AGLI Recortes de Prensa   Martes 13  Enero 2015

Endurecer las penas no frenará la corrupción
Lucio A. Muñoz www.gaceta.es 13 Enero 2015

Los jueces y magistrados de los altos tribunales de justicia españoles, actualmente, son “políticos con toga”.

“2015, el año de la recuperación económica”. “La legislatura de las reformas”. Y “el Gobierno ha salvado del rescate a España”. Estos son los tres lemas, político-económicos y en clave marketiniana, concebidos engañosamente por Arriola y elegidos para ser utilizados como reclamo electoral durante el presente año.

Los mismos, según se ha decidido en el último “retiro” que el PP ha celebrado en Toledo, serán reproducidos hasta la saciedad por parte de los dirigentes del partido del Gobierno y a través de los medios de comunicación. Al objeto que la opinión pública española los asimile y termine por creérselos.

Los españoles, estupefactos e indignados, comprobamos que casi todo sigue igual respecto a la corrupta, desfasada y vieja forma de hacer política del PP-PSOE.

Zapatero negó la crisis, dejando a España en quiebra económica. Y Rajoy vende una irrisoria recuperación económica sin antes solucionar los principales problemas de nuestra economía. Sobre todo, el relativo a nuestra impagable deuda pública, originada por un desaforado gasto público-político proveniente del sector público autonómico y local.

E, igualmente, presume de reformas que no responden a las demandas de los españoles pero que dejan intacto el inmerecido estatus, los inmorales privilegios y la super protección de la casta política.

Por ejemplo, la reforma de la Administración, que ha sido presentada por el Gobierno como su propuesta estrella en esta legislatura. No obstante y al respecto, únicamente se han recortado servicios públicos para los ciudadanos, manteniéndose íntegramente la “mamandurría” política, el comisionismo, el clientelismo y las subvenciones amigas. Imitando al Gobierno de ZP.

Otro de los ingeniosos y escasamente graciosos chistes inventado por el gurú del PP, que nos seguirán contando durante el presente año desde los distintos escenarios gubernamentales, está basado en la idea relativa a que el Gobierno salvó a España del rescate... Gracias a que Dragui lanzó un flotador al Gobierno desde su buque, el BCE.

La última reforma propuesta por el Gobierno es la referida al Código Penal. La misma se encuentra en fase de tramitación parlamentaria. Puesto que actualmente la Comisión de Justicia del Congreso está discutiendo las numerosas enmiendas presentadas al citado texto, con el objetivo de aprobarlo y trasladarlo al Senado a finales de enero.

Esta nueva reforma del Código Penal, respecto a los delitos relacionados con la corrupción política (una de las máximas preocupaciones de los españoles), propone prolongar los plazos de prescripción. Aumentar las penas de inhabilitación. Y, en general, endurecer las penas.

Recordemos que algunos de estos delitos son la malversación de caudales públicos, la prevaricación, el cohecho, el tráfico de influencias, etc. Y que los mismos pueden ser cometidos tanto por cargos públicos como por funcionarios.

¿La imposición de penas más duras frenará la corrupción política?
En este sentido, es factible afirmar que el endurecimiento generalizado del sistema penal es el objetivo prioritario que persigue conseguir la reforma del Código Penal. No obstante e independientemente que pueda ser acertado incrementar la dureza de las penas, la raíz del problema de la corrupción política se encuentra en la ausencia de separación de poderes de nuestro sistema.

En base a ello y mientras la justicia siga politizada y al servicio del PP-PSOE, ninguna reforma del Código Penal será eficaz.

¿Recuerdan la “Ley Orgánica 4/2013, de 28 de junio, de reforma del Consejo General del Poder Judicial”? De forma inconstitucional, y con la complicidad del PP-PSOE, la partitocracia eligió a los vocales del CGPJ y, de esta forma, blindó a la casta ante la justicia.

Los jueces y magistrados de los altos tribunales de justicia españoles, actualmente, son “políticos con toga”. Y el CGPJ, máximo órgano de gobierno de los jueces, se ha convertido en una filial del Ministerio de Justicia, es decir, del Gobierno de turno.

Lamentablemente, esta reforma del Código Penal es una muestra más del engaño al que somos sometidos los ciudadanos constantemente.

Parche sobre parche. Y el sistema sigue desinflándose. Porque a la partitocracia heredera de la Transición no le conviene cambiarlo.

No es terrorismo, es guerra
Gabriel Albiac ABC 13 Enero 2015

Si las medidas no se aplican muy rápidamente, perderemos esta guerra. Como la vamos perdiendo ahora

Antes de hallar refugio en la Siria yihadista y diluirse entre Al-Qaeda y el Estado Islámico, la cómplice de los asesinos de París, Hayat Boumeddienne, hizo escala en Madrid, hacia Turquía. Luego, la frontera siria y el Califato. El yihadismo es una trama militar con bases en toda Europa. Y, en esa trama, España es puente. Entre las fortalezas del Cercano Oriente y el territorio de combate europeo.

España aúna tres condiciones para ello. Geográfica, la primera: el paso más sencillo hacia Europa pasa por la península; paso de personas como paso de armas, sobre la infraestructura del negocio mastodóntico del narcotráfico. España es, además, waqf, término con que el islam designa aquellos dones, materiales o morales que Alá concedió benévolamente a sus creyentes y que, por ser donación directa de Alá mismo, no admiten reversibilidad ni modificación en el tiempo. Lo que es entregado por Alá en propiedad a sus fieles lo es por toda la eternidad. Quinientos años de paréntesis son una mota de polvo en el desierto. Para un creyente riguroso, España (Al-Ándalus significa España) es intemporalmente musulmana. Que el ejército del islam la utilice hoy como base logística es, en términos de ley coránica, irreprochable. Añádase el odio incondicional que el islam profesa hacia un país dos de cuyas ciudades están enclavadas en el norte de África: estamos en el ojo del huracán de esta guerra en curso.

El error fatal sería hoy pensar que Europa afronta un problema policial complejo. Y analizar el yihadismo con la categorías usuales para un terrorismo clásico. No es terrorismo. Estamos ante una guerra. Santa. Como tal proclamada por diversas fracciones de un único ejército que el islam homogeneiza. Esa guerra se juega en dispositivos convencionales allá donde domina un territorio. Así fue en Afganistán, hasta que los Estados Unidos destruyeron a Bin Laden. Así sucede hoy en buena parte de Irak y Siria, ante la suicida debilidad de los aliados. Desde esas bases militares se planifican los ataque en territorio infiel: Nueva York en 2001, París hace cuatro días. Sin necesidad de grandes refinamientos clandestinos. El islamismo está en Europa. Sólidamente arraigado en las jóvenes generaciones de la emigración musulmana. No hay más que saber mover el rencor que anida en las mezquitas.

Pero luchar contra eso no es tarea policial. No sólo. Asistimos a los inicios de una guerra de dimensión mundial. Y, en una guerra, sobre el Ejército recae la responsabilidad de no ser derrotados. Esa guerra exige la aniquilación previa de las fuerzas militares del Estado Islámico en Irak y Siria, por supuesto. Pero también el paciente trabajo de inteligencia que permita infiltrar y limpiar por completo las redes del yihadismo en nuestro propio territorio. Lo cual es imposible sin un control único de inmigración y fronteras en la UE. Nadie debe esperar victorias rápidas. Pero, si las medidas no se aplican muy rápidamente, perderemos esta guerra. Como la vamos perdiendo ahora.

Constantinopla o Estambul
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 13 Enero 2015

Mientras no exista un cambio radical de la perspectiva demográfica, Francia sólo puede sentarse a esperar que su territorio alcance la mayoría islámica.

El terrorismo, los guetos, las manifestaciones por la unidad -sin unidad ninguna-, y los discursos políticos sólo son capítulos de una novela de la que ya se ha escrito el final. De hecho, al parecer Houellebecq la ha escrito entera.

Eric Zemmou -otro intelectual francés en la línea de Casandra- habla de una paulatina sustitución de los valores europeos, quizá no tanto por la pujanza de unos como por el abandono de los otros. El meteco -nos lo avisaba don Colacho- no hace concesiones al autóctono. Nos hallamos en mitad de este cambio profundo, y en buena parte de continente -o más bien mala- están cambiando desde la gastronomía hasta el nombre de las vacaciones escolares. Esconden los restos de cristiandad como quien borra la sangre de un crimen, febriles y apresurados. En Bélgica a las de Navidad les llaman de invierno, a las de Semana Santa de primavera, y el día de todos los Santos le llaman la festividad del otoño. Lo han hecho los socialistas francófonos, pero no por un ataque de paganismo laicista, sino para no molestar a la mayoría presentida, la musulmana.

En España vamos más lentos, porque la presencia islámica es más breve. Pero a cambio tenemos el anticlericalismo patológico de la izquierda, que mientras no puedan quemarlas se conforman con sustituir las iglesias por mezquitas. No es exageración, en Córdoba están en ello. Y los pachones de Podemos anuncian que someterán las celebraciones de Pascua al voto popular, así que a lo mejor hay que ir adecentando los garajes y las catacumbas para celebrar la vigilia de resurrección de los próximos años.

Hace algún tiempo me contaba una amiga -y yo lo conté aquí- una escena singular que había contemplado en su peluquería: entre las alabanzas de la profesional -que la peinaba casi con envidia- una joven se miraba guapísima al espejo, orgullosa de una cabellera de anuncio. Terminada la operación la chica se levanta y paga, y enseguida se cubre la cabeza con el hiyab, ocultando religiosamente el trabajo recién realizado. La peluquera se lamenta del gesto -en realidad está pretendiendo halagar aún más a la clienta-, y en voz alta afirma que es una pena que no luzca por la calle ese pelazo que acaba de esculpir. Entonces las demás señoras asienten y bisbisean, quizá porque así se resarcen un poco ante la belleza juvenil. Pero el murmullo de aprobación se convierte en un silencio de hielo ante la réplica de la chica musulmana: “Yo lo llevo porque quiero, pero tú lo llevarás por obligación”. Así, tal cual, oído en la peluquería- Y las señoras se quedaron mudas pensando en esa moda que viene, impuesta por la demografía en vez de por los estilistas, y miedosas, porque en esa forma tan distinta de vestir y tratar a la mujer se encarna una fricción muy visual de por qué Eurabia no es posible de forma pacífica. Que no se puede ser al mismo tiempo Constantinopla y Estambul.

El islam y la educación
José Antonio Marina El Confidencial 13 Enero 2015

Del islam, como de Santa Bárbara, nos acordamos cuando truena. Y ese es mal momento para comprender. La tragedia de París ha venido a completar una serie de noticias inquietantes. El islam se ha convertido en amenaza. Sin embargo, me parece necesario reflexionar sobre este asunto desde la educación, porque tal como la entiendo es la ciencia del futuro deseable. En este momento, se habla de una guerra del islam contra Occidente, cuando habría que hablar de un enfrentamiento interno dentro del mismo islam. Muchos imanes han rechazado los actos terroristas y la violencia en general. Y muchos musulmanes moderados ven un gran peligro en el “estado islámico”. Como ha denunciado Gilles Kepel, en su libro Fitna. Guerre au coeur de l’islam, hay una guerra interna –fitna– emprendida por los militantes yihadistas para dominar las mentes de sus correligionarios, a fin de instaurar el “estado islámico”.

Los representantes del islamismo más moderado, más espiritual, insisten en que su religión es pacífica y caritativa, por lo que consideran que el islamismo político la pervierte. Sin embargo, no parece que los espirituales estén defendiendo su postura con la suficiente claridad y energía, en parte porque dependen política y económicamente de regímenes que mantienen una postura ambigua con los integrismos. Recordemos que unas creencias pacifistas pueden ser compatibles con unas acciones violentas. La intolerancia ha acompañado frecuentemente a las religiones monoteístas. La mansedumbre cristiana coexistió con las cruzadas. Precisamente porque Europa cometió muchos errores, podemos colaborar para que no se repitan. Para conseguirlo, el mundo islámico en su conjunto –también los moderados y espirituales– necesita –como necesitó el mundo cristiano– tres acciones conectadas entre sí: una defensa decidida de la democracia, el cultivo de un pensamiento crítico y la sumisión a una ética laica universal. Necesita el revulsivo que supuso para Occidente la Ilustración, que no fue un movimiento antirreligioso, sino que sirvió para que la religión se liberara de algunos de sus excesos.

1. Defensa decidida de la democracia
Fátima Mernissi, profesora en la Universidad de Rabat, educada en un harén y en una escuela coránica, afirma que no es la religión, sino el despotismo de sus dirigentes, lo que produjo la “amputación de la modernidad” que ha empobrecido intelectualmente al islam. ¿Por qué el islam teme a la democracia?, se pregunta. “Porque afecta al corazón mismo de lo que constituye la tradición: la posibilidad de adornar la violencia con el manto de lo sagrado”. En el año 2000, el citado Kepel, en su gran libro Jihad. Expansion et déclin de l’islamisme, auguraba una democratización del islamismo, pero en estos años la esperanza no se ha realizado. En el libro de Michel Houellebecq Sumission, cuya aparición ha coincidido con los trágicos sucesos de estos días, se echa más leña al fuego, fabulando una islamización de la República francesa, una invasión suave. En muchos países se ha establecido una peligrosa alianza entre la religión islámica y regímenes no democráticos, que impiden el diálogo. Todo lo que sea favorecer la democracia ayudará a resolver los actuales enfrentamientos. Nunca ha habido guerra entre naciones democráticas.

