AGLI Recortes de Prensa   Sábado 10  Enero 2015

Defender la civilización
EDITORIAL Libertad Digital 10 Enero 2015

La Policía francesa puso ayer fin al horror desatado en París con el atentado contra los trabajadores de la revista Charlie Hebdo, acabando con los responsables de la masacre y con el islamista que se había apoderado de un grupo de rehenes en una tienda judía. A pesar de los intentos por preservar la vida de los inocentes involucrados en este tipo de acciones desesperadas de los terroristas -la principal preocupación de las Fuerzas de Seguridad cuando se produce un secuestro de estas características-, lamentablemente varios de ellos murieron también en el asalto al supermercado judío en el que se había atrincherado uno de los yihadistas. Con todo, la firmeza de las autoridades francesas responsables de Interior y la enérgica actuación de las Fuerzas de Seguridad han conseguido acabar con una amenaza evidente para la seguridad de todos los franceses, lo que contribuirá en gran medida a tranquilizar a todo un país que se ha visto sacudido hasta sus cimientos en las últimas cuarenta y ocho horas.

Pero la masacre de París debe constituir un punto de inflexión para que Europa en su conjunto despierte de la modorra multiculturalista que pone en riesgo la vida de sus ciudadanos y amenaza con acabar con sus valores fundacionales. La identidad europea, basada en el fermento judeocristiano, la herencia grecolatina y la Ilustración, es lo que ha permitido que florezcan valores primordiales como la libertad individual y la igualdad de los ciudadanos, sin los cuales no es posible hablar de civilización. Frente a este ideal que ha propiciado un desarrollo científico, cultural y técnico sin parangón en la Historia de la Humanidad, se alzan los defensores de la barbarie islamista, para los cuales la destrucción de los valores occidentales es su única razón de ser. El Islam, de hecho, lleva en sí mismo la esencia de esa incompatibilidad con los principios ilustrados, por más que la fiebre de lo políticamente correcto promovida por la izquierda más palurda considere que decir esta verdad elemental es un gesto intolerable de islamofobia.

Los terroristas no hacen interpretaciones radicales de los textos coránicos porque, de hecho, el libro sagrado de los musulmanes no puede ser interpretado teológicamente sin caer en la herejía. Desde el principio, el Islam fue no sólo una religión destinada al enriquecimiento personal de sus practicantes, sino toda una ideología imperialista para unir a las naciones árabes bajo una sola bandera a la conquista del mundo entero. Los terroristas de filiación islámica, por tanto, no están pervirtiendo las enseñanzas islámicas de para dar rienda suelta a sus instintos sanguinarios, sino cumpliendo los mandatos de su religión como fieles piadosos que son.

Por supuesto no podemos criminalizar a todos los musulmanes, porque eso sería una injusticia impropia de una cultura racional como la nuestra, que defiende el derecho de las minorías a coexistir siempre que se respeten unos mínimos fundamentales. Los creyentes en la fe del Profeta que practican sus enseñanzas a nivel personal y se hayan integrados en las sociedades civilizadas que los han acogido tienen todo el derecho a vivir en paz con sus vecinos y a seguir su religión. Ahora bien, resulta evidente que la propagación irrestricta del Islam en las sociedades occidentales, sin controlar los términos en los que es fomentada esa fe, supone un riesgo inaceptable que las autoridades no pueden permitir ni un minuto más.

En el caso francés, Hollande es el ejemplo de la política fracasada del multiculturalismo llevada a su máxima expresión. Su discurso a la nación gala tras los terribles atentados cometidos en su suelo hace referencia únicamente a la manifestación criminal de los asesinatos, como si detrás de ellos no hubiera un sistema de creencias que justifica y exalta este tipo de atrocidades. Frente a esta rendición moral del jefe del Estado, los franceses tienen el ejemplo de Sarkozy que, acertada y valerosamente, ha puesto el acento en la negación de "la idea misma de civilización y los valores universales de la humanidad" que pone de manifiesto el fenómeno yihadista.

La masacre de París no puede ser archivada como una simple acción terrorista de tres asesinos aislados, sino como la manifestación sangrienta del riesgo al que están sometidas las sociedades occidentales permitiendo la existencia en su seno de grupos radicalizados de una religión que lleva en sí misma un preocupante germen totalitario. Si no se entiende esto, el dolor de la nación francesa no servirá para nada y las víctimas de este acto bárbaro habrán muerto en vano.

54 horas que han cambiado la percepción del islamismo en Europa Actualizado: 09/01/2015 21:34 horas
EDITORIAL El Mundo 10 Enero 2015

CON LA MUERTE de los tres yihadistas que han llevado el terror a las calles de París concluye uno de los atentados más graves sufridos en Europa, no por el número de víctimas, sino por el significado del ataque y su repercusión. Han sido 54 horas en las que los asesinos han mantenido en vilo al mundo entero. Al final han segado la vida de 17 personas, 12 en la redacción de Charlie Hebdo, otras cuatro en el supermercado donde ayer se atrincheró el tercer yihadista y una más, la agente municipal tiroteada el jueves.

Comparado con los atentados de Madrid de 2004, en los que murieron 192 personas, o los de Londres en 2005, con 52 víctimas mortales, el de París parecería menor. Sin embargo, hay varios detalles que lo hacen particularmente espantoso. Primero, la facilidad con la que han actuado los terroristas. Los matanzas de Madrid y Londres fueron cometidas por células bien coordinadas que prepararon su acción durante meses. Los terroristas abatidos ayer han demostrado que bastan tres fusiles con su munición para sembrar el terror en el corazón de Europa. Por lo tanto, la posibilidad de que se repitan golpes como los de París se antoja mucho más probable, pues requieren de poca infraestructura y preparación. Hay que tener en cuenta que centenares de yihadistas que han combatido en Irak y Siria han salido de Europa y algunos están regresando al continente, más radicalizados si cabe, y con experiencia en combate.

Son muy preocupantes, también, las declaraciones de los propios terroristas, asegurando unos que pertenecían a Al Qaeda y otro al Estado Islámico. De ser eso cierto y no un mero acto de propaganda, supondría que estamos ante el primer atentado coordinado entre ambas organizaciones criminales.

Está, por otra parte, la elección del objetivo. Las bombas en los trenes no tenían un destinatario concreto. Se trataba de sembrar el terror por el terror, indiscriminadamente. El ataque a un medio de comunicación, símbolo de la libertad de expresión, uno de los valores en los que se basa nuestro modelo de sociedad, indica que los islamistas quieren que se sepa que están en guerra con Occidente, lo cual es una manera de anunciar que habrá más atentados. Por eso los crímenes de París son tan estremecedores, porque vienen a proclamar que el yihadismo ha llegado a nuestro mundo con la intención de quedarse.

No es el momento todavía de analizar si han existido fallos de seguridad en Francia. Es cierto que se había decretado la alerta máxima en todo el país porque la información de los servicios de inteligencia apuntaba a un atentado inminente. Pero es imposible tener controlados todos los movimientos de las personas potencialmente peligrosas. Sí es, en cambio, el momento de la unidad y de la colaboración entre los países europeos. Merkel, Cameron y Rajoy, entre otros líderes, harán que se visualice esa alianza acudiendo a la manifestación convocada mañana en París por el presidente Hollande. La amenaza a la que se enfrenta el continente es de tal calibre que esa cooperación tiene que ser concienzuda y permanente. Es la primera lección que hay que aprender de esas 54 horas que han conmocionado a Europa.

Ya, ya, pero los malos son los islamófobos
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 10 Enero 2015

El Imperio Progre dispone de una nueva flecha con la que asaetear a los rebeldes. Junto a fascista, reaccionario, neoliberal, neocón, cristofacista y homófobo, acaban de colocar islamófobo.

Hay coincidencias que no lo son. El miércoles 7 dos de los dos periódicos más influyentes de España dedicaron páginas a clamar contra la islamofobia, a atacar a la Iglesia católica y a denigrar a los alemanes que acuden a las manifestaciones de Pegida o los franceses que votan al Frente Nacional. ¿Cómo se puede ser tan carca, tan antiguo, tan obtuso, cuando el doner kebab es tan bueno y te pñuedes marchar a pasar el fin de semana en Marraquech por cuatro duros? Unas horas después, su palacio de cristal se desmoronaba roto por una ráfaga de balas.

-Reportaje en El País de la inefable Natalia Junquera sobre la catedral de Córdoba, a favor de entregar la parte que fue antigua mezquita a la Junta social-comunista para que luego ésta la entregue a los musulmanes que votan al PSOE. La colonización de la (ex) mezquita ¡Es colonización una exposición temporal!

-Editorial de El País titulado 'El Otro soy Yo', cuya primera frase es "Las muestras de racismo alemán se unen a las de xenofobia francesa: la UE tiene que ser rotunda", y luego pide el aislamiento político de los que considera racistas y si es posible su procesamiento penal, como si fueran hombres denunciados por maltrato psicológico por sus mujeres.

