AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9  Noviembre  2014

Rajoy y su verdadero rostro
Luis del Pino Libertad Digital 9 Noviembre 2014

El 12 de diciembre del año pasado, Mariano Rajoy hacía una declaración institucional en el palacio de La Moncloa, para responder a la decisión de varios partidos catalanes de celebrar una consulta sobre la secesión el 9 de noviembre. Es decir, hoy. Permítanme que les lea lo que Rajoy dijo en aquella ocasión, hace menos de un año:

"Aunque no sea costumbre, permítanme que me refiera a un asunto que está hoy de actualidad y es el anuncio realizado por varios partidos catalanes de plantear una consulta de autodeterminación. Quiero decirles con toda claridad que esa consulta no se va a celebrar, es inconstitucional y no se va a celebrar.

Lo que han planteado esta mañana algunos partidos políticos de Cataluña es radicalmente contrario a la Constitución y a la ley, esa iniciativa choca frontalmente con el fundamento mismo de la Constitución que es la indisoluble unidad de la nación española.

Por lo tanto, el Gobierno que presido no puede autorizar ni negociar sobre algo que es propiedad de todos los españoles. Solo al conjunto de los españoles, -el titular único de la soberanía-, les corresponde decir qué es España y cómo se organiza, y nadie puede privarles de ese derecho.

Ningún Gobierno puede ceder lo que corresponde a los españoles. Ni yo ni ningún presidente del Gobierno puede permitir o consentir que se prive a los españoles de lo que la Constitución y las leyes les garantiza.

Como presidente del Gobierno he jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, y por tanto les garantizo que esta consulta no se celebrará. Eso está fuera de toda discusión y de toda negociación.

Estas eran las palabras de Rajoy en diciembre pasado.

Pues bien, ya estamos a 9 de noviembre y la consulta se va a celebrar. Organizada por la Generalidad, tal como el propio gobierno de Artur Mas se ha encargado de aclarar por activa y por pasiva. Utilizando medios públicos y dinero público para preparar y publicitar la consulta. Con urnas, con mesas electorales y con locales de votación. Con campaña institucional de la Generalidad para alentar a la participación. Y con la propia Generalidad declarando, ayer mismo, que son ellos los que dan la orden de abrir los colegios electorales y los que se encargarán del supuesto recuento.

Que la consulta no vaya a tener ningún efecto jurídico, que no vaya a ser otra cosa que una farsa, no va a evitar que España sea de nuevo noticia en todo el mundo por permitir que una parte de la administración del Estado se salte las leyes y las sentencias del Constitucional ante la pasividad del presidente del gobierno y con la financiación que el presidente del Gobierno proporciona.

Desde aquella declaración, hace menos de once meses, Rajoy ha estado negociando en secreto con CIU y con el PSOE esa consulta que, según él, no se podía negociar, como ayer confirmaba uno de los participantes en esas reuniones. Desde aquella declaración, hace menos de once meses, Rajoy ha continuado financiando a un gobierno autónomo que no ocultaba ni sus planes ni sus pasos para celebrar esa consulta que, según Rajoy, no se iba a celebrar. Rajoy ha seguido proporcionando dinero nuestro a esos separatistas que, al final, someten hoy a todos los españoles a una nueva vejación.

Señor Rajoy, permítame decirle que es Vd un mentiroso y un mierda. Un mierda que, teniendo el poder necesario para evitar a los españoles todas las humillaciones, no les evita ninguna.

Cuando el no encarcelamiento de Artur Mas es el comienzo del fin de la democracia española
Editorial www.latribunadelpaisvasco.com 9 Noviembre 2014

Una nación sólida, homogénea e integrada, en la que los organismos de poder democrático mantienen su firmeza, en la que las instituciones desempeñan con eficacia su papel y en la que los principales responsables de la vida pública actúan según se espera de ellos, proporciona a los ciudadanos plena garantía en la protección de sus derechos, máxima confianza en sus construcciones políticas y una elevada seguridad individual levantada sobre la más absoluta previsibilidad del funcionamiento del sistema de convivencia.

La grandeza y la superioridad de todo Estado democrático radica, entre otras cosas, en que los hombres y las mujeres que lo conforman, cuando salen cada día de su casa, asientan su existencia y su coexistencia sobre un puñado de certezas elementales como, por ejemplo, que los delincuentes han de ser detenidos y puestos a disposición de las fuerzas de seguridad, que la violencia nunca ha de legitimarse como un método de participación social, que todos somos iguales ante la Ley, que un mismo idioma ha de servir para comunicarse en el territorio común del Estado, que el derecho a una vida serena no puede depender de los caprichos legislativos de un iluminado con mando autonómico o que la convivencia colectiva no puede estar sujeta al albur de las decisiones de los más variados grupúsculos radicales y extremistas.

No se puede gobernar un país, tal y como está haciendo Mariano Rajoy, cuestionando grosera y permanentemente todo aquello que permite que sus ciudadanos se sientan, orgullosamente, como tales, y, desde luego, no puede regirse el destino de una nación liderando una Administración maleable, insustancial y decadente que con su absoluta incapacidad para hacer cumplir las leyes, ha consentido que secesionistas, radicales y filoterroristas estén quebrando, un día sí y otro también, los pilares más sólidos de la democracia española, sumiendo a la ciudadanía en un páramo de tierras políticamente explosivas y socialmente inestables que, en el País Vasco, por desgracia, conocemos a la perfección.

El Ejecutivo de Mariano Rajoy ha plegado su agenda a la presión de los independentistas más ariscos, de la izquierda más huraña, de dos grupos de comunicación en manos de una banda de bribones y de los sectores sociales más radicales y populistas, y, consecuentemente, ha roto, casi definitivamente, con algunos de los valores más importantes sobre los que se ha asentado la modernidad y el progreso occidental a lo largo de los últimos siglos.

Esta deriva del Gobierno del PP nos está abocando a padecer una realidad hedionda en la que delincuentes como el presidente de la Generalidad, Artur Mas, son tratados como los líderes del futuro, en la que las personas simplemente decentes son expulsadas al gueto misterioso de la derecha extrema y en la que, en el colmo de las vilezas, los fondos públicos que no acaban en manos de corruptos y especuladores acaban siendo gestionados por un puñado de miserables que no dudan en alimentar sus sueños identitarios, racistas y totalitarios con el dinero de todos.

El penoso espectáculo de desarticulación territorial, de anomia institucional, de profanación de las leyes, de irresponsabilidad administrativa, de anquilosamiento ético, de malversación ideológica y de humillación democrática que ha dado España hoy, marcará un antes y un después en la historia de este país. El daño que la farsa y la burla puesta en marcha por el Gobierno independentista catalán, con el aval de otras autonomías secuestradas por el nacionalismo más obtuso, como la vasca, ha hecho al sistema de libertades, al conjunto de instituciones y al estado de derecho de esto que llamamos España, resulta incalculable. Y, por ello, a estas alturas de los acontecimientos, Artur Mas, acompañado de todo su Gobierno, debería estar ya en los calabazos del juzgado correspondiente y la autonomía catalana suspendida tras una oportuna y necesaria aplicación del artículo 155.1 de la Constitución. En estos momentos, el presidente de ese artefacto público puesto al servicio de un alzamiento contra la Constitución que actualmente es la Generalidad catalana debería estar ya rindiendo cuentas por dinamitar las leyes que le mantienen como presidente de un Gobierno regional, por hacer apología del delito, por hacer llamamientos masivos al no cumplimiento de las leyes, por malversación de caudales públicos, por alta traición al Estado que le da de comer y que permite sus desvaríos, por sedición y, sobre todo, por su reiterada negativa a cumplir con numerosas y renovadas resoluciones administrativas y judiciales.

Con su molicie ética, su inactividad política y su falta de confianza en nuestra sistema de libertades, el Gobierno flácido e inane de Mariano Rajoy, en colaboración con una Justicia maleable y mojigata que en demasiadas ocasiones se pliega a los perfiles lacios del Ejecutivo del PP, ha conseguido lo que, en las últimas décadas, no habían logrado ni el terrorismo de ETA, ni los golpistas más rancios, ni los nacionalistas más asilvestrados y violentos: que el sistema democrático español, que ha proporcionado a este país su mayor periodo histórico de libertad, progreso y desarrollo, se haya convertida en un guiñapo envilecido y degradado manoseado, con total impunidad, por todo tipo de sinvergüenzas.

9N y alienación
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 9 Noviembre 2014

El célebre "9N" no va a ser sino una gigantesca acción alienadora, que desposee a las conciencias de sus verdaderas raíces y, por consecuencia, de su libertad y de su dignidad.

Ha causado un tanto revuelo el artículo de la semana pasada sobre Halloween, titulado "¿Celebra Halloween? Enhorabuena. Es usted idiota" y me pregunto cuantos, fuera de las falsas dignidades ofendidas, han entendido realmente lo que allí se discutía. Porque el título provocativo, buscando impactar y sacudir las conciencias, es secundario frente a la poderosa alienación que se denuncia.

Una lectora, de esas falsas dignidades antes mencionadas, se declaraba "encantada de ser idiota". Es curioso cómo se hiere el amor propio pero solo cuando se hace abiertamente; no cuando nos manipulan, nos instrumentalizan, de manera artera y sibilina. Para fundar la ofensa, se recurre a los tópicos de los no creyentes; es decir, como el efecto fundamental del "Halloween" impuesto a golpe de dinero y propaganda de masas, es la exclusión de la Solemnidad de Todos los Santos, fiesta genuinamente autóctona, luminosa y profunda, se denigra a ésta última para conjurar el hecho de que, guste o no, gracias al poder omnímodo del dinero, a la publicidad machacona -estilo DDR- el individuo es desposeído de lo suyo para imponerle los cánones que dicta el mercado.

Es, y sin que sirva de precedente, en términos marxistas, una alienación, aunque a nadie ofenda el ser un "zombie" castrado intelectualmente y sí que lo haga la superficial y retórica violencia del insulto. Me viene a la memoria el libro oportuno y certero de Javier Ruiz Portella, "los esclavos felices". Por desgracia la alienación es más general de lo que parece y está tan bien implantada que el afectado la defiende en calidad de "idea propia".

Desde que escuché la "lección magistral" de aquél sujeto -Víctor Cucurull, creo que se llamaba el dirigente de la autodenominada "Asamblea Nacional Catalana"- he estado reflexionando sobre eso. La autosuficiencia con la que el tipo defendía afirmaciones delirantes, entre la ocurrencia y la estupidez, solo se explica por un profundo ego aferrado a tales ideas. Al sujeto en cuestión le iba la vida, su eximio amor propio, en la validez de cosas como que Tartessos era Tortosa, que Santa Teresa era catalana, etc, En este contexto la discusión se torna imposible: atacar lo dicho se convierte en ataque personal y el sujeto reacciona violentamente.

Lamentablemente no es el único. El diario El Mundo de ayer viernes, informaba de un empresario nacido en Córdoba, ya entrado en años, que coordina no se qué acciones independentistas en su zona. Para este sujeto, típico producto de una propaganda inmisericorde que no respeta el menor atisbo de razón, la independencia se justifica por un país "con políticos honestos" un país "serio" y no se cuantas cosas más.

El pobre, naturalmente, ni entiende ni comprende nada más que el hecho de ser enemigo de quienes se oponen a la independencia. Si tuviera que dar razón de lo que dice poco o nada tendría que aportar. Es un sujeto alienado en una sociedad "democrática", en la que se blasona de que los individuos asumen decisiones teóricamente racionales. La alienación llega al extremo cuando afecta a religiosos. Como la religión es la expresión más radical de la limitación de la autonomía humana absoluta; esto es, como la religión condiciona nuestra misma existencia a la voluntad de Dios y a la Verdad, se supone que toda persona religiosa tiene un compromiso ineludible con ésta última.

