AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 10  Diciembre  2014

Razones de una crisis
El autor cree que si se reforma la Constitución debe ser para garantizar un Estado más sostenible y solidario, para lo que propone acabar con los nacionalismos y dejar márgenes de desarrollo a las aspiraciones individuales.
RAMÓN C. PELAYO El Mundo 10 Diciembre 2014

ESPAÑA ESTÁ GRAVEMENTE enferma. Los síntomas de esta enfermedad son sobradamente conocidos: crisis territorial, corrupción, partidos políticos alejados de los problemas reales de los ciudadanos y marginación de valores históricos, sociales y morales, que han perecido en aras de la sacralización de la macroeconomía.

La actual situación pone en riesgo el pacto constitucional, verdaderamente histórico, que nuestro país alcanzó en 1978, surgiendo voces, cada vez más numerosas, que preconizan una reforma de la Constitución como ungüento que cure todos nuestros males. Sin embargo, tienen razón aquellos que entienden que, para afrontar una reforma constitucional, es preciso alcanzar un amplio consenso sobre el contenido y finalidad de la misma.

Acertar con la receta que estabilice nuestro país en los próximos decenios exige analizar las razones, genéticas unas, adquiridas otras, que nos han llevado a esta situación y que, en mi opinión, son las siguientes:

1º.- En primer lugar, la imperfecta configuración del Estado de las autonomías, a través de un Título VIII de la Constitución, que instaló un permanente equilibrio inestable, confuso, defectuoso y agravado por una doctrina constitucional que ha favorecido la creación de 17 estados. Dejando a un lado cuestiones técnicas -que no son objeto de este artículo- muchos españoles se sorprenden hoy día de cómo pudo delegarse en las comunidades autónomas las competencias de educación cuando es sabido que «quien educa domina».

Es incomprensible que saliera adelante una organización estatal con tan desequilibrada como confusa distribución de competencias que ha provocado, a la postre, el vaciamiento y la inviabilidad económica del Estado y la difuminación de los perfiles que configuran la nación española, máxime cuando era más que previsible -bastaba con repasar la historia de los últimos 100 años- que los movimientos nacionalistas iban a rebrotar con mayor virulencia, si cabe, constituyéndose -como siempre lo han sido- en el verdadero cáncer de la libertad en España.

2º.- En segundo lugar, la adopción de una normativa electoral compleja e injusta que provocó dos patologías de las que se derivan muchos de los males de nuestro país: la potenciación, a todas luces desproporcionada e injusta de los movimientos localistas y nacionalistas, y la creación de una «clase política» (algunos la definen hoy como una «casta») que, al abrigo de listas cerradas y al amparo de nomenclaturas de partido, ha monopolizado el poder en todas sus manifestaciones (legislativa, ejecutiva y judicial) invadiendo órganos e instituciones que fueron creados como contrapesos del poder que los ha domesticado e inmiscuyéndose en esferas de la sociedad que antes considerábamos impermeables a la influencia partidista.

No queda el más leve resquicio a la acción espontánea de la sociedad o del individuo; todo lo que esté fuera del ámbito de los partidos es políticamente intrascendente. Y lo anterior se agrava cuando hablamos de sociedades dominadas por el nacionalismo en las que la finalidad partidista se superpone de forma tan dramática al individuo que termina por convertirlo en un súbdito acrítico y manejable, como ya ocurrió en los más oscuros días del siglo XX europeo.

El Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, los organismos reguladores, los sindicatos y organizaciones empresariales, están trufados y contaminados por una asfixiante partitocracia que impide cualquier control, significativo, sobre aquellos que ejercen el poder.

A las razones genéticas anteriores deben unirse otras adquiridas y que han agravado nuestra situación hasta los límites en que nos encontramos:

1º.- La incomprensible condescendencia de los sucesivos gobiernos nacionales con los gobiernos nacionalistas en las regiones y épocas en las que han gobernado sus respectivas comunidades solo puede calificarse como suicida. Muchas veces me pregunto cómo es posible que se haya mantenido durante tantos años una autonomía en la que los miembros de la oposición tenían que vivir (o morir) con guardaespaldas y en la que, rememorando una trágica frase, «unos movían el árbol y otros recogían los frutos». De la misma manera que es inconcebible que el Estado pretenda reducir a una mera confrontación jurídica -que está alcanzando patéticos niveles de «pillería leguleya»- el actual movimiento secesionista catalán, resultado de una conducta abiertamente rebelde, que se remonta a hace muchos años, y de la pasividad de aquellos que tenían y tienen la obligación de defender la nación española como realidad histórica y constitucional indisoluble.

2º.- Finalmente, la incapacidad de los gobiernos españoles -especialmente de los dos últimos- para unir esfuerzos y sacrificios en aras de unos objetivos comunes de justicia, solidaridad y progreso, perdiéndose en interesadas demagogias guerracivilistas; creando problemas inexistentes en la sociedad que pretenden gobernar y despreciando los compromisos electorales adquiridos hasta el punto de mofarse, prácticamente, de sus electores, anunciando groseros incumplimientos programáticos.

Unos gobiernan en nombre de una de las «dos Españas»; otros gobiernan para satisfacer intereses macroeconómicos que nunca se traducen en progreso individual; otros persiguen a los ciudadanos y les acosan en aras en unos conceptos y símbolos tan inexistentes, históricamente, como democráticamente repugnantes.

Siendo concretos: ¿Qué razón había para promulgar una Ley de Memoria Histórica? ¿Qué razón había para reabrir la división en torno al aborto? ¿Cómo es posible que un presidente del Gobierno se vanaglorie de incumplir su programa cuando tiene la mayoría necesaria para cumplirlo? ¿Cómo se puede permitir la persecución de todo lo español en algunas regiones de nuestra geografía? ¿Cómo se puede permitir que, tras casi 1.000 asesinados, la ideología que sustentó el terrorismo gobierne hoy gran parte del País Vasco?

Todo lo anterior es debido a una lamentable dejación de valores y, por qué no decirlo, a la labor de unos gobiernos pusilánimes y carentes de toda capacidad para imbuir en la sociedad un sentido de la ejemplaridad que hace años desapareció de nuestro mundo político.

Muchos coincidimos con el diagnóstico precedente y nos preguntamos, ¿una reforma constitucional, para qué? Porque si lo que se pretende es reformar la Constitución para agrietar todavía más nuestra nación o para otorgar privilegios a aquéllos que han hecho del crimen o de la deslealtad un instrumento político, el viaje va a ser extraordinariamente corto y frustrante.

La única reforma constitucional -y legislativa- que necesita España es una racionalización de nuestro Estado -como está ocurriendo en otros países europeos- que lo haga económicamente viable, políticamente democrático, territorialmente estable y socialmente solidario, y este objetivo pasa por el rechazo definitivo a los nacionalismos, devolviéndoles a su verdadero tamaño, y la firme voluntad de los partidos de dar un paso atrás en sus afanes de dominación, dejando márgenes suficientes de desarrollo a las aspiraciones sociales e individuales que son el verdadero motor de estabilidad y progreso en un Estado de Derecho.

Ramón C. Pelayo es abogado del Estado, excedente

Podemos es más consenso
Almudena Negro www.vozpopuli.com 10 Diciembre 2014

No son pocas las formaciones que, a derecha e izquierda, han aparecido en los últimos tiempos prometiendo “regenerar la política”. Regeneración que es la palabra que en cuestión de marketing electoral ha venido a sustituir al famoso “cambio” que en 1982 prometiera a una despistada sociedad española recién salida de la dictadura el PSOE de Felipe González, el de “ni Flick ni Flock”. De ahí a Filesa, Time Export o los GAL, pasando por el entierro de Montesquieu o el que se mueva no sale en la foto, todo fue coser y cantar. Regeneración que no significa absolutamente nada. Como sucede con “transversal”, “centralidad” o “centro”, sinónimos de “partido atrápalotodo”, o sea, de partido sin principios. Cada vez que un político las pronuncia, como reza el dicho popular, muere un gatito.


Que los españoles están hartos de la corrupción y del empobrecimiento de las clases medias a manos de unas élites extractivas carentes de escrúpulos, no es novedad. Que no queda una sola institución en pie, con Felipe VI oficiando de solícito chófer del sedicioso Artur Mas, también. Sin embargo, ninguna de las formaciones de nuevo cuño con posibilidades de llegar a tener representación en el Congreso habla en serio de libertad política. Que es conditio sine qua non para que haya democracia y, además, es la gran ausente en España. En realidad, no es otra cosa más que división de poderes y representación. División de poderes, por cierto imposible bajo un régimen parlamentario puesto que este siempre supedita legislativo y judicial al ejecutivo, no sólo entre el poder judicial y los otros dos, como se tiende a pensar, sino también entre legislativo y ejecutivo. Y aquí seguimos con el banco azul en el Congreso y una justicia de sentencias “ejemplarizantes” y excarcelaciones politizadas en la que ya nadie cree.

La otra pata de la libertad política es que votemos directamente a nuestros representantes. Lo que sucede, por cierto, en los denostados Estados Unidos, en donde hay democracia. Una cuestión que va más allá de las listas abiertas y que nada tiene que ver con la democraciainternadelospartidos que aquí todo manipulador o ignorante que se precie presume defender como bálsamo de Fierabrás. En el caso de algunas nuevas formaciones sospecho que no la reivindican porque, directamente, no saben lo que es. No son más que otra organización de impostores. Nivel.

No se le conoce a Pablo Iglesias, Errejón o Monedero, estos días enfrascados en esconderse ante los escándalos de corrupción que les salpican, medida alguna a favor de la liberad política

Podemos, el partido que con mayor fuerza ha irrumpido en el panorama mediático, que no aún político aunque todo parece indicar que se va a merendar a Izquierda Unida y al PCE de la mano de Taniemos, no es ninguna excepción. No se le conoce a Pablo Iglesias, Errejón o Monedero, estos días enfrascados en esconderse ante los escándalos de corrupción que les salpican, medida alguna a favor de la liberad política. Normal, teniendo en cuenta que su modelo a seguir es el modelo totalitario del régimen criminal de Venezuela. La naturaleza humana, no lo olviden, es la misma en todas partes. Y Hugo Chávez llegó al poder de la mano de las clases medias y una clase empresarial y unos medios de comunicación, posteriormente expropiados, cómplices con los totalitarios.