2. La protección del pensamiento crítico
En sus comienzos, la religión musulmana era teológicamente liberal. Por eso no constituyó una Iglesia institucionalizada. Pero dos acontecimientos cambiaron su rumbo: el aplastamiento de los mu’tazilíes, y el final de la iytihad. Los mu’tazilíes defendían una interpretación racional del Corán. Pensaban, como pensó nuestro Averroes siglos más tarde, que “si hay una contradicción entre el resultado de una demostración racional y el sentido aparente del texto sagrado, este debe ser interpretado para que no haya contradicción”. Averroes fue condenado –no sólo por sus correligionarios, sino también por las autoridades católicas–, de la misma manera que en el año 846 lo habían sido los mu’tazilíes. El segundo acontecimiento sucedió a mediados del siglo XIII, cuando los ulemas decidieron que se cerraba “la puerta de la iytihad”, el esfuerzo por la reflexión. A partir de ese momento, los teólogos y filósofos musulmanes debían limitarse a repetir lo ya dicho. Algo muy parecido sucedió en el mundo cristiano, pero ni sus teólogos ni sus filósofos soportaron la prohibición. Eso es lo que reprocho a los musulmanes no islamistas: rechazan con toda razón la violencia, pero no rechazan con la misma contundencia otros aspectos relacionados con su marco conceptual. El ejercicio del pensamiento crítico es la gran defensa contra el fanatismo.

3. El respeto de los derechos humanos
El tercer elemento que facilitaría la convivencia es la sumisión de la moral religiosa a la ética de los derechos humanos. Esto también le costó reconocerlo al cristianismo, pero acabó comprendiendo que esa ética era su gran protección. El derecho a la libertad de conciencia, o a la libertad religiosa, no ha sido nunca un precepto religioso, sino laico. Los derechos humanos son la mejor protección de la religión que ha habido a lo largo de la historia. Los islamistas, por supuesto, no respetan los derechos humanos, pero los musulmanes moderados, espirituales, tienen una concepción de ellos que conviene aclarar. Las naciones islámicas han firmado muchos de los Pactos Internacionales sobre derechos del hombre, pero en 1990 la Conferencia Islámica adoptó la Declaración de El Cairo sobre los derechos del hombre en el islam. Se presentó como una declaración complementaria, pero pertenece a un mundo conceptual distinto a la declaración universal, porque afirma que esos derechos son reconocidos en el marco de la sharia, código jurídico de origen religioso, deben ejercerse según los métodos de la sharia, y su validez depende de Alá.

Debemos utilizar ejemplarmente esos tres antídotos contra la intolerancia religiosa y el fanatismo –la democracia, el pensamiento crítico y la ética de los derechos humanos–, sólo así demostrarán su fortaleza. Y necesitamos fomentarlos en las escuelas. Por supuesto, también en las escuelas con alumnos de otras religiones. Todos los niños y los adolescentes tienen que conocer la transcendencia de esos factores, conocer cuál es su alcance, su fundamentación, aprender de la historia lo que sucede cuando no se respetan, fomentar su ejercicio.

Siendo estos conocimientos tan necesarios, resulta incomprensible que la nueva ley de educación permita elegir entre educación religiosa y educación ética. Y también que las autoridades eclesiásticas no comprendan que la ética laica –que, por supuesto, ha aprovechado una parte importante de las grandes tradiciones religiosas– no es un enemigo a batir, sino una gran protección. Las persecuciones que sufren los cristianos en algunos países –encabezadas por fanáticos religiosos– no se arreglan con más religión, sino con más ética, es decir, con mayor respeto a la dignidad de todos los seres humanos.

Además, teólogos, filósofos, educadores de todas las culturas deberían volver a justificar la posibilidad, la conveniencia, la necesidad de alcanzar consensos estables sobre los derechos humanos, porque, tenemos la clara evidencia de que cuando se transgreden inevitablemente surge el HORROR. Basta con leer el periódico para comprobarlo.

Laqueur, Clausewitz, Maquiavelo...
En busca de la raíz del terrorismo, nos perdemos
Cristina Losada Libertad Digital 13 Enero 2015

No hay ningún Clausewitz ni ningún Maquiavelo que pueda servirnos de guía en el campo del terrorismo y del contraterrorismo, decía Walter Laqueur en la introducción que escribió tras el 11-S para la reedición de su obra Una historia del terrorismo. Sin embargo, después de atentados terribles y traumáticos suelen aparecer guías que se ofrecen a llevarnos a la raíz del problema y siempre acaban por conducirnos al mismo sitio: a una raíz nutrida por algún conflicto o alguna injusticia existentes en la sociedad. Abórdense los agravios que están en la raíz, dicen, porque sólo así podremos acabar con esas reacciones violentas.

Las masacres en Charlie Hebdo y en el supermercado judío de París han puesto en marcha de nuevo esa exploración en busca de la raíz, cuyo resultado ya conocen de antemano quienes la emprenden, y en realidad todo el mundo. Porque estos zahoríes han encontrado que en la sociedad francesa hay tensiones, exclusiones y fallos del modelo social y de integración. Bien, ¿y dónde no? Aunque es indudable que esos problemas existen, es muy dudosa, por no decir engañosa, la relación causa-efecto que se pretende establecer.

El surgimiento de fenómenos terroristas no es un medidor de los defectos de una sociedad, igual que la ausencia de terrorismo no sirve como indicador de sus virtudes. En los años setenta había terroristas en Alemania, los de la Rote Armee Fraktion, pero no había ninguno en la Unión Soviética, que en cambio prestaba apoyo a esa y otras bandas. No suele haber grupos terroristas en las dictaduras más férreas, y esto no significa de ningún modo que su modelo político, social y económico sea mejor que el de las democracias donde los hay o los hubo.

Lo dice así Laqueur en el libro citado:  Se cree que el terrorismo aparece allí donde las personas tienen legítimos y verdaderos motivos de queja. Si se eliminan los agravios y la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la falta de participación política, el terror cesará. Estos sentimientos son loables y todos los hombres y mujeres de buena voluntad los comparten. Como remedio contra el terrorismo resultan no obstante de un valor limitado: tal como muestra la experiencia, las sociedades con una participación política mínima y una injusticia máxima son las que se ven más libres del terrorismo en la actualidad. (…) Por muy democrática que sea una sociedad, por muy próximas que estén las instituciones sociales de la perfección, siempre existirán personas desafectas y alienadas que afirmen que el actual estado de cosas resulta intolerable, y siempre existirán personas agresivas más interesadas en la violencia que en la libertad y la justicia.

Cuando el terrorismo yihadista se incuba en el seno de una sociedad como la francesa, aunque podía ser cualquier otra similar, se cree topar la raíz en la exclusión social, en el racismo, en las crisis de identidad y en los fallos en la integración, y se proponen esfuerzos por resolver o mitigar esos problemas. Tales esfuerzos nunca sobran, pero no conviene engañarse respecto a su eficacia en la erradicación del terror. Sin olvidar que cuanto más se pone el acento en los males de la sociedad como raíz del terrorismo, más se justifica y legitima a los terroristas. Y no sólo eso. Porque la obsesión con la raíz social hace que se pierda de vista una primordial raíz nutricia del terrorismo: esa trama de incitación, apoyo y financiación que es posible y necesario desbaratar.

El primer 'Charlie Hebdo' después del atentado: 'Todo perdonado'
EFE París (Francia) El Mundo 13 Enero 2015

El semanario satírico 'Charlie Hebdo' ha elegido para la portada de su próximo número, que saldrá a la venta este miércoles, una caricatura de Mahoma en la que el profeta sostiene un cartel de 'Yo soy Charlie', popularizado como lema de solidaridad con los doce fallecidos en el ataque a la revista.

La imagen, filtrada hoy en las redes sociales y firmada por el dibujante Luz, muestra a Mahoma con el semblante triste y una lágrima en su ojo izquierdo, bajo la frase 'Tout est pardonné' (Todo perdonado).

Ese número, el primero desde el atentado del pasado miércoles, en el que murieron ocho de sus periodistas, entre ellos su director, Charb, y cuatro de los caricaturistas más conocidos de Francia, tendrá una tirada especial de tres millones de ejemplares.

'Charlie Hebdo' solía poner a la venta 60.000, cifra que ha sido multiplicada para responder al interés y la avalancha de peticiones recibidas tanto en Francia como en el extranjero.

El abogado del semanario, Richard Malka, ya había avanzado hoy que este próximo número iba a incluir caricaturas de Mahoma y burlas sobre políticos y religiosos, porque ese, según aseguró a la emisora 'France Info', "es el espíritu de 'Yo soy Charlie'".

"Nunca vamos a ceder. Si no, nada de esto tendría sentido", apuntó el abogado y colaborador de este semanario asaltado la semana pasada por dos yihadistas supuestamente en represalia por publicar ese tipo de caricaturas del profeta del islam.

Ese ataque y otros dos posteriores cometidos los días 8 y 9 por otro islamista radical, que mataron a otras cinco personas, dieron lugar ayer a las mayores manifestaciones de protesta que se recuerdan en Francia, con cerca de cuatro millones de asistentes en todo el país.

Hacer República
ANTONIO LUCAS El Mundo 13 Enero 2015

EL ARMA secreta del yihadismo no son las metralletas que les vendemos, sino Mahoma entendido como el caballo de Troya con el que enviar a millones de hombres y mujeres a la guerra. A la guerra santa. Las religiones son así de ecuánimes: apelan a la condición irracional de unos cuantos para fanatizar pueblos enteros. Y prometiendo vida eterna fumigan vida de la buena, esta misma con la que usted y yo hacemos surco al andar.

La matanza en la redacción de la revista Charlie Hebdo no es exactamente «un atentado contra la libertad de expresión», sino la expresión en crudo de un fanatismo arrojado contra una civilización. Es el sentido de la religión como proyectil. La violencia germina muy bien en la miseria y en su agravio. Ahí fermenta el veneno del fanatismo y su filosofía zarrapastrosa. La violencia religiosa está alentada por un puñado de países ricos que aprovechan la bipolaridad de millones de pobres sometidos a un régimen psíquico de maizena coránica y adobados con certezas como que toda ley verdadera viene dictada del cielo, lo que inflama una fe sangrienta e infantil incapacitada para entender la democracia como lo que es: no una creencia, sino una idea de justicia, de tolerancia contra el trapicheo espiritual y la nostalgia de rebaño.

El yihadismo del IS trae una mejora en el guión: ahora son más que cuando Bin Laden y funcionan repartidos. Llevan años adiestrando zumbados y criando cabras con una dieta de mechas de bomba. Están programados para una guerra mundial que ya no necesita apoyarse en el prestigio anti-imperialista. De Nigeria a Afganistán han trazado la senda peregrina de una argamasa colectiva donde la inmolación constituye una proeza y donde las mujeres y las niñas son parte de su última ganadería. Aquí ya no tenemos miedo a la bomba atómica, sino a los hombres de motor suicida. Oriente vive una impaciencia violenta por ser y no ser Occidente y ha iniciado el abordaje por el lado de dios. Es decir, por lo inexplicable y a lo grande.

París es una estación más después de Nueva York, Madrid y Londres. Cualquier plaza les vale. Han establecido un morse de pánico en su guerra invisible: no hay estrategia, no hay país, no hay doctrina, ni propósito inteligible, ni enemigo claro. La invisibilidad es el máximo de la violencia. Los compañeros de Charlie Hebdo tampoco los sintieron llegar. Su fuerza es esa. La nuestra, como la del millón largo de seres reunidos a una en París, hacer República juntos con el lápiz en alto, como aquí no supimos hacer. Y que Charlie nos haga reír pronto otra vez. Je suis.

Ser Charlie no es cualquier cosa
Javier Benegas www.vozpopuli.com 13 Enero 2015

"Je suis Charlie", clamaba millón y medio de personas este pasado domingo en la multitudinaria manifestación de París. No solo eran ciudadanos franceses los que tomaban las calles para revindicar el derecho a la libertad de expresión, y otros derechos tanto o más importantes desde hace demasiado tiempo olvidados, sino que era todo Occidente el que rugía indignado en la ciudad de las luces.

Ha sido necesario que tres personajes siniestros asesinaran vilmente a 17 personas a cuenta de unas ácidas viñetas para que, de pronto, quienes vivimos ajenos a la violencia que se desata más allá de nuestras fronteras, tomemos conciencia de que los derechos fundamentales, que nos costó siglos conseguir, están en peligro y pueden desaparecer súbitamente por culpa de nuestra apatía frente al fanatismo de una minoría.

Puede que lo sucedido en Francia la semana pasada sirva de revulsivo y los ciudadanos de las democracias occidentales abramos los ojos y comprendamos que la libertad, la seguridad y la prosperidad, esos beneficios que nos ha traído la civilización, y que para nosotros son ya irrenunciables, en el resto del mundo no existen ni siquiera como idea, al menos no como idea que pueda ser expresada en público.

