AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27  Noviembre  2014

Crisis nacional
España sin pulso
Jesús Laínz Libertad Digital 27 Noviembre 2014

El Gobierno de Don Tancredo, igual que todos los Gobiernos desde la aprobación de la Constitución de 1978, ha decidido una vez más no actuar para defender el Estado. Olvidándose de las competencias del poder ejecutivo, que no son pocas ni leves, la vicepresidente del Gobierno ha declarado que "la defensa del Estado en el ámbito penal la lleva a cabo la Fiscalía del Estado". Políticamente cuestionable pero jurídicamente impecable. El problema es que de momento parece que con los fiscales no se puede contar demasiado y que la defensa de la legalidad está quedando en manos de las denuncias privadas que, gracias a Dios, ya han llegado a los tribunales. Los ciudadanos, al rescate de un Estado en rebelión interna o voluntariamente desaparecido. Como en 1808.

Pero tampoco parece sensato depositar demasiada confianza en los ciudadanos. En primer lugar porque los más directamente afectados, los catalanes, están mayoritariamente envenenados por cuatro décadas de ingeniería social totalitaria desarrollada ilegal e inmoralmente por los Gobiernos autonómicos de Barcelona sin que los Gobiernos nacionales de Madrid hayan movido un dedo jamás. Y en segundo, porque parece que a la gran mayoría de los ciudadanos, entre el comprensible rechazo a los políticos y la incomprensible inconsciencia de la gravedad del momento, el naufragio de la nación les importa bastante menos que los goles de Ronaldo y la prisión de la Pantoja. Como en 1898.

Finalmente, por si la amenaza de fragmentación fuera poca cosa, la nación discutida y discutible se enfrenta al mismo tiempo a una corrupción política vergonzosa, a una crisis económica de largo alcance, a un paro estructural irresoluble en décadas y, últimamente, a la resurrección de la tentación bolchevique, fruto del resentimiento, la frustración, la incapacidad, la pereza, la ignorancia, el analfabetismo político, la irresponsabilidad, la irreflexión, la mala índole, el afán de venganza y el deseo de subsidio. Como en 1936.

El último, que apague la luz y cierre la puerta.

Mas o la impunidad consentida
EDITORIAL Libertad Digital

Lo del 9-N no ha sido un simulacro sino un exitoso desafío en toda regla al Estado de Derecho. El tiempo dirá si es la querella presentada por la Fiscalía lo que resulta un simulacro de consecuencia penal contra quienes lo perpetraron.

Lo que ya se puede constatar es que, quince días después de la celebración de la consulta secesionista, Artur Mas ha protagonizado un multitudinario y solemne acto en el que ha dado a conocer los siguientes pasos de su ilegal hoja de ruta. Su intención es recabar el respaldo de ERC y los demás partidos separatistas para confeccionar una lista de unidad y convocar a comienzos de 2015 unas elecciones a las que otorgaría carácter plebiscitario. De ganarlas, su Gobierno se daría un plazo de año y medio para negociar con el Estado y la UE la separación de Cataluña. Al mismo tiempo, y de forma paralela a dichas negociaciones, la Generalidad iniciaría un proceso constituyente y se dotaría unilateralmente de estructuras de Estado y de las instituciones precisas para acometer la independencia tras un reférendum definitivo en 2016.

Al margen de que consiga o no plasmar en una candidatura única la unidad de los partidos separatistas, parece evidente que Mas sigue sin temer ni la suspensión de la autonomía en aplicación del artículo 155 de la Constitución, ni la pérdida de financiación ni ningún tipo de reproche penal. No le faltan razones para mantener su confianza. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. ha quitado importancia a su proyecto delictivo sobre la base de que se trata de "un paso más a ninguna parte".

Lo cierto, sin embargo, es que el anunciado y ya emprendido viaje de Mas sí conduce a un sitio muy concreto: al ámbito de la ilegalidad, a una nueva y más profunda quiebra del Estado de Derecho; a un enfrentamiento de los catalanes con el resto de los españoles y, sobre todo, a una confrontación entre los propios catalanes. Para colmo, y con la pueril excusa del pago a proveedores, Rajoy ha anunciado que va a seguir financiando privilegiadamente a la Generalidad, aun cuando es el primero en saber que buena parte de esa financiación está sirviendo para financiar el costosísimo proceso de construcción nacional que Mas ha emprendido, no sólo con la consulta del 9-N, sino con algunas estructuras de Estado, como el Consejo Asesor para la Transción Nacional, que llevan años en funcionamiento.

Mas ha pinchado y ha notado blando. Que nadie se extrañe de que siga profundizando.

Miscelánea del esperpento español
Manuel Muela VZ

Cuando se observa la actualidad española de la última semana, resulta difícil sustraerse a las dudas sobre la viabilidad ordenada de España en el corto y medio plazo. Mientras sigue rodando la noria inagotable de la revuelta catalana, desarbolando al Gobierno central y profundizando el descrédito de los partidos tradicionales, contemplamos como toda una ciudad, con su Ayuntamiento a la cabeza, se convierte en plañidera por la muerte de una señora, paradigma de nada y representante de la aristocracia castiza, al tiempo que un joven osado, el pequeño Nicolás, expande historias sobre el Poder y las instituciones, cuya gravedad reside en que en éste país pueden considerarse verosímiles. Hemos caído tan bajo que lo imposible ha dejado de serlo y las ensoñaciones o fantasmagorías se van aceptando con la mayor naturalidad por amplios segmentos de la población que, a su vez, parecen rehenes de los discursos vacuos y víctimas del oropel que ha dominado durante décadas. Para completar el mosaico, un reputado general diagnostica la enfermedad nacional y recuerda que las fuerzas armadas son herramientas al servicio del Gobierno y del Parlamento, aunque señala que el uso de la fuerza no es la medicina adecuada.

Instalados en la decadencia

Todo indica que estamos instalados en la decadencia tradicional de la que parece difícil salir con los mimbres institucionales y educativos que tenemos, porque en materia de desarrollo político y social nada se improvisa: aquellos países, pocos, a los que se mira con envidia por su estabilidad y buen hacer no lo tuvieron fácil, les costó tiempo y esfuerzo, con alguna que otra revuelta, construir su democracia, enraizar el modelo económico y enriquecer la educación de sus ciudadanos. Aunque los problemas de estos años han hecho mella en la mayoría de las naciones europeas, los anticuerpos contra la plaga económica y el oscurantismo financiero se van generando pausadamente en los países más sólidos y estructurados, al contrario que lo que ocurre en los cuerpos nacionales débiles, que es nuestro caso y el de otros como nosotros. Nuestros anticuerpos permanecen inéditos y por eso quedamos a merced de las medicinas y tratamientos más insospechados, con los resultados dramáticos ya conocidos.

Pero, aunque decadente, en nuestra sociedad queda vida y el castigo estimula el instinto de conservación de algunos sectores de la misma. Este se manifiesta de forma diversa, unas veces refugiándose en el espectáculo mediático del que tenemos muestras abundantes cada día y otras dando aire a los sanadores que florecen por doquier para sustituir a los cadáveres políticos y sociales que se van acumulando mes tras mes. Por supuesto, no todos los sanadores son de la misma condición, los hay malos y buenos, pero ninguno tiene virtudes taumatúrgicas, ni siquiera notables. Al fin y al cabo, son hijos de una sociedad débil, con déficits educativos y democráticos que fueron encubiertos superficialmente con las burbujas que en gloria estén. Quiero decir que no se pueden pedir peras al olmo, especialmente cuando se ha sido tolerante con los que nos han traído hasta aquí y ahora rehúyen sus responsabilidades, unos marchándose y otros diciendo que no hay más cera que la que arde. Es lógico que se les dé la espalda y se busquen rutas diametralmente opuestas apechando con otras incertidumbres, una vez conocidas y sufridas las realidades actuales.

La honradez reclama intransigencia

Con este panorama, suenan otra vez las palabras pronunciadas por Azaña en vísperas del advenimiento de la República, que no se olvide, fue posible por el hundimiento de la Restauración. Decía el político liberal y republicano: “Sería erróneo suponer que en el régimen constitu­cional de España solo han fracasado ciertos hombres, ciertos partidos y organiza­ciones. Han fracasado también, y sobre todo, ciertos métodos, hijos naturales de los consejos turbios y de las amalgamas imposi­bles. Tales métodos eran anteriores a los hombres mismos que los aplica­ban. Por eso no bastará quitar unas personas para que entren otras; habrá que restaurar en su pureza las doctrinas y acorazarse contra la transigencia. La intransigencia será el síntoma de la honradez".

Desde luego, en ésta época desdichada, existen muchas cosas de las que lamentarnos, pero la principal de ellas es haber sido condescendientes con el engaño hasta límites desconocidos en las democracias consolidadas. La riqueza recibida desde 1985 y el esfuerzo fiscal que la acompañó no se sembraron en el solar patrio, se prefirió lo fácil y especulativo y ahora tenemos un grupo reducido de beneficiarios y millones de personas, jóvenes y menos jóvenes sin empleo, con escasa preparación para insertarse en industrias o empresas que, por cierto, todavía ni existen. Y esos colectivos de españoles, junto con otros más exigentes y críticos, son los que sorprenden al establishment con sus opiniones en las encuestas y parecen dispuestos a ponerse el mundo por montera a ver qué pasa. En la espera, unos observan los avatares de los dirigentes, otros participan en entierros sonados y casi todos se divierten con las andanzas del pequeño Nicolás. Lo que provenga de las alturas ya no interesa, salvo para defenderse de ello si se puede, porque lo interesante es lo que esa sociedad maltratada sea capaz de alumbrar cuando le pidan su voto. Y eso, como bien ha dicho el general, no se debe cambiar por la fuerza. El sufragio aguarda.


Aznar callado sobre Cataluña
Marcello REP

¿Está pensando José María Aznar entrar a caballo en el que hoy parece imparable Congreso Extraordinario del PP, para poner orden dentro del Partido que él refundó, y antes que acabe como la UCD gracias a fuga permanente e incapacidad política de Rajoy? No se sabe, pero no se debe descartar siempre y cuando el Congreso del PP se convoque para enero de 2015 con los objetivos de: depurar la corrupción, democratizar el Partido, renovar sus candidatos y ofrecer reformas y soluciones políticas para la dramática situación de España. En todo caso y de momento muy callado está José María Aznar.

