AGLI Recortes de Prensa   Viernes 21  Noviembre  2014

El trienio antiliberal de Rajoy
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 21 Noviembre 2014

Este jueves se han cumplido tres años desde que Rajoy llegó a Moncloa con el mayor respaldo ciudadano desde Felipe González en 1982. No sólo eso, Rajoy llegó a La Moncloa gobernando simultáneamente en la mayoría de comunidades autónomas y ayuntamientos de España. En absoluto resulta disparatado afirmar que, desde que arrancara la democracia, jamás ningún hombre ha concentrado en sus manos tanto poder como Rajoy. Y como tal, como político omnipotente, ha utilizado ese poder para lo que cabía esperar: no para renunciar a él, no para ampliar las libertades de los españoles a costa de su absoluto imperium estatal, sino para tratar de salvaguardar la burbuja estatal gestada por Zapatero a costa de saquear impositivamente al conjunto de los españoles.

Estos tres años de Rajoy se resumen sintéticamente como un rotundo fracaso del antiliberalismo aplicado. Fracaso porque Rajoy ha sido incapaz de sentar las bases de una recuperación saludable: al contrario, fue Mario Draghi quien en 2012 sacó a España de la situación de pre-quiebra en la que se hallaba prometiendo una intervención ilimitada en los mercados financieros; antiliberalismo porque Rajoy sólo supo edificar su política económica sobre la base de una maximización de las subidas de impuestos y una minimización de los recortes del gasto agregado de las Administraciones Públicas.

Y es que Rajoy, como caballero negro de una tecnocracia grisácea y refractaria a las libertades individuales, jamás tuvo en su horizonte transformar radicalmente el modelo de Estado paternalista y omniabarcante que padecemos desde hace décadas. Su misión nunca fue la de plantear una ordenada transición desde el Estado de Bienestar a la sociedad de bienestar; ni siquiera tuvo el propósito de simplemente aplicar un moderado plan de choque dirigido a reconducir los excesos más insostenibles de ese clientelar bienestar estatal. Al contrario, Rajoy se ha esforzado durante estos tres años por apuntalar nuestro hiperEstado nutriéndolo de un sistema hiperimpositivo que ahoga a nuestras familias y empresas para oxigenar a nuestras burocracias tentaculares.

Pero Rajoy no sólo ha despedazado una oportunidad histórica para regenerar nuestras estatalmente corruptas instituciones sociales —liberalizando la economía, recortando intensamente el gasto, bajando impuestos, trasladando las pérdidas de la banca a sus acreedores mediante un bail-in, acometiendo una auténtica y profunda descentralización tributaria, separando drásticamente la función jurisdiccional del arbitrio político, renunciando a ejercer el matonismo gubernamental contra la prensa díscola, erradicando la estructural connivencia entre ciertas grandes empresas oligopolísticas y el BOE o arrebatándole la competencia educativa a las burocracias funcionariales para devolvérsela a los propios individuos—, sino que, al hacerlo, ha terminado legitimando una opción política que aspira a un degenerador control de tales instituciones sociales por parte de un Estado incorruptamente corruptor.

El éxito de Podemos es inseparable del vaciamiento ideológico, del conformismo estatista, del latrocinio montoril, de estos tres años de Rajoy. Rajoy, al fusionarse en discurso y en prácticas con el PSOE, ha dado alas a una opción política que reivindica volver a dar lustre a un Estado de Bienestar que él fue tan incapaz de combatir intelectualmente como de engordar económicamente. Rajoy es por necesidad un fracasado tanto para quienes aspiran a ver incrementado el peso de la sociedad civil a costa del Estado como para aquellos que ambicionan a convertir a la sociedad civil en un campamento militar regentado por el Estado. Aquellos que dentro del primer grupo confiaran su voto a Rajoy allá por 2011 —haciendo gala de altas dosis de ingenuidad política— han engrosado militantemente hoy las filas de la abstención; aquellos que dentro del segundo grupo apostaran por Rajoy como un eficaz gestor capaz de poner orden al desaguisado zapateril han terminado refugiándose en los brazos de Podemos.

Bloqueada dentro del sistema la regeneración liberal de un régimen insalvable y fasciocomunista como fue la Transición, se ha acabado por buscar fuera del sistema una ruptura populista con el mismo para, paradójicamente, reivindicar un idéntico misticismo vanamente esperanzador como fue el encarnado por el “espíritu” de la Transición. Rajoy renunció a ser el gran reformador que necesitaba este país —acaso jamás aspiró a hacerlo, dados sus liberticidas antecedentes ideológicos— para convertirse en su trajeado sepulturero. El inmovilismo de Rajoy ha alimentado la movilización de Podemos; su mediocridad intelectual ha cebado el desnortado intelectualismo de Podemos; su impenitente y frustrante expolio contra las clases medias ha espoleado el discurso aristocida de Podemos. En suma, su fanático enroque dentro de la casta estatal ha contribuido a preservar el mito de que otro Estado más benevolente, más decente y más justo es posible: el mito de un Estado idílico que los Dioses de la oligarquía patria jamás entregarán a la castigada ciudadanía a menos que aparezca un prometeico salvador como Podemos.

Un trienio antiliberal, el de Rajoy, que, por desgracia, todo apunta a que irá seguido por una (como poco) década al menos tan ominosamente antiliberal. Como con Zapatero, lo peor de Rajoy no serán sus nefastos años de gobierno, sino su envenenado legado.

APUNTES DE ECONOMÍA POLÍTICA
El Gobierno, víctima de la politización de la Justicia
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es 21 Noviembre 2014

El Ministerio Fiscal tiene como misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad.

La crisis de la fiscalía respecto al “caso del referéndum de cartón del 9-N” constata fielmente la anticonstitucional politización que sufre nuestra Justicia.

En la web oficial de la Fiscalía General del Estado se puede leer, en portada y a modo de presentación, el artículo 124 de la Constitución Española.

El Ministerio Fiscal, según el citado artículo, tiene como misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los tribunales y procurar ante estos la satisfacción del interés social.

Igualmente, el Ministerio Fiscal deberá ejercer sus funciones por medio de los órganos propios conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad.

¿Algún español, respecto al mencionado caso e independientemente del nivel de sus conocimientos jurídicos, puede pensar que los principios que expone el referido artículo se han cumplido por parte de la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña?

Del mismo modo, ¿ha respetado la citada fiscalía catalana las dos leyes que regulan el estatuto orgánico del Ministerio Fiscal, que son la Ley Orgánica 6/1985 de 1 de julio del Poder Judicial y la Ley 50/1981 de 30 de diciembre?

¿Ha sido víctima el Fiscal General del Estado del doble juego del Gobierno, propiciado por la negociación paralela que ha mantenido con CiU y el PSOE? ¿El Fiscal General del Estado es prisionero de su falta de independencia y, consecuentemente, de la ilegal lealtad que le profesa al Gobierno?

El film sobre el independentismo de Cataluña, que llevan rodando hace tiempo tanto el PP& PSOE como CiU, le está costando políticamente caro al Gobierno español. Y más costoso todavía, sobre todo a nivel económico, está resultando el mismo para el resto de comunidades autónomas españolas, que son sus financiadoras.

Puesto que los aplausos, que certifican el engaño del que ha sido víctima el Gobierno de España, se los está llevando el actor protagonista de esta perversa película, Arturo Mas. Un reo de alta traición, que si nuestro Estado de Derecho funcionara, posiblemente tendría que actuar desde la cárcel.

¿El Gobierno ha caído, irónica y contradictoriamente, en el cepo de la politización de la Justicia? Una trampa, mortal para la democracia, puesta por el bipartidismo al objeto de blindarse judicialmente.

Pero en esta ocasión, y respecto a la esperpéntica pseudo consulta independentista catalana, la politizada Justicia española se ha vuelto en contra del Gobierno. El cazador ha sido cazado con su propio lazo.

¿O, por el contrario, el comportamiento ilegal de la fiscalía del TSJC es consecuencia de un plan cuya ejecución no está desarrollándose tal y como estaba previsto?

Independientemente que el Fiscal General del Estado consiga sacar adelante la querella por desobediencia, usurpación de funciones, prevaricación y malversación de caudales públicos contra Mas e, incluso, aunque la fiscalía de Cataluña avale finalmente la misma, la politizada Justicia española se ha vuelto a retratar.

Sin Justicia, no hay democracia. Y sin Estado de Derecho, únicamente nos queda la sociedad civil.

Los españoles no tenemos otra solución que expulsar de la política y, por ende, de la gestión pública a todos los integrantes de los actuales organigramas del PP-PSOE-IU-CiU-CC.OO.-UGT...

Debemos acabar con la vieja y corrupta forma de hacer política, democratizar los partidos (y sustituirlos por otros) y dotar de independencia a la Justicia.

El sistema está podrido. Y solo la sociedad civil puede salvar a España. Enhorabuena a los particulares y a las asociaciones públicas que han interpuesto querellas contra Arturo Mas. Este es el camino.

Enamorar a los catalanes
Enrique Arias Vega www.lavozlibre.com  21 Noviembre 2014

Periodista y economista

Cuando alguien no quiere seguir manteniendo una relación personal, social o política, la acabará rompiendo; ya sea de forma legal, de hecho o por la brava.

Para corroborarlo, en Europa tenemos los ejemplos no tan remotos de la desmembración de Yugoslavia o la escisión de las repúblicas bálticas y otros países de la antigua URSS.
Así que no basta con la aplicación de la ley contra el secesionismo de Cataluña, sino que es necesario el enamoramiento de los catalanes de España, que quieran mantener la convivencia exitosa de varios siglos con sus compatriotas. No en balde, el Estado ha tenido presidentes catalanes como Prim o Estanislau Figueras y, más recientemente todopoderosos vicepresidentes como Narcis Serra.

Incluso hubo ministros inteligentísimos, como Francesc Cambó, que pretendieron -sin éxito, hay que decirlo- 'catalanizar España'. Es que hace un siglo Cataluña ya era una avanzada de modernidad, liberalismo, creación cultural y progreso económico. Por eso mismo, resulta al menos paradójico que en dos de las regiones menos avanzadas de España en la Edad Media -País Vasco y Cataluña- prolifere el separatismo dado que su enriquecimiento y progreso han tenido lugar en el mercado español.

Me parece harto difícil, sin embargo, conseguir esa seducción amorosa cuando bastantes españoles reniegan de serlo o anteponen a ello antañones localismos geográficos. Tampoco entiendo una reforma federal de nuestra desfasada Constitución -habiendo tantas otras imprescindibles y urgentes-, ya que los nacionalismos radicales no pretenden la igualdad entre Estados dentro de una federación, sino la drástica diferencia entre ellos y los demás.

Finalmente, me temo que los partidos nacionales españoles están más por sus querellas internas que por esta tarea de enamoramiento aquí propuesta: explicar los logros de España en estos años, los sectores en que es puntera en el mundo, las libertades de que carecen en otras partes, la pertenencia a una marca emergente y con unos valores que pueden ser hegemónicos en el mundo…

Al contrario: su visión miope y cortoplacista puede acabar impulsando el troceamiento negativo de España, como si las corrupciones de Millet y de Pujol fuesen más democráticas que las de Bárcenas y compañía.

