AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 21  Enero 2015

¿Ha muerto UPyD y no lo sabe?
Antornio R. Naranjo www.elsemanaldigital.com 21 Enero 2015

Tal vez aún pueda salvarse, tal vez el estupendo capital humano y profesional que tiene en algunas federaciones se imponga a la insoportable arrogancia de su talibanizado establishment.

Joachim Fest le hace decir a Hitler algo así en El hundimiento, el espléndido relato histórico-periodístico de los últimos días del Fürher en su búnker en Berlín: "Podrá caer el Reich, pero arrastrará a Alemania". Casi todo el mundo ha visto, al menos, la escena de la versión cinematográfica espléndidamente protagonizada por Bruno Ganz en la que un alicaído sátrapa fabula frente a un mapa, con sus Generales atónitos, con una reacción de inexistentes divisiones y desaparecidas tropas que frene el avance ruso y aliado a babor y estribor de la desarrapada maquinaria de guerra alemana.

En un momento, cuando el más aguerrido de sus lugartenientes se atreve a contarle la verdad del estado del Ejército, Hitler estalla en cólera y achaca a la inutilidad de sus mandos, a quienes quiere fusilar, la inminente derrota y el corolario sobre el fin de Alemania que algunos aplicaron a rajatabla: ahí tienen a la imbécil de Magda Goebbels liquidando a todos sus retoños, con la complacencia de su marido, convencida de que su vida en una Alemania sin Hitler no tenía sentido.

Establecer una comparación entre aquellos dirigentes y cualquiera del momento es, amén de una injusticia, una osadía insostenible, si bien sí se puede extraer una lección más fácil de aplicar a un sinfín de liderazgos y de contextos que, en determinadas circunstancias, optan por la inmolación involuntaria o inconsciente, pero en todo caso ajena al contexto real que les rodea: el alucinamiento lo hemos visto en el Aznar del 11M y en el Zapatero de la crisis económica; en el Berlusconi de Forza Italia o en el Mas del proceso catalán; todos ellos tocados por un mesianismo similar, capaz de defender que si al pugnar el discurso con la realidad algo no encaja, lo que falla es la realidad.

Algo así ocurre con UPyD, un partido necesario en sus orígenes que hoy parece una caricatura de aquel estreno donde a tantos, entre los cuales me incluyo, nos pareció estupendo que la bisagra ante los dos grandes fuera un partido con visión nacional y no una banda de cuatreros de pueblo con barretina catalana o boina vasca.

La degradación de todo aquello detonó para los entendidos con la defenestración de un intelectual de la talla de Sosa Wagner –aunque desde el principio los parricidios se ensayaron con fundadores como Mikel Buesa-, pero esta semana lo ha hecho definitivamente para el gran público con la deplorable gestión de una manifestación convocada en la Puerta del Sol para echar a Rajoy de la Moncloa: nada que objetar a esa petición, libre en un país en el que además no faltan suscriptores de ese anhelo concreto; pero todo a la gloriosa pantomima posterior.

El poder de convocatoria de UPyD en la Puerta del Sol.
Como no fue nadie, había que disimularlo, vendiendo sin asomo de pudor la idea de que miles de personas se habían lanzado a la calle para respaldar a la heroica infantería magenta.

El contraste entre lo que ocurrió y lo que se contó fue tan rotundo como el sorprendente seguidismo de la práctica totalidad de los dirigentes de UPyD en la tarea de vender un humo inexistente ante los perplejos ojos de una opinión pública difícil ya de engañar.

Sólo uno de los fundadores, Miguel Ángel Quintana Paz, tuvo los arrestos de saltarse el guión para decir que, aunque amaba a UPyD, amaba más a la verdad y que allí habían ido cuatro gatos.

Probablemente a este profesor de Valladolid le acabe pasando factura ser tan de UPyD que ya no encaja en UPyD, pero en todo caso su frase simboliza la bunquerización de un partido que esta misma semana ha dado otra muestra de agotamiento: sí, celebró Primarias sin avales en todas las ciudades de España, pero en ninguna de ellas fue capaz de detallar cuál era su censo y, en definitiva, cuántas personas participaron en un proceso tildado de "transparente" en ceremonias de autobombo que incumple la primera de las transparencias deseables: no esconder el ínfimo interés de su exigua militancia en porcentajes entusiásticos que equivalen a echar perfume a la basura.

Como quiera que Rosa Díez ya ha anunciado su disposición a volver a ser candidata, tal vez para batir todos los récord de permanencia en puestos; y como quiera también que la réplica interna ha sido inexistente; conviene irse preguntando si UPyD es un partido finiquitado que sobrevive confundiendo lo que piensa la gente de ellos con lo que se dicen entre ellos: empieza a ser hilarante constatar que, en las redes sociales, todo su impacto se limita al eco que consiguen entre ellos mismos, en un juego infantil que pretende compensar la indiferencia de la gente de a pie con la lealtad, a menudo agresiva, que se conceden unos a otros para repetir ovinamente la gansada o el exceso que alguno de ellos repita.

Sólo una reacción interna de quienes están hartos y hasta ahora han optado por abandonar ofrece quizá una esperanza de salvación a un Titanic que se hunde mientras sus músicos tocan en cubierta. Quienes saben de esto dicen que, en el politburó magenta, sólo hay dos personas capaces de salvarse de la quema y apagar el incendio: el asturiano Nacho Prendes y el valenciano Toni Cantó; dos voces independientes y sugerentes en un coro donde mandan tenores tan infaustos como el "madrileño" Ramón Marcos –propietario del armario de chaquetas políticas con más fondo de España- o el vasco Gorriarán.

¿Puede salvarse UPyD? ¿El estupendo capital humano y profesional que tiene en algunas federaciones se impondrá a la insoportable arrogancia de su talibanizado establishment? ¿Sacará la patita alguien o esta historia acabará con el búnker echando pestes contra la ciudadanía con la misma miope agresividad que ya se han gastado con políticos de otros partidos, periodistas que no les gustan y, en general, con todo aquel que rechaza entonar un "Sí bwana" a cada orden de los jefes?

Un último dato para reflexionar: Fernando Savater está callado. Una de las glorias intelectuales de España no habla del partido que creó desde hace semanas: lo último que se supo de él es que quería un pacto con Ciudadanos y que lamentaba la marcha de Sosa Wagner. Como dice el refrán, la palabra es plata… pero el silencio es oro.

La devaluación del votante
Xavier Pericay  Cronica Global 21 Enero 2015

Hubo un tiempo en España en que el acto de votar era esperado con verdadera devoción. Como tantas expresiones de nuestra libertad —y el ejercicio del voto, para cualquier ciudadano que se tenga por tal, lo es en grado máximo—, su valor intrínseco venía acrecentado por el largo periodo de privación sufrido con la dictadura franquista. De ahí que ese tiempo democráticamente feliz fuera sobre todo el de la Transición. Pero no sólo. También lo fueron los años ochenta en su conjunto, cuando se aprobaron los distintos Estatutos de Autonomía y se dio paso con ellos a una tercera categoría de elecciones, tras las generales y municipales. (En la década siguiente se añadiría una cuarta, la correspondiente a las europeas, pero lo cierto es que esta apenas figura en el imaginario del votante español.)

Con el discurrir de los años y el asentamiento de la democracia esa devoción inaugural fue disolviéndose en la bendita normalidad. Al igual que cualquier país de Europa, España tenía una agenda política marcada por las distintas convocatorias electorales. O, lo que es lo mismo, nuestros representantes políticos disponían de distintas legislaturas de cuatro años para cumplir y hacer cumplir sus promesas electorales. Algunos, al gobernar, tenían incluso la potestad de convocar elecciones anticipadas —generales y autonómicas, aunque estas últimas únicamente en unas pocas Comunidades—, con lo que esos cuatrienios podían acortarse. Pero, salvados estos casos, había una rutina. Y esa rutina incluía el encargo y la publicación de sondeos por parte de los medios de comunicación en las semanas previas a cada cita electoral. Como es natural, entre quienes solicitaban los servicios de empresas demoscópicas para realizar encuestas sobre intención de voto de los ciudadanos estaban también los propios partidos políticos, en especial los mayoritarios, interesados en conocer si el viento soplaba de popa o de proa. Y entre quienes las realizaban, aparte de empresas privadas, estaban asimismo organismos públicos como el CIS o sus sucedáneos autonómicos, que incluían entre sus funciones la de pulsar las tendencias de los electores cuando se avecinaba alguna convocatoria.

La rutina en cuestión, sobra añadirlo, continúa vigente. Pero en la última década, año más, año menos, se ha intensificado hasta tal punto que hoy cualquier español, con sólo seguir lo que publican los medios, puede saber a diario cómo evoluciona la intención de voto de sus conciudadanos. Por supuesto, los ciudadanos no votan; lo que reflejan las encuestas es la opinión de algunos de ellos, que sirve como pauta a los expertos demoscópicos para construir sus teorías. Pero es como si votaran. Los políticos convierten estas tendencias en buenos o malos presagios, según el caso, y por más que acostumbren a contrapuntearlas con la conocida coletilla de «el único voto que cuenta es el que se emite en la urna», el ciudadano tiene la impresión de que ese voto imaginario está modificando la verdadera relación de fuerzas existente en su municipio, Comunidad o país. En este sentido, esos sondeos ejercen para muchos una función parecida a la de las manifestaciones callejeras multitudinarias: deslegitimar al gobierno —municipal, autonómico, nacional— en activo y, por extensión, el marco legal en que se asienta.

Pero esa marea demoscópica que nos invade tiene aún otra consecuencia perniciosa. En la medida en que suele detallar los trasvases que se supone que se están produciendo entre partido y partido —mediante el contraste entre la intención de voto actual y el recuerdo del voto emitido en los últimos comicios—, hace creer a muchos que el voto de los ciudadanos pertenece a una u otra fuerza política. Creencia a la que los propios partidos contribuyen gustosamente cuando se refieren a las hipotéticas fugas de votantes no como a un efecto del libre albedrío de esos ciudadanos a la hora de ejercer su derecho al voto, sino como a un hurto o un secuestro de una voluntad que les pertenece. Por descontado, todo eso puede estar cambiando. A juzgar por las encuestas, claro.

