AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 14  Enero 2015

Islamistas frente a acomplejados
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 14 Enero 2015

El terrible atentado de Paris contra Charlie Hebdo ha sido una llamada de atención sobre la amenaza islamista, un aldabonazo para una opinión pública sumida en profundo letargo. Y un revulsivo para las conciencias de una sociedad europea excesivamente autocomplaciente, inmadura, cobarde, acostumbrada a infravalorar los peligros, a considerarlos lejanos o ajenos. A buscar la protección de otros. Asistimos a una meritoria reacción que puede quedar en efímera explosión de fuegos artificiales si no se aprovecha para exponer los problemas, coger el toro por los cuernos, llamar a las cosas por su nombre. Si la presente protesta e indignación no es capaz de sacar las conclusiones oportunas, se reducirá a un breve desahogo de carnaval antes de regresar a la estricta cuaresma del tabú, de ese dogma políticamente correcto que ha dominado el panorama europeo, especialmente español, durante décadas.

Los peligros no se conjuran escondiendo la cabeza, ni lanzando discursos huecos: una sarta de estúpidas consignas, repetidas hasta la nausea. Pero tampoco recurriendo a la estridencia, el extremismo, el pogromo, el gatillo flojo contra colectivos enteros. Esos rituales ancestrales dirigidos a conjurar brujas y demonios. Hay que abrir ventanas, romper autocensuras y tabúes. Dominar el miedo, analizar con rigor y sin complejos el fenómeno del islamismo. Agarrar de una vez esa pelota que rebota constantemente entre el buenismo zoquete y la xenofobia irracional sin que nadie se mueva para no ser señalado con el dedo.

El islamismo se ha asentado en Europa no tanto por el aumento de la población musulmana como por la pérdida de esos principios y valores que marcaron la aparición de la democracia, de la sociedad abierta: igualdad ante la ley, derechos individuales, concepto de ciudadanía, responsabilidad individual, mérito y esfuerzo. El islamismo ha encontrado un estupendo caldo de cultivo en una Europa, y particularmente una España, donde cunde el paternalismo y predomina la dinámica de grupos, el clientelismo, el intercambio de favores. En una sociedad que se ha vuelto extremadamente insegura, miedosa, hasta asustarse de su sombra.

Un erróneo concepto de multiculturalismo
¿Constituye un peligro el crecimiento de la población musulmana en Occidente? En principio no debería pues las sociedades abiertas admiten pluralidad de ideas, culturas, religiones o concepciones del mundo. Los países democráticos pueden ser multiculturales siempre que todas las visiones respeten la igualdad ante la ley, la libertad del ciudadano y los derechos individuales. Pero la compatibilidad desaparece cuando algunos intentan convertir la religión en un movimiento político totalitario y violento, que no acepta la libertad individual ni la supremacía de la ley civil.

Y el problema se agrava cuando las autoridades aceptan que la diferencia cultural, la funesta excepcionalidad, puede justificar la suspensión de las leyes para comunidades enteras, la tolerancia ante el pisoteo de derechos ciudadanos o la flagrante discriminación de la mujer mientras ciertos vociferantes, con la vista más dirigida a las subvenciones que a los principios, miran hacia otro lado. E, incluso, proclaman que la opresión femenina se encuentra más bien en el lenguaje. Y su remedio en un absurdo y majadero retorcimiento gramatical.

¿Qué visión tienen los musulmanes emigrados a Occidente? En una encuesta de Pew Research de 2006, a la pregunta ¿están justificados los actos de terrorismo para defender al Islam? respondían afirmativamente un 16% en Francia, un 15% en Gran Bretaña, un 7% en Alemania un 8% en EEUU. Y un 16% en España. Ahí se encuentra el peligro. La mayoría de los musulmanes que viven entre nosotros rechaza el islamismo radical pero existe un porcentaje demasiado significativo que simpatiza con él. Y, aunque casi ninguno de los que admite apoyar este terrorismo cometería personalmente actos violentos, el yihadismo puede encontrar ahí una base social de apoyo y potencial reclutamiento. Los inmigrantes se integran mejor en sociedades donde la clave para prosperar es el mérito y el esfuerzo que en lugares, como España, donde resulta mucho más rentable el grito, la queja, la protesta: la formación de un grupo de presión.

¿Qué hacer?
El terrorismo puede vencer a una sociedad cortoplacista, carente de valores e ideales, que sobrevalora los riesgos. Principios, valentía, firmeza en las convicciones son los antídotos. La mayoría de musulmanes debe sentirse apoyada para tomar una postura mucho más activa, rechazando esa fanática visión del Islam: oponiéndose con visibilidad al terrorismo. Enfrentarse a los violentos requiere cierto coraje y, aunque los españoles de origen no somos los más indicados para dar lecciones de valentía, hay momentos cruciales en que nadie puede hacer dejación de su responsabilidad. Una condición para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada.

Cuando una sociedad depende del favor de los poderosos, pierde la autoestima, la confianza en sí misma. Se vuelve cobarde, asustadiza. Vive en el temor permanente a perder el supuesto privilegio. Y tiende a desviar la culpa hacia quienes considera inofensivos. La actuación por principios, por convicciones, confiere valentía al ciudadano, le ayuda a mantener la cabeza fría en momentos difíciles, a no actuar por impulsos. A no cambiar de criterio ante un acto terrorista. Y a señalar sin miedo a los verdaderos culpables, a esos ricos y poderosos que han promovido y financiado esa visión salafista e intolerante del Islam. A esos multimillonarios monarcas del Golfo con quienes Juan Carlos solía retratarse un día sí y otro también, antes o después de poner el cazo.

El mundo nunca ha sido de los cobardes: quien acepta el deshonor para evitar la lucha acaba sufriendo ambos. Para doblegarnos, el terrorismo islamista pretende infundir el miedo a morir. Sabemos, sin embargo, que moriremos de cualquier modo. Y que solo vale la pena una vida con libertad, con dignidad; no una triste existencia de súbditos o esclavos.

Pegida
Europeos patriotas contra la islamización de Occidente
Luis I. Gómez Libertad Digital 14 Enero 2015

Desde hace algunas semanas, los titulares de la prensa alemana se llenan todos los martes con las cifras de asistentes a las marchas organizadas por Pegida en Dresde y otras ciudades alemanas. Miles de personas –el pasado lunes, más de 30.000 en la referida Dresde– se manifiestan en las calles contra la "islamización de Occidente". Los políticos parecen desorientados ante este nuevo fenómeno social. Se hacen llamar, sí, Pegida, Patriotische Europäer Gegen die Islamisierung des Abendlandes, en nuestro idioma "Europeos patriotas contra la islamización de Occidente". En la página de Facebook del movimiento popular existe un documento con 19 puntos, la mayoría relativos a las políticas de asilo, los refugiados y la inmigración.

No es posible calificar las propuestas de Pegida como de extrema derecha a primera vista. Muchos puntos encuentran incluso un amplio apoyo entre la ciudadanía. Casi un tercio de los alemanes (29 por ciento) cree que el islam ha tenido tal impacto en la vida en este país que las marchas de protesta de Pegida están justificadas. Esto se desprende de una encuesta de Forsa encargada por la revista Stern.

Aunque las demandas programáticas a primera vista no parecen directamente reprochables, los líderes de Pegida no han sabido (o no han podido, o no han querido) marcar una clara línea fronteriza con los partidos y grupos neonazis alemanes. En todas las marchas de Pegida es fácil encontrar funcionarios y cargos del NPD (partido neonazi ), que también desempeñan un papel activo en las manifestaciones. Y entre los comentarios que podemos leer en Facebook encontramos una amplia gama de consignas xenófobas, sin que los responsables de Pegida se hayan distanciado de ellas.

La misma encuesta de Forsa que citábamos antes nos muestra cómo dos tercios de los alemanes (67%) piensan que el riesgo de islamización de Alemania es exagerado o inexistente. Para la encuesta, el Instituto Forsa entrevistó el pasado 18 de diciembre a un total de 1.006 ciudadanos alemanes. En la calle se discute y los alemanes se manifiestan. El pasado lunes 12 más de 30.000 personas salieron a la calle bajo la pancarta de Pegida, mientras que más de 75.000 lo hicieron en contra: 30.000 en Leipzig, 20.000 en Múnich, 9.000 en Saarbrücken... La sociedad germana, polarizada como hacía mucho tiempo que no lo estaba.

Y es justamente ahí donde los intereses de los terroristas e islamistas radicales coinciden con quienes pretenden enfrentarse a ellos: las poblaciones occidentales indígenas se polarizan en respuesta a todo tipo de ataque terrorista (véase París) y las marchas contra los musulmanes pacíficos (sí, existen, y es natural que sean la mayoría). La esperanza de los terroristas es, además, que esos musulmanes hasta entonces pacíficos se organicen también a su vez como grupo. Se trata de dividir la sociedad; el objetivo de los terroristas son suburbios en llamas; el de los antiislamistas, más policía, más vigilancia, menos libertad. El objetivo es que la gente se desindividualice y pase a verse sólo como parte de un colectivo, los musulmanes de un lado y los no musulmanes del otro, para luego entrar en combate, un combate que sólo puede acabar de una forma: muerte y limitación de la libertad de cada uno de nosotros.

Y aquí encontramos un verdadero punto débil de las sociedades occidentales, una línea de fractura. Ésta no se encuentra entre creyentes y no creyentes o entre grupos de otro tipo, sino a lo largo de los límites entre lo individual y lo colectivo. Pegida representa en este sentido una amenaza: persigue la desindividualización de cada uno de los manifestantes en favor del colectivo, ya sea definido como "somos cristianos", como "somos occidentales" o cualquier otra cosa, y que se articula principalmente en un "estamos contra algo". Se argumenta contra la islamización, pero no por la libertad de cada uno, lo que permite escuchar en Dresde gritos –lamentables– de "Putin, ayúdanos" durante las marchas de Pegida.

Al final de todo camino colectivista nos encontramos con la falta de libertad. Eso fue así con el fascismo, lo es con el socialismo/comunismo y es así en las sociedades islamistas. Sin embargo, la pieza clave de las sociedades liberales occidentales es el individuo; sus derechos contra el colectivo son los que definen la libertad y el Estado de Derecho. El islam es en este caso una mera herramienta (parece que especialmente adecuada) de la que se sirven algunos para esclavizar a otros. Movimientos como Pegida son una herramienta similar, en tanto que no se trata de un movimiento para la libertad de cada uno (los musulmanes que viven en Alemania también) sino contra una posible islamización de un colectivo (Occidente).

