AGLI Recortes de Prensa  Lunes 8  Diciembre  2014

Tres años de Rajoy: deuda, empobrecimiento y corrupción
Roberto Centeno El Confidencial 8 Diciembre 2014

El 20 de noviembre de 2011, después de la plaga bíblica que habían representado para España los ocho años de desgobierno Zapatero, los españoles otorgaron un apoyo sin precedentes a un farsante que había prometido regenerar España y sacarla de la crisis. El fiasco sería total: un desastre sin paliativos moral, económico y social, que ha hecho bueno al idiota contador de nubes. Rajoy no solo no ha regenerado nada, no solo no nos ha sacado de la crisis, sino que ha hecho todo lo contrario. Ha llevado la deuda a máximos históricos arruinando el futuro de varias generaciones. Ha hundido las rentas salariales un 8,6 %, la mayor caída de Europa. Ha recortado drásticamente el gasto social y elevado los impuestos a niveles confiscatorios para mantener intacto el despilfarro público. Y acaba de aprobar una Ley de Enjuiciamiento Criminal que dejará impunes a los corruptos. Es la santificación del crimen desde el poder. Rajoy es un peligro letal para España.

A diferencia de Zapatero y sus ministros, que más parecían sacados de una escombrera y nunca supieron por qué España crecía y mucho menos por qué se hundía, Rajoy sabía lo que había que hacer, y no lo hizo. Dos meses antes de las elecciones, Montoro me dijo en un programa de televisión en el que coincidimos que lo primero que harían sería reducir impuestos, recortar despilfarro público –que cifraba en decenas de miles de millones– y poner en la calle a un millón de empleados públicos, de los dos millones en que cuantificaba los nombrados a dedo. Montoro sabía, como buen estructuralista que es, que en la economía española por cada puesto de trabajo eliminado en el sector público, se crean 2,5 en el sector privado, por lo que tal medida crearía 1,5 millones de empleos netos.

En esa misma línea, Rajoy prometió bajar impuestos, “no gastar más de lo que se ingresa”. “Le voy a meter la tijera a todo salvo a pensiones, sanidad y educación”, y para no dejar duda, afirmó solemnemente: “Yo lo que no llevo en mi programa no lo hago”. Ha resultado el mayor embustero de nuestra larga historia. Y es que la verdad en España es justo lo contrario de lo que afirma Rajoy. Montoro me aseguró también que, después de la bajada de impuestos, la siguiente medida sería mandar a los “hombres de negro” a las comunidades autónomas que estuvieran quebradas –casi la mitad– es decir, intervenirlas, y hacer una limpia a fondos de enchufados y despilfarro para conseguir su equilibrio presupuestario. Han hecho justo lo contrario: “No dejaremos quebrar a ninguna comunidad autónoma”, afirmó después Rajoy.

“Aquí mando yo”, Rajoy dixit, tan prepotente como mentiroso y cobarde, igual que afirma hoy. Y para empezar, cuando en la economía se necesitaba desesperadamente unidad de criterio y de acción, la fragmentó en dos trozos, un auténtico disparate. Le quitó a Montoro la mitad del poder que esperaba, dándoselo a su enemigo irreconciliable: el irresponsable De Guindos, villano de Lehman España, desde donde había engañado y arruinado a miles de incautos inversores, vendiéndoles basura estructurada a precio de oro. “Yo coordinaré Economía y Hacienda”, afirmó Rajoy con su cinismo habitual ante las críticas por tal insensatez. Lo que diga el señorito.

Nunca en la historia de las democracias un presidente ha engañado tanto y tan gravemente a sus votantes como Rajoy. Empezaría subiendo brutalmente los impuestos a la clase media, porque "no había otro remedio", porque él, que había conseguido más poder desde Franco, no podía acabar con las duplicidades entre Administraciones, que suponen un despilfarro anual de 36.000 millones de euros, no podía acabar con instituciones inútiles como el Senado o las Diputaciones, no podía reducir en un 90% los coches oficiales, cuando España tiene más que los EEUU, no podía acabar con el 90 % de los 20.000 asesores con sueldos de lujo que no asesoran, ni podía cerrar las 2.000 empresas públicas inútiles cuyo desmantelamiento había prometido, donde anidan cientos de miles de parásitos. “Eso no se toca”, sentenció.

Y luego, en febrero, les llegó el turno a las CCAA, el paradigma de la corrupción y del despilfarro. Montoro convoca a los presidentes autonómicos y, en lugar de pegarles el cerrojazo, les da barra libre por orden de Rajoy. Pero aquí no solo fue un mentiroso: Cataluña estaba quebrada y pudiendo acabar de una vez por todas con la deriva secesionista, le dio todo el dinero necesario expoliando a todos los españoles –35.000 millones de euros desde entonces– para rescatar a Mas y su equipo de traidores, para que pudiera seguir financiando la ruptura de España y la discriminación y el odio a todo lo español. Rajoy se convertiría en colaborador esencial en la secesión. El desmadre del gasto autonómico fue total, la desviación del objetivo de déficit para 2014 es del doble, entre el 1,8 y el 2% frente al 1% fijado, y Cataluña entre el 2,3 y el 2,5%.

Pero lo peor vendría de la mano del irresponsable De Guindos. Este insensato, sin hacer un solo análisis de qué bancos y cajas podían rescatados y cuáles no, como habían hecho en todo el mundo, decidió los tres inimaginables: todas las entidades financieras serían rescatadas, las cajas alemanas y otras que habían financiado la burbuja recuperarían hasta el último euro y ninguno de los responsables de la ruina respondería de nada. Para ello llevan despilfarrados entre efectivo, avales, EPA, Sareb, etc., más de 340.000 millones de dinero público, de los cuales se han perdido ya unos 60.000, y se perderán al menos otros tantos. ¡Y es a este inepto cuyas cifras de “recuperación” son de una falsedad pasmosa, que da por buenos los resultados manipulados de Bankia en 2012, al que van a hacer presidente del Eurogrupo como pago por haber devuelto el dinero a las cajas alemanas robándoselo a los españoles!

En ningún otro país se ha realizado tamaña tropelía. Islandia es la antítesis: dejó caer a sus bancos en 2008 y no devolvió un solo euro a las entidades extranjeras, fundamentalmente británicas, que tan irresponsablemente habían prestado dinero a la banca islandesa, lo que había generado una gigantesca burbuja. Una deuda que ascendía a 60.000 millones de euros, lo que se compara con un PIB de 10.000 millones, diez veces inferior al de España. Simultáneamente destituyeron, procesaron y encarcelaron a todos los responsables, desde el ministro de Finanzas al Gobernador del Banco de Islandia y a los presidentes y las cúpulas de los bancos comerciales. “Esto no es deuda pública y nunca lo será”, afirmó el primer ministro. Esto ha sido la clave esencial de su fulgurante recuperación, un crecimiento del 2,7% este año, y un paro del 4%.

Las cifras de un desastre
Para financiar este gigantesco despropósito, mantenimiento el despilfarro de las Administraciones Públicas, el rescate indiscriminado de todas las entidades financieras y el disparate de devolver los préstamos que unas cajas insensatas hicieron a unos ineptos y golfos, Rajoy no dudó en arruinar a varias generaciones de españoles. Es el presidente europeo que más ha empobrecido a sus ciudadanos, y que ha llevado a cabo el mayor recorte de derechos sociales de nuestra historia. Estos son los hechos:

a) Elevó la carga fiscal sobre las clases media y trabajadora hasta un nivel confiscatorio y el máximo de todos los tiempos. La carga fiscal soportada por la familia media española –familia con dos hijos–, según datos de la OCDE, es la más elevada de todo el mundo desarrollado.

b) Incrementó la deuda total –pasivos en circulación– en 540.000 millones de euros, casi la mitad de los cuales ha sido para cubrir los agujeros de las oligarquías. La deuda total superará el 146% del PIB a finales de 2014, algo que España jamás podrá devolver pero que lastrará como una losa el futuro de varias generaciones. Y la deuda exterior, después de un expolio (fiscal y social) y una crisis sin precedentes, supera ya el 100% del PIB.

c) Realizó recortes sociales espectaculares, algunos de una vileza y una crueldad extremas. Suspendió la ampliación del sistema de dependientes prevista para 2012 y recortó 2.600 millones o 16.000 dependientes atendidos menos. Recortó 7.000 millones en sanidad –cierres de hospitales, urgencias, cientos de medicamentos retirados, etc–. En educación, redujo 3.000 millones a través de la eliminación de becas y ayudas, suspensión de la gratuidad de libros de texto etc.

d) Pero lo que resulta de una crueldad extrema es el impacto devastador de las políticas de Rajoy sobre los niños y las personas mayores. La brutal reducción de las becas comedor se ha convertido en un drama social. Niños que se desmayan en clase por no haber comido, padres que abandonan la patria potestad por no tener medios con que alimentar a sus hijos... Uno de cada tres niños de nuestro país (2,7 millones) vive en la pobreza. De 2010 a 2013 la inversión de las Administraciones Públicas en la infancia se redujo un 14,6%. Es la pobreza y el hambre en medio del despilfarro, la corrupción sistémica y el enriquecimiento sin freno de unos pocos, algo que sería objeto de mofa en el Congreso por parte de algunos canallas del PP.

e) En 2011 el número de parados sin ayudas ascendía al 20% del total; en octubre 2014, esta cifra era del 43%. El gasto de protección contra el desempleo es un 18% menos a octubre de este año respecto al mismo periodo del año anterior.

f) Ha reducido el Fondo de Reserva de la Seguridad Social a la mitad: de 68.000 millones cuando llegó al Gobierno a los 35.000 que habrá a fin de 2014. La pensión media ha caído en 2014 un 1%, y la sostenibilidad del sistema es ya imposible. Más allá de las mentiras del Gobierno, durante los próximos años el déficit será entre el 1,5 y el 2% del PIB.

g) En materia laboral, Rajoy ha hecho que África empiece en los Pirineos, aunque no así en el número de millonarios, que ha crecido un 24%, ni de enchufados de lujo. El mayor desastre se ha producido en el mercado de trabajo, donde la precarización y los sueldos de miseria, incluidos los titulados, han caído a un nivel tercermundista. La juventud española está condenada por décadas a matarse a trabajar por sueldos irrisorios. Rajoy no solo ha empobrecido y expoliado a los padres, sobre todo ha robado un futuro digno a los hijos.

