AGLI Recortes de Prensa  Domingo 7  Diciembre  2014

Cumplir la Constitución antes de reformarla
EDITORIAL Libertad Digital 7 Diciembre 2014

El aniversario de la aprobación de la Carta Magna adquiere este año una significación especial como consecuencia de la campaña para su reforma impulsada por diversos partidos políticos. Parece que hay un amplio acuerdo en la necesidad de una reforma constitucional, si bien no existe hasta el momento un documento compartido con las líneas maestras que hay que abordar para llevar a cabo con éxito un cambio tan esencial en nuestro modelo de convivencia. El caso del PSOE resulta especialmente llamativo, tanto por la inconcreción de su idea reformadora como por la importancia que estas siglas todavía tienen en la política española, pues a tenor de las declaraciones de insignes socialistas, con su secretario general a la cabeza, todo consiste en legalizar los incumplimientos y traiciones de los partidos nacionalistas para que "se sientan cómodos en España" a través de un "mejor encaje de Cataluña".

Parece mentira que después de 36 años intentando satisfacer sin éxito las exigencias y abusos del separatismo, haya políticos como Pedro Sánchez que cifran su programa político en aumentar -aún más- estas concesiones que socavan el principio fundamental de igualdad de todos los ciudadanos. Pero es que, además de injusto, el propósito de Sánchez es perfectamente inútil, puesto que la única razón de ser del nacionalismo es fomentar agravios imaginarios con la petición de nuevos privilegios, en una escalada que no puede tener fin por las propias características políticas y sociológicas del fenómeno del separatismo. Cuatro décadas de deslealtades, injusticias, traiciones y afrentas nos eximen de un relato más exhaustivo.

La paradoja de estos movimientos reformistas procedentes de la izquierda es que tratan de modificar un documento que está muy lejos de haberse aplicado en su integridad. El problema en Cataluña o el País Vasco no es que la Constitución se haya quedado trasnochada, sino que jamás se ha puesto en práctica en los términos previstos en la propia Carta Magna, que garantiza principios básicos como la libertad de los ciudadanos y la igualdad de todos los españoles. Peor aún, estos incumplimientos conscientes de los principios constitucionales por las fuerzas separatistas se han llevado a cabo sin que los distintos Gobiernos del Estado hayan utilizado los mecanismos constitucionales destinados a hacer cumplir la ley en todo el territorio nacional.

La Constitución Española, como toda obra política, está lejos de ser perfecta. Ahí están la creación de una fórmula delirante como las "nacionalidades" en su preámbulo o el Título VIII, que consagra el actual Estado Autonómico a través de la fórmula del "café para todos" impuesta durante la Transición. Una reforma constitucional en defensa del interés de España y de la igualdad de todos los españoles debería ir precisamente en sentido contrario del que propugnan socialistas y nacionalistas. Sólo la centralización de competencias esenciales para la vertebración nacional y la reducción del enorme aparato burocrático autonómico pueden tener algún sentido para justificar una reforma de este calado. Pero incluso bajo esas saludables premisas, iniciar un proceso de reforma constitucional en estos momentos sería un grave error.

Por un lado porque en medio de una crisis económica galopante, la operación secesionista en marcha, un clima generalizado de corrupción y la emergencia de fuerzas antisistema que pretenden acabar con el orden constitucional, sería un completo despropósito poner en cuestión además las bases mismas de nuestro sistema democrático. Pero si, además, los intentos de reforma van encaminados precisamente a debilitar la unidad de España y aumentar las desigualdades entre los ciudadanos, como pretenden Pedro Sánchez y sus compañeros de viaje en la izquierda, lo más sensato es oponerse a la apertura de un proceso que, dada la nula fiabilidad de sus protagonistas, agravaría los problemas que ya padecemos en lugar de resolverlos.

Antes de plantear la necesidad de reformar la Constitución es necesario que las autoridades del Estado, todas, la obedezcan y, en caso contrario, que el Gobierno la haga cumplir. Nuestra Carta Magna tiene todavía resortes, preceptos y mecanismos suficientes para poner freno a muchos de los males que aquejan a la nación española. Tomemos como ejemplo final, y el más descriptivo, la necesaria separación de poderes y despolitización de la Justicia, un principio enunciado en la Carta Magna y traducido en un procedimiento de elección de los órganos de la Judicatura, que el primer gobierno socialista de Felipe González hizo pasar a mejor vida sin que ningún otro Ejecutivo posterior haya querido rehabilitarlo. En relación con este asunto vital para la existencia de un verdadero Estado de Derecho vale la pena traer a colación el conjunto de medidas propuesto por los jueces decanos de España hace unos días. Que entre más de medio centenar de medidas no haya la más ligera mención a la necesidad de que exista una verdadera separación de poderes para combatir eficazmente la corrupción, da una idea del grado de desamparo del texto constitucional respecto a las instituciones que deberían aplicarlo a rajatabla.

Los distintos Gobiernos de España y sus principales instituciones no han estado a la altura de las circunstancias, pero eso no es un problema de redacción de la Constitución ni de la estrechez de miras de los padres de la Carta Magna como se pretende hacer ver. Más bien es la consecuencia de tener unas autoridades del Estado acomodaticias para preservar sus privilegios y de la cobardía de una clase política que ha actuado siempre con un complejo tan atroz como injustificado frente a los nacionalistas, al precio de perjudicar los intereses comunes de todos los españoles y, especialmente, de los que viven en los territorios controlados por el separatismo.

La España constituida
La libertad e igualdad que fundamentan la Constitución deben ser la base de todo debate
MARIO VARGAS LLOSA, CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO. El Pais 7 Diciembre 2014

Es un plácido lugar común el afirmar que la Constitución de 1978 fue el resultado de un pacto entre distintos. Más o menos subrepticiamente se añade que sus problemas arrancan de que el pacto se fraguó entre el tiempo viejo y el nuevo, es decir, entre el franquismo y la democracia.

Este es un análisis que refleja uno de los vicios más obstinados de la historiografía española y que podríamos llamar el mito de la transición inacabable. No hay consenso sobre la duración de ese proceso, que algunos alargan, a su conveniencia argumentativa, hasta el 23 de febrero de 1981, la victoria socialista de octubre de 1982 o incluso hasta el triunfo de José María Aznar en 1996, por no hablar de quienes, con la arrogancia de la irresponsabilidad, proclaman que el 15-M y su derivación partidista cierran definitivamente un lacerante episodio de la historia española.

Esta incertidumbre historiográfica y política revela una causa más vasta e inquietante: la imposibilidad de que España salga de un eterno periodo constituyente, una característica verificada en la historia de los siglos XIX y XX y que amenaza con seguir operando como un desdichado mantra de la actividad de nuestra comunidad política. Esa España constituyente que no acaba nunca de constituir nada sólido ni de ser constituida, esa España instalada en la adolescencia política, cabe vincularla también con otra característica de la discusión civil. Los problemas españoles nunca son problemas normales, por así decirlo, resultado de las circunstancias cambiantes, de la irrupción de nuevos problemas, de nuevos agentes sociales o resultado del desgaste o caducidad de las soluciones.

A diferencia de lo que sucede en la mayoría de países de nuestro entorno los problemas españoles son siempre estructurales y tienen siempre una inequívoca denominación de origen. Así, asuntos como la corrupción económica, el populismo transversal y rampante, la democratización de los partidos políticos, la capacidad extractiva de las élites e incluso las tensiones territoriales son vistos como problemas ibéricos pata negra, porque ya se sabe que lo que pasa en España no pasa en ninguna otra parte. De ahí que en lo que otros lugares trata de resolverse con la evolución y mejora de leyes concretas y consuetudinarias aquí tiende a plantearse como problemas excepcionales que requieren medidas excepcionales. Un vidrioso asunto, de explicación compleja, en la que no es difícil ver una consideración algo mágica, premoderna, de la política, que acaba remitiendo a la figura, realmente ibérica, del hombre providencial cargado de soluciones providenciales. No creemos que la conclusión que se deriva de todo esto se le escape a ningún lector: lo anómalo en España no son los problemas sino el carácter, inmaduro, frívolo y a veces histérico, de las soluciones propuestas.

El afán adánico de gran parte de la política española se proyecta en el actual debate constitucional con el flagrante error añadido que insinuábamos al comienzo: la Constitución de 1978 lleva el estigma de Caín del franquismo y ello se invoca como una razón irrevocable para su pronto arrumbamiento.

Pero esto es una grave falsedad histórica y moral. La Constitución de 1978 fue resultado de un pacto entre demócratas, perfectamente legitimados por las elecciones del 15 de junio de 1977. Unos demócratas que respecto a la cuestión territorial actuaron entre dos extremos: el centralismo y el independentismo. Y que mientras reafirmaban, al estilo de Francia, Italia, Alemania y la abrumadora mayoría de democracias, la indisolubilidad del Estado siempre y cuando esta Constitución rigiera y establecían un sujeto de soberanía formado por el conjunto de los españoles, también diseñaban una descentralización del poder que por su amplitud y profundidad tenía pocos precedentes.

