AGLI Recortes de Prensa   Martes 11  Noviembre  2014

Váyase, señor Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 11 Noviembre 2014

La ilegal consulta para la independencia de Cataluña, organizada el domingo sin el menor embozo por las autoridades de la Generalidad, es un éxito para las fuerzas separatistas que, al margen del número exacto de votantes, las sitúa más cerca de su objetivo político. Cierto es que el proceso fue una pantomima y que la ausencia de unas mínimas garantías lo invalida en términos formales, pero en el orden político lo que se vivió el domingo en Cataluña fue un paso más, tal vez decisivo, para la destrucción de España a través de la secesión de una parte de su territorio.

El que los nacionalistas hagan lo posible para acabar con la nación española, a la que odian profundamente -he aquí su elemento vertebrador-, no es algo novedoso, ciertamente. Ahora bien, hasta ahora ningún otro Gobierno de España, ni siquiera el de Zapatero, se había rendido a las fuerzas separatistas como ha hecho el Ejecutivo de Rajoy, para vergüenza de todos los españoles.

Rajoy está deslegitimado políticamente para seguir al frente del Gobierno de España. La legitimidad de ejercicio del poder ejecutivo, basada en el estricto cumplimiento de las funciones públicas que tiene encomendadas, desaparece cuando se permite, como acaba de hacer Rajoy, una consulta popular pensada para acabar con España mediante la destrucción de su orden constitucional. Mariano Rajoy no puede humillar al pueblo que lo llevó a La Moncloa con una mayoría histórica poniendo en grave riesgo la supervivencia misma de la nación. La comparecencia del ministro de Justicia para leer un papel como única respuesta del Gobierno a este intento de golpe de Estado fue de un patetismo atroz, difícilmente parangonable.

Si el Partido Popular ha defraudado, tal vez de forma definitiva, las esperanzas que todavía podrían albergar sus votantes de que es una fuerza merecedora de confianza, cabe señalar el ejemplo extraordinario que UPyD, Ciudadanos, Vox y la plataforma Libres e Iguales están dando en defensa de la nación, la soberanía nacional, la Constitución y la libertad de todos los españoles. Las cuatro organizaciones han coincidido, como no podía ser de otra manera, en denunciar la dejación de funciones del Gobierno como lo que es, una "ilegalidad" y "una agresión a la democracia".

En efecto, Rajoy ha cedido la iniciativa a las fuerzas separatistas y ha facultado a sus representantes para que rebasen todos los límites constitucionales con la desfachatez que es habitual en estos personajes. El incumplimiento de su deber de cumplir y hacer cumplir la Constitución, como parte de un posible acuerdo entre bambalinas, pone aún más de manifiesto el valor cívico y político de las cuatro fuerzas citadas y su esfuerzo regenerador. Vale la pena que sus dirigentes se plantearan en la actual tesitura la posibilidad de llegar a algún tipo de colaboración, de manera que supongan una alternativa seria a los dos grandes partidos y, sobre todo, a las fuerzas de extrema izquierda que amenazan con la voladura definitiva de nuestro sistema democrático.

En los últimos tiempos del felipismo, Aznar hizo famosa su petición a un decadente González para que abandonara el poder. Su "Váyase, señor González" tenía sentido porque el PSOE se había convertido en una rémora para el desarrollo económico, un erial de corrupción y el mayor factor de riesgo para la estabilidad nacional. Entonces estaba en juego la economía y el bienestar de los españoles. Ahora, además, también la propia supervivencia de la Nación, razón más que suficiente para espetarle hoy a Rajoy lo mismo que le dijo Aznar a González.

Ahora el problema ya no es Cataluña: es España
José Javier Esparza www.gaceta.es 11 Noviembre 2014

Es una evidencia que Artur Mas ha ganado. Sencillamente, porque ha conseguido lo que quería. Los separatistas nunca habían creído realmente posible un referéndum legal a la escocesa; el precedente Ibarreche era demasiado claro. Lo que Artur Mas buscaba era una puesta en escena lo suficientemente espectacular como para invocar ahí una legitimidad nueva, distinta de la constitucional española. Objetivamente, lo ha conseguido. ¿Sólo de cara a su parroquia? Claro, pero es que esa es la única que le importa.

Es igualmente evidente que el Gobierno Rajoy ha perdido. La táctica de invocar una y otra vez la letra de la ley ha resultado estúpida. Sencillamente: invocar la ley sólo vale si, llegado el caso, uno resuelve aplicarla. Pero denunciar al ladrón que te roba la cartera y no llamar a la policía es del género bobo. Por decirlo en términos desgarrados, Rajoy ha quedado en la patética posición del tipo que ve que están violando a su madre y no se le ocurre otra cosa que llamar al abogado. El Gobierno de España tiene a su disposición innumerables medios –militares, policiales, legales, políticos, económicos, etc.- para hacer que la ley se cumpla. Ha renunciado a hacerlo. Ha demostrado que es incapaz de defender la vigencia de la Constitución. Así ha perdido toda legitimidad de hecho.

Vale muy poco el argumento –muy habitual en el PP- de que “intervenir sólo habría servido para dar una satisfacción a los separatistas”. Vale muy poco porque es mentira. Intervenir habría servido para demostrar a toda la nación –separatistas incluidos- que hay una ley vigente y un poder dispuesto a hacerla cumplir. Es de primero de Políticas: en la práctica, sólo puede llamarse legítimo aquel poder que es capaz de proteger a sus súbditos, como decía Carl Schmitt. En términos de política moderna: un poder que no es capaz de aplicar la ley, pierde toda legitimidad. Ese ha sido el caso de Rajoy.

Si pobre ha sido el papel del Gobierno, no menos miserable ha sido el de la oposición. Los socialistas, atenazados por sus complejos históricos y por una clamorosa ausencia de sentido del Estado, se han limitado a aplicar un sórdido guión de equidistancia: “no quiero una Cataluña independiente, pero es que Rajoy no sabe negociar”; “no quiero que haya referéndum, pero acuso a todos de no querer dialogar”, etc. ¿Y qué quiere exactamente el PSOE? No lo sabe. A juzgar por sus palabras, cualquier cosa menos defender la soberanía de la nación española frente a quienes intentan destruirla. Otros que han perdido legitimidad.

En conclusión, ante un desafío sin precedentes contra el Estado de Derecho, éste ha optado por esconder la cabeza debajo del ala. Ante un reto abierto a la unidad nacional, los grandes partidos y el propio Estado han sido incapaces de enarbolar la bandera –constitucional- de la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. En vez de eso, se han mantenido en los peores tópicos del discurso de 1978, a saber: los separatistas son los únicos interlocutores válidos en sus regiones, hay que intentar contentar a quienes nunca se van a contentar y, por supuesto, invocar la idea de España es reaccionario e “involucionista”. Así nos va.

Después del naufragio, la situación de hecho es esta: tenemos una comunidad autónoma en abierta rebeldía contra el Estado, tenemos un Estado que renuncia a defender su propia integridad y tenemos una nación –España- que ha visto cómo su ley es papel mojado porque no tiene a nadie que la proteja. Ahora el problema de Rajoy ya no es Cataluña, sino España: por no parecer duro ante los malos, se ha acabado agraviando a los buenos. No sólo este Gobierno, sino todas las instituciones del Estado, se han mostrado incapaces de defender lo único que cabalmente justifica su poder: la soberanía nacional.

Y sin embargo, Rajoy, el Gobierno, el Estado, siguen teniéndolo todo en su mano para frenar esta sangría de legitimidad. ¿Enumeramos?

¿Armas legales? Todas. La Fiscalía puede y debe actuar. Todo el gobierno autonómico catalán, desde Artur Mas hasta el último de sus consejeros, pasando por innumerables cargos públicos, han incurrido en una clamorosa ilegalidad al ejecutar una acción suspendida por el Tribunal Constitucional. Incluso han vulnerado la propia ley catalana de consultas, como explicaba recientemente Carlos Jiménez Villarejo. Los delitos están previstos y las penas también. ¿A qué se espera? ¿Hay temor a que una acción demasiado expeditiva cree una “mala imagen”? ¿A quién? No hay peor imagen que la de un Gobierno cobarde. ¿Habrá conflicto? Es muy posible. Pero cuanto más se tarde en actuar, más grave será.

¿Armas económicas? También todas. La autonomía catalana es una ruina. Tiene una deuda de 60.000 millones de euros, se chupa más de un tercio del fondo de liquidez autonómica (6.480 millones, un 38% del total) y, aún así, gasta dinero a mansalva en actividades expresamente orientadas a la secesión, es decir, contrarias al interés general. Intervenir la administración de la comunidad autónoma en nombre del artículo 155 de la Constitución parece de libro. ¿Resulta demasiado fuerte? Pues bien, aplíquese entonces el sentido común y fiscalícese el gasto del gobierno catalán de manera que el dinero vaya a los servicios que son de su competencia, y no a sufragar el proyecto separatista o a gastos suntuarios como la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, sufragada abundantemente por la Generalitat, cuya deuda es un auténtico escándalo (así como los 181 millones de euros gastados por el gobierno catalán en los últimos cinco años para domesticar a la prensa). ¿Hay algo más justo que exigir que el dinero entregado se gaste en beneficio de la sociedad?

A más largo plazo, es absolutamente imprescindible reinsertar a Cataluña en el conjunto de España. Ha de exigirse la aplicación de la ley en el derecho a recibir enseñanza en castellano. Ha de emplearse la radiotelevisión pública española para enviar mensajes de integración (¿para qué sirve, si no?). Ha de velarse por igualdad de derechos de los ciudadanos, hoy impunemente conculcada. Etcétera.

Existen, en fin, los instrumentos. ¿Por qué no emplearlos?

Todas estas consideraciones, naturalmente, sólo son válidas si los partidos mayoritarios, la Corona, la judicatura, los sindicatos, el poder económico, el ejército y los poderes mediáticos, entre otros puntales del sistema, están de acuerdo mantener la unidad de España tal y como la enuncia la vigente Constitución. Si unos u otros de estos poderes aspiraran a otros horizontes –por ejemplo, a una España neo-confederal sin más cohesión que el lazo formal de la Corona-, nada de lo expuesto valdría para nada. Pero si esto fuera así, si los poderes de la España actual tuvieran en mente una reforma de la Constitución, entonces habría que exigirles perentoriamente una cosa: que lo digan. Que tengan el valor de decir que la España que quieren no es la nación una e indisoluble, sino otra cosa. Y que el pueblo juzgue.

Cataluña
Propaganda Wars 9-N
Cristina Losada Libertad Digital 11 Noviembre 2014

Alguien que se hubiera quedado dormido el jueves, 6 y despertara el lunes, 10 de este mes de noviembre, y no voy a reprochárselo, apenas notaría diferencias en el estado monótonamente febril del asunto catalán. Vería que el partido de Artur Mas propugna elecciones plebiscitarias con una lista única y promete celebrar un referéndum sobre la independencia. Y vería que el partido de Oriol Junqueras quiere también elecciones cuanto antes, aunque sin lista única, y declarar la independencia de una puñetera vez. ¡Hagámoslo ya!, como decía el hombre, y mejor no le demos vueltas a la imploración. Si, por su natural vagancia, el que se la pasó durmiendo prescindiera de leer la letra pequeña de lo noticiable no podría decir que entre uno y otro día ha tenido lugar uno de esos acontecimientos que cambian radicalmente una situación. O, como se decía antes, que modifican la correlación de fuerzas de manera clara e irreversible.

Ah, bueno, sí, que a Artur Mas le han recibido en su partido como a un héroe. Pero ¿alguna vez le han dejado de recibir de esa guisa? A fin de cuentas, se trata de un partido que no le echó a patadas cuando le hizo perder doce escaños, doce, en unas autonómicas que anticipó esperando una mayoría requeteabsoluta. Sí, puede que Mas haya salvado la cara con el mock-referendum, que así llamaron en la prensa anglosajona a lo del domingo, y muy apropiadamente, porque se pusieron simulacros de urnas para un simulacro de voto que simulaban organizar unos voluntarios. Y, sí, estará contento de haber metido un gol por la escuadra. Un gol, además, por el que será difícil imputarle un delito de desobediencia, dado que para hacerlo se requiere un apercibimiento del TC que no hubo. Sí, pero es el gol del pillo. Es salvar la cara para perder el poco crédito.

La parodia, en cualquier caso, ha mostrado unos límites. Ha mostrado que un proceso que supuestamente nacía de una demanda de toda la sociedad catalana sólo moviliza a los que ya estaban movilizados. Algunos instan a no minimizarlos, porque dos millones de personas son muchas personas. Vale. No tengo yo interés alguno en tomar parte en las guerras de propaganda; con la Generalidad y su corte basta y sobra. Pero me parece que cuatro millones de personas son muchas personas que de ninguna manera pueden ser minimizadas. En especial, cuando han rehusado participar después de dos años de machaque continuo con la consulta, de ser convocadas por el Gobierno autonómico y por todos, insisto, todos los medios de comunicación audiovisuales, y de recibir cartas con timbre oficial en su domicilio instándoles al voto o de tener a su puerta a los agentes de la movilización en persona.

Era cosa de ver cómo los partidos secesionistas rebajaban las expectativas al tiempo que daban a conocer eufóricos la afluencia al proceso participativo. Ya le llamaban triunfo a superar un poquito el total de votos que habían recibido todos juntos en las autonómicas de 2012. Tal vez, si no hubieran hinchado hasta los dos millones, una y otra vez, el número de gente que salía a la calle en sus diadas, vías y uves últimas, podrían ahora presumir de esos dos millones que dicen que movilizaron el domingo. El problema de Mas, dicho en corto, es que ahora no tiene más. Puede, sí, cantar el gol, que es como celebrar la trampa. Y quizá pueda confiar en que, en lugar de anulárselo, se lo confirme el Gobierno de la Nación llamándole a negociar pasado mañana.

Prevaricación, desobediencia y traición.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Noviembre 2014

Dice el Ministro de Justicia que ha sido una votación “inútil”. No Sr. Catalá, esa votación jamás debió producirse por haber sido suspendida cualquier actividad por el Tribunal Constitucional. Mariano Rajoy y todo su Gobierno, incluido usted, son los únicos responsables de que la Ley haya sido de nuevo violada en Cataluña y los españoles hayamos asistido avergonzados e impotentes a esta farsa a la que han acudido más de 2.300.000 españoles, unos por propia convicción y otros engañados por su Gobierno autonómico haciéndoles creer que son depositarios de un inexistente “derecho a decidir” que solo corresponde al conjunto del pueblo español. Y eso Sr, Rajoy, Sr. Catalá, Sra. Sáenz, lo sabían perfectamente y no han hecho nada por evitarlo. Es decir, han faltado a su juramento o promesa de defender la Constitución, con lo que han traicionado al pueblo español y deben responder por ello ante los españoles y los jueces.

Ustedes, como representantes del Gobierno de España disponían de todos los medios legales y coactivos para haber impedido la apertura de los colegios, proceder a la incautación de las urnas y de las papeletas e identificar a todos los responsable públicos de esos espacios públicos puestos a disposición de los secesionistas. Ustedes han hecho un acto de prevaricación al permitir que se haya consumado un acto de desobediencia al Tribunal Constitucional. Ustedes en su vergonzoso e inaceptable comportamiento han sido cómplices de que una Comunidad Autónoma y su Gobierno se sientan con el derecho a exigir al resto de España la independencia, con la amenaza de declararla de modo unilateral. Sus delitos son prevaricación, desobediencia y complicidad con los delicnuentes.

Ustedes Sr. Catalá, no pueden venir ahora con calificaciones de “inutilidad” de “falta de legalidad”, de “ausencia de garantías en la votación”, cuando lo que importaba era el que jamás se hubiera producido esa votación. Ustedes han hecho dejación total de sus responsabilidades y por ello solo puede exigírseles su inmediata dimisión, la creación de un Gobierno de transición compuesto por Secretarios de Estado, la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones generales en el plazo legal más corto posible. Ustedes ya no están legitimados para seguir en sus cargos por haber cometido el mayor delito posible, el de alta traición a España y al pueblo español.

Por una España Unidad, Libre y Solidaria, este Gobierno del PP nos ha llevado al más vergonzoso escenario posible con la fractura de la sociedad española por el desafío de secesión de una parte minoritaria y ultra nacionalista gobernante en una Comunidad autónoma esencial para la futuro de todos los españoles y de la propia nación. Exijamos de modo firme y contundente su inmediata dimisión y las responsabilidades ante la Ley por sus actos cómplices con los enemigos de España. Hoy me avergüenzo de ver qué fácilmente la iniquidad y la traición se abren paso sin que ninguno de nosotros podamos hacer algo más que denunciarlo y esperar que otros con medios y poder real fuercen un cambio que salve a nuestra querida España.