Y puede también que el asesinato de Stéphane Charbonnier ("Charb"), Jean Cabut ("Cabu"), Georges Wolinski, Bernard Verlhac ("Tignous"), Philippe Honoré ("Honoré"), Elsa Cayat, Bernard Maris ("Tío Bernard"), Mustapha Ourrad, Fréderic Boisseau, Michel Renaud, Frank Brinsolaro, Ahmed Merabet, Clarissa Jean-Philippe, Yoram Cohen, Philippe Barham, Yoav Hatab y Fracois Michel Saada, sirva para dejar a un lado la equidistancia y, sobre todo, la tolerancia mal entendida, y asumamos que por encima de cualquier cultura, ideología o religión, deben prevalecer unos principios fundamentales que entre todos hemos de hacer tan universales como insuperables.

Deberíamos tomárnoslo en serio, aunque solo sea por egoísmo. Porque si al otro lado de nuestro muro imaginario se impone la ley del más fuerte, del más violento, del más fanático, tarde o temprano esa violencia llegará hasta nosotros y nos golpeará mortalmente. Así sucedió la semana pasada y así ha sucedido a lo largo de la historia. Los malvados siempre tienen una excusa para ello. En el caso de los yihadistas, primero fue la invasión de Irak; después, la guerra de Afganistán; ahora, unas ilustraciones irreverentes. Mañana bastará con ser lo que somos para que nos rebanen el gaznate. Y gracias a esa estúpida mala conciencia nuestra, los totalitarios, con o sin turbante, podrán decir que sus atrocidades son actos de justicia o el eco de nuestros pecados.

Es evidente que la catarsis que ha desencadenado en Europa la masacre de Charlie Hebdo es, al menos en parte, fruto del hartazgo hacia ese atavismo que legitima el asesinato en nombre de Dios. Y quizá algo esté cambiando. Tal vez la "generación del milenio" no quiera heredar de nosotros, sus padres, el paralizante sentimiento de culpa y esté empezando a preocuparse de verdad por lo que pasa ahí fuera, a preguntarse cómo es posible que, en pleno siglo XXI, aún haya personas que pueden matarte, no ya por no profesar el Islam sino por recitar incorrectamente un versículo del Corán.

Ojalá sea así. Y la lacra del yihadismo sirva al menos para que los ciudadanos occidentales despertemos y nos reafirmemos en unas convicciones que han acumulado demasiado polvo. Sin embargo, podría ser que no. Al fin y al cabo, en nuestro acomodado mundo, la consistencia del compromiso individual es inversamente proporcional a la aparatosidad de las manifestaciones multitudinarias. Porque cuanto más grande es la masa, más pequeñas se vuelven las personas que la forman.

Desahogadas las emociones, y una vez que los sufridos barrenderos de París han recogido los restos de octavillas y pancartas desperdigados en la plaza de la Nación, quizá lo que quede flotando en el aire sea el miedo a nuevos atentados, a que en nuestras ciudades proliferen los malvados con pasamontañas y Kalashnikov en ristre. Y los políticos aprovechen para acaparar aún más poder en su guerra contra el terror. Porque la guerra es la salud del Estado.

Sin embargo, por más que ese presidente beocio que fue George W. Bush así lo afirmara en su día, esta no es una guerra contra el terror sino la vieja lucha de siempre: la de la razón contra el fanatismo. Una lucha que solo puede ganarse persona a persona, convicción a convicción, idea a idea. Y es ahí donde cada ciudadano cuenta. Y, claro, es ahí donde la cosa flaquea.

Hoy, llevados en volandas por una ola de emoción y arropados por la reconfortante multitud y el tronar unívoco de los medios de comunicación, todos queremos ser Charlie. Sí. Pero la pregunta es: ¿sabemos lo que eso significa?

Yo no soy Charlie
Alberto Ramos. Minuto Digital  13 Enero 2015

La consigna de moda es “Yo soy Charlie”. El rebaño, siempre ansioso de proclamar su balante condición, ya ha adoptado ese lema. Con tal de alimentar su ego y acariciar su narcisismo, los que no acostumbran a pensar y se limitan a seguir la voz de su amo ya se han colgado esta “medalla”. A donde va Vicente, va la gente. Pues que vayan con viento fresco…

Les han dicho que la libertad de expresión ha sido atacada, y no caen en la cuenta que la libertad de expresión no existe más que para las opiniones mayoritarias y consensuadas, las que permite el Sistema, las oficiales, la únicas que merecen el privilegio de la circulación libre, cuando no subvencionada. Pero no es la libertad de expresión lo que ha sido blanco de este brutal atentado.

Los terroristas islamistas que han acabado con la vida de 12 personas en la sede de Charlie Hebdo no ha tenido nunca la intención de atacar esa sacrosanta libertad de expresión, tan declamada y tan mal practicada. Lo suyo ha sido simplemente la aplicación de la sharia que manda matar a los blasfemos contra Mahoma y el Corán. Y más allá de esta puntual venganza, han pretendido sembrar el terror en una población a la que tienen por meta conquistar y dominar. Ha sido un castigo contra unos blasfemos y un ataque a nuestra civilización. El argumento de la inquina contra la libertad de expresión atribuida a estos asesinos es simplemente risible.

Al centrar el objetivo en esa libertad de expresión y tratar de confundir sobre los verdaderos objetivos de este ataque el Sistema nos trata de escamotear el carácter musulmán del ataque. Admite que es un atentado islamista porque no puede negarlo ni tergiversar sobre ese punto. Pero resulta que no hay un Corán para los islamistas y otro para los musulmanes comunes y corientes. El Corán, el único y sagrado Corán, dice negro sobre blanco que los que ofenden al profeta Mahoma deben morir. Y punto. Los islamistas no tienen un libro de referencia distinto al conjunto de todos los musulmanes. El problema no es el islamismo, es el islam, el problema no son los islamistas, son los musulmanes.

La versión, repetida hasta la náusea, de que los terroristas islamistas no son verdaderos musulmanes al cometer esos crímenes se cae por su propio peso. Son musulmanes precisamente porque cometen esos crímenes, ya que éstos les son ordenados por el Corán y la sharia. Y las enseñanzas del Corán y las leyes de la sharia son de obligado cumplimiento. Nunca un musulmán es tan musulmán como cuando cumple esas enseñanzas y aplica esas leyes.

El Sistema trata también de desviar la atención sobre la cuestión central que es la inmigración masiva, la colonización rampante que padecemos los europeos desde hace décadas. Esta inmigración/invasión/colonización no nos ha aportado más que desgracias y conflictos, con el horizonte seguro de la guerra a la vuelta de la esquina. Los hechos están a la vista, nadie puede negarlos. Pero el sistema trata erre que erre de desfigurar la realidad. La estrategia consiste en condenar el efecto pero no la causa, señalar el terrorismo islamista, sin mencionar que éste no ha caído del cielo ni nacido por generación espontánea, sino que ha llegado con la inmigración, con la llegada masiva de millones de extranjeros que nunca hemos necesitado ni llamado los pueblos europeos.

Yo no soy Charlie porque este semanario era pro-inmigracionista, pro-multicultura, anti-francés y por tanto anti-europeo. Por eso yo no soy ni puedo sentirme Charlie, porque no comparto estas ideas que buscan borrar de la faz de la tierra todo lo nuestro. El monstruo al que esta revista contribuyó a engordar ya está entre nosotros. Los hombres de Charlie han ayudado a instalar en casa ese monstruo que finalmente los ha devorado.

La peor consecuencia de esto es que va a haber más leyes represivas, no para los invasores/colonizadores, sino para los europeos. Los traidores y los vendepatrias que detentan el poder darán otra vuelta de tuerca, y siempre en el mismo sentido, contra los europeos, contra el legítimo derecho de los europeos de ser dueños de su tierra y de su futuro.

Yo no soy Charlie. En todo caso, como dice Jean-Marie Le Pen, soy Charlie Martel. La paloma será Charlie, pero yo no, de ninguna manera.

entrevita con loretta napoleoni
"Europa está resbalando hacia la misma situación previa al nazismo"
Darío Menor. Roma. El Confidencial 13 Enero 2015

“La recesión económica es la madre de todas las crisis sociales de nuestro tiempo”. La economista italiana Loretta Napoleoni, célebre a ambos lados del Atlántico por sus valientes análisis sobre el terrorismo (Paidós publicará en abril su último libro, dedicado al Estado Islámico), advierte de que el miedo provocado por los atentados, la presión migratoria y la islamofobia están provocando que Europa se encuentre hoy en una situación similar a la de los años previos al ascenso del nazismo. “Vamos hacia una época oscura”.

La investigadora italiana Loretta Napoleoni (EFE)La investigadora italiana Loretta Napoleoni (EFE)
Pregunta. ¿Hay que cambiar en el modelo de integración social en los países occidentales para intentar que no se repitan atentados como los de esta semana en Francia?

Respuesta. Hay poco que podamos cambiar. No hay una fórmula para integrar a los musulmanes en Occidente. La mejor receta, en cualquier caso, es el éxito económico, algo que ahora no se da con esta crisis tan profunda en la que son las minorías las que más sufren. La crisis mundial se da en medio del mayor movimiento de migración de la historia por motivos económicos, lo que aumenta la competitividad por los puestos de trabajo. En esta situación quienes más sufren son los débiles, comenzando por las mujeres. No es casualidad que estos ataques se produzcan en medio de la crisis. Si Europa tuviera un crecimiento económico del 5 por ciento estas cosas no pasaban, pues estos jóvenes tendrían un empleo y estarían integrados. Ahora no ocurre eso: la recesión económica es la madre de todas las crisis sociales de nuestro tiempo. Es una realidad que casi nadie quiere tomar en consideración, porque sería admitir que la crisis económica provoca casi todos nuestros males como sociedad.

P. Dice el escritor egipcio Alaa Al-Aswany que la raíz del problema está en el wahabismo, la versión radical del islam que propaga Arabia Saudí. ¿Tiene Occidente capacidad para presionar a Riad y a las otras capitales del Golfo para lograr un cambio en este sentido?
R. Estas naciones no escucharían a Occidente aunque se les planteara esa necesidad. Hacen lo que quieren. No hay ninguna subordinación frente a Occidente. Se mueven por sus propios intereses. De hecho, son ellos los que usan nuestros ejércitos para combatir a quienes quieren, como ocurre ahora con el Estado Islámico (EI). No creo que la presión funcione con ellos.

P. ¿Cómo puede derivar la islamofobia creciente de Europa?
R. Es la misma situación que se dio con los judíos. Hay una crisis y se ataca a los más débiles. En esta ocasión existe además el casus belli de la situación de Oriente Medio. Desde 2003 han aumentado exponencialmente los refugiados del Magreb y de Oriente Medio que llegan a Europa, principalmente a los países septentrionales. A una Europa en crisis profunda que no necesita más mano de obra llega un contingente muy grande de personas, que se suman a los propios parados europeos y a los inmigrantes provenientes del Este de Europa. El EI añade más presión a esta situación, en la que resulta alucinante que algunos políticos ataquen al Papa por intentar dialogar con el islam. Europa está resbalando hacia la misma situación previa al nazismo, vuelve al discurso y al debate de los años 30.

P. ¿Confía en que movimientos políticos nuevos como Syriza en Grecia o Podemos en España inviertan esta tendencia?
R. Tengo mis dudas. Todos buscan el consenso de los poderosos. Hace poco estuvo una delegación de Syriza en Londres para tranquilizar a los grandes inversores. Si Podemos quiere cambiar las cosas lo primero que debería hacer es ponerle una tasa a los superricos, pero eso supone ir contra Google, que respondería probablemente cobrando por su servicio de buscador. Empresas como Google o Apple son más poderosas que los Estados y no pagan casi impuestos. Nos encontramos en una época en la que ya no existe un capitalismo sano que construye vías del tren. Estamos frente a una industria nueva con un enorme control sobre los ciudadanos.

P. ¿Cómo valora la situación actual por la que está pasando Europa?
R. No es un buen momento. Habrá seguramente una reacción antiislámica tras los atentados. Resultan preocupantes las manifestaciones que se han producido en Alemania contra los musulmanes. El resultado es negativo, aunque lo que hay que hacer es justo lo contrario: reaccionar para reforzar el multiculturalismo, no condenarlo. Vamos hacia una época oscura, en la que habrá más ataques en Europa y en el resto del mundo occidental, como puede ocurrir con Australia y Nueva Zelanda. La actitud de Occidente es equivocada: no tendría que haber intervenido contra el EI. Se trata de un problema de Oriente Medio, producido por el apoyo financiero de Arabia Saudí, Qatar y Kuwait. Deben ser ellos los que lo resuelvan. Occidente no puede pensar en seguir siendo el policía del mundo. Debemos discutir sobre el papel de Occidente y tener en cuenta que Naciones Unidas no dio permiso para intervenir contra el EI. Intervenimos, además, armando a otros grupos que pueden ser igualmente terroristas.

P. ¿Los más de 200.000 muertos sirios no le parecen un motivo?
R. ¿Y por qué no lo hicimos durante el genocidio de Ruanda, por ejemplo? Si decidimos actuar ejerciendo un papel humanitario debemos hacerlo en todo el mundo, lo que ocurre es que hay lugares que interesan más y otros menos. Ruanda importa poco. Sin embargo, a Arabia Saudí sí que le preocupa el Estado Islámico, ahora que lo ve como una amenaza. Pero no sabemos casi nada de lo que está pasando allí. En los años 70 teníamos un conocimiento mucho mejor de lo que ocurría en Vietnam durante la guerra que de lo que pasa ahora en Siria y en Irak. ¿Qué pruebas reales tenemos, por ejemplo, de que el EI esclaviza a las mujeres? Todo se basa en cosas que salen por internet y en lo que dicen los kurdos. Hacen falta periodistas sobre el terreno.

P. ¿Ve la mano del Estado Islámico detrás del atentado en la redacción de Charlie Hebdo?
R. No sabemos todavía si los dos hermanos sospechosos fueron de verdad los autores del ataque. Me parece extraño que se dejaran olvidado un carné de identidad. La posible conexión con el EI no implica que haya partido una orden de Raqqa (ciudad siria donde el EI tiene su capital). La relación es menos directa, no hay financiación ni unas líneas guías marcadas. Están los simpatizantes que permanecen en Occidente y organizan atentados. Aunque parece que los sospechosos estuvieron en Oriente Medio, la mayor parte de los combatientes occidentales siguen allí. No han vuelto porque la batalla continúa. No ocurre como cuando acabó la guerra contra los soviéticos en Afganistán y los yihadistas volvieron a sus países de origen.

La lengua viva
Precisiones sobre el racismo
Amando de Miguel Libertad Digital 13 Enero 2015

Cualquier discusión o polémica se entiende mejor si se aclaran los términos que se emplean. Por ejemplo, cuando se habla de "atentados terroristas", el hecho se presenta como si fuera un incidente individual un tanto azaroso. Pues no, la reciente masacre de París, como las de antes en otras ciudades, son realmente episodios de una guerra. Es la que libra la civilización islámica contra la occidental, cristiana y judía. Cierto, se trata de una extraña guerra no declarada en la que los ataques solo se producen de un lado. El otro malamente se defiende, aunque más bien como retórica, buenos propósitos. Recordemos la vergüenza de la "alianza de civilizaciones" del presidente Zapatero, un monumento al buenismo.

Un argumento retórico es que en nuestra cultura occidental domina un ambiente racista contra los piadosos musulmanes. No es así. El verdadero racismo es el islamista, al rechazar los valores genuinamente occidentales (democracia, libertad, etc.). No hay ningún país de predominio musulmán que haya admitido una democracia duradera. Otro truco lingüístico consiste en argüir que "no todos los islamistas son terroristas". Claro está, pero eso es no decir nada. Lo fundamental es que todos los terroristas actuales son islamistas. El presidente Hollande ha declarado solemnemente que los terroristas de París "nada tienen que ver con los musulmanes". Vaya que sí tienen que ver.

Los musulmanes encuentran todo tipo de facilidades para medrar en los países occidentales (incluido Israel). Sin ir más lejos, en Madrid tenemos la mezquita más grande y ostentosa de Europa. En cambio, en los países musulmanes no existe el equivalente de tolerancia para los cristianos y judíos. ¿Dónde está el racismo?

La cuestión no es de raza. El asunto medular es que la religión musulmana no ha sabido evolucionar hacia una sociedad moderna, plural y mínimamente tolerante. No solo eso; al habitar muchos islamistas en los países occidentales, refuerzan su condición étnica y se niegan a integrarse en la sociedad más amplia. Ese es el verdadero racismo, por mucho que la palabra raza sea tan poco precisa.

La clave está en la relación asimétrica entre los islamistas y nosotros (cristianos y judíos), con todas las variantes de unos y otros. Algunos islamistas pretenden que la catedral de Córdoba sea solo mezquita. Pero a ninguno de los nuestros se le ocurre reivindicar la catedral de Santa Sofía en Estambul.

Como puede verse, el conflicto es también terminológico. Lo que para nosotros se presenta como terrorismo, para los islamistas es "guerra santa". Algunas tradiciones islámicas para nosotros constituyen aberraciones. Por ejemplo, el trato social que se da a las mujeres en los países o grupos de predominio musulmán. También es cierto que en algunos países europeos medran ciertos partidos y grupos de carácter nacionalista y xenófobo. No son recomendables. Se apoyan en el temor que se asocia a las acciones de ciertos grupos de extranjeros dedicados a la delincuencia.

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A martillazos con la cuestión del islam, la inmigración y la casta del “viejo orden” en Europa
ernesto milá Minuto Digital 11

Los acontecimientos que se han sucedido de manera trepidante en Francia del 7 al 10 de enero de 2015 nos confirman en la necesidad de clarificar urgentemente posiciones y aislar el origen de los problemas. En definitivo, es preciso, aquí y ahora, hacer todo lo contrario a lo que está haciendo la casta política del “viejo orden” en todo el continente: enmascarar los hechos y diluir sus propias responsabilidades. Quizás los siguientes “martillazos” puedan ser útiles para alguien.

1. ¿Inmigración? Sólo hay un motivo por el que hay inmigración masiva en Europa: la economía.

Abandonemos toda tesis conspiranoica y despreciemos las consideraciones dogmáticas de aquellos que piensan que las oleadas masivas de inmigración están generadas por “sionistas”, “iluminatis” o de aquellos otros convencidos de que palabras como “mestizaje”, “multiculturalidad”, “universalismo” tienen algún sentido. El único motivo por el que la Europa ha admitido inmigración sin límites y sin barreras, procedente de no importa dónde y a despecho de cuáles fueran sus orientaciones antropológicas, religiosas y culturales, el único, ha sido lograr competitividad en un mundo globalizado. Admitiendo inmigración se modificaba artificialmente el mercado laboral y se obligaba a bajar los salarios, abaratando el precio de los productos y alcanzando –al menos por unos años- “competitividad”. No existe ningún otro elemento, absolutamente ninguno, que esté en el origen de las oleadas sucesivas de inmigración masiva al Viejo Continente.

2. Los responsables de las oleadas migratorias: empresarios, gobiernos…

El error de estas políticas de inmigración ha sido mayúsculo. Demuestra, en primer lugar, que las políticas de gobierno no son elegidas en elecciones libres por los ciudadanos, sino que están al albur de los grupos de presión económicos que las imponen a los vencedores de las contiendas electorales. El resultado es que se aplican fríamente políticas económicas que benefician a determinadas patronales y perjudican al conjunto de la nación que debe pagar la factura. Esto solamente demuestra que Europa está huérfana de “estadistas” y evidencia la miseria de las clases políticas europeas ninguna de las cuales pasa de ser gestores temporales y oportunistas de la cosa pública, huérfanos de proyectos políticos, sin horizontes históricos que vayan más allá de los cuatro años que median entre una y otra elección y atraídos únicamente, los “mejores” por la posibilidad de un rápido enriquecimiento mientras ejercen el poder, y los “peores”, evidenciando simplemente su carácter de psicópatas criminales.

3. Las distintas falacias ideológicas para justificar la inmigración masiva

Para justificar la llega masiva de inmigración entre las poblaciones de los países occidentales las se emplea (y recompensa generosamente) a todo tipo de “especialistas”: desde los “comunicadores” y “tertulianos” que afirman que “no pueden ponerse puertas al campo”, hasta los economistas que explican que “sólo con inmigración se podrán pagar las pensiones de los abuelos”, pasando por los gurús del dogmatismo universalista (“caminamos hacia una sociedad multiétnica y multicultural”), los angelicales miembros de determinadas ONGs (“ningún ser humano es ilegal”, “papeles para todos”) o los miembros de las izquierdas marxistas de otras eras geológicas (“la inmigración son los nuevos oprimidos”, “es el pago justo por la colonización”), todos los cuales han coincidido en un punto: “oponerse a la inmigración masiva es hacer gala de xenofobia y racismo”…

4. El clima que ha favorecido el problema: el liberalismo

Nada de todo esto hubiera ocurrido si la Política con mayúsculas (es decir el gobierno de los pueblos) se hubiera mantenido por encima de la economía. Pero, primero el liberalismo y hoy el neo-liberalismo, han alterado esta relación: la idea de que la política debe ser independiente de la economía ha sido impuesta por los “señores del dinero”, lo que equivale a decir que el político debe comer de su mano, hacer lo que le convenga a éste e intervenir lo menos posible en la economía recibiendo como premio y contrapartida la posibilidad de un rápido enriquecimiento. Entonces ¿para qué convocar elecciones? ¿para qué existen constituciones democráticas? ¿para qué hay siglas de partido si las políticas sociales y económicas se deciden en los pisos de dirección de las grandes corporaciones y entre los gestores de los fondos de inversión? ¿para qué alimentar a los zánganos del parlamento si su papel “legislativo” es tan risible como el papel “ejecutivo” de los gobiernos europeos, meros perros de presa sumisos al “dinero” y a sus exigencias? La responsabilidad reside en que, la doctrina liberal de que el Estado debe intervenir lo menos posible en economía, tiene como corolario el que los “señores del dinero”, al controlar la economía, controlan así mismo el Estado. Aparece así la contradicción entre el concepto de “democracia” como “mando del pueblo” y la realidad de unos sistemas políticos “democráticos” que terminan velando sobre todo por los intereses de tales “señores del dinero”.

5. Las consecuencias de la inmigración masiva

Era tan evidente que la llegada masiva de inmigración iba a alterar profundamente las estructuras del Viejo Continente que solamente la narcosis generada por medios de comunicación, los gurús del universalismo, las izquierdas huérfanas de doctrina tras la caída del marxismo, los pobres aprovechados de ONGs ultrasubvencionadas y las derechas liberales amamantados por los “señores del dinero”, podían ignorarla. Estaban llegando masivamente y sin control, ni selección de ningún tipo, gentes con otros horizontes culturales, otras religiones, con mentalidades y tasas demográficas muy diferentes a la nuestra. Es cierto que gracias a la inmigración, Europa ha podido mantener, mal que bien, una precaria competitividad en las dos últimas décadas… pero también es cierto que se ha alterado su paz social, que en todo el continente aparece claro que si bien la mayoría de inmigrantes han llegado para trabajar, al mismo tiempo, la mayoría de delincuentes son inmigrantes y que, finalmente, al estar relegados a las franjas salariales más bajas y a los trabajos más serviles, iban a terminar (ellos, pero especialmente sus hijos y nietos) albergando resentimientos atávicos y odios étnico-sociales, frecuentemente enmascarados bajo el manto de la religión. Era evidente para quien observaba la realidad europea sin apriorismos que se iba a producir una escalada: primero formación de guetos étnicos, luego constitución de bandas étnicas de delincuentes, armamento de estas bandas y control de determinadas actividades delictivas, odio étnico-social, sabotajes contra propiedades de los autóctonos, revueltas étnicas, pequeñas acciones armadas esporádicas y, finalmente, aparición de un terrorismo propiamente dicho. Tal es el proceso que se ha ido afirmando en los últimos 20 años con mayor intensidad en algunos países (Francia, Reino Unido), menor en otros (Bélgica, Alemania, Suecia) y a mayor velocidad en algunos (España). Los gobiernos europeos ni siquiera se han dignado prestar atención al problema y lo han despachado sistemáticamente aumentando visiblemente la partida destinada a “integración”. Pero se equivoca el que crea que las cosas han terminado aquí. Solamente la acción determinante contra las vanguardias del terrorismo y un realismo extremo en la apreciación sobre su origen permitirán cortar el camino a la guerra civil, religiosa y social que se anuncia en el horizonte.

6. La irrupción del terrorismo islámico en la historia

No vale la pena lanzar cábalas sobre quién y cómo generó o impulsó el terrorismo islámico, ni lo que hay detrás de Al Qaeda o lo que hubo tras Bin Laden, ni siquiera vale la pena hoy recordar los muchos puntos oscuros (verdaderos agujeros negros) de atentados como el 11-S o el 11-M y otros de la misma matriz. El terrorismo es, sin duda, un elemento de gran repercusión psicológica y no es extraño que sea utilizado en operaciones de “bandera falsa”. Pero hoy, este nuevo terrorismo es de otra matriz: así que hoy, lo que vale la pena considerar es la naturaleza del terrorismo islamista presente en Europa. Hay que recordar que el islam es una “religión aparte”: la única entre cuyos pilares dogmáticos fundamentales se encuentra la expansión mediante la “guerra santa”. Es cierto que existe un “islam moderado” y un “islam radical”, como también es cierto que toda forma de islam es exterior a Europa y contraria a los valores europeos. De la misma forma que es rigurosamente cierto que, por las características de las comunidades islámicas y por la experiencia histórica reciente, es incontestable que existe en el islam una increíble facilidad para que, bruscamente, sus sectores más “moderados”, se deslicen en pocos meses hacia el radicalismo más extremista. Desaparecido el terrorismo social (anarquista y de extrema-izquierda), desaparecido el terrorismo separatista (IRA, ETA), desaparecido el terrorismo de extrema-derecha… el único terrorismo que opera hoy en Europa es el de matriz islamista y éste tienen unas bases sociales fácilmente identificables en la inmigración procedente de países islámicos y entre los islamistas con pasaporte europeo cuyos antecedentes familiares proceden fundamentalmente del Magreb, de Paquistán o del África negra islamizada. Por tanto, es un terrorismo fácilmente identificable y simple de desarticular: pero, para ello, es preciso tener voluntad político de hacerlo y no cubrirse con el manto de fantasías ingenuas.

7. La reacción del “viejo orden” ante la irrupción del terrorismo islamista en Europa

En el que, sin duda, será uno de los últimos gestos históricos de la casta que gestiona el “viejo orden” europeo, figura adoptar la política de la avestruz o la negativa a reconocer que el problema actual generado por el terrorismo islamista es el producto de los errores pasados de esa misma casta degenerada e ineficiente. Para Holande, por ejemplo, ese terrorismo “no tiene matriz religiosa”. En toda Europa han aumentado los controles policiales… pero en ningún país, ningún miembro de la casta política se le ha ocurrido exigir y proponer medidas para restringir la inmigración masiva en Europa, ni suquiera la procedente de países islámicos, para controlar la predicación del islam en las mezquitas o para afrontar el problema globalmente, en lugar de abordarlo sólo desde una perspectiva policial que intente contener los efectos del terrorismo islámico. Cualquier especialista en terrorismo sabe, para combatirlo es preciso actuar en dos frentes: contra los grupos armados… y contra las causas que los generan. Y aquí la causa es una sola: la presencia de bolsas islamistas en Europa llegadas con la inmigración y cuya presencia solamente se justifica soto voce para seguir falseando el mercado de trabajo y seguir manteniendo los salarios bajos. No podemos esperar, pues, soluciones por parte de la casta política europea, ni siquiera un reconocimiento de la naturaleza del problema por parte de na parte importante de fuerzas sociales, medios de comunicación o intelectuales…

8. La casta europea y los defensores de la “equidistancia”

Entre las muchas barbaridades que se han oído estos días y que demuestran que en Europa todavía no se había alcanzado las más altas cotas de la estupidez humana, se ha repetido con cierta frecuencia por parte de la izquierda y de los habituales “tertulianos” a sueldo que el terrorismo islamista es una respuesta… al auge del Front National. Así pues, ¡el terrorismo islamista en Europa no sería más que una respuesta a la “xenofobia y al racismo” cada vez más presentes en el continente! Eso supone olvidar los hechos: el primero de todos es que el objetivo, Charlie Hebdo, era una revista que compartía precisamente este punto de vista y que hace veinte años ya pidió la prohibición del Front National (algo que encaja poco con la defensa de la libertad de expresión en la que se han escudado los “Yo soy Charli-Hebdo”), mientras se burlaba de cristianos y musulmanes en sus caricaturas… pero solamente los islamistas han respondido con el terrorismo. No así cristianos, ni el Front National. Así pues, no hay equidistancia posible: la única equidistancia posible y aceptable es la que ve a los terroristas islamistas a un lado y a la casta del “viejo orden” en otro. Estos han traído a los otros. Los terroristas serían inconcebibles en Europa sin la casta del “viejo orden” que ha traído a bolsas y más bolsas de inmigración islamista. Así pues, no nos engañemos: quien ve al “terrorismo islamista”, no como el producto del fanatismo religioso, el odio étnico y la frustración social, sino como una respuesta a presuntos comportamientos “xenófobos y racistas” o se equivoca en su torpe ingenuidad, o simplemente miente o pertenece al grupo de intereses de la casta europea del “viejo orden”.

9. El enemigo ofrece una oportunidad. El sueño de Luther King reconducido…

Parafraseando a Luther King y utilizando ciertas dosis de retórica mística podría decirse aquello de “he tenido un sueño… He soñado que se reembarcaba a los excedentes de inmigración islamista, matriz del terrorismo, hacia sus países de origen y que con ellos se reembarcaba también a la casta política y a los señores del dinero que los trajeron a Europa”… Vale la pena establecer esta cadena de axiomas:

a) La inmigración islámica es un problema en Europa.

b) No existe gran diferencia entre islam moderado e islam radical.

c) El islam, moderado o radical, es siempre ajeno a la cultura y a la tradición europea.

d) El islam ha llegado a Europa con la inmigración masiva.

e) No toda la inmigración residente en Europa es islamista, pero sí que la inmigración más conflictiva se gesta en el entorno islamista.

f) Los impulsores de tal inmigración han sido la casta del “viejo orden” y los “señores del dinero”

g) Si han actuado así es por necesidades de mantener competitividad en un mundo globalizado y por el servilismo de la clase política hacia la clase económica.

h) Por todo ello, el problema del terrorismo islámico en Europa no se resolverá hasta que no se resuelva la cuestión de la inmigración islámica en Europa y hasta que no se desplace a la actual casta política del “viejo orden”.

i) Si el enemigo inmediato a abatir son las hienas sedientas de sangre que quieren traer la yihad a Europa, el problema solamente se resolverá definitivamente afrontando con decisión la repatriación de los contingentes islamistas a sus países de origen y desplazando a la actual casta del “viejo orden”.

j) Así pues, la erradicación de la nueva amenaza terrorista que se cierne sobre Europa pasa solamente por el desplazamiento del grupo seudo-religioso del que nace y por la erradicación de la casta que lo trajo al Viejo Continente y del sistema mundial globalizado perjudicial para la mayoría de la población europea y beneficiosa sólo para una ínfima minoría.

10. En memoria de las primeras víctimas del terrorismo islámico en Europa

Todos estos puntos, repetimos, nos parecen “axiomáticos” en la medida en que “axioma” deriva del término griego αξιωμα, «lo que parece justo» o, que se le considera evidente, sin necesidad de demostración. Esa demostración existe y está al alcance de todos sólo mediante el ejercicio de la crítica. Para quien se niega a razonar, quien se ampara en la trinchera de los dogmatismos y los apriorismos utilizando los argumentos más retorcidos, para quien se siente parte del “viejo orden”, nada de todo esto es admisible y asumible y ningún argumento conseguirá hacerle entrar en razón. No hay fortaleza más impenetrable que un cerebro que se niega a argumentar por miedo a que todos los valores de los que se ha alimentado hasta ese momento se derrumben como un castillo de naipes arrasado por el viento nuevo. No hay nada más triste que morir como han muerto los redactores de Charlie-Hebdo: asesinados en un inmisericorde episodio de terrorismo e inconscientes hasta última hora del proceso mental y político que han seguido sus asesinos para disparar sobre sus cuerpos. Una de las víctimas, el director de la publicación, había parafraseado la famosa frase de “más vale morir libre que vivir de rodillas”; pues bien, nosotros, haciendo otro tanto, podríamos decir que “más vale conocer la realidad que morir engañado”. Cuando se produce un atentado terrorista, en primer lugar, hay que estar del lado de las víctimas, por supuesto, pero incluso entonces es admisible que a las condolencias y a los lamentos sigan los razonamientos y las resoluciones. Eso es lo que hemos intentado en estas líneas. En cuanto a las resoluciones tras lo que ha ocurrido, podemos establecer algunas a modo de conclusión:

Estos crímenes me animan a luchar contra el islamismo en Europa.

Estos crímenes me reafirman en que no habrá paz en Europa mientras haya islamismo en nuestro continente.

Estos crímenes me convencen de que la lucha contra el terrorismo islámico y la lucha contra la inmigración masiva son dos frentes de un mismo problema.

Estos crímenes me suscitan el más absoluto rechazo a la casta política europea del “viejo orden” que lo ha sacrificado todo a los intereses económicos empezando por la paz social y la identidad del continente.

Estos crímenes me inducen a desechar todo eclecticismo y cualquier ambigüedad, retóricas tranquilizadoras y estupefacientes ideológicos humanistas y universalistas, en definitiva, a hablar claro y simple.
Cuéntaselo a tus amigos:

Populismos reaccionarios
Francesc Moreno Cronica Global  13 Enero 2015

En un mundo globalizado, cambiante y competitivo, en una Europa en profunda crisis política y económica, en una España azotada por el paro y la corrupción no es extraño que los ciudadanos, desorientados, se dejen deslumbrar por ideologías caducas y reaccionarias: el populismo independentista y el comunismo apenas travestido. Ello es posible por el conservadurismo de PP y PSOE y por la escasa fuerza del reformismo.

El nacionalismo y el populismo pseudoizquierdista de Podemos coinciden en su carácter profundamente reaccionario. Frente a los problemas del presente abogan por soluciones del pasado.

El programa de Podemos propugna la nacionalización de sectores estratégicos, nada menos que sanidad, energia, alimentación, transporte, farmacéutico y educativo, además de la creación de una Banca pública. Estas políticas ya han demostrado en el pasado y en la actualidad que sólo sirven para multiplicar la casta política -Cuba, Venezuela, Ex Urss-, restringir las libertades, e igualar a la sociedad haciendo a todos los ciudadanos, menos a los políticos, más pobres y menos libres. Una anécdota significativo de lo reaccionario del programa –es decir de buscar soluciones en el pasado- es que se habla de “ letras “ (página 16) cuando se trata el tema de los créditos hipotecarios. Seguro que muchos de los lectores no saben ni lo que son. El programa incluye otras medidas que pretenden una vuelta al pasado como las restricciones al libre comercio o medidas imposibles de cumplir por su coste. El programa puede resumirse en un aumento del gasto público hasta el infinito, paralelo a una drástica disminución de ingresos por caída de la riqueza. En definitiva populismo estatalista que, caso de triunfar, implicaría o el incumplimiento absoluto del programa y su reconversión socialdemócrata o, más probablemente, una deriva autoritaria y represiva. No hay nada más reaccionario e imposible de cumplir que prometer volver al empleo vitalicio en un mundo tan cambiante como el actual en que las empresas están sujetas a una vida mucho más breve y agitada.

Algo parecido ocurre con el nacionalismo, ya sea el catalán de Mas-Junqueras o el francés de Le Pen. Volver a estados nacionales – viejos o nuevos- es acabar con la UE. Y a eso abocan tanto la destrucción de los actuales estados, como su reforzamiento frente a Europa. Aislarse frente a la globalización es no poder responder a los retos del futuro. Las consecuencias prácticas de la independencia de Cataluña serían las mismas que en el caso anterior: aumento exponencial del gasto público, disminución de ingresos y riesgos evidentes de deriva autoritaria y populista para mantener el poder.

En el mundo actual toda propuesta política que implique, implicita o explícitamente, debilitar la UE es per se reaccionaria. Europa lucha por evitar su decadencia económica y política. Hacer saltar por los aires la unión solo haría que acelerar el proceso y hacerlo irreversible.

Pero calificar de populistas, demagógicas y reaccionarias esta propuestas no impiden señalar que su aparición y crecimiento está ligada a la incapacidad de PP y PSOE, también de sus parientes europeos, de dar respuestas a los muchos problemas que tenemos. El conservadurismo y el tacticismo de ambas formaciones en muchas cuestiones -desde la ley electoral, a las medidas antidesahucios, desde las medidas anticorrupción a la lucha contra los privilegios fiscales de las multinacionales- han sido el detonante de la actual situación. Frente a la resignación y el mantenimiento del status-quo, con apenas reformas de calado, que se nos quiere imponer por los que nos gobiernan o nos han gobernado, es lógico que la propuesta del paraíso en la tierra cause furor en amplias capas de la ciudadanía.

En el caso español se da además la circunstancia que otras opciones que podrían haber capitalizado una oferta reformista y gradualista -UPYD o C´S- carecen, por diversas razones que escapan a este artículo, de la fuerza organizativa y de la capacidad de seducción de las propuestas reaccionarias.

Ante este panorama cabría esperar una reacción no meramente conservadora de populares y socialistas. Los populares no deberían fiarlo todo a la recuperación económica y a la debilidad del socialismo. Los socialistas no deberían caer en la tentación de competir con Podemos con un discurso parecido pero más light. Existe un amplio campo de propuestas reformistas dirigidas a afrontar de verdad los retos del futuro sin caer en propuestas reaccionarias. Desde una nueva ley electoral, hasta la defensa de los consumidores frente a las grandes corporaciones, desde priorizar el empleo, el propio de nuestros tiempos no el del siglo pasado, hasta garantizar una mayor equidad fiscal-. Desde hacer una España más inclusiva de sus diferencias hasta una Cataluña más abierta, que mire al mundo y no su propio ombligo. Desde luchar contra la corrupción hasta tener la máxima sensibilidad a favor de los descolgados del sistema.

Pero todo ello desde la convicción que nuestros problemas no son muy diferentes de los que tienen muchos países europeos y que estamos mejor situados que otros para superarlos. Como dicen Benito Arruñada y Victor Lapuente en un magnífico articulo publicado en El País: "En 2014, como en 1914, han proliferado los diagnósticos tremendistas, las ensoñaciones colectivas y la polarización. Esta tríada es atractiva mediáticamente, pero es nociva para la convivencia y el progreso. Debemos abandonar los discursos maniqueos y victimistas, pues fomentan la irresponsabilidad. Y vencer la tentación del verso candente y el idealismo, para prestar más atención a la prosaica tarea de comparar y construir realidades".