Pues no. Llegan noticias de monjas, frailes y demás que gustan de hacerse eco de las tesis nacionalistas sin reparar en lo infundado y ridículo de su historiografía. La primera consecuencia de todo ello es que ha asumido el liderazgo de la sociedad catalana una contraélite enferma en lo espiritual y corrompida moralmente -no solo es cuestión de dinero-, al servicio de una de las estafas intelectuales más grandes de la historia de España, solo comparable a la leyenda negra. Pero lo peor es que, al hacer equivaler los delirios nacionalistas con la propia Cataluña, por una dinámica meramente reaccionaria, Cataluña pasa a ser blanco de hostilidades así mismo infundadas. Esto es especialmente así desde la óptica del centralismo liberal, defensor teórico de las libertades individuales, incluidas las de aquellos que para prosperar y aumentar su cuenta de resultados cercenan la libertad de los demás.

Centralismo y separatismo son, en definitiva, versiones diferentes de la misma guerra, alienadora de la persona y en lucha constante contra la realidad. Por todo ello nos tememos que el célebre "9N" no va a ser sino una gigantesca acción alienadora, que desposee a las conciencias de sus verdaderas raíces y, por consecuencia, de su libertad y de su dignidad. No es de extrañar que presenciemos escenas como la de esa fila de telefonistas voluntarias, al servicio de la mentira y de una Cataluña que solo existe en sus mentes. Efectivamente, es el dinero y el poder político sin restricciones el que hace posible esta apología del fraude y de la anti-Cataluña, escamoteando al pueblo catalán la autenticidad de su identidad y de su historia.

Todo ello, eso sí, explicado en catalán, como si el uso de un idioma otorgara el derecho mismo a difundir cualquier porquería y a denigrar y envilecer el espíritu mismo que le dio vida. Hoy más que nunca solo la Verdad nos hará libres.

Dejen de hacer el paripé.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 9 Noviembre 2014

Ahora viene la Fiscalía preguntando por los responsables de los centros públicos que se van a abrir para disponer las mesas y las papeletas que se usarán para la farsa de referéndum ilegal que el Tribunal Constitucional ha suspendido. Ahora, cuando quedan escasos minutos para que se consuma la más alta traición a España por parte de un Gobierno autonómico, se excita el celo inquisidor de una Institución jerarquizada y politizada hasta la náusea. Ahora que los secesionistas van a lograr su objetivo de burla a los españoles y a la democracia, el Gobierno de España hace dejación de sus responsabilidades y se presta a dialogar mañana permitiendo de modo cobarde y cómplice que se viole la Ley apelando a ella hipócritamente.

Este Gobierno ha demostrado su absoluta incompetencia para cumplir con su deber constitucional. Su deserción envalentonando a los secesionistas, que ven cómo sus delitos no solo quedan impunes sino que su enemigo de ha rendido de modo incondicional a pesar de disponer de los medios para detener este desafío. Los españoles no podemos permitirlo y debemos exigir la dimisión inmediata de este Gobierno y la convocatoria de elecciones generales. No nos representan.

Sr. Rajoy, deje de mentir a los ciudadanos. No tiene ya legitimidad para negociar la Soberanía Nacional. Sea honesto por una vez con los españoles, reconozca sus errores y vayase. Deje que otros que sí tienen como ideología la defensa de España y del interés general de los españoles tengan la oportunidad de parar lo que usted y su Gobierno no quieren hacer.

Una tragedia catalana
Carlos Sánchez El Confidencial 9 Noviembre 2014

Recordaba Herrero de Miñón en una polémica conferencia ofrecida en abril en el Círculo de Economía de Barcelona -en la que propuso incluir una nueva disposición adicional en la Constitución para resolver la cuestión catalana- un lúcido ensayo del historiador y filósofo francés Ernest Renan, leído en 1882 en la Sorbona de París.

El texto es muy conocido, y, como se sabe, pretendía responder a una pregunta clave que puede explicar algunas cosas de las que están pasando. No sólo en Cataluña, sino, también, en otros territorios europeos en los que el virus nacionalista ha germinado. Se titulaba: ¿Qué es una nación?, lo que da idea de su actualidad.

Renan, que era un estudioso de las civilizaciones antiguas, sostenía que una nación consiste en que “todos los individuos tengan muchas cosas en común”. Pero, al mismo tiempo, llamaba la atención sobre algo que se suele pasar por alto. Para llegar a tener “muchas cosas en común” era necesario previamente “haber olvidado muchas cosas”. Y ponía un ejemplo.

Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taífalo o visigodo. Incluso, sostenía, todo ciudadano francés estaba obligado a olvidar la noche de San Bartolomé (el asesinato en masa de protestantes durante las guerras de religión) y, por supuesto, las matanzas del Mediodía durante el siglo XIII. Su conclusión era diáfana. “No hay en Francia”, decía, “diez familias que puedan suministrar la prueba de su origen franco”. E incluso, si eso fuera posible, las pruebas serían falsas “a consecuencia de mil cruzamientos desconocidos que puedan descomponer todos los sistemas genealogistas”.
La tercera opción es construir una nueva racionalidad en Cataluña a partir de una puesta al día de la Constitución. O lo que es igual: el reconocimiento de la realidad catalana -como la del resto de entes territoriales tras tres décadas de sistema autonómico- dentro de la Carta Magna

Renan, en realidad, lo que quería subrayar es que una nación no es una dinastía -ahí está el caso de EEUU-. Ni siquiera una raza, una lengua o una religión. Tampoco una comunidad de intereses o una determinada geografía. Una nación, decía, “es un alma, un principio espiritual”. O lo que es lo mismo, una nación es una gran solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios comunes. Y en coherencia con esta idea defendía que una nación es un plebiscito cotidiano con un objetivo compartido: “continuar la vida en común”.

Parece evidente -a estas alturas es irrelevante entrar a fondo en las causas últimas de este desencuentro- que ese plebiscito cotidiano, que va mucho más allá que votar cada cuatro años, se ha quebrado. Hoy, guste o no, una parte importante de los catalanes desiste de vivir en común con el resto del Estado, y ese es, en realidad, el centro del problema. Todo lo demás es accesorio. Todos y cada uno de los jugadores de esta partida, Artur Mas, Mariano Rajoy o el propio Rodríguez Zapatero -y, por supuesto, Oriol Junqueras o la ANC- son una mera anécdota histórica que pasarán con el tiempo. Lo relevante es que hoy una parte significativa del pueblo catalán ya no quiere seguir siendo parte de España. Así de duro.

Un relato inveraz
La tentación inmediata de cualquier político es echar mano del pasado para explicar el futuro, y ahí está el nacionalismo para inventarse la historia y construir un relato inveraz sobre el que construir su propia entelequia. Otros, al contrario, basan únicamente su estrategia política en lazos históricos para justificar la pervivencia de una nación. Olvidando, así, lo principal.

Una nación -como una Monarquía o cualquier institución democrática- es, siguiendo a Renan, un plebiscito diario. Y parece evidente que a causa de los errores cometidos por el Estado en los últimos 30 años en Cataluña, renuncia a influir de forma decisiva en el sistema educativo, financiación asegurada como contrapartida al papel de CIU en el parlamento o auténtica desgana cuando la corrupción trepaba por las instituciones, España ha dejado de ser para muchos catalanes ese proyecto común.
En el proscenio de esta ópera bufa propiciada por el nacionalismo y sus acólitos hay, sin embargo, otro actor -el Estado- que corre el peligro de caer en el mismo error si alguien no cambia a tiempo el libreto para enriquecer el discurso político más allá de los inevitables recursos ante las instituciones judiciales

Rajoy tiene al menos tres opciones. La primera, hacer oídos sordos y no darse por enterado de que pantomimas como las de este domingo siguen marcando cansinamente la agenda política del conjunto del país, lo cual generará necesariamente más independentistas. Lo mismo que el tiempo corre a favor de Podemos y del populismo si quien puede y debe hacerlo no actúa contra la corrupción y las malas artes en política, los nacionalistas se nutren fundamentalmente de la inacción del Estado. Y mirar hacia otro lado sólo seguirá restando razones para seguir esa vida en común. El árbol de la unidad seguirá perdiendo ramas.

La segunda opción es verter el agua del barreño con el niño dentro. Es decir, tirar por la calle de en medio y suspender la autonomía por la vía de una lectura torticera de la Constitución, lo cual generaría hoy otros problemas de incalculables consecuencias. Hay que reconocerle a Rajoy el indudable mérito de no haberse dejado secuestrar por los cantos de sirena de una parte significativa de su electorado. Malo es no actuar, pero peor hubiera sido sobreactuar, como hacen los malos actores, para calmar a una parte de su respaldo popular.

La tercera opción es construir una nueva racionalidad en Cataluña a partir de una puesta al día de la Constitución. O lo que es igual: el reconocimiento de la realidad catalana -como la del resto de entes territoriales tras tres décadas de sistema autonómico- dentro de la Carta Magna. No hay nada peor que tratar de forma igualitaria problemas desiguales, como se pretendió con el célebre ‘café para todos’.

Espíritu de nación
En el fondo, y aunque parezca mentira, en la esencia del guirigay actual se encuentra simplemente el reconocimiento de la singularidad de Cataluña, que no supone necesariamente un trato de favor. A veces se olvida que el problema de la disposición adicional que garantiza constitucionalmente los derechos históricos de los territorios forales no es la existencia de ese precepto, sino el cálculo del Cupo, que es lo que distorsiona el reparto de la solidaridad interregional. El Cupo se estima con criterios políticos y no únicamente técnicos, lo cual altera las reglas del juego y explica el lógico cabreo de muchos ciudadanos con el régimen foral.
¿Qué es lo que impide adentrarse en una reforma constitucional? Sin duda, la deslealtad de algunos actores de la obra dramática que vive hoy España. En particular el nacionalismo burgués catalán

Esto no significa, en ningún caso, que haya que cambiar la Constitución para satisfacer a los nacionalistas catalanes. Al contrario. Se trata de aprovechar la necesaria puesta al día de la Carta Magna para resolver las ineficiencias y hasta las incoherencias que necesariamente ha producido el sistema autonómico. Como, por cierto, era inevitable dado que España se adentró en 1978 en un territorio tan desconocido como complejo. Como dice el profesor Muñoz Machado, volver a dotarnos de un sistema constitucional capaz de durar otros 30 y 40 años aprendiendo de los errores pasados. Básicamente uno: la inacción del Estado en cuestiones fundamentales que moldean ese espíritu de nación que reclamaba Renan. Al contrario de lo que sucede de forma nítida en países tan distantes política y administrativamente como EEUU o Francia.

¿Qué es lo que impide adentrarse en una reforma constitucional? Sin duda, la deslealtad de algunos actores de la obra dramática que vive hoy España. En particular el nacionalismo burgués catalán (aliado ahora de quienes proponen expropiar buena parte de los medios de producción), que en lugar de buscar soluciones ha convertido la política en un espectáculo de agitación y propaganda que obliga a Mas a seguir hablando y hablando hasta convertirse en un pobrecito hablador, que diría Larra. Aunque se haya quedado sin guion en una especie de fuga hacia adelante sin retorno.

En el proscenio de esta ópera bufa propiciada por el nacionalismo y sus acólitos hay, sin embargo, otro actor -el Estado- que corre el peligro de caer en el mismo error si alguien no cambia a tiempo el libreto para enriquecer el discurso político más allá de los inevitables recursos ante las instituciones judiciales.