Cataluña
La mayoría silenciosa, menguante y reprimida
Pablo Planas Libertad Digital 11 Noviembre 2014

Cuesta resistir la tentación de analizar los datos ofrecidos por la Generalidad tras pactar los partidos el número de participantes y el reparto de las tres opciones disponibles en las papeletas. Afirman que durante el 9-N votaron 2.305.290 personas, una cifra que aumentará en los próximos días dado que todavía hay puntos de votación a disposición de quienes quieran continuar con la fiesta de la democracia, en plan afters para una rave interminable. De esos dos millones largos, más de un millón ochocientas mil personas (1.861.753) optaron por el doble sí; doscientas mil (232.182), por el sí pero no, y cien mil (104.772) por el no. El reparto de porcentajes es de 80,76% para Mas y Junqueras, 10,07% para Duran y un 4,54% para el negacionismo. Se registró una cuarta opción, la de los que votaron sí en la primera casilla y se olvidaron de rellenar la segunda, a la que tenían derecho. Fueron 22.446 personas, un 0,97%.

Después de años de brasa y propaganda, de chapa y lata, así como de manifestaciones, concentraciones, nefas y cefas, el separatismo cabalga hacia la multiplicación de sus expectivas y el cumplimiento de sus profecías. El 11 de septiembre de 2012 la Generalidad dijo que un millón de catalanes salió a las calles. En 2013 y en la misma fecha, el saldo de la cadena humana fue de 1.500.000 personas. Esta año la Diada reunió a 1.800.000 ciudadanos por la independencia y ahora, dos meses después, ya son 2.300.000 los catalanes que quieren ejercer el derecho a decidir, porque en el cuento de la lechera nacionalista hasta esos 104.772 individuos que se dice que han votado no también suman, son los extras necesarios, la cuota disidente típica de las elecciones búlgaras.

Puestos en cifras redondas, a Rajoy, Arriola, Soraya y Catalá aún les quedan unos cuantos millones de catalanes para seguir a la bartola en el incendio de Roma y apelar a la teoría de la mayoría silenciosa: cuatro millones que pasaron de votar según el censo virtual de la Generalidad (6.400.000 personas con la inclusión de los mayores de dieciséis años y los extranjeros) y tres millones si se limita el derecho al voto a los mayores de edad, los ciudadanos europeos y los extranjeros cuyos países mantienen convenios de reciprocidad con España, unas 5.400.000 personas. Ese colchón, esa mayoría silenciosa, menguante y reprimida es el argumento, por cierto, de quienes ya reniegan de la soberanía nacional y están dispuestos a negociar con Mas un referéndum sin paliativos para que sólo los habitantes de Cataluña decidan el futuro de todos los españoles, como si su voto valiera por cuatro. Han visto el pucherazo pero confían en la victoria de los fans de Estopa frente a los de Lluís Llach. Es lo último del arriolismo. En el PSOE cobra enteros Eguiguren como mediador en Cataluña.

Salvo la última, la del censo oficial, ninguna de las cifras referidas hasta aquí se aproxima a la realidad. Creerse los datos de la Generalidad o de la Asamblea Nacional Catalana es de una ingenuidad candorosa y pavorosa. Muchos o pocos, más de los que se esperaban o menos de los que se piensan, la cuestión es que si una situación es definida como real, esa situación tiene consecuencias reales. Lo que viene siendo el Teorema de Thomas desde 1928. Y la primera consecuencia del 9-N es que la única ley que existe en Cataluña es la de la gravedad. Por eso de las consecuencias reales, en Moncloa se maneja con entusiasmo el dato de que sólo un 7% de los electores de L'Hospitalet de Llobregat ha participado en el realista simulacro. Y por eso también están de resaca los nacionalistas, porque sin leyes ni jueces, ellos son el Estado y se están corriendo una juerga de escándalo.

Unilaterales
ARCADI ESPADA El Mundo 11 Noviembre 2014

DECÍAMOS AYER que ningún demócrata debe ocuparse de los resultados que ha dado la mascarada organizada por el gobierno de la Generalidad con la complicidad pasiva del gobierno del Estado. Pero los nacionalistas están en su derecho de analizar ese voto torticero. Y les sería de una gran utilidad para comprender cómo están abocados al fracaso. Deberían hacerse con uno de los listados principales que resume la actividad participativa de las grandes poblaciones catalanas. Hay allí cuestiones relevantes: por ejemplo la evidencia de que el fervor secesionista es un asunto del interior, para decirlo finamente, y que en los lugares por donde circula el aire el escepticismo es abrumador. Lo que va de Santa Coloma de Gramanet (10,76%) a Manresa (37,88%), por poner dos ejemplos interesantes y representativos.

Sin embargo, las consecuencias fundamentales deberían sacarlas de los resultados globales. Sobre una muestra estimada de 6.222.736 votantes el secesionismo obtiene el 29,92% de apoyo. Aunque sobre ese apoyo, y respecto a un referéndum democrático, habría que hacer al menos dos precisiones significativas. Primero la necesidad de ponderar el voto de la franja entre los 16 y los 18 años que no vota según la ley y que aquí ha votado. Es lógico suponer que esa ponderación corregiría a la baja el porcentaje de un referéndum. Y, en segundo lugar, y aún más importante: votar en una alegre e irresponsable mascarada (y aun contando que tantos catalanes ya no distinguen) no es lo mismo que hacerlo en un referéndum vinculante que, efectivamente, puede cambiar tu vida algo más que la final de la Champions. También este escenario juega a favor de la reducción del sofoco.

Por lo tanto, y usando sus propios datos, la conclusión no parece discutible: el gobierno de Artur Mas cuenta con una cuarta parte aproximada de los catalanes para llevar a caso su tarea segregacionista. Algo de lo que ya habían dado cuenta las encuestas menos indecentes y los propios y repetidos resultados electorales en Cataluña, y cuya ceremonia de confirmación ilegal e inmoral bien podrían haberse ahorrado los nacionalistas si su verdadero propósito del 9 de noviembre no hubiera sido humillar al Estado como lo han hecho. Por lo demás el sentido de la Declaración Unilateral de Independencia que preparan está perfectamente justificado por esos números. Muy unilateral, desde luego, porque los secesionistas pretenden ahora separarse de la mayoría de los catalanes, diga lo que diga esa intratable pandilla de falsos demócratas.

El federalismo remedial ha fracasado
J. M. RUIZ SOROA. EL CORREO 11 Noviembre 2014

· Después de treinta y cinco años constatamos que en España el sistema federativo se ha utilizado para servir de pista de despegue a la desintegración

Si alguna lectura histórica cabe deducir del hito que significa el 9 de noviembre es la de que el experimento intentado en España desde 1978 para integrar a Cataluña en el Estado unido ha fracasado. Es un dato objetivo: en el principio fue el consenso, es decir, que en aquella fecha las fuerzas políticas catalanas absolutamente hegemónicas apoyaron y aplaudieron el cierre autonómico del contencioso territorial. Hoy, esas mismas fuerzas piden la independencia, apoyadas por una aparente mayoría de la sociedad catalana, es decir, dan por agotado sin integración el recorrido federal.

Hace mucho tiempo que nuestro mejor politólogo contemporáneo, Juan J. Linz, escribió sobre democracia, federalismo y plurinacionalidad, y estableció una divisoria tajante entre dos modelos de federalismo. El clásico u original que se corresponde con un Estado uninacional (el de Estados Unidos, Alemania o Suiza) en el que diversas unidades territoriales con un mismo sentimiento nacional se unen para integrarse en un Estado sin merma de sus particularidades propias (federalism to bring together). Y el sobrevenido como remedio o cura en aquellos Estados antes unitarios y centralizados sometidos a fuertes tensiones territoriales por mor de la existencia de fuerzas nacionalistas subestatales que disputan el título de única nación a la común del Estado (federalism to keep together). El caso de Bélgica o de España. Son federalismos multinacionales, normalmente nacidos por la insuficiencia del proceso de construcción nacional llevado a cabo en el Estado en cuestión en el siglo XIX, que no habría logrado aquello que Eugen Weber decía del Estado francés posterior a Sedan: «Transformar a los campesinos en franceses».

Los federalismos de este tipo plurinacional están sometidos a tensiones y problemas desconocidos en los uninacionales. En éstos, la cuestión es articular de manera eficaz pero respetuosa el deseo común de vivir ‘e pluribus unum’. En los plurinacionales, en cambio, la cuestión no es tanto articular como integrar. Conseguir que las subunidades territoriales acepten formar parte del Estado común.

Juan José Linz era muy cauto sobre las posibilidades de éxito a largo plazo de los federalismos plurinacionales: «Pueden –decía– llegar a servir para integrar a los nacionalismos periféricos, pero no necesariamente lo consiguen. El federalismo democrático puede contribuir a solucionar el conflicto y a prevenir la desintegración del Estado. Digo explícitamente que puede, pero no lo hace de forma necesaria ni siempre, impedir la secesión de las grandes comunidades nacionales». Más aún, «dudo mucho que sea una solución estable y duradera». Todo dependía para él de que las élites políticas concernidas desarrollaran una suficiente ‘lealtad federal’, es decir, una orientación cognitiva y sentimental positiva hacia la Constitución y el Estado común, orientación que luego socializaran en sus poblaciones.

Es más, la sinceridad y seriedad de Linz le llevaban a advertir de algo que es bastante obvio si se reflexiona un poco: «El federalismo democrático, a menos que las élites hagan un esfuerzo deliberado para usarlo como integrador, tiene tendencias inherentemente desintegradoras». ¿Por qué? Señalaba nuestro autor tres procesos que inevitablemente el federalismo propicia y que son desintegradores: 1) que el federalismo democrático inevitablemente acelerará el proceso de ‘construcción nacional’ del nacionalismo de la subunidad, buscando asimilar e integrar a todos los habitantes en una cultura homogénea. 2) Que también se acelerarían los procesos de diferenciación y segmentación de élites burocráticas y profesionales. 3) Que el nacionalismo de la subunidad podrá constituirse política y retóricamente de una manera hostil a la cultura política común, presentando al Estado como históricamente enfrentado a y opresor de la nacionalidad propia.

Como puede apreciarse, los peligros que señalaba Linz para el éxito duradero del Estado federal multinacional no derivaban del tipo de reparto de competencias, de la arquitectura constitucional o del grado de autogobierno que contuviera el sistema. Derivaban del comportamiento político de las élites de poder implicadas, que lo mismo podían usar del sistema federal para construir una cultura política de cooperación como una de antagonismo y agonía. Porque el federalismo, por mucho que nos guste ignorarlo, lo mismo sirve como camino de integración que como vía transitoria hacia la separación. Todo depende de las dinámicas políticas que genere, y éstas a su vez de la conveniencia de las élites políticas a cargo del control del sistema.

Bueno, pues eso: que después de treinta y cinco años constatamos que, efectivamente, en España el sistema federativo se ha utilizado para servir de pista de despegue a la desintegración. No es el momento de repartir culpas ni de señalar responsables, sino de levantar acta del hecho. El remedio ha fracasado. Quizá porque, como Julián Marías repetía agoreramente en el Senado en 1978, «no sirve de nada intentar contentar a los que no quieren contentarse». Y con el acta, señalar también en el haber del sistema federativo, que nos ha dado casi medio siglo de convivencia pacífica e ilusión. Que no es poco.

¿Es inevitable entonces la desintegración? Nada es inevitable en la historia y por tanto en política hasta que sucede. Pero lo que sí parece indiscutible es que ya no cabe un federalismo remedial, por muchos privilegios o mucha asimetría para Cataluña que se le añadan, si pretende ser solución estable. Cualquier solución integradora que se pretenda duradera pasa por aceptar el rasgo esencial del otro federalismo, el original, que es la voluntad libre e informada de la sociedad concernida a favor de la unión.

EL 3,8% DE ESPAÑA DESAFÍA A LA MAYORÍA
El fascismo sólo existe en Cataluña
Antonio R. Naranjo www.elsemanaldigital.com 11 Noviembre 2014

El secesionismo ha inventado un lenguaje y una ley a la carta para camuflar su carácter totalitario y acuñar la idea que pasa ahora factura: sólo se es buen catalán si se es mal español.

España tiene un problema con el lenguaje en Cataluña, que envuelve con brillantez ideas nefandas en una bisutería lírica sin igual. En algunos patios de los colegios públicos de Barcelona un cartel reza ´Aquí se juega en catalán´, como si el fútbol, la peonza o el baloncesto necesitaran de precisiones lingüísticas ajenas a la ternura púber.

Y ahí empieza todo, en esa grosera manipulación del habla cotidiana, una vieja estrategia descrita igual de bien, de palabra u obra, por Goebbels o Chomsky. Así hemos llegado a que lo que apenas es una minoría exigiendo algo ilegal por métodos ilegales parezca un ejercicio de democracia como no se veía desde la lucha contra el apartheid.

Y así hemos llegado, también, a que la mayoría, la ley y la democracia -47 millones de ciudadanos iguales, una Constitución para convivir y unos cauces de expresión y decisión perfectamente regulados ya para todo- se presenten como un frío tecnicismo totalitario de una panda de centralistas tecnócratas.

A un lado, en fin, Nelson Mandela con barretina y un pueblo sediento de libertad y, al otro, un señor de Pontevedra con aspecto de gobernador civil franquista que no representa a nada ni a nadie pero controla el aparato de represión.

Con, o contra el nacionalismo catalán o vasco, ocurre un poco como con Podemos: no hay un relato alternativo igual de apasionado que enlace el discurso de los líderes políticos con la necesidad de la gente, mayoritaria, de sentirse reconocido en algo comprensible.

Esa derrota se percibe en el pavoroso silencio del presidente del Gobierno tras el 9N (por fin hablará este miércoles en La Moncloa) y en la abracadabrante reacción del jefe de la oposición a título de líder del PSOE: mientras el 3,8% de la población española desafiaba al Estado de Derecho sintiéndose los hindús de Gandhi frente al colonialismo británico; al 96,2% restante le llegaba o el ruido del silencio presidencial o la bajada de pantalones de su alternativa, como si salvo enviar los improcedentes tanques no hubiera nada que hacer o decir, democrático y decente, frente al desafío.

De Rajoy sólo se puede decir bueno que él no es el único responsable del despropósito y que, para haber llegado aquí, ha sido indispensable un largo, sostenido, ingenuo, bienintencionado y perfectamente inútil ejercicio colectivo de estupidez endémica ante el nacionalismo.

Al menos desde 1978 España, la fascista España; ha perdido la zona que hacía célebre a Quevedo hasta de espaldas por integrar a quienes se sentían distintos pero sólo eran complementarios, con un esfuerzo por reconocer y ensalzar los símbolos, las emociones, la lengua, la cultura y hasta el bolsillo de quien, a cambio, se ha limitado a acuñar entre los suyos un mensaje intelectualmente devastador: la única manera de ser un buen catalán –o vasco-, es ser a la vez un mal español.

Sólo así se entiende que cuanto más se ha dado, más nos hemos alejado, hasta llegar a un punto de difícil retorno si no se entiende algo básico: no se pueden desandar en un día 38 años de intoxicación nacionalista, pero un buen comienzo puede dejar de ser tenerle tanto miedo a defender la mayoría, la soberanía y la ley sin dar explicaciones a quienes, siendo muchos menos y teniendo muchas menos razones, fabulan y se aplican un código legal y moral a la carta que según su arrogante entender no necesita el plácet de nadie.

Si por dos veces el Tribunal Constitucional reprobó el 9N original y su sucedáneo y, al final, la gente pudo votar con un censo y un despliegue similar a las jornadas de pesca de Franco –a uno le ponían salmones en el anzuelo; a Mas papeletas en la urna de cartón-; no se puede sostener que estamos mejor que yo.

Ni tampoco que hay que dialogar algo o reformar nada a lo loco, de nuevo con la prenda textil conocida por pantalón a la altura de esa innoble porción de la pierna llamada pantorrilla; con quien al menos es sincero en su desvarío: quizá los enviados especiales del PP y del PSOE a los encuentros en la troposfera con CiU se hayan creído que todo es postureo y por eso tragan o dicen tonterías; pero en la práctica en Cataluña alguien va a declarar la independencia unilateral, antes o después, por lo civil o por lo militar.

No, tras el butifarréndum no tiene por qué venir el seny.
El nacionalismo pega y pega y pega y pega y pega; con la misma soltura con que sostiene que existe la persecución del catalán mientras prohíbe estudiar en español en un colegio público. Y cuando termina rompiéndose la mano, se queja y te denuncia exhibiendo un impostado parte de lesiones.

Puestas así las cosas, el único simulacro vigente es el de los dos grandes partidos, que juegan la partida como si en Cataluña todo fuera teatro y, en cualquier momento, eso fuera a quedar claro. Artur Mas ya no tiene otro remedio que competir en independentismo con Junqueras por sobrevivir; y a Junqueras no le importa una Cataluña más pobre con tal de que no sea por más tiempo española.

Mientras uno ya no puede retroceder, el otro no quiere hacerlo y dos millones de catalanes piden la independencia; en España se gestiona el reto como si fuera un fenómeno atmosférico pasajero: igual que tras el invierno llega la primavera, deben pensar Rajoy o Sánchez Castejón; tras el butifarréndum volverá el seny. Un poco de dinero y algo de mimos y Cataluña volverá a buen camino.

