AGLI Recortes de Prensa   Viernes 12  Diciembre  2014

El verdadero fracaso de la transición. Leyendo a Fukuyama
Jesús Alfaro. www.vozpopuli.com  12 Diciembre 2014

Lo de Cataluña, la corrupción y la aparición de partidos antisistema han llevado a los opinadores a poner en cuestión el presunto éxito de la transición. Ha bastado que suframos la primera gran recesión de nuestra historia democrática y que no hayamos podido resolverla como solíamos, es decir, imprimiendo pesetas, para que queramos empezar de nuevo. Y nada hay peor que poner todo patas arriba a la primera crisis económica de cambio.

La Constitución es una obra mejorable y, probablemente, ha llegado el momento de mejorarla, pero tiene razón Rajoy en que, antes de poner a nuestros políticos a modificarla, convendría saber qué es lo que queremos cambiar

Los ataques se han dirigido, injustamente, a la Constitución. La Constitución es una obra mejorable y, probablemente, ha llegado el momento de mejorarla, pero tiene razón Rajoy en que, antes de poner a nuestros políticos a modificarla, convendría saber qué es lo que queremos cambiar para no hacerlo a tontas y a locas. Las reformas de los Estatutos en la era Zapatero deberían servir de vacuna.

La transición fue un éxito en muchos aspectos. Y la Constitución es uno de esos éxitos. Pero fue un fracaso en un aspecto fundamental: no implantó mecanismos para evitar la extensión del clientelismo.

Grecia y el sur de Italia tuvieron un sistema democrático antes de construir un Estado capaz de prestar de forma imparcial y con niveles mínimos de eficacia los servicios públicos básicos (seguridad, defensa de los derechos individuales, educación, atención sanitaria, provisión de agua, luz y recogida de basuras), lo que Francia, Alemania o Gran Bretaña habían logrado gracias a una burocracia autónoma cuyos miembros eran seleccionados con arreglo a criterios meritocráticos. La existencia de grandes masas de población pobre y la llegada de la democracia a Italia y Grecia llevó a los partidos políticos en Grecia y en el sur de Italia a convertir las relaciones de patrocinio predemocráticas en clientelismo como forma de movilización de los más humildes. Los partidos eran máquinas de captar votos a cambio de puestos y prestaciones públicas.

Afortunadamente, España no sufrió el clientelismo en la administración pública probablemente porque ésta se construyó bajo un régimen autoritario. El sistema de oposiciones generalizado para todo el sector público permitió que la burocracia encargada de controlar los fondos y de prestar los servicios públicos (maestros, médicos, policías y guardias civiles, interventores del Estado, jueces…) fuera relativamente meritocrática antes de que se produjera la instauración del sistema democrático.

La Constitución creó las autonomías y reconoció la autonomía local. Las Comunidades Autónomas debían crear, en parte, su propia burocracia

Cuando llegó la democracia, pues, y como dice Fukuyama1 respecto de Gran Bretaña, “las bases de la existencia de una función pública autónoma se habían establecido, de manera que aunque los partidos políticos británicos podrían haber sucumbido a la tentación de repartir masivamente puestos en el sector público como una forma de obtener votos, ese camino estaba cerrado”. Los partidos políticos de la transición (UCD y PSOE) no podían colocar masivamente a sus partidarios en puestos públicos para recoger votos. La burocracia estatal y la clase media que aspiraba a uno de esos puestos era suficientemente potente y autónoma como para impedirlo.

Pero, ¡ay! la Constitución creó las autonomías y reconoció la autonomía local. Las Comunidades Autónomas debían crear, en parte, su propia burocracia. En los primeros años, se trató simplemente de traspasar a los funcionarios estatales a la administración regional. Pero, rápidamente, el aumento espectacular del gasto público, el deficiente sistema de financiación establecido en la Constitución que permitía a las regiones gastar sin preocuparse por la recaudación y la bonanza económica derivada de la liberalización de la economía española permitieron a los partidos políticos, en las regiones, colocar a sus clientes creando toda clase de organismos y ampliando o modificando los preexistentes. Desde las televisiones públicas a la educación (con la excusa de la lengua propia en el caso de Cataluña, especialmente) pasando por todo tipo de agencias o entidades a las que se asignaron tareas que habían venido siendo desarrolladas por la Administración General. El caso de Andalucía es espectacular y se corresponde con su menor desarrollo económico y su mayor parecido con el Mezzogiorno italiano y con Grecia (“el clientelismo es especialmente atractivo para los más pobres y menos formados”).