El triunfo de la antipolítica
Almudena Negro www.vozpopuli.com 21 Enero 2015

«Nación, Estado, familia, escuela, empresa, ejército, Iglesia, todo es materia a demoler» (Jean Sévillia)

En el mundo de los mitos en que vive inmersa la civilización occidental, pocos más dañinos que el culturalista del hombre nuevo, hijo de la nefasta revolución y objetivo a alcanzar por toda utopía que se precie. Y siempre con los consabidos resultados, que ahí tienen el pasado siglo XX, el siglo de los Estados Totalitarios y el Estado del Bienestar, que no deja de ser uno de ellos, pero, eso sí, enmascarado por la propaganda hasta el punto que la mal llamada política de hoy no es más que sentimentalización y márketing. Se trata de un totalitarismo nihilista que no se impone mediante el uso de la violencia, sino por la destrucción de la cultura, el modo de vida, convirtiendo las ocurrencias en creencias. Lo que Ayn Rand denominaba anticonceptos. La antipolítica típica de mayo del 68. De fondo, la sovietización de Europa, perfectamente apreciable en el arte. De Malevich a ARCO. El consenso socialdemócrata.

Con el Estado como el gran enemigo a batir, aunque pocos lo perciben, dado que la mentalidad estatista de los españoles es absoluta. Tan es así que incluso son pocas las personas, también entre los liberales españoles, única voz discordante frente al consenso socialdemócrata, que diferencian Estado -una máquina artificial que impone su propia lógica, que tiene su propia ratio, la llamada razón de Estado- y gobierno -grupo de personas a las cuales les corresponde gobernar-. Cuando tal diferencia es básica a la hora de hablar de política.

Política que, además, se sustituye por la economía, y ésta a su vez por las matemáticas, sin caer en la cuenta que el economicismo es otra característica de la socialdemocracia. Y eso que la tradición liberal española, frente a la europea, era antiestatista. Mises era estatista. Y es que en España, a diferencia de lo que sucedía en el resto de Europa, no había Estado-Nación, sino Imperio. La introducción en España de la idea de Estado-Nación, algo que nada tenía que ver con la Monarquía Hispánica, de forma bastante chapucera por cierto, se produce en 1812, de la mano de los liberales jacobinos de Cádiz. El Estado en España aparece tímidamente con Cánovas del Castillo y luego, ya con fuerza, con Francisco Franco, que es quien introduce eso del Estado Español que repiten con fruición los franquistas sociológicos. Sí, esos.

España sigue inmersa en una situación política desde el siglo XIX y de ahí los continuos vaivenes, el triunfo de la antipolítica, de la mano de los burócratas gestores del consenso –las elecciones en España sólo sirven para decidir quién dirigirá el consenso los próximos cuatro años-. Un consenso que está derivando en ópera bufa. Artur Mas, representante de las élites extractivas catalanas, anuncia, de la mano de Junqueras, elecciones para el próximo 27 de septiembre, día en que se cumple un año de la firma del ilegal decreto que dio lugar a la sediciosa consulta de separación. La frikada de las urnas de cartón y los quince días de votación. La campaña de septiembre, largo me lo fíais, arrancará en otra fecha vital para el imaginario nacionalista: la del 11 de septiembre, día de la Diada. Imaginario nacionalista al cual se han sumado todos los partidos en Cataluña, con la excepción de los Ciudadanos de Albert Rivera, quien no acaba de decidirse a ocupar escaño en el Congreso de los Diputados. El eterno debate de los naranjas, para quienes los vientos parecen soplar, ya era hora, a favor. Justo lo contrario de lo que le sucede a los magentas de Rosa Díez, quién se lo iba a decir a la lideresa hace unos años cuando despreciaba a Rivera, que no se encuentran a sí mismos, están inmersos en una crisis interna, y van perdiendo el favor del respetable por días, como se aprecia en las encuestas. Estancarse es lo mejor que les podría pasar.

Nadie espera que el (des)gobierno de Mariano Rajoy, una cuchipandi de burócratas que desprecian la política, adopte solución alguna. Ni saben, ni pueden. Al fin y a la postre forman parte del consenso, que ha dictaminado la necesidad de conceder la independencia a Cataluña, convirtiendo a España de facto en su protectorado, todo ello bajo el paraguas de la Corona, con el fin de salvar la Corona. Una tontería que ya pretendía llevar a cabo el anterior monarca y que parece haber hecho suyo el actual, quien ha cambiado todo un poco en apariencia para que, en lo sustancial, todo siga igual.

Empero, a los planes separatistas parece que les ha salido un inesperado grano. Podemos. La formación de Pablo Iglesias, que podría obtener un magnífico resultado en las próximas elecciones en Cataluña, es denunciada como “españolista” por los nacionalistas, pese a que Iglesias no se define. Podrían tener razón. Podemos, el partido de los funcionarios, como revulsivo del nacionalismo. Todo ello, claro, bajo las reglas de la máquina infernal. El Estado.

El comportamiento de Diógenes y la reacción yihadista
ROBERTO ESTEBAN DUQUE www.gaceta.es 21 Enero 2015

La democracia actual, vista como proyecto de humanización fundada en la libertad, la igualdad y la fraternidad, naufraga al no reconocer que vive de unos supuestos que a sí misma no se puede dar.

Mantener el minimalismo moral del derecho a la ofensa siempre que se encuentre bajo lo que Paul Ricoeur denominaba “la maldición de la ley”, como lo hace el primer ministro británico David Cameron, es una forma ingenua de simplificar el debate en torno a la necesaria conciliación entre la libertad de expresión y el respeto religioso. Que la blasfemia no esté manifiestamente prohibida no significa tener derecho alguno a la ofensa. Semejante posición sólo llevaría a creer que el paradigma moderno ilustrado permite barrer desde la secularización cualquier prejuicio religioso.

La libertad, como la razón, no es enemiga de la fe, por mucho que se empeñe el presidente ejecutivo de EL PAIS y del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, en hacernos creer que la matanza de París significa “un ataque a los valores de la Ilustración representados por la Revolución francesa”. La hermenéutica de una razón autónoma, desvinculada de toda trascendencia, es la expresión constitutiva del fracaso del pensamiento ilustrado. La democracia actual, vista como proyecto de humanización fundada en la libertad, la igualdad y la fraternidad, naufraga al no reconocer que vive de unos supuestos que a sí misma no se puede dar, que los valores que exige su formación se construyen en espacios prepolíticos y predemocráticos. La convicción de que el otro tiene dignidad y merece mi respeto no nace como fruto de un proceso político concertado.

El imprecador Michel Onfray se propone en su ateología deconstruir los monoteísmos. En la base de ellos, supone el escritor, sólo hay odio impuesto con violencia a lo largo de la historia por hombres que se creen depositarios de la Palabra de Dios: odio a la inteligencia, odio a la vida, contemptus mundi. Se trataría así de deconstruir las teocracias, que presuponen la reivindicación práctica y política del poder que pretendidamente emana de un Dios que no habla pero al que hacen hablar los sacerdotes y el clero. En La superchería desenmascarada, un opúsculo explosivo y radical, el viejo jesuita portugués Cristovao Ferreira escribe que la religión es una invención del hombre para asegurarse el poder, y la razón el instrumento para luchar contra tanta estulticia. Dios no ha creado el mundo, el alma no es inmortal, no hay paraíso, los diez mandamientos son una estupidez.

Para muchos otros, la clave capaz de solucionar el conflicto reside en la educación, expresando su malestar por la falta de aceptación en las escuelas de una ética laica, exigiendo al sistema educativo algo que no ha hecho la LOMCE, al errar en la reintroducción de “educación de la ciudadanía” como alternativa de la religión. El filósofo José Antonio Marina aprovecha cualquier disputa para arremeter contra la enseñanza de la religión en la escuela. Según Marina, el gobierno francés debe intervenir en la educación, imponiendo una ética común, rehabilitando el paradigma moral de creer encontrar en la ética civil el lugar convergente de toda moral, el modelo perfecto de ética en la democratización de la vida social. La religión no puede sustituir a la ética, reza el lamento del filósofo, como se ha puesto de manifiesto en la reciente matanza de París. Marina también invoca así los valores de la Ilustración, enseñando que no hay ninguna exigencia moral que nazca de la fe, sino que sólo la razón puede concretar la obligación ética; una razón desligada de cualquier trascendencia, secularizada, una autonomía autosuficiente que haría de la libertad el fundamento último del comportamiento moral. Peligroso viraje del filósofo progresista que identifica la religión con el fundamentalismo (como hace el laicista con la exaltación de su libertad), desplazándola del debate público a la consideración de un saber irracional, para hacer de la ética el baluarte más razonable y superior. Uno sería mejor ciudadano -es la intención primordial de toda intervención de Marina- si es educado en una ética laica, sin sanciones trascendentes, y no en una ética religiosa.

La propuesta de una ética civil, laica, construida desde la razón y sin referencia a Dios ni la religión, que asume el pluralismo moral, unas exigencias mínimas válidas para todos, donde los seres humanos son autolegisladores, encubre un laicismo latente, toda vez que se renuncia a cualquier fundamentación religiosa y se busca no recurrir a nada que no sea inmanente y mundano. La finalidad de la ética civil es que se realice la justicia, alcanzar un nivel de convivencia más justo. Sin embargo, se renuncia a que el hombre sea mejor. Renunciar a que el hombre sea mejor sólo permite una reacción cuando la injusticia aumenta en la sociedad: a mayor laicismo más guerra islamista, a mayor yihadismo más intervención militar. Para Occidente, vulnerar la conciencia religiosa no es ofensivo, sino un simple prejuicio, puro relativismo cultural. Para un sector radicalizado del mundo islámico el comportamiento irreverente y blasfemo de Occidente es como para sus contemporáneos atenienses el de Diógenes en su costumbre de hacer todo en público, tanto las obras de Deméter como las de Afrodita, una provocación que busca cuestionar sus costumbres y que merece, como un perro, la muerte.

