AGLI Recortes de Prensa   Viernes 28  Noviembre  2014

Tarde y mal: pánico a la verdad
Pedro Juan Viladrich www.gaceta.es 28 Noviembre 2014

Padecemos una generación de dirigentes que tienen pánico a la verdad. Se lo tienen como necesaria consecuencia de su corrupta concepción del poder y de su ejercicio. Vivencian el poder como una ambición particular, una carrera a su triunfo personal, una conquista de su identidad más íntima y superior. Y una vez son este ambicionado cargo y su codiciado poder ¿a quién sirven? El beneficiario no es el público y el interés general, sino ellos mismos. ¿Con que fin lo ejercen? Para conservarlo y aumentarlo. No hay un proyecto de bien común. Ese pavoroso vacío de proyecto en común, por ejemplo, se ha hecho escandaloso a la hora de afrontar la cuestión de Cataluña. Estamos ante una esencial corrupción del poder.

Y esa generación de políticos –la casta- ¿cómo creen que deben hacerlo sin ser descubiertos? Mediante las diversas formas de la mentira, que son legión. En política –te confiesan- el que no sabe mentir, vender y aparentar es un tipo ingenuo que estorba. Viva el arte de manipular. ¿Cuál es su mayor enemigo? La verdad, que es una, con su sencilla transparencia. Cualquier barullo, que distraiga, para que no se la vea y oiga. Antes muertos que verdaderos. ¿Dimitir? Inconcebible. ¿Cómo van a renunciar a su identidad, tan íntimamente ambicionada, que es el cargo, su poder y privilegios? Imposible, sin antes pasar sobre sus cadáveres.

Cada semana, hoy mismo, sufrimos ejemplos graves de esa fuente de toda corrupción. Los tenemos, para nuestra indignación y desesperanza, en los dos ámbitos de poder, el político y el eclesiástico. De éste último, hablaremos otro día. Quizás algo está cambiando. ¡Ojalá! ¿Esos poderes anquilosados en su ensimismamiento le han visto las orejas al lobo? ¿Les hace temblar nuestra indignada desafección? Todavía confían en que podrán manipularla y seducirla. Suponen que están a tiempo. No saben que están muertos.

Por ejemplo: años –digo bien, años- lleva tiempo coleteando en los juzgados la trama Gürtel. También otras, como los ERES o las estafas en los cursos de formación para los parados, o el caso Pujol o el Púnica. Es ya difícil hacer memoria de todos los casos. En fin, años y sucesos para ser evidente, al sentido común de los ciudadanos, que se trata de una financiación ilegal del PP y que, por ser ilegal pero suculenta, la han gestionado una nutrida panda de avispados que, ingeniando fórmulas para aportar fondos y contentar a la cúpula del Partido, han detraído lo suyo en los flujos, sobreprecios y comisiones del dinero. Y ahora, forzado por el auto contra la Mato del juez Ruz, se nos descuelga Rajoy soltando el lastre de su ministra de Sanidad y presentando al Congreso un paquete de medidas contra la corrupción. ¿Por qué ahora? Porque tienen miedo al castigo de la ciudadanía. ¿Por qué tan tarde y mal? Porque su estilo es ganar tiempo y su intención la de sobrevivir aparentando lo que sea. Este tipo de cultura política es enfermedad común a todos los partidos que han tocado poder.

Las medidas de Rajoy llegan tarde y son poda de follaje, porque no atacan de verdad la raíz de la corrupción. Que llegan tarde es demasiado evidente si uno se pregunta, tras lo que prometió en campaña, por qué no las adoptó de inmediato, en enero del 2012. Si a la luz de experiencias pasadas, estudian las setenta medidas, les asaltarán las sospechas. Por ejemplo, que las cuentas anuales de los Partidos tengan que presentarse al control del Tribunal de Cuentas es balada maravillosa mientras los nombramientos del célebre Tribunal los controle el Gobierno y el retraso de algunas auditorías se cuente por años. Que si se prohíben las donaciones superiores a 50.000 y hay que informar de las mayores de 25.000, como si no pudieran trocearse las grandes cifras en cuantías menores a 25.000, según práctica archiconocida. Que si deberán hacer declaración de su patrimonio…, pero si la cultura de la corrupción consiste precisamente en el arte y hábito de ocultar las cuentas y los dineros negros. Los ejemplos podrían multiplicarse. ¿Por qué hecha la ley hecha la trampa? Porque el mal es más hondo que las setenta medidas. El mal radical es la traición a la separación de poderes, la dependencia de puestos claves del aparato judicial en manos del poder ejecutivo, y la conversión del poder legislativo en un rebaño de ovejas bajo la vara y el mastín del jefe del ejecutivo y del partido. Impunidad para las codicias de la casta. Y trufado todo ¿quién se va a creer, a estas alturas de decepcionada indignación ciudadana, que los mismos personajes que han corrompido el sistema serán los mismos que lo sanarán?

Rajoy trae setenta medidas demasiado tarde para recobrarse de la desconfianza ciudadana. Y para más ahondar la desilusión, el nuevo Zapatero que es Sánchez – otra imagen vacía- no parece tener mayor contribución que repetir las cansinas trifulcas entre políticos, que la ciudadanía odia, con el mediocre y agotado argumento del “¡y tu partido más!”, sin asomo alguno de un proyecto regenerador dirigido al fondo de la corrupción, que es la concentración del poder, la infiltración y colonización por el poder concentrado de todas las áreas de la sociedad, y las listas electorales cerradas en manos del único pastor y jefe, para así garantizarse que los militantes y los ciudadanos, cuando votan, balen bajo estricto control.

Mientras esa generación de políticos no se vaya, poco o nada se regenerará. Falta grandeza, sobra mediocridad.

Entre dos castas
EDITORIAL Libertad Digital 28 Noviembre 2014

Como era de esperar, el pleno del Congreso de los Diputados sobre corrupción ha sido, una vez más, una cita más bien prescindible que ha pasado sin pena ni gloria, tanto informativamente como, lo que es mucho más importante, desde el punto de vista político.

Una escenificación, por no llamarlo pantomima, de políticos que por un lado parecen asustados ante el panorama electoral de los próximos meses pero por el otro no son capaces de tomar verdaderas medidas, de hacer verdaderos sacrificios, de comportarse, en suma, como verdaderos políticos.

Y esto aplica a unos y a otros: a un Rajoy ofrece siempre las mismas medidas cosméticas, sin verdadero aliento y diseñadas sólo para salir del trance parlamentario; a un Pedro Sánchez que tiene en Andalucía un caso tan grande de corrupción que, hasta que no tome medidas al respecto, ni él ni su partido resultarán mínimamente creíbles, y a formaciones como CiU, con un historial igualmente infame.

Hay una excepción que es justo reseñar: UPyD, el único partido que no quiso entrar en el cambalache del reparto de los cargos judiciales y el único que recuerda en el Congreso que sólo hay una medida que de verdad puede ser un gran paso en la lucha contra la corrupción: la despolitización de la Justicia.

Como bien ha denunciado Rosa Díez, todo lo que no sea avanzar en ese camino no será otra cosa que un acuerdo que se intentará vender a la opinión pública en un esfuerzo vano por frenar el hasta ahora irresistible ascenso de otra casta, la bolivariana de Podemos, que se ofrece como el gran agente anticorrupción pero que, como ya se está viendo, no es la solución a los problemas que tiene España, sino la mera sustitución de una casta por otra todavía más nociva. Una casta que viene saturada de nepotismo, amiguismo y corruptelas, lo que permite hacerse una idea de los desmanes que pueden llegar a perpetrar en caso de que tomen el poder.

Entre la casta que amenaza con no irse y la que amenaza con llegar, España, con sus ciudadanos, sus empresas y sus instituciones abandonados, no logra encontrar una referencia que le sirva para librarse de estas dos auténticas plagas bíblicas que amenazan con dejar que todo se hunda o con demoler lo poco que quede en pie.

Corrupción
Medidas para no tomar medidas
Emilio Campmany Libertad Digital 28 Noviembre 2014

A Rajoy le pasó en el debate de este jueves que se le notaba a la legua que no quería tomar verdaderas medidas anticorrupción. Tanto es así que propuso cosas bastante inofensivas por no adoptar la única que prometió antes de ser presidente del Gobierno y que podría ser realmente útil: devolver la independencia a la Justicia. ¿De qué sirve crear cien plazas más de jueces si los de la cúpula los van a seguir nombrando ellos? ¿De qué servirán esos nuevos jueces si no van a poder ni acercarse a ningún aforado?

Tampoco dijo nada de las puertas giratorias, esas que atraviesan los políticos cuando se retiran de la política para acceder a algún momio en empresa semipública o en institución semiprivada. Los de abajo no se encampanan con el de arriba porque, de hacerlo, perderían el derecho a la futura recompensa. Este poder de premiar con el chollo al obediente y castigar sin él al rebelde lo necesitan los políticos que mandan para acumular poder sobre los que obedecen. Pero su existencia tiene un fatal resultado, ya que anima a los de abajo a no denunciar las irregularidades que cometen los de arriba y de las que son testigos por no perderlo.

El caso es que la mayoría de las propuestas de Rajoy suenan rancias. Lo de limitar las donaciones a los partidos o que no puedan hacerlas las empresas lo hemos oído mil veces, a pesar de que el problema no son las donaciones oficiales, sino las que se hacen en dinero B, que por su propia naturaleza no están afectadas por ningún límite legal porque son ilegales en sí mismas y las hacen siempre personas físicas entregando el consabido convoluto. O lo de incrementar las penas por los casos de corrupción cuando lo que sucede es que no se cumplen las que hoy existen. O la que se refiere a devolver lo robado, que es algo que ya hay obligación de hacer, pero que no se persigue adecuadamente.

De todas formas, la propuesta más divertida es la de informar al Congreso de los indultos que se dan y se deniegan, como si eso fuera ahora una actividad clandestina. Pero, por Dios, si los indultos se acuerdan en Consejo de Ministros y se publican en el BOE. ¿Es que algún Gobierno, socialista o popular, se ha abstenido de indultar a algún compadre por ser consciente de que se iba a saber? Lo que sí podrían hacer es prohibirlos para según qué delitos, como prevaricación, cohecho, malversación y otros de esos en que incurren los políticos, o cuando se cometan en el ejercicio de un cargo público. Pero ¿a que eso no lo hacen?

Lo mejor es que incluir la información sobre los indultos entre las medidas anticorrupción es tanto como reconocer que se ha estado indultando a corruptos que no deberían haber sido indultados. Y esperan que con esta medida los ciudadanos les indultemos por haber indultado a quien no debían. Naranjas de la China.

