AGLI Recortes de Prensa   Viernes 9  Enero 2015

La fatwa
Ignacio Camacho ABC 9 Enero 2015

Los dibujantes de «Charlie Hebdo» son hoy el símbolo de una civilización amenazada. Mártires de la libertad

Hay una guerra y la podemos perder porque nosotros dudamos y ellos no. Nosotros y ellos, sí. Nosotros: los europeos, los occidentales, los partidarios –religiosos o laicos– de organizarnos en democracia y vivir en libertad. Ellos: los integristas islámicos, los fanáticos del Corán y su yihad que crecen y se multiplican en las sociedades libres aprovechando su flexibilidad multicultural. Ellos no dudan, no tienen mala conciencia, no ofrecen fisuras en su designio de combate y exterminio contra el infiel. Nosotros sentimos complejo de culpa, remordimientos por nuestro modelo de vida, tormentos relativistas sobre nuestra superioridad moral. Ellos hacen la guerra por todos los medios y nosotros nos negamos a admitir siquiera que la guerra existe. Ellos atacan y nosotros no nos defendemos. Ellos nos odian a nosotros y nosotros… a menudo nos odiamos a nosotros mismos.

No ganaremos esa guerra en primer lugar hasta que no la aceptemos como desafío, y en segundo hasta que perdamos el complejo de culpa por proteger la libertad. Hasta que entendamos que el problema no es de los defectos de nuestra civilización sino de quienes viviendo en ella se niegan a integrarse en sus valores de respeto y convivencia. No ganaremos mientras no nos sintamos seguros de nuestro orden ético y político. No ganaremos mientras no identifiquemos a los enemigos como tales. No ganaremos mientras no dejemos de titubear.

Cuando cayeron las Torres Gemelas, muchos de entre nosotros pensaron y dijeron que en el fondo era más o menos culpa nuestra. Desde entonces han caído otras torres simbólicas: en el metro de Londres, en los trenes de Atocha, en Canadá, en el Cairo, en Siria, en Irak. Y ayer en París y mañana quién sabe dónde. Y una parte significativa de la opinión pública occidental sigue pensando, por buenismo o por corrección política, que esas tragedias son el fruto de nuestros errores y que somos nosotros quienes debemos cambiar. Y todavía en Europa domina la idea de que es un problema más grave la islamofobia que el islamismo. Y cuando la barbarie medieval enseña con feroz orgullo las cabezas recién cortadas nos preguntamos en qué nos estamos equivocando y qué hemos hecho mal. Pues es sencillo: nos hemos equivocado al no entender que vienen a por nosotros y que nos tenemos que defender.

Los dibujantes de «Charlie Hebdo», un grupo de estrafalarios izquierdistas y de ácratas iconoclastas, son hoy el símbolo involuntario de una civilización amenazada. De la Atenas del siglo XXI. Ellos se rebelaron contra el silencio siniestro de la fatwa en nombre de los principios democráticos y lo han pagado con su vida; son los mártires del espacio sagrado de la libertad y la memoria de su coraje es la garantía de nuestro futuro. Enmudecerla, esconderla o relativizarla por miedo es una ignominia pero tiene sentido. Lo que carece de nombre es hacerlo por pura imbecilidad.

Cobardía y sensibilidad
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 9 Enero 2015

CUANDO aún estaban calientes los cuerpos de Wolinski, Charb y demás víctimas del atentado islamista contra el corazón de la República Francesa, (no de un periódico, ni de la libertad de expresión, sino de un Estado laico que no permite encubrir la tiranía sexual o familiar con el velo de la diversidad cultural y la tolerancia religiosa) ya estaban Willy Toledo, la Trujillo, los tíos de Podemos y la panda de Sortu justificando la masacre o exigiendo «respeto para el Islam». Esfuerzo innecesario: en Europa y los USA el terrorismo islamista ya ha impuesto una severa forma de respeto en los medios y la clase política: la autocensura autodenominada sensibilidad.

Jane Austen les perdonará la utilización del término que ella supo elevar adonde no alcanzan la Trujillo y el Willy; pero sería imperdonable que una masacre cuya significación política cabe comparar con el ataque a las Torres Gemelas quedara disimulada como un atentado terrorista más de unos creyentes que se sienten con derecho a degollar a los que no lo son; no sería justo que el epitafio bobo «Todos somos Charlie» acompañe el mohín de disgusto que los cristófobos -en la España oficial muchos más que los islamófobos- sienten ante un acto excusable pero inoportuno, que empaña una de las mayores campañas de manipulación intelectual de la Historia, esa Alianza de Civilizaciones que Zapatero y Erdogan, como recordaba ayer aquí Arcadi Espada, convirtieron en una forma sutil de amenaza a los que ven al islamismo difícilmente compatible con una sociedad laica, democrática, con igualdad de derechos, también para las mujeres, que es lo que han atacado los islamistas en París.

En los USA The land of the free, ni The New York Times ni Wall Street Journal han querido reproducir las viñetas sobre Mahoma que han costado la vida a los humoristas franceses, aduciendo su «sensibilidad hacia las diversas creencias». No entro en la sensibilidad de su accionariado y su cartera publicitaria. El hecho es que su sensibilidad ha estado con los que pueden matar y matan; no con los que pueden morir y mueren. Y con ellos está la mayoría de los medios y los políticos occidentales. Ahora dicen temer que gane la extrema derecha. Su sensibilidad se lo haría pronto llevadero. Entre doblar dos rodillas o una, incluso hallarían cierto alivio.

Nos merecemos lo que pase
Pedro de Hoyos Periodista Digital 9 Enero 2015

Si muere un policía en acto de servicio y el ministro del Interior no acude a su entierro algo malo pasa con ese país, con ese ministerio o con ese ministro, que no se merecían ese policía. Si muere un policía en acto de servicio a la ciudadanía y esa ciudadanía no se moviliza por su muerte algo les pasa a esos ciudadanos, pero no se merecían el sacrificio del policía. Si de ese país surgen descerebrados que insultan al policía asesinado y defienden al asesino ese país se merece lo que le pase.

Si en un país tienen reconocimiento mediático actitudes ruines, vestimentas zafias, opciones chapuceras, programas barriobajeros, personalidades chulescas y expresiones toscas que triunfan sin que nadie eduque ni lo reconduzca, ese país tiene merecido lo que le pase. Si en un país tiene éxito social todo lo que es casposo, feo, antiestético, asocial, grosero, agreste, insociable, inculto o despreciable ese país se merece lo que le pase.

Si un país timado, engañado, robado, esquilmado y traicionado durante generaciones por sus políticos decide solucionar sus problemas votando a Raúl Castro tiene derecho al suicidio. Si un país burlado, desvalijado, empobrecido y vendido por sus políticos pone las esperanzas de regeneración moderna en el neocomunismo (¿Modernidad y comunismo? ¿Regeneración y comunismo?) tiene derecho al suicidio. Porque se merece lo que le pase.

Si un país que ha sido maltratado por unos políticos que lo han estropeado para enriquecerse elige como solución a depredadores de las libertades se merece lo que le pase. Si para organizar su futuro un país tiene que elegir entre una derecha con la que brilla la injusticia social y una izquierda en la que la libertad brilla por su ausencia ese país se merece vivir como Cuba, Venezuela o Irán. Porque se merece lo que le pase.

Si un país rechaza como sexismo ofensivo los anuncios de coches con señora en ropa interior pero acepta complacidamente el anuncio de las campanadas de fin de año con señora en ropa interior, solo porque lo hace en la cadena políticamente correcta, ese país es gilipollas y se merece lo que le pase. Si las asociaciones feministas que protestan aceradamente contra lo primero toleran calladamente lo segundo es que son sectarias, cerriles, manipulables y manipuladoras, y se merecen que les retiren la subvención de una puta vez.

Matar muriendo
RAÚL DEL POZO El Mundo 9 Enero 2015

El yihadismo, que ha rebrotado en el salvaje atentado de Charlie Hebdo, aún se puede manejar o se puede ir de las manos, si no se analiza con lucidez. Según fuentes consultadas, la guerra se activaría con cacerías de musulmanes e incendios de mezquitas. Europa ha criado los chacales, una segunda generación de musulmanes que sienten complejo de culpa por la herejía de sus padres; así que van al frente y vuelven a inmolarse. Es muy difícil luchar contra alguien que entrega su vida como ofrenda a Dios. Demos gracias, suelen decir los responsables de la seguridad, de que entre los millones de musulmanes que hay en Europa los dispuestos al martirio son una ínfima minoría. También creen que dar pasos equivocados podría activar esa bomba atómica llamada matar muriendo.

