AGLI Recortes de Prensa   Lunes 17  Noviembre  2014

España no puede seguir gobernada por traidores
Roberto Centeno El Confidencial 17 Noviembre 2014

Ni el PP, ni el PSOE, ni los nacionalistas están legitimados para gobernarnos. Ni España ni ningún país pueden ser gobernados por unos corruptos y traidores que nos han llevado a la degradación moral y a la ruina económica. Una persona que el 9-N estuvo literalmente paralizada de miedo, que tiene el cinismo de afirmar que su línea es actuar con “prudencia y con mesura”, y para ello es capaz de romper la unidad constitucional ignorando la Constitución y la Ley que ha jurado cumplir y hacer cumplir, y de someter a los españoles a una humillación sin precedentes no puede ser el presidente. ¿Qué Gobierno legítimo podría incumplir por táctica política la Constitución y la Ley? Sería destituido y procesado por el resto de poderes del Estado, algo imposible en nuestra Monarquía oligárquica porque no hay tal separación y todos están a las órdenes del Ejecutivo.

Para acabar con el separatismo solo se necesitan dos cosas: el BOE, restaurando el imperio de la Ley, y los Presupuestos Generales del Estado, algo que ni el felón de Rajoy ni el indocumentado de Pedro Sánchez están dispuestos a utilizar, dejando indefensos al Estado de derecho y al pueblo español. Dos traidores así para los que la táctica política está por encima de la Ley no pueden gobernar España. Y no solo es la traición, también es la economía que va cuesta abajo desde julio. Medido el crecimiento con el PIB a precios de mercado, que es el que determina la riqueza realmente creada –si un coche se ha vendido por 10.000 euros su aportación al PIB son 10.000 euros y no ninguna otra cifra–, este ha pasado de 512.353 millones de euros 1S2013 a 514.062 millones 1S2014, un escuálido crecimiento del 0,3 %, la cuarta parte del PIB publicado que están, a precios constantes, inflados en el deflactor.

Pero el tercer trimestre ha sido peor que el segundo: un +0,5%, real, que, con un deflactor que puede acercarse al -1%, daría un crecimiento del PIBpm del -0,5%. Del cuarto mejor no hablar: el consumo de electricidad ha caído un -1% en octubre y los indicadores de confianza industrial y del consumidor también del mismo mes se han desplomado al -6 y al -10% respectivamente. Y eso que aún no se conocían las recomendaciones de los grandes bancos de inversión de no comprar deuda española, ni que Fitch está estudiando rebajarnos el rating, porque en España ya no rige la Ley. Y para acabar de arreglarlo, según los últimos datos de la Comisión Europea, el crecimiento potencial de España es ya negativo, del -0,4% en 2014 y del -0,3% en 2015, una caída espectacular desde el +3% en 2008.

La economía a peor y la política nos asoman al abismo
La desastrosa pasividad y cobardía de Rajoy, que, a pesar de haber obtenido una mayoría aplastante que le habría permitido regenerar de arriba abajo –desde someter a referéndum un modelo territorial económicamente inviable y políticamente letal a un sistema electoral representativo que consiga la independencia de los poderes legislativo y judicial, fuente de toda corrupción y nepotismo–, ha optado por no hacer absolutamente nada hasta el punto de conseguir lo que parecía imposible: una gestión mucho peor aún que la de Zapatero, endeudando a la nación en dos años y medio más que el indigente mental en cuatro, reduciendo la renta disponible de las familias en porcentajes que no se recordaban desde la guerra civil, y favoreciendo a las élites financieras y monopolistas como jamás había ocurrido antes.

Una de las formas más claras e indiscutibles de cuantificar el desastre del Gobierno del PP es la evolución de la deuda total, que ha hipotecado la vida de varias generaciones de españoles. Según los últimos datos del BdE y con la nueva metodología SEC 2010, la deuda total de las AAPP o pasivos en circulación al final del segundo trimestre de 2014 ascendía a 1.493.413 millones de euros, es decir, el 142% del PIB, algo ya imposible de devolver. Pero lo que es mucho más grave: su crecimiento se está acelerando. Así, en los seis primeros meses de 2014, la deuda se incrementó en 136.570 millones frente a 108.754 millones en igual periodo de 2013, ¡un incremento del 25,6%!, lo que significa que el gasto de las AAPP está fuera de control. Rajoy ha incrementado la deuda pública en 539.231 millones en dos años y medio, la cifra más alta de nuestra historia en relación al PIB, y que compara con 446.998 millones de Zapatero en cuatro años, 2008/2011. Y es que este desastre llamado Rajoy ha destinado la mitad de este incremento de deuda a “financiar a terceros” (1) generando una deuda ilegítima que ni podemos ni debemos devolver.

La otra forma de cuantificar el desastre del PP es la brutal degradación del nivel de vida de los españoles. Una reducida minoría se ha enriquecido como nunca antes a costa de empobrecer al 80% de la población. En un reciente estudio presentado por FOESSA y Cáritas, se dan cifras pavorosas de pobreza, la segunda peor situación de Europa. Por otra parte, el endeudamiento brutal, casi un 50% de los hogares españoles, “se encuentra afectado simultáneamente por problemas de privación material y de pobreza”. Un 25%, 11,7 millones de personas, está ya en situación de exclusión social, de las cuales “un 77,1% con exclusión del trabajo, un 66,1% con exclusión de la vivienda y un 46% con exclusión de la salud”, y de ellos tres millones en situación de pobreza severa, particularmente niños. Rajoy y su pandilla ni tienen ni merecen perdón.

Y esto era a fin de junio. Desde entonces la situación ha ido a peor. Mayor presión fiscal, más despilfarro público, incertidumbres políticas inasumibles, inseguridad jurídica, deflación, pérdida de riqueza de las familias –la vivienda ha caído casi un 40%–, sustitución masiva de empleo digno por empleo indigno, y la economía mundial, particularmente en la Eurozona, en su peor momento en los últimos dos años, con un BCE que “hace demasiado poco y demasiado tarde”, aunque sí lo suficiente para mantener la primas de riesgo bajas, y ello a pesar de la funesta gestión de este Gobierno de corruptos y traidores. Afortunadamente, el tiempo juega contra ellos, y si sus expectativas de voto se han desplomado, de aquí a mayo, cuando hasta para los ignorantes se haga evidente que ni hay recuperación ni nada que se le parezca, el desplome podría ser similar al de la UCD. Amén.

El problema es que el electorado peor informado y más indolente de Occidente va a seguir creyendo por un tiempo a estos felones. Son el “mal menor” ante la alternativa a una dictadura populista bolivariana. Es lo que hoy están propugnando las élites financieras y monopolistas, que controlan la mayoría de los medios, con una irresponsabilidad suicida. Suicida porque no pueden ni descartar ni controlar la otra posibilidad, la alternativa del diablo, un nuevo e infausto Frente Popular similar al que llevo a España a la anarquía y a la guerra civil en 1936, y que si, como ocurrió entonces, media España no se resigna a morir, conduciría de nuevo a un conflicto de proporciones potencialmente catastróficas.

JP Morgan aconsejó la pasada semana a los inversores no comprar deuda española, e indirectamente no invertir en España, donde la única inversión que se mantiene, aparte de la de mantenimiento de lo ya realizado, es la puramente especulativa, que está comprando los mejores activos del país a precio de saldo. Una semana antes, Bank of America/Merrill Lynch decía exactamente lo mismo, Barclays igual, etc. Para estos bancos la situación política y la inseguridad jurídica son letales para la economía. Los dos escenarios que contemplan son una coalición PP/PSOE, que nos llevaría a la quiebra. Y una coalición de socialistas y comunistas si al PSOE le parece mejor pactar con los izquierdistas totalitarios de Podemos, y convertirnos en la Venezuela de Europa. Para la agencia de calificación Fitch, la corrupción masiva de la clase política y la crisis constitucional abierta por el tema catalán “podrían provocar una rebaja en el rating soberano de España”.

La complicidad Rajoy/ monopolistas nacionalistas
El laissez faire, laissez passer de Rajoy en los temas políticos, y en el caso del 9-N colaborando con la sedición incumpliendo la Constitución y la Ley, en los temas económicos es un puro dislate. Todo el mundo sabe que el precio del petróleo se ha desplomado, un 30% desde junio en concreto, algo que ha llevado a una fuerte caída de precios al público en los carburantes, el gas y la electricidad en todo el mundo menos en España. Esta caída de precios está incrementando la renta neta disponible de las familias y, en consecuencia, mejorando el consumo.

Hace dos semanas Alibaba, el gigante chino del comercio electrónico, vendió en un solo día tanto como El Corte Inglés en un año, y en EEUU el mercado espera con expectación los resultados de los grandes del retail Home Depot, Target y Best Buy, que publicarán resultados esta semana, pues una subida de ventas abriría grandes expectativas cara al día de Acción de Gracias y la Navidad y en consecuencia de mejora del PIB y del empleo. Nada de esto, que sería crucial para nuestra economía, está sucediendo en la España de Rajoy. La electricidad y el gas siguen o subiendo o invariables desde máximos de todos los tiempos, y los carburantes han bajado la tercera parte de lo que deberían haberlo hecho.

Rajoy, con su cobardía, que en este caso, al igual que con los secesionistas su colaboración con los monopolistas nacionalistas, tan compresivos con las tesis secesionistas –“hay que llegar a un acuerdo (con los traidores)”– está permitiendo otro robo a gran escala a los españoles. En 2013, España consumió 53 millones de toneladas de petróleo y 26 millones de toneladas de petróleo equivalente de gas, un total de 79 millones. El precio de la tonelada ha bajado 204 euros, por lo que de mantenerse la situación actual el ahorro anual ascendería a 16.100 millones de euros. ¿Y cuál es la rebaja que ha sido trasladada al público? Calculada para las gasolinas –y extrapolando a todo el conjunto, una simplificación pero que sirve para estimar órdenes de magnitud– hay que deducir del precio al público el Impuesto Especial, que asciende a 0,401 euros/litro, y luego el IVA. El resto es el precio sin impuestos, que es lo que se compara.

Frente a una rebaja del crudo de 16.100 millones de euros, solo se han repercutido 6.400 millones, o dicho de otra manera: el Gobierno del PP ha permitido a los monopolistas nacionalistas “quedarse” con 9.700 millones que en términos de precio al público hay que sumarle el IVA sobre esa cantidad, 2.000 millones más. En total, unos 11.700 millones al año que tendrían que ir a los consumidores y no es así. La colaboración Rajoy/monopolistas está restando de la renta disponible neta de las familias unos 1.000 millones de euros al mes. ¿Sabe acaso lo que supondría en bienestar para las familias y en mejora del consumo, del PIB y del empleo, que los españoles dispusieran de 1.000 millones de euros mensuales más? Pues claro que lo sabe, pero se fuma un puro. No es políticamente “prudente” enfrentarse con los nacionalistas catalanes monopolistas, que se jodan los españoles.

Repito lo dicho: Rajoy y su Gobierno tienen que irse, primero porque son unos traidores, segundo porque están llevando España a la ruina moral y económica y tercero porque su increíble tolerancia con la corrupción hace esta nación irrespirable. “No podemos hacer más de lo que hacemos”, dijo con un cinismo inaudito María Dolores de las Mentiras. ¿Y por qué esta señora no mira a su alrededor?, ¿por qué hace caso omiso de las denuncias de corrupción que recibe, como de algunos concejales del PP en Madrid sin ir más lejos, que ya han sido denunciados por la oposición y no solo lo ignora, sino que los protege? Para que España sobreviva PP y PSOE deben ser destruidos.

(1) Juan Laborda

¿España no tiene solución?
Luis del Pino Libertad Digital 17 Noviembre 2014

A principios de la década de 1460, España, dividida en cuatro reinos (Castilla, Aragón, Navarra y Granada) estaba sumergida en el caos.

En Castilla, Enrique IV, un soberano abúlico y sin el menor interés en las tareas de gobernación, dejaba los asuntos del reino en manos de los validos de turno, y los enfrentamientos entre dos de ellos, Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva, marcarían todo el reinado. La nobleza, dividida en banderías, buscaba tan solo acrecentar el poder de cada señor feudal y cada facción, y el reino vivió durante décadas una casi constante guerra civil entre el rey Enrique, sus hermanastros Alfonso e Isabel y la hija ilegítima de Enrique, Juana la Beltraneja. En una constante lucha por conseguir apoyos en los sucesivos enfrentamientos, el poder real se va debilitando y el rey va teniendo que entregar posesión tras posesión para comprar lealtades, sumergiéndose la Corona en un descrédito paulatino.

En Navarra, los enfrentamientos entre Juan II de Aragón y su hijo el Príncipe de Viana desembocarían también en la guerra civil, resolviéndose la querella dinástica con la muerte en cautiverio del príncipe.

En Aragón, la guerra social entre la nobleza (la Biga) y la burguesía (la Busca) estalló con toda virulencia en Cataluña, alzándose los nobles catalanes contra Juan II de Aragón, al que apoyaban los burgueses. El campesinado, por su parte, se levanta en armas contra la alta nobleza para exigir el fin de las crueles condiciones de servidumbre; fue la denominada primera guerra de los payeses de remensa.

Los tres reinos cristianos españoles se encontraban, por tanto, inmersos en sus respectivas guerras civiles. La autoridad real era inexistente o estaba fuertemente contestada por la alta nobleza. Y la intervención de cada monarca en los asuntos internos de los reinos vecinos era constante, como también eran constantes los intentos de alianza matrimonial, que constituían una herramienta más del perpetuo enfrentamiento entre dinastías y facciones.

Cualquiera que hubiera vivido en España a principios de la década de 1460 habría pensado, sin duda ninguna, que aquellos reinos españoles no tenían remedio y que perecerían, antes o después, a manos de cualquier invasor extranjero, víctimas de la codicia y el egoísmo de los nobles que se los disputaban.

Y sin embargo, solo 30 años después, Aragón y Castilla se habían unificado; la nobleza había sido metida en cintura; los Reyes Católicos tomaban el último reino musulmán de la península, el de Granada; se completaba la conquista de las Islas Canarias; una expedición española al mando de Colón descubría América y España se convertía en la primera potencia del mundo conocido.

¿Qué había cambiado en 30 años, para que España pasara del más espantoso caos a primera potencia mundial? ¿Eran distintos los españoles en 1490 que en 1460? ¿Era distinto el clima, o la geografía? España y los españoles seguían siendo los mismos. La única diferencia era el buen gobierno.

Cuando miramos hoy en día a nuestro alrededor, ¿qué vemos? Gobernantes abúlicos, validos corruptos, querellas intestinas entre facciones, resentimiento social debido a las injusticias, tensiones territoriales, aprovechados de todo tipo y, en general, un egoísmo cortoplacista y ramplón. Y nos desesperamos al ver cómo todo eso nos hace desperdiciar el 90% de las energías en rozamiento interno, justo cuando más necesitaríamos concentrarnos en luchar contra la crisis y en adaptarnos a los cambios de todo tipo que se están produciendo en el mundo.

