AGLI Recortes de Prensa   Sábado 31  Enero 2015

Hay que expulsar a Grecia
EDITORIAL Libertad Digital 31 Enero 2015

Grecia debe ser expulsada cuanto antes de la zona euro, y no solo porque su mantenimiento en la Unión Monetaria alentaría el auge del populismo en otros países miembros, sino porque es inmoral y profundamente injusto que el resto de contribuyentes europeos tengan que sufragar de su bolsillo los excesos y despilfarros de un gobierno manirroto y de un pueblo irresponsable.

Grecia nunca debió entrar en el euro, puesto que su anquilosada estructura productiva y sus nefastos precedentes de inestabilidad fiscal y monetaria ya aventuraban el final trágico que, por desgracia, ha terminado produciéndose a lo largo de la presenta crisis, pero, una vez dentro, lo mínimo que se le puede exigir a Atenas es que cumpla o, al menos, tenga la voluntad de cumplir las reglas de juego que garantizan la supervivencia del euro. A saber, un déficit inferior al 3% y una deuda pública no superior al 60% del PIB. Es cierto que, desde el nacimiento de la moneda única, dichos principios han sido vulnerados en múltiples ocasiones por parte de distintos países. Sin embargo, Grecia es un caso excepcional, ya que jamás ha logrado alcanzar estos dos objetivos. De hecho, falseó sus cuentas públicas durante años, primero para entrar en el euro y después para ocultar el insostenible tamaño que había alcanzado su sector público gracias a la financiación abundante y barata que ofrecía el paraguas de la Unión Monetaria.

Grecia ni ha cumplido ni ha tenido nunca la intención de cumplir. La presente crisis de deuda ha sido su particular prueba de fuego. Tras descubrir que Atenas había falseado el déficit público, los inversores, como es lógico, huyeron despavoridos ante el riesgo inminente de quiebra. Sin embargo, el país heleno fue rescatado por sus socios comunitarios, evitando así el desmoronamiento de su banca y de sus servicios públicos. Pero lo único que compró ese salvavidas fue tiempo. Tiempo para que los griegos rectifican su senda suicida, aplicando necesarios recortes de gasto para equilibrar sus cuentas e imprescindibles reformas estructurales para reactivar su inerte economía.

Sin embargo, no aprovecharon esa oportunidad. Atenas apenas avanzó nada entre 2010 y 2012, y para cuando el nuevo Gobierno de Antonis Samarás empezó a hacer lo correcto, ya era demasiado tarde para recoger los frutos. Justo cuando su economía empezaba a registrar crecimiento y superávit fiscal primario (descontando el pago de intereses de la deuda), los comunistas de Syriza se han hecho con el poder blandiendo el populismo más abyecto y deleznable. Su ascenso no solo dará al traste con los tímidos e insuficientes avances logrados en los dos últimos años, sino que sumergirá a Grecia de forma irremediable en una nueva y profunda crisis económica y social. La clave no radica en que Syriza exija o no una quita sobre la ingente deuda pública griega, sino en que pretenden volver a la nefasta senda de gasto que ha causado su actual ruina.

Y su intención no es otra que chantajear a Bruselas para que el resto de socios comunitarios sufraguen la cuantiosa factura con el dinero de sus contribuyentes. Ceder a esta extorsión es indecente, inmoral e injusto. Si Grecia no acepta las reglas básicas del euro, debe abrir la puerta y salir. Y si, aún así, se niega, simplemente, expulsarla. Europa no puede plegarse a la voluntad de un Gobierno radical y extremista, cuyo único objetivo es robar y amenazar vilmente a sus vecinos. Si lo hiciera, no solo estaría violando los fundamentos del euro, sino que sembraría el germen de su autodestrucción a medio y largo plazo. Si Grecia incumple, debe salir, voluntariamente o a la fuerza.

Regeneración democrática
Partidos o partidas
Amando de Miguel Libertad Digital 31 Enero 2015

Gran invento, el de los partidos políticos. Solo que, si no cumplieran ciertos requisitos de calidad, se quedarían en partidas, partijas o partiquinos. Son tan decisivos en el juego democrático que en las dictaduras se crean también partidos únicos, lo que no deja de ser un divertido oxímoron.

No es suficiente el hecho de que compitan varios partidos. Debe exigirse algo más. Por ejemplo, que su funcionamiento sea democrático, como dice sabiamente nuestra Constitución. Podría ser un artículo inútil, pero no lo es. La prueba es que lo usual es que los partidos actuales funcionen con escasa democracia interna. Baste recordar que muchos de sus dirigentes no han sido elegidos por sus militantes. Tampoco suele ser público su estado de cuentas.