En otro orden de cosas, Rajoy se ha pasado por el forro la Constitución, la ley y los Estatutos del PP. Primero, tiene la desfachatez de afirmar en el Congreso que la corrupción en España es solo individual y que la inmensa mayoría de los políticos son gente decente, en contra de la evidencia más clamorosa, porque la corrupción es sistémica e impregna la totalidad del sistema. Y luego llega al súmmum de la indecencia: aprobaron el viernes una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que limita a seis meses el tiempo de instrucción de los procedimientos penales y que no haya jueces de apoyo. Excepcionalmente, se podrá prorrogar ese periodo hasta 36 meses. Los jueces no tienen medios para juzgar en seis meses los casos de corrupción, una prueba pericial puede tardar ocho. Solo están dotados para juzgar a robagallinas. Y además toda decisión de un juez es recurrible.

Por ello, a efectos prácticos, eso significa que ningún caso de corrupción podrá ser instruido hasta el final por falta material de tiempo y de medios. Con esta ley, Urdangarin, Pujol, los ERE, Gürtel, Bárcenas y el PP, Granados no podrían ser condenados. Todos los grandes corruptos quedarán libres o con acusaciones marginales. También han manifestado su deseo de trocear las grandes causas en causas pequeñas, de forma que no puedan aparecer nunca las tramas organizadas de corrupción. Es la impunidad del crimen ordenada desde el poder. ¿Y aún tienen la desvergüenza de pedir que se les vote? Pero el problema no son Rajoy y el PP, el problema son los lacayos y descerebrados que los votan.

P.D.: No hay espacio para tratar la última gran estafa de Rajoy y sus secuaces, la supuesta recuperación económica, la supuesta creación de empleo y la nada supuesta quiebra de la Seguridad Social. Todo ello lo analizaré la próxima semana.

Insensibilidad
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 8 Diciembre 2014

POR LO visto, la Presidencia del Gobierno no es la única institución ayuna de sensibilidad, yerma de criterio y carente del respeto debido a la inquietud ciudadana, que ve en la corrupción el mayor de los problemas que, tras el del paro, padece España. Con la diferencia de que la corrupción se ve cada vez peor y la economía sigue sin verse mejor, pese a las cifras que exhibe el Gobierno, unas ciertas y buenas, otras menos ciertas y peores.

La falta de credibilidad del Gobierno en materia económica (para Rajoy la única materia política) es tal que ha pasado casi inadvertido el anuncio de un corralito fiscal contra las grandes empresas que desinviertan en España. Media docena de empresarios punteros ya han respondido a Montoro que no hay mejor manera de propiciar la huida de capitales que anunciar su persecución si, tras llegar, quisieran irse. Pero Montoro, que tiene la misma sensibilidad que Rajoy, o sea, la de la piedra pómez, ni ha querido darse por enterado. Luego dice el PP que si viene Podemos acabaremos en un corralito como los de Argentina. Y nos vacuna el doctor Monedentoro.

Como todos los mecanismos de politización de la economía, esto es, de corrupción, la estúpida y contraproducente ideíca de Montoro tiene precedente catalán. Cuando las multinacionales empezaron a huir del derecho a decidir (al 3%), la Generalidad emitió fieras fatwas patrióticas contra tan vil deserción. Se ve que los únicos catalanes que pueden sacar su dinero al extranjero, incluido Madrid, son los Pujol, Mas y demás.

Pero la insensibilidad de los separatistas ante la reacción que en una sociedad normal suscitarían sus abusos está asegurada por la dictadura mediática catalana, incluido elpaisdesoraya.cat. Ese blindaje no alcanza a otros gestos de insensibilidad tan hirientes como el del Rey haciendo de chófer de Artur Mas, que tiene como pasión y profesión la humillación diaria de todos los españoles. Felipe VI no tiene ese escudo servil que protege de la opinión pública al despotismo catalán. Al revés: dados los antecedentes, se le mirará siempre con lupa. Y actualizar el «hablando se entiende la gente» sólo reverdece el desprestigio de la Corona, que en vez de recurso último de regeneración aparece como guinda de cualquier corrupción. Por lo visto, también en Zarzuela manda Cebrián. Y se nota.

Rajoy
El riesgo de no hacer nada
Luis Herrero Libertad Digital 8 Diciembre 2014

El problema no es que la de este 6 de diciembre haya sido la celebración más fúnebre de las 36 montadas para mayor gloria de la Constitución del 78, sino que puede haber sido la última. El año que viene por estas fechas, si no hay sorpresas en el calendario, aún estarán humeando los resultados de las elecciones generales recién celebradas y alguien sin mayoría absoluta –no hay bola de cristal capaz de decirnos quién– tratará de cocinar un pacto de legislatura que le permita presidir el consejo de ministros. Según la predicción demoscópica sólo hay tres parejas de baile posibles y una cuarta solución multitudinaria, una especie de flashmob de grupos parlamentarios, que junte a casi todos los pequeños con alguno de los medianos. Y en todos los casos, sin excepción, la moneda de cambio exigida por los bailarines para saltar a la pista va a ser la apertura en canal del texto constitucional.

Por eso creo, humildemente, que se equivocan quienes piensan que las alianzas post-electorales del año que viene girarán sobre trueques ideológicos. Podemos no es una formación peligrosa –hoy por hoy– porque pueda sacarnos del euro, o declarar el impago de la deuda, o incrementar el gasto social hasta límites inabordables. No creo que encontrara suficientes compañeros de viaje para esa aventura descabellada, por mucho que la molicie del poder nublara el juicio de unos cuantos. Sin embargo, sí los encontraría –me da a mí en en la nariz– si la invitación no fuera dirigida a compartir un programa ideológico, sino un proceso constituyente. Si de lo que se trata es de cambiar la ley de leyes, es decir, las reglas del juego, es decir, el statu quo, Podemos y PSOE, o PSOE y Podemos, pueden pactar por encima de discrepancias programáticas, como lo han hecho en Cataluña Convergencia y ERC en beneficio de la independencia que ambos desean. Claro que en el binomio que se adivina el orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo que la voz cantante, por ser el más votado, la lleve Pablo Iglesias a que la lleve Pedro Sánchez. Y tampoco es lo mismo que en vez de Sánchez, eventualmente abatido por las urnas de las municipales y autonómicas de mayo, sea Susana Díaz la que dirija el cotarro.

Si Podemos diera la campanada, una hipótesis que se desinfla en la encuesta de Metroscopia que publicó ayer El País, la apuesta sería a lo grande. Los cachorros universitarios que salieron de las facultades de políticas juramentados para cambiar el mundo quieren partir desde cero, sin vínculos nostálgicos, y mucho menos jurídicos, con los acuerdos suscritos durante la Transición. Sus propuestas pasan por abrir un proceso constituyente desde abajo, al margen de las cúpulas de los partidos, sin padres de la Constitución que intercambien enmiendas en los reservados de los restaurantes de cinco tenedores de Madrid como si estuvieran en un zoco de Marraquech. Es la apuesta de la ruptura frente a la reforma.

El PSOE de Sánchez impugna el procedimiento, la radicalidad del punto de partida y la marginación de los partidos durante el debate, pero no está lejos de compartir el objetivo final de una Constitución radicalmente nueva que blinde los pilares básicos del estado del bienestar y abra cauces de participación ciudadana en la vida política que resten poder a la casta. El digo donde dije diego a propósito del artículo 135, techo imaginario del gasto público, refleja bastante bien la intención del socialismo vigente de establecer cauces de diálogo con los que le achuchan desde su costado izquierdo. El problema es que la cacareada solución federalista que esgrime el líder sin vocales –casi onomatopeya, por cierto, de un escupitajo– no admite el derecho a decidir que reclaman los nacionalistas para decirnos adiós y Podemos y el resto de la izquierda para pedirles en vano que se queden. Así que una de dos: o Snchz flaquea en su defensa de la soberanía nacional o se pliega a hacer algo que le da urticaria: causa común con el PP. En todo caso, el paseo por la cuerda floja está garantizado.

