AGLI Recortes de Prensa   Viernes 16  Enero 2015

¿ADELANTO O RETRASO?
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 16 Enero 2015

Mas ha ganado una prórroga. Cataluña ha perdido otro año. El año precisamente que iba a volver a ser lo que le habían contado que era hacía tres siglos, y no lo era

AL final, habrá también elecciones autonómicas este año en Cataluña. Pero ni tan anticipadas como quería Junqueras ni tan plebiscitarias como proclamaba Mas. El 27 de septiembre y sin lista única.

Cada uno con la suya, es decir, a cara de perro. El único acuerdo alcanzado por los dos líderes soberanistas es que lo harán bajo una «hoja de ruta común», que más bien parece una hoja de parra para esconder vergüenzas. Pues ¿qué significa una ruta común? Ni más ni menos que competirán bajo la bandera independentista. Pero eso ya lo sabíamos y no hacía falta decirlo. Lo que no nos dicen es que va a ser una batalla reñida entre sus formaciones, y a muerte entre ellos dos. No hace falta más que observar el «lenguaje corporal» de ambos cuando están juntos para darse cuenta de que no se tragan. Lo que han alcanzado es un pacto de mínimos, porque, en otro caso, sus seguidores los habrían licenciado. E incluso con acuerdo puede que lo hagan. Son las terceras elecciones que Mas convoca en cinco años, perdiendo votos en cada una.

De seguir por este camino, mucho indica que dejará de ser el cap de Cataluña. En cuanto a Junqueras, la popularidad que alcanzó a mediados del pasado año ha ido desinflándose y su manejo de la actual crisis no ha sido precisamente un modelo de estrategia ni de inspiración. Lo único que ha traído el gobierno en la sombra que venía ejerciendo con Mas es una Cataluña sin presupuestos, sin resultados, sin propuestas y más dividida que nunca. Eso sí, palabras, muchas, pero eran siempre las mismas, como las de un disco rayado.

Ahora que los catalanes ya no pueden echar las culpas de todos sus males a España y su consulta-trampa ha sido un medio éxito, un medio fracaso, noto en su prensa un desánimo, una amargura, una irritación mal reprimida hacia su política y sus gobernantes, bastante parecida a la que reina al otro lado del Ebro, aunque allí no se reprimen. Con el caso Pujol como puntilla. Todo lo que Cataluña representaba ?seriedad, eficacia, cordura? ha saltado por los aires ante el misterioso testamento del abuelo, los espesos silencios del patriarca, las cuentas andorranas de la madre, los intrincados negocios de los hijos y la absoluta opacidad de todo ello.

Con este escenario, convocar elecciones el 27 de septiembre es como convocarlas el día del Juicio Final. ¿Cómo estará Cataluña el 27 de septiembre? Echen la vista atrás, comprueben las diferencias con mayo pasado y se darán cuenta de lo que puede cambiar. Mas ha ganado una prórroga. Cataluña ha perdido otro año. El año precisamente que iba a volver a ser lo que le habían contado que era hacía tres siglos, y no lo era. Ni lo es. Es una parte tan confusa y con tan malos políticos como el resto de España.
El nacionalismo gasta estas bromas.

Catástrofe o resurrección
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 16 Enero 2015

Mariano Rajoy ha recordado en Atenas que prometer imposibles genera frustración, pero, al parecer, no estaba haciendo autocrítica, sino atacando a un rival a mitad de camino entre lo imaginario y lo temible. Es característico que el líder de la derecha se empiece a meter en filosofías cuando parece estar más persuadido que nunca de la buena marcha de la contabilidad. El problema está en que no es fácil tener certeza firme respecto a que esa relación entre lo pragmático y la lógica política, que ahora le parece tan clara al presidente, acabe por convencer a muchos de sus ex votantes. Claro es que Rajoy conoce otros bálsamos para ese desistimiento, y los va a usar a conciencia, esa mezcla sutil del palo del miedo y la zanahoria del bienestar económico, pero habrá que hacer la prueba.

En el año 2015 el PP, pero no sólo ese partido sino España entera, se enfrenta a una serie de encrucijadas que ofrecen un aspecto inusitadamente torvo, y es claro que el PP se está poniendo en marcha para convencernos de que no hay necesidad de descarrilar, que todo lo que nos separa de él ha sido un mal sueño, una mala noche en una mala posada, una pesadilla que está a punto de concluir en un amanecer radiante.

Un primer rayo de luz, con sus sombras
Aznar acaba de ofrecer a un Rajoy que parece querer volver a los principios la ayuda que nunca se niega a los arrepentidos de corazón. La noticia de que participará en la próxima conferencia política del PP ha sido administrada con prontitud y sin que haya lugar alguno a los equívocos que venían siendo habituales. Claro es que esto de las conferencias políticas es una de esas invenciones a las que se acogen los partidos para evitar la convocatoria de los órganos estatutarios, no se sabe si por miedo a que alguien diga algo o por el temor de que el público se de cuenta de que nadie tiene mucho que decir.

Ahí hay una trampa no demasiado pequeña en la que podría caer Aznar, si cambia su discurso y se atiene a las reglas de la unánime adhesión olvidando unas diferencias no demasiado viejas pero suficientemente obvias. Si Aznar cediere a la complacencia estaría calificando sus disidencias previas, estos largos trimestres de distanciamiento de la dirección actual del PP, como un mero caso de malquerencia. Con todas las salvedades del caso, Aznar ha representado, al menos desde 2011, una verdadera diferencia política dentro del PP y si ahora abdicare de seguir jugando ese papel, bastante más que testimonial, se convertirá en un motivo más para sospechar que el PP, como partido, carece por completo de futuro.

El PSOE bis
El futuro del PP, por el bien de la democracia española, no se puede limitar a ser un bis del PSOE, especialmente cuando el PSOE de verdad está claramente en trance de desvanecimiento. Hay una frase de Keynes que define tanto al PP de Rajoy como al PSOE de siempre, desde 1982: a largo plazo, todos muertos. La diferencia está en que el PSOE por debajo de su línea de gobierno, que, salvo en la inefable etapa de la borrachera zapateril, ha estado siempre atenta a cazar ratones con independencia del color del gato, ha tenido siempre una línea política y cultural perfectamente nítida, mientras que el PP de Rajoy ha renunciado a cualquier originalidad fiel a esa línea de pensamiento que tan bien ejemplificaba Fraga, lo único que importa es el precio de los garbanzos y que muestra dos creencias básicas, un desprecio de la democracia como un régimen de discusión racional, y una absoluta dejación de cualquier clase de principios que dejaría como un dogmático turulato al bueno de Groucho Marx.

