AGLI Recortes de Prensa   Domingo 16  Noviembre  2014

La semana de la vergüenza y la Logia del Puente Aéreo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Noviembre 2014

Hoy se cumplen siete días del más descarado alarde golpista y la mayor humillación estética infligida a España desde el Golpe del 23 de Febrero de 1981. Con algunas diferencias importantes: la primera, que en 1981 el zafio Tejero, el adusto Milans y el viscoso Armada querían imponer un gobierno de concentración nacional –AP, UCD, PSOE y PCE- para cambiar la poco eficaz política antiterrorista de Suárez y embridar las Autonomías, pero manteniendo la Monarquía Constitucional como forma del Estado Español. El golpe de 2014 busca explícitamente la destrucción del Estado Español, de la soberanía nacional como base del sistema constitucional y de todos los lazos legales, históricos y morales que unen a España desde hace siglos.

La segunda diferencia es que en 1981, pese a estar secuestrados el Poder Ejecutivo y el Legislativo en el Congreso de los Diputados, se improvisó de inmediato en el Hotel Palace un gobierno de emergencia dirigido por Laína y otros representantes de UCD que, en contacto con los demás partidos y la Zarzuela, cuya situación física y posición política con respecto al golpe fue motivo de discusión o intoxicación hasta el mensaje del Rey por TVE, trató de proteger la vida de los diputados y defender el orden constitucional. En 2014, el Gobierno de España no estaba detenido ni secuestrado, pero nada hizo para impedir el desarrollo de la consulta, pese a haberlo anunciado en incontables ocasiones durante las semanas anteriores y pese a recibir por dos veces el refrendo explícito del Tribunal Constitucional para hacerlo.

En realidad –tercera diferencia- mientras requería públicamente al Consejo de Estado y al Tribunal Constitucional para defender la legalidad, Rajoy negociaba en secreto con Mas, si no para impedir la consulta, para reducir su impacto mediático. Mientras decía defender la Ley, logrando que UPyD quedara convencida de su voluntad de luchar contra Mas, Rajoy arrastraba al diálogo con la Generalidad al PSOE, segunda fuerza del Poder Legislativo, cuyo secretario general, Pedro Sánchez, designó al cloaquero felipista Serrano para acompañar al representante de Rajoy, Pedro Arriola, en sus tratos con la Generalidad, representada por Joan Rigol. Resumiendo: en 1981 los dos grandes partidos, aun descabezados, se unieron contra los golpistas; en 2014, juntos y por separado, siguen y piensan seguir negociando con ellos.

El golpe depende de Madrid
Para que el golpe de 1981 triunfara hacían falta dos cosas: que el Jefe del Estado y los partidos políticos lo aceptaran como lo que era o pretendía ser: un Estado de Excepción temporal con un Gobierno multipartidista de unidad nacional para luchar contra el terrorismo y el separatismo. Sin el respaldo explícito del Rey y sin que los partidos políticos -que salvo los separatistas ligados al terrorismo seguirían siendo legales- aceptaran formar parte del gobierno presidido por un militar, Alfonso Armada, los golpistas sólo podían desatar un baño de sangre o rendirse, que es lo que hicieron. Si el Golpe de Estado de 1981 fracasó fue porque no era un Golpe de Estado sino de Gobierno, contra el Gobierno de Suárez que, aunque dimitió antes de que lo echaran, era el legítimo, y contra esa legitimidad se estrellaron.

Esa es la enseñanza del golpe de 1981 que los golpistas de 2014, de Barcelona y de Madrid han olvidado: para conseguir su propósito han de romper no sólo la legalidad sino la legitimidad que, en su raíz, representa la soberanía nacional. ¿Por qué no triunfaron los golpistas del 81? Porque la nación había votado y nunca podría aceptar que sus representantes fueran secuestrados por un tiparraco que enfangó el uniforme de la Benemérita. Se le podría haber impuesto, con mayor o menor apoyo popular, pero al cabo eso suponía destruir el sistema constitucional votado masivamente en1978. Y los golpistas, movidos indudablemente por un sentimiento nacional, no querían enmendarle la plana a la nación. Ni nacer políticamente muertos. Lo zafio del atropello de Tejero ha ocultado lo noble que, por comparación, resultó desde ese mismo instante la soberanía nacional, sita en las Cortes.

Y eso es lo que han olvidado los golpistas catalanes y sus cómplices de Madrid: que no se puede reconducir, releer o reescribir el acta fundacional de la nación, que es la Constitución, sin enajenarse para siempre a la nación misma. Este golpe de Estado de 2014, perpetrado por la Generalidad con la activa complicidad del Gobierno y casi todos los partidos de la oposición se enfrenta al mismo problema: es posible que mediante la fuerza, el miedo y la manipulación mediática se acepte que la permanencia de Cataluña en el Estado suponga la liquidación de la nación española como sujeto político, pero más temprano que tarde, la propia necesidad de respirar de la nación chocará con esa mordaza a sus libertades, a la igualdad de los ciudadanos ante la Ley que es el precio que la Logia del Puente Aéreo ha puesto a la continuidad de sus negocios.

La Logia del Puente Aéreo o el gobierno oculto
Hace una semana que Rajoy se rindió a los golpistas. Hace ya una semana que arrastra por el fango al Legislativo y al Judicial, porque ha convertido a los jueces y a la Fiscalía -que ha sido incapaz de poner una denuncia- en el trapo de fregar las deyecciones del Gobierno. Hace una semana, pues, que Rajoy debería haber dejado el Gobierno en las manos de los que realmente mandan, esa Logia del Puente Aéreo que tiene en Soraya su mascarón, en Cebrián su guionista, en la prensa de Barcelona su espejo, en las grandes empresas su pesebre, en la justicia sus caifases, y en la izquierda vilmente antiespañola, sus judas, herodes, pilatos y sayones. Como el golpe de Estado catalán va para largo, no en balde exige que lo apruebe y lo perpetre también Madrid, la Semana de Pasión ha empezado antes de Navidad. Será que ésta de España es mucha cruz. Y que muchos habrán de llevarla acuestas.

La ciénaga
Carlos Sánchez El Confidencial 16 Noviembre 2014

Comentaba hace unos días en privado el presidente de una comunidad autónoma que nunca, quizá desde Suárez, ningún jefe de Gobierno había tenido sobre sus espaldas tantos problemas como Rajoy: Cataluña, corrupción, crisis económica, desprestigio de la política, resurgimiento de los populismos…

Seguramente, la comparación sea exagerada. Calvo-Sotelo, González, Aznar, y hasta Zapatero en su segunda legislatura, vivieron tiempos muy difíciles que incluían fenómenos como el terrorismo y la amenaza golpista, ambos felizmente arrumbados.

Hay, sin embargo, una cosa cierta que dejaba entrever el amargo comentario del político del PP, muy cercano al presidente. El jefe de Gobierno transmite hoy a la opinión pública la imagen de un hombre superado por los acontecimientos que ha perdido la iniciativa política y casi toda capacidad de respuesta, más allá de forzadas comparecencias públicas planteadas a destiempo y con desgana. Camina siempre a remolque de los acontecimientos pese a contar con una sólida mayoritaria absoluta. Y su olfato político parece hoy atrofiado. Una imagen muy distinta a la que le gustaba transmitir al conde duque de Olivares, a quien uno de sus muchos aduladores dibujaba siempre a la manera de Atlas.

Atlas, como se sabe, pidió a su compañero Hércules que le ayudara un momento mientras él se cambiaba de hombro el globo terráqueo, cuyo peso estaba condenado a aguantar por toda la eternidad. Y así es como aparecía el conde duque en algunas imágenes de la época: con el mundo a sus espaldas, erguido sobre sus formidables bigotes.

Rajoy, por supuesto, no tiene ni astucia ni la intuición de Olivares, pero hoy, como el valido de Felipe IV, también tiene algo de personaje trágico -y hasta épico- decidido a inmolarse para salvar a los suyos. Probablemente, por ese unamuniano sentimiento trágico de la vida tan característico de las élites políticas españolas, y que tuvo su momento más glorioso cuando Felipe González dijo a finales de los años 70 que él había perdido su libertad para que otros la ganaran.

Nuevas mayorías
De otra manera no se entiende que cuando los problemas azuzan ningún gobierno de la democracia haya sido capaz de crear nuevas mayorías políticas y sociales alrededor de un objetivo común. En estos momentos, la modernización del sistema político para mejorar la calidad de la democracia y el diseño de un sistema productivo sostenible a largo plazo capaz de enfrentarse de forma resuelta a los ciclos económicos.

En su lugar, se ha optado por la cerrazón y el inmovilismo para encarar los problemas confiando sólo en las mayorías absolutas. Cuando en la política cada vez es más relevante el viejo concepto gramsciano de hegemonía. Mucho más difuso y vago, pero más permeable (Aznar hablaba de lluvia fina) a través de la capacidad de influencia de las ideologías. Ese es, en realidad, el gran triunfo de Podemos. No solo estar allí cuando el sistema se político se resquebrajaba.

Ahora, sin embargo, ya es demasiado tarde para recomponer los consensos. El gran año electoral está a la vuelta de la esquina y hoy es imposible tejer acuerdos, aunque sean mínimos. Ya solo se piensa en las elecciones, como reconocía hace unos días en este periódico un dirigente socialista. El todos contra todos se ha vuelto a instaurar en la política española.

Rajoy, mal aconsejado, pensó que era suficiente con que la economía creciera en torno al 2% para sacar al país de la situación en que le había dejado Zapatero. Pero la realidad es mucho más cruda. No solamente por el hecho de que la crisis política y la económica se alimentan mutuamente (una es fruto de la otra, y viceversa), sino, sobre todo, porque esa estrategia tiene consecuencias letales a largo plazo. El país vive anestesiado por el pasado y no es capaz de adivinar el futuro.

Las consecuencias son evidentes. Mientras el mundo está sufriendo cambios trascendentales (lo que está en juego es la hegemonía de unas regiones sobre otras), España sigue discutiendo sus viejas miserias: corrupción, vertebración territorial o los viajes privados de un personaje como Monago, que se ha pagado una campaña a favor de su gobierno con el dinero de todos los extremeños sin que produzca escándalo.

Estamos, sin embargo, ante cambios transcendentales que se sintetizan en una comparación colosal rescatada hace unos meses por el Real Instituto Elcano: el PIB mundial se multiplicó siete veces en la segunda mitad del siglo XX, y eso ha gestado un nuevo equilibrio de poderes.

El viejo provincianismo
Aquí, por el contrario, triunfa el provincianismo más rancio y simplista, en lo que tienen mucho que ver las televisiones, que han convertido la política en un burdo programa de entretenimiento. Apenas se discute sobre las grandes cuestiones que marcarán la agenda del planeta en los próximos años en pleno déficit de gobernabilidad a nivel global: el abastecimiento energético, el envejecimiento, el cambio climático, la ciberseguridad, el despoblamiento de amplios territorios en favor de las ciudades, los flujos migratorios, los avances tecnológicos, la multiculturalidad, la creciente desigualdad… Ni mucho menos sobre cuestiones más cercanas en el tiempo, como la reciente cumbre Asia-Pacífico, con indudables consecuencias para España. Probablemente, porque sigue siendo más fácil copiar que inventar, algo que ha marcado la historia de España en los últimos siglos.

Aquí, Cataluña, el fenómeno Podemos y la corrupción marcan la agenda. Sin duda, por la existencia de un parlamento adormecido e incapaz de observar más allá de lo obvio, y que responde de forma mecánica a los problemas a través del juego de mayorías. Pero sin ninguna visión estratégica para guiar el futuro. Es decir, un legislativo capturado por el ejecutivo sin pudor alguno. Y un Gobierno ensimismado en sus propias ruinas.

Ese es, en realidad, el gran fracaso de Rajoy, haber dejado la iniciativa en manos de otros que marcan la agenda. Hasta el extremo de que el propio presidente del Gobierno repite de forma machacona que es Artur Mas quien tiene que decirle lo que hay que hacer en Cataluña; que es Pedro Sánchez quien debe explicarle qué reforma de la Constitución quiere para el país, y que es el Fiscal General, y no el Gobierno de la Nación, quien debe decidir si finalmente se querella en nombre del Estado contra los organizadores de la consulta.

Esta visión endogámica y cortoplacista de la cosa pública es lo que explica el florecimiento de los viejos populismos y de los demagogos, que no entienden de cuestiones estratégicas, sino que se mueven con soltura en la ciénaga de la peor política, donde perecen las palabras sabias y los conceptos matizados. Algún día alguien mirará atrás y llegará a la conclusión de que España perdió una posibilidad histórica.