Las emociones fuertes tampoco se evitarían con una victoria de Rajoy, salvo que reeditara para descrédito de todos los encuestadores del reino la mayoría absoluta, porque la condición sine qua non que le exigiría cualquier socio para sujetarle en el poder sería, precisamente, la de quitar el cerrojo a una reforma constitucional a la que hoy por hoy sólo se opone el PP. Rosa Díez y Albert Rivera, los dos únicos líderes políticos –socialistas aparte– con teórico potencial aritmético para sumar estabilidad parlamentaria, también exigen cambiar las reglas del juego, aunque en sentido contrario, por lo que a la organización territorial del Estado se refiere, a lo que pide el PSOE. Ellos no están por más galvanización de competencias, sino por todo lo contrario.

Con este paisaje de fondo, la pregunta del millón es si Rajoy acierta al negarse a utilizar el año que aún le queda de hegemonía política para moderar el debate de la reforma que todos le piden. Es discutible. Es verdad que abrir ese melón sin tener claro adónde se quiere llegar es un riesgo. Pero también lo es dejar que lo abran otros con intenciones más radicales dentro de doce meses. El Gobierno cree, y me temo que lo cree de buena fe porque el poder deslumbra los ojos y el arriolismo acaba por cegarlos del todo, que el futuro que le depararán las urnas del próximo otoño no es ni mucho menos tan horroroso como predicen los arúspices de los gansos. Y ese es precisamente el problema. Partiendo de la premisa, aparentemente descabellada, de que el reparto de poder no va a sufrir graves alteraciones, Rajoy tiene razón: es mejor esperar a ver con cuánta fuerza llega Podemos al terreno de juego, en qué queda la incierta peripecia de Sánchez al frente del PSOE, cómo evoluciona el culebrón catalán, cuánto escampa la crisis económica y cuál es el grado de deterioro electoral del Gobierno antes de aventurarse en proyectos de mayor cuantía. Ahora bien, como tengan razón los peores augurios y este PP, después de practicar el noble deporte de la caída libre, dé paso a una coalición de inclinación radical, Rajoy añadirá al delito venial de la miopía el baldón histórico de haber puesto en bandeja el expolio del espíritu de la Transición. Y para colmo, en el entretanto, aparecerá ante la opinión pública como el recalcitrante defensor de que todo siga igual, que es justamente lo único que no quieren los electores que llaman a la puerta de un tiempo nuevo. Ese es el riesgo de no hacer nada.

David frente a Goliat.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Diciembre 2014

No hay enemigo pequeño y pensarlo solo nos puede llevar a la derrota. España está viendo el auge de una formación política nacida en las cloacas de la Universidad, último reducto de la izquierda más radical, sectaria y totalitaria que imaginarse pueda. Una casta de profesorado que aprovecha sus púlpitos para adoctrinar a una juventud desilusionada por la falta de perspectivas de futuro. Una casta que se auto protege y se apoya descaradamente y saltándose todas las normas y leyes para conseguir su fin, el asalto al poder. Y Para ello no dudan en aprovechar todos los resortes que el Estado de Derecho pone a su disposición para camuflarse de social demócratas adaptando su discurso al entorno. Alguien que ve en la crisis no una tragedia que sufren los ciudadanos, sino una oportunidad para salir de su irrelevancia social y convencer hasta alcanzar el poder.

Lo peor es que mientras ellos consideran enemigos a todos los demás, incluidos los que llaman “vieja guardia” de la izquierda, la ceguera más absoluta invade a quienes se creen en una posición preeminente de poder y de status quo en el que el juego democrático se ha basado en una alternancia. Así que a esta nueva formación la infravaloran y no dan crédito a las innumerables encuestas que reflejan el auge descomunal en la intención de voto que de cumplirse produciría un vuelco en el sistema de consecuencias inimaginables y que acabarían con la democracia imperfecta que tenemos. Se pasaría a un régimen revanchista de izquierda radical cuya imagen sería el reflejo de regímenes como el de Cuba o Venezuela.

Lo que empezó siendo una pequeña bola de nieve se ha convertido en un alud gigantesco que va a arrasar toda la ladera por la que se deslizan PSOE y PP en una carrera suicida en la que terminarán engullidos bajo metros de nieve. Y no dirán que no estaban avisados de la catástrofe. Años de pasividad y de disputas han terminado por no haber tomado medidas preventivas ante la acumulación de problemas. Hubiera bastado con recurrir a pactos de Estado para reforzar la confianza de los ciudadanos y evitar el desplome final por hartazgo. La unión hace la fuerza y en los momentos de crisis es cuando los grandes estadistas dan la talla y consiguen el apoyo del pueblo.

Pero no, PP Y PSOE han mantenido una actitud beligerante y de recriminación mutua, lo que ha sido aprovechado por los nuevos revolucionarios para subirse al carro mediático y lanzar su mensaje, en un principio impactante y radical, que se ha ido conformando y suavizando en aras de no provocar un indeseado rechazo. Primero convencer y prometer y una vez convencido, olvidar lo prometido. Lo único que no llego a entender es el irresponsable apoyo mediático de algunas cadenas de radio y televisión, con presentadores descaradamente posicionados en esa ultraizquierda incompatible con la ideología capitalista de los propietarios y socios de esas empresas. Si no ven el peligro de acabar como en Venezuela es porque esperan llegar a pactos con el nuevo régimen, algo que resulta poco creíble y yo diría que imposible.

Pues eso, no hay enemigo pequeño ni juego limpio en la guerra por la audiencia. Podemos ignorarlo pero eso no hará que el resultado sea desastroso para España y las libertades.

DICIEMBRE
DAVID GISTAU ABC 8 Diciembre 2014

LA soledad casi completa de los dos únicos partidos supervivientes de los que han gobernado la nación en este ciclo durante la liturgia parlamentaria de la Constitución. Si en ese instante alguien hubiera sellado las puertas de San Jerónimo, el Parlamento habría parecido aquel transatlántico de Tornatore, metáfora del siglo XX, que fue enviado al desguace con su pianista dentro, pues éste se negó a sobrevivir al barco del cual no había salido nunca. San Jerónimo como dique seco. Al menos los maceros conceden a la impresión de finitud un aire más solemne que el del Rey y Mas en el interior de un Seat, como haciendo de «dummies» en el test de las colisiones de la época. Sólo faltó Rajoy en el asiento de atrás pidiendo pipí.

La democracia española ha tardado sólo una generación en pasar de la sensación de excepcionalidad a la de agotamiento. Apenas hubo unos años para sentir la rutina europea, y aun entonces, tal y como apenas hemos empezado a descubrir ahora por los despojos dejados por la marea, fue la corrupción institucional lo que mantuvo apaciguadas (sobornadas) las tensiones. A nuestra época no le falta texto, le sobra su incumplimiento, así como la perversión intelectual, instalada últimamente, de que las leyes no son el esqueleto de una democracia, sino su impedimento. Lo que en realidad falta es una convicción blindada contra tentaciones mesiánicas que acabe por fin con ese estado especulativo que debía ser un tránsito y que al final resulta ser la propia España, incapaz de darse por definida.

No veo drama en el hecho en sí de actualizar un texto constitucional, incluso para que las generaciones que no lo votaron sigan sintiéndolo propio. Pero el afán reformista del PSOE, que al menos acierta en el diagnóstico de la fatiga mientras Rajoy prefiere ser el pianista del transatlántico, no sólo es impreciso en términos argumentales, sino que además recuerda la debilidad con que la RAE administra las reglas ortográficas: aliviar su exigencia para adaptarlas a quien no sepa cumplirlas. De las faltas con repercusión social, sólo las relacionadas con la corrupción incapacitan a un personaje público. La aprensión colectiva está concentrada en eso. Hasta los terroristas excarcelados provocan por comparación escándalos menores que además son atribuidos al bajo instinto de la venganza.

Rajoy es ya el atasco evolutivo de la derecha, mientras a su alrededor todas las especies se adaptan al medio, que es el arreón generacional. Envejecida en los cócteles con maceros y con discursos reiterativos y tediosos, la Constitución se vuelve vigorosa allí donde no es una convención antigua, sino un motivo de vindicación contra el hurto de los valores fundacionales. Pregunten a los catalanes no nacionalistas si creen en ella. Pregúntenles si allí no han comenzado ya a atisbar el desastre de su pérdida y de los escasos estímulos que inspira. Allí tuvo sentido el día 6, no en el transatlántico varado.

Programa económico
Podemos: amor y odio hacia la deuda
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 8 Diciembre 2014

Deuda es igual a crédito. Son dos caras de la misma moneda. Quien proporciona financiación otorga crédito y quien la recibe asume una deuda. Acaso la diferencia entre ambas es que crédito suena bien y deuda, en cambio, suena bastante mal: pero son el lado activo y pasivo de una misma y exacta operación.