Como describía en su columna Javier Benegas, los chicos de la coleta son, en realidad, la apoteosis del sistema. De un sistema que ha quedado reducido, de cara al españolito de a pie, al fisco. Contribuyentes exprimidos sin piedad para mantener el chiringuito mientras la corrupción todo lo anega. Consenso o reparto del botín reivindicado estos días atrás por la habitual corte de plañideras amantes del mito de la Transición y por el actual presidente de la CEOE, el tercer sindicato vertical del régimen junto a CC.OO. y UGT.


El líder de Podemos, cuya cobardía política ante el primer contratiempo pone de manifiesto que no es tan fiero el león como lo pintan aunque lo que tiene enfrente es aún peor, ha declarado que quiere situar a su partido en la “centralidad”. O sea, que Pablo Iglesias quiere que Podemos esté a la izquierda del PP y a la derecha del PSOE. Y aún hay quien le presta oídos a estos paleocomunistas que acusan, día sí día también y con razón, a PP y PSOE de incumplir sus promesas y traicionar a su electorado, cuando la realidad es que ellos llegaron al parlamento europeo con un discurso hiperintervencionista, similar al de Marine Le Pen en Francia, que ahora están escondiendo. Sin que los círculos protesten. La borregada, esa sí que es transversal. Ahí tienen a sus economistas, hasta hace nada unos “caraduras” según definía Pablo Iglesias a uno de ellos, haciendo propuestas socialdemócratas similares a las del resto de formaciones políticas de izquierdas que luego ejecuta magistralmente el PP de la mano de Montoro. Desde aquí, aprovechando la cuestión, me declaro muy fan de los deportistas, actores, millonarios y similares que se marchan a paraísos fiscales huyendo de los infiernos de sus países de origen. ¡Un hurra por Depardieu! Huyen porque pueden. Si yo pudiera, aquí iba a estar. Y la cuestión, por más que se empeñen los estatistas, no tiene nada que ver con el patriotismo, último refugio de los canallas y excusa utilizada por los socialistas de todos los partidos para el saqueo del productivo.

La libertad colectiva, como ven, no interesa a las oligarquías establecidas ni tampoco, por lo que parece, a las que se quieren establecer. Y eso que el apaño oligárquico 1978 está saltando por los aires debido a los insaciables intereses de los nacionalismos periféricos, dedicados desde hace décadas a saquear a los españoles envueltos en banderas separatistas. Con el silencio cómplice de las instituciones del comatoso Estado español. Y el apoyo de la penúltima excusa, esta vez en forma de chico con coleta.

El imperio (El Régimen) contraataca
Marcello www.republica.com 10 Diciembre 2014

Parodiando a la saga cinematográfica de la Guerra de las Galaxias, que ahora prepara su próximo y nuevo episodio, ‘La Fuerza se despierta’, podemos decir que el Régimen imperante en España, un conglomerado de poderosos señores y señoras que ocupan altas responsabilidades en las distintas instancias del poder español, se ha colocado en formación de combate y actúa de manera coordinada e implacable contra todo aquel, o aquellos, que amenacen su existencia. La que hoy está muy deteriorada por la crisis económica, el paro, la corrupción y el desgaste de los metales sobre los que se levantó el edificio de la Transición del que salió, como llegado del cielo, este Régimen español, hoy en entredicho y en peligro de extinción sobre todo por causa de su propia soberbia -se creyeron invulnerables- y de sus propios errores.

El Régimen, o El Imperio, contraataca y pretende reconducir su difícil situación y para ello no se ha de parar en barras ni en obstáculos por altos que eran y relucían. Si había que sacrificar al Rey Juan Carlos I, víctima de sus abusos, amores tardíos y posibles responsabilidades -por más que fueran ‘inviolables’ ante la ley- El Régimen o, dicho de otra manera, la misteriosa cúpula del poder, forzaba con guante de seda la abdicación del monarca en favor de su hijo el Rey Felipe VI.

Y si había que decapitar a Pedro J. por lanzar ‘fuego amigo’ desde el interior de la fortaleza del Régimen contra los pilares fundamentales del ‘establishment’, en el momento procesal previo a la abdicación del Rey y en plena crisis de los SMS del presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el hacha del verdugo caía implacable sobre el cogote del informador. Más aún, si se consideraba necesario refundar el PSOE para intentar salvar la nave de la doble quilla del viejo bipartidismo español, se le pedía al bueno de Rubalcaba que diera un paso atrás y regresara a la Universidad tras dejarlo, previamente, en la mayor soledad como ha reconocido ya ex líder del PSOE.

El viejo lema de las casas cuartel de la Guardia Civil, ‘Todo por la Patria’ se grabó a sangre y fuego en el morro de la nave capitana del Imperio, en cuyo puente de mando aún se escucha la entrecortada respiración del comandante adjunto Darth Vader, que dirige la caza de los Jedais de La Fuerza que intentan sobrevivir. Ayer, se dictó sentencia contra el juez Ruz, que investiga los casos más notorios de la corrupción del PP, los de Gurtel y Luis Bárcenas (a quien los amos del Imperio metieron en una mazmorra hace ya dos años) y el joven magistrado deberá comenzar a hacer sus maletas y abandonar la Audiencia Nacional camino de su destierro en Móstoles.

Nadie está a salvo. A los Pujol, promotores de los planes de secesión que capitanea Artur Más en Cataluña, los pillaron con las manos en la masa del dinero y el llamado honorable fue obligado a confesar. Y a la espera estamos de la pronta caída de Mas quien, de momento, sufre un ataque de locura y ansiedad y a punto está de ser ‘estrangulado’ por ese androide con mal de ojo que se llama Oriol Junqueras, y que sólo es un instrumento al servicio del máximo poder como pronto se sabrá.

‘Uno nunca sabe para quien trabaja’, reza el dicho popular que con tanta habilidad aprovechan los dueños del ‘lado oscuro’ de la galaxia. Y si no que se lo pregunten a ese muñeco al que llaman el Pequeño Nicolás, que el día menos pensado puede acabar mal y donde menos se lo espera por jugar con el fuego sagrado del Imperio.

¿Y los de Podemos, cómo los han dejado llegar tan lejos? He aquí un problema nuevo al que se enfrenta el Imperio por un error de cálculo. A estos chicos de la coleta, ‘merodeadores del desierto de la Universidad’, se les dejó crecer y jugar para, en un momento dado, desestabilizar al PSOE, IU y a UPyD, en defensa del partido conservador, el PP. El pilar fundamental de las esencias del Régimen, sus principios, pompas y valores liberales, cristianos y tradicionales, todo eso que José María Aznar guarda en la caja de Pandora que tiene oculta en la sede central de FAES.

Pero hete aquí que estos merodeadores de Podemos, han recibido cursos de formación y de artes marciales del pequeño Yoda, y en un santiamén se han colocado al frente de las encuestas de la intención de voto nacional ante el asombro de propios y extraños, que no entienden lo que ocurre y se temen lo peor en este año electoral de 2015 y del Señor de las Galaxias, donde todo puede pasar.

¿A quién se le escapó Podemos? Mientras se busca al culpable, a quien la mano dura y asfixiante de Darth Vader liquidará, el Imperio ya ha puesto en marcha la caza de la orquesta Podemos de Pablo Iglesias, a quien pretenden cortar la coleta. En ello ya están los servicios de inteligencia de Map, la más pequeña y ahora la más malvada de las hadas, que se disfraza de Soraya, con sus guantes de cabritilla y su echarpe azul de visón rasé, y a la que tiene de los nervios el Pequeño Nicolás con sus idas y venidas por el campo mediático nacional.

Podemos, a los que los poderosos dieron alas de cera convencidos de que se fundirían a medida que se acercaran al astro rey, se les han escapado de momento de sus garras y veremos cómo y cuándo los van a parar, y si no es demasiado tarde vista la proximidad del calendario electoral.

Es cierto que el poder del Imperio, o del ‘Régimen’ sigue siendo muy grande pero no tanto como en los años pasados cuando en Roma reinaba un Papa integrista y conservador, y en la Casa Blanca habitaba un Bush, o cuando los grandes medios de comunicación -hoy en quiebra- tenían en sus manos el control de la información que hoy se escapa por Internet. Eran los días dorados de González y Aznar, en el PSOE y en el PP, y de los grandes pelotazos del IBEX. Era tiempo del más alto brillo de la Corona que coronaba el manto de armiño del desaparecido Rey Juan Carlos.

Un tiempo pasado que nunca volverá, aunque los restos de su naufragio se quieren refundar y en ello está el Imperio con su contraataque infernal, por tierra, mar y aire. Convencidos que volverán a triunfar y a controlar por donde solían. ¿Lo lograrán? Son muy poderosos y desde luego no van a parar.

Los derechos humanos vistos desde las víctimas
XABIER ETXEBERRIA MAULEON. EL CORREO 10  Diciembre 2014

MIEMBRO DEL CENTRO DE ÉTICA APLICADA DE LA UD

· La conciencia de derechos humanos empieza cuando ante el daño que otro nos causa percibimos que hay una injusticia que afecta a nuestra condición de humanos

Como cada año, este 10 de diciembre, aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nos convoca a avivar nuestra apuesta cívica sostenida a favor de ellos. En estas líneas pretendo recordarlo dando cuenta de lo que considero que es el corazón de estos derechos: su referencia a las víctimas.