Si algo demuestra la reacción social ante la larga crisis económica que llevamos pareciendo es que la proximidad entre el PSOE y el PP tendrá las virtudes que tenga, pero ha supuesto una amenaza muy real de ruina física para el sistema. Hasta ahora, ambos actores han sostenido la ficción de su enfrentamiento exagerando vocingleramente sus supuestas diferencias, pero el sector de votantes en el que esa simulación ya no resulta convincente no sólo es creciente sino que alcanza valores preocupantes para ambos actores. Que a un lado y a otro del espectro, y especialmente por el “centro”, allí donde abundan los electores más exigentes, se sienta como agobiante el predominio del PPPSOE no es algo que vaya a cambiar si las campañas de 2015 se hacen con el mero sonsonete de la recuperación económica.

El PP más allá de Rajoy
La tradición de apego a la jerarquía sigue siendo muy fuerte en la derecha, y ha permitido que Rajoy haya construido un PP casi irreconocible, un hecho que los voceros de Moncloa pretenden solventar atribuyendo esta mera observación a ocultas intenciones de desestabilización de líderes caducos, eso es lo que decían de Aznar cuando éste les recordaba las partes de la partitura que se habían olvidado. Es esto lo que el PP tendría que decidir ahora, si sigue siendo un mero instrumento gubernamental o se atreve a ser un partido con principios, un instrumento político de la sociedad española sin limitarse a ser una caja de resonancia del Gobierno. Por bien que el Gobierno lo haya hecho, y no es para tanto, eso no ganará las elecciones en Getafe, en Móstoles o en Valladolid, y probablemente tampoco sirva para conservar los que se consideran bastiones inexpugnables tras décadas de dominio.

El PP tiene que decidir si deja que uno sólo siga dirigiendo o se decide a ser de nuevo la gran orquesta que debiera ser, en la que alguien lleva la batuta pero no recibe aplausos cuando a la hora de oír la Heroica lo hace como si se estuviese escuchando el himno del botellón.

La hora de la política
Muchos confunden la política con el ditirambo, y, en cierto modo, hacen bien, porque sus carreras dependen de lo bien que halaguen, de cómo parafraseen las ingeniosidades del líder e interpreten otras lindezas similares, eso que llaman “estar al servicio del partido”, expresión que nunca podría uno oír con ese tono en una democracia que se respete. El PP lleva tres largos años en manos de unos mecánicos mediocres, sin duda menos malos que los del contador de nubes, pero que nunca han ganado nada, que han empezado perdiendo en Andalucía a los pocos meses de ganar las generales por goleada, y por manifiesta incompetencia del rival. Hace falta estar un poco fuera de la realidad para dar por hecho que con semejantes directrices se puede ganar una carrera comprometida, confiando la victoria no a un as del volante sino al jefe de los mecánicos y contables que además dice que le asusta un poco eso de la velocidad.

Habrá quienes crean que lo lógico es apostar a una segunda victoria de Rajoy, y es posible que algunos hasta crean tener razones para esa apuesta, pensando que puede ser segura sin hacer otra cosa que lo hecho y poner cara de asombro ante la enormidad de los éxitos. Lo que se puede temer es que, además de lo improbable de esa victoria pírrica, acabe sucediendo que la supuesta resurrección sea peor que cualquier catástrofe.

Euro
Un itinerario envenenado
José T. Raga Libertad Digital 16 Enero 2015

Hacer lo que hay que hacer y hacerlo bien, es el cometido de toda institución y también de toda persona, sobre todo cuando administran intereses ajenos, pues si son los propios no precisan de consejos ni que se les recuerde su misión.

Cuando miramos en el horizonte la creación de la Unión Monetaria Europea, recordamos que las intenciones de los países que aspiraban a conformar el nuevo espacio monetario se polarizaban –renunciando a detalles– en dos extremos bien diferentes. De un lado, los países económica y financieramente líderes soñaban con una moneda única, que definía un amplio espacio financiero de estabilidad y de disciplina, con el ánimo de reducir costes de transacción y de incrementar la competitividad de los bienes, mercancías y servicios europeos frente a los de nuestros competidores en el comercio internacional. Una aspiración desde la más ortodoxa teoría económica que prometía los mayores frutos. De otro lado, los ciudadanos de los países más zarrapastrosos, menos disciplinados, veíamos en la nueva disciplina que se exigía para la adhesión al euro un cauce para poner orden la economía, un objetivo que recordaba experiencias anteriores en las que el orden interno se conseguía por las normas a cumplir en el espacio exterior.

Hoy, tanto los ciudadanos del primer grupo como los del segundo estamos inquietos por el deslizamiento híbrido que parece percibirse en el objetivo fundamental del Banco Central Europeo –estabilidad de precios– y su intento de resolver mediante condescendencia monetaria la indisciplina financiera-fiscal de determinadas naciones. El camino de la compra masiva de deuda pública –se habla de 500.000 millones de euros, bien que en el mercado secundario, qué más da– es el mejor estímulo para olvidar las restricciones a la dilapidación de recursos públicos que el control del déficit exige a los miembros de la UME.

Las personas, tanto en el sector público como en el privado, actúan motivadas por incentivos o desincentivos, que impulsan o frenan su acción económica. Por ello, haciendo honor al refrán de no pedir peras al olmo, no se puede abrir la espita del gasto, con dinero abundante y barato, y al mismo tiempo advertir de la importancia de controlar el déficit y, con él, la deuda pública y privada.

En España, además, el menú tiene una salsa que lo hace más sabroso. Por si fuera poco, el Estado –es decir el Tesoro, todos nosotros– ha decidido asumir la deuda de las comunidades autónomas con los bancos. Así el itinerario de la perversión se cierra sin problemas aparentes. El Tesoro se hace cargo de la deuda de las CCAA y la financia con deuda del Estado, que coloca a los bancos, los cuales, a su vez, se la venden la BCE. ¡Extraordinario!

Sin considerar a los sufridos españoles, que tendrán que pagar la deuda en algún momento, cabe preguntarse: ¿para quién el perjuicio? Curiosamente para el que obró bien, para el que gastó lo que tuvo y no más.

Convenzámonos, el mundo es de los dilapidadores.

De Correa y Bárcenas a Blesa y Rato
Pablo Sebastián www.republica.com 16 Enero 2015

Son muchos los dirigentes del PP y también los observadores externos que, a la vista de las encuestas electorales, se consuelan diciendo que ‘hay voto oculto del PP en los sondeos y que en las elecciones los resultados van a ser mucho mejores que los de las encuestas’. Y añaden, además: ‘Podemos se va a desinflar, la economía va a mejorar y los que de verdad tienen más problemas son los del PSOE´. Para redondear el mensaje, que tronará en la Convención del PP del próximo día 23 en Madrid, los ‘populares’ acaban de lanzar una campaña publicitaria donde anuncian resultados del empleo y mejora de las pensiones, aunque reconocen que queda mucho por hacer.

No cabe duda que la expresión de ‘hay que hablar muy bien de uno mismo, porque luego la gente se olvida y no sabe a quien lo ha oído’, forma parte de la estrategia de propaganda y que lo del voto oculto es un truco para así sortear los malos resultados que al PP les otorgan las encuestas. Pero luego está la cruda realidad y la tendencia que todas las encuestas señalan y ahí incluida la gran encuesta de las elecciones europeas de 2014, donde el PP sufrió -aunque ganara frente al PSOE- un grave descalabro electoral y ahí no había voto oculto.

