AGLI Recortes de Prensa   Jueves 30 Octubre  2014

Una radiografía de la pobreza que cuestiona la calidad de la recuperación
EDITORIAL El Mundo 30 Octubre 2014

EL MODO en que los partidos afrontan los retos del país es desalentador. Lejos de arrimar el hombro e intentar llegar a acuerdos para atajar la corrupción, el paro y la pobreza, Gobierno y oposición se afanan en convertir los grandes problemas en armas arrojadizas. Esta visión cortoplacista se enseñoreó ayer en el Congreso en dos asuntos que deberían tratarse con el rigor que requieren los temas de Estado: la corrupción y el riesgo de fractura social tras una crisis sin parangón, en la que el número de hogares pobres en nuestro país casi se ha duplicado, según el Informe sobre exclusión y desarrollo en España 2014 de Cáritas.

A propósito de la operación Púnica, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se enzarzaron durante la sesión de control al presidente en el socorrido e infecundo «¡Y tú más!». Una estrategia tan miope decepciona cuando se aborda un problema transversal como la corrupción, pero llega a exasperar cuando el objeto de debate son las cifras de la pobreza. La oposición aprovechó la última radiografía de Cáritas sobre la exclusión y un informe de Unicef para acusar al Gobierno de convertir España en el «país más desigual» de Europa y de ser «insolidario» con la pobreza infantil, a lo que el presidente y la ministra Mato replicaron culpando a Zapatero porque en la anterior legislatura el paro se disparó y la recaudación se desplomó.

Es lamentable que asuntos tan sensibles se despachen recurriendo a argumentos demagógicos. Los informes de Cáritas y Unicef se deben valorar teniendo en cuenta que son muchos los criterios estadísticos utilizados para determinar qué es la «pobreza». Pero sus conclusiones no se pueden pasar por alto. El hecho es que el resultado de estos estudios cuestiona el concepto mismo de recuperación, al mostrar una realidad que desdibuja los efectos de la buena evolución de las cifras macroeconómicas. Según Cáritas, desde 2007 el número de pobres ha pasado de 7,3 millones a 11,7 millones, lo que supone un aumento de 14 puntos. Por lo que refiere a la tasa de pobreza infantil, ha pasado del 28% al 36% en cinco años, según Unicef.

Además de echar mano de la «herencia recibida», Rajoy adujo que, gracias a sus políticas, el paro está bajando y se recauda lo suficiente como para mantener los servicios, lo que permite que la pobreza «se esté reduciendo». El problema es que del informe de Cáritas no se desprende esa disminución a la que aludió el presidente sino todo lo contrario: la ONG católica advierte que un 15% de las personas con empleo también viven miserablemente, de lo que concluye que el trabajo «ha dejado de ser un espacio de consolidación de derechos para ser un espacio de vulnerabilidad y de pérdida de la capacidad económica».

Más allá de que esta afirmación pueda parecer exagerada, Cáritas pone el acento en la calidad de los empleos creados. No se trata de una cuestión menor cuando otras organizaciones inciden en ella. Así, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) alertó ayer del «subempleo» en las nuevas ocupaciones y estimó que, al ritmo actual, «España tardará 15 años en recuperar los puestos de trabajo perdidos durante la crisis». Todos estos informes relativizan no ya el ritmo, sino la calidad de la recuperación y disparan las alertas sobre el riesgo de pauperización en España. Los partidos deberían tener en cuenta estos estudios y proponer soluciones pensando en el consenso en lugar de utilizarlos como munición.

Despolitizar la justicia para limpiar la política
EDITORIAL Libertad Digital 30 Octubre 2014

Los portavoces de todos los partidos con representación parlamentaria han querido este miércoles dar lecciones al PP en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, basta echar un vistazo a la prensa de los últimos años, incluso de la última semana, para comprobar que ningún partido tiene legitimidad para dar lecciones a ningún otro.

Al margen de los ERE, del caso de los Pujol, de la cuenta suiza de Trias, de los cargos socialistas detenidos en la Operación Púnica, basta echar un vistazo a las noticias de las últimas 24 horas, en las que también tienen protagonismo IU y el PSC, para constatar que la corrupción es un problema transversal que no va unido a las siglas de ningún partido, sino a la condición humana.

Es cierto que el hartazgo ciudadano no se disipará si cada partido hace la guerra por su cuenta o trata de servir a sus intereses en un asunto que amenaza la credibilidad del sistema tanto como da alas a formaciones totalitarias que, más que regenerarlo, tratan de dinamitarlo. Pero tampoco será solución un acuerdo en torno a un paquete de medidas cosméticas.

La corrupción hundirá sus raíces en la condición humana, pero no aflora ni se desarrolla igual en ámbitos donde hay transparencia que donde no la hay; donde el poder de decisión de los gobernantes es más amplio y discrecional que donde está más limitado y sometido a la ley; donde el gobernante maneja más porción del dinero de los contribuyentes que donde esa porción es menor; donde los partidos tienen un funcionamiento interno democrático que donde impera el digitalismo; donde hay auténtica separación de poderes que donde el Poder Judicial es mera correa de transmisión del Ejecutivo.

Algunas de las propuestas del PSOE, como reformar la ley para que los corruptos devuelvan el dinero robado, el cese automático de los altos cargos que sean citados a juicio oral o la implantación de primarias por ley, son positivas. También lo son algunas de las que ha anunciado el Gobierno del PP, tales como la obligación de que las cuentas de ingresos de los partidos reflejen todas las subvenciones, así como las donaciones que superen determinada cuantía. Será útil también la obligación de aprobar directrices de contratación por parte de los partidos o la fiscalización ex post del patrimonio de los cargos públicos por parte de la Oficina de Conflicto de Intereses.

Sin embargo, estas positivas medidas quedarán cojas si los órganos fiscalizadores no son independientes y, sobre todo, si los altos tribunales siguen manejados por los políticos. La partitocracia es el abono de una corrupción que debe ser combatida con mayor democracia en el seno de los partidos, con elecciones primarias y con listas abiertas. Y estableciendo una auténtica división de poderes, sin la cual toda legislación contra la corrupción puede quedar en papel mojado.

Rajoy ha pedido perdón. Falta ver si esta petición va acompañada de propósito de enmienda y si éste llega tan lejos como para que aquél cumpla, con o sin acuerdo, las promesas de regeneración democrática que otrora abanderó su partido.

La 'vía italiana'
¿Nuevas leyes contra la corrupción?
Cristina Losada Libertad Digital 30 Octubre 2014

Otra vez, como en todas las anteriores mareas que hicieron emerger la corrupción, se prometen y se reclaman nuevas leyes, siempre más estrictas, desde la convicción de que sólo una mayor regulación y un mayor castigo a los que incurran en ella pueden acabar con una lacra tan extendida. De hecho, es muy frecuente en España que, a la vista de cualquier problema, no únicamente la corrupción, se pida y se ofrezca una nueva ley, en lugar de estudiar primero cómo funcionaron las existentes. Lo notable de esta afición española por crear nuevos instrumentos legislativos, y de la confianza que se deposita en su futura eficacia, es que viene acompañada de otra añeja afición: la de incumplir la ley o encontrar el modo de burlarla.

De forma implícita apuntaba algo así el politólogo Giovanni Sartori, cuando, todavía humeantes los rescoldos de Mani Pulite, la gran operación judicial contra la corrupción italiana, dijo esto:

Antes en Italia se decía que el que no robaba era un tonto. Después comenzó a actuar la justicia y hoy en día se dice que el que no roba es un tonto, pero el que roba y es descubierto es más tonto todavía.

La manera en que Italia afrontó la corrupción en la década de los 90 conviene tenerla muy presente. Muy presente, ante todo, para no cometer el mismo error. Pues a pesar de la espectacularidad de la actuación judicial, o quizá por ella, a pesar de las nuevas leyes, a pesar del recambio prácticamente total de la clase política, la corrupción siguió siendo un problema. Recuérdese que los cuatro partidos de gobierno, entre ellos la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, desaparecieron como consecuencia de aquella gran barrida de corruptos, y que el salvador elegido para limpiar la política fue Berlusconi.

Las deficiencias de la vía italiana contra la corrupción las acaba de exponer Victor Lapuente Giné, profesor en el Instituto para la Calidad de Gobierno en la Universidad de Gotemburgo, en un artículo titulado "Círculo vicioso, círculo virtuoso". Ahí Lapuente contraponía el ejemplo italiano al de Estados Unidos cuando hizo frente a la corrupción en el XIX con la reforma de la infraestructura institucional de su sector público. En concreto, despolitizó la gestión pública a fin de atacar el problema de fondo, que no era otro que la excesiva acumulación de poder decisorio en manos de los políticos; una situación similar a la que tenemos aquí, particularmente en las administraciones locales y autonómicas.

El problema, ay, es que reformar la gestión pública en tal sentido ni conviene a los partidos políticos ni es reclamada, de momento, por importantes corrientes de opinión. El corto plazo domina, como domina la querencia por lo espectacular: nuevas y más punitivas regulaciones, jueces que emulen a Di Pietro, macrorredadas con decenas de imputados cuyo fruto en procesamientos y condenas tarda años y años en llegar, si es que llega finalmente.

Ahí tenemos al Gobierno, por ejemplo, prometiendo una vez más nuevas leyes. O a la oposición socialista ofreciendo lo mismo pero más todavía, incluidas las primarias obligatorias, para que, así, cuando haya un corrupto sea un corrupto que fue elegido directamente por las bases. Y ahí tenemos a todos los partidos luchando a brazo partido por echarse basura los unos a los otros. Fantástico. Vamos, en fin, como un solo hombre, por la vía italiana a ninguna parte. Es decir, a ninguna parte buena.

Limpiar la corrupción ¿sólo con jueces?
Manuel Muela www.vozpopuli.com 30 Octubre 2014

Los que piensen que el bosque de la corrupción de España se puede limpiar con la actuación de unos cuantos jueces instructores están en la luna o participan del cinismo de los portavoces oficiales. Lo siento, pero las evidencias están ahí: desde los escándalos conocidos después de los fastos de 1992, Expo y Olimpiadas, todo ha sido un no parar hasta llegar aquí. Ninguna institución ni partido del régimen se ha visto libre de la lacra que ha conseguido que España se parezca cada día más a un cuadro tétrico de Valdés Leal.

Mientras la fuente de la corrupción sigue manando lodo y anegando los núcleos de honradez que indudablemente existen entre los servidores públicos va tomando cuerpo la imagen de un Estado envilecido por un cáncer terminal. Con ello, quiero subrayar que ésta enfermedad no se ataja con las providencias y autos de los jueces. Aunque paguen justos por pecadores, hace falta una cirugía de mayor calado que pasaría por la sustitución de quienes han ejercido el poder político, por gentes nuevas que propongan el proyecto de país libre, educado y trabajador por el que se viene clamando. Casi una utopía en las condiciones en que nos encontramos, pero por pedir que no quede.