La Constitución de 1978 fue, y sigue siendo, la máxima y genuina expresión de esa tercera vía que algunos buscan hoy con la ofuscación de los que buscaban la carta en el célebre relato de Poe. Una tercera vía que para algunos de nosotros incluía privilegios y ceremonias étnicas difíciles de tragar, como todo lo referente a los supuestos derechos históricos de algunas regiones y sus consecuencias, fundamentalmente económicas, pero que cabía inscribir en la lógica de satisfacción insatisfecha de todo pacto y en la perentoria necesidad de la paz civil entre españoles distintos. Y que, en cualquier caso, establecía y protegía lo esencial: la consideración de que la identidad democrática (el demos) no tiene más tierra de arraigo que la Constitución, es decir, la ley compartida.

Es sabido que para los nativos cuenta de dónde viene genealógicamente cada cual. Por el contrario, para los ciudadanos solo cuenta adónde vamos a ir todos juntos bajo las mismas leyes, aunque cada cual con un perfil propio creado a su modo y manera. Esa sustancia civil, en fin, sobre la que se asentaba una de las constituciones más federalizantes del mundo en 1978 y que así sigue siéndolo.

La reforma de la Constitución es un objetivo político legítimo. Pero conviene meditar de qué se habla cuando se habla de ella y en nombre de quién se habla. Para empezar, hay que distinguir entre la posibilidad de enmendar la Constitución, por ejemplo en lo referido al déficit o la sucesión a la Corona, y su reforma: en más de 200 años, la Constitución de Estados Unidos ha sido enmendada tan solo 27 veces y reformada ninguna. Y, sobre todo, conviene desvincular cualquier reforma constitucional de esa mítica tercera vía que ya quedó establecida en el pacto fundacional de la democracia española.

Es difícil desmentir, en base tercerista, que la Constitución de 1978 es el ejemplo más consistente y realizado de la tercera España con la que soñaron los mejores políticos e intelectuales de los años treinta silenciados, cuando no aplastados, por la Guerra Civil. La reforma constitucional puede invocarla así la eterna y malcriada adolescencia política española. Y desde luego el secesionismo, mucho más interesado en la fragmentación de la soberanía que en la propia materialización de la independencia.

Y pueden invocarla, finalmente, los llamados federales, armados de sus blindajes. Pero siempre que asuman la responsabilidad de lo que eso significa. Blindar las reivindicaciones identitarias, sean la lengua común, la educación o los símbolos nacionales compartidos, supone fragmentar el demos común en beneficio de los etnos excluyentes. Y proponer una reforma de la Constitución de estas características supone asumir la práctica desaparición del Estado de algunas regiones españolas. El resultado es conceder a los secesionistas buena parte de lo que piden, con la única contrapartida de que no le llamen independencia.

Frente a la España constituyente, o reconstituyente, de la pócima y hasta del elixir, los ciudadanos españoles deben reivindicar la razón de la España constituida. Es decir, ese lugar donde todas las discusiones políticas parten del apriorismo de la libertad y de la igualdad que nuestra Constitución establece.

Este artículo lo firman Cayetana Alvarez de Toledo, Félix de Azúa, Nicolás Redondo Terreros, Fernando Savater, Andrés Trapiello y Mario Vargas Llosa, fundadores de Libres e Iguales

EL MITO ADANISTA
IGNACIO CAMACHO ABC 7 Diciembre 2014

LA reforma de la Constitución es ya un clásico de cada cumpleaños de la Carta Magna. Sólo que el debate se ha trasladado de la conveniencia de modificarla a la voluntad de jubilarla, de tal modo que lo que antes se discutía como conveniente ahora parece el mínimo necesario. Quizá por eso Rajoy, que es un hombre genéticamente conservador, ha decidido devolver la cuestión a la casilla de salida y pronunciarse por dejarlo todo como está. Dado que tiene el Gobierno y la mayoría el asunto parece quedar zanjado para lo que queda de legislatura. La ventanilla de enmiendas constitucionales tiene bajada la persiana. Cerrado hasta diciembre de 2015.

El presidente, tan aficionado a evitar las tomas de posición, ha optado esta vez por una expresión clara. Está cómodo en el marco vigente y por ahora no piensa cambiarlo en coherencia con su conocida alergia al aventurerismo. Si vuelve a ganar las elecciones tal vez se avenga a algunos retoques de actualización y si las pierde siempre le quedará, además de una minoría de bloqueo, el consuelo de no haber sido él quien abra la caja de Pandora. Sin duda esa actitud tiene que ver con su carácter inmovilista, pero también representa la intención de reivindicar el legado de la Transición y su modelo de convivencia. En un momento de enorme tensión política, social y territorial, en el que surgen tentativas de centrifugar el pacto fundacional de esta democracia, alguien tiene que defender la estabilidad del Estado frente a los proyectos de asalto y de ruptura. Y está por demostrar que alguno de los problemas cardinales de la nación, incluido el de Cataluña, pueda solucionarse con la pócima política de reescribir parte del articulado de una Constitución que si en algo ha fallado ha sido sobre todo en no prever la deslealtad de algunos a la hora de cumplirla.

La Carta del 78 se puede y tal vez se debe reformar, pero siempre desde la convicción compartida sobre la vigencia de sus principios esenciales frente a la presión de las fuerzas que no quieren modificar el modelo, sino abolirlo. Eso es lo que significan el secesionismo catalán y el populismo de extrema izquierda: una impugnación de los consensos ciudadanos que han regido la España democrática. Una vuelta al rupturismo que fue sensatamente arrumbado en el período constituyente. El éxito de esta Constitución perfectible consiste en que supo evitar el error de origen de la del 31, redactada por unos españoles contra otros. Ese espíritu inclusivo, integrador, es el que merece la pena conservar contra el mito generacional de la legitimidad caducada por el tiempo, una inmadura y falaz superchería de la wikipolítica. Los valores clásicos no envejecen porque no tienen edad; por eso son clásicos, inmanentes, necesarios. España siempre ha fracasado cuando se imponen los adanistas que pretenden inventar un paraíso casi siempre excluyente y a su propia medida.

LA reforma de la Constitución es ya un clásico de cada cumpleaños de la Carta Magna. Sólo que el debate se ha trasladado de la conveniencia de modificarla a la voluntad de jubilarla, de tal modo que lo que antes se discutía como conveniente ahora parece el mínimo necesario. Quizá por eso Rajoy, que es un hombre genéticamente conservador, ha decidido devolver la cuestión a la casilla de salida y pronunciarse por dejarlo todo como está. Dado que tiene el Gobierno y la mayoría el asunto parece quedar zanjado para lo que queda de legislatura. La ventanilla de enmiendas constitucionales tiene bajada la persiana. Cerrado hasta diciembre de 2015.

El presidente, tan aficionado a evitar las tomas de posición, ha optado esta vez por una expresión clara. Está cómodo en el marco vigente y por ahora no piensa cambiarlo en coherencia con su conocida alergia al aventurerismo. Si vuelve a ganar las elecciones tal vez se avenga a algunos retoques de actualización y si las pierde siempre le quedará, además de una minoría de bloqueo, el consuelo de no haber sido él quien abra la caja de Pandora. Sin duda esa actitud tiene que ver con su carácter inmovilista, pero también representa la intención de reivindicar el legado de la Transición y su modelo de convivencia. En un momento de enorme tensión política, social y territorial, en el que surgen tentativas de centrifugar el pacto fundacional de esta democracia, alguien tiene que defender la estabilidad del Estado frente a los proyectos de asalto y de ruptura. Y está por demostrar que alguno de los problemas cardinales de la nación, incluido el de Cataluña, pueda solucionarse con la pócima política de reescribir parte del articulado de una Constitución que si en algo ha fallado ha sido sobre todo en no prever la deslealtad de algunos a la hora de cumplirla.

La Carta del 78 se puede y tal vez se debe reformar, pero siempre desde la convicción compartida sobre la vigencia de sus principios esenciales frente a la presión de las fuerzas que no quieren modificar el modelo, sino abolirlo. Eso es lo que significan el secesionismo catalán y el populismo de extrema izquierda: una impugnación de los consensos ciudadanos que han regido la España democrática. Una vuelta al rupturismo que fue sensatamente arrumbado en el período constituyente. El éxito de esta Constitución perfectible consiste en que supo evitar el error de origen de la del 31, redactada por unos españoles contra otros. Ese espíritu inclusivo, integrador, es el que merece la pena conservar contra el mito generacional de la legitimidad caducada por el tiempo, una inmadura y falaz superchería de la wikipolítica. Los valores clásicos no envejecen porque no tienen edad; por eso son clásicos, inmanentes, necesarios. España siempre ha fracasado cuando se imponen los adanistas que pretenden inventar un paraíso casi siempre excluyente y a su propia medida.

