AGLI Recortes de Prensa   Jueves 8  Enero 2015

Francia mirando a la Meca
KIKO MÉNDEZ-MONASTERIO www.gaceta.es 8 Enero 2015

Todo obedece a la misma lógica suicida, ese relativismo sesentayochista que hace tiempo le declaró la guerra a las raíces cristianas del continente.
Siempre tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias. Después de convertir su ciudad en paradigma del multiculturalismo, ahora los parisinos se preguntan cuánto tiempo queda antes que desde la torre Eiffel se oiga el canto del muecín llamando a la oración. Algunos se encomiendan a Marine de Arco -o Juana de Le Pen- y se arrepienten de no haber escuchado nunca a su padre. Otros habitantes de la ciudad, sin embargo, le sacan lustre a la chilaba, convencidos de que su hora estápróxima porque el 27% de los jóvenes franceses apoya al califato del ISIS, porque la demografía es el destino -decía Comte-, porque Europa no podráevitar la guerra con el islam, y porque ahora mismo lo más probable es que la pierda. Por lo mismo las clases dirigentes -en toda la Unión- ya han elegido bando y apuestan por ejercer el papel de don Opas. Aquíel PP introduce el islam en los colegios y el PSOE pretende expropiar la catedral de Córdoba para reconvertirla en mezquita ocho siglos más tarde. Todo obedece a la misma lógica suicida, ese relativismo sesentayochista que hace tiempo le declaróla guerra a las raíces cristianas del continente. Ellos sólo pueden entender al islam como un aliado natural, a veces incómodo, pero siempre preferible al catolicismo, que parecen aníbales todos y le han jurado odio eterno a Roma.

Mientras, a la jauría mediática de la progredumbre le preocupa que los atentados de París aumenten las probabilidades electorales de Le Pen. También les duele que Michel Houellebecq publique una novela en la que dibuja una Francia donde impere la sharía, donde los partidos tradicionales le entregan el poder a un islamista para impedir el avance “xenófobo”. El escritor se va a forrar, y me alegro, es quizás el intelectual más libre y más certero de Europa. Claro que habráquien lea esa distopía con incredulidad, la misma que otorgaríamos a un cuento de los años ochenta que describiese a Guipúzcoa gobernada por ETA. Oh, wait.

¿Se arrugará Francia?
XAVIER HORCAJO www.gaceta.es 8 Enero 2015

No es solo una cuestión demográfica, el asunto es que no hay un “choque de civilizaciones”, sigo una civilización que impone y otra que cede.

La primera reacción inspirada por el Gobierno francés fue la retirada de los medios de las crueles imágenes -más didácticas que ninguna otra- sobre la barbarie terrorista de índole islámico. Alega el Eliseo que son imágenes que pueden producir terribles consecuencias, pero esconde que las imágenes, precisamente por su crudeza, son un gran antídoto contra la despreciable barbarie. Los valores republicanos se defienden con la verdad, por eso miles de franceses buscan en medios españoles, portugueses o italianos como uno de los terroristas remata a un policía herido en tierra, incapaz de defenderse.

Unos creen que el salvaje atentado contra Charlie Hebdo hará reaccionar a Francia y que aupará a posiciones de poder al Frente Nacional. Es posible, la pérdida es muy relevante los dibujantes Wolinsky, Cabu o Charb, son intelectuales de referencia para la izquierda francesa desde los años setenta y, aunque Charlie Hebdo no pasa por su momento de mayor influencia, su asesinato por dibujar a Mahoma, debería ser un revulsivo para Francia, especialmente para la izquierda a la que indudablemente pertenecían. Está bien ser tolerante, pero la barbarie no se puede consentir.

El atentado llega después de un polémico discurso de François Hollande, uno de los peores presidentes de la República, su encendida defensa del multiculturalismo francés choca con la opinión pública que se queja de unos niveles de delincuencia callejera intolerables y con “banlieues” (extrarradio) tomadas por bandas en las que no entra la policía. Los franceses de bien tienen miedo, por eso sube el FN. Además, Hollande vendió lo del “orgullo de pertenecer a “la France” como “quinta potencia económica mundial” horas antes de conocerse que el Reino Unido ha superado a Francia en términos económicos. Pero los franceses no perdonan a la derecha tradicional corrupta, a los socialistas esclavos de ese 25-20% de voto emigrante, especialmente “maures” que les elige, con el que ganaron batallas como los menús escolares distintos.

Los suburbios retan a la República, en el de Toulon figura una bandera verde donde puede leerse: “Dentro de 20 años, Francia será una República Islámica”. La novela “Sumissión” de Houllebecq, que prevé que Francia tenga un presidente islámico en unos años, es una descripción plausible, ligada al fracaso del multiculturalismo. El gran error de los políticos franceses que pensaron que el bienestar galo deglutiría a los islámicos que viven en Francia. Las segundas generaciones, educadas en escuelas francesas reclaman el velo, algunas chicas, y algunos chicos sueñan con alistarse en Estado Islámico. La policía cree que unos 2.000 franceses de origen islámico se fueron a combatir con la yihad, a pesar de haber disfrutado de los placeres de Europa.

No es solo una cuestión demográfica (que también) el asunto es que no hay un “choque de civilizaciones” como planteaba Samuel Huntington, sino una civilización que impone y otra que cede. Francia lleva muchos años ya con “bidonvilles” en llamas; en la mayoría de los casos por actuaciones policiales contra traficantes, delincuentes, bandas, que se han tratado de contemporizar con clamorosas huidas policiales.

De esos mismos escenarios salen los que van a la yihad, probablemente estos tres que acabaron con Charlie Hebdo, o los que les amparan en la fuga. Antes fue en Holanda el cineasta Theo Van Gogh, por motivos similares a los que ayer dieron pie al horrar en el semanario humorístico parisino. Desde entonces (2004), Europa vive amenazada, como nosotros los españoles sabemos bien. No fue por las decisiones del Gobierno Aznar, fue para castigar “infieles” que es como nos llaman ellos y porque darnos muerte, en algunas versiones del islam da billetes a la felicidad, aunque para ello haya que inmolarse. Así son esos emenigos de la humanidad.

Yo soy Charlie
Gabriel Albiac ABC 8 Enero 2015

No odio tanto a los asesinos islámicos cuanto a los estúpidos políticos europeos que han tolerado llegar a esto

Nadie en Europa quiere afrontar que es una guerra. Es una guerra. Que se gana o se pierde. Ninguna guerra acaba en tablas. Europa, de momento, pierde. El islam gana. Porque Europa prefiere dejarse matar a dar batalla. Tal vez, sencillamente, Europa ha muerto. Murió hace mucho. Y los soldados de Alá se limitan a dar tiros de gracia. A quemarropa.

Era 1973. En mi cuarto de estudiante, un solo adorno. Con cuatro chinchetas. La portada de Charlie Hebdo tras las elecciones: Les français ont voté comme des cons, «los franceses han votado como gilipollas». Puede que la firmara Cabu. No estoy seguro, ¡hace ya tanto...! Cabu está muerto. Lo remató ayer sobre el suelo, a quemarropa, un fiel de Alá. Están muertos otros once redactores. Ametrallados, primero. Luego, tiro en la nuca. Y una proclama al inicio y al final de la carnicería: Allahu Akbar. ¡Alá es grande! «Hemos vengado al Profeta. Hemos matado a Charlie Hebdo». Pensar que nunca más veré una nueva viñeta de Wolinski me hace entender que mi mundo ha muerto. Y no odio tanto a los asesinos islámicos cuanto a los estúpidos políticos europeos que han tolerado llegar a esto. Europa será musulmana en un par de generaciones. Por fortuna, yo ya no estaré en este jodido mundo para verlo.

Charlie Hebdo fue un hijo del 68. De su variedad más anárquica y festiva. Si hizo de la laicidad su trinchera fue, sin más, porque la laicidad es la República Francesa. Y el nudo fundacional de la democracia. De esa laicidad –como lo recordaba el Papa Ratzinger en París hace seis años–, nace la libertad moderna: la de los creyentes, exactamente igual que la de los descreídos. La laicidad es la garantía de que el Estado se abstiene de intervenir en las prácticas religiosas. Y de que las religiones se abstienen de intervenir en el Estado. Sobre esa norma civilizatoria se alza el mundo en el cual ser libre significa algo. Un mundo al cual el islam no pertenece.

La libertad ciudadana lleva ya décadas amenazada en Francia. Por un islam que niega legitimidad a las leyes de la República y que aspira sólo a aplicar, también en Francia, la sharía, esa estupenda ley de Alá que esclaviza a las mujeres y otorga potestad –cuando no obligación– de asesinar a todo aquel que se resista al mensaje del Profeta. Hace unos años, cuando Charlie Hebdo tomó la defensa de los colegas daneses amenazados por publicar viñetas que los mulás juzgaron irrespetuosas, la revista parisina salió con una de sus portadas más emotivas y más desoladoras: un Alá que, en lo alto, se duele de que todos los que dicen amarlo se empecinen en ser una banda de cons, de «gilipollas». Equitativamente, el mismo epíteto que usó Charlie para sus compatriotas en el 73.

Barrios enteros, en las periferias urbanas francesas, están fuera de control legal. Ni entra allí la policía ni se observa otra norma que la que los ulemas dictan. Redes paramilitares, entreveradas de islam y narcotráfico, dictan allí la ley y lo que llaman orden. Corán y jeringuilla en mano. Charlie Hebdo podía hacer frente a Pompidou, Giscard, Mitterrand, Chirac, Sarkozy, Hollande... Todos sabían que, les gustase o no, Charlie era el honor de la República. Aun insultándolos. Por insultarlos. Pero el islam no es República.

Cabu asesinado, Wollinski asesinado... Asesinados los mejores ingenios de su generación. Maestra de la mía. Los últimos del 68. Y puede que morir sea ya inevitable. Pero, al menos, morir luchando. No este balar medroso de corderos que lo babea hoy todo. Yo soy Charlie.

La invasión musulmana
JAVIER CARABALLO El Confidencial 8 Enero 2015

Confieso que pocos temas como el islamismo provocan en mí tanto desconcierto, quizá por la imposibilidad de digerir tanta impotencia. Este último atentado de Francia, por ejemplo, la barbarie de tres asesinos islamistas contra el diario satírico que hace unos años publicó unas viñetas de Mahoma.

Justo un día antes de producirse el atentado, el martes, hojeando la prensa del día ya me había decidido a escribir un artículo sobre la amenaza islamista en Francia, pero no porque tuviera ningún presentimiento sobre el terror que estaba a punto de llegar, sino porque ayer, precisamente ayer miércoles, estaba previsto que llegara a las librerías de toda Francia el último libro de Michel Houellebecq, titulado Soumission ('Sumisión'), un relato que el autor presenta como ‘futurista’, no como ficción, en el que retrata a Francia en el año 2022, convertida en República Islámica, después de que un nuevo partido político, Fraternidad Musulmana, haya obtenido la victoria en las elecciones presidenciales. En las entrevistas que ha concedido estos días atrás, el escritor, reconocido como un enfant terrible de la literatura francesa, insiste mucho en la idea de que su novela sólo anticipa los tiempos que llegarán en Francia, aunque admite con naturalidad que utiliza el ‘recurso de asustar’.

Unos años antes, entre 2002 y 2004, como probablemente recordarán muchos, Oriana Fallaci se despidió de este mundo con textos similares en los que alertaba también del peligro de Eurabia. Y lo hacía con la crudeza de sus escritos, con frases apocalípticas que removían del sillón a cualquiera. Cosas así: “Para conquistarnos no necesitan pulverizar nuestros rascacielos o nuestros monumentos: les basta nuestra debilidad y su fertilidad. Paren demasiado, esos hijos de Alá. Los europeos y particularmente los italianos ya no paren: estúpidos. Sus huéspedes, al contrario, no hacen más que parir. Se multiplican como ratones”.

Y en el fondo de todo, su profunda decepción con Europa y con la clase política europea, la Unión Europea que ella llamaba “un Club Financiero que roba mi parmesano y mi gorgonzola, que sacrifica mi bella lengua y mi identidad nacional, que me irrita con el Politically Correct y con sus ridículas demagogias populistas, ‘todos los perros son iguales’, ‘todos los culos son iguales’, esta mentira que facilita la invasión islámica y hablando de Identidad Cultural fornica con los enemigos de la civilización, no es la Europa que yo soñaba. No es Europa, es el suicidio de Europa”.