Y parece que España no tiene remedio. Pero en realidad no es así, como tampoco era así, pese a las apariencias, en 1460. Lo único que a España le falta es buen gobierno.

Y si se fijan ustedes, hoy en día tenemos una ventaja con respecto a hace cinco siglos. Por aquel entonces, el tener un buen gobierno dependía de los azares dinásticos, siendo, en definitiva, cuestión de suerte. Fue la afortunada conjunción de dos buenos reyes, Isabel y Fernando, lo que llevó a España a su posición de gran potencia. Los súbditos del común nada podían hacer para cambiar su destino, porque no estaba en sus manos poner o quitar reyes.

Hoy en día, por el contrario, sí está en nuestras manos esculpir nuestro futuro. Porque somos nosotros, y no solo la suerte, quienes decidimos quién nos va a gobernar, quiénes serán los que tengan la oportunidad de tomar las energías que España acumula y construir futuro con ellas.

No se pregunten ustedes si España tiene las energías necesarias para salir de la absurda crisis actual. Por supuesto que las tiene. Pregúntense tan solo: ¿cómo puedo utilizar mi voto para mejorar un poco más la utilización que se hace de esas energías? Si todos nos hiciéramos esa pregunta, dejaríamos de buscar a nuestro alrededor imaginarios políticos perfectos y nos concentraríamos en irnos simplemente deshaciendo de aquellos que más demuestran anteponer su egoísmo al bien común.

España es hoy, como en 1460, un país de gigantes gobernados por enanos. Sin prisa, pero sin pausa, los españoles tenemos ya que empezar a hacernos dueños de nuestro propio destino. Está en nuestras manos hacerlo.
- Seguir leyendo: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/espana-no-tiene-solucion-13261/

Consejos doy que para mí no tengo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Noviembre 2014

El PSOE anda como pollo sin cabeza y con una política errática e incoherente caracterizada por la falta de un mensaje común en un conglomerado federalista ingobernable. La esquizofrenia llega a su grado más alto con respecto a la postura mantenida por el PSC favorable a un referéndum ilegal y anticonstitucional, mientras desde la Ejecutiva se reclama al Gobierno de España que reforme la Constitución para abordar el tema territorial. Una vez más, el PSOE se erige como impulsor de la división entre los españoles y en ceder a las pretensiones de los nacionalistas en la creación de un Estado independiente en una situación de relación de privilegio con el resto de las comunidades autónomas o estados federales.

Tal parece que Pedro Sánchez ha asumido la propuesta de su antecesor en el cargo, Alfredo Pérez Rubalcaba y va a inscribir su propuesta de reforma de la Constitución en el Congreso de los Diputados esta próxima semana. No va a esperar a que regrese de su periplo australiano en el G20 Mariano Rajoy, al que aprovecha su lejanía para acusarle de inmovilismo. Claro que en eso no tengo más remedio que darle la razón, pero resulta demasiado obvio el interés partidista y electoral por el momento elegido. Además, resulta sorprendente el que el Secretario de Organización, Sr. Luena, exprese el que “políticamente no conviene una inhabilitación de Artur Mas” y que “con querellas no se gobierna España”.

Estoy otra vez de acuerdo, España se debe gobernar desde la Ley, es decir aplicando la Constitución y las sentencias de los Altos Tribunales como el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Lo que no se puede gobernar es desde la deslealtad, desde la desobediencia y desde el interés partidista y querer pasar como el PSOE como el perfecto intermediario que quiere contentar a las dos partes posicionándose en un plano superior que no le corresponde. Porque ya estamos hartos de que se predique una cosa cuando se ejerce el Gobierno y la contraria cuando se está en la oposición. Legislar “en caliente” es lo más contraproducente” y esa máxima de la lógica política es invariable con independencia de quien gobierne.

Estoy de acuerdo en que si algo ha quedado demostrado durante estos años ha sido el fracaso de un sistema autonómico, germen del enquistamiento de la situación de desigualdad entre territorios de España y entre sus ciudadanos. Las autonomías solo han servido para que se multipliquen las diferentes Administraciones, las cámaras legislativas y la irrupción de multitud de leyes y normas de aplicación territorial contrarias a una lógica de mercado único. Un sistema que ha hecho que servicios básicos como la sanidad y la enseñanza hayas sido usados como bazas políticas de influencia y manipulación de os sátrapas de turno, con especial incidencia allí donde el nacionalismo independentista estaba implantado y ha terminado por alcanzar una hegemonía totalitaria y excluyente.

Ese fracaso innegable debe ser corregido y aquí es donde surgen diferentes visiones y alternativas posibles para revertir una situación insostenible que ha desembocado en los desafíos secesionistas del El País Vasco y de Cataluña. Lo que no puede admitirse en ningún caso es que se intente imponer por el PSOE algo que debe ser objeto de un debate sosegado e imparcial y sometido a la aprobación de todos los españoles. Algo que choca frontalmente con la errónea y populista posición del mismo PSOE y de otros partidos como IU y PODEMOS, que junto a los nacionalistas están empeñados en reconocer el inexistente “derecho a decidir de los pueblos”, sobre la base de que la pertenencia a una determinada región concede esos privilegios, dando prioridad a los territorios por encima de los ciudadanos. La realidad es que la Soberanía Nacional de acuerdo con la Constitución reside en el conjunto del pueblo español y nadie, repito, nadie está legitimado para modificar ese principio sin haberlo sometido a la voluntad de ese pueblo español que lo componemos hoy por hoy más de 47 millones de personas.

Antes de cambiar el modelo, deberán plantear lo esencial que es si el pueblo español está dispuesto a ceder su Soberanía y trocearla en los diferentes territorios que componen España en su actual sistema autonómico. Personalmente me opongo y pienso que la inmensa mayoría de mis conciudadanos comparten mi opinión. Dicen que “los experimentos, con gaseosa” y lo que propone el demagógico PSOE y Pedro Sánchez es un experimento cuyos resultados son imprevisibles. Mejor se dedique a ordenar su casa y a transmitir un único mensaje homogéneo y con sentido de Estado. Sé que como a Mariano Rajoy es pedirle demasiado y por eso le sugiero que deje que el pueblo español se pronuncie promoviendo el adelanto de las elecciones generales, incluyendo en su programa esas propuestas de federalismo asimétrico insolidario.

Vamos hacia la tercera refundación del PP
José Javier Esparza www.gaceta.es 17 Noviembre 2014

Detrás de la caída masiva de viejos líderes aparece el proyecto de convertir al PP en algo distinto a lo que ha venido siendo. El núcleo duro del Gobierno marca el camino a Génova.

Observe usted la foto de la victoria electoral de 2011 y compárela con la imagen que hoy ofrece el partido de la gaviota. Es sorprendente la lista de damnificados, eliminados uno a uno en el curso de los últimos tres años con el mismo mecanismo implacable con que caen los gansos salvajes en sus largas migraciones. Jaime Mayor Oreja y María San Gil, sacrificados en el horno vasco (como años antes Vidal Quadras en el catalán). Francisco Camps, atrapado dentro de unos trajes. Jaume Matas, enredado en su propia madeja insular. Rodrigo Rato, ahogado en una ciénaga de dinero “black”. Esperanza Aguirre, chapoteando desesperada –entre policías municipales- por deshacerse de manchas púnicas. Alberto Ruiz Gallardón, el gran depredador, cazado en su propia trampa. Ángel Acebes, descalificado de un papirotazo por “pena de telediario”. José Antonio Monago, aviador derribado por acumulación de vuelos. Núñez Feijoo descubre súbitamente que el escándalo de los fondos de formación de la UGT gallega le salpica los zapatos. E incluso Dolores de Cospedal constata, horrorizada, que 200.000 sucios euros han ido a posarse sobre su discreto “dos piezas”. Tremendo.
Quién mató a los diez negritos

La lista podría ser más larga. Añádale usted los nombres que quiera. Y para consolidarla, cotéjela con los políticos del PP más criticados en la prensa gubernamental, o sea, la de Soraya (que no es la prensa fan del PP). De todas estas víctimas, de estos “diez negritos”, unos han caído por sus propios pecados y otros por mano ajena. Unos merecen su suerte y otros son víctimas de alguna maniobra hostil. A unos los ha matado el fuego amigo y a otros el enemigo. Unos han de dejar la política para siempre y otros, todavía fuertes en su territorio, quedan simplemente neutralizados para luchar por la cumbre. Lo sustantivo es esto: si en 2011 el PP mandaba en el Gobierno, ahora es el Gobierno el que tiene a su merced a un partido descabalado y hundido. Si en 2011 sobrevolaban en torno a la cúpula varios machos alfa capaces de disputar el poder a Rajoy y Soraya, ahora ya no queda ninguno. Si en 2011 había posibles alternativas ante un eventual fracaso del presidente, ahora no hay más relevo que la vicepresidenta. Si en 2011 había alguien capaz de recordarle al Gobierno quién le había votado y para qué, ahora ya no hay nadie con autoridad suficiente para ello. Sólo el sumiso sobrevive. El partido se ha convertido en mera extensión de un gobierno todopoderoso. No será el partido quien marque el camino al gobierno, sino el gobierno quien marque su destino al partido.

Y bien, ¿cuál será ese destino? Esto es lo más importante de todo. En mi libro En busca de la derecha perdida (Áltera, 2010) anticipé, y perdón por la autocita, que el PP iba a caminar hacia una progresiva neutralización tecnocrática de su perfil político. Ayuno de ideología, alérgico a los grandes principios –siempre tan inoportunos para el poderoso-, aferrado a la alquimia electoral como única regla de ciencia política, el PP no quiere ser el partido de la derecha española. Sus líderes se han criado ya bajo la hegemonía ideológica de la izquierda. Están domesticados. Nada les incomoda más que no ser “progresistas”. Entre otras razones, porque creen que mantenerse en los viejos principios les aleja del poder. Y la gente que rodea a Rajoy está convencida de que el secreto del éxito reside en borrar toda ideología, operación que incluye el exterminio de la vieja elite del partido y su sustitución por una nueva cúpula cortada por el patrón Soraya.

Hace tiempo que los notables del PP aspiran a ser algo así como un gran partido de centro que pueda ofrecerse a los españoles como una propuesta “neutra”, “mecánica”, de gestión “eficaz”. El Estado es para ellos una máquina que puede ser regida por asépticos criterios de eficiencia objetiva. En esta perspectiva, la ideología es un engorro. No puede extrañar que los capos tradicionales de la izquierda mediática –el grupo Prisa, evidentemente- hayan lanzado aquí sus redes. Esa izquierda, como esta derecha, han venido a converger en planteamientos idénticos: economía capitalista financiera, intervención estatal para mantener el sistema de gasto, concepción oligárquica de la democracia, ingeniería social progresista, etc. La nueva oligarquía se entiende bien sobre qué es lo que hay que salvar. Así ha nacido lo que podríamos llamar el “espíritu Soraya-Prisa”, que es quien hoy gobierna España.
El próximo PP

Naturalmente, la propuesta no deja de adolecer de una inmensa pobreza intelectual. ¿De verdad es posible una política “neutra”? ¿Acaso cada decisión –u omisión- no traduce una visión previa del mundo? Claro que sí. Reducir la política a la mecánica no deja de ser un efugio para eludir las preguntas realmente importantes, o sea, las que conciernen al destino de la comunidad política. Es como un barco cuyo gobierno se entregara a los maquinistas: sin duda podrá mantenerse a flote, pero ¿alguien conoce el rumbo? Sin embargo, no quepa duda de que el horizonte del gobierno Rajoy, hoy, es exactamente ese: neutralizar la política hasta borrar cualquier propuesta trascendental. Y el PSOE, por cierto, no anda muy lejos de ahí, por más que se envuelva en retórica vindicativa para cubrir su vacío interior. Pero esto es otra historia.

Caminamos, en fin, hacia una tercera refundación del PP. Recordemos: la Alianza Popular de 1976, que era una federación de partidos de derecha nacional, se refundó en 1979 bajo el mando único de Fraga. De esa AP pasamos en 1989 al Partido Popular, que enseguida, con la llegada de Aznar en 1990, empezó a definirse –segunda refundación- como un partido de centro reformista. Ahora pasaremos a un nuevo PP enteramente “liberado” de sus viejas adherencias ideológicas –conservadoras, liberales, democristianas- y transformado en neutra “maquina de gestión”. Siempre, por supuesto, en nombre del Centro.

Esta tercera refundación podrá presentarse como un acto formal –por ejemplo, en un congreso extraordinario antes de las próximas elecciones- o como un hecho consumado por simple relevo en los puestos directivos. Lo más probable es esto último, porque los nuevos líderes nunca han brillado por su gallardía, sino que prefieren la maniobra tras el telón. En todo caso, lo veremos inmediatamente después de las próximas autonómicas y municipales. O incluso antes. De hecho, lo estamos viendo ya.
Coda: Romance de la campana de Huesca.

A propósito de la lista de líderes del PP caídos en los últimos tres años, en la tradición literaria española hay un viejo romance, basado en hechos históricos, que cuenta una circunstancia bastante familiar. Se trata de aquel episodio en el que Ramiro II el Monje, rey de Aragón, se libró de los notables del Reino. Dice así:

“Don Ramiro de Aragón, el Rey Monje que llamaban; caballeros de su reino muchos le menospreciaban porque era manso y humilde y no sabidor en armas. Muchos se burlaban de él y su mandar no guardaban. Sintiéndose deshonrado, un mensajero enviaba al abad de Santo Ponce, que fue el que le criara, para que le dé consejo, que ninguno le acataba. El abad, que sabio era, el mensajero tomara; le metió en una huerta y, sin decirle palabra, afilado un cuchillito, las ramas altas cortaba, aquéllas que eran mayores, que a otras sobrepasaban. El mensajero, enojado, al rey así lo contara cómo el abad de San Ponce su carta no contestaba. El rey bien pensó en aquello que tal respuesta le daba. Hizo luego un llamamiento, bajo pena de su saña, que cualquier hombre de estima venga en seguida a su sala, porque determina hacer una muy rica campana que se oiga en todo el reino y que suene en toda España. Venidos los ricos hombres, se reían y burlaban de él y de aquel mensaje para el cual los llamaba. Estando allí todos juntos, uno a otro los tomara y en un secreto aposento sabiamente los entrara: cortó allí quince cabezas, que eran las más estimadas, y mostrólas a sus hijos, que a sus padres aguardaban, diciendo haría lo mismo con cuantos no le acataran. Y así fue temido el Monje con el son de la campana”.

El PSOE y la carraca federalista
EDITORIAL Libertad Digital 17 Noviembre 2014

El PSOE va a desempolvar la reforma rubalcabiana de la Constitución para llevarla al Congreso y apostarlo todo al federalismo. Se están moviendo "de las palabras a los hechos", dicen los socialistas. Dicen también, por boca nada menos que de la presidenta andaluza, Susana Díaz, que el Título VIII de la Carta Magna es "letra muerta".