La sociedad es víctima y no responsable de la corrupción
Los ríos de la corrupción en España son tan caudalosos y sus arroyos tan numerosos que se va extendiendo la especie de que es la propia sociedad la que la ha hecho posible, pretendiendo así atenuar las responsabilidades de los que están al cargo de las instituciones y de los grupos empresariales que viven del favor público. Es verdad que nuestra sociedad, sin experiencia en la exigencia civil y democrática, ha mostrado poca preocupación por lo público y escaso aprecio por el Estado y que eso ha ido en provecho de quienes han creado la tela de araña de la corrupción durante décadas; pero los responsables de los desaguisados son los que son y, por el contrario, hay síntomas, cada vez más evidentes, de que esa despreocupación ciudadana va dando paso al interés de grupos sociales numerosos por los asuntos públicos que pretenden cambiar el estado de cosas actual.

En la política van surgiendo organizaciones nuevas, y más que surgirán, en los medios de comunicación aumenta el pluralismo digital como alternativa al enquistamiento de la prensa tradicional, en el mundo empresarial, a pesar de la crisis, van apareciendo empresarios que creen en la iniciativa privada y en el país, y en el propio sistema bancario aparecen fogonazos de autocrítica sobre los comportamientos del pasado. Es verdad que todavía son elementos frágiles y poco estructurados, pero que indican que en España los arroyuelos murmurantes del descontento crecen para buscar una superación ordenada de la enfermedad política y económica que amenaza la supervivencia del Estado y la libertad de los españoles. No es una apreciación exagerada, es que objetivamente ni se puede seguir así ni el poder debe ser ejercido por quienes han contribuido, por acción u omisión, a la ruina económica y moral del país.

El tiempo político es más dinámico que el judicial
Los tiempos políticos son más acelerados que los judiciales y por ello está justificado insistir en el cambio político, como medida previa y necesaria, para romper el nudo gordiano de la corrupción con el fin de encauzar todo lo demás, incluyendo la agilización verdadera de la Justicia y el establecimiento de las bases para construir otro modelo de país. Es un objetivo ambicioso que a muchos puede parecer voluntarista. No lo niego, pero resulta preferible dedicar los esfuerzos y el máximo de energía a desalojar de las instituciones a quienes han hecho un uso abusivo de las mismas que seguir flagelándonos con las crónicas provenientes de los juzgados de instrucción que, desde mi punto de vista, sólo contribuyen a agudizar los sentimientos de indignación y de impotencia del común de las gentes. En mi opinión, la solución no vendrá de los juzgados ni tampoco llegará de la mano de los que ahora piden perdón y prometen que van a ser buenos en el futuro, ignorando cuánta responsabilidad les incumbe por lo sucedido.

Todos, los que ven en peligro su estatus y los que aspiran a sustituirlos, tienen la fortuna de contar con un pueblo pacífico, que parece preferir la vía del sufragio universal antes que la revuelta social y el desorden público, para ajustar las cuentas a los impostores de la democracia. Por ello, si los calendarios oficiales no se alteran, que todo podría ser, quedan unos meses preciosos para concretar escenarios de cambio en libertad, que ayuden a devolver la esperanza en el porvenir de nuestra patria. De nada vale lamentarse cuando la crisis española nos está mostrando su peor cara si no se fortalece la idea de que las marcas políticas y los que las han gestionado durante décadas no son instrumentos útiles y adecuados para el cambio nacional.

Aquellos que sostienen, quizás con razón, que los españoles estamos condenados a seguir siendo rehenes de las viejas estructuras partidarias parecen ignorar que en la maltratada sociedad española existen grupos sociales con capacidad y energía suficientes para coadyuvar al cambio y desautorizar el eslogan del vacío o del desbarajuste que predican quienes se niegan a reconocer sus fracasos o corrupciones. Yo al menos lo creo así, o mejor dicho lo quiero creer, porque, de no hacerlo, estaría abonando las hipótesis más pesimistas sobre el desenvolvimiento futuro de nuestro país.

Hacemos lo que podemos
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 30 Octubre 2014

El PP se deshace lentamente -como una ucedé cualquiera- con ese curioso matiz de los partidos del centro, que son los únicos capaces de disolverse mientras ocupan el poder, porque esas mayorías que en otras formaciones son cemento de intereses, para ellos se transforma en un terrible disolvente. Sucede que los fanáticos de la equidistancia -los tibios que sirven de vomitivo a los dioses- todavía no han entendido que la misma naturaleza del centro político lo convierte en una meta inconquistable, primero porque falta una referencia diestra -no puede haber centro si no hay dos polos- y segundo porque la siniestra no para de moverse, porque la utopía de lo progre es un palo y una zanahoria. Así hemos contemplado estos años la larga marcha hacia el centro -o sea, hacia la nada- que es lo más parecido que ha habido en política a la carrera interminable de Forrest Gump, cuando corría el tipo como un desesperado sin destino alguno, y le jaleaban memos de toda condición, algunos incluso trotando junto a él.

Mariano Rajoy se esfuerza en convertirse en el peor presidente de la democracia, y parece que sólo en eso se esfuerza. En lo demás aplica esa desidia fatalista y displicente -no hago una ley porque me la van a cambiar cuando pierda, que voy a perder-, contemplando la actualidad a través de un plasma pagado con dinero negro. Como si fuera el show de Truman pero al revés, y la realidad trágica de los españoles sólo una película de la que se lamenta convencido d eque no tiene nada que ver con él.

Sólo ante la corrupción de su partido -y sólo en ocasiones- parecía despertar de su letargo. Pero en esos casos su actividad se dirigía en el sentido contrario al de la indignación popular, y a Bárcenas, su fiel tesorero, le escribía aquello de “aguanta, hacemos lo que podemos”. Presidente, hubiese sido más exacto decir “haremos que salga Podemos”, porque ya hemos entendido que el PP concurrirá a las próximas elecciones con un único punto en su programa: “que viene el coco”, tratando de hacer el negocio del miedo, que es el que hacen las tiendas de los chinos en Halloween. Gil Robles ya lo utilizó hace un porrón de años. Y le salió como le salió.

España está podemizada, quién la despodemizará…
Javier Caraballo El Confidencial 30 Octubre 2014

Que “España está podemizada” lo dijo hace tres o cuatro meses uno de los dirigentes de Podemos, Juan Carlos Monedero, en uno de esos debates que frecuentan, cuando todavía muchos pensaban que el resultado de las elecciones europeas había sido una patada eventual al sistema político tradicional, aprovechando que esas elecciones no le importan a nadie en realidad.

“España está podemizada”, dijo, y el trabalenguas se ha ido completando en los meses siguientes, hasta llegar al acojone de ahora cuando han comenzado a llegar las primeras filtraciones de la próxima encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que retrata la convulsión política del momento, con Podemos como segunda fuerza política en España y con una intención directa de voto superior incluso a la del partido del Gobierno. Por eso, Podemos se ha convertido de pronto en trabalenguas. España está podemizada, quién la despodemizará…

La marejada, que no se limitó a una patada al sistema en las elecciones europeas, ha ido creciendo todos estos meses, al mismo ritmo que han ido decayendo los intentos de desmontar Podemos con descalificaciones desmesuradas, desde friquis a filoterroristas. Antes que socavar la fuerza creciente de Podemos en la sociedad, todos esos ataques iracundos a lo único que han contribuido es a su fortalecimiento, porque no hay nada más efectivo que rebatir un argumento con insultos para reafirmar la posición del menospreciado, aunque no tenga razón alguna. Es más, es que parece que eran los propios de Podemos los que elegían a sus adversarios, a sus rivales, porque acaban fortaleciéndolos con cada exabrupto.

La realidad, el momento político de España, estaba y está muy lejos de esos menosprecios. En los treinta años de democracia, ha habido tan sólo dos o tres momentos que puedan asemejarse a lo que está ocurriendo en la sociedad española estos días, y que se está catalizando en Podemos. Y una vez más se repetirá aquí algo en lo que se viene insistiendo: el hecho de que una gran parte de la sociedad manifieste ahora su simpatía por Podemos no presupone que se hayan vuelto bolivarianos, porque la ideología aquí queda en un segundo plano.

El corolario de desastres sociales, políticos y económicos se sobrepone al esquema clásico de izquierdas y derechas, y es el sistema mismo, todo lo conocido, lo que se colapsa. La clave está en el verbo que vienen repitiendo desde el principio los de Podemos: empoderar. “La gente no compra ideología, la gente compra esperanza, empoderamiento. Por eso funcionan bien los anclajes ‘viejo contra nuevo’ o ‘ciudadanía contra casta o élite’”, como sostenía en El Confidencial hace unos días una de las asesoras políticas del Senado, Inma Aguilar.

El ciclo que ha descrito la democracia española hasta el momento actual, hasta el colapso que se percibe de las fuerzas políticas tradicionales, nada tiene que ver con un movimiento político efervescente. Podemos, en contra de lo que aún siguen sosteniendo algunos, no es equiparable a otras fuerzas políticas que se salen del bipartidismo, como UPyD, Ciudadanos o la propia Izquierda Unida. Podemos es la respuesta al colapso del sistema.

¿Pero por qué se llega al colapso? No hay más que mirar alrededor, poner el oído en las aceras. El sistema se colapsa a base de casos de corrupción, uno tras otro y otro, que salpican a todos; a base de recortes sociales generalizados en todas las Administraciones Públicas; a base de subidas de impuestos y de bajadas de salarios; a base de aumento del desempleo y de escándalos de despilfarro en las administraciones.

Podemos es la espita. Para algunos, será la esperanza y para otros será un desahogo o una patada, pero se suman ambos a la corriente porque han salido achicharrados de lo que conocían. Se vio muy claro este verano, en el teatro romano de Mérida, cuando el público en estalló con un solo grito: “Estamos de ladrones hasta los cojones”. Como se decía entonces, aquello ya no era teatro, no.

En cualquier caso, aunque de forma general se pueda afirmar que Podemos no responde a un giro ideológico determinado de la sociedad española, parece evidente que se trata de una formación política que arrasa sobre todo en la izquierda española. Pero las circunstancias son muy distintas entre Izquierda Unida y el PSOE. Lo que ha hecho Izquierda Unida ante ese fenómeno, que desde dentro de IU se ve como un tsunami, es sumergirse en la ola, dejarse llevar, con la certeza de que sólo puede optar entre eso, sumarse al fenómeno o jugarse la propia supervivencia en las primeras elecciones que se presenten. Dentro del tsunami, por lo menos, se garantizan llegar a la orilla.

Para el PSOE, la coyuntura es mucho más compleja, entre otras cosas porque los objetivos políticos, como partido de Gobierno, son otros muy distintos. Hace unos días, Belén Barreiro, socióloga y directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas, ofrecía en una entrevista una reflexión interesante: “Es como el juego de las sillas: Podemos se ha sentado en la silla del PSOE y el PSOE de momento se ha quedado de pie”.

Esta misma socióloga se sumaba también a otra impresión generalizada, en el sentido de que el fenómeno Podemos, por el momento, no le afecta tanto al PP como al PSOE pero que, de consolidarse en el panorama político español, acabará disputándole la mayoría. Algo de eso, de hecho, es lo que ya se comienza a vislumbrar en los sondeos. También comparte la inquietud mayor, el efecto que puede tener un grupo político así en el Gobierno y en la estabilidad de un país como España. Pero, para eso, lo prudente es esperar a ver qué programa electoral confeccionan para las elecciones generales. Y falta un año para esas elecciones, que en política es una eternidad.