Como callada está Aguirre porque quiere ser candidata del PP a la Alcaldía de Madrid y no enfadar al ‘dedito mágico’ de Rajoy, una marquesa española que, para colmo, trabaja de ‘caza talentos’ para un Conde catalán que le toca las palmas a Más. Por ello se entiende, aunque resulte penoso, que Esperanza Aguirre, tan patriota ella, se haya quedado muda ante los errores y desistimientos legales del Gobierno de PP con motivo de la Consulta secesionista catalana del 9N que sí se celebró violando la legalidad y a pesar de las promesas de Rajoy. Silencio cobarde e interesado que nos ha demostrado que Aguirre pone su ambición política por encima del interés nacional.

Ahora bien ¿por qué se ha quedado mudo sobre todo ello y en tan crucial momento para España José María Aznar? ¿Acaso el presidente de FAES -de donde partió la plataforma de ‘Libres e iguales’ contra la secesión de Cataluña- no había declarado en numerosas ocasiones su disconformidad con la ausencia de Rajoy en todo el proceso secesionista catalán? Pues sí que lo hizo, y por ello sorprende y mucho el silencio de Aznar ante esta situación en la que se ha violentado el orden constitucional.

¿Qué ha pasado con ‘los principios y los valores’ de Aznar? Cabe pensar que, dada su amistad con Pedro Arriola el correo secreto de Rajoy le pidió a Aznar que no calentara el patio porque creían que Mas se apartaría de la consulta durante el 9N. Pero al final Mas los engañó a todos -incluido al enviado del PSOE, Serrano- y el domingo de marras se presentó como el líder de la Consulta desafiando a la fiscalía y a todo el que atreviera a abrir una causa judicial contra él.

Pues bien, hubo consulta el 9N, Rajoy se escondió hasta el día 11 en el que no dijo ni ‘mú’, el Fiscal General, Torres Dulce, actuó por su cuenta y puso firmes a los fiscales catalanes en la Junta de Fiscales, y José María Aznar permaneció callado sobre el desafuero consumado de Artur Mas.

Callado y confundido mientras escuchaba estupefacto las alucinaciones del ‘pequeño Nicolás’ y de su pretendida amistad con los Aznar (Ana Botella ahí incluida), su colaboración en FAES y sus visitas a la mansión aznarí de Guadalmina, donde Nicolás le hablaba a ‘Jose’ de tú, e incluso le increpaba sobre ciertas actitudes políticas, como decía el pájaro loco en Telecinco.

Y por si algo le faltara a José María, estalla el auto final de la apertura de juicio del caso Gürtel y el juez Ruz señala a Ana Mato como beneficiaria de las corrupciones de su marido Sepúlveda, y la ministra de Sanidad, ella sí muy amiga de los Aznar, se ve obligada a dimitir.

Señor, Señor, que panorama electoral le espera al Partido Popular. Y José María Aznar callado como un muerto, desolado y confundido, viendo a sus amigos Blesa y Rato entrando y saliendo de los tribunales y ya veremos si camino de la cárcel de Soto del Real. Y a Paco Correa, el jefe de Gürtel, en los videos de todas las televisiones y haciendo el paseíllo con chaqué y con El Bigotes con un puro en la mano, desfilando a las puertas de El Escorial en aquella la boda imperial de su hija.

Claro, en medio de semejante huracán del PP que no cesa, y en el que nadie sabe lo que aún está por salir ¿qué puede decir Aznar? No lo sabemos pero algo sí que debería decir.

La retórica de Pedro Sánchez
Felicísimo Valbuena www.lavozlibre.com 27 Noviembre 2014

Consultor y Periodista

Es la segunda vez que me ocupo de Pedro Sánchez. Anteriormente, escribí 'De Julio Feo a Verónica Fumaral. Grandeza y decadencia del PSOE' y preveo que no será la última vez que publicaré una columna sobre el nuevo Secretario General del Partido Socialista.

EL ESTILO DE SÁNCHEZ AL ATACAR O VITUPERAR
La retórica de Pedro Sánchez, cuando se centra en atacar o vituperar, es bimembre. ¿Que tiene que hablar sobre Cataluña? Pues ataca a Mas y, a la vez, a Rajoy, colocando a la misma altura a los dos. Y cuando quiere rebasar el ataque bimembre, su salida u ocurrencia es vaga: reforma de la Constitución. Cuando le preguntan que en qué consiste esa reforma, pasa la patata caliente a una comisión del partido, que va a elaborar un programa. Pero como todos los días ha de decir algo nuevo, no tiene inconveniente en afirmar que es partidario de blindar las competencias lingüísticas. Es decir, está de acuerdo en blindar nada menos que en la Constitución, el que discriminen al castellano y que lo expulsen de la vida pública. O ataca a quienes se manifiestan contra el aborto, pero él no expone su política de natalidad, tan esencial para cualquier nación que no quiera hundirse.

Pedro Sánchez se asemeja, cada vez más, a aquel personaje que Eugenio D’Ors presentaba entrando en una sala de juegos y acercándose a la mesa donde estaban dos jugadores de ajedrez. Poniendo una mano en el hombro de cada jugador, soltaba el “¿Qué? ¿Ganando?”. Pedro Sánchez quiere contentar a todos. Da la impresión de creer que, con su atractivo, puede ganarse a cualquier elector. Es más, cree que el movimiento soluciona todo. Ese afán de moverse le lleva a recorrer España en coche varias veces o a cambiar tantas veces de opinión. Dicho de otra manera, es un activista. Y los activistas cumplen un papel fundamental para llevar a cabo las ideas o las órdenes de quienes piensan. Pero los activistas no valen para dirigir una nación.

¿QUIÉN PIENSA POR PEDRO SÁNCHEZ?
La cuestión está en quién piensa por Pedro Sánchez. En mi columna anterior, yo afirmaba que Julio Feo, el asesor de Felipe González, era muy superior a Verónica Fumaral, que asesora a Pedro Sánchez. Y desde luego, Julio Feo no pensaba por Felipe González. La prueba está en que él se retiró como asesor y Felipe González seguía pensando y tomando soluciones impopulares, pero que creía necesarias para que entrásemos en Europa.

En muy pocos meses, Sánchez ha demostrado que tiene muy poco caudal. Carece de ideas propias. No toma de Recortes Cero la gran idea de que los afectados por los recortes son votantes de toda la gama política, no sólo de izquierdas. Sánchez quiere convertirse en alternativa de izquierdas a Podemos o, llegado el caso, pactar con este partido. El inconveniente de esta decisión es que los electores prefieren el original a la fotocopia.

Esperamos leer las ideas que le pasa la Comisión que va a redactar un programa.

LA SUERTE DE SÁNCHEZ Y SU SENTIDO DE LA CONFIANZA
A favor de Sánchez cuenta lo que Napoleón más valoraba en una persona: la suerte. Ya le podían poner por las nubes a un personaje. Napoleón siempre remataba: “Sí, pero ¿tiene suerte?”. Pues bien, examinen la biografía de Pedro Sánchez y comprobarán que sólo ha sido un hombre del aparato del PSOE, que no ha hecho en su vida política algo digno de mención. Sin embargo, ha tenido la suerte, y varias veces, de haber llegado a los puestos porque alguien se retiraba y Sánchez ocupaba el lugar siguiente en la lista para sustituirle.

Es lógico que, como efecto de esa suerte, haya adquirido una confianza en sí mismo que observamos en su retórica. Ahora bien, ¿de qué tipo es esa confianza?

Podemos observar en sus intervenciones una confianza compulsiva. Con su tempo rápido al hablar, deja la impresión de que su confianza en el presente le hace olvidar el pasado, aunque las consecuencias puedan ser muy perjudiciales más adelante. Le da lo mismo prescindir de lo que hicieron Zapatero y Rajoy acordando una reforma de la Constitución que ponía un techo al déficit. Lo que Sánchez se calla es que ha copiado esa actitud contraria a la llamada “reforma exprés” de Izquierda Unida que, a su vez, la ha copiado de Podemos que, a su vez, la ha copiado de Recortes Cero. La diferencia está en que Recortes Cero explica las razones que llevan a proponer esa medida. Podrán convencer o no las razones que aporta, pero son razones. No se trata, como en el caso de Sánchez, de una especie de caída del caballo y de una conversión.

La confianza en el futuro le hace olvidar el ambiente y la situación inmediata, de forma que quizá el futuro sea muy distinto del sentido que Sánchez tiene en la actualidad. Y como nos muestra la Historia, la persona impulsiva distorsiona la realidad interna al suponer que los acontecimientos exteriores, por muy desfavorables que sean, o no van con ella, o no le pueden hacer daño.

También muestra Sánchez que se toma la confianza como un juego. Las posibilidades de una elección acertada superan a los perjuicios posibles y él se decide a apostar, sin darse cuenta muchas veces de que ha calculado mal las probabilidades. Con lo cual se arriesga a ser percibido como un oportunista del montón.

Y según van pasando los días, vemos que, además de la confianza impulsiva y como juego, Sánchez va avanzando hacia la forma omnipotente de la confianza superoptimista. Distorsiona la realidad externa, de forma que supone que esta le será favorable.

De esta manera, muchos socialistas, tanto quienes ocupan cargos como los posibles votantes, se ven forzados a eliminar psicológicamente las consecuencias desagradables del acto de confiar. La fé es más ciega, pero más segura y más ligada a las creencias de autoridad; la confianza está más unida a valores de igualdad. De esta manera, los votantes socialistas pueden mostrar una conformidad social porque temen las consecuencias perjudiciales que podrían suceder por el hecho de no confiar.

O también conciben la confianza como lealtad. ¿Quién de nosotros no ha visto cómo la lealtad es esgrimida como un arma para que la persona permanezca inmóvil en sus aspiraciones? Es muy fácil confundir confianza con lealtad. Una diferencia fundamental entre confianza y lealtad es que ésta puede completar la confianza, perfeccionarla, dar un carácter más consistente. Pero la lealtad puede fingirse, sobre todo en ambientes donde la lealtad a una persona o a una organización prácticamente es una exigencia.

