AGLI Recortes de Prensa   Viernes 2  Enero 2015

España se lo juega todo al 15
EDITORIAL Libertad Digital 2 Enero 2015

Cuando Zapatero dejó el poder hace poco más de tres años nadie en su sano juicio podría pensar que en tan poco tiempo hoy, cuando comenzamos el último año y decisivo de esta Legislatura, podríamos plantearnos que la herencia que deja Mariano es todavía peor, algo inverosímil hace sólo tres años, que la del exsecretario general socialista. Tan sólo el hecho de que este debate pueda estar encima de la mesa indica el grado del desastre que ha supuesto en estos últimos tres años el liderazgo de Rajoy para el PP en particular y España en general.

La previsiones no son precisamente halagüeñas para nuestra Nación, que debe afrontar en apenas unos meses sus dos elecciones más transcendentales, las autonómicas y municipales de mayo y las generales que, en principio, serán en noviembre. Podemos afirmar que hoy mismo empieza una eterna campaña electoral que concentrará en los próximos meses toda la actividad política.

Pero incluso antes de esas dos citas podríamos encontrarnos con una noticia del mismo o mayor calado. Si el ultimátum de Junqueras a Artur Mas desemboca en la convocatoria inmediata de unas "elecciones plebiscitarias" en Cataluña --un referéndum de autodeterminación con falsa apariencia de legalidad-- España estará más cerca de la ruptura que nunca antes en siglos. Sabemos que son muchos los que no quieren ver la gravedad del desafío y que achacan estos análisis al "tremendismo" propio de la prensa. Pero los hechos son tozudos y en el escenario más que plausible de que los separatistas obtengan mayoría, como vienen haciendo en las últimos años, la secesión de Cataluña será una posibilidad real.

La crisis nacional, institucional y económica fue una herencia del anterior Gobierno, es verdad. Pero también lo es que en estos tres años de mayoría absoluta del PP que gobierna además prácticamente todas las autonomías y capitales, las cosas no han hecho más que empeorar. La enfermiza abulia de Rajoy, su inacción política y su incompetencia como gobernante han generado el caldo de cultivo idóneo para que prospere el desafío de Mas y surja una fuerza de extrema izquierda, totalitaria y liberticida como Podemos. Esta es la otra gran piedra de toque en este año electoral. Un conglomerado de lo peor de la izquierda, un nuevo Frente Popular en ciernes que, por primera vez desde los años 30 del pasado siglo, tiene opciones reales de llegar al poder.

Naturalmente no todo está perdido ni es irreversible. Hay en España alternativas a la corrupción de unos y el totalitarismo de otros. Son muchos los españoles que no se resignan y aspiran a vivir en una gran Nación de ciudadanos libres iguales. Nosotros también.

Es peligroso asomarse al exterior
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 2 Enero 2015

Los viejos trenes de pasajeros de Renfe incluían una advertencia sobre lo peligroso que resultaba asomarse al exterior, una receta que parece pintiparada para describir el estado actual de nuestro debate político, pudorosamente reducido a la discusión de algunos eslóganes tan simples como confusionarios, a un galimatías que los partidos, los viejos y los que dicen no serlo, confían que continúe manteniendo efectos electorales. Esta apuesta por el ensimismamiento, de la que Buñuel hizo una extraordinaria parodia en El ángel exterminador, parece ser uno de esos viejos vicios nacionales y nos está conduciendo a toda velocidad hacia un estado de mediocridad creciente que parece no molestar en absoluto a la mayor parte de nuestros dirigentes políticos: ¿cómo va a ser malo el clima intelectual y moral en el que ellos triunfan?

Ínfimo nivel de la discusión política
La crisis económica no fue el único legado lamentable del zapaterismo, y no lo fue porque todavía se puede considerar como más grave el análisis político que la hizo posible, la introducción de un lenguaje tan revisionista como acrítico que, tras varias décadas de democracia, pretendía reducirnos a la condición de herederos de un error histórico (la transición y la Constitución) que el “contador de nubes” pretendió arreglar con unas cuantas monsergas. Dentro de esa atmósfera conceptualmente insana era perfectamente posible defender que la economía española estaba a punto de arrebatar el liderazgo económico a las naciones centrales de la UE, o que el dinero público constituía una entidad inagotable por más que se diesen pingües premios a los recién nacidos, se dilapidasen los caudales en unos “planes E” absolutamente estúpidos, o se comprometiese el futuro apostando por una renovación energética que no íbamos a poder pagar. Con semejantes anteojeras, la crisis y el desastre era lo único que nos podía pasar.

Lo grave fue que las monsergas prendieron, Zapatero venció en una segunda legislatura, y el debate político continúa planteado en los términos surrealistas en que él lo colocó, fundamentalmente porque el PP de Rajoy no ha tenido a bien enfrentarse a ese paradigma zapaterino ni en los rótulos de los Ministerios. Considerando a Zapatero como un mal administrador, y gastando tanto o más que él, pero aceptando el campo semántico de juego que Zapatero consagró, es realmente difícil entender que el PP pretenda obtener una nueva mayoría.

¿Todo está en cuestión?
El abundante descontento de los electores lleva a dar por hecho que todo está en cuestión, olvidando que lo que ocurre es que se cuestiona todo precisamente porque no se analiza bien lo que hay que someter a revisión. En esto, la llegada de Podemos puede considerarse como una segunda taza de caldo zapaterista, como la apoteosis del cuestionamiento. El problema está en que se pretende una revisión a fondo del sistema sin explicar qué es lo que se busca, sin asomarse al exterior, sin ver cómo es el mundo en el que vivimos o sin considerar si las alternativas no podrían llega a ser peores. Da igual que se trate de un proceso constituyente, como propone Podemos, de una revisión constitucional como insiste Sánchez, o de quedarse con la que tenemos tal como apuesta el metemiedos de Rajoy. Lo importante es que no se diga, en ningún caso, para qué se ha de hacer eso, hacia dónde se pretende ir. Las grandes palabras y las que se quedan a medio decir parecen bastar.