Y UN AÑO MÁS… LA CONSTITUCIÓN
Antonio García Fuentes Periodista Digital 7 Diciembre 2014

Sí… “un año más nos montan la parafernalia para celebrar una ley de leyes ya bastante vieja y que apenas nos ha servido nada a la inmensa mayoría de españoles”… que en franca decadencia, hoy “padecemos” la vergonzosa situación de una nación comida por la corrupción y la ruina consiguiente, que ha sido el fruto de que “cada cual ha hecho de su capa un sayo” y ahora nos cantarán las mentiras de siempre, sobre algo que debió servir para mucho pero que apenas ha servido para nada. Pues… ¿qué podemos celebrar los españoles sobre ese papel mojado que nos airean para propaganda de los que no sabiendo emplear esa ley madre nos han llevado a la miseria?

He escrito y criticado ello durante muchos años, tantos como que pronto vi que aquella “ley madre” no era otra cosa que un adorno más sin utilidad apenas, puesto que más que emplearla como ariete para el progreso ha sido empleada como “rodilla de limpieza, papel higiénico o de envolver cualquier cosa para tapar a alguien”. Por ello hoy me limito a recordar párrafos de lo mucho publicado por mí.
“CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA 30 AÑOS… ¿Y QUÉ?: Exactamente hace siete años escribí lo siguiente y lo mandé a publicar: “Han pasado cuatro lustros y va para cinco (23 años) y simplemente coges el texto de la Constitución Española y al irlo leyendo, tienes que echarte a reír o a llorar... Se pasaron largos meses de discusión, la realizaron por fin, los denominados padres de ella; la pusieron en los altares políticos, enviándonos incluso una copia (para que no nos engañara nadie); nos la restriegan por las narices cada dos por tres, pero la realidad es que es un papel muerto que no sirva para nada... algunos se han meado en ella y no pasa nada... ¿Para qué la queremos los españoles?... ¿Qué y cómo pueden justificarlo los políticos? ” ¿Qué más podemos añadir hoy… podemos quitar algo?

Yo creo que no, el deterioro ha sido un suma y sigue, para que esa “ley madre de leyes”, no nos beneficie a los españoles en la medida en que debiera; por el contrario a la clase política (y quizá por ello lo festejan tanto) sí, puesto que hacen, hicieron y van a seguir haciendo lo que mejor les venga en gana y la Constitución, seguirá “durmiendo entre el polvo del olvido y el moho del envejecimiento”; y una vez al año, la sacarán, le limpiarán las fundas que la envuelven y a montar el anual jolgorio, desde para el rey hasta el último enchufado a la que vulgarmente se denomina “la teta nacional”; o sea el dinero de los impuestos y que unos y otros seguirán despilfarrando impunemente; queriéndonos hacer ver lo que en un lugar que conozco, decía “Paco Levita a su mujer” y que no reproduzco aquí, por cuanto es demasiado “bronco”, pero aquel que lo conozca, se partirá de risa.

Y si he nombrado al rey en primer lugar, es por cuanto al “encarnar” al Estado y por ende al pueblo español, su defensa constitucional deja mucho que desear, por tanto debiera “despabilarse”, si quiere que exista continuidad en su dinastía; que visto cómo va “el carro de España”, pienso que no va a durar mucho”. (Escrito y publicado en diciembre 2008)

“La Constitución… ni sirvió ni sirve: En el claro idioma español, esa es la triste o cruel realidad de la denominada “ley madre que debiera haber amparado y organizado a los españoles de la nueva era, que tan feliz nos la prometían”… pero que la realidad tras 34 años de ser aprobada, es la que es y el futuro no se presenta halagüeño… ni mucho menos.

Empezando por lo que esa ley dice de que… “todos los españoles somos iguales ante las leyes” y recordando la infinidad de casos en que esto no se ha cumplido. Recordando el que hasta afines a banda de terroristas y asesinos, hoy lucen cargos políticos magníficamente remunerados y alentando desde ellos la separación o sedición del núcleo nacional; continuando que asesinos de la peor calaña de esa banda, o están en la calle, o han tenido privilegios incalificables y que incluso en los “altos tribunales”, se les ha dado “cancha o paso” para llegar a donde hoy se encuentran; continuando en que grandes estafadores o delincuentes de “altura” y a través del tribunal que debiera velar (de verdad) por el cumplimiento constitucional, les han buscado “los espartillos”, para que no solo no pisen la cárcel sino que estén libres y limpios de polvo y paja. Recordando igualmente que a ciertas autonomías las normas constitucionales o incluso sus sentencias, se las han pasado por donde todos imaginamos… y terminando con las actuaciones de cierta cantidad de políticos, que hacen y dejan hacer lo que conviene en cada momento, para ellos seguir en la poltrona; hemos de reconocer que esa “ley madre”, fue secuestrada y los hijos que tenía que amparar y defender… “fueron llevados al expósito y allí seguimos”; aquí la única ley que impera y que ha imperado siempre, es la del embudo y la que se ejerce con la mayor impunidad inimaginable.

Y como cada año y con toda desvergüenza los políticos que transitoriamente están en el poder o viven de nuestros impuestos, aunque dicen estar en la oposición (que es un decir puesto que la mayoría se han anquilosado en “la teta nacional” y no se despegan de ella ni por un instante)… nos montan la parafernalia de cada año y nos cuelgan las fanfarrias constitucionales presentándonos “el bodrio” como él no va más; mejor que este año guarden un absoluto silencio y nos pidan perdón por tanto abuso y de paso, prometan que van a rehacer (o hacer) una nueva constitución y que juran… “por nuestros muertos”, el que la harán cumplir a rajatabla.

En la reforma que nos presenten debe constar que aparte de la monarquía, aquí podrá haber república o cualquier otro tipo de gobierno que una mayoría vote en referéndum… y muchas otras cosas, que debieran ser “sondeadas” al ya exprimido “súbdito”, puesto que seguro estoy el que muchos tienen ideas aprovechables y beneficiosas para todos… y no para minorías de saqueadores, que es lo que hemos padecido hasta aquí”. (Escrito y publicada el 06 de Diciembre del 2012)
¿Qué más podríamos añadir hoy? Quizá un piadoso “amén”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Las últimas horas de la Constitución de 1978
Pablo Planas www.cronicaglobal.com 7 Diciembre 2014

Que las constituciones no son eternas lo demuestra el arranque de la Constitución de 1812: "En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo autor y supremo legislador de la sociedad". Sin embargo, la vieja Pepa, en el primer capítulo del primer título, "De la nación española y de los españoles", contiene cuatro artículos que pese a un hemisferio de más podrían ser el comienzo de una nueva Constitución española:

Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Art. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

Art. 3. La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.
Art. 4. La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

En aquel año de 1812, bisiesto por más señas y como escribiría (o no) Arturo Pérez Reverte, los bandoleros le daban estopa al francés mientras la patria chorreaba sangre en el hemisferio colonial. A aquellas alturas de la historia ya habían pasado cuatro años de los Fusilamientos del 2 de Mayo y le quedaban dos de martirio a la Grande Armée de Napoleón Bonaparte. Fue la Guerra de la Independencia española o lo que en Cataluña se camufla como Guerra del francés y en otras partes de España se llama la "francesada".

Y el sobrenombre de la Pepa le viene a esa Constitución porque se aprobó un 19 de marzo y porque tras su derogación, dos años después, al retorno de Fernando VII, era la forma de referirse a aquel texto tan efímero como mítico y que por primera vez le birlaba la soberanía a la Corona y la depositaba en la Nación, la reunión de todos los españoles.

Hoy es el día de la actual Constitución española, que cumple 36 años. Del momento terminal da prueba el hecho de que se constituye en portada de los cuatro diarios catalanes. Por activa en La Vanguardia y El Periódico, que plantean la necesidad de su reforma: tres de cada cuatro catalanes en el primer caso y una veintena de expertos en el segundo. Por pasiva en el Ara, que dice que está "más sola que nunca". Y por omisión en El Punt-Avui, que no hace fiesta.

La Constitución española de 1978 fue la letra pequeña de la historia de un país que a veces merecía la pena. No va a quedar de ella casi nada en pie. A lo peor se salva el preámbulo, que se atribuye a Tierno Galván, y los artículos más decorativos. Tanto da porque la Carta Magna que ha presidido el periodo democrático más largo de la historia de España casi siempre fue letra muerta y papel mojado y cuanto más útiles y preclaros resultaban algunos de sus mandamientos, menos caso, por no decir ninguno, se les hizo. El artículo 155, por ejemplo, es el más mencionado de la historia y el menos leído. No se aplicó jamás, como muchos otros.

Letra pequeña, pero con la diferencia de que no ha resultado jurídicamente relevante a diferencia de la ídem de las hipotecas. El 155 podría ser el epitafio de la Constitución. He aquí lo que dice:

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Esos dos puntos eran los únicos tanques que podían haber entrado por la Diagonal; otra "lectura" del encaje de Cataluña en España. Como el texto tiene las horas contadas, se conmemora con elogios fúnebres. Hay que cambiarla, pero no para que nada cambie sino para satisfacer al nacionalismo catalán. A lo largo y ancho de tres décadas y media, la Constitución podría y hasta debería haber sido objeto de reformas no sólo cosméticas, pero que el retoque se imponga para atajar las hemorragias provocadas por el "proceso" no es una operación a corazón abierto. Es una autopsia.