Me parece un dislate la estructura que mantienen algunos partidos, con sedes costosas, con un ejército de empleados fijos, todo ello pagado por los contribuyentes. Estoy dispuesto a una pequeña contribución para sufragar los gastos de la oficinilla que monta en mi pueblo el partido al que voto. Pero me parece una aberración que con mis impuestos colabore a los gastos de las otras formaciones políticas.

Comprendo que en las elecciones locales se presenten partidos independientes o adscritos al territorio municipal. Pero en el caso de las elecciones que llaman "generales" (sería mejor "nacionales") las organizaciones que concurren deberían ser de carácter nacional. Bastaría una norma que dijera: "Los partidos con representación en las Cortes deberán obtener representantes al menos en 10 provincias". Por algún lado hay que cortar. ¿Cómo se puede sostener que haya un partido con representación en el Congreso de los Diputados que se llame Esquerra Republicana de Catalunya? Es evidente que ni siquiera trata de representar a todos los españoles, como quiere la Constitución. Es evidente que sus diputados no se sienten españoles. Sí, pero cobran de todos los españoles. En España somos así, señora.

La condición inexcusable de representar a todos los españoles llevaría asimismo a que no debe haber partidos adscritos a una confesión religiosa, o a una etnia. Cierto que no los hay (de momento), pero estaría bien que en la dirigencia de los partidos hubiera musulmanes, judíos, negros, gitanos o hispanoamericanos, por poner un ejemplo. Bastaría con una cuota simbólica para quedar bien. No hay nada de eso o no se conoce lo suficiente.

Los partidos deben orillar a los corruptos a la menor sospecha. Se necesita que no tengan que ser desvelados por los medios de comunicación. El control debe establecerse de modo rutinario dentro de la organización. Ni siquiera basta apartar a los delincuentes; hay que hacerlo con los mediocres. En los Parlamentos o los Ayuntamientos no debe haber más coches oficiales que los que necesiten los políticos con alguna discapacidad física. Anoten el dato de que en el Congreso actual solo hay un diputado en silla de ruedas y él mismo conduce su coche particular. Al mismo tiempo hay concejales en España con coche oficial. No se entiende por qué.

Las observaciones anteriores se derivan de un derecho fundamental que todos tenemos: el de pagar impuestos.

Contacte con Amando de Miguel. fontenebro@msn.com

Podemos y su cuchipanda
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 31 Enero 2015

De ese pesimismo, negro e insondable, que provocan situaciones extremas, como las crisis económicas, arrancan, es una ley histórica, políticas radicales. Y del cúmulo de decepciones que despiertan los partidos tradicionales suelen emerger líderes que se envuelven en el redentorismo y se proclaman carismáticamente capaces de enmendar vicios y conflictos, hasta inclusive resolverlos desde la Transición hasta nuestros días, nada más y nada menos. Si a esto unimos que cuanto más paralizadas e indecisas parecen las marcas PSOE e IU, mayores son las horas de gloria trasvasadas a una coalición que crece escudada en la imagen de “EL PUEBLO”, entonces podemos comprender el origen de un grupo que, desde el movimiento del 15-M, emplea como seña de identidad la lengua del populismo.

El populismo y sus falsos referentes
La invocación al “Pueblo”, otras veces aclamado “sociedad civil”, parece ser la fuerza de arrastre de Podemos. Y desde luego que lo es, y más cuando el término “Pueblo” remite a ese ente que carece de protagonismo en la vida pública salvo en aquellas ocasiones, contadísimas, en que por la vía del sufragio otorga legitimidad a unas élites políticas. Por tanto, y dado que los de Podemos quieren refundar la democracia vigorizando el papel del Pueblo, yo les lanzo la pregunta que formulara el filósofo Earnest Gellner: “¿quién escoge a los que escogen?”1

Desato esta paradoja porque en el programa económico de Podemos se recoge la promesa de “promover y garantizar la constante y más amplia participación de la gente en la toma de decisiones económicas”2, amén de que un miembro del Consejo Ciudadano de Podemos y antiguo militante de una organización armada marxista-leninista, se trata del padre del líder de Podemos, ha definido “lo democrático” de esta guisa: “lo que reparte poder entre la gente, entre usted y yo, entre todos”, hablando claro.

Ni que decir tiene que bajo este planteamiento populista que no distingue entre gobernantes y gobernados late la filosofía de Jean-Jacques Rousseau. Sin embargo, y fuera confusiones, Rousseau fue un antidemócrata convencido, ya que excluyó al pueblo bajo, a mujeres y esclavos de las esferas de la democracia y, además, impidió en su modelo político el más mínimo signo de divergencia, pluralismo y libertad individual. Recuérdense las cláusulas de su Contrato social: éstas no se discuten ni fueron “jamás formalmente enunciadas”, tal era el tenor de Rousseau.2

Saco a colación estas referencias debido a las palabras del líder de Podemos. Tras preguntarle Ana Pastor por cómo se iban a tomar las decisiones, Pablo Iglesias le confiesa que la palabra “órgano de Dirección” le “parece feísima”, que “los espacios de decisión que se tomen tienen que ser siempre respetuosos con la participación de la gente” (minuto 2’16 a 2’46). Y agrega: “yo creo que la gente no tiene que mandar o en todo caso, como decían unos amigos mejicanos, mandar obedeciendo” (minuto 2’50).

Acabáramos, tanta blablá para al final enseñar sus querencias autoritarias. Por cierto, que mandar obedeciendo, ser libre acatando y participar callando… es el engrudo revolucionario de Rousseau, autor que rescata Iglesias en el chascarrillo mejicano. Y es que Rousseau señalaba que las personas vinculadas al nuevo pacto político no precisan hablar ni intercambiar ideas porque “del silencio general debe presumirse el consentimiento del pueblo”.4

Ahí entonces empieza y acaba la utopía del gobierno asambleario cuya existencia es tan ilusoria como real ha sido la no integración, dentro de Podemos, de voces y sectores críticos. ¡Hasta ha desaparecido el grupo de Izquierda Anticapitalista! Lo cual nos conduce a un partido que no incluye pluralidades ni heterogeneidades. O sea: lo mismo que les pasa a las formaciones al uso.

Debajo de la piel de oveja
Loable, muy loable es querer poner punto final a la corrupción política y financiera. Meritorio, absolutamente meritorio es incorporar los problemas de las personas dentro de la agenda de la política. La cuestión estriba, aparte de recomendaciones e hermosos imperativos morales, en que carecen de un programa “articulado y claro” en torno a asuntos tan graves. En cambio, pretenden importar la censura de las 'leyes mordaza' de Venezuela, Ecuador y Argentina, pues su líder, Pablo Iglesias, defiende la idea de controlar la prensa española. Y si éste ha declamado aquella salmodia osificada de que “el cielo no se toma por consenso. Se toma por asalto”, Lola Sánchez, eurodiputada de Podemos, asiente que "la gente ya sabe cómo tiene que trabajar y organizarse para asaltar ayuntamientos y asambleas autonómicas”.

Quien ha sido elegido secretario general con bastante menos del 50% de los votos boicoteaba conferencias en la Facultad de Políticas, como la de Rosa Díez (véase minuto 1’57), al tiempo que en el día de su puesta de largo, en el Hotel Ritz, evacua a un hombre del auditorio porque le pregunta delante de todo el mundo: “¿asesoró usted en Venezuela participando en la represión contra mi hija estudiante?”. Por estos y otros comportamientos, algunas viejas glorias del izquierdismo español, como Alfonso Guerra y Tezanos, han concluido que la directiva de Podemos se mueve con consignas nazis y estalinistas.

Desde luego, la ponderación no constituye un rasgo de ese pretérito militante comunista llamado Pablo Iglesias. “Antisistema” sí es, pues exhibe comprensión con los miembros criminales de ETA mientras tilda de "fascista" a la AVT. “Autoritario”, también, al preferir la compañía del dictador venezolano Chávez, igual que ahora trabaja para la cadena Hispan-TV perteneciente a la tiranía teocrática de Irán.

Por otra parte, este excelente fustigador de los errores de nuestra casta política se empeña en mantener los suyos propios a buen recaudo. De ahí que corra un tupido velo sobre los affaires que aquejan a su guardia pretoriana. Nada ha aclarado sobre Íñigo Errejón, ninguna duda ha manifestado acerca de la honorabilidad de Tania Sánchez, envuelta en casos de nepotismo, en tanto que de José Carlos Monedero entona, -música, por favor-, que es “un buen patriota”, a pesar de sus irregularidades contables.

En cualquier caso, este 31 de enero no va a ser, en el santoral del populismo, el día del gobierno de la gente, como proclama su guía. Sino una fecha en la que otro grupo político que dice “representar la ilusión” busca denodadamente el poder para convertirse en una maquinaria radicalizada que escombre a la izquierda. Y a la derecha.

1 Earnest Gellner (1974), Selected Philosophical Themes. Contemporary Thought and Politics, Routledge, London, 2003, p. 40.
2 Vicenç Navarro y Juan Torres López (2014), Un proyecto enocómico para la gente (Podemos), documento en PDF, p. 19.
3 Jean-Jacques Rousseau (1762), Le contrat social, ou Principes du droit politique, Imprimerie d’Amable Le Roy, 1792, lib. I, cap. VI, p. 23.
4 Ibídem, lib. II, cap. I, p. 38-39

Su austeridad es nuestra abundancia
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 31 Enero 2015

Pocos términos han capturado mejor el imaginario colectivo europeo que el de “austeridad”. Por “austeridad” entienden el fin del gasto social del que muchos se benefician gracias a las masivas transferencias de renta que los Estados europeos efectúan cada año a mayor gloria de John Maynard Keynes, un economista coñazo de hace 80 años que muy pocos han leído –Juan Ramón Rallo es la excepción– pero que todo quisqui se lo lleva a la boca en cuanto se le presenta la oportunidad. El hecho es que, más allá del machaconeo propagandístico de los guardianes de lo público –es decir, lo estatal–, austeridad, lo que se dice austeridad ha habido bien poca. Los Gobiernos europeos nunca han gastado tanto como en los últimos seis años. Al menos en tiempos de paz. A los hechos me remito. El Gobierno español gasta hoy más que en el año inmediatamente anterior al inicio de la crisis y muchísimo más que hace diez o doce años, cuando por estos pagos atábamos a los perros con longaniza y algún que otro bobo comparaba a la economía española con un pura sangre. Si me sigue sabe a quién me refiero.

Entonces, ¿a qué viene tanta barrila con lo de la austeridad?, ¿por qué nos hemos empeñado en desafiar a la razón con un latiguillo que tiene menos verdad que el evangelio de Judas? Básicamente porque la izquierda europea se ha convertido en una fuerza tremendamente conservadora cuyo único objetivo es mantener al mayor número de personas enchufadas a los presupuestos. Simplemente eso. Cualquier cosa que implique aminorar esos presupuestos es austeridad. A menos dinero menos Estado, a menos Estado menos clientela, a menos clientela menos votos, a menos votos el mundo, su mundo, se les va de las manos. Aunque se nos antojen bravos y revolucionarios –en España incluso bolivarianos, procastristas y filoguerrilleros–, los progresistas del viejo continente son la cosa más rancia que imaginarse pueda. Aspiran a un mundo estático en el que nada cambie, en el que se pueda vivir al margen del comercio internacional, de los avances tecnológicos y de cualquier tipo de innovación que implique mudanzas en lo fundamental.

Ahí tienen a Syriza, o a Podemos, o a los cretinos del Frente Nacional francés cuyos programas son gotas de agua con ligeras diferencias adaptadas a la idiosincrasia del lugar. Alérgicos todos a la globalización y al libre comercio, hablan de presuntos derechos inalienables como el de jubilarse a los 55 o vivir sin trabajar acoplado de por vida a la máquina de imprimir billetes del Banco Central Europeo. Todo momento de cambio –y vivimos en un momento de grandes transformaciones a nivel mundial– ha tenido sus carcas, sus custodios del tarro de las esencias, sus Calomardes, sus Chateubriands y sus curas de boina echados al monte con su altar de campaña y su fusil al hombro. En esas estamos en Europa. Lo normal es que una parte de la población, razonablemente asustada por la quiebra de las certidumbres de posguerra, temerosa de perder sus privilegios y verse obligada a competir, se entregue con armas y bagajes al mensaje redentor de estos cien mil hijos de San Luis. Ahora bien, la otra parte de la población, la que mantiene este funesto invento, la que se desloma para financiar los disparatados gastos de un Estado que crece sin tregua, no debería permanecer callada y, mucho menos, participar de esta indigna mascarada que presagia un experimento colectivista cuyo reguero de miseria y servidumbre más que previsible es seguro. Reclamemos la austeridad, pero la austeridad genuina. Su austeridad es nuestra abundancia. No renunciemos a ella.

Podemos
La marcha de la superstición
José Bastida Libertad Digital 31 Enero 2015

La demostración callejera del 31 de enero que pretende inundar Madrid guarda muchos paralelismos con los estremecedores movimientos de masas que inundaron la Europa de entreguerras, ya que la convocatoria no obedece a un motivo concreto de protesta o, incluso, de conmemoración, sino que pretende ser una epifanía pagana del poder de la vieja y caduca superstición totalitaria, la que declara sujeto de revolución a la masa.

La tríada vida, libertad y propiedad, glosada por John Locke como cimiento del progreso material y espiritual de la humanidad, plasmada en nuestra sociedad occidental judeocristiana, sufre constantemente los embates de ideologías colectivistas supersticiosas (irracionales) como el comunismo o el islamismo radical, que anulan al individuo y su libre albedrío. Otro gran filósofo, Benedicto Spinoza, advertía de que la superstición surge del miedo y "los que más se aferran a todo tipo de superstición son los que desean sin medida cosas inciertas".

El auge del partido Podemos, el organizador de la demostración de masas, se basa en ese miedo e incertidumbre de la sociedad española ante el futuro debido a la crisis económica estructural y la banalización de la política a causa de las infinitas corruptelas que asuelan instituciones públicas, partidos y sindicatos. El viejo topo oportunista acaba de salir a la luz para aprovecharse de la situación y tomar el poder con la rabia y el odio de clase. Lo más inquietante de todo este escenario es el tinglado mediático que se ha formado en torno a esta formación. Ver en las pantallas cómo este partido extraparlamentario abre los telediarios es un espectáculo deplorable que muestra la cara más frívola y ruin del negocio de la información. Como ejemplo, un mitin de poco más de 6.000 personas con el falsario lema de esa formación con cinco parlamentarios en Estrasburgo y ninguno en España, "Vuestro odio es nuestra sonrisa", es primera noticia en los dos grupos televisivos líderes en audiencia y que acaparan el 80% del mercado publicitario conseguido gracias a los favores del zapaterismo y prolongado por la ya insoportable nadería del PP. Ni que decir tiene que la televisión pública se ha adherido a esa vorágine provocada por las encuestas y las redes mediáticas. Y ahí están: dándole la vuelta al sentido de las palabras convirtiendo su odio en sonrisa cínica mientras la ciudadanía asiste al espectáculo de unos catecúmenos de la Complutense arrasando en los medios y haciendo lapidaria la frase de McLuhan: "El medio es el mensaje". Porque estos asesores de dictaduras narcocomunistas no aportan nada, sólo lemas, como "la casta". Es un producto de marketing puro y duro, similar al anuncio de un detergente. El día 31 veremos un nuevo capítulo del tinglado mediático que se formará alrededor de esa manifestación que sólo pide revancha, rezuma superstición y anuncia horizontes soviéticos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de la política...?
Juan Pérez Cronica Global 31 Enero 2015

¿Hablamos de una profesión, para cuyo ejercicio, bien curiosamente, no se exige ningún requisito, ni acreditar unos conocimientos mínimos, ni una experiencia, ni haber demostrado capacidad alguna, ni siquiera tener unos rudimentos de lo que entendemos que cae bajo el radio de acción de tal mester, es decir, la totalidad de la vida de una sociedad, desde la creación de leyes hasta el reparto de los dineros públicos y la creación de infraestructuras, pasando por el gobierno de la policía y el ejército? ¿Hablamos de la política como de la suprema oportunidad, para quienes nunca han demostrado competencia alguna, de auparse a centros de decisión desde donde modificar la realidad cotidiana de millones de personas?

Plantear en este país la posibilidad de un examen de los candidatos a ocupar los puestos políticos de la administración, con la excepción del presidente del gobierno, se vería como un atentado antidemocrático