No se enteran de que este camino es irreversible y de que el mal alimentado durante cuatro décadas de sonrojante inflación del simbolismo catalán y de humillada deflación de la presencia española allí vive ya el desenlace.

Y sólo hay dos finales. O se acepta lo que diga el 3,8%; o se aplica lo que representa el 96,2%. O se empieza a defender que la democracia no es prefabricar leyes y censos bananeros; sino aceptar las vigentes y entender que cualquier cambio es viable si se respetan los cauces y se convence a las mayorías y perseguible si se ignora; o se acepta la independencia.

Porque si a alguien hay que explicarle que respetar los procedimientos, se piense lo que se piense, es básico para garantizar una democracia digan de tal nombre, es que nunca lo va a entender. Por eso la primera disputa, a la que España llega con retraso, es la lingüística: no comprar, ni siquiera para replicar, el perverso enfoque retórico del nacionalismo.

Y verlo como lo que es: una minoría –dos millones son mucho, pero ni alcanza al 5% de los 45 millones de españoles restantes- imbuida de una inexistente legalidad autoconcedida que intenta transformar sus emociones, inducidas durante lustros por una propaganda orwellliana, es una ley superior a la que vincula a todos.

Los fascistas, en fin, son ellos, por muchas canciones de Lluis Llach que entonen. Los que tienen que convencer al resto, también son ellos. Y los que tienen que entender que en la ley no acaba todo pero sí empieza, son ellos igualmente.

Una cosa es no enviar tanques y otra, bien distinta, permitir que el reverendo Jim Jones y su tropa de la Guyana –recuerden que las ceremonias psicotrópicas colectivas siempre acaban con ingesta masiva de cianuro- se crean con derecho a enviar los suyos a la ribera del Manzanares.

Posdata. No se trata de fabular con mercancía peligrosa. Pero supongamos que, por razones tan obvias como que una inmensa mayoría de españoles así lo quiere, nada cambia con Cataluña: ni referéndum ni reforma constitucional –que suena a prometerle bombones a tu pareja cuando quiere divorciarse- ni, incluso, un pacto fiscal que sólo sería decente y posible si pasara por elevar la financiación catalana, madrileña, valenciana o balear reduciendo la vasca o navarra; pues difícilmente puede hacerse algo así a costa de las comunidades de menor renta.

¿Qué ocurriría llegado a ese punto? Si las únicas respuestas son una revuelta callejera, la violencia social y la desobediencia civil es obvio que la única manera de contentarles sería darles lo que exigen. Y como es no es ni posible ni legal ni justo ni viable, lleguemos al desenlace: hay que hablar y actuar con la misma rotundidad que los independentistas, con la diferencia de que somos más, tenemos más razones y nos protege y obliga la ley.

Y si no les gusta, que hagan como los niños cuando dicen aquello de ´Me enfado y no respiro´. En algún momento habrá que decir basta, pues.

Y ahora qué… España… ¿Cataluña independiente?
Antonio García Fuentes Periodista Digital 11 Noviembre 2014

Sintetizando y en pocas palabras; España fue la primera nación europea que como tal se constituyó va ya para nada menos que seis siglos (igualmente lo fue de las primeras de todo el mundo); en aquella época también fue constituido aquí el idioma ESPAÑOL, precisamente para dotar a todo el conjunto de lo que ya siendo grande, apuntaba hacia un gran imperio… y así dotar de un idioma común para mejor y mayor entendimiento entre todos los pueblos que lo componían y lo compondrían después… en realidad fue una continuidad de lo que el Imperio Romano hizo en todos los territorios que conquistó y controló; y lo que muchos siglos después, hoy; “los que dicen gobernar al mundo”, tratan de hacer con eso que ha venido en denominarse “La Globalización”.

Lo iniciaron unos reyes muy discutidos y combatidos por quienes menos debieran y que en la historia, fueron conocidos como… “Los Católicos Isabel y Fernando”; los que y pese a quien pese, en su momento pueden ser considerados como las primeras figuras mundiales en la política de su tiempo… “aquí en España y como pago, apenas si se enseñan sus vidas y obras en la escuela, por lo que la mayoría de españoles, no saben de ellos apenas “ni papa”; si acaso se enseña y resalta por propios y extraños lo más negativo que se les asigna, a saber; la expulsión de los judíos y la instauración del tribunal de la Inquisición; sin valorar que en aquella época, en general; “cada soberano hacía sus particulares barbaridades y que están en la historia como lo están estas; y en cada lugar eran quemados brujos y brujas y masacrados inocentes”.

Desgraciadamente para aquella potentísima España de “Los Católicos”; sus descendientes “testas coronadas”, no les llegaron ni a la altura “del polvo que pisaron sus pies calzados que por cierto anduvieron bastante por todas sus Españas”; por cierto (también) que a D. Fernando lo quisieron asesinar en Barcelona, apuñalándolo a traición… “pero son cosas que suelen pasar a los que ostentan el poder y aquel fue soberano de todos los condados catalanes, que por cierto nunca conformaron Estado propio, siempre fueron vasallos del norte o sur de los Pirineos”.

Por esta inutilidad de la descendencia y la de los que designaron para ayudarles a gobernar, España de primera potencia mundial (que lo fue por mucho tiempo) pasó a ser, “la alfombra o esterillo sucio y deshilachado en que quedó y que aún sigue luciendo sus mugres y miserias que parecen no tener fin”.

Por todo ello hoy “lo que queda de aquella España es una españilla, sucia llena de miserias, corrupciones y de bandas mercenarias que bien organizadas para un saqueo continuado, han ido acabando con todo lo que se logró reunir, tras la última y devastadora guerra civil (hubo muchas más) en la que el ensañamiento de “hunos y hotros”, gracias a la buena administración de los gobiernos dictatoriales del general Franco, pudieron atesorar de nuevo y para que por una vez en la vida… “el pueblo español, harto de pan, carne, vino y cerveza”… pudiera pasar contento a una transición, que según aquellos falsos profetas, nos iba a llevar a una brillante democracia… que no hemos conocido ni por asomo”. Pasamos de una dictadura a otra, en lo económico infinitamente mucho peor.

Y así –no quiero alargarme más- se llega y tras años de “aguantar la matraca de unos catalanes insatisfechos, dirigidos por otros, que debiendo estarlo por lo mucho que han afanado, quieren volver a aquellos feudos de hace un milenio para controlar mejor a sus siervos”. Y así, lanzan a la plebe (niños incluidos) a que vote lo invotable, por cuanto curiosamente hay una Constitución, que si bien ha servido más como “fregona o papel para limpiar suciedades”, pero tiene contenidos más que suficientes para que esta “españistán” actual, fuese mucho mejor gobernada en beneficio de los súbditos actuales, que seguimos siéndolo, puesto que jamás un español de a pie, llegamos a ser ciudadanos.

En esta aventura absurda y peligrosa se han tolerado tantas cosas, se “han bajado tantos pantalones y no sé si bragas también”, se ha malgastado tanto dinero público y se ha hecho tanta barbaridad y protagonizado tanto ridículo, que ahora mientras escribo no sé si echarme a “reír a mandíbula batiente, o sacar el pañuelo y procurar enjugarme alguna lágrima que me pudiera surgir, que de momento no… “porque la mala leche que me invade me lo impide”.

Estoy oyendo mientras escribo, “no sé qué” de que “el fiscal de no sé cuándo”, va a iniciar diligencias a toro pasado, para pedir cuentas, a quienes debieron ser pedidas mucho antes y esgrimiendo una cosa tan sencilla, como es “señalar la ley escrita” y la que el que gobierna, tiene que hacer cumplir, cueste lo que cueste y pase lo que pase, puesto que para eso se gobierna… y el que gobierna hoy, por tener… tiene hasta mayoría absoluta; cosa que no se le nota en absoluto, puesto que siempre anda escurriendo el bulto.

Por tanto no sabemos lo que va a pasar, pero seguro que los que han malgastado el dinero público no lo van a devolver, menos los van a sentar ante un tribunal que juzgue tantos desmanes… y mucho menos, nadie va a pensar, en que si Cataluña se separara y luego le siguieran otras… ¿Cómo iba a quedar el resto o despojos de España, encerrados entre montañas interiores, estepas, secanos y eriales múltiples? ¿Alguien piensa en lo que sería todo esto… lo que ocurrió en los Balcanes tras la muerte del Mariscal Tito, sería “la verbena de La Paloma”, comparado con todo lo que ocurriría sin remisión posible en esta tierra de bárbaros que se recrudecería a tiempos de antes del Imperio Romano? ¿Alguien piensa aquí lo que es o debiera ser denominarse español? A la vista de lo que ocurre, no… rotundamente no.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

Yo o el caos...
Vicente Baquero www.gaceta.es 11 Noviembre 2014

Esta parece ser la estrategia del gobierno de cara a las próximas elecciones. Se trata de anular económica y físicamente, detrayendo de la visión pública, básicamente de la clase media, programas alternativos que podrían desviar el voto en una dirección renovadora y a la vez conservadora. Esto se consigue utilizando todo el peso del estado en los medios de comunicación, que en España es desorbitado, ya que todo el sistema se basa en concesiones y créditos. Se trata de anular electoralmente a aquellos partidos o agrupaciones que son más afines a la ideología de base de los votantes de su propio partido.

Simultáneamente dar protagonismo a partidos o grupos radicales, casi “frikis”, que llevan en su actitud y programas, propuestas utópicas e irrealizables, para escandalizar a ese votante aterrorizado que teme por un asalto a su propiedad y a sus ahorros. Se trata de anular mediáticamente a los afines y fomentar a los extremistas con soluciones mesiánicas. Esta táctica maquiavélica se ha empleado en el pasado en varias ocasiones y con resultados en ocasiones catastróficos para la estabilidad y la libertad de Europa.

Lo que realmente debería encolerizar a la ciudadanía es la hipocresía de una clase política que se resiste a confesar la verdad. Una verdad que por otra parte se remonta muchos años atrás y en la que la propia sociedad española es igualmente culpable. Cuando se decidió optar por un sistema de partidos, la pregunta de cómo se iban a financiar sus estructuras quedó colgando en el aire sin una definición precisa.

En un país de tendencias burocráticas como el nuestro todo organismo público tiende a la hipertrofia y como a todos aquellos que dedicaban su tiempo a esta función de partido había que pagarles un sueldo, resulta que hubo por un lado que inventarse puestos semioficiales en la administración del estado, fenómeno que se multiplicó por la proliferación de las autonomías, (hinchando la administración con superfluos funcionarios fuera de carrera) y a la vez utilizar los permisos y licencias así como las concesiones y recalificaciones como medio de financiarse a base de “donaciones” o crudas comisiones.

Esto genera obviamente una puerta abierta a la corrupción, primero para financiar las actividades del partido y a continuación dentro de esa estructura aparecen lógicamente los que a título individual se han aprovechado para enriquecerse con ese flujo de fondos. Es lo que se llamaba en otros tiempos “la sisa”. Resultado un gasto público a todos los niveles, local, nacional e internacional, desproporcionado y una corrupción generalizada. La ciudadanía no puede soportar más las exacciones, impuestos y trampas que restan su capacidad de inversión y consumo, no basta dar créditos hay que reducir gastos drásticamente.

No seamos hipócritas queriendo cubrir las vergüenzas del sistema, el propio sistema es la ocasión de pecado, que se decía antiguamente, los políticos si fueran sinceros deberían confesar sus responsabilidades unos y sus culpas otros, y aquellos que se han lucrado cumplir las penas correspondientes y rápido. ¿Podemos permitirnos este sistema de partidos o hay que reducir el aparato? Porque mientras subsista hay que darle de comer, lo llevamos viendo desde el principio ¿es que nos hemos olvidado de la corrupción rampante de la última etapa de Felipe González: Boletín Oficial del Estado, Cruz Roja, Banco de España, Filesa, Time export…? La solución no está en que salga un “ángel exterminador”, pues ese acabaría con todo lo conseguido por España desde los años 50. ¿Estamos locos? ¿Nos hemos vuelto irracionales? Este gobierno y la oposición socialista son responsables del futuro de España, deberían pensar más en eso que en ganar unas elecciones a base de argucias aprovechando las debilidades del ser humano: sus temores o ilusiones, su ira y sus resentimientos.

Un Gobierno arrodillado
Eurico Campano www.gaceta.es 11 Noviembre 2014

La consumación el pasado domingo de la farsa por la que un puñado de catalanes pretendieron arrebatar el mismo derecho a decidir que exigen y la propia soberanía al conjunto del pueblo catalán y del pueblo español supone, además del suicidio político de su gran mentor, convertido en marioneta de fuerzas que exceden ya a su control, Artur Mas, la perpetración de un delito, o varios, de prevaricación, sedición y malversación -por cierto, a ver si nos enteramos de cuanto ha costado la mamarrachada- y la constatación de que los españoles tenemos la desgracia de tener un Gobierno genuflexo ante cualquiera que quiera o pretenda burlar la soberanía nacional y poner en riesgo la unidad de la nación más antigua de Europa.

Lo de menos es que sólo hayan votado, de forma real y efectiva, un 30 por ciento de los catalanes, menos que el Estatut. o que de esos dos millones doscientos mil haya que descontar a todos los que han votado cuatro y cinco veces, o a los menores de dieciocho años. O a los que pudieron registrarse en un censo de pacotilla, propio de un Estado fallido con imaginativos nombres como Mortadelo y Filemón, Perico el de los Palotes o 'pequeño Nicolás'. Lo de más es la burla de unos tipos que alimentado una gran tomadura de pelo al Estado y pretenden que además se lo paguemos.

Llevábamos meses temiéndonos lo peor tras ver con desesperación again, and again and again la parsimonia de un jefe del Ejecutivo que, veguero tras veguero, se limitaba, como es costumbre en él, a dejar pasar el tiempo y a repetir que no podía ceder -en eso tenía razón- algo que no le pertenecía; la soberanía nacional residenciada en el conjunto de todos los españoles, mientras hacía constantes llamadas al diálogo al presidente del Gobierno regional catalán. Nos hemos cansado también de escuchar a una vicepresidenta -que hace mucho que está ya en otra cosa- repetir que el Gobierno no tolerará que se incumpla ley... faltaría más, podríamos añadir. Pues bien; ya lo ha hecho. Las tibias declaraciones del ministro de Justicia, un tal Catalá Polo, invitando hace unos días a la Generalidad a no respaldar abiertamente la payasada, dejándola en manos de las asociaciones civiles, para que de esa forma el Ejecutivo Central pudiera acabar de mirar hacia otro lado no fueron nada al lado de la nota de la Fiscalía General del Estado pidiendo a la Fiscalia del Tribunal Superor de Justicia de aquella comunidad nada menos que un listado de centros públicos donde estuviera previsto el aquelarre.

Y así hemos llegado al día después. Con un Artur Mas sacando pecho y pidiendo ahora otra consulta, pero ésta negociada, mientras sigue enviando a su conseller de Economía a mendigar a Alcalá 10 las transferencias -dinerarias- para pagar las nóminas de sus funcionarios públicos, algunos de los cuales particparon en la fantasmada y que deberían ser llamados también por un juez. Con un Oriol Junqueras que se frota ya las manos ante la posibilidad más que cierta de doblar en escaños a la CiU de Mas, en proceso ya de franca descomoposición. Y Mariano Rajoy...¿que hará? Pues lo de siempre. Nada. Con partido devorado por la corrupción, un goberno paralizado y una vicepresidenta que no para de moverle la silla, no hará nada. La mejor metáfora del tiempo en el que nos encontramos y de quién nos dirige la ofrecía ayer el siempre grande Arturo Pérez Reverte: 'Rajoy parece una liebre paralizada en la carretera ante los faros de un automóvil'. Lo malo, termina diciendo, es que los atropellados vamos a ser todos los españoles. Amén.

9-N
Rajoy va a premiar (más) a Mas
Guillermo Dupuy Libertad Digital 11 Noviembre 2014

No sé si el bueno de Luis Herrero se apostaría un pincho de tortilla a que, entre las consecuencias que va a tener la ya celebrada ilegal consulta secesionista del 9-N, no va a estar "la querella criminal que la Fiscalía General del Estado tiene que presentar más pronto que tarde contra el presidente de la Generalidad por un delito de sedición". Ni por sedición, ni por desobediencia, ni por prevaricación, ni por fraude de ley ni por ningún delito.

Con todo, no pretendo ganarme una apuesta con el maestro ni ahorrarme el artículo del día al ansoniano modo, por lo que, disculpándome por la autocita, sí les recomendaría el articulo que, con el título "Los efectos políticos del referéndum", escribí hace dos años. La razón por la que en ese artículo descartaba cualquier consecuencia penal para los autores de la ilegal consulta secesionista era la misma por la que, ya entonces, daba por seguro que los nacionalistas la perpetrarían. Se llama Mariano Rajoy, con su pusilanimidad a la hora de hacer frente ideológica, legal y financieramente a los separatistas.