Lo más llamativo de la decadencia política y electoral del PP está en que sus principales enemigos son ellos mismos. Hasta el punto que, dado el altísimo rechazo que provoca Rajoy, no está claro que su presencia en la campaña de las elecciones municipales y autonómicas de primavera sea positiva, por más que sus militantes le aplaudan en los mítines, porque al salir en televisión muchos españoles dirán: ‘ese es el culpable den nuestra situación’. Además Rajoy no es, precisamente, la alegría de la huerta. Y si además le añaden, como ahora parece, a José María Aznar de compañero teatral, pues mucho tememos que los votantes ocultos de los que hablan algunos seguirán en la oscuridad.

Los problemas no quedan ahí porque se complican con la lentitud de la recuperación económica que desmiente las eufóricas predicciones de Rajoy en Navidad (por eso lo de ‘queda mucho por hacer’, para bajar un el tono optimista) y se empeoran con los casos de la corrupción del PP en Galicia, Cantabria, Castilla León, Castilla la Mancha, Madrid y Valencia. Los que empiezan a inundar las noticias de los tribunales, y hacen que personajes como Bárcenas y Correa ocupen portadas de la actualidad y se conviertan en los pregoneros políticos y electorales de lo peor del PP.

Y no solo estos dos pájaros de cuenta, porque peor aún para el PP es el caso de Rodrigo Rato y de Miguel Blesa, ligados al escándalo de Caja Madrid y Bankia, al rescate financiero de España, la estafa de accionistas y preferentes, las tarjetas negras y el atraco de la caja fuerte de la entidad por el método del butrón interno. Se puede decir, sin temor a error, que Rato es el mayor problema electoral del PP, por su pasado de exvicepresidente de Aznar y exdirector del FMI, y sobre todo como figura relevante del PP que Aznar refundó tras la segunda marcha de Manuel Fraga.

La corrupción enorme del PP, que no cesa de dar vuelta por los medios y los tribunales, tiene mucho que ver en las malas expectativas de voto que les anuncian las encuestas. Y si todo sigue así -y mucha atención a las últimas decisiones del juez Ruz sobre el caso Bárcenas, no vaya a ser que pida la declaración de Rajoy- el voto oculto se convertirá en abstención en el mejor de los casos para el PP.

En resumen, mala imagen de dirigentes y gobernantes, pocos resultados contra la crisis económica y muchos casos de corrupción. Y luego, eso sí, el discurso del miedo frente al ‘riesgo Podemos’, como el que la derecha está ensayando en Atenas con Syriza. Los que, si ganan las elecciones en Grecia, acabarán eclipsando el cierre de la Convención del PP del mismo día 25 de enero. Cuidado con el discurso del voto oculto y del optimismo por doquier porque la palabra cambio está de moda y al día de hoy nadie está en condiciones de hacer un pronóstico con garantías de acertar.

Fobia a las fobias
Por Fernando Savater El Pais 16 Enero 2015

Empecemos por descartar un tópico bobo y falso: "Todas las opiniones son respetables". Pues no, ni mucho menos. Todas las personas deben ser respetadas, eso sí, sean cuales fueren sus opiniones. Si alguien sostiene que dos y dos son cinco, no por ello debe ser encarcelado, ni ejecutado en la plaza pública (tampoco recomendado como profesor de aritmética). Pero su opinión puede y debe ser refutada, rechazada y, si viene al caso, ridiculizada. Las opiniones o creencias no son propiedad intangible de cada cual, porque en cuanto se expresan pueden y deben ser discutidas (etimológicamente, zarandeadas como quien tira de un arbusto para comprobar la solidez de sus raíces). Todo el progreso intelectual humano viene de la discusión de opiniones santificadas por la costumbre o la superstición. En las democracias, el precio que pagamos por poder expresar sin tapujos nuestras opiniones y creencias es el riesgo de verlas puestas en solfa por otros. Nadie tiene derecho a decir que, quien lo hace, le "hiere" en su fe o en lo más íntimo. Hay que aceptar la diferencia entre nuestra integridad física o nuestras posesiones materiales y las ideas que profesamos. Quien no las comparte o las toma a chufla no nos está atacando como si nos apuñalase. Al contrario, al desmentirnos es guardián de nuestra cordura, porque nos obliga a distinguir entre lo que pensamos y lo que somos. Por lo demás, recordemos a Thomas Jefferson, cuando decía, más o menos, "si mi vecino no roba mi bolsa o quiebra mi pierna, me da igual que crea en un dios, en tres o en ninguno".

Si no hubiera sido por los adversarios que no respetaron las creencias religiosas, seguiría habiendo aún sacrificios humanos

Se ha puesto de moda que quienes detestan ver sus opiniones ridiculizadas o discutidas lo atribuyan a una "fobia" contra ellos. Llamarla así es una forma de convertir cualquier animadversión, por razonada que esté, en una especie de enfermedad o plaga social. Pero, como queda dicho, la fobia consiste en perseguir con saña a personas, no en rechazar o zarandear creencias y costumbres. Lo curioso es que la apelación a las "fobias" es selectiva: no he oído hablar de "nazifobia" para descalificar a quienes detestamos a los nazis, ni de "lepenfobia" para los que no quieren manifestarse por París con Marine Le Pen y sus huestes (actitud por cierto que me parece más fóbica que democráticamente razonable). Pues bien, no es fobia antisemita oponerse a la política de Israel en Gaza, ni fobia anticatalana cuestionar las manipulaciones de los nacionalistas en Cataluña, ni fobia antivasca denunciar a ETA y sus servicios auxiliares. También sobran argumentos contra la teoría y práctica del islam, lo mismo que no faltan contra el catolicismo. Si no hubiera sido por los adversarios que no respetaron las creencias religiosas, seguiría habiendo aún sacrificios humanos. Los semilistillos que se encrespan si se invoca un "derecho a la blasfemia" quieren un Occidente sin Voltaire o Nietzsche y comprenden que se quemase a Giordano Bruno. Si un particular o una institución se sienten calumniados, insultados o difamados harán bien en acudir a defender su causa ante los tribunales. Pero, por favor, sin atribuir fobias a quienes les llevan la contraria, a modo de coraza que les dispense de argumentar.

Fernando Savater es filósofo y escritor. premios Nacional de Ensayo, Anagrama y Planeta.

Mas pone fecha a la independencia
EDITORIAL Libertad Digital 16 Enero 2015

Será el 27 de septiembre, esa es la fecha que ha elegido Artur Mas para las próximas elecciones autonómicas, tras las que probalemente se declare la independencia de Cataluña o, al menos, el inicio de un proceso que indefectiblemente lleve a ella.

El episodio ha desatado una nueva ola de análisis sobre la consistencia del bloque independentista que demuestra, una vez más, el voluntarismo de gran parte de la opinión. De derrota en derrota, lo cierto es que el independentismo nunca ha estado tan cerca de conseguir sus objetivos, nunca ha contado con el apoyo explícito de tantos y tan importantes partidos y nunca ha presentado mayor unidad de acción. Además, sigue detentando el dominio de los hipersubvencionados medios, la sedicente sociedad civil y lo que pasa como mundo cultural en Cataluña.

