AGLI Recortes de Prensa   Sábado 8  Noviembre  2014

Les habla Pablo Iglesias: están rodeados; ríndanse
Luis del Pino Libertad Digital 8 Noviembre 2014

¿Se han fijado ustedes alguna vez en lo espectacular que fue la conquista de España por los musulmanes en el año 711? Tarik y Muza comandaban una fuerza militar de unos 30.000 hombres, pero en menos de dos años habían ocupado casi toda la Hispania visigoda, que contaba con entre 3 y 4 millones de habitantes.

¿Cómo es posible que una reducida fuerza expedicionaria se impusiera de manera tan rápida sobre una población cien veces mayor?

La conquista musulmana de la Península Ibérica constituye un buen ejemplo de cómo un estado aparentemente fuerte, puede disolverse como un azucarillo cuando el egoísmo de sus elites dirigentes se antepone al bien común. Tarik y Muza conquistaron España porque en realidad no había nadie que pudiera, quisiera y supiera impedírselo.

Por lo que respecta a la población, la realidad es que a nadie le importaba demasiado si los musulmanes conquistaban el país o no. Al fin y al cabo, la única consecuencia práctica de la invasión consistiría en cambiar a un señor por otro. Por lo demás, habría que seguir arando los campos igual que antes, trabajando igual que antes de sol a sol y soportando igual que antes a una nobleza militar sustentada por la misma masa de siervos.

Algunos sectores de la población, de hecho, salían ganando con la invasión. Es el caso de los judíos, que eran conscientes de que la conquista musulmana traería consigo la derogación de la dura legislación anti-judía visigótica, por lo que acogieron a los invasores con los brazos abiertos.

Y en cuanto a la nobleza visigoda (que era la única que podía salir perdiendo, al verse sustituida por los conquistadores), estaba demasiado dividida como para poder articular una defensa, a pesar de contar con una abrumadora superioridad numérica. El enfrentamiento entre los partidarios de Don Rodrigo y los hijos de Witiza tenía al país prácticamente sumergido en la guerra civil. Y los invasores musulmanes aprovecharon la ocasión para hacerse con las riendas.

Salvo algunos conatos de resistencia, como Mérida (que tuvo que ser sitiada) o Zaragoza (donde los hombre fueron ahorcados y las mujeres esclavizadas, por negarse a la entrega de la ciudad), lo cierto es que la mayor parte del territorio se ocupó sin apenas combate. Muchos nobles locales, por ejemplo en Orihuela o en Tarazona, optaron por el vasallaje o la conversión al Islam y aceptaron la conquista para conservar sus posesiones.

Sea como fuere, el caso es que la invasión musulmana ilustra con qué facilidad puede conquistarse un estado cuando la mayor parte de su población no tiene nada que defender, y aquellos que sí tienen algo que perder han perdido la voluntad de defenderse.

No he podido evitar acordarme de ese episodio al leer esta semana una catarata de declaraciones sorprendentemente conciliadoras para con Podemos, a quien el CIS acaba de confirmar como primera fuerza ya en intención directa de voto.

Que Pedro Sánchez diga que no descarta pactos puntuales con Podemos, resulta comprensible, especialmente teniendo en cuenta que casi dos millones de sus electores se han pasado ya a Pablo Iglesias. Que Izquierda Unida lloriquee, un día sí y otro también, implorando un pacto a la formación política de moda, es patético, pero casi obligado, puesto que está siendo absorbida a velocidad de vértigo por Podemos.

Algo más sorprendente ha sido ver a Núñez Feijóo decir que él es "más de Podemos que los de Podemos"; ver a José Antonio Monago reiterar que no le importaría gobernar con Podemos o ver a Cristina Cifuentes afirmar que la aparición de Podemos "tiene más cosas buenas que malas". Y el remate del tomate ha sido escuchar a Ana Patricia Botín afirmando que la banca y Podemos tienen "un interés común", que es que España vuelva a la senda del crecimiento.

Podíamos intuir que la encuesta del CIS (o la de Metroscopia, aún más demoledora) iba a tener consecuencias en el terreno político, pero esta especie de rendición preventiva de nuestras elites patrias resulta casi cómica. Porque no olvidemos que la fuerza real de Podemos, su fuerza constatada, es ese 8% de voto obtenido en las pasadas elecciones europeas. Todo lo demás son solo encuestas: muy significativas, pero que no dejan de ser un futurible.

Ver a un partido como el PP, que cuenta con toda la potencia de fuego de su mayoría absoluta, lanzando mensajes conciliadores a un Pablo Iglesias que no tiene más arma que una encuesta, es para troncharse de la risa. E ilustra que Pablo Iglesias podría no encontrar resistencia ninguna en su camino hacia Moncloa.

Como cuando la invasión musulmana, al pueblo llano le importa un comino cambiar uno señores por otros. De hecho, lo más probable es que abra los brazos al conquistador aunque solo sea por afán de desquitarse, porque las humillaciones reales infligidas por los actuales señores duelen siempre mucho más que las humillaciones imaginadas que los señores futuros puedan infligir. Nuestras elites nacionales han conseguido, a base de prepotencias y venalidad, que sus súbditos les tengan verdadero asco, con lo que no van a movilizarse para defenderlas.

Y en cuanto a esas mismas elites, están demasiado ocupadas peleándose por las últimas migajas del botín, como para poder articular ninguna defensa. Frente a ellas, un invasor muy inferior en número, pero decidido y organizado, tiene todas las de ganar. Pasará lo que pasó con la invasión musulmana: que algunos visigodos ayudarán al conquistador, antes de ser ellos mismos sometidos; que otros visigodos optarán por la conversión, acudiendo en socorro del vencedor; y que unos cuantos más se decantarán por el vasallaje, para conservar lo más posible de sus privilegios actuales.

Mientras tanto, Muza Iglesias y Tarik Monedero se parten de la risa en su campamento, viendo cómo el edificio de la casta se desmorona ante sus ojos, sin que tengan siquiera que desenvainar la espada.

El sistema y los viejos partidos, ante Podemos
VÍCTOR DE LA SERNA El Mundo 8 Noviembre 2014

Podemos, entre la revolución y la ambigüedad, arrasa en los sondeos. Y Fernando García de Cortázar, en una reflexiva y a la vez apasionada respuesta al desafío, escribía en una Tercera de ABC: «Frente a quienes eligen la herencia de un vitalismo irracionalista que causó los mayores desastres del siglo XX, algunos preferimos el racionalismo restaurado del pensamiento liberal, de la tradición reformista, de la cultura democrática que es hija de la ira. De la ira contra la ignorancia, la crispación y el extremismo. Algunos siempre hemos preferido Kant a Nietzsche. Algunos pensamos que lo que habría que levantar no es una plataforma que exprese lo que Podemos, sino lo que Debemos hacer. Algunos pensamos que, frente a la fuerza instintiva de la desesperación, deberíamos construir de nuevo el imperativo categórico en que se ha basado la idea del hombre y la democracia en la época moderna. Para indicar a los españoles que frente al mal que existe siempre puede oponerse el bien que debería existir».

¿Habrá respuesta? En La Razón, Pedro Narváez fustigaba a todo el que se mostrase propicio a Podemos: «Entre las opciones de que todos los españoles saliéramos juntos del agujero o el sálvese el que pueda, elegimos la segunda. Pero no será Podemos, o Jorobemos, como lo llamaron los empresarios, los que metan a los corruptos en la cárcel sino los jueces». Más pausado, José María Marco apuntaba a una nueva situación en la que «la distinción entre derecha e izquierda se difumina y se acentúa, en cambio, la diferencia entre partidos del sistema y partidos antisistema»: «En nuestro país, la situación cobra cierta originalidad, porque nunca se sabe si el PSOE -o lo que queda del PSOE- es de los primeros o de los segundos».

Lo tenía más claro El País. El resultado de las últimas encuestas sobre intención de voto «coincide con los movimientos telúricos que ya se han producido en la política de otros países europeos castigados por la crisis», apuntaba en un editorial. Y alentaba a ese PSOE, otrora tan cercano al diario de Prisa: «Ninguno de los partidos en liza parece en condiciones de lograr una clara mayoría. En ese tablero resalta el papel del PSOE, cada vez más situado en el centro del campo; también por ello, al PSOE le espera una competencia descarnada. Este partido no tiene especiales razones para sentirse satisfecho de la fotografía arrojada por los sondeos, pero estos confirman que la renovación en la cabeza del partido ha detenido el desgaste. Y su secretario general, Pedro Sánchez, se configura como un dirigente con el que hay que contar». Ve ya -¿por qué?- en plena reforma a los socialistas, pero no al PP: «Los ciudadanos demandan cambios políticos, y el partido en el poder no emite señales suficientes de haber entendido el mensaje».

