AGLI Recortes de Prensa   Jueves 15  Enero 2015

En Francia reaccionan; en España, sólo amagan
EDITORIAL Libertad Digital 15 Enero 2015

"Es necesario aumentar la lucha contra el terrorismo dentro del país, pues los tres atacantes eran franceses, nacidos y educados en el Hexágono. Pero también fuera, ya sea en Mali, en Libia o en Nigeria, en Irak o en Siria contra el Estado Islámico". Con estas palabras de François Hollande se podría resumir la reacción de París ante el terrorismo islámico: tras desplegar más de 10.000 soldados en territorio nacional para ocuparse de la vigilancia y protección de "lugares sensibles" y abortar la reducción de efectivos de Defensa tenía previsto acometer durante los próximos tres años, el presidente francés ha anunciado que enviará el portaaviones Charles de Gaulle a Irak para combatir al Estado Islámico.

En cuanto a su primer ministro, Manuel Valls, tras proclamar que "Francia está en guerra contra el terrorismo", ha anunciado diversas medidas contra el yihadismo en el interior del país, tales como el aislamiento en las cárceles de los islamistas o la puesta en marcha de un nuevo fichero de personas condenadas por terrorismo que estarán sometidas a vigilancia. Además, Valls ha denunciado el antisemitismo, contra el que "parte de la sociedad francesa y los intelectuales no han reaccionado lo suficiente", se ha lamentado.

El jefe del Ejecutivo galo pretende que un próximo proyecto de ley refuerce los servicios encargados de la información interior y la vigilancia de internet y las redes sociales, usadas "más que nunca por los yihadistas". Por otra parte, ha indicado que en septiembre estará operativo un registro de datos de pasajeros de aerolíneas, herramienta bloqueada en el trámite parlamentario europeo, e instado a la UE a aplicar sin demora esta medida.

No hace falta señalar las reivindicaciones que Al Qaeda ha hecho de la matanza en Francia ni sus referencias a España para saber saber que cualquier país occidental está en el punto de mira del terrorismo islámico. Así las cosas, podríamos comparar las medidas que se están tomando en Francia con las que supuestamente PP y PSOE han acordado en España; si no fuera, claro está, porque el publicitado "pacto de Estado" alcanzado por ambas formaciones no contiene hasta la fecha medida alguna. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, no ha hecho sino ahondar en el ridículo este miércoles al afirmar: "Acordamos que íbamos a acordar la forma del acuerdo".

Poco arreglo a tal "chapuza propagandística" –como con acierto lo ha calificado la dirigente de UPyD Rosa Díez– han supuesto las posteriores explicaciones de otros representantes del PP, que han asegurado que el referido pacto de Estado se basará en las 12 enmiendas que el PP presentó para la reforma del Código Penal directamente relacionadas con el terrorismo islamista. Y es que dichas declaraciones no sólo no han contado con el respaldo de ningún representante socialista, sino que hacen referencia a unas enmiendas que el PSOE rechazó en su día.

Aunque la reacción francesa no haya sido pomposamente denominada "pacto de Estado", el hecho es que ha contado con un amplísimo respaldo en la Asamblea Nacional. Por otro lado, tal y como reflejan las encuestas, la gestión del Gobierno francés tras los ataques islamistas está siendo ampliamente respaldada, no sólo por el electorado socialista, también por la inmensa mayoría de los votantes de los partidos de la oposición, incluidos los ecologistas y el Frente Nacional.

No es necesario recordar el acoso que, tras el 11-M, y para regocijo de los terroristas, sufrieron las sedes del PP, para sentir sana envidia por la imagen de unidad contra el terrorismo que están dando los franceses. Y no sólo a la hora de entonar al unísono La Marsellesa. Allí reaccionan unidos, mientras aquí se celebran pactos de Estado en los que no se pacta nada.

La libertad como alternativa
Lorenzo Abadía www.gaceta.es 15 Enero 2015

Está comprobado que en las naciones que adolecen de falta de libertades públicas, el virus del miedo y del egoísmo, al no encontrar su paliativo en estructuras institucionales inmunes, se propaga con tanta facilidad que termina corrompiendo la totalidad del cuerpo social. La experiencia constitucional del 78 es una buena prueba de ello.

Por otro lado, es notorio que la indignación, por inteligente que sea su base, destruye sin construir nada a cambio y, si lo hace, erige con optimismo voluntarioso instituciones tan vulnerables como las que pretende sustituir. Y se conoce, también, que sólo la desconfiada inteligencia racional, encauzada en un proyecto común basado en la libertad política y en la participación de los ciudadanos, es capaz de crear regímenes políticos con vocación de permanencia.

España se halla en una encrucijada de transcendencia histórica. Inmersa en lo que parece un ineludible proceso pre-constituyente, la sociedad política nacional no ha sido capaz, hasta ahora, de presentar más alternativa al inmovilismo del moribundo régimen salido de la Transición que un proyecto basado en la peligrosa versión posmoderna de la utópica promesa de igualdad material.

Por enésima vez en nuestra historia reciente, lo nuevo, al confundir las consecuencias con las causas, se convierte en reaccionario. Pues la miseria y el desánimo que originan los recortes y la falta de igualdad de oportunidades a los que con razón aluden, no se combaten con más igualdad sino con más libertad, especialmente, con aquella libertad política que el 15M diagnosticó como problema y despreció como solución.

Las heridas provocadas por la corrupción inmanente a toda partidocracia, la constitución de oligarquías financieras en connivencia simbiótica con una clase política instalada en el Estado cuya vocación de perpetuidad le permite vivir impúdicamente de un presupuesto público tan desbordante como improductivo y, quizá sea esto lo más acuciante, las patentes amenazas a la unidad de una nación de existencia secular, sólo encontrarán cura cuando el ciudadano español atesore la libertad suficiente para poder poner, deponer y controlar a sus gobernantes, planteamiento que no parece conmover lo más mínimo a los adalides del cambio, obsesionados con constitucionalizar la igualdad en vez de garantizar la libertad.

España no necesita una revolución de la igualdad sino la institucionalización de la libertad política. El genio de Hanna Arendt explicó magistralmente la diferencia existente entre la cuestión social y la política, atribuyendo el fracaso de la revolución francesa a la primera, y el éxito histórico de la revolución americana a la segunda.

Seguimos huérfanos de una alternativa política centrada en la que las libertades individuales y colectivas, la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades conformen su frontispicio. Distintos grupos e intelectuales claman por ese proyecto equidistante entre los intentos de blindaje de la clase política actual y el fervor reaccionario antisistema de la izquierda radical. Pero ninguno aúna todavía la energía constituyente necesaria para ser considerado una sólida alternativa ciudadana.

RECUPERAR LA LENGUA
GABRIEL ALBIAC ABC 15 Enero 2015

HACE ahora una semana, la Pascua Militar volvía a escenificar la extraña dificultad que tenemos los españoles para mirarnos ante el espejo. Y llamarnos por nuestro nombre. Sin disparar mitologías ni delirios, que la mayor parte de las veces dicen exactamente lo contrario de lo que sueñan estar diciendo. Nuestra extraña dificultad para afrontar el peso de nuestra historia. Y pasar a pensarnos. Tal como somos. En la luz y en la sombra que definen todo. Y tratar de entender de qué manera podamos eludir esa espiral suicida que tan habitual ha sido entre nosotros.