Y a quien desee profundizar en estos asuntos, le aconsejo que lea a Morton Deutsch.

Cambio generacional y descenso intelectual
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 27 Noviembre 2014

Por ahora, esto es lo que da de sí la renovación, o sea, la eliminación de las elites extractivas desaprensivas y cleptocràticas para entronizar la era de la levedad mental y el colectivismo a la cubana. ¿Dónde queda el aeropuerto más cercano?.

Nadie pone en duda que para salvarse de la desaparición o de la caída en la insignificancia como le sucedió a la Democracia Cristiana de Aldo Moro, al Partido Socialista de Benito Craxi, a las formaciones de la IV República francesa que el regreso de De Gaulle al poder se llevó por delante o a la UCD de Adolfo Suárez, los grandes partidos del sistema de 1978, PP, PSOE e IU, estaban obligados a una renovación total de sus cúpulas, cuya simple aparición en la pantalla del televisor suscitaba arcadas en millones de españoles. Este cambio de caras, de imagen, de lenguaje y de propuestas, debería responder a la realidad que ha impuesto la necesidad de esta sustitución. Una primera tentación es realizar la operación bajo las premisas "más guapos, más jóvenes, más carismáticos, más cercanos y más sueltos".

Así se ha procedido de momento en el PSOE y en Izquierda Unida. No cabe duda que reemplazar a un señor bajito, enteco,con barba canosa, mirada mefistofélica y gestos de personaje taimado de novela negra por un tipo alto, atlético, perfectamente rasurado, con sonrisa de anuncio de dentífrico y rasgos bien dibujados, puede representar una mejora de cara a un electorado desencantado e irritado. Lo mismo cabe afirmar del paso a la reserva de un dirigente entrado en años transpirando comunismo rancio y melancolía ante las injusticias del mundo para dar entrada a un joven dinámico de alba camisa ansioso de alcanzar la cima de la fama y que rezuma frescura y novedad. Hasta aquí, vale. Como el PP es incapaz de devolver a su jefe de filas al registro y sacar de la chistera un modelo de publicidad de máquinas de café expreso denso y sensual, sus rivales le han tomado ventaja en el terreno estético.

Sin embargo, una vez solucionada la forma, habrá que prestar alguna atención al contenido. Y es ahí donde empiezan a surgir problemas, serios problemas. Porque además de gustar, y yo no niego que gusten, Pedro Sánchez y Alberto Garzón vienen obligados a formular algunas ideas con sentido en los campos de la economía, las instituciones, la corrupción, la estructura territorial del Estado, el modelo educativo, el papel internacional de España y demás asuntos propios del gobierno de una nación desarrollada, europea y occidental. Francamente, lo que hemos visto y leído hasta ahora es para echarse a llorar. Sánchez ha lanzado la original medida de suprimir el Ministerio de Defensa, se supone que con gran regocijo del Estado Islámico, de la República de Irán, de los piratas somalíes y del Reino de Marruecos y, no contento con tal demostración de rupturismo imaginativo, nos ha comunicado que fue un error consagrar en la Constitución el principio de estabilidad presupuestaria porque, como todos sabemos, el problema del exceso de deuda se arregla con más deuda. En cuanto a su extraño artefacto federal con piezas confederales en un país desgarrado por el separatismo, mejor no hablar por caridad cristiana. Y el brioso doncel Garzón, se prepara a adaptar su programa a un futuro encaje en Podemos, o sea, el chavismo-castrismo instalado en el extremo sudoccidental de la Unión Europea.

Por ahora, esto es lo que da de sí la renovación, o sea, la eliminación de las elites extractivas desaprensivas y cleptocràticas para entronizar la era de la levedad mental y el colectivismo a la cubana. ¿Dónde queda el aeropuerto más cercano?.

Contra sí mismo
EDITORIAL El Pais 27 Noviembre 2014

El plan independentista de Mas erosiona los partidos y arruina al Parlament de Cataluña

Lo más notable del último discurso de Artur Mas no es su definitivo decantamiento hacia el independentismo ni su tono de desafío al Estado que él representa en Cataluña. Lo novedoso es que completa una estrategia que amenaza con socavar el sistema político catalán, lo que debe preocupar a los catalanes y al conjunto de los españoles.

No es raro querer arrinconar a un partido como Convergència Democràtica, desgastado por la corrupción, con su fundador cuestionado y su sede embargada. Lo curioso es que lo pretenda su actual presidente, que además, con su dinámica divisionista, ha expulsado parcialmente a su socio, Unió; ha desestabilizado al PSC que, junto con CiU, aseguraba la estabilidad; ha dado problemas a Iniciativa, y ahora pretende deglutir a Esquerra, que quizá se deje, según se infiere de las declaraciones de sus líderes.

El resultado es un trastorno generalizado del subsistema catalán de partidos, parte consustancial del español y pilar del sistema democrático: sin partidos, la libertad de asociación resulta un concepto vacío.

Pero hay algo peor. En su calendario de transición a la independencia, el papel reservado al Parlament durante 18 meses, en caso de victoria secesionista, es de mero corifeo; y el nuevo Ejecutivo no podría dedicarse a gobernar, sin programa para ello, dado que este se reduciría a un único punto.

Sin Parlament ni Consell Executiu, ¿qué quedaría de la Generalitat? La estrategia de Mas atenta contra la arquitectura institucional que encabeza: le tiene que preocupar a él igual que a millones de catalanes y españoles, que aprecian la continuidad y legitimidad históricas restablecidas en la Transición con Josep Tarradellas.

La erosión de los partidos, la neutralización del Parlament y el desprecio al Ejecutivo casan con el perfil de una elección falsamente plebiscitaria: se plebiscitaría más su nombre que su programa. Y el truco de ofrecer colocarse en último lugar de la lista no engaña ni siquiera a los de Esquerra.

Mas ha demostrado una tozuda perseverancia y la capacidad de revertir coyunturas adversas. Con ellas le basta quizá para acabar de desmantelar la política catalana, mellar la ya atribulada estabilidad española y generar más problemas que soluciones. Pero nada augura que vaya a mejorar en algo el bienestar económico, la cohesión social y la felicidad de sus conciudadanos. Él se ha fijado la tarea de conseguir la “libertad de Cataluña”, como si los catalanes careciesen de libertades y del derecho a decidir que les gobierne incluso Artur Mas.

Cataluña
El golpe de Estado y la 'Kristallnacht' contra Freixenet
Pablo Planas Libertad Digital 27 Noviembre 2014

Se preguntaba hace unos días Javier Somalo que qué tenía que pasar en Cataluña para que se aplicara el artículo 155 de la Constitución. Desde el 9 de noviembre ha pasado de todo pero la mención del susodicho ya no ha lugar, porque la Carta Magna está en cuarentena, bajo sospecha y, por lo que respecta a Mas y compañía, ha caducado, no rige, kaput, fuera de servicio. En el reformatorio, como bien describió en su artículo Somalo.

El golpe de Estado en Cataluña ya no es un papel de la ANC, una declaración de intenciones del Parlamento regional o una exageración periodística, sino lo que lleva a cabo el presidente de la Generalidad cada vez con mayores muestras de desprecio por las libertades, la democracia y las leyes. Es probable que ni él mismo se imaginara hace un par de años hasta dónde podía llegar con la pamema del derecho a decidir. Las tres décadas de régimen nacionalista (con los medios, las escuelas y las empresas al servicio de la causa) y los intereses partidistas de todas las moncloas y cloacas del Estado han pervertido hasta tal punto las cosas que resulta de lo más normal que Mas se haga pagar un mitin por la Administración pública para exponer un proyecto personal que supone la eliminación del sistema de partidos a cambio de un Gobierno de unidad. El precedente directo de semejante barbaridad es aquello del general Armada y el 23-F, un ejecutivo de unidad y un "después ya veremos qué pasa".

El Estado español no existe en Cataluña. Ni tampoco el Poder Judicial. Manda Mas, quien pese a la que ha liado ostenta la categoría de representante ordinario del Estado de España en la región. De eso presumía horas después de su arenga de la fase final del proceso separtista, cuando el portavoz de su partido en la cámara autonómica le preguntaba si tenía constancia de la visita de un tal Rajoy a Barcelona prevista para este fin de semana. "Como representante que soy del Estado, no", contestaba Mas. Si, bwana, cabeceaban los diputados.

Ese tal Rajoy tiene que lidiar ahora con la incómoda dimisión de la ministra Ana Mato mientras Mas agita los cuartos de banderas de sus consejerías, deletrea la asonada en una asamblea con tres mil funcionarios, alcaldes y comisionistas y se chotea de la Fiscalía. La diferencia está clara. Por la parte del PP, Bárcenas reside en la cárcel y la exministra Mato va a ir a juicio. Por la parte de Mas, todos los corruptos del catalanismo, de Pujol a Millet, están en la calle, a su bola, a la espera de que en par de años la República catalana les repare los daños. De la condenación a la condonación.

Y mientras las grandes empresas preparan las maletas en unos casos o se preparan para la situación en otros, ya no es la ANC quien marca los comercios amigos. Dos agentes específicos de la nueva democracia catalana, el empresario que negó el saludo a Felipe de Borbón y una diputada de CiU llaman al boicot de una empresa catalana que ha hecho un anuncio que tachan de "unionista". Se trata de Freixenet, a cuyo propietario le acaban de imponer la cruz, pero no la de Sant Jordi. José Luis Bonet es el reciente presidente de la "Cámara de Comercio de España". Ha comenzado una Kristallnacht (que también fue un 9-N) en las redes sociales. Es una muestra más de lo que pasa en Cataluña, aunque ni de lejos lo más grave. Delenda est Hispania.

El día en que Rajoy se hizo el haraquiri
Carlos Sánchez El Confidencial 27 Noviembre 2014

Hace muchos años Felipe González -en plena borrachera de poder- reclamó la autonomía de su Gobierno frente al Partido Socialista. Lo consiguió, y eso le permitió gobernar los últimos años al margen de lo que pensaban los dirigentes de Ferraz, incluido Alfonso Guerra, con quien había roto poco tiempo atrás. Fundamentalmente, a causa de cómo enfrentarse al éxito de la huelga general del 14-D. La reivindicación de González no era nueva. Adolfo Suárez también intentó gobernar al margen de UCD. Pero, como se sabe, murió políticamente en el intento.