No pasaron ni dos horas del terrible atentado de Francia cuando un amigo, al que suelo censurar por sus análisis derrotistas, en extremo pesimistas de la realidad, me puso un mensaje de móvil: “¿Acordarse hoy de Oriana Fallaci es también apocalíptico e incorrecto?”. La impotencia viene justo de ahí, de ese fuego cruzado en el que parece imposible razonar nada en cuanto se habla del islam. Empezando, obviamente, por los propios islamistas, todos aquellos millones de personas que profesan esa religión y que están tan alejados de la barbarie terrorista como cualquiera de nosotros, que las condenamos y que la sentimos como una amenaza. Hablamos de esos islamistas, porque de los otros no será necesario extenderse más allá de la consideración de que esa yihad de asesinos es, en la actualidad, la principal amenaza contra el progreso y la civilización que ha logrado el hombre desde que es hombre. Es la principal guerra del siglo XXI, y todavía nos falta lo esencial, quizá, que es entenderla y combatirla como tal.

Pero si en el primer lugar del recuento de impotencias están los millones y millones de islamistas que repudian el terrorismo islámico, es sólo por la evidencia de que tendría que ser el mundo islámico el más feroz combatiente contra el yihadismo. Y eso no sucede. Se producen, claro, comunicados de condena de los atentados, pero eso no basta. Quizá la batalla del islam contra los terroristas que actúan en su nombre tendría que comenzar por lo más simple, el reconocimiento sincero de que la barbarie fundamentalista es un cáncer que ha nacido en esa religión, que es un problema propio, una prioridad en todos aquellos estados que se confiesan islámicos y defienden la paz.

Cuando eso suceda, cuando el islam le declare la guerra al terrorismo, se habrá dado el primer paso. Y necesariamente esa guerra del islam contra su propio cáncer debería conllevar el progreso propio de esa religión y, por ejemplo, dejar de considerar como signos culturales aquello que no supone más que la postergación y el sometimiento de las mujeres. Esa evidencia que se niega con naturalidad, y que incluso se asume fuera del islam como un gesto de tolerancia y multiculturalismo, tendría que ser el primer paso. Y ya se puede ver lo alejados que estamos. Tan alejados como del día en el que el islam abrace la democracia, sin tentaciones teocráticas.

De todas formas, para que algún día podamos celebrar que el islam se ha convencido de la yihad como una amenaza de muerte contra su propia religión, y que lo combate con todas sus fuerzas, para que llegue ese día que hoy es sólo un sueño, lo que desde luego no va a contribuir en nada son los análisis apocalípticos, insultones, temerarios, provocativos o incendiarios. Ni la estulticia de lo políticamente correcto ni el peligroso tremendismo de quienes hablan de los musulmanes como hordas invasoras. Contesto, así, a mi amigo, por aquel mensaje que me puso: “¿Acordarse hoy de Oriana Fallaci es también apocalíptico e incorrecto?”. Le contesto con una frase genial que utilizaba la propia Fallaci, de un escritor y periodista italiano, Ennio Flaiano. Decía así: “En Italia, los fascistas se dividen en dos categorías: los fascistas y los antifascistas”. No podemos permitir que en la lucha contra la sinrazón ocurra lo mismo.

La otra revolución francesa contra el islamismo
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS El Confidencial 8 Enero 2015

Ha querido la casualidad que ayer, día de Reyes, Éric Zemmour presentase en Bruselas –o, al menos lo intentase– su último y exitoso libro titulado El suicidio francés. No he leído más que un extracto pero quizás sea suficiente para pergeñar una brevísima reseña. El autor cree que la República Francesa ha fracasado en su política de integración de los musulmanes en los valores republicanos y que Francia se encamina a un modelo multiculturalista de compartimentos estancos en el que los ciudadanos islámicos emigrados no absorben los hábitos y criterios de convivencia de los franceses. Zemmour considera que la clase dirigente gala está traicionando a la nación francesa diluyendo en la inmigración los rasgos de la sociedad republicana y propone modelos autoritarios para resolver esta situación. El libro de este periodista y escritor se está vendiendo a miles y es el prólogo de otro muy esperado de Michael Houellebecq que se titula “Sumisión” en el que se relatan los avatares por los que un musulmán llega a ser presidente de la República francesa. Hipótesis insólita.

Lo que está ocurriendo en Francia es una auténtica revolución de los valores republicanos. La seguridad –las restricciones a la inmigración especialmente musulmana– se está imponiendo a la libertad. El fracaso del modelo de integración reclama otro más duro: el de la asimilación, de tal manera que en la sociedad francesa no haya espacios exentos para la vigencia de los criterios que rigen la ética cívica y política de la ciudadanía. La República francesa se ha distinguido por un modelo de integración –frente al pluricultural británico– que, sin embargo, no estaría dando los frutos esperados según delatan los resultados electorales. En los últimos comicios europeos, el Frente Nacional de Marine Le Pen obtuvo –fue la primera fuerza– nada menos que 24 escaños de los 74 que correspondían a Francia en el Parlamento Europeo y el 24.95% de los votos, a casi cuatro puntos de los conservadores y once de los socialistas, que se desfondaron.

Este malestar social en Francia con la inmigración musulmana procede de las asonadas callejeras de 2005. Las protestas de los suburbios en las ciudades francesas –banlieue– se extendieron en octubre y noviembre de aquel año por todo el país. Y fueron reprimidas con dureza y, luego, sometidos los barrios a una extrema vigilancia policial. Pero desde entonces, el Frente Nacional no ha hecho otra cosa que crecer contagiando a determinados sectores sociales en Alemania que plantean al Gobierno de Merkel un gravísimo problema, especialmente con la gran comunidad turca asentada en la República Federal.

El salvaje atentado contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo se produce en un contexto de enorme sensibilización social ante la resistencia de las comunidades musulmanas a la integración. Si, como parece, los asesinos de esta mañana no son lobos solitarios sino miembros de una trama terrorista que actúa en Francia integrada, incluso, por franceses fanatizados, el Frente Nacional adquiriría una importancia decisiva para el futuro galo porque cuajaría la revolución contra la inmigración que ya está en ciernes en algunos países europeos y, especialmente, en Francia, algunos nórdicos y con indicios preocupantes en Alemania.

Aunque las comunidades islámicas en los países europeos no plantean problemas de convivencia y sus dirigentes propugnan la moderación, lo cierto es que albergan núcleos fanáticos y desarrollan una urdimbre de solidaridad con los más radicales. Los musulmanes –a diferencia de los cristianos, católicos y protestantes– no son capaces de relativizar los recursos propios de la libertad de expresión como la ironía o la chanza, consustanciales a ella en Europa. La crítica, la burla e, incluso, ciertas expresiones de escarnio a las religiones –a todas sin distinción–, resultan habituales en algunas publicaciones como Charlie Hebdo. En España ocurre también con algunas revistas. Y ni aquí ni en esos países –en tanto en cuanto no se vulneren las leyes nacionales– la sociedad está dispuesta a renunciar a esas libertades críticas.

La consecuencia de ello es que se va a producir una demonización del islamismo pacífico –aunque, insisto, con grandes dosis de ambigüedad– y un endurecimiento social hacia la recepción de flujos migratorios procedentes de países islámicos. Y por supuesto, el terrible atentado de esta mañana en Paris serviría al Frente Nacional de Le Pen para fortalecer su discurso y dar el sorpasso electoral. Sin olvidar el efecto contagio que se producirá en otros muchos países de Europa que, de seguir las tesis de Eriz Zemmour, no quieren “suicidarse”. Francia ha sido siempre la nación que ha marcado las pautas y tendencias intelectuales en el Viejo Continente. Y la tragedia de ayer, temporalmente situada entre dos libros multitudinarios y apocalípticos, representa todo un punto de inflexión.

Ante la matanza del terrorismo islámico: ¡LIBERTÉ!
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 8 Enero 2015

(Mi artículo de hoy en los diarios de castilla y León y Castilla-Mancha)

La vesánica matanza perpetrada ayer en Paris por los terroristas islámicos ha vuelto a ponernos a los europeos ante una realidad atroz que en no pocas ocasiones nos negamos a ver. Peor incluso, hay quienes llegan, con una alucinante ceguera provocada por la ideología, a justificarla. Ese pensamiento débil, buenista y suicida que subyace en las más viejas consignas de que en última instancia los culpables somos nosotros, es Europa, USA, la civilización occidental, el cristianismo las Cruzadas o hasta los jesuitas (no es broma, es lo que me pedían por Twitter que condenara primero) alcanza el paroxismo en desvaríos presuntamente progresistas que bien puede representar un “ocasionado” como el tal Willy Toledo a quien no se le ocurre decir tras la masacre de una decena de periodistas ejecutados de manera infame y de dos policías, uno de ellos rematado en el suelo que es Occidente quien “asesina silenciosamente”.

La amenaza a la que nos enfrentamos es a la peor tiniebla medieval, teocrática, fanática, irracional, y antihumana, contra el hombre en sí,(no digamos ya en su género femenino) su libertad, sus derechos como tal y la declaración universal de los mismos y todo lo que ello significan para la humanidad. La pretensión del islamismo no es otra que someter a toda la humanidad a su alcance a su delirio religioso, someter al hombre a una interpretación de una voz suprema supuestamente revelada por un Dios que ha de imponerse sobre todo y sobre todos. Y como es divino, cualquier oposición o crítica es merecedora del exterminio. En algún estadio de su evolución las religiones monoteistas tuvieron tales derivas pero hoy es esa interpretación del Islam la que nos amenaza y que habría que retrotraer en su fanatismo a los almorávides que invadieron España y no solo buscaron la aniquilación de los cristianos sino de los, para ellos, heréticos musulmanes de Al-Andalus. Para ellos libertad, igualdad, fraternidad y ya no digamos expresión libre o derechos civiles son algo que no vale ni supone nada. Y eso es lo que quisieron matar ayer en Paris y quieren extirpar del mundo. Una locura. Si. Pero que mata y se expande.

No voy a ser maniqueo ni puede meterse a la izquierda europea en el saco de Wily Toledo. La respuesta ha sido en su mayoría consecuente y valerosa como la de muchos medios de comunicación, que al igual que asesinados periodistas y dibujantes franceses, ponen la libertad de expresión por encima del miedo y lo desafían con coraje. Pero es hora de dejarnos de autoengaños y sentimientos “ancestrales” de culpabilidad genética. ¿O hemos olvidado, que al margen de errores y pretensiones de hacer carne electoral con la tragedia, primero los unos, luego los otros, cuando el fanatismo islámico (me da igual la sigla) asesinó a 192 compatriotas el 11-M de 2004 hubo toda una riada a quien no se le ocurrió otra que echarle la culpa al Gobierno y decir que Aznar era el asesino?. Que puede ser tildado de muchas cosas, pero los asesinos fueron quienes, acogidos en España, y becados incluso, pusieron las bombas y masacraron a trabajadores, estudiantes y gentes de toda condición, la mayoría humilde, que viajaban en los trenes. Espero que nada de ello lo haya de soportar hoy el gobierno francés y que su sociedad responda con entereza ante el terror. Pero hoy mismo hemos vuelto a tener en España pruebas de esa metástasis letal y suicida, porque al llegar las terribles imágenes y cuando uno fue a defender la libertad, los derechos del hombre y su declaración universal y combatir, con la palabra, la teocracia y la violencia asesina del islamismo fanático en Al rojo Vivo (La Sexta) eso me supuso cascada de insultos de presuntos “progres” y extremistas - en esas redes sociales que infectan y pastorean- donde, como culminación de su "pensamiento", me tacharon de fascista.

La tolerancia a cualquier creencia esta protegida por un derecho inalienable. Pero siempre que esa creencia no entre en colisión con los propios derechos humanos, nuestra constitución y las leyes. Para el Islam y para toda religión. So pretexto de ella nadie puede conculcarlas y a quien lo haga no ha de valerle de pretexto alguno para sufrir el castigo por violarlas. No puede haber tolerancia ninguna sobre quienes predican la violencia. Lo hagan en una mezquita o en cualquier otro lado. No ha de valer como escudo ni en este caso chilaba ni en otros sotanas.

Hace poco escribí que si no queríamos tener que combatir defendiendo nuestra propia casa de los fanáticos islámicos tendríamos que combatirlos fuera. Y hoy digo, que tontería, ¡ya estamos combatiendo en casa!.

¡Estamos en guerra!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Enero 2015

Francia acaba de sufrir su peor atentado terrorista con el asalto a la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo y la muerte de hasta doce personas, entre ellos su director seis empleados y otras personas.Francia con más de cinco millones de ciudadanos de religión musulmana, junto a Alemania y Reino Unido son los países de la UE que tienen estadísticamente más posibilidades de albergar a cédulas de radicales yihadistas dispuestos a llevar la guerra declarada contra nuestra cultura occidental. España alberga también un número nada despreciable de esos elementos terroristas fanáticos, habiendo sido señalada como el principal objetivo en la UE para reestablecer el califato de Al Andalus, que recordemos que en su máximo esplendor extendía sus dominios por toda la península Ibérica y parte del sur de Francia.