Nada es para siempre y los tiempos cambian. Al 6 de diciembre le quedan dos telediarios como día no laborable. Éste puede haber sido el último puente y además, modesto. Hubo años en que no se trabajaba durante una semana entera y los hoteles colgaban el cartel de completo. Y todo turismo nacional, nada de guiris. Ya desde el primero momento hasta los constitucionalistas le llamaban a esas vacaciones el Puente de la Purísima, que cae en 8 y es festivo que tiene más que que ver con la Constitución de 1812 y el Espíritu Santo que con la de 1978 y el espíritu de la Transición.

En casi todos los periódicos es portada la fotografía del Cambio: El Rey, Felipe VI, en un Seat León "de última generación" con el presidente de la Generalidad, Artur Mas. De la secuencia podría inferirse que el segundo le dice al primero: "A mí que me imputen, jajaja". Es el "pacto del utilitario", que tuvo como testigos al ministro de Industria, José Manuel Soria, y al presidente de Seat, Jürgen Stackman, que tampoco se enteraba de nada.

En términos generales, la idea es que el monarca ha transmitido que "hacen falta gestos positivos". Lo positivo sería que la visita a la Seat fuera el primer episodio de la presencia del Estado en Cataluña, pero hay mar de fondo. Los mismos empresarios que arropan a Mas y le aplauden las conferencias acompañaron a Mas en Martorell. Son también los que reman a favor de la reforma de la Constitución y no precisamente en la línea de preservar la soberanía nacional. Más bien todo lo contrario.

Al menos condujo el Rey.

ESTO NO LES FUNCIONA
Asesinos a la calle, para celebrar la Constitución
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 7 Diciembre 2014

Un régimen se valora según la eficacia de sus instituciones. No hay Estado de Derecho si los enemigos armados de la paz pública son premiados y excarcelados.

El asesino de ETA Santiago Arróspide Sarasola está en la calle. ´Santi Potros´, culpable entre otras cosas del atentado de 1987 contra Hipercor, en el que murieron 21 personas, ha salido libre de la cárcel. Fue condenado a 1920 años de cárcel por asesinatos de policías y a 790 por los crímenes del hipermercado. Él es libre. Sus víctimas siguen muertas o humilladas. El Gobierno no ha cumplido ni sus promesas electorales ni sus deberes constitucionales. Una manera estupenda de celebrar el día de san Nicolás, cumpleaños de la Constitución de 1978.

Podemos escondernos detrás de tecnicismos sin fin. Pero para eso ya están la vicepresidenta del Gobierno y sus ministros de Interior y de Justicia. Es un recurso viejo, aburrido e inútil. Ya se anuló para este asesino la doctrina Parot y se pasó la fecha de su liberación de 2030 a 2025. A esto el Gobierno respondió echando la culpa a los Tribunales europeos, cuando por supuesto un Estado soberano es perfectamente libre de legislar y hacer cumplir sus leyes… o si no reconoce no ser soberano. Ahora se le perdonan 9 años más, aplicando un descuento por acumulación de la pena a las que fue condenado en Francia de acuerdo a una normativa europea años antes.

No es el único, ni el primero. La cosa ha sido recurrida por la Fiscalía ante el Tribunal Supremo con argumentos legales. Pero el recurso no ha sido del Gobierno, que se ha limitado a un gimoteo inoperante, sino decisión del Fiscal. Bien por él, mal por sus superiores políticos. El hecho es que una Ley española querida y votada por este PP ha entrado en vigor y ha dado pie a la aplicación favorable a ETA de esa normativa europea, que si no seguiría sin ser aplicable. Santi Potros ya está en la calle, como otros; enseguida puede salir hasta el famoso Francisco Mújica Garmendia ´Pakito´. De Soraya Sáenz de Santamaría sólo han salido palabras que a nada comprometen (y sería igual, visto lo visto), pero los hechos son estos.

Hechos, y no palabras. Terroristas sin cumplir sus penas, sin arrepentirse de sus crímenes, sin pedir perdón a sus víctimas, sin abandonar la disciplina de su banda, sin dejar de apoyar al brazo político de ETA, están saliendo a la calle. Esos son hechos. Hechos son que el separatismo ve sus objetivos al alcance de su mano (independencia, socialismo y Navarra, la vieja y nunca olvidada "alternativa KAS") sin necesidad de matar. Hechos son que políticos profesionales renuncian a defender España y sus leyes a cambio del tanto mediático de mantener una "tregua", en vez de aplastar a la banda sin ninguna concesión como era y es perfectamente posible.

La paz pública no es un éxito extraordinario por el que pueda pagarse un precio extraordinario: es el deber de todo Estado, la fuente de legitimidad última. De ninguna manera los enemigos de la nación soberana pueden ser recompensados por matar o por dejar de matar. De ninguna manera sus víctimas pueden ser peor tratadas que los verdugos, o equiparadas de cualquier modo a ellos. Hubo un tiempo en el que el PP tenía claro esto, aunque Jorge Fernández Díaz, hijo preclaro del CDS y del suarismo acomplejado, no era ministro del Interior. Ese tiempo ha pasado. Claro que en este tiempo nuevo el ministro puede recordar más fácilmente que es "hermano" espiritual del líder independentista Rafa Larreina, por ejemplo. Espero que asistan juntos al funeral de la Constitución de 1978, el texto provisional y flojo que, además mal aplicado, nos pone en esta situación. Es el fin de un régimen que, con los hechos, renuncia a su propia legitimidad. Que no nace de ninguna tertulia, sino de España.

Oligarquía y sumisión: un libro necesario

José Javier Esparza www.gaceta.es  7 Diciembre 2014

La obra de Ortí Bordas es la respuesta a esa cada vez menos generalizada convicción de que nuestros sistemas políticos gozan de buena salud democrática.

“Oligarquía y sumisión”: Éstas son las contundentes palabras que el ex senador y ex diputado José Miguel Ortí Bordas ha elegido para dar título a una de las más importantes obras últimamente publicadas en el panorama del pensamiento político en España. El ex parlamentario no sólo analiza el estado de salud y los vicios y las carencias de las democracias occidentales, sino que, al situar en nuestro momento de la Historia los procesos y las causas que nos han llevado donde estamos, logra evaluar la enorme magnitud de los desequilibrios y hasta peligros que acechan, sobre todo a Europa, en un futuro no muy lejano.

Se trata de un libro necesario. Necesario, porque alguien ha de escribir la verdad. Alguien sin miedo ha de señalar cuál es la situación real de la democracia de nuestro tiempo y exclamar con desenvoltura que “el emperador está desnudo”. Seamos francos: la democracia, el concepto que entendíamos por “Democracia”, está cambiando. Y todo parece indicar que no para mejor. Pero, ¿quién se atreve a decirlo, y decirlo además con rigor y sólidos argumentos? Casi nadie. Y de quienes han pasado por importantes cargos políticos o han militado en algún partido, todavía menos gente. Y es natural. “Mejor callarse, mejor mantener silencio, mejor no hablar”; he aquí una máxima de prudencia que desde siempre ha demostrado su eficacia para no perder el favor del Poder y en muchos casos para no perder la vida. Desde la Edad de Piedra hasta el Imperio Romano, desde el feudalismo o los tiempos de la Inquisición o de los fascismos o los comunismos del siglo XX hasta nuestros días, todos conocemos el inmenso riesgo que significa expresar en público un comentario que pueda disgustar al Leviatán. O una opinión que sea contraria a la comúnmente aceptada por masas movidas por éste a su antojo. Los herejes casi siempre acaban en la hoguera, con o sin Inquisición, con o sin llamas.

“¡Oiga, pero en nuestros días, gracias a nuestros avanzados sistemas políticos, todos podemos decir lo que pensamos y hay libertad de expresión y de pensamiento!”, afirmará con ímpetu y tal vez sincera fe algún ilustrado votante de uno u otro partido. E incluso puede que continúe argumentando que en Europa vivimos en el mejor de los sistemas políticos posibles donde florecen democracias ejemplares en las que la voluntad de los ciudadanos se respeta escrupulosamente con parlamentos fuertes, además de una eficaz División de Poderes sobre cuya base resplandece un sólido Estado de Derecho… etc.