Hemos hecho de la no discusión de las consecuencias una especie de técnica, un virtuosismo, y esta observación vale tanto para los debates constitucionales como para los asuntos mínimos. Se nos dice, por ejemplo, que la sanidad madrileña es la mejor del mundo, y a muchos, incluyendo a los Sindicatos, se les pone cara de satisfacción, pero nadie pregunta cómo o en base a qué se ha hecho el diagnóstico, dónde están las pruebas. Se prohíbe a Uber desarrollar su actividad porque molesta a los taxistas, pero nadie se pregunta si beneficia a los cuarenta millones de españoles que no lo somos: ¿para qué si ya ha dicho un juez que eso es ilegal? Lejos de nosotros la funesta manía de pensar.

La beca de Errejón
Hace unas semanas Jesús Alfaro, en estas mismas columnas, fue casi el único en poner de manifiesto que el verdadero escándalo en la beca tramposa de Errejón no estaba tanto en la forma pícara, y relativamente común, en que se disfrutaba, sino en el hecho asombroso de que la Junta andaluza destinase unos cientos de miles de euros a un supuesto programa de investigación tan falso como una moneda de cuatro euros. Claro que aquí se puede llamar investigar a cualquier cosa, pero es escandaloso que con la escasez de recursos públicos destinados a nuestros investigadores de verdad, a matemáticos, biólogos, físicos o ingenieros, se permita que unos bandoleros se disfracen de investigadores trabajando sobre el enjundioso misterio de la “desmercantilización de la vivienda”, eso sí, en Andalucía, convertida ahora en la verdadera corte de los milagros. Apenas ni una línea se ha destinado a tan despepitante propósito investigador, muy bien nutrido con la generosidad que propicia la pólvora del rey en tierras malagueñas, y al bueno de Errejón se le aplicará, sin duda, lo que conviene a los altos intereses de la política y la universidad no vaya a ser que alguien se entere.

En medio de este clima de flojera intelectual se puede hacer de todo, milagros con el Ébola, auditar la deuda y no pagarla, o poner a todo el mundo sueldo de director general, no otra cosa es el “soberanismo” que esta vez no viene de Jauja sino de Caracas.

Primero sentencia, luego juicio
Los políticos se permiten el lujo de pasarse el principio de contradicción por la entrepierna en cada una de sus deposiciones. Ver, días atrás, a Cesar Luena, uno de los nuevos mandamases de Sánchez, poner como chupa de dómine a la UE por su indigno e inhumano trato a los griegos ha sido todo un espectáculo porque apenas puede comprenderse como un socialista español puede haber olvidado tan pronto y con tanto interés lo que significa estar en la UE o pertenecer al euro. Más grave aún es que este Luena no sepa que los políticos no debieran estar para decir chorradas, un terreno en el que difícilmente podrán competir con la nueva izquierda sin complejos que aspira a todo, sino para analizar los problemas y decir cuáles serían, de estar en su mano, sus soluciones. Luena sabe que es peligroso asomarse al exterior y abandonar los tópicos protectores, la industria de la buena conciencia de la que ha hablado Paul Theroux, pero el hecho es que los ciudadanos tal vez estén empezando a preguntarse para qué sirven los políticos cuando no saben hacer otra cosa que repetir bobadas.

Las élites no solo reflejan, pueden empeorar
No sabemos lo que nos deparará este año largo en el que nos adentramos, pero hay dos realidades que son muy claras. La primera es que muchos españoles han empezado a no entender las ventajas de votar al PP frente al PSOE, o viceversa, y que la culpa de eso no la tienen precisamente los electores. La segunda es que si los partidos no luchan por romper el cerco de niebla en el que se han colocado, pueden acabar siendo desplazados no por políticos mejores, sino por quienes profesan una versión más extrema de sus propios vicios, más desenvuelta y mejor envuelta con la jerigonza de moda que ellos han consagrado.

Ello nos lleva a dos consideraciones finales. La primera es que es realmente inverosímil que este cuadro decadente pueda ser enderezado por una de sus figuras más emblemáticas, por mucho que la púrpura del poder ennoblezca las imágenes. La segunda es que cuando las minorías abdican de sus responsabilidades no sólo dejan de representar fielmente a quienes los legitiman con su voto, sino que se vuelven particularmente eficaces para ahondar en la desdicha colectiva.

Tenemos apenas doce meses para resolver estas cuestiones, pero habrá que echarle valor y asomar la cabeza al exterior.

Los independentistas muestran sus carencias en sus críticas a Podemos
EDITORIAL El Mundo 2 Enero 2015

CUANTO MÁS crece Podemos en los sondeos, más numerosos y variados son quienes convierten al partido de los círculos en la diana de sus críticas. Y cuantos más son quienes hacen de este nuevo partido el centro de sus obsesiones, mayor es el interés y predicamento que éste consigue en los estudios demoscópicos. El fenómeno es curioso porque los mismos partidos y dirigentes que culpan a los medios del empuje de Podemos son luego los primeros en hacerle una valiosísima publicidad, al convertir a esta formación en protagonista de sus declaraciones.