Ya decía el gran Jean-Baptiste Colbert -el mejor ministro que haya tenido nunca Europa- que cuando en una gran nación (él hablaba de un país rico) “sale más oro del que entra es que está perdiendo fuerza”. Y las hojas comienzan a caer. No es sólo por el otoño.

El independentismo mata
Manuel Molares do Val Periodista Digital 9 Noviembre 2014

Hay cálculos bastante creíbles que elevan a unos 2.000 millones de euros los dispendios de la Generalidad catalana en su agitprop independentista, detraídos de medicamentos y atención a enfermos en hospitales, que son de su exclusiva competencia.

La Generalidad goza del mayor presupuesto de todas las CC.AA. españolas, pero tiene la sanidad en caída constante, cuando era la mejor del país, incluso con Franco.

Su presupuesto sanitario per cápita cayó de 1.298,4 euros en 2010 a 1.091,57 en 2014, es decir, al decimosegundo lugar de las 17 CC.AA.

Al margen de su más que denunciada corrupción estructural, una parte notable de ese presupuesto se destina a imponerle el catalán a toda actividad hospitalaria, al tener que pagar ejércitos de traductores y guardianes del idioma.

Lo que explica, a falta de fondos, se la demande a los médicos que informen sobre qué enfermos morirán antes de un año para, presuntamente, gastar menos con ellos.

Sabiendo que el coste diario de una cama hospitalaria con todos sus gastos de personal e instalaciones ronda los 400 euros, el agitprop separatista ha gastado el equivalente a un año de ocupación de 13.698 camas, o 68 hospitales de 200 camas cada uno.

Es inexplicable que la oposición no denuncie el daño que le produce a la salud de los catalanes el espejismo independentista, al que le interesa menos la vida de sus ciudadanos que sus fastos, fiestas, desfiles, compra de medios informativos y demás fatuidades patrioteras.

Usar los datos anteriores para demostrar hasta dónde llevan los enfermizos delirios nacionalistas no es una artimaña demagógica, sino un elemento que permite analizar cómo desprecian Artur Mas et all a los catalanes.

La Generalidad parece aplicar el lema revolucionario cubano-fidelista de “¡Patria o muerte, venceremos!”.

Vence la muerte: si se sobrevive en Cataluña es por casualidad.

¿Sería la independencia de Cataluña un buen negocio? (III)
Clemente Polo www.cronicaglobal.com 9 Noviembre 2014

Ésta tercera parte se dedica a examinar el concepto de balanza fiscal, déficit fiscal y el dividendo fiscal de la independencia. Como todos los análisis indican que la independencia tendría efectos negativos sobre la base económica de Cataluña, sus exportaciones de bienes y servicios al resto de España, al resto de la UE y al resto del mundo, y sobre la estructura de su sistema financiero, la única posibilidad de compensar dichas pérdidas es asumiendo que el déficit estimado de la balanza fiscal de Cataluña, 16.000 millones es la cifra que suelen manejar los independentistas, se convertirá automáticamente en el dividendo fiscal de la independencia con el que podrán enjugar las pérdidas y hasta mejorar los servicios públicos y aumentar las pensiones una vez lograda la independencia. ¿Qué hay de verdad en estas afirmaciones? La verdad: nada de nada.

El saldo de la balanza fiscal de Cataluña y el dividendo fiscal de la independencia
Comencemos por aclarar algunas cuestiones básicas. La balanza fiscal de Cataluña (BFC) con la Administración Pública Central (APC) es una estimación de las aportaciones que realizan los catalanes a la APC y de las compensaciones que reciben de la APC. La diferencia entre ambas es el saldo fiscal y cuando es positivo se dice que Cataluña tiene un déficit fiscal con la APC. La BFC se elabora siguiendo dos procedimientos. El primero denominado flujos monetarios (FM), considera sólo las aportaciones y compensaciones de carácter monetario. En este caso, el gasto realizado por la TGSS o el Ministerio de Exteriores o Defensa, aunque sirva para pagar las pensiones de los catalanes o produzca bienes o servicios públicos que benefician a los catalanes, no se consideran contraprestaciones. La segunda metodología denominada flujos costes-beneficios (FCB) considera todas las aportaciones (costes) y contraprestaciones (beneficios), monetarias o en especie. Casi todos los economistas razonables consideran que el método FCB arroja un saldo significativo. Los economistas partidarios de la independencia se empecinan en utilizar, sin embargo, el saldo del método FM porque así minimizan las contraprestaciones de la APC y maximizan el déficit fiscal de Cataluña.

Todos los análisis indican que la independencia tendría efectos negativos sobre la base económica de Cataluña, sus exportaciones de bienes y servicios al resto de España, al resto de la UE y al resto del mundo, y sobre la estructura de su sistema financiero

Utilizar el término expolio fiscal, tan utilizado por los economistas partidarios de la independencia, cuando las aportaciones de Cataluña a la APC son superiores a las contraprestaciones recibidas de la APC es totalmente inapropiado e intelectualmente deshonesto. Para empezar, los catalanes están sujetos a los mismos tipos impositivos estatales y sus bases impositivas se determinan igual que la del resto de los españoles. Además, la financiación recibida, como demuestra De la Fuente en su reciente artículo “Maltrato fiscal”, es igual a la media de todas las CCAA, lo cuál no justifica que algunas comunidades (La Rioja, Cantabria o Extremadura) hayan recibido una financiación bastante superior a la media mientras la financiación de otras (Baleares, Valencia, Murcia y Canarias) haya sido sensiblemente inferior a la media en el período 2002-2011. Los casos más extremos de sobrefinanciación los constituyen El País Vasco y Navarra como resultado del régimen foral y el concierto. A lo que el gobierno catalán tiene todo el derecho del mundo es a exigir al gobierno español que todas las CCAA, incluidas las forales, dispongan de la misma financiación homogénea para cubrir los servicios públicos y garantizar la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos.

Volviendo a la BFC, conviene explicar algunos ajustes que sus elaboradores realizan al elaborarla y que tienden a inflar el déficit fiscal de Cataluña. Al calcular las aportaciones y contribuciones de los catalanes se excluyen determinados ingresos y gastos de la APC que aumentan artificialmente el déficit fiscal de Cataluña. El efecto medio en el período 2006-2009 es un aumento del déficit fiscal de Cataluña en 625 millones. Menciono éste hecho, porque aunque uno pueda asentir a que se depuren los ingresos y gastos de la APC, lo que no puede hacerse es decir que esos 625 millones en que se aumenta el déficit fiscal son ingresos detraídos de los catalanes, como se hace en la BFC.

En segundo lugar, la estimación de aportaciones y compensaciones se basa en supuestos de incidencia cuestionables tanto por el lado de las aportaciones como de las compensaciones. Lo que quiero subrayar aquí es que tanto los supuestos de incidencia utilizados como los indicadores empleados para calcular las aportaciones de Cataluña no pueden interpretarse como aportaciones soportadas por los catalanes y no pueden emplearse para decir que los catalanes están expoliados. Por ejemplo, cuando un murciano o un gallego compra un coche SEAT es el comprador quien está soportando las cotizaciones sociales que gravan el trabajo incorporado en el automóvil, así como otros impuestos. Cuando como ocurre en la BFC, esos ingresos se atribuyen a Cataluña y se consideran ingresos detraídos de los catalanes, es obvio que esto no es así porque ni las empresas ni los trabajadores catalanes los han soportado.

Los elaboradores de la BFC recurren con frecuencia a indicadores muy burdos para territorializar las aportaciones de Cataluña a la APC y las compensaciones recibidas de ésta. Con frecuencia, los indicadores empleados para estimar las aportaciones son el PIB o variables relacionadas con él (consumo, remuneración asalariados, excedente bruto de explotación, etc.) donde la participación de Cataluña en el conjunto del Estado se sitúa entre el 19-20%. Sin embargo, cuando se territorializan los gastos de la APC se utiliza sistemáticamente la población (15%) o simplemente se excluyen completamente como ocurre con frecuencia cuando se emplea el método FM. Resultaría imposible que con estos indicadores no saliera un déficit fiscal de Cataluña superior al 4 % (20 ó 19 por ciento de los indicadores de aportaciones menos 15 por ciento o menos para los indicadores de contraprestaciones).

Incluso aceptando las exclusiones mencionadas y los criterios de imputación utilizados, resulta que Cataluña presenta en el año 2009 un déficit fiscal de 792 millones según el método FM y un superávit fiscal de 4.015 millones según la metodología FCB. Sin embargo, el Sr. Mas-Colell cuando presentó los resultados afirmó que Cataluña tenía un déficit fiscal de 16.409 millones, equivalente al 8,3 % del PIB de Cataluña. Para convertir un pequeño déficit (792 millones) en otro enorme (16.409 millones), los elaboradores de la BFC neutralizan el déficit de la APC y aumentan ficticiamente las aportaciones de Cataluña en 15.617 millones. No sólo olvidó Mas-Colell decir que el déficit fiscal según el método FCB era bastante inferior, 11.261 millones, sino que olvidó también decir que, cuando se neutraliza el déficit de la APC recortando el gasto de la APC en lugar de elevando los ingresos, el déficit fiscal de Cataluña siguiendo las metodologías FM y FCB se sitúa en el 6,35 y 4,36 por ciento, respectivamente. Mis propios cálculos empleando las cifras de ingresos y gastos de la APC sin depurar lo sitúan en el 4,36 y 4,15 por ciento, respectivamente.

Por último, la identificación del saldo de la BFC con el dividendo de la independencia es completamente gratuita. Cuando le visiten en su domicilio los “Testigos de Jehomás” y le pregunten en qué deberían gastarse los 16.000 millones de euros adicionales con los que contaría el gobierno catalán tras la independencia, sáquenles una cabeza de ajos y un crucifijo, porque le están engañando. No sólo se incluye en esas cifras aportaciones ficticias como acabamos de ver a causa de la depuración de las cifras de ingresos y gastos de la APC y la neutralización del déficit de la APC, sino que además se presupone que los ingresos tributarios imputados en la BFC se mantendrán inalterados después de la independencia. Regresando al ejemplo de un automóvil: que se mantengan los ingresos por cotizaciones sociales imputados en la BFC dependerá de que el andaluz o el gallego sigan comprando automóviles fabricados por SEAT o Nissan, o incluso que esas empresas no desplazan su producción a otros estados miembros de la UE. Por otra parte, de esos ingresos que perciba la agencia tributaria catalana habrá que deducir los gastos adicionales en que tendría que incurrir la Administración catalana para proporcionar los servicios que ahora da la APC que están sistemáticamente infravalorados en la BFC.

A modo de conclusión, afirmo que el déficit de la BFC utiliza criterios de incidencia arbitrarios e indicadores burdos y sesgados para territorializar las aportaciones de los catalanes a la APC y las compensaciones recibidas de ésta. También sostengo que no hay una única cifra de déficit fiscal sino muchas, todas ellas poco fiables, y que si tomamos las más razonables llegamos a la conclusión de que el déficit fiscal de Cataluña está en torno al 4% del PIB, una cifra que se corresponde con lo que cabe esperar de una región cuyo PIB per capita es casi el 25% superior al del resto de España.