Tendemos a pensar que los derechos humanos son el conjunto de documentos de Naciones Unidas que los formulan. Y este es un aspecto muy importante de ellos. Pero tales derechos no surgieron de encuentros internacionales. En ellos se llegó a acuerdos –con sus logros y sus limitaciones– sobre cuestiones previamente alentadas por experiencias sociales y por reflexiones ligadas a ellas. Pues bien, esas experiencias son, decisivamente, las de la indignación moral ante la victimación sufrida.

En lo fundamental, empieza a haber conciencia de derechos humanos no cuando en abstracto analizamos lo que somos descubriendo que, entre otras cosas, somos sujetos de derechos, sino cuando, ante el sufrimiento y daño que otro nos causa percibimos que hay una injusticia que afecta a nuestra condición de humanos y exclamamos indignados: ¡no hay derecho! Es la conciencia de victimación la que, confrontándose con intuiciones latentes, abre a la revelación nítida de que un derecho dado existe para todos nosotros, marcándole además a este su sentido y alcance fundamentales. Los derechos se nos hacen plenamente visibles como reacción a las violaciones de ellos.

Evidentemente, se llega a esta conclusión tras una purificación, históricamente laboriosa, de la experiencia de victimación. Porque es fácil engañarnos reclamando un derecho humano allá donde, aunque haya sufrimiento, no hay injusticia, o allá donde la ‘injusticia’ tiene que ver con ‘derechos’ que nos autoasignamos como grupo particular, esto es, con privilegios.

Experiencialmente se avanza en esta purificación cuando en quien sufre la injusticia aflora esta convicción: si se lo hicieran a cualquier otro también lo consideraría injusto. O dicho de otro modo: cuando lo que hace estallar nuestra indignación es la victimación vista en cualquier otro humano, pertenezca o no a nuestros grupos identitarios. De esta forma, esos derechos muestran su ineludible rasgo de universalidad a la manera de la universalidad solidaria entre humanos en nuestra condición de actuales o potenciales víctimas, lo que, a su vez, se convierte en nueva referencia para afinar la naturaleza de la victimación moral.

Esto implica que las fuentes históricas primarias del emerger de la conciencia de los derechos humanos no están tanto en reflexiones de tinte filosófico o en formulaciones jurídicas elaboradas por los poderes políticos, como en los relatos que dan cuenta de esas victimaciones (a veces enfrentándose a tales reflexiones y formulaciones), que se van abriendo progresivamente a desbordar toda barrera entre humanos, respetando a la vez la potencialmente rica diversidad.

La reflexión y la juridificación tienen que venir, porque son el segundo momento de purificación de los derechos mostrados en la victimación y, además, la vía para que las instituciones públicas se conviertan en garantes de ellos. Pero es muy importante que se enraícen en las experiencias citadas. A partir de lo cual, podrá generarse un círculo virtuoso: las vivencias moralmente lúcidas de victimación alimentan la reflexión y juridificación, y estas a su vez no solo permiten sacar a la luz otras victimaciones, sino que ofrecen instrumentos adecuados para que los derechos humanos de todos se disfruten.

Contemplar así estos derechos, además de ‘encarnarlos’ en la realidad, ofrece pistas importantes para velar por su cumplimiento. Para empezar, se hace manifiesto que una de las opresiones más básicas que pueden llevar a cabo los poderes existentes es la de desactivar o bloquear la dinámica de indignación a través de la dominación cultural. Frente a ello, la concienciación social desde las experiencias de injusticia, purificada de sus desviaciones, es clave.

En segundo lugar, este enfoque de víctimas es la mejor referencia para denunciar una perversión interna al ámbito de los derechos humanos: la de ejercer algunos derechos en formas tales que invisibilizan o incluso generan víctimas, con lo que estas no son reconocidas como tales ¡en nombre de los propios derechos! A veces la perversión es descarada, como sucede con el terrorismo que reclama derechos identitarios o sociales a través del asesinato. Pero otras es más sutil: como cuando se reclama la libertad de mercado como derecho que permite dinámicas tales que implican enormes victimaciones que quedan semiocultas, sin responsabilidades claras; o como cuando se atribuye toda la causa de la discapacidad al déficit que pueden tener las personas, con la correspondiente limitación de sus derechos, ignorando que la causa fundamental es el diseño estructuralmente no inclusivo, injusto, de la sociedad, que las condena así a la exclusión.

En todos estos casos, se ignora o incluso niega la interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos. En los segundos, se ‘naturaliza’ –des responsabilizando socialmente al declararla incambiable– una situación que es fruto de la iniciativa humana injusta. Ante las víctimas, todos estos mecanismos se derrumban estrepitosamente: cuando el ejercicio de un derecho produce y oculta víctimas, cuando no reduce la victimación, o no es derecho o está gravemente deformado en su concepción y puesta en práctica.

Los musulmanes “moderados”
Alberto Ramos Minuto Digital 8 Diciembre 2014

Decir que hay musulmanes moderados, que existe un islam moderado, es tanto como decir que hay fanáticos moderados, que hay un fanatismo moderado: un contrasentido, un imposible.

No hay nunca que perder de vista que las puertas de la interpretación del Corán están definitivamente cerradas y que el Corán procede directamente de Alá, y por lo tanto sus dogmas son intocables y no sujetos a interpretación ni discusión alguna.

Nos repiten continuamente que los musulmanes “moderados” son mayoría, poco menos que el 99,99%, aquí en Occidente como en cualquier parte del mundo. Hay un puñado de locos sanguinarios, pero estos, nos dicen los “entendidos”, ni siquiera son musulmanes, ya que traicionarían las auténticas enseñanzas de Mahoma. Sin embargo, la realidad apunta en otro sentido. Las elecciones “democráticas” en Túnez, Egipto y Libia, después de la “primavera árabe” han dado el poder a grupos y partidos islamistas nada moderados (Hermanos Musulmanes, salafistas, Al-Qaeda, tafkiristas… ). ¿Dónde están esos famosos “musulmanes moderados”? ¿Han hecho oir su voz en el proceso islamista en que están embarcados los países del Magreb y otros? ¿Acaso se les ha oído en los acontecimientos sangrientos que protagonizan a diario en Siria, en Irak o en tatnas partes? ¿O con ocasión de las continuas barbaridades que se cometen a diario en nombre del islam: atentados, crímenes de todo tipo, discriminaciones, salvajadas… ¿Existen siquiera esos “moderados” ? Si, pero sólo en la imaginación de intelectuales occidentales vendidos y políticos cobardes.

Puede que existan musulmanes nominales, indiferentes (pero que deben mostrar de puertas afuera un fervor que no sienten), pero moderados nunca, pues no hay nada en el Corán que pueda generar esa moderación de la que presumen algunos musulmanes, o mejor dicho que le adjudican los ignorantes lamebabuchas occidentales que se niegan a ver la realidad. El fanatismo y la intolerancia musulmanas están en plena concordancia con las palabras del Corán. ¿Qué moderación puede haber en ese mundo cuando ni el espíritu ni la letra que establecen el dogma coránico pueden ser analizados, contestados, criticados, refutados? El islam no es moderado ni moderable. En el Corán hay unos doscientos versículos que incitan al asesinato de los infieles y hacen alusión a la guerra que los creyentes deben hacerle a los infieles. No existe nada igual ni remotamente parecido en ninguna otra religión en el mundo, ni antes ni después del islam.

¿Dónde están los musulmanes moderados? ¿Quiénes son? Hay musulmanes fanáticos, intolerantes, que mienten de distintas maneras, que trabajan con diferentes estrategias para dominarnos, pero musulmanes moderados no hay, ni puede haberlos, ya que es imposible, si se quiere respetar realmente al Corán, matar moderadamente. El mensaje de odio, de violencia, de intolerancia y de fanatismo coránicos, no puede generar ninguna moderación: sólo un mundo de maldad, terror y tinieblas.

La condición de la conquista
Renaud Camus Minuto Digital 10 Diciembre 2014

El flujo actual de los inmigrantes ilegales tendría todos los carácteres de la farsa si no estuviera preñado de amenazas para nuestra civilización, o por lo menos para lo que nos queda de ella. Durante 30 años hemos tenido los refugiados de las dictaduras norteafricanas, he aquí que tenemos ahora los refugiados de la libertad (prohijada por la “primavera árabe”) de esas naciones. Desde hace varios años asistimos a oleada tras oleada de nuevos inmigrantes y otros “refugiados”, provenientes ahora principalmente de Túnez y de Libia, que no remiten ni parece que vayan a hacerlo en breve.

Toda referencia al derecho de asilo es poco a poco abandonada, como un viejo pretexto vuelto inútil. Los recién llegados abandonan sus países al calor de los progresos democráticos (eso nos dicen nuestros medios, siempre tan bien informados) que ocurren allí. Se aprovechan del desorden traído por el derrumbe de los antiguos poderes para alcanzar tierras más “remuneradoras”. Eso es todo, no se trata de otra cosa. Sus patrias no son más miserables que antes, sin duda menos estables, eso si. Pero sería para estos inmigrantes el momento justo para contribuir al desarrollo histórico, económico e institucional de sus países. Pero no, prefieren venir a Europa, donde nadie los llama ni los necesita para gozar de nuestro desarrollo, al precio de comprometerlo y paralizarlo por la continua llegada de otros como ellos, y por su absoluta incomprensión de las exigencias del buen funcinamiento de las sociedades a las que llegan como manadas de bueyes en el salón de una casa limpia y ordenada.

Cuando los berberiscos se presentaban armados hasta los dientes antes nuestras antiguas murallas, en sus bajeles de piratas o sus caballos árabes, los rechazábamos como podíamos, y a veces esa empresa nos costaba 7 u ocho siglos. Sus descendiente han encontrado en nuestra aberración ideológica el medio de lograr sus objetivos allí donde sus antepasados fracasaron. La condición es simple, aunque inesperada y paradójica: les basta abordar nuestras costas y nuestras fronteras, no ya en su agresivo esplendor, con sus estandartes, sus cimitarras y sus arcos, sino con su miseria (simulada si es necesario) y sus manos desnudas.