En un momento en el que España padece un muy grave problema de desvertebración por los desmanes de unas autonomías salidas de madre que sólo se acuerdan del Centro para cubrir sus heridas financieras, tantas veces autoinfligidas, y para convertirlo en enemigo totémico con el que cebar sus delirios identitarios, viene el PSOE y apuesta por un modelo que no haría sino ahondar en las tensiones centrífugas y limitar aún más el margen de actuación del Estado central. Un modelo que, para colmo, no está debidamente modelado, por la sencilla razón de que ni en el propio PSOE se ponen de acuerdo en cómo plasmarlo. Y no se ponen de acuerdo por la sencillísima razón de que no todos en el PSOE son federalistas. Los hay, de hecho, antifederalistas, empezando por todos aquellos que van por ahí –por Cataluña, principalmente– alabando el federalismo asimétrico, que no es sino una orwelliana manera de engañar a la opinión pública a la mayor gloria de las tesis confederales, que convertirían el Estado central, y con él la soberanía nacional y España tal y como la concebimos, en un mero cascajo.

En un momento así, viene el PSOE y, por medio de la inefable Susana Díaz, sentencia que el Título VIII es "letra muerta". "Hoy necesitamos otra letra, necesitamos darle salida a las necesidades de las comunidades autónomas, que tiene que ser ese modelo federal", ha dicho, efectivamente, Díaz, con su cursilería y su incompetencia lingüística habituales.

Lo que necesitamos son líderes que ni parezcan estúpidos ni nos tomen por tales y que no se dediquen a matar la Constitución cuando la están rematando los nacionalistas secesionistas, para colmo de males desde instituciones del Estado y ante la ominosa inacción de las demás, empezando por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Tal y como están las cosas y tal y como lo plantean quienes lo plantean, el federalismo no es una solución sino una cobardía, la voladura supuestamente controlada y retardada de la Nación.

Podemos y el conflicto catalán dañan la confianza en España
Javier Fernández www.lavozlibre.com 17 Noviembre 2014

Periodista

La subida de Podemos en las encuestas oficiales y el desafío nacionalista de Cataluña con el malogrado referéndum del 9N se empiezan a traducir en una pérdida de confianza sobre la recuperación de España. Algunos bancos de negocios han recomendado a sus clientes que no compren deuda española ante la fuerte inestabilidad política. De no aclararse la situación, esto se traduciría en una elevación de los tipos de interés. Las alarmas saltarán cuando la prima de riesgo española sea más alta que la italiana. Hasta el momento esto no ha sucedido, principalmente porque Mariano Rajoy aún cuenta con un Gobierno de mayoría absoluta que le ha permitido hacer las reformas necesarias y ha hecho posible que la economía sea la que más crece de la eurozona.

Sin embargo, la ventaja competitiva con que ha contado España de tener un Gobierno estable de mayoría absoluta se empieza a perder en la medida que se vislumbra un peligro real, como es la posibilidad de que un partido de extrema izquierda como Podemos se convierta en el fiel de la balanza. Lo mismo sucede con Cataluña. En la medida que el desafío nacionalista se convierta en una amenaza real de escisión, la confianza de los inversores irá disminuyendo y los tipos de interés irán subiendo. Una España gobernada hipotéticamente por Pablo Iglesias y una Cataluña bajo la batuta de Oriol Junqueras como indican los sondeos de opinión, no encontraría ningún tipo de financiación en los mercados ante el temor que se produjese un default. No hay que olvidar que la crisis financiera ha sido, sobre todo, una crisis de confianza. Por tanto, en la medida que los mercados pierdan la confianza en un país o empresa, la salida será una realidad o no.

Durante los últimos tres años España tenía estabilidad política pero inestabilidad económica y ahora que empezaban a consolidarse los brotes verdes, tiene estabilidad económica pero sufre una fuerte inestabilidad política. Para que la economía vuelva a crecer con fuerza y se pueda crear empleo sería necesario que la estabilidad política y la económica caminaran juntas. Esto es algo que se puede conseguir en la medida que el electorado moderado, que es el mayoritario, vuelva a confiar en el Gobierno de centro- derecha. A pesar de las críticas realizadas contra Mariano Rajoy, lo cierto es que hasta el momento ha sido el único gobernante español que ha sabido enfrentarse con éxito a desafíos muy difíciles, lo que le ha producido un gran desgaste. Supo hacer frente al credit crunch que le dejó el anterior Gobierno de Rodríguez Zapatero, evitando la intervención; también ha sabido resolver con sumo cuidado la sucesión del Rey Juan Carlos por su hijo Felipe VI, salvando la institución monárquica; ha saneado al sector financiero afrontando la mayor reconversión de las Cajas de Ahorros de nuestra historia; ha sacado adelante la reforma laboral más profunda desde que se aprobase el Estatuto de los Trabajadores; ha logrado imponer una reforma de pensiones que evita la quiebra de la Seguridad Social; ha recortado el déficit público en plena recesión en 5 puntos, lo que no había logrado ningún otro país; y está intentando controlar el proceso soberanista catalán.

Crisis política
¿Un Podemos de derechas?
José García Domínguez Libertad Digital 17 Noviembre 2014

PP, 120; PSOE, 101; Podemos, 87; UPyD, 3. Lo dice la última cata demoscópica del CIS, la de octubre. Y, a un año escaso de las elecciones, no resta tiempo material para cambiar nada que resultase estadísticamente significativo. Habrá, en consecuencia, Gran Coalición. Es inevitable. Por mucho que se fuerce la máquina de meter miedo en la prensa, cualquier otro escenario hipotético, simplemente, no cabría en la letra pequeña del Tratado de Maastricht. Y, hoy por hoy, extramuros de Maastricht aún no resulta posible la vida. Así que no hay alternativa. Ninguna. Tan simple como eso. El próximo vicepresidente de Rajoy, pues, se llamará Pedro Sánchez. Pero en la alta política pasa lo mismo que en la economía de mercado: tampoco existe nada parecido a una cena gratis.

El apresurado matrimonio de conveniencia PP-PSOE supondría, y esta vez en serio, el último vagón del último tren para el Sistema (con mayúscula). Porque existen muchas formas de jugar a la ruleta rusa, pero ceder a Podemos el monopolio de la oposición, no ya la social sino también la institucional y parlamentaria, quizá resultase la más temeraria de todas para el establishment. Y a corto plazo, además. Porque hasta que Francia se decida a romper de una vez la baraja del euro, habrá que esperar un lustro, tal vez dos. En cualquier caso, el tiempo suficiente para que un estancamiento crónico de las economías del sur termine de corroer los últimos cimientos de la cohesión social en los países deudores. Dentro de cuatro años, desengáñense los cándidos, las cosas seguirán exactamente igual. O peor.

De ahí que la Gran Coalición suponga una pistola de una sola bala a menos que alguien disputase a Pablo Iglesias el favor de la izquierda sociológica disidente. Empeño que, descartada la vieja apparatchik Díez y su muy tosca guardia pretoriana, solo puede asumir Ciudadanos. Claro que hace falta otro Podemos, pero otro Podemos que habite dentro del imaginario progresista que comparten cuantos desfilan alelados tras el flautista de Hamelín de La Tuerka. ¿O aún quedará alguien por ahí que no haya entendido todavía que a la diestra del PP apenas resta espacio para la marginalidad? Plagiando a un novelista italiano aquí ignoto, el difunto Vázquez Montalbán solía repetir la boutade de que la batalla final iba a ser entre comunistas y excomunistas. Pues sí lo será.

La Cataluña del movimiento
xavier pericay ABC Cataluña 17 Noviembre 2014

Tras el esperpento votivo del pasado domingo, todo indica que el presidente Mas quiere seguir gobernando —es un decir— por vía asamblearia. No diré que funcione como Podemos y sus círculos, pero no andará muy lejos. El abrazo del día de autos con el cupero Fernàndez revela, en realidad, una profunda sintonía entre ambos líderes políticos. Mucha más, en todo caso, que la que el presidente alcance a establecer con el republicano Junqueras, un rival al fin y al cabo, alguien que tarde o temprano puede apearlo del trono. No así Fernàndez.

Este jueves el Parlamento autonómico aprobó una moción de la CUP en la que sus señorías —o sea, las de la CUP, CIU, ERC e ICV-EUiA— asumían «de forma solemne y colectiva todas las consecuencias que se pudieran derivar» de lo sucedido el domingo anterior en Cataluña. Y en la que, al tiempo que rechazaban todo intento de pedir responsabilidades por vía judicial, calificaban la «línea de actuación del Gobierno de los populares» de «criminalización de las movilizaciones ciudadanas».

Como ven, un lenguaje muy propio de Fernàndez y muy alejado, hasta hace cosa de un mes, del de Mas y los suyos. Porque si algo ha cambiado en todo este asunto de Cataluña desde aquella comparecencia del presidente autonómico para dar cuenta de sus reuniones con sus socios consultivos tras la primera suspensión cautelar del 9-N por parte del Constitucional, son las formas y lo que dejan traslucir. Hemos entrado, sin recato alguno, en la fase de la bravata, la arrogancia, la chulería. En la de la sandalia, vaya. Así cabe entender las palabras de Mas el mismo domingo, aquel aquí me tienen, o las más recientes del miércoles, aquello de «el Estado ya no nos da miedo». Mas pastorea el rebaño, mientras Fernàndez, con la inapreciable ayuda de las Forcadell y Casals de turno, lo incita a tomar la calle azuzándolo contra el enemigo exterior. A la progresiva disolución del Estado —a la que tan diligentemente contribuye, por cierto, el Gobierno central— se suma, pues, la del propio sistema de partidos nacionalistas. Es la Cataluña insurrecta, asamblearia. La Cataluña del Movimiento. La Cataluña de Mas.

Ciudadanos europeos
El autor esboza los principios rectores que, en su opinión, debería recoger una alternativa política capaz de llevar a cabo la regeneración que los partidos y agentes sociales actuales no están dispuestos a hacer
MANUEL CONTHE El Mundo 17 Noviembre 2014

EN ESPAÑA necesitamos con urgencia una nueva alternativa política que recoja las ilusiones y votos de todos los ciudadanos a los que nos repugna la corrupción -y somos escépticos sobre la capacidad de los partidos tradicionales para regenerarse-; tenemos convicciones centristas y progresistas; nos consideramos europeístas y poco amigos de los nacionalismos históricos; y no comulgamos con las recetas económicas de izquierda de Podemos.

Esa alternativa, que llamaré Unión de Ciudadanos Europeos Progresistas (UCEP), debiera surgir de una amalgama o coalición entre Ciudadanos y UPyD: tendría a la cabeza al líder del primer partido, Albert Rivera, e incorporaría los magníficos profesionales del segundo, cuya fundadora, Rosa Díez, no tiene las características adecuadas para liderar con éxito el nuevo proyecto (como confirma el estancamiento de su formación en intención de voto).

Las ideas esenciales de la nueva alternativa podrían ser:
- Patriotismo europeo. Esa expresión refleja la idea alemana de «patriotismo constitucional», es decir, de adhesión racional a una organización política abierta, basada en principios democráticos e instituciones sólidas -como la Unión Europea-, no en nacionalismos atávicos o históricos -como el español, el catalán, el vasco, el francés, el inglés, el escocés u otros-. Esa identidad política esencialmente europea no entrañaría renuncia a las señas de identidad cultural de cada país o región.

El nuevo proyecto debe aspirar a convertirse más adelante en una federación o franquicia europea de partidos nacionales, que compartan idénticas siglas y el mismo ideario, adaptado a las singularidades de cada Estado.

- Defensa del espíritu de empresa. La prosperidad de un país depende, a la larga, de la solidez, competitividad y espíritu innovador de sus empresas, que son las que generan el grueso del PIB y del empleo. El espíritu emprendedor y de iniciativa de empresarios, profesionales y demás ciudadanos debe ser estimulado, defendido y admirado.

El nuevo proyecto debe, pues, rechazar la tradicional hostilidad de los partidos de izquierdas hacia los empresarios. Pero, por eso mismo, debe ser implacable con aquellos que delincan o cometan fraudes.

- Suficiencia de impuestos y eficiencia en el gasto. Un Estado moderno exige administraciones que gestionen con eficacia las políticas públicas y recaude los ingresos precisos para mantener las cuentas públicas saneadas. Eso exige una presión fiscal adecuada que garantice la suficiencia de los ingresos.

El pago de impuestos es la manifestación más tangible de patriotismo, el «precio de la civilización», en la célebre frase del Juez Marshall. Por eso, el fraude fiscal debe perseguirse con el máximo rigor, pero pagar muchos impuestos debe ser también fuente de prestigio social y, en el caso de empresas, elemento esencial de su responsabilidad social.

El derroche y la ineficacia del gasto público deben perseguirse con tanto ahínco como el fraude fiscal. El Estado de bienestar no puede ser una fuente inagotable de prestaciones sociales a cargo «de los ricos». El artículo 135 de la Constitución, aprobado en el otoño de 2011, debe mantenerse inalterado.

- Estado laico. Todos los ciudadanos tienen derecho a la libertad religiosa; y como son muchos los credos y los ciudadanos tienen también derecho a no profesar ninguno, el Estado debe ser laico, y no establecer relación especial con ninguna confesión, por mucho arraigo que tenga.

- Monarquía parlamentaria. La «Monarquía histórica» -la que España mantuvo hasta el reinado de Alfonso XIII- fue una institución contraria a los principios básicos de la democracia, pues la máxima autoridad ejecutiva del país descansaba en un político no electo, el Rey, que podía interferir a su antojo en la vida política.

La «monarquía parlamentaria» que consagró en 1978 la actual Constitución es, por el contrario, una forma de Estado democrática e inteligente, en la que al Jefe del Estado se le priva de poder político efectivo, se le otorga una función arbitral, de garante del buen funcionamiento de las instituciones, y se asegura su carácter apartidista haciendo el cargo hereditario.

Siguen ese modelo muchos países prósperos de la Unión Europea, como Suecia, Reino Unido, Dinamarca, Holanda o Bélgica, que deben ser nuestra referencia: ante la disyuntiva política que el gran economista español Luis Garicano formuló como Dinamarca vs. Venezuela, el nuevo proyecto debe optar por el primero.

- Control por un consejo de supervisión externo. Los partidos tradicionales tienen un gobierno interno arcaico, similar al que tenían muchas sociedades cotizadas hace décadas (y tenía Gowex, la sociedad del Mercado Alternativo Bursátil cuyo presidente engañó a sus accionistas): su principal órgano de gobierno, la ejecutiva del partido, está compuesta solo por ejecutivos del partido, sin el control ni contrapeso de miembros externos.

La alternativa asamblearia es utópica e ineficaz. Por eso, el nuevo proyecto político debiera seguir una de las recomendaciones de buen gobierno de las grandes sociedades cotizadas: sin perjuicio de que el primer ejecutivo (Albert Rivera, según propongo) mantenga una posición de liderazgo y un comité de dirección, las actividades del partido deben ser controladas y debatidas periódicamente por un consejo político, comisión de control o consejo de supervisión en el que haya una amplia mayoría de consejeros externos, designados de forma democrática directa por los afiliados (por ejemplo, cada uno o dos años).