Decepción e ira.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 28 Noviembre 2014

Si tengo que resumir con una sola palabra el espectáculo vivido durante la comparecencia de Mariano Rajoy en el Congreso para presentar su tema estrella de la lucha contra la corrupción y la respuesta del resto de partidos políticos, es simplemente DECEPCIÓN. Y es que solo unas cámaras renovadas en unas elecciones de listas abiertas donde se presenten personas sin el lastre pesado de los partidos políticos actuales, podrían tener la legitimidad y la credibilidad necesarias para acometer una verdadera regeneración del panorama político español. Una sesión que comenzó, quizás por la hora tan temprana, con bostezos y sensación de un pacto no escrito de no beligerancia, pero que acabó en el ya conocido peloteo del “y tú más” con una declaración cortante del líder del PSOE diciéndole a Rajoy que no esperara que se siente en una mesa para negociar con él sobre la corrupción.

Es verdad que los acontecimientos están forzando los famosos tiempos de Mariano y ayer tuvo que tomar medidas urgentes y drásticas ante el enrocamiento de Ana Mato tras la acusación formal del juez de la Audiencia Nacional Ruz de “partícipe a título lucrativo” como esposa del imputado Jesús Sepúlveda en el caso Gürtel. Es verdad que aún están por aclarar todo lo relacionado con el llamado caso Bárcenas, las obras de la sede del PP y el tema de los sobres y sobresueldos nunca reconocidos que salpican al mismo ponente Mariano Rajoy. Es verdad que su principal oponente no puede alzar mucho la voz cuando siguen activos los casos de los falsos ERE’s, cursos de formación y la curiosa preimputacion de los ex Presidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Parece al menos lógico que lo primero sea admitir el “mea culpa” reconociendo los hechos y mostrar un sentido “propósito de enmienda”, así como estar dispuesto a cumplir con la “penitencia” y devolver íntegramente lo defraudado. Pero nada de eso se ha llegado a traslucir en la sesión de esta mañana. Al contrario, las medidas propuestas en los tres pilares que ha presentado Rajoy son claramente insuficientes y mantienen el error de conceder una amnistía en forma de prescripción del delito. Una figura jurídica que solo busca el beneficio del infractor y no la obtención de Justicia con la máxima que esgrimía Rajoy de que “el que la hace la paga”. Está claro que no lo hará si el tiempo juega a su favor, o como en el caso de la Banca Suiza o de Andorra se ponen impedimentos a la labor de la Justicia.

Está muy bien decir que a partir de cuando se aprueben las leyes propuestas, allá por marzo o abril del 2015 justo antes de las elecciones municipales y autonómicas, serán públicas las donaciones a los partidos y se limitarán éstas a 50.000 euros de las que hagan las personas jurídicas. Está muy bien que se prohíba la condonación del total o parte de las deudas de los partidos con la banca, sobre todo cuando ha sido una práctica habitual de financiación atípica y nada ética y que por ahora nos ha costado a los españoles la nada despreciable cifra de 500.000 millones de euros en la operación de “salvemos a la banca y las Cajas”. Está muy bien editar el código del Alto Cargo de las Administraciones públicas y poner algo de transparencia donde antes solo había opacidad y descontrol. Basta sacar ejemplos como los de José Bono, José Blanco, y otros de tal pelaje.

Para poner la guinda al pastel reseco y caducado que nos presentan se atreve Rajoy a pedir más celeridad en los procesos de investigación y a que se dividan las macro causas para que se imparta justicia rápida y se evite la eternización y complejidad. Para ello propone aumentar en 100 efectivos las plazas de jueces y fiscales para el próximo año y dotar un presupuesto para material informático y modernizar el proceso. Mucho me temo que cuando el macro proceso afecta a una red clientelar enorme enraizada en lo más profundo de unas Instituciones y sociedad civil, la partición de la causa puede hacer que mirar los árboles no te dejen ver el bosque y las causas queden inconexas y de difícil enjuiciamiento. Creo que lo suyo es crear equipos de jueces liderados por un juez principal creando una macro Sala acorde con la macro causa que llevarían entre manos. No hacerlo es garantizar el fracaso en la impartición de Justicia.

En resumen, Mariano Rajoy ha tenido que comparecer con el paso cambiado a una sesión que pretendía ser una baza de signo reformista ante los ciudadanos, pero que ha quedado como un fiasco de la lucha entre partidos que no son conscientes de su total falta de credibilidad y de que sus horas están contadas. Han desaprovechado su última oportunidad para convencer y se comportan como auténticas hienas hambrientas disputándose los despojos de un cadáver.

Más medidas anticorrupción supone reconocer el fracaso
Ernesto Milá Minuto Digital 28 Noviembre 2014

La largamente esperada dimisión de Ana Mato ha precedido en apenas unas horas al anuncio en el parlamento de nuevas medidas anticorrupción. Ana Mato era una ministra políticamente muerta, no desde que estalló la crisis del Ébola, ni cuando cedió a la presión de la industria farmacéutica para eliminar determinados medicamentos de la lista de subvencionados por la SS para sustituirlos por otros más caros, sino desde el momento mismo en el que fue nombrado a la vista de su relación directa con la trama Gürtel. Lo que debería dar credibilidad a las medidas anticorrupción era precisamente forzar la dimisión de la Mato. Sin embargo, una vez oído el discurso de Rajoy en el Parlamento quedan algunas sensaciones indelebles que confirmar.

Vamos extraer algunas conclusiones breves sobre la situación de la corrupción en España y lo que implica:

1. Ya existe legislación anticorrupción porque existe un código penal. Bastaría con voluntad política para erradicar la corrupción, pero eso implicaría restar a “la política” del atractivo que tiene para la clase política: la posibilidad de lucrarse rápida, abundantemente y con poco esfuerzo.

2. No se trata de combatir “ahora” a la corrupción sino de haberla combatido desde hace 36 años. Hoy es inevitable reconocer que apenas se ha hecho nada contra la corrupción –al menos nada esencial, nada radical, nada necesario– en ningún nivel de la administración.

3. No se trata ya de legislar sino de enviar corruptos a la cárcel. Se investiga a pocos políticos. Se imputa a menos. Se juzga a menos aún. Pocos resultan ser culpables y siempre cuando median entre 10 y 15 años de los hechos juzgados. Muchos se salvan por la prescripción de los delitos. Nunca, absolutamente nunca, devuelven lo sustraído. Y nunca cumplen íntegramente la pena de prisión.

4. No se trata ya de reforzar el arsenal legal, sino el policial y el judicial para investigar y juzgar casos de corrupción. Una legislación extremadamente dura y completa sin posibilidades de aplicarse ágil y rápidamente, equivale a no tener legislación. Investigaciones policiales boicoteadas por el Ministerio del Interior y juzgados sin medios ni personal suficientes para conseguir que los casos de corrupción terminen en sentencias en firme, son el pan de cada día y la realidad cotidiana del régimen.

5. No es que la corrupción afecte a “unos pocos políticos” sino que las cúpulas de los partidos están todas carcomidas por la corrupción. El Caso Pujol, los Casos Gürtel y Púnico, el Caso ERE–UGT–PSOE andaluz, por citar sólo a los más conocidos, no proceden de las “bases” sino de las cúpulas de los partidos implicados. La lógica aristotélica implica que si la cúpula está podrida por la corrupción, toda la estructura del partido lo está.

6. No es que haya unos partidos más corruptos y otros menos, es que el sistema político en su actual configuración favorece la corrupción. Vale la pena no olvidar que una de las instituciones afectadas por la corrupción es, precisamente, la Casa Real, considerada por la Constitución como la cúspide del Estado y del entramado constitucional.

7. La corrupción es la característica axial del sistema político español nacido en 1978, como el caciquismo lo fue de la Restauración, el caos de la II República o la ausencia de partidos y de libertades políticas estuvo ligada al franquismo. Cada época, cada régimen, tienen sus rasgos característicos y la corrupción generalizada lo es de este tiempo.

8. Hoy, cualquier intento por parte del PSOE, del PP, de CiU o del PNV, de luchar contra la corrupción son iniciativas increíbles llegan tarde, demasiado tarde, para ser creíble. Cualquier medida que no incluya la no prescripción de los delitos de corrupción, la confiscación de los bienes de los corruptos y de su entorno familiar, penas de idéntica dureza contra los testaferros, imposibilidad de acogerse a beneficios penitenciarios en caso de no devolver las cantidades sustraídas, etc, es inútil. Y nada de todo esto es contemplado por las nuevas medidas anticorrupción.

9. La clase política no se ha dado cuenta todavía de la brecha que separa el “país real” del “país oficial” porque todavía hay gente que les vota. Pero ese apoyo disminuye de día en día. Es precisamente el ascenso de nuevas fuerzas políticas lo que ha forzado a Rajoy a establecer las “nuevas medidas” anticorrupción en un intento desesperado (y lamentable) de evitar la sangría de votos de los grandes partidos.

10. En este contexto, las acusaciones que los medios del régimen han lanzado contra Podemos por corrupción apenas son otra cosa que chistes malos (el cobrar sueldos no declarados de 1.500 euros, el ganar 50.000 la compañera de Iglesias en una “operación especulativa”, el que el padre de la compañera de Iglesias tiene casa de protección oficial con piscina, o el recibir ayudas de Venezuela, son malos chistes.

Estas conclusiones se resumen en una sola:
La corrupción es una muestra más de la iniquidad ética y moral que se ha instalado en España al paso con la Constitución de 1978. No puede superarse esta etapa triste y lamentable –mucho más en tiempos de crisis– sin dejar atrás, como un enésimo fracaso de nuestra historia, el orden instaurado desde 1978.

Programa económico
La conversión socialdemócrata de Podemos
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 28 Noviembre 2014

La presentación del nuevo programa económico de Podemos ha sido, ante todo, la escenificación de un giro desde la extrema izquierda a la moderación socialdemócrata: el equipo de Pablo Iglesias ha renunciado a sus ideas más pintorescamente radicales, como la renta básica, la jubilación a los 60 años, el repudio de la deuda o la salida del euro, incluso ha suavizado muy sustancialmente su retórica a favor de las desprivatizaciones.

Lo que ha quedado, al final, es una defensa de un modelo de Estado al estilo europeo –más gasto público y más impuestos, pero supuestamente no mucho más gravosos que los actuales para las clases medias–, que intervendrá más activamente en la economía para evitar los abusos de los oligopolios privados y que tratará de lograr una salida de la crisis basada en políticas keynesianas: más planes de estímulo basados en la abundancia de crédito y en los programas de gasto discrecional.

Por supuesto, no es que un servidor considere moderado ese tipo de Estado hipertrofiado e hiperintervencionista, pero por desgracia sí es un Estado plenamente convalidable al que podemos hallar en muchas partes de Europa y, sobre todo, con mensajes y consignas similares a las del consenso keynesiano que prevalecía en la economía mundial hasta la crisis de los 70.