Las prebendas y puestos públicos permitieron al PSOE movilizar a los sectores más humildes de Andalucía (¿se acuerdan del referéndum andaluz de 1980?). El PSOE dedicó sistemáticamente los medios públicos a asegurarse la fidelidad de una parte significativa de la población andaluza a través de una tupida red de conseguidores fieles al partido. El escándalo de los 25.000 empleados que han entrado de rondón en el sector público andaluz; el blindaje estatutario de la televisión pública andaluza y la distribución de decenas de miles de millones de euros entre los afines a través de los EREs, los cursos de formación y los contratos públicos forman parte de una tendencia profunda y de largo plazo. Susana Díaz no puede acabar con la corrupción si no acaba, primero con su propio gobierno y transforma su partido sustituyendo la estructura clientelar por una programática.

Los Ayuntamientos experimentaron una evolución parecida a la de las Comunidades Autónomas. Bajo la excusa de la democratización, se eliminaron los cuerpos de funcionarios autónomos y se ampliaron las plantillas extraordinariamente para colocar a los partidarios, completando la estructura clientelar a través de las Diputaciones Provinciales algunas de las cuales como Orense, León o Granada están llenas de clientes del PP (¿se acuerdan de Baltar cantando “si no eres del PP, jódete”?).

El tremendo crecimiento del sector público durante los años ochenta y noventa se hizo a base de instituciones en las que las reglas propias de la Administración General del Estado dejaron de aplicarse

La misma evolución se produjo, agravada por la ausencia de controles jurídicos, en relación con las instituciones sociales que no tenían dueños evidentes. El caso de las Cajas de Ahorro es paradigmático, pero el reproche es aplicable a instituciones creadas durante la democracia. El tremendo crecimiento del sector público durante los años ochenta y noventa se hizo a base de instituciones en las que las reglas propias de la Administración General del Estado dejaron de aplicarse, desde el CGPJ o las Universidades (¿se acuerdan de la funcionarización de los PNN’s?) al Instituto Cervantes pasando por Adif, Loterías, AENA, los puertos del Estado o los innumerables consejos y agencias públicas supervisoras creadas o reformadas y ampliadas (CNMC, CNMV, Confederaciones Hidrográficas, RTVE… ¿no es casualidad que la única institución reputada – el Banco de España – fuera predemocrática?).

La democracia en sus estadios iniciales conduce, con mucha probabilidad al clientelismo. Elevados niveles de corrupción son inevitables porque una parte cada vez mayor de lo que se reparte entre los afines se queda en los bolsillos de los que lo reparten si no hay burocracias autónomas, incluida la judicial, que controlen el gasto público.

A lo mejor hay que cambiar la Constitución pero no en la dirección que propone el PSOE. Hay que cambiarla para asegurar, como hicieron los alemanes, que todo el sector público hasta el nivel de Ministro está gestionado por empleados inamovibles y seleccionados meritocráticamente. Así, los partidos políticos contraerían un compromiso creíble de no utilizar el gasto público para discriminar entre los que les votan y los que nunca les votarán.
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[1] Political Order and Political Decay From the Industrial Revolution to the Globalization of Democracy

ADMINISTRACIÓN
Libertades asimétricas y corrupción
José T. Raga Libertad Digital  12 Diciembre 2014

Los españoles amanecemos cada día con la esperanza de que nada nos avergüence de pertenecer a esta nación, otrora abundante en virtudes y gestas reverenciadas y admiradas. Hoy, las cosas son bien diferentes. El honor, que estuvo presente en nuestra sociedad como componente del ser, goza de una marcada ausencia generalizada, hasta el punto de que el propio vocablo ha quedado en desuso.