Conviene aclarar este abecé financiero antes de reflexionar brevemente sobre la complicada relación que guarda el documento económico de Podemos con la deuda y el crédito. No en vano, desde muy diversos ámbitos de este país –no sólo desde Podemos– se ha considerado el "exceso de deuda" y "la carestía de crédito" como las dos grandes lacras de nuestra economía, cuando una es antagónica de la otra: si hay exceso de deuda, entonces no hay carestía de crédito (podrá haberla de nuevo crédito, pero no de crédito histórico), y si hay carestía de crédito, entonces no puede haber exceso de deuda. Sucede que, con Podemos, la esquizofrenia entre el reproche contra el sobreendeudamiento y el éxtasis del libre acceso al crédito ha llegado a su máxima expresión hasta la fecha.

De entrada, Podemos deplora que la deuda pública haya aumentado en más de 600.000 millones desde el año 2007 y lamenta, al mismo tiempo, que el crédito privado (la deuda privada) se haya reducido en ese mismo período en más de 170.000 millones (página 25): es decir, Podemos considera negativo tanto el apalancamiento (público) como el desapalancamiento (privado). Por supuesto, uno podría atribuirles cierta preferencia por la financiación al sector privado por encima de la concedida al sector público, pero más adelante nos encontramos en ese mismo documento con que no es posible "salir de la situación actual en la que se encuentra la economía española sin reducir la deuda [privada]" (página 26): es decir, por un lado se reprocha que la deuda privada se haya reducido en 170.000 millones y, por otro, que la deuda privada sea demasiado alta y no se esté reduciendo. De hecho, por si quedaran dudas, el documento económico remarca que nuestras dificultades proceden del exceso (que no del defecto) de crédito/deuda: "El problema de la deuda pública y privada es el más importante que tiene la economía española, tanto por su propia magnitud como por sus efectos sobre el comportamiento de las familias, las empresas, los bancos y el sector público" (página 56).

Tan grave les parece el problema del endeudamiento que hablan abiertamente de la posibilidad de plantear una quita que minore la deuda privada: "Reestructuración o quita de la deuda familiar en condiciones que proporcionen la mayor estabilidad posible al sistema y restituya el daño recibido por las familias en años anteriores" (página 47). Razonen conmigo: uno de los síntomas de la desastrosa evolución de la economía española durante los últimos siete años es que la deuda privada se ha reducido en 170.000 millones de euros en lugar de haber seguido aumentando, pero nuestro mayor problema actual es el sobreendeudamiento privado, el cual deberá ser solventado con una quita que reduzca ampliamente la deuda privada.

Mas lo relevante de las propuestas de Podemos no es sólo qué hacer para paliar la actual situación de sobreendeudamiento (o infraendeudamiento, según se mire), sino qué hacer para evitar su repetición. En este sentido, Podemos tiene muy claro que una de las causas de la crisis es la sobreexpansión del crédito privado: "La gran expansión de la economía española anterior a la crisis fue el resultado de un gigantesco endeudamiento, del desarrollo extraordinario del negocio bancario que consiste en generar deuda" (página 28); y en esa misma página nos informan de que la causa profunda de ese sobreendeudamiento cabe buscarla en que el tratamiento fiscal al crédito "hacía que a las empresas y familias les resultase más barato endeudarse que autofinanciarse". Es decir, el excesivo crédito vino de los tipos de interés demasiado bajos. ¿Solución propuesta por Podemos? Conseguir que el crédito se vuelva todavía más accesible y más barato de lo que lo es en la actualidad: Podemos quiere "consagrar" en la Constitución el derecho al crédito "y a la financiación a la economía como un servicio público esencial, obligando a que su disposición necesariamente responda al interés general" (página 42); es decir, quiere evitar que el excesivo poder de la banca en la provisión del crédito condene a que "las empresas productivas y los consumidores tengan que soportar en España costes asociados al crédito mayores que en otros lugares de Europa" (página 41).

En suma: el documento económico de Podemos es un batiburrillo ideológico por lo que se refiere al crédito. Por un lado, diagnostican –con razón– que el germen de nuestros problemas actuales cabe localizarlo en la oferta excesiva de crédito artificialmente abaratado; por otro, deploran que actualmente el sector privado haya pasado a reducir su endeudamiento y reclaman consagrar un derecho constitucional al crédito barato. Dado que los economistas de Podemos se niegan a reconocer que nuestro problema actual es causado por un modelo productivo desestructurado y no por la falta de consumo, sólo saben huir hacia adelante: reclamar mucho más gasto financiado, claro está, con más deuda. El mismo modelo burbujístico de siempre, pero apadrinado explícitamente ahora por la extrema izquierda.

El barco del PP se hunde y todos callados a bordo
Pablo Sebastián www.republica.com 8 Diciembre 2014

El barco político del PP hace aguas por los cuatro costados, y se hunde lentamente y sin parar en las encuestas preelectorales sin que nadie a bordo de la nave, ni oficiales ni marinería, se atreva a dar un grito de alarma ni a contestar el mando de su capitán Rajoy quien, inmóvil, con mano de hierro y desprecio al pasaje y la tripulación, ha puesto rumbo a los arrecifes de la costa electoral, ciego de poder y sin capacidad de reacción. Ya le pasó algo parecido al PSOE con Zapatero sin que nadie en el partido socialista se atreviera a liderar una rebelión a bordo y ya se sabe lo que ocurrió: gran naufragio del PSOE en los comicios de 2011, después de haber causado daños irreparables a España.

Cuando estamos a solo unas semanas del año electoral de 2015 la última encuesta de Demoscopia sobre intención de voto publicada por el diario El País confirma una panorama desolador para los dos grandes partidos. Y especialmente para el PP que con el 20 % de votos pierde casi ¡el 60%! de sus apoyos electorales con respecto a las elecciones generales de 2011. Y se sitúa como el tercer partido nacional detrás del PSOE que consigue un 27,7% de sufragios, pero sin llegar al 28,7 % de los comicios generales de 2011, y de Podemos, segundo partido con el 25 % de seguidores. IU pierde 1,3 puntos respecto a 2011 y se queda en el 5,6%, y UPyD solo sube una décima hasta el 4,8 %, pero sin aprovechar el estancamiento socialista y el hundimiento del PP, el que sería mucho mayor si Rosa Díez pactara con Ciudadanos.

El diario El País a pesar de estos resultados que son, en general muy malos para todos los partidos de las elecciones de hace ya más de tres años, pone el acento en su portada en que Podemos, con respecto al último sondeo de noviembre de este año, ha bajado dos puntos. Y subraya que la formación que lidera Pablo Iglesias ha ‘perdido impulso’, cuando la novedad estriba en el PP se hunde, mientras que los socialistas solo recuperaron un punto con respecto a la encuesta anterior y no llegan a sus pésimos resultados de 2011.

Las explicaciones que se ofrecen ante este panorama por los analistas del sondeo son variopintas pero no convincentes y el horizonte que se dibuja, de aquí a las próximas citas electorales, abunda en la idea reiterada en los días pasados de una ‘gran coalición’ PSOE-PP que defienden los paladines de la estabilidad política y del régimen constitucional de la transición 1978, aunque en este caso presidida por Pedro Sánchez si su partido resulta ser el mas votado a finales de 2015.

¿Qué está pasando? Pues que el PP se viene abajo por muchos motivos y especialmente por la falta de liderazgo y de iniciativa del presidente Rajoy. Y, por supuesto, por los escándalos de la corrupción y eso que el sondeo (realizado los días 2 y 3 de diciembre) no incluyó el renacer del escándalo de Bankia, tras el informe de los peritos del Banco de España que arrasan a Rodrigo Rato, un prohombre del PP, presentándolo como autor de la gran estafa de la salida a Bolsa de Bankia en 2011, mientras deja muy tocado al actual gestor, José Ignacio Goirigolzarri, por sus cuentas manipuladas de 2012.

El PP debe añadir a sus muchos escándalos de la corrupción –reanimados también con la entrada de Carlos Fabra en prisión- el desistimiento legal de Rajoy ante la Consulta del 9N, lo que ha causado estragos entre votantes del PP catalán y dañado su discurso de la unidad de España. Así como la ralentización de la recuperación económica española y de la UE. Pero a no perder de vista en todo ello la bunkerización del PP en torno a la persona de su presidente Rajoy.

Un Rajoy que se niega a hacer una crisis del Gobierno y no consiente la convocatoria de un Congreso del PP sino solo una Convención para que le aplaudan. Un Congreso en el que se debería democratizar el partido como han hecho otros (PSOE, incluido) aceptando las primarias para nombrar los candidatos –que ahora solo nombra Rajoy- y obligando a la renovación de líderes y candidatos en pos de una generación ajena a la corrupción de los años pasados y capaz de conectar con la nueva situación del país.

¿Pero no hay nadie en el PP capaz de levantar la voz? Parece que no, como no la hubo en el PSOE de Zapatero. El que por lo menos se renovó y abrió el partido a sus bases y simpatizantes y que ahora con su nuevo líder Pedro Sánchez parece que levanta lentamente el vuelo, pero sin dejar de mirar a su izquierda donde Podemos parece asentado con fuerza en segundo lugar. Y no es cierto que el discurso de la reforma federal de la Constitución sea algo q ue hoy impresione a los ciudadanos, porque eso no es verdad. Como tampoco tranquiliza la ambigüedad de Sánchez con el desafío catalán ni ha ofrecido recetas novedosas contra la crisis económica y el paro. Quizás la novedad está en la juventud y buenos modales de Pedro Sánchez, pero eso al día de hoy no es suficiente.

