AGLI Recortes de Prensa   Sábado 27  Diciembre  2014

El falso e hipócrita triunfalismo de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 27 Diciembre 2014

Mariano Rajoy ha empleado el último Consejo de Ministros del año para lanzar las campanas al vuelo y atribuirse méritos que no son suyos, aprovechando el favorable viento de la recuperación en beneficio propio, consciente de que es la única baza que posee de cara a las importantes citas electorales del próximo año. El presidente del Gobierno ha centrado su medido discurso en destacar el crecimiento que está experimentando el PIB, la esperanzadora creación de empleo, el repunte del consumo interno, los primeros síntomas de reactivación del crédito e incluso el fin del ajuste inmobiliario para transmitir que lo peor de la crisis ha quedado atrás y, de hecho, se avecina un 2015 "muy bueno", siempre y cuando se mantenga la depreciación del euro y la caída del precio del petróleo. Y ello, negando en todo momento que se trate de un mensaje "triunfalista", ya que el PP "nunca" ha engañado a los españoles, o que su Gobierno haya caído en la contraproducente complacencia.

Su balance de fin de año, sin embargo, no puede ser más falso e hipócrita. Es evidente que la economía nacional lleva un año y medio creciendo tras sufrir una larga y agónica recesión y que, por fin, se está creando empleo, lo cual es muy positivo, sin duda. Sin embargo, la recuperación de España se sigue sustentando sobre bases frágiles y endebles, de modo que su evolución no depende tanto de las fortalezas propias como del devenir ajeno. Las expectativas económicas para 2015 han mejorado gracias al descenso del crudo y las nuevas medidas del BCE para debilitar el euro, pero la debilidad que sufre la economía europea o el estallido de una nueva tormenta financiera podrían revertir de inmediato esa benigna estimación, trayendo de vuelta los nubarrones del pasado. Es decir, el problema de fondo es que España no depende de sí misma, lo cual ya es preocupante de por sí.

Por otro lado, el país sigue registrando graves problemas estructurales que el Gobierno se niega a corregir. Prueba de ello es que el déficit exterior está aumentando de nuevo como consecuencia del repunte del consumo interno, lo cual significa que la estructura productiva se asienta aún sobre las ruinas de la burbuja inmobiliaria y, por tanto, no ha cambiado lo suficiente en los últimos años como para generar empleo de forma rápida e intensa. Además, el déficit público continúa siendo muy elevado y la deuda avanza sin freno hacia el fatídico umbral del 100% del PIB, al tiempo que los costes fiscales, energéticos y laborales se sitúan entre los más altos del mundo desarrollado.

El problema de fondo es que el Ejecutivo se ha empeñado en mantener una estructura estatal sobredimensionada, a costa de sangrar con impuestos a familias y empresas, sin acometer las profundas reformas estructurales que precisa el país para atraer inversión, mejorar de forma sustancial la competitividad y garantizar la sostenibilidad y eficiencia de los servicios públicos. El único mérito del PP digno de tal nombre se limita a la tímida reforma laboral aprobada en 2012. En este sentido, Rajoy olvida que si la economía crece y crea empleo es gracias, exclusivamente, al inmenso esfuerzo que ha realizado el conjunto de los españoles para reducir sus abultadas deudas y recomponer sus balances, apretándose el cinturón e incrementando su productividad, y no a la acción del Gobierno. Es decir, la economía avanza a pesar de Rajoy, no gracias a él. Por ello, el presidente no tiene méritos que atribuirse ni medallas que colgarse, puesto que su política económica y fiscal ha consistido, sencillamente, en disparar los impuestos y en mantener el brutal peso del Estado más o menos intacto, haciendo lo mínimo e indispensable para que siga todo igual.

De hecho, lejos de corregir los defectos y desequilibrios que aún acumula el país, Rajoy ya se ha instalado de lleno en la complacencia y en el populismo de cara a las elecciones de 2015, como bien demuestra la simbólica subida del salario mínimo interprofesional, el aumento de las pensiones o las nuevas facilidades de financiación a las comunidades autónomas para incrementar el gasto de forma generalizada el próximo ejercicio, con el objetivo de frenar el histórico desgaste electoral del PP. En definitiva, a Rajoy le sobran triunfalismos y la atribución de méritos ajenos, y le ha faltado responsabilidad, convicción y valentía para hacer lo que debía contra la crisis, gustara o no.

Veintitrés minutos de alucinación
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS El Confidencial 27 Diciembre 2014

Mientras, ayer, el presidente del Gobierno, entre las 13.30 y las 13.53 horas, describía la realidad socio-económica y política de la España actual, se me fueron las mientes a la tantas veces leída y meditada conferencia de José Ortega y Gasset sobre la “Vieja y nueva política”, pronunciada por el filósofo madrileño hace poco más de un siglo: en Madrid, el 23 de marzo de 1914, en el teatro de la Comedia. Y párrafos de aquel texto que han pasado por ser unos de los más brillantes y prospectivos de nuestro gran intelectual, son de una actualidad pasmosa porque Mariano Rajoy, al tiempo que desgranaba por enésima vez sus consignas propagandísticas, los hacía más vigentes, más inmediatos a nuestra propia realidad.