La mejor forma de integración es la libertad individual. Y la educación en el escrupuloso respeto por la libertad del otro. Y el uso valiente de la ley para garantizar ese respeto y esas libertades. Pero para ello son necesarios políticos y legisladores valientes en la defensa de los derechos de cada uno de nosotros. Esos que brillan por su ausencia.

Luis I. Gómez, editor de Desde el Exilio. http://www.desdeelexilio.com/

Nuestros terroristas
No juzguemos a los terroristas que hacen atentados en nombre del Corán como algo tan extraño al modo de pensar occidental
Francesc de Carreras. El Pais 14 Enero 2015

Ante los atentados terroristas de París, hemos tenido la sensación de que sus autores son gente de otro mundo, de otra civilización, muy distinta de la nuestra. Para unos, profundamente equivocados, los terroristas son, simplemente, seguidores de Mahoma y por ello matan. Para otros, con mayor acierto, estos terroristas son seguidores de una rama radicalizada del islam, producto de una interpretación parcial y literal del Corán. En todo caso, la opinión dominante estos días es que el terrorismo es hoy casi un monopolio de los musulmanes.

Con ello olvidamos a nuestros terroristas, a los terroristas europeos de los últimos años, especialmente a los españoles. Digo especialmente porque no todo el terrorismo en la civilizada Europa de nuestros días tuvo lugar en España. Recordemos las Brigadas Rojas en Italia o la banda Baader-Meinhoff en Alemania, terrorismo de corte izquierdista. No olvidemos tampoco el terrorismo del IRA irlandés, cuyas raíces ideológicas eran nacionalistas y católicas. Todos mataban, robaban, secuestraban y extorsionaban en nombre de ideas, en principio, respetables.

Con todo ello quiero decir que no juzguemos a los terroristas que llevan a cabo atentados en nombre de la religión musulmana, de Mahoma y del Corán, como algo tan extraño al modo de pensar y de vivir occidental: nosotros también hemos tenido nuestros terroristas, que han actuado en nombre del comunismo, del nacionalismo y de la religión. Pero España ha sido especial porque es donde más ha durado el terrorismo, de hecho, hasta nuestros días: ETA aún no se ha disuelto. Quizás muchos de los que piden dureza contra los terroristas islámicos en nombre de la libertad de expresión y de la democracia fueron complacientes con ETA porque tenían connivencia con sus ideas aunque difirieran de sus métodos. Ahora, como se trata de musulmanes, su condena es absoluta; antes, como se trataba de nacionalistas, se miraba hacia otro lado y se evitaba la condena.

Recuerdo un caso que me impresionó. A principios de los años noventa yo formaba parte de la junta directiva de una antigua ONG radicada en Barcelona. Cada año se entregaba un premio a personas o entidades que se distinguían por su defensa de los derechos humanos reconocidos por la ONU. El jurado estaba compuesto por los miembros de la directiva y era costumbre que el premio se otorgara por unanimidad. Cada año, todos los miembros del jurado, menos uno, queríamos premiar a Gesto por la Paz, quizás la primera organización vasca que se atrevía a condenar el terrorismo. Año tras año, este solitario compañero de junta ponía el veto. Hasta que falleció no se la pudo premiar. No era hombre violento, era cordial en el trato, razonable en todo menos en una cosa: consideraba que para defender a la patria (a lo que él llamaba patria, claro) todo estaba justificado, incluso matar. Lo decía así de claro y no creía que Gesto por la Paz defendiera los derechos humanos porque anteponía su idea de nación a la idea de libertad. Y precisamente ahí está la clave para comprender la naturaleza del terrorismo en las sociedades libres.

En efecto, el terrorismo causa víctimas directas, las más visibles son los muertos y heridos, también la desolación que ello causa en familiares y amigos. Pero la finalidad de los terroristas, con excepciones, no es la desaparición de las personas objeto de un atentado, sino infundir miedo en el resto de la población para que esta no sea libre, tanto de expresarse como de ejercer cualquier otra de las libertades civiles y políticas: votar, asociarse, reunirse, hasta pensar. Indirectamente, la sociedad entera es víctima del terrorismo porque se le impide ejercer aquello que es normal en una democracia.

El terrorismo es, por naturaleza, totalitario y los terroristas, sean de la ideología que sean, son antidemócratas: lo que pretenden es imponer sus ideas por la fuerza mediante el miedo. Esto es lo que ha ocurrido, y todavía ocurre, en el País Vasco: miedo a decir lo que se piensa, miedo a expresar en público lo que se dice en privado y aún, muchas veces, ni se atreven a decirlo en privado, en el más estrecho círculo de familiares y amigos. Esto es lo que se pretende con el terrorismo. En los años de plomo del País Vasco, cuando desde Cataluña comparabas a ETA con el más duro fascismo, siempre había alguien que te llamaba exagerado o cosas peores, incluso te decía que el fascista eras tú. No era así, ni mucho menos, al contrario, quien no comprendía la auténtica naturaleza del terrorismo, sus verdaderos objetivos, era él, cómplice sin saberlo de un sistema totalitario. Este fue el caso, entre tantos otros, del amigo que vetaba el premio a Gesto por la Paz.

El terrorismo islámico actual es uno más en la historia, distinto de los otros por su carácter global, fruto de la emigración. Pero su principal causa, como los demás, está en dar primacía al fanatismo sobre la tolerancia, al absolutismo de una única verdad por encima de la duda sistemática.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional

Antisemitismo
Los judíos de Francia, en peligro
Elías Cohen Libertad Digital 14 Enero 2015

Tras el secuestro del supermercado kosher Hyper Cacher, que acabó con el asesinato de cuatro judíos franceses, Benjamín Netanyahu acudió a París a mostrar, junto a otros líderes mundiales, su rechazo al terrorismo. El premier israelí acudió también a una de las principales sinagogas parisinas y recordó a los judíos franceses que Israel es su casa. Naftalí Bennett, ministro israelí de Comercio, que viajó con Netanyahu, hizo también un llamamiento público a los judíos de Francia y les aseguró que no están solos.

Las críticas tanto dentro como fuera de Israel a Netanyahu y Bennett por su actitud al alentar la emigración judía a Israel se han sucedido. Según Chemi Salev, columnista de Haaretz, si los judíos se van de Francia, los islamistas habrán ganado y se cumplirá el deseo nazi del Judenrein(un territorio libre de judíos). David Fahler, también de Haaretz, exige a Israel que deje de animar a los judíos franceses a emigrar, puesto que el Estado judío debe asimismo velar por que las comunidades judías en la Diáspora estén seguras.

Lo cierto es que Netanyahu y Bennett, simplemente, han cumplido con su cometido como altos funcionarios de Israel al recordar que éste es un refugio para judíos en peligro. Y los judíos franceses lo están.

Los judíos han tenido problemas en Francia prácticamente desde que se tiene constancia de su presencia en el territorio (39 d. C.). En palabras del historiador británico Andrew Hussey, "el antisemitismo es una parte fundamental de la historia y la cultura francesas, de una manera muy perjudicial". Perseguidos bajo los Capetos, diezmados en la Primera Cruzada, expulsados en 1182 y en 1394… el caso Dreyfus, a finales del siglo XIX, evidenció que el antisemitismo no había desaparecido tras la Revolución y el modernismo; al contrario, finalmente acabó derivando en los asesinatos y deportaciones de cuando la Ocupación nazi. Eduard Drumont, Jaques Doriot, Louis-Ferdinand Céline, el Gobierno de Vichy o el Velódromo de Invierno remiten al mismo horror: judíos franceses llevados a las cámaras de gas con la complicidad de sus compatriotas colaboracionistas. En 1934, quien sería el gran escritor George Steiner miraba desde la ventana, junto a su padre, a una muchedumbre encolerizada que gritaba "¡Muerte a los judíos!". Su padre le dijo: "No debes tener miedo nunca: lo que ves se llama historia".

Las dificultades no impidieron a los judíos franceses dar lo mejor de sí: Rashi, Claude Levi-Strauss, Simone Veil, Emile Durkheim, George Charpak, Henri Bergson, Jaques Derrida o Claude Cohen dan fe de la importancia de la judería francesa en la historia y la cultura universales. Además, después de la Segunda Guerra Mundial, y tras el éxodo de los judíos de los países árabes, Francia ha albergado la comunidad judía más grande de toda Europa y la segunda más grande de la Diáspora después de la EEUU.

Pero con la entrada del siglo XXI la gran comunidad judía francesa está menguando constantemente debido a que las actitudes antisemitas, como en otros tiempos, han pasado de las palabras a los hechos. Y es que los ataques contra los judíos se han multiplicado por siete desde la década de 1990. La Agencia de la Unión Europea para los Derechos Fundamentales contabilizó entre 2001 y 2011 más de 6.000 incidentes de motivación antisemita en Francia.

Varios hechos muy significativos explican el peligroso fenómeno.

En 2002 Jean-Marie Le Pen, candidato del Frente Nacional, casi alcanza la Presidencia de la República. Le Pen, entre otras manifestaciones de intolerancia que le hicieron ganarse una legión de seguidores xenófobos en toda Europa, solía minimizar el Holocausto.

En 2006 Ilan Halimi, un joven comerciante de 23 años, fue secuestrado, torturado y asesinado por una banda criminal. Según declaró el líder de la misma, secuestraron a Halimi por su condición de judío: los judíos tienen todos mucho dinero y se ayudan entre ellos, pensaron. Henri Hajdenberg, antiguo líder del CRIF (Conseil Représentatif des Institutions Juives de France), declaró entonces:

El antisemitismo en Francia se alimenta de una nueva generación que también comulga con los viejos delirios antisemitas: que todos los judíos son ricos, poderosos, culpables de la pobreza y de los problemas que enfrentan las comunidades de inmigrantes.

El 19 de marzo de 2012 Mohamed Merah acribilló a tres niños y a un profesor de la escuela judía Ozar HaTorá de Toulouse, después de haber asesinado a tres soldados franceses en los días previos. Merah era uno más en la lista de lobos solitarios que han atacado ciudades occidentales en los últimos tiempos. El mismo año, los incidentes antisemitas en Francia crecieron un 58%respecto a 2011.

