AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13  Noviembre  2014

La desproporcionalidad de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 13 Noviembre 2014

Era difícil superar el espectáculo de burla a nuestro ordenamiento jurídico celebrado el pasado domingo en Cataluña. Sin embargo, la tardía comparecencia del presidente del Gobierno para valorar el 9-N lo ha logrado lamentablemente. Mariano Rajoy ha tenido la desfachatez de hacer suyas las triquiñuelas nominativas empleadas por los separatistas para ocultar el hecho de que el domingo se consumó en Cataluña una rebelión institucionalizada mediante una votación ilegal que no deja de serlo por mucho que se le llame "referéndum", "consulta", “proceso participativo” o “ejercicio de propaganda”.

Si Rajoy recurre ahora a estas triquiñuelas nominativas, diseñadas hace años por el Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña y orientadas a un mismo fin secesionista, ¿por qué pidió al Constitucional que impugnara la celebración de esa votación una vez que los separatistas pasaron a llamarla "proceso participativo"?

Quien rehuye su obligación de hacer cumplir la ley está abocado a ocultar la existencia del delito tanto como el que lo perpetra. Pero Rajoy ha sido torpe hasta para ocultar la gravedad de lo que no se ha atrevido a impedir: así, después de decir que no ha habido "ningún referéndum" ilegal, ha confesado que envió un representante del Gobierno (presumiblemente Arriola) a negociar con la Generalidad, si bien "esas conversaciones no pudieron evitar que se celebrase el referéndum". Aún más grave es el hecho de que el Gobierno haya estado negociando en secreto el imperio de la ley con quienes pública y abiertamente se lo han querido saltar a la torera.

No menos patético es que Rajoy haya dado valor a los resultados de una consulta ilegal que previamente quería hacer creer que no se había celebrado. Pero la mayor desfachatez ha tenido lugar cuando ha defendido la "proporcionalidad" en sus actuaciones. ¿Pero cómo va a ser proporcional la actuación del Gobierno si no ha logrado impedir la votación?

Hace más de dos años ocurrió en España algo tan grave como que un presidente del Gobierno fue chantajeado por un gobernante regional que exigió un inasumible "pacto fiscal" so pena de celebrar un referéndum secesionista. Rajoy podía haber supeditado cualquier ayuda financiera a un público acatamiento al orden constitucional. Podía haber intervenido directamente la Administración regional esgrimiendo el artículo 155 de la Constitución. Podía haber disuadido a los rebeldes con el Código Penal y advirtiendo de las consecuencias penales que tendría para ellos la consumación de la amenaza.

Rajoy, sin embargo, hizo algo tan poco ponderado como ocultar el chantaje y tratarlo como simple algarabía. Se negó a tratar como delito específico la convocatoria ilegal de referéndums, tal y como sí hizo Aznar y le reclamó UPyD. Silenció todo lo que en el Código Penal está vigente para disuadir y en su caso castigar una consulta como la perpetrada el domingo. Atendió todas las demandas de ayuda financiera que, expresamente y "sin condiciones", le exigían los secesionistas. Llegó incluso, a través de Sánchez Camacho, a ofrecer un pacto fiscal con Hacienda propia, singular cesión del PP al chantaje de Mas, que para colmo fue rechazada por los separatistas porque "llegaba tarde". No menor falta de ponderación y de proporcionalidad fue pensar que las resoluciones del Constitucional iban a parar a quien abiertamente había manifestado, sin miedo alguno a la inhabilitación, que no lo pararían "ni Constituciones ni tribunales".

No. Lo de Rajoy ante el gravísimo desafío que se planteó en Cataluña hace más de dos años no ha sido mesura, ni ponderación ni proporcionalidad. Ya decía alguien tan ponderado como Julián Marías: "No hay que rehuir los extremos cuando es menester: una estimación tibia ante lo que merece entusiasmo es un error; un débil desagrado o mohín de displicencia ante lo repugnante es una cobardía". Y en esa irresponsable cobardía estamos.

Mariano Opas
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 13 Noviembre 2014

Y habló don Mariano en politiqués, neolengua de la oligarquía que se basa en el abuso del oxímorón igual que el columnismo se excede en las metáforas. En otro idioma, en el de Berlanga por ejemplo, Rajoy se habría asomado de nuevo al plasma que le regaló la corrupción y habría dicho que como presidente nuestro que es nos debía una explicación, y que esa explicación que nos debe nos la habría de dar. Para después afirmar una cosa y su contraria. Que cumple y hará cumplir la ley y la constitución; que la consulta era ilegal e inconstitucional y que no ha movido ni a un bedel para detenerla. A lo mejor este discurso se lo ha escrito Abadillo Dolfos.

Don Mariano ya miente con desparpajo felipista. El síndrome de la Moncloa le acecha como a un viudo reciente la soledad de una casa demasiado amplia, cuyas paredes acaricia con presentida nostalgia. En el partido se multiplican y conspiran abiertamente las familias, porque el paupérrimo legado de los pródigos también es capaz de soliviantar a los que fueron hermanos en la prosperidad. Si hasta sus pretorianos de la prensa reconocen que el cuento de la gaviota ya tiene un tufillo indisimulable a la ucedé.

Rajoy deslizólos embustes envueltos en un sarcasmo marchito, sin el brillo de antes, afirmando que los que exigen una postura más firme frente al desafío -o sea, una postura legal- no le habían enumerado opciones para desarrollarla. Mientes Mariano, si no tienes asesores suficientes al menos mira en los detalles de la querella que te han atizado, que allíse enumeran todas las acciones y recursos con los que cuenta el Estado para hacer cumplir la ley. O mejor, se lo puedes preguntar a los ciudadanos que rebasan el límite de velocidad, o a los que olvidan una factura en la ventanilla de Hacienda, que cualquiera le puede contar que para la gente normal incumplir un mísero reglamento resulta oneroso, y que nadie se felicita públicamente por ello. Pero los oligarcas, los corruptos, se han elevado por encima de todo el ordenamiento legal, del artículo primero hasta el 155. Y sus lacayos de la prensa todavía pretenden acallar la protesta contra esos privilegios caciquiles, etiquetando como extremista la más sensata y contenida indignación. Ahora camina el gobierno sobre aguas turbulentas, atravesando fechas que muestran vocación de inscribirse en la historia -en la parte negra- y temeroso de los aliados de viaje que ha elegido, algunos de los cuales se han quitado la capucha antes de ayer. Se hace política de trazo grueso, mientras se expande a toda prisa el otro idioma del momento, el populismo 2.0, es decir, el enésimo aggiornamiento de la logia de Lenin y Robespierre. Ese es el extremismo que el PP, junto a sus mantenidas mediáticas, ha propagado de forma insensata. Si no lo fuésemos a sufrir todos, casi darían ganas de sentarse a mirar como le van a pagar a este don Opas.

Rajoy, haga un último favor a España: ¡inmólese!
S. McCoy El Confidencial 13 Noviembre 2014

A estas alturas de la legislatura, difícil es creer que no será recordada como la gran oportunidad perdida por España para reconducir buena parte de los errores acumulados en los cerca de cuarenta años de democracia constitucional. Ese era el mandato implícito de las urnas, de la mayoría absoluta de un Mariano Rajoy al que nunca imaginamos sería de aplicación, en relación con su predecesor, el "otro vendrá que bueno te hará". El país está patas arriba, territorial, judicial, parlamentariamente. Y, aunque se ha reconducido la envenenada herencia económica dejada por Rodríguez Zapatero, la sensación de que la situación es peor que hace tres años, cuando aterrizó el gallego en el poder, es generalizada. Le reto, señor presidente, a que encuentre a alguien, fuera de la Bulgaria partidista, que apruebe su gestión. Le será difícil encontrarlo.

Son muchas las voces que ponen en la displicencia del inquilino de la Moncloa la causa de buena parte de los males que afligen a nuestra cuestionada nación. El "ni está ni se le espera", o el más prosaico "pasa de todo", se ha convertido en cantinela recurrente en unos círculos de poder patrios que han pasado aceleradamente de la resignación –"es así, pero al final le salen las cosas"– a la preocupación intensa por lo que se puede avecinar para la nave hispana en caso de no corregir drásticamente su rumbo. Por más que en documentos y declaraciones oficiales se unan al mensaje de bonanza gubernamental, en las reuniones de salón, los que de verdad mandan, censuran inmisericordemente lo que entienden como un nuevo y grave error de apreciación del arriolismo: en el punto en el que nos encontramos, ni la mejora macro puede salvar al PP del desastre electoral. Nos adentramos peligrosamente en aguas desconocidas.

Ante la gravedad del problema, y la ausencia de soluciones de quien tendría que aportarlas, aumenta día a día el coro de quienes piden un cambio inmediato del actor principal de una película que puede acabar siendo de terror. A quienes señalan directamente la incapacidad del amante de los habanos para asumir como propia una visión de Estado que le trascienda, a aquellos que ponen los ojos en el tándem Susana-Soraya como vía para insuflar algo de oxígeno al moribundo prestigio público, se unen los que piden de manera abierta una regeneración que pase no sólo por un cambio estético de caras que libre la acción pública de la mancha de la corrupción, sino por una profunda remodelación de la relación entre gobernante y gobernado en términos de cercanía, modelo de elección y rendición de cuentas, reforma para la que no sirve el político profesional actual, incluido el líder del Ejecutivo.

Supone no conocer bien este percal. Mariano Rajoy, va en el carácter, preferirá suicidarse políticamente en el cargo antes que tomar una decisión de ese calado. Pero, siendo así, los españoles que le votamos, y los que no también que para eso es el presidente de todos, preocupados como estamos por la sostenibilidad del sueño colectivo que emanó de la imperfecta Transición, tenemos derecho a pedirle un último favor. Ya que es esa su decisión, entre una ‘muerte’ vacua y cobarde, propiciada por la negativa a afrontar los retos que España hoy plantea, elija mejor la inmolación, dele un sentido a ese final que se antoja inevitable, recupere el tiempo perdido. Deje la táctica, que no va a cambiar su destino, y piense estratégicamente en país, que no en partido. Reforme sin miedo, ajuste sin miedo, repare sin miedo. En todo orden y en todos los órdenes. Haga lo que tres noviembres atrás muchos esperábamos de usted.

Señor presidente, se asoma peligrosamente al precipicio de la Historia y corre serio peligro de despeñarse, de pasar a la posteridad como alguien infame que acumuló decepción entre propios y extraños y negó a España la oportunidad de volver a ser lo que el pueblo mayoritariamente reclamaba. En sus manos está cambiar tal destino. La diferencia entre estadista y escapista es de apenas dos letras. Un camino muy corto que, empero, aumentará significativamente su recorrido histórico. No le quepa la menor duda.

¿No hacer nada, inhabilita?
Xavier Horcajo www.gaceta.es  13 Noviembre 2014

Gobernar es siempre difícil. Por encima de cualquier otro compromiso, la obligación de cualquier gobernante es demostrar a los gobernados que se está ahí. Por eso viajan a lugares donde se desbordan los ríos, se inundan los campings, o se producen víctimas porque los autobuses se salen de la carretera. En el sueldo de cualquier gobernante figura un “plus” por comerse el marrón y hacer como que gobierna. Por ese mismo principio, ayer “contra cuore” Mariano Rajoy le dedicó diez minutos al desafío catalán. Diez minutos a la mayor burla del Estado de derecho desde el 23-F. En fin, ¿no pretenderá que encima le estemos agradecidos?

Dice Rajoy que “volvería a hacerlo”, que ha sido un genio en el diseño de la no-intervención efectiva, como respuesta a un proceso ilegal, que ha hecho venirse arriba al independentismo catalán, a Artur Mas y a esa “minoría ruidosa” que capta cerca del 30% de las cabezas de los electores catalanes. “Don Tancredo” cree que ha sido “proporcional” que el Gobierno no haya hecho nada en este proceso. Dice que coincide con el juez catalán que creyó que retirar las urnas ilegales “no hubiera sido lo más oportuno” y que hubiera sido “desproporcionado”. Las preguntas por obvias, no pueden quedar en la mesa, sin que nadie las haga: “¿Es “oportuna” la detención y presentación de alguien ante un juez por cometer un delito?”, ¿Es proporcional que lo presenten ante el juez?. Preguntas es en sí mismas inoportunas. ¿Desde cuándo los jueces se cuestionan la “oportunidad” de sus decisiones. ¿No son meros aplicadores de la legalidad vigente? ¿No será que tienen una afición desmedida -como los fiscales de Cándido Conde-Pumpido- por mancharse la toga con el polvo del camino?