Decía Ortega en 1914 que “sobreviven dos España que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”. Ayer dio la impresión de ocurrir lo mismo: el presidente nos hablaba de su España, que era extraña a la otra España que le escuchaba. Mientras él describía un país de esperanzas y realizaciones, sus ciudadanos le relegan a la peor de las valoraciones y condenan a su partido a la debacle electoral.

Ocurría, de nuevo, como decía Ortega, lo que sucedía apenas tres lustros antes de que se desplomase el régimen de la Restauración: “Una misma palabra pronunciada por unos o por otros significan cosas distintas porque va, por decirlo así, transida de emociones antagónicas”. Como antagónicas son ahora las emociones y las palabras del presidente que nada tienen que ver con las emociones y el significado de las palabras de la gente. El habla del empleo creado, y la gente piensa en el que es necesario crear; el habla de magnitud económicas -sin bendecir la suerte del bajo precio del petróleo y la devaluación del euro- y la gente se pregunta por qué, si las cosas van tan bien, se incrementan las pensiones en un 0,5% y el salario mínimo interprofesional en otro 0,5%. La gente no entiende por qué, si lo que dice el presidente es cierto, esta es una España hastiada que ha regresado en su bienestar quince años atrás.

Seguía Ortega: “La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación”. Eso pasa también ahora, como ocurría hace un siglo: partidos que fueron grandes y que se diluyen -el PP en el País Vasco se quedaría en ¡seis escaños! Y en Cataluña pasaría de ¡19 a 9!-, periódicos que dicen lo que les dicen que digan y ministerios que flotan fantasmales, proporcionando al presidente datos para la alucinación y no para el realismo.

En estas condiciones, Ortega vuelve a tener razón aunque la suya la explicase en la tablas de un escenario madrileño hace poco más de un siglo: “Mis palabras, pues, no son otra cosa que la declaración de que la nueva política ha de partir de este hecho: cuanto ocupa la superficie y es la apariencia y caparazón de la España de hoy, de la España oficial, ha muerto. La nueva política no necesita, en consecuencia, criticar a la vieja ni darle grandes batallas; necesita sólo tomar la filiación de sus cadavéricos rasgos, obligarla a ocupar su sepulcro en todos los lugares y formas donde la encuentre y pensar en nuevos principios afirmativos y constructores”.

Hoy se puede decir lo mismo, sin añadir demasiadas palabras a las del autor de España invertebrada, porque basta la compulsa entre la España oficial que ayer recitó el presidente del Gobierno con la realidad de la España vital que le escuchaba -las dos España extrañas entre sí- para acreditar que la política convencional es una alucinación que Rajoy resumió en veintitrés interminables minutos de autoelogio que sonaron a homenaje funerario.

Nunca las Españas -la oficial y la vital orteguiana- estuvieron más lejanas. Por eso sucede ahora como en 1914 en palabras de Ortega: “Toda una España -con sus gobernantes y sus gobernados- con sus abusos y con sus usos, está acabando de morir.” Ese y no otro -el balance de un año políticamente agónico- es el auténtico. Lo demás, son números, contabilidad, política de burócratas autosatisfechos y sin sentido de la historia ni intuición sobre el porvenir.

¿Y si Podemos al final no pudiese?
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 27 Diciembre 2014

Aquí, como en todos los países del mundo, el que es de derechas lo es de toda la vida y lo mismo el de izquierdas, el nacionalista o el que pasa de política. Con frecuencia las afinidades políticas se adquieren en la infancia y ya no se pierden jamás. Esto viene a explicar la duración del régimen del 78, un orden de cosas que, de no mediar la crisis brutal que aún nos golpea, nadie habría puesto en duda. En la Restauración del siglo XIX –la de Cánovas y Sagasta– sucedió algo similar hasta que el sistema se desestabilizó en la década de los veinte y se fue al garete unos años después.

En principio ahora nos encontraríamos en la fase de descrédito que precede al colapso. Y ahí es donde ha entrado Podemos y sus ideas de casquero que quizá no sean tan de casquero. Tras el sobresalto de los primeros meses el programa de la nueva formación ha quedado tan pesoizado que todo invita a pensar que, de llegar al Gobierno en coalición con los legítimos propietarios de la marca, asistiríamos a una segunda edición corregida y aumentada del felipismo. Entretanto la revolución puede esperar… a Dios gracias. Podemos, en definitiva, podrá llegar al poder sí, pero no podrá hacer lo que sus más fieles esperan de ellos.

El felipismo y su real politik de trinque y tentetieso dejaron España tal y como la conocemos, con todas sus carencias y mediocridades, su politiqueo y su culto al BOE

Con esto no quiero decir que no haya que preocuparse. El felipismo fue letal con la libertad de expresión. Acuérdense los que puedan de la tele única controlada con mano de hierro por la comisaria Iglesias a instancias de la Moncloa, o de la preponderancia mediática del grupo Prisa, que llegó a comprar y borrar del mapa a Antena 3 Radio, una joven emisora crítica con el Gobierno que había osado superar en audiencia a la SER. El felipismo y su real politik de trinque y tentetieso dejaron España tal y como la conocemos, con todas sus carencias y mediocridades, su politiqueo y su culto al BOE, sus complejos y su aversión al riesgo. Ya sé que hoy sería más difícil amordazar al personal debido a la irrupción de Internet y a lo barato que sale montar un periódico digital, pero el poderoso siempre va un paso por delante y dispone de todos los resortes para imponer su santa voluntad. Internet nos ha facilitado la vida, pero no nos ha redimido de la tiranía. Esto es algo que los tontos 2.0 deberían aprender de una vez.

