AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 26  Noviembre  2014

Podemos
El triunfo del búnker marxista
José Bastida Libertad Digital  26 Noviembre 2014

Allá por los años setenta del pasado siglo, las escasas voces liberales ya denunciaban que la universidad española era un auténtico búnker marxista. Efectivamente, el Alma Mater de la patria era en aquel tiempo un hervidero de las zafias doctrinas marxianas que inundaban todas las facultades sin excepción. (Hasta en la ciencia médica existía la lucha de clases…). Y lo que parecía una moda intelectual pasajera, proveniente de la cínica gauche divine confortablemente acogida en La Sorbonne, se instaló definitivamente en todas las universidades públicas de España hasta hoy.

Aquellas semillas de pura ideología totalitaria y victimista fructificaron porque llevaban en su interior una estrategia política muy eficaz para apoderarse de la superestructura social y tomar el poder. Así fue, después del ingenuo interregno de Suárez y el pragmatismo de La Zarzuela triunfó la revolución de los profesores no numerarios (hoy catedráticos eméritos), liderados por Felipe González. Y con ellos llegó también la entronización de la casta universitaria, el búnker marxista que gobierna en la sombra España desde aquellos setenta y que ahora resplandece con la epifanía de Podemos.

La inefable ley de causalidad se muestra ahora en todo su esplendor: España es una unidad de destino colectivista. Durante más de cuarenta años, la casta extractiva universitaria fue moldeando maestros y profesionales marxistoides que tomaron escuelas, hospitales, empresas públicas y todo el aparato del Estado para crear el caldo de cultivo de una socialdemocracia corrupta, con el Partido Popular de tonto útil y cómplice de todos los sobornos y malversaciones de caudales públicos. El nacionalismo, gracias al invento de las autonomías, que permitió armonizar la corrupción sistémica, se convirtió en el gran chantajista y obtuvo pingües beneficios para sus castas extractivas. Al final del recorrido por este delirante trayecto histórico plagado de felonías a la sociedad española, esa que paga impuestos y trabaja para pagar un Estado descompuesto y elefantiásico, nos encontramos un paisaje desolado, donde las nuevas generaciones, adoctrinadas para el colectivismo victimista que predica Podemos, están sin futuro; y los trabajadores y las empresas se encuentran sumidos en la precariedad más indignante porque la irreal economía especulativa y financiera no garantiza prosperidad.

Para nuestra desgracia, en el horizonte sólo aparece el pertinaz búnker marxista de la casta universitaria, ofreciendo miseria material y espiritual pero camuflada con mendaces eslóganes leninistas (tipo "Paz y pan") en luminosos platós de televisión. El sueño colectivista de aquellos afrancesados penenes de los setenta se cumplirá como farsa y tragedia, aunque a ellos no les afecta porque están muy bien pensionados (la aspiración de todo buen marxista).

La decadencia de una nación
Enrique Domínguez Martínez Campos www.gaceta.es 26 Noviembre 2014

La herencia política de Fernando VII fue un desastre total para España al provocar tres guerras civiles (guerras carlistas) en el siglo XIX y la pérdida de casi toda Hispanoamérica.

Desde que España firmó la paz de Utrecht en 1713 nuestra decadencia como nación se fue acentuando a lo largo de los siguientes decenios. Culminó con la derrota de Trafalgar y la invasión napoleónica en 1808. Podría ser achacable esa decadencia a los absolutismo regios, en especial al del rey felón Fernando VII. Su herencia política fue un desastre total para España al provocar tres guerras civiles (guerras carlistas) en el siglo XIX y la pérdida de casi toda Hispanoamérica.

El llamado “régimen político de los militares” -la famosa época de los “pronunciamientos”- se extendió desde 1840 a 1874. Aquel régimen no se produjo como consecuencia de que los militares ansiaran el poder. Fue la debilidad de los políticos españoles y sus enfrentamientos los que invitaban a los llamados “espadones” a ponerse al frente de sus respectivos partidos para defender sus intereses políticos y económicos. Y, gracias a ello, se mantuvo en nuestro país un régimen liberal.

Tras el desastre de aquella Revolución Gloriosa del 68 y de la esquizofrénica I República, llegó la Restauración. El nuevo régimen duró casi 50 años basado en la Constitución de 1876. Se dividió en dos períodos: el primero, hasta el Desastre de 1898; el segundo, hasta 1923. Si en el primero se consiguió terminar con la tercera guerra carlista, con la interminable de Cuba, con dotar a España de unos códigos legales que perduran en nuestros días, con mejorar, lenta pero progresivamente, nuestro desarrollo económico, y con lograr una estabilidad política desconocida hasta entonces, se cometieron, por el contrario, errores garrafales. Los dos políticos esenciales de este primer período, Cánovas y Sagasta, no supieron enfrentarse al problema político que las nuevas fuerzas revolucionarias emergentes (socialismo y anarquismo) iban a promover en nuestro país; ni cortaron de raíz los agresivos nacimientos de los nacionalismos catalán y vasco, premiando a estos últimos con el famoso concierto económico; desde el primer momento enlodaron la política electoral permitiendo y fomentando el famoso “caciquismo”; y lo más grave fue que ambos políticos –sobre todo Cánovas, empeñado en “hacer la guerra con la guerra” desatendiendo las reformas del joven Maura y los consejos de los militares- nos condujeron directamente al Desastre del 98.

El segundo período –de 1898 a 1923- fue la constatación del desprestigio de los políticos españoles acosados, desde luego, por las fuerzas antisistema y revolucionarias antes citadas (socialistas y anarquistas) a las que se sumó el nuevo partido comunista a partir de 1921, y el auge del nacionalismo catalán, vasco y, en parte, gallego. A ello se añadió la sangría insoportable de la guerra en África, con el increíble desastre de Annual. Fue tal el hartazgo, el desconcierto y la inestabilidad política existentes que, a partir de 1923, la burguesía catalana sobre todo exigía de las autoridades militares que se restableciera el orden y la paz en España. Y presionaron al Capitán General de Cataluña, general Primo de Rivera, para que el Ejército se hiciera cargo del poder en nuestro país.

Con Primo de Rivera surgió la primera dictadura militar del siglo XX. Acabó con el terrorismo anarquista, con la sangría de la guerra africana, elevó de forma desconocida hasta entonces el bienestar económico de los españoles –en especial el de las clases más desfavorecidas-, promovió que el PSOE y, en especial, la UGT colaboraran con su régimen, impulsó las relaciones de España con los países iberoamericanos por medio de la gran exposición de Sevilla, y logró que la paz y el trabajo se impusieran a la inestabilidad política de los años precedentes. Pero su “dictablanda” acabó en 1930 acosada por los artilleros españoles confabulados con políticos de toda condición ansiosos ya por acabar no sólo con su dictadura sino con la Monarquía.

Por eso, como consecuencia de unas elecciones municipales ganadas mayoritariamente por los monárquicos, y por la cobardía y la traición de éstos a la Corona, el 14 de abril de 1931 dos exmonárquicos católicos –Maura y Alcalá Zamora-, acompañados por segundones republicanos y políticos oportunistas, proclamaban la II República. Acogida con esperanza y alegría por la mayor parte del pueblo español enseguida se trocó en una verdadera pesadilla para la mitad de ese pueblo. Fue Azaña, republicano jacobino, engreído, con un complejo de superioridad sobre cualquier otro ser humano digno de ser estudiado por sicólogos y siquiatras, quien asumió como propia aquella República que no podía ser gobernada más que por los políticos que él considerara adecuados.

Su confeso deseo de poner en marcha un “vasto programa de demolición” para acabar con las tradiciones y la Historia de nuestro país fue ampliamente superado por su izquierda por las fuerzas revolucionarias y antisistema de la época (socialistas, comunistas y anarquistas). Y aquella República, acogida en paz y con esperanza por millones de españoles, dominada totalmente por las izquierdas que pretendieron acabar con ella en 1934, terminó en el gran pacto promovido desde Moscú por Stalin el 16 de febrero de 1936: el Frente Popular. Ahí acabó la legitimidad republicana del 14 de ab ril y su legalidad. ¿Quiénes lo lograron? Todos los políticos españoles. Unos, por su ideología izquierdista, totalitaria y fanatizada. Otros, por su cobardía, por sus divisiones internas y el deseo de primogenitura en el liderazgo del centro-derecha.

Tras el asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936 se produjo el alzamiento militar y civil frente al caos revolucionario izquierdista. La guerra civil fue el mayor desastre español de todos los tiempos. Después de tres años sangrientos la legitimidad del nuevo régimen militar de Franco era incuestionable. Tras casi 40 años de gobernar España el país quedó transformado por completo, en especial en el plano económico, social y cultural. De cero España pasó a ser la novena potencia industrial del mundo. En 1975 (a la muerte de Franco) nuestro país quedaba a un 82% de la media económica de los países pertenecientes a la Comunidad Económica Europea. De país atrasado y agrícola España se había convertido en un país desarrollado, industrial y de servicios, con sólo un 23% de la población dedicada al sector primario. Nuestro crecimiento económico en la década de los años 60 fue, detrás de Japón, del 7,9% de madia anual, cifra nunca antes conocida y, mucho menos, después.

Por todo ello, España se transformó radicalmente. Pasó a ser un país políticamente estable debido a la enorme amplitud de sus clases medias y al bienestar económico y social del que disfrutaban. En 1966 fue establecido el régimen general de la Seguridad Social para cubrir enfermedades y jubilación de los trabajadores. Ese régimen social cubrió hasta el 92% de los españoles afiliados a la Seguridad Social, es decir, los que trabajaban. Años después el PSOE de F. González lo amplió hasta el 100% mediante las llamadas “pensiones no contributivas”. Pero el verdadero esfuerzo de la Seguridad Social se realizó durante el franquismo: un 92% frente a un 8%. Poco después, el “terrorífico franquismo” puso en práctica la gratuidad de la enseñanza desde los 6 a los 14 años. Con estas medidas, en España comenzaba a instalarse el llamado “Estado de bienestar”, aspiración de todos los españoles que envidiaban los instalados en los países del centro y norte de la Europa occidental.

De modo que, cuando llegó la famosa Transición, España se encontraba en condiciones magníficas para continuar progresando. Sin embargo, desde el punto de vista económico retrocedió. A partir de aquí serían los partidos políticos, de nuevo, los protagonistas de nuestra Historia. Confeccionaron entre todos ellos una Constitución “cartilaginosa” por ser, en exceso, interpretable y con un Título VIII de consecuencias imprevisibles. Pero, eso sí, crearon 17 miniestados, infinidad de instituciones y organismos y dos ciudades autónomas para, especialmente, asegurarse puestos de trabajo para ellos, para sus partidarios, para sus amigos e, incluso, para sus familias. Por tanto, la corrupción estaba más que servida.

Así fue. A partir de las elecciones municipales de abril de 1979, la conjunción socialcomunista copó los principales Ayuntamientos de España. Y comenzó la corrupción general a través de las empresas de recogida de basuras. Después, con la llegada del PSOE al poder en 1982, se expropió RUMASA sin contraprestación económica alguna. Su reprivatización fue un verdadero escándalo. Y los siguientes casos de corrupción socialista se sucedieron sin parar. A todo ello se sumó el terrorismo de Estado contra la banda ETA, la politización de la Justicia, la degradación constate de la enseñanza debido a las leyes socialistas, la burla y el ataque a la institución familiar (ley del aborto, por ejemplo), el ensalzamiento de las minorías antes marginales: maricones y lesbianas, drogadictos, prostitutas…, y la asunción de los “valores” de movimientos contestatarios tales como el feminismo, el pacifismo, el ecologismo… En definitiva, “a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió”.