Y la cosa puede no acabar ahí, propiciando un secesionismo contagioso en Europa, desde Laponia al Mediterráneo, que es la disculpa que algunos buscan para acabar con una Unión Europea protectora que no quieren y sustituirla por otra elitista en la que no cabría Cataluña, por supuesto, y quizá ni España ni la mayoría de miembros actuales de la UE.
Mejor sería, pues, enamorar a los catalanes y que, en lo posible, ellos fuesen quienes liderasen España.

A la rica reforma constitucional
Pedro de Hoyos Periodista Digital 21 Noviembre 2014

Parece que de vez en cuando, cual río Guadiana de la conveniencia, renace la intención socialista de reformar la constitución. Esta vez es para contentar a los nacionalistas catalanes. Contentar a los descontentos se ha buscado desde el principio de la ley de leyes. Es más, si la Constitución se hizo como es, recuerden los lectores con años, fue para contentar a nacionalistas vascos y catalanes, aunque no se pudo conseguir el voto de los primeros. Además de inventar las comunidades autónomas se inventó un palabro y de pronto empezamos a hablar de nacionalidades históricas y regiones. Dos clases de derechos regionales y por tanto de españoles, vaya.

Insisten ahora los socialistas. Va en su ADN como en el del PP va negarse. Somos así. El problema actual, que viene desde el “aceptaré todo lo que salga del Parlament” del inútil de León hasta el dontancredismo de Rajoy (¿Qué desgracia ha cometido España para sufrir presidentes así?) desemboca en el bloqueo e inoperancia de las instituciones… Incluyendo la rebelión de los fiscales catalanes.

El proyecto catalanista parece difícil de parar dado que el Estado se ha ausentado de Cataluña durante los últimos años. El permanente AGIT-PROP catalanista (Educación, cultura, prensa subvencionada, televisiones controladas) ha contrastado ásperamente con la frialdad (¿o el desapego?) de Rajoy y la indiferencia de Zapatero. España ha estado ausente de Cataluña dejando durante años el terreno libre a la publicidad “goebbels”-catalanista del “España nos roba”.

Recordarán los lectores que este nuevo ciclo nacionalista comenzó cuando Mas exigió para Cataluña un konzierto vasco. Y no van a ceder un ápice hasta conseguir un trato preferencial de Estado o la plena independencia. Sin embargo la España actual es una influencia catalanista pues para las leyes más importantes sus votos eran siempre necesariamente comprados.

Su descontento, no el de Cataluña sino el de los catalanistas, amenaza con ser eterno y al fin la nueva constitución será también una obra perecedera que permanecerá en vigor lo que los catalanistas deseen, cuanto venga bien a sus planes y proyectos.

Terrible es depender permanentemente del chantaje y de las lágrimas nacionalistas, pero es espeluznante tener gobernantes que no se hayan resistido a él desde hace décadas.

Cuerpo a tierra que llega un gilipollas a La Moncloa
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital 21 Noviembre 2014

Los que defienden a ciertos políticos es porque no les gusta reconocer que se han equivocado votando a unos perfectos gilipollas. -JV Santacreu-

Que nadie me atribuya poderes mágicos por afirmar que el próximo inquilino de La Moncloa será un gilipollas. Ni es adivinación del futuro ni prácticas de magia negra, es pura lógica matemática. Veamos, si hemos tenido un Idiota sublime gobernando el país, ahora disfrutamos de un insuperable Traidor y al mismo tiempo los imbéciles están creciendo logarítmicamente en España, es fácil deducir que lo próximo que nos toca es un glorioso Gilipollas.

Pero que nadie se alarme que peor que un traidor no hay nada, en definitiva según la RAE gilipollas significa tonto o lelo aunque según Arturo Pérez Reverte un gilipollas es un tonto que no sabe que lo es, y que además se cree listo. O sea, tontos muy peligrosos.

¿Y quiénes tienen todos los boletos para este sorteo? Efectivamente, la pareja Picapiedra: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, los dos son tontos del culo y los dos se creen listos. Así que uno de los dos será indefectiblemente el próximo Presidente del Gobierno de esta Cosa.

Lo que resulta más sorprendente es que la sociedad elegirá a uno de estos tipos que además de ser unos Charlys que no han sabido dirigir sus vidas, pretenden dirigir la vida de los demás, las de todo un país. Claro, todo esto no sorprende si recuerdas lo que dije en 2010: “lo malo de los imbéciles no es que son imbéciles, es que son muchos y votan”.

En fin, inexorablemente tendremos un Charly en el Gobierno, pero tranqui que un gilipollas es en definitiva un tonto sublime y nunca puede ser peor que un puto traidor.
¿O sí?

Señores, tomen asiento que esto promete.

Punto de no retorno
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital 21 Noviembre 2014

Comparte este artículo porque el poder está en tus manos

Juan Vte. Santacreu 9/10/2014 - En el año 2011 intervine por teléfono desde la Alpujarra en un programa de debate político dirigido y presentado por Carlos Cuesta para opinar sobre la persecución del español en España, concretamente la hispanofobia en la región catalana, ¿te suena el tema?

En aquel momento vivíamos en España una normalidad aparente, no pasaba nada y hasta entonces nos habían vendido la cabra con las lenguas tribales alegando que son una riqueza. En esa época ya advertía que si las lenguas tribales fueran una riqueza, los africanos debían ser millonarios. ¿No será que la riqueza es la utilidad que hagamos con esos dialectos?, por ejemplo un poema, una canción, una obra literaria, etc. El resto no es arte ni riqueza, es comunicación.

En nuestro caso es evidente que los dialectos tribales fracturan esa comunicación marginando al español y el español, impiden la movilidad laboral, fomentan enfrentamientos y las diferencias entre españoles y por tanto son el alimento de los nacionalismos y la semilla de los separatismos. Y para terminar dije algo importante en esos momentos: "En España, con tanta imbecilidad, hemos llegado al punto de no retorno".

Recuerdo que en la tertulia participaba una "rubia", periodista de El País, no recuerdo su nombre pero dejó claro que es más imbécil que rubia, también estaba el periodista Alfonso Merlos, Miguel Ángel Gozalo y algún otro tertuliano que no recuerdo.

En toda tertulia que se precie deben participar opiniones encontradas, pero en este caso algo falló.

Nada mas colgar el teléfono respondió la "rubia" con imbecilidades como esta: "No hay que estar en contra de los idiomas ya que son una riqueza incalculable, mis hijos estudian en Madrid inglés y francés, pero yo estaría encantada si estudiaran gallego, vascuence y catalán".

Primero, estoy harto que se inculque la idea de que el Movimiento Masby está en contra de los dialectos regionales, eso no es cierto, lo que defendemos es que el español sea de hecho la lengua nacional y única lengua "obligatoria" para poder trabajar en cualquier rincón de España puesto que todos los españoles tienen la obligación de conocerla. Respecto a las lenguas muertas o dialectos tribales nos la trae al pairo lo que hagan los frikis con ellas, como si se las meten por el culo de una en una.

Segundo, los idiomas te abren puertas laborales y económicas pero no lo compares con la imbecilidad de los dialectos tribales que sólo sirven para ir a comprar pan, y no siempre.
A ver rubia de mierda, ¿alguien ha impedido que tus hijos estudien gallego, vascuence o catalán? No, simplemente has preferido que estudien inglés y francés porque efectivamente, es cuestión de prioridades y aunque el saber no ocupa lugar pero si ocupa tiempo. ¿Por qué no les enseñas a tus hijos esos putos dialectos? Está claro que aunque eres imbécil, no eres gilipollas.

El pueblo siempre tiene la última palabra... ¿Y por qué no la primera? - JV Santacreu

Dicho esto, tomó el turno de voz Miguel Ángel Gozalo, a quien conozco personalmente, y lejos de apoyar mi intervención le quitó hierro al asunto con frases como esta: "el señor Santacreu se equivoca, no estamos en ningún punto de no retorno, España no va a la deriva, el señor Santacreu es un catastrofista y exagera".

Oyendo sus palabras por televisión no di crédito a lo que escuchaba, no sé si era producto de un servilismo rastrero al PP o es que los años le han afectado mucho, pero aquí estamos Miguel Ángel Gozalo, en 2014, ¿estábamos o no estábamos en el punto de no retorno?

Después llegó la publicidad y lamentablemente Alfonso Merlos, gran defensor de los valores que nos unen, ya no puedo intervenir al cambiar el debate a otro asunto del día.

Llegamos al punto de no retorno gracias a los malvados de este país, a los imbéciles y a los "no molestadores" como Miguel Ángel Gozalo. Gracias a todos.

Para que la historia no olvide lo imbéciles que fuimos y seguimos siendo, así lo viví y así lo cuento.

Crisis nacional
Derecho a decidir
Antonio de la Torre Libertad Digital 21 Noviembre 2014

Se ha hablado mucho en los últimos meses, pero sobre todo en estos últimos días, del supuesto "derecho a decidir". Claro que decidir, como verbo transitivo que es, implica hacerlo sobre algo y ahí nuestro derecho puede encontrarse limitado por la cosa sobre lo que se decide y su licitud.

Hace años que vengo escribiendo y diciendo que "la permisividad y falta de actuaciones claras por parte de los diversos gobiernos (de los últimos treinta y cinco años, si no más) se ha traducido en la triste realidad del vale todo y nunca pasa nada. Sin ir más lejos, esta manifestación de hechos consumados que hemos vivido el pasado domingo no es sino una consecuencia más de la misma. Como ya dijo en su día José María Aznar, aunque creo que lo decía justamente en el sentido contrario, se ha producido el efecto de la "lluvia fina", que, al final, acaba calando tanto o más que un chaparrón.

Dicho esto, basta repasar a grandes rasgos las principales causas, a mi juicio, de esta situación, que nos aboca a un final, cuando menos, incierto, si no definitivamente catastrófico:

1. Un marco constitucional, abierto en el Título VIII, que reconoce la organización del Estado en comunidades autónomas, que muy pronto evolucionaron a nacionalidades, realidades nacionales y demás eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre, que, como se ha visto, no tenían otro objetivo que atentar contra lo que consagraba el artículo 2 de la Constitución: "La indisoluble unidad de la Nación española". Claro que si recordamos aquello de "La palabra nación es un concepto discutido y discutible", que dijo el anterior presidente del Gobierno, adiós al citado artículo.

No viene mal recordar el pronóstico que, tan acertadamente, adelantó Fernando Vizcaíno Casas en su profético libro titulado Las Autonosuyas, publicado en 1981, nada menos.

2. Entre los despropósitos conocidos y repetidos continuamente, el que para mí constituye la clave de todo el desastre no es otro que la transferencia de las competencias en educación. Ni más ni menos que dar las armas al enemigo y, además, pagarle las municiones que las alimentan. Algo así como introducir en el ADN de las generaciones que nacieron a partir del 75 y siguientes una célula cancerígena con los caminos para la metástasis ya garantizados, porque no otra cosa significaba dar a los reyezuelos separatistas la capacidad de influir desde la edad preescolar en el sentimiento nacionalista, que, con toda seguridad, acabaría por prender desde el adoctrinamiento y la inmersión lingüística, forzada a partir de entonces, ante la pasividad del Estado. Es decir, se le dio la capacidad de pastorear conciencias.