El último partido en expresar su fijación con Podemos ha sido Esquerra Republicana de Catalunya, cuyo presidente, Oriol Junqueras, le dedicó ayer casi por entero su primera entrevista de 2015. En sus declaraciones el líder republicano no sólo asumió el vocabulario acuñado por Pablo Iglesias, al referirse a la «casta» que -a su decir- «controla las estructuras del Estado español», sino que dio pábulo a la posibilidad de se convierta en el próximo presidente del Gobierno con tal de alertar al electorado separatista de que España, «mande quien mande», siempre negará un referéndum de independencia a Cataluña. Con estas declaraciones ERC trata de amarrar el voto independentista y de mantener el debate político catalán centrado en el proceso de secesión, temeroso de que Podemos cuele otras cuestiones. Además, abunda en el frente abierto por el dirigente de la CUP, David Fernández, quien hace una semana emplazó a Pablo Iglesias a pronunciarse sobre el denominado derecho a decidir. Si el éxito de un líder político se midiera por el número de críticas y enemigos que concita, bien satisfecho podría sentirse el eurodiputado Iglesias, pues él sólo ha conseguido despertar temores y recelos en todos los partidos, aunque por distintas razones.

El éxito de Podemos en las encuestas radica básicamente en que, con un mensaje muy populista, sus dirigentes han conseguido catalizar a su favor el malestar por la crisis y el desencanto hacia los partidos políticos tradicionales. Pero aun admitiendo que los sondeos indican que este partido llegó para quedarse, es evidente que el empeño que ahora manifiestan también ERC y CUPen dar protagonismo a Iglesias responde a sus propias flaquezas.

Es verdad que el secretario general de Podemos arremetió con tino contra ERC y la CUP en su reciente mitin en Barcelona, cuando aseguró que él «jamás le daría un abrazo a Rajoy ni a Mas». Pero también es cierto que ambas formaciones respiran por la herida, porque siendo representantes de la izquierda independentista no han dudado en hacer de costaleros de la derecha nacionalista que representa CiU; e incluso, en el caso de ERC, de apoyar al Govern hasta el punto de vetar la comparecencia de Artur Mas en la comisión de investigación sobre la corrupción que se sigue en el Parlament.

Podemos es un partido de corte radical y de izquierdas, sin estructura territorial reconocible, sin un programa definido, y con un mensaje tan demagógico como maleable, tal como demuestra su reciente renuncia a algunas de sus ocurrencias más rompedoras, como la renta básica o la renuncia a pagar lo que llaman «deuda ilegítima». Sobran motivos pues para criticar sus ideas y refutar sus propuestas, principalmente porque son desastrosas e inaplicables. Es lógico que el PPcritique estos aspectos, que IUsienta temor ante su fuga de votantes a la nueva formación y que Pedro Sánchez tema el tirón de Pablo Iglesias. Pero cuando los independentistas basan sus ataques a Podemos en su falta de pedigrí nacionalista tan sólo ponen de manifiesto su pobreza programática.

Balón de oxígeno para las autonomías
Bernardo Fernández Cronica Global 2 Enero 2015

Una de las asignaturas pendientes del gobierno Rajoy es la financiación de las Comunidades Autónomas. De hecho, el sistema debería haberse revisado en 2014, pero el ministro Montoro no lo consideró oportuno y sin demasiadas explicaciones dio carpetazo al asunto. No cabe duda que afrontar el problema es lo mismo que abrir la caja de los truenos, pero postergarlo no es la solución, así lo que se consigue es encabritar al personal, máxime cuando en las consejerías de economía de las CCAA están con el agua al cuello.

La culpa es muy negra y no la quiere nadie, pero a estas alturas se hace muy difícil cuantificar quien tiene más responsabilidad en la generación del inmenso agujero económico que es la financiación de las CCAA. Es cierto que los medios actuales son insuficientes y que los gobiernos autónomos han de mantener los servicios básicos tales como sanidad, educación, seguridad políticas sociales. Pero también debemos admitir que una parte de las dificultades financieras de algunas comunidades tienen su origen en una gestión irresponsable. Tal vez parezca inverosímil, pero en nuestro país se ha pagado la construcción de aeropuertos sin aviones, bibliotecas sin libros, ciudades de la cultura vacías y otras bagatelas diversas, y lo más sangrante: no ha habido una sola dimisión por todos esos desaguisados.

Con este panorama de fondo el ministro Montoro y aunque haya sido a regañadientes, no ha tenido más remedio que coger el toro por los cuernos. En principio se había especulado con la posibilidad de conceder una quita a las comunidades, pero eso no gusta en Bruselas, de ahí que se haya optado por un sucedáneo como es suprimir los intereses de los créditos.

De hecho, el problema no estriba tan solo en la carga que representan los intereses que es, en sí misma, una buena mordida a las cuentas públicas —casi 9.000 millones de euros al año entre todas las comunidades—, sino los vencimientos de deuda que merman la tesorería y dejan a estas administraciones sin recursos suficientes con los que afrontar los gastos más perentorios.

Según cálculos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Las comunidades autónomas deberán abonar a las entidades financieras unos 35.000 millones de euros por los vencimientos de la deuda pública previstos para 2015. Asimismo el ministerio calcula que deuda de las administraciones autonómicas con los bancos y fondos de inversión anda sobre los 232.000 millones de euros, es decir lo que viene a ser el 22% del PIB de nuestro país.

Cataluña es la comunidad autónoma que más pagos por deuda tiene que afrontar en este 2015, unos 7.676 millones de euros. Por el contrario Madrid ostenta la menor carga financiera de todas las comunidades: solo un 13,3% del PIB, frente al 22% de media del conjunto de las otras comunidades.