En 2013 el humorista Dieudonné hizo popular el gesto conocido como la quenelle, una especie de saludo nazi invertido; en 2008, el mismo año en que pidió a Jean-Marie Le Pen que apadrinara a su tercer hijo, invitó a su espectáculo de humor al negacionista Robert Faurisson, y en 2009 se presentó a las elecciones europeas liderando el Partido Antisionista.

Y el pasado viernes, un día después de que los hermanos Kouachi asesinaran a doce personas en la sede de Charlie Hebdo, Amedy Coulibaly, que decía pertenecer al Estado Islámico, decidió secuestrar un supermercado judío después de matar el día anterior a una oficial de policía en Mountrouge, todo en el marco de su lucha por los musulmanes y los palestinos. La enseñanza de Coulibaly era clara: el mero hecho de ser judío te convierte en su enemigo.

Una encuesta realizada por el Congreso Judío Europeo y la Universidad de Tel Aviv encontró que en 2013 Francia registró más incidentes antisemitas violentos que cualquier otro país del mundo. Los judíos, que representan menos del 1% de la población francesa, fueron objeto del 40% de todos los delitos racistas en Francia en el año 2013.

Ante este panorama, los judíos franceses se están marchando, principalmente a Israel. Entre 2000 y 2009, 13.315 emigraron a Israel. El año pasado fueron 6.128.

En mayo de 2014, antes pues de las manifestaciones en contra de Israel por el conflicto en Gaza de julio y agosto, un 75% de los judíos franceses pensaba en emigrar, según una encuesta de la organización Siona. La sensación de inseguridad para los judíos franceses es asfixiante. Así se expresó David Tibi, presidente del mítico Consistoire, el pasado mes de julio:

Hay una atmósfera de antisemitismo en las calles. Mi hija fue atacada en el tranvía, y también mi hijo. Los agresores hicieron comentarios antisemitas y los empujaron. Ya no tenemos un lugar en Francia.

Ya sean los cruzados, la Inquisición, los colaboracionistas, los neonazis o los islamistas, el odio contra los judíos es una constante en Francia; y cuando no se combate, siempre acaba en sangre. Si las cosas no cambian, sin duda muchos harán caso a Netanyahu y a Bennett y emigrarán a Israel.

© elmed.io

Compás de espera y yihadismo
José Manuel López García www.diariosigloxxi.com 14 Enero 2015

Ante el grave atentado yihadista en París que ha causado tanto dolor se abre un nuevo escenario político. El control de las fronteras europeas puede ser positivo, pero existe el riesgo de que no se respeten suficientemente derechos y libertades individuales. Sobre todo las relativas a la libre comunicación, y a la libertad de movimientos y circulación por el espacio europeo. En este sentido, me parece esencial que los parlamentos de los distintos estados europeos sigan muy de cerca las posibles medidas que quieran tomar los ejecutivos de los diferentes países. Ya que representan la voluntad de los ciudadanos.

Es muy acertado que se intenten poner las mayores medidas de seguridad posibles. Si bien la seguridad absoluta no es posible por desgracia. Porque habría que controlar todos los espacios en los que existan aglomeraciones de personas, y esto es algo, casi imposible, en estados que poseen poblaciones con decenas de millones de habitantes. Y no se puede controlar a cada habitante de cada país. De todas formas, existe un margen para el optimismo, ya que la investigación policial es muy eficaz, y evita actos terroristas. Y esta es la línea que hay que seguir, en mi opinión. Siendo conscientes que la privacidad es un derecho que debe seguir existiendo, porque su desaparición no resolvería la inseguridad, o el riesgo de ataques terroristas.

En todo caso, Francia para combatir el miedo ha puesto el ejército en la calle. Es una medida que no me parece desproporcionada, ya que es necesaria, en vista de lo sucedido la pasada semana. Los gobiernos de varios países europeos están analizando diversas medidas para aumentar la seguridad y evitar atentados. Y esto, en sí mismo, es positivo. El control de Internet que están proponiendo Francia y Reino Unido debe ser para los, claramente, sospechosos. Ya existen límites en la Red, y que se refuercen me parece bien. De este modo, se puede evitar que se cometan delitos de diverso tipo, a través de los medios electrónicos digitales.

Si bien, la libertad y el derecho a la privacidad de los ciudadanos es el valor principal. Ahora bien, que se controle toda la información de todos los desplazamientos en aviones comerciales de todos los pasajeros, me parece, al menos, discutible y debatible. Obama pretender blindar Internet contra los ciberataques, porque si logran sus propósitos, pueden causar daños notables a un estado. En lo relativo al control de las comunicaciones telefónicas, por causa del yihadismo, considero que debe haber una autorización judicial, ya que si no es así, puede haber invasión de la intimidad de las personas, sin motivos de suficiente peso y justificación.

De todos modos, ya existe el programa Echelon que intercepta cada día más de tres mil millones de comunicaciones en casi todo el mundo. Y además incluye análisis automático y clasificación de las interceptaciones, por palabras o frases clave, escritas o pronunciadas. Lo que supone que llamadas de teléfonos móviles y fijas, correos electrónicos, faxes, etc., teóricamente, son privadas, pero, en realidad, pueden, quizás, no serlo. Considero que habría que poner más limitaciones legales, y de sentido común a esta red de espionaje. Para los casos, realmente necesarios, debe ser utilizada como procedimiento de investigación.

Charly Hebdo, solo un aviso
Martin Dymenstein. Minuto Digital 14 Enero 2015

El terrorismo islámico es una conexión innegable entre algunos países de Asia y África con Europa. La concepción sobre lo que es correcto entre los extremistas y el resto del mundo difiere radicalmente. La diferencia es tan grande que la concepción de la muerte es opuesta. El principal problema es que la existencia de una concepción que no permite convivir con la existencia de la concepción opuesta. Entonces es ahí cuando surgen los problemas de convivencia.

Lo que ocurrió en Francia es un llamado de atención. Cosas que acontecen en un sector del mundo, también están golpeando en otros sectores. El mundo cambia constantemente y es por eso que para poder lidiar con temas nuevos, es necesario estudiarlos y entenderlos. Lo sucedido en Francia pudo haberse evitado perfectamente. Sin duda que fácil no es, pero alguien cometió grandes errores.

Grupos como ISIL (Islamic State from Iraq and the Levant) y AQAP (Al-Qaeda from de Arabian Peninsula) están actuando en redes de influencias occidentales. Están reclutando militantes, y esto no es ningún secreto. Fácilmente se puede ver por la red, videos por ejemplo de la ciudad de Al-Raqqah en Siria, donde hay una fuerte presencia de mujeres francesas musulmanas.

Últimamente Francia ha estado con un comportamiento no alineado con los países occidentales unidos en la lucha contra el terrorismo, al quitar de la lista de grupos terroristas a Hamas, y apoyar la creación del estado de Palestina. Hamas, conocido por gobernar la Franja de Gaza y tener en su constitución la voluntad de exterminar al estado de Israel.

Independiente de este comportamiento, dentro de su población existían extremistas islámicos que ya estuvieron encarcelados acusados de estar vinculados con terrorismo. Al mismo tiempo, según informó la prensa, Cherif Kouachi, uno de los autores del atentado de Charlie Hebdo estuvo en Yemen, uno de los lugares donde el grupo terrorista Al-Qaeda tiene una fuerte presencia.

Bajo una juventud de escasez, el fácil acceso a la red, la fuerte influencia de religiosos, la poca inteligencia del servicio de inteligencia francés, es entendible que haya acontecido lo que aconteció.

El punto no es si se está o no de acuerdo con Charlie Hebdo, porque si no hubiera sido allí la masacre, hubiera sido en cualquier otro lugar. El punto está en aprender que el problema de Europa se tiene que vencer con inteligencia, se tiene que vencer con información. Los medios de prensa, los servicios de prensa deberían ser capaces de identificar que no es lo mismo los talibanes de Pakistán (TTP), que los talibanes de Afganistán. Deberían saber que no es lo mismo ISIL que Al-Qaeda. Cada grupo tiene objetivos diferentes, formas de actuar diferentes.

Grandes líderes extremistas islámicos son personas con muy buena educación, personas con una inteligencia superior al promedio. Varios de estos grupos poseen recursos económicos en abundancia. Entonces si dentro de la población civil, se encuentran personas que estuvieron en Yemen, con fuertes vinculaciones con el ya fallecido Anwar al-Awlaki, uno de los grandes influyentes dentro del mundo extremista. Cuando el sentido común no existe dentro de un servicio de inteligencia de un país con fuerte presencia extremista, ocurre lo que aconteció.

Cuando los medios de prensa no se preocupan por estudiar y entender el tema para poder escribir un artículo con información valedera, y la población se centra en discutir sobre la libertad de prensa, en vez de preocuparse de detalles más relevantes sobre el terrorismo, existe una fuerte probabilidad que estos hechos vuelvan a acontecer.

Civilización
Inconsistencias de la Europa Charlie
Francisco José Contreras Libertad Digital 14 Enero 2015

Vaya por delante que yo también soy Charlie. Soy Charlie en el sentido de que me alegro de pertenecer a una civilización en la que la libertad de expresión es muy amplia. En Occidente se puede publicar cualquier cosa –incluso abyectas viñetas-salivazo, como aquella de Charlie Hebdo que representaba a Cristo sodomizando a Dios Padre– sin terminar por ello en la cárcel o el patíbulo. Prefiero vivir en un Occidente con libertad de palabra –aunque eso implique tolerar manifestaciones artísticas que escupen sobre lo sagrado– que en un mundo islámico en el que la gente es ejecutada o encarcelada por delitos de opinión (sí, en países como Pakistán la blasfemia está penada con la muerte: ¿no han oído hablar de Asia Bibi?).