3. La utilización insensata, y por desgracia creciente, por la mayoría de políticos y medios de comunicación nacionales (públicos y privados), de numerosos términos en las lenguas regionales. Se empezó, si no recuerdo mal, por aquel inocente cambio de La Coruña por A Coruña (hasta ese momento reservado a indicadores, "A La Coruña…", en los que seguían los kilómetros que faltaban para llegar) en la entonces N-6. Siguieron Lérida, Gerona, Orense, ciudades vascas, etc. En los telediarios nacionales se habla siempre de "Girona" o de “Lleida” pero dicen “Londres” y no “London”, por ejemplo, y estamos cansados de oír “la Generalitat” en lugar de “la Generalidad”, como correspondería decir hablando en español.

Y esta es, precisamente, otra de las aberraciones permitidas que se han ido normalizando: España es la única nación de habla hispana del mundo en la que no se habla español sino castellano, algo que puedo afirmar por mis vivencias en diferentes países de Hispanoamérica, en los que siempre se oye "Hablamos en español" y nadie dice "en castellano". En este sentido, recuerdo una anécdota de hace un par de años, cuando pregunté al ponente de un seminario que repetía una y otra vez lo de “castellano”, en referencia a nuestro idioma, por qué no decía “español” si estábamos en Madrid, y su respuesta fue que “era mejor así para no herir sensibilidades y evitar un choque de trenes con posibles asistentes de otras comunidades [sic]”. La pregunta surge sola: ¿qué hemos hecho tan mal para que decir que en España se habla español pueda producir un “cheque de trenes”? Ahí la dejo.

A renglón seguido, cómo no, se cambió la identificación de las placas de matrícula de los vehículos de las provincias de estas regiones, autodenominadas como de "identidad propia". Como si el resto de las regiones no la tuviéramos.

Y, lo más sorprendente, a esta cesión continua no ha estado ajeno ninguno de los dos grandes partidos que se consideran de "ámbito nacional". Incluso algún prócer con responsabilidades nacionales en etapas anteriores de nuestra historia más reciente, padre de la Constitución y sin antecedentes nacionalistas conocidos, también ha sido más que protagonista en el resurgir de ese sentimiento, casi ausente hace treinta y cinco años, concretamente en nuestra querida Galicia.

4. Los numerosos incumplimientos de la sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional en relación con la libertad de elección de enseñanza -¿no cabría aquí también el "derecho a decidir"?- y, recientemente, con la celebración de esa consulta en Cataluña, también prohibida por el TC. Tampoco ha pasado nada por no cumplirla. Al menos hasta ahora.

5. En esa misma línea de reconocimiento permisivo de esas supuestas nacionalidades, hemos visto la aparición de organismos supuestamente nacionales: agencias de meteorología, consejos consultivos, consejos económico-sociales, etc., acuñando, para los que hasta entonces venían siendo nacionales, de verdad, el término Estatal.

6. No hay que dejar de lado alguna intervención de nuestros políticos, alimentando, cuando no impulsando, el sentimiento separatista. La más destacable, sin duda, la del anterior presidente Rodríguez Z. cuando, en un mitin, anterior a las elecciones de 2004, creo que fue en Zaragoza, le dijo a Maragall: "Pascual, aprobaremos en Madrid lo que apruebe el Parlamento de Cataluña", que acabó con la llamada a Arturo Mas, en el verano de 2010, para acelerar lo que los propios secesionistas dudaban.

En definitiva, durante los treinta y seis años de vida que tiene nuestra Constitución se ha ido preparando un cocktail explosivo, con algunos ingredientes ya precocinados que no estuvieron presentes cuando se concibió, ¿o sí por parte de algunos?, y con un barman, para rematarlo, aparentemente débil, como nos demuestra este Gobierno del PP y su "diálogo sin fecha de caducidad" y conversaciones ocultas, que no puede presagiar un final feliz, si no se toman de inmediato las medidas necesarias y, desde mi punto de vista, ya urgentes.

Seguiremos atentos a las próximos días y las anunciadas actuaciones de la Fiscalía, que, me temo, quedarán en un tirón de orejas, si acaso.

'El último catalán'
Y una república catalana independiente, ¿cómo sería?
Cristina Losada Libertad Digital 21 Noviembre 2014

El nacionalismo despierta dos actitudes críticas en apariencia opuestas. La una lleva a desenmascarar sus dañinas falacias y su sesgo totalitario. La otra explora su inmensa capacidad para hacer el ridículo. Por algo dijo Unamuno que las doctrinas nacionalistas eran "la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia". Esa hinchazón de ficciones históricas, de burdas caricaturas, de tremendas hipérboles, que aqueja al nacionalismo llama naturalmente a la mofa, con lo que parece quitársele hierro a sus peligros. Sin embargo, ambas actitudes no son excluyentes, sino complementarias. Es más, tenemos a un autor catalán que demuestra que es posible tomar al nacionalismo muy en serio y sacarle punta a todo cuanto en él invita a la ridiculización.

Javier Barraycoa (Barcelona, 1963), doctor en Filosofía y profesor en la Universidad CEU Abat Oliba, donde da clases de Sociología, Opinión Pública y Psicología Social, publicó en 2011 Historias ocultadas del nacionalismo catalán, un libro que fue todo un best-seller, y dos años después Cataluña Hispana. Ahora se ha puesto a imaginar cómo sería una República Catalana independiente en una novela satírica que se titula El último catalán y ha publicado la editorial Stella Maris.

A través de las andanzas de José Casademunt, un campesino de los Pirineos catalanes, el autor va esbozando los extravagantes rasgos de una Cataluña independiente en el año 2083. Unos rasgos, huelga decir, que derivan en buena parte de los que presenta el separatismo actual. El protagonista es un octogenario que después de vivir aislado en su masía durante mucho tiempo emprende un viaje a Barcelona, la "Capital Republicana de la Justicia y la Pluralidad", cuando le anuncian la expropiación de la casa que ha albergado a su familia durante centurias.

Hace entonces cincuenta años de la proclamación de la independencia y "todo ha sido fagocitado por una estructura de poder carente de espíritu y vida". Instituciones, organismos y leyes llevan nombres tan pretenciosos como kilométricos. El propio nombre del país resulta chocante: es la República Islamodependiente de Cataluña. Y lo es porque a la hora de la verdad, cuando hizo falta contar con un ejército, la escasez de voluntarios obligó a pedir la ayuda de la comunidad islámica. Si bien la independencia se consiguió sin apenas esfuerzo militar, aquella colaboración hubo de pagarse entre, otras cosas, con la prohibición del tabaco (sólo se puede fumar marihuana) y del chorizo, sacrificios que nadie había previsto y que Casademunt se las arregla para eludir.

Hay cosas, sin embargo, que no han cambiado en esa burocratizada, puritana e ineficiente república, donde cualquiera de los frecuentes fallos de los servicios públicos se achaca a los quintacolumnistas. Su presidente es Jordi Pujol-Puig (el Tercero) Millet de Mas y Nevera. La moneda del país son los pujoles y, por supuesto, el Padre de la Patria tiene una estatua inmensa en la Plaza de la Gran República Catalana (antes Plaza de Cataluña). Sigue también presente el nombre de Ángel Colom, como prócer que fue del islam en Cataluña. En cambio, ay, de Artur Mas ha quedado únicamente un recuerdo borroso, pues "tuvo una cierta relevancia hasta que la saga de los Pujol le volvió al sitio que le correspondía".

Mientras hace su accidentado viaje a la capital, Casademunt recuerda episodios de su vida que permiten reconstruir la historia, la oficial y la real, otra vez inevitablemente muy distintas, de esa república catalana a la que el protagonista había conseguido dar la espalda hasta ese instante. No en vano es miembro de una familia que ha pasado tres siglos enfrentándose a los que mandaban, igual que es, como le dirá un antiguo compañero de seminario reconvertido en ministro, "un vulgar, inculto y sucio catañol". La nueva Cataluña ha creado categorías de ciudadanos en función de su grado de pureza y fidelidad, y la de catañol ocupa el lugar intermedio entre el "muy honorable linaje catalán o raza pura" y el "español irrecuperable". Pero todo ese afán por la identidad ha conducido, por paradójico que parezca, a su pérdida. La tesis que subyace en el libro es que la “construcción nacional” lleva a una "desnaturalización de la identidad".

El último catalán provoca la risa haciendo desfilar ante el espejo a las caricaturescas criaturas del nacionalismo, dejando que se contemplen envanecidas en su grotesco devenir. Al tiempo, esta proyección en el futuro del Matrix catalán no deja de lanzar aquel aviso que aparecía en la legendaria revista satírica La Codorniz: "Tiemble después de haber reído". Porque la realidad, como es sabido, bien puede arreglárselas para superar a la ficción.

9-N
Anestesiados ante el desafío secesionista
Guillermo Dupuy Libertad Digital 21 Noviembre 2014

Coincido plenamente con García Domínguez en que no hay que dar por perdida Cataluña. Y coincido con él no porque considere, al igual que él, que los separatistas son todavía minoría en Cataluña, sino, más bien, porque, aunque ya no lo fueran, me niego a admitir que una mayoría regional, transitoria como las de cualquier otro ámbito, determine, en base a un falso y contradictorio derecho de autodeterminación, a qué Estado pertenece la ciudad de Sabadell o cuáles son las fronteras del Estado al que pertenece el resto de los ciudadanos españoles.

Ahora bien, una cosa es que nos tranquilicemos y otra, muy distinta, que nos anestesiemos. Porque yo no creo que Vargas Llosa o tantos parientes y amigos míos catalanes mientan cuando afirman que a principios de los años 70 no conocían a ningún catalán partidario de la secesión de España. Porque yo mismo recuerdo cómo, a mediados de los 90, nos alarmó en la redacción del periódico en el que entonces trabajaba un sondeo que afirmaba que el 12 por ciento de los catalanes sólo se sentía catalán.

Aunque haya jugado a su favor de manera decisiva la condescendencia de los Gobiernos de Madrid, el avance del separatismo en estos años en Cataluña constituye un éxito indiscutible de la ingeniería social nacionalista, por mucho que todavía no alcance la mayoría.

Otro tanto se puede decir del 9-N, que también considero, aunque me pese, un gran éxito de los nacionalistas. Y lo es no tanto porque los separatistas hayan logrado que uno de cada tres catalanes se hayan molestado en participar en una consulta clamorosamente ilegal; o porque nueve de cada diez de los que lo han hecho se hayan mostrado partidarios de la mal llamada independencia. Lo considero un éxito para los nacionalistas porque han logrado hacer caso omiso de la Ley; porque siendo una minoría, tanto en España como en Cataluña, han logrado, no sólo en ese asunto, borrar nuestras fronteras más preciosas, aquellas que configuran nuestra nación como Estado de Derecho. ¿Alguien se cree que el 9-N va a carrear para los separatistas el menor perjuicio penal o político?