En el mejor de los casos, Pablo Iglesias y su socio –que no tiene que ser necesariamente Pedro Sánchez– mantendrán la fiscalidad montoresca y colocarán a los suyos en sustitución de los del PP. En el peor la duplicarán y harán del Estado central una Junta de Andalucía a lo bestia, con sus funcionarios de carné en la boca y sus sindicalistas mandando acá y allá. En Bruselas nadie habrá de temer. El Gobierno seguirá pagando religiosamente el interés de los bonos. El déficit se mantendrá más o menos por las nubes y las deudas con el tiempo serán más gravosas. En el largo plazo la cosa se complicaría, pero, ¿a quién le interesa el largo plazo?, ¿no decía Keynes que en el largo plazo todos estaremos muertos? Pues eso.

En cierto modo, un Gobierno PSOE-Podemos sería la consecuencia lógica del sistema setentayochano, el siguiente y necesario paso para permanecer por siempre en el ese segundo mundo del que nunca llegamos a salir del todo. Es el precio a pagar por ser quienes somos, por tener a medio país viviendo a costa del otro medio, una “conquista social” de la que muchos se vanaglorian con la esperanza de estar siempre en el lado que recibe y no en el que aporta. Piénselo, quizá Podemos es la última tabla de salvación de esa España logsizada y estatólatra que siempre fue injusta pero que ahora, además de injusta, naufraga en los bajíos de un mundo globalizado, competitivo y –gracias a Dios– implacable con los que son incapaces de adaptarse. Permítame el juego de palabras, Podemos podrá, pero solo no pudiendo.

Regreso al Tenampa
ARTURO PÉREZ-REVERTE XL Semanal 27 Diciembre 2014

He regresado al Deefe, México. Esta vez tardé un poco más, porque hubo dos novelas seguidas, y compromisos que me llevaron por otros lugares. Pero he vuelto por fin al corazón de esta ciudad fascinante, peligrosa, hormiguero de ternura y de violencia, en la que, si yo fuera novelista mejicano, nunca tendría problemas de hojas en blanco, pues abunda en historias por contar para varias vidas.

He vuelto a caminar por el Deefe, como digo, echando precavidos vistazos sobre el hombro gracias al instinto que te dejan viejos territorios comanches. Procurando, por ejemplo, que el director de la Real Academia Española no acabara recibiendo un paquetito con una oreja mía dentro y una petición de rescate que allí les iba a dar mucha risa; porque, entre otras cosas, el gobierno del presidente Rajoy tiene a la RAE reducida a una miseria no vista desde tiempos del franquismo. El caso es que allí he estado, insisto, de caza por las librerías de viejo de la calle Donceles, comiendo en el querido y elegante Belinghausen o yéndome al otro extremo, a mi también querida y cutre cantina Salón Madrid; aunque esta última me dejó la punzada amarga de que los dos viejitos que la llevaban se retiraran hace un año, y ahora hay unos jóvenes muy agradables que -cosas inevitables de la vida- han retapizado los viejos asientos rajados a navajazos y puesto una rockola de música moderna, con Shakira y gente así, donde antes estaba la que yo hacía sonar con monedas de diez pesos, bebiendo Herradura Reposado en compañía de Vicente Fernández, Pedro Infante o los Tigres del Norte.

He vuelto también, de noche, a la plaza Garibaldi: esa frontera peligrosa que me sabe a juventud de adrenalina y bronca tequilera. Regresé al Tropicana y al Tenampa, templo de la noche mejicana, donde los viejos mariachis que me acompañan desde hace veinte años -se mueren los viejos y llegan los jóvenes-, volvieron a rodear mi mesa para que cantásemos Mujeres divinas, El Siete Leguas y Gabino Barrera. César el tlaxcalteca, antiguo y querido amigo, tiene cada vez menos voz, pero ahí sigue. Y platicando con él, entre Nos estorbó la ropa y La que se fue, volví a disfrutar de su charla y afecto, y también, una vez más, a admirar el magnífico uso de la lengua española que se hace en América en general y en México en particular. Cuando, al hablarme de su mujer difunta y su nueva pareja, César dijo: «La quise mucho, con devoción, y la extraño, pero ¿quién puede frenar la naturaleza?», me pregunté, admirado, cuántos españoles seríamos capaces de construir una frase semejante, tan bella y tan perfecta, con esa naturalidad con la que hasta un campesino mejicano analfabeto podría hacer sonrojarse, no digo ya a un español de infantería, sino a un universitario, un profesor o un político. Por no decir a un presidente del Gobierno.