Es cierto que el pacto alcanzado entre Convergència y ERC parece especialmente inestable, pero no lo es menos que se va a enfrentar a la nada: puede que la unión de los independentistas sea de mínimos, pero el pacto entre los contrarios a la secesión no existe, y de hecho ni siquiera puede decirse que haya un Gobierno realmente dispuesto a ejercer de tal y enfrentar la amenaza separatista con contundencia.

El PP ha decidido borrarse de la cuestión catalana, tanto en Cataluña como en el resto de España: Rajoy ha vuelto a equivocarse radicalmente y sus declaraciones sólo son una muestra más de que no entiende la situación a la que se enfrenta y de que no está dispuesto a hacer nada para afrontarla. Alicia Sánchez Camacho, por su parte, no ha perdido la oportunidad de demostrar, una vez más, que no es la líder que los populares necesitaran en Cataluña. Las cosas no pintan mejor en un PSC en horas bajísimas.

Queda Ciudadanos, prácticamente como última esperanza, un partido que tiene muy claro lo qué se están jugando Cataluña y España, a qué nos enfrentamos y qué ideas pueden frenar la marea separatista; pero también un partido que no cuenta con los resortes mediáticos y de otro tipo que serían necesarios para librar la batalla con todas las garantías.

Con este panorama, el espacio para el optimismo y la esperanza es muy reducido.

Cataluña
Otro Día D en la ruta de Artur Mas
Cristina Losada Libertad Digital 16 Enero 2015

Hay una pregunta simple pero importante: ¿cuánto tiempo? Es decir, cuánto tiempo se puede mantener movilizada a una porción notable de una sociedad en pos de un objetivo como la separación de Cataluña de España. Un objetivo que incluso para sus partidarios muy motivados debe aparecer como difícil y complejo y es de suponer, si no han perdido del todo el sentido de la realidad, que también como un objetivo que entraña algún coste. La minoría independentista catalana, que es una minoría considerable, ha permanecido activa, diríamos incluso que enfebrecida, durante los dos últimos años. ¿Se mantendrá en igual estado para las autonómicas que Artur Mas acaba de adelantar al 27 de septiembre?

No hay duda de que los dirigentes políticos que iniciaron el proceso harán lo posible para que así sea, y para que suceda el fenómeno paralelo: la desmovilización de la mayoría que no quiere la secesión. El simulacro del 9-N mostró al mismo tiempo la debilidad y la fortaleza del bloque independentista: es minoritario, sí, pero está dispuesto a acudir cada vez que se le llama, sea para manifestarse, sea para votar en urnas de pega. En unas elecciones, su fuerza es mayor cuanto menor sea la participación global. Mucho depende, por lo tanto, de cómo se repartan la pasividad y el desapego en estas nuevas autonómicas anticipadas.

El 9-N fue la gran culminación de un par de años de incesante e intensa campaña por el derecho a decidir y la independencia. Después de tanto, el resultado fue tan poco que lo lógico sería una tensión descendente, el anticlímax, que el desencanto royera las bases del independentismo. El barómetro de diciembre CEO, el instituto de opinión catalán, arrojaba, en efecto, un descenso significativo del apoyo a la independencia: por primera vez desde finales de 2012, los noes (45,3%) superaban a los síes (44,5%). En el sondeo anterior, de finales de noviembre, los que decían que votarían a favor de la independencia en un referéndum eran el 54,7 por ciento.

No apostaría yo, sin embargo, por la consolidación de esa tendencia. Es cierto que la creencia, machaconamente difundida por los gobernantes catalanes, de que la abrumadora mayoría de la sociedad catalana deseaba votar sobre la separación de España quedó desmentida el 9-N, sin que su carácter de mascarada, de votación no válida y no legal, pueda aducirse como desincentivo. Igual puede sostenerse que, justo porque no tenía consecuencias lo que se votara ese día, tanto más animaba a acudir.

La caída de ese mito tan cultivado por el independentismo tiene, con seguridad, efectos: la opinión tiende a aglutinarse en torno a la corriente que percibe como mayoritaria y a alejarse de la que percibe en minoría. Pero el fervor, y el bloque independentista es ferviente, no disminuye necesariamente cuando se topa con la realidad: con su realidad minoritaria. Tras un impasse, puede volver a su condición monolítica y convencida de antes, y acudir al 27-S tan movilizado como a todos los Días D que Artur Mas ha venido fijando a lo largo de su errática ruta.

Educación aclara que el expediente sobre las ayudas para escolarizar en castellano a tres familias continúa abierto
(((Rogamos vinculen esta información a una transmitida con anterioridad con el titular 'Educación deniega la ayuda para escolarizar en castellano a tres familias por llevar a sus hijos a privados en catalán', por una precisión de la fuente informante)))
MADRID. EUROPA PRESS. ABC  16 Enero 2015

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha precisado que el expediente para solicitar ayuda para escolarización en castellano de tres familias catalanas continúa abierto y ha precisado que el departamento que dirige José Ignacio Wert está a la espera de recibir información de los centros para decidir si se concede o no estas ayudas, según informaron a Europa Press fuentes del Ministerio.

Se trata de tres familias catalanas que solicitaron ayuda para escolarización en castellano y que terminaron matriculando a sus hijos en colegios privados en catalán. El Ministerio ha requerido a los centros escolares información sobre la oferta educativa en castellano que ofrecen y está a la espera de recibir su respuesta para determinar si aprueba o deniega la petición de ayuda.

En este sentido, fuentes del Ministerio de Educación han confirmado a Europa Press que los expedientes correspondientes a estas tres familias continúan abiertos.

La medida prevista por Educación para garantizar el "derecho constitucional" de acceder a escolarización en castellano a las familias en las comunidades autónomas con lenguas cooficiales quedaba recogida en el Real Decreto 591/2014 aprobado el pasado mes de julio.

Sin embargo, la norma únicamente está dirigida a compensar los gastos de escolarización de familias que quieren escolar a sus hijos en castellano y no tienen forma de hacerlo en un centro público, si eligen para ello un centro privado que imparta la educación en castellano como lengua vehicular.
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Cataluña
Las mañas de Mas
Emilio Campmany Libertad Digital 16 Enero 2015

Una de las muchas tentaciones que asedia a los poderosos es la de rodearse de aduladores para no tener que oír cosas desagradables. Como todo pecado lleva su penitencia, la de quienes no dejan acercarse más que a cobistas es la de hacer el ridículo comportándose como si fueran lo que el pelota de turno les ha dicho que son. Es lo que le pasa a Mas cuando se ve obligado a atravesar una nube de manifestantes que le abuchean, da igual que sean de los suyos o no. Entonces, con medida marcialidad, pasa como si fuera un general romano que vuelve triunfador tras una nueva victoria sobre las tribus germánicas del limes. Pisa firme, atempera el paso, agiganta la zancada, dirige el mentón al cielo, sonríe con suficiencia, mostrándose en definitiva como lo que cree ser, mezcla de illuminato y condottiero, salvador y caudillo, mártir y soldado. Y lo cierto es que el pobre no pasa de ser… Bueno, dejemos que siga creyendo las mentiras que le susurran sus musas, no vaya a ser que al pobre le dé un patatús si de golpe se entera de lo que de verdad es.