Rajoy dice lo que dice, pero luego se apunta a mandar a Pedro Arriola con el fontanero de Zapatero a negociar en secreto con Joan Rigol y defenderlo luego con un: “hablar siempre es bueno”. En fin, se lo digo ya -por no mantener el “impasse”- tengan mucho cuidado porque les toman el pelo a diario y, algunos, hasta con contumacia. No me gustan esos individuos sin palabra, que un día dicen: “Mientras yo sea presidente del Gobierno, la consulta no se celebrará” y después de que se celebre, mantienen un: “Creo que no me equivoque cuando ordené mirar para otro lado y permitir que se celebrase la consulta”. Don Mariano o don Tancredo, es capaz de comerse crudo el hígado de una ballena y jurar después que es vegetariano.

Sólo estoy de acuerdo con don Mariano, en que el 9-N fue un “acto de propaganda” de los independentistas. que les permite balancearse un par de años más en la tela de araña de una “consulta definitiva” por un atajo constitucional. No me tranquiliza lo dicho por el presidente del Gobierno: “¡Que nadie espere obtener ventaja política desde la ilegalidad!” Ustedes tienen dos opciones: creerse a Rajoy y pensar que va a ser así, o desconfiar de que Pedro Arriola venga de sus conversaciones casi-secretas con PSOE y CiU y convenza al Presidente de que hay que profundizar en las desigualdades de las CC.AA. y crear un sistema desigual en el que Cataluña se sienta más “cómoda”; y/o una reforma constitucional que –de forma transada- provea de alcuerces al independentismo catalán para alcanzar posiciones de “Estado Libre Asociado”.

Cataluña
El 'ejército' de Artur Mas
Cristina Losada Libertad Digital 13 Noviembre 2014

"El pueblo de Cataluña ha votado. Que la democracia siga su curso. Tras el aplastante apoyo de los catalanes a la independencia, España tiene que escuchar y darnos un referéndum oficial como el que tuvo Escocia". Así encabezaba Artur Mas un artículo que le ha publicado The Guardian. Es una pieza desinformativa clásica: no hay en los datos que expone una mentira flagrante, pero falta absolutamente a la verdad. Dice con gran exactitud cuántos fueron a votar, pero omite el número de los que había convocado a hacerlo. Incluso evita transcribir el porcentaje: se limita a hacer notar que la participación fue similar a la de las elecciones europeas de mayo.

Traigo aquí esta marrullería no por novedosa, sino porque muestra con mayor claridad, al tratarse de un texto, lo que Mas trata de ocultar. Y aquello que Mas quiere ocultar es una evidencia que desmiente tanto "el aplastante apoyo de los catalanes" a la secesión como la base sobre la que levantó la exigencia de un referéndum. Durante dos años, el presidente de la Generalidad y muchos otros sostuvieron que existía una masiva y abrumadora demanda en la población catalana para votar sobre la separación de España. Pues bien, cuando la población ha tenido la oportunidad de votar, la gran mayoría no lo ha hecho. Podrán esconderlo, maquillarlo o justificarlo, y lo harán con la ayuda de la tendencia a dar primacía al espectáculo sobre el dato. Pero el deseo de consulta que se pregonaba para legitimar el proceso ha quedado reducido a su expresión real: un tercio.

Los datos, además, dibujan un mapa (lo ha hecho el sociólogo Ignacio Urquizu) en el que sólo en cuatro de las 41 comarcas catalanas se superó el 50% de participación. Esas cuatro no son las comarcas más pobladas: juntas sumas 390.000 habitantes. En cuanto al apoyo a la independencia, sólo en ocho de las comarcas hay una clara mayoría a favor. En las zonas más pobladas, la opción independentista únicamente consigue un tercio de seguidores. Se trata de un mapa, en fin, que se ajusta en gran medida a lo que siempre se ha dicho del nacionalismo y su secuela independentista: que no prende en las urbes, en las áreas metropolitanas, en los lugares más cosmopolitas. Aunque hay excepciones, el caso catalán parece seguir la norma.

Ahora bien, lo que ha mostrado igualmente el 9-N es que la minoría independentista es una minoría extraordinariamente motivada, movilizada y disciplinada. Es una minoría que está dispuesta a acudir cada vez que es convocada, sea para una manifestación, una vía, una cadena, una uve o una parodia de referéndum. Así, a pesar de que el separatismo no cuenta ni de lejos con el apoyo de la mayoría de la sociedad catalana, sí cuenta con la fuerza suficiente para mantener el desafío. Dispone, como hasta ahora, de la masa crítica necesaria para llevar la iniciativa política.

Y si todo sigue como hasta ahora, también cuenta con una ventana de oportunidad. No sólo porque el Gobierno del PP haya sido incapaz de articular un discurso político dirigido, en especial, a desmontar las falacias del independentismo. No sólo porque el principal partido de la oposición, el PSOE, haya respondido a la pretensión de romper ofreciendo fórmulas para una ruptura un poco más dulce. Ese ventanal está abierto de par en par porque España está viviendo uno de sus momentos de pesimismo noventayochista en los que semeja que nada vale, que hay que tirar todo por la borda y embarcarse, tan indignada como inconscientemente, en viajes sin billete de vuelta.

El aparecido Rajoy vuelve a decepcionar.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 13 Noviembre 2014

En pocas palabras, más de lo mismo. Mariano Rajoy se ha aparecido a los medios al tercer día cual resucitado, pero no para traernos la buena nueva de la esperanza en un futuro, aunque no sea eterno, sino para decirnos que si no actuó para impedir la celebración del simulacro de consulta que violaba las órdenes del Tribunal Constitucional, solo fue por no darles la satisfacción a los nacionalistas de tener una foto con las FFyCCSE cumpliendo con su deber. Es decir, la teoría del “mal menor” o lo que es lo mismo, los fines justifican los medios. Todo muy legal y democrático. Por eso tampoco nos extraña el que se desvelase que durante los últimos meses hubo “reuniones discretas” entre una representación del Gobierno encabezada por el áulico Arriola con gentes de la Generalidad. Desde luego que nada ha trascendido sobre el contenido de esas reuniones tan secretas y hasta dónde estaba el Gobierno de Rajoy dispuesto a mercadear con las competencias, financiación privilegiada y blindaje en la gestión que concediera a Cataluña más autonomía que al resto de las regiones autonómicas de España que no gozan de los privilegios de El País Vasco y su Concierto y de Navarra con sus Fueros.

No voy a decir que me ha decepcionado la comparecencia de este aparecido porque nada esperaba de quien se ha visto forzado a dar la cara por la presión interna de su partido que ve como día a día su futuro político es más negro y abocado a la desaparición y la inanidad. La misma que ya tiene en autonomías como la de El País Vasco y Cataluña. De su escueto mensaje solo ha quedado patente su negativa formal, quien sabe si real, a no ceder en el tema de permitir un referéndum limitado a Cataluña sobre la secesión. Ha instado a Artur Mas a que use el Parlamento de Cataluña para aprobar una resolución en la que se pida al Parlamento de España el cambio de la Constitución con todos los puntos que reclaman. Y que ni él ni el PP darán sus votos en una propuesta que lleve a la perdida de la Soberanía del pueblo español.

No se han hecho esperar las reacciones a su discurso, comenzando por un inconsistente Pedro Sánchez que sigue con su matraca de cambio constitucional y diálogo a tres bandas para resolver el problema de una vez, recordando los modos de Adolfo Suárez en su búsqueda de consenso. Lo malo es que aquellos eran otros tiempos donde los nacionalistas ni tenían el poder de hoy, ni el Estado podía controlar aún a unas FFAA dispuestas a seguir vigilantes y reaccionarias ante cambios de entidad del régimen dictatorial preexistente. No quiere reconocer el PSOE ni Pedro Sánchez que no se puede dialogar con quienes tienen como único objetivo independizarse de España, eso sí sin asumir ningún costo ni cambio de su privilegiado estatus de pertenencia a la UE como socio de derecho. Lo primero que debería explicar Pedro Sánchez al resto de España es cual es el modelo federal que propone y si es simétrico, asimétrico o pluscuamperfecto donde todos los españoles tengan los mismos derechos y deberes con independencia de su lugar de residencia o de nacimiento.

A estas horas no tengo constancia de la reacción de Artur Mas ni del resto de ultra nacionalistas de ERC y la CUP a la respuesta de Mariano Rajoy. Supongo que ante la negativa, Artur Mas intentará mantenerse todo lo que pueda en su cargo. Y como decía aquél entrañable personaje infantil mejicano, “el Chapulín colorado”, “no contaban con mi astucia”, Artur Mas envuelto en su capa de la estrella y las barras y calada la barretina comenzará una rueda de consultas con sus socios y el resto de partidos con representación parlamentaria para lograr su famosa “lista de país” que presentar en los comicios plebiscitarios cuya fecha igualmente se acordará.

Estamos pues en un momento de transición en la que los oponentes proseguirán en su estrategia, unos cobijándose en las actuaciones judiciales y los otros en su hoja de ruta secesionista llevando la desobediencia hasta que finalmente se transforme en franca rebeldía y sedición con la declaración unilateral de independencia. Está por ver que Mariano Rajoy cumpla con su deber y actúe de un modo más enérgico. Personalmente estoy convencido de que volverá a desistir cobardemente y pasará a la historia como el peor gobernante de España que la llevó a su destrucción. Es nuestro deber intentar evitarlo, eso sí, con todos los escasos medios que esta falsa democracia concede a sus súbditos, nuestro voto. No lo desperdicies.

Rajoy confirma la negociación... y el pacto
Luis del Pino Libertad Digital 13 Noviembre 2014

Supongo que a nadie le quedará duda, después de escuchar a Rajoy (que ofrece diálogo a Mas; que ha dado por buenos los resultados inventados por la Generalidad; que ha confirmado las reuniones secretas de negociación y que no va a tomar ninguna medida política contra quienes se han saltado la Ley)... a nadie le quedará duda, digo, de que la consulta del domingo fue pactada entre PP, CIU y el PSOE.

Y repito el análisis que hice el lunes con respecto a los datos proporcionados por la Generalidad: "¿Por qué, pudiendo inventarse los resultados que les salieran de las narices, se los han inventado tan modestitos?". Pues porque lo que buscan PP, PSOE y CIU es hacer que los españoles acepten como inevitable una reforma confederal de la Constitución, pero sin dar alas a quienes reclaman una Declaración Unilateral de Independencia. Y los resultados (ficticios) que han anunciado son los necesarios para que Artur Mas saque pecho, pero bajándole los humos a los que sí son independentistas reales. De ese modo, el PSOE tiene margen para ofrecer reformas constitucionales, a las que luego el PP se sumaría con una simulada resignación.

Ese ha sido el objetivo desde siempre: por eso el Gobierno ha financiado con generosidad el proceso separatista, en vez de intervenir las cuentas de una Generalidad en quiebra; por eso ha renunciado a hacer uso del artículo 155 de la Constitución, previsto para cosas bastante menos graves que la que hemos vivido el domingo; por eso el Gobierno no ha impedido la celebración de la consulta, ni va a castigar a quienes han incumplido, para celebrarla, las resoluciones del Tribunal Constitucional.

Supongo que a nadie le quedará duda de que las querellas anunciadas por la Fiscalía contra Artur Mas no van a ser otra cosa que una simple farsa. Una farsa que, además, se usará para reforzar a Mas ante los votantes catalanes.

Golpe escénico
GABRIEL ALBIAC ABC 13 Noviembre 2014

Es el peor modo posible de naufragio: rendirse ante un golpe de Estado sin combatir siquiera para defender a los golpeados

POLÍTICA y escena son lo mismo: inducción de representaciones anímicas, cuya eficacia se mide por su capacidad para imprimir en el espectador identificación sentimental con lo representado. Ni política ni teatro se atienen a más verdad que la de su potencia para poner en el sujeto pasivo la convicción blindada de que en el buen desarrollo de la farsa está su dicha. Y es esa ausencia de realidad a la cual atenerse la que dota a ambos, teatro y política, de su fuerza; modelar afectivamente a los sujetos que pagan ambas artes: en taquilla los unos, en Hacienda todos. Decir de una función teatral o política que ha sido una farsa, es enunciar un pleonasmo. Si se pretende valorar la función, solo existe un criterio: el éxito emocional que ella haya generado.