En España se siente en el subconsciente las cabalgadas de los moros, pero El Cid está bien enterrado en la nave mayor de la Catedral de Burgos, donde hay escrita una frase de Menéndez y Pidal: «A todos alcanza honra por el que en buena hora nació». Se cerró con siete llaves la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar como pedía aquel pelmazo de Joaquín Costa y no hay que vestir de GEO. Sabemos mucho de guerra santa desde niños; en las fiestas del Cristo de Mariana, que es mi pueblo, se celebraba cada 15 de septiembre las luchas entre moros y cristianos, con caballos, turbantes y discursos; tampoco ellos han olvidado.

Después de tantos siglos de contienda, el llamado Estado Islámico tiene Al-Andalus entre sus objetivos de guerra. Los estrategas del terror quieren transformar la melancolía en fanatismo. El recuerdo mítico que sienten millones de musulmanes por España lo resumió Cervantes: «Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural». Claro que Cervantes no iba de multicultural o pactista. Perdió un brazo en Lepanto, estuvo cautivo en Argel y tenía mal concepto de los sarracenos; pensaba que eran embusteros, falsarios y quiméricos.

«Recuperaremos España». En su propaganda incluyen alhambras, mezquitas y castillos y hablan como si la guerra entre ellos y nosotros no hubiera terminado. En realidad la lucha apenas ha tenido tregua. Estuvieron aquí 8 siglos y quieren reiniciar la cabalgada que empezó en el año 711, 80 años después de la muerte de Mahoma, fundador de una religión de una irresistible fuerza de expansión. Cuando Tarik cruzó el Estrecho dio orden de descuartizar a los prisioneros cristianos y mandó cocer sus partes en ollas. Proclamaron el califato y el príncipe de los creyentes residía en Córdoba.

Cada cierto tiempo sectas islámicas más radicales sentían, como los islamistas europeos de hoy, la traición y la herejía de su antepasados, entregados a la poesía y al fino. Venían a degollarlos. Fuimos testigos y sufridores de la eterna guerra civil entre sus sectas por el rigorismo y la ortodoxia del Islam. Hemos soportado el terrorismo y sabemos que de todas las tiranías, la religiosa ha sido siempre la más cruel.

El reto es proteger lo que somos sin perder la esencia de lo que somos
EDITORIAL El Mundo 9 Enero 2015

EL ATENTADO islamista de París, que ha conmocionado a Europa, ha abierto un debate en la sociedad sobre los problemas del multiculturalismo, los límites de la integración, la legitimidad de los Estados para intervenir en la vida de sus ciudadanos, la idoneidad de las leyes para combatir este tipo de crímenes y la capacidad de las fuerzas de seguridad frente a la amenaza yihadista. Se trata, en el fondo, de determinar qué tipo de respuesta hay que dar a quienes, mediante el asesinato y el terror, atentan contra valores que son la esencia de nuestra sociedad.

Los autores de la matanza en la sede del semanario Charlie Hebdo, aunque de origen tunecino, eran franceses, nacidos y educados en Europa. Exactamente igual que el agente al que remataron en el suelo. Su asesinato nos ofrece, de la manera más descarnada, las dos caras de la realidad: entre personas con idéntica cultura y religión, incluso de la misma generación, hay quienes se han integrado perfectamente y quienes han optado por la automarginación y la violencia.

La presencia de ciudadanos musulmanes en Europa hace tiempo que dejó de ser testimonial. En Francia, son más de cinco millones (en torno al 7% de la población total). En España, superan los 1,7 millones (un 3,7%). Salvo incidentes puntuales, lógicos en cualquier tipo de convivencia, no ha habido, por lo general, graves conflictos y la mayoría lo han sido en el ámbito escolar a propósito del uso del velo por parte de las niñas. Aunque eso concierne a una minoría de personas, incluso dentro del propio colectivo musulmán, la ley de prohibición del velo ha generado un enorme debate en la sociedad francesa. El asunto llegó al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que falló a favor de la normativa del Gobierno francés.

Existe en Europa una lógica prevención a la hora de legislar en esta materia. En España, aún más si cabe, por la huella de la dictadura. Sin embargo, la prudencia no debería dar pie a un falso respeto que, en demasiadas ocasiones, esconde absurdos complejos o el miedo a tomar decisiones que podrían molestar a un colectivo, en este caso, el musulmán. Un estado laico no puede hacer excepciones con ninguna religión. En cambio, hemos visto, por ejemplo, cómo hay colegios en los que se ha permitido a unas niñas que se ausenten de las clases de gimnasia porque sus padres, apelando al islam, no consideran esta actividad apropiada para las mujeres. Se trata de problemas de gran repercusión, pues afectan a derechos fundamentales y, en último término, al modelo de sociedad que hemos construido.

La tolerancia y la libertad son la esencia de la civilización europea y lo que la ha hecho progresar. El reto que se le plantea ahora es responder al desafío yihadista sin perder esas señas de identidad. Hay quienes reclaman medidas extremas argumentando que en los regímenes musulmanes no se tendría con los occidentales la comprensión que en Europa existe hacia todos los credos y culturas. Pero precisamente lo que de ningún modo podemos hacer es aspirar a comportarnos como aquellos a los que criticamos. Dicho lo cual, entre la respuesta desproporcionada e irracional y la inacción pusilánime cabe exhibir firmeza en defensa de valores que son universales, como el respeto a la vida y a los derechos humanos, y que han costado sacrificios y mucha sangre. Eso evitará además que en el río revuelto del miedo y la xenofobia traten de pescar los políticos populistas.

Los redactores de Charlie Hebdo han dado una lección al mundo entero al anunciar que la publicación saldrá a la calle la semana que viene. Ese es el compromiso que requiere la lucha por la libertad cuando resulta amenazada por aquellos que la quieren destruir.

¿cuál es su verdadera capacidad en europa?
El terrorismo yihadista y la falsa Guerra Santa contra Occidente
Rafael Calduch Cervera* El Confidencial 9 Enero 2015

Más allá de la condena unánime y la repulsa internacional que ha suscitado el ataque terrorista perpetrado contra el equipo directivo del semanario Charlie Hebdo, conviene realizar una serena reflexión sobre las causas, el alcance y las consecuencias que la amenaza del terrorismo yihadista supone para los ciudadanos europeos.

Si nos atenemos a los datos del Global Terrorism Database, en Europa Occidental se han censado 15.349 actos terroristas en el período entre 1970 y 2013, de los que sólo 36 superaron los 10 muertos por atentado. Los ataques con bombas y explosivos supusieron más de la mitad del total, mientras que los asaltos armados, similares al ocurrido en París, significaron tan sólo un 10% de los atentados.

Paralelamente, y en el mismo período, en la zona del Magreb y Oriente Medio se produjeron 27.655 atentados, de los que 1.365 superaron los 10 muertos. Del total de ataques terroristas, el 58% lo fueron con bombas o explosivos y un 24 % fueron asaltos armados.

Este contraste de cifras nos permite comprobar que el atentado contra Charlie Hebdo se corresponde con un tipo de acción terrorista poco frecuente no sólo en Francia, sino también en el resto de Europa. Al mismo tiempo destruye la difundida y falsa creencia de que el terrorismo yihadista está llevando a cabo una Guerra Santa contra Occidente. La mayoría de los atentados terroristas provocados por Hezbolá, Boko Haram, Al Qaeda o el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) se realizan contra los propios musulmanes y sólo una minoría afecta a ciudadanos o países occidentales.

En efecto, durante las décadas de los 70 y los 80 el terrorismo de origen árabe tenía poco que ver con el fundamentalismo islámico. Se trataba de un terrorismo asociado directamente con el conflicto palestino-israelí o los nacionalismos árabes, que fue alimentado por la bipolaridad Este-Oeste y, en algunos casos, patrocinado por regímenes autocráticos como los de Irán, Libia, Siria o Arabia Saudí, que veían en el terrorismo una fórmula mucho menos costosa y arriesgada que la guerra para defender sus intereses políticos y/o económicos en la zona.

Es a partir de comienzos de los años 90 cuando el fundamentalismo islámico comenzó a nutrir masiva y decisivamente los grupos terroristas de corte religioso. El Grupo Islámico Armado (GIA) y, poco más tarde, Al Qaeda se convirtieron en los modelos de grupos terroristas a emular por sectores islámicos radicalizados.
Una mujer deja una nota de condolencia por el ataque contra Charlie Hebdo en la embajada francesa en Londres (Reuters).Una mujer deja una nota de condolencia por el ataque contra Charlie Hebdo en la embajada francesa en Londres (Reuters).

Una limitada capacidad operativa en Europa
Inicialmente, tales organizaciones surgieron y operaron fuera de Europa (el Magreb, Oriente Próximo, zona del Golfo, países africanos como Kenia o Tanzania), pero con el tiempo expandieron sus actividades a los países occidentales, incluyendo Estados Unidos, Francia, Holanda, Reino Unido o España.