En principio, pues, todo dentro de los cánones aceptables: Podemos sólo ha propuesto una versión algo más radicalizada de lo que han venido aplicando PP y PSOE desde el año 2008, a saber, aumentar impuestos, minimizar los recortes del gasto (y en la medida de lo posible incrementar el gasto, como en 2009), promover un nuevo ciclo de endeudamiento privado y seguir cebando el endeudamiento público (a ser posible con el apoyo del Banco Central Europeo). Nada de lo que asustarse… ¿o sí?

De entrada, y aun creyéndonos la textualidad del programa, éste sigue adoleciendo del mismo problema que ha caracterizado a los Gobiernos de PP y PSOE durante las últimas dos legislaturas: negarse a afrontar la realidad. Aunque es verdad que Juan Torres ha reconocido que la salida de la crisis no puede ser sencilla, que exigirá sacrificios (vaya por delante la venda antes que la herida) y que ninguno de ellos contempla ni como realista ni como deseable regresar a la situación de 2007, en el fondo han diseñado un programa para regresar a 2007; aspiración compartida por los Gobiernos de PP y PSOE.

Han optado por olvidarse –en los hechos, no en el discurso– del gigantesco endeudamiento público y privado de España y del modelo productivo basado en el ladrillo que seguimos arrastrando para defender a continuación un megaestímulo de la demanda basada en el endeudamiento. Es decir, la salida de la crisis que contemplan consiste en endeudarnos masivamente para comprar masivamente los escombros que de nuestro aparato productivo burbujístico.

Una receta abocada al desastre que ni siquiera funcionó en 2009, cuando nuestro margen de endeudamiento era mucho mayor. Hoy es absurdo –con reestructuración de deuda o sin ella– pensar que tenemos margen para seguir echando mano de la deuda y relanzar una demanda que se da de cabeza contra un aparato productivo moribundo y necesitado de un completo reajuste: reajuste que no se logra con el dopaje de las políticas de demanda sino con la flexibilización de las políticas de oferta. Por tanto, si creemos que hay motivos de preocupación por el hecho de que PP y PSOE nos hayan conducido al abismo, idénticos motivos de preocupación habrá por el hecho de que Podemos quiera seguir empujándonos en esa misma suicida dirección.

Ahora bien, mi auténtica inquietud no viene tanto por lo que se nos promete cuanto por lo que se calla. Podemos ha desechado las propuestas más radicales del programa electoral para las europeas: no porque sus dirigentes no crean en ellas, sino porque son un mal reclamo electoral. Al cabo, para llegar a La Moncloa es necesario tomar por asalto el centro: es decir, es necesario renunciar a aquellas partes del programa más estrambóticas e impopulares; las confiscaciones generalizadas de empresas públicas o el repudio de la deuda odiosa podrán sonar muy bien a cierta extrema izquierda, pero asustan con buenos motivos al votante medio.

Uno podría tranquilizarse mínimamente si creyera que un programa electoral es un contrato entre un partido político y sus electores: si, a pesar de que los dirigentes de Podemos son unos convencidos defensores de las expropiaciones y del saqueo tributario (como ellos mismos han manifestado en muchas ocasiones), la confección de un programa electoral moderado impidiera que, una vez en el poder, se desviaran del mismo, mi única preocupación seguiría siendo que, con este programa, nos llevan a la bancarrota. Pero poco más.

Ahora bien, no sólo hemos descubierto, merced a la mendacidad sistemática de PP y PSOE, que los programas electorales se redactan para ser incumplidos, sino mucho más importante en este caso: las líneas maestras del programa –aumento del gasto público, incremento de impuestos a los ricos, desprivatizaciones de sectores que no funcionan correctamente, conversaciones para reestructurar la deuda, reforzamiento del "poder sindical"…– son una espada de doble filo.

El filo puede ser el de la moderación socialdemócrata de Suecia o el del radicalismo peronista de Argentina. ¿O acaso creen que no es posible implementar una política económica de extrema izquierda con la simple promesa moderada de subir impuestos, incrementar el gasto, subsanar malos procesos de privatización o revisar las condiciones de la deuda?

Dentro de tales principios sigue cabiendo todo y, por mucho que nos hayan presentado una cara de amigable moderación, ninguno de estos principios presentados hoy con humildad y buenas maneras constituye una barrera frente al poder absoluto del Estado: al contrario, el Estado podría incrementarse tan disparatadamente como Podemos quisiera tan solo apelando a estos principios generales de actuación.

La política es el arte de manipular a la población para acceder y mantenerse en el poder. Así, nadie debería sorprenderse de que la propaganda política sea el arma esencial para tomar el poder por asalto. La moderación centrista entra dentro del guion estándar de esa propaganda política para construir una mayor electoral transversal. Podemos nos ha prometido este jueves más de lo mismo que PP y PSOE pero jurándonos que es muy distinto de PP y PSOE: es decir, Podemos nos ha prometido más Estado y menos mercado, si bien nos ha insinuado que ese "más Estado" no será tan alocadamente grande y supresor de nuestras libertades como había augurado en las europeas.

Pero ¿de verdad es necesario aclarar que Podemos puede seguir aspirando a aplicar su programa de máximos únicamente llegando al poder con un mandato ciudadano genérico e indefinido para incrementar el tamaño del Estado? Por desgracia, lo que cuenta es si una mayoría social amplia está dispuesta a ceder al Estado sus libertades a cambio de la promesa de pan y circo: y parece que, con la adecuada suavidad en las formas, sí lo está. En efecto, puede que los programas electorales estén para ser incumplidos, pero lo grave de este caso es que Podemos puede seguir llegando a donde quiera jurando que está cumpliendo estrictamente con su programa. Poder y servilismo. No necesitan más.

Podemos: mal diagnóstico, malas soluciones
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 28 Noviembre 2014

La elaboración del nuevo programa económico por parte de Podemos se asienta sobre la base de un diagnóstico que, no por ampliamente extendido, resulta menos erróneo. En concreto, la explicación es la siguiente: el decrecimiento de las rentas salariales a lo largo de las últimas décadas empujó a los trabajadores a endeudarse para poder estabilizar sus niveles de consumo y bienestar; este endeudamiento fue el responsable de la burbuja inmobiliaria que terminó condenando a España a una situación de producción atrofiada y de endeudamiento hipertrofiado; una vez colapsada la burbuja, el gasto interno de España —sustentado precisamente sobre el endeudamiento burbujístico insostenible— se vino abajo, generando millones de parados que han socavado aún más la demanda agregada de la economía; a su vez, los planes de ajuste de los distintos gobiernos, inspirados en un absurdamente germano austericidio, agravaron todavía más esta contracción de la demanda interna.

Llegados aquí, el recetario keynesiano se impone casi por sentido común: si el problema es el colapso de la demanda agregada, toca aumentar salarios para que los trabajadores gasten más, toca fomentar el crédito para que las pymes vuelvan a invertir y toca incrementar el gasto público (con cargo a la deuda o a impuestos sobre unos ricos avariciosos que acaparan el dinero en lugar de ponerlo en circulación). Sucede que, como decíamos, semejante programa económico adquiere su justificación en el mentado diagnóstico inicial y ese diagnóstico inicial es del todo erróneo.

Las rentas salariales no se han reducido
El presupuesto de partida que emplea Podemos yerra: el peso de las rentas salariales dentro del PIB no ha decrecido durante los últimos años. Si las estadísticas oficiales reflejan este descenso de las rentas salariales frente a las rentas del capital es por dos motivos: uno, las rentas del capital incluyen la depreciación del stock agregado de capital, por lo que las sobreexpansiones pasadas de la inversión se traducen en mayores cuotas de depreciación presentes y, por tanto, en mayores rentas brutas del capital presentes; dos, las rentas del capital también incluyen la imputación de rentas inmobiliarias, por lo que un incremento del número de viviendas en propiedad genera un aumento contable de las rentas del capital.

En suma, lo que muestran los datos no es una expansiva pauperización de los trabajadores a manos de los capitalistas, sino el resultado de un boom crediticio dirigido a financiar un incremento de la inversión en bienes de capital y en vivienda. De hecho, los salarios reales medios subieron ligeramente entre 2001 y 2007: según la Encuesta anual de coste laboral, pasaron en términos nominales desde 16.561 euros anuales a 20.246 euros (es decir, pasaron en términos reales desde el equivalente a 20.088 euros a 20.246).

Los salarios no generan deuda ni burbujas
Con independencia de la evolución que hayan seguido los salarios, es menester aclarar que éstos no guardan relación alguna con la formación de una burbuja inmobiliaria. Acaso podría haber tenido algún sentido vincular a los bajos salarios un auge del endeudamiento destinado a estabilizar los niveles de consumo corriente: pero no lo tiene cuando la deuda se destinó predominantemente a la adquisición de vivienda. Y es que una vivienda es un bien de consumo duradero que la inmensa mayoría de ciudadanos necesita comprarse a crédito por mucho que aumenten sus salarios. ¿O acaso si los salarios reales se hubiesen incrementado un 20% al año entre 2001 y 2007 los españoles habrían dejado de hipotecarse (ya sea porque hubiesen dejado de desear viviendas o porque las hubiesen podido comprar sin necesidad de endeudarse)? No, desde luego que no: de hecho, unos salarios más altos muy probablemente habrían alimentado una burbuja inmobiliaria incluso mayor (pues los bancos podrían haber sido aún más espléndidos concediendo crédito).

Asimismo, e incluso asumiendo que los bajos salarios sí indujeran una mayor demanda de crédito por parte de los ciudadanos, si la oferta de crédito hubiese sido todo lo rígida que debería haber sido, esa mayor demanda de crédito no se habría podido materializar en una orgía de endeudamiento barato. Por consiguiente, la causa última de la expansión crediticia cabe hallarla en la endiablada organización de nuestro sistema financiero, en cuya cúspide se encuentra un monopolio estatal llamado banco central.

En cualquier caso, la génesis de nuestro boom crediticio no está vinculado a la evolución de los salarios: éstos no sólo no se redujeron sino que aumentaron ligeramente y, en todo caso, la demanda de vivienda a crédito no guarda relación con el nivel salarial. La causa de nuestro boom crediticio fue la artificial reducción de tipos de interés capitaneada desde 2001 por la Reserva Federal de EEUU y el Banco Central Europeo: fue esa manipulación deliberada de la provisión de crédito la que empujó a familias y empresas a endeudarse y a distorsionar las bases de nuestro tejido productivo.