Hoy, lo único que se constata es que, como dice el CIS, España se ha podemizado. Y que el trabalenguas puede completarse porque nadie sabe dónde está el despodemizador que la despodemice.

Mayoría aplastante. Y se nota.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 30 Octubre 2014

Alfonso Alonso de verdad no puede creer en lo que dice al afirmar que “ayer ya se celebró un debate sobre la corrupción en el congreso y que no desea más debates destructivos como ese”. Porque si creyera en lo que dice demostraría carecer totalmente de sentido de lo que es una democracia y de que el deber de un Presidente del Gobierno es dar explicaciones en la sede de la Soberanía Nacional y someterse a un debate con el resto de las fuerzas políticas que representan a los ciudadanos. Ninguna de esas cosas se cumplió en la sesión de control al Gobierno de ayer, aunque el Presidente del Congreso Sr. Posadas tuviera un comportamiento deleznable al censurar exclusivamente a la portavoz de UPyD, la Sra. Díez, por no ceñirse al debate previsto en la agenda de la sesión, mientras consintió al resto de portavoces intervenir sin amonestarles ni censurarles por hacer lo mismo en sus turnos de palabra.

En cuanto a su calificación de destructivo, es como todo cuestionable. Según lo que los medios resaltan y cualquiera puede concluir, el debate entre PSOE y PP se limitó a la vieja táctica del ventilador y del “y tú más”, en la que tanto Pedro Sánchez como Mariano Rajoy se echaron en cara los más importantes casos de corrupción que afectan a sus respectivos partidos. Así que lo único que se puede destruir es la credibilidad de ambos mandatarios que lejos de intentar converger en un consenso amplio entre PSOE y PP junto a otros partidos políticos, aprovechan este asunto y cualquier otro como arma arrojadiza en un intento de imponerse al contrario en la lucha por el poder en las próximas elecciones.

La realidad es que a pesar de lo que diga el PP ha sido ahora, cuando faltan meses para el primer examen electoral, cuando ha decidido sacar sus propuestas de lucha contra la corrupción. La excusa es que durante el tiempo previo ha intentado el consenso con el PSOE, no se sabe si igualmente tuvo encuentros con el resto de partidos del hemiciclo. El caso es que ese consenso, como tantos otros en esta legislatura, han sido imposibles y al final el PP se ha propuesto sacar sus propuestas aprovechando la mayoría absoluta de la que dispone. Nada nuevo en quien ha hecho de esa mayoría su modo habitual de gobernar para imponer todas las medidas anti crisis más injustas, para aprobar los presupuestos Generales más inflacionistas y deficitarios y para asfixiar a las clases medias, traicionando su programa electoral y su ideología.

Así que Alfonso Alonso piense que cualquier debate democrático puede ser destructivo puede ser el final de un proceso de reflexión personal al ver a dónde le ha llevado al PP su forma de gobernar vía Decreto Ley apoyado en su aplastante mayoría. Y sí, la conclusión que ya se plasma en las encuestas es la destrucción completa de la confianza que depositaron más de 11 millones de votantes y que harán de las próximas elecciones autonómicas, municipales y generales el Waterloo que acabe con un partido y un Gobierno que usaron la prepotencia y el desprecio a los ciudadanos para seguir manteniendo el “status quo” de una casta política apesebrada en sus cargos y en su prebendas elitistas en la que la corrupción ha campado a sus anchas.

Negarse a ir a un debate monográfico es otro error que sumar a los ya múltiples que llevan cometidos en los casi tres años de gobierno, mejor decir de simulacro de gobierno, como la vergonzosa votación que la Generalidad y las fuerzas políticas separatistas catalanas están promocionando para el próximo 9N y que el Gobierno de España debe aún decidir si la impugna ante el Tribunal Constitucional.

Eso sí que es destructivo pues, de llevarse a cabo la secesión, España desaparecería y lo que quedase sería otra cosa cuyo futuro sería incierto y podría llevarla a su total destrucción. Dice Mariano Rajoy que se debe ceñir a la Ley y que está obligado a cumplirla. Lo que le pido es que lo haga y la haga cumplir a quien se ha declarado en absoluta rebeldía y desobediencia a la autoridad del Estado, de las sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Unos delincuentes que deben ser detenidos, juzgados y condenados, devolviendo la normalidad jurídica a la sociedad española secuestrada en Cataluña.

Hoy indignados, pero ayer palmeros de los corruptos
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 30 Octubre 2014

La encuesta del CIS da al partido neo-comunista de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero millones de votos de indignados con la corrupción. ¿Cuántos de ellos en los años de oro y champán participaban en esa corrupción?

Lo admito, en el panorama político español quienes me dan más asco son esos votantes de Podemos que hace poco participaban del festín de la corrupción, fuese como comensal o como camarero que engulle los canapés devueltos a la cocina. Cuando se ha acabado la fiesta es cuando han descubierto que no podían soportar la corrupción.

Y es que estoy convencido de que si siguieran el dinero fácil y la burbuja inmobiliaria, Zapatero habría vuelto a gnar las elecciones.

Algunos de esos indignados de hoy que ayer aplaudían a los corruptos

-Los pasapiseros: los que compraban un piso sobre plano y lo revendían ya construido pero antes de escriturarlo por 15.000, 20.000 y hasta 30.000 € más.
-Los críos que dejaban los estudios para poner ladrillos uno encima de otro por 3.000 € al mes y luego se reían de los que seguían estudiando.

-Los que votaban a su alcalde aunque sabían que se había hecho un chalé con lo que sacaba del ayuntamiento.
-Los que pedían una estación de AVE en su capital de provincia o en su pueblo.

-Los que se alegraban de que se construyese un aeropuerto al que poder ir en taxi.
-Los jubilados que aplaudían a su cacique autonómico porque les daba una paguita o les llevaba de excursión.

-Los pequeños constructores o promotores que invitaban a comer a un concejal de urbanismo para que les diese algo: una reparación de calles, la remodelación de una plaza... De dónde venía el dinero, eso no les preocupaba.

-Los notarios que se quejaban a los alcaldes de que no escrituraban las urbanizaciones con ellos.
-Los rectores y profesores que tenían universidad y departamento pero no alumnos. Los padres contentos porque sus hijos ya no tienen que salir de la provincia para conseguir un título... inútil.

-Los que daba la brasa a su cuñado del PP, del PSOE, o de CiU para que les metiese en una lista electoral.
-Etc, etc, etc.

Cuando hace 10 años hablabas con alguno de éstos de los defectos del sistema constitucional, de la partitocracia, de la corrupción, de los peligros de las autonomías para la unidad de España y la circulación de personas y mercancías, te llamaban "facha" y te decían que no pasaba nada: "La octava potencia económica, los primeros en derechos sociales". Ahora te abroncan porque defiendes a la casta.

Estamos ante una reelaboración de la propia biografía, cuyo precedente fueron los millones de miserables que en los años 70 pasaron de levantar el brazo a levantar el puño. Y no pocos pasaron de denunciar a quienes hablaban en catalán por la calle a denunciar a quienes tienen el cartel de su comercio en castellano.

Ahora Podemos
Pedro de Hoyos Periodista Digital 30 Octubre 2014

Ahora podemos:
• Escribir con libertad en blogs y periódicos, …mañana seremos bolivarianos
• Quejarnos en el bar contra el gobierno, …mañana seremos bolivarianos
• Investigar la corrupción, …mañana seremos bolivarianos

• Manifestarnos contra el gobierno, …mañana seremos bolivarianos
• Leer cualquier periódico o Público, …mañana seremos bolivarianos
• Elegir a los políticos que han de engañarnos, …mañana seremos bolivarianos

• Ir al supermercado, …mañana seremos bolivarianos
• Visitar las webs que queramos, …mañana seremos bolivarianos
• Ver la cadena de TV que queremos, …mañana seremos bolivarianos

• No ver Gran Hermano, …mañana seremos bolivarianos
• Hablar por teléfono suponiendo que nos espían,… mañana seremos bolivarianos
• Mandar a nuestros hijos a la escuela que queremos, …mañana seremos bolivarianos
• Salir al extranjero sin dar explicaciones, …mañana seremos bolivarianos

• Escoger la sanidad privada si queremos, …mañana seremos bolivarianos
• Comprar moneda extranjera sin dar explicaciones, …mañana seremos bolivarianos
• Acordarnos de la madre de los políticos corruptos, …mañana seremos bolivarianos

• Escoger entre ir a misa o ir de putas, …mañana seremos bolivarianos
• Hacerle la peineta al presidente del gobierno, …mañana seremos bolivarianos
• Comprar todo el papel higiénico que queramos, …mañana seremos bolivarianos

• Encarcelar a los corruptos, …mañana seremos bolivarianos
• No ver los informativos de Radio Televisión Española, … mañana seremos bolivarianos
• Decir a la pandilla que tenemos miedo del futuro, …mañana seremos bolivarianos

• Meternos con los nacionalistas radicales, …mañana seremos bolivarianos
• Abrir un negocio propio, …mañana seremos bolivarianos
• Reírnos de la coleta de Pablo Iglesias, …mañana seremos bolivarianos

• Echar gasolina en el surtidor de la compañía que queramos, …mañana seremos bolivarianos
• Salir a la calle de noche, …mañana seremos bolivarianos
• Aspirar a que se cumplan las leyes, …mañana seremos bolivarianos

• Criticar los impuestos que pagamos, …mañana seremos bolivarianos
• Recibir en España a presidentes extranjeros, …mañana seremos bolivarianos
• Impugnar las elecciones generales, …mañana seremos bolivarianos

• Rezar el padrenuestro sólo si queremos y a quien queremos, …mañana seremos bolivarianos
• Ir a los toros si somos aficionados, …mañana seremos bolivarianos
• Votar, …mañana seremos bolivarianos

• Escoger si vamos de vacaciones o no, …mañana seremos bolivarianos
• Vestir con traje y corbata si queremos, …mañana seremos bolivarianos
• Escoger si nos reímos de Rusia o de EE. UU, …mañana seremos bolivarianos

• Tomarnos a cachondeo las ceremonias del Jefe del Estado, …mañana seremos bolivarianos
• Ahora puedo escribir este artículo, …mañana Dios dirá.

Y todo ello gracias a los millones de votos que algunos del PP, PSOE, IU, UGT y CCOO han inyectado a Podemos. ¡Enhorabuena, chicos!

El verdadero enemigo
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 30 Octubre 2014

Mientras los horrores provocados por el Estado Islámico en Oriente Medio siguen su sangriento curso, Estados Unidos y el resto de sus aliados pueden cometer un error estratégico de primera magnitud que, lejos de ayudar a combatir eficazmente el extremismo en la región, supondría el riesgo de empeorar la situación. Aunque el manido dicho de que el enemigo de tu enemigo es tu amigo funciona en ocasiones, hay otras en las que representa una trampa mortal. El establecimiento de una colaboración táctica con la teocracia iraní con el fin de enfrentarse con éxito al Estado Islámico, sería uno de estos casos y debe ser evitado a toda costa.