No. No hay que dar por perdida Cataluña y me niego a admitir la falsa disyuntiva de elegir entre la secesión o una reforma constitucional que nos descoyunte todavía más como nación y como Estado de Derecho. Sin embargo, negarse a reconocer los avances reales de los adversarios no es forma de espantar el derrotismo, sino una forma segura de sucumbir ante ellos. Desgraciadamente, a eso se dedica buena parte de la prensa madrileña, trufada, por cierto, de no pocos catalanes.

España y el nacionalismo
El centralismo ha fracasado en la tarea de construir una nación; lo ideal sería trabajar en la creación de una identidad común, porque juntos somos más fuertes
Miguel Ángel Yagüe Rollón. El Pais 21 Noviembre 2014T

“Si naces para martillo del cielo te caen los clavos”. Me vino a la memoria esta frase de un cantante y político panameño cuando leía un día en estas páginas que el célebre psicólogo Abraham Maslow afirmaba que para una persona que tiene un martillo como única herramienta puede resultarle tentador tratar todos los problemas como si fueran clavos. Efectivamente, un utensilio así puede ser útil para resolver ciertos problemas, sin embargo es dudoso que la contundencia de su uso consiga solucionarlos convenientemente, más que nada porque ya se sabe lo que sucede cuando no se para en barras y se deja de lado la racionalidad: que las campanas tocan a rebato.

El fenómeno nacionalista es un estado de conciencia que el tiempo se va encargando de cincelar por la vía del sentimiento, por ello cuando hablamos de los nacionalismos es prudente no emplear argumentos que infundan temor entre la grey nacionalista, sino que es preferible manejar otros de carácter práctico que aboguen por la construcción de estructuras de vocación multinacional, sobre todo en aquellos Estados que plantean tensiones segregacionistas en su seno, caso de Canadá, Reino Unido, Bélgica o España. Hay que tener presente que la nación es la proyección estrictamente política de la idea de pueblo. En sí misma ninguna nación actual es una realidad objetiva surgida por generación espontánea sino que son realidades o, si se prefiere, modelos de pertenencia que también se han ido construyendo y renovando en el tiempo gracias a la voluntad de sus gentes de vivir en comunidad y representadas por la misma asamblea legislativa en esa suerte de nación (política) que E. Renan definió como un plebiscito de todos los días en aquella conferencia pronunciada allá por 1882 en la Sorbona y que se titulaba "¿Qué es una nación?"

Sin duda, el éxito político conseguido por los nacionalismos periféricos para considerarse naciones ha sido desde esta perspectiva innegable; casi tan innegable como el fracaso del nacionalismo español o centralista no ya para hacer nación, sino para mantener la anteriormente construida. Primero la Restauración y después cuarenta años de franquismo han pesado mucho y han provocado efectos devastadores en el proceso de construcción nacional español, algo que nuestra desdichada transición política tampoco ha podido corregir a la vista de los resultados presentes.

En cuanto al desafío soberanista actual y al encaje de Cataluña en España son varias las posiciones que pueden tomarse pero básicamente concentro en tres las posturas en disputa. En primer lugar, la del nacionalismo independentista catalán que aboga por una ruptura con España para formar en esa comunidad autónoma un estado soberano e independiente, aunque para ello haya tenido que manipular la historia creando una atmósfera victimista que incita a transgredir la legalidad vigente a pesar de saber que una comunidad autónoma no tiene jurídicamente la competencia para votar sobre su secesión. En segundo lugar tenemos la postura del nacionalismo español, que apela a aspectos procedimentales de la actual legalidad constitucional para impedir que ningún territorio español manifieste democráticamente su deseo de decidir su futuro y pueda así poner en riesgo la unidad de España; aunque luego, sin embargo, desde distintos frentes se cebe la bomba con declaraciones que no dejan en buen lugar a Cataluña y a todo lo catalán (el fomento al boicot de productos catalanes es el corolario de una sucesión de gestos poco amistosos).

Y, por último, está la posición pragmática de los que en Cataluña y en el resto de España no son ni nacionalistas -centralistas o periféricos- ni independentistas, y que son partidarios de habilitar un marco de pronunciamiento en ese eufemismo que se ha llamado derecho a decidir, y que no es otra cosa que un derecho de autodeterminación encubierto, lo cual no significa en absoluto que los partidarios de esta vía estén a favor de la descomposición de España sino que desean articular una fórmula legal que permita que un territorio (Comunidad Autónoma) pueda manifestar libremente su deseo o no de seguir perteneciendo al Estado del que forma parte. Y ante este menú el último de los tres supuestos se antoja el más razonable por una razón bien sencilla que disfrazo de metáfora: un matrimonio mal avenido no verá arreglados sus problemas de convivencia por el hecho de haberse declarado ilegal el divorcio.

Es palmario que lo ideal sería trabajar en la creación de una identidad nacional común en el convencimiento de que juntos somos más fuertes. Pero a falta de eso, y cuando lo que predominan son los portazos y la cerrazón, el pragmatismo termina siendo la única solución ante el inmovilismo defendido por unos y otros desde sus respectivas trincheras. Ajenos a la tragedia que se avecina, ¿son conscientes las partes enfrentadas de que con cada reacción al movimiento del otro se añaden nuevas capas de tierra que luego habrá que excavar del foso donde se encuentra enterrada la solución? Y es que tal situación nos remite de algún modo a un pasaje de la película Rebelde sin causa, en donde nadie quiere ser el gallina ni el primero en frenar su coche antes de precipitarse al vacío.

En un Estado de Derecho la Constitución cumple la labor de manual de instrucciones de nuestro ordenamiento jurídico y delimita el marco legal de actuación. No obstante el Derecho y la Ley, por legítima que sea, no es la panacea para todo y su "martillo" llega hasta donde llega, y ni un metro más allá. A partir de ahí, si de verdad queremos dar una solución a los desafíos nacionalistas es en el ámbito de la política practicada con inteligencia donde encontraremos la solución a desencuentros consustanciales en el seno de un Estado plurinacional; confrontar objetivamente posiciones y argumentos desde el diálogo y el respeto mutuo es lo sensato y lo que la sociedad desea, y si además se acompaña de una necesaria argumentación pedagógica para explicar los pros y contras de los itinerarios para no llevarse a engaño pues tanto mejor.

Plotino -filósofo alejandrino que vivió en el siglo III de nuestra era- señalaba que el arte de la comprensión radica en saber escuchar. Quien sabe adoptar una posición de escucha activa demuestra estar en posesión de una rara habilidad que es propia y necesaria si se pretenden el entendimiento y el acuerdo. Esperemos que todos estén a la altura del reto porque el mayor error sería plantearse esta encrucijada como un pulso que solo conduce a la derrota y la frustración de una parte, y de lo que se trata es de que el lance no acabe en un juego de suma cero.

En todo este proceso los últimos gobiernos centrales, y los partidos que los han sustentado, han estado más preocupados de afirmar que el actual marco legal no posibilita el cómo (procedimental) de la consulta que de centrarse en el por qué hemos llegado a esta situación y de analizar y entender las razones sociales y políticas de esta desafección de Cataluña hacia España. De poco servirá sacar pecho por sentirse ganador de una batalla jurídica si luego se termina perdiendo la guerra –la ruptura de la unidad de España- por no haber sabido desenvolverse en la arena política.

Miguel Ángel Yagüe Rollón es politólogo y funcionario de la Escala Técnica Superior de Administradores de la Universidad Rey Juan Carlos.

Cataluña ante el desafío secesionista
Podemos irrumpe como tercera fuerza en Cataluña y se convierte en la llave antinacionalista
CiU ganaría las elecciones por la mínima pero no sumaría mayoría absoluta con ERC
Redacción www.lavozlibre.com 21 Noviembre 2014

Madrid.- Podemos irrumpe con fuerza, también, en Cataluña. El partido de Pablo Iglesias sería tercera formación en votos si las elecciones se celebrasen hoy, tal y como revela la encuesta que GESOP ha realizado para 'El Periódico de Catalunya', que publica los resultados en la edición de este viernes. El partido de Iglesias se convertiría así en la llave antinacionalista al lograr entre 16 y 17 escaños.

Después del 9-N, Artur Mas parece recuperarse y superaría a ERC en escaños, aunque por la mínima. Tras perder 17 diputados respecto a las anteriores elecciones, CiU ganaría los comicios con el 20,8% de los votos y lograría colocar entre 32 y 34 diputados en el Parlamento catalán. Solo un par de ellos más que ERC, que se queda con entre 31 y 33 y un porcentaje del 19,9%. El bloque nacionalista no sumaría, así, la mayoría absoluta por sí sola.

Complicado tendría, pues, Artur Mas sacar sus propuestas adelante, ya que la variabilidad de PSC y PP no es garantía para el todavía presidente de la Generalitat, que tendría que buscar aliados entre la tercera y cuarta fuerza en Cataluña: Podemos y Ciudadanos.

El partido de Pablo Iglesias, que ni siquiera está del todo asentado en Cataluña, obtendría entre 16 y 17 escaños, seis más que los que le daban en las encuestas de junio. Un auge imparable que lo convierte en la llave antinacionalista, que sangra a PSC y que se lleva por delante a ICV-EUiA. De hecho, dos cada diez votantes socialistas y otros tantos ecosocialistas eligirían ahora la papeleta de Podemos.

Ciudadanos, por su parte, saca su mejor resultado histórico, con entre 16 y 17 escaños, los mismos que Podemos. "De momento, no conocemos quién es su candidato ni qué opinan de la cuestión independentista", decía Albert Rivera en 'Los desayunos de la 1' tras conocer los resultados de esta encuesta, resaltando además que "PP y PSOE se quedan como fuerzas residuales en Cataluña".

Y es que el partido que conduce Alicia Sánchez Camacho perdería hasta 9 escaños respecto a las elecciones de 2012. Si se celebrasen hoy comicios, el PP se quedaría con entre 10-11 diputados. Por su parte, el PSC pierde el mismo número, logrando también entre 10 y 11 escaños. ICV-EUiA, con idéntico resultado a los dos anteriores (entre 10 y 11 escaños) y la CUP con 6 completan el abanico del Parlamento catalán en el que destaca, sin duda, la pérdida de la mayoría absoluta del bloque nacionalista y la irrupción de Podemos.

España
Pedro Sánchez, dispuesto a blindar las competencias lingüísticas en Cataluña
EFE / BARCELONA ABC 21 Noviembre 2014

Descarta el concierto económico para la comunidad autónoma, aunque sí estaría abierto a mejorar la financiación

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha abierto la puerta a blindar las competencias en lengua y Educación en Cataluña en su propuesta de reforma constitucional, al estimar que «hay mucho camino por recorrer» en este ámbito, así como a una mejora de la financiación, aunque cree innecesario el concierto económico.

«Hay suficientes motivos para que en esa reforma se plantee que las singularidades queden preservadas contra cualquier ataque como el que planteó el Ministro de Cultura», ha apuntado Sánchez en declaraciones a Cataluña Radio, en referencia a las polémicas palabras de José Ignacio Wert en el Congreso de los Diputados en las que aseguró que había que «españolizar a los niños catalanes».