El envalentonamiento del mal.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 16 Noviembre 2014

No deja de ser curioso, por no decir indignante, ver cómo personajes afectados por la corrupción y lo que se ha venido en llamar eufemísticamente “comportamientos poco ejemplares”, pasan de una primera fase de bloqueo emocional y retraimiento, a otra de encendida defensa de su honorabilidad. Un cambio de actitud que viene motivado principalmente por la sensación de impunidad que les da saber lo endeble de las acusaciones y la dificultad de poder demostrarlas de modo fehaciente. En otros casos, esa “chulería” viene además afianzada en el increíble posicionamiento de la Fiscalía que, como en el caso de la Infanta y del Gobierno de España, vienen actuando como las más entusiastas de las defensas que uno podría desear en esos momentos de desasosiego.

No puede extrañar por tanto el que se filtre de modo intencionado el que la Infanta Dª Cristina “no se plantea en el corto ni en el medio plazo renunciar a sus derechos dinásticos”. Una actitud de prepotencia que parece ir frontalmente contra el deseo de su hermano el Rey D. Felipe, al que dicha renuncia libraría a la Corona del bochorno y la vergüenza de ver cómo alguien imputado por delitos fiscales y enriquecimiento ilícito aprovechando su condición de privilegio, mantiene intactos sus derechos a la sucesión al trono de España para ella misma y para sus hijos. Solo una acusación en firme por el Juez Castro, la renuncia del Fiscal Horrach a seguir actuando como defensa y una condena que incluyera el delito no reconocido de blanqueo de capital, podría forzar un cambio en esa actitud.

Otro caso vergonzoso es el del delincuente Artur Mas, que sigue en su actitud chulesca ante la pasividad del Gobierno de España y de la Fiscalía. El indignante espectáculo ha llegado a que este sujeto le plantee a Mariano Rajoy en una carta su disposición a mantener un diálogo permanente, eso sí sobre la base de que se conceda al Gobierno de la Generalidad la facultad para celebrar un referéndum vinculante sobre la independencia de Cataluña. Y dice Mariano Rajoy desde las antípodas que contestará a esa carta. Igual así se contenta a esas formaciones como el PSOE o IU que no cesan de reclamar diálogo con los secesionistas y violadores de la Constitución de España. Si ya lo dijo el Rey D. Juan Carlos I refiriéndose a las conversaciones entre el Gobierno de Zapatero con la ETA, “hablando se entiende la gente” y “si sale, sale”.

Y no quiero dejar de mencionar otros asuntos nada ejemplares donde solo la actitud nada imparcial y comprensiva de la Fiscalía, así como de los Tribunales, han rechazado investigar casos descarados de presunta corrupción y enriquecimiento ilegal tan escandalosos como los protagonizados por José Blanco o José Bono. Y por supuesto, el mayor de ellos con el clan Pujol y las décadas de renuncia del Estado de Derecho a realizar una auditoría independiente sobre el tema de la supuesta financiación del nacionalismo con la “mordida” del 3%, o las injerencias y obstáculos para el esclarecimiento del asunto de los falsos ERE’s en Andalucía y los cursos de formación.

La corrupción es algo inherente a la naturaleza humana, pero no por ello se ha de dejar que se apodere de la sociedad. Para erradicarla hay que primeramente tener la voluntad de hacerlo y en segundo lugar no dudar en aplicar las medidas necesarias para minimizar su desarrollo. Los culpables deben ser perseguidos y marcados como la auténtica escoria que son. No es hora de grandes discursos ni de anunciar medidas extremas que no se piensan ejercer. Basta con hacer efectivos los controles y realizarlos de forma exhaustiva. Solo así los ciudadanos podremos sentir que la Administración es digna de nuestra confianza.

Si no queremos que PODEMOS triunfe con su discurso populista y demagógico y se conviertan en la nueva DUMA elitista del partido único que anule todas las libertades y derechos de los españoles deberemos impedirlo confiando en aquellos que no están salpicados por la lacra de la corrupción. Hay partidos políticos que merecen una oportunidad porque nos aseguran la pervivencia de la democracia y no usan el silencio y la ambigüedad para alcanzar el poder e imponer su sistema totalitario y dictatorial. No escuchéis los cantos de sirena de quien solo quiere el poder para pisotear la libertad y la democracia. Basta mirar a Cuba y Venezuela para saber cuáles son sus ideales.

El mal triunfa porque los hombres buenos no hacen nada. Las mayorías silenciosas solo merecen soportar su esclavitud.¡No dejes que tu silencio sea quien abra la puerta al mal!

Corrupta legalidad catalana
Manuel Molares do Val Periodista Digital 16 Noviembre 2014

La astucia de la que presumía Artur Mas para librarse de un severo castigo judicial al convocar su pseudo-referéndum tenía poco secreto: sabía que la Junta de Fiscales catalanes harían todo lo posible para no acusarlo ante el Tribunal Superior de Justicia catalán al menos por desacato y malversación de fondos.

La posible querella contra el presidente de la Generalidad se discutió durante toda una semana y se discutirá aún este lunes entre los nueve miembros de esa Junta, que aunque dependen del Fiscal General del Estado y del Superior de Cataluña, varios pertenecen al entorno físico e ideológico del encausable.

Ahora es cuando influye negativamente en la justicia la cercanía, la familiaridad, la relación social o amistosa, y el agradecimiento por haber contribuido al nombramiento, junto con la ideología “patriótica”.

El paisanaje es una endogamia positiva entre quienes se encuentran lejos de su tierra y quizás aislados, entre gente extraña, pero entre cercanos facilita la corrupción.

Uno de los problemas de la justicia española, aparte de sus pocos medios, es la tendencia creciente a que quienes deben juzgar a sus cercanos no sean desconocidos sin interés posible en las causas.

Aceptar esta proximidad endogámica amparándose en su eficacia en países donde los jueces son electos de sus vecinos es un error aplicándola a España.

El juez o fiscal español lo es por oposición o “por méritos” frecuentemente políticos (cuarto turno), por lo que puede pensar que no se debe a todos, Estado y ciudadanos, e interpretar la ley subjetivamente, como ahora los fiscales catalanes.

Este paisanaje corrompe la democracia, como los jueces y fiscales sicilianos que nunca encausaban a los jefes mafiosos.

Y esto no es justicia, y menos aún ante el posible desmembramiento, “astuta” pero inicuamente programado, de una magnífica España.

El submarino catalán
edurne uriarte madrid ABC 16 Noviembre 2014

«Hay una mayoría silenciosa en Cataluña que tiene miedo a hablar, a expresar sus verdaderas ideas, y una minoría ruidosa»

He hablado con varias personas para escribir este artículo y con todas ellas he llegado a la conclusión de que es mejor no citar sus nombres. Porque podría perjudicarles profesionalmente, por lo que me relatan del poder nacionalista en Cataluña, porque ABC es un periódico muy español y nacional. Lo que me hace pensar en la expresión de aquel colega mío de la Universidad del País Vasco en tiempos de la movilización cívica contra ETA: «Abajo el periscopio». Para describir su modo de vida, activismo anónimo en los movimientos cívicos y máxima discreción pública. Por precaución. Salvando todas las distancias entre ambas situaciones, mis interlocutores catalanes coinciden sobre todo en un diagnóstico: hay una mayoría silenciosa en Cataluña que tiene miedo a hablar, a expresar sus verdaderas ideas. Por el rechazo de su entorno, por las consecuencias profesionales, por una vida cotidiana mucho más incómoda.

En Cataluña, la mayoría va como mi viejo colega, en un enorme submarino, y la minoría, en un barco ruidoso, con música, banderas y la cubierta llena de pasajeros. Cataluña se divide en tres tercios, me dice uno de mis interlocutores. El tercio ruidoso, el nacionalista, que tiene el 90% de poder en todas las esferas de la sociedad catalana, pero que, atención, me alerta, es una minoría, la formada por el 1.800.000 votos favorables a la independencia del 9-N. No hay más en el barco ni habrá, ese tercio es lo logrado con la máxima movilización posible como ha sido la del 9-N. Otra cosa es lo que hagan los del submarino, los otros dos tercios, el de los constitucionalistas, del PP, de Ciutadans, algunos socialistas, y el tercio desmotivado, más afectado por la crisis económica, no identificado con Cataluña pero tampoco con España, abstencionista. La clave del futuro, lo que ocurra, dependerá de esos dos tercios ya que no habrá aumento del tercio independentista. ¿Qué pasará con los del submarino? Esa es la cuestión y ninguno de mis interlocutores lo tiene claro.

Se hicieron del Barça ¿Se ha resquebrajado la convivencia con el 9-N? ¿Es ahora mayor la brecha social? pregunto a todos. Hay más tensión, sí, responden. Pero, sobre todo, hay silencio, silencio de esa mayoría que no fue a votar el 9-N. El silencio no es nuevo, sí más evidente, más llamativo, en contraste con la movilización nacionalista de estos dos últimos años que ha culminado en el 9-N. Pero viene de muy atrás. Por ejemplo, me relata un seguidor desencantado del Barça, «en mi pueblo del interior de Cataluña, hace años había seguidores del Barça pero también bastantes del Real Madrid. Pero, poco a poco, se hicieron todos del Barça, para no llamar la atención, para ser aceptados, para integrarse».

¿Y todos aquellos madridistas que había en el partido del Madrid contra el Cornellá? «Bueno –me aclara– si en Cataluña se hiciera una votación realmente confidencial, saldrían muchos seguidores del Barça, del Español, pero también del Real Madrid». Me recuerda, le comento, a los dos chicos que estaban delante de mi en un bar de Bilbao viendo el Barça-Celta (0-1), y pidiendo, en voz baja, que el árbitro pitara el final. Y no eran del Celta. Pero, aparentemente, tampoco hay seguidores del Real Madrid en el País Vasco. Se le llama «espiral del silencio» y no estaría mal que Elisabeth Noelle-Neumann, la politóloga que desarrolló ese concepto, resucitara para hacer una nueva investigación en Cataluña. O en el País Vasco.
Los huérfanos

El problema de esos dos tercios silenciosos, coinciden mis interlocutores, es que están huérfanos de liderazgo y de ideas. No hay oposición, no hay argumentos frente al discurso nacionalista. La gente que se siente española y catalana y quiere seguir formando parte de España se siente desamparada. Por el Estado, por las élites políticas e intelectuales.

O por los medios de comunicación, prácticamente en su totalidad bajo el dominio nacionalista. Y los catalanes, me insisten, no siguen los medios nacionales sino TV3 o canales como 8TV. En 8TV habla Pilar Rahola, líder intelectual del nacionalismo, sin que sus mentiras sobre los supuestos doctorados le hayan pasado factura alguna en su autoridad moral. Tampoco al inhabilitado juez Elpidio Silva, el líder de ese partido que copió a Equo parte de su programa electoral. Ahora, Silva se ha convertido en referencia jurídica en 8TV para argumentar por qué son «ridículas» las querellas contra los nacionalistas que desobedecieron al TC el 9-N.

¿La corrupción de los Pujol?
Pregunto. Apenas tiene efecto, como tampoco lo tienen las mentiras de Rahola o los desmanes de Silva. «Aquí, los medios solo hablan de la corrupción del PP», me dicen. O de Monago y sus viajes; llevan varios días atacando a Monago y reproduciendo una y otra vez sus críticas a las exigencias fiscales de Cataluña.

¿Comienza la gente a plantearse la idea de irse de Cataluña? Algunos, sí. No hay una movilización, pero sí bastantes personas que hablan de esa posibilidad. Y los que comienzan a tomar precauciones, como un abogado amigo mío, me relata un profesional de Gerona, que ha abierto cuentas en Madrid y las ha preparado para poder transferir fondos inmediatamente desde Cataluña, si fuera necesario. «Yo mismo –continúa– estoy pensando en trasladar la sede de mi oficina a Madrid. Por lo que pudiera pasar. Por lo que ya está pasando con empresas que, o bien trasladan sus sedes, o no quieren trabajar con profesionales radicados en Cataluña».
El soufflé soberanista

El tercio nacionalista, el que se movilizó el 9-N, es ruidoso y tiene el poder en Cataluña. Pero tampoco está tranquilo. Porque, en expresión de un buen observador de la política catalana, el soufflé soberanista está muy subido, los nacionalistas han dado un gran salto, pero no están muy seguros de dónde van a caer. Desde un punto de vista político, por un lado. Pero, además, desde un punto de vista económico. Hay temor a las consecuencias económicas, a lo que pueda pasar en una posible Cataluña independiente.