Antes de ingresar en la Comunidad Económica Europea en 1986 el felipismo socialista tuvo que desmantelar la práctica totalidad de nuestra industria y recortar nuestra producción agrícola, ganadera y pesquera, por imposición, sobre todo, de Francia y Alemania. El precio que pagamos, por tanto, fue altísimo. Pero comenzó a llegar el “maná” económico desde Europa: 9 billones de las antiguas pesetas de los Fondos europeos. ¿A dónde fue a parar ese fabuloso tesoro? Dicen los entendidos que la mayoría se empleó en infraestructuras. Pero parte de los mismos engrosaron las carteras de cientos de individuos desaprensivos. La corrupción seguía avanzando.

¿Cuál fue la reacción de un pueblo como el español ante tal degradación de valores esenciales éticos, morales y espirituales? Desde la década de los años 60 su pulso comenzó a ralentizarse. Las nuevas corrientes predominantes en el mundo occidental también llegaron a España: el movimiento “hippy” y, con él, la revolución sexual y el consumo masivo de drogas, la convergencia entre cristianos y marxistas, las pautas “modernizadoras” del Concilio Vaticano II, los coletazos del mayo francés del 68 apuntando a la familia como la máxima responsable de la represión política, sexual, económica y cultural… Y toda esta revolución pacífica fue envenenando el cuerpo social de nuestro país. Llegada la democracia sus máximos y más entusiastas voceros nos dijeron que esta era la hora de la modernidad, de rechazar la hipocresía de nuestras más arraigadas tradiciones, de que había que dar libertad a nuestros instintos –fueran los que fueran- después de más de 2.000 años de esclavitud…

Por tanto, ante tal crisis de valores y religiosa, el pueblo español adoptó una absoluta apatía, insensibilidad y pasotismo frente a hechos absurdos que se aceptaban como normales y que nadie se atrevía a contradecir. Sobre todo cuando se narcotizaba preferentemente a la juventud con lo de “ponerse al loro”, con la enseñanza de la utilización de todo tipo de métodos anticonceptivos y con la aceptación natural del libertinaje frente a la utilización responsable de la libertad. Fue ésta –todo lo anteriormente descrito- la fórmula perfecta para tener entretenido al personal mientras los políticos utilizaban, en general, sus influencias y sus cargos para legislar y actuar en función de los intereses del partido y no de los del pueblo al que, supuestamente, debían servir.

Fue tal su éxito –a pesar de los continuos escándalos de corrupción del felipismo- que éste mantuvo el poder hasta 1996 y sólo lo perdió por 300.000 votos a pesar, también, de que el paro en nuestro país había llegado al 23% y España no cumplía ni uno solo de los requisitos exigidos en Mastrique para entrar en el club de la moneda única europea.

Cuando el PP de Aznar asumió el poder sin mayoría absoluta sus cesiones al nacionalseparatismo de Cataluña fueron excesivas –en especial las transferencias sobre educación-; y todo ello para poder gobernar con el permiso, también, del nacionalseparatismo vasco. No obstante, fue acertada su política antiterrorista cercando a ETA hasta casi vencerla; su política económica para lograr cumplir con todos los requisitos de Mastrique y reducir el paro hasta el 21%; y situar a España, a nivel internacional, en un plano desconocido hasta entonces. Pareció como si estos éxitos de su primera legislatura obnubilaran su vista hasta terminar su segunda legislatura con un estruendoso fracaso tras el terrible atentado del 11 M en Madrid. Mientras que el principal partido de la oposición –el PSOE- aprovechaba la ocasión para, de la forma más rastrera imaginable, beneficiarse de la sangre de 92 inocentes para hacerse de nuevo con el poder.

El ejemplo que en aquella ocasión dio el pueblo español al mundo fue no sólo vergonzoso. Fue el de una nación desvertebrada políticamente y cobarde hasta extremos inauditos. Era evidente. A España se le había dado “la vuelta como a un calcetín”. España se había convertido en otra cosa. Nuestra nación había perdido, definitivamente, sus señas de identidad: unidad, hidalguía, valor, acometividad, honradez y caballerosidad. Su declive y decadencia saltaban a la vista. ¡Qué diferencia de actitudes de políticos y pueblo del 11 M español al 11 S norteamericano!

Luego, llegaron los más funestos años de toda esta democracia a la española en que vivimos. Aquellos siete terribles años de poder del PSOE del señor Rodríguez comenzaron derogando leyes legalmente aprobadas; manteniendo acuerdos secretos con la banda terrorista ETA para, a cambio de no matar, cederles poder político; a través de una ingeniería política devastadora aprobar leyes como la aberrante del aborto como “derecho de la mujer”, o la del divorcio exprés, o la del “matrimonio” entre homosexuales… Su despreciable Ley de la Memoria Histórica lo que logró, principalmente, fue reavivar las basas ya apagadas del enfrentamiento entre españoles y seleccionar qué muertos debían ser desenterrados y cuáles no. Prometió a Cataluña lo que no podía hacer como presidente de un gobierno de España; y, con ello, alentó y promovió el movimiento nacionalseparatista catalán en virtud de su ignorancia y su estulticia. Acabó en 2008 no reconociendo la más grave crisis económica mundial de todos los tiempos y adoptó medidas que hundieron aún más nuestra economía.

Mientras, los casos de corrupción arreciaban. Y se hicieron transversales porque ya, a estas alturas, afectaban a la casi totalidad de las formaciones políticas, sociales y empresariales. Un auténtico desmadre digno de un país tercermundista, sin valores, carcomido por la codicia de miles de individuos cuyo único objetivo era hacerse millonarios a costa de la pobreza y los sufrimientos del prójimo. Un fracaso total de un régimen, dirigido en exclusiva por políticos españoles que, como en los siglos XIX y XX, ha llevado a España, una vez más, al borde del precipicio para que algunos de ellos estén dispuestos s empujar a nuestro país por él hasta que se estrelle y se desintegre.

Como pretende hacer el nacionalseparatismo catalán con la inestimable colaboración de un gobierno como el del señor Rajoy, cobarde, débil, pusilánime, que ha asumido casi todas las políticas del gobierno anterior y que ha fiado su posible éxito en exclusiva en la recuperación económica española, que no llega a quienes con más gravedad la necesitan; los más de cinco millones de parados que hay en España y otro millones de españoles asfixiados por los impuestos para mantener un Estado políticamente ingobernable y económicamente insostenible.

Hemos llegado a esta situación de decadencia política, económica, social y cultural gracias, en exclusiva, a la partitocracia española, siempre más pendiente de sus intereses de partido que de los generales del país. Seguiremos sin contar con verdaderos estadistas que gobiernen con la vista puesta en 40 o 50 años adelante y no a corto plazo, como lo han hecho todos hasta ahora.

¿Qué predomina hoy en España? El desconcierto, el hartazgo, la incertidumbre y los egoísmos de todos. Y, sobre todo, una desmoralización general, consecuencia directa de los abusos de una clase supuestamente dirigente pero indigna de gobernar una nación como España. Si esto no es decadencia de un país que teme partirse, balcanizarse y destruirse a sí mismo, ¿cuál es el nombre adecuado para definir esta tremenda situación a finales de 2014?

¿A dónde nos llevan los políticos?
“Ay de los pueblos gobernados por un Poder que ha de pensar en la conservación propia” J. Balmes
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 26 Noviembre 2014

No es eso, señores del PP, lo que nos prometieron para que los votáramos ni, tampoco, lo que nos han estado diciendo, hace apenas un mes, cuando nos explicaban que la época de recortes y de sacrificios estaba tocando su fin.

Es posible que los ciudadanos hayamos perdido la facultad de razonar y, acaso, los años que llevamos de crisis nos hayan convertido en ineptos totales para poder entender a quienes nos gobiernan, a quienes elegimos pensando que iban a llevar a cabo unas políticas distintas a las que nos sometió el PSOE durante los 7 años en los que estuvo “desgobernando” el país. El caso es que, por las causas que fueren, unas quizá justificables y otras desde ningún punto de vista tolerables por lo que han supuesto de engaño, de desvergüenza, de deslealtad y de tomadura de pelo para los que votaron al PP del señor Rajoy; nos encontramos en el último tercio de la legislatura sin que ni una sola de las promesas que se nos hicieron para que escogiéramos la opción de los populares se hayan cumplido; antes bien, tenemos que reconocer que, con toda seguridad, un gobierno socialista no lo hubiera hecho peor.

Han quedado en el tintero medio vacío de la nada todo lo referente a la modificación sustancial de la ley socialista del aborto cuando, incluso la versión descafeinada que había propuesto el ex ministro Gallardón, ha sido arrinconada sine die por una formación que recogía entre sus principios básicos la defensa de la vida, la protección del nasciturus y la adopción de medidas especiales de ayuda a las madres gestantes para que no pudieran alegar que carecían de medios para enfrentarse al cuidado de sus hijos. En el tema de la ley que protege a los sectores de gays y lesbianas, especialmente aquellos que les permiten contraer matrimonio equiparable al de los heterosexuales y la posibilidad de adopción de hijos, parece ser que, quizá debido al sector homosexual que parece que existe dentro del partido, no sólo no se ha tomado medida alguna, sino que hasta parece que están en la acera de enfrente en cuando a mantenerles todos los privilegios que han conseguido, tanto que, en algunos casos, parece que están mejor considerados que el resto de ciudadanos heterosexuales.

Ahora, cuando parece que se ha conseguido una leve mejora para la economía española, cuando se nos han venido anunciando que España estaba progresando y que se avecinaban mejores tiempos en los que no serían precisos tantos sacrificios para los españoles; aparte de encontrarnos con verdaderos pozos negros de desvergüenza, sinvergonzonería, abuso de poder, descaro y fraude a cargo de una serie de señores que tenían la obligación de dar ejemplo de honradez, que estaban ocupando cargos de responsabilidad, bien retribuidos, en las finanzas, en la política y en los sindicatos; presuntamente para encargarse del bienestar del pueblo y de erradicar la pobreza derivada de una crisis que, al parecer, todavía está lejos de finalizar; nuestro ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, señor Montoro, contrariamente a lo que nos habían prometido para la anunciada reforma fiscal, nos anuncia que este “sistema fiscal más equitativo” que debía hacerse (lo que suponía que los que más tuvieran pagaran más) no va a parecerse en nada a lo que todos esperábamos.

Parece que el señor Rajoy y su equipo no van a tener en cuenta lo que, una encuesta del CIS, celebrada con posterioridad a la votación europea, dejó bastante claro lo siguiente: que los más fieles votantes, los que le salvaron de que el naufragio fuera todavía mayor y los que se sentían más cercanos al PP fueron los pensionistas en un 32,5%, directivos o profesionales en un 36,8% y los agricultores en un 37%. ¿Sorprendidos? No debieran, porque los mayores de edad, la clase media y las gentes del campo, no ven en el horizonte político otro sitio dentro de los partidos de centro o derecha en el que refugiarse ante esta horda de las izquierdas extremas en las que parece que han decidido sumergirse muchos ciudadanos, inducidos por la vana esperanza de que, en ellos, van a encontrar el remedio para las desgracias que nos han traído los vientos de crisis que hoy en día están azotando a la mayor parte del mundo civilizado o por civilizar.