Pues mira, Antonio Caño, yo no soy ni los dibujantes blasfemos de izquierdas de Charlie Hebdo (cuyo asesinato deploro) ni los terroristas islamistas que los mataron ni tú, que no has tenido agallas para reproducir ni una de las viñetas por las que les asesinaron.

-Apertura de La Vanguardia: 'Alemania se moviliza contra la agitación xenófoba. Personajes de la vida pública germana rechazan la islamofobia'.

-Rafael Poch firma una columna titulada 'Asoma una Europa parda', en la que arremete no sólo contra Marine Le Pen y los manifestantes alemanes convocados por Pegida, sino, también, contra Michael Houellebecq: "la última mediocre novela de Michel Houellebecq, escritor de éxito y Quasimodo físicamente tan ambiguo como feo". Y un gran pensamiento: "Toda una caricatura de la actual Europa parda en crisis, con guerra en su frontera Este, en la que el delito de opinión, el racismo, el gangsterismo político y la histeria campan a sus anchas".

-Por último, un artículo de Jordi Barbeta titulado 'La extrema derecha estadounidense enseña los dientes en el nuevo Congreso'. ¡Qué miedo!

Y a media mañana en París unos terroristas que ametrallan a sus víctimas al grito de "¡Alá es grande!" nos demuestran quiénes son los verdaderos enemigos de Europa.

Pero semejante pedrada de realidad no ha agitado las ideas de los progres. Éstos se han levantado, se han vendado la cabeza e impasibles han repetido sus mantras.

El tal Rafael Poch, que debería haberse tragado sus palabras y callado por vergüenza, marchó de Alemania a París para cubrir el atentado islamista y en La Vanguardia del 8 de enero asoció a los asesinos mahometanos con la ultraderecha y la OAS:

la organización ultraderechista y antigaullista OAS puso una bomba en el expreso Estrasburgo-París que mató a 21 personas. Ahora el peligro viene de otra ultraderecha, seguramente vinculada al tráfico de ese millar de franceses, o residentes en Francia, que se han paseado por los alrededores del Estado Islámico en Siria.

Dentro de poco, descubrirá conexiones con la CIA.

Y El País, bien definido por El Fumador como "difusor del progresismo y de vigilante de la democracia", publicó el 9 varias varias columnas para explicar que no hay que mencionar el islam. En uno de los textos más asombrosos que he leído estos días, Lluís Bassets se empeña en que los europeos sigamos tomando la medicina que nos mata y en que el enemigo son los que protestan contra esa medicina.

El futuro de Europa, en contra de lo que piensa el Frente Nacional francés o los alemanes de Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), depende de la llegada de inmigrantes en grandes proporciones en los próximos años, que en una buena parte serán ciudadanos de religión islámica. Si no somos capaces de integrar y respetar a esos inmigrantes, Europa desaparecerá.

Y los demás europeos que no compartimos las ideas de estos capitanes del Imperio Progre, ¿no podemos opinar?

CODA: Unas lecturas recomendadas.
-Hermann Tertsch sobre PEGIDA y el malestar del que avisa.
"Europa tiene un problema. Pero ese problema no es Pegida. El problema de lejos es el brutal islamismo bélico en expansión."

-Jesús Laínz, que también cree que la realidad es más fuerte que el Imperio Progre:
"la situación no va a poder mantenerse mucho más, a pesar de que el Santo Oficio de la Corrección Política condene a las tinieblas exteriores a todo aquél que no acabe de ver claro el futuro de una Europa multicultural"

-Eduardo Arroyo, que señala que
"La agenda liberal-progresista, que sueña con un mundo sin fronteras, guiado solo por la aspiración común a unas necesidades materiales satisfechas, ha fracasado."

Terrorismo con ADN y apellido: islámico
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 10 Enero 2015

A los españoles se nos reapareció Zapatero en la embajada francesa tras la atroz matanza de Paris en toda su vacua dimensión para proclamar una de sus solemnes sandeces : “No sembrar el odio”. La manida prédica de alianzacivilizacionista que ya saben el “enorme” impacto que causa en los enfervorizados matarifes de cualquiera de las franquicias del terrorismo, al que muchos como el, sumisos pero pertinaces propagandistas del pensamiento “bueno” hacen filigranas por no poner apellidos ni querer mostrar su ADN . Que en este caso, como en el de ETA era el nacionalismo violento, excluyente y asesino, es el del islamismo fanático y teocrático en busca de imponer por el terror sus dogmas y delirios religiosos al mundo.

La vuelta ectoplásmica de ZP nos retrotrajo aún más a aquella inmensa masacre que sufrimos, 192 muertos, aquel 11-M, donde se acabó por echar la culpa al Gobierno, llamarle asesino al presidente, acosar las sedes del PP y votarlo a él en las elecciones tres días después. Los errores, ventajismo y falta de sentido de Estado de Aznar así como el empecinamiento en señalar a otros terroristas, que no dejan de serlo por no haber participado en esa matanza, fueron muy graves pero no es menos cierta la bochornosa y esquizofrénica reacción acobardada, así lo afirmo porque así lo siento, de culpar y autoinculparnos de la vesania del terrorismo islámico y que considero una de las páginas mas vergonzosas de nuestro comportamiento como ciudadanos y como pueblo.

Pienso que en este aspecto tanto los norteamericanos, como los ingleses luego y ahora los franceses no dieron y nos dan una lección de entereza y de coraje. Y que algo quizás de lo que está sucediendo en Paris nos haga replantearnos ciertas cosas. Aunque no por lo visto a quienes prosiguen de una y otra manera en su obsesionada y cegata manera de no querer ver los hechos y negarse a la más absoluta evidencia.

Estamos ante un terrorismo de inmensa, gravísima y mundial escala, en la punta del iceberg de una involución en el seno del Islam que da lugar a estas corrientes fanáticas y asesinas que pretenden meter bajo su yugo no solo a los países musulmanes sino a cualquiera donde tengan presencia y puedan expandirse y por supuesto a un mundo occidental donde están presentes o pretenden reconquistar como es el caso de España. No lo ocultan, lo jalean y gritan. Han declarado la guerra y su escenario es tanto Siria, como Irak, como Nigeria, como el Mali como Libía o Paris, o Londres o Madrid. No mirar la realidad de frente y confrontarla es, sencillamente, un suicidio.

Lo primero es llamar a las cosas por su nombre y apellidos. No es un terrorismo a secas, sin marca, ni es, como también se camufla “terrorismo religioso”, no hay otras religiones hoy-en siglos pasado si, pero no hoy-. que ni siquiera en sus más extremos delirios prediquen la guerra y el exterminio contra quienes no se postran ante ella. Es terrorismo islámico, porque parte del Islam, de su perversión, sí, pero del Islam. E invocándolo actua. Y por ello la continua cantinela de sus propios correligionarios cuando son inquiridos por su reacción ante esa matanzas de “no son musulmanes” no solo no resulta creíble sino que suena a burla y a la más pobre de las excusas.

La ocultación de este ADN por parte de no pocos es continuada en la tarea de continuar con la antojera ideológica puesta por aquellos que o bien justifican las razones por las que pueden llegar a la comisión de las masacres o ya en el caso extremo a justificar las matazas en si mismas con el argumento de fondo y compartido de que la culpabilidad primigenias esta en nosotros, en occidente, en nuestros pecados originales y que en cierto modo nos lo hemos buscado y es lógico que nos castiguen por ello. En ello, aunque en esta ocasión, hay que decirlo, con mucho menos griterío y sin santones culturales ni mediáticos, se inscribe la infamia de Willy Toledo, o las torticeras mixtificaciones de quien aspira a alcanzar el podium del espeluzno televisado, la tal Trujillo, quien como argumento señala que la libertad de expresión no puede amparar la burla contra creencias religiosas. Es discutible. Pero la manera de oponerse a ello en un estado democrático, en cualquier lugar donde se respete la declaración universal de derechos humanos no es ametrallar a mansalva sino actuar ante los jueces con denuncias y ante los ciudadanos con propuestas. Eso parece que se le pasa por alto al mascarón de esta tendencia y ultimo estrambote de las tertulias políticas de la que abjuran todos aquellos los que un día, Rodriguez Ibarra nunca se arrepentirá lo suficiente, la auparon a donde resulta inaudito que llegara incluso tratándose de aquellos gobiernos zapateriles y que ahora sienta digamos que sus reales entre periodistas que han de soportar de manera continua sus insultos a la propia profesión y pretensiones de exclusiones y censuras contra los que considera extirpables de una profesión que, desde luego y aunque medre en ella, no es la suya.

No falta tampoco la otra línea argumental que de continuo se desparrama. ¡Ojo con la islamofobia!, advierten. Mata el terror yihadista a mansalva, allí en Oriente y acá en Occidente, mata a musulmanes, a cristianos a yazidies, a blancos y a negros, pero la pregunta recurrente, la que no falta, es si ello no alentara la islamofobia. O sea que pareciera que el problema esencial no fuera el terrorismo islámico sino la probable islamofobía que pudiera desatarse. Vamos, que antes de aplicarse a actuar sobre la causa, sobre el origen y la perversión primaria de lo que hay primordialmente que ocuparse es a la prevención de la reacción que provoque y sus consecuencias. Siendo la electoral una de la que a algunos más preocupa.