Es por eso que no deja de ser sarcástico el que la Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría haya declarado en la cadena SER que España es un país de los más seguros aunque el riesgo cero no existe. Esta boutade ha sido una declaración innecesaria y absurda que podría ser dramáticamente desmentida por la fuerza de los hechos, sobre todo tras la confirmación de un segundo acto terrorista en París contra otro policía acribillado. La seguridad total es imposible y eso lo saben los más altos representantes de la nación más poderosa de la Tierra, los USA, que han visto atentar contra sus Presidentes a lo largo de su historia y que han sufrido el mayor ataque terrorista radical islamista en uno de su mayores símbolos, la ciudad de Nueva York y las torres Gemelas.

Tampoco se puede evitar en que en estos dolorosos momentos en los que al desconcierto se suma la indignación, la ansiedad y el peligro de una esquizofrenia colectiva producida por el terror, aparezcan voces cínicas y miserables que intenten exculpar a los terroristas por una supuesta agresión previa de la sociedad occidental a la cultura musulmana. Se llega a equiparar esta abominable y sangrienta respuesta a las actuaciones en defensa de la libertad contra regímenes totalitarios asesinos, como el llamado Estado Islámico proclamado en Irak, que diariamente llenan Internet de ejecuciones, decapitaciones, secuestros, violaciones, etc.

Como ha dicho un conocido comunicador de radio, estamos en guerra, pero en un tipo en el que el enemigo fanático que nos la ha declarado forma parte de la propia sociedad y hará todo lo posible por someterla mediante el terror para implantar su totalitaria visión del mundo a través de su religión que anula todas las libertades individuales. Estamos en una guerra ideológica cuyos frentes son las calles de nuestras ciudades, los medios de transporte, los edificios más emblemáticos y allí donde el terror pueda actuar con el mayor número de víctimas y multiplicar su efecto propagandístico. Y eso, Sra. Sáenz no hay forma de controlarlo salvo que se imponga un Estado policial, una ley marcial y un control exhaustivo de los focos de reclutamiento yihadista en los millares de centros de reunión de esos fanáticos., que no son precisamente los centros oficiales de culto, las Mezquitas.

Desgraciadamente esto no parece sino haber comenzado y simplemente tacho de patética la comparecencia del Ministro de Interior anunciando el incremento del nivel de seguridad desde el nivel 2 intenso al nivel 3 atenuado, es decir un subnivel dentro de la escala de calificación de los niveles de seguridad. Creo que ese mensaje si quería transmitir confianza ha obtenido justo lo contrario. La presencia policial no es garantía del éxito de mantener la seguridad, de hecho en la redacción de la revista asaltada había dos policías que han muerto, uno de ellos rematado en el suelo grabado por un impotente testigo desde su ubicación.

Estamos en una guerra y todos los ciudadanos de la UE estamos implicados. Aquí no hay lugar para actitudes equidistantes, el terrorismo no discrimina y todos somos víctimas potenciales. La única alternativa es defendernos y contra atacar si queremos salvar nuestra forma de existencia en democracia y en libertad.

Los nuevos amos del miedo
Ignacio Vázquez Moliní Estrella Digital 8 Enero 2015

Ya mencionábamos hace algún tiempo que Marcel Mariën fue uno de los surrealistas belgas más brillantes. Aunque hoy ya casi nadie se acuerde de sus peculiares creaciones, uno cree que conviene tener muy presente, al menos, una de sus obras, titulada muy significativamente Teoría de la revolución mundial inmediata. Esto es así no tanto por sus vanguardistas propuestas como por lo que conlleva de anticipación programática. En su momento relacionábamos esta obra surrealista, caracterizada sobre todo por su vocación de agitación global recurriendo a la propaganda más exacerbada, con esa otra obra inquietante de autores anónimos que cada vez circula más por las redes titulada La gestión de la barbarie.

La brutalidad del atentado contra la redacción de la revista Charlie Hebdo pone de nuevo sobre la mesa, en el corazón mismo de nuestra tolerante Europa, el pánico que pueden provocar los postulados defendidos por estos nuevos bárbaros. Para ellos, se trata de anatemizar todo y cuanto hayan decidido que es diferente. El anatema se aplica en todo su pavoroso sentido etimológico, que incluye el exterminio del condenado.

Según defienden los nuevos bárbaros, hoy ha llegado el turno de ejecutar a los blasfemos de una revista satírica francesa, de la misma manera que algún día Salman Rushdie pagará con la vida el pecado de haber escrito Los versos satánicos. Antes, les había tocado a los ciudadanos de Madrid, Londres, Casablanca o Karachi por el hecho de no someterse a lo que esos salvajes consideran que es el Islam. De la misma manera, y al mismo tiempo que en París se escuchaban las balas, los postulados de la barbarie se aplicaban con todo rigor en amplias zonas de Pakistán, Afganistán, Siria e Iraq, donde no sólo se asesina a los periodistas que no se someten a los dictados de los nuevos amos del miedo sino también a todo aquél que represente, por débil que sea, un atisbo de resistencia. Se extermina a todo el que se oponga, ya sean las poblaciones cristianas de Oriente, los laicos, los kurdos o los yazidíes, igual que a las jóvenes que estudian o a los trabajadores en favor de la educación, la salud y el desarrollo.

Sin embargo, a los europeos nos soliviantan menos esos genocidios continuos que el atentado de París. Tal vez sea por la distancia, tal vez por una mezcla inconfesable de mezquinos intereses y de frío cálculo político, o quizás porque no comprendamos que los ataques contra unos y otros forman parte de la misma siniestra ofensiva.

Un ataque contra nuestros principios que merece una respuesta firme
EDITORIAL El Mundo 8 Enero 2015

El ataque terrorista a la sede del semanario Charlie Hebdo en el que fueron asesinadas 12 personas es mucho más que un atentado a este medio de comunicación o a la libertad de expresión. Estamos ante la acometida de un movimiento bien organizado y con unos objetivos muy claros: la derrota de los valores democráticos que encarna Occidente.

Es imposible disociar lo ocurrido ayer en París del auge del islamismo radical, que hoy impone su ley del terror en Oriente Próximo de la mano del Estado Islámico, pero que viene golpeando desde hace años en todo el mundo. Es el mismo que dio lugar al atentado contra las Torres Gemelas en 2001 y al de Bali (Indonesia) en 2002, el que causó la masacre de los trenes en Madrid en 2004 y del metro de Londres en 2005, y el que protagonizó la acción criminal de 2008 en Bombay, por citar sólo algunas de sus acciones más cruentas.

Charlie Hebdo es una revista satírica que había sufrido amenazas y ataques desde que en 2006 reprodujo unas viñetas con caricaturas de Mahoma publicadas en la prensa danesa. Se podrá cuestionar si su contenido era más o menos apropiado y resultar, o no, ofensivo para un creyente musulmán. Sin embargo, eso es algo que debe resolverse en el terreno de las ideas y, llegado el caso, en los tribunales. Porque una cosa es respetar los diferentes credos de las personas y, otra, imponer la censura o tratar de acallar con el terror a quien expresa opiniones diferentes a las propias.

Las democracias occidentales decidieron hace tiempo que los problemas se abordan bajo el imperio de la ley, con la separación entre el poder civil y el religioso, y garantizando la igualdad de todos los ciudadanos. Quienes ayer cometieron los asesinatos al grito de «vamos a vengar al profeta» pretenden imponer un modelo de sociedad que nos retrotrae a la Edad Media, donde la religión se imponía al Derecho y las libertades individuales no existían como tales.

El golpe asestado ayer por los islamistas en el corazón de Europa merece una reacción serena, pero contundente. Desde luego, no debería ser utilizado para exacerbar el sentimiento antimusulmán, pero eso es ahora difícil porque hay movimientos populistas, como el que en Francia puede representar el Frente Nacional, que no perderán la ocasión de usar la matanza como coartada para alimentar sus tesis xenófobas. No hay que perder la perspectiva: el islam es una religión que profesan más de mil millones de personas en todo el mundo y, huelga decirlo, la inmensa mayoría es pacífica.

La conmoción política que ha causado el atentado debería de servir a los gobiernos europeos para colaborar más estrechamente ante la amenaza que supone el islamismo y actuar de forma coordinada dentro y fuera del continente. Para empezar, tendría que existir una legislación común que garantice que en el territorio de la UE no se vulneran derechos básicos que han de estar garantizados. Habría que prohibir, por ejemplo, el uso en los espacios públicos de una prenda como el burka, que atenta contra la dignidad de las personas y contra la seguridad, dos principios irrenunciables. Sin embargo, cada país tiene hoy su propia legislación al respecto.

Desde los gobiernos europeos se ha tratado algunas veces, además, de escurrir el bulto en las acciones internacionales de castigo a los yihadistas, todo indica que por el temor a una respuesta violenta en sus respectivos países. Es una actitud insolidaria que no puede repetirse y que sólo muestra una enorme debilidad ante los violentos.

Ha llegado también el momento de reclamar a las comunidades musulmanas que exterioricen de forma más clara su rechazo al yihadismo, como ayer hicieron en Francia, y que colaboren con todas sus fuerzas para detectar y erradicar a quienes representan un peligro para la seguridad de todos. Sirva de muestra el hecho de que el agente rematado ayer cobardemente en el suelo por los terroristas era un musulmán de origen tunecino llamado Ahmed.

El atentado contra Charlie Hebdo lo es contra todo nuestro sistema de valores, el que, con todos sus defectos, ha alumbrado las mayores cotas de libertad del individuo, de dignidad de la persona, de libertades y de respeto a los derechos humanos. En su defensa no podemos dar ni un solo paso atrás.

TERRORISMO ISLAMISTA
La libertad asesinada

El autor destaca que los terroristas que asesinaron ayer a 12 personas en la redacción del semanario satírico francés 'Charlie Ebdo' actuaron como un comando yihadista profesional de guerra.
FELIPE SAHAGÚN El Mundo 8 Enero 2015

Si la revista Charlie Ebdo fuera una publicación francesa más, satírica o de información general, y se hubiera autocensurado -como hacen la mayor parte de los medios- en sus viñetas sobre el Islam, seguramente se habría librado de los ataques que ha padecido desde que, en 2005, se solidarizó con la publicación de las caricaturas de Mahoma por un periódico danés.

En tales circunstancias, un ataque como el de ayer estaríamos explicándolo por la destacada intervención francesa desde Siria al Sahel contra el terrorismo de origen islamista, por los más de mil franceses alistados en las filas del Estado Islámico o Daesh y por el comunicado publicado en septiembre por su portavoz, Abú Muhamad al Adnani, en internet y en el diario digital The Long War Journal. «Atacad a los soldados, patrones y tropas de los twaghit (los que se salen de los límites marcados por Alá)», decía. «Si podéis, matar a un infiel americano o europeo, especialmente a los vengativos y sucios franceses, o a un australiano, canadiense o cualquier infiel de los que promueven la guerra infiel, incluidos los que han entrado en la coalición contra el EI, confiad en Alá y matadles de cualquier modo».

Los adjetivos «vengativos y sucios» los había utilizado en varias ocasiones Charlie Ebdo para describir sus propios dibujos contra todo el mundo, en particular para mofarse del profeta del Islam y de algunas de las costumbres y creencias de los musulmanes ortodoxos. Tras publicar un número especial en 2011 titulado Sharia Hebdo, su sede fue incendiada y tuvo que cobijarse en el edificio de Libération. El director llevaba años con escolta. Ayer le sirvió de poco. Los asesinos actuaron como un comando profesional en cualquier guerra. Con su actuación pusieron en evidencia la vulnerabilidad de la seguridad francesa y la clase de adversario al que nos enfrentamos. De ahí la inmediata reacción de los máximos responsables de seguridad en los países vecinos, como España, para revisar sus defensas.

Lo que la mayoría de los musulmanes y cada vez más no musulmanes, por convencimiento o por simple comodidad, consideran propaganda, agitación y provocaciones hostiles, Charbonnier y su equipo lo han sentido siempre como ejercicio de la libertad de expresión, de sátira y de información amparada por las leyes democráticas. En defensa de ese principio, respaldado en sentencia firme en 2007 por un tribunal francés en una querella por racismo contra la revista de dos grupos musulmanes locales y de la Liga Musulmana Mundial (pro-saudí), ayer fueron asesinados. «El periodismo, la libertad de crítica y la democracia, de luto por la matanza en @Charlie_Ebdo_», escribí en Twitter nada más conocer el asalto a la redacción del semanario por -según Bernard Cazeneuve, ministro francés del Interior- tres criminales que, a media tarde, seguían en libertad.

Entre los 12 muertos confirmados a esa hora, el director de la revista, Stéphane Charbonnier, y algunos de sus mejores caricaturistas: Cabu, Wolinski, Tignous... Corinne Rey, Coco, dibujante del semanario, testigo directo y superviviente, explica en L'Humanité que todo transcurrió en cinco minutos. «Hablaban perfecto francés, iban fuertemente armados y se declararon miembros de Al Qaeda», añade. A quienes, de buena fe, consideran blasfemas e inadmisibles muchas de las viñetas de Charlie Ebdo sobre el Islam sólo cabe responder que todo ciudadano tiene derecho a analizar, criticar y ridiculizar, si así le place, a cualquier dirigente, institución o religión. Así ha sido en democracia desde Voltaire y aceptar excepciones ante los violentos sería un grave error.