Así pues el señor Montoro que a veces quiere parecer “chistoso”, no ha tenido mejor ocurrencia que, todas aquellas personas que antes de 1.995 hubieran adquirido inmuebles u otros activos y quisieran venderlos, por necesitar liquidez o por mejorar su poder adquisitivo ante la práctica congelación de las pensiones, se vayan a ver castigados con la aplicación de unos impuestos mayores. Ni que decir tiene que, salvo los que vendan su vivienda habitual para adquirir otra que la sustituya ( en este caso sólo se librará de tributar más la parte del importe de la venta que se entregara para pagar la nueva, ya que si sobrase algo también sería considerado base del impuesto) o que se opte por constituir un plan de renta vitalicia ( lo que se conoce habitualmente como un hipoteca inversa) por el que se cede la vivienda o bien un importante capital, a un banco o compañía de seguros y a cambio, se le concede una pensión de tipo vitalicio. Lo malo es que, en realidad, para que la cantidad mensual que se reciba a cambio sea lo suficientemente alta para ayudar a cubrir los gastos, se precisa o una vivienda muy bien valorada o la cesión de un montante de dinero o títulos muy elevado; algo que, en el caso de los ciudadanos de la clase media o inferior, raramente suele darse.

Resulta absurdo el que el Gobierno fomente este tipo de planes de pensiones vitalicias ya que, lo mismo o más puede conseguir quien venda su vivienda a un precio razonable y después, a cargo del importe de la venta, vaya detrayendo cada mes una parte para ayudarse a completar su pensión. Incluso puede hacer lo mismo que hacen los bancos y compañías de seguros, que es intentar invertir parte del sobrante para conseguir alguna ganancia adicional sin tener que alimentar la habitual avaricia de las entidades de crédito. Un impuesto añadido, un nuevo obstáculo para aquellos ahorradores que han intentado, invirtiendo en viviendas o en valores de bolsa, asegurarse un complemento para su futura vejez, algo que todavía resulta más sangrante cuando los que van a padecer el encarecimiento de sus ventas sean personas mayores, jubilados o enfermos, que se vean precisados, como consecuencia de los efectos de esta interminable crisis, vender alguna de sus propiedades para poder llegar a final de mes y atender a todos los dispendios, cada vez más gravosos, originados por las facturas de los suministros y consumos imprescindibles para poder vivir, aunque sea modestamente.

No es eso, señores del PP, lo que nos prometieron para que los votáramos ni, tampoco, lo que nos han estado diciendo, hace apenas un mes, cuando nos explicaban que la época de recortes y de sacrificios estaba tocando su fin. Tenemos la impresión de que, si el PP no empieza por librarse de las rémoras que han impedido que se ejecutara la verdadera política de derechas que propugnaban los fundadores del partido y no se lleva a cabo una renovación inmediata del equipo gubernativo, pocas posibilidades les van a quedar para conseguir ser reelegidos en unos próximos comicios. Una lástima, una verdadera lástima, porque la alternativa todavía será mucho peor. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como el país, entre separatistas y ladrones, va camino de acabar siendo el túmulo en el que se entierren las pocas ilusiones que les quedan a los ciudadanos de buena fe.

Cuba
'Margallada moratinia'
Emilio Campmany Libertad Digital 26 Noviembre 2014

Uno de los aspectos más decepcionantes de la política del PP en el Gobierno es la aceptación de la herencia de Zapatero en casi todo. La aceptaron en cuanto a la negociación con ETA, en el control de la Justicia, en considerar el aborto un derecho, en mantener una Economía intervenida y en subir los impuestos mucho más de lo que se hubiera atrevido a hacer Zapatero. La política exterior no iba a ser una excepción. Con todo, dados los lazos sentimentales del PP con la oposición cubana, cabía esperar en este concreto asunto un mínimo alejamiento de la política de Moratinos. Que si quieres arroz, Catalina. Es verdad que Obama se agacha cada vez más ante Raúl Castro, desde el día en que se quebró el espinazo por hacer una reverencia versallesca al dictador cuando se lo encontró en el funeral de Nelson Mandela. No lo es menos que el New York Times no para de mandar recaditos a su presidente para que alivie la presión sobre Cuba por medio de editoriales que publica también en español. Y es muy probable que Margallo haya llevado hasta la isla en su portafolios un mensaje de Obama prometiendo quién sabe si ablandar el embargo a cambio de la liberación de un preso norteamericano condenado a 15 años de cárcel por el intolerable delito de introducir en la isla equipos con los que conectarse a internet.

Naturalmente, esto supone dar la vuelta a la política de Aznar y destruir la que éste impuso en la UE, consistente en tratar por igual a los gobernantes y a los opositores cubanos. ¿Cómo explicar esta enésima traición? Margallo filtra, naturalmente a El País, sus razones. Dice el periódico que en el ministerio creen que España será influyente sólo si lo es en Latinoamérica. Y allí no se puede influir dando la espalda a Cuba. No es verdad. No se gana influencia inclinándose ante una dictadura. Y menos si donde se pretende ganar esa influencia gobiernan regímenes comunistoides de diferente grado que campan hoy por aquellas desgraciadas tierras, como los de Ecuador, Bolivia, Venezuela o Argentina. Y en último extremo, ¿qué sentido tiene aterrorizarnos con la llegada de Podemos si por otro lado nos dedicamos a apuntalar los regímenes en cuyo espejo se miran Pablo Iglesias y los suyos? ¿Es que somos nosotros mejores que los cubanos? ¿Por qué tenemos que ayudar a que los cubanos vivan bajo la bota del comunismo a la vez que advertimos de los peligros que la llegada al Gobierno de sus amigos tendría para nosotros? ¿Es que tenemos los españoles más derechos que ellos? ¿Es lícito consentir para ellos lo que no queremos para nosotros?

Lo que se vive en Cuba es un horror. Que se esté viviendo desde 1959 no es en absoluto un alivio, al contrario. Y ayudar a que siga siendo así, una ignominia impropia de gente que dice defender la libertad. Al PP cada vez le queda menos en lo que ser mejor que Podemos.

Veremos
ARCADI ESPADA El Mundo 26 Noviembre 2014

ES DUDOSO que el presidente Mas ceda a la tentación de lo que llaman una declaración unilateral de independencia aunque los nacionalistas obtengan de un modo u otro la mayoría absoluta de la cámara catalana. El verdadero objetivo de esa mayoría es forzar una negociación con el Estado sobre el cambio constitucional en el sujeto de soberanía. Los nacionalistas quieren que se les reconozca su derecho a decidir, pero no van a decidirse, al menos por el momento. El momento es el de la crisis económica, el de la actual circunstancia europea y el de una sociedad donde el independentismo no pasa del 25%.

Sin embargo, que las próximas elecciones catalanas sean inútiles para construir un nuevo Estado no quiere decir que sean irrelevantes. Las elecciones son un desafío político para todos los partidos constitucionalistas y, singularmente, son un desafío para el Gobierno. No está escrito que los partidos desleales alcancen en Cataluña la mayoría absoluta. Es probable que si la alcanzaran, todo lo que tramasen a partir de ella se situara al margen de la ley. Y que en consecuencia hubiesen de cargar sobre sus espaldas con todo el peso de la ley. Pero hasta que esa posibilidad se manifieste habrá unas elecciones que, a diferencia de la mascarada del 9 de noviembre e incluso de las propias conclusiones que los nacionalistas pretendan sacar de ellas, serán legales.

El Estado español no debe olvidar cuántas veces, y cuán irresponsablemente, les dijo a los partidarios del referéndum de autodeterminación: «Preséntense a las elecciones con un programa independentista y veremos». Bien. Está a punto de verlo. No es la independencia de Cataluña ni la subsiguiente destrucción del Estado democrático lo que está en juego en estas elecciones. A estos objetivos basta con aplicarles la ley, es decir la decisión democrática de -todos- los ciudadanos implicados. Pero un Estado no puede observar pasivamente cómo en una parte sustancial de su territorio prenden activa carta de naturaleza las ideas malignas, las fábulas desintegradoras y los ideales antidemocráticos. Los españoles están a un paso de ver adónde lleva la contemporización con el nacionalismo. En realidad se trata de una experiencia inédita en su historia. Le correspondería una respuesta del Estado también inédita. La de decir a los ciudadanos que los nacionalistas no encarnan ni la verdad ni la democracia ni la modernidad, y que la única lección que pueden dar al resto de los españoles es la de la xenofobia y la deslealtad.

El choque de la Historia
Dominique Venner. Minuto Digital 26 Noviembre 2014

1- La Europa dormida
A consecuencia de la catástrofe europea de las dos guerras mundiales, Europa entró en un estado de aletargamiento en 1945. Europa retrocede en todos los terrenos, está sometida al poder norteamericano y es culpabilizada con los pretextos de la “Shoah”, de la colonización y de la esclavitud. El mundo blanco está en retroceso general. A las naciones europeas les ha sido impuesto el dominio exclusivo de ideologías extranjeras, cuyo producto más señalado es la seudo-unión europea. Bajo el manto del liberalismo, unas oligarquías asociadas a los medios de comunicación han tomado el poder. Además, a diferencia de la India, Japón o China, Europa no tiene una religión identitaria. Pues si bien el cristianismo es una parte de la herencia europea, también es universal, y el universalismo, que fue una ventaja en tiempos de la antigua potencia de Europa, se vuelve ahora contra ella en el momento mismo en que nuestro continente sufre una inmigración masiva.

2- El ciclo histórico empezado en 1945 llega a su fin
En estas condiciones ¿cómo ser optimista? Primeramente, porque el ciclo histórico que empezó en 1945 está llegando a su término. En 1917, sobre las ruinas del antiguo orden aristocrático, cuatro ideologías nacieron y prosperaron: el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo y el mundialismo anglosajón. El fascismo y el nacionalsocialismo desaparecieron en 1945, el comunismo en 1989. La caida del mundialismo viene prediciéndose desde hace años. Las repetidas crísis financieras y el desastre presupuestario norteamericano han confirmado ese punto de vista. Posiblemente se pueda datar el principio del fin del imperio norteamericano en el año 2007.

3- La caída de los EE.UU liberará las naciones europeas
La caída del dominio norteamericano liberará a la naciones europeas, debilitando sus oligarquías dominantes (económicas, mediáticas, políticas, culturales), las cuales no son más que el reflejo de los intereses de Walll Street, del Pentágono y de sus aliados. Esa caída permitirá desvincularse de un modelo económico tecnomorfo y mercantil, demasiado reductor para conformarse a la mentalidad europea.

4- Frente a la inmigración masiva, un despertar civilizacional
Frente a la inmigración masiva, las reacciones se hacen sentir. Comienzan a aparecer por toda Europa occidental señales de un despertar popular, monstrando que los europeos están volviendo a la consciencia de si mismos. La prueba de ello es la vitalidad de los partidos populistas en toda Europa. La oposición entre Europa y las masas musulmanas presentes en su territorio se cristaliza sobre el estatus y la imagen de la mujer: por una razón de orden mayor, son dos civilizaciones, dos representaciones del mundo, que se enfrentan aquí. Las grandes civilizaciones no son regiones de un mismo planeta, son planetas distintos. La reacción a la inmigración no es simple xenofobia, sino un despertar civilizacional.

5- Memoria identitaria: Homero y las humanidades
Este ejemplo ayuda a percibir el papel de la memoria identitaria, una memoria que viene del fondo de los tiempos. La tradición no es la nostalgia, es todo lo contrario. No es el pasado, es aquello que no pasa nunca. Nos llega de muy lejos pero es siempre actual. Es nuestra brújula interior, el patrón de las normas que nos convienen y que han sobrevivido a todo lo que se ha hecho para cambiarnos. La historia europea de los comportamientos podría ser descrita como el curso de un río subterráneo invisible y sin embargo real: el río subterráneo de la tradición. Europa no tiene una religión identitaria ya que el cristianismo es universal, pero posee una rica memoria identitaria. La polis griega y Homero son el corazón de esa identidad. El mismo Homero que nos ha legado nuestros principios vitales: la naturaleza como base, la excelencia como meta y la belleza como horizonte. Sin duda algunos pudieran estar tentados de ensanchar este punto de vista a lo que fueron las humanidades clásicas, modelo del hombre decente europeo de 1500 a 1960.