Extinción de los europeos autóctonos: Modo de empleo
Alberto Ramos Minuto Digital 9 Noviembre 2014

La inmigración, sea legal o ilegal, además de ser la antesala del mestizaje, es causa inequívoca de aumento de desempleo entre los nacionales, pues los inmigrantes siempre estarán dispuestos a recibir un salario mucho más bajo (beneficio fácil para empresas privadas, pero golpe bajo para la economía del pueblo), además de que gran parte de ese capital es enviado al país de origen del inmigrante (remesas) que si bien benefician la economía del país receptor, perjudican la del país emisor, es decir, el que aloja cómodamente al inmigrante y le otorga los servicios públicos pagados obviamente con los impuestos del pueblo. En España, como en toda Europa, el gobierno da preferencias, facilidades y privilegios a los inmigrantes en perjuicio de los verdaderos españoles (lo que se denomina “discriminación positiva”), pues mientras que los españoles deben pagar por educación y vivienda, también deben pagar con sus impuestos la educación y vivienda de los inmigrantes. Francia es uno de los países europeos que más han sufrido el despedazamiento de su identidad mediante la invasión legal de no europeos, especialmente de origen africano o magrebí. La inmigración también es causa de incremento en la criminalidad, ya que los inmigrantes generalmente no encuentran un trabajo estable, por lo que se dedican muchas veces a la delincuencia, pandillerismo y narcotráfico, además del incremento en agresiones físicas, asesinatos y agresiones sexuales contra la población autóctona. Las diferencias culturales son a menudo tan abismales entre las poblaciones europeas y los recien llegados, muchos de ellos provenientes de sociedades primitivas y bárbaras, que estos consideran a los europeos poco menos que presas a las que hay que “cazar” de alguna manera. No vien a “integrarse” sino a depredar. Mientras no entendamos eso, estaremos condenados a padecer de manera dolorosa el brutal “way of life” de estas gentes.

Una serie de situaciones están llevando a los europeos sobre el camino de la extinción. La principales causas de la disminución de la población europea son estas:

– Inmigración de personas no-europeos hacia territorios europeos. El fenómeno ha tomado una envergadura tal que amenaza con desplazar y suplantar a la población europea autóctona.

– Mestizaje. Procreación entre parejas interraciales que no muestran un mínimo de respeto por la herencia que sus ancestros forjaron con sangre, sudor y lágrimas.

– Infertilidad. Una condición que muy probablemente tiene origen, entre otras cosas, en el consumo de alimentos de baja calidad y de alto rendimiento económico, así como en la contaminación del ambiente.

– Favorecimiento de adopciones de niños no europeos. Las familias autóctonas europeas que no pueden tener hijos son convencidas de que adoptar a un no europeo es un acto de gran humanitarismo, mientras se ignora que el niño crecerá en un ambiente ajeno y probablemente hostil, y que sería mucho más humanitario aún adoptar niños europeos con el fin de restablecer su población.

– Crisis económicas. Impuestos más altos y salarios más bajos, lo que dificulta mantener una familia numerosa, por lo que los europeos prefieren no tener hijos. En estos casos muchas mujeres se ven obligadas a trabajar y relegan el cuidado de los hijos, o simplemente no desean tenerlos. A lo que hay que añadir las políticas que favorecen el empleo para los inmigrantes sobre los propios europeos, lo que empeora el etsado de pobreza de amplios sectores de la poblacion autóctona.

– Abortos injustificados. Como aquellos que no tienen como propósito evitar riesgos a la madre o malformaciones y enfermedades genéticas al niño, sino sólo motivos personales, socioeconómicos o por irresponsabilidad de los padres.

– Homosexualismo. Su “normalización social” y promoción activa a través de los lobbies políticos gays que, bajo el pretexto y la consigna de la “homofobia”, imponen su ideología gay a la sociedad ignorando el daño que causan. Recuérdese la obviedad de que los homosexuales no procrean y mientras aumenta la población homosexual, la población de niños europeos disminuye.

– Feminismo. Las mujeres pierden antinaturalmente su feminidad dejando a un segundo plano la importante cuestión de la maternidad, misma que es la base de nuestra propia existencia. Por supuesto, no se trata de oponerse a que la mujer tenga los mismos derechos y dignidad que el hombre, sino de evitar que las mujeres se “conviertan” en hombres, o que se distorsione gravemente la imagen del hombre en nombre de estas “leyes de igualdad de género”.

– Hedonismo y relativismo. Un vaciamiento espiritual y un empobrecimiento cultural provocados. Todos estos puntos se basan en una percepción egoísta de la vida generados por valores equivocados y vacíos que no piensa en las futuras generaciones, ni obra en su favor, ni toma en cuenta los efectos a corto y largo plazo de tener un estilo de vida “moderno y progresista”.

Bank of America, Endesa o Santander muestran su preocupación
La política, nueva prima de riesgo

El clima de incertidumbre política mantiene alerta a los líderes empresariales

DANIEL VIAÑA y  VÍCTOR MARTÍNEZ. Madrid. El Mundo  9 Noviembre 2014

Bank of America Merrill Lynch: con Podemos en el Gobierno «no sólo estarían en riesgo próximas reformas y ajustes, sino también algunos de los más importantes desarrollos políticos que se han llevado a cabo». Fitch: España puede sufrir una «crisis constitucional derivada de la ruptura de las relaciones entre el Gobierno central y el catalán». Endesa: «La incertidumbre en el plano político» podría incidir «negativamente» en la situación financiera de la empresa. Josep Piqué: la independencia de Cataluña es «inviable».

Las que preceden son algunas de las manifestaciones que importantes bancos de inversión, entidades financieras y empresarios del Ibex 35 han realizado en las últimas semanas. Y en todas ellas -así como otras muchas que se podrían citar-, el independentismo catalán, el auge político de Podemos y el impacto de estos dos factores sobre la economía de España y las cuentas empresariales son los principales puntos de preocupación.

Ni rastro de la prima de riesgo, la hasta hace poco compleja situación del sector financiero o incluso de la todavía alarmante tasa de paro. De hecho, en los últimos meses se había incluso alabado a España, tal y como hizo JP Morgan. El mayor banco por activos de Estados Unidos aseguró en un documento publicado después del verano que «España había vuelto a ser el primero de la clase» y alababa las reformas estructurales llevadas a cabo por el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Sin embargo, esta misma entidad distribuyó el miércoles un informe en el que aconseja a sus clientes evitar la deuda española ante «las expectativas de que la incertidumbre política crezca a nivel tanto regional como central». Sus analistas afirmaban que «la preocupación sobre la economía aumentaría especialmente ante el programa radical de Podemos», a lo que añadían el «nerviosismo» que entre los inversores podría provocar la consulta independentista de Cataluña y el adelanto de las elecciones autonómicas. No obstante, siguen mostrando su confianza en las posibilidades de España tras las reformas acometidas.

Volatilidad en los mercados. Muy similares son, en lo que a la cuestión catalana respecta, las conclusiones a las que llega la consultora de economía y política Eurasia Group. En un documento emitido este mismo viernes ante la consulta que hoy se celebra, afirma: «Si Mas convoca elecciones anticipadas, que es nuestro escenario base, esperamos una creciente volatilidad en los mercados financieros, incluso si Mas se mantiene en el poder, situación que reduciría las posibilidades de una declaración unilateral de independencia».
Los directivos admiten en privado su miedo por el proceso soberanista

Además, la consultora dibuja un eventual escenario en el que Cataluña dejaría de formar parte de España. En ese caso, su analista Antonio Roldán asegura que «ante el bloqueo de Madrid en su intento por acceder a la Unión Europea, Cataluña respondería rechazando asumir la parte proporcional de la deuda que le correspondería». «Esto dejaría a España con una ratio deuda-PIB mucho mayor al actual, ya que tendría la misma deuda pero el Producto Interior Bruto se reduciría en una quinta parte», finaliza. Según los últimos datos del Banco de España recogidos por Bloomberg, Cataluña es la región de España que presenta una mayor deuda con 61.836 millones de euros.

Estas previsiones, en caso de tomar forma, lo harían según Eurasia Group a partir del otoño de 2015. Entonces, una vez celebradas las elecciones generales en España, los representantes catalanes negociarían con un «Parlamento fracturado» consecuencia de la ascensión de Podemos, apunta, en este caso, Bank of America Merril Lynch. La entidad estadounidense ha sido una de las más activas en la avalancha de informes que en los últimos días han llegado a manos de clientes de todo el mundo. Por ello, por lo internacional de su actividad, BofA ha dedicado uno de sus análisis a presentar a Podemos, «un partido de izquierda fundado en 2014, liderado por el escritor y profesor Pablo Iglesias Turrión».

Entre sus propuestas políticas, detalla la entidad, están: «Establecer topes en los salarios del sector privado e incrementar el salario mínimo; derogar la última reforma de las pensiones en España; auditar tanto la deuda pública como la privada para determinar qué parte es ilegítima; nacionalizar sectores estratégicos como el del transporte, las telecomunicaciones, la energía, la salud, el de la alimentación y el farmacéutico». Y así, hasta completar una detallada lista compuesta por 11 puntos y que se cierra con la conclusión del economista para Europa, Rubén Segura-Cayuela:

«Creemos que éste es un programa que complicaría la situación de las finanzas públicas en España. Supondría deshacer la mayor parte de los ajustes presupuestarios llevados a cabo en Sanidad y Educación y, al mismo tiempo, incluiría propuestas con un alto coste fiscal. Sólo la renta básica tendría un coste, según las estimaciones realizadas desde Podemos, de 145.000 millones de euros, esto es, cerca de un 14% del PIB de España». Con todo ello, Bank of America quiere poner de manifiesto sus temores ante el posible escenario que arrojen las urnas, tanto por las consecuencias directas sobre España como por los enteros que ganaría el proceso independentista de Cataluña.

El debate secesionista también ha levantado una enorme preocupación entre el empresariado nacional y, concretamente, el catalán. Un informe reciente de PwC elaborado a través de entrevistas a presidentes y consejeros delegados de compañías asentadas en Cataluña concluye que «los responsables de las grandes empresas están preocupados por el proceso» y, en última instancia, «llaman al diálogo, casi con desesperación, entre los concernidos».

Los encuestados coinciden en que «no se va a producir un escenario de Cataluña independiente», si bien hay una posición minoritaria que «admite que contempla incluso el traslado de su actividad fuera de la región si se consuma la separación de España».

En relación a las consecuencias del status quo actual, «los más pesimistas consideran que la eventual independencia supondría un duro golpe para las economías catalana y española durante un largo periodo de tiempo». «Cataluña podría ver mermados el acceso a la financiación y a los mercados exteriores, inversiones estratégicas y peso en el tablero económico mundial», concluyen parte de los entrevistados.

Algunos de los empresarios más importantes del país han puesto sus nombres y apellidos al debate. El consejero delegado de OHL y ex ministro popular de Industria y Exteriores, Josep Piqué, confesó en una entrevista reciente con Expansión su «enorme preocupación» ante una situación «que es perjudicial tanto para los intereses de los catalanes como para el conjunto de los españoles». «Lo que se pretende desde determinadas instancias políticas de Cataluña es algo desde mi punto de vista inviable. Cuanto antes reconozcamos esa realidad, antes la podremos reconducir», aseguró.

En la misma línea, los presidentes de Repsol, Antonio Brufau, y de Freixenet, José Luis Bonet, han reclamado «prudencia, palabra y pacto» entre ambas partes. «Deberíamos buscar aquello que nos une. Hay más cosas que nos unen que las que nos desunen», explicó el presidente de la petrolera, natural del municipio catalán de Mollerusa.

El presidente de Planeta, José Manuel Lara, también ha sido uno de los empresarios más críticos con la actitud de Artur Mas. «Debemos ser muy conscientes de que las empresas tienen responsabilidad ante sus accionistas; si la actuación de los políticos crea problemas para los accionistas, las empresas tendrán que tomar medidas, y las tendrán que tomar todo tipo de empresas, no solo nosotros», advirtió en la última entrega del Premio Planeta.