¿Ha sido una farsa la consulta catalana del domingo? Claro que sí. Como todo acto político. No perdamos demasiado tiempo en enunciar lo obvio: un patriarca, ornamentado con los decorados y atributos del sentimentalismo nacionalista, ha puesto en marcha lo que solo puede llamarse un golpe de Estado: tan escénico como cualquier otro. ¿Ha violado las leyes? Por supuesto. ¿Ha incurrido en supuestos que debieran arrastrar su inhabilitación como prólogo de su procesamiento? Hasta un niño sabe eso. En tiempos más duros, la sedición era objeto de pena máxima. Por fortuna, hemos ido civilizándonos.

Solo que no ha habido reacción a eso. Y, sobre la escena, el patriarca ha podido exhibir ante su clientela un éxito: ha roto la unidad legal de España; nadie ha movido un dedo para impedírselo. Su victoria es completa.

Los derrotados aducirán ahora la inanidad real de lo sucedido. Pero lo real no cuenta. Claro que se ha acercado a las fingidas urnas menos de un treinta por ciento. Claro que los fieles no suman más de un veintitantos. Da lo mismo. La apoteosis que cierra la comedia se ha consumado: «¡Hemos hecho lo que nos dio la gana! ¡Hemos violado sensatez y leyes! ¡Hemos desencadenado una sedición! ¡Y nadie ha tenido narices de estorbarnos siquiera! ¡Un Estado que renuncia a la capacidad constrictiva no es un Estado! ¡Existimos nosotros, porque España no!».

Todo en política se desenvuelve y se resuelve en el relato. En los años que gestaron la tragedia europea de entreguerras, ese relato existió solo en las retóricas grandilocuentes de las cuales iban a nacer fascismos y estalinismo. Los totalitarismos saben esto que les es esencial para sobrevivir: que gana aquel que genera teatro ?y, a ser posible, ópera, que es aún más hortera? favorable: la tan wagneriana burguesía catalana debe haber aprendido muy bien eso. Lo aplica ahora. Lo aplicarán, en unos meses, los populistas bolivarianos en el resto de España. Herederos como son de esos totalitarismos de entreguerras. Que fueron la versión más operística de la farsa. Y la más exterminadora. El Núremberg de Leni Riefenstahl y el Bayreuth de Wagner son tan esenciales a la toma del poder por Hitler cuanto las SA y las SS. Ahora, se llaman televisores.

Lo saben los nacionalistas catalanes, a quienes pronto seguirán los vascos. ¿Lo sabe el Gobierno? Es dudoso. De saberlo no hubiera perdido esta batalla como la ha perdido. Sin darla. Sin hacer uso de los medios constrictivos con que la constitución ?toda constitución democrática? lo dota para defender al ciudadano. Que es su única razón de ser. Es el peor modo posible de naufragio: rendirse ante un golpe de Estado ?escénico, pero golpe? sin combatir siquiera para defender a los golpeados.

La tabarra
IGNACIO CAMACHO ABC 13 Noviembre 2014

Dos millones de españoles que no quieren serlo han atravesado su artificial problema en la vida de otros 44 millones

TODOS los días, desde primera hora de la mañana, este país atribulado recibe una densa tabarra mediática y política sobre un problema que ha creado una minoría de ciudadanos. La matraca catalana cansa sobremanera a gran parte de la opinión pública, harta de que la reclamación independentista se sobreponga a sus penosas cuitas de subsistencia en medio de una colosal crisis social, laboral y económica. Se trata de un hastío comprensible: el nacionalismo catalán se ha apoderado de la escena pública con el egoísmo desaprensivo de quien atraviesa una barricada en medio de una calle en hora punta. Y le impone su agenda conflictiva a España entera cuando más necesitada está de atenderse a sí misma.

Esta socialización forzosa del emperre soberanista se produce después de que la propia sociedad de Cataluña haya quedado sojuzgada por el designio de su régimen, un proyecto que ni siquiera cuenta, como se ha visto en el resultado del simulacro de referéndum, con un soporte mayoritario en el total del censo territorial. La secesión es un programa político artificial que sus promotores han sabido convertir primero en la prioridad social única en su propio ámbito y después en el eje del debate de la comunidad española, a la que amenazan con una fractura unilateral de su cohesión colectiva. Dos millones de españoles que no quieren serlo se han erigido en protagonistas esenciales de la vida de otros cuarenta y cuatro millones que sólo desean convivir en paz y prosperidad y salir pronto del marasmo que se lo impide. En este sentido estamos ante un plan de carácter autoritario, coactivo, que confundiendo sentimientos con derechos somete a toda la nación a la presión apremiante de su capricho.

Esa coacción es parte de la estrategia. Porque aunque los nacionalistas definan su aspiración como una cuestión de exclusiva índole catalana, estamos ante un problema español que sólo puede resolver España. Por eso intentan crear un clima de secesión psicológica por hartazgo que empuje a muchos ciudadanos a la tentación de ceder para desembarazarse del conflicto. Ésa ha sido siempre la finalidad de la pesadísima murga del soberanismo: vencer por cansancio, obtener privilegios a base de una cargante insistencia. El de la independencia no es ni siquiera el último que pretenden porque incluso en caso de separación continuarían aplicando su fastidiosa presión para salir beneficiados en el reparto de los bienes comunes, las estructuras de Estado y la deuda compartida.

Este irritado tedio nacional ante la latosa obstinación separatista es una reacción lógica pero perniciosa y favorece a la causa de la ruptura. Ni la España que conocemos y habitamos es posible sin Cataluña ni Cataluña resulta viable sin el proyecto común español. Faltan emociones, cariño y entendimiento, pero estamos condenados a la paciencia. Y lo último que cabe hacer es desistir por agotamiento.

Más allá
Jorge M. Reverte. El Pais 13 Noviembre 2014

Hace apenas dos meses sufrí una tremenda cornada de un animal llamado ictus. Me llevó a la frontera entre este mundo y el siguiente durante unos días que se me hicieron eternos. Pero no llegué a ver la luz cegadora que algunos atribuyen al más allá. Y alguien tan bondadoso como Julio Llamazares se encargó de guardarme un sitio a este lado de la frontera.

A la vuelta he encontrado una realidad muy poco cambiada. De la familia no voy a hablar, ni de mis amigos, ni siquiera de los maravillosos trabajadores de la sanidad española.

Abro el periódico y sigo viendo a Artur Mas copando los titulares con un discurso tan tremendista como el de septiembre. (¿Por qué los catalanes están condenados a tener de cuando en cuando un presidente mesiánico?). Mas saca pecho y pide que le sacrifiquen como hizo Companys hace 80 años. Pero le falla que nadie tiene ganas de detenerle. Para que haya un mártir se necesita un verdugo.

Cuando uno viene de asomarse al otro lado pierde algunos impulsos bondadosos. Ahora está de moda decirles a los catalanes que los demás les queremos. ¿Les queremos a todos? Yo prefiero decir que si alguien no me quiere, tampoco le quiero yo. La política no puede mezclarse con los sentimientos. Con los auténticos, y menos con los falsos. Yo no puedo querer a quien me dice que le robo ni a quien me acusa de genocida por ser castellano. Quiero a los catalanes igual que a los de Badajoz. Conformémonos, y no es poco, con respetar la ley que pactamos un día entre todos.

Yo no sé si en el otro lado se descansa en paz pero por lo menos que no me llamen hipócrita en este.

Viejunos
Andrés Trapiello. El Pais 13 Noviembre 2014

Se emplea esta palabra, viejunos, sacada del argot de los jóvenes, no porque la encuentre apropiada o bonita. Tampoco, claro, los adjetivos viejuno/a. En realidad resultan términos bastante irritantes por todo el desprecio que parece venir larvado en ellos. La experiencia nos dice, sin embargo, que las palabras de cualquier argot se quedan viejas pronto y se olvidan. Basta echar una ojeada, por ejemplo, al Diccionario cheli de Francisco Umbral. La mayor parte de las que aparecen en él, que circularon y se celebraron tanto por ingeniosas hace treinta años, nos resultan hoy ininteligibles, sin gracia y estúpidas, cochambrosas y llenas de abolladuras como los cascos y corazas que los extras de una película de romanos arrojan al cesto de mimbre al acabar el rodaje. Así que si se emplea hoy aquí la palabra viejuno, es por sentirse uno también como un casco de atrezzo con la cimera apolillada.

La víspera del 9-N acudí como protagonista al primero y último acto político público al que he asistido y asistiré probablemente en mi vida: la lectura en la plaza mayor de Cáceres de un manifiesto a favor de la libertad e igualdad de todos los españoles frente a quienes al día siguiente iban a atentar contra una y otra en Cataluña. Pues sabíamos todos o teníamos indicios de que ese atentado se perpetraría al margen de la ley y de los dictámenes del Tribunal Constitucional. Lo que ni sabía ni podía sospechar nadie era que el atentado se llevaría a cabo no sólo con impunidad sino con jactancia: “Aquí estoy yo para lo que quiera la Fiscalía”, retó provocador Mas el mismo 9-N. Su famoso órdago le estaba saliendo gratis, es un decir, porque probablemente nunca se sabrá cuánto le ha costado a los catalanes ese guateque al que finalmente no acudieron dos tercios. Además el Estado y la Historia parecían darle la razón: como había prometido, en Cataluña el 9-N se habían sacado las urnas a la calle, contra lo que había asegurado el presidente del Gobierno de España, tenían al Estado a sus pies y la Historia la estaban escribiendo ellos.

El manifiesto que iba a leer era breve y claro, sin énfasis, sin retórica. Creo sinceramente que ningún demócrata hubiera dejado de suscribirlo. Lo había redactado un hombre, Fernando Savater, a quien debe tanto en su lucha decidida contra el terror, los liberticidas y toda forma de matonismo un Estado de Derecho que puede permitirse el lujo de tirarlo también a un cesto de mimbre, por viejuno.

Solo trece personas —dos, periodistas— asistieron en Cáceres a la lectura de un manifiesto sobre el 9-N

No digo que viajásemos mi mujer y yo a Cáceres pensando que acudiría una multitud a oír el manifiesto, pero no esperábamos aquello, que tenía algo de chaplinesco: los únicos que habían acudido al llamamiento eran dos muchachos de la Televisión de Extremadura, enviados por sus jefes. Era difícil no tener la sensación de haber estafado a la prensa prometiéndoles un hecho, y por tanto, una noticia, que no iba a producirse, y les dije que entendería que se marcharan, y acto seguido subí dos o tres escalones de esa plaza, para que se me viera desde Portugal, donde acaso le hicieran a uno un poco más de caso, y pedí a mi mujer que se pusiera delante, resuelto a leerle el manifiesto a ella sola. En ese momento se acercaron tímidamente tres personas, luego una más, luego otras dos. Se quedaron aquí y allá, en la explanada vacía de los Foros de los Balbos, sueltas, donde caían, como cuentas de un collar roto. Contando a los reporteros, que tuvieron a bien hacernos la caridad de quedarse, fuimos trece. Al terminar, di la mano y las gracias a los congregados, uno por uno, antes de dispersarnos en silencio, abismado cada cual en estoicas misantropías. Ni siquiera la presencia de los reporteros ni la de otro joven consiguió rebajar la media de edad de los allí reunidos, todos viejunos.

Lo extraño es que en ese mismo momento y en la misma ciudad, a unos cientos de metros, estaba reunido el Partido Popular en pleno, el extremeño y el nacional, con la mayor parte del Gobierno de España y su presidente a la cabeza. Parece que habían montado aquello para hablar de la corrupción, pero la realidad les había jugado otra mala pasada: un par de días antes había estallado el “escándalo de los viajes” del presidente regional extremeño, cuyo desarrollo esperpéntico deja a Valle-Inclán en el Padre Coloma. Al no dedicarse uno a la agitprop pensé, ingenuo, que en algún momento de nuestro acto cívico aparecería alguien del PP excusando su presencia. A mí, personalmente, me habría dado lo mismo, pero tampoco sucedió. No vino nadie tampoco del PSOE ni de ningún otro partido político o entidad cultural, universitaria, profesional que quisiera sumarse a trece ciudadanos que pedían, a quienes se suponía tenían en su mano hacerlo, que se cumpliese la Constitución…

Nadie del PP, del PSOE, de ningún grupo, se quiso sumar a los que pedían cumplir la Constitución

De hecho, a esa misma hora también, no muy lejos de Extremadura, en Sevilla, Pedro Sánchez, líder de los socialistas, hablaba de ella. En realidad, de su reforma. Viene haciéndolo desde hace meses como un mantra, para “encajar” a unos secesionistas que a estas alturas ya están desencajados y no sienten el menor interés ni respeto por ella ni por el Estado federal. Como Sánchez sabe que ni la Constitución ni la ley ni el Estado federal solucionarán el problema de los independentistas, y menos aún una reforma de la Constitución, como queremos tantos, que acabe de una vez por todas con los privilegios, foros, cupos y ventajas fiscales o electorales que han favorecido las desigualdades y la insolidaridad entre regiones, como no cree, decía, que nada de eso ayude mucho a “hacer política”, otro mantra, Sánchez recurrió al catalán macarrónico, de película de romanos, para gritar una declaración patética de amor: “Cataluña, te queremos; catalanes, os queremos”. Estuvo a la altura de aquel famoso cup of coffee de la alcaldesa Botella. “Yo no amo al pueblo judío ni a ningún otro pueblo; yo sólo amo a mis amigos”, dijo Hannah Arendt, y desde luego no resulta fácil tener por amigos a quienes tratan de privarte de tu ciudadanía y de tus derechos de ciudadano (y de paso, si pudieran, de un 20% del PIB que es de todos), desprecian las leyes que te obligan a cumplir y se quieren separar precisamente porque se sienten mejores y superiores a ti, creyéndote parte de una nación viejuna como España, sin el futuro de su futuro país, aunque el suyo sea nonato aún y no sepa nadie si dará en criatura sana y rolliza o en aborto.