La aparición del fundamentalismo islámico se inició el pasado siglo con la llegada al poder de Jomeini en Irán en 1979. Desde entonces, el régimen inicuo que impone su brutal poder en Teherán ha fomentado el terrorismo en Líbano, en Palestina, en Irak, en Siria y en otros puntos del planeta, ha tiranizado a su propio pueblo y se encuentra empeñado en disponer de armas nucleares. El alivio de la presión sobre los ayatolás iraníes para que contribuyan al esfuerzo de neutralizar al Estado Islámico les daría un respiro en momentos difíciles para ellos, fortaleciendo así a la peor amenaza contra la paz y la estabilidad mundiales. Actualmente, la cúpula de la dictadura iraní se tambalea bajo la acción conjunta de cuatro graves dificultades: la proximidad de la fecha del 24 de noviembre, límite para cerrar un acuerdo sobre el cese de sus actividades en el campo nuclear, el progresivo deterioro de la situación económica interna, con niveles de desempleo y de inflación alarmantes, el descabalgamiento de su puesto de primer ministro de su fiel aliado en Bagdad, Nour-el-Maliki, y el creciente descontento de sus ciudadanos ante la ola desatada de ejecuciones sumarias, torturas y violaciones flagrantes de los derechos humanos con las que el Líder Supremo Jameini, el presidente supuestamente moderado Rohani y sus acólitos castigan a disidentes políticos, jóvenes que intentan vivir libremente o infractores de su rígida e inhumana ley coránica. En relación al tema nuclear, si se ven obligados a renunciar a su objetivo de dotarse de capacidad ofensiva, su desprestigio ante la población acelerará su caída y si persisten en ello la comunidad internacional redoblará sus sanciones, con el consiguiente deterioro de las condiciones de vida de la gente y su previsible reacción airada. Por consiguiente, lejos de facilitar las cosas a los tiranos que oprimen Irán, hay que incrementar las exigencias y la crítica frente a su inicuo proceder.

Una alianza, incluso si es sólo temporal, con los ayatolás, les abrirá la puerta para ocupar definitivamente grandes porciones de territorio en Irak, Siria y Yemen, donde sus agentes de la Guardia Revolucionaria se hallan ya infiltrados. El mejor camino para acabar con la ofensiva fundamentalista es mantener al régimen iraní sometido a un severo cerco en los ámbitos nuclear y de respeto a los derechos humanos, apoyar a la oposición democrática tanto interna como en el exilio, y muy especialmente, al Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, transferir a países democráticos seguros a los refugiados en el Campo Liberty en Irak, ahora sujetos a un trato insoportable y expuestos a ser masacrados, y acentuar el combate sobre el terreno con el Estado Islámico. Ojalá el Departamento de Estado norteamericano comprenda por fin donde está el auténtico peligro y opere en consecuencia.

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EL GRAN CARNAVAL
¿Es Rajoy del PP?
Antonio R.Naranjo. www.elsemanaldigital.com 30 Octubre 2014

Zapatero hundió el Titanic; pero Rajoy sólo quiere salvar al iceberg. La corrupción, última bomba de relojería capaz de arrasar a todo el partido. ¿Callarán todos?

La pregunta podía formularse al revés, y la respuesta sería parecida: ¿Es el PP Rajoy? Antes de responder, un párrafo de El país de las últimas cosas de Paul Auster describe, con la nitidez que sólo la ficción a veces permite, el panorama circundante:

"En nuestras mentes reina la confusión. Cada día se produce un nuevo cataclismo y las viejas creencias se convierten en aire y vacío. He aquí el dilema. Por un lado queremos sobrevivir, adaptarnos, aceptar las cosas tal cual están; pero, por otro lado, llegar a esto implica destruir todas aquellas cosas que alguna vez nos hicieron sentir humanos. Para vivir, es necesario morir, por eso tanta gente se rinde, porque sabe que no importa cuán duramente pelee, siempre acabará perdiendo y, entonces, ya no tiene sentido la lucha".

Ésa fue la España que Rajoy se encontró tras fracasar dos veces con Zapatero y obtener, a continuación, la mayoría absoluta más incontestable de la historia democrática reciente: ni el carismático Felipe ni el eficaz Aznar obtuvieron lo que este lector del Marca con aspecto de devoto del vermut dominical en el casino de Pontevedra consiguió en las urnas: no era el mejor, ni el más listo, ni el más experto, ni el más guapo y, ni siquiera, el menos conocido.

Casi todo se sabía de él, tras treinta años en política –sólo Rosa Díez supera al actual presidente en quinquenios pisando moqueta-, y por eso o pese a eso un país agotado le dio el poder más absoluto que nunca a nadie dio. En ese cheque iba implícita, sin duda, una disposición colectiva a sufrir, una aceptación de la gravedad de la enfermedad y una asunción de la dureza de la terapia con un único sentido: de doctores que recetan amables juanolas para tratar un cáncer con metástasis ya estábamos curados de espanto; ahora se trataba de contar con una especie de Doctor House que quizá no diera palmaditas en la chepa ni fuera simpático pero, al menos, ofrecía una oportunidad a la curación.

En este tiempo, sin embargo, todo lo que ha hecho Rajoy es lo contrario de lo que se esperaba, con un saldo desolador que empeora en términos objetivos al de su lechuguino predecesor, aquel indocumentado que presumía de "campeón social" hipotecando a tres generaciones para pastorear a una: la única mejoría económica es tan artificial como pasajera, pues procede de una mayor liquidez ficticia fruto de abaratar la deuda por el método de pagarla a cualquier precio; y en todo lo demás el desastre es absoluto en tres frentes definitorios del genoma nacional, definido en otra novela apocalíptica que describe de nuevo el paisaje, la terrible La carretera de MacCarthy.

El primero, el económico: la estructura de gasto público en España no se ha reformado, con una Administración insoportable que consume todo el crédito y antepone su innecesaria subsistencia a todo. Para lograrlo, ahoga a las pymes (entre el 65% y el 70% del empleo y los ingresos fiscales) con unos impuestos y una seguridad social confiscatoria que, unida a la ausencia de préstamos o a su enorme coste, convierte la supervivencia en un acto heroico. El resultado es que España paga su deuda y reduce con ello los intereses, sí; pero no deja de incrementarla, mantiene el déficit e imposibilita la generación de un tejido productivo que siempre, en cualquier lugar del mundo civilizado, o llega de la iniciativa privada o no llega.

El segundo, el político: nunca ha estado más en juego la propia idea de España como Estado constitucional estable que en estos momentos, con desafíos en Cataluña y en Euskadi que no son nuevos pero son más agudos que en el pasado. Aunque la herencia de Zapatero –en esto y en todo, por mucho que alguno repudie apelar a hacer tres años aunque luego no se le caiga de la boca el año 36- es de juzgado de guardia; la impericia de Moncloa para entender que al nacionalismo no le puede matar a besos es antológica. Sumémosle a eso el papelón de aceptar que la anhelada paz contra el terrorismo ha alegrado más a los verdugos que a las víctimas y ha beneficiado electoralmente más al secesionismo que al constitucionalismo y concluiremos que, en los asuntos conceptuales, el paso atrás ha sido también glorioso.

Y el tercero, el ético: aunque todo el país parece un lodazal y no se salva ni el Tato (desde mineros ugetistas hasta socialistas andaluces, pasando por nacionalistas catalanes y dirigentes patronales), el desfile de escándalos con la gaviota por insignia es especialmente demoledor: ex ministros y gerentes en la cárcel, cajas B incontestables, pago de sedes con dinero negro y organizaciones criminales encabezadas por tipos como Granados que, hasta ayer, eran emisarios de Génova en las célebres tertulias de televisión.

Aún podría achacársele un epílogo: la frustración generada por Rajoy, que llama reforma al recorte con la misma inepcia que el anterior tildaba de crecimiento al despilfarro, está detrás del auge de formaciones políticas tan frívolas como Podemos a las que no se juzga por la insensatez de sus suicidas propuestas económicas, sino por la ausencia de pasado: quizá estén engañando, pero no han robado.

Difícilmente existiría hoy Iglesias si un indeseable como Zapatero no hubiera dedicado tanto tiempo a insuflar a la sociedad unos valores perezosos y confusos, infantiles e inanes, irresponsables y superficiales; pero la gota –o el medio litro- que colmó ese vaso del despropósito la ha vertido un Gobierno de tecnócratas que encima no sabe sumar.

Porque, además de no robar y cuadrar las cuentas por un método más razonable –en lugar de cobrar por unas muletas o el medicamento a un enfermo crónico, cerrar las televisiones públicas, universidades, aeropuertos, diputaciones, observatorios, institutos, ayuntamientos y todo tipo de chiringuitos que componen el Bienestar del Estado-, lo que la gente esperaba era un relato valiente de la vida, un discurso político decente, un valiente impulso reformista y un empuje que nunca ha existido: España es hoy un país más paleto, más inculto, más dividido, más sectario, más pedigüeño, más desmovilizado y a la vez más crispado, dividido y perezoso y menos dispuesto a entender que sin obligaciones y esfuerzos es imposible garantizarse derechos y esperanzas.

Es ese vacío, intelectual y escénico, olvidado en un supuesto viaje de rigor económico que además nunca ha existido -¿dónde está con una deuda similar al PIB, un paro juvenil tercermundista, un déficit disparado pese a la cosmética y un fusilamiento infame de la empresa tipo española?-; el que han llenado con habilidad estratégica pese a su indigencia política Iglesias, Errejón y compañía, deudores de un hartazgo general comprensible que han amortizado por el mero hecho de escuchar.

Aunque luego lo respondan con recetas que, amén de inviables, son contraproducentes y entierran aún más las salidas a futuro del país: Podemos no sólo mantiene la mitología de un Estado de Bienestar sostenible con la buena voluntad de sus gobernantes, sino que además promete mejorarlo con insensateces del agrado de oídos inanes como la renta básica, la jubilación a los 60 o el impago parcial de la deuda a los mismos mercados que luego deberán financiar las pensiones, las nóminas, la educación o la sanidad.

El único mérito de Rajoy es que ha logrado que Europa le recargue la Visa tras demostrar que está dispuesto a pagar lo que debe, cueste lo que cueste… al ciudadano, al pequeño empresario y al trabajador por cuenta ajena. Es poco balance en un país que ha pasado de estar dispuesto a cualquier sacrificio a no estar dispuesto a ninguno tras constatar que el capitán se ha dedicado a rescatar al iceberg tras sustituir al que hundió al Titanic.

De ahí la pregunta. ¿Es Rajoy del PP? ¿O el PP es Rajoy? En cualquiera de los dos casos, la conclusión es la misma. El Rey Plasmado lleva camino de hacer con su partido lo mismo que Zapatero ha hecho con el PSOE, arrastrándolo a una debacle que quizá ya sea irreversible. Que en ese viaje autodestructivo haya hecho por agradar a todos los que jamás le votarán y además dirán que su política pálidamente socialdemócrata es un ejemplo de ultraderechismo, confirma un diagnóstico sobre el personaje difícil ya de cuestionar a estas alturas:

Rajoy es un blando donde hay que ser duro; un duro donde conviene ser un blando; un conservador donde era necesario un liberal, un jugador donde sólo vale el resultado y un resultadista donde sólo cuenta el juego. Lo sorprendente es que, con ese equipaje y la maloliente mochila añadida de una corrupción desbocada, todo el PP se comporte con el seguidismo silencioso de los famosos corderos de la película.