Los mismos que recibíamos antaño a cañonazos cuando nos atacaban nos conquistan mucho más seguramente llamando a las puertas de nuestro sensible corazón, a nuestras leyes inverosímiles, a nuestro sentimiento de culpabilidad (que ellos desconocen completamente) y a la traición entusiasta y solícita de los amigos del desastre. No se lo pueden creer. Y si, es como les habían dicho, por más increible que pueda parecer: Europa no opone ninguna resistencia seria a la invasión a la que es sometida. Muy por el contrario, a pesar de algunos simulacros para la galería, destinados a los más refunfuñones, acoge a brazos abiertos a sus humildes colonizadores, pone a su dispocisión autobuses, aviones, barcos y trenes para que puedan avanzar más rápido hasta su corazón más deseable. Les distribuye “papeles” de todo tipo para facilitarles la estancia y el movimiento, les da de comer, les da subvenciones, pensiones, indenizaciones por la molestia que se han tomado al violar nuestras leyes (leyes vueltas inoperantes por otras leyes que reducen a nada las primeras y sirven para burlarlas) después de haber entrado en nuestra casa por la fuerza.

Los beneficiarios de esta sorprendente acogida saben que sobre todo no deben dar las gracias, ni mostrarse humildes y obligados con sus salvadores: eso podría despetar a los durmientes, hacer nacer la sospecha en el espíritu del colonizado encantado de serlo. Los conquistadores desarmados deben por el contrario quejarse en voz alta de ser tratados como perros. Eso es muy importante, se les ha repetido muchas veces que deben indignarse de que nada haya sido preparado para recibirlos, aunque desembarquen en una roca pelada, e invocar el derecho de gentes, ellos que nunca han hecho nada en su favor en sus países.

Han aprendido bien la lección: saben que mientras se presenten como mendigos atrabiliarios y reivindicativos el país que los recibe estará sometido, por no se sabe qué encantamiento inexplicable. Después del fantástico éxito de sus reivindicaciones de miserables siempre será tiempo para ellos, un poco más tarde cuando sean los dueños de la situación, de presentar exigencias de amos.

Oriente Medio
El Estado Islámico, en Gaza
Jaled Abu Toameh Libertad Digital 10 Diciembre 2014

Siempre resulta irreal ver cómo un grupo terrorista islamista acusa a otro de ser demasiado "indulgente" al imponer las leyes de la sharia. Pero no lo es cuando un grupo terrorista empieza a amenazar a escritores y a mujeres.

Es lo que está ocurriendo estos días en Gaza, donde partidarios del Estado Islámico están acusando a Hamás de no imponer estrictas leyes islámicas a la población palestina; como si, hasta ahora, el movimiento islamista palestino hubiera promovido un enfoque liberal y abierto de mente respecto a quienes infringen la sharia.

Hasta la semana pasada, el único tema del que hablaban los palestinos de la Franja era cómo reconstruir las casas y edificios destruidos durante la última guerra entre Hamás e Israel.

Ahora, en cambio, casi todos hablan de las amenazas del Estado Islámico contra poetas, escritores y mujeres.

No es ningún secreto que el Estado Islámico tiene presencia en Gaza. Según fuentes locales, muchos miembros descontentos de Hamás y de otros grupos radicales salafo-yihadistas se han unido al EI; algunos de ellos ya están combatiendo junto a grupos del mismo en Siria e Irak.

A comienzos de este año se descubrió que el Estado Islámico había comenzado a actuar en la Franja, para consternación de Hamás.

Sin embargo, el Movimiento de Resistencia Islámico sigue negando la presencia del EI en el enclave. "No hay miembros del Estado Islámico en la Franja de Gaza", afirmó Eyad al Bazam, portavoz del Ministerio del Interior, controlado por Hamás. Pero muchos palestinos no parecen tomarse en serio estos desmentidos y siguen sin estar convencidos.

En los últimos días, dos panfletos firmados por el Estado Islámico amenazaban con atacar a poetas y escritores palestinos por su "libertinaje" y "ateísmo". En ellos se mencionaba a los literatos por su nombre, algo que ha sembrado el pánico entre muchos gazatíes.

Los panfletos también incluían un ultimátum dirigido a las mujeres palestinas para que se atuvieran al código islámico de vestimenta; de no hacerlo, se exponían a ser castigadas al estilo del Estado Islámico: probablemente, ser lapidadas hasta la muerte. La amenaza deja la falsa impresión de que, con Hamás, las mujeres puedan ir en traje de baño por la playa y pasear por las calles de Gaza City en minifalda.

Pero eso es lo que sucede cuando un grupo fundamentalista considera que el otro no es lo bastante radical. En uno de los panfletos ponía:

Advertimos a los escritores y poetas respecto a sus afirmaciones indecentes y sus acciones ateas. Les damos tres días a los apóstatas para que se retracten de su apostasía y libertinaje y regresen a la religión islámica.

Las amenazas del Estado Islámico han suscitado la condena de muchos palestinos. Es la primera vez que esas intimidaciones se dirigen a poetas, escritores o mujeres.

Pese a que Hamás ha negado cualquier relación con esas amenazas, representantes de Fatah en la Margen Occidental acusaron rápidamente al movimiento islamista, que controla la Franja desde 2007, de estar detrás de los panfletos.

El analista político palestino Nayi Sharab explicó que cualquier intento de negar la presencia de los terroristas del Estado Islámico en Gaza "no es realista":

No se puede negar que el Estado Islámico está [en la Franja de Gaza] en forma de grupo pequeño o como individuos aislados. Los panfletos distribuidos esta semana no pueden proceder de ninguna organización palestina.

Los palestinos señalan que los dos panfletos no son la única señal de la presencia del EI en Gaza. Dicen que sus banderas pueden verse en bastantes puntos del enclave, sobre todo en estadios de fútbol y en edificios públicos. Además, los parabrisas de muchos vehículos exhiben pegatinas del EI.

Según los palestinos, hay familias que han empezado recientemente a incluir el emblema del Estado Islámico en las invitaciones de boda que envían a amigos y familiares. En muchos sitios, sobre todo mezquitas y centros educativos, se muestran las fotos de palestinos muertos cuando combatían junto al Estado Islámico en Irak y Siria. Por supuesto, todo esto sucede mientras Hamás sigue insistiendo en que el Estado Islámico no está actuando en Gaza.

Quienes sí se toman en serio las amenazas son las mujeres y escritores cuyos nombres aparecían en los panfletos.

Amal Hamad, miembro de la Unión de Mujeres Palestinas, manifestó su honda preocupación respecto a las amenazas del Estado Islámico. Expone así su queja:

Vamos camino de lo peor en la Franja de Gaza. Hacemos responsables de los panfletos terroristas e intimidatorios a las fuerzas de seguridad de Hamás.

Ella y un amplio grupo de mujeres gazatíes celebraron una reunión de emergencia para discutir las repercusiones de las amenazas.

A juzgar por las reacciones suscitadas, está claro que muchos palestinos, incluido Hamás, están enormemente preocupados por la presencia del EI en la Franja. Aunque allí no cuente todavía con muchos miembros, sí que tiene innumerables seguidores y admiradores.

También está claro que cuando el régimen de Hamás se venga abajo, si es que lo hace, la Franja de Gaza no caerá en manos de unos palestinos menos radicales. El enclave ya se ha convertido en un emirato islamista controlado por Hamás y otros grupos radicales, como la Yihad Islámica.

Si bien el EI puede haber logrado infiltrarse en el Franja, sus posibilidades de introducirse en la Margen Occidental son nulas, gracias a la presencia allí de las Fuerzas de Defensa de Israel. La Autoridad Palestina y su presidente, Mahmud Abás, son muy conscientes de que, sin la presencia de las fuerzas de seguridad israelíes, la zona caería fácilemente en manos de Hamás o del Estado Islámico.

Es importante recordar que los países europeos que están votando a favor de un Estado palestino en realidad pueden estar allanándole el camino al Estado Islámico para que se haga con el poder.

© elmed.io - Gatestone Institute
Jaled Abu Toameh, periodista árabe-israelí.

La estrategia más eficaz
A mayor libertad económica, menor corrupción política
Dieciséis de los veinte países menos corruptos del mundo se sitúan también entre las 20 economías más libres del planeta.

España se sitúa en el puesto 37 de los países menos corruptos
Libertad Digital 10 Diciembre 2014

España se sitúa en el puesto 37 de los países menos corruptos del mundo, según el índice que elabora anualmente Transparencia Internacional. Es decir, no es especialmente corrupto si se compara a nivel global, aunque la percepción cambia si dicha perspectiva se reduce a Europa o el grupo de economías más ricas (OCDE), ya que en ese caso se sitúa por debajo de la media.

La lacra de la corrupción no ha aumentado de forma muy significativa en los últimos años. Sin embargo, desde que estalló la crisis, la percepción social sobre este problema se ha disparado desde el puesto 25 registrado en 2007 hasta el 37 actual.

Asimismo, la corrupción política se ha convertido en uno de principales problemas de España, según reflejan las encuestas, debido a la acumulación de escándalos sobre esta materia y al mayor grado de intolerancia que presenta la población hacia este tipo de comportamientos en un contexto de graves dificultades económicas.

Como resultado, este fenómeno no sólo ha alimentado el crecimiento de nuevas opciones políticas, como es el caso de Podemos, sino que ha impulsado la puesta en marcha de nuevos proyectos legislativos con el fin de evitar y combatir este problema.

Así, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba a finales del pasado noviembre una batería de medidas contra la corrupción, y, de hecho, este miércoles entra en vigor la Ley de Transparencia, orientada, igualmente, a evitar este tipo de irregularidades.

¿Serán eficaces? La experiencia empírica demuestra que la mejor estrategia contra la corrupción no es el establecimiento de nuevos requisitos legales o un mayor control y supervisión de los políticos, sino contar con un mayor nivel de libertad económica.

Tal y como refleja el siguiente gráfico, existe una fuerte correlación entre economías libres y menores índices de corrupción, lo cual significa que a mayor libertad económica, menor percepción de la corrupción, y viceversa.