El daño mayor que inflige una dictadura ?cuando se extiende lo suficiente en el tiempo? es la apropiación de la lengua. Que, trocada en instrumento a su servicio, acaba por impregnarse de todos los afectos que la dictadura induce. Y las palabras, entonces, devienen el mejor escudo del tirano. Sus entusiastas como sus más jurados enemigos son, por igual, presos del ilusorio paisaje a la medida que las palabras alzan como suplencia de lo real. Hay un libro que debería ser de lectura obligada para nuestros escolares. Se llama LTI: la lengua del tercer imperio, título irónico mediante el cual Victor Klemperer va describiendo el modo en que el nazismo fue trocando el alemán común en una lengua de secta que sólo servía ya para consagrar el culto al Führer y el consiguiente exterminio de aquellos en quienes el Führer viera enemigos patrios. Una lengua saturada de emociones: entusiasmos como fobias. Hay que desconfiar de las emociones. Sobre todo de aquellas que nacieron en tiempo de despotismo. Al menos eso, deberíamos haberlo aprendido.

El abuso afectivo de las palabras «España», «patria» y «ejército» por parte de la dictadura nos arrebató un uso normal de la lengua y de la básica racionalidad, al buen uso del lengua asociada. Fue una verdadera violación del espíritu, de cuyas consecuencias no nos hemos todavía liberado. No existe un país moderno cuyos ciudadanos tengan tanta dificultad para enunciar el nombre de su patria, esa elemental cosa en la cual cristalizan historia, cultura y abrigo. Sin más trascendencias. No existe un país moderno en que hablar del ejército nacional sea tan difícil. Ni otro que yo conozca tan necesitado de disfrazar a su ejército en ONG humanitaria para poder fantasearlo como presentable.

Pero el ejército es otra cosa. Nacida con la modernidad, que acabó con las milicias privadas y más o menos mercenarias. Pueblo en armas. El ejército nacional nació con las revoluciones burguesas. Esto es, con la democracias. Sin ejército no hay nación, dice Saint-Just. Sin nación, no puede haber ciudadanía. Ni libertad, por tanto. Esa libertad que es el nombre de la modernidad europea. Y la clave primera de lo que define a Europa desde hace más de dos siglos. Son evidencias que en ningún sitio hace falta recordar. Salvo en España.

El mayor éxito del franquismo ?y nuestra más íntima derrota? fue el blindar su imposición retórica hasta tal punto en ciertas palabras clave, que acabásemos por odiar emocionalmente esas palabras, en lugar de odiar lúcidamente a sus distorsionadores. «España», «patria», «ejército» son piezas decisivas de esta distorsión. La dictadura desapareció hace casi medio siglo. El desasosiego que impuso a nuestro léxico sigue siendo el más pesado anclaje de nuestro presente en el pasado. Es hora de ir acabando con esa dislexia moral de la cual somos víctimas.
Perdimos las palabras en 1939. Las importantes. No las hemos aún recuperado. Va siendo hora.

El separatismo insostenible
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 15 Enero 2015

DEBEMOS agradecerle a Oriol Junqueras la liquidación de una idea, casi una ideología, que está en la raíz de la corrupción del sistema político constitucional, que ha acabado por arruinar el Estado y ha abierto una crisis nacional sin precedentes. La idea, arraigada desde tiempos de UCD en la clase política española, es que, mientras luchaba contra la ETA, España podía y debía permitirse un nacionalismo catalán radical pero sostenible, gestionado desde la corrupción. Con la última UCD y todos los gobiernos del PSOE y del PP, Jordi Pujol y el PSC, pero especialmente CiU, garantizaban que, aun siendo tan separatista como la ETA, el nacionalismo catalán no crearía un terrorismo propio, siempre que cada año se le dieran más parcelas de soberanía española y se le garantizase la inanidad de la Justicia española, es decir, la impunidad total de un régimen de poder personal, de partido-secta y partida-banda, el de Pujol, cuya ferocidad en el saqueo de fondos públicos quedaría compensada con la votación anual de unos Presupuestos en el Parlamento de Madrid que resultaran igualmente sostenibles para mantener la dinámica separatista del nacionalismo catalán.

La ruina del charneguismo del PSC y la decadencia del pujolismo en CiU han hecho de ERC la fuerza directora de un nuevo proceso que hace tres años abrió Artur Mas, el de un separatismo que desde Barcelona se proclamaba insostenible, abocado necesariamente a la ruptura de España y con España, pero en cuya sostenibilidad se han empeñado el PP y el PSOE, con todos los medios de comunicación que dominan, que no son pocos. Hasta hace un año, incluso los medios nacionales de Derecha se negaban a considerar caducado ese sistema de doble casta, la que en Madrid aceptaba la lenta liquidación de España en Cataluña, y la que en Cataluña fingía respeto por la legalidad mientras creaba un Estado paralelo y fuera de la Ley, de toda ética (impunidad de la mayor banda de ladrones políticos de Europa, la de Alí Pujol) y de la propia democracia, segregando a los catalanes, al menos la mitad de ellos, que no quieren separarse de España, pero cuyo poder político y mediático en Cataluña es prácticamente nulo. Pues bien: se ha acabado la farsa de la sostenibilidad separatista. Es la hora de la verdad, aunque Rajoy no quiera mirar el reloj.

Hay una guerra interna en el islam y los políticos occidentales no defienden la cultura europea
Samir Khalil Samir (*) www.latribunadelpaisvasco.com 15 Enero 2015

Justo después del atentado en París contra la revista Charlie Hebdo, las comunidades musulmanas en Francia han emitido un comunicado muy equilibrado y razonable. Pero todas estas declaraciones muestran un cierto embarazo: saben que no basta con decir “esto no tiene nada que ver con el islam”, porque los hechos dicen otra cosa. Al menos el 80% de los ataques terroristas que suceden en el mundo tienen lugar en nombre del islam, para defender la fe, al profeta… con una forma cada vez más difundida, también en Occidente.

Ayer hablé con un imán de París y me decía que en la capital francesa han abierto una escuela para imanes. Hay más de mil inscritos. En esa escuela se quiere orientar a los imanes para que conozcan la cultura occidental y puedan integrarse. Es una noticia importante, porque en el islam todo parte de los imanes. En Europa, a los imanes y predicadores de las mezquitas les pagan sus países de origen. Ahora en Francia quieren crear un islam autóctono, que asimile los valores occidentales propios de este país.

Pero es una postura que contrasta con la de la mayoría de los musulmanes activistas, para los cuales este Occidente es enemigo y el islam es un sistema que debe difundirse aunque sea mediante la violencia. De hecho, en Oriente Medio y en Europa se enfrentan dos formas de ver el islam. Si nos fijamos en la situación de Oriente Medio podremos ver hasta qué punto es fuerte la contraposición y la violencia entre sunitas y chiítas.

Conocí a un imán que era de Mosul. Es un chiíta cuya familia murió asesinada a manos de fundamentalistas sunitas. Emigró a Nayaf, donde el gran ayatolá Ali al Sistani ha construido un pueblo para acoger a los chiítas y cristianos huidos de Mosul. El odio entre sunitas y chiítas aumenta cada vez más, sobre todo el de la sunna contra los chiítas considerados apóstatas. En medio de ellos se encuentran las minorías: cristianos, yazidís, kurdos, etc… Es una lucha de los sunitas para reconquistar lo que han perdido: un Iraq guiado por los chiítas, una Siria guiada por alauitas, un Hezbolá chiíta en el Líbano más poderoso que el ejército regular…

Lo de los sunitas es un intento de recuperar espacio, considerándose a sí mismos como la auténtica forma del islam. Es una lucha en primer lugar interna del islam, que luego se dirige hacia las minorías y hacia Occidente, como la que promovió Israel por la secularización, etc. Pero ese es el enemigo más lejano. Lo más grave es la lucha interna por ver quién propaga el islam más auténtico.