¿Romperá alguien esa baraja, en Madrid, Valencia, Murcia o Galicia? ¿Lo harán antes o después de las Autonómicas y Municipales? ¿Tal vez no lo harán nunca? De momento, más parecen todos secundarios de La venganza de Don Mendo, recitando aquella sandez nada cómica de "mejor morir que perder la vida".

La necesidad de impedir la seudoconsulta
JAVIER TAJADURA TEJADA EL CORREO  30 Octubre 2014

, PROFESOR TITULAR DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UPV-EHU

· Nada sería más peligroso que considerar que, por ser una parodia, la iniciativa de Mas puede ser permitida

Las últimas actuaciones de la Generalitat han puesto de manifiesto su voluntad de no acatar la suspensión cautelar de la consulta independentista dictada por el Tribunal Constitucional. Las declaraciones del presidente Mas en las que se comprometía a respetar la legalidad vigente han sido desmentidas por los hechos. La publicación en el Diario Oficial de la Generalitat del pasado jueves de una orden para la creación de un registro de votantes es la prueba más clara de ello. El envío de cientos de correos electrónicos a los alcaldes de Cataluña en los que se les reclama que faciliten la relación de locales y personas encargadas de la consulta confirma, igualmente, que la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional no va a ser respetada.

La Generalitat está preparando el ‘pucherazo’ perfecto. Y lo está haciendo en un limbo jurídico, esto es, al margen de cualquier norma, disposición o acto jurídico. El registro de votantes no se activará hasta el mismo 9 de noviembre por lo que también carece de efectos jurídicos inmediatos. En este contexto, algunos sostienen que al carecer por completo de cobertura jurídica y basarse exclusivamente en declaraciones formuladas en ruedas de prensa (cada vez más esperpénticas) y en los contenidos de correos electrónicos, la seudoconsulta del 9 N no puede ser impugnada por el Gobierno central. Y que, en todo caso, se trata de una parodia de consulta que, por sus connotaciones antidemocráticas y la falta absoluta de garantías, carece de cualquier credibilidad, y en la medida en que no tendrá efecto alguno, podría ser tolerada.

Esta tesis no puede ser aceptada. El Gobierno y el Tribunal Constitucional están obligados a utilizar todos los instrumentos del Estado de Derecho para impedir la seudoconsulta. Su mera celebración sería una afrenta al Estado de Derecho y un insulto a los ciudadanos. Supondría admitir que la voluntad del guardián de la Constitución no ha sido respetada y que la democracia, por tanto, ha sido subvertida.

El Gobierno dispone de dos vías para impugnar la seudoconsulta. Es cierto que la Generalitat juega al ratón y al gato y no dicta expresamente resoluciones susceptibles de ser recurridas. Pero no por ello sus actuaciones materiales dejan de ser recurribles. En nuestro ordenamiento jurídico las vías o actuaciones de hecho pueden ser también impugnadas y recurridas tanto ante la jurisdicción contenciosa-administrativa (Tribunal Superior de Justicia de Cataluña) como ante la jurisdicción constitucional (Tribunal Constitucional).

En 1988, el Tribunal Constitucional admitió un recurso del Gobierno central contra la convocatoria de unas elecciones sindicales por parte del Gobierno vasco, que carecía de competencias para ello. El Gobierno vasco no había aprobado ninguna convocatoria de elecciones sindicales, ni había

dictado ninguna resolución al respecto, pero –por la vía de hecho– preparaba la celebración de las mismas. El Gobierno central recurrió un par de fotocopias –no impresas en papel oficial, sin fecha y sin firma, pero que habían estado expuestas en un tablón oficial– de las que se deducía su intención de organizar y celebrar las elecciones sindicales. Según el abogado del Estado, esas hojas constituían una «declaración de voluntad administrativa manifestada a través de una actuación material» y tenían «el mismo resultado efectivo que si tales convocatorias e intervención estuvieran amparados por actos jurídicos formales». El Tribunal Constitucional aceptó esta tesis y admitió el recurso. Con ese precedente, es evidente que los correos electrónicos enviados por la Generalitat a los alcaldes –reclamando la cesión de locales para la celebración de la consulta alternativa planteada para el 9 de noviembre– son susceptibles de ser impugnados por el Gobierno y deben serlo a la mayor brevedad posible.

La orden de creación de un registro de votantes (publicada el pasado jueves) también debe ser impugnada porque aunque dicho registro no sea efectivo, su mera existencia contradice la orden de suspensión de la consulta dictada por el Tribunal Constitucional. Por ello, el propio Tribunal podría incluso proceder a esa anulación de oficio al amparo de lo previsto en el artículo 92 de su ley orgánica, que le faculta para «declarar la nulidad de cualesquiera resoluciones que contravengan las dictadas en el ejercicio de su jurisdicción».

El Gobierno y el Tribunal Constitucional deben actuar con rapidez. La propia Generalitat es consciente de estar actuando de forma fraudulenta, y de ahí su resistencia a adoptar actos jurídicos recurribles. Pero en un Estado de Derecho, esos trucos no funcionan puesto que los tribunales pueden actuar contra las vías de hecho o actuaciones materiales de una Administración pública, si con ellas se infringe el ordenamiento jurídico.

El Estado no puede perder esta batalla jurídica. Nada sería más peligroso que considerar que por ser una parodia la seudoconsulta puede ser permitida. La victoria de Mas, aun pírrica, supondría la derrota de la democracia constitucional. Por ello, y dada la proximidad del día D, el Gobierno debería solicitar en sus recursos ante los tribunales que estos emitieran requerimientos expresos a los alcaldes catalanes y a los funcionarios municipales prohibiéndoles cualquier tipo de colaboración en la consulta. El incumplimiento de estos mandatos judiciales permitiría a la Fiscalía acusar de desobediencia a quienes no acataran la suspensión. Dado el carácter excepcional del desafío, el Tribunal Constitucional podría incluso formular un requerimiento expreso al p residente Mas para que desistiera de su actitud a favor de la consulta.

El expolio
Fernando García de Cortázar. ABC  30 Octubre 201430

El lenguaje religioso tiene un extraordinario valor de mercado en el comercio sentimental del nacionalismo. Palabras a las que se arrebata su sentido trascendente, pero que no pierden por ello su solemnidad, su abrumadora sensación de relatar una verdad que está por encima de nosotros, otorgándonos, al mismo tiempo, significado y humildad. Tal vocabulario no se pone al servicio del hombre y de su libertad personal, sino que se recurre a él para indicar la presencia de una autoridad suprema, a la que los hombres, azorados y temerosos, han de someter su voluntad. En la mística servil del nacionalismo, el lugar de la divinidad es ocupado por una Gran Idea intimidatoria, que despoja al individuo de su capacidad de decisión, para entregársela a una providencia más pagana que laica, más abstracta que humanista. El ejercicio de persuasión del nacionalismo, mezcla paradójica de júbilo y amedrentamiento, necesita de un lenguaje al que la civilización cristiana se ha acostumbrado durante dos mil años de esperanza, de consuelo ante las adversidades y de afirmación de la libertad y la dignidad del ser humano. Pero lo usa con graves lesiones a su sentido último, a aquel que al liberalismo le sirvió para afirmar la universalidad de unos valores luego reducidos por las ideologías nacionalistas a sus criterios identitarios de comunidad nacional. Las arcaicas ensoñaciones del nacionalismo nunca han procurado la construcción de un pensamiento laico moderno; se han limitado a fabricar un proyecto en el que las legítimas esperanzas sociales del individuo solo pueden expresarse mediante toscas analogías religiosas, volcadas en palabras que buscan a ciegas su auténtico significado.

Aunque el vocabulario que el nacionalismo ha usurpado a la tradición cristiana es innumerable, existe hoy una palabra cuyo uso contiene una especial aberración: el expolio. El secesionismo catalán la utiliza sin pausa, porque contiene una imagen de singular potencia para nuestra cultura. Recordemos ese episodio, traigamos esa imagen. El pulso inmortal del Greco lo plasmó hace más de cuatrocientos años para la sacristía de la catedral de Toledo. Cristo, a punto de ser despojado de la túnica con la que se le había cubierto en su martirio. Jesús, a punto de exhibir la desnudez lacerada de un cuerpo debilitado por la tortura. La carne del Hijo del Hombre a punto de ser mostrada en su humillante condición. Pero también en su orgullosa afirmación de un mensaje liberador: solo en la Encarnación y, por tanto, solo en aquel acto atroz y ejemplar, adquiría nuestra existencia su esperanza de redención. Al expolio se ha referido la propaganda nacionalista. Pero no para aludir a esa imagen dolorosamente liberadora que contiene uno de los momentos más conmovedores de la Pasión, sino para referirse a una escena que también pintaron los artistas del Barroco: la inmunda avidez con la que los guardianes romanos, representantes de un ejército de ocupación, se jugaron la túnica sagrada. Muchos catalanes han sido convencidos, a lo largo de estos treinta últimos años, de haber sido despojados de su conciencia, de su cultura, de sus recursos económicos y de su soberanía. Cataluña no ha sido, en el flatulento lenguaje del nacionalismo, un territorio meramente maltratado por un sistema fiscal revisable: ha sido una sociedad saqueada en todas sus facetas, la víctima de un expolio, cuyo botín se reparte entre los celadores armados del «Estado Español».

Quizás la vulgata nacionalista acabe por proporcionarnos un vocabulario que nos resulte de utilidad. Porque nadie podrá negar que en Cataluña se ha asistido al despojo de los dispositivos ideológicos de una sociedad, a una feroz liquidación de existencias culturales, a una incineración de su pluralidad en el crematorio propagandístico de todo aquello que se considera ajeno a la esencia nacional. Con desvergonzada complacencia, los angustiados embustes del sistema educativo y los medios de comunicación al servicio de la Generalitat han olvidado en qué consistía la riqueza de una Comunidad antes de ser sometida a los dictados higienistas de la «normalización», en ese proceso que Pujol llamó la «construcción nacional de Cataluña», como si antes del feliz advenimiento del peculiar personaje a este mundo, los catalanes hubieran carecido de una existencia real.

Lo que ahora sucede solo es comprensible como punto final de un proceso de expropiación de una serie de valores. Aquellos que no solo hicieron de Cataluña motivo de orgullo y emulación de todos los españoles, sino también una espléndida experiencia de modernidad, de crecimiento hacia Europa, de disfrute de la singular fortuna del bilingüismo, del rechazo de cualquier distinción entre catalanes por su lugar de origen o por el idioma que usaban, de la voluntad de integración en un gran proyecto español desprovisto de todo casticismo, de la esperanza de ser un elemento crucial para que la nación asumiera una diversidad gestionada con sabiduría y vivida sin sectarismo. En esa Cataluña cuajaron principios cuya destrucción ha sido precisa para llevarnos a la ofensiva secesionista. Por ejemplo, esa «voluntad de ser», que plantearon en tiempos difíciles para la convivencia española intelectuales del rigor, la prudencia y la sensatez cívica de Vicens Vives. Por ejemplo, la llamada a la integridad moral y a la búsqueda de puentes de entendimiento que lanzó el poeta Salvador Espriu en los tiempos de cólera y de separación. Por ejemplo, la formidable tarea de cohesión social y cultural que realizaron los demócratas, en los años finales del franquismo, cuando, mediante una Asamblea de Cataluña muy distinta a la que hoy existe, proclamaron el deseo de dar a luz una España democrática, constitucional, sintetizadora de su diversidad y reconciliada en un proyecto regeneracionista.