Evidentemente, Rajoy no ha convencido a los nacionalistas de su impunidad ni les ha financiado de manera privilegiada para que estos perpetren su carísimo e ilegal proceso de construcción nacional. Pero Rajoy sí lo ha hecho para evitarse el tener que intervenir la delictiva y manirrota Administración regional catalana por razones legales y financieras.

Quien rehuye su obligación de hacer cumplir la ley está abocado a ocultar la existencia del delito tanto como el que lo perpetra. Y por esa misma razón el Gobierno y su obediente Fiscalía General del Estado concluirán que los gobernantes nacionalistas no han perpetrado el 9-N delito alguno.

Para ello, el Gobierno de Rajoy bien pueden hacer suyo el editorial de este lunes del diario El Mundo y afirmar que lo que "ha quedado claro es que el Estado de Derecho funciona con plena garantías, a pesar de las triquiñuelas empleadas por Artur Mas y sus socios para sortear la legalidad". Lo más probable, con todo, es que este Gobierno lleve aun más lejos su felonía y, siguiendo el editorial de este lunes de El País, "se siente a negociar" con los autores del 9-N.

Viendo el histórico desastre que impera en Madrid, ¿nos extrañamos de que los nacionalistas aprovechen la oportunidad? Y aún querrá Arriola que vayamos en auxilio del PP por temor a Podemos.

9-N
¿Quién ganó el simulacro de referéndum?
Antonio Robles Libertad Digital 11 Noviembre 2014

Ante tanta pregunta trascendente, hagamos la más simple de todas: ¿quién ganó el simulacro de referéndum del 9-N?

Todos han perdido, seguramente unos más que otros. Aunque los separatas vayan de eufóricos y los defensores del Estado de derrotistas, si alguien ha perdido de verdad es la ficción soberanista. Tanto es así que las portadas de La Vanguardia, Ara y El Periódico vienen marcadas por grandes colas ante los colegios electorales para evidenciar la masiva votación de los catalanes, cuando la realidad de los votos subraya una participación ridícula del 37,02 % del censo, estimado por el propio Gobierno de la Generalidad en 6.228.531 personas. O sea, un tercio. La menor participación de toda la historia de las votaciones en Cataluña. Hasta el estatuto tuvo mayor participación, un 49,41%.

Para nada se corresponde el estado de sugestión colectiva de vías y uves que TV3 convierte en la realidad catalana con el contraste de los resultados. El secuestro de la realidad es evidente. Hay una Cataluña silenciosa o silenciada que ha dado la espalda al proceso. Los números cantan: de los 6.228.531 ciudadanos que podían votar, sólo lo hicieron 2.305.290, de los que únicamente 1.861.752 lo hicieron por la secesión. Dicho de otro modo, en un hipotético referéndum legal, los separatistas representarían al 29,89% de los ciudadanos con derecho al voto según sus reglas. Repito, según sus reglas, sin contar que estas permitían votar a mayores de 16 años, extranjeros sin nacionalidad, voluntarios independentistas controlando el proceso, sin interventores, con propaganda en los recintos de votación, sin censo, sin garantías en el recuento y con cualquier documento exótico para votar, como pasaportes o DNI de los países catalanes, niños votando, dobles votaciones y pucherazo final con un recuento hasta el día siguiente, altamente sospechoso.

El resto de datos es irrelevante. Que ganara el sí a la independencia con el 80,76% era lo normal. Sólo votaban ellos. Pero hasta en eso les aguaron la fiesta 104.772 ciudadanos con humor para decir no a su arrogancia. Un simbólico 4,54%.

Un revés más para el relato victimista: pudieron desahogarse sin que el Estado les diera oportunidad alguna para montar un drama. Las caras alicaídas de los mercenarios de la información de TV3 lo decía todo. Sólo la capacidad teatral de Mas y su interés personal en el desenlace final, le puso aire de triunfo a la farsa.

Remarcado el fracaso separatista, lo más trágico de ayer fue comprobar la inexistencia del Estado en Cataluña. Hasta Carmen Forcadell se atrevió a decir ufana y soberbia: "Las leyes españolas no nos dan miedo, hemos desconectado de España". Ignoro si hubo o no acuerdo entre Rajoy y Artur Mas, pero ayer el Astucias dejó en ridículo a las instituciones democráticas españolas, demostró que el Gobierno de la nación no se atreve a imponer el imperio de la ley y el juez de guardia prefirió hacer política a aplicar la Constitución. Eso es todo.

Resulta enternecedor el "Us estimem i volem viure amb vosaltres" del secretario general del PSOE. Siempre hay algún iluso de última hora que aún no se ha dado cuenta de que prefieren nuestro desprecio a nuestra condescendencia. A los niños consentidos se les exige respeto y reciprocidad, no se les rinde pleitesía desde algún complejo de culpa interiorizado por décadas de chantajes emocionales. Libres e iguales, Pedro, libres e iguales, como el resto de los españoles. Sin paños calientes.

PS: Es la hora de dar la batalla por la hegemonía moral o, como dice el sociólogo Pau Mari-Klose, la batalla por la hegemonía epistémica.

Verdad verdadera
María Jamardo Minuto Digital 11 Noviembre 2014

Nos hemos acostumbrado a la mentira. La verdad es que se ha normalizado y estandarizado y forma parte tan intrínseca de nuestras vidas que muchas veces nos cuesta distinguir lo verdadero de lo irreal.

No sé si por esto es por lo que últimamente se nos ocurren ideas tan peregrinas como absurdas, o si precisamente porque el ser humano elude con demasiada frecuencia asumir responsabilidades y necesita de la mentira como artificio tras el que parapetar lo que le avergüenza de sus propias imperfecciones o lo que es todavía peor y parece confirmarse, que mentir nos provoca placer y todavía mayor si la realidad que oculta dista mucho de ser descubierta. También existen, claro está, los que se creen a pies juntillas sus propias mentiras y hacen de ellas un modus vivendi, pero en esta categoría avanzada ya encajan o bien los acomplejados o bien los profundamente enfermos.

Para que los mentirosos triunfen en su propósito, necesitan de cómplices pasivos. Los que se creen las mentiras, que suelen ser la mayoría, y es esta mala costumbre de no pararnos a pensar en si lo que nos cuentan tiene alguna base de certeza o algún dato objetivo que respalde la afirmación por obvia que parezca, lo que nos está desmoronando como sociedad.

La mediocridad en la que flotamos, encabezada por la incompetencia de los sucesivos desgobiernos y amparada en la absoluta impunidad que otorgamos a la falta de escrúpulos de los poderes, se hace cada vez más evidente. Hasta la náusea. No se trata ya de colores, siglas, nuevos o antiguos. Se trata de que los patrones se repiten porque hemos desdibujado las bases, la esencia, la verdad, hasta despojarla de sentido y de importancia. Porque se desmorona nuestro sistema. El individuo, necesita referencias. Y los matices sí son importantes. No me refiero en exclusiva a lo estrictamente político…

Como si la política, por mucho que nos empeñemos o se empeñen fuese algo distinto, ajeno o inconexo a la sociedad civil (hoy por hoy sí). Afecta a todas las dimensiones de la realidad, de la colectividad y de la humanidad, que o rectifica el rumbo o corre el riesgo de sumirse en el abismo de lo irrecuperable y hablo como especie.

Lo del referéndum independentista, que se diluye en el tiempo como una amenaza basada en manipulaciones desorbitadas y desquiciadas de la historia y del sentimiento de identidad de una parte de España, es ya el colmo del esperpento. Todavía no me queda muy claro, si la consulta alternativa o la votación “light” han tenido alguna incidencia en nuestro día a día. Porque si la respuesta a una pregunta, es parcial y está adulterada, ¿aporta algún dato relevante para la toma de decisiones?

Lo peor del caso no es el patético espectáculo, al que nos obligan a asistir durante casi dos semanas sin consecuencias previsibles, sino la absurda sarta de mentiras y engaños que lo rodean sin solución de continuidad. Las del señor Mas diciendo que se celebraría sí o sí (y en lo que ha terminado) y las del señor Rajoy asegurando que no se celebraría nunca y a los hechos me remito. Me permito recordarle a ambos que para vivir instalados en la mentira hay que disponer de una gran capacidad de memoria y una impecable inteligencia, cualidades de las que ambos carecen.

Cataluña cuenta con políticos mediocres, con casos de corrupción alarmantes, con una deuda desorbitada, unas instituciones desvirtuadas y un adoctrinamiento permanente de la sociedad desde los medios de comunicación y escuelas públicas pagadas por todos. Díganme que no si procede pero, mal que les pese, la verdad verdadera es que Cataluña es más que nunca el ejemplo auténtico de la (peor) marca España.

Socialismo
El Muro de Berlín no fue un accidente histórico
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 11 Noviembre 2014

El derribo del Muro de Berlín hace 25 años corre el riesgo de convertirse en una efeméride más acerca de un pasado cuasi prehistórico en lugar de en un valioso recordatorio sobre los horrores del socialismo real. Como suele suceder con la historia, el paso del tiempo difumina las causalidades y vuelve más amables las lejanas responsabilidades. Acaso, desde la distancia, pudiera parecer que el Muro fue apenas un pintoresco accidente histórico, una frivolidad de un régimen megalómano sin conexión alguna con su sustrato ideológico.

Pero el muro de la vergüenza socialista no fue ningún accidente histórico: fue la consecuencia natural e inexorable de una ideología que institucionalizaba la explotación del hombre por el hombre mientras ondeaba propagandísticamente la bandera de su abolición. Hubo –y hay– otros muchos muros socialistas distintos al berlinés: los controles de circulación, la restricción en la concesión de pasaportes o las barreras naturales –como estar rodeado por un océano– son cárceles en muchos casos tan o más efectivas que la barrera germana.

Porque la explotación –la verdadera explotación: la basada en la represión sistemática de la libertad– es forzosamente consustancial a la dictadura del proletariado: no ya porque la dictadura reconoce sin ambages cuál debe ser el destino de los no proletarios, sino porque incluso entre los proletarios existen legítimos disensos de intereses que la dictadura socialista sólo es capaz de resolver manu militari, esto es, convalidando el uso de la fuerza por parte de unos proletarios sobre otros (en realidad, por parte de los cuadros con mayor poder de negociación dentro de la burocracia socialista sobre el conjunto de los proletarios).

Y todo régimen asentado en la salvaje esclavización del hombre por el hombre necesitará erigir muros para evitar que los esclavos escapen del dominio de sus dueños, especialmente cuando existen sociedades mucho más libres a tiro de piedra. Lo comprendió perfectamente el periodista alemán Eugen Richter, quien 70 años antes de que fuera construido el Muro ya anticipó perspicazmente que la eventual implantación del socialismo en Alemania debería ir seguida, por necesidad, de controles fronterizos que impidieran a la gente evitar seguir siendo explotada cual ganado por el Estado. Narraba Richter en su distópica novela Imágenes de un futuro socialista:

Dado que la gente joven ha recibido el adecuado entrenamiento de nuestras instituciones socialistas y dado que se les ha instruido en el honorable propósito de dedicar todas sus energías al servicio de la comunidad, pronto dejaremos de necesitar a todos esos snobs y aristócratas [que quieren escapar del país]. Mientras tanto, [todos ellos] tienen la obligación de ser retenidos en el interior (…) El Gobierno [socialista] hace bien en aplicar implacablemente medidas para evitar la emigración. Con el propósito de ser eficaces, se ha considerado imprescindible enviar tropas a las fronteras y a los puertos. El paso fronterizo con Suiza ha recibido especial atención por parte de las autoridades. Se ha anunciado que las patrullas se incrementarán en varios batallones de infantería y caballería. Esas patrullas tienen estrictas instrucciones de disparar de manera indiscriminada a todos los fugitivos.

Sin criadero de cobayas no hay paraíso socialista. Por eso los muros de contención son imprescindibles: no para evitar que las masas depauperadas por el capitalismo emigren en desbandada hacia los países socialistas, sino para evitar que las masas empoderadas del socialismo huyan hacia los páramos de explotación capitalista. Al contrario, han sido los países capitalistas quienes, por desgracia, han optado por levantar barreras para impedir que la población extranjera busque mejorar sus expectativas vitales en su seno. Los países socialistas, en cambio, fueron los únicos que tuvieron que recurrir a tales muros para retener a su propia población: ni siquiera la República Democrática de Alemania, el más rico de los países socialistas, fue un reclamo lo suficientemente atrayente para evitar que más de 200.000 berlineses cruzaran cada año la frontera antes de la construcción del Muro.

A la postre, los mercados libres se basan en la libre cooperación humana a través de contratos voluntarios: contratos que, a fuer de voluntarios, son mutuamente beneficiosos para las partes. El socialismo, en cambio, se asienta en la coerción: en la explotación violenta del hombre por el hombre. El Muro no fue una carambola histórica. Cada socialismo requiere su propio muro, su propia cárcel.

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO EN SU TWITTER
Una diputada del PP ataca “el silencio de mi Gobierno” y la “dejación” de Rajoy
Alberto Pérez Giménez El Confidencial 11 Noviembre 2014

La diputada del PP por Madrid, Cayetana Álvarez de Toledo, ha criticado abiertamente la actuación del Gobierno de su partido en el 9-N. La diputada, que ya fue abiertamente crítica en los años posteriores a los atentados del 11-M y se sumó a la corriente ‘antimarianista’ desde las tertulias de Jiménez Losantos, ha asegurado en su cuenta personal de Twitter sentir una “Profunda sensación de desamparo ante el silencio del Gobierno de mi país”.

Además, Álvarez de Toledo –a quien Mariano Rajoy incluyó en la candidatura del PP por Madrid junto a otros ‘díscolos’ como Ignacio Astarloa o Gabriel Elorriaga, en un gesto que no fue entendido ni compartido por muchos cuadros del partido– forma parte y es la principal cara visible del movimiento "Libres e Iguales” contra el independentismo catalán.

Dicho movimiento incluía el domingo un post en su página web muy duro con Mariano Rajoy y su Gobierno. Tras resaltar “la iniciativa secesionista del gobierno de la Generalidad y la burla de la democracia que ha acabado consumándose en Cataluña”, 'Libres e Iguales' afirma que “por desgracia para la democracia y para el mantenimiento de los más elementales vínculos de confianza entre gobernantes y ciudadanos, el gobierno del presidente Rajoy ha observado pasivamente el desarrollo de los acontecimientos, olvidando culpablemente que su primera obligación es la de cumplir y hacer cumplir la Constitución”.

Dejación del Gobierno
Tras esta acusación al presidente del Gobierno y de su partido, la formación que apoya Álvarez de Toledo le responsabiliza de no dar a Artur Mas “la respuesta que merece. El Gobierno del presidente Rajoy no ha impedido el atropello a la legalidad en Cataluña. Su dejación ha debilitado gravemente al Estado y ha colocado a los ciudadanos en la indefensión jurídica y el desamparo político”.

Pero el comunicado va más allá y asegura que Mariano Rajoy y su gabinete están descalificados para seguir al frente del Gobierno español: “El incumplimiento de la ley y este desistimiento abren una crisis política de una envergadura desconocida desde la aprobación de la Constitución y un foso de profunda desafección ciudadana que –a juicio de Libres e Iguales– descalifica al Gobierno del presidente Rajoy para seguir cumpliendo su mandato constitucional”.

En su cuenta de Twitter, la diputada del PP Álvarez de Toledo ha colgado y retuiteado varias veces este comunicado de Libres e Iguales y ha insistido en asegurar que España “es una nación sin Estado”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
España a estacazos

Javier Caraballo El Confidencial 11 Noviembre 2014

Como querían un himno y no tenían ninguno, la gente de Podemos se acordó de aquella canción de Lluís Llach de los últimos años del franquismo, ‘L´estaca’, y la cantaron al final de la asamblea constituyente. “Si estirem tots, ella caurà/ i molt de temps no pot durar,/segur que tomba, tomba, tomba”. Como se trata de tirar un sistema, un sistema que dicen que está podrido como la estaca, la cosa consiste sólo en eso, que unos tiren por aquí, que otros tiren por allí, y al final, la estaca se caerá.

En el franquismo, aquella canción de Llach se convirtió en himno contra la dictadura, y se cantaba en los recitales sin que el autor, que la tenía prohibida, tuviera que abrir la boca siquiera. Era en Madrid, llegaba Lluís Llach a un recital y el público la coreaba como desafío a la censura. “Si jo l'estiro fort per aquí/ i tu l'estires fort per allà,/ segur que tomba, tomba, tomba”. Cómo no será el desvarío en el que está España metida que ahora Llach ya sólo ve en Madrid el epicentro de la opresión catalana, y cantan ‘L’estaca’ como elixir de la independencia, y en Madrid los de Podemos cantan la misma canción contra el sistema democrático, como si fuera una nueva dictadura, “para que los más jóvenes sepan que nuestra lucha es heredera de aquellas que se libraron hace cuarenta años”.