El que mató a Montesquieu
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 8 Noviembre 2014

Ya era como un mueble más del parlamento, como los tiros de Tejero en el techo, como el salón de los pasos perdidos, como cualquier otra de las curiosidades que te enseñan en el Congreso cuando vas de visita. Pero el haberse cosificado no le restaba importancia simbólica, ver a Alfonso Guerra en el hemiciclo era entender que allí se sentaba el hombre que asesinó a Montesquieu, el que avaló con chulería la liquidación del Estado de Derecho y la sumisión de los jueces a los políticos. Cuando haga efectiva su despedida, los políticos de todos los partidos se lo agradecerán con un aplauso unánime, porque esa aportación es lo que ha convertido España en una partitocracia corrupta. Triste legado para un hombre que presumía de haber leído -¡de niño!- las obras completas de Lope de Vega, y que también alardeaba de hablar latín como un romano -de los gracos, suponíamos todos-.

No es ironía el subrayar la cultura del socialista sevillano. De verdad que la tiene. Incluso aceptando que exagerara en ese aspecto -casi inevitable, por su acento diatópico- siempre parecerá Menéndez Pelayo comparado con los nuevos talentos que alumbra el partido, de Eduardo Madina a Beatriz Talegón, que debe mirarlos don Alfonso con una mezcla de estupor y de vergüenza, pensado que para eso no hizo él una guerra.

En realidad no la hizo, ya lo sabemos. Sólo tiene en su curriculum la de su apellido, y un poco de la sucia que desarrolló su gobierno. Por cierto, que no se ha escrito suficiente que todas las siglas del terrorismo que nos han amargado la historia en las últimas décadas, están vinculadas con la izquierda, desde los GRAPO a la ETA permanente, o el GAL.

Dejando a un lado aquellos crímenes -que parecen los únicos que no tienen derecho a memoria- la guerra de Guerra fue la Transición, esa palabra que va a enterrarnos a todos, porque vivimos en el eterno retorno a aquellos años grises. Gris de la televisión en blanco y negro, gris de los policías y gris también de una política parda, sin brillo, que permitía que Alfonso Guerra pasase por un Bismarck. Y es verdad que el sevillano, sin ser Lope, era ingenioso. Desarrolló casi una cátedra del insulto público, y en los mítines las masas le jaleaban -dales caña, Arfonso, dales caña- hasta que de verdad llegó a creerse un tribuno de la plebe. Había Guerra para rato. Luego, de alguna manera él también es víctima de la violencia de género, porque su cuñada acabó tirando de la manta harta de las palizas que le daba su hermano Juan, y así nos enteramos que se estaba recreando el patio de Monipodio que había descrito Cervantes, como si fueran Alfonso y Juan émulos tardíos de Rinconete y Cortadillo. Ahora tiene todo el pasado por delante, y en su despedida decimos adiós a una generación política que ha arruinado España y que todavía pretende que se lo agradezcamos. Tanta paz lleve Guerra como miseria nos ha dejado.

Un Gobierno contra la Justicia
EDITORIAL Libertad Digital 8 Noviembre 2014

El auto emitido ayer por la Audiencia Provincial de Palma sobre el caso Nóos, en el que exculpa a la Infanta Cristina de la principal acusación que pesaba sobre ella, agrava todavía más si cabe el descrédito de la Justicia española en uno de los escándalos de corrupción más graves de los últimos años. Con esta decisión, la Audiencia de Palma culmina los esfuerzos de la Fiscalía y la abogacía del Estado a lo largo de la instrucción para evitar a toda costa que la hermana del Rey se siente en el banquillo de los acusados, una situación procesal que, a tenor de la gravedad de los delitos que se le imputan, habría resultado inevitable de tratarse de cualquier otra persona.

La decisión judicial adoptada ayer reviste una especial importancia para el futuro judicial de la esposa de Iñaki Urdangarín porque es el delito de blanqueo de capitales, precisamente el que la Audiencia de Palma dejó ayer sin efecto, el que hubiera determinado que la Infanta Cristina se hubiera visto obligada a enfrentarse al juicio oral en los mismos términos que la esposa del socio de su marido, a la que no le han alcanzado ni la generosidad de la fiscalía ni la magnanimidad de los magistrados de la Audiencia Provincial. La acusación por dos delitos fiscales, que pesa todavía sobre la Infanta, es ahora susceptible de ser interpretada en función de la denominada "doctrina Botín", en referencia a la sentencia del Tribunal Supremo que permite exculpar a un imputado por delitos fiscales cuando la acusación pública, la abogacía del Estado y la representación de los perjudicados (si los hubiere) no consideran la existencia de tal delito. La Audiencia Provincial deja ahora a criterio del juez Castro la posibilidad o no de aplicar esa jurisprudencia, de resultas de lo cual la Infanta podría quedar exculpada de todas las acusaciones que pesan hasta el momento sobre ella por el enriquecimiento ilícito del que fue beneficiaria junto a su esposo.

La escandalosa actuación de la Fiscalía – de la oficina "anticorrupción" para mayor agravio- y la no menos ofensiva de la Agencia Tributaria, han llegado a unos extremos tales que hasta la Audiencia Provincial, que ha aceptado en parte las delirantes teorías de ambas representaciones, no ha tenido más remedio que poner de manifiesto la sorpresa que sus decisiones procesales han causado incluso a los propios magistrados.

En efecto, las decisiones del fiscal Horrach y de la Abogacía del Estado en representación de la Hacienda pública han ido desde el principio encaminadas a exonerar a la Infanta de cualquier delito, a pesar de la constancia documental de hechos indubitables que deberían, como mínimo, "decidirse en un juicio oral y, por tanto, con sometimiento a los principios de audiencia, inmediación, contradicción y publicidad", tal y como recuerda la Audiencia en este auto. De hecho, el que la Fiscalía y la Hacienda Pública actúen como unos defensores más de uno de los acusados, en lugar de perseguir precisamente el delito en representación del interés público es, además de un escándalo sin precedentes, un fraude de ley y una perversión de los fundamentos del propio sistema judicial que debería llevar aparejado algún tipo de sanción para los protagonistas de este desafuero.

Ahora bien, a nadie se le escapa que ni el pobre fiscal Horrach -cuya imagen ha quedado ya maltrecha probablemente hasta el fin de su carrera profesional-, ni la Agencia Tributaria, han actuado de esta manera sorprendente por propia iniciativa. Las dos instituciones dependen orgánicamente del Ejecutivo, cuyo presidente ya mostró claramente por dónde iban sus intereses en este asunto cuando afirmó públicamente, en una entrevista televisiva, estar absolutamente seguro de que "a la Infanta le va a ir muy bien".

La famosa reunión con el Rey Juan Carlos, en la que el exministro de Justicia Ruíz Gallardón habría prometido al monarca un cortafuegos judicial que evitara a su hija el trance del banquillo, ha dado como resultado este engendro jurídico que perjudica la imagen de nuestra Justicia pero también la de la Casa Real, hoy encarnada en un Rey con una conducta en todos los sentidos que sólo se puede calificar de irreprochable .

Cataluña
El 9-N o la mentira de "la voluntad de un pueblo"
Cristina Losada Libertad Digital 8 Noviembre 2014

Al término de su recorrido por los últimos 500 años de la vida cultural de Occidente, el historiador Jacques Barzun resumía el Zeitgeist contemporáneo de esta manera: "Lo que el mundo entero quiere no es libertad, sino emancipación y diversión". La idea resulta muy sugestiva cuando se aplica, una vez reducida la escala, al mapa de lo sucedido en Cataluña. En nombre de la emancipación, que los nacionalistas encarnan en el derecho a decidir, forjaron la masa crítica necesaria para emprender un camino cuyo desenlace (la independencia) no sólo perjudicaría materialmente a muchos ciudadanos, sino que reduciría su libertad. Una libertad ya sensiblemente menguada por el grado de control social (no pensar diferente) resultante de la prolongada intervención nacionalista.

Antaño, con menos sofisticación, la capacidad para embaucar y embarcar a la gente en aventuras que perjudican a muchos y benefician a pocos se llamaba propaganda. Ahora hablamos de estrategias de comunicación para referirnos a lo mismo pero más sutil. Sea como fuere, no se puede más que concordar con Joaquim Coll cuando en el libro colectivo Cataluña. El mito de la secesión. Desmontando las falacias del soberanismo (Almuzara) escribe:

El secesionismo ha logrado a través de una estrategia de comunicación persistente y extraordinariamente eficaz, construida en gran medida a partir de falsos mitos, que buena parte de la sociedad catalana crea que existen graves injusticias que avalan política y moralmente el deseo de la secesión.