Todo esto es lo que se echa en falta en Cataluña. Añoramos aquella tensión intelectual para afrontar los problemas de convivencia nunca fáciles en una sociedad compleja y atravesada ahora por una crisis que nos pone a prueba y que algunos quieren aprovechar con un objetivo tan mezquino como peligroso: no solo la impugnación de España como realidad histórica, sino la afirmación del fracaso de nuestra nación ante un desafío que tenemos que afrontar juntos. Un país que no es capaz de afilar su conciencia y llevar al límite sus recursos humanos para arrostrar una situación como la que sufrimos merecería ser dejado en el arcén de los vehículos inservibles. La frustración de España, la desertización moral de la Cataluña que escribió sus mejores páginas, en aras de una nación culta, libre, moderna, tolerante y eficaz, es un sacrificio ritual con que el nacionalismo desea presentar su torpe victoria sobre el interés de todos. Empezando por los valores de quienes viven en una Cataluña a la que han despojado de buena parte de sus atributos cívicos. Esa, y no otra, ha sido la expropiación que nos asola. Ese, y no otro, ha sido el verdadero expolio de Cataluña.

Fernando García de Cortázar, director de la Fundación Vocento.

PSOE – PP: directos al abismo

ernesto milá Minuto Digital 30 Octubre 2014

Dos hechos que no tienen absolutamente nada que ver confirman que nos encontramos en puertas de un nuevo ciclo político. De un lado, el pobrísimo espectáculo de Pedro Sánchez en el debate presupuestario, teniendo como oponente al ministro Cristóbal Montoro y la redada que ha llevado a varios altos cargos del PP a la cárcel por un nuevo escándalo de corrupción, demuestran que ambos partidos van a tener muchas dificultades para conservar a buena parte de su electorado. Día a día, cada vez más, aparecen signos más claros de que nos aproximamos al inicio de un nuevo ciclo político. La época del “bipartidismo imperfecto” se está acabando ante nuestros ojos, a diferencia del período franquista en el que las posibilidades de renovación estaban condicionadas a la desaparición física del jefe del Estado, casi cuarenta años después, el inicio del nuevo ciclo está condicionado a la desintegración de las dos grandes fuerzas políticas de centro–derecha y de centro–izquierda que han venido protagonizando los repartos de poder.

Pedro Sánchez, de la “gran apuesta” al “gran fracaso”
En Cataluña el PSC quedará relegado en las próximas elecciones al quinto o sexto puesto, no le va a ir mucho mejor en el País Vasco y en Navarra, la desintegración del PSOE madrileño es algo cantado en este momento y nada podrá impedir que quede detrás –quizás muy por detrás– de Podemos y del PP. Tampoco en Valencia, la sigla PSPV se beneficiará de la caída electoral del PP que se avecina y todo el misterio es si quedará en tercera o cuarta posición, por detrás de Podemos, de Compromís y del PP.

Lo peor no son los malos resultados en estas autonomías, sino el hecho de que, matemáticamente, el PSOE solamente puede alcanzar mayoría absoluta en todo el Estado cuando tiene éxitos rotundos en Cataluña y Andalucía. Pues bien, el PSC es sin duda la “parte” del PSOE más desecha por décadas de errores encadenados. En cuanto a Andalucía, aunque el voto clientelar consiga minimizar la sangría, va a resultar muy difícil que Podemos no ocupe un cómodo espacio que terminará por tener un espacio propio incluso en esa autonomía. En cualquier caso, lo que parece claro es que el nombramiento de Pedro Sánchez como nuevo secretario general, lejos de haber contribuido a “re–posicionar” la sigla histórica del PSOE, ha acelerado su caída.

A pesar de que no es una encuesta particularmente fiable, la publicada el 6 de octubre por la Sexta, dando apenas cuatro puntos de ventaja al PSOE sobre Podemos (del 21 al 17%, respectivamente), todo induce a pensar que, por una vez, la encuesta responde a la realidad. Es evidente que el PP también va a perder comunidades autónomas, pero eso no es un consuelo para el socialismo español que ve como se aproxima el tiempo de un hundimiento sin precedentes.

Pedro Sánchez ocupa el cargo de secretario general apoyado especialmente por las firmas de los compromisarios andaluces. En otras palabras, está allí porque Susana Díaz no ha querido ocupar aquel asiento. Las razones son evidentes: el caso de los EREs se aproxima peligrosamente a la presidenta andaluza e incluso aunque los reiterados escándalos de corrupción no afecten excesivamente al PSOE andaluz, no es la mejor carta de presentación en el resto del Estado. Por otra parte, es evidente que en las próximas elecciones el PSOE estará demasiado débil para ofrecer una alternativa sólida al PP y sus “barones” firmarían por mantenerse como partido mayoritario en la oposición. Así pues, el candidato que represente a la sigla PSOE en las próximas elecciones generales, saldrá derrotado y difícilmente sobrevivirá. Será entonces cuando Susana Díaz, acudiría a tomar el relevo con más garantías de éxito para las elecciones siguientes… siempre y cuando no se produzca un derrumbe electoral con Pedro Sánchez. Y el problema es que eso es justamente lo que se avecina.

Está claro que si las próximas elecciones autonómicas y municipales de junio se saldan con un absoluto fracaso, incluso la candidatura de Pedro Sánchez a las generales del año siguiente, peligra. Una cosa es saber quién va a ser el candidato derrotado y otra muy distinta que esa derrota sea extrema. El PSOE solamente podría volver al poder –tal es lo que piensan sus dirigentes– si se produjera una “dulce derrota”. Susana Díaz empieza a pensar si no sería mejor que ella se presentara como candidata en las elecciones generales en la perspectiva de que esa “dulce derrota” le ayudara a situarse como futura vencedora en las elecciones del 2020…

De momento, lo que se percibe cada vez con más claridad es la falta de talla política, no solamente de Pedro Sánchez, sino del resto de su equipo (una vez más se ha cumplido el “principio de Peter” sobre los distintos niveles de incompetencia: un incompetente siempre elige a gente más incompetente para los puestos inferiores para evitar que le hagan sombra).

En el debate presupuestario Pedro Sánchez apenas pudo oponer nada más que tópicos e ideas muy generales al proyecto presentado por Montoro. Y eso que la economía es su especialidad. La victoria de Montoro, sino por KO, por puntos, fue clara e indiscutible. Además, esta derrota venía tras las ridículas declaraciones sobre los funerales de Estado para víctimas de la violencia doméstica y a la propuesta de disolución del Ministerio de Defensa que ni el mismísimo Zapatero hubiera hecho en sus excesos como “optimista antropológico”. Quedó claro, por lo demás, que el PSOE ya siente el aliento de Podemos detrás de la oreja y que todos los esfuerzos van dirigidos a mantener a su sigla como la hegemónica en la izquierda. Estos episodios restaron brillantez a la enérgica expulsión de los implicados en el escándalo de las tarjetas–black de Bankia.

Enésimo escándalo de corrupción: Francisco Granados
En el mismo escándalo de las tarjetas–black, el PP actuó con mucha más timidez. El propio Rodrigo Rato facilitó su dimisión para evitar poner en un compromiso a un partido que ya le interesa muy poco. La sombra de Gürtel planea sobre el PP desde febrero de 2009, demasiado tiempo para que el sumario no se haya cerrado, juzgado y condenado a los participantes en la trama y cuando esta amenaza dista mucho de estar conjurada, ahora estalla otro escándalo que se lleva por delante al que fuera brazo derecho de Esperanza Aguirre, Francisco Granados. Lo peor que le podía pasar al PP y lo peor, en realidad, que le podía pasar a las maltrechas “fuerzas constitucionalistas”.

No se trata, como en el caso Gürtel de detenidos por temas de corrupción que se remontan a varios años atrás, sino por escándalos que se han dado en los últimos meses. De momento, no solamente Francisco Granados, sino el presidente de la Diputación de León y seis alcaldes madrileños (cuatro del PP, una del PSOE y otro de la Unión Demócrata Madrileña) han sido imputados por la Audiencia Nacional. Cuarenta y cinco personas más, casi todos ellos constructores y empresario están pasando a declarar a raíz de una denuncia procedente de Lausana.

No hay nada nuevo en esta operación salvo los nombres de los imputados. Por lo demás, estamos ante una trama de influencias políticas para conseguir irregularmente adjudicaciones de contratos y servicios públicos, seguido por otra trama de blanqueo del dinero obtenido ilegalmente. Todo ello generado dentro de autonomías de amplia tradición pepera: Madrid, Valencia, Murcia y León.

A estas alturas ya no es nada nuevo que un grupo de dirigentes políticos sea procesado por falsificación documental, delitos fiscal, cohecho, tráfico de influencias, malversación de dinero público, prevaricación, fraude contra la administración, blanqueo de capitales, revelación de secretos, actos prohibidos a funcionarios y organización para delinquir… Si alguien creía que el Caso Pujol era una excepción en la España de Blancanieves creada por la constitución de 1978, se equivoca. Si alguien creía que otras autonomías no iban a aparecer en el ranking de los más corruptos y no rivalizarían con la Junta Andaluza y con la Generalitat de Catalunya, simplemente ignoraban que la corrupción es la característica más extendida del régimen nacido en 1978.

Que se trata de una operación de envergadura lo da el hecho de que además de los 50 detenidos, se han producido 259 registros, 400 mandamientos a entidades bancarias, 30 embargos preventivos y alguna que otra sospecha de fuga de información para alertar a los implicados de que estaban siendo investigados. Esto, por supuesto, no acabará aquí y la instrucción promete ser larga y suculenta. Quizás estemos ante otra trama de financiación ilegal del PP o quizás ante una simple trama para beneficio personal de unas cuantas docenas de espabilados… francamente, importa muy poco.

Cinco conclusiones para un sainete
Nos equivocaríamos si creyéramos que estos son episodios puntuales y sin ninguna ligazón. Ambos casos –el fracaso de Pedro Sánchez y el hundimiento electoral del PSOE y el nuevo escándalo de corrupción– no son más que dos nuevos episodios de la crisis generalizada del régimen nacido en 1978. PP y PSOE son consciente de que su destino es solidario: si desaparece uno, el otro seguirá antes o después el mismo camino (y cuando nos referimos a “desaparición” queremos decir desplazamiento de un papel axial en la política española a un lugar marginal).
La primera conclusión nos parece difícilmente rebatible: PP y PSOE (o como algunos prefieren llamarlos PPSOE) han iniciado su inevitable declive electoral.

Segunda conclusión: el declive del PPSOE es, al mismo tiempo, el declive del sistema político nacido en 1978 y de sus equilibrios de fuerzas.