Pero como atribuirse la virtud que no se posee no obsta a solazarse en el vicio que se padece, los constantes halagos y lisonjas no han logrado que Mas renuncie a ejercitarse en lo que mejor sabe hacer, el arte del que es maestro entre maestros, el trile. En manos de un político, el fraude consiste en pactar, lo de menos es con quién, un beneficio inmediato a cambio de una concesión futura. El político trilero disfruta desde ya de la ventaja obtenida a cambio de nada porque, cuando llegue el momento de pagar el precio que se prometió, ya se verá si conviene o no cumplir lo acordado. En cualquier caso, llegado el momento, cumpla o no, lo que no habrá forma de quitarle al trilero es lo bailao.

Lo ha hecho o intentado hacer tantas veces que da risa verle engañar a Junqueras una vez más. Es verdad que lo que quería Mas era encabezar una lista única en las próximas autonómicas, pero, de momento, ya ha conseguido que Esquerra le apruebe los presupuestos. ¿Y qué ha prometido a cambio? Nada que tenga que dar hoy. Que adelantará las elecciones para que se celebren a finales de septiembre. Y ya veremos si para entonces se han recuperado Mas y CiU. ¿Que vuelven a estar en cabeza en las encuestas? Que haya elecciones sin demora. ¿Que siguen renqueando a la estela de ERC? Pues entonces las habrá sólo si Junqueras traga con la lista única. Y si no traga y apela a lo pactado, ya encontrará Mas un pretexto con el que justificar su incumplimiento. No valdrá como illuminato o condottiero, le faltará un trecho para llegar a salvador o caudillo, carecerá de vocación para ser mártir o soldado, pero como trilero, amigo, hay que reconocer que brilla con luz propia.

Cataluña
Habemus Mesías
Antonio Robles Libertad Digital 16 Enero 2015

Todo es fracaso en el anuncio anticipado del presidente de la Generalidad de elecciones autonómicas en Cataluña. Ni son conjuntas, ni son plebiscitarias, ni han llegado a acuerdos concretos, ni irán juntos el conjunto de partidos que hasta la fecha habían sido abducidos por el derecho a decidir. El acuerdo se ha reducido a CiU y ERC para seguir haciendo ficción secesionista. Uno para aprobar los presupuestos, el otro para esquivar la acusación de boicotear la sagrada unidad de la patria si no se avenía a encamarse con el gran timonel y arañar unos meses a la legislatura.

Para revestir el acuerdo de realidad, Artur Mas y Junqueras solo han logrado mostrar su capacidad para hacer de la corrupción del lenguaje su única hoja de ruta. Así nos lo ha vendido el Astucias: "Listas separadas con una hoja de ruta compartida". Y mientras llega el 27 de septiembre, "impulsar y culminar las estructuras de Estado para lograr la transición nacional". Literatura secesionista a la que nos tiene acostumbrado, sin nada tangible y evaluable.

El delirio comienza a ser preocupante. Están tan empecinados en negar la realidad, se rodean tan obsesivamente de sí mismos, se cuentan tantas mentiras, amañan con tanta desvergüenza medios e información, que han convertido el metalenguaje de la secesión en un camelo atrapado en una espiral gravitacional.

La ofuscación del Mesías es tal que ni siquiera es consciente ya de la deslealtad a los estándares mínimos que todo proceso democrático necesita para ser legítimo. Las elecciones las ha convocado para el 27 de septiembre de 2015 y la campaña dará comienzo la vigilia del 11 de septiembre, diada nacional de Cataluña y epicentro simbólico del secesionismo. De ambas fechas se hace responsable y protagonista. Único protagonista. Atiendan por qué:

Es una fecha que es muy simbólica y muy emblemática y que a mí me provoca una satisfacción especial. El 27 de septiembre hará un año que yo, de manera muy simbólica y muy solemne en estas mismas paredes de la Generalidad, firmé el decreto de convocatoria de la consulta que había de acarrear que, por primera vez en muchas décadas, incluso siglos, la población de Cataluña se pudiera pronunciar sobre si Cataluña debía ser un Estado y si Cataluña debería tener un Estado independiente. Eso fue el 9 de noviembre.

La pompa, el tono solemne, la acentuación de las palabras que le servían para enmarcarse en la historia y en los siglos, mostraban sin moderación alguna la vanidad de un pavo real encarnando la gesta del pueblo elegido y guiado por su mano firme a la tierra prometida. Más que nunca aparecía el Mesías, no como metáfora ni mofa, sino como encarnación real de un ser insoportablemente engreído. Su narcisismo esta vez lo ha subrayado en la forma y en el contenido. En el contenido, porque necesitaba el acuerdo de Junqueras para votar los presupuestos, y en la forma, porque él, y solo él, ha querido protagonizar el destino de Cataluña. Todo su ser ya depende solo de la épica. Ítaca, Moisés en el Rojo separando las aguas, numerología histórica, firmas trascendentes. Definitivamente ha sido engullido por su propia propaganda y es incapaz de separar sus intereses políticos individuales de los intereses de Cataluña.

Está cometiendo un fraude democrático, ha convertido la política en un juego de salón donde los problemas reales de los ciudadanos han dejado de importar, sin más responsabilidad que la de un niño malcriado y consentido a quien papá no le dio un bofetón a tiempo.

La campaña electoral dará inicio el 11 de septiembre, pero hasta llegar a ese aquelarre secesionista restan 9 meses para "crear las estructuras de estado" y "el clima adecuado de acción política" que le permitan llegar al 27 de septiembre aupado por los presupuestos públicos de la Generalidad y los medios públicos y privados subvencionados. Un fraude electoral propio de regímenes bananeros.

¿Relatos? No, gracias *

El independentismo es un ejemplo de lo que John Gray denomina “religiones políticas” basadas en mitos laicos
Ignacio Martín Blanco. El Pais 16  Enero 2015

Uno de los argumentos más repetidos últimamente en Cataluña para explicar el auge del independentismo consiste en la idea de que los independentistas han sabido construir un relato ilusionante sobre las bondades de la secesión, mientras que los constitucionalistas hemos sido incapaces de elaborar un relato sugestivo en pro de la unidad de España. Sorprende la naturalidad con que algunos, implícitamente, reconocen satisfechos que la secesión se basa en un relato inventado, una fábula, un cuento para no dormir basado en una espuria reconstrucción del pasado, una obscena interpretación del presente y una utópica proyección del futuro posterior al inminente advenimiento de la independencia, cuando por fin los catalanes volveremos a ser libres después de trescientos años de opresión española.