Deberíamos tomar en serio, ante lo que se asemeja a una verdadera guerra civilizacional, la advertencia de san Juan Pablo II en el discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en octubre de 1995: rechazar la diversidad es una forma de negarse una parte del misterio de la vida humana. Nuestro respeto a la cultura del otro está arraigado en nuestro respeto del intento que cada comunidad realiza para responder al interrogante de la vida humana. Esa diferencia, para muchos amenazadora, puede, mediante el respeto mutuo, transformarse en la fuente de un entendimiento más profundo del misterio de la existencia humana. Hay que cultivar la receptividad y el entendimiento en torno a la diferencia cultural y religiosa, la destreza que nos hace mejores ciudadanos, la imaginación narrativa, la capacidad de pensar cómo sería estar en el lugar de otra persona, a pesar de encontrarnos bajo el conflicto de una evidente alienación de la religión cuando se mata en nombre de Dios. No hay Oriente ni Occidente, ni Frontera ni Raza ni Linaje, dirá Kipling, cuando dos hombres fuertes se enfrentan cara a cara, aunque provengan de los polos opuestos de la Tierra.

La 'Primavera Árabe'
PEDRO J. DE LA PEÑA www.gaceta.es 21 Enero 2015

Saddam Hussein era, sin duda, un dictador cruel, pero mantenía unido un país que, desde entonces, es un permanente desastre a punto de caer en las peores manos, las del Estado Islámico.
El origen de la “Primavera” árabe proviene de la estrategia de Estados Unidos tras la Guerra de Irak. Tras acusar a Saddam Hussein de la posesión de “armas de destrucción masivas” (nunca descubiertas) e invadir el país con un ejército de países aliados (entre ellos España, gracias a los encuentros del presidente Aznar con George Bush) se produjo el ahorcamiento de Saddam Hussein (30 de Diciembre 2006) por un gobierno provisional que cargó con la ejecución mientras los “poncios pilatos” se lavaban las manos.

Saddam Hussein era, sin duda, un dictador cruel, pero mantenía unido un país que, desde entonces, es un permanente desastre a punto de caer en las peores manos, las del Estado Islámico. No contentos con ese desastre, las embajadas de los países occidentales colaboraron en Túnez a la caída de Zine Ben-Alí, que había arrebatado el poder a su padrino y héroe nacional Bourguiba. Aprovechando el descontento social por la subida de los alimentos y amparándose en una supuesta llegada de la “democracia” la rebelión de las masas, en el sentido más “orteguiano” de la palabra acabaron con otro gobierno estable para que se pudiera alfombrar el periodo de los “Hermanos Musulmanes”, “demócratas” de toda la vida.

Le tocó entonces el turno al egipcio Hosni Mubarak, al que unas revueltas bien diseñadas arrebataron el poder para llevarlo al presidio y la condena de por vida. En las elecciones posteriores, ganadas otra vez por los Hermanos Musulmanes se percibió el riesgo de una islamización radical y las democráticas repúblicas occidentales optaron por un nuevo dictador, el general Al Asisi, por aquello de que la “democracia es lo primero” si el dictador no es de los nuestros.

Y ¿qué decir de Libia? ¡Guerra democrática donde las haya? Allí los drones de nuestra ministra Trinidad Jiménez hicieron alardes de patriotismo para llevar “la paz” a un territorio convulso que terminó con el asesinato televisado de Gaddafi. Lograda ya la maravillosa “pax romana” sólo hay que ir recogiendo los cadáveres cada fin de semana.

La inestabilidad de todo Oriente Medio y del África más cercana mantiene ahora convulsos a todos los países europeos. Nuestras pacíficas acciones tienen acorraladas a las policías de medio continente y el objetivo de la torre Effiel no es menos gratos a los ojos de Al-Quaeda de lo que lo fueron las Torres Gemelas. Se creerá que toda esta serie de desastres son fruto de la casualidad, pero son una ruta bien diseñada como estrategia a largo plazo para ahondar las diferencias de religión (suníes y chiítas), nacionalidad (India Y Pakistán) e intereses (Siria y Emiratos árabes, Irak e Irán) etc para conseguir que los musulmanes divididos combatan unos contra otros. La guerra entre Al-Qaeda y el Estado Islámico está así servida.

Al fin el Ejército Español va a salir de Afganistán, donde no dejan de matarse entre sí los talibanes con los aliados pro-occidentales. La retirada será muy bien recibida por los yihhadistas paquistaníes, convencidos de que ha llegado la hora de su involución al bajar de las montañas a las ciudades y pasar del terrorismo a la acción militar.
De barros y lodos se hacen todas estrategias de sabios gobernantes que han decidido que nuestra supervivencia no está tanto en que nosotros matemos a los musulmanes como el propiciar que se maten ellos entre sí mismos. Y “la paz sea con vosotros”.

No me sea usted islamófobo
JOSÉ JAVIER ESPARZA www.gaceta.es 21 Enero 2015

Ante unos crímenes con firma y sello islamistas, nuestros mandamases parecen preocupados sobre todo por evitar que caigamos en la “islamofobia”.

Que el islamismo radical ataque a Occidente no es nuevo. Lo nuevo es más bien esto otro: ante un atentado con firma y sello, los líderes del mundo parecen preocupados sobre todo por que no caigamos en la islamofobia. Es decir que nuestros jefes, los que han de protegernos, no claman tanto contra las causas directas del crimen como contra nosotros mismos, contra nuestros fantasmas, contra nuestra potencial maldad: la potencial maldad de la víctima.

Uno lee los editoriales de la prensa hegemónica en estos días y se diría que el verdadero problema de Europa no es el islamismo violento descontrolado (descontrolado, por cierto, por los mismos que tanto nos amonestan), sino Marine Le Pen, Pegida, incluso usted mismo. Nuestros mandamases han asistido impávidos a la matanza de miles de cristianos (y musulmanes) en Siria e Irak, incluso han estimulado indirectamente el proceso (esta misma semana, secuestro masivo de coptos por nuestros “amigos” libios), pero lo que de verdad les preocupa es que no se nos haga usted islamófobo. ¿Sorprendente? Quizá no tanto. Porque nuestros amados líderes tienen buenas razones para comportarse así

Primera razón, preventiva: es verdad que los terroristas son minoría, pero la solidaridad de fe en esa comunidad es muy fuerte; advertir contra las generalizaciones es una forma de prevenir la extensión del problema. Más aún, el sistema cree posible que, con un poco de suerte, sean las propias comunidades musulmanas en Europa las que señalen a los violentos y faciliten su detención.

Segunda razón, electoral (oh, sí): en Europa hay casi 25 millones de musulmanes y en Estados Unidos más de 4 millones. En el caso de Francia, nadie ignora que el voto musulmán ha sido determinante en la mayoría socialista. En otros países –España, por ejemplo- ese peso es menos determinante, pero, con carácter general, nadie quiere ganarse la animadversión de un nicho electoral bastante homogéneo.
Tercera razón, financiera: el dinero árabe pesa mucho. Los emiratos del Golfo y la monarquía saudí tienen en sus manos una parte no desdeñable de la deuda pública española. ¿Cuánta exactamente? No lo conocemos porque el Tesoro oculta esos datos, pero sí sabemos que en octubre de 2008 el Gobierno (era aún el de Zapatero) abrió nuestra deuda pública a los fondos de inversión árabes y después hemos visto cómo las grandes empresas españolas firmaban contratos en Kuwait o Arabia, por ejemplo, al mismo tiempo que el dinero de Qatar y Bahrein empezaba a verterse en España.

Cuarta razón, socioeconómica: la demografía europea en general y española en particular está hecha unos zorros, cada vez parimos menos y, por lo que se ve, ningún gobierno occidental quiere invertir la corriente; el déficit de población quiere cubrirse con mano de obra inmigrada y, en ese paquete, la afluencia de gente procedente de países musulmanes es un filón inagotable. La reagrupación familiar, inaugurada en Francia en los años ochenta e imitada después en España, ha permitido compensar el déficit demográfico porque, además, los recién llegados tienen más hijos que nosotros. A nadie parecen preocuparle las consecuencias sociales y culturales de este “reemplazamiento demográfico”. Lo que el sistema necesita para sobrevivir es que entre más gente –preferiblemente, con sueldos magros- y bajo ningún concepto puede darse la impresión de que el musulmán será rechazado.

Todo esto bastaría para explicar la sorprendente islamofilia de los portavoces del desorden establecido, pero hay más. Hay una quinta razón. Una razón de orden ideológico que quizás es la más importante, porque toca el auténtico fondo de la cuestión. Se trata de lo siguiente: desde hace casi medio siglo, desde antes incluso de la caída del muro de Berlín, eso que aún llamamos “occidente” se ha construido como una no-identidad, como un espacio de vida sin raza (con perdón), ni credo (con perdón), ni cultura autóctona (perdón, perdón, perdón), como una suerte de Cosmópolis en la que todos cabemos a condición de que todos dejemos de ser lo que somos. Bueno, no todos: sólo nosotros, los de aquí. Los demás, los que llegan, ya se “integrarán”, es decir, se “diluirán” en una civilización concebida como aparato, como estructura, como máquina neutra. Es el viejo sueño ilustrado del “Estado Mundial”. Un sueño que exige la destrucción previa de la identidad colectiva. Justamente esa identidad en la que uno podría parapetarse para hacer frente al vecino hostil. Eso es lo que se esconde tras la acusación preventiva de “islamofobia”. Y en lugar de esa identidad, ¿qué nos proponen? Lo llaman libertad, pero en realidad quieren decir otra cosa. Otro día lo veremos.

La caída de Prisa se precipita: El País exilia a su pluma más afilada
Pedro Pérez www.elsemanaldigital.com 21 Enero 2015

La llegada de Manuel Jabois a golpe de talonario procedente de "El Mundo" ha tenido efectos secundarios en la redacción del diario. Que no es el único del grupo que está pasando las de Caín.

La caída del imperio Prisa se está agravando con múltiples polémicas en el seno de sus medios de comunicación más destacados, que han provocado un enorme disgusto en sus plantas nobles. En la joya de la corona del grupo, El País, corre intensamente por la redacción el rumor del inminente relevo de Carlos E. Cué como encargado de la información del PP.

Según fuentes consultadas por El Semanal Digital, a Cué le han ofrecido la corresponsalía de Buenas Aires, lo que se une a la llegada de Manuel Jabois procedente de El Mundo. Y a golpe de talonario. El fichaje del columnista gallego es difícilmente comprensible para miembros de la redacción, afectados por los recortes en el diario.

Un diario que se prepara para la demanda de Jaume Roures, que se sintió dañado por El País tras la publicación de varias supuestas cuentas en paraísos fiscales por valor de 80 millones de euros, según el mandamás de Mediapro, como venganza a la eterna guerra del fútbol.