Desde que nació la España de las autonomías, éstas, y de manera creciente, se fueron financiando a base de préstamos y emisiones de bonos y letras. Si bien es cierto que cada vez las condiciones de los mercados eran más draconianas. Pero en 2012 y con los mercados prácticamente cerrados tuvieron que acudir al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), la ventanilla que les abrió el Estado para ofrecerles liquidez en unas condiciones ventajosas. Aunque algunos gobiernos autonómicos hubieran preferido seguir como antaño por aquello del orgullo patrio. Eso de que Madrid nos eche un cable en determinados casos es poco menos que un ultraje.

Sea como sea, la realidad es que el Gobierno ha puesto en marcha nuevas medidas de liquidez, mediante las cuales ofrecerá créditos gratis, al 0% de interés, durante 2015 a las CCAA. De esa forma las autonomías podrán refinanciar los créditos que tenían concedidos sin ningún coste adicional. Esta medida, ideada por Hacienda, liberará presión de la tesorería de las comunidades, ya que ahorrarán unos 5.811 millones en gastos financieros.

De todos modos, conviene recordar que el problema de fondo sigue existiendo: se necesita un sistema de financiación para las CCAA, sólido, sostenible equitativo, justo y eficaz. Las medidas ahora adoptadas están bien, pero no dejan de ser un parche y no se puede vivir con parches toda la vida.

Principios y putrefacción
Rafael Arenas Cronica Global 2 Enero 2015

El Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) ha iniciado el proceso para sancionar a las emisoras de radio que se negaron a emitir información sobre el 9N. El tema es mucho más grave que lo que indica la escasa relevancia que le están dando los medios de comunicación y los responsables políticos.

¿Cuáles son los antecedentes de este procedimiento sancionador del CAC? En septiembre la Generalidad convocó una consulta sobre el futuro político de Cataluña para el 9 de noviembre, consulta que fue suspendida por el Tribunal Constitucional (TC). Ante esta suspensión la Generalidad decidió convertir la consulta en un proceso de participación ciudadana sui generis que, en realidad, volvía a ser la consulta original pero con otro nombre. El TC suspendió también este proceso de participación ciudadana por providencia de 4 de noviembre que conviene recordar en su tenor literal, al menos en parte. Dicha providencia entre otras cosas acordaba "suspender los actos impugnados (desde el 31 de octubre de 2014, fecha de interposición del recurso, para las partes del proceso y desde su publicación en el Boletín Oficial del Estado para los terceros), así como las restantes actuaciones de preparación de dicha consulta o vinculadas a ella".

La decisión del TC no impidió que la Generalidad continuara con la preparación de dicho proceso de participación que, como es sabido, efectivamente acabó teniendo lugar. Como consecuencia de ello, se han iniciado actuaciones judiciales tendentes a determinar si se ha incurrido en un delito de desobediencia por parte del presidente de la Generalidad y dos consejeras al no haber acatado la providencia del TC. También podrían haberse cometido otros delitos (prevaricación y malversación de caudales públicos) pero ahora no nos detendremos en ellos.

En el marco de la preparación de la consulta del 9N, la Generalidad se dirige a ciertos medios de comunicación para ordenarles que emitan publicidad institucional en relación al mencionado proceso. Algunos de estos medios se negaron a hacerlo con el argumento de que la providencia del TC prohibía la realización de actuaciones de preparación de cara al 9N, por lo que, según entendían dichos medios, la emisión de tal publicidad podría implicar la desobediencia a la resolución del TC con las consecuencias que ello pudiera tener.

Como puede apreciarse, nos encontramos ante una situación atípica: los ciudadanos -aunque el requerimiento de la Generalidad vaya dirigido a una empresa al final son siempre personas quienes han de tomar la decisión de cumplirlo o no- se ven enfrentados a órdenes contradictorias provenientes de diferentes poderes públicos. Se trata de una situación que los responsables políticos han de evitar, pues el enfrentamiento de dos legalidades que pretenden operar sobre las mismas personas coloca a éstas en la tesitura de decidir cuál es la legítima y este tipo de conflictos conduce inevitablemente a la destrucción del Estado de derecho.

Desde la perspectiva de la legalidad formalmente vigente en Cataluña la explicación de las causas de esta anomalía son claras: el presidente de la Generalidad y su Gobierno desobedecieron al TC -el propio consejero Homs, tras conocer la providencia del TC, dijo que mantenían el proceso participativo y que lo hacían con todas sus consecuencias-.

Ante esta desobediencia el Gobierno español decidió no actuar con antelación a la consulta, lo que permitió que durante unos días se hiciera expreso y visible que una administración estatal, la Generalidad de Cataluña, no se consideraba vinculada por el ordenamiento que nos rige a todos. Entiendo que no era sencillo evitar esta clara y expresa rebelión de la Generalidad. De hecho, tras el 9N algunos alabaron esta inacción pues acabó propiciando una derrota para el independentismo, toda vez que la exigua participación puso de manifiesto que no es mayoritario entre los catalanes.

Pero, frente a esta perspectiva pragmática, debemos recordar que en la política de vez en cuando han de ser también considerados ciertos principios. Ejerciendo de cínico diría que quizás no todas las semanas, pero sí en alguna ocasión se hace preciso tenerlos en cuenta, aunque nada más sea para evitar males mayores. Ahora vivimos uno de esos momentos.

Tal como indicaba, al no haber impedido el Estado la preparación y realización del 9N, los ciudadanos, y en particular los funcionarios, se vieron enfrentados a una disyuntiva inadmisible: o bien acataban las instrucciones recibidas por parte de la Generalidad (que es un poder público) o bien cumplían con lo establecido por el TC (que también es poder público). Esta dimensión del 9N ha sido escasamente considerada y creo que hubiera debido ser atendida, al menos desde un punto de vista comunicativo. Recuerdo a la vicepresidenta del Gobierno advirtiendo a Artur Mas de que no hiciera incurrir a los funcionarios catalanes en la comisión de actos ilícitos. cuando el mensaje necesario era, y sigue siendo, el de que el Estado español respaldará a los funcionarios y ciudadanos que cumplan con la ley.