6- Revisitar la herencia: mundo prometeo, mundo apolíneo
No negamos la parte de responsabilidad de Occidente en la dominación arrogante del maquinismo, de la técnica, del comercio, en el triunfo de lo que Heidegger llama la “razón utilitaria”, y que otro filósofo de la Historia, Spengler, llamaba la parte prometea, la parte faústica de la civilización europea. Proponemos rehabilitar la parte apolínea de la civilización europea que se caracteriza por el orden, la mesura, el control de si mismo. Podemos también pensar en Orfeo que recibió de Apolo los dones de comunión con la naturaleza.

7- El corazón rebelde y la batalla de las palabras
El corazón debe ser rebelde, debe ser “aventurero”, para liberarse del conformismo de la corrección política y la persuasión clandestina de la publicidad. El corazón aventurero se reconoce a que éste obtiene placer en lo que para otros sería el infierno. “Sé siempre muy imprudente, hijo mío, es la única manera de obtener algo de alegría en nuestra época manufacturada”, ese el consejo que nos ofrece. Pero se trata aquí de coraje moral, muy distinto del coraje físico (característico del comportamiento de los militares), un coraje moral que debe ser utilizado para liberarse del miedo o de la fascinación de las palabras, ya que el regreso al primer plano de las naciones europeas pasa también por la batalla del lenguaje.

8- El despertar europeo: lo inesperado que está en camino
No hay necesidad ni determinismos históricos. Las ucronías hubieran podido ocurrir. El efecto mariposa también existe en la Historia, esta es el terreno de lo inesperado. El mundo ha entrado en una nueva historia en la cual lo imprevisto vuelve por sus fueros. Lo que se está moviendo no puede más que ser favorable a un despertar europeo por el quebrantamiento del poder feudal de los EE.UU. Los europeos tienen cualidades específicas provisoriamente dormidas. Debemos confiar en su individualidad activa, en su inventiva, en el despertar de su energía. El despertar llegará, no sabemos cuando, pero ese despertar no es dudoso. No olvidemos que los despertares históricos siempre son lentos, pero una vez comenzados, son imparables.

9- La sangre y el espíritu
Mientras tanto, ¿qué hacer? ¡Transmitir! Transmitir la vida, transmitir la cultura. Genética y mimética. La sangre y el espíritu. El porvenir pertenecerá a aquellos que tengan la memoria más larga.

11-M
Cien meses recordándolos
Gabriel Moris Libertad Digital 26 Noviembre 2014

La actualidad informativa de nuestro país -España, quiero decir- se limita a muy pocos temas: la corrupción, Cataluña y Podemos. Paradójicamente, no se ve que haya soluciones inmediatas para ninguno de estos asuntos. ¿Qué pretenden de nosotros los que manejan los hilos de la información? ¿Matar nuestra esperanza? ¿Producir hastío hacia la cosa pública? ¿O acaso ilusionarnos con quimeras para ponernos ante un panorama más desesperanzador que el presente?

Pido disculpas si resulto reiterativo al afirmar que la España de 2014 es la herencia envenenada de aquel fatídico 11 de marzo de 2004. Soy consciente de que esta idea no es compartida por muchas personas. También lo soy de que tiene algunos adeptos, pero ni su poder ni su influencia en los medios de comunicación permiten divulgar las razones que llevan a pensar así. Lo que sí podemos afirmar con rotundidad es que el declive económico, político y moral de nuestra patria coincidió cronológicamente con aquella fecha.

Dentro del marasmo de corruptelas, traiciones, infidelidades y salvapatrias de todo pelaje, podemos descubrir también a personas anónimas que aún se ocupan y se preocupan de mantener una lucha sin cuartel para recuperar o conservar valores y principios permanentes que hoy parecen desaparecidos de nuestra sociedad. Sociedad que recurre con frecuencia a los calificativos de dialogante o democrático, pero las más de las veces sin darles contenido real. Yo estoy convencido de que, numéricamente, los seguidores del bien superan a los del mal. ¿Qué ocurre para que sea el mal el que prevalezca en nuestra sociedad? "Para que gane el mal sólo basta con que los buenos no hagan nada".

Quiero traer a colación un ejemplo digno de resaltar y difundir públicamente. El lema en torno al que se mueve un grupo de personas es: "Queremos saber toda la verdad". No creo necesario explicar que aluden al 11-M.

Inicialmente -en septiembre de 2006-, y en vista de las irregularidades en la instrucción del sumario del juez Del Olmo, así como de la falsedad probada de las pruebas clave, denunciada en algunos medios de comunicación (Libertad Digital, El Mundo...); un grupo de ciudadanos denominado Peones Negros propició concentraciones para evitar que la sociedad olvidara el caso. Más de cincuenta concentraciones tenían lugar cada mes, en España y en el extranjero.

Celebrado el juicio, con la sentencia sin autores dictada el 31 de octubre de 2007, uno de los grupos, el de Alcalá de Henares, siguió concentrándose mensualmente. En estas concentraciones se han dado cita personas de toda condición y procedencia (de España y de diversos países europeos). Algunos condicionando sus desplazamientos al día 11. Todos, interesados en rendir homenaje a las víctimas y pedir claridad sobre lo ocurrido, ya que el juicio sembró dudas sobre la autoría, las motivaciones y la trama de los atentados.

En diciembre de este año se conmemora la concentración número cien. Creo que este número marca un hito en el compromiso ciudadano con la causa del lema. Ocho años y medio, tres mil días aproximadamente, no son fruto de la improvisación ni de manejos puntuales de agitadores sociopolíticos. Son fruto de un grupo de ciudadanos con un gran sentido humanitario y cívico. El recuerdo de las víctimas y el compromiso con la verdad y la justicia creo que son realidades dignas de resaltar, máxime cuando atravesamos en España por momentos de convulsión y confusión, en buena parte derivados de aquel crimen de lesa humanidad.

Se dice que la esperanza es lo último que se pierde. Si los terroristas están consiguiendo excarcelaciones y beneficios sociales y políticos, debido a su constancia y a las ayudas del Estado, ¿no lograremos algún día las víctimas y los ciudadanos de bien lo que pedimos con un sentido estricto de la justicia y de la lógica?

El fenómeno del populismo en España
Fernando José Vaquero Oroquieta www.latribunadelpaisvasco.com 26 Noviembre 2014

Conferencia pronunciada el día 20 de noviembre de 2014, en el salón del restaurante La Montaña de El Pardo, organizada por el Club de Opinión Encuentros (www.opinion-encuentros.org)

1.- Introducción
Marxistas-leninistas en España, conservadores euroescépticos en Gran Bretaña, frikis contestatarios en Italia, neonazis en Grecia, ruralistas pseudo-ecologistas en Portugal, el chavismo venezolano, el indigenismo boliviano… ¿Cómo es posible que fenómenos tan dispares sean englobabas, de modo casi unánime, bajo un único concepto?

De entrada, se constata que el de “populismo”, en general, es un concepto negativo, despreciado y devaluado a priori. Por ejemplo, Fernando Savater, pensando en Podemos, lo define como «Democracia para perezosos mentales» en uno de los textos compilados en su reciente libro ¡No te prives! (Ariel, 2014). No en vano, a juicio de la inmensa mayoría de politólogos y comunicadores sociales, populismo es sinónimo de antipolítica, demagogia, caudillismo… soluciones simples y falaces para problemas complejos, en suma.

Todos los populismos, en su pluralismo, se proponen el reto de representar al conjunto del pueblo (el populus) frente a unas oligarquías (denominadas por los primeros como la casta, los privilegiados, la administración neocolonial, el imperialismo, la oligarquía financiera, Bruselas…) que habrían secuestrado la voluntad popular. “El pueblo, frente a las élites”, “los de abajo frente a los de arriba”, “los pobres frente a los ricos”; según el caso.

Pero, ¿no son acaso todos los partidos políticos “populistas” en cierto modo? Así, por ejemplo, la socialdemocracia ya no se remite exclusivamente a la clase obrera, sino al conjunto de los trabajadores. Los partidos de centro, liberales y ex-demócrata cristianos, por su parte, hablan de clases medias y del conjunto de la nación. Y las técnicas propagandísticas de unos y otros no pasan proponer unos eslóganes generalistas e imprecisos con los que prácticamente cualquiera podría identificarse.

2.- Un poco de Historia
Acaso la primera organización populista de la Historia fuera Narodnaia Volia –La voluntad del pueblo- que a finales del siglo XIX (1879) se alzó en medios universitarios contra el zarismo, en una mixtura de anarquismo, nihilismo e idealización del mujik ruso. Este último, a juicio de los teóricos populistas rusos, como paradigma de la sabiduría y buen carácter del campesinado ruso encarnaría al auténtico “pueblo” frente a la autocracia zarista que lo tiranizaría. El grupo desembocó en el terrorismo puro y duro. Tras el asesinato de Alejandro II, la organización fue desmantelada por los servicios de seguridad zaristas y la inmensa mayoría de sus miembros, ejecutados (entre ellos, Alejandro Ulianov, hermano mayor de quien sería conocido años después como Lenin).

Hacia 1891, en Estados Unidos de América, el People´s Party enarboló la bandera del campesinado y los más pobres frente a la clase política encarnada -por igual- por unos demócratas y republicanos dóciles ante los trusts, los bancos y los intereses del ferrocarril. Tampoco alcanzó mayor fortuna.

El catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca Manuel Alcántara Sáez, por lo que a España se refiere, determina que su primera expresión histórica «si bien no recibió entonces el apelativo de populista, lo protagonizó Alejandro Lerroux en la Barcelona de principios del siglo XX cuando buscaba el voto del proletariado inmigrante cuya proximidad al anarquismo era notable» (Populismo: el pueblo como coartada, revista Temas para el debate, número 240, noviembre 2014, pág. 28).

Y, aunque no guste esta hipótesis a la mayoría de intelectuales de hoy, alineados generalmente con los dogmas de lo políticamente correcto, es posible rastrear –con múltiples matices que nos llevarían a intereses polémicas, si bien muy lejos- diversas expresiones de carácter populista tanto en la dictadura de Primo de Rivera, como en el mismísimo Régimen de las Leyes Fundamentales. Así, la preeminencia de un líder carismático, la superación de la democracia liberal por una representación orgánica de la sociedad, la identificación pueblo español/nación, un partido único como encarnación de las esencias del pueblo, la extensión popular del bienestar social y de calidad de vida propios de las clases medias, etc.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, en Italia se creó, en el invierno de 1945, el Fronte dell´Uomo Qualunque (Frente del Hombre Común), a partir de una publicación homónima de carácter satírico, que denunciaba a la clase política y que reclamó de sus lectores propuestas de acción para mejorar las cosas. Su eslogan más conocido fue “¡Ya basta de partidos! ¡Queremos que nos devuelvan nuestro país!” No superó el 5 % de sus votos, de modo que poco después se disolvió.

En Francia, Pierre Poujade se alzó representando los intereses de agricultores, pequeños tenderos y artesanos, frente a los de las grandes superficies y las formas de hacer política en la IV República Francesa. Alcanzó un efímero éxito de 1953 a 1958; desapareciendo rápidamente. Como anécdota recordaremos que uno de sus parlamentarios elegidos por París en 1956, y el más joven de la Asamblea Nacional, era un tal Jean-Marie Le Pen.