Tampoco ha sentado bien en Prisa la ouija en la portada de AS de Tomás Roncero, que buscaba la remontada merengue contra el Atlético de Madrid invocando el espíritu de Juanito, mito blanco. Disparate que provocó algunas pancartas la pasada semana en el Bernabéu que pedían "no jugar con los muertos".

En la cúpula del diario deportivo han preferido mirar para otro lado, evitando la rectificación pública del diario. Sabedores de que en las actuales circunstancias juegan con la garantía de las sobresalientes cuentas de AS, que ganó el pasado casi 5 millones de euros por los 13 que perdió El País.

En las emisoras radiofónicas del grupo las cosas tampoco están para tirar cohetes. Sobre todo después que este martes hayan tenido que rectificar en antena una información totalmente falsa avanzada en Hoy por hoy hace dos meses, según la cual la mujer de Marcial Marín, consejero de Cospedal, se había saltado las listas de espera.

También hay nerviosismo en Los 40 Príncipales, antaño modelo de vanguardia radiofónica, ya que la emisora se ha dejado 360.000 oyentes en el último año. Ni siquiera el fichaje estelar de Xavi Martínez ha conseguido mejorar las cosas, después que el locutor catalán haya empeorado las dos franjas que comanda en el último EGM.

Y Canal + se encuentra en stand by, mientras esperan la absorción definitiva de Movistar TV, situación que provoca la inestabilidad en la plataforma digital, de la que se barruntan centenares de despidos tras una posible fusión. A todos estos problemas se le suman los económicos, ya que los negocios de Latinoamérica, ilusionante puntal para aguantar la crisis nacional, tampoco dan buenas sensaciones tras conocer que los ingresos al otro lado del charco cayeron un 12% en el tercer trimestre.

Juan Luis Cebrián, que pronosticó el pasado septiembre en el Nueva Economía Fórum que la deuda de Prisa sería sostenible a partir de este verano, ve complicado que su plan de supervivencia se haga efectivo, aunque este hecho no conlleve que sus jugosos honorarios sigan aumentando ejercicio tras ejercicio.

CASO NISMAN
La pista iraní
Emilio Campmany Libertad Digital 21 Enero 2015

Ha muerto Alberto Nisman de un tiro en la cabeza salido de una 22 mm., la pistola de los asesinos. A pesar de que se presentará como un suicidio, las sospechas se cernirán sobre la presidenta, Cristina Fernández, a quien el fiscal estaba a punto de imputar un delito de encubrimiento por sospechar que había pactado la impunidad de las autoridades iraníes que se supone ordenaron el atentado que en 1994 costó la vida a 85 judíos argentinos. La posibilidad, apuntada por el fiscal antes de su muerte, de que el acuerdo estuviera ligado a otro de suministro de petróleo iraní y sus correspondientes comisiones hace que las sospechas se agranden. También se apunta la posibilidad de que el fiscal no haya sido más que una víctima de las luchas intestinas dentro de los servicios secretos argentinos, cuya cúpula fue cesada por la presidenta en diciembre. Se supone que el sesgo tomado por la investigación del fiscal habría sido una venganza del destituido jefe de operaciones, Antonio Stiusso, amigo personal del fiscal. El Gobierno alega en su defensa que la orden dada a Interpol para la busca y captura de los ex altos cargos iraníes nunca fue revocada, a pesar del acuerdo alcanzado con Irán para colaborar en la investigación.

El asunto es importante y es lógico que haya despertado enorme interés en toda la prensa extranjera. Sin embargo, casi todos los medios se han centrado en las causas y efectos que dentro de Argentina puede tener el caso, cuánto puede perjudicar a CFK durante su último año de mandato, qué comprometedoras revelaciones estaba a punto de hacer Nisman, cómo puede beneficiarse de todo ello la oposición o hasta qué punto podrá el oficialismo esconder bajo la apariencia de un suicidio lo que a todas luces parece un asesinato. Y es normal que sea así. Pero hay otro aspecto que debería ser más interesante para nosotros, occidentales que no somos argentinos, y es la probabilidad de que ese atentado no fuera obra de fundamentalistas sino de una teocracia musulmana.

Creemos o queremos creer que el terrorismo islamista es consecuencia de la incorrecta interpretación que hacen unos pocos musulmanes radicalizados que a veces logran organizarse y cometer atentados de gran alcance. Y no estamos dispuestos a admitir que detrás de algunos de estos atentados no sólo está Al Qaeda, cualquiera de sus franquicias o el Estado Islámico. Detrás, financiando, influyendo, distribuyendo información y a veces organizando directamente están Irán y quizá alguna teocracia más. Fue precisamente eso lo que descubrió Nisman respecto del atentado de 1994. Y ahora está muerto. Es lógico que en Puerto Madero se estén preguntando si CFK tuvo algo que ver. Pero aquí deberíamos preguntarnos si lo tuvo Irán. Porque si se llega a la conclusión de que sí, quizá también debamos preguntarnos quién realmente nos ha declarado la guerra, si unos enloquecidos terroristas o alguien más. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

ALBERTO NISMAN
"Puedo salir muerto de esto"
Elías Cohen Libertad Digital 21 Enero 2015

Alberto Nisman era el fiscal encargado de investigar el peor ataque terrorista de la historia de Argentina: el atentado contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), en el que fueron asesinadas 85 personas y más de 300 resultaron heridas. El pasado verano se cumplieron 20 años de la matanza (18 de julio de 1994) y sus responsables siguen sin rendir cuentas ante la Justicia.

Nisman, junto al también fiscal Marcelo Martínez Burgos, concluyó el 25 de octubre de 2006 que el Gobierno iraní planeó el atentado y Hezbolá lo ejecutó. Tras la acusación formal emitida por los fiscales, el juez Canicoba Corral emitió una orden internacional de captura para siete funcionarios iraníes y un miembro de Hezbolá. Entre los iraníes encausados se encontraban Mohsén Rabani, exconsejero cultural de la embajada de su país en Buenos Aires; Ahmah Vahidi, exministro de Defensa; Alí Falahiyán, exministro de Información; Mohsén Rezai, exjefe de la Guardia Revolucionaria, y el diplomático Ahmad Reza Ashgari. El 7 de noviembre de 2007 la Interpol ratificó las conclusiones de la investigación de Nisman y Martínez y emitió notificaciones rojas para la captura de los responsables del atentado. El Gobierno argentino, por su parte, pidió a Irán la extradición de los responsables; sin embargo, la negativa o el silencio han sido la norma por parte de Teherán.

La semana pasada Nisman afirmó que la actual presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y su canciller, Héctor Timerman, habían trabajado para encubrir la participación de Irán en la matanza. El 27 de enero de 2013 el Gobierno de Kirchner había llegado a un acuerdo con Teherán para crear la llamada Comisión de la Verdad, que incluiría a funcionarios de ambos países, con el objeto de esclarecer lo acontecido. Un movimiento infame que respondía, según voces críticas del mismo, a intereses comerciales: las ventas a Irán crecieron un 234% desde la llegada de la viuda de Néstor Kirchner al poder; y, de acuerdo con lo que informó el diario Perfil, el Ministerio de Exteriores argentino habría comunicado a Ahmadineyad que Buenos Aires ya no estaría

interesada en resolver aquellos dos atentados [en 1992 una bomba estalló en la embajada de Israel en Buenos Aires y mató a 29 personas e hirió a 242] pero que en cambio prefiere mejorar sus relaciones económicas con Irán.

Según Nisman, Cristina buscaba "acercarse al régimen iraní y restablecer relaciones comerciales plenas para aliviar la severa crisis energética argentina mediante un intercambio de petróleo por granos". El fiscal calificó el pacto con Irán como "la culminación de una maniobra criminal que ya llevaba más de dos años de ejecución".

En consecuencia, emitió una acusación contra Kirchner, el canciller Timerman, el diputado Andrés Larroque, los militantes Luis D’Elía y Fernando Esteche, contra personal de la Secretaría de Inteligencia de la Presidencia argentina, contra el exfiscal federal y exjuez de instrucción Héctor Yrimia y contra el líder de la comunidad iraní en Argentina, Jorge Yusuf Khalil, por delitos de encubrimiento agravado, incumplimiento del deber de funcionario público y estorbo del acto funcional por haber urdido un plan para fabricar la inocencia de Irán en el atentado contra la AMIA.

Desde que tomó la dirección de la investigación, Nisman recibió amenazas de muerte. Dos días antes de morir le decía al diario Clarín: Puedo salir muerto de esto.

Hoy mismo tenía previsto asistir a una audiencia en el Congreso para presentar nuevas pruebas contra Kirchner y compañía, y aseguraba que lo que tenía era un "escándalo":

Tengo todo probado. El pacto con Irán es la consecuencia del plan para asegurarle impunidad de los acusados.

La pasada madrugada su madre encontró el cuerpo sin vida del fiscal en su casa. A tenor de la escasa información que ha trascendido por el momento, la puerta no habría sido forzada y el cadáver apareció en el baño, junto a una pistola del calibre 22 y un casquillo de bala. Según el comunicado oficial del Gobierno argentino, Nisman tenía 10 guardaespaldas, pero el fiscal vivía en un piso 13 y ellos se quedaban en el hall. Varias hipótesis se manejan, entre ellas la del suicidio. Lo que es seguro es que, de una forma u otra, el atentado de la AMIA se ha cobrado su víctima número 86. De confirmarse que ha sido un asesinato, Nisman quedaría íntimamente relacionado con otro adalid de la Justicia: el juez italiano Giovanni Falcone, asesinado tras haberse enfrentado a la mafia.

Nisman fue un ejemplo, un héroe lleno de luz de los que escasean en estos tiempos. Era un hombre valiente, honesto que, a pesar de las dificultades, no se detuvo ante nadie para evitar que los asesinos que perpetraron la peor matanza terrorista de la historia argentina queden impunes.