Endesa, por su parte, aludió esta semana a la «incertidumbre política» derivada de los «procesos soberanistas en la Unión Europea» en el folleto de venta de la Oferta Pública de Venta (OPV) lanzada por el grupo Enel para vender hasta un 22% del capital de la eléctrica. Esta situación, argumenta en el capítulo de riesgos, «podría incidir negativamente en la situación económica y financiera de la compañía».

Pero más allá de estas declaraciones, la preocupación de los empresarios es aún mayor en sus conversaciones privadas. Esta semana, uno de los bancos del Ibex mantuvo una reunión de su comité de dirección en la que se analizaron las implicaciones que puede tener para su negocio el empeoramiento de las relaciones entre el Gobierno central y el catalán, así como la inestabilidad política que provocan los escándalos de corrupción. El ascenso de Podemos también es un tema central de debate entre los directivos de las grandes cotizadas y lo achacan «al desencanto que provoca la corrupción», según un empresario, que cree que «la amenaza de Pablo Iglesias y su programa económico es real».

La semana pasada, el consejero del Santander, Javier Marín, pidió un clima de «estabilidad» política para que la economía española continúe recuperándose. Sin referirse directamente a la opción de un pacto entre el PP y el PSOE para frenar a Podemos, Marín sí dejó entrever que España necesita un Ejecutivo que no altere en exceso la senda reformista actual: «Necesitamos continuar con la agenda reformista», señaló. Por primera vez, este directivo reconoció que la dirección del banco estaría dispuesta a reunirse con el partido que lidera Iglesias. «Con Podemos y con cualquier otro partido, estamos abiertos a una reunión».

CaixaBank es una de las entidades cuyo negocio más puede verse afectado por el desenlace del pulso soberanista en Cataluña. Su presidente, Isidre Fainé, ha mantenido una posición neutral en el conflicto pero ha declarado públicamente que confía en «la capacidad de diálogo de los líderes políticos y en su voluntad de buscar lo mejor para el conjunto de los ciudadanos».

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Ucraña

Javier Orrico Periodista Digital 9 Noviembre 2014

El lunes ya seremos Ucraña. La República de Donetsk-Barcelona habrá proclamado su independencia de facto y Kosovo, Escocia, Andorra y la Federación de Hondarribia-Irurtzun habrán reconocido su existencia. Disuelta la legalidad expanyola, consolidado el nuevo sujeto de soberanía que el referéndum de trampantojo habrá establecido, y abierta la constitución de nuevos estados ibéricos sobre el Estado absorto, los representantes de las nuevas repúblicas se reunirán con el Desgobierno central para establecer las bases de la nueva Constitución impuesta.

En la mesa serán sacrificados, como ofrendas al tiempo nuevo, todos aquellos que nunca se quisieron otra cosa que españoles. O sea, los murcianos. Se les quitará la autonomía, se declarará la sequía perpetua y se les considerará reos del delito de haber querido ser iguales a los diferenciales. Expaña, Espanya, Espainia sólo son posibles desde la desigualdad natural y el reconocimiento de la superioridad racial, cultural y política de los pueblos elegidos sobre los pueblos inelegibles.

La izquierda española, que ha impulsado desde siempre esta desigualdad; la derecha española, ciega, sorda y muda a todo lo que no fueran las perras, que ellos llaman la economía; los nacionalistas españoles (vascos, catalanes, gallegos, aragoneses, valencianos, mallorquines y tutti quanti), principales agentes de la fórmula neocolonial en la que ellos serán siempre la metrópoli y el resto la mierdópoli; los nuevos Podemos, tan viejos y aliados de los neofascismos regionales; y todos los ‘tolerantes’ que han aceptado vivir de rodillas, lanzarán el lunes a los vientos universales el mensaje de la nueva Ucraña española: una nación sin ley, es decir, sin libertad, sin igualdad y sin fraternidad.

Pero contenta: otra vez habremos derrotado a Francia, para siempre habremos expulsado toda reminiscencia de aquella Revolución indecente y enemiga de las tradiciones ancestrales que pretendía arrancarnos de las tribus para convertirnos en ciudadanos. La España eterna, al fin, layetanos, deitanos, contestanos, celtas y tartésicos. Y si pudiéramos, otra vez al árbol, la nación original.

El día de la deslealtad
Desde 1934, nunca Cataluña se había parecido tanto a una república bananera
Francesc de Carreras. El Pais 9 Noviembre 2014

Por fin llegó el gran día. Artur Mas decidió hace casi un año que este domingo se votaría y se ha votado. La Generalitat ha ganado la partida al Estado.

Eso sí, se ha votado sin garantías, sin base legal, sin censo, sin controles, sin mesas imparciales, sin saber si el recuento será verdad, incumpliendo la propia ley catalana que regula el proceso, con unos órganos de comunicación oficiales convertidos en puros órganos de propaganda (Catalunya Radio, la emisora pública de la Generalitat, no hizo este domingo otra cosa desde las ocho de la mañana hasta que se cerraron las urnas), con una doble pregunta incomprensible. Pero la sensación es que se ha votado. Y en Cataluña Artur Mas ha ganado y Mariano Rajoy ha perdido.
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Desde el 6 de octubre de 1934, nunca Cataluña se había parecido tanto a una república bananera. El Estado de derecho ha sido derrotado, el espectáculo que se ha dado al resto del mundo ha sido alucinante, los periodistas que nos han visitado esta última semana no daban crédito a lo que veían ni entendían nada de esta confusa situación. Pero Mas ha ganado a Rajoy, es decir, la arbitrariedad ha ganado a la ley, porque los independentistas —o los que, sin serlo, les dan soporte al ir a votar— siguen siendo un bloque compacto dispuesto a seguir adelante, sea cual sea el resultado dado que lo importante es la participación.

Fíjense si esto es así, que la Redacción de este periódico me pide que entregue esta columna antes de las ocho de la tarde, justo en el momento en que se cierran las urnas, sin conocer la voluntad de los ciudadanos que han depositado en ellas su papeleta. En ninguna elección o referéndum legal pasa esto: las redacciones retrasan el cierre para incluir el comentario de los resultados. En este caso, solo interesa el número de participantes.

Aunque algunos no se hayan enterado, ir a votar ya es dar un sí a la independencia porque es hacer el juego a quiénes están dispuestos a alcanzarla saltándose la legalidad. Lo explicaba estupendamente Carlos Jiménez Villarejo el pasado viernes en estas páginas en un artículo que concluía diciendo: “Desde cualquier punto de vista que se examine, el 9-N es incompatible con las exigencias de un Estado democrático de derecho”. Votar ha sido colaborar.

La situación de Cataluña es grave porque hay alrededor de dos millones de ciudadanos, más o menos un tercio de la población, que siguen ciegamente a un Gobierno y a unos partidos que ignoran los procedimientos democráticos para conseguir sus objetivos. El consenso democrático se ha roto, la deslealtad es la regla. El peligro está en que por ahí sigan las autoridades catalanas.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

Carta de un arponero ingenuo
El estafermo
Pedro J. Ramírez https://medium.com/@pedroj_ramirez  9 Noviembre 2014

Poco antes de ahorcarse en la calle del Farol Viejo –“la más oscura que pudo encontrar”, según Baudelaire- el extravagante Gérard de Nerval, famoso entre los parisinos por su costumbre de sacar de paseo a su langosta cual si fuera un caniche, escribió algunos de los relatos más inquietantes de la literatura decimonónica.

En uno de ellos aparecía un pobre hombre que sacaba pecho ante su esposa porque había logrado un contrato como estafermo, en un remedo de las viejas justas medievales. Llegaba a casa medio tullido, más vapuleado que un Ecce Homo, pero orgulloso de haber arreado algún que otro guantazo a personas distinguidas, por mor de las leyes de la física.

Originariamente el estafermo era un muñeco giratorio, firmemente plantado en un lugar de la pista del torneo –de ahí la etimología italiana: “sta’ fermo”-, que enarbolaba en un brazo un escudo y en el otro, igualmente rígido, una correa con bolas de hierro o saquillos de arena. Los lanceros debían impactar al galope en el escudo y escabullirse con la suficiente rapidez para no ser golpeados por la espalda, e incluso derribados, por esos objetos contundentes que ellos mismos activaban con su ímpetu.

La naturaleza del estafermo residía en su carácter inerte, en su falta de iniciativa, en su abulia existencial, en su condición tan yerma como yerta, en contraste con la vitalidad actora del jinete. En definitiva tanto el premio, al golpear el escudo, como el castigo, al girar al monigote y convertirlo en traicionero bumerán, dependían del difícil equilibrio entre la contundencia y la agilidad del caballero. Ya en 1611 Sebastián de Covarrubias escribía que el estafermo “algunas veces suele ser un hombre que se alquila para aquello… con que da de reír a los que miran”. Claro: mucha más gracia que el muñeco con apariencia de persona hace siempre la persona con apariencia de muñeco.

Pero si aconsejo acudir a Manzanares el Real, Ferrol o algún otro lugar en los que aún se revive la tradición medieval del estafermo no es para ejercitar la risoterapia sino el análisis político. De hecho fue al ver funcionar el mecanismo en una película de época cuando yo mismo encontré la respuesta al enigma que venía obsesionándome: ¿Cómo es posible que Rajoy tenga tan merecida fama de indolente en el ejercicio de sus responsabilidades y aparezca a la vez rodeado de una aureola de implacable liquidador de antagonistas, a medio camino entre el misterioso anfitrión de la isla de los Diez Negritos y el expeditivo señor Lobo de Pulp Fiction?

Ese modelo no existe en la vida. Nadie es tan zambo para la construcción y tan virguero para la destrucción. El pasmarote lo es igual para lo malo que para lo bueno y el hombre de acción nunca deja de romper huevos al tratar de hacer tortillas. Sólo el estafermo se mueve estándose quieto. Ese es, o más bien eso es, al fin he visto la luz, el Rajoy que nos gobierna: una veleta manejada por el viento, un diapasón que reverbera sonidos externos, un gong sobre el que golpea el mazo ajeno, un pelele en el torneo político que sirve en la misma carambola de saco de las bofetadas y títere de cachiporra

En el fondo tiene razón cuando desvía las culpas de todo a los demás. Porque el Rajoy ejecutivo no existe, no ha existido jamás. A ver, que alguien recuerde algo de provecho o algún destrozo notorio que hiciera como presidente de Diputación, ministro de esto y de lo otro o vicetodo. Rajoy somos los otros: nuestros errores y fracasos, nuestras autodestructivas reglas del juego que han parido una encastada cupulocracia. De la ausencia de los mejores pasamos primero a la presencia de los peores, luego a la nada con gaseosa y en este mascarón de proa ya ni siquiera quedan las burbujas.

Fue al permitir que los partidos usurparan nuestros derechos de participación política cuando fuimos inventando al Rajoy inanimado, el autómata sin iniciativa, el papamoscas de la catedral de Burgos, el hombre sin atributos de Musil, relator de una acción paralela que nunca llega a ocurrir. Ese artefacto, ahí plantado como un guardia urbano con sus guantes, su porra y su silbato, que cuando menos lo esperas te da una leche por la espalda. Pero no es él sino tú mismo con tu exceso de velocidad, tu despiste ante el semáforo en ámbar, tu medio sorbo de alcohol en sangre o tu claxon demasiado ruidoso quien activa el radar del robot, la desalmada retribución del estafermo.