El hundimiento de la demanda es un hundimiento de la oferta
Atribuir nuestros problemas actuales a una demanda agregada que ha colapsado como consecuencia del pinchazo de la burbuja crediticia es otro error. Superficialmente, es verdad: lo que ha sucedido es que el gasto total de la economía ha caído toda vez que la gente ha dejado de endeudarse para adquirir vivienda. Pero es necesario mirar más allá de lo superficial: la demanda total de una economía no es otra cosa que su oferta actual (cuando pagamos al contado) o su oferta futura (cuando pagamos a crédito). Es decir, para demandar algo hoy hemos de ofrecer algo hoy (pago al contado) o mañana (pago a crédito).

La economía española funcionaba hasta 2007 cebando su demanda presente con cargo a su oferta futura: a saber, gastábamos en la actualidad endeudándonos con el exterior y prometiéndole a ese exterior que amortizaríamos la deuda con una abundantísima producción futura. El problema es que cuanto más gastábamos a crédito, más distorsionábamos nuestro modelo productivo (escorándolo hacia el ladrillo burbujístico) y menos capaces íbamos siendo de amortizar nuestra deuda con una producción futura inexistente. De ahí que finalmente el flujo de endeudamiento se interrumpiera y que con esa interrupción del crédito cayera la demanda agregada: pero el flujo de endeudamiento se interrumpió por bueno motivos, esto es, por la propia insostenibilidad de nuestra oferta para amortizar nuestra creciente deuda.

Así, nuestra incapacidad actual para seguir gastando a crédito deriva justamente de que no somos lo suficientemente solventes como para devolverlo: y no somos lo suficientemente solventes porque, a su vez, no somos capaces de fabricar los suficientes bienes y servicios futuros que nos permitan amortizar esa deuda.

La austeridad estatal era necesaria por el exceso de deuda
Por último, atribuir las muy moderadas reducciones del gasto público acaecidas desde 2010 a una irracional política de austeridad teutona es otro remarcable error. Evidentemente, la reducción del gasto público en un contexto de hundimiento del gasto privado a crédito tuvo a corto plazo efectos contractivos: si el Estado se endeuda para gastar, por necesidad generará algo de actividad (cuestión distinta es que esa actividad sea saludable: el gasto publico podría, por ejemplo, haber mantenido la burbuja inmobiliaria un par de años más, retrasando la necesaria destrucción de empleo asociado a su pinchazo, mas nadie habría considerado ese gasto público como saludable). Pero la clave del asunto es que no había alternativa a contraer el gasto público a partir de 2010: el tamaño del Estado de 2010 había sido sufragado hasta entonces merced a un volumen de recaudación tributaria insostenible, fruto del falaz expansionismo económico de la época de la burbuja inmobiliaria. Por fuerza debíamos —y aún debemos— redimensionar el tamaño del sector público para así adaptarlo a una etapa post-burbuja con una recaudación fiscal mucho más moderada.

La imperiosa necesidad de este ajuste fue volviéndose cada vez más acuciante conforme el volumen de deuda pública iba alcanzando cotas cada menos manejables: tan inmanejables que ahora mismo los propios economistas de Podemos reconocen que acaso no quede otro remedio que reestructurar la deuda. Pero si hoy no queda otro remedio que reestructurar la deuda es que ayer nos estábamos endeudando a un ritmo demasiado alto, por lo que no quedaba otro remedio que reducir ese excesivo ritmo de endeudamiento.

Por consiguiente, aun cuando a corto plazo los ajustes del gasto público fueran contractivos, no había alternativa salvo la que finalmente se siguió de manera fraudulenta: obviar los problemas, seguir endeudándonos y, una vez colocados los pasivos a acreedores ingenuos, amenazar con impagarles esa deuda por insostenible.

Del mal diagnóstico a la mala receta
Evidentemente, el mal diagnóstico de nuestros males va parejo a una mala prescripción de soluciones por parte de Podemos: si la causa de los problemas de España no fueron los bajos salarios, incrementar los salarios no será la solución (al contrario, hará que el desempleo se incremente todavía más); si la causa de nuestros problemas no fue el súbito e injustificado parón del crédito, arbitrar políticas que fomenten nuevas rondas de endeudamiento privado no será la solución (al contrario, agravará todavía más la insolvencia relativa de nuestras familias y empresas); si la causa de nuestros problemas no fue la insuficiencia de gasto público sino su exceso, volver a incrementarlo no será la solución: ni incrementarlo con cargo al endeudamiento público (abocaría al sector público a la quiebra) ni incrementarlo con cargo a nuevos impuestos sobre el capital (rapiñaría la materia prima necesaria para amortizar nuestra deuda y para transformar nuestro modelo productivo: el ahorro).

España no necesita políticas de demanda basadas en el sobreendeudamiento y el sobregasto público y privado, sino que requiere de una profunda reestructuración de su oferta acompañado de un desapalancamiento público y privado que refuerce la solvencia del conjunto de la economía. Para favorecer esa reestructuración productiva y ese desapalancamiento necesitamos flexibilidad por el lado de la oferta (incluyendo en materia salarial) y muy sustanciales volúmenes de ahorro —público y privado— que permitan financiar el nuevo modelo productivo y la amortización anticipada de la deuda. Nada de esto —y sí todo lo contrario— nos ofrece Podemos, como tampoco nada de ello nos ofrecieron PP y PSOE: por eso el programa de Podemos está condenado a fracasar estrepitosamente al igual que fracasaron los del PP y PSOE.

El nuevo plan de Iglesias
El fascismo económico de Podemos
Manuel Llamas Libertad Digital 28 Noviembre 2014

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no emitiré opinión alguna sobre el programa económico que ha presentado Podemos este jueves. Simplemente, me limitaré a extraer sus principales ejes para que juzguen ustedes mismos y, así, saquen sus propias conclusiones. Por ello, tan sólo les pido que lean atentamente, y hasta el final, los siguientes párrafos y, luego, opinen, si así lo desean.

Para el problema social: NOSOTROS QUEREMOS:

La promulgación de una ley de Estado que dé a todos los trabajadores una jornada legal de ocho horas de trabajo.
Salarios mínimos.
La participación de los representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de las industrias.
La administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente).
La rápida y completa sistematización de los servicios ferroviarios y todas las compañías del transporte.
Una modificación necesaria del proyecto de ley de seguridad de invalidez y de jubilación en la que se disminuya el límite de edad propuesto de 65 a 55 años.

Para el problema financiero: NOSOTROS QUEREMOS:

Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas.
La confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todas las bulas episcopales que constituyen una enorme responsabilidad para la Nación y un privilegio para unos pocos.

Si, llegados a este punto, piensan que el programa que acaban de leer pertenece o, al menos, se asemeja al de Podemos, paren un momento y reflexionen, ya que dicho texto es, en realidad, obra del fascismo italiano que lideró Benito Mussolini y, más concretamente, son las bases fundacionales que recoge el denominado Programa de Sansepolcro.

Continuemos, ahora sí, con las principales medidas económicas que defiende Podemos.

Intenso intervencionismo estatal en la economía y rígida regulación laboral para proteger a los trabajadores y acabar con el paro.
Control de precios en productos de primera necesidad para asegurar su aprovisionamiento y, de este modo, paliar las necesidades que atraviesa la población con menores recursos.
Un plan de estímulos para apoyar las "industrias de interés de nacional".
Aranceles a las importaciones.
Control férreo sobre la inversión extranjera en sectores "estratégicos".
Creación de un nuevo organismo público para financiar la reindustrialización de España.
Aumentar el gasto público y subir impuestos, cayendo, si es necesario, en fuertes déficits públicos para impulsar el PIB y crear empleo.

Financiación del déficit mediante compras directas del banco central [...]

Una vez más, si no han detectado nada extraño en este tipo de propuestas, fuertemente estatistas, deténganse de nuevo porque, en realidad, pertenecen al período económico más negro del franquismo, el régimen autárquico que imperó en España desde el fin de la Guerra Civil hasta bien entrados los años 50.

Muchos de ustedes pensarán que estas medidas, defendidas también por Podemos, son irrealizables dentro de la UE y el euro, pero lo cierto es que, tal y como proclaman sus principales líderes, el partido de Iglesias apuesta, en última instancia, por abandonar la Unión Monetaria, recuperando así la "soberanía" perdida para llevar a cabo su particular plan.

Quizá por esta razón Podemos ha obtenido también la simpatía y apoyo del líder falangista Ricardo Sáenz de Ynestrillas, quien ha comparado el discurso de Pablo Iglesias con la "genuina Falange de José Antonio [Primo de Rivera]", argumentando que es el mismo discurso, pero "dulcificado".

Los extremos se tocan y, en este caso, es evidente que el recalcitrante y liberticida anticapitalismo que profesan los líderes de Podemos y Falange -vean sino este vídeo- no es más que un nuevo reflejo del totalitarismo que asoló medio planeta el pasado siglo. Comunistas y nazis convergen, una vez más, en su plan para anular cualquier atisbo de libertad y humanidad. Iglesias e Ynestrillas son dos caras de la misma moneda, al igual que en su día lo fueron Hitler y el Che.

Y para todos aquellos ilusos y descreídos que sigan negando la evidencia, amparándose en los mensajes buenistas de Podemos y en el calculado distanciamiento de su naturaleza bolivariana, tan sólo advertir que no es la primera vez ni será la última que un aspirante a dictador miente para alcanzar el poder.

Mateo 7:15
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.

El derecho a no decidir
La mayoría de los catalanes decidieron el 9-N no dejarse arrastrar a binarismos empobrecedores
Marcos Gómez Martínez. Barcelona. El Pais Cataluña. 28 Noviembre 2014

A menudo resulta arriesgado dar una explicación coherente a los comportamientos colectivos, porque las motivaciones de cada integrante de una comunidad pueden ser de lo más diverso. El riesgo es aún mayor cuando se trata de explicar los “no comportamientos” como es el no responder a una pregunta.

A los ciudadanos de Cataluña les hicieron el pasado 9 de noviembre no una, sino dos preguntas. Las dos terceras partes de ellos han decidido no contestarlas.

La interpretación del sentido del silencio, que en el terreno político se concreta en abstención, es un campo abonado para las especulaciones interesadas. Hemos escuchado muchas veces a dirigentes de todo pelaje político arrimar astutamente el ascua a su sardina, atribuyéndose victorias que solo ellos ven y valorando pro domo sua la circunspección de los ciudadanos.

Lo mismo sucede en esta ocasión, con los partidarios de la independencia celebrando lo que ya consideraban antes de conocer cualquier dato sobre el resultado de la consulta como un triunfo histórico, y con los inmovilistas señalando que la pobre participación es la evidencia de un fracaso rotundo que daban por sentado antes del 9-N.