En España, al contrario de lo que sucede en países con larga tradición democrática, la omnipresencia de los partidos en la vida política es tal que no se entiende la autonomía del Ejecutivo respecto del aparato de Génova o Ferraz. Sin duda porque el líder acumula todo el poder, y eso lleva a confundir partido y Gobierno. No ocurre así en países como EEUU, donde recientemente ha dimitido el secretario de Defensa de Obama, insigne representante del Partido Republicano.

Esa simbiosis entre partido y Gobierno es, sin duda, uno de los fallos de la democracia española, donde las organizaciones, al contrario de lo que sucede en EEUU (allí los partidos son simples maquinarias electorales para elegir candidatos), vertebran el espacio político hasta convertirse en monopolios del poder. Ese fue el gran error de Rajoy, salvo algunas excepciones, a la hora de confeccionar su Gobierno: dejarse arrastrar por dirigentes del partido como Ana Mato contaminados por las miserias de las principales fuerzas políticas, cuyas cañerías están cegadas de tanta corrupción (el propio González se vio acosado por el escándalo Filesa).

Esto no quiere decir, evidentemente, que Rajoy o González hayan sido víctimas de sus respectivos partidos. Al contrario. Son ellos los responsables de un sistema de financiación absurdo y nada transparente que aboca necesariamente a la corrupción. Entre otras cosas porque los partidos se han convertido en maquinarias administrativas que tienen que dar de comer a mucha gente, y eso les obliga a tener presupuestos faraónicos. La red Gürtel, como pone negro sobre blanco el auto del juez Ruz, no era más que un sistema de captación de recursos para el Partido Popular (PP) al margen de la ley.

La consecuencia, como no puede ser de otra manera, es que cuando alguno de los dirigentes del PP o del PSOE llegan a la Moncloa, la corrupción les salpica.Lógicamente, al ser en última instancia los responsables políticos de tanta fechoría. A Rajoy ya casi nadie le va a juzgar por su política económica o por decisiones de su Gobierno, sino por los repugnantes métodos de financiación de su partido en todo lo relacionado con Gurtel.

La corrupción, como es obvio, ocupa todo el espacio político, y cualquier discusión inteligente y razonada sobre el sistema sanitario, la educación o los desahucios ha pasado a un segundo plano. Lo cual es todavía más sobrecogedor en un país con la quinta parte de su población activa en paro.

Ni que decir tiene que quien ‘paga el pato’ son los ciudadanos, a quien para nada beneficia un Ejecutivo acosado por la corrupción del partido que lo respalda en el parlamento.Es decir, se le juzga no por actos ilícitos cometidos por alguno de sus miembros, lo cual sería lógico.

El caso más evidente es, sin duda, el de Ana Mato, a quien nadie juzgará nunca por tres años de gestión sanitaria -salvo el lamentable episodio del ébola-, sino por su papel en la Gurtel. Rajoy podía haber relevado antes a Ana Mato cuando se destaparon las primeras noticias sobre la red que le inculpaban a ella, pero no lo hizo y eso sólo ha agrandado el problema. Un gesto de ‘camaradería’ inaceptable para un jefe de Gobierno. No por lo humano, sino por lo que supone para el país.

Paso a la clandestinidad
La contaminación ha sido de tal envergadura que incluso en algunos momentos España llegó a tener una ministra de Sanidad que había pasado literalmente a la clandestinidad para huir de la prensa. Un comportamiento ridículo en cualquier democracia avanzada. Sobre todo si se tiene en cuenta que Mato, con buen criterio, se rodeó de expertos en salud pública de reconocido prestigio cuya gestión es algo más que razonable. Eso, sin embargo, es lo de menos. El partido ha acabado por arrastrar al Gobierno.

El absurdo es todavía mayor si se tiene en cuenta que el nombramiento de Mato sorprendió a todos debido a que se trataba de una dirigente completamente ajena a la política sanitaria. Su nombramiento se hubiera entendido si al menos la ya exministra hubiera sido una experta, pero no lo era, lo cual hace más desconcertante su elección. Sobre todo cuando el PP tenía tantos cadáveres en el armario, como se ha visto con posterioridad y que debía conocer el propio Rajoy. ¿O es que el presidente se ha enterado de todo por el juez Ruz?

El resultado es evidente. Un nuevo desgarro en el abrasado Gobierno de Rajoy, que salvo sorpresa en las elecciones municipales y autonómicas de dentro de medio año, está descontando ya los minutos de la basura. El problema es que queda un año para las generales, y eso es mucho en un país que pide venganza.

Probablemente, la tentación que tenga Rajoy es seguir nutriendo de técnicos el Consejo de Ministros (como ya sucedió en el caso del titular de Justicia que reveló a Gallardón), lo cual hubiera sido razonable al principio de la legislatura, cuando había que poner orden ante tanto desmán. El problema es que ahora se necesitan políticos para hacer frente al populismo y el independentismo catalán, y eso sería lo mismo que cuestionar al propio Rajoy, acostumbrado a dirigir el Gobierno como un despacho de registradores en el que la jefa de negociado -utilizando la jerga administrativista- es la vicepresidenta.

Oriente Medio
Estado Islámico: qué hacer
Max Boot Libertad Digital 27 Noviembre 2014

Resulta fácil decir que la decapitación del pobre Peter Kassing (un ex ranger del Ejército estadounidense convertido en cooperante en Siria) es un acto de "pura maldad", como ha hecho el presidente Obama. Resulta bastante más difícil saber cómo enfrentarse a esa maldad de forma eficaz. Y eso es lo que el presidente, de momento, no ha conseguido. Por poner un ejemplo: la campaña aérea contra el Estado Islámico es diez veces menor que la lanzada contra los talibanes en el otoño de 2001. Y el número total de efectivos autorizados para la misión (que ahora es de 3.000) se queda muy lejos de lo que los expertos en la materia consideran necesario: las estimaciones más realistas oscilan entre los 10.000 y los 25.000.

En este recién publicado memorando sobre innovación política del Consejo de Relaciones Internacionales esbozo mi visión de cómo debería ser una verdadera estrategia destinada a"laminar y, en última instancia, destruir" al Estado Islámico. Como verán, no sólo insto a un mayor esfuerzo militar, sino a hacer más por adiestrar y movilizar a las tribus suníes de ambos lados de la frontera siro-iraquí, y a extender nuestra lucha contra el régimen de Asad para convencer a los suníes de que se unan a la campaña contra el EI.

Además, defiendo que se realicen ahora los preparativos para construir un orden posterior a la guerra, tanto en Siria como en Irak, por muy poco apetecible que les resulte a algunos la idea del nation building. Resulta difícil exagerar la importancia de este último punto, pues sólo esbozando un futuro esperanzador Estados Unidos podrá convencer a los sirios y a los iraquíes para que arriesguen sus vidas combatiendo contra el Estado Islámico. Declarar una zona de exclusión aérea sobre toda Siria o parte de ella sería un importante primer paso, pues permitiría que el Ejército Libre Sirio se adiestrara y que se organizara un Gobierno sirio libre.

Por desgracia, de momento no hay indicios que señalen que el presidente Obama esté dispuesto a desarrollar semejante iniciativa. Pero es posible que la continua indignación por las decapitaciones de estadounidenses a manos del EI le obligue a ello.

Ah, para quienes crean que el EI está tratando deliberadamente de atraer a las tropas estadounidenses a Irak y Siria: de momento, la decepcionante campaña estadounidense está jugando a su favor, pues les permite decir a sus seguidores que han resistido al Gran Satán. Una campaña más efectiva no le gustaría tanto al EI si tuviera como resultado su desmembramiento y derrota, como le ocurrió a su antecesor, Al Qaeda en Irak.
© elmed.io - Commentary
http://www.cfr.org/iraq/defeating-isis/p33773?utm_content

José María Aznar. Ex presidente del Gobierno de España
"Ha estado engañando desde el principio"
Irán: Mejor ningún acuerdo que un mal acuerdo
www.latribunadelpaisvasco.com  27 Noviembre 2014

Este artículo ha sido publicado originalmente en “The Wall Street Journal”

Casi todos los líderes occidentales coinciden en decir, acerca del programa nuclear iraní: “Que no haya acuerdo es mejor que un mal acuerdo”. Por desgracia, la retórica no concuerda con la realidad. Hemos descubierto que hay cartas secretas en las que se suplica a Irán que llegue a un compromiso; sabemos del ansia en el mundo empresarial por normalizar las relaciones con el régimen de los ayatolás, y podemos notar la necesidad psicológica de los políticos por tachar a Irán de su lista y considerarlo un problema resuelto.

Aun así, un mal acuerdo es un mal acuerdo. La fecha límite del 24 de noviembre ha pasado sin que haya habido un cambio significativo en las exigencias de Irán ni una actitud más cooperadora por su parte. Pese a ello, los países occidentales, encabezados por la administración estadounidense, han prorrogado las conversaciones hasta el verano que viene. En nuestro afán por seguir el juego a los iraníes, creo que vamos camino de firmar un muy mal acuerdo con ellos.

Cuando, hace más de una década, se descubrieron las iniciativas nucleares clandestinas iraníes y su posible aplicación militar, la comunidad internacional instó –a través de una serie de resoluciones de Naciones Unidas– a un total desmantelamiento de la capacidad de Irán para enriquecer uranio. Durante el pasado año y medio ese objetivo ha sido abandonado por los negociadores occidentales, y a Irán se le ha garantizado el derecho a enriquecer.

Así que ahora las conversaciones sobre la cuestión nuclear se refieren a qué nivel de enriquecimiento se va a permitir y a cuántas centrifugadoras van a poder seguir funcionando. Esos tecnicismos no deberían cegarnos respecto a una verdad fundamental: tras cualquier concesión en este ámbito, Irán será, virtualmente, una potencia nuclear. Será capaz de producir uranio poco enriquecido y contará con las infraestructuras necesarias para pasar a un enriquecimiento de nivel militar cuando sus dirigentes así lo decidan.