En cuanto a Podemos tenemos que decir que parece lógico una cierta caída por los problemas internos de la organización –elecciones de líderes y caso Errejón- jaleados con fuerza en las televisiones que los auparon. Y también

Porque su presencia en esos medios se ha recibido de manera notable, a la vez que su programa económico ha causado desconcierto en sus seguidores del flanco zurdo de la política, porque la pretensión de Iglesias de abarcar desde IU hasta el PP –metiendo en el saco votantes de IU, PSOE, UPyD y algunos del PP- provoca desconcierto entre sus seguidores.

Algo que va a aumentar si Podemos no hace acto de presencia en los comicios municipales y regionales de la primavera- no se puede ser tan original en todo-, porque permitirá una lectura de los resultados que dará alas al PP y PSOE, y desmovilizará a parte su electorado. Sobre todo si, finalmente, se visualiza el pacto de Podemos con las candidaturas globales que tiene su base en la izquierda radical.

Aunque los mas desconcertados al día de hoy son los seguidores del PP y ahí incluidos sus dirigentes y mandos intermedios que asisten atónitos al rumbo de colisión y naufragio que impone su capitán.

Ya no voy a votar a Podemos
Pedro de Hoyos Periodista Digital 8 Diciembre 2014

Ya no voy a votar a Podemos, me dolería el alma si votara lo mismo que ETA.
Ya no voy a votar a Podemos, me dolería la vergüenza si votara lo mismo que ETA
Ya no voy a votar a Podemos, me dolería mi integridad si votara lo mismo que ETA
Ya no voy a votar a Podemos, me dolería mi inteligencia si votara lo mismo que ETA
Ya no voy a votar a Podemos, encerraría mi libertad en la urna si votara lo mismo que ETA

Constitución incumplida, vulnerada, indefensa
José Luis Meilán Gil La Voz 8 Diciembre 2014

En su 36 aniversario, la Constitución está sometida a una campaña en favor de su reforma, además de rechazo frontal o de un nuevo proceso constituyente. La reforma es posible. La cuestión es para qué. Los sondeos han de entenderse en su conjunto. Los recientes revelan que los problemas más preocupantes para los españoles son el paro, la economía, la corrupción y los partidos políticos. En una encuesta general no aparece la reforma constitucional entre los principales. La Constitución no supone traba alguna para afrontarlos; antes bien señala ambiciosos objetivos de progreso. El incumplimiento de lo que dispone la Constitución es lo que debería llamar la atención y no tratar de encubrirlo con artificiales reformas. La desafección a los partidos políticos, en cuya órbita ha florecido corrupción, amiguismo y clientelismo, tiene base en que su funcionamiento no responde a la función prevista en la Constitución. No se precisa cambiarla para la necesaria regeneración

El Estado autonómico se encuentra en el centro de las urgencias reformistas. La primera pregunta a formular es qué quiere reformarse: ¿el «café para todos», con 17 asambleas legislativas, o el que figura en la Constitución? He razonado en otro sitio que la realidad actual se ha debido a una vulneración de la Constitución en concretos artículos, por acuerdos de la UCD de Calvo Sotelo y el PSOE, y este con el PP de Aznar. En las propuestas avanzadas por partidos políticos y académicos no quiere reconocerse, ni se menciona. Los grandes partidos se encuentran muy cómodos con esa situación. Mal puede hablarse del agotamiento de un sistema que ha sido suplantado con el patrocinio de una poderosa corriente intelectual. Sin que sirva de pretexto para la desleal deriva secesionista, lo ahora existente no fue lo aprobado por los nacionalistas de CiU. De qué Constitución me habla, podrían argüir. Y una nueva distribución de competencias generalizada entre Estado y comunidades autónomas, complicada por la referida vulneración constitucional, llega tarde incluso para los dos tercios de catalanes que no participaron en el 9-N. Otro es el nuevo soporte constitucional en que habría de irse pensando.

¿Cómo es posible que se haya producido lo que he denominado «golpe de Estado constitucional»? Por la sencilla razón de que quien tiene la misión de defender la Constitución no ha podido ejercerla. El Tribunal Constitucional actúa a instancia de quien está legitimado para interponer el recurso correspondiente: solo los dos grandes partidos que tienen 50 parlamentarios; obviamente, no lo hicieron. Sin el recurso del PP no se hubiese tachado de inconstitucional parte del Estatut.

Para ampliar la legitimación habría que reformar la Constitución. No parece que los concernidos estén por la labor. No ha sido la única indefensión de la Constitución. Para qué reformarla si el Tribunal la muta al margen del cauce previsto para ello, apelando a una nueva realidad social.

UN DESARROLLO OLVIDADO
La España del desarrollo frente la España de la parálisis
Fernando José Vaquero Oroquieta www.elsemanaldigital.com 8 Diciembre 2014

Si dejas de pedalear, conforme la velocidad previa, el peso de la máquina y el del conductor, las características del firme, etc., antes o después, la bicicleta se caerá. Y con ella, su conductor.

Algo parecido le está pasando a España. Disfrutamos de un cuestionado espacio territorial y moral, fruto del devenir de siglos, que transporta millones de pasajeros… pero parece que carece del hálito vital que podría sostenerla y dirigirla. Tamaña exhalación que impulsó múltiples empresas colectivas durante siglos, ¿acaso se ha agotado? ¿O es que ha sido asfixiada? En suma, ¿qué es España? ¿Acaso no existe España? Ahora que se habla, otra vez, de una España federal, ¿no sería más ajustado hablar de las Españas? ¿Merece la pena este debate? ¿Llega tarde, incluso? Sí es seguro que vivimos en una profunda crisis –económica, moral, de sentido e identidad- que cuestiona todo, o casi todo; particularmente, la mismísima existencia de la nación española y/o de una conciencia nacional. No en vano, si los secesionismos se presentan como atractivas utopías que se apresuran a dar la estocada de muerte al toro ibérico, se debe, ante todo, a la inexistencia de proyectos colectivos ilusionantes que, vivificando la vieja piel, pudieran neutralizarlos. No siempre ha sido así.

Es lugar común la afirmación rutinaria y cansina de que la Transición fue ejemplar: un modelo aplicable en diversas latitudes del globo. No obstante, por muy modélica que fuere, aparentemente se ha agotado. Acaso no todo fue modélico. O tal vez se soterraron problemas que no por ello dejaban de latir. En cualquier caso, la Constitución que parió esa Transición fue una solución provisional: y es que nada se hace ya con voluntad de eternidad; tampoco entonces. ¿No es todo relativo? Pero, despertados de este último sueño colectivo, abruptamente, la Constitución se nos antoja estrecha, inoperante, cargada de minas… y afloran viejas contradicciones supuestamente superadas, dolores adormecidos, traumas colectivos que parecían haberse conjurado.

Unas pocas décadas anterior a la ahora tan cuestionada Transición, con todos sus errores y aciertos, acaso fuera la bocanada colectiva de "la España del desarrollo" -impulsada por esa tribu, ya extinta, de "los tecnócratas"- la que protagonizara ese, tal vez, penúltimo esfuerzo nacional. Una España ilusionada y con un proyecto compartido, empeñada en conquistar el bienestar, ganar la paz, y legar una heredad a sus hijos.

Corresponde al navarro afincado en Madrid José Luis Orella, el mérito de ofrecer al lector una obra (La España del desarrollo. El almirante Carrero Blanco y sus hombres, en Galland Books) que, a velocidad de vértigo y con la precisión del cirujano, proporciona una formidable visión de conjunto de la España del -tan ridiculizado- "milagro económico". Semejante paisaje global se despliega a partir del esfuerzo del equipo de hombres que lo hizo posible. No surgieron de la nada; la mayoría de estos tecnócratas se había formado espiritualmente en el Opus Dei. Contaban con un político "protector": don Luis Carrero Blanco. Les unía la voluntad de trabajo al servicio del desarrollo español, pero les diferenciaban sus opciones políticas siempre personalísimas: algún falangista, tradicionalistas, monárquicos juanistas, independientes de cualquier familia. Alguno pensaba –a largo plazo- en una democracia al uso occidental. Y la mayoría, en una democracia orgánica propiamente española. Primer mito que rompe el autor en su obra: la pertenencia al Opus Dei de muchos de aquellos tecnócratas no predeterminaba en absoluto un itinerario político concreto; de ahí el pluralismo que desconcertó –hasta llegar al escándalo- a tantos, y sigue haciéndolo.

Para superar la durísima autarquía que sufría España desde el término de la última –y más cruel- guerra civil, a partir de 1957 el almirante Carrero Blanco impulsó la institucionalización del régimen y el desarrollo económico, sirviéndose en tal misión de los tecnócratas. Objetivos: la generalización del bienestar social, como base imprescindible de nuevos hitos políticos, y la consiguiente ampliación de las clases medias.

Laureano López Rodó, Mariano Navarro Rubio, Alberto Ullastres, Gregorio López Bravo, Ángel López Amo, etc., fueron algunos de aquellos hombres. Y destaquemos al doctrinario de la tecnocracia: Gonzalo Fernández de la Mora; cuya memoria intelectual pervive en su última aventura, un auténtico milagro actual de persistencia y legado espiritual, la revista de pensamiento Razón Española.