Es curioso porque, en una de las entrevistas de estos días, el propio cantautor avalaba su defensa de la independencia con un razonamiento milimétrico al de Podemos, pero referido a Cataluña. “La dialéctica que se ha implantado en la calle –venía a decir Lluís Llach– ya no se establece entre distintos partidos políticos ni fuerzas de derecha o de izquierda. La nueva dialéctica se establece entre ciudadanía y poder. El poder oprime a la ciudadanía”.
Ni la independencia es la solución de los problemas de Cataluña ni la destrucción del sistema político actual es la respuesta para lograr una España mejor, pero como esos objetivos no son más que banderas de conveniencia, que aprovechan el mismo malestar, ni siquiera se plantea ese análisis

Es extraordinario que, después de tres décadas del mayor autogobierno que ha tenido Cataluña en su historia, nadie repare que si existe en la calle, por los motivos que sean, una confrontación ciudadanía/poder político, la Generalitat no puede quedarse al margen; no puede formar parte de la ciudadanía. ¿Cómo va a ser más responsable el Gobierno de la nación que el Gobierno de Cataluña de los problemas de los catalanes? Tendrían que ser, por lo menos, corresponsables ante los ojos de los ciudadanos, pero no. Y, sin embargo, ahí van por cientos de miles, envueltos en banderas independentistas y convencidos de que el poder que hay que tumbar está en Madrid. Como si no hubieran existido los últimos 40 años en España. Tira, que seguro que cae.

“Yo creo que estamos asistiendo al fracaso del Estado español”, dice Lluís Llach para jalear lo suyo, el independentismo catalán, y la misma frase se le podrá oír en cualquier intervención a los dirigentes de Podemos, aun cuando no sean partidarios –eso dicen– de la independencia de Cataluña. Para Podemos, el enemigo a batir también es el poder político actual, el régimen democrático que se construyó tras el franquismo. “Ha llegado la hora de tumbar este régimen, que está dejando de llamarse democracia. Por eso debemos cantar esta canción, que dice que hay que tumbar a este régimen actual", sostiene Juan Carlos Monedero. “La foto de la corrupción es la metáfora de un régimen en descomposición. Ya no se trata de una u otra rama. Es el árbol entero el que está podrido", añade Pablo Iglesias en uno de sus últimos vídeos.

Tenemos que contemplar la extraordinaria simbiosis de los mensajes de Podemos y del independentismo catalán con cierta perspectiva para entender el momento de España. Ese sincretismo son dos válvulas de escape de la misma irracionalidad, del mismo cabreo, de la misma repulsión. La indignación es el mensaje y adopta distintos cuerpos. No es ni la independencia de Cataluña en sí misma ni los problemas reales de España, se trata de una misma reacción que adopta distintas formas. Ni la independencia es la solución de los problemas de Cataluña ni la destrucción del sistema político actual es la respuesta para lograr una España mejor, pero como esos objetivos no son más que banderas de conveniencia, que aprovechan el mismo malestar, ni siquiera se plantea ese análisis. Todo se queda en un estatus primario. Tú tira por aquí, yo tiro por allí, que seguro que lo tumbamos.

Treinta y siete años han pasado desde que Josep Tarradellas, primer presidente de la Generalitat en democracia, volvió del exilio y se fue a Madrid a agradecerle a las Cortes y, en especial, al rey Don Juan Carlos la autonomía de Cataluña. En la crónica de los periódicos de la época se recoge que Tarradellas, casi emocionado, destacó aquel día como “una gran victoria que todos debemos celebrar”. Luego, alabó la figura del “Rey, debido a su gran lucidez, ha permitido al pueblo catalán tener ya su Generalidad” y pidió que le permitiesen pronunciar unas breves palabras en catalán. Y sólo dijo esto: “Moltes gràcies, visca Espanya, visca Catalunya”. A su vuelta a Barcelona, lo esperaba una multitud para aclamarlo.

Si miramos hoy a nuestro alrededor, parece que ya no existe nada de aquello, que España se ha olvidado de sí misma. Pero el deterioro político, que existe, no puede servir de queroseno para reducirlo todo a cenizas. Hace cuarenta años las estacas se arrancaron. Lo que nadie podía prever es que esas estacas desprendidas de la tierra servirían para que los españoles se propinaran mejor los estacazos.

Rajoy en ‘El Séptimo Sello’
Pablo Sebastián www.republica.com 11 Noviembre 2014

El presidente Rajoy parece acercarse al final de su escapada a medida que la realidad le obliga a salir de su sopor habitual y lo ha sentado ante un tablero de ajedrez en el que, como en la película de Ingmar Berman ‘El séptimo sello’, el Presidente tiene como adversario a la muerte. En este caso, su ‘muerte política’ de la que difícilmente podrá escapar mientras se envuelve en el sudario de la corrupción del PP y huye y reniega de sus altas responsabilidades, incluida la de ‘cumplir y hacer cumplir la Constitución’, visto lo que acaba de ocurrir con la Consulta ilegal del 9N en Cataluña. Lo que, tarde y a la fuerza, le obligará hoy a dar cumplida explicación ante la opinión pública en el Congreso de los Diputados.

Una Consulta que, amén de anti democrática, ilegal y fracasada, como lo subrayó en el Senado la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría -‘ella baila sola’- incluyó la violación de la legalidad y la Constitución por parte del presidente Artur Mas, la Generalitat y muchos ayuntamientos catalanes. Así lo confesó Mas -imitando a Pujol con su delitos fiscales- en una rueda de prensa donde implicó a los ayuntamientos gobernados por ERC, ICV y PSC, y de la que se desprende que Mas desea convertirse en mártir y ‘carne de cañón’ de la Fiscalía del Estado, porque sabe que está acabado y que su hoja de ruta, el ‘referéndum definitivo’ y las ‘elecciones plebiscitarias’ no le llevan a ninguna parte en España, ni en Europa. A sabiendas Mas, como sabe, que aún falta por estallar contra su proyecto independentista el núcleo duro y poderoso del empresariado catalán.

La única salida de Mas consiste en que, cuando sea citado a declarar por el juez, su abogado argumente la enajenación mental del presidente catalán y solicite su envío a un centro rehabilitación democrática en el extranjero, a ser posible en compañía de su amigo Juan José Ibarretxe.

Prueba de su desvarío dio Mas al calificar de ‘éxito’ una Consulta que careció de controles democráticos y resultó fraudulenta porque sabido es que muchos independentistas votaron varias veces en la ausencia de censo. Lo que permite concluir que la participación no llegó a dos millones y los que votaron ‘no’ apenas suman millón y medio, un 25% del censo de 6,2 millones de electores.

Ante estos graves hechos el presidente Rajoy –contra quien presentarán querella en el Tribunal Supremo por ‘prevaricación’ los partidos UPyD y Vox- ha preferido ocultarse pero, forzado por los suyos, hoy tendrá que dar la cara en el Parlamento y ante la opinión pública para responder ante la ciudadanía sobre lo ocurrido en Cataluña. Lo que hará antes viajar hacia Australia un país donde podrá comprobar la habilidad del avestruz para esconder su cabeza bajo el ala en momentos de peligro o tribulación.

De igual manera y durante su travesía hacia las antípodas, Rajoy podrá meditar sobre su próximo movimiento en el tablero de esta su partida de ajedrez contra el campeón de su anunciada muerte política, siguiendo el destino fatal del ‘Caballero Antonius Block’ quien, según el relato de Berman, perdió su partida y su vida frente a la Parca sin ni siquiera poder salvar a los suyos, en este caso el PP, víctimas de la peste de la corrupción.

La gota que falta a Rajoy para que rebose el vaso del PP sería un principio de acuerdo electoral entre UPyD y Ciudadanos, como alternativa creíble al bipartidismo y a Podemos. No en vano una opción constitucional, limpia de corrupción y en el centro político, como la de UPyD y Ciudadanos, podría ser lo que muchos españoles esperan para lograr un vuelco de la situación sin caer en la imprevisible y radical opción de Podemos que aún no ha sido capaz de presentar un equipo y un programa de Gobierno que garantice un horizonte de eficacia y responsabilidad.

Rajoy medita su próximo movimiento en el tablero de ajedrez, mientras observa la desbandada de sus piezas blancas y adivina que, tras el jaque de su adversario mortal, su rey, pálido y desconcertado como él, ya no tiene escapatoria de la encerrona que el mismo se labró huyendo de la batalla y de la realidad nacional.

Las cinco verdades y las cinco mentiras del desastroso 9-N
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 11 Noviembre 2014

Los españoles debemos repetirnos lo que se dijo a sí mismo y a los franceses su primer ministro Georges Clemenceau, tal y como relata el historiador Max Gallo, en su reciente obra 1918. La terrible Victoria: “No conozco nada –dijo el estadista francés– que sea superior a la necesidad de los hechos”. Es un pensamiento lúcido y una formulación extraordinaria ésta de Clemenceau porque exige enfrentarse a la realidad más allá de apriorismos cuando lo que está en juego es la integridad de España y de su régimen constitucional. En otras palabras, hay que depurar las verdades y las mentiras de un 9-N que en términos constitucionales y políticos fue desastroso para España porque puso en riesgo sus activos como nación y su estructura jurídica como Estado.

Es verdad –la primera– que el 9-N logró en Cataluña una gran movilización, pero de los ciudadanos que ya votaron el 25-N de 2012 a los partidos soberanistas y proconsulta. En las últimas elecciones autonómicas catalanas CiU obtuvo 1.116.000 sufragios; ERC, 498.681; ICV-EUIA, 359.705 y CUP 126.435. La suma está ligeramente por encima de los 2.100.000 votos, cifra que coincide prácticamente con los ciudadanos favorables al doble sí en la consulta del domingo. El secesionismo –con gamas diferentes en los partidos referidos– ha revalidado las dimensiones de las movilizaciones de las tres Diadas (2012, 13 y 14), pero no ha avanzado, sobre todo si se tiene en cuenta que el posible (no hay certeza) censo sobre el que la consulta se basaba incluía a los menores de 16 años y a los extranjeros residentes. No es verdad, o es relativa, sin embargo, que la jornada constituyese un “éxito total” como proclamó Artur Mas: cuatro millones de catalanes no se sintieron concernidos por la convocatoria clandestina e ilegal de la Generalitat.

Es verdad que el Gobierno catalán desacató la suspensión cautelar –la segunda– del Tribunal Constitucional incurriendo algunos de sus consejeros y el propio presidente en el riesgo de contraer responsabilidades de carácter penal. Porque, aunque se diga lo contrario, lo que se produjo en Cataluña el domingo fue una consulta sin garantías e impresentable democráticamente hablando, pero con el ritual de un referéndum legal como lo demostraría la participación activa en la organización y en el recuento de consejeros de la Generalitat cuyo presidente se declaró responsable del desacato. Es –en consecuencia– incierta la especie de que la legalidad no fue conculcada. Lo fue y, en parte, por culpa directa del Gobierno español. Mariano Rajoy afirmó desde Cáceres que lo que se estaba produciendo en Cataluña el 9-N no era una consulta, sino una farsa. Desavisadamente avaló las tesis de la Generalitat, que siempre ha negado que fuera una consulta, cuando lo fue como la copa de un pino, aunque sin garantías democráticas mínimas.

Es verdad –la tercera y consecuencia de la anterior– que Mas le ganó por la mano a Rajoy, que durante toda la jornada permaneció sordo y mudo, y sólo a las 21:08 horas del domingo hizo salir a su ministro de Justicia, Rafael Catalá, a leer una tardía declaración que descalificaba el 9-N en términos ya reiterativos, sin aportar nada nuevo. Pero tampoco es cierto que la pretensión de Mas fuera sólo la de desafiar al Estado o a Rajoy, porque en sus intenciones estaba –y lo logró– arrebatar el liderazgo del separatismo a Oriol Junqueras de modo y manera que el 9-N ha sido un ajuste de cuentas entre los soberanistas con independencia del zarandeo que supuso para el Estado.

Es verdad –la cuarta– que este conflicto sólo se solventará mediante una negociación que toque la actual estructura territorial prevista en el Título VIII de la Constitución, mediante reformas consensuadas, sea de federalización del Estado, sea en materia competencial o financiera. Pero es falso que Mas pretenda ese tipo de negociación porque lo que quiere es, primero, encabezar una lista independentista conjunta para ganar las elecciones y después esperar a que el Congreso se fragmente y el Gobierno resultante sea todavía más débil que el actual.

Es verdad que el Gobierno estaba en la obligación de impugnar las dos consultas ante el Tribunal Constitucional –y lo hizo–; es verdad que no podía autorizar ninguna de ellas por mandato de la Constitución a la que se atuvo el Congreso de los Diputados, pero es incierto que la respuesta jurídica fuese la única posible. Complementariamente, Rajoy debió dar la política que no consistía en estar y pasar por las pretensiones de Mas, pero sí, al menos, por elaborar un discurso político de cohesión, por una parte, y de apoyo, por otra, a la que parece la mayoría de los catalanes no separatistas. El presidente del Gobierno –que constantemente dice que con él no se quebrará la unidad de España– podría estar equivocado si sus palabras no se corresponden con hechos que las acrediten. Porque un burócrata no sustituye a un político por muy registrador de la propiedad que sea, o precisamente por eso.

Hay más verdades y más mentiras, pero las enunciadas son, creo, las más obvias (las verdades) y las más groseras (las mentiras). En cuanto al desastre que constituyó el 9-N se resume en la superioridad de la fuerza y energía de las tensiones disgregadoras sobre las integradoras; la desautorización al Tribunal Constitucional y la sensación de que el Estado no está presente en Cataluña.

PARA INSULTAR CON FUNDAMENTO
ETA, Edad Media y perversión del lenguaje
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 11 Noviembre 2014

Muchas veces se recurre a conceptos históricos para condenar a los criminales abertzales. Pero éstos no son ni franquistas ni "medievales": el terrorismo es moderno y marxista.

Don Víctor Manuel Arbeloa expuso hace más de doce años, en las páginas de Diario de Navarra, una opinión contundente sobre el uso sesgado de ciertas palabras y conceptos en la política navarra actual. Tenía razón, y el tiempo no ha hecho más que demostrarlo con las miserias de los políticos profesionales y de todo su cortejo de acomplejados y resentidos. En realidad, es difícil no estar técnicamente de acuerdo con las apreciaciones de tan notable hombre público: ETA es obviamente un grupo terrorista marxista y nacionalista vasco, que por su historia se puede relacionar con cierta izquierda y con cierto clericalismo, y que se distingue precisamente por su capacidad de conquista lingüística y de invasión conceptual. Ahora, habiendo interrumpido sus asesinatos, el análisis de Arbeloa es más cierto que nunca.

Apoyando desde la historia el razonamiento de Arbeloa, conviene reiterar la importancia de las palabras: en cualquier confrontación quien acota el espacio de debate y define los términos, incluso los tabúes, ya ha empezado a vencer. Así ha sido durante milenios y así parece que va a seguir siendo. Por consiguiente, sea enhorabuena, y sepan los navarros que en un lado se encuentran los "españoles activos" y en el otro sus verdugos, y quienes encuentran justificaciones de uno u otro tipo, por remotas que sean, para la existencia de un separatismo armado. No hay un espacio intermedio, salvo para cobardes, egoístas y mentirosos.

Los abertzales son socialistas y comunistas, no franquistas ni fascistas...
¿Cómo llamar a esos verdugos? ¿Cómo definirlos y como definir a sus enemigos? Hacerlo es tarea para políticos sin miedo; pero tal vez se pueda empezar por definir qué "no" son los nacionalistas asesinos de ETA (valga la redundancia; porque uno no es de ETA sin ser un criminal, y uno no es partidario del socialismo abertzale sin ser de ETA). Hay que coincidir con el profesor Arbeloa en que los etarras y batasunos "no" son franquistas ni fascistas, por más que franquismo y fascismo hayan llegado a ser lugares comunes del insulto político, sumatorios absolutos del Mal temido e imaginado retrospectivamente. Por pésimos juicios que merezcan a algunos aquellas experiencias históricas, nada tienen que ver ETA ni el nacionalismo vasco con ellas. Decir lo contrario, o asimilar inconscientemente la lucha actual de los españoles por su libertad con la lucha pretérita de algunos contra el régimen de Francisco Franco - etarras incluidos -, es una prueba de débil sensibilidad histórica y politológica.

Pero, en fin, hay que alegrarse, porque el error en este campo parece remitir, tal vez porque algunos como Pío Moa se han atrevido a llamar a las cosas por su nombre, recordando la naturaleza íntima del fenómeno etarra - socialista, marxista, izquierdista, nacionalista y sabiniano, dicho sea sin otro ánimo que el de constatar evidencias - y dejando al "franquismo" morir con su fundador y a los fascismos ser, sencillamente, otra cosa. No olvidemos que para muchos, empezando por Txema Montero, su modelo político para su Euskadi independiente era... la RDA (algo muy poco franquista, ni fascista, ni medieval, sospecho). Pero queda bastante por hacer, si se trata de que los políticos en su tarea no maltraten el objeto de estudio de los demás. De los historiadores, en este caso.