Aznar lo fue llevando de un sitio a otro, plantándolo ora en Administración Territorial, ora en Cultura, ora en Interior sin consecuencia alguna para el Estado. Luego lo eligió sucesor precisamente por eso: porque no existía. ¡Y claro que tampoco fue Rajoy quien ideó, inventó, imaginó o diseñó –palabras ignotas en su léxico- la corrupción en Génova! Pero si se repartían sobresueldos, él ponía la mano, cogía la caja de puros y mañana más; si se cobraban mordidas, él recibía al donante, hablaban de fútbol y mañana más; si el tesorero millonario se veía en apuros judiciales, le mandaba mensajitos de apoyo y mañana más. No iba a ser un estafermo quien alterara el curso de los astros.

El suyo era un escuálido sol de invierno abocado a un fulminante ocaso. En la campaña de 2008 me di cuenta de que hasta en la Plaza del Obradoiro, cuando se le acercaban cariñosos sus paisanos, el rígido autómata, incapaz de toda empatía, movía con dificultad sus articulaciones oxidadas. Bastó que enfrente tuviera a un ser humano, lleno de imperfecciones pero con cierta sangre en las venas y razonable riego cerebral, para que por segunda vez fuera noqueado. No quedaba sino la hierática despedida del balcón de Génova.

Pero esa noche cuando Faetón ya encerraba su carro en la estrellada cochera y se aprestaba a enviar a la hojalatería aquellas chapas, cables y tornillos de su recogida póstuma, tres compinches muy dispares –Gallardón, Arenas, Camps- y un avariento e insaciable Stromboli, empeñado en extraer hasta el último euro negro de su imaginativo invento, “la marioneta sin hilos”, convencieron a un prejubilado vocacional, con igual nombre que el estafermo, para que ocupara su lugar. Y lo alquilaron enseguida.

Ahí fue cuando se jodió el Beluchistán. Diríamos que Rajoy empezó a hacer de Rajoy como Pierre Menard comenzó a escribir el Quijote. En ambos casos la copia fue escrupulosa pero la diferencia estaba en el original y el amanuense: lo que va de Arriola a Borges. La catástrofe sobrevino cuando el humano cejialto sucumbió en Pearl Harbor, el PSOE sacó del desván a un paquete perdedor, y el sosias del maniquí barbudo llegó a la Moncloa con mayoría absoluta.

Apenas los serviles ministriles, embutidos en sus refulgentes libreas de colores, habían hecho sonar las trompetas y atabales que anunciaban el inicio de la justa cuando, sin comerlo ni beberlo, el estafermo nos propinó su primera descomunal galleta. Resultaba que el déficit público y las exigencias europeas habían impactado en el escudo y el Rajoy de carne y hueso que, como el personaje de Nerval se pavoneaba ya en familia, reaccionó con el mismo automatismo con que lo hubiera hecho el Rajoy de madera de alcornoque: impuestazo y tente tieso. Poco después los etarras golpearon el escudo con los aldabonazos de los siniestros compromisos adquiridos y el brazo rígido del estafermo repercutió sobre la parte de atrás de la cabeza de las víctimas, reinsertando a sus verdugos, incluido el abominable Bolinaga.

Desde entonces todo ha seguido la misma pauta. Tenía razón Lucía Méndez el otro día: Rajoy ha nacido para hacer de Rajoy. Nunca podrá imitar a otro muñeco. El día que lo parieron Proteo se había ido de parranda. Fijémonos en el maquinismo de su conducta inane durante este último remedo de rebelión de los catalanes: convocatoria, impugnación… convocatoria, impugnación… ding, dong… ding, dong, PF1 insertar. “No puedo hacer otra cosa”, alega el estafermo. Cada vez que oye “dominus vobiscum”, va y responde “et cum spiritu tuo”.

Ahí tenemos al brazo listo y al brazo tonto de la ley, empalmados en un mismo priapismo. Por eso lo de hoy está a la vez prohibido y permitido. ¿Política… quién dijo política? ¿Reformas… no las hicimos ya en Génova? ¿Artículo 155… a qué libro de salmos pertenece eso? Cada vez que habla en público se escucha la misma canción: “Soy tan sólo una muñeca que no sabe de amor/ soy de cera, soy de trapo, pero no de salón/ Mi vida es dulce como un bombón/ Poupée de cire, poupée de son”.

A pesar de su leyenda negra, ni siquiera es un malvado. El mal necesita esmero y diligencia. Si te da con la estaca es por inercia. Le sacas los SMS en portada y eres tú mismo el que activas, con ese idealismo que te lleva a ir a por todas sin cubrirte las espaldas, el código rojo de las defensas nucleares que manejan al unísono el poder político y el económico. ¡Cuántos de los implicados en mi acoso y derribo no se arrepentirán ahora, a la vista de este CIS que augura lo peor, por haber desaprovechado aquella ocasión en la que tuvieron a huevo rescindirle el contrato al estafermo!

Dice Pérez Reverte que “Rajoy parece una liebre paralizada en una carretera ante los faros de un automóvil” y yo disiento. La parálisis requiere movimiento previo. ¿Rajoy una liebre, querido Arturo? Ni a conejuelo de gazapera llega. ¿Cuándo le has visto brincar, recortarse, emprender carrera alguna hacia ningún sitio? Para mí que es el crustáceo exánime, esa palinurus interruptus que arrastraba Nerval simulando que había tracción entre sus pinzas.

La ansiedad social por el hecho de que Rajoy no reaccione ante ningún desastre recuerda el momento del reinado de Carlos II en el que se decía que el monarca tomaba decisiones bajo el influjo de un encantamiento. El remedio fue, según relata Carmen Sanz Ayán en su fascinante estudio sobre el teatro palaciego de la época, encargar un comedia, titulada “El hechizo sin hechizo”, en la que “se desmitificaba la magia como algo que pudiera determinar la conducta del ser humano”. La representación acreditó la verdad. Nadie había suministrado a Carlos II filtro o bebedizo alguno -en realidad no hacía falta- pero aquel último Austria, tan débil de voluntad como de remos, pasó a la Historia como “El Hechizado”.

No le demos más vueltas. Esto ya no se arregla a bocinazos. El estafermo siempre permanecerá estólido en su estrago. Lo suyo no es coyuntural sino ontológico. En lo que sí tiene razón Pérez Reverte es cuando añade que “lo malo es que nos van a atropellar a todos”. Por eso no veo más salida de emergencia que la de la calle del Farol Viejo, tal y como la dibujó Gustave Doré, con la trompetera parca arrastrando hacia al más allá no sólo el alma del finado sino también las de todas sus hechuras de ficción.

Consulta anti democrática y delictiva
Pablo Sebastián www.republica.com 9 Noviembre 2014

La consulta catalana ha reunido a un par de millones de votantes sobre los 5, 4 millones con derecho a sufragio, del total de casi 7,5 millones de los ciudadanos catalanes. A ello hay que sumar que muchos de los votantes lo pueden haber hecho varias veces en los distintos colegios electorales por la ausencia de censo, y el hecho incontestable del control sectario y único de los organizadores que ha sido ajeno a toda imparcialidad en el desarrollo y recuento de los votos. Por lo que el resultado de una mayoría favorable a la independencia de Cataluña carece de la menor credibilidad, y no permite a los organizadores independentistas decir que la mayoría de los catalanes votaron a favor de la independencia, ni cosa que se le parezca.

Más bien al contrario, y al margen de la propaganda oficial nacionalista, la consulta resultó un notable fracaso político y democrático que deberá tener consecuencias de orden penal en lo que al presidente Artur Mas -que ha asumido toda la responsabilidad- y sus colaboradores de la administración que colaboraron en la consulta se refiere. Y todo ello como consecuencia de las investigaciones abiertas al respecto por un juez de Barcelona tras la denuncia presentada por UPyD, así como de otros juzgados. Aunque todos ellos renunciaron suspender el proceso por indicación de la Fiscalía, lo que es para preocupar, por más que el ministerio fiscal mantenga abierta una investigación para depurar responsabilidades penales por lo ocurrido.

En estas circunstancias parece claro que Mas, presunto imputado de los delitos de desobediencia, malversación y prevaricación, no debería ser recibido por el presidente Rajoy, tal y como se desprende del comentario emitido desde la Moncloa que descalifica el comportamiento del actual presidente de la Generalitat.

Un Artur Mas que cree haber salvado la cara ante los suyos, evitando el predominio de ERC y que se autoproclamará victorioso y con la pretensión de ser recibido en Madrid por Rajoy a quien pretende pedir un referéndum legal para culminar su proceso hacia la independencia, además de todo un listado de concesiones política y económicas para Cataluña. Y todo ello a las pocas horas de violar la legalidad y haber desobedecido la sentencia del Tribunal Constitucional.

En el palacio de la Moncloa el presidente Rajoy parece estar satisfecho con lo ocurrido por más que se haya violentado la legalidad ante sus narices y su inmovilismo que, en cierta manera y por omisión, lo hace cómplice de la situación. Pero Rajoy pensará que de esa manera se ha evitado el choque de trenes institucional y el enfrentamiento abierto ente nacionalismo español y el catalán, y que ahora se inicia un tiempo nuevo de reflexión para ver si se puede reconducir la situación.

Además, Rajoy no ha estado solo en su posición porque le ha apoyado el líder del PSOE, Pedro Sánchez, escondido en su discurso federal y a la vez atrapado en la actitud del PSC que apoyó esta consulta. Asimismo, los de IU han estado del lado de la Consulta a igual que los de Podemos a pesar de su llamativo silencio oficial sobre todo lo ocurrido, con excepción de la discrepancia del fiscal Jiménez Villarejo, eurodiputado de Podemos que se opuso frontalmente a la consulta. En realidad sólo UPyD ha hecho frente al desafío presentando demandas ante un tribunales catalanes que ya se verá lo que dan de sí y de ellas y de las investigaciones de la fiscalía se derivan consecuencias penales para Mas, su Gobierno y otras administraciones y los funcionarios de Cataluña que, por ley, debían acatar la suspensión que fue acordada por el Tribunal Constitucional.

En Moncloa pensarán que todo les ha salido a pedir de boca mientras que en la Generalitat creerán lo mismo y se conformarán con que los medios catalanes e internacionales califiquen de éxito la convocatoria (lo que está por ver), cuyos resultados y votación todavía pretenden extender durante una semana para que todos los que han votado lo pueden volver a hacer, reforzando así la burda manipulación del proceso. El que ya veremos qué consecuencias va a tener en Cataluña y en el resto de España. Como falta por ver si Mas logra agotar la legislatura o si decide convocar elecciones anticipadas.

En conclusión, y a la espera de los resultados y de las acciones legales que de todo esto se deriven y en contra de lo que piensan en los gobiernos de Rajoy y de Mas, todos han perdido en lugar de ganar. Y de manera especial España porque en esta ocasión el Gobierno ha consentido que se viole la ley y la Constitución. Y ese es un precedente que traerá sus consecuencias más tarde o más temprano y que nos conducirá a un futuro incierto para la unidad nacional.

Cataluña y los síntomas
Melchor Miralles www.republica.com 9 Noviembre 2014

Escribo deliberadamente estas líneas al amanecer este domingo 9 de noviembre. Antes de que suceda lo que vaya a suceder, en Cataluña. Llegó el día y de lo prometido por Mas no queda nada. Solo un sucedáneo, inútil, y el lío de Rajoy. Pero, suceda lo que suceda este domingo 9, las cosas en Cataluña y en España están mal. Francamente mal.