Pero algo está cambiando. A la fuerza y por fuerza contundente de la sangre derramada. Quizás también por las características y posiciones vitales e ideológicas de las victimas Pero en cualquier caso, lo señalan muy marcadamente los corresponsales en Francia, que algo ha despertado y de manera muy profunda y que a muchos de los gurus de la izquierda de aquel país, esperemos que también del nuestro, se les han caído algunas vendas y que abre paso con fuerza tanto la defensa de los valores de la libertad y los derechos humanos como la necesidad de no tolerar ni permitir ni amparar, so pretexto alguno, religión incluida, que se violen y se conculquen. Más aún, el eco que llega es de exigencia a la comunidad musulmana de mucho más que unas palabras hueras, mucho más y sin ambigüedades, y que ha de empezar por un compromiso con la democracia con las leyes y con todos los ciudadanos que en ella y por ellas se amparan.

En esa batalla contra el terror no pueden estar ni al margen ni de lado ni solapar sus responsabilidades. O están con la libertad y los derechos humanos, o serán entendidos como silenciosos adherentes, en el mejor de los casos, de quienes pretenden arrasarnos. Esta sucediendo en Francia pero marca un camino. Y no el de la xenofobia, dejémosnos de gaitas: o sea esta contra el terror o se es, en la graduación que sea, cómplice del mismo. No es cuestión de ser musulman, o cristiano o agnóstico o ateo. Para nada. Es cuestión de leyes y derechos, del de la vida, del de la libertad, los primeros. Y en este caso, por llevar el terror ese apellido han de ser los musulmanes antes que ninguno los que marquen, distancia, condena y denuncia. Los que expulsen de su seno, sin justificación, sin ocultación, sin prestar amparo alguno a los criminales y a sus predicadores. De sus mezquitas, de sus lugares de reunión, de sus organizaciones. Es imprescindible ya no solo desterrar la permisividad actual con ellos, su justificación más o menos aireada, e incluso la continuidad de una posición de pasiva y presunta lejanía y de estar al margen de tales comportamientos. Se les ha empezado a exigir, y antes debiera haberse hecho, el ser activo contra ellos sino quieren ser metidos todos en el mismo saco. Allí, en toda Europa y en España. Estamos esperando y expectantes.

ATAQUE A CHARLIE HEBDO
Lecciones de París en Madrid
Javier Somalo Libertad Digital 10 Enero 2015

En el año 2001, El País sentó cátedra periodística con su titular a toda página tras el 11 de septiembre: "El Mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush". No importaba la acción ejecutada sino la reacción en ciernes. Esta semana, tras la matanza de París, ha vuelto suceder: lo grave no es el atentado islamista contra Charlie Hebdo o que uno similar se repita en Londres, Madrid o cualquier otra ciudad. El problema no es que cunda el ejemplo terrorista sino la islamofobia. Después de los minutos de silencio y de los homenajes-marca que jamás comprenderé –¿cómo que Je suis Charlie si estás vivo?– afloran a velocidad de vértigo los peros, los matices y el análisis sobre represalias. En España, además, aprovecharemos el debate para tapar algún agujerito, como cuando toca poca lotería y, mirando al Pisuerga, alicatar el 11-M.

Y qué mejor para empezar que un artículo de José Luis Rodríguez Zapatero en el diario El Mundo titulado "Terror, memoria y solidaridad". Escribe –por ser benévolos– el ex presidente:

(…) Tampoco olvidaremos nunca la masacre brutal del 11 de marzo de 2004, que está dolorosamente presente en nuestro recuerdo. Y tenemos que desear que, como ocurrió en nuestro país, sobre los asesinos de ayer en Francia caiga todo el peso de la ley, todo el peso de la justicia, que sean cuanto antes apresados, juzgados y condenados.

Turbio deseo al vecino francés: los asesinos de aquí no fueron apresados, ni juzgados, ni condenados. El desenlace en París se parece poco al de Madrid. Los asesinos de unos periodistas han muerto en una imprenta abatidos por la Policía, que ya había perdido a varios compañeros. Lamentablemente han muerto también rehenes y eso eleva el saldo islamista de esta matanza mientras seguimos preocupados por la islamofobia.

Tenemos que desear que ocurra eso –prosigue Zapatero– y también que no se produzcan reflejos de odio o xenofobia en la sociedad francesa (…) No hacerlo fue, por cierto, la gran lección que dio la sociedad española tras el 11-M.

La sociedad española dio muchos ejemplos buenos y malos aquel 11-M: se desvivió por los heridos sin dudarlo un segundo pero luego siguió una corriente de odio electoral a la que nadie ha querido añadir sufijos. No hubo islamofobia.

El mismo día en que se publica el artículo de Zapatero, El Mundo dice en su editorial que el terrorismo contra el Charlie Hebdo:
Es el mismo que dio lugar al atentado contra las Torres Gemelas en 2001 y al de Bali (Indonesia) en 2002, el que causó la masacre de los trenes en Madrid en 2004.

En lo referente a Madrid, la sentencia editorial contrasta hasta con la del Tribunal Supremo pero, sobre todo, con las tesis defendidas por Casimiro García Abadillo, otrora prologuista del libro Titadine y ferviente defensor de perseguir la duda hasta alcanzar la verdad.

En el diario ABC, Luis Ventoso también mira hacia Madrid como Zapatero en El Mundo y Casimiro en su editorial. En su caso, París también vale para felicitarse de que Pedro J. Ramírez ya no sea director de un periódico que "ha acabado desprendiéndose" de esas dudas sobre el 11-M. No he sido capaz de entender el artículo de Ventoso titulado "Aquellos días" ni qué demonios tenía que ver con la tragedia de París pero deduzco testimonio de una confesión:

En una difícil y honorable elección, ABC hubo de optar entre dar al público lo que quería oír o atenerse a la verdad. Y sus editores y periodistas eligieron la verdad, aún a costa de una momentánea merma de audiencia

¿Difícil elección? O sea, que se planteó si había que decir la verdad aunque luego no se dijera. Cierto es que ABC supo elegir. Cambió de director. Pero quedan nostálgicos.

Volviendo al asunto de la islamofobia, Ayaan Hirsi Ali, nacida en Somalia y crecida en Arabia Saudí, Etiopía y Kenia hizo la siguiente reflexión en Mi vida, mi libertad:

La mayoría de los musulmanes jamás profundizamos en la teología y rara vez leemos el Corán; nos lo enseñan en árabe, una lengua que la mayoría de los musulmanes no habla. Por eso, casi todo el mundo piensa que el islam busca la paz. De estas personas sinceras y amables emana la falacia de que el islam es pacífico y tolerante (…) El verdadero islam regula todos los detalles de la vida y subyuga el libre albedrío. El verdadero islam, un sistema confesional y rígido y un marco moral, lleva a la crueldad.

Otra mujer, Oriana Fallaci, escribió no mucho antes de morir:
Estoy de acuerdo en que el islam moderado no existe. Que lo hemos inventado nosotros los occidentales con nuestro optimismo. Con nuestro liberalismo. Pero sí hay musulmanes moderados. (…) Claro que los hay. Obviamente los hay. Incluso según el matemático cálculo de probabilidades tiene que haberlos (…) Pero son una minoría exigua. Tan exigua que apostar por ellos, esperar que puedan cambiar el mundo al que pertenecen es pura utopía.

A la tristemente desaparecida Oriana Fallaci, muchos la tildaron de fascista; los mismos que opinan que Tariq Ramadan no lo es. A Ayaan Hirsi Ali la obligaron a salir de Holanda, de cuyo parlamento fue diputada, porque ya no la iban a proteger más, porque la señalada en el asesinato de Theo Van Gogh era ella, la guionista de Submission Part I, un reportaje sobre cómo es tratada la mujer en el Islam. No tiene nada de curiosa la coincidencia de que ambas acabaran viviendo en EE.UU. Serán islamófobas, claro. Hay ríos de tinta sobre las supuestas diferencias entre el islamismo y el islam, entre la moderación y el integrismo. Seguro que son reflexiones más académicas que las de Hirsi Ali o Fallaci. He podido leer algunas pero me quedo con los testimonios personales citados.

A otros, como Willy Toledo, también se le agradecen su claridad y sinceridad al confesar por enésima vez su antioccidentalismo, antiamericanismo, antisionismo y resto de fobias que construyan su afición a las dictaduras. Lo que se entiende menos es que nadie le pida cuentas por encontrar causa a trece asesinatos, los recientes, amén de los que justifica diariamente desde su mera militancia castrista. Nadie le llamará "islamófobo". No le llamarán ni a declarar por decir que la matanza de París es "un montaje". Así somos.