Uno de los principales logros de los estrategas-propagandistas, y uno que ha nutrido de legitimidad el proceso, es que se aceptara que el referéndum o consulta, la fórmula para ejercer el inexistente derecho a decidir, responde a una demanda ciudadana, es fruto de una evolución natural de la sociedad catalana y representa, en suma, "la voluntad de un pueblo". Según el relato nacionalista, los dirigentes políticos, Artur Mas el primero, sólo se han puesto a la cabeza de la manifestación: de un movimiento que ya estaba allí, y de una sociedad que pedía claramente, masivamente, transversalmente, el ejercicio emancipador de "decidir nuestro futuro nosotros mismos", algo que al parecer no habrían hecho nunca los catalanes ni a lo largo de los cuarenta años de democracia ni en otras épocas.

Pues bien: no es cierto. En el libro citado, desde la base de datos que proporcionan encuestas y barómetros de aproximadamente los últimos diez años, Juan Arza y Pau Marí-Klose ponen en su sitio la ficción nacionalista de "la voluntad de un pueblo". Ahí van algunos contrapuntos. No había demanda de "más autogobierno" antes de que se lanzara el nuevo estatuto. Después de varios años de machacona insistencia, sólo a un tercio de los catalanes les parecía positivo que el texto estableciera que Cataluña es una nación. El entusiasmo por el estatuto fue tan indescriptible que sólo acudió a votarlo el 36 por ciento. Y ya en plena cabalgada independentista, únicamente una quinta parte de los catalanes consideraba como un problema importante la relación Cataluña-España. Si se atiende al nivel de renta, la preocupación por el "encaje" es muy reducida en las clases populares (11%), lo cual desmiente la idea propagada por el nacionalismo de que todo el mundo está en el mismo barco a efectos de la secesión; eso tan ajeno a las sociedades modernas de "un pueblo y una voluntad".

Cuando corren ríos de tinta sobre la distancia entre los políticos y los ciudadanos es obligado fijarse en otro grupo de datos: los que muestran que los diputados del Parlamento catalán tienen posiciones más nacionalistas que sus votantes más nacionalistas. En una entrevista sobre el libro, Arza decía:

Las élites políticas, mediáticas y educativas, siempre han sido mucho más nacionalistas que la población y son las que han impulsado debates como el del Estatuto o el de la consulta, que no provenían de una demanda social.

"Los políticos catalanes", escribió al respecto Félix Ovejero, "no son el eco de las demandas de los ciudadanos. No hay otro eco que el de su propia voz". Y todo su esfuerzo, propagandístico, comunicativo, político, se ha dedicado a conseguir que su propia voz, la del deseo de poder sin límites de unas elites, pase por la voz del pueblo. El domingo, de un modo o de otro, harán la representación necesaria para dar de nuevo cuerpo a esa sustitución. Será, seguramente, algo festivo, alegre y faldicorto como todos los actos de masas que han organizado estos años. Por lo que decía Barzun: emancipación y diversión.

Cataluña
La Constitución de CiU
Jesús Laínz Libertad Digital 8 Noviembre 2014

No, no se trata de ésa que está redactando Santiago Vidal, el juez que, en vez de defender el ordenamiento jurídico que juró cumplir y hacer cumplir, se dedica impunemente a destruirlo y construir otro, hecho que por sí solo define esta suicida España nuestra. La Constitución de CiU es aquella de 1978 que tanto amó y que ahora quiere vulnerar porque le estorba.

Porque aquella Constitución se hizo para satisfacer los deseos de los nacionalistas vascos y catalanes, sobre todo un título VIII diseñado para cumplir, no la voluntad de una mayoría de españoles poco interesados en el sistema autonómico, sino la de aquéllos.

Aquella Constitución tuvo por uno de sus siete padres a Miquel Roca, de CiU. Aquella Constitución incorporó en su artículo 2 el absurdo concepto de nacionalidades, tan criticado política, jurídica y semánticamente por ignorantes agoreros debidamente linchados, para dar gusto a CiU. Aquella Constitución fue aplaudida por CiU, partido que pidió el sí en el referendo. Tan entusiastas fueron los catalanes con aquella Constitución que la aprobaron por abrumadora mayoría (90,4%), superior a la del conjunto de España (88,5%). Tan cómoda ha estado CiU con aquella Constitución que no sólo ha gobernado Cataluña durante décadas, sino que también ha sido protagonista privilegiada de los gobiernos nacionales mediante pactos de legislatura con PP y PSOE.

Pero, al mismo tiempo que gobernaba en Cataluña y en toda España gracias a esa Constitución, se dedicaba a horadarla desde dentro. Bien claro lo dejó Pujol en aquella conversación con el ministro socialista Fernández Ordóñez recogida por José Bono en sus memorias: "La independencia es cuestión de futuro, de la generación de nuestros hijos. Por eso, los de la actual generación tenemos que preparar el camino con tres asuntos básicos: el idioma, la bandera y la enseñanza".

No cabe mejor resumen del régimen totalitario implantado en Cataluña por CiU gracias a esa Constitución que ahora pretende dinamitar exigiendo a los demás españoles que asistamos a ello sin rechistar.

Viene más
MANUEL HIDALGO El Mundo  8 Noviembre 2014

EL NACIONALISMO en Europa, en contra de lo que muchos proclaman, tiene futuro si no lo desactivamos atendiendo nuevos ingredientes que hoy están nutriendo sus viejos planteamientos.

Anotemos la insólita connivencia y apoyo que está recibiendo el nacionalismo de ciertas fuerzas de izquierdas tanto tradicionales como nacientes. La anorexia conceptual e instrumental de la izquierda para transformar la realidad, desde su perspectiva de la lucha de clases y del funcionamiento del Estado socialdemócrata, genera una frustración que lleva a gentes necesitadas de ideales y utopías a desplazar al choque de territorios y a la creación de un estado propio la energía y la ilusión rebeldes o reformistas que antes se volcaba en trabajar por la libertad y la igualdad.

La globalización está provocando la pérdida, no diré de identidad -término resbaloso-, sino de sensaciones, sentimientos, experiencias de pertenencia, que sumen a las mayorías en una vivencia de impersonal homogeneidad universal que les genera soledad, desarraigo, la idea de falta de suelo y esencia propios. Sentirse individuo, ciudadano del mundo, cosmopolita, solitario y solidario capaz de vivir con un menú particular de convicciones y, sobre todo, de dudas e inseguridades, no está -ni va a estar- al alcance de cualquiera.

La mayoría de la gente está buscando congregarse, pertenecer a algo concreto, agarrarse a costumbres y tradiciones reconocibles, y de ahí saca y sacará tajada -si no sabemos qué hacer- el actual nacionalismo político.

Muchos españoles están volviendo a sus pueblos y a sus provincias. Y eso no es sólo por la crisis, o por la búsqueda de un supuesto paraíso, sino por la necesidad de volver a reconocerse a sí mismos con «los suyos», de volver a ser de un lugar.

A favor de la activación de esa sensación de identidad y pertenencia está jugando la creciente e imparable inmigración. Las mayorías se dicen: la presencia de estos otros -con sus prácticas acechantes ajenas a las mías- me desdibuja, hace mi mundo habitual irreconocible. Tengo que volver a subrayar mis trazos, a reconstruir y acentuar mi paisaje.

Europa, Europa. ¿Por qué me van a mandar a mí los protestantes del norte -o yo a ellos, ja- si no tenemos nada que ver? ¡Ojo a Europa! La exhiben unos como antídoto del nacionalismo político, y puede ser -se está viendo- su principal estimulante. Se trata de darse cuenta de que si no somos capaces de detectar y tratar ciertas necesidades y sentimientos, el nacionalismo político está preparado para hacerlo en la forma que muchos no deseamos.

Derecho a decidir vs derecho a decidir el 9N
Manuel I. Cabezas González. www.latribunadelpaisvasco.com 8 Noviembre 2014

Profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Hace algunas semanas, asistí a una reunión del Círculo de Podemos en el Ateneo de Cerdanyola del Vallès. El orden del día tenía un único punto: “el derecho a decidir o no el 9N” en Cataluña. Cada uno de los presentes fue dando su opinión y todos los asistentes, menos uno, se manifestaron de acuerdo con el derecho a decidir el próximo 9N por parte de la ciudadanía catalana. Ante esta casi unanimidad de los asistentes, introduje en el debate la dicotomía “derecho a decidir” vs “derecho a decidir el 9N” e invité a los presentes a reflexionar sobre estos dos derechos, al tiempo que expuse mi punto de vista.