Los hechos, sin embargo, son tozudos. Demuestran que la mayoría de los catalanes ejerció aquel domingo el derecho a no decidir.
En los últimos años se ha impuesto en el debate político catalán un concepto político indeterminado, el de “derecho a decidir”, que ya se usó con todas sus ambigüedades en el ámbito vasco. Las fuerzas políticas independentistas vienen reclamando así en Cataluña ese derecho a decidir: déjennos, nos dicen, escoger nuestro futuro en libertad; déjennos votar.

Esta reclamación suena un tanto extraña porque en Cataluña se vota con alguna frecuencia y con total libertad. Se vota, eso sí, dentro de un marco legal compuesto por una Constitución que los catalanes respaldaron en 1978 de manera muy mayoritaria y por un Estatuto de autonomía que no contó con tanto respaldo, pero más reciente.

Es sabido que el último Estatuto, aprobado por el Parlamento de Cataluña, por las Cortes españolas y por el pueblo catalán en referéndum, sufrió algunos recortes a causa de un recurso interpuesto por el PP ante el Tribunal Constitucional. (Por cierto, ¿alguien ha hecho un atisbo de autocrítica sobre esa iniciativa o sobre la recusación del magistrado del alto tribunal Pablo Pérez Tremps? ¿Alguien cree que puede practicarse un anticatalanismo cínico sin coste? ¿Alguien se ha preguntado alguna vez si es admisible el odio al rival que se vive en los estadios de fútbol del Barça y del Madrid?)

Aunque parezca difícil, no debería ser imposible que los dirigentes políticos llegaran a los arreglos institucionales pertinentes para que ese Estatuto de 2006, avalado por el respaldo de la mayoría de los catalanes (directamente) y del resto de los españoles (a través de sus representantes parlamentarios), recupere su integridad y entre en vigor sin cortapisas.

Mientras tanto, asistimos a maniobras estériles y peligrosas.
Desde hace años el debate identitario absorbe las energías de la clase política catalana. Los maximalismos van polarizando a la sociedad en torno a ideas vaporosas como dignidad, destino, historia o patria, mientras se administra poco y mal: mucha grandilocuencia y poca política. El lenguaje adquiere tintes retóricos que serían ridículos si no tuvieran un eco siniestro.

El 9-N confirmó lo ya sabido e hizo más rígidas las posiciones enfrentadas, cuando no parece haber solución posible que no pase por la flexibilidad y el reconocimiento y el respeto de la diversidad de cada parte y de su conjunto.

Uno de los personajes de la novela de Antonio Tabucchi Sostiene Pereira afirma que habita cada persona una confederación de almas: todos poseemos identidades complejas y superpuestas, y más compleja aún es la suma de los individuos que conforman cada comunidad. Por eso me parece lógico que buena parte de los catalanes ejerza el derecho a no decidir, a no decantarse en binarismos empobrecedores.

Yo interpreto pro domo el mensaje del silencio, escuchando en esa abstención mayoritaria de los catalanes cierto hartazgo y un llamamiento claro a los políticos: por mucho que usen ustedes palabras altisonantes, en el fondo el asunto es demasiado serio para la épica. Así que hablen, negocien, resuelvan. Y, sobre todo, no nos metan en líos.

Marcos Gómez Martínez es diplomático en el Consulado General de España en Londres.

Desafío secesionista
Rajoy neutraliza la querella de la Fiscalía
Guillermo Dupuy Libertad Digital 28 Noviembre 2014

Se están inoculando en la opinión pública, y no sólo por parte nacionalista, dos clamorosas mentiras en torno a la querella presentada por la Fiscalía contra Artur Mas, a cuál más grave. Por un lado los nacionalistas, y no sólo ellos, nos quieren hacer creer que Eduardo Torres-Dulce ha actuado a instancias de un Ejecutivo del PP dispuesto a que la ilegal consulta del 9-N tenga algún tipo de consecuencia penal para sus autores. No menos falsa y perjudicial, por otra parte, es la creencia de que si el Gobierno hubiera pedido a la Fiscalía que tomara cartas en el asunto habría violado la independencia del Ministerio Público.

Lo cierto, sin embargo, es que la Fiscalía puede actuar tanto de oficio como a instancia de parte, y basta echar un vistazo al artículo 8 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal para saber que

el Gobierno podrá interesar del Fiscal General del Estado que promueva ante los Tribunales las actuaciones pertinentes en orden a la defensa del interés público.

El hecho es que el Gobierno de Rajoy ni ha interesado al fiscal para que promueva actuación alguna en este asunto ni hubiera violado su independencia en caso de haberlo hecho.

Por otra parte, ¿nos hemos olvidado de cuando, a instancias del Gobierno, la Fiscalía General del Estado instó la ilegalización de antiguas marcas electorales de ETA? ¿Acaso se violó entonces la independencia del Ministerio Público?

La afirmación de la vicepresidenta del Gobierno de que "la defensa del Estado en el ámbito penal corresponde a la Fiscalía" pretende ser jurídicamente impecable, pero en realidad es una acomplejada y engañosa verdad a medias que oculta el hecho de que el Gobierno del PP, pudiendo interesar a la Fiscalía en defensa del Estado, no lo ha hecho. Por otra parte, y en puridad, tampoco es cierto que a la Fiscalía le corresponda "determinar si hay una actuación contraria a la ley". Eso le corresponderá determinarlo a los tribunales, donde habrá que ver si impera la independencia frente a unos partidos políticos –incluido el PP– nada interesados en que las actuaciones del 9-N tengan reproche penal alguno.

No se quién será el letrado que se ocupará de la defensa de Mas, Ortega y Rigau. Pero ningún argumento mejor encontrará en su defensa que las declaraciones de los miembros del Gobierno del PP, empezando por su presidente, respecto de lo que ha supuesto el 9-N. Ayer mismo, en el enfrentamiento que mantuvo con Rosa Diez, el presidente del Gobierno tuvo la desfachatez de reiterar que el referéndum "no se celebró" y que "la ley se ha cumplido". Recuérdese, en este mismo sentido, las valoraciones que hicieron el ministro Soria, la vicepresidenta Soraya o el propio Rajoy cuando por fin salió a la palestra.

Ante tan complacientes consideraciones del Gobierno de Rajoy respecto de lo que ha supuesto el 9-N, ¿alguien podría deducir que lo que se perpetró ese día en Cataluña es algo tan grave como unos delitos de prevaricación, desobediencia, usurpación de atribuciones judiciales y malversación de caudales públicos?

Ya fue una vergüenza que el Gobierno de Rajoy no interviniese la Administración regional catalana en base al artículo 155 de la Constitución. Ya es una vergüenza que tampoco la disuadiera apelando al Código Penal. Ya es una vergüenza que Rajoy haya financiado y siga financiando, indirecta pero decisivamente, el proceso secesionista de esos presuntos delincuentes. Ya es una vergüenza que Rajoy en ningún momento haya rebatido en el terreno de las ideas los delirios ideológicos y las falsedades históricas del nacionalismo. Pero que encima proporcione a Mas el argumentario para salvaguardar su impunidad es el colmo de esta calamidad histórica que desgobierna España.

Cataluña
Felices Fiestas con Freixenet
Antonio Robles Libertad Digital 28 Noviembre 2014

A veces un pequeño detalle nos desvela los crímenes más perfectamente urdidos. Sobre todo cuando la lógica del mal necesita ocultar sus objetivos. Una de sus formas preferidas es negar, y en su caso proyectar sobre las víctimas, toda denuncia que desvele su impostura. Lo vemos a diario en Cataluña, el nacionalismo más xenófobo y excluyente se rasga las vestiduras cada vez que un disidente les recuerda las coincidencias entre el proceder antidemocrático de regímenes bananeros con su proceso secesionista, o cuando ven en la muerte social del disidente similitudes con los programas de satanización de los judíos en la Alemania nazi. Acusan de banalización del mal, dramatizan ofensas, simulan, en fin, la dureza de ser víctima a perpetuidad. Todo para ocultar sus fechorías. Abrazados al complejo de Gandhi, señalan al disidente con la cruz del anticatalanismo y sentencian su muerte social. Pura coherencia la suya.

Pero a veces un pequeño detalle los delata. Así ha pasado con la campaña desatada contra el cava catalán Freixenet. Su crimen, haber brindado en su anuncio de Navidad de este año con el eslogan: "Por los próximos cien años juntos, felices Fiestas con Freixenet".

Las redes sociales se han convertido en una cloaca. Desató el boicot la diputada por Gerona de CiU Elena Rivera con un tuit: "Freixenet buscando no perder cuota de mercado brinda por cien años juntos. Acaba de perder dos millones de consumidores catalanes... potenciales". Es la señora que nos anunció a Mas como Mesías en un vídeo magistral tiempo atrás.

Seguir la retahíla de tuits envenenados de odio contra una de las empresas emblemáticas del cava catalán nos debería hacer reflexionar. ¿Qué maldita ideología es esa que lleva a sus seguidores a perseguir a los propios ciudadanos catalanes por los que dicen luchar? ¿Qué catalanismo es ese que de tanto odiar a España en nombre de la libertad de Cataluña acaba destruyendo lo mejor de ésta?

Quienes aún no se han percatado de la limpieza étnica de esta ideología nacionalista deberían empezar por preguntarse por qué insignes catalanes como Eugeni d'Ors, Josep Pla, Josep Tarradellas, Dalí o el propio Albert Boadella son ignorados –en el mejor de los casos– o eliminados del imaginario catalán –en el peor–, como si fueran malos catalanes, traidores, indignos de ser reconocidos por la patria. Con ocasión del tricentenario de 1714, nos recuerda Albert Branchadell su naturaleza sesgada, donde el aproximadamente 25% de catalanes seguidores de Felipe V ha sido borrado de la historia, como si nunca hubiera existido. La cuestión es hacernos creer que toda Cataluña era austracista. Pero ahí estuvieron, algunos, además, decisivos en la implantación del centralismo borbónico. Como el redactor del Decreto de la Nueva Planta, el jurista Francesc Ametller i Perer, o Josep d'Alòs i Ferrer, "uno de los hombres que más influyeron en la reorganización del Principado catalán según el patrón felipista", o el geógrafo Josep Aparici, con influencia directa en la reorganización del catastro.

Los que aún no lo ven, los que aún no aceptan que en las últimas tres décadas el nacionalismo ha excluido, ha decretado la muerte social de cientos de miles de ciudadanos catalanes por el mero hecho de ser castellanohablantes, sentirse españoles o simplemente no aceptar el ideario nacionalista, deben abrir los ojos. Si se atreven a decretar un boicot a una de las empresas emblemáticas del cava catalán, a uno de sus embajadores más cualificados en el mundo, ¿qué no harán con ciudadanos individuales e indefensos, olvidados por todos, incluso por el Estado español?

La señora se ha disculpado, alguien la habrá llamado al orden. No está mal, pero el detalle da escalofríos.