Orella estudia, en audaz síntesis pluridisciplinar, múltiples aspectos de la vida española de aquellos años, más allá de los inevitablemente centrales de carácter económico: el papel de la Iglesia, en particular el del Cardenal Vicente Enrique Tarancón; la industria nuclear; el impacto del cine de Hollywood en España; el propio asesinato del almirante Carrero, que supuso el fin del peso político de los tecnócratas, sobre el que todavía planean dudas acerca de complicidades e instigadores. Y, al igual que con tantos otros títulos de sus capítulos, siempre irónicos, "Del maquis a los salones de papá" recuerda los orígenes y protagonistas de la mínima y muy poco heroica oposición "democrática": en particular el mítico Frente de Liberación Popular (FLP), el famoso Felipe, el Partido Comunista de España y sus múltiples y siempre totalitarias escisiones, todas y cada una de ellas guardiana de las quintaesencias, regularidad y ortodoxia de su particularísima secta marxista.

Por lo que respecta a las trascendentales decisiones económicas de la época, razón de ser del libro, Orella destaca algunas experiencias concretas: así, el cooperativismo de Mondragón, de origen social-católico, y el practicado desde una perspectiva foral por Félix Huarte en Navarra. Que esta última región sea la natal del autor explica ese detalle; y sus estudios universitarios en Deusto, su interés por el de Mondragón.

En otro plano de obras, Orella destaca el rol jugado por el Centro Europeo de Documentación e Información (CEDI), de Alfredo Sánchez Bella, en el ámbito de las relaciones internacionales. Fundado ya en 1952, apenas ha sido estudiado, salvo en lo referido a las relaciones con la entonces República Federal de Alemania. También se volcó hacia los países árabes y el mundo hispanoamericano. Especialmente dirigidas al último se organizaron las trascendentales CIDES (Conferencias Iberoamericanas de Ministros de Planificación y Desarrollo). Y, como efecto tardío e inesperado de esta tecnocracia modélica, el autor realiza una sorprendente incursión intelectual en el desarrollismo chileno.

Pero no se trata de un trabajo que mira más que nada al pasado; no en vano, algunas de sus aportaciones parecen estar escritas pensando en el hoy más inmediato. Un ejemplo: dada la crisis y difícil reconfiguración del espacio político de las derechas nacionales, tanto en España como en Italia, el autor nos habla del apoyo económico que proporcionara el almirante Carrero al Movimiento Social Italiano (MSI) ante una gobernante Democracia Cristiana de arrogante y despectivo sentimiento de superioridad moral frente a los políticos españoles. Paralelismos y semejanzas tan sugerentes como inquietantes.

Un aspecto humano de múltiples consecuencias, que, sin embargo, apenas aborda el autor, es el de la emigración de varios millones de españoles hacia Europa occidental, América Hispana, Australia, Estados Unidos: una decisiva fuente de divisas que coadyuvó al desarrollo español; válvula de escape de lógicas tensiones sociales; espejo y contraste de costumbres y estilos de vida. Y, relacionado con ese cambio de costumbres, el fenómeno de la despolitización tácita del régimen; que afectó a buena parte de la población, acostumbrándose a delegar en "los políticos" unas cuestiones que -en la memoria colectiva- se asociaban a unas sangrientas querellas civiles que había que evitar a toda costa. Excepciones a ese comportamiento fueron las organizaciones "políticas" del régimen, que desplazadas de los auténticos centros de decisión política, rebajaron su alcance popular y su radicalidad revolucionaria; y buena parte de la intelectualidad que, ocupando cátedras y demás poltronas dictadoras de opinión pública, cubrieron buena parte del espacio abandonado, propugnando como futurible y sin disimulo las democracias occidentales e, incluso, las "populares".

En cualquier caso, el pensamiento radical-progresista anidó en las estructuras universitarias y en los ambientes intelectuales, artísticos y eclesiales, anticipando los rápidos cambios sociopolíticos que "asombrarían al mundo" años después. Esa "despolitización", tal vez, sustente la imposición sin resistencias de uno de los grandes males del régimen actual: el principio representativo desvinculado del mandato popular, de modo que en lugar de responder los políticos a sus electores, devienen en irresponsables y arbitrarios poseedores de los mismos.

El libro, en su presentación material, es de una magnífica calidad y formato; al nivel de los libros análogos de las grandes editoriales en lengua española. Además, el volumen se enriquece con 24 páginas de magníficas fotografías en blanco y negro, muchas de ellas inéditas, con toda seguridad, para la mayoría de lectores. No obstante, echamos en falta un índice onomástico, como colofón a esta obra, que ordenara el aluvión de nombres, encuentros, fechas y organizaciones que contienen esas páginas de tan apretados caracteres.

En estos tiempos en que lo políticamente correcto se impone de manera asfixiante, también en el ámbito académico, la misma exposición de este episodio español de nuestra Historia acarrea un riesgo: su peligrosa remisión al franquismo; de lo que se deriva el pernicioso efecto de una escasísima investigación historiográfica al respecto. Pero, obviando estas dificultades, es esa exposición desacomplejada del autor, la que permite una aprehensión integral de la cuestión que nos planteábamos inicialmente: ¿qué es España?

De manera sugestiva, España ya no se presenta como una cuestión gaseosa, sin peso ni contenido. Por el contrario, además de ser un patrimonio espiritual, en un mundo de realidades virtuales y pensamientos circunscritos en apenas 140 caracteres, se traduce -incluso hoy- en una riqueza material que está permitiendo sobrevivir a muchos a la crisis económica que aqueja a cientos de miles de familias españolas, merced al patrimonio que muchos protagonistas de aquella gesta, ya jubilados, ganaron con esfuerzo, generosidad y trabajo duro. Una riqueza moral y material que constituyen un hecho objetivo de la Historia, frente a las ensoñaciones aventureras que hoy cuestionan nuestra identidad colectiva.

El presidente de Freixenet, José Luis Bonet, descarta la secesión de Cataluña y aboga por la unidad de mercado
El plan independentista de Artur Mas esta resultando muy negativo para la economía catalana
Periodista Digital 8 Diciembre 2014

La mayoría de los catalanes está convencida de que el plan independentista promovido por el presidente de la Generalidad, Artur Mas, "afectaría negativamente a la economía catalana y a las inversiones", según un sondeo realizado la semana pasada por Feedback y publicado este lunes, 8 de diciembre de 2014, por La Vanguardia.

La encuesta (consistente en 1.000 entrevistas telefónicas) apunta que un 52,9% de los sondeados considera perjudicial para la economía el plan para negociar la secesión durante 18 meses tras una declaración uniltateral de independencia, mientras que un 38,8% cree que el proyecto de Mas no tendrá efectos negativos.

Cabe destacar que incluso la mitad de los votantes de CiU reconocen los riesgos negativos del proyecto secesionista de Mas.

Por otra parte, también es mayoritaria la percepción de que una virtual secesión no servirá para mejorar "el nivel de vida de los catalanes".

En concreto, un 43,3% cree que sí mejoraría el nivel de vida, frente al resto de encuestados, que se reparten entre los que creen que la situación seguiría "igual que ahora" (25,6%) o sería "peor que ahora" (24,3%).

En este sentido, el pasado 23 de octubre Sociedad Civil Catalana (SCC) presentó un informe en el que se recogían algunos de los efectos que la independencia generaría sobre la economía catalana, tales como una caída del PIB, un incremento del paro, una reducción de las pensiones y el colapso de las cuentas públicas.

En este informe, basado en diferentes estudios, se concluye que la ruptura del país supondría para Cataluña una importante caída de los flujos comerciales con el resto de España y del mundo; la escisión y deslocalización de empresas; un fuerte aumento del déficit y la deuda de la Generalidad; y se pondría en riesgo la liquidez del sistema financiero, además de llevar asociadas todo tipo de incertidumbres.

A favor de celebrar un referéndum... pese a que el 9N dice lo contrario
La encuesta de La Vanguardia también recoge que el 84% de las personas entrevistadas estaría a favor de celebrar un referéndum independentista. Un dato que, sin embargo, contrasta con el 37% de participación que -según datos de la propia Generalidad- se registró en la consulta secesionista del 9N.

El sondeo también indica que, con una participación estimada del 76%, el 47,7% de los votantes apoyaría la secesión, frente a un 42,9% que se opondría, mientras que apunta a un 9,7% de indecisos.

Encuesta sesgada
Finalmente, el sondeo señala que solo el 25,4% de los entrevistados consideraría suficiente para declarar la secesión una mayoría independentista en el Parlamento autonómico, frente a un 67,7% que cree imprescindible que, para hacerlo, se celebre antes un referéndum.

En todo caso, hay que resaltar el sesgo de esta encuesta, que desvirtúa los resultados. Según los datos publicados, un 45,5% de los entrevistados utiliza "mayoritariamente" el catalán en su casa; un 27,7% el castellano; y un 25,9% las dos.

Sin embargo, según la última Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población -publicada por la Generalidad en junio pasado, el catalán es la lengua "habitual" del 36,3% de la población; el castellano lo es del 50,7%; y solo el 6,8% dice optar por ambas de forma habitual.