· El pasado domingo, 2 de noviembre, tuvo lugar, en el teatro municipal La Sala de Rubí, una asamblea de Podemos a la que asistieron unos 580 representantes de los círculos que funcionan en Cataluña. Y, según los medios de comunicación, los asistentes manifestaron la misma posición que los que estaban presentes en la reunión del Ateneo de Cedanyola: “la versión catalana, Podem, se reafirma en el derecho a decidir de los catalanes el 9N, pero mantiene una postura neutral respecto a la independencia”, aspecto que habría que discutir con los compañeros que configuran Podemos (cf. El Periódico, 3.11.2014). De todos modos, según uno de sus portavoces, “para Podemos la prioridad es el programa social que plante cara a la ‘prepotencia y al inmovilismo’ del PP”.

· Ante la proximidad del 9N y ante el punto de vista coincidente de los círculos de Podemos de Cataluña, me permito exponer aquí mi punto de vista tanto sobre el derecho a decidir, ya que una cosa es el “derecho a decidir” y otra muy distinta el “derecho a decidir el 9N”, como sobre la “prioridad del programa social”.

· “Derecho a decidir”. Creo que nadie, si es realmente demócrata y si nos dejamos guiar única y exclusivamente por la razón y el sentido común, puede estar en contra del derecho a decidir. En la democracia formal española, que no real, se nos ofrece la posibilidad de decidir y de elegir periódicamente a las personas que —a nivel municipal, autonómico o nacional— deben ocuparse de la gestión de la “res publica”. Además, en nuestra vida privada, en la medida en que podemos decidir y elegir aquello que creemos más conveniente para nosotros, somos auténticos ciudadanos libres. Por lo tanto, el derecho a decidir es un derecho fundamental y la prueba del algodón en una genuina democracia; y ningún auténtico demócrata puede posicionarse en contra.

· “Derecho a decidir el 9N”. Ahora bien, el “derecho a decidir el 9N” es harina de otro costal. Querer votar el 9N, a la brava, sin las garantías legales necesarias, que den fiabilidad a los resultados, como defienden los círculos de Podemos de Cataluña, no es de recibo. A no ser que Podemos-Cataluña haya decidido romper la baraja, tirarse al monte y llegar al poder saltándose a la torera la legalidad vigente. Esta posición es algo que desmiente, hasta el momento presente, el comportamiento de la cúpula de Podemos al haberse presentado a las elecciones europeas y al estar preparando las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales, siempre dentro del marco legal en vigor. Por su comportamiento, Podemos acepta, sigue y aplica la receta propuesta por Torcuato Fernández Miranda para pasar de la dictadura franquista a la democracia formal actual, que él resumió lacónicamente con estas palabras: “hay que ir de la ley a la ley”. Por eso, me llama poderosamente la atención que, en Cataluña, los Círculos de Podemos estén masivamente por el “derecho a decidir el 9N”, burlándose de la legalidad vigente. Esto denota una nítida contradicción entre el punto de vista de los círculos de Cataluña y la praxis de la cúpula de Podemos y de los círculos del resto de España.

· El “Programa social”. Además, la posición de los Círculos de Podemos de Cataluña sobre el “derecho a decidir el 9N” parece estar en contradicción con la prioridad de esta joven formación política: “el programa social”. Esta prioridad es exigida urgentemente por el despilfarro de recursos, por la corrupción y por las consecuencias de la crisis económica: paro, pobreza galopante, malestar creciente y desesperado, recortes y más recortes en sectores vitales para el Estado del Bienestar (educación, sanidad, servicios socales). Podemos, si no quiere defraudar, como los partidos de la casta política, a los ciudadanos que, según la última encuesta de El País (2 de noviembre), están dispuestos a darle la mayoría parlamentaria, debería centrarse en los problemas reales de los ciudadanos (crisis, paro, políticas sociales, sanidad, educación, etc.) y no dedicarse a lo que se dedican los de la casta política: a parlotear sobre cosas que no interesan a los ciudadanos, a llevárselo crudo y a vivir con el sudor de los de enfrente

· Hacer hincapié y centrarse en los verdaderos problemas de los ciudadanos de Cataluña (el programa social) permitirá a Podemos hacer política verdadera y hacerla de otra forma. Así se alejará de los comportamientos de los partidos de la casta, que han olvidado que, en política, lo único importante son las personas, como decía aquel eslogan olvidado por C’s, una vez que ha empezado a degustar las migajas del poder con algunos diputados en el Parlament; y que se debe ir a la política para servir a los ciudadanos y no para servirse de ella en beneficio propio. Por eso, a los que quieren decidir el 9N, se les puede decir lo que verbalizó el torero Rafael Guerra Bejarano, más conocido como Guerrita: “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. Por otro lado, querer conculcar la legalidad sin esperanzas de validar la consulta de pacotilla o de la señorita Pepis, como la califican algunos, es contribuir a crear una gran decepción y una gran frustración, y a encrespar a los ciudadanos. ¡Y esto es muy grave!

25º aniversario del colapso del Muro
El día de la ira y la ilusión
Carlos Alberto Montaner Libertad Digital 8 Noviembre 2014

Hace 25 años ocurrió el entierro simbólico del comunismo. Una esperanzada muchedumbre de alemanes corrió hacia el Muro de Berlín y lo demolió a martillazos. Era como si golpearan las cabezas de Marx, Lenin, Stalin, Honecker, Ceaucescu y el resto de los teóricos y tiranos responsables de la peor y más larga dictadura de cuantas ha padecido el género humano. Unos años después una obra rigurosa pasó balance del experimento. Se tituló El libro negro del comunismo. Nuestra especie abonó los paraísos del proletariado con unos cien millones de cadáveres.

Era predecible. En la URSS, en 1989, fracasaban todos los esfuerzos de Gorbachov por rescatar el modelo marxista-leninista. En Hungría, un partido comunista, dirigido por Imre Pozsgay, un reformista decidido a liquidar el sistema, abría sus fronteras para que los alemanes de la RDA pasaran a Austria y de ahí a la fulgurante Alemania Federal, la libre. En Checoslovaquia, Václav Havel y un puñado de intelectuales valientes animaban el Foro Cívico como respuesta a la barbarie monocorde de Gustáv Husák. En junio, cinco meses antes del derribo del Muro, los polacos habían participado en unas elecciones maquiavélicamente concebidas para arrinconar a Solidaridad; pero, liderada por Lech Walesa, la oposición democrática ganó 99 de los 100 escaños del Senado. El dictador Jaruzelski les tendió una trampa y acabó cayendo en ella.

¿Qué había pasado? El sistema comunista, finalmente, había sido derrotado. Los países que primero lo implantaron, y que primero lo cancelaron, eran empobrecidas dictaduras, crueles e ineficaces, que se retrasaban ostensiblemente con relación a Occidente en todos los órdenes de la convivencia. Ese dato era inocultable. Bastaba comparar las dos Alemanias, o a Austria con Hungría y Checoslovaquia, los restantes segmentos del Imperio Austrohúngaro, para confirmar la inmensa superioridad del modelo occidental basado en la libertad, el mercado, la existencia de propiedad privada y el respeto por los derechos humanos. El día y la noche.

El comunismo era un horror del que escapaba todo el que podía, mientras los que se quedaban ya no creían en la teoría marxista-leninista, aunque aplaudieran automáticamente las consignas impuestas por la jefatura. Por eso Boris Yeltsin pudo disolver el Partido Comunista de la Unión Soviética en 1991, con sus veinte millones de miembros, sin que se registrara una simple protesta. La realidad, no la CIA ni la OTAN, había derrotado esa bárbara y contraproducente manera de organizar la sociedad. Me lo dijo con cierta melancolía Alexander Yakovlev, el teórico de la Perestroika, en su enorme despacho de Moscú, cuando le pregunté por qué se había hundido el comunismo: "Porque no se adaptaba a la naturaleza humana". Exacto.

¿Y los chinos? Los chinos, más pragmáticos, se habían dado cuenta antes. Les bastó observar el ejemplo impetuoso y triunfador de Taiwán, Hong Kong y Singapur. Eran los mismos chinos con diferente collar. Mao había muerto en 1976 y la estructura de poder inmediatamente rehabilitó a Deng Xiaoping para que comenzara la evasión general del manicomio colectivista instaurado por el Gran Timonel, un psicópata cruel dispuesto a sacrificar millones de compatriotas para poner en práctica sus más delirantes caprichos. Cuando el muro berlinés fue derribado, los chinos llevaban una década cavando silenciosamente en busca de la puerta de escape hacia una incompleta prosperidad sin libertades.

¿Por qué no cayeron o se transformaron las dictaduras comunistas de Cuba y Corea del Norte? Porque estaban basadas en dinastías militares centralizadas que no permitían la menor desviación de la voz y la voluntad del caudillo. El Jefe controlaba totalmente el Partido, el parlamento, a los jueces, a los militares y a los policías, más el 95% del miserable tejido económico, mientras mantenía firmemente las riendas de los medios de comunicación. El que se movía no salía en la foto. O salía preso, muerto o condenado al silencio. El aparato de poder era sólo la correa de transmisión de los deseos del amado líder. No cabían las discrepancias y mucho menos las disidencias. Eran coros afinados dedicados a ahogar los gritos de la población.