En España, a lo largo de las últimas décadas, surgieron ocasionalmente algunos partidos populistas, más esperpénticos que otra cosa: la Agrupación Ruiz Materos, el GIL, el vampirizado CDS por Mario Conde…

Es en América Hispánica donde el populismo ganó mayor fortuna; vinculado al fenómeno del caudillismo (en muchos casos desde bases militares). Fue el caso del argentino Juan Domingo Perón y del movimiento que tomó su nombre; o el del régimen político del general Juan Velasco Alvarado (1968 – 1975) cuyos herederos terminarían en el APRA, todavía liderado por Alan García. Hoy día, los populismos continentales son nítidamente de izquierdas, pero un tanto alejados de los esquemas tradicionales del marxismo leninismo y de la social-democracia “clásicas”. Es el caso del bolivariano Hugo Chaves, espoleado por un importante sector del ejército venezolano; el del neoperonismo de los Kirchner; Evo Morales en Bolivia, a partir de su sindicato de cocaleros y el apoyo de las mayorías indígena; el Ecuador de Rafael Correa y su Alianza País; también, en cierto modo, Ollanta Humala en Perú con su Partido Nacionalista, primero, y Gana Perú, finalmente.

En Europa, segundo gran foco de los populismos contemporáneos, éstos reaparecen en las dos últimas décadas. Pero nos encontramos con un conjunto de ideas muy heterogéneas: de extrema izquierda (Podemos, Syriza, Bloco de Esquerda), de derecha identitaria (Frente Nacional francés, Partido Liberal Austríaco…), neonazi (Amanecer Dorado…), ruralista (Partido da Terra, Portugal) anti-islámico y anti-turco (Partido por la Libertad holandés), conservador euroescéptico (UKIP, AfD, Verdaderos Finlandeses, Partido del Progreso Danés…), etc.

3.- Concepto de populismo
¿Qué une, entre sí, a movimientos tan dispares e incluso tan contradictorios? Ante todo ser calificados así por sus detractores; es decir, por los partidos del sistema y los grandes centros de poder (financiero, mediático, intelectual). Así lo afirma Ramón Cotarelo, politólogo y sociólogo de cabecera del PSOE, en particular de su Fundación Sistema, al afirmar que «El populismo no quiere asimilarse a los partidos de clase (burgueses o proletarios) o de causa específica, como los republicanos, los monárquicos, los regionalistas, los confesionales, etc. A su vez, estas y otras formas de partido vienen siendo la columna vertebral de los sistemas políticos desde el siglo XIX. Los sistemas de partidos presentan una relativa estabilidad que les ha permitido definir los términos de la acción colectiva de modo que son ellos quienes determinan que, si aparece un movimiento o partido nuevo con esa característica de querer defender la causa del pueblo, para entendernos, por encima de cualesquiera otras determinaciones, sería un fenómeno populista. Populismo viene a ser un concepto de rechazo o repudio y quiere decir aquí, simplemente, un afuereño en el orden común de la acción política» (Todos somos populistas, revista Temas para el debate, número citado, pág. 25).

Entonces, ¿qué modos de acción, ideas, u otros parámetros caracterizarían a los populismos?
Según el Diccionario de Ciencia Política de Alianza Editorial (1972, dirigido por Axel Görlitz), populismo sería un «Movimiento político heterogéneo caracterizado por su aversión a las élites económicas e intelectuales, por la denuncia de la corrupción política que supuestamente afecta al resto de actores políticos y por su constante apelación al pueblo...». Y para el Diccionario de Historia y Política del Siglo XX de Tecnos (2001, diversos autores), sería el «Término que se aplica generalmente a los movimientos políticos basados en la defensa de los intereses y aspiraciones primarios de las masas populares y que se caracteriza por su oposición a la democracia formal».

Veamos una elaboración más reciente. Es el supuesto del historiador José Álvarez Junco, quien en su artículo Virtudes y peligros del populismo (El País, 11/11/14) los sintetiza en los siguientes seis elementos.

Primero: «basan su discurso en la dicotomía Pueblo/Anti-pueblo».

Segundo: «la ausencia de programas concretos. (…) Quiero cambiar todo, decía el Lerroux juvenil. Estoy en contra de todo lo que está mal, declaró una vez el inefable Ruiz Mateos. Una vaguedad que les permite actuar como revolucionarios o como realistas según requieran las circunstancias».

Tercero: «los llamamientos emocionales dominan sobre los planteamientos racionales. (…) El objetivo de estas invocaciones es claro: no se trata de hacer pensar a sus oyentes sino de movilizarlos, de que entren en la arena política grupos hasta hoy indiferentes o marginados».

Cuarto: «a juzgar por sus proclamas, nadie puede llamarles anti-demócratas; al revés, el gobierno del pueblo es justamente lo que anhelan. Pero democracia es un concepto que admite al menos dos significados: como conjunto institucional, unas reglas de juego, que garantizan la participación de las distintas fuerzas y opciones políticas en términos de igualdad; y como “gobierno para el pueblo”, sistema político cuyo objetivo es establecer la igualdad social, favorecer a los más débiles. Desde esta segunda perspectiva, muchas dictaduras pueden declararse “democráticas”».

Quinto: «El movimiento está dirigido por un Jefe, un Caudillo, un Cirujano de Hierro, que aúna honradez, fuerza, desinterés y, sobre todo, identificación con el pueblo, con el que tiene una conexión especial, una especie de línea directa, sin necesidad de urnas ni sondeos».

Sexto y último: «Todos los populismos prosperan en un contexto institucional muy deteriorado, en el que los partidos tradicionales y los cauces legales de participación política, por corrupción o por falta de representatividad, están desprestigiados hasta niveles escandalosos».

A partir de todo lo anterior destacaríamos que los populismos serían hoy, antes que otra cosa, un estilo de hacer política, alejado de los modos propios de las familias políticas que sostienen al sistema de la mundialización (socialdemocracia, ex-democristianos, liberales), y que invoca los intereses de amplias franjas de la población que se sienten desatendidas por las élites. Pero este estilo de acción se remitiría, en todo caso, a ideologías preexistentes; pues poco nuevo puede “inventarse” a estas alturas de la Historia.

En América Hispana, los populismos de hoy serían proteccionistas, antinorteamericanos y tendencialmente izquierdistas; vocacionalmente presidencialistas y de baja capacidad de institucionalización. En todo caso, su asociación a un liderazgo carismático y personalista sería tal vez su principal seña de identidad.

En Europa, por lo que nos toca, independientemente de su matriz ideológica originaria (derechista o izquierdista), los diversos populismos europeos compartirían cierto euroescepticismo, mediante la defensa del Estado-nación, frente al europeísmo anónimo y burocrático de Bruselas; el proteccionismo y la defensa del Estado del Bienestar; la aplicación de diversas fórmulas de democracia directa al considerar en crisis la representativa. Pero conforme sus cosmovisiones de origen, se dividirían en identitarios (de la nación, de la religión autóctona, especialmente ante la irrupción de un islam agresivo, cerrado y fuertemente comunitario) frente a universalistas (multiculturalistas enemigos del judeo-cristianismo y, por tal rechazo, proclives al islam); conservadores (defensa de la familia, el orden, la jerarquía, el mérito, el esfuerzo) frente a radical-izquierdistas (liberacionistas, “buenistas”, partidarios de la ingeniería social).

Por su parte, los diferentes populismos de derechas apenas son asimilables entre sí; prueba de ello son las dificultades que vienen encontrado a la hora de constituir un grupo parlamentario en Estrasburgo. Por ello, a causa de la especial incidencia del factor “nacional”, acaso sea más preciso hablar, en su caso, de “nacional-populismos”. No obstante, otros aspectos los diferenciarían todavía más entre sí: el papel atribuido al libre mercado y su posición ante el Estado de Israel. Y por lo que respecta a sus mismísimos orígenes doctrinales, Lluís Bassets afirmaba, hace ya más de 12 años que «Las nuevas extremas derechas no son necesariamente antisemitas ni partidarias de sistemas totalitarios como venía sucediendo hasta hace unas pocas décadas. Son proamericanas y modernas, chovinistas y xenófobas, pero especialmente arabófobas e islamófobas. Liquidado el comunismo, centran su discurso de confrontación en un antiprogresismo visceral, de sarcasmo y diatriba virulenta, de descalificación sin debate de ideas respecto a todo lo que tenga que ver con la tradición de izquierdas, el Mayo del 68 y el socialismo» (El País, 23/06/02).

Pero, ¿por qué en España no ha arraigado un nacional-populismo al modo europeo? Acaso por no existir, apenas, una conciencia nacional española de la que nutrirse; o tal vez por el rechazo que sigue generando lo que se asimile, en cierto modo, a un todavía demonizado franquismo; incluso por los esfuerzos de Alianza Popular, primero y Partido Popular, después, en impedir que ninguna formación le hiciera sombra por su derecha. Lo que bien puede afirmarse es que buena parte de sus potenciales clientes ya ha sido captada por Podemos.

4.- Podemos: ¿populismo de izquierdas o marxismo-leninismo revolucionario?
Hablar de populismo hoy, en España, es hablar de Podemos.
Las formas desplegadas por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, y sus colaboradores más próximos, vienen siendo calificadas, en general, como populistas. Pero, desde nuestro punto de vista, tal populismo se limitaría a su estilo; no en vano, sus bases ideológicas son de incuestionable factura marxista-leninista-revolucionaria. Han modificado su fraseología de combate. Ya no hablan de imponer la dictadura del proletariado; pero sí de desbancar a los “poderosos”, a los “de arriba”. Pablo Iglesias, recordemos, se remite a Lenin constantemente: así, le gusta afirmar en no pocas ocasiones que “estamos en un momento leninista…”, “hemos venido para conquistar el poder”. De modo que quieren el poder, no nos engañemos; no persiguen, como otros, unos buenos resultados electorales. Pero, ¿quieren devolver el poder al pueblo? No, quieren “asaltar los cielos”. ¿Para qué? Si su estrategia y premisas son leninistas, sus objetivos finales lo serán igualmente: forma parte de su lógica interna; es una cuestión de elemental coherencia. La conquista del poder, y su ejercicio, por tanto. ¿En que dirección? Esa es la gran cuestión: ¿buscan sustituir espacial y generacionalmente a la vieja izquierda socialdemócrata, postcomunista, especialmente a esta segunda, en ambos casos, corruptas y anticuadas, o están explorando nuevas vías revolucionarias, una nueva síntesis en aras de la utopía comunista, mirando de reojo tanto a la Rusia de 1917 como al experimento bolivariano de la Venezuela de Chávez?

Insistimos: no han venido para “jugar”, para presentar falsas batallas, para retirarse rápidamente al primer fracaso. Así, el antes mencionado Álvarez Junco afirmaba también, en el artículo reseñado, que «Aunque los dirigentes populistas se proclamen anti-políticos y exijan que el poder —hoy en manos de políticos profesionales— retorne al pueblo, ellos también son políticos. Quieren gobernar, quieren el poder. Y cuando llegan a él, les molestan las cortapisas: no son de su agrado ni la división y el control mutuo entre poderes, propio de las democracias liberales, ni la existencia de una oposición crítica ni el que su mandato se termine a fecha fija. Su lógica es, la verdad, impecable: si el poder es ahora del pueblo, ¿por qué limitarlo?». Son revolucionarios profesionales, no rebeldes ocasionales, de modo que en su caudal genético portan las semillas de un remozado totalitarismo; una versión más actual y avanzada de la utopía progresista-marxista que se sirve de la “radicalización de la democracia” como herramienta de transformación social, cultural y, en definitiva, antropológica.