Esos consejeros externos deberían estar afiliados al partido, pero podrían o no ser diputados. Su dedicación a la política y al partido podría ser parcial, al igual que ocurre con los consejeros externos de las sociedades cotizadas. Su función no sería retribuida. Lo esencial sería que no dependan económicamente del partido, ni tengan ninguna relación de subordinación, directa o indirecta, con los políticos profesionales y líderes del partido, para que puedan actuar y opinar con plena libertad, y vigilar sus actuaciones (como hizo con valentía Sosa Wagner, antes de ser represaliado por la dirección de UPyD).
DE ESE consejo de supervisión dependería un comité de auditoría, presidido por un consejero externo y amplia mayoría de consejeros externos. Como las sociedades cotizadas, mantendría una línea de recepción de denuncias, confidenciales o anónimas, de irregularidades. Brindaría la máxima colaboración al Tribunal de Cuentas y, tan pronto viera indicios de irregularidades graves de algún miembro del partido, las denunciaría de inmediato a la Fiscalía.

- Talante constructivo. Todos los miembros y afiliados del nuevo proyecto debieran mostrar respeto y deferencia hacia los restantes partidos. Debieran adoptar siempre una actitud constructiva y dialogante -como la que tuvo el Sr. Rodríguez Zapatero cuando estaba en la oposición- y estar dispuestos a apoyar las ideas ajenas valiosas, sin caer en esas repugnantes actitudes sectarias y cainitas tan frecuentes en la vida política española.

El nuevo proyecto político debiera, en suma, aunar «lo mejor de cada casa»: el repudio de la corrupción y espíritu participativo de Podemos; el tradicional progresismo en asuntos sociales del PSOE (aborto, diversidad, laicismo...); y el sensato enfoque económico del PP.

No nos resignemos a tener que elegir en 2015 entre partidos honestos, pero insensatos; y partidos sensatos, pero corroídos por los corruptos.

Manuel Conthe es ex presidente de la CNMV y presidente del Consejo Asesor de Expansión y Actualidad Económica.

Sacando la lengua
Nota del Editor 17 Noviembre 2014

Pues vaya unión, los unos que están tan contentos de hablar su lengua regional, y tan convencidos de que lo mejor para los hijos de los demás es que les obliguen a estudiarla (por el momento aún peor a estudiar todo en la lengua regional); y los otros, porque su lengua regional es más difícil, pero están en las mismas, encantados en que a los hijos de los demás  les obliguen a estudiarla y peor aún a estudiar algunas materias en ella.

Y los ciudadanos español hablantes, marginados de la participación política, cercenados sus derechos humanos y constitucionales convertidos en ciudadanos de cuarta clase.

Hace unas semanas tuve que asistir a un acto de legalización de un robo expropiatorio en un ayuntamiento con lengua regional, y una no sé qué se empeñaba en hablarme en su lengua regional a pesar de haberle explicado que al trataarse de un acto de carácter administrativo y ser yo español hablante como había explicitado en numerosas ocasiones, no tenía ningún derecho a dirigirse a mí en su lengua regional, abandonó el acto reffunfuñando en su lengua regional, que por supuesto, ya se lo dije, tiene el derecho de hablar, lo mismoque cualquier otra lengua, pero no conmigo.

En tal acto me presentaron un documento escrito en la lengua regional del lugar, oficial según dicen en tal ayuntamiento, y tuve que esperar media hora a que el tal documento fuese traducido al español, es un decitr, para proceder a su firma.

Vds. dirán que media hora no es mucho, pues no, sobre todo si es mi media hora, pero es peor constatar que el interesado no puede revisar el expediente porque está redactado en lengua regional, algo así como los tribunales eclesiásticos de tiempos remotos en los que el reo ocupaba una zona acústicamente muerta y no podia enterarse de que se le acusaba.

Y si media hora no es nada, pues pidan Vds la traducción del Plan de Urbanismo, y con suerte a lo mejor lo consigue con un par de años de retraso (o no lo consigue, por aquello del silencio administrativo).

PSOE
Los cuatro retos (principales) de Susana Díaz
Pedro de Tena Libertad Digital 17 Noviembre 2014

A estas alturas de la película todos los españoles hemos comprendido que Susana Díaz quiere pasar a la historia. Quien fuera una trepa adolescente en el PSOE de Sevilla, odiada por muchos de sus correligionarios locales (podría escribirse casi un libro), aprovechó una concatenación de circunstancias para erigirse como figura señera del socialismo andaluz y nacional. Pero, claro, la Historia con mayúsculas tiene la puerta de entrada muy estrecha y además son los hechos y no los discursos los que habitualmente la atraviesan. Los hechos de Susana Díaz, hasta el momento, no dan ni para una historia de pueblo. Como decía el verso jocoso, un poco transmutado: "Sube que sube que sube, trepa que trepa que gana, el PSOE se dio a este querube, la hija de Pepe (Griñán), Susana". Es decir, ha tenido el santo de cara y son los demás los que han hecho, no ella. No ha tenido mérito alguno en lo que ha ocurrido porque ha emergido como respuesta a la necesidad del PSOE de salir de un profundo hoyo. Sin ganar elecciones ni dentro de su partido ni en Andalucía ni en España, se ha convertido en el peso socialista más pesado de la política nacional. De ahí su responsabilidad.

Para pasar a la historia, Susana Díaz tiene que hacer mucho para encauzar cuatro (principales) retos. El primero, el despeñamiento socialista que se adivina por la ceguera de buena parte de su partido respecto a Cataluña y al separatismo en general. A estas alturas y después del 9-N, está más que claro que lo que el nacionalismo catalán en todas sus formas quiere es soberanía y Estado. Esto es, cualquier solución federal ya está superada por los hechos. Susana Díaz, que se dice hostil a la fragmentación de la soberanía española, tiene que intervenir porque lo de Pedro Sánchez es confuso e incierto. El centro izquierda y el centro derecha deben hacer frente, a ser posible juntos, a la aventura separatista que se va a reforzar jugosamente con el cacao de Podemos y que derivará, si no se remedia, en la insolidaridad general de la Nación y un futuro inestable para todos.

El segundo es la reforma política y moral de verdad de su partido y, por ende, proponer la reforma de los demás partidos con posibles. Se trata de no volver a repetir el itinerario del PSOE nacido en Suresnes, tan levemente democrático que trató de ocuparlo todo, incluso la oposición. Aquel PSOE vascoandaluz de la tortilla creía en la tesis del marxismo felipismo de que la democracia formal era la oportunidad para el PSOE de controlarlo todo. Siempre trató de que la penetración fuera formalmente legal, pero se trató de una ocupación. Donde pudo la practicó hasta el límite. Andalucía, el paradigma por excelencia de su tela de araña, seguida de Extremadura y Castilla-La Mancha, fueron sus regímenes más logrados. Susana Díaz tiene que hacer posible la reforma interna para edificar una socialdemocracia moderada cuyo objetivo no sea el poder absoluto.

El tercero es la aceptación de un hecho testarudo: en el mundo actual, el Estado tiene una gran importancia redistributiva que asegura un bienestar común a la sociedad que es la destinataria de su acción. Pero no es el Estado ni el bienestar del Estado lo que crea riqueza real. Los creadores de prosperidad y empleo son los empresarios (por mucho que se les llame "empredendedores" para simular). En el cada vez más escaso espacio que el Estado deja a la sociedad, la libertad (libre competencia que a los empresarios tampoco les gusta si es más fácil untar) y la autonomía de personas, asociaciones, grupos respecto al Estado, es lo que enriquece y aporta euros y dignidad a una nación. Por tanto, el reto de Susana es ser socialista a fuer de liberal, alejada pues de tentaciones estatalizadoras y totalitarias. Sí, eso, socialdemocracia europea sin adjetivos.

El cuarto, Andalucía. Susana Díaz tiene la oportunidad, durante el tiempo que permanezca en el Sur que puede ser muy corto, de desmantelar la tela de araña tejida por su propio partido en casi 35 años de gobierno, casi los mismos que Franco en España, y liberar la economía andaluza del peso grasiento de la Junta de modo que Andalucía, ya sin paro asfixiante ni adoctrinamiento, se convierta en eje principal de una nueva España con el centro de gravedad más al Sur. Además, claro, tiene que confesar que nada de lo que ocurrido en Andalucía es casual o fruto del pecado de cuatro golfos, sino la consecuencia directa de una concepción de Andalucía no demasiado alejada de las doctrinas de los partidos nacionalistas. Eso de la Andalucía esencialmente de izquierdas y socialista debe reemplazarse por una Andalucía abierta y libre en una España abierta y libre.

Pero, claro, hasta ahora, sólo hemos oído palabras. Susana Díaz podría ser una grande de España, pero para ello debe dejar de tapar lo que tapa por interés de partido y hacer lo que le exige la Historia, la gran Historia, que haga. Si lo hace, tendremos Susana para rato. Si no, como me temo, durará lo que dura un caramelo a la puerta de un colegio.

Podemos no ama la transparencia
Justino Sinova El Mundo 17 Noviembre 2014

Qué propone Podemos para implantar sus objetivos es la incógnita más extendida en los ámbitos de la comunicación, de la política, de la economía y en general de la opinión pública. Ni siquiera una parte de la opinión pública que apoya a Podemos -es decir, quienes han votado a su secretario general y quienes anuncian en las encuestas que le entregarán su voto- sabe con certeza lo que proyecta. Porque la especialidad de la actuación de la cúpula de Podemos, consolidada este fin de semana como el órgano de autoridad del movimiento ciudadano convertido en diez meses en partido político tradicional, consiste en denostar el sistema político español y en evitar concretar y explicar sus soluciones. La transparencia no es cosa suya, la exige para los demás pero no se la aplica a sí mismo.

Podemos ha crecido rápidamente apoyado en dos vehículos impulsores. Por un lado, su crítica persistente y demoledora, en un momento en que la crisis económica horada el aguante físico de muchos y en que el conocimiento de casos de corrupción política alcanza un cénit inaudito. Nunca como ahora había existido terreno tan abonado para la descalificación exterminadora del sistema, aunque no sea cierto que la democracia de 1978 haya estado exenta de crítica. En tres décadas se han editado y hoy siguen editándose innumerables ensayos sobre defectos y soluciones del sistema. Yo mismo, y ustedes perdonen la autocita, publiqué con Javier Tusell, amigo prematuramente fallecido, dos estudios que titulamos El secuestro de la democracia (Plaza Janés, 1990) y La crisis de la democracia en España (Espasa, 1997). La democracia es el único sistema que se apoya y se alimenta de la crítica porque la utiliza para mejorar. Lo que ha encontrado Podemos ahora es una corriente de indignación, se sufrimiento y de fatiga que nutre y catapulta su diatriba.

El segundo impulso se lo prestan a Podemos algunos medios de comunicación, entre ellos tres emisoras de televisión generalistas, Cuatro, Telecinco y laSexta, que desde hace tiempo han facilitado sus estudios para la exhibición de Pablo Iglesias y sus adjuntos en la dirección del movimiento. En frecuentes ocasiones, es un amable préstamo guarnecido por presentadores complacientes y aplausos artificiosos -los efectos especiales de la televisión-, que estallan tras sus palabras y huelgan tras las de sus discrepantes. Este sábado se preguntaba Arcadi Espada en Telecinco, con intención provocativa y denunciadora, por qué nunca le aplaudían a él. Es que los de Podemos se sientan y se sienten en esas televisiones como en campo propio. Los televidentes entienden enseguida que juegan en casa.

Con tantas horas de televisión, parte de ellas en momentos de máxima audiencia, los de Podemos no han desmenuzado su programa sino que han continuado con su empeño de romper el sistema, de acabar con el régimen de la transición, como anuncia Pablo Iglesias. Su discurso en un noventa por ciento consiste en desprestigiar a los gobernantes, a las instituciones y las leyes de esta democracia. No les importa que éste haya sido ya el período de libertad y de progreso más largo y fecundo de la historia de España. Les interesa presentar la crisis económica, con sus efectos graves en parte de la población, y la corrupción como la esencia del sistema, que, en consecuencia, se ha ganado su destrucción que ellos se disponen a ejecutar. Ese mensaje simple, sin profundidad y sin matices, atado al dolor de parados y desposeídos, les ha funcionado y les augura apoyo electoral.

El diez por ciento restante de su discurso alude a sus propuestas, presentadas con tanta indefinición que hoy nadie de fuera puede precisarlas. Ellos desde dentro son los primeros que no las definen. Antes de las elecciones europeas de mayo, en que se dieron a conocer, hablaron de medidas improvisadas, irreales e imposibles como el impago de la deuda, la implantación de una paga para todos los ciudadanos o el adelanto de la edad de jubilación, pero todos esos proyectos están cambiándolos a medida que detectan un crecimiento de su apoyo popular, y ni concretan ni se mojan. Están asediados por su incertidumbre y por la preocupación de no asustar a una parte de sus declarados votantes y, por supuesto, a los observadores y a las instituciones internacionales. La protesta insolente en la calle no construye un programa de gobierno.

Podemos oculta incluso su ideología. Procede del comunismo pasado por experiencias latinas, de modo que Izquierda Unida es su socio natural y será el principal damnificado por su crecimiento. No obstante, tiene la osadía no ya de negar su identidad sino de situarse en el centro del abanico político, lo cual más que estrambótico es injurioso para sus militantes. Pero edulcora su mensaje para hacerse presentable a muchos que ahora se le acercan y que saldrían/saldrán corriendo al conocer su verdadera identidad. Podemos está en actitud camaleónica, para lo que se sirve de no practicar la transparencia, eso que exige a todos los demás.

¿Y el choque de trenes?
Santiago Trancón Perez www.cronicaglobal.com 17 Noviembre 2014

Y del choque de trenes, ¿qué se fue? El periodismo y los políticos jugaron con la metáfora hasta la saciedad para visualizar la posible catástrofe. Creían con cretina ingenuidad que bastaba con anunciar el peligro para conjurarlo. Rajoy solemnizaba el “no habrá consulta ni referéndum” con engolada y pastosa rotundidad. Lo mismo repetían a coro los demás, del PSOE a UPyD, pasando incluso por muchos anti-independentistas. No es que se equivocaran, es que se negaron a aceptar lo que era más que previsible. No quiero presumir de profeta, pero siempre dije que iba a pasar más o menos lo que pasó. Insisto, no había que ser clarividente, bastaba con conocer el pensamiento, la psicología y la capacidad manipuladora del independentismo. Los independentistas viven y se alimentan de estas hazañas, no podían dejar pasar la ocasión. Llevan 35 años sin ceder un milímetro del terreno conquistado; ¿no era evidente que ahora tampoco iban a dar marcha atrás? Conocían muy bien, además, la incapacidad de reacción y la pusilanimidad del Gobierno de Rajoy, que les puso las urnas en bandeja.