O, dicho de otro modo, a menor intervención estatal, existen menores posibilidades de poder cobrar comisiones o mordidas por parte de políticos o funcionarios a cambio de contratos o gestiones administrativas. Y sucede lo mismo al revés: a mayor discrecionalidad política e injerencia gubernamental en asuntos privados, crecen los oportunidades e incentivos para corromperse.

Basta observar las siguientes tablas para comprobar que, efectivamente, esta correlación se cumple: 16 de los 20 países menos corruptos del mundo se sitúan también entre las 20 economías más libres del planeta.

Índice de Percepción de la Corrupción

Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Luxemburgo, Finlandia, Países Bajos, Suecia y Alemania. Y viceversa: los países con mayor intervención pública son los más corruptos...

Índice de Libertad Económica

El problema es que entre las medidas anticorrupción adoptadas por el Gobierno español no hay ninguna tendente a propiciar un mayor grado de libertad económica, especialmente en el terreno urbanístico o la concesión de permisos y licencias de actividad empresarial -en este último caso se flexibilizaron algo los requisitos formales-, que es donde se concentran los casos de corrupción


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El repudio del Estado
Xavier Pericay www.cronicaglobal.com 10 Diciembre 2014

El director general de la Policía, Ignacio Cosidó, estuvo el pasado lunes en Sabadell. Se cumplían 24 años del atentado de ETA que acabó con la vida de seis policías nacionales en la capital vallesana y el Cuerpo Nacional de Policía rendía homenaje a su memoria y, por extensión, a la de todas las víctimas del terrorismo etarra. Junto a Cosidó, presidían el acto la delegada del Gobierno en Cataluña, María de los Llanos de Luna, y el alcalde de Sabadell, Juan Carlos Sánchez. También estaban representadas las distintas fuerzas policiales que operan en Cataluña: Mossos d’Esquadra, Guardia Civil, policías locales y, claro, la propia Policía Nacional. Quien no acudió a la cita fue el consejero de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler. Se le esperaba, pero parece que la tarde anterior cambió de opinión.

Las relaciones del nacionalismo catalán con ETA han sido siempre complejas. Han basculado entre la condena y la comprensión. Entre la condena del terror y la comprensión de los fines que lo justifican o lo justificaban. Por supuesto, no todo el nacionalismo ha actuado de la misma forma. Ha habido grados. Y el partido al que pertenece el consejero de Interior ha sido precisamente el menos comprensivo de cuantos componen la hermandad nacional catalana. De todos modos, si dejamos a un lado los matices, en esa actitud cuando menos liviana con respecto al terrorismo de ETA coinciden o coincidían por igual una fascinación casi étnica por lo vasco y un rechazo visceral de cuanto guardara relación con el Estado. Como la Policía Nacional, por ejemplo, o la Guardia Civil. El famoso artículo de Carod-Rovira pidiendo una paz separada, rematado luego con su escapada a Perpiñán, constituyen sin duda la máxima expresión de esa actitud.

Y aunque ETA, por suerte, ya no mate, en la ausencia del homenaje del consejero Espadaler subyace ese repudio del Estado. La víspera, el político de Unió había hecho unas declaraciones que pueden interpretarse como una explicación de su futura incomparecencia. A su entender, existe una «sobrepresencia» de miembros de la Policía Nacional en Cataluña y eso revela una falta de confianza del Gobierno central en el papel desarrollado por los Mossos. Lo curioso es que, acto seguido, el consejero se mostraba comprensivo con la decisión de los jueces de encargar a la Policía Nacional o a la Guardia Civil los principales casos de corrupción investigados en Cataluña. Es más, de sus palabras se deducía incluso que el respeto por el estamento judicial le impedía manifestarse de otro modo.

Por descontado, que los jueces encomienden sus pesquisas a los cuerpos policiales dependientes del Gobierno central significa que no confían, o no confían lo suficiente, en los Mossos. No es extraño, pues, que ese mismo gobierno refuerce también su presencia en Cataluña para actuar en ámbitos como el terrorismo yihadista, o incluso el orden público cuando lo que hay que controlar es la efervescencia nacionalista y antisistema y sus secuelas. Pero no sólo eso. El consejero haría bien en tener presente, si es que no la tiene ya, la actitud del gobierno del que forma parte y muy especialmente de quien lo preside en relación con lo que él y sus correligionarios llaman «el Estado». Es una actitud de profundo desprecio. Y de radical alteridad, como si ese Estado al que reclaman una interminable sarta de derechos, la mayoría históricos o prehistóricos, no tuviera nada que ver con ellos. ¿Y quiere luego un consejero de la Generalidad, responsable encima de la seguridad del territorio, que el Gobierno del Estado confíe en ellos, en su bondad, en su lealtad, en su compromiso? ¡Vamos, anda!

Más sobre el adoctrinamiento educativo
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 10 Diciembre 2014

La constante dejación de sus obligaciones por parte de la Alta Inspección del Estado hace que sigamos como estábamos, con unos libros de texto que vulneran de forma flagrante la Constitución Española, sin que nadie mueva un dedo. Con lo cual, la representación del Estado prevarica pues tiene la obligación por juramento de cumplir y hacer cumplir la ley.

Tengo un informe que consta que es de la Subdelegación del Gobierno en el País Vasco, del año 2000, en el que se reflejan los incumplimientos de la legalidad en materia de contenidos, saliéndose de los requisitos constitucionales y estatutarios. Voy a hacer una sucinta descripción de algunos de ellos, a modo de ejemplo, sin pretensión de exhaustividad:

En aquel año, materiales didácticos de editoriales que no tienen veleidades nacionalistas, en principio, como es la editorial Zubia Santillana, para 3º de Primaria, ponen ejercicios como el de ésta editorial, de completar en el mapa de Euskal Herria elementos geográficos. Y en sucesivos capítulos se refiere a paisajes, árboles, industrias, fiestas, personajes, etc, de Euskal Herria. Es bien sabido que ni en la Constitución ni en el Estatuto de Autonomía se contempla la figura política de Euskal Herria que, en el imaginario nacionalista abarca territorios que no son los de la Comunidad Autónoma, invadiendo ámbitos que no le corresponden ni por ley, ni por historia, ni por tradiciones, y que es un planteamiento genuinamente abertzale. Así se adoctrina de forma impune y aberrante a las mentes de niños de 8-9 años.

Pero lo mismo pasa con otra editorial que no se caracteriza por la obediencia nacionalista, o así lo parece, como es Anaya. Así, en el capítulo introductorio al conocimiento del medio para 4º de Primaria, se contemplaba esta presentación que es indicativa de lo que viene en los capítulos respectivos y subsiguientes del libro:

“En cursos anteriores estudiaste qué es el relieve ¿te acuerdas? ¿Qué dirías sobre el relieve de Euskal Herria? ¿Qué dirías sobre su paisaje, sus ríos, sus vías de comunicación? ¿Has hecho alguna excursión por el interior de Euskal Herria? ¿Has visto alguna vez el perfil de un itinerario? ¿Sabes dibujar un perfil?

En esta unidad voy a aprender:
-Conocer mejor Euskal Herria: su relieve, sus provincias, su población, sus vías de comunicación…
-Leer y observar diferentes mapas de Euskal Herria.
-Hacer el perfil de un itinerario.
-Las diferentes formas de viajar por Euskal Herria.
-Analizar una provincia de Euskal Herria.”

Y, efectivamente, a lo largo de toda la materia se desgranan todos los aspectos de un ente jurídico, político y geográfico inexistente, con todo el cuajo, sin que nadie se inmutara ante el atropello. La Subdelegación del Gobierno en Alava contemplaba en su dossier este asunto, y, sin embargo, la Administración del Estado, conocedora obviamente de esta vulneración de la legalidad en los contenidos curriculares, eludió toda actuación, o, eso es lo que parece, pues nada ha cambiado.

Pero no son los únicos casos, pues alguien podría interpretar que son errores, o lapsus por parte de las editoriales, no. Este hecho se repite en otras editoriales, sobre todo, como no podía ser menos, en las que tienen origen u ubicación exclusiva en solar vasco.

No es cuestión de ser prolijos en los detalles y en los ejemplos que se podrían seguir poniendo, hasta el aburrimiento. El informe los recoge. La cuestión es por qué el Estado no interviene o corrige esta aberrante actuación que desborda el ámbito competencial de la Comunidad Autónoma, que vulnera los principios constitucionales, y hace de la educación lo contrario de lo que debe ser ésta, es decir una “comedura de tarro” impresentable e injustificable.

Somos un país muy poco serio. Por eso, todos los informes de evaluación provenientes de instancias internacionales, nos dejan en muy mal lugar, en una posición penosa. Tenemos unos sistemas educativos (no hay sistema estatal fuera de leyes que se vulneran con la impasibilidad del Estado) malos hasta la avaricia, deplorables.

Mi amigo Javier Orrico, catedrático de Lengua y Literatura de Bachillerato, dice en Claves de la Razón Práctica, en el número 237 de este mes: “[…] la posición bochornosa de España en los estudios internacionales PISA, PIAC, PIRLS… y en concreto en el PIAC de 2013 afectando especialmente a los grupos de edad que se educaron por completo en ella. Ni explica tampoco el que los universitarios españoles estén en lectura en peor posición que los bachilleres de Holanda o Japón. Ni que ya a los diez años nuestros niños estén en las últimas posiciones en el informe PIRLS que mide las ‘competencias’ en lectura. Y esto está pasando ahora, hoy, después de 24 años de LOGSE y de un gasto educativo inmenso e inútil”

Ahora bien. La pregunta del millón es por qué las autoridades educativas siguen con el ademán impasible, inasequibles al desaliento. ¿Qué es lo que lleva a nuestros políticos a seguir apostando por la ruina nacional? ¿Habrá algún propósito inconfesable?