Y los abertzales no son medievales, ni falta que hace
La categoría historiográfica peor tratada en la política actual, con diferencia, es la Edad Media. Lo medieval, aún hoy, es en el lenguaje público la quintaesencia de la barbarie, la crueldad y la injusticia. Sin demasiados defensores, en este terreno al menos, al milenio medieval se refieren polemistas, políticos y ensayistas como imagen en negativo de un presente infinitamente superior en todos los órdenes. Lo que no deja de ser discutible. Es más, es sencillamente una muestra de ignorancia y prejuicios.

Qué duda cabe que el sufrimiento fue mucho entre el fin político de Roma y el alba de América, o entre cualesquiera otros términos convencionales que se den a lo medieval. Como en cualquier momento de la historia, el hombre ha mostrado en la Edad Media su capacidad simultánea para lo excelso y para lo abyecto, capacidad derivada de la libertad. La Edad Media resulta ser, a comienzos del siglo XXI, una época histórica (concebida como tal a posteriori y sin "conciencia de si misma"; y objeto además de una ciencia), y un mito con raíces nebulosas extendidas del hoy al mañana.

Pero en ningún caso la historiografía ha señalado la crueldad, la violencia o la "barbarie" como notas distintivas de la Edad Media. Difícilmente hallaremos siglos más sanguinarios que los muy civilizados XIX, XX y XXI, ni crueldades mayores que las generadas por las ideologías contemporáneas que fundamentan la misma ETA-Batasuna-Bildu. Y sin embargo, sin respuesta, muchos bienintencionados "críticos" y aun genuinos opositores al régimen terrorista etarra insisten en asimilar la furia sanguinaria del nacionalismo a una realidad "medieval". Un error.

Guste o no, la Edad Media de los historiadores resulta ser otra cosa. Los hombres y mujeres del medievo distan mucho de necesitar defensores extemporáneos, pero la verdad es la verdad: ni terror "medieval", ni escenas "dantescas". Cuidemos los adjetivos empleados al calificar los proyectos y las realizaciones del nacionalismo (armado o sin armar), porque corremos el riesgo de caer en lo inexacto. Hay que creer, como dice el mismo Víctor Manuel Arbeloa que me dio pie a esta reflexión, que ceder espacios conceptuales y léxicos a una ideología perversa es ceder a la conquista. Y sospecho que los navarros, de identidad hispana -ésa sí, genuinamente medieval-, no tienen mucha intención de ceder. Los enemigos de España y de Navarra son, sí, nacionalistas, socialistas, comunistas, criminales, terroristas y algunos hasta liberales, católicos de Misa diaria o pretendidos demócratas; pero no pueden ser insultados como franquistas, ni fascistas, ni "medievales". No están a ese nivel, me temo.

ESTRATEGIA TRAS EL DESCONCIERTO
Editorial ABC 11 Noviembre 2014

LOS resultados del «proceso de participación» han dado paso a tantas reacciones como partidos y gobiernos se han visto afectados por la votación del 9-N. Aunque la conclusión general es que el Gobierno catalán quería poner a prueba al Estado más que forzar la independencia a corto plazo, las diferencias sobre las estrategias que cada cual quiere seguir a partir de ahora son muy importantes. El Gobierno catalán se cree dueño de la partitura y pone plazo ?dos semanas? a negociar con Rajoy, y advierte de que si no hay diálogo Artur Mas convocará elecciones, que se plantearán como plebiscitarias y con lista única independentista. Los republicanos de ERC quieren elecciones «constituyentes» primero, sin lista única, y gobierno de concentración después, para una declaración unilateral de independencia. Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, vuelve al mantra de la reforma federal de la Constitución, que es como renunciar a proponer algo realista y viable a corto plazo. El Gobierno central es el único que no ha variado su guión, dejando en manos de la Justicia cualquier respuesta al órdago ejecutado por Artur Mas. En este escenario, la iniciativa de la Fiscalía, que ultima una querella por los delitos cometidos durante la farsa del pasado domingo, viene a reforzar el rumbo del Estado de Derecho ante el desafío del separatismo.

Pese a todo, el Gobierno ha de procurarse una estrategia propia, basada en sus obligaciones constitucionales y no en los empujones de la coyuntura, una estrategia ganadora y de largo recorrido para un conflicto que amenaza con socavar el crédito de las instituciones democráticas. La querella anunciada ayer por la Fiscalía Superior de Cataluña responde a la idea de que la aplicación firme de la ley no solo es compatible con una posterior propuesta de diálogo, sino que es su premisa absoluta para enmarcar la interlocución con la Generalitat en unos límites constitucionalmente admisibles. En los últimos días, los movimientos del Gobierno han sido incompletos y han transmitido una imagen de desistimiento ante el nacionalismo que debe revertirse con una política digna de llamarse nacional ?sin exageraciones, pero también sin complejos? y patriótica. Porque patriotismo es defender el patrimonio común de los españoles, es decir, su soberanía nacional y la Constitución que pactaron. Rajoy siempre vertebró su discurso con un mensaje que alimentaba las mejores expectativas: como presidente del Gobierno no estaba en su mano permitir una agresión a la Constitución. El simulacro del 9-N decepcionó esas expectativas y el Gobierno debe salir del desconcierto provocado por la demostración separatista. Desde la ley y, también, desde el convencimiento de que la idea y la realidad de España son el mejor antídoto contra la falacia soberanista.

La Ley, solamente la Ley
Editorial La Razon 11 Noviembre 2014

Sin pretender rebajar ni un ápice la gravedad de la actuación de la Generalitat de Cataluña, con su palmario desprecio a la norma y a las disposiciones del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo, no se debe caer en el fácil expediente de transferir la responsabilidad al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, exigiendo respuestas supuestamente contundentes, pero de dudosa viabilidad jurídica y cuyas consecuencias políticas, difíciles de medir, podrían acabar favoreciendo a los impulsores del desafío contra el Estado. Más aún, cuando el presidente del Gobierno ha demostrado a lo largo de todo el proceso un escrupuloso respeto al marco legal, recurriendo a los tribunales de Justicia todas aquellas actuaciones de la Generalitat que se consideraban contrarias a Derecho y manteniendo con serenidad no exenta de rigor la defensa de los principios constitucionales y del marco democrático de convivencia de todos los españoles.

Por supuesto, siempre se puede discrepar de la postura adoptada por Mariano Rajoy, destacando las hipotéticas bondades de otras estrategias, incluso las que se sirven de la cortina de humo de una inviable reforma de la Constitución, pero en honor a la verdad y desde el respeto a los hechos, nadie podrá señalar una sola acción del Gobierno, un solo gesto que pueda interpretarse como una cesión a las inicuas pretensiones de los separatistas catalanes. Incluso podríamos añadir el cuidado con el que Mariano Rajoy ha sabido distinguir entre los que quieren la ruptura de la unidad nacional y el conjunto de la sociedad catalana, a la que en ningún momento ha dejado desasistida en sus derechos y necesidades, en unos tiempos de graves dificultades económicas y con un Gobierno autonómico incapaz de afrontar los desafíos de la crisis. Con la agravante de que hay otros actores concernidos a los que seguramente cabría reclamar explicaciones.

Comenzando por el Tribunal Constitucional que, tras sus resoluciones, no consideró necesario demandar el correspondiente auxilio judicial; siguiendo por la Fiscalía General de Estado, que no impartió las debidas instrucciones a los fiscales catalanes y se contentó con emitir una timorata nota, y terminando por los jueces y magistrados que, en uso de su independencia como uno de los tres poderes del Estado, no tomaron medida alguna para restaurar la legalidad tan groseramente conculcada. Y sin embargo, la Ley se impondrá, como no puede ser de otra forma, y nadie debería esperar de Mariano Rajoy otra cosa que la procura de que los tribunales actúen con rigor. De hecho, hoy está previsto que la Fiscalía presente las correspondientes querellas ante el TSJC, pues la farsa del 9-N llevada a cabo por la Generalitat no supone ningún cambio con respecto a las reglas del juego. Ni, por cierto, tampoco modifica la realidad tozuda de que dos tercios de los catalanes son ajenos al separatismo.

Una farsa decisiva
ANTONIO ELORZA. EL CORREO 11 Noviembre 2014

Al correr de un zapping en los días anteriores al 9-N, sobrevolé una tertulia que estaba teniendo lugar en ‘24 horas’. Ni siquiera recuerdo los nombres, pero sí que un contertulio, al serle preguntado por lo que iba a pasar en Cataluña con la seudoconsulta, respondió que sería solo una farsa; la posición de otro de los participantes fue la contraria, viniendo a decir que estábamos ante una jornada decisiva. Probablemente ambos tenían razón. Desde un punto de vista, no solo jurídico, sino también de estimación democrática, el 9-N ha sido una farsa, pero al mismo tiempo sus efectos son innegables en cuanto al triunfo previsible de la estrategia de Mas. Y no solo eso, sino que la figura del president ha salido notoriamente reforzada. Mientras parecía vacilar, Jonqueras le comía el terreno; ahora que el engaño ha funcionado, su liderazgo es indiscutible.

¿Cómo ha podido suceder esto? Lo esencial es que Mas ha sabido llevar al presidente Rajoy de un lado para otro de la arena política, inutilizando los resultados positivos de la apelación a la ley por el Gobierno, hasta culminar la faena con su apoteosis. Mientras Rajoy confiaba en las negociaciones secretas para obtener que la Generalitat se desvinculase de la consulta, creyendo además haberlo conseguido, Mas asumía todo el protagonismo e incluso se permitía retar al Gobierno, desafiando a los fiscales al modo que el Duce lo hiciera en 1924 en el caso Mateotti: si hay delito, mía es toda la responsabilidad.

Ha quedado claro que en Cataluña ha mandado Mas, por encima de la ley, de las resoluciones del Constitucional y del Gobierno de España. Solo queda ahora extraer las consecuencias políticas de la ilegal victoria. Lo extraño de esta historia es que en los últimos dos años Mas ha repetido una trampa tras otra en sus relaciones con el Gobierno de Madrid, y Rajoy ha actuado estos días sin enterarse, con el ‘wishful thinking’ de que tiene ante sí un adversario honesto. Recuerdo aquella de la entrevista en que prometió a Rajoy que solo celebraría la consulta si esta era legal; legal, claro, exclusivamente desde su propia legalidad. El registrador de la propiedad se tragó los documentos falsificados –el ‘proceso participativo’– sin tener en cuenta la personalidad de quien los presentaba, avezado en los fraudes de ley.

En todo caso, ¿qué hubiera podido hacer sin recurrir al indeseable uso de la fuerza? Ciertamente, las posibilidades eran limitadas, pero la decisión del Constitucional abría un camino paralelo al de Mas. Si Homs declaraba que todo seguía adelante a pesar de la segunda suspensión, y los hechos vinieron a probarlo de inmediato, bastaba con activar a los fiscales, desde el fiscal general del Estado, para que interviniesen contra la desobediencia manifiesta, lo cual hubiera podido dar lugar al edificante espectáculo de los mossos d’escuadra impidiendo la celebración del seudoreferéndum. En todo caso, frente al desafío abierto contra la legalidad, era imprescindible la respuesta judicial en nombre de la Ley Fundamental: el Estado frente a la sedición. Sin que el Gobierno tuviera que intervenir como tal. Todo menos dejarse engañar y seguir luego tan satisfecho.

Por otra parte, Rajoy, y el reproche debiera volverse también hacia la mayoría de los defensores del orden constitucional, está olvidando a la parte importante de la población catalana cuyos derechos a verse defendidos como ciudadanos españoles –y catalanes según el Estatut– están siendo aplastados por la estrategia secesionista de la Generalitat. Eran mayoría hasta 2012, la mitad cuando la primera Diada, y una proporción digna de ser tenida en cuenta aun hoy, cuando la trampa entre las trampas de las dos preguntas de la ‘consulta’ está dirigida precisamente a su anulación política. No cuentan, como no cuenta la democracia para Mas, aun cuando se llene la boca de esa palabra, y el Gobierno español no tiene derecho a seguir pasivo ante su exclusión.

A la vista de lo ocurrido, hasta ayer mismo, tiene poco sentido volver a la obsesiva recomendación del ‘diálogo’. Mas tiene un solo objetivo, la celebración de un referéndum de independencia, controlado por la Generalitat, y que el Gobierno ha de aceptar, en nombre de la supuesta incompatibilidad entre ‘legalidad’ y ‘legitimidad’. Si algo ha probado Mas es su capacidad para practicar sin descanso un fraude a la ley y a la democracia, con tal de alcanzar su meta. De manera que si hay oferta de negociación, el Gobierno debe fijar de antemano el campo de juego con sus límites constitucionales. Mas lo rechazará: el enfrentamiento es inevitable. De moverse dentro de la ambigüedad, el enfrentamiento sería igualmente inevitable, y a la vista del 9-N, el juego limpio garantizaría la derrota.

Aunque el contenido ideológico sea evidentemente otro, estamos ante un proceso de conquista de la hegemonía desde el monopolio de la imagen y en la palabra, como el registrado en la Alemania de 1930. Sería un totalismo, un totalitarismo horizontal. Frente a ello, el Gobierno ha desistido de utilizar directa o indirectamente sus bazas, destacando que, más allá de la constitucionalidad, lo que está en juego es una defensa de la libertad de expresión y de los derechos políticos de los catalanes que la Generalitat conculca día a día desde 2012. Ante la consulta, ni siquiera pensaron en abrir el debate en los medios que incluyen todas las elecciones democráticas: Catalunya deviene así un mito al servicio de un nacionalismo de exclusión.

Por cierto, a todo esto, fuera del mantra del federalismo, Pedro Sánchez sigue en su nube, y con singular sentido del Estado, olvida a Mas y carga contra Rajoy. Tal vez con eso siga salvando la precaria asociación con el PSC, pero viene a probar una vez más la incapacidad para generar un discurso propio ante los problemas nacionales. Y Podemos, a conservar su mercado.

Agitación y totalismo en Cataluña
MIQUEL PORTA PERALES. ABC 11 Noviembre 2014

ARTICULISTA Y ESCRITOR

«Este totalismo – una forma de populismo– ha encontrado eco en una población maltratada por la crisis y necesitada de sueños y chivos expiatorios a quien cargar la culpa de lo que sucede. La última entrega del CEO afirma que el 42% de los nuevos independentistas lo son por “la actitud del Gobierno español sobre Cataluña” y el 13,4% por el “tema económico”»

LA cuestión: ¿qué ha ocurrido en Cataluña y por qué ha ocurrido? Primero, los datos (extraídos del trabajo de Juan Arza y Pau Mari-Klose titulado ¿La voluntad de un pueblo?, editado en el volumen colectivo Cataluña. El mito dela secesión). En 1993, una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) señala lo siguiente: el 28,9% de los catalanes considera que Cataluña es una comunidad autónoma; el 25,1%, una región de España; el 24,1%, una nación, y el 17,8%, un pueblo con lengua propia. Con posterioridad, el CIS vuelve a plantear –de forma distinta– el asunto. Encuesta de 1997: el 59,1% de los catalanes considera que Cataluña es una región y el 34,3%, una nación. Encuesta de 2002: el 52,7% de los catalanes considera que Cataluña es una región y el 37,6%, una nación. Encuesta de 2006, en pleno debate del Estatuto: el 36,3% de los catalanes valora positivamente la denominación de Cataluña como nación, el 19,8% lo valora negativamente y al resto le resulta indiferente o no se pronuncia. No disponemos de más datos sobre el asunto. Pero, sí tenemos resultados sobre el sentimiento de pertenencia de los catalanes: de finales de los 70 del pasado siglo a principios de 2012, los catalanes que afirman sentirse «solo catalanes» se mueven entre el 15% y el 20%.

Más datos. ¿Cómo han evolucionado las preferencias de los catalanes sobre la independencia de Cataluña? El Institut de Ciències Polítiques i Socials –centro adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona– señala que el porcentaje de independentistas oscila entre el 12% y el 22% durante el período 1991-2010. Posteriormente, el porcentaje aumenta: 2011 (30%), 2012 (42%) y 2013 (43%). Para el oficial Centre d´Estudis d´Opinió (CEO), el independentismo llega al 49,1% en 2014. Finalmente, tres datos del CIS (2006) que resultan significativos: el 70,8% de los catalanes estaba «de acuerdo» o «muy de acuerdo» en «valorar positivamente la Constitución, porque ha sido un instrumento útil para mantener unido el país» (un 15% «en desacuerdo»); el 73,9% estaba «de acuerdo» con la frase «el idioma español es un elemento básico de nuestra identidad» (un 17,2% «en desacuerdo»); el 66,4% estaba «de acuerdo» con la afirmación «la historia que compartimos, con sus cosas buenas y malas, es la que nos hace a todos españoles» (un 17,4% «en desacuerdo»). ¿Qué se contestaría hoy de formularse las mismas cuestiones?