Ésa es una de las razones por las que me gusta volver a Hispanoamérica en general y a México en particular. Porque aquí renuevo el respeto por el idioma que hablo. Cada vez que oigo decir a un humilde vendedor de periódicos «Que lo trate bien el día», o a una camarera de cantina «Saliendo de casa surge una realidad básica: todas somos solteras», me reafirmo en la idea de que existe una patria de 500 millones de compatriotas, la lengua española, y que a menudo olvidamos que sólo 50 millones vivimos en España; y que mientras en la vieja, cobarde y caduca Europa agonizamos despacio, allí en América están vivos, y son jóvenes con ansia de saber y pelear. Y que esa juventud y ese vigor, unidos al respeto que conservan por la lengua y la palabra, les da una osadía magnífica a la hora de manejar el idioma, crear palabras nuevas, adaptar y españolizar las extranjeras, hacer más potente y viva la lengua que con toda justicia llaman español, igual que los gringos llaman inglés a la suya. Entérense, pues, quienes critican el Diccionario de la RAE por registrar las palabras nuevas, atrevidas, fascinantes, que aquí se recomponen, adaptan o inventan: todo es lengua española, desde la Patagonia a los Estados Unidos, del Pacífico al Mediterráneo. Y el Diccionario no será auténtico, no será un acto notarial de justicia lingüística, hasta que elimine la absurda marca de americanismo con la que algunos puristas, ciegos ante la evidencia de la lengua, discriminan miles de palabras de este habla común, viva, imparable, panhispánica y formidable. Yo escribí una novela, La Reina del Sur, en mejicano, y parte de otra, El tango de la Guardia Vieja, en argentino. Es decir, en español. Es decir, en la lengua de esa extensa y noble patria -la única que a estas alturas me conmueve- cuya bandera es El Quijote.

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Rajoy el impasible.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Diciembre 2014

A estas alturas no voy a negar mi antipatía personal por Mariano Rajoy que sin duda puede influir en mis análisis sobre sus declaraciones y sobre todo por sus decisiones. Todos tenemos nuestra propia opinión formada sobre personajes públicos por nuestras vivencias y experiencias personales, que es única e intransferible, por mucho que nos empeñemos en intentar convencer a los demás o ellos a nosotros. Pero la experiencia de hoy de su comparecencia tras el Consejo de Ministros para dar un mitin que intentaba ser un balance de la situación de España en el año 2014 que acaba, ha superado con mucho cualquier expectativa de cambio y de esperanza en que, por una vez, abandonara la pose impasible, fría y robotizada a la que nos tiene acostumbrados desde que accedió al cargo de Presidente del Gobierno, y quizás años antes.

Su discurso ha sido mayoritariamente de contenido económico. Una loa al buen trabajo realizado por su Gobierno y agradeciendo el esfuerzo de los españoles. España va bien tal y como “predijo”, obviando que en el 2012 su mensaje fue el mismo que el que soltó en el 2013 y que ahora quiere esgrimir como un triunfo y cumplimiento de aquél augurio profético. Nada mas lejos de la realidad, porque si bien es innegable que la macro economía ha iniciado un lento camino de recuperación, solo ha sido gracias a las ayudas financieras de la UE, al brutal endeudamiento y a una insuficiente recuperación del empleo, eso sí precario y mal pagado. Pero no es menos cierto el que esa recuperación no la han notado los bolsillos de los ciudadanos ni las PYMES, que ven cómo los préstamos no llegan y ponen en serio riesgo sus negocios, cuando no se ven obligados definitivamente a echar el cierre.

Es una gran falsedad querer dar una visión optimista y triunfalista cuando lo que se requiere es humildad y prudencia, algo de lo que este líder carece. En cuanto a la corrupción no ha dicho nada nuevo acogiéndose a las tímidas medidas de transparencia y la ley del ejercicio del alto cargo público, como el gran logro de la lucha contra la corrupción. Nada que decir sobre los grandes casos de corrupción que afectan a PSOE , PP y Sindicatos UGT y CCOO, falsos ERE’s, cursos de formación, Gürtel, Bárcenas, Infanta y esposo etc. Tampoco nada que decir sobre la suelta de etarras y el nulo apoyo a las víctimas del terrorismo.

En cuanto al tema secesionista, otra vez ha evidenciado una total falta de firmeza al confundir región con ciudadanos. El problema no es que el Gobierno de España garantice el Estado del bienestar a los españoles que residen en la comunidad de Cataluña, cosa que es obvia, sino en el cómo debe hacerlo. Y el camino no es sobrefinanciar el despilfarro de los dirigentes del Govern y del Parlamento de Cataluña, sino controlar el gasto y acabar con la financiación del proceso de secesionismo impulsado por los traidores que gobiernan. Hace tiempo que la autónomía debió ser intervenida aplicando lo previsto en la Constitución en su artículo 155. Solo la cobardía, plasmada en la inacción ante la violación reiterada de la Constitución, sería causa suficiente para exigir la inmediata dimisión de Mariano Rajoy y su Gobierno y la convocatoria de elecciones generales anticipadas.

La economía es la tabla de salvación a la que Mariano Rajoy se quiere agarrar cual náufrago desesperado, y con ella se hundirá. España iba a la deriva y con el empecinamiento de este PP desnortado y arriolado, su destino es el hundimiento. Y si nada lo remedia, veremos alzarse a PODEMOS cual capitán Acab tras la ballena blanca del totalitarismo comunista. La historia ya sabemos cómo termina y si no, les animo a leer el libro.¿Queremos ser la gleba de la tripulación de estos insensatos? ¡Categóricamente NO!