Sin Nisman, el mundo es hoy un lugar peor.
© elmed.io

AUTOR DE “EL LABORATORIO DEL MIEDO. UNA HISTORIA GENERAL DEL TERRORISMO, DE LOS SICARIOS A AL QA’IDA”
Eduardo González Calleja: “El terrorismo islámico no es selectivo, es una guerra a muerte, de aniquilamiento, a pequeña escala
Raúl González Zorrilla. Director de La Tribuna del País Vasco 21 Enero 2015

Nacido en 1962, Eduardo González Calleja, actualmente profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, ha centrado la mayor parte de sus investigaciones en el estudio de la violencia política y su desarrollo histórico en la España contemporánea, la evolución de los grupos de extrema derecha y fascistas en la Europa de entreguerras, la acción política y cultural del franquismo y de la actual monarquía democrática hacia América Latina, la emigración política española en el tránsito del siglo XIX al siglo XX y la historia del terrorismo.

Autor de más de una veintena de monografías, es autor de varios libros, entre los que destacan “Los golpes de Estado” (2003), “La España de Primo de Rivera” (2005), “Nidos de espías. España, Francia y la Primera Guerra Mundial” (2014) y “El laboratorio del miedo” (2014), que con el subtítulo de “Una historia general del terrorismo, de los sicarios a Al Qa’ida”, se ha convertido en una de las obras fundamentales, de las últimas publicadas en español, dedicadas al estudio de la cuestión terrorista, actualmente una de las principales preocupaciones de los ciudadanos occidentales.

Con Eduardo González Calleja intercambiamos correos electrónicos para reflexionar sobre este fenómeno a la luz de su libro “El laboratorio del miedo”.

¿Cómo fue la génesis de ‘El laboratorio del miedo’? ¿Qué le impulsó a emprender una tarea de investigación tan ardua?
Llevo más de 25 años trabajando en cuestiones históricas y teóricas relacionadas con la violencia política. El terrorismo, por sus vastas implicaciones políticas, sociales, económicas, culturales y militares resulta un tema insoslayable en este área de estudio, ya que sus manifestaciones se encuentran de plena actualidad desde hace décadas, y su influencia en el modelado de la opinión pública y de política de los gobiernos es enorme. Además, su dilucidación histórica precisa del apoyo en otras ciencias sociales, como son la Ciencia Política, la Sociología, la Psicología, la Antropología, etc.

¿Qué es lo que le llevó un mayor esfuerzo a la hora de trabajar en el ‘El laberinto del miedo?
Quizás el rastreo de los orígenes religiosos y culturales del terrorismo yihadista, su funcionamiento interno nada convencional y sus extensas y complejas ramificaciones organizativas.

¿Cuál fue el primer atentado terrorista de la historia?
Resulta muy difícil determinar el origen del terrorismo en un solo acontecimiento puntual, pero el precedente histórico más remoto de terrorismo organizado con propósitos desestabilizadores es el de los sicarii, secta que participó en la revuelta milenarista de los zelotes israelíes contra el poder romano del 66 al 73 d.C. En todo caso, como ahora, el terrorismo más virulento y antiguo debe rastrearse en el entorno de sectas fundamentalistas de las principales religiones monoteístas.

¿Hay una definición común de lo que es el fenómeno terrorista?
Dedico el capítulo inicial de mi libro a tratar esta ardua cuestión. Algunos especialistas ponen el énfasis en sus implicaciones psicológicas (la difusión de una sensación generalizada de temor entre la población), otros lo presentan como respuesta a contextos sociopolíticos injustos, rígidos o represivos, y hay quien lo considera un tipo de violencia desmesurada, aberrante y no sometida a ninguna clase de norma política o moral. Por último, otros autores —entre los que me incluyo— lo definen como una estrategia de subversión o de control dentro del conjunto de las manifestaciones violentas del conflicto político. Es, pues, una forma de comportamiento político violento resultante de la elección deliberada de un actor (la organización terrorista) que actúa de modo fundamentalmente racional para obtener fines políticos mediante la difusión más o menos indiscriminada del miedo sobre una población.

Tras estudiar el fenómeno terrorista en la historia, en su opinión, qué elementos son comunes, a los terroristas y a sus organizaciones, a lo largo del tiempo?
Desde el punto de vista organizativo, la opción por la clandestinidad, que con el paso del tiempo conduce a la sectarización y el fraccionamiento interno. Desde la perspectiva psicológica, el insobornable optimismo de los militantes de este tipo de movimientos armados, que en la línea del comportamiento clásico del fanático aspiran a obtener sus objetivos por el simple uso de la violencia, cuando la tozuda realidad es que el éxito de una campaña terrorista se puede contar con los dedos de una mano a lo largo de la Historia. Esta actitud viene acompañada de una absoluta incapacidad para respetar o tomar en consideración otras opiniones y creencias que se distingan o entren en conflicto con las propias. Por último, hay que destacar el maximalismo de sus postulados ideológicos, aunque es preciso aclarar que el terrorismo no es siempre revolucionario ni está sometido a una escuela filosófica o ideológica determinadas. Es violencia ideologizada, y ha sido usado con múltiples fines por diversos sistemas políticos y grupos de las más variadas tendencias doctrinales.

¿Qué semejanzas y diferencias hay entre el terrorismo de ETA y el terrorismo islamista?
El terrorismo clásico de finalidad política, como era el empleado por las distintas ramas de ETA, buscaba arrancar al Estado español concesiones en el marco de una solución negociada sin arriesgarse a poner en peligro su propia causa o malograr la realización de sus objetivos máximos. El Estado, por su parte, buscaba un equilibrio sutil entre la represión o la destrucción del terrorismo y la negociación política que brindase un marco de actuación legal a sus seguidores. Por el contrario, el propósito del terrorismo fundamentalista contemporáneo no es ya la negociación, sino provocar la mayor destrucción posible con fines de propaganda. Mientras que el terror étnico-nacionalista se planteaba objetivos políticos claramente definidos (en esencia, un Estado soberano plasmado en un territorio), el terrorismo islamista ataca al sistema en general, no tiene objetivos concretos (la recreación del Califato es pura retórica al borde de la fantasía o la utopía) y cree simplemente en una nueva versión de la propaganda por el hecho, del poder intrínsecamente movilizador o intimidatorio de la violencia indiscriminada. El terrorismo islámico ya no es selectivo, como los que hemos padecido en Europa Occidental desde hace un siglo, sino una guerra a muerte, de aniquilamiento, a pequeña escala. La estrategia general de Al Qa’ida y otro grupos afines, que entienden el enfrentamiento con Occidente y sus aliados como una guerra total, encaja mejor en esta nueva variante de combate nihilista que en el concepto clásico del terrorismo empleado con finalidad negociadora. Para el yihadismo actual, el terrorismo es una herramienta bélica, no política. Eso explica que sus acciones sean tan brutales y que la mayoría de las veces no presente un pliego de reivindicaciones concretas.

¿Cuáles son las herramientas principales de las sociedades democráticas para enfrentarse al terrorismo? En su opinión, ¿qué medidas deberían poner en marcha los Gobiernos occidentales?
Creo que las medidas policiales basadas en la obtención información exhaustiva por medio de la infiltración pueden ser los más eficaces métodos de lucha indirecta, lo que no excluye la actuación represiva discriminada. La lucha llevada a cabo bajo la doctrina de la “guerra contra el terror” elaborada en tiempos de la administración Bush Jr. no sólo ha sido ineficaz, sino contraproducente, debido a que su carácter frecuentemente indiscriminado (aún hoy vemos sus secuelas en los ataques con drones) ha enajenado muchas voluntades dubitativas en el Islam. Además, la obsesión por la seguridad nacional ha justificado en Occidente el recorte de algunos derechos fundamentales (las libertades de información, de expresión o movimiento, por ejemplo) bajo la excusa de presuntas necesidades de defensa interior. Creo que el ejercicio de la libertad en todos los órdenes es el mejor antídoto contra estos liberticidas.

¿Cree usted que la amenaza terrorista es el gran desafío de nuestro tiempo? ¿Estamos en una gran Guerra Mundial contra el terrorismo?
Si se refiere en concreto al yihadismo, que parece ser la gran amenaza terrorista de nuestra época, hay que tomarla, a mi juicio, como se asumió la amenaza del terrorismo anarquista a fines del siglo XIX: como un peligro real, pero minoritario, al menos en el ámbito de la Europa Occidental. Con esto quiero decir que el yihadismo afecta a una fracción muy reducida del Islam en Europa, por lo que la presunta recuperación de Al-Andalus (o de Francia hasta la ciudad de Poitiers, que fue donde llegó la expansión musulmana del siglo VIII) parece, en estos momentos, irrealizable desde dentro o desde fuera del continente. Se hace terrorismo porque no se puede lanzar una guerrilla o desencadenar una guerra civil o de conquista. El terrorismo es siempre del “arma de pobre”, que cuenta con escasos medios y aún con menos probabilidades de éxito. Esto no impide constatar lo que es obvio desde que nació el terrorismo: que sus acciones, por muy minoritarias y aisladas que sean (lo que sucedió en París hace unos días no fue un gran complot desestabilizador, sino la obra de tres o cuatro individuos), chocan a la población europea acostumbrada a una sobreexposición mediática de temas sensibles como la violencia y a vivir en sociedades donde se trata de eliminar todo tipo de riesgo. Ambas cosas, que afectan el ánimo de la gente, son aprovechadas por los terroristas para obtener sus fines.

No veo tanto peligro en Europa como en el mundo musulmán, especialmente en países de fragilidad permanente como Argelia, Libia, Iraq o sobre todo Siria. Ahí es donde el potencial desestabilizador del yihadismo es mayor, y esa amenaza hay que tomarlo muy en serio. Pero definir esta lucha como una guerra mundial o global es precisamente lo que pretenden los terroristas para arrogarse el papel de legítimos combatientes en un conflicto bélico donde ninguno de los dos bandos están cumpliendo las reglas inherentes al ius in bello.

¿Qué escenarios de futuro prevé a medio y largo plazo?
A medio plazo, la posible agudización de esta quinta oleada de terror de carácter fundamentalista, que arrancó de acontecimientos como la revolución iraní de febrero de 1979, la retirada soviética en Afganistán en febrero de 1988 y el derrumbamiento de los regímenes comunistas en 1989-91 en coincidencia con la primera Guerra del Golfo Pérsico de 1990-91. Luego, como en el resto de las oleadas anteriores un declive del movimiento yihadista y la aparición previsible de una nueva causa (¿política, social, racial, nacional, religiosa…?) que puede optar por una estrategia terrorista autocontrolada o bien derivar en un terrorismo con voluntad genocida que emplearía arsenales hasta ahora reservados a la esfera estatal, como las armas químicas y biológicas, y, previsiblemente, en un futuro, nucleares y radiactivas. Un terrorismo apocalíptico basado en la destrucción de masas que ya era soñado por los teóricos nihilistas de fines del siglo XIX, pero que sería el último tabú levantado por este modo peculiar de violencia política.