Después de ver lo que sucedió en Cataluña el 9-N, donde el independentismo logró en doce horas lo que no logró el terrorismo de ETA en treinta años, liquidar el Estado, las opiniones de Jiménez Villarejo o Francesc de Carreras, publicadas en este periódico, y las de tantos más, no se pueden ventilar tachándolas de “conservadoras”, “fachas” o “inmovilistas”. Claro que echa uno cuentas, y ha de concluir que por inteligentes que sean, se trata siempre de viejunos. Albert Rivera podría rebajar también la media de edad, o UPyD subir la media moral y política del país tras denunciar ante la Justicia a Mas por prevaricación en el mismo momento en que la cometía, pero son a todas luces insuficientes. ¿Los justicieros de Podemos? Estos ni están ni se les espera: “perfil bajo” tituló este periódico en relación a su postura en el 9-N, sabiendo que los podemistas, tan jóvenes y gimnásticos, quieren acabar a un tiempo, también por viejunos, con un Régimen y una Constitución que tienen, sin embargo, la misma edad que la mayoría de sus dirigentes: treinta y cinco años.

En fin. Lo que empezó para uno la víspera de manera tan desangelada, terminó igual el 9-N: el presidente del Gobierno, se nos dijo en la tele, seguía desde Moncloa atentamente el transcurso de la jornada en Cataluña. Era fácil imaginársele la tarde de ese domingo viendo los telediarios con un transistor pegado a la oreja, oyendo Carrusel deportivo. Se sintió uno uno de aquellos viejunos apátridas de Baroja, que van sin afeitar y con su lema a rastras, repitiéndose sarcásticos “nunca pasa nada, y cuando pasa, no importa”: de todos los españoles, Rajoy era tal vez el único que ese día estaba más pendiente de la quiniela que de los resultados inanes del ensayo general de referéndum.

Andrés Trapiello es escritor.

Cataluña
Dos de cada tres y a uno de la independencia
Pablo Planas Libertad Digital 13 Noviembre 2014

Uno de los mensajes recurrentes del presidente del Gobierno en su comparecencia para valorar el 9-N ha sido el de que "dos de cada tres ciudadanos han dado la espalda a Artur Mas". Al margen de la disquisición ontológica de si lo del domingo fue trucha o trucho, Rajoy cree que hay más catalanes que independentistas (sic) y que la "prudencia" y la "proporcionalidad" con las que se ha conducido el Gobierno han evitado males mayores, tal que proyectar internacionalmente la imagen de que en España se cumple la ley. Como no es el caso, Rajoy habría preferido no incurrir en un precedente cuyas consecuencias posteriores podrían ser devastadoras en órdenes como el de la corrupción.

El presidente del Gobierno se ha mostrado orientado y consciente en todo momento de los graves perjuicios que la inestabilidad territorial causa en la economía, el empleo, las inversiones, la sostenibilidad de la deuda, la fiabilidad institucional y la credibilidad judicial, pero peca de optimismo. Si después de años de adoctrinamiento nacionalista y de gastar cientos de millones de euros de todos los españoles Mas sólo ha conseguido que votaran uno de cada tres electores es que en Cataluña no pasa nada, sostiene el líder del PP. No preocuparse, dice Rajoy; no precipitarse, matiza Torres-Dulce.

La falta de censo y de garantías democráticas serían a juicio del inquilino de La Moncloa las razones de la gran victoria del PP en Cataluña, del hecho de que dos de cada tres no fueran a votar. No es que Rajoy les haga mucho caso a las cifras aportadas por la Generalidad, salvo para decir que hasta con sus propias cifras dos de cada tres pasan de Mas. Parece que Rajoy no saliese de su asombro ante la impericia separatista pese a tantas facilidades.

En lo de Arriola ha estado soberbio el presidente, y es casi seguro que el argumento del dos de cada tres proceda de tan significada fuente de autoridad demoscópica. Pasa que si uno de cada tres ciudadanos va a votar mayormente por la independencia de Cataluña, estamos a sólo un ciudadano o a un ciudadano solo de meternos en un marrón de proporciones colosales, con o sin garantías democráticas, pero siempre sin hacer nada. Claro que eso casi es lo de menos en comparación con el detalle de que Rajoy ha organizado una rueda de prensa con preguntas (que es como una novillada con picadores) para referirse en dos de cada tres respuestas a un referéndum "que no se ha celebrado" como si en realidad se hubiera celebrado.

Cataluña
Rajoy ha convertido el 9-N en un éxito
po Jordá Libertad Digital 13 Noviembre 2014

Lo admito: me equivoqué. Escribí hace unas semanas en estas mismas páginas sobre el pseudoreferéndum que planeaba Mas y que finalmente se desarrolló este pasado domingo. Me parecía entonces que la cosa era más bien chusca y digna de ser tomada a risa y, aunque cada vez uno es más partidario de reírse, visto que sólo nos queda la risa o el llanto, no estaba en lo cierto.

He cambiado de opinión porque el domingo me di cuenta de algo que ya sabía que estaba ahí, pero que había olvidado: la importancia que en la política, y especialmente en la política nacionalista, tiene lo simbólico.

Sí, la votación –o el show, si lo prefieren– que ha montado Mas no tiene ninguna validez jurídica, no tendrá ninguna consecuencia legal en el sentido que buscan los separatistas, pero sí ha tenido un impacto tremendo.

Por otro lado, por muy ridículo que pareciese el empeño de Mas y su referéndum sin censo ni organización ni nada, lo cierto es que Mariano Rajoy le ha dado un inmenso valor: ha permitido que el propio Mas, Junqueras y toda la sociedad catalana comprueben que es posible saltarse la ley y que no va a pasar nada, que pueden echar un pulso al estado y ganarlo, que tienen, en definitiva, carta blanca para hacer lo que les venga en gana y que los atropellos que cometan les serán rentables políticamente y no tendrán consecuencias legales.

Habría sido discutible, desde luego, pero Rajoy podría haber dejado pasar el nou nou sin presentar un recurso al Constitucional, seguir la teoría de que la farsa no merecía ninguna atención y dejar pasar el fatídico domingo. Pero lo que no puedes hacer es pedir que te declaren que algo es un delito y, después, permitir que el delito se cometa tranquilamente.

Rajoy, la mayor parte de los analistas de Madrit y yo mismo hace unas semanas hemos minusvalorado la importancia que un acto como el del domingo tiene en el imaginario político nacionalista, que es básicamente sentimental. La lógica legal e incluso las cifras pasan a un segundo o un tercer plano respecto a la sensación de triunfo, ante el éxito por haber logrado aquello a lo que el centralismo opresor se oponía.

Yo también pensé que el 9-N sería una castaña, pero Rajoy se ha encargado de convertirlo en un éxito rotundo. Ha sido como si un portero dejase pasar el balón porque la falta se la había inventado el árbitro: gol por toda la escuadra… y el nacionalismo ganando por goleada.

¿La voz de un pueblo?
Andrea Levy www.cronicaglobal.com 13 Noviembre 2014

El 9N, 7 de cada 10 catalanes se quedaron en su casa. Con este desinterés por algo que ha marcado la agenda política catalana de los últimos 2 años, diría que “la veu d’ un poble” a la que apelaba la militancia independentista se ha quedado un poco afónica.

Cerca de 1.900.000 catalanes son partidarios de la separación con España y están dispuestos a organizarse, movilizarse y hacer lo que haga falta para que su voz sea escuchada. Es mucha gente. Es una cifra que ya conocíamos. Pero resulta que “el pueblo” que no participa de esta manifestación es por el momento más numeroso a pesar de sus balcones silenciosos. 7 de cada 10 catalanes, muy respetablemente, ejercieron su derecho al pasotismo. No sabemos si son independentistas o todo lo contrario. Simplemente que no les apeteció contestar a la pregunta formulada que ha sido objeto de tertulias, publirreportajes, jornadas históricas, porcelanas a punto de romperse y un tam-tam del que era imposible abstraerse.

1.900.000 catalanes independentistas fueron el 9N a expresar su opinión. Se inscribieron, votaron y al día siguiente están contados: 1.900.000 Sí-Sí. Son muchos, indiscutiblemente, pero no es un resultado mayoritario que exprese un sentir generalizado, en especial si observamos el recuento en el cinturón industrial del país y en Barcelona.

El 9N salieron a la calle los de la cadena, los de la V, los de las caceroladas pero también aquellos que sin necesidad de manifestarse previamente quisieron expresar su opinión. Se trataba de esto, a tenor de lo que informaba constantemente la propaganda institucional. Estaban convocados (sic) y salieron todos lo que quisieron hacerlo. Las imágenes que recorren la red estos días de gente de todas las edades inmortalizando el momento de su votación son un germen simbólico en la conciencia colectiva independentista.

Sin embargo alguno pretendía que el 9N fuera algo más. Lo esperaban de un lado y del otro del debate sentimental. La imagen que esperaban de esa jornada era la de la Policía impidiendo el paso o retirando las urnas. Afortunadamente no ha existido ningún hecho violento sino que la jornada ha transcurrido dentro de la normalidad, propia de nuestra democracia. En nuestro Tiananmén ni hay hombre con bolsas ni hay tanques.

Era evidente que la desactivación del 9N hecho por las fuerzas del orden público no hubiera provocado una contención de la presión independentista sino que nos hubiera situado en otro escenario de victimismo que seguramente se hubiera trasladado a la comunidad internacional. Una imagen que en nada hubiera beneficiado al Gobierno de España. Y un Gobierno no está llamado a ser un pirómano sino a actuar con prudencia. La palabrería se queda en la oposición y en el populismo. Algunos podrán presentar querellas sabiendo que no tienen base legal para prosperar únicamente para hacerse la foto. En cambio un Gobierno no puede actuar con oportunismo electoralista sino con responsabilidad y sensatez. Pero además no debemos olvidar que un Estado es mucho más que su Gobierno y tiene sus propios procedimientos legales y judiciales y a la vez sus propios tiempos. Un Estado no necesita un plató de televisión para cubrir su vanidad. Tiene la templanza para esperar el momento adecuado. No en vano es un Estado.

Hoy la imagen que podemos retener es la de Oriol Junqueras contando papeletas en una mesa. El objetivo principal de la militancia independentista se ha conseguido: votar y expresar su opinión. En este sentido la tensión social se descomprime, y dependerá de los planes de la Generalidad el seguir alimentando la tensión independentista. Esperemos que recuerde la veu del poble: 7 de cada 10.

SEGÚN FORBES ISRAEL
Hamás, el segundo grupo terrorista más rico
Efe www.gaceta.es 13 Noviembre 2014

La lista de los grupos terroristas más acaudalados, realizada por Forbes Israel, está encabezada por el Estado Islámico.

El movimiento islamista Hamás es uno de los grupos terroristas más ricos del mundo, sólo por detrás del Estado Islámico (EI), según un listado publicado hoy por la revista Forbes Israel.

El medio apunta que la organización terrorista más acaudalada en la actualidad, y de la historia en general, es el EI, que dispone de un volumen de dos mil millones de dólares al año.

Hamás se coloca en segundo lugar con unos ingresos de mil millones de dólares anuales, según el medio. EEUU, la Unión Europea (UE) e Israel, consideran a Hamás una organización terrorista.

Engrosan el resto de la lista las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con 600 millones; el grupo chií libanés Hizbulá, con 500 millones; los Talibán con 400 millones y Al Qaeda y sus afiliados con 150 millones.