Esta terquedad antihistórica ha tenido un altísimo costo. Cubanos y norcoreanos han perdido inútilmente un cuarto de siglo. Si las dos últimas tiranías comunistas hubieran iniciado a tiempo sus transiciones hacia la democracia, ya Cuba estaría en el pelotón de avanzada de América Latina, sin balseros, damas de blanco o presos políticos, y Corea del Norte sería otro de los tigres asiáticos. Lamentablemente, la familia de los Castro y la de los Kim optaron por mantenerse en el poder a cualquier costo. Los muros continuaban impasibles desafiando la razón y el signo de los tiempos.

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DE QUE LAS EMPRESAS PREFIERAN LUXEMBURGO
Las 'big four' se defienden: España tiene su parte de culpa por la inseguridad jurídica
Eduardo Segovia El Confidencial 8 Noviembre 2014

No es sólo por los impuestos. Las cuatro grandes auditoras-consultoras internacionales (PwC, KPMG, Deloitte y Ernst & Young) se defienden en privado de las acusaciones por su cooperación en el uso de Luxemburgo por empresas y fondos asegurando que hay otros argumentos muy importantes para elegir el pequeño país centroeuropeo. E incluso contraatacan al echar parte de la culpa a España por la inflexibilidad de su administración tributaria, la falta de seriedad y, sobre todo, la inseguridad jurídica que se traduce en reformas fiscales continuas.

En público, las cuatro firmas se atienen a sus declaraciones oficiales en las que aseguran que operan estrictamente dentro de la ley, tienen exhaustivos controles para asegurarse de que sigue las normas y también estrictos códigos de conducta. Pero varios profesionales de estas firmas, que piden el anonimato, de otros despachos e incluso de la administración ponen las cosas en contexto. Sí, claro que Luxemburgo ofrece ventajas fiscales, admiten (las que ha revelando la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ICIJ, que ha publicado en exclusiva El Confidencial en los últimos días). Pero esas ventajas no serían tantas si en España no hiciéramos las cosas tan mal.

"Si una multinacional llega a Luxemburgo, lo primero que hace es tener línea directa con el Gobierno. Se sienta con ellos y llega rápidamente a un acuerdo sobre lo que va a pagar, que es vinculante para su Hacienda y le vale para siempre. Y si tiene dudas o problemas, se reúnen todas las veces que haga falta. Si esa multinacional llega a España y quiere reunirse con las autoridades, ya puede esperar sentada. Y si tiene la suerte de conseguirlo, en función de quién sea su interlocutor le pueden contar una cosa o su contraria. Así que acaba contratando un asesor fiscal local que lo primero que le va a decir es que en España las leyes cambian algunas cosas cada año y lo cambian todo cada tres o cuatro ejercicios. O sea, que lo que paga hoy no es lo que pagará mañana. ¿Dónde va a preferir establecerse? Aunque pagara los mismos impuestos, se iría a Luxemburgo sin dudarlo", explica una de las fuentes consultadas.

La inseguridad jurídica de España asusta
De todo esto, lo que más miedo da a las multinacionales es la inseguridad jurídica atávica de nuestro país. "Lo que no les entra en la cabeza es que el Gobierno de turno pueda cambiarles las reglas de repente en mitad del partido, que lo que ahora es deducible mañana no lo sea, que cosas que están bonificadas -como la contratación de ciertos colectivos- dejen de estarlo, etc. Y menos aún que esto pase cada vez que cambia el Gobierno o sin necesidad de que cambie", según otra de estas fuentes. En este sentido, ha hecho mucho daño el asunto de las primas a las energías renovables, donde el cambio de normas retroactivo echó por tierra las proyecciones de muchos inversores internacionales y granjeó a España la etiqueta de país poco fiable (hasta el vicepresidente de EEUU protestó ante Moncloa).

La falta de accesibilidad del Fisco español también es criticada, así como la imposibilidad de tener un acuerdo vinculante. Cuando las empresas de fuera preguntan si no existe una fórmula para ello, les contestan que hagan una consulta de la Dirección General de Tributos. "Pero cuando les dicen lo que tardan en responder y que, además, la respuesta no vale sólo para ellos sino para todo el mundo, desisten", según la primera fuente. Lo peor es que, si finalmente deciden establecerse en España, deben cumplir escrupulosamente las normas y adaptarse a sus constantes cambios. Porque, si no lo hacen, la inspección es muy agresiva con ellas y enseguida llega con multas, recargos y amenazas de llevarlas a los tribunales. Algo que choca con esa imposibilidad de negociar con Hacienda y que también contribuye a esa imagen de escasa fiabilidad.

Todo esto, sin hablar de la elevada imposición por Sociedades en nuestro país, la sexta más alta de la zona euro, cinco puntos por encima de la media. Esto contribuye a convertir a España en un "infierno fiscal", término acuñado por Daniel Lacalle, lo que explica que la inversión productiva se refugie en países más tax-friendly. A juicio de este economista colaborador de El Confidencial, es la voracidad recaudatoria de España y de los demás grandes países de la UE (y EEUU) la que promueve la utilización de Luxemburgo y otros refugios fiscales, y no al revés.

Un paraíso para las gestoras de fondos
Y no se trata sólo de los impuestos. Luxemburgo es mucho más que un territorio de baja tributación, sino la sede más importante de Europa para la industria de inversión. Y es que todo en el Gran Ducado está orientado a prestar un servicio de altísima calidad a las gestoras de fondos, con numerosas firmas de abogados, asesoría, recursos humanos, contabilidad, etc. altamente profesionales y eficientes. Según distintas fuentes del sector, ofrece grandes ventajas para estos vehículos, como la flexibilidad para invertir, desinvertir o pagar dividendo, la cercanía de la Administración –con la que se pueden negociar todos los aspectos normativos, no sólo los tributarios– y, sobre todo, la seguridad jurídica.

Además, tiene la ventaja de su situación geográfica para montar la sede central en Europa y desde ahí gestionar las actividades en los demás países. Y, finalmente, cuenta con su buena fama internacional ya que toda la industria está presente en Luxemburgo desde hace décadas. Es un lugar conocido, cómodo, fiable, seguro y respetable, lo que combinado con su flexibilidad, la cercanía de las autoridades y las ventajas fiscales, lo convierten en el paraíso para estas entidades. De ahí que numerosos fondos hayan realizado importantes operaciones en nuestro país desde allí.

El propio Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y autor del libro ¿Hacienda somos todos?, reconoce estos atractivos: "No todo tiene una explicación fiscal, esto hay que tenerlo en cuenta. Luxemburgo para muchos fondos de inversión es, en primer lugar, una plataforma que conocen, está en el centro de Europa y desde ahí pueden canalizar inversiones hacia diversos países. Y luego hay que tener en cuenta que la seguridad jurídica que ofrecen es superior a la española, donde ha habido cambios de reglas con mucha frecuencia. Además, se establece un régimen fiscal a la carta vinculante, los famosos tax ruling".

En 'The New York Times'
Libres e iguales : "Los separatistas no anhelan más autonomía, sino la desigualdad"
Libertad Digital 8 Noviembre 2014

Los firmantes del manifiesto Libres e Iguales, Cayetana Álvarez de Toledo, Mario Vargas Llosa y Núria Amat publican este sábado un artículo en The New York Times donde dejan negro sobre blanco las mentiras sobre las que los separatistas catalanes sostienen su discurso y las verdaderas intenciones que se esconden tras su enconado empeño.

Por un lado, Vargas Llosa, Amat y Álvarez de Toledo sacan a relucir algunas de las mentiras más habituales de los separatistas en su discurso de ruptura y dejan claro que "Cataluña nunca fue un estado independiente. Nunca fue objetivo de conquista y no es la víctima de un régimen autoritario". Es más, "la afirmación de que ella personalidad de Cataluña está siendo sofocada y sus libertades oprimidas es simplemente falso", añaden.

En cambio, a quienes intentan cercenar sus derechos es a los 7,6 millones de catalanes que tienen que ser sometidos a "una forma extrema de nacionalismo que los europeos recuerdan demasiado bien. Millones de vidas se perdieron en el frenesí nacionalista que rasgó parte de Europa durante el siglo XX".