El libro de Ortí Bordas es la respuesta a esa cada vez menos generalizada convicción de que nuestros sistemas políticos gozan de buena salud democrática. Su diagnóstico es diáfano. Ya no hay, escribe, representación real de los ciudadanos en el parlamento, sino de los partidos todopoderosos a través de candidatos designados a dedo para ocupar puestos en las listas electorales.
La muerte de la democracia

“La Democracia representativa ha muerto”, afirma Ortí Bordas en las primeras páginas del libro. A partir de esta constatación se desarrolla el resto del análisis, en el que la preocupación del autor sobre el creciente deterioro del marco institucional de las democracias europeas es una constante metodológica, especialmente en las páginas que dedica a la merma de las funciones de un parlamento que cada vez se parece más a un teatro (pág. 53) , o a la evaluación del estado en nuestros días de aquello que algunos recordamos haber estudiado en la universidad, y que se llamaba “separación de poderes” (“ Se comenzó por lo más peligroso, por la semántica, tratando de sustituir el término “poderes” por el de “funciones”, como si semejante degradación pudiese ser inocente o carecer de consecuencias (…) (Pág. 23).

Ortí Bordás acomete la investigación sobre quiénes han sido tanto los autores como los factores necesarios de semejante crimen contra lo que entendíamos por “democracia”. Crimen, reconozcámoslo, que casi todos de momento hemos acatado en un silencio que muchos casos roza la complicidad. Su análisis es lúcido desde el principio hasta el final del libro no sólo por el talento y la amplia experiencia del autor, sino por el motivo que se apuntaba al principio de estas líneas: en ningún capítulo se pierde la perspectiva sobre la época en la que nos encontramos, sobre los rasgos de nuestro Zeitgeist. Y sobre el Zeitgeist (espíritu de los tiempos en cada época) y sus criaturas merece la pena recordar ahora a Ernst Jünger, a quien conoció en persona el senador Ortí Bordas. En una cena con medios de comunicación de pronto preguntaron a Jünger sobre Hitler y sobre Stalin, a los que el periodista describía como “figuras demoniacas”. Respondió Jünger: “Sería hacerles un favor calificarlos como demoniacos. Son tan sólo simples productos de su tiempo, de su Zeitgeist ”. Pues bien: También las situaciones y las transformaciones políticas en las que el senador Ortí Bordás centra su atención no dejan de ser “productos de nuestro tiempo”. Cada época crea sus propias formas políticas, sus propios valores, sus propias verdades y mentiras. Sus propios monstruos.

Lúcido análisis. E implacable. Sólo así puede calificarse la valoración que Ortí Bordás hace de la actual “democracia de partidos”. Los que, a su juicio, “ya no son en absoluto de cuadros o de notables como en el XIX ni simplemente de masas como en el XX, sino de funcionarios de las propias estructuras partidarias” (pág. 19), lo cual, de modo inevitable, modifica sustancialmente la política, ya que, en esas condiciones “la voluntad partidaria no responde comúnmente a las aspiraciones de la militancia, sino a los intereses del núcleo directivo” (pág. 36). Uno de los cuales es obvio: ganar las elecciones para alcanzar el poder, recuperarlo, o seguir aposentándose en él. Pero ello, al requerir de una intensa y prolongada campaña de imagen a través de los instrumentos de la propaganda, acaba por convertir al ciudadano, según Ortí Bordás, tan sólo en un consumidor. Un consumidor, recalca, no sólo de productos, financieros o no, que el marketing generalizado le ofrece, sino de una u otra opción política a la que votar: “El ciudadano ha sido sometido a un lento y eficaz proceso de maceración política que ha desembocado en una alteración sustancial de su propio estado. Ha sido reducido a mera condición de consumidor. No actúa, no decide, no opta: consume” (pág. 180) (…) “los escasos productos que le ofrece el gran bazar de la democracia de partidos” (pág. 181).

Parodia de parlamento
No son éstas condiciones en la que pueda prosperar la institución básica de toda democracia: el Parlamento. Ortí Bordás lo conoce bien. Es, de hecho, el único español que en las primeras legislaturas que siguieron a la Transición fue elegido diputado como candidato independiente, y no en la lista de un partido. Más tarde, en la Cámara Alta y ya en PP, fue en la IV Legislatura un excelente portavoz del grupo parlamentario de dicho partido. Combinaba (doy fe de ello) su oratoria eficaz y su claridad de ideas con una especial destreza para motivar y dirigir a los senadores del grupo. Pero eso era hace 25 años. Entonces el parlamento era más fuerte que ahora. Es por ello que sus consideraciones sobre el parlamento de nuestros días revisten especial interés: “Es un mero pretexto, una asamblea en donde poder sobreactuar y obtener titulares, una percha en la que colgar noticias” (pág. 53) y “Fábrica incontinente de leyes a menudo completamente innecesarias, ámbito en el que no se delibera (…)”. A lo que añade que “la actual y muy negativa hiperinflación legislativa está poniendo en apuros, por inmanejable, al propio Estado de Derecho” (pág. 60)

“La partitocracia” – llega a afirmar- “constituye la enfermedad senil de la democracia” (pág. 113); y resultado de ello (si lo combinamos con la creciente debilidad del parlamento) sería que los gobiernos no gobiernan para los ciudadanos, sino para los intereses de la oligarquía. ¿Y cuál es la oligarquía? El senador lo aclara: la combinación y la alianza de las reducidas cúpulas de los partidos con castas de altos cuerpos de la Administración del Estado y, sobre todo, con lobbies que representan intereses financieros y económicos no siempre nacionales y casi nunca coincidentes con los de la población en general. Todo ello acatado por masas obedientes que de modo voluntario sirven a los intereses de esa oligarquía. Dicho con brevedad: la sumisión como estado final de la degeneración de la democracia. Es decir, la “servidumbre voluntaria”, concepto ya descrito en el siglo XVI en el célebre tratado de Étienne de la Boétie (citado, claro está, por nuestro autor), que tanto supo elogiar Michel de Montaigne y después de él otros muchos espíritus libres hasta nuestros días.

En el libro de Ortí Bordás no faltan, claro está, alusiones implícitas dedicadas al caso español. Subrayemos su con razón dura crítica al llamado “mandato imperativo”. Es decir: que cada parlamentario tenga que votar, como una máquina, lo que el partido dicte. Nada más lejano a la añorada democracia representativa. Por otro lado, semejante insulto a la democracia no se da ni en EEUU ni en el Reino Unido ni en Alemania (por mencionar tres parlamentos serios y que cumplen su función, bien es verdad que en el tercero de ellos cada vez menos). Y ni siquiera en otros parlamentos latinoamericanos, africanos o asiáticos con menos solera.

La valentía de Ortí Bordás se pone asimismo de manifiesto en su acerada denuncia de esa inquisición posmoderna que ha acabado llamándose “corrección política” , pero que también podría haberse denominado “anomalía democrática”, como sin duda lo es el que las minorías impongan sus criterios a las mayorías y configuren , mediante la propaganda, nuevos estados de opinión que, erigidos en dogmas de fe del gazpacho mental de nuestra posmodernidad enloquecida, incluyen en su diseño la condena al ostracismo o al ninguneo de aquellos que se resistan a comulgar con esas ruedas del molino que casi nadie parece haberse dado cuenta de que al final lo que tal vez acaben machacando es… ¡a la propia Europa!
Policía del pensamiento

De hecho, conviene leer con atención los capítulos que Ortí Bordas dedica a la manipulación de las masas mediante el catecismo de lo “políticamente correcto”. Y cuya consecuencia final sería la renuncia de las personas a pensar por si mismas. “El ciudadano se hunde –mitad complacido, mitad inconsciente- , en las aguas (…) de la más dulce mansedumbre. Es un ser sujeto a fuerzas que ni percibe ni mucho menos domina, a la imagen que cada día fabrican y entronizan los medios, a la opinión dominante, a lo que se le presenta como normal y se dice compartido, a la masa de la que forma parte y a lo que hacen, piensan y dicen los demás” (pág. 46).

Lo que, sumado a los crecientes métodos de coerción que las nuevas tecnologías proporcionan al Estado, lleva, mediante la obediencia creciente de los ciudadanos, a un estado de posmoderna sumisión generalizada. Ni en la peor pesadilla Orwell hubiese llegado a imaginar tan sutil sistema de dominación: aquel al que una apariencia de democracia acaba otorgando a la oligarquía el sello de legitimidad que todo Poder político necesita.

Con todo, y retomemos lo afirmado al principio de este texto, el mayor mérito de Ortí Bordás en “Oligarquía y sumisión” no es tan sólo hacer el diagnóstico de la enfermedad de las democracias occidentales, sino situar esa enfermedad en un marco más amplio: Por un lado, el cambio de época al que estamos asistiendo, acelerado entre otros factores por las sucesivas oleadas de innovación tecnológica. Y, en segundo lugar, el hecho de que nuestro tiempo venga marcado por la decadencia de nuestros modelos y de nuestras sociedades occidentales. Por ello, y sin citar a Spengler, la metamorfosis de las democracias en otra cosa es encuadrada por Ortí Bordas en el correlato político de lo que llamamos posmodernidad. A la posmodernidad equivaldría y se adecuaría la posdemocracia, viene a decir el senador. Y añade: “Nuestra época es una época postheroica, cuyo espíritu, bañado de relativismo, ha impregnado por completo la política” (pág. 37).