Por irrespetuoso que nos parezca lo que publique, dentro de nuestras leyes cada publicación es libre de fijar su línea editorial y cada lector es libre de seguir o no a ese medio. Si no está conforme, tiene derecho a recurrir a los tribunales para que se haga justicia, como ya ocurrió con Charlie Ebdo en Francia. Prohibir una viñeta porque unos u otros la consideren blasfema es ceder a la amenaza y a la violencia. Autocensurarse para complacer a los yihadistas violentos sería traicionarnos a nosotros mismos y a los miles de musulmanes que, por defender la libertad de expresión en sus países, han corrido la misma suerte que los caricaturistas franceses.

Felipe Sahagún es profesor de RRII en la Universidad Computense y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN
No nos callarán

La autora reinvindica el papel de la prensa y señala que el atentado no puede quedar mediática y socialmente impune.
ELSA GONZÁLEZ El Mundo 8 Enero 2015

EL BRUTAL atentado a la revista satírica francesa Charlie Hebdo constituye una agresión a todos nosotros. No sólo a los periodistas sino a la ciudadanía. La libertad de prensa es el guardián de la democracia. El eje de la libertad de expresión. Cada vez que asesinan, secuestran o atacan a un periodista o a un medio de comunicación están golpeando directamente nuestro sistema de libertades. Quieren amedrentarnos para imponer la autocensura. Quieren imponer el terror para apagar la información. Quieren sembrar el miedo para dominar voluntades. Pero, ni el terror ni la sinrazón conseguirán silenciar la voz de la Prensa. Los periodistas seguiremos empuñando la palabra como arma de libertad frente a la intransigencia, que, en el caso del semanario francés, iba enfundada de humor y sátira.

La FAPE ha mostrado su solidaridad con las víctimas del atentado, sus familias y los periodistas franceses. Desde aquí les envío mi aliento. No es difícil aventurar que seguirán trabajando con el mismo entusiasmo por la libertad de información.

El ataque en París se produce tras los recientes asesinatos de varios periodistas en condiciones de especial crudeza y visibilidad, con el objetivo de multiplicar su efecto a través de los medios de comunicación. Sin olvidar los continuos secuestros de periodistas. Afortunadamente, nuestros tres compañeros y compatriotas, Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova, se hallan en libertad, no sin un largo medio año de penalidades. La respuesta tiene que ser unánime para salvaguardar la libertad y la democracia. La sociedad en pleno, con sus representantes políticos debe amparar y respaldar a los profesionales de la información. La libertad de información se construye a diario. Y en las sociedades democráticas tenemos luces y sombras. Pero este atentado criminal, sin precedentes en nuestra historia reciente, no puede quedar mediática ni socialmente impune. La reacción ha de ser rotunda. Ningún periodista debe permanecer en silencio ante un crimen como el que han perpetrado en París.

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». No hay nada que justifique la eliminación parcial o total de este derecho.

Charb, el director de Charlie Hebdo, que murió en el atentado de ayer, había declarado, de forma casi premonitoria: «Puede ser presuntuoso lo que voy a decir, pero prefiero morir de pie que vivir de rodillas». Charb presidía una reunión editorial con el editor jefe y varios caricaturistas cuando fueron asesinados por unos enmascarados fuertemente armados. Los periodistas no podemos permanecer pasivos. La prensa lleva dos siglos controlando al poder, informando, elogiando o criticando lo que sucede y a sus protagonistas. La Sociedad de la Información ha evolucionado, la esencia del periodismo es la misma, pero, las posibilidades de informar, ahora, son infinitas.

No nos callarán.

Elsa González es presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

MASADÁ
El islamismo dispara

SALVADOR SOSTRES El Mundo 8 Enero 2015

EL ISLAMISMO ha vuelto a disparar porque el islamismo dispara. Y aunque no es lo mismo el islamismo que el Islam, alrededor del Islam jamás ha florecido una sociedad democrática y libre. Algún día nos cansaremos de acusar de ser de extrema derecha a los que advierten de la islamización de Europa. Algún día dejaremos de canalizar nuestras frustraciones a través de la judeofobia. Algún día comprenderemos el papel fundamental de los Estados Unidos y entenderemos que la Civilización se basa en una idea y que por ello el islamismo quiere arrasarnos.

El islamismo es terrorismo y en muchas mezquitas se predica la destrucción de Occidente. Si tan distintos se sienten algunos musulmanes de sus hermanos asesinos, que lo digan, que den la cara. Si quieren que veamos la diferencia, que sean ellos los primeros en diferenciarse. Si no quieren que les confundamos, que no se confundan ellos entre su multitud de bárbaros, que se pongan en pie, que salgan a la calle, que digan sus nombres y muestren su respeto y su compromiso con nuestro modo de vida libre.

Porque de momento, la única noticia que tenemos son los disparos, y ese insufrible victimismo de hacerse encima los perseguidos. Ese cinismo del verdugo. El islamismo dispara y el Islam calla. No bastan cuatro declaraciones rechazando los atentados, por contundentes que sean. Si ellos no vienen hacia nosotros, en paz y buena voluntad, para construir juntos los cimientos de una nueva convivencia, nosotros iremos a por ellos.

Porque somos una idea, porque de esta idea depende nuestra supervivencia y la de nuestra profunda alegría de vivir que no van a arrebatarnos. Hay que decir basta. Nosotros estamos al lado de la vida y de la libertad. Si alguien quiere venir, le recibiremos con los brazos abiertos. Que los demás sepan que vamos a defendernos.

El islamismo ha vuelto a disparar contra la libertad, contra lo que nos hace como somos. Y no porque dibujáramos una caricatura de su profeta sino por la libertad, porque del mismo modo que Israel es un dique de contención contra la barbarie, la libertad es nuestra insignia, la mejor promesa de la Humanidad, y el testigo de esperanza que el islamismo siempre ha querido aniquilar para esparcir su tiniebla de miseria y muerte.

MATANZA EN PARÍS
El islam y la libertad
José García Domínguez Libertad Digital 8 Enero 2015

Primero callarán a los periodistas que todavía hablan. Después le llegará el turno a Dante Alighieri, el infiel que osó enviar a Mahoma al Infierno; de ahí que las asociaciones islámicas exijan que se suprima el estudio de todas sus obras en los colegios de Francia. Más tarde le tocará a Voltaire, el perro ateo que osó escribir El fanatismo o Mahomed el profeta, obra sacrílega en la que se afea a un buen musulmán el haber matado a su hermano y a su padre por impíos. A continuación... Lo que no consiguiera Solimán el Magnífico tras plantarse ante las murallas de Viena con sus seiscientos mil jenízaros está a punto de lograrlo la medrosa estulticia intelectual y moral de esta Europa multiculti que tiembla de pánico cada vez que el iracundo dios de los beduinos reclama otro vasallaje.

A fin de cuentas, esos doce cadáveres que ahora mismo aloja una morgue de París encarnan la prueba del fracaso de su utopía. Pero no de la del islamismo militante, sino de la de un Occidente que se quiere creer a sí mismo laico y laicista. Porque es nuestro sistema de creencias, y no el suyo, lo que en verdad ha fracasado. Occidente vive instalado en el mito de que el resto del mundo lo tomará por modelo a imitar a medida que vaya absorbiendo su saber técnico y científico. Occidente quiere engañarse pensando que todos los demás ansían ser Occidente. Y en la almendra doctrinal de esa superstición gratuita habita el error de creer que los hombres mejoran a medida que se expande el saber científico y el conocimiento técnico.

Recuérdese al respecto la infinita ristra de estupideces que aquí se dijeron a propósito del balsámico influjo liberador de Twitter y otros juguetitos tecnológicos cuando la llamada primavera árabe. Trasladado a las ideas políticas, el mito del progreso constituye una ensoñación pueril. La ciencia siempre avanza. Los seres humanos, en cambio, pueden tornarse más salvajes e irracionales a medida que mejora la técnica. Por eso nada impide a cualquier criminal islamista disponer de una cuenta personal en Facebook desde la que celebrar sus carnicerías. La quimera de pretender que pueden convivir en pacífica armonía los principios de la democracia liberal con los modos de vida y los valores civiles propugnados por el islam no es más que eso, una necia fantasía nihilista. Una fantasía tan infantil como nuestros bobos devotos del multiculturalismo, esos que, con los doce cadáveres de París aún calientes, ya vuelven a ejercer como abogados de oficio del Profeta.

MATANZA ISLAMISTA EN PARÍS
'Charlie Hebdo' contra la tiranía del silencio
Cristina Losada Libertad Digital 8 Enero 2015

Después de que Sony retirara la película The Interview por las amenazas de Corea del Norte, el periodista danés Flemming Rose escribió que no le había sorprendido del todo la decisión de la productora (que luego dio marcha atrás), puesto que abundaba en una tendencia a autocensurarse que se había instalado en la cultura de Occidente desde hacía una década. Rose sabía de qué hablaba. Fue el jefe de la sección cultural del diario danés Jyllands Posten, que hace nueve años decidió abrir un debate sobre cómo hablábamos del islam encargando una serie de caricaturas de Mahoma.

Lo hizo a la vista de los numerosos indicios de autocensura en el medio cultural. Varios museos, entre ellos la Tate Gallery, habían cancelado exposiciones o retirado obras de arte por si se consideraban ofensivas para los musulmanes, esto es, por temor a la violencia islamista. Periódicos, revistas, editoriales, escritores, teatros, actores seguían idéntica pauta, y se sometían de forma preventiva a una censura no declarada a fin de evitar represalias fundamentalistas. Cuando el asesinato del cineasta holandés Theo Van Gogh a manos de un musulmán indignado por un documental suyo sobre el maltrato a las mujeres musulmanas, el ministro de Justicia lamentó que Holanda no tuviera leyes más restrictivas para impedir obras como la realizada por la víctima.

Sabemos de los ataques y disturbios atizados por imanes que estallaron en varios países musulmanes meses después de que el Jyllands Posten publicara doce caricaturas de Mahoma. Y sabemos que la reacción de muchos en la Europa democrática, aunque no sólo en ella, fue acentuar su conducta de rehenes voluntarios del islamismo. Una de las notables excepciones iba a ser el semanario satírico francés Charlie Hebdo. No sólo publicó las caricaturas de Mahoma del diario danés, sino que continuó desafiando una tiranía del silencio que es tanto más tiranía cuanto que es silenciosa. Porque no hay únicamente autocensura. ¡Si sólo fuera eso! Es que esa autocensura está autocensurada. La mordaza más eficaz y perdurable es aquella que no osan reconocer como tal quienes se la ponen. Charlie Hebdo no se puso mordaza alguna, y sus libertarias sátiras del profeta y del islam hacían resaltar las que se ponían otros.

Los asesinatos perpetrados en su redacción de París por islamistas armados suscitan condenas y enérgicas defensas de la libertad de expresión, pero no nos engañemos: sólo si se rompe la cadena de la autocensura se defenderá y existirá realmente esa libertad. No se hace ningún favor a los musulmanes protegiendo sus símbolos religiosos y sus creencias de la libre expresión: una protección que invoca el respeto, pero está fundada en el temor. Y, no, el islamismo violento no es una creación de Occidente, como suelen decir en estos casos los tarados habituales. Es una criatura que ha nacido y crecido en el seno de la comunidad musulmana, y le compete a ella, en primer y principal lugar, hacerle frente.

La yihad en París
EDITORIAL Libertad Digital 8 Enero 2015

No ha sido en Beirut, en Damasco o en Bagdad, sino en París; y no se trata de una caricatura satírica, sino de la cruel realidad de lo que es capaz de perpetrar el integrismo islámico. Se trata del más grave atentado que Francia haya sufrido en los últimos cuarenta años: doce personas asesinadas y varias gravemente heridas en la redacción de un semanario satírico cuyo pecado había sido haberse atrevido a describir en una viñeta lo que estos criminales islamistas han demostrado que son capaces de llevar a cabo en la realidad.

Sin duda, la matanza constituye un infame atentado a la libertad de expresión. Pero este ataque no es incoloro ni se produce por generación espontánea. Es un fanatismo que se alienta a través de un determinado ropaje religioso, no por ello menos criminal, y que se propaga, no desde lejanos y recónditos lugares, sino en el corazón mismo de la civilización occidental.

No son las víctimas las que criminalizan al islam, sino los verdugos que, en nombre de Alá, las han asesinado. Son estos fanáticos islamistas y todos aquellos que no condenan ni persiguen a los que, en nombre de Alá, asesinan a los infieles los que tejen las conexiones y vinculaciones entre una religión y el terror.