¿Por qué afirmamos, desde nuestro punto de vista, que son ante todo marxistas-leninistas revolucionarios? Partiremos de dos fragmentos de vídeo rescatados por D. Soriano en su artículo Iglesias, Monedero y el capitalismo: la ideología de Podemos en 10 frases (Libertad Digital, 8/11/14). En el primero de ellos, Juan Carlos Monedero, en el minuto 15 de un video fechado el 12 de febrero de 2013 afirma: «Marx era un moderno. Su concepción del tiempo era lineal. Siempre avanzamos: esclavos contra amos, siervos contra señores, burgueses contra propietarios... Esa concepción lineal del tiempo llevó a muchos a pensar que la siguiente crisis del capitalismo sería la última. Eso es un error. Pero de cada crisis el capitalismo sale con un abanico de respuestas más estrecho; eso no significa que la siguiente crisis sea la definitiva, pero sí que cada vez tiene menos herramientas para solventar las contradicciones que tiene el propio sistema. Tenemos que recuperar a los marxistas heterodoxos».

Podemos no propugna, por ejemplo, una lucha de clases a muerte entre obreros y burgueses, al estilo de la perpetrada en buena parte de los dos siglos anteriores, sino que habla de “los de arriba frente a los de abajo”. Pero esta categoría -que algunos califican como “transversal” y de la que se sirve, paradójicamente, alguien tal alejado de Podemos como es Marine Le Pen- no es una elaboración propia. Así, uno de los primeros en emplearla fue Fausto Bertinotti, líder de Refundación Comunista y del Partido de la Izquierda Europea (presidente de la Cámara de Diputados de Italia un par de años a partir de 2006). De hecho, en marzo pasado declaro que «El conflicto social se ha desplazado. Ya no lo es entre izquierda y derecha, sino entre los dominantes y dominados. Marine Le Pen debe su éxito a la comprensión de este cambio» (cita de Luca Andriola, autor de La Nuova Destra in Europa. Il populismo e il pensiero di Alain de Benoist, obra de 2014, entrevistado en correttainformazione.it el 31 de octubre pasado).

Por lo que respecta a sus tácticas, según estamos comprobando aparentemente novedosas y un tanto alejadas de las viejas intransigencia y belicosidad de los marxismos revolucionarios “clásicos”, con su violencia callejera, sus dinámicas huelguísticas, sus permanentes confrontaciones sociales, ¿son sinceros u oportunistas?

Pablo Iglesias, en el segundo de los videos mencionados, de fecha 16 de junio de 2014, decía: «La clave para entender la historia está en la formación de unas categorías sociales llamadas clases. (...) La política no tiene que ver con tener razón, sino con tener éxito. Puedes llegar a casa y saber que el materialismo histórico es clave para entender el desarrollo de los procesos sociales. Puedes llevar una bandera con la hoz y el martillo de metros y metros y volverte a casa con tu bandera mientras el enemigo se ríe de ti, porque los trabajadores le prefieren a él. (...) ¿Tú crees que yo tengo alguna contradicción con una huelga de 48 o 72 horas salvaje? Ninguna. (...) El enemigo nos quiere refugiados en nuestros símbolos de siempre, está encantado. (...) Había un compañero que hablaba de los soviets en 1905 y aquel calvo [Lenin] con aquella mancha en la cabeza que era una mente prodigiosa, entendió el análisis concreto de la situación concreta. Les dijo una cosa muy sencilla a todos los rusos: “Paz y pan”. Y cuando dijo “Paz y pan”, un montón de rusos que no tenían ni idea de si eran de izquierdas o de derechas dijeron “Pues va a tener razón el calvo éste”. Y al calvo le fue muy bien. No les dijo “Materialismo dialéctico”. Ésa es una de las principales lecciones del siglo XX».

En la configuración de Podemos, Pablo Iglesias y su equipo más próximo, e Izquierda Anticapitalista (IZAN), se han instrumentalizado mutuamente. IZAN es un pequeño y un tanto nebuloso, pero activo y muy estructurado, partido de ámbito estatal de raíces trotskistas, que ha nutrido táctica y materialmente a Iglesias. Para ilustrar esa simbiosis y su naturaleza, reproduciremos unos párrafos del documento de IZAN «Quienes Somos», fechado el 3 de agosto de 2010: «Las mujeres y los hombres de Izquierda Anticapitalista queremos relacionar los hilos rojo –que ha recorrido el siglo XX desde Petrogrado en 1917 a Barcelona en 1936, desde La Habana en 1959 a París en 1968, desde Managua en 1979 a Chiapas en 1994–, verde –que, frente a las catástrofes ambientales crecientes, como Harrisburg y Chernobil y el cambio climático, pretende redefinir nuestra forma de producir, consumir y vivir–, y violeta –que, no sólo cada 8 de marzo, sino también cotidianamente nos recuerda la necesidad de luchar contra el patriarcado y la opresión material y simbólica de las mujeres en cualquier parte del mundo–, y todos los colores de la revuelta que dibujamos los que estamos comprometidos con la lucha por otro mundo». Y continúa: «Desde Izquierda Anticapitalista sostenemos que la reconstrucción de la izquierda anticapitalista y de clase no se agota en el fortalecimiento y en la consolidación de las redes de activistas y los foros sociales. También hace falta construir un nuevo sujeto político con capacidad de tomar iniciativas políticas propias y que recoja las aspiraciones emancipatorias a menudo presentes en los movimientos sociales. Por eso, nos esforzamos por combinar la reconstrucción del movimiento obrero y el impulso de los movimientos sociales con la construcción de una alternativa anticapitalista que sea operativa tanto en la calle y como en las urnas. Creemos que es urgente levantar un proyecto que aporte una salida en positivo a las luchas, un programa coherente que desarrolle los contenidos que defendemos para el socialismo del siglo XXI y una estrategia revolucionaria realista que parta del análisis concreto de la situación concreta. En definitiva, no podemos quedarnos sólo en las luchas y en los noes. Hay que pasar a la propuesta, al qué queremos, a los síes que defendemos… Esta perspectiva se hace más urgente ante la deriva subalterna del social-liberalismo del PSOE de formaciones como IU o ICV-EUiA. Aun partiendo de unas fuerzas muy modestas, nuestro proyecto no se conforma con llegar a “los convencidos”, creemos que ha llegado el momento de levantar un proyecto anticapitalista y de clase que resulte útil y necesario para amplias capas sociales huérfanas de referente político y electoral. Una estrategia y un programa de ruptura con el capitalismo».

Tras un afortunado e inicial maridaje con IZAN, Iglesias está estructurando su partido al modo leninista: un modelo centralizado, dirigido de arriba abajo, arrinconando al “alma” más libertaria encarnada por Pablo Echenique y los suyos, quienes proponían un sistema más participativo y de cargos rotatorios acorde al “espíritu asambleario del 15-M”.

Iglesias, con toda seguridad, ha sido consciente en todo momento -no olvidemos que se formó en las juventudes del PCE- que el seguidismo literal de la fraseología y tácticas propias de los trotskistas, en lugar de facilitar su aproximación a sus potenciales electores, podría alejarlo de los mismos, a causa de los inevitables sectarismos y endémicos fraccionalismos que caracterizan a esa familia entre sí tan mal avenida. Por ello, ha excluido al peligro trotskista de IZAN al imponer el requisito de que no es posible militar en organizaciones de ámbito nacional y alcanzar cargos orgánicos relevantes en la estructura partidaria de Podemos.

Por ello, Podemos es Marx, y un poco, muy poco, Trotski. Y, sobre todos, otros autores marxistas. Veámoslo. Olga Rodríguez, en un artículo publicado el 28 de mayo en ElDiario.es titulado Más allá de las siglas: Ir donde está la gente, afirmaba que «No es casualidad que Antonio Gramsci sea referencia para algunos de los impulsores de Podemos. Como señaló Habermas, la cultura puede ser una poderosa herramienta inmovilizadora, y sus valores, el modo en que el orden se perpetúa. Dicho en palabras de Chomsky, la globalización extiende el control de una minoría privilegiada frente a una mayoría subordinada. La creación de una nueva hegemonía cultural -usando el término gramsciano- no podrá conquistarse a través de una organización política encerrada en sus sedes o en sus politburós, sino con iniciativas dispuestas a encontrarse con otros, a ser más movimiento social y menos partido político». Aquí se insiste, pues, en una clave decisiva para la comprensión de la naturaleza de Podemos: persigue la hegemonía cultural de la izquierda. En este sentido, no es el suyo un impulso nuevo: viene a ser una vuelta más en el programa de ingeniería social que se está implantando en España en las últimas décadas y que está provocando un cambio social, cultural y antropológico sin precedentes. Así, Podemos es ante todo una expresión más de la izquierda marxista: ni la anula, ni parte de cero. Es una fase “superior” en la larga marcha de la izquierda hacia la utopía final de una sociedad sin clases; un peldaño más a subir.

Concretemos, ahora, las razones del éxito e impacto de Podemos.
En primer lugar, de no existir un caldo de cultivo propicio, no habría podido eclosionar: el campo estaba sembrado. La tremenda crisis económica; una corrupción muy extendida y que en el caso de los partidos políticos del sistema ha evidenciado dramáticamente su auténtica naturaleza en contraste con el estado de necesidad de millones de españoles; la crisis de legitimidad de las instituciones públicas más relevantes; la desarticulación territorial del Estado español; la ilusionante ofensiva nacionalista. Todo ello exigía una respuesta intelectual y activista que no se vislumbraba… hasta que llegó Podemos.

Segundo. El predominio en la sociedad española de una mentalidad común, sentimental, favorable a las tesis de Podemos. Lo confirma Anna Grau, quien asegura en su texto El fenómeno Podemos: ¿por qué nadie supo verlo? (del libro de urgencia coordinado por John Müller Podemos. Deconstruyendo a Pablo Iglesias, Editorial Deusto, Barcelona, 2014) que «Sólo la izquierda se ha preocupado de llenar el hueco de las necesidades de liderazgo emocional, del apetito de conducción utópica que en muchos espíritus han dejado vacantes el desprestigio y desuso de la religión y la tradición, que digan lo que digan no han sido sustituidas por nada demasiado parecido ni a la ilustración ni a la razón. A una oscuridad más o menos conocida y segura, le ha seguido un intratable vacío. En la boca de las ideas y en la del estómago. Por eso a la izquierda en general se le toleran errores garrafales, mentiras clamorosas y una general impermeabilidad a la evidencia que jamás se le perdonarían a la derecha. Porque la izquierda, tal y como aquí la entendemos, aspira mucho menos a arreglar el país o el mundo que a hacernos sentir buenos, e incluso mejores de lo que somos».

Tercero. Ya estaban aquí, esperando el momento propicio. Integrada por politólogos y empleados públicos, más que procedentes de otras disciplinas o áreas profesionales, esos intelectuales orgánicos han configurado un equipo de trabajo pequeño, cohesionado, entregado a la causa, con múltiples conexiones sociales. Pero, en contra de lo que afirman, hay que señalar que cuentan con experiencias políticas previas. Efectivamente, en su mayoría no son concejales o parlamentarios. Pero llevan años trabajando en otros ámbitos sociales e intelectuales; y recordemos que, conforme tan mencionado dogma izquierdista, “todo es política”.