Por tanto, a diferencia del terrorismo social, que ha sido una amenaza a la seguridad de algunos países europeos desde el siglo XIX, el islamismo de corte yihadista es relativamente reciente y su capacidad operativa en Europa es limitada. Ello se debe al hecho indiscutible de que la inmensa mayoría de las poblaciones islámicas de inmigrantes han logrado su adaptación a las condiciones socio-culturales europeas y sólo una minoría muy exigua se ha vinculado a los grupos terroristas.

No obstante, sería peligrosamente ingenuo pensar que la amenaza del terrorismo yihadista en Europa está desapareciendo y, por tanto, que no hay urgencia para establecer una política antiterrorista verdaderamente europea y transnacional. En realidad, lo que se está produciendo es una lenta pero preocupante transformación. Cada vez más claramente el yihadismo islamista está arraigando en sectores marginales de las poblaciones europeas descendientes de inmigrantes musulmanes de origen magrebí, turco o pakistaní.

La causa más frecuente es el desarraigo social y cultural que se produce en algunos de los hijos y nietos de una generación de inmigrantes que, obligados a adaptarse a las condiciones de vida occidentales, mantienen firmes en el entorno familiar sus convicciones religiosas y sus formas de vida originarias. En semejantes casos, la inseguridad emocional y personal suele provocar reacciones de agresividad individual o colectiva, como las que se apreciaron en Francia en las manifestaciones de los barrios periféricos de las grandes ciudades en 2005, que son fácilmente canalizadas mediante el discurso de la verdad absoluta que difunden los imames fundamentalistas y los líderes yihadistas hacia el suicidio mártir en el ataque terrorista indiscriminado o el atentado cruel y selectivo como el realizado contra Charlie Hebdo.

Cabe esperar, por tanto, que en los próximos años asistamos a un incremento de las acciones de grupos terroristas yihadistas en nuestros países o de acciones de violencia practicadas por individuos conocidos como “lobos solitarios”. En ambos casos, la respuesta no puede ser otra que una política antiterrorista eficaz respaldada por la unánime respuesta social contra los actos de tales grupos o personas. En esta respuesta colectiva las poblaciones islámicas europeas deberían implicarse más activamente que lo hacen actualmente, ya que son ellas las primeras amenazadas por las consecuencias de tales actos terroristas.

*Rafael Calduch Cervera es Catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.

Terrorismo islamista
Un problema dentro del islam
Mauricio Rojas Libertad Digital 9 Enero 2015

El terrible atentado de París nos ha recordado que vivimos en tiempos de guerra, global e implacable, contra el islamismo armado o yihadismo. Miles de jóvenes que viven en las sociedades occidentales ya son parte o quieren ser parte de esa yihad global que hoy tiene su epicentro en el denominado Estado Islámico. Esta es la amenaza urgente, lo que debemos enfrentar aquí y ahora. Pero el reto no se limita a ello, ya que el yihadismo fluye de una corriente ideológico-religiosa, el islamismo o islam político, enraizada en los fundamentos mismos del islam.

Debemos por tanto ser capaces de reconocer, como dijo Tony Blair en 2013, que

hay un problema dentro del islam, de parte de los adherentes a una ideología que es una rama dentro del islam (…) En su núcleo existe una concepción de la religión y de la relación entre religión y política que no es compatible con las sociedades pluralistas, liberales y tolerantes.

Esta concepción no es, sin embargo, algo privativo del islamismo, sino que arraiga en la aspiración fundacional del islam de regir la vida social en su integridad. Esta aspiración, y no sólo los métodos para alcanzarla, es el quid del problema. En este sentido, es sintomático que la crítica al yihadismo proveniente del islam institucionalizado (como el gran muftí de Egipto) se centre en la brutalidad de los métodos o en la proclamación ilegítima del califato, pero sin entrar en el fondo del asunto, que no es otro que la voluntad de crear una sociedad y un mundo islamizados.

Esta es la encrucijada del islam contemporáneo, y debiera ser encarada, clara y honestamente, por aquellos musulmanes reformistas que quieren hacer del islam una religión moderna, plenamente compatible con sociedades secularizadas y democráticas. Para sobrevivir en el largo plazo, el islam debe iniciar una retirada desde su concepción original totalizante hacia la esfera puramente espiritual y privada. Sólo cuando aprenda a decir "Mi reino no es de este mundo" el islam tendrá un futuro. Queda por ver si será posible.

Mauricio Rojas (Santiago de Chile, 1950), exmiembro del Parlamento sueco y profesor adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia).

Atentado contra 'Charlie Hebdo'
Una caricatura de Mahoma
Emilio Campmany Libertad Digital 9 Enero 2015

Titula El País: "Ataque terrorista a la libertad de prensa en el corazón de Europa". Demasiado genérico. Por supuesto que ha habido un ataque terrorista contra la libertad de prensa, pero la verdad es bastante más concreta. Tanto que el titular es casi una mentira. Más correcto habría sido decir: "El terrorismo islámico asesina a los periodistas que hicieron chistes sobre el islam". Los periodistas de El País, como los de tantos otros medios de comunicación, quieren hacernos creer que ellos también son víctimas. Que el pecado por el que han asesinado a los compañeros es el de ser periodistas. Por eso publican ese editorial conjunto que titulan "Seguiremos publicando". La verdad es otra. No son las cosas que publica El País las que han provocado el atentado, sino las que publican otros y que ellos, bajo varios pretextos, no publican. El único titular conjunto que cabe, si es que cabe alguno, es una caricatura de Mahoma, a ser posible obra de alguno de los asesinados.

Es verdad que muchas de sus viñetas son de mal gusto y que el humor de Charlie Hebdo es de baja estofa. Pero sus periodistas y dibujantes tienen todo el derecho del mundo a reírse de lo que les parezca. (Como lo tienen por otra parte los de El Jueves a caricaturizar con mejor o peor gusto a los actuales reyes). Quienes crean que es un humor blasfemo y chabacano pueden dejar de comprar la revista. Fíjense bien que el atentado no pretende castigar a quienes se ríen del yihadismo, sino a quienes se han reído del profeta. Naturalmente, la gran mayoría de musulmanes no está de acuerdo con que el sacrilegio se castigue con la muerte, pero sí son muchos los que estiman que la libertad de expresión no debería amparar la publicación de tales viñetas. Dicho de otro modo, aunque son muchos los mahometanos que no comparten los métodos de los terroristas, si lo son quienes comparten sus fines, esto es, impedir que se publiquen chistes de Mahoma. Y esa es la raíz del problema. Que muchos musulmanes creen que su religión está por encima de nuestro sistema de libertades. Y eso es lo que no puede ser.

A la vista de ello, sólo cabe una respuesta de los medios. Por mucho que a sus periodistas y lectores las viñetas les parezcan chabacanas, blasfemas o simplemente sin gracia, no queda otra que publicarlas. Porque es lo que tratan de impedir los terroristas, que viñetas de esa naturaleza se publiquen. Por eso Francisco Marhuenda, director de La Razón, dedica la portada de este jueves a una de las viñetas que han provocado la ira de los terroristas. Por eso es una cobardía que no lo haya hecho El País. Y por eso le he pedido al jefe de opinión de Libertad Digital que, en homenaje a los muertos, ilustre este comentario con una viñeta de Mahoma dibujada por alguno de ellos.

'Charlie Hebdo'
Debemos estar con los humoristas
Max Boot Libertad Digital 9 Enero 2015

Parece que una cosa que tienen en común totalitarios y aspirantes a totalitario es la falta de sentido del humor. Hitler odiaba El gran dictador. Kim Jong Un odia The Interview. Y los fanáticos islamistas odian a Charlie Hebdo, la revista satírica francesa famosa por reírse del Estado Islámico y de otros de su calaña. En cambio, grandes líderes democráticos como Winston Churchill, John F. Kennedy y Ronald Reagan son famosos por su humor.

Como apunta Reuters, desde publicar las viñetas danesas de Mahoma que desataron los disturbios en Oriente Medio hasta rebautizar una de sus ediciones como ‘Sharia Hebdo’ y presentar al profeta del islam como su supuesto redactor jefe, el semanario ha caricaturizado reiteradamente a los musulmanes y sus creencias.

Es cierto que muchas de las creaciones de Charlie Hebdo han sido de mal gusto, y que no sólo se ha burlado del islam. También ha criticado de forma cáustica a la Iglesia católica. De forma análoga, The Interview es, en muchos aspectos, una comedia ridícula que intercala chistes estúpidos sobre penes y culos en su sátira de Corea del Norte.