Algunos siguen diciendo que somos los culpables
VÍCTOR DE LA SERNA El Mundo 10 Enero 2015

Un drama como el de París es también un drama español, porque sabemos que estamos en la misma mirilla que nuestros compañeros. En un editorial de ABC se centraba bien lo que se nos plantea: «Europa debe prevenirse de incurrir en el extremismo opuesto al que representan los asesinos del Charlie Hebdo, pero esa prevención debe ser compatible con no olvidar que se trató de un atentado islamista y con el deber de las comunidades musulmanas de condenar, denunciar y marginar a los autores de estos crímenes. El terrorismo religioso, como el nacionalista -y bien lo sabemos en España-, tiene un caldo de cultivo social en el que se mezclan los que toleran, los que callan, los que comprenden».

En las mismas páginas, Ignacio Camacho nos recordaba -lo que muchos necesitan- que vamos perdiendo: «Hay una guerra y la podemos perder porque nosotros dudamos y ellos no. (...)Y todavía en Europa domina la idea de que es un problema más grave la islamofobia que el islamismo. Y cuando la barbarie medieval enseña con feroz orgullo las cabezas recién cortadas nos preguntamos en qué nos estamos equivocando y qué hemos hecho mal. Pues es sencillo: nos hemos equivocado al no entender que vienen a por nosotros».

Pero Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Autónoma de Madrid, lo sigue teniendo -en El País, naturalmente- muy claro: la culpa es nuestra: «Europa tiene muchos problemas, pero el islam no es uno de ellos. Sí lo es la tentación de negar el sello de autenticidad europea a amplias capas de su población que hacen de esta religión una seña de identidad primera. (...) Como lo es pedirles a todos los musulmanes que se posicionen cuando se producen atentados. (...) A la clase política europea le sigue costando pronunciar el término islamofobia».

Una errata -freudiana, pensarían algunos- de El País transformaba curiosamente su editorial: en vez de describir la reacción inicial francesa al atentado como de «sangre fría», decía «sangría fría». Preludio de la sangría caliente que, por el tono del citado texto, el diario parece temerse para fechas próximas.

Frente a lo melifluo, el latigazo de realidad de Ángela Vallvey en La Razón: «La compañía de algunos nos convierte en besugos. Frecuentar el pensamiento de otros, como Wolinski y sus compañeros de Charlie Hebdo, es una gimnasia mental. Siempre dejaban en evidencia al con (gilipuertas). Hay más connards que pimientos morrones. La prueba es este crimen, cometido bajo el fuego airado de, al menos, un par de cons. El infame rastro del integrismo islámico está hecho de sangre, de inmoralidad. Pero también de estupidez. Ignorar, decía la locución latina, es más que errar. Las fechorías de estos criminales son patéticas, no sólo lamentables y estremecedoras, porque son fruto de su sandez».

TERRORISMO ISLAMISTA
¿Todos somos 'Charlie Hebdo'?
Julián Schvindlerman Libertad Digital  10 Enero 2015

En estos tiempos en que las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo han sido atacadas en el centro de París por islamistas franceses, otros islamistas del Medio Oriente han ocasionado la muerte a 30 cadetes de policía en Yemen, a una veintena de feligreses en Irak y a 130 niños en Pakistán, mientras islamistas en la Franja de Gaza y en Cisjordania han agredido a civiles y soldados israelíes. Las mujeres, los homosexuales, los librepensadores y las minorías kurdas, yazidíes, bahais y cristianas viven bajo el acecho constante de los fanáticos en la vasta extensión del Dar al Islam.

Antes de que doce periodistas y caricaturistas franceses fueran ejecutados a quemarropa en su lugar de trabajo por haber dibujado al profeta del islam, otros editores, cineastas, intelectuales, escritores y figuras religiosas habían sido puestos en la mira del islam radical. En el 2004 Theo Van Gogh fue apuñalado en la vía pública por haber hecho una película sobre el maltrato femenino en el islam. Tras la publicación en el 2005 por parte del diario danés Jyllands Posten de una docena de caricaturas sobre Mahoma, islamistas intentaron matar a los dibujantes, en tanto que la embajada danesa en el Líbano fue incendiada y la de Islamabad, bombardeada. Luego de que Benedicto XVI diera un discurso en la localidad alemana de Ratisbona denunciando la violencia que anida en el islam, cristianos fueron asesinados en el Medio Oriente, y se emitió una fetua contra el Papa. Estos hechos fueron precedidos y sucedidos por otras amenazas, contra gente como el británico Salman Rushdie, la somalí Ayaan Hirsi Ali, la italiana Oriana Fallaci y la española Pilar Rahola, por haber alertado contra el fundamentalismo islámico.

En Pakistán, Irán, Arabia Saudita y otras naciones musulmanas, la blasfemia y la apostasía son castigadas con la pena de muerte. En Pakistán, el gobernador provincial que intentó abolir las leyes contra la blasfemia fue ultimado por su propio guardaespaldas, en 2011. El pasado septiembre, en Irán, jóvenes que se filmaron bailando al son del video Happy de Pharrell Williams fueron arrestados, condenados a 91 latigazos y a un año de cárcel. Incluso en Egipto unos jóvenes que realizaron un video casero sobre Mahoma y lo subieron a YouTube fueron condenados a muerte en ausencia, en 2012. Clérigos musulmanes en París, Berlín, Londres y Estocolmo han pronunciado prédicas antioccidentales virulentas en sus mezquitas.

A lo largo de su historia, Charlie Hebdo ha publicado caricaturas lesivas contra la clase política francesa, Jesús, el Vaticano, el judaísmo, Michael Jackson y el islam. Tras la muerte de Jackson, se mostró en portada un esqueleto del cantante con la leyenda "Michael Jackson es blanco finalmente". Ni uno solo de sus fans empuñó por ello un arma contra la junta editorial. Cierta vez dibujó a la Virgen María pariendo a un Jesús con cara de cerdo. Ningún cristiano complotó para matar al dibujante. Sólo cuando el seminario satírico osó publicar algo ofensivo para el islam quedó expuesto a la sanción violenta. Los periodistas de Charlie Hebdo pagaron con sus vidas la defensa de la libertad. Por pararse ante ese islam fanatizado que está sembrando caos y penuria por el mundo entero y gritarle en su rostro: ¡basta!

La génesis de este desenlace atroz se encuentra en 2005, cuando Jyllands Posten publicó las famosas caricaturas sobre Mahoma. Ello no causó gran consternación sino hasta después de que una comitiva de imanes daneses viajara al Medio Oriente a mostrar esas doce –y otras desvinculadas– caricaturas. Entonces la ira estalló. En medio de la convulsión desatada, con musulmanes ofendidos esparciendo violencia y los progres de siempre gritando "¡islamofobia!" y acusando a la publicación danesa de ser xenófoba, en Francia un hombre valiente comprendió lo que estaba en juego y decidió reproducir esas caricaturas: Jacques Lefranc, del diario France Soir. Fue inmediatamente despedido. En solidaridad con este editor, el director de Charlie Hebdo, Philippe Val, publicó también esas caricaturas. En su portada se mostraba a Mahoma diciendo: "Es difícil ser amado por idiotas". Val invitó a otros medios franceses a reproducir esos dibujos. L´Express lo hizo. Algunas sólo reprodujeron algunas. Otras, nada.

Al día siguiente, la Gran Mezquita de París y la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia actuaron judicialmente para que la revista no llegara a los kioskos. Fracasaron. Al cabo de la publicación, estos grupos musulmanes franceses iniciaron acciones legales contra Philippe Val, bajo cargos de racismo. El entonces presidente francés, Jacques Chirac, batalló a favor de la comunidad musulmana e incluso puso a su servicio a su abogado personal, Francis Szpiner. Por el contrario, Nicolas Sarkozy y François Hollande salieron en defensa de Charlie Hebdo, así como intelectuales cristianos, judíos y musulmanes. La justicia falló a favor de la libertad de expresión.

El 7 de enero pasado, terroristas islámicos buscaron quebrar ese fallo a tiros. Asesinaron a doce periodistas irreverentes que pagaron con sus vidas su acto de defensa de la libertad de expresión. Una vida por cada caricatura. La manera honrosa de custodiar su legado será perpetuarlo. Todos los editores de medios del mundo libre deberían reproducir esas –ahora icónicas– doce caricaturas de la discordia inmediatamente. Sólo así la frase "Todos somos Charlie" trascenderá los confines del mero eslogan.

julianschvindlerman.com.ar

INMIGRACIÓN
Nuestro caballo de Troya
Jesús Laínz Libertad Digital  10 Enero 2015

Hace noventa y seis años, cuando cayó el telón del primer acto del suicidio de Europa, los vencedores intentaron diseñar en Versalles un continente que nunca pudiera volver a sufrir una hecatombe similar. El elemento más importante del nuevo diseño fue la ordenación de los europeos por grupos nacionales, de modo que ninguno volviera a quedar englobado en el seno de una nación potencialmente hostil. Ése fue el principio por el que, por ejemplo, se resucitó Polonia para liberar nacionalmente a unos polacos que hasta aquel momento habían estado gobernados desde Viena, Berlín y San Petersburgo. Idéntica lógica provocó el desmembramiento del Imperio Austrohúngaro. Pero ésta fue sólo la teoría, pues en la práctica se inventaron dos nuevos entes supranacionales, Checoeslovaquia y Yugoslavia, que no dejarían de chirriar hasta su desaparición definitiva siete décadas más tarde.