Misericordia
Luis del Pino Libertad Digital 27 Diciembre 2014

Misericordia es una de las más amargas obras de Benito Pérez Galdós. Para ambientarse de cara a la novela, Galdós recorrió durante meses los barrios bajos del Madrid de principios del siglo XX. Escoltado por la policía, visitó algunas de las infraviviendas donde se hacinaba lo más miserable de la capital. Disfrazado de médico municipal, entró en los más infectos garitos y burdeles. Comprobó con sus propios ojos cómo vivían los desheredados entre los desheredados. Y utilizó parte de aquella información para componer el ejército de mendigos que constituye el telón de fondo de la novela.

En la obra se narra la historia de Benina, la criada de toda la vida de la familia de doña Francisca. Los dos personajes no pueden ser más antagónicos: Benina es humilde, trabajadora, práctica, abnegada y caritativa. Doña Francisca, por el contrario, representa lo peor de la clase acomodada española: venida a menos por su incapacidad de ganarse la vida, sigue cautiva de las apariencias y es vanidosa, inconsciente, despilfarradora e ingrata.

Para alimentar a su señora, la criada Benina pide limosna a la puerta de las iglesias; con eso, van trampeando ama y sirvienta más mal que bien. Pero para no herir demasiado su orgullo, Benina oculta a su señora que en realidad viven de la mendicidad, y le cuenta que obtiene el dinero sirviendo a un sacerdote imaginario. Doña Francisca acepta la mentira sin demasiadas preguntas.

La suerte cambia cuando Doña Francisca recibe una inesperada herencia. Pero entonces, liberada ya de la presión de la miseria, prescinde de los servicios de Benina, de la que se avergüenza y que no tiene cabida en su recuperada posición social.

Es esa tremenda ingratitud hacia quien se humillaba para mantenerla, lo que hace tan amarga la novela de Galdós, más incluso que el retrato miserable de los mendigos con quienes Benina comparte largas horas del día.

Cuando España accedió a la democracia, la situación no era fácil. Salíamos de una dictadura sometidos a la doble amenaza del terrorismo y la involución. Suele apuntarse en el haber de nuestra clase política que aquella Transición se hizo sin sangre, pero no es verdad: claro que hubo sangre, en grandes cantidades: la de las más de mil víctimas del terrorismo, de todas las edades, profesiones y clases sociales, a quienes ETA y otros grupos terroristas metieron un tiro en la nuca o hicieron estallar con un coche bomba. Solo la distribución de esos muertos a lo largo de los años permite mantener la ficción de que la Transición se hizo sin sangre.

La estabilización democrática solo pudo llevarse a cabo porque muchos fueron asesinados en todos los rincones de España, sin que sus familiares se tomaran jamás la justicia por su mano. España es lo que es, y sus instituciones son lo que son, gracias al sacrificio de tantas víctimas mortales, de tantos miles de heridos, de tantas familias destrozadas.

A lo largo de este año 2014, hemos visto cómo nuestra clase política buscaba todo tipo de subterfugios para proceder a la excarcelación de etarras prevista en la hoja de ruta de negociación con ETA. Vía Nanclares, derogación de la doctrina Parot, acumulación de las condenas cumplidas en Francia... por una vía u otra, los etarras van siendo liberados, ante el estupor y la impotencia de las víctimas.

Y, en una culminación simbólica de esa humillación y esa injusticia, esta semana el nuevo Rey de España, Felipe VI, ha omitido toda referencia a las víctimas del terrorismo en su mensaje de Navidad, el primero que dirigía a la Nación.

Como le pasaba a Doña Francisca con Benina, nuestra clase dirigente se avergüenza de las víctimas del terrorismo, se avergüenza de aquellos cuya sangre no dudó en aceptar cuando era necesaria para proteger las instituciones. A nuestros próceres, tan contentos de haberse conocido a sí mismos, no les importa compartir escaño con proetarras, pero las víctimas son un recuerdo permanente de que hubo tiempo en que tenían que vivir de mendigar estabilidad democrática. Y ese recuerdo les incomoda, porque no pueden mantener las apariencias.

Y, como Benina, las víctimas se ven ahora expulsadas por quienes ya no las necesitan, ni las quieren a su lado. Los ingratos disfrutan de su inmerecida fortuna, mientas las víctimas se ven arrojadas a la calle, para seguir mendigando la justicia que nunca hubo verdadera intención de darles.

A veces, siento vergüenza de compartir mi Nación con cierta mala gente. Y hoy me siento, yo también, un poquito más mendigo.

CATALUÑA
El silencio de los humillados
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 27 Diciembre 2014

Vi la película por primera vez en 1945, cuando tenía 14 años. En blanco y negro. Constaba de cuatro episodios de terror sutil, desprovistos de escenas gore y, por razones cronológicas, de efectos especiales digitalizados. Se titulaba "Al morir la noche" (Dead of Night), había sido producida por los estudios británicos Ealing y, entre los cuatro directores, el del episodio que me dejó marcado con una huella indeleble fue el brasileño Alberto Cavalcanti. En ese episodio, un muñeco de ventrílocuo se rebelaba contra su amo, magistralmente interpretado por un todavía joven Michael Redgrave, y se vengaba cruelmente de quien lo explotaba. La escena era escalofriante.