Pero es de vital importancia que, en un momento como éste, resistamos el impulso (tan común en las instituciones responsables como los ministerios de Exteriores y los grandes periódicos) de insinuar, de algún modo, que las víctimas se buscaron lo que les sucedió y que la mejor linea de defensa contra ataques semejantes es practicar un mayor autocontrol en el futuro. Por ejemplo, el Financial Times es un gran periódico, pero resulta inadecuado que, precisamente el día del crimen, diga que Charlie Hebdo ha sido "estúpido" por ofender a (algunos) musulmanes. Eso es dar a los terroristas justo lo que quieren; de hecho, el motivo por el que llevan a cabo atentados semejantes es disuadir a otros de realizar burlas similares en el futuro.

El derecho a ofender es la esencia misma de la libertad de expresión, y mientras una publicación no incite a la violencia (algo que no han hecho ni Charlie Hebdo ni The Interview) su derecho a decir lo que quiera debe ser defendido a ultranza. Ésos son, al fin y al cabo, los cimientos mismos sobre los que reposan las democracias occidentales, justo lo contrario a la clase de Estado totalitario que los islamistas han creado en Irán y en buena parte de Siria e Irak.

En momentos como éste no hay mucho más que decir, aparte de "Je suis Charlie" ("Soy Charlie"), el solitario mensaje que aparece hoy en la página web de Charlie Hebdo. Todos debemos estar de parte de los humoristas, por muy mal gusto que tengan, si no queremos que el comentario político serio sea el próximo objetivo de los odiadores asesinos.

© elmed.io - Commentary

El islam contra occidente
La prensa sometida al islam
Guillermo Dupuy Libertad Digital 9 Enero 2015

Nuestro genial Borja Montoro sobrevalora a buena parte de la prensa occidental. En su viñeta de este jueves, un airado yihadista insulta a los autores de la matanza de París por lograr con ella que "todo el mundo publique las caricaturas del profeta". Nada más lejos de la realidad. Muchos diarios, empezando por el danés Jyllands-Posten, que en 2005 publicó una polémica serie de viñetas sobre Mahoma, han apelado ahora a la "responsabilidad" hacia sus trabajadores para no reproducir los dibujos del semanario francés Charlie Hebdo. Otro tanto se podría decir de periódicos tan importantes como el New York Times o el Wall Street Journal: justifican con los ropajes de la responsabilidad y de la sensibilidad lo que no es otra cosa que sometimiento al islam, valga la redundancia.

Puedo comprender el temor, pero no hasta el extremo de no atreverme a reconocerlo como tal. Al igual que le sucede a Arcadi Espada, a mí estos eufemismos en defensa de la autocensura me recuerdan el artículo que firmaron al alimón Zapatero y Erdogan en 2006, en el que, tras defender la libertad de expresión como "una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos", pasaban a considerar:

No existen derechos sin responsabilidad y sin respeto por las sensibilidades diferentes. La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político.

Faltar al respeto a alguien en una sociedad libre no debería acarrear para nadie más riesgo que el de ser faltado al respeto. No todas las religiones ni todas las ideologías merecen, además, la misma consideración. Y ningún riesgo físico debe acarrear faltárselo a ninguna de ellas. Las viñetas de Charlie Hebdo no han denigrado al islam tanto como lo hace el Corán o la multitud de sus seguidores que, invocando a Alá, derraman la sangre de los infieles en su guerra contra la civilización occidental.

Para muchos occidentales parecería que estos atentados, más que una muestra de la criminalidad islamista, fueran una lección que los no musulmanes deberían aprender respecto de lo que pueden o no decir, escribir o dibujar. Parece que su principal obsesión es que no crezca la islamofobia, etiqueta en la que incluye a cualquier rechazo, por racional, ilustrado y sensato que sea, hacia una religión liberticida que no respeta la dignidad ni del infiel ni de la mujer. Dicen que hay que ser respetuoso con la mayoría de musulmanes que son pacíficos; pero no parecen considerarlos como tales al considerar "irresponsable" o "temerario" faltarles al respeto con la misma libertad con la que se lo faltan, con muchísima mayor frecuencia y mucha menos justificación, a cristianos, judíos o budistas.

Este mismo jueves al liberal Nigel Farage, lider del Partido de la Independencia del Reino Unido, le han caído todo tipo de reproches por haberse atrevido a denunciar algo tan obvio como el fracaso del multiculturalismo, que "fomenta que la gente de otras culturas permanezca en la suya propia y no se integren por completo en nuestras comunidades". El resultado es que hay "gente que vive en nuestros países y que tienen nuestros pasaportes, pero que en realidad nos odian". Lo grave –añado yo– es que este fracaso quiere ser ocultado tanto o más que las viñetas.

Desafío islamista
La guerra santa que vamos perdiendo
Antonio Robles Libertad Digital 9 Enero 2015

Un día, millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.

Esta lapidaria frase, pronunciada por el expresidente de Argelia Huari Bumedian ante la Asamblea de la ONU en 1974, está preñada del mismo odio y fanatismo que la yihad islámica ha demostrado en su crimen contra la libertad de expresión ayer en París.

A sabiendas de que habrá quien rápidamente deduzca de la cita una invitación a la xenofobia, hemos de tomar conciencia de qué precio ha pagado la civilización occidental desde la Atenas de Pericles hasta los Estados de Derecho de nuestros días para saber a ciencia cierta qué riesgos corremos si no nos tomamos en serio esa mentalidad medieval.

De momento, la guerra emprendida contra Occidente el 11 de septiembre de 2001 la vamos perdiendo. Antes de explicar por qué, reparemos contra qué mentalidad nos estamos enfrentando. Hemos de ser conscientes de que, ante un fanático, el diálogo es inútil. El fanático está poseído por una verdad que lo trasciende y lo vuelve inmune al contraste de la razón. Occidente no es para ellos un adversario cultural, sino la mismísima encarnación de Satanás que debe ser eliminada. Él libera a sus mujeres de tradiciones injustas, introduce en sus vidas música, imágenes y modas sensuales que pervierten su poder, Occidente es internet, es la libertad, es la ilustración ante sus aquelarres medievales, la ley que persigue la ablación y todas las formas de sumisión de la mujer, Occidente es el diablo porque Occidente es el relativismo, la tolerancia, la irreverencia, la risa de todo lo que para ellos es sagrado. Tolerancia frente a dogma, voluntad frente a fatalismo, libertad religiosa frente a sumisión.

Ocioso es señalar que los fanáticos no son el islam ni sus creyentes musulmanes. El fundamentalismo islámico es tan enemigo suyo como nuestro. Como el Ku Klux Klan lo es de Roma. Pero tampoco es ocioso subrayar que estos fundamentalistas islámicos han surgido del islam, toman el islam como su causa y es el islam su justificación. Por eso es tan importante que sean los propios musulmanes los primeros en salir a la calle a combatirlos con su presencia, a enfrentarse a su barbarie y arrebatarles el islam. Y no ha sido eso lo que hasta la fecha ha pasado, muy al contrario, a menudo se han mostrado recelosos ante el poder de Occidente, donde viven. Puede que por una extraña necesidad de arremolinarse alrededor de sus raíces religiosas y culturales como cualquier emigrante fuera de su atmósfera cultural.

Esta guerra la estamos perdiendo. No por sus masacres, ya numerosas: Charlie Hebdo en París, Bombay en 2008, Londres en 2005, los trenes de Atocha en 2004, la discoteca de Bali en 2002, las Torres Gemelas de New York en 2001. No por sus masacres, repito, sino por el miedo infundido en nuestra civilización. Desde 2001 todos sufrimos las consecuencias de sus bombas de forma directa: debemos hacer colas en los aeropuertos, en todos los aeropuertos, puertos, estaciones de tren, acontecimientos deportivos, embajadas; asegurar medios de comunicación y centros religiosos. Nuestros sistemas informáticos gastan presupuestos astronómicos para que no los boicoteen, vivimos con el miedo en el cuerpo. Ahora mismo, mientras escribo, en Madrid se ha producido un caos monumental de tráfico por una falsa alarma de bomba. Durante meses, después del atentado de Atocha, la gente miraba recelosa a cualquier persona con aspecto árabe que subiera al metro con una mochila. La estamos perdiendo también porque la autocensura se ha instalado en muchos de nuestros medios. Periódicos tan emblemáticos como The New York Yimes, The Wall Street Journal o la agencia de información Associated Press, entre otros, han cedido al chantaje y se han negado a publicar las caricaturas de Mahoma del semanario Charlie Hebdo. El diario danés Jyllands-Posten, que en 2005 publicó caricaturas de Mahoma, es la imagen de la derrota al declinar hacerlo ahora.