Pasado, presente y futuro configuran en el imaginario nacionalista un relato coherente basado en la persecución sistemática del pueblo catalán por el Estado español —curiosa persecución que, en la práctica, ha desembocado en una eclosión independentista radicada en la región más rica y avanzada de España, ¡dichoso hostigamiento!—. La persecución se extiende, al menos, desde 1714 hasta nuestros días, en un continuo que va desde Felipe V hasta Felipe VI y de Rafael Casanova a Artur Mas. Todo cuadra, la narración histórica es redonda. Nada falta ni sobra.

La historia que narran los nacionalistas es teleológica, es decir, tiene un propósito que subyace en todo momento y que no es otro que la independencia de Cataluña. Así, los catalanes invariablemente han aspirado a librarse del resto de España, siempre han sido independentistas —diga lo que diga la historiografía más solvente, Rafael Casanova, Antoni de Capmany, el general Prim o Francesc Pi i Margall eran independentistas a carta cabal—, por lo que los catalanes de hoy no tenemos más remedio que actuar de acuerdo con el guion escrito, desempeñando cada cual su papel en esta tragicomedia. Los que siempre han vivido conforme al relato dominante no tienen más que seguir haciéndolo a su sabor, mientras que los que ni siquiera hemos leído el libreto subyacente sólo tenemos que aceptar a tientas nuestro papel de comparsa y plegarnos a esa etérea voluntad del pueblo que blandía el presidente Mas en las elecciones del 2012.

El independentismo es un ejemplo paradigmático de lo que el pensador británico John Gray denomina “religiones políticas” contemporáneas, basadas en “mitos laicos” que “reproducen la forma narrativa del género apocalíptico cristiano” y que no son más que “modos de aceptar aquello que es imposible saber”. Así, en la medida en que renuncia a un conocimiento mínimamente ecuánime de la realidad, el independentismo sólo puede ser un acto de fe en una comunidad imaginada como blanco de una conspiración planetaria, cuyo objetivo es acabar con dicha comunidad. “Lo único que nos podría y nos podrá salvar —del intento de España de residualizar (sic) a los catalanes— sería y será el pensamiento y la actitud independentistas”, decía en marzo del 2012 uno de los padres de la criatura, Jordi Pujol. Y esa es precisamente la base apocalíptica del relato independentista que su sucesor, Artur Mas, propala a los cuatro vientos, como en su último mensaje de fin de año: “El Estado nos quiere divididos porque sabe que así somos más vulnerables”.

Señala Gray que “los espejismos colectivos de persecución sirven para fortalecer una frágil sensación de acción propia”, observación que me parece aplicable al caso que nos ocupa, pues la acción de Gobierno de la Generalitat en estos últimos dos años ha estado marcada por el victimismo y el ensimismamiento. Pero lo cierto es que esa pretendida autoafirmación reactiva conlleva necesariamente el alejamiento entre los catalanes que creen experimentarla y los que no vivimos nuestra catalanidad conforme a ese relato divisivo que, desgraciadamente, preside la vida pública como una suerte de fe revelada.

De ahí la importancia de seguir poniendo en cuestión los dogmas de ese “credo secular” que es el independentismo, aun a riesgo de pasar a engrosar la ya de por sí abundante demonología del nacionalismo, lo cual, bien mirado, no dejaría de ser un honor comoquiera que esta incluye en una sola lista negra a pensadores foráneos de la talla de John H. Elliott, Henry Kamen o Jürgen Habermas, que se unen a demonios patrios como Félix de Azúa, Fernando Savater, Mario Vargas Llosa o cualquiera que cuestione el relato. Gray concluye que esos credos seculares “son más irracionales que ninguna fe tradicional, aunque sólo sea porque se esfuerzan mucho más por dar muestras de racionalidad”.

La historia no está escrita, sino que somos nosotros como individuos, y no como meros espectadores de un relato sumamente reduccionista que todo lo explica, los responsables de ella. España —Cataluña incluida— es como es: esencialmente imperfecta, con sus grandezas y sus miserias. Por supuesto que es perfectible, pero sólo desde el realismo reformista y no a partir de relatos basados en sueños de liberación colectiva que hablan de países nuevos, que por alguna impenetrable razón nada tendrán que ver con los viejos, sueños que, al despertar, sólo pueden generar frustración.

Nacho Martín Blanco es periodista y politólogo

Educación rectifica y dice que no ha denegado peticiones en Cataluña
El ministerio había admitido que rechazó la subvención a tres familias para estudiar en centros en español por no cumplir los requisitos
Camilo S. Baquero / Pilar Álvarez Barcelona / Madrid. El Pais 16 Enero 2015

El Ministerio de Educación se ha corregido a sí mismo horas después de admitir que había denegado las tres primeras solicitudes tramitadas por familias catalanas que querían que sus hijos fueran escolarizados en castellano. Un portavoz del ministerio señaló este viernes que estas familias, amparándose en un decreto aprobado en julio que blinda las clases de castellano, se matricularon en centros privados en los que se daba educación bilingüe, pero solo con catalán e inglés. Horas más tarde, indicó que “tras revisar de forma más pormenorizada los casos no se ha producido todavía ninguna denegación a las familias sino que se ha pedido información a los centros sobre si tienen oferta educativa en castellano además de las líneas en catalán y en inglés. Los expedientes no están cerrados”.

Hasta octubre, según el ministerio y el departamento de Enseñanza de la Generalitat, solo se habían registrado tres casos a pesar de se habían presupuestado unas mil peticiones. El portavoz del ministerio que dirige José Ignacio Wert señala que a estas alturas de curso suman 80 solicitudes en estudio, aunque la Generalitat solo ha recibido tres peticiones de información por parte del Estado, un requisito previo a la aprobación de la ayuda. Según el real decreto, el plazo máximo para resolver las solicitudes es de seis meses desde su recepción.

Dos de los menores que se han intentado acoger a la ayuda son hijos de Francisco Ribas, el líder del Partido Popular en el municipio de Tona, Barcelona. Este político protagonizó una polémica con el director de la escuela l’Era de Dalt al intentar que aumentara la educación en castellano. Desde la institución aseguraron que la petición atacaba el modelo de inmersión lingüística catalana.

Ribas y la otra familia desconocían que el colegio privado escogido no establecía dentro de su proyecto educativo que se trataba de un colegio con el castellano como lengua vehicular. "Se trata de una institución que tiene una mayor sensibilidad hacia el castellano que la pública a la que asistían los menores", explicó la diputada del PP María José Cuevas, que acompañó a la familia en el proceso de intentar solicitar la ayuda. El decreto que reglamenta la ayuda dice que el castellano debe ser impartido "en una proporción razonable". Así, la negación de la ayuda sería por un tema de forma, no de fondo.