LA ENSEÑANZA EN CATALUÑA
La Generalidad trata como "casos aislados" el medio centenar de denuncias por la inmersión lingüística
El PP catalán revela que la consejería renuncia a fondos europeos y a la dotación de la LOMCE para aplicar sus propios programas "educativos".
PABLO PLANAS (BARCELONA) Libertad Digital 21 Enero 2015

El departamento de Enseñanza de la Generalidad de Cataluña se ha especializado en incumplir las leyes educativas, desobedecer las sentencias sobre la enseñanza en español y en tirar por la borda millones de euros de financiación, sea europea o del Ministerio de Cultura. Así lo ha puesto de relieve una pregunta de la diputada del PP María José García Cuevas en el parlamento catalán sobre la aplicación en la comunidad autónoma del programa estatal de Formación Profesional Básica, la propia LOMCE (Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa) y sobre las 53 reclamaciones judiciales que se han presentado, por el momento, por vulnerar los derechos lingüísticos de los alumnos.

En este último caso, la Generalidad se niega a que en los centros públicos se enseñe también en castellano y prefiere aplicar la inmersión forzosa, a pesar de fallos como el último del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en el que se condena a la administración autonómica al pago de una indemnización de tres mil euros tras la denuncia de unos padres. La sentencia estima que se perjudicó a una niña al retrasar su aprendizaje y someterla a un sobresfuerzo innecesario.

Sin embargo, la consejería de Irene Rigau (denunciada también por abrir los centros públicos para la votación del 9N) replica que los padres que solicitan la escolarización también en español de sus hijos son "casos aislados" y que la inmersión en las escuelas es "intocable".

Prueba de que a la Generalidad sólo le interesa el mantenimiento a toda costa su procedimiento "educativo" y la erradicación del castellano en los colegios es su falta de atención a otros aspectos de la enseñanza como la formación profesional. Así, la Generalidad acaba de renunciar a 3,5 millones de euros por no ceñirse a los criterios mínimos fijados por el ministerio. Así, se aprobó dicha cantidad para financiar la nueva FP a través del Fondo Social europeo. La partida, correspondiente al ejercicio pasado, no se abonó porque en la consejería de Rigau se prefirió organizar un programa de formación alternativo saldado con un fracaso.

Los fondos europeos preveían que 680 alumnos se acogieran en 2014 a la FP básica diseñada por el Ministerio. La Generalidad, en cambio, optó por un modelo "experimental" en sólo cuatro colegios, con 54 alumnos y al margen de cualquier requisito legal, procediera de Madrid o de Bruselas, lo que provocó la anulación de la partida presupuestaria.

Sin embargo, eso no supone ningún problema para el gobierno de Mas, empeñado en la construcción de su Estado y quien segun la diputada García Cuevas está dispuesto a perder más de cien millones de euros para la enseñanza por negarse a aplicar la Lomce en Cataluña. Además y a su juicio, son muchos los padres que se sumarían a las denuncias por la inmersión lingüística pero no lo hacen por miedo a las represalias contra sus hijos.

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Derechos, no limosnas

ALEIX VIDAL-QUADRAS www.gaceta.es 21 Enero 2015

Si unos padres españoles quieren que sus hijos reciban en España enseñanza en la lengua oficial del Estado, , no pueden hacerlo porque una pandilla de doctrinarios provincianos y fanáticos se lo impide.
España ofrece la originalidad de ser el único Estado del mundo en el que en una parte apreciable de su territorio es imposible escolarizar a un alumno de enseñanza primaria o secundaria en la lengua oficial de dicho Estado. Cuando antiguos colegas míos del Parlamento Europeo, franceses, alemanes, británicos, polacos o checos, se interesaban por esta cuestión y yo les explicaba la realidad cotidiana de las familias que en Cataluña desean que sus hijos reciban del sistema educativo público enseñanza en español, no me creían, y algunos llegaron a decirme que eso que yo les relataba era no sólo inimaginable, sino imposible. Sin embargo, una situación que para cualquier europeo sensato es simplemente absurda, es propiciada por nuestro ordenamiento constitucional y sus apendiculares Estatutos de Autonomía, condenando a los padres que intentan hacer valer su legítimo y legal derecho a educar a sus vástagos en su lengua materna, que es además oficial en toda España, a complejos y costosos procedimientos judiciales, a aguantar los soporíferos discursos patrióticos del funcionariado nacionalista e incluso a sufrir desprecio y marginación social en determinados entornos sociológicos. Desde luego, entre las varias y poderosas razones que existen para emprender, después de treinta y siete años de vigencia de nuestra Ley de leyes, una reforma constitucional, está la de garantizar plenamente el derecho a la enseñanza en español en todos los puntos de la geografía nacional.

Ahora una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha obligado a la Generalitat a indemnizar con tres mil euros a una familia por el perjuicio causado a su hija durante su etapa de educación infantil por negarle enseñanza en español y someterla a la tortura encubierta de la llamada "atención individualizada", que consiste en discriminar al niño en presencia del resto de la clase, singularizarle como un bicho raro y mostrarle como un mal catalán, paso previo a quizá colocarle un día una pegatina con un toro rojigualda en la ropa y confinarlo en un campo de exterminio. Esta decisión de tan alto órgano judicial demuestra hasta qué punto de delirio kafkiano se ha llegado en esta cuestión. Al igual que la sorprendente previsión de la ley Wert, que establece un extraño método para que lo que es lógico sea posible, a saber, que el Estado pague la matriculación del alumno privado de enseñanza en español en un centro privado que se la proporcione, descontándole posteriormente a la Generalitat la correspondiente cantidad de las transferencias financieras que recibe de la Hacienda central, la compensación fijada por los magistrados es una burla a los afectados. No se trata de esquivar el atropello de los separatistas, contrario a la legalidad y al sentido común, se trata de impedirlo

Cuanto más se piensa en este disparate, mayor es la indignación y el estupor. Si unos padres españoles quieren que sus hijos reciban en España enseñanza en la lengua oficial del Estado, que es un vehículo de comunicación universal utilizado regularmente por quinientos millones de personas en ambos hemisferios y dotada de una de las literaturas más potentes del mundo, proporcionándole así una herramienta valiosa de enriquecimiento cultural y de oportunidades futuras en su vida, no pueden hacerlo porque una pandilla de doctrinarios provincianos y fanáticos se lo impide y el Gobierno de la Nación lo tolera. A veces nos quejamos de nuestras desgracias patrias, pero es que muchas de ellas nos las merecemos. En un país en el que a la gente en sustitución de sus derechos los tribunales les dan limosnas, cualquier aberración es posible.

Para después del oleaje secesionista
Convertirse en un Estado independiente dejaría a Cataluña en una vía muerta
Valentí Puig. El Pais 21 Enero 2015

El reflujo tan caótico del secesionismo que hace meses parecía irreductible en Cataluña no despeja incógnitas sobre lo que viene cuando la mala política lleva a un callejón sin salida. Convocadas por Artur Mas unas segundas elecciones autonómicas anticipadas, tal vez vayamos hacia un vacío de poder, sin voluntad ni autoridad institucional, con nuevos agentes políticos en escena, un desgaste grave de la política y los síntomas de aquella frustración que generan los maximalismos, tanto entre quienes desean la independencia como sea y los que recelan silenciosamente de una secesión. A pesar de sus abundantes fracturas internas, el frente secesionista sigue pensando que una sociedad compleja y plural es reductible a la foto fija de una ilusión impracticable y fuera de la ley.

Un síntoma de la actual inanición intelectual del independentismo es que sus líderes opinantes han sido exhortativos, de menguada racionalidad autocrítica y sin hacerse responsables de lo que preconizaban. Por este procedimiento, ahora culpan al presidente de la Generalitat del fracaso del proceso de secesión los mismos que le llevaron a los altares. En fin, es perceptible que casi todo era una puja por el poder entre Artur Mas y Oriol Junqueras. Ni sumar, ni dividir, ni restar: la cuestión ha sido sobrevivir.

Si se busca discernir entre el peso de los factores individuales y colectivos, el caso de Artur Mas es categóricamente individual porque su insuficiencia política es demostrable en abundancia, como lo prueba esta nueva anticipación electoral en un panorama de pérdida de credibilidad institucional, menor poder de imantación económica y desafección social. Mientras la economía iba mejor a pesar de Artur Mas, la política ha ido a peor gracias a su incapacidad política. ¿A qué normalidad cívica puede aspirarse en Cataluña, con o sin elecciones anticipadas? Independentistas frente a todos los demás: un caso clínico de discordia.

En el conjunto de España, los indicios de recuperación económica denotan una estabilidad cuyo requisito es un mercado único interior, la coherencia de las reformas y la cooperación entre los diversos niveles de Administración pública. Ocurre en todos los órdenes. Es improbable que, dada la concentración específica del yihadismo, Cataluña tuviese mayor seguridad estando fuera de España. ¿Qué significarían los controles de Schengen para una Cataluña desprendida de la Unión Europea?

Si ahora el contexto europeo tiene sus dificultades, convertirse en un Estado independiente previsiblemente dejaría a Cataluña en una vía muerta. Tanto el contexto español como el comunitario son impermeables a cualquier aventura porque bastante tienen con absorber o metabolizar nuevos conflictos y fricciones.

Pero, fundamentalmente, lo que ocurre es que el secesionismo de Artur Mas no ha logrado expandir mayoritariamente la tesis de que Cataluña estaría mejor fuera de España o de que uno puede irse de España y a la vez quedarse en la Unión Europea. Así se fue agrietando cada vez más su proyecto improvisado, hasta reducirse a una pugna grotesca por el poder entre Convergència y Esquerra Republicana. Es una suma de confusionismos y, por parte de Artur Mas, de una incompetencia política muy llamativa. Ha ignorado los fundamentos del catalanismo básico para entregarse a un independentismo cada vez más friki, sin mayor sustento que la distorsión permanente que practican la televisión autonómica y un entorno digital al servicio de la causa.