Es más: según avanza la lectura del libro, el lector se encuentra, en cada capítulo con creciente frecuencia, con diversos apuntes - aislados y como dichos de pasada- sobre determinados rasgos característicos de la fisionomía postdemocrática de nuestro tiempo. De nuestro Zeitgeist. Tanto, que parecen sugerir esos comentarios que el autor tal vez prepara un nuevo tratado sobre tan importante materia. ¿Lo veremos? Ojalá. No es tarea fácil.

Concluyamos este texto con la siguiente pregunta: En las democracias del Oeste de Europa, ¿es la persona de nuestros días más libre de lo que era la persona de finales del Siglo XX? ¿Somos, ahora, en suma, más libres?

La respuesta - y bien fundamentada en una serena reflexión- puede buscarse en el libro que acabamos de comentar. (Oligarquía y sumisión. Ediciones Encuentro, Madrid, 2013). Es, tal vez, el tema de nuestro tiempo.

Y como colofón, vienen a cuento estas recientes declaraciones de Vaklav Klaus (Expresidente de la República Checa desde 2003 a 2013) que en septiembre de 2014 publicó el semanario británico “ The Spectator”.

“Si Vd. me pregunta si pienso que en nuestros días la libertad está sometida en Europa a un enorme ataque, le diría que sí. Percibo la represión que significa que no se me permita expresar mis puntos de vista. Y tengo constantes problemas con ello. Por primera vez en 20 años ahora me ha sucedido que, habiendo sido invitado a participar en una importante conferencia, cuando los organizadores descubrieron que tengo ideas propias sobre la UE o sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo o sobre la crisis de Ucrania, me dijeron ‘Lo sentimos mucho, pero hemos encontrado a otro conferenciante, muchas gracias’. Esto es algo de lo que ya tenía yo experiencia en la era comunista, pero no en la así denominada Europa libre. Sólo una estrecha gama de opiniones se consideran hoy en día políticamente correctas”.

(José Miguel Ortí Bordás: Oligarquía y sumisión, Encuentro Ediciones, Madrid, 2013.)

el trascendental cambio demográfico
¿Están preparados los británicos para convivir con Mohammed?
Celia Maza. Londres El Confidencial 7 Diciembre 2014

La pregunta es pertinente después de que Mohammed se haya convertido en el nombre más popular para llamar a los recién nacidos en el Reino Unido. La noticia no ha pasado en absoluto desapercibida. Es más, algunos periódicos han eliminado el sistema de comentarios de su versión online después de que algunas opiniones del tipo “Inglaterra está perdida” o “qué desgracia que el Gobierno permita que esto suceda” fueran a más.

La web BabyCenter ha sido la encargada de llevar a cabo la encuesta. Las críticas no se han hecho esperar ya que, realmente, ha sumado todas las variantes del nombre, como Muhammads, Mohammeds y Mohammads. Pero la Oficina Nacional de Estadística llegó a la misma conclusión el pasado mes de agosto -advertía de que Oliver era el más popular, si no se sumaban las variantes citadas- y, cuando se habla del organismo que maneja los datos oficiales, está claro que el nombre del bebé refleja un cambio demográfico importante.

Según el último censo de 2011, los musulmanes británicos representan el 5% de la población actual. Pero casi un 10% de recién nacidos y niños (menores de cinco años) en Inglaterra y Gales ya tiene como religión el islam. En otras palabras, el porcentaje de musulmanes entre los menores de cinco años es casi el doble que en la población general.

Las altas tasas de natalidad de minorías y el aumento del ateísmo explican, por ejemplo, que los niños musulmanes en Birmingham -la segunda ciudad más grande del país- superen, por primera vez, a los cristianos (34,7% comparado con 33,7%).

El cristianismo sigue siendo el patrón en Inglaterra y Gales (Escocia e Irlanda del Norte tiene su propio registro). Pero, al igual que en Birmingham, el islam es la religión dominante entre los niños de Leicester, Bradford, Luton, Slough y los barrios londinenses de Newham, Redbridge y Tower Hamlets.
Ameera, una londinense de 12 años, antes de practicar patinaje sobre hielo en el Este de Londres (Reuters).Ameera, una londinense de 12 años, antes de practicar patinaje sobre hielo en el Este de Londres (Reuters).

Los cambios también se notan en Westminster
Los cambios también se han dejado notar en Westminster. De hecho, la candidata laborista, Shabana Mahmood, hizo historia al convertirse en la primera mujer musulmana diputada por la circunscripción de Birmingham. En las últimas elecciones de 2010, los escaños musulmanes se duplicaron llegando a ocho asientos, incluido el primero para el Partido Conservador.

Con todo, las minorías solo ocupan el 4,15% de los 650 asientos de la Cámara de los Comunes. Hasta 2080 no estarán representadas correctamente en Westminster. Poseen, además, solo el 9,5% de los puestos en la Policía, pese a que en 1993 se propuso el objetivo de alcanzar el 25%.

Los ‘fish and chips’ se adaptan a la ‘sharia’
Pero, volviendo a la pregunta: ¿Están los británicos preparados para vivir con Mohammed? En Acton, al suroeste de Londres, donde un gran número de tiendas son ahora propiedad de musulmanes e incluso los locales de “fish and chips” y comida india de “take-away” son Halal (término que describe a los alimentos aceptables según la sharia o ley islámica), en la calle hay opiniones para todos los gustos.

“No tengo ningún problema con ellos”, dice a El Confidencial Robert, un británico de descendencia caribeña de “cuarentaitantos”. “Seamos serios, por favor, es la religión con más fieles en todo el mundo. Si realmente quisieran acabar con nosotros, lo habrían hecho hace mucho tiempo”, añade a El Confidencial. Por su parte, Anne, que lleva 22 años viviendo en el barrio asegura que “ha cambiado todo mucho” y que una cosa es “verlos por la calle” y otra “que te venga un joven con barba (obligatorio para los hombres musulmanes) de vecino de la puerta de al lado”.
Abdul Waheed posa para una fotografía en Birmingham (Reuters).Abdul Waheed posa para una fotografía en Birmingham (Reuters).

Según la Policía, los crímenes relacionados con la islamofobia han aumentado drásticamente en el último año. En 2013, se registraron 500 incidentes, comparados con los 336 en 2012 y los 318 en 2011. La organización Tell MAMA asegura que el 58% de los asaltos reportados fueron contra mujeres. De ellos, en el 80% de los casos éstas llevaban ropa asociada con el islam, como el hiyab o niqab.

Zab Mustefa, periodista musulmana británica especializa en los derechos y la cultura de las mujeres, ha escuchado de todo. Le han llamado desde Osama Bin Laden a Paki-terrorista. “Es cierto que hay un grupo condenado al ostracismo”, asegura a este diario. “Y también es cierto que queda mucho por hacer, sobre todo en la educación. Pero, con todo, creo que la mayoría de la comunidad musulmana está integrada en este país”, añade. Según la periodista, los incidentes son creados por una minoría y amplificados por algunos titulares en prensa.

Ya no hay que remontarse a los atentados contra la red de transportes de Londres de 2005. Solo en el último año, los reportajes del brutal asesinato del soldado Lee Rigby a manos de dos jóvenes convertidos al islam, la operación Caballo de Troya en los colegios de Birmingham, la decapitación del periodista James Foley, ejecutado por un terrorista con acento londinense, y los informes sobre los más de 500 británicos que luchan actualmente en las filas del Estado Islámico no han ayudado especialmente a mejorar la imagen de esta comunidad.

La fundación Exploring Islam ha puesto en marcha diferentes campañas para cambiar la percepción de esta religión en la sociedad. En 2010, por ejemplo, distintos carteles con fotografías de hombres y mujeres musulmanas que apostaban por los derechos humanos y la responsabilidad social se pudieron ver durante semanas en las distintas paradas de metro y autobús de la capital. Pero no consiguieron el efecto deseado.
Yasmin empuja a Hana en un columpio cerca de su escuela en Hackney, Este de Londres (Reuters).Yasmin empuja a Hana en un columpio cerca de su escuela en Hackney, Este de Londres (Reuters).

Cada vez más recelo hacia el inmigrante… y el diferente
De hecho, la sociedad británica se ha radicalizado en los últimos años. La prueba clara e inequívoca es el avance del euroescéptico y anti-inmigración UKIP, que este otoño ha hecho historia metiéndose por primera vez en Westminster con dos escaños tras unas elecciones locales que tuvieron que reponer asientos después de la dimisión de dos diputados tories.

Los británicos miran cada vez con más recelo a los inmigrantes y también a aquellos que, aún naciendo en el Reino Unido, no comparten sus mismas costumbres. La universidad de Bristol publicó la semana pasada un informe que -utilizando los datos de la Oficina Nacional de Estadística- concluía que los musulmanes sufren más discriminación en el ámbito laboral que cualquier otra minoría. Los hombres musulmanes tienen hasta un 76% menos de probabilidades de tener un trabajo en comparación con los varones blancos y cristianos de la misma edad, con los mismos requisitos. Las mujeres musulmanas tienen hasta un 65% menos de probabilidades de encontrar un empleo que sus homólogas cristianas blancas.