El respeto a la palabra dada y su cumplimiento, que formó parte de la historia reciente de nuestro país, ha dejado de ser norma, en negocios privados y en actividades públicas. Incumplir una obligación de pago no sólo es hoy práctica habitual, sino que, además, se le pide al juez que dicte sentencia contra la pretensión del acreedor de cobrar la deuda.

Los periódicos carecen de espacio para acoger las noticias de corrupción de nuestros conciudadanos. A menudo nos preguntamos si no habrá al menos un justo en la comunidad. ¿Cómo ha podido la podredumbre impregnar la sociedad, hasta el extremo de aceptar como normal lo que siempre fue rechazado por ricos y pobres, por señores y vasallos...?

Me preguntaba, como tantos, si las cosas son así por un excesivo intervencionismo o, lo que es lo mismo, por una carencia de libertad, coartada por una regulación que invade más y más campos del actuar humano. No sería capaz de pronunciarme de forma tajante.

La corrupción existe en países dictatoriales (aunque al corrupto se le elimina sin contemplación y con rapidez) y existe también en democracias avanzadas, en las que el corrupto se autoelimina para no contemplar la afrenta social. En democracias más débiles la afrenta social se ve desplazada por la cuenta saneada, con lo que el corrupto sigue siéndolo, mientras dure, y a mucha honra.

¿Dónde está, pues, la clave? Pienso que no tanto en el valor absoluto de la libertad como patrimonio del sujeto, sino en la asimetría de las libertades entre y ciudadanos y poder. Cuando los niveles de libertad entre gobernantes y gobernados están equilibrados no hay espacio para la corrupción. Sí lo hay cuando uno goza de libertad y el otro siente la coacción. El poder tratará que su libertad prevalezca sobre la del ciudadano.

Por ejemplo, supongamos una regulación cualquiera, ante la que el sujeto se siente coaccionado, tratando de eludirla mediante la corrupción del funcionario público. ¿Qué ocurriría si el funcionario se sintiera tan poco libre ante la norma, como se siente el sujeto privado? La corrupción no pasaría de su grado de tentativa.

La corrupción se produce cuando el funcionario se siente libre ante la norma, por su discrecionalidad, para atender los deseos del ciudadano. Es este desequilibrio el que da cauce para la corrupción. Más aún cuando los sujetos carecen de la mínima referencia moral en su propio comportamiento.

Una regulación de aplicación inflexible destrozará la economía al reducir iniciativas, pero no dará pábulo a la corrupción. No tiene margen para ello: el funcionario tampoco es libre.

AUTOESTIMA
HERMANN TERTSCH ABC 12 Diciembre 2014

Imaginen una España llena de universidades que sirvieran a la autoestima y no al resentimiento y al odio

LAS grandes universidades del mundo, las que se respetan a sí mismas, suelen generar vínculos con sus alumnos y entre ellos, que muchas veces perduran de por vida. En el mundo anglosajón es donde estas lealtades al Alma Mater más se cultivan y la universidad de Georgetown de Washington, de la que es exalumno también el Rey Felipe VI, es una de ellas. La Asociación de exalumnos en España de esta bella y célebre universidad jesuita junto al río Potomac, me invitó a hablar en su cena de gala con un motivo de alegría como era un homenaje a uno de sus fundadores, David Hatchwell Altaras. Este gran empresario, presidente en la actualidad de la Comunidad Judía de Madrid, es amigo por partida doble porque es hijo del inolvidable Mauricio Hatchwell Toledano, una inolvidable y magnífica personalidad en Madrid, en Israel y allá donde estuviera. Las máximas de aquel gran judío español son las que componen fundamentos y andamiaje de lo que llamamos el mundo occidental.