El secretario general del PSOE ha afeado al Ejecutivo que hable de las culturas española y catalana «como si fueran entes diferentes» y ha sostenido que «si en Cataluña hubo un pacto nacional por la educación firmado por una amplia mayoría de fuerzas tiene que haber respeto».

La mejora de la financiación es otra de las apuestas de Sánchez para recomponer la relación entre el Estado y la comunidad catalana, ya que reconoce que los fondos que recibe ésta última «son insuficientes para garantizar los servicios públicos necesarios», un problema que, ha añadido, comparte con otras regiones con mucha población, como Andalucía o la Comunidad Valenciana.

No obstante, ha indicado que no cree «que sea necesario el concierto en Cataluña», como tienen el País Vasco o Navarra, porque «es importante respetar la solidaridad entre todos los ciudadanos de España».

El dirigente socialista ha asegurado que la reforma constitucional es «la única vía» para dar respuesta al debate soberanista y ha descartado apoyar el traspaso de competencias para celebrar un referéndum de autodeterminación al estilo escocés. «¿Por qué vamos a tener que ceder sobre una cuestión que afecta a todos?», se ha preguntado Sánchez, que ha sostenido que el mejor altavoz para la sociedad catalana es votar un cambio en la Constitución Española.

Asimismo, ha considerado que la participación del 9-N demuestra que los presidentes del Gobierno y de la Generalitat, Mariano Rajoy y Artur Mas, «se equivocaron» en sus premisas sobre la consulta alternativa. En el caso de Mas, porque avisa de que la participación fue «importante pero no decisiva», y, en el caso de Rajoy, porque da la espalda al problema en vez de «coger el toro por los cuernos».

El imperio de la ley ¿para quién?
Isidro Carpio www.cronicaglobal.com 21 Noviembre 2014

Después de tanto escucharlo, y de haberlo defendido a lo largo de 35 años, este principio “El Imperio de la Ley” se nos hace familiar y parece que sea parte de nuestras vidas, hasta lo hemos asumido, primero por creer en él y segundo porque en democracia no cabe un posicionamiento distinto para cada uno de nosotros, con independencia de lo que seamos cada uno.

Los viejos del lugar ya nos avisaban de que está bien, el tener un principio igualitario para todos, pero también nos avisaban de que el poder, en términos generales, venga de donde venga este, y aun manteniéndose en este discurso, lo pervertirían.

Mucho hemos hablado en estos últimos tiempos de regeneración democrática, ante la pandemia de la corrupción que afecta tanto a los partidos políticos, eso sí, a unos más que a otros, como al sector empresarial amén de sindicatos y otras instituciones.

La regeneración ha de empezar con ser consecuente con las normas y las leyes de las que nos hemos ido dotando, entre otras cosas, para combatir la desigualdad. Y como máximo exponente de estas la propia Constitución.

En España y sin que muchos ciudadanos lo hayamos aceptado, todos gobiernos, y hasta el más alto Tribunal, de hecho han sentenciado cuestiones como Constitucionales cuando todos hasta el más lego sabían que no era así, se han mantenido privilegios a todos luces contrarios a la Constitución.
En España tenemos una Constitución que no se rige por el discurso del bien o del mal, sino por el principio de legalidad, pues bien a pesar de ello, se han dado acuerdos sobre asuntos jurídicos, económicos, sobre enseñanza y cuestiones culturales manifiestamente contrarias al art. 16 de la Constitución.

Estamos hablando del estatus que mantiene la Iglesia Católica en un Estado que proclama como uno de los bienes supremos el que todos somos iguales ante la Ley, ya tenemos la primera excepción a la regla del Estado de Derecho, que encima nos cuesta a los españoles más de 15.000 millones de Euros, sin tener en cuenta lo que percibe vía IRPF. Por otro lado la Iglesia no se recata en llevar sus tesis hasta el último extremo, amenazando al Estado de Derecho con sus tesis sobre la moralidad, como hemos visto en su intento de forzar la modificación de la Ley sobre el aborto. La relación Iglesia-Estado en este país sigue estando por encima del imperio de la Ley o si se quiere del espíritu Constitucional.

Más grave es la cuestión cuando una propia institución del Estado es la que se adentra en la penumbra de la ilegalidad. Así sucede cuando la Generalidad de Cataluña desoye las resoluciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña o desobedece autos del Tribunal Constitucional, no solo los desobedece, sino que los reta, convocando consultas refrendarías prohibidas por el Ordenamiento jurídico, pretendiendo situarse así por encima del Estado de Derecho.

Ya sabemos que como todo nacionalismo, también el catalán, tiene una fuerte impronta religiosa, que algunas veces nos hace dudar si es religión o una ideología política, si son demócratas o yihadistas, será por eso que al igual que la Iglesia afirma el respeto a las leyes y al pluralismo político, luego tienen comportamientos que entran en contraposición con una sociedad libre y democrática.

El conjunto de la administración de Justicia, como poder en principio independiente, no puede ni debe dejar pasar por alto estas provocaciones que bien pudieran resultar conductas jurídico-penalmente relevantes. Así los hechos del pasado 9N podrían consistir en diversos delitos que irían desde la prevaricación a la desobediencia al más alto tribunal del Estado, pasando por las posibles coacciones y hasta la malversación de caudales públicos con los que se hubiera sufragado el acto.

El Gobierno del Estado Constitucional, en la defensa de la legalidad, no debe convertirse en parte del peligroso juego político lanzado desde el Gobierno de Artur Mas, y menos aún debiera acuartelar a una Fiscalía que ahora parece regida por el principio de oportunidad político. Creo necesario llegados a este punto que los ciudadanos de Cataluña así como los del resto de la Nación no nos sintamos desarropados en nuestra seguridad y en nuestra libertad por el Gobierno y por la Fiscalía. Es obligación del Presidente del Gobierno y de la Fiscalía General, no sólo investigar los hechos anteriores, concomitantes y posteriores al 9N –nada más faltaría-, sino que una vez investigados ejerzan la acción penal oportuna encausando a los posibles autores de esa convocatoria ilegal. Eso sí, la Fiscalía no debe marcar los tiempos en función de devenir de los acontecimientos políticos. Debe sencillamente perseguir el delito, y poner en el menor tiempo posible los hechos ante el juez, de lo contrario estaríamos ante una flagrante inseguridad que acabaremos pagando todos.

De procederse así estaremos ante otra oportunidad de observar si el tercer poder es independiente, si sigue habiendo impunidad para determinados ciudadanos de posición privilegiada que una y otra vez se ríen del Estado de Derecho y de la seguridad jurídica en la que los ciudadanos alcanzamos nuestra plena libertad.

Islamistas y multiculturalistas: una alianza estratégica
Hélios d’Alexandrie. Minuto Digital 21 Noviembre 2014

El concepto occidental de los derechos humanos es incompatible con la sharia. No se puede, por un lado, sostener que los derechos humanos inscritos en nuestras constituciones occidentales sean universales, y por otro lado aceptar el islamismo en nombre del multiculturalismo, ya que al hacer eso renunciamos a la universalidad, lo que arruina todo el sistema. Ya puestos, bien podríamos denunciar la Declaración Universal de los Derechos Humanos como un texto “islamófobo” y occidentalmente centrado.

La potente subida del islam radical y el favor del que goza en Occidente son fenómenos que requieren ser explicados. No basta con denunciarlos, hay que comprenderlos con la finalidad de hacerlos fracasar. Cuando examinamos objetivamente la situación nos damos cuenta de la existencia de dos factores principales que influyen en estos fenómenos: los islamistas propagadores de la ideología coránica y los multiculturalistas occidentales.

Conocer en profundidad la mentalidad islamista no constituye un lujo, es una necesidad: los musulmanes radicales son cada día más numerosos, su impacto se hace sentir en nuestras sociedades en las cuales constituyen un factor importante de división. Su activismo se inscribe dentro de una lógica de conflicto y dominación. Nuestras sociedades occidentales posmodernas, en las cuales los diferendos son habitualmente resueltos por el compromiso, están mal equipadas para gestionar el tipo de conflicto que los islamistas nos imponen y seguirán imponiéndonos de manera cada vez más creciente. En ese contexto se vuelve importante comprender su mentalidad, sus motivaciones y sus métodos.

Los islamistas son por esencia reaccionarios y retrógrados, son responsables de una forma de contrarrevolución a escala planetaria. Alimentada por los petrodólares esta contrarrevolución busca promover el islam de los orígenes, el de los tiempos de Mahoma y sus sucesores inmediatos. Ese mítico islam sólo existe en el imaginario de los musulmanes, y creer en la posibilidad de hacerlo revivir pertenece al terreno del delirio. Cuando se observa de cerca, se ve claramente el sentimiento que motiva a los islamistas: es la fobia de ser “contaminados” por todo aquello que es occidental. Eso lo explica todo, el aislamiento, las reivindicaciones, el supremacismo y el terrorismo. Otra característica de su mentalidad es la sumisión a la autoridad despótica: Alá y su profeta Mahoma tienen todos los atributos de los déspotas.

El islamismo no siente más que desprecio por los débiles o aquellos que se comportan como tales según su criterio. Un Estado de derecho es débil en la medida en que renuncia a la fuerza bruta, y por el hecho que llama a la adhesión y no a la sumisión. Es por ello que los gobiernos árabo-musulmanes llamados “laícos” como los de Egipto, Libia, Túnez (antes de la “primaver árabe”), Siria, Argelia o Iraq son en los hechos gobiernos islámicos, y lo son de tal manera que se dejan infiltrar por el fundamentalismo islámico más intolerante sin que su funcionamiento habitual se vea mínimamente modificado.

Los musulmanes radicales gustan particularmente de los medios de comunicación masivos que instrumentaliza a su favor. Cuando las noticias hablan de terrorismo, de atentados, de revueltas, de gritos de odio en las manifestaciones, de persecuciones contra los no musulmanes, de fatuas contra tal o cual escritor o pensador, de crímenes de honor, de poligamia, de casamientos forzados, de bodas de niñas impúberes, de ablaciones de jóvenes, de lapidaciones de mujeres, de amputaciones de manos por robo, de pena de muerte por apostasia, adulterio u homosexualidad, etc, los occidentales establecen inmediatamente la relación con el islam y los musulmanes. Un experto en publicidad diría que los musulmanes tienen un serio problema de imagen, pero se sorprendería si supiera que sus avances son debidos precisamente a esa imagen negativa: en efecto, los islamistas buscan deliberadamente inspirar miedo ya que es a través del miedo y la intimidación que imponen su voluntad.

Los omnipresentes multiculturalistas se han convertido en los aliados incondicionales de los islamistas. Universitarios, hombres de ley, políticos y activistas de izquierda, tecnócratas, periodistas, escritores y otros han adoptado una visión común en lo concerniente a la sociedad moderna: debe ser multinacional, multiétnica, multicultural, y no tiene que compartir más valores comunes que aquellos que son necesarios para la convivencia. Según esta teoría la sociedad multicultural ha de ser como un tren en el que cada comunidad ocupa un vagón que le pertenece en exclusiva y en el interior del cual puede mantener sus rasgos culturales y sus particularismos.