¿Qué ha ocurrido en Cataluña durante los últimos años? Recapitulemos: 1) el sentimiento de «nación catalana» y de pertenencia «solo catalana» se mantiene estable en la parte media baja de la estadística; 2) la preferencia independentista aumenta hasta el 43% –el 49,1% según el CEO– coincidien—do con la movilización nacionalista que se acelera en 2012. Cosa que desmiente la teoría del nacionalismo catalán según la cual la progresiva concienciación «nacional» de los catalanes, así como la creciente demanda de soberanía que se expresa reivindicando el llamado «derecho a decidir», sería el resultado del «tradicional expolio fiscal» que padecería Cataluña y de la sentencia restrictiva del Tribunal Constitucional (2010) sobre el Estatuto.

La clave de la deriva independentista hay que buscarla en otro lugar: en la agitación nacionalista. Agitación. Pero, ¿qué agitación? No solo de agitprop vive el «proceso» catalán. Y no solo gracias al agitprop se difunde la ideología y el programa nacionalistas. Hay algo más. El nacionalismo catalán tiene su grado de sofisticación. Concreto. En 1989, el psiquiatra estadounidense Robert Jay Lifton reedita un trabajo –Reforma del Pensamiento y la Psicología del Totalismo– en el que analiza el modusoperandi de quienes pretenden condicionar y dirigir la opinión y acción de los individuos.

Al respecto, el autor indica los ocho criterios de una «reforma del pensamiento» que conducen al «totalismo» entendido como «la conjunción de una ideología inmoderada con unos rasgos de carácter individual igualmente inmoderados, un terreno de reunión extremista entre la gente y las ideas».

Los ocho criterios:
1) control del entorno,
2) manipulación mística,
3) demanda de pureza,
4) confesión,
5) ciencia sagrada,
6) carga del lenguaje,
7) la doctrina predomina sobre la persona y
8) dispensación de la existencia.

El nacionalismo catalán ha elaborado y difundido un relato que responde a los ocho criterios propuestos por Robert Jay Lifton. A saber:

1. control del entorno (un discurso que se propaga viralmente por unos medios que colaboran activamente en la labor),
2. manipulación mística (Cataluña entendida como revelación, intuición, certeza y verdad indiscutible que ha de tomar cuerpo y forma nacionales por ser lo que es),
3. demanda de pureza (el buen nacionalista que participa en el «proceso» por el bien de la «nación»),
4. confesión (declaración y celebración de la disolución del individuo en el grupo una vez aceptada la verdad),
5. ciencia sagrada (la nación incuestionable con su tradición, héroes, principios, objetivos, valores, tácticas y estrategias),
6. carga del lenguaje (una neolengua –«derechos históricos», «derecho a decidir», «democracia», «legitimidad» o «expolio»– que connota el discurso, establece una verdad irrefutable por definición y provoca acontecimientos),
7. la doctrina predomina sobre la persona (el individuo actúa en consonancia con el destino predeterminado de la «nación»),
8. dispensación de la existencia (el individuo «existe» en la medida que pertenece al grupo o se integra en el mismo).

Yel caso es que este totalismo –una forma de populismo– ha encontrado eco en una población maltratada por la crisis y necesitada de sueños y chivos expiatorios a quien cargar la culpa de lo que sucede. De todo lo que sucede. Me remito, otra vez, a las encuestas. La última entrega del CEO –octubre 2014– afirma que el 42% de los nuevos independentistas lo son por «la actitud del Gobierno español sobre Cataluña» y el 13,4%, por el «tema económico». Según la dirección del CEO, se habrían fabricado 400 independentistas diarios en los dos últimos años.

La agitación y el totalismo han hecho su trabajo. Y el simulacro del 9-N –la «democracia aclamativa» de Carl Schmitt y el estado de excepción legal de hecho de quien desafía al Estado de derecho– confirma que un tercio del censo electoral apuesta por la independencia de Cataluña. Es cierto que el independentismo –a pesar de la agitación nacionalista– parece haberse estancado. Pero, también lo es que el nacionalismo catalán está en la fase de acumulación de fuerzas. «Hemos ganado la semifinal y ya estamos dispuestos para jugar la final», declara una dirigente independentista después del 9-N. Y es que el totalismo nacionalista –inasequible al desaliento– insiste en la tarea de persuadir, emocionar, aglomerar y movilizar a un «pueblo» al que regala los oídos diciéndole que está «cargado de razones, convicciones, ilusiones y sonrisas», que su «lucha por la radicalidad democrática y la dignidad de Cataluña es un ejemplo para el mundo» y que al final del «proceso» les espera –otro «ejemplo para el mundo»– un «país nuevo». Así estamos. ¿Para cuándo el relato desacomplejado del «no» a la independencia que refute el totalismo nacionalista con sus falacias y ficciones?

El primer acto electoral
José Antonio Zarzalejos. La Vanguardia   11 Noviembre 2014

En las actuales circunstancias, parece que el sorpasso de ERC no resultaría tan verosímil

La segunda versión de la consulta celebrada el domingo en Catalunya sólo tiene sentido si se encuadra en una estrategia de largo alcance. Que consistiría en, por una parte, demostrar al bloque social independentista que un partido como CDC no es una copia soberanista de ERC sino una formación con arrojo para desafiar al Estado, y, de otra, acreditar que el liderazgo de Mas puede superar -de hecho lo ha conseguido- al de Oriol Junqueras. Ambas circunstancias, si salían como se deseaba en la Generalitat, requerían de un aditamento igualmente logrado: que la referencia de éxito se alcanzase con holgura y un grado acrítico de credibilidad. Esa referencia era cuantitativa y situaba el “éxito total” en una afluencia a las urnas que superase los dos millones de votantes.

Pues bien: todos los objetivos se han alcanzado y por eso la funcionalidad del 9-N se ha cumplido de tal manera que ha consistido en el primer acto electoral para unos comicios que se convocarán con relativa rapidez para celebrarse a finales de enero o principios de febrero. Ninguna otra estrategia que no sea la de acudir pronto a las urnas tiene sentido político después del 9-N. Mariano Rajoy no puede -tampoco se sabe si querría- mover ficha alguna cuando tiene el Gobierno desarbolado y el partido en estado shock, y la actitud de Mas lejos de favorecer acercamiento alguno ha propiciado una mayor distancia entre ambos dirigentes. Por el lado de la negociación con el Estado, nadie puede esperar nada.

En cambio, Mas ha proyectado -hasta en los gestos, no sólo en las decisiones- su propósito de continuar al frente de este envite al Estado y quiere hacerlo como no pudo en noviembre del 2012. Tras el 9-N es perfectamente posible que una “lista del president” obtenga algunos cientos de miles de votos más sobre el millón cien mil obtenido hace un par de años. Es decir, en las actuales circunstancias, parece que el sorpasso de ERC no resultaría tan verosímil como auguraban las encuestas hace unas semanas. Si no hay lista conjunta, habrá lista de Mas y otras con un compromiso soberanista.

Las hipótesis que abogan por la continuidad de la legislatura desconocen variables críticas: no es posible mantener la tensión del bloque soberanista y su unidad por más tiempo; los procesos electorales venideros (municipales y generales) opacarían la visibilidad de la reivindicación secesionista y un nuevo Parlament en primavera dispondría de más de tres años vista ante una legislatura española (2015-2019) con un Congreso fragmentado y un Gobierno más débil. Todos los caminos del análisis político y de la estrategia conducen a unas catalanas adelantadas restando apenas una duda: si Junqueras y ERC pasarán por las horcas caudinas de Mas.

Cataluña oficial y Cataluña real
Francesc de Carreras. El Pais 11 Noviembre 2014

El pasado domingo fue una jornada de júbilo para los independentistas catalanes. Las largas colas matutinas en muchos improvisados colegios electorales —por llamarlos de alguna manera— daban la sensación de una gran afluencia de votantes, previsiblemente partidarios del sí-sí a la confusa doble pregunta formulada, es decir, presuntos votantes a favor de una Cataluña independiente. Además, por las radios y televisiones catalanas, oficiales y privadas, iban desfilando eufóricos partidarios de este sí-sí y habían hecho pública esta opción personajes populares, con Guardiola y Xavi a la cabeza. Todo parecía ir viento en popa.

Pero en ocasiones no coinciden la impresión que suscita a primera vista el gentío en las calles, las afinadas corales en los medios de comunicación o el ejemplo de los famosos con el recuento de votos depositados en las urnas por los ciudadanos con la conciencia individual como único testigo. Y, sobre todo en este caso, lo más significativo ha sido el alto número de abstencionistas que se han comportado así no por descreer de la democracia sino, precisamente, por creer en ella y decidir su incomparecencia para no colaborar en una convocatoria ilegal sin las garantías propias de un Estado de derecho.

Tras el recuento, a los independentistas se les heló la sonrisa. Se supone que todos ellos fueron a votar, ninguno podía faltar en una jornada histórica, una más. También hay que suponer que se les añadieron unos cuantos más, todos aquellos que quieren separarse de España para aprovecharse de la crisis que se originaría y recomponer así sobre nuevas bases toda la estructura constitucional, económica y social. Sin embargo, si damos por buenos los resultados, el balance indica que el número de partidarios de la independencia es un escaso 30% del censo, no llega ni a una tercera parte de la población con derecho a voto. Un fiasco.

Además, si repasamos los resultados del 9-N comprobamos que las diferencias entre las diversas zonas del territorio catalán son muy grandes: una amplia zona costera con un bajo porcentaje independentista, unas áreas industriales donde este porcentaje es irrisorio y una Cataluña interior en la que el independentismo avanza más pero que solo alcanza la mayoría, por muy poco, en ocho comarcas de las 41 existentes.

La Cataluña oficial y la Cataluña real, la vieja idea orteguiana. En este caso, la Cataluña de los sondeos oficiales, de los medios de comunicación y de los intelectuales apesebrados y la Cataluña de la calle, la que apenas tiene voz pero puede tener voto. Los catalanes no son un problema; los nacionalistas que se han apropiado desde hace años de la Generalitat sí lo son. Esto es quizás lo que no se entiende bien desde el resto de España.

REPASANDO COLUMNAS
Tertsch reparte estopa a Rajoy y Mas por hacer de España una 'Bananenrepublik'
Después del 9-N, Arcadi Espada sentencia que "los secesionistas pretenden ahora separarse de la mayoría de los catalanes"
El Fumador. Periodista Digital 11 Noviembre 2014

Este 11 de noviembre de 2014 siguen los cambios de banderas y el cavar de trincheras en la prensa a cuenta del butifarrendum del domingo 9 de noviembre de 2014. En El Mundo algunos columnistas y editorialistas empiezan a acercarse a las posturas de La Vangaurdia y El País (que sigue con sus columnistas ausentes; sólo Rosa Montero muestra su perpetua indignación ¡sobre las desapariciones en México!). En ABC el cabreo es indisimulable y hasta Paco Marhuenda se desplaza un poquito a esta línea.

El más duro, sin duda, es Hermann Tertsch (ABC), que asegura que Mariano Rajoy y el catalanismo moderado y fetén de CiU están convirtiendo a España en una república bananera. En alemán suena más duro: 'Bananenrepublik'.

Y hoy resurgen las viejas miserias de la historia española por las grietas abiertas por la crisis y por las heridas reabiertas por el revanchismo auspiciado por el execrable personaje Rodríguez Zapatero. Retornan los peores instintos que nos espantaban en los relatos y la literatura de la España que creíamos pasada.

Ahora, como en los trágicos años treinta, la ley ha sido doblegada en Cataluña por un consumado acto de sedición liderado por una mezquina medianía que presume de astuto. Vista la catadura y el nivel moral y humano de los principales caudillos del movimiento separatista hay que escandalizarse por su éxito y exigir responsabilidades a quienes han fracasado estrepitosamente en hacer frente a esta agresión a todos los españoles.

Si Cataluña es república bananera bajo esos personajes que se jactan del engaño, España se ha convertido en una Bananenrepublik con el Gobierno que ha tolerado lo intolerable. Que nos ha querido engañar para huir como siempre del conflicto. Y nos ha herido en la dignidad de forma imperdonable. El Gobierno de Rajoy ha fracasado en su compromiso más importante e ineludible. Que la oposición socialista sea una lamentable aparición de política espasmódica solo reafirma que España está en una situación de alarma. Le queda poco tiempo a Rajoy para impedir que su nombre quede para siempre vinculado con lo que puede ser la peor tragedia de España desde la Guerra Civil.

Pablo Sebastián (Republica.com) es, también, muy duro con Rajoy.
Lo que ha ocurrido el pasado domingo en Cataluña es muy grave y no lo podemos pasar por alto como pretende el Gobierno de Rajoy, el PSOE de Sánchez y, muertos de risa, CiU y Artur Mas. Los hechos son implacables y nos dicen que el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, ha roto el orden constitucional español en Cataluña y faltado a su juramento de cumplir y de hacer cumplir la Constitución al haber consentido la celebración de la consulta ilegal del 9N, suspendida por el Tribunal Constitucional

Sebastián advierte de que los más poderosos grupos de comunicación están siendo convocados para quitar importancia al butifarrendum.

A no perder de vista la complicidad inicial -imaginamos que requerida por la Moncloa- de los grandes grupos y medios de comunicación y especialmente del diario El País que, además de tapar lo ocurrido, le pide a Rajoy que abra un nuevo diálogo con el presunto delincuente Artur Mas, para que se presente triunfal en el palacio de la Moncloa después de mofarse del Gobierno de España y de violentar la legalidad constitucional.

Por último, el columnista hace un repaso de dónde están los partidos políticos minoritarios.

Otros callados y escondidos por que están de acuerdo con la autodeterminación son los líderes de Podemos, o los responsables de IU. En realidad salvo UPyD y Ciudadanos -y luego y tarde el PP catalán- nadie ha movido un dedo contra esta grave violación de la legalidad. En línea con lo ya ocurrido con la infanta Cristina y con lo que pasa con la corrupción del PSOE y del PP. Es decir la ruptura pactada, casi entre todos, del imperio de la ley, lo que incluye la desnaturalización de la vida democrática. Y también el abandono explícito por el Gobierno de Rajoy de los ciudadanos de Cataluña contrarios a este desafuero de la consulta tras haber sido acosados y presionado para ir a votar en esta cita ilegal. Ciudadanos catalanes que nunca más deberían votar al PP visto lo que ha hecho -o más bien no ha hecho- el Gobierno de Rajoy.

ENRIC JULIANA AMENAZA CON LAS MASAS DEL CATALANISMO
Ignacio Camacho (ABC) pone negro sobre blanco la irritación de muchos votantes del PP y ciudadanos en general.

A las nueve de la mañana de ayer -aunque fuese festivo en Madrid no lo era en Barcelona y además en los juzgados hay turnos de guardia- la Fiscalía del Estado tenía que haber presentado una denuncia contra varios altos cargos y funcionarios de la Generalitat involucrados en la organización del simulacro de referéndum. Por desobediencia y prevaricación. Artur Mas, que se declara responsable en plan macho alfa, se ha cuidado de firmar cualquier cosa que pudiera comprometerle, pero los consejeros de Educación e Interior dieron órdenes operativas en uso de sus competencias y la vicepresidenta Joana Ortega leyó los resultados asumiéndolos como cosa propia. Ha transcurrido la jornada del lunes y lo único que ha sucedido es un escueto y abstracto anuncio de querella.

En una columna titulada con ese sentido del humor tan de sal gorda de los catalanistas, 'El contragolpe', Enric Juliana (La Vanguardia) escribe más para sus ocho o diez lectores de Madrid que para los de Barcelona desaconsejando cualquier reacción de 'Madrit'.

No ha habido pacto secreto, ni nada que se le asemeje entre Madrid y Barcelona. Esta vez. Todo es más simple y más crudo. España no podía enviar una imagen de alta conflictividad a los centros de decisión internacionales, en un momento en el que su coyuntura interna vuelve a complicarse y comienza a recibir mensajes de preocupación y advertencia desde el Atlántico (informes de Barclays y JP Morgan, los boletines de Bloomberg...). Esta es la explicación del 'laissez passer'. Y es también la clave de lo que viene ahora: el contragolpe.

Curiosamente, Juliana arremete contra la FAES y Aznar como el editorial de hoy de El Mundo.

Hay nervios. El aparato estatal se siente burlado por la Generalitat catalana y cree que debe dar una respuesta por vía judicial. Hay irritación en el alto funcionariado. El ala aznariana está que fuma en pipa e imagina, doliente, grandes descalabros españoles, mientras lee una hoja ciclostilada de Pedro J. Ramírez en la que Mariano Rajoy es caricaturizado como un estafermo: uno de esos muñecos giratorios empujados por las lanzas en las justas medievales. El ala aznariana está que trina, pero su jefe no se halla hoy en las mejores condiciones para lanzar una de sus saturnales andanadas. Aznar, demediado, calla, por el momento. Y la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo escribía ayer en Twitter: "Sensación de desamparo ante el silencio del Gobierno".

Y Juliana advierte a los abogados del Estado que gobiernan España que cualquier acción penal contra los funcionarios y los políticos que particiapron en el 9-N causaría una marea de adhesiones. ¿Tan alta como la votación del domingo, pregunto?