Bien está que el Consejo Musulmán de Francia haya condenado con rotundidad este "bárbaro atentado" y haya hecho un "llamamiento a todos aquellos comprometidos con los valores de la República y la democracia". Es digno de aplauso que este organismo haya pedido a la comunidad islámica de Francia que "ejerza la máxima vigilancia contra posibles manipulaciones de los grupos extremistas de cualquier tipo". Sin embargo, esa vigilancia y ese repudio no deben producirse sólo el día en el que se comete un atentado ni correr a cargo sólo de los líderes musulmanes. Esa labor corresponde también, y de manera prioritaria, a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que no deben permitir que Occidente brinde libertad ni refugio a la intolerancia criminal.

El espectacular incremento de simpatizantes que está teniendo el yihadismo en Francia es buena prueba tanto del fracaso del multiculturalismo como de esa labor de vigilancia. No hace ni dos meses tres combatientes franceses del Estado Islámico llamaban a sus compatriotas musulmanes a unirse a la yihad, cuando Francia se hallaba aún conmocionada por la presencia de dos de sus ciudadanos, Maxime Hauchard y Mickael Dos Santos, en el vídeo en que combatientes del EI decapitan al rehén estadounidense Peter Kassig y a 18 soldados sirios.

En España, no hace ni dos semanas que el juez Pablo Ruz procesaba a quince yihadistas que formaban una célula en Madrid dedicada a reclutar musulmanes para integrarse en el Estado Islámico y combatir en Siria.

La sociedad abierta no puede albergar caballos de Troya. La libertad religiosa, como la libertad política, no debe dar cobertura a quienes quieren destruirla; no debe ofrecer tolerancia a la intolerancia o a la justificación de la violencia contra el homosexual, contra la mujer o contra el infiel, ni amparar la vulneración de los derechos humanos por razones culturales. Se trata de una guerra contra la civilización occidental que ya se libra en nuestro propio suelo. Y hay que defenderse.

MATANZA ISLAMISTA EN PARÍS
Por el derecho a la blasfemia, por la libertad
Carmelo Jordá Libertad Digital 8 Enero 2015

Blasfemar está feo, mucha gente puede sentirse ofendida al ver o escuchar una blasfemia, pero nos ha costado siglos de hogueras y de lucha por la libertad que Europa sea un espacio en el que cagarte en Dios, en Alá, Buda, Mahoma o Jehová no te cueste la vida, y ese es un tesoro que debemos preservar.

El problema con la blasfemia es que es un crimen absolutamente subjetivo y, por lo tanto, jamás puede ser considerado un crimen. Me explico por si fuera necesario: a mí, que no soy creyente, será difícil que nada pueda parecerme blasfemo, aunque obviamente hay cosas que encuentro de un gusto deplorable; por el contrario, para un creyente católico determinadas expresiones que yo sólo veo groseras le parecerán claramente blasfemas; y, siguiendo en la escala, a un fanático musulmán el que alguien publique caricaturas de Mahoma le parece un motivo para liarse a tiros y asesinar a una docena de personas.

¿Qué límite ponemos? ¿Qué es razonable? Lo razonable es, por supuesto, dejar toda la libertad, porque una vez que establecemos límites a la libertad de expresión corremos un riesgo serio de que la puerta se cierre completamente. Si un día aceptamos que no se puede blasfemar contra Mahoma, antes o después tendremos que tragar que aquel que no diga que Alá es el único Dios y Mahoma es su profeta sea pasado a cuchillo por ofender las creencias de muchos ciudadanos. Y si se creen que exagero pregúntense qué es lo que pretenden los asesinos de los trabajadores de Charlie Hebdo o los que condenaron a muerte a Rushdie o los que obligan a las mujeres de Afganistán a vestir el burka.

Los periodistas que han sido asesinados este miércoles en Francia no han muerto por la libertad de publicar las caricaturas, no, han dado sus vidas por algo mucho más importante pero ineludiblemente conectado con lo anterior: la libertad de creer lo que a cada uno le parezca conveniente y llevar su vida de acuerdo a las normas morales que él y sólo él considere adecuadas dentro de un marco común en el que, por ejemplo, se contempla que no puedes matar a alguien sólo porque no opina como tú.

Este siete de enero será ya para siempre un día muy triste para las libertades, pero también debe ser un día en el que todos nos pongamos de pie frente a aquellos que quieren arrebatarnos esa libertad que nos ha costado siglos alcanzar. De pie frente al miedo que pretenden inocularnos y el terror con el que quieren doblegarnos.

Y debería ser también el día en el que millones de musulmanes de todo el mundo -y muy especialmente de Europa- saliesen a la calle a demostrarnos que no son la misma escoria que los asesinos de París, que realmente su religión no les convierte en bestias sedientas de sangre y alérgicas a la libertad. Personalmente, estoy convencido de que la inmensa mayoría de ellos son gente como usted y yo, buenas personas que sólo quieren vivir su vida en paz y sacar sus familias adelante, pero ha llegado el momento en el que los asesinos deben saber lo solos que están –si es que lo están- y las víctimas potenciales necesitamos saber a qué atenernos.

Mientras tanto, rindamos todos homenaje a las doce personas que en París han muerto por su libertad… y la nuestra.

MATANZA ISLAMISTA EN PARÍS
Matar, rematar y el 'yihadismo' aquí
Pablo Planas Libertad Digital 8 Enero 2015

Si en los años de plomo de ETA hubieran existido cámaras de seguridad y teléfonos móviles, las muestras de horror y crueldad resultarían tan o más atroces que la protagonizada por el yihadista que este miércoles ha rematado a un policía francés que yacía herido en el suelo, en París, cerca del semanario satírico Charlie Hebdo. En los análisis de urgencia se habla de atentado contra la libertad de expresión y se recuerda que la revista había publicado caricaturas de Mahoma. Contextualizar un crimen no debería significar justificarlo, pero esa es la conclusión de los titulares. Aquellos dibujantes y periodistas rondaban el filo, publicaron viñetas con el Profeta y apuraron al máximo la libertad de expresión. El atentado es contra ellos, no contra la sociedad entera. Craso error.

¿Y los policías? De uno de ellos sabemos cómo murió. La eficacia del yihadista sugiere experiencia de combate en Siria, duros entrenamientos en las bases terroristas islámicas, un manejo diestro de las armas y un fanatismo peldaño menos que el del terrorista suicida. El estremecimiento que provoca el asesinato en directo no ha sido óbice, sin embargo, para la propagación de las causas próximas y remotas de la matanza islamista en París. El desarraigo, la banlieu, la numerosa presencia de ciudadanos franceses en la nueva marca del terror, el Estado Islámico y la guerra santa son los condimentos de un escenario en el que el Ejército de Francia no patrulla por Kabul sino por Toulouse.

Mientras tanto, en España, Al Ándalus para los islamistas, los ecos de la Pascua Militar nos traen la buena nueva de la instalación de un museo del Ejército en Barcelona. Once años después del 11-M, Ceuta, Madrid, Melilla, Barcelona, Tarragona, toda Cataluña son agujas en el mapa de los terroristas talibanes, cajas de reclutas y de recaudación, así como escenarios de alcance global para sus actividades. Los policías pasean sin chalecos antibalas, tan desamparados que se les puede arrojar a las vías del tren, y el Ejército se despliega fuera de nuestras fronteras como si la vieja Europa fuera la plácida retaguardia suiza de los años cuarenta.

La lucha contra el terrorismo, como se debería saber por experiencia, comienza por convencer a algunas de sus potenciales víctimas, como los voceros de la izquierda o el actor Guillermo Toledo, de que los terroristas no tienen causa ni razón. Pero esa tarea no es incompatible con otras más urgentes, como las derivadas de la seguridad. Tras la muerte de un compañero al tratar de reducir a un delincuente habitual, los agentes de la Policía Nacional piden pistolas eléctricas. Tal vez habría que pensar en otras armas, más pesadas, como en Francia, para hacer frente al terrorismo. Aunque parezca que no sirve de nada.

MATANZA ISLAMISTA EN PARÍS
Suma y sigue
Óscar Elía Libertad Digital 8 Enero 2015

Sabemos poco del atentado, salvo quizá lo más preocupante: que no es un hecho aislado, sino más bien todo lo contrario, y que es un golpe brutal del islamismo contra el único medio de comunicación europeo que se había atrevido a desafiarlo abiertamente.

El crimen de hoy se produce en un momento en el que los países occidentales están continuamente desarticulando células y deteniendo terroristas en fase de preparación de atentados. Se cuentan por docenas los detenidos en los últimos meses en Europa Occidental acusados de planificar atentados islamistas o de enviar dinero o personas a luchar a Siria.

Pero nada de esto es suficiente. El catálogo de terroristas islámicos se amplía en todas las direcciones: miembros de redes jerarquizadas o individuos solitarios, inmigrantes de segunda o tercera generación, conversos al islam o nativos, visitantes de campos de entrenamiento o participantes de las guerras de Siria e Irak. Son muchos, de origen y trayectoria tan diversas que, simplemente, las fuerzas de seguridad no pueden pararlos a todos.

A su vez, los métodos con los que atentan en nuestras calles son enormemente heterogéneos: da igual bombas, cuchillos, martillos, kalashnikovs o coches lanzados a toda velocidad. Y comisarías, zonas comerciales o mercadillos navideños. Usan métodos demasiado variados, impensables o inauditos como para preverlos a tiempo.

Así las cosas, no hace falta ser adivino para saber que a la barbarie de la sede de Charlie Hebdo seguirán otras en nuestras calles. ¿Debemos entonces aceptar mansamente los asesinatos periódicos en nuestras ciudades al grito de "Alá es grande"? ¿Cruzar los dedos para no encontrarnos en toda nuestra vida con un terrorista islámico en un centro comercial, un aereopuerto o un estadio de fútbol?

En verdad, no hay nada misterioso e inevitable en los atentados que periódicamente asuelan nuestras calles. El terrorismo no es más que un medio para imponer una voluntad, y en cuanto tal necesita unas condiciones y unas circunstancias, tanto morales como materiales. Que se crean mucho antes de que el crimen se produzca. Desde este punto de vista, las sociedades occidentales constituyen hoy el caldo de cultivo perfecto para los grupos islamistas. Citaré sólo unos ejemplos, quizá los más polémicos.

Los regímenes de libertades permiten a los islamistas hacer proselitismo, recaudar dinero para fundaciones radicales o viajar libremente de país en país. Lo permiten las libertades de culto, opinión, movimientos. Los derechos occidentales son, a día de hoy, un instrumento en manos de quienes los desprecian: los islamistas simplemente usan las libertades occidentales contra ellas mismas, para eliminarlas. Esta cuestión clásica -la de la tolerancia con los intolerantes, la de los límites de derechos y libertades con sus enemigos- les resulta a los europeos desagradable, pero no por eso van a tener que dejar de planteársela en algún momento.

Las sociedades occidentales tienden a tratar al islam como al resto de culturas o religiones presentes en su seno. Los europeos no quieren pensar en que esto pueda ser de otra manera. Pero a la vista está que no es así. Los europeos evitan pensarlo, pero lo cierto es que el proyecto común de los musulmanes -moderados o fanáticos- para Europa es incompatible con las instituciones europeas, y éste es el marco en el que unos asesinan y los otros evitan colaborar con las autoridades en su represión. Tampoco los europeos entienden muy bien esta solidaridad de fondo entre unos y otros. Que es la que ha creado campos de impunidad, no sólo en guetos marginales, sino en las mezquitas más conocidas, donde hace captación de radicales. También a la cuestión de cómo tratar al islam, moderado o no, deberán enfrentarse los europeos tarde o temprano.

Esto respecto a las circunstancias internas de nuestras sociedades. Pero no menos contradictorias son las circunstancias externas. Los ejércitos occidentales luchan contra el yihadismo en países remotos.

En el Sahel, Afganistán o Irak se juega buena parte de la lucha contra el terrorismo. Como ocurre con las fuerzas de seguridad, tampoco es suficiente la acción militar. Aunque también esto los occidentales evitan afrontarlo, lo cierto es que tan importantes como las pickups artilladas o los blindados del ISIS en Irak lo son las páginas web, las fundaciones culturales o humanitarias sostenidas por las monarquías islámicas del Golfo Pérsico. ¿Tiene sentido combatir a yihadistas o detenerlos cuando se buscan inversiones de los patrocinadores del islamismo radical? Si la famosa frase de Marx –los capitalistas nos venderán la soga con la que les ahorcaremos– tiene algún sentido, lo tiene con la relación que los occidentales tienen con las monarquías islámicas, que constituyen, en el fondo, el sostén de la ideología islamista cuya última fase es el atentado.