Me había comprometido a hablar sobre las amenazas en el mundo, que es lo que llaman un tema inagotable, inabarcable y maleable. Se puede hablar sobre amenazas diez minutos o diez horas. Sin repetirse. Hablé solo de dos, las que considero en estos momentos las más graves e inminentes para el mundo libre o la sociedad abierta occidental y desarrollada.

Una es la amenaza imperialista de un régimen inestable y débil, como es el ruso, dirigido por un autócrata como Vladimir Putin. La otra es la amplísima amenaza islamista que va desde el proyecto del califato del atroz Estado Islámico en Siria e Irak hasta el yihadismo durmiente en las ciudades europeas. Y la falta de capacidad del islam para hacer frente a las perversas formas ideológicas criminales que han surgido en su seno entre Afganistán y Nigeria, entre Indonesia y Casablanca.

Pero también dejé claro que la principal amenaza para nuestra sociedad libre, la que convierte todas las demás en muy peligrosas cuando no existenciales, es la profunda crisis de autoestima del mundo occidental. Que en su éxito permanente hasta ahora en la creación de riqueza y bienestar ha sembrado todas las hierbas tóxicas que pueden acabar con su libertad y así con la sociedad más eficaz, rica, compasiva, rica y solidaria que jamás ha existido.

Los hijos de la libertad y el bienestar han perdido el recuerdo de la falta de todo lo que gozan. Y no han educado a sus hijos en los mandamientos de quienes han de luchar por defender sus conquistas. Que comienzan por valorar el legado real de sus mayores, por conocer y respetar las enseñanzas de la historia y no dejarse engañar por embustes y quimeras. Y por la decisión, vocación y voluntad de preservar, frente a la adversidad y los enemigos, ese código básico que llevó a la sociedad abierta a lograr una vida cada vez mejor para cada vez más seres humanos: la libertad de pensamiento y la libre creatividad y competencia y el respeto al carácter sagrado del ser humano. Falta la autoestima. Y se ha perdido la memoria y la ignorancia lleva al riesgo a repetir terribles errores. Si no hay reacción, vuelven los bárbaros, concluía. Los exalumos de Georgetown, reunidos en torno a una mesa en la Gran Peña, no me contradijeron.

Pero sí demostraron en un largo debate cuajado de ideas, que más allá del «kulturpessimismus» global, existe, quizás muy particular en esta España llorosa y maltratada, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que tienen la autoestima necesaria para generar esperanzas para propios y extraños. Imaginen una España llena de universidades que sirvieran a la autoestima y no al resentimiento y al odio. Imaginen una España llena de universidades que sirvieran a la autoestima, la iniciativa, la libertad y el respeto y no al resentimiento y al odio.

La falsa disyuntiva catalana
GABRIEL TORTELLA. ABC 12 Diciembre 2014

ECONOMISTA E HISTORIADOR

· «Mutatis mutandis (ni Putin es Hitler ni Mas es Putin), esta es la situación hoy en Cataluña. La dialéctica intimidación-apaciguamiento funciona igual en todas partes. La razón, la ley y, si fuere necesaria, la fuerza están del lado del Gobierno español. Pero este cede continuamente, lleva décadas haciéndolo, por temor a provocar una confrontación»

CREÍAMOS que la política del apaciguamiento había quedado desacreditada desde el acuerdo de Múnich en septiembre de 1938, cuando, en palabras de Winston Churchill, el entonces primer ministro británico, Neville Chamberlain, «tuvo que elegir entre la guerra y el deshonor; eligió el deshonor y se encontró con la guerra». Los hechos son bien conocidos: Hitler había lanzado un ultimátum al Gobierno checoslovaco para que le entregara los llamados Sudetes, las provincias checas de mayoría étnica alemana. Pero, según dice el propio Churchill en su crónica de la Segunda Guerra Mundial, Hitler de pronto se encontró en una situación difícil: el mismo Estado Mayor alemán le aconsejaba moderar sus amenazas porque los checos estaban bien armados y fortificados, contaban con el apoyo de Inglaterra y Francia, e incluso los Soviets se habían ofrecido a conferenciar con las potencias occidentales para concertar acciones ante la amenaza nazi. Pero quien le sacó del apuro inesperadamente fue el premier Chamberlain, que le propuso reunirse con él en Múnich para tratar de resolver la situación.