Lamentablemente, esta idea no se explicitado con la necesaria contundencia, y de este modo, la Generalidad, una vez constatado que es posible incumplir la ley, la Constitución y las decisiones de los tribunales, parece decidida a dar el siguiente paso: sancionar a quienes las cumplen. No es un acto de mera arrogancia, sino que es siniestramente coherente con el explícito proceso de secesión que ya ha comenzado en Cataluña: se trata de indicar con rotundidad que la única ley auténticamente vigente es la que proviene de la Generalidad, reconvertida de órgano constitucional español en protoadministración de un nuevo Estado. De hecho, la imposición de sanciones a quienes se negaran a cumplir con lo establecido por la administración del nuevo Estado ya ha sido propuesta explícitamente por la decana de la Facultad de Economía de la UB en un artículo de hace unas semanas y es un paso necesario para conseguir la efectividad del nuevo orden que se está configurando.

La noticia de la imposición de sanciones a las emisoras que se han negado a desobedecer la providencia del TC que acordaba suspender la preparación del proceso participativo del 9 de noviembre es muestra de que tolerar la celebración de dicha consulta va más allá de haber forzado al independentismo a quemar un cartucho que no le ha permitido alcanzar las cotas de participación que necesitaba para haber dado un paso decisivo hacia la secesión. Al haberse hecho explícito que la Administración catalana dispone de la capacidad para actuar contra el ordenamiento vigente se ha profundizado en la disolución del Estado en Cataluña, algo que se viene fraguando desde hace años. Por ello es necesario que el Estado reaccione ante esta nueva provocación y ponga en marcha los mecanismos políticos y jurídicos necesarios para evitar que los ciudadanos sean cuestionados por haber cumplido con la ley y la Constitución. De no hacerlo así, la putrefacción del Estado de derecho continuará avanzando, igual que la gangrena en un miembro infectado. Y todos sabemos que tal putrefacción, si alcanza determinado punto, solamente puede ser atajada mediante la amputación del miembro afectado.

Quizá no se pueda gobernar tan solo con principios, pero olvidarlos no trae buenos resultados a largo plazo. Sin principios tan solo nos quedará el nauseabundo olor de la putrefacción.

Quizás se entienda ahora la importancia de la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña del pasado día 22 de diciembre en la que admitió a trámite la querella contra Artur Mas y dos consejeras por haber desobedecido la providencia del TC de 4 de noviembre. ¿Nos damos cuenta de que de no haber sido admitida hubiera resultado expreso que el Estado español no solamente carece de capacidad para impedir que la Generalidad actúe fuera del marco legal sino que ni siquiera la tiene para sancionar dicha ilícita actuación? Cuando algunos plantean la inconveniencia de llevar a los tribunales la actuación de las autoridades que organizaron el 9 de noviembre no puedo más que pensar que quienes así hablan o bien pretenden aunque sea secretamente la secesión de Cataluña o bien carecen del más mínimo sentido olfativo.

Grecia: un desastre del gasto público, no de la usura
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 2 Enero 2015

Pocos cuestionan que la necesidad de cumplir con la palabra dada: si uno se endeuda, la buena fe obliga a devolver el dinero prestado. El gobierno griego tampoco debería constituir una excepción al respecto (a menos que uno abogue por la libertaria alternativa de abolir el Estado y repudiar todos sus compromisos adquiridos) y, de nuevo, parece que la buena fe para con sus acreedores obliga a que el Estado griego amortice sus obligaciones financieras.

Sucede que, al entender de muchos, el Estado griego ha sido víctima de unas condiciones de financiación usurarias que justificarían por sí solas un repudio legítimo de la deuda. Una cosa es defender que se honre la palabra dada y otra muy distinta que se honre bajo inaceptables condiciones de usura: tipos de interés del 10%, del 20% o del 40% resultan absolutamente injustificables y, por tanto, Grecia haría bien en impagarlos.

¿Usura contra Grecia?
Dejando de lado lo problemático que resulta trazar una frontera entre intereses usuarios y no usurarios incluso para quienes defienden semejante distinción (ser un deudor de alto riesgo es lo que tiene: que nadie se fía de ti y apenas tienes prestamistas que quieran financiarte), el argumento anterior presenta una dificultad que suele soslayarse con frecuencia: los tipos de interés que se han estado pagando entre 2010 y 2014 por la deuda pública griega en el mercado secundario han sido del todo irrelevantes para configurar su actual situación presupuestaria. Básicamente porque Grecia lleva desde 2010 fuera de los mercados (salvo por un par de emisiones menores en 2014): los altos tipos de interés (del 10%, 20% o 40%) que se han llegado a pagar en el mercado secundario por la deuda griega sólo reflejaban el precio de altísimo riesgo al que se intercambiaban la deuda griega quienes ya tenían deuda griega, no el precio al que se financiaba el gobierno griego.

Para conocer el tipo de interés medio que ha soportado el Estado griego durante los últimos años hemos de poner en relación los pagos anuales de intereses del Estado griego con el stock total de su deuda pública. Si lo hacemos, descubriremos que desde 2006 no ha habido ningún año en el que Grecia haya pagado por su deuda más de un 4,5% de intereses, lo que difícilmente podremos calificar como usura (sobre todo teniendo en cuenta que la inflación media desde 2006 ha sido en Grecia del 2%, de modo que el Estado griego no ha pagado nunca desde ese año tipos de interés reales superiores al 2,5%). De hecho, en el año 2013, Grecia pagó sobre su deuda pública unos tipos de interés nominales inferiores a los de Alemania: en concreto, el 2,28% frente al 2,62% de sus vecinos del norte.