¿Qué ocurrirá con los inversores españoles en Cataluña? ¿Con los de la Caixa, por ejemplo? ¿Con las consecuencias en el resto de Europa? Este es un asunto de dinero, piensan bastantes catalanes. Ha calado en casi todos los sectores de la sociedad, incluso entre los constitucionalistas, la idea de que Cataluña es discriminada fiscalmente, maltratada económicamente por el resto de España. Parte del soufflé soberanista se debe a eso. Y, quizá, parte de la solución, piensan los mismos. Un buen acuerdo de financiación que acabe con esa percepción de trato fiscal injusto a Cataluña puede hacer mucho por acabar con el problema.

Como también lo haría una participación de los empresarios catalanes en el debate, en la explicación de las consecuencias de la independencia. Pero tampoco hablan. En aquella encuesta a empresarios catalanes según la cual había un alto porcentaje de simpatizantes independentistas, me aclaran, respondió, en realidad, un 7% de los empresarios encuestados.

Los ruidosos y los encabritados ¿Hacia dónde camina Cataluña tras el9-N? ¿Podría convertirse esa mayoría silenciosa en encabritada, como me señalan algunos? ¿Podría producirse una movilización anti-soberanista en unas próximas elecciones? Es muy posible, piensan bastantes observadores. Porque sería su única opción de acción en el silencio impuesto por la presión nacionalista. Depende bastante de la evolución del PSC, añade alguno, de lo que decida finalmente. Porque la clave del futuro de Cataluña está, me dicen, en esa mayoría de votos que se concentra en el Baix Llobregat, Barcelona y algunas zonas de Tarragona. El independentismo no ganó en esas zonas el 9-N, pero está por ver si se movilizarán en las elecciones o se abstendrán.

Y lo cierto es que las encuestas ratifican la teoría de los dos tercios o las limitaciones del soufflé soberanista. Incluso al CEO, al centro de estudios de la Generalitat, le sale tan sólo un 24% de ciudadanos que se siente únicamente catalán (encuesta de mayo de 2014). En la misma línea del CIS. En 2012, en el III Barómetro Autonómico, al CIS le salió un 21,9 autodefinido como exclusivamente catalán. Algo más del 14,3% del I Barómetro Autonómico de 2005, pero insuficiente para fundamentar un movimiento masivo por una Cataluña independiente.

La gran mayoría de catalanes tiene una identidad compartida, catalana y española. ¿Cabe esperar que un 49,4% pudiera votar a favor de la independencia, como predijo el CEO en su última encuesta de octubre de 2014? Dada la estructura de la identidad catalana, eso es como pensar que Podemos, situado por los españoles en la extrema izquierda (lo colocan en el 2 en la última encuesta del CIS en una escala del 1 al 10), pudiera ganar las elecciones en una España autodefinida mayoritariamente como centrista.

En el silencio o en ruido, la identidad política más profunda permanece. Otra cosa es si se moviliza. Y eso depende de los líderes, políticos, intelectuales, empresariales, periodísticos. Ahí está la clave de lo que ocurra tras el 9-N.

La estrategia de Rajoy ha fracasado
Mercè Vilarrubias www.cronicaglobal.com 16 Noviembre 2014

El pasado domingo sucedió lo que muchos pensábamos que no pasaría: se celebró la consulta independentista. Sin censo, sin controles, sin garantías, con voluntarios, pero se celebró. Y esto tiene un gran valor simbólico porque el 9N sí hubo colegios abiertos, urnas y una afluencia de votantes. Es una victoria del independentismo; debemos aceptarlo y reflexionar a partir de esta nueva realidad aunque no sea fácil.

Muchos desconfiábamos de Rajoy, visto su currículum, pero parecía que en el tema del referéndum independentista tenía una estrategia clara: no echar más leña al fuego y remitirse a la ley, al mismo tiempo que anunciaba su voluntad de diálogo dentro de la Constitución. Era una estrategia insuficiente, en mi opinión, pero en comparación a lo que podía haber hecho Aznar, por ejemplo, era un paso adelante. Rajoy se pasó dos años hablando de la ley y de que su gobierno la garantizaría. Llegó el día y no garantizó nada. Se votó frente a la incredulidad de muchos que pensábamos que la estrategia se llevaría a cabo hasta el final.

Algunos de los Whatsapp que recibí y envié el domingo pasado son indicativos del estado de ánimo de muchos de nosotros aquel día. "Es una gran sensación de desamparo"; "nos han dejado solos y en ridículo"; "en Cataluña, los gobernantes hacen lo que les da la gana"; "Rajoy es un inútil"; "Mas ha ganado la partida"; "van a ser imparables a partir de ahora y hay un responsable, el gobierno inepto del PP"; "estoy tan cabreado, hay que felicitar a Rajoy por su ceguera y sordera"; "el Estado nos ha dejado tirados a los que creemos en él y que hemos trabajado para defender la unidad". Tristeza e indignación. Y sobre todo, perplejidad.

En este momento, cuando leo artículos post 9N que enumeran los delitos en los que ha incurrido Mas para que se le inhabilite, sé que todo ello es pura palabrería. Nadie va a hacer nada. La Fiscalía General del Estado ya se ha inhibido. Fue increíble escuchar el sábado 8 al fiscal general preguntar a Mas si él había ordenado que se abrieran los colegios. Todos en Cataluña sabíamos que así era desde hacía dos semanas pero la Fiscalía no se había querido enterar. Mas les respondió el domingo: el único responsable es él. Desafiante, porque estaba seguro que no iba a pasar nada. Y no pasará nada. Esto, ahora, ya lo sabemos todos. La vía penal es incontemplable.

Y es bueno que así sea porque sería un segundo error garrafal a añadir al primero. Convertiría a Mas en un mártir y ofrecería toneladas de victimismo a los independentistas. No es una opción. Sin embargo, también muestra claramente la impotencia del Estado de derecho en España para operar con normalidad; lo vimos el domingo y lo vemos ahora. Aunque este hecho resulte un golpe grande para muchos de nosotros, podemos encontrar algo de consuelo en que la falta de respeto a la ley es endémica en España. Es, pues, por una parte, un episodio más pero efectivamente, debemos ver que, por otra, tiene una envergadura especial. Es un salto cualitativo que nos lleva a una situación rayana en lo que se conoce por "Estado mediado". Se trata de un tipo de Estado que no es fallido -aquel que no puede imponer su soberanía en todo el territorio- pero tampoco es pleno como para poder afirmarla sin problemas. Para existir en determinadas zonas debe pactar el cumplimiento de la ley con las élites locales, que lo mediatizan.

Durante dos años, Rajoy sólo ha tenido un discurso, o más bien, una frase: nosotros haremos cumplir la ley. A la vista de todos está el incumplimiento de esta promesa. El único freno que puso al independentismo se ha estrellado. Se ha quedado sin nada, y este vacío se evidenció en la conferencia de prensa que realizó, claramente nervioso, el pasado miércoles 12. El PP no tiene nada que ofrecer más que el no.

Ya en el post 9N, después de dos agotadores años, empieza una nueva fase del "procés infinit". Si aún nos queda algo de energía, no la malgastemos criticando a los independentistas. Ya sabemos muy bien cómo operan y qué piensan. Será mucho más útil para nosotros empezar a cuestionar seriamente la estrategia del Gobierno frente al independentismo. Esta sí que empieza a ser una tarea inaplazable. Y no sólo reflexionar, también actuar. Y para ello, quería hacer una propuesta de acción: plantearnos realizar nosotros en un futuro próximo una concentración para pedir la dimisión de Rajoy y exigir un Gobierno con sentido de Estado, capaz de proponer un plan inteligente y constructivo. El Gobierno actual, presidido por un anti-líder, ya nos ha mostrado que no posee la capacidad para hacer frente a la magnitud del reto.

Inmigración, el camino hacia el conflicto
 Minuto Digital 16 Noviembre 2014

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INMIGRACIÓN, el camino hacia el conflicto, es un dossier completo sobre la evolución del fenómeno migratorio en España y sobre los frentes en los que ha hecho notar su impacto.

Desde hace quince años, la inmigración aparece constantemente en los diarios como fuente de noticias, habitualmente dramáticas. Pero una cosa es leer esas noticias día a día y otras acceder a un dossier completo sobre la materia.

INMIGRACIÓN, el camino hacia el conflicto, demuestra que España ha tenido una política migratoria errática y errónea desde los tiempos de Aznar, contraria a lo que precisaba el país en el período de Zapatero y nula en tiempos de Rajoy.

Todo esto ha contribuido a que en 18 años hayan entrado en España 8.000.000 de inmigrantes (2.000.000 de los cuales ya disponen de pasaporte español), en un país con un 8,2% de paro en 1996 (cuando se inició el fenómeno) y con un 25% en 2014… Si había algo innecesario era la llegada de inmigración…

Para justificar la llegada masiva de inmigrantes, gobierno, oposición, partidos y “agentes sociales” han utilizado los argumentos más tópicos y gratuitos.

Todos los que creían que la llegada de inmigración masiva no iba a alterar profundamente la sociedad española hasta los cimientos, han visto decepcionadas sus esperanzas. Hoy no podemos hablar de “inmigración” solamente como fenómeno sociológico, sino como problema: uno de los primeros y más graves problemas que afecta a la sociedad española.

INMIGRACIÓN, el camino hacia el conflicto, sigue los pasos al fenómeno y responde a las preguntas esenciales que todos debemos plantearnos: ¿Por qué se ha producido el fenómeno migratorio? ¿A quién beneficia y a quién perjudica? ¿Cuáles son sus responsables? ¿En qué nos está afectando? ¿Cómo va a evolucionar en los próximos años? En las 250 páginas de INMIGRACIÓN, el camino hacia el conflicto, la autora contesta a estas cuestiones.


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La negociación imposible

Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 16 Noviembre 2014

En estos días de resaca del simulacro de referendo de autodeterminación organizado por los separatistas catalanes ignorando la prohibición del Tribunal Constitucional, se vuelve una y otra vez a hablar de salidas políticas al embrollo en el que se ha metido Artur Mas. El Presidente del Gobierno insiste en que se puede tratar de todo dentro del marco legal vigente y un cada día más liviano Pedro Sánchez cacarea una imprecisa reforma de la Carta Magna en sentido federal.

Sin embargo, ni es verdad que no haya límites a lo que es negociable sin desbordar la Constitución ni que una modificación de la misma inspirada por el federalismo arreglaría las cosas. ¿Estaría dispuesto Mariano Rajoy a pactar con el mesías nacionalista la transferencia de las aguas territoriales marítimas a la Generalitat? ¿O el derecho a organizar consultas como la recientemente prohibida y realizada en plan comedia? ¿O la recaudación y gestión de la totalidad de los impuestos a cambio de un simbólico cupo de retorno por los servicios generales del Estado? ¿O la oficialidad exclusiva del catalán en el territorio de Pujolandia con el español reducido a la condición de lengua extranjera? ¿O los aeropuertos? ¿O el control de fronteras? ¿O la necesidad del visto bueno de la Generalitat a los tratados internacionales suscritos por España como pretendía la primera versión del Estatuto de 2006?

La repetición de la tontería de que se puede chalanear todo sin desbordar nuestra Norma Fundamental revela ignorancia y falta de convicciones, características ambas de los sucesivos Gobiernos centrales que nos han llevado al punto de no retorno en el que nos encontramos. En cuanto al federalismo, si es simétrico, o sea, auténtico federalismo, chocará de frente con las pretensiones secesionistas, y si es asimétrico, es decir, si España es convertida en una confederación, estaríamos en el último paso antes de la disgregación definitiva, sin olvidar que Madrid, Andalucía, Baleares y Valencia jamás lo aceptarían.

No quiero sonar melancólicamente pesimista, sino crudamente realista: la patología separatista que se ha apoderado de Cataluña y amenaza con acabar con España no puede ser curada mediante la negociación entre el Estado y los nacionalistas. Esta posibilidad ya quedó atrás. Se intentó de buena fe en la Transición y la deslealtad de una parte y la inanidad de la otra la han dilapidado. El etno-nacionalismo que pone la identidad lingüística, cultural, religiosa, histórica o racial por encima de la libertad, la justicia o los derechos humanos, es una perversión moral y política que no puede ser neutralizada mediante pactos y arreglos ponderados. El pasado europeo de los últimos cien años así lo ha probado contundentemente y nuestra trayectoria colectiva en España desde la Transición lo ha vuelto a poner en evidencia en contra de la ingenuidad de los constituyentes de 1978.