En conclusión: los occidentales se han acostumbrado a combatir el yihadismo y el terrorismo en la última fase del proceso: cuando actúa en París o en Irak. Pero entonces es tan heterogéneo, tan variado y tan extenso que una y otra vez los ataques se suceden. Se muestra imparable, invencible. La clave está más allá del momento. Con una cultura centrada en el instante, en el aquí y el ahora, los occidentales van a tener que afrontar tarde o temprano cuestiones que hoy evitan, y que hasta hace poco parecían impensables: el alcance y los límites de sus sistemas de libertades en relación con los que las niegan; su relación con una religión, la islámica, que representa la negación de los valores e instituciones occidentales; y su relación con países y regímenes que, en última instancia, constituyen el origen primigenio de la ideología que desemboca en las matanzas que se nos hacen habituales.

Mientras las sociedades occidentales no se planteen estas cuestiones, será materialmente imposible evitar que los crímenes islamistas en nuestras calles continúen su progresión. El suma y sigue está garantizado.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Mahoma, 'Charlie Hebdo' y el humor
Santiago Navajas Libertad Digital 8 Enero 2015

Cuando se publicaron unas viñetas en un diario danés en las que se bromeaba con el vínculo entre el islamismo y el terrorismo, la acción violenta por parte de algunos grupos islámicos contra el periódico llevó a algunos representantes de la opinión publicada socialdemócrata a pedir la (auto)censura de dichos actos humorísticos. Así, Miguel Ángel Bastenier escribía en El País:

Ahora, en cambio, es Occidente quien inflige directamente la ofensa, y no sólo ésta no se ciñe a una persona, sino que la publicación en un diario del corpus delicti se presta especialmente a hacer responsable a todo un colectivo. Pero está claro que, pese a todo, hay que defender el derecho a la crítica, porque una vez iniciado el camino de las prohibiciones nadie conoce su punto final. La autorregulación parece la única respuesta.

Mientras que Olivier Roy sostenía (por usar su beligerancia verbal: con mala fe y todavía más idiocia):

El conflicto de las caricaturas danesas es presentado con frecuencia como la expresión de un choque de civilizaciones entre un Occidente liberal y un islam que rechaza la libertad de expresión. Hace falta mucha ignorancia y todavía más hipocresía para sostener esta tesis.

Es decir, la izquierda radical-chic se quitaba la careta y pedía la censura de los medios de comunicación, alineándose de esta forma con los voceros del islamismo en Europea, de Sami Naïr a Tarik Ramadan, y varios pensadores cristianos autodenominados teólogos de la liberación. También, con la derecha más ultramontana y religiosa, liderada por el entonces presidente George W. Bush. Parafraseando a Cioran, los religiosos se unen a la hora de hacer una cruzada, o una yihad, contra el humor.

En respuesta a ese islamismo brutal y a esa izquierda domesticada, la revista satírica Charlie Hebdo dedicó un número especial a Mahoma y los islamistas en la que se veía al Profeta exclamando:

Es duro ser amado por los gilipollas.

Es decir, con inteligencia y valentía los humoristas ponían el dedo en la llaga, distinguiendo la religión islámica de sus derivadas patológicas. Y asumiendo que la mayor parte de los musulmanes son lo suficientemente inteligentes para comprender un subtexto irónico en lugar de, como hacen implícitamente los Bastenier, George W. Bush y compañía, creer que el conjunto de los musulmanes son un hatajo de analfabetos al borde de un ataque permanente de histeria colectiva y delirium tremens asesino.

La declaración de intenciones de Charlie Hebdo fue impecable, y merece constar como leyenda en el frontispicio de todas las Facultades de Periodismo:

No hay que herir la fe de los creyentes, nos dicen personas razonables y los empresarios del yogur que temen el boicot. Estamos abiertos al debate. Pero, dado que el debate tiene lugar, hará falta en adelante que ciertos creyentes dejen de herir inmediatamente a aquellos que no comparten estrictamente las mismas convicciones que ellos. Y que cesen de responder al lápiz y a la pluma con el puñal y el cinturón de explosivos.

Ahí resuenan el eco y el espíritu de otros ilustres bocazas, de Sócrates a Voltaire, de Giordano Bruno a Stephan Zweig, todos ellos partícipes de los versos lírico-épicos de Quevedo:

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy sin miedo que libre escandalice
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice…

Al que también hubiera recomendado silencio el presidente Rodríguez Zapatero, el hombre que presumía de decencia y dignidad pero que cometió la infamia de acobardarse contra los heraldos del terrorismo internacional, pareciéndose al sheriff perezoso y miedica de El hombre que mató a Liberty Valance:

La libertad de expresión es una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos y nunca vamos a renunciar a ella. Ahora bien, no existen derechos sin responsabilidades por las sensibilidades diferentes. La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político.

Este párrafo, firmado al alimón por ZP y el primer ministro de Turquía, Erdogan (hoy instalado en una deriva totalitaria de corte islamista que ya entonces veía venir todo el mundo menos el presidente del Gobierno español), es el más hipócrita y repugnante desde el punto de vista moral y político que he tenido la ocasión de leer en mucho tiempo. Y desde un punto de vista lógico, el presidente de un Estado de Derecho, aunque no se lo crea, está abogando por la represión de todas las manifestaciones que no dejan indiferentes. Que son todas las que no son banales o triviales, las dos características fundamentales de sus discursos, en el mejor de los casos.

El equivalente satírico español de la revista francesa, El Jueves, reflejó sin tapujos y a tumba abierta el miedo que subyace a los reflejos censores de la socialdemocracia casposa e instalada en el power-flower, lo que en Italia se denomina radical-chic, titulando su revista:

Íbamos a dibujar a Mahora… ¡pero NOS HEMOS CAGADO!

Sólo nos queda saludar con tristeza no exenta de orgullo democrático a los trabajadores de la revista Charlie Hebdo, recordando una frase de Dutton Peabody, el periodista que se negó a censurar una información ante las amenazas del matón Liberty Valance en la obra maestra cinematográfica y liberal de John Ford. Por ejemplo, cuando ironizaba (¡ay, de nuevo el humor contra los violentos!)

¿Liberty Valance tomándose libertades con la libertad de prensa?, o, más tarde, con el monólogo que recita ante la convención que lo nomina como candidato a delegado del Estado:

Buena gente de Shinbone, ¡soy vuestra conciencia! Soy la vocecita que truena en la noche. ¡Soy vuestro perro guardián que aúlla contra los lobos! ¡Soy vuestro padre confesor!

Yo soy vuestra conciencia, yo soy la débil voz que truena por las noches, vuestro perro guardián que aleja a los lobos, yo soy vuestro padre confesor, yo soy… ¿qué mas soy?

Los lobos han vuelto y merodean entre nosotros. Honor y reconocimiento para nuestros nobles perros guardianes, los periodistas asesinados de Charlie Hebdo.

cineypolitica.blogspot.com.es

MATANZA ISLAMISTA EN PARÍS
Ya vamos tarde
Eva Miquel Subías Libertad Digital 8 Enero 2015

Me siento muy, muy indignada. Indignada con una rabia fría, lúcida y racional. Una rabia que elimina cualquier atisbo de distanciamiento o de indulgencia. Una rabia que me invita a responderles y, sobre todo, a escupirles. Les escupo a todos ellos. Indignada como yo, la poetisa afroamericana Maya Angelou, rugió también: "Be angry. It's good to be angry, it's healthy" ("Indignaos. Es bueno estar indignados. Es sano").

Con estas palabras iniciaba Oriana Fallacci el tercer párrafo de su espléndido y descarnado relato La rabia y el orgullo tras el atentado del 11 de septiembre de 2001.

Mi primera reacción al enterarme de la noticia del brutal atentado a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo y que en el momento de escribir estas líneas eran doce las personas fallecidas, fue la de acudir al escrito de la periodista italiana. Porque lo tengo mentalmente grabado y casi tatuado en mi piel.

Yo también estoy indignada. Pero estoy, por encima de todo, serenamente preocupada. Y mucho. Porque el atentado contra la revista que, acogiéndose a la vía humorística, hacía frente al despropósito que supone el avance letal del fanatismo islamista, va mucho más allá, tal y como advertimos hace ya más de una década.

Una década en la que han sido numerosos los síntomas y más que evidentes las señales que nos indicaban el paulatino debilitamiento de nuestra sociedad, de nuestra democracia, de nuestros pilares más básicos sobre los que nuestro bien más sagrado y preciado se erguía orgulloso: la Libertad.

Erguía, sí. Porque hemos permitido que la Yihad avanzara y laminara nuestros valores y los cimientos de nuestra civilización.

Porque estos fanáticos desconocen e ignoran el significado de la libertad de expresión como el derecho fundamental del ser humano que consiste en la libre información, ideas u opiniones que nuestros medios difunden y de los que nuestra sociedad, afortunadamente, goza.

La primera, por cierto, en verse cercenada en cualquier país donde la democracia es despreciada y que, por desgracia, son todavía unos cuantos.

Estamos perdiendo claramente la batalla de las ideas y me temo que ya no podemos seguir atrincherados. Ya no.

No podemos seguir mirando hacia otro lado cuando la figura de la mujer en según qué países es atacada sistemáticamente, humillada y vejada hasta límites que jamás podríamos ni siquiera imaginar en el siglo en el que estamos, en nombre de me da igual quién.

No podemos seguir impávidos ante la amenaza permanente del radicalismo islamista y desde luego, no podemos caer en la trampa del multiculturalismo y el relativismo moral, porque a partir de éstos se cierne la tragedia.

Son muchos los años, numerosas las guerras y cientos de miles los muertos caídos en el camino que nos permitieron tejer y asentar las bases sólidas de la civilización occidental y no nos podemos permitir el lujo de que ésta siga en riesgo.

Porque ellos nos desprecian de la manera más evidente. Sin pudor. Y haciendo alarde de decapitaciones públicas por el simple hecho de no pensar como ellos. O por el simple hecho de pensar. O por no comulgar con su excluyente manera de creer en el más allá.

Francamente. No tengo la solución. Aunque me temo que ya vamos algo tarde. Así que voy a acabar con el primer tweet que escribí al enterarme del dramático suceso de ayer: o reforzamos la Libertad aferrándonos a los valores occidentales que la hicieron grande y salimos juntos a llevarla a hombros o esto se acaba. Así. Sin más.

La Tercera Guerra Mundial consiste en esto: Occidente, en la batalla contra el totalitarismo islamista
Editorial La Tribuna www.latribunadelpaisvasco.com 8 Enero 2015

Resulta demasiado habitual que políticos, intelectuales y personalidades públicas afirmen demagógicamente que toda crítica realizada al Islam es exagerada, provocadora y fuera de tono, y que es necesario mantener con esta religión el mismo trato que en la mayor parte de Occidente se mantiene con otras creencias religiosas, especialmente, por su gran expansión, con el cristianismo. No es cierto. La religión islámica merece ser sometida a férreos análisis críticos, pero, además, las instituciones occidentales han de prestar una atención estricta y sin concesiones al hecho de que quienes profesan esta creencia no socaven, en su ejercicio, pilares fundamentales de nuestras democracias o de nuestro sistema de libertades.

Ningún ciudadano europeo critica a un musulmán, simplemente, por creer en otro Dios, por escuchar a otro profeta o por atender a unos códigos religiosos diferentes, sino que el problema se establece en el momento en el que algunos fieles musulmanes, cuando viven y trabajan en Europa, quieren extender las exigencias propias de su fe particular (excluyentes, intolerantes, fanáticas, antiliberales y profundamente agresivas con respecto a las mujeres, pero también en relación con otros grupos sociales) al resto de los ciudadanos y, lo que es peor, a los ordenamientos jurídicos de los países que les acogen.

Ciertamente, entre nosotros no faltan iluminados que en base a un falso progresismo, a una torticera interpretación del multiculturalismo y a un perverso relativismo ideológico que, al final, siempre acaba confundiendo la tolerancia con la injusticia y la libertad de credo con el integrismo, defienden que el Islam más radical pueda expandirse por Europa y América sin ningún tipo de control político, judicial o policial. Pero quienes abogan por este respeto petulante a las creencias de los otros (especialmente cuando los otros son musulmanes, no cuando se trata de cristianos o judíos, por ejemplo) han de entender que quienes señalamos que lo que está en juego actualmente es la supervivencia de la civilización occidental, y de los valores esenciales de ésta, frente a los continuos ataques liberticidas, sectarios y fanáticos del islamismo más radical, solamente estamos advirtiendo de algo que yihadistas ya tienen asumido como el principal objetivo de su vida: la destrucción última de nuestro “pecaminoso” sistema de convivencia.

Un ejemplo. El pensamiento del islamista Mohamed Bouyeri, que el 2 de noviembre de 2004 asesinó en una calle del centro de Amsterdam al cineasta y agitador cultural Theo Van Gogh, fue analizado por un experto en el Islam que envió su informe al Tribunal que al final condenaría al criminal a cadena perpetua.