Desde el Gobierno de España se ha alimentado al monstruo durante décadas de política de mira corta y vuelo rasante, de política mediocre de cortoplacistas ansiosos de mantenerse en el machito. Y en Cataluña, el dislate. Gobiernos de CiU mantenidos por socialistas y populares, un tripartito que pasará a la historia, Zapatero y su “aceptaré el Estatuto que venga de Cataluña”, y Mas, y Esquerra. Y mientras alimentaban el sueño desde las vísceras y las emociones, con toda la maquinaria propagandística de lo público en beneficio de unos y en exclusión de los otros, Cataluña, como tantos otras Comunidades Autónomas, resquebrajándose. Paro, las arcas vacías, la fractura de la sociedad en carne viva, la sanidad en crisis, la Justicia por los suelos, el desgobierno… Y buena parte de los catalanes ensimismados en lo identitario, centrados en fomentar la quimera. Para terminar en una pantomima, en un censo de pacotilla, en unas urnas de cartón y sin garantías jurídicas de ningún tipo. En una kermés sin gracia y con riesgos serios. Y profundamente antidemocrática.

Y Rajoy en la política de no aplicar la ley, haciendo caso omiso de sus obligaciones con el argumento de que actuar puede generar males mayores. ¿Mayores? Y confiado en que a partir de mañana el problema es menos problema. Cuando va a ser mayor, porque Mas está atrapado en su laberinto, insiste en el referéndum mientras Junqueras reclama directamente la declaración unilateral de independencia sin más miramientos.

Todo esto acabará con unas elecciones municipales en las que el independentismo va a cosechar un éxito importante y unas autonómicas en las que quizá a Mas no tenga más remedio que concurrir en una lista única con los secesionistas. Y después, nadie sabe. Pero todas las soluciones son malas. Porque al problemón de Cataluña se une una España que se resquebraja, un bipartidismo que le ve las orejas al lobo, la corrupción galopante, la Corona de nuevo en entredicho, las encuestas que vaticinan tormenta. Y la sensación de que los actuales dirigentes de los grandes partidos son incapaces de actuar a modo, para recomponer un sistema que es víctima de un régimen que se descompone. No es solo Cataluña. Es España la que camina hacia el desfiladero. Este 9-N es uno más de los síntomas. Y quizá no el más grave.

Con la democracia no se juega
Carina Mejías Libertad Digital 9 Noviembre 2014

Hoy, miles de ciudadanos en todo el mundo celebrarán un acontecimiento histórico para la humanidad: el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, que dividió a los alemanes y dejó a Europa entera partida en dos. En Cataluña, hoy algunos ciudadanos darán apariencia de democracia a los votos con los que pretenden levantar un muro entre Cataluña y el resto de España, ante la atónita mirada de los europeos que han dedicado tanto trabajo y esfuerzo para derribarlos.

Una ficción democrática con la que pretenden dar legitimidad a un proyecto insolidario, populista, basado en la desinformación y la mentira, la propaganda y el adoctrinamiento, y cuyo objetivo es profundamente inmoral.

Insolidario porque el lema "España nos roba" ha sido la mejor excusa para justificar las razones por las que blindar privilegios económicos, siempre con la idea de que quien tiene más dinero tiene más derechos, y además no tiene por qué compartirlo. La lucha contra la desigualdad, la solidaridad entre pueblos o la redistribución de la riqueza son solo eslóganes trasnochados, cuya obligación solo concierne a otros.

Un proyecto populista porque han prometido sin pudor lo que no pueden cumplir, una suerte de Arcadia feliz para ganar la confianza de los desencantados, pero omitiendo de forma malintencionada las graves consecuencias que tendrá para el futuro de los catalanes romper con España y aparecer ante Europa como traidores a un pacto democrático construido para vivir en libertad.

No han reparado en gastos para fabricar su propaganda inmoral, utilizando los medios públicos pagados con dinero de todos para emitir sus mensajes sectarios y adoctrinar hasta la exasperación; han forrado las calles de carteles con mentiras, con promesas idílicas del país nuevo que van a construir, sin reparar en lo que destruyen. En su huida hacia adelante, han dejado lamentables ejemplos antidemocráticos, propios de sociedades totalitarias e intolerantes, llamamientos a la desobediencia, comportamientos desleales, actitudes sediciosas o amenazas de golpes contra la Constitución.

De todas las actitudes que hemos tenido que soportar estos días hay una profundamente inmoral, y es que se han creído con derecho a manipular las emociones y a jugar con las ilusiones de la gente, para cavar una grieta sentimental a fuerza de sembrar desavenencias y levantar sospechas en ese frágil y difícil entramado que es la convivencia entre catalanes y el resto de españoles.

Nadie tiene derecho a pedirnos que participemos de una estafa política con la que pretenden arrastrarnos a la indignidad democrática. Por nuestra firme convicción como demócratas, no debemos permitir que se juegue con la democracia para usarla con fines perversos.

Los demócratas siempre queremos votar, y lo hacemos habitualmente en cada una de las convocatorias electorales a las que se nos llama acatando las reglas del juego, y así lo haremos cuando el fracaso político no deje otra salida a Artur Mas que convocar unas elecciones autonómicas que nos den la oportunidad de cambiar el actual estado de cosas y construir una alternativa política que nos devuelva nuestra dignidad democrática y la estabilidad política que nunca debimos perder.

Cataluña lleva una década perdida. Diez años perdidos en errores políticos que se iniciaron con la negociación de un nuevo estatuto que nadie pedía en 2004 y cuyas consecuencias se han ido arrastrando hasta hoy. El 9-N debe ser el punto y final de esta burla, de una estafa política y democrática que ha cebado las desavenencias, la tensión política y la parálisis económica y que ha provocado una progresiva decadencia, una lenta agonía que nos arrastra y que se hace ya insufrible. Ha llegado la hora de reconciliar a los catalanes entre sí y con el resto de españoles, tender puentes con el Gobierno de España, recuperar el prestigio, la confianza y ponernos a trabajar por el bien de todos. Aquí también deberíamos celebrar que cayó el muro y que nunca se volverá a levantar.

Carina Mejías, diputada en el Parlamento autonómico de Cataluña por Ciudadanos.

El gran engaño al electorado del PP. Negociaciones secretas
“Nadie engaña con buen fin: la bellaquería añade su malicia a la mentira”, J. de la Bruyère
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 9 Noviembre 2014

Ciertamente que hoy tenía previsto tratar otro tema, otro tema que también estaba de actualidad; pero, señores, la inminencia de este desfalco al pueblo español y, en especial, a los españoles que, por las circunstancias de la vida estamos residiendo en Catalunya y, a pesar de que ya traté recientemente de ello, en otro comentario, no me queda otro remedio que insistir de nuevo, de levantar mi voz airada y de protestar con el único medio de que dispongo para hacerlo, con mi pluma; ante lo que, a mi entender, puede que sea una de las vilezas más bajas que se haya cometido con los ciudadanos españoles, llevada a cabo por quienes han venido insistiendo, una y otra vez, tanto en el Parlamento como en sucesivas declaraciones a los medios de la prensa, de forma rotunda y sin posibilidad de que se les entendiera mal, en que el famoso referéndum o consulta por el derecho a decidir, nunca se produciría. El partido en el Gobierno, presidido por el señor Mariano Rajoy, prometió a sus electores que la unidad de España nunca estaría en peligro y que no se permitiría que, en Catalunya, se llevaran a cabo ningún tipo de consultas que no estuvieran avaladas por la legalidad constitucional.

Como muchos ya tenemos una larga experiencia en las cuestiones de la política, la precisión con la que el señor Rajoy ha ido insistiendo, de forma sistemática y sin variar ninguno de los términos usados para ello, como si no quisiera pronunciar una sola palabra que pudiera dar lugar a un equívoco sobre lo que quería decir, cuando contestaba a aquellos que le preguntaban sobre la amenaza separatista y la convocatoria de la consulta catalana; siempre ha utilizado la siguiente frase “ La consulta es ilegal y yo no me apartaré nunca de la legalidad” Sin embargo, nunca ha dicho lo que haría, los medios que utilizaría para impedirla y las sanciones que pediría para los responsables de que ella se celebrara. Han querido tranquilizar a aquellos que insistíamos en el peligro de que, un desafío al Estado como el presentado por el Gobern catalán, debía se atajado con contundencia; debido a que, su sola celebración, ya serviría para dar confianza, ánimos y seguridad, en sus posibilidades de lograr su objetivo de independizarse de España, a quienes han promovido la consulta. Se nos ha insistido en que el Gobierno tiene “preparadas todas las decisiones que haya que adoptar si se sigue en la dirección apuntada por el presidente de la Generalitat de que esa consulta se celebre".

Seguimos sin conocer el “arma secreta”, el talismán de que disponen, el señor Rajoy y su Ejecutivo, para neutralizar la consulta, cuando estamos en las vísperas de su celebración y no hay signo alguno de que haya medio posible de impedir que las urnas se coloquen, los locales en los que se debe celebrar sean clausurados o se detenga a algunos de los dirigentes que, sin reparo alguno, vienen insistiendo en que la consulta tendrá lugar y que la propia Generalitat se ocupará de asumir la responsabilidad de colocar las urnas y celebrar y anunciar el oportuno recuento de votos si bien, y aquí seguramente se esconde la “astucia” del señor Más y sus acólitos, los que recogerán los votos de los ciudadanos y estarán en las mesas, van a ser voluntarios que, gustosamente, se van a prestar a ello. ¡Muy hábiles!, si no fuera porque el TC ha dicho claramente, en su segunda resolución, en este caso sobre la consulta sustitutoria; que todo lo que fueran preparativos, actividades, propaganda o intentos de eludir la suspensión que pesa sobre la consulta, serán ilegales. Al parecer no ha hecho efecto alguno sobre aquellos que han decidido ignorar cualquier actuación procedente del Alto Tribunal español.

Y, los ciudadanos, asombrados ante tanta temeridad, audacia y seguridad de quienes se atreven a enfrentarse al resto de España, nos venimos preguntando ( desde hace meses) ¿a qué se debe tanta desfachatez, osadía y desvergüenza por parte del gobierno de una comunidad, que se atreve a incumplir las sentencias de los tribunales de justicia, las órdenes del Gobierno de la nación y, para más escarnio, deciden por su cuenta hacer una consulta en la que se pone en cuestión la unidad de la nación española? Si hasta hoy hemos tenido el presentimiento, si ya lo habíamos anunciado hace tiempo como una posibilidad a tener en cuenta, después de que el ministro de Justicia lo adelantara cuando dijo que “no acudirían a los jueces si no se celebraban actos que se consideraran inducidos por las autoridades catalanas” lo que, para cualquier buen entendedor, venía a indicar que mientras no hubiera revueltas harían la vista gorda a la consabida consulta.

Hoy, un periódico catalán, viene confirmando nuestras sospechas, cuando se ha informado de que, el señor Pedro Arriola (un personaje nefasto que pulula por el PP y que ya ha aconsejado, en varias ocasiones, a los dirigentes del PP, en el sentido de que dejaran aparte los principios y valores del partido, en beneficio de conseguir votos y asegurarse permanecer en el poder) sociólogo de cabecera de los populares, hace meses que tiene contactos secretos con el señor Rigol de CIU, emisario secreto del señor Mas; a los que ahora se ha incorporado el señor J. Enrique Serrano por parte del PSOE; contactos que se han incrementado desde el momento en el que, el señor Mas, el pasado 12 de diciembre del 2.013, anunció que habían pactado la fecha de la consulta para el 9N.