Incluso en el Líbano existe esta fuerte tensión. Por eso ambas comunidades musulmanas piden a los cristianos que se queden, para que hagan de amortiguador. Si en el Líbano no hubiera cristianos, ya habría estallado la guerra entre sunitas y chiítas. El islam debería afrontar a fondo las cuestiones de la modernidad: una interpretación profunda del Corán, la no violencia, la libertad de conciencia, pero nadie se atreve a hacerlo.

Una primera cosa que merecería la pena que fuera aceptada por todos es el principio de la no violencia. Todos los musulmanes afirman que “el islam es paz”, que no es violento. Las viñetas de Charlie Hebdo, por ejemplo, son de hace ya varios meses. De acuerdo, los dibujos son irónicos, sarcásticos, incluso injuriosos, pero vosotros, musulmanes, ¿por qué tenéis que responder con violencia? ¿Por qué a un escrito no podéis responder con otro escrito?

En el pasado (en 2006) Charlie Hebdo presentó a Mahoma con una bomba en el lugar del turbante. Y yo le digo a mis amigos musulmanes: ¿cómo representáis vosotros a Mahoma? Con la espada. En el museo de Estambul hay incluso dos espadas que se considera que pertenecieron al profeta. Arabia Saudí, el país custodio de los lugares santos del islam, ¿qué lleva en su bandera? ¡Dos espadas! Entonces, yo digo: los de Charlie Hebdo solo modernizaron la figura de Mahoma. En su época había espadas y hoy hay bombas.

Mientras el islam, en vez de luchar contra los demás –apóstatas, cristianos, Occidente, ateos–, no haga una autocrítica y reconozca que el problema está en su seno, no se dará un paso, y los países islámicos siempre serán caracterizados por la guerra entre ellos.

Los conflictos que tienen lugar en África, en los países árabes mediterráneos y en le frontera con el desierto del Sáhara también son conflictos internos del islam. Quisiera decirles a mis amigos musulmanes: afrontad los problemas, haced autocrítica, repensad el islam para la situación actual, reinterpretad las palabras del profeta. En la Biblia también hay versículos que incitan a la guerra, pero todos nosotros entendemos que hay que reinterpretarlos y no tomarlos al pie de la letra.

Hay que tener en cuenta que estamos en el siglo XXI. Quien paga en estas guerras son los sencillos, las minorías, los que no tienen a quien les defienda.

El enfrentamiento entre sunitas y chiítas se concentra también en la lucha entre Arabia Saudí e Irán. Aquí, a la religión se añaden problemas económicos, estratégicos, geopolíticos, de dominio… Hay que decirle a Arabia Saudía que ya estamos en el siglo XXI. ¿Cómo es posible, por ejemplo, negar a las mujeres el derecho a conducir un coche ellas solas? ¿O que las mujeres no tengan aún el derecho a votar en unas elecciones nacionales?

Además, quien rige de este modo –Arabia Saudí– lo hace como el auténtico intérprete del islam, en nombre del islam. Algo que disgusta a todos, musulmanes incluidos. Si tú haces estas cosas en nombre de la religión, entonces no protestes si yo ataco tu religión, que te lleva a humillar tanto a un ser humano.

Cuando hablas con los musulmanes, te dicen: sí, es verdad, Arabia Saudí es un país reaccionario, retrógrado, pero como los saudís reparten millones a los demás países, todos acaban diciendo “Dios bendiga a Arabia Saudí”.

¿Y Occidente? El problema de la relación con los musulmanes se da porque muchos de ellos no se quieren integrar, puesto que el islam es un sistema, no solo una religión. Muchos de ellos –la mayoría– intentan integrarse, pero lo hacen lentamente. En Francia estaban más integrados los argelinos hace 50 años que los que emigran hoy.

Ahora en Francia, en casi todo el país, hay escuelas y supermercados donde venden alimentos halal, incluso los hay que solo venden productos halal, que también pueden consumir los no musulmanes. Esto contribuye a que se vea a los musulmanes como una amenaza a los valores occidentales (entre los que también está comer carne de cerdo). Y al ver que los musulmanes se organizan en grupos activistas, los occidentales también se organizan en grupos con eslóganes anti-islamistas.

También hay que decir que los políticos europeos nunca afrontan este problema. Deberían decir a los inmigrantes: sois bienvenidos, os acogemos fraternalmente por nuestra tradición cristiana; si queréis, podéis quedaros aquí, pero debéis integraros; podéis practicar la religión que queráis, o podéis ser ateos, pero debéis entrar en el sistema que existe aquí, integrándoos desde el punto de vista económico, político, social, cultural.

Lamentablemente, los políticos prefieren no abrir el pico y predicar solo una vaga acogida, relegando la cultura europea a un nivel privado. En general, veo que en muchas partes de Europa existe una acogida muy sólida hacia los inmigrantes. Incluso entre los musulmanes hay apertura, pero hay un núcleo de islamistas que rechaza la integración y la combate. Para vigilar este aspecto, hay que controlar las mezquitas. A primera vista, esto es contrario a nuestro espíritu europeo, de separación entre Estado y religión. Pero las mezquitas en el islam no son solo un lugar de oración. Son un lugar de adoctrinamiento y de indicaciones políticas, a veces perjudiciales para la comunidad. Por ello, los Estados europeos deberían controlarlas, como se hace en todos los países musulmanes. En el mundo islámico, las mezquitas son las primeras entidades que se controlan.

Este último ejemplo muestra cómo, lamentablemente, frente a las pretendidas certezas de los grupos islámicos organizados hay aún muchas incertidumbres en el mundo occidental. A corto plazo, es necesaria la apertura a los emigrantes, en particular a los musulmanes, y al mismo tiempo la exigencia de una integración socio-cultural para evitar conflictos y humillaciones.

(*) Egipcio, jesuita y profesor de Historia de la Cultura árabe y de Islamología en Beirut y en Roma, Samir Khalil Samir es actualmente uno de los mayores especialistas mundiales en las relaciones entre cristianismo e islam. Este artículo ha sido publicado inicialmente en la revista Asia News

Autodeterminación
De Tamames sobre Cataluña
Agapito Maestre Libertad Digital 15 Enero 2015

Pongo orden en algunos estantes de mi biblioteca y me encuentro con un viejo libro del profesor Tamames. Le echo un vistazo y me quedo asombrado de las cosas que decía, en 1975, sobre el proceso de construcción de la nación catalana. Leo, leo y leo en ese libro cosas que, hoy, repiten, repiten y repiten, hasta la saciedad, los separatistas catalanes. Terrible. De esos polvos del entonces comunista Tamames, como diría el tópico hispano, vienen estos lodos de odio contra España. No vayamos, pues, a buscar en otros lugares el origen de la barbarie nacionalista del presente. Resulta imposible saber a dónde va Cataluña sin responder, previamente, de dónde viene el independentismo catalán. Si desconocemos el origen de ese supuesto derecho a decidir, ese principio de autodeterminación, de los catalanes al margen del resto de los españoles, no entenderemos jamás qué pasa en Cataluña. Siempre es buena la autocrítica para el avance del conocimiento, pero debería ser obligatoria para quienes, como es el caso del profesor Tamames, han hecho vocación, casi destino, de la pretensión de ilustrar a sus compatriotas sobre el futuro de la patria común de todos los españoles: España. Porque es menester ejercitar la memoria individual para que emerja limpiamente la memoria colectiva de un pueblo, el español, que se resiste a morir como ciudadanía de una gran nación, España, traigo aquí a crítica el libro del maestro Ramón Tamames.