Y en esa tarea la responsabilidad de los intelectuales y los medios de comunicación, junto a la de los políticos, es de lo más relevante.

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¿Todos "somos" también los 858 asesinados por ETA?
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 13 Enero 2015

El domingo, antes del partido del Atletic de Bilbao, en el nuevo San Mamés se guardó un minuto de silencio por los asesinados en Francia por los terroristas islámicos. ¿Se había guardado alguno por los asesinados por ETA? . La respuesta es no. Y es amarga. Aún más porque si se guardó una vez un minuto de silencio en San Mamés: por la muerte del terrorista Argala.

El domingo en Paris una ingente multitud clamó contra el terrorismo. Un gentío de millones de personas y dirigentes del mundo entero, aunque algunas ausencias de mandatarios de países musulmanes no dejaron de ser notorias, elevó su voz por la vida, la libertad contra el fanatismo y la muerte. El sábado en Bilbao, decenas de miles, convocados por los neobatasunos, históricos justificadores del terrorismo etarra, y apoyados por Podemos – tras la comparecencia del nuevo ídolo de la “jet-socity”, Carlos Monedero, en la embajada francesa en Madrid - y por ERC, Joan Tardá participó en la marcha, exigieron amnistía total, o sea que se ponga en libertad, para los terroristas etarras encarcelados a quienes ellos llaman presos vascos, como si su prisión fuera por el hecho de serlo y no por haber asesinado, secuestrado, incendiado y extorsionado.

Todos somos “Charlie Hebdo” es el grito que ha resonado a escala planetaria y batido todos los record en las redes. Me alegro muy profundamente de esa respuesta, me reconforta con muchas cosas y espero que nos reconcilie con nuestros propios valores de democracia y libertad. Siempre la libertad en medio, porque es la medida de las cosas de los hombres y de sus derechos como tales. Habrá que ver en que desemboca todo ello y si esa voz se convierte en hechos y se está dispuesto a combatir porque esos principios no sean arrasados en nuestra propia Europa por quienes empiezan despreciándolos, después los violan impunemente y finalmente matan a quienes se les oponen. Está por ver y tras la emoción permítanme el escepticismo escaldado. Ójala no nos quememos.

Pero sí, aunque ni siquiera gustara de ese tipo de humor, comparto lo que el grito significa. Porque esa es la prueba esencial del nueve democrático. Poder no estar de acuerdo en absoluto con lo que el otro opine pero estar dispuesto a dar lo que sea necesario porque el otro pueda expresarlo. Asi que sí, ¡Todo somos Charli Hebdo!. Con algo de envidia, con la memoria, otra vez amarga, de nuestro 11-M y nuestros 192 muertos que también “ eran” Chraly Hebdo . ¿O no?

Pero no solo es eso, a ese sentimiento se añade una hirviente duda, la que planea sobre todo esto y que viene indicar que para no pocos hay algo así como terroristas malos y otros que, bueno, no lo son tanto, que casi , y hasta sin casi, son justificables y hasta con quienes se puede ir de marcha y de marchas. Eso es lo que hoy me quema la entraña del recuerdo, de la razón y la justicia. ¿ Nuestros propios asesinados por los terroristas en España son también “Charlie Hebdo? ¿Todos nosotros “somos” Miguel Angel Blanco? ¿Todos “somos” los concejales populares y socialistas masacrados? ¿Todos “somos” los de Hipercor y tantos cientos reventados por las bombas? ¿Todos “somos” los policías y guardias civiles rematados en el suelo como el gendarme parisino? ¿Todos “somos” los 858 asesinados por ETA? .

Lecciones etarras para musulmanes pacíficos
Javier Caraballo El Confidencial 13 Enero 2015

Los llamaban ‘los años de plomo’, pero ella no lo sabía aún. Tampoco su marido, un joven de Jaén del que se había enamorado unos años antes de que lo destinaran al País Vasco. Era guardia civil porque era pobre, porque en aquella España que acababa de salir del franquismo las tierras en las que trabajaron sus padres sólo le ofrecían miseria y hambre. Y él quería casarse, tener un sueldo digno, un trabajo respetado, humilde y respetado, y un futuro por delante para ofrecérselo a sus hijos. Era guardia civil porque era pobre y cuando llegó al País Vasco la primera lección que aprendieron es que tenían que vivir ocultos, disimulando, porque nadie los quería. Eran ‘los años de plomo’ y cuando asesinaron a su marido, ella cogió a su hijo a la mañana siguiente, de madrugada, para volver a Jaén y la única despedida que se encontró fue una pintada en la fachada: “Jódete”.

Eran ‘los años de plomo’, los años ochenta, cuando la banda terrorista ETA sembraba de sangre el calendario, con hasta cien muertos al año. Como Enrique Casas, el senador socialista al que asesinaron en la puerta de su casa de San Sebastián. Era el 23 de febrero de 1984, a las cuatro menos cuarto de la tarde. Su mujer, Bárbara Dührkop, había bajado momentos antes a la calle para llevar a sus hijos a la guardería. “Estaba lloviendo y yo les decía a los niños, ‘¿de verdad queréis ir a la guardería?’. Me fui y se quedó en casa la chica con el pequeñín y Enrique, que había venido a comer y luego tenía un mitin en Andoain. Salí a la calle y me pasó el Simca este que tenía un color raro, anaranjado. Luego las cosas tienen otro sentido, pero no me fijé más que era un color horrible de coche. Al verme salir ellos, bajaron la calle y volvieron”, recuerda la viuda.

Los terroristas se bajaron del coche y llamaron al portal. Enrique Casas se asomó por la mirilla y sólo vio a unos hombres con mono de obreros. Abrió la puerta y su asesino le disparó dos tiros, uno en la cabeza y otro en el cuello, que le impactó en la yugular. Ese fue sólo el primer asesinato de Enrique Casas; a partir de aquel día, su viuda tuvo que acostumbrarse a que cada mañana, cuando salía a la calle, lo volvieran a matar, porque después del asesinato físico, venía el asesinato civil.

“La gente se cambiaba de acera porque no quería cruzarse conmigo. Una vez iba caminando por la calle desierta y una mujer miró a izquierda y derecha y cuando comprobó que no venía nadie, se acercó, me dio un golpecito en el hombro y me dijo, ‘lo siento’. Volvió a mirar arriba y abajo, y al ver que no la había visto nadie, se fue corriendo al otro lado”. Tanta era la presión, la desconsideración social, la marginación, el aislamiento; tanto era el miedo que alguna viuda de ETA cuando le comunicaron el atentado, se tragó las lágrimas, procuró un funeral casi invisible y, desde el día siguiente, le dijo a sus vecinos que su marido había muerto en un accidente de tráfico.

Eran ‘los años de plomo’ de ETA (en la serie Ochéntame otra vez de RTVE han emitido un buen reportaje) y ha sido inevitable pensar en aquel tiempo gris en estos últimos días, a raíz de la ofensiva terrorista del fanatismo islamista en Francia. Aquí mismo se había defendido que la impotencia que se desata tras la barbarie de este nuevo terrorismo mundial, que amenaza a la humanidad, a la civilización, comienza por los millones y millones de musulmanes que repudian el terrorismo como cualquier de nosotros.

Porque es necesario que se haga visible esa protesta, no sólo con comunicados de repulsa de las juntas islámicas, no sólo con declaraciones de condena de algunos Gobiernos de países islámicos, sino con protestas visibles en la calle de esos millones de musulmanes que sólo quieren vivir en paz. Sobre todo, en Europa, entre las numerosas comunidades de musulmanes que viven en casi todos los países europeos. Como en Francia, como en España.

Fue entonces cuando un amigo de Málaga me envió un mensaje: “Tendrías que haber estado presente en la tertulia improvisada que tuvimos ayer, con un grupo de amigos musulmanes. Hablábamos de los atentados de París y los musulmanes asistían al debate en silencio. Uno de nosotros les dijo que tenían que hablar, decir algo, que no podían estar callados, que no valen medias tintas, ni dobleces. ¿Y sabes lo que pasa? Que ellos son los que están más atemorizados. Tienen miedo de hablar de cualquier tema relacionado con el yihadismo delante de cualquier otra persona de su comunidad, incluso de su propia familia, porque no se fían”.

Años de plomo; los ‘años de plomo’ del yihadismo terrorista. El asesinato sólo tiene sentido para esas bandas de asesinos si tras el disparo se impone el terror, la amplificación exponencial del pánico, la represión individual y colectiva en la que nadie se fía de nadie. Cómo estar tranquilos cuando, como acabamos de ver en Francia, de la misma forma que en otros atentados anteriores, los autores son ciudadanos europeos que, un día, comienzan a odiar todo aquello que les han dado, la sociedad que los ha acogido, que los ha formado, las costumbres que los han respetado.

Y sobre todo, cómo saber si quien está a tu lado en la mezquita, o en el trabajo, o en la reunión de toda la familia, no se ha iniciado ya en el yihadismo, como les ocurrió a los asesinos de Francia entre sus vecinos. “Parecía un joven normal, aunque todos lo parecen… Hay que extremar las precauciones. Es un barrio muy humilde y sabemos que pasan cosas”, como han dicho estos días algunos vecinos de los hermanos Kouachi.

Extremar las precauciones es extender la desconfianza. Y ese es el miedo, el pánico que llega como una niebla cuando se apagan los ecos públicos de un atentado. En España lo sabemos bien porque lo hemos vivido. Porque todavía se vive, aunque nada tenga que ver ya con la barbarie social de aquellos años 80 en el País Vasco. Y es la sociedad, sólo la sociedad, la que tiene en su mano impedir que el terror se imponga, que los terroristas consigan su objetivo.

Con la repulsa pública, social, constante. Con la denuncia. Con la palabra, con el grito.

Aquí en España, todo comenzó a cambiar quizá cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco y el país entero se llenó de manos blancas. “Basta ya”. Parecía, por un instante, como si las manos blancas de las manifestaciones, el ¡basta ya! de toda la sociedad, hubiera espantado a los asesinos, como si les hubiera desbaratado el plan más macabro al que se puede someter a una sociedad, a una persona, el terror de todo el mundo. Parecía que en los ojos tristes e inocentes de Miguel Ángel Blanco, en la dureza de aquella foto de carné, cabían todos los españoles.

Si existe una esperanza en estos días, aunque sólo sea eso, una esperanza, empieza en la sociedad. Nos lo enseñaron los ‘años de plomo’, tanto tiempo de ignominia que padecieron las víctimas de ETA. Manos blancas de musulmanes contra el terrorismo. Y detrás de ellos, todos los demás.

La “manifestación bobo”, última trinchera del “viejo orden”
ernesto milá Minuto Digital 13 Enero 2015

El lunes 12 de enero nos hemos levantado con una sola noticia unánime en todos los medios de comunicación: la manifestación de París, presidida por una primera fila de jefes de gobierno entre los que figuraban varios criminales de guerra. No se ha tratado, en realidad, de una manifestación de protesta por los asesinatos islamistas en Francia, sino de una manifestación contra el Front National. Los convocantes (el pelotón de los jefes de gobierno) no han pretendido hacer una manifestación contra el islamismo sino contra el ascenso de Marine Le Pen. No una protesta contra el terrorismo islamista y contra quienes lo han hecho posible, sino de un apoyo a la casta política del “viejo orden” (miradlos, están todos en primera fila de la manifestación, aunque falte Barak Hussein, el más representativo de todos ellos) y un acto de afirmación contra todos aquellos que quieren una renovación política y social en Europa. No es raro que algunos la hayan llamado la “manifestation bobo”, la manifestación de los ilusos. Porque todo lo que iba detrás del primer pelotón de jefes de Estado y de gobierno, no eran más que buenas gentes salidas para apoyar a quienes han traído la inmigración islamista en Europa. Eran, en definitiva, los que ponen las víctimas en los actos de terrorismo. Los ilusos. Los que no se creen que el islamismo ha traído la guerra civil a Europa y piensan que quienes han tolerado y alentado esta llegada, ahora les salvarán de la sharia y de las cimitarras islamistas.

En España hay una palabra muy dura y rotunda –como todo en la lengua española, una lengua que para cada actitud mental y situación tiene un término preciso– equivalente al “bobo” francés (pronunciado en aquella lengua con acento agudo: “bobó”). Ese término es “gilipollas”, literalmente, “el que se hace daño a sí mismo”. No podemos –por mucho que nos gustara– encontrar una palabra que defina mejor a los manifestantes del domingo parisino salidos a la calle con el peregrino eslogan de “juntos judíos, musulmanes y cristianos contra el terrorismo”. La escalada de cifras de asistentes (dos millones en París, cuatro millones en toda Francia, según la televisión pública española) no puede eludir el hecho de que apenas había musulmanes y que incluso no había delegación oficial marroquí, o que los manifestantes estaban huérfanos de consignas: gritar “Charlie, Charlie, Charlie” es lo único que les quedaba, mientras en toda Europa, los gobiernos aprovechaban para poner límites al derecho a la intimidad, inspirados en el Acta Patriótica de los EEUU. Hoy, los comentaristas de toda Europa hacían equidistancias ya imposibles entre el terrorismo islámico… y el Front National, demasiado tópicos e increíbles como para ser creíbles.

Recordar la historia: en España hubo una manifestación parecida después del extraño intento de golpe de Estado del 23-F, hasta el punto de que puede decirse que más importante que la entrada de unos guardias civiles en el Congreso de los Diputados, fue esta manifestación masiva en cuya primera fila se dio la mano toda la clase política de la época desde Santiago Carrillo hasta Manuel Fraga, destinada a apuntalar a un nuevo régimen que no terminaba de asentarse. Aquella primera fila de la manifestación fue la matriz de la actual “casta”. Todavía se ignoran puntos esenciales del 23-F, pero lo que sí se sabe es que aquella manifestación salvó a la democracia en España.

Esto mismo es lo que se ha intentado ayer con la manifestación masiva en París. Movilizar a las buenas gentes cuyo destino es aportar víctimas a los terroristas, para apuntalar un “viejo orden” que se está desplomando en todo el continente víctima de su incapacidad, de sus impotencias, de sus errores y de su sometimiento a los “señores del dinero”. Digámoslo claro: la manifestación del día 11 parisino no intentaba nada más que cerrar el paso a la verdadera manifestación de protesta contra el terrorismo islámico constituido por los sondeos de opinión que dan al Front National como el partido mayoritario en el vecino país.

Por lo demás, no hay que olvidar que no es que el Front National no haya acudido a la manifestación del 11 de enero ¡sino que se le ha excluido! Los Hollande y demás representantes del “viejo orden” han llamado a excluirlo de la “unidad republicana”. La casta del “viejo orden” se reconoce a sí misma: los corruptos que se han ido alternando en el poder en Francia durante cincuenta años saben quiénes son los “suyos” y quienes amenazan a su statu quo. Excluyen aquello que no reconocen como propio. Excluyen al Front National porque perciben los aires de renovación que trae consigo.

La estrategia de ocultar un crimen –el hecho objetivo es que unos comandos islamistas han cometido la semana pasada irracionales atentados en Francia– mediante el recurso a unas masas engañadas sobre los verdaderos motivos de la manifestación no siempre tiene éxito. Si en la España de 1981 se alcanzó el objetivo de agrupar a la población tras el embrión de la “castuza” fue porque la democracia todavía tenía poco recorrido y aún no había agotado sus posibilidades (faltaba saber cómo gobernaría el centro-izquierda y como lo haría el centro-derecha, desechadas las esperadas en la eficacia del centro-centro de la UCD). Pero en la Francia de la Vª República, desde hace cincuenta años se vienen sucediendo, una tras otra, derechas, centros e izquierdas en el poder y la percepción del ciudadano de a pie le indica a las claras que cada vez existe más inseguridad, más delincuencia, más ineficacia en los servicios, menor poder adquisitivo de los salarios, más escándalos de corrupción y la palabra “integración” es la crónica de un fracaso confirmado por veinte años de experiencia.

Algo está a punto de cambiar en Europa y particularmente en Francia donde es muy posible que la manifestación del pasado domingo sea la comitiva fúnebre de la Vª República francesa. Lo de ayer no fue nada más que la última movilización convocada en defensa del “viejo orden”. ¿Estamos ante la posibilidad de que la protesta real de la sociedad francesa, no solamente por el terrorismo islamista, sino por la incapacidad del islam para integrarse en la sociedad europea, se concrete en un movimiento de renovación de la sociedad, de la política y de los equilibrios de poder en toda Europa?

Desearíamos que así fuera y que la casta del “viejo orden” se precipitase lo antes posible en el basurero de la historia arrojado por la población europea en lucha en defensa de su identidad, de sus valores, de su herencia y, por tanto, movilizados contra la presencia del islamismo en el continente y contra quienes los trajeron y cuyo riesgo ocultaron.

Adenda I:
Inevitable recordar la presencia de Artur Mas en la manifestación. Dos apuntes: el primero, que su jefe, Jordi Pujol, fue quien trajo el islam a Cataluña para abaratar costes salariales y para evitar que llegaran andinos castellano-parlantes, demostrando que se puede ser más corrupto, pero no se puede ser más tonto. Nunca nadie, absolutamente nadie, ha contribuido tanto a desfigurar la identidad de Cataluña como el nacionalismo con esta miserable e irresponsable acción. Gracias a esa presencia, Cataluña es la región de todo el Estado en la que el islamismo está más arraigado.

El segundo apunte alude a que Artur Mas aspiró a ir en el pelotón de cabeza como “presidente de un gobierno”, siendo relegado a caminar entre una masa que ni sabía quién era, ni lo conocía e incluso se sorprendía que estuviera permanentemente rodeado de micrófonos de los medios de la Generalitat. ¿Se ha convencido Mas de que una Cataluña independiente entraría antes en la Liga Árabe que en la UE?

En política antiterrorista no hay casualidades

EDITORIAL Libertad Digital 13 Enero 2015

La detención de 16 activistas proetarras integradas en la organización Herrira fue la buena noticia del lunes; pero la satisfacción por estos arrestos se convirtió en perplejidad al conocerse los efectos que esta operación ordenada por la Audiencia Nacional ha tenido en la lucha antiterrorista.

Tres de las personas detenidas en la redada de la Guardia Civil por orden del juez Eloy Velasco son abogadas de los acusados en el macrojuicio contra la cúpula de Batasuna que tenía que haber dado inicio precisamente este lunes. La ausencia forzada de las letradas ha obligado a la suspensión de la vista, cuyo reinicio sólo podrá tener lugar después de agotarse la previsible sucesión de recursos de las partes en un plazo que, a día de hoy, resulta imposible de aventurar.

Tan asombrosa coincidencia podría ser considerada una circunstancia fortuita si se tratara de un hecho aislado, pero la estrategia seguida por el Gobierno y las instituciones judiciales en materia de terrorismo es tan evidente en los últimos tiempos que resulta imposible no ver lo que se esconde detrás de estas decisiones aparentemente inconexas.

Las abogadas cuya detención ha obligado a paralizar el juicio contra los 35 dirigentes de Batasuna están acusadas de ser parte del llamado frente de cárceles de la banda terrorista, de blanqueo de capitales y delitos contra la Hacienda Pública. La primera acusación cae por su peso, dada la manera en la que funciona el entramado terrorista. Las sospechas de que además estén cometiendo delitos de carácter económico son la novedad de este caso, por tratarse de una causa que comenzó a instruirse en 2012 y, casualidad de casualidades, culminó con la detención de los protagonistas precisamente el día en que su presencia era requerida en la misma Audiencia Nacional que ha dictado las órdenes de detención.

Desde que Rajoy llegó a La Moncloa no ha habido ninguna modificación de la política seguida por el último Ejecutivo socialista en lo que respecta a la banda etarra. Lejos de ello, si algo ha hecho el actual Gobierno es avanzar en esa línea de concesiones a los terroristas iniciada por Zapatero y Rubalcaba, con una desfachatez inaudita, como lo demuestran casos especialmente obscenos, como la excarcelación del sanguinario Bolinaga. Con estos precedentes resulta inevitable que operaciones como la de ayer se interpreten no como un episodio brillante en la lucha contra el terrorismo, sino como un paso más en el camino de rendición, que el Gobierno del PP está cubriendo en su tramo más vergonzoso.

Detenciones que escuecen a Sortu y causan un grave daño a ETA
EDITORIAL El Mundo 13 Enero 2015

LA DETENCIÓN de 12 abogados de ETA y de cuatro tesoreros de Herrira, acusados de los delitos de integración en banda armada, contra la Hacienda pública y de blanqueo de capitales, es una buena noticia, porque demuestra que las Fuerzas de Seguridad del Estado continúan cumpliendo con su misión de poner a disposición de la Justicia a personas del entorno etarra. Según la Guardia Civil, los detenidos llegaron a defraudar al fisco en dos años 1,3 millones de euros de los ingresos procedentes de la asistencia jurídica al colectivo de presos, y tampoco pagaron el IVA ni las cuotas a la Seguridad Social de los empleados.

Esta operación es importante por dos razones. En primer lugar, porque supone la desarticulación del entramado financiero que sustentaba económicamente al colectivo de abogados de los presos. En segundo lugar, porque los detenidos formaban una estructura organizada que transmitía a los reclusos las directrices marcadas por la banda y a su vez informaba a la cúpula de la situación personal de éstos. Cumplían así una misión fundamental para la prevención de disidencias internas, una cuestión clave para ETA. Que las detenciones de ayer suponen un daño grave para la estrategia etarra lo pone de manifiesto la reacción de los partidos abertzales. El presidente de Sortu, Hasier Arraiz, atribuyó la operación a la «política penitenciaria criminal» del Estado y pidió al pueblo vasco que «dé jaque mate a la Guardia Civil». Declaraciones, por cierto, que debería investigar la Fiscalía por si son constitutivas de delito.

El análisis de estas detenciones no puede separarse del malestar que existe entre las víctimas del terrorismo y en buena parte de la sociedad por la política de excarcelación de etarras llevada a cabo por el Ejecutivo -Bolinaga- y también por la Audiencia Nacional -Santi Potros y Alberto Plazaola- utilizando de forma discutible la legalidad. En este sentido, está previsto que la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo decida hoy sobre la puesta en libertad o la reducción de penas de unos 80 etarras sobre la base de la doctrina comunitaria de acumulación de condenas de un mismo delincuente en distintos países de la UE. A la sociedad le costaría mucho entender una decisión del Supremo que beneficiara a los terroristas de ETA.

ETA
Esperpento e hipocresia del apaciguamiento
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Enero 2015

Dicen que la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud, y eso es precisamente lo que nos brinda la llamada Operación Mate, en la que han sido detenidos los abogados de los miembros de las antiguas marcas electorales de ETA (Batasuna, PCTV, ANV) por haber ocultado al fisco unos ingresos superiores a 1.300.000 euros procedentes de la asistencia jurídica que brindaron durante 2012 y 2013 a miembros del colectivo de presos de ETA.

Ignoro de dónde sacó el colectivo de presos tanto dinero para pagar a sus abogados, aunque no me extrañaría nada que proviniese de las nuevas y toleradas marcas electorales (Bildu, Sortu o Amaiur) que cobran del erario público y con las que ETA se ha jactado, públicamente y con razón, de haber ganado "la batalla de la ilegalización". El hecho es que estas detenciones han tenido como consecuencia que el juicio –sumamente esperpéntico, por otra parte– que se iba a celebrar contra los impulsores del antiguo brazo político de ETA haya quedado aplazado, mientras los miembros del nuevo animan a poner en "jaque mate" a la Guardia Civil.

Ignoro si algún día se celebrará este juicio y si Hacienda y la Seguridad Social serán capaces de recuperar el dinero defraudado por estos abogados proetarras. Pero tengan ustedes la seguridad de que será mucho menos dinero que el que le cuesta al erario público el que nuestras apaciguadoras élites políticas y judiciales hayan dejado en papel mojado la Ley de Partidos. Eso, por no hablar del bochorno que nos ahorraríamos si no tuviéramos que ver cómo se castiga en Batasuna, PCTV o ANV lo que se tolera y se subvenciona en Bildu, Sortu y Amaiur.

Mientras tanto, que estas esperpénticas detenciones tampoco nos cieguen ante las incontables e injustas excarcelaciones de criminales etarras que se están produciendo bajo el Gobierno de Rajoy. No han terminado.

¿Qué podemos decir?
Javier Orrico Periodista Digital 13 Enero 2015

No es una pregunta retórica. Es literal. ¿De qué podemos hablar o escribir y, sobre todo, hacer chistes? Cualquier escritor debe tener hoy, y más en España, donde el nivel de cretinismo intelectual es muy superior al francés –no en vano España estuvo presidida durante ocho años por Zapatero, manifestante hoy contra sus propias alianzas del pasado, hipócrita santurrón siempre-, un repertorio de las palabras que puede y no puede usar, de aquellas a las que hay que ponerles barritas a/o, y de todos esos nuevos términos colectivos que eliminen cualquier uso del género masculino, ese oprobio. Si hoy no usas “la ciudadanía, el alumnado, el funcionariado, el profesorado, las personas africanas, los vascos y las vascas”, eres un deslenguado reaccionario.

No me he fijado en si hay que usar también los musulmanes y las musulmanas, aunque parece que las musulmanas tienen poca presencia bajo el niqab. En fin, los deslenguados están destinados al paredón.

La corrección política ha sido el Caballo de Troya que nos ha ido doblegando y habituando a la autocensura. Caído el Muro, la izquierda se echó en sus brazos encantada. La Revolución consistía en sustituir el hermoso sexo por el frígido género, y, de paso, destruir la lengua, el instrumento de la libertad. Todo se volvió tabú. Y el humor quedó prohibido. Y ahora, asesinado. Un crimen que “comprenden” Bildu, Willy Toledo y la extrema izquierda que viene para abrir las puertas. Y Tariq Ramadán, el intelectual islamista mimado en Europa, que culpa a Francia del terror que ha caído sobre ella. El odio a Occidente, el odio a la democracia, une a los ‘ismos’ totalitarios. Luego la derecha se asimiló en todo y se puso a poner barritas, no sabemos si porque son más tontos que Abundio, o porque tampoco sintieron nunca un gran fervor por la libertad, ese sentimiento republicano. De la República de verdad, la francesa.