El muñeco se subleva
¿Necesito explicar por qué evoco aquella ficción cada vez que tropiezo, en la realidad, con las noticias y los comentarios sobre los antagonismos entre Oriol Junqueras, que hasta hace poco tiempo dictaba el libreto del guiñol secesionista, como ventrílocuo, y Artur Mas, inicialmente resignado al papel de muñeco repetidor de textos ajenos? Súbitamente, el muñeco se subleva contra su amo, no por celos actorales sino por un quítame allá esas elecciones. Las elecciones son la clave del conflicto. Y es revelador que quienes tanto énfasis pusieron en la reivindicación del derecho a decidir, conviertan ahora las urnas en un deleznable objeto de mercadeo entre facciones ansiosas por monopolizar el poder hegemónico con todos sus privilegios.

El segundo de Artur Mas en la cúpula de CiU, Josep Rull, lo proclamó descaradamente con un cinismo afín al de los hermanos Castro y al de todos los dictadores totalitarios que se pasan el derecho a decidir por el arco de triunfo (El Mundo, 14/11):

Las elecciones tienen que hacerse cuando tengamos las fuerzas suficientes para ganar.
Oriol Junqueras piensa exactamente lo mismo y por eso exige una confrontación de fuerzas sin tardanza. Confía en que ERC todavía puede aventajar a CiU por unos pocos escaños y en que sumando los partidos menores quizá -sólo quizá- pueda alcanzar la mayoría, si no para decretar la secesión por lo menos para sacar algún provecho. Pero las encuestas le recuerdan también que esa posibilidad se aleja cada día un poco más: "La independencia pierde el apoyo de la mayoría por primera vez desde el 2012" (LV, 20/12). Información, para colmo, falsa y tendenciosa, porque ya es archisabido que el secesionismo nunca ha conseguido superar el 33% del censo electoral catalán.

Lo que el ventrílocuo frustrado no puede evitar es que el muñeco rebelde se valga de todos los resortes del poder que fue acumulando con su beneplácito para seguir el derrotero -o la derrota, en sus dos acepciones- hacia la ínsula mítica. Junqueras debería haber previsto que Mas cocinaría, con ingredientes tan tentadores como el gigantesco aparato de propaganda oficial y conchabada, las manifestaciones espectaculares y los movimientos sociales domesticados, un Partido Único, el Partit del President, a imagen y semejanza de aquel denostado Movimiento Nacional, que fusionaba a falangistas y tradicionalistas para ponerlos a las órdenes del Caudillo.

Junqueras, profesor de historia, debería haber dado una tregua, igualmente, a su obsesión por las guerras dinásticas del siglo XVIII, para estudiar a fondo los procesos recientes de insurgencia totalitaria como el que él mismo está protagonizando… aunque se niegue a reconocer públicamente su verdadera naturaleza. Una mirada retrospectiva le habría demostrado que, cuando culminan, estos procesos nunca son bicéfalos, y que una de sus cabezas rueda, literal o metafóricamente. Aquí, el Caudillo desterró a Manuel Hedilla, y en el resto del mundo Mussolini marginó a Roberto Farinacci; Perón condenó al ostracismo al coronel Domingo Mercante y, más expeditivo, Stalin liquidó a Trotski y Bujarin; Castro al general Arnaldo Ochoa Sánchez; y Hitler a Ernst Röhm.

Los secesionistas bloquean el ejercicio del legítimo derecho a decidir, que se expresa en las elecciones, y recurren a triquiñuelas que dejan al descubierto sus vergüenzas, que son muchas y de larga data. Tenemos, por ejemplo, a la ANC, hasta hace poco tiempo mascarón de proa del Partit del President o Partido Único y ahora en plena crisis de descomposición, con acusaciones entrecruzadas de fraude en sus consultas internas, consultas en que el derecho a decidir quedó hecho unos zorros.

Tarde piaste, Màrius Carol
El espectáculo que han montado los secesionistas con el Partit del President y el paraguas para las tres listas de las elecciones plebiscitarias, o con cualquier engendro que se esté gestando, ha traspuesto todas las fronteras del ridículo y se ha vuelto más impresentable de lo que ya era desde el comienzo para el escenario europeo. Quienes lo jaleaban toman distancia para no implicarse en la charlotada. El somatén mediático editorializa, súbitamente alarmado (LV, 21/12):

Desde hace largo tiempo, la política catalana vive inmersa en la incertidumbre. Los ciudadanos no tienen un conocimiento seguro y claro de lo que va a suceder. Ni siquiera muy aproximado. (…) Pero también los presupuestos están en el alero, al albur de lo que acuerden, o no, convergentes y republicanos. (…) El gasto en Sanidad estaría al nivel del de 2006; el de Bienestar, al de 2004; y el de Educación al de 2005.

A continuación, le pide al presidente de la Generalitat que demuestre su capacidad de liderazgo "y no sólo en lo relativo al proceso soberanista". Tarde piaste, Màrius Carol.