Alguien dirá: "Ni con unos ni con otros". Pero las guerras simplifican el paisaje y obligan a escoger bando, a compartir trinchera con gente que a uno no le agrada. Y lo cierto es que el islam radical ha declarado la guerra a Occidente, así como a los musulmanes moderados de sus propios países. Es una guerra postmoderna, que no se librará con ejércitos convencionales (aunque las ofensivas de Estado Islámico en Siria o Irak sí se hacen con tanques), sino mediante golpes terroristas y una batalla psicológica de intimidación y condicionamiento cultural. Con atentados como el de París (continuador del asesinato de Theo Van Gogh, que preparaba un documental sobre la sumisión de la mujer en el islam, culpando de ello al Corán), los islamistas pretenden imponerle a Occidente sus propias reglas antiblasfemia: al Profeta y al Libro, ni tocarlos. Los Charlie Hebdo desafiaron valerosamente esa imposición y pagaron con la vida. Otros –más intelectualmente enjundiosos y menos gratuitamente ofensivos que Charlie–, como Salman Rushdie, Geert Wilders, Ayaan Hirsi Ali o Magdi Allam, han pagado con décadas de ocultamiento y protección policial permanente.

Aceptar las restricciones islámicas en materia de expresión sería iniciar el camino de la dhimmitud (el estatuto de ciudadanos de segunda que el islam reserva a los cristianos y judíos); el gesto de Charlie, por tanto, es traducible como un valiente "No seremos dhimmis". Ahora bien, para que esa posición sea coherente debería acreditarse una libertad total frente a cualesquiera tabúes: no sólo los del islam, sino también los de la corrección política. ¿Publicó Charlie Hebdo alguna vez salvajes sátiras racistas, homófobas, misóginas, antiizquierdistas? ¿Satirizó a líderes del movimiento gay con la misma saña que al Papa, a Jesucristo o a Mahoma?

El compromiso con la libertad de expresión sólo es creíble si opera con simetría, si verdaderamente no hay nada intocable: ni los dogmas de la Iglesia, ni los del feminismo, el liberacionismo sexual, el ecologismo y demás fes postmodernas. ¿Se aprecia esa coherencia en la Europa actual? No. Algunos de los que esta semana eran Charlie interpusieron demandas contra los obispos Reig Plà y Sebastián por "ofender a los gays" con sus declaraciones sobre la homosexualidad. Predicadores como Ake Green o Dale McAlpine han sido sancionados, no por exhortar a la violencia contra nadie (el único límite incuestionable de la libertad de expresión, junto a la calumnia), sino por infringir la ortodoxia feminista-homosexualista-relativista. Intereconomía sufrió una onerosa multa por contraponer el Día del Orgullo Gay al "día de la gente normal".

Si estamos en guerra, sería importante saber quiénes somos: ¿qué representamos?, ¿por qué valores luchamos?, ¿qué es ser europeo? Es improbable que valores abstractos como "la libertad de expresión" o "los derechos humanos" puedan cimentar una identidad colectiva con suficiente densidad emocional, capaz de generar lealtad y sentimiento de pertenencia. La gente estaba dispuesta a morir en las guerras por cosas como la patria, la religión, el terruño, las mores maiorum (o, ya en el siglo XX, la revolución socialista o la descolonización). La Europa posterior a 1945 sustituyó todas esas referencias fuertes por una ideología blandita, irenista, socialdemócrata en lo económico, relativista en lo moral y decididamente postnacional. Las identidades nacionales fueron declaradas obsoletas y conflictivas (en verdad lo fueron, pues depararon dos guerras mundiales), pero no se ha conseguido forjar una supernación europea capaz de suplirlas. La Europa contemporánea se caracteriza, escribió Chantal Delsol, por una "voluntad de vacío", una tendencia a negar las propias raíces culturales, esperando que ello permitirá superar todos los conflictos. La manifestación más simbólica fue la omisión de cualquier referencia al cristianismo –el rasgo paneuropeo más innegable: de Hammersfest a Tarifa cambian las lenguas, las costumbres, los tonos de piel; lo único que permanece son las cruces en cementerios y campanarios– en el preámbulo de la fallida Constitución europea (donde sí se mencionaban Grecia y la Ilustración).

Y, ante la llegada de millones de inmigrantes musulmanes con fuertes referencias cultural-religiosas, la reacción del establishment eurócrata ha consistido en difuminar más y más los propios rasgos identitarios, las raíces europeas, con la esperanza de evitar el choque de civilizaciones. Si uno licúa suficientemente su identidad, no colisionará con nada. Si no somos nada, no creemos en nada, no tenemos pasado… no ofenderemos a nadie. El vacío no choca.

La reacción oficial al trauma de Charlie Hebdo viene informada por este mismo espíritu autonegador e inane. Todos esos mantras buenistas que intentan conjurar el conflicto negando hipócritamente su existencia: "El Islam es una religión de paz", "los terroristas no eran auténticos musulmanes", "el Islam es parte del ser alemán” (Angela Merkel)… La insistencia en considerar “islamófobo” o “ultraderechista” a cualquiera que constate lo obvio: que el islam es una religión conflictiva, como acreditan su historia y sus textos sagrados, llenos de exhortaciones a la yihad; que la integración de la inmigración islámica ha fracasado en Europa; y que habrá que estudiar soluciones que no confundan a justos con pecadores y que respeten los derechos humanos (restricciones de la inmigración, vigilancia de las mezquitas y las redes sociales, etc.).

Pero más importante que lo anterior es que Europa vuelva a creer en algo. Escribió Marcello Pera: "Integrar no es lo mismo que hospedar. Integrar es asumir que existe algo a lo que atribuimos tanto valor que pedimos al que llega que lo respete, que lo aprecie, que lo comparta". Y Christopher Caldwell: "Que Europa pueda integrar a los inmigrantes dependerá de si es percibida por ellos como una civilización floreciente o decadente". ¿Tiene la Europa actual un algo del que pueda decir: "En esto creemos, y quien quiera vivir aquí tendrá que respetarlo"? ¿Transmite un aura de civilización vigorosa, asertiva, vital? No es fácil que la Europa sin hijos, envejecida, blasfema, licenciosa, autonegadora (sí, la Europa de Charlie Hebdo) pueda generar admiración en los recién llegados. Quien no se respeta a sí mismo no inspira respeto.

Terrorismo
¿Cómo que "Ni yihad ni cruzadas"?
Percival Manglano Libertad Digital 14 Enero 2015

El domingo pasado la Fundación Cultura Árabe (de muy reciente creación y presidida por el periodista marroquí Said Ida Hassan) organizó una concentración en la Plaza de Atocha de Madrid en repulsa de los atentados terroristas perpetrados en París. En ella participaron varios centenares de personas, la mayoría musulmanas. Como ejemplo de movilización de musulmanes residentes en Europa para condenar las atrocidades cometidas por sus correligionarios, fue bienvenida. Algunos de los mensajes escritos en sus pancartas no lo fueron tanto.

Un lema me pareció particularmente chocante: "Ni yihad ni cruzadas". Me chocó por su torpe intento de buscar una inexistente equidistancia entre la violencia de inspiración religiosa de "los unos" y de "los otros". Dado que la convocatoria de la concentración era, supuestamente, para condenar los asesinatos terroristas en París, no se entiende muy bien el esfuerzo por matizar y diluir dicha condena mezclando en ella otros supuestos actos de violencia. Añadir peros a las condenas de hechos tan graves como los de París equivale a dulcificarlas.

Cuando, además, la matización viene por vía de una referencia a las Cruzadas, la cosa ya cae en el esperpento. Las Cruzadas fueron una serie de expediciones militares impulsadas por el Papado para, en particular, liberar los Lugares Santos de la dominación musulmana. Lo relevante es que se celebraron entre los siglos XI y XIII. La última cruzada, la octava, fue organizada en 1269. Es decir, estamos hablando de campañas militares cristianas organizadas contra los musulmanes hace ¡más de 750 años! ¿De verdad son relevantes para el debate político actual? ¿Deberían los cristianos españoles manifestarse hoy en día por haber sido invadidos y sometidos por musulmanes durante la Edad Media?

Se me podría contestar que George Bush usó el término cruzada para describir la reacción norteamericana tras los ataques del 11-S. Es cierto que lo hizo. Pero Bush no fue un líder religioso ni puede hablar legítimamente en nombre del cristianismo. Quien sí pudo hacerlo -el papa Juan Pablo II, por ejemplo- fue crítico con la guerra de Irak en 2003. Llegó a decir: "Amenaza el futuro de la humanidad". El ejemplo de Bush, por tanto, demuestra justo lo contrario de lo que querrían los equiparadores de la yihad y de las cruzadas: y es que el poder político en el mundo occidental puede actuar en contra de la decidida voluntad de sus autoridades religiosas, algo prácticamente inimaginable en el mundo musulmán. El poder secular occidental no está sometido al religioso. No lo está, en gran medida, porque el poder secular no deriva su legitimidad de la religión, sino –cosa inherente a la democracia– de la voluntad del pueblo.

La irrelevancia actual de las cruzadas contrasta con la actualidad de la yihad. Ésta es una obligación religiosa de los musulmanes y se puede traducir al español como "esfuerzo". Aparece 41 veces en el Corán. Hay una controversia en cuanto a si dicho esfuerzo tiene o puede tener una acepción militar. En todo caso, una de las definiciones actuales de yihad es "guerra santa". Y de lo que no hay ninguna duda es de que grupos terroristas –desde Al Qaeda hasta el Estado Islámico o, por supuesto, la Yihad Islámica egipcia y la palestina– han cometido y cometen sus ataques amparados por el concepto de guerra santa.

La expresión "Ni yihad ni cruzadas", en el fondo, transmite una visión del mundo distorsionada por el concepto musulmán de yihad. Las cruzadas no son el equivalente cristiano de la yihad islámica. El cristianismo abandonó hace tiempo –en gran medida, gracias a la consolidación de los conceptos de soberanía popular y de Estado de Derecho– su capacidad para emprender cruzadas. El reto hoy es que la yihad se convierta en historia igual que lo hicieron las cruzadas.

www.pmanglano.com

EN UN PAÍS DONDE SE RESPIRA "ODIO AL JUDÍO"
Francia: el Gran Hermano contra la yihad
Luis Rivas. París El Confidencial 14 Enero 2015

Presos islamistas siguieron en la cárcel la jornada negra del 7-E francés a través de la televisión, jaleando y animando a los terroristas como si de un partido de fútbol se tratara. Así lo denunciaban ayer los sindicatos de funcionaros de prisión. Las cárceles francesas son desde hace años las mejores universidades para licenciarse como yihadistas.

Acabar con ello es una de las prioridades –ahora– del Gobierno. Los caids yihadistas se despliegan en las prisiones para captar a los internos musulmanes o de otras confesiones. Antiguos presos denuncian estos días el trabajo de acoso de esos radicales, que persiguen a sus posibles presas a todas horas, con veladas amenazas en caso de rechazar la seducción.

Ha hecho falta que 17 personas hayan sido asesinadas, para que las fuerzas políticas aborden, por fin, el problema. Un asunto que ha sido tratado incluso en varias películas francesas de éxito.

En pleno homenaje, una voz resonó en el hemiciclo. Se temió la entrada de algún patoso, o algo peor. Pero las voces eran simplemente el inicio de la Marsellesa, algo imprevisto. Todos los diputados se unieron al miembro del partido de Sarkozy que se saltó el protocolo. Desde 1918, tras la Primera Guerra Mundial, no se producía un hecho similarEsos mismos políticos se reunieron ayer por primera vez en la Asamblea Nacional para celebrar su particular homenaje a las víctimas y para escuchar el anuncio de las medidas que el Ejecutivo de François Hollande prepara para frenar al terrorismo islamista.

El minuto de silencio era obligado y esperado. Pero en pleno homenaje silencioso, una voz resonó en el hemiciclo. Se temió la entrada de algún patoso, o algo peor. Pero las voces eran simplemente el inicio de la Marsellesa, algo imprevisto y nada programado. Todos los presentes se unieron al diputado del partido de Sarkozy que se saltó el protocolo. Desde 1918, tras la Primera Guerra Mundial, no se producía un hecho similar.

Era simplemente un acto simbólico. Ayer, en la Asamblea francesa nadie se durmió, como es habitual para muchos representantes del pueblo. Los discursos estaban escritos para provocar la emoción. La derecha empezó evitando las críticas y mostrando la solidaridad con el Gobierno. Manuel Valls reconoció el gesto y daba pie al Frente Nacional a atacar en las redes al “UMPS”, el acrónimo que Le Pen utiliza para denunciar a la “casta francesa”. Lo que otros en España llaman el “PPSOE”. El FN insiste en acusar a izquierda y derecha de la situación que vive Francia hoy.

Los CRS ya no son las SS
Las primeras lágrimas aparecieron cuando todos los presentes –y ahí no hubo diferencias– se levantaron para aplaudir, conmovidos, a las fuerzas del orden. Un componente del histórico espíritu Charlie Hebdo, la detestación de la policía, ha sido fulminado por la acción de los tres asesinos. El famoso cartel del Mayo del 68 que mostraba a un miembro de los antidisturbios (Cuerpos Republicanos de Seguridad) con una porra, bajo el eslogan CRS=SS, puede haber quedado obsoleto.

Hay un hecho que ayuda a explicar este fenómeno. Si la imagen del policía Ahmed Merabet, rematado en la acera por los hermanos Kouachi, hubiera sido censurada, nada sería igual. El debate sobre la idoneidad de difundir un asesinato en directo es lógico, pero en este caso concreto la repercusión mundial del atentado responde en buena parte a la imagen citada. Y por mucho que las televisiones tradicionales censuren comprensiblemente la secuencia, es tarea vana, porque las redes no se plantean el dilema.

Manuel Valls subió después a la tribuna y se despidió de la langue de bois, el lenguaje florido de los políticos franceses para torear la realidad. El jefe del Gobierno se desgañitó denunciando, como nunca lo había hecho un político francés, el antisemitismo y el odio al judío que se respira en Francia. Un antisemitismo que cuenta con ejemplos en la historia del país, pero que ahora –aseguró– se desarrolla en los guetos, a través de internet y de las cadenas de televisión por satélite (orientadas hacia oriente, se entiende).

El “j’accuse” de Valls
Es intolerable, dijo Valls, “que en las escuelas públicas de Francia no se pueda enseñar lo que fue la Shoa”. “Es intolerable –prosiguió– que en las escuelas públicas francesas niños de siete años señalen a los judíos como sus enemigos”. Tras los asesinatos del pasado miércoles, muchos niños se negaron a guardar un minuto de silencio en las escuelas públicas. Otros manifestaron que ellos “no eran Charlie”, sino los que les mataron.

Tras los asesinatos, muchos niños se negaron a guardar un minuto de silencio en las escuelas públicas. Otros manifestaron que ellos ‘no eran Charlie’, sino los que les mataronValls relató crispado el caso de otro héroe del supermercado judío de la Porte de Vincennes. Yoav Hattab, de 22 años, había salido de Túnez, donde nació, para estudiar en Francia. Se enfrentó a Amady Coulibaly para proteger a los clientes y acabó acribillado.

Por mucho que el Gobierno intente convencer a los judíos franceses de que no deben tener miedo, los candidatos a la aliyá (emigración a Israel) se multiplican desde hace siete días. Las cuatro víctimas de la tienda kosher fueron enterradas ayer en Jerusalén. Francia estuvo representada por la Ministra de Ecología, Segolène Royal.

La blasfemia nunca será delito
Valls dijo también que los musulmanes franceses no deben considerarse responsables de lo ocurrido: “No quiero que los musulmanes de Francia se sientan avergonzados por lo que ha pasado. Debemos también proteger a nuestros compatriotas musulmanes”. El premier subrayó asimismo que la blasfemia nunca será incluida como delito en el código penal.

La primera salva de “medidas excepcionales” anunciadas ayer incluye:

.- El control de las prisiones y el aislamiento de los presos islamistas en zonas especiales.
.- La reorganización y reforzamiento de los servicios de inteligencia, que han quedado en entredicho tras los atentados. Ello se traducirá también en un aumento del presupuesto para este apartado.

.- El endurecimiento del arsenal jurídico antiterrorista, es decir, que los jueces sean más flexibles a las necesidades policiales a la hora de efectuar escuchas telefónicas y otras medidas hasta ahora carentes de un marco jurídico claro. Los únicos murmullos de desacuerdo ayer entre los diputados fueron los dirigidos a la Ministra de Justicia, Christine Taubira, la única representante de los izquierdistas del PSF en el gabinete, acusada por la derecha por su laxismo con la delincuencia.

.- La creación de un fichero de personas que hayan sido acusadas de terrorismo o participado en grupos de combate terrorista (entiéndase Al Qaeda, Estado Islámico o similares). Estos individuos estarán obligados a declarar su domicilio y a presentarse a controles.

.- La adopción del PNR. Valls cuenta también con sus socios europeos para que el Parlamento de Bruselas apruebe el intercambio de datos de pasajeros del transporte aéreo, el famoso PNR (passenger name record). Ahí lo va a tener más difícil.

.- El control sobre internet. Una de las obsesiones de París ante uno de los vectores principales del proselitismo yihadista.

La Asamblea puso fin a otra jornada teñida por la emoción. Era el día de los funerales. Hollande intentó también subsanar quizá el único punto negativo en su gestión de la crisis. Abrazó y besó con especial empeño a una de las víctimas más ignoradas: la Policía municipal negra, originaria de Martinica, que fue asesinada por el franco-maliense Coulibaly.

Hoy los quioscos están siendo asaltados desde el alba. Millones de ejemplares del “nuevo” Charlie Hebdo han atravesado Francia en camiones y trenes para permitir a los franceses ofrecer otra prueba de su militancia contra el oscurantismo islamista.

En su programa de Europa FM
Javier Cárdenas vuelve a hablar claro: su discurso sobre Cataluña y la mentira independentista
Recuerda que la mayoría de los catalanes no quieren la independencia y que nadie le puede prohibir sentirse "muy catalán y muy español"
Redacción www.lavozlibre.com 14 Enero 2015

Barcelona.- Javier Cárdenas se ha atrevido de nuevo a lanzar desde Cataluña un mensaje diferente al oficial. El locutor de Europa FM, que en otras ocasiones ha denunciado la imposición lingüística en las aulas catalanas, el adoctrinamiento de los medios subvencionados por la Generalitat o los desmanes de la familia Pujol, ha querido esta vez dejar claro que la mayoría de los catalanes no son independentistas.

Lo ha hecho a raíz de la conversación que mantuvieron en el programa ‘Planeta Calleja’ (Cuatro) el actor Dani Rovira y Jesús Calleja. “Dani y Calleja dan por hecho de que la mayoría de los catalanes quiere la independencia y eso no es verdad. La prueba está en que con una campaña masiva y multitudinaria no fueron a votar, y de los que fueron una parte importante dijo que ‘no’, que eso tampoco se ha dicho. Pero, ojo, tres cuartas partes dijeron que ‘no’, porque no fueron a votar, pasaron”, señalaba el pasado 7 de enero en su programa ‘Levántate y Cárdenas’.

“Alguno me dice en Twitter: ‘Eso lo dices para quedar bien con el resto de España’. Mira, te falta un hervor. Yo digo eso porque mi familia es andaluza, es cordobesa, y por parte de mi padre es de Albacete. Y yo me siento tan catalán como español, lo he dicho siempre. Y te diré que quien estás equivocado eres tú, chaval. Yo no necesito quedar bien con el resto de España porque en Cataluña piensan como yo. La prueba está en que soy líder en Cataluña, que esta es una reflexión que no hacen. Este programa es líder en Cataluña”, añadía.

“El otro día una de mis hermanas, que es totalmente independentista, es de ERC a muerte -y yo lo respeto mucho- me criticaba que dijera según qué cosas en la radio. Y yo le dije: ‘Espera un momento, tú no me puedes prohibir que yo diga lo que quiera en un medio de comunicación. Igual que yo a ti no te prohíbo que pienses de una forma, como no pensabas hace unos años, tú no me puedes prohibir a mí que diga que me siento muy catalán y muy español, porque te recuerdo que hace unos años tú pensabas igual, que esto es muy curioso’. Pero es que además no estoy solo”, indicaba.

Cárdenas recordaba que su programa es líder en Cataluña “por mucha campaña que han hecho muchos medios de comunicación pagados por el Gobierno catalán”. “Este programa, diciendo yo lo que digo (y ojo, lo decía cuando iba contracorriente, cuando era complicado decir esto porque había mucha crispación, cuando recibía insultos, ahora ha bajado mucho el nivel de crispación) es líder en Cataluña, sólo tenéis que mirar el último Estudio General de Medios. Eso quiere decir que la mayor parte de gente piensa como nosotros porque a quien lo le gusta este discurso cambia. Le da como grima. Le da como miedo escuchar un mensaje diferente”, comentaba.