Es su victoria, el terror generalizado, su única victoria. De momento. No estaría de más que los gobiernos occidentales presionaran a esos gobiernos árabes amigos y enemigos bañados en petrodólares para que dejaran de patrocinar madrazas y mezquitas donde se adoctrina impunemente en el odio a Occidente. Si un día alguna de estas facciones lograra comprar de estraperlo una bomba nuclear sería el principio del fin de un modo de vida para Occidente. Dinero les sobra. Y fanáticos.

Los tibios se escandalizarán, son tan ciegos como los niños de papá incapaces de apreciar el costo de su vida regalada.

Charlie Hebdo: consecuencias de una masacre
José Oneto. www.republica.com 9 Enero 2015

Una ola de Islamofobia parece haberse extendido por toda Europa tras la masacre del miércoles contra el semanario satírico Charlie Hebdo, en la que murieron doce personas entre periodistas, humoristas, caricaturistas y policías, en un atentado yihadista radical, que ha sido comparado, en numerosos medios internacionales, como otro 11 de Septiembre, esta vez en Europa.

Atentados contra varias mezquitas y restaurantes en Francia en una jornada donde el yihadismo se ha cobrado la vida de una policía municipal, manifestaciones y minutos de silencio en numerosas ciudades europeas por el atentado y aumento de la Islamofobia, especialmente en Alemania donde se vienen produciendo protestas contra los inmigrantes musulmanes, y un progresivo temor hacia esos veinte millones de musulmanes que están instalados en Europa. No deja de ser significativo que una encuesta realizada por la Fundación Bertelsman da cuenta de que el 57 % de los alemanes ven una amenaza en la religión de Mahoma, un 40% dice sentirse extranjeros en su propio país y un 24% vetaría cualquier tipo de inmigración de musulmanes en el país.

El atentado de París no ha hecho sino que aumente ese sentimiento que, aprovechado por el extremismo de Le Pen, está permitiendo convertir al Frente Nacional, en el gran partido de Francia, decisivo en las próximas elecciones, ante el hundimiento de los socialistas y los conservadores de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) que está siendo rescatado por Sarkozy.

El mismo día de la masacre de París, en el Yemen un atentado con coche bomba, terminaba con la vida de más de 30 personas y con numerosos heridos. Un atentado con la marca de Al Qaeda. El mismo terror pero más lejos, con víctimas que no conocemos, que no están identificadas y por las cuales el mundo, solo una pequeña parte del mundo, hará un ligero lamento. Pero es que el atentado de París, como el del 11 de Septiembre en Nueva York, o los de la estación de Atoche en Madrid o del Metro de Londres, han marcado la historia del terrorismo radical en una progresiva escalada, porque además, las víctimas son cercanas y sobre todo porque en ellas vemos símbolos de lo que está en juego en esta guerra: la libertad. No la “nuestra”, sino la de muchos millones que la aprecian, sin tener en cuenta las creencias, las razas o las fronteras.

El ataque del miércoles en París ha sido excepcional. Ha sido dirigido contra de la libertad de expresión, contra un elemento vital de nuestra democracia, contra unos periodistas que sin miedos han querido ejercer su libertad de expresión, su libertad de crítica, en el país de las libertades y de la Enciclopedia. Los asesinados Charb, Cabu, Wolinski y Tignous se han convertido en un símbolo. Quizás no les gustará esta descripción poco laica, pero se han convertido en mártires de principios que nos diferencian a nosotros, gente de la cultura occidental, de ellos – extremistas musulmanes – que odian nuestra cultura y que quieren terminar con ella.

La redacción de Charlie Hebdo es un representante específico de esa cultura, que a veces hace uso de esa libertad de expresión de una manera radical, exagerada, con la que muchos están en desacuerdo, pero que hay que aceptar a pesar de la burla, del buen gusto o de la sátira exagerada, que en este caso, ha provocado una masacre como venganza por lo que los radicales consideran una blasfemia.

Desde un lado y otro del Atlántico dos importantes periódicos (Financial Times y The Washinton Post) que, en ocasiones, han criticado la oportunidad y el tono que ha venido empleando Charlie Hebdo en sus portadas y en sus historias, no tienen reparos en reconocer los valores que se defienden. “En cualquier sociedad democrática,- editorializa Financial Times - siempre debería haber espacio para un debate civilizado sobre gusto y decoro cuando se trata de burlarse de cualquier fe religiosa. Pero lo que no se puede cuestionar es el derecho fundamental de todos los ciudadanos a expresarse libremente dentro de la ley. En una época marcada por el crecimiento de las creencias religiosas y una politización de la fe cada vez mayor, toda religión debe estar abierta a la opinión, el análisis y la sátira. Una prensa libre no tiene ningún valor si sus profesionales no se sienten con la libertad de poder hablar”.

“En el pasado – escribe The Washington Pos - pusimos objeciones a las expresiones que parecían provocar u ofender gratuitamente a los musulmanes sobre todo en naciones como Francia donde una gran población musulmana padece discriminación crónica, y es atacada por la demagogia de partidos políticos populistas, pero tales críticas no justifican la censura y menos la violencia. Charlie Hebdo, que en su día publicó un chiste del papa dando la comunión con un condón, no atacaba sólo al Islam. Y lo que es más importante: su persistencia ante las amenazas equivalía a una defensa de la libertad de expresión en nombre de todos los medios, incluidos los que, como la Yale University Press, han practicado la autocensura en vez de publicar viñetas antimusulmanas”.

¿Puede Europa protegerse de los “lobos solitarios” yihadistas?
“Es bueno temer siempre lo peor; lo mejor se salvará por si solo” J.Jubert
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 9 Enero 2015

¡En nombre de Ala! Es evidente que la concepción de un dios no es la misma para todos los creyentes de la Tierra y, también lo es el que, en algunos países, no se ha sabido asimilar bien la idea de un Dios pacífico, preocupado por mantener la paz y la buena convivencia entre todos los hombres y contrario a cualquier acto de violencia, proviniese de donde proviniese y se justificase como se justificase; porque, es evidente que la idea de un dios Marte, como la que tenían los romanos, hoy en día no podría ser aceptada por un país civilizado, moderno, ilustrado y con una cultura avanzada.

Es evidente que estamos pasando por una situación extraña. Un grupo, cada vez más numeroso, de terroristas, han comenzado en Oriente Medio su particular guerra, avalada por una partidista interpretación del Corán, no compartida por todos los musulmanes pero que, no obstante, a medida que van teniendo éxito en sus banderías y se van ensuciando sus manos con la sangre de sus víctimas, parece que despiertan los instintos satánicos de aquellos que parece que no encuentran otro sentido a sus vidas que el de inflingir daño y causar destrucción, ¡eso sí, siempre con la invocación de un dios hecho a su medida, un dios sediento de sangre y no defensor de la paz!. Los miles de personas que, desde los distintos países europeos y de África, se siente atraídos por el llamado Estado Islámico y abandonan su patria y su trabajo para enrolarse en las milicias de los asesinos yihadistas, nos puede dar una idea de lo peligroso que puede resultar la propagación de una idea perversa, capaz de arrastrar a la crueldad sin límite a personas que nunca se hubiera esperado que cayeran en semejante degradación intelectual.

Europa, no obstante, parece que siempre ha considerado que, lo que sucede en Irak o Siria, salvo por lo que pudiera derivarse del suministro del petróleo, no debiera preocuparnos a los ciudadanos europeos. Son mayoría los que ignoran los planes del EI y sus dirigentes, son pocos los que conocen el mapa donde incluyen a media Europa entre sus aspiraciones de conquista y, todavía menos, los españoles que han comprendido que España, El Andalus para los yihadistas, está entre una de las primeras reivindicaciones de los terroristas islámicos, que la consideran de su propiedad e injustamente sustraía a los musulmanes que fueron expulsado de la península por los Reyes Católicos. Justificadas o no, el hecho es que nadie puede pensar, en estos momentos, que ningún país limítrofe con los estados musulmanes del Norte de África pueda estar libre de ser atacado por algún comando que se introduzca en la península, ya fuere un español que regresare convertido en yihadista ya un musulmán suicida que, mezclado entre los miles de inmigrantes que cada día entran en Ceuta y Melilla y, gracias a la política absurda de la CE y de su comisaria, la sueca Cecilia Malmström, tenemos la obligación de tratar a cuerpo de rey, de aceptarlos y de iniciar trámites de retorno que, en el mejor de los casos, duran meses hasta que la Justicia española se pronuncia al respecto.

Lo ocurrido en Francia nos demuestra la facilidad con la que, grupos pequeños de “lobos solitarios”, dispuestos a inmolarse por la causa, pueden hacer cuando se lo proponen y antes de que la policía tenga tiempo para poder evitarlo. La muerte para esta clase de personas, a las que se les ha lavado el cerebro, es su profesión y están convenientemente preparados para causarla, sin que una vigilancia mayor de la policía sea suficientemente eficaz para evitar que, en cualquier momento, se produzca el atentado que acabe con la vida de inocentes ciudadanos. Las autoridades no están exentas de culpa, al menos por lo que hace referencia al caso de este libelo denominado “Charly Ebdo”, ubicado en la ciudad de París.