Sorpresivamente, uno de los colaboradores del somatén que hacía equilibrios entre la vía del choque y la tercera vía, reacciona frente al desbarajuste olvidando sus coqueteos con la independencia, con la confederación y con la nación de naciones para subirse al tren de otra entelequia igualmente nefasta: un Frente Popular en la España indivisa. Lo cual demuestra hasta qué punto quienes posaban de moderados pueden perder el oremus cuando descubren que han sido comparsas de unos embaucadores y optan por serlo de otros no menos peligrosos. Alucina Juan-José López Burniol (LV, 20/12):

El próximo año 2015 puede tener lugar en España una auténtica revolución democrática, si -insisto- se da a estas palabras el significado antes dicho de sustitución de un núcleo dirigente -el Partido Popular- por otro -una coalición de partidos de izquierda- dotado de una muy distinta escala de prioridades. Dada la situación de bloqueo en que nos hallamos, resulta casi inevitable. Al fin y al cabo, la esencia última de la democracia es poder echar al que manda.

El trueque del secesionismo y sus ramificaciones por el frentepopulismo refleja la escasa consistencia de los devaneos ideológicos con que nos entretienen estos formadores de opinión. Saltan de una superchería a otra sin explicar los motivos de su desengaño, dejando en la inopia a aquellos a quienes adoctrinaron con falacias.

Todavía esperamos que Josep Ramoneda, experto en hurgar las entrañas presuntamente corruptas y autoritarias del sistema, contrastándolas con las iniciativas innovadoras y depuradoras de los secesionistas y de los chicos de Podemos, arroje un poco de luz sobre los motivos por los que convergentes, republicanos y asambleístas andan a la greña y se destripan unos a otros sin misericordia, y nos revele de paso cómo repercutiría ese cainismo estrambótico en las instituciones y en los servicios sociales de una Cataluña independiente. Él se pregunta "¿Por qué callan los católicos?" (El País. 21/12), refiriéndose a los escándalos de pederastia en la Iglesia, y muchos nos preguntamos "¿Por qué calla Ramoneda?", cuando tendría tanto que desvelar acerca del maltrato que los apóstoles del secesionismo dispensan a los prosélitos que comulgaron con sus bienaventuranzas.

Disputas tabernarias
Este es el quid de la cuestión. Los ideólogos, los propagandistas y los líderes del secesionismo, subyugaron con sus falsas promesas a una tercera parte de los ciudadanos de Cataluña -no a la mayoría, pero sí a muchos-; los arrastraron a manifestaciones; les inculcaron falsas ilusiones y odios malsanos; los estimularon para que se enfrentaran con familiares, amigos, socios, clientes y proveedores; les desfiguraron su cultura; y los engañaron acerca de su porvenir económico, ocultándoles que se estaban autoexcluyendo de la Unión Europea. En síntesis: los despreciaron olímpicamente al tratarlos como borregos.

Hoy, esos mismos ciudadanos comprueban que los salvapatrias los utilizaban para organizar una factoría de usufructo familiar y asisten atónitos a las disputas tabernarias entre los candidatos a explotar el negocio. Incluso el veterano lavador de cerebros Francesc-Marc Álvaro se escandaliza al ver la torpeza con que sus correligionarios dejan al descubierto la naturaleza intrínseca del esperpento y los amonesta (LV, 22/12):

La buena gente que se ha puesto camisetas amarillas y rojas y ha hecho todas las performances que se le han propuesto, ahora no entiende qué pasa entre Mas y Junqueras. Hay un cierto desfibramiento del personal, para decirlo con una palabra cara a Pla. Desfibramiento al cual debe contribuir la última encuesta del CEO (retrocede un poco el independentismo), las ansiedades que provoca Podemos y las discrepancias en el interior de la ANC, que corrige su mensaje después de abonar la lista unitaria y ahora dice querer quedar al margen del debate sobre el tipo de candidatura que conviene más a la victoria del soberanismo.

Hay algo, sin embargo, que aún debería servir de consuelo a los secesionistas y es que la buena gente, a la que ellos movilizaron como si de un rebaño se tratara, humillándola, para así poder seguir viviendo del cuento, permanezca en silencio, abrumada por el desengaño, y no los estigmatice en clamorosas cadenas humanas y formando en un cruce de avenidas una multitudinaria V de ¡Vergüenza!

Tan miserable como despreciable
XAVIER PERICAY ABC Cataluña 27 Diciembre 2014

No digo yo que la cosa no empezara antes, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que el 14 de octubre supuso un verdadero punto de arranque. Aquel día Artur Mas convocó a la prensa en el palacio de la Generalitat para dar cuenta de sus reuniones semiclandestinas con el resto de las fuerzas políticas secesionistas tras el fallo del Constitucional suspendiendo cautelarmente la llamada «consulta» y para comunicar «urbi et orbi» que, pasara lo que pasara, el 9-N los catalanes iban a poder decidir.

Fue entonces, tal vez lo recuerden, cuando surgió aquel hombre taimado, desafiante, chulesco, sumamente mal educado, que tanto cautiva a un montón de catalanes, acaso porque ven en él la sublimación de sus reiterados fracasos o, lo que es lo mismo, la última posibilidad de pasar de la sólida realidad que les ha tocado vivir a un futuro gaseoso lleno de promesas. Lo ocurrido desde aquella fecha hasta hoy no ha hecho sino reforzar esa imagen del todavía presidente de la Generalitat. En cada una de sus intervenciones públicas, el desprecio hacia el Estado y las instituciones que de él emanan ha sido constante.