Los multiculturalistas están de acuerdo en un punto: Occidente debe cambiar radicalmente, todo debe ser puesto en marcha para que ese cambio sea efectivo lo antes posible. La cuestión de consultar a los pueblos destinados a ese cambio ni se plantea, pues no hay que ponerle obstáculos a la marcha de la Historia. Los multiculturalistas están convencidos de que Occidente está en pleno declive, no ya en el aspecto demográfico sino también en el plano cultural y por tanto no le queda otra opción que ser marginalizado, y ceder tanto espacio como sea posible para permitir desplazamientos mayores de poblaciones hacia sus territorios. Los pueblos autóctonos no han de gozar de ningún derecho por “antigüedad”, ni su cultura ni la civilización que han erigido son en ningún caso superiores y en consecuencia no deben ser privilegiadas ni consideradas como modelos.

Los islamistas y los multiculturalistas están unidos por intereses comunes, por un destino común, y se instrumentalizan mutuamente para llegar a sus fines. Los islamistas necesitan a los multiculturalistas para seguir ganando terreno. Los multiculturalistas necesitan a los islamistas para seguir existiendo. Los islamistas necesitan a los multiculturalistas para legitimar su ideología difrazándola de cultura y los multiculturalistas necesitan a los islamistas para transformar la sociedad de agogida según su visión. Pero también están unidos por el odio a la civilización occidental. El odio de los islamistas se explica por su incapacidad a alcanzar esa civilización sin renegar fundamentalmente de su ideología extremista y sus fundamentos históricos y religiosos. El odio de los multiculturalistas se explica por su profundo malestar frente a la expresión de la voluntad popular, por su rechazo a aceptar o reconocer los fundamentos éticos de la civilización occidental, su carácter inclusivo y el papel central que ha jugado en la elevación del ser humano en la escala de la dignidad.

Los islamistas y los multiculturalistas son fundamentalmente totalitarios tanto por su ideología como por su vocación, sólo el uso de la violencia los diferencia. No solicitan la adhesión de las personas sino que les imponene por la fuerza unos cambios y unos comportamientos degradantes y extraños a su naturaleza. Su objetivo es transformar la sociedad por la coacción y hacer aceptar esa coacción como aceptable y legítima.

A medida que el público vaya tomando conciencia de esta alianza estratégica entre islamistas y multiculturalistas sus objeciones se harán cada vez más numerosas y cada vez más audibles, y será consciente cada vez más de la camisa de fuerza que el multiculturalismo, bien presente y bien vivo en el seno del aparato legal y judicial, ha logrado imponerle. A medida que la niebla se va disipando, la realidad se muestra en toda su fealdad, la realidad de la agresión de la cual son víctimas nuestros valores y nuestro modo de vida, pero igualmente la constatación de nuestra impotencia frente a esta agresión.

La pareja infernal que forman los islamistas y los multiculturalistas puede y debe ser derrotada, pero no bastará con una elección para cambiar radicalmente la situación. Los partidos políticos en el poder tienen la molesta costumbre de renegar de sus promesas, en todo o en parte. Sólo una ola de fondo popular tiene posibilidades de frenar el avance del islamismo. Es por ello que debemos seguir con nuestro trabajo de hormigas que consiste en informar a la gente de la importancia de su compromiso personal en la preservación de nuestro modo de vida y la defensa de nuestros valores.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Con los traidores no se dialoga, se les juzga.

Vicente A. C. M Periodista Digital 21 Noviembre 2014

A un plan perfectamente ideado y ejecutado no se le puede llamar política sino estrategia de conflicto. A una actitud de constante desafío y reivindicaciones inasumibles no se le puede llamar diálogo sino coacción. A la perversión del lenguaje por los nacionalistas separatistas catalanes de CiU y ERC no se le puede llamar buena voluntad. Miente Joana Ortega, Vicepresidenta del Govern cuando dice que “ellos ofrecen diálogo mientras que el Gobierno les responde con querellas”. ¿A qué diálogo se refiere? ¿A aquél en que el Gobierno de España debe ceder a las pretensiones separatistas y asumir que la Soberanía Nacional quede en manos de solo unos millones de españoles en Cataluña?

Desde hace dos años el Govern a través de sus máximos representantes Artur Mas, Joana Ortega y su portavoz Francesc Homs han dedicado todos sus esfuerzos a consumar un acto de sedición con la convocatoria de un referéndum para que los residentes en Cataluña votasen la opción de la independencia de Cataluña constituida en un Estado, Durante estos dos años, todas las acciones del Govern han ido encaminadas a promocionar unilateralmente la opción de independencia apoyándose en asociaciones civiles separatistas, en el manejo inmoral de todas las televisiones públicas y en la promoción a nivel internacional del mensaje secesionista de que Catalonia is not Spain. Ese es el tipo de diálogo que entiende el Gobierno de la Generalidad,

¿Qué tipo de diálogo se puede establecer con quien ha demostrado su desprecio total por la Ley y por las sentencias de los Altos Tribunales? Un Gobierno que ha hecho caso omiso de los derechos de los hispano parlantes negándoles la educación en su lengua materna como defiende la Constitución. Un Gobierno que niega la legitimidad de esa Ley y que solo acepta su propio ordenamiento jurídico, pero que exige del Estado español constantes flujos de fondos para mantener su pésima gestión, mientras que clama aquello de que “España nos roba”. Un Gobierno que habla de afectos, encajes y hechos diferenciales en un posicionamiento de superioridad con el resto de España insultante y xenófobo.

Y a pesar de ello, Mariano Rajoy en un acto de absoluta falta de dignidad y traicionando a los españoles, ofrece diálogo a estos separatistas. Su actitud huidiza y cobarde al no enfrentarse a la violación del Estado de Derecho cuando se procedió a la apertura de colegios electorales y a la votación ilegal, no puede quedar ahora cubierta por la tardía reacción de la Fiscalía General que finalmente y tras vergonzosos episodios de insubordinación parece estar dispuesta a presentar querellas contra los principales responsables del Gobierno de la Generalidad. Eso sí, ante un Tribunal Supremo de Justicia de Cataluña, cuyos miembros no gozan precisamente de la confianza de los ciudadanos y sí de quienes les auparon a sus cargos, esperanzados en que rechazarán las querellas por falta de motivaciones.

Hace tiempo que lo que se llama diálogo debió ceñirse a un ultimátum a los responsables del Gobierno de la generalidad para que depusieran su actitud y de persistir en ella se hubiera procedido a la suspensión temporal de la autonomía en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Al no hacerlo Mariano Rajoy con todo su Gobierno están deslegitimados para cualquier proceso de diálogo con los separatistas. Un Gobierno que ha transigido con la comisión de delitos de sedición no puede seguir ni un minuto más al mando de la nación. Debemos exigir su inmediata dimisión y la convocatoria de elecciones generales.

La Soberanía Nacional reside en el pueblo español y nadie está legitimado para mercadear con ella ni conceder prebendas ni privilegios a quienes han coaccionado y amenazado con la fractura de España y se consideran con más derechos que el resto de españoles. Con los traidores no se dialoga, se les juzga y se les condena.

De reojo
miquel porta perales ABC Cataluña 21 Noviembre 2014

Más allá del soberanismo, el constitucionalismo -para entendernos, los demócratas homologables- también mira de reojo a un Govern

En Cataluña -hablo de política- la gente se mira de reojo. No se fían los unos de los otros. Y algunos líderes ni siquiera se fían de los partidos que dirigen. El llamado «partito del President» -que incluiría «independientes» que marginarían a la militancia de CiU- brinda un ejemplo de lo dicho. Tras el 9-N, los partidos catalanes partidarios del llamado «derecho a decidir» están en proceso de redefinición y buscan un perfil que les permita capitalizar el «proceso» y acumular fuerzas. En realidad, están ganando tiempo y observando -de reojo- qué hace el adversario con el objeto de marcar un espacio propio.

Por eso, hay quien quiere avanzar las elecciones autonómicas con una lista «unitaria» o «de país» (?) y si eso no es posible agotar la legislatura (Convergència); quien desea unas «elecciones constituyentes» -¿adiós a la Declaración Unilateral de Independencia?- inmediatas con lista propia (ERC y CUP); quien prefiere apurar la legislatura catalana (Unió e ICV); quien se plantea la posibilidad de colaborar con el gobierno de la Generalitat apoyando los presupuestos para que Artur Mas termine el mandato en 2016 (PSC). Y el caso -de ahí el mirarse de reojo- es que algunos partidos -sin saber todavía si habrá elecciones y cuándo se convocarán- ya están en plena campaña preelectoral. Un par de ejemplos: la hoja de ruta señalada por Artur Mas, que concretará la próxima semana; las «elecciones constituyentes» que ERC propone con el lema «Llamada a un nuevo país». Último detalle y todo un síntoma: la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural también miran de reojo y de ahí que guarden -de momento- silencio.

Más allá del soberanismo, el constitucionalismo -para entendernos, los demócratas homologables- también mira de reojo a un Govern que, como señala el escrito de la Fiscalía Superior de Cataluña, recurre al «empleo de argucias jurídicas sin precedentes -ni siquiera en el derecho comparado- y actuando con absoluta falta de lealtad con el acuerdo constitucional». ¡Uf!

Cataluña
'Ara és l'hora'... de la ley
Antonio Robles Libertad Digital 21 Noviembre 2014

Ver y oír ufano a Pedro Gómez invocar la política para resolver la insumisión del Gobierno de la Generalidad y pedir la reforma de la Constitución para contentar a los federalistas asimétricos del PSC provoca desazón. ¿Ignorancia o falta de escrúpulos? ¿Ingenuidad o ausencia de sentido de Estado?

Reforma de la Constitución, ¿para qué? ¿Para resolver el definitivo encaje de Cataluña en España, o para marcar y cerrar definitivamente las competencias respecto al poder central? ¿Para convertirla en el aval de una confederación de naciones, o para acabar con los Parlamentos autonómicos que en Cataluña y País Vasco sólo han servido para convertir esas comunidades autónomas en simulacros de Estados? ¿Para blindar en Cataluña y en el resto de autonomías que se sumen los tribunales de justicia, el sistema educativo, un concierto económico y una agencia tributaria propia? Echen una mirada a la decisión de la Fiscalía de Cataluña de no querellarse contra Artur Mas y adivinen cómo perseguirían la corrupción de los Pujol en una Cataluña con plena soberanía sobre los tribunales.

Las preguntas podrían ser infinitas, y todas sospechosas. Ninguna reforma que impida aumentar las cesiones a los nacionalistas sería apoyada por estos. Habríamos facilitado un nuevo agravio para el lamento. Y encima la Constitución resultante tendría menos apoyo. ¿Dónde están las bondades de su reforma?

En estos momentos, cualquier reforma constitucional dará mayor inestabilidad política. Tanto si salen beneficiados los nacionalistas como si los mete en vereda. Jugar a esa ruleta rusa podrá servir al PSOE para parecer dialogante y contentar a sus socios del PSC, pero nunca favorecerá los intereses de España ni será beneficioso para preservar la igualdad y los derechos de todos sus ciudadanos.