EL PRESIDENTE DE FREIXENET
El presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, defiende la unidad del mercado español y ha hecho un llamamiento a los empresarios para "ir juntos" en la conquista del mercado exterior.

En una entrevista publicada este 7 de diciembre de 2014 por la Agencia Efe, Bonet ha abogado por la unidad "como primer principio" para defender a las pymes en el exterior, y ha considerado que el pueblo español no puede romper con el proceso "virtuoso" de la recuperación económica por el debate sobre el independentismo catalán.

Minimiza el proyecto independentista de Mas y Junqueras
Bonet, que recientemente ha sido víctima de un boicot -a través de la empresa que preside, Freixenet- por parte de una diputada autonómica de CiU y de las juventudes de ERC, ha minimizado la fuerza del proyecto independentista promovido por el presidente de la Generalidad, Artur Mas, y por el líder de ERC, Oriol Junqueras, y ha asegurado que no contempla la secesión de Cataluña.

Así, ha apostado por la colaboración de todos para ayudar a las pymes a globalizarse de la mano de las grandes empresas españolas, un proceso en el que la Cámara de Comercio de España debe tener un protagonismo importante, colaborando en la internacionalización y mejora de la competitividad de las empresas.

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PAZ POR DIGNIDAD
ISABEL SAN SEBASTIÁN ABC 8 Diciembre 2014

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero negoció con ETA un acuerdo de «paz por presos» y poder político, primero en la clandestinidad de las reuniones secretas entre Josu Ternera y Txusito Eguiguren, después con el humillante aval del Congreso, aceptando que la banda impusiera condiciones similares a las pactadas en Irlanda, pese a ser las circunstancias completamente distintas: allí había habido una potencia colonial y dos grupos terroristas enfrentados entre sí. Aquí, una única Nación con más de cinco siglos de historia común, un Estado de Derecho desafiado por una organización criminal, y víctimas inocentes asesinadas a sangre fría.

Mariano Rajoy aceptó de facto los términos de esa negociación al menos desde 2008, asumió tácitamente lo acordado como el precio a pagar por el fin de la violencia, aunque nunca reconociera su anuencia al «proceso», y ha venido cumpliendo desde su llegada a La Moncloa los términos de este contrato siniestro, ya fuera por acción (como cuando el Ministerio del Interior concedió el tercer grado penitenciario a Bolinaga, a sabiendas de que su cáncer distaba mucho de ser terminal) o por omisión. A este último apartado obedece la presencia de la serpiente etarra en las instituciones, a falta de iniciativa alguna destinada a expulsarla de ellas, así como la liberación prematura de «Santi Potros» y otros terroristas de su ralea.

Es verdad que la firmante de esta excarcelación ignominiosa ha sido la Audiencia Nacional, tan politizada como imbuida del espíritu de los tiempos, consistente en claudicar ante los pistoleros a costa de traicionar a las víctimas. No es menos cierto que, en caso de haber tenido la firme voluntad de hacerlo, el Gobierno habría dispuesto de recursos sobrados para impedir esta afrenta, acelerando la aprobación de la ley burlada por las prisas de los jueces justo antes de entrar en vigor, o bien utilizando su influencia sobre algunos togados clave, tal como han hecho otros ejecutivos, sin recato, cada vez que lo han considerado necesario para sus intereses de partido.

La salida triunfal del autor de las matanzas de Hipercor y la plaza de la República Dominicana, diez años antes de cumplir su condena, se explica por la evolución natural de las cosas en este contexto de apaciguamiento, que impone un final sin vencedores ni vencidos a lo que fue una lucha a brazo partido entre el orden democrático y la barbarie. Responde a la misma sinrazón que la derogación de la doctrina Parot o los permisos carcelarios concedidos a bestias sanguinarias como «la Tigresa» o Valentín Lasarte. Se trata de trocar «paz» por dignidad, con el agravante del embuste permanente que intenta convencer a la ciudadanía de que todo es debido al designio ineludible de la ley. Porque no les basta con la insoportable impunidad de los más de trescientos atentados sin resolver. No se contentan con el relato falseado de un «conflicto» entre iguales, que cala ya en buena parte de la sociedad vasca y algunos pretenden extender al resto de España. Les parece poco la desmemoria de esta sociedad ingrata. Van a por todas. Ya lo pronosticó en su día Pilar Ruiz Albisu, madre del asesinado Joseba Pagazaurtundúa, a raíz del amistoso encuentro celebrado entre Patxi López y Arnaldo Otegi: «Veremos cosas que nos helarán la sangre». ¡Y vaya si las estamos viendo!

Para esta «paz» de los cobardes no hacían falta alforjas llenas de lágrimas. Nos sobran todos los muertos, los amputados en cuerpo y alma, los despojados de alegría. Nuestra batalla, la de quienes no callamos, ni secundamos mentiras ni agachamos la cabeza ante la banda asesina, era por la Libertad. Esto es una estafa.

La noria argumental
JOSEBA ARREGI. EL CORREO 08 Diciembre 2014

· Fuera del Estado constituido por la sumisión a las leyes no hay política, democracia ni diálogo posible

La velocidad de vértigo a la que avanza el tiempo hoy haciendo que el presente no tenga sustancia alguna, pues desaparece casi antes de haber llegado, hace que el pasado aún cercano parezca tan lejano como el tiempo del Imperio romano. Así puede suceder que con motivo de alguno de los problemas políticos que inundan el grave panorama en el que vivimos inmersos se usen figuras argumentales que, con algo de memoria, podríamos comprobar que ya han sido usadas en otros casos y en tiempos aún bastante recientes.

Con motivo de la cuestión catalana, o españolacatalana o viceversa, líderes y analistas políticos han recurrido a la figura argumental de contraponer la política a la legalidad. La realidad del soberanismo catalán no se puede acometer desde las leyes, sino que requiere de planteamientos políticos. El Estado se equivoca –aunque no hay que olvidar que el Gobierno catalán y el Parlamento catalán son parte del Estado que se equivoca– si recurre a las leyes y al necesario respeto que se les debe para vivir en democracia, porque la soberanía, la defensa del derecho de autodeterminación y la voluntad de salir del Estado conjunto no pueden tener una respuesta ni un tratamiento legal, sino político. Y político quiere decir negociado. Y negociado quiere decir que el Estado debe ceder en parte o en todo a las pretensiones de soberanismo. Y que no hay nada en retorno.

Esta contraposición entre legalidad y política no es nada nueva bajo el sol español y su diversidad de nacionalidades. No hace tanto tiempo que en todo lo que se refería a ETA y al cómo terminar con ETA se recurría a una contraposición parecida –vaya por delante que no trato de equiparar ETA con nada de lo que está aconteciendo en Cataluña–. En aquellos tiempos no tan lejanos la contraposición radicaba en contraponer la política a la lucha policial. No iba a ser posible acabar con ETA sólo con la lucha policial. Era necesario hacer política, es decir, abrir vías de negociación con ETA para superar el impasse al que la lucha contra ETA estaba abocada. El empate eterno: la fuerza de ETA y la fuerza del Estado encarnada en las fuerzas de seguridad.

También en aquellos momentos, política era sinónimo de negociación. Y negociación era sinónimo de ceder en algo: reconocimiento del Conflicto, más autogobierno, territorialidad –Euskadi más Navarra = Euskal Herria–, reconocimiento del derecho de autodeterminación, derecho a decidir, plan Ibarretxe… La lectora del manifiesto tras la manifestación para condenar el asesinato de Ernst Lluch lanzó a los políticos aquello de «ustedes que pueden, hablen». Y hablar significaba negocien, dejen de aplicar las leyes, dejen de basar la lucha contra ETA en la lucha policial y sean inteligentes, apliquen la política que significa hablar, dialogar, negociar, ceder.

Eran bien pocos los que en aquellos tiempos no tan lejanos se atrevían a recordar que la esencia política del Estado radica en el monopolio legítimo de la violencia, encarnada por las fuerzas de seguridad del Estado, y que fuera de ese monopolio el Estado empieza a diluirse, a dejar de creer en sí mismo, a dejar de ser Estado, y que fuera del Estado constituido por la sumisión al derecho y a las leyes, no hay política, no hay democracia, ni diálogo posible.

La realidad del paso del tiempo ha puesto de manifiesto que ha sido posible vencer a ETA y obligarle a cesar en sus actividades terroristas, sin dar nada a cambio –ni siquiera la salida de los presos, a quienes ETA ha abandonado–, gracias a la lucha policial y al esfuerzo de las fuerzas de seguridad del Estado. Haciendo la política que se deriva del núcleo político mismo del Estado: el monopolio legítimo de la violencia, la aplicación de las leyes. Sin recurrir a lo que espúriamente se llama ‘política’ en contraposición a la lucha policial, sin recurrir a la negociación, al flamante diálogo, a la cesión, que es lo que realmente se esconde tras esos términos tan bien sonantes cuando se les contrapone a la aplicación de la ley. ETA ha sido derrotada, sin necesidad de negociación, ni de diálogo, ni de cesión.