Habrá respuesta del aparato del Estado. Si hay querella de la Fiscalía General del Estado contra Artur Mas, el Partit del President sufrirá un empujón hacia arriba proporcional a la pena demandada. Si la acción judicial se dirige contra funcionarios y empleados públicos, la campaña de solidaridad será monumental.

LO QUE NO SON CUENTAS SON CUENTOS. VOTARON LOS DE SIEMPRE
¿Pero hay tantos separatistas en Cataluña? Arcadi Espada los cuenta.

Por lo tanto, y usando sus propios datos, la conclusión no parece discutible: el gobierno de Artur Mas cuenta con una cuarta parte aproximada de los catalanes para llevar a caso su tarea segregacionista. Algo de lo que ya habían dado cuenta las encuestas menos indecentes y los propios y repetidos resultados electorales en Cataluña, y cuya ceremonia de confirmación ilegal e inmoral bien podrían haberse ahorrado los nacionalistas si su verdadero propósito del 9 de noviembre no hubiera sido humillar al Estado como lo han hecho. Por lo demás el sentido de la Declaración Unilateral de Independencia que preparan está perfectamente justificado por esos números. Muy unilateral, desde luego, porque los secesionistas pretenden ahora separarse de la mayoría de los catalanes, diga lo que diga esa intratable pandilla de falsos demócratas

Mientras Casimiro García-Abadillo se alista en el Batallón de La Moncloa, a las órdenes de la coronela Soraya Sáenz de Santamaría (lea, querido lector, el editorial de hoy en El Mundo), Francisco Marhuenda empieza a murmurar. Uy, uy, uy. El director de La Razón se atreve a decir que no hay por qué negociar con un derrotado. A ver cómo sienta esto en la antesala de Moncloa 'El fracaso de Mas'...

¿Dónde está el éxito? Ahora sabemos que hay alrededor de 1,6 millones de independentistas. No es ninguna novedad y acudieron a las urnas alrededor de 2 millones.

Los que piden diálogo, negociación y pacto nos deberían explicar qué es exactamente lo que quieren porque esto no es un concurso de mises. Durante siglos, España ha sido un mercado cautivo para los industriales y comerciantes catalanes.

Los que consideran que 1,6 millones de independentistas, de los 6 millones con derecho a voto, son un aval para que el Gobierno negocie deberían aclarar que si lo que quieren es el reconocimiento de una situación de privilegio con comunidades de primera y de segunda así como un sistema de financiación que nos resulte más favorable. Espero que Mas acepte lo mismo para que los barceloneses paguemos menos, porque si como catalán tengo que tener privilegios frente al resto de España quiero también tenerlos como barcelonés dentro de Cataluña. Es lo coherente. Hemos de ir a un modelo estamental, con un Parlamento donde los catalanes estemos separados del resto, y una bilateralidad donde seamos soberanos y negociemos con España en igualdad. Los independentistas no se aplacarían con menos.

Pero los números son lo de menos para el ponente de la Constitución y ahora abogado de la infanta Cristina, Miquel Roca. Como buen catalanista, éste explica en La Vanguardia que por encima de la realidad están los sentimientos y que hay que dar satisfacción (y respeto, mucho respeto) a los pocos que votaron el 9-N.

Algunos detractores dicen que no era ni un referéndum ni una consulta. Que como máximo era una encuesta. Pues, si era una encuesta, debería destacarse que una muestra de centenares de miles de encuestados debería tener algún valor cuando las del CIS no superan unos cuantos miles de muestras como máximo. Y se convierten en titulares que marcan políticas, amparan decisiones y señalan tendencias incuestionables.

Ciertamente, muchos no fueron a votar; muchos están en contra del proceso; muchos están inquietos. Es verdad. Pero los que participaron, que fueron muchos y muchos, han de ser escuchados, respetados, valorados. Su voz fue libre e ilusionada. Merecen más que un silencio menospreciador o displicente.

Ha sido un domingo normal. No ha pasado nada, pero ha representado mucho. Ahora empieza el momento de la política en mayúscula. La que acepta los riesgos que resulten del diálogo y el acuerdo. Construir futuro es más difícil que el entusiasmo del presente; y ahora toca preparar el futuro; toca hacer política.

Éste es el complemento a la columna de Juliana.

DAVID TRUEBA Y LUCÍA MÉNDEZ FELICITAN A RAJOY
En la bronca interna que ya ha escindido a la redacción de El Mundo, Lucía Méndez toma partido por Casimiro García-Abadillo y escribe una columna más propia de Fernando Ónega en La Vanguardia: qué malos son los que querían que se impidiese la votación y qué pena que los catalanes no pudiesen votar de verdad.

Es obvio que el uso de la fuerza pública para retirar las urnas y cerrar los colegios hubiera sido un auténtico disparate. Tan obvio como que desde que empezó este proceso se sabía que Artur Mas sacaría las urnas a la calle, a pesar de que el Gobierno decía que no lo haría. Tan obvio como que en un momento en el que los ciudadanos exigen claridad a sus dirigentes, la actuación del Ejecutivo en este asunto aparece rodeada de una gran confusión. Tan obvio como que Mariano Rajoy tenía la obligación de haber aclarado las cosas en una comparecencia pública que no se ha producido.

Tras el 9-N, muchos españoles pueden preguntarse con toda legitimidad por qué el Gobierno no autorizó una consulta legal en tiempo y forma si al final ha acabado celebrándose un simulacro. Por lo menos ahora tendríamos más claras las cosas. Porque además, olvidando la sobreactuación de Artur Mas derivada de su necesidad de reafirmarse ante Junqueras, los resultados del escrutinio -dando por buenas las cifras de los organizadores- no permiten asegurar que la mayoría de los catalanes quiera independizarse de España. Ningún país se ha independizado porque lo quiera el 33% del censo oficial.

David Trueba (El País) también va en esa línea de alabar la prudencia de Mariano Rajoy, y como su columnita está encajada en la sección de televisión critica la cobertura dada al butifarrendum... ilegal.

Pero no fue el referéndum ni la consulta porque no podía serlo. Se sabía desde tiempo atrás. El Gobierno de Rajoy optó por el sentido común frente a quienes pretendían convertir el día en un disparate policial. Y los convocantes lograron de nuevo que los actos se desarrollaran sin dar carnaza a las crónicas de sucesos. Quizá TVE debió conceder en el canal 24 horas un seguimiento natural. Sergio Martín, que dirige con tino las tertulias nocturnas, podría haber liderado un espacio informativo riguroso. Pero ahí se nota la mano de Moncloa, que prefiere ignorar el asunto, a ver si pasa el sarampión. Fue La Sexta, sobre todo, quien mantuvo informado al resto de España de lo que pasaba en Cataluña. Los medios públicos, una vez más, en uno y otro lado, fueron los grandes perdedores del conflicto, sometidos al poder político.

¡Mi reino por una izquierda francesa o alemana que no permite bromas con la unidad nacional y la igualdad de los ciudadanos ante la ley!

ARTUR MAS HA GANADO... A ORIOL JUNQUERAS
En La Vanguardia, siempre leal al que manda, sea Alfonso XIII, Companys, Franco, o Pujol, se hacen lenguas de la inteligencia de Artur Mas. Nada tiene que ver con que su Gobierno dé subvenciones al Grupo Godó. José Antonio Zarzalejos asegura que Mas ha conseguido que CiU se diferencia de ERC.

La segunda versión de la consulta celebrada el domingo en Cataluña sólo tiene sentido si se encuadra en una estrategia de largo alcance. Que consistiría en, por una parte, demostrar al bloque social independentista que un partido como CDC no es una copia soberanista de ERC sino una formación con arrojo para desafiar al Estado, y, de otra, acreditar que el liderazgo de Mas puede superar -de hecho lo ha conseguido- al de Oriol Junqueras.

Tras el 9-N es perfectamente posible que una "lista del president" obtenga algunos cientos de miles de votos más sobre el millón cien mil obtenido hace un par de años. Es decir, en las actuales circunstancias, parece que el sorpasso de ERC no resultaría tan verosímil como auguraban las encuestas hace unas semanas. Si no hay lista conjunta, habrá lista de Mas y otras con un compromiso soberanista.

Como supondrá, querido lector, Pilar Rahola está con Artur Mas como las admiradoras de Jesulín de Ubrique, a un paso de tirarle el sujetador.

Lo cierto es que el proceso catalán está cada día más fuerte, que el capitán del órdago, president Mas, hoy tiene más autoridad que ayer, que la ciudadanía está más movilizada, que la presión emocional es más fuerte y que el número de catalanes que viven mentalmente fuera de España llega a una cifra histórica e ingente.

González Urbaneja (Republica.com) también asegura que Mas ha ganado y Rajoy ha perdido, pero lo hace con mucha más objetividad.

Artur Mas tiene estrategia y audacia, se ha colocado en una posición insurreccional, más allá de la Constitución y de las instituciones españolas, sin que nadie sea capaz de pararle.

El gobierno catalán es débil, no consigue ni siquiera sacar adelante un Presupuesto que no ha presentado en plazo, no tiene otra ocupación que empujar "el proceso" hacia la independencia, pero cuenta con más apoyos y aceptación en su territorio que el gobierno del PP en España. Rajoy no puede ni quiere aceptar el referéndum catalán por la independencia, pero ha tenido que tragarse algo que se le parece demasiado. Y no ha tenido respuesta, ni siquiera ha comparecido, como el gobierno de la RDA desapareció cuando los berlineses se atrevieron a cruzar el Muro.

Una salida para Rajoy sería convocar elecciones generales que articulen otra legitimidad democrática en España antes de que lo haga Artur Mas en Cataluña para componer una mayoría (aunque sea muy apurada) que abra la puerta a una secesión catastrófica para España y para Cataluña. Si las expectativas de voto del PP son bajas, lo más probable es que pasados seis meses sean más bajas. Más ganó el set del 9M, no ha ganado el partido, pero cuenta con la iniciativa.

Sin embargo, Salvador Sostres (El Mundo), siempre a contracorriente, cree que Convergéncia sigue galopando hacia el abismo. En su columna, primero dice que Franco cuidaba más las formas con los referendos que Mas.

Un recuento que no pongo en duda porque mi fe en la Humanidad es infinita, pero que dejó estampas impagables, como la de Quico Homs presidiendo una mesa en Taradell y Oriol Junqueras otra en Sant Vicenç dels Horts, pueblo del que es alcalde. Ni Franco en sus referendos mandó a Serrano Súñer a presidir una mesa electoral a su ciudad natal de Cartagena. Pero en fin, ¿cómo podría cualquier argumento inteligente competir con la delirante pretensión de que el 9-N triunfó la democracia en Cataluña?

Y luego expone la pinza que Convergencia quiere hacer con la CUP para debilitar a ERC.

Para el futuro no muy lejano habrá que tener en cuenta el fastuoso vídeo en que Artur Mas y el líder de la CUP, David Fernàndez, se funden en un abrazo. La primera idea es que el presidente de la Generalitat, en su propósito de conservar el poder a cualquier precio, es capaz hasta de entregarse a los antisistema, que son la principal amenaza contra cualquier idea de libertad: los votantes convergentes tendrán que recordarlo cuando sean llamados a las urnas. La segunda idea es el candor de estos chicos que van de working class hero y que luego comprarles sale más barato que el pienso de las gallinas.

Convergència, que ve cómo el tiempo pasa y los votos se le escurren, jugará irresponsablemente a hacerle la pinza a ERC con esos tontainas que van de íntegros. Es un misterio cómo le saldrá el invento.

RAÚL DEL POZO ACONSEJA A PODEMOS UNA ALIANZA CON IU
Raúl del Pozo (El Mundo)vuelve a uno de sus temas favoritos: Podemos. Hoy estudia la táctica política de Juan Carlos Monedero y parece que don Raúl insinúa la conveniencia de una alianza entre Podemos e Izquierda Unida.

Tuvo alguna relación con IU, pero ha tirado al aire la gorra gris de bolchevique y, como el zorro en la covacha, vigila un partido de profesores, no de torneros, un Podemos sin otras siglas para romper el techo de la izquierda. (...) Le pregunto que por qué la gente de IU ve en él al enemigo de cualquier aleación, fusión o fundición. Me contesta diciendo que tiene amigos y afinidades con el PCE, pero que ahora es un partido de viejos, que en Madrid se han hecho amigos de Florentino.

Sabe que IU tiene historia, bandera, sedes. «Pero ahora, en política dos más dos no suman cuatro. No queremos arrastrar lastres. El PCE tiene dos almas, una la del 78, otra la de los que quieren volar y no les deja la burocracia. Podemos no quiere ser la UVI de ningún partido. Hace un año nos miraban con desprecio». Podemos, la continuación del 15-M con otros métodos, cuece ideas, pero sus iconos son también viejos. Carece de pasado y también carece de sedes. La nueva iglesia aspira a vivir sólo del cepillo y así como la Iglesia auténtica posee templos hasta en la última aldea, IU y el PCE mantienen una infraestructura de la que carece Podemos.

Pero ellos levitan. Ni siquiera leen con atención una encuesta que indica que Podemos e IU ganarían las elecciones generales con el 34% de los votos, seis puntos por encima del PP y 14 por encima del PSOE. Yo no me la creo pero, o IU hace algo para renacer, o Podemos se la merienda.

La columna ridícula del día es para el geógrafo David Senabre López, que en una tribunita publicada en La Vanguardia y titulada 'Ciudades felices' reúne en tres líneas todos los tópicos del catalanismo más paleto: "Barcelona es mejor que Madrid".

Hace un año se publicaba la lista mundial de las diez mejores ciudades para vivir. Entre las tres primeras, Río de Janeiro, Sydney y Barcelona, en ese orden. Madrid quedaba en sexto lugar.

Cuando Pilar Rahola la lea, estoy seguro de que aumentará su excitación. Barcelona, tercera mejor ciudad del mundo y encima supera a Madrid. ¡Chúpate ésa, organillero! Supongo que Río de Janeiro será ideal para vivir siempre que tengas dinero suficiente para estar a salvo de la delincuencia...

Covite alerta en Bruselas de que la izquierda abertzale "justifica el asesinato colectivo"
Consuelo Ordóñez y otros dos representantes de Covite, ayer, frente al Parlamento Europeo.Consuelo Ordóñez y otros dos representantes de Covite, ayer, frente al Parlamento Europeo. / EFE
El colectivo de víctimas del terrorismo advierte a un centenar de partidos europeos de que Sortu es "un peligro" para la UE
europa press El Correo 11 Noviembre 2014

La presidenta del Colectivo de víctimas del terrorismo (Covite), Consuelo Ordoñez, ha alertado a un centenar de partidos políticos europeos de más de 25 países en el Parlamento europeo, en Bruselas, sobre "el peligro que supone la izquierda abertzale para la Unión Europea", ya que "justifica el asesinato selectivo". Además, ha reclamado a quienes homenajean a las víctimas que protejan a las nuevas generaciones "de quienes justifican día a día el historial de ETA".

En un comunicado, Covite ha dado cuenta del dossier 'ETA and its supporters, a danger for Europe' (ETA y sus simpatizantes, un peligro para Europa), que una delegación del colectivo, encabezada por Ordóñez, ha entregado en la Cámara europea a diversas formaciones políticas. En él advierte de "la existencia en el sur del continente de formaciones políticas que justifican el asesinato selectivo de seres humanos perpetrado por ETA", en alusión a la izquierda abertzale.

Ordóñez ha explicado que en el documento se "detalla qué es ETA desde una perspectiva política, económica y social", y, además, se expone "cuál es el escenario político del País Vasco y se incide en que la izquierda abertzale es "un claro potenciador de la radicalización violenta, peligrosa, no sólo para España, sino para Europa en su conjunto".

Según este informe de Covite, "Amaiur, Bildu y Sortu han elaborado un discurso que rechaza la utilización del terrorismo tras el cese definitivo de ETA, pero que no condena el ejercicio de la violencia, dejando la puerta abierta a que esta pueda convertirse en una herramienta útil en un futuro próximo". Además, se añade que "concebir la violencia y el asesinato como un instrumento válido en función de las circunstancias sociopolíticas manda un mensaje peligroso y potencialmente dañino a las nuevas generaciones".

Un futuro sin armas
La presidenta de Covite ha afirmado que esta visita al Parlamento europeo tiene como objetivo "contar qué es ETA y cómo la impunidad judicial e histórica se está asentando en España, y cómo ETA y quienes justifican su violencia son hoy un peligro para las políticas de prevención de la Unión Europea, concebidas para evitar que las nuevas generaciones recurran a las armas para imponer sus ideas políticas".

Por otro lado, con motivo de la conmemoración este lunes del Día de la Memoria, Ordóñez ha emplazado a los representantes políticos a que si quieren "honrar a quienes fueron asesinados, trabajad por ellos". "Si queréis homenajear a las víctimas, empezad a proteger a las nuevas generaciones de quienes justifican día a día el historial de ETA", ha concluido.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial