AGLI Recortes de Prensa   Domingo 11  Enero 2015

La suicida hipocresía del sur de Europa
EDITORIAL Libertad Digital 11 Enero 2015

La quiebra del Estado griego y su profunda ruina económica no se debe a la malvada Angela Merkel ni a la tenebrosa troika, sino a la nefasta gestión de los políticos griegos y a la grave irresponsabilidad de su población a la hora de afrontar la realidad con el fin de superarla. Sin embargo, ahora que los comunistas de Syriza amenazan con llegar al poder en las elecciones generales del próximo 25 de enero, abundan los mensajes de apoyo a Grecia, al tiempo que arrecian las críticas contra Alemania, la UE y el FMI por negarse a extender un cheque en blanco a Atenas para que puedan seguir despilfarrando a placer. Este planteamiento no solo es falso y mendaz, sino profundamente hipócrita y, lo que es peor, suicida para los intereses del sur de Europa.

Pese a ello, está calando en la clase política española, puesto que casi todos los partidos compran el demagógico discurso del rico opresor alemán aprovechándose de los pobres, bondadosos e inocentes europeos del sur, empezando por los propios griegos, acusando así a los países del norte de casi todos nuestros males. Éste es, en esencia, el argumento del que se vale Podemos para defender el impago unilateral de la deuda pública y el abandono del mínimo atisbo de austeridad y reformas, tal y como pregona su aliado Syriza en Grecia, pero también el que usa el PSOE para plantear el rescate indefinido e incondicional de Atenas, aunque sufragado, eso sí, por los acaudalados contribuyentes del norte. De hecho, incluso en ciertos sectores de la derecha ha empezado a calar ese falaz mensaje, envolviéndose así en la bandera con el fin de evadir nuestra responsabilidad y, de este modo, evitar los ajustes que aún precisamos para poder salir del atolladero de la crisis sobre bases sólidas.

El origen de la tragedia griega, muy al contrario de lo que hoy afirman muchos, no estriba en la impopular austeridad, sino en el insostenible crecimiento de su sector público y, muy especialmente, en el fuerte incremento de las políticas sociales. Grecia protagonizó el mayor aumento del gasto público durante la época de expansión crediticia. En concreto, el gasto real por habitante -descontando la inflación- casi se duplicó entre 1996 y 2008. Y ello, sin necesidad de que los ingresos públicos crecieran en la misma proporción. Como consecuencia, el Estado griego -no los alemanes- emitieron un ingente volumen de deuda, aprovechándose de los bajos tipos de interés que proporcionaba la zona euro, creando con ello una ilusión de riqueza absolutamente artificial y, por tanto, ilusoria, tal y como, posteriormente, se encargó de demostrar la cruda realidad. La burbuja de deuda griega acabó estallando en 2010, tras descubrirse el déficit que ocultaron sus políticos, desatando tras de sí una tormenta financiera cuya sombra aún permanece en el seno de la Unión Monetaria.

La quiebra de Grecia se debe al brutal peso de su sector público, mientras que su larga crisis responde a las fuertes reticencias que han mostrado los griegos para aplicar la amarga receta de recortes, devaluación interna y mayor productividad que requiere su economía para poder crecer con fuerza y volver a crear empleo. No por casualidad, Irlanda y los países bálticos, a diferencia del sur de Europa, asumieron su responsabilidad, apostaron por la austeridad e intensificaron la liberalización de sus economías, y hoy no solo han dejado la crisis atrás, sino que crecen a las tasas más altas de todo el continente. El victimismo no soluciona los problemas, los acentúa. Si griegos, portugueses, italianos, españoles y franceses quieren ser dueños de su destino y avanzar hacia mayores cuotas de riqueza y bienestar, lo que tienen que hacer es imitar la exitosa senda de reformas que, en su día, aplicaron los países del norte, en lugar de exigirles más dinero para recuperar nuestro insostenible nivel de vida. Es decir, para que el sur goce de las elevadas rentas del norte hay que producir como ellos, no vivir a costa de ellos, que es, precisamente, lo que pretenden algunos.

HOJA DE RUTA DEL DIRECTOR
Lecciones de un ataque a la esencia de nuestros valores
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO El Mundo 11 Enero 2015

El pasado verano, Ahmed Rashid, escritor y periodista pakistaní experto en los asuntos relacionados con el terrorismo yihadista, estuvo en Madrid y tuve la ocasión de conversar con él en mi despacho «¿Por qué el IS (Estado Islámico) le está comiendo el terreno a Al Qaeda?», le pregunté. «Porque sus acciones son mucho más sangrientas, más bestiales y eso les hace más populares entre los radicales musulmanes», me contestó. El asesinato en París de 12 personas a manos de un comando ligado a Al Qaeda, en concreto al movimiento Khorasán, pone de manifiesto que la competencia entre esos dos grupos no sólo se va dirimir en Siria o en Irak, sino en EEUU y, fundamentalmente, en Europa.

El éxito de los hermanos Kouachi no sólo ha consistido en asesinar a sangre fría a gran parte de la redacción de la revista Charlie Hebdo, sino en la difusión en todo el planeta de la imagen del disparo de gracia sobre el policía herido tendido en el suelo pidiendo clemencia.

Es decir, los Kouachi han logrado el mismo efecto que cuando los encapuchados del IS difunden los vídeos degollando a los occidentales secuestrados en Siria.

Es la fuerza del terror, su mensaje global, reconocible. Justamente lo que me dijo Ahmed Rashid: la competencia por la brutalidad, por la barbarie. Ese es el principal enemigo que tiene ahora Europa.

El ruido en las redes sociales, como llaman en el CNI a los mensajes de amenaza, ha sido constante en los últimos meses.

El llamamiento del líder del IS (ahora denominado por los servicios secretos DAESH, que son las iniciales en árabe de dicho grupo y que, pronunciado de esa forma, se asemeja a una palabra también árabe que significa algo que pisotear, cosas de la CIA) Abu Bakr al-Baghdadi el pasado 29 de junio, ya como líder del califato instalado en Siria e Irak, marca un antes y un después en la ofensiva del terrorismo yihadista. Al Baghdadi no sólo reclamó la llegada de yihadistas a territorio sirio, sino que animó a los combatientes que no pudieran trasladarse a realizar atentados contra los cristianos y sus símbolos allá donde se encuentren.

Pero fue a partir del 19 de noviembre pasado cuando ese ruido se intensificó y puso bajo su altavoz a Francia.

EEUU ya había advertido del peligro que representaba el grupo Khorasán, cuyos centros de entrenamiento fueron bombardeados el pasado mes de septiembre cerca de Alepo. Su líder, Muhsin Al Fadhli, fue un estrecho colaborador de Osama bin Laden y, según los servicios secretos, sería el hombre designado por Ayman al-Zawahiri para recuperar el protagonismo robado por las tropas del IS o DAESH.

El grupo Al-Hayat Media Center (afin a DAESH) distribuyó en las redes sociales, el pasado 19 de noviembre, un vídeo en el que insta a realizar ataques a Francia y en el que se afirma: «Aterrorizarles y no les permitáis dormir debido al miedo y al horror». Pero, finalmente, según fuentes solventes, los que han cometido la masacre han sido sus competidores de Al Qaeda (recurriendo a su facción más sanguinaria, Khorasán).

Francia no sólo colabora en misiones internacionales contra el terrorismo, sino que ha sido especialmente activa en Mali en la lucha contra Al Qaeda en el Magreb (que ha llevado a cabo numerosos secuestros, entre ellos los de cooperantes españoles). Además, los servicios de seguridad estiman que hay unos 1.000 residentes franceses que se han ido a combatir a Siria y, en menor medida, a Irak. Uno de los hermanos Kouachi parece haber recibido entrenamiento en Yemen.

Ese es el primer aspecto de la cuestión: la amenaza del terrorismo yihadista ha aumentado en los últimos meses como consecuencia de su implantación en estados fallidos o semifallidos y, en segundo lugar, como efecto directo de la competencia entre dos grupos rivales por dirimir el liderazgo global del terror contra Occidente y el cristianismo.

La segunda cuestión es si Europa está preparada para esta nueva ofensiva que, según fuentes bien informadas, no se va a limitar a un hecho aislado, como las acciones realizadas en París, sino que forma parte de un plan que contempla varios objetivos. Sin duda, ha existido un fallo de información. Había indicios desde hace un mes de que Francia estaba bajo la lupa del terrorismo y la diana elegida (Charlie Hebdo) no era precisamente una sorpresa. Las disensiones entre los servicios secretos de Marruecos (con una preparación acorde a su propia amenaza: hay 1.500 marroquíes luchando en Siria con el IS) y franceses no son precisamente una buena noticia.

Si no se produce una colaboración plena -y aquí la ayuda de la CIA es fundamental- entre los servicios de Occidente y los de algunos países musulmanes, los terroristas van a tener muchas bazas a su favor.

La tercera cuestión que suscita el atentado contra Charlie Hebdo es el aprovechamiento político que algunos partidos van a intentar fomentando el odio y la islamofobia en sus respectivos países.

Ya lo ha hecho Nigel Farage (UKIP) en Reino Unido, culpando al fracaso del multiculturalismo de la matanza de París. Por su parte, el movimiento alemán xenófobo Pegida (que convocó manifestaciones en diversas ciudades contra la inmigración musulmana el pasado fin de semana) ha recibido el respaldo del neonazi Alternative für Deustchland (Alternativa por Alemania) para una eventual coalición que tendría como nexo el odio al extranjero.

Pero, sin duda, la principal beneficiaria del ataque a Charlie Hebdo será Marine Le Pen, cuya posición restrictiva respecto a la inmigración es bien conocida y cuyo partido, el Frente Nacional, se sitúa como favorito en las encuestas.

El ascenso de la extrema derecha en Europa sería un triunfo inesperado para los grupos terroristas islamistas ¿Qué mayor hazaña para ellos que destruir la esencia -la convivencia, la libertad- de los valores que han hecho fuerte a Occidente?

La lucha contra el terrorismo, los límites del Estado de derecho, la inmigración, etcétera, van a estar presentes en las agendas de los partidos en un año intensamente electoral, en España y en Europa. Aquí ya hemos comprobado lo nefasto que resulta intentar obtener réditos de los atentados.

Como decía nuestro editorial del pasado viernes, tenemos que proteger lo que somos sin perder la esencia de lo que somos. Ahí es donde se deben establecer las líneas rojas ante los que piden más cesiones de nuestros estados laicos, y ante los que proponen sencillamente una política basada en culpar al extranjero de todos lo males que nos aquejan.

Por último, el peligro de nuevos atentados en España, incrementado por dos fronteras tan permeables como las de Ceuta y Melilla, debería borrar del debate político el oportunismo que supone proponer la eliminación de las vallas que delimitan nuestras fronteras.

Al Qaeda y el IS, el peligro se duplica
EDITORIAL El Mundo 11 Enero 2015

NUEVE AÑOS y medio después de la masacre de Londres, el terrorismo yihadista se ha vuelto a manifestar de forma brutal en Europa con el atentado contra Charlie Hebdo, que se ha saldado con 17 víctimas mortales, tres terroristas abatidos y una activista huida. En estos últimos años hemos contemplado las atrocidades de los islamistas radicales de Al Qaeda y del Estado Islámico (IS) en sus territorios de influencia, desde Yemen hasta Siria pasando por Nigeria, Libia o Mali.

Hemos vivido también con horror los asesinatos a sangre fría de periodistas y cooperantes, pero todos se han desarrollado allí, en los lugares de influencia de estos grupos. Entendíamos que Al Qaeda seguía suponiendo una amenaza para Occidente y que el IS se estaba acercando peligrosamente a Europa. Hasta que, de la forma más abrupta, los europeos hemos vuelto a ser conscientes de que el peligro está dentro y es real.

Quienes sí sabían de la posible escalada de violencia eran los servicios de seguridad europeos. EL MUNDO ha tenido acceso a documentos de las Fuerzas de Seguridad que detallan con toda claridad la renacida ofensiva terrorista sobre Occidente y, en especial, sobre Francia. En uno de ellos, fechado el 19 de noviembre, se hace referencia a vídeos en los que miembros del Estado Islámico instan a actuar a activistas «como lobos solitarios en Francia, atropellando o envenenando a los franceses». El segundo, del 24 de diciembre, recoge la incitación de Al Qaeda de la Península Arábiga también a lobos solitarios para que atenten contra aviones en EEUU, Gran Bretaña y Francia.

El Gobierno francés no ha dado por comprobadas las informaciones que apuntan a una posible coordinación entre entre Al Qaeda -los hermanos Kouachi podrían haber pertenecido al grupo Khorasan- y el IS en los sucesos de París. Pero la matanza de Charlie Hebdo prueba que las amenazas de estos meses se han convertido en una sangrienta realidad, con la circunstancia agravante de que, ahora, Al Qaeda y el IS tienen capacidad operativa en Europa e intentarán competir en sus atrocidades para ganarse al mundo radical musulmán.

La única respuesta posible desde el Estado de derecho es extremar las medidas de seguridad, coordinar todos los protocolos entre los países e incrementar la información entre las distintas fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia. Por ejemplo, el primer ministro francés, Manuel Valls, reconoció posibles «fallos» en la vigilancia de los hermanos Kouachi, fichados por tener antecedentes. De ello hablaron ayer en la cumbre antiterrorista los representantes políticos y se pondrá de manifiesto en la manifestación de hoy contra el yihadismo.

En el caso español, la lucha reciente contra el yihadismo ha llevado a la detención en 2014 de 47 personas por estar relacionadas con actividades terroristas. Pero la batalla más urgente que el Gobierno debería plantear ante sus homólogos europeos es buscar una solución a la frontera de Ceuta y Melilla, que es una vía de entrada a Europa de nuevos yihadistas adiestrados para cometer atentados y sin identificar, o un campo de captación de terroristas. Los líderes europeos van a dar hoy una magnífica muestra de unidad contra el terrorismo. Que ese gesto se traduzca en hechos concretos con los que los ciudadanos puedan sentirse más seguros.

¿Quiénes "somos" Charlie Hebdo?
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 11 Enero 2015

Es fácil enarbolar un lápiz y, en medio de una multitud, a menudo en países donde el Islam no es una realidad social, decir "todos somos Charlie Hebdo". El precio a pagar por ello es nada.

La creciente ola de asesinatos en Francia no puede más que despertar una intensa solidaridad con las víctimas y un deseo insepultable de que los culpables sean detenidos y llevados ante una justicia que ellos niegan a los demás. Para toda persona de buena voluntad, y especialmente para los creyentes sinceros de cualquier fe, la sangre derramada conduce de modo inexorable al recogimiento y a la oración por las almas de los infortunados.

Una cosa muy distinta es el debate suscitado en torno a la libertad de expresión, que se intenta hacer pasar en los medios de manera acrítica, envuelto en el "tsunami" de sentimientos compasivos y de repulsa que han despertado tan abominables crímenes. La pregunta que se nos ocurre es: ¿Quiénes "somos" Charlie Hebdo? La alusión a los actos de masas convocados en repulsa por la matanza, muchos de ellos "espontáneamente", conducen a algunas reflexiones a contracorriente.

Es fácil enarbolar un lápiz y, en medio de una incontable multitud, a menudo en países muy distantes de Francia o, simplemente, donde el Islam no es una realidad social, decir "todos somos Charlie Hebdo". El precio a pagar por ello es exactamente nada. Es más: resulta muy bonito moverse con la corriente de la Humanidad entera y ser, por unas horas, "Charlie". Ahora rebobinemos por un momento y hagamos un ejercicio: imaginemos ese grupo político o asociación cultural que sinceramente odiamos.

Imaginemos también que su plana mayor directiva hubiera sido asesinada, por decir eso que tanto detestamos y así mismo con el fin de silenciar a otros que quieren seguir difundiendo el mensaje nefasto. Ahora imaginémonos diciendo "yo soy (esa organización)" en lugar de "es terrible, pero eso tenía que pasar". Si usted no puede hacerlo resulta que sus principios en torno a la libertad de expresión no son tan sólidos como usted cree. Por ejemplo, si los islamistas hubieran asesinado a los redactores de un periódico afín al Frente Nacional de Marine Le Pen, ¿hubiera habido en Francia el mismo espíritu movilizador que ahora mismo? Desde luego no en la izquierda y tampoco en la mayor parte del del entorno ultraliberal. Ahora escuchamos los discursos más incendiarios sobre la defensa de la libertad de expresión.

Ciertos "progresistas" muy avanzados hablan del derecho a "blasfemar" pero no tienen el más mínimo reparo, por ejemplo, en arruinar la vida de alguien por sus opiniones sobre la homosexualidad o el aborto. En Europa, decenas de leyes "contra el odio" llevan al código penal a los que sencillamente piensan que la inmigración está fuera de control. ¿Incluyen los ardorosos defensores de la libertad de expresión a los cánones de lo "políticamente correcto", verdadera dictadura mediática y académica de la izquierda? No.

Y mientras tanto nadie repara en que la libertad de expresión o es para todos por todo o sencillamente no existe, como casi nadie parece querer reconocer. Ahora, con doce cadáveres sobre la mesa, es posible que el sueño de las élites políticas y de los creyentes en la citada "corrección política", se vea sacudido. El asunto viene de antiguo. Para cualquiera familiarizado con la literatura del Siglo de Oro Español, son corrientes los relatos de cautivos cristianos degollados con la cimitarra en tierras islámicas, como ahora hace el ISIs.

Antes de eso, la mitad meridional de la Cristiandad fue literalmente barrida del mapa a partir del siglo VI, por la fuerza de las armas. Más recientemente, en 1989, el Imán Jomeini dictó una "fatwa" contra Salman Rushdie por sus "versículos satánicos". Luego vino el asunto de las caricaturas de Mahoma y el asesinato de Theo van Gogh por su corto "sumisión". Ahora esto. Todavía no hemos aprendido que para millones de musulmanes su fe es algo tan valioso que están dispuestos a morir y matar por ella. Es simple: búrlate del Islam y puedes pagarlo caro.

Aquí nuestras televisiones muestran a multitudes enardecidas diciendo que "somos Charlie Hebdo", pero no hay casos similares en el Islam. Es más: si algo une a Boko Haram en Nigeria, al-Shabab en Somalia, a al-Qaeda en el Magreb y en la Península Arábiga, al ISIs en Siria e Iraq, a los talibanes en Afganistán y Pakistán, es precisamente el hecho de limpiar sus sociedades de toda influencia occidental y, más aún, de no-creyentes.

Guste o no, la agenda occidental, basada principalmente en el credo progresista, es irreconciliable con el Islam. ¿Y cual es la respuesta de los medios occidentales ante el rechazo creciente a la Islamización, empezando, por ejemplo, por Angela Merkel? Todo es "islamofobia"; "racismo" a fin de cuentas. No es solo ella. Francois Hollande, en su discurso de fin de año, advirtió del "peligro" del Frente Nacional de Marine Le Pen, pese a que el partido de Le Pen es en las encuestas la primera fuerza política de Francia.

La agenda liberal-progresista, que sueña con un mundo sin fronteras, guiado solo por la aspiración común a unas necesidades materiales satisfechas, ha fracasado. Sucesos como el crimen del París demuestran que viven todavía en una realidad utópica, dispuesta a estrellarse mil veces contra el muro de los hechos.

El jueves mismo escuché una tertulia radiofónica estúpida, donde varios "reputados" periodistas se afanaban por señalar los peligro del Frente Nacional para Francia, según parecía, casi a la par que el terrorismo asesino. La idea era: "Existe un doble peligro, el terrorismo y la llegada del Frente Nacional al poder. No sabemos qué es peor".

Lamentablemente, las preguntas que en número creciente los europeos están haciendo a sus gobiernos son claras. Algunas de ellas son, por ejemplo: ¿Necesita realmente nuestra economía tanta inmigración con la que tan poco tenemos en común? ¿Por qué debemos alterar nuestra identidad nacional de modo irreversible?

Ante estas cuestiones es posible sustituir el argumento por la indignación pero eso no va a dar una respuesta verosímil. Dicho de otro modo, podemos acudir junto a cien mil almas más a la plaza, lápiz en ristre y pancarta en mano. Pero una semana más tarde las mismas cuestiones seguirán por resolver. Y es que no todos somos Charlie Hebdo.

La máquina de fabricar terroristas
Carlos Sánchez El Confidencial 11 Enero 2015

El poeta romántico Heine, que padeció como pocos la iniquidad de la censura, presagió un siglo antes del horror nazi lo que al mundo se le venía encima. “Ahí donde se queman libros”, sostenía, “se acaban quemando también seres humanos”.

La historia le dio la razón. El continente que parió la Ilustración sucumbió ante el terror totalitario. E incluso alguien tan racional como Adorno llegó a exclamar -era algo más que una súplica- que escribir poesía después de Auschwitz era un “un acto de barbarie”.

No tenía razón. Si algo ha demostrado el ataque contra Charlie Hebdo es que el humor, como la poesía, forma parte de las señas de identidad de Europa. Y por eso cuando en la disputa política se frivoliza manoseando conceptos como ‘fascista’, ‘comunista’, ‘extrema derecha’, ‘extrema izquierda’, xenofobia o ‘todos los musulmanes son iguales’ lo que en realidad se hace es banalizar el significado último de los movimientos totalitarios. Como sostuvo una vez de forma lúcida e irónica la diputada Irene Lozano para llamar la atención sobre la ligereza en el uso de conceptos políticos criminales: “Esto se nos llena de nazis”.

Ese es, en realidad, uno de los principales problemas de Europa, donde la confusión ideológica alumbra el oportunismo político. Hasta el punto de que el propio sistema de valores se ningunea por algunos como si hoy Europa fuera un lugar lúgubre o en el que se persigue la libertad. Por eso, cuando suceden matanzas como la de Charlie Hebdo sólo hay que mirar alrededor para comprobar que el viejo continente -con todos sus problemas y penalidades- es todavía hoy un oasis irrenunciable en un mundo convulso. De ahí que sea inconcebible que muchas publicaciones de sociedades democráticas y abiertas se hayan autocensurado hurtando a sus lectores las viñetas de Charlie Hebdo.

Puede parecer una obviedad, pero no lo es. Los salvapatrias han encontrado un hueco para sacar la cabeza a través de partidos xenófobos, populistas o simplemente demagogos que inventan la realidad haciéndonos creer que la suya es la verdadera. Y en su propia miseria son incapaces de entender (porque verdaderamente no quieren hacerlo) que el conflicto social existe, aunque sea doloroso. Muy doloroso admitirlo a veces.

Las armas de la razón
Pero una cosa es combatir la barbarie con las armas de la razón y otra muy distinta poner en solfa el sistema de valores degradándolo para satisfacer las vísceras, haciendo buena aquella vieja formulación de Hegel cuando sostenía que algunos querían cortar cabezas como si fueran coles para defender la libertad absoluta (los Robespierre de toda la vida).

Como ha recordado en estas mismas páginas el profesor Calduch, la inmensa mayoría de los atentados terroristas provocados por Hezbolá, Boko Haram, Al Qaeda o el Estado Islámico se realizan contra los propios musulmanes, y sólo una minoría afecta a ciudadanos o países occidentales. Es obvio que no consuela en absoluto, pero no conviene perder la perspectiva sobre las consecuencias del fanatismo.

El salafismo yihadista, por lo tanto, a quien realmente está golpeando es a los propios musulmanes, y son ellos quienes deben elaborar -a través de procesos de estabilidad política en la región- una estrategia para acabar con el salvajismo. No existe, por ello, choque de civilizaciones, lo que se ha producido es un proceso de derribo de los Estados-nación alentado por EEUU y Europa desde incluso antes de la caída del muro: Libia, Siria, Irak, Afganistán o Yemen. Y ese espacio es el que ha sido ocupado ahora por sectas religiosas financiadas con la droga o con el petróleo. Incluso, por Estados islámicos con quienes los países occidentales hacen jugosos negocios, y que de una forma deliberadamente ambigua buscan la hegemonía de su propio credo islámico.

El nombre de algunos estados teocráticos los podemos ver en las camisetas de enormes clubes de fútbol. Y muchos de los grandes empresarios o jefes de Estado europeos ríen las gracias a quienes por debajo de la arena del desierto amparan a grupos armados que son mucho más sanguinarios que los propios Estados tiránicos que Occidente animó a destruir de una forma irresponsable.

Trasladar la ofensiva diplomática a la región que verdaderamente está en conflicto -opción que nada tiene que ver con nuevas intervenciones militares- no significa, sin embargo, carecer de estrategia interior o caer en la más absurda de las ingenuidades o en eso que ahora se denomina buenismo.

Como ha puesto de manifiesto Carola García-Calvo, investigadora del Instituto Elcano, las segundas generaciones de inmigrantes “son especialmente vulnerables a los procesos de radicalización”, fundamentalmente por crisis de identidad relacionadas con déficits de asimilación cultural.

Yihadismo extranjero
Para combatir esos déficits, los yihadistas ofrecen soluciones generando una fuerte identidad colectiva de pertenencia a una comunidad. En este caso, la construcción de una nueva realidad sobre la base de la fuerza. Algo que explica, como sostienen Reinares y García Calvo, que, en el caso español, pese a tratarse de yihadistas extranjeros, siete de cada 10 individuos condenados por actividades relacionadas con el terrorismo o muertos en actos de terrorismo suicida entre 1996 y 2012 se radicalizaron total o parcialmente en España arrastrados hacia el infierno por activistas carismáticos entrenados en el exterior.

Los flujos de inmigración, por lo tanto, cumplen un papel fundamental en la prevención del terrorismo evitando el nacimiento de nuevos guetos capaces de crear un caldo de cultivo adecuado para avivar el mal. De ahí que el manejo de las políticas migratorias como un instrumento de acción política y humanitaria debería estar fuera del debate político más allá de lo razonable.

No para acabar con el terrorismo, que en última instancia afecta a grupúsculos criminales, sino para que la violencia asesina no fomente el nacionalismo excluyente. El desprecio a ‘lo extranjero’ no suele proceder de la aversión al terrorismo, sino, sobre todo, tiene su origen en quienes consideran que los inmigrantes compiten con los nacionales por los mismos salarios o por las mismas prestaciones públicas (vivienda, pensiones, educación…). Ahí está el origen de la xenofobia. Y el terrorismo no es más que un multiplicador.

Sorprende, en este sentido, la disposición de los líderes europeos para marchar juntos este domingo en París contra el salvajismo y el horror terrorista, pero esa unidad no puede esconder su incapacidad para establecer de una vez una estrategia común en materia de flujos migratorios que en ningún caso puede ir contra la esencia de Europa en materias como el asilo político o la simple acción humanitaria. Precisamente, aquello que quieren alterar los terroristas cuando atacan de forma despiadada a Chalie Hebdo y toda la escala de valores que representa el semanario satírico.

La demagogia, sin embargo, hace mella y crea la falsa impresión de que Europa es una fortaleza o un coladero. Cuando no debe ser ni es ni una cosa ni otra. Debe seguir siendo un espacio de libertad, lo cual no es incompatible con la necesidad de poner orden en los flujos migratorios. Precisamente, para evitar la marginalidad, la falta de empleo, la degradación del tejido urbano o el deterioro de los sistemas educativos, que en el fondo son los argumentos que están detrás de lo que ha pasado en París.

La eclosión de los Pegida
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 11 Enero 2015

Todo terrorismo perpetra sus atentados con dos objetivos. El inmediato, consiste en cobrarse la víctima, y el mediato, en socializar el miedo. El yihadismo maneja con criminal maestría esa combinación de objetivos y golpea con una espectacularidad –lo hemos visto con las degollaciones de rehenes por militantes de ISIS- que hace viral el temor en las sociedades propias y en las occidentales.

Como, además, sus activistas son, en muchos casos, nacionales de países europeos, inmigrantes de segunda y hasta tercera generación, existe una muy generalizada sensación de que los enemigos de la civilización occidental se han infiltrado en nuestro mundo de un modo intrusivo y quintacolumnista. Los culpables de la matanza en Charlie Hebdo, franceses de nacionalidad, ofrecerían razonabilidad y altísima verosimilitud a los muchos miedos que expresan en distintas formas las sociedades de nuestro entorno.

En Francia –con cinco de los veinticinco millones de musulmanes europeos- el Frente Nacional de Marine Le Pen ha adquirido una dimensión que hasta hace tres días no tenía. Si el 25% de los franceses votó en las europeas al FN, seguramente, hoy por hoy, volvería a ser el primer partido del país vecino. El hecho de que los asesinos del atentado a Charlie Hebdo sean franceses de derecho confirmaría el fracaso de las llamadas políticas de integración a las que las comunidades islámicas -en Francia y en otros países- se muestran resistentes. No son mejores los modelos pluriculturales, al estilo británico que cuentan, allí donde se aplican, con un historial macabro de terrorismo yihadista.

Sin embargo, el gran movimiento europeo anti islamista, sin poder catalogarse como de extrema derecha, o xenófobo, o racista o neonazi, ha nacido hace relativamente poco tiempo en Alemania. Se trata de los conocidos como los Pegida, acrónimo en alemán de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente. Este pasado mes de diciembre han protagonizado nutridas concentraciones y manifestaciones, primero en la ciudad de Dresde y luego en otras. Y aunque la canciller Merkel les ha recriminado en su mensaje de fin de año, los social cristianos bávaros de la CSU se muestran comprensivos con este movimiento que, seguramente penetrado por elementos de Alternativa para Alemania (AfD), euroescépticos y xenófobos, está engrosado por gente de la clase media, jubilados, jóvenes sin trabajo y que se sienten traicionados por la gestión de la inmigración por la clase política.

Los Pegida no son otra cosa que gente corriente que quiere modelos de admisión de la inmigración más exigentes -como los de Suiza, Canadá o Australia, por cupos-, propugna la tolerancia cero hacia los inmigrantes islámicos delincuentes y reclama medidas para mantener el modo de vida occidental. Según encuestas solventes (YouGov y Zenit On Line) más de un 35% de los alemanes contempla con buenos ojos este movimiento popular que, al menos exteriormente, rechaza los símbolos de ISIS, del comunismo y del nazismo. La última encuesta –publicada hace cuarenta y ocho horas- elaborada por la Fundación Bertelsmann ofrece datos aún más contundentes: el 57% de los consultados ve en la religión musulmana una amenaza y un 24% vetaría cualquier tipo de inmigración islamista.

Viajar hoy por Francia y Alemania es comprobar cómo las comunidades musulmanas viven replegadas sobre sí mismas; tienden a crear sus ámbitos cerrados y a hacerlos impenetrables; son reactivas a asumir cualquier tipo de concesión hacía la igualdad de la mujer que, ostensiblemente además, es tratada de manera subordinada; no comprenden el alcance de la libertad de expresión y prensa en nuestras sociedades -en las que se ha instalado un lamentable pero no delictivo derecho a la blasfemia-, absolutizan la religión y sus rituales y, lo que es peor, han pasado a la ofensiva con dos comportamientos inéditos: por una parte, envían efectivos (Siria, Iraq) a los grupos terroristas como ISIS y hacen proselitismo en las calles de las ciudades europeas con las llamadas “patrullas de la Sharía” que en alguna urbes se han llegado a intitular “policía de la Sharía” ejerciendo sus facultades intimidatorias ante establecimientos nocturnos.

Resultaría demasiado elemental, esteticista y cómodo despachar este movimiento ciudadano -no exento desde luego de adhesiones indeseables- con las descalificaciones habituales. Pero ese es ya un camino cegado. Los procesos electorales están encumbrando a estos grupos sociales que se articulan en partidos políticos a los que se adhieren personalidades de la política convencional e intelectuales de distintas procedencias.

Los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (PEGIDA) no incorporan a la denominación el toponímico alemán porque surgen de la malversación del concepto de la ciudadanía en general. Pararlo primero y reducirlo después requiere cambiar políticas educativas, fortalecer el sistema de valores cívicos de las sociedades occidentales, poner en valor los principios democráticos, no permitir que determinadas prácticas de raíz religiosa malbaraten los logros occidentales (el ejemplo más terminante es el de la situación postrada de la mujer) e imponer factores de auténtica integración cuyo rechazo conlleve la exclusión de la comunidad social y política del país receptor.

Los políticos -y, desde luego, los medios de comunicación- no pueden seguir empleando la langue de bois, esa lengua de madera, llena de eufemismos, circunloquios, buenismo y medias verdades. Los que padecen la inmigración que se resiste a unos mínimos niveles de integración son los estratos sociales más desfavorecidos por la recesión económica, el desempleo, la infravivienda y el recorte de los servicios públicos básicos.

Son, en definitiva, los potenciales militantes del movimiento Pegida que tiende a internacionalizarse desde una Alemania con una comunidad turca de tres millones y medio -la mitad con nacionalidad alemana- a la que en febrero pasado, en el mismísimo Berlín, el presidente Recep Tayyip Erdogan alentó a que se resistiera a ser demasiado alemana. Los Pegida, definitivamente, puede eclosionar en la segunda década del siglo XXI.

"¿A qué esperas?"
Rogelio Alonso.www.latribunadelpaisvasco.com 11 Enero 2015

Director del Máster de Terrorismo de la Universidad Rey Juan Carlos

“¿A qué esperas?" Esa era la invitación de un vídeo yihadista con el que sorprendentemente varias televisiones complementaron ayer sus informaciones sobre el brutal asesinato en París. En la pantalla aparecían asesinos presentados por su propaganda como valerosos soldados con cánticos justificativos de sus barbaries en Siria e Irak. Antes y después, la repetición del asesinato a sangre fría del policía Ahmed Merabet entre alusiones a la "precisión" y "entrenamiento militar" de los criminales. Quizás pronto, cuando la indignación se atenúe, la revista "«Rolling Stone" vuelva a dedicar su portada a uno de los terroristas, como ya hizo con el asesino del maratón de Boston en 2013. O el semanario "New Statesman Glose", como hizo hace unos meses, el supuesto romanticismo y aventurismo de jóvenes que viajan a Siria para perpetrar brutalidades que muchos medios siguen presentando en formatos que realzan la espectacularidad y atractivo de puras conductas criminales.

Cuando en diciembre la BBC emitió en su programa "Newsnight" testimonios de las madres de algunos de ellos, éstos aparecían como adolescentes ingenuos carentes de culpa por sus salvajes comportamientos. Frente a los relatos complacientes, cuando Alan Henning fue decapitado en octubre el diario "The Independent" fundió en negro su portada distinguiéndose de muchos medios que sí publicaron la vergonzosa imagen del verdugo y su víctima con el rostro pixelado. "Un buen hombre ha sido asesinado a sangre fría. Nuestros corazones están con su familia. Fue asesinado ante una cámara para obtener propaganda. Esta es la noticia, no la propaganda", destacó sobre la mancha negra.

Los asesinatos de París persiguen fines propagandísticos con objeto de atemorizar a sus víctimas directas e indirectas. Por un lado los periodistas de "Charlie Hebdo" que combatieron con eficacia la propaganda de los terroristas publicando sátiras que constituyen auténticos análisis políticos. Por otro lado, aquellas sociedades en las que fanáticos islamistas desean imponer sus códigos políticos y religiosos. Los terroristas cuentan con ventajas como el factor sorpresa y la vulnerabilidad de sociedades democráticas a las que han extendido su campo de batalla. Sin embargo, no deberíamos tolerar que convirtieran nuestras fortalezas en debilidades insuperables. Ello obliga a comprender la naturaleza de una amenaza terrorista de múltiples manifestaciones que, desgraciadamente, resulta imposible erradicar en su totalidad. Sí es posible, en cambio, contener e incluso desactivar algunos de los efectos que el fundamentalismo islamista busca.

Una adecuada y necesaria concienciación sobre la gravedad de la amenaza exige proporcionalidad y constancia en la respuesta, de manera que el terrorismo no provoque el pánico en democracias que han sufrido en el pasado sangrientas y sistemáticas campañas terroristas. Quienes se sorprenden por la ausencia de inhibidores morales y tácticos exhibidos por los terroristas de París deberían recordar masacres perpetradas por individuos fieles a esta misma ideología –Nueva York en 2001, Madrid en 2004, Londres en 2005 u otros idearios –incluso en Europa, como evidencia Irlanda del Norte- que también han recurrido al degollamiento y al asesinato en masa por parte de asesinos armados con kalashnikovs que acribillaron a sus víctimas por pensar diferente.

Todo ello no debe inducir a subestimar la amenaza islamista en términos cualitativos. Es evidente la existencia de individuos altamente radicalizados dispuestos a la violencia y a dificultar las relaciones entre las comunidades inmigrantes y sus sociedades de acogida. La reproducción del islamismo radical es la raíz de uno de los principales potenciadores de riesgo para nuestro propio país donde se aprecien ya inquietantes focos de radicalidad en segmentos de la población musulmana.

Por ello decepciona que el Gobierno haya renunciado a aplicar el plan de lucha contra la radicalización elaborado hace ya tiempo y largamente anunciado pero nunca publicado. La ausencia de implementación de un complejo pero imprescindible plan multifacético cuando ya se han cumplido tres años de legislatura evidencia el tiempo perdido. Revela además que nuestras fuerzas de seguridad deben combatir esta amenaza con un flanco débil del que son responsables los decisores políticos. Estos mismos decisores políticos que anuncian nuevos tipos penales que no llegan a materializarse. Resulta además cuestionable que sean necesarias adiciones al marco legal en lugar de aplicar correctamente los instrumentos ya existentes, reforzando, entre otras, las capacidades de inteligencia que faciliten la compleja tarea de investigación de nuestros excelentes profesionales. O dejamos de actuar reactivamente, casi siempre como consecuencia del último atentado, o pagaremos las consecuencias.

LA INTEGRACIÓN MUSULMANA
Sin prejuicios al juzgar
La matanza en la revista 'Charlie Ebdo' cometida por yihadistas vinculados a Al Qaeda ha traído irremediablemente el debate sobre la integración de la inmigración musulmana en Occidente y la coexistencia de costumbres radicalmente distintas en la sociedad.
ROSA MENESES El Mundo 11 Enero 2015

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha emigrado para encontrar una vida mejor. Emigrar forma parte del ADN humano, pero mucha gente tiene una visión negativa de la inmigración, debido a los prejuicios. Estos son causados, casi siempre, por la ignorancia, el desconocimiento y una visión de el otro basada en estereotipos. Hay un discurso estereotipado recurrente que es que «las personas inmigrantes no se quieren integrar». La integración se basa en la igualdad, el respeto mutuo y el intercambio y es un proceso en dos direcciones que implica tanto a la sociedad receptora como a los inmigrantes.

Otro de los prejuicios que se suelen tener es que las personas inmigrantes tienen un bajo nivel educativo. Según datos de Cruz Roja, sólo el 5% de la población inmigrante no tiene estudios y más del 20% tiene estudios universitarios. Casi la mitad de los inmigrantes trabaja en puestos en España por debajo de su nivel de cualificación. Se suele argumentar también en contra de la inmigración que copan los servicios de Sanidad, cuando está demostrado que los inmigrantes acuden menos al médico que la población española: un 12,7% frente al 57,75%, según Cruz Roja.

Y está el estereotipo de que los inmigrantes de países árabes o musulmanes son extremistas y misóginos, incapaces de adaptarse a las costumbres españolas. Episodios como los atentados de París se usan interesadamente para nutrir esta falsa idea. En todo caso, si el interés de nuestra sociedad es fomentar la tolerancia y la integración de las personas que proceden de otras culturas y religiones, lo que hay que hacer es abogar por más integración y por no establecer guetos, cuya existencia favorece la marginación.

Los terribles atentados terroristas sucedidos en Francia esta semana no deben usarse para estigmatizar a toda una comunidad. Por el contrario, sí deben servir para hacer autocrítica, para pensar soluciones para los jóvenes de segunda o tercera generación que se están quedando fuera del sistema a causa de la crisis económica, la falta de identidad y la alienación social. Frente a actos de violencia de unos pocos, debemos presentar iniciativas que fomenten una mayor cooperación mutua. ¿Podemos respetar a una mujer que lleve hiyab (velo) en vez de mirarla como si fuera sospechosa de algo? La respuesta a crisis como la que ha vivido París esta semana no debe ser una justificación para convertir Europa en una fortaleza ni para aislar aún más a la comunidad musulmana.

Otra cosa es el control de las personas con un claro historial radical, entrenados en Irak, Siria o Yemen y pertenecientes declarados a redes yihadistas, como era el caso de los hermanos Kouachi, que cometieron el sangriento atentado del miércoles en el que murieron 12 personas. En este caso, ambos estaban fichados tanto por los servicios de seguridad franceses como por los estadounidenses, pero aun así nadie los vigilaba desde 2012. Una mayor conciencia de esta amenaza y una mayor cooperación entre comunidades hará nuestras sociedades más seguras, fuertes y unidas frente al extremismo de unos pocos.

INTEGRACIÓN MUSULMANA
Líneas rojas contra la sharia
La matanza en la revista 'Charlie Ebdo' cometida por yihadistas vinculados a Al Qaeda ha traído irremediablemente el debate sobre la integración de la inmigración musulmana en Occidente y la coexistencia de costumbres radicalmente distintas en la sociedad.
IGNACIO CEMBRERO El Mundo 11 Enero 2015

Al iniciarse las competiciones la Federación de Fútbol de Ceuta hacía una ofrenda floral a la Patrona de la ciudad en el marco de una misa oficiada en la Iglesia de Nuestra Señora de África. Como al menos la mitad de los ceutíes son musulmanes y muchos juegan al fútbol, los equipos locales se desplazan ahora también a la mezquita de Mulay Mehdi donde se celebra una plegaria por el buen desarrollo de los partidos.

La población musulmana de muchos países europeos, entre ellos España, crecerá en las próximas décadas por dos razones. Las primeras generaciones de inmigrantes superan, en número de hijos, a la media nacional. Con una población envejecida Europa va a necesitar de nuevo mano de obra extranjera. Parte de esa fuerza laboral está al sur del Mediterráneo.

Su traslado a Europa va a suscitar debates que ya han surgido con fuerza en Ceuta y Melilla y allí donde hay lobbies musulmanes dinámicos como en el Reino Unido, Canadá. ¿Debe el Estado introducir las fiestas religiosas musulmanas en el calendario oficial? ¿Debe proporcionar la enseñanza del Islam y la comida halal en los centros de enseñanza públicos? ¿Deben los parlamentos retocar el Código Civil y el Penal para tener en cuenta algunas sensibilidades religiosas?

En España los musulmanes, entre 1,2 y 1,5 millones según las estimaciones, no gozan aún de todos sus derechos. Un dato, entre otros muchos, lo demuestra. En ninguna de las comunidades autónomas donde la educación religiosa está transferida, empezando por Cataluña, se imparten clases de Islam. Sólo allí donde el Ministerio de Educación tiene a sueldo a un puñado de profesores de Islam (País Vasco, Andalucía, Canarias etcétera) se enseña esa religión.

Pero si hay que satisfacer estas aspiraciones, equiparando a los musulmanes con otras confesiones, también hay que marcar una clara línea roja infranqueable ante otras reivindicaciones que afloran en países occidentales con una presencia musulmana más enraizada que en España. Acaso el ejemplo más inquietante sea el del Instituto Islámico de Justicia Civil que lucha en Canadá para que la comunidad musulmana sea juzgada en función de sus valores y creencias.

Adentrarse por esa senda puede suponer, en un primer momento, aceptar los arbitrajes fundados en la sharia, como ya sucede en Ontario (Canadá) desde hace una década, y a más largo plazo, modificar el Código Penal para reintroducir el delito de blasfemia, como lo pide en Francia la Liga de Defensa Judicial de los Musulmanes, o imponer incluso a los mahometanos penas acordes con la ley islámica.

Ante el reto migratorio musulmán, la solución pasa porque el Estado español sea de verdad aconfesional y acabe con esas inercias religiosas que impregnan la vida pública y, a veces, jurídica. Hay que predicar con el ejemplo. No más militares ni guardias civiles en las procesiones de Semana Santa, no más homologaciones de las sentencias canónicas de nulidad matrimonial. Y que los futbolistas ceutíes no acudan a la parroquia ni a la mezquita.

Por un manifiesto contra el islam en Europa
E. Milà Minuto Digital 11 Enero 2015

No hay que forjarse falsas esperanzas o refugiarse en mera palabrería: estamos asistiendo en Europa Occidental a los habituales choques entre vanguardias de dos ejércitos enemigos que se aproximan uno contra otro y que preceden a los enfrentamientos generalizados. A un lado, las vanguardias islamistas; de otro, quienes perciben la realidad del problema, lo inaplazable del conflicto y están dispuestos a reaccionar. Estamos asistiendo al inicio de un conflicto que será, a la vez, una guerra civil, racial y social. No se trata de que queramos o no combatir en ese conflicto: se trata de que los islamistas residentes en Europa nos lo han impuesto. Ahora nos toca reaccionar y dar una respuesta acorde con el desafío. Otra cosa sería, simplemente, suicidarse.

I. El islam no es una religión como las demás.
Amparado en las leyes de libertad religiosa existentes en todos los países de Europa, el islam progresa a lo largo de todo el continente. Sus bases no están compuestas por europeos de origen sino por inmigrantes llegados de otros horizontes. Así, se da la paradoja de que una doctrina contraria al espíritu europeo, contrario a la legislación europea, contraria a los valores europeos, situada entre 400 y 800 años por detrás de la evolución del continente, puede extenderse, progresar y contar con todos los beneplácitos legales.

Y sin embargo, el islam no es una religión como las demás. Es la única religión por la que sus miembros están dispuestos a matar. Es la única religión que incluye entre sus presupuestos el extenderse mediante la guerra. Es la única religión, entre cuyos “pilares” se encuentra la guerra como forma de extender su influencia. Eso hace del islam una forma supersticiosa, conflictiva, primitiva y ofensiva, completamente diferente a cualquier otra religión existente en la actualidad.

De ahí que no pueda aplicarse al islam por más tiempo el estatuto de libertad religiosa vigente en el continente. Hacerlo es equivalente a un país que facilita a quienes quieren destruirlo todos los elementos necesarios para hacerlo, empezando por la piqueta de demolición

II. No hay diferencia entre “islam moderado” e “islam radical”.
El islam es una superstición que ha demostrado a lo largo de la historia una increíble facilidad para deslizarse desde su vertiente moderada hasta los límites más extremos del fundamentalismo en cuestión de pocos años. En su área natural de expansión –el mundo árabe– el islam, en apenas treinta años, ha liquidado a casi todos los regímenes laicos, ha elevado barreras fundamentalistas, ha dado gigantescos pasos atrás en las costumbres sociales en esos países, ha desestabilizado regímenes, zonas y países y, finalmente, ha terminado amenazando a Europa, en donde su presencia se debe solamente a la llegada masiva de inmigración procedente de países árabes.

Permitir la difusión y la expansión del islam en Europa, aceptar que pueda tratarse de una religión como cualquier otra en el Viejo Continente, supone allanar el camino hacia la yihad, facilitarla, hacerla posible y admitir la desestabilización en todo el territorio de la Unión Europea. Hacerlo en razón de que el “islam moderado” no parece “peligroso” e incluso, ocasionalmente, se muestra dialogante, se ha revelado como un error: existen muchas posibilidades de que ese mismo islam, moderado hoy, se convierta en intolerante e integrista mañana, que el imán que hoy predica “integración”, mañana truene en defensa de su “identidad religiosa” más extrema.

¿Es que no habéis visto en vuestras ciudades a hijas de familias islamistas que se comportan como cualquier otra chica de su edad y que, bruscamente, un buen día empiezan a utilizar el velo islámico y a distanciarse de las que hasta entonces habían sido sus amigas? ¿Es que no habéis conocido comunidades islámicas que han ido creciendo normalmente y que, de repente, son radicalizadas por un imán wahabita subsidiado?

III. El mecanismo de auto–exclusión social
El fatalismo coránico hace que la inmensa mayoría de fieles islamistas en Europa se sitúen entre los estratos con menos ingresos de la población. Apenas hay estudiantes islámicos en universidades europeas; los que hay, en su inmensa mayoría, proceden de élites sociales de los países árabes. Los hijos de los islamistas presentes en Europa, por el contrario, prefieren que sus hijos trabajen desde la adolescencia a que sigan estudiando o aumenten su preparación profesional. Ni aun facilitándoles el acceso a la universidad (algo que se ha hecho en toda Europa y recientemente también en España mediante medidas de “discriminación positiva”), las familias islamistas parecen interesadas en que sus hijos tengan acceso a la enseñanza superior.

La “falta de competitividad” de los jóvenes islamistas o descendientes de familias islamistas en suelo europeo la “compensan” psicológicamente desarrollando una agresividad inusitada y creciente contra las sociedades europeas de acogida que cristaliza en salvajismo puro y simple (las quemas de coches por parte de jóvenes islamistas se han convertido en el siniestro acompañamiento de las noches en media Europa) o bien con la adhesión a las formas más primitivas y fundamentalistas de su identidad originaria identificada con el islam.

Todo esto lleva directamente a que las bolsas de islamistas presentes en Europa experimenten siempre los mismos procesos de auto–exclusión social. No se puede reprochar a los empresarios europeos que se nieguen a contratar a individuos que no renuncian a estar vestidos como en sus países de origen, que muestran ostensiblemente prendas de significado religioso, especialmente cuando en todo el mundo violencia e islam se muestran cada vez más de la mano.
Así pues, la “ideología” que acompaña al islamismo y sus prácticas sociales generan, por sí mismas, falta de competitividad (especialmente de los grupos más jóvenes que comparten esta creencia o que proceden de grupos étnicos mayoritariamente islámicos), brutalización de muchos sectores con ese origen, rechazo social para franjas crecientes de europeos y terminan en una auto marginación social insuperable.

IV. No existe fórmula de “integración” posible con el islamismo.
Las bolsas islámicas en Europa figuran entre las comunidades halógenas más subvencionadas. En Holanda primero, en el Reino Unido, en Francia, en España, en Italia, en Bélgica, los programas para lograr la “integración” del islam en las sociedades de acogida han fracasado, uno tras otro, estrepitosamente y, poco importa de dónde hayan procedido esas bolsas de inmigración, si del Magreb, si del África subsahariana o del mundo árabe. No ha habido –y es bueno recordarlo– ni un solo proyecto nacional de integración de la inmigración islamista, ni de derechas, ni de izquierdas, ni generoso, ni cicatero en la donación de subsidios, que se haya coronado con un mínimo éxito. De hecho, cuantos más fondos se dispensan a la cuestión, menos resultados se obtienen.

Ahora cabe ya preguntarse, después de treinta años de proyectos frustrados, si el problema es que las sociedades europeas han fracasado o, simplemente, es que el islam es inintegrable en la cultura y en la legalidad europea y si la falsa sensación de que esos proyectos de “integración” avanzaban no ha venido dado por actitudes de simulación de las comunidades islámicas receptoras de los fondos de ayuda.

¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que Europa se convenza de que el islam es inintegrable? ¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que los europeos entiendan que ese mundo ideal que ha forjado su ideología “humanista” y “universalista”, en el que basta con facilitar las condiciones adecuadas para que un grupo social se integre, para que, efectivamente se produzca tal integración, es una falacia miserable y un error palmario? ¿Cuántos décadas más partidos de derechas y de izquierdas prolongarán esta política absurda de mano tendida hacia el islam recibiendo a cambio aumento de la delincuencia, chispazos cada vez más frecuentes de terrorismo, negativa pura y simple a integrarse o, simplemente, persistencia de la inestabilidad étnico–social?

Las tasas de delincuencia entre la comunidad islámica o de origen islámico superan a cualquier otra comunidad inmigrante. Y esto no puede atribuirse a la pobreza: hoy, cualquier joven islámico tiene un Smartphone, maneja las tecnologías de la información, y es muy posible que reciba una subvención, sino él si al menos su familia. No es la “pobreza” la que genera delincuencia y exclusión, sino la “ideología” (el islamismo) y sus hábitos antropológicos.

V. La ideología “humanista y universalista” es responsable.
Los islamistas no son los únicos culpables de lo que está ocurriendo. Si están aquí se debe a que una banda de políticos, oportunistas sin escrúpulos, irresponsables sin conciencia y traidores a su pueblo y a su cultura, los han traído. Casos tan absurdos como el de Jordi Pujol, quien prefirió desviar inmigración magrebí a Cataluña para evitar que llegaran inmigrantes que hablaban ya castellano y no se esforzarían en aprender catalán, no son una excepción en el Viejo Continente. No es raro que las máximas sospechas de corrupción recaigan sobre estos exponentes que durante su gestión se ampararon en la ideología “humanista” y en las “virtudes de la integración” para importar carne humana islamista.

Luego están aquellos endófobos estilo Zapatero o estilo ONGs (con SOS Racismo en vanguardia) para los que la “ideología integracionista” se convierte en dogma, a pesar de que el paso del tiempo y los reiterados fracasos hayan evidenciado su peligrosa vacuidad. La izquierda, mayoritariamente, es responsable de no percibir que la llegada masiva de inmigración a Europa no se ha debido a la libre decisión de las poblaciones de ubicarse en los lugares de su elección, sino que esas corrientes migratorias han sido generadas artificialmente para abaratar el precio de la mano de obra en Europa. Para cubrir esta realidad, la izquierda “humanista” ha recurrido a una batería de dogmas extravagantes (la “multiculturalidad”, el “mestizaje”, “España país de las tres culturas”, “Alianza de Civilizaciones”) que, en el fondo, han sido los principales causantes del hundimiento de su prestigio entre las clases populares que se ven obligadas a convivir con el islamismo en los arrabales.

Por su parte, la Iglesia tiene también su parte de responsabilidades. Eludiendo vergonzosa y bochornosamente el hecho de que las comunidades católicas son masacradas allí en donde gobierna el islam, que carecen de libertad de culto e incluso de garantías para la supervivencia física de sus fieles, los últimos papas han multiplicado incomprensiblemente sus actitudes de mano tendida hacia el islam… Resulta absolutamente grotesco, sino criminal, que el día antes de la masacre de Charlie–Hebdo, las luces de la catedral de Colonia fueran apagadas por la autoridad obispal en… protesta contra la “xenofobia”. O que el papa Bergoglio aludiera poco antes al islam como “religión de paz”. Tales actitudes no son menos criminales que el “humanismo universalista” procedente de la izquierda, están fuera de lugar y, confirman, sobre todo que la “infalibilidad” ya no está entre las virtudes del jefe de la iglesia. El Vaticano ignora que estamos ante una “guerra santa” que él no ha elegido, pero que el islam sí tiene presente y está dispuesto a librar en territorio europeo.

VI. El problema no es la “xenofobia y el racismo”, el problema es el islam
A nadie se le puede escapar el símbolo de la estupidez realizada por la autoridad de la catedral de Colonia: la tradición quiere que allí estén las tumbas de los Reyes Magos y, por tanto, el hecho de que sus luces se apagaran el día de la Epifanía es doblemente elocuente, por la fecha y porque precedió en apenas unas horas a la masacre de París.

La masacre de París se muestra, como hemos dicho, como la acción –una más de las que se vienen multiplicando cada vez con mayor frecuencia– de las vanguardias islamistas en Europa. Demuestra que estamos implicados en una guerra que ni hemos querido, ni hemos desatado, pero que estamos sufriendo por voluntad de otros.

Las reacciones de las masas populares suelen ser primitivas. Sin embargo, en todo el territorio de la Unión Europea no se ha producido ni una sola acción “xenófoba y racista” que causara doce víctimas. Europa ha ido aceptando a toda la inmigración islamista que ha forzado su presencia en el continente por la vía del hecho consumado. Europa ha subvencionado a las bolsas islamistas, les ha cedido terrenos para edificar sus mezquitas, ha aceptado que los muecines atronaran las mañanas de los viernes en Europa con sus llamadas a la oración, han asumido incluso el que en una tierra de laicidad se enseñe el Corán en las escuelas. Los medios de comunicación, los partidos mayoritarios, la Iglesia, las ONGs, han condenado sistemáticamente la “xenofobia y el racismo”… a pesar de que no ha existido más xenofobia y racismo que el que ha gestado la intolerancia islamista y su incapacidad demostrada reiteradamente para la integración.

Si hubo en El Egido manifestaciones anti–islamistas hace 15 años fue porque, previamente, habían aumentado los robos cometidos por individuos procedentes de grupos islamistas que, de paso, habían asesinado en pocos días a tres personas… y esto ante la pasividad del aznarismo. Si en Francia se produjo la intifada de noviembre–diciembre de 2005 no fue por la actividad de las “bandas racistas y xenófobas” sino por el fracaso de las políticas integración y por la brutalización creciente de individuos procedentes de la segunda y tercera generación de inmigrantes. Si en Holanda se certificó hace una década el fracaso de las políticas de integración (las más antiguas de Europa) se debió a los asesinatos de Pym Fortune y de Theo van Gogh.

Siempre la aparición de “xenofobia y racismo” ha ido por detrás de las exacciones, crímenes, revueltas y atentados islamistas. Nunca se ha generado “radicalismo islámico” o “fundamentalismo religioso” porque, previamente, existiera ninguna forma de racismo. Aquí sí que podemos establecer que el “huevo” fue anterior a la “gallina”, que existe una relación de causa a efecto entre la incapacidad para la integración del islamismo y la respuesta social en forma de “xenofobia y racismo”. El origen del problema es la presencia del islamismo, moderado o radical, en Europa.