Tercera conclusión: no hay que descartar antes de las próximas elecciones una aproximación entre ambos partidos (especialmente si la economía se tuerce sin posibilidades de alegar “brotes verdes” de ningún tipo). No hay que olvidar el hecho capital: hoy disponen de 2/3 de los votos para modificar la constitución en beneficio propio. Después de las próximas elecciones generales, con toda seguridad, la suma de diputados del PP y del PSOE difícilmente llegará a esa cifra. Parece difícil que se pongan de acuerdo en tan poco tiempo. Como muchos animales en cautividad, tanto PP como PSOE han perdido el instinto de supervivencia y conservación.

Cuarta conclusión: el próximo parlamento estará mucho más fragmentado que éste. Iremos a una situación parecida a la italiana completamente incompatible con un sistema de bipartidismo imperfecto.

Quinta conclusión: lo que tenemos ante la vista es un largo período de inestabilidad política.

Los estrategas del PP y del PSOE saben perfectamente que este esquema es el único posible pero se aferran a esperanzas, minimizando el alcanza de su propio hundimiento. En el PP, Pedro Arriola está convencido de que si bien el PP perderá la mayoría absoluta, podrá mantenerse durante dos legislaturas gobernando en minoría, apoyados circunstancialmente por unos u otros grupos recién entrados en el congreso de los diputados. A fin de cuentas, UCD consiguió algo parecido en sus dos legislaturas.

El problema de Arriola es que piensa en términos de “antiguo régimen”, es decir, de “régimen constitucional” en el que el enemigo principal del PP era el PSOE y viceversa. Hoy, ese régimen está muriendo ante nuestros ojos, a sobresaltos como estos dos comentamos hoy. Arriola tiene razón es que el que más sufrirá con la aplicación de la Ley d’Hont en el nuevo ciclo que se abrirá con las próximas elecciones generales, será el PSOE: el partido socialdemócrata será, así, víctima del sistema electoral que contribuyó a crear en 1978 y que beneficia a las dos fuerzas mayoritarias. En aquellas circunscripciones en las que el PSOE no quede ni en primer ni en segundo lugar… corre el riesgo de convertirse en fuerza extraparlamentaria. Y si esta posibilidad ensombrece hasta el ocaso el futuro del PSOE, a medio plazo afecta también al PP. De ahí la necesidad para ambos partidos de modificar la ley electoral… como siempre, en beneficio propio. Pero también aquí existe el riesgo de que esta modificación altere completamente la relación con los nacionalistas y que, incluso, sea considerada como un fraude para el electorado y para la democracia.

Recuerdo a Thomas Molnar y a su gran obra La Contrarrevolución: hay un momento en el que un régimen político precisa reformas, pero el régimen y sus componentes se sienten fuertes y no juzgan necesario realizar corrección alguna. Es el tiempo de la “reforma necesaria” que nunca se aborda. Pero luego viene un tiempo en el que esa “reforma” se muestra cada vez más necesaria, pero quienes debían de realizarla, están debilitados y no pueden aplicar ninguna modificación legislativa sin el riesgo de que todo se hunda sobre ellos. En el período de Luis XIV (el que analiza Molnar), la “reforma necesaria” podía haberse aplicado. Parecía increíble que aquella Francia pudiera algún día caer. Pero en la Francia de María Antonieta y de Luis XVI, la reforma era inaplazable, pero abordarla suponía el fin del régimen y el chasquido de la guillotina. Así fue.

Razón tenía Marx cuando decía que la historia, cuando se repite, pasa de ser drama a farsa. Y en esta desgraciada España, pasa de ser farsa a sainete.

¿Sería la independencia de Cataluña un buen negocio? (I)
Clemente Polo www.cronicaglobal.com 30 Octubre 2014

Esta es una parte del texto que preparé para mi intervención en el debate organizado por la Universidad de Gerona el pasado 28 de octubre. Los cuatro ponentes dispusimos de diez minutos para presentar nuestros argumentos antes de iniciar propiamente el debate que tuvo una duración de cuarenta minutos, y veinte minutos más en los que el público pudo hacernos preguntas. La primera parte que hoy se publica corresponde a esa exposición inicial. El resto del texto aparecerá en otros dos próximos artículos que espero resulten interesantes para los lectores de CRÓNICA GLOBAL.

Agradezco a Joan Vergés, director de la cátedra Ferrater Mora, y a la Universidad de Gerona el haberme invitado a participar en este debate anunciado con tan provocativo título: "¿La independencia de Cataluña sería un mal negocio, sí o no?·. Y digo, provocativo porque poner en duda en los tiempos que corren que la independencia será lo que el maná fue para los israelitas en el desierto casi te asegura ser objeto de repulsa pública. Si no he entendido mal, se trata de un debate académico en el que vamos a fundamentar nuestra respuesta en razones de orden puramente económico, dejando al margen nuestras emociones y legítimas preferencias políticas. Lamento, como académico, que el Sr. López Casanovas renunciara a participar en el debate cuando supo que se me había invitado y yo había aceptado la invitación. Sólo dispongo de 10 minutos así que paso a responder la pregunta y exponer brevemente mis argumentos.

Mi contestación a la pregunta de si la independencia sería o no un mal negocio, es un sí rotundo. No sólo sería un mal negocio independizarse sino que afirmo que casi con toda seguridad sería un pésimo negocio. ¿En qué me baso para hacer una afirmación tan rotunda? Primero, en un hecho incontestable: a los catalanes nos ha ido muy bien siendo españoles; y, segundo, en que no hay un solo argumento sólido que avale la noción de que la independencia mejoraría nuestro nivel de bienestar. Paso a desarrollar sucintamente estas dos tesis.

En cuanto a la primera afirmación, quiero subrayar que a los catalanes el haber sido españoles les ha proporcionado unas excelentes oportunidades de negocio que los comerciantes y empresarios han aprovechado a fondo durante los últimos 300 años y de las que se han beneficiado también los trabajadores catalanes, nacidos aquí o venidos en muchos casos, como el mío, de otros lugares del resto de España. Los historiadores económicos estiman que partiendo en 1800 de una renta per cápita relativa prácticamente igual a la media española (102,4), ésta aumentó de manera sostenida hasta alcanzar su nivel más elevado, 163,5, en 1950, en pleno franquismo. A partir de ese momento, comenzó a perder terreno y la última cifra de esta serie la sitúa en 123,7 en el año 2000 (Estadísticas Históricas de España, v. III, coordinado por A. Carreras y X. Tafunell. Fundación BBVA 2005). Empleando las cifras del INE y Eurostat, se puede comprobar que la renta per cápita de los catalanes en 2013 era el 24,4 % superior a la renta del resto de los españoles y el 13,3 % superior a la media de las regiones de la UE. Es también sensiblemente superior a la de todos los departamentos franceses del área del Mediterráneo-Sur. A los catalanes no les ha ido pues nada mal formando parte de España. De hecho, Cataluña y también España, constituyen dos buenos ejemplos de lo que los economistas denominamos crecimiento sostenido.

Y precisamente porque ha sido un gran negocio, a nadie salvo a algunas minorías extravagantes se les ocurría pedir la independencia de Cataluña hasta hace muy poco tiempo. Hasta 1986, para ser exactos, cuando el Reino de España firmó el tratado de adhesión a la CEE, lo que querían las élites políticas, económicas y sociales de Cataluña era justamente lo contrario: más integración y mayor protección del mercado ‘nacional’ para seguir ganando dinero. No es ninguna casualidad que los escasos intentos de proclamar la independencia, aprovechando momentos de graves convulsiones políticas, sociales y económicas en España, acabaran en un completo fracaso. Nadie con la cabeza sobre los hombros quería matar la gallina de los huevos de oro. No hace tanto tiempo que el president Mas, siendo ya primer consejero del gobierno de la Generalitat en 2002, declaró en una entrevista que “el concepto de independencia lo veo anticuado y un poco oxidado”.

Paso ahora a justificar mi afirmación de que no se han presentado argumentos sólidos que respalden la hipótesis de que la independencia mejorará el nivel de bienestar de los catalanes. Para empezar, hay que reconocer que la independencia tendrá efectos negativos sobre la actividad económica de las empresas y entidades financieras localizadas en Cataluña. Aunque se ha tratado de esconderlos, haciendo hipótesis inverosímiles para minimizar su cuantía o incluso evitar entrar a considerarlos, lo cierto es que ni siquiera los economistas partidarios de la independencia han podido negar que ésta tendrá efectos negativos sobre la base económica de Cataluña, sus exportaciones de bienes y servicios, y efectos indeseables sobre las entidades financieras cuya sede social, que no el grueso de su negocio, está en Cataluña. A la luz de la experiencia de países que han pasado por un proceso de desintegración, la caída del comercio se producirá en un plazo relativamente breve, 5 años, y sus consecuencias serán severas e irreversibles. Y en cuanto al impacto sobre el sistema financiero, sus efectos negativos se dejarán sentir incluso antes de declararse la independencia.

Además, las pérdidas que ocasione la independencia no podrán compensarse con los beneficios ilusorios que los economistas partidarios de la independencia han bautizado con el sugerente nombre de dividendo fiscal de la independencia. Todo lo fían a los 16.000 millones en números redondos en que cifran el déficit fiscal estimado (y subrayo esta palabra, estimado) de Cataluña con la APC y que haciendo un acto de fe creen que estará a disposición del nuevo Estado catalán. La credulidad humana es ilimitada y andan estos días unas brigadas amarillas, los “Testigos de Jehomás”, llamando a las puertas de nuestras viviendas para preguntarnos a qué queremos dedicar esos recursos adicionales que traerá la independencia. Pues bien, todavía estoy esperando a que alguno de los economistas partidarios de la independencia demuestre que el hipotético dividendo fiscal de la independencia será positivo.

Volveremos con seguridad sobre esta cuestión durante el debate, pero permítanme ahora ilustrar mis argumentos con un sencillo ejemplo tomado del mundo del deporte, la actividad que absorbe tanto tiempo, desvelos y recursos en Cataluña y el resto de España. El C.F. Barcelona tiene un presupuesto superior a 500 millones y como consecuencia de las transacciones que realiza en el desarrollo de sus actividades (fichas, contratos, compras de bienes y servicios, etc.) aporta unas cantidades importantes a Hacienda. Pues bien, lo que afirmo es que si Cataluña se independizara y el C.F. Barcelona quedara excluido de las ligas españolas y sus equipos sólo pudieran jugar en las ligas catalanas y europeas, los ingresos del club (la base económica que lo sustenta) disminuirían notablemente y los impuestos que ingresaría a la Hacienda catalana (ingrediente esencial del dividendo fiscal de la independencia) serían muy inferiores a los que ahora ingresa en la Agencia Tributaria española. Suponer que los ingresos tributarios que ahora se generan se mantendrán inalterados después de la independencia es una falacia, un engaño, porque presupone sin ningún fundamento que la actividad económica y los ingresos del club y, por consiguiente, las bases impositivas, no se verán afectadas por la independencia.