Seguiré en sucesivos artículos con esta cuestión de gran importancia, que muy pocos resaltan como uno de nuestros principales problemas. Quizás porque los niños no tienen voz, no pueden quejarse. Y los padres no ejercen su obligación de velar por la preservación de sus intereses, de su educación y de impedir la manipulación de sus inmaduras mentes.

El nudo gordiano del laberinto catalán
Habría que tratar de los derechos e intereses de los ciudadanos, y no de los de las naciones
TOMÁS PÉREZ VEJO. El Pais 10  Diciembre 2014

El nacimiento de nuevas soberanías políticas, lo mismo que la disgregación de las ya existentes, son hechos neutros desde la perspectiva de los derechos y el bienestar individual. Resulta como consecuencia inútil discutir sobre las ventajas o inconvenientes para los ciudadanos del mantenimiento de la unidad de España o la independencia de Cataluña. El debate no tiene que ver con los derechos de las personas sino con los de las naciones. Para los nacionalistas, las naciones son sujetos colectivos con derechos e intereses propios al margen y hasta en contra de los de quienes las constituyen. Esa es la pulsión antidemocrática de todo nacionalismo. Una humanidad dividida naturalmente en naciones, plantas de la naturaleza las llamó Herder, cuyo objetivo último sería el de su plena realización como sujetos políticos autónomos, un bien en sí mismo.

El problema surge porque, a pesar de su proclamado origen natural, las naciones no son sino que se imaginan, cuestión de fe más que de razón. Se cree en una nación y no en otra lo mismo que en este dios y no en aquel. Tanto los creyentes religiosos como los nacionalistas están convencidos de que el suyo/suya son verdaderos y los de los demás, invenciones más o menos espurias. Para un nacionalista español, la única nación verdadera es España, Cataluña si acaso una región; para uno catalán, la verdadera es Cataluña, España si acaso un Estado. Pero a diferencia de lo que ocurre con la religión, progresivamente reducida al ámbito de lo privado —pocos son hoy, al menos en el ámbito occidental, los que piden correspondencia entre Estado e identidad religiosa—, la nación se ha convertido en el sujeto político por excelencia de la modernidad y el “a cada nación, su Estado; y a cada Estado, su nación” en uno de los axiomas más indiscutidos del imaginario político contemporáneo.

Este y no otro es el fondo del desencuentro entre el Gobierno español y el catalán. Mientras que para el primero el sujeto de soberanía es la nación española, para el segundo lo es la catalana, igual de naturales y preexistentes a la voluntad de los ciudadanos, tanto la una como la otra. Y no es sólo un problema de Gobiernos sino también de ciudadanos. Son muchos los españoles, probablemente la mayoría, que consideran que el único sujeto político legítimo es España y muchos los catalanes para quienes lo es Cataluña, posiblemente también la mayoría, si consideramos no solo los que en un referéndum votarían a favor de la independencia sino a todos los que creen que el marco de decisión debe de ser Cataluña, no el Ampurdán, España, Europa o cualquier otra supuesta comunidad natural, al margen de cual sea el sentido de su voto.

Escenario endemoniado, consecuencia no de una serie de decisiones azarosas y más o menos desafortunadas, de la reforma del Estatuto al recurso de inconstitucionalidad del PP, sino del éxito del proceso de construcción nacional llevado a cabo por los Gobiernos de la Generalitat y del paralelo fracaso del promovido por los Gobiernos de España. No es un juicio, sólo una constatación. La incapacidad de los Gobiernos de Madrid, socialistas o populares, para argumentar y defender la existencia de la nación española como base de su legitimidad ha sido casi absoluta; la inteligencia y perseverancia de los de Barcelona para argumentar y hacer atractiva la de la catalana, ejemplar. Tanto que una hipotética Cataluña independiente se vería enfrentada al dilema de tener que erigir un monumento al hoy denostado Jordi Pujol como padre de la independencia, sin duda merecido, y finalmente el expresident sólo tendría, en el peor de los casos, las manos manchadas de dinero, y no de sangre como ocurre con la mayoría de los padres de naciones cuyas estatuas ornan calles y plazas a lo largo y ancho del mundo.

Una situación sin duda complicada y frente a la que la respuesta de los dos grandes partidos políticos españoles resulta como poco sorprendente. El partido en el Gobierno se ha limitado a afirmar su voluntad de hacer cumplir la ley y a hacer veladas amenazas con las negativas consecuencias que para los catalanes tendría su separación de España. Una respuesta, la segunda, que ni siquiera merece ser tomada en consideración, no así la primera, correcta, pero que olvida, voluntariamente o no, que el problema no es jurídico sino político: lo que los nacionalistas catalanes están cuestionando no son las leyes sino su fundamento de legitimidad, el sujeto de soberanía para ellos es la nación catalana, no la española. Algo que puede ser ignorado a corto plazo pero no a largo y ni siquiera a medio: si la voluntad de erigirse en sujeto político soberano persiste entre una mayoría de catalanes, la situación acabará volviéndose insostenible y de poco servirá el mantra de hacer cumplir la ley.

El principal partido de la oposición, el PSOE, ha optado por la que ha sido la respuesta habitual de la izquierda española desde el momento de la Transición, la de más autonomía, que en estos momentos parece concretarse en una reforma constitucional de tipo federal. Propuesta coherente con la trayectoria reciente de este partido, no tanto con la histórica, pero que desde la perspectiva que aquí se está analizando tiene el inconveniente de que no solo no soluciona el problema sino que lo agrava todavía más. Un Gobierno de la Generalitat en manos nacionalistas, con más competencias de las que tiene en estos momentos y con más recursos para llevar a cabo su proyecto de construcción nacional, no parece el mejor camino para el mantenimiento de Estado-nación español, si es este el objetivo que se persigue. Y no cabe lamentarse de falta de lealtad constitucional. La única lealtad de un nacionalista es con su nación, pedirle a uno catalán que no haga todo lo que esté en sus manos para convencer al resto de los catalanes de que no son españoles es algo así como esperar de un misionero católico que no intente convertir a un politeísta con el argumento de que su religión es falsa.

La solución, desde la perspectiva de un razonable agnosticismo sobre el hecho nacional, no pasa por asumir la agenda política nacionalista en torno a si más o menos autogobierno sino por la defensa de una centrada en los derechos de los ciudadanos y no en los de las naciones. La discusión sobre las ventajas e inconvenientes de un modelo federal, por ejemplo, debe y puede plantearse desde lo que es bueno o malo para los españoles, no como respuesta a las demandas de un nacionalismo catalán que razonablemente nunca se va a dar por satisfecho. Su objetivo es la construcción de un Estado-nación catalán, no mayores o menores cuotas de autogobierno o de dinero, por supuesto igual de legítimo o ilegítimo que el de los que defienden el mantenimiento del Estado-nación español.

No es seguro que en estos momentos una agenda política basada en los derechos e intereses de los ciudadanos, no en los de las naciones u otros entes teológicos, sea ya posible pero sí que es la única que permitiría una salida razonable al bucle melancólico de los debates sobre la identidad en los que la sociedad española, a uno y otro lado del Ebro, lleva décadas enfangada.

Tomás Pérez Vejo pertenece al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Derecho de pertenencia
JAVIER DE ANDRÉS.  ABC 10 Diciembre 2014

DIPUTADO GENERAL DE ÁLAVA

«Si alguien ha demostrado la imposibilidad de un Estado catalán han sido los nacionalistas catalanes»

QUIENES, desde la política vasca, observamos el proceso de exclusión liderado por el nacionalismo catalán en las últimas legislaturas, no dejamos de advertir los constantes paralelismos entre el discurso encabezado por Artur Mas y el que padecimos con Juan José Ibarretxe. El lendakari del PNV tuvo, al menos, la originalidad de la idea y fue también el primero en sufrir el fracaso de su proyecto, constituir el País Vasco como un Estado Libre Asociado que basaba su legitimidad en el derecho a decidir.

El derecho a decidir se ha convertido en el mantra que justifica la deslegitimación local de aquellas decisiones tomadas por los sujetos políticos legítimos. Es verdad que en el País Vasco ha quedado en un segundo plano tras el fracaso del plan Ibarretxe, pero el lema ha creado escuela. Hoy, en mi tierra, se rechaza la ejecución de una red ferroviaria internacional porque el pueblo del término municipal por el que pasa tiene derecho a decidir. También es un buen argumento para rechazar una prospección de fuentes energéticas o para negar legitimidad a la Jefatura del Estado.

No es extraño que cunda simpatía hacia la idea de que uno pueda decidir libremente su relación con otro sin tener en cuenta la opinión de ese otro. Realmente es muy atractiva. Quién rechazaría poder disfrutar del derecho a decidir libremente su relación con la delegación de Hacienda, con la sucursal bancaria en la que tiene su hipoteca o con ese jefe impertinente que se empeña en que hay que fichar a las ocho.

Pero las cosas son realmente de otro modo. Nada se decide unilateralmente, al menos en una democracia. El Estatuto de Cataluña, como el vasco, o como la propia Constitución, son fruto de acuerdos complejos entre diferentes que no satisfacen enteramente a ninguna de las partes, ni en el seno de esas comunidades autónomas ni en el conjunto de España.

El nacionalismo no busca acuerdos extensos y transversales. Como se ha demostrado en Cataluña, Escocia o, en el pasado reciente, el País Vasco con el plan Ibarretxe, los nacionalismos definen una mínima mayoría que presumen favorable a sus planes y con esas alforjas deciden seguir adelante. La búsqueda de acuerdos o consensos está fuera de sus planes. Son ellos mismos los que cualifican esa mayoría y la dotan de un poder constituyente que en ningún manual de derecho constitucional sería aceptado. Y, posteriormente, exigen que el diálogo sirva para dar categoría de hecho consumado a esa doctrina. Cuando desde el nacionalismo catalán se dirigen al Gobierno de Mariano Rajoy no es para negociar una política, sino para establecer los plazos en los que sus planes van a ser aceptados. Buscan el acatamiento, no el acuerdo. Pretenden el derecho unilateral a decidir.