Cuando, hace diez años, comenzaron las primeras negociaciones, Irán no tenía capacidad operativa para construir una bomba. Ahora cuenta con todos los conocimientos, componentes e infraestructuras para producir material fisible y probar sistemas de lanzamiento del mismo, así como los conocimientos técnicos necesarios para controlar su adaptación a usos armamentísticos.

Al intentar con tanto ahínco quitar de en medio la cuestión nuclear para poder normalizar las relaciones con Teherán y que Irán pueda reintegrarse a los círculos internacionales, estamos empezando la casa por el tejado. Supone un cambio radical desde la revolución iraní de 1979, cuando la República Islámica fue calificada de Estado patrocinador del terrorismo y se la consideró una potencia revolucionaria que pretendía alterar el orden mundial.

Evidentemente, a todo el mundo le gustaría tener un Irán normal, que respetara las normas internacionales y cooperara con otras naciones. Pero lo cierto es que sigue siendo la República Islámica, con todas las ambiciones de una potencia regional hegemónica. Su historial en lo que respecta a los derechos humanos, con una ejecución cada siete horas, es deplorable. Sus vínculos con grupos como las organizaciones terroristas Hamás y Hezbolá, a quienes proporciona armas, dinero y asesores, son más fuertes que nunca. Y su apoyo a regímenes sanguinarios, como el sirio, o a Gobiernos sectarios, como el de Irak, ha generado más problemas e inestabilidad que soluciones.

La República Islámica está presente y tiene influencia en el Líbano, Siria, Yemen e Irak, y ha pagado un precio muy bajo por expandir su poder. De hecho, los ayatolás han conservado lo que más deseaban, su capacidad para enriquecer uranio.

Puede que el presidente iraní, Hasán Ruhaní, presente un rostro sonriente, incluso que esté genuinamente interesado en realizar algunas reformas, pero el auténtico hombre fuerte, el Líder Supremo Said Alí Jamenei, está personalmente comprometido con la visión anticipada hace tres décadas por el ayatolá Ruholá Jomeini: un Gobierno persa, chií, revolucionario y teocrático (y despiadado). Creer que hacer grandes concesiones reforzará a los denominados moderados iraníes sigue siendo algo tan ilusorio como lo era hace años. Los que saldrían reforzados de un acuerdo nuclear serían Jamenei y la Guardia Revolucionaria; el pueblo iraní seguiría bajo el régimen opresor durante años. No es una propuesta moralmente fácil de aceptar para un demócrata.

Por último, Irán ha estado engañando desde el principio. Desarrolló un programa nuclear clandestino, algo que sólo admitió años después de que lo revelaran disidentes iraníes en 2002. Doce años después, el último informe del Organismo Internacional de Energía Atómica, la entidad de Naciones Unidas responsable de supervisar esta cuestión, muestra que Irán sigue ocultando aspectos fundamentales de su programa nuclear.

¿Acaso creemos que, de pronto, Irán va a convertirse en un régimen transparente y dispuesto a someterse a verificación? Si los líderes de Teherán tienen algún interés en alcanzar un acuerdo es porque se han visto obligados a considerarlo. Las sanciones económicas se habían vuelto demasiado costosas para la supervivencia de los propios líderes. Algunos instan ahora a Occidente a que sea más flexible respecto a dichas sanciones, después de que el año pasado ya se levantaran algunas de ellas como recompensa a Irán por su disposición a dialogar con nosotros. Pero las concesiones no harán sino reforzar a los radicales de Teherán, que creen que Occidente se está limitando a decidir entre el apaciguamiento y la total capitulación.

Así que ahora llega otra ronda de conversaciones con Irán sobre la cuestión nuclear. Deberíamos hacer caso al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, cuando dice: “No hay que precipitarse a un acuerdo que permitirá a Irán precipitarse hacia la bomba”. Una república islámica chií con armas nucleares en un Oriente Medio ya inestable tendría funestas repercusiones en todo el mundo. No es momento de hacer concesiones, sino de presionar más a los ayatolás.

Una diputada autonómica de CiU llama al boicot contra Freixenet por brindar "por los próximos cien años juntos"
Redacción www.cronicaglobal.com 27 Noviembre 2014

"Por los próximos cien años juntos". Este es el mensaje que ha lanzado Freixenet este año en su tradicional anuncio de Navidad que se ha conocido este miércoles. Y este es, también, el mensaje que ha generado los primeros llamamientos al boicot por parte del nacionalismo catalán.

Solo unas horas después de que se hiciese público el spot, la diputada autonómica de CiU Elena Ribera ha emitido un tuit en el que señala:
"Freixenet buscando no perder cuota de mercado brinda por cien años juntos. Acaba de perder dos millones de consumidores catalanes... potenciales".

Tras la polémica generada, matiza sus palabras
Lo cierto es que el presidente de Freixenet, José Luis Bonet -que también lo es de la Feria de Barcelona y de la Cámara de Comercio de España-, se ha pronunciado en reiteradas ocasiones en contra de la secesión de Cataluña, una posición que el nacionalismo catalán no está dispuesto a tolerar.

El llamamiento al boicot por parte de Ribera -que pertenece a UDC y consiguió su escaño por Gerona- ha generado algunas críticas. Entre ellas la de la diputada autonómica del PP Marisa Xandri. Xandri se ha preguntado si "no es igual de legítimo" brindar por la unidad que por la ruptura, y le ha reprochado que haga "boicot catalán a un producto catalán por no hacer seguidismo a un presidente [por Artur Mas] que solo os representa a vosotros".

Horas más tarde, y a la vista de que la polémica estaba creciendo, Ribera ha emitido otro tuit tratando de matizar sus palabras originales -que en el momento de redactar esta pieza no habían sido eliminadas-: "En ningún momento he tenido intención de pedir el boicot a nadie. Si he dado pie a esta interpretación lo retiro y pido disculpas".

Dio la "bienvenida" a la crisis porque "ha hecho aflorar el sentimiento catalán"
Pero esta no es la primera polémica que protagoniza Ribera. Durante un acto de su partido en la campaña de las elecciones autonómicas de 2012, la diputada autonómica nacionalista aseguró que la crisis económica era "bienvenida" porque había "hecho aflorar el sentimiento catalán".

"Hay muchas ovejas en este pueblo que buscan un pastor, y este pastor lo tenemos nosotros, este pastor lo tenemos nosotros. Porque la gente va descarriada. Algunos se manifiestan creyendo que el tema son los recortes, que el tema es la crisis. Y lo es. Pero esta crisis, bienvenida sea porque nos ha hecho aflorar el sentimiento catalán, y ha hecho que nos levantasemos de una vez y dijésemos: "Dadnos lo que es que nuestro, porque nos toca, porque lo queremos, porque lo necesitamos, porque nos lo merecemos, y no nos parará nadie", señaló entonces.

En otro mitin durante aquella campaña, Ribera también aplaudió que a Artur Mas le tildaran de mesías. "Dicen que usted es el Mesías. Celos, presidente", le espetó.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Catalunya, estación final

Javier Caraballo El Confidencial 27 Noviembre 2014

En las pocas ocasiones en las que se puede levantar la vista y mirar de frente, se distingue ya con mucha nitidez el paisaje que tenemos delante. Ni la polvareda que se levanta a diario impide ya ver con claridad que donde estamos metidos, por donde caminamos, no es otra cosa que un callejón que no tiene salidas. Podemos seguir adelante, como hasta ahora, con el eco repetido de todas las voces, como sucede en todos los callejones que se estrechan como éste, que llegan al final; se podrán levantar nuevas polvaredas que nos hagan perder de vista el muro que está al final de la calle, pero nada impedirá que cada paso nos aproxime un poco más al final. Sencillamente, este conflicto, esta polémica, esta tensión, este hartazgo ya no se pueden estirar más. Final de la historia, de esta historia tal y como la conocemos. Y como lo que hierve es el independentismo, digámoslo así: Catalunya, estación final.

Ni la dialéctica gastada ni los argumentos encontrados dan más de sí. Nada se puede esperar ya más que la reiteración persistente de las mismas posiciones, con el enconamiento simultáneo que se produce. Y todo eso, este estéril toma y daca con el que hemos convivido en los últimos tres o cuatro años, llega a su final a partir de la declaración del presidente de la Generalitat del pasado martes, cuando estableció el calendario final para la separación de Cataluña del Estado español.

Ese es el final del callejón, porque a partir de esa declaración ya sólo se imponen dos salidas, si no se quiere agravar el problema hasta hacerlo irresoluble si se llega al disparate de unas elecciones plebiscitarias, como las que se están gestando en Cataluña. La primera salida es la intervención del Estado en la autonomía catalana, en aplicación del artículo 155 de la Constitución. La segunda es la convocatoria de un referéndum, como se viene reclamando en Cataluña. Y de esas dos, como se verá más adelante, sólo puede confiarse en la efectividad de la segunda, la convocatoria de un referéndum, pero con las garantías legales y democráticas que se quieren obviar por parte de los independentistas.

En realidad, lo de menos es que las elecciones plebiscitarias se celebren dentro de un año o en febrero del año que viene, como se calcula en los círculos próximos a Artur Mas; lo esencial es que la estrategia soberanista ya está trazada de forma explícita y lo que pretende –y debe evitarse– es que llegue la proclamación de la independencia con la ficción tramposa de una mayoría absoluta del Parlamento de Cataluña que se hace pasar como mayoría absoluta del pueblo catalán.

Ocurrirá como con el Estatut de Cataluña, que se aprobó con un referéndum en el que no acudió a votar ni el 50% del censo y, sin embargo, lo que queda en el discurso político es que más del 73% de los catalanes lo aprobaron. Esa mentira estadística es la que se pretende repetir ahora con las elecciones plebiscitarias. ¿Qué puede hacer el Gobierno de la nación? Desde luego, impedir que se celebren esas elecciones, que conducirían a una especie de ‘golpe de Estado’ independentista, que es el último paso en la política de hechos consumados que se está practicando.

La Constitución sólo le ofrece al Gobierno de la nación una vía de intervención para los casos de colisión grave de alguna de las autonomías con el sistema legal y el modelo constitucional, el artículo 155 de la Constitución. Lo que ocurre es que, en contra de lo que se ha venido diciendo, ese artículo es más ambiguo de lo que se cree y, por ejemplo, no garantiza que el Gobierno de la nación pueda disolver la autonomía de Cataluña. Lo han advertido ya algunos constitucionalistas y también algunos políticos, como Alfonso Guerra, uno de los artífices de la Constitución española.