Plantear en este país la posibilidad de un examen de los candidatos a ocupar los puestos políticos de la administración, con la excepción del presidente del gobierno, se vería como un atentado antidemocrático. Y, sin embargo, como podemos ver cada legislatura, y con rigor artístico definitivo en la película Tempestad sobre Washington, de Otto Preminger, forma parte del sistema democrático de una democracia tan antigua como la de Usamérica. ¿Por qué no habría de ser importable que políticamente los candidatos a ocupar puestos de tantísimo relieve sufrieran un examen donde quedara acreditado un mínimo de competencia para desempeñar el cargo? ¡Cuántas vergüenzas ajenas nos hubiésemos ahorrado! Y cuántos sinsentidos como pueblan nuestra geografía y nuestras normativas. El miedo ancestral de los españoles a los exámenes -y el desdén tradicional hacia el conocimiento y el aprendizaje- permite que una profesión cada vez más especializada sea desempeñada por quienes de ninguna manera someten su preparación al juicio, no tanto ya de los que saben, sino de sus propios colegas, quienes, por evitar el compadreo, y sobre todo el escarnio de los de la oposición, se lo pensarían muy mucho antes de echar a los leones a según qué candidatos. Estoy convencido de que esas sesiones para determinar la idoneidad de los tales acabarían ocupando un lugar privilegiado en la cuota de pantalla televisiva. Si ya la retransmisión de plenos del Congreso nos deja un sentimiento de desolación, de páramo, de pobreza, política e intelectual, de que la que habría de ser la profesión más noble del mundo, se reduce, en esa y otras sesiones a un ejercicio burdo de trilerismo, matonismo demagógico y aberrante lógica ytumasera, es necesario, con carácter de urgencia, redefinir la profesión y establecer unos filtros mínimos -sólo hay qué ver qué políticos en Washington han pasado esos exámenes...- para el desempeño de la misma.
¿Hablamos, por el contrario, de la política como el instrumento adecuado para la realización de nuestro proyecto de vida individual?

¿Hablamos de la política como la panacea que nos traerá esa felicidad cuyo objetivo recogía destacadamente la Pepa romántica, en 1812?

¿Hablamos de la política como "un tema de conversación" en el que podemos desahogarnos y sumar disparates que son más celebrados cuanto más hiperbólicos; un cotilleo de barra libre para el insulto; una cadena de despropósitos conceptuales que pretendemos hacer pasar por opiniones fundadas; un "terreno" que pisamos con la confianza de quien sabe que jamás han de pedirle cuenta de la racionalidad de su posición; un espacio de impunidad para la amenaza y la difamación; una escuela del odio y el sectarismo?

¿Hablamos de la política como algo realmente "ajeno", como si fuéramos espectadores irresponsables de una representación en la que, sin embargo, hemos elegido nosotros a los actores, a los principales y secundarios?

Es necesario, con carácter de urgencia, redefinir la profesión y establecer unos filtros mínimos

¿Hablamos de la política como un asunto turbio y sucio que procuramos dejar a un lado en ciertas relaciones sociales y familiares para que no empañen con su fétido aliento partidario nuestra vida cotidiana?

¿Hablamos de la política como si "nada" tuviera que ver con nuestras vidas, nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestras aspiraciones, nuestros sueldos, nuestras amistades, nuestros amores, nuestras adquisiciones, nuestros viajes, nuestras lecturas, nuestras infinitas elecciones diarias, comunes y corrientes?

¿Hablamos de la política como de una actividad en la que es mejor no meterse, salvo si se que quiere medrar para "aprovecharse" del posible cargo al que pueda accederse, para el clásico “forrarse”, más allá de las prebendas propias de los mismos?

¿Hablamos de la política como el único modo de ascenso social sin pasar por la dureza del aprendizaje en cualquier disciplina académica y sin haber conocido la experiencia laboral?

¿Hablamos de la política como de un mal menor?

¿Hablamos de la política como de una necesidad que, sin embargo, nos empeñamos en reconocer como lo que es?

¿Hablamos de la política como de una ciencia esotérica -en vez de exotérica- a la que solo acceden ciertas personas cuya vida gira exclusivamente alrededor de ella y a la que sacrifican lo que los demás concebimos como una vida "normal"; unos saberes crípticos, amén de aburridísimos, que les permiten explicarlo todo, sin excepción alguna?

¿Hablamos, en fin, de la política como del arte del ilusionismo, del arte de la superchería, del arte del embaucamiento, del arte contra el que nos defendemos con la seguridad de quienes rechazan también el queso?

¿Tenemos respuestas satisfactorias para esas preguntas? Debiera ser un imperativo ético y cívico que cada cual busque las suyas.

La realidad y las convicciones
Ignacio del Río. www.republica.com 31 Enero 2015

Las declaraciones del líder de Syriza tras su victoria electoral -“se acabó la austeridad”- son un ejercicio de voluntarismo que refleja o una manifiesta inmadurez política o un monumental engaño.

Los mecanismos del marketing electoral han evolucionado desde las frases grandilocuentes hasta mecanismos más sutiles y limitados en la retórica. Los expertos dicen que la democracia cuando, está consolidada, debe ser aburrida y la épica y los liderazgos expansivos no son propios de sistemas políticos maduros, sino que corresponden a modelos caribeños, como ha recordado Rajoy.