Segundo error. Ante la intención de la Fiscalía General del Estado de presentar una querella contra Artur Mas, se han desatado todos los conjuros desde Cataluña: "Es una persecución política contra la libertad de expresión", gritan a coro los nacionalistas poseídos por el síndrome de Ghandi. Nos conocemos la impostura, tratar de desmontarla es inútil, viven de manipular el lenguaje. Lo malo es que el PSC, que debería combatirla, la refuerza: "Es un gravísimo error que empeorará las cosas", dice el portavoz del grupo socialista en el Parlamento de Cataluña, Maurici Lucena. Iceta insiste. Y el eco llega hasta las Españas del PSOE convertido en boca de su secretario general, Pedro Gómez, en el mantra "Ha llegado la hora de hacer política". Considera un grave error que la Fiscalía General del Estado quiera hacer cumplir la ley. ¿Desde cuándo es inconveniente aplicar la ley en un Estado de Derecho? ¿Desde cuándo la separación de poderes depende de las decisiones políticas? ¿Desconoce Pedro Gómez que la separación de poderes es una condición del Estado de Derecho y no una conveniencia? Pero, sobre todo, ¿desde cuándo el Estado es sospechoso por tratar de defenderse de quienes lo quieren destruir?

Mientras, mascan mantras como el de "fábrica de independentistas". Varias generaciones de progres españoles han metabolizado el chantaje nacionalista con un enfermizo complejo de culpa ante sus supuestos agravios. Se impone medir las palabras y las acciones si no queremos inflamarlo aún más. Eficaz sistema para neutralizar la crítica y la ley. Es hora de que responsables políticos como Pedro Gómez maduren y se libren del conjuro. Rendir pleitesía al nacionalismo a estas alturas de la película es tan irresponsable como inútil. ¿O sólo pretende evitar que le digan, como hacen con el PP, que el PSOE es una fábrica de independentistas? ¡Qué falta de madurez, cuánta patética condescendencia! Así nos va.

Se rebelan contra España y se quejan porque se les pide cuentas
Somos muchos los españoles que nos hemos lamentado de que se cerraran los ojos por parte de las autoridades
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 21 Noviembre 2014

Resulta impactante ver como se quejan, quienes se han enfrentado a España, por el simple hecho de que la fiscalía pueda interponer una querella.

Nos preguntamos ¿qué era lo que los catalanes nacionalistas esperaban que ocurriera después de su desafío a la nación española del pasado 9N? Cuando se escuchan las declaraciones de sujetos como el señor Homs, con su autosuficiencia, su desprecio por el Estado de Derecho y su desenfado, cuando miente con la misma facilidad con la que cualquiera se tomaría un vaso de agua, no se puede pensar más que, en España, ya no existe autoridad, ni jueces, ni Justicia ni quienes tengan la suficiente valentía para acabar, de una vez, con esta lacra sediciosa que parece ha invadido nuestra tierra y amenaza con acabar con este nación que, hace apenas unos pocos años, era la envidia de toda Europa. O ¿es que el señor Mas y todos los que forman parte de su estado mayor, pensaban que se puede insultar a España, se la puede ningunear, se la puede denigrar y ofender sin que ello comporte una reacción por parte de la Justicia española? Pues, puede que tuviera razón.

Somos muchos los españoles que nos hemos lamentado de que se cerraran los ojos por parte de las autoridades mientras, en flagrante contradicción y desacato a la Constitución y a las resoluciones emanadas del TC (en el sentido de suspender ambas consultas populares convocadas, en fraude de ley, por aquellos que intentan separar a Catalunya de España) cuando el separatismo ha ido actuando con plena impunidad. Con desfachatez y tono de desafío, los separatistas apoyados por la Generalitat, sacaron las urnas a la calle y las colocaran en los lugares arbitrados para celebrar la consulta; una consulta ilegal destinada a cometer un acto ilegal, como era poner en cuestión lo que la Constitución española dispone a cerca de la unidad indivisible de la nación española. Todo ello mediante una consulta convocada por quienes no estaban autorizados por ley para hacerlo, sin que la policía, la Guardia Civil o quien estuviera habilitado para ello como, por ejemplo, los Mossos de Escuadra de la Generalitat, tomaran las medidas pertinente para impedirlo confiscando las urnas, sellando los locales destinados a la votación e impidiendo que, los que fueron a votar (todos ellos, como era de esperar, partidarios de que Catalunya fuera independiente) pudieran infringir la legalidad.

Sin embargo, la “prudencia” del Gobierno, su convencimiento de que la consulta no iba a tener una repercusión importante en el pueblo catalán; el innato optimismo del Ejecutivo que, desde Madrid, han sido incapaces de captar lo que sucede en esta autonomía catalana y la nefasta información que parece que van recibiendo por parte de la infumable señora Sánchez Camacho, claramente incapaz de dirigir al PP catalán y culpable, en gran medida, de la grave situación en la que los catalanes separatistas han colocado a la nación española; debido a los bandazos que ha ido dando en su política catalana (primero colaborando con Convergencia, después reclamando un pacto fiscal especial para Catalunya y, finalmente, ante la evidencia de su fracaso, pretendiendo aparentar que es la mas “dura” en su enfrentamiento con Mas y los suyos); han conseguido que, como se suele decir, “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Choca leer los comentarios de la prensa catalana; escuchar las opiniones de periodistas, articulistas y tertulianos, todas ellas coincidentes en criticar a la Junta de Fiscales de Sala de Madrid que apoyó la iniciativa del Fiscal General de presentar una querella contra el señor Mas, la señora Ortega y la señora Rigau, como organizadores y presuntos responsables de los delitos que se pudieran haber cometido en la organización de la consulta. Se habla de delitos de desobediencia, prevaricación, malversación de caudales públicos y usurpación de funciones. Para todos estos señores parece que no existen motivos suficientes para querellarse con quienes, junto a otros que también deberían haber sido objeto de querella, han estado presumiendo de engañar al TC y de pasarse por la entrepierna las leyes de España y las sentencias de sus tribunales.

Y uno se pregunta ¿es qué no hay nadie en este país que sepa leer los artículos de nuestra Carta Magna, las disposiciones de nuestro Código Penal y las constituciones de todos los países de la UE?, ¿se imaginan que en Francia, Alemania, Holanda o cualquier otra nación de nuestro entorno, se planteara que una provincia pudiera pedir independizarse de ella, la reacción que ante ello tendrían sus respectivos gobiernos? Pues vean, señores, la forma de reaccionar, en nuestro país, de nuestras autoridades; incapaces de actuar con la firmeza que se precisa para cortar de tajo tales movimientos subversivos, ¡pero no cuando ya han adquiriendo demasiada virulencia, cuando las masas ya están soliviantadas engañadas por la demagogia de sus dirigentes y cuando se les haya permitido que, impunemente, hayan hecho lo que les haya venido en gana!

Resulta impactante ver como se quejan, quienes se han enfrentado a España, por el simple hecho de que la fiscalía pueda interponer una querella, que está por ver si será aceptada por el TSJC o se desechará. Es posible que tengan razón los que se quejan de que se haya judicializado demasiado esta cuestión porque, si se trata de un tema simplemente político y de tipo administrativo, ¿ porqué el señor Rajoy y su Gobierno no apeló al procedimiento eficaz y mucho menos complicado de aplicar el artículo 155 de la Constitución, ante un comportamiento evidentemente ineficaz en lo económico, ilegal en el cumplimiento de las sentencias de los tribunales; atentatorio contra los derechos educativos de los ciudadanos y prevaricador cuando han decidido, usurpando funciones del Estado, sobre temas como la celebración de consultas ilegales.

Me pregunto si, un ciudadano cualquiera, se negara a acatar la prohibición del Congreso respecto a una petición que hubiera hecho, la suspensión del TC respecto a la puesta en práctica de aquella petición y, a pesar de todo ello, desobedeciera a ambas instituciones y efectuara aquello que se le prohibió ¿qué ocurriría? Pueden ustedes fácilmente imaginárselo. Estamos hablando de graves delitos contra la unidad de España que, curiosamente, parece que nadie quiere castigar o se atreve a hacerlo. ¿No será que aquello de los pactos secretos y de las conversaciones privadas concluyeron en un acuerdo sobre la ruta soberanista? Todos hablan de solución política, Todos parecen dispuestos a ceder ante el soberanismo para evitarse problemas, Los únicos que, contra viento y marea defienden su postura son los separatistas catalanes. ¿Es este el prólogo de lo que piden los socialistas, un estado federal? Mucho me temo que hay cosas que no sabemos y que quizá en unos pocos meses nos sorprendan.

Lo peor es que, esta España, ya no es aquella en la que todos se sentían españoles, que fueran del color que fueran hubieran muerto por defender su patria, que todos los españoles nos sentíamos un solo pueblo respetando las particularidades de cada región. El error comenzó con las autonomías, con los estatutos que les conferían unas funciones que antes pertenecían al Gobierno. Entraron los socialistas de Rodríguez Zapatero e implantaron sus propias doctrinas, empezando por introducir en la enseñanza sus particulares ideas sobre la familia, sobre la religión, sobre la ética y la moral, sobre la economía y sobre el sexo. A partir de ahí la filosofía relativista se fue apoderando del pueblo español, hasta llevarnos a la situación de hoy en día, en la que nadie levantaría un dedo para defender a la nación y, por raro que parezca, el nacionalismo de algunas comunidades autónomas es más fuerte, más enraizado y, si me apuran, más agresivo que el que confiesan tener muchos españoles respecto a su patria. O así es como, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos como el Estado va cediendo ante la amenaza separatista. Mala cosa.

Sala i Martín se independiza... de la realidad
Nacho Martín Blanco www.cronicaglobal.com 21 Noviembre 2014

El martes pasado coincidí, una vez más, en la tertulia de 'El Món a Rac1' con el economista Xavier Sala i Martín. En su primera intervención enumeró una serie de casos de corrupción y de malas prácticas políticas que tienen o han tenido lugar en España -Cataluña aparte, claro está- y que afectan a todos los poderes del Estado, a organizaciones de la sociedad civil e incluso a medios de comunicación de lo que él implícitamente considera en todo momento el extranjero: España y los españoles.

En cualquier caso, Sala i Martín hizo una descripción apocalíptica, pero cuando menos atendible de la realidad del país, descripción que era como para echar a correr y no volver a pisar nunca la piel de toro, por muy español que uno se sienta. Habló de la corrupción política generalizada, del desprestigio de instituciones fundamentales como la Corona o el poder judicial y, en definitiva, de un estado de cosas que, aunque sin duda dramatizado por el desprecio a España que caracteriza al original economista, existir, existe. Por desgracia, buena parte de lo que dijo Sala i Martín es verdad. Es verdad, pero no es toda la verdad. De entrada, no lo es porque en la España de hoy no todo es corrupción y podredumbre, pero sobre todo porque en su memorial de corruptelas no mencionó ni un solo ejemplo que tuviera que ver con Cataluña ni con los partidos que gobiernan o han gobernado la Generalitat.