Lo que dice ese artículo es que ante un caso de ‘insurrección’ de una autonomía, el Gobierno de la nación debe advertir al presidente y, si sigue desobedeciendo lo ordenado, “podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. ¿Las ‘medidas necesarias’ incluyen la intervención de la autonomía y su disolución? Pues eso es, precisamente, lo que no está claro. El artículo 155 de la Constitución española se copió de otros países con similares problemas territoriales (en concreto, de la Constitución alemana), pero no se incluyó algo esencial, como precisar medidas concretas que en otros casos llegan a la disolución del parlamento autonómico y la imposición de un gestor provisional.

Con esas lagunas legales o, mejor, con esas ataduras legales que Artur Mas debe conocer al dedillo, y de ahí la osadía de su ‘hoja de ruta’, parece claro que ni siquiera la aplicación del artículo 155 de la Constitución española garantiza que se pueda frenar la deriva independentista de Cataluña. Podría el Gobierno de la nación, eso sí, seguir la misma estrategia que con la convocatoria del referéndum del 9-N, y elevar al Constitucional la convocatoria de las elecciones, pero ya se han visto los resultados obtenidos. Eso sin tener en cuenta que es posible que en dos meses no se cuente ni siquiera con la sentencia del Constitucional sobre el referéndum fallido y la consulta burlada. Mucho menos, con una sentencia sobre la desobediencia de Artur Mas y varios de sus consejeros.

Por lo tanto, si ni siquiera la aplicación del artículo 155 de la Constitución garantiza que se pueda frenar la deriva independentista de Cataluña, la única salida posible, democrática y viable es la convocatoria de un referéndum en Cataluña, pero no por parte de las autoridades catalanas, sino del Gobierno de la nación. La fórmula democrática ya se ha repetido aquí en varias ocasiones, una consulta que se guíe por la derogada Ley de Referéndum que ya se aplicó en Andalucía y que exigiría que la independencia tenga que ser ratificada por más del 50% del censo –no de los votantes– en cada una de las provincias.

Una consulta así es, precisamente, la que quieren eludir los independentistas porque son conscientes de que es casi imposible que salga adelante. Porque la mayoría real del pueblo catalán no está por la independencia. El pacto de Estado que se exige en este momento es el acuerdo para reponer la Ley de Referéndum y tomar de una vez por todas la iniciativa en el conflicto catalán. ¿Y será la solución definitiva? No, claro, pero es la única salida.

Digámoslo otra vez: Catalunya, estación final. Habrá quien prefiera seguir levantando el polvo del suelo para no mirar lo que hay delante. Mantener día tras día el mismo cruce de argumentos, que ya se recitan de memoria y que ni siquiera esperan respuesta. A estas alturas, ni siquiera la reforma de la Constitución, y mucho menos un estado federal, sirven para solucionar el conflicto, entre otras cosas porque sería inasumible para el resto de autonomías. Pero habrá quien prefiera seguir sin levantar la vista y mirar lo que hay delante. Pero es eso, un muro al final de este callejón en el que nos hemos metido.

Carta abierta a Pedro Sánchez sobre Cataluña

Antonio Robles www.cronicaglobal.com 27 Noviembre 2014

Sr. Pedro Sánchez, me dirijo a usted, incrédulo por su compromiso de blindar las competencias de cultura, educación y lengua a Cataluña. Supongo que habrá meditado el alcance de sus promesas. Y de sus consecuencias. En cualquier caso, viendo por sus ofrendas, que está más pendiente de agradar a los nacionalistas catalanes que de informarse a fondo sobre Cataluña, le pondré al corriente de la realidad cultural, lingüística y escolar de Cataluña como ya hice en 2009 sin ningún provecho con el entonces presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero. A él me dirigí en dos largas cartas públicas bajo el nombre de Carta abierta a Zapatero, a propósito de las lenguas propias (I) y (II). Le recomiendo leerlas, me ahorraré el repetirlas y usted disponer de una información que él prefirió ignorar.

Como usted ahora, se permitió entonces cuestionar los derechos lingüísticos de los ciudadanos, que no pertenecemos a la casta nacionalista con “lengua propia”. Por eso le reproché en sendas cartas, que sus objeciones al “Manifiesto por una lengua común”, no podían ser fruto de la improvisación, sino de una profunda irresponsabilidad intelectual, política y moral. Y de un sorprendente desconocimiento, añado ahora. Si hoy en Cataluña estamos como estamos, en buena medida es por la condescendencia e irresponsabilidad de entonces.

No son menores los disparates que usted nos ha soltado la semana pasada en su visita a Cataluña. En Catalunya Ràdio le aseguró a Mònica Terribas: ¿Se pueden blindar competencias vinculadas con hechos singulares como las que tenéis en Cataluña, como es la lengua y la cultura? Yo creo que sí”. “Se pueden blindar las competencias en educación, hay suficientes motivos para preservarlas de cualquier ataque como el que planteó el ministro Wert”.

Sr. Pedro Sánchez, si de salida asume el lenguaje de los nacionalistas, será difícil no caer en sus trampas. ¿Sabe realmente lo que significa “blindar las competencias en educación”? ¿Está al corriente de cómo funciona la educación catalana? ¿Sabe lo que es la inmersión lingüística y para qué sirve? ¿Sabe quién está realmente excluido en Cataluña?

Soy consciente que mentar a Wert implica ahorrarse pensar sobre educación. A eso nos están conduciendo estos tiempos twitteros, de titulares sin sustancia ni argumentos. Convertido en símbolo del mal por el nacionalismo y la oposición, la Reforma Wert ya no es una propuesta educativa, es una diana. Así es imposible analizar sus errores o aciertos. Arremeter contra ella es asegurarse el aplauso. Todo muy güai, pero insustancial, impropio de un responsable político. No seré yo quien defienda la Reforma Wert, ni al ministro José Ignacio Wert. Estoy convencido que hay en ella muchas cosas que ni usted ni yo compartimos. Empezando por la introducción de la religión como materia evaluable o la eliminación de la Educación para la ciudadanía, pero nada tiene que ver eso con su arremetida contra la tímida defensa de los derechos lingüísticos conculcados en Cataluña que hace en ella.

En sus declaraciones se quiso ganar el aplauso fácil de los catalanes alegando que se opondrá a cualquier ataque contra la escuela catalana. ¿A qué ataque se refiere usted concretamente? ¿A las 12 sentencias judiciales que obligan al gobierno de la Generalidad a restaurar el bilingüismo en la escuela y que se niega a cumplir? ¿A las peticiones de esos padres que han recurrido a los tribunales para pedir que no se conculque el derecho de sus hijos a estudiar también en su lengua materna? ¿Al derecho a decidir en qué lengua quieren estudiar?

Sr. Pedro Sánchez, si alguna cosa hizo mal el ministro Wert en el tema lingüístico, es mirar para otro lado ante el incumplimiento de las sentencias que obligan al Gobierno de la Generalidad a restaurar el bilingüismo escolar que el Tribunal Constitucional consagró en la sentencia 337/1994. Ratificada dicha sentencia en la del Estatuto de 2010, catalán y castellano han de ser lenguas docentes sin que ninguna de ellas sea exclusiva ni excluyente. Ante tal evidencia jurídica, ¿qué hizo Wert? ¿Facilitar a todos los niños de Cataluña, en todos los colegios públicos la posibilidad de una educación bilingüe? De ninguna manera, solo allí dónde hubiera padres que así lo pidiesen por escrito y estuvieran dispuestos a pasar un viacrucis social, burocrático y judicial por sus hijos. ¿Y eso les garantizaría poder estudiar en castellano todas las asignaturas? En ningún caso. Únicamente el 25% de las asignaturas del currículum. El restante 75% seguiría haciéndose en catalán, amén del 100% en todos los demás colegios de Cataluña ¿Y lo podrían hacer en un colegio público al lado de casa como tienen derecho el resto de niños catalanes? De ninguna manera, esos niños habrían de buscarse un colegio privado allí dónde pudieran encontrarlo. El Estado correría con los gastos, que los detraerían de los traspasos educativos a la Generalidad. Con un máximo de 6.000 € anuales.

Se lo resumo, en Cataluña, si eres un ciudadano catalanohablante puedes estudiar en catalán en todos los colegios públicos, privados y concertados de Cataluña. Si eres un ciudadano castellanohablante (el 55,3% de la población) sólo lo podrás hacer en un colegio privado y únicamente en un 25 % de las asignaturas del currículum. Seguramente fuera de tu localidad.

Sr. Secretario general del PSOE, ¿eso es un ataque al sistema educativo catalán? ¿Considera que un derecho constitucional como es poder estudiar en español en España es un ataque contra Cataluña? ¿Sabe usted que, hoy por hoy, desde hace 30 años, solo tienen derecho a estudiar en lengua materna los niños catalanohablantes? ¿Sabe usted que el sistema de inmersión lingüística es ilegal, y solo afecta a los niños castellanohablantes, que se ven segregados por razón de lengua? ¿Sabe usted que el sistema de inmersión lingüística en realidad es un caballo un Troya ideológico de adoctrinamiento catalanista, elegido por los nacionalistas para borrar toda huella cultural española de las nuevas generaciones escolares? ¿Es consciente que, cuando usted ofrece blindar este sistema de adoctrinamiento está excluyendo de sus derechos culturales, lingüísticos y nacionales a la mayoría de los niños de Cataluña? ¿O acaso ignora que ceder en cuestión tan clave es otorgar legalidad al racismo cultural que la casta nacionalista ejerce ahora desde la ilegalidad? ¿De dónde cree que salen tantos jóvenes con tantas esteladas? ¿Sólo de TV3..?

Como si no lo hubiera dejado claro insistió: “Si en Cataluña hubo un pacto nacional por la educación, tiene que haber un respeto por parte del Gobierno de Madrid”. Es una lástima que sea usted tan poco consecuente, también el Parlamento de Cataluña acordó un pacto por la independencia, convirtió a Cataluña en una nación con sujeto jurídico y declaró el derecho a decidir si era un Estado y si quería que tal Estado fuera independiente. ¿Por qué no respetarle el derecho a decidir y sí el pacto por la educación? ¿Por qué negarle ser sujeto soberano y aceptarle una ley de Educación catalana (LEC) que sanciona la segregación escolar por razón de lengua?