Varias son las fuentes donde ha abrevado el secesionismo catalán. Lengua, derechos históricos, tierra, sangre, manipulación del pasado y, en fin, cualquier cosa, por irracional que sea, que forme parte de la idiosincrasia de esa región de España, han sido utilizadas por el nacionalismo para defender una Cataluña independiente de España. Hay sin embargo tres asuntos que reitera el relato independentista, tan falso como perverso, para defender sus posiciones, a saber, la utilización de la lengua, la manipulación de la historia y, sobre todo, la defensa de un extraño derecho de decisión y autodeterminación. Al desarrollo de este último ideologema contribuyó de modo decisivo, como veremos a continuación, la izquierda española, en general, y el profesor Tamames en particular, pero, antes, permítanme que les diga algo sobre la manipulación de la lengua y la historia que han llevado a cabo los independentistas.

En efecto, es una perversión defender la lengua catalana como hecho diferenciador de Cataluña respecto al resto de España, pues que convertir una lengua, que es en esencia comunicación, en un hecho para distanciar a los catalanes del resto de los españoles no sólo es un atentado a la nación española, que defiende el bilingüismo, sino un desprecio al catalán como lengua de comunicación. Las lenguas son siempre para comunicarse, pero los separatistas maltratan el catalán para diferenciarse. Separarse. La falsificación de la historia de Cataluña, a través de un proceso de deshistorización de la historia nacional española, ha sido el segundo eje del independentismo catalán para defender la segregación de Cataluña de la nación española. Por aquí, poco hay de original en el independentismo catalán ni tampoco en la crítica que podemos hacer hoy al cerrilismo independentista, que sigue una vieja corriente que siempre fue denunciada por los historiadores más serios y rigurosos de España, valga de ejemplo, entre la mejor historiografía de nuestro país, estas palabras de Ramón Menéndez Pidal:

No cabe pensar que la historia de Cataluña viene equivocada y mal hecha desde hace ocho siglos, sino que son los nacionalistas quienes la escriben equivocadamente desde hace (...) años; son ellos los que entienden mal a Cataluña, y no Ramón Berenguer IV ni los compromisarios de Caspe; son los separatistas los que pugnan con la Historia al querer vivir solos, "Nosaltres sols", cuando Cataluña jamás quiso vivir sola, sino siempre unida en comunidad bilingüe con Aragón o con Castilla.

Sin embargo, esos dos factores de perversión del separatismo catalán son poca cosa comparados con el invento, quizá el peor invento de la izquierda española contemporánea, de un supuesto derecho a decidir de los catalanes para separarse de España. Como es sabido, los secesionistas catalanes invocan el principio del derecho internacional referente a la autodeterminación, porque la Constitución española no admite el derecho a decidir ni tampoco el derecho de secesión. Pues bien, esa idea o principio de autodeterminación, que se utilizó en el proceso de descolonización impuesto por los países europeos en África, fue alentado por la izquierda española, durante el proceso de transición de la dictadura de Franco a la democracia, hasta convertirlo en un derecho y, después, lo ha mantenido, porque ha sido incapaz de construir un discurso crítico sobre el nacionalismo secesionista. Ha sido, sin duda alguna, este leit motiv de la izquierda española una de las armas mejor utilizadas por el secesionismo catalán para romper la paz del Estado-nación, España.

Ramón Tamames, en 1975, tenía claro el asunto. Lean la explicación que nos ofrece en su libro Un proyecto de democracia para el futuro de España y verán con facilidad de dónde viene el derecho de autodeterminación que invocan los secesionistas catalanes:

En el capítulo VIII de Algunas cuestiones clave... nos referíamos al derecho de autodeterminación, que entendemos necesario por varias razones. Primeramente para "escoger la forma política considerada más conveniente" y decidir de este modo sobre la cúspide del poder político, engarzándolo con la soberanía popular y acabando con concepciones patrimonialistas o pseudoteocráticas del Estado (...).

Por último, con el ejercicio del derecho de autodeterminación en su acepción más amplia, España podría convertirse en Estado miembro de pleno derecho de las Comunidades Europeas, lo que significaría la supresión del colonialismo externo que hoy trata como simples ribereños del Mediterráneo a los españoles, cuando por geografía y por veinticinco siglos de historia somos insoslayablemente europeos.

Es obscuro, muy obscuro, todo lo que dice Tamames en el último capítulo de su libro, cuyo título "El final del colonialismo" es toda una síntesis del programa político de Tamames del año 1975, que ahora quieren llevar a cabo los independentistas catalanes. Sin embargo, la obscuridad conceptual, casi la ceguera expresiva, es resuelta por el profesor Tamames con estilo platónico a través de un breve diálogo entre el propio Tamames, ya entonces un intelectual relevante y militante del Partido Comunista de España, y un estudiante de Tarrasa que tuvo lugar en el año 1974:

P.- ¿Qué opina de las libertades de Cataluña?
R.- Que como cualquier otra región española tiene derecho a la autonomía.

P.- ¿Llegaría Vd. a aceptar el principio de autodeterminación para Cataluña?
R.- Sí, naturalmente.

P.- ¿Incluso para llegar a su plena independencia?
R.- Desde luego, siempre que ésta fuera la libre decisión mayoritaria de los catalanes (...).

P.- A este respecto, ¿cómo definiría Vd. quienes son catalanes?
R.- Todos los que viven y trabajan en Cataluña. Esa es la definición, y con ella estoy plenamente de acuerdo.

Pues eso, amigos, cuando alguien les pregunte de dónde han sacado los secesionistas ese galimatías del derecho de autodeterminación, o sea de secesión, pueden contestar con las reflexiones del año 1975 del profesor Ramón Tamames. ¡Leer para creer! Sí, sí, esa "virguería marxista" de la autodeterminación, como dijo hace muchos años Xavier Arzalluz, fue y, naturalmente, sigue siendo la gran novedad que introdujo el nacionalismo separatista en su criminal relato para terminar con España. De ahí que sea tan importante, reitero, recordar las tesis del comunista Tamames para nuestro trágico aquí y ahora. El filonacionalismo izquierdista, el mismo que votó en el Congreso de los Diputados a favor del zapateril Estatuto separatista de Cataluña, es el apoyo imprescindible para hacer de la autodeterminación, como dijera el título de un libro de los noventa, un auto de terminación. En fin, espero que el profesor Tamames, hombre tolerante donde los haya en España, me reconozca, al menos, que la desmemoria individual no debería jamás ser modelo de desmemoria colectiva. Nacional.

Coda final: pocas cosas han cambiado, desde 1975, fecha del libro de Ramón Tamames, hasta aquí, 2015¡ Quién sabe a ciencia cierta cuáles han sido los cambios! Yo tengo la sensación de que la izquierda sigue llevándose mal con la nación y la derecha duda de su viabilidad. Terrible. Es necesario volver a Ortega y Gasset: o nacionalizamos España o esto no es nada.

La deuda pública nunca se paga
El Confidencial 15 Enero 2015

Imaginemos que mañana pudiésemos ir a un banco, pedir un préstamo y no devolver el dinero. Que cuando llegase el vencimiento o la próxima cuota, simplemente, nos prorrogasen el plazo una y otra vez… como si fuésemos un promotor patrio. ¿Se imaginan que el ciudadano común pudiese tener tal privilegio? Lo siento, eso no va a pasar, al menos no a las personas de a pie. Sin embargo, las próximas elecciones en Grecia y el auge de Syriza han puesto sobre la mesa un debate muy similar para la deuda soberana.

¿Se imaginan que los Estados no hiciesen frente a sus compromisos? Bueno, en realidad está ocurriendo algo parecido, puesto que en la actualidad la deuda pública no se paga. ¿Cómo que no se paga? Antes de juzgar, déjenme que me explique, veamos los datos y luego dictemos sentencia porque creo que el debate al respecto es muy interesante.