La mayoría seguirá empeñada en autoengañarse con eso del “butifarréndum”, minusvalorar el reto independentista, el desprecio a la ley y el hecho de que han dado un paso decisivo en su propósito. Darán vueltas y más vueltas al refrito de las cifras y las estadísticas (sin poner en duda siquiera su validez, prueba evidente del triunfo independentista). Lo mismo que Rajoy se encomendó a la Virgen de los Dictámenes, algunos siguen escondiendo la cabeza en los tanto por ciento para negarse a encarar el problema con toda su crudeza.

Volvamos a la metáfora, que ahora ejemplifica mejor que nunca lo sucedido. Lejos de chocar, el tren ha pasado a toda velocidad sin necesidad reducir la marcha. No ha encontrado ningún tren de frente, ni siquiera ha tenido que cambiar de vía. Podía haber descarrilado, que era lo único democráticamente exigible, pero el guardagujas se puso la gorra de plato, tocó el silbato e hizo aspavientos con la banderita roja para darle paso. El jefe de estación ni se movió de su asiento, siguió fumándose un puro, envuelto en el humo, noqueado, amodorrado. “¿Ya pasó?”, preguntó a su ayudante. “Sí”, le respondió, y respiró aliviado.

Rajoy se ha comportado como ese jefe de estación, o sea, de la forma más cobarde e imbécil posible. El tren se ha llevado por delante a la Constitución, al sistema judicial y a la autoridad del Estado, y él, lo veremos, se atreverá a presumir de prudencia política. No se ha enterado de que el tren, al primero que ha arrollado es a él y a todo su equipo de memos, claudicadores y prevaricadores que confunden la política con el entreguismo y las componendas. No se ha enterado, ni él, ni la mayoría de su partido; ni el líder del PSOE y la mayoría de su partido (por no hablar del PSC, IU, Podemos y el resto de comparsas), de que lo que está en riesgo es la democracia, la libertad y los derechos de todos los españoles, el orden constitucional, la tolerancia y la paz civil, las conquistas sociales, la estructura y el funcionamiento económico, los vínculos históricos, culturales, afectivos y familiares. O sea, todo lo que nos importa y afecta directamente a todos, desde Betanzos a Figueras, del Bidasoa al Guadalquivir, de Vallecas a Badalona.

¿Y ahora qué?, nos preguntamos la mayoría de los demócratas. ¿Es posible arreglar esto? ¿Hay alguna posibilidad de frenar al independentismo triunfante, que no duda en exhibir su poder y su capacidad -ya con total impunidad y sin escrúpulo alguno- para imponer su única hoja de ruta? ¿Volverán los burócratas -ahora muñidores cibernéticos- con sus estadísticas para seguir amodorrándonos y haciéndonos creer que no pasa nada, que la sangre no llegará al río?

Digámoslo claro: llagará la sangre al río. Hay muchas formas de violencia, de enfrentamiento, de subyugación y dominación. Llegará, porque se están poniendo las bases para que llegue. En algunos aspectos, ya ha llegado. La ausencia de cualquier disturbio o altercado el pasado 9N no es indicio de civismo o democracia, sino de hasta qué punto el miedo interiorizado, la impotencia y la resignación se ha adueñado de los no independentistas. El totalitarismo nunca ha empezado imponiéndose por la fuerza, sino con el miedo y la paralización de los dominados. Basta con convencer a la mayoría de que son más fuertes, no de que son más. Hagamos caso, por un momento, a las estadísticas: ¿Que un 30% no puede imponer su ley y dominar al 70% restante? ¿Que 30 soldados armados no pueden poner en fila a 70 individuos y llevarlos a donde quieran? ¡Esta es la verdadera estadística! Los apocados se escudarán en esos números para negarse a aceptar que una minoría, cuando tiene todo el poder, es más peligrosa que cualquier mayoría, a la que, además, acabarán poniendo de su lado, ya sea mediante el engaño, el miedo o la simple necesidad de supervivencia.

Haré una predicción, mitad diagnóstico, mitad vaticinio. Ni el PP ni el PSOE nos sacaran de ésta. Son dos partidos encerrados en su propio laberinto. No levantan ni levantarán cabeza. No hay ninguna posibilidad de que se regeneren, se libren del peso del aparato y arrojen toda la basura y la pestilencia que han acumulado en su interior. Ahora comprendemos mejor la claudicación de Felipe González en el caso de Banca Catalana, la traición y los cambalaches de Aznar con Pujol, la bobería de Zapatero, la cobardía y la incapacidad de Rajoy. A sus seguidores les cuesta reconocer esta cruda realidad, pero cada día son más los que rompen su fidelidad y su vínculo ideológico y emocional con estos dos partidos, que ya no son sólo inservibles, sino un lastre que impide el cambio radical que nuestra sociedad necesita. A muchos nos cuesta aceptarlo, pero cuanto antes despertemos, mejor.

La otra salida es igualmente suicida. El radicalismo vacío de Podemos, que apela a las emociones por encima de las ideas, es de consecuencias imprevisibles, pero igualmente catastróficas. Basta ver qué idea tienen de España y su condescendencia con el independentismo catalán y vasco para darse cuenta de la inconsistencia aventurera de su revolución populista. ¿No hay salida, no hay solución, no hay esperanza?

Sólo se me ocurre una: el surgimiento de un nuevo partido político que aglutine los proyectos, focos e intentos de resistencia y renovación que han ido surgiendo hasta ahora, empezando por Ciudadanos y UPyD, pero también la Plataforma Libres e Iguales, Sociedad Civil Catalana y otros muchos grupos e iniciativas, locales, provinciales, de internet, redes sociales, asociaciones culturales, etc. Multitud de intelectuales, escritores, profesionales y trabajadores conscientes y preocupados, que sienten ha llegado la hora de actuar y abandonar la pasividad. Hay que aglutinar a todo ese entramado social y civil, dotarles de un proyecto nuevo, ilusionante y esperanzado para España, que busque no sólo solucionar el problema independentista, sino que encare la reorganización del Estado, la regeneración democrática, el establecimiento de la igualdad efectiva de derechos y obligaciones de todos los ciudadanos, la erradicación de la corrupción económica y política, la recuperación de las bases del bienestar social, el desarrollo de los vínculos culturales y emocionales que nos unen a todos los españoles, la extensión de la solidaridad y la colaboración frente a la obsesión por la autonomía, las diferencias y las identidades, la búsqueda del progreso económico de toda la sociedad, el aumento de la conciencia, el conocimiento y el desarrollo individual como fuente del desarrollo social. Un proyecto que nos libre definitivamente de la sombra alargada del franquismo, cuyos hijos, tardíos pero no bastardos, son precisamente la corrupción y el independentismo.

Creo que existe hoy una mayoría social en nuestro país que está desamparada, que no encuentra ningún partido que de verdad responda a sus necesidades y expectativas y que se entrega al desánimo, la apatía o la desconfianza, cuando no se refugia, de forma más o menos ilusionada o desesperada, en el radicalismo verbal de Podemos. Los votos de PP, PSOE e IU serán cada vez más residuales, los de aquellos a los que les cueste aceptar los cambios radicales a los que nuestra sociedad está abocada de modo inexorable. Podrán pasar diez años, vernos metidos de nuevo en ese ciclo secular que fatalmente parece amenazarnos (1930-2030) y estar otra vez obligados a elegir entre dos radicalismos igualmente destructivos. Cada día que pasa comprendemos mejor lo que vivieron nuestros padres y abuelos, cuya dramática experiencia no quisiéramos repetir. Pero que nadie se sienta tan ciego o engreído como para pensar que ya estamos inmunes de todos esos males del pasado. ¿Se acuerdan de Yugoslavia? ¿Creen que somos mejores, más pacíficos y civilizados?

Éxito
Sonia Sierra www.cronicaglobal.com 17 Noviembre 2014

Compruebo, atónita, como no solo los secesionistas hablan de éxito del pseudo-referéndum del 9N sino que, al otro lado del Ebro repiten la misma cantinela y concluyen que alguna salida hay que dar a ese tercio de la población que ha participado de la última performance separatista. Estupendo. ¿Y no se les ocurre pensar que alguna salida hay que dar también a los dos tercios que no participamos?

Vaya por delante que confiar en las cifras de participación y en el recuento de los voluntarios de la ANC, ERC, CiU y CUP ya es un acto de auténtica buena fe, máxime cuando estamos acostumbrados a que se den cifras oficiales de manifestaciones tan desorbitadas y alejadas de la realidad que, simplemente, resulta imposible que sean ciertas porque no caben en el trazado urbanístico. Aun así, si aceptamos pulpo como animal de compañía y las damos por válidas, lo que tenemos se aproxima bastante a lo que vengo repitiendo desde hace casi dos años: que los secesionistas, lejos de ser esa mayoría que machaconamente se señala, no llegan ni al 30%. No es demasiado difícil llegar a esta conclusión si comprobamos los votos de diferentes partidos sobre el censo sin pasar por el filtro de la Ley de Hondt.

Da la casualidad que esa cifra es bastante similar a la audiencia de TV3 y a los que tienen el catalán como lengua materna con lo cual la idea de “un sol poble” queda bastante en entredicho, al igual que la de la transversalidad del movimiento. Basta mirar los mapas de participación y ver en qué lugares ha tenido menos éxito la convocatoria para que esa creencia quede inmediatamente fulminada.

Pese a las evidencias, los mantras no cesan. Así tenemos que desayunarnos cada día con la cancamusa de que se necesita hacer algo con Cataluña. Que no, que ya está bien, que no es Cataluña, que es una parte de su población, que Cataluña no tiene un problema con España, que el problema lo tienen una minoría de catalanes ya no solo con el resto de españoles sino con el resto de catalanes, ese 70% que no hemos participado de la consulta y que con frecuencia somos tachados de antidemócratas, fascistas, franquistas, quintacolumnistas, botiflers, colonos y todo lo que se les pasa por la mollera a los secesionistas y dejan ir por sus boquitas con total impunidad.

Artur Mas debería ser el presidente de todos los catalanes, tanto los que lo han votado como los que no y, sin embargo, da la sensación que solo es el presidente de ese 30% que acude a las innumerables actividades del gigantesco esplai en el que ha convertido Cataluña la ANC con las inefables Carme Forcadell y Muriel Casals al frente. En principio, no tengo nada en contra de que la gente ocupe su tiempo libre como mejor le plazca, en mosaicos a lo régimen comunista con camisetas de colores o dándose las manos para cadenas nudistas. Todo lo que puedo alegar es el horror estético que esto me produce, pero con no mirar, asunto arreglado. El problema es que esta gincana infinita tiene un alto coste económico.

Por una parte, tenemos el millón de euros que parece que han costado los servicios de “Independent Diplomat” para la internacionalización del conflicto, que, a la vista de los resultados, mejor lo hubieran gastado en otra cosa. Por otra parte, los 200.000 semanales que cuesta la campaña de “Ara és l’hora”. ¿La sufragan íntegramente ANC y Òmnium? ¿De dónde consiguen tantos ingresos? ¿De la venta de camisetas? Por supuesto, no se puede acusar al Gobierno catalán de estar sufragando esta campaña, pero lo cierto es que hay imágenes en las que se puede ver sin ningún género de dudas, que una brigada municipal les cuelga los carteles. Y eso sin contar la publicidad gratuita en los medios de comunicación públicos y subvencionados. Y, finalmente, en el presupuesto anual se destinaban casi 9 millones de euros al 9N.

Estas cifras, ya de por sí escandalosas, se tornan inmorales en una época de crisis en las que CiU, con el beneplácito de ERC, ha acometido unos recortes brutales que han dejado en la UCI nuestro sistema sanitario y que ha empeorado drásticamente las educación pública catalana dejando, por ejemplo, hasta 15 días sin profesor a los alumnos que han tenido la mala suerte de que uno de sus docentes haya enfermado. Y eso sin contar la paga extra que ha desaparecido de la vida de los funcionarios catalanes mientras sí la disfrutan los homólogos españoles. No sé ustedes, pero yo ya empiezo a estar cansada tener que pagar una fiesta a la que no me considero invitada y en la que, desde luego, no me apetece nada participar.

España
Gloria Álvarez: «Nadie sabe qué piensa hacer Pablo Iglesias si llega al poder»
laura riestra / madrid ABC 17 Noviembre 2014

La politóloga que ha desmontado a Podemos explica en ABC su opinión sobre el populismo y los riegos que conlleva

Menos de quince minutos le han bastado a Gloria Álvarez (Guatemala, 1985) para desmantelar el populismo latinoamericano. Sus palabras, pronunciadas en una alocución en el primer Parlamento Iberoamericano de la Juventud celebrado en Zaragoza, se han convertido en un éxito viral en las redes y, además, han calado con fuerza en España. Los motivos detrás de ello son evidentes: ese populismo contra el que lucha en su región es el mismo que altera ahora a la política española de la mano de Pablo Iglesias y Podemos.

De padre cubano y con un abuelo húngaro que logró escapar desde Budapest del régimen soviético, esta licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas asegura que lleva el rechazo al autoritarimo «en las venas». De todo ello y del que es su gran objetivo, desmantelar el populismo, ha hablado para ABC.

- ­¿Cómo se explica la repercusión que está alcanzando su discurso en todo el mundo?
-Ha sido una explosión maravillosa que me impone el reto de concretar una estrategia tangible a nivel regional para incrementar la educación a través de la tecnología. Espero ir concretando esta estrategia conforme vaya realizando contactos. Ahora haré una gira por El Salvador, Uruguay y Argentina y de ella pienso enriquecerme con todas sus propuestas.

­-¿Nadie ha hablado antes tan alto y claro como usted?
«El populismo promete un progreso que nunca llega»
-Dicen que la suerte es la casualidad de estar en el momento oportuno y creo, además, que lo que está viviendo Latinoamérica, el boom de las redes sociales y la necesidad de buscar alternativas al populismo han sido puntos clave que han hecho viral un mensaje muy antiguo, pero muy vigente: el gobierno está para servir al ciudadano y para garantizar que se respeten sus tres derechos inalienables: vida, libertad y propiedad.

-Usted dice que hay que desmantelar el populismo «porque promete lo imposible». ¿Por qué es así? ¿Es un discurso sin base?
-­El discurso populista usa promesas inviables en lugar de políticas públicas de largo plazo. Usa el desbordamiento de las pasiones en lugar del análisis racional, divide a la sociedad para así vencerla entre opresores y oprimidos. También manipula al individuo con objetos perecederos para comprar su conciencia y restringe libertades comerciales y sociales, además de prometer un progreso que nunca llega.

-­En España parece emerger con fuerza Podemos y su líder, que bebe de esos mensajes populistas. ¿Cómo explica esto?
-­Por el enojo que siente el español ante los escándalos de corrupción y la inoperancia que tuvo el PSOE a la hora de sacar de la crisis al país cuando gobernaba. Recordemos que por muy culto que sea un pueblo, si hay crisis, un desempleo que no baja y las esperanzas están por los suelos, las naciones más pensantes también eligieron los extremos de un Adolf Hitler.