Cuarto. El empleo de un lenguaje actual, sencillo, cercano, comprensible, condensado en 140 caracteres, demagógico incluso, que bien empleado –y pensado más que nada para su difusión por las redes sociales- ha impactado eficazmente entre sectores juveniles y de afectados por la crisis; además de estratos del funcionariado y de la clase media. Han sustituido algunas de sus expresiones clásicas, según veíamos; tampoco quieren eliminar a la burguesía, pues aspiran a consumir y vivir como burgueses. Apenas se remiten a la Rusia soviética, nada a la China de Mao, y evitan referirse al socialismo bolivariano. En definitiva, nuevos lemas, viejos rencores. Círculos, en lugar de soviets. Democracia del pueblo, en lugar de dictadura del proletariado. Y ¡poder popular!, tan empleado en el Chille de Salvador Allende.

Quinto y decisivo factor: acceso a los medios de comunicación de masas. Afirmaron que apenas habían gastado 300.000 euros en la campaña de las europeas de mayo pasado: una verdadera estafa intelectual. Si se tradujeran en dinero efectivo los espacios que han disfrutado –y continúan haciéndolo aún más- en Cuatro y La Sexta, nunca habrían podido abordar semejante desembolso. Y de no ser por el periodista Jesús Cintora y otros como él, además de los jerarcas mediáticos que les dieron cancha en sus televisiones, no encontraríamos a Podemos hasta en la sopa.

Habiendo experimentado en Hispan TV (de financiación iraní) y en el programa La Tuerka (de Público TV, el diario que fundara el empresario de la comunicación y ex-trotskista Jaume Roures), se han servido de amistades personales, simpatizantes y oportunistas comerciales, para hacerse un hueco y convertirse en polemistas de referencia: no tanto por méritos propios, como por la incomparecencia –voluntario o forzoso- de portavoces de otros pensamientos alternativos en la etapa de crisis que vivimos.

Pero, ¿cómo es posible que unas cadenas televisivas privadas, dominadas por las grandes finanzas, siempre en busca de beneficios económicos, acojan y potencien a unos –en última instancia- “peligrosos revolucionarios” que pudieran volverse en su contra? Ante todo, con miras cortas, estos peligrosos revolucionarios proporcionan dinero a tales cadenas, pues generan audiencias y captan así mucha publicidad comercial. Acaso, también y con una perspectiva a medio plazo, desde las cúpulas de esos medios –en connivencia con concretos intereses partidarios- se pretende dividir a la izquierda. Tal vez, incluso y desde una perspectiva utópica y un tanto mesiánica, para “regenerarla” desde la creencia de intentar “reabsorberla” ulteriormente en el sistema, mediante un cambio generacional, de élites y formas; si es que son capaces tales jerarcas biempensantes de tan largas miras.

Al Partido Popular, con todo, se lo ponen un poco más fácil: ¡que vienen los rojos! Un intento de movilizar a sus desanimados votantes, presentándose como el orden frente a los profetas del caos. Y, de paso, segando la hierba bajo los pies de quienes intentan levantar alternativas a su derecha. Pero en este contexto, es inevitable recordar el destino de Kérenski o Von Papen al mencionar a José Manuel Lara o Mariano Rajoy.

Si en los años 20 y 30 del siglo pasado, intelectuales como Ortega fueron la referencia moral de millones de españoles, los de Podemos han ocupado el vacío existente hoy. No había alternativa: se han erigido audazmente en tal (en un “momento leninista”, que tanto le gusta decir a Pablo Iglesias) y han cumplido sobradamente con su papel; conscientes de su relevancia conforme el esquema gramsciano de la conquista de le hegemonía cultural y política.

En base a todo lo anterior proponemos la siguiente conceptualización de Podemos: se trata de un movimiento socio-político nominalmente asambleario y abierto, dirigido por un equipo de voluntad leninista y educación gramsciana, de raíces trotskistas y alimentado por el pensamiento post-marxista (inclusive la ideología de género), que pretende un cambio revolucionario en España que salve las conquistas individualistas de carácter burgués, con la pretensión última de la sustitución del capitalismo por una indeterminada democracia socialista de nuevo cuño, en el marco del universalismo mundialista. En suma: una nueva izquierda utópica relevo del comunismo desbancado por la Historia.

5.- A modo de conclusión
Finalizaremos este recorrido sobre los populismos, centrado en España, recordando unas líneas de José Javier Esparza, quien afirmaba en su artículo de Gaceta.es (16 de junio de 2014) Una nueva derecha para la segunda transición: «Más temprano que tarde va a haber una segunda transición política en España. Eso ya no lo duda nadie. Ahora de lo que se trata es de que esa segunda transición no conduzca a la desaparición del país, a la autodestrucción de la democracia». Dado que, según entiende, «… los separatistas y la izquierda ya tienen en mente, con mayor o menor claridad, su “segunda transición”», se preguntaba: «Pero, ¿y la derecha? La derecha, no. Para empezar, porque el partido que formalmente la representa, el PP, ya ha dejado de ser un partido de derecha. Y además, porque el PP ha venido aceptando en la teoría y en la práctica todos los desbordamientos del marco constitucional impuestos por los separatistas y la izquierda. Todo ello mientras, de boquilla, insiste en defender una Constitución en la que ya nadie cree, empezando por el propio Tribunal Constitucional. El PP ha quedado fuera de juego. Por vacío intelectual y por pereza política, está incapacitado para pintar nada en el nuevo paisaje.

Así las cosas, lo que se nos viene encima es una segunda transición con una transformación del modelo constitucional y sólo dos fuerzas –separatistas e izquierda- marcando la dirección y el ritmo. Esto conducirá inevitablemente a la redefinición de España en un solo sentido, marginando a medio país y, por tanto, incubando una ruptura de acentos mucho más dramáticos. Ya nos ha pasado más de una vez».

En cualquier caso, en este escenario de inquietantes incertidumbres y zozobras, Podemos seguirá protagonizando un papel muy relevante. Las elecciones municipales y autonómicas de 2015 nos proporcionarán muchas pistas del futuro: la voluntad de pacto del Partido Popular y PSOE y con quién; la aceleración o no del secesionismo catalán y, acaso, del vasco; la desaparición de Izquierda Unida, deglutida por Podemos, o su articulación. Y, otra cuestión importante, ¿qué hará Podemos ante el desafío secesionista? ¿Está dispuesta a dejar que España sea desmembrada si ello facilita su proyecto final orientado a una sociedad sin clases que supere al capitalismo? No en vano, según hemos visto, Podemos es la nueva izquierda que, desde la caída del Muro de Berlín, viene explorando nuevas vías en el contexto de los movimientos planetarios a favor o en contra de determinados aspectos de la globalización; una nueva síntesis revolucionaria en la dirección de la utopía comunista final, desbordando en ese camino a la socialdemocracia y a los comunistas “clásicos”. De este modo, el estilo populista de Podemos es una mera táctica coyuntural: pretenden el poder y aspiran a ejercitarlo. Pero, ¿que líneas rojas están dispuestos a traspasar? Y de no ponerse límites, ¿qué resistencias pueden encontrar?
 

****************** Sección "bilingüe" ***********************

A la independencia con la mitad más uno
VICTORIA PREGO El Mundo 26 Noviembre 2014

Se lo ha puesto muy difícil a Oriol Junqueras porque le ha ganado por la mano en esa exigencia de ERC de declarar unilateralmente la independencia. Artur Mas le ha hecho una envolvente al líder republicano que ahora no tendrá fácil negarse a lo que le han propuesto. En esa lista única que apunta Mas se diluirán inevitablemente los partidos porque los «representantes de la sociedad civil», seleccionados entre quienes cuenten con un mayor atractivo para la ciudadanía, ocuparán las primeras líneas de la atención pública. Y eso perjudica fundamentalmente al partido de Junqueras, que había logrado sobrepasar a CiU y ahora se va a ver relegado a un segundo o tercer plano a causa de lo proyectado por Mas.

Pero todo esto es lo de menos. Lo de más es que el presidente de la Generalitat acaba de iniciar el camino para la independencia de Cataluña haciendo caso omiso de cualquier legalidad vigente. Ignorando, de hecho despreciando, la querella que la Fiscalía tiene ya presentada ante el Tribunal Superior de Cataluña, el señor Mas dibujó ayer un plan de sólo 18 meses durante los cuales los catalanes van a decidir si quieren separarse de España y, en caso de que así sea, se negocie en tiempo récord con España las condiciones de esa secesión.

Lo que plantea son unas elecciones con lista unitaria y programa único: gestionar la separación en el caso de que obtenga mayoría absoluta. Es decir, ¿la mitad más uno de los votos, la mitad más uno de los escaños? ¿Con la mitad más uno se puede plantear desde una mínima y homologable legitimidad un proceso tan brutal y tan decisivo como la demolición de un país?

Sin embargo, ésta parece ser la pretensión de Artur Mas, la de llevarse fuera de España a los catalanes a partir del momento en que cuente con un voto o un escaño más. Y lo peor es que ese planteamiento, absolutamente inaceptable, no se va a ver sometido al dictamen de ninguna institución o a la decisión de ningún tribunal superior, sencillamente porque el señor Mas ya se ha saltado todas las reglas que ordenan la vida política en un país democrático y va a seguir llevando a sus conciudadanos por la jungla sin leyes en la que él ya está.

Y, dado que la convocatoria de unas elecciones es de su estricta competencia, tenemos que prepararnos para asistir al desafío más grave que se haya hecho nunca contra la unidad de nuestro país. Porque, aunque el Estado no acepte semejante pretensión de independencia, le será más difícil ignorar el deseo de una mayoría expresado en las urnas. Es imprescindible, pues, que todos los partidos que defienden la España constitucional apelen a los catalanes no independentistas para que acudan a las urnas e impidan la mayoría absoluta de esa lista única con la que sueña Mas. En las manos de esos catalanes está el futuro de España.

La telaraña
Antoni Puigverd. La Vanguardia.  26 Noviembre 2014

Gracias a su recurso principal (la exposición ordenada de apariencia lógica), el president Mas intentó llevar a su molino al auditorio (es decir, a Junqueras, que le escuchaba con expresión de pulpo en un garaje): “Ha llegado la hora de utilizar las elecciones para hacer la consulta que el Estado nos niega”. El camino del soberanismo ya no pasa, pues, por intentar votar en referéndum, sino por construir una mayoría parlamentaria a favor de la independencia. No es necesario que se presente una única lista electoral para conseguirla, razonaba; pero si se busca el favor internacional, es necesario que una de estas listas gane por mayoría absoluta. Y esto sólo es posible con una lista suprapartidista trufada de personalidades civiles. Conseguida la gran mayoría, en poco más de un año el Estado catalán sería un hecho; y unas nuevas elecciones, ya con listas convencionales, sancionarían su constitución. La exposición era cartesiana, pero, en realidad, Mas tejía una telaraña para hacer muy difícil el “no” de Junqueras a la gran lista.

Para fortalecer emotivamente la telaraña, Mas se adornó con ironía y retórica caballeresca. Con ironía se burló de los que dicen que se agarra al poder (mucho mejor estaría lejos de su despacho, explicó, reforzando su perfil heroico). La retórica caballeresca la dejó para el final, al declarar que conducirá, si se lo piden, al pueblo escogido a la tierra prometida, pero que, como Moisés, él no la pisará, dado que ya no volverá a presentarse. Finalmente, casi evangélico, se describió como el más humilde de los servidores al afirmar que puede encabezar la lista de la independencia, pero también cerrarla.

Mas ya no echa de menos la compañía de Pujol. Ahora el profeta es él. No sólo ha dibujado el último tramo del camino que lleva a la tierra prometida, sino que, como su viejo padrino, lo ha hecho en tono sentencioso, rellenando el discurso de metáforas (no ya sólo marineras) y de apólogos como el de los ciclistas a los que, después de tanto sudor derramado, les acecha un nuevo peligro al llegar a la meta: los empujones para alcanzarla primero.