El decreto blinda la educación en castellano en todas las comunidades autónomas, incluso obligándolas a pagar una escuela privada cuando no exista una oferta en la pública. La normativa afecta a todas las autonomías con lengua cooficial, pero está diseñada a medida de Cataluña. Despliega la disposición adicional 38 de la reforma educativa, la conocida como Ley Wert, y obliga a aumentar las clases en castellano en la escuela sostenida con fondos públicos en una “proporción razonable” cuando así lo soliciten los padres. De no existir esta posibilidad, al alumno se le adjudicará un pupitre en una privada.

Primero, la familia ha de presentar una solicitud de escolarización a la Generalitat. Si es rechazada, se ha de matricular a su hijo en una escuela privada donde el castellano sea también vehicular. Después, podrá acogerse a la convocatoria de subvenciones del Ministerio. Si se cumple con los requisitos, el ministerio pagará a las familias hasta 6.000 euros por curso y, paralelamente, descontará el monto de las transferencias a la Generalitat.

Este episodio es un nuevo frente abierto entre el Ministerio y la Generalitat a cuenta de la aplicación de la Ley Wert. El pasado martes, tras la conferencia sectorial, la secretaria de Estado de Educación, Monstserrat Gomendio, aseguró que Cataluña ha perdido 3,5 millones de euros de fondos europeos de los 47 previstos en 2014 para la aplicación de la nueva Formación Profesional básica, que en septiembre llegó a las aulas. El reparto se aprobó en el Consejo de Ministros el pasado 18 de octubre.

En Cataluña solo 54 alumnos de los 5.000 potenciales se han apuntado a una Formación Profesional que la Alta Inspección del Estado no considera bien adaptada a la LOMCE, según fuentes del ministerio. Cataluña no podrá recuperar esos fondos aunque sí mantener la financiación europea para años posteriores si se adapta a los programas, añaden desde el ministerio, indican las citadas fuentes.

Y este cuento se ha acabado

El relato sobre la independencia se ha revelado como mera disputa de poder, y ahora compite con Podemos, el ‘caso Pujol’ y la matanza de París, que señala el peligro efectivo que sufren las libertades de los catalanes
Lluís Bassets. El Pais 16 Enero 2015

El relato es lo importante. Avanza y vence quien tiene relato y pierde quien se queda sin él. Durante al menos cuatro años, nos han contado un único cuento. El de la Transición ya quedó viejo. No digamos ya el de la España que se modernizó y casi alcanzó el G7, tal como nos lo contó José María Aznar. Regresó el cuento de siempre, el de la vieja España, la del pelo de la dehesa, y se deshilachó en cambio el relato de la España plural y tolerante, en la que, por vez primera, convivían en paz y armonía los viejos pueblos y lenguas, desmentido por boicots, campañas de firmas, sentencias del Constitucional y al final, por la polarización y la división entre independentistas y unionistas. El cuento de España terminaba de nuevo mal y por eso surgían otros cuentos maravillosos.

Así es como creció ese nuevo cuento, potente, bien ensayado, desde abajo y desde arriba, con crowdfunding y con presupuesto público, como era el de que Cataluña iba a declararse independiente —tenemos prisa decían— y que iba a ser ya, ahora, enseguida. En fechas señaladas, además: en el 2014 del tricentenario de aquel 1714 de la Nueva Planta que pasó como una apisonadora sobre la lengua y unas instituciones medievales en las que los historiadores más perspicaces han visto un incipiente sistema parlamentario a la inglesa, ahogado in nuce por el centralismo borbónico. O, como más tarde, en el primer 23 de abril del año siguiente, el actual 2015. Y que se produciría casi automáticamente, al estilo de una máquina expendedora: usted echa las monedas de una fuerte voluntad popular debidamente organizada y manifestada en las urnas y cae inmediatamente una burbujeante, dulce y fresca independencia que deja satisfechos a quienes la disfrutan, desconcertados a quienes la rechazan y maravillados a todos por la capacidad catalana para producir milagros históricos.

El final del cuento es conocido. Hay un perro y un gato, que son Mas y Junqueras: no importa para el argumento entrar en más detalles sobre cuál de los dos es felino y cuál cánido, porque basta con señalar, como ha visto todo el mundo y especialmente sus partidarios, que se comportan como perro y gato. Son perro y gato. El cuento se ha terminado por muchas razones. En primer lugar, porque el cuentacuentos que es la historia nos está contando tres cuentos más que interfieren con el cuento único vigente hasta hace bien poco tiempo. En segundo lugar, porque el relato de la independencia se ha revelado finalmente que era lo que es siempre el cuento político: una simple y brutal pelea por el poder.

Todos estos cuentos, curiosidad de la historia, empiezan por P, como Podemos, la fuerza que desorganiza primero el mapa español y luego, sin líderes ni siquiera, hace lo mismo con el catalán. Ese cuento le dice a Artur Mas que también él es casta. Le arroja a la cara el caso Pujol y le refriega a Esquerra su celo escasísimo en la depuración de responsabilidades políticas por el escándalo que afecta al expresidente y a toda su familia. Recuerda a todos, también a Iniciativa per Catalunya, que el eje derecha e izquierda todavía existe y que los fervorines soberanistas no deben ocultar los recortes y las actitudes antisociales. E incluso rememora para uso de sus partidarios catalanes y también de lo que queda del socialismo catalán cuánto vale el impacto de alguien que quiere emular a Felipe González en la Cataluña metropolitana.

La segunda P ya ha salido y es la confesión de Pujol. No iba a afectar al proceso, claro que no, y así pudo comprobarse en el siguiente 11-S. Pero ha sido la piedra en el zapato de los acuerdos entre Mas y Junqueras y lo seguirá siendo. Incluso puede que crezca y se haga cada vez más incómoda. Ciertamente lo es conocer que Oriol Pujol, todavía nominalmente número dos de Convergència, hasta mitad de julio pasado, se haya negado a declarar ante el juez por su caso de corrupción en el mismo momento en que Mas y Junqueras estaban a punto de alcanzar de nuevo uno de sus muchos acuerdos históricos de la temporada. Ese cuento deshace el sortilegio de otro cuento, el de que los catalanes éramos especiales, distintos, mejores en definitiva.

La tercera P es la peor de todas y es el relato que, desgraciadamente, rompe más por lo sano con los cuentos de hadas, el catalán, el español y el europeo. París y sus matanzas, de caricaturistas y de franceses de identidad judía, nos recuerda a los catalanes el cariz de las libertades que de verdad están amenazadas en Cataluña en particular y en Europa, España incluida, en general. No las amenaza Madrid ni el PP, por cierto. No son colectivas ni nacionales, sino mucho más apreciables y concretas: son individuales, políticas, de conciencia, de expresión, derecho a la vida incluido. Es la libertad, entera, mayúscula, la hermana de la fraternidad y de la igualdad en la república de los valores europea y occidental. Difícil a estas alturas del siglo XXI y de la globalidad averiada seguir con el cuento de las viejas naciones del siglo XIX con el que nos han aturullado unos y otros en los cuatro últimos años.