-­¿Cree que los políticos de los partidos mayoritarios tienen responsabilidad en esto?
­Sí, porque si el español confiara en el PP y en PSOE el electorado estaría dividido y veríamos un debate de altura entre los tres partidos con una debida rendición de cuentas por parte de cada uno.

-­¿Y cómo valora el discurso populista de Pablo Iglesias teniendo en cuenta que su ideal es el comunismo y su modelo Correa o Chávez?
-­He escuchado a Pablo Iglesias admirar a estos demagogos, pero también escucho a muchos latinos confundidos admirándolos sin que entiendan necesariamente las repercusiones que un comunismo implica. Han sido muchos los españoles que me han hablado sobre Podemos, pero nadie conoce planes o evidencias concretas de qué piensa hacer realmente Iglesias si llega al poder.

-En ese hipotético caso, ¿qué consecuencias tendría para España?
-­Las mismas que han traído los regímenes totalitarios abusivos y corruptos: el desmantelamiento de las instituciones, parlamentos sin oposición, leyes arbitrarias, unanueva élite corrupta alrededor del dictador de turno, la desvalorización de la vida humana...y, a la larga, mayor pobreza.

-­¿Es entonces el populismo un eufemismo para acabar con la democracia y las libertades?
«El discurso populista prostituye la democracia para poder manipular»
­-Más que para acabar con la democracia, para prostituirla como medio de manipulación de los más necesitados y para acabar con la necesidad, autoestima y libertades de estos individuos para postergarse en el poder y acumular riqueza con bienes ajenos.

-­Por lo tanto, ¿populismo es, como se presenta, el azote de la corrupción o tampoco ellos están libres de esta lacra?
­-Al contrario. Lo primero que hacen estos regímenes es expropiar, poner límites a lapropiedad y subir impuetos. Todo para que el Estado sea una fuente infinita de dinero con el cual ellos se enriquecen y se postergan en el poder con la excusa perfecta para que se confíe en ellos: todo esto es para dárselo después a ustedes. Hasta ahora no es lo que hemos visto, pero sí hemos sido testigos de cómo se ha formado una élite millonaria alrededor de los Castro, de los bolivarianos o de los empresarios afines a Ortega en Nicaragua.

­-¿Cómo se lucha contra el populismo?
-­Devolviendo la pasión por el intelecto. Apostando por exigir libertad para conseguir los bienes materiales por medios propios antes que exigir la seguridad material temporal que ofrecen los populistas a cambio de renunciar a sus libertades.

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El candado de Podemos
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 17 Noviembre 2014

ES COSTUMBRE habitual en los países que acaban por ser víctimas del totalitarismo no tomarse en serio los discursos dictatoriales, sean fascistas o comunistas. Ni Lenin podía hacerse con el poder, ni Hitler quería acabar con los judíos sino con los rojos alemanes, ni Castro era comunista, sino un católico antes de la ducha de realismo del Poder, ni Chávez quería liquidar la democracia, sólo la corrupción. Ante un proyecto dictatorial, la tentación inmediata es la de quitarle importancia. Y eso empieza a pasar con Podemos. Ayer, cierta izquierda prisaica y alguna derecha dizque liberal competían en no tomar en serio el discurso ni el partido de Pablo Iglesias, que tiene doscientos mil militantes, círculos militares incipientes, círculos judiciales evidentes y un proyecto político diáfano: acabar con el régimen constitucional de 1978 demoliendo su piedra angular: la nación española como sujeto político y base de las libertades civiles.

Una frase de Iglesias en su entronización sabatina resume el proyecto de Podemos: «Abrir el candado de 1978 y decidir sobre todas las cosas, para romper la concepción agresiva de España que dice a los ciudadanos qué lengua deben hablar y qué deben sentir». Sólo la ETA y los separatistas vascos -PNV, EA-, catalanes -ERC, FNC- gallegos -UPG-, canarios -MPAIAC- y terroristas leninistas como el FRAP y el GRAPO han sostenido desde la Transición que la Constitución de 1978 es «un candado» para las libertades de ciertos pueblos sometidos o clases explotadas. Pero Iglesias, en el vídeo grabado en una Herriko Taberna, dice que «sólo la izquierda abertzale» entendió «desde el principio» la verdadera naturaleza de la Constitución Española. Por eso la ETA asesinó a tantos españoles: para acabar con el candado que impedía la euskodictadura a la cubana, modelo de ERC para Cataluña y de Podemos para el recuelo de España.

La identificación de Podemos con el separatismo se ve en su himno, La Estaca de Lluís Llach y en ese «España dice a sus ciudadanos lo que deben hablar y lo que deben sentir». Son los separatistas los que imponen en Cataluña y otras taifas que no se pueda educar, rotular, ser o sentirse español. La llave que debe abrir ese candado liberticida es la Constitución. Y eso es lo que quieren expropiarnos los herriko kamaradas de Podemos.

De la nación de naciones
Almudena Negro  www.diariosigloxxi.com  17 Noviembre 2014

“España es un país de países”, ha dicho Pablo Iglesias, el socialista de moda por la gracia de las teles, y se ha quedado tan ancho, pese a que la frase supone aceptar el mito de la Transición que él dice haber venido a deshacer. Antes de él ya había dicho algo similar esa lumbrera nacional conocida como ZP, artífice del “aprobaré lo que salga de Cataluña” cuando no iba a salir nada, en parte responsable de la aceleración en la descomposición del régimen surgido en 1978. También lo sostienen, pero sin decirlo Pedro Sánchez y Susana Díaz, cada vez que hablan de federalismo, simétrico o asimétrico tanto da, en cualquier caso presupone la existencia de diferentes naciones que acuerdan convivir juntas. La reforma constitucional que busca contentar a los separatistas ofreciéndoles parte de lo quieren, como viene siendo desde hace muchas décadas –recuérdese que Franco también hizo grandes inversiones en Cataluña; las que no hizo en otras provincias como Extremadura o las Castillas-. Y es que, al fin y a la postre, los nacionalistas forman parte del consenso socialdemócrata de 1978, un consenso por el cual las oligarquías acordaron el establecimiento de un Estado de Partidos, el secuestro de la libertad política, con el único fin de repartirse la tarta. Eso sí, todo ello sujeto a unas líneas rojas no escritas que ahora los nacionalistas catalanes (y los vascos están acechantes) han decidido traspasar. Eso explica la curiosa eficacia de la fiscalía, casi 30 años después, en destapar el latrocinio perpetrado en el oasis por la familia Pujol. Pujol ens roba, que se chotean los maledicentes de Madrid.

Y es que tanto PSOE como PP, como también Podemos, han asumido plenamente las totalitarias tesis nacionalistas. Parece que esta legión de políticos que desprecia la política ha olvidado ya las consecuencias de la aparición de los nacionalismos en Europa en el siglo XX. O que les importa un colín. Así, pudimos ver la semana pasada como la vicepresidenta tercera del Congreso de los Diputados y diputada del PP, Dolores Montserrat, mandar callar a su compañera Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz del manifiesto de abajofirmantes de Libres e Iguales, porque “no es catalana”. Infumable. Y sigue en su puesto. Claro que la dejación de funciones del gobierno de Mariano Rajoy, como buen registrador de la propiedad se ha limitado a registrar el hecho en su agenda, en relación al presunto delito de sedición cometido el pasado día 9 de noviembre por el gobierno de la Generalitat no es menos impresentable. Lo del PSOE no requiere ni explicación.

Claro que lo mismo puede decirse del director del diario El Mundo, Casimiro García Abadillo, quien por eso de hacer méritos y tocar las narices a Pedro J. no tuvo mejor ocurrencia, que sin duda tendrá consecuencias en el ya de por sí menguante número de lectores de su diario, de tildar de extrema derecha a todos los que denunciamos como gran falacia el derecho a decidir defendido por los nacionalistas. Eso es asumir el lenguaje del separatismo por completo.

Todo era mentira
josé garcía domínguez ABC Cataluña 17 Noviembre 2014

Los nacionalistas, escribió alguna vez Michael Ignatieff, no gritan con tanto brío para ser escuchados por sus adversarios, sino para convencerse a sí mismos, prueba acaso de su muy secreta conciencia de que todo es mentira. Mentira el pasado cuidadosamente reescrito por sus guionistas de identidades colectivas avasalladas. Mentira su interminable rosario de agravios imaginarios. Mentira, en fin, los dogmas de fe tan a menudo refutados por la simple evidencia estadística. Recuérdese al respecto la tediosa cantinela del derecho a decidir exigido, nos insistían, por nada menos que el ochenta por ciento – ¿o era el noventa? – de los catalanes. ¿Cuántos millones de veces nos habrán repetido ese cuento chino en las televisiones, radios y periódicos pensionados por la Generalitat a lo largo de los dos últimos años? Imposible calcularlo. Y una vez llegada la hora de la verdad, ¿dónde estaba aquel apabullante ochenta por cien de los catalanes, todos y todas metafísicamente angustiados ante la posibilidad de no ser consultados por sus preferencias nacionales? No estaba en ninguna parte, pero el cuento sigue ahí, ocupando su particular casilla en el altar de las verdades indiscutidas e indiscutibles del catalanismo político.

Ahora, ya consumado el parto de los montes, los mismos traficantes de unanimidades ficticias nos urgen para que se proceda a una reforma constitucional que plazca a los gritones. Al parecer, debemos apresurarnos a modificar la Carta Magma con el fenomenal argumento aritmético de que cuatro gatos, unos cuatrocientos mil ciudadanos catalanes para ser precisos, se inclinaron por la ecléctica fórmala del “sí pero no” en el simulacro del 9-N. Simétricos o asimétricos, los federalistas son esos y solo esos. Porque el resto de la tropa, los entusiastas del “sí-sí”, lo que quiere es la independencia; la independencia, solo la independencia y nada más que la independencia. Ningún sucedáneo de la soberanía satisfará jamás a la minoría gritona. Así las cosas, cualquier tentación de abrir el melón constitucional sería mucho peor que un crimen, sería un error. E inmenso. Otro.

Estado de Derecho vs. deriva
RODRIGO TENA ARREGUI.  El Mundo 17 Noviembre 2014

EL PASADO día 9 de noviembre asistimos a un simulacro de referéndum de independencia en Cataluña, con el decidido apoyo de la Generalitat y de otras administraciones públicas dirigidas por partidos políticos favorables a la consulta, pese a la rotunda prohibición al respecto por parte de los órganos competentes de nuestro Estado de Derecho. «Lo peor que ocurrió el 9-N fue la visibilidad de la debilidad del Estado de Derecho, sobre todo en Cataluña», afirmaba en un tweet Sociedad Civil Catalana. Tienen razón. Pero ese innegable dato ha suscitado entre los no partidarios básicamente dos tipos de reacciones: la de los que creen que el Estado ha pecado por inactividad al permitir una transgresión tan manifiesta de sus decisiones y exigen una respuesta contundente, y la de los que consideran que ahora hay que dejar al Derecho un poquito al margen y que éste es el momento de la política.

Nosotros, la verdad, consideramos que lleva siendo el momento de la política desde hace muchos años, aunque algunos se caigan ahora del guindo, pero que entender que en un Estado de Derecho cabe la política sin Derecho es algo extraordinariamente peligroso. La política sin Derecho nos puede llevar a cualquier sitio, como dejó bien claro Clausewitz hace muchos años al afirmar que la guerra es la política por otros medios. Así que vamos a intentar hacer un esfuerzo de encauzar la imprescindible reacción política por la vía del Derecho, la única posible en un régimen que aspire a llamarse democrático.

Para recapitular un poco es necesario distinguir, siguiendo la terminología propia de los juristas, la lege data de la lege ferenda, aunque por lege deben entender ustedes Constitución. Es decir, lo que ahora es posible con nuestro actual marco constitucional, de lo que debería ser posible y respecto de lo cual cabría incluso llegar a un consenso bastante mayoritario.

Con el Derecho vigente las posibilidades reales de resolver este conflicto son remotas, por no decir prácticamente nulas. Los partidos soberanistas piden un referéndum «legal» y, en caso contrario, amenazan con unas elecciones plebiscitarias que conducirían a la independencia por la vía de los hechos consumados. Por su parte, el Gobierno, aunque quisiera (que no quiere) no puede consensuar un referéndum de independencia respecto de ningún territorio sin modificar la Constitución. Si la amenaza se consuma y el Parlament, después de unas elecciones victoriosas, declara la independencia sin más, entraríamos en un caos monumental caracterizado por la ausencia práctica de Derecho y de seguridad jurídica en el que todos perderíamos y cuya solución final sería impredecible. La intervención directa del Gobierno por la vía del art. 155 de la CE no garantiza ninguna solución sencilla frente a un caso de desobediencia generalizada, aparte de que no haría otra cosa que aplazar el problema. Por otro lado, la actuación meramente judicial de tipo penal por parte del Estado no tiene peso suficiente como para desactivar esa amenaza. No decimos que no haya que ejercitar las acciones pertinentes, al contrario -la decisión de hacerlo no es optativa ni puede ser matizada por criterios de oportunidad si efectivamente se está infringiendo la ley- sino, simplemente, que no va a ser suficiente, teniendo en cuenta además los plazos que maneja nuestra judicatura.

De Constitución data, la única solución fácil (y ojo, probable, si entendemos que a los políticos les tira extraordinariamente lo fácil) es conceder a Cataluña un pacto fiscal parecido (cosméticas aparte) al vasco, ya sea por la vía de permitir una recaudación total propia con cesión al Estado de una parte testimonial por «servicios comunes», o pactando un cupo directamente. Convergència podría vender ese pacto como una solución provisional sin renunciar en el futuro a nada (para salir del atolladero en que ellos solitos se han metido) y el Gobierno del PP podría también intentarlo como una solución provisional sin renunciar en el futuro a casi nada (para salir del tremendo lío que su incuria de años ha permitido).

Pero se trataría de una salida en falso, porque los que con ello renunciaríamos a mucho seríamos el conjunto de los españoles. Sumar a Cataluña al grupo de los ricos insolidarios, en el que ahora se encuentran cómodamente instalados el País Vasco y Navarra, sería renunciar definitivamente a llamar a esto simplemente un Estado viable, todavía menos uno de Derecho. El mantra de que el cupo o las cesiones se pueden calcular correctamente para no generar agravios comparativos es un cuento chino que la experiencia ha refutado y que no se lo creen ni quienes lo proponen. Si se busca la justicia y la proporción hay soluciones más simples que acudir a estos subterfugios. Por ese motivo, ceder a estas demandas sería quebrar por la puerta de atrás los propios fundamentos de nuestro orden constitucional (fundamentalmente el art. 1.1 en referencia a la «igualdad», hoy ya bastante maltrecha). Esta decisión sería inasumible y la conservación de la integridad territorial no la compensa desde ningún punto de vista, especialmente desde el punto de vista de los ciudadanos españoles, que es el prioritario.