Según un sondeo de la BBC, el 28% de los encuestados de entre 18 y 24 años considera que Reino Unido estaría mejor con menos musulmanes, mientras que el 44% asegura que esta comunidad no comparte los mismos valores que el resto de la población. El 60% asegura que la población británica en general tiene una imagen negativa de los seguidores de Alá.

Desde hace décadas, los diferentes gobiernos británicos trabajan a través de diferentes programas para promover la integración de las minorías. Pero la pregunta permanece: ¿Están los británicos preparados para vivir con Mohammed?

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Chusma y crisis

Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 7 Diciembre 2014

Hoy, en España, como en casi todo el mundo Occidental, todo es izquierda. Ellos dicen lo que está bien y lo que está mal y por eso convierten sus majaderías en ley.

Los recientes sucesos de Fergusson, en los EEUU, han dado mucho que hablar en los periódicos de todo el mundo. En la mayoría de los casos, para alimentar el tópico de que la población negra de los EEUU –"afroamericana", para contentar a la censura oficiosa- vive en un constante estado de opresión y es objeto de sevicias policiales a causa del "color de su piel".

Lamentablemente, los últimos acontecimientos no tan publicitados ponen en tela de juicio la versión que ha lanzado a miles de personas al pillaje de las calles de Fergusson y que tiene en vilo a la población local –negra, blanca y de otras comunidades- bajo multitud de actos vandálicos. Al parecer, un video filtrado a los medios muestra al fallecido y "bondadoso", según la versión oficial, Michel Brown, amenazando a un tendero al que había robado previamente. Por si fuera poco, el conjunto de pruebas forenses, examinadas por tres peritos independientes, uno de ellos de parte de la familia de Brown, son difíciles de cuadrar con la tesis de que Brown fue disparado por la espalda o con las manos en alto mientras buscaba rendirse. Sin embargo, esos mismos testimonios sí que resultan consistentes con el del policía Darren Willson.

Como oportunamente ha señalado el analista de color Thomas Sowell, el fiscal Eric Holder ha lamentado pública y expresamente la filtración del vídeo porque para Holder resulta ofensiva la verdad del citado video pero no la mentira que gracias a él se demuestra. Sowell ha expuesto su serena y aguda reflexión en un artículo titulado "Opinion versus facts" (Opiniones frente a hechos), donde recuerda las lamentables consecuencias que los disturbios han tenido históricamente para los lugares donde se han producido. Aduce el ejemplo de Detroit, en los años 60 y, específicamente, de Harlem, donde él creció. Para Sowell los disturbios, iniciados mucho antes de que el Gran Jurado optara por no acusar a Willson, tienen como primera víctima a la gente –blanca o negra- que no tiene que ver nada con el asunto Brown ni con el comportamiento de la policía. Los disturbios convierten una zona segura en insegura y los comercios y la prosperidad huyen a otros lugares. Las consecuencias las paga gente inocente y, sin embargo, en palabras de Sowell ganan los "demagogos raciales y los políticos".

Otro lugar y otras circunstancias: España, 5 de diciembre. La Audiencia Nacional "dividida" ha soltado a dos psicópatas subnormales de ETA, asesinos sanguinarios donde los haya. Gracias a nuestro sistema de "justicia", tales sujetos han acortado su pena en aproximadamente una década. La mitad de los magistrados del citado tribunal han sacrificado el espíritu a la letra para justificar la insensatez de liberar a esas personas. ¿Protestarán nuestros partidos políticos por ello?

Supongo que los partidos al uso vendrán con eso de "respetar la sentencia" sin compartirla pero, ¿y que hay de partidos "emergentes" como "Podemos", la revelación contestataria a las fechorías de la casta política? Yo estoy dispuesto a reconocer la obviedad de que no se puede vivir con 500 euros al mes y que si el mercado lo permite debe ser intervenido de algún modo, en contra de lo que piensan los liberales. Pero como no soy tributario de ideologías ridículas, puedo también afirmar que la tropelía de la Audiencia Nacional clama igualmente al cielo.

¿Condenaría "Podemos" la puesta en libertad de asesinos múltiples, hasta el punto de vincular este tipo de acciones judiciales a las demás fechorías de "la casta"? La respuesta es, sin duda, no. Hoy, en España, como en casi todo el mundo Occidental, todo es izquierda. Ellos dicen lo que está bien y lo que está mal y por eso convierten sus majaderías en ley. En España, por ejemplo, es ley la "ideología de género", uno de los absurdos más ideológicos e infundados que ha parido la "progresía". ¿Cuál es el denominador común de Fergusson, los etarras libres y la ideología de género?

Pues la imposición unilateral de un mito, de una opinión frente a los hechos porque ni los negros americanos son siempre objeto de brutalidad policial por el hecho de serlo, ni los asesinos en serie deben de estar en la calle ni tampoco existe algo como la "orientación sexual". La imposición de absurdos contrafácticos tiene mucho que ver con la chusma; es decir, con la degradación del pueblo y con su sometimiento a ideas preconcebidas completamente falsas. Quizás lo único positivo de los acontecimientos de Fergusson es que han arrastrado una serie notable de reflexiones acertadas. A este respecto, Rod Dreher, ha publicado un artículo titulado "against the mob" (Contra la chusma). Dreher dice: "la civilización no es posible cuando gobierna la chusma. La chusma no son solo los disturbios de la calle. Puede ser una cruzada periodística en un aula o también profesores universitarios o activistas. Siempre que hay un grupo de personas dispuestas a sacrificar a otros y a la verdad por el bien de un mito o por una causa que les es querida tenemos chusma".

Este auge de la chusma –en el sentido que expone Dreher- es el origen de la crisis que vivimos, que es civilizatoria y no meramente económica, tal y como les gusta creer a los liberales. Pedro Carlos González Cuevas ha expuesto en "Razón Española" (Julio-Agosto 2014) lo incontestable del dominio "progresista " en los ámbitos de la sociología, la historia, la política y la universidad. Ha mostrado también lo absurdo e inmoral de sus afirmaciones, tejidas de una "hipermoral", políticamente eficaz pero esencialmente burda y con frecuencia increíblemente necia. A través de ese prisma la gente de a pie interpreta hoy el mundo. Conforme a esas ideas se juzga y se defenestra si es preciso, en el sentido figurado y, si llega el caso, en el otro.

Siempre habrá una "Audiencia Nacional" que busque tres pies al gato para indultar, excarcelar o sencillamente absolver aquello que no tiene justificación. Ante esto, puede que tengamos que conformarnos. Pero lo que no pueden pretender, encima, es ser "contestatarios", "rebeldes" y "defensores del pueblo". Ellos montan guardia en la torreta vigilante de este nuevo Gulag que nadie parece ver porque todos lo han asumido. Ellos son, en realidad, el único poder que hoy existe. Son definitivamente los reyes de la chusma. De la chusma necesaria para que ellos sigan donde están. Y ahora celebremos la Constitución.

Una víctima de «Potros»: «28 años sufriendo y ahora el etarra que dio la orden vive aquí»
ITZIAR REYEROIREYERO / LASARTE (GUIPÚZCOA) ABC  7 Diciembre 2014

El terrorista se instala en Lasarte a 500 metros de una de sus víctimas, que sobrevivió a un atentado con 4 muertos

Pilar Calahorra fue herida grave en el atentado orquestado por «Potros» del Boulevard donostiarra que destrozó a la familia Garrido Velasco en 1986
Pilar Calahorra Escalada, 78 años, miraba la otra noche la televisión cuando se percató de que en las noticias salía su pueblo, Lasarte. «¡Pero si es la casa de mi consuegra!», se dijo, reconociendo los bloques de edificios junto a la ribera del río Oria, donde se ha instalado el terrorista Santiago Arrospide, «Santi Potros», tras cumplir 27 años en prisión por atentados múltiples como el de Hipercor de Barcelona o el de la República Argentina de Madrid. Lo que a esta navarra aquejada del corazón nadie le había contado hasta ahora es que ese mismo terrorista que ahora vive a cuatro minutos de su portal es quien ordenó el atentado que le quebró para siempre su salud, abriéndole de cuajo la rodilla. El mismo en el que murieron el gobernador militar de Guipúzcoa, el general Rafael Garrido; su mujer, Daniela Velasco; su hijo Daniel y una portuguesa que paseaba por el Boulevard de San Sebastián cuando dos motoristas de ETA colocaron un artefacto sobre el capó del coche del oficial. El chófer se salvó. La sentencia que condena a «Potros» es de 2003, pero no recoge la cláusula deseable de alejamiento de las víctimas.

-¿No sabía que «Potros» era su vecino?
-No. Solo al ver la imagen en la televisión de su llegada he dicho: anda, pero si es el barrio nuevo de Zumaburu...

-¿Y cómo se siente ahora?
-Uy, madre... No sé. Vi cómo entraban él y dos señores a la casa... Pero es que no sabía que era de aquí.