Fuente: Eurostat

 No sólo eso: en 2013 Grecia fue el cuarto país de la Eurozona que abonó menores intereses sobre su deuda pública:

Fuente: Eurostat

 En realidad, y pese al bombardeo propagandístico sobre la deudocracia usuraria contra Grecia, a nadie deberían sorprenderle tales resultados: en 2012, la Troika aprobó un segundo plan de rescate para Grecia, por el cual el Estado griego obtuvo unas condiciones de financiación extremadamente beneficiosas.

Así, de los 355.000 millones de euros en deuda que mantenía Grecia a finales de 2011, 205.000 millones estaban en manos privadas y 150.000 en manos públicas (55.000 millones en posesión del BCE y unos 100.000 millones en manos de la Troika, fruto del primer rescate). Los 150.000 millones en manos públicas fueron refinanciados a Euribor+1,5%, mientras que los 205.000 millones en manos privados fueron reestructuradas del siguiente modo: primero se aplicó una quita del 53,5% a los acreedores privados, reduciéndola a poco más de 95.000 millones de euros; de esa suma, 30.000 millones fueron recomprados por la Troika (a través del EFSF) y al resto se les rebajaron los intereses al 3,65%. Además, la Troika le extendió una línea de crédito adicional de 100.000 millones de euros para que no tuviera necesidad de financiar sus déficits emitiendo deuda en el mercado (línea de crédito también a Euribor+1,5%): así, desde comienzos de 2012 Grecia ha emitido cerca de 70.000 millones de euros adicionales (en buena medida para recapitalizar a la banca griega, a la que quebró, como a la chipriota, la quita del 53,5% sobre la deuda pública griega), elevando su deuda pública total desde los 250.000 millones en que la dejó este segundo plan de rescate hasta 320.000 millones a finales de 2013. De esos 320.000 millones, el 80% se halla en manos de la Troika, esto es, del Banco Central Europeo, del FMI y de la Comisión Europea.

Difícilmente podrán tildarse estas condiciones de usurarias: más bien, como hemos visto, han logrado para Grecia un tipo de interés medio por debajo del de casi cualquier otro país de la Eurozona y, por supuesto, de cualquier otro deudor privado europeo. Pero, entonces, ¿a qué se debe que la situación financiera del Estado griego sea tan horrorosa? Pues no a los inexistentes altos tipos de interés, sino a la muy existente y muy gigantesca deuda pública griega.

El principal culpable: el desbocado gasto público
El volumen total de deuda pública griega se situaba, ya antes de la crisis, por encima del 250% de los ingresos públicos, frente al 150% que representaba en Alemania. Pero después de la crisis rebasó el 350% y llegó a superar el 400% en el año 2011 (nótese que el rescate y las medidas de “austeridad” se comienzan a imponer a Grecia en el año 2010, y en 2009 ya tenía un volumen de deuda pública completamente desbocado).

 

Fuente: Eurostat 

Como consecuencia de este enorme volumen de deuda pública (y no como consecuencia del alto interés medio pagado), su factura anual de intereses superó, hasta el segundo rescate a Grecia, el 12% de los ingresos públicos (en 2011, antes del rescate alcanzó, el 17%). Compárenlo con Alemania, cuya factura de intereses se ha mantenido estable en el 6% de todos los ingresos públicos.


Fuente: Eurostat

 Por tanto, insisto, el problema no es el tipo de interés medio que abona Grecia por su deuda pública, sino el altísimo volumen de esta deuda pública. Matemáticas básicas: el 50% de 10 euros son 5 euros y el 1% de mil millones de euros son 10 millones; que el tipo de interés sea bajo no garantiza que tu factura en intereses sea baja si debes muchísimo dinero.

En este sentido, la responsabilidad de la situación financiera griega les corresponde a quienes gestaron su elevadísimo volumen de deuda: es decir, a los políticos griegos y a todos aquellos que aplaudían con las orejas las políticas de endeudamiento público (antes y después de la crisis). El grueso de la deuda pública griega se emitió antes de que Grecia fuera rescatada por la Troika: en concreto, el 90% de la deuda pública griega del año 2010 había sido emitida antes de 2010. Ni siquiera es posible inculpar a las políticas de presunta austeridad del deterioro de la solvencia de Grecia por haber provocado un hundimiento de la actividad económica y de los ingresos públicos: aun cuando el Estado griego hubiese conseguido mantener el nivel de ingresos públicos del año 2007 (objetivo complicado en medio de una crisis económica como la actual), el peso de la deuda pública en 2011 habría sido equivalente al 391% de los ingresos (frente al 403% que realmente fue y frente al 180% de Alemania) y el peso de los intereses en estos ingresos habría sido del 15,8% (frente al 17,1% que realmente fue y al 5,8% de Alemania).

No: Grecia no quebró por la Troika y Grecia no está financieramente contra las cuerdas por la Troika. Grecia estaba financieramente contra las cuerdas por esto:

Fuente: Eurostat

 Si bien Alemania estabilizó el gasto real por habitante (esto es, descontando la inflación) entre 1996 y 2007, Grecia lo disparó más de un 60%, sufragando gran parte de esa brutal expansión del gasto público en la emisión de deuda. Desde 2010, los recortes en los desembolsos públicos han logrado corregir semejante megalomanía estatal y regresarla a una senda sostenible (de hecho, Grecia alcanzará superávit primario en 2014 y, si no nos mienten más en sus estadísticas, el déficit no superará el 3%); pero por desgracia todo apunta que los próximos gobiernos griegos (ya sean de la oligarquía oficialista de Nueva Democracia o del aspirante a nueva oligarquía de Syriza) tratarán de incrementar nuevamente el gasto público regresándolo a la senda de insostenibilidad.