Ruud Peters, que así se llamaba el profesor encargado de analizar para los jueces las referencias ideológicas del asesino Bouyeri tomando en cuenta las cartas, las reflexiones y las anotaciones dejadas por éste, explicó en su informe que Mohamed Bouyeri había comenzado por rechazar los valores occidentales. La siguiente etapa fue su rechazo al Estado democrático y a las instituciones legales de éste. Más tarde, explica el profesor Peters, Bouyeri hizo un llamamiento a la “yihad global” en contra de la democracia. Finalmente, el criminal abogó por la violencia frente a aquellos individuos que hubieran “insultado” al Islam o al profeta. Unos meses más tarde, Mohamed Bouyeri, un joven de 27 años nacido, criado y educado en Holanda, asesinó a Theo Van Gogh descerrajándole siete disparos y, posteriormente, degollándolo en medio de una calle de Amsterdam. En el juicio, Bouyeri anunció ante el Tribunal que estudiaba su caso que no se arrepentía de nada de lo que había hecho y que, si era puesto en libertad, volvería a hacer lo mismo.

El principal freno que existe en Occidente a la lucha contra el totalitarismo islamista y, consecuentemente, contra el terrorismo yihadista, se encuentra en el interior de nuestras sociedades. Abunda entre nosotros un falso, ignorante y pretendido progresismo, patrocinado especialmente por los partidos de izquierda y las formaciones nacionalistas, que se ha convertido en un pozo ética e ideológicamente hediondo en el que preservar los valores occidentales, proteger las libertades individuales y defender la democracia liberal se ha convertido en un anatema para los defensores de lo “políticamente correcto”. De este modo, y con una derecha ideológica y políticamente acomplejada ante los mitos intocables de la socialdemocracia, muy pocos entre nosotros se atreven a defender con contundencia los valores ilustrados y liberales, lo que ha abierto en Occidente el camino a una gravísima proliferación de los más variados procesos de radicalización y extremismo. El principal de ellos, aunque no el único, el islamismo.

El pensamiento débil e inerte que la socialdemocracia ha insuflado en Occidente en las últimas décadas ha abierto una vía fatal hacia la infantilización intelectual de nuestras sociedades, al quebranto del proyecto ilustrado y a un “todo vale” global que ha alcanzado límites de ruindad y demérito difícilmente superables. En este sentido, pretender una paridad radical de todas las ideas, presumir la nobleza de todas las opiniones y situar en un mismo plano ético a víctimas y verdugos, tal y como hacen quienes todavía hoy acusan a “Charlie Hebdo” de haber ofendido previamente a los musulmanes al publicar unas caricaturas de Mahoma, supone arrasar los valores fundamentales de la modernidad occidental. Pero, sobre todo, y lo que es peor, implica proporcionar una carta de legitimidad absoluta a quienes, como los fanáticos islamistas, producen, alimentan y propagan proyectos de exterminio, de eliminación, de racismo, de discriminación o de aniquilación. Además, supone aceptar la aberrante idea de que quienes defienden estas opiniones bárbaras tienen tanto derecho a ser respetados como quienes desarrollan e impulsan criterios de respeto, de tolerancia y no atentatorios contra el resto de la humanidad.

Los bárbaros, los crueles, los fanáticos y los irracionales, por mucho que disfracen sus discursos de odio bajo los ropajes más o menos elegantes de la política, de la cultura o de las creencias religiosas, no pueden tener cabida entre nosotros. Y, por ello, Occidente debe lanzarse a la batalla.

Efectivamente, la Tercera Guerra Mundial es esto.

Por este motivo, es necesario educar a nuestros jóvenes en la idea del máximo respeto a los derechos individuales de las personas y en la creencia de que éstos no pueden ser comparables a los “presuntos” derechos de una confesión religiosa, de un “pueblo”, de una raza o de una determinada clase social.

Es necesario apoyar sin fisuras, tanto dentro de nuestros respectivos países como allí donde sea necesario, la lucha policial y militar más firme contra los procesos de radicalización y los movimientos totalitarios, tengan éstos el carácter que tengan. El pábulo ignorante que políticos, organizaciones, medios de comunicación y personajes del más variado pelaje han dado, por ejemplo, a individuos como Edward Snowden o Julian Assange, auténticos traidores a nuestro sistema de libertades, es un claro ejemplo de cuánto nos queda por recorrer en este sin duda duro camino.

Es necesario que los atentados terroristas sean juzgados como actos de genocidio; es necesario agravar las penas y castigos para quienes los cometen y, sobre todo, es necesario entender que es preciso legislar primero, y aplicar las leyes después, de tal modo que quienes buscan acabar con nuestras libertades no se beneficien de ellas.

Es necesario asumir que Occidente está en guerra contra el totalitarismo islamista que se alimenta en los gobiernos lejanos de Irán o de Arabia Saudí, pero que también se sustenta en las mezquitas que nos son próximas, en las ayudas sociales que pagamos todos y que han alimentado durante años a centenares de musulmanes que posteriormente han viajado a Siria o Irak a hacer su mortífera “guerra santa” y en los millonarios presupuestos públicos que legitiman un “multiculturalismo” vacuo que solamente demuestra una gravísima falta de confianza en nuestro sistema de convivencia y en las normas que protegen nuestros derechos y libertades.

Es necesario interiorizar que Occidente es, en esencia, la forma más y mejor elaborada de civilización que ha creado el ser humano y que, nuestro sistema de convivencia en libertad, por su capacidad para respetar todas las ideas y creencias, y por su apuesta sin fisuras por el libre pensamiento y la libertad de expresión, ha alcanzado los niveles más altos de desarrollo, progreso y bienestar. Y es necesario hacer saber al mundo que, desde ya, haremos todo lo necesario para defender este bagaje que nos hace más grandes, más fuertes y, desde luego, mucho mejores que los demás.

“La Tribuna del País Vasco” no comparte ni el tipo de humor, ni la línea ideológica, ni los mensajes periodísticos que habitualmente publica “Charlie Hebdo”. Pero desde hoy, “La Tribuna del País Vasco” hará todo lo posible para que estos contenidos lleguen al mayor número de lectores. Porque en esto es lo que reside la libertad de prensa, de pensamiento y de expresión. Columna vertebral de nuestra civilización frente a todo tipo de totalitarismos.

La matanza en Charlie Hebdo reclama unidad
PABLO SEBASTIÁN. www.republica.com  8 Enero 2015

La unidad de los ciudadanos es esencial para dar respuesta a los ataques del terrorismo islámico como el ocurrido en París. Así lo ha dicho el presidente de Francia, François Hollande, y lo han reiterado el primer ministro de Gran Bretaña David Cameron y la canciller Ángela Merkel durante una reunión de ambos celebrada en Londres. Y esa unidad francesa y europea ha de ser, en estos tiempos de gran incertidumbre económica y política de la UE, y de España en particular, una actitud que también debe animar al conjunto de los españoles, cada vez más divididos por toda clase de desencuentros entre los que figura el demencial proceso secesionista catalán que no conduce a ninguna parte y que de ninguna manera puede ni va a prosperar.

La brutal matanza llevada a cabo por un comando islamista en la redacción parisina del semanario satírico francés ‘Charlie Hebdo’ ha encendido todas las alarmas en Francia -y en la Unión Europea, España ahí incluida- por el alcance de semejante ataque contra las personas, la democracia y las libertades. Agresión que puede suponer el inicio de una nueva oleada de atentados yihadistas en Occidente, y aumentar el ascenso de la xenofobia en el seno de la UE contra la inmigración musulmana y en Francia de una manera especial y en favor del Frente Nacional de Marine Le Pen.

Se trata, según lo declararon los propios terroristas en su ataque a ‘Charlie Hebdo’, de una venganza en el nombre de Mahoma, del que el semanario galo había reproducido unas famosas viñetas publicadas en Dinamarca y otras de producción propia (alguna de ellas no apoyada por el Gobierno de Francia) que también provocaron amenazas y acciones terroristas en contra de sus autores, y un comic sobre la vida de Mahoma. Lo que provocó un anterior incendio contra la revista pero sin la gravedad y virulencia de este último atentado que se ha zanjado con 12 muertos y 4 heridos, provocando una conmoción nacional en Francia donde su presidente François Hollande calificó la masacre de ‘barbarie’ la brutal accion.

Estamos ante un nuevo peldaño de la escalada yihadista que se despliega en todo el mundo por los más radicales seguidores del islamismo internacional, que tiene su máximo exponente en el nacimiento y el desarrollo del Estado Islámico (EI) -o el nuevo Califato- asentado en Irak y en una parte de Siria y nacido de entre los escombros de la desastrosa e ilegal guerra de Irak con la que el expresidente Georges W. Bush quiso vengar el ataque terrorista de Bin Laden en USA del 11 de septiembre.

Una guerra de Irak fracasada que ha dejado Irak en la ruina y en una latente guerra civil, en la que muchos de los exgenerales y oficiales del ejército del expresidente Sadam Hussein se han sumado a las huestes bien armadas del Califato que avanzan en Siria, Libia y en otros países de África sin que las naciones de Occidente y los países árabes moderados sepan qué hacer o cómo responder, temeroso como está el presidente Obama de volver a una nueva guerra en el Oriente Próximo. Una zona muy conflictiva donde la ausencia de paz entre Israel y Palestina impide coordinar un frente árabe en contra del yihadismo radical.

Estamos pues ante un ataque terrorista no solo en Francia y en contra de un medio de comunicación -Hollande dijo que la masacre iba contra Francia y lo que significa su libertad-, donde los periodistas han vuelto a ser victimas del terror islámico -y también dos policías franceses, vilmente rematados en el suelo por los asesinos-, lo que ha provocado una oleada mundial de solidaridad política y del mundo de la información.

Y lo que obliga, para empezar en España, a estar muy atentos y extremar todas las medidas de seguridad como las que ayer se activaron en Madrid desde el ministerio de Interior. Vamos a ver cómo discurren las próximas horas y si el comando terrorista es cazado por la policía francesa, porque esas fieras que andan sueltas ya han demostrado su crueldad y su capacidad de matar. Y lo que es peor, pueden haber abierto una camino para que otros de su estirpe criminal los quieran imitar.

Je suis Charlie
JOSÉ ONETO. www.republica.com 8 Enero 2015

El atentado en París contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, que hasta ahora ha producido una docena de muertos y numerosos heridos que se debaten entre la vida y la muerte, ha provocado una ola de indignación y de miedo en toda Europa, donde se está viviendo estos días una especial movilización antimusulmana, con preocupantes manifestaciones masivas en Alemania, especialmente en Dresde, en la antigua RDA (República Democrática Alemana), así como en Francia.

Si los radicales musulmanes que han atacado con armas automáticas a los humoristas, caricaturistas y periodistas que hacían el semanario francés (una especie de El Jueves o Mongolia, en España) querían vengar la memoria de Mahoma o Alá, supuestamente mancillada en sátiras políticas o religiosas y en caricaturas publicadas a lo largo de estos años, especialmente en 2006, cuando reprodujeron otras que había sacado a la luz en 2005 una revista danesa Jyllands-Posten, algo que provocó una oleada de violencia antidanesa en varios países musulmanes, que costaron la vida a 50 personas, han conseguido un efecto contrario, un efecto multiplicador. Millones de publicaciones han vuelto a reproducir lo que para esos sectarios era impublicable. Porque impublicable es para ellos representar a Mahoma con un turbante del que salía la mecha de una bomba, poner en boca del Profeta la desesperada petición a los terroristas de que no se inmolasen, porque ya no quedaban más vírgenes en el paraíso, o como en el último numero que salía a la calle, parodiar al Ramadán con motivo de la publicación del libro de Michel Houellebecq ”Sumision”.

El libro de Houllebecq, todo un éxito editorial aún antes de distribuirse, cuenta como política ficción, el triunfo en 2022 del candidato a las presidenciales de la “Fraternidad Musulmana”, gracias al respaldo de las tradicionales formaciones de Gobierno, el Partido Socialista (PS) y la conservadora UMP, para impedir el acceso al poder de Le Pen, con el argumento de la defensa de la construcción europea. La “Fraternidad Musulmana”, cuya victoria en las elecciones presidenciales lleva a su líder, Mohamed Bin Abbas al poder, pone en marcha un proceso de transición al Islam en Francia, que comienza con cambiar el nombre de la Sorbona, para que sea la Universidad Islámica, que se convertirá en el foco del Islam en todo el Mediterráneo.

La campaña alarmista del autor de la novela contra la supuesta amenaza del Islam para Francia, no representa ninguna novedad, puesto que Houellebecq es conocido por su postura racista contra el islamismo y sus seguidores, y es desde esta posición desde la que alerta a los franceses sobre la grave pesadilla a la que tendrán que enfrentarse para evitar un trágico futuro en el que reinarían las tensiones sectoriales, que pondrían al país vecino al borde de la guerra civil.

