al cabo desde 1978 vivíamos en el juancarlismo, fue su certificado de defunción. El nuevo monarca, como Pedro Sánchez en el PSOE, no acaba de encontrar su sitio, por más que se esfuercen los cortesanos.

El PPSOE da alas a Podemos
Pablo Iglesias, la cabeza visible del totalitarismo amable a lo Venezuela, en donde no hay manera de que Nicolás Maduro libere a los presos políticos, lo tiene claro y anuncia que, caso de llegar Podemos al poder, y llegarán en dos comicios si Soraya Sáenz de Santamaría, Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro, es decir, los socialdemócratas del PP, siguen empeñados en despreciar la política e imponer una suerte de tecnocracia ineficiente y contraria a las preocupaciones de los españoles, cambiarán el régimen. A algo mucho peor, que en realidad es más de lo mismo, pero corregido y aumentado. Porque lo de Podemos es la sustitución de unas oligarquías por otras mucho más crueles y la visibilización máxima, en forma de partido único, de lo que ya padecemos, que es el consenso. Y llegarán con los votos no sólo de la extrema izquierda que hasta ahora se refugiaba en esa entente un tanto absurda llamada Izquierda Unida, que desde que se fuera Julio Anguita no ha vuelto a ser lo que era, sino también con los votos de los cabreados del PP, que se cuentan por legión, aunque a Pedro Arriola le importe una higa. Cree el gurú de los populares que de aquí a las elecciones generales conseguirán salvar el partido. No se entera de nada.

Mariano Rajoy, por su parte, tiene la solución: la Grosse Koalition entre el PP y el PSOE que ya defendiera en su día Felipe González. Es decir, el consenso. No se dan cuenta que el problema es mucho más profundo que retener el poder otros cuatro años, que es lo más que duraría tal acuerdo, para luego dar paso al chico de la coleta. España está necesitada de una verdadera regeneración política, de una apertura que fue negada en 1978. España necesita libertad política. Y la necesita ya. Si no, el horizonte se aparece, como también sucede en otros países de Europa –en Francia la victoria de la socialista Marine Le Pen no es ya una ensoñación-, muy negro. La desaparición del Estado-nación, la implosión de la socialdemocracia, podrían dar paso a un periodo de dictaduras.

Pero a Mariano Rajoy, mucho menos a Soraya, no le preocupa. Están en otra cosa. En expulsar a José María Aznar, a quien se lo debe todo, de FAES. No se da cuenta que él es el último de los aznaristas y que deberá, en su momento ser apartado para borrar cualquier recuerdo del gobierno que, durante unos meses, consiguió que los españoles recuperasen la ilusión y que por ello fue premiado con la primera mayoría absoluta del centro-derecha, que fue la del año 2000. Y sobre la que se asienta la mayoría absoluta que hoy tiene el gobierno, que está dilapidando el mayor poder territorial y político concedido por los españoles a un partido político desde 1982.

Enrique Clavet contra Rosa Díez
Quien sí se entera, menuda es, y por ello anda cual alma en pena por los pasillos del Congreso de los Diputados, es Rosa Díez. Que UPyD ya no representa nada nuevo es algo que no necesita ni explicación. Después de la dimisión y salida de la formación de Sosa Wagner, quien permaneció mucho tiempo mudo mientras otros compañeros eran fusilados al amanecer como luego lo fue él, Enrique Clavet, su sustituto, parece empeñado en no comerse el turrón en la formación magenta. Y es que ha dicho lo que piensa casi toda la militancia, salvo Martínez Gorriarán, José Luis Fabo y Toni Cantó –no se entera de nada y está agradecido porque le han quitado de en medio a la competencia en Valencia-: que Díez está llevando a la formación al desastre. Albert Rivera tiene que estar muerto de risa después de lustros de desprecio de Rosa Díez.

El régimen catalán, en descomposición
El consenso que anda estos días desnortado, después de que sus tradicionales compinches de CiU se hayan echado al monte, como se veía venir desde hace lustros, y que parece incapaz de meter en vereda al desbocado Artur Mas. Ni siquiera la operación judicial puesta en marcha contra la banda de Jordi Pujol ha sido suficiente. El régimen catalán ha entrado en fase de descomposición, aún más rápidamente que el del resto del país. Que la independencia, cuya proclamación unilateral está planificada para el próximo año 2015 después de unas elecciones autonómicas de carácter plebiscitario, como siempre fue el plan del separatismo aunque Moncloa no se haya enterado, suponga el empobrecimiento de los catalanes y una tasa de paro del 34%, como mostraba Societat Civil Catalana la pasada semana en un estudio presentado a los medios, a sus dirigentes, a la oligarquía catalana, no les preocupa lo más mínimo.

PARADIPLOMACIA REGIONAL
La Marca España y el Estado Autonómico
Rafael Núñez Huesca www.elsemanaldigital.com 29 Octubre 2014

La dispersión de nuestra marca-país parece una consecuencia lógica del problema de la vertebración nacional que padece España y que sus instituciones no han sabido o no han querido abordar.

Sobre las oficinas de promoción de las 17 autonomías –algunas devenidas, como veremos, en verdaderas embajadas con operatividad pseudodipolmática-, Raúl Peralba, experto en nation branding, se lamenta de que "los responsables de gobiernos autonómicos iniciaron un proceso de dilución de la Marca España antes de que esta llegara a ocupar un posicionamiento claro".