“Están tan acostumbrados a que haya tantos medios catalanes que han abogado de una forma tan clara a favor de la independencia y ha calado tanto que Calleja o Dani Rovira creen que la mayoría están a favor de la independencia. Fíjate si estáis equivocados, tanto Dani Rovira como Calleja, a quien os admiro, pero estáis equivocadísimos, porque es la imagen que se ha proyectado hacia fuera. Para mí es un orgullo decir que en mi tierra, en Cataluña, soy líder de audiencia con un mensaje que apoya la gran mayoría de oyentes. A catalán no me gana nadie, pero es que a español tampoco, que es lo que se intenta diferenciar: tienes que ser una cosa o la otra. Como le dijo Dani Rovira a Esperanza Aguirre: usted a mí, político, no me va a hacer decidir entre una cosa o la otra”, concluía.

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Terrorismo
Si el gesto es bello...
Jesús Laínz Libertad Digital 14 Enero 2015

Las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX fueron la época dorada del terrorismo anarquista, protagonizado por aquellos exaltados dedicados al asesinato de monarcas, gobernantes y burgueses para acelerar la llegada del luminoso futuro igualitario, del que se creyeron generosos portadores. Su halo trágico y desesperado provocó que algunos ilustres literatos los introdujeran como protagonistas de sus novelas, como Daudet en Tartarín en los Alpes, Conrad en El agente secreto o Chesterton en El hombre que fue Jueves.

Se llevaron por delante varias testas coronadas, como Humberto I de Saboya y la emperatriz Sissi, y varios presidentes de gobierno, como el francés Sadi Carnot, el estadounidense McKinley y los españoles Cánovas, Dato y Canalejas. En España destacaron dos atentados por la cantidad de víctimas: el del Liceo de 1893, que causó veinte muertos, y el de Mateo Morral el día de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia, que mató a veinticinco transeúntes en la calle Mayor.

Uno que consiguió convertirse en leyenda fue François Ravachol, autor en 1892 de varios atentados contra jueces y comisarías parisinas que no provocaron muertos pero sí muchos heridos y grandes daños materiales. Durante su proceso, justificó así sus acciones:

Si tomo la palabra no es para defenderme de los actos de los que se me acusa, ya que la sociedad, que por su organización pone a los hombres en continua lucha los unos contra los otros, es la única responsable.

Condenado a muerte, subió al cadalso cantando gallardamente:  Si quieres ser feliz, ¡me cago en Dios!, ahorca a tu jefe, parte a los curas en dos, ¡me cago en Dios!, derriba las iglesias, ¡sangre de Dios!, y tira a Dios a la mierda, ¡me cago en Dios!

Tanta fama logró que el músico y boticario pontevedrés Perfecto Feijoo bautizó en aquellos días a su papagayo con el nombre de Ravachol a causa de su irreverente vocabulario (el del papagayo, no el del boticario). Fallecido en 1913 de un empacho de bizcochos, el egregio plumífero gozó de un multitudinario funeral.

Para vengar la ejecución de Ravachol (el terrorista, no el papagayo), su correligionario Auguste Vaillant lanzó una bomba en la Cámara de Diputados con el resultado de cincuenta heridos, entre ellos él mismo, que vio cómo su nariz volaba por los aires. Pero antes de continuar con el anarquista Vaillant hemos de desviarnos un momento hacia el escritor igualmente anarquista Laurent Tailhade, célebre en sus días tanto por sus palabras como por sus hechos. El más sonado de éstos tuvo lugar el 15 de agosto de 1903 durante la fiesta de la Asunción en la localidad bretona de Camaret-sur-Mer, pues se le ocurrió verter el contenido de su orinal sobre la procesión religiosa que pasaba bajo la ventana de su hotel. Dos días después, los gendarmes las pasaron canutas para evitar que un par de miles de paisanos lo tiraran al mar. Por lo que se refiere a sus palabras, de las muchas que escribió sólo han pasado a la posteridad las que dedicó al atentado de Vaillant: "¡Qué importan las víctimas si el gesto es bello!".

He aquí las dos claves de la actitud de tantos contemporáneos, españoles y extranjeros, ante los atentados terroristas. En primer lugar, las palabras de un Ravachol acusando a la sociedad de ser la culpable de los crímenes que había cometido él. Y en segundo, las de un Tailhade despreciando el dolor de las víctimas y admirando el hecho delictivo por considerarlo justo.

De la coyunda entre estas dos perversiones morales nace la incurable atracción que muchos de esos que se llaman a sí mismos progresistas experimentan hacia cualquier tipo de terrorista –por motivos supuestamente nacionales, sociales o religiosos–, pues según parece gozan de la presunción de altruismo por su desinteresada lucha contra la opresión. Ejemplo eminente de esto ha sido, y en buena medida sigue siendo, la simpatía que la izquierda española, mayoritariamente, sintió hacia los terroristas nacionalistas vascos, "esos muchachotes que nos están trayendo la democracia". Además, una vez llegada ésta, la percepción no cambió mucho, pues al fin y al cabo los etarras mataban sobre todo a policías, guardias civiles y militares, agentes de la opresión que llevan el riesgo en el sueldo. Otra cosa fue que en un momento dado pasaran a matar a políticos, sobre todo a socialistas. Eso ya empezó a ser inaceptable. Lo mismo sucede hoy, aunque los actores del drama hayan cambiado el guión, pero nunca faltarán los omnicomprensivos que justificarán el terrorismo islámico por ser la justa respuesta de los oprimidos del mundo contra los opresores Estados Unidos, el opresor Capitalismo, el opresor Cristianismo, la opresora Europa, el opresor Occidente o cualquier otra variante de la misma opresión.

En cuanto a las víctimas, si pertenecen al ámbito ideológico de la izquierda son merecedoras de la solidaridad y la indignación universales, como acaba de demostrarse en las calles de París. Pero si, en vez de en un periódico izquierdista de tradición anarquista como Charlie Hebdo, los periodistas asesinados hubiesen trabajado, por ejemplo, en uno de la órbita del apestado Front National, presentado estos días como el culpable de todo, ¿la reacción de público, prensa y políticos habría sido la misma? En eso los españoles somos expertos: "Algo habrán hecho". Su muerte y el dolor de los suyos habrían pasado desapercibidos ante la justicia –la belleza, habría dicho Tailhade– del hecho criminal; perdón, de la ejecución; perdón, de la respuesta; perdón, de la lucha armada.

Pocos meses después de su hermosa declaración, el anarquista caviar Laurent Tailhade se encontraba cenando en un elegante restaurante parisino. Una bomba, colocada en un tiesto por un correligionario suyo, estalló e hirió gravemente a varios comensales. A Tailhade, entre otras heridas, le reventó un ojo. Tardó dos meses en salir del hospital.

Si el gesto es bello…

¿Volverán a prisión los etarras injustamente excarcelados?
EDITORIAL Libertad Digital 14 Enero 2015

Seguimos ignorando si los magistrados de la Sección Primera de la Audiencia Nacional Ramón Sáez, Manuela Fernández de Prado y Javier Martínez Lázaro fueron conscientes de la injusticia que cometían al decretar, el pasado día 5 de diciembre, la puesta en libertad del histórico dirigente etarra Santiago Arróspide Sarasola, alias Santi Potros, y de otro miembro de la banda, Alberto Plazaola. El hecho es que estos tres magistrados decidieron de forma contraria a Derecho descontar a ambos terroristas el tiempo de prisión que habían pasado en Francia alegando una normativa marco de la Comisión Europea del año 2008 que aún no había sido incorporada al ordenamiento jurídico español.

Que la transposición al ordenamiento jurídico español de dicha normativa marco europea mediante la Ley 7/2014 no iba a modificar el criterio de que las penas que los terroristas de ETA han cumplido en Francia no tienen que ser descontadas del tiempo máximo de cumplimiento de las condenas impuestas en España es algo que los tres magistrados podían y debían conocer, pues si bien dicha ley entró en vigor un día después de la puesta en libertad de los criminales, había sido publicada dos semanas antes.

Lo que los jueces han de aplicar es la ley, no normativa marco alguna de ningún organismo supranacional que no vincula ni afecta de manera directa a ningún tribunal y cuyo traslado al ordenamiento jurídico nacional corresponde al poder legislativo, no al judicial. Y lo cierto es que nuestro ordenamiento jurídico, tanto antes como después de ser modificado por la entrada en vigor de la 7/2014, que venía a dar traslado a la normativa marco de la Comisión Europea, imposibilitaba la injusta puesta en libertad de esos dos terroristas.

Así lo ha venido a reconocer, aunque sea con retraso e incomprensible falta de unanimidad, la sala de lo Penal del Tribunal Supremo al dar la razón este martes a la Sección Tercera de la Audiencia Nacional, que se negó, al contrario que la Sección Primera, a descontar los años de cárcel que otro etarra, Kepa Pikabea, había pasado en Francia.

Damos por descontado que Interior habrá sometido a una estricta vigilancia a los etarras injustamente excarcelados que impida que aprovechen la bochornosa oportunidad de fuga que les ha brindado la Sección Primera de la Audiencia Nacional. En cualquier caso, aunque Arróspide y Plazaola vuelvan a ingresar en prisión, nadie debe olvidar cómo el Gobierno se lavó las manos y permitió que la bochornosa sentencia del Tribunal de Estrasburgo referida a Inés del Río no sólo se aplicara de forma directa a esta etarra sino a decenas de otros miembros de la banda que fueron no menos injustamente excarcelados. Otro tanto podríamos decir de la falta de detención de Josu Ternera y de los autores de cientos de asesinatos de ETA que aún siguen impunes. Eso por no hablar de la saludable impunidad que sigue gozando Bolinaga.

De París a Madrid, todo es corrección política
Almudena Negro www.vozpopuli.com 14 Enero 2015

Millón y medio de personas salieron a las calles de París el pasado domingo para manifestar su repulsa contra los atentados yihadistas que han tenido lugar en suelo galo. Junto a ellos, la corrección política, representada por los mandatarios europeos y el propio presidente de la República, François Hollande, quien en discurso pronunciado después del asalto de la imprenta y el supermercado, impecables operaciones de rescate de los cuerpos y fuerzas de seguridad galos, dijo aquello de que la religión musulmana nada tiene que ver con lo sucedido. No fuera a ser, imagino, que lo tachen de islamófobo o intolerante, que es la máxima preocupación que tienen estos días todos los tontiprogres. “Islamofobia” que ocupa estos días buena parte de las portadas de los medios de comunicación y que quiere decir, tal y como se utiliza la expresión algo así como que contra occidente, contra los cristianos todo vale, pero contra los bárbaros, se impone el silencio.