También recuerdan que, mientras sustraen el derecho a decidir de todos los españoles sobre el futuro de una comunidad autónoma que fue y es esencial para el desarrollo y la creación de la España que hoy conocemos, el partido que capitanea el desafío, "ha intensificado su discurso secesionista justo cuando" se investiga a CIU y justo cuando su líder, Jordi pujol, "está siendo investigado, junto a miembros de su familia, por evasión fiscal, tráfico de influencias y blanqueo de decenas de millones de euros".

Al mismo tiempo, siguen los tres de Libres e Iguales, los separatistas "ofrecen una visión engañosa del futuro. Pintan un retrato idílico de una Cataluña emancipada y se esconden las dolorosas consecuencias de la secesión". Y todo porque "no defienden el derecho de los catalanes a decidir su futuro, sino que están dividiendo a la sociedad catalana en dos y negando a otros españoles su derecho a decidir un futuro que pertenece a la nación en su conjunto"

Finalmente, certifican que "lo que anhelan no es el pacto fiscal, o un sistema federal o más autonomía, sino lo que anhelan es la desigualdad, ser diferentes y tener más derechos que los andaluces, o los valencianos o los vascos". Lo que está en juego, concluyen, es la democracia.

LIBRES E IGUALES, CONTRA EL 9N
Contra la independencia en The New York Times
R. Manzaneque www.gaceta.es 8 Noviembre 2014

Mario Vargas Llosa, Cayetana Álvarez de Toledo y Núria Amat firman en el periódico una columna que expone las razones por las que la democracia española "está en riesgo".

La edición en papel del diario The New York Times publica este 8 de noviembre, víspera de la consulta ilegal catalana, una columna escrita por la plataforma Libres e Iguales que expone las razones por las que la democracia española "está en riesgo" por el desafío de Artur Mas.

Escrita por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la parlamentaria Cayetana Álvarez de Toledo y la escritora Núria Amat, la columna explica que la consulta, que se pretende realizar en nombre de la "democracia" y el derecho a decidir, no cumple con los requisitos legales, ni "respeta" la ley o el "sentir de los ciudadanos", y oculta la "gravedad de las consecuencias" que ocasionaría la secesión de Cataluña.

"Contrariamente a lo que afirman, los separatistas de Cataluña no están defendiendo el derecho de los catalanes a decidir su futuro. En su lugar, están dividiendo a la sociedad catalana en dos, y negando a otros españoles su derecho a decidir un futuro que pertenece a la nación en su conjunto", asegura la columna, varios párrafos después de recordar la historia de España. "A pesar de lo que cabría ingenuamente suponer, los nacionalistas no se quedarán satisfechos con nuevas concesiones del Estado español, mejores acuerdos fiscales o incluso un reconocimiento más profundo de las singularidades culturales o lingüísticas de Cataluña. Como el personaje que da título a la obra de Molière El misántropo, lo que quieren es ser “distinguidos del resto”. No es más autonomía o un sistema federal lo que anhelan, sino la desigualdad, simple y llana: que los catalanes tengan más derechos que los andaluces, los valencianos o los vascos".

A lo largo de la columna, con título "A threat to Spanish Democracy", los autores acusan al Govern de adoptar una postura "victimista" con "eslóganes" como "España no nos quiere", "España nos roba" o "España no nos deja votar" y comenta también los casos de corrupción que rodean a la Generalitat, en especial el del clan Pujol. "Curiosamente" CiU "que ha estado en el poder durante 30 años, ha intensificado su discurso secesionista en el mismo momento en que su sede está embargada por las acusaciones de financiación ilegal de las campañas electorales", continúa, e insiste en que su líder histórico, Jordi Pujol, está acusado de delitos de evasión fiscal, tráfico de influencias y blanqueo de millones de euros.

Por lo que consideran una "visión falsa del futuro", Vargas Llosa, Álvarez de Toledo y Amat avisan: "La democracia está en juego, y con ella el principio de que todos los ciudadanos españoles, independientemente de su origen, sexo, raza o credo, deberían ser iguales ante la ley. Esta idea costó afianzarse en España, y no debería ser entregada en un intento vano de apaciguar a los separatistas".

Nuestra ciudadanía común"
Libres e Iguales pide por todo el país al Gobierno que defienda España
La plataforma Libres e Iguales congrega a cientos de personas en las capitales de provincia de toda España en defensa de nuestra "ciudadanía común".
Libertad Digital 8 Noviembre 2014

La plataforma cívica Libres e Iguales se concentra en todas las capitales de provincia del territorio español en contra del proceso que se celebrará el próximo domingo 9N en Cataluña para forzar la ruptura con el resto de España.

La cita era a las 12.00 horas. Allí un representante de la plataforma lee un manifiesto "en defensa de la ciudadanía común, a favor del Estado de Derecho y de la unidad de España", y en contra de la consulta catalana.

Ciudadanos:
Todos nosotros tenemos la suerte de vivir en un Estado de derecho. En España. Compartimos una Constitución que ampara nuestros derechos y fija nuestros deberes. Dentro de sus límites, podemos diseñar nuestro perfil político: compartirlo con otros muchos o elegir ser distintos a todos los demás. Nuestra ciudadanía no está condicionada por el lugar donde hemos nacido o vivimos, ni por nuestro origen familiar, ni por nuestros gustos culturales o ideológicos. Somos ciudadanos, es decir gobernantes, del territorio plural que gestiona nuestro Estado.

Mañana, en una de las regiones españolas, tan nuestra como el resto, se va a proceder a un acto simulado de democracia con la intención de privarnos de una parte de nuestra soberanía ciudadana y de mutilar nuestros derechos políticos.

Queremos denunciar alto y claro este atropello. Queremos seguir compartiendo con todos los ciudadanos españoles nuestra soberanía. Queremos defender este país unido ante los que pretenden su mutilación sectaria. No reconocemos legitimidad alguna a los intentos de fragmentar nuestra ciudadanía apelando a supuestos derechos preconstitucionales.

Y, por tanto, exigimos del gobierno del Estado español que defienda con firmeza nuestra ciudadanía común.

A 8 de noviembre de 2014.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
El dóberman de la derecha
El referéndum Catalá
Javier Somalo Libertad Digital 8 Noviembre 2014

Nos mostraron las vergüenzas del nacionalismo catalán corrupto personificadas en el jefe del clan, Jordi Pujol. Pero al punto salieron las del PP. Es cierto que el secesionismo quedó maltrecho pero hoy parece que la alegoría de Pujol –"Si sierras la rama de un árbol, al final cae una rama y todos los nidos que hay hasta caer el árbol entero"– no afecta sólo al árbol de CiU sino también a las gaviotas que en él tanto anidaron. El nacionalismo desafiante estará podrido pero el último partido con mayoría absoluta para gobernar, y por tanto para frenarlo, anda también caminito de Jerez.

Aquel que tenga memoria recordará cuando Rajoy dijo tener "todo preparado" ante el golpe de Mas. ¿Le queda tiempo para sorprendernos? Esta semana me ha parecido escuchar que el Fiscal General del Estado podría inmolarse presentando una querella por sedición. También que Soraya Sáenz de Santamaría estaría constituyendo en sus ratos libres con Duran Lleida. Y que el PPC y el PSC ya serían muletas de la desvalida CiU. Rumores y opiniones.

De momento lo único cierto y oficial es lo dicho por el ministro de Justicia, Rafael Catalá, a horas del Domingo de Rebeldía: nada es lo que parece. Nada invita a pensar que La Generalidad esté detrás de una votación convocada por la sociedad tan espontáneamente como se asediaron las sedes del PP el 13-M. Es un baile de disfraces. Si la cosa fuera a mayores pues, en fin, ya se observará y entonces quizá, quién sabe, ya se decidiría algo o no, depende… No importa que todos seamos testigos –y algunos, víctimas– de la campaña oficial por el 9-N, no importan los llamamientos, la publicidad y, en último caso, no importa que la propia Generalidad desmienta a Catalá atribuyéndose cada paso del golpe. Es libertad de expresión ajena a la voluntad de un gobierno autónomo. Los secesionistas engañan al Gobierno de España y éste, a los ciudadanos. Trampa pueril. Ni Orwell imaginó para 1984 tamaña sustitución de la realidad.

Pero hay más. Soraya Sáenz de Santamaría, altiva como siempre e imprecisa como nunca, salió este viernes exigiendo a Mas que evite "forzar a los ciudadanos a incumplir la ley". Triple salto mortal con pirueta y caída de lomos. O sea que, en último término, van a ser los ciudadanos y no sus gobernantes los que violen la ley y encima han de estar "intranquilos" por lo que les pueda pasar. Autores materiales y autor intelectual. Me suena.

Empieza a ser insoportable vivir en este dualismo: dos papas, dos reyes, dos directores de El Mundo, dos izquierdas, dos derechas, dos referéndums, dos justicias. Uno de los dos, casi siempre ambos, ha de helarnos el corazón.