-Pero sí le sonaba su nombre.
-Sí, sí. Sabía que estaba ingresado... en la cárcel. Pero de eso hace tiempo. Cuando me pasó a mí mataron al gobernador militar de San Sebastián.

-¿Y usted sabe que «Santi Potros» está condenado por su atentado?
-No... No, ese fue el del Hipercor.

-En 2003 la Audiencia Nacional le condenó como «autor» de su atentado. Como jefe del comando. (Además de «Kubati» y Latasa Guetaria).
-Ahora me entero... No lo sabía. Y mis hijos seguro que tampoco. No creo que me lo cruce porque yo no puedo salir de casa. Solo voy al médico...

Quien sí se acuerda, y mucho, de la dureza del rostro rapado de «Santi Potros» es Silverio Velasco, quien perdió a su hermana, su cuñado y su sobrino Daniel, de 22 años, en aquel cruel atentado de 1986. Recuerda cómo tras ser extraditado desde Francia el terrorista ahora libre aporreaba en 2003 la «pecera» de la Audiencia Nacional durante el juicio. Fue expulsado de la sala.

Ni el fiscal lo pidió ni el juez acordó su alejamiento en caso de ser liberado, como ha ocurrido esta semana, por lo que ahora Pilar debe convivir a varios cientos de metros de su victimario. Silverio y su familia viven a unos ocho kilómetros, los que separan Lasarte de San Sebastián. «Lo peor es verles salir como héroes, triunfantes, con el apoyo de mucha gente que no ha interiorizado la maldad del terrorismo».

«La bomba me derribó y me quedé con la pierna colgando»
El estallido de aquella bomba del Boulevard donostiarra colocada por orden de «Potros» tumbó a una docena de transeúntes. Pilar recibió el impacto de la metralla en su pierna izquierda y quedó 505 días malherida, dejándola en incapacidad total con 50 años y seis hijos. Fue el 25 de octubre de 1986 y el fotógrafo que ahora la retrata trabajó aquel fatídico día. «Quedé derribada en el suelo hasta que llegó la ambulancia. Llevo 28 años sufriendo porque desde entonces no he tenido un día bueno. Una asistenta social me dijo que no me correspondía estar en el hospital... ¡Pues dígaselo al que me lo ha hecho!, le contesté». Pilar ha sufrido tres operaciones en la pierna izquierda y otras dos en la espalda y en la rodilla debido al «desgaste» sufrido por el atentado. Le indemnizaron con cinco millones de pesetas, aunque los terroristas se dijeron insolventes.

Aquel día Pilar iba a una pescadería en el Boulevard. «Creían que no salía viva. La metralla me dejó la pierna colgando. Era sábado por la mañana. Yo trabajaba en una empresa de limpieza, pero por la mañana fui a una casa donde servía, donde el doctor Carlos Elósegui. Ese día se le casaba una hija y me mandaron a hacer unas comparas. Menos mal que no salí con la niña, que tenía tres años, porque si no la hubieran matado también», relata Pilar.

«¿De qué te ha servido?»
En la farmacia más cercana de la casa de «Potros» atiende una mujer cuyo padre, taxista de profesión, fue asesinado por ETA. Y justo frente a la ventana del nuevo domicilio del terrorista se halla la Casa del Pueblo del PSE. Esta sede fue el año pasado bautizada como «Froilán Elespe» en honor al teniente de alcalde socialista asesinado de dos tiros en la nuca en 2001. Vílchez, antiguo edil socialista en Zumárraga y amigo de Elespe, atiende tras la barra. Tiene claro qué le dirá si se lo cruza. «Le preguntaría: ¿de qué te ha servido todo esto?», comenta mientras desfila la clientela en un pueblo, Lasarte, de mucha inmigración extremeña y donde el PSE fue el partido más votado en 2011. Pero un pacto entre Bildu, PNV y una plataforma ciudadana desbancó a los socialistas de la alcaldía. «Con el corazón en la mano, “Potros” me da asco. Si entra en el bar no le sirvo. Yo he sido un revolucionario, defensor siempre de la libertad. Pero nunca justificaría la violencia. ¿Un héroe? No. Me parece un pobre cobarde», asegura Vílchez, que señala la mesa donde Froilán Elespe solía comer los miércoles antes de ser asesinado por ETA. Años antes, Elespe vendía huevos en el mercadillo situado en la misma plaza donde vive ahora el exdirigente etarra.

«No creo que me lo cruce porque no puedo salir de casa»
En esa misma localidad, de 18.000 habitantes y gobernada por Bildu, reside la familia de la que ha sido considerada la primera víctima mortal de ETA, la bebé Begoña Urroz, muerta por la explosión de una bomba en 1960. Su hermana, llamada también Begoña, vive en el pueblo. Al igual que Cati Romero, viuda del sargento de la Policía Municipal Alfonso Morcillo, asesinado por ETA en 1994. «Por suerte no me lo he cruzado aún. No le dirigiría la palabra, bastante hemos sufrido ya».

Los vecinos del bloque donde se instala «Potros» expresaban ayer su temor por la presencia del sanguinario pistolero. «Hemos hablado algunas vecinas y claro que nos da miedo. No queremos que nuestros niños se lo encuentren de noche. Es terrible que alguien que ha matado a tanta gente viva aquí. No hay derecho que haya salido tan pronto», decía una señora que salía del portal número 5 de la calle Ribera.

Fundación Círculo Balear
Denuncia al Gobierno de Baleares por inacción ante el acoso nacionalista en el IES Marratxí
La familia Venzal lleva dos años denunciando al director del instituto por el trato a sus hijos por querer estudiar en español
Redacción www.lavozlibre.com 7 Diciembre 2014

Madrid.- La familia Venzal, arropada por la dirección de Fundación Círculo Balear, ha anunciado que denunciará al Gobierno de Baleares por inacción ante el acoso nacionalista al que el director y docentes del IES Marratxí someten a aquellos que piden que se cumpla con la ley y puedan dar algunas clases en español.

El pasado viernes, en la sede central de la Fundación en Palma, José Pedro Venzal y Olga Ballester, acompañados del presidente de la entidad, Jorge Campos, han valorado y anunciado acciones legales contra el gobierno presidido por José Ramón Bauzá, por inactividad de la administración, dejación de funciones e infracción de la normativa administrativa para la instrucción de expedientes, además de presentar denuncia ante el Defensor del Pueblo.

José Pedro Venzal ha relatado los hechos que motivaron las denuncias contra el director del IES Marratxí (Mallorca), Jaume March, con profusión de detalles y confirmando una abrumadora cantidad de pruebas que se han aportado desde hace más de 2 años a la consejería de educación y que demuestran la alta politización nacionalista que ha llevado a cabo dicho director, impidiendo incluso el desarrollo de las clases cuando se lo pedían sus alumnos. El relato del padre haciendo referencia al acoso que han sufrido y siguen sufriendo sus otros hijos escolarizados en ese centro, incidiendo en las pruebas que posee, ha sido estremecedor hasta el punto que ha tenido que interrumpir su declaración visiblemente emocionado.

Los padres han declarado sentirse desolados, engañados y abandonados por un gobierno cuyos más altos responsables, incluido el presidente José Ramón Bauzá, les habían prometido una resolución del expediente.

La familia Venzal no ha recibido una sóla comunicación ni copia del expediente desde hace más de 15 meses desde la última denuncia interpuesta a raíz de la conculcación del derecho a la educación por parte del director Jaume March, en los días de huelga del pasado año. Enterándose por los medios de comunicación del archivo del expediente. "No sabemos si se ha llegado a instruir el expediente".

La familia insiste que lo único que piden es que se instruya el expediente y les atiendan tal como establece la ley en un tema tan grave como el que afecta a derechos elementales de sus hijos menores de edad. Ante esta situación, la familia ha anunciado que presentarán demanda contra la consejera de educación y el departamento de inspección educativa, además de registrar denuncia ante el Defensor del Pueblo.

Finalmente, el presidente de la FNCB, Jorge Campos, ha declarado que la entidad asesora a esta familia y otros socios que se ven en situaciones similares y que tampoco reciben respuesta de la consejería de educación: "Estamos ante una clara falta de voluntad política para hacer cumplir la ley y sancionar a los que la infringen y esto es muy grave en democracia. Desde el nombramiento de la nueva consejera, Nuria Riera, parece que se ha adoptado una estrategia de claudicación ante el sector docente nacionalista. A 6 meses de las elecciones da la impresión que el gobierno quiere calmar al sector docente nacionalista a costa de perder a sus votantes."

La FNCB tiene cita con la consejera de educación, cerrada antes de conocerse estos hechos, el jueves de la semana que viene: "En esta reunión confirmaremos si el gobierno ha optado por abandonar a las miles de familias que han reclamado que se cumpla la ley en sus centros educativos. Sabremos si prefieren contentar al sector nacionalista antes que a la mayoría de la ciudadanía que había depositado la confianza en un gobierno para que las escuelas fueran un espacio sin politización donde la libertad y la excelencia educativa se abrieran paso."
 


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