Les suceden en el ránking Lashkar e-Taiba con base en Pakistán, con 100 millones; la somalí Al Shabab, con la misma cantidad; el IRA auténtico con 50 millones de dólares y cierra el grupo de los diez primeros Boko Haram, con 25 millones anuales.

Según la publicación, estos grupos financian sus operaciones con métodos similares a aquellos empleados por organizaciones criminales, tales como el tráfico de drogas, robos y extorsión, pero también logran dinero a través de la caridad, donaciones y en algunos casos, agencias gubernamentales.

Una organización terrorista, precisa, como cualquier otra, tiene un modelo de negocio y financiación de sus actividades: desde su mantenimiento, salarios y entrenamiento, a la adquisición de armas, munición o vehículos.

El Tesoro estadounidense calcula que el EI gana 1millón de dólares al día por la venta de crudo procedente de los campos petrolíferos en su poder capturados en Siria e Irak.

Según Forbes Israel, no obstante, la cifra llegaría a los 3 millones de dólares al día y el dinero que obtiene este grupo le permite expandir sus operaciones en Oriente Medio, reclutar combatiente extranjeros a los que entrena, entre otros objetivos.

Asimismo, el informe describe la toma de Hamás de la Franja de Gaza en 2007 como el punto en el que entró en la "gran liga". Y explica que en la actualidad el movimiento islamista no sólo depende de las donaciones, sino que ha sido capaz de recaudar impuestos tanto de civiles como de empresarios.

Concluye que Hamás también se hace con parte de las ayudas internacionales destinadas a Gaza por el mundo árabe y otros actores de la comunidad de naciones.

Federalismo ¿El único comodín de Pedro Sánchez?
El primero de estos partidos intrusos es el dirigido, de forma estaliniana, por el señor Pablo Iglesias, con la muy estimable ayuda y colaboración de la cadena Cuatro
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 13 Noviembre 2014

Los políticos son verdaderos expertos en crear confusión en las masas. Partiendo de la base de que, una parte sustancial de la ciudadanía, prefiere no pensar ni complicarse la vida demasiado y es propicia a dejar que sean otros los que les den las ideas masticadas, mientras ellos se dedican a sus propios asuntos; es evidente que en España la profesión de político, en muchas ocasiones, se puede confundir con la de engañabobos, embaucadores, petardistas o engañanecios. Claro que, en determinados momentos de la vida de un país, sus habitantes suelen ser más propicios a comulgar con ruedas de molino, cuando aquellos, en los que confiaron el cuidado de sus intereses, no son capaces de cumplir con su obligación, cometen errores garrafales y no son competentes para dar una explicación plausible sobre el nefasto resultado de su gestión pública. En España, hoy en día, nos encontramos ante uno de los casos paradigmáticos en los que, el mal hacer de los dos partidos, hasta ahora mayoritarios, ha generado tal grado de insatisfacción, desconcierto, desconfianza y desagrado en la ciudadanía, que parece que están dispuestos a cambiar el sentido de su voto, si es que no optan por dejar de votar.

Sabedores de que el estado de ánimo de los españoles, su desprecio por quienes les han venido representando y, hundida la confianza en ellos debido a la plaga de corrupción que parece que ha afectado, de forma intensiva, a los cargos públicos de la nación; se ha producido lo que se podría denominar como el nacimiento de una “picaresca política” dispuesta a beneficiarse del desprestigio de los partidos que, tradicionalmente, desde la llegada de la democracia, se han disputado, en alternancia, el poder; han decidido sacar provecho de la situación y, valiéndose uno de su virginidad en la política y el otro de un truco que, el dirigente del PSOE, el señor Pedro Sánchez, ha pensado que le puede permitir salir del ostracismo en el que su partido estaba sumido, desde su gran fracaso electoral del 20N del 2.011; están intentando conseguir hacerse con España.

El primero de estos partidos intrusos es el dirigido, de forma estaliniana, por el señor Pablo Iglesias, con la muy estimable ayuda y colaboración de la cadena Cuatro y de su presentador Jesús A. Cintora, que ha sido quien lo ha lanzado a la fama, concediéndole un tiempo en la pantalla y un protagonismo mediático (naturalmente de extrema izquierda); que nunca hubiera conseguido sin su apoyo. Podemos ha sido un fenómeno sociológico que suponemos que, los expertos en sociología, estudiarán en el futuro en los libros de texto, como el más fulminante, mediático y exitoso medio de hacerse con el mayor número de adeptos en el menor tiempo. Lo que, hace apenas unos meses, empezó a despuntar tímidamente en el horizonte político hoy, si tenemos que hacer caso a la encuestas, ha conseguido situarse, por el momento, en el primer lugar, por encima de los partidos tradicionales, en intención de voto de los españoles. Alguna culpa tendrán los crasos errores del PP y el PSOE en sus actuaciones. Incluso el partido de Cayo Lara, IU, ha sufrido el efecto de la atracción y fagocitación, por parte de Podemos, en sus propias filas de adeptos; que han sufrido, en beneficio de éste, un importante bajón en su número de afiliados.

Pero, en esta ocasión, vamos a referirnos al caso del nuevo secretario general del PSOE, el señor Pedro Sánchez. Hay que reconocer que el partido que recibió de manos de Pérez Rubalcaba estaba hecho unos zorros, con importantes divisiones internas, con los antiguos barones en pie de guerra y con el problema de los ERE’s andaluces en plena erupción. Fuera como fuere, el señor Sánchez se encontró sin espacio político ya que IU se había hecho con una gran parte de sus disidentes y el PP, por otro lado, se había apoderado de la parte menos izquierdista y más de centro de la formación socialista.

En realidad, para el nuevo Secretario General del PSOE, lo que le ha ayudado a adquirir una cierta notoriedad ( sus propuestas económicas, de aumento del gasto público, de incrementar los créditos y de bajar la Deuda Pública; muy similares a las de Podemos, forman parte del imaginario comunista, sin base real alguna en la que sustentarse ni la más remota posibilidad de ser aceptadas por la UE, los EE.UU o cualquiera otra nación del mundo globalizado) ha sido, no una idea novedosa que él haya aportado, sino una de las ocurrencias del anterior presidente del PSC, el señor Pere Navarro, al que se le ocurrió una tercera vía, cuando propuso, para evitar decantarse por el separatismo catalán o el unionismo del Estado, un sistema intermedio que consistía en un proyecto de una España federal, con el que pretendía contentar a unos y otros. No fue así, pero al señor Sánchez le ha servido de banderín de enganche para atacar al PP, al que califica de “inmovilista” y al señor Mas, al que acusa de ir en contra de la Constitución con su proyecto separatista.

En realidad la Constitución española no contempla la fórmula federalista y para implantarla se debería modificar. Lo que ocurre es que, el sistema que tenemos en España, de descentralización autonómica poco se diferencia del sistema federal a, menos el que ha sido utilizado por los EE.UU de América, Alemania, Suiza, Bélgica, Argentina etc. conocido como Federalismo clásico. En realidad este tipo de federalismo tiene lugar cuando se produce la unión de varias entidades políticas que se asocian por intereses comunes. En este caso, cada entidad delega ciertas actividades al gobierno central (de la periferia al centro) de modo que la soberanía de cada una de ellas se mantiene. De hecho, nuestro sistema autonómico ha seguido un camino inverso donde desde el Estado central se han ido delegando funciones que han sido cedidas a los distintos territorios que forman el Estado, manteniéndose una serie de funciones básicas que afectan a todos los españoles, que quedan en poder del Estado y que garantizan, entre otras cosas, la unidad de la nación.

Es por ello que, el señor Rajoy, en la rueda de prensa de esta mañana, les ha pedido a los socialistas, como defensores de la modificación constitucional para implantar el federalismo que, antes, expliquen cuáles son las variaciones que quieren incluir en el sistema que alteren aquellas cesiones de poder de las que gozan en la actualidad las autonomías españolas que, en lo esencial, se caracterizan por ser mucho más amplias y generosas de las que gozan, por ejemplo, los länders alemanes o ya no hablemos del mismo sistema venezolano, aquel que tanto le gusta al señor Pablo Iglesias, de Podemos. Es posible que todo el entramado en el que se sostiene la actual política del señor Sánchez se desplomara, como un castillo de naipes, si nos dijera en qué consiste, en realidad, su proyecto de implantar un sistema federal en España y las ventajas, en cuanto a libertades y relación con el Estado central, que proporcionaría a los españoles y muy especialmente, qué encaje tendría para que beneficiara la solución del problema catalán. Partiendo de la base de que, los separatistas catalanes, ya se han manifestado, por activa y por pasiva, en el sentido de no estar de acuerdo en formar parte del supuesto estado federal español.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos intranquilos, como el PSOE se desmarca del Gobierno español cuando intenta defender la unidad del país, para situarse en la indefinición de un cambio absurdo y completamente ineficaz para la solución del conflicto catalán. Incordiar, nada más, por supuesto.

Dolores Agenjo se negó a abrir su Instituto el 9N. 'Sólo pido que España no abandone a los catalanes'
Eduardo García Serrano www.gaceta.es 13 Noviembre 2014

La directora, que se negó a entregar las llaves del Instituto que dirige en Barcelona durante la jornada del 9N, asegura que a los catalanes que se sienten y quieren ser españoles no les representa nadie.

Dolores Agenjo es de Barcelona, como Agustina de Aragón. De casta le viene el valor que demostró al negarse el 9N a entregar las llaves del Instituto que dirige en L`Hospitalet de Llobregat para que, en su ámbito profesional de responsabilidad, no se vulneraran las leyes de España, que lo son también de Cataluña, celebrándose una consulta independentista ilegal. Gaceta.es se ha puesto en contacto con Dolores Agenjo quien, antes de detallar los pormenores de su negativa a poner el Instituto que dirige a disposición de la comisión de un flagrante delito, nos pide que desde el Grupo Intereconomía difundamos el mensaje de que " en el resto de España hay, gracias a la asfixiante y hegemónica propaganda nacionalista, una imagen distorsionada de Cataluña. No es verdad que en Cataluña no se ame a España. Hay más de cuatro millones de catalanes que nos hemos negado a votar. Sólo quiero pedir que los españoles no nos abandonen, porque desde hace muchos años los catalanes que nos sentimos y queremos ser españoles estamos en la más absoluta orfandad. No nos representa ni nos ampara nadie, ni el Gobierno de España ni la Generalitat. Estamos huérfanos, pero Cataluña no está perdida. Sólo se perderá si los catalanes que queremos seguir siendo españoles somos definitiva e irremediablemente abandonados y borrados del mapa sociológico catalán, tal y como han hecho con la idea de España llevando a muchos catalanes a identificar españolidad con fascismo; lo cual es una absoluta atrocidad. Nos hace falta un liderazgo que no tenemos y que sólo puede surgir de un gran movimiento civil asociacionista que defienda en todos los foros la unión con Epaña".

Dolores Agenjo relata para Gaceta.es el proceso político administratívo al que se tuvo que enfrentar para que nadie pudiera acusarla de contravenir al Tribunal Constitucional: "Cuando mi superior jerárquica, la directora de Servicios Territoriales de la Consejería de Educación, me pidió verbalmente que le entregase las llaves del Instituto le dije que me diera la orden por escrito y por el conducto reglamentario. Ella se negó y me ofreció darme un recibo acusando la entrega de las llaves. Por supuesto no acepté para que nadie pudiera acusarme de desobeder al TC. Esto es lo que hicieron con todos los directores de Instituto que sí entregaron las llaves para que se celebrase la consulta ilegal del 9N. Sólo les entregaron un recibo, a ninguno de ellos una orden reglamentaria por escrito".

Respecto de las presiones a las que Dolores Agenjo se ha visto sometida manifiesta en Gaceta.es "que la mayor presión la ejercieron sobre ella antes del 9N. Después, oficialmente no la ha habido. Aunque al día siguiente fui muy duramente atacada en las redes sociales, lo que no se han contado es que fueron mucho más numerosos los mensajes de solidaridad, apoyo y aplauso que he recibido. Para mí los más emocionantes han sido lo que me han enviado mis ex alumnos porque es la prueba evidente de que los he educado bien. Y eso para un profesor es la máxima condecoración". Cuando a Dolores Agenjo le encareces el valor que ha demostrado responde con la humildad y la modestia que caracteriza a los auténticos valientes: "yo no he hecho nada más que cumplir con mi deber, que es lo que todos debemos hacer". ¡ Ahí es nada ! Finalmente, Dolores Agenjo comenta a Gaceta.es que "desde el Gobierno de España la han felicitado la Delegada de la Alta Inspección del Ministerio de Educación y la Delegada del Gobierno en Cataluña". Nada más.