Veintisiete años después, los vencedores de 1945 intentaron una vez más remediar para siempre el problema que había provocado el segundo acto del suicidio de Europa. Pocos meses antes de la paz, en diciembre de 1944, con una Alemania ya prácticamente vencida, Churchill pronunció las siguientes palabras en la Cámara de los comunes:

La transferencia de varios millones de personas tendrá que ser realizada desde el este hacia el oeste y el norte, así como la expulsión de los alemanes -porque eso es lo propuesto: la expulsión total de los alemanes- del área que habrá de adquirir Polonia en el este y el norte. La expulsión es el método que, según lo que hemos podido ver, será el más satisfactorio y duradero. Ya no habrá mezcla de poblaciones que cause problemas sin fin, como fue el caso de Alsacia-Loren. Será un barrido limpio. No me asusta la perspectiva del desenmarañamiento de poblaciones, ni tan siquiera las grandes transferencias, que son más factibles en las condiciones modernas que en cualquier otra época anterior.

Ésta fue la orientación de la política europea sobre la configuración de las naciones durante algo más de una década (repatriación de los Volksdeutsche, Decretos Benes, etc.), hasta que el comienzo del proceso descolonizador en Asia y África empezó a facilitar la llegada a los países europeos de ciudadanos de sus antiguas colonias. De este modo, por primera vez en la historia, Europa iba a recibir pobladores de otros continentes, y llegados no precisamente con la espada en la mano, al contrario de lo que había sucedido en siglos pasados en ambos extremos del Mediterráneo: España hasta Poitiers, y Bizancio y los Balcanes hasta las puertas de Viena.

Los gobernantes de las décadas de 1950 y 60, los mismos que habían intentado mantener a los europeos a salvo de un nuevo enfrentamiento identitario, no vieron, sin embargo, inconveniente alguno en la llegada de millones de personas de ámbitos nacionales, culturales, étnicos y religiosos muy diferentes y muy alejados. Por lo visto, ahí no había riesgo de colisión. Y los gobernantes de las décadas siguientes han continuado y consolidado la misma política. Véase, por ejemplo, la publicación en enero de 2000 del informe de la ONU sobre la situación demográfica en Europa en el que recomendaba el levantamiento de las trabas a la inmigración para que la UE pueda sobrevivir económica y socialmente. En concreto, los demógrafos de la ONU aconsejaron a los gobiernos europeos promover la admisión de 159 millones de inmigrantes en las dos primeras décadas del nuevo siglo. La Comisión Europea dio a conocer pocos días después su acuerdo con el informe y su decisión de activar la llegada a Europa de nuevos pobladores.

Pero parece que la situación no va a poder mantenerse mucho más, a pesar de que el Santo Oficio de la Corrección Política condene a las tinieblas exteriores a todo aquél que no acabe de ver claro el futuro de una Europa multicultural en la que se alojan muchos millones de personas que no comparten los principios jurídico-políticos -por decir lo menos- en los que se fundamenta la Europa que los acoge, sobre todo, aunque no solamente, los que constituyen la manifestación local de la perpetua ebullición que agita al mundo islámico.

El problema más grave de Europa no ha hecho más que comenzar. Y lo tenemos dentro.

Renovados versos satánicos
El año comienza con un sangriento atentado yihadista
Luis del Palacio www.diariosigloxxi.com 10 Enero 2015

La amenaza terrorista es una lacra que, como la espada de Damocles, pende sobre nuestras cabezas. El atentado de ayer en París contra la redacción de la revista de humor Charlie Hebdon, que costado la vida a una docena de personas, pone de manifiesto una vez más lo poco eficaces que son las medidas de seguridad cuando el mundo occidental se enfrenta a una vedadera ofensiva de guerrillas muy bien organizada por mentes enfocadas a la destrucción de nuestra cultura y sistema de valores. El fanatismo los alienta, sí, pero sería iluso suponer que por este motivo se trata de una banda de chiflados que actúa por impulsos o por “llamadas divinas”, sino que debemos asumir que lo hacen con método y estrategia. Y esa estrategia conlleva el que sea prácticamente imposible prever cuándo van a asestar el golpe letal.

Por mucho que nuestras fuerzas de seguridad vigilen día y noche las estaciones, los aeropuertos y, en general, cualquier lugar público susceptible de ser un objetivo terrorista, hay casi tantos resquicios como plazas y calles en una gran ciudad. Puede suceder en cualquier parte a cualquier hora. Nadie está libre de caer acribillado o de que su cuerpo se esparza en mil pedazos al ir a hacer una gestión al banco, sacar al perro a pasear, hacer la compra o coger el metro para ir a la oficina. El terrorismo islamista pretende, precisamente, crear un clima de inseguridad que nos vaya paralizando progresivamente. Su avance es lento pero inexorable: la verdadera ofensiva no comenzó, como suele repetirse infundadamente, con el 11-S, sino con la matanza de más de trescientas personas perpetrada en el atentado a la embajada de los EEUU en Nairobi (Agosto de 1998) A partir de esta acción, y con la regularidad relativa que permite la guerra de guerrillas, han venido sucediéndose una serie de atentados: los de 2001 en Nueva York y Washington; los de Madrid y Londres (2004 y 2005); el de Boston, en 2012... Y habría que preguntarse cuántos más habrán sido abortados por las fuerzas de seguridad o los servicios secretos sin que la población fuera informada para evitar conatos de histeria colectiva que pudieran provocar actos de xenofobia del todo indeseables.

En España esa demagógica actitud política que algunos han llamado “buenismo”, con Zapatero y su ridícula Alianza de las Civilizaciones a la cabeza, nos ha llevado a no entender el problema; un problema que puede resumirse en lo siguiente: tratar de hacer entrar en razón a un islamista es tan absurdo como intentar disuadir a un cocodrilo hambriento de que nos devore. San Francisco de Asís probablemente los habría llamado “hermano cocodrilo” o “hermana cobra”, pero es muy improbable que los hubiera metido en su celda. Y que cada cual saque las conclusiones que quiera.

Suiza –país que goza del privilegio de no pertenecer a la Unión Europea- ha vetado la construcción de mezquitas en su territorio. ¿No se podría empezar por ahí, sobre todo cuando está comprobado que muchas de ellas, junto con las “escuelas coránicas y madrasas, son verdaderos semilleros de yihadistas?

Es una pena que no exista ningín partido “razonable”, es decir, no extremo, que abogue por estas y otras medidas coercitivas (Sí: he dicho “coercitivas”, una palabra que muchos, en su tonta hipocresia o buenismo suicida, consideran pecaminosa y dictatorial).

Es una lástima que tengamos que ir replegándonos, humillando la cabeza ante los que sólo aspiran a degollarnos.

Y con el tiempo aquellas caricaturas de su profeta –guardadas para entonces en archivos secretos- nos recordarán algún día la libertad que no supimos conservar.

¿Es la religión islámica, como dice la Ley, determinante en la conformación de la españolidad?
MARIO CONDE www.gaceta.es 10 Enero 2015

Una cosa es que la religión islámica tenga arraigo cuantitativo en España y otra que el legislador se atreva ir mas allá en un mas que discutible salto cualitativo. La Exposición de Motivos de esa Ley señala textualmente: “la religión islámica, de tradición secular en nuestro país, con relevante importancia en la formación de la identidad española"

Con el propósito de despejar dudas que pudieran alimentar ciertos juicios previos, confieso que del mismo modo que sostengo que el llamado Estado Islámico es un terrorismo que pretende edificarse sobre una visión teócentrica —de su teo, claro— del universo, no admito el postulado ilegítimo de considerar terrorista, actual o potencial, a toda persona que practica la religión islámica. Es mas, aún cuando es debatible que el sufismo sea exclusivamente una derivada superior, un campo propio de los iniciados demayor nivel de conciencia en la religión islámica, confieso mi admiración de fondo sobre la calidad metafísica de algunos postulados del sufismo —la idea de aniquilación, por ejemplo— así como su técnica de enseñanza simbolizada en la sabiduría de los idiotas. Un libro magnifico de un profesor japonés, Sufismo y Taoismo, compuesto de dos volúmenes, contribuyó a evidenciarme que en el plano superior de la mística se produce una confluencia sustancial entre procedencias diversas.