Hoy ya no escribimos ni hablamos. Hasta Houellebecq ha tenido que salir huyendo de esta Europa incapaz y vencida por sí misma. Mañana, al levantarnos consultaremos el código de la ropa que podemos ponernos o la longitud de la barba que tendremos que lucir, como pasa ya en el Estado Islámico y en Irán, el Irán de Podemos, en el que hay un cuerpo policial específico para la ropa femenina. ¡Ah, las mujeres!, el otro bastión de la libertad. Todo lo que hemos amado, la lengua y las mujeres, guardado bajo el ropón de una túnica carcelaria y el pañuelo de la sumisión. Ese es el futuro.

Pero que conste que no he usado ningún término que pueda herir ninguna sensibilidad religiosa ni cultural. Como el New York Times, el diario ex-liberal que no ha querido republicar las viñetas para no herir al multiculturalismo. Y del que todos los cobardes vamos detrás.

Cataluña
La yihad constitucional y Mas, el MHP
Pablo Planas Libertad Digital 13 Enero 2015

Hay que tener el punto de mira bastante desviado y el cerebro muy pasado por el centrifugado para lograr equiparar los atentados terroristas de París con las denuncias admitidas a trámite por el TSJC contra Artur Mas por el 9-N; el fundamentalismo con el constitucionalismo y los fusiles de asalto kalashnikov con la policía y los juzgados. La periodista de cabecera del líder de CiU, Mònica Terribas, consiguió tal proeza en el programa matinal de Catalunya Ràdio, la radio pública regional, del pasado viernes, tal como demuestra este vídeo.

París era un campo de batalla y en la confortable Barcelona una aguerrida periodista leía una soflama a la mayor gloria del proceso separatista que, por si se quieren aliviar la visión del inenarrable documento videográfico, se resume en las siguiente palabras, interpretadas por la locutora con la pasión de Vivian Leigh en el papel de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó:

La matanza de Charlie Hebdo nos refuerza en una convicción: en un país libre no se limitan los derechos a la libertad de expresión y opinión de las personas, ni con kalashnikovs ni -salvando todas las distancias, todas- con políticos e instituciones que esquivan los problemas de fondo a través de la policía y de los juzgados.

También salvando todas las distancias, el presidente de la Generalidad incurría el domingo en mayores excesos al presentarse en la capital francesa con la excusa de que, "además de la libertad de expresión, hay que defender las libertades políticas", tras haber escrito un artículo para La Vanguardia en el que aseguraba:

Conviene mostrar respeto por las creencias de los otros y, personalmente, no me identifico con un tipo de humor deliberadamente ofensivo. Pero, como dice David Brooks, la provocación y la sátira tienen un papel en nuestra sociedad: exponen la debilidad y vanidad que supone actuar con orgullo, pinchan la autosuficiencia y muestran nuestras debilidades, lo que nos permite tomar conciencia y mejorar. El fundamentalismo, en cambio, consiste en interpretarlo todo a rajatabla, y eso es muy pobre. Incapacita para hacerse cargo de que hay distintos puntos de vista.

Para el nacionalismo catalán cualquier excusa es buena, hasta una matanza terrorista en Europa, para vender el histórico mojón de la independencia. A este paso, Mas acabará haciendo declaraciones sobre el pueblo catalán oprimido a las puertas de la Super Bowl rodeado de periodistas de TV3. Sólo el MHP (Molt Honorable President) puede caer más bajo.

Cataluña
Los nacionalistas son así
Cayetano González Libertad Digital 13 Enero 2015

No sé en qué acabará el vodevil en el que se encuentran metidos Artur Mas y Oriol Junqueras a cuenta del adelanto o no de las elecciones autonómicas en Cataluña, y si van o no en lista única o mediopensionista; no sé si este martes el todavía presidente de la Generalitat dirá algo definitivo al respecto o se limitará a mandarle otro sms al líder de Esquerra Republicana y a llamarle "regionalista", que para un nacionalista independentista es el mayor insulto que se puede recibir, mucho peor que el "españolazo" que tanto se utilizaba en el País Vasco por parte de los del PNV y de Batasuna en los años de plomo, y que seguro que algunos siguen utilizando.

Pero lo que sí sé es que el espectáculo dado por los dos dirigentes nacionalistas catalanes desde el merendéndum –la propiedad intelectual de este término es de Federico Jiménez Losantos– del 9-N es de los que marcan época. Sin ningún tipo de pudor, han puesto al descubierto todas sus vergüenzas, que se resumen en una: el ansia de poder. Artur Mas en conservarlo y Oriol Junqueras en llegar a él.

Como el actual presidente de la Generalitat y líder de CIU se sintió reforzado con el merendéndum, y así lo han reflejado las encuestas de intención de voto hechas después del 9-N, no está dispuesto a que Junqueras le coma tan pronto la tostada. Por eso se ha empecinado en lo de la lista única, por supuesto, encabezada por él. Qué amigos son algunos catalanes de la cosa única: editorial único en los periódicos, candidatura única, bandera única, himno único… ¿A qué les suena esa tendencia tan enfermiza y tan poco democrática a la unidad, a la uniformidad, al prietas las filas de los nacionalistas en general?

Mientras tanto, Junqueras, sintiéndose fuerte, y tiene motivos para ello, se ha negado en redondo a darle no un cheque en blanco sino toda la banca al señor Mas. Nada de lista única, dice el líder de ERC, sino que cada partido teste su fuerza electoral en las urnas. Parece sin duda más lógico.

Ahora bien, a nadie que conozca un poco el nacionalismo y a los nacionalistas les debería sorprender en exceso el espectáculo al que hemos asistido en estas últimas semanas. El nacionalismo es así: so capa de aparentar poner a su país por encima de cualquier cosa; so capa de pregonar a los cuatro vientos que España no les deja decidir su futuro, que se sienten subyugados por el Estado –lo de la "bota de Madrid" que acuñó en su día Arzalluz ya no se estila–; so capa de presentarse como los más puros en la defensa de los intereses de los ciudadanos, al final no pueden evitar que les salga el pelo de la dehesa: el egoísmo, los intereses partidistas, los cálculos a corto plazo, el ansia de poder.

Me imagino que, si al final hay elecciones anticipadas, sean con lista única o no, los partidos independentistas catalanes no van a pagar en exceso en las urnas su desencuentro de estas semanas. Pero al menos se les ha visto claramente la patita. Y esto, unido a que al final no era España quien les robaba sino el padre espiritual del nacionalismo catalán, Jordi Pujol i Soley, con casi toda su familia, algo de daño sí les hará. O al menos servirá para poner de relieve que no se puede ir tan puro por la vida. Parece claro que algunos nacionalistas, si tienen que elegir entre el patriotismo, el poder o el patrimonio, se inclinan sin ningún género de dudas por la segunda o la tercera opción, dejando la primera para los pardillos, que también los hay en las filas independentistas.

El cordón lingüístico
Francisco M. Toro Cronica Global 13 Enero 2015

Permítanme que les escriba acerca de un tema peliagudo y delicado, al menos para mí, porque afecta a personas con las que me he criado y a las que aprecio profundamente, personas que me producen, sin ellos pretenderlo, cierto desasosiego. No puedo achacarles el sentimiento que despiertan en mí porque, en todo caso, será algo que deba resolver yo mismo con el psicólogo. Créanme si les digo que lejos de mi intención está el que se crean juzgadas por un servidor. Acepten, sencillamente, que empiece con mi propia terapia.

Mucha gente, ante la perspectiva de convertirse en padres, realizan propósitos de enmienda. Algunas personas dejan de fumar. Otras se convencen firmemente de que deberían dedicar menos horas al trabajo para estar más en casa con su familia. Paralelamente a estas decisiones, hay parejas conformadas por individuos castellanohablantes que, simplemente, deciden hablar a sus hijos, de manera única y exclusiva, en catalán. Y digo deciden, porque cuando una persona ha estado más de veinte años de su vida sin decir ni una palabra en catalán, el hecho de optar por esta lengua para la comunicación exclusiva con un hijo sólo puede responder a una decisión meditada y tomada a priori. Ni natural, ni innata, ni espontánea. Ni revelaciones divinas, ni santos caídos del caballo.

Desde hace unos años me he dado de bruces con esta realidad que me produce, por qué no admitirlo, cierta perplejidad. No utilizaré el término epidemia por las connotaciones obvias de la palabra, pero a la vista está, por el número de casos con los que casualmente me he ido encontrando, de que no se trata de una anécdota, sino que ha extendido a lo que podríamos llamar fenómeno. Pero antes de que subrayen mi nombre con un grueso rotulador fluorescente en la lista de “malos catalanes” permitan que les trace el perfil, generalizaciones mediante, de las personas a las que me estoy refiriendo.

Se trata de parejas cuyos miembros responden al mismo patrón. Ambos han nacido durante los años 70 o a principios de los 80. Ambos son castellanohablantes porque ambos son de familia castellanohablante. Ambos fueron escolarizados en la EGB, buena parte del tiempo bajo el amparo del sistema democrático. Ambos han crecido y se han criado en ciudades, barrios y ambientes de mayoría social castellanohablante, los extrarradios de Javier Pérez Andújar, en los que la presencia del catalán quedaba relegada a una posición residual, en concreto a un reducido número de vecinos y a la televisión. Ambos tienen estudios superiores. De hecho, pertenecen probablemente a la primera generación en sus familias en tenerlos. Son, en muchos casos, los primeros catalanes de la familia, los hijos del éxodo rural, de la inmigración de los años 60, de los que llegaron en trenes como El Sevillano, de Andalucía, de las Castillas, de Galicia, de Extremadura, de lo que algunos denominan en la actualidad la “España subsidiada”. Estas personas llegadas del resto de España no tuvieron la necesidad de hablar en catalán por la realidad y la composición social de los barrios y las ciudades que les acogieron y, por qué no decirlo, porque no existía la asfixia psicológica y mediática nacionalista actual. Aún así, esto no quiere decir que renegasen de lo catalán ni de la nueva tierra de acogida. ¿Cuántas de estas familias, en homenaje y agradecimiento a la tierra que les había recibido, no dudaron en llamar Jordi a sus hijos o Montse a sus hijas? Otro factor que aglutina a los protagonistas del fenómeno es que, a grandes rasgos, suelen emplear un catalán, académica y normativamente hablando, penoso. Lógicamente, esto responde a que debe de resultar muy difícil hablar una lengua de buenas a primeras e intentar hacer ver que es tu propia lengua materna cuando no lo es.

Pero, ¿por qué?
¿Acaso lo hacen por un complejo de inferioridad no resuelto? Quizás acepten su propia incompetencia en cuanto a la expresión oral en catalán. Quizás pretendan evitar a sus hijos ese mal trago, y por ese motivo opten por introducir el catalán en el hogar, como si de una política de inmersión lingüística casera se tratase. Quizás los nuevos padres aprovechen la ocasión para recibir clases particulares de catalán por parte de sus hijos.

Por otra parte, quizás también hayan asumido como propia la idea de que el catalán es una lengua maltratada, sumida a lo largo de la Historia a las más ignominiosas de las humillaciones. Quizás al sentimiento de inferioridad haya de añadírsele una absurda culpabilidad, como si el mal que ellos y sus ancestros le hicieron al catalán debiera ser compensado. Quizás por ello se crean en el deber de ponerse al servicio del espíritu de la lengua catalana, ofreciéndoles en ritual y como ofrenda un catalanohablante casto, puro e inmaculado: su propio hijo.

Seguramente reconozcan que su catalán oral ha sido (o es), durante buena parte de su vida, deficiente, pero ¿les lleva eso a pensar que si aplican la inmersión lingüística en el hogar van a experimentar un ascenso social repentino, que van a conquistar a través de su hijo un hipotético estatus de catalán de primera categoría, de pata negra como la Moreneta? ¿Asumen, por tanto, la idea de que lo catalán ha de ser en catalán, de que se es más catalán en catalán, de que es menos catalán en castellano? ¿Asumen, por tanto, que ellos mismos, que han sido catalanes en castellano, son menos catalanes, catalanes de segunda?

No es que no lo respete, sino que, simplemente, no lo entiendo. ¿Cuándo y cómo tomaron la decisión? ¿Fue durante la primera cita, con el primer beso, o quizás en el sofá bajo una manta durante una noche fría de sábado? ¿Lo vieron claro con la primera ecografía? ¿Ante el primer pañal? ¿Lo plantea uno? ¿Lo plantea el otro? ¿Se echa a suertes? ¿Es fruto de una apuesta? ¿De una promesa? ¿En qué momento se decide sacrificar el “¡cómo te quiero!” por el “com t’estimo!”? ¿Suena igual? ¿Se siente igual?

¿De qué manera, en qué lugar, cuándo y por qué se decide renegar de la propia lengua materna y cortar el cordón lingüístico-umbilical?

 


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