Con esa pretensión, el nacionalismo está negando otros derechos previos, no solo los del conjunto de los españoles, sino los que tienen cada uno de los ciudadanos vascos o catalanes. La reducción de la soberanía a un espacio local o regional, ya sea para impedir el paso de una carretera o para declarar la independencia, representa una negación para todos los ciudadanos que viven en ese espacio a seguir participando, en régimen de igualdad, en la comunidad política a la que habían pertenecido con anterioridad.

Cuando el se atribuye la capacidad de convocar un referendo de independencia se atribuye también la capacidad de negar la ciudadanía española a todos los catalanes. Niega su derecho de pertenencia a España para atribuirle una nueva identidad nacional que es la que determinaría los extremos a los que se tendría que avenir en el futuro.

El derecho a decidir en un marco político y geográfico local o regional significa no hacerlo en aquel al que habías pertenecido, se te niega el derecho de pertenencia a tu identidad original.

No dudo que habrá quien esté deseando prescindir de ese derecho, pero eso no le atribuye la capacidad de negárselo a otro.

Yo soy alavés, como también soy vasco y español. Cuando los alaveses nos integramos en la Comunidad Autónoma Vasca lo hicimos bajo una serie de condiciones entre las que no era menor la de seguir perteneciendo a España; alterar ese acuerdo es negar nuestros derechos de pertenencia. Lo mismo sucede con cada uno de los catalanes a los que el Parlament y la Generalitat han querido negar su derecho de pertenencia.

Como todos sabemos, no lo han logrado. Ha prevalecido el derecho sobre la imposición. Un derecho y una ley que tienen hoy tanto sentido como lo tuvieron cuando se redactaron y que, pese al fracaso nacionalista del 9-N, se han mostrado como muy necesarios para el futuro.

Es verdad que si alguien ha demostrado la imposibilidad de un Estado catalán han sido los nacionalistas catalanes, pero no tengo ninguna duda de que ni va a ser su última tentativa ni va a ser el último desafío que padezcamos de ver condicionado nuestro derecho de pertenencia.

Por ello, creo que quienes somos conscientes de que la reducción del «derecho a decidir» a un ámbito territorial limitado representa una negación de nuestra pertenencia a un ámbito de decisión más extenso debemos afrontar el capítulo del 9-N con la visión puesta en el próximo reto que se plantee a nuestra libertad.

La defensa de la libertad y de los derechos de los ciudadanos exige, una vez más, consenso y seguridad en nuestro sistema político y un compromiso ético con los derechos que, como el de pertenencia a un espacio político extenso, en este caso España, nos conciernen a todos.

¿Soberanismo o electoralismo?
ernesto milá Minuto Digital 10 Diciembre 2014

Van pasando los días y parece como si el soberanismo catalán hubiera perdido fuelle. La tensión acumulada en los días previos al 9–N, ha descendido visiblemente. Salvo en Cataluña, se habla poco del soberanismo en el resto del Estado. Quizás sea esta la hora de recapitular. Esta es la función de este artículo: repasar porqué el soberanismo ha encallado y afronta una vía muerta, para después pasar a repasar los últimos movimientos de los partidos soberanistas y tratar de describir las modificaciones que se van produciendo en el panorama político catalán y explicarlas.

4I: INDEPENDENCIA IMPOSIBLE, IMPROBABLE, INDESEABLE
Lo más sorprendente del soberanismo catalán es que elude por todos los medios responder al problema de si la independencia de Cataluña, además de ser la aspiración romántica de algunos, es o no es viable desde el punto de vista económico. La respuesta es tan evidente que no es raro que los soberanistas la intenten eludir por todos los medios: el doble salto mortal que implicaría el corte con España y el subsiguiente corte con la UE, los dos principales clientes de Cataluña haría imposible, de un día para otro, no solamente sobrevivir, sino incluso pagar la parte alícuota de la deuda española que quedaría adherida al “nuevo Estado”. Es evidente que, si Cataluña pudiera sobrevivir en esas circunstancias sería… hipotecando su soberanía a actores financieros internacionales que impondrían condiciones muchísimo más draconianas de las que ha conocido hasta hoy la población catalana o, simplemente, convertirían a Cataluña en un “Estado títere” de cualquier multinacional de tercera fila o de una pequeña sociedad inversora de capital–riesgo.

Si dejamos de lado a los fanáticos del independentismo que no van más allá de la independencia de Cataluña y que con obtenerla aunque fuera durante 24 horas ya se sentirían “libres y plenos”, no es raro que empresarios y técnicos, pero también la gran mayoría de personas con capacidad crítica y racionalidad, entiendan que la independencia de Cataluña es, desde todos los puntos de vista, imposible. De hecho, sería mucho más adecuado reconocer que el Reino de España tampoco es completamente independiente, en la medida en la que su soberanía está limitada por un lado y coartada por otro por estructuras internacionales como la Unión Europea, la OTAN, las Naciones Unidas, sin olvidar a los muy tangibles “señores del dinero” que condicionan en altísima medida las decisiones del gobierno de un Estado Nacional.

Siempre hemos sostenido que los Estados Nación actuales tienen una dimensión inadecuada para responder a los retos de un marco político–económico–científico que no es aquel en el que nacieron. Efectivamente, si los Estados Nación surgieron como tales desde finales del siglo XVIII, cuando las aristocracias y las monarquías absolutas declinaban, la burguesía se configuraba como clase hegemónica y los avances científicos examinados desde hoy parecían casi un juego de niños, en el actual mundo globalizado, con las economías interrelacionadas, una demografía completamente diferente y unos progresos científicos exorbitantes, el Estado Nación no es la estructura que mejor puede adaptarse a estos tiempos. Hace falta, pues, caminar hacia la cooperación interestatal en el marco de “grandes espacios económicos” (esa Europa desde Finisterre a los Urales, el mundo hispano–americano…), mucho más que fragmentar los Estados–Nación en unidades todavía más pequeñas, más difícilmente coordinables en función de sus “particularismos” y de sus “factores diferenciales” y, obviamente, con menos posibilidades de mantener su independencia.

Si hoy vale la pena defender los Estados Nación es, precisamente, porque disponen de estructuras legislativas, institucionales y capacidad de coerción que suponen, por sí mismas, barricadas ante la globalización. Fragmentando estas unidades en piezas más pequeñas, lo único que se logra es levantar estas barricadas y allanar el camino a la dominación por parte de multinacionales, de inversores agresivos y de los omnipotentes diosecillos llamados “señores del dinero”.

Por supuesto, hay “naciones” y naciones. No es lo mismo una Bélgica, país sin tradición histórica y compuesto por dos comunidades perfectamente diferenciadas, con dos lenguas de raíces sin elementos comunes, o un Canadá compuesto por otras dos comunidades lingüísticas que hasta hace 150 años estaban en guerra civil, que un país como España que desde la época visigoda estaba unificada a nivel político, que a lo largo de la Reconquista reiteró esa intención de reunificarse y que desde 1492 lo estuvo según los criterios de la época.

¿QUIÉN ES SOBERANISTA AQUÍ Y AHORA? LOS TRES GRUPOS SOBERANISTAS
Todo esto viene a cuento de los últimos movimientos de piezas del soberanismo. Tal como era de prever, el 9–N no dejó grandes huellas. Salvo en la propaganda soberanista. A ningún observador objetivo se le escapa el hecho de que la participación y los resultados demostraron muy a las claras y sin apelación que el soberanismo carece de “fuerza social” suficiente como para lograr la independencia de Cataluña y que los núcleos con mayor porcentaje de independentismo está situados en zonas de la Cataluña “interior”, permaneciendo ausente de zonas costeras, zonas del sur de la provincia de Tarragona, de la “frontera” y del sur de la provincia de Lérida y de la mayor parte de zonas costeras del Mediterráneo. En tales circunstancias y, a la vista de la debilidad de las barreras lingüísticas (el catalán es una lengua hispano–romance), no existe ni remotamente un RH catalán, ni una raza catalana, las razones históricos son igualmente débiles y, en gran medida, productos de las interpretaciones, como mínimo “bizarras” del nacionalismo romántico y, para colmo, las posibilidades de supervivencia de un “Estado catalán” independiente, desde el punto de vista económico, se reducen a cero.

¿Quién es, pues, soberanista en las actuales circunstancias? En primer lugar una parte (minoritaria como demuestra el 9–N) de la población catalana que no entiende a qué se debe su empobrecimiento y porqué la crisis económica iniciada en 2007 prosigue todavía, una población que percibe que las riendas del Estado están en manos de desaprensivos, oportunistas y saqueadores sin escrúpulos, y que ha creído la cantinela de Artur Mas: “Si fuéramos independientes las cosas nos irían mejor”… eludiendo el hecho de que los problemas que existen en el Estado Español son exactamente los mismos que existen en la Cataluña gobernada desde hace 38 años por el nacionalismo: corrupción, malas políticas económicas, catástrofe demográfica, inmigración descontrolada más que en parte alguna del Estado, gigantismo de la administración autonómica, narcisismo soberanista… No es que Cataluña sea diferente de España, es que cada vez por sus constantes económicos–sociales cada vez se parece más a España y, en concreto, a Andalucía.

Sin olvidar, por supuesto, que CiU ha tenido su parte de responsabilidad en la gobernabilidad del Estado y que siempre ha intentado extraer beneficios para su clase dirigente apoyando, ora al PP, hora al PSOE. Una parte del soberanismo, el que podemos llamar “soberanismo popular”, o soberanismo de base, está compuesto, pues, por pobres gentes, que han asumido la “concepción del mundo” de la Generalitat –“respuestas simples a problemas complejos”– y que lo han interiorizado.

En segundo lugar, son soberanistas los que extraen algún beneficio directo del soberanismo. De hecho, no es que “sean soberanistas”, es que “deben de serlo” para seguir obteniendo algún tipo de pequeño beneficio personal. Funcionarios de la Generalitat, por ejemplo, con poco trabajo y paga aceptable. Miles de personas que viven del sueldo que reciben de grupos culturales, sociales, asistenciales, siempre vinculados de una forma u otra al nacionalismo y que, deben cumplir horarios flexibles, poco exigentes, habitualmente de media jornada, gracias a la política de subvenciones que el nacionalismo concede a “los amigos”.