Pero no importa, al menos ya tenemos dóberman como remedio arriolesco al panorama pintado por el CIS. ¡Qué digo! el propio CIS es el dóberman. Acción-reacción y vota PP. Con miedo y aun con asco con tal de que no llegue el Tuerkas a dejar como un erial –que lo haría– lo que para entonces será un páramo. Pues perdonen pero el dóberman de la derecha es este PP y su Cataluña. No, mejor un rottweiler. El de La Profecía.

Catalunya, la sedición
ANTONIO ELORZA.  EL CORREO.  8 Noviembre 2014

· Estamos ante una sedición pura y dura, cuyo resultado es una movilización de masas frente al Estado, paso previo a la independencia unilateral.

La desobediencia abierta de la Generalitat inaugura una nueva etapa en la crisis. Lo que hasta ahora era un proceso anticonstitucional de secesión, se convierte en una actitud declarada de sedición, esto es, de incitación a oponerse por todos los medios a las disposiciones del poder judicial con el propósito de imponer la independencia de Catalunya. La Generalitat ha roto la baraja, contando con el supuesto de que el Gobierno carece de medios, y posiblemente también de voluntad, por los costes que ello implicaría, para imponer el orden legal y evitar «el proceso participativo», léase consulta, léase referéndum de autodeterminación. Es lo que ha venido ocurriendo desde el principio, cuando Mas se montó en la oleada del 11-S de 2012 para actuar como si en vez de ser un órgano sometido a la Constitución, la Generalitat estuviera legitimada para asumir un poder constituyente, por nadie conferido,

Este último episodio aclara que de poco hubiera servido que Mariano Rajoy atendiese a las voces que desde entonces le conminaban a plantear la cuestión en términos de «diálogo» y no de «constitucionalidad». Para Mas y sus socios, el único diálogo válido consistía en que el Estado se olvidase de la Constitución de 1978 y diera vía libre al referéndum de autodeterminación, sin eufemismos. Hubo una situación similar, cuando en las ‘happy hours’ de ETA, voces parecidas decretaban el fracaso de la vía policial e insistían en «el diálogo» con el terror; no les interesaba saber que ETA únicamente hubiese admitido «dialogar» para que sus pretensiones se ratificaran al cien por cien. Igual que luego Mas.

Los hechos han venido a ratificar el pronóstico que expresara en octubre de 2012, en carta dirigida a amigos de partidos constitucionales: «La ausencia de una legitimidad sustentada en la democracia representativa es lo que explica el camino emprendido por el president, marginando deliberadamente y a las claras los cauces constitucionales, salvo cuando estos pueden servirle de plataforma. Intérprete único de la voluntad de Catalunya, Mas ya se ha separado de España. La movilización impulsada desde el poder, a favor del éxito de la Diada, se orienta a forzar –sin resistencia alguna– la homogeneización de la opinión pública catalana de cara a ese acto puntual, la consulta/referéndum que hay que ganar por encima de todo. La decisión de Mas, el salvador autodesignado que actúa por encima de la ley, no tiene que respetar norma alguna». Así ha sido, con una actuación política que en momentos de dificultad, como la reciente suspensión de la consulta, se movió de acuerdo con un fraude de ley tan espectacular, que solo cabe calificar de trampa permanente para, en sus propias palabras, «engañar al Estado».

Engaño al Estado y engaño a los propios catalanes. Importa subrayar que en todo el trayecto recorrido desde el 11-S de 2012, cuando el porcentaje de favorables y contrarios a la independencia estaba equilibrado, Mas ha ignorado siempre a quienes de un modo u otro siguen optando por la inclusión en España. En los preparativos de la consulta, ni siquiera ha pensado que solo un gobernante autoritario podría plantearla como momento de decisión por la independencia sin garantizar voz desde la institución y sus medios a las opciones opuestas. Lo que el Estado hiciera o dijera no entraba aquí. Como líder de CiU era lícito que se lanzase a la propaganda de masas; como presidente de Cataluña, por el Estatuto y la Constitución, no, al convertir la gestión de gobierno en un ejercicio permanente de manipulación. Mas no sabe o no quiere saber que la democracia es un procedimiento para alcanzar decisiones políticas por parte de un colectivo; no el resultado de que triunfen las propias opciones sin atender a norma legal alguna, como va a suceder el 9-N.

El mejor ejemplo es la presentación de un recurso a última hora ante ese mismo poder judicial, al que negará unas horas después cuando decida en su contra. Todo ello, en una atmósfera social totalista, de presión horizontal sobre el discrepante, según acaba de mostrar la petición de los universitarios de Gerona contra la jueza del TC que votó la suspensión, con Mas neutral: a eso se le llama deriva totalitaria, y como sabemos desde los años 30, por esa siniestra vía es posible, demasiado posible, vencer. Otra cosa es aprobar la táctica seguida por Rajoy.

El dontancredismo no sirve en política. Cierto que el PSOE va dando vaivenes, forzado por el PSC, pero en cualquier caso hubiera sido útil abrir una negociación sobre la reforma del Estado, a partir de la cual los socialistas, con su proyecto federal, dejaran de ser el alma de Garibay, a medio camino entre cielo e infierno. Hoy la indeseable respuesta dura, por ejemplo, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, resultaría bloqueada por no bastar los votos del PP en el Senado para la mayoría absoluta.

Rajoy no hizo el menor esfuerzo para explicar la postura constitucionalista. ¡Mira que era fácil reforzarla con el argumento de que la doble pregunta de la consulta, impidiendo votar contra la independencia a quienes no estuviesen por un Estado catalán en la primera, hacía del voto una farsa! Y ‘last but not least’ (por último, pero no menos importante), sometida a una propaganda obsesiva, la opinión pública visible en Cataluña está por la independencia. Pequeño detalle que se ha escapado a la Moncloa.

Lo que estuvo y está en peligro es la democracia, antes que la independencia. Mas y los suyos han jugado solos, dispuestos a poner sobre la mesa una interpretación torticera de los términos y las normas, con continuos encubrimientos. Estamos así ante una sedición pura y dura, cuyo resultado es una movilización de masas frente al Estado, paso previo a la independencia unilateral. Aquí no hay equidistancias: el Gobierno ha de defender el orden constitucional. Pero cómo, si lógicamente excluimos el recurso a la fuerza.

El empate de dos impotencias
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com 8 Noviembre 2014

Sea verdad o no que haya habido un pacto expreso entre Rajoy y Mas, al final el 9N va a ser el resultado de dos impotencias. La del independentismo de imponer una consulta o referéndum minimamente creíble, y la del Estado de impedir un sucedáneo que, evidentemente, ha sido organizado por la Generalitat. Mañana por la noche asistiremos a la típica noche electoral. Los promotores de la "cosa" diran que la jornada ha sido un éxito. Que millones de catalanes se han movilizado a favor de la independencia. Los contrarios, que ha sido una "performance" de independentistas sin ningún valor, que otros muchos millones de residentes -no estan llamados a participar los catalanes, sino los residentes en Catalunya- no han participado, y que lo que debe hacer el Govern es convocar elecciones si quiere saber, de verdad, los apoyos que tiene cada opción política. El Gobierno se limitará a decir que la jornada se ha desarrollado sin incidentes importantes -eso espero- y a equipararlo con una manifestación más del independentismo.

Lo que subyace en el fondo es que el independentismo no es viable hoy en Catalunya. Carece de una amplia mayoria social en Catalunya, carece de estructuras de estado -esencialmente, una Hacienda propia-, y no tiene ninguna opción de reconocimiento internacional. Ni UE, ni ONU.

Pero el Estado carece de la fuerza suficiente para imponer el estado de derecho con todas sus consecuencias. Rajoy está débil. Las fuerzas constitucionalistas en Catalunya estan divididas y no son una alternativa real de gobierno.

Mañana por la noche, los no secesionistas estaran deprimidos. No se ha impedido la consulta y se verán imágenes de colas ante los "colegios", no digo electorales pero colegios al fin y al cabo, convertidos en lo que son: aulas de adoctrinamiento.

Pero dentro de unos días la depresión pasará al lado de los independentistas que se han creído que la secesión era inminente. La vida seguira igual y el DNI no va a cambiar. Todo esfuerzo inútil genera melancolía.

¿De este empate de impotencias que saldrá? Solo hay dos opciones: las elecciones anticipadas o el pacto de CiU con PSC para mantener la legislatura. A día de hoy, me inclino por esta opción, aunque la situación es tan fluída que todo puede pasar. Sea cual fuera la opción final, ni la cuestión independentista va a desaparecer ni se va a declarar unilateralmente la independencia, porque sería la muerte del independentismo.