Peralba, en "El posicionamiento de la Marca España y su competitividad internacional", se refiere a dos países, EE.UU. y Suiza, con potentísimas marcas país y que, a pesar de tener estructuras de Estado federal y confederal respectivamente, evitan disolver sus marcas nacionales en el exterior a través de embajadas regionales u "oficinas de promoción": "Si se hiciera un listado por PIB de los países del mundo incluyendo en la lista a los estados norteamericanos, California ocuparía el quinto lugar. ¿Dónde están las oficinas de promoción de California fuera de Estados Unidos?. Pocos países más federales que Suiza. ¿Dónde están las oficinas de promoción de sus cantones? ¡No tienen! Bueno, tienen una para todos en cada país; es la embajada suiza. Lo de España es, como mínimo, difícil de entender. (…) esta fiebre autonómica es enemiga de la competitividad internacional".

Sánchez Guitián, asesor de comunicación del Ministerio de Industria y Turismo con los gobiernos de Zapatero y autor de "Marca País. España, una marca líquida", señala la utilidad de una marca común entendida como un "paraguas que protege y dota de sentido común a unidades territoriales más pequeñas, y al mismo tiempo, facilita que los atributos que comparten, en su conjunto, adquieran relevancia internacional". Y alude al ejemplo de la Marca Caribe, capaz de transmitir el prestigio y sensaciones con los que se la suele asociar a "los territorios que caen bajo su denominación".

En definitiva: "Cuando se trata de desembarcar en las ocupadas mentes del ciudadano-consumidor de nuestro tiempo, la Marca Territorio permite que veinte barcos pequeños se transformen en un portaaviones".

En este sentido, José María Carrascal explicaba (21 de agosto de 2012) en su columna de ABC una anécdota de su época de corresponsal en Washington: "Yo he conocido el momento más álgido de la Marca España en Estados Unidos. (…) Comenzó con el sorprendente éxito del Pabellón Español en la Feria Mundial de Nueva York (1964-1965), que se convirtió en uno de los más visitados, hasta el punto de que, finalizada la feria, Saint Louis se lo llevara para instalarlo. (…) Siguió una excelente campaña de promoción de nuestros productos a través de la Oficina Comercial, que facilitaba a los fabricantes un local de exhibición en el mismo centro de Nueva York, con publicidad en los mejores periódicos y servicios de intérpretes. De aquellas exposiciones -por ramos- surgió el auge del calzado y artículos de cuero españoles, que inundaron las tiendas neoyorkinas en los años 70, junto a artículos de perfumería, géneros de punto y herramientas".

Hoy, dice el periodista, no queda nada de todo aquello. Y no queda nada "porque lo primero que se hizo tras la Transición fue que cada Autonomía comenzara a hacer la promoción de sus productos por su cuenta. Y como no disponía de los medios adecuados, se han limitado a exposicioncitas o a contactos individuales, que en un mercado como el norteamericano se evaporan como gotas de agua en una plancha al rojo". Para revertir la situación, Carrascal sugiere que "volvamos a trabajar todos juntos. Algo bastante más difícil de lo que a primera vista parece".

El propio Alto Comisionado para la Marca España, Carlos Espinosa de los Monteros, reconocía que la actual estructura territorial del Estado "no beneficia" la proyección de una marca país poderosa en el escenario internacional.

Paradiplomacia regional
La Generalitat de Catalunya, a través de su propio organismo de Diplomacia Pública "DipoCat" (cabe recordad la exclusividad que la representación internacional reserva al Estado) ha ido un paso más allá, desarrollando una estrategia política exterior que busca ganar adeptos a la causa secesionista dibujando una imagen de España caótica, injusta, intolerante y recentralizadora. El argumentario interno del organismo, que depende de la Consejería de la Presidencia, trabaja sobre las siguientes ideas fuerza: "El modelo español de descentralización ha fracasado"; "La solidaridad ha sido sustituida por la injusticia"; "España ha decidido no convertirse en una sociedad multicultural"; "La Constitución española ya no pertenece a todos" y "Cataluña ha propuesto soluciones, pero España no quiere debatirlas".

Para Javier Noya, director del observatorio "Imagen de España" del Real Instituto Elcano, las CCAA desarrollan una "paradiplomacia" en todos los frentes, desde el cultural a la cooperación al desarrollo. Lo considera un esfuerzo "legítimo" que prevé irá a más, y es por eso anima a los diferentes agentes políticos a integrar y coordinar estas acciones. Eso sí, subraya lo que considera una "obviedad, a veces olvidada por motivos políticos: si España no puede serlo todo en el mundo, por sentido común, mucho menos podrá serlo una sola CCAA, por muchos recursos y presupuesto que esté dispuesta a invertir". Y traza lo que a su juicio habría de ser una línea roja que la "paradipolmacia" autonómica no debería cruzar: "No son tolerables ataques a otras CCAA o a España".

Con todo, Raúl Peralba, tampoco es partidario de que las regiones o las ciudades españolas dejen de promocionar su oferta, "pero tienen que hacerlo para integrar, no para diluir. No hay que ser un genio para entenderlo, con un poco de sentido común sería suficiente. Habría que tener muy presente que se pude discutir en casa, pero fuera hay que estar de acuerdo y aliarse. España, a escala internacional, sólo debe promover una marca: ¡España!".


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