Por eso, el Estado griego jamás debió ser rescatado por los contribuyentes europeos: no sólo se ha trasladado ilícitamente una gran cantidad de riesgo a los hombros del ciudadano medio europeo, sino que además se ha terminado protegiendo a la oligarquía (y neo-oligarquía) griega de las consecuencias de su propia irresponsabilidad proestatista y liberticida. Lejos de aprender la lección, han conseguido endosar las culpas del desastre que ellos engendraron a la Troika: la solución a sus problemas, nos dicen ahora, no es la austeridad de la Troika, sino volver a incrementar masivamente el gasto público. Es obvio, pues, que no han entendido nada y que están deseosos por volver a las andadas: sólo por eso, repito, jamás debieron ser rescatados con el dinero de todos los contribuyentes europeos.


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Javier Barraycoa: "El nacionalismo es una religión secularizada"
El profesor universitario y escritor Javier Barraycoa (Barcelona, 1963) acaba de lanzar una nueva novela, 'El último catalán' (Editorial Estella Maris), una sátira distópica que traslada al lector a una hipotética futura Cataluña independiente. El doctor en filosofía explica a CRÓNICA GLOBAL las principales motivaciones que le han llevado a escribirla.
Sergio Fidalgo Cronica Global 2 Enero 2015

El protagonista de 'El último catalán' es un catalán que se siente español y ama el castellano. ¿No es demasiado políticamente incorrecto para la actualidad?
Bueno, el protagonista es un viejo payés de los Pirineos que de mozo pasó por el seminario de Barcelona y, decepcionado, huyó al de Toledo. Para él no hay fronteras sino ansia de conocer y amar. Su experiencia castellana le abre alma no se la cierra. Podría decirse que es la vida de un hombre sencillo que se encuentra en un mundo destrozado los la casta política nacionalista. Se encuentra en una Cataluña independiente “descatalanizada” donde parece no tener lugar ni él ni su familia.

"¡Cuántas veces la virtud extrema esconde un alma muerta!". Esta frase alude a un todopoderoso ministro de la Cataluña independiente. ¿A quién se la aplicaría en la Cataluña actual?
Se podría aplicar a toda la casta nacionalista. Siempre, los representantes de ideologías falsas deben compensar su carencia de razones con una apariencia de “superioridad moral” sobre sus enemigos. Ya a Robespierre, uno de los mayores asesinos de la historia, le llamaban el “incorruptible”. Nuestro protagonista fuma, bebe y come chorizo cuando todo esto ya lo han prohibido en la Cataluña independiente. El “puritanismo” es una de las manifestaciones de querer presentar una ideología arcaica, el nacionalismo, como algo ultramoderno.

En la obra habla del papel de la jerarquía de la Iglesia Católica. ¿Cree que ha colaborado en el avance del independentismo en la sociedad catalana?
En la novela surgen curas santos y sencillos, otros un poco atontados y otros que confunden el nacionalismo con la “religión verdadera”. En la realidad, por desgracia, hemos de reconocer que de estos últimos hay demasiados en Cataluña. En la medida que algunos eclesiásticos, especialmente con cargos relevantes, han decidido que la política es más importante que la religión, han abierto de par en par las puertas al nacionalismo. No podemos olvidar que el nacionalismo es una religión secularizada.

Por cierto, hay una referencia muy ‘española’ al monasterio ‘patriótico-catalán’ de Montserrat, que no es conocida por el gran público. ¿Nos la podría detallar?
Bueno, casi nadie sabe que el Monasterio de Montserrat desde los Reyes católicos, durante cuatro siglos dependió del Monasterio de Benedictinos de Valladolid. Durante ese tiempo una parte muy importante de monjes y abades fueron castellanos. Tras las desamortizaciones del siglo XIX, la Abadía quedó desolada. Entonces pasó a depender -y aún hoy es así- de una Abadía italiana. Hasta los independentistas de Montserrat dependen de otro monasterio.

Artur Mas, Oriol Junqueras, los Pujol salen mencionados. Pero no recuerdo a Joan Herrera. ¿Descuido nuestro o suyo?
Joan Herrera tuvo sus días de gloria, pero ya han acabado. En los próximos meses o ciclos electorales ICV sufrirá el vértigo de la desaparición. Podemos le arrebatará un espacio político vital para su supervivencia. No creo que a Herrera le pudiera quedar un papel relevante en una Cataluña independiente. Vamos a vivir un terremoto político y muchos van a caer. De hecho en la novela a Junqueras se le denomina “el Breve”. Muchos que en la historia iniciaron procesos políticos de envergadura fueron devorados por los mismos.

En un pasaje de la obra el protagonista asegura que: "No hay que dialogar con el maligno". ¿Quién sería el maligno en la Cataluña del 2015?
En su momento fue Pujol, engañó “dialogando” a todo el mundo, a gobiernos centrales, a empresarios, a catalanistas no independentistas. Ahora le toca a Artur Mas. Lo más terrible es que Mas no cree en el independentismo. No hay nada peor que intentar dialogar con alguien que ni siquiera cree en las tesis que defiende. Sólo hay una cosa peor que engañar a millones de personas, es engañarse a sí mismo.