Es cierto que no hay justificación alguna para la masacre de 12 personas y las heridas graves a otras; es evidente que cualquier acción de este tipo debe ser reprimida por todos los medios que tiene establecidos el Estado de Derecho y que todo el país debe levantarse en repulsa contra atentados de esta índole, pero no dejemos de tomar en cuenta la provocación, la desfachatez, la falta de sensibilidad hacia los miembros de las distintas religiones, que han venido demostrando los periodistas de dicho semanario satírico y la falta de contención con la que han tratado los temas religiosos a los que se han referido y con los que se han ensañado de una manera cruel e innecesaria, sólo para conseguir aumentar sus ventas. Sus ataques a la religión católica vienen siendo proverbiales y sus caricaturas de mal gusto referidas a los ministros de la Iglesia y a sus cardenales, incluido el Papa, no han dejado de causar indignación y rechazo en los creyentes que, precisamente por su condición de católicos, no han hecho otra cosa que presentar la otra mejilla.

Han creído que todo el monte era orégano y han sopesado, equivocadamente, que en todos los casos tendrían una reacción a sus provocaciones similar a la de los católicos, sin tener en cuenta que, en el caso del Islam, sus respuestas son distintas ya que, para ellos y, especialmente para los más fanáticos, entre los que se encuentran los de Al Qaeda y los del EI, estos insultos a sus clérigos y especialmente a Alá y al profeta Mahoma, no pueden solucionarse más que con un baño de sangre. Es posible que la libertad de expresión sea un bien defendible por encima de cualquier otro derecho, pero también debe tener su limitación y, una de ellas, sin duda, es evitar tocar temas en los que, sin justificación alguna y sólo por el interés de zaherir, se toman libertades que, sea por escrito o por medio de dibujos, puedan ofender a muchas personas que, para nada, comparten la forma de pensar de sus autores.

El Estado francés ha pecado, sin duda, de demasiada permisividad, teniendo en cuenta que, en Francia, se calcula que viven más de 5.000.000 de musulmanes, muchos de ellos personas plenamente integradas en el país y respetuosas con las leyes, que viven trabajando honestamente y ganándose el pan sin molestar a nadie y pagando sus impuestos. Estas personas, sin duda, no compartirán con los yihadistas la decisión de atentar contra los periodistas de Charly Ebdo; pero eso no quiere decir que no se sintieran ofendidos por la publicación de caricaturas soeces de lo que, para ellos, son profetas y forman parte de la élite de los representantes de Alá. El gobierno del señor Hollande es posible que haya querido llevar al extremo el derecho a expresarse libremente, pero también tenía la obligación de velar por sus súbitos de la religión islámica y poner coto a unos señores que, sólo por fines crematísticos, se han dedicado a poner de chupa de dómine a cristianos, islamistas y a todo personaje del que hayan querido sacar tajada informativa.

Pero lo que sí ha quedado claro es que, ante estas situaciones, por el momento, sólo cabe que los servicios de inteligencia se esmeren en sus tareas, porque todo lo que sea pretender cubrir con policía todos los pueblos y ciudades de un país resulta imposible y, aún que lo fuera, nadie puede quedar a salvo de un ataque imprevisto, llevado a cabo por individuos que actúan por si solos, sin necesidad de recibir órdenes desde otro sitio. La guerra contra el ejército del EI, es posible ganarla, aunque está demostrado que sin fuerzas terrestres va a ser muy difícil; pero el controlar a los infiltrados ya es harina de otro costal. Europa debe aprender a enfrentarse a esta nueva estrategia del terrorismo ya que, en caso contrario, puede que nos espere una época de terror. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezaremos a creer que la guerra la tenemos en casa.

El “califato islámico” insiste sobre Francia
José Javaloyes www.republica.com 9 Enero 2015

El ataque terrorista de la mañana de ayer, también en París, en el que fue asesinada una policía y un funcionario municipal resultó herido, realizado por un individuo protegido con chaleco antibalas – que pudo darse a la fuga en un automóvil robado a punta de pistola -, refuerza la doble hipótesis de que la estructura terrorista sucesora de Al Qaeda pretende, de una parte, capitalizar su campaña islamista en Francia como primera fase de una estrategia desestabilizadora contra la Unión Europea y, de otra parte, replicar en el espacio metropolitano francés la respuesta del yihadismo al despliegue militar galo de 3.000 soldados en el Sahel.

Un operativo éste iniciado desde la restauración del orden en Mali, después del golpe de Estado que consumaron efectivos eyectados desde Libia por la guerra civil en que se encuentra aun sumido este fallido Estado norteafricano luego de la sublevación militar en la Cirenaica, que llevó a la muerte de Gadafi y a la caída de su régimen autoritario.

Todo un proceso – enmarcado en la cadena de revoluciones a que llevó la Primavera Árabe de cambios armados en el Norte de África -, que dispuso de la decisiva cooperación de la OTAN, al bloquear la fuerza aérea del nacionalista régimen gadafiano. Permitió tal cosa que el poder tribal líbico prevaleciera y destruyese la ficción estatal de una unidad política que integraba en fachada única la Cirenaica, en el Este, fronteriza con Egipto, y en el Oeste la Tripolitania, fronteriza con Túnez.

Dentro de esa maraña de procesos políticos y religiosos encadenados ha sido posible que el terrorismo yihadista se expandiera por el tercio norte de África como una caravana de fanatismo medieval que ha venido a enlazar, tomándolas como destino de crispación, con las comunidades musulmanas establecidas en Europa al abrigo de las fuentes de trabajo generadas por el éxito económico de la UE. Estas comunidades alcanzan en Francia el mayor peso relativo de cuantas existen entre nosotros, en lógica proporción al peso colonial de nuestros vecinos transpirenaicos en el Continente africano, mientras que los británicos tienen la suya a resultas de su presencia imperial en el subcontinente indostánico y en Oriente Medio y Próximo.

Son pertinentes consideraciones de este género cuando se tiene sabido a estas horas, tras del atentado contra el semanario “Charlie Hebdo”, cuyos autores pertenecen a la comunidad franco-argelina, al igual que los autores de otras mortales agresiones terroristas habidas anteriormente en Francia, aunque de distinto entronque ideológico, concretamente antisemita. Viene también a cuento de este brutal atentado islamista contra la libertad de expresión, reparar en dos cosas de distinta naturaleza. Una, la enorme gravedad – señalada por el Papa Francisco hace pocos días – del silencio de los imanes ante la barbarie terrorista que imputa su activismo a la defensa de la fe coránica. Otra, el enlace estructural del cualificado padecimiento francés de este riesgo terrorista por causa de su despliegue militar de 3.000 soldados en el Sahel, con el previsto por EE.UU en el mismo escenario africano desde el empleo de la base hispano-norteamericana de Morón de la Frontera. De una u otra medida y manera, el terrorismo islamista es asunto que afecta a todo Occidente.

OBITUARIO. STHÉPHANE CHARBONNIER
El humor o la muerte
RAQUEL VILLAÉCIJA El Mundo 9 Enero 2015

«El humor o la muerte. Hasta la victoria siempre». Esta frase lapidaria, garabateada para este periódico hace casi dos años, retrata el espíritu que movía el lápiz talentoso y libre de Stéphane Charbonnier. A sus 50 años viñeteaba irreverencias en su mesa de trabajo igual que cuando era niño, sólo que con un trazo más afinado y sabio. Hombre sereno y sin épicas, viéndole dibujar, uno se lo podía imaginar aún sentado en su pupitre escolar, trazando ya travesuras de papel.

Sobre el papel inmaculado el director de Charlie Hebdo, el semanario más polémico y atrevido de la prensa gala, se retrataba a sí mismo con una rapidez de maestro. Su mano experimentada denotaba vocación. Charb, firma del dibujante y sobrenombre con el que se quedó, no sólo creía en lo que hacía. Saboreaba cada bocado de profesión, de libertad de palabra.

Asesinado el miércoles en el atentado contra el semanario, hace dos años atendía a este diario y hablaba con modestia de su trabajo, sin pomposidad y sin darse importancia. Quizá no le hubiera gustado que los obituarios le tilden hoy de héroe o de adalid de la libertad de prensa. Porque para Charb el humor siempre fue un arma para luchar contra la desinformación, los prejuicios o los tabúes. Sin más glorias ni pretensiones.