Pongámonos en contexto. El próximo día 25 de enero hay elecciones anticipadas en Grecia, en las cuales se espera que Syriza sea la opción vencedora. Este partido suele identificarse principalmente con dos propuestas: la renegociación de la deuda pública helena y la ruptura con la ‘oligarquía’ y la corrupción creada por los partidos que anteriormente alcanzaron el poder (en un nivel probablemente no comparable a ningún país desarrollado). En el presente artículo me gustaría centrarme en el primer punto, en la sostenibilidad de las finanzas públicas y el repago de la deuda, y en concreto me gustaría traer a colación un artículo de notable éxito escrito por Bini Smaghi, exmiembro del BCE, esta misma semana (“Is Greece's debt really so unsustainable?12-01-2015, Financial Times).

Según el economista italiano, y en contra de lo que piensa Syriza y gran parte de la opinión pública, un nivel de deuda del 175% sobre el PIB no es necesariamente insostenible. ¿Puede hacer frente Grecia a una carga deudora semejante? Bini Smaghi lo tiene claro, ya que la sostenibilidad de la deuda no se mide por su volumen total, sino analizando si el país puede hacer frente a los pagos acordados o no. 

Grecia paga unos intereses por su deuda pública del 4% del PIB, menos que países como Italia, Portugal o Irlanda y en línea con sus comparables a nivel internacional; su volumen total en relación al PIB se ha estabilizado ya que su economía actualmente crece; han alcanzado superávit primario (ingresos menos gastos exceptuando gastos financieros), algo de lo que muy pocos países del mundo pueden presumir y que acelerará su reducción de deuda; y por último porque la deuda soberana nunca se paga. ¡Eh, un momento! Que la deuda griega, gracias a la reestructuración sufrida y a las medidas llevadas a cabo, es más sostenible que la de otros países vale, ¿pero que la deuda pública nunca se paga? ¿Se ha vuelto loco Bini Smaghi?

Pues no, en absoluto. Los números de la economía helena ya los vimos en su momento (“All in: el dinero vuelve a mirar a Grecia” 14-10-2013, "Las perlas de Kike"), llegando exactamente a la misma conclusión que Bini Smaghi: la deuda pública griega no es insostenible, o al menos no más que la de cualquier otro país comparable a nivel internacional. Vamos, que si hay otro rescate será un rescate político y no financiero, esto es, si se dan más facilidades para cumplir los compromisos será para facilitar el crecimiento, para dar más autonomía fiscal o por motivos similares, pero no porque los números, a día de hoy, no cuadren.

Más polémico aún es el argumento de que la deuda pública no se paga, y que para más inri lo diga un antiguo miembro del BCE, pero lo cierto es que es así. No se trata de que los Estados a lo largo del mundo no cumplan sus compromisos en tiempo y forma (default, reestructuración…), lo hacen, lo que ocurre es que la deuda pública nunca se paga realmente, nunca se reduce en términos absolutos puesto que siempre es renovada una y otra vez… como si fuese un promotor patrio. En el mundo actual las minoraciones en términos absolutos de los montantes de deuda, algo que podríamos considerar un pago real puesto que de esta manera no se produce una refinanciación con nuevas emisiones que compensen las anteriores, son totalmente marginales. Véase el caso de la deuda pública española en los últimos años.

En la gráfica de arriba, realizada con datos del Banco de España, podemos observar la deuda pública total y la deuda pública según el Protocolo de Déficit Excesivo. A pesar de que la deuda pública se reduce en términos relativos de forma sustancial en la década pasada, no ocurre lo mismo si miramos los valores absolutos, ya que en dichos términos la reducción del endeudamiento es prácticamente nula. La deuda pública nunca se paga, solo crece año tras año.

Habrá quien se escandalice por la gráfica anterior. Unos porque descubrirán que la deuda pública real total de nuestro país está más próxima al 150% del PIB que al 100% que computa según el Protocolo de Déficit Excesivo. Otros porque descubrirán que la deuda pública española se ha triplicado durante la crisis. Y finalmente habrá quien haya visto que, efectivamente, la deuda pública no se paga, solo se refinancia, y por ese motivo no se produce una reducción en términos absolutos ni aunque vivamos un ‘burbujón ladrillero’ que multiplique los ingresos fiscales.

¿Podemos calificar de irresponsables a nuestros gobernantes por ello? En realidad hay motivos de mucho peso para que esto sea así. Un motivo es que no es rentable, ni política ni económicamente. Cuando un Gobierno decide a qué destina sus fondos, lo normal es que lo haga al lugar donde obtenga más réditos electorales, sí, pero también a donde obtenga más retorno económico. Invertir en educación o infraestructuras, por poner dos ejemplos típicos, produce un retorno muy superior en la economía que repagar deuda debido a su efecto multiplicador. Además da más votos, ¿quién gana?

Otro motivo es que los Gobiernos, según la doctrina mayoritaria, deben intentar aplicar una política contracíclica. Esto es, en momentos de recesión abrir la mano para reactivar la economía, y en momentos de abundancia, como puede ser una burbuja, ahorrar. Por tanto, los momentos en los que es viable mantener un superávit primario sin mermar la economía productiva son puntuales.

Hay más, y es que los mercados necesitan activos de máxima calidad para su correcto funcionamiento. Imaginemos por un momento que países como Alemania o Estados Unidos decidiesen cancelar sus deudas, ¿a dónde iría el dinero invertido? ¿Qué ocurriría con los mercados que dependen de esa deuda pública? ¿Hasta dónde subiría el precio de los escasos activos de máxima calidad que siguiesen existiendo? Pensemos que ya hoy en día, con abundancia de activos soberanos, se producen rendimientos negativos; ¿qué ocurriría ante una verdadera escasez?

Por otra parte, si juzgamos a los gobiernos, ¿por qué no juzgar también a esas empresas que un día deciden que su nivel óptimo de apalancamiento es un determinado porcentaje? Obviamente no hay nada que juzgar, ya que al igual que una empresa puede contar con cierto nivel de deuda para maximizar el retorno de sus accionistas o participes, o bien para realizar proyectos que de otra forma no podría abarcar, con los Estados ocurre lo mismo. El nivel cero de endeudamiento no es óptimo, incluso los países con deuda pública neta cero no cuentan en realidad con un nivel cero, lo que ocurre es que cuentan con reservas superiores al importe deudor.

Que el Estado esté endeudado no quiere decir que esté hipotecando a nuestros hijos, todo lo contrario. Si esa deuda se usa productivamente se producirá un retorno a la inversión (de forma inmediata o no, como la educación) y por tanto nuestros hijos recibirán un mundo mejor al nuestro. El problema en realidad no es la deuda, el problema es el uso que le damos a la deuda. Bien usada su asunción genera no solo los recursos para su sostenibilidad futura, sino también riqueza; mal usada no genera retorno y por tanto el país se verá incapaz de hacerle frente. Ese es el problema de países como Grecia, que han usado sus fondos para favorecer la corruptela.

No obstante, si las deudas no se pagan, ¿qué más da poder hacerles frente o no? Que no se paguen no quiere decir que no tengamos que tener recursos para hacerles frente, o en otras palabras, para refinanciar constantemente el endeudamiento debemos tener la confianza de los acreedores, y para ello nuestras cuentas tienen que estar en orden. Vamos, que cuando Bini Smaghi dice lo que dice no se refiere a nada parecido a no pagar o renegociar términos, se refiere a hacer bien las cosas, tener la confianza de los inversores y por tanto ser libres para decidir si queremos usar más o menos endeudamiento, en función del retorno que estimemos y de los objetivos que queramos alcanzar, sin verse condicionados por los demás.