Presenta su película en esRadio
Arteta: "Estamos pagando aún" por los crímenes de ETA de 1980
El director bilbaíno ha presentado en Es la Mañana de Federico su última película ,1980, sobre los años de plomo del terrorismo de ETA.
EsRadio  13 Noviembre 2014

El director de cine Iñaki Arteta (Bilbao, 1950) ha estado este jueves en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio, para presentar su última película 1980, sobre los años de plomo del terrorismo de ETA. Su título ha sido elegido precisamente por tratarse del año más convulso y sangriento de la banda.

No es la primera vez que Arteta aborda esta temática -Voces sin libertad (2004); El infierno vasco (2008)-, aunque ahora pone el foco en las víctimas. "Esta película deriva de nuestro interés de observar la realidad de las víctimas y dar información sobre ellas, sobre cómo la sociedad las ha tratado, cómo se ha enfrentado el terrorismo desde el País Vasco, de forma distinta al resto del país", dice Arteta.

"Es otra indagación, es mirar de otra manera el problema. 1980 es un año icónico, por las victimas, por la provocación al Ejército, era un panorama muy complejo", añade.

Arteta ha repasado la hemeroteca para retratar la sociedad de ese año. "Nos fijamos en la prensa, en la Iglesia, en cómo era la sociedad. Hay que repasar la hemeroteca para ver cómo se trataban a los terroristas y a las victimas. Sobre los terroristas no se daba mucha información, mientras que de las victimas se daba el número, la calle, el color de ojos, detalles que vulneraban su intimidad. Dos días después, no se hablaba más de esa persona", explica el director.

"Se vendió que ETA había luchado contra el franquismo y hay quien no se ha bajado de eso aún. Hay nacionalistas que se amparan en eso. Por la democracia, dicen a veces. No es así, evidentemente", relata.

"Parálisis de democracia"
"Yo pasaba los veranos en el País Vasco", recuerda Arteta. "Las fiestas de los pueblos, la música, la forma de divertirse, era todo anárquico. La juventud seguíamos lo que hacían los demás. El entorno estaba impregnado de nacionalismo y se decía que Franco solo había querido machacar a los vascos. Es paso hacia la libertad era vestir el país de nacionalismo, con ikurriña. El que se salía de ahí, corría peligro de morir. Había un riesgo muy interiorizado de no destacar".

Han pasado más de 30 años, pero las consecuencias siguen vigentes, recalca el director de cine. "Estamos pagando todo eso. La enfermedad nacionalista no solo ha generado división y enfrentamiento, sino una parálisis de la democracia, de atasco, de pérdida de energía. La debilidad del Gobierno viene de entonces: no se sabe si negociar o no, si sacarlos de la cárcel. Es un estilo que los ciudadanos percibimos con cierta confusión".
Iglesia

Mención especial merece la postura adoptada por la Iglesia, que según Arteta, "rozó lo increíble". "Hemos sacado por primera vez a un nacionalista, a monseñor Setién y hay quien dice '¿Cómo puede ser que la iglesia tuviera esa postura?' No lo sé, no sé cómo pudo haber tanta falta de piedad con las víctimas", concluye.

El documental 1980 se estrenará en varias ciudades españolas. En Madrid, en las cines Princesa, y en Barcelona, en cines Boliche.

islamwatch.eu
La proliferación de las “zonas prohibidas” en Suecia: una pesadilla para la policía
SANTIAGO FONTENLA Minuto Digital 13 Noviembre 2014

La Policía sueca acaba de establecer un informe detallado en el que se da a conocer 55 zonas geográficas denominadas “No Go Zones” (podemos traducir por “Zonas Prohibidas”) en todo el país, que están controladas por distintas bandas criminales musulmanas.

Las fuerzas del orden deben enfrentarse a múltiples ataques cuando deben entrar en esas zonas, lo que demuestra que se acaba de subir un peldaño más en la inseguridad en relación a lo que ya padecían hasta ahora los carteros, los bomberos, las ambulancias y los servicios similares. Los camiones de bomberos y las ambulancias ya debían hacerse escolar por la Policía para poder entrar en esas zonas de riesgo. Ahora es la propia Policía la que necesita protección.

Esas “Zonas Prohibidas” coinciden con el mapa vigente de los 186 “Espacios de Exclusión” mayoritariamente guetos de predominio musulmán, poblados por personas de baja educación, gentes sin empleo cuyo único “negocio” próspero es el tráfico de drogas.

El pasado mes de mayo, un coche policial con dos agentes a bordo, perseguían a un sospechoso y se metío en la “Zona Prohibida” de la ciudad de Landskrona. El vehículo fue destruido y los dos agentes tuvieron que enfrentarse a una muchedumbre hostil que pretendía lincharlos.

Los dos policías pidieron ayuda por radio, peros sus superiores no quisieron mandar refuerzos por temor a desbordes de tipo guerilla urbana como los que tuvieron lugar durante los disturbios de Estocolomo del año 2013. Los policías lograron salir indemnes de la trampa en la que se habían metido gracias al hecho de que uno de ellos conocía a varias personas de ese barrio presentes en ese momento en el lugar y que se interpusieron entre la muchedumbre y los agentes, negociando su salida del barrio.

En respuesta a la conflictividad de esos barrios completamente al margen de la ley, la Policía sueca ha desarrollado un enfoque basado en “el diálogo y la compresión multicultural”.

¿Por qué escribir “Alfonso VIII. Historia de una voluntad”?
Augusto Bruyel Pérez www.latribunadelpaisvasco.com 13 Noviembre 2014

Augusto Bruyel, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y licenciado en Psicología y en Filología Hispánica, ha sido durante más de una década asesor de la Consejería de Educación de Galicia. Catedrático, orientador y director de instituto, Bruyel presenta ahora, con prólogo del académico Miguel Romero Saiz, la versión electrónica de su libro “Alfonso VIII. Historia de una voluntad”. En este artículo, el autor narra las claves de su trabajo, que se ha publicado coincidiendo con el reciente octavo centenario de la muerte de Alfonso VIII.

Por razones geográfico-familiares, llevaba tiempo documentándome sobre la vida de Alfonso VIII de Castilla. Resulta que mi mujer es de la provincia de Cuenca, y ese rey fue quien reconquistó para los cristianos una ciudad que era prácticamente inexpugnable; además, la esposa del monarca, Leonor Plantagenet, trajo como dote al matrimonio el Ducado de Gascogne (Francia), y el pueblo en que nació mi mujer es Gascueña, traducción castellana de Gascogne, fundado por gascones; en fin, la primera campaña en que participó Alfonso VIII dirigiendo al ejército castellano (con tan sólo 16 años) fue para liberar Huete del asedio almohade, y Huete es el partido judicial al que pertenece Gascueña y el sitio adonde acuden los gascueñeros para tratar asuntos más importantes, ya que es donde están las oficinas agrarias, el puesto de correos, la notaría, el registro de la propiedad…

Podríamos seguir enumerando alguna coincidencia interesante más, como que la castellana Uclés, tan cercana a Huete, fue donada por Alfonso VIII a la leonesa Orden militar de Santiago para que fuese su sede conventual. Esto significaba un nuevo punto de interés para alguien que, como un servidor, vive en Santiago de Compostela.

Por otra parte, Alfonso VIII fue el impulsor de la campaña contra los poderosos almohades, que culminó en la considerada por muchos como la victoria definitiva frente a los musulmanes: las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212). Era la primera vez que acudían a pelear juntos tres reyes cristianos: el de Castilla (Alfonso VIII), el de Aragón (Pedro II) y el de Navarra (Sancho VII el Fuerte). El de León no fue, pero envió a su hermano y permitió que acudiesen cuantos caballeros lo desearan; esto mismo lo permitió también el rey de Portugal. Al ser proclamada Cruzada por el papa, acudirían también gentes de fuera de España, los ultramontanos, aunque al enfrentamiento asistieron en número mucho menor, ya que tres semanas antes habían abandonado casi todos.

Como este año de 2014 se cumple el VIII centenario, tanto de la muerte de Alfonso VIII como la de su esposa, Leonor de Plantagenet (tres semanas más tarde, en el mismo mes de octubre), es por lo que estamos presentando el libro Alfonso VIII. Historia de una voluntad, ahora como libro electrónico.

En él no se habla sólo de la victoriosa batalla de las Navas de Tolosa, sino que, entre otras cosas, procura encuadrarla en su contexto e intenta dar a conocer de una manera amena la vida singular de un monarca que, injustamente, no parece haber trascendido tanto en el acervo cultural de los españoles.

Trata, además, de extraer todo lo positivo que se pueda —que no es poco— de ese conocimiento.

Pero, ¿qué narra el libro?

Dos años después de la, para muchos, decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en el otoño de 1214 el rey Alfonso VIII emprende el que iba a ser su último viaje: sale de Burgos con dirección a Plasencia (Cáceres), para entrevistarse con el rey de Portugal, su yerno. Durante el camino, presintiendo ya el final de su vida, le van asaltando recuerdos de su muy largo reinado —¡(56 años!, sólo superados en la Edad Media por el rey aragonés Jaime I el Conquistador—, todo él lleno de hechos singulares: conflictiva minoría de edad amparada por una excelente familia tutorial (los Lara), matrimonio fecundo con la hija del rey de Inglaterra (Leonor Plantagenet), primeros éxitos frente a los musulmanes (levantamiento del asedio a Huete), desarrollo de la Orden Militar de Calatrava, luchas con otros reinos cristianos (especialmente León y Navarra), ampliación de los términos del reino de Castilla, impulso de la Escuela de Traductores de Toledo, reconquistas sonadas como la de la inexpugnable Cuenca (donde empezó la construcción de la primera catedral gótica española), durísima derrota en Alarcos frente a los almohades, resonante victoria final contra esos mismos en las Navas de Tolosa…

En ese continuo rebullir de pensamientos nuestro monarca repasa los hechos y los va enjuiciando desde su lógico punto de vista, pero ya enriquecido y algo atemperado con la perspectiva mayor que le ofrece el hecho de encontrarse más alejado de todo lo que sucedió.

Menos el primer y último capítulos, todo el libro está redactado, por tanto, en primera persona. Para este hipotético análisis retrospectivo me baso en los hechos históricos, aunque también utilizo parte de mi formación como psicólogo para pretender interpretar cómo o por qué sucedieron los hechos y pudieron ser vividos por su protagonista principal.

¿Cuál es el principal argumento de la obra?

Uno de los principios que subyacen en la obra es la importancia de la unidad cristiana para poder defenderse con garantías frente a quienes sustentan valores muy distintos a los propios. Tras la terrible derrota de Alarcos (18 de julio de 1995), el rey castellano no quiso volver a enfrentarse en solitario a los musulmanes. Diecisiete años después el papa Inocencio III concedía los beneficios de la cruzada a cuantos cristianos viniesen a España para luchar contra el islam, por lo que llegaron desde fuera de la Península Ibérica los llamados ultramontanos, y de aquí acudieron tropas en muy importante número de los cinco reinos cristianos. En la batalla participaron en persona tres de sus reyes (los de Castilla, Aragón y Navarra); el de León no estuvo, pero sí su hermano; y el de Portugal no pudo presentarse, pero permitió que acudiesen cuantos caballeros lo desearan.

La empresa acabaría siendo en la práctica sólo española: casi todos los ultramontanos, agobiados por el sofocante calor de la meseta castellana y por los problemas de avituallamiento en semejante ejército numeroso, se retiraron doce días después de comenzada la expedición, bastante antes de llegar a las Navas.

Mas la importancia de la unidad tiene otra cara, contrapuesta pero complementaria y tan digna de ser tenida en cuenta: la desunión debilita y hace desaparecer incluso a los imperios más poderosos.

Esto fue lo que sucedió con los almohades. A las Navas de Tolosa la tienen muchos como la batalla decisiva en ocho siglos de reconquista, la que debilitó para siempre a los musulmanes frente a los cristianos españoles. Pero eso no fue así.