Periodista comprometido y simpatizante de izquierdas, defendía que hay más autocensura que censura externa en los medios de comunicación y que si tenía que elegir entre la libertad de expresión y la de circulación se quedaba con la primera, aunque eso supusiera ir y volver a casa con un escolta pegado a su espalda. «Son gajes del oficio», minimizaba.

Reconocía a este periódico que a veces son los propios medios los que renuncian a contar sin trabas porque la economía los coarta. «Hoy hay menos censura que antes, pero la autocensura es más fuerte. Muchos periódicos o revistas no hablan de determinados temas por temor a perder publicidad, a las críticas o a ir a los tribunales», señalaba.

Este nunca fue su caso. Nació en 1967 en Conflans-Sainte-Honorine, en la región parisina, y desde el pupitre su pluma ya chorreaba insolencia. Una de sus profesoras relataba estos días a la prensa francesa cómo Charb se pasaba las clases haciendo garabatos en lugar de antender. En su cuaderno de colegial el artista autodidacta encontró en el diseño su vocación. Con 14 años publicó sus primeros dibujos en el periódico de la escuela y aunque empezó a estudiar Publicidad, al final dejó los libros para dedicarse por completo a las viñetas.

En 1991 empezó a trabajar con el dibujante Cabu en la publicación Le Grosse Bertha y un año después ambos participaron en la refundación de Charlie Hebdo junto con un grupo de dibujantes jóvenes. En la redacción del semanario el grupo de compañeros creció hasta convertirse en la élite de la ilustración en Francia. Juntos forjaron el espíritu crítico de toda una generación. «No decidimos ser provocadores, es la mirada de los otros la que marca la diferencia», confesaba Charb.

Éste compaginaba la dirección de Charlie con colaboraciones para publicaciones como Télérama o L'Humanité. Su pluma ácida no discriminaba religiones ni jerarquías y se reía del poder sin pudor. Igual caricaturizaba a Hollande que a Sarkozy, a Mahoma que a Cristo. «Nosotros no hacemos discriminación. No somos más violentos con los musulmanes que con los católicos, pero unos reaccionan de manera más virulenta que otros», decía en referencia a las amenazas recibidas después de que el semanario publicara las caricaturas de Mahoma en 2006.

En 2009 aceptó tomar las riendas de la publicación a pesar del riesgo que suponía. Charb no rompió la baraja y siguió la línea irreverente y polémica de Philippe Val, su predecesor. Porque este hombre de principios creía que no hay nada más saludable que reírse de uno mismo. «En Charlie Hebdo siempre lo hemos hecho», decía.

Vivía con escolta desde 2011, cuando la sede de la revista fue atacada con cócteles molotov y recibió amenazas directas de muerte por la publicación de un número en el que hacían sátira de la Ley Islámica. Su guardaespaldas era quizá la única propiedad que atesoraba. Porque defendía la libertad hasta tal punto que llegó a reconocer al diario Le Monde que no tenía mujer, hijos, ni casa ni coche porque prefería «morir de pie que vivir de rodillas».

Por eso, ya bajo protección, se atrevió con La vie de Mahomet, una historia en cómic sobre el Islam. Aunque vivían bajo alerta, la redacción de Charlie Hebdo parecía un recreo de alumnos bien avenidos que se conocían desde hace tiempo. Como niños, todos hacían piña en torno al capitán en las reuniones de temas: «Aunque no podemos imponer el humor a todo el mundo, reír es lo que nos permite soportar las cosas insoportables que nos pasan. Es el único medio para resistir», decía Charb.

Aunque ya era un veterano, conservó hasta el final la mirada de chiquillo ansioso por saber y por contar, le sacó punta a cada eventualidad de la vida. No era, sin embargo, de los que ríen a carcajadas. Sus labios esbozaban sonrisas sutiles, escorzos de sátira.

Stéphane Charbonnier, viñetista, nació en Coflans-Sainte-Honorine (Francia) el 21 de agosto de 1967 y murió en París el 7 de enero de 2015.

Mas, Pujol y la acción judicial en Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 9 Enero 2015

En pleno debate sobre el adelanto electoral en Cataluña, dos de los grandes impulsores del proceso separatista están bajo la lupa judicial. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) aprecia indicios de desobediencia, prevaricación y malversación en los comportamientos del presidente de la Generalidad, Artur Mas, y sus consejeras Joana Ortega e Irene Rigau respecto del referéndum independentista del pasado 9 de noviembre. Tras la peripecia fiscal que se saldó con la dimisión de Eduardo Torres-Dulce, el TSJCat, según la denominación en Cataluña, vendría a ratificar sus tesis sobre la preparación, financiación y celebración del llamado 9-N, un "proceso participativo" en el que Mas rebasó todas las líneas rojas y desobedeció de forma obvia, evidente y escandalosa la suspensión cautelar del Tribunal Constitucional.

A pesar de la ostensible desobediencia, de la insumisión y de la rebelión protagonizadas por el presidente de la Generalidad y sus consejeros, los seis autos emitidos hoy por el TSJC son noticia porque, en principio, quiebran el respeto reverencial que suscita la figura de Mas en algunos fiscales catalanes y magistrados del TSJC, empeñados en ceñir a la "actividad política" los supuestos delictivos que afectan a Mas, a su vicepresidenta y a su consejera de Enseñanza.

Mas digiere la judicialización del proceso separatista como un espaldarazo a su liderazgo. La estrategia consiste en convertir la actividad judicial en torno al referéndum en propaganda a favor de Convergència, en munición en la hoja de ruta hacia una república catalana. Mas está convencido de que el papel de víctima aumenta sus expectativas electorales al tiempo que confía en que, como siempre, los plazos de la justicia sean más morosos que los de la política. En su concepción, un acuerdo político de última hora disiparía cualquier riesgo jurídico.

Precedentes como el del caso Banca Catalana confirman esa expectativa. Precisamente el protagonista de ese mayúsculo escándalo y padre político de Mas, Jordi Pujol, también está en el centro de la diana judicial. Los negocios de su primogénito y la confesión sobre su fortuna andorrana le llevarán a declarar en un juzgado de Barcelona a finales de este mes. El equipo jurídico que asesora al expresidente regional pretende convertir un caso de corrupción en una persecución política, estrategia de probada eficacia en Cataluña. Alegan que la de Pujol y familia es una "imputación preventiva" de fraude fiscal. Coincide el escrito de la defensa con el trascendido de que la herencia de Florenci Pujol no cuadra en manera alguna con lo declarado por su hijo, el ex president.

Tanto Mas como Pujol se han envuelto en la bandera como primera providencia y defensa frente a la acción judicial. El proceso separatista es el agente blanqueador. Mas, el delfìn de Pujol, debía estar al corriente de los negocios del clan Pujol de la misma manera que ha demostrado estar al corriente y ser un fiel ejecutor de los planes políticos del patriarca del catalanismo. A pesar del cerco, ambos se sienten inmunes a la acción de la Justicia y siguen adelante. Mas con su plan separatista y Pujol con su vuelta a la actividad pública. Este mismo jueves se dejaba ver en el Palacio de la Generalidad en un homenaje a Joan Carrera, que fuera obispo auxiliar de Barcelona y uno de los fundadores de CDC. Tras la tormenta de la confesión, vuelve a pasearse en público. En ese contexto, los autos del TSJC animan a Mas a seguir adelante con un proyecto que fractura a la sociedad pero presenta la ventaja de encubrir el pasado y presente corrupto del régimen nacionalista. La Justicia de España no parece infundirle demasiado respeto.

Nervios
miquel porta perales ABC Cataluña 9 Enero 2015

CiU y ERC van a la greña por el poder. Y ahí está el posible contagio de la agenda social griega

El independentismo está nervioso. No le salen las cuentas. ¿Qué le ocurre al «proceso»? La propaganda nacionalista -calentada, recalentada y servida por los medios consanguíneos, la prensa afín y el articulismo amigo- consiguió la hipermovilización del independentismo de siempre al que sumó un número indeterminado de independentistas sobrevenidos que creyeron la fantasía nacionalista por motivos diversos. A ello, hay que añadir la espiral del silencio -el no expresar lo que uno piensa cuando va a contracorriente de lo publicado y publicitado; ese no significarse por miedo a lo que puedan pensar los otros o por temor a poner en peligro los intereses particulares, sociales o profesionales- de quienes decidieron no pronunciarse sobre el monotema por si acaso. El independentismo sacó el «pueblo» -esto es, su «pueblo»- a la calle. Y ese «pueblo» exigió, en perfecta sintonía con la summa thelogica nacionalista, el inalienable derecho a decidir de la nación catalana. El independentismo creyó su propia ficción.