La solución, por tanto, pasa por una reforma de la Constitución. El Gobierno no quiere ni plantearla porque dice que todos quieren reformarla, sí, pero en sentidos radicalmente divergentes y que el fracaso está asegurado. Nosotros no estamos de acuerdo. Pensamos que es posible llegar a un acuerdo de reforma constitucional que involucre a todos (o al menos a una gran mayoría) sobre las siguientes bases:

1.- La reforma no puede limitarse al tema territorial. Es necesario aprovecharla para regenerar nuestro maltrecho Estado de Derecho, adoptando las cautelas que aconseja la experiencia de derribo de nuestras instituciones durante estos años de hojalata. Es necesario garantizar un Tribunal Constitucional prestigioso y una judicatura responsable e independiente, una Administración profesional, y unos órganos de control que -milagro- controlen efectivamente. Por supuesto, todo ello pasa por una reforma del funcionamiento de nuestros partidos y del régimen electoral que acabe con nuestra partitocracia cleptocrática, tanto en Cataluña como en el resto de España. Mucho está escrito en nuestra actual Constitución, pero está visto que no ha sido suficiente.

2.- Es imprescindible suprimir los regímenes fiscales privilegiados del País Vasco y Navarra. No es de recibo que las Comunidades más ricas del país no sólo no contribuyan sino que sean perceptoras netas. Invocar a estas alturas «la historia» o «los fueros» causa simplemente sonrojo. Es necesario diseñar un régimen de financiación justo y equilibrado, conforme al cual aporten más (dentro de lo razonable) quienes más tienen.

3.- Debe crearse un Estado de tipo federal mucho más ordenado que el actual. Con competencias claramente definidas entre el Estado federal y los Estados federados (o entre el Estado y las comunidades autónomas), que pueda permitir, incluso, en función de la población de cada comunidad y de su capacidad de gestión (no de su pasado «histórico», que sospechamos que todos tenemos el mismo) que unas asuman más competencias que otras.

4.- Ello implica un nuevo pacto constitucional, por lo que -por una sola vez- habría que dar la oportunidad de secesión a aquellas comunidades que piensen que estarán mejor solas, estableciendo al efecto un procedimiento claro -en los términos de la Ley de Claridad canadiense- en el que con unas mayorías reforzadas (porque para romper un país para siempre no vale la mitad más uno) puedan ejercitar su opción de salida.

5.- Para diseñar este proyecto en detalle debería formarse una comisión integrada por personalidades de prestigio que empezase a trabajar al respecto desde este instante. Los políticos de este país han ya dado demasiadas muestras de incompetencia como para escribir la letra de esta canción. Por supuesto que deben marcar los principios, tutelar el proceso y asumir sus consecuencias -faltaría más, esto es una democracia- pero no tienen por qué descender al detalle desde el minuto uno. Es imprescindible seguir el ejemplo de otras democracias avanzadas que no han dudado en crear comisiones de expertos para casos parecidos.

Esto es política conforme al Derecho. Y, mientras tanto, que los órganos competentes del Estado se limiten a aplicar el Derecho vigente y a ejercer su monopolio de la violencia. No pueden hacer otra cosa.

Rodrigo Tena Arregui es editor del blog ¿Hay Derecho? y coautor del libro ¿Hay Derecho? La quiebra del Estado de Derecho y de las instituciones en España (Atalaya).

La singularidad de Cataluña
José Luis Meilán Gil La Voz 17 Noviembre 2014

El proceso que ha rematado, por ahora, en el 9-N ha puesto en evidencia la singularidad de Cataluña, incluso al margen de la calificación como ilegal de lo actuado o de su deslealtad constitucional. Una manifestación de ese tipo es impensable, salvo una excepción, en otra comunidad autónoma. Se puede discrepar del alcance de la singularidad y en ese sentido rechazar, como ha hecho Rajoy, negociar una ruptura de la unidad del Estado que no permite la Constitución. Pero la singularidad tiene un largo recorrido. Reconocida durante la Constitución republicana, seguía siendo una cuestión pendiente para la singladura del Estado que nos ha llevado hasta hoy. La restauración de la Generalitat en 1977, con Tarradellas, fue todo un símbolo del reconocimiento de la singularidad. También existe, aunque parezca paradójico, en la Constitución de 1978, que se invoca, aprobada por las Cortes Generales, incluida la minoría catalana, y por amplia mayoría de los ciudadanos, también en Cataluña. Lo que figura en la Constitución es una autonomía generalizable, pero con singularidades previsibles para Cataluña, País Vasco y Galicia, enlazando con la de 1931. Ha sido sustituida por «el café para todos», ahora existente, a partir del pacto de Calvo Sotelo con el PSOE y el respaldo científico de una comisión de expertos. Tenían la convicción de que así se resolvía el problema de Cataluña. Fue una decisión política que no parece que haya conseguido el objetivo.

No deja de sorprender que quienes colaboraron en esa uniformidad y la han defendido se apresuren ahora a reconocer unas singularidades a Cataluña urgiendo al Gobierno o traten de influir en él con nuevas recetas. En una huida hacia adelante, el PSOE ha planteado un Estado federal. En realidad, y dada la variedad de federalismos, ya lo es el actual, después de la espuria uniformidad de las comunidades autónomas. Para dejar las cosas como están no hace falta esa reforma más bien nominal de la Constitución y que desde esa perspectiva puede ser chocante. Al parecer, el federalismo asimétrico acuñado en el PSC está ahora cuestionado; rompería la igualdad. El Estado federal podría, sin embargo, servir de pretexto para reconocer alguna singularidad a Cataluña. Para ello no creo que sea preciso modificar la estructura del Estado. No es momento para que se satisfaga la prisa de ERC, ni para negociar con un Mas envalentonado. Hace falta tiempo, aunque a su vez apremie, para superar la circunstancia actual.

Debería dejarse, sin embargo, claro que existe en el horizonte, desde el Gobierno, voluntad de reconocer la singularidad de Cataluña. No ir a remolque. Existe un actor importante que no ha hablado: los dos tercios de catalanes que no han participado en el 9-N. Algo necesitan oír; algo tendrán que decir. ¿A quién votarán si Mas decide de pronto convocar elecciones en cualquiera de las variaciones barajadas? ¿Tendrían mayoría PP, Ciutadans y PSC? La singularidad como diferencia no es desigualdad.

La singularidad de la estupidez
Nota del Editor 17 Noviembre 2014

¿Qué es la singularidad? ¿Como y cuando comienza ? ¿Cuando termina? ¿Para poder definirla a que entes puede aplicarse y con que criterios  ?
¿Quién los determina? ¿A qué y/o quienes beneficia y perjudica?. Voy a pedir una subvención para estudiar la singularidad de Vallecas, mejor, de un atolón del Pacífico, aunque me pille más lejos.

Currículo educativo vasco y adoctrinamiento
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 17 Noviembre 2014

Es más que evidente que los niños interesan poco a los políticos y a los poderes públicos. Los niños no votan. Los niños son seres indefensos que dependen de sus progenitores. Los niños no tienen abogados que les defiendan; con suerte unos padres que luchan por ellos para sacarles adelante, cosa que muchas veces no sucede, o por desidia o por falta de formación.

Llevo muchos años con esta dura, trasegada y duradera defensa, sin resultados concretos, más bien con retrocesos. Prueba de dichos retrocesos es el llamado Currículo Educativo Vasco, elaborado desde instancias tan poco neutrales desde el plano ideológico como la Federación de Ikastolas. Según parece este currículo sesgado hacia un claro nacionalismo va a ser el documento del nuevo programa que se pretende implantar en nuestra Comunidad Autónoma. Es un proyecto que se adapta a la LOMCE pero aplicándola según las estrategias del nacionalismo para seguir controlando la escuela y con ella las conciencias de nuestros niños y jóvenes. El Ministerio de Educación, como siempre, se hace el sueco. No se rebajarán las exigencias de euskera –se incrementa notablemente este próximo ejercicio en cuantía presupuestaria-, se implementa un verdadero bosque de competencias para disfrazar las fundamentales que son claramente cuestionadas en los informes PISA, y así hacer un “totum revolotum” que distraiga de una evaluación efectiva de los elementos principales que deben tener nuestros escolares como basamento para su desarrollo y aprendizaje futuros, y se añade más leña al adoctrinamiento, por si el hasta ahora imperante fuera escaso.

Sería muy largo analizar el documento que se nos prepara. Pero me ciño al párrafo inicial de sus objetivos que lo dice todo de lo que se desarrolla en el proyecto. Dice así:

“El proyecto de Currículum [sic] Vasco responde a dos grandes necesidades y objetivos que son complementarios. Por un lado a la de asegurar la transmisión de la cultura vasca, ausente en algún caso, o insuficiente en otros, en los currículos oficiales de las diferentes administraciones educativas que inciden en Euskal Herria. Y por otro a la de hacer un planteamiento de currículum que responda no solamente a la necesidad de transmisión de la cultura específica vasca y garantizar el aporte de la cultura vasca al acerbo europeo y universal, sino también a la de incluir dentro del Currículum Vasco las competencias necesarias para vivir en una sociedad vasca integrada en Europa y en interdependencia mundial.” ¡¡Toma castaña!!

Aparte de una redacción propia de la LOGSE, este texto es suficientemente revelador de la pedantería inane y vacía de contenido de los pedagogos al uso, sobre todo si llevan boina. Para decirnos que se pretende el adoctrinamiento puro y duro para la formación del “espíritu nacional” se nos hace una exposición alambicada y sofista, ampulosa y rimbombante, que no dice nada, salvo mencionar en un solo párrafo seis veces la palabra “vasca”, y enfatizar el monotemático objetivo de lograr la extensión de la cultura vasca; sin que hasta ahora, y ya han transcurrido más de treinta y cinco años, nadie nos explique en qué consiste esa cultura, aparte de la boina, el euskera y el “kirolak”. Además, llega al ridículo de pretender nada menos que esa cultura “vasca” se integre en el acerbo universal, como si un australiano o un mejicano saltara de alegría al impregnarse de nuestra puntera y excelente forma de vida y fuéramos lo más de lo más en las civilizaciones cósmicas.

Yo no sé, querido lector, que sentirá usted al leer tan magnífica expresión de pensamiento filosófico de los autores del texto, pero yo al menos siento vergüenza ajena.

Aparte de la sofística manía de incluir el término de Euskal Herria hasta en la sopa, sin que nadie nos diga cuáles son las raíces históricas y culturales de ese término ni su implantación real en la archivística y las fuentes del proceso de configuración de lo que hoy llamamos País Vasco, que en términos históricos debiera llamarse –siguiendo a Sánchez Albornoz y otros medievalistas-, provincias vascongadas –vasconizadas-, no hay nada con sustancia. Sí hay un claro propósito, que es seguir con la manipulación de las mentes de nuestros hijos y nietos.

Tiene razón la Sra. Arias Robles, directora la Oficina Española de la UNICEF, en su artículo compartido con Carmelo Angulo Barturen en la revista “Política Exterior”, edición noviembre-diciembre de este año. Dice que España es el país que presenta el nivel más alto de abandono educativo temprano en la UE, con un 23,5 por ciento. Afirma que “Como es sabido, si hay un factor estrechamente relacionado con la pobreza es la educación, en ambas direcciones: la educación como herramienta clave para romper el círculo de la pobreza y la falta de educación como factor esencial de riesgo. Tanto que en el caso de España la tasa de riesgo de pobreza de los niños cuyos padres solo han completado como máximo la educación secundaria obligatoria es cuatro veces mayor que la de los niños cuyos padres tienen estudios universitarios (47,4 por cien frente a 11,4 en 2013)” Y dice que “En definitiva, desde 1989 los niños y las niñas son reconocidos como titulares de unos derechos específicos que les hacen merecedores de una especial protección. Sin embargo, y a pesar de todos los avances, la realidad es que a día de hoy todavía siguen representando un colectivo en situación de especial vulnerabilidad. De cómo esa vulnerabilidad pueda transformarse en capacidades fortalecidas para ponerse al frente de sus propias vidas dependerá en buena manera el presente y el futuro de las nuevas generaciones. Porque en ese presente y ese futuro nos la jugamos todos, pero, sobre todo, porque es su derecho y nuestra responsabilidad.”

Los que principalmente sufren un sistema educativo aldeano y provinciano, alejado de la realidad social, son estos niños en riesgo de pobreza, pues son los que más necesitan la adquisición de las herramientas básicas para su desarrollo personal y se les distrae con estas veleidades del “currículo vasco” con exclusivas finalidades de la llamada “cultura vasca” que casi nadie sabe lo que realmente es.

En mis épocas de activo –ahora estoy jubilado- he tenido que acompañar a bastantes alumnos a media mañana a que comieran unas galletas en el espacio del café que teníamos reservado los profesores, pues eran pasto de lipotimias o de mareos. Siempre me decían que no habían desayunado. Estos son los principales problemas y no la cultura vasca.

Ya es hora de que alguien ponga orden en este problema y no se mire para otro lado para no complicarse. Quienes gobiernan sin ánimo de complicarse la vida resolviendo problemas no merecen ser apoyados.

Ramón de España: "Arreglar la Constitución para que los nacionalistas se encuentren cómodos es perder el tiempo"

Sergio Fidalgo www.cronicaglobal.com 17 Noviembre 2014

El escritor y columnista -nacido en Barcelona en 1956- repasa para CRÓNICA GLOBAL la actualidad política catalana, aprovechando el lanzamiento de su nuevo libro: 'El derecho a delirar, un año de manicomio catalán'. Considera que Mas se ha "endiosado", cuando estaba llamado a ser un simple "encargado" de la "pseudomonarquía norcoreana" en la que Pujol quería convertir a Cataluña. "Junqueras es el independentista pata negra, es el típico político de ERC y es uno de esos que cada setenta años ha de ir al trullo por el bien del partido después de salir al balcón a proclamar la independencia", añade. Y lamenta que ICV se haya convertido en los "monaguillos" de "los burgueses de Convergència".

"¡Me estoy enganchando a Cataluña, y es más difícil dejar ese vicio que abandonar el alcohol y las drogas!". Así de categórico se muestra en la primera página de su último libro, 'El derecho a delirar, un año en el manicomio catalán' (La Esfera de los Libros). ¿Cuál es la cura?

No creo que haya cura, requeriría una desintoxicación radical, como irse a vivir a otra ciudad, otra zona de España u otro país. Mientras esté aquí, me siento irremediablemente enganchado a la realidad. Me temo que esto lo trae la edad adulta, pasé muchos años de mi juventud viviendo en un solipsismo absoluto, lo único que me interesaba era el nuevo disco de David Bowie o la siguiente película de Wim Wenders. Y me doy cuenta que de un tiempo a esta parte he dejado que la realidad se impusiera.

¿Y cómo es esa realidad?
La realidad más cercana y más cutre que tenemos al alcance, que es la majarada nacionalista en nuestra querida ciudad, sobre todo desde hace dos años, desde que tomaron el mando Forcadell y Casals. Y así me he ido enganchando a absurdos diarios digitales que predican el odio a España. Estoy totalmente al corriente del asunto y, aunque en realidad me importa un bledo, he acabado adoptando una postura pública que me ha llevado a escribir dos libros, el que has mencionado y 'El manicomio catalán', que salió el año pasado. Espero cerrar el tema con 'El derecho a delirar', porque creo que la cosa no da para más.