Es evidente que habla de oídas y no tiene ni idea de a qué se compromete cuando pide respeto de Madrid al pacto por la educación. Es descorazonador comprobar cómo desde Madrid respetan cuanto ignoran. Quizás para asumir pasadas desmesuras que tan bien describió el bueno de Antonio Machado: “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora”.

Si para algo le puede servir, formé parte de ese Pacto por la educación que usted defiende y fui ponente de la “Ley de Educación de Cataluña” que lo ponía en práctica. Le aseguro que el redactado final y los entresijos de la ponencia fueron una experiencia única para sentir el desprecio por la lengua común de todos los españoles y el afán por hacerla desaparecer de la vida escolar como lengua de uso. Le dejo mi intervención en representación de C’s el día que se aprobó. Así tendrá una visión diferente de la que se chuta del PSC. En ella y en las cartas linkadas a su compañero de frivolidades, Rodríguez Zapatero podrá adivinar el inmenso error que está cometiendo. En la sesión parlamentaria del 12 de noviembre de 2008, con ocasión de la tramitación de la Ley de Educación de Cataluña, hube de aguantar todo tipo de improperios porque denuncié que la "causa íntima e inconfesable de la tramitación de la LEC" era "blindar la inmersión y legislar la exclusión". Mira tú por dónde, seis años después viene usted a hacerles el trabajo sucio prometiéndoles blindar lo que ellos mismos por entonces no se atrevían a sostener abiertamente.

“Sr. Presidente, - le dije a José Luis Rodríguez Zapatero a propósito de tal ley, y le repito a usted ahora- : ha de saber, Sr. Presidente, que está colaborando con una gran mentira: el nacionalismo no quiere el bilingüismo, ni el respeto a la pluralidad; el nacionalismo añora una nación con una lengua, una cultura y un territorio. La pluralidad de la que tanto alardea sólo es una máscara para imponer su nación identitaria sin oposición ni resistencia. Si no parte de ese supuesto es imposible entender tanta contradicción entre lo que dice la ley, lo que declaran defender y lo que realmente hacen. Es evidente que esa aspiración no es la de toda la población, sino la de la minoría nacionalista, pero es ésta quien ha logrado dominar las instituciones e imponer tales reglas. Ni sus socios del PSC en Cataluña ni los del PSG en Galicia ni usted mismo son ajenos a este dominio nacionalista. Han jugado en su espacio, utilizan su lenguaje, se benefician de su apoyo. Han preferido el poder a la responsabilidad de Estado”.
Con esa misma irresponsabilidad, ha caído usted en idéntica frivolidad que ya cayera su antecesor en el cargo cuando dejó dicho lo que después no podría cumplir y tanto daño hizo: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”. (José Luis Rodríguez Zapatero, 13 de Noviembre de 2003 en la campaña a las elecciones al Parlamento de Cataluña.)

Por las repetidas rectificaciones a que se ha visto abocado desde que llegó al cargo de secretario general del PSOE, intuyo que está más pendiente de agradar al auditorio que de enfrentarse con los problemas reales. Exactamente lo contrario que debería hacer con el problema catalán. No se lie usted con la cuadratura del círculo para salir del enredo catalanista: “Hay que reconocer el derecho a la diferencia, pero no la diferencia de derechos”. Déjese de ocurrencias semánticas para no afrontar el problema de verdad. No convierta al PSOE en la ruina acomplejada en que ha acabado el PSC. No se puede estar en misa y replicando. No convierta la reforma constitucional y el federalismo en unas anteojeras para no enfrentarse al golpe institucional que los nacionalistas tejen cada día con mayor descaro. Otorgarles el blindaje en educación, justicia y fiscalidad es el camino al caciquismo, no al federalismo.

Desde que entró usted en el cargo ha debido rectificar en varias ocasiones. ¿Sería pedirle demasiado que antes de soltar la próxima ocurrencia, estudiara historia, contrastara la información que le llega del PSC y actuara guiado por el bien común y el sentido de Estado?

Contra el veneno
Cuando en un país son legales partidos cuyo objetivo es la destrucción de ese país o nación, está claro que el Estado está mal constituido. El nacionalismo aspira a crear una sociedad moldeable, sin discrepancias
Ignacio Gómez de Liaño El Pais 27 Noviembre 2014

El siglo XX ha sido el más sanguinario de la humanidad”, dice el sociólogo Pitirim Sorokin. Las pruebas más obvias de esa marea de sangre son las dos guerras mundiales y toda su comitiva de millones de personas asesinadas en virtud de ideologías —el comunismo leninista-estalinista o maoísta, el nacional-socialismo, los más variados populismos, el fundamentalismo islámico—, que si algo demuestran es su capacidad para envenenar las conciencias hasta el extremo de que los condenados por tener opiniones diferentes de las del jefe político suscriban la sentencia que les lleva al cadalso, como se vio en los juicios de Moscú de 1938, iniciados por Stalin y su fiscal Vichinsky contra los que acompañaron a Lenin en la formación del Partido Comunista. Ante la acusación de “desviacionismo”, el ideólogo N. I. Bujarin confesó, antes de ser ejecutado: “Me arrodillo ante el país, ante el Partido, ante todo el pueblo. La monstruosidad de mis crímenes es inconmensurable”.

¿Cómo explicar que se llegue a aceptar la muerte porque así lo decide el representante de la “verdad orgánica”? Hannah Arendt da en el clavo cuando dice: “El propósito de la educación totalitaria nunca ha sido infundir convicciones, sino destruir la capacidad para formar alguna”. Cuando se pierde la capacidad de tener convicciones propias, las “verdades” enarboladas por los vicarios de la Ideología se hacen inconmovibles, con el corolario de que los creyentes de esa clase de verdades lleguen a justificar la sentencia que les lleva al patíbulo. El sociólogo argentino José Enrique Miguens acierta a explicar fenómenos como el ejemplificado por Bujarin, cuando dice: “Destruidas la experiencia y el contacto vital con la realidad, se nos puede hacer creer cualquier cosa”. Incluso que el Partido pase a ocupar “en las conciencias el lugar de la divinidad”, según quería el comunista Antonio Gramsci.

En este aspecto los nacionalismos nada tienen que envidiar al comunismo. Nada combaten más que la discrepancia. A lo que el político nacionalista aspira es a que la sociedad sea una masa moldeable. Con vistas a ese fin pone toda su inventiva en fabricar un gegentypus o contratipo que les sirve para encarrilar los odios. En esto todos los nacionalismos se parecen, como se ve en el caso del catalán. Si para el hitleriano el gegentypus era el “judío maléfico”, el nacionalista catalán endosa ese papel al “español”, un ser igualmente “maléfico” que se dedica a robar al pobre catalán. Lo grotesco de estas ideologías delirantes, con todo su juego de buenos y malos, superiores e inferiores, y otras dicotomías simplificadoras, no les quita un ápice de su capacidad para arrasar los valores morales y hacer imposible la buena conducción de la cosa pública, lo que por otro lado los políticos nacionalistas resuelven achacando al otro maléfico los males generados por ellos mismos, y difundiendo la pueril idea de que basta la receta del “sentimiento nacional” para resolver todos los problemas.

En España hay sobrados ejemplos, sobre todo en estos últimos 40 años, de cómo el veneno del nacionalismo catalán y vasco, para sólo mencionar a los más relevantes, ha sido capaz de reducir las conciencias hasta el punto de que no pocos españoles, empezando por sus dirigentes, rehúyan llamarse españoles, guarden silencio cuando se les sustraen derechos fundamentales y renuncien al uso de topónimos utilizados durante siglos (Lérida, Gerona, La Coruña, etcétera) y de otras muchas palabras a fin de sacrificarlas en las aras del nacionalismo antiespañol.

Algo está mal hecho en un Estado cuando no salvaguarda derechos fundamentales. ¿No sería una aberración que se aceptase como legal un partido que pretendiese quitar a los ciudadanos derechos fundamentales sólo por ser de las razas amarilla y negra? ¿Cómo se puede aceptar entonces que el Estado admita partidos que se proponen quitar al conjunto de los ciudadanos su derecho de soberanía sobre el territorio cuando ninguna parte de ese Estado ha tenido el menor atisbo de situación colonial? Un Estado así constituido no puede ser un verdadero Estado de derecho ni una verdadera democracia. Cuando en un país o nación son legales partidos cuyo objetivo es la destrucción de ese país o nación, está claro que el Estado está mal constituido.

Que las naciones democráticas más representativas del entorno español han adoptado medidas drásticas para proteger su supervivencia frente a la acción de partidos contrarios a la misma se ve con sólo examinar el ordenamiento legal de Alemania y Francia. En virtud del artículo 9 de la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania, “quedan prohibidas las asociaciones que se dirigen contra el orden constitucional”; en virtud del 18 se desposeerá de sus derechos fundamentales a todo aquél que combata “el orden constitucional liberal y democrático”. Y por si el sentido de esos artículos no quedase claro, el 21 establece que “son inconstitucionales los partidos que, según sus fines o según el comportamiento de sus adherentes, tiendan a trastornar o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania”. Más claro, imposible.

En esa línea van otros muchos artículos, de los que sólo voy a transcribir el 5, según el cual “la libertad de la enseñanza no dispensa de la fidelidad a la Constitución”, y el 7, que establece que “el conjunto de la enseñanza escolar está bajo el control del Estado”. En este punto converge la Constitución italiana: “La República fija las reglas generales relativas a la instrucción y crea escuelas estatales de todos los órdenes y grados” (Artículo 33). Nada puede ser más contrario a estas sensatas líneas de pensamiento político que el ordenamiento educativo español, con la consecuencia catastrófica de haber creado 17 sistemas de enseñanza pública y con ellos la base a otras tantas nacionalidades, que no son sino la pantalla protectora de las oligarquías regionales.