Y cierto es que la confianza no deja de ser algo subjetivo. En realidad si mañana se paralizasen los mercados y no pudiese realizarse ningún roll-over más, ningún gobierno del mundo con un endeudamiento positivo podría hacer frente a los compromisos salvo usando a los bancos centrales, pues todos dependen de las refinanciaciones. En ese sentido todos somos igual de insostenibles. Es más, Grecia cuenta con una gran ventaja ya que actualmente su vencimiento medio es mayor que el de cualquier otro país gracias a la reestructuración realizada, por tanto se ve menos expuesta a este riesgo. Pero en cualquier caso lo que está claro es que la confianza no se consigue con impagos o con decisiones unilaterales, sino con consenso y aplicando la lógica. Si un estado voluntariamente quiere dejar de pagar que no pague, pero que lo haga como hacen todos, con decisiones sensatas, renovando vencimientos y contando con la confianza de los acreedores, no mediante el default.

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Charlie Hebdo: contra la langue de bois o el lenguaje hueco

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye Estrella Digital 15 Enero 2015

Charlie Hebdo ha pagado por llamar a las cosas por su nombre y no tener pelos en la lengua. La compañera del asesinado Charb, Jeanette Bougrab, lo ha dicho hace unos días: hay que abandonar este lenguaje eufemístico con el que ocultamos la realidad. Y ha reprochado a esa izquierda islamófila que tanto abunda en nuestros países de haber ido preparando el caldo de cultivo. Como aquella que hace treinta años excusaba a las Brigadas Rojas, a ETA o a la Baader Meinhoff.

Lo políticamente correcto ha hecho estragos, no sólo en el pensamiento sino hasta en la estrategia de lucha contra el terrorismo. Pascal Bruckner ya habló del victimismo como excusa de todos los atentados. Hasta en estas circunstancias la prensa española –la misma que ignora las masacres de cristianos y jecides- destaca algunos pequeños atentados contra mezquitas agitando el temor de una extrema derecha, como si ese fuese el principal problema.

Hay que decirlo claramente : no hay islamofobia en Francia. Es el país más liberal en este sentido, con seis millones de musulmanes. El francés puede que no sea siempre super simpático pero tolera perfectamente a los demás. La tradición republicana es real, existe. El policía rematado y un ujier de Charlie Hebdo eran musulmanes. Un musulmán ha salvado judíos en el supermercado cocher. No hay obstáculos a la integración por razones religiosas: los que no se integran son algunos hijos, por cierto, de integrados; los que se van a la yihad van con pasaporte francés, con lengua y educación francesas.

Hace unos días, hasta Philip Stephens, del Financial Times comparaba la Yihad con los islamófobos alemanes. Es como aquellos obispos vascos que hablaban de la violencia venga de donde venga, equiparando a los terroristas con los policías de un Estado democrático.

Manifestarse por la solidaridad y la unidad es lógico, cauterizador, consuela, es terapéutico, pero no es suficiente (y menos si muchos de los políticos representan países totalmente antidemocráticos). No sirven los duelos, sirven las acciones. No hay casi acción europea, salvo los despliegues policiales a posteriori. Los políticos se niegan a considerar el terrorismo islámico como una verdadera amenaza. Todos los asesinos estaban fichados e incluso habían sido ya detenidos con anterioridad. Esto no es nuevo, pues recordemos que Francia se negó durante décadas a ver en ETA una amenaza a la democracia (el Consejero de Estado Bruno Genevois defendía en la ENA en 1982 la doctrina de que los etarras eran equiparables a los resistentes contra el nazismo –Caso Astudillo-Calleja).

Los imanes, las mezquitas deben asumir su responsabilidad y condenar sin paliativos todo tipo de yihad (que es una desnaturalización del Corán por una lectura deliberadamente ancestral, literal y de mala fe). Y evitar que los jóvenes se sientan atraídos por los extremistas. El cambio en la mentalidad debe venir desde dentro del Islam. Lo ha dicho el pensador musulmán Abdennour Bidar en su carta abierta del pasado 11 de enero: Dear Muslim world. Al igual que el escritor argelino Bualem Sansal. También sería interesante leer, sin prejuicios, a la autora egipcia Bat Ye’Or, en su libro Eurabia, de hace casi diez años, (evidentemente, no traducido en España); o ver qué decía Enoch Powell hace más de medio siglo, que era reaccionario pero no estúpido, al contrario.

Pero tenemos dos problemas: el ideológico (sobre el que volveré), y el de tiempo y de medios. El terrorismo es más ágil que la democracia y no tiene escrúpulos mientras la democracia debe respetar unas formas (por eso los polícías siempre desenfundan tarde). No creo que en varias décadas veamos los cambios. Lo peor es que genera miedo. Y el miedo es mal consejero. Diez mil soldados o suprimir el espacio Schengen no van a cambiar casi nada.

De la escuela al paraíso
Xavier Pericay Cronica Global 15 Enero 2015

En su edición de ayer el diario Abc daba cuenta de una concentración protagonizada por niños en el patio de una escuela. Esos niños llevaban un cartel donde podía leerse «Amaia askatu», en alusión a la detención de la abogada de etarras y portavoz de Sortu Amaia Izco, llevada a cabo por la Guardia Civil en Pamplona el día anterior, dentro de la llamada operación Mate. Por supuesto, los niños no se concentran espontáneamente, ni siquiera en el patio de una escuela, y aún menos se ponen de acuerdo para elaborar un cartel con una misma leyenda, imprimir no sé cuantas copias del original y usarlas a modo de pancarta todos a una. No, eso son cosas de mayores o, como mínimo, de jóvenes ya creciditos. En realidad, si uno observa la fotografía publicada en el mismo medio, verá como entre la chiquillada aparecen algunas cabezas, si no pensantes, sí notorias, que cabe atribuir sin duda a maestros del centro. Incluso la foto —subida a Twitter por el propio Colegio Público San Francisco— tiene toda la pinta de haber sido tomada por una mano maestra.

No hace falta añadir que no es la primera vez que en un colegio del País Vasco o Navarra los niños son usados como carnaza para la siembra del odio y la violencia. Tal vez por ello el PP, a instancias del Ministerio del Interior, acaba de registrar una enmienda en el Congreso de los Diputados para que sea introducida en la reforma del Código Penal e impida que los condenados por terrorismo, una vez cumplida la pena, puedan ejercer la labor docente. Bien está, sobra decirlo, pero no basta. Ignoro si entre esos maestros del colegio San Francisco de Pamplona hay condenados por terrorismo; en todo caso, lo que sí hay, seguro, son simpatizantes y apologistas de una banda terrorista, o sea, personas que merecerían acarrear una condena de este tipo. Y el hecho de que eso suceda en un colegio público confiere al delito una gravedad todavía mayor. Que el propio espacio público —ya que no otra cosa es un centro escolar dependiente de la representación del Estado en la Comunidad— sea un vivero de futuros terroristas cuyo principal objetivo será destruir el Estado que los cobija, no sólo clama al cielo, sino que supone también un soberano ejemplo de estulticia por parte de quienes deberían velar por su conservación.