El nacionalismo identitario es una doctrina deletérea, que no construye naciones, las destruye. Hay una única vía para su neutralización evitando los horrores que siempre comporta: si es sanguinario, debe ser derrotado por la fuerza legítima del Estado de Derecho, si es incruento, mediante la política, la aplicación rigurosa de las leyes, la batalla de las ideas, el Boletín Oficial y los Presupuestos Generales. Los dos grandes partidos españoles nunca lo han entendido y por eso nos encontramos al borde de la fragmentación de nuestra antigua y gran Nación, que hoy no se basa en ninguna identidad racial, religiosa o lingüística, sino en una larga historia compartida y en los valores de la sociedad abierta como guía de la convivencia civil en un Estado regido por el imperio de la ley al servicio de las personas y no de abstracciones supraindividuales opresivas.

La cuestión nacionalista ha llegado en España a un punto de incandescencia que no admite componendas. El nueve de noviembre pudimos comprobarlo. Siento decirlo, pero no nos queda siquiera la conllevanza orteguiana. Resignémonos, pues, al padecimiento expiatorio.

GAME OVER

IGNACIO CAMACHO ABC 16 Noviembre 2014

El 9-N no ha roto España pero sí el último y débil hilo de lealtad que unía a las instituciones catalanas con el Estado
EL 9 de noviembre no se produjo la ruptura de España pero lo que sí se rompió fue el último y débil hilo de lealtad que unía a las instituciones catalanas con el Estado. Si quedaba alguna brizna de confianza se la ha llevado el viento del oportunismo político. La querella contra Artur Mas, cuando los fiscales tengan a bien ponerse de acuerdo para presentarla, representa la disolución de los lazos oficiales entre el Gobierno autonómico de Cataluña y el de la nación, cuyo presidente se siente chuleado. La maniobra subterfugial de Mas al organizar el simulacro de referéndum ha volado los puentes que aún se sostenían. Game over. A partir de ahora en esta legislatura no queda nada que esperar de la llamada «tercera vía». Rajoy no va a negociar con quien entiende que le ha traicionado.

Durante las últimas semanas, La Moncloa mantuvo abierta una línea de diálogo con la Generalitat a través de intermediarios, con un delegado del PSOE como parte invitada. El Gobierno creyó que había establecido con las autoridades catalanas un quid pro quo; suspendida la consulta por el Constitucional, estaba dispuesto a tolerar un sucedáneo organizado por los brazos civiles del independentismo, con las instituciones al margen. Una especie de Diada con urnas de cartón que le salvase la cara al líder nacionalista. Pero Mas se implicó en el operativo, le dio músculo oficial, desafió la ley y sacó pecho, dejando a Rajoy en una situación muy desairada: no solo había permitido un fraude sino que toda España entendió que le habían tomado ?a él? el pelo. Tiene un cabreo monumental, cósmico: sabe que su estrategia de pasividad contemplativa le ha hecho quedar como un pasmarote.

El presidente está que brama, y no solo con Mas. Cree que los socialistas han eludido implicarse en sus responsabilidades de Estado. En ese sentido las consecuencias del 9-N alcanzan también al consenso parlamentario, que quedará reducido al protocolo mínimo. Si hasta ahora el marianismo ya estaba enrocado, lo que queda de mandato va a ser una apoteosis de soledad. La desconfianza presidencial es completa: afecta al fiscal general, a parte del Gabinete e incluso a una significativa porción de dirigentes territoriales del partido. El último año no tendrá concesiones.

Lo sucedido esta semana ha atornillado a Rajoy en su posición más recelosa. Lejos de abrirse se reafirma en su estanqueidad política. No negociará con Cataluña pase lo que pase, seguirá concentrado en la economía y difícilmente aceptará hablar en serio sobre la reforma constitucional. Si puede, hará desfilar a Mas ante el Supremo ?del Tribunal Superior de Cataluña se espera poco? imputado de desobediencia. Política de ceño fruncido y estabilidad agarrada a la mayoría absoluta por el tiempo que le dure. Y luego que decidan los ciudadanos. «Après moi, le déluge», dijo Luis XV, que no tenía que presentarse a las elecciones.

EL 9-N DESESTABILIZA CATALUÑA
Editorial ABC 16 Noviembre 2014

El Gobierno no debe dar por concluida su labor en relación con el conflicto nacionalista. Nunca fue un problema únicamente judicial y nunca fue una cuestión solo política

A pesar de que Artur Mas insiste en que el 9-N fue un éxito, su propia proyección sobre la situación política en Cataluña lo desmiente. De hecho, la primera consecuencia interna ha sido la definitiva separación de estrategias del Gobierno catalán y CDC, por un lado, y de ERC, por otro. Mientras los primeros optan por volver a poner a prueba a Rajoy con una nueva propuesta de diálogo que les sirva de coartada ?ante la negativa segura de La Moncloa? para convocar elecciones «plebiscitarias» con candidatura única, los republicanos de Junqueras, además de dejar en el aire los presupuestos de 2015, quieren elecciones «constituyentes» inmediatas, con listas separadas.

Por la grieta que han abierto convergentes y republicanos aparecen de nuevo los socialistas catalanes, dispuestos a apuntalar a Artur Mas para coger aire político en Cataluña y liberarse de la incómoda carga que supuso el apoyo de Pedro Sánchez a los recursos del Gobierno central ante el Tribunal Constitucional. Mientras tanto, el PP catalán busca un guión para salir del desconcierto en que le han sumido la falta de concreción y de resultados de las apuestas judiciales y políticas del Gobierno. La superación del 9-N ?«una Diada con urnas», como hoy la califica en ABC el ministro del Interior? ha descosido las costuras que unieron a los nacionalistas, pero esto no significa que hayan abandonado los objetivos comunes.

La autodeterminación y la independencia siguen siendo sus metas y la colaboración socialista con Artur Mas será, simplemente, un nuevo apoyo provisional para pasar el trance y adornarse de transversalidad, como sucedió con el voto favorable del PSC a la ley de consultas, luego suspendida por el Constitucional. Los socialistas catalanes definitivamente han asumido que su papel es el de auxiliares del nacionalismo. Como la consulta ilegal del pasado domingo no puso punto final a la crisis separatista, se mantienen las alertas sobre las consecuencias económicas de la tensión provocada por la Generalitat y el nacionalismo catalanes. Standard & Poor?s ha vuelto a pronosticar un debilitamiento general de la economía española si Cataluña se independiza. Y aunque esta separación no se produzca, la inestabilidad que provoca el actual estado de tensión territorial, sobre el que Fernández Díaz también alerta en ABC, empieza a ser un motivo de preocupación para los mercados financieros.

El Gobierno no debe dar por concluida su labor política en relación con el conflicto desatado por los nacionalistas. Nunca fue un problema únicamente judicial, y nunca fue una cuestión solo política. Pero una vez emprendidas estas vías hay que perseverar en ellas, con todas sus consecuencias y con la vista puesta en la defensa del orden constitucional, sin limitarse a repetir eslóganes sobre el fracaso del 9-N, porque España necesita salir del estancamiento político en el que se encuentra.

RECUENTOS
JON JUARISTI ABC 16 Noviembre 2014

El independentismo catalán no ha conseguido su referéndum, pero ha recontado y exhibido públicamente sus fuerzas

EL pasado domingo la comunidad nacionalista catalana hizo un recuento de sus efectivos. Desde entonces sabemos, ellos y nosotros, que estos ascienden a dos millones poco más o menos: un tercio del censo electoral de Cataluña. También sabemos otra cosa: que no hay otra comunidad en Cataluña que la comunidad nacionalista catalana. El resto de la población de Cataluña ?dos tercios del censo electoral? no forma una comunidad alternativa (nacionalista española o antinacionalista). Si formara una comunidad, se habría opuesto activamente a la escalada secesionista desde 2012. No lo ha hecho en las elecciones autonómicas ni en las legislativas, en las municipales ni en las europeas. Y, sobra decirlo, no lo ha hecho en la calle. Conclusión: no existe más comunidad en Cataluña que la comunidad nacionalista catalana.

Frente a los nacionalismos secesionistas de sesgo étnico, la modernidad ha conocido dos tipos ?y solo dos? de oposición: la de los nacionalismos estatales y la de los partidos o sindicatos obreros internacionalistas. Ambas catalizaban la precipitación de sendas comunidades alternativas a la etnia: el Staatsvolk o constitutive people (pueblo constitutivo del Estado) y la clase o clases revolucionarias.

Ni una ni otra parecen existir ya en Cataluña, de la misma manera que se volatilizaron en el País Vasco, dejando como presencia residual los mermados apéndices regionales de los dos partidos nacionales mayoritarios. Sobra decir que no se habría llegado a la situación presente si ambos partidos mayoritarios no hubieran cedido la construcción simbólica de las autonomías catalana y vasca a los respectivos nacionalismos étnicos de ambas regiones desde el origen mismo de la transición a la democracia. El corolario de tales cesiones fue la práctica desaparición del Estado en Euskadi y Cataluña. Cuando el Estado desaparece, se esfuma con él su pueblo constitutivo, es decir, la comunidad nacional, transformándose en muchedumbre temerosa y pasiva. Una comunidad nacional necesita de su Estado para protegerse de la violencia étnica o revolucionaria. Cuando no lo tiene, se agazapa y trata de pasar desapercibida, aunque constituya una mayoría demográfica.

El presidente del Gobierno ha calificado la ausencia del Estado en Cataluña, el pasado domingo, de respuesta proporcional y cauta. Cautela hubo, sin duda, pero no proporcionalidad, porque la ausencia del Estado no es una respuesta a nada, sino una costumbre que viene de los orígenes de la transición, una costumbre que Rajoy no inventó pero que no ha modificado. El Estado no ha estado el domingo en Cataluña. Ni estuvo antes, ni después, ni se le espera. Y, por cierto, en contra de lo que se viene afirmando, el Gobierno de la Generalitat no representa al Estado en Cataluña. Desde 2012 no esconde su condición de ariete de la ofensiva independentista contra el Estado. Esta es la situación, que el recuento público de los efectivos de la comunidad nacionalista catalana ha agravado considerablemente desde el pasado domingo. Por supuesto, no se ha celebrado referéndum alguno. Y no se debía consentir que se celebrase, es verdad, pero, en mi opinión, habría sido preferible un referéndum con la presencia del Estado asegurando el orden que este recuento triunfalista de las filas independentistas movilizables, un gigantesco gesto de intimidación hacia los excluidos de toda comunidad, hacia los parias de Cataluña, dos tercios o más del censo electoral, ni pueblo constitutivo ni clase revolucionaria, sino muchedumbre agazapada tras el repliegue de un Estado que dejó de garantizar sus derechos hace mucho tiempo.

El submarino catalán
edurne uriarte./ madrid  ABC 16 Noviembre 2014

He hablado con varias personas para escribir este artículo y con todas ellas he llegado a la conclusión de que es mejor no citar sus nombres. Porque podría perjudicarles profesionalmente, por lo que me relatan del poder nacionalista en Cataluña, porque ABC es un periódico muy español y nacional. Lo que me hace pensar en la expresión de aquel colega mío de la Universidad del País Vasco en tiempos de la movilización cívica contra ETA: «Abajo el periscopio». Para describir su modo de vida, activismo anónimo en los movimientos cívicos y máxima discreción pública. Por precaución. Salvando todas las distancias entre ambas situaciones, mis interlocutores catalanes coinciden sobre todo en un diagnóstico: hay una mayoría silenciosa en Cataluña que tiene miedo a hablar, a expresar sus verdaderas ideas. Por el rechazo de su entorno, por las consecuencias profesionales, por una vida cotidiana mucho más incómoda.

En Cataluña, la mayoría va como mi viejo colega, en un enorme submarino, y la minoría, en un barco ruidoso, con música, banderas y la cubierta llena de pasajeros. Cataluña se divide en tres tercios, me dice uno de mis interlocutores. El tercio ruidoso, el nacionalista, que tiene el 90% de poder en todas las esferas de la sociedad catalana, pero que, atención, me alerta, es una minoría, la formada por el 1.800.000 votos favorables a la independencia del 9-N. No hay más en el barco ni habrá, ese tercio es lo logrado con la máxima movilización posible como ha sido la del 9-N. Otra cosa es lo que hagan los del submarino, los otros dos tercios, el de los constitucionalistas, del PP, de Ciutadans, algunos socialistas, y el tercio desmotivado, más afectado por la crisis económica, no identificado con Cataluña pero tampoco con España, abstencionista. La clave del futuro, lo que ocurra, dependerá de esos dos tercios ya que no habrá aumento del tercio independentista. ¿Qué pasará con los del submarino? Esa es la cuestión y ninguno de mis interlocutores lo tiene claro.