Pero no es de esta importante y para mi atractiva materia de lo que quiero hablar, sino de algo que me llama la atención y que no encuentro mencionado por los comentaristas, ni siquiera en los momentos de turbulencias ocasionadas por terribles sucesos luctuosos, asesinatos terroristas, que provocan no solo indignación y hasta miedo en la sociedad, sino que, al tiempo, reproducen sistémicas reacciones de la clase política concentradas en convocar manifestaciones de repulsa, concertaciones o convenciones, que duran el tiempo que duran, para regresar a la normalidad abstencionista que viene caracterizando el tratamiento de ciertos asuntos. Ya sostengo desde aquí que la afirmación de que “la palabra es la que debe combatir las armas”, es de una fuerza literaria enorme, pero desgraciadamente los muertos no hablan, y que la tolerancia mal entendida se encuentra en la base de muchas de las cosas que nos suceden. El terrorismo, islámico o de otro porte, se beneficia de los postulados de tolerancia occidental para con los intolerantes, que, adicionalmente, disponen de una tecnología y de unos fondos financieros que provocan la extrema dificultad de un combate basado exclusivamente en el poder de la palabra. Curioso: algunos se concetran en combatir a muerte a sus nacionales que no comparten los dogmas de su Sistema de poder, a los que califican ilegitimamente de anti-sistema, al tiempo que son excesivametne tolerantes ("el poder de la palabra") con aquellos que buscan no solo la destrucción de un sistema sino de un modo de vida definido por la debilitada pero todavia sustancialmetne vigente civilización occidental

Ahora hablemos de islamismo y de religión islámica, Bien, pues no se si todos los españoles saben que el 10 de Noviembre de 1992, con Felipe Gonzalez a la cabeza del gobierno de España y con mayoría absoluta en el parlamento, aprobó una Ley sancionando el Acuerdo de Cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España. En principio nada extraño, sino, simplemente, el cumplimiento de un mandato constitucional, puesto que la aconfesionalidad del Estado español no elimina sino que impone la cooperación, no sólo con la Iglesia Católica, sino, además, con otras Confesiones o Comunidades religiosas. Y la Ley Orgánica de Libertad Religiosa precisa que el Estado español puede concretar su cooperación con acuerdos o Convenios de Cooperación con esas Comunidades debidamente inscritas en el Registro de Entidades Religiosas.

Hasta aquí, como digo, nada extraño. Al contrario. Y para que se establezca esa cooperación es necesario que las Comunidades en cuestión hayan alcanzado arraigo en la sociedad española, y este “arraigo” se demuestra con elementos cuantitativos: número de creyentes y extensión del credo. Pues bien, la citada Ley dispone de una Exposición de motivos interesante. Ante todo reconoce el arraigo de la religión islámica en nuestro país, precisamente porque son numerosos los creyentes y extensos los lugares de culto, lo que viene propiciado por el articulo primero, en el que se conceptúa a las Mezquitas como lugares de culto de las comunidades islámicas, dedicados de forma exclusiva a la práctica habitual de la oración, formación o asistencia religiosa. A esos lugares de culto, el párrafo 2 del articulo 1 de la citada Ley les concede el atributo de la inviolabilidad.

La ley considera que los dirigentes religiosos de estas Comunidades Islámicas son los Imanes, personas físicas encargadas de modo estable de dirigir la oración, la formación y la asistencia religiosa islámica, a quiénes, por cierto, atribuye individualmente el derecho a la inviolabilidad, puesto que “en ningún caso estarán obligadas a declarar sobre hechos que le hayan sido revelados en el ejercicio e sus funciones….”

Pero el asunto que me interesa va algo mas allá. Una cosa es que la religión islámica tenga arraigo cuantitativo en España y otra que el legislador se atreva ir mas allá en un mas que discutible salto cualitativo. Y digo esto último porque literalmente la Exposición de Motivos de esa Ley señala textualmente lo siguiente: “..la religión islámica, de tradición secular en nuestro país, con relevante importancia en la formación de la identidad española”. Esto es evidentemente harina de un costal diferente puesto que implica residenciar a la religión islámica de manera relevante en el proceso de construcción de la españolidad.

Era el año 1992. El parlamento, como señalaba, estaba dominado por el socialismo de Felipe Gonzalez. Una afirmación de ese porte posiblemente no sea compartida por muchos españoles, no solo legos sino conocedores y estudiosos de la historia. Una cosa es la vigencia de la religión islámica, otra la convivencia entre religiones y otra que su esencia sea de relevante importancia en la conformación de la españolidad.

Me pregunto dos cosas: ¿es materia propia de una exposición de Motivos semejante afirmación? Se dirá que no tiene importancia. Pues sí que la tiene porque esas afirmaciones en el lugar citado son utilizables en el proceso de hermenéutica de las disposiciones normativas concretas. Creo que este tipo de consideraciones socio-politicas-históricas no deben ser materia propia del legislador, máxime dominado por un grupo político concreto y con una democracia española que en muchos aspectos es mas formal que real.

La segunda pregunta es: ¿acaso alguna persona perteneciente a cualquiera de los grupos políticos no socialistas, incluidos los nacionalistas, presentó alguna queja en ese momento señalando siquiera sus dudas de que la religión islámica fuera determinante en el proceso de construcción de la españolidad.? No tengo el diario de Sesiones a mano, pero…

Sumisión
RUBÉN AMÓN El Mundo 10 Enero 2015

NO CREO que Sumisión sea la mejor novela de Michel Houellebecq, pero todas las objeciones literarias que puedan mencionarse en esta coyuntura incendiaria representan una frivolidad respecto a su porvenir de escritor perseguido. Le ha condenado a muerte la yihad. Lo custodia la policía francesa, igual que ocurre con la sede de la editorial Flammarion, cómplice de haber publicado la distopía con la que Houellebecq imagina la conversión al Islam de Francia. Y la de Europa también, hasta el extremo de que Mohamed Ben Abbas, personaje imaginario, sería el caudillo visionario de un imperio musulmán que aglutinaría las dos orillas del Mediterráneo y que expondría la agonía de la cultura occidental en un contexto guerra civilista.

Es un delirio de Houellebecq. Un delirio legítimo. Y justificado conceptualmente en la ingenuidad con que la sociedad europea cree garantizada la vigencia de la civilización sin preocuparse de protegerla.

De hecho, la victoria de la Fraternidad musulmana en las elecciones presidenciales de 2022 -he aquí la profecía- se produce porque la izquierda socialista, liderada por Manuel Valls, antepone la aversión a Marine Le Pen frente al oportunismo de un líder musulmán moderado.

Moderado hasta que asume el poder. Y hasta que emula la deriva fundamentalista de Morsi con la implantación de la poligamia y la sharía, de forma que la sumisión de la mujer al hombre y la sumisión del hombre a Dios explican que Michel Houellebecq encabece su último capítulo con un aforismo de Khomeini: «El Islam o es político o no es».

Impresiona el momento en que ha aparecido la novela, como estremece que la última portada de Charlie Hebdo (7 de enero) se haya dedicado al propio Houellebecq. No para reivindicar su apocalipsis coránico ni para airear los altibajos de una novela que se resiente de la soledad y de la andropausia, sino para caricaturalizarlo como un tipo grimoso, senil, desagradable.

Es una prueba de la libertad de expresión y de la naturaleza polifacética de la sátira, pero la matanza de los viñetistas implica, sobrentiende ahora una fatua a medida de Michel Houellebecq, epígono involuntario de Rushdie. Y también de Casandra, cuya aparición entre las páginas de Sumisión como una alegoría de la ceguera cultural recuerda que Apolo dispuso en su castigo a la mujer despechada que los hombres no entendieran los oráculos de la sacerdotisa, aunque su vida dependiera de ellos y de ella.

La Generalidad, condenada por primera vez a indemnizar a un alumno por aplicarle la inmersión lingüística contra su voluntad
Alejandro Tercer. Cronica Global 10 Enero 2015

El TSJC condena a la Generalidad a compensar con 3.000 euros a una niña por no garantizarle su derecho a recibir educación en castellano, pese a que así lo solicitaron sus padres. Los tribunales avalaron la petición años después y, como ya había terminado la etapa referida, los padres reclamaron una indemnización compensatoria. Este precedente abre la puerta a otros padres en situación similar y puede generar un efecto llamada.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) dictó el pasado 15 de diciembre una sentencia por la que condena a la Generalidad de Cataluña a indemnizar con 3.000 euros a una niña a la que aplicó la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán y que después obtuvo en los tribunales el reconocimiento a recibir la enseñanza en castellano.

Lo novedoso de la sentencia estriba en que, por primera vez, se condena a la Generalidad a indemnizar a una alumna para compensar el hecho de que ya no se puede garantizar su derecho -reconocido en una sentencia posterior- a recibir la educación en español, puesto que ya ha finalizado la etapa escolar referida.

Este caso supone un precedente que abre la puerta a otros muchos que se encuentran en una situación similar, y podría generar un efecto llamada para que otros padres se animen a judicializar sus casos, después de recibir la negativa de la Consejería de Enseñanza a garantizarles la educación en castellano -en la primera enseñanza- o en bilingüe -en el resto de la educación-.