Estos días, a raíz de los trágicos atentados de París, se ha hablado y escrito mucho sobre la falta de determinación de no pocos maestros franceses, hijos o no de la inmigración, a la hora de encarar en sus aulas el problema del fundamentalismo islámico. Y no parece que el respeto hacia determinadas creencias, ungido de un biempensante relativismo cultural, haya contribuido en nada a combatir una ideología que descansa en la intolerancia, fomenta el odio y desemboca fatalmente en la violencia. Del mismo modo, quienes conocemos las entrañas del sistema educativo implantado hace 35 años en Cataluña sabemos que, entre los valores pregonados por una gran mayoría del profesorado de la escuela pública y concertada, no está precisamente el de la fraternidad para con los ciudadanos del resto de España o con los propios catalanes nacionalmente infieles. Más bien lo contrario. Ya falseando la historia, ya enalteciendo la llamada lengua propia en detrimento de la común, ya sacando a los críos y no tan críos a pasear festivamente para oponerse a cualquier reforma educativa procedente del Gobierno y que ponga en peligro la cosmovisión nacionalista, lo que esos docentes han logrado es inculcar en sus alumnos una intolerancia —y hasta a veces un odio visceral, rayano en la violencia— hacia el prójimo que no puede sino derivar en una fractura social como la que se está viviendo hoy en día en Cataluña. Por supuesto, los medios de comunicación, y en especial la televisión autonómica, han puesto mucho de su parte. Pero su infame propaganda ha tenido como blanco unos organismos indefensos, sin el menor pensamiento crítico al que agarrarse y atentos tan sólo a la palabra sagrada. De un modo u otro, a ellos —como a esos niños pamplonicas o a los de la banlieue parisina— les han prometido el paraíso a cambio de combatir al diablo.

Quinta columna
Antoni Puigverd. La Vanguardia  14 Enero 2015

¿Quién se ha burlado de la buena fe de la gente? ¿Quién ha jugado con sus sentimientos?

Durante los últimos años, los partidarios del proceso catalán hacia la independencia (la minoría más robusta, organizada y sobrerrepresentada) han acusado a los catalanistas partidarios de otras opciones de poner palos en las ruedas catalanas. Quien osaba apelar a una tercera vía negociada era tratado de ingenuo incurable o de perverso representante del statu quo. Quien sostenía que el sentimiento de pertenencia catalanoespañol es, a pesar de todos los pesares, muy alto en Catalunya, y que era preciso tener presente este factor antes de dar según qué pasos, era acusado de quintacolumnista. Quien avisaba de que, forzando a elegir entre la lealtad catalana y la española, cabía la posibilidad de una ruptura interna catalana, era acusado de hacerle el juego a Aznar y se le obligaba a aceptar el dogma de fe de la exigencia demoscópica de voto por parte del 80% de catalanes (exigencia indemostrada, pero siempre desmentida por los hechos).

Quien recordaba que la reclamación del pacto fiscal dio la impresión de ser una excusa fugaz era acusado de tocársela con papel de fumar. Quien, ante la descripción independentista de una España monolíticamente agresiva con Catalunya, recordaba el respeto o el afecto con que no pocos madrileños, cordobeses o sorianos de hoy y de ayer reconocen nuestra realidad cultural y económica, era tachado de idealista enfermizo o de español confeso y se le condenaba al infierno de Wert, Losantos y compañía. Quien hacía notar que el discurso del president Mas confunde España con las posiciones del PP y la historia de España con la interpretación que hace de ella el PP era conminado a no entorpecer el procés con argumentos de quisquilloso. Quien lamentando que la hegemonía independentista imponía un relato obligatorio que empobrecía el debate era acusado de hacer el juego al españolismo y de demonizar el catalanismo.

Y si, considerando que la sentencia del 2010 fue emitida por un Tribunal Constitucional anómalo y politizado, alguien opinaba que la respuesta no tenía por qué ser la ruptura, sino un reagrupamiento del catalanismo en torno al mínimo común denominador, rápidamente era acusado de ser partidario de las medias tintas y se le conminaba a reconocer ante el tribunal de la historia que la oportunidad era única y que oponerse al procés era negar el futuro de Catalunya.

Pues bien, ahora díganme, ¿quién ha sido el quintacolumnista? ¿Quién ha entorpecido realmente el famoso procés? ¿Quién ha provocado el naufragio de la ilusión de los catalanes que habían hecho suyo el relato soberanista? ¿Quién se ha burlado de la buena fe de la gente? ¿Quién ha jugado con sus sentimientos? ¿Quién ha conducido al catalanismo a un laberinto? ¿Quién ha quemado las naves del catalanismo jugándose la historia y el futuro a una sola carta? Ahora díganme: ¿Quién, abusando de las metáforas de parejas que se rompen y los amores solitarios, ha acabado entonando aquel siniestro bolero que decía “la maté porque era mía”?

Contubernio nacionalista contra la unidad de España
“Si alguien te muerde te hace recordar que tú también tienes dientes” Proverbio
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 15 Enero 2015

Quizá los últimos sucesos ocurridos en Francia, la demostración de que el peligro yihadista no era sólo una amenaza lejana de la que, en Europa, no debíamos preocuparnos; ha conseguido que, al menos, durante unas jornadas hayamos dejado de preocuparnos de la política española para dedicar nuestro pensamiento a tomar nota de que, el peligro, cuando nos amenaza, no necesariamente tiene que estar detrás de la puerta de nuestra casa puesto que, en los tiempos actuales y con los métodos usados por el terrorismo internacional, puedes tenerlo escondido en tu propia sombra sin que llegues a percibirte de ello. Fuere como fuere, el caso del semanario francés, que nos ha tenido en vilo durante unos días, ya parece que ha dejado de ser noticia (al menos por ahora) y nuevos acontecimientos, no menos preocupantes, vienen ocupando su lugar en cuanto al interés de los españoles.

La tranquilidad que, de modo engañoso, parecía que nos había proporcionado el remanso del tema catalán, al menos en cuanto a ser el titular de las noticias; ha quedado quebrada, una vez más, por el sonido de las trompetas nacionalistas que han sonado ahora con renovado brío, con el anuncio de una nueva reunión de las fuerzas políticas nacionalista que, con todo seguridad, se está celebrando mientras este cronista se está ocupando de intentar plasmar su opinión. En efecto, esta tarde se celebrará una reunión de Artur Mas, Oriol Junqueras, Carme Forcadell (ANC), Muriel Casals(Omniumn cultural) y J.M.Vila de Abadal(AMI). Toda la plana mayor del independentismo catalán, hasta ahora metida en dimes y diretes sobre quién ha de encabezar este bodrio que ellos califican de “derecho a decidir” y ahora pretenden aunar pareceres y convenir el reparto de los futuros cargos del nuevo gobierno revolucionario, con el que pretenden encabezar el nuevo estado segregado de España.

Sí, señores, esta tarde puede ser aquella en que, las distintas fuerzas políticas que vienen participando en este intento de separación de la comunidad catalana de España, se pongan de acuerdo para dar el paso definitivo en esta locura del nacionalismo excluyente, para empezar a poner en marcha el proceso de nuevo. En esta ocasión pretenden valerse de un adelanto de las elecciones autonómicas que les permitan sortear las distintas prohibiciones de los tribunales ( incluido el TC) y el Congreso, que han venido lastrando los sucesivos intentos de celebrar un referéndum o consulta, para poner en práctica lo que, para estos partidos, han entendido como “el derecho de los catalanes a decidir” cuando, en realidad, por muchos pasos y trucos que utilicen, al final, si nuestros gobernantes no se vuelven locos y si los españoles no se lo consentimos, todo va a acabar en agua de borrajas; fuere por la aplicación de las normas constitucionales previstas para estos casos o fuere porque se apliquen las medidas que se utilizaron en los precedentes casos en los que, los catalanes, intentaron inútilmente saltarse la legalidad constitucional.