Felices Fiestas con Freixenet.

¿Qué es la Identidad?
Redacción Minuto Digital 28 Noviembre 2014

El siguiente texto es un discurso que Alain de Benoist dio en un evento organizado por el NPI en The Ronald Reagan Building, en Washington DC, el 26 de Octubre de 2013.
“Damas y Caballeros,

Antes de comenzar mi discurso, me gustaría pedir disculpas por el daño que os voy a causar. Escuchar un discurso en inglés con un acento francés tan desagradable como el mío puede ser una tortura para vosotros. Pero no os preocupéis: ¡en francés hablo mucho mejor!

Como podéis imaginar, el tema de mi discurso es el concepto de identidad.

En un pasaje famoso de sus Confesiones, San Agustín escribe: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me pregunta sobre esto, bien, entonces yo sé su significado, pero si alguien me pregunta sobre ello y trato de explicarlo, entonces dejo de saberlo.”

Esta cita de San Agustín sobre el tiempo puede ser usada en lo relativo a la identidad: la identidad no implica problemas mientras nadie te pregunte sobre ello. La identidad es algo que se da por hecho; es algo natural. Pero una situación diferente surge en el momento en que nos preguntamos: “¿Quién soy yo?” o “¿Quiénes somos nosotros?” O mucho mejor: “¿Qué significa ser Americano?”, “¿Qué es ser francés?” o “¿Qué es ser alemán?”

No es nada fácil, en absoluto, hablar sobre identidad, porque al contrario de lo que mucha gente cree (empezando por aquellos que quieren defenderla), la identidad no es un concepto simple. Se trata de una cuestión realmente compleja.

Identidad es una cuestión compleja porque surge como un problema precisamente desde el momento en que ya no se considera como algo dado. En este sentido, la identidad es una cuestión típicamente moderna. En las sociedades tradicionales nadie se cuestiona nunca su identidad, la razón de ser así se da por hecho por todas las personas, como algo evidente. Por tanto, nuestra primera señal es: Es en un momento en el que la identidad – ya sea individual o colectiva – está siendo amenazada, o ya ha desaparecido, cuando uno comienza a preguntarse cosas acerca de qué es la identidad. Este es el caso hoy, y esta es la razón por la que la identidad se ha convertido en un tema tan polémico, tanto en el nivel político como en el ideológico. La identidad se ha convertido en una cuestión problemática en la época moderna y postmoderna en vista del hecho de que sus puntos de referencia se han disipado y ya nadie conoce cuál es el sentido de la vida.

Sin embargo, no puede ser solo una simple coincidencia que las identidades se hayan convertido en algo tan problemático en la era moderna. Alain de Benoist - IdentidadEsto indica que la modernidad ha sido el vehículo de una evolución directamente dañina para todas las identidades. Esta evolución se debe en primer lugar al auge del individualismo, cuyas raíces se encuentran en Descartes y su obra. En las enseñanzas de Descartes hay de hecho una sublimación del sujeto lleva al autor a atribuir al individualismo un tipo de soledad ontológica, a través de la cual el individuo, para existir, debe liberarse de toda comunidad. El atomismo político, el cual apareció en el siglo XVII, especialmente con las teorías del contrato social de Grotius, Pufendorf, Locke y otros, fue una de sus consecuencias.

Otro motivo por el que la cuestión de la identidad parece tan compleja es el hecho de que la identidad, ya sea individual o colectiva, no puede ser reducida solamente a una dimensión en la vida de los individuos y de los pueblos. Identidad no es nunca algo unidimensional; es algo multidimensional. Nuestra identidad combina componentes heredados con aquellos que son elegidos por nosotros mismos. Tenemos una identidad nacional, una identidad lingüística, una identidad política, una identidad cultural, una identidad étnica, una identidad sexual, una identidad profesional, y otras muchas identidades.

Todos estos aspectos diferentes definen nuestra identidad objetiva. Pero la experiencia nos enseña que en general no damos ningún valor a esta identidad objetiva. Esto quiere decir que la identidad también lleva una dimensión subjetiva. En general, nos definimos a nosotros mismos refiriéndonos al aspecto concreto de nuestra identidad que se muestra para nosotros como el más importante y crítica, mientras que ignoramos otros aspectos de identidad. La identidad no se puede separar de lo que realmente nos importa más a nosotros. Esto muestra la parte de nosotros con la que nos estimamos más y de la que dependemos a la hora de construirnos a nosotros mismos.

Pero ¿cuál es la parte de nosotros mismos que nos define según nuestra opinión de la forma más esencial? Esta es la cuestión que debemos responder a la hora de analizar nuestra identidad.

Para describir lo que más nos importa a nosotros, el sociólogo canadiense Charles Taylor habla de “evaluaciones fuertes” y “bienes constitutivos”. Los “bienes constitutivos” están en fuerte contraste con los bienes materiales, o para esta cuestión, con los bienes que emanan de alguna necesidad física, en tanto que no se pueden identificar en base a simples preferencias, pero, en cambio, son los principales cimientos de nuestra identidad. Las “evaluaciones fuertes” se caracterizan por el hecho de que no son negociables y no pueden ser reducidas a un simple capricho. No están relacionadas con el bienestar material, sino con ser nosotros mismos. Estas evaluaciones están relacionadas con todo lo que ofrece una razón para vivir y para morir, por lo que tienen un gran peso en los valores que son concebidos como buenos.

Habiendo hecho estas indicaciones preliminares, me gustaría mencionar a continuación dos errores que se comenten generalmente al hablar de identidad.

Alain de Benoist - IdentidadEl primer error es que nuestra identidad depende solo de nosotros mismos. Sin embargo, en realidad nuestra identidad esta también moldeada por la interrelación que tenemos con otros, por el punto de vista que tenemos sobre otras personas y por el punto de vista que otros tienen sobre nosotros mismos. Un sujeto aislado, un hombre o un grupo que vive solo por y para sí mismo, alejado de otros grupos o pueblos, no tiene identidad. Dicho de otra forma: no hay cosa similar a la identidad de algo que emerge únicamente de uno mismo. Ciertamente, la identidad es algo que da a la vida un significado. Sin embargo, en vista del hecho de que la vida no puede ser vivida solamente a un nivel individual, la cuestión de la identidad necesariamente implica una dimensión social. La identidad no puede ser concebida de forma independiente al vínculo social. Así, es siempre el grupo el que asigna al individuo una parte de su identidad, a través de la historia, del lenguaje y de las instituciones. Esto significa que la identidad no puede ser marginada por el propio sujeto, sino que solo puede serlo por la relación de un sujeto con la identidad de otros. Toda identidad es en su naturaleza fundamentalmente dialogante.

La frase “toda identidad es en su naturaleza fundamentalmente dialogante” significa que el otro también constituye mi identidad porque me permite realizarme a mí mismo. Por el contrario, el individualismo concibe su relación con el otro solamente a través de la perspectiva de mutuos intereses encontrados. Desde una perspectiva comunitaria, la cual es también mi perspectiva, las relaciones sociales son parte de mi mismo. Como señaló Charles Taylor, el otro es también “un elemento de mi identidad interior”. Un grupo, al igual que un individuo, debe plantar cara a esta “pareja”.

El segundo gran error es definir identidad como algo dentro de nosotros que permanece para siempre inmutable e imposible de ser modificado. En este caso, independientemente de que hablemos sobre un individuo o sobre un pueblo, la identidad se concibe como una esencia fundada sobre atributos invariables e intangibles. Así, la identidad no es solamente una esencia, o un hecho real o una realidad estática. La identidad tiene una substancia en sí misma y su propia realidad dinámica. La identidad no refleja solo singularidad o una naturaleza permanente de esa singularidad. Continuidad también implica cambio, tal y como la definición de uno mismo implica relación con los otros. No puede haber una identidad sin el proceso de transformación. El factor importante es que no debemos mirar nunca a estos dos términos como si fuesen mutuamente contradictorios. La identidad no es algo inmutable, sino más bien algo que siempre podemos cambiar sin dejar de ser nosotros mismos. La identidad define el método de cómo cambiar y este método nos pertenece solamente a nosotros.

Finalmente, debo decir que la identidad no es simplemente un objeto que necesite ser descubierto, sino un objeto que necesita ser interpretado. La vida humana, como explicaron correctamente filósofos de la talla de Wilhelm Dilthey, Hans-Georg Gadamer y Paul Ricoeur, es fundamentalmente interpretativa en su naturaleza, es decir, vivir no significa solamente describir objetos, sino también tratar de dotar de significado a esos objetos. El hombre es “un animal que se interpreta a sí mismo”, escribió Taylor. La identidad no escapa a esta regla. La identidad es una definición de uno mismo, parcialmente implícita, trabajada con intensidad y redefinida a lo largo de la vida. La identidad es fundamentalmente narrativa en su naturaleza. Resulta de la historia que nos contamos a nosotros mismos cuando nos preguntamos cuestiones como quienes somos.”

¿Cuál es la amenaza actual para la mayoría de las identidades colectivas?
A esta cuestión muchos responderán señalando al fenómeno de la inmigración masiva, siendo la mayoría de los países Occidentales su escenario central. La dureza de este fenómeno no puede ser negada, ni pueden negarse patologías sociales resultantes de la inmigración. Este punto de vista, en mi opinión, al no poner el foco en las causas de la inmigración no tiene en cuenta el punto esencial y, por tanto, no lleva a cabo un análisis acertado.

Por mi parte debo decir que lo que plantea la mayor amenaza a las identidades colectivas en la actualidad es el sistema que “aniquila a los pueblos”, es decir, la imposición de forma universal de un sistema de homogeneización global que elimina toda la diversidad humana, diversidad de los pueblos, de las lenguas y culturas. El sistema está asociado con la noción de gobierno global y el mercado global. El objetivo que subyace es la eliminación de fronteras a favor de un mundo unificado. Yo llamo a este sistema la ideología de la Igualdad y la ideología de lo Igual.

Yo no pertenezco a aquellos que afirmarán que nuestra identidad está siendo principalmente amenazada por otros, aunque, por supuesto, dicha amenaza pueda existir. Yo creo que el mayor peligro que existe sobre la identidad no solo amenaza nuestra identidad, sino también la identidad de otros pueblos. El mayor peligro es el auge de lo indistinto, la eliminación de las diferencias, la destrucción de las culturas populares y estilos de vida en un mundo globalizado en el que los únicos valores reconocidos son aquellos que vienen marcados en las etiquetas en forma de precio, es decir, el dinero. Para mí, la gran cuestión de los próximos años será: ¿nos dirigimos hacia un mundo unificado y unipolar donde las diferencias desaparecerán o nos dirigimos a un mundo multipolar donde las identidades mantendrán algún valor?