En la reunión Chamberlain, sin apenas consultar a sus aliados y menos a los rusos, cedió ante el ultimátum de Hitler y se mostró dispuesto a permitir la anexión de los Sudetes por Alemania; todo el apoyo internacional a Checoslovaquia se derrumbó; su presidente dimitió y se exilió. Lo único que obtuvo Chamberlain a cambio de su medrosa oferta de apaciguamiento fue un compromiso por escrito de Hitler de no continuar su política expansionista, compromiso que el Führer violó seis meses más tarde anexionándose Chequia entera y permitiendo que Eslovaquia se independizara antes de ser más tarde anexionada también. Sin embargo, al volver de Múnich, Chamberlain fue recibido con entusiasmo delirante por el público inglés, ante el que pronunció un discurso en que anunció la «paz con honor» y la «paz en nuestro tiempo». Pero el que realmente salió triunfante de Múnich fue Hitler: los generales tuvieron que admitir que habían pecado de prudentes y el Führer en adelante hizo con ellos lo que quiso.

Un año más tarde Alemania invadía Polonia y estallaba la Guerra Mundial. A eso se refería Churchill cuando dijo que Chamberlain había elegido la deshonra y aun así no había evitado la guerra. Es más, la había precipitado. La firmeza en Múnich hubiera sido la única posibilidad de paz.

Sin embargo, a pesar de su estruendoso fracaso entonces, el «apaciguamiento» sigue vivito y coleando hoy en día. ¡Cómo olvidan la historia los políticos!

En el este de Europa tenemos ahora una situación parecida con el conflicto entre Rusia y Ucrania; se insiste en que Putin no es Hitler, lo cual es cierto. Pero hay muchos paralelos con la Centroeuropa de los años treinta: Rusia, como Alemania entonces, está resentida por haber perdido una guerra (la Fría) y busca a toda costa recuperar su hegemonía. Para ello, como Alemania entonces, necesita dominar a sus vecinos y va dando pasos en este sentido: en 2008 invadió y desmembró Georgia, y no pasó nada. En 2014 Ucrania sacó los pies del tiesto y Rusia le dio una lección arrebatándole Crimea.

Tampoco pasó nada, tan solo unas sanciones económicas ridículas si las comparamos con el valor de lo robado. En vista del éxito, Rusia ha invadido las provincias orientales de Ucrania poniendo en jaque a los díscolos ucranianos ante la pasividad de la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN. El matonismo ruso también ha dado resultado en Siria y ahora amenaza a Moldavia: si logra poner un pie allí tendrá a Kiev literalmente entre dos fuegos. La confianza de toda esa región en Occidente se está desmoronando como se vino abajo la de la URSS y la Europa oriental ante la claudicación de Múnich.

¿Por qué se muestran débiles ante el matonismo agresivo las potencias occidentales, pese a tener de su parte la fuerza y la razón? Porque el político democrático teme a la impopularidad si toma decisiones audaces y prefiere ceder y mantener un precario statuquo: la «paz en nuestro tiempo» de Chamberlain. Mejor ceder y negociar que provocar un conflicto: mejor el deshonor que la guerra.

Mutatismutandis (ni Putin es Hitler ni Mas es Putin), esta es la situación hoy en Cataluña. La dialéctica intimidación-apaciguamiento funciona igual en todas partes. La razón, la ley y, si fuere necesaria, la fuerza están del lado del Gobierno español. Pero este cede continuamente, lleva décadas haciéndolo, por temor a provocar una confrontación. Esta es la terrible disyuntiva que plantea el matón: o cedes o va a ser peor. En el caso del separatismo catalán la amenaza hoy es la declaración unilateral de independencia, apoyada por una parte de la población, minoritaria, sí, pero enardecida y determinada.