Su descripción de la futura República Catalana es casi una distopía, una sociedad opresiva y agobiante, sin casi libertades individuales, muy alejada de la que nos venden Carme Forcadell y Muriel Casals. ¿Ve así a una hipotética Cataluña independiente?
Basta con leer la historia. Todo proceso de ruptura o grave crisis política pasa por fases de control social, de sospecha continuada, normativizaciones de la realidad. Lo más trágico de una Cataluña independiente sería la purga no sólo de los no nacionalistas, sino especialmente entre los propios nacionalistas. Un partido burgués como CiU tendría los días contados en una república independiente, sería devorado por los partidos radicales.

¿Se ha inspirado en el ‘1984’ de Orwell?
Sin lugar a dudas la novela es una distopía estilo Orwell, pero también bebe de otras. La gran diferencia es que toda ella está escrita en clave de humor. El lector no parará de reírse, aunque entre risa y sonrisa uno encuentra reflexiones y no le queda más remedio que pensar en cómo sería realmente esa Arcadia que nos proponen unos descerebrados.

En el libro se intuye que usted tiene querencia por las tradiciones. ¿Cree que en la Cataluña de Artur Mas se respetan, o se reinventan?
El nacionalismo se cobija en falsas tradiciones. Ningún nacionalista sería capaz de vivir en una Cataluña tradicional como la de nuestros bisabuelos. Su defensa de la historia y las tradiciones solo se sostiene en la medida que falsean la historia. Las “tradiciones inventadas” como instrumentos de legitimación política es un tema que ya trató magistralmente Eric Hobsbawm.

Una de las constantes en la trama de la novela es el papel preponderante de los musulmanes en la Cataluña del futuro, y su relación con los independentistas. ¿Ficción o realidad?
Me remito a lo que dijo el cirujano Sami Karray, militante tunecino del laicismo político, del feminismo y de la democracia, cuando hace unas semanas dictó una conferencia en la Casa de Cultura de Gerona sobre islam e islamismo. Para sorpresa de los asistentes, dijo: “Los catalanes lo pagaréis muy caro. [...] Os empeñáis en hablar de tolerancia y de derechos humanos a los que no quiere oír hablar de tolerancia ni de derechos humanos”.

Lo de la prohibición de comer chorizo y embutidos en general, díganos que no va en serio...

Si hace veinte años me hubieran dicho que se iba a prohibir fumar en determinados lugares no me lo hubiera creído, tampoco la prohibición de los toros, y tantas prohibiciones que nos han caído encima en los últimos años. Antes hablábamos del puritanismo... todo es posible. En la novela la prohibición del chorizo es como pago político a los musulmanes gracias a los cuales se ha conseguido la independencia.

Su preocupación por el nivel de la educación es uno de los temas principales de esta obra. ¿Cómo definiría el sistema de enseñanza catalán actual?
En treinta años, los catalanes hemos pasado de ser uno de los pueblos de España con un nivel educativo más alto, junto a las Vascongadas, a tener un verdadero desastre de sistema educativo. Todo ello se debe a varios motivos: politización de la educación, entrega de la misma a las tesis de pedagogos que nunca han pisado un aula, endogamia provocada por la transferencia de competencias, que impide la circulación de los mejores maestros por el todo el Estado.

Sin desvelar el papel que le otorga usted a Andorra en la trama, ¿por qué cree que hay tanta querencia por este pequeño país entre algunos ‘padres de la patria’ catalana?
Andorra tiene el tamaño ideal para mantener relaciones informales. Todo el mundo se conoce, todo el mundo se protege. A los Pujol no les costó mucho encontrar testaferros y defensores. Andorra es una Arcadia en la que sueñan muchos independentistas.

Para José Casademunt, el protagonista, un catalán que ama España, Barcelona es ‘Babilonia’. ¿No lo es también para cierto independentismo de base rural? ¿O considera que Barcelona ya se ha perdido para la causa española?
Es indudable que sociológicamente, desde el siglo XIX, Cataluña ha quedado fracturada entre la Cataluña profunda y rural y la costera e industrial. Barcelona siempre ha representado esa Barcelona cosmopolita y antitradicional. El gran éxito del catalanismo fue que los “vigatans”, la gente de la Cataluña interior, impulsó el movimiento de la Renaixença. Creyeron que llevaban la tradición a la Barcelona ‘pecadora’, pero Barcelona transformó el catalanismo en nacionalismo. Barcelona no es de nadie y es de todos. Nunca se entregará al nacionalismo y nunca se entregará al españolismo. Es evidente que Barcelona y su cinturón decidirán el futuro de Cataluña.

Su obra, que pretende ser una sátira de la Cataluña oficial, tiene momentos de notable comicidad. Pero al final también causa cierto desasosiego ante un panorama que, por muy esperpéntico, no deja de ser descorazonador. ¿Pretendía solo hacer reír o buscaba algo más?
Creo que la novela acaba con una gran sorpresa y mucha esperanza. Lo que ocurre es que en la historia real, las cosas no van al ritmo que muchos deseamos. El humor es el instrumento más eficaz contra los totalitarismos que te han arrebatado la posibilidad de argumentar o te han expulsado del espacio público. En este caso el humor es para hacer reflexionar y para desdramatizar el secesionismo. Los nacionalistas han hecho del drama su principal arma emocional y ello se ha de combatir con humor.

¿’Som a temps’ de revertir el desafío independentista?
El independentismo solo representa un desafío porque le dejamos desafiar. Creo que es mucho más débil de lo que aparenta ser. Otra cosa es que cuente con instrumentos poderosísimos, pero la casta nacionalista carece de personalidad política. En breve irrumpirán nuevas fuerzas políticas que lo desestabilizarán todo, incluyendo al propio nacionalismo omnipresente. Por supuesto que 'som a temps', somos muchos los catalanes que no estamos dispuestos a soportar un totalitarismo nacionalista. Lo que debemos hacer es organizarnos y eso ya lo hemos empezado a hacer.


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