Se hicieron del Barça ¿Se ha resquebrajado la convivencia con el 9-N? ¿Es ahora mayor la brecha social? pregunto a todos. Hay más tensión, sí, responden. Pero, sobre todo, hay silencio, silencio de esa mayoría que no fue a votar el 9-N. El silencio no es nuevo, sí más evidente, más llamativo, en contraste con la movilización nacionalista de estos dos últimos años que ha culminado en el 9-N. Pero viene de muy atrás. Por ejemplo, me relata un seguidor desencantado del Barça, «en mi pueblo del interior de Cataluña, hace años había seguidores del Barça pero también bastantes del Real Madrid. Pero, poco a poco, se hicieron todos del Barça, para no llamar la atención, para ser aceptados, para integrarse».

¿Y todos aquellos madridistas que había en el partido del Madrid contra el Cornellá? «Bueno –me aclara– si en Cataluña se hiciera una votación realmente confidencial, saldrían muchos seguidores del Barça, del Español, pero también del Real Madrid». Me recuerda, le comento, a los dos chicos que estaban delante de mi en un bar de Bilbao viendo el Barça-Celta (0-1), y pidiendo, en voz baja, que el árbitro pitara el final. Y no eran del Celta. Pero, aparentemente, tampoco hay seguidores del Real Madrid en el País Vasco. Se le llama «espiral del silencio» y no estaría mal que Elisabeth Noelle-Neumann, la politóloga que desarrolló ese concepto, resucitara para hacer una nueva investigación en Cataluña. O en el País Vasco.
Los huérfanos

El problema de esos dos tercios silenciosos, coinciden mis interlocutores, es que están huérfanos de liderazgo y de ideas. No hay oposición, no hay argumentos frente al discurso nacionalista. La gente que se siente española y catalana y quiere seguir formando parte de España se siente desamparada. Por el Estado, por las élites políticas e intelectuales.

O por los medios de comunicación, prácticamente en su totalidad bajo el dominio nacionalista. Y los catalanes, me insisten, no siguen los medios nacionales sino TV3 o canales como 8TV. En 8TV habla Pilar Rahola, líder intelectual del nacionalismo, sin que sus mentiras sobre los supuestos doctorados le hayan pasado factura alguna en su autoridad moral. Tampoco al inhabilitado juez Elpidio Silva, el líder de ese partido que copió a Equo parte de su programa electoral. Ahora, Silva se ha convertido en referencia jurídica en 8TV para argumentar por qué son «ridículas» las querellas contra los nacionalistas que desobedecieron al TC el 9-N.

¿La corrupción de los Pujol?
Pregunto. Apenas tiene efecto, como tampoco lo tienen las mentiras de Rahola o los desmanes de Silva. «Aquí, los medios solo hablan de la corrupción del PP», me dicen. O de Monago y sus viajes; llevan varios días atacando a Monago y reproduciendo una y otra vez sus críticas a las exigencias fiscales de Cataluña.

¿Comienza la gente a plantearse la idea de irse de Cataluña? Algunos, sí. No hay una movilización, pero sí bastantes personas que hablan de esa posibilidad. Y los que comienzan a tomar precauciones, como un abogado amigo mío, me relata un profesional de Gerona, que ha abierto cuentas en Madrid y las ha preparado para poder transferir fondos inmediatamente desde Cataluña, si fuera necesario. «Yo mismo –continúa– estoy pensando en trasladar la sede de mi oficina a Madrid. Por lo que pudiera pasar. Por lo que ya está pasando con empresas que, o bien trasladan sus sedes, o no quieren trabajar con profesionales radicados en Cataluña».

El soufflé soberanista
El tercio nacionalista, el que se movilizó el 9-N, es ruidoso y tiene el poder en Cataluña. Pero tampoco está tranquilo. Porque, en expresión de un buen observador de la política catalana, el soufflé soberanista está muy subido, los nacionalistas han dado un gran salto, pero no están muy seguros de dónde van a caer. Desde un punto de vista político, por un lado. Pero, además, desde un punto de vista económico. Hay temor a las consecuencias económicas, a lo que pueda pasar en una posible Cataluña independiente.

¿Qué ocurrirá con los inversores españoles en Cataluña? ¿Con los de la Caixa, por ejemplo? ¿Con las consecuencias en el resto de Europa? Este es un asunto de dinero, piensan bastantes catalanes. Ha calado en casi todos los sectores de la sociedad, incluso entre los constitucionalistas, la idea de que Cataluña es discriminada fiscalmente, maltratada económicamente por el resto de España. Parte del soufflé soberanista se debe a eso. Y, quizá, parte de la solución, piensan los mismos. Un buen acuerdo de financiación que acabe con esa percepción de trato fiscal injusto a Cataluña puede hacer mucho por acabar con el problema.

Como también lo haría una participación de los empresarios catalanes en el debate, en la explicación de las consecuencias de la independencia. Pero tampoco hablan. En aquella encuesta a empresarios catalanes según la cual había un alto porcentaje de simpatizantes independentistas, me aclaran, respondió, en realidad, un 7% de los empresarios encuestados.

Los ruidosos y los encabritados ¿Hacia dónde camina Cataluña tras el9-N? ¿Podría convertirse esa mayoría silenciosa en encabritada, como me señalan algunos? ¿Podría producirse una movilización anti-soberanista en unas próximas elecciones? Es muy posible, piensan bastantes observadores. Porque sería su única opción de acción en el silencio impuesto por la presión nacionalista. Depende bastante de la evolución del PSC, añade alguno, de lo que decida finalmente. Porque la clave del futuro de Cataluña está, me dicen, en esa mayoría de votos que se concentra en el Baix Llobregat, Barcelona y algunas zonas de Tarragona. El independentismo no ganó en esas zonas el 9-N, pero está por ver si se movilizarán en las elecciones o se abstendrán.

Y lo cierto es que las encuestas ratifican la teoría de los dos tercios o las limitaciones del soufflé soberanista. Incluso al CEO, al centro de estudios de la Generalitat, le sale tan sólo un 24% de ciudadanos que se siente únicamente catalán (encuesta de mayo de 2014). En la misma línea del CIS. En 2012, en el III Barómetro Autonómico, al CIS le salió un 21,9 autodefinido como exclusivamente catalán. Algo más del 14,3% del I Barómetro Autonómico de 2005, pero insuficiente para fundamentar un movimiento masivo por una Cataluña independiente.

La gran mayoría de catalanes tiene una identidad compartida, catalana y española. ¿Cabe esperar que un 49,4% pudiera votar a favor de la independencia, como predijo el CEO en su última encuesta de octubre de 2014? Dada la estructura de la identidad catalana, eso es como pensar que Podemos, situado por los españoles en la extrema izquierda (lo colocan en el 2 en la última encuesta del CIS en una escala del 1 al 10), pudiera ganar las elecciones en una España autodefinida mayoritariamente como centrista.

En el silencio o en ruido, la identidad política más profunda permanece. Otra cosa es si se moviliza. Y eso depende de los líderes, políticos, intelectuales, empresariales, periodísticos. Ahí está la clave de lo que ocurra tras el 9-N.

Soy una cámara
Carlos Silva www.cronicaglobal.com 16 Noviembre 2014

En su novela autobiográfica 'Adiós a Berlín', publicada en 1939, el autor inglés Christopher Isherwood construyó mediante las historias encadenadas de una serie de personajes, a través de una "serie de brillantes bocetos de una sociedad en decadencia" en palabras de Orwell, un retrato vívido de los últimos años de la República de Weimar y de la aparición y auge del nazismo.

Lo que siempre me fascinó de esta novela es como, evitando la referencia directa a episodios políticos e históricos concretos, el autor nos muestra en primera persona los mecanismos por los que el fascismo penetra y se apodera de una sociedad enferma a través de las vidas de unos personajes marginales, indefensos, encerrados en el ensimismamiento de sus propias realidades, ignorantes de su destino, del momento histórico trágico que protagonizan y que, más allá del marco temporal de la propia novela, habrá de acabar, indefectiblemente, con ellos.

En el costumbrismo y la cotidianeidad de 'Adiós a Berlín' vemos nacer al fascismo, este fascismo, cualquier fascismo. Las mayores atrocidades, los mayores desastres, los cambios radicales de los paradigmas históricos, comienzan, en contra de la asunción habitual, en lo apenas perceptible, en lo cotidiano. Esa lluvia fina que empapa nuestro subconsciente, ese detalle de la decoración cambiado de lugar, esa nueva costumbre o humor aparentemente irrelevantes, son el tejido denso y consistente sobre el que después se asentarán las fantasías totalitarias más monstruosas.

Últimamente me acuerdo con frecuencia de esta novela en esta pobre, sucia, triste, desdichada Cataluña. Creo que el fantasma comenzó a rondarme con la invasión de esteladas en los domicilios particulares. Siempre me sorprendió la naturalidad con la que la ciudadanía no necesariamente nacionalista aceptó este acto de violencia simbólica y creó inmediatamente un mecanismo de autoengaño vestido de respeto a la libertad de expresión e indolencia. "Es el espacio público", me decían algunos amigos. "No va conmigo", decían otros. Al espacio público le pasa como a España, no tiene quien le quiera. Es de todos, no es de nadie, y si es así, cualquiera puede hacer con él lo que se le antoje. Se equivocaban. Son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia.

El espacio público es un tema central, el campo de batalla del momento histórico dramático que vivimos y, sin embargo, apenas ha merecido atención alguna en el debate político. A los nacionalistas/secesionistas ya les está bien. Ellos tienen claro que la invasión del espacio compartido, el campo diario donde se tejen los mapas mentales de los ciudadanos, es una herramienta esencial. Todos los totalitarismos, comunistas, fascistas, lo han sabido y han dado una importancia de primer orden a esta invasión, esta violencia soterrada, enmascarada, travestida. La sociedad inerme hace ver que su vida sigue con normalidad, pero se ha producido una fractura, una más, que será esencial a la hora de instaurar un nuevo orden. Son esos pequeños detalles.

La semana pasada, en la presentación de la plataforma Libres e Iguales en Barcelona, Félix Ovejero señalaba como un posible motivo para seguir aquí, en Cataluña, resistiendo, para no marcharse, la oportunidad única y un tanto morbosa de presenciar en primera persona un proceso histórico de involución totalitaria del que, hasta ahora, sólo habíamos tenido conocimiento en nuestras lecturas y soñado en nuestras pesadillas. Ovejero acertó. Tenemos un deber, personal y moral, de permanecer, de dar testimonio. Christopher Isherwood también lo comprendió y con el temple de un cirujano, animado por el aliento frío de la modernidad, comenzaba su diario berlinés: "Soy una cámara con el obturador abierto, totalmente pasiva, minuciosa, sin pensar. Captando la imagen del hombre que se afeita en la ventana de enfrente y la mujer en quimono que se lava el pelo. Algún día, habrá que revelar todo esto y, cuidadosamente, fijarlo en el papel".

La mofa chapucera del Gobierno y los nacionalistas al pueblo español
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 16 Noviembre 2014

Es difícil, señores, encontrar a quienes, no sólo en España, sino en el mundo entero, hayan sido capaces de preparar con tan poco maña, con tanta falta de tacto, con tanta incompetencia y tanta falta de respeto y desprecio por la inteligencia del pueblo español; como lo han intentado: el Gobierno de la nación, el señor Mas y toda su cuadrilla de separatistas; mediante esta patochada, sainete o como ustedes prefieran definirlo, en lo que ha consistido el simulacro de consulta, “por el derecho a decidir”, que tuvo lugar, con más pena que gloria, el día 9N, bajo el patrocinio de la Generalitat, a pesar de que, el TC, había dictado una resolución por la que se suspendía tal consulta por ser considerada un mero sucedáneo del referéndum, con carácter oficial ( también suspendido por el TC) con el que, los separatistas catalanes, habían querido enfrentarse al Estado español, pasándose por el Arco del Triunfo la Constitución española y la opinión del resto de españoles, respecto a un tema tan candente, serio y sensible como era la pretensión de celebrar una consulta, en la que se intentaba apoyar la separación de Catalunya del resto de España.