La Constitución francesa es todavía más tajante respecto a la unidad y soberanía nacional. El artículo 3 establece que “ninguna parte del pueblo ni ningún individuo pueden atribuirse el ejercicio de la soberanía”, y el 4, que “los partidos y agrupaciones políticas deben respetar los principios de la soberanía nacional”. Un referéndum como el proyectado por los partidos nacionalistas catalanes, con el presidente de la Generalitat a la cabeza, para la secesión de Cataluña es algo inconcebible en Francia o en Alemania. Su ordenamiento constitucional lo hace inviable. Tampoco le vendría mal a España la prudente medida que adopta la Constitución italiana, cuando, al tratar del presidente de la República, le otorga el poder de disolver por decreto los consejos regionales (equivalentes de los gobiernos autónomos) “cuando han llevado a cabo actos contrarios a la Constitución” (Artículo 126).

Los artículos antes citados dejan bien claro que ni en Alemania ni en Francia podrían existir partidos como el PNV, Bildu, CiU, ERC, ni ningún otro que promoviese la secesión de una parte del territorio o la utilización de la enseñanza y medios de comunicación públicos para atacar derechos fundamentales del conjunto de los ciudadanos, como el de la soberanía nacional o el del uso de la lengua oficial del Estado. Lo más sorprendente es que España haya podido mantener su integridad nacional con una Constitución que, de haber estado en vigor en Alemania, Francia o Italia, habría llevado a esos países al desmoronamiento. Piénsese que Francia tiene, además de su País Vasco y su Cataluña, regiones que, como Córcega, Bretaña, Normandía, Alsacia, Lorena, Borgoña, Saboya, etcétera, son terreno históricamente abonado para la eclosión de partidos nacionalistas regionales secesionistas. Y no hablemos de Alemania e Italia, naciones compuestas de numerosos Estados que han sido independientes y soberanos durante siglos, circunstancia que nada tiene que ver con Cataluña y las Vascongadas, regiones que nunca fueron Estados independientes y soberanos, sino parte, en un caso del reino de Aragón y, en el otro, del reino de Castilla, los cuales siempre se consideraron parte de España.

Ignacio Gómez de Liaño es filósofo y escritor

Nerón empieza a tocar su lira

oti roríguez marchante ABC Cataluña 27 Noviembre 2014

A Artur Mas ya no lo paran ni tres Testigos de Jehová en una calle sin salida. Es Nerón tocando su lira. Cómo estará de contento con su perfil de Bolívar, que está empezando a preocupar, no ya a la viga maestra de un Estado democrático, sino a los propios gallos del corral secesionista (Oriol Junqueras busca la bolita roja en el cubilete como un holandés con bermudas en Los Encantes), y lo que es aún más «gracioso», el recelo llega hasta el editorialista de La Vanguardia, que le recuerda a Nerón tocando su lira que «el pasado día 9 fueron mayoría los catalanes que no acudieron a votar», uno de los argumentos favoritos (hasta ahora) de los inodoros, incoloros e insípidos fulanos del otro lado…, y le dispara una salva de cofetti para animarle la fiesta: «Esperamos que no pierda de vista al conjunto de la sociedad»… Pues, eso, esperad, esperad… Para perder algo, antes hay que tenerlo.

Es urgente que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y otros intelectuales del panorama político que abogan por terceras vías y talante negociador coloquen ya alguna de esas frases tan llenas de inteligente vacío con la que tranquilizar el ambiente. Ya se ve con claridad que Artur Mas está dispuesto a soltar su lira en cuanto se abra un espacio idóneo para el debate federalista, para el cómodo encaje de Cataluña dentro de España y para que, en vez de decir salchichón de Vic, se le dé la autoridad que le corresponde como llonganissa de Vic.

Aunque el concierto de la lira de Mas dé la impresión ya de no tener gracia, con esfuerzo puede uno encontrársela «visualizando» anticipadamente su célebre «lista de país», en la que él estará el primero o el último (a mí a humilde no me gana nadie)…, y en eso consiste siempre este tipo de «procesos patrióticos», en hacer listas, unas blancas y otras negras. En fin, un brindis cara al sol con una lista (¿lista?) de nombres fiables y capaces de llevar hasta la cumbre del mundo libre a ese pequeño país de Pep Guardiola, que bien podría ser el primero pero nunca el último, y estar acompañado de estadistas y personajes de creación como Toni Albà, Dyango, Joel Joan, Mikimoto…, y hasta podrían caber otros que amenizaran el futuro, como Lluis Llach o Justo Molinero. Pues con esto y con la mitad más uno, Artur Mas va sobrao.

Según UPyD y PP
“Se gastan ingentes cantidades de dinero en el euskera mientras se producen recortes sociales"
www.latribunadelpaisvasco.com 27 Noviembre 2014

El Parlamento vasco, con los votos del PNV, EH Bildu y el PSE-EE, ha rechazado la petición del PP de dedicar los recursos dedicados a la Agenda Estratégica del Euskera a planes de empleo e inversión en educación y sanidad. El pleno de la Cámara ha rechazado esta iniciativa de los populares, apoyada por Gorka Maneiro (UPyD), y ha aprobado una enmienda transaccional firmada por los dos grupos nacionalistas y el socialista.

El texto que ha salido adelante apoya la Agenda Estratégica del Euskera, aprobada por el Gobierno vasco en junio, y pide al Ejecutivo que en su desarrollo tenga en cuenta que la promoción del euskera “debe ser eficiente”, lo que exige “utilizar con rigor los recursos, siempre compatible con las diversas políticas públicas sociales”. La Cámara ha considerado que es preciso “continuar dando pasos para garantizar el ejercicio efectivo de los derechos lingüísticos de los ciudadanos en las administraciones públicas en general”. Además, los tres grupos han acordado pedir al Gobierno de Vitoria que prosiga en la “búsqueda permanente del consenso social y político más amplio y sólido posible”, ya que ese consenso y la adhesión ciudadana es “una de las claves del éxito del proceso de revitalización del euskera”.

Ante esta situación, Gorka Maneiro (UPyD) ha denunciado las “ingentes” cantidades de dinero destinadas a la promoción del euskera y ha pedido al Gobierno que impulse una política lingüística “exenta de abusos, discriminaciones e imposiciones y tendente a defender un bilingüismo voluntario y de libre adhesión”.

Cataluña ante el desafío secesionista
El Parlament aprueba la ley de acción exterior con la que pretende proyectar Cataluña fuera de España
CiU, ERC, PSC e ICV-EUiA votan a favor, PP y C's en contra y CUP se abstiene
Europa Press www.lavozlibre.com 27 Noviembre 2014

Barcelona.- El Parlament ha aprobado este miércoles la ley de acción exterior, con la que se pretende lograr "la máxima proyección exterior de Cataluña y de sus intereses" y posicionarse como un actor internacional activo en materias de su competencia e interés, especialmente en las relaciones con la UE.

Aprobada con los votos a favor de CiU, ERC, PSC e ICV-EUiA, en contra de PP y C's y la abstención de la CUP, establece que el Govern apruebe cada cuatro años un plan estratégico, y reclama al Gobierno central que la Generalitat participe en la negociación de tratados y convenios que sean de su interés o competencia. En el debate a la totalidad de la norma en diciembre, el conseller de Presidencia, Francesc Homs, explicó que el proyecto debe servir para "construir un verdadero servicio exterior catalán" y para ordenar y dar coherencia a los organismos que ya trabajan para la Generalitat en el exterior.

La diputada de CiU Mireia Canals ha remarcado que el Consell de Garanties Estatutàries avaló la constitucionalidad de la norma tras un recurso del PP catalán, y ha asegurado que la norma se hace "con voluntad de mejora de la calidad de vida de las personas de esta nación" a través de potenciar las alianzas internacionales de Cataluña. Desde ERC, Jordi Solé ha celebrado que por primera vez Cataluña tenga una ley que apunte a una clara intencionalidad política de "estar presentes y activos como actor importante en el marco de la UE y de las relaciones internacionales", y ha sostenido que la aprobación de esta norma es un paso relevante. Rocío Martínez-Sampere (PSC) ha avalado la ley porque Cataluña siempre ha tenido mucho que decir en el contexto internacional y la norma sirve para eso, pero ha advertido de que no se puede presentar como si fuera un proyecto para un Estado propio, porque "si Cataluña es un Estado independiente, una de las primeras leyes en caer sería ésta".

La diputada de ICV-EUiA Sara Vilà ha avalado la ley pero ha lamentado que se haya querido "correr demasiado" para aprobarla y no se haya podido profundizar en algunos aspectos, como una mayor regulación que concrete el tipo de inversiones internacionales que Cataluña está dispuesta a obtener. Quim Arrufat (CUP) ha justificado la abstención de su grupo porque cree que el texto es mejorable, y ha coincidido con Martínez-Sampere en que, en caso de independencia, sería una de las primeras leyes que caería por quedar desfasada y que sería necesario rehacer. El diputado del PP Juan Milián ha defendido que Catalunya tenga acción exterior pero no que pretenda tener relaciones internacionales, y ha criticado aspectos como las delegaciones de la Generalitat en París, Nueva York y Berlin, y que CiU y ERC utilicen esta acción exterior "no en beneficio de la recuperación económica, sino en fomentar la internacionalización del conflicto".

José María Espejo-Saavedra (C's) -al que Martínez-Sempere ha reprochado que no asistiera a los trabajos de la comisión sobre la norma- ha criticado que se quiera utilizar esta ley de acción exterior "fuera del Estado y contra el Estado", y la considera un paso más en el objetivo de CiU y ERC de ir construyendo estructuras de Estado camino a la independencia.

"LEY HISTÓRICA Y PIONERA"
En declaraciones a los periodistas tras la votación, Homs ha aplaudido que se apruebe una ley "con cierto carácter histórico, pionera" y que simboliza el compromiso de Cataluña con su internacionalización y su vocación europea, y ha destacado que sale adelante con un gran consenso, como a su juicio debe hacerse la acción exterior. También en declaraciones a los periodistas, la vicepresidenta de 'lafede.cat, organizaciones para la justicia global', Aida Guillén, ha celebrado que el texto recoja la promoción de la paz, el fomento de los derechos humanos y la cooperación al desarrollo, y ha advertido de que vigilarán que el desarrollo de la acción exterior de las empresas catalanas respete los principios rectores de la ONU.


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