Responder a esta pregunta inevitablemente nos lleva a la cuestión relativa al significado de modernidad, especialmente el significado de la filosofía de la Ilustración, la cual resultó ser su fuerza conductora en el siglo XVIII.

¿Por qué es la filosofía de la Ilustración inherentemente hostil a las identidades colectivas? Estar fundamentalmente sesgado hacia el futuro demoniza las nociones de “tradición”, “costumbre” y “raíces”, y ve en estos conceptos supersticiones pasadas de moda y obstáculos a su marcha triunfal hacia el progreso. Teniendo como objetivo la unificación de la humanidad, la teoría del progreso implica que uno debe, por tanto, descartar cualquier esclavitud “arcaica”, es decir, rechazar todos los vínculos antiguos y destruir sistemáticamente todos los fundamentos orgánicos y simbólicos de solidaridad tradicional. La dinámica de la modernidad arranca al hombre de sus lazos comunitarios naturales y no respeta su inserción en una humanidad específica, porque semejante noción está basada en una concepción atomista de la sociedad, concebida como la suma total de individuos racionales y fundamentalmente libres, los cuales se supone que pueden elegir sus propios objetivos para dirigir sus acciones. Esto es por lo que la herencia de la Ilustración se opone al mantenimiento de identidades.

Los conservadores americanos: un oxímoron
De forma sorprendente, todos los conservadores americanos parecen estar adheridos al individualismo metodológico. Ellos creen que los individuos son más importantes que las comunidades o los colectivos. Esta es la razón por la que ellos se oponen a la intervención del estado, pero también a cualquier otra forma de regulación económica y financiera, la cual ellos asocian generalmente con “socialismo”. Este punto de vista les impide comprender que la desintegración de las identidades colectivas está directamente vinculada al auge del individualismo, provocando que su mentalidad este dominada por valores económicos y comerciales y por el axioma generalizado del interés.

Como a muchos europeos, a mí también me sorprende que los conservadores americanos defiendan casi unánimemente el sistema capitalista cuya expansión destruye de forma metódica todo lo que ellos pretenden conservar. A pesar de la crisis estructural del sistema capitalista de los últimos años, los conservadores americanos siguen considerando el capitalismo como el único sistema que respeta y garantiza las libertades individuales, la propiedad privada y el libre comercio. Ellos creen en las virtudes intrínsecas del mercado, cuyo mecanismo se considera el paradigma de todas las relaciones sociales. Ellos creen que el capitalismo esta entrelazado con la democracia y la libertad. Ellos creen en la necesidad (y la posibilidad) del crecimiento económico perpetuo. Ellos creen que el consumo es parte de la felicidad y que “mas” es sinónimo de “mejor”.

Sin embargo, el capitalismo no tiene nada de “conservador” en sí mismo. ¡Precisamente es todo lo contrario! Karl Marx ya observó que el desmantelamiento del feudalismo y la erradicación de las culturas tradiciones y los valores ancestrales era resultado del capitalismo, que sumerge todo en el “agua congelada del cálculo egoísta.” Hoy más que nunca, el sistema capitalista esta envenenado por la sobreacumulación de capital. Se necesitan más tiendas, cada vez mas y mas mercados, siempre mas y mas beneficio. Bien, semejante objetivo no puede ser alcanzado a menos que antes hayamos desmantelado todo lo que exista en su camino, comenzando en primer lugar por las identidades colectivas. Una economía de mercado completamente madura no puede funcionar de forma sostenida a menos que la mayoría de las personas hayan interiorizado la cultura de la moda, del consumo y del crecimiento ilimitado. El capitalismo no puede transformar el mundo en un inmenso mercado – este es su principal objetivo – a no ser que el planeta se fragmente y a no ser que el planeta renuncie a todas las formas de imaginación simbólica, la cual necesita ser reemplazada por la fiebre de siempre algo nuevo, tanto para la lógica del beneficio como para la acumulación ilimitada de capital.

Esta es la razón por la que el capitalismo, en su intento por eliminar las fronteras, es también un sistema que se ha vuelto mucho más efectivo que el comunismo. La razón de ello es que la lógica económica sitúa el beneficio por encima de cualquier otra cosa. Adam Smith escribió que el comerciante no tiene otra patria que aquel territorio en el que alcanza su mayor beneficio.

Y así es por lo que el capitalismo es el principal responsable de la inmigración. Por un lado, el uso de inmigrantes crea una presión a la baja en los salarios de los trabajadores; por otro lado, el principio más importante del capitalismo (“laissez faire, laissez passer”) implica la libre circulación de las personas, junto a la libre circulación de bienes y capital. Esta es la razón por la que el capital requiere un incremento de la movilidad de la mano de obra, y el hecho de que las migraciones de mano de obra se realicen solamente a lo largo de las fronteras nacionales es visto por los capitalistas como un obstáculo al desarrollo del comercio. Desde este punto de vista, el mercado global debe convertirse en el escenario natural de la “ciudadanía global”.

La sociedad de mercado ofrece solamente una caricatura del vinculo social, desde que define la separación del resto como la única existencia verdadera. Mientras tanto, modifica las relaciones sociales, es decir, las relaciones entre ciudadanos deben convertirse en un calco de las relaciones hacia entre los bienes. Desde el punto de vista del capital, los hombres son objetos, los hombres son objetos, y de hecho ellos solamente pueden ser agentes en los procesos de producción y consumo, y están solamente interconectados a través del intercambio de bienes.

Al convertirse el capitalismo en una “cuestión total de hechos (M. Mauss), cada objeto debe ser, por tanto, reducido a su valor comercial, todo debe ser catalogado como mercancía, siendo esta su realidad definitiva.” Así, cualquier cosa que no tenga su equivalencia, especialmente equivalencia monetaria, debe ser devaluada. De este modo, el valor del mercado, los valores comerciales, los valores de utilidad y los valores marcados por el interés, los cuales se miden solamente por cuestiones de cantidad, se oponen totalmente a los valores que no se pueden contabilizar y no se pueden medir, siendo estos los valores sobre los que gira la existencia de las culturas y de los pueblos.

Esta es la razón por la que las identidades permanecerán amenazadas mientras nos neguemos a cuestionar todos los tipos de vida alienados que son estructuralmente relacionados con la cosmovisión capitalista, la cual defiende el crecimiento infinito y el consumo sin límites.

Yo soy consciente de que no es fácil transmitir a los Estados Unidos, lugar de nacimiento del capitalismo moderno, un país que prioriza el individuo sobre su comunidad y que siempre ha creído en los meritos intrínsecos del mercado, en las virtudes de la tecnología, en la realidad del progreso y cuyo pensamiento político, sobre todo desde la época de los Padres Fundadores, se ha basado en los supuestos de la Ilustración, el universalismo mesiánico, la teoría de los derechos y la ideología del progreso.

Me pidieron que diera mi opinión. ¡Ahora solo me queda darles las gracias por haber tenido la paciencia de escucharme!

Polémica en Portugalete
La verdad objetiva de las víctimas del terrorismo

Joseba Arreguiwww.latribunadelpaisvasco.com 28 Noviembre 2014

En relación a la negativa del Ayuntamiento de Portugalete de colocar las placas recordando a los asesinados en ese municipio en actos terroristas, el argumento esgrimido por el alcalde de dicho municipio es el de que hay o puede haber familias que no estén de acuerdo en que se coloque la placa que recuerde a su familiar asesinado. Este argumento pone de manifiesto que todavía hoy sigue siendo necesario recordar que la verdad objetiva de las víctimas no se puede buscar en la opinión de las asociaciones o fundaciones de víctimas del terrorismo, ni tampoco en las familias de los asesinados, ni siquiera en lo que los asesinados pensaron en vida.

En esos ámbitos nos podemos encontrar y nos encontramos con opiniones divergentes, e incluso contradictorias. Pero esa situación no afecta a la verdad objetiva de las víctimas. La verdad objetiva de las víctimas, de las víctimas asesinadas que lo único que nos hacen oír es su silencio impuesto, se halla en la intención de los asesinos. Esa intención es política y pertenece al ámbito público, y no al ámbito privado. Por medio del asesinato, los terroristas arrancan a la víctima asesinada de su significación privada y lo establecen, como víctima del terrorismo político, en el espacio público, de la verdad pública que radica en la intención del asesino: eliminar al asesinado para a través de ese acto terrorista impulsar la implantación de un proyecto totalitario.

Es esa verdad pública que supera el ámbito privado del recuerdo de los familiares el que debe ser recordada para que todos sepan lo que sucedió y para que, desde esa memoria pública, sean capaces de hacer lo necesario para que no vuelva a repetirse. Es el servicio de la memoria de las víctimas asesinadas y de las víctimas de atentados mortales en intención hacen a la libertad y al pluralismo como condiciones de la convivencia en paz.

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En torno al programa económico de Podemos
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  28 Noviembre 2014

Los partidos políticos y quienes les apoyan, todos los que congenian con lo establecido, no han sido capaces de solventar ni uno solo de los problemas que acechan a la gente.

Escucho a los políticos hablar de corrupción y todos –absolutamente todos- se llenan de razones. Ahora toman medidas y pelean entre ellos como niños, para contarle a la gente lo buenos que son por luchar contra lo que ellos mismos provocaron. Qué cara dura. Ni uno solo de los casos de corrupción ha sido denunciado por el propio partido implicado, pese a que, precisamente, por ocurrir en la propia gestión interior, es la dirección del partido la que se halla en mejor posición para detectar irregularidades.

Además, los partidos políticos, al revés que sucede con las empresas tal y como decidieron los políticos mismos, no son responsables directamente ante la ley de las fechorías de sus directivos y afiliados. En esto, como en tantas otras cosas –especialmente subvenciones y financiación- los partidos constituyen lo que Podemos ha popularizado como "la casta": una clase especial de gente, con privilegios especiales al servicio de instituciones también especiales.

Aunque la idea de "la casta" haya sido robada por Podemos a la agrupación identitaria catalana Plataforma per Catalunya, aquí lo de menos es quién lo diga sino si tiene o no razón de ser. Para quien esto escribe es palmario que los partidos políticos constituyen una casta, fuertemente imbricada con el poder mediático y con el poder financiero.

Que el auge de la izquierda en España nazca precisamente de un cartel mediático-financiero es algo que nunca dirá Podemos, pero nosotros sí. De la misma manera, que el monopolio liberal de la derecha en España nace de la llegada de hombres con importantes intereses financieros y económicos a los centros de comunicación teóricamente más conservadores –por desgracia, Iglesia incluida-, es otra cosa que jamás dirán en los medios del llamado "centro-derecha".