VII. Las palabras ya no sirven: los europeos pedimos hechos
Tras el asesinato de doce personas en el curso del atentado islamista a la revista satírica Charlie–Hebdo, ya no vale la palabrería tan repetida en las últimas décadas: no basta ni con llamar a la “convivencia”, ni con el recurso a la “calma” y a “evitar reaccionar en caliente”. No basta con que un Holande o un Rajoy, hablen ahora de “reforzar los poderes del Estado”, “estar vigilantes ante el terrorismo” o “permanecer firmes” con los que nos han obsequiado en las últimas horas. No basta con las declaraciones tristonas, ingenuas y cándidas de un Bergoglio o de sus delegados, llamando a la “bondad”, al “perdón” y a la “caridad”: ESTAMOS AFRONTANDO LOS PRIMEROS CHISPAZOS DEL CHOQUE CON LAS VANGUARDIAS DE LA YIHAD QUE SE DIRIGEN CONTRA EUROPEA AMPARADAS EN LAS TASAS DEMOGRÁFICAS DE LA COMUNIDAD ISLAMISTA Y EN LA LLEGADA MASIVA DE INMIGRANTES DE ORIGEN ISLAMISTA. Y ante esto no caben ni declaraciones atemperadas, ni tranquilizadoras, ni mucho menos cabe repetir los tópicos que nos han llevado hasta donde nos encontramos hoy (“tolerancia”, “multiculturalidad”, “integración”, “mestizaje”…). NOSOTROS NO HEMOS ELEGIDO ESTA SITUACIÓN: NOS LA HAN IMPUESTO y lo peor que podemos hacer es engañarnos con la palabrería tranquilizadora difundida por la vieja clase política, determinadas ONGs endófobas y los balbuceos de líderes religiosos con pocas opciones.

Ya hace tiempo que ha pasado la época en la que podíamos confiar en las virtudes de la “integración”. Si eso ha funcionado con otras comunidades, desde luego, con el islam nunca ha dado el más mínimo resultado. Cuando antes lo reconozcamos, menos sorpresas nos llevaremos y más preparados estaremos ante el futuro. QUEREMOS QUE EUROPA REACCIONE y “reaccionar” supone viajar a los orígenes del conflicto, identificar la naturaleza del problema, el fracaso de las opciones practicas hasta ahora y reconocer las exigencias para resolverlo.

En las actuales circunstancias no hay nada peor que engañarse: si lo hacemos, el futuro de nuestros hijos peligra y, no digamos, el de nuestra cultura. Lo hemos dicho desde el principio y lo repetimos ahora: EXISTE UNA INCOMPATIBILIDAD ABSOLUTA Y TOTAL ENTRE EL ISLAM Y EUROPA. No vale la pena emplear grandes volúmenes en demostrar algo que está ahí, que es cada vez más evidente y que puede ver todo aquel que percibe la realidad sin dogmatismos, ni apriorismos, sin prejuicios ni prismas deformantes.

QUEREMOS SOLUCIONES YA, hoy cuando todavía pueden establecerse soluciones y es posible, con mínimos esfuerzos, contener a las vanguardias del ejército islamista que están intentando librar sus primeras escaramuzas en Europa. Y SI LA VIEJA CLASE POLÍTICA, LA QUE YA HA FRACASADO, NO ESTÁ EN CONDICIONES DE APLICARLAS, NI TIENE EL VALOR SIQUIERA PARA ENUNCIARLAS, HABRÁ QUE VOLCARSE EN APOYO DE UNA NUEVA CLASE POLÍTICA QUE SIN MIEDO, REALISTA Y DECIDIDA, ENTIENDA EL PELIGRO DEL ACTUAL MOMENTO HISTÓRICO Y DECIDA AFRONTARLO COMO SE AFRONTAN LOS RIESGOS DE GUERRA: CON DECISIÓN, ENTEREZA, REALISMO Y FUERZA.

Creemos necesario una batería de medidas tendentes

1) a alejar el riesgo de conflicto civil y étnico–social en Europa,

2) a contener primero y aligerar después la presión del islamismo sobre Europa y

3) a restablecer la normalidad social en Europa y la normalidad del mercado laboral reduciendo las tasas de inmigración.

Por todo ello proponemos, y llamamos a personas, organizaciones y asociaciones, a APOYAR UN PROGRAMA DE ACCIÓN BASADO EN DIEZ PUNTOS:

1) Imponer el “principio de prudencia” ante el islamismo: él mismo se ha encargado de demostrar que no se trata de una religión como las demás; por tanto, no puede estar sometida al mismo estatuto que cualquier otra creencia religiosa. Crear Comisiones para la Vigilancia del islam en Europa encargadas de controlar que la difusión de las ideas coránicas esté de acuerdo con los principios de la legalidad y de la tradición europea.

2) Cesar cualquier forma de ayudas oficiales a las comunidades islamistas. Ante la imposibilidad de integrarlas en las sociedades europeas no queda más remedio que inducirlas a retornar a sus países de origen y la primera fase de esta “operación retorno” solamente puede ser el reducir las “ayudas” al islamismo a una sola: par el retorno a sus países de origen.

3) Cesar de conceder la nacionalidad europea a gentes que profesen la religión islámica entendida como contraria a la tradición y a los valores europeos. Para pertenecer a cualquiera de las naciones europeas debe ser preciso abjurar del islamismo en tanto que esta doctrina es la antítesis exacta de los valores de la tradición europea.

4) Cesar la construcción de mezquitas en Europa, auditar las existentes, impedir por ley que las comunidades islamistas que actúan en el continente reciban subsidios y subvenciones llegados del extranjero.

5) Incluir en el código penal el delito de “endofobia” (hostilidad hacia los miembros de la propia comunidad) en la que caerían aquellas personas, partidos y ONGs que asuman la defensa del yihadismo y de sus colaboradores.

6) Pérdida inmediata de la nacionalidad de cualquier nación europea a todos aquellos ciudadanos que desciendan de halógenos en tres generaciones anteriores y que se vean implicados en actividades delictivas relacionadas o no con el islamismo.

7) Prohibición de la construcción de minaretes en territorio europeo, derribo de los existentes y prohibición de realizar “llamadas a la oración”.

8) Exclusión de fieles islamistas de todos los cuerpos de seguridad e instituciones armadas en cualquier país europeo.

9) Cese de la inmigración en Europa procedente de países con mayoría islamista y repatriación progresiva de los contingentes actualmente residentes en el continente.

10) Depuración de responsabilidades entre la vieja clase política para determinar niveles de responsabilidad en el proceso de islamización del continente con aplicación del delito de traición a quienes hayan colaborado activamente en tal proceso.

Consideramos que estos diez puntos son suficientes para alejar a las vanguardias del yihadismo del territorio europeo. Podemos elegir entre un programa duro, pero que excluye medias tintas y deja atrás opciones fracasadas, y la reiteración de la palabrería “humanista y universalista” de que vienen haciendo gala líderes políticos y religiosos en las últimas décadas. Que cada cual elija su opción.

ES LA HORA DE LA VERDAD: el atentado contra la revista Charlie–Hebdo y los atentados que le han precedido en las últimas semanas son suficientemente elocuentes sobre la situación que afrontamos Y QUE NO HEMOS BUSCADO, QUERIDO, NI PROVOCADO. La inacción ante esta situación sería un crimen contra las generaciones que nos han precedido y las que seguirán. INACCIÓN SUPONE DEJAR QUE LAS VANGUARDIAS ISLAMICAS ABRAN PASO AL EJÉRCITO YIHADISTA EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS. Y ese es un crimen que la raza que venció en Salamina e Himera, que derrotó al islam en las Navas y en Lepanto, que cerró las puertas de Europa a los turcos en Viena y expulsó a los moriscos, alejando durante 400 años el riesgo de islamización del Viejo Continente, se incline ahora ante una superstición llegada del desierto.

Los hechos hablan por sí mismos y el asesinato de doce personas en París no es un atentado “contra Francia”, sino contra todos los pueblos de Europa. De la misma forma que en el vecino país la palabra “RECONQUISTA”, con todas sus letras y en perfecto castellano, resuena otra vez como llamada a la movilización general, entre nosotros la sangre vertida por el fanatismo islámico debe ser considerada como algo propio.

Europa afronta en estos momentos múltiples problemas generados en su mayoría por una clase política ineficiente y corrupta, la islamización del continente es solamente un efecto más de su lamentable gestión: pero esa islamización es también un anticipo de la guerra civil racial y social que se está iniciando. De ahí la necesidad de ser conscientes de la gravedad del problema y no tratarlo como una de las muchas excrecencias generadas por la vieja clase política que percibe ya su funeral, sin gloria, con bochorno y aroma a traición.

A los europeos nos corresponde ahora tomar de nuevo las riendas de nuestro destino y es preciso tener muy presente que LA LUCHA CONTRA LA ISLAMIZACIÓN DE EUROPA ES TAMBIÉN LA LUCHA POR LA RENOVACIÓN POLÍTICA DEL CONTINENTE.

¡POR UNA EUROPA LIBRE DEL PELIGRO ISLAMISTA!
¡POR UN FUTURO SIN LA SOMBRA YIHADISTA!
¡EL ISLAM ES AJENO A LA CULTURA Y A LA TRADICIÓN EUROPEA!
¡NO HAY LUGAR PARA EL ISLAM EN EUROPA!
¡ISLAM Y SUS CÓMPLICES FUERA DE EUROPA!
Cuéntaselo a tus amigos:

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Hollande quiere cercar las sedes de Le Pen
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Enero 2015

Una de las pruebas de lo mal que está Francia es lo mucho que empieza a parecerse a España. La gran manifestación de la clase política europea hoy en París será, básicamente, un acto de repudio al FN de Marine Le Pen por burda conveniencia electoral del Gobierno Socialista. Si a un partido que representa a la cuarta parte de los franceses se le excluye de un acto "de unidad nacional", es evidente que en la Francia de hoy está pasando lo mismo que en la España de 2004: el partidismo ha amordazado a la nación.