La actitud de las dos partes, sus declaraciones de cara a la galería, sus juegos de aprieta y afloja, las escuetas y sistemáticas referencias del señor Rajoy a “mantenerse dentro de la estricta legalidad” sin decir las medidas que pensaba adoptar en el caso de que la Generalitat decidiera incumplir la Constitución y la misma actitud impensable del señor Mas de retirar la convocatoria oficial de la consulta, en una aparente sumisión a la resolución del TC, inmediatamente sustituida por una convocatoria extra oficial, para una consulta sin carácter oficial teledirigida desde la misma Generalitat, pero sin que su ejecución estuviera en manos de funcionarios, sino de “voluntarios” que serían los que llevarán a cabo la materialidad de la consulta. Sin embargo, fue la Generalitad la que proporcionó urnas, papeletas, y coaccionó a los directores de escuelas y otros centros para que cedieran sus locales para la celebración de la votación y dio a conocer los resultados. Todo ello ante la pasividad del Gobierno de la nación, que se limitaba a observar desde lejos repitiendo, para los tontos que quisieran escucharlo, que la votación no tendría lugar. ¡Y si lo tuvo, vaya si lo tuvo! Y fueron a votar 2.300.000 catalanes, sin que ni los jueces, ni los fiscales, ni los mosos de escuadra ni nadie, hicieran el menor gesto para impedirlo.

Se habló de mesura, de proporcionalidad, de contención y de mil otras zarandajas para justificar el hecho de que aquello que no tenía que suceder, sí sucedió. El señor Rajoy, obligado por el descontento manifiesto de las bases del PP, apareció al tercer día para intentar dar una imagen de estadista, pretendiendo justificarse en una prudencia excesiva por lo que hubiera podido ocurrir en Catalunya si se hubieran precintado los locales donde se iba a votar. Si volvió a mostrarse enérgico cuando habló de que nunca transigiría con la separación de Catalunya de España. Otra vez se olvidó de decirnos de qué medios se valdría para impedirlo y de como actuaría en un próximo caso.

Entre tanto, un envalentonado Mas sacando pecho. Se mostró como el gran factotum del desafío al Estado; actitud que, todo el Parlament de Catalunya, menos los del PP y C’s, han adoptado en apoyo del presidente; seguramente imbuidos de aquel “espíritu patriótico” de los ciudadanos de “Fuenteovejuna”, aquella famosa obra de Lope de Vega Carpio, en la que, cuando el Comendador, corrupto y malvado, es asesinado por el pueblo y la Justicia envía a un Juez para que aclare el crimen, se produce el conocido intercambio de preguntas y respuestas: ¿Quién mato al Comendador? ¡Fuentevejuna señor! Y cuando insistió ¿Quién mató al Comendador? ¡Todos a una, señor! Emocionante ¿no?

¿Hubiera sucedido lo mismo si el señor Mas hubiera pensado que lo iban a enchironar por su desafío al Estado? Evidentemente que no. Todo aparece como un plan para darle una salida a Mas y, de paso, que el Gobierno pueda justificarse, pasando el marrón a los fiscales y, por si fuera poco ¡a los de Catalunya! Una tomadura de pelo en toda la regla. Lo que sucede es que, una cosa es elaborar un plan maquiavélico y otra es que salga bien. El Fiscal General tiene en este caso un papel determinante. Vamos a ver si nos aclaramos. Que 6 de 9 fiscales del TSJC se hayan mostrado contrarios a querellarse contra Mas, la señora Ortega y Espadaler por no encontrar argumentos jurídicos para ello, suena a chamusquina cuando todos los españoles, sólo por sentido común, prescindiendo de artilugios legales, opiniones sesgadas o ideologías políticas; por lo menos resulta insólito, raro y, por supuesto contrario al sentido común que no consideren culpable de desobediencia, prevaricación o intento de sedición, a quienes han osado desafiar la Constitución, desobedecer al Gobierno y a los tribunales e incurrir, posiblemente, en malversación de caudales públicos, ¿qué clase de fiscales pueden defender a estos sujetos?

No obstante, nos extraña que el Fiscal General del Estado permita que quienes decidan la postura de los fiscales respecto a la querella contra Mas y sus ayudantes, sean los fiscales catalanes, máxime, conociendo cómo piensan. A mi se me ocurre que, ante la evidente postura de unos fiscales que, posiblemente, sean partidarios de la independencia de Catalunya y que, incluso, puedan haber participado, con su voto, en la consulta ilegal; el Fiscal General del Estado, debería haberles sugerido que se hubieran inhibido del caso por posible falta de objetividad y parcialidad o, en su caso, si se negaran a hacerlo voluntariamente, proceder a su recusación para evitar que se tomara un acuerdo contrario a derecho, que pudiera impedir que, unos presuntos delincuentes, pudieran librarse del correspondiente castigo; cuando parece que existen pruebas suficientes que avalan el hecho de que la Justicia tome cartas en el asunto, contando con la colaboración objetiva de todos los funcionarios implicados en la instrucción y vista de la causa. En el caso que nos ocupa, existen posibles imputaciones por desobediencia, malversación de caudales públicos, prevaricación y excederse en el ejercicio de sus competencias.

Todo ello nos hace suponer que, las conversaciones secretas de Arriola con el señor Rigol, de UD, no fueran lo negativas que nos han querido dar a entender. No nos creemos que lo mejor que se le ocurra al Fiscal General del Estado sea dejar en manos de la Justicia catalana la solución de un conflicto que puede afectar a toda España. Tenemos la impresión de que, el actual Gobierno, en manos de Sáez de Santamaría, esté buscando ganar tiempo y piense que, si consigue alargar lo inevitable, ­ –que el señor Mas y el resto de partidos separatistas convoque unas elecciones que ellos llaman “plebiscitarias” para, acto seguido, declarar la independencia ( si consiguen el número de votos que se lo permitan) – quizá es muy posible que el señor Rajoy hubieran podido recuperar, al menos en parte, el control de la situación que, por ahora, parece que se les ha ido de las manos No cuadran tantas cesiones, tan poca iniciativa y tan poca energía, cuando el país se encuentra en uno de los momentos más delicados de su historia.

El pueblo español puede que ahora no tenga la posibilidad de evitar que, sus gobernantes y los partidos de oposición intenten tomarle el pelo, pero no duden de que tenga memoria. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos desengañados como se van evanesciendo las promesas que se nos hicieron, hundidas en el cenagal de los intereses personales, la corrupción y la falta absoluta de visión política de nuestros gobernantes. Esperemos más sensatez en los españoles.

Los destructores de naciones o los aprendices de brujo
Mariano Ganduxer www.cronicaglobal.com 16 Noviembre 2014

Compatriotas y amigos, prestadme oídos:

Vengo a defender una vieja, noble y dura Patria que, junto con su hermana Portugal, ha extendido nuestra cultura occidental y grecorromana por todos los paralelos, en parangón tan sólo con otras tres grandes culturas, el Imperio del Centro, la Madre Rusia, heredera de Bizancio y Britania, también ésta como Hispania, heredera de Roma. Los reinos ibéricos dieron por primera vez en la historia la vuelta al mundo. Desde el inicio de la mal llamada reconquista, los diferentes reinos hispánicos vertieron la sangre de sus pueblos conjuntamente en defensa de una idea e interés común. Los reyes medievales se sabían reyes de las Españas, incluyendo a moriscos y judíos -cada una de ellas diferente de las demás- pero cada una de ellas, una España al fin y al cabo.

Los catalanes, junto con los aragoneses, castellanos, astures, leoneses y gallegos, parimos lo que es la España moderna a través de alianzas matrimoniales, a las que se unió luego Navarra, por tratados y pactos. Euskadi ya formaba parte de Castilla. Los catalanes hemos vertido nuestra sangre con el resto de los españoles en todos los mares oceános del mundo y por todos y cada uno de los continentes. Se han empapado de ella los campos de batalla de Italia, el Canal Británico, Francia, Alemania, los Países Bajos, todas las Américas, Extremo Oriente, desde los confines glaciares de Argentina y Chile hasta las cumbres de los Alpes, de los Andes y los Pirineos, en los desiertos del Sahara y en el norte y centro de África y en nuestro propio suelo, por desgracia, demasiadas veces.

Una paradoja de la historia es que si la iniciativa, durante la guerra del 'Pagesos de Remensa' en 1641, de Pau Claris de unir Cataluña a la Francia de Luis XIII hubiera tenido éxito, la cultura catalana, tal como hoy la entendemos, hubiera desaparecido, tal como han hecho las culturas occitana, bretona, borgoñona y aquitana en el vecino país. La Guerra de Sucesión, que no de Secesión, fue otra de ellas -guerra civil internacionalizada- que significó, a fin de cuentas, no sólo un cambio de dinastía, sino, y lo más importante, un cambio en la concepción del Imperio, que dejó de ser, si puede decirse "confederal", convirtiéndose en un Estado más o menos unitario al estilo francés. Cayeron aduanas interiores, se permitió el libre acceso de cualquier ciudadano de cualquier origen a todos los rincones del imperio -entonces enorme- y se instauró por primera vez la libertad de comercio con América (Carlos III), adaptándose la nueva bandera, calcada del estandarte de combate de las flotas catalano-aragonesas, y la economía floreció a impulso de la Ilustración y las Sociedades de Amigos del País, en toda España pero sobre todo en Cataluña.

Desde la Guerra de la Independencia, la historia de España se confunde con la tenaz búsqueda de la democracia pero ambas han sido muy difíciles. A partir de la Ilustración de finales del siglo XVIII, la incapacidad de nuestras élites de atraer a las colonias para la construcción de un futuro común, la pérdida de las principales gracias al levantamiento de sus propias burguesías ilustradas coetánea a ésta pérdida, con la atroz Guerra de la Independencia, que fue además, una guerra civil, pasando por la Constitución de Cádiz, la subsiguiente represión absolutista, la revolución liberal, las terribles guerras carlistas, la primera guerra de Marruecos, la restauración de la monarquía con cambio dinástico de Prim, su asesinato, la Primera y fugaz República, primer intento de la burguesía catalana, cantonalismos, hombres fuertes, pronunciamientos, dictaduras, pérdida a medias del tren de la industrialización, la segunda Restauración, la Guerra con los Estados Unidos, desgajamiento de Filipinas, Cuba, Puerto Rico, las Carolinas y las Marianas... (Sin embargo, la protección arancelaria de la industria nacional, asegurada por los sucesivos gobiernos españoles, permitió el desarrollo de las industrias vasca y catalana al abrigo de la competencia del Reino Unido, Alemania y Francia, asegurando a esos industriales un mercado casi oligopolista).

Después de las sangrientas revoluciones agrarias y anarquistas andaluzas, la semana trágica de Barcelona y la sublevación minera de Asturias, todo ello amenizado con la segunda Guerra de Marruecos, el desastre de Anual, la proclamación de la bien intencionada Segunda República y su desgraciado colapso, los episodios protagonizados por Macià en 1931 y Companys y Dencas en 1934 con evidente desprecio a la legalidad republicana, nos llega finalmente la némesis con la Guerra Incivil como punto y final de la degradación hispana; cientos de miles de muertos, todos contra todos, el cuchillo en la garganta, las checas, los paseos, las venganzas, el exilio de muchos, las terribles represiones posteriores, la II Guerra Mundial, el hambre, los años de dictadura, la tímida recuperación económica, el plan de estabilización, los sucesivos planes de desarrollo, el turismo, la incipiente bonanza económica, la muerte del dictador y, por fin, la ahora maltratada transición, que reinstaura la Monarquía y desemboca en la Constitución de 1978 que el pueblo español se ha dado y que ha significado el período más largo de paz y prosperidad y estabilidad que España ha conocido, en toda su historia. No existen referentes de salto más rápido -en términos económicos- del tercer mundo al primer mundo como el protagonizado por España en los últimos 50 años. Entramos con todos los honores en la Unión Europea. Después de toda la historia anterior parece que ya nos tocaba.

Sin embargo, y justo ahora, una parte importante de los catalanes ya no quiere continuar siendo españoles. ¿Por qué? En principio, Cataluña goza del mayor autogobierno que existe en Europa, superior por ejemplo al de los länder alemanes, su lengua se ha recuperado muy rápidamente, decenas de emisoras radiofónicas y televisiones públicas y privadas emiten tan sólo en catalán, las universidades públicas y privadas son en catalán, así como la enseñanza primaria y secundaria, todo ello conseguido en función de un pacto de Estado -el Estatuto- basado y reconocido por la Constitución de 1978 y con totales competencias sobre la educación, dado que el legislador presumía la total lealtad hacia el Estado y sobre todo hacia la nación de ésta Comunidad, y, como por lo demás se presupone de todas las otras CCAA.