Algún día será motivo de estudio el porqué los argumentos a favor de la permanencia de Cataluña en España han podido ser tan ninguneados por el Gobierno de Artur Mas. Es una clara anomalía en la historia del pluralismo. Y, de repente, Mas ha prescindido de su propio partido para hablar de una lista electoral de unidad para la secesión. Uno puede preguntarse para qué sirven hoy mismo Convergència y Unió.

Después del oleaje secesionista lo primero que viene es la descomposición de algo que nunca fue realmente sólido y que, si acaso, ha ido desflecándose aún más, hasta la huida hacia delante y la escena clásica de los roedores que huyen del barco. Quedan unos meses para escudriñar encuestas que probablemente serán altamente contradictorias. Ese exceso de incógnitas erosiona la cohesión civil. Primero viene el vértigo de las municipales y luego unas elecciones autonómicas en septiembre, para las que caben dudas sobre la posibilidad de articular de modo verosímil una nueva hoja de ruta para la ruptura con España, según la propugnan Convergència, Esquerra Republicana y organizaciones de representatividad tan incierta y de tan escasa sustancia argumentativa como la Assemblea Nacional Catalana y un Ómnium Cultural entregado a las tareas de identificar cultura catalana con secesionismo.

Si Ómnium no acaba con la vitalidad de la cultura de Cataluña será por un contrapeso portentoso de talento individual. El bagaje más constructivo del catalanismo ha pasado a ser, por obra de Artur Mas, un factor de disrupción, ruptura e irrealidad.

Valentí Puig es escritor.

Je suis Charlie, y yo tampoco (II)
Antonio Robles.  Cronica Global 21 Enero 2015

El tono duro de este segundo artículo se enjuiciará mejor con la lectura previa del primero, “Je suis Charlie, y yo tampoco (I)”. En ella apunté, entre otras cosas, el uso frívolo e interesado del mensaje “je suis Charlie”. Algunos murieron por ser de verdad Charlie Hebdo, es decir, por ejercer durante años la libertad de expresión, por no amilanarse ante el chantaje jihadista a costa de vivir con el alma en un puño y escolta policial. Si queremos ser honestos, solo a ellos les corresponde el reconocimiento y la gloria. Si así se puede nombrar al dudoso honor de morir sin desearlo. Quienes, a sabiendas, han utilizado la ola para sacar provecho político, son unos miserables.

Ellos, los dibujantes, los policías, los judíos, ¡qué puta mierda esta de clasificar a las víctimas como si fueran ganaderías!, estuvieron expuestos diariamente durante años, mientras la mayoría nos indignábamos en la intimidad, ¡si nos indignábamos! Porque no todos estamos dispuestos a morir de pie pudiendo vivir de rodillas. Por esto, porque se necesita derrochar generosidad en los momentos donde la mayoría calla o consiente, me ha parecido muy frívolo reducir la tragedia a un símbolo de usar y tirar, a sabiendas que al amparo de la masa no se correrá riesgo alguno. Aunque no se me escapa que, reducir a la simplicidad la complejidad de asunto tan complejo, puede llegar a ser útil para luchar contra el mal. Disculpados habrían de quedar todas esas gentes sencillas sin más interés que la generosidad de sus almas conmovidas por la tragedia. En ningún caso el de todos esos gañanes de coche oficial que se han envuelto en la sangre derramada para sacar provecho estético, moral o político.

Por eso me ha indignado tanto que Artur Mas, junto a señalados ausentes de concentraciones contra el terrorismo de ETA, viajaran a Paris para adornarse con la dignidad de la sangre derramada. No es una acusación en vano. Ni es un juicio de intenciones. Le faltó tiempo al “astucias” para rentabilizar el evento e internacionalizar “lo suyo” exigiendo “libertades colectivas“ para Cataluña. Era su manera de comparar dos intransigencias, la islamista con la libertad de expresión, y el Estado español con el “derecho a decidir” de Cataluña. No es un juicio de intenciones, repito, fue un episodio más entre los muchos montajes de propaganda que diseñan desde el Palacio de la Generalitat a TV3. En esta ocasión, desplazaron a la manifestación de París unidades móviles de la TV Autonómica de Cataluña, Catalunya Radio y la ACN como si les fuera en ello la vida y la honra. Con nuestro dinero, con el dinero que no tienen para pagar a las farmacias. Era una manera de hacerse un lugar en el mundo de la opresión. TV3 enmarcó la obscenidad con un titular que desnudaba por sí misma la intención: "Decenas de líderes mundiales en la marcha de París". Delirios de grandeza, TV3 confundía a propósito a Mas y al comité secesionista que le acompañaba con los amos del mundo, cuando en realidad solo lograron sacar un puesto en el gallinero de alcaldes y concejales.

Artur Mas fue a esto, a sacarle rédito a la desgracia en nombre de la libertad de expresión. Él, que demuestra cada día en TV3, Cataluña Radio y en toda su acción política informativa que los únicos que pueden decir, informar y pontificar en la sociedad catalana son ellos. ¿Qué es TV3 sino una gran jihad informativa contra todas las ideas que contradigan su discurso nacionalista. Sin sangre, eso sí, pero con saña, con mucha saña y mucha desvergüenza totalitaria.

Artur Mas no fue sólo, le acompañó un largo séquito, mayor aún que el del presidente del Gobierno español, entre ellos el conceller del interior de la Generalidad de Cataluña, Ramón Espadaler, el mismo que días antes había rechazado la invitación de la “Associació Catalana de Víctimes d’Organitzacions Terroristes” para asistir a un acto de homenaje por la muerte de unos policías en Sabadell. No es de extrañar, nunca asistió miembro alguno del gobierno de la Generalidad a las concentraciones cívicas contra el terrorismo de ETA, auspiciadas por la Asociación por la Tolerancia en la Plaza San Jaime primero, y en la Plaza de la Tolerancia de Meridiana después. Sólo cuando cayó uno de los suyos, el malogrado Ernest Lluch, se sintieron implicados.

Su compromiso con la humanidad quedó patente el pasado 29 de mayo de 2011, cuando ningún consejero de la Generalidad, ni el propio alcalde secesionista de Vic, Josep Maria Vila d'Abadal, asistieron al acto de homenaje por las nueve personas muertas y 44 heridas en el atentado contra la Casa Cuartel de esta localidad. Sin embargo, allí los tenían, en París, luciendo palmito, compungidos por el terror y astutamente atentos a sacarle rendimiento a la sangre derramada. ¡Qué asco de política!, me decía un compañero al recordarlo. No ¡qué asco de políticos! Le corregí. La política es un noble arte, que como todo, puede ser mal utilizada.

Y no se piensen que el “astucias” ha perdido la decencia en estos tiempos de tribulaciones para su carrera política. Ya lo había hecho en el funeral de Adolfo Suárez. Aprovechó el cuerpo presente para anteponer el coraje de Suárez a la cobardía de Mariano Rajoy por no asumir “el derecho a decidir”. Nuevamente “a lo suyo”: “Nunca miró hacia otro lado [Se refería a Suárez]”, “miró de cara los problemas, no los soslayó ni los rehuyó”. Hasta Felipe González y Miquel Roca recriminaron su conducta y afearon su actitud públicamente. No era el momento, ni el lugar.

Este personaje ha demostrado que no tiene decencia, que confunde la astucia con el engaño, con la trampa y la ventaja, la extorsión, el cinismo, la corrupción moral y la mentira. Puesto a saquear el dolor de Paris, no se detuvo ni en recetar mano dura contra quienes actúan como él mismo hace a diario: Debe caer “todo el peso de la ley y toda la fuerza del Estado cuando se violen las normas que democráticamente hemos decidido darnos”. Predica contra los demás lo que no se aplica a sí mismo. Él ha violado la Constitución, prevaricado, incumplidos leyes y sentencias y está empecinado ahora en usurpar estructuras al Estado para dar un golpe institucional.

O es un saco de mierda, o ha perdido la cordura. Puede, como repetidamente me recuerda un estrecho amigo suyo de juventud, que simplemente es un chulo. Trazas tiene. Le he perdido todo respeto. Antes de presentarse en París envuelto en la aureola de “Jo también soy Charlie”, debería haberse informado de quiénes son de verdad los Charlies Hebdo y a qué riesgos se exponen. Se lo diré en palabras de Xavier Mas de Xaxàs, apellidado como usted y articulista de La Vanguardia subvencionada para adornar sus delirios. Así quizás toma conciencia de su obscenidad:

“Los Charlie de verdad trabajan en regímenes totalitarios. Son gente como el saudí Raef Badawi, condenado a diez años de cárcel y mil latigazos por iniciar en su web un debate sobre la evolución social en su país. El viernes, frente a la mezquita Al Jafali de Yeda, recibió la primera tanda de 50 latigazos y contestó cada golpe con el nombre de un partidario. Cada viernes, durante veinte semanas, recibirá el mismo castigo. Penas de cárcel superiores a los diez años sufren otros periodistas y escritores saudíes por defender la democracia y los derechos humanos o por denunciar la corrupción. Turquía ha denunciado recientemente a 70 periodistas por investigar la corrupción en el entorno del presidente Erdogan. Rusia ha matado a 56 desde 1992. El asesinato de la reportera Anna Politkóvskaya, acribillada en el ascensor de su casa por escribir la historia de la represión rusa en Chechenia, sigue sin aclararse ocho años después.Tampoco se ha encontrado todavía al asesino del dibujante palestino Naji al Ali, tal vez el primer

Charlie, asesinado en Londres en julio de 1987. Muy crítico con los políticos árabes, incluido Yasir Arafat, se había exiliado, primero en Kuwait y después en la capital británica, donde siguió trabajando para el diario Al Qabas. El protagonista de sus viñetas es un niño pobre de un campo de refugiados, dibujado siempre de espaldas, testigo mudo del absurdo, la injusticia y la violencia. Se llama Handala, tiene diez años y todavía es el símbolo de la identidad y la resistencia palestinas.

Otro símbolo de resistencia es el dibujante sirio Ali Ferzat, tal vez el más destacado de Oriente Medio, hoy exiliado en Kuwait. Partidarios del rais Bashar el Asad le partieron la cara y le rompieron las dos manos hace tres años en una calle de Damasco, al poco de estallar la tragedia que parece no tener fin. "Si no estoy dispuesto a correr riesgos no puedo considerarme un artista", dijo después, cuando recibió el premio Sajarov y la revista Time lo incluyó entre las cien personas más influyentes del mundo. 