Entre el escepticismo, la ironía y la distancia con la que los británicos tratan a sus políticos y las masas enfervorizadas venezolanas ante un Presidente enfundado en un chándal con la bandera nacional, es evidente que nuestra democracia constitucional está afortunadamente en la primera versión.

Grecia tiene un problema muy importante con sus 315.000 millones de euros de deuda pero por su posición en la economía de la UE, en la que solo representa el 2 por 100 es evidente que su problema no es el principal problema de los socios europeos. A su favor tiene el hecho de que su deuda en un 75 por 100 está en manos de los Estados de la UE y solo algo menos de una cuarta parte en manos privadas.

Por ello, el nuevo Presidente griego debe se prudente y no incomodar innecesariamente a su acreedores, teniendo en cuenta que en un mes, el 28 de febrero, finaliza el rescate y necesariamente tendrá que solicitar una prórroga a la Troika si no quiere que le corten la financiación.

Los problemas de Grecia no vienen de su plan de rescate, sean o no mejorables las decisiones de la Troika, sino de quienes llevaron al país a una situación caótica con la tolerancia de sus ciudadanos y en algunos caso con su complicidad.

Aquí en España su corresponsal, Pablo Iglesias, dice que la elección de Siryza es una prueba de que “la democracia cambia las cosas”, lo cual para estar dando clases de interino en la Facultad de Políticas es bastante primario y erróneo desde la perspectiva histórica. La democracia es el mejor sistema de elección de los gobernantes, no garantiza el acierto de los ciudadanos y necesita el permanente respeto a la libertad, a los derechos ciudadanos y al Estado de Derecho para tener eficacia transformadora. En la Historia las elecciones democráticas han dado lugar a dirigentes tan dispares como Churchill y Hitler. El primero respetó la libertad y el segundo la cegó y aplastó los derechos humanos más básicos.

Los efectos de las elecciones griegas en los mercados han sido muy reducidos y las previsiones de mimetización a la política española serán previsiblemente remotas. El cuadro de coincidencias entre España y Grecia es minoritario frente a las divergencias estructurales, económicas y sociales. Resumir Europa en una imagen Norte-Sur es una simplificación y una distorsión del análisis.En el final de los años 90 se elaboró un documento por la CEE que hacía prospectiva sobre los flujos de crecimiento en Europa que se reflejaban en un cinturón de color amarillo -sun belt- que recorría el centro de Europa, desde Londres hasta Baviera, pasando por Holanda, París, Suiza y el norte de Italia, que previsiblemente concentraría los mayores crecimientos.

La densidad del centro de Europa, su alto nivel de industrialización, las redes de comunicación marítimas, puertos de Rotterdam y Hamburgo, aeroportuarias, tecnológicas y de carreteras representan unas ventajas geográficas que deben ser paliadas por los países periféricos con dosis de competitividad que se traducen necesariamente en precios más bajos.

Por ello las reformas deben continuar. Así lo ha reiterado el ministro Guindos, recordando que las medidas del BCE, Quantitative Easing, no servirán de nada si no se acompañan de un sostenido ritmo de reformas que aquí en España el Gobierno ha ralentizado este último año.

Las reformas para hacer una economía más flexible, más adaptable y más capaz para enfrentarse con la competencia de los países emergentes responden a las exigencias de la globalización y su efecto de deslocalización, más que a los propios requerimientos de la UE. Y seríamos un país de ciudadanos irresponsables si no reconociésemos los retos a los que se van a enfrentar – ya los tienen delante – las próximas generaciones.

La semana en España empieza con la convocatoria de las elecciones andaluzas anticipadas que adelantaba en mi última entrega. Susana Díaz se ha quitado el lastre de IU en su Gobierno y aspira a quitárselo definitivamente.

El criterio de oportunidad, el manejo de los tiempos es una prerrogativa de los Gobiernos y su acierto o equivocación favorece o penaliza. Contrarrestar la decisión de la Presidenta andaluza bajo la afirmación de que actúa por intereses electorales es una respuesta absurda, pues toda formación política responde sustantivamente al objetivo de alcanzar el poder para poder desarrollar su programa político. El único Gobierno conocido que se hizo el harakiri consciente y voluntariamente fue el de la UCD presidido por Leopoldo Calvo Sotelo en 1982 que dio paso a la victoria del PSOE liderado por Felipe de González.

En el manual de trabajo de algunos políticos habría que colocar una agenda con la frase.”Siempre es mejor trabajar sobre la realidad que sobre las propias convicciones”. Aunque, la frase, por sí sola, no elude el riesgo de equivocarse.