La noria argumental extiende su paralelismo a otros aspectos. Se afirma ahora con verdadero ahínco que si el Estado recurre a las leyes, lo que está haciendo es reforzar aquello que dice combatir, el soberanismo. Que aplicando las leyes crea víctimas y ahonda la incomprensión. Se dice que con la aplicación de las leyes ganan el soberanismo y el independentismo.

Aunque tampoco hay mucho empacho en admitir que si se dialoga, se cede, se ofrecen salidas al soberanismo, éste también termina ganando, porque se coloca ya en un escalón superior de autogobierno desde el que ve más cerca el final de la escalera, la realidad de ser un estado independiente ya al alcance de la mano.

Fue famosa en los tiempos en que ETA apretaba –el gatillo– y en los que el Estado aplicaba la lucha policial contra ETA y la judicial contra todo su entorno la pastoral conjunta de los obispos vascos, con motivo de la aprobación de la Ley de partidos y la subsiguiente ilegalización de Batasuna, en la que afirmaban que negros nubarrones se cernían sobre Euskadi, puesto que dicha ley iba a provocar la entrada en la clandestinidad de miles y miles de jóvenes vascos. Es decir: que con esa estrategia de aplicar la ley, el independentismo etarra iba a salir ganando.

El paso del tiempo ha puesto de manifiesto que esa profecía se ha quedado en nada: ahora se afirma que es precisamente el éxito de la lucha policial, el haber forzado a ETA a declarar el cese de las acciones terroristas, lo que ha abierto la puerta al crecimiento electoral de sus aledaños políticos.

Si en cualquier caso el independentismo sale ganando, ¿cuál es la razón para no cumplir la ley? ¿Por qué se confunde la consecución de las metas nacionalistas con diálogo? ¿Puede haber diálogo democrático fuera de la gramática constitucional? ¿Qué ofrecen los soberanistas en el diálogo? Nada.

Cuando las instituciones cohabitan con el separatismo
“Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.” Jean Jacques Rousseau
Miguel Massanet  www.diariosigloxxi.com 8 Diciembre 2014

Debemos reconocer nuestra incapacidad para poder asimilar la política que sigue nuestro Gobierno en el espinoso tema catalán. No podemos entender que, cuando los políticos catalanes han venido diciendo, por activa y por pasiva, cuales son sus verdaderas intenciones respecto a sus relaciones con el resto de España, todavía los haya que parecen no haberse enterado, que prefieren hacerse los desentendidos o, lo que todavía resulta más alarmante, que esconden la cabeza detrás del ala por miedo a tener que recurrir a los remedios que la Constitución tiene meridianamente establecidos para afrontar semejantes situaciones de rebeldía. Por desgracia, ya nos vamos acostumbrando a que nuestros mandatarios usen pantalones con elásticos, para que les resulte más fácil bajárselos cada vez que, los separatistas catalanes, les lanzan un órdago, al que se ven incapaces de responder como correspondería, si fueran unas personas que tienen lo que se debe tener y que no están dispuestas a que, España, tenga que presentar la otra mejilla en cada ocasión en que, un zarrapastroso y desleal funcionario de la Generalitat catalana, se atreve a poner en duda la unidad de la nación española. Pero, si ya conocemos a la perfección los demonios que andan sueltos por el palacio de la Moncloa; donde la vicepresidenta Soraya parece que lleva la vara alta y que, sus condicionamientos de mujer liberada aparentan llevarla a creerse bien informada de lo que sucede en Catalunya y, lo que, todavía, es más preocupante, que insiste en actuar como si tuviera en la mano la verdadera solución milagrosa, para lograr que los separatistas catalanes renuncien a sus pretensiones. Lo que acaba de ponernos en guardia y nos deja perplejos es lo que está ocurriendo con la otra institución más valorada de la nación: la monarquía. Hacía tiempo que no nos referíamos a ella, quizá porque pensábamos que, al bisoño monarca, se le debía de dar un espacio para que pudiera establecer sus propias maneras, demostrar su apego a la actual Constitución y dejarnos ver todo lo que se escondía detrás de su apuesta y egregia figura.

Por desgracia, aparte de una serie de medidas de ahorro establecidas para la casa Real, que nos parecen muy bien; seguimos teniendo la sospecha de que sigue demasiado influenciado por las opiniones de un sector de sus amigos y, especialmente, de su señora esposa; que nos hacen barruntar que el monarca se ha dejado influenciar, más de lo que sería deseable, por unas ciertas ideas progres y populacheras que, aparte de su evidente formación en temas trascendentales que afectan al país, quizá le mantienen en una postura equívoca en otros temas en los que quisiéramos verle más implicado; demostrando con más énfasis su compromiso con la unidad de España y la necesidad de que, los preceptos constitucionales, sean respetados por todos los españoles. Debería intentar dejar bien claro que la unidad de España debe ser indiscutida e indiscutible, y que, en ello va, a estar siempre contra cualquiera que pretendiera destruirla.

Tenemos la impresión de que está tan plenamente dedicado a recomponer la imagen, tan perjudicada, de la Monarquía; intentando, con todas sus fuerzas, recuperar la simpatía del pueblo y el carisma que, don Juan Carlos, tuvo en los primeros años de su reinado; que pudiera ser que no le resulte grato ( y quizá doña Leticia se lo haya inculcado) tenerse que manifestar demasiado firme y tajante el en tema catalán; pensando que, si se muestra condescendiente y equidistante de los protagonistas del conflicto, pudiera ser que pudiera aspirar a ser monarca de dos naciones, la española y la catalana. Hablando en serio, no llegamos, como ciudadanos de a pie, a entender que las instituciones se lo cojan con papel de fumar cuando se sabe que, si cuaja cualquier forma de independentismo en Catalunya, lo que va a ocurrir es que la metástasis será inmediata, comenzando por el País Vasco y afectando, una a una, al resto de autonomías. No caben juegos ni pasividades criminales que pudieran dar opción a semejante desastre nacional. Solo la valentía y la decisión pueden acabar, de una vez, con tanta amenaza y pitorreo.

Al respeto y con todos los respetos por SM la Reina Leticia, debemos de comentar que parece que, desde que su esposo el Príncipe, fue designado como Rey del país, parece que se ha tomado demasiado en serio lo de su realeza y debe haber pensado que, el ser reina, la obliga a convertirse en un trending topic de la moda mundial; en lo que parece que está obsesionada; de manera que, en sus actuaciones oficiales, tiene el aspecto de haberse transformado en una figura de cera, vestida a la dernière y con un envaramiento que no permite que ningún músculo de su cara pueda moverse ni ninguna curva de su anatomía perder el sentido de la verticalidad; lo que, cuando anda, da la impresión de haberse tragado un palo, algo que le resta naturalidad y cercanía, dos cualidades imprescindibles si lo que aspira es a hacerse simpática y querida por el pueblo llano.

Mucho nos tememos que, habiendo fracasado las negociaciones secretas del Gobierno con la Generalitat, con la vergüenza nacional de que se celebrara la consulta por el derecho a decidir, planteada por los separatistas; cuando se han roto, de puertas para afuera, los contactos entre ambas partes, el señor Rajoy y su vicepresidenta, hayan decidido pedirle a SM Felipe VI que haga las gestiones acerca de Mas y los separatistas, para buscar un punto de encuentro que les permita solventar esta difícil situación en la que, la cobardía de unos y la insensatez de los otros, ha metido a España entera. No le vemos sentido a que, el Rey, menudee sus viajes a Barcelona, con cualquier excusa, cuando hace unos meses las visitas de la realeza a Barcelona eran escasas. Hoy mismo, hemos visto una fotografía, en un medio de Barcelona, en el que el Rey conducía un vehículo, por la fábrica SEAT, y sentado a su lado, el señor Mas se mostraba locuaz y sonriente mientras, su real acompañante, sonreía con gesto de complicidad. ¿De verdad, es esta la imagen que se quiere dar, cuando cada día uno u otro de los gobernantes catalanes, lanza palabras de reto, desafío y críticas a España y a sus autoridades? ¿Es esta la pretensión de dar sensación de normalidad, riéndoles las gracias a quienes no quieren seguir unidos al resto de españoles y lo han demostrado desobedeciendo al TC y a los tribunales de la nación?

La situación es esta: en unos meses elecciones autonómicas y, en un año, legislativas. Los nacionalistas saben que ganando tiempo pueden tener más posibilidades cuando, en las legislativas, es posible que las izquierdas se hagan con el gobierno y perciben que esto les va a favorecer. El señor Rajoy y su gobierno piensan exactamente lo mismo y prefieren ahorrarse, como han hecho con la ley del aborto, las dificultades de afrontar ambos temas que, sin duda, resultan espinosos para cualquiera que deba bregar con ellos. Los españoles, que residimos en Catalunya, abandonados a su suerte en un país extranjero y sujetos a ser considerados una minoría de “indeseables”. España rota, si es que los de Podemos no acaban por arruinarla por completo. ¡Bravo por nuestras instituciones, han conseguido rematar lo iniciado por Rodríguez Zapatero! Y ¿qué nos queda a los infelices que hemos clamado en el desierto? Rezar.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie vemos como, día a día, las esperanzas de seguir siendo españoles se van esfumando


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