Es en este ambiente en el que la lucha por la laicidad y las referencias a la República se encuentran en retroceso, frente al avance del Islam, es precisamente en ese clima, en el que se ha producido la masacre de este miércoles, contra un semanario que siempre ha utilizado la sátira, dura, ácida, provocadora, y sobre todo irreverente, contra todos los poderes, contra todas las religiones, contra todos los símbolos, utilizando la legítima libertad de expresión y un humor corrosivo.

Charlie Hebdo se ha reído de todo, de la izquierda y de la derecha, de los judíos, de los negros, de los musulmanes, y hasta del Papa y la Virgen María. A veces pone a prueba nuestro propio asombro, pero la sátira y ese tipo de humor están hechos precisamente para probar nuestros límites. Hoy el mundo asiste horrorizado al desarrollo de esta masacre que es el debate entre civilización y Medievo. Mañana seguirá el horror, pero habrá muchos Charlie Hebdo que olvidarán el miedo y continuarán ejerciendo la libertad de expresión, la sátira, la burla y el humor, como máxima manifestación del talento… “Je suis Charlie”.

Han matado a Charlie Brown
MARCELLO. www.republica.com 8 Enero 2015

Nos habían avisado de que el año 2015 iba a ser tremendo y ya se ve. Apenas se fueron los Reyes Magos de España y el terrorismo feroz islámico se ha dado un baño de sangre en París arrasando a sangre y fuego la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, que se había atrevido a publicar unas caricaturas de Mahoma, en línea con su desobediente línea editorial.

En ese brutal ataque han muerto diez personas de la redacción y otros dos policías, y entre ellos su director y tres notorios dibujantes del semanario Charlie Hebdo. Con sus muertes los terroristas han asesinado la sonrisa irónica de la libertad de expresión y han dejado a Francia, Europa y a todo el planeta Tierra sumidos en el espanto y sin encontrar una explicación.

Es como si los terroristas hubieran asesinado a sangre fría al encantador Charlie Brown, el bueno de Carlitos, el amigo de Snoopy, la criatura mas dulce de Schultz, simplemente por haber hecho una pintada simpática en una pared.

¿Qué buscan los asesinos? Imponer su ley criminal de silencio y el final de la libertad de expresión. Que le pregunten a Salman Rushdie, que lleva decenas de años escondido, y a no perder de vista al niño loco y presidente de Corea del Norte Kim Jon Un, el mismo que pretendió con sus amenazas prohibir la proyección de la película ‘La entrevista’ -lo que no ha logrado, afortunadamente ,aunque estuvo a punto de lograrlo- en la que se emite una parodia del ridículo y sanguinario dictador coreano.

¿Qué se puede hacer? Nadie lo sabe, porque el terrorismo es un arma letal tan cobarde como imprevisible y si está en manos de unos locos suicidas como los del 11-S, o los que se inmolaron en Leganés tras el 11-M de la capital española, pues todavía más difícil de parar. Pero la respuesta a esta locura de nuestro tiempo tiene que venir siempre bajo las banderas de la democracia y de la libertad, y por supuesto de la mano poderosa de los que están dejando pasar el tiempo ante el nacimiento del enloquecido califato al que nadie sabe cómo frenar.

Sí, hoy día todos somos Charlie y lo vamos a seguir siendo en este tiempo tan difícil para la libertad de expresión, con periodistas degollados a manos de esos islamistas feroces y enloquecidos que exhiben su violencia como si de un juego de videoconsola -donde hay demasiada violencia- se tratara, pensando estos enloquecidos que asesinando a personas acabarán también con la libertad, y eso es imposible y no lo van a lograr.

La yihad en el corazón de Europa
Yolanda Morín, editora de MinutoDigital.com 8 Enero 2015

El salvaje atentado contra la sede de Chalie Hebdo, el semanario satírico que en su día publicó unas caricaturas de Mahoma, arroja un balance de 12 muertos y numerosos heridos (algunos de ellos en estado crítico) en el momento de escribir estas líneas. La noticia nos horroriza y nos conmociona, pero no nos sorprende. Se esperaba desde hace un tiempo, sobre todo desde las últimas mensajes del Estado Islámico llamando a los musulmanes de Francia a golpear a los franceses en cualquier circunstancia y utilizando los medios que fueran. Después de los ataques del mes pasado protagonizados por yihadistas solitarios usando medios “artesanales” para reventar infieles, era de esperar otras acciones más efectivas y espectaculares a cargo de elementos más “profesionales”. Ya está hecho.

A la consternación y al espanto por esta atrocidad, se añade ahora la angustia y el horror de saber que ya se ha dado el pistoletazo de salida para la yihad armada en Francia, y en otras partes de Europa. Esto empieza ahora. Las escenas dantescas vividas en la sede de Charlie Hebdo nos sitúan ya de lleno en el escenario tantas veces descrito y anticipado de una yihad “a domicilio”. Bagdad, Mosul, Karachi… Los mismos degolladores que ensangrientan Siria, Irak, Pakistán y tantos y tantos lugares del mundo, ya han pasado a la acción en nuestras calles.

Las imágenes vistas en los distintos medios son el calco perfecto de esas otras tantas que hasta ahora los occidentales veíamos en Youtube o en la televisión. Decíamos hasta ayer que “ellos” están entre nosotros, afilando el alfanje con el que cortarnos el cuello. Debemos decir que ahora estamos en otra etapa: la del enfrentamiento directo, a la manera en que se da en otros escenarios de la yihad mundial.

Muchos somos los que venimos advirtiendo desde hace años de lo que no era dudoso que iba a ocurrir. Era cuestión de tiempo. Creo que ha llegado el momento de dejar de ejercer el papel ingrato de Casandra. A partir de ahora serán los mismos hechos los que hablarán mejor que cualquier “agorero”, “provocador”, “alarmista” o cosas aún peores, como hemos sido tratados (y lo seguiremos siendo durante tiempo todavía) los que vimos lo que avizoraba en el horizonte y lanzamos nuestro grito de alarma. Con escaso éxito hay que decir, pero había que hacerlo.

La salvajada del ataque contra Charlie Hebdo adquiere la fuerza de un símbolo. Es algo más que la muerte de unas personas inocentes lo que hay que lamentar. Es un ataque directo al corazón de nuestra civilización, nuestros valores, nuestros principios, nuestra cultura: Europa misma y sus pueblos. En la matanza perpetrada yace la voluntad genocidiaria de los invasores/colonizadores que se han instalado con armas y equipaje en nuesta tierra. “Todo aquél que se nos oponga será matado. No habrá vida alguna para los infieles. Alá lo manda así”.

Los 12 muertos de hoy prefiguran los miles, cientos de miles y millones que estamos destinados al cuchillo de estos carniceros. Ya nadie puede llamarse a engaño, ni refugiarse en ensoñaciones y fantasías acerca de la convivencia, la tolerancia, la diversidad…

Pero es necesario no quedarse en la superficie de las cosas y apartar de una vez por todas ese engaño deshonesto, esa mentira piadosa, que pretende establecer una diferencia entre el islam y el islamismo. Esta ridícula excusa retrata demasiado bien a los cobardes que no quieren asumir la auténtica naturaleza del peligro, la verdadera esencia de la amenaza. El islam es incompatible con nuestro mundo, y por lo tanto no tiene cabida alguna entre nosotros. A corto o largo plazo, será inevitablemente ellos o nosotros. No hay una tercera vía.

La realidad nos golpea con su mano de hierro. Urge el despertar de una Europa a la que sólo le queda resistir para vencer o someterse para desaparecer.

La nueva –y preocupante- revolución europea contra el islamismo yihadista
Manuel Ángel Menéndez www.vozpopuli.com 8 Enero 2015

Los atentados en Francia parecen indicar que se ha desatado ya el yihadismo más criminal contra los intereses europeos. Pero, ¿vendrá acompañado de una respuesta ciudadana xenófoba o racista? Hay temor en los gobiernos.

Los atentados yihadistas han tejido una red de miedo en Europa, pero ¿puede producir un brote de racismo?

Félix Sanz Roldán, teniente general del ejército español y director del CNI, lo reconocía de forma reservada en la recepción oficial del pasado 6 de diciembre en el Congreso de los Diputados: el gran problema de todos los servicios secretos del mundo occidental es el terrorismo islamista porque es impenetrable, constituye otra forma de guerra, golpea donde menos se piensa y hace mucho daño, ya que sus terroristas van buscando la muerte, lo que garantiza el éxito de su misión.

Sanz Roldán confirmaba entonces lo que ya era una evidencia: que en España, como en la Europa atlantista, estábamos en alerta máxima [aunque oficialmente se haya decretado ese peldaño ahora, tras el atentado contra el satírico francés Charlie Hebdo] y que todos los servicios secretos –desde la CIA y el MI6 británico hasta la Direction Générale de la Sécurité Extérieure francesa, pasando por el Mossad israelí- habían avisado de dos cosas: primero, del altísimo riesgo de atentado en la Unión Europea –en cualquier país europeo, pero especialmente sobre intereses británicos, franceses y norteamericanos-, y del riesgo no menos grave de una involución en la opinión pública europea con respecto al mundo musulmán.

Desde Irak, donde se ha instalado el Estado Islámico, ha emanado una especie de fatwa generalizada contra los intereses occidentales

Los servicios de espionaje confirmaban también otras cosas, como que el peligro venía de Irak, donde se ha instalado el Estado Islámico de forma imparable, emanando desde allí una especie de fatwa generalizada contra los intereses occidentales, y que más de 20.000 ciudadanos de otros países –incluyendo alrededor de un millar de marroquíes y muchos más europeos- se habían incorporado a la yihad, sin olvidar que quienes regresan de la guerra en Siria o en Irak representan un peligro aún mayor para la estabilidad en sus países de origen. Muchos de esos guerrilleros integristas son ciudadanos europeos, hijos o nietos de antiguos inmigrantes musulmanes en Francia, en Alemania o en la misma España (en el caso de nuestro país, los cálculos oficiales cifran en alrededor de un centenar los que ya se han unido a la yihad).

Los servicios de información sabían lo que se decían, y lo habían analizado a fondo en las dos cuestiones planteadas: la posibilidad de un atentado terrorista (o varios, y de forma indiscriminada) y la involución que ese o esos atentados podían producir en la opinión pública europea respecto al mundo musulmán, y más concretamente hacia los inmigrantes musulmanes.

En septiembre pasado, España ya había elevado su nivel de alerta antiterrorista al 2 máximo (es decir, riesgo alto de atentado en España), y en noviembre, los servicios de información norteamericanos habían comunicado a sus colegas europeos que extremaran las precauciones porque había mucho peligro en España, Francia, Reino Unido, Bélgica y Marruecos. De hecho, estos tres últimos elevaron inmediatamente su nivel de alerta. El Ministerio de Interior español no dio orden de subir al nivel 3 de alerta (riesgo muy alto de atentado), pero de hecho sí aumentó la vigilancia en determinados centros e instituciones.

¿Estos atentados perpetrados al grito de Allah Akbar pueden producir un efecto racista en la población europea?

Lo peor ocurrió ayer en París, y a decir verdad no puede haber cogido por sorpresa al Gobierno francés, obligado ahora a detener cuanto antes a los autores de este crimen execrable. La preocupación tiene ahora otro foco de atención, centrada para los gobiernos europeos en la segunda parte del problema: ¿los asesinatos perpetrados ayer al grito de Allah Akbar (Alá es grande) pueden incentivar los sentimientos racistas y de rechazo al mundo musulmán entre la población eueopea? En España parece que no hay riesgo al respecto –desde Interior se recuerda que eso no lo provocó ni la matanza de los trenes del 11 de marzo de 2004), pero la situación es muy diferente en el norte europeo, especialmente en Francia y Alemania.

En Francia se teme que el Frente Nacional de Marine Le Pen capitalice a su favor el rencor por lo sucedido y supere su techo electoral en los próximos comicios, ello enarbolando la bandera del anti-islamismo. Los analistas creen que hay un importante caldo de cultivo desde que a finales de 2005 diferentes suburbios franceses fueron pasto de las llamas con las revueltas de los hijos de inmigrantes magrebíes. Atentados como los recientemente ocurridos de Tours, Dijon, Nantes y el de París pueden actuar de combustible capaz de poner en marcha la locomotora del racismo y la xenofobia generalizada.

En Alemania, donde la población de origen turco es muy importante, la situación podría tornarse aún más dura: Alternative für Deutschland se ofrece como partido receptor de ese voto de extrema derecha, con la peculiaridad –igual, en el fondo, que en el Frente Nacional- de que la AfD que dirige Bernd Lucke es un movimiento anti-euro y forma parte de ese movimiento más global que constituyen los euroescépticos. Antes de esta serie de atentados islamistas, Lucke se había sumado ya al emergente movimiento anti-islamista alemán, de tintes xenófobos, denominado Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente, abreviado como Pegida. ¿Qué nuevos monstruos estaremos obligados a contemplar tras el abominable crimen múltiple de París? El año 2015 no puede empezar peor para la Europa de las libertades.

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