Doaa el Adl, caricaturista egipcia, arriesgó lo suyo durante el régimen de los Hermanos Musulmanes. Sus viñetas políticas le causaron muchos problemas, como cuando dibujó la barba larguísima de un integrista tapando la boca de una mujer. "La voz de la mujer es una revolución", escribió sobre la ilustración. Sus dibujos aún aparecen en Al Masry al Youm, uno de los principales diarios independientes de Egipto.

La religión y la intransigencia persiguieron durante años al escritor Salman Rushdie, otro Charlie de primera hora, amenazado de muerte por el ayatolá Jomeini. Una fetua animaba a todos los musulmanes a darle caza. Había ofendido al profeta en su novela Los versos satánicos, publicada en 1988”.

No se queda ahí la cosa, honorable. Ejercer la libertad de expresión es algo más que temer a los iluminados religiosos. Cada día, cientos de periodistas arriesgan sus vidas por informar de lo que no interesa al poder. En Méjico, en Rusia, en Venezuela, en Irán… informar de según qué, te puede costar la vida. La Comisión nacional de derechos humanos de Méjico, da cuenta de 102 periodistas asesinados en los últimos catorce años, de los cuales 89 siguen impunes. Aquí la jihad no tiene turbante, son políticos corruptos y cárteles de la droga. Ayer mismo, el fiscal federal argentino Alberto Nisman apareció con un tiro en la nuca horas antes de la cita ante una comisión parlamentaria donde relataría la acusación contra la presidenta peronista Kirchner de haber propiciado la impunidad de los responsables iraníes del atentado contra la colectividad judía AMIA en 1994.

Un poco de honestidad, Sr. Presidente. Cuando asista a un nuevo acto de solidaridad por las víctimas de un atentado, por favor, no saque “lo suyo”, aunque sólo sea para evitar que al resto de españoles nos confundan con los buitres.

Miserables homenajes
Carlos Iturgaiz Estrella Digital 21 Enero 2015

Ha querido el destino que cuando el mundo entero estaba pendiente de París, mientras millones de personas se manifestaban por las calles de la capital francesa acompañados por decenas de mandatarios mundiales al grito de libertad y contra el terrorismo, en el País Vasco los proetarras también organizaban su manifestación. Al revés del mundo. En esta ocasión, una vez más, con la rutina de siempre para alabar y homenajear a despiadados terroristas encarcelados. Cuyos crueles "méritos" han sido secuestrar, pegar tiros en la nuca o colocar coches bombas a inocentes víctimas.

Ya es una vomitiva tradición que en las calles de Bilbao a comienzos de enero se concentren miles de sujetos, llenos de rabia y odio. Una demostración de lo enferma que sigue una parte de la sociedad vasca, cuyo objetivo es hacer apología del terrorismo y dañar y escupir en las caras de las víctimas, con sus aplausos y vítores a los criminales encarcelados. Con sus lemas gritados desde la megafonía de la organización y desde los propios concentrados en favor de los terroristas. Con sus vítores hacia los etarras están clarísimamente cometiendo apología del terrorismo y causando, una vez más, un daño desgarrador a las víctimas del terrorismo, por lo que la Fiscalía del Estado ya ha dicho que tomará cartas en el asunto afortunadamente.

Los proetarras que se manifestaron, estaban apoyando a ese colectivo de presos que días antes habían dicho que no se arrepentían absolutamente de nada de lo que habían hecho. Además, no iban a delatar a ningún compañero para esclarecer los asesinatos que hoy día siguen sin haber sido clarificados y juzgados los autores de esos atroces crímenes.

Ciertamente no puede sorprender esta actitud de los etarras, ya que, ya se había encargado su portavoz liberado llamado el carnicero de Mondragón de adelantar en exclusiva a un medio de comunicación. Con el mismo mensaje que todo el colectivo, es decir, que nos vayamos olvidando todos de arrepentimientos y perdones. Y conocedores de estos argumentos los sujetos que paseaban en manifestación por las calles de Bilbao se sumaban a esos nauseabundos planteamientos, con el objetivo de que los asesinos salgan a la calle y campen a sus anchas.

Pues bien, afortunadamente nuestro Estado de Derecho funciona, y de momento los presos se han quedado sin algunos de sus "insignes" abogados que han sido detenidos por la valerosa Guardia Civíl a instancias de un juez. Todos ellos acusados de pertenencia a banda armada y fraude a la Hacienda, es decir, por actuar bajo el paraguas de la organización terrorista ETA.

Estoy seguro que la totalidad de esos abogados estarían también en la manifestación de Bilbao gritando y coreando lemas que se van a aplicar a ellos mismos cuando estén detrás de los barrotes de una celda. Les valdrá también para aprender una lección mundial que se coreaba en las calles de París y que no es otra que no hay, ni habrá treguas para los terroristas provengan de donde provengan. Porque la lucha antiterrosrista ya no es ni un problema local, ni regional, ni tampoco nacional, sino internacional que nos atañe a todos y que desde la unidad de acción internacional se luchará con todos los medios con la ley en la mano contra el terrorismo de turbante o el terrorismo de boina a rosca.

El clan Pujol y la teoría de la democracia
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 21 Enero 2015

Cuando uno tiene que escribir los nombres del clan Pujol que están hoy imputados por presuntos delitos económicos resultan de gran ayuda las teclas copiar y pegar que Word nos suministra, vista la larga lista de personas con los mismos apellidos. Vean, sino: Jordi Pujol i Soley, Marta Ferrusola (su esposa), Jordi Pujol Ferrusola, Marta Pujol Ferrusola, Pere Pujol Ferrusola, Oriol Pujol Ferrusola, Mireia Pujol Ferrusola, Oleguer Pujol Ferrusola (todos hijos de los dos primeros), Mercé Gironés y Anna Vidal, ex esposa y esposa, respectivamente, de Jordi y Oriol Pujol Ferrusola. «¡Qué tropa, joder, qué tropa!», que dicen que exclamó el conde de Romanones en su día.

¿Cómo explicar que seis de siete hijos y, por afinidad, dos de sus mujeres, sean, al parecer, unos bribones y, presuntamente, unos delincuentes? Ante tan inquietante pregunta, caben dos explicaciones: la primera, que la tendencia a actuar como si el Código Penal fuera un tebeo se la han transmitido Jordi sénior y señora a sus retoños en el código genético, entre que se dedicaban a fer caixa, es decir, a llenarse trapaceramente los bolsillos, y a eso que ambos llamaban fer país. ¡Menuda cara! Aunque nada sé de biología, sí conozco por mis estudios de criminología que la teoría según la cual las tendencias delictivas se transmiten por herencia es una tontuna de gentes reaccionarias.

La segunda explicación, me temo, es más plausible. Según ella, la red de ilegalidades y golferías del insuperable clan Pujol sería la directa consecuencia de cuatro factores concurrentes: la larga permanencia de Pujol y CiU en el poder, el hiperliderazgo de Pujol en su partido, el amplísimo dominio de CiU sobre las instituciones catalanas y, por último, aunque no en último lugar, la capacidad de Pujol para envolverse en la senyera cada vez que alguien osaba poner en duda la limpieza con la que él y los suyos ejercieron el poder durante más de veinte años. Según la teoría típica de cualquier nacionalismo (desde Franco a Fidel Castro), atacar a Pujol, o a CiU, era hacerlo a Cataluña. ¡Ahí es nada!

Cuando a finales del siglo XVIII los norteamericanos inventaron el Estado constitucional, partieron de que los hombres no eran ángeles y, por eso, creyeron indispensable fijar mecanismos de equilibrio para evitar el abuso de poder. Tales equilibrios se convirtieron luego, en el mundo libre, en necesidad imprescindible. De hecho, ha sido su vulneración en Cataluña lo que ha conducido a que los hijos de un hombre rico y poderoso, que podían haber estudiado en las mejores universidades y haberse colocado luego en magníficos empleos, hayan aspirado a la indecencia de vivir sin trabajar y sin cumplir la ley, amparándose para ello en su papá y en el escudo en que su papá se protegía: Cataluña. ¡Pobre Cataluña, con esos valedores!

¡A portazos! *
CARINA MEJÍAS ABC Cataluña 21 Enero 2015

Esta semana, con el cómplice y servil apoyo de ERC, se aprobarán los presupuestos de la Generalitat de Cataluña que incluyen un sustancioso aumento de la partida presupuestaria destinada a la política exterior. Al gobierno de Mas, le interesa muy poco si no se pagan las deudas a las farmacias, si no hay dinero para becas comedor o para guarderías. A Mas, lo que le importa, es la independencia muy por encima de la decencia y están dispuestos a poner sordina a los portazos con los que se han saldado sus viajes al exterior.

Los continuos mensajes enviados por los diferentes líderes europeos, advirtiéndole que no van a apoyar su aventura independentista de enfrentamiento y división, han sido tan claros como humillantes. Especialmente cuando los líderes europeos Merkel, Hollande y Cámeron ignoraron la carta enviada desde el gobierno catalán solicitando su apoyo a la secesión de Cataluña.

Sus viajes y sus esfuerzos para conseguir que lo reciban en las instituciones europeas se han saldado con un estrepitoso fracaso. En Bruselas nadie ha querido recibirle y además, su único Eurodiputado en el Parlamento Europeo, que hasta ahora vendía su discurso victimista contra España y los españoles, se ha visto ahora políticamente neutralizado por la actividad política de los dos eurodiputados de Ciudadanos que con sólidos argumento contrarrestan sus mentiras. Hasta el Papa se ha pronunciado contra «el desmembramiento de un Estado que hasta ahora ha estado junto».

Ante tanta humillación, Mas y sus entorno están convencidos que el dinero es un lenguaje que entienden todas las naciones y han dispuesto que 16 millones de euros de todos los catalanes abrirán las puertas que se cerraron a portazos. A ello hay que añadir el alquiler de una sede en Bruselas que nos costará 900.000 euros de vellón y los contratos millonarios a un «lobby» anglosajón cuya función es presionar a los socios europeos para que obliguen al gobierno de España a permitir el referéndum de autodeterminación. No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.

Carina Mejías es portavoz de Ciutadans en el Parlament
 


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