En otro orden de cosas, el nivel de renta per cápita de Cataluña continúa siendo el 120% de la media española y superior al 110% de la media europea, administrando, ya sea directamente, ya sea por transferencias del Estado, más del 92% de lo recaudado en Cataluña, siendo el pretendido "expolio fiscal" similar al que sufren Lombardía, Saboya, Baviera, el norte de Francia, el sur de Inglaterra, las propias Baleares, Madrid, y en general las regiones ricas europeas con respecto a la media de sus propias naciones: simple redistribución socialdemócrata de riqueza, comparable con la ingente aportación económica de la Europa rica del norte hacia la Europa pobre del sur.

¿Qué ha sucedido, pues? La razón fundamental de la aparición del catalanismo fue un intento inteligente y bienintencionado de regeneración de España. Se inició, como se ha dicho, con la fracasada Primera República. A fin de cuentas suponía la substitución de los principios sostenidos -cuasi feudales- por los propietarios agrarios, sobre todo latifundistas, vigentes e impuestos sobre todo desde Castilla y por derecho de conquista en Extremadura y Andalucía, substitución, digo, por los principios de la burguesía industrial ya consolidada en Cataluña y Euskadi e incipiente en Valencia, el propio Madrid y el norte de España, a imitación de lo sucedido, tiempo atrás, primero en el Reino Unido, luego en Francia, Holanda, el norte de Italia y Alemania. Este intento fue quebrado primero por la terrible inestabilidad política, con las guerras carlistas, se intentó de nuevo con la Restauración con el vaivén de Cánovas, Sagasta y viceversa y luego abortado conscientemente por la dictadura de Primo de Rivera, uno de los últimos representantes, de la clase social agraria, ganadera y latifundista a la que nos referíamos.

La dictadura de Franco se consideró desde Cataluña como la enésima agresión del Estado contra sus esencias, a pesar de ello, o quizás gracias a ello, Cataluña continuó bien viva. No olvidemos que gran cantidad de catalanes lucharon y vencieron en el bando llamado nacional. Importantes personalidades catalanas dirigieron la política económica del régimen logrando muy buenos éxitos económicos y alcanzando cotas de bienestar impensables pocos años atrás.

La incapacidad del Estado, sea cual sea su forma, para considerar como propias la cultura catalana y por ende el resto de las culturas llamadas "periféricas" en contraposición a la dominante, la castellano-andaluza, se hizo también patente durante la Segunda República. Es sintomático, sin embargo, que los pronunciamientos de Companys en 1934, y el actual de Mas en 2014 coinciden con gobiernos de derecha o centro-derecha en España, y, precisamente, en situación democrática. La reinstauración de la autonomía de Cataluña, gracias a Tarradellas y a Suárez, queda desdibujada, a ojos de algunos catalanes por el "café para todos" del propio Suárez.

Aparecen pues, a ojos del observador imparcial, dos contendientes: los políticos separadores y los políticos separatistas, que precisamente son a los que se refiere el título de este trabajo. Ambas posturas tienen su origen en el miedo. Se corresponden casi exactamente. Los primeros no comprenden que su España no es una, sino varias, y que en ello reside precisamente su grandeza, desprecian cuanto ignoran y lo hacen, olímpicamente, con las otras Españas a las que no comprenden. Residen en su mayoría allende del Ebro y se suelen definir como los verdaderos y quizá únicos españoles "de verdad".

Los segundos defienden su proyecto de cortos vuelos por su presunta o aparente incapacidad de influir efectivamente en el rumbo de la nación, quizás por su falta real de implicación en ella, a la inversa de lo que desde el inicio del catalanismo fue su ambición principal y la justificación verdadera del movimiento de Prat de la Riba y de Cambó, quienes representan el seny al contrario de Maciá y Companys que representan a la rauxa, en la que por desgracia, estamos actualmente inmersos. Quizás también, en busca de cierta impunidad para el futuro o de un mejor reparto del pastel fiscal. Por desgracia para nuestras Españas los dos grupos políticos han abdicado de su función esencial que es, sin duda, asegurar la concordia y la paz entre los ciudadanos y sus territorios, exactamente lo contrario de los que están ahora haciendo, pues no cesan de sembrar odio, discordia y búsqueda de la diferencia para llegar a la desunión. Qui prodest?

Pero en conjunto, los seguidores de estos políticos, los separadores y los separatistas, no superan los ocho millones de personas en todo el país, pero aquí vivimos más de 48 millones de personas, lo que significa que somos más de 40 millones los que estamos cómodos y bien los unos con los otros, disfrutando de nuestras diferencias, nuestros acentos, nuestros paisajes, nuestro vino, nuestro cocido, nuestra tortilla de patatas, nuestra butifarra con pan con tomate y todo lo demás. Parece mentira que tenga que escribir esta obviedad. A pesar de todo, estos ocho millones -más o menos de personas- seguirán viviendo entre nosotros y son y serán nuestros compatriotas y compañeros de viaje en este trocito de mundo donde nos ha tocado vivir. Debemos pues esforzarnos para que también se sientan cómodos. Este punto es esencial.

La entrada de España en la Unión Europea cambia súbitamente el tablero de juego; accedemos a un club en el que suspirábamos por entrar desde hacía decenas de años pero no cesan por ello las luchas intestinas y nuestra influencia en los destinos de Europa no se corresponde en absoluto con nuestra historia e influencia en el mundo. Sin embargo, para un observador extranjero e imparcial, vivimos en un lugar bendecido de la mano de Dios, tanto por el clima, nuestros pueblos, la riqueza de nuestros campos, la afabilidad de nuestras gentes, el arte creado, desde el románico al gótico, pasando por el mudéjar, Herrera, Gaudí, el modernismo; nuestras escuelas de pintura: Velázquez, Goya, Picasso, Miró, Dalí; literatura: Llull, Gracián, Quevedo, Cervantes, Universidades en el Nuevo Mundo, las primeras por cierto, 150 años antes que las británicas. Sólo Italia y quizá Francia osan compararse con España en estos temas.

A pesar de esto, la mirada del español sobre su propio país es pesimista, triste, todo ello a pesar de sus éxitos palpables y recientes. Creo sinceramente que existe un serio componente masoquista, hablando en términos psicológicos, en el alma hispana. Se existe en contraposición al otro, una de las pruebas, quizá cómica o no tanto, es la supresión de las corridas de toros en Catalunya, pero con el mantenimiento de los corre bous.

Por desgracia, en España el ansia de destrucción se corresponde con la falta de construcción. Olvidamos las conquistas más recientes, que ni las mayores potencias mundiales tienen; una salida pacífica y exitosa de una dictadura de casi cuarenta años, una sanidad pública al alcance de todos, incluso los emigrantes más desfavorecidos, con investigadores con medios escasos pero con intuición, dedicación, inteligencia y éxitos fuera de toda duda; una población solidaria, primera donante mundial de órganos, sin precio, unos equipos de trabajo que realizan obras públicas de primera línea en todos los puntos del globo, enormes empresas multinacionales que se miden de tú a tú con americanos, franceses, británicos, italianos, alemanes, japoneses y chinos en todos los mercados. Los mayores exportadores de frutas, hortalizas y verduras. El tercer país receptor de turistas. Preguntémonos por qué vienen y obtendremos ciertas y agradables respuestas.

Existen soluciones a este contencioso relativamente fáciles y claras; el exacto cumplimiento de la Constitución es una de ellas: el actual Senado, inoperante, reserva de (con todos los respetos) políticos en retiro, debe convertirse en una auténtica cámara territorial, donde en buena lid se diriman las diferencias entre las políticas de las CCAA, y cuya sede debería estar en Barcelona. En lo que se refiere a las balanzas fiscales debe instaurarse el principio de ordinalidad; no es de recibo que por razón de su contribución solidaria una Comunidad decaiga en su rango de renta per cápita. La creación de un verdadero Tribunal de Cuentas para transferencias fiscales para fiscalizar el fin real del esfuerzo solidario de las regiones ricas hacia las más desfavorecidas crearía transparencia y fiabilidad y facilitaría el cálculo del coste de oportunidad, evitando los abusos que todos conocemos. La modificación del reglamento interno del Congreso de los Diputados, para permitirles expresarse en su lengua materna, debería ser un tema baladí y natural, así como natural debería ser la defensa de las otras lenguas del Estado en los foros como la Unión Europea. El inexcusable y obligado cumplimiento de las sentencias de los tribunales de justicia en todas la CCAA es imperativo. La real y estricta separación del poder judicial del poder ejecutivo y del legislativo debe ser percibida verdaderamente y sentida por el pueblo español. La reinstauración inmediata del recurso previo de inconstitucionalidad -origen de los graves problemas con el nuevo Estatuto de 2006- es una prioridad innegable. Estos son algunos de los deberes pendientes del Estado.

Es interesante comprobar cómo superponiendo el mapa de las comarcas catalanas consideradas en el siglo XIX carlistas, con el mapa de las comarcas actuales con mayoría separatista o soberanista, coinciden casi a la perfección. ¿Qué interpretaciones nos sugiere este hecho geográfico? Parménides decía que "la guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos". Las poblaciones del centro de Cataluña, desapegadas actualmente y gran proporción de las Españas, no sólo están influidas por una propaganda desde el poder regional a todos los niveles; televisiones públicas, medios privados subvencionados con los impuestos de todos, escuelas dirigidas a un fin concreto, sino que, además, tienen realmente el temor de perder su propia e inalienable personalidad profundamente catalana en un mundo cada vez más global e interrelacionado. La emigración foránea no española tiene mucho que ver con este tema, pero también la sensación generalizada que, sea cual sea la forma del Estado español, éste no cuida ni ama a la esencia catalana, que forma parte de España tanto como la castellana o aragonesa, como debiera.

Todos los gobiernos catalanes han subrayado esta sensación y no precisamente para paliarla, sino todo lo contrario, faltando de una manera flagrante a su deber de lealtad hacia el Estado, del cual son precisamente sus máximos representantes en Cataluña. La Generalitat, por respeto hacia sí misma y hacia su propia autoridad debe cumplir y hacer cumplir las sentencias firmes emanadas de las instancias jurisdiccionales competentes, pues en ello le va su propia autoridad moral y legal en hacer cumplir sus propias disposiciones y las emanadas por el Parlament de Catalunya. Partidos políticos instalados en el poder llamando a la desobediencia civil es un contrasentido evidente y que puede volverse contra el que la predica fácilmente.

Es totalmente inaceptable para gobiernos que se consideran a sí mismos demócratas que pongan, como ocurre actualmente, todo su poder mediático propio y privado adquirido por subvenciones bien meditadas, su poder económico, su poder político coercitivo al servicio de la causa secesionista cuando saben que, al menos, según las encuestas más recientes, un 45% de la población catalana se considera tan catalana como española y otro 5% tan sólo española. Extraña democracia. También son inaceptables los "voluntarios" de la ANC que a la manera de los piquetes informativos de las huelgas -conocidos por todos- informarán "amablemente" casa por casa a sus conciudadanos de las ¿ventajas? de la independencia de Cataluña, evidentemente, no de los inconvenientes, que de haberlos, haylos. ¿No les recuerda a ustedes algo? Se llama discurso único.

Las poblaciones costeras de Cataluña o las colindantes con Aragón y Valencia, por tradición y facilidad de comunicaciones, han sido mucho más permeables a las influencias exteriores y al comercio exterior y en este sentido, son más mestizas, y su catalanismo es, a mi entender, más global y aperturista en el sentido actual de término y por tanto el independentismo puro y duro tiene mucho menor predicamento. Otros sectores de la sociedad, empresarios y profesionales, que suelen tener mayor y mejor base informativa, son también conscientes de los agravios antes referidos, pero no creen en general en las soluciones del todo o nada. Conocen quizá más a fondo los graves problemas de toda índole que acarrearía una secesión y prefieren un pacto a una ruptura.