Kathrin Örtel
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 31 Enero 2015

El problema real es que, mientras no ponemos coto a la instalación de enormes masa de musulmanes en nuestro territorio, no queremos ver que esos musulmanes no aceptan nuestros valores.

Hace unos días pudimos leer en los periódicos sobre la dimisión de Kathrin Örtel como presidente de PEGIDA. ¿La razón? La insorportable presión hostil de carácter mediático y político, a izquierda y derecha: gente acosándola en su casa y en el puesto de trabajo, llamadas de teléfono, etc.

Ni uno solo de los medios de comunicación, pocos, que informaron de la noticia, se solidarizó, aunque sea de palabra, contra esta joven mujer, madre de tres hijos, que cree en su derecho a oponerse pacíficamente a la islamización de su país.

Nadie protestó en nombre de la "libre discusión de ideas" ni dijo eso de "yo soy Kathrin Örtel". Lejos de eso, los medios han preferido callar el hostigamiento que existe en la República Federal Alemana hacia opiniones que no son acordes con la corrección política y, de paso, esos mismos medios han asumido la nueva consigna, fabricada en algún laboratorio de ideas vaya usted a saber donde: PEGIDA es un movimiento "islamófobo".

En España, desde El País hasta El Mundo, pasando por ABC o La Razón, todos han hecho suya una consigna que no busca más que intoxicar. En el caso de ABC, quizás el periódico más intelectualmente envilecido de cuantos existen en nuestro país, la critica inmisericorde al Islam solo se justifica cuando se ponen en tela de juicio bien la política occidental o, como no, la política israelí.

Por lo demás, el Islam es siempre bienvenido y ellos tienen -como hace la izquierda en otros temas- el criterio supremo para saber cuando se puede y cuando no se puede criticar el Islam. A la hora de denostar a movimientos ciudadanos como PEGIDA, ABC o El Mundo no son demasiado diferentes de kaosenlared; es decir, aunque teóricamente la libertad de expresión no tiene límites, hay límites bien claros que nadie quiere admitir.

Ahora bien, ¿por qué no se admite de una vez lo que realmente pasa? Aceptemos que nuestra lucha -esa que el primer ministro francés, Manuel Valls, anunciaba pomposamente hace poco- es por la libertad, la democracia y el derecho de los pueblos a gobernarse a sí mismos.

¿Por qué no aceptamos entonces a Hamas en Palestina o a Hizbolláh en el Líbano cuando ganan las elecciones? ¿Por qué nos aliamos con Arabia Saudí y no pedimos democracia allí? ¿Por qué no hemos reconocido a los Hermanos Musulmanes? Por desgracia no es todo esto solamente un problema de hipocresía y de cinismo.

El problema real es que, mientras no ponemos coto a la instalación de enormes masa de musulmanes en nuestro territorio, no queremos ver que esos musulmanes no aceptan nuestros valores. Ellos no creen que todas las religiones son iguales. No creen en la libertad de blasfemar contra el Profeta.

En muchos de sus países, amplias mayorías creen que el adulterio, la apostasía o la conversión al cristianismo merecen la lapidación, la horca o la decapitación en la plaza del pueblo. En Occidente, por el contrario, se piensa que, con el tiempo y con una educación suficiente, se conseguirá que lo que antes admitían, sea ahora rechazado en nombre de la tolerancia y la democracia. Pero esto ha demostrado ser una espejismo.

Para empezar llegan más musulmanes de los que podemos convertir a la fe democrática. Pero es que además, ni siquiera dicha conversión ha demostrado ser efectiva en musulmanes que han nacido ya en nuestros países. Atentados como los de Londres y ahora París, han sido cometidos por inmigrantes de tercera generación.

A esto cabe añadir que esa fe en la democracia no es sino una fe en un procedimiento formal, meramente ideológico, que dista mucho de proveer a nuestra sociedad de las ideas que ésta necesita para sobrevivir. El hedonismo, el materialismo y el relativismo, promovidos los tres por el Occidente moderno en nombre de la democracia, están demostrados ser letales para nuestras sociedades y se hallan detrás de todos los factores de descomposición social.

¿Por qué deberían asumirlos entonces los musulmanes? Está muy claro lo que dan los dioses a aquellos a los que quieren destruir. Por eso, celebrar de manera tácita la dimisión de una mujer que al menos ha tenido la decencia de llamar a las cosas por su nombre, constituye una bajeza incalificable, a la altura de un tipo de personas de las que la Historia siempre ha dado buena cuenta.


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