Con la ayuda de 3.000 figurantes de la sociedad catalana, Mas organizó ayer un espectáculo que estaba destinado a un único espectador: el líder de ERC. Atrapado en la telaraña, Junqueras no lo tiene fácil. Menos fácil lo tienen los catalanistas que no quieren entrar en este juego profético (que, a pesar de ser presentado a la manera de un relato impoluto, implica bastante más que un choque de trenes). Otros catalanes ni siquiera salieron ayer, en el discurso: son los que no participan de la ilusión del presidente. La misma indiferencia que Rajoy muestra hacia unos catalanes, Mas la proyecta hacia otros

BATALLA INTERNA Y EXTERNA
Primarias y dedazos de centro, gloria de Podemos
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 26 Noviembre 2014

Podemos avanza, los abertzales no retroceden, UPN gobierna en minoría, el PP agoniza y el PSOE no sabe. Yolanda Barcina abandona la presidencia mientras se hunde el mundo de Miguel Sanz.

Hace no muchos días la gran noticia política en Navarra era la decisión de Yolanda Barcina de no volver a encabezar la lista de UPN al Parlamento de Navarra. Surgieron rápidamente debates y facciones sobre las causas, la sucesión, las alternativas. Parecía la noticia política del año, los abertzales tronaron, Miguel Sanz dejó claro que seguía vivo y todo parecía centrarse en UPN. Como siempre desde 1979.

Pero todo eso ya es Prehistoria. O quizás no. Lo seguro es que el llamado Navarrómetro, encuesta "pública-pero-privada" (como muchas cosas en esta tierrica), anunció la semana pasada y por sorpresa que UPN bajaría 11 escaños y se quedaría en unos 49.000 votos (8 escaños). De partido de Gobierno con Barcina a tercera fuerza detrás de Bildu-ETA (segundos) y de Podemos - 4ª Internacional (primeros). Aunque la encuesta no sea fiable, voces sensatas dicen por ahí que "eso no invalida la tendencia que nos muestra. Podemos sube, Bildu se mantiene, y los que han tenido el poder cuatro décadas sin plantar cara culturalmente a la izquierda y los abertzales se hunden… La encuesta arroja que tras 21 años de gobiernos de UPN no sólo no han logrado poner coto al verdadero cáncer de Navarra sino que se han dedicado a subvencionarlo". Y esos son hechos.

En medio de tanta sorpresa, una más. El presidente Miguel Sanz se ha manifestado a favor de unas elecciones primarias para seleccionar el candidato de la UPN. Con él, sus apoyos habituales más notables, como Pedro Pegenaute entre muchos. Todos ellos, diciendo sin sonrojo que "si no se celebran primarias podría interpretarse como una elección a dedo". Atinadamente decían los amigos de Navarra Confidencial que "el problema es que Miguel Sanz es el último ser en la Tierra legitimado para hablar de primarias en UPN". Porque UPN con Sanz, como el PP con Mariano Rajoy, se han gobernado desde arriba, y las elecciones no digitales y no personalísimas han sido excepciones y no normas. Y se lo digo yo que, la verdad, desconfío bastante –antes y ahora- de unas primarias dentro de un partido al que sólo quien ha querido se ha afiliado. En UPN han buscado, para reñir lo menos posible ya que vienen mal dadas, un apañete intermedio. El Comité de Listas de UPN remitiría al Consejo Político, que se celebrará el día 29 de noviembre, las candidaturas (tres de momento) que se presenten. Así ni Comité de Listas (¿dedazo?) ni Asamblea (¿primarias?) sino Consejo Político el que apruebe o rechace las propuestas. Barcina aprueba, Catalán calla, Sanz rechaza.

¿Tan malos son los dedazos?
UPN ha cambiado mucho desde 1979. No a mejor por cierto. En cuanto a sus metas, aparte por supuesto de "la pasión por Navarra" que aduce (España aparece poco y sus símbolos ya nada), está un cambio de estrategia electoral buscando conservar poder a cualquier precio y con cualquier renuncia. Aunque sea difícil imaginar aún más renuncias. Tras "la mejor defensa de la personalidad propia de la Comunidad foral" se entrevé sin disimulo aún más regionalismo y todavía mucho menos españolismo, con abandono de los principios fundacionales (adyacentes entonces a los de Alianza Foral Navarra, cuyos votos heredó aunque no su identidad jurídica, no lo olvidemos). Todo lo que la conservación del poder requiera. ¿Y si ni aun así lo conservan? Entonces nos reiremos más.

A dedo, a dedo… En 1991 UPN había conseguido que el PP concediese a un navarro un puesto europeo seguro en cada elección europea. Si no hubiese sido bueno no se habría pedido, supongo. En 1994 UPN eligió, tras tormentoso debate, al tudelano Luis Campoy como candidato en las listas del PP. Aquello desencadenó la escisión de UPN y CDN, que tuvo sí otras causas pero no otro detonante. En 2004 Miguel Sanz quiso que Santiago Cervera fuese a Bruselas en las listas del PP, pero los órganos internos de UPN rechazaron por dos veces esa candidatura en Olite y renovaron la confianza a Javier Pomés, hasta que en 2009 los festejos fueron ya otros. Cualquiera que no recuerde el enfado del presidente aquella tarde de votación puede repasar la prensa del momento. Aquello sí que fue una victoria de la gente de a bordo contra un intento de nombramiento digital. Después de aquello, y en alianza con el PP entonces, es difícil criticar los dedazos de los demás.

Tampoco en el PP tienen mucho de qué presumir al respecto, aparte de que lo único que el Navarrómetro confirma de todas las demás encuestas es la agonía final de un PP navarro al borde de la desaparición. ¿Consecuencia de los dedazos, a su vez? No han faltado estos, desde luego: todas las candidaturas desde la primera se han hecho desde Madrid y a gusto sólo caciquil y baronesco, incluyendo el congreso de 2009. Y esto sin entrar en detalles al menos pintorescos como el paseo por las murallas del domingo 9 de diciembre de 2012 (de Santiago Cervera), la bronca nocturna en San Juan del 6 de diciembre de 2012 (de mi amigo Eloy Villanueva) o la simpática entrevista de marzo de 2011 al Sunday Times (de Pablo Zalba). Por falta de dedazos no va a ser. Todo un éxito como se ve día a día.

¿Y si ganan los "malos"?
A veces da la impresión de que son los partidos de centro, para contener su decadencia y retener votos de derechas, los que se alegran viendo buenos resultados de Podemos o de Bildu. Francamente, mientras internamente funcionen como vemos y mientras no sean capaces de cumplir sus compromisos, me da igual. Navarra y España deben ser defendidas, es cierto, pero ellos no lo van a hacer y eso ha quedado sobradamente demostrado.

Hablar de una amenaza abertzale y/o trostkista después de haber gobernado décadas sin hacer nada contra ellos sino a su favor me parece ridículo. Tanto como hablar de democracia interna habiendo disfrutado de un poder interno omnímodo, y no siempre para mal. Es como predicar la elegancia en política y luego casarnos vestidos de esmoquin blanco. Por lo mismo, no. Así que, efectivamente, hay que combatir el avance de la nueva fuerza marxista y el acceso al poder de los batasunos de siempre; pero sin aceptar como mal menor ningún otro mediocre dedazo, venga o no vestidito de primarias. Si nos quieren, tendrán que cambiar.

Deusto elabora un estudio sobre el impacto económico y social de la extorsión de ETA
EL CORREO 26 Noviembre 2014

· El analista político Kepa Aulestia subraya en una charla en Vitoria «el quebranto moral» que supuso el ‘impuesto revolucionario’ en Euskadi

¿Cómo funcionaba la extorsión de ETA en Euskadi? ¿Cuál fue su impacto personal y económico?
El Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto está elaborando un estudio académico que buscará dar respuesta a éstas y otras preguntas en relación a una de las «vertientes más ocultas» del terrorismo en el País Vasco.

En la iniciativa, que partió en un inicio de la ya extinta asociación Bakeaz, participan historiadores, juristas, economistas, así como sociólogos, y se espera que sus frutos salgan a la luz en un plazo aproximado de un año. La Universidad de Deusto lleva meses trabajando en este estudio, sin duda una de las ‘patas’ que forman parte del capítulo terrorista, pero que ha permanecido en un segundo plano, no solo por el silencio de sus víctimas, sino por la brutalidad de sus asesinatos. El Centro de Ética Aplicada se encarga de recopilar testimonios de personas que sufrieron en sus carnes el chantaje de ETA, como también de quienes fueron testigos de dicha actividad delictiva y de sus consecuencias. Con el objetivo de recabar el mayor número de experiencias, la Universidad de Deusto ha habilitado un espacio concreto en su web www.etica.deusto.es en el que quienes se decanten por participar en el estudio puedan rellenar un cuestionario confidencial con este fin.

Serán una decena de profesionales los encargados de elaborar el informe definitivo en el que se abordarán los efectos, en diferentes ámbitos, del ‘impuesto revolucionario’. Una amenaza que, en unas primeras estimaciones, podrían haber sufrido unas 10.000 personas. En su mayoría, empresarios.

«Nuestro 3% de corrupción»
La Universidad de Deusto prefiere llevar a cabo este trabajo de forma discreta. Ahora bien, desde otro ángulo más público, ha querido arrojar luz sobre esta terrible práctica que se llevó a cabo «entre mediados de 1977 y abril de 2011» organizando, junto con la Diputación de Álava, un seminario sobre esta materia. Una cita que ayer se encargó de clausurar en Vitoria el analista político Kepa Aulestia.

Resulta «imposible» precisar el número de amenazados y «mucho menos su identidad» o el «daño causado» durante 34 años. «Es la vertiente más opaca del terrorismo de ETA», pero también, según apuntó Aulestia, «nuestro propio 3% de corrupción». «En este caso, para financiar la barbarie y la persecución del prójimo», remarcó.

El columnista de EL CORREO se detuvo en su discurso en varios de los aspectos que daban forma al aparato recaudador de la banda terrorista. Un sistema que, consideró, podría denominarse «de proximidad»: «No se reclaman fondos al enemigo de clase o a un objetivo lejano, sino a los supuestos adinerados de la comunidad vasca». En estimaciones del profesor Mikel Buesa, recordó ayer Kepa Aulestia, sumarían en torno a «125 millones» los recaudados durante tres décadas. Es decir, tres millones y medio por año.

Pero si algo ha dejado tras de sí el ‘impuesto revolucionario’ de ETA es, junto al perjuicio económico, personal y familiar, «el quebranto moral por la callada asunción de una realidad opresiva». Y es que, fue ese silencio que los amenazados guardaron mientras eran objeto de dicha extorsión el que puso sobre la mesa la «delicada cuestión» de hasta qué punto quienes accedieron a pagar fueron «víctimas del chantaje» o en qué medida llegaron a «deslizarse hacia la connivencia y la complicidad» con dicha práctica.

«Interés de demora del 5%, ‘objetivo potencial’ en el plazo de un año y medio, síndrome de Estocolmo, emplazamientos a través de familiares…». «La voluntad de las víctimas –subrayó– quedaba alienada» porque la extorsión era algo «paralizante».

En mayo de 2007, cinco meses después del atentado de la T-4, ETA envió una oleada de cartas, evocó Aulestia. El 3 de diciembre de 2008, la banda asesinaba al empresario Inaxio Uria por su implicación en las obras del TAV y por «negarse a pagar». El paulatino debilitamiento de ETA generó «una desorbitada ambición recaudatoria», pero también, apuntó, una «incapacidad para proceder al cobro». El 26 de abril de 2011 la banda terrorista «cancelaba» el ‘impuesto revolucionario’.


Recortes de Prensa   Página Inicial