A esta situación nos ha traído el rosario de cesiones que los gobiernos nacionales han hecho en aras del «apaciguamiento» del separatismo. Hubo que ceder en los dos estatutos; hubo que ceder en lo de Banca Catalana; hubo que ceder en las múltiples violaciones de la legalidad que se han ido cometiendo en la cuestión lingüística; ha habido que ceder en una cuestión económica tras otra: incumplimiento de los compromisos de déficit, concesiones en materias de transportes, de infraestructuras, abandono del Plan Hidrológico, rescates múltiples de un govern quebrado que encima está muy enfadado porque todo le parece poco, y un largo etcétera. Todo esto, conviene recordarlo, no son concesiones a «Cataluña», sino a una serie de gobiernos nacionalistas más o menos separatistas –corruptos e incompetentes por más señas– de espaldas a una mayoría silenciosa y acorralada de quien nadie se acuerda más que los gobiernos nacionalistas para multarla y hostigarla si rompe el silencio que le asigna el guión. Después de tantas concesiones, el separatismo catalán se siente fuerte y lanza bravatas: «Sí, esto lo he organizado yo. ¿Qué pasa?», vino a decir Mas cuando vio que nadie chistaba el 9 de noviembre. Y, efectivamente, no pasó nada.

Ahora se pide una concesión más para aplacar a la fiera: los 23 puntos de Mas. Ya no se sabe qué darle: cambiar la Constitución a su gusto, hacer a Barcelona capital de España, lo que sea. Para el separatismo se trata de un juego de tipo: «Cara, gano yo; cruz, pierdes tú». Porque las concesiones serían un paso más hacia la declaración de independencia, que se aplazaría unos meses para sacarles partido y acentuar el clima de victoria. ¿Dónde está el Churchill español capaz de tomar la iniciativa y responder al envite separatista? Necesitamos un estadista como él, capaz de hacer bueno ese dicho tan español: «Más vale una vez colorado que ciento amarillo»

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Pablo, hijo de Mariano

KIKO MÉNDEZ-MONASTERIO www.gaceta.es   12 Diciembre 2014 ¿¿

Es cansino, pero necesario en esa vieja táctica revolucionaria que se basa en la repetición como método de imposición.

Pablo Iglesias era asiduo de esos bestiarios conocidos como herriko tabernas, y ni siquiera se molestaba en disimular la coincidencias de su planteamiento político y el de la serpiente. Por eso no parece una pregunta extemporánea saber si se alegra de esta nueva fase de la amnistía progresiva que está promoviendo el PP para los etarras más sanguinarios. En realidad lo único extraño es que un personaje así aparezca en la televisión pública, mientras las víctimas del terrorismo siguen silenciadas, porque molesta mucho oír su testimonio a la vez que se ven las imágenes de sus enemigos en la calle. Pues nada, en vez de escuchar a los que han sufrido por la libertad de todos -y que ahora se sienten apuñalados por el poder- continúa el monotema de profesor Iglesias, que es el que pretende quitarnos a todos la libertad, y su rostro y sus propuesta inundan la prensa y las televisiones. Es cansino, pero necesario en esa vieja táctica revolucionaria que se basa en la repetición como método de imposición. Como decía Edén Pastora de los sandinistas: “no es tanto lo que jodéis, sino lo seguido”

El soviet supremo de Podemos ya presiona e intimida a la prensa con su implacable ejercicio de la manipulación, esa asignatura obligatoria para todos los cachorros comunistas. Atacan a los tertulianos o entrevistadores que no se muestran lo suficientemente sumisos con la misma vehemencia que utilizan los ultras futboleros, como si no se pudiera hablar del tocomocho de Errejón, o de los dineros que han cobrado por asesorar a regímenes totalitarios sugiriéndoles prácticas estalinistas. Niegan las evidencias con el descaro de un carterista profesional, y arremeten contra los denunciantes con maneras de pachones de gorro frigio, identificando a cualquier crítico con un enemigo del pueblo y la democracia, que estos dos son los primeros conceptos que han expropiado para incorporarlos al monopolio de su dialéctica. Lo decía Gregorio Marañón, desencantado: “lo más irritante de los rojos es esa constante mentira” y no era una crítica, sólo la descripción de una estrategia muy primitiva que consiste en supeditarlo todo a la conquista del poder, así que por las cunetas podemistas ya se pueden observar los restos semienterrados de la verdad, las libertades, los derechos fundamentales y, más pronto que tarde, de algún adversario político. Ellos les llaman, directamente, enemigos.