Y en eso que la realidad se hace presente. Sin entrar en un «frente internacional» del cual el nacionalismo catalán espera mucho y no recibe nada -esto es, la Comunidad Internacional ni está ni se la espera-, me centro en el «país». ¿Qué ocurre? Que el 9-N y las encuestas constatan el pinchazo de un «proceso» sin la suficiente masa crítica para consolidarse; Podemos moviliza -sobre todo en el área metropolitana- abstencionistas y jóvenes y menos jóvenes que desbaratan los cálculos nacionalistas; Artur Mas -experiencia de gobierno, expectativas electorales que apuntan un nuevo varapalo, persistencia del recuerdo de su participación en gobiernos de Jordi Pujol- se ha convertido en una carga para el «proceso»; CiU y ERC van a la greña por el poder. Y ahí está el posible contagio de la agenda social griega. Los convencidos se impacientan, los sobrevenidos se desengañan y los silenciosos ya hablan. De ahí, los nervios soberanistas. Y esa camisa que no les llega al cuerpo.

¿España, fábrica de independentistas?
Miquel Escudero Cronica Global 9 Enero 2015

La asfixia propagandista a que, desde hace años, nos vemos sometidos los catalanes, por el mero hecho de serlo y habitar nuestra tierra, es de proporciones. Pero también, como se ha comprobado en las últimas semanas, resulta insuficiente para que la mayoría se rinda al discurso invasivo de la separación del resto de España y también de la Unión Europea. El humor es la inversión más eficaz y alegre para darle la vuelta a la malicia totalitaria. En este sentido, el nuevo libro de Ramón de España El derecho a delirar (La Esfera de los Libros) es un formidable bálsamo. Echemos un vistazo a algunas de las cosas que dice en su relato, y resaltemos aquellas que podrían quedar eclipsadas por efímeras carcajadas. Comunica Ramón de España su sensación, desde hace tiempo y en su condición de catalán, de vivir en un mundo al revés. Sometido a un ‘jolgorio secesionista’ que parte de un alto presupuesto económico, observa que hay en Barcelona cierta gente sobre la que de ningún modo se pueden hacer bromas; no importa que “en estos mismos momentos, no lo dudemos, hay alguien a punto de descubrir la catalanidad de Jesucristo, Leonardo da Vinci, Napoleón o el pato Donald. Y cobrando por ello”. Poca broma, que en la lista entran Cervantes y santa Teresa de Jesús.

Este Ramón de Barcelona toma nota del estilo marrullero de quienes “llevan años fabricándose un país a su antojo”, adoptando la pose de ‘los más listos’. Ironiza con que los enemigos de Cataluña nunca descansan, “como tampoco reposaban jamás los enemigos de España, según el general Franco”. Fijándose en los gerifaltes separatistas, dice: “Los miro a todos y me sorprende su aire de solemnidad, de personas convencidas de estar protagonizando un momento histórico de políticos mediocres convencidos de que el mundo lo mira… Y me acaba entrando la risa”. Por otro lado, ¿alguien sabe de algún sitio en el que el socio de gobierno del partido en el poder sea también el líder de la oposición?

Párrafo interesante a subrayar es éste: “Ya sabemos que en España hay anticatalanes con un odio a Cataluña equiparable al que los votantes de ERC sienten por España, pero tampoco son tantos como a estos les gustaría creer”. Nuestro autor es consciente de la eficacia del aparato de agitación y propaganda de los nacionalistas, “y en lo fácil que es convencer a la gente de cualquier cosa. Sólo hace falta un grupo decidido de creyentes que ejerzan el control social. Lo demás va viniendo a su ritmo”. Por ello se cuestiona cuándo nuestros jóvenes abducidos por el nacionalismo despertarán a las alegrías de una cultura expresada abierta e indistintamente en un idioma u otro. Y formula unas preguntas: “¿Qué hemos hecho para tener estos jóvenes tan obedientes y gregarios? ¿Ha conseguido TV3 lo que nunca logró la TVE franquista?”.

Al expresidente Aznar le envía un ruego: “por lo que más quieras, deja de hacerte el machote con los temas de Cataluña porque cuando debías haber hecho algo, no diste un palo al agua para no perder los votos de los nacionalistas”. Me identifico, por otro lado, con las observaciones del escritor sobre el conseller de Sanidad: Boi Ruiz, “un hombre de una desfachatez infinita, capaz de cerrar cuartos de hospital y quirófanos con toda la tranquilidad del mundo, diciendo además que es por el bien del paciente catalán”, de quien apostilla: “hay pocos personajes en la política catalana contemporánea que reúnan más méritos para ser declarados Enemigos del Pueblo”. Sí, una desfachatez insuperable que Ruiz blinda con el consentimiento de gente iluminada.

En una conferencia recogida en el libro Contra el fanatismo, Amos Oz hablaba de un trastorno mental que se gesta en casa. El escritor israelí confiesa que él fue un pequeño fanático con el cerebro lavado. Con ínfulas de superioridad moral, se mostraba alérgico a todo discurso diferente al de quienes mandaban. Los fanáticos carecen de sentido del humor para reírse de ellos mismos, y suelen estar más atentos a lo que hacen los otros, para zarandearlos, que a lo que hacen ellos mismos, para corregirse. Odio sobre odio, sinrazón sobre sinrazón. ¿Es de España el primer productor de independentistas del mundo?

islamwatch.eu
18 de enero: manifestación en Paris para exigir la expulsión de todos los islamistas de Francia
Jesus Asiain | islamwatch.eu Minuto Digital 9 Enero 2015

Comunicado de prensa de Riposte Laïque y Résistence Républicaine (dos organizaciones identitarias francesas)

“La situación se agrava día a día en Francia y en el mundo, ya que los islamistas multiplican los atentados y los actos de barbarie. En un vídeo, los yihadistas del Estado Islámico han lanzado una llamada a los musulmanes de Francia para que ataquen a los infieles, de la manera que sea, atropellándoles con sus coches o degollándolos con cuchillos. Los dramáticos acontecimientos de Jouès-les-Tours, Dijo y Nantes, han demostrado que esas llamadas han sido oídas. El gobierno niega esta evidencia y busca sistemáticamente hacer pasar a los terroristas por desequilibrados y “lobos solitarios”. El pueblo de Francia no puede esperar pasivamente ser víctimas de esta violencia.

Proponemos iniciar lo que deberá ser una serie de reuniones y manifestaciones patrióticas, un movimiento popular como Pegida en Alemania, que reuna a todos los franceses, individuos, asociaciones y partidos políticos, y que marque el rechazo de la islamización de nuestro país, con todas sus consecuencias.

Convocamos a todos los parisinos a participar el domingo 18 de enero, Place de la Bourse, a las 14h30, a una primera concentración, en la que tomarán la palabra diversas personalidades francesas y europeas conscientes de los peligros mortales que acechan a nuestros compatriotas, para exigir que todos los islamistas sean expulsados de Francia.

Les deseamos un buen año 2015 a todos los franceses que lo son de corazón. No dudamos de que estarán con nosotros.

Pierre Cassen, fundador de Riposte Laïque
Christine Tasin, presidenta de Résistance Républicaine

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Urquijo recurrirá el plan de euskera de la Diputación de Gipuzkoa
El Correo 9 Enero 2015

El delegado del Gobierno en el País Vasco considera que "vulnera la cooficialidad establecida en la Constitución e ignora lo estipulado en la ley de normalización" del idioma

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urquijo, ha ordenado a la Abogacía del Estado interponer un recurso contencioso-administrativo contra el plan de normalización del uso del euskera de la Diputación Foral de Gipuzkoa al considerar que vulnera la cooficialidad de las dos lenguas.

Este plan, que fue presentado ayer por el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, incluye medidas como la aplicación de criterios lingüísticos en las contrataciones públicas o el uso exclusivo del euskera en la comunicación institucional que ya se aplican en Gipuzkoa desde 2012.

A juicio del delegado del Gobierno en el País Vasco, este quinto plan de normalización plantea la utilización del euskera "de manera prioritaria dentro de la Diputación y en sus relaciones con los ciudadanos y vulnera la cooficialidad establecida en la Constitución e ignora lo estipulado en este sentido en la ley de normalización del uso del euskera". "Con excesos como los planteados en el plan -ha señalado el delegado del Gobierno- no se crea el clima adecuado para el desarrollo del euskera al que todos debemos contribuir y de manera especial desde las instituciones". Según Urquijo, "relegar una de las dos lenguas oficiales no será nunca la solución correcta para una convivencia armónica de los dos idiomas" y ha lamentado que el equipo de Gobierno de la Diputación guipuzcoana "haya despreciado el consenso necesario en una cuestión tan delicada".

Por último, ha explicado que el Gobierno que representa no va a "dejar indefensos a tantos guipuzcoanos frente a políticas tan radicales como equivocadas que ignoran la ley y en nada favorecen el bilingüismo".


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