Piénsese, tan sólo, en los siguientes datos. Dos días después de la batalla, el ejército cristiano entra sin oposición alguna en una solitaria Baeza, abandonada por unos aterrados moradores que huyen a refugiarse en Úbeda. Y cinco días después es tomada esta segunda ciudad, cuyas murallas son arrasadas y buena parte de sus habitantes llevados como cautivos a los reinos cristianos. Tan importante resultó la toma de esta ciudad, que la que hoy conocemos como batalla de las Navas de Tolosa fue conocida durante siglos como la batalla de Úbeda. Pues bien, al año siguiente Alfonso VIII se encontraba sitiando de nuevo Baeza; y debió levantar el cerco sin tomarla. Lo acabaría consiguiendo Fernando III el Santo ¡diez años después!, y porque el señor de Baeza se había declarado vasallo del rey castellano… para poder defenderse de otro gran señor musulmán, el de Úbeda. Es decir, que esta segunda ciudad había vuelto también a ser musulmana, y sólo pudo pasar a ser definitivamente cristiana tras ser tomada, de nuevo por Fernando III, ¡veinte años después! de haber sido ocupada aprovechando el éxito de aquella gran y ¿decisiva? batalla.

No lo duden. Lo que acabó con el poderío almohade fueron las luchas intestinas que acaecieron pocos años después por la sucesión al califato, lo cual los dividió, haciendo aparecer en nuestra península por tercera, y última vez, los pequeños, mal avenidos y debilitados reinos de taifas. En el mundo musulmán la sucesión al trono no se regía de una manera tan estricta (por primogenitura) como en los reinos cristianos; de ahí que, a la muerte del califa (sucesor del de las Navas) en 1224, una parte de la familia imperial almohade nombrase como sucesor a un anciano, el cual no fue reconocido como tal por sus sobrinos, los gobernadores de Sevilla y de Córdoba, quienes proclamaron califa al gobernador de Murcia. Lo que vino después fue una serie de luchas internas y de alianzas con el enemigo cristiano (el poderoso rey Fernando III) que terminaron por debilitar a una y otra facción musulmana. El resultado: descomposición de un imperio almohade dividido, y pérdida de casi toda Andalucía frente a un rey que, en cambio, acababa de unir bajo el mismo cetro a los reinos de Castilla y de León.

La judía de Toledo: ¿historia o leyenda?

Pero no sólo estamos conmemorando el VIII centenario de la muerte de Alfonso VIII; también es el de su esposa, Leonor de Plantagenet.

El rey no lo podrá saber, pero Leonor (quien lo acompaña en el viaje) estaba tan unida a él que acabará falleciendo antes de que termine el mismo mes de octubre en que muere el monarca. Llevaban casados ¡44 años! Se trata, por tanto, también de una interesante historia de amor. La cual no debería ser enturbiada por los textos literarios surgidos ¡400 años después! a partir de una obra escrita hacia 1612 por Lope de Vega —Las paces de los Reyes, y judía de Toledo—. Literatura que vendría siendo repetida, de una u otra manera, hasta nuestros días, tal como vemos, por ejemplo, en La historia de Fermosa: la amante de Alfonso VIII, de Abraham S. Mariache, publicada en fecha tan próxima a nosotros como la del año 2009.

Es muy posible que Lope de Vega, cuyas obras se basaban con frecuencia en hechos que sí habían sucedido y que venían siendo recitados o cantados por el pueblo, se hubiera basado para escribir su drama en algo equivalente. Así, rastreando hacia atrás en el tiempo, nos encontramos con que en la Crónica de Veinte Reyes —escrita en la época de Alfonso X, biznieto de Alfonso VIII— se afirma que éste había sido castigado por Dios con la durísima derrota de Alarcos por haber vivido durante siete años con la judía de Toledo.

Pero, veamos.

En primer lugar, esa crónica se escribe tres cuartos de siglo después de haber podido suceder esos hipotéticos amores.

En segundo lugar, habla de que estuvo viviendo ¡siete años! con la judía toledana, lo cual es imposible: acabadas las campañas guerreras, normalmente en verano, Alfonso se retiraba a Burgos, donde estaba la corte, pues esa ciudad hacía por entonces las veces de capital efectiva del reino castellano. Además, fuera de las campañas militares, doña Leonor solía acompañar a su esposo en múltiples viajes, pues siempre había un ama de cría y un tutor para la educación y crianza de cada hijo, tal como era entonces costumbre.

En tercer lugar, en la Crónica de Veinte Reyes se dan otros elementos fantásticos, como afirmar que es un ángel quien le comunica al rey ese castigo divino, además del de que no va a heredar su casa ningún hijo varón. Pero es que cualquiera sabía esto décadas después de que hubiese muerto su último hijo, Enrique II, siendo todavía un niño; el escritor de la crónica, un eclesiástico, es proclive tanto a hacer aparecer un ángel como a justificar la derrota de Alarcos en un castigo de Dios. Por otra parte, la misma Crónica de Veinte Reyes afirma en el capítulo siguiente que el «…rrey don Alfonso faziendo su vida buena e muy linpia con su muger doña Leonor ouo de fazer fijos en ella quales vos contaremos.»

Que se trata de un asunto de corte más literario que real lo reafirman detalles como que el nombre de la supuesta amante judía fuese Fermosa o Raquel. No tuvieron los autores que estrujarse mucho la mente para llamar Fermosa a quien debía haber sido hermosa de veras para encandilar a un rey. En cuanto a Raquel, no deja de basarse en lo mismo: la belleza de la judía; Raquel era aquella prima de Jacob tan hermosa por la que estuvo dispuesto a trabajar para su tío Labán durante siete años… y por la que debió esperar otros siete más, pues el taimado tío lo hizo casarse antes con una hermana de Raquel. Pero Jacob estaba tan prendado de ésta, que no le importó esperarla durante ¡siete más siete años! Nótese lo esotérico del número siete, el de plenitud para la cultura judía.

En fin, no quiero decir que Alfonso, un hombre (y bien poderoso) al fin y al cabo, no hubiese podido tener sus devaneos. Lo que no pudo es vivir durante siete años apartado de su esposa. Es muy posible que, recién casado con una niña de 10 años (y contando él con 14), hubiesen sido aconsejados no convivir hasta que, al menos, ella fuese mujer. Como, además, pasan 10 años hasta que se tiene noticia de su primer hijo mantenido vivo (la gran Berenguela, madre del futuro Fernando III), es muy fácil concluir que el rey pasó siete años viviendo con otra mujer. Pero está documentado que su mujer se hallaba junto a él en fechas tan concretas como, por ejemplo, la donación de Uclés a la Orden de Santiago, cuatro años después de la boda de los reyes. ¿Y estaba viviendo entonces con una judía en Toledo?

Si a todo esto añadimos que el encargado de las finanzas de Castilla era un judío, y que se daban con relativa frecuencia levantamientos populares —seguro que muchas veces interesados— contra este pueblo, ¿qué cosa más fácil que achacar la derrota de Alarcos a un castigo divino por mantener amores con una judía?

Piénsese, por otra parte, que Alfonso VIII tuvo con frecuencia como enemigos a otros reinos cristianos, como el de León o el de Navarra. Si sus respectivos reyes se aliaron con los almohades para castigar muy duramente al castellano durante los tres años siguientes al desastre de Alarcos, ¿no pudieron aparecer enseguida juglares que cantasen la batalla perdida por el odiado cristiano rival, así como los motivos de ella?

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******************* Sección "bilingüe" ***********************
Cataluña
Ahora no pretenden la independencia
José García Domínguez Libertad Digital 13 Noviembre 2014

¿Y ahora qué? Fiel a su tradición histórica, tras el muy ficticio escaparate de la unidad civil en torno al proceso soberanista, el catalanismo político luce hoy tan dividido en dos mitades como hace un siglo, cuando comenzó a hacerse patente el divorcio entre posibilistas y fundamentalistas; colaboracionistas y patriotas, en su particular jerga; apocalípticos e integrados, en la más elegante de Umberto Eco. He ahí las dos almas de ese movimiento secular, expresión política de un complejo magma sociológico, el de las clases medias autóctonas siempre temerosas de su declive demográfico, casi por completo ajeno tanto a la genuina burguesía local como a los obreros fabriles, grupos ambos indiferentes a su causa, cuando no abiertamente hostiles.

El fracaso de Mas y Junqueras el 9-N, definitiva constatación empírica de que a la mayoría de los catalanes le importa un carajo el derecho a decidir, supone la certificación de ese crónico desencuentro estratégico en el seno del catalanismo. Porque tan catalanistas son PSC, Unió o ICV como los convergentes, Esquerra o el de la sandalia. Minoría determinante sin la que nada puede hacerse en Cataluña, el independentismo, sin embargo, se sigue revelando impotente para alcanzar la hegemonía imprescindible a fin de consumar su proyecto de construcción nacional. Por eso el cacareado propósito de fundar un genuino Estado-nación segregado de España no deja de representar en la práctica poco más que un espantajo para mantener asustado a Madrid.

Puertas hacia dentro, el gran temor de Mas no es a que la legendaria torpeza del poder central lo convierta en otro Companys, un nuevo mártir heroico de la pàtria, sino a perder en las urnas un hipotético referéndum legal (como lo hubiera perdido el domingo de no haberse tratado el asunto de una pachanguita intrascendente). Así las cosas, esa impresionante capacidad de movilización, de galvanización emocional, que ha demostrado el independentismo quedará en nada a menos que Mas y Junqueras sean capaces de recomponer la unidad de acción con los posibilistas. Concesión al realismo que pasa por una reforma constitucional pactada con PP y PSOE que contemple dos objetivos irrenunciables. Por un lado, la prohibición efectiva de la lengua castellana en todo el ámbito público del territorio catalán. Por otro, la equiparación de hecho entre el cupo vasco y la financiación de la Generalitat. Al tiempo.

España sin Cataluña
Manuel Muela www.vozpopuli.com 13 Noviembre 2014

Me parece que no tiene demasiado sentido dar vueltas y revueltas sobre las cifras de votantes y de ausentes del 9N en Cataluña donde, para desgracia de los que deseamos la unidad de España y defendemos la libertad y la igualdad, ha ocurrido lo inevitable: los independentistas han demostrado ser una fuerza numerosa y compacta, aunque minoritaria, que se ha acrecido ante la incomparecencia del Estado y la inhibición de la gran mayoría de la población. Desde mi punto de vista, esas son las circunstancias relevantes y cualquier análisis debe partir de ellas para saber a qué atenernos y, sobre todo, tratar de eliminar la gran incertidumbre creada sobre el porvenir de nuestro país. Los lamentos por lo sucedido son comprensibles y la exigencia de responsabilidades a los causantes tanto en Barcelona como en Madrid son legítimas, pero por encima de todo eso hay que ponerse a trabajar sobre la resolución del problema, sin orillar la hipótesis de cómo podría ser España sin Cataluña.

No acomodarse en observar la descomposición
Se ha repetido hasta la saciedad que el turbión catalán se ha fraguado durante décadas, aunque es verdad que se aceleró ostensiblemente a partir de septiembre de 2012 con la manifestación de la Diada. Por primera vez, el nacionalismo catalán pareció encontrar la masa social crítica favorable a sus propósitos, que nunca tuvo en su larga historia. Ni siquiera durante la Segunda República en la que ostentaron el gobierno de la Generalidad, porque en aquella época los nacionalistas flotaban en una sociedad en la que el anarquismo era mayoritario y no participaba en los procesos electorales. Nada que ver con lo de ahora: los nacionalistas, que no se olvide han sido una columna importante del régimen del 78, han dispuesto de tiempo y de dinero, amén de poder, para modelar un país adecuado a sus propósitos que no eran otros que llegar a la independencia o a un estatus parecido a ella. Esto último era el leit motiv del nacionalismo burgués de CiU hasta que se malogró su intento de pacto fiscal en el otoño de 2012.

Desde entonces cruzaron el Rubicón hacia la independencia, si bien sin abandonar la idea de la confederación. Nadie habrá oído a CiU y al propio Artur Mas apelar a la República Catalana, a diferencia de lo que proclaman sus socios de Esquerra Republicana, porque confían en el expediente confederal, bajo el paraguas de la Corona, muy útil para ellos, pero claramente lesivo para el resto de España. Es el permanente estar y no estar para sacar el mayor provecho de la confusión. De ahí el interés por aclarar cuanto antes, me refiero al resto de España, cómo tratar el problema que, dicho sea de paso, es peliagudo y que desde luego no hemos creado los ciudadanos y contribuyentes. Lo han creado las elites gobernantes, como casi siempre, que ahora andan a palos entre sí, sin ponerse de acuerdo acerca de la manera de enfrentar la situación. Sólo basta oír las declaraciones del Gobierno, contrastándolas con sus acciones, y lo que dicen los del otro partido, el PSOE.