Si nuestros gobernantes, con el señor Mariano Rajoy a la cabeza, en alguna ocasión tuvieron la esperanza de que con palabras, con gestos, con intentos de chantaje, con apoyos económicos, con negociaciones secretas y por el método de dejar pasar el tiempo, confiaron en que bastaría para hacer decaer las pretensiones catalanas; es evidente que ya no pueden seguir esperando que, todos estos métodos (fracasados), puedan seguir utilizándose contra la cerril y obcecada pretensión de una parte importante del pueblo catalán, acaudillada por la Generalitat, haya decidido, a la vista de la aparente debilidad del Gobierno de la nación, aprovechar la ocasión para poner al actual Ejecutivo en el trance de verse obligado a aplicar medidas de mayor calado, de un compromiso más elevado y de unas repercusiones que todavía no se conocen, para aprovecharse del actual panorama político de la nación española, del evidente alejamiento de unos partidos de otros y de la dificultad de emprender acciones importantes, cuando estamos a menos de un año de las legislativas en las que, a la vista del actual panorama político, es muy posible que se entre en un periodo de verdadero caos político, dada la variedad, el número y la índole de las distintas formaciones que van a participar en los comicios y las pocas posibilidades de que, ninguna de ellas, obtenga una mayoría suficiente para gobernar.

Es obvio que el señor Artur Mas nada contra corriente. Se sabe acabado políticamente y, por ello, intenta el truco de formar un único partido o una sola lista, integrada por candidatos de los distintos partidos coaligados ( los que se disputan la hegemonía de lo que sería el cadáver económico y financiero de la autonomía catalana) para así asegurarse una mayoría en la cámara que les permitiese avanzar en sus proyectos futuros de proclamar unilateralmente la independencia de Catalunya como nación soberana. Como mero observador interesado, no acabo de entender que las cosas hayan podido llegar a este punto. Me cuesta entender que, el Gobierno, no haya ya intervenido esta autonomía y haya empezado a actuar para cortar de raíz semejantes intentos que, tanto por lo que respecta a la imagen que damos al resto de países de la CE, como por lo que respecta al posible efecto en el resto de comunidades; debería ser un tema que se solucionase con la mayor rapidez.

Veamos, si resulta que Catalunya, a medida que no consigue financiarse de la banca extranjera, debido a que las agencias de rating han calificado su deuda como “deuda basura” y ya no hay nadie que se atreva a invertir en ella; si, contrariamente al “optimismo” que intenta aparentar en sus discurso el señor .Mas, los inversores están huyendo de invertir en Catalunya, asustados por sus veleidades separatistas; mucho nos tememos que el informar erróneamente a los catalanes de las consecuencias de la separación de España constituyen un fraude a la confianza que pusieron en él. De hecho, desde finales del año 2010, cuando CIU se hizo cargo del gobierno catalán, anunciando sus proyectos separatistas, los inversores extranjeros sólo han invertido en Catalunya una cuarta parte de lo que han ido invirtiendo en Madrid. En los primeros nueve meses del 2014 (año clave para la secesión) la inversión extranjera sufrió, en la comunidad catalana, una caída de un 45% respecto al mismo periodo del año 2013.

Ahora, mientras siguen barajando la baraja de cómo repartirse el poder entre los distintos partidos separatistas, inspirados en aquel conocido refrán de los galgos y los podencos, es muy posible que, cuando quieran darse cuenta, alguien les va a dar la sorpresa dejándolos con la camisa levantada. Van a ser estos de la izquierda radical, que ya han conseguido tomar posiciones entre los catalanes, los de Podemos, que sin hacer ruido se van infiltrando y ya, en unos pocos meses, parece que pueden ser la tercera fuerza dentro de la comunidad. ¿Es posible que el señor Mas y el señor Junqueras, no hayan tomado en cuenta la posibilidad de que no consigan mayoría en el Parlamento catalán? Y si esto ocurriera ¿qué es lo que sucedería con una posible votación para dar el órdago al Estado español? Es posible, señores, que alguien vaya por lana y acabe trasquilado.

Es evidente que, todos estos señores que encabezan el separatismo catalán, ya motu propio o ya empujados por las distintas asociaciones que se han colado de rondón en esta aventura, han iniciado una aventura excesivamente peligrosa ya que, si fracasan ¡que fracasarán¡ el daño que pueden hacer al pueblo catalán, a su economía, al empleo, al nivel de vida y a los problemas de convivencia que se pudieran derivar de ello, tanto entre ellos como con el resto de españoles;, traumas que van a tardar años en cicatrizarse. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos el peligro de actuar irresponsablemente, olvidándose del tradicional “seny” catalán.

El Consorcio de Residuos, controlado por Bildu, obligado a pagar a La Caixa y Banesto
Bildu tira 76 millones de todos los guipuzcoanos a la basura
www.latribunadelpaisvasco.com 15 Enero 2015

70 millones de euros. Esto es lo que ha costado a las arcas públicas de Guipúzcoa el empeño fanático de Bildu por paralizar la construcción de la incineradora aprobada por el anterior equipo de Gobierno y cambiar ésta por un sistema de recogida de residuos, denominado “puerta a puerta”, que ha llenado de inmundicia las calles de decenas de pueblos de la provincia más pequeña de España.

Si hace unos meses el Gobierno de Martin Garitano tuvo que acordar con las empresas que ya se habían adjudicado la construcción de la infraestructura de incineración un pago de ocho millones de euros en concepto de indemnización, ahora es el Juzgado de Primera Instancia de San Sebastián el que ha desestimado la demanda presentada por el Consorcio de Residuos de Guipúzcoa (GHK), entidad pública controlada por Bildu, contra La Caixa y Banesto y le obliga a pagar los contratos de cobertura suscritos con estas entidades para la financiación de la citada incineradora de Zubieta. La sentencia considera que los contratos de cobertura convenidos eran adecuados, por lo que la sociedad pública GHK está forzada a abonar una cantidad que ronda los 68 millones de euros.

El 31 de mayo de 2013, la presidenta de GHK, Ainhoa Intxaurrandieta, y el director gerente del Consorcio, Antton Lete, ambos pertenecientes a Bildu, presentaron una demanda en los juzgados de San Sebastián contra Banesto, La Caixa y la consultora Price Waterhouse, argumentando que estas tres entidades habrían incurrido en una “maliciosa interpretación” del contrato de financiación de la incineradora de Zubieta. Los directivos de GHK también afirmaban en su denuncia que los productos de cobertura del contrato financiero contratados por los anteriores gestores eran “especulativos”.

Ahora, el Juzgado de Primera Instancia número 4 de la capital guipuzcoana ha considerado que los productos contratados fueron “exigidos por el Banco Europeo de Inversión (BEI)”, que era el principal inversor de la incineradora, y, además, explica que se trata de productos financieros “adecuados”. Dice la sentencia que, desde luego, “la obligación de establecer una cobertura viene impuesta por el BEI (...) Establece la obligación de la acreditada, GHK, de contratar con el prestamista operaciones de cobertura de tipo de interés con el fin de dar cobertura de al menos un porcentaje”.

En referencia al hecho de si se trata de un producto especulativo o no, el fallo judicial dictamina que el problema es que no se ha construido la infraestructura prevista. “No se ha acreditado por la parte demandante -GHK- ese desequilibrio entre las prestaciones, considerando este juzgador que las cuestiones relativas a ese supuesto mal funcionamiento de la cobertura no derivan sino del hecho de que no se ha cometido el proyecto financiado y coberturado (...) que ha traído como consecuencia que el producto se haya convertido en especulativo”.

El fallo hace mención, asimismo, a que, el “riesgo político” de no construir la incineradora era “conocido por todos los intervinientes -en el contrato-” y, sin embargo, “no sería asumido por las entidades financiadoras (...) porque en ese caso nadie hubiera financiado, ni siquiera el BEI”.

Con todo ello, el juez considera probado que “era necesaria la existencia de una cobertura porque lo exigía el BEI y los productos alternativos no eran factibles”. En lo que respecta al papel de la consultora Price Waterhouse, la sentencia entiende que “no se ha acreditado ningún incumplimiento de sus obligaciones”, por lo que también desestima la demanda por su labor como asesora.


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