Por supuesto la revolución en marcha -como todas- recibe la energía de la incapacidad del poder. Quien creyó en Soraya Saénz de Santamaría como la persona adecuada para pilotar estos años, ha hecho más por Podemos que todo el dinero venezolano o iraní. Y el que lo creyó fue don Mariano. Después de rendirse ante ETA, de aceptar la liquidación de las clases medias como nuevo modelo económico, o de mostrarse más allá de lo pusilánime frente a la sedición separatista, el último legado que nos prepara el marianismo es convertir una opción leninista en verdadera alternativa de gobierno. Podemos es tan hijo de Rajoy como Bárcenas.

CATALUÑA
La reforma constitucional del PSOE
Antonio Robles Libertad Digital  12 Diciembre 2014

Cuando se tiene necesidad de recuperar la posición en política, se suelen lanzar propuestas vistosas sin concretarlas ni temporalizarlas ni, mucho menos, dotarlas del presupuesto necesario para llevarlas a cabo. La deriva independentista y la irrupción de Podemos han empujado al PSOE a la ocurrencia de reformar la Constitución. Algo tenían que hacer los progres para que nacionalistas y peronistas no le usurparan la vanguardia ideológica.

Imposible sacarle a Pedro Sánchez qué cambios concretos serían necesarios. Nada bueno augura la modestia… o el miedo. Está bueno el patio como para ponerlo todo patas arriba sin saber cuál es la causa que obliga a la reforma, cuáles los objetivos y qué cambios hay que hacer para alcanzarlos. Sin olvidarnos de los daños colaterales previstos e imprevistos.

Ante estas elementales prevenciones, no deberíamos descartar en Pedro Sánchez mero oportunismo, cobardía o simple recurso a la mentira. Ni estupidez. Es evidente que su propuesta de reforma constitucional no persigue el blindaje de la sociedad del bienestar (tenemos una sociedad del bienestar malherida, pero podremos mejorarla sin necesidad de reforma), ni la regeneración democrática, ni combatir la corrupción, ni cambiar la ley electoral o reformar el Poder Judicial. Todo esto y más se puede solucionar con acuerdos parlamentarios. Ni siquiera la sucesión a la corona es hoy problema, pues hay consenso asegurado para su reforma. La única causa de verdad, la causa real del cisco, es la rebelión del nacionalismo catalán contra el Estado. Aunque no lo admita Pedro Sánchez, aunque lo enmascare y disimule.

Es la rendición ante el chantaje territorial. Engañarse a estas alturas es de idiotas. Los nacionalistas solo se contentarán, si se contentan, sustituyendo la España de los ciudadanos por la confederación de territorios. De lo contrario, nunca apoyarán reforma alguna, con lo cual el remedio será peor que la enfermedad.

El secreto mejor guardo, sin embargo, lo ha desvelado quien lleva el GPS del PSOE, el PSC. Ayer, su secretario general, Miquel Iceta, adelantó las intenciones de la reforma constitucional del PSOE que Pedro Sánchez se niega a desvelar. Nada nuevo, pero la evidencia deja a los ciudadanos españoles huérfanos de una izquierda que defienda su nación y, por ende, sus derechos. Bajo el título de Catalunya 2015. El canvi que necessitem, el nacionalismo camuflado propuso blindar la lengua, la educación y la cultura en favor de la Generalidad; delimitar de forma "precisa" las competencias de la Administración General del Estado y atribuir el resto a las CCAA; transferir el control de la Justicia a las CCAA, aplicar el principio de ordinalidad fiscal en el modelo de financiación autonómica y "reconocer las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos". Y para rematar invita al Estado a que asuma "una parte de la actual deuda pública de las CCAA".