Creemos desde Sociedad Civil Catalana que se debe colectivamente aprovechar esta grave crisis para arreglar nuestra gran casa común. Comparados los actuales acontecimientos con alguno de los antes descritos, pierden éstos en gran parte su importancia. Estamos a principios de siglo XXI, formamos parte de la Unión Europea, somos una población altamente preparada, tenemos un nivel y calidad de vida de los primeros del mundo, hemos dejado atrás los viejos fantasmas de nuestra historia reciente. No resucitemos a ninguno de ellos jamás.

"Las singularidades de Cataluña no son un capricho, tienen que ser asumidas por el resto de España"
Pascual Sala, expresidente del Tribunal Supremo y del Constitucional, uno de los magistrados que modificó el Estatut, cree que su desarrollo competencial da margen para negociar tras el 9-N
LOURDES PÉREZ El Correo 16 Noviembre 2014

Medio siglo ejerciendo como juez dan para mucho, aunque en pocos casos para tanto como ocurre con Pascual Sala (Valencia, 1935), expresidente del Consejo General del Poder Judicial y del Supremo y después máximo responsable del Constitucional. Sala participó en las deliberaciones que prohibieron la consulta de Ibarretxe y que desembocaron en la controvertida sentencia sobre el Estatut, cuyo recorte es definido por el soberanismo catalán como la fragua de la ruptura. El magistrado, hoy retirado, cree en cambio que el texto estatutario ofrece margen para abrir una negociación a partir de este 9 de noviembre.

-¿Era imaginable en aquellos años un proceso tan convulso como el del 9-N?
- No, realmente no. Tenga en cuenta que aunque el Tribunal Constitucional resuelve problemas de trascendencia política, lo hace siempre con criterios constitucionales.

- ¿Está sorprendido, inquieto, preocupado... ante la deriva de los acontecimientos?
- Pues como ciudadano, por supuesto. Los problemas políticos deben resolverse políticamente y los jurídicos-constitucionales, en su terreno. La sentencia de 2010 sobre el Estatuto catalán fue fundamentalmente interpretativa. De un texto con 223 artículos, el Tribunal anuló incisos de 14 y solo sometió 27 a interpretación, cuando la impugnación fue masiva. Los artículos que se anularon lo fueron por cuestiones competenciales, como la previsión de un Poder Judicial propio. Y no es lo mismo una sentencia anulatoria que una sentencia interpretativa. Aquel Estatuto, que fue validado por el pueblo catalán en un referéndum convocado en ese caso con arreglo a la Constitución, está vivo. La interpretación, sin duda alguna, se puede negociar políticamente, porque se puede desarrollar el Estatuto vigente casi en los mismos términos en que está establecido.

- No se siente interpelado, entonces, por esa lectura que atribuye el auge, primero, del soberanismo y luego del independentismo a lo que Alfonso Guerra denominó "el cepillado" del Estatut.
- La deliberación fue muy premiosa, duró más de tres años porque se cometieron políticamente muchas aberraciones; entre ellas, se recusó a magistrados que no tenían por qué serlo. Pero el Estatuto salió, estaba vivo. Sin embargo, yo tengo la impresión de que nada más publicarse la sentencia se acogió como la excusa para decir que no había habido diálogo con el pueblo catalán y otras cosas. No es que esté defendiéndola, pudimos equivocarnos. Pero es una sentencia razonada, interpretativa, que permite un desarrollo político y que identifica problemas competenciales que también se pueden resolver legislativamente. Una de las soluciones posteriores al 9-N sería negociar una modificación o un desarrollo estatutario que reconociera todas las singularidades que se tienen que reconocer -y que históricamente son una realidad- al pueblo de Cataluña: su lengua, su Derecho, su historia, su tradición y su cultura. No es un capricho de los catalanes, tiene que ser asumido por el resto de España y por todos los gobiernos, cualquiera que sea su signo político. Esto se puede reconocer en la Constitución, en el Estatuto de Autonomía y en la negociación política.

"Hay que cerrar el estado de las Autonomías y delimitar claramente las competencias de cada ámbito"

- ¿Su propuesta sería, por tanto, recuperar el texto estatutario y emprender una doble reforma -del propio Estatut y de la Constitución- que consagre la singularidad de Cataluña, a la manera de la foralidad vasca?
- Eso es política, y yo no debo dar consejos políticos. Pero ya lo he avanzando anteriormente. Hará falta una negociación para reconocer la singularidad de Cataluña. Y como ésta es real, se debe abordar políticamente. Pero esto lo puede decir no solo Pascual Sala, sino cualquier ciudadano.

Reforma constitucional
- Se lo pregunto de otra forma. ¿Reconocer esa singularidad implica una negociación solo de Cataluña con el Estado o una reforma constitucional total?
- Ésa es una opción política (sonríe). Y seguramente no tengo los elementos suficientes para pronunciarme.

- ¿España necesita un cambio constitucional? ¿Comparte la opinión de quienes lo reclaman, ante el desgaste de materiales del modelo alumbrado en la Transición?
- Sobre todo, de todos los asuntos que están en la mente de los lectores, hay que cerrar el Estado de las Autonomías, llámese como se quiera a esa forma de Estado. España es un Estado compuesto. El deslinde entre las competencias que corresponden al Estado y las de las autonomías está contenido fundamentalmente en dos artículos de la Constitución, y es muy poco. El Tribunal Constitucional ha tenido que ir cerrando a golpe de sentencias durante 30 años algo que no ha cerrado porque no puede hacerlo. Por consiguiente, la estructuración del Estado de las Autonomías tiene que ser cerrado y delimitar claramente las competencias. Y ahí se pueden establecer diversos grados: la asunción de competencias bien obligatoriamente para todas las autonomías o bien facultativamente por las mismas..., pero delimitando bien cada ámbito competencial. Eso no está hecho y hace falta hacerlo con cierta urgencia.

"La sentencia del Constitucional fue fundamentalmente interpretativa. El Estatuto catalán salió vivo, está vivo. Su interpretación se puede negociar políticamente"

- ¿Y a eso cómo se le llama? ¿Federalismo, confederalismo, federalismo asimétrico...?
- Mire, yo no entro en un ejercicio de nomenclatura. Insisto, éste es un Estado compuesto desde la Constitución de 1978. Si se le hubiera llamado Estado federal, seguramente estarían también mal delimitadas las competencias. La denominación es lo de menos. Lo que importa es cerrar dentro de la Constitución el Estado de las Autonomías.

-¿Esto implica que pueden convivir comunidades proclives a compartir competencias con el Estado y otras que aspiren a un autogobierno reforzado?
- Si políticamente se negocia así, podría hacerse. No es un jurista el que debe resolverlo.

- Volvamos a la singularidad catalana. ¿Se trata de una singularidad nacional?
- Eso afecta a los sentimientos, y es más terminológico que real. La Constitución de 1978 habla de nacionalidades y regiones. ¿Qué significaban en aquel momento las nacionalidades, eran algo intermedio entre naciones y regiones? Mire, hay una ley catalana que nadie ha impugnado:la de los símbolos nacionales, se llama así y es de los años 80. A nadie se le ha ocurrido impugnarla. Hay que tener un cuidado grande en lo que se refiere a los sentimientos de la gente, de los ciudadanos, es necesario no ofenderlos. En materia de competencias, estoy seguro de que los ciudadanos catalanes no se meterían, como tampoco los de cualquier otra parte del territorio español. Pero si afectan a sus símbolos nacionales...

"La soberanía nacional no puede ser compartida"

- Podría hablarse entonces de una singularidad nacional.
- Podría, pero eso es también una decisión política. Utilizar la palabra nacional no tiene para mí una trascedencia tan grande como para que signifique la separación. Que la soberanía nacional reside en el pueblo español es inconmovible, pero que pueda haber símbolos nacionales... ¡Es que los hay con ese nombre y nadie los ha impugnado!

"Problema con las preguntas

- ¿Están bien anuladas por el Constitucional la consulta y la convocatoria participativa del 9-N?
- La soberanía nacional no es compartida porque no puede ser compartida, lo dice así la Constitución. El Tribunal Constitucional, como supremo intérprete de la Constitución, no puede sostener lo contrario. El problema son las preguntas de la consulta: si se trata de un ejercicio de soberanía, tendría que hacerse un referéndum nacional en el que votarían los catalanes y el resto de los españoles. Y está muy claro que, en este punto, el Constitucional no haya tenido ninguna duda.

"El juez debe ser la última pieza, no la primera, contra la corrupción"

- ¿El escollo es también el procedimiento elegido?
- La cuestión es que las preguntas condicionan el procedimiento. Si hubieran sido otras, podrían haber entrado dentro de las competencias de una ley de consultas.

- ¿Es lícito apelar a voluntarios y funcionarios públicos, cuando Artur Mas no se ha comprometido firmando un nuevo decreto para el 9-N?
- Sí, el procedimiento es un poco raro. Si hubiera desobediencia o una actitud delictiva..., yo no puedo referirme a ello en este momento. La Justicia no puede ser nunca preventiva. La Justicia, incluida la constitucional, decide siempre con criterios de legalidad, no de oportunidad o conveniencia.

- ¿Se arriesga a algo, penalmente, el president de la Generalitat?
- No lo sé, creo que no, independientemente de las críticas que suscite. Yo no soy partidario del tremendismo, ni siquiera del tremendismo jurídico. La prudencia siempre va delante, inclusive de la Justicia.

-¿Cabe la posibilidad de la independencia en la Constitución?
- En ninguna Constitución escrita que yo conozca está el derecho a separarse, porque las Constituciones se votan precisamente por un proyecto de vida en común, política, jurídica y socialmente. No hay una previsión constitucional de que un trozo del territorio tenga derecho a separarse, a decidir su futuro con independencia, etcétera. Las constituciones son, precisamente, una norma que introduce la seguridad en ese aspecto. En el proceso del Reino Unido, ha tenido que negociarse para poder hacerlo legalmente, porque no existe una Constitución escrita.

- Imaginemos que la mayoría de los ciudadanos de un territorio expresa a través de la vía legal existente, que son las elecciones autonómicas, una voluntad diáfana de separarse. O de querer que se les pregunte sobre la posibilidad de separarse. ¿Eso cómo puede articularse en un marco constitucional como el español?

- Habría que ponerlo estrictamente así en la Constitución. Habría que reformar el precepto que establece que la soberanía corresponde al pueblo español.

- ¿Cabría un referéndum como el escocés o una consulta inspirada en el modelo quebecois?
- Se trata de dos tipos de consultas autorizadas. Se ha negociado políticamente y se han autorizado. Si aquí se hubiera autorizado, se podría haber hecho una consulta convocada por el Rey previa decisión del presidente del Gobierno y avalada por el Parlamento. Tendría funcionalidad consultiva. Y habría que haber negociado la pregunta, el procedimiento...

Supremas estupideces
Nota del Editor 16 Noviembre 2014

El pueblo catalán (¿el que habla catalán? de ahí su interés en la obligación de que lo aprendan los hijos de los otros¿; sentencia interpretativa (para dar la vuelta a la ley), criterios constitucionales (¿ cómo pueden aplicarse criterios a partir de un texto absolutamente irracional ?; supremo intérprete de la constitución ( la constitución la aprueba, debería haberla aprobado, una ciudadanía sensata y su interpretación es la que debería aplicarse); estado compuesto (vaya, ya empiezan las taifas, así se consiguió liberar España del dominio musul´mán),  desarrollo estatutario que reconociera todas las singularidades que se tienen que reconocer -y que históricamente son una realidad- al pueblo de Cataluña: su lengua, su Derecho, su historia, su tradición y su cultura (¿ y el pueblo vallecano qué ?)

Casi el 80% de esta cantidad se destina a los sindicatos ELA y LAB
El Gobierno nacionalista vasco dilapida un millón de euros en subvencionar a 18 liberados sindicales en el ámbito educativo
www.latribunadelpaisvasco.com 16 Noviembre 2014

El Gobierno de Íñigo Urkullu, a propuesta de la consejera de Educación, Política Lingüística y Cultura, Cristina Uriarte, ha aprobado financiar el coste de 12 liberados sindicales de la Enseñanza Privada y seis de las Ikastolas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya para el curso 2014-2015, con un coste total de 1.040.000 euros. De este modo, cada liberado sindical costará a las arcas públicas un total de 57.777 euros al año, lo que supone que cada una de estas personas recibirá retribuciones, directas o indirectas, por valor de 4.814 euros mensuales.

El sindicato nacionalista ELA, próximo al PNV, y la central obrera LAB, perteneciente a la órbita de la autodenominada izquierda abertzale, recibirán el 77,77% del monto total, mientras que CC.OO. y STEE-EILAS captarán un 11,11% cada una.

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