Por lo visto, tales encuentros tenían por objeto “reconducir” las relaciones del Estado con la Generalitat, aunque, como era de suponer, se había pactado que si estas conversaciones algún día salían a la luz, todas las partes lo negarían. Algo que, señores, parece que se ha convertido en una costumbre para nuestros políticos ¡negar todo lo que no les interesa que trascienda a los ciudadanos! Se trataba de encontrar una salida política al proceso. ¿Recuerdan ustedes cuando el señor Rajoy decía que el estaría de acuerdo en reformar la Constitución si todos se ponían de acuerdo en ello?, pues de esto se trataba, de encontrar “una tercera vía”, cambiar la pregunta de la consulta, para buscarle un encaje constitucional. Una de las fuentes de esta noticia afirmaba que “Ha sido una vía muy útil para reducir hostilidades en momentos claves y para intercambiar mensajes con rapidez”. Si, señores, y para tomarnos el pelo a todos los ciudadanos que seguíamos pidiendo el cumplimiento de la Constitución, el pararles los pies a los separatistas, el aplicar con urgencia el artículo 155, claramente violado por la Generalitat catalana y, no obstante, todo han sido retrasos, excusas, declaraciones cargadas de demagogia y, en definitiva, una vez más, un gran engaño para los que les votamos.

Ahora pasará el 9N, se votará, ganará la propuesta soberanista por abrumadora mayoría y, como ya anuncia a voz en grito el señor Junqueras, van a ir por el segundo paso, ¡la declaración unilateral de la independencia! ¡Bravo, por el señor Rajoy! ¿Y que pasa con los millones de españoles que queremos seguir siéndolo, condenados a vivir bajo un régimen de extrema izquierda, con el peligro de dejar de cobrar las pensiones y de vernos sometidos a la miseria a la que nos van a arrastrar estos inconscientes, que pretenden ignorar lo que va a suceder con Catalunya, fuera de Europa, sin inversionistas que quieran arriesgarse, con el pago de tasas arancelarias y sin una moneda propia, lo que va a producir el empobrecimiento para todo el pueblo catalán.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, se ve como hemos sido engañados, una vez más, por unos políticos incapaces y desleales con España.

La resistencia al nacionalismo
Antonio Robles: "El 9-N evidencia el proceder ilegal del nacionalismo"
El ex diputado de Ciutadans recoge en un libro la historia de la oposición al nacionalismo desde 1979.
Mariano Alonso Libertad Digital 9 Noviembre 2014

Antonio Robles nos recibe horas antes de presentar en Madrid su último libro, "Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña" que prologa el eurodiputado Juan Carlos Girauta. Desde que abandonó su escaño y su militancia en Ciudadanos ha vuelto a lo que siempre ha sido su vida: la enseñanza y el periodismo. La obra abarca desde el 1979 en el que Jordi Pujol estaba a punto de llegar al poder a la irrupción de Ciutadans más de un cuarto de siglo después.

Usted ha vuelto a la enseñanza, que es ahora mismo un sector muy importante por lo que se refiere a los planes para el 9-N, con la pretensión del Gobierno catalán de habilitar los colegios para el simulacro de consulta.

Han reunido ya varias veces a los directores de los centros. Les están haciendo ver que es algo voluntario, que no les obligan, está claro que no quieren pillarse los dedos. Quieren que abran los colegios y que poco a poco vayan convenciendo a los profesores y al personal no docente para llevar a cabo sus planes. Lo que sí sé es que solo unos pocos directores han tenido la valentía de pedir las instrucciones por escrito, para curarse en salud, también lo han hecho los sindicatos de enseñanza.

Como he escrito, este ha sido siempre el proceder de la administración catalana desde los ochenta, no dar nada por escrito para poder negarlo si alguien protestaba. Por ejemplo la catalanización de los nombres de los niños, el hecho de que nunca se hablase con los padres en castellano o que se impusiese el catalán hasta en el patio. Así el miedo ha guardado la viña y el personal se ha adaptado a las órdenes políticas.

Casi prefiero que vayan a votar el 9-N y descubran su ridículo

Usted ha publicado este libro "Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña" gracias al crowfunding. Parece una práctica muy adecuada para este tipo de obra, que recoge la implicación y el activismo de muchas personas a lo largo de décadas.

Lo hice porque los editores no querían un libro tan voluminoso [casi 700 páginas]. Yo entiendo sus razones, sobre todo de rentabilidad, pero no quería verlo reducido a 300 páginas. Entiendo que es exagerado, incluso me propusieron hacer varios libros, pero yo lo quería así. En la página Lánzanos, que es fantástica, enseguida alcanzamos los objetivos.

La ilustración de la portada no es casual, se refiere a un hecho concreto de esa historia de resistencia.

Ocurrió en 1995 en el Palau de la Música, en el veinticinco aniversario del Price dels poetes , un recital de poesía celebrado en aquel lugar, donde había veladas de boxeo, cuando el franquismo impedía la oficialidad del catalán. Allí se reunieron, en plena dictadura, poetas y escritores que reivindicaban muy justamente esa lengua. Un cuarto de siglo después nosotros alertábamos de que se podía estar cayendo en parecidos errores con la otra lengua de Cataluña. Fuimos una veintena de activistas de la Asociación por la Tolerancia que nos colamos y lanzamos unas octavillas desde el segundo anfiteatro, poblando toda la platea de palomitas de papel [sonríe] que eran muy bonitas. En ese momento estaba actuando Paco Ibañez, en castellano como siempre, hasta en eso medimos la acción. La portada es una ilustración basada en la fotografía que al día siguiente publicó El Mundo, que fue el único medio que informó correctamente de lo ocurrido. El entonces redactor jefe Alex Salmond [hoy director de la edición catalana del diario] lo vivió in situ. La actuación del resto de medios fue increíble, entre ellos el actual director de La Vanguardia [Màrius Carol] escribió un artículo una semana después inventándose todo. Hicimos ver que había gente que se oponía a los designios del nacionalismo.

Esa Asociacion por la Tolerancia ha sido el gran aglutinante de la disidencia al nacionalismo.

Los ochenta fueron una losa total para cualquier oposición al nacionalismo. En 1981 le pegaron un tiro a Federico Jiménez Losantos después del Manifiesto de los 2.300 y la mayoría de los firmantes abandonaron Cataluña. En 1983 se fundó la Asociación Miguel de Cervantes, pero no pasó de la marginalidad. Cuando yo publico Extranjeros en su país en 1992 es la primera vez que se habla de esto. Es como si nunca hubiese ocurrido nada. Nadie sabía nada de lo que acabo de comentar, de todos esos sucesos, y de la marcha fuera de Cataluña de decenas de miles de profesores de la enseñanza media. Tolerancia nació tras la primera presentación de ese libro, yo mismo compilé todos los contactos de la gente.
Los ochenta fueron una época de silencio total sobre el nacionalismo

Curiosamente su libro era una novela y firmada con pseudónimo, Azahara Larra Servet. No sé si era una estrategia deliberada el que no fuese un ensayo.

Yo pretendía relatar unos hechos que estaban sucediendo en Cataluña y que se estaban silenciando. Tenía claro que si lo hacía con un ensayo me iban a satanizar, como han venido haciendo. Decidí por tanto introducir esas ideas en el cuerpo de un relato novelado. La famosa cita en al que Jordi Pujol desprecia de manera brutal a los andaluces yo la introduje como un elemento de ficción. Era también una manera de que llegase a más gente, sobre todo en el cinturón industrial de Barcelona.
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De la "Resistencia" al Parlament
En esa época de silencio de los setenta y ochenta a la que se refería usted se iniciaba en el periodismo, luego se ha dedicado a la enseñanza.

Era muy joven. Me había licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y era redactor de cierre en Mundo Diario, en aquel momento una cabecera que era uno de los buque insignia de la democracia, su diseño era muy rompedor: unos cuerpos muy grandes que luego imitaría El Periódico de Catalunya. Era el periódico que leían los universitarios, los intelectuales, los progres y los obreros, era muy influyente en el nuevo escenario democrático. Yo estaba ahí de noche, en el cierre, y luego por la mañana trabajaba en el Sport, donde me tenía que inventar una página cada día.

Volviendo a la gente que se fue de Cataluña al inicio del pujolismo, es especialmente significado el caso de los profesores que se marcharon, muchos que simplemente por la cuestión lingüística perdieron su capacitación profesional de la noche a la mañana.

Pujol es obsesivo. Le estorbaba todo vestigio de cultura española y quería una escuela en catalán, solo en catalán. Había que empezar, forzosamente, por los maestros. En realidad entre finales de los setenta y mediados de los ochenta hubo bilingüismo en las aulas, se corrigió la discriminación del catalán, pero luego el castellano fue perdiendo peso progresivamente. Algunos profesores sencillamente no podían dar clases. Se fueron unos catorce mil, eso en el montante total de profesores en Cataluña es un número muy alto. Entraron entonces muchos filólogos catalanes, la mayoría activistas políticos. Y eso se ha mantenido, aunque no todos son activistas, aquí tiene uno que no lo es.
Pujol estaba obsesionado con crear una escuela en catalán

Avanzando en el tiempo: 1 de noviembre de 2006. Se convierte usted en diputado del Parlament por Ciutadans junto a José Domingo y un joven Albert Rivera.

Me lo pasé muy bien, claro, pero yo no nací ese día. Dicho de otra forma: para mí no fue una sorpresa aquel éxito. Yo dije en campaña, en el acto de consagración del partido en La Paloma, que íbamos a sacar tres diputados. Yo había observado el cambio en la sociología catalana y era consciente de que algo había cambiado. Yo dirigí aquella campaña, teníamos muy claro que había que romper la barrera de silencio mediático, y por eso hicimos aquel famoso cartel del desnudo.

¿Usted fue el que desnudó a Rivera?
[Risas] Sí, sí. La idea exacta fue de un compañero de la Asociación por al Tolerancia. Rivera me dijo, en catalán "quina putada" pero lo aceptó de buen grado.

Usted era, además de diputado, el secretario general de Ciutadans, el número dos. Es evidente el salto generacional que había entre ustedes dos, dentro de Cataluña y dentro del no nacionalismo. Supongo que eso ya de por sí, al margen de todos los enfrentamiento que hubo por otras cuestiones, creaba fisuras en la relación.

Nunca discutimos por cuestiones de fondo políticas. Yo siempre defendí que era una persona, como luego se ha demostrado, con gran capacidad de liderazgo, muy inteligente y con una conciencia muy clara de los abusos del nacionalismo. No olvidemos que tenía veintiséis años. Aprendía muy deprisa. Quizá le faltaba, lógicamente, el bagaje que yo tenía de años de lucha. Mire, yo me empeñé siempre en Tolerancia en construir un discurso moderno, bonito estéticamente, porque estaba el peligro de que el nacionalismo nos metiese en el saco de la ultraderecha. Por eso cuando años después Albert comete el gravísimo error de pactar con Libertas para las europeas de 2009 todo nuestro trabajo se vino abajo, y ahí fue cuando abandoné el partido y el escaño. Él es más liberal que yo, que tiendo a ser más socialdemócrata.

Albert Rivera es más liberal que yo, pero nunca hemos discutido por cuestiones de fondo

Ahora se habla de él como el antídoto contra Pablo Iglesias.

Ciudadanos nace como Podemos, pero luego, y eso es culpa también de Rosa Díez, se ha perdido una gran oportunidad de crear un proyecto nacional. En el último año Albert ha ido por ese camino, pero sigo pensando que Ciudadanos no tiene que quitarle votos al PP en Cataluña, sino a la abstención y al PSC. Los socialistas siguen siendo quienes avalan las políticas nacionalistas.

En otra entrevista el presidente de SCC, José Ramón Bosch me decía que Podemos puede jugar un papel muy interesante en Cataluña quitándole votos a ERC en el Baix Llobregat.

Tiene parte de razón. Si saca 12 o 14 diputados se los puede quitar al nacionalismo, pero tampoco sabemos cómo los gestionarían en lo que afecta al proceso secesionista. A lo mejor resulta que son los primeros en apoyar una declaración unilateral de independencia. Pero sí que es posible ese trasvase.


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