Unos y otros tienen demasiados intereses como para dejar que irrumpa lo que más temen: un "outsider". Naturalmente, un "outsider" de verdad, y no alguien fácilmente reconducible precisamente por compartir con el ala izquierda del régimen demasiadas ideas, filias y fobias. Pero algunos no están dispuestos a admitir ni eso. Y como les va mucho en ello, no tienen ningún reparo en mentir y azuzar miedos si hace falta. Ellos, naturalmente, prefieren mentir en lo que más les duele: la estructura de poder financiera sobre la que se sujeta el entramado mediático y, finalmente, el político.

No es por tanto de extrañar que, fundamentalmente, Podemos haya sido atacado en lo económico y haya quedado al margen toda la típica escoria ideológica de las fábulas de la izquierda como, por ejemplo, la "ideología de género", el ideario tercermundista, la lucha de clases, etc.

En la mañana de este viernes, un analista político llamado José Antonio Navas, creo que en la COPE, ridiculizaba una tras otra las supuestas medidas de Podemos. Le habían llamado para eso. Pero ante la propuesta de una banca pública que prestase a las empresas y al sector privado en general, su único argumento era que entrabamos en el "túnel del tiempo del franquismo".

Es decir, no tenía nada que decir al respecto, como tampoco lo tiene la ultraizquierda etarra cuando llama "fascista" a los que discrepan de su estupidez. Si no gusta –no si no se tiene razón- se azuza el fantasma del miedo aunque sea irracional.

El hecho es que ahora Podemos, según ABC, "recoge en su programa económico la necesidad de introducir en la Constitución española un principio que consagre el crédito y la financiación a la economía ´como un servicio público esencial, obligando a que su disposición necesariamente responda al interés general y no se resuelva en función del lucro de la banca privada´".

Dejando al margen cómo se lleve a cabo, hay aquí un germen de verdad frente al hecho incontestable de que el crédito está hoy en función de los beneficios del sistema financiero y no del interés del pueblo. Más aún. Siempre según ABC, "en el ámbito europeo, apuestan por flexibilizar el Pacto de Estabilidad, democratizar el BCE haciéndolo responsable mediante la rendición de cuentas ante el Parlamento Europeo, ´que debería ser quien nombrase a sus miembros´, o fijar la ´coordinación de las políticas fiscales con el objetivo de avanzar hacia una auténtica Hacienda Europea y de las políticas económicas para poder lograr pleno empleo a nivel europeo´".

Que hasta un aula de primaria elige a su delegado por sufragio universal y por métodos democráticos y no así la dirección del BCE es un misterio de los más insondables que uno pueda encontrar. También lo es el denominado "Pacto de Estabilidad" –curiosamente, una fuente inacabable de inestabilidad en Europa-, fundamentado en que "no se puede gastar lo que no se tiene" cuando cualquiera que tenga una hipoteca para tener un techo bajo el que cobijarse ha hecho precisamente eso.

Se alega "irrealismo" en las propuestas de Podemos; se les llama "ignorantes" y el periódico vasco-monárquico-liberal ABC, se trae una "politóloga" sudamericana para "desmontar" a Podemos. Unos y otros no entienden un ápice de la gran frustración del hombre de la calle, que ha visto como ilustres titulados y flamantes académicos reconocidos por las más deslumbrantes universidades, gestaban con sus políticas el drama de millones de familias.

Desde el arrogante Fuentes Quintana, pasando por el incompetente Solchaga hasta el inoperante De Guindos, a lo sumo a lo que ha aspirado toda esta gente es a exhibir con orgullo un par de parámetros macroeconómicos, de esos que se usan para escabullirse de la realidad. Fuera de ahí, todos pueden rivalizar por el fracaso más grande.

No es de extrañar que de la ira, del descrédito, de la desmoralización y de la sensación general de derrota, salga cualquier cosa, como por ejemplo, que el poder del Estado recaiga en un puñado de proto-progres de facultad. Y todo eso aunque le pese a una "politóloga" guatemalteca traída por la casta en socorro de sus intereses.

No es este un artículo en defensa de Podemos. Quien eso piense demostrará que nunca ha leído esta columna y que, además, piensa más bien poco. Nos separan demasiadas cosas, principalmente, aquellos dogmas de la ideología dominante a los que Podemos rinde pleitesía y que Iglesias busca limar o escamotear para salir del gueto de la izquierda cavernaria.

Lo único que se dice aquí es que los partidos políticos y quienes les apoyan –desde el PP hasta el PSOE, IU, C´s, UPyD, nacionalistas varios, etc-; es decir, todos los que de una u otra manera congenian con lo establecido, no han sido capaces de solventar ni uno solo de los problemas que acechan a la gente. Peor aún, han gestado otros nuevos donde no los había.

Lo que no pueden pretender, honestamente, es que todo siga como está y que nadie saque los pies del tiesto. Pero en el fondo pueden dar gracias: Podemos encontrará su nicho antes o después dentro del estado general de cosas. Si Podemos llegara a comprender que hoy la defensa de lo social nace de lo nacional e identitario, no del cosmopolitismo de la izquierda, ni uno solo de los "aparatchik" de la casta dejaría de temblar cien veces más de lo que lo hace ahora.

Para ello deberían cambiar un "chip" que desgraciadamente tienen demasiado bien implantado en su anticuada placa-base.

Nacionalismo
Nueve monolitos vascos
José María Albert de Paco Libertad Digital 28 Noviembre 2014

Les doy por enterados de que la Diputación de Guipúzcoa, gobernada por Bildu, ha colocado en las carreteras de la provincia señales con las indicaciones "Euskal Herria" y "Basque Country" para hacer constar a los usuarios que circulan por una vía con RH negativo. Semejante iniciativa, que lleva por nombre acción de señalética nacional o cosa por el estilo (lo juro), ha de servir, al decir de sus impulsores, para que "todo el mundo tenga claro" que el territorio por el que transita es vasco y sólo vasco.

Los carteles son bilingües, pero eso no quiere decir que la diputada de Movilidad e Infraestructuras Viarias, Larraitz Ugarte, haya dispuesto una rotulación en español y otra en francés. Tal vez la lógica así lo hubiera aconsejado, máxime teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los conductores que no son del País Vasco provienen del resto de España o del otro lado de los Pirineos. Mas pese a ello, o precisamente por ello, las indicaciones están impresas en inglés y en vascuence. La elección de la primera acaso tenga que ver con que es la lengua en que se internacionalizan los conflictos; la elección de la segunda, sin duda, ha de achacarse al espíritu redundante de todo nacionalismo, entendiendo por redundante el corolario de recordar a conductores guipuzcoanos que están en Guipúzcoa. Pero, como queda dicho, la medida (porque en verdad de eso se trata, de una medida) no pretende otro propósito que el que lleva a los osos a grabar su zarpa en los árboles.

La instalación de estos plafones (nueve en total, cuyo coste asciende a 90.000 euros) se inscribe en el consabido celo proetarra respecto a las comunicaciones. No en vano, una de las vías en que Bildu ha dejado su sello es la A-15, también conocida como Autovía de Leizarán. Como recordarán, la fetua que ETA lanzó a principios de los noventa contra el trazado se tradujo en 160 atentados, cuatro de los cuales costaron la vida a otras tantas personas relacionadas con el proyecto, entre ellas el directivo de Ferrovial José Edmundo Casañ. Paradojas del Estado de Derecho, la obra de ingeniería que mejor retrató el integrismo batasuno es hoy una sucesión de jalones destinados a que "todo el mundo tenga claro" que el País Vasco no es España. Nada, en fin, que deba extrañarnos, pues en manos de nacionalistas parece obligatorio que la realidad presente una doblez que, lejos de ser cosmética, contribuye a crear un marco mental muy concreto. Así, una carretera no puede ser sólo una carretera, sino también, y muy principalmente, un cementerio de monolitos que den noticia de quién manda y quién ha de obedecer; del mismo modo que un bar no puede ser tan sólo un bar, sino también, y sobre todo, una galería-museo de fotos de serial killers.

Hace poco, en el programa de Risto Mejide, un entrevistado (creo que era un periodista de La Vanguardia, pero no estoy seguro) hizo notar la circunstancia de que la carretera que recorre la Franja de Ponent sigue un trazado que, a caballo entre Lérida y Huesca, no deja de penetrar, alternativamente, en una y otra provincia, de suerte que, en unos pocos kilómetros, uno sale y entra de Cataluña (y Aragón) un chorro de veces. Pienso en lo pedagógico que sería que el Gobierno catalán colocara, a cada sinuosidad, un cartel como los de Bildu. Y así ver de cerca la compulsión, estrictamente simiesca, en que se resume el nacionalismo.

Cesarismo
miquel porta perales ABC Cataluña 28 Noviembre 2014

Cesarismo, bonapartismo, personalismo y populismo al servicio de la causa y de quien -en singular- la personifica y simbolizahí

Hay algo -bastante o mucho- de cesarismo o bonapartismo en el discurso y quehacer de Artur Mas. Esa confianza -fe, incluso- que transmite la astucia y capacidad personal del líder. Esa imagen del guía que se presenta como regenerador y redentor del pueblo. Esa épica -de alta o baja intensidad, según imponga la coyuntura- que convoca al pueblo para que se pronuncie en plebiscitos que buscan la adhesión inquebrantable a mayor gloria de los deseos e intereses -en este caso- de la nación catalana y de quien la encarna.

Ese personalismo que busca la legitimación suprema y quiere imponer su voluntad a los adversarios. Que quiere doblegar a los adversarios. Y el auditorio aplaude y lanza consignas, reconfortado por el mantra que recita el líder. Cesarismo, bonapartismo, personalismo y populismo al servicio de la causa y de quien -en singular- la personifica y simboliza. Todo ello -como no podía ser de otra manera en quien busca emocionar y ofrecer buena imagen-, aderezado con la «profundidad de nuestra historia», la «consustancial identidad catalana» y la «sonrisa en los labios».

No es oro todo lo que reluce. No es precisamente épica -ni regeneración política, ni redención nacional catalana- lo que trasluce el discurso de Artur Mas. En lugar de épica, vulgaridad política. La esencia del discurso de Artur Mas: presionar a ERC para que acepte una lista unitaria bajo amenaza de exclusión nacional; evitar -ocultando la sigla- la hecatombe electoral de CiU en unas elecciones partidistas; prorrogar la carrera política del actual presidente de la Generalitat, lastrada por la marca CiU que quiere evitar y cuyo «haber» está vacío. Y que cada cual ordene, según su parecer, las prioridades -complementarias- de Artur Mas. Más allá de ello, el discurso del presidente de la Generalitat expresa la voluntad de pensamiento y partido únicos del nacionalismo catalán. Un unanimismo que pone entre paréntesis la democracia parlamentaria. ¡Y se consideran los apósteles de la democracia y el diálogo!


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