Esta semana hemos tenido ocasión de comprobarlo de nuevo a raíz del discurso navideño del Rey. Al día siguiente, junto a las cenizas de aquel antecesor suyo en el cargo que sólo soñaba, en sus años de presidente de la Generalitat, con conservar las prebendas que le correspondían como teniente coronel del Ejército español, Mas se jactaba de haber obligado al Rey a admitir que el Estado tiene «un problema de relación con Cataluña». Por supuesto, si Felipe VI no se hubiera referido para nada a Cataluña, el presidente de la Generalitat le habría echado en cara el menosprecio, la afrenta, el oprobio que semejante silencio significaba para el «pueblo catalán». O sea que el desenlace, de una forma u otra, estaba servido. Pero la mala educación de Mas —no lo olvidemos, el máximo representante del Estado en Cataluña— estuvo sobre todo en un detalle: el de reconocer que ni siquiera se había tomado la molestia de invertir 13 minutos de su tiempo en escuchar al jefe del Estado. Tan miserable, el hombre, como despreciable.

«Ya no creo en la justicia que se imparte en temas de terrorismo»
María Jesús González / Madre de Irene Villa
C. S. Macías. La razon 27 Diciembre 2014

El etarra que atentó contra Irene Villa y su madre salió ayer de prisión
En libertad el etarra García Corporales tras descontarle la condena cumplida en Francia
El Supremo rebaja a 9 años la condena a una etarra por intento de secuestro
Condenado a 50 años el etarra Fuentes Villota por intentar matar a un policía

«Siento mucho dolor. Parece que todos los beneficios son para los asesinos. ¿Y nosotros qué?»

–¿Qué ha sentido al saber que el etarra Jesús García Corporales ya está en libertad?
–Siento mucho dolor no sólo por el hecho de que salga este señor sino cualquiera de los asesinos sin haber cumplido íntegramente sus penas. Aquí no hay justicia. Es muy importante que tengamos un país con un Estado de Derecho en el que cuando alguien haga una cosa tan grave como es asesinar tenga su merecido; pero no ocurre así.

–¿Se ha planteado que puede encontrarse con él por la calle?
–En absoluto, no pienso en ellos ni un minuto de mi vida. Solamente cuando me decís que han salido. No quiero estar informada de cosas que no me interesan. Me he centrado en mi familia y mis amigos, porque ésa es la única manera de ser feliz. No estoy pendiente de quién sale o no; no quiero llevarme un disgusto. Desde que se derogó la «doctrina Parot» ya sabemos que lo que quieren es que todos estén en la calle, y lo harán más tarde o más temprano.

–García Corporales se acogió a la «Vía Nanclares» y firmó esa carta en la que se acogen a pedir perdón a las víctimas. ¿Le ha perdonado?
–No conozco a nadie de las víctimas a las que los asesinos de sus familiares les haya pedido perdón. Me parece que a Consuelo Ordóñez y a nadie más. Entre las víctimas lo comentamos y nos preguntamos a quién han pedido perdón. Desde luego a mí no me lo han pedido jamás en la vida.

–¿Cree en ese arrepentimiento?
–Creo que no. Cuando he oído las declaraciones de algunos presos, no sólo no están arrepentidos sino que creen que han hecho un acto heroico del que no se arrepienten sino que además alardean.

–¿Comparte, como han apuntado algunas víctimas, que el fallo de la Audiencia que ha llevado a nuevas excarcelaciones es una decisión más política que jurídica?
–Desde la derogación de la Parot todo lo que está pasando para que los etarras estén en la calle son decisiones políticas. Creo que es una alta política que no entendemos los que estamos aquí abajo. Ellos sabrán por qué.

–¿Considera que se ha llegado un poco tarde con algunas leyes?
–No sé si llega tarde, creo que no llega. El Gobierno tenía que haber llevado a cabo muchas cosas que no ha hecho. Las víctimas somos las que hemos perdido. Yo soy optimista pero me he dado cuenta de que en este tema no se puede ver la botella medio llena cuando no hay ni una gota de agua. Asumí hace 23 años una discapacidad, ahora asumo otra de otros.

–¿Sigue creyendo en la justicia?
–No en este tema, porque no es sólo la justicia sino una política que llega hasta la justicia. No creo en la justicia que imparten para los atentados terroristas. Si los asesinos están en la calle, si los que les ayudan están en las instituciones y les estamos pagando de nuestros impuestos. ¿Cómo voy a creer?

– ¿Las víctimas os sentís solas?
–Mucho. Gracias a Dios yo tengo una familia y mucha gente y no estoy sola, pero hay otras personas a las que les han matado a su hijo y para eso no hay consuelo. Si encima, el asesino no está en la cárcel, ¿qué consuelo va a tener? Parece que todos los beneficios son para los asesinos, ¿y nosotros qué? Estos señores estarán en sus casas con sus familias cosa que no harán otras personas a las que han quitado la vida.

–¿Su atentado se resolvió?
–Nunca se probó que fuera García Corporales el autor material. No cogieron a los que atentaron contra nosotras o no han sido condenados por ello. No hemos tenido la indemnización que ha tenido todo el mundo porque no se ha condenado a los asesinos.

 


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