Finalmente, hay que considerar la opinión de las cúpulas de los partidos soberanistas (exigua minoría de la que nunca está claro si actúa por impulsos emotivos, románticos y sentimentales o por fríos cálculos políticos). Es indudable que no todos los soberanistas creen que el soberanismo es posible, ni viable, ni necesario. Probablemente, el propio Artur Mas tiene su dudas. Conoce perfectamente la situación acuciante de la Generalitat desde el punto de vista económico y sabe –o debería saber– que con ese pasivo, poco “Estado” va a poder construir y que un doble salto al vacío con España y con la UE, sin red, siempre es, inevitablemente, mortal.

Las personalidades escindidas de estos soberanistas les facilitan el realizar un desaprensivo discurso populista por una parte y un ejercicio de pragmatismo por otra. A los soberanistas de base (el primer grupo) les facilitan los argumentos facilones, primitivo, viscerales, los únicos que pueden oír, entender y asumir. A los funcionarios y panxas–contentas, les siguen pagando sus emolumentos, dejando bien claro que cualquiera cosa que implique una crítica o la exteriorización de otra posición que no sea la de la cúpula de la Generalitat, les hará perder su estatus. Finalmente, en sus relaciones con el Estado es cuando aparece ese pragmatismo que siempre ha acompañado al nacionalismo catalán.

Durante casi 40 años, el nacionalismo ha practicado hasta la saciedad este doble discurso: pragmático mirando a Madrid y populista para uso electoral.

Era imposible que esta duplicidad pudiera prolongarse mucho más.

9–N: SIN FUERZA SOCIAL SUFICIENTE PARA LA INDEPENDENCIA
Estamos en el momento final de los micro–nacionalismos. No es por casualidad que el nacionalismo flamenco remita y que los partidos mayoritarios de Flandes ya hayan colocado su reivindicación secesionista en barbecho (salvo los últimos mohicanos del Vlaams Belang) y que en el Québec canadiense la última derrota y el hundimiento electoral del nacionalismo aleja la posibilidad de un cuarto referéndum independentista.

Y esto entraña el inicio del declive de los partidos nacionalistas. El nacionalismo, a fin de cuentas, no es otra cosa que la doctrina que propone el nacimiento de una nueva nación. Por definición, pues, todo nacionalismo es independentista en último término, o carece de sentido. Pero las condiciones económicas e internacionales actuales impiden la aparición de micro–estados (a la par que limitan la soberanía de los Estados–Nación actuales). Esta contradicción entre lo que se propone y la imposibilidad de obtenerse, es insuperable y tenderá cada vez más a impedir que los partidos soberanistas vayan más allá de donde han llegado. Ahora, digámoslo ya, sólo les queda remitir.

En Cataluña es evidente que el soberanismo lleva 10 años, desde el período del Nou Estatut maragalliano, movilizándose. En 2004 no existía la más mínima demanda social para tal estatuto. Al PSC le cabe la vergüenza de haber entregado las riendas de la Generalitat a un hombre como Maragall que entonces ya no estaba en condiciones físicas ni mentales de asumir aquel reto. La tragedia fue “perfecta” desde el momento en el que el poder en Madrid fue a parar a ZP gracias a las bombas del 11–M. Pero no sería sino hasta 2010 cuando, por efecto de la crisis económica, y del retorno de CiU al poder, cuando la crisis económica llevaba ya tres años activada y Cataluña había perdido el 30% de su capacidad industrial, el “gobierno de Madrid” se había caracterizado por los reiterados errores de ZP en la conducción de la crisis (tardanza en reconocer la existencia de una crisis, tardanza en entender sus dimensiones, tardanza en entender que no solamente afectada a la construcción, planes E, plan de ayuda a la banca, etc), fue sólo entonces cuando el soberanismo llegó a la calle con las masivas manifestaciones del 11–S a partir del 2011.

SOBERANISMO CATALAN 2010-2014 = EXTREMA–DERECHA 1977–1983
El soberanismo cayó en el mismo error que la extrema–derecha durante la transición, especialmente a partir de 1977 cuando cada año, hasta 1983, más y más masas acudían a las manifestaciones del 20–N… Era difícil entender como tanta “fuerza social” no se traducía en réditos electorales. Todo se debía, obviamente, a los desajustes de la transición. Cuando esta se hubo asentado sólidamente (en septiembre de 1983 con la victoria socialista), en pocos meses Fuerza Nueva se disolvió y las masas dejaron de acompañar a los actos del 20-N…

Así mismo, el soberanismo, a fuerza de hinchar las cifras de asistencia a sus manifestaciones, a fuerza de leer solamente sus diarios, ver únicamente los informativos de TV3 y hablar solamente entre ellos, falló en la apreciación real de sus verdaderos efectivos y de su potencia. Creyeron –y siguen creyendo, especialmente a nivel de masa soberanista– que son “mayoría”. Poco importa que la participación en el 9–N haya sido muy minoritaria (incluyendo a inmigrantes, adolescentes de entre 16 y 18 años y cierta picaresca…) y que se haya demostrado suficientemente que con menos de una cuarta parte de los votos resulta imposible “construir una nación”, algo que, por lo demás, ya estaba claro desde finales de los años ochenta, cuando los niveles de utilización del catalán como lengua vehicular preferencial se estancaron.

Es evidente que las cúpulas soberanistas no pueden reconocer su fracaso y prefieren –como la extrema–derecha en la transición– ir “de victoria en victoria hasta la derrota final”. Lo sorprendente y lo que está pasando desapercibido al público español y a buena parte del catalán es que, las cúpulas soberanistas siguen hablando de independencia pero ya sólo en términos de programas electorales. Y aquí se trata de quien “vende” el producto (el soberanismo) de la manera más atractiva para el electorado.

MAS: INDEPENDENCIA EN SEIS MESES. JUNQUERAS: INDEPENDENCIA YA
Artur Mas, intenta recuperar al electorado perdido en dirección a ERC, haciendo gala de “buen seny” y prometiendo una “independencia negociada” en seis meses a partir de unas elecciones plebiscitarias en las que él, naturalmente, aparecería en primer lugar como “gran timonel”, “líder máximo” y “ayatola” del soberanismo. Se trata de una pirueta para evitar demostrar la debilidad presente de CiU ante ERC, debilidad que una lista única soberanista podría enmascarar. Pero, en realidad, Mas ha sido, desde el principio, perfectamente consciente de que esa posibilidad es remota (demasiado obvia la intención para que ERC pudiera caer en la trampa), pero de lo que se trata para él es de ganar tiempo y evitar convocar elecciones anticipadas, permaneciendo en el poder el máximo de tiempo posible y tratando de atraer a las urracas del independentismo, las tristes “damas de la plaza de Sant Jaume” que dirigen las asociaciones cívicas soberanistas amamantadas por Mas.

Junqueras, por su parte, percibe perfectamente la propuesta–trampa y “da más”: el único punto de su programa será un parlamento que inmediatamente después de conocerse los resultados proclame la independencia: un “parlament constituyente”… Con eso pretende atraer al independentismo más inquieto, harto ya de esperar para disponer de una “nación independiente”. Los lagrimones de Junqueras no le permiten ver la realidad: es posible que, en las actuales circunstancias, su partido sea el más votado… pero distará mucho de obtener una mayoría absoluta e incluso los votos soberanistas, sumados, a día de hoy, no permiten pensar en una mayoría soberanista.

Es evidente que, tanto Mas como Junqueras lanzan sus propuestas en clave electoral. No está claro hasta cuándo Artur Mas podrá soportar las presiones y se verá obligado a convocar elecciones anticipadas. Lo que a él más le convendría sería llegar a algún pacto con el gobierno, obtener fondos imprescindibles para poder garantizar el funcionamiento de la Generalitat hasta el 2016 a cambio de rebajar a partir de entonces la tensión independentista. Convocar las elecciones autonómicas poco después del 11–S. En un pacto con el gobierno del Estado, los procesos contra las cúpulas de CiU quedarían retrasados o entrarían en barbecho.

HACIA UN NUEVO MAPA POLÍTICA CATALÁN
Las últimas encuestas indican que el panorama político catalán, en cualquier caso, quedaría ampliamente alterado: el PP se eclipsaría cada vez más, dejando de ser actor secundario para pasar a un papel casi irrelevante, destino al que iría acompañado por el PSC, cuya desintegración prosigue si cabe a mayor velocidad. Ciutadans se consagraría como “tercera fuerza” con votos procedentes de estos dos partidos. Podemos, o su equivalente, mermarían las posibilidades del CUP y atraparían votos procedentes también del PSC y de ICV cada vez más desdibujada. Por otra parte, la situación de la inmigración en Cataluña, cada vez más masiva, más arraigada en sus raíces islámicas, hace que el discurso anti–inmigracionista, acompañado por una toma de posición catalanista y española, que defiende PxC tenga, en este río revuelto, posibilidades de avanzar.

No hace falta, pues, tomar las declaraciones de Junqueras y de Mas, como tampoco las de Iceta o la Camacho, al pie de la letra. Hoy, toda la clase política catalana habla en términos electorales y solamente porque tanto ERC como CiU creen que el tema soberanista les beneficia electoralmente.

Por su parte, los electores de base del soberanismo todavía no son conscientes de que no verán la independencia como no se pueden ver sus orejas, sentimiento que en las cúpulas soberanistas cada vez, especialmente desde la lectura de los resultados del 9–N, resulta más claro. Y son realistas: “ya que la independencia es imposible, al menos que lo invertido sirva para mejorar las posiciones de los partidos soberanistas…”.

El suflé soberanista (como todos los suflés nacionalistas) descenderá, sino estallará. No es malo que así sea.
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