En aquellos días de Marzo de 2004, que, vistos una década después, supusieron el triunfo de la partitocracia sobre el régimen constitucional, mediante la manipulación desvergonzada de los medios de comunicación y la corrupción total de la Justicia, un PSOE a punto de perder por tercera vez las elecciones y una izquierda batasunizada, dueño uno de los medios y otra de la calle, entrenados en las campañas sobre el Prestige y la Guerra de Irak, lograron convertir el dolor popular ante la masacre en el linchamiento del Gobierno como culpable de provocar a los famosos "terroristas suicidas con tres capas de calzoncillos" que inventó el PSOE y popularizó la SER. Ellos habrían sido los instrumentos de la venganza de Al Qaeda contra el verdadero criminal, que era Aznar por apoyar a Bush. Ese crimen de lesa democracia en las jornadas del 11M al 14M, que llevó al Poder a Zapatero, ha entronizado la deslegitimación de la Derecha política con tanta fuerza que, al final, ha acabado por deslegitimar el régimen constitucional del 78, basado en la alternancia de los partidos de izquierda y derecha en el Poder.
No, el 11M no fue obra de Al Qaeda

Pero eso no se hubiera producido si el PP no hubiera aceptado nunca su deslegitimación, si no hubiera considerado inaceptable la actuación de la Izquierda tras el 11M, si hubiera buscado a los culpables de la masacre y de la manipulación policial de las pruebas que llevaron a una sentencia infame en la que lo único que queda claro es que no fue Al Qaeda la autora de la masacre (que por otra parte nunca ha reivindicado). Sin embargo, tras la derrota electoral de 2008, Rajoy decidió hacer suya la doctrina Gallardón de sumisión a la Versión Oficial del 11M, pese a estar desmentida por la sentencia. Y la estrategia de "obviar el 11M", defendida por Gallardón en la portada de ABC y respaldada por la dirección del periódico, entonces en manos de J.A. Zarzalejos y secuaces como Gorriarán o Irene Lozano, se tradujo en una campaña encabezada por ABC pero que seguía el guión de El País, los medios de Godó y Roures ("Público", La Sexta") contra la COPE y El Mundo, para obligar a Rajoy a romper públicamente con los medios que le habían apoyado y con la línea de Aznar, la oficial del PP. Rajoy lo hizo, asumió la manipulación islamista y antiaznarista del 11M y, a cambio, se le permitió formar parte del sistema de la "memoria histórica", que esencialmente consiste en tergiversar el pasado para ocultar el presente.

Ha sido y sigue siendo tan esencial para la hegemonía de la Izquierda y de la derecha "políticamente correcta", o sea, tolerada por la Izquierda, la asunción del "trágala" del 11M supuestamente islamista y culpa del PP que el PSOE y Podemos se han disputado públicamente el mérito de cercar las sedes del PP, es decir de usar la violencia contra la democracia; y ayer mismo subrayaba Javier Somalo cómo los nostálgicos del zarzalejismo reivindican, presos de fiebre fusionista, aquella infame campaña contra la COPE que, sobre arruinar al ABC, entronizó el maricomplejinismo como ideología de la Derecha. Una política que la lleva directamente a la tumba.
¿Contra quién se manifiestan los líderes de la UE?

El asesinato de Miguel Ángel Blanco es la prueba de cómo una gigantesca movilización de masas puede diluirse y convertirse en nada, o en menos que nada, cuando en ella se celebra la buena conciencia de los que se manifiestan, eludiendo cualquier forma de castigar a los asesinos. "No son vascos, son terroristas", decían millones de jóvenes españoles, para espantarse el miedo de que, efectivamente, los terroristas mataban porque se sentían muy vascos y el muerto lo había sido porque era español. "Vascos sí, ETA no", repetían, como si un amplio sector de la sociedad vasca no fuera tan responsable del terrorismo como de sus justificaciones.

Tras aquellas gigantescas manifestaciones en memoria de Miguel Ángel Blanco, el PNV firmó con la ETA el Pacto de Estella y Pujol, Durán y el BNG los respaldaron en la Declaración de Barcelona. Todas aquellas manos blancas que por millones se exhibían en la calle se oscurecieron cuando el PP fue echado del Poder el 14M de 2004. ETA sigue siendo la herramienta más eficaz del separatismo: porque o eran nacionalistas que mataban y había que tomarlos en serio o eran nacionalistas y no mataban, por lo que había que compensarlos. Esa es la historia de la claudicación de los gobiernos españoles desde 1977, con pocas excepciones: el PSOE con Múgica en Justicia y el PP de Aznar y Rajoy hasta 2008, cuando en el Congreso de Bulgaria, capital Valencia, decidió "obviar el 11M", aceptar su ilegitimidad y, en prueba de buena fe, liquidar el PP vasco de María San Gil, con lo que eso significaba en la política nacional. En el Poder, Rajoy ha hecho aquello a lo que, en el fondo, se comprometía para seguir al frente del PP y esperar su turno a las puertas de la Moncloa: "obviar el 11M", es decir, encubrirlo; y asumir el pacto del PSOE con la ETA, llevándolo a extremos –Bolinaga- que ni el faisán Rubalcaba hubiera podido imaginar.

¿Tiene sentido que Rajoy, el hombre que no ha querido investigar el 11M y más etarras ha sacado de la cárcel se manifieste contra el terrorismo en París? ¿Es lógico que lo haga junto a Artur Mas? ¿Es razonable que los gobernantes que tienen en su mano cambiar las leyes y utilizar la inmensa fuerza de todos los Estados europeos se manifiesten como ciudadanos que pidieran la protección de esos gobiernos que los manifestantes presiden? Sólo falta que la romería buenista de París termine con un acto ecuménico culminado con el canto de un muecín que le pida a Alá piedad para Europa. Y luego, pueden ir a cercar sedes del FN en París o de Pegida en Berlín.
Las mezquitas y los gobermanifestantes

Nuestros gobernantes, esos que se manifiestan este domingo a favor de sí mismos están dispuestos a todo, menos –como bien denuncia el turco Ilya U. Topper- a romper con el wahabbismo que con petrodólares saudíes ha sembrado de mezquitas y convertido en guetos los barrios islámicos de Occidente. No sé si puede existir un islam moderado -no sé cómo, tras leer el Corán- aunque haya muchísimos musulmanes que quieren vivir en paz y compañía junto a cristianos, judíos o ateos. Pero no puede haber pluralismo laico en Europa con patrocinio wahabbí. No podrá moderarse el Islam mientras los saudíes dominen las mezquitas europeas, de donde salen esos matarifes dispuestos, en nombre de Alá, a acabar con nuestra vida y nuestra libertad. La guerra de Siria o de Irak se ganará o perderá allí. La que contra Europa han declarado sus propios islamistas radicales empezaremos a librarla, no digo ganarla, si se lucha en Ryad, Qatar o Kuwait City. Y los gobermanifestantes de París tienen tantas ganas de hacerlo como de ser Charly, o sea, ninguna. El cielo sin esfuerzo: esa es toda nuestra euroteología.

Del muy imputable al muy desobediente
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 11 Enero 2015

La lectura del auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en el que sus doctos magistrados exponen los motivos por los que aceptan las diversas querellas presentadas contra Artur Mas y otras autoridades autonómicas catalanas por un buen número de fuerzas políticas y entidades ciudadanas, entre ellas la Fiscalía, con motivo de la pesudo-consulta del 9 de noviembre del año pasado, hace superflua, de hecho, la celebración del juicio. Los redactores del prolijo documento relatan con gran lujo de detalles y cruel claridad descriptiva los sucesivos pasos que el Gobierno de la Generalitat, con su Presidente a la cabeza, fue dando para llevar a cabo su propósito a todas luces inconstitucional e ilegal, ignorando olímpicamente la prohibición que pesaba sobre su realización en virtud de la suspensión de dicho proceso por el Tribunal Constitucional.

Cuando uno recorre, negro sobre blanco, el camino andado por el representante máximo del Estado en Cataluña, o sea Artur Mas, saltándose a la torera, con desfachatez y contumacia asombrosas, el ordenamiento legal vigente, vulnerando a sabiendas y casi con recochineo sus obligaciones y la solemne promesa que pronunció al tomar posesión de su cargo, se siente invadido por la mezcla de estupefacción e indignación que despiertan en las personas serias y decentes los comportamientos manifiestamente delictivos.

Artur Mas coronó el espectáculo declarándose desafiante ante las cámaras de televisión principal responsable de la fechoría

El Tribunal recuerda implacable que la Generalitat, con posterioridad a la decisión del Tribunal Constitucional de admitir a trámite el recurso del Ejecutivo central y sus automáticos efectos suspensivos, continuó adelante manteniendo la página web informativa sobre la consulta, contrató masiva publicidad institucional invitando a la participación, destinó un contingente notable de funcionarios públicos al asunto, puso a disposición de los voluntarios del día de marras centenares de edificios públicos de los que era titular, envió una circular con su membrete oficial a todos los integrantes del censo llamado a la urnas, dio cuenta de los resultados como si de unas elecciones normales se tratase y que el mismo Artur Mas coronó el espectáculo declarándose desafiante ante las cámaras de televisión principal responsable de la fechoría.

Francamente, en un caso así el púdico uso del término "presunto" o "presunta" para referirse a las diferentes figuras penales aplicables suena a burla premeditada. La indicación de que no son descartables, además del obvio delito de desobediencia, los de prevaricación y malversación, son otra muestra de la suavidad de nuestra literatura forense. Ahora comenzará un largo procedimiento, lleno de vericuetos, plazos y martingalas procesales. hasta que se dicte una sentencia que cualquier observador objetivo ya sabe perfectamente qué debería decir: que Mas, Ortega y Rigau desobedecieron un inequívoco mandato judicial, que prevaricaron y que emplearon indebidamente dinero del contribuyente. Todo el mundo sabe que lo hicieron, los jueces por supuesto son conscientes de ello y los propios querellados también.

Es en situaciones como ésta que se echa de menos en España la celeridad y eficacia del sistema procesal anglosajón, básicamente oral y recto al grano. En Londres o en Washington Artur Mas y sus secuaces serían declarados culpables, multados e inhabilitados en dos o tres meses y se acabaría con contundencia la broma siniestra de que su golpe de Estado es un ejercicio democrático. Al Muy Defraudador Pujol le ha sucedido en CiU el Muy Desobediente, Muy Prevaricador y Muy Malversador Artur Mas. No se puede negar que el separatismo catalán va mejorando.


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