El independentismo, más que un objetivo en si mismo, es una manera de mantener el poder político y la hegemonía social por parte de los partidos nacionalistas. Y esos partidos lo mantendrán en primera línea de su discurso mientras crean que les da réditos electorales.

Y los que no creen en la independencia, lo que deberían hacer es olvidarse de debates a corto plazo. De bailar al son que les marca el independentismo. De hablar de legalidad.

El independentismo se acabará el día en que quede reducido a una opción de los etnicistas. De los que lo son por motivos puramente identitarios. Para que ello ocurra, hay que revertir la propaganda de 40 años. Hay que explicar por qué la secesión ni está justificada ni nos conviene. Y ello exige un esfuerzo sostenido durante muchos años, crear un entramado social no dependiente del poder político de la Generalitat, que nazcan medios de comunicación de ámbito catalán no soberanistas, etc. Es decir, trabajar para contrarestar la ideología dominante en Catalunya. La duda es si los partidos políticos no soberanistas son capaces de trabajar a largo plazo, o eso es pedirles demasiado. La historia no me hace ser optimista sobre la capacidad de los partidos, pero quizás -la esperanza es lo último que se pierde- el verle las orejas al lobo cambie las cosas.

La papeleta del separatismo
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 8 Noviembre 2014

Emplear ejemplos que trascienden la casuística no es peculiaridad de hoy. Prat de la Riba comenzó la carrera de las comparaciones al citar, hace 120 años, las similitudes entre Cataluña y Polonia. De ahí nacería el chascarrillo (que aún sobrevive) sobre los “polacos” de los catalanes.[1] Por supuesto, luego vendrían más y más analogías. Recientes, las de Quebec y Escocia.

Y, dado que una cosa lleva a la otra, en fechas cercanas hemos visto a los jefes del independentismo escocés querer plantear otro referéndum por no aceptar los resultados de la primera votación, asunto que corrobora algo que ya sabemos: que los independentistas pretenden reordenar la realidad a partir de sus deseos o, lo que es igual, que el independentismo funciona a imagen de los gases que, al calentarse, se expanden si no hay obstáculo que los contenga. Por tanto, ¿para conquistar la secesión cuántas votaciones son necesarias cuando los sufragios registran el “no”? Esto se planteó a raíz de las repetitivas, por fallidas, consultas separatistas en la región canadiense de Quebec.

Democracia sin ley
El auge de los populismos se debe al abandono de querer vivir en horizontes abiertos sin trampas legales territoriales. El ascenso de los populismos se explica a partir de quienes codician disfrutar de mayores cotas de poder y, por medio del control de las instituciones del Estado, encabezan un movimiento, en clave nacionalista, de acantonamiento de la administración regional.

Dicho esto, y a diferencia de lo ocurrido en Canadá o en Reino Unido, en los actuales territorios insurrectos de Ucrania, Donetsk y Lugansk, sus dirigentes no han respetado ni la forma ni, menos aún, el contenido de su Constitución, igual que viene sucediendo en Cataluña, pues en esta autonomía unos pocos desean separarse de los muchos y, en un ejercicio límite de poder que transgrede el marco de la Carta Magna de España, planifican al milímetro el incumplimiento de la ley.

Que la presente élite catalana diga que ansía sentir empatía histórica con tiempos pretéritos no es algo que interese demasiado, más allá de la anécdota. En cambio, sí importa y mucho la desconfianza que exhibe dicha élite hacia la legalidad del sistema democrático cada vez que reitera sus llamamientos al pasado. Y, además, cuanta más agresividad manifiesta contra los mandatos constitucionales, más esquiva se muestra al cumplimiento de la justicia y menos escrúpulos a la hora de vulnerar todo tipo de preceptos legales tiene esa oligarquía.

Así que no es de extrañar que la clase política catalana (que vive cual "fugitiva", ahogada en casos múltiples de corrupción) evada sus atracos monumentales a la ciudadanía sepultando su gansterismo bajo la bandera romántica de que cualquier demarcación, incluso democrática, constituye un ataque, una afrenta a la libertad.

Con la demagogia vino el desastre
Entre políticos de derechas e izquierdas que han alabado hasta la extenuación los senderos del patriotismo mágico destacó un tal Carod Rovira que solía incidir en que las mejores páginas de la historia de Cataluña “han sido siempre las etapas unitarias en las que hemos actuado como un solo pueblo”.[2] Los hechos vienen, sin embargo, a desmentir esta fábula, a fuer de que en la convocatoria de 9 de noviembre no existen garantías de transparencia: en palabras de Joana Ortega, vicepresidenta de la Generalidad catalana, "no hay funcionarios, no hay censo, no hay registro" previstos. Y en la representación de este fraude cualquiera puede votar, lo ha denunciado en Vozpópuli Javier Benegas.

La verdadera revolución, la que genera auténtica emancipación, digo, implica ejemplaridad política y moral. Un ejemplo de tal revolución sería poner en práctica el cacareado axioma de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley cuyo cumplimiento conllevaría aplicar penas de cárcel (y confiscación de bienes) a quienes desde los privilegios del poder público han esquilmado los bienes de la ciudadanía.

Por otro lado, el quehacer de la política nunca ha de alejarse de la supervivencia y prosperidad de los miembros de la comunidad. Pero con la demagogia vino el desastre, en estos términos diagnosticó Josep Tarradellas la actuación del nacionalista Jordi Pujol. Y apunta Tarradellas: "La división cada día será más profunda, y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada día más graves". Este comentario se completa con la misiva que dirige al entonces monarca Juan Carlos I: “[…] Si hoy insisto es porque me doy cuenta que los partidos políticos no lo tienen demasiado presente y continúan divagando y hundiéndose cada vez más en problemas ideológicos o personales”. [3]

La mala gestión política, que provoca el aviltamiento ideológico, ningunea los problemas reales de los individuos, aunque de ello tienen la culpa la mayoría de los partidos españoles, incluidos los del Gobierno de la Nación, que durante años han ido cediendo al culto de las esencias y desde la Transición hasta hoy han participado en el festín de diluir los derechos de los ciudadanos dentro de la ficción de los derechos de los pueblos. De esta manera, por la carretera de Xanadú, por la vía de la utopía, andan muy creciditos los separatistas, empeñados en dar pábulo a la identidad colectiva.

Qué papeleta de separatismo
En la Edad Media la desobediencia civil era justificada en aquellos casos en que los gobernantes incumplían las leyes establecidas. Pasados los siglos, y con el ascenso de los movimientos revolucionarios, la insumisión ya no valdría para reclamar el regreso al antiguo orden, sino para destruir la hidra del poder absoluto y derribar el statu quo en su totalidad.

En las últimas décadas, el principio de resistencia civil ha perdido prácticamente todo su baúl ideológico y, con la “apolitia” que nos acecha, las élites actuales han sucumbido a la indiferencia de la irresponsabilidad. Es más, por la pereza que conlleva cumplir las obligaciones jurídicas democráticas que juraron, han caído en el ensueño de tomar la libertad como capricho personal y signo de autorrealización.

De este modo, un puñado de políticos, convertidos en aventureros, viene a decirnos: “Hemos desobedecido y nuestra rebelión será para nosotros un título de gloria: hemos desobedecido y esta desobediencia honrará nuestros nombres; la posteridad nos tendrá en cuenta; nuestra resistencia será motivo de su afecto y respeto”.[4] Bueno, pues está por ver si esos representantes políticos tan corajudos logran salir de la quiebra económica que ellos solitos han generado.

Está claro que en política la estupidez no es a menudo obstáculo. Y algunos piensan que la escenificación de algo “más que una encuesta pero menos que un referéndum por la independencia”, opina Artur Mas, constituye el verdadero rito fundador de la democracia. Se olvida que resucitar el agonismo nacionalista implica matar el tempus real de la política, la cual, sin héroes ni mártires, solo desde el respeto a la ley, sirve para controlar la corrupción, para dotar de eficiencia a los servicios públicos, mejorar el bienestar social de los ciudadanos, optimizar las vías de participación democrática. En suma, perfeccionar el funcionamiento de la democracia.

[1] Enric Prat de la Riba y Pere Montanyola, Compendi de la Doctrina Catalanista, en La Renaixensa, Sabadell, 1894.
[2] Carod Rovira, La força de la unitat, publicado en el periódico Avui (26-X-2005).
[3] Josep Tarradellas (12-III-1981), Carta al Rey Don Juan Carlos I, en Jesús Conte, Tarradellas, testigo de España, Barcelona, Destino, 2011. Las negritas son mías.
[4] Gabriel Honoré de Riquetti, conde de Mirabeau (9-I-1790), Discurso en la Asamblea Nacional, en Mirabeau, Un pensamiento intempestivo, Buenos Aires, Leviatán, 2006, edición a cargo de María Victoria Suárez, p. 109.

 


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