¿No habrá trilogía?
No. Con el primero, que sirvió para explicar el estado de las cosas, y el segundo que es un dietario que explica, con pelos y señales, lo que va de Diada a Diada, lo que es vivir esta situación absurda, creo que ya es suficiente. El objetivo didáctico ya se ha cumplido.

¿Quién 'delira' más, Artur Mas, Oriol Junqueras o Joan Herrera?
Cada uno a su manera. El personaje de Mas es curioso porque es un tipo elegido por Pujol para guardar la silla caliente al heredero. Es como si el viejo Pujol tuviera en la cabeza una especie de pseudomonarquía norcoreana, que siempre hubiera un Pujol al mando de la Generalidad. ¿Cuál es el problema? Que el heredero es un 'chori' como sus hermanos, pero con menos luces y lo pillan en grado de tentativa cuando está montando el toco-mocho de las ITV. Eso da opción a alguien como Mas, que en principio estaba designado como regente en el mejor de los casos o 'masover’ en el peor. Empieza a endiosarse y a creer realmente lo que dice su spot, "que la historia nos convoca" y sobretodo le convoca a él para hacer algo grande, cuando es un tipo que siempre había sido un probo funcionario, nacionalista de última hora, un tío que hasta hace muy poco iba diciendo que esto de la independencia era una cosa rancia y decimonónica, y ahora la defiende más que nadie. Su delirio tiene este punto mesiánico y también de agarrarse al sillón. Aunque la realidad le va soplando diputados y él por su cuenta le va regalando votos al Ogro melancólico, que es Junqueras. Aspira a una lista conjunta en la que él pueda estar al frente, cuando creo que los independentistas pata negra no le necesitan. Entre otras cosas porque es un farsante y un sobrevenido, como todos los de su partido. Convergència no ha sido más que una máquina de ganar dinero. Era una variante del libro de Dale Carnegie, 'Cómo ganar amigos e influir en la sociedad'; en su caso, 'Cómo influir en la sociedad para trincar sin tasa', que es lo que se ha visto con Pujol y su familia. Va a pasar a la historia por la causa que él no quería, que es cargarse Convergència como máquina de ganar dinero, cargarse la útil unidad con Duran y Unió Democràtica y ceder el testigo del poder y del control social a Esquerra. Vamos, un éxito absoluto.

¿Y Junqueras?
La locura de Junqueras es la típica de Esquerra Republicana. Un partido que de izquierdas no es, pero es una formación intratable, quimérica, pequeño-burguesa, y que casi todo lo que toca lo convierte en mierda. Desde la charlotada del 1934 de Companys, hasta ahora, la actividad de Esquerra nunca ha llevado a nada razonable. Cuando ganaron las pseudoizquierdas en Cataluña con Maragall, enseguida le pusieron al lado uno de Esquerra para que, aprovechando que ya no estaba muy fino, lo acabara de zumbar. Y ya vimos cómo acabó todo aquello. Junqueras es el independentista pata negra, es el típico político de Esquerra y es uno de esos que cada setenta años ha de ir al trullo por el bien del partido después de salir al balcón a proclamar la independencia.

¿Herrera?
En su caso ni siquiera es majarancia, es pura tristeza. Es lo que queda del PSUC, que fue la única oposición que hubo al franquismo, y se ha convertido en una gente acomodaticia que ha enviado a la porra el eje social y ha caído a cuatro patas en el eje patriótico que le ofrecían los burgueses de Convergència y se han convertido en sus monaguillos. En ese sentido, Iniciativa per Catalunya-Verds básicamente lo que dan es pena. Si Marx o Engels resucitaran, les correrían a gorrazos y les meterían la bicicleta por el recto. Lo único que han hecho ha sido traicionar todos los valores de la izquierda uno detrás de otro. Pero no cabe aquí hablar de locura, sino de un intento de evitar la progresiva irrelevancia.

Define a la 'Via catalana' en su libro como 'El corro de la patata'. ¿Considera el independentismo una especie de regresión a la infancia?
Es un sentimiento que siempre había estado ahí. Lo que pasa es que pese a lo que digan Mas y Junqueras y compañía, no me acabo de creer que es un movimiento que va de abajo arriba. Diría que ha sido fabricado desde despachos gubernamentales con la ayuda inapreciable de la enseñanza puesta en manos de profesores soberanistas y con los medios públicos de comunicación convertidos en aparatos de agitación y propaganda, y los medios privados sobornados en forma de subvenciones a la edición en catalán. Creo que lo empieza a parir Pujol desde 1980. Su famoso lema es 'primer paciència i desprès independència', que es una cosa que le gusta mucho citar al amigo Carreras, que creo tiene más razón que un santo. Aquí hay un plan a largo plazo que solo se ha acelerado en los últimos dos años. Pero la hoja de ruta estaba en marcha desde el principio y los diferentes gobiernos de España prefirieron mirar hacia otro lado por un cortoplacismo de pillar unos votos de Pujol mientras tuviera la tribu catalana tranquila. Se le trató siempre como a un jefe tribal, no como a un político. Por lo tanto, que no venga ahora Rajoy a rasgarse las vestiduras cuando su antecesor decía que hablaba catalán en la intimidad, aunque muy mal, por cierto. Y después de haber mirado a otro lado durante treinta años y habernos dejado tirados a la gente que estábamos advirtiendo de que esto empezaba a tomar un cariz muy cutre.

Otra cita de su libro es que "para el jolgorio nacionalista siempre hay presupuesto". ¿Por qué la izquierda catalana permite que se cierren ambulatorios mientras no falta el dinero para el 'procés'?
La izquierda es un fracaso absoluto. Lo que queda de los comunistas, más el PSC, han vivido siempre con un síndrome de Estocolmo de "no ser prou catalans i que per tant no tenim dret a guanyar", que es lo que han interiorizado toda la vida. Al final, el eje social se lo han pasado por el arco de triunfo para caer en este papel de secuaces del buen burgués nacionalista. Esta famosa revolución de la que hablan es, en todo caso, una revolución burguesa. Yo no veo un obrero en las manifestaciones de la señora Casals, lo que veo son buenos burgueses de los que comen seis veces al día y que consideran que deben comer ocho. Cuya actitud me recuerda mucho a los del Berlín Occidental cuando cayó el muro y se quejaban de que los 'uñas negras' del Este entraban en sus barrios y se llevaban todos los yogures del supermercado y cuando llegaban los señoritos estaba todo vacío. Veo que el patriotismo va muy bien para disimular la insolidaridad, el egoísmo y la hijoputez. Una vez me llamó Mascarell ofendido por un artículo mío, para decirme que no había dinero para el Museo del Cómic, y le dije que no lo había porque se lo gastaban todo en 'collonades nacionalistes'. Y se me enfadó y no nos hemos vuelto a dirigir la palabra. Pero es que lo creo sinceramente. Para empezar, cómo te atreves a poner de consejero de Salud a un tipo que era el portavoz de las mutuas.

Boi Ruiz...
Esto ya es reírse del votante en sus narices. Lo que piensa cualquiera con dos dedos de frente es que ha habido dinero de las mutuas en la campaña de Convergència que permitió a Mas ganar. No puedes poner al frente de la Sanidad pública a alguien cuya misión parece ser cargarse la Sanidad pública y conseguir que cada catalán "estigui pagant una mutua, que és allò que dóna calerons". O privatizar zonas del Clínico o de otros hospitales. Que la sanidad pública la lleve un tipo que cree en la sanidad privada o, en todo caso, en una sanidad de dos velocidades, la de quien puede pagar y la del desgraciado que tiene que apañarse con la Seguridad Social. Y eso se ha tolerado porque se ve que cerrar camas de hospitales da igual, lo importante es la patria, la bandera, el desfile y la kermesse. Y así llevamos, sobre todo, dos años. Yo escribí 'El manicomio catalán' porque hasta entonces había sido un ruido de fondo molesto, pero de repente ese ruido ya no me dejaba ni respirar. Los dos libros son de autodefensa.

En otro paraje del libro dice que "prefiero antes que los independentistas a las vírgenes obesas y a los trekkies porque son inofensivos". ¿Los independentistas no son inofensivos?
Lo que quería decir en el libro es que no veía muchas diferencias entre hacerse 'trekkie' o hacerse de la ANC, todo es una manera de pasar el rato y entretenerse. El problema es que el trekkie no molesta a nadie, vive su insania con los suyos, montando congresos ridículos en los que van con las orejas del Dr. Spock. Lo de ahora es como si los filatélicos pretendieran que fuera obligatorio coleccionar sellos. Quédese usted con sus manías, disfrútelas y déjeme en paz. A mí me gustan los cómics pero no pienso encabezar una cruzada para que los catalanes los compren. Es cosa mía y ya me apañaré. Mientras que la excusa patriótica siempre te da como el permiso para molestar, para imponer a los demás tu visión del mundo y tus manías. Y sobre todo permite dividir a la sociedad en dos partes, los 'buenos', que son los independentistas patrióticos, y los 'malos', que somos los que ya nos está bien ser catalán y español al mismo tiempo sin que eso nos cause especial quebranto. Por eso no son inofensivos, sobre todo cuando cuentan con el apoyo de un gobierno y de esas supuestas asociaciones, digamos de la 'sociedad civil', como Òmnium y la ANC, que en realidad todos sabemos que viven de las subvención de dinero público que les va soltando el Gobierno para hacerles el trabajo sucio, para montar manifestaciones y parezca que todo viene de abajo.

En el libro también asegura que "los nacionalistas son, por definición, insaciables". ¿Cómo hay que tratar con ellos?
Cuando veo al nuevo inútil del PSOE, este Sánchez que es tan inane o más que Zapatero o que la Chacón, o a otros diciendo que hemos de arreglar la Constitución para que los nacionalistas se encuentren cómodos, creo que lo hacen de buena fe, pero es perder el tiempo. El nacionalista, por definición, nunca se va a sentir cómodo en un país que considera que no es el suyo. La más elemental lógica nacionalista lleva a intentar conseguir la independencia. Todas las concesiones bienintencionadas del Gobierno central para que el señorito se sienta cómodo no bastaran, son imposibles de satisfacer, nunca estarán a gusto, o harán que lo están durante diez años, pero en el fondo quieren siempre que se les trate mejor que a los demás. Consideran que por ser catalán o vasco le han tratar mejor que al extremeño, que es un chusmas. La única cosa mínimamente real que veo es lo de la contribución a la caja común. Que esto lo podría haber arreglado Maragall si en vez de haber tirado de la épica se hubiera ido a Madrid a decirle a Zapatero: "Estamos tiesos, arréglanos un poco el menú que no llegamos". Aparte es un problema que compartimos, que yo sepa, con Madrid y Baleares, tres comunidades que aportamos más que lo que recibimos. Por una parte porque somos más ricos, y por otra porque hay una cosa que se llama "solidaridad con el más pobretón", que recuerdo que era algo bien visto y que se consideraba bueno. Y que ahora parece que es traición a la patria. Las cesiones del Gobierno central ya no conducen a ninguna parte.

Este es su segundo libro sobre el 'procés' y parece ser que el primero sufrió cierto vacío informativo. ¿Cree que los libros que en Cataluña no van en la línea oficial son ignorados?
Lo he sufrido en mis carnes. Tengo un amigo que fue a comprar dos ejemplares para regalar y se los han sacado de debajo del mostrador. Me hacía ilusión porque me sentía como los autores de Ruedo Ibérico. Aquí no pasa el tiempo. Observé con el anterior que los primeros días estaba muy escondido en muchos sitios, que quitando los que, como la FNAC u otras grandes superficies, lo pusieron muy a la vista, la librería de barrio o no lo tenían o si lo pedías te lo encontraban, pero no había muchas facilidades para verlo en la mesa de novedades. Esto es muy de aquí, es una especie de boicot que no se nota y que, si te quejas, te pueden acusar de paranoico. Se parece mucho al silencio sepulcral de la prensa, que con 'El manicomio catalán' fue absoluto. Hubo un gol en propia puerta, que fue el artículo de Carreras en La Vanguardia hablando bien del libro, cosa que sentó muy mal a toda la nómina de lameculos del régimen que escriben allí. El Periódico y El País, silencio sepulcral, en parte porque en El País todo lo que venga del grupo de La Esfera de El Mundo pasa por la trituradora directamente y viceversa. Es curiosa la tendencia al silencio en Cataluña, al "su libro nunca salió y usted no existe", a la omertá, que aplican a rajatabla. Si el libro llegó a vender cuatro ediciones fue más por el boca a oreja que por las apariciones en la prensa. En Madrid igual, hice una semana de promoción, y no hubo un 'progre' de los míos que me haya dirigido la palabra. Estuve los siete días atendiendo amablemente a todas las variantes de la derechona. La izquierda esta tan lista que tenemos parece que me ha confundido con Pío Moa o con César Vidal. Eso es otra cosa que han conseguido los nacionalistas en toda España.

Si no eres de los suyos, te ponen la camisa azul.
El que se meta con ellos es identificado inmediatamente como facha o simpatizante del PP, y no me considero ninguna de las dos cosas. Es como en aquella época que te decían: "Perdone, del País Vasco usted no puede hablar si no es vasco". Perdone, el tiro en la nuca lo entiende todo el mundo, ¿cómo que no puedo opinar? ¿Esto qué es, el planeta Plutón? Pues ahora pasa un poco esto, el "cuidado, no le hagamos el juego al PP, o a la derecha". Perdone, estoy intentando decir cosas con una sensatez absoluta, y he sido votante del PSC durante un montón de años y tengo derecho a decir lo que me salga del níspero. Que me escondan en Cataluña, tal y como está todo, lo encuentro hasta normal, pero que hasta en Madrid la supuesta progresía tenga miedo como a ensuciarse tocando mi libro, ya me parece señal que en España hay algo que no pita.

¿Fue la 'votación' del 9N el punto culminante de lo que llama 'el derecho a delirar'? ¿Por qué?
Punto culminante... hasta ahora. La tabarra va a continuar. Lo que me pasma es que Mas crea haber logrado un gran triunfo porque fue a votar el 30% del censo, incluyendo extranjeros, niños y animales domésticos, colectivos ausentes en las votaciones de verdad. El hombre está muy crecido y va de macho alfa, para desesperación de Oriol Junqueras, el Ogro Melancólico, que ya lo daba por amortizado.

¿Con qué imagen del día se queda, con Junqueras en una mesa electoral o con Jordi Pujol votando tranquilamente?
Con la mía, en casa, siguiendo por la tele la consulta de chichinabo y preguntándome hasta cuándo va a durar esta ridícula revolución de burgueses bien alimentados, insolidarios y vagamente racistas.

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Este blog se publica también en el Observatorio de la Libertad de Expresión, de la Fundación Ciudadanía y Valores (www.funciva.org)
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