Con el mismo cinismo aseguró: "La independencia ni la queremos ni nos conviene". Lógico, ¿para qué querrían la independencia si pueden blindar escuela, lengua y cultura y dejar sin derechos reales a la mitad de sus conciudadanos? ¿Para qué querrían la independencia si ya controlarían las últimas instancias judiciales sin que ningún ciudadano catalán pudiera recurrir abuso alguno al Tribunal Supremo o al Defensor del Pueblo de España?

¿Estas son las líneas maestras del PSOE para deformar la Constitución? Con distinta música, pero el mismo compás, Federalistes d’Esquerres ha publicado hoy mismo un manifiesto en la misma dirección federal: Lo que no quieren oír, pero debemos proponer: hacia una España social y federal (por Jordi Gracia, Joan Botella, Victoria Camps, Manuel Cruz, Laura Freixas, Carlos Jiménez Villarejo, Ismael Pitarch, Carme Valls-Llobet).

En tiempo de tribulación, no hacer mudanzas, dicta la prudencia. Si no hay más remedio, habrá que perder complejos y hacerlo en dirección contraria a la que se nos quiere imponer. Por ejemplo, la reforma de UPyD.

POR SUS CRÍTICAS A LA POLÍTICA ANTITERRORISTA
Fernández Díaz veta a la AVT
Juan E. Pflüger www.gaceta.es  12 Diciembre 2014

El ministerio ha convocado a las asociaciones de víctimas a una reunión para explicar las últimas excarcelaciones, pero ha dejado fuera a la mayoritaria AVT.

Inicialmente la reunión estaba convocada para el próximo día 17 de diciembre, pero en las últimas horas se adelantó y se celebró ayer. A ella estaban llamados, supuestamente, los representantes de todas las asociaciones de víctimas para que desde el ministerio del Interior se les dieran las explicaciones pertinentes sobre la excarcelación de etarras de los últimos días.

GACETA.ES ha podido saber que de esta convocatoria ha sido excluida la mayoritaria Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), presidida por Ángeles Pedraza que se encontraba de viaje en Canarias donde ha recibido un homenaje en nombre de la asociación y ha asistido a la inauguración de una rotonda en recuerdo a las víctimas del terrorismo.

Según ha podido saber este diario, tras ponerse en contacto con Pedraza, el único contacto que han tenido con el ministerio fue una llamada realizada por Sonia Ramos, directora general de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, en la que quiso dar explicaciones sobre la liberación de presos de la banda terrorista de ultraizquierda ETA.

La ausencia de la asociación mayoritaria de víctimas ha causado sorpresa, por eso desde este periódico hemos querido preguntar a Ángeles Pedraza cuál es su interpretación, y ha asegurado que “la AVT no ha sido llamada, y es lamentable que se deje fuera a la asociación que representa a mayor número de víctimas, porque somos críticos con la política antiterrorista que está desarrollando el ministro del Interior”.

GACETA.ES también se ha interesado por saber si desde el ministerio se había informado de los contenidos que se iban a tratar en la reunión, a lo que Pedraza ha contestado que “ni siquiera sabíamos oficialmente que tendría lugar la reunión. Yo me he enterado cuando me han llamado varios presidentes de otras asociaciones para preguntarme si asistiría, pero no hemos tenido otra información que esa”.
Una carta al Tribunal Supremo

En la reunión en la sede de Interior, en la que no ha estado presente el ministro Jorge Fernández Díaz y ha quedado todo en manos de su subordinada Sonia Ramos, se ha explicado la postura del ministerio y su imposibilidad de actuar contra estas excarcelaciones al ser una decisión judicial que no les queda más remedio que respetar y acatar.

En cualquier caso, entre los representantes del ministerio y los representantes de las víctimas que han asistido se ha elaborado un documento con peticiones que será entregado al Tribunal Supremo. En ese documento, según han asegurado a este diario varios de los asistentes a esa reunión, se pide una mayor contundencia en la aplicación de las sentencias.


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