Que no todos los musulmanes, ni siquiera una parte sustancial de ellos, son terroristas, es una obviedad. Pero que todos los yihadistas son musulmanes, es una realidad que ni Hollande allí, ni Rajoy o Pedro Sánchez aquí, pueden ocultar. Los terroristas de la vuelta a la edad premedieval matan en nombre de Alá. Y, a qué negarlo, no son demasiados los musulmanes que salen a la calle condenando sin paliativos el uso de la violencia. Claro que después de las tonterías que pronuncian nuestros políticos y leemos y escuchamos en los medios de comunicación… estamos como para echarles nada en cara. Hamás, recién salido de la lista de organizaciones terroristas de la UE, celebra los crímenes. Qué vergüenza, burócratas de Bruselas.

El día de la manifestación, de la cual habían excluido en nombre de un curioso concepto de la libertad de expresión a una Marine Le Pen a quien se han empeñado en hacerle el juego, no hubo nada. En París se hizo el silencio propio de quien nada tiene que decir porque ni tan siquiera es capaz de comprender lo que está sucediendo a su alrededor. Ni medidas concretas ni defensa de principios. La ceguera ideológica de los que mandan, pero también de los ciudadanos, es la misma que hace que #JeSuisCharlie sea una de las etiquetas más utilizadas en la corta historia de Twitter, mientras que #JeSuisJuif apenas reciba apoyos o la masacre cometida por Boko Haram en Nigeria, 2000 vidas segadas en un día, apenas sea mencionada.

Tenemos un doble problema: por un lado, los terroristas, enemigos externos que ya están dentro como se ha podido ver en Madrid, Londres, París, Sidney o Tel Aviv y que nos han declarado una guerra que será larga y cruenta. Y por otro, los cómplices internos, que son todos esos idiotas, entre los cuales destaca Willy Toledo, quienes cometida una masacre se lanzar a hablar del fanatismo de “todas las religiones”. Los que odian a Occidente. Por representar la libertad. Esa que temen. Y el individualismo que ellos, colectivistas fanáticos, detestan. Lo son también esos totalitarios que el sábado acompañaban a los proetarras en el País Vasco y el domingo decían estar con los parisinos. Esquizofrenia y caradura. Pero también los bobos que quieren ceder la mezquita de Córdoba, porque ignoran su pasado, odian su presente y quieren que no tengamos futuro. Los analfabetos que tildan de “fascistas”, ay qué risa, a los Reyes Católicos. Los que pretenden ignorar qué significado tiene Al-Andalus para el yihadismo. Los mismos que callan ante el abuso contra la mujer en los países musulmanes mientras enseñan las tetas (con perdón) en Europa. Los que hablan de alianza de civilizaciones, cuando aquí lo que hay es un enfrentamiento del atraso, de la barbarie, contra la civilización occidental.

Precisamente si en algún país europeo se conoce bien el dolor que causa la sinrazón terrorista es España. Las imágenes que estremecían a todo el planeta, en que se podía ver a uno de los hermanos Koauchi, rematando en el suelo de un tiro en la cabeza a un herido gendarme, las hemos vivido aquí. Guardias civiles heridos rematados sin piedad en nombre del separatismo vasco. España, en donde los terroristas están saliendo de las cárceles y se está cumpliendo milimétricamente la hoja de ruta negociada entre el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la banda terrorista ETA. Bolinaga y Ventura Tomé están de txikitos mientras las peticiones de ayuda psicológica por recaída de las víctimas de ETA se han disparado desde la decisión de aplicar la doctrina Parot, esa que sólo iba a afectar a Inés del Río, de poner en la calle a terroristas, violadores y asesinos en serie. Uno de esos violadores, por cierto, ha asesinado a una anciana. Nadie ha dimitido.

Acudía a París, no podía ser de otra forma, el presidente del gobierno española, Mariano Rajoy. Bien por él. Estaba donde tenía que estar. Aunque aquí tiene mucho que explicar. También lo hacía el ministro del Interior español, Fernández Díaz. El mismo ministro del Interior que en España no acude a los funerales de los policías asesinados o que no saluda a la presidenta de la asociación mayoritaria de víctimas, a quien tampoco recibe, pese a que le pidió cita en marzo del año pasado.

El próximo 24 de enero, a las 12 de la mañana, las víctimas del terrorismo han convocado una concentración en la madrileña plaza de Colón. Un momento estupendo para mostrar el rechazo al terrorismo. Yihadista y etarra.

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy estuvieron en París arropando a las víctimas francesas. ¿Estarán el día 24 arropando a las españolas en Madrid?

LUCHA CONTRA ETA
La izquierda abertzale usa a niños para jalear a terroristas
Benjamín López www.elsemanaldigital.com 14 Enero 2015

Lo hemos visto en Pamplona; los niños de un colegio público se han concentrado a las puertas del centro junto a sus papás con pancartas a favor de los abogados de ETA detenidos

Imaginen que en Estados Unidos un grupo de escolares y sus padres se plantan delante de su colegio con pancartas a favor de un presunto terrorista islamista. O que en Alemania unos estudiantes menores de edad se juntan frente a la escuela para jalear a Hitler.

Parece impensable ¿verdad? Pues eso es exactamente lo que ha ocurrido en Pamplona este lunes por la tarde, cuando alumnos del colegio público San Francisco de Pamplona se han concentrado portando carteles en los que se podía leer "Amaia Askatu" (Libertad para Amaia), en alusión a la abogada de ETA, Amaia Izko, detenida por presunta integración en organización terrorista y varios delitos económicos en una operación contra el llamado "frente de cárceles", el entramado de ayuda y asistencia a presos etarras.

El propio apoyo a los detenidos sospechosos de terrorismo es lamentable en sí mismo pero, por desgracia, estamos bastante acostumbrados a verlo. Lo que en esta ocasión resulta repugnante es la utilización de menores de edad para tales fines. La Guardia Civil ha denunciado en varias ocasiones la estrategia etarra de infiltrarse en el sistema educativo navarro para adoctrinar a los niños y atraerlos hacia la causa filoterrorista.

La prueba evidente de que no son elucubraciones ni ensoñaciones la hemos visto a las puertas de ese centro público. ¿Qué se enseña en ese colegio? ¿qué clase de ideología se le está metiendo a esos niños en la cabeza que les lleva a considerar como héroes a unos individuos detenidos por su presunta pertenencia a un grupo terrorista? La respuesta es bastante obvia.

En otros países la actitud de esos padres tendría un severo castigo; por supuesto los responsables del centro educativo perderían, con toda seguridad, su empleo. No es admisible que se destine dinero público a fomentar el terrorismo y lavar cerebros. Me temo además que no es un hecho aislado sino la punta de un iceberg de enormes dimensiones de lo que ocurre en el sistema educativo del País Vasco y Navarra.

Es inadmisible que los centros educativos, más aún si se financian con fondos públicos, se conviertan en escuelas donde se lava el cerebro a los niños y se les manipula de esta manera tan vergonzosa. El fundamentalismo que hay que combatir no solo es de origen islámico, también hay que acabar con el que tenemos en nuestro propio país disfrazado de nacionalismo abertzale.

Ambos son peligrosos y se fundamentan en educar en el odio, el terror y el totalitarismo a los que no piensan igual. Por muchos años que pasen es imposible alcanzar una convivencia pacífica y normal si los niños ven a la policía como el enemigo mientras jalean a los presuntos terroristas.

De la escuela al paraíso
Xavier Pericay Cronica Global 14 Enero 2015

En su edición de ayer el diario Abc daba cuenta de una concentración protagonizada por niños en el patio de una escuela. Esos niños llevaban un cartel donde podía leerse «Amaia askatu», en alusión a la detención de la abogada de etarras y portavoz de Sortu Amaia Izco, llevada a cabo por la Guardia Civil en Pamplona el día anterior, dentro de la llamada operación Mate. Por supuesto, los niños no se concentran espontáneamente, ni siquiera en el patio de una escuela, y aún menos se ponen de acuerdo para elaborar un cartel con una misma leyenda, imprimir no sé cuantas copias del original y usarlas a modo de pancarta todos a una. No, eso son cosas de mayores o, como mínimo, de jóvenes ya creciditos. En realidad, si uno observa la fotografía publicada en el mismo medio, verá como entre la chiquillada aparecen algunas cabezas, si no pensantes, sí notorias, que cabe atribuir sin duda a maestros del centro. Incluso la foto —subida a Twitter por el propio Colegio Público San Francisco— tiene toda la pinta de haber sido tomada por una mano maestra.

El hecho de que eso suceda en un colegio público confiere al delito una gravedad todavía mayor

No hace falta añadir que no es la primera vez que en un colegio del País Vasco o Navarra los niños son usados como carnaza para la siembra del odio y la violencia. Tal vez por ello el PP, a instancias del Ministerio del Interior, acaba de registrar una enmienda en el Congreso de los Diputados para que sea introducida en la reforma del Código Penal e impida que los condenados por terrorismo, una vez cumplida la pena, puedan ejercer la labor docente. Bien está, sobra decirlo, pero no basta. Ignoro si entre esos maestros del colegio San Francisco de Pamplona hay condenados por terrorismo; en todo caso, lo que sí hay, seguro, son simpatizantes y apologistas de una banda terrorista, o sea, personas que merecerían acarrear una condena de este tipo. Y el hecho de que eso suceda en un colegio público confiere al delito una gravedad todavía mayor. Que el propio espacio público —ya que no otra cosa es un centro escolar dependiente de la representación del Estado en la Comunidad— sea un vivero de futuros terroristas cuyo principal objetivo será destruir el Estado que los cobija, no sólo clama al cielo, sino que supone también un soberano ejemplo de estulticia por parte de quienes deberían velar por su conservación.