Llegamos así al cuarto cuento, el cuento del poder que se nos contaba disfrazado de cuento de emancipación nacional. Lo ha reconocido con palabras precisas un intelectual independentista de los más encendidos, como Héctor López Bofill, al formular en el diario El Punt/Avui, el más conspicuo portavoz periodístico del proceso, dos dudas trascendentales: “¿La verdadera intención de Mas es alcanzar la independencia o instrumentalizar la ambición independentista para mantenerse en el poder? ¿La voluntad de ERC es consumar la secesión o ganar unas elecciones autonómicas e hilvanar un nuevo gobierno de izquierdas que esta vez provoque la desintegración de CiU (a diferencia de la tentativa fracasada que significó el tripartito en esta dirección)?”.

Con cuatro cuentos en competencia y, uno de ellos, el hasta ahora cuento único, revelado como cuento por el poder, todo será distinto. El proceso sigue en la medida en que sus protagonistas han preferido no matarlo. Pero se ha resquebrajado. La grieta está a la vista de todos, incluidos los más fervientes soberanistas. Sus dirigentes saben que la independencia, que han venido vendiendo durante cuatro años de machacona campaña y de relato único, es un cuento de hadas. No quiere decir esto que su programa independentista no pueda obtener un apoyo muy amplio en las elecciones del 27 de septiembre, ni siquiera que no pueda obtener la mayoría. Lo que es seguro es que no habrá mayorías para aventuras. Quienes tenían prisa mejor que se sienten. Quienes creían en fáciles automatismos, mejor que revisen sus ecuaciones infalibles. Quienes esperaban milagros de la internacionalización y lecturas audaces del derecho internacional, mejor que vuelvan a los libros, think tanks y seminarios universitarios.

Lo que va a quedar es lo que había y lo que debía quedar. Hay una opinión independentista que se ha ensanchado hasta un límite que muy difícilmente puede seguir creciendo, con su plusmarca en el 9-N. Con ella se pueden hacer muchas cosas, pero no la independencia según los planes apresurados de sus dirigentes. Se puede intentar, al estilo quebequés o escocés y, tras demostrar, cosa ahora dudosa, que existe efectivamente una mayoría en favor de la independencia, la celebración de una consulta dentro de la ley y en perfecta negociación con todas las partes, es decir, rehacer el camino que se ha hecho mal y unilateralmente hasta ahora. Se puede defender el actual nivel de autogobierno de la erosión que está sufriendo como efecto de la crisis y también de la acción gubernamental del PP. Se puede negociar un incremento de los techos de autogobierno. Pero no se puede declarar la independencia a fecha fija y unilateralmente ni se puede mantener a la ciudadanía entera colgando de un hilo durante años y además sin dar palo al agua a la hora de gobernar.

No hay relato de España, es verdad. El de Cataluña tiene la consistencia que hemos visto. Y el único que nos valdría, el relato de Europa, está en peligro. Habrá que optar y espabilar, si es que somos capaces. Pero en todo caso, antes hay que tener las cosas claras y saber que el cuento se acabó con el perro y el gato, como dice la cláusula final de los cuentos tradicionales en catalán, el equivalente del colorín colorado: “Vet aquí un gos, vet aquí un gat, i aquest conte s’ha acabat!”.

Salvemos el gallego
celso ferreiro La opinion 16 Enero 2015

La creciente desafección hacia el gallego -el 74% de los jóvenes no lo utilizan- y el fracaso de la "normalización" han encendido las alarmas. Hay quien tacha de traición haber implantado el inglés en la enseñanza, otros culpabilizan a la Xunta por el bilingüismo, etc., sin que se realice un análisis profundo y sosegado. La miopía radical se encuentra con la paradoja de que nunca, como ahora, el idioma gallego dispuso de mayor protección, ni de tantos medios coercitivos para su implantación, nunca se despilfarró tanto en su promoción, y nunca atravesó por un periodo tan precario. El andancio cultural y normañizador oficial ha sido asfixiante, aunque los políticos traten de trasladar el fracaso con argumentos tan abstrusos como la escasa "transmisión generacional". La vida familiar y social ha cambiado con la invasión de las nuevas tecnologías de la comunicación, que alcanzan a los burgos más alejados, modificando sus modos de vida. La realidad les llega mejor encaminada por diversas vías nacionales, más imaginativas y amenas que las vernáculas. Las lenguas crecen y mueren, es una regla universal, y el gallego no será una excepción. Procopio, seudónimo de una señera figura de la ciencia y de la cultura, en un fundado ensayo, muestra su curiosidad al observar que el gallego que se habla comúnmente viene del latín -del sermo vulgaris-, sin embargo la toponimia resistió la latinización y mantiene palabras y sonidos prerromanos. Sin darse cuenta -dice-, se reviven sonidos y palabras que los druidas celtas habían pronunciado siglos antes. En su mirada crítica, Procopio reproduce un titular a toda plana de un diario gallego: "Sí, somos libres y demócratas pero no somos gallegos, no somos nada". Y denuncia: "En vez de decir 'no somos nada' debiera expresar 'no somos nadie', o sea, no saber quiénes somos. 'No ser nada' equivale al aniquilamiento". Salvemos el gallego y articulemos su convivencia con el español, como aconseja el titular del Consello Galego de Cultura, pero usemos el diccionario.

Otrosidigo
En la época de gran fervor galleguista, cuando el BNG asumió la Consellería de Cultura, hubo grandes logros en la promoción del vernáculo: "Fueron transportados doscientos y pico de escritores para que bebieran mojitos en La Habana, y cientos de miles de libros en gallego para que los leyeran los cubanos? que no leen en gallego" (Alfredo Conde, exconselleiro de Cultura, premio Nadal y Nacional de Literatura, El Correo Gallego, 3-1-2015).

Comunicado de la familia de Antonio Ramos Ramírez, guardia civil víctima del etarra Josu Uribetxeberria Bolinaga
En la muerte de un asesino
www.latribunadelpaisvasco.com 16 Enero 2015

Con motivo de la muerte del etarra Josu Uribetxeberria Bolinaga, la familia del cabo primero de la Guardia Civil, Antonio Ramos Ramírez, asesinado el 8 de junio de 1986 por un comando de la banda terrorista ETA del que formaba parte el asesino Bolinaga, ha hecho público, a través del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite), el siguiente comunicado:

“La familia de Antonio Ramos Ramírez no se alegra de la muerte del etarra Bolinaga porque lo único que ansiaba es que todos y cada uno los miembros del “comando Belotxa” – Javier Ugarte Villar, José Luis Erostegui y el propio Josu Uribetxeberria Bolinaga– fuesen juzgados por el atentado que acabó con la vida del guardia civil en 1986. En este sentido, sí habrá juicio contra Ugarte Villar y Erostegui; no así para el tercer presunto asesino de Antonio Ramos Ramírez”.

“La familia de Antonio Ramos Ramírez insiste en que las demandas de la familia, así como las del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, siempre han estado enmarcadas en el derecho a la verdad y a la justicia, no en la venganza. Acusar a las víctimas que buscan justicia de buscar venganza forma parte de una estrategia llevada a cabo por agentes políticos y sociales que pretenden asentar la impunidad”


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