Lo que no se puede negar es que entre todos van engordando el pastel de la descomposición sin asumir que en lo que de verdad estamos es ante el desencajamiento de todo el sistema político y económico que ha dominado España durante más de treinta años. Y me importa subrayar esto no para afirmar que no hay solución, sino para estimular el debate sobre las diferentes hipótesis de futuro, una de las cuales es que Cataluña termine consiguiendo la independencia o algo que se le parezca. Es verdad que falta información suficiente sobre lo que ocurre allí, pero la evolución de los acontecimientos indica que las poderosas minorías independentistas que dominan el poder en aquella Comunidad Autónoma están decididas a seguir adelante, como han demostrado el día 9, contando con la inhibición de gran parte de la población y la endeblez de la respuesta y de los instrumentos del Poder central allí.

Los independentistas tienen guion, los demás no
Los independentistas tienen su guion y su objetivo y parece el momento de que los españoles nos preguntemos cuál es el nuestro, después de constatar que, sin comerlo ni beberlo, se nos ha creado un problema que afecta nada menos que a la integridad territorial del Estado. Por lo que vamos viendo, el sistema político español se encuentra atrapado entre las contradicciones y disputas de sus integrantes, a las que se suma la rigidez para reformar el bloque constitucional, fundamentalmente Constitución y Estatutos de Autonomía. Ni siquiera está regulada la suspensión de la autonomía, tampoco lo estaba en la Constitución de 1931 y el Gobierno de Lerroux tuvo que utilizar el estado de guerra, en octubre de 1934, para hacerlo. Hoy sería el estado de sitio, cosa que parece descartada de plano. Quedaría, según algunos, el famoso artículo 155 de la Constitución, pero su contenido no habilita para suspender el régimen autonómico, sólo permitiría incrustar parches o poner remiendos en las instituciones catalanas, convirtiéndolas en un avispero incontrolable. Me sospecho que esa es una de las razones por las que el Gobierno no lo ha utilizado, ni lo piensa utilizar a tenor de lo declarado por su presidente en rueda de prensa. En realidad, es la confesión de que se carece de instrumentos que no sean los coactivos para tomar el control de la Generalidad.

Después de lo visto el domingo, cuesta creer que existan planes para afrontar lo que viene, teniendo en cuenta que para muchos españoles, incluidos los catalanes no independentistas, las prioridades y preocupaciones son otras, el paro y la desigualdad, y que empiezan a ver el asunto catalán como una disputa por las alturas, porque probablemente no se han parado pensar o nadie se lo ha explicado que la amputación de una parte del Estado tiene consecuencias para todos. Y eso debería ser razón suficiente para trabajar y prever un escenario en que tales consecuencias sean lo menos dolorosas posibles, más allá de la tristeza por el hecho en sí. La verdad es que la confusión y el temor van in crescendo y ambos sentimientos son malos consejeros para arbitrar salidas pacíficas y democráticas, por lo que, cuanto antes, conviene diluirlos, reconociendo el problema y poniendo sobre la mesa las diferentes hipótesis de resolución.

En todo caso, pase lo que pase, en España es urgente abordar la reestructuración del modelo territorial tanto si Cataluña se va como si se queda. A efectos informativos, según la última encuesta del CIS, hay cerca de un 30% de encuestados que están por la abrogación o severa limitación del Estado Autonómico. Por eso, hay base suficiente para trabajar sobre cambios sustanciales en esa materia. Lógicamente eso tendrá que dilucidarse en el contexto de un proceso constituyente, del que no se quiere hablar pero del que se hablará pronto, uno de cuyos objetivos principales, en mi opinión, debería ser reforzar el Estado, el que quede, y no profundizar en las debilidades que lo han centrifugado durante años. Sería la manera de responder a los deseos de tantos millones de españoles preocupados con razón del porvenir de ellos, de sus familias y de sus empresas. En eso coinciden con los millones de catalanes que viven amargamente las consecuencias de una crisis mal gestionada, que les puede convertir en ciudadanos de otro Estado sin comerlo ni beberlo. Tampoco nos debe sorprender, porque desgraciadamente la historia europea contemporánea está llena de cosas así.

Dos veces el 9-N
El autor considera que la reivindicación separatista es la historia de un engaño impuesto por los líderes políticos catalanes a sus ciudadanos al prometerles algo imposible de cumplir.
JOSEBA ARREGI El Mundo 13 Noviembre 2014

La casualidad ha querido que la celebración de algo que sus impulsores llaman consulta o alternativa a la consulta, o macroencuesta coincida con la celebración del aniversario de la caída del muro de Berlín. En este caso sabemos que se trata de un hecho con el profundo significado de la libertad. En el caso de la consulta catalana no se sabe por ahora realmente de qué se trata. La caída del muro de Berlín supuso el comienzo de la autodeterminación de los alemanes. Sobre todo de los alemanes que habían estado sometidos a la dictadura comunista del régimen de Pankow. Los habitantes de Berlín oriental derribaron el muro que les impedía autodeterminarse para conseguir la libertad y la unión con los habitantes de Berlín occidental, y los alemanes del Este de la DDR harían lo mismo algún tiempo después: autodeterminarse a favor de la libertad y la unión con los alemanes occidentales.

La caída del muro de Berlín y la caída del régimen comunista de la DDR dio su verdadero sentido al término autodeterminación, tal y como lo entienden los documentos y resoluciones internacionales: el derecho a un buen gobierno, elegir en libertad la libertad, y vincular la libertad a la unión, con otros ciudadanos en libertad, con aquellos con los que la separación había supuesto una imposición, la unión como señal del buen gobierno, de la democracia, de la política, contra la represión, a favor de la libertad.

En la celebración de la caída del muro de Berlín la canciller Merkel ha hablado con toda naturalidad de la unión fruto de aquel acto de autodeterminación, pero refiriéndose a la UE. Ahora el contexto de la unión es Europa, la Europa unida, con todos sus problemas y dificultades, con todos sus egoísmos y particularismos. Pero como horizonte que obliga a todos los europeos, como horizonte que no se puede dejar de lado de un plumazo, como horizonte que critica precisamente todo lo que se le opone internamente, aunque sea mucho.

Porque para quienes conocen la historia, para quienes no quieren olvidar de dónde venimos, Europa es una realidad y una promesa, Europa y su unidad son frustración y esperanza al mismo tiempo, son horizonte de futuro tanto como realidad pesada presente. En un congreso del partido cristianodemócrata (CDU), siendo su presidente Helmut Kohl, asistió para trasladar el saludo del partido hermano, la CSU de Baviera, su entonces presidente y ministro de Hacienda en el Gobierno de Kohl, Theo Waigel, quien formuló la siguiente frase que quien esto escribe se la guardó en su mente. Dijo Waigel: «Mi identidad sentimental es Baviera, mi espacio de solidaridad es Alemania, y mi marco de libertad es Europa».

En pocas palabras, el presidente en aquellos tiempos de la CSU bávara puso de manifiesto que la identidad no tiene por qué ser de un bloque, puede tener distintos horizontes de referencia, que la identidad sentimental no tiene por qué condicionar el espacio de solidaridad, ni las dos juntas el horizonte de libertad. Una forma positiva de vivir una identidad compleja, con diferentes espacios y horizontes de referencia. Una identidad más capaz de libertad por ser capaz de más complejidad. Una identidad para tiempos complejos.

«No hay razones fundadas en los derechos fundamentales para argumentar la separación de España»

NO ESTÁ DE más recordar estas cosas para que los mismos alemanes se sientan obligados a pensar en su propia historia, en cómo han llegado hasta este punto, y cómo, aunque tengan razón en su ortodoxia financiera y económico-social, siguen obligados con el horizonte de libertad, y cada vez más de solidaridad, que es Europa, la que hizo posible la unidad alemana, la que hizo posible el ejercicio del derecho de autodeterminación de los alemanes del Este como derecho a la libertad y a la unión. De la misma forma que lo han hecho posteriormente, tras la caída del imperio soviético -¡un imperio comunista!- los países obligados a soportar regímenes negadores de libertad y justicia, buscando la libertad y la unión en Europa.

En el otro 9-N, en Cataluña, lo que se está produciendo es todo lo contrario. Un proceso que no busca, dejando de lado falsas humillaciones y rencores sin validez objetiva, autodeterminarse en el sentido de querer un buen gobierno democrático y la unión, sino que buscan la separación, la ruptura, la segregación, la división, es decir la negación de la política, pues ésta si en algo consiste es en la unión de ciudadanos caracterizados por gozar de los mismos derechos, de las mismas obligaciones, de las mismas libertades.

Pero las razones para la secesión tienen poco que ver con la búsqueda de un buen gobierno: no tienen más razones los catalanes para creer que sólo en la separación y en la ruptura van a poder encontrar un buen gobierno que, digamos, los murcianos o los gallegos. No hay razones fun- dadas en los derechos fundamentales y en las libertades fundamentales para argumentar la separación de España. Las razones aducidas son distintas: se refieren a que no se atienden sus derechos de quedarse con una parte mayor del pastel de la riqueza que producen y que, supuestamente, va a parar indebidamente a financiar a ciudadanos que no son catalanes. Igualmente podrían argumentar los que pagan más que la media de los ciudadanos españoles en impuestos de la renta pretendiendo quedarse con un trozo mayor de la riqueza que producen. Absurdo en un país democrático.

En el fondo lo que está diciendo el 9-N catalán es que no quieren ser como los demás españoles. No quieren el café con leche para todos, pues quieren que el café de verdad sea sólo para ellos y que los demás se conformen con aguachirri. No quieren ser como Murcia porque ellos son nación, mientras que los otros son región. No quieren estar en el mismo espacio que aquellos a quienes miran de arriba abajo, porque ellos han sido europeos antes que Europa, ellos han sido modernos antes que la modernidad, ellos han sido cultos, ilustrados y elegantes mientras los demás eran ignorantes, retrasados culturalmente y bastante paletos.

La gran pregunta es cómo gente que siempre se ha declarado de izquierdas no se formule la pregunta que salta a la vista: ¿por qué son precisamente las dos regiones-nacionalidades-naciones españolas más ricas, más desarrolladas las que se quieren ir, las que plantean la secesión, las que buscan la división y la separación ? ¿Seguro que no tiene nada que ver lo uno con lo otro?

Afirman que no se les acepta en su diferencia. Veamos lo que esto puede significar. Nadie somos aceptados enteramente como quisiéramos que nos aceptaran. En eso consiste la lucha de la vida, la lucha por el reconocimiento, una lucha que se desarrolla entre las exigencias y los deseos de cada uno y la necesidad de interiorizar para nuestra identidad lo que nos aporta la mirada de los otros. Somos seres sociales y no solipsismos omnipotentes. A los catalanes se les reconoce su lengua diferenciada, el Estado y la Constitución les admite que son nacionalidad, que son pueblo, que poseen una lengua diferenciada que puede ser, y de hecho lo es, oficial en su territorio, les acepta su derecho civil, la posibilidad de contar con su propia policía. El Estado les acepta además que, aunque sea a contracorriente y en desobediencia de leyes y sentencias de los tribunales, oculten una de sus lenguas oficiales, el castellano o español, en su sistema escolar y en su comunicación intrainstitucional, bajo el argumento de que funciona, y sin analizar si otras fórmulas distintas a la inmersión podrían dar resultados parejos.

Y SI NO son las cuestiones fiscales y de dinero las más poderosas en la búsqueda de la separación, entonces nos encontramos con el argumento de la humillación: construyen los soberanistas una historia que recorre todas las ocasiones en los que han sido humillados por el Estado desde que se puso en marcha el proceso de redacción y aprobación de la reforma estatutaria en Cataluña. Pero se trata de una historia que, yendo algo más atrás que lo que hacen los ideólogos de la humillación, comenzando por el momento en el que Maragall, consciente de que no tenia posibilidades de cambiar la Constitución, pretendió hacerlo vía reforma estatutaria, es decir, por fraude de ley, se transforma de historia de humillación en la historia del engaño impuesto por los líderes políticos catalanes a sus ciudadanos prometiéndoles lo imposible.

En un 9-N los ciudadanos buscan autodeterminarse para ser gobernados mejor, en defensa de la libertad y de una unión que conduce a Europa. En el otro 9-N, los líderes políticos buscan la segregación, la autodeterminación como negación de la política, en la creencia de que independencia y buen gobierno significan lo mismo, cosa nada segura, y huyen de Europa porque Europa sólo les interesa para dar una bofetada a España, porque básicamente no saben, ni valoran , ni entienden lo que es la política como unión: no se llega a uniones más lejanas y amplias rompiendo las más cercanas.

Joseba Arregi fue consejero del Gobierno vasco y es ensayista y presidente de Aldaketa
 


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