Estos días, a raíz de los trágicos atentados de París, se ha hablado y escrito mucho sobre la falta de determinación de no pocos maestros franceses, hijos o no de la inmigración, a la hora de encarar en sus aulas el problema del fundamentalismo islámico. Y no parece que el respeto hacia determinadas creencias, ungido de un biempensante relativismo cultural, haya contribuido en nada a combatir una ideología que descansa en la intolerancia, fomenta el odio y desemboca fatalmente en la violencia. Del mismo modo, quienes conocemos las entrañas del sistema educativo implantado hace 35 años en Cataluña sabemos que, entre los valores pregonados por una gran mayoría del profesorado de la escuela pública y concertada, no está precisamente el de la fraternidad para con los ciudadanos del resto de España o con los propios catalanes nacionalmente infieles. Más bien lo contrario. Ya falseando la historia, ya enalteciendo la llamada lengua propia en detrimento de la común, ya sacando a los críos y no tan críos a pasear festivamente para oponerse a cualquier reforma educativa procedente del Gobierno y que ponga en peligro la cosmovisión nacionalista, lo que esos docentes han logrado es inculcar en sus alumnos una intolerancia —y hasta a veces un odio visceral, rayano en la violencia— hacia el prójimo que no puede sino derivar en una fractura social como la que se está viviendo hoy en día en Cataluña. Por supuesto, los medios de comunicación, y en especial la televisión autonómica, han puesto mucho de su parte. Pero su infame propaganda ha tenido como blanco unos organismos indefensos, sin el menor pensamiento crítico al que agarrarse y atentos tan sólo a la palabra sagrada. De un modo u otro, a ellos —como a esos niños pamplonicas o a los de la banlieue parisina— les han prometido el paraíso a cambio de combatir al diablo.

HISTORIA DEL EXILIO FORZADO DE UN VASCO
‘No hay escolta si no te afilias al PP o al PSOE’
Juan E. Pflüger www.gaceta.es 14 Enero 2015

El drama de cientos de miles de vascos que tuvieron que escapar a otras zonas de España para huir de las amenazas y que fueron obviados por el Gobierno por su adscripción política.

El caso de Jorge del Valle es solamente uno de los miles que se han dado en la comunidad vasca en los últimos treinta años. Es vasco, nacido casualmente en Mondragón, aunque vivió en Anzola y en Urretxu. Fue precisamente en esta localidad, durante su adolescencia, donde su vinculación a España, patriotismo como él mismo señala, se vio reforzada. Por eso decidió vincularse a grupos políticos minoritarios, pero claros en su defensa de una interpretación unitaria y no fragmentada de España.

Su opción fue ingresar en Democracia Nacional, un grupo que se define como “social-patriota”. Una decisión que le costó sufrir el rechazo social en su municipio del que se marchó a los 17 años ante las agresiones que sufría, casi a diario, por parte del entorno proetarra. Ese primer “exilio” duró poco, ya que al año siguiente fue a hacer la mili en el cuartel de Loyola. Una vez terminado el servicio militar volvió a su casa familiar en Urretxu.

Allí siguió defendiendo la españolidad de la región en la que había nacido, lo que renovó el acoso contra él por lo que decidió inscribirse en un gimnasio y no achantarse ante las intimidaciones. En decenas de ocasiones grupos proetarras le intentaron agredir cuando andaba solo o en compañía de algún amigo. En muchas de esas ocasiones tuvo que defenderse y en las que causó daños a sus agresores, vio con sorpresa como era denunciado como si él fuera el agresor.

Pero los ataques del Valle, por pensar diferente a sus vecinos, no se ciñeron a los grupos callejeros de proetarras, y eso que convocaron hasta tres manifestaciones frente a su casa para pedir que abandonase el municipio. El propio ayuntamiento de Urretxu, a través de su alcalde, Pello González, reunió firmas para pedir el destierro del joven. González ha tenido después una meteórica carrera política dentro del mundo separatista. Pasó por la ilegalizada Udalbitza y pasó por cargos como diputado foral de Hacienda. También ha sido candidato a presidir la Diputación Foral de Guipuzcoa.
Le niegan protección por su adscripción política

El momento clave para la vida de Jorge del Valle llegó tras la detención del jefe del aparato militar de ETA en diciembre de 2002. Ibón Fernández Iradi, conocido como Susper, fue interceptado por gendarmes franceses y retenido en la comisaría de Bayona, de donde escapó por un conducto de ventilación dos días después de su captura. Pese a su huida, los agentes franceses encontraron importante documentación en los dos pisos que usaba el etarra, uno en Pau y otro en Tarbes.

En ellos se encontraba información fundamental para la lucha contra el terrorismo. Hasta tal punto que se detuvo gracias a esa documentación a 60 terroristas y más de 90 colaboradores de la banda ETA. Pero también se encontraron listas de posibles objetivos de los terroristas de ultraizquierda. Políticos, empresarios, militares, policías,… y entre todos ellos figuraba Jorge del Valle, que fue llamado de inmediato a dependencias de la Policía Nacional donde le comunicaron que se encontraba en los “papeles de Susper”.

Del Valle ha contado a Gaceta.es que el seguimiento que le hicieron fue muy pormenorizado: “entre las anotaciones que había junto a mi nombre, mi dirección, mi lugar de trabajo y mis horarios, había comentarios como que tomaba medidas de seguridad, que estaba muy acostumbrado a peleas y que tenía una buena forma física adquirida en el gimnasio”.

Tras conocer todos esos detalles, solicitó que le facilitasen alguna medida de seguridad, “que me pusieran escolta o me dieran licencia de armas”, según asegura. La opción de la licencia de armas fue descartada de inmediato, y respecto a la escolta “me dijeron que yo era un objetivo claro de ETA, pero que para ponerme escolta tenía que estar afiliado al PP o al PSOE, que de lo contrario no podían hacer nada al respecto”.

Lo único que hicieron por él fue asignarle un número de seguridad G, con el que podía identificarse en comisarías y cuarteles de la Guardia Civil, para que, en caso de sentirse amenazado pudiera acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una medida muy por debajo de la que se concedió al resto de las personas que padecían el mismo nivel de amenaza que sufría Jorge del Valle tras aparecer en los papeles de Susper.

Durante dos años siguió en Urrechu, hasta que a mediados de 2004 decidió trasladarse a otra zona de España donde su vida y su integridad estuvieran protegidas de los asesinos de ultraizquierda de la banda terrorista ETA.

Urquijo recurre contra otros siete ayuntamientos por enviar sus actas solo en euskera
EL CORREO 14 Enero 20155

· Son ya 13 los consistorios guipuzcoanos que han sido denunciadas por el delegado del Gobierno.

El delegado del Gobierno central en Euskadi, Carlos Urquijo, ha anunciado que recurrirá ante los tribunales la decisión de siete consistorios guipuzcoanos pertenecientes a la mancomunidad de ayuntamientos euskaldunes UEMA de remitir sus actas solo en euskera. Los recursos presentados por ese motivo contra Beizama, Amezketa, Elgeta, Gaintza, Oiartzun, Oñati y Usurbil se suman a los que hace un mes presentó por la misma razón contra los ayuntamientos de Aduna, Arama, Altzaga, Antzuola, Bergara e Itsasondo. Del mismo modo, a instancias de Carlos Urquijo, se ha recurrido también la decisión del Ayuntamiento de Zerain se incorporarse a UEMA, tal como se hizo en su día con el acuerdo que en el mismo sentido adoptó Berastegi.

Por medio de una nota, la presidenta de UEMA, Malen Belastegi, calificó ayer de «muy grave» la situación en la que quedan los citados municipios como consecuencia de la presentación de los recursos. «Se nos está diciendo que el euskera, en caso de que no se utilice también el castellano, no tiene valor oficial en las relaciones entre las administraciones», afirmó, apuntando que «tomando como base la actual Ley del Euskera no tenemos la seguridad de que los tribunales vayan a darnos la razón».

Valorar la posibilidad de modificar normativa es, de hecho, una de las alternativas que plantea Belastegi. Y asegura que no es suficiente «mostrar el apoyo a los municipios que han recibido los recursos». Recursos que «se acumulan unos sobre otros de manera que ya podemos decir que la actuación de Urquijo condiciona los esfuerzos de quienes trabajamos en la promoción del euskera».

También contra la Diputación
Aunque los tribunales no se han pronunciado todavía, el pasado mes de diciembre la comisión de coordinación de las Administraciones Públicas en materia de Política Lingüística, Hakoba, concluyó en base a un informe jurídico presentado por el viceconsejero de Política Lingüística, Patxi Baztarrika, que redactar solo en euskera las actas de los órganos de decisión de los organismos públicos es legítimo y la causa abierta contra municipios que en algunos casos llevan años con esa práctica carece de fundamento legal.

Otras de las actuaciones institucionales relacionadas con el euskera cuestionadas por Urquijo es el plan de normalización del euskera de la Diputación de Gipuzkoa (EH Bildu). Ayer, la portavoz del ente foral, Larraitz Ugarte, aseguró que recursos como el anunciado por Urquijo «manifiestan un odio en contra» del euskera y mostró «la tranquilidad y confianza» del Gobierno foral ante un plan que, según señaló, «respeta toda la normativa, cuenta con el aval de los juristas que han revisado a fondo el acuerdo», asegurando que en ningún caso se pretende «marginar a las personas que hablan en castellano».

El delegado del Gobierno en el País Vasco ya dio a finales de noviembre del año pasado la orden a la Abogacía del Estado para que interpusiera un recurso contra la colocación de nueve paneles informativos en las carreteras de Gipuzkoa en los que se recuerda a los conductores que viajan por «Euskal Herria-Basque Country». Urquijo señaló entonces que dichos paneles «incumplen la Ley de normalización del uso del euskera». Estas señales vulnerarían el artículo que indica que «las indicaciones de tráfico instaladas en la vía pública estarán redactadas de forma bilingüe respetando en todo caso las normas internacionales y las exigencias de inteligibilidad y seguridad de los usuarios».

Una normativa que incumplirían los nueve carteles –con un coste de 91.000 euros– ya que las referencias a los lugares de interés que incluye están en euskera, al igual que la «marca nacional», que además está traducida sólo al inglés. Según la delegación de Gobierno, el proyecto no respeta tampoco el artículo 56 de la Ley de Tráfico, que señala que «las indicaciones escritas se expresarán al menos en el idioma español oficial del Estado».


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