El caso se remonta al año 2008
Según recoge la sentencia a la que ha tenido acceso CRÓNICA GLOBAL, el caso se remonta al curso 2008-2009, cuando la niña afectada estudiaba P-4 (correspondiente al segundo ciclo de eduación infantil) en un centro concertado del barrio de Sarriá de Barcelona.

A principio de curso, los padres solicitaron al colegio que, tal y como reconoce la Ley de Política Lingüística, su hija recibiera "la enseñanza en su lengua habitual, esto es, el castellano, o al menos en ambas lenguas castellano y catalán, en idéntica proporción", y que "la lengua castellana sea reintroducida como lengua docente o vehicular, en la enseñanza para su hija, o al menos en régimen de igualdad con el catalán".

La petición fue denegada a los pocos meses, y se le ofreció "atención individualizada" en español, pese a ser una práctica que los tribunales han dictaminado en repetidas ocasiones que no sustituye el derecho a recibir enseñanza en castellano. Por ello, en julio de 2009 los padres denunciaron esta situación ante el TSJC.

El TSJC y el Tribunal Supremo dieron la razón a los padres
En mayo de 2012, el TSJC dictaminó en el sentido de "declarar el derecho de los recurrentes a que, en relación a su hija escolar menor de edad, el castellano se utilice también como lengua vehicular, debiendo la Administración demandada [la Generalidad] adoptar cuantas medidas sean precisas para adaptar el sistema de enseñanza que afecta a la niña a la nueva situación creada por la declaración del Tribunal Constitucional, que considera también al castellano como lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña junto al catalán".

El TSJC además avaló "el derecho de los recurrentes a que todas las comunicaciones, circulares y cualquier otra documentanción, tanto oral como escrita, que les sean dirigidas por el centro escolar lo sean también en castellano".

En noviembre de 2013, el Tribunal Supremo falló contra el recurso de la Generalidad y reiteró "el derecho de la hija de los demandantes a recibir en castellano la educación infantil".

Indefensión de los padres porque su hija había acabado la educación infantil
En marzo de 2014, cuando la niña hacía años que había superado la educación infantil, la Generalidad argumentó que "hay que tener por ejecutada la sentencia".

Ante esta situación, los padres reclamaron un mes después ante el TSJC que "declare la imposibilidad material de cumplimiento pleno de la sentencia en cuanto a la utilización del castellano como lengua vehicular en los cursos de P-4 y P-5 de 2008-2009 y 2009-2010 y consiguientemente declare la obligación de indemnizar a la hija de los reclamantes".

Exigen una indemnización compensatoria
Los padres solicitaron una indemnización anual de 2.129,40 euros por cada uno de los dos años de eduación infantil en los que no se garantizó el derecho a recibir la educación en español.

El cálculo de la indemnización corresponde a las 6,5 horas semanales que se deberían haber impartido en castellano y que se incumplió: de las 25 horas semanales de clase excluyeron las 2,5 de recreo, las 3,5 de inglés, las 7 de catalán -que, pese a que no era obligatorio, las consideraron necesarias- y las 5,5 de español que entendían que había recibido -aunque posteriormente se demostró que, en realidad, eran menos de la mitad-.

Estas 6,5 horas las valoraron a 7,36 euros cada una (tras aportar los precios de varias academias para grupos y para clases de larga duración). Durante las 35 semanas que tiene el curso suponía un total de 1.674,40 euros.

A esto le añadieron 227,50 euros (un euro por hora) como "perjuicio adicional" por "cierto retraso en el aprendizaje en que ha incurrido la alumna", y otros 227,50 euros (un euro por hora) por el "el sobreesfuerzo innecesario que de forma ilegal se ha obligado a realizar a la alumna".

Los docentes reconocen que le aplicaron la inmersión
Al ser llamados a declarar, el director del colegio y la coordinadora de educación infantil de los cursos enjuiciados (2008-2009 y 2009-2010) reconocieron que "recibieron de la Administración demandada la indicación de que debía implantarse la inmersión lingüística en catalán", y que solo se dieron dos horas semanales en español, "la hora del cuento y la de natación", además de la citada "atención individualizada en castellano".

Además, admitieron que la Consejería de Enseñanza faltó a la verdad en un informe que aportó al tribunal en julio de 2012, indicado que cuando la Generalidad dijo que "la alumna recibió las enseñanzas de párvulos de cinco años en lengua castellana, excepto las actividades en lengua inglesa, debe entenderse que se refiere a la antedicha atención individualizada en castellano".

El TSJC avala la indemnización por no haberse garantizado los derechos
El TSJC argumenta que la justicia debe garantizar la ejecución de las sentencias porque, de lo contrario, estas "no serían otra cosa que meras declaraciones de intenciones sin alcance práctico ni efectividad alguna". Y, cuando estas quedan privadas de efectividad porque hay devenido imposible su ejecución, "se pone en marcha, en consecuencia, la vía compensatoria legalmente prevista".

Por todo ello, el TSJC avala la indemnización solicitada por los padres -aunque deja fuera una parte del segundo curso porque se juzgó en otro procedimiento iniciado posteriormente-, considerando "plausible y razonable la concreción de los daños y perjuicios reclamados por daño emergente y daño moral" y "fundada en la cuantificación del valor del servicio público omitido". Y condena a la Generalidad a pagarles 3.000 euros.

Otros padres solicitan indemnizaciones de hasta 10.750 euros por año
Cabe destacar que este no es el único caso en el que unos padres han demandado a la Generalidad exigiendo una indemnización por incumplir sentencias que la ordenan utilizar de forma razonable el castellano como lengua vehicular -además del catalán-, aunque sí es la primera sentencia que la condenan por este motivo.

En otros casos, las indemizaciones reclamadas y pendientes de sentencia se mueven en una horquilla de entre 6.375 y 10.750 euros por alumno y curso -después de aportar minuciosos cálculos- lo que podría suponer para la Generalidad la obligación de hacer frente a cuantiosas compensaciones económicas por haber aplicado -y seguir haciéndolo- la inmersión lingüística en contra de la voluntad de los padres.

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Tócala en griego, Sam
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 10 Enero 2015

Mariano Rajoy es de esa especie de hombres que todo lo hacen mal pero que al final todo les sale bien. Hagamos memoria. Este registrador de Pontevedra titular de Santa Pola, ayuno de pasión, de no muchas luces pero constante en sus odios y obsesiones, lleva desde 1981 amorrado a la teta del contribuyente encadenando cargos públicos como un tragaperrista anónimo encadena pitillos apoyado sobre la máquina del bar. Todos bien remunerados y a los que nunca dedicó más trabajo que el de vigilar que nadie le hiciese sombra.

Empezó de diputado autonómico en su Galicia natal, continuó como diputado nacional, tres veces ministro, diputado de nuevo durante los plácidos años del zapaterato –en los que sesteó a placer mientras en su partido se robaba sin tasa– y, finalmente, presidente de Gobierno. En todos sus empeños políticos ha sido un desastre. En todos exactamente no. Ha demostrado un encomiable dominio del navajazo traidor con sus rivales del partido. Eso le ha permitido llegar a 2015 como un auténtico fósil viviente del aznarismo. El último de una clase de saurópsidos del Pérmico extinguidos hace ya tiempo.

Rajoy siempre tuvo suerte, mucha suerte, demasiada suerte. Se diría que el cosmos entero se ha ido reordenando para solucionarle la vida cada vez que se encontraba ante un brete

En un país serio tipo Suiza, tipo Luxemburgo o tipo Liechtenstein alguien como Rajoy no hubiese llegado a nada en la vida. Echaría las mañanas en una covacha administrativa del cantón jugando de matute al buscaminas con el ordenador y apuraría las tardes encerrado en casa rumiando fracasos. Aquí en cambio ha llegado a lo más alto. Todo gracias a las taras que le son propias a un país como el nuestro, adicto al politiqueo y adorador del dios BOE, pero no solo a ellas. Rajoy siempre tuvo suerte, mucha suerte, demasiada suerte. Se diría que el cosmos entero se ha ido reordenando para solucionarle la vida cada vez que se encontraba ante un brete.

Llegó al poder de pura carambola. Es más, en rigor no se puede decir que ganase las elecciones. Las perdió el contrario. Si echamos una segunda mirada a los resultados de 2011 veremos que su “histórica mayoría absoluta” quizá fue absoluta por aquello de que unas elecciones son el imperio de la relatividad, pero no tan histórica como se cree. A pesar del desgaste total de Zapatero solo fue capaz de arañar poco más de medio millón de votos con respecto a los comicios de 2008. En aquel año obtuvo 10.278.010 votos. En 2011 no consiguió llegar a los 11 millones, se quedó en 10.866.566. Hágase cargo de que durante esos cuatro años el censo había crecido en más de 700.000 nuevos votantes. En resumen, los que le votaron en 2008 volvieron a votarle en 2011 y ganó algún despistado por el camino. ¿Ve como no arrasó?