Si no fuera porque estoy convencido de que Sala i Martín es perfectamente consciente de su doble rasero, diría que estamos ante un caso paradigmático de “hemiplejia moral”, por decirlo en palabras de Ortega, pero está claro que para algunos la independencia de Cataluña bien vale un desvarío, o los que hagan falta. De ahí que la conclusión de su retahíla inicial sea “autoevidente”, en el sentido que le da a la palabra el periodista estadounidense Ambrose Bierce, es decir, evidente para uno mismo pero no para los demás. “La consecuencia de todo eso -el consabido memorial de corruptelas- será que en la próxima manifestación habrá todavía más independentistas; y todos los propagandistas nos dirán que ha sido un fracaso, pero nosotros tendremos más claro que aquí no hay otra salida que cantar la hora de los adioses”, concluye Sala i Martín.

Bien mirado, su razonamiento denota que tanto él como muchos de sus correligionarios independentistas no sólo han alcanzado ya su objetivo sino que lo han superado con creces, pues no contentos con la idea de independizarse del resto de España, han logrado por de pronto independizarse de dos tercios de los catalanes -a juzgar por los resultados del 9N- y del resto de Europa y del mundo -si tenemos en cuenta el escaso entusiasmo con que la comunidad internacional ha contemplado desde el primer momento el proceso soberanista-. Pero lo que es más preocupante es que, además, parecen haberse independizado definitivamente de la realidad al considerar que el 9N demuestra la inevitabilidad de la independencia, cuando sólo un escaso 30% del censo votó a favor de la secesión.

Así las cosas, está claro que el problema lo tenemos quienes nos negamos a independizarnos de la realidad y a asumir la solución mágica que proponen los independentistas. Sin duda, una solución fácil porque nos permitiría librarnos de un plumazo de Gürtel y de Bárcenas, de los ERE de Andalucía, de Urdangarín, de las tarjetas opacas de Caja Madrid, del Proyecto Castor y de toda la morralla que infesta España. Bien, pongamos que ya somos independientes de todo eso. ¿Cómo diablos nos independizamos ahora del caso Palau de la Música, de las ITV de Oriol Pujol, de la sede embargada de CDC, del exconsejero de la Generalitat Jordi Ausàs (ERC) condenado a cuatro años de prisión ¡por contrabando de tabaco!, de la esperpéntica privatización de Aigües Ter Llobregat (ATLL) o de la ruinosa intervención de la Generalidad en la gestión de Spanair?, le pregunto a Sala i Martín.

La respuesta, de nuevo, es autoevidente. Una vez exorcizado el demonio español, todo eso desaparecerá sin más, pues todo lo malo que ocurre en Cataluña es culpa de España: de la podredumbre de sus gobiernos, de la indolencia de sus gentes, de su “leyenda negra” presentada como verdad revelada. Por el contrario, todo lo bueno que sucede en Cataluña es gracias a la probidad de sus gobernantes, de la cual da fe la reciente autoinculpación de Pujol, de cuyos turbios manejos, por cierto, ha tenido que venir a informarnos la prensa extranjera, concretamente El Mundo.

No creo que nadie pueda decir que exagero cuando afirmo que en los medios catalanes existe una generalizada caricaturización, por no decir demonización, de España, que en los últimos años ha alcanzado el paroxismo, con el “país nuevo” que prometen los independentistas como bucólico telón de fondo. Cualquier noticia que, por tangencial que sea, pueda servir para denostar la imagen de España, el “país viejo”, es amplificada hasta la náusea por políticos y tertulianos nacionalistas, conscientes o no de su condición de tales, que en seguida traen a colación clichés como el de la “España profunda”, la “España eterna”, el “Spain is different” y, últimamente, la “Marca España”, tópicos que todo lo explican.

En fin, España es el pasado y la Cataluña independiente, el futuro. Pero ¿qué hay del futuro? ¡Ah, el futuro! Ningún problema. Las previsiones de futuro son de traca: seguiremos en Europa, mal que le pese a los Tratados y a los responsables de la UE que han dicho exactamente lo contrario. Tendremos doble nacionalidad catalana y española si así lo queremos, le guste o no a España (¿no podría ser catalana y estadounidense ya que estamos?). No tendremos que asumir la parte de la deuda española que nos corresponde. Tendremos acceso a los mercados de deuda internacionales desde el primer día. No habrá problema con las inversiones, a los inversores no les asustan los cambios y la huida de capital e inversiones que sufrió Quebec (sólo con el proceso de consulta) no pasará aquí por razones que no hace falta que nos expliquen. No habrá impacto alguno en la relación con nuestro principal cliente, España. En suma, seremos la Suiza del sur de Europa: los que nos han gobernado (ERC) y gobiernan hoy (CIU) de forma nefasta lo harán de forma excelente una vez independientes, ayudados por las CUP, de estética e ideología típicamente suizas. Ah, y por supuesto no habrá corrupción, eso es de españoles. ¡Habrase visto tal cosa en un oasis como el nuestro!

LA LEY ESTÁ POR ENCIMA DE LA POLÍTICA
Editorial ABC   21 Noviembre 2014

UNO de los efectos secundarios más nocivos de la crisis catalana es la displicencia con que desde determinados medios (políticos, sociales y periodísticos) se despacha el cumplimiento de las normas sobre las que está organizado nuestro Estado de Derecho. Este frente de banalización del ordenamiento jurídico se ha vuelto particularmente activo con motivo de la querella que la Fiscalía va a interponer contra Artur Mas y algunos de sus consejeros por su presunta responsabilidad criminal (el Tribunal Superior de Cataluña lo confirmará o no) en el 9-N.

Soberanistas, nacionalistas, socialistas ?y otras fuerzas más a la izquierda? pretenden convertir el remoquete de «es el momento de la política» en una especie de bálsamo con el que se resolverá el «problema catalán», al tiempo que eximen a la facción secesionista del cumplimiento de la ley y demonizan cualquier acción judicial que trate de devolver la situación al cauce constitucional. Algunos medios ?y no solo los editados, y fuertemente subvencionados por la Generalitat, en Cataluña? se han contagiado de la «especie» y tratan de popularizarla con una insistencia irritante, por lo que supone de desprecio al marco legal que a todos debe afectar por igual. Periódicos que en su día se abonaron al editorial único (esto es, al inquietante pensamiento único) citan como fuente de autoridad a otros que han «comprado» el falaz argumento del «momento de la política»... sin la ley. Pero conviene no dejarse engañar por esta corriente ventajista, fruto de «argumentos veleta» de diarios en convulsos procesos de tensión interna, y cuyo objetivo es variable: un día proponen una cosa y al siguiente, otra distinta. Cosas tan peculiares, por ejemplo, como la liquidación en la práctica del Estado de Derecho para que Mas y Junqueras no se enfaden. Muchas veces es el «momento de la política», pero siempre es el momento de la ley.

ICV-EUiA pide la reprobación del alcalde de Castelldefels por "mentir" sobre el catalán
El edil declaró en el programa 'Salvados' que en algunas escuelas "se obliga" a usarlo en el patio
EFE / BARCELONA El Periodico   21 Noviembre 2014

El grupo municipal de ICV-EUiA en el Ayuntamiento de Castelldefels ha presentado una moción para pedir la reprobación del alcalde, Manuel Reyes (PPC), por "mentir" al afirmar en un programa televisivo que en algunas escuelas "se obliga" a los niños a hablar en catalán en el patio.

El pasado 9 de noviembre, el programa 'Salvados' de la Sexta emitió un programa sobre el proceso soberanista catalán, coincidiendo con la jornada del proceso participativo, en el que el alcalde de Castelldefels hizo las polémicas declaraciones. "En algunas escuelas de Catalunya, cuando se les dice a los niños que no pueden jugar en castellano, cuando sólo se les fuerza a que hablen en catalán, yo creo que tenemos realmente un problema", dijo Reyes.

Ante estas afirmaciones, el grupo de los ecosocialistas en el consistorio de Castelledels ha presentado una moción en la que pide su reprobación por "mentir", según informa la coalición en un comunicado. ICV-EUiA pide al resto de los grupos de la oposición que apoyen su moción, que será debatida en el pleno de la próxima semana, ya que el PPC gobierna en minoría en el ayuntamiento.

Además de solicitar la reprobación de Reyes, la coalición denuncia la "falta de escrúpulos" del alcalde y su "afán" en crear un "conflicto" lingüístico "inexistente" en Castelldefels y en Catalunya.
 

Sánchez ofrece blindar la exclusión del castellano en la educación pública catalana
Redacción www.cronicaglobal.com 21 Noviembre 2014

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se ha mostrado partidario de que una eventual reforma de la Constitución incluya el blindaje de las competencias en educación por parte de la Generalidad.

En una entrevista en El Matí de Catalunya Ràdio, Sánchez ha destacado que existirían suficientes razones para preservar las competencias en educación de cualquier “ataque” como, a su juicio, fue la nueva Ley de Educación del ministro José Ignacio Wert: “Se pueden blindar las competencias en educación, hay suficientes motivos para preservarlas de cualquier ataque como el que planteó el ministro Wert”.

En la misma línea, Sánchez ha proseguido que si Cataluña alcanza un pacto por la educación, el Estado no tiene más que respetarlo: “Si en Cataluña hubo un pacto nacional por la educación, tiene que haber un respeto por parte del Gobierno de Madrid”.

Critica la falta de voluntad política de Rajoy
El líder socialista ha advertido al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de que “si no empieza a ofrecer soluciones, corre el riesgo de convertirse en parte del problema”, y ha señalado que no ve “voluntad para superar la crisis politica en Cataluña” por parte del jefe de Gobierno.

“La gran diferencia entre el Partido Popular y el PSOE respecto a Cataluña es que reconocemos que hay un problema y ponemos encima de la mesa un instrumento que es la reforma constitucional para recomponer consensos”, ha argumentado Sánchez.

El dirigente socialista se ha mostrado convencido de que su propuesta de reforma constitucional serviría para corregir las “disfunciones” de la actual Carta Magna y “renovarla” en una dirección que satisfaga no solo a los catalanes sino a todos los ciudadanos españoles: “Somos federalistas no porque queramos contentar a los independentistas sino porque queremos afrontar una reforma constitucional para todos".

Rechaza el concierto económico para Cataluña
Sánchez también ha afirmado que se debe mejorar la financiación en Cataluña -así como la de otros territorios de España- abriendo un debate para afrontar el sistema de financiación autonómica.

No obstante, se ha mostrado contrario al concierto económico que CiU reclamó a Rajoy cuando ganó las elecciones autonómicas en 2012: “No creo que el concierto económico sea necesario para Cataluña. Es importante respetar la solidaridad entre todos los ciudadanos de España. Reconozco, pero, que le hace falta una financiación superior a la que tiene actualmente”.

Por último, el líder socialista ha hecho un llamamiento a conseguir una mayoría política para iniciar el proyecto de reforma constitucional: “Si fue complicado, pero se logró en el ’78 con un parlamento fragmentado, ¿por qué no en noviembre de 2015?”

¿ Inútil o traidor?
Nota del Editor 21 Noviembre 2014

Había dejado esta noticia para el final, y realmente me ha dejado boquiabierto. La pregunta que hay que hacerse es ¿ Quién , en su sano juicio, puede apoyar a tipos como este ?

Por mucho menos hay gente en el frenopático.

 


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