Conclusión general
Comprendo que a algunos economistas partidarios de la independencia con inclinación regeneracionista y redentorista, lo logrado por España durante los últimos 300 años les parezca poco. Deberían hacerse mirar la vista. El avance de la economía española durante la segunda mitad del siglo XX se considera un ejemplo de lo que en Crecimiento Económico se denominan ‘milagros económicos’, para referirse a economías relativamente atrasadas que en pocas décadas avanzan con gran rapidez hasta alcanzar una renta per cápita entre las más elevadas del mundo. Naturalmente que España tiene que afrontar retos importantes (envejecimiento, crecimiento de la desigualdad, despilfarro, corrupción política, etc.), problemas, presentes, por otra parte, en todos los Estados desarrollados, incluso en los más prósperos de la UE, y también en Cataluña. Quienes ven en la independencia una posibilidad de regeneración, deberían, como decía, mirarse la vista porque no hay ninguna otra CCAA española cuyo presidente desde 1980 a 2003, haya defraudado a Hacienda durante 34 años y haya tenido la desfachatez de querellarse contra el periódico que alertó en 2012 que poseía cuentas en paraísos fiscales. Por ello, resulta ilusorio fiar la solución de estos problemas a lograr la independencia. Ninguna sociedad, mucho menos las nuestras, tan acomodadas y viejas, pueden empezar de cero. Y empezar de cero con frecuencia tampoco garantiza ni la democracia ni el buen gobierno.

La mera enumeración de problemas al estilo Podemos, tras las que se escudan los economistas partidarios de la independencia para presentarla como la opción menos perjudicial, no puede ocultar que España continúa siendo uno de los países con renta per cápita más alta del mundo (26 en la lista del FMI en 2013 y 20 si eliminamos los países del golfo y Luxemburgo), y éste es el mejor indicador global de la competitividad de sus empresas y entidades financieras, muchas de las cuáles han registrado un proceso de internacionalización impensable hace unos años. Lo que a muchos catalanes y españoles nos preocupa y avergüenza no son los complicados problemas a los que tenemos que hacer frente, sino que Cataluña esté gobernada por personajes que en lugar de afrontarlos, presentando puntualmente los presupuestos y proponiendo reformas para el conjunto del Estado, han renunciado a gobernar y se dedican a tiempo completo a conspirar deslealmente contra el Estado, soslayando cuando no infringiendo abiertamente el cumplimiento de las normas que democráticamente hemos aprobado todos los españoles, a alimentar una fractura social en Cataluña de consecuencias imprevisibles, y a generar una inseguridad jurídica e incertidumbre sobre su futuro de su economía que en nada beneficia a la economía catalana ni a la española en su conjunto.

El timo de la estampita secesionista y la victoria de los verdugos
Asociación por la Tolerancia www.latribunadelpaisvasco.com 30 Octubre 2014

Sigue prestándose más atención a las noticias que a las opiniones. Se diría que todo está ya desvelado y que el secesionismo ha agotado su capacidad de sorprender. Tal vez por ello toma protagonismo el resto de la realidad.

La ANC avala la consulta ‘esperpento’ (este es el adjetivo más repetido, consúltese un diccionario valleinclanesco), al tiempo que reparte salvoconductos a los comercios amigos. Esta y otras medidas incrementan la presión sobre la sociedad, aunque ni una sola instrucción se da claramente por escrito. ¿Se recupera la unidad de los partidos del PUC? El vodevil está ya perfilado y el Estado vacila sobre si intervenir o dejar que se pudra la situación, mientras que el presidente Mas habla abiertamente (¡y de forma pública!) de engañarle. Parece que ya podemos dar por puestas las urnas en la calle en una representación de democracia de ‘cartón piedra’ que, sin embargo, con todos sus secretos y mentiras, constituye un golpe contra el estado de derecho.

Félix Ovejero le saca las cuentas al cuento del secesionismo, en el que es cuento hasta el fundamento mismo (Fernando Savater). No es de extrañar que con esos mimbres se hay tejido una consulta llena de trampas (Francisco J. Laporta), la última de las cuales es el invento de la singularidad (Santiago Trancón). ¡Vamos, que es mentira hasta que Franco favorecía al Real ‘Madrit’!

¿Es la abstención la postura correcta en unas más que probables en unas elecciones plebiscitarias? ¿Son éstas acaso la solución? No cabe duda de que estamos en tiempos de confusión (F. de Carreras), y no sólo la consulta es esperpéntica, también lo son las promesas del paraíso secesionista. No es raro que se tambalee la confianza de los fieles, aunque se hagan esfuerzos por preservar la fe.

¿Y si el ‘desapego’ que supuestamente dio origen a todo esto hubiera tenido otra causa que la que se le supone? De poco van a servir los bellos deseos del Rey frente a unos políticos que siguen un plan premeditado con decenios de estrategia a sus espaldas. Y ahora España pide a Europa lo que no es capaz de garantizar en su propio territorio.

Se cumplen tres años de silencio de las armas en la CAV y puede constatarse que las víctimas han cedido más que sus verdugos. Basta con ver quiénes están alegres y quiénes disgustados. Justo en este momento se publica una entrevista estremecedora que deja al descubierto lo que ocurre cuando el asesino se siente respaldado. Y he aquí otras consecuencias de ese respaldo: las víctimas se quejan al Supremo por no haber parado a tiempo la ‘doctrina Parot’, cuando ahora lo ve posible; COVITE denuncia la actuación del ayuntamiento de San Sebastián; el Parlamento vasco acoge a un exetarra en la bancada de BILDU y Urkullu aún pide a los jueces otra política penitenciaria, cuando resulta que en el seno mismo de la Justicia se mantienen posiciones ambiguas. Esto es lo que trae consigo la nueva ETA ‘que no mata’ y que aplaza el ‘desarme’ hasta ver el resultado de las elecciones. Y las víctimas soportando humillaciones sin poder contar siquiera con el respaldo de las instituciones.

CCC publica un nuevo informe sobre los resultados en Cataluña de PISA 2012, ignorando los cuales ‘Plataforma per la Llengua’ sigue quejándose de la discriminación que sufren los catalanohablantes. Pero, ¿podremos saber, Mercè Vilarrubias, qué piensan los ciudadanos de la política lingüística? De momento, sabemos que Sonia Sierra cree que es, junto a la educación, el eje del proyecto identitario. Proyecto en el que se hallan plenamente implicados los socialistas, tanto los vascos como, evidentemente, los catalanes (con la aquiescencia de su partido madre). El Gobierno balear, entretanto, se ha visto obligado a anular el ‘decreto del trilingüismo’.

Y, aunque les cueste de creer, hay más, mucho Mas.

Recogiendo nueces en Iparralde
Francisco López www.latribunadelpaisvasco.com 30 Octubre 2014

En los últimos días se ha publicado un sorprendente manifiesto firmado por cargos y "personalidades" locales del País Vasco francés. En él se exige al Gobierno de París la impunidad de los criminales de la banda terrorista ETA que cumplen sus penas en Francia. De todos los criminales, tengan o no tengan las manos manchadas de sangre. Todos a la calle.

Incluyen un llamamiento retórico y hueco a un "control internacional" en el "desmantelamiento de infraestructuras" de ETA. En su momento ya pudimos comprobar la efectividad real de ese control y desmantelamiento: nula. A ello hay que sumar que estos indeseables, no han incluido la exigencia irrenunciable de todos los demócratas: completa, total y absoluta disolución de la banda. Traducido a lenguaje que todos entendamos, la entrega de armamento obsoleto mientras la banda mantiene su existencia y puede seguir chantajeando a la sociedad y a los responsables políticos, como garante del proceso.

Es decir, en principio no hay muchas novedades sobre lo que hemos visto hasta ahora en este tipo de panfletos. Sin embargo, este documento presenta dos aspectos muy preocupantes.

El primero es constatar la presencia entre los abajo firmantes de los imprescindibles imbéciles que prestan su rostro, para dar una falsa imagen de pluralidad en un panfleto proetarra y pronacionalista. Algunos socialistas y centristas, incluido alguien del... ¡partido de Sarkozy! Este ébola político tiene sus primeros contagios en la clase política francesa, a afectar a electos y sindicalistas no nacionalistas que no parecen conscientes de que su papel se limitará a ser perritos falderos del más sucio, repugnante y casposo ultranacionalismo. Muchos suelen decir que en Francia las cosas son diferentes a España, pero no deberíamos estar tan tranquilos. Nuestros vecinos están sumidos en una aguda crisis, política, económica, social y la Historia nos muestra que en situaciones como esta, quien no es nada con voluntad y audacia puede conseguir en breve plazo una pavorosa influencia y poder.

Lo más grave de todo es cómo termina el escrito. Ahí está lo que de verdad les interesa a los abajo firmantes, colaboracionistas del PSF incluidos. Introducen un llamamiento expreso a dotar al País Vasco francés de “estatuto particular” porque “contribuiría de manera positiva al éxito de una paz duradera”.

Así funden el final de la violencia, con la campaña que están desarrollando los partidos nacionalistas exigiendo una amplia autonomía para el País Vasco francés. El objetivo es crear una "colectividad territorial", inspirada en los territorios de Ultramar, con amplia autonomía y poder local. El chollo que busca todo nacionalista: multiplicar la burocracia y tener la llave de la Caja para el soborno y la compra de voluntades. Y la educación para lavar cerebros y la imposición del euskera como método para convertir la Administración en su cortijo, como están haciendo en España. Todo con la vista puesta en el objetivo final de la anexión al ente común que tras las próximas elecciones autonómicas esperan crear el País Vasco español y Navarra.

Por tanto, al final los crímenes de ETA, toda la sangre y el dolor que han generado, son útiles y rentables políticamente para las distintas familias nacionalistas, a este y a aquel lado de la frontera. Por desmantelar sus "estructuras", Francia debe dar a los asesinos un premio político. El viejo esquema del "árbol y las nueces".

Conclusión final. No debemos minusvalorar la capacidad del nacionalismo vasco a la hora de conseguir sus objetivos. Si lo vemos con perspectiva, al final siempre consiguen lo que buscan, pasito a pasito, de forma paciente, comprando voluntades y hasta logrando apoyos contranatura. Su capacidad de seducción y engaño es infinita.

Por tanto, esto hay que tomárselo en serio. Ahora UPYD y Ciudadanos tienen presencia en el Parlamento Europeo y deberían aprovecharla para tender puentes y multiplicar contactos con las distintas fuerzas francesas. Los propios representantes en Euskadi y Navarra de estas fuerzas, deben incluir entre sus obligaciones habituales el mantener hilo directo, con socialistas, izquierdas, verdes y centro-derecha en la región a fin de contrarrestar la asfixiante propaganda del nacionalismo. Del PP y del PSOE no digo nada por razones obvias.

Las víctimas también tendrían que hacer llegar su voz, a fin de frenar apoyos entre los partidos no nacionalistas y la sociedad civil gala. De la misma forma que en Argentina y Chile siguen juzgándose los crímenes de las dictaduras y nadie plantea amnistías como las que exigen estos indeseables, en España y Francia, los que lo han hecho, lo deben de pagar. Como Videla, que mueran en la trena.

Lo que pase en el País Vasco francés, va a influir en España. Esperemos haber aprendido la lección y en este caso, cuando aún estamos a tiempo, no repitamos el error de dejar en manos de otros, lo que debemos de que hacer nosotros directamente: combatir el nacionalismo allá donde esté y trabaje por imponer sus objetivos
 


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