Pero, ay, aquel año los votantes de izquierdas decidieron quedarse en casa agraciándole con una mayoría parlamentaria –esta vez sí– histórica. En sus tres años y poco al frente del Gobierno no ha hecho nada reseñable más allá de fabricar desempleados a manta, hiperregularlo todo con sorayífica precisión, soltar etarras de la cárcel, moler a impuestos al personal y endeudarnos hasta las cejas. En resumen, lo mismo que había hecho Zapatero durante su segunda legislatura. Pero un zapaterismo renovado parecía impracticable hace tres años. Se había gastado demasiado en demasiado poco tiempo en demasiadas tonterías y los acreedores desconfiaban. Los sucesivos zapatillazos fiscales de Montoro y los oficios sorayescos con los señores de la prensa no bastaban para enderezar el rumbo.

Aquellos meses fueron un auténtico calvario, tal vez el único por el que Rajoy ha pasado en toda su anodina y funcionarial vida de fumador de puros y lector del Marca. Muchos creyeron que al pontevedrés se le había acabado la suerte y que no se comería las uvas en Moncloa, las uvas de 2012. En estas apareció Mario Draghi en su auxilio y le solucionó la papeleta. El BCE se encargaría de que el Gobierno español pudiese entramparse sin más límite que el que sus políticos creyesen oportuno. Ahí empezó el gran carnaval de las subastas del Tesoro que aún no ha concluido pero que cuando concluya promete un fin de fiesta antológico, un entierro de la sardina del que se harán eco en todo el mundo.

El efecto rebote del cataclismo de 2012 sumado a la bajada del petróleo y la más que posible llegada de Syriza al poder en Grecia pueden obrar el milagro de regalarnos una segunda legislatura a Rajoy

Desde entonces el Estado y su jefe máximo se han dedicado a vivir de prestado confiándolo todo a una recuperación económica que habría de llegar en algún momento. La corrupción, las penurias de una buena parte de la población y el desbarajuste generalizado que ahora rompe en forma de banderías, pendencias y odios le ha traído al fresco. Pues bien, la recuperación propiamente dicha no ha llegado pero el efecto rebote del cataclismo de 2012 sumado a la bajada del petróleo y la más que posible llegada de Syriza al poder en Grecia pueden obrar el milagro de regalarnos una segunda legislatura a Rajoy.

El petróleo a 50 dólares va a inyectar al manirroto Gobierno español un saco de millones con los que no contaba. Contribuirá asimismo a estimular la actividad económica. No existe mejor propulsor para la economía que la energía barata. Proyectos empresariales que eran inviables ahora serán viables como por arte de magia. Eso significa empleos, nuevos contribuyentes, más recaudación, más gasto, clientelas renovadas y posibles votantes que piensen que la repentina bonanza y la barba son una misma cosa. La victoria de Alexis Tsipras (Alex Chiripas que le llaman los castizos en Madrid) en las elecciones griegas de este mes podría hacer el resto. Conforme el Chiripas y los suyos empiecen a hacer el griego las consecuencias –debidamente amplificadas aquí por la sorayada mediática– serían definitivas. O ellos o el caos. Avisados están.

TERRORISMO ISLÁMICO
La extrema izquierda y las medias tintas con el terrorismo
Benjamín López www.elsemanaldigital.com 10 Enero 2015

EH Bildu ha impedido que salga adelante una declaración del Parlamento vasco contra el atentado yihadista en París. No es nada nuevo. A la extrema izquierda le cuesta condenar el terrorismo

Dios los cría y ellos se juntan. El refrán castellano viene al pelo para ilustrar lo que ha sucedido en el Parlamento vasco, donde ha sido imposible sacar adelante una condena institucional al atentado yihadista de París porque EH Bildu lo ha impedido.

A los filoetarras les molestaba una frase o, mejor dicho, han encontrado la excusa que buscaban en una frase de la declaración: "Por haber sufrido durante muchos años los efectos criminales del fanatismo, el País Vasco siente de forma especial la agresión perpetrada en París contra la convivencia y la libertad de expresión".

Los amigos de ETA se retratan una vez más y dejan al aire sus miserias morales; ¿qué es eso de que se compare a ETA con el islamismo? Por lo visto, para ellos hay terroristas malos y terroristas buenos. Matar a una docena de periodistas en Francia es un crimen execrable pero atentar contra Hipercor, dejar huérfanos a unos niños en Sevilla, o destruir una casa cuartel de la Guardia Civil es parte, al parecer, de la lucha por la libertad del pueblo vasco.

Estos tipos dan casi tanto asco como los autores materiales de los disparos de París. Al menos están a su misma altura moral por mucho que se empeñen en poner distancia. Algo parecido le ocurre al incalificable Willy Toledo.

Ya nos dio un anticipo a mediados de diciembre cuando un islamista secuestró a varias decenas de personas en una cafetería australiana. Entonces culpó a la policía de los tres muertos que se produjeron durante el rescate, al parecer innecesario, de los secuestrados. El actor decía entonces en un tuit: "Un tipo entra en un bar. Secuestra a clientes. No hay daños. Horas después entra la policía. Mata a 3 personas. Hiere a 7 ¡¡¡Alarma islamista mundial!!!".

Pues bien, tras conocerse el ataque a Charlie Hebdo, ha vuelto a la carga en Twitter: "El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día. D verdad esperamos que no hagan nada?".

A Toledo le da igual defender a un yihadista que a un etarra, todos son víctimas para él. Justo antes de Nochevieja acudió a Villaba (Navarra) a un concierto a favor de los "500 presos políticos" vascos –como los denominaba la organización-. Ni corto ni perezoso subió al escenario y como colofón gritó: "¡no a las cárceles del Estado asesino!; ¡no más torturas!; ¡no más presos!".

Esto de considerar a los terroristas como víctimas es un clásico de la ultra izquierda que, cómo no, afecta también a Pablo Iglesias que, en septiembre pasado, culpaba a Estados Unidos de haber "creado el terrorismo islámico".

Tampoco se libra el número dos de la formación extremista. Decía Juan Carlos Monedero en 2013 sobre los atentados del 11-M que 191 ciudadanos "fueron asesinados por unos locos que a su vez habían sido provocados por otro loco que quería poner los pies encima de la mesa al lado de George Bush".

Es la misma tesis de Willy Toledo: occidente no deja de provocar a los pobres yihadistas que, aunque locos, no tienen más remedio que defenderse. Un razonamiento parecido está también detrás de la frase de Llamazares que calificó la muerte de Bin Laden, abatido por soldados de Estados Unidos, como "terrorismo de Estado".

Por cierto, no hemos escuchado ahora ni una palabra del diputado de IU sobre el atentado de París. En fin, es la miseria moral de la extrema izquierda que, al final, defiende cualquier cosa que vaya en contra del sistema que nos hemos dado entre todos en occidente. La libertad y la democracia les gustan bastante poco.

De cuando no éramos todos Charlie
XAVIER PERICAY ABC Cataluña 10 Enero 2015

Como pueden figurarse, celebro que la prensa catalana se haya comportado de forma más o menos análoga a la del resto de España en lo que a la matanza de París se refiere. En otras palabras, celebro que haya sido, al menos en los papeles editados el 8 de enero de 2015, prensa española, o prensa a secas. Hasta comprendo que, lejos de su natural contención cuando lo que se cuece no es la patria catalana, esa prensa se haya dejado arrastrar por el empático y manido «todos somos» —en este caso, «Charlie»—: al fin y al cabo, no sólo se trataba de doce ciudadanos vilmente asesinados, sino que el atentado contra el semanario satírico constituía un ataque a un derecho fundamental, la libertad de expresión, esencia del propio oficio.

Y, puestos a celebrar, no negaré que también me ha complacido el ver que, dentro de esa prensa catalana, la que mayor entrega y compromiso ha evidenciado ha sido justamente la más independentista —si es que todavía pueden establecerse distinciones de esta índole—. Ahora bien, lo que ya no sé es si atribuir semejante reacción al efecto de la teoría del kilómetro sentimental o a otros factores. París está cerca, sin duda. Para un nacionalista catalán, incluso mucho más cerca que para un español cualquiera.

Pero si digo que no sé si atribuirlo al kilómetro de marras es porque hace tres lustros, cuando ETA asesinó al periodista José Luis López de la Calle, el comportamiento de esa prensa catalana, y en particular de la radicalmente catalanista, fue más comedido. Como si Andoain no estuviera en España. O como si Cataluña tampoco formara parte de ella. Por supuesto, se condenó el atentado. Firmemente. Pero no hubo ninguna cordialidad desmedida para con la víctima, ninguna percepción de que estaba en juego algo parecido a lo que este miércoles fue tiroteado en París, esto es, la libertad de expresión, el propio oficio. Tal vez porque una cosa es el integrismo islámico, violento o no, y otra el nacionalismo vasco, violento o no. Baste recordar con qué ahínco esa prensa se opuso, tres años más tarde, a la ilegalización de Batasuna. Como si la cosa fuera con ellos, vaya.


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